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Full text of "Historia general y natural de las Indias"

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HISTORIA 


GENERAL  Y  NATORAL  DE  US  INDIAS, 

ISLAS  Y  TIEaRA-FIRME  DEL  MAR  OCÉANO,       ,  . 

El  CAPITÁN  fiOfíZAlO  FERNANDEZ  DE  OVIEDO  Y  VALDÉs! 

W 

PRIMER  CRONISTA  DEL   NUEVO   MUNDO. 

PUBLÍCALA  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA, 

COTEJADA   CON   EL   CÓDICE   ORIGINAL,    ENRIQUECIDA   CON   LAS  ENMIENDAS   Y   ADICIONES    DEL    ALTOR, 
£    ILUSTRADA   CON   LA   VIDA   Y   EL   JUICIO   DE   LAS  OBRAS   DEL   MISMO 

POR 

D.  JOSÉ  AMADOR  DE  LOS  RÍOS, 

lüiliviihio  <Je  Número  Je  dicho  Cuerpo ,  Catedrático  de  Ampliacioa  de  la  Literatura  Española  en  la  Universidad  de  cüla  Corte,  etc. 

PRIMERA  PARTE. 


MADRID. 

IMPRENTA  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

A  CjklWU  DE  JOÍE  nOORIlifEI,  C.VttE  OS  »     TÍCENTE   ».iU  ,   rVM.  "4. 

1851. 


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o!  J.  C.  Cet»*»»' 


A  SU  AUGUSTA  PROTECTORA 


LA  REINA  DOÑA  ISABEL  II 


EN  TESTIMONIO  DE  PROFUNDA  GRATITUD 


LA  REAL   ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA, 


G?8480 


ADVERTENCIA. 


JLlesde  que  recayó  en  la  Real  Academia  de  la  Historia  el  cargo  de  cronista  mayor 
de  Indias ,  ha  mirado  este  Cuerpo  como  una  de  sus  principales  obligaciones  la  de 
atender,  por  cuantos  medios  tiene  ásu  alcance,  al  esclarecimiento  de  la  historia 
de  aquella  rica  parte  del  globo.  La  publicación  de  los  historiadores  primitivos, 
cuyas  obras  no  han  salido  á  luz ,  ya  por  no  ser  consideradas  como  verdadero  ob- 
jeto de  logro  por  los  que  al  tráfico  de  libros  se  dedicaron  en  siglos  anteriores,  ya 
por  no  haberse  conservado  reunidos  los  códices  en  que  se  contenian,  llamó  viva- 
mente la  atención  de  la  Academia ,  dedicando  á  este  propósito  sus  tareas.  Entre 
los  escritores  á  quienes  daba  preferencia ,  la  merecieron  especial  los  que  habien- 
do vivido  largo  tiempo  en  el  suelo  del  Nuevo  Mundo ,  aparecian  revestidos  con  la 
autoridad  de  testigos  de  los  acontecimientos  que  narraban ;  debiendo  por  tanto  ser 
reputadas  sus  obras  como  irrecusables  testimonios  de  la  conquista,  glorioso  tim- 
bre de  las  armas  españolas ,  que  en  vano  intentaron  anublar  la  emulación  y  la  en- 
vidia. 

Tres  fueron  las  obras  que  mas  directamente  excitaron  el  celo  de  la  Academia: 
la  Historia  general  y  natural  de  Indias,  escrita  por  el  capitán  Gonzalo  Fer- 
nandez de  Oviedo  y  Valdés,  primer  cronista  de  América;  la  Historia  de  Indias 
de  don  fray  Bartolomé  de  las  Casas,  y  la  Historia  de  Nueva  España,  debida 
á  fray  Bernardino  de  Sahagun.  Difícil  era  en  verdad  el  decidir  cuál  de  estas  pro- 
ducciones debia  darse  á  luz  primero ,  especialmente  respecto  de  las  historias  de 
Oviedo  y  de  las  Casas :  la  importancia  de  ambas  obras ,  bien  que  dirigidas  á  fin 
distinto,  y  la  fé  que  merecian  sus  autores,  quienes  pasaron  la  mayor  parte  de  su 
vida  en  aquellas  comarcas ,  ejerciendo  no  pequeña  influencia  en  los  negocios  pú- 
blicos ,  hacian  con  razón  vacilar  á  la  Academia ,  que  se  incHnó  por  último  á  en- 
cabezar la  Colección  de  historiadores  de  Indias  con  la  general  y  natural  de  Gonzalo 
Fernandez  de  Oviedo,  atendiendo  principalmente  al  orden  cronológico,  entre  otras 
poderosas  razones.  Mas  no  se  levantó  por  esto  mano  de  los  trabajos  relativos  á  la 
Historia  de  Indias  del  Obispo  de  Ciudad-Real  de  Chiapa. 

Ni  eran  entre  tanto  de  poco  bulto  las  dificultades  que  presentaba  la  adquisición 
de  los  manuscritos  de  Oviedo :  dividida  su  Historia  general  en  cincuenta  libros, 
cuyos  diez  y  nueve  primeros,  aunque  publicados  por  el  autor  en  1535  * ,  habian 
recibido  después  de  sus  manos  grandes  adiciones  y  enmiendas,  era  empresa  punto 

i     En  la  primera  edición  de  la  primera  parte  déla  dejó  Oviedo  escritos.  Como  se  advertirá  en  su  lu- 

Historia  general  de  Indias  se  incluyó  también  parte  gar,  se  imprimió  también  en  iool  el  libro  XX  ,  pri- 

(y  no  el  todo ,  como  generalmente  se  hacreido)  del  mero  de  la  segunda  parte,  único  de  esta  y  de  la  tcr- 

libro  de  los  Naufragios ,  último  de  los  cincuenta  que  cera  que  ha  visto  la  luz  pública. 


VI  ADVEUTEiNClA. 

menos  que  imposible  la  de  completar  la  segunda  y  tercera  parle,  todavia  inédi- 
tas ,  por  ignorarse  el  paradero  de  los  libros  que  de  una  y  otra  faltaban.  Manifes- 
taba no  obstante,  el  diligente  don  José  Alvarez  Baena,  en  sus  Hijos  ilustres  de  Ma- 
(frÚ,  que.ení  Í1t5  habia  dado  comisión  el  marqués  de  la  Sonora,  secretario  del 
(lespaciio-ílft  Indias, 'á  don  Francisco  Cerda  y  Rico,  oficial  de  la  misma  secreta- 
ría,'para  qué, "éñcón"  irados  ya  en  poder  del  marqués  de  los  Trujillos  y  en  la  bi- 
blioteca Colombina  algunos  libros  de  los  no  publicados ,  ampliara  sus  investiga- 
ciones al  descubrimiento  de  los  restantes.  Baena  declaraba  por  último  que  á  ex- 
cepción del  libro  XXVIII,  noveno  de  la  segunda  parte,  «todo  se  hallaba  copia- 
do, comprobado  y  en  disposición  de  imprimirse,  »  cuando  dio  á  la  estampa  su  Dic- 
cionario histórico  ^.  Pero  si  esta  noticia  de  tan  erudito  biógrafo  parecía  allanar 
los  trabajos  de  la  Academia ,  pedidas  las  copias  de  Cerda  al  Ministerio  de  Gracia  y 
Justicia  de  Indias ,  solo  pudo  averiguarse  que  en  una  memoria  del  referido  litera- 
to constaba  haber  este  dispuesto  que  se  entregasen  al  archivo  de  dicho  Ministerio 
los  cuatro  volúmenes  de  la  Historia  general  de  Indias  que  tenia  recogidos ,  los 
cuales  ó  habian  desaparecido,  ó  nunca  se  habian  entregado.  Quedaban  en  pié  los 
obstáculos  que  se  oponian  al  logro  de  los  deseos  de  la  Academia ,  habiendo  solo 
obtenido  de  sus  prolijas  averiguaciones  los  últimos  nueve  libros  de  la  segunda 
parte,  que  se  custodiaban  en  la  biblioteca  Colombina. 

No  descansaba ,  sin  embargo ,  la  comisión  que  entendia  en  estos  trabajos  res- 
pecto de  la  primera  parte  de  la  Historia  de  Oviedo,  cuyas  adiciones  tenia  ya  re- 
cogidas para  su  uso  el  docto  académico  don  Juan  Bautista  Muñoz,  empeñado 
en  la  plausible  empresa  de  escribir  la  Historia  del  Nuevo  Mundo.  Mas  no  pudien- 
do  estos  apuntamientos  satisfacer  por  una  parte  á  los  celosos  individuos  que  for- 
maban la  expresada  comisión  ,  y  escaseando  por  otra  de  dia  en  dia  los  recursos 
con  que  la  Academia  contaba  para  dar  cima  á  estas  investigaciones ,  hubieron  de 
suspenderse  al  cabo  las  relativas  á  la  publicación  del  Oviedo  ,  bien  que  sin  re- 
nunciar en  manera  alguna  á  la  esperanza  de  realizar  un  proyecto,  cuya  utilidad 
era  universalmente  reconocida. 

Dos  hechos  vinieron  por  fin  á  colmar  hasta  cierto  punto  las  esperanzas  de  la 
Academia :  el  señor  don  Miguel  Salva ,  su  individuo  de  número  y  bibliotecario  de 
la  patrimonial  de  S.  M. ,  manifestaba  al  Cuerpo  que  cxistian  en  la  citada  biblio- 
teca, en  dos  gruesos  volúmenes,  los  ocho  primeros  libros  de  la  segunda  parte  y  los 
doce  de  que  la  tercera  se  compone ,  los  cuales  fueron  luego  facilitados,  de  orden 
de  S.  M.,  á  petición  de  la  Academia.  Casi  al  mismo  tiempo  venian  á  su  poder  los 
códices  originales ,  que  legados  á  principios  del  siglo  XVII  por  el  Maestre-escuela 


2  Ignórase  el  fundamento  que  pudieron  (cncr 
los  autores  de  la  Biographie  Universelle  anricnac  ct 
múdeme  para  asegurar  que  en  1783  hizo  el  mar- 
qués de  los  Trujillos  una  edición  completa  de  la 
Historia  general  y  natural  de  Indias  de  Oviedo. 
Esta  noticia ,  trasmitida  después  por  Brunet,  aunque 
con  alguna  reserva  ,  no  podia  apoyarse  en  las  pa- 
labras de  Baena ,  quien  solo  aseguraba  qup  descu- 


brió don  Francisco  Cerda  y  Rico  en  poder  del  mar- 
qués los  dos  tomos  primero  y  tercero  ,  copias  anti- 
guas del  origina!  de  la  Casa  de  Contralacion  de 
Sevilla.  De  ellos  sacó  Cerda  el  traslado,  de  que  habla 
Baena;  poro  el  marqués  no  dio  á  luz  la  Uisloriu, 
que  lampcco  tenia  completa,  y  aunque  se  dispuso  de 
real  orden  la  publicación  de  la  recogida  por  Corda, 
no  llegó  esto  siquiera  á  emprenderse. 


ADVERTÉiNCÍA.  VU 

de  la  catedral  de  Sevilla ,  don  Andrés  Gaseo ,  á  la  Casa  de  Contratación ,  y  ad- 
quiridos después  por  don  Luis  de  Salazar,  habian  pertenecido  al  monasterio  deMon- 
serrate,  á  quien  heredó  aquel  erudito  cronista  con  su  copiosa  y  rica  libreria.  Pero  si 
el  traslado  de  los  referidos  libros  merecía  toda  fé,  por  haber  sido  hecho  bajo  la  vi- 
gilancia del  mencionado  Maestre-escuela  ;  si  los  códices  originales,  retocados  y  aña- 
didos por  el  autor,  aunque  lastimosamente  mutilados  de  algunas  hojas,  eran  el  mas 
seguro  comprobante  de  los  trabajos  ya  verificados,  y  la  mas  clara  guia  de  los  que  era 
necesario  emprender ,  todovia  no  fué  posible  dar  por  completa  la  Historia  general 
y  naliiral  de  Indias,  pues  que  ni  en  la  copia  ni  en  el  autógrafo  existia  el  li- 
bro XXVIII,  que  no  pudo  tampoco  encontrar  Cerda,  según  el  testimonio  deBae- 
na.  Nuevas  diligencias  se  hubieron  de  practicar  por  tanto ,  á  fin  de  llenar  aquella 
laguna,  no  pudiendo  ser  mas  satisfactorio  el  éxito  que  ha  coronado  estos  esfuer- 
zos. El  libro  XXVIII,  con  algunos  capítulos  del  anterior,  de  que  antes  no  se  te- 
nia noticia,  se  ha  encontrado,  pues,  entre  otros  papeles  procedentes  del  extin- 
guido archiTo  de  jesuitas ,  en  un  tomo  en  folio  de  cuatrocientas  treinta  fojas, 
siendo  indudable ,  por  la  identidad  de  la  letra ,  que  fué  desglosado  en  otro  tiempo 
del  traslado  hecho  por  el  Maestre-escuela  de  Sevilla,  traslado  que  perteneció,  an- 
tes de  pasar  á  la  bibhoteca  de  S.  M..  á  la  del  conde  de  Torre-Palma '. 

Con  estos  seguros  datos  no  era  ya  tan  difícil  llevar  á  cabo  los  trabajos,  tantas 
veces  interrumpidos ,  y  confiados  ahora  exclusivamente  al  celo  del  académico  de 
número  don  José  Amador  de  los  Rios.  La  comprobación  de  los  libros  antes  reco- 
gidos ,  asi  como  la  copia  y  cotejo  de  los  nuevamente  hallados ,  han  exigido  arduas 
y  prolijas  tareas,  que  terminadas  sin  embargo  en  breve  tiempo ,  dieron  á  la  Acá-* 
demia  la  seguridad  de  que  podia  sacarse  á  luz  la  primera  parte  de  la  Historia 
general  y  natural  de  Indias,  tan  completa  y  autorizada  como  es  hoy  posible, 
logrados  afortunadamente  los  originales.  Para  suplir  las  cortas  lagunas  que  en 
estos  resultaban,  se  ha  tenido  presente  la  edición  de  1555,  la  cual  ha  pare- 
cido mas  auténtica  y  segura  que  la  de  1547,  no  solamente  por  haber  cui- 
dado de  ella  el  mismo  autor ,  sino  también  por  no  hacer  este  mención  alguna  de 
la  segunda  en  los  MSS. ,  á  que  daba  la  postrera  hm;i  en  1548,  según  se  ad- 
vierte en  muchos  pasages  de  la  Historia,  y  va  notado  en  la  Vida  y  escritos  de 
Oviedo. 

Extremado  ha  sido  el  esmero  que  se  ha  puesto  en  esta  edición,  procurándose  que 
no  desmerezca  del  concepto,  formado  respecto  de  la  Historia  general  y  natural  de 
Indias  por  cuantos  escritores  la  mencionan.  La  Academia,  no  solo  ha  creído  que 
se  debía  atender  á  conservar  con  sumo  cuidado  la  dicción  de  Oviedo ,  sino  tam- 
bién su  pecuhar  ortografía.  La  variedad  que  se  observa  en  el  autógrafo,  respec- 

3    Asi  consta  en  la  última  hoja  del  primer  volú-  presa  en  la  nota  con  que  terminan  puesta  de  mano 

men ;  pero  atendiendo  á  las  noticias  que  dá  Baena  de  Antonio  Gaseo  ,  sobrino  y  amanuense  del  Maes- 

de  los  dos  tomos  que  poseia  el  marqués  de  los  Tru-  tre-escuela ,  se  viene  en  conocimiento  de  que  son 

julos,  y  considerando  que  los  dos  gruesos  volúme-  unos  mismos  los  referidos  tomos,  pareciendo  pro- 

nes  de  la  biblioteca  patrimonial  de  S.  M. ,  que  teñe-  bable  que  de  la  del  marqués  de  los  Trujillos  pasaran 

rao  á  la  vista ,  son  copias  antiguas  de  los  códices  á  la  librería  del  conde  de  Torre-Palma, 
de  la  Casa  de  Contratacioa  de  Sevilla,  según  se  ex- 


Vni  ADVERTENCIA. 

to  de  la  escritura  de  algunas  voces ,  ha  obligado  no  obstante  á  deducir  la  regla 
general  del  mayor  número  de  ejemplos ;  pero  á  pesar  de  esto ,  ha  sido  tal  el  res- 
peto tributado  al  autor,  que  aun  en  las  numerosas  citas  italianas  y  latinas  que 
hace,  se  ha  guardado  su  ortografía,  consultando  con  frecuencia  los  códices  y  las  edi- 
ciones mas  antiguas  de  los  autores  por  él  alegados;  pues  que  habiéndose  valido 
de  manuscritos  é  impresos  contemporáneos ,  no  parecia  oportuno  despojar  á  su 
Historia  de  este  matiz  de  antigüedad,  que  tanto  la  recomienda  á  la  estimación  de 
los  discretos  *.  La  Academia  ha  deseado,  én  una  palabra,  no  apartándose  un 
ápice  del  códice  original  y  conocida  por  él  la  ortografía  del  autor ,  que  solo  el  papel 
y  los  tipos  fuesen  modernos. 

La  importancia  de  esta  y  las  demás  producciones  de  Gonzalo  Fernandez  de  Ovie- 
do ,  cuya  infatigable  pluma  se  consagró  exclusivamente  á  los  estudios  históricos, 
exigia  que  se  diesen  al  público  algunas  noticias  de  aquellas  útilísimas  tareas ,  des- 
conocidas en  su  mayor  parte  aun  de  los  que  se  precian  de  eruditos.  A  tal  pro- 
pósito cumple  sin  duda  el  trabajo  que  sigue  á  esta  Advertencia,  encomendado 
también  al  señor  don  José  Amador  de  los  Rios,  quien  recorriendo  paso  á  paso 
los  acontecimientos  principales  de  la  vida  del  primer  cronista  de  Indias,  señala 
oportunamente  las  vicisitudes  que  padece,  y  observa  el  contraste  que  presentan 
estas  con  sus  empresas  literarias ,  ofreciendo  por  último  el  juicio  de  todas  las 
obras,  cuya  autenticidad  está  reconocida,  y  mas  detenidamente  el  de  la  Historia 
general  y  natural  de  Indias. 

Al  fin  de  la  tercera  parte,  última  de  la  misma  obra,  ha  parecido  conve- 
*  niente  poner  un  glosario  de  las  voces  americanas  usadas  por  Oviedo,  las  cuales, 
ó  se  han  acllniatado  y  hecho  frecuentes  en  nuestra  lengua ,  ó  pueden  servir  de  nor- 
te para  intentar  algún  ensayo  respecto  de  los  numerosos  dialectos  ó  idiomas  que 
hablaban  los  indios,  al  verificarse  la  conquista.  En  la  parte  de  este  trabajo  relati- 
va á  las  ciencias  naturales  ,  se  ha  consultado ,  para  mayor  ilustración ,  al  labo- 
rioso y  entendido  académico  de  la  Real  de  Ciencias,  don  Mariano  de  la  Paz 
Graells,  gefe  también  del  Museo  de  Historia  natural,  y  catedrático  de  la  Facul- 
tad de  Filosoüa  de  la  Universidad  de  esta  Corte.  Igual  servicio  ha  prestado  á  la 
Academia  el  no  menos  celoso  profesor  don  Manuel  Maria  de  Caldo ,  quien  ha  en- 
tendido con  un  esmero  digno  de  todo  elogio  en  la  comprobación  de  las  plantas  y 
animales,  cuyo  diseño  pressnlaba  Oviedo,  cuidando  al  propio  tiempo  de  obtener 
la  mayor  fidelidad  en  los  grabados. 

Con  tales  medios  ha  contado  la  Academia  :  la  publicación  de  la  Historia  ge- 
neral de  Oviedo  comienza,  pues',  á  realizar  el  proyecto  años  há  concebido, 
abrigando  esta  Corporación  la  lisongera  esperanza  de  llevar  felizmente  á  cabo  la 
Colección  de  Historiadores  de  Indias. 

4  Lo  mismo  se  ha  hecho  respecto  de  los  nombres  la  milicia ,  sino  también  respecto  de  las  letras  ,  cu- 
propios  y  geo  ,'ráficos  ,  que  ó  ha  modificado  ya  el  yo  mas  importante  instrumento  es  la  lengua  de  ca- 
uso ,  ó  han  tomado  d  ;si)ues  carta  de  naturaleza  en  da  pueblo.  Los  irrefragables  testimonios  flel  progre- 
nuestro  suelo.  Las  histori  is  escritas  en  ios  pasados  sivo  desarrollo  de  una  nación  se  encuentran  ma- 
siglos  no  deben  solo  considerarse  como  monumen-  yormenle  en  la  historia  de  su  lengua, 
tos  de  civilización  respecto  de  la  política,  la  loga  ó 


VIDA  Y  ESCRITOS 


DE 


GONZALO  FERNANDEZ  DE  OVIEDO  Y  VALDES. 


I. 


Estado  político  de  Casulla  á  fines  del  siglo  XV. — Conquista  de  Granada. — Descubrimiento  del  Nuevo  Mun- 
do.— Renacimiento  de  las  letras.  —  Esludios  clásicos.  —  La  Reina  Católica  alienta  y  estimula  los  trabajos 
históricos. — Crecido  número  de  cronistas  de  su  reinado. — Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo. — Su  patria  y  cali- 
dad.— Su  educación. — Preséntale  en  la  corte  el  duque  de  Villahennosa. — Conoce  en  Granada  á  Cristóbal 
Colon. — Forma  el  proyecto  de  escribir  la  historia  de  sus  expediciones. — Su  amistad  con  los  hijos  de  aquel 
he'roe. — Predilección  del  príncipe  don  Juan  hacia  Oviedo. — Muerte  del  príncipe. — Peregrinación  de  Oviedo 
por  Italia. — Su  trato  con  los  mas  celebrados  pintores. — Su  amistad  con  Pontano,  Serafín  del  Águila  y  Sanna- 
zaro. — Visita  á  Roma — Entra  al  servicio  de  don  Fadrique  de  Ñapóles. — Vuelve  á  España. — Sucasamientoy 
primera  viudez. — El  Rey  Católico  le  elige  para  el  servicio  del  duque  de  Calabria. — Su  segundo  casamiento. — 
Pretende  llevarle  á  Italia  por  su  secretario  el  Gran  Capitán. — Alístase  en  la  expedición  de  Pedradas  Dávila. — 
Es  nombrado  Veedor  de  las  fundiciones  del  oro  de  la  Tierra-Firme. — Parte  al  Nuevo  Mundo. — Contraste  que 
ofrecen  á  su  vista  la  cultura  de  Europa  y  el  estado  de  las  Indias. 


JCjNTre  los  ingenios  españoles  que  deben  su  educación  y  fama  al  glorioso  reinado 
de  los  Reyes  Católicos ,  merece  sin  duda  lugar  señalado  Gonzalo  Fernandez  de 
Oviedo ,  cuya  vida  activa  y  laboriosa,  cuya  acrisolada  lealtad  y  generosa  constancia 
están  revelando  el  espíritu  de  aquella  felicísima  era,  en  que  parecía  levantarse  la 
nación  española  de  un  sueño  profundo ,  para  conquistar  entre  todos  los  pueblos  el 
mas  elevado  asiento.  Grandes  males  babian  afligido  á  Castilla  durante  los  turbu- 
lentos reinados  de  don  Juan  II  y  Enrique  IV ,  cuando  plugo  á  la  Providencia  asentar 
en  el  trono  de  los  Alfonsos  á  una  muger,  dotada  de  corazón  magnánimo  y  claro 
talento ,  á  quien  estaba  reservada  la  noble  empresa  de  curar  tan  bondas  beridas. 
Cenia  Isabel  en  1474  la  corona  de  sus  mayores,  y  cinco  años  adelante  heredaba 
Fernando ,  su  esposo ,  el  cetro  de  Aragón ,  formándose  de  esta  manera  un  solo 
pueblo  de  aquellos  dos  poderosos  reinos,  hasta  entonces  rivales. 

Yacía  la  administración,  á  su  advenimiento,  en  un  caos  espantoso:  era  un  vano 
nombre  la  justicia ,  y  ni  la  hacienda  reconocía  otro  sistema  que  el  antiguo  y  re- 
probado desorden  de  los  almojarifes ,  entregadores  y  recogedores  judíos ,  ni  el 
Consejo  de  los  reyes  ejercía  su  influencia  legitima  en  los  negocios  públicos ,  ni 
lograba  por  último  ser  respetada  en  todas  partes  la  magestad  real ,  con  grave  des- 
doro y  menoscabo  de  la  corona.  Clamaban  los  pueblos  por  salir  de  tan  angustiosa 
TOMO  I.  •  2 


X  VIDA  Y  ESCRITOS 

servidumbre ,  y  aquellos  dos  príncipes ,  que  no  desconocian  los  peligros  que  les 
rodeaban ,  comprendiendo  que  la  única  senda  de  salvación  era  la  acertada  organi- 
zación del  Estado ,  acometieron  tan  ardua  tarea  llenos  de  aliento  y  de  esperanzas. 
La  creación  de  los  Consejos  Supremos  de  Castilla ,  de  Aragón ,  de  Hacienda  y  de 
Estado ,  dictada  en  1480 ,  deslindando  todas  las  atribuciones  de  la  administra- 
ción ,  vino  por  una  parte  á  manifestar  la  firme  voluntad  de  los  Reyes  y  á  descu- 
brir por  otra  la  extensión  de  aquella  política  previsora ,  constante  é  inflexible, 
que  debia  someter  al  elemento  monárquico  cuantos  elementos  sociales  habían  bas- 
ta entonces  existido  en  completo  divorcio. 

Sujeto  ya  el  pais  á  tan  saludable  como  severo  régimen,  volviéronse  los  Reyes 
Católicos  á  la  conquista  de  Granada,  empresa  en  alto  grado  meritoria,  y  olvi- 
dada en  los  anteriores  reinados  entre  el  tumulto  estéril  de  las  discordias  civi- 
les. La  sorpresa  de  Zabara,  llevada  á  cabo  por  Muley  Hacen  el  siguiente  año  de 
1481,  rompiendo  las  treguas  asentadas  con  los  Reyes  de  Castilla,  ofreció  á  estos 
justa  ocasión  de  acometer  aquella  guerra  santa,  de  donde  debia  salir  purificada  de 
sus  antiguos  extravíos  la  nobleza  española,  fuerte  y  poderoso  el  trono,  respetada 
y  temida  la  nación  ibera  entre  todas  las  gentes.  Diez  años  fueron  menester ,  no 
obstante ,  para  postrar  del  todo  el  poderío  de  la  media  luna ,  sacando  uno  á  uno 
(según  la  feliz  expresión  del  Rey  Católico)  los  granos  de  aquella  codiciada  Grana- 
da. Al  cabo  lograba  Isabel  ver  cumplida  su  esperanza,  recibiendo  el  dia  2  de 
enero  de  1492  las  llaves  de  aquella  poderosa  metrópoli:  la  lucba  comenzada  en 
Cobadonga  ocbo  siglos  antes  habia  terminado;  y  aquel  trono  vacilante  y  desau- 
torizado en  1474,  aparecía  ya  vigoroso  y  robusto,  ostentando  en  sus  gradas  una 
nobleza  leal,  aguerrida  y  sumisa ,  y  un  pueblo  magnánimo,  feliz  é  independiente. 

La  Providencia  que  asi  premiaba  los  nobles  desvelos  de  la  Reina  Católica,  qui- 
so también  coronar  la  purísima  fé  de  sus  creencias ,  poniendo  á  sus  plantas  el  vasto 
imperio  de  un  Nuevo  Mundo.  El  ilustre  y  no  comprendido  piloto,  que  habia  men- 
digado en  vano  el  favor  de  las  cortes  extrangeras ,  el  sabio  Cristóbal  Colon ,  lo- 
graba al  fin  ser  oído  por  Isabel ,  y  á  poco  tiempo  cortaban  naves  españolas  las  mas 
remotas  é  ignoradas  regiones  del  Océano.  Colon  volvía  un  año  después  á  la  corte 
de  los  Reyes  CatóUcos,  para  ofrecerles  las  primicias  de  aquel  inmortal  descubri- 
miento, que  despertando  el  espíritu  aventurero  de  los  españoles,  abría  ante  sus 
ojos  un  nuevo  teatro  de  hazañas  y  victorias,  brindándoles  al  par  con  inauditas  ri- 
quezas. No  habia  espirado  aun  el  siglo  XV,  cuando  la  misma  nación  que,  encer- 
rada por  los  Pirineos  y  rodeada  por  ambos  mares,  consumía  todas  sus  fuerzas  en 
restaurar  su  libertad  y  salvar  la  religión  de  sus  mayores,  tremolaba  también  sus 
estandartes  en  el  centro  de  Europa,  preparándose  de  esta  manera  á  las  grandes 
conquistas  que  en  los  primeros  años  del  siguiente  siglo  la  hicieron  dueña  de  Na- 
varra y  Ñapóles  y  le  allanaron  las  costas  del  África ,  engendrando  en  la  mente  de 
Carlos  I  el  pensamiento  de  la  monarquía  universal,  tan  constantemente  acariciado 
por  Felipe  II  *. 

i  Para  prueba  de  que  el  pensamienlo  de  la  los  reyes,  sino  que  habia  cundido  también  entre  los 
monarquía  universal  no  solamente  era  abrigado  por       ejércitos  españoles ,  copiamos  aqui  las  siguientes  lí- 


DE  GON.  FERN.  DE  OVIEDO 


X( 


Mas  si  lograron  los  Reyes  Católicos  levantar  en  esta  forma  á  la  nación  ibera  del 
abatimiento  en  que  yacia,  borrando  para  siempre  de  España  el  imperio  mahome- 
tano, no  menores  esfuerzos  les  debieron  las  ciencias  y  las  letras,  aletargadas  du- 
rante el  infausto  reinado  del  último  Enrique.  La  corte  de  don  Juan  II,  si  fué  triste 
espejo  de  flaquezas  políticas,  encerró  no  obstante  cuantos  elementos  de  cultura  se 
liabian  elaborado  en  no  remotos  tiempos:  imitáronse  en  ella  las  obras  del  arte  tos- 
cano,  ilustrado  por  tan  altos  ingenios  como  Dante  y  Petrarca;  sintióse  el  renaci- 
miento de  la  poesia  lemosina,  halagada  en  Aragón  por  Juan  II  y  don  Enrique  de  Vi- 
llena  ;  y  comenzaron  finalmente  á  ser  cultivados  los  estudios  clásicos  con  predilec- 
ción y  esmero.  La  Reina  Católica  que ,  miraba  el  ocio  como  fuente  de  vicios,  no 
tuvo  por  completa  la  grande  obra  que  estaba  realizando,  sin  apartar  á  sus  magna- 
tes y  caballeros  de  los  frecuentes  peligros,  á  que  los  exponia  su  interminable  hol- 
ganza. Para  conseguir  tan  plausible  intento,  procuró  atraer  aquella  desvanecida 
juventud  á  la  honesta  ocupación  de  los  estudios,  considerados  al  cabo  como  auxi- 
lio y  complemento  de  la  milicia  *;  y  reanudando  las  tareas  literarias  que  ilustra- 
ron la  corte  de  su  padre ,  alcanzó  la  gloria  de  ceñir  á  su  frente  la  inmaculada  aureo- 
la de  restauradora  de  las  letras.  Daba  Isabel  la  preferencia  á  los  estudios  históricos, 
y  admirando  los  grandes  hechos  y  varones  de  la  antigüedad,  ardia  en  el  deseo  de 
reconocer  en  su  nativa  lengua  á  los  historiadores  latinos,  anhelando  saborear  al 
propio  tiempo  las  bellezas  que  habian  sembrado  en  sus  inmortales  obras  los  Hora- 
cios y  Cicerones.  La  voluntad  de  la  Reina,  superior  siempre  á  todo  obstáculo, 
triunfó  también  en  esta  ocasión,  siendo  ella  la  primera  que  acometió  con  firme 
empeño  la  larca  de  aprender  la  lengua  del  Lacio',  y  trayendo  á  España  los 
mas  insignes  humanistas  que  en  Italia  florecian,  para  fomentar  aquellos  estudios.  A 
su  ejemplo  quiso  unir  el  de  su  familia:  Pedro  Mártir  de  Anglería  y  los  hermanos 
Geraldinos  recibieron  el  honroso  encargo  de  dirigir  la  educación  de  los  infantes  de 
Castilla,  tarea  que  mas  adelante  compartieron  respecto  de  la  primera  nobleza  con 
v\  no  menos  docto  humanista  Lucio  3íarineo  Sículo.  Los  duques  de  Guimarens  y 
Villahermosa,  el  primogénito  del  duque  de  Alva,  don  Pedro  Fernandez  de  Velasco, 
don  Gutierre  de  Toledo  y  don  Alfonso  Manrique,  siguiéronlas  huellas  de  la  Reina  y 


ncas  ,  tomadas  del  mismo  Oviedo:  f.El  qual  (César) 
»ha  seydo  digno,  mediante  la  divina  clemencia  (que 
»!e  hizo  merecedor  de  sus  buenas  venturas  y  nues- 
))lras)  de  ser  señor  de  tan  valerosa  nascion  ,  para 
«que  veamos  al  présenle,  como  se  vee ,  la  bandera 
))de  España  celebrada  por  la  mas  victoriosa ,  acala- 
»da  por  la  mas  gloriosa,  y  amada  por  la  mas  digna 
»de  ser  querida  en  el  universo.  Y  assi  nos  enseña 
»el  tiempo  c  vemos  palpable  lo  que  nunca  dcbaxo 
))del  cielo  se  vido  hasta  agora  en  el  pudcrio  é  alta 
»magestad  de  aigund  príncipe  cripsliano  ;  y  assi  se 
«debe  esperar  que  lo  que  cs!á  por  adquirir  y  ve- 
niiir  al  colmo  de  la  monarchia  universal  de  7iucs- 
)itro  Qésar,  lo  veremos  en  breve  tiempo  debaxo  de 
)\su  yugo  y  obcd.¡en9Ía.  Y  no  digo  solo  esto  por  los 
«infieles;  pero  ni  de  los  que  se  llaman  cripsiianos, 
»s¡  dcxaron  de  rcconos9er  por  superior,  como  de- 


»ben  y  Dios  tiene  ordenado,  á  nuestro  Qe'sar ;  pues 
»le  sobran  osados  milites  y  gentes  y  no  le  han  de 
«faltar  riquezas  que  les  reparta ,  assi  de  sus  grandes 
«Estados  de  Europa  y  África ,  como  desleirá  nñ- 
«tad  del  mundo  que  comprchende  sus  Indias»  {Hist. 
nat.  y  gen.  de  Ind.,  lib.  VI,  cap.  8). 

2  Pedro  Mártir  de  Anglería:  Opus  epistolarum, 
episl.  i  15. 

3  Hernán  Pérez  del  Pulgar  decia  á  la  Reina 
con  este  propósito:  «Mucho  desseo  saber  cómo 
«va  V.  A.  con  el  latin  que  aprendeys:  dígolo,  Se- 
«ñora,  porque  hay  aigund  latín  tan  zahareño  que 
»no  se  dcxa  tomar  de  los  que  tienen  muchos  nego- 
«cios ;  aunque  yo  confio  tanto  en  el  ingenio  de 
«V.  A.  que,  si  lo  tomays  entre  manos,  por  soberbio 
«que  sea,  lo  amansareys,  como  habeys  hecho  con 
volros  lenguajes»  (Letra  XI,  año  <482). 


XII  VIDA  Y  ESCRITOS 

de  los  príncipes,  y  dieron  muy  en  breve  inequívocas  pruebas  de  su  amor  á  las  le- 
tras, amor  que  arraigó  también  en  el  pecho  de  las  mas  ilustres  damns  castellanas, 
entre  quienes  se  distinguieron,  con  las  dos  hijas  del  conde  de  Tendilla,  doña  Lucia 
de  Medrano  y  doña  Francisca  de  Lebrija,  las  cuales  emularon  dignamente  la  fama 
ya  adquirida  por  doña  Beatriz  de  Galindo,  maestra  de  la  Reina  Católica. 

Brillante  fué  el  resultado  que  tan  decidida  protección  produjo  en  la  república 
de  las  letras,  tomando  un  vuelo  inusitado  todos  los  estudios:  la  teología  y  la  ju- 
risprudencia, la  füosofía  y  la  literatura,  la  elocuencia  y  la  historia,  apoyándose 
poderosamente  en  la  fdologia,  recibieron  ardiente  culto,  preludiando  asi  los  glo- 
riosos dias  del  gran  siglo  que  no  en  balde  es  llamado  entre  nosotros  Siglo  de  oro. 
Prodigioso  es  verdaderamente  el  número  de  los  importantes  trabajos  llevados  á 
cabo  cuesta  felicísima  época,  no  cabiendo  pequeña  parte  en  tan  extraordinario 
movimiento  á  los  cultivadores  de  la  historia;  y  digna  es  por  último  de  señalado 
aplauso  la  esclarecida  cohorte  de  ingenios  que  dedicaron  sus  plumas  á  ilustrar, 
en  vida,  el  inmortal  reinado  de  los  Reyes  CatóUcos. 

En  esta  edad  y  en  esta  corte  nace,  pues,  se  educa  y  florece  Gonzalo  Fernan- 
dez de  Oviedo,  quien  animado  de  la  mas  viva  gratitud,  consagra.su  vida  entera 
á  la  memoria  de  aquellos  Soberanos  y  al  servicio  de  sus  descendientes.  Acaricia- 
do en  su  juventud  por  amiga  suerte ;  expuesto  en  su  virilidad  á  los  golpes  del  in- 
fortunio, y  condenado  á  llevar  siempre  una  existencia  laboriosa  y  vagabunda,  nos 
presenta  Oviedo  en  sus  numerosos  escritos  la  mas  evidente  prueba  de  lo  que  al- 
canzan la  actividad  y  el  buen  deseo  y  de  lo  que  pueden  la  voluntad  y  la  constancia. 
Impulsado  por  estos  poderosos  móviles,  todo  lo  observa  y  examina,  todo  lo  pre- 
gunta é  inquiere,  todo  lo  escribe  y  guarda  en  sus  memoriales,  que  á  donde  quie- 
ra le  acompañan  desde  la  puericia,  y  que,  aun  á  riesgo  de  la  vida,  logra  salvar, 
como  otro  César,  ora  en  el  paso  de  hondos  torrentes  y  caudalosos  nos,  ora  en  el 
centro  de  inaccesibles  boscages,  ya  en  medio  de  abrasadores  desiertos,  ó  ya  final- 
mente en  las  desconocidas  sirtes  del  Océano.  Su  talento  observador  y  reflexivo, 
su  amor  profundo  á  la  verdad  y  el  rehgioso  culto  que  á  la  historia  tributa ,  le  po- 
nen la  pluma  en  la  mano:  para  Oviedo  nada  importa  la  magnitud  de  la  empresa: 
contando  siempre  con  la  firmeza  de  su  voluntad,  si  tiene  por  útil  y  meritorio  el 
objeto  de  sus  vigiüas,  nada  le  arredra  al  emprender  sus  proyectos,  nada  le  des- 
anima ni  abate  en  mitad  de  sus  tareas ,  reproduciéndolas  una  y  otra  vez  con  infati- 
gable tesón  y  levantado  esfuerzo.  Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo,  si  no  aparece  á 
nuestra  vista  como  el  mas  elocuente  y  docto  intérprete  de  la  grande  era  que  de- 
jamos bosquejada ,  es  por  tanto  el  mas  vivo  reflejo  de  los  instintos  y  de  las  espe- 
ranzas de  aquefla  nación,  que  no  cabiendo  ya  en  los  patrios  confines ,  inundaba  al 
par  la  Europa,  el  África  y  la  América,  aguijoneada  siempre  por  el  estímulo  de  la 
gloria,  y  prodigando  siempre  la  sangre  y  las  hazañas. 

Oriundo  del  vafle  de  Valdés  en  las  Asturias  de  Oviedo ,  nació  Gonzalo  Fernan- 
dez en  Madrid  en  agosto  de  1478  *,  sin  que  nos  sea  djjdo  señalar  el  nombre  de 

4    Refiriendo  el  mismo  Oviedo  una  pendencia        que  acaeció  en  Barcelona,  el  año  de  1493,  enire  don 


y 


DE  GON.  FERN.  DE  OVIEDO.  XIU 

su  padre.  Su  calidad  de  hidalgo,  de  que  se  pagaba  mucho  y  hace  frecuente  alarde 
en  sus  escritos,  ha  sido  no  obstante  causa  de  sospecharse  que  pudo  serlo  ó  ya  Fer- 
nando de  Oviedo,  regidor  de  Madrid,  ó  ya  Juan  de  Oviedo,  secretario  en  Í4CG 
de  don  Enrique  IV  '.  Dá  mayor  consistencia  á  esta  fundada  conjetura  la  circuns- 
tancia de  traer  Gonzalo  Fernandez  en  algunos  pasages  de  sus  obras  la  autoridad 
de  su  padre ,  como  testigo  presencial  de  varios  sucesos,  acaecidos  en  la  corte  y  pa- 
lacio de  don  Enrique ,  donde  al  parecer  asistia  mas  obligado  que  devoto  *.  Mas 
no  puede  dejar  de  llamar  la  atención  el  silencio  que  gua'rda  Oviedo  sobre  su  fami- 
lia, cuando  le  vemos  tan  solicito  en  instruir  á  sus  lectores  en  cuanto  á  su  calidad 
y  servicios  concierne.  Sea  como  quiera,  es  cosa  averiguada  que  entró  á  servir 
desde  su  niñez  en  casa  de  don  Alfonso  de  Aragón,  segundo  duque  de  Villahermo- 
sa,  sobrino  del  Rey  Católico  y  hermano  de  don  Juan  de  Aragón,  duque  de  Luna. 
Era  el  de  Villahermosa  uno  de  los  magnates  que  mayor  empeño  habian  mostrado 
en  el  cultivo  de  las  letras,  según  queda  advertido;  y  prendado  del  buen  natural 
é  inteligente  viveza  de  Oviedo ,  crióle  con  especial  afecto ,  procurando  iniciarle 
en  los  estudios,  y  despertando  en  su  corazón  aquel  inextiguible  amor  á  los  gran- 
des hechos  que  se  refleja  vivamente  en  todos  sus  escritos  ^.  No  habia  cumpli- 
do Gonzalo  trece  años,  cuando  el  mismo  don  Alfonso,  deseando  labrar  su  fortuna, 
le  sacó  de  aquella  escuela  de  Minerva  y  de  Marte ,  que  este  nombre  dá  Oviedo 
.  á  la  casa  de  ambos  duques,  y  le  presentó  en  la  corte  de  los  Reyes  Católicos,  don- 
de obtuvo  el  nombramiento  de  mozo  de  cámara  del  príncipe  don  Juan ,  con  el  suel- 
do ó  quitación  de  8,000  mrs.  anuales  y  título  firmado  por  la  misma  Reina  *. 


Iñigo  López  de  Mendoza  y  olro  caballero,  prosigue  recuerdos,  calló  Gonzalo  cotislanlemente  el  paren- 
de  esta  manera  el  diálogo  que  sostiene  con  olro  per-  leseo  que  tenia  con  Juan  de  Oviedo,  mostrándose 
sonage:  «Sereno  :  Que  años  habriades  vos  eston-  por  el  contrario  muy  adicto  á  los  Reyes  Católicos. 
»ces?...  Alcaide:  Yo  nací  año  de  H18  y  esto  fue  6  Oviedo  escribe:  aOy  decir  á  mi  padre  que  se 
))ano  de  í  493  ;  habría  algo  mas  de  i4  años.  Serenoí  «avía  hallado  en  Segovia  en  aquella  sa9on  ,  donde 
»Edad  era  essa  para  quedaros  en  la  memoria  lo  que  wel  rey  don  Enrique  el  IV  estaba  é  la  reina  doña 
»hays  dicho.  Alcaide  :  Mejor  me  acuerdo  de  lo  que  wJohana ,  su  muger ,  etc.»  {Bat.  y  Quinq. ,  III  Bat., 
»aveysoydo  quede  lo  que  há  pocos  dias  quepassó.»  dial.  28 ).  Y  en  otro  lunar:  «Yo  oy  á  mi  padre  que 
{Bal.  y  Quinq.,  Bibliot.  Nacional ,  Cod.  Y.  S9,  folio  wlo  vio  (estando  en  la  corte)  y  conoció  á  Barrasa» 
602).  En  elcapíluloXXlXdellib.  Vldelal."  í>artede  {Quinq.,  /."  Parte,  Est.  I2,íol.  204.  Cod.orig.de  la 
la  Hist.  gen.  y  nat.  de  Ind.  dice  el  mismo  Oviedo ,  ha-  Bibliot.  Nacional ,  Ff.  104). 

blando  del  año  1548:  «Una  cosa  diré  aquí  que  aun-  7    Narrando  Oviedo  el  famoso  desafio  del  capí- 

«que  he  setenta  años ,  etc  ;»  y  después  anadia:  é  los  lan  Benavides  y  el  comendador  Urquillas  ,  acaeci- 

compli  en  el  mes:  de  agosto  en  que  estoy;  pero  esta  do  en  Zaragoza,  escribe*.   «Súpclo  lan   menuda- 

cláusula  que  subrayamos  ,  fué  después  borrada  por  «mente  porque  la  villa  de  Cortes  en  Navarra  era  en 

él,  aunque  puede  leerse  fácilmente  en  el  original.  «essa  sa^on  de  doña  Leonor  de  Soto,  duquesa  de 

(Real  Acad.  de  la  Hist.,  Cod.  de  Salazar,  tom.  I,  fo-  «Villahermosa,  mi  señora,  madre  de  don  Alonso 

lio  181,  enmendado  128).  «de  Aragón,  duque  de  Villahermosa,  m¡  señor, 

5    El  secretario  Juan  de  Oviedo,  era  Señor  efe  «que  me  crió  ,  al  qual  yo  servíanles  que  sirvies- 

Casasrubios  del  Monte ,  y  habiéndose  declarado  por  «se  al  príncipedon  Juan.»  {Bat.  y  Quinq.,  Y.  59,  /b- 

la  Beltrancja  ,  le  fueron  confiscados  sus  bienes  por  »lio  457.)  En  otra  parte  decia;  «Porque  el  duque 

los  Reyes  Católicos,  luego  que  vencieron  estos  al  de  »de  Villahermosa ,  el  segundo  duque,  era  su  her- 

Porlugal  y  á  los  parciales  de  doña  Juana.  El  señorío  «mano  (de  don  Juan  de  Aragón,  duque  de  Luna)  y 

de  Oviedo  fué  donado  á  Gonzalo  de  Chacón,  favorito  «me  avía  criado»  {Bat.  y  Quinq.  187  vto.). 

de  los  Reyes,  de  quien  le  hubieron  después  sus  he-  8     Hablando  de  los    mozos  de   la  cúmara  del 

rederos,  saliendo  por  tanto  desús  primitivos  posee-  príncipe  don  Juan  ,  y  apuntando    los  nombres  de 

dores.  Acaso  por  no  despertar  estos  desagradables  todos,  se  pone  Oviedo  en  el  último  número,  diciendo: 


XIV 


VIDA  Y  ESCRITOS 


Tenia  entonces  el  príncipe  trece  anos  de  edad,  pues  que  habia  nacido  en  junio 
de  1478,  dos  meses  antes  que  Gonzalo;  y  esta  favorable  circunstancia,  á  que  se 
agregaban  el  abierto  genial  y  la  reverente  solicitud  del  mozo,  fué  causa  de  que 
le  prefiriese  don  Juan  entre  todos  sus  servidores,  asistiendo  Oviedo  y  tomando  parte 
en  sus  lecciones  durante  el  dia,  y  entreteniéndole  en  los  ocios  de  la  noche  con 
la  lectura  de  los  historiadores  y  moralistas. 

Dos  años  contaba  Gonzalo  al  servicio  del  príncipe,  cuando  abatido  y  quebran- 
tado el  imperio  de  los  granadles,  rindióse  aquella  poderosa  metrópoli  á  los  es- 
fuerzos de  Isabel  y  de  Fernando.  Procuraban  los  Reyes  que  el  príncipe  don  Juan 
tomase  enseñanza ,  como  heredero  de  ambas  coronas ,  en  los  ejemplos  de  la  go- 
bernación y  de  la  guerra :  era  la  conquista  de  Granada  la  mas  difícil  empresa  que 
en  muchos  siglos  acometieron  las  armas  españolas;  y  el  Rey  Católico,  que  en  el 
otoño  de  1490  habia  ya  armado  caballero  al  príncipe  ante  los  muros  de  aquella 
opulenta  ciudad,  asentado  el  cerco  y  fortalecidos  los  reales  en  el  siguiente  año, 
quiso  que  asistiese  al  ejército  la  Reina  Isabel  con  todos  sus  hijos,  á  fin  de  quitarla 
última  esperanza  de  salvación  á  los  sarracenos.  Siguió,  pues,  la  corte  Gonzalo  Fer- 
nandez de  Oviedo ,  y  todavía  en  su  adolescencia ,  tuvo  la  fortuna  de  conocer  alli 
los  mas  ilustres  varones  que  ala  sazón  florecían  en  España,  y  de  presenciar  los 
mas  heroicos  hechos,  que  iba  ya  recogiendo  cuidadosamente,  formando  asi  el  in- 
apreciable tesoro  de  sus  obras  '.  Conoció  alli  también  á  Cristóbal  Colon ,  pobre 
y  oscuro  mareante ,  á  quien  la  Providencia  encaminaba  á  Granada,  para  ofrecer 
á  la  Reina  la  mas  alta  ocasión  que  han  visto  las  edades.  Oviedo,  que  se  prendaba  de 
lodo  lo  grande  y  extraordinario,  no  le  perdió  de  vista  desde  aquel  momento;  y 
enterado  con  diligencia  de  su  pasada  vida,  apuntaba  cuidadoso  todos  los  contra- 
tiempos que  en  la  córtele  sobrevenían.  La  rendición  de  Granada,  en  que  hicie- 
ron intervenir  los  Reyes  Catóhcos  al  príncipe  don  Juan ,  puso  término  á  tan  peli- 
grosas dilaciones ,  partiendo  al  cabo  la  feliz  expedición  de  la  isla  de  Saltes  el  5  de 
agosto  de  1492 ,  no  sin  que  Oviedo  formase  el  decidido  propósito  de  escribir  sq 
historia  *^. 


«Tenían  en  mi  liempo  8,000  nirs.  de  quitación  y 
» 12,000  en  la  despensa,  que  por  tercios  de  quatro 
)7cn  qiialro  meses  les  pagaban  ,  en  dineros ,  cada 
))nn  año.»  (Off.  de  la  Casa  Real  de  Casi.  ,  Bibliot. 
Nacional,  Cod.  T.  88:  Quinq.  ,  ¡11.^  Part. ,  Est.  23.) 
Prescoll ,  Irwing ,  Ticknor  ,  Ternaux  y  oíros  es- 
critores exirangeros  asientan  que  fué  page  ,  ya  del 
príncipe  don  Juan  ,  ya  de  los  Reyes  Calúlicos  :  se- 
mejante error,  á  que  tal  vez  dio  origen  el  mismo 
Oviedo,  diciendo  que  se  habia  encontrado  pagemu' 
chacho  en  la  conquisía  de  Granada  {Hist.  gen.  de  In- 
dias ,  /.*  Parte,  lib.  II,  cap.  7) ,  queda  enteramente 
desvanecido,  cuando  se  advierte  que  esta  frase  solo 
determina  la  tierna  edad  que  entonces  tenia,  siendo 
muchos  los  pasages  de  sus  obras  en  donde  hace 
relación  del  oficio  que  en  la  cámara  de  don  Juan 
desempeñaba  {Ad.  á  los  Off.  de  la  Casa  Real:  Hist. 
gen.  de  Ind.,  lib.  VI,  cap.  ^).   Debe  sin  embargo 


advertirse  que  el  deslino  de  mozo  de  cámara  era 
nuevamente  creado,  cuando  se  concedió  á  Oviedo, 
siendo  considerado  como  cargo  de  distinción  ,  pues 
que  se  exigia  la  nobleza. 

8f  Al  mencionar  Gonzalo  Fernandez  la  loma  de 
Granada,  el  descubrimiento  del  Nuevo  Mundo,  la 
expulsión  de  los  judios  y  la  herida  del  Rey  Catoli-» 
co  ,  escribe:  «  Assi  que,  no  hablo  de  oydas  en  nin- 
))guna  deslas  quatro  cosas  sino  de  vista ,  aunque 
))las  escriba  desde  aqni ,  ó  mejor  diciendo  ,  ocur- 
wricndo  á  mis  memoriales,  desde  el  mismo  tiempo 
Mescriptas  en  ellos»  {Hist.  Gen.  y  Nat.  de  Ind.,  l.^  Par- 
te, libro  11,  cap.  7). 

iO  En  el  pruhcmio  que  puso  Oviedo  al  Suma" 
rio  de  la  Natural  Historia  de  las  Indias,  decia,  dan- 
do al  César  noticia  de  sus  trabajos  literarios :  aTodo 
»lo  qual  y  oirás  muchas  cosas  desla  calidad  muy 
«mas  copiosamente  yo  tengo  escripto  y  está  en  los 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO. 


XV 


Echados  los  cimientos  á  la  gobernación  del  nuevo  reino  y  arrojados  de  España 
los  judies,  partieron  entre  tanto  los  Reyes  Católicos  de  Granada  la  vuelta  de  Ara- 
gón, llevando  en  su  compañía  á  las  infantas  y  al  príncipe  don  Juan,  sus  hijos.  En 
Zaragoza  permanecieron  algunos  meses,  hasta  que  en  el  de  octubre  se  encami- 
naron á  Barcelona,  donde  estuvo  el  Rey  á  punto  de  ser  víctima  de  la  traición  ó 
tle  la  demencia.  «Viernes,  siete  dias  del  mes  de  diciembre  (escribe  Oviedo,  les- 
»t¡go  ocular  del  hecho),  un  villano  natural  del  lugar  de  Rcmensa  del  Principado 
))de  Cataluña,  llamado  Juan  de  Cañamares,  dio  en  Barcelona  una  cuchillada  al 
«Rey  Católico  en  el  pescueco ,  tan  peligrosa  que  llegó  á  punto  de  muerte :  del 
»)qual  traydor  fué  hecha  muy  señalada  justicia,  no  obstante  que  segund  paresció,  él 
»estaba  loco  é  siempre  dixo  que  si  le  matara,  que  él  fuera  rey»".  Aun  no  conva- 
lecido de  la  herida ,  tuvo  don  Fernando  nueva  ocasión  de  admirar  la  clara  previsión 
de  la  Reina  Católica,  respecto  de  la  existencia  del  Nuevo  Mundo.  El  ilustre  ge- 
novés ,  tenido  antes  por  loco ,  llegó  á  Barcelona  en  abril  del  siguiente  año ,  pre- 
sentando á  los  Reyes  larga  y  brillante  muestra  de  las  riquezas  que  la  desconocida 
América  atesoraba:  en  pago  de  tan  extraordinario  servicio,  no  solamente  alcanzó 
las  mayores  honras,  conforme  alas  capitulaciones  asentadas,  sino  que  obtuvo  la 
gracia,  por  él  solicitada ,  de  que  sus  hijos  fuesen  recibidos  en  el  número  de  los 
pages  del  príncipe  '*.  Era  esta  favorable  coyuntura  á  los  planes  de  Oviedo,  que 
solo  contaba  quince  años,  y  no  la  desaprovechó  por  cierto:  el  respeto  que  Cristó- 
bal Colon  le  habia  inspirado ,  se  convirtió  en  acendrado  cariño  para  con  sus  hijos. 
Distinguido  por  el  príncipe ,  fué  á  Oviedo  fácil  empresa  el  iniciarse  en  la  amistad  de 
los  jóvenes  Diego  y  Fernando,  inquiriendo  de  su  padre  por  este  camino  cuanto  ha- 
l3Ía  sucedido  en  aquel  viage,  cuyo  fruto  era  el  descubrimiento  de  tan  peregrinas  re- 
giones. Mas  aunque  muchacho,  habia  ya  aprendido  Gonzalo  que  no  debe  la  verdad 
histórica  recogerse  en  una  sola  fuente ,  y  á  fin  de  comprobar  los  hechos  que 
apuntaba,  procuró  informarse  también  de  los  hermanos  Pinzones,  y  en  especial  de 
Vicente,  con  quien   desde  entonces  sostuvo  amistosa  correspondencia  ".  Esta 


«originales  y  chrónica  que  yo  escribo  desde  <5|ue  tu- 
»vc  edad  para  ocuparme  en  semejan  le  materia,  as«¡ 
»)de  lo  que  passó  en  España  desde  el  año  1490  has- 
tia aqui,  como  fuera  deila»  (Historiad,  primit.  délas 
Ind.  occid  ,  por  don  Andrés  Gonz.  Barcia,  tomo  I).  En 
el  capítulo  30  del  lib.L  y  último  de  la  III.^  Parle  de  la 
fíist.  Gen.  y  Nat.  de  Ind.  escribía  después:  «Doy 
i>(á  Dios)  infinitas  gracias  por  la  misericordia  que 
«conmigo  ha  usado,  pues  sin  elegancia  de  cir- 
»cunIoquios  ni  afeytes  ni  ornamentos  de  rethórica, 
))sino  llanamente  lia  dexrdo  llegará  tal  estado  esta 
General  y  Natural  historia  de  Indias,  conforme  á 
«verdad,  la  qual  ha  que  continúo  desde  el  tiempo 
«que  estas  parles  se  descubrieron  por  el  primero  al- 
»nu"rante  don  Chripstóbal  Colom,  año  de  i492  hasta 
«el  présenle  de  1548;  y  pueshá  einqüenta  años  que 
wen  eslo  entiendo  ,  creer  se  debe  que  es  historia». 

i  i     Historia  General  y  Natural  de  Indias,  1."  Par- 
te ,  libro  II ,  cap.  7. 


i2  «Mas  como  era  prudente  hombre  (Crislóba' 
»€olon)  luego  que  á  España  fué  con  las  nuevas  del 
wprimero  descubrimiento,  suplicó  á  los  Pieyes  Ca- 
wlhólicosque  oviessen  por  bien  q  le  sus  hijos  el 
«príncipe  don  Juan  los  rcscibiese  por  pajes  suyos... 
»E  assi  el  príncipe  don  Juan  tracto  bien  á  estos  sus 
))hijos  y  eran  del  favoreseidos  c  anduvieron  en  su 
«casa  hasta  que  Dios  le  llevo  á  su  gloria  en  la  cib- 
»dad  de  Salamanca  año  de  1407»  {Hist.  Gen.  y  Nat. 
de  ind. ,  I."  Parte  ,  lib.  IH ,  cap.  6). 

13  Narrando  lo  ocurrido  en  los  primeros  viages 
que  hizo  Colon  á  las  Indias ,  dice  Oviedo:  «  Allende 
»de  lo  que,  fuy  informado  dellos  c  otros  del  primero 
)ycamino,  assi  como  de  Vicente  Yañez  Pintón,  que 
»fué  uno  de  los  primeros  pilólos  de  aquellos  tres  her- 
wmanos  Pin9ones,  de  quien  queda  hecha  mención; 
«porque  con  este  yo  tuve  amistad  hasta  el  año  de 
»lí)14  que  murió»  (Hist.  Gen.  y  Nat.  de  Ind.,  I.'Par- 
lc,lib.  11,  cap.  13). 


XVI 


VIDA  Y  ESCRITOS 


juiciosa  conducta ,  digna  de  edad  madura  ,  ha  sido  no  obstante  causa  de  que  algu- 
nos escritores  tengan  á  Oviedo  por  sospechoso ,  en  cuanto  á  la  historia  de  Colon 
se  refiere  **.  Dispuesta  entre  tanto  la  segunda  expedición  del  almirante,  soli- 
citaron seguirle  muchos  criados  de  la  casa  Real ,  amigos  ó  conocidos  de  Gonzalo, 
á  quienes  rogó  que  le  comunicasen  cuanto  hallaran  digno  de  memoria.  En  este 
mismo  año  de  1495  conoció  y  trató  en  Barcelona  á  donFrey  Nicolás  de  Ovan- 
do *',  comendador  de  Lares,  que  en  1502  fué  nombrado  gobernador  de  la  Isla 
Española,  cuya  capital  recibió  de  sus  manos  considerables  aumentos. 

Restituyóse  en  1494  la  corte  á  Castilla,  y  con  ella  Gonzalo  Fernandez  ^*,  de 
quien  don  Juan,  su  señor,  se  mostraba  de  dia  en  dia  mas  aficionado.  Concerta- 
das entre  tanto  las  bodas  del  príncipe  y  de  la  princesa  Margarita,  hermana  del 
archiduque  de  Austria,  determinaron  los  Reyes  Católicos  en  1490  ponerle  casa  y 
rodearle  de  la  juventud  mas  ilustre  y  de  los  mas  experimentados  caballeros. 
Oviedo,  que  no  habla  salido  aun  de  la  esfera  de  mozo,  logró  entonces  que  el  mis- 
mo príncipe  don  Juan  le  encomendase,  con  título  firmado  de  su  mano,  la  custodia  y 
llaves  de  su  cámara,  cargo  deque  se  manifestó  aquel  honrado  y  satisfecho  ". 


a  Washington Irving en  sn  Vidayviagesde Cris- 
tóbjl  Colon  (.4/)endtce  n.°  28), "ño  titubea  cn"áscgii- 
rar  que  no  debe  confiarseen  la  historia  de  Oviedo  en 
materias  relativas  al  almirante,  suponiéndole,  como 
al  piloto  Hernán  Pérez  Maleo,  partidario  de  los  Pin- 
zones. Para  desvanecer  esta  idea  ofensiva  á  Oviedo, 
cuya  sinceridad  y  afecto  á  Colon  se  reconoce  desde 
las  primeras  líneas  de  su  obra,  nos  bastaría  citar  las 
siguientes  palabras:  «Godos  son  y  españoles  los 
»que  estas  nuestras  Indias  hallaron  ,  vasallos  de 
»V.  M.  y  de  la  corona  real  de  Castilla ,  guiados  por 
»la  industria  de  aquel  memorable  almirante  primero 
))dellas,  don  Chripstóbal  Colom ,  cuya  memoria  no 
»)puede  aver  fin  ,  porque  aunque  todo  lo  escripto  y 
»por  escrcbir  en  la  tierra  perezca ,  en  el  cielo  se  per- 
)>peluará  tan  famosa  historia...  De  cuyos  subceso- 
Mres  deste  almirante,  me  paresce  y  es  razón  que 
«quede  un  continuo  y  perpetuo  acuerdo  en  vuestra 
«Sagrada  Magestad  y  en  todos  los  reyes  de  Castilla» 
»para  honrar  y  gratificar  y  conservar  la  sub9es¡on  de 
»Colom  y  su  casa  y  sostenerla  y  aumentarla  y  esli- 
»marla,  como  joya  propria  y  ornamento  de  sus  rey- 
»nos ,  pues  fué  causa  de  tantos  bienes  y  que  Clirips- 
))to  y  su  fé  cathóHca  en  estas  Indias  se  sirviesso  y 
«aumentasse»  (Hist.  Gen.  y  Nat.  de  Ind.,  II.' Parte, 
lib.  I,  Proh.).  Quien  de  esta  manera  habla  ¿podrá  te- 
nerse por  sospechoso  ?..  Pero  Oviedo,  sobre  quien 
se  ha  querido  echar  el  borrón  de  la  ingratitud  ,  es  el 
primor  escritor  que  tiene  la  gloria  de  haber  conside- 
rado á  Colon  acreedor  á  que  se  le  erigiese  una  estatua, 
y  no  de  cualquier  manera,  sino  una  estatua  de  oro. 
(( Por  cierto  (dice)  aquella  estatua  llamada  holosphi^ 
))raton  y  la  otra  de  Leonino,  que  fué  el  primero  de 
»los  hombres  que  en  el  templo  de  Delphos  puso  á 
))sí  mismo  una  estatua  de  oro  ma9Íco,  muy  mejor  la 
wmcresce  don  Chripstóbal  Colom  ,  primero  descu- 


Mbridor  é  inventor  dcs'as  Indias  y  primero  almiran- 
))le  dellas  en  nuesíros  tiempos ;  pues  no  como  Leo- 
wnino,  que  mostrando  el  arle  oratoria  allegó  el  oro 
»de  su  estatua,  sino  como  animoso  é  sabio  náula 
))é  valeroso  capitán  nos  enseñó  este  Nuevo  Mundo, 
))tan  colmado  de  oro  que  se  podrían  aver  fecho  m¡- 
»llares  de  estatuas,  etc.»  {Hist.  Gen.  y  Nut.  de  In- 
dias, l.^Psule  ,\\h.  VI,  cap.  8).  Necesario  ha  sido 
que  trascurran  tres  siglos  para  que  se  tribute  á  Co- 
lon el  homenage  (y  mas  humilde  ciertamente)  que 
Oviedo  le  pretendía  rendir  á  mediados  del  si- 
glo XVI.  Mas  si  quedase  todavía  duda  del  entusias- 
mo con  que  habla  siempre  de  Cristóbal  Colon ,  oi- 
gamos la  declaración  que  hace  en  otra  de  sus  obras, 
respecto  del  descubrimiento  de  las  Indias:  «El  qual 
«servicio  (exclama)  hasta  hoy  es  uno  de  los  mayo>- 
«res  que  ningún  vasallo  pudo  hacer  á  su  príncipe  y 
»tan  útil  á  sus  reinos ,  como  es  notorio:  y  digo  tan 
»útil,  porque  hablando  la  verdad,  yo  no  tengo  por 
ncastellano  ni  buen  español  al  hombre  que  esto 
))desconosQÍessen  (Sum.  de  la  Nat.  Hist.  de  las  Ind. 
Proh.). 

15  Bat.  y  Quinq.,  Bibliot.  Nacional,  Cod.  K.  i30, 
fol.  383  vuelto. 

i6  Offifios  de  la  casa  Real  de  Castilla.  Bibliot. 
Nacional ,  Cod.  205,  fol.  3. 

17  «En  Almazan,  año  de  1496,  se  le  dio  casa 
»al  príncipe  don  Juan,  mi  señor,  porque  los  que 
«de  antes  de  esso  le  servíamos,  estábamos  asenta- 
»dos  en  los  libros  de  la  Reyna  Cathólica ,  é  nuestros 
«títulos  firmados  de  S.  A.  é  no  del  príncipe.»  Y  en 
otro  lugar:  «También  tuve  las  llaves  (de  la  cáma- 
«ra)  en  los  postreros  días  de  la  vida  del  principe» 
(Officios  de  la  casa  Real  de  Castilla. — Quinq., 
IIÍ."  Parte,  Est.  23).  Hablando  también  Oviedo  de 
un  collar  de  oro  encontrado  en  Almazan  en  i  496; 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO.  XVII 

En  marzo  de  4497  aportó  á  Santander  la  hija  del  emperador  Maximiliano,  en  la 
misma  armada  que  liabia  llevado  á  Flandes  á  la  infanta  doña  Juana ,  desposada  ya 
con  Fciipc.  Saliéronla  á  recibir  el  Rey  Católico  y  el  príncipe  con  numeroso  y  lu- 
cido acompañamiento:  proponíase  don  Juan  festejarla  galante  y  rendido,  y  tuvo  por 
discreción  el  presentarse  á  su  vista,  ostentando  entre  atrevido  y  recatado  la  cifra 
de  su  nombre.  Fió  la  ejecución  de  este  proyecto  á  Gonzalo  de  Oviedo,  el  cual  go- 
zaba ya  reputación  de  entendido  en  las  artes  del  diseño ;  «y  cómo  se  satisfizo  de 
»la  cifra,  que  estaba  de  letras  antiguas  mayúsculas  latinas,  le  dijo: — Di,  Oviedo, 
«¿entiendes  lo  que  dicen  essas  letras  que  vas  dibuxando?..  A  lo  cual  le  respondió 
Gonzalo:  «Señor,  piensso  que  dicen  Margarita.  Estonces  el  príncipe  se  sonrió,  y 
»dixo:  Pues  mira,  guárdate  del  diablo;  no  lo  digas  ni  enseñes  á  hombre  delmun- 
)>do  "».  Esta  escena,  que  por  una  parte  descubre  la  inocente  galantería  de  don 
Juan ,  basta  por  otra  para  darnos  á  conocer  el  aprecio  íntimo  que  hacia  de  Gon- 
zalo. Avistáronse  al  fin  los  dos  príncipes  en  Reinosa,  y  veláronse  en  Burgos  en 
los  primeros  días  de  abril ,  con  las  mayores  fiestas  y  regocijos  que  jamás  se  vieran 
en  España:  las  mas  generosas  damas  y  los  mas  poderosos  magnates  compitieron, 
según  el  mismo  Oviedo  nos  refiere,  en  la  pompa  y  gala  de  sus  joyas  y  atavíos  y  en 
la  magnificencia  y  numeroso  séquito  de  sus  casas,  como  quienes  procuraban  hacer 
público  el  placer  de  sus  corazones  por  tan  deseado  acontecimiento  ". 

Breves  fueron,  por  desgracia  del  suelo  español,  tantas  alegrías  y  esperanzíis: 
el  príncipe  don  Juan,  que  apenas  contaba  diez  y  nueve  años,  adoleció  en  Salaman- 
ca de  tan  aguda  fiebre,  que  le  acabó  en  trece  días,  espirando  el  4  de  octubre, 
cuando  no  se  habían  terminado  aun  los  regocijos  en  algunas  villas  y  ciudades  de 
los  reinos.  Hondo  sentimiento  produjo  en  todas  tan  infausto  suceso ,  y  mayor  que- 
branto causó  entre  los  fieles  servidores  del  príncipe ,  cuya  brillante  corte  se  des- 
vaneció como  por  encanto,  acogiéndose  unos  al  retiro  de  la  clausura,  muriendo 
otros  de  tristeza  y  partiendo  otros  á  extrañas  regiones ,  para  buscar  tal  vez  en  la 
guerra  el  fin  de  sus  días.  Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo  eligió  el  último  partido. 
«Mi  descontento  (dice)  me  llevó  fuera  de  España  á  peregrinar  por  el  mundo, 
«habiendo  passado  por  mí  muchos  trabaxosy  nescessidades,  en  diversas  partes  dis- 
»curricndo,  como  mancebo,  á  veces  al  sueldo  de  la  guerra  y  otras  vagando  de  unas 
«partes  y  reynos  en  otras  regiones  **. »  Anduvo  asi  por  toda  Italia ,  teatro  en  aque- 
llos días  de  las  proezas  de  los  tercios  castellanos  y  de  la  pericia  del  Gran  Capitán; 
y  guiado  siempre  de  los  saludables  avisos  que  en  la  infancia  habia  recibido  ,  huyó 
cuidadosamente  de  los  malos  y  viciosos ,  procurando  el  trato  de  los  buenos  é  ilus- 
tres. Ni  le  abandonó  tampoco  su  grande  afición  á  los  estudios:  su  amor  á  la  pin- 
tura le  acercó  á  Vinci ,  Ticiano ,  Michael  Angelo  y  ürbino ,  príncipes  de  aquella 
encantadora  arte :  su  inclinación  á  las  ciencias  y  á  las  letras  le  indujo  á  solici- 

precisamenle  en  los  días  en  que  se  dio  casa  al  prín-  18    Bat.  y  Quinq.  Bibliot.  Nacional,  Cód.  K.  81 

cipe,  dice:  «Yo  tuve  esle  collar  en  mi  poder,  por-  fól.  56. 

«que  tuve  las  llaves  de  la  cámara  del  príncipe»  19     Bat.  y  Quinq. — Hist.  Gen.  y  Nat.  de  Ind., 

{Hist.  Gen.  y  Nat.  de  Ind.,  I.*  Parte,  libro  VI,  capí-  III.*  parte,  lib.  X,  cap.  6. 

tulo  8).  20    Quinq.  ,  III."  Parte,  Est.  23,  Ff.  106,  fol.  48. 

TOMO  I.  3 


XVIII  VIDA  Y  ESCRITOS 

tar  la  amistad  del  docto  Pontano,  y  de  los  no  msnos  celebrados  ingenios  Serafín 
del  Águila  y  Jacobo  de  Sannazaro ,  padre  de  la  poesia  bucólica  italiana  ^' :  su 
predilección  á  los  trabajos  históricos  le  impulsó  á  estrechar  relaciones  con  todos 
los  hombres  señalados  en  armas ,  notando  cuanto  veia ,  y  encomendándolo  ya  á 
la  memoria,  ya  ala  pluma.  Oviedo  no  desaprovechó  par  tanto  un  solo  día,  du- 
rante su  permanencia  en  ItaUa ;  y  para  hacer  mas  fecundas  sus  tareas ,  se  dio 
al  estudio  de  la  lengua  toscana ,  enriquecida  por  tantos  y  tan  esclarecidos  escrito- 
res ,  buscando  al  mismo  tiempo  y  adquiriendo  los  libros  que  mas  convenian  á  su 
propósito ,  algunos  de  los  cuales  conservó  hasta  los  últimos  años  de  su  vida  ^^ 

Tres  habia  pasado  desde  la  muerte  del  príncipe  don  Juan  sin  permanencia  ni 
rumbo  seguro ,  ya  alistado  en  las  banderas  españolas ,  ya  al  servicio  del  duque  de 
Milán ,  ya  en  el  palacio  del  marqués  Francisco  de  Gonzaga ,  cuando  publicado  en 
1500  el  jubileo,  tomó  la  vuelta  de  Roma,  con  intento  de  ganar,  como  católico,  las 
indulgencias  concedidas  á  los  fieles  por  el  Sumo  Pontífice.  Conoció  allí  á  don  Anto- 
nio de  Acuña,  que  servia  entonces  en  la  cámara  de  Alejandro  VI,  y  que  tanto  figuró 
veinte  años  adelante  en  las  comunidades  de  Castilla  ^' ;  presenció  las  desavenencias 
y  sangrientos  choques  ocurridos  entre  los  suizos  del  duque  Valentín  y  los  cuerpos 
españoles  que  militaban  en  la  guardia  del  Papa  ^* ;  asistió  al  famoso  duelo  de  Fer- 
rerde  Lorca  y  el  castellano  de  Arehe,  donde  se  reprodujo  fielmente  uno  de  aque- 
llos desafios,  narrados  con  frecuencia  en  los  libros  de  los  Amadíses  y  Esplandia- 
nes  ^;  y  depositando  todos  estos  hechos  en  sus  curiosos  diarios,  partió  para  Ñapóles, 
terminada  ya  la  cuaresma.  Solicitó,  al  llegar  á  esta  corte,  entrar  al  servicio  del 
rey  don  Fadrique ,  de  quien  fué  bien  recibido  y  tratado  ,  creyendo  con  esto  repa- 
rar la  inolvidable  pérdida  del  príncipe  de  Castilla.  «Pero  como  me  estaban  (dice) 
»otros  trabajos  esperando,  reservados  en  mi  poca  ventura ,  siguióse  que  el  siguiente 
»año  aquel  buen  rey  perdió  su  reyno,  dividiéndole  España  y  Francia  ^'.)) 

Era  el  reino  de  Ñapóles  desde  siglos  anteriores  blanco  de  la  política  francesa, 
que  habrá  encontrado  siempre  insuperable  barrera  en  el  esfuerzo  de  los  españo- 
les. Codiciaban  ahora  su  posesión  ,  alegando  cada  cual  privilegiado  derecho ,  el 
rey  don  Fernando  y  Luis  XII;  y  temerosos  de  empeñarse  en  nuevas  guerras,  ó  ya 
reconociendo  la  necesidad  de  reunir  sus  fuerzas  contra  el  turco  ,  enemigo  formi- 
dable de  la  cristiandad,  resolvieron,  al  asentar  las  paces,  que  el  Abruzo  y  la  Cam- 
paña quedase  por  el  de  Francia ,  con  título  de  rey  de  Ñapóles  ,  y  se  llamara  el 
CatóUco  duque  de  la  Pulla,  con  el  señorío  de  Calabria.  Despojado  en  tal  manera 
el  desdichado  don  Fadrique ,  no  faltaron  consejeros  que  le  incitaran  á  la  vengan- 
za ,  proponiéndole  que  trajese  en  su  ayuda  contra  los  cristianos,  que  asi  le  vili- 
pendiaban, las  temidas  armadas  del  turco;  pero  aquel  infeliz  príncipe  rechazó  in- 

21  Quinq.,  !.•  Parte,  Est.  44,  fol.  103.  «punto  mi  tiempo»  (Quinq.,  IH.*  Part.,  Est.  23). 

22  «Discurrí  por  toda  Italia,  donde  me  dito-  23  Relación  de  lo  sucedido  en  la  prisión  de 
»do  lo  que  yo  pude  á  saber  é  leer  y  entender  la  len-  Francisco  de  Francia  ,  etc.  — Cod.  X.  227,  fol.  C9 
»gua  toscana  ,  y  buscando  libros  en  ella  ,  de  los  vio. 

)>quales  tengo  algunos  que  ha  mas  de  55  años  (es-  24    Quinq.,  III.'  Part.,  Est,  45,  fol.  74. 

wcribia  en  el  de  1555)  que  están  en  mi  compa-  25    Quinq.,  III."  Parí.,  Est.  23,  fol.  48  y  sig. 

Ȗia,  desseando  por  su  medio  no  perder  de  todo  26    Quinq.,  Ib. 


DE  GON.  FER.  DE  OVIEDO. 


XIX 


dignado  intento  semejante  ,  declarando  que  en  nada  tenia  la  corona ,  si  habia  de 
ser  recuperada  á  tan  infame  precio  ^.  Resignado  con  su  desgracia ,  reunió  al 
Hn  don  Fadrique  la  Real  familia  en  la  cámara  de  la  Reina  yiuda ,  y  con  lágrimas  y 
sollozos  les  manifestó  su  dolor  é  infortunio ,  despidiéndose  tiernamente  de  todos. 
«Aquesto  (escribe  Oviedo)  turó  bien  cuatro  horas,  y  de  alli  se  salió  el  rey,  y  al 
» tiempo  que  salia,  como  yo  estaba  en  la  puerta  y  le  servia  en  la  cámara,  dixo- 
))me:  Oviedo,  la  Reyna,  mi  hermana,  quiere  que  vais  con  ella,  y  yo  os  lo 
»  mando  por  amor  mió  ;  porque  se  le  ha  ido  su  guardarropa  á  los  franceses  (que 
wha  veynte  é  ginco  años  que  la  sirve  desde  que  la  criaba),  y  quiere  que  len- 
))gais  su  cámara,  porque  os  criasteis  en  la  del  señor  príncipe  de  Castilla.  Haceldo 
»assi,  que  todo  parará  en  bien,  y  presto  volveremos  todos  á  Ñapóles.  Lo  que  yo 
«sentí  con  la  misma  angustia  de  la  muerte,  é  hincado  de  rodillas,  le  supliqué 
»que  oviesse  por  bien  que  yo  fuesse  á  morir  donde  S.  M.  fuesse.  É  él  dixo  :  Ha- 
»ced  lo  que  yo  digo:  que  aunque  vais  con  la  Reyna,  mi  hermana,  no  m.e  de- 
»xais  de  servir  ^.)) 

Mientras  el  triste  D.  Fadrique  embarcaba  los  restos  de  aquel  naufragio  político, 
para  refugiarse  en  la  isla  de  Isela ,  la  princesa  doña  Juana ,  que  pocos  años  antes 
cenia  la  corona  de  Ñápeles  ^ ,  partía  de  esta  capital  con  toda  su  servidumbre 
en  siete  galeras ,  que  al  mando  de  don  Iñigo  López  de  Ayala  habia  enviado  el 
Gran  Capitán,  para  que  la  llevase  á  Sicilia.  Iba  Oviedo  en  su  compañía,  y  arri- 
bada á  Palermo  aquella  escuadrilla  en  los  primeros  días  de  agosto  de  1501, 
permaneció  al  servicio  de  la  Reina  por  el  espacio  de  diez  meses ,  tiempo  en  que 
procuró  cultivar  la  amistad  de  Gonzalo  Fernandez  de  Córdoba,  no  descuidando 
el  acaudalar  sus  memoriales,  ya  con  la  relación  de  las  hazañas  de  tan  ilustre  cau- 
dillo, oídas  de  su  propia  boca,  ya  con  peregrinas  noticias  de  aquella  celebrada 
isla,  ya  finalmente  con  la  narración  de  los  sucesos,  de  que  era  testigo^ En  mayo 
de  1502  se  daba  nuevamente  á  la  vela  la  reina  doña  Juana  ,  dirigiéndose  á  la 
ciudad  de  Valencia ,  á  donde  llegó  en  el  término  de  ocho  días ,  teniendo  el  placer 
de  estrechar  alli  en  sus  brazos  á  su  anciana  madre  ,  que  habia  salido  á  recibirla. 
Pasados  algunos  meses ,  dio  Oviedo  cumplida  cuenta  de  la  cámara ,  puesta  á  su 
cuidado ,  y  con  licencia  de  doña  Juana ,  se  despidió  de  su  servicio ,  encaminán- 
dose á  Madrid ,  su  patria ,  no  sin  tocar  antes  en  Zaragoza ,  ciudad  en  que  á  la 
sazón  se  hallaba,  teniendo  Cortes,  el  Rey  Católico 


30 


27  Después  de  dar  noticia  de  este  consejo ,  del 
cual  disuadió  al  rey  don  Fadrique  con  muy  cristia- 
nas razones  don  Frey  Luis  Garrapho,  caballero  de  la 
Orden  mililar  y  hospitalaria  de  San  Juan  de  Jerusa- 
len  ,  dice  Oviedo :  «  Bien  creo  que  pocos  chronis- 
»las  han  hecho  memoria  de  esla  calhólica  é  sánela 
"determinación  del  rey  don  Federique:  ni  osmara- 
wvilleis  ,  letor ,  que  yo  tan  puntualmente  os  la  haya 

Hcontado y  sabed  que  servia  en  su  camarade 

«ayudante  de  cámara  ,  é  uno  era  yo  de  los  que 
«guardábamos  la  puerta  mas  próxima  á  su  real  per- 
«sona  é  oy  muy  bien  lo  que  en  aquel  consejo  se 


«tracto   y  os  tengo  dicho»    {Quinq.  ,  U."  Part., 
Est.  34,  Cod.  Ff.  205,  fol.  75  vto.)- 

28  Epílogo  Real  y  Pont. ,  edad  VI.  Reyes  de  Ña- 
póles, Bibliot.  Nacional,  Cod.  orig.  S.  33,  f.  376  vto. 

29  La  Reina  doña  Juana  ,  que  era  sobrina  del 
Rey  Católico  ,  habia  sido  esposa  de  Fernando  II  de 
Ñapóles ,  muerto  sin  hijos  en  1496  :  sucedióle  en  el 
trono  su  lio  don  Fadrique,  último  rey  de  aquella  di- 

30  El  erudito  don  Joseph  Alvarez  Baena,  en  sus 
Hijos  ilustres  de  Madrid,  tomo  II ,  pág.  3o5,  se  ex- 
prosa del  siguiente  modo,  al  dar  noticia  de  estos 


XX  VIDA  Y  ESCRITOS 

Llegado  á  Madrid  ,  de  donde  faltaba  mas  había  de  cinco  años  ,  enamoróse  de 
Margarita  de  Vergara ,  una  de  las  mas  hermosas  mitgeres  que  ovo  en  su  tiempo  en 
el  reino  de  Toledo ,  con  la  cual  contrajo  matrimonio  mas  mancebo  y  con  menos 
hacienda  que  fuera  menester ,  puesto  que  frisaba  ya  en  los  veinte  y  cuatro  años, 
gastados  en  servicio  de  magnates,  principes  y  reyes  ".  Corta  fué  no  obstante  su 
ventura :  apenas  contaba  diez  meses  de  casado  ,  cuando  sobrevino  á  su  esposa  tan 
azaroso  parto ,  que  hubieron  de  extraerle  el  feto  en  pedazos ,  quedando  tullida  y 
expirando  al  poco  tiempo  entre  agudos  dolores  '*.  Grande  amargura  produjo  en 
Oviedo  aquella  desgracia ,  que  aun  recordaba  cuarenta  y  cinco  años  después  con 
lágrimas  y  suspiros  '';  y  despechado  de  su  mala  suerte ,  volvió  de  nuevo  al  ejer- 
cicio de  las  armas.  Ofrecióle  ocasión  oportuna  la  entrada  que  hicieron  por  el  Ro- 
sellon  los  franceses,  rotas  las  paces  de  1500.  Pusiéronse  los  enemigos  sobre  Sal- 
sas en  número  de  veinte  mil  combatientes,  mandados  por  el  mariscal  de  Bretaña;  y 
defendida  aquella  fortaleza  por  don  Sancho  de  Castilla ,  general  de  la  frontera,  fue- 
ron rechazados  bizarramente  en  cuantos  asaltos  intentaron.  Urgia  ,  sin  embargo, 
socorrer  el  castillo ,  y  concertado  el  Rey  Católico  con  don  Fadrique  de  Toledo,  á 
quien  tenia  confiada  la  guarda  del  Rosellon ,  corrió  contra  los  franceses  ,  que  to- 
mados entre  ambos  ejércitos ,  huyeron  precipitadamente  ,  aunque  superiores  en 
número,  dejando  en  poder  de  los  españoles  artillería,  municiones  y  bagage. 
Cupo  á  Oviedo  parte  en  esta  singular  victoria  de  nuestras  armas ,  obtenida  en  oc- 
tubre de  1503  ^*;  y  terminada  en  tan  breves  días  aquella  amenazadora  campaña, 
siguió  la  corte  del  Rey  CatóHco  ,  quien  habia  ya  resuelto  aprovecharse  de  su  fide- 
lidad en  otro  linage  de  servicios. 

La  acertada  política  del  Gran  Capitán,  que  por  aquel  tiempo  tenia  allanadas  casi 
toda  la  Pulla  y  la  Calabria,  le  habia  aconsejado  apoderarse  de  Tárenlo,  donde  se  for- 
tificaba el  primogénito  de  don  Fadrique.  Pocos  meses  tardó  esta  ciudad  en  recibir 
las  banderas  españolas,  procediendo  tan  afortunado  caudillo  de  tal  manera  que  el  mis- 
sucesos,  (artículo  de  Gonzalo  Fernandez  de  Ovie-  »pocos  meses  después  que  ove  dado  cuenta  de  la 
do  (a)  de  Valdés):  «Habiendo  muerto  en  la  flor  de  su  «cámara ,  con  licencia  de  la  reina ,  mi  señora,  fuy 
Medad  el  año  de  1496  el  príncipe  (don  Juan) ,  pasó  »á  Madrid,  mi  patria»  (Quinq.,  líl^  Parte,  Est.  23: 
»á  servir  (Oviedo)  á  Federico  ,  rey  de  Ñapóles  ,  en  Bat.  y  Quinq.  Y.  59.  fol.  4o2 ).  Oviedo  no  fué ,  pues, 
«donde  estaba  en  1507;  y  despedido  de  alli ,  volvió  guarda-alhajas  de  la  reina  Germana,  sino  de  la  rei- 
»á  España  ,  y  fué  guarda  de  las  alhajas  de  la  reina  na  doña  Juana  de  Ñapóles.  El  error  de  Baena  ha  si- 
wGermana  y  del  Rey  don  Fernando.»  Ni  el  príncipe  do,  no  obstante ,  seguido  por  los  aulores  del  Diccio- 
don  Juan  murió  en  1496,  pues  que  se  casó  en  abril  nario  universal  de  Hist.  y  Geog.,  tom.  V,  pág.  457 
de  97,  ni  Oviedo  pasó  á  servir  desde  luego,  como        {Madrid,  1848). 

Baena  supone  ,  al  rey  don  Fadrique  ,  ni  estaba  en  31    Hist.  Gen.  y  Nal.  de  Ind.,  I."  Parte,  lib.  VI, 

Ñapóles  en  1507,  ni  fué  guarda  de  las  alhajas  de  la        cap.  38. — Quinq. ,  ///."  Part.  Est.,  23. 
reina  Germana.  Los  dos  primeros  hechos  quedan  32    Hist.  Gen.  y  Nat.  de  Ind. ,  I.^  Parte,  lib.  VI, 

plenamente  ilustrados  en  las  notas  que  anteceden:        cap.  38. 
respecto  de  los  dos  siguientes,  bastarános  copiar  las  33    Ib. 

palabras  textuales  de  Oviedo,  con  lo  cual  no  quedará  3í    «Yo  estuve  essa  noche  en  el  campo  ,  y  tuve 

ya  duda  alguna  de  las  equivocaciones  en  que  Alva-  «creydo  que,  segund  la  dispusÍ9Íon  de  aquel  passo 
rez  Baena  incurre:  «En  el  mes  de  mayo  de  1502,  «estrecho,  en  que  los  franceses  estaban  entre  la 
»en  otra  armada,  tornó  á  navegar  la  Reina  ,  mi  se-  »monlaña  y  los  esfagnos  de  agua  salada ,  que  po- 
»ñora  ,  y  dentro  de  ocho  dias  fuymos  en  España,  «eos  franceses  salieran  de  alli  Con  las  vidas»  Bat.  y 
«en  Valencia  del  Cid  ,  donde  estaba  su  madre  ( la  Quinq.,  Y.  59  ,  fol.  383  vto.—Off,  de  la  Casa  Real 
«reina  doña  Juana,  hermana  del  Rey  Católico),  y       de  Castilla.  E.  205). 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO. 


XXI 


mo  don  Fernando  de  Aragón  solicitó  pasar  al  servicio  de  los  Reyes  Católicos.  No 
titubeó  el  Gran  Capitán  en  acoger  el  ofrecimiento  del  duque  de  Calabria ,  como 
quien  le  habia  provocado ;  y  haciéndole  en  nombre  de  los  Reyes  las  mas  lisonge- 
ras  promesas ,  dio  orden  á  Juan  de  Conchillos  para  que  en  una  galera  le  llevase 
á  España.  Llegó  el  duque  á  Madrid,   donde  á  principios  de  1505  fué  recibido 
por  Isabel  y  Fernando  ,  como  hijo  de  rey ;  y  el  Católico ,  que  daba  todo  su  valor 
á  tan  feliz  conquista,  procuró  rodearle  de  caballeros  é  hidalgos  de  su  entera  con- 
fianza ,  poniendo  con  este  propósito  los  ojos  en  Oviedo ,  en  quien  demás  de  la 
lealtad  tantas  veces  probada ,  concurria  la  circunstancia  de  haber  ya  servido  al 
duque  en  casa  del  rey,  su  padre  ".  De  esta  manera  volvió  Gonzalo  Fernandez  de 
Oviedo  á  verse  ligado  á  la  corte  de  España,  abandonando  su  proyecto  de  la 
milicia. 

La  llorada  muerte  de  la  Reina  Isabel,  ocurrida  en  noviembre  de  1504,  vino 
entre  tanto  á  ser  fecunda  ocasión  de  disturbios  y  desavenencias,  llevando  al  Rey 
Católico  al  extremo  de  pretender  echar  por  tierra  con  sus  propias  manos  el  edifi- 
cio de  la  unidad  politica,  levantado  por  él  á  tanta  costa.  Fiel  se  mantuvo  Oviedo, 
en  medio  de  aquellos  trastornos ,  al  Rey  Fernando ,  quien  aficionado  á  sus  estu- 
dios y  erudición,  le  insinuó  en  Toro,  donde  hacia  Cortes  en  1505,  el  deseo  de 
que  recogiese  y  compilase  cuantas  noticias  concernian  á  los  reyes  de  España  des- 
de los  tiempos  mas  remotos  ".  Consagró  Gonzalo  Fernandez  todas  sus  vigilias  á 
este  intento,  que  solo  pudo  ver  realizado  veinte  y  siete  años  adelante;  y  devoto 
siempre  del  Rey  Católico,  asistió  en  Dueñas  á  su  casamiento  con  doña  Germana, 
siendo  después  testigo  de  las  entrevistas  y  diferencias  entre  suegro  y  yerno  (don 
Fernando  y  don  FeHpe) ,  el  cual  pasó  al  fin  de  esta  vida  en  setiembre  de  1506,  á 
tiempo  en  que  el  Rey  Católico ,  desconfiando  del  Gran  Capitán ,  se  habia  partido 
para  Ñapóles.  Las  continuas  tareas  literarias,  á  que  por  natural  inclinación  se  en- 
tregaba Oviedo,  no  le  libertaron  de  que  pensara  de  nuevo  en  contraer  matrimo- 
nio, siendo  ahora  mas  afortunado  que  la  vez  primera,  pues  que  en  1509  le  nació 
un  hijo  que  habia  de  sucederle  con  el  tiempo  en  sus  empleos  y  trabajos. 

Cambió  entre  tanto  con  la  ausencia  del  Gran  Capitán  el  aspecto  de  las  cosas  de 
ItaHa,  y  repuestos  los  franceses  de  sus  pasadas  rotas,  volvieron  con  mayor  co- 
rage  á  tentar  la  suerte  de  sus  armas.  La  costosa  batalla  de  Ravena ,  dada  el  vier- 
nes santo  de  1512,  despertó  al  Rey  Católico  de  sus  perjudiciales  recelos  y  des- 
confianzas respecto  de  Gonzalo  Fernandez  de  Córdoba,  á  quien  pensó  de  nuevo 
enviar  á  Italia,  para  saldar  aquella  sangrienta  quiebra.  «Fué  elegido  (dice  el  mis- 


35  «  Yo  fui  criado  un  tiempo  del  rey  Federique 
»dc  Ñapóles  ,  padre  del  dicho  duque  (de  Calabria), 
))e'  le  serví  en  la  cámara  hasta  que  salió  de  Ñapóles, 
))é  assi  mesmo  fuy  después  en  Castilla  uno  de  los 
«criados  que  por 'mandado  del  Rey  Calhólico  sirvie- 
))ron  al  mesmo  señor  duque ,  y  doméstico  de  Su 
»Ex9elen9Ía))  (Relac.  de  lo  subíed.  en  la  prisión  del 
Rey  Francisco  de  Francia ,  etc. ,  f.  i 9). 

36  En  el  proemio  que  puso  Oviedo  á  su  Ca- 
tálogo Real  de  Castilla ,  dirigido  á  Carlos  V,  es- 


cribía: «El  qual  (catálogo)  yo  comen9é  á  copilar 
»el  año  de  d505  de  la  Natividad  de  Nuestro  Señor, 
))conos9Íendo  que  el  Sereníssimo  Rey  don  Fernan- 
))do,  Vdc  tal  nombre,  vuestro  abuelo,  desseaba  una 
Mcopilacion  semejante».  Y  al  final  de  la  misma  obra 
dice:  «Este  trabaxo...,  como  en  otra  parle  ten- 
))go  dicho ,  comencé  estando  el  Rey  Cathólico  don 
«Fernando,  V  de  lal  nombre,  en  la  cibdad  de  Toro, 
«haciendo  alli  Corles,  año  del  Señor  de  1505  años» 
{Bibl.  del  Esc,  Cód.  orig.  H-j-  7). 


XXII 


VIDA  Y  ESCRITOS 


))mo  Oviedo)  por  el  Rey  Católico  por  general,  para  volverá  Italia  el  Gran  Capitán, 
wel  qual  quiso  servirse  de  mi  de  secretario.  Y  para  yr  con  él  y  ponerme  en  orden, 
)»vendi  parte  desso  que  tenia,  porque  en  lo  demás  mi  mugcr,  viviendo,  atendies- 
»se  la  fortuna  de  ambos:  y  en  caballos  y  armas  y  ataviar  mi  persona  y  criados, 
wgasté  lo  que  no  cobré ,  y  fuy  á  Córdoba ,  donde  fuy  del  Gran  Capitán  graciosa- 
«mente  acogido  y  le  escrebí  algunos  meses ,  hasta  que  de  alli  se  partió  para  yr  á 
»Loxa  desdeñado  y  gastado  y  despedido  de  la  jornada.  Y  yo  con  su  licencia  me  volví 
))á  la  corte  del  Rey  Cathólico ,  gastada  mi  hacienda  y  perdido  el  tiempo ;  porque  á 
»mi  no  me  estaba  á  propóssito  la  yda  á  Loxa,  ni  de  comencar  á  servir  al  Gran 
«Capitán  ni  á  otro  señor  de  España»  ^^. 

No  habian  trascurrido  muchos  meses  desde  que  se  restituyó  Oviedo  á  la  corte, 
cuando  decretada  por  el  Rey  Católico  la  expedición  de  Pedrarias  Dávila,  deter- 
minóse á  pasar  con  él  á  las  Indias,  ganoso  de  reponer  su  malparada  hacienda. 
Alistóse  con  este  intento  entre  los  hidalgos  que  tomaban  parte  en  tal  empresa,  di- 
rigiéndose luego  á  Sevilla,  donde  debia  hacerse  el  grueso  de  la  gente  para  la  ar- 
mada. En  aquella  capital  permanecieron  los  expedicionarios  todo  el  resto  del  año 
de  1513  y  parte  del  siguiente,  tiempo  en  que  falleció  Juan  de  Queicedo  que  iba 
proveído  en  el  oficio  de  Veedor  de  las  fundiciones  del  oro  de  la  Tierra-Firme ;  y 
noticioso  de  ello  don  Fernando,  nombró  para  sucederle  á  Gonzalo  Fernandez  de 
Oviedo  '*.  Apercibida  al  fin  la  armada,  que  se  componía  de  veinte  naos  y  carave- 
las,  salió  del  puerto  de  Sanlúcar  el  11  de  abril  de  1514,  no  sin  que  antes  se  vie- 
ra á  punto  de  zozobrar  la  nave  en  que  el  nuevo  Veedor  iba  embarcado  '^. 


37  Quinq.,  IV  Parí.,  Est.  4.-Id. ,  III.*  Part. 
Esl.  23. 

38  Notables  son  por  cierlo  los  errores  en  que 
lian  caído  la  mayor  parte  de  los  biógrafos  que  han 
hablado  de  Oviedo  ,  al  tratar  del  oficio  que  le  confió 
el  Rey  Católico  en  t514.  Mr.  Ternaux  en  su  fíiblio- 
íheque  Amcricaine  (Paris  d837)  asienta  que  fué  á 
hs  Indias  con  el  enripleo  de  Director  délas  minas  de 
Sanio  Domingo,  error  á  que  hubieron  de  inducirle 
los  autores  de  la  Biographie  universelle  ancienne  et 
moderne  (tom.  XXXII,  págs.  310  y  H,  Paris  1822), 
quienes  aseguran  que  el  Rey  Católico  le  nombró  Di- 
rector de  las  minas  de  la  isla  de  Hayli ,  en  pago  de 
sus  servicios  en  Ñapóles.  Verdad  es  que  antes  de 
que  esto  se  escribiera  le  habian  hecho  ya  Moreri 
y  los  autores  áoX  Diclionaire  hislorique  porlatif  (lo- 
mo II,  pág.  337,  colum.  i.^,  Paris  i732)  Intendente 
ó  Inspector  General  del  comercio  en  el  Nuevo  Mundo, 
bajo  el  reinado  de  Carlos  V.  Pero  lo  mas  censurable 
de  todo  es  que  Mr.  George  Ticknor,  autor  de  la 
flpreciable  obra  titulada:  History  of  Spanish  Litera- 
ture  (Londres,  1849,  tomo  I,  Período  lí,  cap.  VI), 
haya  perdido  de  vista  al  erudito  Baona  y  al  respe- 
table don  Martin  Fernandez  Navarrele  (Colee,  de 
Viag.  Españ. ,  tom.  I ,  inlrod.)  diciendo  que  fué 
Oviedo  nombrado  en  15i3  Veedor  de  las  fundicio- 
nes del  oro  de  Santo  Domingo.  Quien  intentaba 


analizar  la  Hist,  Gen.  de  Indias  y  las  Quinquagenas, 
razón  tenia  para  no  incurrir  en  semejantes  inadver- 
tencias. Oviedo  dá  noticia  de  sus  empleos  en  dife- 
rentes pasages  de  una  y  otra  obra  ,  y  sobre  todo  en 
el  lib.  X,  cap.  i  de  la  II.'  Parle  de  la  Hist.  Gen.  y 
Nat.  de  Ind.,  esplica  cómo  y  por  qué  fué  nombrado 
Veedor  de  las  fundiciones  del  oro  de  la  Tierra-Fir- 
me ;  cargo  que  desempeñó ,  según  en  su  lugar  ad- 
vertiremos, hasta  el  año  de  1532,  bien  que  en  el 
de  1523  se  viese  obligado  á  trasladar  su  casa  y  fa- 
milia á  la  Isla  Española. 

39  «  Aquesta  armada  salió  con  muy  buen  tiem- 
»po  del  puerto  de  Sanlúcar  de  Barrameda,  domingo 
))de  Carnestolendas  año  de  1514,  y  después  que  la 
«nao  capitana  estaba  quatro  ó  cinco  leguas  en  la 
»mar ,  saltó  el  tiempo  al  contrario  y  hubo  de  dar  la 
» vuelta:  la  postrera  nao  que  salió  del  puerto,  era 
«aquella  en  que  yo  yba ,  y  aun  quedaba  otra  surgi- 
))da  en  que  el  contador  Diego  Márquez  estaba,  que 

«nunca  se  quiso  desamarrar Y  cómo  los  pilotos 

«del  rio  habian  dexado  yr  las  naos  fuera  en  la  mar 
«y  se  habian  tornado  á  Sanlúcar  en  sus  barcos,  y  la 
«mar  andaba  brava,  forzosamente  hizo  tornar  el 
«tiempo  el  armada  al  rio ;  y  la  nao  en  que  yo  yba, 
«assi  como  avia  salido  la  postrera  hubo  de  entrar  la 
«primera,  y  al  enlrar  por  la  barra ,  dio  ciertos  gol- 
«pes  en  tierra  y  nos  hubieranjos  de  perder  por  falla 


DE  GOiNZ.  FERN.  DE  OVIEDO.  XXllI 

Hasta  aquella  época  liabia  recorrido  Oviedo  las  mas  ilustradas  cortes  de  Euro- 
pa ,  conociendo  y  tratando  en  ellas  á  los  hombres  eminentes  que  en  la  república 
de  las  ciencias  y  las  letras  florecían.  Roma,  Florencia  y  Ñápeles  hablan  excitado 
su  admiración  con  la  multitud  y  brillo  de  sus  monumentos ,  gloria  de  las  artes 
que  en  aquel  privilegiado  suelo  aspiraban  á  eclipsar  la  fama  de  Atenas.  La  corte 
de  Castilla ,  acaso  la  mas  poderosa  del  continente,  con  sus  espléndidas  fiestas,  con 
sus  vistosas  justas  y  torneos,  le  habia  familiarizado  al  fausto  y  la  opulencia.  Cami- 
naba ahora,  guiado  de  su  desgracia,  á  las  desconocidas  regiones  de  América,  don- 
de en  lugar  de  los  sabios  le  estaban  esperando  gentes  bárbaras  y  salvages;  en  lu- 
gar de  las  suntuosas  ciudades,  inmensos  y  abrasadores  desiertos;  en  lugar  de  la 
magnificencia  y  lujo  de  las  cortes,  la  desnudez,  el  hambre  y  la  miseria.  ¡Contras- 
te singular  por  cierto  el  que  debia  presentarse  á  su  vista!..  Pero  si  aparecía  vio- 
lenta la  comparación  entre  la  cultura  del  mundo  antiguo  y  del  nuevo  mundo ,  no 
menos  peregrino  era  el  desusado  espectáculo  que  iba  á  desplegar  á  sus  ojos  aque- 
lla rica  y  varia  naturaleza ,  virgen  todavia  á  la  codicia  de  los  hombres  y  á  las  espe- 
culaciones de  la  ciencia.  Todo  habia  de  ser  nuevo  para  Oviedo  dentro  de  breves 
meses,  excitando  poderosamente  su  imaginación,  despertando  con  mayor  fuerza 
aquel  indefinible  deseo  de  examinarlo  y  anotarlo  todo  y  avivando  al  par  el  propó- 
sito ya  concebido  en  1492  de  escribir  la  historia  de  las  Indias.  Hombres,  religión, 
ritos,  tradiciones,  costumbres,  todo  era  distinto  en  América  de  cuanto  en  Euro- 
pa conocía ,  no  habiendo  mayor  conformidad  en  los  árboles ,  plantas ,  flores  y  ani- 
males que  poblaban  los  bosques  y  estendidas  llanuras.  Mas  no  era  Oviedo  en  aque- 
lla armada  el  único  español  que  debia  con  el  tiempo  contarse  en  el  número  de  los 
soldados  historiadores,  mas  celebrados  por  su  pluma  que  por  su  espada:  en  eUa,  y 
tal  vez  en  el  mismo  barco ,  iba  también  Bernal  Diaz  del  Castillo ,  quien  ya  en  edad 
madura,  llegó  á  poseer,  en  premio  á  sus  servicios,  una  de  las  mas  pingües  enco- 
miendas del  reino  de  Méjico.  Al  tomar  partido  bajo  la  conducta  de  Pedrarias  Dávila, 
se  hallaba  Bernal  Diaz  apenas  entrado  en  la  primera  juventud :  Gonzalo  Fernandez 
de  Oviedo  rayaba  en  los  treinta  y  seis  años :  el  primero  felto  de  experiencia ,  mo- 
zo no  formado  todavia,  comenzaba  entonces  su  carrera,  sin  que  alcanzara  vali- 
miento alguno  entre  aquellos  conquistadores:  aleccionado  el  segundo  en  la  gran- 
de escuela  de  Italia  y  protegido  de  la  corte ,  llamábale  á  intervenir  en  los  nego- 
cios de  la  conquista  no  solamente  su  pericia  de  soldado,  sino  también  la  obliga- 
ción de  su  empleo. 

»de  piloto ;  y  quiso  Dios  ayudarnos  por  su  mtseri-       »donde  aviamos  salido»  (Hist.  G^n.  y  Nat.,  11."  Píir- 
wcordia  y  que  quassi  pendiendo  de  un  bordo  por       te ,  lib.  X ,  cap.  6). 
»el  agua  surgimos  dentro  del  rio  Guadalquivir ,  de 


XXIV  VIDA  Y  ESCRITOS 


II. 


Próspero  viage  de  Oviedo. — Su  arribo  á  Sania  María. — Su  desembarque  en  el  Darien. — Codicia  y  Urania  del 
Pedrarias. — Desolación  del  Darien. — Resuélvese  Oviedo  á  volver  á  España  para  quejarse  del  gobernador  de 
Castilla  del  Oro  y  del  Obispo. — .Pretenden  ambos  ganarle. — Parte  Oviedo  de  la  Tierra-Firme. — Pénenle  es- 
pías el  Pedrarias  y  el  Obispo. — Los  oficiales  reales  de  Santo  Domingo  le  encargan  la  conducta  de  los  quintos  de 
la  Corona. — Preséntase  Oviedo  en  la  corle  del  rey  Católico. — .Muerte  de  este  monarca. — Resuélvese  el  Vee- 
dor á  pasar  á  Flandcs  ,  para  querellarse  al  nuevo  Rey, — Remítele  este  á  los  gobernadores  de  España. — 
Pensamiento  político  de  Cisneros  sobre  el  gobierno  de  las  Indias. — Retirase  Oviedo  á  su  casa  de  Madrid. — 
Venida  del  rey  don  Carlos  á  España  ,  y  vuelta  de  Oviedo  á  la  corle. — Su  desavenencia  con  el  licenciado 
Bartolomé  de  las  Casas. — Torna  Oviedo  á  la  Tierra-Firme  bien  despachado. — Muerte  del  gobernador  don  Lo- 
pe de  Sosa  y  desconsuelo  del  Veedor. — Recíbenle  el  Pedrarias  y  los  suyos  con  encubierta  enemistad. — Aban- 
dona el  Pedrarias  la  ciudad  del  Darien. — Resuélvese  Oviedo  á  protegerla.— Es  nombrado  Teniente  del  Gober- 
nador.— Pierde  su  segunda  muger. — Su  gobierno. — Tramas  de  sus  enemigos. — Destituyele  el  Pedrarias  d<^ 
la  tenencia. — Su  nombramiento  de  procurador  del  Darien, — Intentan  sus  adversarios  asesinarle. — Residencia 
de  Oviedo.— Castigo  del  asesino. — Oviedo  se  embarca  secretamenle  para  España. 


Oecha  á  la  vela  la  armada  de  Pedrarias  DAvila ,  arribó  á  los  niieVe  dias  á  la  isla 
de  la  Gomera ,  donde  se  gastaron  veinte  en  abastecerse  de  lo  necesario ,  tornando 
lueo^o  á  la  mar  con  tan  próspero  tiempo,  que  el  5  de  junio  locó  en  la  Dominica,  y 
lle^ó  el  1^  al  puerto  de  Santa  Marta  ,  en  que  comenzaba  la  gobernación  de  Cas- 
lilla  del  Oro.  Mandó  alli  el  Pedrarias  saltar  en  tierra  parte  de  la  gente  ,  y  con  ella 
á  Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo  (quien  demás  del  oficio  de  Veedor,  llevaba  el  car- 
go de  escribano  general) ,  y  ahuyentados  los  indios  que  en  la  costa  pretendian  es- 
torbar el  desembarque ,  tomó  posesión  de  aquellas  regiones ,  en  nombre  de  los 
reyes  de  España.  Estendido  el  oportun")  auto  que  autorizó  Oviedo,  dio  el  Pedrarias 
orden  que  entrasen  trescientos  hombres  la  tierra  adentro,  para  reconocerla  ;  y 
como  Iraia  prevenido  que  no  fuesen  maltratados  los  indios,  sin  que  primero  se  les 
hiciera  el  requerimiento  ordenado  por  el  Rey  Católico  y  rompiesen  ellos  las  hos- 
tilidades, cupo  á  Gonzalo  Fernandez  la  obhgacion  de  leerles,  no  sin  grave  ries- 
go de  su  persona,  aquel  intrincado  y  estéril  formulario  *.  Solo  alcanzaron  los  es- 
pañoles á  conocer  en  esta  entrada  la  fiereza  y  brio  de  aquellos  naturales  y  el  géne- 
ro de  flechas  herboladas  con  que  herian  á  sus  enemigos.  Vuelto  el  Pedrarias  á  las 
naves  el  15  del  mismo  junio  ,  entró  el  30  en  el  golfo  de  Urabá  ^ ,  surgiendo  al 
siguiente  dia  en  el  puerto  de  Santa  Maria  del  Antigua ,  donde  fué  recibido  y  pues- 
to en  posesión  de  la  justicia  y  gobierno  por  Vasco  Nuñez  de  Balboa  ,  no  sin  que 
«á  poco  empezaran  á  sentirse  los  rumores  de  rompimiento ,  que  á  vueltas  de  mil 

i    Advertido  Oviedo  del  poco  fruto  de  aquel  re-  wmos  algund  indio  en  una  jaula,  para  que  despacio 

querimiento,  poco  inteligible  aun  para  los  doctos  en  ))lo  aprehenda  y  el  señor  obispo  se  lo  dé  á  enten- 

leologia  ,  dijo  á  Pedrarias,  después  de  terminada  wder»  {Hisl.  gen.  y  nat.  de  Ind. ,  II."  Parle,  lib.  X, 

la  refriega:   «Señor,  parés9eme  que  estos  indios  cap.  7). 

»no  quieren  escuchar  la  theologia  de  este  requerí-  2    Quinq.  ,  III.*    Parte,   Est.   23. — JRsL  gen.  y 

«miento  ,  ni  vos  tenéis  quien  se  lo  dé  á  entender:  nat.  de  Ind.,  III."  Parle,  lib.  X  ,  cap.  8 :  III.'  Parte, 

»mande  Vueslra  Merced  guardallo  hasta  que  tenga-  lib.  18,  cap.  3. 


DE  GON.  FER.  DE  OVIEDO.  XXV 

contradicciones  y  mudanzas  costaron  la  vida  á  este  célebre  descubridor  y  valiente 
soldado. 

No  liabian  pasado  muchos  meses  ,  cuando  trocada  la  codicia  del  Pedrarias  en 
crueldad  y  la  crueldad  en  tiranía ,  llegó  á  ser  aborrecido,  tanto  de  los  españoles 
que  tenian  poblada  la  villa  del  Darien,  como  de  los  que  con  él  vinieron.   Subió 
juntlamente  la  imprevisión  y  mal  gobierno  hasta  el  punto  de  acabarse  los  basti- 
mentos que  se  trageron  de  España ,  sin  que  se  pensara  en  reponerlos ;  y  aban- 
donado el  cultivo  de  los  campos ,  y  presa  los  maizales  de  horrible  langosta  ,  fue- 
ron aquellos  pobladores  afligidos  por  el  horrible  azote  del  hambre ,  viéndose  obli- 
gados, para  salvar  las  vidas,  á  desamparar  en  gran  número  la  misma  tierra,  don- 
de reinaban  antes  la  paz  y  la  abundancia.  «Muchos  de  los  que  fueron  en  aquella 
))armada  (escribía  Oviedo  algunos  años  después)  huyeron  de  la  tierra,  y  algunos 
»se  volvieron  á  España  ,  é  otros  se  passaron  á  estas  nuestras  islas  Española ,  é 
»Cuba,  é  Jamáyca,  é  Sanct  Johan;  é  en  espacio  de  siete  ii  ocho  meses  eran  mas 
))los  muertos  é  ydos  que  los  que  quedaron  en  la  tierra.  Y  en  aquellos  que  vinieron 
wavia  tanto  descontentamiento ,  que  ninguno  estaba  de  su  voluntad  ,  y  aun  el  go- 
«bernador  y  obispo  y  oficiales  desampararan  la  tierra  ,  si  con  buena  color  é  sin 
«vergüenza  lo  pudieran  hacer  '.»  Cansado  Oviedo  de  presenciar  tantas  injusticias, 
crueldades  y  tiranías  como  el  Pedrarias  y  los  suyos  ejecutaban ,  asi  en  los  indios 
como  en  los  españoles ,  formó  la  hidalga  resolución  de  volver  á  España ,  para  dar 
noticia  de  todo  á  su  rey ,  y  vivir  en  tierra  mas  segura  para  su  conciencia  y  vida. 
Procuró  estorbárselo  el  Pedrarias,  obligándole  á  hacer  residencia  ,  como  escribano 
general  que  era  en  nombre  del  secretario  Lope  de  Conchillos ;  mas  publicada 
aquella  por  el  espacio  de  sesenta  dias ,  y  no  resultando  queja  alguna  contra  Ovie- 
do ,  hubo  de  acudir  ,  aunque  en  vano  ,  á  los  halagos  y  promesas ,  temeroso  de 
que  el  Rey  Católico  fuese  informado  de  cuanto  en  el  Darien  pasaba.  Tuvo  igual 
recelo  el  Obispo  don  fray  Juan  de  Quevedo ,  pastor  mas  dado  á  la  codicia  que  á 
la  práctica  de  las  virtudes  evangélicas  y  al  cuidado  de  sus  ovejas  ,  y  acudió  tam- 
bién á  ganar  en  la  última  hora  la  voluntad  de  Oviedo ,  quien  se  vio  de  pronto 
erigido  en  arbitro  entre  aquellos  dos  poderosos  rivales.  Cargáronle  ambos  de 
cartas  para  el  Rey  y  su  Consejo ,  declarándose  mutuamente  contrarios  á  la  bue- 
na gobernación  de  Castilla  del  Oro ,  y  rogáronle  uno  y  otro  que  asi  lo  manifes- 
tara al  Rey  Fernando ,  en  lo  cual  no  tenia  por  qué  violentarse  Oviedo  ,  pues  que 
tal  era  el  motivo  que  á  España  le  traia.  Partió  al  fm  de  la  Tierra-Firme  á  prin- 
cipios de  octubre  de  1515,  lleno  su  corazón  de  enojo  contra  el  Pedrarias  y  el 
obispo  ,  bien  que  enriquecida  su  mente  con  la  observación  y  estudio  de  aquellas 
regiones ,  cuyos  inaccesibles  boscages  y  estensos  lagos  habia  recorrido  ,  y  acau- 
dalados sus  memoriales  con  la  relación  de  las  entradas  y  conquistas  hechas  en 
aquel  período  ,  y  la  descripción  de  las  peregrinas  costumbres  de  los  indios  *. 

3  Hist.gen.  ynat.de Ind.,  11."  Parle,  1.  X,c.  9.  ))que  yban  á  aquellas  enlradas  (las  expediciones 

4  I."  Parle,  lib.  III,  cap.  5  y  Í2.—Uh.  V,  c.  i.—  »que  se  hacían  desde  el  Darien),  los  quales  torna- 
Lib.  Vííl ,  cap.  28.  «  Yo  proveía  los  escribanos  del  «dos  dellas  ,  me  enlregaban  los  procesos  é  diligen- 
wjnzf^ado  del  e:oberaador  v  del  alcalde  mayor  y  los  »cias  que  avian  hecho  los  capitanes;  y  sabia  lo  que 

TOMOl.  4 


XXVI 


VIDA  Y  ESCRITOS 


Dudosos  quedaron  tanto  el  Gobernador  como  el  Obispo  de  la  disposición  con 
que  Oviedo  habia  escuchado  las  quejas  de  ambos ,  y  para  asegurarse  de  su  con- 
ducta, resolvieron ,  cada  cual  por  su  parte ,  enviar  una  persona  que  espiara  todos 
sus  pasos  y  penetrara,  si  fuese  posible,  sus  intenciones.  Designó  el  Pedrarias  con 
este  propósito  al  capitán  Rodrigo  de  Colmenares,  soldado  mas  diestro  en  lides 
cortesanas  que  en  campales  refriegas ,  y  nombró  el  Obispo  á  fray  Diego  de  Tor- 
res, provincial  de  la  Orden  de  San  Francisco,  muy  señalado  por  su  astucia  y  por 
su  facilidad  en  disponer  todo  género  de  intrigas.  En  una  misma  caravela  salieron 
los  tres  del  Darien ,  no  pasando  muchos  dias  sin  que  Oviedo  comprendiese  el  oh-* 
jeto  de  la  expedición  del  capitán  y  del  fraile.  Juntos  y  amigos  fueron,  no  obstan^ 
te ,  hasta  la  ciudad  de  Santo  Domingo  de  la  Isla  Española ,  donde  se  detuvo  Ovie- 
do algunos  dias,  para  recoger  ciertos  millares  de  pesos  de  oro  que  el  tesorero  Mi- 
guel de  Pasamente  y  los  oficiales  reales  de  aquella  Isla  enviaban  al  Rey  Catóhco. 
Encomendáronle  al  mismo  tiempo  el  mando  de  la  nave  que  debia  conducir  aque- 
llos caudales,  y  dióle  ademas  el  tesorero,  para  que  al  Rey  los  ofreciera  en  su 
nombre ,  seis  indios  caribes  y  otras  tantas  indias  mozas ,  con  treinta  papagayos, 
seis  panes  de  azúcar,  labrada  en  la  Española,  y  quince  ó  veinte  trozos  de  cañafís- 
tola ;  presente  mas  precioso  en  verdad  por  lo  peregrino  que  envidiable  por  lo  es- 
pléndido ^.  Faltó  paciencia  al  capitán  Colmenares  para  esperar  á  Oviedo ,  y  dióse 
luego  á  la  vela,  aprovechando  la  partida  de  ciertas  naves  que  volvian  á  España: 
no  asi  el  franciscano  Torres,  quien  abroquelado  en  el  convento  de  su  Orden  que 
en  la  ciudad  de  Santo  Domingo  ya  existia,  averiguó  entendido  cuanto  hizo  Ovie- 
do, resuelto  á  seguirle  en  la  misma  caravela  que  él  mandaba.  Larga  y  trabajosa 
fué  la  navegación  que  hicieron,  tardando  setenta  y  cinco  dias  desde  Santo  Domin- 
go á  la  isla  de  la  Madera ,  donde  hubo  de  quedarse  en  tierra  el  religioso  Torres, 
á  causa  del  recio  temporal  que  aUi  les  sobrevino.  Embarcado,  sin  embargo,  á 
pocos  dias  en  otra  caravela ,  y  no  pudiendo  resistir  mas  las  molestias  de  tan  pe- 
noso viage,  pasó  de  esta  vida,  cuando  tocábalas  costas  españolas,  entrado  ya 
en  la  bahía  de  Cádiz. 

Seguia  Oviedo  entre  tanto  su  derrota  á  España,  y  llegado  á  Sevilla  en  los  pri- 
meros dias  de  diciembre,  encaminóse  sin  dilación  alguna  á  Plasencia,  ciudad  en 
que  á  la  sazón  se  hallaba  el  Rey  Católico.  Tenia  este  determinado  pasar  á  la  ca- 
pital de  Andalucía,  á  fin  de  reponer  su  quebrantada  salud  en  aquel  templado 
suelo ;  y  aunque  recibió  contento  al  antiguo  mozo  de  cámara  del  príncipe  don 
Juan,  holgando  mucho  de  las  cartas  y  nuevas  que  le  traía,  asi  como  del  presente 


»en  sus  viages  avian  hecho ,  por  fé  de  los  escriba- 
»nos,  que  yo  avia  enviado  con  cada  capitán»  {Hist. 
gen.  y  nat.  de  Ind.,  11/  Part.,  lib.  X,  cap.  9). 

5  «Pocos  dias  antes  quel  Cathólico  Rey  don  Fer- 
wnando  pasasse  desta  vida,  le  truxc  yo  á  Plasen- 
»cia  seys  indios  caribes,  de  los  flecheros  que  comen 
«carne  humana,  seys  indias  mo9as,  la  muestra  del 
»acúcar  que  se  comen9aba  á  hacer  en  la  Isla  Espa- 
))ñola ,  cañafísfola  y  Ireynta  pnpagayos»  (Stim.  de 


la  Nal.  Hist.  de  Ind.,  cap.  3!;  Colee,  de  Barcia). 
«Me  dio  (el  tesorero  Miguel  de  Pasamonte)  cartas  é 
^crédito  y  envió  seys  indios  é  seys  indias  muy  bion 
«dispuestos ,  ellos  y  ellas  caribes ,  y  muchos  papa- 
»gayos  y  seys  panes  de  acucar,  y  quince  ó  veynic 
«cañutos  de  cañafístola ,  que  fue  el  primer  acucar  y 
Mcañafísfcla  que  el  Rey  vido  de  aquestas  partes  y 
))lo  primero  que  a  España  fue»  {Hisl.  gen.  y  nat.  de 
Ind.,  11.-'  Parle,  lib.  X,  cap.  -11). 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO.  XXVII 

de  los  indios  caribes ,  azúcar ,  cañafistola  y  papagayos ,  no  quiso  entonces  oirle 
en  las  cosas  que  á  la  gobernación  tocaban ,  mandándole  que  diera  al  secretario 
Conchillos  memorial  de  cuanto  conviniese  proveer,  y  que  compareciera  en  Sevi- 
lla, donde  seria  oido  y  despachado.  Pidióle  Oviedo  licencia  para  visitar  de  paso  á 
su  familia,  y  dirigióse  sin  mas  tardanza  á  Madrid,  sabiendo  en  esta  villa  la  muer- 
te del  Gran  Capitán ,  y  llegándole  dentro  de  breves  dias  la  infausta  noticia  del 
fallecimiento  de  don  Fernando ,  acaecido  el  25  de  enero  ^. 

Acaso  hubiera  bastado  este  fatal  suceso  para  desanimar  á  cualquiera  otro  que 
en  lugar  de  Oviedo  se  encontrara;  pero  resuelto,  como  estaba,  aponer  enmienda 
en  los  males  de  la  Tierra-Firme,  determinóse  á  partir  para  Flandes,  con  el  inten- 
to de  informar  á  don  Carlos  de  todo  cuanto  tenia  pensado  decir  al  Rey  Católico. 
Estábanle  en  esta  navegación  reservados  nuevos  trabajos :  embarcado  en  Portuga- 
lete  y  arrojado  por  una  borrasca  á  la  costa  de  Laredo ,  tornó  á  probar  fortuna ,  sin 
mas  favorable  éxito ,  pues  que  ya  en  mitad  del  camino ,  se  vio  forzado  á  dar  la 
vuelta  á  España,  no  pudiendo  tomar  puerto  hasta  la  Coruña,  desde  donde  le  lle- 
vó su  piedad  á  visitar  la  casa  del  Apóstol  Santiago.  «Dentro  de  tercero  dia  (escri- 
»be)  tornamos  á  la  Coruña  é  nos  embarcamos  é  seguimos  la  via  de  la  canal  de  Flan- 
»des,  y  estando  ya  dentro  della,  nos  dio  tiempo  contrario  é  nos  sacó  fuera  ;  é  con 
j^mucho  trabaxo  é  mayor  ventura  pedimos  tomar  las  islas  de  Gorlinga ,  y  en  una 
))dellas  esto  vimos  ocho  dias,  haciendo  vida  peor  que  la  de  las  Indias,  porque  no 
»avia  alli  sino  una  fortaleca ,  ruinada  y  yerma ,  del  rey  de  Inglaterra  y  quatro  ó 
»cinco  chocas  pajicas,  é  no  tales  como  los  buhios  de  acá  (de  América)  con  mu- 
»cho.  Con  todo  avia  vino;  pero  tan  caro  y  mas  que  aqui  le  bebemos.  Tenian  un 
>ípoco  de  harina,  de  que  hecimos  unas  tortillas  que  cocimos  en  el  rescoldo  ó 
))cenica :  otra  cosa  de  comer  no  la  temamos ;  pero  avia  conejos  é  algunos  balleste- 
»ros  de  la  nao  mataron  algunos.  Y  en  esta  penitencia  estovimos  ocho  dias  ó  diez, 
«esperando  el  tiempo ;  é  viamos  desde  alli  la  isla  de  Inglaterra  é  seys  ó  siete  lu- 
»gares:  é  si  por  caso  no  pudiéramos  aferrar  aquellas  isletas,  fuéramos  la  vuelta  do 
«Irlanda  é  pudiera  ser  que  dende  á  un  año  no  volviéramos  á  Flandes  ^.))  Cesó 
por  último  tan  recio  temporal,  y  aprovechándose  del  buen  tiempo,  pudieron  to- 
mar tierra  en  Calés,  encaminándose  desde  alli  á  Bruselas,  á  donde  llegó  Oviedo 
mediado  ya  el  mes  de  agosto. 

Fué  en  esta  capital  bien  recibido  por  don  Carlos ,  quien  enterado  de  su  deman- 
da, ordenó  al  gran  Canciller  de  Borgoña  que  le  oyese ;  pero  no  atreviéndose  este 
á  proponer  resolución  alguna  en  asunto  tan  arduo  como  peregrino,  dispuso  el  nue- 
vo rey  que  se  diera  orden  á  los  gobernadores  de  España,  los  cardenales  don 
fray  Francisco  Ximenez  de  Cisneros  y  Adriano  de  Utrecht,  para  que  examinasen 
el  memorial  por  Oviedo  presentado.  Ordenaba  también  don  Carlos,  satisfecho  de 
la  conducta  de  este  leal  vasallo,  que  se  le  pagasen  los  gastos,  ocasionados  en  tan 
largo  viage,  y  que  fuera  igualmente  gratificado  por  sus  buenos  servicios.  Dióse 

6    Mariana,  Hist.  gen.  de  España,V\h.  XXX, cap.        A  108. — Hist.  gen.  y  nat.  de  Ind.,  II.*  Parte,  Ub.  X', 
27. — Carta  de  Oviedo,  fecha  23  de  octubre  1537;         capítulo  H. 
Real  Xcad.  de  la  Hisl.,  Colee,  de  Muñoz,  tom.  81,  7    Hist.  gen.  y  nat.  de  Ind.  ttt  supra. 


XXVIÍI  VIDA  Y  ESCRITOS 

Oviedo  por  contento  con  este  despacho,  y  cuando  se  preparaba  para  volver  á 
Castilla,  deparóle  la  suerte  al  capitán  Rodrigo  de  Colmenares,  que  se  disponia 
también  á  dejar  á  Bruselas,  remitido,  como  él,  álos  gobernadores  de  España.  Ha- 
llábale Oviedo  enfermo  y  menesteroso,  y  olvidando  en  aquel  momento  la  causa 
de  su  venida  á  Europa  y  su  privanza  con  el  Pedrarias,  dolióse  de  su  infortunio, 
llevándole  consigo  á  Castilla  y  socorriéndole  con  mano  generosa. 

Poco  mas  de  tres  dias  duró  esta  vez  la  navegación  que  antes  habia  costado  á 
Oviedo  cuatro  meses  de  trabajos  y  peligros  ®,  no  pareciendo  sino  que  el  mar  se 
ablandaba  á  sus  ruegos,  avivando  asi  la  esperanza  que  le  habian  hecho  concebir  la 
conocida  rectitud  y  acrisolada  experiencia  de  Cisneros.  Mas  dominado  este  gran 
pohtico  por  el  pensamiento  de  someter  á  un  nuevo  régimen  la  administración  y 
gobierno  de  las  Indias  ,  enviando  á  aquellas  partes  los  priores  gerónimos  de  la  Me* 
jorada  ,  San  Juan  de  Ortega  y  Montamarta  *,  aunque  puso  Oviedo  en  sus  manos 
la  cédula  del  rey  don  Carlos  y  el  memorial  de  las  cosas  del  Darien ,  no  obtuvo 
respuesta  ni  despacho  alguno  ,  viendo  con  profundo  dolor  cuan  infructuosos  ha- 
bian sido  todos  sus  esfuerzos ,  para  remediar  los  males  que  á  la  Tierra-Firme  afli- 
gían. «Yo  les  di  á  aquellos  reverendíssimos  Cardenales  (exclama)  la  remisión  y 
»memorial  que  he  dicho ,  y  les  supliqué  que  me  oyessen ,  como  el  rey ,  nuestro 
)íseñor ,  lo  mandaba ;  pero  nunca  fuy  dellos  respondido  ni  oydo ,  ni  despachado  en 
))COsa  que  tocasse  á  aquella  tierra ,  ni  á  la  paga  é  gratificación  que  Su  Magestad 
))mandó  hacerme ;  y  assi  la  tierra  se  quedó  con  sus  trabaxos  y  otros  que  se  aug- 
»mentaron  cada  dia ,  y  yo  con  los  mios ,  y  con  mas  de  dos  mil  castellanos  mc- 
»nos  que  gasté  en  aquellos  viages.  ¡Sea  Dios  servido  de  todo  *'^l»  Hasta  aqui 
las  quejas  de  Oviedo.  Pero  no  fueron  los  gobernadores  mas  accesibles  á  Rodrigo  de 
Colmenares ,  quien  advertido  del  poco  efecto  de  los  pasos  del  Veedor ,  y  cansado 
de  seguir  inútilmente  la  corte ,  quiso  tentar  fortuna  por  otra  via,  y  abandonando 
los  negocios  del  Pedrarias ,  se  pasó  al  reino  de  Ñapóles.  Tal  fué  el  término  que 
tuvieron  aquellas  negociaciones,  en  que  animaba  á  Oviedo  el  noble  deseo  de  la 
prosperidad  de  las  Indias ,  y  habia  movido  á  los  procuradores  de  Pedrarias  y  de 
Quevedo  el  interés  particular  de  sus  patronos  ó  la  esperanza  del  propio  en- 
grandecimiento. 

8  «  Estuve  en  csle  camino  quassi  qiialro  meses  .  »cion  de  lo  mismo  al  gran  Clian  de  Borgoña  ,  é  fuy 
))é  gasté  é  Irabaxé  mas  que  si  dos  veces  viniera  »remilido  al  cardenal  don  fray  Francisco  Ximenez; 
«desde  Sevilla  á  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo:  á  »y  porque  no  se  lo  remitieron  á  él  solo,  nunca  quiso 
))ia  vuelta  torné,  desde  Gelanda  á  Portugalete,  en  »oyr  nada  ,  y  porque  estaba  ya  puesto  en  enviar 
))tres  dias»  (Hist.    Gen.  y  Nat.  de  Ind. ,  ut  supra),  »9Íerlos  frayles  liierónimos,  que  nunca  salieron  de 

9  Estos  priores  eran  fray  Luis  de  Figueroa,  fray  »esta  cibdad  (Santo  Domingo)  ni  entendieron  cosa 
Alonso  de  Santo  Domingo  y  fray  Bernaldino  de  Man-  »de  la  Tierra-Firme.  Mandó  Vuestra  Magestad  que 
zanedo  (Hist.  gen.  de  la  orden  de  San  Gerónimo,  »yo  fuesse  gratificado  é  se  mepagassen  mis  gastos; 
por  fray  José  de  Sigüenza,  III. "  Parte,  lib.  I,  cap.  23).  «pero  tampoco  se  hizo  esso  como  lo  otro:  y  porque 

A"  i6 .  X  ,  íO    Hisl.  gen.  de  Ind.,  11.^  Parte ,^cap.  i  i .  «Yo  pre-  wno  me  anduviesse  diciendo  verdades,  quédeme  con 

Msumí  un  tiempo  de  avisar  á  Vuestras  Magestades  »aver  perdido  el  tiempo  ,   que  fueron  quassi  tres 

))de  muchas  verdades,  y  hallé  vivo  al  Rey  Cathólico,  waños,  y  con  mas  de  mili  é  quinientos  ducados  de 

»de  gloriosa  memoria,  en  tiempo  que  si  viviera  mas,  »mi  hacienda  gastados  en  caminos»  ( Carta  al  Real 

»yo  piensso  que  fuera  muy  servido  de  lo  entender;  Cons.  de  Ind. ,  fecha.  2o  de  octubre  de  d337.  Colee. 

»é  murió  dende  á  poco  ,  é  fuy  á  Flandes  ,  é  di  reía-  de  Muñoz  ,  tom.  81,  A.  108). 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO.  XXIX 

Perdida  ya  la  de  alcanzar  justicia,  y  despechado  del  poco  fruto  de  sus  preten- 
siones ,  se  retiró  Gonzalo  Fernandez  al  seno  de  su  familia  ,  resuelto  acaso  á  re- 
nunciar para  siempre  al  bienestar  que  le  habia  brindado  América.  Pero  teníalo 
dispuesto  la  Providencia  de  otro  modo.  En  setiembre  de  1517  aportaba  el  nuevo 
rey  á  Villaviciosa  de  Asturias  ,  y  el  cardenal  Cisneros  salía  á  recibirlo  hasta  Roa, 
donde  le  llegó  un  correo  de  don  Carlos,  mandándole  que  no  pasara  adelante.  Fué 
este  un  golpe  mortal  para  el  octogenario  arzobispo ,  que  afligido ,  al  verse  trata- 
tado  con  semejante  desden ,  cayó  en  tan  hondo  abatimiento ,  que  expiró  el  8  de 
noviembre  del  mismo  año ,  tildando  la  posteridad  con  la  nota  de  ingrato  al  prín- 
cipe ,  á  quien  habia  conservado  ilesa  ,  en  medio  de  los  mayores  contratiempos ,  la 
corona  de  sus  abuelos.  Andaba  por  este  tiempo  en  la  corte  don  Diego  Colon, 
pleiteando  con  el  fiscal  del  Consejo  de  Indias  sobre  los  privilegios  concedidos 
á  su  padre  é  invalidados  por  el  acuerdo  de  Cisneros ;  y  Uegado  don  Carlos  á  Cas- 
tilla ,  ya  fuese  en  odio  al  mando  del  cardenal  ,  ya  por  amor  á  la  justicia ,  resti- 
tuyó á  don  Diego  en  las  prerogativas  del  almirantazgo  ,  y  ordenó  que  volviesen  á 
España  los  priores  gerónimos.  Alentado  con  esta  determinación,  dejó  Oviedo  su 
retiro  ,  en  el  cual  no  habia  por  cierto  desperdiciado  el  tiempo ,  aumentando  y  or- 
denando sus  diarios  ,  mientras  ponia  en  castellano  el  peregrino  libro  de  don  Qla- 
ribalte ,  que  dos  años  después  dio  á  la  estampa  en  Valencia  " . 

A  principios  de  1518  se  presentó  ,  pues,  de  nuevo  en  la  corte  con  el  mismo 
empeño  que  en  1515  le  habia  traído  de  América ;  y  aunque  no  existia  ya  el  obs- 
táculo de  los  priores ,  gastó  otros  dos  años  con  igual  fortuna,  hasta  que  en 
1519  logró  en  Barcelona  ser  oído  y  bien  despachado.  Mas  no  sin  que  su  natu- 
ral franqueza  y  desenfado  le  atrageran  para  lo  porvenir  duras  é  irreconcíHables 
ojerizas.  Hallábase  en  aquella  populosa  ciudad  por  el  mismo  tiempo  el  licencia- 
do Bartolomé  de  las^^  Casas ,  procurando  la  gobernación  del  rio  y  provincia  de  Cu- 
maná  en  la  Tierra-Firme  :  dolíase  este  clérigo ,  como  se  dolía  Oviedo ,  del  mal 
tratamiento  que  los  indios  recibían ,  y  llevado  de  un  celo  verdaderamente  evan- 
gélico ,  habia  venido ,  como  Oviedo ,  á  querellarse  y  buscar  el  remedio  de  tantos 
males.  Pero  las  Gasas  se  apartaba  del  Veedor  de  las  fundiciones  del  oro  en  que 
solo  pedia  este  para  el  Darien  un  gobernador  experto  y  justificado  y  un  obispo 
que  ,  ageno  de  codicia ,  pensara  únicamente  en  reglar  la  conducta  de  sus  cléri- 
gos ,  mientras  pretendía  aquel  que  se  echaran  de  las  Indias  gobernadores ,  capi- 
tanes y  soldados  ;  comprometiéndose  á  conservar  la  tierra  de  Cumaná  en  el  ser- 
vicio y  poder  de  los  reyes  de  Castilla  ,  sin  mas  aparato  que  unos  cuantos  cente- 

ii    Es  notable  la  aversión  que  manifestó  después  que  dexassen  de  leer 

Gonzalo  de  Oviedo  á  ios  libros  de  cabalieria:  no  con-  y  también  de  se  vender 

tenlo  con  anatematizarlos  en  diferentes  pasages  de  la  essos  libros  de  Amadís ,  etc. 
Hist.  gen.  y  nat.  de  Ind. ,  como  fabulosos  y  nocivos 

á  la  verdad,  les  dedica  algunos  recuerdos  del  mismo  En  la  Eslanza  iO  de  la  III. "  Parte  de  las  mismas 

genero  en  los  Off.  de  la  Casa  Real,  exclamando  en  la  Quinquagenas  truena  de  nuevo  contra  los  libros  de 

Estatiza  44  de  la  I."  Parle  de  las  Quinquagenas:  cabalieria,  cuya  lectura  debia  estar  entonces  en  su 


Sánelo  consejo  seria 


mayor  fuga. 


XXX  VIDA  Y  ESCRITOS 

nares  do  sencillos  labradores  y  unos  cincuenta  caballeros  de  cruces  rojas,  que 
sirviendo  á  los  indios  de  escudo,  amparasen  también  á  los  que  debian  cultivar  los 
campos  *^.  Todo  lo  confiaba  las  Casas  de  la  mansedumbre  y  natural  bondadoso  de 
los  indios:  Oviedo,  que  conocía  su  fiereza  y  que  tenia  inequívocos  testimonios  del 
terrible  efecto  de  sus  flechas  herboladas ,  todo  lo  esperaba  por  el  contrario  de  la 
prudencia  de  los  gobernadores  y  capitanes,  de  la  continencia  y  abnegación  del 
clero ,  de  la  ausencia  absoluta  de  los  legistas ,  y  finalmente  de  la  discipHna  de  los 
soldados  y  de  la  morigerada  conducta  de  los  pobladores.  Todo  esto  creyó  logra- 
do el  Veedor ,  respecto  del  Darien ,  con  la  muerte  del  obispo  Quevedo  "  y  con  el 
nombramiento  de  don  Lope  de  Sosa ,  que  debia  reemplazar  al  Pedrarias  en  la  go- 
bernación de  Castilla  del  Oro ;  pero  teniendo  la  doctrina  del  hcenciado  las  Casas 
por  aventurada  y  peligrosa  á  la  quietud  de  las  Indias,  y  no  pudiendo  consentir, 
como  soldado ,  que  se  metiese  á  tratar  del  oficio  de  la  conquista  persona  tan  poco 
experimentada  en  aquel  género  de  guerra ,  se  opuso  franca  y  enérgicamente  á  la 
pretensión  del  clérigo ,  manifestando  que  en  lugar  de  convertir  los  indios ,  como 
pensaba,  era  aquello  llevarles  armas  á  su  propia  tierra  para  que  matasen  ci  los  cris- 
tianos indefensos.  La  contradicción  de  Oviedo ,  á  que  se  arrimó  el  voto  de  los  con- 
sejeros de  Indias  y  la  opinión  de  cuantas  personas  respetables  hablan  pasado  íil 
Nuevo  Mundo ,  ofendió  en  tal  manera  al  Hcenciado  las  Casas ,  que  no  solamente 
le  vio  desde  entonces  con  declarada  aversión,  sino  que  ni  aun  después  de  su  muerte 
llegó  á  perdonarle  la  ofensa  de  no  haber  pensado  como  él ,  respecto  de  la  conquista. 
Bartolomé  de  las  Casas  triunfó ,  sin  embargo ,  de  sus  opositores ,  merced  al  favor 
de  Laxao  y  los  privados  flamencos  ",  viniendo  al  poco  tiempo  á  mostrar  la  malha- 

42    Oigamos  al  mismo  licenciado  Barlolomé  de  wpaña ,  el  qual  me  escribió  que  le  atendiesse  en  la 

las  Casas  narrar  estos  hechos,  replicando  á  Oviedo  «corle,  y  assi  lo  hice,  porque  me  holgara  yo  mu- 

y  á  Gomora,  respecto  de  los  mismos:  «Loqueen  »cho  de  decir  en  su  presencia  lo  que  avia  dicho 

«esto  hay  (dice)  es  que  para  que  los  indios  de  aque-  «en  Flandes  é  en  el  Consejo :  é  llegó  á  la  corle  ,  y 

«Has  tierras  (Cumaná)  que  lan  escandalizados  y  mal-  «desde  á  muy  pocos  dias  murió  cerca  de  Barce- 

«tratados  estaban  (hasta  entonces  no  se  habían  re-  lona».  {Hist.  gen.  y  nal.  de  Incl.,  11."  Parte,  lib.  X, 

«helado)  creyessen  y  no  pensassen  que  les  avia  caf.  11). 

«de  fallar  palabra  por  parle  del  rey  nuevo  que  avia  14    «  Quedaron  también  (observa  las  Casas )  hu- 

«venido  á  reynar  á  Castilla,  como  muchas  veces  se  «millados  Gonzalo  Hernández  de  Oviedo  y  los  de- 

«les  avia  quebrantado  la  fé  y  palabra  en  lo  que  les  «mas  que  avian  partido  entre  sí  la  tierra  que  al  clé- 

«prometian  los  españoles ;  pares9ióle  al  clérigo  que  «rigo  se  avia  encomendado,  mayormente  Oviedo, 

«assi  como  avia  de  certificar  de  parle  del  rey  cosas  «que  por  ser  lan  del  obispo,  pensaba  tener  en  el  nc- 

«nuevas ,  como  eran  que  avia  sabido  los  escándalos  «gocio  mas  parle»  {llist.  gen.  de  Ind.,  lib.  III,  capí- 

«y  daños  que  avian  res^ibido  y  le  avia  pesado  mu-  ^ulo  141).  El  obispo  Fonseca  era  protector  del  Pedra- 

«cho  dello ,  y  que  por  tanto  enviaba  á  él  para  que  rías,  y  Oviedo  había  venido  á  denunciar  las  arbitra- 

«dende  en  adelante  no  tuviessen  temor  alguno  que  riedades  y  tiranías  de  este.  ¿Como,  pues,  habían  de 

«les  avía  de  suceder  agravio  de  los  pasados  y  que  ser  tan  amigos  el  Veedor  y  Fonseca?. . .  Bartolomé  de 

«él  los  avia  de  defender;  que  assi  convernía  que  las  Casas  añadía  en  otro  lugar,  hablando  de  sus  pa- 

«mostrasse  el  clérigo  y  los  cinqüenla  que  para  ca-  trocinadores  :  «Tornado  avía  el  rey  á  aquellos  rey- 

«ballcros  avia  de  escoger,  ser  gente  nueva  y  dife-  »nos,  y  con  él  eran  venidos  los  caballeros  y  príva- 

«rente  de  los  pasados ,  y  por  aquella  señal  lodos  los  »dos  que  lo  avian  favorescido  ( al  clérigo ) ;  y  esto 

«conosciessen.  Y  porque  no  tuvo  lugar  de  señalar  «páreselo  después,  porque  los  mismos,  desque  su- 

«ios  cinqüenla,  como  por  la  historia  se  ha  visto,  no  «píeronlo  que  le  avia  sucedido  (su  perdición  y  de 

«dio  la  cruz  á  alguno:  él  se  la  puso,  elc.«  {Hisl.  «los suyos  en  Cumaná),  le  escribieron  que  tornasse 

gen.  de  Ind.,  lib.  III,  cap.  159).  «allá  (á  la  corte),  y  que  ternía  mas  favor  para  con  el 

13    «Don  fray  Juan  de  Quevedo  (escribía  el  Vee-  «rey  que  antes  avia  tenido;  y  el  mismo  Papa  Adria- 

dor,  refiriéndose  al  año  de  1519)  era  llegado  á  Es-  «nolambien  le  mandó  escribir;  sino  que  llegaron  las 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO.  XXXI 

dada  suerte  de  los  que  osaron  seguirle ,  el  fundamento  de  los  temores  de  Oviedo  ^* 
Habia  este  solicitado  entre  tanto  la  gobernación  de  la  nueva  provincia  de  Santa 
Marta,  una  de  lastres  en  que.  acababa  de  ser  dividida  Castilla  del  Oro,  obtenién- 
dola sin  otra  dificultad,  en  pago  de  sus  largos  servicios;  pero  descando  como  las 
Casas,  que  cesaran  las  violencias  cometidas  contra  los  indios,  pidió,  llegado  el 
momento  de  las  capitulaciones,  que  se  le  concedieran  cien  hábitos  de  Santiago, 
los  quales  habian  de  recaer  en  otros  tantos  hijosdalgo  de  conocido  y  antiguo  lina- 
ge.  Proponíase  Oviedo  por  este  camino  que  fuesen  los  indios  bien  tratados  y  redu- 
cidos á  la  fé  catóhca,  poblándose  la  tierra  de  hombres  de  honra  y  de  buena  casta, 
los  cuales  con  esperanza  de  los  hábitos  y  beneficios  á  ellos  anexos,  mirasen  con 
amor  la  provincia  y  curasen  de  su  prosperidad,  como  de  cosa  propia  **.  A  esta  de- 
manda se  opusieron  algunos  consejeros  de  Indias ,  declarándola  perjudicial  á  los 
intereses  y  dignidad  del  trono ,  puesto  que  podria  llegar  á  hacerse  en  aquellas 
partes  muy  poderosa  la  Orden  de  Santiago ,  y  no  estaban  aun  muy  lejanos  los  tiem- 
pos en  que  era  temida  de  los  reyes  su  influencia.  Pero  Oviedo ,  que  ó  no  alcanza- 
ba entonces  la  fuerza  de  estas  razones  políticas ,  ó  creia  firmemente  que  era  aque- 
lla la  única  manera  de  lograr  la  fácil  conquista  y  quieta  posesión  de  tan  belicosas 
regiones,  insistió  en  su  propósito,  renunciando  por  último  la  gobernación  de  San- 
ta Marta ,  luego  que  hubo  de  convencerse  de  que  no  venia  el  Consejo  en  conceder 
la  petición  de  los  hábitos. 

Mas  si  no  quedó  en  esta  parte  enteramente  satisfecho  de  la  corte,  dábanle  motivo 
para  no  tener  queja  las  diferentes  cédulas  que  respecto  del  Darien  habia  alcanzado. 
Nombrado  ya  gobernador  Lope  de  Sosa ,  procuró  quitarle  el  estorbo  del  consejo 
de  los  oficiales  reales,  y  obtuvo  la  competente  cédula  para  que  gobernase  solo: 
convencido  de  que  la  insaciable  codicia  de  los  mismos  oficiales  era  causa  de  ve- 
nalidades ,  vejaciones  y  escándalos ,  logró  que  se  les  vedara  tomar  parte  en  todo 
género  de  grangerias ;  sabeedor  por  experiencia  propia  de  que  la  ninguna  respon- 
sabilidad de  los  quilatadores  del  oro  daba  ocasión  á  continuos  fraudes,  hizo  que 
se  expidiera  cédula  real,  para  que  no  tuvieran  las  puntas  ni  el  toque,  sin  fianzas. 
Ninguna  ley  reconocía  la  casa  de  fundición  del  oro,  y  quedó  por  su  celo  sujeta  á 
previsoras  ordenanzas ,  gozando  al  mismo  tiempo  de  amplios  fueros :  quejáronselo 
los  pobladores  del  Darien  del  crecido  derecho  de  almojarifazgo  y  recabó  la  fran- 
quicia de  cuatro  años  para  toda  la  tierra :  parecíales ,  finalmente  subido  el  diezmo 
del  oro  de  las  minas,  y  tuvo  Oviedo  la  fortuna  de  reducirlo  al  quinto  en  el  espacio 
de  cinco  años.  Regidor  perpetuo  de  Nuestra  Señora  del  Antigua,  escribano  gene- 
ral de  la  provincia,  receptor  por  S.  M.  de  las  penas  de  Cámara;  hé  aquí  los  car- 
gos y  mercedes,  que  en  desagravio  de  los  pasados  sinsabores,  se  concedieron  á 
fines  de  1519  al  Veedor  délas  fundiciones  del  oro  de  la  Tierra-Firme";  man- 
dándose al  mismo  tiempo  á  todos  los  adelantados  y  gobernadores   de  las  Indias 

))carlas  quando  ya  no  podia  determinar  de  sí»  {Hist.  i6    Hist.  gen.  y  nat.  de  Ind.,  II.'''  Par(e,  1.  VJJ, 

gen.  de  Ind.,  lib.  III,  cap.  139).  c.  1  y  4. 

iS    Véase  el  cap.  S  del  lib.  XIX  de  esla  I.*  par-  17    /&.  11."  Parle,  lib.  X,  cap.  14. 

le  de  la  Hisf.  gen.  y  nat.  de  Ind. 


XXXII 


VIDA  Y  ESCRITOS 


que  le  diesen  relación  verídica  de  sus  hechos ,  á  fin  de  que  pudiera  dar  cima  á 
la  Historia  General,  que  tenia  comenzada. 

Disponíase  ya  á  dejar  la  corte ,  donde  se  hallaba  congregado  todo  lo  mas  ilustre 
de  España ,  para  felicitar  al  nuevo  Rey  de  romanos ,  á  tiempo  que  llegó  á  Barcelona 
la  noticia  de  haber  degollado  el  Pedrarias ,  como  traidor ,  y  confiscado  sus  bienes 
al  adelantado  Vasco  Nuñez  de  Balboa.  Exagerados  por  el  Gobernador  los  crímenes 
que  á  este  alentado  descubridor  y  sus  cómplices  se  achacaban ,  y  abultadas  por 
demasías  riquezas  que  se  les  suponían,  pues  que  hubo  de  creerse  en  la  corte  que 
pasaban  de  cien  mil  pesos  de  oro ,  expidió  el  Consejo  de  Indias  cédula  á  favor  de 
Gonzalo  de  Oviedo ,  para  que  tomara  cuentas  y  cobrase  los  bienes  de  aquellos 
sentenciados  ";  mandando  por  otra,  dada  en  Molins  del  Rey  el  24  de  diciembre, 
que  se  le  abonaran  15,000  mrs.  para  ayuda  de  los  gastos  de  su  pasage  y  el  de 
su  familia  **.  Despachado  en  esta  forma ,  partió  por  último  de  Barcelona ,  y  ve- 
nido á  Madrid ,  dispuso  lo  conveniente  para  el  viage ,  en  que  debían  acompañarle 
su  muger,  dos  hijos  y  ocho  criados^.  Con  esta  pequeña  comitiva  salió  de  Madrid 
por  marzo  de  15'20,  embarcándose  en  Sevilla  á  principios  del  siguiente  abril  en 
la  caravela  del  maestre  Pedro  Rodríguez ,  y  dirigiéndose  á  la  Gran  Canaria ,  en 
busca  del  nuevo  gobernador  Lope  de  Sosa,  que  había  tenido  antes  el  mando  de 
aquellas  islas.  Supo  alli  Oviedo  que  este  celoso  caballero  iba  ya  adelante  con  los 
oficiales  de  justicia  que  al  Darien  llevaba,  y  tornóse  luego  á  lámar,  para  seguir- 
le ,  logrando  tan  próspero  viento  que ,  habiendo  tocado  en  la  isla  de  Santo  Do- 
mingo ,  donde  le  detuvo  ocho  días  un  inesperado  y  poco  grato  accidente  ^' ,  arri- 
bó al  puerto  de  San  Juan  en  la  noche  del  24  de  junio.  «Hallé  alli  (escribe)  otra 
)>nao ,  de  la  qual  supe  la  muerte  de  Lope  de  Sosa ,  que  yo  sentí  en  el  ánima ,  por- 
»que  me  hallé  é  tuve  por  mas  preso  que  si  me  viera  en  tierra  de  moros ;  porque 
»en  la  verdad  yo  había  procurado  y  hecho  todo  lo  que  en  mí  fué  para  que  Pedra- 
»rías  fuese  removido.  E  no  me  engañé  en  ello,  ni  me  desembarcara,  sí  no  fuera 
))por  mi  muger  é  hijos;  pero  cómo  no  pude  hacer  otra  cosa,  atendí  á  me  enco- 
wmendar  á  Dios  y  esperar  su  socorro:  que  otro  no  lo  tenia  ^^».  De  esta  manera, 
cuando  iba  á  recoger  el  fruto  de  sus  largos  trabajos,  cuando  daba  por  realizada 
la  salvación  del  Darien ,  veía  desvanecidas  todas  sus  esperanzas ,  encontrándose 
en  situación  mas  comprometida  y  arriesgada  que  en  1515. 

Mas  ya  estaba  jugada  la  suerte ,  y  no  era  posible  volver  un  paso  atrás :  Oviedo 
envió  el  siguiente  día  un  criado  suyo  al  Pedrarias  para  noticiarle  su  arribo  ;  y  al 
saberlo,  dispuso  el  gobernador  que  saheran  á  recibirle  el  bachiller  Diego  del  Cor- 


48  Informe  dado  por  Oviedo  al  Consejo  de  In- 
dias en  1S24  sobre  Pedrarias  y  su  g'obierno  {Real 
Acad.  de  la  Hist. ,  Colee,  de  Muñoz.  A.  103). 

19  Esta  cédula  fué  obedecida  por  el  tesorero 
Matienzo  en  2  de  marzo  de  i  520.  {Real  Acad.  de  la 
Hist.,  Colee,  de  Muñoz,  tom.  85). 

20  Céd.  de  24  de  Diciembre,  ut  supra. 

21  Al  describir  Oviedo  los  manzanillos  ponzoño- 
sos de  la  isla  de  Santo  Domingo ,  refiere  que  vinien- 


do en  1520  á  la  Tierra-Firme,  y  hallándose  en 
aquella  ciudad  alojado  rn  una  posada,  en  cuyo  cor- 
ral habla  algunos  de  los  referidos  manzanillos,  co- 
mieron sus  dos  hijos  de  las  almendras  y  purgaron 
tanto  que  cayeron  desmayados ,  llegándose  á  dudar 
de  sus  vidas  {Hist.  gen.  y  nat.  de  Ind.,  I.*  Parle, 
lib.  X,  cap.  4). 

22    Hist.  gen.  y  nat.  de  Ind.,  11."  Parle,  lib.  X, 
cap.  14. 


DE  GON.  FERN.  DE  OVIEDO  XXXIII 

ral  y  Diego  de  Maldonado ,  para  asegurarle  de  su  benevolencia  y  amistad ,  mani- 
festándole que  holgaba  mucho  de  su  llegada ,  y  que  le  honraria  y  ayudaria  como 
á  propio  hijo  ú  hermano  ^.  Con  esta  seguridad,  aunque  no  sosegado  del  todo, 
saltó  Gonzalo  Fernandez  en  tierra,  dirigiéndose  inmediatamente  á  la  ciudad,  pa- 
ra visitar  al  Pedrarias,  quien  pasó  en  cambio  á  la  posada  en  que  la  muger  del 
Veedor  se  habia  hospedado ,  á  prodigarle  toda  clase  de  corteses  cumplimientos. 
Presentó  después  Oviedo  las  cédulas  y  provisiones  del  Real  Consejo  de  Indias ,  y 
aunque  se  dio  el  Pedrarias  por  servido  de  la  relativa  á  su  gobierno ,  que  no  se  ha- 
bia por  cierto  ganado  para  él ;  aunque  Diego  del  Corral  y  los  regidores ,  cuyos 
nombramientos  perpetuos  llevaba ,  manifestaron  no  poca  sorpresa  a  vista  de  tales 
mercedes,  no  solamente  esquivaron  el  dar  á  Oviedo  las  gracias  por  ellas,  sino 
que  ni  aun  le  satisficieron  los  derechos  del  despacho  de  los  correspondientes  tí- 
tulos. En  tanto  los  oficiales  reales ,  á  quienes  se  cerraba  el  camino  del  logro, 
prohibiéndoles  todo  linage  de  grangerías,  recibieron  al  nuevo  regidor,  si  no  con 
abierta  ojeriza,  al  menos  con  poco  disimulado  desvio.  Estas  ostensibles  muestras 
de  desafecto  causaron  en  Oviedo  hondo  disgusto ,  confirmándole  hasta  cierto  pun- 
to en  sus  recelos;  y  añadiéndose  á  todo  la  desgracia  que  dos  meses  después  de 
llegado  al  Darien  le  sobrevino,  perdiendo  uno  de  sus  hijos,  que  apenas  contaba 
ocho  años,  estuvo  muchas  veces  determinado  de  tornarse  á  España  en  la  misma 
nave  que  le  hahia  llevado,  y  lo  hubiera  sin  duda  puesto  por  obra,  si  la  necesidad 
y  la  vergüenza  no  se  lo  estorbaran. 

Pero  si  hasta  entonces  solo  habian  dado  el  gobernador  y  los  oficiales  leves 
•indicios  de  su  encubierto  enojo,  bien  pronto  vino  su  conducta  á  poner  á  Ovie- 
do en  el  trance  de  arrostrar  públicamente  su  enemistad  y  malquerencia.  Era 
Santa  Maria  del  Antigua  cabeza  de  Castilla  del  Oro,  y  en  tal  concepto  habia  pro- 
curado el  Veedor  que  recayesen  sobre  esta  ciudad  las  franquicias  y  mercedes 
otorgadas  por  la  corte;  pero  ya  porque  no  convenia  al  Pedrarias  ni  á  los  oficiales 
la  vigilante  fiscalización  de  Oviedo,  quien  reclamaria  en  todo  caso  el  cumphmien- 
to  de  las  reales  provisiones ,  ya  porque  en  odio  á  Vasco  Nuñez  de  Balboa  inten- 
tara el  gobernador  despoblar  aquella  comarca ,  ó  ya  en  fin  porque  urgia  á  unos 
y  otros  recoger  los  despojos  de  la  costa  del  Sur,  para  ponerlos  en  salvo,  antes  que 
viniese  otro  gobernador  de  España ;  resolviéronse  á  trasladar  á  Panamá  el  asiento 
de  la  gobernación,  reduciendo  casi  á  la  impotencia  al  Regimiento  del  Darien,  pues 
que  el  tesorero  Alonso  de  la  Puente  y  el  contador  Diego  Márquez  eran  regidores 
perpetuos  de  los  nombrados  á  solicitud  de  Oviedo.  Requirió  este  á  Pedrarias,  ma- 
nifestando los  daños ,  que  al  procomunal  y  al  servicio  de  los  Reyes  con  semejante 
determinación  se  ocasionaban;  mas  no  bastaron  reflexiones  para  retraer  al  gober- 
nador y  oficiales  de  un  intento,  á  que  los  inclinaba  su  insaciable  codicia.  Pedra- 
rias dejó  por  su  teniente  en  el  Darien  á  Martin  de  Estete,  hombre  de  ninguna 
experiencia  en  letras  ni  en  armas,  casado  con  una  criada  de  doña  Isabel  de  Bo- 
badilla,  muger  del  mismo  Dávila. 

23     Ut  supra 
TOMO    I.  5 


XXXIV 


VIDA  Y  ESCRITOS 


El  resultado  de  esta  desacertada  resolución  no  pudo  ser  mas  fatal  al  Darien:  al- 
zóse la  tierra  con  los  desafueros  de  Estete,  y  viéndose  reducidos  los  españoles  casi 
al  recinto  de  la  ciudad,  comenzaron  á  abandonarla,  temerosos  por  una  parte  de 
comprometer  sus  haciendas,  y  llamados  por  otra  de  los  nuevos  repartimientos 
que  en  Panamá  les  hacia  el  Pedrarias.  Pero  asi  como  iba  creciendo  el  número  de 
los  que  desamparaban  la  tierra ,  asi  se  afirmaba  Oviedo  en  la  determinación  de 
protegerla ,  y  mientras  los  mas  llegaban  hasta  el  punto  de  arruinar  las  casas  alli 
labradas,  se  empeñaba  en  fabricar  para  si  una  tal  y  tan  costosa  que  ninguna  has- 
ta aquel  tiempo  había  en  la  Tierra-Firme  como  ella  ^*.  Entre  tanto  llegó  á  Pana- 
má el  oro  recogido  en  la  parte  del  poniente,  y  deseando  el  Pedrarias  fundirlo  y  quin- 
tarlo ,  mandó  á  Oviedo  que  se  presentara  en  aquella  ciudad  á  ejercer  su  oficio, 
saliendo  con  este  intento  del  Darien  en  agosto  de  1521.  No  quiso  el  Ayuntamiento 
perder  esta  ocasión  de  reclamar  la  observancia  de  las  últimas  reales  cédulas  y 
provisiones  que  habian  ya  caido  en  desuso,  y  para  este  efecto  dio  á  Gonzalo  de 
Oviedo  poder  bastante,  seguro  de  que  no  habia  de  faltarle  resolución  en  seme- 
jante demanda.  Asi  sucedió  por  cierto:  verificada  la  fundición  y  sacado  el  quinto 
de  la  corona,  requirió  el  Veedor  nuevamente  al  Pedrarias,  haciéndole  responsa- 
ble de  todos  los  males  que  aquejaban  al  Darien  y  declarando,  en  nombre  de  su 
Ayuntamiento ,  que  por  su  causa  se  despoblaba  y  perdia  aquella  ciudad ,  la  mas 
principal  y  rica  de  cuantas  existian  en  la  Tierra-Firme.  Tomó  Oviedo  testimonio 
público  del  requerimiento,  y  disponíase  ya  á  tornar  al  Darien,  cuando  escogitado 
el  medio  de  comprometer  y  arruinar  al  Veedor,  cuya  integridad  y  firmeza  de  carác- 
ter tanto  le  ofendian,  le  propuso  Pedrarias  Dávila  hacerle  su  teniente,  con  lo  cual' 
se  daria  la  ciudad  por  contenta  y  se  sostendria  la  tierra ,  puesto  que  él  no  podia 
por  entonces  abandonar  aquellos  mares.  No  desconoció  Oviedo  el  lazo  que  se  le 
armaba  ^*,  y  aunque  dudó  primero  si  aceptaria  cargo ,  en  que  no  era  posible  ganar 
mucha  honra,  acordándose  de  que  aquella  ciudad  se  despoblaría  enteramente  y  y  per- 
deria  él  su  hacienda,  sí  no  habia  quien  de  ella  se  doliese,  se  resolvió  al  cabo  á  ser- 
vir la  tenencia,  en  nombre  de  S.  M.,  reservándose  siempre  sus  oficios  de  Veedor 
de  las  fundiciones,  Regidor  perpetuo  y  Receptor  general  de  la  real  cámara  y 
fisco. 

A  principios  de  noviembre  del  mismo  año  volvió,  pues,  al  Darien,  hecho  ya 
capitán  de  aquella  comarca,  donde  le  estaban  aparejados  nuevos  quebrantos.  Aco- 
metida su  muger  de  aguda  fiebre ,  durante  su  ausencia ,  apenas  llegó  á  tiempo  pa- 


24    «Yo  hice  una  casa  en  la  cibdad  de  Sánela 

«María  del  Antigua  del  Darien que  me  costó 

wmas  de  1,500  pesos  de  buen  oro ,  en  la  cual  se  pu- 
«diera  aposentar  ún  príncipe,  con  buenos  aposen- 
»tos  altos  é  baxos  é  con  un  hermoso  huerto  de  mu- 
wchos  naranjos  é  otros  árboles  ,  sobre  la  ribera  de 
))un  gentil  rio  que  pasa  por  aquella  cibdad»  (Hist. 
Gen.  y  Nat.  de  Ind.,  I."  Parte,  lib.  Vi ,  cap.  1).  «É 
wassi  como  otros  la  desamparaban  (á  la  ciudad  del 
»Darien)  comencé  yo  á  labrar  é  dexé  la  traza  é  di- 


wneros  á  mí  muger  para  que  hiciese  mi  casa»  {Hist. 
Gen.  y  Nat.  de  Ind.,  II.*  Parle,  lib.  X,  cap.  14). 

25  «En  la  hora  que  se  me  dio  la  provisión  (dice 
wOviedo)  por  la  qual  avia  de  gobernar  aquella  cib- 
))dad  é  ser  capitán  de  aquella  provincia,  dixo  Pe* 
wdrarias  á  algunos  que  por  mi  mal  avia  tomado 
»aquel  cargo ;  y  assi  fué  ello^  porque  mi  condición 
»de  hombre  libre  no  pudo  comportar  cosas  feas  é 
«torpes»  {Hist.  Gen.  y  Nat.  de  Ind.,  ut  supra). 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO.  XXXV 

ra  cerrarle  los  ojos,  siendo  imponderable  la  tristeza  que  produjo  en  él  tan  impre- 
visto acontecimiento.  «Con  el  dolor  de  pérdida  tan  triste  para  mí  (exclama), 
»transporlado  é  fuera  de  sentido,  viendo  muerta  á  mi  muger  que  yo  amaba  mas 
«que  á  mi,  estuve  para  perder  el  seso,  porque  demás  de  tan  dulce  compañía  y  ser 
))mi  desseo  vivir  en  el  estado  matrimonial,  como  cristiano,  no  era  acostumbrado  á 
»las  mancebas  que  mis  vecinos  tenían  y  aun  algunos  duplicadas*'.»  Rendido,  no 
obstante,  aquel  justo  tributo  al  amor  conyugal,  pensó  Oviedo  en  las  cosas  de  su 
tenencia,  con  el  firme  propósito  de  cortar  de  raíz  los  envejecidos  abusos  y  castigar 
severo  los  crímenes  que  diaria  é  impunemente  se  cometían.  Persiguió,  pues,  á  los 
amancebados;  prohibió  los  juegos  de  naipes,  mandando  quemar  por  mano  del  pre- 
gonero todas  las  barajas  que  se  encontraron  en  la  ciudad ;  castigó  á  los  blasfemos; 
amonestó  y  multó  á  los  escribanos  públicos  para  que  se  abstuvieran  de  sus  fraudes 
y  rapiñas,  y  defendió  bajo  graves  penas  que  se  maltratasen  las  mugercs  indias, 
cargándolas  como  acémilas ;  adoptando  otras  disposiciones  no  menos  acertadas  ^ , 
que  si  bien  merecieron  la  aprobación  de  los  hombres  honrados,   comenzaron   á 
grangearle  el  aborrecimiento  de  los  malos  y  viciosos.  A  tal  punto  los  habían  lleva- 
do la  impunidad  y  falta  de  justicia  de  las  pasadas  gobernaciones! 

Mas  si  solícito  se  mostró  el  Veedor  en  cuanto  á  la  moral  y  á  las  buenas  costum- 
bres tocaba,  no  desplegó  menor  actividad  en  cuanto  á  la  prosperidad  material  se 
referia.  Después  de  concertar  la  mayor  parte  de  las  diferencias  que  sobre  deudas 
existían  entre  los  vecinos,  poniendo  de  su  casa  mas  que  palabras  y  para  avenir  y 
amistar  las  partes ;  después  de  establecer  de  su  propia  hacienda  el  abasto  de  car- 
ne para  la  ciudad;  y  finalmente,  después  de  haber  sometido  la  limpia  del  oro  á 
régimen  menos  duro,  procuró  abrir  pacíficamente  el  comercio  con  los  indios  cari- 
bes ,  logrando  en  pocos  meses  que  armasen  á  su  ejemplo  no  pocos  vecinos  del 
Darien  piraguas  y  caravclas ,  para  segundar  su  industria ;  con  lo  cual  se  recogieron 
en  la  ciudad  mas  de  50,000  pesos  de  oro,  sin  riesgo  alguno  de  los  españoles  y 
con  beneplácito  de  los  indios.  Pero  al  mismo  tiempo  que  estas  nuevas  exaspera- 
ban en  Panamá  la  codicia  y  saña  del  gobernador  y  los  suyos ,  ofrecíales  la  justifi- 
cación de  Oviedo  frecuentes  ocasiones  para  desautorizarle  y  malquistarle.  No  ha- 
bía delincuente  que  se  acogiese  á  Panamá,  que  no  obtuviera  impunidad  completa: 
no  había  penado  que  apelase  de  las  sentencias  del  Veedor,  que  no  lograra  ser  ab- 
suelto  y  premiado  con  heredamientos  y  distinciones.  Por  esta  sondase  vio  en  breve 
personalmente  odiado  de  cuantos  malhechores  vagaban  por  aquellas  partes,  sin 
que  le  sirviese  de  escudo  el  asentimiento  de  de  los  buenos  ^^  Y  no  fueron  por 

26  Ib.  y  Nat.  de  Ind.,  I."  Parle,  libro  XIF,  capítulo  iO). 

27  Una  de  las  ordenanzas  mas  provechosas  á  28  «Junio  con  esto  (escribe  Oviedo  hablando 
la  ciudad  y  provincia  del  Darien,  fué  sin  dúdala  »de  su  gobernación)  fuy  temido jtiez,  por  no  haber 
que  hizo  Oviedo  para  exterminar  los  tigres  que  in-  «disimulado  los  pecados  públicos,  ni  dexado  de  ha- 
festaban  aquellas  comarcas  con  grave  daño  de  los  ))9er  justicia,  aunque  templada  fuesse;  é  cada  uno 
ganados,  obteniendo  el  mejor  resultado  de  este  «sabia  que  no  tenia  nada  en  mí  para  se  quedar  sin 
acuerdo.  Al  que  presentaba  la  cabeza  de  un  tigre,  »pena  é  moderada  corrección ,  si  culpado  fuesse: 
se  le  daban  cuatro  y  cinco  pesos  de  oro  {Sum.  »de  lo  qual  no  poca  indignación  contra  mí  formaron 
de  la    Nat.  Hist.   de  Ind.,  cap.  21:  Hist.  Gen.  «algunos,  porque  al  que  yo  castigaba ,  si  apelaba» 


XXXVI  VIDA  Y  ESCRITOS 

cierto  los  clérigos,  que  tan  sueltos  andaban  desde  la  prelacia  de  don  fray  Juan 
de  Quevedo ,  los  que  menos  odio  mostraron  contra  el  Veedor ,  no  pudiendo  sufrir 
que  un  soldado  osara  amonestarles  y  reducirlos  á  prisión,  para  que  se  apartaran 
de  los  escándalos  carnales  y  de  las  vedadas  rapiñas.  Juan  Pérez  de  Zalduendo, 
deán  de  Santa  Maria,  hombre  de  pocas  letras  y  de  menos  honestas  costumbres,  to- 
mando por  suyas  las  ofensas  del  clero,  en  el  cual  contaba  deudos  muy  cercanos, 
y  Cristóbal  Muñoz,  escribano  á  quien  Oviedo  perseguía,  como  Receptor  del  fisco, 
fueron,  pues,  los  cabezas  de  aquella  especie  de  facción  que  contra  61  se  levantaba, 
animada  de  profundos  é  inestinguibles  rencores ,  y  que  solo  podia  darse  por  satis- 
fecha con  su  ruina  y  muerte. 

Brevemente  salieron  á  plaza  los  tenebrosos  planes  que  contra  el  Veedor  se  fra- 
guaban. Alzados  en  los  bosques  y  montañas  desde  las  entradas  del  bachiller  Cor- 
ral y  la  tenencia  de  Estete,  negábanse  los  caciques  de  Bea,  Corobari  y  Guaturo 
á  acudir  con  sus  rentas  al  fisco  y  á  los  comendadores ,  llegando  á  tal  extremo  el 
desprecio  de  los  cristianos,  que  dio  el  primero  cruel  muerte  al  capitán  Martin  de 
Murga ,  quien ,  desoyendo  los  avisos  de  Oviedo ,  y  fiado  en  las  promesas  del  caci- 
que ,  habia  osado  penetrar  en  el  interior  con  otros  cuatro  españoles ,  que  fueron 
asimismo  alevosamente  asesinados.  Quiso  el  Veedor  tomar  enmienda  de  aquel 
desacato,  recelando  que  la  impunidad  ensoberbeciera  á  los  caciques,  y  dispuso 
luego  que  el  capitán  Juan  de  Ezcaray,  con  hasta  cuarenta  hombres,  fuese  á  cas- 
tigar aquella  ofensa  y  rebehon  de  los  indios.  Mas  cuando  ya  se  apercibian  para 
sahr  los  españoles  del  Darien,  fué  esta  resolución  públicamente  contradicha  por 
el  bachiller  Corral,  que  acordado  con  Zalduendo  y  Muñoz,   y  deudo  cercano 
de  los  caciques  de  Bea  y  Corobari  *',  procuraba  por  una  parte  evitar  la  perdición 
(le  los  indios,  labrando  por  otra  la  de  Oviedo.  Inútiles  fueron  los  esfuerzos  de 
este  para  que  la  expedición  por  él  acordada,  partiese  contra  el  cacique  de  Bea:  el 
deán ,  el  escribano  y  el  bachiller  trabajaron  de  manera  que  los  cuarenta  soldados 
que  antes  se  habian  ofrecido  voluntarios  para  la  interpresa  ,  llegaron  á  amotinar- 
se contra  su  capitán ,  quien  presentándose  á  Oviedo  le  dijo  :  « Señor ,  espantado 
»estoy  de  tanta  mudanca  como  hay  en  esta  cibdad ,  porque  ayer  todos  estaban 
))de  buen  propóssito ,  y  en  esta  noche  passada  han  mudado  la  voluntad  y  paresce 
))que  los  llevan  á  la  horca,  é  no  veo  hombre  en  dispusigion  de  ir  conmigo  ^®». 
Disimuló  el  Veedor ,  forzado  de  la  necesidad ,  aquella  abierta  rebelión ,  no  sin  que 
diese  orden  para  procesar  y  descubrir  á  los  promovedores  de  ella ;  y  cómo  resul- 
tara ser  uno  de  \qs  principales  el  bachiller  Corral ,  á  quien  los  testigos  cargaron 
de  otras  muchas  culpas ,   temeroso  de  que  hallara  absolución  en  el  tribunal  del 
Pedrarias,  determinóse  ,  con  el  acuerdo  del  Hcenciado  Sancho  de  Salaya,  que  iba 

))le  absolvía  el  gobernador  y  le  daba  dineros»  (Hist.  que  Oviedo  habia  tomado  de  castigar  á  los  caciques 

Gen.  y  Nat.  de  Ind.,  l.^  Parle,  l'ib.  X,  c&p.  i^).  rebeldes.  Corobari ,  que  llevaba  ya  el  nombre  de 

29    El  bachiller  Diego  del  Corral  tenia encomen-  cristiano,  se  habia  levantado  antes  otras  dos  veces, 

dados  la  madre,  la  muger  y  los  hijos  de  Corobari,  logrando  que  se  le  perdonase,  lo  cual  sirvió  solo 

de  quien  era  pariente  muy  cercana  la  india  Elvira,  para  inducirlo  á  nuevas  rebeliones, 

en  la  cual  tenia  varios  hijos.  Asi  ligado  por  el  inte-  30    Hist.  gen.  y  nat.  de  Ind.,  ut  supra. 
res  y  por  el  parentesco,  se  oponia  á  la  resolución 


DE  GON.  FERN.  DE  OVIEDO.  XXXVII 

por  alcalde  mayor  de  la  costa  del  Sur,  á  enviarle  á  España  cargado  de  grillos  y 
acompañado  de  Luis  de  Córdoba ,  hombre  perjudicial  á  la  república  por  sus  des- 
boneslas  costumbres,  cuyo  hijo  Simón  Bernal  servia  en  casa  del  Zalduendo. 

Desembarazado  de  tales  estorbos ,  volvió  Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo  la  vista 
al  castigo  délos  revueltos  caciques,  haciendo  de  manera  que  en  breves  dias 
tuvo  en  su  poder  ó  hizo  justicia  de  Corobari,  el  cual,  no  solamente  confesó  la 
complicidad  del  bachiller ,  sino  que  declaró  también  que ,  aun  después  de  la  muer- 
te del  capitán  Murga,  habia  sostenido  con  los  insurgentes  íntimas  relaciones  ^'. 
Muerto  Corobari,  el  mas  temible  de  los  caciques  de  la  comarca,  dirigióse  Ovie- 
do contra  Guaturo ,  que  tenia  su  asiento  á  veinte  y  ocho  leguas  de  Santa  Maria 
del  Antigua ,  y  dióse  tan  buen  recaudo ,  que  le  hubo  fácilmente  á  las  manos  con 
su  familia  y  principal  caudillo,  llamado  Gonzalo,  haciendo  en  ambos  singular  es- 
carmiento. Aquietada  asi  la  provincia,  tornó  el  Veedor  á  la  ciudad  del  Darien, 
donde  pensaba  recoger  el  fruto  y  galardón  de  sus  trabajos ;  pero  le  estaban  alli 
esperando  nuevas  asechanzas  y  peligros.  Recelando  tal  vez  que  acabase  por  triun- 
far de  sus  enemigos,  ó  ya  cediendo  á  las  instigaciones  de  Zalduendo  y  sus  con- 
sortes ,  habia  escrito  el  Pedrarias  al  Regimiento ,  retirando  á  Oviedo  sus  poderes, 
y  dándolos  al  bachiller  Corral ,  cuya  remisión  á  España  no  era  llegada  aun  á  su 
noticia.  El  ofendido  Veedor,  que  todo  lo  esperaba  de  la  conducta  del  Pedrarias  y 
de  las  tramas  de  los  adversarios  que  le  habia  granjeado  su  malhadada  tenencia, 
no  pudo  sin  embargo  resistirse  á  la  indignación ,  viendo  cuan  infame  premio  re- 
cibian  sus  servicios ;  y  cuando  le  mostraron  en  el  Regimiento  las  cartas  del  go- 
bernador, abandonando  la  silla  de  la  presidencia,  y  ocupando  la  que  como  á  re- 
gidor le  correspondia ,  exclamó  en  esta  forma:   «Este  es  mi  lugar  que  el  César 
»me  dio,  y  desde  aqueste  serviré  yo  á  Sus  Magostados,  como  su  oficial  y  no  como 
»teniente  del  señor  gobernador ;  y  en  todo  lo  que  yo  le  pudiere  contentar  al  señor 
«gobernador  con  mi  persona  é  lo  que  yo  alcancáre  que  sea  en  servicio  de  mi  rey 
»y  en  pro  é  utilidad  desta  repúbhca,  lo  haré  como  lo  tengo  jurado  y  soy  obli- 
»gado». 

Con  la  destitución  de  Oviedo,  envió  Pedrarias  Dávila  al  Darien  un  peregrino  man- 
damiento, ffara  que  eligiese  la  ciudad  procurador  que  la  representara  en  la  junta  ge- 
neral que  de  todas  las  poblaciones  de  Castilla  del  Oro  se  proponia  hacer,  á  fin  de 
nombrar  alli  otros  procuradores  que  residieran  constantemente  en  la  corte  de  Es- 
paña. Pagado  el  Regimiento  de  los  importantes  servicios  que  el  Veedor  acababa 
de  prestar  á  la  ciudad  y  provincia,  no  titubeó  en  designarle  para  este  honroso 
cargo ,  logrando  á  fuerza  de  ruegos  que  lo  admitiera ,  y  dándole  cumplidos  pode- 
res. Mas  divulgado  este  acuerdo,  subió  á  tal  punto  la  saña  del  deán  y  sus  amigos, 

31     «Confesó  que  sabia  la  muerte  del  capitán  Mar-  »la  muerte  del  capitán  Martin  de  Murga.  Por  lo  qual 

))lin  de  Murga  é  que  se  lo  avia  dicho  el  bachiller  Cor-  »dixo  públicamente  el  liceh9Íado  Salaya  que,  si  el 

«ral  en  una  estanca  que  tenia  media  legua  de  la  cib-  «bachiller  Corral  no  fuera  partido,  que  públicamente 

«dad  é  que  ahí  se  avian   visto  é  comido  juntos  al-  «merecía  ser  quemado  con  su  ca9ique  Corobari,  por 

«gunas  veces  el  bachiller  y  esle  cacique:  lo  qual  era  «Iraydor  enemigo  de  los  chripstianos»  (Hist.  gen.  y 

«en  tiempo  que  se  velaba  la  cibdad  ,  por  temor  del  nat.  delnd.,  11."  Parle,  lib.  X,  cap.  16). 
«mismo  Corobari  y  del  cacique  de  Bea,  después  de 


XXXVIII  -  VIDA  Y  ESCRITOS 

que  se  resolvieron  á  echar  el  resto  eu  el  asunto ,  para  que  se  anulasen  los  poderes 
dados  al  caído  teniente  del  Pedrarias,  poniendo  en  su  lugar  sugeto  de  su  hechura. 
Y  cómo  ya  eran  duchos  en  promover  asonadas,  hicieron  fácilmente  que  unos  po- 
cos osados  se  presentaran  en  el  ayuntamiento,  acaudillados  por  el  procurador  del 
concejo,  primo  de  Zalduendo,  el  cual  tomando,  de  su  autoridad,  el  nombre  y  voz 
de  todos  los  vecinos,  pidió  que  se  revocara  el  nombramiento  hecho  unánimemente 
por  el  cabildo,  sometiendo  de  nuevo  la  elección  al  voto  de  los  pobladores.  Cono- 
ció Oviedo  la  urdimbre  de  aquella  tenebrosa  tela  '^,  y  deseando  probar  ásus  ene- 
migos que  en  nada  les  temia,  rogó  al  ayuntamiento  que  aceptara  la  propuesta  del 
procurador  del  concejo:  la  votación  verificada  en  el  mismo  dia,  no  solamente  le 
proclamó  representante  del  Darien,  sino  que  exasperando  mas  y  mas  al  Zalduendo 
y  los  suyos,  los  arrastró  al  camino  del  crimen. 

Era  para  ellos  de  sumo  interés  y  urgencia  el  evitar  que  el  Veedor  se  presen- 
tara en  la  junta  de  Panamá,  recelosos,  como  culpados,  de  que  descubriera  alh  sus 
torcidas  maquinaciones:  poníales  espuelas  la  sed  de  venganza,  y  para  conseguirla 
tan  completa  como  deseaban ,  dispusieron  de  común  acuerdo  que  aquel  criado  del 
deán,  cuyo  padre  habia  echado  Oviedo  de  la  tierra,  dándose  por  sentido  del  Zal- 
duendo, sohcítára  entrar  á  su  servicio,  para  asesinarle  en  su  propia  casa,  cuando 
le  hallase  dormido  ^^  Pero  salióles  vano  este  depravado  intento ,  negándose  el 
Veedor  á  recibirle,  como  á  hombre^sospechoso  y  agraviado ,  con  lo  cual  subió  á 
tal  punto  su  ira  que  no  repararon  ya  en  los  medios ,  resolviéndose  á  aprovechar 
la  primera  ocasión,  por  pública  que  fuese.  Tenia  Oviedo  fletado  un  barco  y  ade- 
rezado su  viage  al  Nombre  de  Dios,  no  solamente  para  ejercer  su  cargo  de 
procurador  en  Panamá,  sino  también  para  presentarse  en  la  residencia  que  al  go- 
bernador se  tomaba,  á  fin  de  reclamar  por  el  rey,  por  la  ciudad  del  Darien  y  por 
sí  propio  los  perjuicios,  que  el  Pedrarias  habia  causado  á  todos  con  su  arbitrario 
gobierno.  Dispuesto  á  darse  á  la  vela,  hallábase  un  viernes  19  de  setiembre  de 
1522  á  la  puerta  de  la  iglesia  de  San  Sebastian,  hablando  con  uno  de  los  alcaldes 
ordinarios  de  la  ciudad,  cuando  aquel  Simón  Bernal ,  criado  del  Zalduendo  y  en- 
cargado de  dar  cima  al  proyectado  crimen ,  juzgó  llegado  el  momento  que  espia- 
ba. Pero  oigamos  al  mismo  Oviedo  referir  este  alevoso  atentado:  «Quando  este 
))llegó  (Simón  Bernal)  donde  el  alcalde  é  yo  nos  paseábamos  delante  de  la  iglesia, 
«quitóse  el  bonete,  acatándome,  é  yo  abaxc  la  cabeca,  como  quien  dige:  bien  seays 
^venido;  y  arrimóse  á  una  pared  frontero  déla  iglesia.  Y  el  alcalde  en  esta  sacón 
))me  rogaba  que  diesse  la  vara  del  alguacilazgo  de  aquella  cibdad  á  un  hombre  de 
»bien  (porque  yo  tenia  poder  para  proveer  de  aquel  offi^io ,  quando  conviniesse, 
))en  nombre  del  alguacil  mayor,  el  bachiller  Encisopor  su  absencia,  que  estaba  en 
»España  y  era  mi  amigo) ;  é  dixe  al  alcalde  que  me  placía  de  hacer  lo  que  me  ro- 

32  «Loida  esta  petición  en  Regimiento  y  en  mi  wlicto ,  y  ser  hecho  sobre  asechanca  y  sobre  pens- 
«presencia,  dixe  que  bien  pares^ia  que  todo  aque-  «sado,  y  dixo  que  quando  avia  procurado  de  vivir 
»llo  era  fabricado  por  el  deán»  {Ut  supra.).  wconmigo,  era  por  me  malar  durmiendo  ó  como  me- 

33  Refiriendo  Gonzalo  Fernandez  la  confesión  »jor  le  pares9iesse  »  {Hist.  gen.  y  nat.  de  Ind. ,  li- 
de  Simón  Bernal,  se  expresa  asi :  «Confesó  su  de-  bro  X,  cap.  <9). 


DE  GON.  FERN.  DE  OVIEDO.  XXXIX 

»gaba,  porque  me  parescia  que  era  buena  persona  aquel,  para  quien  me  pedia  la 
»vara  del  alguacilazgo.  Y  en  este  instante  llegó  por  detras  el  Simón  Bernal  con 
))un  puñal  luengo  y  muy  afilado,  aunque  traia  otra  espada  ceñida,  é  dióme  una 
wgran  cuchillada  en  la  cabeca  y  descendió  cortando  por  debaxo  de  la  oreja  sinies- 
))tra  é  cortóme  un  pedaco  grande  de  la  punta  é  huesso  de  la  quixada  y  entró  hasta 
»media  mexilla ,  é  fué  tan  grande  é  honda  la  herida  que  me  derribó  é  dio  conmi- 
))go  en  tierra;  y  al  caer  dióme  otras  dos  cuchilladas  sobrel  hombro  izquierdo;  é 
»todo  tan  presto  que  antes  que  el  alcalde  le  viesse  ni  yo  me  reconos^iesse ,  era 
«hecho  lo  ques  dicho.  Y  el  malhechor  echó  á  huir  la  calle  adelante,  no  querién- 
»dose  acoger  á  aquella  iglesia,  á  par  de  donde  estábamos  (porque  si  alli  se  entrá- 
»ra,  fuera  preso),  sino  fuesse  á  la  Iglesia  Mayor,  donde  el  deán  y  otros  clérigos, 
))sus  amigos  é  valedores  le  atendían,  para  le  favores^er,  como  lo  hicieron.  Assi 
))CÓmo  cay  en  tierra  atordido ,  dixe :  Válgame  la  madre  de  Dios ;  y  miré  atrás  é 
))vile  aleado  el  puñal,  é  dándome  priessa  á  levantarme,  dixe:  ¡Oh  traydor!  ¿por- 
»qué  mo  has  muerlo?...  E  puse  mano  á  la  espada  que  tenia  ceñida  debaxo  de  una 
wloba  cerrada  que  tenia  vestida,  tomando  el  pomo  por  encima  de  la  ropa,  medio 
))sin  sentido,  é  tal  que  no  conosci  bien  al  que  me  hirió  por  la  turbación  de  la  vis- 
))ta....  E  estando  de  esta  manera  herido,  me  llevaron  á  mi  casa  é  pedí  á  mucha 
wpriessa  un  confesor,  porque  conosci  bien  el  peligro  en  que  estaba :  é  venido  un 
«barbero  cirujano,  cómo  me  vido,  no  me  queria  curar,  é  dixo  que  para  qué  avia 
»de  curar  un  hombre  muerto;  é  con  importunación  de  los  que  alli  estaban,  me  cu- 
»ró ,  sin  esperanca  de  todos  los  que  me  vieron  que  pudiesse  vivir  tres  horas.  É  yo 
«no  sentí  la  cura  ni  hablaba :  é  desde  á  mas  de  cuatro  horas  que  estaba  curado  é 
«echado  en  la  cama,  volví  á  tener  algund  sentido  é  torné  á  pedir  el  confesor,  é 
»me  confesé  é  dixe  por  auto  ante  un  escribano  que  perdonaba,  é  perdoné  á  quien 
«me  avia  muerto  é  á  todos  los  que  en  ello  avian  seydo,  porque  Dios  me  perdo- 
«nasse  á  mí ,  pues  se  puso  en  la  cruz  por  mi  redempcion  y  de  todos  los  peca- 
«dores»  '*. 

Con  asombro  de  sus  enemigos  que  le  daban  por  muerto ,  sanó  en  breve  el  Veedor 
de  las  heridas,  no  sin  que  en  lo  mas  recio  de  su  dolencia  protestara  ante  el  escri- 
bano Pedro  de  Rojas  que  habia  ido  al  Darien  á  publicar  la  primera  residencia  del 
Pedrarias ,  para  que  si  no  podia  presentarse  en  ella  al  tiempo  señalado,  no  se  si- 
guiera perjuicio  á  sus  intereses  ni  á  los  del  fisco,  pues  que  subían  á  10,000  pesos 
de  oro  los  cargos  que  contra  el  gobernador  formulaba.  Restablecido  al  fin,  viósc 
á  poco  sujeto  á  juicio  de  residencia ,  la  cual  fué  pregonada  en  el  Darien  por  Juan 
de  Carvallo,  á  quien  hizo  el  gobernador  su  teniente,  porque  sabia  que  no  era  de- 
voto del  Veedor,  el  cual  le  habia  multado  y  perseguido  por  varios  delitos.  Diez 
mil  pesos  de  oro  exigió  Carvallo  de  fianzas  á  Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo,  para 
seguridad  de  su  persona,  no  pareciendo  sino  que,  al  estrecharle  de  este  modo,  se 
procuraba  incitarle  á  la  fuga ;  pero  cómo  no  podia  allegar  aquella  suma  tan  cre- 
cida ,  ni  se  tenia  tampoco  por  culpado ,  dejóse  echar  grillos  dentro  de  su  propia 

34    Ib.,  cap.  17. 


XL  VIDA  Y  ESCRITOS 

casa ,  quedando  en  ella  reducido  á  prisión ,  hasta  que  viéndole  flaco  y  enfermo,  es- 
ofreció el  mismo  teniente  á  quitarle  los  hierros,  obhgándole  en  cambio  á  deposi- 
tar 1,000  pesos  de  oro,  con  la  pena  de  pagar  otros  5,000,  si  quebrantaba  la 
clausura.  Venido  por  último  el  juez  de  residencia ,  que  lo  era  el  licenciado  Juan 
Rodríguez  de  Alarconcillo ,  contestó  Oviedo  victoriosamente  á  todos  los  car- 
gos que  se  le  hacian,  siendo  de  ellos  absuelto,  con  no  poco  desp3cho  de  sus  ene- 
migos, quienes  después  délo  pasado,  osaron  todavía  pedirle  en  nombre  del  bachi- 
ller Corral  sesenta  marcos  de  oro,  en  desagravio  de  los  perjuicios  que  le  habia 
causado  en  su  hacienda,  con  remitirlo  á  España.  Nada  se  atrevió  á  fallar  Alarcon- 
cillo sobre  este  punto,  y  ya  fuese  por  seguir  la  justicia,  ya  porque  el  bachiller 
Corral  se  hallaba  en  la  corte ,  acordó  enviar  esta  causa  al  Real  Consejo  de  Indias, 
asi  como  otro  proceso,  instruido  á  sohcitud  de  una  muger,  á  la  cual  mandó  Ovie- 
do azotar  y  sacar  los  dientes,  como  perjura    ^\ 

Vagaba  entre  tanto  por  aquellos  contornos  el  asesino  Simón  Bernal ,  echado  por 
Zalduendo  y  sus  amigos  de  la  iglesia  (que  no  otro  pago  tienen  los  traidores)  y 
sentenciado  por  los  alcaldes  del  Darien  á  ser  mutilado  de  la  mano  derecha  y  del 
pié  izquierdo.  Oviedo  que  en  el  primer  momgnto  le  psrdorió  generoso,  agraviado 
de  nuevo  por  la  conducta  de  sus  enemigos,  mostróse  parte  en  la  causa,  y  acudió 
para  que  le  hiciera  justicia  al  juez  Alarconcillo,  quien  at3nlidas  las  graves  cir- 
cunstancias del  crimen,  revocó  aquella  sentencia  de  los  alcaldes,  fallando  el  pro- 
ceso en  rebeldía  y  condenando  á  Bernal  al  último  suphcio ,  con  perdimiento  de 
sus  bienes.  Supo  luego  el  asesino  cuanto  ocurría,  y  mas  sañudo  contra  el  Vee- 
dor ,  juró  darle  muerte  en  su  propia  casa ;  pero  traíale  la  Providencia  por  este 
camino  á  pagar  todos  sus  delitos ,  pues  avisado  secretamente  de  su  intento ,  no 
solo  desbarató  Oviedo  todos  sus  planes  ,  sino  que  resuelto  á  apoderarse  de  él, 
para  lo  cual  obtuvo  el  mandamiento  oportuno ,  dióse  talos  trazas ,  que  le  encon- 
tró al  cabo,  metido  dentro  de  una  pipa,  en  cierta  nave  que  iba  á  hacerse  en 
aquel  instante  á  la  vela  para  Jamáyca.  No  dejaron  el  deán  y  sus  consortes  de 
moverse  para  impedir  que  le  sacaran  del  Darien ,  pero  sin  fruto  alguno :  con- 
ducido á  la  villa  de  Acia,  confesó  plenamente  su  crimen,  con  lo  cual  dio  Alar- 
concillo  sentencia  definitiva,  confirmando  la  de  los  alcaldes  de  Santa  Maria  del  An- 
tigua, que  fué  sin  mas  ejecutada,  á  los  ocho  meses  no  cabales  de  cometido  el  ase- 
sinato. Simón  Bernal  murió  á  los  tres  dias  en  la  cárcel ,  á  donde  le  volvieron  para 
el  pago  de  las  costas  '^ 

No  habían  trascurrido  veinte  y  cuatro  horas  de  la  ejecución,  cuando  tuvo 
Oviedo  nuevo  aviso  del  género  de  amistad  que  el  gobernador  le  profesaba.  Noti- 
cioso este  de  que  Bernal  habia  sido  apresado  y  de  que  era  Alarconcillo  el  juez  de 
la  causa ,  envió  á  toda  prisa  un  correo ,  mandándole  que  se  inhibiese  de  ella ,  y 

3o    Esta  muger  habia  delatado  á  sii  marido  co-  pilulo  i9  deliibro  X,  de  la  11."  Parle,  que  ya  hemos 

mo  asesino,  sin  probarle  el  crimen  de  que  le  acu-  citado  repelidas  veces,  y  al  cual  remitimos  á  los  lec- 

saba  (Ib.,  cap.  í8).  tores;  no  creyendo  oportuno  recargar  estos  pasages 

36    Oviedo  refiere  menudamente  todas  las  cir-  con  la  repetición  de  aquellos  pormenores,  sin  que 

cunislancias  de  la  prisión  de  Simón  Bernal  en  el  ca-  lográramos  tampoco  dar  mas  interés  á  este  escrito 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO. 


XLl 


íivocándola  á  sí ,  como  juez  y  autoridad  suprema  en  aquellas  parles.  Tarde  vi- 
no sin  embargo  esta  diligencia ,  bien  que  el  mensagcro  traia  andadas  cuarenta 
leguas  en  poco  mas  de.  diez  y  seis  horas  ^^:  cuando  llegó  á  la  villa  de  Acia,  ha- 
lló al  licenciado  y  á  Gonzalo  de  Oviedo,  que  saliendo  de  misa,  pasaban  casual- 
mente delante  del  palo  en  que  se  veian  clavados  el  pié  y  la  mano  del  asesino ,  y 
que  era  por  cierto  el  mismo,  donde  pocos  meses  antes  se  contemplaba  con  asom- 
bro la  cabeza  del  ilustre  descubridor  Vasco  Nuñez  de  Balboa.  Mandó  Alarconcillo 
leer  públicamente  aquella  orden  del  Pedrarias,  y  declarando  en  el  acto  que  se 
apartaba  del  proceso ,  en  cuanto  al  descubrimiento  y  castigo  de  los  cómplices, 
pidió  Oviedo  testimonio  de  esta  declaración ,  protestando  en  debida  forma  contra 
el  procedimiento  del  gobernador,  a  quien  hizo  responsable  de  los  daños  y  perjui- 
cios que  se  le  ocasionaran,  los  cuales  montaban  ya  á  dos  mil  pesos  de  oro.  Mas 
perdida  toda  esperanza  de  justicia,  cansado  de  sufrir  persecuciones,  y  expuesto  á 
cada  instante  á  nuevas  asechanzas ,  resolvióse  Oviedo  á  recurrir  al  Real  Consejo 
de  Indias  ,  y  recogiendo  secretamente  parte  de  su  hacienda  y  toda  su  familia  (que 
ya  había  contraído  nuevo  matrimonio),  se  embarcó  el  5  de  Julio  de  1523  en  el 
mismo  bergantín  que  le  trajo  del  Daríen,  y  protestando  dirigirse  al  Nombre  de 
Dios,  torció  el  rumbo  hacía  la  isla  de  Cuba,  alejándose  de  aquellas  costas,  teatro 
de  sus  trabajos  y  desgracias ,  con  el  mismo  deseo  y  la  misma  esperanza  que  en 
1515. 

Pero  no  habían  sido  estériles  aquellos  tres  años  para  sus  empresas  literarias: 
en  medio  de  las  penosas  tareas  de  sus  oficios ;  entre  el  cúmulo  de  contratiempos 
que  le  sobrevinieron ;  enfermo ,  perseguido  y  despechado ,  hallaba  siempre  Ovie- 
do placer  y  contentamiento  en  sus  tareas  históricas,  siendo  verdaderamente  pro- 
digioso el  tesón  con  que  las  proseguía  y  el  fruto  que  obtenía  de  sus  vigilias.  Cuan- 
do se  embarcaba  en  el  puerto  de  Acia ,  era  acaso  su  mayor  cuidado  el  de  poner 
en  salvo  sus  numerosos  manuscritos ,  entre  los  cuales  contaba  ya  la  crónica  y  vi- 
da de  los  Reijes  Católicos,  que  insertó  después  en  su  Catálogo  Ucal  de  Castilla  y 
la  Historia  general  y  natural  de  Indias,  comprensiva  de  todos  los  acontecimientos 
acaecidos  hasta  el  año  de  1523,  en  que  se  hallaba  ^^ 


37  Replicando  el  meiisagero  de  Pedrarias  Dávila 
al  licenciado  Alarconcillo  que  al  recibir  la  orden  del 
gobernador ,  le  reprendió  por  haber  llegado  tarde, 
creyendo  que  se  habria  dormido  en  el  camino,  dijo: 
«Si  me  he  dormido  ó  no  mande  Vra  Mrd.  que  se 
»me  dé  por  leslimonio  á  qué  hora  llego  aqui;  por- 
))que  pueden  ser  Ires  ó  qualro  horas  que  amanesció 
»é  después  de  vísperas  parlí  de  Panamá»  (Hist.  gen. 
y  nat.  delnd.,  II.*  Parle,  lib.  X,  cap,  19). 

38  Cuando  en  1523  presentaba  Oviedo  al  empe- 
rador Carlos  V  el  Sumario  de  la  Natural  Historia 
de  las  Indias ,  decia ,  hablando  de  sus  trabajos  lite- 
rarios :  «Distinguiendo  la  crónica  y  vidas  de  los  Ca- 
nthólicos  Reyes  don  Fernando  y  doña  Isabel,  de  glo- 
«riosa  memoria,  hasta  el  fin  de  sus  dias,  de  lo  .que 
«después  de  vuestra  bienaventurada  sub9esion  se 
))ha  ofrescido».  Estas  palabras  de  Oviedo  han  dado 

TOMO'  I. 


sin  duda  motivo  á  que  el  erudito  anglo-americano 
Mr.  George  Ticknor  tenga  por  obras  distintas  y  es- 
peciales las  Crónicas  no  completas  de  los  Reyes  Ca- 
tólicos y  de  Carlos  V;  pero  debe  advertirse  que  estos 
trabajos  forman  parte,  según  queda  notado,  del  Ca- 
tálogo Real  de  Castilla,  en  que  se  ocupaba  Oviedo 
desde  150o.  Al  final  del  Sumario  observa:  «Yo  he 
))escrito  en  este  breve  sumario  ó  relación  lo  que  de 
«aquesta  Natural  historia  he  podido  reducir  á  la 
«memoria  y  he  dexado  de  hablar  en  otras  cosas  mu- 
«chas,  de  que  enteramente  no  me  acuerdo  ni  tan  al 
«propio,  como  se  pudieran  escrebir,  ni  expresarse  tan 
«largamente,  como  están  en  la  General  y  natural 
nhistoria  de  Indias ,  que  de  mi  mano  tengo  eserip- 
»la...  lo  qual  tengo  en  la  cibdad  de  Sancto  Domingo 
«de  la  Isla  Española,  etc.»  {Historiad,  primil.  de  las 
Ind.  occid.,  por  don  Antonio  González  Barcia,  1. 1). 

G 


XLII  VIDA  Y  ESCRITOS 


III. 


Peligroso  viage  de  Oviedo. — Preséntase  en  la  corte. — Su  acusación  contra  el  Pedrarias. — Contradicción  del 
bachiller  Corral  y  doña  Isabel  de  Bobadilla. — Ofrécele  el  Consejo  de  Indias  la  gobernación  de  Santa  Marta. — 
Rehúsala  y  obtiene  la  de  Cartagena. — Trabajos  literarios  de  Oviedo. — Destitución  del  Pedrarias. — Pedro  de 
los  Ríos. — Vuelve  el  Veedor  á  la  Tierra-Firme. — Halla  despoblado  el  Darien. — Residencia  del  Pedrarias  — 
Indemnización  de  Oviedo. — Muerte  de  Juan  Pérez  Zalduendo. — Invasión  de  Rodrigo  Bastidas  en  la  goberna- 
ción de  Cartagena. — Renuncíala  Oviedo  y  pásase  á  la  de  Nicaragua. — Es  nombrado  el  Pedrarias  gobernador 
de  esta  provincia. — Intenta  Oviedo  retirarse  á  su  casa. — Residencia  de  Pedro  de  los  Rios. — Las  ciudades  de 
Panamá  y  Santo  Domingo  envian  á  Oviedo  como  procurador  á  la  corte.— Llega  á  España.— Éxito  de  su 
procuración. — Nómbrale  el  Cesar  cronista  de  las  Indias. — Vuelve  al  Nuevo  Mundo. — Es  elegido  alcaide  de 
la  fortaleza  de  Santo  Domingo. — Dánle  sus  poderes  para  la  corte  la  Audiencia  y  el  Regimiento  de  esta  ciu- 
dad.— Satisfactorio  efecto  de  su  nueva  procuración.  —  Impresión  de  la  I.*  Parte  de  la  Historia  general  y 

natural  de  Indias. 


il  O  bien  se  habia  dado  á  la  vela  Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo ,  para  buscar  en 
España  la  justicia  que  se  le  negaba  en  el  Nuevo  Mundo ,  cuando  aquejado  de  agu- 
das y  continuas  fiebres,  y  demagrado  por  las  dolencias  anteriores,  llegó  á  tal 
punto  de  abatimiento,  que  todos  cuantos  le  servian  desconfiaron  de  su  vida. 
Agregábanse  á  esto  las  frecuentes  borrascas  que  en  aquella  travesia  le  afligieron, 
siendo  tan  recios  los  vendábales  que  embravecían  las  ondas  y  combatían  la  cara- 
vela  (poco  segura  ademas  por  ir  comida  de  la  broma),  que  á  cada  momento  te- 
nian  delante  de  sus  ojos  el  abismo.  «Finalmente  (escribe  el  mismo  Oviedo  en  su 
nlibro  de  los  Naufragios),  nos  vimos  en  tanto  peligro,  que  de  hora  en  hora  espe- 
«rábamos  la  muerte;  y  yo  mas  que  otro ,  porque  demás  de  lo  que  he  dicho,  yba 
»muy  enfermo,  tanto  que  queriendo  un  marinero  aprovecharse  de  un  serón  de 
«esparto  que  alh  estaba  debaxo  de  un  colchón ,  en  que  yba  yo  echado ,  le  dixo  un 
«criado  mió :  No  tomes  el  serón :  que  ya  veys  quel  capitán  está  muriéndose ,  y 
«muerto,  no  hay  otro  en  que  envolverlo  y  echarlo  á  la  mar.  Lo  que  yo  oy  y  en- 
))tendi  muy  bien;  y  ásenteme  en  la  cama  enojado  con  mi  criado,  é  dixe :  Saca 
»e5se  serón  de  ahy  y  dásele  á  esse  hombre :  que  no  me  tengo  de  morir  en  la 
«mar ,  ni  querrá  Dios  que  me  folte  sepoltura  en  su  sagrada  Iglesia.  Y  desde  essa 
«hora  tuve  alguna  mejoría  *». 

Doliente  y  trabajado  aportó  Oviedo  á  Santiago  de  Cuba ,  donde  se  hallaba  á  la 
sazón  el  adelantado  Diego  Velazquez ,  quien  no  solo  le  recibió  afectuoso ,  sino  que 
viéndole  en  tan  lastimero  estado,  le  hospedó  en  su  propia  casa,  haciendo  cuanto 
estuvo  de  su  parte  para  que  se  repusiera  de  su  enfermedad ,  y  festejándole  genero- 
so. Quince-  dias  permaneció  el  Veedor  en  compañía  de  Velazquez,  logrando  en  este 
tiempo  reparar  algún  tanto  su  quebrantada  salud ,  y  aprovechando  aquella  propicia 
ocasión,  para  recoger  noticias  y  relaciones  sobre  el  descubrimiento  del  Yucatán  y  la 

i    Hist.  Gen.  y  Nat.  de  Ind.,  III."  Parte,  libro  XII,  proh. 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO. 


XLIII 


expedición  de  Juan  de  Grijalva:  cuando  ya  se  disponía  á  parlir,  rogóle  encare- 
cidamente el  adelantado  que  llevase  al  César  las  nuevas  de  aquel  descubrimiento 
hecho  á  su  costa  ,  encargo  que  recibió  gustoso  el  Veedor  y  que  desempeñó  fiel- 
mente, como  hombre  agradecido  ^.  En  la  misma  caravela  (que  habia  ya  ven- 
dido en  Cuba)  pasó  á  la  Isla  Española  con  todos  los  suyos,  desembarcando  en 
el  puerto  de  la  Yaguana,  desde  el  cual  se  encaminó  por  tierra  á  la  ciudad  de 
Santo  Domingo,  en  que  halló  al  almirante  don  Diego  Colon,  apercibiéndose  para 
ir  á  España  ,  á  donde  el  Emperador  le  habia  llamado.  Mucho  celebró  don  Diego 
la  llegada  de  su  antiguo  y  cariñoso  amigo ,  cuyas  desventuras  supo  indignado  con- 
tra el  Pedrarias  y  sus  secuaces ;  y  después  de  prodigarle  todo  género  de  cuida- 
dos ,  ayudándole  á  establecer  su  casa  y  familia  en  aquella  ciudad,  le  brindó  con 
su  propia  caravela ,  de  que  era  maestre  el  experimentado  piloto  Juan  López  Ar- 
chuleta,  saliendo  juntos  del  puerto  el  16  de  setiembre  de  1523. 

Pero  si  difícil  y  trabajosa  habia  sido  la  navegación  que  trajo  Oviedo  desde  Acia 
hasta  Santiago  de  Cuba ,  no  mas  bonancible  fué  el  viage  que  en  compañía  de  don 
Diego  Colon  hizo  á  España.  Pocos  días  navegaron  con  próspero  tiempo :  asaltados 
en  mitad  del  Océano  por  súbita  borrasca ,  en  vano  procuró  el  diestro  Archulcta 
defender  aquella  pequeña  nave  de  la  furia  de  los  vientos  y  de  las  olas.  Arreciaba 
por  momentos  la  tempestad,  faltaban  las  fuerzas  á  los  cansados  marineros,  crujía 
por  todas  partes  la  mal  segura  caravela ,  y  saltaban  las  ondas  de  banda  á  banda, 
llenando  de  pavor  á  Colon  y  á  Oviedo ,  quienes  juzgaron  llegada  en  aquel  instante 
su  última  hora.  Ya  habían  arrojado  al  mar  parte  del  mas  precioso  cargamento; 
ya  el  maestre,  abandonado  el  timón,  habia  declarado  la  necesidad  de  alijar  hasta 
de  la  ropa ,  encomendándose  todos  al  Hacedor  Supremo ,  cuando  plugo  á  este  di- 
sipar los  vientos  y  aquietar  las  aguas,  tornando  la  esperanza  y  la  alegría  al  pecho 
de  aquellos  afligidos  españoles  que  pocos  minutos  antes  se  lloraban  náufragos  '. 
Libres  de  tanto  peligro,  y  favorecidos  por  amigas  brisas,  avistaron  al  fin  con  jú- 
bilo extraordinario  las  costas  de  la  península  ibérica ,  montando  la  barra  de  San- 
lúcar  el  5  de  noviembre ,  y  dirigiéndose  luego  á  Sevilla ,  emporio  entonces  de  las 
artes  y  del  comercio. 

No  se  detuvo  Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo  en  esta  ciudad  muchos  días :  no- 


2  Cuando  narra  Oviedo  la  expedición  de  Juan  de 
Grijalva  ,  se  expresa,  respecto  de  este  punto,  en  los 
siguientes  términos:  «Y  como. he  dicho  en  el  li- 
))bro  11  desta  I.'*  Parte,  pues  Su  Mag-estad  manda 
«que  me  den  relación  verdadera  todos  sus  goberna- 
»dores  de  las  cosas  destas  Indias,  esto  tengo  yo  sig- 
wnado  é  por  testimonio  que  me  fué  dado  por  el  le- 
«nieiite  Diego  Velazquez  ,  passando  por  aquella  isla 
wFernandina  el  año  de  mili  é  quinientos  é  veynte  é 
))tres;  é  yo  llevé  este  testimonio  á  España,  ásu  rue- 
))go,  para  dar  noticia  deste  descubrimiento  suyo  é 
»de  otras  cosas  á  la  Qesárea  Mageslad»  {Hist.  gen. 
ynat.  de  Ind.,  I."  Parle,  lib.  XVII,  cap.  \1). 

3  Curiosa  es  por  cierto  la  circunstancia  que  re- 
fiere Oviedo  de  esta  peligrosa  navegación  en  el  ca- 


pítulo 4.°  de  su  libro  de  los  Naufragios,  último  de 
la  General  historia:  «En  una  nao  (dice)  en  que  yo  me 
«hallé  el  año  de  mili  é  quinientos  é  veynte  é  tres 
«años  en  el  mar  Océano,  de  la  qual  era  maestre  Juan 
»Lopez  de  Archulelaque  hoy  vive,  yéndonos  ane- 
wgando  é  quassi  perdidos,  alijando  de  la  ropa  y  car- 
»ga,  yba  un  man9ebo ,  criado  del  almirante  don 
»Diego  Colom  ,  durmiendo  y  roncando  tan  descan- 
Hsadamente  como  si  estoviera  en  Toledo,  Llamábale 
Hclalmirantede  quandoenquando,  y  decíale:— Sanc- 
))la  Cruz  (que  assi  se  llamaba),  ¿no  vees  que  nos  ane- 
Mgamos?...  ¿Por  qué  no  despiertas,  traydor,  y  le 
«encomiendas  á  Nuestro  Señor?...  Y  el  mancebo  res- 
wpondia  y  decia: — Señor,  ya  lo  veo. — E  inconli- 
wnenti  tornaba  á  roncar». 


XLIV 


VIDA  Y  ESCRITOS 


ticioso  alli  de  que  el  César  tenia  su  corte  en  Vitoria  para  alentar  las  operacio- 
nes del  ejército,  que  bajo  la  conducta  del  Condestable  don  Iñigo  Fernandez  de 
Velasco,  se  hallaba  sobre  Fuente-Rabia,  fortaleza  de  que  se  apoderaron  los  fran- 
ceses durante  los  disturbios  de  las  Comunidades ,  se  dirigió  á  aquella  ciudad,  mo- 
vido no  solamente  por  el  deseo  de  librar  la  Tierra-Firme  de  lá  opresión  del  Pe- 
drarias ,  sino  aguijoneado  también  por  las  graves  ofensas  personales  que  de  sus 
manos  habia  recibido.  En  Burgos  encontró  al  Real  Consejo  de  Indias  que  se  pre- 
paraba á  trasladarse  al  lado  del  César,  siendo  tal  la  impaciencia  que  le  aquejaba 
por  representar  sus  querellas,  que  tuvo  á  mal  agüero  aquella  partida. — Siguió, 
no  obstante,  á  los  señores  del  Consejo  (que  no  habia  de  vencer  el  desaliento  á 
quien  sobraban  la  voluntad  y  la  constancia) ,  y  resuello  á  pasar  la  plaza  de  im- 
portuno hasta  ser  oido ,  llegó  á  Vitoria  á  principios  de  15^4  *.  Pero  cumpliósele 
su  esperanza  mas  fácil  y  prontamente  de  lo  que  pensaba  :  servíale  la  ilustre  me- 
moria del  príncipe  don  Juan  de  protector  escudo,  y  abríansele  á  su  nombre,  co- 
mo al  influjo  de  misterioso  talismán,  las  puertas  de  magnates  y  prelados:  el  mis- 
mo César ,  que  ya  en  Bruselas  y  Barcelona  habia  oido  de  su  boca  las  quejas 
contra  el  gobernador  de  la  Tierra-Firme,  y  que  recordaba  complacido  su  leal- 
tad para  con  el  príncipe ,  su  tío ,  luego  que  hubo  de  enterarse  del  propósito  de 
su  venida ,  no  solamente  previno  al  Consejo  que  le  hiciese  justicia ,  sino  que  le 
concedió  en  su  cámara  especial  audiencia.  Oviedo  expuso  al  Emperador  y  á  su 
Real  Consejo  todos  los  trabajos  y  persecuciones  que  habia  padecido  desde  su  par- 
tida de  Barcelona  en  1520,  y  presentando  los  poderes  que  traia  de  la  ciudad  del 
Darien,  pidió,  en  nombre  de  la  misma,  nuevo  gobernador  para  aquella  desventu- 
rada provincia.  Ordenóle  el  César,  oida  su  demanda,  que  presentase  al  Consejo 
por  escrito  su  relación  y  querellas  contra  el  Pedrarias,  lo  cual  verificó  el  Veedor 
inmediatamente ,  como  quien  veia  lograda  la  ocasión  de  que  su  rey  supiera  las 
vejaciones,  inhumanidades  y  tiranías,  de  que  era  víctima  tan  rica  y  vasta  región 
del  Nuevo  Mundo  *. 


4  Don  fray  Prudencio  de  Sandoval ,  en  su  His- 
toria del  Emperador  Carlos  V,  1.*  Parle ,  lib.  XI, 
párr.  24  (Amberes  Í681) ,  dice,  aludiendo  á  las  no- 
ticias que  trajo  Oviedo  de  la  Tierra-Firme  :  «Vinié- 
ronle también  (al  Emperador)  cartas  y  relaciones  de 
las  navegaciones  y  conquistas  de  Indias ,  assi  de  las 
tierras  y  provincias  de  la  Nueva  España,  como  de 
Tierra-Firme  y  Nicaragua  y  oirás  partes  della ,  que 
en  aquellos  dias  se  hablan  conquistado,  trayendo  los 
naturales  al  conocimiento  del  verdadero  Dios,  como 
lo  escriben  Gonzalo  Hernández  de  Oviedo  y  otros 
dolos  y  curiosos  coronislas».  (Véase  también  el  ca- 
pítulo 20  del  lib.  X  de  la  11."  Parle  de  la  Hist.  gen.  y 
nat.  de  Ind.—Bat.  y  Quinq.,  K.  130,  fol.  3  vio.) 

5  Hé  aqui  como  empieza  Oviedo  esta  importan- 
te relación :  «Al  tiempo  que  besé  las  reales  manos 
»de  Su  Magestad ,  le  dixe  cómo  yo  le  servia  de 
«Veedor  en  Tierra-Firme,  dó  es  gobernador  Pe- 


«drarias,  é  que  venia  desde  allá  á  dar  noticia  á  Su 
»Mages!n;l  de  cómo  aquella  tierra  está  perdida  é 
«destruyda  é robada,  é  han  passado  épassan  en  olla 
))muchas  crueldades  ,  de  que  Dios  é  Su  Magostad  se 
wdessirven  é  la  tierra  se  pierde ,  seycndo ,  como  en 
))la  verdad  es ,  lo  mejor  de  lo  descubierto  ;  é  todo 
»eslá  escondido  é  ocultado  á  Su  Magostad  y  su  Con- 
Msejo....  E  díxome  Su  Mageslad  que  á  Vras.  Mrds. 
«hablasse  é  dixesse  todo  aquello  que  sabia  ó  me 
))paresc¡esse  de  las  cosas  de  aquella  tierra  ,  de  don- 
»de  vengo  ,  para  que  Vras.  Mrds.  se  informassen  , 
»é  que  Su  Magestad  lo  mandarla  luego  remediar  é 
«proveer,  como  conviniesse.  É  cumpliendo  con  el 
«mandamiento  de  Su  Magostad  é  con  lo  que  debo 
«á  su  real  servicio  y  á  mi  consciengia,  digo,  etc.». 
(Arch.  gen.  de  Siman.,  Patr.  Real,  Arca  de  Indias, 
leg.  7. — Real  Acad.  de  la  Hist. ,  Colee  de  Muñoz, 
tom.  76,  A.  103). 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO. 


XLV 


Duros  eran  en  verdad  los  cargos  que  formuló  Oviedo  contra  el  Pedrarias;  pues 
no  solamente  le  negaba  en  su  informe  las  cualidades  mas  precisas  para  la  gober- 
nación, tildándole  de  flojo,  inconstante,  codicioso,  díscolo  y  sembrador  de  ciza- 
ña (con  lo  cual  babia  sido  causa  de  continuas  desavenencias  y  escándalos),  sino 
que  le  acusaba  también  de  injusto,  arbitrario,  cruel,  venal  é  hipócrita,  declarán- 
dole como  usurpador,  é  inobediente  al  rey  y  á  su  Real  Consejo.  Pero  estas  califi- 
caciones lejos  de  ser  bijas  del  enojo  que  el  Veedor  atesoraba  en  su  pecho,  ve- 
nían hasta  cierto  punto  comprobadas  por  la  simple  exposición  de  los  sucesos,  á  que 
se  referia.  Apandillado  el  gobernador  con  los  oficiales  reales,  que  á  su  ejemplo 
abandonaron  el  Darien,  ni  habia  obedecido  las  cédulas  de  1519,  permitiendo  en 
contrario  el  tráfico  inmoral ,  en  que  aquellos  se  ejercitaban  y  admitiéndolos  á  su 
consejo;  ni  remitido  á  España  los  quintos  de  la  corona,  pretestando  gastos  ex- 
traordinarios ^;  ni  guardado  las  provisiones  reales  en  el  repartimiento  y  trato  de 
los  indios,  haciendo  violenta  y  falaz  aplicación  del  requerimiento  ordenado  por 
el  Rey  Católico  ^.  Y  si  consintió,  débil  ó  mal  intencionado,  que  los  oficiales  rea- 
les maltrataran  á  los  indios,  mudando  á  su  placer  los  repartimientos,  con  lo  cual 
crecían  por  demás  sus  haciendas  y  la  del  mismo  Pedrarias;  si  toleró  que  su  pri- 
mo, el  capitán  Gaspar  Morales,  pasara  á  cuchillo  trescientos  de  aquellos  desdi- 
chados ,  sin  perdonar  edad  ni  sexo ,  cebando  asi  su  desenfrenada  rapacidad ;  si  dejó 
impune  la  alevosía  de  Renito  Hurtado,  el  cual  vendió  como  esclavos  los  indios  de 
carga  que  le  diera,  bajo  seguro,  el  cacique  de  Careta;  si  no  castigó  la  inhumani- 
dad de  Pedro  de  Cárdenas  que  asó  por  su  placer  dos  mugeres  indias  de  encomien- 
da; y  si  apadrinó  finalmente  al  capitán  Francisco  de  Medina  y  á  otros  muchos 
desalmados  que,  sobre  saltear  y  aperrear  indios  caribes,  osaron  también  vender  en 
pública  almoneda  no  pocos  de  los  que  habían  ya  recibido  las  aguas  del  bautismo; 
no  mas  humano  y  justo  se  mostró  con  los  españoles  que  ó  se  oponían  á  su  volun- 
tad y  de  los  suyos  ó  no  se  doblaban  fácilmente  á  la  lisonja. 

Acusábale  asimismo  el  ofendido  Oviedo  de  haber  tomado  para  silas  islas  de  Oto- 
que  y  Terarequi  ó  de  las  Perlas,  pertenecientes  ambas  á  la  corona,  haciendo  en 
ellas  inmoderado  logro ,  sin  participación  legítima  de  la  real  cámara  y  en  daño  de 
lodos  los  pobladores,  á  quienes  vedó  allí  la  pesquería.  Pero  sí  debió  este  cargo 


6  Es  sobre  manera  importante",  para  ilustrar 
la  historia  de  la  conquista ,  lo  que  en  la  Relación 
hecha  por  Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo  de  los 
males  causados  en  Tierra-Firme  por  el  gobernador 
Pedrarias  se  dice,  respecto  de  la  inversión  de  cau- 
dales :  «  Las  pagas  que  se  le  hacen  ( al  g-obcrnador) 
))de  gente  serian  excusadas  ,  pues  ninguna  tiene  ni 
))la  hay  para  ninguna  nescessidad,  por  razón  de  las 
))dichas  pagas ;  é  assi  hácense  copias  vanas  ,  é  por 
«aquellas  libra  el  contador  é  paga  el  tesorero:  é  se- 
«ria  n-.ejor,  ya  que  las  oviesse  de  llevar,  dárselo  de 
asalario  que  por  esla  via :  que  paresce  qucs  untarse 
))la  cebada  su  dueño  ;  é  dessofra  manera  seria  mer- 
«ced  c  sonaría  mejor  el  salario  ,  seyendo  mayor». 


7  Las  palabras  de  Oviedo  son  en  esta  parte  har- 
to significativas:  después  de  recordar  el  objeto  que 
el  rey  don  Fernando  se  propuso,  al  disponer  que  se 
hiciera  á  los  indios  el  requerimiento ,  de  que  lleva- 
mos hecha  mención  arriba  ,  observaba:  «Esto  se 
»ha  fecho  desla  manera:  que  primero  eran  saltea- 
))dos,  é  después  de  presos  e'  atados  se  les  leia  ;  é 
»con  esto  eran  dados  por  esclavos  ó  repartidos  é 
«vendidos.  É  nunca  hasta  hoy  se  ha  fecho  ni  guar- 
»dado  la  fuerza  del  dicho  requerimiento ;  é  para  ver 
»si  esto  es  assi ,  llamen  ó  tomen  un  indio  que  me- 
))jor  entienda  nuestra  lengua  ,  ú  veráse  que  ninguna 
»cosa  entiende  del  requerimiento  ». 


XLVI 


VIDA  Y  ESCRITOS 


llamar  seriamente  la  atención  del  Consejo  de  Indias,  no  era  por  cierto  menos 
grave  el  que  fulminaba  el  Veedor  de  las  fundiciones  del  oro  en  las  siguientes  pala- 
bras: «Entre  las  culpas  que  halló  (el  Pedrarias)  á  Vasco  Nuñez,  para  le  degollar, 
»es  a  ver  tomado  el  dicho  Vasco  Nuñez  una  marca  de  las  con  que  marcan  el  oro, 
ȇ  su  suegro  Verdugo ,  que  era  Veedor  de  la  dicha  Tierra-Firme  (que  creo  que 
»le  llaman  Silvestre);  pero  no  obstante  esso,  envió  el  dicho  gobernador  Pedrarias 
wdesde  Panamá  al  Darien  por  un  cuño  de  los  que  tenia  el  Veedor  Gonzalo  Fer- 
))nandez  de  Oviedo,  é  lo  tuvo  en  su  poder  eltiempoqueleparescióé  lo  pudo  hacer, 
))é  marcar  pudo  el  oro  que  le  paresciesse,  abscondidamente».  Y  no  menos  re- 
prensible aparecía  el  Pedrarias  en  la  Relación  de  Oviedo ,  respecto  de  las  cosas 
del  esclarecido  y  malogrado  descubridor  del  mar  del  Sur :  ya  desde  su  llegada  al 
Darien  habia  obligado  á  este  á  venderle  su  casa  por  menos  dinero  del  que  valia  en 
renta ;  y  cuando  después  de  degollado ,  se  apoderó  de  sus  bienes ,  en  nombre  del 
fisco,  repartió  los  indios  que  le  quedaban  entre  doña  Isabel  de  Bobadilla,  su  mu- 
ger,  y  los  criados  de  esta,  separándolos  asi  del  grueso  de  la  hacienda  del  adelan- 
tado, la  cual  puso  en  poder  de  Martin  de  Estete.  Aquellos  ponderados  cien  mil  pe- 
sos de  oro  que  en  Barcelona  despertaron  con  razón  la  solicitud  del  Real  Consejo 
de  Indias,  vinieron  á  quedar  reducidos  á  la  insignificante  suma  de  tres  mil,  que 
diezmados  de  nuevo  por  el  administrador  y  los  escribanos  del  proceso ,  dieron  por 
último  resultado  dos  mil  castellanos  *,  pagados  principalmente  en  recibos  y  otros 
papeles,  lo  cual  bastaba  sin  duda  á  poner  en  claro  la  integridad  de  los  oficiales  y 
apadrinados  del  gobernador  de  Castilla  del  Oro  ®.  Mas  para  que  el  ruido  de  estas 
violencias  y  rapiñas  jamás  llegase  á  la  corte  de  España,  negábase  astutamente  el 
Pedrarias  á  permitir  que  saliera  de  la  Tierra-Firme  español  alguno  que  no  se 
le  confesara  parcial ,  ofreciéndose  á  decir  maravillas  de  su  gobierno :  á  tal  extre- 
mo llegaron  la  arbitrariedad  y  la  impudencia ,  que  se  apoderaba  de  cuantas  car- 
las  iban  y  venian  de  las  Indias,  á  fin  de  que  por  ningún  camino  fuera  en  la  corte 
conocida  su  conducta  ^". 

Oviedo ,  cuyo  principal  deseo ,  aunque  personalmente  injuriado,  era  la  salva- 
ción del  Darien ,  terminaba  su  Relación,  proponiendo  al  Real  Consejo  de  Indias  los 
medios,  que  en  su  juicio  debian  adoptarse  para  evitar  la  ruina  de  aquella  desdi- 


8  Tenia  cada  casfeí/ano  el  peso  de  un  adarme, 
y  fué  establecido  en  América  por  los  primeros  conr 
quistadores,  para  el  cobro  y  paga  del  oro  ,  compu- 
tándose por  el  valor  de  dos  pesos  y  medio  de  Es- 
paña ó  dos  pesos  fuertes  de  América ,  y  equivalen- 
te á  un  escudo  de  oro  del  doblen  de  á  ocbo  antiguo 
(Alcedo ,  Dice.  Geog.  Hist.  de  las  Ind.  occ,  tom.  V, 
pág.  48  del  Voc.  de  lasvoc.  prov.  de  la  Am.). 

9  Oviedo ,  que  habia  ejercido  el  cargo  de  Re~ 
ceptor  de  las  penas  de  Cámara,  y  que  tuvo  ademas 
el  especial  de  tomar  las  cuentas  de  los  bienes  de 
"Vasco  Nuñez,  deciaen  su  Relación  al  Consejo:  Etal 
))maña  se  dio  el  dicho  Estete  é  escribanos  ,  que  él 
Ȏ  ellos  se  llevaron  de  los  dichos  tres  mili  caslclla- 
«nos  mas  de  los  mili  dcllos ,  pagando  solamcnle 


«con  papeles,  é  sin  cobrarlos  ni  pagar  en  dineros». 
JO  «É  tómanse  las  cartas  é  no  se  dan  á  quien 
»van,  é  las  que  de  allá  vienen,  tómanse  porque  Su- 
wMagestad  ni  su  Consejo  no  sepan  verdad:  é  assi 
))no  osan  escribir  ni  avisar  de  cosa  que  allá  passe». 
Tales  son  las  palabras  con  que  denunciaba  Oviedo 
en  su  Relación  tan  inaudito  abuso  ,  á  que  anadia  el 
Pedrarias ,  para  mas  oprimir  y  obligar  á  los  espa- 
ñoles ,  el  de  apoderarse  de  los  instrumentos  púb  i- 
cos,  que  convenían  á  sus  codiciosos  intentos:  el 
Veedor  escribía:  «Algunas  escripturas  é  registros 
Horiginales  que  él  quiera  tener  en  su  poder,  es  nes- 
Mcessario  que  se  le  den ;  porque  el  que  gelas  impí- 
wde,  no  se  halla  bien  dello;  é  si  dá  conoscimienfo. 
»dellas,  es  de  muy  mala  gana  ú  no  lo  dá.» 


DE  GOiNZ.  FERN.  DE  OVIEDO. 


XLVII 


chada  comarca:  «Assi  que  (escribía)  para  lo  de  Tierra-Firme  conviene  que  Su 
«Magostad  determine  una  de  descosas,  y  son:  perderlo  ó  ganarlo.  Para  perderlo, 
«ninguna  cosa  se  podría  buscar,  ni  penssar,  ni  proveer  mejor  que  dexarlo  estar 
))de  la  manera  que  ello  se  está :  é  para  ganarlo  é  atajar  tantos  daños  é  dar  orden 
»cómo  Dios  é  Su  Magostad  sean  servidos  é  la  tierra  remediada,  háse  de  proveer 
«quel  que  gobernare  aquella  tierra ,  sea  hombre  de  buena  sangre  é  que  tenga  celo 
)>é  fin  prencipal  del  servicio  de  Dios  é  del  Rey  é  que  sea  amigo  de  justicia  é  hombre 
wpara  trabaxar  por  su  persona  é  non  de  sobrada  cobdicia,  ni  cargado  de  hijos,  é 
)>de  edad  convenible  para  el  seso  é  para  los  trabaxos.  E  que  este  tenga,  dó  quiera 
»que  estoviere ,  una  ó  dos  personas  de  buena  consciencia  é  letras ;  é  que  por  su 
«persona  visite  ambas  costas,  é  los  pueblos  dellas;  é  si  nescessario  fuere  (que  si 
wes  é  mucho),  torne  á  tomar  las  residencias  á  los  jueces  passados,  que  no  serán  de 
«poco  interesse  para  la  hacienda  de  Su  Magostad :  é  que  demás  desso ,  tenga  siem- 
wpre  en  el  Darien  un  teniente  que  sea  persona  de  letras  é  buena  consciencia ,  que 
«administre  justicia  en  la  costa  y  pueblos  del  Norte ,  é  otro  en  la  costa  é  pueblos 
«del  Sur.»  Tal  era  el  bello  ideal  de  Oviedo,  que  no  pudo  ver  realizado  en  tantos 
años  de  contradicciones  y  desgracias  ". 


i{     Después  de  conocer  las  persecuciones  que 
padece   Gonzalo   Fernandez  de  Oviedo   por  de- 
fender  la  ciudad  y  provincia  del   Darien  de  las 
injusticias  del   Pedradas   y   de   los   suyos ;  des- 
pués de  notar  los  principales  cargos  que  le  diri- 
ge en  la  enérgica  Relación  presentada  al  real  Con- 
sejo de  Indias ,  no  se  comprende  cómo  se  ha  con- 
fundido el  nombre  de  Oviedo  entre  los  asoladores 
de  la  Tierra-Firme  y  los  destructores  y  despoblado- 
res  del  Darien  por  un  escritor  coetáneo  suyo,  que 
le  dirige  sobre  este  punto  severos  y  formidables 
cargos.  Bien  se  advertirá  que  hablamos  del  licencia- 
do Bartolomé  de  las  Casas.  «Que  Oviedo  (dice)  ha- 
«ya  sido  partícipe  de  las  crueles  tiranías  que  en 
»aquel  reyno  de  la  Tierra-Firme  que  llaman  Casti- 
))lla  del  Oro  se  han  hecho  desde  el  año  catorce  que 
«fué  no  á  gobernallo,  sino  á  destruillo  Pedrarias, 
))hasta  este  de  diez  y  nueve  ,  confiésalo  el  mismo  é 
«véndelo  al  rey  por  servicios  señalados».  Oviedo 
no  confiesa  tal ,   ni    podia  confesarlo ;   pues  que 
en  151o  habia  dado  la  vuelta  á  España  para  de- 
nunciar ,  como  lo  hizo ,  aquellas  tiranías ,  sobrevi- 
niéndole todo  lo  que  dejamos  referido  en  la  11."  Par- 
te de  este  escrito  ,  hasta  que  á  fines  de  1519  lo- 
gró derribar,  aunque  sin  fruto,  al  Pedrarias,  de 
quien  le  hace   las    Casas  ayudador  y  cómplice. 
Lo  que  Oviedo  confiesa,  cuando  habla  de  sí,  y 
no  respecto  de  los  cinco  años  desde  1514  á  1519, 
sino  refiriéndose  al  tiempo  en  que  tuvo  la  tenencia 
del  Darien  ,  es  que  se  ocupó  cuando  convino  asi  en 
el  desempeño  de  sus  oficios ,  como  en  la  conquista  y 
pacificación  de  algunas  parles  de  aquella  tierra,  con 
las  armas  sirviendo  á  Dios  y  al  su  Rey,  como  su  ca- 
pitán y  vassallo  (Prohemio  del  libro  I,  de  la  1."  Parte 
de  la  Ilist.  Gen.  y  Nat.  de  Jnd.).  • 


El  obispo  de  Ciudad  Real  de  Chiapa ,  añade  sin 
embargo:  «Llamaba  también  sus  indios  los  repar- 
wtimienlos  que  tenia  sojuzgados  con  las  violen- 
«cias  y  entradas  que  se  han  referido  arriba ,  en  las 
»quales  y  en  los  robos  que  por  ellas  se  hacían,  tenia 
«Oviedo  su  parte,  como  la  tenia  Pedrarias  que  des- 
«gobernaba  la  tierra ,  y  los  otros  oficiales  del  rey 
«con  el  Sr.  obispo».  Mas  adelante  proseguía  las  Ca- 
sas :  «Solo  vido  (Oviedo)  y  se  halló  y  participó  en 
«las  tiranías  y  destruycion  de  aquella  Tierra-Firme 
«9Ínco  años  que  en  ella  estuvo ,  según  queda  dicho, 
«de  los  males  y  perdición  que  hizo  é  ayudó  á  hacer, 
«concedérnosle  que  será  muy  cierto  testigo ;  mas 
«no  dice  él  ni  decía  cosa  delios ,  sino  en  quanlo 
«fuere  de  infamia  y  en  detrimento  de  los  indios  y 
«en  excusación  y  justificación  de  sus  crueldades  y 
«de  sus  consortes,  y  ambición  y  cudicia»  [Hist.  Gen. 
de  las  Indias,  libro  III,  capítulo  141).  Una  ob- 
servación sola  bastará  para  desvanecer  todas  estas 
acusaciones:  Oviedo  llegó  á  la  Tierra-Firme  en  ju- 
nio de  1514,  y  no  pudiendo  sufrir  los  desmanes  del 
Pedrarias  y  del  obispo ,  se  partió  para  España  en 
octubre  de  1515.  ¿Cómo,  pues,  si  estaba  en  Es- 
paña y  representando  contra  ellas ,  ejerció  en  el 
Darien  aquellas  ominosas  tiranías  en  los  restan- 
tes cuatro  años?  Por  cierto  que  si  Oviedo  hubie- 
ra sospechado  que  tan  reverenda  persona ,  como 
las  Casas  ,  le  habia  de  acusar  con  tal  dureza  y  agru- 
ra por  haberse  expuesto  á  mil  peligros,  desafiando 
y  arrostrando  en  tantas  ocasiones  la  saña  del  Pe- 
drarias y  de  los  suyos ,  habria  sin  duda  desmayado 
en  el  meritorio  intento  que  le  trajo  á  España  dos 
veces  ,  y  que  le  movia  en  lo24  á  fulminar  tan  seve- 
ros cargos  contra  el  gobernador  de  Castilla  del  Oro, 
Lejos,  pues,  de  disculpar  las  crueldades  é  injusli- 


XLVIII 


VIDA  Y  ESCRITOS 


Mediado  el  mes  de  marzo  de  1524,  trasladó  el  Emperador  á  Burgos  su  corte, 
cuyos  pasos  siguió  el  Veedor,  resuelto,  como  estaba,  á  que  se  le  hiciese  justicia. 
Pero  al  mismo  tiempo  que  exponía  ante  el  Real  Consejo  de  Indias  los  cargos  ya 
indicados  contra  el  Pedrarias  y  los  suyos,  esforzáb:inse  doña  Isabel  de  Bobadilla  y 
el  bachiller  Corral  en  contradecirle,  procurando  dar  á  entender  al  mismo  Consejo 
que  seria  grave  inconveniente,  para  la  conquista  y  posesión  de  aquellas  regiones, 
remover  de  su  cargo  al  gobernador,  cuya  pericia  é  intehgencia  eran  grandemen- 
te ponderadas.  Andaban  en  todo  el  oro  y  las  perlas  de  la  Bobadilla,  la  cual,  como 
sobrina  de  la  célebre  marquesa  de  Moya,  hallaba  entrada  en  todas  partes,  y  no  ha- 
cian  menor  efecto  las  gestiones  del  astuto  bachiller,  quien  demandaba  personalmen- 
te á  Gonzalo  de  Oviedo ,  para  que  le  pagase  los  daños  producidos  en  su  hacienda 
con  el  extrañamiento  de  Santa  Maria  del  Antigua;  acto  que  calificó  el  Real  Conse- 
jo de  arbitrario,  condenando  al  Veedor  en  cien  mil  maravedís,  por  no  haberle 
remitido,  como  debiera,  al  tribunal  superior  del  Pedrarias.  Abster>íase,  sin  em- 
bargo, el  Consejo  de  absolver  á  Diego  del  Corral  de  los  dehtos  castigados  por  Ovie- 
do; y  mientras  entendía  en  proveer  lo  mas  acertado,  respecto  de  la  gobernación 
de  Castilla  del  Oro,  mandaba  que,  tanto  el  Veedor  como  el  bachiller,  se  presen- 
taran en  tiempo  oportuno  á  dar  sus  descargos  ante  el  juez  de  residencia,  que  de- 
bía pasar  á  la  Tierra-Firme  *^.  Pero  no  desmayó  Oviedo  por  este  contratiempo, 
que  le  acarreó  mas  bien  su  lealtad  que  su  injusticia;  y  si  halló  castigo  donde  bus- 
caba premio ,  no  por  eso  se  dio  por  vencido. 

Iba  entre  tanto  muy  despacio  el  principal  asunto  que  le  había  traído  á  España; 


cias,  de  que  habla  las  Casas,  fué  el  mayor  y  mas 
constante  anhelo  del  Veedor  el  que  llegaran  á  oidos 
del  rey  y  de  su  Consejo :  esta  gloria,  puesto  que  lo 
es,  nadie  puede  disputársela,  pues  contra  todo  gé- 
nero de  declamaciones ,  aparecerá  siempre  la  irre- 
sistible fuerza  de  los  sucesos  y  el  irrecusable  testi- 
monio de  los  documentos  que,  como  la  Relación,  he- 
cha por  Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo  ,  de  los  ma- 
les causados  en  Tierra-Firme  por  Pedrarias ,  son 
bastantes  á  destruir  cualquiera  acusación  mejor  fun- 
dada. Lo  notable  de  lodo  esto  es  que  un  hombre, 
corry)  don  fray  Bartolomé  de  las  Casas  ,  que  vio  á 
Oviedo  en  Barcelona  en  1319,  ignorara  ú  olvidara 
tan  fácilmente  todos  los  hechos  sobre  que  habia  do 
recaer  su  terrible  censura.  Que  esta  ,  por  injusta  é 
infundada  que  fuese,  habia  de  producir  nuevos 
errores ,  lo  prueba  la  lectura  de  los  artículos  biográ- 
ficos de  Oviedo  que  se  han  escrito  fuera  y  aun  den- 
tro de  España.  Los  autores  de  la  Biographie  uni- 
verselle  ancienne  et  moderne  (tom.  XXXII,  pág.  310 
y  \i)  ignorando  enteramente  las  circunslancias  de 
la  vida  del  Veedor,  llegaron  hasta  el  punto  de  lan- 
zar contra  él  el  siguicnie  anatema:  «L'abominablc 
«lyranie  d'Oviedo  envers  ees  insulaircs,  diminua 
))Considerablement  leur  nombre  en  tres  peu  de  temps; 
))elpour  se  juslifier  des  cruautésqu'il  exorcait  envers 
)>eux,  il  eul  la  mauvais  foi  d'avancer  dans  ses  es- 
»  crils  que  les  hailiens  etainl  disolus,  mcchants  et 


))en  tont  dignes  de  rexterminalion».  Esta  calumnia, 
á  que  da  lugar  el  suponer  que  Oviedo  fué  al  Nuevo 
Mundo  como  Director  de  las  minas  de  Santo  Domin- 
go, no  se  hubiera  indudablemente  formulado,  sin  la 
injusta  y  arbitraria  acusación  de  las  Casas,  quien  no 
se  atuvo  á  la  verdad  de  los  hechos ,  como  debiera, 
para  condenar  á  Oviedo  c6íVa/o;pero  propagado 
el  error  sin  correctivo  alguno  ,  asientan  en  nuestros 
dias  otros  escritores  ,  y  entre  ellos  Mr.  Ternaux,  las 
mismas  imposturas  manifestando  que  ail  parait  que 
sa  cruauté  fit  périr  un  grand  nombre  d'indigénes» 
(Bibliothéque  américaine,  París,  i837).  Lástima  es 
que  escritores  españoles  ,  curándose  poco  de  la 
verdad  histórica ,  hayan  repetido  sin  otro  examen, 
que  Oviedo  señaló  su  administración,  comointcndcn- 
tede  Hayti,  con  exacciones  violentas,  y  que  para  jus- 
tificarse, calumnió  á  toda  la  población  india  (Diccio' 
nario  univer.  de  Hist.  y  Geog.,  Madrid,  184<S,  to- 
mo V,  pág.  457). 

Lo  que  en  realidad  sucede  desgraciadamente,  es 
que  por  ignorancia  de  unos  y  por  interesadas  miras 
de  otros,  se  híi  calumniado  sin  miramiento  alguno  al 
Veedor  de  las  fundiciones  del  oro  de  Tierra-Firme 
en  un  asunto,  en  que  su  conducta  le  hace  digno  de 
verdadero  elogio. 

n  Hist.  Gen.  yNat.  dclud.,  II.'  Parte,  lib.  X, 
cap.  20). 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO.  IL 

y  aunque  no  apartó  la  vista  de  las  cosas  de  América ,  volvióse  al  cultivo  de  las  le- 
tras para  no  consumirse  en  la  ociosidad  y  esparcir  el  ánimo,  fatigado  en  el  labe- 
rinto de  querellas  y  demandas,  réplicas  y  ratificaciones.  Escribió  entonces  la 
Respuesta  á  la  Epístola  moral  del  almirante  de  Castilla ,  obra  en  que  bosquejó  de 
mano  maestra  el  estado  de  las  costumbres ,  considerando  su  corrupción  como 
principio  y  raiz  de  los  males  que  aíligian  al  Estado ;  recogió  en  sus  diarios  las  no- 
ticias del  portentoso  descubrimiento  del  estrecho  de  Magallanes,  cuya  relación 
oyó  al  valeroso  capitán  é  ilustre  piloto  Juan  Sebastian  del  Cano  ",  que  acababa  de 
dar  la  vuelta  al  mundo ;  y  cuando  partió  el  César  para  Valladolid  con  el  propósito 
de  asentar  en  aquella  ciudad  las  capitulaciones  del  matrimonio  del  rey  de  Portu- 
gal y  de  la  infanta  de  Castilla ,  doña  Catalina ,  habia  logrado  ya  el  laborioso  Vee- 
dor reanudar  sus  antiguas  relaciones  literarias ,  disponiéndose  de  este  modo  á 
completar  las  noticias  de  los  acontecimientos  que  habian  acaecido  en  Europa ,  du- 
rante su  ausencia  en  el  Nuevo  Mundo. 

Pocos  meses  hacia  que  Gonzalo  de  Oviedo  moraba  en  ValladoHd ,  cuando  re- 
cibió una  prueba  inequívoca  del  aprecio  con  que  el  presidente  del  Consejo  de 
Indias  miraba  su  lealtad,  bien  que  no  hubiera  podido  absolverle  de  la  fal- 
ta por  él  cometida  en  el  negocio  del  bachiller  Corral,  excediéndose  de  sus  fa- 
cultades. Llamado  el  Veedor  al  seno  del  Consejo ,  supo  alli  de  boca  del  car- 
denal de  Sevilla  que  pedia  la  gobernación  de  Santa  Marta,  renunciada  por  él 
en  Barcelona ,  el  capitán  Rodrigo  de  Bastidas ,  y  que  rehusaba  el  Consejo  con- 
cedérsela hasta  conocer  su  voluntad ,  pues  como  antiguo  criado  de  la  real  casa, 
debia  ser  preferido  á  otro  alguno.  Mas  recordando  Oviedo  que  entre  los  capítulos 
por  él  presentados ,  cuando  solicitó  aquella  provincia ,  pedia  cien  hábitos  de  la 
Orden  de  Santiago,  aunque  agradeció  tan  singular  fineza,  ya  por  no  juzgar 
decoroso  el  desistir  de  semejante  demanda,  ya  porque  realmente  la  creyera 
necesaria  á  sus  planes ,  insistió  de  nuevo  en  la  pretensión ,  negándose  á  aceptar 
tan  honroso  cargo,  sin  su  otorgamiento  **.  Pero  no  era  posible  que  el  Real  Conse- 
jo de  Indias  concediera  en  1524  lo  que  en  1519  habia  negado  como  perjudicial  á 
los  intereses  de  la  corona:  razones  de  alta  política  le  aconsejaban  lo  contrario,  y 
reprobando  la  insistencia  de  Oviedo ,  mandó  que  no  se  hablase  mas  en  el  asunto 
de  los  hábitos,  con  lo  cual  hubo  de  recaer  en  el  capitán  Bastidas  la  gobernación 
de  Santa  Marta.  Arrepentido  tal  vez  ó  deseoso  de  borrar  el  mal  efecto  que  en  el 
Consejo  produjo  aquella  especie  de  repulsa,  se  aventuró  Oviedo  á  tentar  fortuna, 
solicitando  la  tercera  gobernación  de  Castilla  del  Oro,  apellidada  de  Cartagena, 
comarca  puesta  al  Occidente  de  la  encomendada  al  Bastidas  y  no  menos  rica ,  por 
la  abundancia  de  sus  metales  y  por  la  feracidad  de  sus  campos.  Escasa  resisten- 
cia encontró  en  el  Real  Consejo  esta  nueva  pretensión ,  bien  que  estaba  muy  re- 
ciente la  negativa  de  Oviedo :  sometíase  ya  este  á  las  condiciones  ordinarias  im- 
puestas á  los  demás  capitanes  y  pobladores ,  y  merced  á  esta  circunstancia  obtuvo 
finalmente  los  títulos  y  despachos  de  gobernador  y  capitán  general  de  Cartagena, 

13    Quina. ,  III.»  Parl.,  Esl.  6.  i*    Hist.  Gen.  de  Ind.,  11.»  Parte,  lib.  VIÍ,  cap.  3. 

TOMO  1.  7 


L  VIDA  Y  ESCRITOS 

aprobadas  por  el  César  las  oportunas  capitulaciones  *\  Pero  al  mismo  que  asi  cu- 
raba de  sus  propios  asuntos,  no  se  mostró  monos  solicito  en  los  que  la  ciudad  del 
Darien  le  tenia  encomendados :  profundamente  convencido  de  que  era  fatal  para  la 
Tierra-Firme  la  permanencia  en  ella  del  Pedrarias,  estaba ,  pues,  resuelto  á  soste- 
ner su  acusación,  no  dejando  la  corte  hasta  derribarle  de  nuevo,  por  mas  que  do- 
ña Beatriz  de  Bobadilla  apurase  en  contrario  todos  sus  recursos. 

Combatido  el  César  de  rebeldes  fiebres,  trajo  en  el  otoño  del  mismo  año  su  cor- 
le á  Madrid,  con  ánimo  de  restablecerse  y  pasar  el  invierno  en  esta  villa.  Daba 
aqui  Oviedo  mayor  calor  á  sus  pretensiones,  deseando  poner  término  á  tantos  sin- 
sabores y  disgustos,  como  le  ocasionaban ,  cuando  los  prósperos  sucesos  de  la  guer- 
ra de  Italia  vinieron  á  despertar  su  amor  patrio,  ministrándole  copiosos  materiales 
para  sus  proyectos  históricos  y  empeñándole  en  nuevas  tareas.  En  abril  de  1525 
llegaba  á  Madrid  la  fausta  noticia  de  la  victoria  de  Pavía  y  prisión  de  Francisco  I, 
siendo  este  monarca  traido  á  la  corte  de  España  á  los  pocos  meses,  y  puesto  bajo 
la  custodia  de  Hernando  de  Alarcon  en  la  famosa  torre  de  los  Lujanes.  Oviedo, 
en  quien  tan  vivo  entusiasmo  causaban  siempre  los  triunfos  de  las  armas  castella- 
nas, concibió  desde  luego  el  patriótico  proyecto  de  consignar  aquel  extraordinario 
y  glorioso  acontecimiento;  y  siguiendo  paso  á  paso  los  que  sobrevinieron  durante  la 
prisión  del  rey  Francisco,  desde  su  llegada  á  Madrid  hasta  su  matrimonio  con  la 
reina  viuda  doña  Leonor ,  escribió  la  curiosa  Relación  de  todos  aquellos  sucesos, 
haciendo  en  ella  frecuente  alarde  de  la  amistad  y  favor  que  entre  los  grandes  y 
principales  cortesanos  alcanzaba  *®. 

Convocadas  en  tanto  Cortes  generales  del  reino  en  la  ciudad  de  Toledo ,  se  vio 
el  nuevo  gobernador  de  Cartagena  obligado  á  trasladarse  á  aquella  metrópoli,  don- 
de habia  fijado  también  su  residencia  el  Real  Consejo  de  Indias.  De  vencida  lle- 
vaba ya  las  cosas  del  Darien,  á  tiempo  que  llegó  á  la  corte  el  segundo  presente 
que  desde  Méjico  enviaba  Hernán  Cortés  al  Emperador ,  dando  pábulo  tan  des- 
lumbradoras riquezas  á  la  murmuración  y  á  la  envidia  ".  Pera  Oviedo,  que  si  aun 


i  5    Hist.  gen.  y  nat.  de  Ind.  ut  supra. 

i6  Es  notable  verdaderamenle  la  facilidad  con 
que  Oviedo  lograba  ingerirse  on  (odas  partes,  con- 
trayendo amistad  con  todos  los  personages  que  por 
su  experiencia  en  las  cosas  de  la  corte  ó  de  la  mi- 
licia ,  podían  contribuir  con  sus  relaciones  á  sus  co- 
losales proyectos  históricos. — No  bien  habia  llegado 
á  Madrid  Rodrigo  de  Peñalosa,  portador  de  la  nue- 
va de  la  victoria  de  Pavía ,  cuando  se  contó  Ovie- 
do en  el  número  de  sus  amigos,  adquiriendo  noticias 
circunstanciadas  de  la  batalla  y  traslados  de  las  car- 
las  ,  que  el  Marqués  de  Pescara  y  la  reina  Luisa  de 
Francia  dirigían  al  Emperador.  Lo  mismo  sucede 
con  todos  los  acontecimientos  que  en  esta  Relación 
comprende:  en  octubre  de  •1525  entraba  en  Toledo 
el  Gran  Maestre  de  Rodas,  Felipe  de  Ladislan:  Ovie- 
do ganaba  á  los  pocos  días  el  afecto  de  uno  de  los 
cuarenta  caballeros  que  le  seguían,  y  recogía  en  sus 
memoriales  la  narración  del  asedio  y  pe'rdida  de 


aquella  isla.  De  esta  manera  es,  pues,  como  se  com- 
prende que  pudiera  atesorar  tantas  y  tan  peregrinas 
noticias  sobre  los  principales  sucesos  de  su  tiempo, 
y  asi  también  es  fácil  apreciar  las  siguientes  pala- 
bras del  mismo  Oviedo  respecto  á  los  mencionados 
en  esta  relación :  ((Desde  el  mes  de  diciembre  de 
»1523  que  yo  llegué  (á  la  corte)  de  España,  vinien- 
))do  de  las  Indias,  hasta  el  año  do  ío26  que  elEm- 
«perador,  nuestro  Señor,  partió  para  Sevilla,  yo 
«residí  en  la  corte  de  Su  Magostad,  y  pude  bien 
))ver  é  considerar  algunas  cosas  é  passos  de  lo  que 
wsubcedió  en  aquellos  tres  años  ,  como  lo  tengo  dl- 
))cho  ,  porque  con  mucha  diligencia  procuré  de  In- 
wquirirlo».  {Relac.  de  lo  sube,  en  la  prisión  del  rey 
Francisco  de  Francia,  etc.,  Blbliot.  Nacional,  có- 
dice X,  fol.  81  vto.) 

il    Hist.  gen.  y  nat.  de  Ind.,  III. '  Parte,  lib.  VI f, 
capítulo  33. 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO.  LI 

no  sabia  lodo  el  precio  de  las  hazañas  de  Cortés,  conocia  por  experiencia  propia 
los  grandes  trabajos  y  penalidades  de  América ,  oyó  enojado  las  murmuraciones 
cortesanas,  que  lejos  de  abatir  su  ánimo,  engendraron  en  su  pecho  el  deseo  de 
examinar  de  cerca  y  quilatar  los  sucesos  de  tan  prodigiosa  conquista.  No  podia  esto 
llevarse  á  cabo  desde  España ,  por  lo  cual  activando  el  despacho  de  los  negocios  de 
la  Tierra-Firme,  pensó  de  esta  manera  apresurar  su  viage;  mas  no  era  llegada 
todavía  la  hora  de  triunfar  de  doña  Isabel  de  Bobadilla  y  sus  valedores ,  quienes 
oponian  la  mas  constante  y  vigorosa  resistencia  á  los  tiros  de  Oviedo.  Procurába- 
se á  la  sazón  en  el  Real  Consejo  de  Indias  poner  en  claro  el  tratamiento  que  á 
los  americanos  debia  darse ,  cosa  en  que  personas  de  alta  virtud  y  ciencia  anda- 
ban discordes,  y  que  por  tanto  llamaba  seriamente  la  atención  del  César.  No  eran 
por  cierto  los  religiosos  que  en  el  Nuevo  Mundo  moraban  los  que  mas  avenidos 
se  hablan  mostrado  en  esta  parte :  prontos  á  defender  hoy  lo  que  ayer  era  por 
ellos  vituperado ,  ofrecían  en  su  conducta  el  misero  contraste  de  la  soberbia  y  fla- 
queza humana,  manifestando  en  aquel  fácil  trocar  de  opiniones  que  no  era  siem- 
pre el  amor  del  prógimo  ni  la  caridad  evangélica  el  móvil  de  sus  acaloradas  dis- 
putas. Oviedo  fué  también  llamado  por  el  Consejo  de  Indias  á  dar,  bajo  juramento, 
declaración  sobre  asunto  de  tanta  importancia ,  y  aprovechando  esta  coyuntura  pa- 
ra ratificarse  en  cuanto  tenia  expuesto  sobre  el  mal  tratamiento  délos  indios,  con- 
denó á  los  cristianos ,  que  pensando  solo  en  enriquecerse ,  los  oprimían  cruelmen- 
te, asolando  y  despoblando  vastas  regiones,  sin  curar  de  su  conversión  y  ense- 
ñanza. No  sospechaba  que  esta  noble  conducta  habia  de  atraerle,  aun  después  de 
muerto ,  enemistades  y  anatemas  ". 

i  8  El  obispo  de  Chiapa  decia  sobre  esle  punió  en  mas  de  lo  juslo  las  variables  opiniones  de  los  domi- 
su  Historia  general  de  Indias:  «Se  cegó  también  nicos  y  franciscanos  de  la  Isla  Española ,  cosa  que 
«(Oviedo)  por  la  permisión  divina  á  que  diesse  eré-  ni  afirma  ni  contradice  el  obispo  de  Chiapa ,  debió 
wdilo  á  los  que  le  referían  mentiras  y  él  también  de  manifestar  lo  mismo  que  tenia  dicho  en  su  Relación 
Msuyo  las  dixesse,  sin  creer  que  las  decia;  y  con  contra  Pedrarias,  para  no  contradecirse  y  dcsacre- 
Mcsta  ceguedad  dixo  en  el  libro  III,  capítulo  6.°  de  ditarse;  y  al  referirlo  en  el  lugar  alegado,  da  á 
))su  primera  parte  historial,  que  dos  veces  que  se  entender  de  una  manera  inequívoca  que  reprobaba 
»halló  en  Castilla  ,  en  el  aíío  veynte  y  cinco  y  en  el  aquel  dar  y  lomar  de  pareceres,  de  los  cuales  rc- 
»de  Ireynta  y  dos,  por  mandado  del  Consejo  de  las  sullaba  unas  veces  que  los  indios  no  carecían  de  al- 
))Indias  le  fué  tomado  juramento  de  loque  sentía  ma,  á  semejanza  délos  demás  hombres,  y  otras 
Mdestas  gentes  y  que  habia  depuesto  que  eran  llenas  que  no  eran  seres  racionales.  Oviedo  escribe,  des- 
nde  abominaciones  y  delictos  y  diversos  géneros  de.  pues  de  referir  el  llamamiento  del  Consejo :  «Assi 
y)culpas  y  que  eran  ingratíssimos  y  de  poca  memoria  «que,  yo  me  remito  á  estos  religiosos  dolos,  des- 
»y  menos  capacidad;  y.'  sí  en  ellos  hay  algún  bien,  «pues  que  estén  acordados:  y  enlre  tanto  esté  so- 
mos en  lanío  que  llegan  á  la  edad  adolescente,  por-  »bre  aviso  quien  indios  tuviere  para  los  tratar  co- 
uque entrando  en  ella,  adolescen  de  tantas  culpas  y  »mo  á  próximos  é  vele  cada  cual  sobre  su  conscien- 
))vicíos  que  son  muchos  dellos  abominables :  y  que  «cía».  Mas  adelante  prosigue :  «Para  mí  yo  no  ab- 
))si  en  aquel  mismo  dia  en  que  juró,  él  estuviera  en  wsuelvo  á  los  chripslianos  que  se  han  enriques9¡do 
«el  artículo  de  la  muerle ,  en  verdad  (dice  él)  aques-  »ó  gozado  del  Irabaxo  destos  indios  ,  sí  los  mrJ- 
»lo  mismo  dixera.  Estas  son  sus  palabras».  (Lib,  111,  «traclaron  ó  no  hicieron  su  diligencia  para  que  se 
cap.  142.)  Oviedo  no  dice  en  el  lugar  citado  ni  en  «salvasen». — De  donde  y  de  toda  su  historia  se  dc- 
olra  parte  alguna  que  pronunció  ante  el  Consejo  de  duce  cuan  injusta  y  gratuita  es  esta  acusación, 
Indias  las  palabras  que  las  Casas  le  atribuye:  como  en  que  no  se  descubre  por  cierto  aquel  espíritu  que 
apreciador  imparcial  de  las  costumbres  .  capacidad  debe  animar  á  quien  busca  solo  la  verdad,  con  el  íln 
é  inclinaciones  de  los  indios  apunta  las  buenas  y  noble  y  sincero  de  esclarecerla  ;  pues  que  se  alri- 
las  malas  cualidades  que  en  ellos  descubre ;  pero  buye  á  Oviedo  hasta  la  fórmula  de  una  declaración 
cuando  se  presenta  al  Consejo  ,  respetando  r.caso  que  absolulamenle  se  desconoce.  Les  Crsas  reunió 


ill 


VIDA  Y  ESCRITOS 


Al  cabo  Io<yi*aba  el  nuevo  gobernador  de  Cartagena  salvar  la  Tierra-Firme  de 
la  Urania  del  Pedrarias :  el  Real  Consejo  de  Indias  consultaba  al  César  su  des- 
titución ,  designando  para  sucederle  á  un  caballero  de  Córdoba ,  llamado  Pedro  de 
los  Ríos,  cuya  antigua  nobleza  y  buen  nombre  hicieron  concebir  al  Veedor  las 
mas  halagüeñas  esperanzas.  Mas  despachado  y  pronto  para  volverse  á  América, 
vino  á  detenerle  en  Toledo  una  obligación  nueva  respecto  del  Soberano  *^ :  ha- 
bíale este  manifestado  el  deseo  de  conocer  las  cosas  del  Nuevo  Mundo,  y  Ovie- 
do ,  para  quien  semejantes  indicaciones  eran  supremas  leyes  ,  habiendo  dejado  en 
Santo  Domingo  sus  memoriales  y  minutas  ^ ,  acudió  á  su  prodigiosa  memoria  pa- 
ra complacer  á  su  rey ,  presentándole  al  poco  tiempo  el  Sumario  de  la  Natural 
Historia  de  las  Indias ,  que  fué  impreso  en  Toledo  por  mandado  del  César  en 
1526  ^'.  A  principios  del  mismo  año  fuese  el  Emperador  á  Sevilla,  para  cele- 
brar sus  bodas  con  doña  Isabel  de  Portugal ,  siendo  recibido  en  aquella  populosa 
metrópoU  con  extraordinaria  pompa  y  regocijo.  Tuvo  alli  Oviedo  la  satisfacción  de 
ver  nombrado  gobernador  de  Castilla  del  Oro  á  Pedro  de  los  Rios ,  á  quien  ofre- 
ció luego  su  amistad  y  servicios ;  y  empeñado  mas  que  nunca  en  seguir  su  justicia 
contra  el  Pedrarias  y  los  suyos ,  se  embarcó  el  30  de  abril  en  la  misma  caravela 
del  nuevo  gobernador,  donde  halló  acaso  al  bachiller  Diego  del  Corral ,  que  se  di- 
rigía á  la  Tierra-Firme ,  en  cumplimiento  de  lo  ordenado  en  Rurgos  y  Valladolid 
por  el  Real  Consejo  de  Indias. 

Salidos  á  la  mar,  tocaron  en  la  Gomera  el  51  de  mayo,  y  tomadas  alli  las  co- 
sas necesarias ,  prosiguieron  su  viaje ,  haciendo  escala  en  la  isla  Dominica ,  don- 
de se  detuvieron  tres  días,  para  reparar  una  de  las  caravelas  que  iba  lasti- 
mada y  abastecerse  de  agua  y  leña,  no  sin  tener  algunas  ligeras  escaramuzas 
con  los  indios  ^.  El  30  de  julio  arribaron  por  último  al  Nombre  de  Dios ,  pose- 
sionándose alli  de  sus  oficios  el  gobernador  Pedro  de  los  Rios  y  su  alcalde  mayor, 
el  licenciado  Juan  de  Salmerón,  que  iba  también  nombrado  juez  de  residencia. 
No  había  este  comenzado  á  ejercer  su  ministerio ,  y  ya  el  bachiller  Diego  del 
Corral ,  que  durante  la  navegación  se  mostró  reconciliado  con  Oviedo ,  presen- 


todas  las  calificaciones  adversas  á  los  indios  que 
había  hecho  Oviedo^  y  con  ellas  formó  la  supuesta 
declaración ,  de  que  solo  él  puede  ser  responsable 
en  el  tribunal  de  la  Historia.  Véase,  en  prueba  de 
todo  lo  dicho,  el  cap,  6  del  lib.  Ill  de  la  I.^  parle 
de  la  Gen.  y  Nat.  Hist.  de  Indias. 

19  Al  final  del  proemio  que  puso  al  Sum.  de 
la  Nat.  Hist.  de  las  Ind.,  decía:  «Pero  porque  ya 
«estoy  despachado  para  volver  á  aquella  tierra  é  yr 
))á  servir  á  Vuestra  Magestad  en  ella,  sí  no  fuere 
Mían  ordenado  lo  que  aquí  será  contenido  ni  por  tan- 
wla  regla  dicho,  etc.»  De  doiiÜL-  naliuTilmente  se 
deduce  que  cuando  se  le  encargó  este  trabajo  estaba 
ya  consultada  la  destitución  de  Pedrarias  Dávila. 

20  «Demás  desto  (decía  Oviedo,  hablando  de  sus 
«trabajos  historiales,  compilados  después  en  el  Ca- 
víálogo  Real  de  Castilla),  tengo  aparte  escripto  todo 
))lo  que  he  podido  comprender  y  notar  de  las  cosas 


»de  Indias  ;  y  porque  todo  aquello  está  én  la  cib^ 
))dad  de  Sánelo  Domingo  de  la  Isla  Española,  don- 
»de  tengo  mi  casa  y  asiento  y  muger  y  hijos ,  y 
))aqui  no  Iruxe  ni  hay  desla  cscriplura  mas  de  lo 
))que  en  la  memoria  está  é  puedo  della  recoger,  de- 
wlermino  para  dará  Vuestra  Magestad  alguna  re- 
ncreacíon  de  resumir  en  aqueste  fíeportorio  algo  de 
))lo  que  me  pares9e  que  aunque  acá  se  haya  escrip- 
»lo,  y  testigos  de  vista  lo  hayan  dicho,  no  será  tan 
«apuntadamente  en  todas  estas  cosas ,  como  aqui  se 
wdirá».  (Prohem.  del  Sum.  de  la  Nat.  Hist.  de  las 
Ind.) 

21  Hist.  gen.  y  nat.  de  Ind.  ,  I.*  Parte,  lib.  1, 
Proh.— Lib.  XIV, cap.  7.— Lib. XV, cap.  3.— IL^Par- 
le ,  lib.  X ,  cap.  26. 

22  Hist.  gen.  y  nat.  de  Ind.,  11."  Parle,  lib.  X, 
cap.  22. 


DE  GON.  FERN.  DE  OVIEDO.  Lili 

taba  contra  él  una  demanda  de  8,000  pesos ,  cantidad  á  que  ascendían  los  da- 
ños que  declaraba  haberle  causado  en  su  hacienda,  con  la  remisión  á  España; 
mas  dados  por  el  gobernador  de  Cartagena  sus  descargos,  y  solicitada  al  par 
la  indemnización  de  los  perjuicios  que  le  originaron  el  Corral  y  sus  amigos, 
terciaron  en  el  asunto  honrados  medianeros ,  quienes  temiendo  la  destrucción 
de  entrambos ,  pudieron  por  fin  avenirlos ,  poniendo  en  manos  del  juez  Salme- 
rón todas  sus  diferencias  ^.  Concertadas  estas  amigablemente ,  bien  que  con 
grave  pérdida  de  ambas  partes ,  pusiéronse  todos  el  25  de  agosto  camino  de 
Panamá»  á  donde  debia  también  acudir  el  Pedrarias,  que  era  ido  á  Nicaragua, 
para  degollar  á  su  teniente  Francisco  Fernandez ,  con  no  mas  justicia  que  á 
Vasco  Nuñez  de  Balboa.  Súpose  entre  tanto  que  enojado  el  vengativo  goberna- 
dor contra  el  Darien  por  el  poder  dado  á  Oviedo ,  é  irritado  contra  este  por  su 
inesperada  fuga,  habia  pasado  á  aquella  ciudad  en  setiembre  de  1524 ^  sacan- 
do de  ella  todos  los  vecinos ,  y  dejándola  expuesta  á  la  saña  de  los  indios  cari- 
bes ,  quienes  dando  muerte  á  los  pastores  y  enfermos  que  alli  quedaron ,  arrima- 
ron fuego  á  las  casas ,  que  por  ser  de  paja  y  madera ,  ardieíon  fácilmente ,  sien- 
do reducida  á  cenizas  la  fabricada  por  el  Veedor  en  1521 ,  y  destruida  igualmente 
la  preciosa  heredad  por  él  fundada ,  con  lo  cual  desapareció  casi  toda  su  fortuna, 
perdiendo  mas  de  6,000  castellanos  **. 

El  dia  5  de  febrero  de  1527  llegó  el  destituido  gobernador  á  Panamá »  noti- 
cioso ya  de  que  iba  á  tomársele  formal  residencia  de  sus  actos ,  si  bien  no  tan 
cumplida  como  el  Veedor  y  los  muchos  agraviados  desearan,  pues  que  la  Boba- 
dilla  habia  alcanzado  cédula  del  Real  Consejo ,  para  que  solo  se  le  pidiesen  cuen- 
tas del  tiempo  trascurrido  desde  la  simulada  residencia  del  licenciado  Alarconci- 
11o.  Mas  no  fué  esto  parte  para  que  dejara  Oviedo  de  presentarse  como  querelloso, 

23  Hist.  Gen.  de  Ind.,  11.*  Parle,  lib.  X,  c.  20.  «obispo  (don  fray  Vicente  Peraza),  díxole  mucho 

24  Peregrinas  son  por  cierto  las  noticias  que  el  »mal  de  aquella  cibdad ,  y  loóle  mucho  á  Panamá  y 
dilig^ente  Alvarez  Baena  da  sobre  este  particular  en  wassi  le  sacó  de  alli  y  en  público  c  secreto  pro- 
6US  Hijos  ilustres  de  Madrid:  «En  1  SI 9  se  hallaba,  wcuró  con  los  vecinos  que  se  fuessen  á  Panamá  y 
»(dice)  teniente  de  Pedrarias  en  el  Darien,  y  le  fué  )>á  Acia,  diciendo  que  alli  estaban  perdidos  y  que 
«orden  para  que  despoblase  aquella  tierra  y  sacase  »no  avia  alli  indios  que  les  pudiessen  dar ,  é  que  en 
))lo  que  habia  y  lo  llevase  á  Panamá,  como  lo  hizo,  »las  otras  poblaciones  los  avia  ,  é  todos  estaban  r¡- 
»y  cada  vecino  levantó  su  casa  ».  Si  del  contexto  de  »cos ,  é  que  él  los  enriques9er¡a  mas  :  é  volvióse  á 
la  misma  Historia  general  y  natural  de  las  Indias  no  wPanamá  él  y  el  obispo.  Desde  á  dos  ó  tres  meses 
resultase  que  ninguno  de  los  hechos  apuntados  por  «adelante  se  despobló  el  Darien  por  el  mes  de  sep- 
Baena  pudieron  acaecer,  la  seguridad  con  que  los  »lienibre  del  año  de  1524...  é  quemaron  (los  indios) 
expone  podría  acaso  producir  la  duda  aun  en  el  ánl-  »la  mayor  parte  de  aquella  cibdad  ,  y  entre  las  otras 
mo  de  quien  mas  seguridad  tuviera  en  el  conoci-  »casas  la  mia ,  que  era  tal  como  en  otra  parte  he  di- 
miento de  los  referidos  hechos.  Pero  ni  Oviedo  es-  ))cho  ,  en  la  cual  y  en  mis  heredades  y  hacienda 
taba  en  el  Darien  en  1519  ,  ni  fué  en  aquel  año  te-  «perdí  mas  de  seys  mili  castellanos»  [Hist.  gcti.  y 
niente  del  Pedrarias,  ni  despobló  este  aquella  ciudad  nat.  de  Ind. ,  11."  Parte,  lib.  X,  cap.  ^2).  No  sa- 
liasta  1324,  ni  se  hallaba  el  Veedor  en  América,  bemos,  pues,  á  qué  atribuirlos  errores  de  Baena, 
cuando  se  consumó  semejante  atentado ,  ni  tuvo  en  que  sigue  en  parle  un  doclo  escritor  de  nuestros 
él  parle  alguna  directa  ni  indirectamente.  Oviedo  dias  ,  diciendo:  «En  1S19  se  hallaba  de  teniente  de 
trabajó  por  el  contrario  para  evitarla  ruina  de  aquc-  «Pedrarias  Dávila  en  el  Darien  ,  donde  hizo  dislin- 
lla población,  en  la  forma  que  dejamos-manifeslado;  «guidos  servicios»  (Navarrete,  Colee,  de  Viag.  esp.> 
y  al  volver  en  d526  al  Nuevo  Mundo,  escribía  tomo  I,  Introd.).  Mas  sea  cual  fuere  el  origen  de 
lo  siguiente:  «Llegado  el  gobernador  Pedrarias  al  estas  inexactitudes,  no  nos  es  dado  dejarlas  sin  el 
«Darien ,  después  que  se  ovo  visto  con  el  nuevo  oportuno  correctivo. 


LIV  VIDA  Y  ESCRITOS 

poniéndole  varias  demandas  personales,  que  ascendian  á  la  crecida  suma  de  8,000 
pesos  de  oro ,  lo  cual  redujo  al  Pcdrarias  al  extremo  de  buscar  intercesores  para 
con  el  Veedor ,  quien  resentido  de  las  injurias  pasadas,  y  receloso  de  que  hu- 
biera sido  participante  en  los  consejos  del  Zalduendo,  se  resistió  por  algún 
tiempo  á  las  súplicas  de  sus  amigos.  Deseaba,  sin  embargo,  poner  término  á  tan 
enojosas  contiendas ,  y  viniendo  finalmente  á  concierto ,  fué  indemnizado  por  el 
Pedrarias  con  setecientos  pesos  de  oro  y  dos  marcos  de  perlas,  precediendo  formal 
juramento  de  que  no  hahia  sido  en  dicho  ni  en  hecho  ni  consejo  para  que  el  Veedor 
fuese  asesinado  ^.  Como  prenda  de  seguridad  común  ,  y  para  evitar  nuevas  que- 
rellas ,  celebróse  entre  ambos  cierta  concordia,  autorizada  por  escribano  público, 
en  la  cual  se  imponia  la  multa  de  2,000  pesos  de  oro  al  que  primero  la  quebran- 
tase ^^.  Mas  si  levantaba  mano  de  las  cosas  del  Pedrarias ,  no  desislia  Oviedo  de  la 
acción  que  contra  los  cómplices  de  Simón  Bernal  le  correspondia ;  y  cuando  ya  se 
preparaba  á  pedir  justicia  contra  el  deán,  para  lo  cual  habia  traido  de  España  es- 
pecial provisión  del  Consejo ,  plugo  á  la  Providencia  librarlo  de  estas  nuevas  al- 
tercaciones con  el  fallecimiento  de  Juan  Pérez  Zalduendo  ^'. 

Terminadas  asi  aquellas  desavenencias ,  pensó  Oviedo  en  disponerse  para  partir 
•  á  Cartagena ,  y  con  este  propósito  rogó  á  Salmerón  que  le  recibiese  las  cuentas 
del  resto  de  los  bienes  del  adelantado  Balboa ,  entregándose  del  corto  alcance  que 
á  favor  del  fisco  resultaba.  Ocupábase  en  esto  con  la  mayor  diligencia,  cuando  lle- 
garon á  Panamá  las  nuevas  de  que  Rodrigo  de  Bastidas ,  enemistado  con  el  Vee- 
dor por  cartas  de  malos  terceros ,  habia  saqueado  la  isla  de  Codego ,  apoderándo- 
se de  quinientos  indios ,  los  cuales  fueron  vendidos  en  Cuba  ,  San  Juan  y  la  Espa- 
ñola. Mucho  enojo  causó  en  el  de  Cartagena  esta  conducta  del  gobernador  de 
Santa  Marta ,  que  asi  atrepellaba  los  mandatos  del  César ,  invadiendo  el  territo- 
rio de  agena  gobernación ,  y  maltratando  tan  impíamente  á  los  indios  que  á  otro 
estaban  encomendados.  Era  ya  imposible,  después  de  aquel  atentado,  el  reanudar 
la  resfriada  amistad  del  Bastidas ;  y  aunque  habia  gastado  parte  de  su  hacienda  en 
apercibirse  para  la  jornada ,  se  dirigió  Oviedo  al  Emperador  y  á  su  Consejo  de  In- 
dias, quejándose  amargamente  de  tan  desleal  proceder,  y  renunciando  al  propio 
tiempo  la  gobernación  de  Cartagena,  cuya  comarca  se  habia  puesto  en  armas  con 
aquel  incalificable  rebato  ^'.  Despedido  asi  de  semejante  empresa,  tornó  Gonzalo 
Fernandez  de  Oviedo  á  ejercer  el  cargo  de  Veedor  de  las  fundiciones  del  oro, 

2o    Hist.  Gen.  «/ iVaí.  de /ñd.,  lí."  Parte,  lib  X,  Mlraicion»  (Hist.  gen.  y  nat.  de  Ind.,  ut  supra) ^ 

cap.  24.  28    Después  de  referir  Oviedo  la  invasión  que  hi- 

26  Ib.  zo  Rodrigo  de  Bastidas  en  la  provincia  de  Cartage- 

27  «  Quedábame  (dice  Oviedo )  mi  recurso  con-  na  ,  añade:  «Como  yo  supe  aquesto  en  la  cibdad  de 
»lra  aquel  deán  ;  é  yo  llevaba  provisión  para  que  «Panamá ,  escrebí  á  Sus  Majestades  é  á  los  señores 
))fuesse  con  él  oydo ajusticia:  é  quando  en  ellaqui-  «del  Consejo  Real  de  Indias  ,  quexándome  de  Bas- 
»se  entender,  se  murió,  é  quiso  Dios  que  lacuen-  »tidas;  é  despidiéndome  de  la  gobernación,  supli- 
))la  que  yo  pensaba  pedirle,  la  diesse  allá  ante  su  di-  ).qué  que  la  diessen  á  quien  fuesse  su  servicio,  aun- 
»vina  Magcslad,  á  la  cual  plega  averie  perdonado:  »que  avia  gastado  dineros,  comencando  á  aparejar- 
wque  en  verdad  él  me  hizo  mucliodaño,  y  como  era  »me.  E  assi  enojado,  alcé  la  mano  de  la  ncgocia- 
whombre  idiota  y  sin  letras,  él  se  movió  por  consejo  »9Íon))  {Ilist.  gen.  y  nat.  de  Ind. ,  11."  Parte,  lib.  Vil, 
))de  aquel  bachiller  Corral ,  para  me  hacer  matar  á  cap.  3). 


DE  GON.  FEUN.  DE  OVIEDO. 


LV 


de  que  aun  no  se  habia  desprendido ,  y  deseando  salir  del  teatro  de  sus  desgracias 
é  infortunios ,  pasóse  á  la  gobernación  de  Nicaragua ,  que  desempeñaba  enton- 
ces su  deudo  Diego  López  de  Salcedo ,  permaneciendo  alli  sin  contratiempo  algu- 
no ,  hasta  que  vino  á  inquietarle  de  nuevo  la  presencia  de  Pedrarias  Dávila  ^. 

Mucho  trabajó  y  logró  la  Bobadilla  en  el  Consejo  de  Indias  desde  abril  de  152G; 
pues  que  no  solo  hizo  olvidar  el  mal  efecto  de  los  cargos,  fulminados  por  Oviedo 
contra  su  esposo,  sino  que,  aun  sin  terminar  la  residencia  de  su  gobernación  de 
Castilla  del  Oro ,  se  le  proveyese  en  la  de  Nicaragua ,  con  daño  y  mengua  del  Sal- 
cedo. Ofendió  á  este  sobremanera  tan  desusado  acuerdo  del  Consejo ,  y  aun- 
que pudiera  resistir  su  ejecución ,  atendiendo  á  que  no  era  todavia  espirado  el 
tiempo  de  las  capitulaciones,  entregó  el  oficio  al  Pedrarias,  quien  al  verse  de 
nuevo  en  el  mando ,  olvidó  la  concordia  de  Panamá ,  molestando  al  Veedor ,  en 
odio  del  Salcedo,  con  nueves  disgustos  y  quebrantos.  Escarmentado  de  las  desave- 
nencias pasadas,  y  advertido  de  que  iba  la  edad  aumentando  la  codicia  y  tiranía 
del  octogenario  gobernador,  resolvióse  Oviedo  á  vivir  lejos  de  él;  y  recorriendo 
las  ciudades  de  Granada  y  León  y  las  poblaciones  de  Guacama,  Teocatega,  Ma- 
nagua ,  Matinari  y  otras  muchas ,  procuró  completar  de  esta  manera  sus  estudios 
y  observaciones  sobre  los  árboles,  plantas,  aves  y  animales  de  la  Tierra-Firme, 
no  perdiendo  de  vista  el  examen  de  los  inmensos  y  pintorescos  lagos  de  Xaragua 
y  de  Lenderi ,  ni  los  maravillosos  volcanes  del  Masaya  ^. 

Seis  años  se  habian  cumplido  desde  que  dejó  Oviedo  su  familia  en  la  Isla  Es- 
pañola ,  sin  que  entre  tantos  afanes  tuviese  el  consuelo  de  estrechar  ni  una  vez  en 
sus  brazos  á  sus  tiernos  hijos.  Pasaba  ya  de  medio  siglo  su  existencia,  y  apagado 
algún  tanto  en  su  pecho  aquel  espíritu  aventurero  que  animó  su  juventud,  reco- 
nocía la  necesidad  del  sosiego  que  solo  puede  á  esta  edad  encontrarse  en  el  ho- 
gar doméstico;  volviendo  por  tanto  todas  sus  miradas  á  la  ciudad  de  Santo  Do- 
mingo, á  donde  le  llamaba  el  cariño  de  sus  hijos  y  de  su  esposa.  Resuelto,  pues, 
á  dar  la  vuelta  á  Panamá ,  á  fin  de  recabar  de  Pedro  de  los  Ríos  la  oportuna  li- 
cencia para  realizar  su  intento ,  embarcóse  en  el  puerto  de  la  Posesión  á  fines 
de  mayo  de  1529;  pero  si  daba  el  deseo  alas  á  su  imaginación,  sobreviniéndole 
eternas  calmas  en  mitad  del  Océano ,  veíase  siempre  á  igual  distancia  de  Pana- 
má, adoleciendo  al  cabo  de  penosas  cuartanas,  que  hubieron  de  poner  en  riesgo 
su  vida.  Dentro  del  golfo  de  Orotiña  reconoció  el  maestre  Juan  Cabezas  que  no 
ofrecía  la  caravela  seguridad  alguna  para  proseguir  la  navegación,  dado  que  el 


29  Hisl.  gen.  y  nat.  de  Ind. ,  II.*  Parte ,  libro  X, 
cap.  2d). 

30  En  carta  dirigida  por  Oviedo  al  Emperador, 
en  17  de  julio  de  1539,  fechada  en  Santo  Domingo, 
manifiesta  que  el  dia  de  Santiago  de  1529  (25  de  ju- 
lio) observó  por  el  espacio  de  cuatro  á  cinco  horas 
el  monte  é  fuego  de  Massaya,  é  otro  día  siguiente  vio 
el  lago  de  Lenderi  que  era  cosa  de  mucha  admira- 
ción. Después  añade:  «Está  en  Nicaragua  esse  mon- 
))te  de  Massaya ;  mas  hay  otros  montes  que  sale  de- 


wllos  mucho  humo  ,  y  en  algunos  tiempos  fuego,  é 
«hay  innumerable  acufre  por  aquella  tierra  ,  é  rios 
))é  arroyos  calientes  que  salen  de  los  dichos  mon- 
otes, assi  como  de  uno  questá  cerca  de  la  cibdad 
))de  León ,  dos  leguas  á  par  de  la  laguna  grande,  ó 
))otros  tres  montes  queslán  juntos  que  se  llaman  Ma- 
»ribios»  (Real  Acad.  de  la  Hisl. ,  Coleo,  de  Muñoz, 
lom.  81,  A  108.— ///sí.  gen.  y  nat.  de  Ind.,  III."  Par- 
le, lib.  IV,  cap.  4). 


LVI  VIDA  Y  ESCRITOS 

viento  se  moviese;  y  forzados  á  tomar  tierra  en  el  puerto  de  Posessí,  no  sola- 
mente encontraron  comido  por  la  broma  el  timón ,  sino  también  podridas  dos  ta- 
blas del  costado  de  la  cara  vela,  siendo  verdaderamente  milagroso  el  que  no  se  hu- 
bieran sumergido  en  el  mar ,  durante  la  travesía  de  cien  leguas  que  llevaban  an- 
dadas. Reparado  el  barco ,  mas  bien  por  la  industria  del  piloto  que  por  los  medios 
que  el  arte  le  prestaba ,  diéronse  de  nuevo  á  la  vela ,  llegando  á  Panamá  á  los 
cinco  meses  de  haber  salido  de  la  Posesión ,  sin  que  hubiera  triunfado  Oviedo  de 
las  tenaces  fiebres  que  le  persiguieron  en  todo  aquel  tiempo  y  que  le  molestaron 
algunos  meses  después  mas  de  lo  que  deseara  '^ 

No  sospechaba  el  Veedor  que  habia  de  encontrar  en  Panamá  trocadas  las  cosas 
de  la  gobernación  de  Pedro  de  los  Rios  en  la  forma  en  que  estaban.  La  insacia- 
/  ble  codicia  de  su  muger,  doña  Catalina  de  Saavedra,  y  la  excesiva  blandura  de 
su  carácter  fueron  causa  de  que  menudearan  las  quejas  elevadas  al  Real  Consejo 
de  Indias,  acordando  este  enviar,  para  que  le  tomase  residencia,  al  Hcenciado 
Antonio  de  la  Gama ,  el  cual  habia  aportado  á  Panamá  pocos  dias  antes  que  Ovie- 
do. Un  año  duró  la  residencia  de  Pedro  de  los  Rios,  quien  no  creyendo  justas  las 
resoluciones  de  la  Gama,  partió  luego  de  la  Tierra-Firme,  para  seguir  su  derecho 
ante  el  Real  Consejo,  dejando  en  el  Nuevo  Mundo  á  la  avarienta  doña  Catalina. 
Disponíase  con  esto  el  Veedor  á  pasar  á  la  Isla  Española ,  cuando  el  Regimiento 
de  Panamá  que  tan  claras  pruebas  tenia  de  su  hidalga  entereza ,  temiendo  el  favor 
que  gozaba  Pedro  de  los  Rios ,  le  suplicó  que  aceptase  sus  poderes  para  represen- 
tarlo en  la  corte,  demanda  á  que  hubo  de  ceder  no  sin  repugnancia,  pues  que 
harto  ya  de  arrostrar  sin  fruto  enemistades  de  poderosos ,  solo  ambicionaba  vivir 
pacificamente  en  el  seno  de  su  familia  '^.  Al  fin  se  embarcó  Oviedo  en  los  postreros 
dias  de  setiembre  de  1550,  haciendo  escala  en  Santo  Domingo,  para  dar  un  abra- 
zo á  su  esposa  é  hijos,  y  arribando  prósperamente  á  la  península  ibérica  á  me- 
diados de  diciembre  del  mismo  año. 

Ardia  por  este  tiempo  en  Alemania  el  fuego  de  la  protesta,  amenazando  consu- 
mir con  sus  llamas  todo  el  Imperio;  y  deseoso  el  César  de  poner  término  á  tan 
crudas  disensiones,  procuraba,  cual  príncipe  católico,  reducir  con  su  presencia  á 
los  partidarios  de  Lutero;  ardua  y  dificilísima  empresa,  cuyo  éxito  hubo  de  librar- 

31  Hist.  Gen.  y  Nat.  de  Ind. ,  I.'  Parle  ,  cap.  2.  de  Panamá  es  en  la  Hist.  gen.  y  nal.  de  Indias  :  d¡- 
III."  Parle,  lib.  L,  prohem.  ce  asi:  «De  alli  (de  Nicaragua)  torné  a  Panamá, 

32  En  carta  escrita  al  César  por  el  Regimiento  «donde  estuve  mas  de  un  año,  en  el  qual  tiempo 
de  Panamá  en  30  de  junio  de  1533  ,  se  hacia  refe-  »hizo  residencia  Pedro  de  los  Rios ,  porque  se  die- 
rencia  á  este  cargo  de  Oviedo,  diciendo:  «Hemos  »ron  del  é  de  su  muger  tantas  quexas  en  el  Real 
«suplicado  otras  veces  con  Gonzalo  Hernández  de  «Consejo  de  las  Indias  ,  que  no  le  turó  el  officio 
«Oviedo  y  otros,  á  quien  dimos  poderes,  varias  co-  «tres  años....  Y  en  la  verdad  no  dio  la  cuenta  ,  co- 
«sas,  etc.»  (Real  Acad.  de  la  Hist.,  Colee,  de  Muñoz,  »mo  á  él  conviniera,  é  fuesse  á  España  en  segui- 
tom.  79,  A  106).  En  la  carta  que  dejamos  citada  del  «miento  de  su  justicia  é  dexú  alli  á  su  muger.  E  por 
mismo  Oviedo  se  aludia  á  la  misma  procuración  con  «ruego  de  aquella  cibdad,  como  yo  estaba  para  me 
estas  palabras :  «Después  venido  ala  Española  y  «venir  á  esta  de  Sancto  Domingo,  después  que  vol- 
«enviado  procurador  á  la  corte  por  las  cibdades  de  «vi  de  Nicaragua  á  Panamá  ,  fui  importunado  que 
«Sancto  Domingo  y  Panamá  ,  estando  Vuestra  Ma-  «fuesse  á  España  y  acepté  el  poder,  etc.»  (11."  Par- 

.  «gestad  en  Ralisbona,  etc.»  Pero  donde  no  deja  du-        te,  lib.  X,  cap.  2o). 
da  del  objeto  con  que  le  dio  sus  poderes  la  ciudad 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO. 


LVII 


se  por  último  á  la  suerte  de  las  armas.  Gobernaba  entre  tanto  en  España  la  Empe- 
ratriz doña  Isabel,  asistida  de  don  Juan  Tavera,  arzobispo  de  Santiago  y  presi- 
dente del  Consejo  de  Castilla ,  varón  cuyo  gran  talento  y  extremada  prudencia  le 
hablan  conquistado,  con  el  amor  de  los  reyes,  el  respeto  de  la  muchedumbre.  En 
Avila  se  hallaba  la  corte,  á  tiempo  que  Pedro  de  los  Rios  y  Gonzalo  Fernandez  de 
Oviedo  llegaron  de  América ,  dirigiéndose  entrambos  á  aquella  ciudad ,  animados 
de  diverso  propósito.  Solicitaba  el  primero  echar  por  tierrales  cargos  que  contra 
él  aparecían :  deseaba  el  segundo  que  aprobase  el  Consejo  las  sentencias  del  licen- 
ciado la  Gama;  y  para  salir  adelante  con  su  intento,  comenzó  cada  cual  sus  tra- 
bajos, acudiendo  al  auxiho  desús  antiguos  valedores.  Traia  Oviedo  mejor  causa, 
y  no  era  en  consecuencia  de  extrañar  que  obtuviese  también  mejor  fortuna :  vista 
la  residencia  de  Pedro  de  los  Rios  por  el  Consejo ,  no  solamente  fué  destituido 
de  la  gobernación  de  Panamá,  sino  que  se  le  condenó  á  pagar  á  la  real  cámara 
derla  suma  de  pesos  de  oro,  prohibiéndole  que  volviese  al  Nuevo  mundo  ^^ 

Cumplido  en  tal  manera  el  objeto  de  la  procuración  de  Panamá,  trató  el  Vee- 
dor con  igual  diligencia  de  obtener  el  favorable  despacho  de  los  asuntos  locales 
que  á  su  paso  por  la  Isla  Española  le  encargó  el  Regimiento  de  Santo  Domingo. 
Habia  recogido  en  esta  ciudad  parte  délos  apuntamientos,  que  desde  1505  tenia 
hechos  para  formar  la  compilación  que  en  Toro  le  encargara  el  rey  don  Fernando; 
y  mientras  alcanzaba  la  resolución  de  aquellos  negocios,  dedicóse  asiduamente 
al  examen  y  coordinación  de  sus  minutas  y  memoriales,  dando  por  resultado  de 
sus  largas  vigilias  la  primera  parte  del  Catálogo  Real,  que  comprendiendo 
desde  la  población  de  España  hasta  los  reinados  de  don  Juan  II  de  Castilla  y  don 
Juan  II  de  Aragón,  logró  ver  terminada  en  oO  de  abril  de  1552,  delarando  al 
propio  tiempo  que  solo  le  faltaba  sacar  en  limpio  las  dos  siguientes  ^*.  Apre- 
tábale entre  tanto  el  deseo  de  poner  término  á  sus  peregrinaciones ,  y  érale  con- 
trario á  la  salud  el  clima  de  España ,  acostumbrado  ya  á  la  templanza  de  Améri- 
ca ^^ :  movido  de  ambas  causas ,  á  que  se  agregaba  su  avanzada  edad ,  determinó- 
se á  renunciar  la  plaza  de  Veedor  de  las  fundiciones  del  oro  de  la  Tierra-Firme, 
suphcando  al  Consejo  que  se  dignara  proveerla  en  su  hijo  Francisco  González  de 


33  Ib. 

34  «E  lo  acabe  (el  Catálog-o  Real  de  Cas(illa)  en 
«Medina  del  Campo  el  postrero  dia  de  abril  de  mili  é 
Mquinienlos  é  treinta  y  dos  años:  plega  á  Jhesu- 
wChripsloque  á  su  servicio  y  alabanca  y  para  gloria 
»y  honor  de  España  sea  lodo  lo  qucstá  dicho  y  que 
»me  dexe  sacar  en  limpio  la  I! .''  y  III.'  Parle,  pues  que 
))lo  mas  que  en  ellas  se  contiene  está  escripto  por  mí 
))cn  mis  mili  memoriales ;  porque  en  la  verdad  hay 
«muchas  cosas  que  ver  en  lo  que  ha  passado  desdel 
))rey  don  Johan  II  de  Castilla  y  don  Johan  II  de  Ara- 
))gon,  donde  aquesta  parte  se  concluye  hasta  el 
«tiempo  presente»  (Cód.  del  Escorial,  fol.  427). 

35  En  el  mismo  Catálogo  Real  (fol.  13  vuel- 
to) ,  decia :  aDesde  el  año  passado  de  mili  é  quj- 
«nientos  é  catorce  hasta  el  presente  de  mili  é  qui- 

TOMO  I. 


«nienlos  e'  treinta  y  dos  años,  yo  he  servido  á  los 
wCalhülicos  Reyes  passados  é  sirvo  á  Sus  Mages- 
))lades  y  tengo  al  presente  mi  muger  é  hijos  en 
«aquella  tierra;  y  en  este  tiempo  héydo  y  tornado 
«tres  ve9es  y  passado  seis  el  gran  mar  Océano ,  y 
«con  la  ayuda  de  Dios ,  piensso  tornar  á  aquella 
«patria  nueva  á  usar  el  officio  que  allá  tengo  de 
«Veedor  de  las  fundiciones  del  Oro.  Y  piensso  ya 
«acabar  de  esta  vez ,  volviéndome  Dios  á  mi  casa, 
«mis  caminos  y  peregrinaciones  en  ella,  assi  por- 
«que  mi  edad  no  pide  ya  mas  romerías ,  romo  por- 
«que  España  no  me  seria  á  mi  proposito  é  salud  tan 
«convinicate,  por  los  temporales  della  é  desconvi- 
«niencia  del  verano  con  el  invierno ,  de  los  quales 
«extremos  las  Indias  carecen.» 


8 


LVlII 


VIDA  Y  ESCRITOS 


Valdés,  joven  que  á  la  sazón  contaba  escasamente  veinte  y  tres  años.  Mas  no 
solo  obtuvo  Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo  la  gracia  que  para  su  hijo  habia  pedido: 
pagado  el  gobernador  del  Consejo  de  su  incansable  laboriosidad  y  justo  aprecia- 
dor de  sus  obras,  propuso  al  César  el  nombramiento  de  cronista  general  de  Indias 
para  Gonzalo,  pensamiento  que  mereció  la  aprobación  del  rey,  mandando  que,  co- 
mo hombre  consliluido  para  reposar,  descansase  ya  en  su  casa,  recoligiendo  y  escri- 
biendo con  mayor  sosiego  la  comenzada  historia  de  aquellas  regiones  '^  Seme- 
jante distinción,  que  le  restituia  al  seno  de  su  familia,  apartándole  de  la  azarosa 
vida  que  hasta  entonces  habia  llevado ,  colmaba  todos  sus  deseos  y  esperanzas. 
Contento  y  satisfecho  volvió,  pues,  al  Nuevo  Mundo  en  el  otoño  de  1532,  siendo 
recibido  con  singular  aprecio  por  el  Regimiento  y  ciudad  de  Santo  Domingo, 
cuyos  encargos  habia  desempeñado  con  honra  suya  y  provecho  de  sus  nuevos 
conciudadanos. 

Bien  pronto  hallaron  estos  ocasión  de  manifestarle  su  gratitud  y  afecto.  A  prin- 
cipios de  enero  de  1533  pasaba  de  esta  vida  Francisco  de  Tapia,  alcaide  de  la 
fortaleza  de  aquella  ciudad;  y  mientras  era  designado  por  el  César  nuevo  teniente, 
pusiéronla  en  manos  de  Oviedo  los  oficiales  reales  y  magistrados  de  la  Audiencia, 
seguros  de  que  no  desagradaría  esta  resolución  á  la  corte  ".  En  efecto;  restituido 
á  España  el  Emperador,  confirmó  por  cédula  de  25  de  octubre  del  mismo  año  el 
nombramiento  hecho  en  Oviedo,  concediéndole  todas  las  prerogativas  y  dere- 
chos que  habia  gozado  el  Tapia  ^^  Con  igual  fecha  le  escribia  el  mismo  Soberano, 
resolviendo  las  dudas  manifestadas  por  él  en  carta  de  17  de  mayo,  sobre  la  for- 
ma en  que  debia  remitir  al  Consejo  los  cuadernos  de  la  Historia  General  y  Nalu- 


36  Dando  Oviedo  noticia  de  su  renuncia  del  em- 
pleo de  Veedor  y  nombramiento  de  cronista  escribe: 
«Desde  el  año  de  mili  é  quinientos  é  catorce  hasta 
Mal  que  passó  de  mili  é  quinientos  é  treinta  y  dos, 
«serví  al  Rey  Calhólico  ,  don  Fernando  y  á  la  Ca- 
«Ihólica  é  Sereníssima  reyna ,  doña  Johana ,  su 
«hija  y  á  la  Qesárea  Magestad,  nuestros  señores, 
»de  su  Veedor  de  las  fundiciones  del  oro  en  la 
«Tierra-Firme;  y  Su  Magestad  queriendo  que  mi  hi- 
»jo ,  Francisco  González  Valdés ,  le  sirva  en  el  mis- 
«mo  ofíigio ,  le  hizo  merced  del ,  por  mi  renuncia- 
»cion  é  suplicación:  y  mandó  que  yo,  como  hom- 
»bre  constituido  en  edad  para  reposar,  descansasse 
«ya  en  mi  casa,  recoligiendo  y  escribiendo  con  mas 
«reposo,  por  su  Real  mandado,  estas  materias  é 
«nuevas  historias  de  Indias»  {Hist.  Gen.  y  Nat.  de 
nind. ,  I."  Parte,  lib.  VI,  cap.  8). 

37  El  Regimiento  de  Santo  Domingo  decia  al 
Emperador,  en  carta  escrita  á  23  de  enero  de  1533, 
sobre  este  punto:  «Murió  Francisco  de  Tapia ,  le- 
«nienle  de  la  forfaleca  desla  cibdad,  y  su  officio  he- 
«mos  depositado  en  Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo» 
(Real  Acad.  de  la  Hist. ,  Colee,  de  Muñoz ,  t.  79, 
A.  d06).  El  mismo  cronista  declaraba ,  al  referir  este 
hecho ,  lo  siguiente:  «El  qual  (Francisco  de  Tapia) 
»mur¡ó  el  año  que  passó  de  mili  é  quinientos  é 


«treinta  y  tres ,  y  en  tanto  que  la  Qesárea  Magestad 
«proveyesse  de  alcayde  de  esla  forlalcca ,  los  oydo- 
«res  desta  Audiencia  Real  é  los  officiales  que  Sus 
«Magestades  aqui  tienen,  la  depositaron  é  pussie- 
■»ron  en  poder  del  capilan  Gonzalo  Fernandez  de 
«Oviedo  y  Valdés,  vecino  desta  cibdad ,  auclor  é 
«chronisla  desta  historia,  como  antiguo  criado  de  la 
«casa  real»  {Hist.  gen.  y  nat.  de  Ind.,  I.*  Parte,  li- 
bro IV,  cap.  \). 

38  En  carta,  dada  en  Monzón  á  25  de  octubre 
de  1533  ,  decia  el  Emperadora  Gonzalo  de  Oviedo, 
respecto  de  la  tenencia  del  castillo  de  Santo  Domin- 
go, las  siguientes  palabras:  «El  depóssito  que  en 
«vos  se  hizo  de  la  forlaleca  dessa  cibdad ,  en  tanto 
«que  mandáramos  proveer  della  á  quien  fuéremos 
«servido,  me  paresce  bien;  y  con  esta  fecha  os  man- 
«do  enviar  cédula,  para  que  durante  el  tiempo  que 
«la  luviéredes,  se  haga  con  vos  lo  que  se  hacia  con 
«el  alcayde  Tapia,  en  la  paga  de  vuesiro  salario  y 
«de  la  gente»  (Real  Acad.  de  la  Hist.,  Colee,  de  Mu- 
ñoz ,  lom.  91,  A.  118).  Desde  este  tiempo  debe, 
pues,  ser  considerado  Oviedo  como  tal  alcaide,  sien- 
do verdaderamente  extraño  que,  tanto  el  erudito 
Baena  como  el  respetable  Navarrete ,  aseguren  que 
no  fué  nombrado  para  este  oficio  hasta  el  año  de 
1533. 


DE  GON.  FERN.  DE  OVIEDO.  LIX 

ral  de  Indias ,  obra  á  que  se  habia  consagrado  desde  su  vuelta  á  Santo  Domingo 
con  singular  empeño  ^*.  Mandábale  el  monarca  al  propio  tiempo  que  enviase  en 
el  primer  navio ,  que  para  España  saliera  de  la  Isla ,  el  cuaderno  ó  tratado,  donde 
se  proponia  demostrar ,  según  tenia  ofrecido ,  que  pertenecieron  las  Indias  en  la 
antigüedad  á  los  reyes  de  Iberia ;  empresa  que  acometida  por  Oviedo  con  menos 
razón  que  patriotismo ,  despertó  en  aquellos  dias  el  enojo  de  Fernando  Colon ,  y 
le  atrajo  después  la  ojeriza  de  los  eruditos  *^.  Pero  no  se  pierda  de  vista,  para 
comprender  lo  que  la  opinión  de  Oviedo  significaba,  el  móvil  que  le  impulsó  á 
formularla,  fundándose  en  la  inoportuna  autoridad  de  Aristóteles,  Ensebio,  San 
Isidoro  ,  el  Beroso  y  Teófilo  de  Ferrara.  Habíanse  levantado  entre  España  y  Por- 
tugal graves  contiendas  sobre  la  línea  divisoria  de  la  conquista  que  á  uno  y  otro 
reino  pertenecía  en  las  Indias:  nada  se  concluyó  en  la  junta  mixta  de  Badajoz, 
celebrada  en  1524,  y  mientras  los  reyes  de  ambas  naciones  temían  ó  esquivaban 
el  rompimiento ,  hacíanse  españoles  y  portugueses  cruda  guerra ,  con  no  peque- 
ñas vejaciones  de  los  naturales  y  daño  propio.  Al  fin  se  asentaba  que  des- 
de las  islas  de  Cabo  Verde  y  las  Azores ,  trescientas  leguas  al  Occidente ,  se  ti- 
rase una  línea  de  polo  á  polo ,  quedando  asi  definitivamente  dividido  el  imperio 
de  aquellos  desconocidos  países.  Mas  insistiendo  los  portugueses  en  que  les 
correspondía  todo  lo  del  Oriente ,  designado  á  los  españoles ,  exasperó  esta  pre- 
tensión el  patriotismo  de  Oviedo  á  tal  punto,  que  para  cortar  aquella  especie  de 
nudo  gordiano,  concluyó  asegurando  que  las  Indias  se  habian  sabido  y  poseído  au' 
tiguamenle  por  los  reyes  de  España  **.  Las  pruebas  que  alegaba  para  convencerlo, 
ni  eran  tan  sólidas  como  pretendía ,  ni  hicieron  tampoco  valedera  en  la  corte 
aquella  opinión ,  que  severos  historiadores  calificaron  después  de  vana ,  dañosa  y 
lisongera  *^.  Justo  es  reconocer ,  sin  embargo ,  que  no  podía  ser  mas  sana  ni  pa- 
triótica la  intención  de  Oviedo. 

Laudables  fueron  en  tanto  sus  esfuerzos  para  poner  la  fortaleza ,  cuya  guarda 
se  le  había  confiado,  en  verdadero  estado  de  defensa.   Habíala  recibido  en  com- 

39  El  Emperador  escribía:  « Vi  lo  que  me  decís  gun  él  mismo  refiere  (Nota  36);  llamándonos  por 
»que  se  os  mandó  que  cada  año  envíasedes  al  núes-  tanto  la  atención  el  ver  la  seguridad  con  que  Alvarez 
))tro  Consejo  Real  de  las  Indias  un  traslado  de  todo  Baena  y  después  el  sabio  Navarrele  asentaron  que 
»lo  que  tenéis  escriplo  y  de  todo  lo  que  fuéredes  fué  electo,  para  desempeñar  aquel  cargo,  después 
wacrescetando ,  y  que  mas  creéis  que  se  os  mandó  de  1S3S.  Lo  notable  de  todo  es  que  tanto  en  el  enca- 
Mpor  daros  á  entender  que  en  lo  que  escribíades  no  bezamiento  como  al  final  de  la  I.*  parle  de  la  Histo- 
))haya  dilación  ,  que  no  porque  Nos  ni  nuestro  Con-  ria  gen.  y  nat.  de  Ind.,  publicada  en  d533,  se  in- 
Msejo  queramos  ver  cada  año  una  misma  cosa,  si  titula  Oviedo  cronista  de  las  cosas  de  las  Indias  ,  lo 
Mcon  lo  que  se  acrescentare  aveis  de  enviar  también  cual  no  vieron  ú  olvidaron  sin  duda  aquellos  apre- 
))lo  primero.  Y  porque  nuestra  intención  es  ver  lo  ciables  escritores,  cuando  creyeron  que  se  le  habia 
))que  hasta  aqui  ha  passado  ,  y  que  se  continúe  lo  conferido  después  de  dicho  año  tan  honorífico  oficio. 
»porvenir ,  me  suplicáis  sea  servido  que  quanlo  á  lo  40  Hist.  del  Alm.  de  las  Ind.,  don  Cristóbal  Co- 
nde hasta  aqui ,  lo  enviéis  de  una  vez,  y  que  se  va-  Ion  ,  escrita  por  su  hijo  don  Fernando. — Historiad. 
))ya  acrescenlando  lo  que  suboediere  ;  y  pare's^eme  primit.  de  las  Ind.  Occ,  lomo  1,  págs.  8  y  9  ,  co- 
))bien  que,  como  decís,  lo  vays  enviando  como  fué-  lumnas  2.*  y  1.* 

«redes  escribiendo,  sin  tornar  á  enviar  lo  que  una  41     Uist.  gen.  y  nat.  de  Ind.,  I.'  Parle,  lib.  II,  ca- 

BVez  oviéredes  enviado»  {Colee,   de  Muñoz  ,  to-  pilulos  2,  3  y  8. 

mo  91,  A  118).  No  queda  duda  de  ningún  género  de  42  Véase  la  nota  de  la  pág.  1.^  de  esta  I."  Parle, 
que  Oviedo  era  lal  cronista  desde  el  año  1532  ,  se- 


LX 


VIDA  Y  ESCRITOS 


pleto  abandono:  sin  armas,  sin  municiones  ni  pólvora  ,  inútil  hubiera  sido  inten- 
tar la  resistencia  en  caso  de  asedio,  el  cual  no  habria  tampoco  podido  ser  muy 
duradero,  pues  que  se  carecia  en  el  castillo  del  agua  necesaria  para  soportarlo. 
Oviedo  reparó  los  muros,  limpió  y  barreó  los  fosos,  se  abasteció  de  municiones 
y  de  armas,  abrió  en  la  esplanada  un  ancho  algibe,  y  llamó  á  la  fortaleza  un  lom- 
bardero  acreditado,  á  quien  señaló  el  salario  de  20,600  mrs. ,  sueldo  superior  al 
que  disfrutaba  él  mismo  como  alcaide  *'.  Nada  omitió  en  suma  para  hacerse  dig- 
no de  la  confianza  de  sus  compatriotas  y  de  su  rey,  sin  dolerse  jamás  de  su  ha- 
cienda, que  como  su  vida,  estaba  pronta  á  gastarse  en  servicio  de  la  repúbHca  **. 
Alentaba  todos  estos  trabajos  con  tesón  comparable  solo  al  afán  con  que  dedica- 
ba sus  vigihas  al  cumplimiento  de  sus  obhgaciones,  como  cronista,  cuando  los  inau- 
ditos desmanes  y  tiranías  de  García  de  Lerma,  gobernador  de  Santa  Marta,  vinie- 
ron á  llenar  de  escándalo  al  Regimiento  y  Audiencia  de  Santo  Domingo ,  alte* 
raudo  la  no  gozada  paz  que  tanto  codiciara  Oviedo.  Noticioso  este  de  las  quejas 
y  formidables  acusaciones  que  contra  el  Lerma  fulminaban,  asi  los  propios  como 
los  extraños,  habíale  escrito  en  1555,  para  apartarle  con  tiempo  de  la  senda  que 
le  llevaba  al  despeñadero;  mas  no  hicieron  efecto  alguno  aquellos  amistosos  avi- 
sos, siendo  cada  día  mas  frecuentes  y  terribles  los  crímenes,  de  que  se  le  culpaba. 
Ni  fueron  por  cierto  mas  eficaces  las  amonestaciones  de  la  Real  Chancilleria ,  la 
cual  ordenó  por  último  que  se  le  formara  el  oportuno  proceso,  de  que  resultaron 
probados  todos  los  robos ,  desacatos  y  maldades  antes  denunciados ,  sentencián- 
dole á  pagar  al  fisco  gran  suma  de  pesos  de  oro.  Era ,  pues ,  necesario  acudir  al 
Consejo  de  Indias,  para  que  se  impusiese  al  rebelde  Lerma,  la  pena  á  que  le  hizo 
acreedor  su  torcida  conducta ;  y  el  Regimiento  y  la  Audiencia  de  Santo  Domin- 
go volviéronse  al  par  al  cronista,  para  suplicarle  que  admitiese  los  poderes  del 
-primero  y  el  crédito  de  la  segunda,  demanda  á  que  cedió  Oviedo,  vencido  del 
noble  deseo  de  libertar  aquella  comarca  de  tan  ominosa  tirania  ^.  Partido  para 
España  ,  arribó  á  Sevilla  en  el  verano  de  1554,  á  tiempo  que  disponía  Gerónimo 
de  Ortal  su  expedición  para  el  descubrimiento  del  Orinoco  ^^   y  llegado  á  la  cór- 


43  Curiosos  son  los  pormenores  que  en  carta  de 
31  de  mayo  de  1337,  dirigida  al  Emperador,  daba 
Oviedo  sobre  el  orden  por  él  establecido,  en  el  pago 
de  salarios  de  los  que  servían  con  él  en  la  fortaleza 
de  Santo  Domingo:  «Mi  salario  (observaba)  es  de 
»veynte  mili  mrs.  y  el  del  lombardcro  veynte  mili 
«seyscienlos :  el  qual  nunca  tuvo  alcayde  alguno  en 
«esta,  sino  yo,  llevándose  los  dineros:  é  llamaban 
wlombardero  á  un  negro,  lo  qual  yo  no  tengo  de 
nhacer;  pues  de  seys  hombres  otros,  que  se  pagan 
wá  once  mili  seyscientos  mrs.  cada  uno,  no  hay 
«hombre  que  por  ellos  quiera  estar  en  la  fortaleca, 
«ni  puedep  sostenerse  con  ellos  en  ninguna  parte. 
»Y  para  suplir  aquesto  págalo  mi  hacienda,  porque 
wninguno  tengo  sin  le  dar  de  comer  demás  del  di- 
«nero ,  y  á  lo  menos  básele  de  dar  á  cada  hombre 
«una  carga  de  caíabí  cada  mes,  que  vale  cada  una 
»un  peso  de  oro,  que  son  doce  pesos  en  un  año...  E 


wlongo  demás  desso  qualro  negros  ala  continua  en 
«casa :  que  si  por  estos  no  fuesse,  no  me  podria  va- 
»ler,  que  en  ninguna  cosa  de  mi  hacienda  entien- 
»den ,  sino  en  traer  agua  á  la  fortaleca  los  dos  de- 
))llos  de  la  otra  parte  del  rio,  y  en  dos  caminos  se  les 
»va  el  dia  ,  porque  el  agua  del  algibe  es  fecha  cal  y 
»no  para  beber,  etc.» (Real  Acad.  déla  Hist.,  Colee, 
de  Muñoz,  lom.  8 i,  A  108). 

44  En  la  misma  carta  de  31  de  mayo  de  1S37 
anadia  :  «Concluyo  con  que  lo  que  tengo  es  lo  que 
»me  da  de  comer,  y  desto  lo  mas  gasto  en  servir  á 
«vuestra  Magostad;  y  assi  gastaré  lo  que  me  que- 
wdáre  de  la  vidaé  déla  hacienda». 

43  Hist.  gen.  y  nat.  de  Ind.,  11."  Parte,  lib.  VII, 
cap.  8. 

46    Id.  id.  lib.  V,  cap.  7. 


DE  GON.  FER.  DE  OVIEDO. 


LXI 


te ,  que  se  hallaba  á  la  sazón  en  Valladolid  ,  expuso  ante  el  Consejo  las  causas  de 
suviage,  presentando  el  proceso  y  sentencia  contra  elLerma,  y  logrando  que  se 
designara  al  oidor  Rodrigo  Infante,  para  que  le  tomase  residencia  de  todos  sus  ac- 
tos. Garcia  de  Lerma  murió  al  poco  tiempo,  agoviado  bajo  el  peso  de  sus  críme- 
nes ,  sin  que  satisficiese  las  fuertes  y  numerosas  demandas  de  sus  agraviados,  en- 
tre quienes  se  contaban  los  oficiales  reales ,  lanzados  por  el  del  territorio  de  San- 
ta Marta. 

No  quiso  Oviedo  desaprovechar  el  tiempo  ni  el  viage ,  y  terminada  la  primera 
parte  de  la  Historia  general  y  natural  de  Indias ,  presentó  al  Consejo  los  últimos 
cuadernos  por  él  escritos ,  solicitando  su  examen  y  aprobación ,  á  fin  de  darlos 
luego  á  la  estampa  con  los  anteriores.  Pero  los  grandes  sucesos  que  á  principios 
de  1555  turbaron  la  paz  de  la  cristiandad,  fueron  sin  duda  causa  de  que  no  vie- 
se cumplidos  sus  deseos  tan  pronto  como  apetecia.  En  28  de  febrero  salia  el  César 
de  Madrid  con  el  intento  de  dar  calor  á  los  grandes  aprestos  navales  que  se  hacian 
en  el  Mediterráneo  contra  el  poder  de  Barbarroja,  permaneciendo  la  familia  real 
en  aquella  villa ,  donde  recibió  el  cronista   nuevo  testimonio  de  la  predilección 
con  que  se  recordaban  sus  antiguos  servicios.  Deseaba  por  entonces  el  Emperador 
que  el  principe  don  Fehpe  se  criase  y  sirviese  como  se  habia  criado  y  servido  el 
primogénito  de  los  Reyes  Catóbcos;  y  con  este  propósito  dio  orden  á  su  partida 
para  que ,  oyendo  á  los  mas  ancianos  caballeros  de  Castilla  que  ílorecieron  en  la 
corte  de  aqliellos  Soberanos,  se  estableciese  la  casa  del  príncipe.  Muchos  perso- 
nages  fueron  consultados  al  intento,  contándose  entre  ellos  el  respetable  conde 
de  Miranda,  don  Juan  de  Estúñiga  y  Avellaneda;  pero  remitiéndose  todos  á  Gon- 
zalo Fernandez  de  Oviedo,  cuya  intimidad  con  el  príncipe  don  Juan  y  cuya  ex- 
traordinaria memoria  eran  universalmente  elogiadas ,  mandóle  llamar  don  Felipe, 
á  fin  de  que  informara  á  su  ayo,  don  Fernando  de  Estúñiga,  del  orden  y  etiqueta 
establecidos  para  la  casa  del  malogrado  príncipe  de  Asturias  *^.  Informó  Oviedo, 
como  se  le  ordenaba,  escribiendo  una  breve  relación,  donde  consignó  el  régimen 
y  forma  del  servicio  y  cámara  del  hijo  de  Isabel  la  Católica,  y  abrigó  desde  en- 
tonces el  pensamiento ,  que  realizó  doce  años  mas  tarde ,  de  componer  el  pre- 
cioso tratado  de  los  Officios  déla  casa  Real  de  Castilla  *^. 

Y  no  permanecía  tampoco  ocioso  respecto  de  las  demás  tareas  literarias  por 
él  emprendidas ;  declaraba  en  1552,  al  concluir  la  primera  parte  del  Catálogo 
Real,  que  tenia  ya  entonces  acopiados  los  materiales  y  aun  estendidas  las  minu- 


47  «En  el  año  de  1535  en  esta  villa  de  Madrid, 
»donde  yo  nasgí  (docia  al  príncipe  don  Felipe)  me 
«hallé  al  tiempo  que  el  Emperador,  nuestro  Señor, 
))parliü  desdella  para  efetuar  la  gloriosa  empresa 
))de  Goleta é  de  Túnez  en  África....  é  dende  ádos  ó 
))lrcs  dias  que  Su  Magestad  era  salido  de  aquí ,  me 
wenvió  á  llamar  Vuestra  Allcca,  para  que  yo  infor- 
wmára  á  don  Fernando  de  Slúñiga,  Comendador  ma- 
))yor  de  Castilla,  su  ayo,  c  le  dixesse  lo  que  me 
))acordasse  de  la  orden  que  se  tuvo  en  la  casa  ó  ser- 
w  vicio  del  príncipe  donjuán,  mi  señor;  porque  se- 


wgund  el  Comendador  mayor  estonces  me  dixo,  la 
«voluntad  del  Qcsar  fué  que  Vuestra  Allcoa  se  crias- 
»se  é  sirviesse  de  la  manera  que  se  crió  é  sirvió  el 
«príncipe,  su  tío  ;  é  que  por  la  información  que  el 
«Comendador  mayor  tenia,  todos  aquellos  con  quie-- 
«nes  habia  hablado,  inquiriendo  lo  que  en  este  caso 
))Se  debia  saber  é  inquirir,  se  avian  remitido  á  mí  é 
«con  ellos  el  conde  de  Miranda,  don  Juan  de  Stú- 
»»iga  é  Avellaneda,  su  hermano,  etc.«  {Off.  de  la 
Casa  Real  deCast.,  Introd.) 
48    Introd.  á  la  II.*  Parte  de  los  mismos. 


LXII 


VIDA  Y  ESCRITOS 


tas  de  la  segunda  y  tercera  parle  dé  este  importante  monumento  histórico ;  y  en 
1535  se  determinaba  á  darle  cima,  completando  la  relación  de  los  principales 
acontecimientos,  desde  la  muerte  de  don  Juan  II  hasta  el  año  de  1534,  en  que  la 
cristiandad  celebraba  el  advenimiento  de  Paulo  III  á  la  silla  apostólica  *®.  Daba  á  la 
segunda  parte  el  titulo  de  Epilogo  fíeal  de  Castilla,  y  apellidábala  tercera  con  el 
de  Epilogo  imperial  y  pontifical,  formando  de  este  modo  la  historia  general  de  los 
reyes  de  España,  emperadores  y  pontífices  romanos  que  hasta  aquella  edad  habian 
florecido.  Aprobada  entre  tanto  en  todas  sus  partes  la  primera  de  la  Historia  gene- 
ral y  natural  de  Indias,  y  obtenido  el  privilegio  del  Consejo  Real  para  su  impresión, 
encaminóse  Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo  á  Sevilla,  donde  á  fines  de  setiembre  vio 
terminada  la  edición  de  aquella  obra ,  en  que  llevaba  ya  invertido  el  largo  pe- 
ríodo de  cuarenta  y  tres  años  de  no  interrumpidas  vigihas.  El  efecto  que  la  His- 
toria general  produjo  no  pudo  ser  mas  universal  ni  lisongero :  poníanse  en  ella 
de  manifiesto  los  grandes  misterios  de  aquella  naturaleza  tan  rica  y  espléndida  co- 
mo desconocida  por  los  sabios  del  antiguo  mundo ;  dábanse  peregrinas  noticias  so- 
bre la  religión,  los  ritos,  las  costumbres  de  aquellos  hombres,  cuya  existencia 
se  habia  puesto  constantemente  en  duda ;  explicábanse  las  prodigiosas  virtudes  de 
aquellos  árboles  y  plantas  jamás  sospechados  por  los  naturalistas ;  hacíanse  pinto- 
rescas descripciones  de  aquellos  lagos ,  ríos  y  montañas ,  en  cuyo  seno  se  escon- 
dían tantos  y  tan  maravillosos  tesoros;  y  ponderábase  finalmente  el  extraordi- 
nario esfuerzo  de  aquellos  primeros  navegantes,  que  luchando  con  las 'olas  en  mi- 
tad del  Océano,  habian  logrado  arrancar  de  las  tinieblas  la  existencia  de  un  mun- 
do,  llevando  á  tan  remotas  regiones  los  católicos  estandartes  de  Castilla.  Las 
ciencias  filosóficas  y  naturales,  la  medicina,  la  cosmografía,  la  náutica  y  aun  la 
milicia  acudieron  á  la  Historia  general  de  Indias  para  pedirle  enseñanza,  logran- 
do al  poco  tiempo  ser  traducida  en  las  lenguas  toscana  y  francesa ,  alemana  y  tur- 
ca ,  latina ,  griega  y  arábiga ,  honra  hasta  entonces  no  alcanzada  por  obra  alguna 
moderna,  y  de  que  el  mismo  Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo  se  manifestó  des- 
pués altamente  satisfecho  ^. 


49  Oviedo  escribía  en  el  mismo  Epilogo:  «Desde 
))ei  primer  año  que  tuvo  principio  el  reyno  de  Espa- 
))ña  hasta  esle  del  nascimienlo  de  Chripslo  de  mili  c 
»quinienlos  é  Ireynta  é  cinco  ,  en  que  esle  Epilofjo 
))y  sumaria  relación  se  escribe,  son  passados  tres 
))mill  é  septecientos  años».  En  otra  obra  decia,  alu- 
diendo á  esta  segunda  parte  del  Catálogo  Real:  «Y 
))su  Qesárea  Majestad  se  quiso  servir  de  aquel  trac- 
»lado  ,  que  era  de  quinientas  ó  mas  hojas  de  marca 
)>real ,  y  desta  mi  mano  y  letra;  y  alli  dixe  lo  que  vi 
))y  alcancé  de  aquella  bendita  Reyna  á  su  nielo,  el 


))año  de  mili  é  quinientos  c  Ircynla  y  cinco ,  al 
«tiempo  que  Su  Majestad  Cathólica  se  partió  para 
«África,  quando  lomó  lo  de  Goleta  y  Túnez»  (Quinq., 
111.'  Parte,  Est.  iO). 

50  Hablando  el  mismo  Oviedo  del  efecto  que 
produjo  la  publicación  de  la  primera  parte  de  su 
Hist.  gen.  y  nat.  de  Ind. ,  aseguraba  que  aquel  li- 
bro estaba  ya  en  lengua  toscana ,  y  francesa,  é  ale- 
mana, é  latina,  c  griega  ,  é  turca,  é  arábiga,  di- 
ciendo: aunque  yo  la  escrebi  en  castellano  (11.*  Par- 
te, lib.  XIV,  cap.  54). 


DE  GON.  FERN.  DE  OVIEDO.  LXIII 


IV. 


Torna  Oviedo  por  la  quinta  vez  al  Nuevo  Mundo. — Envidia  de  Gaspar  de  Asludillo.— Muerte  desastrosa  de 
Francisco  González  de  Valdés. — Aparición  de  piratas  en  los  mares  de  Ame'rica. — Proyecto  de  fortificación  de 
Oviedo.— Repara  el  castillo  de  Santo  Domingo. — Ármale  de  gruesa  artillería. — Emigración  de  los  españoles 
al  Perú, — Funestos  resultados  para  la  Isla  Española. — Procura  Oviedo  promover ,  con  su  ejemplo ,  el  desar- 
rollo de  la  agricultura. — Enfermedad  peligrosa  que  en  134Í  padece. — Intenta  volver  á  España. — Suspende 
su  viage  por  mandado  del  César. — Alonso  López  Cerrato. — Sus  arbitrariedades  en  el  gobierno  de  la  Isla  Es- 
pañola.— Es  nombrado  Oviedo  procurador  coíitra  el  Cerrato. — Llega  á  la  corte. — Dificultades  y  obstáculos  de 
su  procuración. — Retírase  á  Sevilla ,  mientras  el  capitán  Alonso  de  la  Peña  pasa  á  Alemania,  en  busCa  del 
César. — Entrégase  á  las  tareas  literarias. — Vuelve  á  la  corte  sin  fruto  alguno,  respecto  de  los  negocios  públi- 
cos.— Restituyese  á  Sevilla. — Carta  del  infante  don  Fernando. — Llega  Peña  de  Alemania  ,  ya  depachado. — 
Peligros  y  disgustos  de  Oviedo  en  Santo  Domingo. — Dedícase  exclusivamente  á  los  trabajos  históricos. — 
Remite  al  príncipe  don  Felipe  las  Quinquagenas. — Nómbrale  el  Regimiento  nuevamente  su  procurador. — 
Último  viage  á  España. — Comienza  la  impresión  de  la  segunda  parte  de  la  Historia  de  Indias. — Su  muerte. 


Ucho  veces  habia  atravesado  Oviedo  la  vasta  extensión  del  Océano,  cuando  en 
1555  dio  á  luz  la  primera  parte  de  la  Historia  General  y  Natural  de  Indias  *:  im- 
primíase el  oO  de  setiembre  el  último  pliego ,  y  con  igual  fecha  dirigia  la  dedica- 
toria al  cardenal  don  frey  Garcia  Jofre  de  Loaysa ,  no  sin  que  recordara  en  ella  su 
cargo  de  procurador ,  pidiendo  para  las  Indias  prelados  doctos  y  de  buena  casta ,  y 
jueces  íntegros  y  enemigos  de  codicia.  Al  fin  daba  en  aquel  invierno  la  vuelta  á  la 
Isla  Española,  arribando  al  puerto  de  Santo  Domingo  sin  contratiempo  alguno 
el  H  de  enero  del  siguiente  año  de  1556  ^,  siendo  recibido  por  la  Audiencia  y 
Regimiento  como  quien  tan  cumplida  cuenta  habia  dado  de  la  procuración ,  ya 
atendiendo  al  bienestar  de  sus  conciudadanos,  ya  promoviendo  cuantos  medios 
favorecían  el  aumento  de  población  en  aquella  ciudad  é  Isla. 

Habia  con  este  propósito  suplicado  y  obtenido  del  Real  Consejo  de  Indias  cédula 

1  Todos  los  escritores  que  bandado  noticias  receít;  error  en  que  hubo  de  caer  el  erudito  Raena,  si- 
de  Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo  aseguran  de  una  guiendo  la  autoridad  de  Quintana  ,  Gil  González,  el 
manera  que  no  parece  dejar  entrada  á  la  duda,  que  P.  Sarmiento  ,  don  Nicolás  Antonio  ,  Pinelo  y  don 
habia  cruzado  á  su  muerte,  acaecida  en  1557,  ocho  Lúeas  Cortés  (cuya  preciosa  Biblioteca  publicó  con 
veces  las  vastas  llanuras  del  Océano;  y  sin  embargo  su  nombre  Gerardo  Herneslo),  quienes  por  no 
incurren  en  manifiesto  error,  cuando  esto  asientan.  haber  podido  tal  vez  examinar  las  obras  MSS.  del 
Oviedo,  que  en  153o  publicaba  la  primera  par-  Alcaide  de  Santo  Domingo,  se  atuvieron  ,  sin  mas 
te  de  su  Historia  general  y  natural  de  Indias,  se-  examen  ,  á  lo  que  habia  él  mismo  dicho  de  sus 
gun  queda  apuntado,  decia  en  el  proemio  de  la  viages  en  1533. 

misma,  con  este  propósito:  «Yo  acumulé  todo  lo  que  2    Refiriendo  Oviedo  la  desgracia  de  Simón  de  Al- 

))aqui  escribo  de  dos  mili  millones  de  Irabaxos  y  cazaba  y  el  mal  efecto  de  su  expedición  á  las  regio- 

))nes9ess¡dades  y  peligros  en  veynte  é  dos  años  é  nes  australes,  dice:  «Yo  hablé  en  esta  cibdad  (Santo 

wmas  que  há  que  veo  y  experimento  por  mi  persona  «Domingo)  á  estos  que  escaparon  deste  viaje  y  ar- 

westas  cosas ,  sirviendo  á  Dios  é  á  mi  rey  en  estas  »mada  de  Simón  de  Alcaeaba,  y  su  hijo  era  moco  de 

»lndias ,  y  aviendo  ocho  veces  passado  el  grande  «trece  ó  catorce  años;  donde  allegué  á  los  once  dias 

ymar  Océano^K  Después  del  año  citado  de  1335  hizo  «del  mes  de  enero  de  mili  é  quinientos  é  treynla  y 

Oviedo  los  cuatro  viages,  de  que  damos  noticia  en  »seys,  tornando  yo  de  España,  después  déla  prime- 

esta  IV.*  parte,  siendo  por  tanto  inexacto  el  supo-  «ra  inipression  de  la  primera  parle  desla  Historia» 

ncr  que  solo  habia  paseado  el  mar  Océano  por  ocho  (II.*  Parte,  lib.  III,  cap.  3). 


LXIV 


VIDA  Y  ESCRITOS 


y  merced  de  30,000  maravedís  por  vida  para  el  primer  vecino  de  Santo  Domingo 
que  en  una  sementera  cogiese  cien  fanegas  de  trigo  ' ,  y  era  asimismo  portador  de 
otras  gracias  y  privilegios,  encaminados  todos  á  igual  fm;  pues  que  el  descubri- 
miento y  conquista  de  otras  regiones,  despertando  con  sus  riquezas  la  codicia  de 
aquellos  habitantes,  comenzaba  ya  á  despoblar  las  feraces  comarcas  donde  primero 
asentaron  su  planta  los  españoles.  Mas  si  el  Regimiento  y  la  Audiencia  quedaron 
satisfechos  de  la  conducta  del  Alcaide,  no  faltaron  hombres  envidiosos  y  desal- 
mados que  intentaran  malquistarle  con  los  moradores  de  Santo  Domingo  y  con  la 
corte  de  España ,  tildándole  de  haber  procurado  únicamente  su  provecho ,  y  decla- 
rando como  ilegítimas  las  dietas  que  durante  su  residencia  en  la  península  había 
disfrutado  *.  Pero  estas  quejas  que  osó  elevar  al  mismo  César  el  Veedor  de  las 
fundiciones  Gaspar  de  Astudillo,  lejos  de  producir  el  efecto  que  este  se  proponía, 
solo  contribuyeron  á  poner  de  relieve  la  honradez  de  Oviedo,  acarreando  al  Astu- 
dillo la  justa  animadversión  y  desprecio  que  merecía  por  sus  torpezas.  A  tal  punto 
llegaron  estas,  que  dos  años  después  dirigían  al  Emperador  el  almirante  y  regi- 
dores de  Santo  Domingo  las  siguientes  palabras :  «  Gaspar  de  Astudillo  es  hombre 
«bullicioso  y  de  mal  vivir.  Fué  á  essos  reynos  poco  menos  que  desterrado  ,  y  tuvo 
»maña  para  venir  de  veedor  de  las  fundiciones ,  veedor  del  Audiencia  y  regido- 
))res,  tres  officíos  que  con  cada  estaría  contento  qualquíer  vecino  honrado.  El  está 
«procesado  por  varios  delíctos  y  sentenciado  á  desdecirse  públicamente  ó  ser 
«traydo  á  la  vergüenza;  cosas  que  hacen  infame.  Por  cierto  fraude  en  quilatar 
»el  oro,  mandó  V.  M.  llamarle  preso  á  esse  Real  Consejo  y  que  el  officio  de  vee- 
»dor  del  Audiencia  no  lo  tuviesse  y  se  depositasse  en  el  Alcayde  Gonzalo  Fer- 
«nandez  de  Oviedo;  pero  no  falta  quien  le  sostiene.  SupHcamos  á  V.  M.  provea 
))sus  officíos  en  otras  personas  dignas :  que  es  afrenta  para  los  buenos  un  tal  hom- 
»bre  en  semejantes  empleos.  Háse  casado  tres  veces  con  tres  mugeres,  sacadas 
de  lugares  públicos»^.  Tal  era  en  suma  el  detractor  de  Oviedo. 

La  favorable  acogida  que  alcanzó  en  el  Consejo  de  Indias  la  Historia  general 
y  el  éxito  extraordinario  que  obtuvo  en  la  repúbHca  de  las  letras,  eran  en  tanto 
para  el  Alcaide  nuevo  y  eíicaz  estímulo ,  alentando  mas  y  mas  sus  tareas  históricas, 
que  iban  tomando  cada  día  mayores  dimensiones.  No  satisfecho  de  lo  publicado, 
dedicóse  desde  su  llegada  á  la  Isla  Españala  á  ilustrar  con  peregrinas  é  importantes 
adiciones  aquella  primera  parte ,  enriqueciéndola  al  par  con  la  narración  de  los 


3  Juan  Ramos  ,  escribano  de  número  de  la  ciu^ 
dad  de  Sanio  Domingo  ,  que  informaba  en  31  de 
mayo  de  ÍS37  al  Real  Consejo  de  Indias  sobre  la 
necesidad  de  fomentar  eficazmenle  en  la  Isla  Espa- 
ñola la  agricultura  ,  decia  entre  otras  interesantes 
razones  :  «  Píira  aumento  de  población  en  esta  is- 
))la,  seria  lo  principal  que  se  cogiese  pan  y  vino.  En 
))lo  de  las  viñas  se  dá  orden  cómo  dentro  de  poco 
))haya  cantidad  de  vino.  En  lo  del  trigo  dio  V.  M., 
))á  suplicación  de  Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo, 
))cédula  haciendo  merced  de  30,000  maravedís  por 
«vida  al  primero  que  en  una  sementera  cogiese  cien 
«banegas».  Esta  importante  concesión  no  llegó,  sin 


embargo  á  aplicarse (^árcA.  gen.  de  Jnd.,  Cart.,l.  24). 

4  Astudillo  decia,  hablando  de  la  procuración  de 
Oviedo:  «La  cibdad  poco  provecho  ovo  ,  é  se  le  de- 
»bieran  mandar  volver  los  mili  pesos  que  llevó  de- 
»lla  mal  llevados.  Es  mi  enemigo  ,  y  fatígame  de 
«mili  modos  con  relaciones  y  pleitos  »  {Arch.  gen. 
de  Ind.,  Cart.,  leg.  24). 

(5)  Este  importante  documento  ,  cuya  fecha  es 
de  20  de  julio  de  1538,  está  firmado  por  el  Almi- 
rante y  los  regidores  Diego  Caballero  ,  Francisco 
Dávila,  Alonso  de  la  Torre  y  Alvaro  Caballero 
(Real  Acad.  de  la  IJist. ,  Colee,  de  Muñoz,  tomo  81, 
A  108). 


DE  GOiNZ.  FERN.  DE  OVIEDO. 


LXV 


acontecimientos  que  sucesivamente  acaecían  y  llegaban  á  su  noticia.  Ni  descuidó 
tampoco  la  prosecución  de  la  segunda  y  tercera ,  valiéndose  de  la  real  cédula  que 
imponía  á  gobernadores  y  adelantados  el  deber  de  comunicarle  las  relaciones  de 
los  nuevos  descubrimientos ,  con  lo  cual  ensancbaba  insensiblemente  el  círculo 
de  sus  tareas,  bien  que  alejaba  de  esta  forma  el  día  de  la  terminación  de  las  mis- 
mas. Consagrábase  á  tan  laudables  estudios  con  admirable  constancia,  cuando 
recibidas  por  él  las  relaciones  de  los  descubrimientos  y  conquistas  del  mariscal 
Diego  de  Almagro,  halló  en  aquel  peregrino  documento  la  triste  nueva  de  la  de- 
sastrosa muerte  de  su  hijo.  Seguía  Francisco  Fernandez  de  Valdés  el  ejército  de 
Almagro,  como  veedor  de  la  Tierra-Firme,  oficio  heredado  de  su  padre;  y  afli- 
gidos los  expedicionarios  del  hambre  y  del  frió ,  tornábanse  desde  Chile  la  vuelta 
de  Catama,  arrostrando  en  tan  largo  y  penosísimo  camino  todo  linage  de  tra- 
bajos y  privaciones ,  ya  trepando  inaccesibles  montes ,  ya  atravesando  inmensos 
desiertos ,  ya  salvando  con  esfuerzo  maravilloso  pestilenciales  pantanos.  Llegaron 
al  rio  de  Arequipa,  entrado  el  mes  de  noviembre  de  i 536,  é  iba  tan  hinchado  y 
furioso,  que  apenas  osaban  pasarle  los  mas  valientes  nadadores,  temiendo  con 
razón  el  mariscal  que  llegara  á  desbaratársele  del  todo  la  gente  con  aquel 
grande  é  inesperado  peligro.  Y  no  fué  pequeña  su  amargura,  en  medio  del  ge- 
neral sobresalto,  al  contemplar  la  catástrofe  del  veedor,  que  arrebatado  de  im- 
proviso por  la  impetuosa  corriente  ,  luchaba  en  vano  para  ganar  la  opuesta  orilla, 
desfalleciendo  al  cabo  y  desapareciendo  entre  las  olas.  Imponderable  sentimiento 
asaltó  á  Oviedo  al  recibir  en  tan  extraña  manera  aquel  terrible  golpe ,  contras- 
lando  solo  la  magnitud  de  su  dolor  con  la  piadosa  conformidad  cristiana  que  des- 
plegó en  tan  duro  trance.  Contaba  Francisco  Fernandez  de  Valdés  la  edad  de 
veinte  y  siete  años,  y  dejaba,  al  morir,  dos  huérfanos  en  poder  de  su  padre, 
quien  no  gozó  tampoco  en  su  vejez  el  consuelo  de  verlos  crecer  ambos  á  su  lado, 
pues  que  á  los  pocos  dias  de  sabido  el  desastre  del  veedor,  pasó  á  mejor  vida 
el  hijo  varón  de  este ,  cuando  apenas  rayaba  en  los  cinco  años  *. 

Pero  si  estas  desgracias  afligieron  hondamente  el  ánimo  de  Oviedo,  pagado  á  la 
naturaleza  el  indispensable  tributo,  buscó  en  las  tareas  de  la  milicia  la  paz  y  sosie- 
go interior  que  esta  vez  le  habian  negado  las  vigilias  históricas,  si  bien  jamás  pudo 
abandonarlas.  Entregábanle  en  1552  el  castillo  de  Santo  Domingo  casi  desmante- 
lado y  destruido,  y  procuró  entonces  con  singular  esmero  fortificarlo:  en  1555 
exponía  la  necesidad  de  su  armamento  al  Real  Consejo  de  Indias ,  y  juraba  en 


6  Al  referir  Oviedo  el  paso  de!  rio  de  Arequipa, 
dice:  «Se  ahojjó  en  él  el  desdichado  Francisco  de 
nValdés,  veedor  de  Tierra-Firme  ,  hijo  del  capitán 
«Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo  ,  chronista  desla  Ce- 
ymeral  historia  de  Indias;  porque  pueda  mas  al 
«propóssilo  dolerse  con  los  demás,  y  le  quepa  lanía 
«parle  deslas  desaventuras.  Y  porque  su  dolor  no 
ufuesse  sencillo  ,  le  quedaron  un  niño  é  una  niña, 
«hijos  del  veedor:  é  desde  á  pocos  dias  después  que 
«supo  la  desventurada  muerle  del  hijo  ahogado,  le 
TOMO  I. 


«llevó  Dios  el  nielo  en  edad  de  cinco  años  en  esta 
«cibdad  de  Sánelo  Domingo  de  la  Isla  Española. 
«Bendito  sea  Dios  por  lodo!...  Y  aunque,  seyendo 
«como  soy  hombre  pasible  ,  y  la  falta  de  tales  deu- 
«dos  no  puede  dexar  de  lastimarme,  sin  duda  la  ma- 
«yor  pena  que  siento  es  llevar  Dios  aquel  mancebo 
«en  la  flor  de  su  edad  de  veynte  é  siete  años,  con 
«lal  manera  de  muerle,  etc.»  {Hist.  Gen.  y  Naf.  de 
Ind.,  III."  Parte,  lib.  IX,  cap.  (i). 


LXVI  VIDA  Y  ESCRITOS 

manos  del  doctor  Beltran,  decano  del  mismo,  que  solo  pedia  lo  necesario  ':  des- 
de sií  vuelta  á  la  Española  ni  un  solo  dia  dejó  de  atender  al  reparo  de  la  fortale- 
za, aguijoneándole  en  semejantes  faenas  la  aparición  de  algunos  piratas  que, 
amenazando  la  seguridad  de  aquellas  tierras,  comenzaban  ya  á  infestar  los  ma- 
res de  Occidente.  Tal  acontecimiento,  que  difundió  en  América  grande  alarma  y 
sobresalto ,  despertó  en  el  Alcaide  de  Santo  Domingo  una  actividad  prodigiosa ;  y 
no  contento  con  solicitar  de  nuevo  para  su  castillo  la  artillería  de  grueso  calibre 
que  desde  1535  tenia  pedida  ',  reprodujo  ante  el  Consejo  el  proyecto  de  fortifi- 
car las  islas  y  costas  de  la  Tierra-Firme,  levantando  en  el  Nombre  de  Dios,  Puerto 
Belo,  isla  de  Bastimentos,  embocadura  del  Chagre,  Cartagena,  Santa  Marta,  es- 
trecho de  Magallanes  y  otros  muchos  puntos  de  no  menor  importancia,  respeta- 
bles fortalezas  que  pusieran  tan  ricas  y  dilatadas  comarcas  al  abrigo  de  los  corsa- 
rios ,  haciendo  asi  temida  y  respetada  en  todas  partes  la  bandera  española  *.  Ni 
olvidaba  el  celoso  Alcaide  la  necesidad  de  formar  algunas  escuadrillas  que  anduvie- 
ran reconociendo  la  mar  constantemente ,  á  fin  de  restituir  la  confianza  á  los  mer- 
caderes, que  no  osaban  ya  salir  de  los  puertos  **,  y  de  evitar  al  propio  tiempo  todo 
género  de  violencias  y  pillage.  Mas  aunque  proponía  Oviedo  un  plan  vasto  de  for- 
tificación, segundándolas  instancias  hechas  por  él  los  años  pasados,  no  perdía  de 
vista  que  era  su  principal  deber  la  custodia  y  defensa  del  puerto  de  Santo  Do- 
mingo, insistiendo  una  y  otra  vez  en  sus  leales  reclamaciones  ".  Había  sido  cau- 
sa la  impericia  ó  el  abandono  de  sus  predecesores  de  que  al  lado  del  castillo  se 
fabricaran  algunos  edificios ,  los  cuales ,  sobre  cerrar  el  puerto  á  la  fortaleza ,  im- 
pedían el  que  pudiese  jugarse  la  artillería,  para  defenderlo  de  cualquiera  agresión 
extraña.  No  titubeó,  pues,  el  Alcaide  en  proponer  la  demolición  de  aquellas  ca- 

7  En  caria  de  31  de  mayo  de  1537  decía  Oviedo  citados ,  eran  Puerto-Rico,  San  Germán  é  isla  de  ía 
al  Emperador,  respecto  de  este  punto,  «AI  liem-  Mona,  donde  podían  tener  fácil  abrig-o  los  saltea- 
))po  que  estuve  en  la  corle  de  Vuestra  Mages-  dores  y  piratas :  hablando  de  la  isla  de  San  Juan 
))lad  ,  el  dolor  Beltran  ,  uno  de  los  mas  antiguos  observaba  que  deberían  levantarse  varias  fortalezas 
))de  su  Real  Consejo  de  Indias,  en  presencia  de  en  loda  la  costa  del  Norte,  procurando  que  fuesen 
«todos  los  del  Consejo ,  porque  yo  dixe  en  cierto  de  mas  efecto  que  la  comenzada  á  fabricar  en  Puer- 
«memorial  la  nescessidad  questa  casa  tenia  é  tiene  to-Rico,  de  la  cual  afirmaba  que  aunque  ciegos  ta 
»de  armas  e'  municiones  ,  me  tomó  juramento  para  edificaran,  no  la  pudieran  poner  en  parte  tan  sin 
«que ,  só  cargo  del ,  dixesse  las  cosas  mas  nesces-  provecho. 

»sarias  ,  porque  no  se  liicíessen  gastos  excesivos,  é  10    «En  esle  punto  que  escribo  esta  caria  están 

»yo  dixe,  só  cargo  de  juramento  ,  lo  que  me  pares-  wen  esle  puerto  quatro  naos  cargadas,  que  lo  que 

«ció  que  no  se  podía  excusar,  é  lo  proveyeron»  «llevan  vale  sobre  cinqüenla  qüentos,  é  no  osan sa- 

{Real  Acad.  de  la  Hist. ,  Colee,  de  Muñoz,  tom.  81,  »lír  á  la  mar,  porque  hay  nueva  que  andan  ciertos 

A.  108).  «navios  de  fran9eses  por  aquí  cerca». 

8  En  la  misma  carta  ,  citada  en  la  nota  anterior,  H  Cuando  en  1&35  estuvo  Oviedo  en  Espai'ía, 
escribía:  «Ydo  á  Sevilla,  los  oficiales  de  la  Casa  de  no  solamente  manifestó  al  Real  Consejo  de  Indias 
«contractacion  me  dieron  creo  que  gínqüenta  duca-  cuanto  habia  hecho  ya  en  beneficio  de  la  fortaleza, 
»dos ,  de  que  yo  compré  ciertas  lancas  é  laucones,  cuya  tenencia  le  estaba  encargada ,  sino  que  le  ex- 

,  né  hice  hacer  veynte  barriles  de  pólvora  é  otras  co-  puso  repetidas  veces  la  necesidad  de  artillar  y  mu- 

»sas  de  las  que  vuestro  Real  Consejo  proveyó ;  é  nicionar  dicho  castillo ,  á  fin  de  evitar  cualquier 

»dexé  haciéndose  quatro  piceas  de  artillería  para  rebato.  Sobre  este  punió  son  dignos  de  consultarse 

«esta  casa ,  y  hasta  agora  ninguna  cosa  de  todo  ello  los  dos  extensos    Memoriales  de  Oviedo  que  se 

»se  ha  traydo  ,  ni  tengo  una  arroba  de  pólvora».  conservan  originales  en  el  Arch.  Gen.  de  lud.,  Gob. 

9  Los  punios  que,  en  concepto  del  ^'caide,  de-  de  la  Española  ,  legajo  3,  núm.  i. 
bian  fortificarse  en  aquellas  islas ,  ademas  de  los  ya 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO.  LXVÍl 

sas,  levantadas  por  algunos  magistrados  de  la  Real  Chancillería  *^,  ponderando 
cuerdamente  los  peligros  que  amenazaban  la  ciudad  é  isla ,  si  no  se  acudia  pron-  . 
lamente  al  remedio.  Nada  proveyó  sin  embargo  el  Consejo  en  cuanto  Oviedo  so- 
licitaba, teniendo  acaso  por  exagerados  los  temores,  que  muy  en  breve  justi- 
ficaron las  correrías  hechas  en  1537  y  58  por  los  piratas  franceses,  con  grave 
escándalo  de  aquellas  tierras  y  notable  perjuicio  de  la  corona.  Pasado  ya  el  es- 
panto de  semejantes  excursiones ,  y  reconocida  por  el  Alcaide  la  oportunidad  de 
sus  demandas,  escribia  al  Emperador  sobre  tan  importante  asunto  en  los  siguien- 
tes términos:  «Lo  que  conviene,  ante  todas  cosas,  es  que  Vuestra  Magostad  mande 
))labrar  de  hecho  esta  fortaleca  en  la  punta  adelante  de  donde  agora  está  doscien- 
))tos  pasos,  é  que  le  quede  todo  su  sitio  franco  é  libre  dende  la  casa  del  dotor 
«Infante  hasta  la  mar —  é  que  en  la  otra  punta  del  rio  se  haga  una  muy  buena 
»torre,  donde  esté  constante  vela  é  media  docena  de  tiros —  Hecha  la  fortaleca 
»é  torre  ¿será  por  esso  guardada  esta  isla?...  Digo  que  no;  porque  no  es  menor 
)>falta  que  en  otras  partes  della,  en  especial  en  los  puertos  prencipales,  assi  co- 
))mo  en  la  villa  de  Acua  é  en  la  Savana  é  en  Puerto-Real  é  en  Puerto  de  Plata  é 
))Otras  partes,  haya  fortalecas  é  recabdo  en  ellas;  porque  está  visto  que  si  una  ar- 
wmada  de  propóssito  viniesse  é  se  assentasse  en  qualquiera  de  los  puertos,  ¿quién 
))les  excusaria  después  de  se  enseñorear  de  parte  de  la  isla  y  hacer  guerra?»  " 
El  Real  Consejo  de  Indias  mandó  por  último  proveer  de  artillería  gruesa  el  casti- 
llo, cuya  tenencia  estaba  confiada  á  Gonzalo  de  Oviedo  **,  sin  que  en  lo  demás 
diese  muestras  de  aceptar  sus  avisos,  quedando  por  tanto*  expuestos  aquellos  rei- 
nos á  la  rapacidad  extrangera,  que  no  escaseó  desde  entonces  Hnage  alguno  de 
asechanzas. 

Aumentaba  también  todos  estos  peligros  la  numerosa  emigración- de  los  pobla- 
dores que  al  reclamo  de  las  riquezas  del  Perú ,  abandonaban  tanto  la  Isla  Espa- 
cola  como  la  de  Cuba  y  San  Juan,  volando  tal  vez  en  busca  de  una  muerte  segura, 
puesto  que  las  discordias  de  Almagro  y  de  Pizarro ,  traían  yermadas  y  sangrientas 
tan  felices  regiones.  Reconocíalo  de  este  modo  el  Alcaide  de  Santo  Domingo ,  y  ya 

12    «Vuestras  Mageslades  (decía  el  Alcaide  en  3 i  «puede  aprovecharse  del  artillería,  como  podría, 

»de  mayo  de  1537)  hicieron  merced  al  lÍ9en9Íado  »quitando  las  dichas  casas.  Apercibo  dello  á  Vues- 

wEspinosa  de  cierto  solar  dentro  de  los  solares  de  la  »tras  Magestades,  é  digo  que  aunque  las  manden  lo- 

«fortale^a,  é  no  se  le  debiera  dar  ni  él  pedirlo,  por-  »mar  é  pagar  á  sus  dueños  ,  conviene  mucho  á  su 

«que  está  la  casa  que  en  el  solar  que  digo  se  ha  «real  servicio».  {Real  Acad.  de  la  Hist.,  Colee,  de 

«fecho  muy  perjudicial,  é  es  padrastro  ella  é  otra  Muñoz,  tom.  81,  A  108.) 

))de  un  clérigo  para  esta  casa  de  Vuestras  Magesla-  13    Carta  de  24  de  mayo  1538,  Colee,  de  Muñoz, 

«des.  Me  di^cn  que  una  vez  las  mandaron  derribar  tíí  supra. 

»é  después  cesó  é  se  mandó  otra  cosa:  yo  digo  á  14    «En  el  año  de  1538  mandó  la  Cathólica  Ma- 

» Vuestras  Magestades  que  quien  les  informare  que  no  «gestad  proveer  de  artillería  gruesa  é  muy  hermosa 

«se  deben  quitar  ó  derribar  las  dichas  casas ,  no  mi-  «esta  fortaleca  suya  que  está  á  mi  cargo ,  é  se  tru- 

»ra  bien  vuestro  real  servÍ9Ío,  ni  quiere  questa  casa  «xeron  culebrinas  de  á  septenla  quintales  é  mas 

»sea  lo  que  ha  de  ser  ó  no  lo  entienden  los  que  tal  «cada  una,  de  bronce,  é  cañones  de  cinqüenfa  é  cin- 

«dixeren.  Ya  el  lÍ9enciado  las  vendió;  é  suyas  ó  «co,  é  medias  culebrinas  de  á  quarenta é  algo  me- 

«agenas,  é  aunque  fuessen  mias,  no  dexaría  de  de-  «nos».  {Hist.  gen.  y  nat.  de  Ind.,  1.'  Parte,  lib.  VJ, 

»cir  la  verdad;  porque  quitan  gran  parte  de  la  vista  cap.  5.) 
»de  la  mar  é  entrada  del  puerto  á  esta  rortale9a  é  no 


LXVIll 


VIDA  Y  Escalios 


que  no  le  era  dado  evitar  lo  primero,  movido  de  su  lealtad  éliidalguia,  habia pro- 
curado restablecer  la  antigua  amistad  é  inteligencia  entre  aquellos  conquistado- 
res, mostrándoles  cuan  errados  andaban  en  sus  odios,  con  los  cuales  labraban 
torpemente  su  perdición ,  atrayendo  sobre  sus  cabezas  la  indignación  de  su  rey  y 
el  desprecio  de  los  buenos  ".  Pero  ningún  efecto  produjo  esta  patriótica  solicitud 
en  el  ánimo  empedernido  de  aquellos  capitanes,  y  Oviedo  se  creyó  en  consecuencia 
obligado  á  dar  noticia  al  Real  Consejo  de  Indias  de  los  escandalosos  crímenes,  que 
inundando  de  sangre  española  el  imperio  de  Atabaliba,  arrebataban  al  comercio  y 
á  la  agricultura  innumerables  brazos,  ofendiendo  la  moral  y  relajando  todos  los  vín- 
culos sociales  con  tan  pernicioso  ejemplo.  Cundieron,  pues,  á  tal  extremo  los  males 
de  América  y  en  especial  de  la  Isla  Española,  ya  aflijida  por  el  azote  de  los  piratas, 
ya  mermada  por  la  furia  de  la  emigración,  ora  abandonada  de  sus  pastores,  ora 
desamparada  de  sus  jueces,  que  después  de  baber  clamado  Oviedo  por  la  vuelta 
del  prelado,  solicitando  la  creación  de  un  procurador  mayor  de  la  ciudad,  el  nom- 
bramiento de  cuatro  jurados  y  la  conservación  del  fiel  ejecutor ,  oficio  que  se  ha- 
bia suprimido  con  poco  acuerdo  *^,  exclamaba  en  esta  forma,  dirigiéndose  al  Cé- 
sar el  24  de  mayo  de  1558:  «La  justicia  de  Vuestra  Magostad  ni  se  hace  ni  se 
«cumple ,  en  especial  en  esta  isla  é  cibdad ,  donde  nunca  se  paga  cosa  que  se 
»deba  ni  se  castiga  ladrón  que  haya,  porque  la  Audiencia  está  sola  con  un  solo  oy- 
))dor,  viejo  y  heredado  en  la  tierra  y  en  el  officio». 

Y  no  mas  grata  perspectiva  presentaron  los  negocios  de  la  Isla  Española  en  los 
siguientes  años ,  que  gastó  el  Alcaide  en  la  prosecución  de  sus  trabajos  históri- 
cos ",  sin  apartar  la  vista  de  los  cuidados  de  su  tenencia,  promoviendo  al  mis- 
mo tiempo  cuantas  mejoras  agrícolas  le  aconsejaba  su  talento  observador  y  le 
inspiraba  el  deseo  de  la  prosperidad  de  sus  compatriotas.  Poseía  Oviedo  á  ori- 
llas delHayna,  rio  que  pasaba  á  tres  leguas  de  Santo  Domingo,  uno  de  los  mas 
pingües  heredamientos  de  aquellas  riberas;  y  deseoso  de  alentar  con  el  ejemplo  los 
esfuerzos  de  los  pocos  labradores  que  el  descubrimiento  del  Perú  y  Nueva  Espa- 


lo En  caria  escrita  en  Sanio  Domingo  el  2o  de 
octubre  de  í537  ,  dando  cuenta  al  Real  Consejo  de 
Indias  de  las  desavenencias  de  Almagro  y  Pizarro, 
observaba  Oviedo:  «Yo  he  escriplo  á  estos  capita- 
«nes  lo  que  me  paresce  y  quánta  razón  lernán 
))Vras.  Mrds.  de  los  mandar  ordenar,  sino  se  orde- 
»náren,  y  que  miren  muy  bien  quien  los  conseja  y 
»que  por  ningundinleresse  ni  pasión  no  se  apar- 
Mten  de  la  paz  ni  den  causa  en  un  pelo  en  que  Vues- 
»lra  Magostad  sea  deservido  :  é  héselo  escriplo  muy 
»á  la  verdad  é  mis  cartas  lo  dirán ,  é  como  amigo 
»quc  los  he  Iractado  é  tuve  hacienda  antes  quellos 
»y  no  tengo  nescessidad  de  ninguno  dellos;  y 
»piensso  que  si  me  creyeren  que  ellos  acertaran, 
»y  léngolos  por  hombres  que  no  erraran  en  la  vo- 
«luntad  ni  en  la  obra  el  servÍ9Ío  de  Vuestra  Ma- 
wgestad  ,  si  malos  consejeros  no  los  hicieran  errar». 
Lo  mismo  repella  en  carta  de  9  de  diciembre  de  aquel 
año)  Real  Ac.  déla  líist.  C.  de  Muñoz,  t.  8 1 ,  A.  IOS). 


16  C.^ría  de  9  de  diciembre  de  lo38.  Colee,  de 
Muñoz,  ut  supra. 

17  Al  retocar  el  capítulo  7  del  libro  IV  de  la 
I."  Parte,  dccia  el  Alcaide  de  Sanio  Domingo:  «Aqui 
«llegué  con  esta  materia,  quando  esto  se  escribía 
»en  limpio  en  fin  de  marco  de  1339».  En  el  capítu- 
lo 20  dt'l  libro  VI  de  la  íl.'' Parle  observaba:  «Ya 
»todo  lo  que  en  estos  Iraclados  se  acrescentáre 
»desde  aqueste  año  de  i541  años  ó  poco  antes,  hade 
»ser  á  la  jornada,  segund  las  cosas  subcedieren  y 
»llegáren  á  la  noticia  del  chronisla,  hasta  la  impre- 
»sion  deslas  historias».  Al  final  del  capítulo  16  del 
hbro  V  de  la  misma  parle  ,  apuntaba:  «Aqui  llegó 
»esla  historia  en  el  mes  de  agosto  de  lo45  años». 
De  donde  claramente  se  deduce  que  no  dejaba 
Oviedo  de  acrecentar  sus  trabajos  hislóricos  sobre 
las  Indias ,  prosiguiéndolos  con  admirable  constan- 
cia, según  observaremos  adelante. 


DE  GOiNZ.  FERN.  DE  OVIEDO. 


LXIX 


ña  había  dejado  en  la  Isla,  ensayaba  el  cultivo  de  cuantas  plantas,  frutas  y  cerea- 
les juzgaba  provechosos,  logrando  con  frecuencia  los  mas  satisfactorios  resulta- 
dos **.  Divcrtia  de  esta  manera  los  ocios  de  sus  oficios,  siendo  al  par  consultado  de 
los  capitanes  y  descubridores  que  pasaban  por  aquella  ciudad  en  demanda  de  la 
Tierra-Firme,  cuando  á  principios  de  1541  vióse  acometido  de  aguda  y  penosa 
enfermedad ,  poniéndole  á  los  bordes  del  sepulcro  y  dejándole  tan  flaco  y  que- 
brantado que  hubo  menester,  para  fortalecerse,  de  larga  y  esmerada  convale- 
cencia ^*.  Restablecido  ya  algún  tanto  y  temeroso  de  no  poder  dar  á  la  estampa, 
si  le  asaltaban  de  nuevo  las  fiebres,  la  segunda  parte  de  la  Ilisloria  General  de  In- 
dias, concluida  en  aquella  sazón,  solicitó  licencia  del  Emperador  y  su  Consejo  para 
venir  á  España  con  propósito  de  publicar  lo  escrito,  obteniéndola  tan  cumplida  y 
pronta ,  como  deseaba ;  pues  que  el  éxito  alcanzado  por  la  primera  parte  hacia 
apetecible  la  impresión  délas  siguientes,  en  que  deberian  referirse  maravillosos 
descubrimientos  y  portentosas  conquistas. 

En  1.°  de  m^arzo  de  1542  escribia  Oviedo  al  virey  de  Nueva  España,  don  An- 
tonio de  Mendoza,  á  quien  tenia  pedidas  relaciones  de  lo  ocurrido  en  aquellas  par- 
tes, rogándole  que  se  sirviese  remitírselas  antes  de  mayo,  á  fin  de  utilizarlas 
convenientemente  en  la  edición  que  preparaba.  Mostrábase  el  Alcaide  resuelto  á 
no  tornar  á  las  Indias  hasta  dejarlo  todo  impreso  ^";  y  apercibido  para  el  viage, 
bien  que  no  tan  pronto  como  al  virey.  había  manifestado ,  solo  aguardaba  ya  el  día 
de  la  partida,  cuando  recibió  tres  cartas  del  Emperador,  concebidas  en  unos  mis- 
mos términos,  las  cuales  bastaron  á  desbaratar  por  entonces  todos  sus  proyectos. 
Avisábale  el  César  desde  Monzón,  en  50  de  agosto,  de  haber  roto  la  guerra  con 
España  el  rey  Francisco  I,  invadiéndolos  Estados  de  Italia,  y  amenazando  en- 
trarse en  la  Península  por  la  parte  de  Perpíñan ,  al  propio  tiempo  que  infestaba  el 
Mediterráneo  con  sus  armadas  y  las  de  Barbarroja,  su  aliado,  y  alentaba  á  los 
protestantes  de  Alemania,  llamando  al  turco  sobre  Ungría.  Preveníale  en  conse- 
cuencia que  atendiese  con  el  mayor  cuidado  y  vigilancia  á  la  custodia  del  castillo 
que  le  estaba  encomendado  y  á  la  defensa  del  puerto  y  ciudad  de  Santo  Domin- 
go, mandándole  que  suspendiese  su  intentado  viage,  lo  cual  verificó  Oviedo,  co- 
mo obediente  y  fiel  vasallo ,  dedicándose  desde  aquel  momento  á  reparar  las  forti- 
ficaciones, á  fin  de  que  no  le  tomase  desprevenido  cualquier  desagradable  acon- 
tecimiento ^*.  Grandes  temores  combatieron  el  ánimo  del  Alcaide,   durante  esta 


i8  Hist.  Gen.  y  Nat.  de  Ind.,  1.='  Parte,  lib.  Vil, 
cap.  i. 

19  Hist.  Gen.  y  Nat.  de  Ind.,  1.="  Part.,  lib.  IV, 
cap.  23. 

20  Dirigiéndose  Oviedo  al  virey  de  Méjico  en  la 
fecha  citada  le  decia,  hablando  de  su  historia;  «Yo 
»tengo  licencia  del  Emperador,  nuestro  señr r,  pa- 
nra  llevar  á  Su  Majestad  Calhólica  lo  escriplo  ,  y 
Mes  muy  desscado  en  España  é  fuera  della;  y  ando 
«alistando  mi  partida ,  y  espero  con  ayuda  de  Nues- 
))tro  Señor  que  será  en  todo  el  mes  de  mayo ;  y  no 
»piensso  volver  acá  hasta  dejarlo  todo  impresso» 


(Hist.  Gen.  y  Nat.  de  Ind.,  II.*  Parte,  lib.  XIV, 
cap.  53). 

21  ((Estando  para  partirme  (escribe),  res^ebí  tres 
«letras  de  un  tenor  ó  duplicadas  de  la  Cathólica 
wMagestad,  fechas  en  Monzón  de  Aragón,  á  los 
Htreynta  de  agosto  del  año  que  passó  de  mili  é  qui- 
wnientos  é  quarenla  y  dos,  en  las  quales  me  man- 
»dó  que  tuviesse  el  cuidado  y  vigilan9ia  que  Su 
«Magestad  de  mi  persona  confia  é  como  soy  obli- 
»gado,  en  la  guarda  é  fortificación  desta  fortale9a  de 
))Ia  cibdad  de  Sánelo  Domingo ,  que  á  mi  cargo  es- 
»lá,  en  que  yo  resido  en  su  real  servi§io;  porque 


LXX 


VIDA  Y  ESCRITOS 


nueva  guerra ,  en  que  iban  á  reproducirse  las  antiguas  pretensiones  de  aquellos 
dos  poderosos  rivales  que  con  tan  denodado  esfuerzo  y  tesón  aspiraban  al  dominio 
de  Europa;  y  mientras  las  banderas  españolas  tremolaban  victoriosas  en  Alema- 
nia, Flandes  é  Italia,  rechazando  al  par  y  desbaratando  á  los  franceses,  turcos, 
alemanes  y  africanos,  guardaba  Oviedo  celoso  y  entendido  aquella  preciosa  llave 
de  América,  dispuesto  siempre  é  castigar  con  las  armas  toda  invasión  extraña,  si 
bien  se  dolia  de  que,  por  no  haberse  aceptado  en  años  anteriores  sus  consejos,  no 
pudieran  ahora  presentar  las  islas  y  costas  de  Tierra-Firme  igual  resistencia.  El 
portentoso  esfuerzo  y  corage  de  los  españoles  triunfaba  por  último  de  todos  los 
enemigos  del  César,  comprando  Francisco  I  la  paz  de  Crespio,  publicada  en  9  de 
setiembre  de  1544,  con  la  renuncia  de  todo  derecho  á  los  Estados  de  Italia  y  pa- 
tronato de  Flandes  ^^. 

En  los  primeros  meses  del  siguiente  año  supo  Oviedo  la  concordia  asentada  entre 
el  Emperador  y  el  Rey,  no  mas  duradera  por  cierto  que  las  anteriores,  y  volvió  des- 
de luego  á  entender  en  su  proyectado  viage,  enriquecidas  la  primera  y  segunda 
parte  de  la  Historia  general  y  natural  de  Indias ,  con  nuevos  y  mas  peregrinos  do- 
cumentos ^'.  Favorecía  los  deseos  del  Alcaide  la  necesidad  en  que  la  ciudad  é  Isla 
se  encontraban  de  reclamar  justicia  contra  la  dureza  y  arbitrariedad  del  licenciado 
Alonso  López  Cerrato,  enviado  á  fines  de  1545  por  el  Real  Consejo,  para  tomar 
residencia  á  los  oidores  y  presidente  déla  Chancilleria  de  Santo  Domingo  y  gobernar 
aquella  provincia;  siendo  ya  insufribles  las  vejaciones  y  demasías  con  que  fatigaba  á 
sus  habitantes.  Movido  el  Regimiento  de  la  afrenta  y  daño  común,  resolvióse  final- 
mente á  elevar  sus  quejas  á  la  corte,  poniendo  de  relieve  los  vicisitudes  y  penalidades 
que  tenian  reducida  al  último  extremo  tan  envidiable  comarca,  y  recordando  las  sú- 
plicas délos  años  pasados,  hasta  entonces  de  todo  punto  infructuosas.  Nombró  con 
este  intento  sus  procuradores  á  Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo ,  de  cuya  lealtad  y 
entereza  habia  recibido  tantos  y  tan  claros  testimonios ,  y  al  capitán  Alonso  de  la 
Peña,  honrado  y  discreto  regidor  de  Santo  Domingo  ^*,  quienes  recibidas  las  ins- 


))la  guerra  está  rompida ,  é  fué  principiada  por  el 
wrey  de  Francia  con  la  Cathólica  Mageslad  é  sus 
«reynos  é  señoríos.  Y  desla  causa ,  como  obediente 
))é  fiel  alcayde  é  criado ,  cossé  en  mi  camino .  y  po- 
«niendo  en  efelo  lo  que  el  Emperador,  nuosiro  se- 
»ñor,  me  mandó ,  lie  oslado  quedo,  aguardando 
))el  liempo  é  su  real  servicio»  (Hist.  Gen.  y  Nat.  de 
Ind.,  IL"  Parle,  lib.  XIV,' cap.  54). 

22  El  artículo  octavo  de  la  concordia  de  Crespio, 
estaba  concebido  en  los  siguientes  términos:  «Que 
))el  rey  (Francisco)  haga  cession  é  Iraspassacion  rata 
«firme ,  como  la  hizo  en  la  concordia  de  Madrid  y 
wen  otras  ,  de  cualquier  derecho  que  pretenda  tener 
»al  reyno  de  Ñapóles  ,  Sicilia,  Milán,  condado  de 
»Arte,  derecho  de  patronazgo  que  tuvo  en  Flandes, 
))Artoes,  Islas,  Duaco,  ürchiaco ,  Tornay,  Mortan- 
nga  y  San  Amando»  (Fray  Prudencio  de  Sandoval, 
Hist  del  Emjierador  Carlos  V,  II. °  Parle,  lib.  XXVI, 
párr.  27). 


23  Explicando  Oviedo  las  causas  ya  indicadas 
de  la  suspensión  de  su  viage,  añade:  «Assi  estas 
»malerias  (la  historia  de  Indias)  se  han  suspendido 
«quanlo  á  la  impresión  dellas ;  pero  hánse  augmen- 
»lado  é  cada  dia  cresoen  en  su  discurso  hisloríal» 
{Hist.  Gen.  y  Nat.  de  Ind.,  II."  Parte,  lib.  XIV, 
cap.  54).  Lo  mismo  repite  en  otros  muchos  lu- 
gares. 

24  La  ciudad  y  Regimiento  de  Sanio  Domingo 
escríbia  al  Consejo  de  Indias  en  13  de  julio  de  1540: 
«A  lanías  relaciones  como  esta  cibdad  ha  hecho  de 
»los  trabaxos  y  fatigas  de  qualro  años  á  esta  par- 
»te  y  súplicas  para  su  remedio,  con  el  ausen- 
»cia  de  Su  Mageslad  y  otras  ocupaciones,  nada 
»se  ha  provehido.  Esta  nuestra  tierra  está  á  punto 
))de  perderse.  Enviamos  procuradores  al  alcayde 
«Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo,  coronista  de  Su 
»Magestad,  y  al  capitán  Alonso  de  la  Peña.  Favo- 
wrczcánles  Vras.  Mrds.  en  sus  pretensiones»  {Rea 


'DE  GON.  FERN.  DE  OVIEDO: 


LXXI 


trucciones  del  Regimiento  y  oportunas  credenciales,  salieron  de  la  Isla  Espa- 
ñola entrado  el  mes  de  agosto  de  1546,  arribando  á  Sanlúcar  en  los  últimos 
dias  de  octubre ,  no  sin  que  en  la  navegación  dejaran  de  experimentar  riesgos  y 
trabajos. 

Mediado  ya  el  mes  de  noviembre ,  llegaron  el  Alcaide  y  el  capitán  á  la  corte, 
la  cual  estaba  á  la  sazón  en  Madrid,  causándoles  hondo  disgusto  la  ausencia  del 
César,  que  empeñado  en  las  guerras  religiosas  de  Alemania,  tenia  confiada  la  go- 
bernación de  estos  reinos  al  príncipe  don  Felipe  ^.  Presentaron ,  no  obstante  ,  al 
Real  Consejo  de  Indias  sus  poderes,  y  procediendo  con  arreglo  á  la  instrucción 
que  traian ,  le  expusieron  el  lamentable  estado  en  que  dejaban  la  Isla  Española, 
grandemente  acrecido  con  la  publicación  de  las  ordenanzas  formadas  en  Vallado- 
lid  el  año  de  1542  ^^.  Instaba  el  buen  despacho  de  las  pretensiones  del  Regimien- 
to de  Santo  Domingo,  entre  las  cuales  no  era  la  menor  la  remoción  del  Cerrato; 
y  para  conseguirla ,  pusieron  ambos  procuradores  en  juego  todo  su  antiguo  vali- 
miento. Anhelaba  el  Alcaide  ganar  la  voluntad  del  principe,  y  noticioso  de  que  no 
le  desplacería  el  ver  amphada  la  breve  relación  que  en  1535  compuso  de  su  orden, 
describiendo  algunos  oficios  de  la  casa  y  cámara  del  primogénito  de  los  Re- 
yes Católicos,  consagróse  asiduamente  á  este  trabajo,  viéndolo  terminado  antes 
de  que  pasase  el  príncipe  al  Aragón ,  donde  pensaba  tener  cortes  de  aquel  rei- 
no ^'  Oviedo  aprovechaba  la  propicia  coyuntura  de  presentar  á  don  Felipe  su 


Acad.  de  la  Hist.,  Col.  de  Muñoz ,  tom.  84,  A.  121). 
Narrando  el  mismo  aícayde  las  arbitrariedades  y 
dureza  de  Cerralo,  observa:  «A  mí  no  me  eslá 
«bien  hablar  en  esío ,  porque  la  cibdad  de  Sánelo 
«Domingo  me  envió  á  mí  é  al  capitán  Alonso  de  la 
»Peña,  por  sus  procuradores  á  España,  é  con  su 
«poder  é  instrucción,  por  el  mal  concepto  que  de 
«Cerrato  é  de  su  riguridad  la  cibdad  tenia»  (Hist. 
Gen.  y  Nat.  de  Ind.,  I.*  Parte,  lib.  V,  cap.  12). 

23  «El  año  de  1546  fuy  procurador  desta  cibdad 
«de  Sancto  Domingo  é  Isla  Española  á  la  corte,  é 
«hallé  en  Madrid  al  Sereníssimo  príncipe  don  Phe- 
«lipe,  nuestro  señor,  que  gobernaba  en  ausencia». 
{Quinq. ,  11^  Parte.  Est.  32.) 

26  Las  ordenanzas  de  Valladolid ,  aconsejadas 
y  solicitadas  por  don  fray  Bartolomé  de  las  Casas, 
si  bien  eran  encaminadas  á  un  fin  santo  y  benéfico, 
no  por  eso  dejaban  de  ofender  los  intereses  de  los 
pobladores  de  América.  «Fray  Bartolomé  de  las  Ca- 
«sas,  frayle  de  la  Orden  de  Santo  Domingo,  que  fué 
«obispo  de  Chiapa  (decia  el  de  Pamplona  en  su  His- 
ntoria  de  Carlos  V),  dio  memoriales  al  Emperador, 
«diciendo  que  los  indios  eran  muy  mal  tratados  de 
«los  españoles,  que  les  quitaban  las  haciendas  y 
«las  vidas  cruelmente  :  que  los  ponían  en  minas  y 
«pesquerías  y  trabajos,  donde  perecían  y  las  lier- 
« ras  se  asolaban,  como  lo  estaban  ya  grandes  is- 
»las.  Apretaba  fray  Bartolomé  de  tal  manera  que  si 
«se  hiciera  lo  que  él  quería,  no  fuera  España  se- 
«ñora  de  las  Indias.  Opúsosele  el  doctor  Juan  Gine's 


«de  Sepúlveda,  eoronista  del  Emperador  y  sucape- 
«llan,  hombre  grave  y  doctísimo...  Tuvieron  disputas 
«y  conclusiones,  y  el  Emperador  por  el  celo  santo 
«que  en  todo  tenía ,  mandó  que  ningún  indio  se  pu- 
«diesse  echar  en  las  minas ,  ni  á  la  pesquería  de  las 
«perlas,  ni  se  cargassen,  salvo  en  las  partes  que  no 
«se  pudíesse  escusar,  y  pagándoles  su  trabajo :  que 
«se  tasassen  los  tributos  que  habían  de  dar  á  los  es- 
«pañoles :  que  todos  los  indios  que  vacassen,  por 
«muerte  de  los  que  agora  los  tenían ,  los  pusiessen 
«en  la  corona  real :  que  se  quitassen  las  encomien- 
«das  y  repartimientos  de  indios  que  tenían  los  obís- 
«pos ,  monasterios  y  hospitales ,  y  otros  officiales 
«del  reyno ,  y  particularmente  se  quitassen  en  el 
«Pírú  á  todos  los  que  hubiessen  sido  parte  y  culpa- 
«dos  ea  las  passiones  entre  don  Francisco  Pizarro 
«y  don  Diego  de  Almagro ;  y  estos  indios  y  rentas 
«se  pusiessen  en  cabeza  de  Su  Mageslad.  Esta  or- 
«denanza  se  llevó  muy  mal  y  la  ejecución  della  le- 
«vantó  las  gentes  del  Pírú ,  etc.«  (II."  Parte,  1.  XXIV, 
párr.  24).  Justo  es  reconocer  que  el  celo  que  anima- 
ba al  obispo  de  Chiapa  es  digno  de  lodo  elogio :  lo 
que  no  lo  merece  igualmente  son  los  medios  por  él 
cscogilados  y  propuestos  al  Emperador  ,  lo  cual 
demostraron  bien  pronto  los  acontecimientos.  Sen- 
sible nos  parece  que  para  evitar  la  opresión  de  los 
indios,  se  fuese  al  extremo  de  prodigar  sin  fruto  al- 
guno la  sangre  española. 

27    En  las  Adiciones  que  en  1548  puso  Oviedo  á 
los  Offigios  de  la  Casa  Real  {íol.  1),  escribía:  «En 


LXXII  VIDA  Y  ESCRITOS 

curioso  tratado  de  los  Officios  de  la  Casa  Real  de  Castilla,  para  recordarle  há- 
bilmente los  males  que  fatigaban  la  Isla  Española,  expresándose  de  este  modo: 
«  É  porque  mi  edad  no  es  ya  ni  estos  frios  de  Madrid  (donde  nasci)  para  hombre 
«que  há  treynta  é  cinco  años  que  está  sirviendo  á  Sus  Magostados  é  á  V.  A.  é 
»sus  progenitores  en  Indias ,  suplico  humilmente  que  en  los  negocios  é  nesces- 
))sidades  de  la  muy  leal  cibdad  de  Sancto  Domingo  de  la  Isla  Española  del  mar 
«Océano,  por  cuyo  procurador  estoy  en  esta  corte  de  V.  A.,  mande  remediar 
«aquella  tierra  con  brevedad  é  que  sea  socorrida  con  tiempo  con  el  favor  é  jus- 
«ticia  que  en  su  nombre  atiendo ,  y  que  el  Real  Consejo  de  Indias  me  despache, 
«pues  á  ninguno  vá  tanto  en  la  substenlacion  é  buena  gobernación  de  aquella 
«tierra  como  al  ceptro  real  de  Castilla  ^^». 

Nada  alcanzó  Oviedo  por  entonces ,  á  pesar  de  este  y  otros  esfuerzos  no  me- 
nos acertados ,  en  que  hubo  también  de  probarse  la  discreción  del  capitán  Alon- 
so de  la  Peña.  Al  fin  se  movia  la  corte  de  Madrid,  encaminándose  el  príncipe 
á  Monzón,  donde  tenia  convocadas  las  cortes  aragonesas;  y  siguiéndole  los  Con- 
sejos hasta  Aranda  de  Duero,  establecieron  alli  sus  audiencias,  á  fin  de  estar 
prontos  al  gobierno  de  Castilla,  viéndose  por  tanto  los  procuradores  de  Santo 
Domingo  forzados  á  trasladarse  á  dicha  población,  para  continuar  sus  comenza- 
das diligencias.  En  Aranda  permanecieron  todo  el  resto  del  verano  de  1547, 
tiempo  en  que  fueron  resueltas  por  el  Real  Consejo  de  Indias  algunas  demandas 
de  la  Isla  Española,  remitiéndose  las  mas  arduas  á  consulta  del  rey  don  Carlos, 
que  en  aquellos  dias  se  hallaba  en  Augusta  celebrando  dieta  del  imperio.  Seme- 
jante determinación  del  Consejo  advirtió  al  capitán  y  al  Alcaide  de  la  necesidad 
en  que  estaban  de  acudir  á  Alemania ,  si  habian  de  obtener  verdadero  resultado 
de  su  procuración  ;  y  como  ni  la  edad  ni  la  salud  de  Gonzalo  de  Oviedo  le  con- 
sentian  hacer  aquel  viage,  conformándose  ambos  procuradores  en  que  pasara 
Alonso  de  la  Peña  á  la  corte  del  César,  retiróse  el  Alcaide  al  Andalucia,  huyen- 
do los  penetrantes  frios  de  Castilla  ^^. 

Llegado  á  Sevilla,  punto  mas  propio  que  otro  alguno  para  la  inquisición  de 
noticias  de  América ,  pues  que  la  casa  de  contratación  llamaba  alli  á  los  capi- 
tanes, descubridores  y  mercaderes  que  del  Nuevo  Mundo  volvian,  dedicóse 
á  coordinar  las  relaciones  que  en  Madrid  le  habia  dado  Alvar  Nuñcz  Cabe- 

»el  año  de  i53o  en  la  villa  de  Madrid ,  donde  ñas-  en  <5í6  formó  el  libro  de  los  Officíos ,  aumenla- 

))cí  y  me  crié,  envié  al  príncipe  don  Plieüpe  una  re-  do  en  ÍSÍ8,  según  notaremos  adelante. 

«lacion  de  cinco  ó'seys  fojas  ,  en  que  dixe  breve-'  28     OffiQÍos  déla  Casa  Real,  etc.,  fol.  4,  Cód.,  E. 

«mente  aquello  de  que  yo  me  acordé  ,  y  creo  que  20o  de  la  Bibliot.  Nacional. 

»no  fueron  inútiles  las  cosas  que  aquella  caria  con-  29     «É  cómo  el  año  passado  de  1S47  el  príncipe, 

Mlenia  para  la  casa  y  ordinario  servicio  de  Vues-  «nuestro  señor  ,  dende  Madrid  se  fué  á  tener  corles 

«Ira  Alteza Después  que  en  el  mes  de  noviem-  wen  Aragón  y  los  Consejos  se  fueron  á  Aranda  de 

))bre  de  mili  é  quinientos  é  quarenta  y  seys  pro-  «Duero,  después  que  alli  estuve  despachado  de  al- 
Mximo  passado,  llegue  á  esta  corle,  he  sabido  «gunas cosas  é  se  remitieron  otras  á  consulta  de  la 
»que  será  Vuestra  Alteza  servido  de  mí,  si  re-  «Cesárea  Magostad,  esperando  de  Alemania  algu- 
«novasse  ó  despertasse  mi  memoria,  exercilán-  »na  respuesta  de  despachos  é  viendo  que  se  lardá- 
ndola en  escrebir  lo  que  loca  á  los  offiQÍos  de  la  «han,  por  mi  edad,  huyendo  del  frió ,  me  fuy  al 
»Casa  Real  de  Castilla  ,  etc.»  De  donde  se  deduce  «Andalucía».  (Ib.,  íol.  23.) 
«que  en  ío35  fué  una  carta  ó  breve  relación  lo  que 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO. 


LXXIII 


za  de  Vaca ,  relativas  á  las  expediciones  de  la  Florida  y  Rio  de  la  Plata ,  donde 
tantas  y  tan  inauditas  fatigas  habia  padecido  aquel  valeroso  y  experimentado  cau- 
dillo '**.  Amenizaba  el  Alcaide  estas  sabrosas  tareas ,  trayendo  á  la  memoria  los 
recuerdos  de  su  juventud ,  y  acaudalando  con  ellos  el  tratado  de  los  Officios  de 
la  Casa  Real,  no  sin  que  procurase  activar  las  negociaciones  de  su  procuración, 
manteniendo  activa  correspondencia  con  el  capitán  Alfonso  de  la  Peña  y  con  sus 
amigos  y  valedores  de  Monzón  y  de  Aranda  '*.  En  estas  ocupaciones  gastó  Oviedo 
los  restantes  meses  de  1547  y  parte  del  siguiente,  traduciendo  también  de  len- 
gua toscana  la  piadosa  obra,  titulada  Reglas  de  la  vida  espiritual  é  secreta  theolo- 
gia ,  libro  que  impreso  en  el  mismo  año,  bajo  la  inspección  del  traductor,  obtuvo 
el  mas  desgraciado  éxito  ^^.  A  principios  de  agosto  debian  reunirse  en  Valladolid 
los  procuradores  de  las  ciudades  para  celebrar  las  cortes  alli  convocadas  por  el  prín- 
cipe don  Felipe ,  quien  á  ruego  de  su  padre ,  gravemente  enfermo,  se  preparaba 
á  dejar  estos  reinos,  encomendando  su  gobernación  al  principe  Maximiliano,  velado 
ya  con  la  infanta  doña  Maria.  Supo  el  Alcaide  que  era  esta  la  ocasión  señalada  por 
el  Emperador  para  montar  la  casa  del  principe  de  Asturias  á  la  borgoñona,  desau- 
torizando asi  la  etiqueta  grave  y  sencilla  de  los  Reyes  Católicos  y  olvidado  el  antiguo 
proyecto  de  seguirla ;  y  deseando  estorbar  aquellas  novedades ,  partióse  luego  á 
Valladolid ,  donde  presentó  á  don  Felipe  las  Adiciones  á  los  Officios  de  la  Casa 
Real,  en  que  se  completaba  el  cuadro  del  servicia  y  corte  de  aquellos  esclareci- 
dos monarcas.  Ningún  efecto  produjo  en  esta  parte  la  solicitud  de  Oviedo:  el 
dia  15  del  referido  agosto  se  comenzó  el  principe  á  servir  á  la  borgoñona,  repar- 
tiendo los  oficios  de  su  palacio  entre  los  mas  ilustres  magnates  de  Castilla  ^^ 

Pero  si  vio  el  Alcaide  malogrado  el  tiempo  consumido  en  aquellas  tareas  y  des- 
deñado el  generoso  impulso  que  le  sacó  de  Sevilla,  no  por  eso  fué  inútil  su  pre- 
sencia en  la  corte  para  su  procuración  y  empresas  históricas.  Pocos  dias  pasaron 
desde  su  llegada,  cuando  se  recibieron  en  Valladolid  las  nuevas  del  levantamiento 
y  tiranías  de  Gonzalo  Pizarro ,  quien  desbaratado  al  fin  por  la  constancia  y  pru- 
dencia del  presidente  Pedro  de  la  Gasea,  habia  sido  degollado  en  el  valle  de  Xa- 
quixaguana,  para  escarmiento  de  traidores.  Vinieron  con  estas  cartas  algunas  re- 


30  Hist.  Gen.  y  Nat.  de  Ind.,  TI."  Parle,  lib.  XVI, 
cap.  7. 

31  «E  llegado  á  Sevilla,  acordé  de  acomular 
))otros  Offigios  de  la  Casa  Real  en  el  tiempo  que  va- 
»caba  c'  me  faltaba  que  escrebir  é  mensajeros  para 
«las  inteligencias  de  Alemania  ó  Monzón  é  Aranda» 
(Ad.  á  los  Off.,  utsupra). 

32  «E  assi  lo  restante  del  año  (d547)  lo  passc  al 
«fuego  (en  Sevilla)  é  lo  que  del  venidero  é  presente 
))de  1548  no  hizo  calor...  lo  gasté  en  esto  (en  escri- 
»b¡r  las  adiciones  á  los  Offigios)  y  en  la  impression 
))de  aquel  devoto  libro  de  las  fíeglas  de  la  vida  espi- 
nritual  é  secreta  theologia  ,  que  yo  passé  é  traducí 
»de  la  lengua  toscana  en  esta  nuestra  castellana:  en 
))lo  qual  el  imprcssor  ganó  pocos  dineros  é  yo  nin- 
»  gunos;  pero  ambos  despendimos  bien  el  tiempo ,  el 

TOMO  1. 


»qual  está  de  manera  que  no  buscan  los  mas  de  los 
»hombres  libros  que  aprovechen  al  ánima,  sino  trac- 
))tados  que  tengan  essa  y  el  cuerpo  ocupados  en  leer 
«devaneos,  por  su  passaliempo  ,  y  es  tan  mal  pas- 
))sado  ,  que  es  de  averíos  lástima  á  los  que  en  essas 
«vanas  liciones  gastan  la  vida»  {Ut  supra). 

33  Cristóbal  Calvete  de  Estrella,  criado  del  mis- 
mo príncipe  don  Felipe,  docia  sobreesté  punto  «que 
el  duque  de  Alva  vino  de  Alemania  con  orden  del 
Emperador  Carlos  V  para  poner  ki  casa  del  príncipe 
don  Phelipc  á  forma  y  uso  de  la  casa  de  Boryoña». 
Después  añade  que  los  mayordonios  del  príncipe 
(era  el  mayor  el  mismo  duque  de  Alva )  salieron 
muy  galanes  y  muy  ric;  nenie  vestidos  ,  y  lo  mis- 
mo los  genlüos  hombres  de  la  boca  y  do  la  casa,  etc. 
{Viaae  del  pri'iríie  don  Phelipc,  fol.  12). 

10 


LXXIV 


YIDA  Y  ESCRITOS 


laciones  de  todo  lo  ocurrido  en  tan  sangrientas  revueltas,  apareciendo  evidente 
que  habian  sido  principal  causa  de  ellas  las  ordenanzas  de  Valladolid ,  contrarias 
al  bienestar  de  los  pobladores,  y  la  dureza  y  poco  tino  del  virey  Vasco  Nuñez 
Vela,  vencido  y  muerto  en  Quito  por  elPizarro.  Aprovechó  Oviedo  el  mal  efecto 
de  las  ordenanzas  para  inclinar  el  ánimo  del  Consejo ,  que  ya  blandeaba ,  á  su  mo- 
dificación, y  con  no  menor  diligencia  adquirió  en  breve  las  relaciones  remitidas 
por  don  Alonso  de  Montemayor  y  otros  pobladores  del  Perú,  las  cuales  halló  en 
manos  del  magnífico  caballero  Pedro  de  Mejia,  cronista,  como  él,  del  Empera- 
dor Carlos  V,  y  á  quien  le  unian  ya  amistosos  lazos  ^*.  Terminadas  las  cortes,  sa- 
lió el  principe  de  Valladolid  el  1.°  de  octubre,  dirigiéndose  á  Barcelona  con  áni- 
mo de  pasar  á  Flandes,  mientras  tornaba  Oviedo  á  Sevilla,  para  esperar  allí  la 
vuelta  del  capitán  Alonso  de  la  Peña. 

Desesperado  de  la  tardanza ,  bien  que  atento  siempre  á  recoger  cuanto  im- 
portaba á  la  prosecución  de  la  Historia  general  de  Indias,  cuya  nueva  impre- 
sión habia  suspendido ,  no  solamente  por  la  ausencia  del  Emperador ,  sino  tam- 
bién por  el  deseo  de  abrazar  todos  los  sucesos  que  iban  llegando  á  su  noticia  ^', 
comenzaba  ya  á  flaquear  su  constancia ,  á  tiempo  que  recibió  una  carta  del  infante 
de  Castilla  y  Rey  de  romanos,  en  la  cual  le  manifestaba  el  placer  hallado  en  la 
lectura  de  la  primera  parte  publicada  en  1535,  rogándole  al  par  que  no  levan- 
tase mano  de  aquellas  tareas,  hasta  cumplir  lo  que  en  la  misma  habia  prometi- 
do ^*.  Fué  esta  súplica  de  don  Fernando  supremo  mandamiento  para  el  xVlcaide, 


34  Hisl.  Gen.  y  Nat.  de  Ind.  III.'  Parle ,  lib.  XI, 
caps.  10  y  il). 

3o  No  podemos  menos  de  llamar  la  atención  de 
los  lectores  sobre  un  hecho  que  parece  contradic- 
torio de  estos  asertos  y  cuya  explicación  no  es  tan 
fácil  como  deseáramos.  Hablamos  de  la  edición  de 
la  1.*  Parte  de  la  Historia  general ,  hecha  en  Sala- 
manca con  estos  títulos:  aCrónica  de  las  Indias. — 
La  Historia  general  de  las  Indias,  agora  nueva- 
mente impressa,  corregida  y  emendada,  i 347 — y 
la  conquista  del  Perú».  Es  digno  de  notarse  cier- 
tamente que  no  haga  Oviedo  mención  alguna  de 
esta  edición  en  sus  manuscritos,  aumentados  en 
1548  (según  vá  apuntado),  manifestando  por  el 
contrario  en  multitud  de  pasages  que  se  prepara- 
ba en  dicho  año  á  hacer  la  segunda  y  no  la  terce- 
ra impresión  de  la  referida  I.'  Parte. — No  deja  sin 
embargo  de  ser  extraño  el  que  se  advierta  al  frente 
de  esta  edición  que  iba  corregida  y  enmendada;  por- 
que si  bien  no  se  expresa  que  lo  fuese  por  el  autor, 
la  circunstancia  de  hallarse  este  en  España ,  aunque 
no  consta  que  pasase  en  1348  á  Salamanca,  dá  oca- 
sión á  creer  que  no  hubiera  consentido  á  nadie  po- 
ner la  mano  en  una  obra  propia,  traducida  ya  á  tantos 
idiomas.  Hay  otra  circunstancia  en  la  impresión  de 
Salamanca  que  debe,  en  nuestro  concepto,  tenerse 
presente:  en  la  de  Sevilla  de  1333  se  dccia,  al  final 
del  libro  de  los  Naufragios:  «Lo  qual  todo  fué  visto 
»y  examinado  en  el  Consejo  Real  de  Indias,  y  le  fué 


»dado  (á  Oviedo)  previlegio  para  que  ninguna  otra 
npersona  lo  pueda  imprimir ,  sino  él  ó  quikn  su  po- 
»DER  oviERE,  SO  gravcs  pcnos» .  En  la  de  Salamanca 
se  omite  .esta  cláusula  subrayada,  expresándose  so- 
lo «que  se  acabó  de  imprimir  en  la  muy  noble  cib- 
»dad  de  Salamanca,  en  casa  de  Juan  de  Junta,  á 
»dos  dias  del  mes  de  mayo  de  mili  y  quinientos  y 
wquarenta  é  siete  años»,  tiempo  en  que  Oviedo  se 
hallaba  en  Sevilla.  De  todas  estas  observaciones  ,  á 
las  cuales  debe  añadirse  la  de  haberse  impreso  jun- 
tamcnlc  la  relación  de  la  conquista  del  Perú ,  es- 
crita por  Francisco  de  Xercz,  lo  cual  no  hubiera 
hecho  ni  consentido  Oviedo  en  manera  alguna, 
pues  que  la  tenia  él  ya  escrita,  se  deduce  sin 
violencia  que  no  hizo  por  sí  la  edición  referi- 
da de  1347,  si  bien  pudo  dar  su  consentimien- 
to, introduciendo  al  par  algunas  enmiendas  y  cor- 
recciones. Puaiera  también  deducirse  del  silencio 
absoluto  de  Oviedo  y  sus  continuas  referencias  á 
la  segunda  impresión  que  preparaba  en  1348,  cu- 
yas copiosas  adiciones  van  incluidas  en  la  presen- 
te, que  no  la  tuvo  tampoco  por  tan  autorizada  co- 
mo la  de  1333,  lo  cual  aumenta  notablemente  la 
estimación  de  esta  en  el  aprecio  de  los  eruditos. 

36  Refiriéndose  Oviedo  á  su  avanzada  edad, 
enfermedades  y  vicisitudes  que  le  habian  estorbado 
sacar  á  luz  la  II. *  parte  de  la  Historia  general ,  ana- 
dia :  «  Pero  no  por  esso  me  excusaré  de  continuar 
«estas  vigilias^  y  agora  mucho  mas,  porque  junto 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO.  LXXV 

quien  en  el  mismo  año  de  1548  consignaba  en  la  Historia  General  las  siguientes 
palabras ;  «En  la  brevedad  de  mis  dias ,  diré  lo  que  fuere  Dios  servido  que  por  mi 
»se  continúen  estas  materias;  donde  con  mis  canas,  passado  ya  de  los  sesenta  é 
))nueve  años  que  ha  que  vivo,  ningún  dia  se  me  passa  fuera  desta  ocupación  (al- 
))gunas  horas) ,  trabaxando  lodo  lo  que  en  mí  es  y  escribiéndolo  de  mi  mano,  con 
))desseo  que  antes  del  último  dia  de  los  que  me  quedan ,  yo  pueda  ver  corregido 
»y  en  limpio  impresso  lo  que  en  todas  tres  partes  de  aquesta  General  historia  de 
^^Indias  yo  tengo  notado.  Y  en  tanto  que  el  sol  me  tura,  estoy  agora  en  este  año 
))de  mili  é  quinientos  é  quarenta  y  ocho,  dando  orden  cómo  en  este  año  ó  en  el  si- 
wguiente  se  reimprima  esta  primera  parte ,  acrescentada  y  enmendada  y  mas  or- 
»nada  que  estuvo  en  la  primera  impression :  é  assi  mismo  se  imprimirá  la  segun- 
))da ,  y  yo  quedaré  continuando  la  tercera ,  en  la  qual  no  me  faltará  voluntad  para 
«concluirla ,  pues  que  está  una  grand  parte  della  escripta  en  minutas»  ^^.  No  se 
habia  terminado  el  año ,  y  ya  el  Alcaide  de  Santo  Domingo  (llegado  á  Sevilla  con 
los  despachos  de  Alemania  el  capitán  Alonso  de  la  Peña) ,  se  preparaba  para  res- 
tituirse á  la  Isla  Española,  teniendo  aun  en  aquellos  últimos  dias  la  fortuna  de 
aumentar  los  datos ,  adquiridos  en  Valladolid  sobre  el  levantamiento  de  Gonzalo 
Pizarro,  con  la  relación  de  Diego  Centeno,  que  Pedro  de  Mejia  le  enviaba  ^*.  El 
resultado  de  la  procuración ,  bien  que  algo  costoso  por  el  tiempo  gastado  en  ella, 
no  podia  menos  de  satisfacer  los  deseos  del  Regimiento  de  Santo  Domingo:  tanto 
el  licenciado  Cerrato  como  su  compañero  Alonso  de  Grageda  fueron  removidos  de 
la  Chancilleria  y  quedaron  sujetos  á  residencia ,  volviendo  á  la  Isla  Española,  con 
título  de  Arzobispo  y  capitán  general,  el  antiguo  presidente  don  Alonso  de  Fuen- 
mayor  ,  querido  y  deseado  de  aquellos  pobladores  ^^. 

En  los  primeros  dias  de  1549  se  embarcaban  el  capitán  y  el  Alcaide,  la  vuelta 
de  América,  nombrado  el  último  regidor  perpetuo  de  la  ciudad  de  Santo  Domin- 
go, á  donde  llegaron  á  fines  del  mes  de  marzo,  siendo  agasajados  y  honrados  por 
el  Regimiento,  que  veía  en  ellos  los  salvadores  de  aquella  comarca.  Mas  bien 
pronto  vinieron  á  turbar  el  contento  y  satisfacción  de  Oviedo  nuevos  sinsabores  y 
pehgros.  Cercano  ya  á  los  setenta  y  un  años,  tuvo  la  amargura  de  verse  insultado  y 

))Con  servir  en  ello  á  la  Calhólica  Magostad  del  Em-  documenlos  que  recogió  en  Valladolid  en  el  mes  de 

aperador  rey,  nuestro   señor,   y  hacerlo  por  su  agosto:  «E  las  cartas,  que  el  chronista  di^e  que  allí 

))mandado  y  como  su  chronista  en  estas  parles  é  ))vido  de  capitanes  é  personas  del  conoscidas  é  de 

«Indias,  me  manda  la  Magestad  Sereníssima  de  su  «crédito,  en  muchas  cosas  concuerdan  con  esta  rela- 

))hermano  el  infante  de  Castilla  don  Fernando  ,  Rey  wcion  que  en  Sevilla  vino  á  sus  manos  en  el  mes  de 

))de  los  romanos  y  de  Ungria  y  Bohemia,  por  su  car-  «diciembre  de  -1548)).  Y  luego  añade  :  «Estando  en 

»la  messiva  que  no  cesse  de  escrebir  lo  que  ofrescí  «Sevilla ,  atendiendo  que  abonancen  los  tiempos  pa- 

«en  la  primera  parte',  teniénrJose  por  servido  dello,  »)ra  volverse  á  la  cibdad  de  Sancto  Domingo  de  la 

^á  lo  cual  tampoco  puedo  faltar,  haciendo  lo  que  «Isla  Española,  con  los  despachos  que  de  la  (^esú- 

«debo  a  su  real  servicio ,  como  faltarme  á  mí  mes-  «rea  Magestad  é  del  príncipe  ,  nuestro  señor,  ha  ne- 

»mo,   negándome   yo  los   alimentos   para   vivir»  «gociado  para  la  buena  gobernación  de  aquella  tier- 

{Hist.  Gen.   y  Nat.   de  Ind.  ,  11.^  Parte,  lib.   IIÍ,  »ra  ,  é  á  cabo  de  escribirse  é  continuarse  estas  his- 

ppq]^  \  «lorias  hoy  lunes,  tres  dias  del  mes  de  diciembre 

37  Ib.     I.°  Parle  ,  lib.   VI ,  proh.  "del  dicho  año,  etc.»  (Hist.  Gen.  y  Nat.  de  Ind.,  III.* 

38  Al  dar  cuenta  Oviedo  del  levantamiento  y  Parle,  lib.  XI,  cap.  -14). 

traición  de  Gonzalo  Pizarro  ,  dice,  mencionando  los  39    Ib.,  I."  Parte  ,  lib.  V ,  cap.  12). 


LXXVI 


VIDA  Y  ESCRITOS 


aun  amenazado  de  muerte  por  un  racionero  de  la  catedral ,  llamado  Medrano, 
quien  no  solamente  osó  maltratar  sus  hidalgas  canas ,  sino  que  á  riesgo  de  pasar 
por  sacrilego ,  llevó  su  odio  hasta  el  extremo  de  quitar  las  armas  del  Alcaide  de 
su  enterramiento  y  capilla ,  labrados  en  la  misma  iglesia  y  pertenecientes  al  ma- 
yorazgo ,  fundado  por  él  en  aquella  isla  *".  En  14  de  abril  siguiente  se  hacia  ante 
la  Audiencia  la  información  de  aquel  atentado,  dándose  el  Alcaide  por  satisfecho 
con  la  reparación  completa  que  obtuvo,  siendo  el  racionero  multado  y  condenado 
á  restituir  en  su  primer  ser  el  sepulcro  y  capilla  **. 

Pasado  este  nublo,  que  derramó  no  poca  ponzoña  en  el  corazón  del  cronista,  y 
asentado  de  nuevo  en  su  casa  y  fortaleza,  volvió  los  ojos  á  sus  colosales  proyec- 
tos literarios,  resuelto  á  darles  cima  con  la  voluntad  de  un  mancebo  y  la  perseve- 
rante madurez  de  un  anciano.  Era  una  de  las  obras  que  mashabia  acariciado  Ovie- 
do desde  que  presentó  al  César  el  Catálogo  Real  de  Castilla,  un  tratado  sóbrela  no- 
bleza y  casas  principales  de  España,  considerado  por  él  como  el  complemento  de 
aquella  larga  historia ,  é  interrumpido  desde  1 545  por  la  promesa  que  Florian  de 
Ocampo  hacia  en  el  mismo  año  de  pubHcar  las  ilustraciones  que  tenia  recogidas  so- 
bre los  linages  españoles.  Cansado  de  esperar  inútilmente,  ó  mas  bien  convencido 
de  que  no  era  fácil  á  Ocampo  el  cumplimiento  de  su  palabra  *^ ,  determinóse  á  dar 
la  última  mano  á  esta  importante  obra ,  en  la  cual  allegó  tantas  y  tan  peregrinas 
noticias,  respecto  de  las  costumbres  y  proezas  de  sus  coetáneos,  que  no  sinrazón 
podria  ser  considerada  como  uno  de  los  monumentos  que  mas  fielmente  reflejan 
el  glorioso  reinado  de  los  Reyes  Católicos.  Dióle  el  título  de  Batallas  y  Quin- 
quagenas ,  dividiéndola  en  cuatro  gruesos  volúmenes ;  y  proponiéndose ,  á  ejem- 
plo de  Hernán  Pérez  de  Guzman,  formar  en  ellos  copiosa  y  rica  galeria  de  re- 
tratos ,  trajo  á  consecuencia  los  ascendientes  y  descendientes  de  cada  personage, 
como  quien  habia  conocido  casi  todos  los  hombres  de  Estado  de  los  reinos  de 
León  y  Castilla,  Navarra  y  Aragón ,  Granada  y  Cataluña  *^  Terminada  esta  pre- 
ciosa obra,  procuró  también  dar  cabo  á  otra,  no  menos  interesante  y  útil  al  es- 
clarecimiento de  la  historia  nacional,  la  cual,  empezada  desde  1520,  tenia  ya 
bosquejada  y  recogida  en  minutas  el  año  de  1532,  cuando  presentó  á  la  corte 


40  El  mayorazgo,  fundado  por  Oviedo  en  la  Isla 
Española ,  pertenece  hoy  al  señor  don  Manuel  Se- 
queira  y  Caro ,  residente  en  la  Habana  ,  habiéndolo 
heredado  este  caballerro  del  último  poseedor  don 
Francisco  Javier  de  Caro  y  Torquemada ,  consejero 
que  fué  del  Real  y  Supremo  de  Indias,  ya  abolido. 

41  Real  Acad.  de  la  Hist.,  Colee,  de  Muñoz,  to- 
mo 8o,  A  H2. — Arch.  gen.  de  Ind.,  Cart.,  leg.  24. 

42  El  Alcaide  de  Santo  Domingo  escribía  sobre 
este  particular  lo  siguiente :  «  Desseo  ver  lo  que  tie- 
wne  prometido  esse  coronista  (Florian  de  Ocampo) 
«desde  quince  de  diciembre  de  mili  é  quinientos  é 
wquarenta  y  tres,  y  no  me  maravillo  que  tarde  tan- 
»to  en  cumplir  su  palabra,  aunque  estamos  ya  en 
»el  año  de  mili  é  quinientos  é  cinqüenta,  porque 


»mas  me  maravillaré  si  él  cumple  lo  que  díxo  en  el 
wprohemio  ó  prólogo  de  los  qualro  libros  de  la  pri- 
»mera  parte  de  la  Crónica  general  de  España  que 
«recopila  eseauctor»  {Bal.  y  Quinq.,  Cod.  K.,  130, 
fol.  180).  Lo  mismo  manifiesta  en  elfol.  221  del  mis- 
mo códice,  y  lo  repite  en  otros  lugares. 

43     En  la  estanza  22  de  la  III."  Parte  de  las  Quin- 
quagenas  decia  Oviedo  :  «Y  no  os  maravilléis  si  en 

«alguna  de  las  cosas  que  hasta  aqui  he  escripto 

«yo  hablo  mas  puntualmente  que  otro  lo  haria,  por- 
«que  á  la  verdad  pocos  hombres  de  Estado  (y  digo 
«muy  pocos)  hay  de  estos  reynos'de  Castilla  y  de 
«León  ,  Galicia,  Navarra  ,  Granada,  Aragón,  Va- 
«lencia  é  Cataluña  que  yo  no  los  haya  visto  é  conos- 
«cido  á  ellos  ó  sus  padres  ó  abuelos». 


DE  GONZ.  FERiN.  DE  OVIEDO.  LXXVII 

la  primera  parte  del  Catálogo  Beal  de  Castilla  **.  Intitulábase  aquel  escrito  Libro 
del  blasón  de  todas  las  armas  y  teniendo  por  objeto  el  investigar  los  orígenes 
de  cuantas  'empresas  y  blasones  ilustraban  la  nobleza  española;  tratado  en  que 
mostró  Oviedo  vasta  y  sazonada  lectura,  confesándose  partidario  de  la  ciencia 
heráldica  ,  la  cual  comenzaba  por  aquellos  dias  á  ser  considerada  y  cultivada  con 
empeño,  por  la  misma  razón  que,  vencida  y  dominada  la  grandeza  en  el  campo 
de  lo  s  hechos ,  acudia  á  los  recuerdos  de  sus  mayores  para  justificar  con  las  glo- 
rias de  aquellos  su  representación  y  valimiento  en  el  Estado. 

A  estos  meritorios  trabajos  consagraba  el  Alcaide  de  Santo  Domingo  sus  vigi- 
lias ,  sin  que  olvidase  un  punto  la  Historia  general ,  á  cuya  terminación  estaba  obli- 
gado como  cronista,  ni  se  creyera  excusado  de  retocar  el  Catálogo  fíeal  de  Casti- 
lla, añadiéndole  la  narración  de  la  última  campaña,  sostenida  por  el  César  contra 
los  luteranos ,  campaña  en  que  habia  don  Carlos  conquistado  los  envidiables  títulos 
de  experto  caudillo  y  magnánimo  príncipe  *'.  Pero  si  no  era  la  nieve  de  los  años 
bastante  á  apagar  en  su  pecho  aquel  amor  á  las  letras ,  que  desde  la  infancia  le  ha- 
bia aumentado ,  tampoco  las  tareas  historiales  le  impedían  el  acudir  á  los  negocios 
púbhcos,  á  que  sus  cargos  de  alcaide  y  regidor  le  llamaban.  El  lastimoso  estado 
que  presentaba  la  Isla  Española  en  1546,  no  habia  cambiado  desgraciadamente 
con  las  provisiones  alcanzadas  dos  años  después  por  el  capitán  y  el  cronista:  ni 
la  población  se  aumentaba ,  ni  florecía  la  agricultura ,  ni  se  reformaban  las  costum- 
bres, ni  lograba  la  justicia  señorear  aquella  desventurada  provincia,  presa  de 
bastardas  pasiones ,  engendradoras  de  todo  linage  de  abusos.  En  vano  clamó  Ovie- 
do ,  ya  como  regidor  de  Santo  Domingo ,  ya  como  Alcaide  y  cronista  de  las  Indias, 
por  el  ahvio  de  aquellos  males :  atenta  la  corte  de  España  á  los  grandes  aconteci- 
mientos que  turbaban  la  paz  del  catolicismo ,  y  deslumbrada  sin  duda  por  los  triun- 
fos del  César ,  meditaba  tal  vez  en  el  remedio  y  prosperidad  de  aquellos  opulen- 
tos dominios,  cuando  venían  las  flotas  cargadas  de  oro  á  sacarla  de  sus  frecuen- 
tes apuros. 

Un  suceso,  en  sumo  grado  fatal  para  la  Isla  Española,  movía  al  Alcai- 
de en  8  de  febrero  de  1554  á  importunar  de  nuevo  á  la  corte,  para  represen- 
tarle la  horfandad  que  amenazaba  á  los  pobladores  de  Santo  Domingo.  Acometido 
el  Arzobispo  gobernador  de  mortal  dolencia,  ninguna  esperanza  de  vida  daba  á 
aquellos  habitantes,  que  en  medio  de  sus  tribulaciones  y  quebrantos  acudían 
siempre  á  él ,  como  á  padre  soHcito  y  cariñoso ,  bastando  el  prestigio  de  su  voz 
para  consolarlos  y  fortalecerlos.  Oviedo  (á  quien  distinguía  el  Arzobispo  entre  to- 
dos los  regidores  de  la  capital ,  no  tanto  por  la  solicitud  que  siempre  había  mos- 
trado en  bien  de  aquellas  regiones ,  como  por  su  edad  y  madura  experiencia), 
acaso  mas  dolorido  que  otro  alguno,  bien  que  atento  siempre  á  la  prosperidad 

44    «Todo  esto  que  loca  á  las  banderas  de  ar-  «copiosamente  notado».  {Catálogo  Real  de  Casli- 

«mas ,  si  yo  tuviere  vida  para  acabar  de  sacar  en  la,  fol.  7). 

))limpio  el  Libro  general  de  Armas  que  muclio  liem-  43    Cuando  refiere  el  Alcaide  las  causas  que  es- 

wpo  há  yo  escrcbí ,  de  lástima  de  ver  las  ynorancias  torbaron  su  venida  á  España  en  d  542,   observa: 

«que  en  ella  andan  en  estos  reynos,  se  verá  asaz  «Después  que  de  Moncon  partió  César  passó  en 


LXXVIII  VIDA  Y  ESCRITOS 

común,  creyó  oportuno  prevenir  el  ánimo  del  Consejo  sobre  esta  nueva  calamidad, 
adelantándose  á  manifestarle  que  no  senlaria  mal  la  dignidad  de  Fuenmayor  al  Obis- 
po de  San  Juan ,  don  Rodrigo  de  Bastidas ,  cuyos  servicios  y  los  de  su  padre  le 
hacian  acreedor  á  la  gratitud  del  César  *^.  Pudiera  tal  vez  inclinarle  á  dar  este 
paso  el  deudo  que  ya  le  unia  al  hijo  del  capitán,  que  en  1527  le  estorbara  pose- 
sionarse de  la  gobernación  de  Cartagena;  pero  aunque  apareciese  interesado,  eran 
tantas  y  tales  las  prendas  del  Obispo ,  y  se  habia  consagrado  con  tan  esmerada  so- 
licitud á  labrar  la  felicidad  de  sus  feligreses ,  que  bien  merecia  disculpa  la  sana 
intención  del  Alcaide.  Al  cabo  plugo  á  la  Providencia  alargar  los  dias  del  Arzo- 
bispo ,  restituyendo  la  esperanza  perdida  á  los  moradores  de  la  Isla  Española ,  que 
veian  en  la  muerte  del  gobernador  su  total  ruina. 

Todo  el  año  de  i  554  lo  pasó,  no  obstante,  el  Regimiento  de  Santo  Domingo  en  sú- 
plicas y  demandas  dirigidas  al  Consejo  de  Indias,  y  encaminadas  á  evitar  que  se  des- 
poblara totalmente  la  Isla  Española ,  considerada  solo  como  escala  y  factoria  de  las 
regiones  últimamente  descubiertas  en  la  Tierra-Firme.  Unió  Oviedo  su  voz  á  la  de 
sus  compañeros  no  con  mayor  fortuna  que  en  los  años  anteriores,  y  cansado  al  fin 
de  tan  inútil  y  larga  porfía ,  pensó  en  restituirse  á  España ,  deseoso  de  terminar  sus 
dias  en  el  suelo  donde  habia  nacido.  Mas  no  quiso  impetrar  esta  gracia  de  la  corte, 
sin  conquistarla  primero  con  sus  merecimientos ;  y  en  aquella  edad ,  cuando  pare- 
cia  que  le  hubiesen  ya  abandonado  las  fuerzas  intelectuales,  emprendió  una  de  sus 
mas  preciosas  obras,  capaz  de  arredrar  por  su  extensión  é  importancia  á  quien  se 
encontrara  en  la  virilidad  mas  entera.  Proponíase  en  este  peregrino  tratado,  que 
dividió  en  tres  partes,  corregir  las  costumbres  de  la  juventud,  presentando  á  su 
vista  heroicos  ejemplos,  dignos  de  ser  imitados;  y  dándole  el  título  Quinquagenas, 
recogió  en  ellas  todo  el  fruto  de  su  nestoriana  experiencia,  poniendo  al  mismo 
tiempo  en  contribución  sus  apuntamientos,  diarios  y  minutas.  Admirado  sin  du- 
da el  mismo  Oviedo  de  conservar  á  los  setenta  y  siete  años  el  vigoroso  alien- 
to de  la  juventud,  hacia  gala  de  su  ancianidad  en  diferentes  pasages  de  di- 
cha obra,  manifestando  de  paso  su  perseverancia  en  los  trabajos  históricos: 
«Entended,  letor  (exclama),  que  há  dias  que  en  estas  y  otras  materias  escribo  y 
)}hablo,  y  no  desde  ayer,  sino  sin  muelas  y  dientes  me  ha  puesto  tal  exercicio. 
»De  las  muelas,  ninguna  tengo,  y  los  dientes  superiores  todos  me  faltan,  y  un 
«pelo  en  la  cabeca  y  la  barba  hay  que  blanco  no  sea ,  y  en  septenta  y  siete  años 
«constituido,  vivo  hasta  que  el  Señor  de  la  vida  sea  servido.  Y  desde  el  año  de  mili 
))é  qua trocientes  y  noventa,  seyendo  de  doce  años,  page  muchacho,  fuy  llevado 
))á  la  corte  de  los  Sereníssimos  é  Cathólicos  Reyes,  don  Fernando  y  doña  Isabel  de 
«inmortal  memoria,  y  empecé  á  ver  y  conoscer  la  caballería  y  nobles  y  principa- 
«les  varones  de  España»  *^.  El  Alcaide  de  Santo  Domingo  que  escribió ,  tanto  esta 

»Aleman¡a  é  en  aquellos  sus  Estados  que  por  alli  Gen.  y  Nat.  de  Ind.,  11."  Parte,  lib  XIV,  cap.  54). 

Mliene,  le  dio  Dios  los  buenos  subccsos  que  en  la  46    Real  Acad.  déla  Ilist.  Col.  de  Muñoz,  to- 

«segunda  parte  que  escrebi  del  Cathúlogo  Real  de  mo  87,  A.  114. 

nCaslilla  desde  el  cap.  IV  adelante  podrá  ver,  en-  47     Quinq.,  III.^  Parte,  Est.  22. 

wlendcr  c  conoscer  quien  sano  juicio  tuviere»  {Ilisl. 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO. 


LXXIX 


como  todas  las  demás  obras  que  salieron  de  su  pluma,  sin  salario  ni  remunera- 
ción alguna,  dirigía  al  príncipe  don  Felipe  la  primera  parte  de  las  Quinquagenas 
en  10  de  enero  de  1555  *',  dando  fin  á  la  tercera  en  24  de  mayo  de  1556  **.  Al 
remitirla,  rogaba  al  heredero  de  Carlos  V  que  se  dignara  mandar  verla  y  examinar- 
la, á  fin  de  que  se  imprimiera  y  sirviese  de  correctivo  á  los  libros  de  apócrifas 
lecturas. 

Pero  al  mismo  tiempo  que  de  esta  manera  procuraba  grangearse  la  benevolencia 
del  príncipe  ,  acudía  al  Real  Consejo  de  Indias  para  suplicar  que  en  gracia  de  sus- 
largos  servicios,  se  le  admitiese  la  dejación  que  hacia  de  la  tenencia  del  castillo, 
que  gobernaba  desde  1532 ,  señalando  para  que  le  reemplazara  á  su  yerno  Rodrigo 
de  Rastidas,  deudo  muy  cercano  del  obispo  del  mismo  nombre.  Propicio  el  Conse- 
jo á  esta  demanda  del  cronista ,  quien  había  por  otra  parte  alegado,  para  retirarse 
á  España,  la  necesidad  de  dar  á  la  estampa  la  Historia  general  de  Indias,  conce- 
dió á  Rastidas  la  afcaidia  de  Santo  Domingo ,  dando  á  Oviedo  licencia  para  que 
pasase  á  la  península  y  conservara  el  carácter  de  regidor  de  aquella  ciudad,  hon- 
ra que  agradeció  sobremanera,  mostrándose  de  ella  satisfecho  hasta  la  muerte'". 
Preparábase  ya  á  emprender  el  último  viage,  cuando  reconocida  por  el  Regi- 
miento la  conveniencia  de  hacer  guerra  á  los  indios  caribes ,  que  andaban  orgu- 
llosos con  la  emigración  de  los  españoles,  resolvióse  en  10  de  abril  á  dar  á  Ovie- 
do sus  poderes,  para  que  alcanzase  la  oportuna  Ucencia  del  Consejo,  encargo  que 
desempeñó  con  la  eficacia  por  él  acreditada  en  las  pasadas  procuraciones ,  obte- 
niendo la  provisión  sohcitada  '*.  A  principios  de  junio  de  1556  se  alejaba,  pues, 
el  cronista  de  aquellas  regiones ,  donde  tantos  trabajos  y  amarguras  habian  entur- 
biado los  sueños  de  su  fehcidad,  y  donde  tanto  habia  estudiado  y  aprendido,  ga- 
noso de  comunicarlo  á  los  demás  hombres.  Perseguíale,  al  separarse  de  tan  pri- 
vilegiado suelo,  el  sentimiento  de  haber  luchado  en  vano  para  vencer  los  obstácu- 


•48  Al  final  de  la  dedicatoria  ,  dirigida  al  prínci- 
pe don  Felipe,  se  lee:  «Fecha  en  la  muy  noble  y 
wrnuy  leal  cibdad  metropolitana  de  Sánelo  Doniin- 
»go  de  la  Isla  Española  del  mar  Océano...  y  acaba- 
»da  de  escrebir  dia  de  Sanct  Pablo  ,  primero  her- 
«mitaño ,  á  diez  dias  del  mes  de  enero  de  mili  é 
»quin¡entos  é  cinqüenla  y  cinco  años  de  la  Natividad 
))de  Nuestro  Redemplor,  de  mi  propia  y  cansada 
«mano  y  seyendo  complidos  seplenta  y  siete  años 
))de  mi  edad». 

49  La  IIL*  Parle  de  las  Quinquagenas  termina  con 
estas  palabras:  «  Acabé  de  escrebir  de  mi  mano  este 
«famoso  Iractado  deja  nobleca  de  España,  domingo 
«primero  de  Pascua  de  Pentecostés,  XXIV  de  mayo 
«de  1356  años.  Laus  Deo.  Y  de  mi  edad  79  años.« 
Asi  está  en  el  códice  autógrafo  que  existe  en  la  Bi- 
blioteca Nacional,  lanías  veces  citado;  pero  Oviedo 
hubo  de  padecer  aqui  involuntario  error,  pues  que 
habiendo  nacido  en  agosto  de  1478,  solodebia  cum- 
plir en  igual  mes  de  Í5S6  los  setenta  y  ocho  años 
de  su  vida.  Debe,  no  obstante,  llamar  la  atención  lo 
que  sobre  su  edad  habia  dicho  un  año  antes  en  la 


dedicatoria  de  las  mismas  Quinquagenas ,  según  se 
advierte  en  la  nota  que  precede:  de  donde  se  infiere, 
á  ser  cierto  que  en  iO  de  enero  tenia  ya  cumplidos  los 
setenta  y  siete  años ,  que  nació  en  los  primeros  dias 
de  este  mes  y  no  en  agosto,  como  expresamente  ha- 
bia dicho  en  la  Historia  general  de  Indias.  De  todas 
eslas  dudas  nos  hubiera  sacado  la  partida  de  bau- 
tismo del  mismo  Oviedo,  que  hemos  buscado  en  las 
parroquias  de  Santa  Maria  y  San  Pedro  de  esta  corle 
con  la  mayor  diligencia,  bien  que  inútilmente,  por 
no  existir  en  dichas  iglesias  libros  de  asientos  an- 
teriores á  lósanos  de  1550  y  52,  según  nos  mani- 
festaron los  encargados  de  uno  y  otro  archivo. 

50  En  4  de  mayo  de  1558  solicitaba  Rodrigo  de 
Bastidas  ,  yerno  de  Oviedo ,  la  plaza  de  regidor  que 
habia  desempeñado  este  hasta  su  fallecimiento  Era 
entonces  Bastidas  alguacil  mayor  de  la  Audiencia, 
en  nombre  de  Francisco  de  Rojas,  menor  de  edad, 
á  quien  el  rey  tenia  hecha  merced  de  aquel  cargo. 

51  Arch.  gen.  de  Ind.  ,  Gobierno  de  la  Isla  Es- 
pañola ,  leg.  II,  núm.  13. 


LXXX  VIDA  Y  ESCRITOS 

los  que  se  oponían  á  la  prosperidad  de  sus  compatriotas ,  y  doliéndose  del  abatí- 
miento  en  que  la  Isla  Española  se  veia  postrada,  iba  á  prestarle  el  último  servicio. 
En  aquella  tierra  tan  querida  dejaba  finalmente  las  únicas  prendas  de  su  cariño: 
á  ella  se  volvian  por  tanto  las  miradas  de  aquel  buen  padre  y  honrado  ciudadano, 
que  caminaba  á  buscar  su  tumba  en  el  suelo  patrio,  donde  descansaban  también 
las  cenizas  de  sus  mayores. 

Oviedo  llegaba  á  España  en  el  otoño  de  1556,  llenándose  de  admiración,  al  sa- 
ber los  grandes  acontecimientos  que  estaba  presenciando  el  antiguo  mundo:  el 
vencedor  de  Italia ,  el  valeroso  domador  de  los  turcos ,  el  debelador  de  los  galos, 
verdes  todavia  los  lauros  de  Alemania ,  depuesta  la  púrpura  y  grandeza ,  vivia  re- 
tirado en  el  monasterio  de  Yuste ,  y  cansado  ya  de  triunfar  de  los  reyes  de  la  tier- 
ra, ambicionaba  solo  el  perdón  de  sus  culpas,  conquistando  la  eterna  bienandanza. 
Sorprendió  á  Oviedo  este  maravilloso  cambio,  temiendo  tal  vez  que  pudiera  ser 
contrario  á  la  realización  del  único  proyecto  que  en  su  ancianidad  abrigaba ,  el 
cual  se  reducia  á  dar  á  luz  la  Historia  general  y  natural  de  Indias  corregida ,  au- 
mentada y  mas  exornada ,  según  tenia  prometido  en  diversos  pasages  de  la  mis- 
ma ^^.  Guiado  de  esta  idea ,  se  encaminó  á  Valladolid ,  donde  á  la  sazón  se  hallaba 
la  corte ,  gobernando  estos  reinos  la  princesa  doña  Juana ,  hermana  del  rey  don 
Felipe ,  y  presentados  al  Consejo  los  poderes  de  Santo  Domingo  y  los  cuadernos 
de  la  historia,  mientras  lograba  el  despacho  de  su  procuración,  obtenia  el  per- 
miso para  dar  á  la  estampa  aquella  obra ,  concebida  en  los  primeros  albores  de 
su  juventud,  compuesta  en  medio  de  los  vaivenes  y  azares  de  su  larga  vida,  y  ter- 
minada á  las  puertas  del  sepulcro.  Con  aquella  fé  y  singular  constancia,  que  ha- 
bia  sido  siempre  norte  y  sosten  de  todas  sus  empresas,  acometió,  pues,  Oviedo  la 
de  imprimir  la  Historia  general,  comenzando  por  el  libro  vigésimo  de  la  misma, 
primero  de  la  segunda  parte ;  pero  estaba  decretado  por  la  Providencia  que  no 
gozara  en  vida  de  la  fama  que  le  auguraban  sus  escritos.  Apenas  impreso  el  ex- 
presado libro ,  se  vio  asaltado  de  tan  agudas  fiebres  que ,  postrando  su  cansada 
aunque  vigorosa  naturaleza ,  le  acabaron  en  breves  dias,  suspendiéndose  por  tanto 
la  impresión  de  la  Historia  general,  que  ha  permanecido  inédita  y  desconocida  en 
parte,  aun  de  los  eruditos,  hasta  nuestros  tiempos.  Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo, 
mozo  de  cámara  del  príncipe  don  Juan,  soldado  en  Italia  y  familiar  del  rey  don 
Fadrique,  secretario  en  España  del  Gran  Capitán  Gonzalo  Fernandez  de  Córdoba, 
veedor  de  las  fundiciones  del  oro  y  mas  adelante  regidor  y  teniente  del  Darien  en 
la  Tierra-Firme,  gobernador  electo  de  la  provincia  de  Cartagena,  primer  cronista 
de  las  Indias,  alcaide  de  la  fortaleza  y  regidor  de  Santo  Domingo  ^^  pasaba  en  Va- 

* .' 

52    En  el  proemio  del  lib.  I  de  la  II.'  Parle  de  la  bien  que  sin  aumentar  el  número  de  los  cincuenta 

Hist.  Gen.  liabia  escrito :   «  No  se  dexarán  (las  tres  libros,  en  que  tenia  divididos  sus  trabajos, 
«partes)  de  continuar  é  cresccr  en  algunos  libros  53     Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo  fué  también 

))que  están  pendientes  lo  que  se  supiere  para  ello  en  tesorero  del   i\W  que  de  las  entradas  pertenecía  á 

wmisdias,  ni  de  acreseenlar  mas   libros  en  la  ler-  la  rcd<?ncion  de  cautivos,   cargo   que  desempeñó 

«cera  parte  sobre  el  número  ya  dicbo  de  oinqüenla,  desde  el  año  de  i 528  {Real  Acad.  de  la  Uist  ,  Co~ 

))si  yo  lo  viere  ó  supiere,  no  dexando  de  creer  que  lección  de  Muñoz,  lom.  79  ,  A  iOO). 
))cl  tiempo  los  liará  mas».   Asi  sucedió  en  efeclo, 


*DE  GONZ.  FERN.  DÉ  OVIEDO.  LXXXI 

lladolid  de  esta  vida  en  el  eslío  de  1557 ,  cumplidos  ya  los  setenta  y  nueve  años.  Ni 
la  confianza  de  sus  compatriotas  en  e\  Nuevo  Mundo,  ni  la  predilección  de  la  corle 
fueron  bastantes  á  engendrar  en  su  pecho  bastardas  ambiciones ,  contento  siem- 
pre con  la  medianía  en  que  la  suerte  le  habia  colocado,  y  aspirando  solo  á  con 
tribuir  con  sus  esfuerzos  á  labrar  la  felicidad  de  aquellos  países,  que  despertaron 
6*11  su  imaginación  desde  la  infancia  pacíficas  esperanzas  de  gloria.  Doce  veces 
cruzó  Oviedo  con  este  propósito  el  Océano  **:  las  ciudades  del  Darien,  Panamá 
y  Santo  Domingo,  mirándole  con^o  su  libertador,  acudieron  constantemente  á  su 
lealtad,  para  que  las  sacase  de  los  mas  grandes  conflictos:  la  Real  Chancillería  de 
la  Isla  Española ,  primera  audiencia  de  las  Indias ,  no  se  desdeñó  tampoco  de  in- 
vestirle con  su  representación  y  poderes,  coronando  siempre  el  éxito  mas  favorable 
las  esperanzas  de  todos.  Y  entre  tantos  y  tan  difíciles  cargos  que  le  Irageron  in- 
quieto y  errante,  poniendo  á  prueba  el  temple  superior  de  su  alma,  vino  á  sor- 
prenderle la  muerte  con  la  pluma  en  la  mano ,  no  menos  infatigable  que  en  los 
negocios  públicos,  en  sus  colosales  tareías  literarias.  ^|^ 


V. 


Obras  de  Oviedo  y  juicio  critico  de  las  mismas. — Sus  principales  caracteres,  como  historiador. — Catálogo 
cronológico  de  sus  cscritps. — El  libro  de  don  Claribalte. — La  Respuesta  á  la  Epístola  moral  del  Almirante. — 
La  Relación  de  lo  sucedido  en  la  prisión  de  Francisco  I. — El  Sumario  de  la  Natural  Historia  de  las  Indias. — 
El  Catálogo  Real  de  Castilla. — El  libro  de  la  Cámara  Real  del  príncipe  don  Juan. — Reglas  de  la  vida  espiri- 
tual.— Las  Batallas  y  Quinquagenas.— El  libro  del  blasón. — El  libro  de  los  linages. — Las  Quinquagenas.— La 
Historia  general  y  natural  de  Indias. — Juicio  de  la  misma. — Opiniones  de  don  fray  Bartolomé  de  las  Casa», 

respecto  de  la  historia  de  Oviedo.— Si  deben  seguirse  por  la  crílica. — Veracidad  y  honradez  de  Oviedo 

Conclusión. 


Acabamos  de  trazar  la  vida  del  capitán  y  primer  cronista  de  las  Indias,  Gonzalo 
Fernandez  de  Oviedo  y  Valdés,  dejando  en  ella  comprobado  cuanto  expusimos  al 
dar  principio  á  este  bosquejo,  no  menos  difícil  por  su  novedad  (puesto  que  solo 
se  tenían  vagas  y  muy  escasas  noticias  de  tan  apreciable  escritor) ,  que  importante 
en  la  historia  del  Nuevo  Mundo,  por  los  cargos  que  desempeña  Oviedo ,  y  mas  que 
todo  por  el  noble  tesón  con  que  defiende  aquellas  maltratadas  comarcas,  procuran- 
do su  prosperidad  y  la  de  sus  pobladores ,  mientras  era  tal  vez  acusado  de  los  críme- 
nes en  ellas  cometidos.  Réstanos ,  pues ,  dar  razón  individual  de  sus  escritos ,  ta- 
rea en  que  habríamos  de  encontrar  no  menores  dificultades,  si  nos  atuviéramos 
al  juicio  de  los  críticos  y  bióg^^afos ,  que  sin  el  examen  de  sus  numerosas  obras, 

54    En  pago  de  los  servicios  extraordinarios  de  cumpliendo  lo  que  advierte  el  mismo  en  la  Histo- 

Oviedo  le  concedió  el  Emperador  por  mejoramiento  ria  general,  con  estas  palabras:  «Las  quales  armas 

de  sus  armas  las  cuatro  eslrellas  polares ,  para  que  »estarán  en  fin  deste  tractado  ,  porque  es  escripto 

él  y  sus  sucesores  las  usasen  con  las  antiguas  de  »en  estas  parles  ,  donde  tanlos  trabaxos  pades9en 

Valdés,  en  la  foriii  i  que  manifiesta  el  escudo,  pues-  »los  hombres  que  veen  estas  eslrellas  é  donde  yo  he 

to  al  final  de  la  presente  edición  y  publicado  por  «gastado  lo  mejor  de  mi  vida».  (I."  Parte ,  lib,  II, 

Oviedo  en  la  de  1S33;  de  donde  lo  hemos  lomado,  cap.  i2). 

TOMO  I.  H 


LXXXll 


VIDA  Y  ESCRITOS 


se  han  propuesto  darle  á  conocer  en  la  república  de  las  letras.  Mencionados  ya 
los  trabajos  á  que  el  Alcaide  de  Santo  Domingo  consagró  sus  vigilias,  en  medio  de 
los  sinsabores  y  afanes  que  amargaron  su  existencia ;  reconocidas  en  parte  las  cau- 
sas que  le  impulsaron  á  emprender  aquellas  largas  tareas ,  y  fijadas  por  último  las 
épocas  sucesivas  en  que  logra  llevarlas  á  cabo ,  fácil  nos  será  establecer  un  orden 
severamente  cronológico ,  desechando  al  par  las  obras  que  sin  fundamento  algu- 
no se  le  han  atribuido,  y  reduciendo  á  sus  verdaderos  límites  las  que  sin  mayor 
criterio  se  han  dividido  en  dos  ó  mas  tratados,  con  mengua  de  su  importancia 
Hteraria  y  ofensa  del  mismo  Oviedo  *. 

Inútil  nos  parece  el  advertir  que  la  mayor  parte  de  las  producciones  de  este 
laborioso  cronista  son  historiales ,  cuando  en  la  exposición  que  llevamos  hecha 
queda  esto  plenamente  demostrado.  Solas  dos  obras,  ambas  traducidas,  dejan  de 
pertenecer  á  este  linage  de  estudios ,  á  que  le  inclinaban  el  espíritu  de  su  época 
y  el  ejemplo  de  la  afortunada  corte  en  que  pasa  su  juventud  y  logra  su  ense- 
ñanza. Com||^ndicamos  oportunamente,  aquel  inusitado  movimiento  que  reci- 
bieron de  manos  de  la  Reina  Católica  las  artes  y  las  letras,  aquella  protección  tan 
eficaz  como  ilustrada  que  en  nuestro  suelo  alcanzaron  los  ingenios  mas  señala- 
dos de  ItaUa,  no  podian  menos  de  excitar  el  noble  estimulo  de  los  naturales, 
quienes  al  mismo  tiempo  que  levantaban  su  corazón  á  las  mas  arriesgadas  em- 
presas, procuraban  consignar  las  glorias  de  sus  reyes,  legando  su  grata  me- 
moria á  los  siglos  venideros.  Ningún  soberano  de  Castilla  encontró  jamás  entre 
sus  vasallos  tantos  y  tan  doctos  cronistas  como  Isabel  y  Fernando :  Alonso  de  Fa- 
lencia, Diego  Rodriguez  de  Armella,  Fernando  del  Pulgar,  Andrés  Bernaldez^ 
Mosen  Diego  de  Valera ,  Antonio  de  Nebrija ,  Juan  Ramirez  de  Lucena  y  tantos 
otros,  como  en  aquel  reinado  florecieron,  dedicando  sus  plumas  á  celebrarlo,  co- 
nocidos y  respetados  por  Oviedo ,  vinieron  con  sus  obras  á  encender  dentro  de  su 
pecho  aquella  poderosa  y  vivaz  llama,  que  solo  pudo  apagar  el  soplo  de  la  muerte. 
Llevado  de  semejante  impulso ,  funda  Oviedo  su  erudición  histórica  en  el  estudio 
de  las  obras  hasta  su  tiempo  dadas  á  luz,  y  entendido  en  las  lenguas  francesa,  fla- 
menca, alemana,  toscana  y  latina  ^,  no  solamente  se  nutre  con  la  lectura  de  los 


i  Es  por  cierto  digna  de  toda  censura  la  conduc- 
ta que  han  seguido  algunos  escritores  exlrangcros, 
llevados  sin  duda  de  las  suposiciones  de  los  erudi- 
tos respecto  de  este  punto.  Los  autores  de  la  Bio- 
graphie  universelle  ancienne  et  modernc,  teniendo 
tal  vez  noticia  de  que  se  había  dado  lugar  entre  los 
escritores  de  Morbo  gálico  ala  relación  que  hace 
Oviedo  en  su  Historia  general  y  natural  de  Indias 
de  las  aplicaciones  del  árbol  guayacan  ó  palo 
santo,  fueron  al  extremo  de  suponer,  con  el  testi- 
monio de  otros  biógrafos,  no  mas  verídicos,  que 
habiendo  adolecido  en  Ñapóles  de  la  citada  enfer- 
medad el  año  1513,  solicitó  Oviedo  pasar  á  la  isla 
de  Haití,  sabiendo  que  en  ella  cxislia  el  remedio  de 
su  dolencia.  Añádese  también  que,  vuelto  á  España, 
se  dedicó  á  curar  las  sifilíticas ,  dándose  tan  buen 


arle  que  aumentó  en  breve  considerablemente  su 
fortuna.  No  creemos  necesaria  la  refutación  de  estas 
mal  fraguadas  imaginaciones;  pero  tampoco  nos  ha 
parecido  conveniente  el  callarlas ,  porque  siendo 
hijas  de  los  errores  en  que  los  eruditos  han  caído, 
multiplicando  sin  criterio  alguno  las  obras  de  Ovie- 
do, justifican  plenamente  nuestro  aserto  ,  que  ve- 
remos después  comprobado  en  la  exposición  de  las 
que  realmente  salieron  de  '^u  pluma. 

2  Al  dar  noticia  el  mismo  Oviedo  de  las  largas 
vigilias  empleadas  en  una  de  sus  obras,  exclama- 
ba: «Desscando  rccollegir  lo  que  en  muchas  y  muy 
«difusas,  prolijas  y  largas  chrónicas  y  de  gran  di- 
»versidad  está  derramado,  las  quales  con  mucha 
»diligfnoia  y  Irabaxo  he  buscado  y  con  mucha  di- 
»ficultad  hallado ,  assi  en  la  lengua  latina,  como  en 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO.  LXXXIII 

autores  patrios,  sino  que  acude  también  á  poner  en  contribución  los  que  en  los 
citados  idiomas  escribieron.  Pero  la  principal  fuente  de  la  erudición  histórica  de 
Oviedo  está  en  su  propia  experiencia :  dotado ,  según  ya  dejamos  advertido ,  de 
un  talento  observador  y  reflexivo ,  colocado  en  mitad  de  los  graves  acontecimien- 
tos de  su  tiempo ;  en  contacto  siempre ,  ya  con  lo  mas  ilustre  y  autorizado  de  la 
corte  española,  ya  con  los  mas  valerosos  capitanes  de  la  conquista  del  Nuevo  Mun- 
do, nada  se  oculta  á  su  vista  penetrante,  contribuyendo  á  enriquecer  sus  tareas, 
cuya  variedad  y  extensión  excitan  hoy  la  admiración  de  los  discretos.  Aquel  espí- 
ritu de  investigación  que  le  anima ,  llega  sin  embargo  á  degenerar  no  pocas  ve- 
ces en  nimia  curiosidad,  sacándole  del  terreno  de  la  elevada  consideración  histórica, 
para  llevarlo  á  la  exposición  de  recónditas  noticias  y  pormenores ,  ágenos  alguna 
vez  de  la  situación  y  aun  del  carácter  mismo  de  sus  escritos.  Mas  esta  es  preci- 
samente la  índole  especial  de  las  obras  de  Oviedo :  apoderado  de  un  hecho ,  ja- 
mas perdona  la  ocasión  de  rodearlo  de  todas  las  circunstancias  con  que  ha  llegado 
á  su  noticia :  tratando  de  un  personage ,  no  olvidara  tampoco  el  referir  todos  los 
acontecimientos  que  sobre  él  ó  su  familia  tiene  recogidos :  pintando  una  situación, 
no  omitirá  el  ilustrarla  con  numerosos  ejemplos  que  no  siempre  son  oportunos, 
bien  que  muy  pocas  veces  dejarán  de  ser  curiosos  y  peregrinos. 

Semejantes  observaciones  que  nos  ministra  la  lectura  de  las  obras  de  Oviedo,  ma- 
nifiestan claramente  cuál  es  el  mérito  principal  de  sus  escritos.  En  ellos  están 
bosquejadas  la  grande  época  de  su  juventud  y  la  no  menos  gloriosa  para  las  armas 
españolas  de  su  edad  madura;  pero  no  con  el  pincel  atrevido  y  vigoroso  de  quien 
abraza  de  una  sola  mirada  toda  la  extensión  y  magnitud  del  portentoso  cuadro 
que  tiene  delante ,  sino  con  el  detenimiento  y  esmerada  tibieza  de  quien ,  por  no 

«nuestra  vulgar  castellana  y  en  la  francesa,  flamen-  tanto  se  señaló  en  el  conocimiento  de  las  humanida- 
»ca  y  alemana,  etc.»  {Epil.  Real  de  Castilla,  proh.)  des  ,  como  discípulo  de  Pedro  Márlir ;  disting-uido  y 
De  estas  breves  líneas  se  deduce  sin  violencia  de  preferido  después  por  el  príncipe  don  Juan,  de  cuya 
ningún  género  que  era  el  Alcaide  de  Sanio  Domin-  educación  clásica  participó  ,  según  va  advertido,  y 
go  entendido  en  las  expresadas  lenguas,  y  parlicu-  dedicado  por  último  al  estudio  de  las  crónicas,  es- 
larmente  en  la  latina  ,  lo  cual  se  halla  demostra-  crilas  en  su  mayor  parte  en  el  idioma  del  Lacio,  de- 
do con  usura  en  sus  numerosas  producciones.  Sin  jase  de  tener  nociones  de  aquella  lengua ,  que  se 
embargo,  un  escritor  contemporáneo  suyo,  que  no  habla  llegado  á  poner  de  moda  en  la  corte  de  los 
le  era  muy  devoto ,  le  acusa  de  presuntuoso  y  ar-  Reyes  Católicos.  Y  si  estas  observaciones  persua- 
rogante,  por  figurarse  «que  sabia  algo,  cómo  no  su-  den  que  no  es  tan  fundada,  como  debiera,  la  poco 
))p¡ese  qué  cosa  era  lalin,  aunque  pone  algunas  au-  piadosa  acusación  de  las  Casas,  no  parece  de  mas 
Mtoridades  en  aquella  lengua,  que  preguntaba  y  peso  la  circunstancia  de  que  Oviedo  anduviese  siem- 
MFOgaba  se  las  declarasen  á  algunos  clérigos  que  pre  importunando  á  los  clérigos  para  que  le  fraduje- 
Dpassaban  de  camino  por  aquella  ciudad  de  Santo  sen  las  autoridades  que  cita;  porque  ni  es  posible  que 
»Dom¡ngo  para  otras  partes».  Y  el  mismo  autor  ase-  tuviese  constantemente  á  mano  tales  traductores,  ha- 
gura  mas  adelante  que  el  ejemplar  de  Plinio,  de  hiendo  escrito  en  tan  diversos  puntos  (cosa  que  pa- 
que  Oviedo  se  valia ^  no  estaba  en  latín  sino  en  tos-  recio  olvidar  las  Casas),  ni  es  de  creer  que  en  su  vi- 
cono.  (Hist.  Gen.  de  Ind. ,  lib.  III,  cap.  i42.)  da  errante  y  agitada  se  valiese  de  terceros  parare- 
Pero  esta  acusación  literaria ,  hecha  por  don  fray  coger  datos  y  noticias  de  la  multitud  de  obras  que 
Bartolomé  de  las  Casas  entre  otras  muchas ,  relati-  cita  en  las  suyas,  siendo  palpable  que  sabia  qué  co- 
vas  á  las  tiranías  que  achaca  al  Veedor  de  las  fun-  •  sacra  latín,  pues  que  leia,  extractaba  y  citaba 
diciones  del  oro,  pierde  toda  su  fuerza,  al  conside-  .  oportunamente  obras  latinas.  A  la  verdad  que  la 
rar  la  inoportunidad  con  que  se  formula;  siendo  por  ojeriza,  mostrada  por  las  Casas  contra  Oviedo,  fué 
otra  parte  increible  que  un  hombre  educado  primero  esta  vez  mas  lejos  de  lo  que  el  mismo  Obispo  habia 
en  la  casa  del  joven  duque  de  Villahermosa ,  quien  imaginado. 


LXXXIV  VIDA  Y  ESCRITOS 

alcanzar  la  sublime  entonación  del  conjunto ,  se  goza  y  entretiene  en  perfilar  me- 
nudamente todos  los  pormenores ,  juzgando  acaso  trasmitir  de  esta  manera  con 
mayor  fidelidad  los  objetos  que  se  ofrecen  á  su  vista.  Asi  Oviedo,  aunque  se  llena 
de  entusiasmo,  al  recordar  los  grandes  sucesos  que  ha  presenciado,  aunque  com- 
prende instintivamente  su  imporlancia,  rara  vez  se  levanta  á  la  esfera  de  las  altas 
consideraciones  políticas,  careciendo  por  tanto  á  sus  ojos  los  hechos  que  examina 
de  aquella  precisa  trabazón  y  natural  armonía,  alma  de  la  historia.  Mas  no  le  culpe- 
mos hoy  de  lo  que  ni  estaba  en  su  mano  alcanzar,  ni  alcanzó  tampoco  ninguno  de  sus 
coetáneos:  cuando  florece  Oviedo,  si  bien  son  ya  en  parte  conocidos  los  grandes  mo- 
delos de  la  antigüedad  clásica,  no  ha  logrado  todavía  la  imitación  echar  tan  pro- 
fundas raices ,  que  pueda  ser  bastante  á  sacar  los  estudios  históricos  del  círculo 
estrecho  de  las  crónicas.  Si  un  ingenio  tan  esclarecido,  como  el  rey  don  Alonsa 
el  Sabio,  aspiró  desde  el  siglo  Xlll  á  levantar  aquellos  estudios  de  la  consi- 
deración particular  á  la  apreciación  general  de  los  hechos,  empresa  en  que  ni  lo- 
gró todo  el  fruto  por  él  deseado,  ni  halló  después  afortunados  imitadores;  si  du- 
rante el  reinado  de  don  Juan  II  no  faltaron. escritores  que,  como  Pablo  de  Santa 
María  y  su  hijo  don  Alonso  de  Cartagena ,  Rodrigo  Sánchez  de  Arévalo ,  Alfonsa 
Martínez  de  Toledo,  Fernán  Pérez  de  Guzman  y  otros  no  menos  afamados,  inten- 
tasen generalizar  las  crónicas ;  no  por  eso  podrá  decirse  que  había  nacido  entre 
nuestros  mayores,  cuando  Oviedo  recibe  enseñanza,  aquel  espíritu  verdaderamente 
crítico,  que  guia  en  el  siglo  XVI  la  pluma  de  nuestros  grandes  pensadores.  Co- 
locado Oviedo  entre  los  infatigables  cronistas  de  Isabel  y  de  Fernando  y  los  doc- 
tos historiadores  de  Carlos  V  y  Felipe  II,  no  se  remonta,  como  Ocampo,  Mora- 
les, Garibay  y  Zurita,  ala  investigación  filosófica  délos  hechos,  procurando  qui- 
latarlos  justamente  y  probarlos  en  la  piedra  de  toque  de  la  verdad :  incapaz  de 
faltar  á  ella ,  admite  como  demostrados  los  sucesos  que  halla  consignados  en  las 
crónicas  de  los  pasados  siglos,  y  todo  su  afán  y  anhelo  consisten  en  atesorar  no- 
ticias para  esclarecer  con  nuevas  autoridades  los  puntos  y  materias  de  que  trata. 
Este  respeto  excesivo,  de  que  se  aparta  sin  embargo  en  las  cosas  por  61  conoci- 
das personalmente ,  le  lleva  á  menudo  al  extremo  de  seguir  los  incalificables  er- 
rores de  las  falsas  crónicas  respecto  de  los  tiempos  primitivos,  yendo  tan  adelante 
su  candor  que  se  atreve  á  fundar  sobre  tan  quebradizos  cimientos  opiniones  pro- 
pias, las  cuales  han  de  parar  naturalmente  en  lo  absurdo  '. 

Pero  aunque  la  crítica  de  nuestros  días  advierta. y  tilde  en  las  obras  del  Alcaide 
de  Santo  Domingo  esa  falta  de  miras  generales  y  esa  sobra  de  credulidad,  achaque 
harto  común  en  su  tiempo,  no  por  esto  se  crea  que  son  aquellas  merecedoras  del 
desprecio  ó  del  olvido.  Nada  hay  mas  curioso  é  importante  respecto  de  las  cos- 
tumbres y  trages  de  sus  contemporáneos;  nada  mas  vario,  nada  mas  rico  respecto 
de  la  vida  interior  y  aun  de  la  vida  púbhca  de  aquellos  guerreros  que,  postrando 
en  Granada  la  media  luna ,  domeñaron  qu  Ñápeles  el  orgullo  de  Francia  y  asom- 

3    Véase  cuanto  en  la  página  LIX  del  présenle        caps.  2,  3  y  8  del  lib.  II  de  la  I.°  Parle  de  la  Hist, 
ensayo  dejamos  apunlodo  icspeclo  á  la  posesión  de        Gen.  y  Nal.  de  Ind. 
las  Indias  por  los  primillvos  reyes  de  España,  y  los 


DE  GONZ.  FER.  DE  OVIEDO. 


LXXXV 


braron  con  el  aliento  de  su  pecho  los  ignorados  confines  del  Nuevo  Mundo.  Bajo 
este  punto  de  vista  (necesario  es  confesarlo)  merecen  las  vigilias  de  Oviedo  la  mayor 
consideración  y  alabanza :  sus  numerosos  escritos  presentan ,  acaso  en  calculado 
desorden  * ,  toda  clase  de  noticias  y  materiales,  cuya  utilidad  es  ya  tiempo  de  que 
sea  reconocida  por  los  estudiosos.  En  aquel  vasto  depósito  y  copioso  arsenal  ha- 
llará el  anticuario  preciosos  datos  para  valorar  los  usos  y  costumbres  de  nues- 
tros abuelos ,  y  encontrará  el  artista  seguro  guia  para  evitar,  respecto  de  los  tra- 
gos, armas,  muebles  .y  paramentos,  los  groseros  anacronismos  con  que  afea 
á  menudo  sus  producciones:  alli  el  historiador  verá  ilustrados  los  hechos  dudosos  y 
aprenderá  otros  muchos  no  ponderados  ú  olvidados  lastimosamente  por  los  demás 
historiadores,  y  comprenderá  también  el  filósofo  las  relaciones  que  existen  entre 
las  costumbres,  las  creencias  y  los  sentimientos  de  aquella  sociedad,  pudiendo  ex- 
plicar (armado  de  esta  antorcha)  las  bases  que  la  constituyen  y  los  resultados  ma- 
ravillosos de  sus  colosales  empresas.  Hé  aqui  cómo  el  estudio  de  las  obras  de 
Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo ,  lejos  de  contrariar  los  grandes  fines  de  la  ciencia 
histórica,  no  puede  ser  mas  fecundo  ni  importante  para  ella,  principalmente  cuando 
se  trata  del  felicísimo  reinado  de  Isabel  la  Católica,  y  del  no  menos  brillante  de  Car- 
los V.  Esta  época,  con  tanta  diligencia  estudiada  por  los  escritores  extrangeros  de 
nuestros  dias ,  y  cuyos  recuerdos  no  podrán  menos  de  enaltecer  en  todo  tiempo 
los  pechos  españoles,  habrá  de  recibir  nueva  luz  de  los  escritos  de  Oviedo, 
consagrados  exclusivamente  á  su  esclarecimiento. 

Las  obras  debidas  al  Alcaide  de  Santo  Domingo ,  tanto  originales  como  tradu- 
cidas ,  son ,  pues  las  siguientes : 

I.  «Claribalte:  libro  del  muy  esforzado  é  invencible  caballero  de  Fortuna,  pro- 
«priamente  llamado  don  Claribalte  que  segund  su  verdadera  interpreta^ ion  quiere  de- 
))cir  don  Félix  ó  bienaventurado,  nuevamente  emprimido  y  venido  en  esta  lengua 
»castellana:  el  qual  procede  por  nuevo  y  galán  estilo  de  hablar  por  medio  de  Gon- 
»zalo  Fernandez  de  Oviedo,  alias  de  Sobrepeña ',  vecino  de  la  noble  villa  de  Ma- 
wdrid». 

Este  libro  de  caballería,  que  tradujo  después  de  la  primera  vuelta  del  Nuevo 
Mundo,  durante  su  retiro  en  la  expresada  villa,   fué  impreso  (fol.  got.  á  2  coL 


4  Oviedo  asentaba  lo  siguienle  rc<?pec(o  de  la 
amenidad  y  A^ariedad  de  la  lectura :  «El  paslo  de  la 
«leoion  ,  assi  como  en  la  mesa  del  príncipe  es  ador- 
«namenlo  y  aucloridad  la  diversidad  de  los  manja- 
»res  y  grand  ocasión  para  dcspcrlur  el  apetito  del 
«paladar  las  diferencias  dulces  é  agras  é  mezclados 
Bsabores  ,  assi  al  que  lee  acrescientan  la  pcrseve- 
»rancia  de  la  loción  los  diversos  discursos  é  nove- 
«dades  que  la  historia  trae  consigo».  (Bist.  Gen.  y 
Nat.  de  Ind.,  lib.  VI,  cap.  49). 

5  Es  notable  esta  circunstancia  que  se  repite 
después,  aunque  en  otra  l'orma  ,  cuando  en  1525 
présenla  el  Veedor  de  las  fundiciones  del  oro  de  la 


Tierra-Firme  el  Sumario  de  la  natural  historia  de 
las  Indias  al  Emperador  Carlos  V.  Al  terminar  esta 
obra  escribía:  «El  menor  de  los  criados  de  la  Casa 
))Real  de  V.  S.  C.  C.  M.  que  sus .  reales  pies  beso, 
«Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo  aliai  de  Valde's.u 
Era  esto  sin  duda  efecto  de  no  haberse  fijado  todavía 
los  apellidos,  como  en  siglos  posteriores,  dando 
ocasión  á  que  se  variasen  con  frecuencia,  lo  cual 
sucede  aun  en  algunas  provincias  deE-spaña.  Ovie- 
do se  apellidaba  en  1335  sin  el  alias  del  Sumario  ni 
el  de  don  Claribalte,  empleando  constantemente  el 
apellido  de  Valdés,  que  trasmitió  á  su  hijo  Francis- 
co González,  y  conservó  hasta  su  muerte. 


LXXXVI 


VIDA  Y  ESCRITOS 


con  grabados  en  madera)  en  Valencia  el  año  de  1519,  según  se  advierte  al  final 
del  mismo:  dice  asi:  «Fenesce  el  pressente  libro. del  invencible  y  muy  esforga- 
»do  caballero  don  Claribalte,  otramente  llamado  don  Félix ,  el  qual  se  acabó  de 
»emprimir  en  Valencia  á  treynta  de  mayo  por  Juan  Venao,  año  de  mili  é  qui- 
))nientos  é  diez  y  nueve  años».  Es  por  cierto  notable  que  habiendo  entretenido 
Oviedo  los  ocios  de  su  retiro  en  esta  traducción ,  se  manifieste ,  ya  en  edad  ma- 
dura, contrario  de  todo  punto  á  tal  género  de  libros,  como  dejamos  en  otro  lu- 
gar apuntado.  El  de  don  Claribalte,  calcado  sobre  los  modelos  que  ofrecia  en 
tanta  abundancia  la  literatura  caballeresca ,  no  podia  en  efecto  satisfacer  á  quien, 
desdeñando  la  lectura  de  mero  pasatiempo,  solo  encontraba  digno  de  estima 
el  estudio  y  conocimiento  de  la  historia ;  pero  esta  exagerada  opinión  habria  de 
conducir  naturalmente  á  la  proscripción  de  toda  obra  de  ingenio,  lo  cual  no  pue- 
de admitirse,  sin  condenar  á  los  pueblos  al  mas  vergonzoso  embrutecimiento. 

II.     « La  Respuesta  á  la  Epístola  moral  del  Almirante»  ( 1524 ). 

En  la  Biblioteca  nacional ,  tan  rica  en  preciosos  manuscritos ,  existe  un  códice 
señalado  con  la  marca  T.  44 ,  donde  entre  otros  tratados  se  contiene  la  carta 
del  almirante  y  la  respuesta  de  Oviedo  con  el  siguiente  título :  «Esta  es  una  muy 
»notable  y  moral  Epístola  que  el  muy  illustre  señor  Almirante  de  Castilla  envió  al 
»auctor  de  las  sobredichas  Quinquagenas,  hablando  de  los  males  de  España  y  de 
»la  causa  dellos ,  con  la  Respuesta  del  mismo  auctor  »  *. 

La  epístola  del  almirante ,  que  lo  era  don  Fadrique  Enriquez ,  consta  de  doce 
capítulos ,  en  los  cuales  considera  en  términos  generales  la  corrupción  de  las  cos- 
tumbres, y  procura  señalar  esta  depravación  como  la  principal  fuente  de  todos  los 
males  que  plagaban  á  Castilla.  Sus  observaciones  son,  no  obstante,  demasiado  va- 
gas para  que  pueda  reconocerse  plenamente  el  verdadero  estado  de  aquellas; 
y  sin  embargo  se  encuentran  á  menudo  vigorosas  pinceladas  que  descubren  el 
talento  y  larga  experiencia  de  aquel  personage,  que  tanta  parte  habia  tomado  en 
las  cosas  públicas  ^.  Es  sin  duda  digno  de  tenerse  presente  lo  que,  al  contemplar 
el  estado  del  clero  español,  observa  don  Fadrique.  «Pues  mirando  al  sacerdocio 
»( exclama )  quán  pocos  son  los  perlados  de  nuestro  tiempo  que  hayan  residido 
»en  sus  iglesias  y  hecho  las  caridades  y  limosnas  espirituales  y  temporales ,  y 
«administrado  la  luz  de  la  doctrina,  y  dado  buen  exemplo,  y  guardado  sus  ove- 
))jas,  segund  y  como  debieran!  » *  Tan  significativa  aseveración  del  almirante  obU- 


6  No  creemos  fuera  de  propósito  el  observar  aquí 
queelMS.  déla  Biblioteca  Nacional,  que  tenemos  • 
á  la  vista,  parece  escrito  á  fines  del  siglo  XVI,  mu- 
cho después  que  la  Respuesta  de  Oviedo  á  la  Epís- 
tola del  Almirante,  por  lo  cual  se  hace  mención  en 
el  título  común  de  la  Epístola  y  la  Respuesta  de  las 
Quinquagenas,  obra  que  no  se  terminó  hasta  el  año 
de  1556,  como  va  advertido. 

7  Tan  alta  idea  tenia  el  Alcaide  formada  del  al- 
mirante de  Caitilla,  que  después  de  haber  tratado 


largamente  de  él  y  su  familia,  terminaba  asi  su  elo- 
gio :  «Pero ,  pues ,  yo  vi  é  conoscí  á  este  señor  Al- 
wmiranle  don  Fadrique  II ,  é  á  la  señora  condesa  de 
«Módica  ,  su  muger,  á  mi  pares9er  todo  lo  que  está 
«dicho  en  su  loores  muy  poco,  á  respecto  de  sus 
«excelencias  é  altos  méritos  verdaderamente,  é  mu. 
))cho  mas  y  mas  que  se  diga  en  su  alabanza  cabe  ó 
«cupo  en  sus  muy  illuslres  personas».  (Quinq.,  III.' 
Parle,  Est.  5  ") 

8    Cap.  VIÍ,  pág.  6. 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO. 


LXXXVII 


gó  á  Oviedo  á  detenerse  algún  tanto  á  considerar  lo  que  era  y  había  sido  el  clero 
español ,  manifestando  en  esta  parte  de  su  Respuesta  aquel  sublime  celo  que  movió 
en  otros  dias  la  inspirada  pluma  de  San  Bernardo.  Al  mencionar  las  calamidades 
que  llovieron  sobre  España  con  la  guerra  de  los  comuneros ,  se  habia  mostrado 
digno  émulo  de  Guevara.  «El  fin  de  su  guerra  (decia  en  uno  de  sus  mas  enérgi- 
)>cos  párrafos)  no  pudo  para  ellos  ser  mas  próspero  que  seyendo  vengidos,  y  mo- 
»rir  por  no  padesQer  los  males  que  merecian  ^».  Pero  si  con  tanta  aspereza  y  pa- 
sión juzgaba  las  comunidades,  no  aparecia  mas  blando  respecto  del  clero,  á  quien 
acusa  de  interesado ,  ignorante ,  bullicioso  é  hipócrita :  «  Como  no  trabajan  por  lo 
«que  deben  (exclamaba  por  último),  sino  por  lo  que  dessean,  lo  que  dessean  es 
»tener  vida  de  viciosos  y  honra  de  virtuosos,  hijos  como  casados  y  auctoridad  co- 
»mo  castos ,  vanidades  como  mundanos  y  reputación  como  religiosos.  Assi  que,  la 
«Iglesia  sirve  á  ellos  y  ellos  á  la  carne,  y  la  carne  al  demonio  ^"«.  Oviedo  apos- 
trofaba después  á  los  príncipes  cristianos  con  no  menos  vigor  ,  echándoles  en  cara 
su  disipación  y  tiranías;  y  desplegando  á  menudo  todas  las  galas  de  la  verdadera 
elocuencia,  llegó  por  este  escrito  á  merecer  en  su  tiempo  el  dictado  de  docto  ". 

III.  «Relagioa  de  lo  subgedido  en  la  prisión  del  Rey  Frangisco  de  Francia  des- 
eque fué  traydo  á  España,  y  por  todo  el  tiempo  que  estuvo  en  ella  hasta  que  el  Em- 
»perador  le  dio  libertad  y  volvió  á  Frangía,  casado  con  Madama  Leonor,  hermana 
»del  Emperador  Carlos  V ,  Rey  de  España :  escrita  por  el  capitán  Gongalo  Fernandez 
»de  Oviedo ,  alcayde  de  la  fortalega  de  la  cibdad  de  Sancto  Domingo  de  la  Isla  Es- 
wpañola,  y  coronista  de  la  Sacra  Cesárea  Magestad  del  Emperador  Carlos  V  y  de  la 
«Sereníssima  Reyna  doña  Johana ,  su  madre  »  ( i523 ). 

Esta  relación ,  contenida  en  un  tomo  en  A.°  de  165  folios  y  letra  al  parecer  de 
fines  del  siglo  XVI  ó  principios  del  XVII,  con  la  marca  X.  227,  mas  bien  que  á 
dar  cuenta  de  lo  ocurrido  en  la  prisión  del  rey  Francisco  I ,  se  dirige  á  narrar 
cuanto  en  la  corte  sucede  en  todo  aquel  tiempo.  En  esta  parte  aparece  Oviedo 
como  un  exactísimo  y  veraz  testigo  ,  mereciendo  por  tanto  ser  consultado  por  los 
eruditos  é  historiadores,  para  apreciar  las  caballerescas  y  gallardas  costumbres 
de  nuestros  abuelos ,  y  aquel  hidalgo  espíritu  que  los  animaba ,  en  medio  del  la- 
mentable desbordo,  de  que  se  duele  el  mismo  Oviedo  en  su  Respuesta  al  Almi- 


9  Cap.  IV  de  la  Respuesta. 

10  Cap.  Vil  de  id. 

li  En  el  códice  que  dejamos  mencionado  se  ha- 
lla expresada  esla  calificación  ,  del  sig-uienle  modo: 
((Epístola  moral  que  el  señor  Almirante  de  Castilla  en- 
))vió  á  un  hombre  docto,  con  su  respuesta».  De  don- 
de naturalmente  se  deduce  que  tal  era  el  concepto 
formado  entonces  sobre  el  mérito  de  la  Respuesta 
de  Oviedo.  Después  de  terminada  esla  ,  se  encuen- 
tra en  el  mismo  códice  un  poema,  compuesto  de  se- 
tecientos cuarenta  y  cinco  versos  de  arte  menor, 
con  este  título :  «  Obra  nuevamente  compuesta  sobre 
el  naufragio  que  á  la  armada  del  invictíssimo  é  ca- 
thólico  señor  el  Emperador  y  rey ,  nuestro  señor,  le 


suhgedió  en  la  conquista  de  Argel  en  el  mes  de  sep- 
tiembre del  año  1S41».  El  carácter  de  la  letra  de 
este  opúsculo,  muy  parecida  á  la  de  Oviedo ,  fué 
sin  duda  causa  de  que  el  erudito  don  José  Var- 
gas Ponce  sospechara  {Real  Acad.  de  la  Ilist., 
Colec.de  Vargas  Pon.,  tomo  3,  B.  214)  que  pu- 
do ser  obra  del  Alcaide  de  Santo  Domingo.  Mas 
como  este  sfe  hallaba ,  al  verificarse  la  expedi- 
ción de  Argel,  en  la  Isla  Española,  y  el  autor 
del  poema  reCerido  huWa  como  testigo  de  vista  ,  no 
parece  dejar  duda  de  que  no  fué  escrito  por  Oviedo. 
Después  del  naufragio  de  Argel  hay  er  el  indi- 
cado volumen  otro  pocmita  sobre  d  .«ffco  de  Romai 
acaso  debido  al  mismo  autor  del  precederle. 


XXXVIIl  VIDA  Y  ESCRITOS 

rante.  La  Relación  de  lo  subgedido  en  la  prisión  del  Rey  Francisco  es  por  otra 
parte  el  mas  duro  capítulo  de  acusación  contra  aquel  monarca ,  pues  que  agasa- 
jado, servido  al  extremo,  y  cuidado  con  la  mayor  solicitud  durante  su  peligrosa 
enfermedad,  según  menudamente  refiere  el  Veedor  de  las  fundiciones,  faltó  lue- 
go á  su  palabra  de  caballero ,  olvidando  tantas  y  tan  singulares  finezas  *^. 

IV.     «Oviedo  ;  de  la  Historia  natural  de  las  Indias,  ó  Sumario  de  la  Natural  Histo- 
ria de  las  Indias  y^  (1o2o). 

Este  repertorio,  dirigido  principalmente  á  dar  á  conocer  al  Emperador  las  cosas 
de  América,  se  halla  distribuido  en  ochenta  y  seis  capítulos,  en  los  cuales,  des- 
pués de  tratar  de  la  navegación  de  España  á  las  Antillas  y  de  los  naturales  de  esta» 
islas,  asi  como  de  sus  costumbres  y  manjares,  pasa  Oviedo  á  describir  los  indios  de 
la  Tierra-Firme,  bosquejando  también  sus  ritos,  costumbres  y  ceremonias,  y 
exponiendo  las  peregrinas  noticias  que  habia  recogido  sobre  los  animales ,  aves  é 
insectos,  árboles,  plantas  y  yerbas  de  tan  distantes  regiones.  Terminada  es- 
ta parte,  que  tanto  interés  ofrecía  entonces  á  las  ciencias  zoológica  y  botánica, 
menciona  Oviedo  las  minas  de  oro  de  la  Tierra-Firme ,  y  mostrándose  entendido 
en  el  laboreo  de  ellas ,  pondera  sus  riquezas ,  describiendo ,  por  último ,  la  pes- 
quería no  menos  envidiable  de  las  perlas,  que  tanto  abundaban  en  aquellos 
mares.  El  Sumario  de  la  Natural  Historia  acaba  mostrando  el  camino  de  la  mar 
del  Sur,  y  descubriendo  al  César  la  facilidad  de  acudir  por  el  estrecho  de  Mao-a- 
Uanes  al  comercio  y  contratación  de  las  Malucas.  Dado  á  la  estampa  por  la  vez 
primera  en  Toledo,  según  en  otro  lugar  advertimos,  fué  traducido  á  la  leno-ua 
latina  por  el  docto  Urbano  Chauveton,  logrando  en  toda  Europa  el  aplauso  de  los 
eruditos ,  y  reimprimiéndose  últimamente  por  don  Andrés  González  Barcia  en  el  to^ 
mo  I  de  los  Historiadores  primitivos  de  las  Indias  occidentales  *^. 

12    La  relación  de  lo  subgedido  en  la  prisión  del  ^^  ^"^^''  ^^Y  eslá  escrila  con  soltura  y  no  carece  de 

rey  Frangisco  se  halla  comprendida  en  los  122  pri-  elegancia,  mereciendo  por  otra  parle  la  estimación 

meros  folios  del  códice  citado :  desde  el  223  co-  ^^  l^s  eruditos  ,  por  la  veracidad  que   toda   ella 

mienza  otra  relación  distinta,  la  cual  trata  de  la  respira. 

guerra  y  famoso  sitio  de  Ñapóles  de  1528  ,  abrazan-  ^^    El  autor  del  diccionario  de  los  Hijos  ilustres 

do  desde  el  saco  de  Roma  hasta  la  terminación  de  ^^  Madrid,   asienta    que   es  esta   producción   de 

aquellos  memorables   sucesos.    Este    discurso   no  Oviedo  una  «relación  sumaria  de  su  Historia  de  In- 

puede  en  modo  alguno  atribuirse  al  primer  ero-  dias,»  error  que  ha  dado  sin  duda  motivo  á  que  el 

nista  de  las  Indias,  quien  en  el  folio  88  de  la /íe-  distinguido  escritor  anglo-americano  Mr.  George 

lacion  de  lo  subQcdido ,  etc.,  se  expresaba  en  los  si-  Ticknor  se  adelante  á  decir  que  «en  1325,  hallándo- 

guienles  términos:   «Como  la  historia  ha  satisfecho  se  (Oviedo)  en  Toledo,  ofreció  á  Carlos  V  un  Suma- 

whasta  la  coronación  de  la  Qesárea  Magestad  del  Em-  fio  de  la  Historia  de  la  Españolan  (History  ofSpa- 

wperador  é  Rey  ,  nuestro  señor ,  queda  agora  de  sa-  "**^  Literature,  tom.  1,  Período  lí,  cap.  VI,  Londres, 

«lisfacer  á  los  otros  sub^esos  é  cosas  que  en  los  1849).  Ni  Oviedo  comprendió  en  el  Su?nano,  de  que 

»qualro  años  siguientes  ocurrieron....  é  porné  una  tratamos,  la  relación  de  los  hechos  militares  y  polí- 

»rela9Íon  que  en  Roma  se  escribió  é  se  envió  al  se-  ticos  de  la  conquista,  como  en  la  Historia  general,  ni 

)»reníssimo  Duque  de  Calabria....  por  el  doctor  Mi-  menos  se  atuvo  al  territorio  de  la  Isla  Española,  pun- 

BcerMay,  embaxador  por  Su  Magestad  en  la  corte  to  que  en  152o  no  podia  conocer  lo  bastante  para  es- 

))romana  y  uno  de  los  del  Consejo  de  Aragón ,  per-  cribir  su  historia,  pues  que  solo  habia  estado  de  paso 

Msona  grave  é  digna  de  crédito.  La  data  de  su  carta  en  aquella  comarca.  Conocedor  entonces  de  las  cosas 

»fué  en  Roma,  1.*  de  octubre  de  1532».  La  relación  de  la  Tierra-Firme,  se  refiere  principalmente  á  tan 


DE  GOxNZ.  FERN.  DE  OVIEDO. 


LXXXIX 


V.  « Calhálogo  Real  de  Castilla  ,  y  de  todos  los  Reyes  de  las  Españas  é  de  Nápo- 
»les  y  Secilia,  é  de  los  Reyes  y  señores  de  las  casas  de  Frangía,  Austria,  Holanda  y 
«Borgoña:  de  donde  proceden  los  quatro  abolorios  de  la  Cesárea  Magestad  del  Em- 
» parador  don  Carlos,  nuestro  señor:  con  relagionde  todos  los  Emperadores  y  Summos 
«Pontífices  que  han  subgedido  desde  Julio  Cesar,  que  fué  el  primero  Emperador,  y 
«desdel  Apóstol  Sanct  Pedro,  que  fué  el  primero  Papa,  hasta  este  año  de  Chripslo 
«de  MDXXXllaños»  (y  1535). 

Esta  obra ,  conocida  también  con  el  título  de  Historia  general  de  Emperadores, 
Pontífices,  Ucycs,  etc.,  es  una  de  las  mas  apreciablcs  de  Oviedo,  tanto  por  su 
extensión,  como  por  su  importancia:  consérvase  en  la  Biblioteca  del  Escorial,  es- 
crita toda  de  mano  del  mismo  autor,  y  señalada  con  la  marca h-j-7.  Consta  de  cua- 
trocientos cincuenta  y  un  folios,  inclusos  los  veinte  y  cuatro  que  ocupa  el  índice  y 
se  halla  compartida  en  cinco  divisiones,  con  los  siguiente  títulos: 

1."  «Cathálogo  de  los  Reyes  de  Castilla  y  del  antiquísimo  origen  del  castillo  de 
»sus  armas:  de  donde  procedieron  todos  los  Reyes  de  las  Españas,  copiladoporGon- 
«zalo  Fernandez  de  Oviedo  y  de  Valdés,  y  dirigido  á  la  Sacra,  Cesárea,  Real  é  Ca- 
»thólíca  Magestad  del  Emperador  de  los  chripstianos,  nuestro  Rey  de  las  Españas:  é 
»del  origen  é  subgesionde  todos  sus  quatro  abolorios,  con  relagion  de  todos  los  Eni- 
«peradores  y  Summos  Pontífices.» 

2."  «  Colupnas  de  las  estirpes  é  casas  reales  de  Castilla  é  de  León  é  Aragón  é 
«Navarra,  é  Ñapóles  é  Portugal  é  de  Borgoña  é  Flandes,  é  Holanda:  é  assi  mismo  la 
«conseqüengia  imperial  desde  Julio  César  hasta  el  Emperador,  nuestro  señor,  donCái- 
«los  V  de  tal  nombre;  é  concluirse  há  con  los  Summos  Pontífices  desde  el  glorioso 
«Apóstol  Sanct  Pedro  hasta  el  Papa  Clemente  VII  que  hoy  vive,  nuestro  Sancto 
«Padre.» 

3."  «Sumaria  relagion  del  Cathálogo  de  los  Reyes  de  Frangía  para  traher  á  con- 
«seqüencia  las  casas  é  Estados  de  Austria  é  de  Borgoña  é  Flandes  é  Holanda  é  Habs- 
«burgia,  que  de  la  dicha  casa  real  de  Francia  desgienden,  que  son  los  solares  é  abo- 
» lories  paternos  del  Emperador  don  Carlos,  nuestro  señor.» 

4.'  «Epílogo  imperial  de  los  Clésares  desde  Cayo  Julio  César,  el  primero  dellos, 
«hasta  la  Cesárea,  Sacra  é  Cathólica  Magestad  del  Emperador  rey  don  Carlos  V  de 
«tal  nombre,  nuestro  señor.» 

« Sumaria  relación  del  Cathálogo  de  los  Summos  Pontífices  del  glorioso  trono 


r;  * 


«é  silla  apostólica,  dende  el  Apóstol  Sanct  Pedro,  espejo  y  vicario  primero  en  la 
«Iglesia  de  Dios,  é  sus  subgesores  hasta  nuestro  muy  Sancto  Padre  Clemente  VII  que 
«al  presente  es  Papa  de  toda  la  monarchia  é  religión  chripsliana»  ^*. 


vastas  provincias  en  cuanto  se  contiene  en  el  referi- 
do Sumario  ,  empleando  solo  los  siele  primeros  ca- 
pítulos en  hacer  una  breve  reseña  tanto  del  asiento 
y  moradores  de  Hayli,  como  de  algunos  de  sus 
mantenimientos  y  aves,  y  destinando  el  octavo  á 
dar  una  ligerísima  idea  de  la  isla  de  Cuba.  Todo  lo 
demás  se  refiere  al  estudio  de  la  historia  natural  res- 
pecto de  la  Tierra-Firme,  y  solo  el  capítulo  que  de- 
dica el  Veedor  á  hablar  del  «estrecho  y  camino  que 
TOMO  I. 


«hay  desde  el  mar  del  norte  á  la  mar  austral  que  d¡- 
«cen  del  sur,»  es  el  que  puede  ofrecer  algún  inte- 
rés político.  ¿Por  qué  hombres  de  tan  señaladas 
prendas  y  erudición  incurren  en  tamaños  errores?,. 
Don  Nicolás  Antonio  no  hace  mención  de  esta  obra 
en  el  artículo  de  Oviedo  (Vid.  Bibliot.  Hisp.  nova, 
tom.  I,  págs.  5S4  y  5o,  Ed.  de  Midiid  1783). 

H    El  Catálogo  Real  de  Castilla  termina  con  los 
siguientes  versos: 

42 


XC  VIDA  y  ESCRITOS 

Por  la  simple  exposición  de  las  divisiones  del  Catálogo  Real,  se  notará  fácil- 
mente cuan  grande  es  la  importancia  ds  este  trabajo  histórico,  hallándose  en  él 
plenamente  confirmadas  cuantas  observaciones  llevamos  expuestas  sobre  el  mérito 
literario  de  Oviedo.  La  cronologia  que  establece  respecto  de  los  primitivos  reyes, 
basada  en  la  autoridad  del  Beroso,  de  fray  Juan  Annio  de  Viterbo  y  de  los  falsos 
cronicones,  es  solo  comparable  á  la  seguida  por  el  benedictino  Argaiz  en  su  Co- 
rona Real  de  España  por  España ,  fundada  en  el  crédito  de  los  muertos  *'.  El 
Veedor  de  las  fundiciones  del  oro  que  no  acierta  á  rechazar  las  fábulas  fraguadas 
sobre  tan  oscuras  edades,  movido  de  su  natural  candor,  señala  la  existencia  de 
veinte  y  cuatro  reyes,  descendientes  de  Jafet  y  de  Tubal;  y  si  bien  no  dejan  de  asal- 
tarle en  este  punto  arduas  y  racionales  dudas,  todas  las  desvanece  el  ejemplo 
del  dominicano,  á  quien  seguia  entonces  y  pensaba  seguir  para  en  adelante  al  pie 
déla  letra.  Mas  si  dominado  de  este  espíritu,  incurre  Oviedo  en  tan  ciegos  erro- 
res, cuando  trata  de  los  tiempos  primitivos;  si  al  recorrer  la  historia  romana, 
manifiesta  que  no  ha  hecho  un  estudio  profundo  de  los  escritores  griegos  y  lati- 
nos que  trataron  de  la  Península  ibérica,   dirigiéndose  principalmente  á  fijar  la 
cronologia  del  Imperio,  no  sucede  lo  mismo  cuando  llega  á  la  historia  de  la  edad 
media,  período  estudiado  por  él  con  mayor  detenimiento  que  otro  alguno  de  sus 
coetáneos.  Desde  que  se  acerca  á  la  conquista  de  Toledo,  acontecimiento  de  alta 
significación  en  los  anales  de  la  civilización  española ,  parece  que  le  anima  ya  es- 
píritu distinto:  Oviedo  no  habia  hecho  sus  estudios  registrando  los  archivos,   ni 
sacando  á  plaza  otros  testimonios ,  coetáneos  de  los  sucesos  que  refiere;  pero  ha- 
bia leido  y  examinado  cuantas  crónicas  se  escribieron  en  los  siglos  XIII ,  XIV  y 
XV ,  y  cotejándolas  entre  sí  y  comparando  sus  narraciones  y  depurando  los  hechos 
dudosos  *^,  logró  establecer  un  método  claro  y  sencillo  en  la  exposición  histórica, 
enlazando  la  de  Castilla  con  las  de  Aragón  y  Navarra,  acaso  con  mas  arte  que  el 
diHgente  Garibay ,  quien  pudo  sin  duda  emplear  mas  abundantes  medios  en  sus  ta- 


Á  España  pobló  Tubal  ^^^^  mas  notables,  siguiendo  el  orden  alfabético. 
Jacobo  la  convirtió  ^^    ^^-  "^^  ^^^'''^  P°^  ^'^'^^'  ^^^S^o ,  1668. 

y  Rodrigo  la  perdió  ^^    Hablando  el  primer  cronista  de  las  Indias  de 

por  sentencia  divinal,  '^^  autores  que  habia  consultado ,  para  componer 

y  Colom  la  cnriquescíó;  ^^  Catálogo  Real,  observaba :  «Epilogando ,  pues ,  y 

pero  su  fama  inmortal  «concordando  la  diversidad  é  variedad  de  lo  que 

Carlos  Quinto  se  la  dio  «muy  difusamente  he  hallado  en  las  Chrónicas  de 

«España  ,  assi  en  la  que  llaman  General  Historia, 
«como  en  las  que  antiguamente  escribieron  el  Arzo- 

Despues  de  esta  estrofa  puso  Oviedo  la  siguiente  »bispo  don  Rodrigo  y  el  Obispo  de  Tuy  y  el  Bur- 

nota,   á    que  hemos  aludido    ya  en  otra  parte:  «gense  y  el  Obispo  de  Falencia ,  y  en  la  que  inler- 

« Paulo,  Papa  III  de  tal  nombre,  subcedió  á  Cíe-  wpretó  del  arábigo  Abembiquo  y  en  las. que  moder- 

«menfe  VII.  No  se  puso  su  rela9lon ,  porque  agora  «ñámente  han  escriplo  y  copilado  Hernando  del  Pul- 

«en  el  mes  de  septiembre  deste  pressenle  año  de  »gar  y  Mossen  Diego  de  Valera  y  el  Palentino  y 

«mili  é  quinientos  é  treynta  y  qualro   años  fué  »Antonio  de  Lebrixa  y  el  Sículo  y  otros  historiado- 

«assumpto  á  la  silla  apostólica.  Plega  á  Dios  que  «res  modernos  destos  nuestros  tiempos,  todas  las 

«sea  por  bien  é  para  su  sancto  servicio.» — Des-  «quales  y  otras  muchas  he  visto  para  copilar  este 

pues  de  esta  advertencia  y  pasadas  tres  hojas  en  nEpilogon  (Proh.  del  mismo,  Cód.  S.  33  de  la  Bi- 

blanco,  comienza  la  tabla  de  las  cosas  y   nom-  blioleca  nacional). 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO.  XCI 

reas.  No  recibieron  las  de  Oviedo  poca  ilustración  con  el  auxilio  de  los  árboles  ge- 
nealógicos que  emplea  para  esclarecer  sus  invesiigaciones  y  explicar  los  entron- 
ques de  la  casa  real  de  Castilla  con  las  de  Francia,  Ñapóles  y  Alemania,  punto  prin- 
cipal á  donde  se  encamina ;  pudiendo  asegurarse  por  último ,  que  el  Catálogo  lical 
de  Castilla  es  el  tratado  mas  completo  de  la  historia  de  España  y  de  sus  relaciones 
con  los  demás  Estados  de  Europa ,  de  cuantos  hasta  fines  del  primer  tercio  del  si- 
glo XVI  se  escribieron. 

Completa  esta  preciosa  obra  el  Epilogo  ¡leal ,  Imperial  y  pontifical ,  que  parece 
formar  la  segunda  y  tercera  parte  del  Catálogo ,  y  comprende  desde  el  reinado  de 
don  Juan  II  de  Castilla  y  don  Juan  II  de  Aragón  hasta  el  año  de  4555,  en  que 
Oviedo  lo  dio  por  terminado  ,  según  dejamos  en  otro  lugar  advertido  ".  Insertó  en 
el  Epilogo  la  crónica  de  los  Reyes  Católicos  que  tenia  escrita  en  1525  '*,  y  íibra- 
zó  asimismo  la  relación  del  reinado  de  don  Carlos ,  añadiendo ,  ya  en  los  últimos 
años  de  su  vida ,  la  de  los  hechos  memorables  á  que  dio  cima  el  Emperador  en  su 
campaña  contra  los  sectarios  deLutero.  Digno  de  la  mayor  eslima  es  el  Alcaide 
de  Santo  Domingo  en  esta  parte  del  Catálogo,  donde  aparece  como  autor  original 
y  testigo  de  vista  de  la  mayor  parte  de  los  sucesos  que  narra,  siendo  verdadera- 
mente sensible  que  por  la  índole  misma  de  su  proyecto  no  se  extendiera  á  bos- 
quejar con  mas  detenimiento  el  reinado  de  los  Reyes  Católicos.  Curiosos  y  pere- 
grinos son  no  obstante  los  datos  que  recogió  sobre  las  rentas  reales  de  Castilla, 
tanto  ordinarias  como  extraordinarias  (á  que  se  agregaban  las  de  los  maestrazgos 
de  las  Órdenes  militares  incorporados  á  la  Corona  y  las  de  Indias) ,  cuya  suma 
total  ascendia  á  2.250,000  ducados.  Y  no  son  menos  interesantes  las  noticias  que 

17    Debemos  adverlir  aqui ,  para  mayor  ¡luslra-        especie  de  don  Nicolás  Anlonio  ,  ponen  enire  ellas 
cion,  que  Oviedo  debió  sin  duda  variar,  después  del        un  Memorial  de  algunas  cosas  de  la  Coránica  de 

año  1532,  en  que  presentó  en  la  corte  la  I."  Parte  del  los  Reyes  Católicos  don  Fernando  y  doña  habel  y 

Catálogo  Beal,  el  plan  que,  al  concebirlo,  habia  Ira-  de  la  Coránica  del  Emperador  don  Carlos.  Eslo  ha- 

zado.  En  el  prohcmio  de  dicha  I."  Parte  decia:  «La  ce  el  erudito  Baena,  y  á  esto  se  inclina  el  aiiglo- 

wpressente  es  dende  el  primer  rey  de  España  hasta  americano  Ticknor ,  según  queda  apuntado  en  otro 

»fm  de  la  vida  de  don  Johan  II ;  é  la  segunda  ha  de  lugar  de  este  bosquejo;  pero  el  circunspecto  don  Nico- 

»ser  del  hasta  el  pressente  ,  y  la  última  de  las  casas  las  Antonio,  de  qui  n  tomó  el  primero  la  noticia,  no 

«illustres  y  generosos  varones  que  debaxo  de  vues-  solamente  coriiprendió  el  Catálogo  y  Memorial  refe- 

»lro  señorío  y  servicio  militaron».  Se  vé ,  pues,  que  ridos  en  un  mismo  párrafo  de  su  Biblioteca,  sino  que 

el  primer  pensamiento  de  Oviedo  fué  incluir  en  el  manifestó  la  dudas  que  tenia  respecto  de  este  punto, 

Coíá/ogo  TJeanas  casas  y  hombres  célebres  de  Cas-  diciendo  después  de  poner  el  título  del  memorial: 

lilla ,  pensamiento  que  realizó  mas  adelante  en  oira  «Cujus  initium  est,ut  suppelat  unde  cum  catalogo,  si 

obra  ,  que  habremos  por  tanto  de  considerar  como  »venit  ad  manus,  conferrepossis:  Reynando  en  Casti- 

nalural  complemento  del  Catálogo.  Ha  el  rey  don  Enrique  IV,  etc.»  (Bibliot.  Nova,tom.  I. 

18    Si  el  examen  del  Catálogo  Real  no  bastase  á  pág.  555).  Tan  legítima  y  racional  duda  de  aquel 

dejar  probada  esta  observación  ,  las  frecuentes  de-  docto  bibliólogo  se  convirtió  después  en  una  afirma- 

claraciones  de  Oviedo  sobre  el  plan  de  dicha  obra  y  cion,  que  hoy  rechaza  la  crítica,  ilustrada  ya  con  el 

el  recuerdo  de  que  desde  el  año  de  1505  se  ocupaba,  examen  del  mismo  Catálogo.  Lo  que  de  todo  se  de- 

por  mandado  del  Rey  Católico,  en  recoger  los  datos  duce  es  que  de  las  obras  de  Oviedo  se  hubieron  de 

que  utilizó  en  ella,  serian  suficientes  á  disipar  toda  sacar,  á  trozos,  diferentes  traslados,  poniendo  ca- 

duda  sobreesté  punto.  Y  sin  embargo,  ya  sea  por-  da  copiante  al  que  extractaba  el  título  que  mejor 

que  no  se  han  reconocido  estos  dalos,  ya  porque  hubo  de  parecerle,  lo  cual  veremos  mas  adelante 

la  segunda  parte  del  Catálogo  Real  se  ha  considera-  confirmado,  al  dar  cuenta  de  las  Batallas  y  Quinqua- 

do  como  obra  distinta ,  es  lo  cierto  que  los  escrito-  genas  y  de  la  Historia  general  y  natural  de  Indias. 
res  que  dan  razón  de  las  de  Oviedo ,  tomando  cs!a 


XCII  VIDA  Y  ESCRITOS 

trae  Oviedo  sobre  las  rentas  de  los  comendadores  de  las  expresadas  Ordenes ,  de 
los  cabildos  y  prelados ,  de  los  grandes  y  mayorazgos  ,  y  finalmente  de  los  monas- 
terios y  cpnventos ;  contribuyendo  todos  estos  datos  estadísticos  á  darnos  la  mas 
cabal  idea  de  aquella  nobleza  y  clero,  que  tanta  parte  alcanzaban  en  la  gober- 
nación del  Estado  ''. 

VI.  « Libro  de  la  Cámara  Real  del  príncipe  don  Juan  y  offigios  de  su  casa  é  ser- 
vigio  ordinario»  (1546  y  154-8). 

De  este  curioso  tratado  existen ,  tinto  en  la  biblioteca  del  Escorial ,  como  en 
la  patrimonial  de  S.  M.,  en  la  Nacional  y  en  la  de  la  Real  Academia  de  la  Histo- 
ria varias  copias,  sacadas  en  diferentes  tiempos.  En  la  biblioteca  patrimonial  de 
S.  M.  se  conserva,  no  obstante,  el  ejemplar  autógrafo,  de  que  habla  el  erudito 
Baena,  bien  que  no  pudo  escribirse,  como  habrán  tenido  ya  ocasión  de  nolar 
los  lectores,  en  1540,  según  este  biógrafo  supone.  Conocido  el  objeto  de  Ovie- 
do al  componer  tan  interesante  libro,  fácilmente  se  comprenderá  que  ha  de  ser 
un  precioso  depósito  de  noticias  relativas  á  la  vida  interior  de  la  corte  del  prín- 
cipe y  aun  de  los  Reyes  Católicos,  lo  cual  basta  para  recomendarlo  grandemente 
á  la  estimación  de  los  estudiosos.  Oviedo ,  que  recordaba  complacido  aquellos  pri- 
meros dias  de  su  juventud ,  procuró  completar  en  las  Adiciones  á  los  O f ¡icios  la 
idea  que  se  proponia  dar  de  aquella  corte  ,  en  donde  tan  bien  avenidos  se  mostra- 
ban el  fausto  y  la  opulencia  con  la  sobriedad  y  la  economía  ^. 

VII.     «Reglas  de  la  vida  espiritual  y  secreta  theologia».  [Sevilla,  por  Domingo  de 
Robertis,  8.°,  1548). 

Traducida  por  Oviedo  esta  obra  meramente  ascética,  y  dada  á  luz  por  él  mismo, 
según  queda  ya  anotado ,  movióle  su  desgraciado  éxito  á  lanzar  contra  sus  coetá- 

<9    El  resultado  lolal,  que  ofrecen  los  datos  esta-  del  sereníssimo  príncipe  don  Juan,  de  gloriosa  mo- 
díslicos  que  en  este  lugar  del  Epílogo  presenta  Ovie-  moría ,  primogénito  heredero  de  los  muy  altos  é  Ca. 
do,  es  el  siguiente:  Rentas  de  la  corona  2.250,000  thólicos  Reyes  don  Fernando  y  doña  Isabel,  hecho 
ducados:  rentas  de  los  grandes  d. 728,000  ducados;  por  Gonzalo  Fernandez,  do  la  cámara  de  Su  Alto- 
id.  de  mayorazgos  951,000  ducados;  id.  del  clero  za  en  loiln.  4."  «Ofíicios  de  la  Casa  Real  de  Casti- 
superior  secular  1.490,000  ducados;  id.  de  los  mo-  lia  ,  por  el  capitán  Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo  y 
nasterios  y  conventos  (no  completos)  de  León  y  Cas-  Valdés».  5."  «Tratado  de  la  Cámara  Real  del  prín- 
tilla  960,000  ducados.  La  razón  individual  de  estas  cipe  don  Juan ,  los  officios  de  su  casa  y  servicio  or- 
rentas  no  puede  ser  mas  curiosa  é  interesante.  diñarlo ,  compuesto  por  Gonzalo  Fernandez  de  Ovie- 
20    Muchas  son  las  copias  que  hemos  examinado  do  y  Valdés  ,  su  mozo  de  cámara  y  llaves».  Otras 
del  Libro  de  la  Cámara  Real  del  principe:  solamente  tantas  copias  hemos  registrado  en  la  Biblioteca  pa- 
en  la  Biblioteca  Nacional  se  conservan  cinco  trasla-  Irlmonial  de  S.  M.  ,  advirtiéndose  en  ellas  como  en 
dos  con  los  siguientes  títulos :  i.°  «Gobierno  y  offi-  las  de  la  Nacional  y  las  dos  que  se  custodian  en  la 
oíos  de  la  cassa  del  príncipe  donjuán  ,  hijo  de  los  Real  Academia  de  la  Historia  que  los  Irasladadores 
Reyes  Calhólicos  don  Fernando  y  doña  Isabel;  por  han  variado  á  su  placer  el  título  que  le  puso  Ovie- 
Juan  (Gonzalo)  Fernandez  de  Oviedo ,  su  mozo  de  do,  no  siendo  mas  fieles  respecto  del  texto.  El  có- 
cámara  ,  1548».  2."  «Libro  de  la  Cámara  Real  del  dice  original  que  dejamos  citado,  regalado  á  Cár- 
príncipe  don  Juan  y  offi9Íos  de  su  casa  y  servioio  los  IV  por  don  Antonio  Pisón ,  según  expresa  Bae- 
ordinario  ,  compuesto  por  Gonzalo  Fernandez  de  na,  forma  un  tomo  en  4.°,  marcado  S.  2,  esl.  G., 
Oviedo  y  Valdés».  3.°  «Instrucción  de  la  Casa  Real  plut.  6. 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO. 


XCIII 


neos  la  acusación  de  que  se  pagaban  estos  de  los  libros  perniciosos  y  mundanos 
mas  que  de  los  útiles  y  religiosos;  pero  esta  acusación  no  puede  con  justicia  recaer 
de  lleno  sobre  una  época  en  que  se  leian  con  avidez  las  obras  de  fray  Luis  de 
Granada,  y  era  escuchada  con  entusiasmo  la  inspirada  voz  del  venerable  fray  Juan 
de  Avila,  apóstol  de  Andalucia.  Sin  embargo,  como  no  ha  sido  posible  haber 
á  las  manos  ejemplar  alguno  de  esta  traducción  de  Oviedo,  parece  acertado  el  sus- 
pender aqui  todo  juicio  sobre  ella. 

VIII.  «  Batallas  y  Quinquagenas  ,  escripias  por  el  capitán  Gongalo  Fernaudez  de 
Oviedo  ,  criado  del  príagipe  don  Johan,  hijo  de  los  Reyes  Cathólicos,  y  coronisla  ma- 
yor de  las  Indias,  del  Emperador  Carlos  V »  (1530). 

Aunque  el  Alcaide  de  Santo  Domingo  no  hubiese  escrito  mas  que  esta  obra, 
bastada  ella  sola  para  conquistarle  lugar  señalado  entre  los  primeros  genealogis- 
tas  españoles.  Trazadas  en  el  Calcilogo  Real  las  ascendencias  del  monarca ,  no 
tuvo  por  terminada  tan  ardua  tarea  sin  presentar  igualmente  cuantas  noticias  ha- 
bía atesorado,  durante  su  larga  vida,  sobre  las  casas  ilustres  de  España  y  los 
generosos  varones  que  bajo  los  estandartes  del  César  militaron.  Tal  fué  el  pensa- 
miento que  dio  vida  á  las  Batallas  tj  Quinquagenas;  pero  Oviedo,  para  quien  este 
propósito  era  solo  una  ocasión  de  hacer  gala  de  sus  esquisitas  investigaciones 
históricas  y  de  su  no  vulgar  experiencia ,  pretendió  emular  los  esfuerzos  de  los 
esclarecidos  autores  de  los  Claros  varones  y  las  Generaciones  y  semblanzas  y  til- 
dándoles de  parcos  ó  mal  contentadizos,  por  el  corto  número  de  los  personages 
incluidos  en  sus  obras  ^'.  La  de  Oviedo  «está  dividida,  según  observa  el  erudito 
»Clemencin,  en  Batallas,  Quinquagenas  y  diálogos  entre  el  Alcaide,  que  es  el 
«autor,  y  un  tal  Sereno,  que  le  pregunta  de  ordinario  y  da  ocasión  á  que  se  re- 
»fieran  la  historia ,  prosapia ,  armas  ,  rentas  y  divisas  de  alguno  de  los  persona- 
))ges  notables  de  España  y  á  veces  de  toda  una  familia.  Con  este  motivo,  apenas 


2i  Oviedo  decía,  después  de  achacará  los  Iras- 
lad adores  ó  trasquiladores  de  las  minutas  ú  original 
de  Hernando  del  Pulgar  ,  lo  siguiente:  «Pero  olvi- 
»dar  á  muchos  me  parescc  mayor  delicio  é  incom- 
»porlab!e,  c  hacer  un  quaderniilo  ó  libro  muy  bre- 
))ve,  é  llamarle  de  les  Claros  varoties  é  no  h&hlar 
))sino  de  veynle  é  siete  personas ,  esto  es  lo  que  yo 
))no  sé  disculpar;  y  algunos  de  aquellos  no  claros  ni 
))aun  limpios  de  todo  esto...  E  en  esse  mesmo  error, 
))quanto  al  poco  número,  incurrió  Hernán  Pérez  de 
»Guzman,  señor  de  Batres  ,  puesto  que  no  dio  título 
»de  Claros  varones  á  su  obra....;  pero  esta  muestra 
MÜamaba  en  su  Adif^ion  el  doctor  Lorenco  Galindez 
»dc  Carvajal  Claros  varones ,  y  contados  con  el  rey 
«don  Henrique  y  la  reyna  doña  Cathalina,  su  mu- 
))ger ,  d  el  infante  don  Fernando  que  ganó  á  Anle- 
»quera  y  fué  rey  de  Aragón  y  con  el  rey  don  Juan  II 
Ȏ  hasta  parar  en  el  condestable  de  Castilla  ,  maes- 
»tre  de  Sancliago  don  Alvaro  de  Luna ;    en  todos 


))los  que  memora  y  escribe  son  Ireynta  y  tros  per- 
»sonas  é  capítulos  breves:  por  manera  que  ambos 
wtractados  de  essos  auclores  son  sesenta ,  menos 
))uno  ;  y  hasta  aqui  tenemos  vos  é  yo  ciento  diez  é 
«nueve  y  no  avenios  escriplo  la  quarta  parte  de 
«nuestros  días».  Y  después  af.ade  :  «Por  uno  de  los 
«que  puso  Pulgar ,  pudiera  yo  poner  Ireynta...  no- 
«sotros  pornemos  mas  de  trescientos  castellanos,  si 
«la  muerte  no  me  ataja».  (Bat.  y  Quinq.,  Y.  59, 
fol.  dl3  vuelto.)  Pero  Oviedo  perdía  de  vista  respec- 
to de  Hernando  del  Pulgar  que  no  es  lo  mismo  cla- 
ros que  poderosos  varones ,  y  que  aquel  distinguido 
escritor  aspiró  á  presentar  únicamente  beneméritos, 
mientras  él  atendía  también  á  la  antigüedad  y  lim- 
pieza de  linage :  Pulgar  juzgaba  como  un  crítico: 
Oviedo  escribía  mas  principalmente  como  un  genea- 
logísta:  debiendo  también  tenerse  presente  que  los 
reinados  en  que  florece ,  fueron  mas  fecundos  en 
grandes  hombres  que  los  anteriores. 


XCIV 


VIDA  Y  ESCRITOS 


»hay  suceso  pequeño  ni  grande  del  tiempo  de  los  Reyes  Católicos  y  de  los  años 
«inmediatos  de  que  no  se  haga  mención,  con  tal  multitud  de  relaciones  parti- 
»culares ,  anécdotas  y  noticias  de  todas  clases ,  que  es  un  verdadero  tesoro  pa- 
»ra  la  historia  de  aquellos  tiempos ;  y  como  escrito  por  un  testigo  de  vista  tan 
«fidedigno,  adquiere  mas  derechos  á  la  estimación  y  aprecio  de  los  curiosos»  *^. 
Tan  clara  idea  de  las  Batallas  y  Quinqaagenas ,  dada  por  aquel  docto  académico, 
no  ha  sido  parte  á  estorbar  que  distinguidos  historiadores  de  nuestros  dias  for- 
men sobre  ellas  equivocados  juicios ,  confundiéndolas  con  las  Quinquagenas  es- 
critas algunos  años  después,  siendo  en  verdad  notable  que,  aun  procediendo  equi- 
vocadamente ,  casi  todos  hayan  seguido  á  Clemencin,  al  quila tar  el  mérito  de  tan 
importante  obra  ^^ 

Lástima  es  que  no  exista  de  ella  ningún  códice  completo ,  lo  cual  hizo  mani- 
festar al  autor  del  docto  Elogio  de  la  Reina  doña  Isabel ,  que  no  había  apariencias 
de  que  Oviedo  la  concluyese  enteramente,  conforme  al  plan  que  se  había  propuesto. 


22  Memorias  de  la  Real  Acad.  de  la  Hist.,  to- 
mo VI,  ilust.  iO,  págs.  Í23  y  24. 

23  Mr.  W.  Prescott ,  respetable  escritor  anglo- 
americano ,  que  en  su  Historia  del  reinado  de  los 
Reyes  Católicos  da  algunas  noticias  de  Oviedo  y  sus 
obras  ,  y  reconoce  en  las  Batallas  y  Quinquagenas 
el  mérito  que  realmente  tienen ,  creyendo  sin  duda' 
describir  esta  obra ,  inserta  el  título  de  las  Quin- 
quagenas de  que  hablaremos  después ,  añadiendo 
para  completar  la  idea  de  las  Batallas  la  nota  final 
que  pone  el  Alcaide  de  Santo  Domingo  en  la  ter- 
cera parte  del  códice  autógrafo  de  dichas  Quinqua- 
genas. Después  añade:  «Esta  curiosísima  obra  está 
wescrta  en  forma  de  diálogos,  en  los  cuales  el  in- 
))terlocutor  principal  es  el  mismo  autor :  contiene  una 
«noticia  muy  completa  y  ciertamente  prolija  de  las 
«principales  personas  de  España,  de  su  linage,  ren- 
»tas  y  armas ,  con  un  caudal  inagotable  de  anécdo- 
ntas  de  la  vida  privada».  Y  mas  adelante  prosigue: 
«Ademas  de  los  tres  tomos  en  folio  que  existen  en 
»la  Biblioteca  Nacional  de  Madrid ,  de  que  se  sacó 
»la  copia  que  tengo  en  mi  poder,  Clemencin,  que 
«elogia con  exageración  esta  obra,  como  propia  pa- 
»ra  ilustrar  el  reinado  de  Isabel ,  cuenta  otros  tres, 
wdos  existentes  en  la  biblioteca  particular  del  rey  y 
»uno  en  la  de  la  Academia».  A  la  verdad  que  Pres- 
cott ha  debido  ser  torpemente  engañado  por  quien 
le  remitió  la  copia  que  dice  tener  en  su  poder,  para 
incurrir  en  tales  inexactitudes :  de  otra  manera  seria 
imposible  el  que  diese  razón  de  una  obra,  apropián- 
dole el  título  y  atribuyéndole  citas  sacadas  de  otra. 
Si  no  creyésemos  en  su  probada  honradez  y  veraci- 
dad ,  todavía  pudiera  sospecharse  que  solo  vio ,  y 
muy  de  prisa,  lo  que  dejó  Clemencin  escrito,  puesto 
que  este  docto  académico  habló  de  ambas  produccio- 
nes de  Oviedo  y  copió  el  título  y  algunos  fragmentos 
de  las  Quinquagenas ,  sin  atribuirlos  á  las  Batallas 
ni  menos  confundir  ambas  obras.  Pero  si  Prescott, 


escritor  que  solo  hizo  mérito  de  esta  obra  incidi'n  tal- 
mente ,  merece  alguna  ceiisiira  ,  por  haber  caldo  en 
semejante  desliz,  mas  culpable  nos  parece  Mr.  Geor- 
gcTicknor,  quien  tratando  de  propósito  estas  ma- 
terias, escribe  en  su  Historia  de  la  literatura  espa- 
ñola, ya  citada:  «La  otra  obra  notable  de  Oviedo 
«(solo lleva  examinada Ticknor  hHist.  gen.  de  Ind.) 
«fruto  de  su  ancianidad ,  está  consagrada  á  los  afec- 
«tuosos  recuerdos  de  su  pais  nativo  y  de  los  hom- 
»bres  distinguidos  que  había  conocido  en  él.  Intitú- 
wlala  Las  Quinquagenas ,  y  consiste  en  una  serie  de 
«diálogos  en  que  con  poco  método  y  orden ,  da  mi- 
«nuciosas  noticias  de  las  principales  familias  que  fi- 
«guraron  en  España  en  tiempo  de  los  Reyes  Cató- 
«licos  y  Carlos  V ,  mezcladas  con  anécdotas  y  es- 
«pecies  que  no  sin  cierta  ostentación  de  vanidad 
«propia  pueden  pasar  por  unas  memorias  de  su  lar- 
»ga  y  atareada  vida.  Por  el  diálogo  sobre  el  Carde- 
»nal  Jiménez  y  por  otros,  parece  que  se  ocupaba 
«en  esta  obra  el  año  de  1545 ;  pero  la  fecha  que  cita 
»mas  en  estas  conversaciones  imaginarias ,  es  la  de 
«1550;  y  al  fin  de  ellas  declara  terminantemente 
«que  concluyó  las  Quinquagenas  en  24  de  mayo  de 
«1550  ,  á  los  79  años  de  edad.»  Oviedo  no  declara 
en  las  Batallas  y  Quinquagenas,  obra  de  que  habla 
aquí  Ticknor,  semejante  cosa:  donde  lo  decíaro  ter- 
minantemente es  en  las  Quinquagenas  que  tenían  un 
objeto  distinto ,  como  notaremos  en  su  lugar  corres- 
pondiente. Una  de  dos:  ó  estos  aprecíables  escrito- 
res han  examinado  las  Batallas  y  Quinquagenas  de 
que  intentan  dar  noticia ,  ó  no :  si  lo  primero  ¿por 
qué  confundirlas  tan  lastimosamente  con  las  Quin^ 
quagenasl...  Si  lo  segundo  ¿por  qué  aventurarse  á 
dar  razón  de  ellas?...  Y  dado  este  último  caso  ¿por 
qué  no  siguieron  á  Clemencin,  que  hizo  mención  de 
ambas  producciones  de  Oviedo  de  una  manera  clara 
y  distinta?... 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO. 


XCV 


atendiendo  á  la  avanzada  edad  en  que  se  hallaba  ^.  En  la  bibloleca  Nacional  se 
conservan  tres  códices,  señalados  con  las  marcas  Y  59,  K  81  y  K  150,  de  don- 
de hemos  tomado  muchas  de  las  noticias  empleadas  en  este  bosquejo ,  parecién- 
donos  indudable  que  con  el  examen  comparativo  de  estos  y  de  los  dos  manuscritos 
de  la  biblioteca  patrimonial  de  S.  M.  y  «1  que  se  guarda  en  la  Academia,  habrá 
de  venirse  en  conocimiento  de  lo  que  realmente  ha  llegado  á  nuestros  dias  de  las 
Batallas  y  Quinquagcnas 


25 


24    Los  temores  del  entendido  Clemencin  pare- 
cen quedar  justificados,  cuando  leemos  en  las  Quin- 
qvagenas:   «Hánme  aprovechado  mucho  para  salir 
wcon  este  Iraclado  ó  Quinquagcnas  oirás  que  escri- 
»bí  mas  largamente,  dialogando  de  la  nobleza  y  ca- 
»sas  principales  de  España,  en  que  digo  sus  funda- 
wdores  é  rentas  é  armase  sus  genealogías  é  sushis- 
))lorias  é  casos  intervenidos  á  aquellos  de  quien  allí 
))traclo  (en  qualro  gruesos  volúmines);  y  en  cada 
wcasa,  de  quien  tracto,  comienco  por  el  señor  della 
»que  yo  vi,  y  dialogando  se  traen  á  conseqüencia 
»los  ascendientes  y  descendientes.  Obra  en  que  yo 
»he  gastado  mucha  parle  de  mis  dias  y  noches  y  no. 
»he  acabado  por  dos  cosas :  la  una  porque  he  te- 
wnido  esperanca  de  yr  á  morir  á  España,  para  per- 
»fec¡onar  algunos  passos  en  lo  moderno  de  aquellas 
«cosas  que  se  tractan  en  la  III."  Parle  de  las  Quin- 
nquagenas  dialogales :  lo  otro  que  me  ha  detenido  es 
«una  promesa  que  hizo  el  coronista  Florian  Docam- 
»po,  donde  dice  en  su  prohemio  de  la  primera  parte 
))de  la  Crónica  de  España...  que  Iractará  entre  otras 
«cosas  una  relación  de  las  parentelas  é  linages  de 
«España,  efe»  {Quinq. ,  111.'  Parle,  Est,  22).  No 
deja  ,  pues,  duda  esta  confesión  de  Oviedo  de  que, 
si  en  iSSO  daba  la  úilima  mano  á  las  Batallas  y 
Quinquagcnas ,  el  año  de  1SS5  ó  S6,  en  que  escribía 
la  III. '  de  las  Quinquagcnas  no  dialogales,  tenia 
determinado  retocar  y  aun  añadir  alguna  parte  de 
aquellas  ,  siendo  probable  que  no  consiguiera  termi- 
narlas ,  pues  que  pasó  de  esta  vida  á  poco  tiempo 
de  su  vuelta  á  España  ,  muy  ocupado  por  olra  parte 
con  la  Historia  general  de  Indias. 

25  El  erudito  don  Nicolás  Antonio,  y  con  mayor 
seguridad  don  José  Alvarez  Baena,  atribuyen  á 
Oviedo  una  obra  titulada:  Memorial  de  la  vida  y  ac- 
ciones del  cardenal  don  fray  Francisco  2'imenez  de 
asneros ,  asegurando  ambos  que  se  conservaba  en 
el  colegio  de  San  Ildefonso  de  Alcalá.  Don  Nicolás 
Antonio  manifestaba  que  de  esta  producción  del  Al- 
caide de  Sanio  Domingo  se  hablan  aprovechado 
Alvar  Gómez  de  Castro,  en  su  historia  latina  de  Cis- 
neros  y  el  franciscano  fray  Pedro  de  Quintanilla  en 
su  Archetipo  de  virtudes,  refiriéndose  al  Archivo 
Complutense  que  puso  Quintanilla  al  final  de  su  obra. 
Deseosos  nosotros  de  apurar  la  verdad  de  estos 
asertos  ,  hemos  registrado  cuantos  papeles  se  con- 
tienen entre  los  documentos,  de  que  se  valió  Alvar 
Gómez  de  Castro  y  dejó  al  colegio  de  San  Ildefonso, 


para  que  se  guardasen  en  su  archivo  (tetera  »io- 
numenta....  scriniis  complutcnsis Scholce  aservanda 
tradidit),  y  solo  hemos  encontrado  algunos  extrac- 
tos sacados ,  según  se  expresa  ,  de  la  Historia  de 
Oviedo ,  nombre  que  lleva  también  el  Catálogo  Real, 
según  queda  oportunamente  advertido.  Los  extrac- 
tos indicados  tratan  del  inquisidor  Lucero  y  de  lo 
que  toca  á  los  presos  de  Córdoba,  y  déla  desembar- 
cacion  del  rey  don  Carlos.  Ni  en  los  índices  antiguos 
ni  en  los  modernos  ,  que  se  custodian  en  la  Univer- 
sidad de  esta  corle  ,  á  donde  se  trasladaron  la  libre- 
ría y  archivo  del  colegio  de  San  Ildefonso ,  hay  no- 
ticia de  que  existiera  el  indicado  Memorial,  pare- 
ciéndonos  que  el  error  de  don  Nicolás  Antonio ,  á 
quien  copió  Baena ,  proviene  de  lo  que  fray  Pedro 
de  Quintanilla  dice  en  su  Archivo  Complutense.  Las 
palabras  de  este  laborioso  franciscano  son  las  si- 
guientes :   «  Dejó  (Oviedo)  una  relación  ó  memorial 
«en  nuestros  archivos  de  la  última  gobernación  del 
«siervo  de  Dios,  etc.»  (pág.  77,  edic.  de  Palermo, 
I6S3).  Perode  este  testimonio  de  Quintanilla  no  es 
posible  deducir  lógicamente  que  Oviedo  escribió  una 
obra  separada  y  distinta  del  diálogo  sobre  el  cardenal 
Cisneros,  inserto  en  las  Batallasy  Quinquagcnas,  ni 
menos  que  le  dio  el  título  citado  por  don  Nicolás  An- 
tonio y  por  Baena.  Aun  cuando  el  autor  de\  Archetijw 
no  aludiera  con  la  expresión  dejó  en  nuestros  archivos 
á  la  generalidad  de  los  del  reino,  refirie'ndose  á  los  de 
la  orden  de  San  Francisco  á  que  el  cardenal  h;ibia 
pertenecido,  tampoco  se  podrá  sacar  en  claro  que 
hablaba  del  colegio  de  San  Ildefonso  de  Alcalá,  por- 
que entonces  se  hubiera  expresado  en  otros  términos 
mas  particulares.  No  existiendo  en  el  archivo  del  ex- 
tinguido colegio  ,  ni  constando  de  sus  índices  que 
haya  existido  el  Memorial  de  la  vida  y  acciones  del 
Cardenal ,  y  siendo  tan  vaga  la  referencia  de  Quin- 
tanilla ,  en  que  se  apoyó,  don  Nicolás  Antonio  ,  nos 
inclinamos,  pues,  á  creer  que  la  relación  ó  memorial 
vista  por  aquel  laborioso  franciscano  no  es  olra  cosa 
que  el  diálogo  que  dedica  Oviedo  á  Cisneros  en  las 
Batallas  y  Quinquagcnas,  donde  atesora  en  efecto  cu- 
riosos datos  sobre  la  gobernación  de  tan  ilustre  pre- 
lado, si  no  es  ya  la  parte  que  en  el  Catálogo  Real 
consagra  á  dar  cuenta  df  la  regencia  del  mismo.  No 
dejaremos  de  advertir  por  último  respecto  de  los  diá- 
logos ác\?ís Batallas,  que  trasladados  conmuchafre- 
cuencia,  sin  expresar  los  nombres  de  los  interlocuto- 
res ,  ha  podido  esto  ser  causa  de  que  se  tengan  por 


XCVI  VIDA  Y  ESCRITOS 

IX.  « Traclado  gensral  de  todas  las  armas  é  diferengias  dellas,  é  de  los  escudos 
é  diferencias  que  en  ellos  hay,  é  de  la  orden  que  se  debe  guardar  en  las  dichas  ar- 
mas, para  que  sean  giertas  no  falsas ,  é  de  las  colores  é  metales  que  hay  en  armería, 
é  de  las  reglas  é  circunstancias  á  este  efeto  convinientes  »  (1550  ó  51 ). 

Este  tratado ,  compuesto  de  once  libros ,  y  recogido  cuidadosamente  de  mul- 
titud de  autores,  es  sin  duda  digno  de  aprecio,  tanto  por  lo  claro  y  metódico, 
como  por  lo  curioso  y  recóndito  de  las  noticias  que  encierra  respecto  de  la  he- 
ráldica, parte  tan  principal  de  los  estudios  históricos.  Desgraciadamente  solo  he- 
mos podido  haber  á  las  manos  el  libro  primero,  que  dividido  en  veinte  capítu- 
los ,  presenta  claras  é  interesantes  nociones  sobre  la  manera  de  hacer  los  escu- 
dos de  armas,  sus  colores  y  metales,  su  significación  é  importancia,  asi  romo 
también  sobre  la  legitimidad  de  los  timbres  y  divisas  que  podían  emplear  los  caba- 
lleros y  nobles  de  Castilla.  Los  diez  libros  restantes  tenían  por  objeto  el  estudio 
y  aplicación  de  «diversidad  de  armas,  é  historias,  é  figuras,  é  banderas,  é  di- 
visas, é  otras  muchas  cosas»  pertenecientes  atan  útil  materia,  que  ilustró  Ovie- 
do con  oportunos  dibujos  y  pinturas,  según  expresa  en  el  proemio  del  libro  pri- 
mero que  tenemos  á  la  vista.   Considerado,  pues,  este  tratado  con  relación  á 
las  demás  obras  del  Alcaide  de  Santo  Doiiingo ,  creemos  conveniente   observar 
que  no  desmerece  de  ellas,  contribuyenJa  en  contrario  á  completar  la  idea  que 
nos  da  en  todas,  déla  época  en  que  florece,  pues  que  la  ciencia  del  blasón  tenia  en- 
tonces una  significación  verdadera  en  el  Estado.  Lástima  es  que  solo  hayamos  po- 
dido examinar  hasta  ahora  el  primer  libro  de  este  peregrino  tratado,  que  menciona 
el  mismo  Oviedo  en  diferentes  pasages  de  las  demás  producciones  :  el  códice  que 
posee  la  Real  Academia  de  la  Historia ,  está  señalado  con  la  marca  E.  2i,  gra.  5.% 
núm.  00,  y  encierra  también  parte  las  Batallas  y  Quinquagenas. 

X.     «  Libro  de  linages  y  armas  que  escribió  el  capitán  Gongalo  Fernandez  de  Ovie- 
do y  Valdés,  coronista  del  Emperador  Curios  V  y  de  las  Indias »( 1551  ó  52). 

No  carece  tampoco  de  interés  este  tratado ,  que  ha  venido  últimamente  á  po- 
der de  la  Real  Academia  con  la  selecta  biblioteca  de  don  Luis  de  Salazar ,  custo- 
diada en  otro  tiempo  en  el  monasterio  de  Monserrate.  Y  decimos  que  no  carece 
de  ínteres,  porque  si  bien  no  da  Oviedo  á  cada  artículo  la  extensión  que  induda- 
blemente requería  un  Nobiliario  general,  la  circunstancia  de  señalar  las  relacio- 
nes y  enlaces  de  las  principales  familias  y  personages  por  él  conocidos ,  objeto 
único  que  tal  vez  se  propuso ,  es  bastante  para  que  pueda  ser  consultado  con  pro- 
vecho. Hállase  marcado  con  la  letra  C  ,  núm.  24,  y  puede  tal  vez  considerárse- 
le como  una  segunda  parte  de  la  obra  anterior,  atendida  la  semejanza  de  la  ma- 
teria de  que  tratan  una  y  otra  ^^ 

tratados  distintos  é  independíenles  entre  sí,  como  pa-        ser  considerado  como  la  segunda  parle  del  Trata- 

rece  en  alguna  de  las  copias  que  hemos  consultado.        do  general  de  todas  armas,  porque  no  puede  ser 

íití     Decimos  que  puede  el  Libro  de  los  linages        mayor  !a  semejanza  de  la  materia  que  uno  y  otro 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO. 


XCVII 


XI.  «Las  Quinquagenas  de  los  generosos  é  ¡Ilustres  é  no  menos  famosos  reyes, 
príncipes,  duques,  marqueses  y  condes  é  caballeros  é  personas  notables  de  España: 
que  escribió  el  capitán  Gongalo  Fernandez  de  Oviedo  y  Valdés,  Alcayde  de  Sus  Ma- 
gestades  de  la  fortaleza  de  la  cibdad  é  puerto  de  Sancto  Domingo  de  la  Isla  Españo- 
la ,  coronista  de  las  Indias ,  islas  é  Tierra-Firme  del  mar  Océano ,  vegino  é  regidor 
desta  cibdad,  é  natural  de  la  muy  noble  é  leal  villa  de  Madrid  »  ( 1553  y  1556). 

El  objeto  de  esta  obra ,  principalníienle  encaminada  á  «  corregir  los  vicios  y  loar 
»las  virtudes»  ,  es  distinto  del  que  se  propuso  el  Alcaide  de  Santo  Domingo  al  es- 
cribir las  Balallas  y  Quinquagenas  ya  mencionadas.  En  estas  aspiraba  solo  á  tras- 
mitir á  la  posteridad  las  hazañas  y  hechos  heroicos  de  sus  coetáneos:  en  las 
Quinquagenas  intentaba  «memorar  los  famosos  varones  de  nuestra  España»,  que 
habían  florecido  tanto  en  armas  como  en  letras  y  virtudes.  Acaso  el  propósito  de 
generalizar  este  trabajo ,  quitaba  á  las  Quinquagenas  aquel  interés  vivo  y  palpi- 
tante de  las  Balallas ;  pero  al  mismo  tiempo  les  daba  mas  variedad  y  extensión, 
trayendo  á  la  memoria  cuantas  acciones  generosas ,  cuantos  dichos  célebres,  cuan- 
tas difíciles  empresas  ilustraron  los  fastos  de  la  historia  nacional  desde  las  mas 
remotas  edades ,  sin  olvidar  en  tan  gloriosa  copia  ni  á  los  mártires  de  Cristo  ,  ni 
á  los  sectarios  de  Mahoma ,  ni  á  los  descendientes  de  Judea.  Sirvióle  de  modelo 
para  esta  producción  la  Suma  de  varones  ilustres ,  recopilada  por  Juan  de  Sede- 
ño, bien  que  «tenía  ya  escrita  mucha  parte  de  las  Quinquagenas,  cuando  hubo  á  las 
manos  dicha  Sumay> ,  y  solo  le  aprovechó  el  ejemplo  de  Sedeño  para  dar  alguna 
mas  amenidad  á  sus  trabajes.  «Con  este  propóssíto  (escribe  Oviedo  en  el  proemio 
»de  la  I.'  Quinquagena)  procedí  en  lo  comencado,  é  mezclé  é  ingerí  los  famosos 
©señores  y  varones  antiguos  y  modernos,  y  compuse  en  todo  siete  mili  é  quinien- 
»tos  versos  en  estilo  común  y  nuevo  ^ ,  distintos  en  tres  Quinquagenas,  que  son 
«primera ,  segunda  y  tercera  partes ,  cada  parte  ó  Quinquagena  de  cinqüenta  es- 
»tanzas ,  é  cada  estanza  de  cinqüenta  versos »  ^.  Esta  distribución  ,  tan  diferen- 
te de  la  que  dio  el  primer  cronista  de  las  Indias  á  las  Balallas ,  facihta  gran- 
demente la  lectura  de  las  ciento  cincuenta  estanzas,  de  que  se  compone  toda  la 
obra  (fuera  de  lo  acrecentado  á  la  III.'  parte) ,  aunque  altera  el  orden  cronológi- 
co de  los  sucesos  en  ella  referidos.  Como  depósito  de  noticias,  siempre  recónditas 
y  exquisitas ,  como  repertorio  de  hechos  memorables  ,  donde  no  se  ha  negado  la 


contiene.  Siendo  el  objeto  de  este  el  dar  una  idea 
general  del  blasón,  sus  diferencias  y  aplicacio- 
nes, y  concretándose  aquel  á  referir  los  enlaces 
de  las  familias  ilustres  de  España,  apuntando  al 
par  las  armas  que  á  cada  cual  correspondían  ,  na- 
tural parece  por  tanto  que  puedan  formar  estos  dos 
tratados  parle  de  una  sola  obra.  Nuestra  observa- 
ción no  pasa  ,  sin  embargo ,  de  ser  una  congelura 
mas  ó  menos  fundada. 

27  Oviedo,  que  sin  tener  verdaderas  dotes  poe'- 
ticas,  quiso  también  dospunlar  los  aceros  de  su  in- 
genio en  el  lenguage  de  las  musas,  decia respecto 
del  estilo  común  y  nuevo  ,  empleado  en  sus  versos: 

TOMO  I. 


«Assi  como  llaman  tercia  rima  al  estilo  en  que  o| 
wDanthe  escribió  su  Comedia  é  Fran9isco  Petrarca 
»sus  Triumphos  de  tres  en  tres  versos,  puesto  que 
»aquellos  son  de  arte  mayor  de  once  é  doce  si(a- 
))bas,  é  aquestos  mios  son  de  arle  con)un  é  baxo  de 
«siete  é  de  ocho  sílabas  ;  pero  el  nombre  se  aplica 
waqui  á  la  respondencia  segunda  rima,  como  tengo 
«dicho :  é  los  versos  de  los  poetas  alegados  é  los  de 
«aquellos  que  aquel  estilo  siguen  ,  los  llaman  tercia 
nrima,  como  es  notorio  entre  la  nascion  italiana  é 
«en  especial  en  la  toscana  lengua  que  es  de  las  vul- 
«gares  italianas  la  mejor».  {Quinq  ,  1."  Parle,  Est.  4.) 
28  Prohemio  á  la  I."  Quinquagena, 
13 


XCYllI  VIDA  Y  ESCRITOS 

entrada  á  las  proezas  debidas  á  las  ilustres  matronas  castellanas ,  bien  puede  ase- 
gurarse que  son  las  Quinquagenas  dignas  del  mas  alto  aprecio ,  hallando  en  ellas 
abundante  motivo  de  estudio  cuantos  se  consagren  al  de  la  historia  de  nuestro 
suelo,  ya  civil,  ya  mihlar,  ya  religiosa,  ora  política,  ora  literaria. 

Los  códices  originales  de  esta  importante  y  curiosísima  obra ,  escritos  de  mano 
del  mismo  Oviedo,  se  custodian  en  la  Biblioteca  Nacional,  signados  con  la  mar- 
ca Ff.  104,  105  y  106,  siendo  al  parecer  los  mismos  que  poseía  el  duque  de 
Medina  de  las  Torres,  cuando  don  Nicolás  Antonio  compuso  su  Dibliolhcca 
Nova 


29 


XII.     «Historia  General  y  Natural  da  las  Liiias,   Islas  y  Tierra-Firme  del  mar 
Océano»  (1Ü35  y  1557). 

Llegamos  á  dar  razón  de  la  obra  mas  acariciada  ^°  por  Oviedo  durante  su  larga 
vida  y  á  la  cual  parecen  agruparse  todas  las  que  produce  su  fecundo  ingenio,  sien- 
do al  propio  tiempo  el  principal  objeto  de  las  presentes  tareas.  La  Historia  Ge- 
neral ,  que  no  conocida  del  todo ,  ha  bastado  á  colocar  el  nombre  de  su  au- 
tor entre  los  historiadores  clásicos  de  Indias  ^' ,  ya  que  se  ha  logrado  completar- 
la, no  solamente  merece  la  estimación  de  los  doctos,  por  ser  la  primera  que  so- 
bre el  Nuevo  Mundo  se  escribe ,  sino  por  haberse  trazado  y  llevado  á  cabo  en 
medio  de  los  mayores  contratiempos  y  en  aquellas  mismas  comarcas  que  hollaban 
por  vez  primera  plantas  españolas.  Bajo  este  punto  de  vista  será  difícil  encontrar 
en  la  república  de  las  letras  otra  producción,  que  ofrezca  mayor  ínteres  ni  pre- 
sente mas  espontaneidad  y  frescura.  Sorprendido  Oviedo  por  el  magnífico  espec- 
táculo de  aquella  poderosa  y  pintoresca  naturaleza,  todo  excita  su  curiosidad, 
todo  despierta  su  entusiasmo,  impulsándole  á  su  contemplación  y  estudio.  Si  hu- 
biera nacido  poeta,  habría  cantado  á  la  manera  de  Ercilla  la  belleza  y  templan- 
za de  aquel  cielo,  la  casi  fabulosa  riqueza  de  aquellas  elevadísimas  montañas,  el 
curso  magestuoso  de  aquellos  anchurosos  ríos ,  la  furia  de  aquellos  desatados  tor- 
rentes, la  portentosa  variedad  de  aquellos  gigantescos  árboles  y  peregrinas  plan- 
tas, la  vistosa  copia  de  aquellas  aves  matizadas  de  mil  colores,  la  bravura  de  aque- 

29    Después  de  poner  el  título ,  aunque  no  com-  wescripto  de  la  General  y  Natural  historia  de  las 
pleto  délas  Quinquagenas ,  decía:  «Cujus  exem-  •» Indias ,  y slas  y  Tierra-Firme  del  mar  Ogéano  lo 
wplar,  ut  videtur,  anliquis  conscrlptum  superioris  »he  dedicado  á  la  (^esárea  Real  Magestad  del  Eni- 
))S2ecul¡  characteribus  miniarioque  opere  distinctum  «perador  rey ,  nuestro  señor,  cuyas  son.  Digolas 
»adservar¡  lego  in  bibliotheca  excellenlissimi ,  dum  «tres  partes ,  en  que  hay  cinqüenta  libros,  que  se 
»in  vivís  esset ,  ducis  Medinse-Turríum  ,  ídque  tri-  »yrán  imprimiendo  en  tanto  que  yo  la  quarta  escri- 
»bus  voluminibus  divisum  {Bihl.   Nova,  tom.  I,  »bo  ,  porque  es  historia  corriente  mas  larga  que  m¡ 
pág.  35S).  «vida»  (Quinq.  I.*  Parte,  Proh,).  No  queda,  pues, 
31    Don  Martin  Fernandez  Navarrete,  Colección  duda  en  que,  ya  celoso  de  su  obligación  como  tal 
de  Viages  españoles ,  tom.  I ,  intr.,  pág.  73.  cronista, ya  inclinado  naturalmente  á  estas  inves- 
30    Para  prueba  de  esta  observación  bastará  ad-  ligaciones ,  nunca  apartó  Oviedo  la  vista  de  la  His- 
vertirque  terminadas  en  1553  las  tres  partes  que  torta  de  Indias ,  empresa  en  que,  aun  cargado  de 
han  venido  á  nuestras  manos,  pensaba  Oviedo  aña-  años,  mostró  el  mismo  tesón  que  en  su  virilidad  ha- 
diruna  cuarta ,  para  recoger  todos  los  sucesos  que  bia  desplegado, 
iban  llegando  á  sus  oídos  :  «Todo  lo  que  tengo  yo 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO.  IC 

líos  animales  que  poblaban  las  selvas,  y  finalmente  las  agrestes  y  singulares  cos- 
tumbres de  aquellos  hombres,  que  tan  admirable  contraste  presentaban  con  los 
moradores  de  Europa.  Pero  Oviedo,  á  quien  no  concedió  la  Providencia  ni  el 
mcns  divinior  ni  el  os  magna  sonalvrum,  dotado  de  un  talento  de  observación 
comparable  solo  á  su  exquisita  diligencia,  si  no  prorumpe  en  ardorosos  cantares, 
se  aplica  á  la  investigación  y  detenido  examen  de  cuantos  objetos  le  rodean,  y  ya 
siguiendo  el  ejemplo  de  Plinio,  ya  procediendo  de  propia  autoridad ,  observa,  com- 
para y  analiza  toda  clase  de  fenómenos,  procurando  comunicar  á  sus  lectores  la 
mas  completa  idea  de  ellos.  El  Alcaide  de  Santo  Domingo,  que  no  podia  someter 
sus  especulaciones  á  los  principios  de  las  ciencias  naturales,  porque  aun  en  el  es- 
lado  en  que  estas  se  encontraban  en  el  siglo  XVI,  no  le  era  dado  alcanzar  sus 
misterios,  si  no  logra  establecer  una  clasificación  severa  de  los  árboles  y  plantas, 
de  las  aves  y  animales ,  asi  terrestres  como  marinos ,  de  los  metales  y  piedras 
preciosas  que  atesoraba  el  suelo  de  América ,  atiende  sin  embargo  á  su  individual 
descripción,  señalando  menudamente  sus  formas  y  perfiles,  y  apuntando  al  mis- 
mo tiempo  las  virtudes  medicinales  de  cada  planta  ó  insecto ,  sin  omitir  tampo- 
co en  esta  útil  y  nueva  tarea  las  calidades  nocivas  de  cuantos  objetos  menciona. 

Y  si  este  tributo  paga  el  Veedor  de  las  fundiciones  á  la  naturaleza,  rectifi- 
cando á  menudo  los  errores  de  los  doctos  '*,  no  llaman  menos  su  atención  las  cos- 
tumbres de  aquellos  naturales.  Ora  revelando  sus  creencias  religiosas  y  ciegas  su- 
persticiones, ora  bosquejando  sus  ceremonias,  matrimonios,  duelos  y  funerales, 
ya  apoderándose  de  sus  tradiciones  trasmitidas  de  padres  á  hijos  en  sus  bailes  y 
poesias,  ya  pintando  sus  juegos  y  diversiones  públicas,  pretende  Oviedo  darnos 
á  conocer  aquellos  pueblos,  cuyos  muebles,  tragos,  joyas  y  armas  inquiere  y  es- 
ludia  prolijamente,  sin  omitir  la  descripción  de  sus  grangerias  y  mercados ,  ni  me- 
nos olvidar  las  continuas  y  feroces  guerras  que  entre  si  mantenian,  en  las  cuales 
usaban  de  toda  astucia  y  crueldad,  mostrándose  pintados  de  mil  colores  para  cau- 
sar mayor  espanto  á  sus  enemigos.  Ni  calla  el  primer  cronista  de  las  Indias  las 
groseras  pasiones  y  abominables  vicios  de  aquellos  moradores ,  anhelando  para  ser 
tenido  por  imparcial  y  verídico ,  poner  de  manifiesto  las  buenas  prendas  que  en 
ellos  descubre,  bien  que  se  muestre  á  menudo  condolido  de  que  los  aviesos 
instintos  de  la  barbarie  llegaran  á  estinguir  en  sus  corazones  los  generosos  afec- 
tos y  dulzura  que  parecian  ostentar  en  la  infancia.  Estudio  tan  oportuno  y  aun 
necesario,  cuando  se  iban  á  presentar  frente  á  frente  dos  razas  distintas,  en  di- 
verso grado  de  cultura,  abriendo  naturalmente  las  puertas  á  la  relación  de  la 
conquista ,  prueba  de  una  manera  inequívoca  que  no  desconocía  Oviedo  las  prin- 
cipales condiciones  de  una  historia ,  destinada  á  patentizar  á  Europa  cuanto  en- 


3"2     Véase  el  cap.  IV  del  lib.  XV  de  la  1."  pai-  de  visla:  Pedro  Mártir,  seguía  las  relaciones  de  los 

le  y  otros  varios  pasag-es,  en    que  rectifica  las  primeros  conquistadores,  que  ni  podían  tener  la 

inexaclitudes  del  docto  latinista  Pedro  Mártir  de  experiencia  de  quien  había  consumido  su  vida  en 

Angleria ,  cometidas  en  su  libro  De  Orbe  novo ,  res-  las  Indias  ,  ni  se  habían  dedicado  de  propósito  ai 

pecto  de  las  propiedades  de  las  plantas  y  árbo-  estudio  de  aquella  rica  y  varia  naturaleza,  como  lo 

les  que    describe.    Oviedo   hablaba  como  testigo  hizo  el  primer  cronista. 


C  VIDA  Y  ESCRITOS 

cerraba  en  su  seno  el  Nuevo  Mundo.  Mas  ya  fuera  porque  procurase  dar  á  su 
lectura  aquella  diversidad,  tantas  veces  por  él  apetecida,  ya  porque  la  misma  fa- 
tiga é  irregularidad  con  que  recibia  los  datos,  le  impidiese  someterlos  á  un  plan 
maduro  é  inalterable;  es  lo  cierto  que  la  crítica  de  nuestros  dias,  al  par  que 
aprecia  y  agradece  tan  interesantes  inquisiciones,  echa  de  menos  cierta  cohe- 
sión y  armenia  en  la  exposición  de  las  costumbres  de  los  indios ,  no  hallando 
mayor  enlace  en  la  narración  de  los  descubrimientos  y  conquistas  ,  que  ni  se  re- 
fieren siempre  en  orden  cronológico ,  ni  guardan  entre  si  la  conveniente  relación 
para  que  pueda  comprenderse  sin  dificultad  su  influencia  recíproca. 

Pero  en  cambio  de  esa  vaguedad  é  incertidumbre  del  plan  seguido  por  Oviedo, 
lo  cual  es  causa  de  que  se  detenga  á  veces  demasiado  al  dar  noticia  de  los  suce- 
sos, mientras  pasa  otras  rápidamente  por  ellos,  no  puede  menos  de  llamar  la 
atención  el  noble  afán  con  que  procura,  en  medio  del  cúmulo  inmenso  de  infor- 
maciones y  diarios  contradictorios  que  llegan  á  sus  manos ,  inquirir  la  verdad  de 
los  hechos,  borrando  una  y  mil  veces  de  los  libros  ya  terminados  aquellas  rela- 
ciones que,  por  sospechosas  ó  apasionadas,  no  le  inspiraban  confianza  ^.  Ni  po- 
día suceder  otra  cosa  en  los  primeros  momentos  de  la  conquista ,  en  que  abulta- 
ba la  imaginación  todos  los  hechos,  y  donde  quiera  fingía  el  deseo  portentos  y 
maravillas,  brindando  á  capitanes  y  soldados  con  una  felicidad ,  que  se  trocaba  con 
frecuencia  en  amarga  desventura. 

Grande  era  por  cierto  la  empresa  de  Oviedo,  el  cual  no  titubeaba  en  manifestar 
que  le  «faltaría  el  tiempo  é  la  pluma  é  las  manos  é  la  eloqüencia...  para  concluir 
))una  mar  tan  colmada  de  historias»;  pero  ni  carecía  de  la  perseverancia  verdadera- 
mente heroica  que  se  había  menester ,  para  llevarla  a  cabo,  ni  se  hallaba  tampo- 
co desprovisto  de  aquellas  dotes  que  recomiendan  los  historiadores  á  la  estima- 
ción de  los  doctos.  DoHéndose  de  que  la  ciega  codicia  de  los  españoles  los  arras^ 
trára  á  una  perdición  segura,  reprueba  la  insensatez  de  los  capitanes  que  sin  pe- 
ricia ni  conocimiento  alguno  de  los  países,  á  donde  conducían  sus  soldados,  entra- 
ban en  porfiada  lucha  con  la  misma  naturaleza,  acabando  su  miserable  vida  en 
medio  de  la  insurrección ,  y  dejando  entregados  á  la  desesperación  mas  horrible 

33    Sobre  este  punto  escribiael  Alcaide  de  San-  McanQen  mas  claridad  en  la  historia  que  entre  ma- 
to Domingo:    «Una  de  las  cosas  que  á  mi  me  »nos  tengo;  pues  se  me  vienen  á ellos  avisos  é  inte- 
»han  dado  mas  fatiga ,  buscando  informaciones  é  wligencias  para  polir  é  perlecionar  algunos  passos 
"inquiriendo  otras  materias ,  no  ha  seydo  tanta  la  «notables  que  atrás  quedan  escriptos,  segund  fuy 
»que  siento  en  escribirlas  todas  de  mi  mano ,  aun-  «informado  é  que  hasta  aqui  no  eran  bien  entendi- 
«que  passan  de  tres  mili  pliegos  de  papel  los  que  he  «dos  en  parles,  por  haber  seydo  no  perfetos  ni  aten- 
«borrado  y  emendado  y  reescripto  una  é  dos  é  «tos  considerantes  los  que  me  dieron  noticia  dellos.., 
«mas  ve9es,  quando  me  han  fatigado  algunos  torpes  «Y  como  solo  Dios  es  el  que  sabe  y  puede  entender 
«y  otros  groseros  y  otros  apasionados  y  otros  ver-  «á  todos,  yo  como  hombre  podría  ser  engañado  ó 
«daderos,  entre  los  quales  diversos  relatores  he  «no  tan  al  proprio  informado  como  conviene ;  pero 
«andado  midiendo  é  averiguando  é  atendiendo  al  «oyendo  á  muchos  ,  voy  conociendo  en  parte  algu- 
» verdadero  discurso   que  sigo  en  las  cosas  donde  «nos  errores,  é  assi  voy  é  yré  emendando  donde 
«soy  ausente  é  constreñido  á  creer  á  otros  ó  á  qui-  «convenga  mejor  distinguir  lo  que  estuviere  dubdo^ 
«tarles  el  crédito  por  mi  estimativa«  (Hist.  Gen. ,  «so  é  desviado  de  lo  derecho«.  Lo  mismo  declara 
II."  Parle,  lib.  XÍII,  cap.  3).  En  el  siguiente  libro,  en  otras  muchas  partes ,  ponderando  las  dificulta- 
cap.  54,  anadia:  «En  verdad  paresce  que  Nuestro  des  é  inconvenientes  con  que  luchaba  para  llevar  á 
«Señor  permite  que  mis  ojos  no  se  cierren  é  que  al-  cabo  tan  ardua  empresa. 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO.  CI 

á  los  que,  engañados  de  sus  palabras,  osaban  seguirlos.  Indignado  contra  los  que, 
sembrando  la  cizaña  entre  los  españoles,  atendían  únicamente  á  su  logro,  mien- 
tras ensangrentaban  con  bandos  y  motines  el  suelo  donde  apenas  babian  asentado 
su  dominio,  señala  la  presencia  de  los  legistas  y  doctores  como  una  de  las  mavores 
plagas  y  calamidades  del  Nuevo  Mundo;  condenando  al  propio  tiempo  la  soltura  de 
aquellos  clérigos  y  religiosos  que ,  olvidados  sus  votos  de  castidad  y  pobreza ,  es- 
candalizaban con  sus  vicios  y  excitaban  con  su  mal  ejemplo  la  codicia  y  torpeza 
de  la  muchedumbre.  Animado  de  un  celo  verdaderamente  evangélico,  afea  y  re- 
prende la  dureza  de  los  que  maltratábanlos  indios,  truena  contra  la  crueldad  de 
los  que  por  aumentar  sus  haciendas  los  fatigaban  y  consumian,  y  acusa  enérmca-. 
mente  á  los  que,  faltando  á  la  piedad  cristiana  é  injuriando  la  humáííiíí^,  "líaciarí' 
ostentación  de  tiranos,  ensañándose  alevosamente  en  los  indefén^ok  y  réndídó.V.: 
Oviedo,  que  no  podia  ser  indiferente  al  entusiasmo  que  despertaban  en  los  espa- 
ñoles las  colosales  empresas  llevadas  diariamente  á  cabo  por  un  puñado  de  héroes; 
que,  aun  siendo  testigo  de  tantas  proezas,  se  mostraba  no  pocas  veces  sorpren- 
dido á  vista  de  aquel  indomable  esfuerzo ;  y  que  veia  en  todas  partes  el  dedo  de  la 
Providencia,  guiando  los  estandartes  de  la  cruz,  atribuye  á  justo  castigo  del 
cielo  los  desastres  que  sobrevienen  á  los  capitanes  que  llevaban  delante  de  sus 
banderas  el  exterminio,  y  aun  admitido  el  derecho  de  conquista,  vé  cumplida  la 
ley  de  la  expiación  en  cuantos ,  abusando  de  las  armas ,  las  manchaban  por  lujo  ó 
las  movian  por  repugnante  fiereza. 

Tales  son  los  principios  á  que  se  ajusta  el  primer  cronista  de  las  Indias  en  la 
Historia  general  que  examinamos.  Pero  ni  la  severidad  de  sus  juicios,  ni  la  digni- 
dad de  que  á  menudo  se  reviste,  anhelando  apartar  de  la  conquista  del  Nuevo 
Mundo  los  pocos  borrones  con  que  osó  manchar  la  codicia  aquellas  brillantes  pági- 
nas de  gloria,  fueron  bastantes  á  libertarle  de  las  acusaciones  de  otro  historiador 
coetáneo ,  cuya  manera  de  enjuiciar  conocen  ya  los  lectores.  Don  fray  Bartolomé 
de  las  Casas,  varón  digno  por  otra  parte  de  respeto,  que  movido  de  santo  y  cris- 
tiano celo  se  había  constituido  en  procurador  de  las  Indias,  no  solamente  le  con- 
funde entre  los  que  oprimían  y  asolaban  aquellas  comarcas,  sino  que  apurando  el 
diccionario  de  las  injurias,  le  prodiga  los  títulos  de  «infam.ador,  temerario,  falso, 
wembaydor,  inhumano,  hipócrita,  ladrón,  nialvado,  blasfemo  y  mentiroso»,  de- 
clarando su  Historia  general  como  sospechosa ,  y  llegando  al  extremo  de  asegurar 
que  solo  había  «escrito  fuera  de  aquello  del  Darien,  por  relación  de  marineros  ó 
»desoladores».  Mas  no  advertía  que  aun  en  la  historia  de  Castilla  del  Oro  por  él 
aprobada ,  deponía  la  verdad  de  los  hechos  contra  tan  airada  censura  '*.  Oviedo  es- 
cribía como  historiador,  no  como  panegirista;  y  al  bosquejar  las  costumbres  de  los 
indios,  al  mencionar  sus  sacrificios  y  ceremonias,  al  tratar  de  sus  vicios  y  virtu- 
des, ni  le  aconsejó  su  imparcialidad  que  los  absolviese  de  la  nota  de  antropófagos, 

34    Respecto  de  los  sucesos  del  Darien ,  bastará  el  primer  cronista  de  las  Indias,  pueden  consultarse 

recordar  solamente  cuanto  en  la  11/  y  III.*  Parte  de  los  capítulos  23,  i4i,  142,  143,  iU,  145  y  159  del 

este  bosquejo  llevamos  notado:    respecto  de  las  libro  III  de  la  £ítsíono(ie /ndtas,  escrita  por  el  mis- 

acusaciones  que  lanza  el  Obispo  de  Chiapa  contra  mo  las  Casas. 


CII 


VIDA  Y  ESCRITOS 


ni  creyó  justo  ocultar  sus  sangrientas  idolatrías ,  ni  le  pareció  tampoco  digno  el 
disculparlos  del  vergonzoso  crimen  de  sodomía  por  ellos  cometido.  Pero  si  con- 
signó en  su  historia  todos  estos  hechos,  no  por  eso  dejó  de  apiadarse  de  aquellos 
hombres,  que  desposeídos  de  la  luz  del  EvangeHo,  habian  yacido  hasta  entonces 
en  tan  profunda  oscuridad,  aspirando  á  sacarlos  de  la  barbarie  que  asi  los  reba- 
jaba y  envilecía.  El  obispo  de  Ciudad  Real  de  Chiapa  no  escribía  como  historia- 
dor: dominado  de  un  pensamiento  noble  y  humanitario,  bien  que  exagerando  su 
aplicación  de  una  manera  inusitada,  solo  tenia  por  norte  de  sus  escritos  la  alaban- 
za de  los  indios,  á  quienes  ansiaba  sacar  déla  servidumbre,  mirando  por  tanto 
con  honda  ojeriza  cuanto  se  oponía  á  su  proyecto  *'. 

'  Mab  rio^rá  áolo  esto  loque  le  exaltaba  respecto  del  Alcaide  de  Santo  Domingo: 
'e«  t5t9;sel>abián  encontrado  frente  á  frente  el  sacerdote  y  el  soldado  en  el  Real 
Consejó  do  Indias:  el  sacerdote  pasó  después  á  América  para  realizar  el  nuevo  plan 
de  conquista  por  él  ideado,  teniéndola  desgracia  de  llevar  al  matadero  aquellos  hu- 
mildes labradores,  entre  quienes  pensaba  repartir  las  cincuenta  cruces  rojas  otor- 
gadas por  el  Consejo.  El  soldado  que  habia  predicho  aquella  catástrofe,  escribió  des- 
pués la  historia  de  tan  desventurada  expedición ,  tratando  tal  vez  con  excesiva  dure- 
za al  Hcencíado,  que  acogiéndose  al  retiro  del  claustro,  procuró  ponerse  á  cubierto 
de  la  indignación  que  habia  levantado  su  crédula  inexperiencia.  Oviedo,  que  en 
1555  tenia  ya  conocimiento  de  que  el  dominico  las  Casas  escribía  también  sobre  la 
historia  de  América,  mientras  le  motejaba  ásperamente  por  haber  tomado  oficio  que 
110  sabia,  le  invitaba  á  que  diese  á  luz  sus  trabajos,  de  esta  manera:  «Digen  que 
Ȏl  (las  Casas)  escribe  por  su  passatiempo  en  estas  cosas  de  Indias  y  en  la  calidad 
))de  los  indios  y  de  los  chripstianos  que  por  estas  partes  andan  y  viven;  y  seria 
))bicn  que  en  su  tiempo  se  mostrasse,  porque  los  que  son  testigos  de  vista  lo  apro- 
))bassen  ó  respondiessen  por  sí.  Dios  le  dé  su  gracia  para  que  muy  bien  lo  ha- 
»ga,  etc.»  '*.  Algunos  años  adelante  abandonaba  las  Casas  la  clausura  y  volvía  á 
la  corte  con  determinación  de  reducir  á  práctica  su  proyecto:  el  Alcaide  de  San- 


35  Las  Casas  va  laii  lejos  en  este  empeño,  que 
no  titubea  en  atribuir  con  creces  á  los  españoles  los 
vicios  que  Oviedo  y  lodos  los  historiadores  primiti- 
vos del  Nuevo  Mundo  señalan  en  los  indios.  Flablando 
de  sus  mentiras  decía:  «Y  cerca  deslo,  como  también 
«tienen  exper¡en9ia  de  infinitas  mentiras  de  los  es- 
«pañoles  y  que  nunca  les  han  guardado  fé  que  les 
«prometan  ni  verdad,  hay  dichos  de  Indios  dignos 
))de  considerar.  Preguntando  españoles  á  indios,  y 
))no  una  vez  acaesció,  sino  mas,  si  eran  chripstia-' 
))nos,  respondió  el  indio:  Si,  señor:  yo  ya  soy  po- 
» quito  chripstiano  (dixo  él) ,  porque  ya  saber  yo 
»un  poquito  mentir:  otro  dia  saber  yo  mucho 
«mentir  y  seré  yo  mucho  chripstiano».  Esto,  sobre 
ser  altamente  ofensivo  y  contrario  al  carácter  nacio- 
nal, pone  solamente  de  manifiesto  el  punto  á  que 
conduce  la  exageración  de  una  idea ,  aun  siendo  tan 
plausible  como  la  que  invocaba  las  Casas  (cap.  d44). 
La  pluma  se  resiste  á  descubrir  hasta  el  extremo  que 


llega  el  Obispo  en  este  género  de  disculpas:  veamos, 
no  obstante,  como  al  rechazar  las  declaraciones  he- 
chas por  Oviedo,  respecto  á  las  preocupaciones  y 
vicios  de  los  indios ,  deja  caer  sobre  los  españoles 
la  injuriosa  sospecha  de  que  tuviesen  participación 
en  ellos  :  «  Si  le  decian  (los  que  en  virtud  de  cédu- 
))la  real  daban  relaciones  al  Alcaide)  que  eran  (los 
«indios)  idólatras  y  sacrificaban  diez  hombres, 
«añidia  que  eran  diez  mil ,  é  imponiéndoles  abonii- 
«nables  vicios  que  ellos  (los  que  informaban  á  Ovie- 
»do)  no  podían  saber  sino  siendo  participantes  ó 
ncómplices  en  ellos,  elc.«  (cap.  iH).  El  Obispo  ol- 
vidó que  existían  mil  medios,  mas  honestos  por 
cierto,  para  averiguar  tan  reprensibles  torpezas,  sin 
que  hubiese  nunca  necesidad  de  acudir  á  semejantes 
argumentos. 

36    Bist.  Gen.  y  Nat.  de  Ind.,  L»  Parte,  lib.  XIX, 
cap.  S,  ed.  de  Sevilla. 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO.  -  CIH 

lo  Domingo,  que  escribía  á  la  sazón  la  segunda  parle  de  su  historia,  fué  invilado 
por  el  obispo  don  Rodrigo  de  Bastidas,  á  solicitud  del  ya  electo  de  Chiapa,  para 
que  modificase  la  relación  qie  babia  hecho  de  lo  ocurrido  á  este  en  Cumaná  con 
sus /Jardos  ínt/í7cs;  pero  desdeñando  Oviedo  dar  satisfacción  semejante,  manifestó 
al  obispo  Bastidas  que  debia  don  fray  Bartolomé  sacar  á  luz  su  historia ,  pues  que 
estaban  en  parte  donde  se  podria  fácilmente  probar  la  verdad  de  todo  ".  El  Obis- 
po las  Casas  no  solamente  esquivó  el  salir  á  la  liza  que  Oviedo  le  ofrecia,  sino  que 
habiendo  fallecido  nueve  años  después  que  el  Alcaide,  en  cuyo  tiempo  hubo  de 
escribir  el  libro  líl  de  su  historia ,  dispuso  que  no  se  diese  esta  á  la  estampa  sino 
mucho  tiempo  después  de  su  muerte. 

No  era  por  tanto  el  único  motivo  que  agitaba  contra  Oviedo  la  pluma  de  las  Ca- 
sas el  celo  evangélico  que  le  impulsaba  á  solicitar  la  libertad  de  los  indios ,  aun 
á  costa  de  lanzar  la  esclavitud  contra  los  negros  del  África,  tan  dignos  por  cier- 
to de  excitar  la  caridad  cristiana  como  los  moradores  de  América  ^.  Ni  podia 
tampoco  ser  esta  la  causa  de  su  destemplada  agrura,  cuando  el  Veedor  de  las 
fundiciones  del  oro,  si  no  acudia  como  religioso  á  la  enseñanza  y  doctrina  de  los 
indios,  se  había  empeñado,  como  cristiano ,  en  su  defensa  hasta  el  punto  que  lle- 
vamos en  otro  lugar  referido.  Las  Casas  se  dejaba,  ya  en  su  vejez,  arrastrar  del 
enojo  que  abrigó  desde  su  juventud  contra  el  primer  cronista  de  las  Indias,  sin 
considerar  que  aquella  misma  piedad  y  dulzura  que  tanto  recomendaba  á  los  cris- 
tianos, debian  moderar  su  lenguaje  para  darle  la  autoridad  que  ambicionaba.  Pero 
si  duras  parecen  bajo  este  punto  de  vista  las  calificaciones  con  que  designa  á  Ovie- 
do y  su  historia ,  mas  notable  es  todavia  el  considerar  el  poco  fundamento  con 
que  procede:  todas  las  relaciones,  todas  lascarlas,  todas  las  historias  que  han  líe- 
gado  á  nuestra  edad  del  tiempo  de  la  conquista ,  todos  los  monumentos  pertene- 
cientes á  los  antiguos  americanos  que  estudia  hoy  y  explica  la  ciencia  arqueológi- 
ca, dan  razón  de  sus  costumbres  y  preocupaciones,  confirmando  de  una  manera 
irrefragable  las  observaciones  de  Oviedo,  quien  apelaba  también  al  testimonio  de 
los  monumentos  para  apoyar  su  relación,  buscando  en  la  historia  de  la  gentihdad 
disculpa  á  tan  lastimosos  errores  ^.  Por  qué,  pues,  tanta  destemplanza  en  perso- 

37  Ib.,  11."  Parte,  lib.  XIV,  cap.  S4.  «milia»  (cap.   141).  Por  manera  que  el  Obispo  de 

38  Hé  aquí  el  lamentable  fruto  de  la  exagera-  Chiapa,  que  se  apoyaba  en  el  Evangelio  para  im- 
cion  de  un  sentimiento  altamente  noble  y  generoso.  petrar  y  defender  la  libertad  délos  indios,  daba 
Las  Casas  ,  para  quien  la  servidumbre  de  los  indios  por  bien  empleada  la  esclavitud  en  otros  hombres, 
era  un  crimen  ,  no  reparaba  en  que  los  negros  de  como  si  el  Salvador  del  mundo  no  hubiese  expirado 
África  eran  tan  hombres  como  los  americanos,  y  en  la  cruz  por  todas  sus  criaturas. 

pedia  para  ellos  la  esclavitud,  como  único  medio  de  39    Para  prueba  de  las  irrefragables  que  Oviedo 

salvar  á  sus  protegidos.  Tan  familiar  llegó  á  ser  en  tenia  de  los  vicios  contra  natura  de  los  indios, 

él  esta  ¡dea,  que  la  hizo  triunfar  al  cabo  ,  no  con-  bastará  citar  aqui  lo  que  él  mismo  refiere  acerca  de 

tentándose  con  admitir  la  esclavitud  de  los  negros,  los  abominables  simulacros  de  aquel  nefando  acto 

sino   reconociendo   también  la  de  los  sarracenos  que  traian  pendientes  del  cuello  ,  asi  hombres  como 

aprisionados  en  las  guerras.  Hablando  de  los  indios  mugeres:  «Yo  vi  uno  de  estos  joyeles  del  diablo, 

que  tenia  Oviedo  encomendados  en  la  Tierra-Firme,  »que  pesaba  veynte  pesos  de  oro,  hueco ,  vaciado 

dice:  «Aquellos  esclavos  no  eran  cierto  los  que  he-  »é  bien  labrado  ,  que  se  ovo  en  el  puerto  de  Sanc- 

wredó  de  sus  padres,  ni  los  prendió  en  la  batalla  de  »la  Marta  en  la  costa  de  Tierra-Firme  año  de  mili 

))los  moros  de  Berbería  ,  ni  eran  negros  ,  porque  »é  quinientos  é  catorce ,  quando  alli  tocó  el  armada 

«entonces  ningún  negro  traer  á  estas  Indias  se  per-  »quel  Rey  Cathólico  envió  con  Pedraiias  Davila ,  su 


CIV 


VIDA  Y  ESCRITOS 


na  tan  calificada,  tratándose  de  la  averiguación  y  probanza  de  semejantes  he- 
chos?.. Tan  frágil  y  deleznable  es  el  barro  que  vestimos  que  no  puede  resistir  al 
soplo  de  la  contradicción,  sin  que  lo  quiebre  el  golpe  de  la  ira. 

Oviedo,  que  en  todas  partes  protesta  decir  verdad,  parecía  ya  en  1555  adivinar 
la  enemistad  que  se  le  preparaba,  cuando  al  hablar  de  las  falsas  historias  decia: 
«Líbreme  Dios  de  tamaño  delicto  (de  la  mentira),  y  encamine  mi  pluma  á  que 
«con  verdad,  ya  que  el  buen  estilo  me  falte,  siempre  diga  y  escriba  lo  que  sea 

«conforme  á  ella  y  al  servicio  y  alabanca  de  la  misma  verdad,  que  es  Dios , 

«nunca  me  desacordando  de  la  propriedad  y  costumbre  que  tiene  la  corra  para 
«passar  el  hielo:  la  qual...,  quando  quiere  passar  los  rios  ó  lagunas  heladas,  ja- 
«más  lo  hace  sino  quando  va  ó  viene  al  pasto.  E  porque  es  animal  de  muy  sótil 
«oyr,  antes  que  passe,  pone  la  oreja  sobre  el  hielo,  y  de  aquella  manera  arbitra 
«qué  tan  gordo  está ,  y  si  es  sufigiente  para  sostenerla  á  cuestas,  y  passa  sin  pe- 
«ligro.  Pues  desta  manera  sé  que  no  se  hundirán  mis  tractados,  porque  passan 
)>por  la  puente  de  la  verdad ,  ques  tan  recia  y  poderosa  que  sosterná  y  perpetuará 
«mis  vigilias,  que  son  en  alabanca  del  Hacedor...  Yo  no  escribo  por  passar  estos 
«hielos  de  los  murmuradores  sin  causa,  sino  porque  voy  al  pasto  de  la  obediencia 
»é  voluntad  que  tengo  de  servir  á  Dios  en  ello  y  á  mi  rey,  por  cuyo  mandado  me 
«ocupo  en  esto;  y  de  aqui  arbitro  y  entiendo  que  puedo  passar  seguro  y  sin  calumnia 
«quanto  á  la  medula  y  fructo  de  escrebir  lo  gierto»  *®.  Hasta  aqui  Oviedo.  Mas 
no  se  crea  por  esto  que  la  Historia  General  carece  de  inexactitudes  y  errores, 
hijos  unos  de  la  vaguedad  misma  de  las  relaciones  que  ,  no  los  marineros ,  como 
en  desprecio  de  su  autor  dice  las  Casas,  sino  los  adelantados  y  gobernadores  le 
remitían ,  y  causados  otros  por  el  extraordinario  entusiasmo  que  despertaban  en  los 
españoles  los  fenómenos  que  diariamente  se  ofrecían  á  su  vista.  En  cuanto  no  se 
ocultó  á  la  del  Alcaide  de  Santo  Domingo ,  necesario  es  confesar  que  resaltan  en 
su  narración  tanta  naturalidad  y  sencillez,  tanto  candor  y  frescura,  que  no  es  po- 
sible dudar  de  la  exactitud  de  lo  que  entonces  niega  ó  afirma. 

Háse  hablado  generalmente  de  su  estilo  y  lenguaje,  tildándole  de  bajo  y  ras- 
trero; y  aunque  no  es  Oviedo  uno  de  aquellos  escritores  que  empeñados  en  le- 
vantar la  lengua  castellana  á  la  elevación  con  que  aparece  en  las  obras  de  fray 
Luis  de  Granada  ,  Fernán  Pérez  de  Oliva,  Ambrosio  de  Morales,  Juan  de  Ávila  v 


«capitán  general,  á  Caslilla  del  Oro:  é  cómo  se 
j)lruxo  á  montón  el  oro  que  alli  se  lomó  é  lo  lleva- 
»ron  después  á  fundir  ante  mí ,  como  oficial  real 
«veedor,  lo  quebré  con  un  martillo  é  lo  machaqué 
«por  mis  manos  sobre  un  tas  ó  yunque,  en  la  casa 
«de  la  fundición  en  la  cibdad  del  Darien»  (Hist.  Gen. 
y  Nat.  de  Ind.,  I.*  Parte,  lib.  V,  cap.  3).  Véase, 
pues ,  cómo  no  habia  necesidad  de  participación  ni 
complicidad  alguna  para  saber  semejantes  aber- 
raciones, confirmadas  por  desgracia  en  otros  mil 
monumentos. 

40  Proh.  del  lib.  XVIII  de  la  I."  Parle  de  la  Hist. 
Gen.  y  Nat,  de  Ind. — Oviedo  repite  en  otras  muchas 
partes  que  faltandp  «á  su  pluma  la  gra9ia  y  orpa- 


«mentó  de  palabras ,  le  da  por  guia  á  Dios  ,  á  quien 
«pide  que  le  favorezca,  nunca  desacordándose  que  el 
«Santo  Job  dice:  Mientras  tura  mi  aliento  en  mí  y  el 
«espíritu  de  Dios  en  mis  narices  no  hablarán  mis  la- 
«bios  maldad,  ni  mi  lengua  pensará  la  menlira«. 
(Proh.  del  lib.  VI  de  la  I.*  Parle.)  Tan  firme  era  en 
esta  parte  su  honradez  que  exclama  ,  al  narrar  las 
sangrientas  enemistades  de  Almagro  y  Pizarro: 
«Solamente  quiero  acordar  al  lelor  que  he  septenla 
«años  é  que  todo  el  dinero  que  ambos  adelantados 
»tovieron  no  bastaría  á  hacerme  escrebir  mentira  (si 
«yo  sé  que  lo  es)  ni  a  dexar  deponer  aqui  la  Verdad 
»(si  no  la  ignoro).  (Proh.  del  lib.  IX  de  la  III.*  Parle.) 


DE  GONZ.  FERN.  DÉ  OVEDO.  CV 

tantos  otros  como  ilustran  con  sus  nombres  el  siglo  XVI ,  todavia  debe  advertirse 
que  merece  el  aprecio  de  la  critica ,  por  la  soltura  y  pintoresca  variedad  de  su 
frase ,   que  sabe  á  menudo  salpicar  de  lumbres  y  matices,  bien  que  ese  mismo 
empeño  le  conduzca  involuntariamente  al  defecto  contrario  á  la  sencillez  y  exce- 
siva llaneza,  de  que  se  le  acusa.  La  pedanteria  que  afea  alguna  vez  el  estilo  de 
Oviedo  ,  no  proviene  sin  eiíibargo  de  afectación  en  su  lenguaje :  cuando  se  deja 
llevar  de  aquel  irresistible  deseo  que  asalta  á  casi  todos  sus  coetáneos  ,  preten- 
diendo ostentar  una  erudición  no  sazonada ,  entonces  altera  de  pronto  el  aspecto 
de  la  frase  ,  é  intentando  levantarla ,  llega  al  extremo  de  tropezar  en  la  hinchazón 
y  oscuridad  que  tan  lejanas  aparecen  siempre  de  la  claridad  y  lisura  con  que  ex- 
pone los  hechos.  Pero  si  pudiera  tal  vez  presentarse  algún  ejemplo  que   acre- 
ditara, mas  que  el  mal  gusto  de  Oviedo,  la  inexperiencia  y  poca  sobriedad  de 
su  erudición ,  menor  trabajo  seria  necesario  emplear  para  señalar  multitud  de 
pasages,  en  que  no  solamente  se  muestra  correcto  y  esmerado,  sino  que  raya 
también  en  los  limites  de  la  verdadera  elocuencia.  Oviedo,  aunque  mas  instruido 
que  el  común  de  los  escritores  populares  de  su  tiempo ,  no  puede  en  modo  alguno 
clasificarse  entre  los  eruditos  que  le  echaban  en  cara  el  no  haber  compuesto  la 
Historia  general  de  Indias  en  la  lengua  de  Horacio  y  de  Virgilio  *^.  Escribia  para 
ser  entendido  de  todos ;  narraba  las  glorias  de  su  nación;  sabia  que  era  tenida  la 
castellana  por  la  mejor  de  todas  las  lenguas  vulgares  *',  y  no  quiso  privar  á  los  es- 
pañoles del  conocimiento  de  las  inauditas  proezas  á  que  sus  compatriotas  daban 
cima  en  el  distante  suelo  del  Nuevo  Mundo. 

Llegamos ,  pues ,  al  término  de  nuestra  tarea :  destinadas  las  cuatro  partes 
precedentes  á  bosquejar  la  vida  del  primer  cronista  de  las  Indias,  hemos  pro- 
curado presentarle  cual  en  la  historia  aparece  ;  luchando  siempre  con  nuevos 
infortunios,  y  condenado  siempre  á  llevar  una  existencia  errante  y  laboriosa. 
Acaso  será  difícil  encontrar  en  la  repúbHca  de  las  letras  quien,  en  medio  de  tan- 
tos sinsabores  y  dolorosas  vicisitudes,  haya  consagrado  mas  largas  vigilias  al  estu- 
dio: testimonio  irrecusable  de  esta  verdad  son  las  obras  que  sumariamente  de- 
jamos examinadas.  Su  importancia  histórica,  superior  sin  duda  á  la  hteraria ,  no 
solamente  las  recomienda  á  la  estimación  de  los  hombres  entendidos,  sino  que  es- 
tá exigiendo  el  que  se  pongan  en  manos  de  todos,  pues  que  todos  hallarán  en 
ellas  utiHdad  y  enseñanza.  No  se  obtendrá  poca  de  la  publicación  de  la  Historia 
general  de  Indias.  Fruto  de  sesenta  y  cinco  años  de  observaciones ,  encierra 


40    El  Alcaide  de  Santo  Domingo  dedica  el  ca-  "escribió  á  los  hebreos ,  porque  mejor  fuesse  dellos 

pítulo  30  del  lib.  XII,  último  de  la  Hist.  Gen.,  á  res-  «entendido;  y  en  fin  esta  es  regla  universal:  que  to- 

ponder  á  los  que,  preciados  de  doctos,  le  tildaban  de  »dus  los  escriptores  caldeos ,  hebreos  ,  griegos  y 

no  haberla  escrito  en  latin.  Oviedo  les  decía  que  "latinos  en  aquella  lengua  escribieron  en  que  mas 

debieran  acordarse  «que  Moysen  y  David  y  los  otros  «pensaron  ser  entendidos  y  en  que  mas  aprovecha- 

wescriplores  y  sanctos  prophetas  que  escribieron  la  »ron  á  sus  proprios  naturales».  El  buen  sentido  de 

«vieja  y  sánela  Scriptura,  en  su  propria  lengua  es-  Oviedo  triunfó  por  fortuna  de  la  pedanteria  de  los 

«cribieron,  y  Sanct  Malheo  en  su  lenguage  hebreo  seudo-iatinos  de  su  tiempo. 

))su  sancto  Evangelio  y  el  bienaventurado  Sanct  Pa-  41     El  primer  cronista  de  Indias  decía  ,  con  cier- 

wblo  escribió  en  su  lengua  materna  la  Epístola  que  ta  vanagloria ,  dando  razón  de  su  estilo  y  Jenerua- 

TOMO  I.  ^                                          U 


CVl 


VIDA  Y  ESCRITOS 


multitud  de  noticias  y  hechos ,  ó  enteramente  desconocidos ,  ó  no  muy  generali- 
zados aun  entre  los  eruditos ,  cuyo  conocimiento  vendrá  a  ilustrar  por  tanto  los 
estudios  históricos ,  á  que  parecen  inclinarse  los  mas  distinguidos  escritores  de 
nuestros  dias.  No  le  auguramos  sin  embargo  el  extraordinario  éxito  que  en  1555 
obtuvo  la  primera  parte,  traducida  á  tantos  idiomas  como  el  mismo  Oviedo  nos 
refiere  *^,  inserta  en  parte  por  el  sabio  geógrafo  Juan  Bautista  Ramusio  (con 
quien  mantuvo  su  autor  larga  correspondencia)  en  el  tomo  III  de  sus  Navegacio- 
nes, y  extractada  por  los  mas  sabios  médicos  de  Italia,  para  enriquecer  las  biblio- 
tecas de  los  escritores  señalados  en  tan  útil  como  benéfica  ciencia  *^  Han  pasado 
ya  tres  siglos,  durante  los  cuales  se  han  hecho  muchas  y  muy  profundas  investi- 
gaciones sobre  las  cosas  de  América ,  imponiéndose  al  mismo  tiempo  á  los  que  se 
consagran  al  cultivo  de  la  historia  mas  estrechas  condiciones,  y  aspirando  esta 
dificilísima  ciencia  á  mas  elevados  fines  ;  pero  aunque  la  Historia  general  y  natural 
de  Indias  no  satisfaga  hoy  todas  las  exigencias  de  la  critica,  siempre  presentará  á 
nuestra  vista  el  maravilloso  efecto  que  en  nuestros  abuelos  produjo  el  espectácu- 
lo de  un  Nuevo  Mundo ,  y  descubrirá  á  los  extraños  mil  ignorados  tesoros 


44 


j  e  :  «  Si  algunos  vocablos  extraños  é  bárbaros  aqui 
))se  hallaren,  la  causa  es  la  novedad  de  que  se 
wtracta  ;  y  no  se  pongan  á  la  cuenta  de  mi  roman- 
Mce:  que  en  Madrid  nascí  y  en  la  casa  real  me  edu- 
))qué,  y  con  gente  noble  he  conversado,  y  algo  he 
))leydo,  para  que  se  sospeche  que  avré  entendido 
))mi  lengua  castellana  ,  la  qual  de  las  vulgares  se 
y)tiene'por  la  mejor  de  todas»  (Proh.  del  lib.  I  de  la 
I.*  Parte  de  la  Hist.  gen.  y  nal.  de  Ind.). 

42  La  traducción  que  mas  boga  ha  alcanzado  en 
la  república  literaria ,  y  que  ha  llegado  á  nuestras 
manos ,  es  la  francesa  ,  dada  á  luz  en  liJoC  con  este 
titulo:  «Histoire  naturelle  el  general  des  hides,  is- 
))les  el  Ierres  fermes  de  la  grande  mer  Occane  ,  tra- 
wduile  du  caslillan  en  francés  par  Joan  Poleur.  Pa- 
))ris,  1550,  par  Michel  Vascosan».  Don  Nicolás  An- 
tonio cita  esta  traducción ,  fijando  su  publicación  en 
el  año  de  1535. 

43  La  importancia  que  los  mas  distinguidos  mé- 
dicos dieron  desde  la  aparición  de  la  J."  Parle  de  la 
Historia  general  de  Indias  á  los  capítulos  en  que 
Oviedo  trataba  de  las  virtudes  medicinales  del  gua- 
yacan  y  palo  santo,  insertándolos  en  las  mas  selec- 
tas colecciones  de  Scriptores  de  morbo  gálico  ,  ha 
sido  causa  de  qae  el  nombre  del  primer  cronista  de 
Indias  ocupe  también  en  la  Historia  de  la  medi- 
cina un  puesto  distinguido.  Muchos  son  los  escrito- 
res extrangeros  que  al  dar  noticia  del  origen  y  de- 
sarrollo de  las  enfermedades  venéreas,  presentan  el 
testimonio  de  Oviedo,  como  autoridad  bastante  para 
resolver  la  enmarañada  cuestión  de  si  existían  en 
el  antiguo  continente  desde  tiempos  remotos,©  se 
propagaron  á  Europa  con  el  descubrimiento  del 
Nuevo  iMundo.  Entre  los  nacionales  han  tratado 
en  nuestros  dias  esta  cuestión  don  Antonio  Her- 
nández  Morojon   en    su   Historia  bihliografica  de 


la  medicina  espailola ,  don  Anastasio  Chinchilla 
en  sus  Anales  históricos  de  la  medicina  y  don  Jo- 
sé Gutiérrez  de  la  Vega  en  su  Historia  de  la  sífi- 
lis ,  que  precede  á  la  edición  española  del  Tra- 
tado completo  de  las  enfermedades  venéreas  de  Mr. 
Fabre  (Madrid,  d8o0).  Todos  estos  escritores  loman 
en  cuenta  el  testimonio  de  Oviedo,  dándole  el  va- 
lor que  realmente  tiene ;  mas  no  lo  hizo  asi  un  autor 
español  del  pasado  siglo,  don  Antonio  Sánchez  Val- 
verde,  qui^nen  su  América  vindicada  de  haber  sido 
madre  del  mal  venéreo  (Madrid,  1785)  se  apartó  de 
esta  opinión  general ,  llegando  al  extremo  de  mo- 
tejar á  Oviedo  con  los  títulos  de  inventor  de  cuentos 
y  buboso  cirujano,  y  pensando  humillarle  con  el  de 
mozo  de  cámara  del  principe  don  Juan ,  cosa  de 
que  él  tanto  se  pagaba.  Los  apodos  de  Valvorde, 
que  han  dado  acaso  origen  á  la  calumnia,  de  que 
hicimos  mención  en  la  nota  1.^  de  esta  V."  parte, 
solo  prueban  que  carecía  de  razones,  lo  cual  han 
demostrado  después  hasta  la  evidencíalos  escritores 
arriba  mencionados.  La  circunstancia  de  haber  cir- 
culado los  extractos  referidos ,  sin  referirse  su  proce- 
dencia, ha  contribuido  sin  duda  á  que  sean  tenidos 
por  tratados  distintos,  cuando  en  suma  solo  forman 
los  capítulos  2  y  3  del  libro  X  y  eU7  del  libro  XVI 
de  la  L"  Parte  de  la  Historia  general  y  natural  de 
Indias. 

44  Algunos  de  los  tratados  correspondientes  á 
la  IL"  y  111.^  parle  de  la  Historia  general  son  ya 
conocidos  en  la  república  de  las  letras.  Don  Nicolás 
Antonio  hace  relación  de  la  Historia  del  estrecho  de 
Magallanes,  que  dice  haberse  dado  á  luz  en  d5o2, 
bien  que  no  se  publico  hasta  -1557,  pues  que  no 
es  oira  cosa  que  el  libro  I  de  la  11."  Parte,  vigé- 
simo de  la  Historia  general ,  en  otro  lugar  ci- 
tado. También  menciona  este  doclo  bibliólogo  un 


DE  GONZ.  FERN.  DE  OVIEDO. 


GVII 


libro  de  la  Navegación  del  rio  Marañon,  Inserto  por 
Ramusio  en  el  lomo  III  Navigationum,  y  los  dos  Ira- 
lados  ya  referidos  del  Palo  del  guayacan  y  palo  san- 
to. Pero  si  este  erudilo  escritor  manifestó  que  eran 
estos  opúsculos,  en  su  concepto,  fragmentos  de 
la  Historia  general  ( hujus  universalis  Historiaj 
fragmenta  sunl  forsan  quse  de  diversis  rebus  Indi- 
cis  opuscula  inscribuntur ) ,  no  dudó  el  autor  de 
los  Hijos  ilustres  de  Madrid  en  señalar  los  dos 
últimos  escritos  como  obras  distintas  y  separa- 


das de  dicha  Historia  ,  afiadiendo  el  siguiente  tí- 
tulo de  olra  producción  ,  no  mas  diferente  de  aque- 
lla que  las  ya  citadas:  Historia  de  las  cosas  sucedi- 
das en  su  tiempo  en  las  Indias.  ¿Qué  otra  cosa  era, 
pues,  la  Historia  general,  de  que  da  Baena  noticia 
por  separado?,...  ¿dónde  vio  el  códice  de  este  nue- 
vo escrito? Ala  verdad  que  no  acertamos  á  ex- 
plicar las  causas  de  tanta  inexactitud  y  falta  de  cir- 
cunspección en  hombres ,  cuyos  trabajos  lilerarios 
merecen  por  otra  parle  la  mayor  estima. 


>- 


epístola  dedicatoria. 


Sigúese  una  carta  missiva ,  con  que  el  chronista  y  auctor  destas  historias  envió 
este  volumen  é  primera  parte  dellas ,  assi  como  se  acabaron  de  emprimir ,  al  re- 
verendíssimo  é  illustríssimo  señor ,  el  cardenal  de  España  don  fray  Garcia  Jofre  de 
Loaysa,  presbítero  cardenal  del  titulo  de  Sancta  Susanna,  obispo  de  Sigüenca, 
confesor  de  la  Cesárea  Magostad,  presidente  del  Consejo  Real  del  Imperio  occi- 
dental de  las  Indias,  islas  é  Tierra-Firme  del  mar  Océano,  etc.  * 


REVERENDISSIMO  E  ILLUSTRÍSSIMO  SEÑOR. 


JCiScríbese  que  los  árboles  que  ni  se  plantan,  ni  producen  fructo,  son  estimados 
por  infelices  y  dañados  en  la  religión.  Pues  cotejado  con  los  hombres  inútiles  que 
por  su  floxedad  no  aprovechan  á  otros,  parésgeme  que  los  tales  son  muy  seme- 
jantes á  lo  quel  Plinio  dige  de  los  árboles  que  es  dicho  *.  También  es  de  haber 
consideración  (para  mas  culpar  los  hombres)  á  que  aquellos  son  dotados  de  la  ra- 
zón é  industria  y  tienen  voluntad  é  libre  arbitrio  para  inquirir  y  saber  conoscer 
lo  malo  y  elegir  lo  bueno,  y  los  otros  animales  vegetativos  ó  sensitivos  á  quien 
falta  essa  razón,  son  mas  desculpados,  pues  natura  los  hizo  tales  en  mas  ó  en  me- 
nos grado  unos  de  otros ,  segund  sus  efetos ,  pero  totalmente  no  son  inútiles ,  pues 
como  dice  Job:  Nihil  in  térra  sine  causa  fit.'^ 

En  verdad ,  Reverendíssimo  principe ,  yo  he  desseado  siempre  no  ser  de  aquellos 
mas  olvidados  en  el  trabaxo  que  á  mi  persona  se  pudiesse  recrescer ,  para  escoger 
segund  la  flaqueca  de  mi  ingenio  por  qué  via  podria,  sirviendo  á  la  Cesárea  Magos- 
tad ,  emplear  bien  el  tiempo  y  assi  despender  mi  sudor  y  vigilias  que  quien  las 
oyesse,  tuviesse  de  qué  loar  á  Dios  por  sus  maravillas  y  que  no  le  paresgiesse  mi 

*    Cuando  en  i  548  daba  Oviedo  la  última  mano  á  cedió  en  la  presidencia  del  Real  Consejo  de  Indias, 

la  1.'  Parle  de  la  Historia  general ,  no  solamente  gobernado  en  el  referido  año  de  1548  por  don  Luis 

era  pasado  ya  de  esta  vida  el  cardenal  don  fray  Hurtado  de  Mendoza.  Ve'ase  respecto  de  este  punto 

Garcia  Jofre  de  Loaysa ,  del  Orden  de  Santo  Do-  el  Prohemio  del  libro  VII  de  esta  I.^  Parte, 
mingo,  sino  que  habia  muerto  también  el  conde  de  1    Plinio,  lib.  XVI,  cap.  XXVII. 

Osorno  don  Garci  Fernandez  Manrique ,  que  le  su-  2    Cap.  V. 


ex  IJlSTOUiA  GENEUAL  Y  NATURAL 

cuydado  mal  exercitado ,  ni  yo  ser  contado  por  árbol  inútil  y  que  en  alguna  ma- 
nera ayudando  á  otros,  diesse  yo  causa  con  lo  que  escribo,  que  los  que  leyeren 
en  estas  materias  sean  aprovechados  con  tal  ocupación ;  pues  de  nescessidad  han 
de  dar  infinitas  gracias  y  loores  al  Hacedor  de  tantas  maravillas,  conosciendo  á 
su  Dios  y  oyendo  las  cosas  que  aqui  he  escripto,  tan  particularmente,  como  aqui 
las  digo  y  ellas  son.  A  este  propóssito  con  una  mi  natural  inclinación  y  desseo, 
ha  llegado  esta  primera  parte  de  la  General  y  natural  historia  de  Indias  al  estado 
en  que  Vuestra  Señoría  Reverendíssima  aqui  puede  ver  :  la  qual  después  que  fué 
vista  y  examinada  en  el  Real  Consejo  de  Indias,  que  debaxo  de  la  presidencia  de 
Vuestra  Reverendíssima  Señoría  milita,  con  la  real  licencia  y  auctoridad  del  mis- 
mo Consejo  vine  á  esta  cibdad  de  Sevilla  á  la  hacer  emprimir.  En  lo  qual  assi  en 
en  el  tiempo,  como  en  la  costa  dcsta  primera  impression  yo  he  trabaxado  y 
despendido  harto  mas  de  lo  que  será  el  interesse  que  por  los  tales  libros  oviere. 
Por  el  qual  yo  no  me  detuviera  en  esto,  ni  dexára  de  averme  tornado  á  las  In- 
dias, sino  tuviera  respecto  á  otro  mas  cierto  y  mayor  galardón  ó  premio:  el  qual 
es  penssar  que  demás  de  cumplir  lo  que  Su  Magestad  Cesárea  me  tiene  manda- 
do (en  copilar  estas  materias),  creo  que  sirvo  á  Vuestra  Señoría  Reverendíssima  en 
ello,  y  se  da  noticia  al  mundo  de  muchas  cosas  que  serán  gratas  á  los  oydos  de 
los  prudentes;  en  expecial  seyendo  certificados  que  ante  tan  alto  mare  magno  y 
excelencia  de  la  persona  de  Vuestra  Señoría  Reverendíssima,  y  de  tanta  aucto- 
ridad y  sciencia,  é  tan  experimentada  é  informada  y  exercitada  en  oyr  cada  dia 
las  cosas  deste  imperio  de  Indias  (á  quien  Vuestra  Señoría  Reverendíssima  man- 
da y  gobierna  con  tan  amplíssima  potestad  y  rectitud),  hayan  mis  mal  ornados 
renglones  referido  parte  de  lo  que  de  tan  nuevas  é  verdaderas  historias,  aqui  va 
acumulado  hasta  que  el  cumplimiento  de  la  segunda  y  tercera  partes  dellas  sal- 
gan á  luz,  quando  Vuestra  Señoría  Reverendíssima  lo  permitiere,  y  me  diere  li- 
cencia para  ello. 

Y  pues  la  Cesárea  Magestad  está  al  pressente  fuera  de  España ,  gocando  de 
sus  inmortales  triumphos ,  como  agora  nuevamente  añadió  Nuestro  Señor  á  sus  me- 
morables y  gloriosos  tropheos  (aviendo  conquistado  por  fuerca  de  sus  armas  la 
muy  poderosa  y  antigua  Cartago,  que  agora  de  los  modernos  es  dicha  Túnez),  y 
aunque  aqui  se  hallara,  quiere  su  Cesárea  Magestad  que  todo  passe  y  se  ofrezca 
en  las  manos  de  Vuestra  Señoría  Re-verendíssima;  cumpliendo  yo  con  su  real  man- 
dado ,  y  con  el  muy  gierto  desseo  que  siempre  tuve  y  terne  de  servir  á  Vuestra 
Señoría  Reverendíssima,  suplico  haya  por  bien  que,  comoá  servidor  de  su  casa,  sea 
acepta  esta  mínima  ofrenda ,  y  por  su  mano  notificada  á  C^ésar.  Y  vuestra  señoría 
mande  favorescer  lo  escripto  y  el  escriptor  con  aquella  clemencia  que  suele  ha- 
cernos mercedes  á  todos  los  que  en  Indias  vivimos ,  los  quales  siempre  hallamos 
en  Vuestra  Señoría  Reverendíssima  padre  y  amparo  verdadero  en  las  nescessida- 
des,  é  favor  é  ayuda  para  nuestros  trabaxos,  assi  todos  en  general  quantos  en 
aquellas  partes  están ,  como  los  que  de  nosotros  por  aqui  vienen ,  en  especial  los 
que  hablan  verdad.  Y  porque  desta  va  colmada  mi  obra ,  y  muy  pobre  ó  falta  de 
estilo  é  palabras  artificiales,  yo  la  pongo  con  aquella  reverencia  y  acatamiento 


DE  INDIAS,  epístola  DEDICATORIA.  CXI 

que  se  debe  suh  umbra  alarum  tuanim,  é  assi  la  resciba  Vuestra  Señoría  Reve- 
rendíssima. 

Por  cierto ,  Reverendíssimo  Señor,  muchas  veces  quedo  admirado ,  quando  me 
acuerdo  que  estando  Vuestra  Señoria  Reverendissima  en  la  corte  romana  exercitan- 
do  la  gobernación  del  mundo  é  Iglesia  de  Dios  (como  tan  grande  y  excelente  pi- 
lar es  en  ella),  tuvo  por  bien  la  Providencia  Divina  de  tornarnos  á  Vuestra  Señoria 
Reverendissima  á  nuestra  España  para  nuestro  bien  é  favor  destos  reynos ;  y  que 
en  ventura  de  César  juntamente  con  el  ayuda  del  Consejo  y  prudencia  de  Vuestra 
Señoria  Reverendissima ,  parescepor  la  obra  que  Nuestro  Señor  ha  acrescentadolas 
victorias  de  la  Cesárea  Magestad  y  se  aumentan  mas  cada  dia,  y  aun  las  cosas  de 
las  Indias  é  sus  riquecas  paresce  que  crescen  á  vuestra  sombra.  El  servicio  de 
Dios  en  ellas  floresce :  las  repúblicas  de  chripstianos  que  allá  hay  se  ennoblescen: 
los  reynos  de  España  se  enriquescen,  y  todo  va  de  bien  en  mejor;  y  es  forcado 
que  assi  sea  y  que  cada  dia  tantos  bienes  se  multipliquen,  pues  Vuestra  Señoria 
gobierna  aquellas  partes,  de  que  resulta  tanto  provecho  á  ellas  y  á  estas.  Y  no  sin 
causa  alumbró  Jesu-Chripsto  el  corazón  de  César,  para  encomendar  á  Vuestra  Se- 
ñoria Reverendissima  su  imperio  occidental  de  Indias,  puesto  que  en  todos  sus  Es- 
tados é  señoríos  se  da  á  Vuestra  Señoría  tanta  parle  que  ninguna  cosa  sin  su  acuer- 
do é  parescer  se  determina  que  de  importancia  sea.  Y  porque  al  tiempo  que  esta 
primera  parte  de  la  General  é  natural  historia  de  Indias  fué  vista  y  examinada  en 
el  Real  Consejo  de  Indias ,  Vuestra  Señoria  Reverendissima  estaba  con  la  Cesárea 
Magestad  en  Rarcelona  y  á  esta  causa  no  la  pudo  ver  entonces,  la  envió  con 
esta  mi  suplicación  que  arriba  dixe,  pues  la  vido  el  illustríssimo  señor  conde  de 
Osorno,  don  Garci  Fernandez  Manrique,  que  en  ausencia  de  Vuestra  Señoria  Re- 
verendissima suele  presidir  en  el  mismo  Consejo,  y  en  su  presencia  se  le  da  parte 
en  todo  por  el  gran  ser  de  su  persona  á  quien  meritamente  Qésar  tiene  por  uno 
de  los  grandes  de  España  mas  aceptos  en  su  consejo  secreto  y  en  todo  lo  demás. 
E  assi  mismo  vieron  é  corrigieren  la  dicha  historia  las  otras  personas  que  assisten 
en  el  mismo  Consejo  de  Indias  debaxo  de  la  presidencia  de  Vuestra  Señoria  Reve- 
rendissima, que  son  el  muy  magnífico  señor  el  dotor  Reltran,  que  en  antigüedad 
tiene  alli  el  primero  lugar  é  voto,  persona  de  tan  grandes  letras  é  curso  como  en 
España  é  fuera  della  es  notorio;  y  el  muy  reverendo  y  generoso  señor  el  licencia- 
do Xuarez  de  Carvajal ,  sapientíssimo  varón  é  debdo  cercano  de  Vuestra  Señoría 
Reverendissima;  y  el  muy  reverendo  señor  dotor  Rernal,  en  quien  tan  grandes  é 
reposadas  letras  están  colocadas;  y  el  noble  caballero  el  licenciado  Gutierre  Ve- 
lazquez.  Todos  quatro  escogidos  é  perfetos  ingenios  é  bastantes  para  tan  grandes 
é  importantes  negocios  como  administran  juntamente  con  el  muy  magnífico  é  no- 
ble señor  el  secretario  Johan  de  Samano,  caballero  de  la  Orden  militar  de  Sanc- 
tiago,  y  no  inferior  á  los  que  he  dicho  ni  el  último,  con  cuyo  paresger  los  ne- 
gocios han  el  efecto  que  conviene ;  porque  desde  su  tierna  edad  se  crió  en  la  ne- 
gociación y  proveymientos  de  los  despachos  de  las  Indias:  é  tan  instruto  está  en 
las  cosas  dellas  que  ninguno  de  quantos  allá  vivimos  las  alcanca  mas  suficiente- 
mentQ,  demás  del  mucho  crédito  que  su  Cesárea  Magestad  le  da  é  con  Vuestra 


CXII  HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 

Señoría  Reverendissima  tiene  muy  dinamenle. — Con  esta  compañía  de  tan  seña- 
ladas é  sufigíentes  personas,  alumbradas  por  Dios  é  de  la  comunicación  é  resplan- 
dor de  Vuestra  Señoria  Reverendissima,  son  gobernadas  nuestras  Indias,  en  cuyo 
nombre  é  como  el  menor  de  los  vasallos  que  Sus  Magestades  en  ellas  tienen ,  é 
como  procurador  que  soy  de  la  Isla  Española  é  cibdad  de  Sancto  Domingo  é  tan 
antiguo  en  los  trabaxos  de  la  conquista  é  pacificación  de  aquellos  reynos  (que 
aunque  fuy  sin  alguna  cana  á  aquella  tierra,  estoy  cubierto  dellas),  suplico  á  Vues- 
tra Señoria  Reverendissima  se  acuerde,  como  suele,  de  continuar  las  mercedes  que 
á  las  Indias  hace ,  y  en  especial  á  aquella  nuestra  cibdad  é  isla  en  la  tener  muy 
en  la  memoria  en  todo  lo  que  le  tocare,  pues  que  es  la  madre  é  principio  é  fun- 
damento de  todas  las  repúblicas  de  chripstianos  que  hay  en  Indias.  Y  especial- 
mente en  dos  cosas:  la  una  en  que  los  perlados  que  para  allá  se  proveyeren, 
sean  dotos  y  de  buena  casta  é  de  aprobada  y  experimentada  vida  é  virtudes, 
é  que  residan  en  sus  obispados ;  é  lo  mismo  digo  que  se  guarde  en  las  cleciones 
de  los  jueces  de  la  justicia  é  oílíiciales  de  la  real  hacienda ,  porque  aunque  hasta 
agora,  por  la  bondad  de  Dios  y  aviso  de  Vuestra  Señoria  assi  se  ha  mirado,  si  en  esto 
oviesse  descuydo,  visto  está  qué  tales  andarán  las  ovejas,  si  los  pastores  á  quien 
fueren  encomendadas  no  fueren  quales  los  han  menester ;  é  tanto  es  mayor  el  pe- 
hgro,  quanto  el  camino  es  mas  luengo  y  Vuestra  Señoria  Reverendissima  tan 
apartado  de  lo  ver,  é  tanta  dubda  como  ocurre  en  saberse  acá  la  verdad.  Y  por 
esto  querria  yo.  Monseñor  Reverendíssimo ,  que  Vuestra  Señoria,  primero  que 
estos  pastores  é  ofllciales  acullá  passassen  ,  fuesse  de  vista  informado  de  sus  per- 
sonas é  calidades ,  porque  no  oviesse  nescessidad  de  llamarlos  después  para  su 
castigo ;  y  la  consQiencia  real  del  ^ésar  é  la  de  Vuestra  Señoria  Reverendissima  é 
dessos  señores  del  Consejo  mas  sin  escrúpulos  estovicssen ,  é  los  vecinos  de  aque- 
llas partes  mas  seguros  é  pacíficamente  viviéssemos  á  gloria  é  alabanca  de  Jesu- 
Chrispto,  el  qualla  reverendissima  é  illutríssima  persona  y  estado  de  Vuestra  Se- 
ñoria largos  tiempos  prospere  en  su  santo  servicio.  De  Sevilla  á  treynta  dias  del 
mes  de  septiembre  de  MD  é  XXX  é  V  años. 


ÍYVO 


exGíll-^-  ^^^■ 


1a^  rY\K7^vO  ¿^Ov  .  5  -  ^  e/X-^ 


I^omienga  el  primero  libro  deste  volumen.  El  qual  consiste  en  el  prohemio  óinlro- 
ducion  desta  primera  parte  déla  General  y  natural  historia  de  las  Indias :  dirigido  á  la 
Sacra,  Cesárea,  Cathólica  y  Real  Magestad  del  Emperador,  Rey  nuestro  señor. 


S.     Ces.     Calh.     R.     M. 


E 


scribe  el  Albulensis ,  por  otro  nombre 
dicho  el  Tostado,  sobre  la  declaración 
que  hizo  de  Ensebio  De  los  tiempos  el  glo- 
rioso doctor  de  la  Iglesia,  Sant  Hieróni- 
mo ,  que  los  etíopes  se  levantaron  de  á 
par  del  rio  Indo.  Aquesta  Etiopia,  parte 
della  es  en  Assia  y  parte  en  África.  Pero 
los  etíopes  orientales  en  la  India  son :  la 
qual  según  Isidoro  (Ethimol.,  lib.  XIV, 
cap.  III,  de  Assia)  ovo  este  nombre  del  rio 
Indo :  India  vocata  ab  Indo  flumine.  El  qual 
auctor  antes  desto  dige  que  el  mar  Roxo 
en  el  Oriente  resgibe  en  sí  el  rio  Indo :  In- 
dus  fluvius  orientis  qui  rubro  mari  accipi- 
tur.  Esta  es  la  parte  de  la  Etiopia  oriental; 
pero  en  la  cosmographia  moderna  (y  es- 
perimentada)  yo  hallo  señalado  y  puesto 

el  rio  Indo ,  no  como  los  auctores  suso 
TOMO  I. 


dichos  escriben ;  sino  quinientas  ó  mas 
leguas  adelante  del  mar  Roxo  y  del  mar 
de  Persia;  y  entra  en  el  Océano  en  la  cos- 
ta déla  cibdad ,  llamada  Lima ,  en  la  boca 
del  qual  está  el  reyno  de  Cambaya ,  entre 
el  qual  rio  Indo  y  el  rio  Ganges  está  la 
India  mayor,  ó  India  mas  oriental,  que 
es  muy  lexos,  como  he  dicho,  del  mar 
Roxo,  y  mas  al  levante  que  no  son  los  etío- 
pes ,  contra  quien  digen  que  fue  enviado 
á  pelear  Moysen,  como  capitán  de  los 
egipcianos.  Mas  después  fueron  estos  etío- 
pes  buenos  chripstianos ,  é  como    di- 
ce el  Tostado  en  el  lugar  de  suso  alega- 
do ,  convertidos  á  la  fe  por  sanct  Ma- 
theo,  apóstol.  Y  el  comiengo  de  la  con- 
versión les  fué  el  sancto  Eunucho,  ma- 
yordomo déla  reyna  Candagis ,  baptizado 

4 


2 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


y  enseñado  por  sanct  Phelipe ,  apóstol. 
Quiero  significar  y  dar  á  entender  por 
verdadera  cosmographia ,  que  aqui  yo  no 
tracto  de  aquestas  Indias  que  he  dicho; 
sino  de  las  Indias ,  islas  é  tierra  firme  del 
mar  Océano ,  que  agora  está  actualmente 
debaxo  del  imperio  de  la  corona  real  de 
Castilla,  donde  innumerables  é  muy  gran- 
des reynos  é  provingias  se  incluyen ;  de 
tanta  admiración  y  riquezas ,  como  en  los 
libros  desta  Historia  general  é  natural  des- 
tas  vuestras  Indias  será  declarado.  Por 
tanto,  suplico  á  Vuestra  Cesárea  Magestad 
haga  dignas  mis  vigilias  de  poner  la  men- 
te en  ellas ;  pues  naturalmente  todo  hom- 
bre dessea  saber ,  y  el  entendimiento  ra- 
cional es  lo  que  le  hage  mas  excelente 
que  á  otro  ningún  animal :  y  en  esta  ex- 
^celencivX  .ea  |^§emejante  á  Dios  en  aquella 
'parte  qiie  eí  áixo^  Hagamos  el  hombre  á 
:i^i/e.5^íi^a;wi%e?i.y.  sefhe/a/ifa.  Desta  causa 
no  se  contenta  nuestra  voluntad,  ni  se 
satisfófo  nuestro  ánimo  con  entender  y 
especular  pocas  cosas ,  ni  con  ver  las  or- 
dinarias ó  próximas  á  la  patria ,  ni  den- 
tro della  misma.  Antes  por  otras  muy 
apartadas  provincias  peregrinando  ( los 
que  mas  participan  deste  lindo  desseo), 
pospuestos  muchos  y  varios  peligros ,  no 
cessan  de  inquerir  en  la  tierra  y  en  la  mar 
las  maravillosas  é  innumerables  obras 
que  el  mismo  Dios  y  Señor  de  todo  nos 
enseña  (para  que  mas  loores  le  demos), 
satisfaciendo  la  hermosa  cobdicia  desta 
peregrinación  nuestra.  Y  nos  declara,  por 
lo  que  vemos  del  mundo ,  que  quien  pu- 
do hager  aquello  es  bastante  para  todo 
lo  que  del  no  alcangamos,  assi  por  su 
grandeza,  como  por  la  poca  diligengia 
nuestra,  é  principalmente  por  la  flaqueza 
humana ,  de  que  los  mortales  están  vesti- 
dos; de  que  resultan  otras  causas  é  in- 
convenientes que  pueden  impedir  tan 
loable  ocupación,  como  es  ver  con  los 
ojos  corporales  lo  que  hay  en  esta  com- 
pusigion  á  ellos  visible  (allende  délo  que 


es  contemplativo)  de  la  universal  redon- 
dez, á  quien  los  griegos  llaman  cosmos  c 
los  latinos  mundo.  En  el  qual  mucho  me- 
nos déla  quinta  parte  algunos  cosmógra- 
phos  quieren  que  sea  habitada :  déla  qual 
opinión  yo  me  hallo  muy  desviado ,  como 
hombre  que  fuera  de  todo  lo  escripto  por 
Tholomeo ,  sé  que  hay  en  este  imperio  de 
las  Indias ,  que  Vuestra  Cesárea  Mages- 
tad y  su  corona  real  de  Castilla  posseen, 
tan  grandes  reynos  é  provincias  y  de  tan 
extrañas  gentes  é  diversidades  é  costum- 
bres y  gerimonias  é  idolatrías,  aparta- 
das  de  quanto   estaba  escripto    (desde 
áb  initio  hasta  nuestro  tiempo):  que  es 
muy  corta  la  vida  del  hombre  para  lo  po- 
der ver,  ni  acabar  de  entender  ó  conjec- 
turar. 

¿Quál  ingenio  mortal  sabrá  comprehen- 
der  tanta  diversidad  de  lenguas,  de  hábi- 
to, de  costumbres  en  los  hombres  destas 
Indias?  Tanta  variedad  de  animales,  assi 
domésticos  como  salvajes  y  fieros?  Tanta 
multitud  innarrable  de  árboles,  copiosos 
de  diversos  géneros  de  fructas,  y  otros  es- 
tériles, assi  de  aquellos  que  los  indios  cul- 
tivan, como  délos  que  la  natura  de  su 
propio  ofigio  produge,  sin  ayuda  de  ma- 
nos mortales?  Quántas  plantas  y  hiervas- 
útiles  y  provechosas  al  hombre?  Quántas 
otras  innumerables  que  á  él  no  son  co- 
nosgidas,  y  con  tantas  diferengias  de  ro- 
sas é  flores  é  olorosa  fragangia?  Tanta 
diversidad  de  aves  de  rapiña  y  de  otras 
raleas?  Tantas  montañas  altísimas  y  fér- 
tiles ,  é  otras  tan  diferenciadas  é  bravas? 
Quántas  vegas  y  campiñas,  dispuestas  pa- 
ra la  agricoltura,  y  con  muy  apropia- 
das riberas?  Quántos  montes  mas  ad- 
mirables y  espantosos  que  Ethna  ó  Mon- 
gibel,  y  Vulcano,  y  Estrongol  (y  los 
unos  y  los  otros  de  baxo  de  vuestra  mo- 
narchía)? 

No  fueran  celebrados  en  tanta  manera 
los  que  he  dicho  por  los  poetas  é  histo- 
riales antiguos,  si  supieran  de  Massaya, 


DE  INDIAS.  LIB.  I. 


y  Maribio ,  y  Guaxocingo ,  é  los  que  ade- 
lante serán  memorados  desta  pluma,  ó 
escriptor  vuestro.  Quántos  valles,  é  flo- 
restas, llanos  y  deleitosos!  Quántas  cos- 
tas de  mar  con  muy  extendidas  playas  é 
de  muy  excelentes  puertos !  Quántos  y 
quán  poderosos  rios  navegables !  Quán- 
tos é  quán  grandes  lagos !  Quántas  fuen- 
tes frias  é  calientes ,  muy  gercanas  unas 
de  otras !  E  quántas  de  betum  é  de  otras 
materias,  ó  licores!   Quántos  pescados 
de  los  que  en  España  conosgemos ,  sin 
otros   muchos  que    en  ella  no    se  sa- 
ben ni  los  vieron !  Quántos  mineros  de 
oro  é  plata,  é  cobre!  Quánta  suma  pre- 
ciosa de  marcos  de  perlas  é  uniones  que 
cada  dia  se  hallan!  ¿En  quál  tierra  se 
oyó  ni  se  sabe  que  en  tan  breve  tiempo 
y  en  tierras  tan  apartadas  de  nuestra  Eu- 
ropa ,  se  produgiessen  tantos  ganados  é 
granjerias  y  en  tanta  abundancia,  como 
en  estas  Indias  ven  nuestros  ojos ,  traí- 
das acá  por  tan  amplíssimos  mares?  Las 
quales  ha  resgebido  esta  tierra ,  no  como 
madrastra,   sino   como   mas  verdadera 
madre  que  la  que  se  las  envió ;  pues  en 
mas  cantidad  é  mejor  que  en  España  se 
hagen  algunas  dellas ,  assi  de  los  gana- 
dos útiles  al  servigio  de  los  hombres, 
como  de  pan  y  legumbres,  é  fructas,  y 
agúcar,  y  cañafistola;  cuyo  principio  des- 
tas  cosas  en  mis  dias  salió  de  España ,  y 
en  poco  tiempo   se  han  multiplicado  en 
tanta  cantidad ,  que  las  naos  vuelven  á 
Europa  á  la  proveer  cargadas  de  agúcar, 
é  cañafistola  y  cueros  de  vacas.  E  assi 
lo  podrían  hager  de  otras  cosas  que  acá 
están  olvidadas ,  é  aquestas  Indias,  antes 
que  los  españoles  las  hallasen,  produ- 
gian  é  agora  produgen;   assi  como  al- 
godón ,    orchilla ,  brasil ,  é  alumbre ,   é 
otras  mercadurías ,  que  en  muchos  rey- 
nos  del  mundo  las  dessean  y  serian  gran- 
de utilidad  para  ellos.  Lo  qual  nuestros 
mercaderes  no  quieren,  por  no  ocupar 
sus  navios   sino   con   oro,   é   plata,   é 


perlas,  é  las  otras  cosas  que  dixe  pri- 
mero. 

Y  pues  lo   que  deste  grandíssimo  é 
nuevo  imperio  se  podria  escrebir  es  tan- 
to é  tan  admirable  la  lecion  dello ,  ella 
misma  me  desculpe  con  Vuestra  Cesárea 
Magestad ,  si  tan  copiosamente  como  la 
materia  lo  requiere  no  se  dixere :  baste 
que,  como  hombre  que  ha  los  años  que 
he  dicho  que  miro  estas  cosas ,  ocuparé 
lo  que  me  queda  de  vivir  en  dexar  por 
memoria  esta  dulce  agradable.  General 
é  natural  historia    de   Indias,    en  todo 
aquello  que  he  visto,  y  en  lo  que  á  mi 
noticia  ha  venido  é  viniere,  desde  su 
primero  descubrimiento ,  con  lo  que  mas 
pudiere  ver  y   alcangar  dello  en  tanto 
que  la  vida  no  se  me  acabare.  Pues  la 
clemengia  de  Vuestra  Cesárea  Magestad, 
como  á  criado  que  en  estas  partes  le  sir- 
ve é  persevera  con  natural  inclinación 
de  inquerir  (como  he  inquerido)  parte 
destas  cosas,  ha  seydo  servido  mandar- 
me que  las  escriba  y  envié  á  su  real 
Consejo  de  Indias,  para  que  assi  como 
se  fueren  aumentando  é  sabiéndose,  assi 
se  vayan  poniendo  en  su  gloriosa  Chróni- 
ca  de  España :  en  lo  qual  Vuestra  Ma- 
gestad ,  demás  de  servir  á  Dios ,  nuestro 
señor,  en  que  se  pu'  lique  é  sepa  por  el 
restante  del  mundo  lo  que  está  debaxo 
de  vuestro  real  ceptro  castellano,  hage 
muy  señalada  merged  á  todos  los  reynos 
de  chripstianos  en  darles  ocasión  con  este 
tractado  para  que  den  infinitas  gragias  á 
Dios ,  por  el  acregentamiento  de  su  sáne- 
la fé   cathólica.   La    qual  con    vuestro 
sancto  é  chripstianíssimo  gelo  cada  dia  se 
aumenta  en  estas  Indias;  y  esto  será  un 
glorioso  colmo   de   la   inmortalidad  de 
vuestra  perpetua  é  única  fama ;  porque 
no  solamente  los  fieles  cristianos  teman 
que  servir  á  Vuestra  Cesárea  Magestad 
tanta  benignidad,   como  es  mandarles 
comunicar  esta  verdadera  y  nueva  his- 
toria, pero  aun  los  infieles  é  idólatras 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


que  fuera  destas  partes  en  todo  el  mun- 
do oviere ,  oyendo  estas  maravillas,  que- 
darán obligados  para  lo  mismo ,  loando 
al  hagedor  dellas ,  por  serles  tan  incóni- 
tas  y  apartadas  de  su  hemispherio  é  ho- 
rizontes. 

Materia  es,  muy  poderoso  señor,  en 
que  mi  edad  é  diligengia,  por  la  gran- 
deza del  objecto  é  sus  circunstancias ,  no 
podrán  bastar  á  su  perfecta  difinicion, 
por  mi  insufigiente  estilo  é  brevedad  de 
mis  días.  Pero  será  á  lómenos  lo  que  yo 
escribiere  historia  verdadera  é  desviada 
de  todas  las  fábulas  que  en  este  caso 
otros  escriptores,  sin  verlo,  desde  Espa- 
ña á  pié  enxuto ,  han  presumido  escre- 
bir  con  elegantes  é  no  comunes  letras 
latinas  é  vulgares ,  por  informaciones  de 
muchos  de  diferentes  juygios ,  formando 
historias  mas  allegadas  á  buen  estilo  que 
á  la  verdad  de  la  cosa  que  cuentan;  por- 
que ni  el  ciego  sabe  determinar  colores, 
ni  el  ausente  assi  testificar  estas  mate- 
rias, como  quien  las  mira. 

Quiero  certificar  á  Vuestra  Cesárea  Ma- 
gostad que  yrán  desnudos  mis  renglones 
de  abundancia  de  palabras  artificiales, 
para  convidar  á  los  letores ;  pero  serán 
muy  copiosos  de  verdad,  y  conforme 
á  esta,  diré  lo  que  no  terna  contradicion 
(quanto  á  ella)  para  que  vuestra  sobera- 
na clemencia  allá  lo  mande  polir  é  limar. 
Con  tanto  que  del  tenor  é  sentencia  de 
lo  que  aquí  fuere  notificado  á  vuestra 
grandeza,  no  se  aparte  la  intención  y 
obra  del  que  tomare  cargo  de  enmendar 
la  mia ,  digiéndolo  por  mejor  estilo ;  si- 
quiera porque  no  se  ofenda  mi  buen  des- 
seo  ,  ni  se  me  niegue  el  loor  del  trabajo 
que  en  tanto  tiempo  y  con  tantos  peligros 
yohcpadesgido;  allegando  y  inquiriendo 
por  todas  las  vias  que  pude  saber  lo  cier- 
to destas  materias,  después  quel  año  de 
mili  é  quinientos  y  trege  de  la  Natividad 
del  redemptor  nuestro ,  Jesu-Chripslo,  el 
Cathólico  rey  don  Fernando ,  de  gloriosa 


memoria ,  abuelo  de  Vuestra  Cesárea  Ma- 
gestad,  me  envió  por  su  veedor  de  las 
fundigiones  del  oro   á  la  Tierra-Firme; 
donde  assi  me  ocupé  quando  convino  en 
aquel  oficio ,  como  en  la  conquista  y  pa- 
cificagion  de  algunas  partes  de  aquella 
tierra  con  las  armas ,  sirviendo  á  Dios  y 
á  Vuestras  Magostados  (como  su  capitán 
y  vassallo )  en  aquellos  ásperos  pringipios 
que  se  poblaron  algunas  cibdades  é  villas 
que  agora  son  de  chripstianos :  donde  con 
mucha  gloria  del  real  ceptro  de  España , 
alli  se  continua  é  sirve  el  culto  divino.  En 
la  qual  conquista  los  que  en  aquella  sa- 
gon  passamos  con  Pedrarias  Dávila ,  lu- 
gar teniente  é  capitán  general  del  rey  Ca- 
thólico ,  é  después  de  Vuestras  Magosta- 
dos,  seriamos  hasta  dos  mil  hombres,  é 
hallamos  en  la  tierra  otros  quinientos   é 
mas  chripstianos,  debaxo  de  la  capitanía 
de  Vasco  Nuñez  de  Balboa  en  la  cibdad 
del  Darien  (que  también  se  llamó  antes  la 
Guardia) ,  é  después  santa  Maria  del  An- 
tigua ,  la  qual  cibdad  fué  cabega  del  obis- 
pado de  Casulla  del  Oro,  é  agora  está 
despoblada ,  é  no  sin  gran  culpa  de  quien 
fué  la  causa;  porque  estaba  en  la  parle 
que  convenia  para  la  conquista  de  los  in- 
dios flecheros  de  aquellas  comarcas.  Y 
destos  dos  mil  y  quinientos  hombres  que 
he  dicho ,  no  hay  al  presente  en  todas  las 
indias  ni  fuera  dellas  qnarenta  hombres, 
á  lo  que  yo  creo ;  porque  para  servir  á 
Dios  y  á  Vuestras  Magostados ,  y  para  que 
viviessen  seguros  los  chripstianos  que  des- 
pués han  ydo  á  aquellas  provincias ,  assi 
convenia ,  ó  mejor  digiendo  era  forgado 
que  se  higiesse.  Porque  la  salvajez  de  la 
tierra  y  los  ayres  della  y  la  espessura  de 
los  hervajes  y  arboledas  de  los  campos, 
y  el  peligro  de  los  ríos  é  grandes  lagar- 
tos é  tigres,  y  el  experimentar  de  las 
aguas  é  manjares,  fuesse  á  costa  de  nues- 
tras vidas  y  en  utilidad  de  los  mercade- 
res é  pobladores,  que  con  sus  manos  la- 
vadas agora  gozan  de  muchos  sudores 


De  indias,  lib.  i. 


5 


ajenos.  Y  porque  estando  Vuestra  Cesá- 
rea Magestad  en  Toledo ,  el  año  que  pas- 
só  de  la  Natividad  de  Chripsto  de  mili  é 
quinientos  y  veinte  y  cinco  años,  yo  es- 
crebí  una  relación  sumaria  de  parte  de  lo 
que  aqui  se  contiene ;  é  de  aquella  fue  su 
título:  Oviedo  ,  De  la  natural  historia  de  las 
Indias;  mas  aqueste  tractado  se  llamará 
General  y  natural  historia  de  las  Indias; 
porque  todo  lo  que  en  aquel  sumario  se 
contiene  se  hallará  en  este  y  en  las  otras 
dos  partes,  segunda  y  tergera  del,  me- 
jor y  mas  copiosamente  dicho ,  assi  por- 
que aquello  se  escrebió  en  España ,  que- 
dando mis  memoriales  é  libros  en  esta 
cibdad  de  Santo  Domingo  de  la  Isla  es- 
pañola (donde  tengo  mi  casa) ,  como  por- 
que yo  hé  visto  mucho  mas  de  lo  que  has- 
ta entonges  sabia  destas  materias  en  diez 
años  que  han  pasado  desde  que  aquello 
se   escribió;    experimentando   con  mas 
atengion  lo  que  á  este  efecto  convenia 
mas  particularmente  ver  y  entender.  Y 
demás  desto ,  es  de  notar  que  todo  lo  que 
aquel    repertorio    ó   sumario    contiene, 
avrá  en  este  tractado  y  sus  partes  acres- 
gentado,   é  otras  cosas  grandes  é  muy 
nuevas,  de  que  alli  no  podía  yo  hager 
memoria,   por  no  averias  visto,  ni  sa- 
bido. 

Assi  que ,  muy  poderoso  Señor  ,  por 
las  causas  que  de  suso  dixe ,  justo  es  que 
tales  historias  sean  manifiestas  en  todas 
las  repúblicas  del  mundo ;  para  que  en 
todo  él  se  sepa  la  amplitud  é  grandeza 
destos  Estados,  que  guardaba  Dios  á  vues- 
tra real  corona  de  Castilla  en  ventura  y 
méritos  de  Vuestra  Cesárea  Magestad, 
debaxo  de  cuyo  favor  y  amparo  ofrezco 
la  presente  obra  é  humilmente  supUco, 
en  pago  del  tiempo  que  en  esto  he  tra- 
bajado, é  de  la  antigüedad  que  en  vues- 
tra real  casa  de  Castilla  me  dan  quarenta 
y  mas  añoS  (que  ha  que  soy  del  número 
de  los  criados  de  ella)  sea  servido  de 
aceptar  mis  libros;  porque  aunque  estos 


que  aqui  yo  escribo ,  no  son  de  mucha 
industria  ó  artificio ,  ni  de  calidad  que  re- 
quieran prolixa  oración ,  é  ornamento  de 
palabras,  no  han  sido  poco  laboriosos, 
ni  con  la  facilidad  que  otras  materias  se 
pueden  allegar  é  componer  escriptos: 
pero  es  á  lo  menos  muy  aplagible  lecion 
oyr  y  entender  tantos  secretos  de  na- 
tura. 

Si  algunos  vocablos  extraños  é  bár- 
baros aqui  se  hallaren ,  la  causa  es  la  no- 
vedad, de  que  se  tracta;  y  no  se  pongan 
á  la  cuenta  de  mi  romange,  que  en  Ma-^ 
drid  nasgí  y  en  la  casa  real  me  crié  y 
con  gente  noble  he  conversado,  é.  algo 
he  leydo ,  para  que  se  sospeche  que  avré 
entendido  mi  lengua  castellana,  la  qual 
de  las  vulgares ,  se  tiene  por  la  mejor  de 
todas;  y  lo  que  o  viere  en  este  volumen 
que  con  ella  no  consuene ,  serán  nombres 
ó  palabras  por  mi  voluntad  puestas,  pa- 
ra dar  á  entender  las  cosas  que  por  ellas 
quieren  los  indios  significar. 

En  todo  recompense  Vuestra  Magesíad 
con  mi  desseo  las  faltas  de  la  pluma :  pues 
dixo  Plinio  de  la  suya  en  el  prohemio  de 
la  Natural  historia ,  que  es  cosa  difícil  ha- 
ger las  cosas  viejas  nuevas ,  é  á  las  nue-* 
vas  dar  auctoridad,  y  á  las  que  salen  de 
lo  acostumbrado  ,  dar  resplandor,  é  á  las 
obscuras ,  luz ;  y  á  las  enojosas ,  gragia ;  é 
á  las  dudosas ,  fé.  Basta  que  yo  he  dessea- 
do  y  desseo  servir  á  Vuestra  Cesárea  Ma- 
gestad y  contentar  á  quien  viere  mi  obra; 
y  si  no  lo  he  sabido  hager ,  loarse  debe 
mi  intención.   Conténtese  el  letor  con 
que  lo  que  yo  he  visto  y  experimentado 
con  muchos  peligros,  lo  goza  él  y  sabe 
sin  ninguno ;  y  que  lo  puede  leer,  sin  que 
padezca  tanta  hambre  y  sed,  é  calor,  é 
frió,   con   otros  innumerables   trabajos, 
desde  su  patria ,  sin  aventurarse  á  las  tor- 
mentas de  la  mar,  ni  á  las  desventuras 
que  por  acá  sepadesgen  en  la  tierra ;  sino 
que  para  su  passatiempo  y  descanso  haya 
yo   uasgido,  y  peregrinando  visto  estas 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


obras  de  natura  (ó  mejor  diciendo,  del 
maestro  de  la  natura);  las  quales  he  es- 
cripto  en  veinte  libros  que  contiene  esta 
primera  parte  ó  volumen:  y  en  los  que 
hay  en  la  segunda  y  tergera  partes ,  en 
que  al  presente  estoy  ocupado ,  las  qua- 
les tractarán  de  las  cosas  de  la  Tierra- 
Firme. 

Verdad  es  que  el  último  libro,  que  ago- 
ra se  pone  aqui  por  el  número  veynte, 
so  passará  después  en  fin  de  la  tercera 
parte ,  porque  es  de  calidad  que  sirve  á 
todas  tres ;  el  qual  se  llama  De  los  infor- 
tunios y  naufragios  ,  de  casos  acaespdos  en 
ias  mares  destas  Indias.  Todos  estos  li- 
bros están  divididos,  segund  el  género  é 
calidad  de  las  materias  por  donde  discur- 
ren ;  las  quales  no  he  sacado  de  dos  mili 
millares  de  volúmines  que  haya  leydo, 
como  en  el  lugar  suso  alegado  Plinio  es- 
cribe ,  en  lo  qual  paresge  que  él  dixo  lo 
que  leyó;  é  algunas  cosas  dige  él  que 
acresgentó,  que  los  antiguos  no  las  en- 
tendieron, ó  después  la  vida  las  falló; 
pero  yo  acumulé  todo  lo  que  aqui  escri- 
bo de  dos  mili  millones  de  trabajos  y  nes- 
gessidades  é  peligros  en  veynte  é  dos  años 
é  mas  que  ha  que  veo  y  experimento  por 
mi  persona  estas  cosas ,  sirviendo  á  Dios 
é  á  mi  i^y  en  estas  Indias,  y  avien- 
do  ocho  veges  pasado  el  grande  mar 
Océano. 

Mas  porque  en  alguna  manera  yo  en- 
tiendo seguir,  ó  ymitar  al  mismo  PHnio, 
no  en  degir  lo  que  él  dixo  (puesto  que 
en  algunos  lugares  sean  alegadas  sus  auc- 
toridades,  como  cosa  deste  jaez  universal 
de  historia  natural) ;  pero  en  el  distinguir 
de  mis  libros  y  géneros  dellos ,  como  él 
^0  fizo,  confesaré  lo  que  él  aprueba  en 
su  introducion ;  donde  dige ,  que  es  cosa 
de  ánimo  vicioso  y  de  ingenio  infelige, 
querer  mas  ayna  ser  tomado  con  el  hur- 
to que  volver  lo  que  le  fue  prestado, 
máxime  aviéndose  capital  de  la  usura; 
pues  por  no  incurrir  en  tal  crimen,  ni 


desconocer  al  Plinio  lo  que  es  suyo  (quan- 
to  á  la  invención  y  título  del  libro)  yo  le 
sigo  en  este  caso . 

Una  cosa  terna  mi  obra  apartada  del 
estilo  de  Plinio,  y  será  relatar  alguna 
parte  de  la  conquista  destas  Indias,  é 
dar  razón  de  su  descubrimiento  prime- 
ro, é  de  otras  cosas,  que  aunque  sean 
fuera  de  la  natural  historia ,  serán  muy 
nescessarias  á  ella ,  para  saber  el  prin- 
cipio é  fundamento  de  todo,  y  aun  para 
que  mejor  se  entienda  por  donde  los  Ca- 
thólicos  Reyes,  don  Fernando  y  doña  Isa- 
bel, abuelos  de  Vuestra  Cesárea  Mages- 
iad,  se  movieron  á  mandar  buscar  es- 
tas tierras  (ó  mejor  digiendo  los  movió 
Dios). 

Todo  esto  y  lo  que  tocare  á  particula- 
res relaciones  yrá  distincto  é  puesto  en 
su  lugar  conveniente,  mediante  lagragia 
del  Espíritu  Sancto  é  su  divino  auxiho, 
con  protestación  expressa  que  todo  lo  que 
en  esta  escriptura  oviere,  sea  debaxo  de 
la  correpcion  y  enmienda  de  nuestra  sáne- 
la madre  Iglesia  apostólica  de  Roma ,  cu- 
ya migaja  y  mínimo  siervo  soy;  y  en  cu- 
ya obediengia  protesto  vivir  y  morir.  Pero 
porque  todos  los  celosos  del  honor  y  ver- 
güenza propia  temieron  la  murmuración 
de  los  detratores ,  y  no  solamente  Plinio 
(que  fué  tan  famoso  auctor) ,  mas  tantos 
que  no  se  pueden  contar ,  y  también  el 
Sancto  rey  David  temia  des  to ,  quand  o 
rogaba  á  Dios  que  le  librasse  de  la  lengua 
dolosa,  con  mas  justa  razón  debo  yo  te- 
mer lo  mismo ;  pues  los  muertos  y  los  au- 
sentes no  pueden  responder  por  sí.  Y  co- 
mo Plinio  alegó  aquel  dicho  de  Plancho, 
quando  dixo  que  los  muertos  no  comba- 
ten ó  contienden,  sino  con  las  máscaras, 
quiero  yo ,  demás  desso  ,  degir  á  los  que 
desde  Europa ,  ó  Assia ,  ó  África  me  re- 
prendieren, que  adviertan  á  que  no  esto  en 
ninguna  dessas  tres  partes  (segund  se  pue- 
de sospechar  de  lo  que  está  visto  y  des- 
cubierto de  la  mar  austral  y  la  vuelta  que 


DE  INDIAS.  LIB.  I. 


va  dando  por  ella  la  tierra  hacia  el  norte 
é  cabo  del  Labrador) ;  é  pues  los  letores 
me  han  de  escuchar  desde  tan  lexos ,  no 
me  juzguen  sin  ver  esta  tierra,  donde  es- 
toy y  de  quien  tracto ;  y  que  les  baste  que 
desde  ella  escribo  en  tiempo  de  innume- 
rables testigos  de  vista ,  y  que  se  dirigen 
mis  libros  á  Vuestra  Cesárea  Magostad, 
cuyo  es  aqueste  imperio ,  y  que  se  escri- 
ben por  su  mandado ,  y  que  me  dá  de 
comer  por  su  chronista  destas  materias ,  y 
que  no  he  de  ser  de  tan  poco  entendi- 
miento que  ante  tan  altíssima  y  Cesárea 
Magostad  ose  degir  el  contrario  de  la  ver- 
dad ,  para  que  pierda  su  gragia  y  mi  ho- 
nor ;  y  que  demás  desso ,  no  son  cosas  las 
que  aqui  se  tractan  para  ambiciosos  ho- 
nores de  particulares  personas,  con  pa- 
labras é  ficiones  aplicadas  por  esperanza 
de  ser  gratificado  de  ninguno  de  los  mor- 
tales ;  antes  conformándome  con  aquella 
verdadera  sentengia  del  sabio  que  dige: 
que  la  boca  que  miente,  mata  el  ánima, 
espero  en  Dios  que  guardará  la  mia  de 
tal  peligro ,  é  que  ,  como  fiel  escriptor, 
seré  del  remunerado  por  la  amplíssima 
liberalidad  de  su  clemengia  é  real  mando 
de  Vuestra  Cesárea  Magestad ,  cuya  glo- 
riosa persona  largos  tiempos  nuestro  Se- 
ñor favorezca  é  dexe  gozar  de  la  total 
monarchia ,  como  vuestro  exgelso  cora- 
zón lo  dessea  é  vuestros  leales  y  verda- 
deros subditos  desseamos ,  é  toda  la  uni- 
versal república  chripstiana  ha  menester, 
amen. 

Pues  entre  todos  los  príncipes  que  en 
el  mundo  se  llaman  fieles  y  chripstianos, 
solo  Vuestra  Cesárea  Magestad  al  presen- 
te sostiene  la  cathólica  religión  é  Iglesia 
de  Dios ,  é  la  ampara  contra  la  innumera- 
ble é  malvada  seta  é  grandíssima  poten- 
cia de  Mahoma;  poniendo  en  exilio  su 
principal  cabega  y  Gran  Turco ,  con  tan- 
ta efusión  de  sangre  turquesca,  y  con  tan 
señaladas  victorias  en  la  mar  y  en  la  tier- 
ra ,  como  en  los  años  passados  de  mili  é 


quinientos  y  treinta  é  dos ,  y  de  treinta  é 
tres  años  se  vido ;  estando  callando  otros 
reyes  chripstianos],  esperando  en  qué  pa- 
rarían vuestros  subgesos;  é  dio  nuestro 
misericordioso  y  justo  Dios  tal  evento  é 
salida  á  tan  inmortal  triumpho,  que  en 
quanto  oviere  hombres  jamas  será  olvi- 
dado ;  y  assi  será  en  la  celestial  vida 
acepto  y  remunerado  que  Vuestra  Cesá- 
rea Magestad  sea  glorificado  con  los  bien- 
aventurados rey  Ricaredo,  primero  de 
tal  nombre ,  y  su  hermano  sanct  Hemer- 
gildo,  mártyr,  de  los  quales  tan  larga 
dependengia  y  origen  trae  vuestra  real 
prosapia  é  silla  de  España;  y  de  quien 
hablando  el  Burgensis  dige  que  entrando 
en  España  sessenta  mili  frangeses ,  envió 
desde  Toledo  el  rey  Ricaredo  á  Claudio, 
su  capitán  general ,  y  los  venció ,  é  mató 
é  prendió  la  mayor  parte  dellos :  y  por 
tanto  dixo :  Nulla  unquam  in  hispaniis  vic- 
toria viator  vel  similis  invenitur.  Lo  mismo 
escribe  el  argobispo  don  Rodrigo ,  á  quien 
en  esto  siguió  el  Burgensis,  y  mejor  lo 
pudieran  degir  estos  exgelentes  varones, 
si  vieran  lo  que  obraron  vuestros  capita- 
nes y  vasallos  el  año  de  mili  é  quinientos 
é  veinte  é  cinco  años  contra  el  rey  Fran- 
gisco  é  su  caballería  é  poder  de  Frangía 
en  la  prisión  de  su  persona ,  é  de  los  ma& 
é  mas  principales  de  sus  rey  nos  y  Esta- 
dos en  el  gerco  de  Pavia,  ó  si  vie-^ 
ran  lo  que  se  espera  que  ha  de  obrar 
Dios  en  vuestra  buena  ventura  é  invicto 
nombre. 

Todo  esto  se  quede  para  vuestros  ele- 
gantes chronistas  que  allá  están  y  gozan 
de  verlo ,  y  ellos  lo  escriban :  que  acá  en 
estos  tan  apartados-  reynos ,  aunque  los 
que  amamos  vuestro  real  servigio  no  vea- 
mos lo  que  es  dicho  de  estas  grandes  vic- 
torias de  Vuestra  Cesárea  Magestad,  tan- 
ta parte  deste  plager  resgibimos ,  como  le 
han  de  tener  los  que  aman  á  su  príngi- 
pe ,  según  deben  como  leales  subditos  y 
chripstianos  j  porque  en  la  verdad  no  crea 


8  HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 

que  se  pueden  degir  tales,  los  que  dexa-  Persona é  vida;  pues  en  ella  consisten  las 
ren  de  dar  continuas  gragias  á  Dios  por  nuestras ,  é  todo  el  bien  de  la  chripstiana 
el  acrescentamiento  de  vuestra  Cesárea      religión. 


Comienza  el  segundo  libro  de  la  General  y  natural  historia  de  las  Indias. 


PROHEMIO. 


i  ara    que  mas    ordenadamente    esta 
grande ,  é  natural ,  é  general  historia  de 
las  Indias  se  entienda,  conviene  hager 
distinción  de  mis  libros ;  y  en  el  prohe- 
mio  ó  principio  de  cada  uno  dellos  en- 
tiendo dar  particular  é  sumaria  relación 
de  las  materias  que  se  han  de  tractar  y 
escrebir  en  cada  uno ,  ó  á  lo  menos  de  lo 
mas  substancial.  E  assi  digo  que  en  este 
segundo  se  seguirá  la  historia  en  conti- 
nuación del  primero  é  precedente  libro 
6  prohemio ;  digiendo  el  motivo  é  inten- 
ción con  que  yo  prosigo ,  cumpliendo  lo 
que  por  la  Cesárea  Magestad  me  está 
mandado.  E  junto  con  esto  diré  en  qué 
manera  sigo ,  ó  mejor  diciendo  quiero  ó 
desseo  imitar  al  Plinio ,  é  tocaré  breve- 
mente las  opiniones   que  hay  sobre  á 
quien  él  enderezó  su  Natural  Historia.  E 
assi  mismo  diré  la  opinión  que  yo  tengo 
gerca  de  averse  sabido  estas  islas  por 
los   antiguos,  é  ser  las  Hespéridos:  é 
probarélo  con  historiales  é  auctoridades 
de  mucho  crédito.  E  diré  quien  fué  don 
Chripstóbal  Colom,  primero  descubridor  é 
almirante  destas  Indias ,  é  por  qué  via  é 
forma  se  movió  al  descubrimiento  dellas: 
y  en  qué  tiempo  fueron  halladas  por  él, 
y  lo  que  le  acaesgió  en  el  primero  é  se- 
gundo viajes  que  hizo  á  estas  partes  é  lo 
que  descubrió  en  ellas  de  cada  viaje,  é 
de  la  donación  é  título  apostólico  quel 
Summo  Pontífice  hizo  destas  Indias  á  los 
TOMO  I. 


Reyes  Cathólicos ,  don  Femando  é  doña 
Isabel  é  á  sus  subgessores  en  los  reynos 
de  Castilla  y  de  León  (no  obstante  que 
antiquíssimamente  fueron  de  España  se- 
gún mi  opinión).  E  diré  quién  fueron  al- 
gunos caballeros  é  hidalgos  que  primero 
se  hallaron  en  la  conquista  é  pagificacion 
desta  Isla  Española ,  é  de  los  trabajos  que 
los  chripstianos  passaron  en  ella ,  en  tan- 
to que  el  almirante  fué  á  descobrir  la  isla 
de  Jamáyca ;  y  del  origen  de  la  enferme- 
dad de  las  búas ,  é  de  quatro  cosas  muy 
notables  que  acaesgieron  el  año  de  mili 
é  quatrogientos  é  noventa  édos  años  que 
estas  Indias  se  descubrieron ;  é  la  orden 
del  camino  é  navegacioii  que  se  hage 
desde  España  á  estas  partes ,  y  del  cres- 
ger  é  menguar  de  la  mar  é  su  fluxo  é 
refluxo ,  é  del  nordestear  é  noruestear  de 
las  agujas  de  navegar,  é  otras  particula- 
ridades convenientes  al  discurso  de  la 
historia,  como  mas  largamente  consta  de 
los  siguientes  capítulos.  Y  porque  dixe 
en  el  primero  libro  que  he  passado  el 
mar  Océano  ocho  veges,  las  siete  fue- 
ron antes  que  esta  octava  viniesse,  á  pre- 
sentar este  tractado  á  nuestro  gran  Cé- 
sar,  como  lo  he  hecho;  é  plagiendo  á 
nuestro  señor,  la  novena  será  volviéndo- 
me Dios  á  mi  casa  á  servir  á  Sus  Mages- 
tades  é  á  escrebir  en  limpio  la  segunda 
é  tergera  partes  destas  historias. 


iO 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  I. 

De  las  opiniones  que  hay  cerca  de  á  quién  dirigió  Piinio  su  libro  de  la  Natural  Historia:  é  también  relatando 
en  parte  sumariamente  las  materias,  de  que  se  ti-acta  en  este  libro  segundo. 


JtLscribió  Piinio  treinta  é  siete  libros  en  su 
Natural  Historia  é  yo  en  aquesta  mi  obra 
é  primera  parte  della  veynte,  en  los  qua- 
les  como  he  dicho  en  todo  quanto  le  pu- 
diere imitar,  entiendo  facerlo.  El  primero 
délos  suyos  fué  elprohemio,  enderegan- 
do  lo  que  escribió  á  Tito ,  emperador, 
aunque  otros  tienen  que  á  Domiciano, 
y  no  falta  quien  diga  que  á  Vespasiano. 
Yo  no  tengo  nesgessidad  desso ,  pues  no 
escribo  de  auctoridad  de  algún  historia- 
dor ó  poeta ,  sino  como  testigo  de  vista 
en  la  mayor  parte  de  quanto  aqui  tracta- 
ré ;  y  lo  que  yo  no  oviere  visto ,  dirélo 
por  relación  de  personas  fidedignas,  no 
dando  en  cosa  alguna  crédito  á  un  solo 
testigo,  sino  á  muchos,  en  aquellas  cosas 
que  por  mi  persona  no  oviere  experimen- 
tado. Y  dirélas  de  la  manera  que  las  en- 
tendí y  de  quién,  porque  tengo  gédulas 
y  mandamientos  de  la  Cesárea  Mages- 
tad ,  para  que  todos  sus  gobernadores  é 
justicias,  é  ofigiales  de  todas  las  Indias 
me  den  aviso  é  relación  verdadera  de 
todo  lo  que  fuere  digno  de  historia  por 
testimonios  auténticos,  firmados  de  sus 
nombres  é  signados  de  escribanos  pú- 
blicos, de  manera  que  hagan  Je.  Por- 
que como  gelosos  príncipes  de  la  verdad 
é  tan  amigos  della ,  quieren  que  esta  His- 
toria Natural  é  General  de  sus  Indias  se 
escriba  muy  al  proprio.  Porque  como  dige 
Piinio  (lib.  Y.  cap.  II.),  aunque paresge 
claro  el  camino  ó  via  de  se  poder  enten- 
der la  verdad,  es  difícil,  porque  los  hom- 
bres diligentes  se  cansan  ó  enojan  de  in- 
vestigar lo  gierto;  é  por  no  paresger  igno- 
rantes, no  se  avergüengan  de  mentir.  Y 
es  gran  peligro  transcorrer  en  mucho 
crédito,  quando  quien  es  auctor  de  lo  fal- 


so es  hombre  grave  é  de  auctoridad.  Por 
cierto  yo  veo  cosas  escripias  desde  Es- 
paña destas  Indias  que  me  maravillo  do 
lo  que  osaron  los  auctores  degir  deltas, 
arrimados  á  sus  elegantes  estilos ,  seyen- 
do  tan  desviados  de  la  verdad  como  el 
cielo  de  la  tierra;  y  quedan  disculpados 
con  degir:  assi  lo  oí,  é  aunque  no  lo  vi, 
entendílo  de  personas  que  lo  vieron  é 
dieron  á  entender;  de  manera  que  se 
osó  escrebir  al  Papa  é  á  los  reyes  é 
príncipes  extraños. 

Pero  lo  que  yo  aqui  diré ,  no  quiero 
contarlo  á  los  que  no  me  conosgen ,  ni  á 
los  que  viven  fuera  de  España;  é  por  tan- 
to ,  dico  ego  opera  mearegi,  écomo  quien 
la  relata  á  su  Rey  proprio  é  ante  tan  al- 
ta Magestad.  Pues  Piinio  contó  su  pro- 
hemio  por  primero  libro,  sea  assi  mi  in- 
troducion  pregedente  en  quien  comien- 
gen  los  mios,  é  aqueste  llamemos  el  se- 
gundo. 

Dixe  que  Piinio  enderegó  su  Natural 
Historia  á  Tito,  emperador,  é  podrá  pares- 
ger á  algunos  queme  contradigo,  porque 
en  aquella  sumaria  relación  de  cosas  de 
Indias  que  escrebí  en  Toledo  el  año  de 
mili  é  quinientos  é  veynte  é  ginco ,  dixé 
que  lo  quel  Piinio  escribió  de  semejantes 
materias  lo  dirigió  á  Domiciano,  empera- 
dor (y  de  tal  opinión  soy).  Y  para  satis- 
fager  á  los  que  desta  inadvertengia  qui- 
sieren culparme,  porque  á  mi  paresger  no 
lo  es,  digo  que  yo  oy  sobre  la  misma 
quistion  al  Pontano  en  Ñapóles,  año  de 
mili  y  quinientos,  el  qual  en  aquella 
sagon  era  tenido  por  uno  de  los  littera- 
tíssimos  y  doctos  hombres  de  Italia,  y 
este  tenia  que  Piinio  escribió  á  Domicia- 
no é  no  á  su  hermano  Tito ,  y  para  ello 


DE  INDIAS.  LIB.  II.  CAP.  I. 


W 


daba  sufigientes  razones.  Pero  demás  de 
lo  que  algunos  historiales  escriben,  es 
de  otro  paresger  el  Antonio  de  Florengia, 
el  qual  alega  que  Vine,  in  Specu.  hist. 
(lib.  XI,  cap.  LXVII,)  hablando  en  Pli- 
nio  y  su  General  é  Natural  Historia ,  dige 
assi:  Hic  scripsit  de  historia  naturali  libros 
XXXVII,  quos  Vespasiano  cum  epistola 
prcemissa  direxit.  Por  manera  que  esta  es 
otra  tergera  opinión ,  conforme  á  la  cual 
Plinio  dirigió  sus  libros  al  emperador 
Vespasiano,  é  no  á  ninguno  de  sus  hijos. 
Dexemos  aquesto,  é  tornemos  á  nuestro 
principal  intento  é  propósito. 

Digo  quel   segundo    libro   de   Plinio 
tracta  de  los  elementos  y  estrellas,   é 
planetas  y  eclipses,  y  del  dia  y  de  la  no- 
che ,  é  de  la  geometría  del  mundo  é  sus 
medidas ,  é  de  los  vientos ,  é  truenos ,  é 
rayos;  é  de  los  quatro  tiempos  del  año; 
y  de  prodigios  é  portentos ;  y  dónde   y 
cómo  se  conjelan  la  nieve  y  el  granizo; 
y  de  la  natura  de  la  tierra  é  de  su  forma; 
y  qual  parte  della  es  habitada.  (Aunque 
en  lo  que  dice  de  ser  inhabitable  la  tór- 
rida zona  ó  línea  equinocial ,  él  se  en- 
gañó también  como  los  que  tal  escribie- 
ron :  pues  que  es  muy  habitada ,  por  lo 
que  hoy  vemos  en  la  Tierra-Firme  destas 
ludias ;  é  aun  Avigena  assi  lo  creyó ,  é 
dio  razón  para  ello ,  é  no  sintió  otra  cosa 
en   contra   como   natural   philósopho   é 
cierto,  mas  que  todos  los  que  en  este  ca- 
so han  escrito  é  dicho  otra  cosa).  Y  tam- 
bién hizo  mención  de  los  terremotos  y 
en  qué  tierra  no  llueve ,  y  dónde  conti- 
nuamente tiembla  la  tierra ,  é  como'  eres- 
ge  é  mengua  la  mar,  é  relata  algunos 
miraglos  de  fuego. 

De  aquestas  cosas  é  otras  muchas  que 
él  dige ,  las  que  oviere  semejantes  á  ellas 
en  esta  historia  de  Indias  se  dirá  en  las 
provingias  ó  tierras,  donde  oviere  algo 
que  notar  de  tales  materias ,  é  por  tanto 
no  las  expressaré  en  este  mi  segundo  li- 
bro. Mas  notificaré  en  él  la  persona  y  ser 


de  don  Chripstóbal  Golom ,  primero  inven- 
tor é  descubridor  é  almirante  destas  In- 
dias; é  diré  de  su  origen,  y  del  primero, 
segundo,  tergero  é  quarto  viajes  que  hi- 
zo á  estas  partes;  por  lo  qual  aviendo 
respecto  á  sus  grandes  servigios,  los  Ca- 
thólicos  Reyes,  don  Fernando  é  doña  Isa- 
bel ,  que  ganaron  los  reynos  de  Granada 
é  Ñapóles,  &c.,  le  higieron  merged  del 
Estado  é  título  de  almirante  perpetuo  de 
sus  Indias ,  é  después  del  á  sus  subgesso- 
res ,  é  le  fueron  dadas  las  armas  reales  de 
Castilla  y  de  León,  é  otras  mezcladas  con 
ellas  é  con  las  quél  se  tenia  de  su  linage, 
en  cierta  forma  como  adelante  se  dirá. 
E  fue  hecho  noble  con  título  de  don  para 
él  é  sus  desgendientes.  Y  también  se  di- 
•  rá  de  qué  forma  se  ovo  en  el  descubri- 
miento que  hizo  en  parte  de  la  Tierra-Fir- 
me, la  qual  creo  que  no  es  menor  que 
todas  tres  juntas,  Assia,  África,  Europa, 
por  lo  que  la  cosmographia  moderna  nos 
enseña.  Pues  en  lo  que  se  sabe  hay  de 
tierra  continuada  desde  el  estrecho  que 
descubrió  el  capitán  Fernando  de  Maga- 
llanes ,  que  está  déla  otra  parte  déla  lí- 
nea equinogial  á  la  banda  del  polo  antar- 
tico ,  hasta  el  fin  déla  tierra  que  se  sabe, 
la  qual  llaman  del  Labrador,  que  está  á  la 
parte  de  nuestro  polo  ártico  ó  septen- 
trión ,  andando  lo  qué  es  dicho  costa  á 
costa,  son  mas  de  cinco  mil  leguas  de 
tierra  continuada ;   lo  qual  paresgerá  al 
letor  cosa  impossible,  aviendo  respecto 
alo  que  boja  ó  tiene  de  circunferengia  to- 
do el  orbe. 

Pero  no  es  de  maravillar,  viendo  la  fi- 
gura que  la  Tierra-Firme  tiene  ;  porque 
está  enarcada  de  semejanga  de  un  señue- 
lo de  cagador ,  ó  como  una  herradura  de 
un  caballo:  é  considerando  la  parte  é 
forma  en  que  está  assentada  esta  otra  mi- 
tad del  mundo  ,  entenderá  muy  bien  cual- 
quiera mediocre  cosmógrapho  que  es  muy 
posible  ser  taa  grande ,  como  he  dicho ,  la 
Tierra-Firme.  En  algunas  cosas  délas  que 


42 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


en  esta  primera  parte  yo  escribo,  no  seré 
largo,  por  ser  notorias.  Y  también  diré 
algunas  opiniones  que  hoy  viven  gerca 
de  aqueste  descubrimiento,  é  de  donde 
ovo  notigia  destas  tierras  este  primero 
descubridor  dellas ,  estando  tan  incónitas 
é  apartadas  de  todo  lo  que  Tholomeo  é 
otros  cosmógraphos  escribieron.  Pero  no 
daré  en  este  caso  mas  crédito  (ni  tanto) 
á  lo  que  el  vulgo  ó  algunos  quisieron  afir- 
mar; porfiando  que  desta  tierra  é  mares 
otro  fue  descubridor  primero ,  como  a  lo 
que  la  misma  obra  y  el^  efecto  del  dicho 
almirante  consintieren.  Porque  en  la  ver- 
dad ,  aunque  otra  cosa  se  pudiesse  presu- 


mir de  los  contrarios  indigios  ó  fábulas, 
para  estorbar  el  loor  de  don  Chripstóbal 
Colom,  no  deben  ser  creydos.  Suya  es 
esta  gloria ,  y  á  solo  Colom ,  después  de 
Dios,  la  deben  los  reyes  de  España  passa- 
dos  é  cathólicos,  é  los  presentes  y  por 
venir.  Y  no  solamente  toda  la  nasgion  dé- 
los señoríos  todos  de  Sus  Magestades;^ 
mas  aun  los  reynos  extraños ,  por  la  gran- 
de utilidad  que  en  todo  el  mundo  ha  re- 
dundado destas  Indias,  con  los  innumera- 
bles tesoros  que  de  ellas  se  han  llevado 
é  cada  dia  se  llevan ,  é  se  llevarán  en 
tanto  que  haya  hombres. 


CAPITULO  II. 

Del  orig^en  é  persona  del  almirante  primero  de  las  Indias ,  llamado  Chripstóbal  Colom ,  é  por  qué  v¡a  (* 
manera  se  movió  al  descubrimiento  dellas  ,  segund  la  opinión  del  vulgo. 


vluieren  algunos  degir  que  esta  tierra 
se  supo  primero  grandes  tiempos  ha ,  y 
que  estaba  escrito  é  notado  dónde  es ,  y 
en  qué  paralelos;  é  que  se  avia  perdido 
déla  memoria  délos  hombres  la  navega- 
ción é  cosmographia  destas  partes ,  y.que 
Chripstóbal  Colom  ,  como  hombre  leydo  é 
docto  en  esta  sgiengia ,  se  aventuró  á  des- 
cobrir  estas  islas.  E  aun  yo  no  esto  fuera 
desta  sospecha ,  ni  lo  dexo  de  creer,  por 
lo  que  se  dirá  adelante  en  el  siguiente 
capítulo.  Mas  porque  es  bien  que  á  hom- 
bre, que  tanto  se  le  debe,  pongamos  por 
pringipio  é  fundador  de  cosa  tan  grande 
como  esta ,  á  quien  él  dio  comiengo  é  in- 
dustria para  todos  los  que  viven  y  des- 
pués del  nos  vinieren;  digo  que  Chripstó- 
bal Colom ,  según  yo  he  sabido  de  hom- 
bres de  su  nasgion ,  fue  natural  déla  pro- 
vingia  de  Liguria,  que  es  en  Italia,  en  la 
qual  cae  la  cibdad  é  señoría  de  Genova: 
unos  digen  que  de  Saona ,  é  otros  que  de 
un  pequeño  lugar  ó  villaje,  dicho  Nervi, 
que  es  á  la  parte  del  levante  y  en  la  costa 


de  la  mar,  á  dos  leguas  déla  misma  cib- 
dad de  Genova ;  y  por  mas  cierto  se  tie- 
ne que  fue  natural  de  un  lugar  dicho  Cu- 
gureo ,  gerca  déla  misma  cibdad  de  Ge- 
nova. Hombre  de  honestos  parientes  é 
vida,  de  buena  estatura  é  aspecto,  mas 
alto  que  mediano ,  é  de  regios  miembros^ 
los  ojos  vivos  é  las  otras  partes  del  ros- 
tro de  buena  proporción :  el  cabello  muy 
bermejo ,  é  la  cara  algo  engendida  é  pe- 
coso :  bien  hablado ,  cauto  é  de  gran  in- 
genio ,  é  gentil  latino ,  é  doctíssimo  cos- 
mógrapho;  gracioso,  quando  quería;  ira- 
cundo ,  quando  se  enojaba.  El  origen  de 
sus  predesgessores  es  de  la  cibdad  de  Pla- 
gengia  en  la  Lombardia ,  la  qual  está  en 
la  ribera  del  rio  Pó,  del  antiguo  é  noble 
linaje  de  Pelestrel.  Viviendo  Dominico 
Colom,  su  padre,  este  su  hijo,  seyendo 
mangebo  é  bien  doctrinado  ,  é  ya  salido 
de  la  edad  adolesgente,  se  partió  de  aque- 
lla su  patria,  é  passó  en  Levante,  é  an- 
duvo mucha  parte  ó  lo  mas  del  mar  Me- 
diterráneo, donde  aprendió  la  navega- 


DE  INDIAS.  LIB.  II.  GAP.  II. 


43 


cion  y  exercigio  della  por  experiengia;  é 
después  que  algunos  viajes  fizo  en  aque- 
llas partes ,  como  su  ánimo  era  para  mas 
extendidas  mares  é  altos  pensamientos, 
quiso  ver  el  grandíssimo  mar  Océano,  é 
fuesse  en  Portugal.  E  allí  vivió  algún 
tiempo  en  la  cibdad  de  Lisbona,  desde 
la  qual  é  de  donde  quiera  que  estuvo 
siempre,  como  hijo  grato,  socorría  á  su 
padre  viejo  con  parte  del  fructo  de  sus 
sudores ;  viviendo  en  una  vida  assaz  limi- 
tada, é  no  con  tantos  bienes  de  fortuna 
que  pudiesse  estar  sin  assaz  nesgessidad. 
Quieren  degir  algunos  que  una  carave- 
la  que  desde  España  passaba  para  Ingla- 
terra cargada  de  mercadurias  é  bastimen- 
tos, assi  como  vinos  é  otras  cosas  que 
para  aquella  isla  se  suelen  cargar  (de  que 
ella  caresge  é  tiene  falta),  acaesgió  que 
le  sobrevinieron  tales  é  tan  forgosos  tiem- 
pos é  tan  contrarios ,  que  ovo  de  nesges- 
sidad  de  correr  al  poniente  tantos  dias, 
que  reconosgió  una  ó  mas  délas  islas  des- 
tas  partes  é  Indias ;  é  salió  en  tierra,  é  vi- 
do  gente  desnuda  déla  manera  que  acá  la 
hay,  y  que  cessados  los  vientos  (que  con- 
tra su  voluntad  acá  le  truxeron ) ,  tomó 
agua  y  leña  para  volver  á  su  primero  ca- 
mino. Digen  mas:  que  la  mayor  parte 
de  la  carga  que  este  navio  traía  eran  bas- 
timentos é  cosas  de  comer ,  é  vinos ;  y 
que  assi  tuvieron  con  qué  se  sostener  en 
tan  largo  viaje  é  trabajo ;  é  que  después 
le  hizo  tiempo  á  su  propósito  y  tornó  á 
dar  la  vuelta ,  é  tan  favorable  navegación 
le  subgedió,  que  volvió  á  Europa,  é  fue  á 
Portugal.  Pero  como  el  viaje  fuesse  tan 
largo  y  enojoso ,  y  en  especial  á  los  que 
con  tanto  temor  é  peligro  forgados  le  hi- 
eieron ,  por  presta  que  fuesse  su  navega- 


ción, les  turaría  quatro  ó  ginco  meses 
( ó  por  ventura  mas )  en  venir  acá  é  vol- 
ver á  donde  he  dicho.  Y  en  este  tiempo 
se  murió  quasi  toda  la  gente  del  navio,  é 
ño  salieron  en  Portugal  sino  el  piloto,  con 
tres  ó  quatro  ó  alguno  mas  de  los  mari- 
neros ,  é  todos  ellos  tan  doUentes ,  que  en 
breves  dias  después  de  llegados,  mu- 
rieron. 

Dícese  junto  con  esto  que  este  piloto 
era  muy  íntimo  amigo  de  Ghripstóbal  Co- 
lom ,  y  que  entendía  alguna  cosa  de  las 
alturas  ,  y  marcó  aquella  tierra  que  halló 
de  la  forma. que  es  dicho,  y  en  mucho  se- 
creto dio  parte  dello  á  Colom ,  é  le  rogó 
que  le  figiesse  una  carta  y  assentase  en 
ella  aquella  tierra  que  había  visto.  Dígese 
que  él  le  recogió  en  su  casa,  como  ami- 
go,  y  le  hizo  curar ,  porque  también  ve- 
nia muy  enfermo ;  pero  que  también  se 
murió  como  los  otros ,  é  que  assi  quedó 
informado  Colom  de  la  tierra  é  navega- 
ción destas  partes ,  y  en  él  solo  se  resu- 
mió este  secreto.  Unos  digen  que  este 
maestre  ó  piloto  era  andaluz ;  otros  le  ha- 
cen portugués ;  otros  vizcaíno ;  otros  di- 
gen  quel  Colom  estaba  entonges  en  la  isla 
de  la  Madera  ,  é  otros  quieren  degir  que 
en  las  de  Cabo  Verde  ,  y  que  allí  aportó 
la  caravela  que  he  dicho ,  y  él  ovo  por 
esta  forma  notigia  desta  tierra.  Que  esto 
passase  assi  ó  no,  ninguno  con  verdad  lo 
puede  afirmar ;  pero  aquesta  novela  assi 
anda  por  el  mundo  entre  la  vulgar  gente 
de  la  manera  que  es  dicho.  Para  mí  yo  lo 
tengo  por  falso ,  é  como  dige  el  Augusti- 
no  :  Melius  est  dubitare  de  ocultis  ,  quam 
litigare  de  incertis.  Mejor  es  dubdaren  la 
que  no  sabemos ,  que  porfiar  lo  que  no 
está  determinado. 


u 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  III. 

En  que  se  tracta  déla  opinión  que  el  auetor  é  coronistadesta  Natural  é  General  Historia  de  las  Indias  tiene 
cerca  de  averse  sabido  y  escriplo  por  los  antiguos,  dónde  son  estas  Indias  ,  é  cómo  é  con  quién  lo  prueba. 


Üiii  el  precedente  capítulo  se  dixo  la 
opinión  que  el  vulgo  tiene  gerca  del  des- 
cubrimiento destas  Indias :  agora  quiero 
yo  degir  lo  que  tengo  creydo  desto ,  é 
cómoá  miparesger  Chripstóbal  Golomse 
movió,  como  sabio  é  docto  é  osado  varón, 
á  emprender  una  cosa  como  esta ,  de  que 
tanta  memoria  dexó  á  los  presentes  é  ve- 
nideros; porque  conosgió,  y  es  verdad, 
que  estas  tierras  estaban  olvidadas.  Pero 
bailólas  escripias,  e  para  mí  no  dudo 
averse  sabido  é  posseydo  antiguamente 
por  los  reyes  de  España.  E  quiero  degir 
lo  que  en  este  caso  escribió  Aristótiles, 
el  qual  dige  que  después  de  aver  salida 
por  el  estrecho  de  Gibraltar  liágia  el  mar 
Atlántico  ,  se  dige  que  se  halló  por  los  car- 
taginenses, mercaderes,  una  grande  isla 
que  nunca  avia  seydo  descubierta  ni  habi- 
tada de  nadie ,  sino  de  fieras  é  otras  bes- 
tias ;  por  lo  qual  ella  estaba  toda  silves- 
tre y  llena  de  grandes  árboles  é  rios  ma- 
ravillosos é  muy  aparejados  para  navegar 
por  ellos ,  muy  fértil  é  abundosa  en  todas 
las  cosas  que  se  pueden  plantar  é  nasger, 
ú  nasgidas,  cresger  engrande  ubertad; 
pero  muy  remota  é  apartada  de  la  tier- 
ra firme  de  África  y  por  muchos  dias  de 
navegación.  A  la  qual,  como  llegassen  al- 
gunos mercaderes  de  Cartago ,  como  por 
ventura  movidos  de  la  fertilidad  de  la 
tierra  é  por  la  clemengia  del  ayre ,  co- 
mengaron  allí  á  poblar  é  assentar  sus  si- 
llas ,  ó  pueblos  é  lugares.  Por  lo  qual  mo- 
vidos los  cartaginenses  é  su  Senado,  man- 
daron pregonar  só  pena  de  muerte  ,  que 
ninguno  de  ahy  adelante  á  aquella  tierra 
ossase  navegar ;  é  que  á  los  que  avian 
ydo  á  ella  los  matassen  ,  por  razón  que 
era  tanta  la  fama  de  aquella  isla  é  tierra, 


que  si  esta  passasse  á  otras  nasgiones  que 
la  sojuzgassen  ó  á  otro  de  mas  imperio 
que  los  cartaginenses ,  regelaban  que  les 
seria  muy  gran  contrario  é  inconveniente 
contra  ellos  é  contra  su  libertad. 

Todo  esto  que  es  dicho,  pone  en  su  re- 
portorio  fraterTeophilus  deFerrariis,  Gre- 
monensis,  Vüíb  regularis  sacri  ordinis  pre- 
dicalorum,  siguiendo  lo  que  escribió  el 
Aristótiles :  De  admirandis  in  natura  au- 
ditis.  Esta  es  gentil  auctoridad  para  sos- 
pechar que  esta  isla  que  Aristótiles  dige 
podría  ser  una  destas  que  hay  en  nuestras 
Indias ,  assi  como  esta  Isla  Española ,  ó 
la  de  Guba;  ó  por  ventura  parte  de  la 
Tierra-Firme.  Esto  que  es  dicho  no  es  tan 
antiguo  como  lo  que  agora  diré ;  porque 
segund  la  cuenta  de  Ensebio  ,  De  los  tienv- 
pos,  tresgientos  é  gincuenta  é  únanos  antes 
del  advenimiento  de  Ghrispto ,  nuestro  re- 
demptor,  fueron  Alexandre  é  Aristótiles . 
Pero  en  la  verdad,  segund  las  historias  nos 
amonestan  é  dan  lugar  que  sospechemos 
otro  mayor  origen  de  aquestas  partes ;  yo 
tengo  estas  Indias  por  aquellas  famosas 
islas  Hespéridos  (assi  llamadas  del  duodé- 
cimo rey  de  España,  dicho  Héspero) .  Y  pa- 
ra que  aquesto  se  entienda  é  pruebe  con 
bastantes  auctoridades,  es  de  saber  que  la 
costumbre  délos  títulos  ó  nombres  que  los 
antiguos  daban  á  los  reynos  é  provingias, 
procedieron  después  de  la  división  délas 
lenguas  é  la  fundación  de  la  torre  de  Ba- 
bilonia ;  porque  entonges  todas  las  gen- 
tes vivían  juntas ,  é  allí  fueron  divididas 
é  se  apartaron  con  diferentes  lenguajes 
é  capitanes,  presupuesto  como  es  verdad, 
que  todas  las  gentes  se  despargieron  é 
sembraron  sobre  la  tierra  como  la  Sacra 
Escriptura  nos  lo  acuerda  en  el  lugar  de 


DE  INDIAS.  LIB.  II.  GAP.  III. 


4o 


Susso  alegado.  Dige  Isidoro  [Ethim.  lib.  IX, 
cap.  II) :  que  los  assirios  ovieron  nombre 
de  Assur ,  é  los  de  Lidia  de  Lido ;  los  he- 
breos de  Heber;  los  ismaelitas  de  Ismael: 
de  Moab  desgendieron  los  moabitas ;  de 
Amon  los  amonitas ;  de  Canaam  los  ca- 
naneos;  de  Saba  los  sabeosj  deSidonlos 
sidonios ;  de  Jebus  los  jebuseos ;  de  Co- 
mer los  gaalatas  y  galos ;  de  Tiras  los  tra- 
ces; del  rey  Perseo  los  persas;  los  cal- 
deos de  Gaseth,  hijo  de  Nacor," hermano 
de  Abraham;  los  fénicos  de  Fénix,  herma- 
no de  Cadmo;  los  egipcios  de  Egipto,  su 
rey;  los  armenios  sedixeron  assi  de  Ar- 
menio su  rey,  que  fué  uno  de  los  com- 
pañeros de  Jason ;  los  troyanos  de  Troo, 
su  rey ;  los  sicionios  de  Sicion,  su  rey;  los 
archadios  de  Archadio  su  rey ,  hijo  de  Jú- 
piter ;  los  argivos  de  Argo ;  los  macedo- 
nios  de  Emacion,  su  rey;  los  de  Epiro  de 
Pirro  su  rey ,  hijo  de  Achiles ;  los  lacede- 
monios  de  Lacedemon,  hijo  de  Júpiter; 
los  alexandrinos  de  Alexandre  Magno,  su 
rey ,  que  edificó  aquella  cibdad  de  Ale- 
xandria ;  los  romanos  de  Rómulo  su  rey, 
que  edificó  la  cibdad  de  Roma :  é  assi 
á  este  propósito  se  podrían  degir  otros 
muchos  que  el  mismo  Isidoro  trae  á 
conseqüengia  en  el  lugar  de  susso  ale- 
gado. 

Esta  costumbre  quedó  desde  los  pri- 
meros capitanes  ó  caudillos  que,  como 
dixe  de  susso,  se  apartaron  en  diversas 
lenguas  desde  la  tierra  de  Senaar,  que  es 
adonde  se  edificaba  aquella  torre  de  Ba- 
bilonia. Pues  conforme  á  esto  sabemos 
por  Beroso  ' ,  que  Hibero ,  segundo  rey 


de  España ,  hijo  de  Tubal ,  dio  nombre  al 
rio  Hebro,  donde  las  gentes  de  aquella 
ribera  se  dixeron  hiberos;  é  según  el 
mismo  Beroso  dige,  Brigo  fué  el  quarto 
rey  de  España ,  del  qual  se  dixeron  los 
brigos ;  é  créese  que  corrupto  el  vocablo 
é  poniendo  por  b  ph  se  dixeron  phri- 
gios  los  del  reyno  de  Frigia,  que  después 
se  llamaron  troyanos  de  Troo,  su  rey :  de 
lo  qual  se  colige  aver  ávido  su  primero 
origen  los  troyanos  de  los  brigios  hispa- 
nos. Porque dige Plinio  (lib.  V,  c.  XXXIII) 
que  hay  auctores  que  escriben  que  de  Eu- 
ropa fueron  los  brigos,  de  quien  fueron 
nombrados  los  phrigios ;  pues  luego  bien 
se  dige  de  susso  que  los  de  Frigia  é  tro- 
yanos ovieron  de  España  su  fundamento 
é  pringipio. 

Tornando  á nuestro  discurso,  segundel 
mismo  Beroso ,  digo  que  Híspalo  fué  no- 
veno rey  de  España ,  y  este  dio  nombre 
al  rio  Hispalis ,  ó  á  Sevilla,  que  es  la  mis- 
ma Hispalis ,  é  los  moradores  de  su  ribe- 
ra se  dixeron  híspalos ,  que  fueron  gen- 
tes venidas  de  Scithia ;  los  quales  truxo 
consigo  Hércoles,  como  lo  dige  el  argo- 
bispo  don  Rodrigo.  El  qual  Híspalo  sg 
cree  ser  hijo  del  dicho  Hércoles  Libio  (no 
del  fuerte  ó  thebano  que  nasgió  quasi  se- 
tegientos  años  después).  Al  qual  Híspalo 
subgedió  Hispan,  de  quien  se  dixo  Espa- 
ña. Y  este  Hispan  fué  nieto  de  Hércoles  Li- 
bio susso  dicho  ,  que  fué ,  según  Beroso 
dige,  antes  que  Troya  se  edificasse  dos- 
gientos  é  veynte  é  tres  años,  é  mili  é  sete- 
cientos é  diez  antes  quel  Salvador  del 
mundo  viniesse.  Y  assi  como  deste  tomó 


\  Cuanto  refiere  Oviedo  en  este  capítulo  rela- 
tivo á  cosas  de  España  en  tiempos  tan  remotos,  de- 
be tenerse  por  fabuloso ,  especialmente  lo  que  funda 
y  apoya  en  la  autoridad  de  Beroso,  de  cuyo  libro  di- 
ce Mariana  {Hist.  Gen.  deEsp.,  lib.  I,  c  7) ,  que  fue 
ocasión  de  hacer  tropezar  y  errar  á  muchos :  libro 
(añade)  compuesto  de  fábulas  y  mentiras...  sin  sa- 
ber bastantemente  disimular  el  engaño.  Por  esta  cre- 
dulidad censuró  con  mucha  acritud  este  pasage  de 
Oviedo  don  Hernando  Colom ,  ascg"urando  que  in- 


terpretó mal  el  texto  de  Aristóteles  {Vida  del  Alm., 
c.  IX).  El  cronista  Antonio  de  Herrera  en  sus  Dis- 
cursos {Disc.  XV,  pág.  264)  impugnó  muy  de  pro- 
pósito el  sistema  ú  opinión  que  adoptó  Oviedo ,  y 
dice  que  este  escribió  desde  la  Española  al  Consejo 
de  las  Indias,  ofreciendo  enviar  la  prueba  de  que 
aquella  isla  habia  sido  poseída  antiguamente  por  los 
reyes  de  España  ;  que  el  Consejo  contestó  que  hol- 
garía de  ver  la  averiguación  que  ofrecia,  y  queja- 
más  pareció ;  y  que  después  lo  locó  en  su  Histeria 


16 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


nombre  España,  se  cree  que  también  se 
nombró  de  los  otros  nueve  reyes  primeros 
de  sus  nombres  dellos.  Assi  que  este  fué  el 
décimo  rey  de  España.  Cuenta  el  arzo- 
bispo don  Rodrigo  que  Hércoles  susso  di- 
cho truxo  consigo  á  Athlante ,  que  fué 
Qerca  de  los  tiempos  de  Moysen.  El  qual 
Athlante  dige  Beroso  que  no  fué  mauro,  si- 
no italiano;  y  que  tenia  un  hermano  llama- 
do Héspero,  segund  que  escribe  Higinio. 
Al  qual  Hércoles  Libio  dexó  por  subgessor 
y  heredero  en  España;  é  reynó,  segund  Be- 
roso  dige,  diez  años ,  porque  el  Athlante 
italiano  lo  echó  del  reyno ,  é  lo  hizo  yr  á 
Italia,  como  dige  el  dicho  Higinio;  é  por 
esto  prueba  él  que  Italia  y  España  se  di- 
gen  Hesperias  deste  rey  Héspero,  y  no  de 
la  estrella  ,  como  fingen  los  griegos. 

Este  rey  Héspero  quiere  Beroso  que  co- 
mengase  á  reynar  en  España,  subgediendo 
á  Hércoles  egipcio  ,  antes  que  Troya  fues- 
se  edificada  giento  é  setenta  é  un  años, 
é  antes  que  Roma  fuesse  fundada  seys- 
gientos  é  tres ,  que  seria  antes  que  nues- 
tro Redemptor  fuesse  vestido  de  nuestra 
carne  humana  mili  é  seysgientos  é  gin- 
euenta  é  ocho  años.  Assi  que  por  lo  que 
tengo  dicho  queda  probado  que  las  pro- 
vingias  é  reynos  tomaron  antiguamente 
los  nombres  de  los  príngipes  é  señores 
que  las  fundaron  ó  conquistaron ,  ó  po- 
blaron ,  ó  heredaron  cuyas  fueron.  Eassi 
como  de  Hispan  se  dixo  España ,  é  des- 
pués ,  mudado  el  nombre ,  de  Héspero  se 
llamó  Hesperia ,  assi  de  todos  los  demás 
se  colige  que  las  tierras,  donde  rey naron, 
tomaron  los  nombres  de  aquellos  reyes 
que  las  posseyeron.  Ávido  aquesto  por 
cierto  presupuesto ,  volviendo  á  lo  que 
aqui  hage  á  nuestro  caso ,  digo  que  de 
.Héspero  duodécimo,  rey  de  España  como 
está  dicho,  se  nombró  Hesperia.  Dige  el 
Abulensis  (lib.  III,  cap.  LXXIX)  sobre 


Eusebio  De  los  tiempos ,  que  fueron  tres 
Athlantes;  uno  de  Archadia  é  otro  de 
Mauritania ,  que  vulgarmente  llamamos 
Marruecos ,  y  que  Héspero  fue  hermano 
deste  segundo  ,  y  que  ambos  passaron  en 
África  á  la  parte  de  Occidente  en  tierra  de 
Marruecos,  é  que  el  uno  dellos  tuvo  el 
cabo  de  África  contra  Occidente ,  y  que  el 
otro  tuvo  las  islas  gercanas ,  que  llaman 
las  islas  Fortunadas ,  é  los  poetas  las  lla- 
man Hespéridos,  nombradas  de  Héspero. 
Mas  yo  creo  quel  Tostado  se  engañó  en 
pensar  que  los  poetas  digen  Hespéridos  á 
las  Fortunadas  ó  de  Canaria ,  ni  tampoco 
los  hfstoriales ;  porque  dice  Solino  ( capí- 
tulo LXVIII ,  De  mirabilibus  mundi )  estas 
palabras:  Ultra  Gorgades  Hesperidum  insu- 
Ice  sunt ,  sicut  Sebosus  afirmat ,  dierum  qua- 
draginta  navigatione  in  íntimos  maris  sinus 
receserunt.  Estas  Gorgades ,  según  Tho- 
lomeo  é  todos  los  verdaderos  cosmógra- 
phos,  son  las  que  agora  se  llaman  de 
Cabo  Verde  generalmente  ,  y  en  particu- 
lar se  digen  por  los  modernos  isla  de  Ma- 
yo ,  Buena  Vista,  la  de  la  Sal ,  la  del  Fue- 
go ,  isla  Brava,  etc.  Pues  si  desde  las 
Gorgades  en  navegación  de  quarenta  días 
están  ó  se  hallan  las  Hespéridos ,  no  pue- 
den ser  otras ,  ni  las  hq^y  en  el  mundo,  si- 
no las  que  están  al  hueste  ó  poniente  del 
dicho  Cabo  Verde ,  que  son  las  de  aques- 
tas nuestras  Indias;  las  quales  están  dere- 
chamente al  Occidente  de  las  Gorgades,  y 
de  nesgessidad  se  han  de  hallar  en  los  qua- 
renta dias  de  navegación,  ó  en  poco  mas  ó 
menos  tiempo ,  como  Seboso  dige ;  é  assi 
Colom  las  halló  en  el  segundo  viaje  que 
higo,  volviendo  á  estas  partes,  quando 
reconosgió  la  isla  Desseada ,  é  Mariga- 
lante ,  é  las  otras  islas  que  están  en  aquel 
paraje,  como  en  su  lugar  se  hará  particu- 
lar mengion.  Y  en  lo  que  dige  Seboso  de 
quarenta  dias  de  navegación ,  está  muy 


general ,  tratando  no  solo  de  la  Española ,  sino  de 
ledas  las  Indias  Occidentales;  pqro  esta  opinión  la 


tuvo  siempre  Herrera  por  vana ,  dañosa  y  lisonge- 
ra ,  como  procuró  demostrarlo  en  el  citado  Discurso. 


DE  INDIAS.  LIB.  II.  CAP.  III. 


n 


bien  medido  é  considerado  el  camino,  é 
si  agora  acaesge  navegarle  algunas  veges 
en  menos  tiempo ,  puédelo  causar  el  ser 
mejores  los  navios,  é  los  hombres  mas 
expertos  é  diestros  agora  en  el  navegar 
que  en  aquella  edad  ó  sagon  que  él  lo 
dixo. 

La  isla  Desseada ,  que  se  dixo  de  suso 
está  derechamente  al  Occidente  del  Cabo 
Verde  é  de  las  islas  Gorgades,  que  Solino 
por  Seboso  testifica ;  é  hay  desde  la  isla  de 
Sanctiago,  que  es  una  de  las  mas  occiden- 
tales de  Cabo  Verde  (ó  Gorgades)  hasta  la 
Desseada  seysgientas  leguas  pocas  mas  ó 
menos.  Es  de  tanto  crédito  esto,  que  di- 
ge  Solino  ,  que  conformándose  con  él, 
quasi  lo  mesmo  dige  y  escribe  Plinio 
(lib.  VI ,  cap.  XXXI ) ,  aprobando  la  mis- 
ma opinión  é  auctoridad ;  pues  dige  que 
Estacio  Seboso  pone  desde  las  Gorgades 
hasta  las  Hespéridos  navegación  de  qua- 
renta  dias,  de  lo  qual  se  colige  quel  Tos- 
tado inconsideradamente  dixo  que  los 
poetas  llaman  Hespéridos  á  las  islas  For- 
tunadas (é  si  los  poetas  tal  tienen,  ellos 
se  engañan  como  en  otras  cosas  muchas); 
porque  desde  las  Gorgades  á  las  Fortuna- 
das no  hay  sino  dosgientas  leguas  ó  menos, 
lo  qual  no  seria  navegación  de  quarenta 
dias ,  como  los  auctores  de  suso  alega- 
dos digen.  De  manera  que  los  poetas  na 
tuvieron  por  las  Hespéridos  sino  á  estas 
islas  de  nuestras  Indias ,  quanto  mas  que 
dige  Isidoro  (lib.  XIV,  cap.  VI,  Ethim.): 
Hesperidum  insulcB  vocatce  á  civüate  Hespe- 
ride,  qu(B  fiuntin  finibus  Maurüamce,  sunt 
enim  ultra  Gorgades  sücb  sub  Athlanteum  lil- 
lus  in  inlimis  maris  finibus,  etc.  No  dis- 
crepa esta  sentengia  con  lo  que  se  tocó  de 
suso  de  Beroso  ,  alegando  á  Higinio,  que 
Athlante  y  Héspero  fueron  hermanos,  é  no 
de  Mauritania ,  sino  de  ItaUa ;  y  deste 
Héspero  se  dixo  Hesperia,  España,  é  no 
de  la  estrella,  y  que  Italia  y  España  deste 
rey  se  nombrassen  Hesperias. 

E  assi  digo  yo  que,  pues  tuvieron  á 
TOMO  I. 


Mauritania ,  que  aquella  cibdad  quel  Isi- 
doro dige  ( llamada  Hespérido )  que  dio 
nombre  á  las  islas  Hespéridos  ( que  fue  si- 
tuada en  el  fin  de  Mauritania) ,  está  claro 
que  la  fundaría  é  nombraria  assi  el  mis- 
rey  Héspero ,  y  que  él  daría  también  su 
nombre  á  las  dichas  islas ;  pues  dige  assi 
mesmo  que  las  islas  Hespéridos  son  ultra 
Gorgades,  en  los  fines  de  los  íntimos 
mares,  y  en  esto  se  concuerda  con  los 
auctores  suso  dichos  é  con  Seboso;  é 
por  tanto  las  mismas  islas  Hespéridos  son 
estas  islas  de  las  Indias  de  España. 

ítem;  Ambrosio  Galepino  en  su  tractado 
de  dictiones  latinas  é  griegas  dige  assi: 
Hesperides  apellatce  sunt  Hesperi,  fratris 
Athlantis:  las  Hespéridos  son  llamadas  é 
se  nombraron  assi  de  Héspero ,  hermano 
de  Athlante.  De  forma  que  se  entiende  de 
tan  verdaderas  é  auténticas  auctoridades 
que  las  Hesperides  están  en  navegación  de 
quarenta  dias  al  poniente  de  las  Gorga- 
des ó  islas  de  Cabo  Verde ,  que  son  las 
mismas,  como  los  auctores  que  he  dicho 
quieren.  E  assi  como  España  é  Italia  é 
aquella  cibdad,  que  se  dixo  en  Mauritania, 
se  nombraron  Hespéridas  y  Hespérido  de 
Héspero  ,  rey  duodécimo  de  España ,  assi 
las  islas  que  se  digen  Hespéridos ,  é  que 
señalan  Seboso  é  Solino ,  é  Plinio  é  Isi- 
doro segund  está  dicho ,  se  deben  tener 
indubitadamente  por  estas  Indias ,  é 
aver  seydo  del  señorío  de  España  desde  el 
tiempo  de  Héspero ,  duodécimo  rey  della, 
que  fue ,  segund  Beroso  escribe  ,  mili  é 
seyagientos  é  ginquenta  é  ocho  años  antes 
quel  Salvador  del  mundo  nasgiesse.  Y  por- 
que al  presente  corren  de  su  gloriosa  Na- 
tividad mili  é  quinientos  é  treynta  é  ginco 
años,  sigúese  que  agora  tres  mili  é  giento 
é  noventa  é  tres  años  España  é  su  rey 
Héspero  señoreaban  estas  islas  ó  Indias 
Hespéridos ;  é  assi  con  derecho  tan  anti- 
quíssimo ,  é  por  la  forma  que  está  dicha, 
ó  por  la  que  adelante  se  dirá  en  la  prose- 
cugion  de  los  viajes  del  almirante  Chrips- 


18 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


tóbal  Golom ,  volvió  Dios  este  señorio  á 
España  á  cabo  de  tantos  siglos.  E  paresge 
que,  como  cosa  que  fue  suya,  quiere  la  di- 
yina  justigia  que  lo  haya  tornado  á  ser  é  lo 
sea  perpetuamente,  en  ventura  de  los  bien- 
aventurados é  Cathólicos  Reyes,  don  Fer- 
nando é  doña  Isabel ,  que  ganaron  á  Gra- 
nada é  Ñapóles,  etc. ;  en  cuyo  tiempo  é 
por  cuyo  mandado  descubrió  el  almirante, 
don  GhripstóbalColom,  este  Nuevo  Mundo 
ó  parte  tan  grandíssima  del,  olvidada  en 
el  universo  :  la  qual  después,  en  tiempo 
de  la  Cesárea  Magostad  del  emperador, 
nuestro  señor ,  mas  largamente  se  ha  sa- 
bido é  descubierto,  para  mayor  amplitud 


de  su  monarchia.  Assi  que,  fundando  mi 
intengion  con  los  auctores  que  tengo  ex- 
presados ,  todos  ellos  señalan  á  estas 
nuestras  Indias.  E  por  tanto  yo  creo  que 
conforme  á  estas  auctoridades  (ó  por 
ventura  á  otras  que  con  ellas  Golom  po- 
dría saber),  se  puso  en  cuy  dado  de  bus- 
car lo  que  halló,  como  animoso  experi- 
mentador de  tan  ciertos  peligros  é  lon- 
guíssimo  camino.  Sea  esta  ú  otra  la  ver- 
dad de  su  motivo :  que  por  qualquier 
consideragion  que  él  se  moviese,  em- 
prendió lo  que  otro  ninguno  hizo  antes 
del  en  estas  mares ,  si  las  auctoridades  ya 
dichas  no  oviessen  lugar. 


CAPITULO  IV. 

Que  Irada  como  Chripslóbal  Colom  fue  el  que  mostró  á  navegar  los  españoles  por  las  alturas  del  sol  é 
norte  ,  d  de  cómo  fué  á  Portugal  é  otras  parles  á  buscar  quien  le  ayudasse  al  descubrimiento  desVas 
Indias,  é  le  favoresciesse  para  ello  ,  é  cómo  ovieron  nolicia  de  su  persona  los  Cathólicos  Reyes,  don  Fer- 
nando é  doña  Isabel,  por  cuyo  mandado  hizo  este  descubrimiento. 


JCjs  opinión  de  muchos  ( é  aun  la  razón 
lo  enseña  é  amonesta  que  se  crea )  que 
Ghripstóbal  Golom  fue  el  primero  que  en 
España  enseñó  á  navegar  el  amplíssimo 
mar  Océano  por  las  alturas  de  los  grados 
de  sol  y  norte.  E  lo  puso  por  obra ;  por- 
que hasta  él,  aunque  se  leyesse  en  las 
escuelas  tal  arte ,  pocos  ( ó  mejor  dicien- 
do ninguno )  se  atrevian  á  lo  experimen- 
tar en  las  mares ;  porque  es  sgiengia  que 
no  se  puede  exergitar  enteramente,  para 
la  saber  por  experiengia  y  efecto ,  sino 
se  usa  en  golphos  muy  grandes  é  muy 
desviados  de  la  tierra.  E  los  marineros  é 
pilotos  é  hombres  de  la  mar  hasta  enton- 
ges  arbitrariamente  hagian  su  ofigio,  se- 
gund  el  juigio  del  nauta  ó  piloto ;  pero  no 
puntualmente  ni  con  la  razón  que  hoy  se 
hage  en  estas  mares,  sino  como  en  la 
mar  Mediterránea ,  y  en  las  costas  de  Es- 
paña é  Flandes,  y  en  toda  Europa  y  Áfri- 
ca ,  é  restante  del  mundo ,  donde  no  se 
apartan  mucho  do  la  tierra.  Mas  para  na- 
vegar en  demanda  de   provingias  tan 


apartadas,  como  estas  Indias  están  de  Es- 
paña ,  é  servirse  el  piloto  de  la  razón  del 
quadrante,  requiérense  mares  de  mucha 
longitud  é  latitud,  como  aquestas  que  hay 
de  aqui  á  Europa  ó  á  la  Espegieria  que 
tenemos  al  poniente  de  la  Tierra-Firme 
destas  Indias. 

Movido,  pues,  Golom  con  este  desseo, 
como  hombre  que  alcangaba  el  secreto 
de  tal  arte  de  navegar  (quanto  á  andar 
el   camino),  como   docto   varón   en  tal 
sgiengia ,  ó  por  estar  gertificado   de  la 
cosa  por  aviso  del  piloto  que  primero  se 
dixo  qu0  le  dio  notigia  desta  oculta  tier- 
ra en  Portugal ,  ó  en  las  islas  que  dixe 
(si  aquello  fué  assi);  ó  por  las  auctorida- 
des que  se  tocaron  en  el  capítulo  antes 
deste ,  ó  en  qualquier  manera  que  su 
desseo  le  llamasse;  trabajó  por  medio 
de  Bartolomé  Golom,  su  hermano ,  con 
el  rey  Enrique  VII  de  Inglaterra  (pa- 
dre de  Enrique  VIII  que  hoy  alli  rey- 
na)  que  le  favoresgiesse  é  armasse  para 
descobrir  estas  mares  occidentales;  ofre- 


DE  INDIAS.  LIB  I.  CAP.  IV. 


49 


ciéndose  á    le  dar  muchos  tesoros   en 
acresgentamiento  de  su  corona  y  Esta- 
dos ,  de  muy  grandes  señoríos  é  reynos 
nuevos.    Informado  el  rey  de  sus  con- 
sejeros ,  y  de  personas  á  quien  él  come- 
tió   la    examinacion   desto;    burló    de 
quanto  Golom  degia ,  é  tuvo  por  vanas 
sus  palabras.  El  qual  no  desconfiado  por 
esto ,  assi  como  vido  que  alli  no  era  aco- 
gido su  servigio ,  comengó  á  mover  é 
tractar  la  misma  negogiacion  con  el  rey 
don  Juan,  segundo  de  tal  nombre  en  Por- 
tugal;   é  tampoco    fió  del,  aunque  ya 
era  Golom  casado  en  aquel  reyno ,  é  se 
habia  hecho  natural  vassallo  de  aquella 
tierra  por  su  matrimonio.  Pero  por  esso 
no  se  le  dio  mas  crédito ,  ni  el  rey  de 
Portugal  quiso  favoresger  ni  ¡ayudar  al 
dicho  Golom  para  lo  que  degia.  De  ma- 
nera que  determinó  de  irse  en  Gastilla;  y 
llegado  á  Sevilla ,  tuvo  sus]  inteligengias 
con  el  ilustre  y  valeroso  don  Enrique  de 
Guzman ,    duque  de  Medina-Sidonia ;  y 
tampoco  halló  en  él  lo  que  buscaba.  E 
movió  después   el   negogio  mas  larga- 
mente con  el  muy  ilustre  don  Luis  de  la 
Cerda ,  primero  duque  de  Medina  Geli, 
el  qual   también  tuvo  por  cosa  fabulosa 
sus  ofrecimientos,  aunque  quieren  degir 
algunos  que  el  duque  de  Medina  Geli,  ya 
queria  venir  en  armar  al  dicho  Golom  en 
su  villa  del  Puerto  de  Sancta  Maria ,  y 
que  no  le  quisieron  dar  ligengia  el  Rey  é 
Reyna  Gathólicos  para  ello.  Y  por  tanto, 
como  no  era  tan  alto   señorío  sino  para 
cuyo  es ,  fuesse  Golom  á  la  corte  de  los 
sereníssimos  é  Gathólicos  Reyes,  don  Fer- 
nando é  doña  Isabel ;  y  alli  anduvo  un 
tiempo  con  mucha  nesgessidad  é  pobrega, 
sin  ser  entendido  de  los  que  le  oían ,  pro- 
curando que  le  favoresgiessen  aquellos 
bienaventurados  reyes  y  le  armasen  al- 
gunas caravelas,  con  que  en  su  real  nom- 
bre descubriesse  este  Nuevo  Mundo ,    ó 
partes  incónitas  del  en  aquella  sagon.  Y 
como  esta  empresa  era  cosa  en  que  los 


que  le  escuchaban  no  tenían  el  concepto 
é  gusto,  ó  esperanga  que  solo  Golom  te- 
nia del  buen  fin  de  su  desseo ,  no  sola- 
mente se  le  daba  poco ,  mas  ningún  cré- 
dito ,  y  aun  teníase  por  vano  quanto  de- 
gia. Y  turóle  quasí  siete  años  esta  im- 
portunación, hagiendo  muchos  ofresgi- 
mientos  de  grandes  riquegas  y  Estados 
para  la  corona  de  Gastilla.  Pero  como 
traía  la  capa  rayda  (ó  pobre),  teníanle  por 
fabuloso  y  soñador  de  quanto  degia  é  ha- 
blaba ;  assi  por  no  ser  conosgido  y  ex- 
tranjero y  no  tener  quien  le  favoresgiesse, 
como  por  ser  tan  grandes  y  no  oydas  las 
cosas  que  se  proferia  de  dar  acabadas. 
Ved  si  tuvo  Dios  cuydado  de  dar  estas 
Indias  cuyas  son ;  pues  rogados  Inglater- 
ra é  Portugal  con  ellas ,  y  los  duques  que 
he  dicho,  no  permitió  que  alguno  de 
aquellos  reyes  tan  poderosos ,  ni  los  du- 
ques tan  ricos  que  dixe,  quisiessen  aven- 
turar tan  poca  costa ,  como  la  que  Golom 
les  pedía;  para  que  descontento  de 
aquellos  príncipes,  fuesse  á  buscar  los 
que  halló  tan  ocupados ,  como  á  la  sagon 
estaban ,  en  la  sancta  guerra  de  los  mo- 
ros del  reyno  de  Granada. 

Ni  es  de  maravillar  si  tan  Gathólicos  Rey 
é  Reyna ,  movidos  á  buscar  ánimas  que 
se  salvassen  (mas  que  tessoros  y  nuevos 
Estados  ,  para  que  con  mayor  ocupagion 
y  cuydado  reynassen)  acordaron  de  fa- 
voresger  esta  empressa  y  descubrimien- 
to. Ni  crea  ninguno  que  esto  se  podía 
escusar  á  su  buena  ventura ;  porque  no 
vio  ojo ,  ni  oyó  oreja ,  ni  subió  en  cora- 
gon  de  hombre  las    cosas  que  aparejó 
Dios  á   los  que  le  aman.  Estas  y  otras 
muchas  venturas  cupieron  en  aquellos 
buenos  reyes  nuestros  ,  por  ser  tan  ver- 
daderos siervos  deJesu  Ghripstoydesseo- 
sos  del  acresgentamiento  de  la  sagrada 
rehgion  suya.  Y  por  tanto  la  voluntad 
divina  les  dio  nolígia  de  Ghripstóbal  Go- 
lom ;  porque  el  mismo  Dios  mira  todos 
los  fines  del  mundo ,  y  vé  todas  las  co- 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


sas  de  debaxo  del  cielo.  Y  quando  llegó 
la  hora  que  tan  grande  nego^^iacion  se 
concluyesse,  fué  por  estos  términos. 

En  aquel  tiempo  que  Colom,  como  di- 
xe,  andaba  en  la  corte,  llegábase  ácasa 
de  Alonso  de  Quintanilla ,  contador  ma- 
yor de  cuentas  de  los  Reyes  Cathólicos 
(el  qual  era  notable  varón  y  desseoso  del 
acresgentamiento  y  servigio  de  sus  re- 
yes) ,  y  mandábale  dar  de  comer  y  lo 
nesgessario  por  una  compasibilidad  de 
su  pobrega.  Y  en  este  caballero  halló 
mas  parte  é  acogimiento  Colom  que  en 
hombre  de  toda  España ,  é  por  su  res- 
pecto é  intergession  fué  conosgido  del 
reverendíssimo  é  ilustre  cardenal  de  Es- 
paña, argobispo  de  Toledo,  don  Pedro 
Gongalez  de  Mendoga,  el  qual  comengó  á 
dar  audiengia  á  Colom,  é  conosgió  del 
que  era  sabio  é  bien  hablado ,  y  que  da- 
ba buena  ragon  de  lo  que  degia.  Y  túvo- 
le por  hombre  de  ingenio  é  de  grande 
habilidad;  é  congebido  esto,  tomóle  en 
buena  reputación,  é  quísole  favoresger. 
Y  como  era  tanta  parte  para  ello,  por 
medio   del   cardenal    y    de   Alonso   de 
Quintanilla  fué  oydo  del  Rey  é  de  la  Rey- 
na ;  é  luego  se  pringipió  á  dar  algún  cré- 
dito  á  sus  memoriales  y  peticiones,  é 
vino  á  concluirse  el  negogio,  teniendo  los 
Reye&  CathóUcos  gercada  la  grande  y 
muy  nombrada  cibdad  de  Granada,  año 
de  mili  é  quatrogientos  é  noventa  é  dos 
años  de  la  Natividad  de  nuestro  Redemp- 
tor.  Y  desde  aquel  real  é  campo  aque- 
llos bienaventurados  príncipes  le  despa- 
charon á  Colom  en  aquella  villa ,  que  en 
medio  de  sus  exércitos  fundaron,  llama- 
da Sancta  Fé;  y  en  ella,  y  mejor  digien- 
do  en  la  mesma  sancta  fé ,  que  en  aque- 
llos coragones  reales  estaba,  ovo  prin- 
gipió este  descubrimiento. 

No    contentándose    aquellos    sanctos 
príncipes  con  sola  su  empresa  é  con- 


quista sanctíssima  que  entre  las  manos 
tenían ,  con  que  dieron  fin  á  la  subjecion 
de  todos  los  moros  de  las  Españas  ( don- 
de habían  estado  en  despecho  y  ofensa 
de  los  chripstianos  desde  el  año  de  siele- 
gientos  y  veynte  que  la  Virgen  parió  al 
Salvador ,  como  muchos  auctores  en  con- 
formidad escriben);  pero  demás  de  re- 
dugir  á  España  toda  á  nuestra  cathólica 
religión ,  propusieron  de  enviar  á  buscar 
este  otro  Nuevo  Mundo  á  plantarla  en 
él,  por  no  vacar  ninguna  hora  en  el  ser- 
vigío  de  Dios.  Y  con  este  sancto  propó- 
sito mandaron  despachar  á  Colom,  dán- 
dole sus  provisiones  y  gédulas  reales ,  pa- 
ra que  en  el  Andalugia  se  le  diessen  tres 
caravelas  del  porte  y  manera  que  las  pi- 
dió, y  con  la  gente  é  bastimentos  que 
convenia  para  viaje  tan  largo ,  y  de  que 
ninguna  gertinidad  se   tenia  mayor  quo 
el  buen  gelo  é  sancto  fin  de  tan  crips- 
tianíssimos  príncipes ;  en  cuya  ventura  é 
por  cuyo  mandado  tan  grande  cosa  se 
comengaba.   Y  porque  avia  nesgessidad 
de  dineros  para  su  expedígion ,  á  causa 
de  la  guerra ,  los  prestó  para  fager  esta 
primera  armada  de  las  Indias  y  su  des- 
cubrimiento, el  escribano  de  ragion,  Luis 
de  Sanct  Ángel.  Y  esta  primera  capitu- 
lación é  assiento  que  el  Rey  é  la  Reyna 
tomaron  con  Colom ,  fué  en  la  villa  de 
Sancta  Fé ,  en  el  real  de  Granada ,  á  diez 
y  ocho  de  abril  de  mili  é  quatrogientos 
noventa  é  dos  años ,  la  qual  pasó  ante 
el  secretario,  Juan  de  Coloma.  E  fuéle 
confirmada  la  dicha  capitulación  por  un 
real  privilegio ,  que  le  fué  dado  desde  á 
trege  dias  que   se  contaron   treinta  do 
abril  en  la  cibdad  de  Granada  del  dicho 
año  de  noventa  é  dos.  Y  con  este  des- 
pacho partió  Colom  donde  es  dicho  y 
fuesse  á  la  villa  de  Palos  de  Moguer, 
donde  puso  en  orden  su  viaje. 


DE  INDIAS.  LIB.  II.  CAP.  V. 


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CAPITULO  V. 

Del  primero  viaje  y  descubrimiento  de  las  Indias,  hecho  por  don  Cliripstóbal  Colom  ,  primero  descubri- 
dor dellas/por  lo  qual  dignamente  fué  hecho  almirante  perpetuo  destas  mares  é  imperio  de  las  Indias 

destas  parles. 


wydo  aveys  cómo  y  de  qué  manera  é 
por  qué  rodeos  vino  Ghripstóbal  Colom  á 
ser,  conosgido  de  los  Reyes  Cathólicos,  don 
Fernando  y  doña  Isabel,  estando  sóbrela 
cíbdad  de  Granada  con  sus  exércitos  :  é 
como  le  mandaron  despachar  y  le  dieron 
sus  provisiones  reales  para  ello  ,  y  se  fué 
á  la  villa  de  Palos  de  Moguerpara  princi- 
piar su  viage.  Debeys  saber  que  desde 
alli  pringipió  su  camino  con  tres  carave- 
las :  la  una  é  mayor  dellas  llamada  la  Ga- 
llega ;  y  las  otras  dos  eran  de  aquella  vi- 
lla de  Palos,  é  fueron  bastegidas  y  ar- 
madas de  todo  lo  nesgessario.  Y  segund  la 
capitulación  que  con  Colom  se  tomó,  avia 
de  aver  después  una  degena  parte  en  las 
rentas  y  derechos  que  el  rey  oviesse  en 
lo  que  fuesse  por  Colom  descubierto ;  é 
assi  se  le  pagó  todo  el  tiempo  que  él  vi- 
vió ,  después  que  descubrió  esta  tierra ,  é 
assi  lo  gozó  el  segundo  almirante,  don 
Diego  Colom,  su  hijo,  é  assi  lo  goza  don 
Luys  Colom,  su  nieto,  tergero  almirante 
que  al  presente  tiene  su  casa  y  Estado. 

Antes  que  Colom  entrasse  en  la  mar 
algunos  dias,  tuvo  muy  largas  consulta- 
ciones con  un  religioso  llamado  fray  Juan 
Pérez ,  de  la  Orden  de  sanctFrangisco ,  su 
confessor ;  el  qual  estaba  en  el  moneste- 
rio  de  la  Rábida  (que  es  media  legua  de 
Palos  hágia  la  mar).  Y  este  frayle  fué  la 
persona  sola  de  aquesta  vida ,  á  quien  Co- 
lom mas  comunicó  de  sus  secretos ;  é  aun 
del  qual  é  de  su  sgiengia  se  dige  hasta  hoy 
que  él  resgibió  mucha  ayuda  é  buena  obra, 
porque  este  religioso  era  grande  cosmó- 
graplio.  Con  el  qual  estuvo  en  el  mones- 
terio ,  que  es  dicho  de  la  Rábida ,  algund 


tiempo,  y  él  lo  fizo  yr  al  real  de  Grana- 
da, quando  se  concluyó  su  despacho  y  en- 
tendió en  ello.  Y  después  se  fué  Colom 
al  mesmo  monesterio  y  estuvo  con  el  fray- 
le comunicando  su  viaje  é  ordenando  su 
alma  é  vida ,  y  apergibiéndose  primera- 
mente con  Dios  y  poniendo  como  cathó- 
lico  en  sus  manos  é  misericordia  su  em- 
presa, como  fiel  chripstiano ,  y  como  ne- 
gogio  en  que  Dios  esperaba  aer  tan  ser- 
vido por  el  acresgentamiento  de  su  repú- 
blica chripstiana.  Y  después  de  se  aver 
confessado,  resgibió  el  sanctíssimo  sacra- 
mento de  la  Eucaristía ,  el  dia  mesmo  que 
entró  en  la  mar ;  y  en  el  nombre  de  Je- 
sús mandó  desplegar  las  velas  y  salió  del 
puerto  de  Palos  por  el  rio  de  Saltes  á  la 
mar  Océana  con  tres  caravelas  armadas, 
dando  pringipio  al  primero  viaje  y  des- 
cubrimiento destas  Indias,  viernes  tres 
dias  de  agosto,  año  del  nasgimienlo  de 
nuestro  Salvador  de  mili  y  quatrogientos 
y  noventa  é  dos  años,  con  la  buena  ven- 
tura, efectuando  este  memorable  hecho 
movido  por  Dios,  el  qual  quiso  hager  á 
este  hombre  arbitrario  é  ministro  para  tan 
grande  é  señalada  cosa. 

Destas  tres  caravelas  era  capitana  la 
Gallega,  en  la  qual  yba  la  persona  de  Co- 
lom: de  las  otras  dos,  la  una  se  llamaba 
la  Pinta ,  de  que  yba  por  capitán  Martin 
Alonso  Pingon ;  y  la  otra  se  degia  la  Ni- 
ña, é  yba  por  capitán  dellaFrangisco  Mar- 
tin Pingon ,  con  el  qual  yba  Vigente  Ya- 
ñez  Pingon.  Todos  estos  tres  capitanes 
eran  hermanos  é  pilotos  é  naturales  de 
Palos ,  é  la  mayor  parte  de  los  que  yban 
en  esta  armada  eran  assi  mismo  de  Palos  • 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


Y  serian  por  todos  hasta  giento  y  veynte 
hombres ;  con  las  quales ,  después  que 
estas  tres  caravelas  se  dieron  á  la  mar, 
tomaron  su  derrota  para  las  islas  de  Ca- 
naria ,  que  los  antiguos  llaman  Fortuna- 
das. Las  quales  estuvieron  mucho  tiem- 
po que  no  se  navegaban  ni  se  sabian  na- 
vegar ,  hasta  que  después  en  tiempo  del 
rey  don  Juan ,  segundo  de  tal  nombre  en 
Castilla,  seyendo  niño  y  debaxo  de  la 
tutela  de  la  sereníssima  reyna  doña  Ca- 
talina ,  su  madre ,  fueron  halladas  é  tor- 
nadas á  navegar  é  conquistarse  estas  is- 
las por  su  mandado  é  ligen^ia ,  como  mas 
largamente  se  escribe  en  la  Chrónica  del 
mesmo  rey,  don  Juan  segundo.  Después 
de  lo  qual  muchos  años,  Pedro  de  Vera, 
noble  caballero  de  Xerez  de  la  Frontera, 
é  Miguel  de  Moxica,  conquistaron  la  gran 
Canaria  en  nombre  de  los  Cathólicos  Re- 
yes, don  Fernando  y  doña  Isabel ,  y  las 
otras ,  excepto  la  Palma  y  Tenerife ,  que 
por  mandado  de  los  mesmos  reyes  las 
conquistó  Alonso  de  Lugo ,  al  qual  higie- 
ron  adelantado  de  Tenerife. 

Esta  gente  de  los  canarios  era  de  mu- 
cho esfuergo ,  aunque  quassi  desnuda  y 
tan  silvestre ,  que  se  dige  é  añrman  al- 
gunos, que  no  tenian  lumbre  ni  la  tuvie- 
ron hasta  que  los  chripstianos  ganaron 
aquellas  islas.  Sus  armas  eran  piedras  é 
varas,  con  las  quales  mataron  muchos 
chripstianos  hasta  ser  sojuzgados  é  pues- 
tos, como  están,  debaxo  de  la  obediengia 
de  Castilla ,  del  qual  señorío  son  las  di- 
chas islas.  Y  están  dosgientas  leguas  de 
España  las  primeras ;  é  la  isla  de  Langa- 
rote é  la  del  Fierro  á  dosgientas  é  qua- 
renta  ;  por  manera  que  todas  ellas  se  in- 
cluyen en  espagio  de  ginqüenta  é  ginco  ó 
sessenta  leguas  pocas  mas  ó  menos.  Y  es- 
tán assentadas  desde  veynte  é  siete  has- 
la  veynte  é  nueve  grados  de  la  línea  equi- 
nogial  á  la  parte  de  nuestro  polo  ártico: 
la  última  isla  deltas  ó  mas  occidental  está 
del  hueste  al  leste  con  el  cabo  de  Boja- 


dor  en  África ,  é  á  sessenta  é  ginco  leguas 
del.  Son  todas  estas  islas  fértiles  é  abun- 
dantes de  las  cosas  nesgessarias  á  la  vida 
del  hombre,  y  de  muy  templados  ayres. 
Pero  ya  de  la  gente  natural  que  avia,  cuan- 
do fueron  conquistadas  hay  poca,  mas 
todas  están  muy  pobladas  de  chripstia- 
nos. E  allí ,  como  en  lugar  apropiado  y 
para  la  navegación  al  propósito ,  llegó 
Colom,  continuando  su  primero  descubri- 
miento destas  Indias,  con  las  tres  carave- 
velas  que  tengo  dicho ,  é  tomó  allí  agua 
é  leña  é  carne  é  pescado  é  otros  refres- 
cos ,  los  que  le  convino  para  proseguir 
su  viaje.  El  qual  efectuando  con  su  ar- 
mada, partió  de  la  isla  de  la  Gomera  á 
seys  dias  de  septiembre  de  aquel  año  de 
mili  é  quatrogientos  é  noventa  é  dos  años, 
é  anduvo  muchos  dias  por  el  grande  mar 
Océano,  fasta  tanto  que  ya  los  que  con  él 
yban  comengaron  á  desmayar  é  quissie- 
ran  dar  la  vuelta;  é  temiendo  de  su  ca- 
mino, murmuraban  de  la  sgiengia  de  Co- 
lom y  de  su  atrevimiento ,  é  amotinába- 
sele  la  gente  é  los  capitanes ,  porque 
cada  hora  cresgia  el  temor  en  ellos  é  men- 
guaba la  esperanga  de  ver  la  tierra  que 
buscaban.  De  forma  que  desvergongada- 
mente  é  público  le  dixeron  que  los  avia 
engañado  é  los  llevaba  perdidos ;  y  que 
el  Rey  y  la  Reyna  avian  hecho  mal  é  usa- 
do con  ellos  de  mucha  crueldad,  en  fiar  de 
un  hombre  semejante ,  é  dar  crédito  á  un 
extranjero  que  no  sabia  lo  que  se  degia. 
E  llegó  la  cosa  á  tanto  que  le  gertifica- 
ron  que  si  no  se  tornaba,  le  farian  vol- 
ver á  mal  de  su  grado,  ó  le  echarían  en 
lámar,  porque  lesparesgia  que  él  estaba 
desesperado,  é  degian  que  ellos  no  lo 
querían  ser,  ni  creyan  que  pudiesse  sa- 
hr  con  lo  que  avia  comengado ;  y  por 
tanto  á  una  voz  acordaban  de  no  seguir- 
le. En  esta  sagon  é  contienda  hallaron  en 
la  mar  grandes  praderías  (al  paresger)  de 
hiervas  sobre  el  agua,  é  pensando  que 
era  tierra  anegada  é  que  eran  perdidos 


DE  LNDIAS.  LIB.  II.  GAP.  V. 


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doblábanse  los  clamores.  Y  para  quien 
nunca  avia  visto  aquello  sin  dubda  era 
cosa  para  mucho  temer;  mas  luego  se 
passó  aquella  turbación,  conosgiendo  que 
no  avia  peligro  en  ella,  porque  son  unas 
hiervas  que  llaman  salgazos ,  y  se  andan 
sobre  aguadas  en  la  superficie  de  la  mar. 
Las  quales  segund  los  tiempos  é  los  agua- 
jes subgeden ,  assi  corren  é  se  desvian  ó 
allegan  á  Oriente  ó  Poniente ,  ó  al  Sur,  ó 
á  la  Tramontana ;  y  á  veges  se  hallan  á 
medio  golpho ,  é  otras  veges  mas  tarde  y 
lexos  ó  mas  gerca  de  España.  E  algunos 
viajes  acaesge  que  los  navios  topan  muy 
pocas  ó  ninguna  dellas ,  y  también  á  ve- 
ges hallan  tantas  que ,  como  he  dicho,  pa- 
resgen  grandes  prados  verdes  y  amari- 
llos ó  de  color  jalde ,  porque  en  estas  dos 
colores  penden  en  todo  tiempo. 

Salidos  pues  deste  cuydado  y  temor  de 
las  hiervas ,  determinados  todos  tres  ca- 
pitanes é  quantos  marineros  allí  yban  de 
dar  la  vuelta,  é  aun  consultando  entre  sí 
de  echar  á  Colom  en  la  mar ,  creyendo 
que  los  avia  burlado ;  como  él  era  sabio 
ó  sintió  la  murmuragion  que  del  se  hagia, 
como  prudente ,  comengó  á  los  confortar 
con  muchas  é  dulges  palabras ,  rogándo- 
les que  no  quissiessen  perder  su  trabajo 
é  tiempo.  Acordábales  quanta  gloria  é 
provecho  de  la  constangia  se  les  segui- 
ría, perseverando  en  su  camino :  prome- 
tíales que  en  breves  dias  darían  fin  á  sus 
fatigas  é  viaje  con  mucha  é  indubitada 
prosperidad ;  y  en  conclusión  les  dixo  que 
dentro  de  tres  dias  hallarían  la  tierra  que 
buscaban.  Por  tanto  que  estuviessen  de 
buen  ánimo  é  prosiguiessen  su  viaje ,  que 
para  quando  degia  ,  él  les  enseñaría  un 
Nuevo  Mundo  é  tierra ,  é  avrian  concluy- 
do  sus  trabajos  é  verían  que  él  avia  di- 
cho verdad  siempre ,  assi  al  Rey  é  Rey- 
na  Cathólícos  como  á  ellos ;  é  que  si  no 
fuesse  assi,  higíessen  su  voluntad  y  lo  que 
les  paresgíesse ,  que  él  ninguna  dubda  te- 
nia en  lo  que  les  degia. 


Con  estas  palabras  movió  los  corago- 
nes  de  los  enflaquegídos  ánimos  de  los 
que  allí  yban  á  alguna  vergüenza ,  en  es- 
pegial  á  los  tres  hermanos  capitanes  pi- 
lotos que  he  dicho ;  é  acordaron  de  hager 
lo  que  les  mandaba ,  y  de  navegar  aque- 
llos tres  dias  é  no  mas,  con  determina- 
ción y  acuerdo  que  en  fin  dellos  darían 
la  vuelta  á  España,  si  tierra  no  viessen. 
Y  esto  era  lo  que  ellos  tenían  por  mas 
gierto ;  porque  ninguno  avía  entre  ellos 
que  pensasse  que  en  aquel  paralelo  é  ca- 
mino que  hagían ,  se  avía  de  hallar  tierra 
alguna.  E  dixeron  á  Colom  que  aquellos 
tres  dias  que  él  tomaba  de  término  é  les 
asignaba,  le  seguirían ;  pero  no  una  hora 
mas,  porque  creían  que  ninguna  cosa  de 
quantas  les  degia  avía  de  ser  gierta ;  y  en 
una  conformidad  todos,  rehusaban  pasar 
adelante,  digiendo  que  no  querían  morir 
á  sabiendas ,  y  que  el  bastimento  y  agua 
que  tenían  no  podía  bastar  para  tornarlos 
á  España  sin  mucho  peligro ,  por  bien 
que  se  reglasen  en  el  comer  é  beber.  Y 
como  los  coragones  que  temen,  ninguna 
cosa  sospechan  que  pueda  afloxar  sus  fa- 
tigas, en  espegíal  en  exergígío  de  nave- 
gación  y  semejante ,    ningún  momento 
cessaban  en  su  murmurar ,  amenagando  á 
su  pringipal  capitán  é  guía.  Ni  él  tampoco 
reposaba  ni  cessaba  un  punto  de  confor- 
tar é  animar  á  todos  á  la  prosecugion  de 
su  camino ;  é  quanto  mas  turbados  los 
vía  ,  mas  alegre  semblante  él  mostraba, 
esforgándolos  é  ayudándolos  á  desechar 
su  temerosa  turbación.  E  aquel  mesmo 
día  que  el  almirante  Colom  estas  palabras 
dixo,  conosgió  realmente  que  estaba  gerca 
de  tierra  en  semblante  de  los  celajes  de 
los  cielos ;  é  amonestó  á  los  pilotos  que 
si  por  caso  las  caravelas  se  apartassen 
por  algún  caso  fortuito  launa  de  la  otra, 
que  passado  aquel  trange  corríessen  há- 
gia  la  parte  ó  viento  que  les  ordenó,  para 
tornar  á  redugírse  en  su  conserva.  E  co- 
mo sobrevino  la  noche,  mandó  apocar  las 


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HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


velas  y  que  corriessen  con  solos  los  trin- 
quetes baxos ;  é  andando  assi ,  un  mari- 
nero de  los  que  yban  en  la  capitana ,  na- 
tural de  Lepe,  dixo:  lumbre!.,  tierra!..  E 
luego  un  criado  de  Colora  ,  llamado  Sal- 
cedo, replicó  diciendo:  «Esso  ya  lo  ha  di- 
cho el  almirante,  mi  señor;»  y  encontinen- 
te  Golom  dixo :  «Rato  ha  que  yo  lo  he  di- 
cho y  he  visto  aquella  lumbre  que  está 
en  tierra. » Y  assi  fue:  que  un  jueves ,  á  las 
dos  horas  después  de  media  noche ,  lla- 
mó el  almirante  á  un  hidalgo  dicho  Es- 
col)edo ,   repostero  de  estrados  del  Rey 
Cathólico,  y  le  dixo  que  veía  lumbre.  Y 
otro  dia  de  mañana,  enesclaresgiendo, 
y  á  la  hora  que  el  dia  antes  avia  dicho 
Colom ,  desde  la  nao  capitana  se  vido  la 
isla  que  los  indios  llaman  Guanahani ,  de 
la  parte  de  la  tramontana  ó  norte.  Y  el 
que  vido  primero  la  tierra ,  quando  ya  fue 
de  dia ,  se  llamaba  Rodrigo  de  Triana ,  á 
onge  dias  de  octubre  del  año  ya  dicho  de 
mili  é  quatrogientos  y  noventa  y  dos.  Y 
de  aver  salido  tan  verdadero  el  almiran- 
te, en  ver  la  tierra  en  el  tiempo  que  avia 
dicho ,  se  tuvo  mas  sospecha  que  él  es- 
taba certificado  del  .piloto  que  se  dixo 
que  murió  en  su  casa ,  segund  se  tocó  de 
suso.  Y  también  podria  ser  que  viendo 
determinados  á  quantos  con  él  yban  para 
se  tornar,  dixesse  que  si  en  tres  dias  no 
viessen  la  tierra  se  volviessen ,  confiando 
que  Dios  se  la  enseñarla  en  aquel  térmi- 
no que  les  daba,  para  no  perder  trabajo  é 
tiempo. 

Tornando  á  la  historia,  aquella  isla 
que  se  vido  primero,  segund  he  dicho,  es 
una  de  las  islas  que  digen  de  los  Luca- 
yos ;  y  aquel  marinero  que  dixo  primero 
que  veia  lumbre  en  tierra ,  tornado  des- 
pués en  España ,  porque  no  se  le  dieron 
las  albricias ,  despechado  de  aquesto ,  se 
pasó  en  África  y  renegó  de  la  fé.  Este 
hombre,  segund  yo  oy  degir  á  Vigente 
Yañez  Pingon  y  á  Hernán  Pérez  Matheos, 
que  se  hallaron  en  este  primero  descu- 


brimiento, era  de  Lepe,  como  he  dicho. 
Assi  como  el  almirante  vido  la  tierra, 
hincado  de  rodillas  é  saltándosele  las  lá- 
grimas de  los  ojos  del  extremado  plager 
que  sentia ,  comengó  á  degir  com  Ambro- 
sio y  Augustino :  Te  Deum  laudamus  ,   Te 
Dominum  confitemur,  etc.;  y  assi,  dando 
gragias  á  nuestro  Señor  con  todos  los  que 
con  él  yban ,  fue  inextimable  el  gozo  que 
los  unos  y  los  otros  hagian.  Tomábanle 
unos  en  bragos ,  otros  le  besaban  las  ma- 
nos ,  é  otros  le  demandaban  perdón  de  la 
poca  constangia  que  hablan  mostrado. 
Algunos  le  pedian  mergedes  é  se   ofres- 
gian  por  suyos.  En  fin ,  era  tamaña  la  leti- 
gia  é  regogijo ,  que  abrazándose  unos  con 
otros,  no  se  conosgian  con  el  plager  de  su 
buena  andanga;   lo  qual  yo  creo  bien, 
porque  sabiendo  como  sabemos  los  que 
agora  vienen  de  España  é  los  que  de 
acá  vuelven  allá  que  el  viaje  é  camino  es 
seguro  y  gierto,  no  tiene  comparación 
otro  plager  con  el  que  resgiben  los  que 
ha  dias  que  navegan,  quando  ven  la  tier- 
ra. Ved  qué  tal  seria  el  de  los  que  en  tan 
dubdosa  jornada  se  hallaron,  viéndose 
certificados  y  seguros  de  su  descanso. 

Pero  aveis  de  saber  que  por  el  conti  a^ 
rio  digen  algunos  lo  que  aqui  se  ha  dicho 
de  la  constangia  de  Golom ,  que  aun  afir- 
man que  él  se  tornara  de  su  voluntad  del 
camino  y  no  lo  concluíe ,  si  estos  herma- 
nos Pingones  no  le  Ingieran  yr  adelante ^ 
é  diré  mas ,  que  por  causa  dellos  se  hizo 
el  descubrimiento ,  é  que  Golom  ya  giaba 
y  queria  dar  la  vuelta.  Esto  será  mejor 
remitirlo  á  un  largo  progesso  que  hay 
entre  el  almirante  y  el  fiscal  real ,  donde 
á  pro  é  contra  hay  muchas  cosas  alegadas, 
en  lo  qual  yo  no  me  entremeto ;  porque 
como  sean  cosas  de  justigia  y  por  ella  se 
han  de  decidir ,  quédense  para  el  fin  que 
tuvieren.  Pero  yo  he  dicho  en  lo  uno  y 
en  lo  otro  ambas  las  opiniones :  el  letor 
tome  la  que  mas  le  ditare  su  buen  juygio. 
Tardóse  el  Almirante  en  llegar  desde  las 


DE  INDIAS.  LIB.  II.  CAP.  VI. 


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islas  de  Canaria  hasta  ver  la  primera  vido,  en  el  mes  de  octubre  del  año  de 
tierra  que  he  dicho  treinta  é  tres  dias;  mili  é  quatroQientos  é  noventa  y  dos 
pero  él  llegó  á  estas  islas,  primeras  que      años. 

CAPITULO  VI. 

Cómo  el  almirante  descubrió  esta  Isla  Española,  é  dexó  en  ella  treinta  é  ocho  chripstianos  en  tierra  del  rey 
ó  cacique  Goacanagari ,  en  tanto  (jue  llevaba  las  nuevas  del  descubrimiento  primero  destas  parles;  é  cómo 

volvió  á  España  en  salvamento. 


Jtin  aquella  isla  que  he  dicho  de  Gua- 
nahani  ovo  el  almirante  é  los  que  con  él 
yban  vista  de  indios  é  gente  desnuda ,  é 
allí  le  dieron  notigia  de  la  isla  de  Cuba.  E 
como  paresgieron  luego  muchas  isletasque 
están  juntas  y  en  torno  de  Guanahani, 
comentaron  los  chripstianos  á  llamarlas 
Islas  Blancas  (porque  assi  lo  son  por  la 
mucha  arena),  y  el  almirante  les  puso 
nombre  las  Princesas,  porque  fueron  el 
principio  de  la  vista  destas  Indias.  E  ar- 
ribó á  ellas ,  en  especial  á  la  de  Guana- 
hani ,  y  estuvo  entrella  y  otra  que  se  di^ e 
Caycos;  pero  no  tomó  tierra  en  ninguna 
dellas,  segund  afirma  Hernán  Pérez  Ma- 
theos,  piloto  que  hoy  día  está  en  esta  cib- 
dad  de  Sancto  Domingo ,  que  dige  que  se 
halló  allí.  Pero  á  otros  muchos  he  oydo 
degir  quel  almirante  baxó  en  tierra  en  la 
isla  de  Guanahani  é  la  llamó  Sanct  Sal- 
vador ,  é  tomó  allí  la  possession ;  y  esto 
es  lo  mas  gierto  y  lo  que  se  debe  creer 
dello.  E  de  allí  vino  á  Baracoa ,  puerto  de 
la  isla  de  Cuba  de  la  vanda  del  norte ;  el 
qual  puerto  es  doge  leguas  mas  al  po- 
niente de  la  punta  que  llaman  Mayci;  é 
allí  falló  gente  ,  assi  de  la  propia  isla  de 
Cuba,  como  de  las  otras  que  están  al  norte 
opuestas  ,  que  son  la  isla  Guanahani  que 
tengo  dicho,  é  otras  muchas  que  allihay, 
que  se  llaman  islas  de  los  Lucayos  gene- 
ralmente todas  ellas  ,  no  obstante  que  ca- 
da una  tiene  su  propio  nombre  y  son  mu- 
chas ;  assi  como  Guanahani ,  Caycos ,  Ju- 
meto,   Yabaque,   Mayaguana,  Samana, 

Guanima,  Yuma,  Curatheo,  Ciguateo,  Ba- 
TOMO  I. 


hama  ( que  es  la  mayor  de  todas) ,  el  Yu- 
cayo  y  Nequa,  Habacoa  é  otras  muchas 
isletas  pequeñas  que  por  allí  hay. 

Tornando  á  la  historia,  llegado  pues 
el  almirante  á  la  isla  de  Cuba  donde  he 
dicho,  saltó  en  tierra  con  algunos  chrips- 
tianos ,  y  preguntaba  á  los  indios  por  Ci- 
pango ,  y  ellos  por  señas  le  respondían  y 
señalaban  que  era  esta  isla  de  Hayti,  que 
agora  llamamos  Española.  E  creyendo  los 
indios  que  el  almirante  no  acertaba  el 
nombre  ,  degian  ellos:  Cibao ,  Cihaol ,  pen- 
sando que  por  degir  Cibao  degia  Cipan- 
go ;  porque  Cibao  es  donde  en  esta  isla 
Española  están  las  minas  mas  ricas  y  de 
mas  fino  oro.  E  assi  el  almirante  con  las 
tres  caravelas ,  guiado  por  los  indios ,  de 
los  quales  algunos  de  su  grado  se  entra- 
ron en  los  navios ,  se  embarcó  en  aquel 
puerto  de  Baracoa  de  Cuba ,  é  vino  á  es- 
ta isla  de  Hayti ,  que  agora  llamamos  Es- 
pañola ,  y  de  la  parte  ó  banda  del  norte 
surgió  en  un  muy  buen  puerto ,  é  llamóle 
Puerto  Real.  Y  á  la  entrada  del  tocó  en 
tierra  la  nao  capitana ,  llamada  la  Galle- 
ga, é  abrióse;  pero  no  peligró  ningún 
hombre :  antes  muchos  pensaron  que  ma- 
ñosamente la  avian  hecho  tocar,  para  de- 
xar  en  la  tierra  parte  de  la  gente,  como 
quedó.  E  allí  salió  el  almirante  con  toda 
su  gente ,  é  luego  vinieron  á  habla  é  con- 
versagion  con  los  chripstianos  muchos  in- 
dios de  paz  de  aquella  tierra,  la  qual  era 
del  señorío  del  rey  Guacanagari  (que  los 
indios  llaman  cacique,  assi  como  los 
chripstianos  decimos  rey),  con  el  qual  se 


2G 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


trató  luego  la  paz  é  amistad.  Y  él  vino  á 
ella  muy  de  grado ,  y  se  vido  con  el  al- 
mirante y  los  chripstianos  muy  doméstica- 
mente é  muy  continuo,  y  se  le  dieron  algu- 
nas cosas  de  poco  valor  (entre  los  chrips- 
tianos, pero  de  los  indios  muy  estimadas), 
assi  como  cascabeles ,  alfileres ,  agujas  é 
algunas  cuentas  de  vidro  de  diversas  co- 
lores ;  lo  qual  el  cacique  é  sus  indios  con 
mucha  admiración  contemplando,  mostra- 
ban apreciarlo  y  estimar,  y  holgaban  mu- 
cho de  que  algo  assi  se  les  daba ,  y  ellos 
traian  á  los  chripstianos  de  sus  manjares  é 
cosas  que  tenian. 

Viendo  el  almirante  que  aquesta  gente 
era  tan  doméstica^  paresgióle  que  segu- 
ramente podria  dexar  allí  algunos  chrips- 
tianos para  que  en  tanto  que  él  volvia 
á  España  aprendiessen  la  lengua  é  cos- 
tumbres desta  tierra .  E  figo  hager  un  cas- 
tillo quadrado,  á  manera  de  palenque,  con 
la  madera  de  la  caravela  capitana  ó  Ga- 
llega, que  es  dicho  que  tocó  al  entrar  del 
puerto,  é  con  faxina  é  tierra  lo  mejor  que 
se  pudo  fabricar  en  la  costa  á  par  del 
puerto  éarragifesdél,  en  un  arenal.  E  dio 
orden  el  almirante  á  treynta  é  ocho  hom- 
bres, que  allí  mandó  quedar,  de  lo  que 
avian  de  hager  en  tanto  que  él  llevaba 
tan  prósperas  nuevas  de  su  descubri- 
miento á  los  Reyes  Cathólicos,  é  tornaba 
con  muchas  mergedes  para  todos ,  ofres- 
giéndoles  complidos  galardones  á  los  que 
assi  quedaban.  Y  nombró  entre  aquellos 
por  capitán  á  un  hidalgo  llamado  Rodri- 
go de  Arana ,  natural  de  Córdoba ,  é  man- 
dóles, que  le  obedesgiessen  como  á  su  per- 
sona. Y  para  si  aquel  muriesse  en  tanto 
que  él  volvia,  señaló  otro ,  é  para  después 
del  segundo  nombró  otro  tergero ;  de  for- 
ma que  nombró  dos  para  después  de  los 
dias  del  primero.  Y  dexó  con  ellos  á  un 
maestre  Juan  ,  girujano ,  buena  persona: 
é  amonestó  á  todos  que  no  entrassen  la 
tierra  adentro ,  ni  se  desacaudillassen,  ni 
dividiessen,  ni  tomassen  mugeres,   ni 


diessen  pesadumbre  ni  enojo  alguno  á  los 
indios  por  ningún  caso ,  en  quanto  possi- 
ble  les  fuesse.  Y  como  se  perdió  la  nao 
capitana,  passósse  el  almirante  á  la  ca- 
ravela llamada  la  Niña,  en  que  yban 
Frangisco  Martin  é  Vicente  Yañez  Pingon. 
Mas  como  de  la  quedada  de  aquesta  gen- 
te no  le  plugo  al  capitán  de  la  otra  cara- 
vela  Pinta ,  llamado  Martin  Alonso  Pin- 
gon ,  hermano  de  estos  otros ,  contradí- 
xolo  todo  quanto  él  pudo;  é  degia  que 
era  mal  hecho  que  aquellos  chripstianos 
quedassen  tan  lexos  de  España,  seyendo 
tan  pocos ,  é  porque  no  se  podrían  pro- 
veer ni  sostener  y  se  perderían.  Y  á  este 
propósito  dixo  otras  palabras,  de  que  el 
almirante  se  resabió ,  y  sospechóse  que 
le  quisiera  prender;  y  el  Martin  Alonso, 
con  temor  que  ovo  desta  sospecha ,  se 
salió  á  la  mar  con  su  caravela  Pinta  é 
fuese  al  puerto  de  Gragia,  veynte  leguas 
al  leste  ú  oriente  apartado  del  dicho  puer- 
to real.  Y  en  tanto  que  el  almirante  tar- 
dó en  la  obra  que  dixe  de  aquel  castillo, 
súpose  de  los  indios  de  la  tierra,  donde 
estaba  el  Alonso  Martin  é  la  otra  carave- 
la; é  luego  los  otros  dos  hermanos  Pin- 
gónos que  estaban  con  el  almirante,  pro- 
curaron de  le  recongiliar  é  volver  á  la 
gragia  del  almirante,  é  acabaron  con  él 
que  le  perdonasse.  Y  él  lo  figo  assi  por 
muchos  respectos,  y  en  espegial  porque 
la  mayor  parte  de  quantos  hombres  de  la 
mar  tenia,  eran  parientes  é  amigos  destos 
Pingónos  hermanos  y  de  una  tierra ,  y  es- 
tos tres  eran  los  mas  pringípales.  Y  assi 
como  le  perdonó,  le  escribió  una  carta 
muy  generosa,  como  en  el  caso  convenía, 
é  mandó  que  aquel  puerto  se  llamasse 
puerto  de  Gragia,  é  assi  se  nombra  hasta 
agora.  E  los  indios  que  llevaron  la  carta 
volvieron  otra,  respondiendo  Martin  Alon- 
so al  almirante  é  teniéndole  en  merged 
el  perdón ;  é  assi  se  congertaron  para  que 
en  gierto  día  el  Martín  Alonso,  desde  don- 
de estaba  con  aquella  caravela,  y  el  al- 


DE  INDIAS.  LIB.  II.  CAP.  VI. 


n 


mirante  con  la  otra,  se  fuessen  á  juntar 
en  la  Isabela ,  é  allí  saltaron  todos  en  tier- 
ra muy  conformes.  Aquel  assiento  de  la 
Isabela  es  en  la  misma  costa  diez  é  ocho 
leguas  ó  poco  mas  al  leste  de  Puerto  Real. 

No  fué  poca  maravilla  para  los  indios 
ver  cómo  por  las  cartas  los  chripstianos 
se  entendian ;  y  llevábanlas  puestas  los 
mensajeros  en  un  palillo,  porque  con  te- 
mor é acatamiento  las  miraban,  y  creían 
que  cierto  tenían  algún  espíritu  é  habla- 
ban, como  otro  hombre  por  alguna  dei- 
dad é  no  arte  humana. 

Juntos  el  almirante  é  su  gente,  y  que- 
dando los  treynta  é  ocho  hombres  donde 
se  dixo,  tomaron  agua  y  leña  y  lo  que  mas 
pudieron  de  los  bastimentos  desta  tierra, 
para  que  mas  les  lurassen  los  que  les  que- 
daban de  los  que  truxeron  de  Castilla ;  é 
salieron  de  la  Isabela,  el  qual  nombre  el  al- 
mirante puso  á  aquella  provincia  é  puerto 
en  memoria  de  la  Cathólica  Reyna,  doña 
Isabel.  E  desde  allí  ambas  caravelas  fueron 
á  Puerto  de  Plata ,  el  qual  nombre  le  puso 
g1  almirante ;  é  después  fueron  á  puerto  de 
Samana  (assi  llamado  por  los  indios).  E 
desde  Samana,  que  es  en  esta  Isla  Espa- 
ñola de  la  banda  del  norte,  tomaron  estas 
dos  caravelas  su  derrota  para  Castilla  con 
mucho  plager,  encomendándose  todos  á 
Dios  é  á  la  buena  ventura  de  los  Cathó- 
licos  Reyes  de  España ,  que  tan  grandes 
nuevas  esperaban,  aunque  no  confiados 
de  la  SQÍeiigia  de  Colom ,  sino  de  la  mi- 
sericordia de  Dios.  E  llevó  deste  camino 
el  almirante  nueve  ó  diez  indios  consigo, 
para  que  como  testigos  de  su  buena  ven- 
tura besassen  las  manos  al  Rey  é  á  la 
Reyna ,  é  viessen  la  tierra  de  los  chrips- 
tianos é  aprendiessen  la  lengua ,  para  que 
quando  aquestos  acá  tornassen ,  ellos  é 
los  chripstianos  que  quedaban  encomen- 
dados á  Goacanagari  y  en  el  castillo  que 
es  dicho  de  Puerto  Real,  fuessen  lenguas 
é  intérpretes  para  la  conquista  é  pagifi- 
cagion  é  conversión  destas  gentes.  Eassi 


como  Dios,  nuestro  Señor,  fué  servido  que 
estas  tierras  se  descubriessen ,  y  que  pa- 
ra hallarlas  oviese  Seydo  próspera  é  acer- 
tada la  navegagion  deste  primero  viaje  y 
en  breve  tiempo;  assi  tuvo  por  bien  é 
permitió  que  fuesse  favorable  la  vuelta,  é 
llevó  en  salvamento  este  primero  descu- 
bridor destas  Indias  á  España.  E  fué  á 
reconosger  las  islas  de  los  Agores,  é  á 
quatro  dias  de  margo  de  mili  é  quatro- 
gientos  é  noventa  y  tres  entró  en  Lisbo- 
na ,  desde  donde  se  fué  al  puerto  de  Pa- 
los, adonde  se  avia  embarcado  quando 
comengó  esta  jornada ,  é  no  estuvo  des- 
de que  partió  desta  isla  fasta  que  en  Cas- 
tilla tomó  tierra  sino  gincuenta  dias.  Pe- 
ro estando  ya  gerca  de  Europa ,  por  tor- 
menta, se  apartaron  launa  caravelade 
la  otra,  é  corrió  el  almirante  á  Lisbona 
y  el  Martin  Alonso  á  Bayona  de  Galigia. 
E  después  cada  navio  destos  tomó  su  ca- 
mino para  el  rio  de  Saltes ,  é  de  caso  en- 
traron en  un  mismo  dia ;  y  entró  el  al- 
mirante por  la  mañana  é  la  otra  caravela 
llegó  en  la  tarde.  E  porque  se  tuvo  sos- 
pecha que  por  las  cosas  passadas  el  al- 
mirante faria  prender  al  Martin  Alonso 
Pingon,  salióse  en  una  barca  del  navio, 
assi  como  entraba  á  la  vela ,  é  fuesse  don- 
de le  paresgió  secretamente,  y  el  almi- 
rante luego  se  partió  para  la  corte  con 
la  grande  nuevade  su  descubrimiento.  Y 
como  el  Martin  Alonso  supo  que  era  ydo 
fuesse  á  Palos  á  su  casa,  é  murió  desde  á 
pocos  dias,  porque  yba  muy  doliente. 

Tardó  el  almirante  en  reconosgcr  la 
primera  tierra  destas  Indias  en  las  islas 
de  los  Lucayos ,  segund  he  dicho ,  desde 
que  de  España  partió  quassi  tres  meses, 
y  en  volver  á  España  y  en  lo  que  acá  se 
detuvo  otros  tres ,  y  en  todo  estuvo  en  la 
venida  é  vuelta  seys  meses,  diez  dias  mas 
ó  menos. 

Tornando  á  la  historia ,  digo  que  des- 
pués que  Colcm  salió  en  Palos  ccn  les  in- 
dios que  llevaba  destas  islas ,  de  los  qua- 


28 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


les  UQO  se  le  avia  muerto  en  la  mar ,  to-      noche ,  y  en  recelo,  como  lo  suelen  lia^er 
mó  los  seys  que  yban  sj^inos,  é  dexó  allí      los  que  son  prudentes  é  sabios  pilotos, 


dos  ó  tres  que  estaban  dolientes ,  é  fues- 
se  á  la  corte  de  los  Gathólicos  Reyes  á 
darles  cuenta  de  su  prosperidad,  é  de  lo 
que  Dios  acresQentaba  en  los  reynos  é  se- 
ñoríos de  Castilla :  la  qual  nueva  no  se 
esperaba  en  tan  breve  tiempo,  porque 
en  la  verdad  fué  cosa  de  admiragion,  se- 
gund  lo  que  después  tardaban  otras  naos 
é  caravelas  en  venir  é  volver  desde  acá 
hasta  que  esta  navegagion  se  fué  mejor       es.  Que  bien  veo  que  los  hombres  de  la 


quando  descubren  y  van  por  mares  que 
no  se  saben  ni  han  navegado. 

En  esto  que  á  los  hombres  de  la  tier- 
ra é  que  no  han  cursado  la  mar  no  les 
paresgerá  por  ventura  bien ,  ó  no  tan  sa- 
broso de  mi  obra ,  tengan  respecto  á  que 
yo  escribo  para  los  unos  é  los  otros ,  é 
tome  cada  uno  lo  que  hage  á  su  gusto  ó 
propóssito,  é  lo  otro  déxelo  para  cuyo 


entendiendo.  E  aun  hoy  que  se  sabe  me- 
jor ,  seria  assaz  dos  navios  andar  lo  que 
aquellos  anduvieron  en  tan  breve  tiem- 
po ;  puesto  que ,  como  digo ,  agora  está  la 
navegagion  entendida,  y  estonges  la  an- 
duvieron á  tiento ,  é  con  la  sonda  siem- 
pre en  la  mano ,  é  apocando  las  velas  de 


mar  me  culparían ,  si  no  pusiesse  é  apun- 
tasse  lo  qae  es  para  ellos ;  y  los  caballe- 
ros y  gente  exergitada  en  la  tierra  ^jue 
no  entendieren  algunos  términos  de  la 
navegagion ,  con  que  me  conviene  dar 
cuenta destas cosas  de  lámar,  passen  ade- 
lante: que  aquello  no  les  impide  lo  demás. 


CAPITULO  VII. 

De  qualro  cosas  nolaWes  en  el  año  de  mili  é  qualro9Íentos  y  nóvenla  é  dos  años;  é  de  quando  el  al- 
niiranle  don  Chripslóbal  llegó  á  la  corte  de  los  Reyes  Calhólicos,  don  Fernando  é  doña  Isabel,  é  do 
las  mer9eflc3  que  le  fieieron,  después  que  volvió  á  España  del  primero  descubrimiento  délas  Indias;  é 
la  ra9on  porque  se  debe  creer  que  eti  estas  partes  fué  predicado  el  Evangelio  por  los  apósloles  ó  por  al- 
guno dollos. 


t^on  menor  auctoridad  enseña  el  que 
habla  las  cosas  que  oyó ,  quel  que  dige 
las  que  vio.  Esto  Sanct  Gregorio  lo  dige 
sobre  los  capítulos  catorge  é  quinge  de 
Job ;  mas  yo  no  lo  traygo  aqui  á  conse- 
qüengia  solamente  por  los  que  aquestas 
cosas  de  Indias  las  han  escripto  desde 
España  por  oydas,  sino  dígolo  porque 
hablaré  aquí  de  las  de  España  desde  las 
Indias.  Mas  hay  en  ello  lo  uno'é  lo  otro; 
porque  aunque  vivo  acá,  vi  lo  que 
acaesgió  acullá ;  y  porque  no  es  fuera  de 
mi  propósito ,  digo  que  fué  muy  notable 
en  España  el  año  de  mili  é  quatrogientos 
é  noventa  é  dos  años.  En  el  qual  á  los 
dos  dias  del  mes  de  enero  tomaron  los 
Gathólicos  Reyes ,  don  Fernando  é  doña 
Isabel ,  la  muy  nombrada  é  gran  cibdad 
de  Granada.  El  mismo  año,  en  fin  de  ju- 


lio, echaron  los  judíos  de  sus  reynos.  El 
mismo  año  viernes,  siete  dias  del  mes 
de  degiembre,  un  villano  natural  del  lu- 
gar de  Remensa  del  Pringipado  de  Cata- 
luña, llamado  Juan  de  Cañamares,  dio 
en  Bargelona  una  cuchillada  al  Rey  Ca- 
thólico  en  el  pescuego,  tan  peligrosa 
que  llegó  á  punto  de  muerte :  del  qual 
traydor  fué  hecha  muy  señalada  justigia, 
no  obstante  que,  segund  paresgió,  él  esta- 
ba loco ,  é  siempre  dixo  que  si  le  matara, 
que  él  fuera  rey.  Y  en  aquel  mesmo  año 
descubrió  Colom  estas  Indias,  é  llegó  á 
Bargelona  en  el  siguiente  de  mili  é  qua- 
trogientos é  noventa  é  tres  años,  en  el 
mes  de  abril,  é  falló  al  Rey  assaz  flaco, 
pero  sin  peligro  de  su  herida. 

Aquestos  notables  se  han  traydo  á  la 
memoria ,  para  señalar  el  tiempo  en  que 


Í)E  INDIAS.  LIB.  II.  CAP.  Vil. 


29 


Colom  llegó  á  la  corte,  en  lo  qual  yo 
hablo  como  testigo  de  vista,  porque  me 
hallé  paje  muchacho  en  el  gerco  de  Gra- 
nada ,  é  vi  fundar  la  villa  de  Sancta-  Fé 
en  aquel  exército ,  é  después  vi  entrar 
en  la  cibdad  de  Granada  al  Rey  é  Reyna 
Gathólicos ,  quando  se  les  entregó ;  é  vi 
echar  los  judies  de  Castilla  y  estuve  en 
Bargelona,  quando  fué  ferido  el  Rey,  co- 
mo he  dicho;  é  vi  allí  venir  al  almirante, 
don  Chripslóbal  Colom ,  con  los  primeros 
indios  que  destas  partes  allá  fueron  en 
el  primero  viaje  é  descubrimiento.  Assi 
qué  no  hablo  de  oydas  en  ninguna  des- 
tas  quatro  cosas,  sino  de  vista;  aunque 
las  escriba  desde  aquí,  ó  mejor  digien- 
do ,  ocurriendo  á  mis  memoriales  desde 
el  mismo  tiempo  cscriptas  en  ellos.  Vol- 
vamos á  nuestra  historia. 

Después  que  fué  llegado  Colom  á  Bar- 
gelona, con  los  primeros  indios  que  des- 
tas  partes  á  España  fueron  ó  él  llevó ,  é 
con  algunas  muestras  de  oro  é  muchos 
papagayos  é  otras  cosas  de  las  que  acá 
estas  gentes  usaban ;  fue  muy  benigna  é 
gragiosamente  resgebido  del  Rey  é  de  la 
Reyna.  E  después  que  ovo  dado  muy  lar- 
ga é  particular  relagion  de  todo  lo  que 
en  su  viaje  é  descubrimiento  avia  passa- 
do ,  le  figieron  muchas  mergedes  aquellos 
agradesgidos  príngipes  é  le  comengaron 
á  tractar  como  á  hombre  generoso  y  de 
Estado,  é  que  por  el  grand  ser  de  su 
persona  propria  tan  bien  lomeresgia.  Mas 
á  mi  paresger  (só  la  protestagion  por 
mi  hecha  en  el  prohemio  ó  libro  I) ,  di- 
go que  en  aquestas  nuestras  Indias  justo 
es  que  se  tenga  é  afirme  que  fué  predi- 
cada en  ellas  la  verdad  evangélica,  y 
primero  en  nuestra  España  por  el  apóstol 
Sanctiago ,  é  después  la  predicó  en  ella 
el  apóstol  Sanct  Pablo ,  como  lo  escribe 
Sanct  Gregorio  ^  E  si  desde  nuestra  Casti- 
lla se  cultivó  acá  é  transfirió  la  notigia  del 


Sancto  Evangelio  en  nuestros  tiempos,  no 
gessa  por  esso  que  desde  el  tiempo  de 
los  apóstoles  no  supiessen  estas  gentes 
salvajes  de  la  redempgion  chripstiana 
é  sangre  que  nuestro  Redemptor ,  Jesu 
Chripsto,  vertió  por  el  humano  linage: 
antes  es  de  creer  que  ya  estas  generagio- 
nes  é  indios  destas  partes  lo  tenían  olvi- 
dado; pues  que  In  omnem  terram  exivit 
sonus  eorum ,  et  in  fines  orbis  terree  ver- 
ba  eorum.  Conforme  á  lo  que  es  dicho 
del  psalmista  David  ^,  dige  Sanct  Gre- 
gorio sobre  el  capítulo  diez  y  seis  de 
Job  estas  palabras :  la  Sancta  Iglesia  há 
ya  predicado  en  todas  las  partes  del 
mundo  el  misterio  de  nuestra  Redemp- 
gion. Assi  que,  estos  indios  ya  tuvieron 
notigia  de  la  verdad  evangélica  y  no  pue- 
den pretender  ignorancia  en  este  caso: 
quédese  esto  á  los  teólogos ,  cuya  es  esta 
materia.  Pero  quiero  degir,  que  puesto 
que  de  nuestra  sancta  fé  cathólica  acá 
oviessen  ávido  notigia  los  antegessores 
destos  indios,  ya  estaba  fuera  de  la  me- 
moria destas  gentes ;  y  assi  fué  gran- 
díssimo  servigio  el  que  á  Dios  higieron 
los  Reyes  Gathólicos  en  el  descubrimien- 
to destas  Indias.  Y  grande  fué  el  mérito 
que  adquirió  nuestra  nación  en  ser  por 
españoles  buscadas  estas  provingias,  é 
tantos  reynos  de  gentes  perdidas  é  idó- 
latras, por  la  industria  y  en  compañía,  y 
debaxo  de  la  guia  del  primero  almirante, 
don  Chripstóbal  Colom,  reedificando  é 
tornando  á  cultivar  en  estas  tierras  tan 
apartadas  de  Europa  la  sagrada  passion 
é  mandamientos  de  Dios  y  de  su  Iglesia  ca- 
thólica ;  donde  tantos  millones  de  ánimas 
gozaba,  ó  mejor  digiendo,  tragaba  el  infier- 
no ;  y  donde  tantas  idolotrías  é  diabólicos 
sacrifigios  y  ritos  que  en  reverencia  de 
Satanás  se  fagian  muchos  siglos  avia,  ges- 
sassen;  y  donde  tan  nefandos  crímenes  y 
pecados  se  exercitaban,  se  olvidassen. 


1    Moralium ,  lib.  XXXí ,  cap.  XXXVJI. 


2    Psalm.  XVIII. 


30 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


En  esto  se  podría  degir  tanto  que  en 
muchas  historias  no  se  pudiesse  acabar  de 
relatar  los  méritos  de  los  Reyes  Cathóli- 
cos,  don  Fernando  é  doña  Isabel,  y  de  sus 
subgessores,  por  la  continuagion  del  sáne- 
lo celo  y  obra  para  la  conversión  destas 
gentes.  Porque  en  la  verdad ,  por  su  real 
voluntad  y  expressos  mandamientos  é 
muy  continuado  cuydado,  siempre  han 
proveydo  en  el  remedio  de  las  ánimas 
destos  indios,  y  en  el  buen  tractamiento 
dellos.  Y  si  en  este  caso  algo  ha  faltado, 
es  á  causa  de  los  ministros;  y  no  tiene 
la  culpa  otro  sino  el  que  acá  viene  por 
gobernador  ó  perlado ,  y  en  esto  se  des- 
cuyda ;  pero  no  tura  mas  su  negligengia 
de  quanto  tarda  de  llegar  á  notigia  de 
(^ésar  ó  de  su  Real  Consejo  de  Indias, 
donde  luego  se  provee  con  grande  aten- 
ción en  el  reparo  y  enmienda,  como  con- 
viene. 

Yo  en  la  verdad  la  principal  causa  de 
lo  que  en  este  caso  puede  haber  mal 
subcedido ,  ó  no  también  efectuádose  co- 
mo fuera  ragon ,  tampoco  la  quiero  dar 
á  los  oficiales  ó  ministros  de  tan  sancta 
ó  pía  obra ,  como  es  doctrinar  esta  ge- 
neración de  indios ;  sino  á  ellos  mismos, 
cspegialmente  por  su  incapacidad  y  ma- 
las inclinaciones;  porque  es  cierto  que 
son  muy  raros  é  aun  raríssimos  aquellos 
que  en  tanta  multitud  dellos  perseveran 
en  la  fé:  antes  desligan  della,  como  el 
granigo  de  las  puntas  de  las  laucas.  Es 
menester  que  Dios  ponga  en  esto  su  ma- 
no ,  para  que  assi  los  que  enseñan  como 
los  enseñados,  aprovechen  mas  que  has- 
ta aqui.  Vuelvo  á  la  historia. 

Seys  indios  llegaron  con  el  primero 
almirante  á  la  corte  á  Bargelona,  quando 
he  dicho ;  y  ellos  de  su  propria  voluntad 
ó  consejados,  pidieron  el  baptismo,  é 
los  Cathólicos  Reyes  por  su  clemencia  se 
lo  mandaron  dar;  é  juntamente  con  sus 
Altecas,  el  sereníssimopríngipe  don  Juan, 
su   primogénito  y  heredero,  fueron  los 


padrinos.  Y  á  un  indio  que  era  el  mas 
principal  dellos ,  llamaron  don  Fernando 
de  Aragón,  el  qual  era  natural  desta  isla 
Española  é  pariente  del  rey  ó  cacique 
Goacanagari.  E  á  otro  llamaron  don  Juan 
de  Castilla ,  é  á  los  de  demás  se  les  die- 
ron otros  nombres ,  como  ellos  los  pidie- 
ron, ó  sus  padrinos  acordaron  que  se 
les  diesse,  conforme  á  la  Iglesia  Cathóli- 
ca.  Mas  á  aquel  segundo  que  se  llamó 
don  Juan  de  Castilla ,  quiso  el  príncipe 
para  sí  y  que  quedase  en  su  real  cassa, 
y  que  fuesse  muy  bien  tractado  é  mira- 
do, como  si  fuera  hijo  de  un  caballero 
principal,  á  quien  tuviera  mucho  amor. 
E  le  mandó  doctrinar  y  enseñar  en  las 
cosas  de  nuestra  sancta  fé ,  é  dio  cargo 
del  á  su  mayordomo  Patino  ;  al  qual  in- 
dio yo  vi  en  estado  que  hablaba  ya  bien 
la  lengua  castellana ,  é  después  dende  á 
dos  años  murió. 

Todos  los  otros  indios  volvieron  á  esr- 
ta  isla  en  el  segundo  viaje  que  á  ella  hi- 
zo el  almirante ;  al  qual  aquellos  gratís- 
simos  Príncipes  Cathólicos  hicieron  seña- 
ladas mercedes ,  y  en  especial  le  confir- 
maron su  previlegio  en  la  dicha  Barcelo- 
na á  veinte  é  ocho  de  mayo  de  mili  y 
quatrocientos  é  noventa  é  tres.  Y  entre 
otras,  de  mas  de  le  hacer  noble  é  dar  tí- 
tulo de  almirante  perpetuo  destas  Indias 
á  él  é  á  sus  subcessores,  por  via  de  ma- 
yoradgo  ,  y  que  todos  los  que  del  depen- 
diessen ,  é  aun  sus  hermanos ,  se  llamas- 
son  don ,  le  dieron  las  mismas  armas  rea- 
les de  Castilla  y  de  León ,  mezcladas  y 
repartidas  con  otras  que  assi  mesmo  le 
concedieron  de  nuevo ;  aprobando  é  con- 
firmando de  su  auctoridad  real  las  otras 
armas  antiguas  de  su  linaje.  E  de  las 
unas  é  las  otras  formaron  un  nuevo  y 
heiTüOso  escudo  de  armas  con  su  timbre 
é  divisa,  en  la  manera  é  forma  que  aqui  se 
contieneysevee  patente.  (Lám.  1,fig.  1.) 

Ün  escudo  con  un  castillo  de  oro  en 
campo  de  goles  ó  sanguino  con  las  puer- 


DE  INDIAS.  LIB.  II.  CAP.  VII. 


31 


tas  é  ventanas  azules  é  un  león  de  púr- 
pura ó  morado  en  campo  de  plata  con 
una  corona  de  oro  ,  la  lengua  sacada ,  é 
rarapante  ,  assi  como  los  reyes  de  Casti- 
lla é  de  León  los  traen.  Y  aqueste  casti- 
llo é  león  han  de  estar  en  el  chieph  ó  ca- 
bega  del  escudo  ;  en  la  parte  derecha  ,  y 
el  león  en  la  siniestra ;  y  de  allí  abaxo  las 
dos  partes  restantes  del  escudo  todo  han 
de  estar  partidas  en  mantel ,  y  en  la  par- 
te derecha  una  mar  en  memoria  del 
grande  mar  Océano  :  las  aguas  al  natural 
azules  y  blancas ,  é  puesta  la  Tierra-Fir- 
me de  las  Indias  ,  que  tome  quasi  la  cir- 
cunferencia deste  quarto;  dexando  la 
parte  superior  é  alta  del  abierta ,  de  ma- 
nera que  las  puntas  desta  tierra  grande 
muestran  ocupar  las  partes  del  mediodía 
é  tramontana.  E  la  parte  inferior,  que  sig- 
nifica el  Occidente ,  sea  de  tierra  conti- 
nuada ,  que  vaya  desde  la  una  punta  á  la 
otra  desta  tierra ;  y  entre  aquestas  pun- 
tas lleno  el  mar  de  muchas  islas  grandes 
é  pequeñas  de  diversas  formas;  porque 
esta  figura,  segund  está  blasonada  en  este 
quarto ,  es  de  la  manera  que  se  pueden 
significar  estas  Indias.  La  qual  tierra  é 
islas  han  de  estar  muy  verdes  é  con  mu- 
chas palmas  é  árboles ,  porque  nunca  en 
ellas  pierden  la  hoja  sino  muy  pocos;  é 
ha  de  haber  en  esta  Tierra-Firme  muchos 
matiges  é  granos  de  oro ,  en  memoria  de 
las  innumerables  é  riquíssimas  minas  de 
oro  que  en  estas  partes  é  islas  hay.  E 
por  esta  pintura,  si  el  letor  no  quedó 


bien  informado  de  lo  que  se  tocó  en  el 
primero  capítulo ,  lib.  II ,  de  la  grandeza 
é  forma  del  assiento  de  la  Tierra-Firme, 
lo  podrá  algo  mas  claramente  entender, 
é  yo  tornaré  á  difinir  estas  armas  de  que 
agora  se  tracta.  E  digo  que  en  el  otro 
quarto  siniestro  del  escudo  hay  ginco  án- 
coras de  oro  en  campo  azul ,  como  insig- 
nia apropriada  al  mismo  ofigio  é  título  de 
almirante  perpetuo  destas  Indias;  y  en 
la  parte  inferior  del  escudo  las  armas  de 
la  prosapia  del  linage  de  Colom ,  convie- 
ne saber ;  un  chieph  ó  cabeza  ,  ó  parte 
alta  de  goles ,  vel  sanguina ,  é  de  allí 
abaxo  una  banda  azul  en  campo  de  oro; 
é  sobre  el  escudo  un  baúl  de  Estado  al 
natural,  de  ocho  lumbres  ó  vistas,  con 
un  rollo  y  dependengias  azules  é  de  oro, 
y  sobre  el  baúl  por  timbre  é  gimera  un 
mundo  redondo  con  una  cruz  engima  de 
goles ,  y  en  el  mundo  pintada  la  Tierra- 
Firme  é  islas ,  de  la  manera  que  están  de 
suso  blasonadas ;  é  por  defuera  del  escu- 
do una  letra  en  un  rótulo  blanco,  con^ 
unas  letras  de  sable,  que  dicen:  Por 
Castilla  é  por  León  nuevo  mundo  halló  Co- 
lom. Assi  mismo  por  respecto  del  almiran- 
te, higieron  los  Reyes  Gathólicos  adelan- 
tado desta  isla  Española  á  don  Bartolomé 
Colom  ,  su  hermano ;  y  le  higieron  otras 
grandes  mergedes ,  que»por  evitar  proli- 
xidad  aqui  no  se  digen ,  como  mas  lar- 
gamente paresge  por  su  previlegio  real 
que  le  congedieron ,  é  yo  he  visto  algu- 
nas veges. 


CAPITULO  VIII. 

Del  segundo  viaje  quel  almirante  primero,  don  Chripstóbal  Colom,  hizo  desde  España  á  esta  isla  de  Hayti  ó 
Española  ,  é  de  cómo  halló  muertos  los  cripslianos  que  avia  dexado  en  tierra  del  rey  Guacanagari ,  é  de  la 
concession  quel  Papa  Alexandre  VI  hizo  destas  Indias  á  los  Reyes  Cathólicos ,  don  Fernando  é  doña 
Isabel^  é  sus  subcessores  en  los  reynos  de  Castilla  y  de  León.  Y  del  descubrimiento  de  las  islas  de  los  indios 
flecheros ,  llamados  caribes ,  é  otras  cosas  notables. 


¿iluién  hay  que  no  sepa  que  dio  el  Se-      y  que  crió  las  ánimas  de  los  hombres  pa- 
ñor  las  cosas  terrenas  para  nuestros  usos,       ra  los  suyos ,  como  nos  lo  recuerda  Sanct 


32 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


Gregorio  ?  *  Ássi  pues ,  conforme  á  es- 
to ,  los  bienaventurados  Reyes  don  Fer- 
nando é  doña  Isabel,  desseando  que 
las  ánimas  destos  indios  fuessen  pa- 
ra Dios,  mandaron  quel  almirante  don 
Chripstóbal  Colom  volviesse  á  esta  isla  de 
Hay  ti  ó  Española  con  una  muy  buena  ar- 
mada, en  que  vinieron  algunos  caballe- 
ros é  hidalgos  de  su  casa  real  é  otros  no- 
bles varones  é  hombres  de  claros  linajes, 
desseosos  de  ver  esta  nueva  tierra  é  las 
cosas  della.  E  ovieron  primero  aquellos 
sanctos  príncipes  la  merged  é  congession 
destas  Indias  por  elSummo  Pontífige,  assi 
porque  con  mas  justo  título  su  sancto 
propósito  se  efectuasse  (que  era  ampliar 
la  religión  chripstiana,  como  siervos  de 
Dios),  aunque  para  esto  no  tuviessen  nes- 
gessidad ,  tomaron  ligengia  é  título  del 
vicario  de  Christo,  á  quie»  ellos  siempre 
con  fiel  coragon  tuvieron  obediengia ,  co- 
mo por  ser  estas  mares  é  imperio  de  la 
corona  é  conquista  de  Castilla ,  é  averse 
solamente  los  Cathólicos  Reyes  don  Fer- 
nando é  doña  Isabel  ocupado  en  este 
memorable  é  sancto  exergigio;  quanto 
mas  que  por  lo  que  tengo  dicho ,  ya  mu- 
chos siglos  antes  fue  este  señorío  de  los 
reyes  de  España.  Y  assi  el  Papa  dio  al 
Rey  é  Reyna  é  sus  subgessores  en  los  rey- 
nos  de  Castilla  y  «de  León  estas  Indias,  é 
todo  lo  demás ,  fabricando  una  línea  de 
polo  á  polo,  por  diámetro  desde  gient 
leguas  adelante  de  las  islas  de  los  Agores 
y  de  las  de  Cabo  Verde ,  y  desde  allí 
discurriendo  al  poniente  todo  lo  que  en 
el  mundo  se  hallasse,  de  que  no  tuviesse 
actual  possession  algún  príngipe  cripstia- 
no.  Después  de  lo  qual,  fue  convenido  é 
assentado  entre  España  é  Portugal  que 
desde  las  dichas  islas  que  dixe  de  suso, 
tresgientas  é  setenta  leguas  dellas  al  Occi- 
dente, se  higiesse  una  línea  de  polo  á  po- 
lo ,  é  lo  que  quedasse  entre  esta  línea  é 


la  que  se  dixo  primero  fuesse  de  Portu- 
gal; y  de  aquilos  portugueses  interpre- 
tan que  les  queda  todo  lo  del  Oriente, 
en  lo  qual  se  engañan.  De  manera  que 
conforme  á  la  bula  ó  donagion  apostóHca, 
hecha  á  Castilla  é  á  los  Reyes  della,  se 
comprehenden  todas  las  islas  de  la  Espe- 
gieria  é  de  Maluco  é  Bruney  ,  donde  se 
coje  la  canela ,  con  toda  la  Espegieria  é  lo 
demás  del  mundo ,  hasta  tornar  por  el 
Oriente  á  la  línea  primera  que  se  dixo 
del  diámetro  ,  significada  á  las  gient  le- 
guas de  las  islas  de  los  Agores  é  de  Cabo 
Verde.  Y  esto,  como  he  dicho,  cae  en  la 
parte  assi  congedida  á  los  Reyes  Cathó- 
licos ,  de  gloriosa  memoria ,  é  pertenesge 
á  la  corona  de  Castilla. 

Pero  porque  estas  cosas  están  aproba- 
das por  el  vicario  de  Dios  é  de  la  sagra- 
da Iglesia ,  no  es  nesgessario  degir  otra 
cosa,  sino  que  yo  he  visto  un  treslado,  auc- 
torizado  y  signado,  de  la  Bula  apostólica, 
la  data  de  la  qual  dige :  Datis  Romee  apud 
sanctum  Petrum,  auno  Incarnationis  Do- 
mini  millessimo  quadrigentessimo  nonages- 
simo  tertio,  quarto  nonas  maü,  ponlifi- 
catus  nostri  anno  primo.  Pues  conforme  á 
lo  amonestado  por  el  Sancto  Padre  en  su 
bula  é  donagion  apostólica,  gerca  del  cuy- 
dado  que  se  debe  tener  en  la  conversión 
de  los  indios ,  vinieron  religiosos,  perso- 
nas de  aprobada  é  sancta  vida  é  letras; 
en  espegial  fué  escogido  para  esto  fray 
Buil ,  de  la  Orden  de  sanct  Benito ,  natu- 
ral de  Cataluña.  Al  qual  el  mismo  Sancto 
Padre  dio  pleníssimo  poder  para  la  ad- 
ministragion  de  la  Iglesia  en  estas  partes, 
como  perlado  é  cabega  de  los  clérigos  é 
religiosos  que  en  aquesta  sagon  acá  pas- 
saron ,  para  el  servigio  del  culto  divino  é 
conversión  destos  indios.  E  truxeron  los 
ornamentos  é  cruges  é  cáliges  é  imagi- 
nes ,  é  todo  loque  era  nesgessario  para  las 
iglesias  é  templos  que  se  higiessen.  Y  en 


i    Libro  XXXI,  capítulo  X,    sobre  el  capílu-        k)  XXXIX  de  Job. 


ÜE  INDIAS.  LIB.  II.  CAP.  VIII. 


33 


la  bula  susodicha  apostólica  amonestó  é 
mandó  el  Papa ,  en  virtud  de  sancta  obe- 
diencia al  Rey  é  á  la  Reyna ,  que  envias- 
sen  para  lo  que  es  dicho  á  estas  In- 
dias buenos  varones  é  temerosos  de 
Dios,  doctos  y  expertos  para  instruiré 
enseñar  los  habitadores  destas  nuevas 
tierras  en  la  fé  cathólica  y  en  buenas  cos- 
tumbres, con  la  debida  diligencia  que 
para  tan  sancta  é  ardua  cosa  convenia. 
E  assi  conforme  á  esta  amonestagion  del 
Summo  Pontífice  é  al  sancto  gelo  que 
los  Cathólicos  Reyes  tuvieron  ,  para 
complir  por  su  parte  loque  en  ellos  era, 
en  complimiento  de  lo  que  es  dicho, 
buscaron  en  todos  sus  reynos  tales  per- 
sonas como  eran  nesgessarias ,  assi  de 
eclesiásticos  como  de  seglares.  E  con 
una  muy  hermosa  armada  é  lucida  é  no- 
ble compañia  de  gente,  qual  he  dicho, 
se  partió  el  mesmo  año  el  aknirante  de 
la  corte ,  desde  la  cibdad  de  Barcelona 
para  la  provingia  de  Andalugia ;  é  llega- 
do á  la  cibdad  de  Sevilla,  comengóse  allí 
á  juntar  la  gente ,  é  las  naos  é  caravelas 
en  la  bahía  de  Cáliz  para  esta  flota.  Des- 
de allí ,  hecho  su  alarde  é  dada  la  orden 
é  derrota  á  cada  capitán  é  á  los  maestres 
é  pilotos  para  su  viaje,  con  la  buena 
ventura  salió  con  su  armada  á  la  vela, 
miércoles  veynte  é  ginco  dias  del  mes  de 
septiembre  de  mili  é  quatrogientos  y  no- 
venta y  tres  años.  Y  al  quarto  del  alba 
soltó  las  velas  la  nao  capitana  é  lo  mis- 
mo higieron  todas  las  otras  naos  y  cara- 
velas  ,  que  eran  por  todas  diez  y  siete  ve- 
las en  que  avia  mili  y  quinientos  hombres 
de  hecho,  muy  bien  aderegados  y  provey- 
dos  de  armas  é  munigiones  y  bastimen- 
tos y  de  todo  lo  nesgessario ;  la  qual 
gente  vino  al  sueldo  real.  Y  en  esta  ar- 
mada vinieron  personas  religiosas  y  ca- 
balleros é  hidalgos  y  hombres  de  honra 
y  tales  quales  convenia  para  poblar  tier- 
ras nuevas  y  las  cultivar  sancta  y  recta- 
mente en  lo  espiritual  é  temporal ;  y  co- 
TOMO  1. 


mo  por  tan  chripstianíssiraos  príncipes 
proveydo ,  muchos  criados  de  su  casa 
real,  y  á  todos  los  mas  de  los  pringipales 
dellos  los  víy  conoscí.  Y  algunos  al  pre- 
sente hay  vivos  en  estas  Indias  y  en  Es- 
paña, aunque  son  ya  muy  pocos  los  que 
quedan  dellos. 

Tornando  la  historia  al  camino ,  digo 
que  el  almirante  como  mas  diestro  en  la 
navegagion ,  por  la  experiengia  del  pri- 
mero viaje ,  truxo  mas  derecha  é  justa 
su  derrota  en  este  segundo.  Y  la  prime- 
ra tierra  que  halló  é  reconosgió  fué  una 
isla  que  él  nombró,  assi  como  la  vido ,  la 
Desseada;  conforme  al  desseo  que  él  y 
todos  los  de  su  flota  traían  de  ver  la  tier- 
ra. Y  assi  mismo  se  vio  luego  otra  isla, 
é  llamóla  Marigalante ,  porque  la  nao  ca- 
pitana en  que  el  mismo  almirante  venia 
se  llamaba  assi :  é  puso  nombre  á  todas 
las  otras  islas  que  están  en  aquel  para- 
ge  de  norte  á  sur ,  ó  de  polo  á  polo;  con- 
viene á  saber ,  á  la  parte  de  la  tramon- 
tana, primera  é  mas  gercana  isla,  Guada- 
lupe ,  la  Barbada ,  el  Aguja ,  el  Sombrero 
é  otras ;  é  mas  gercanas  á  ella ,  el  Ane- 
gada, desde  la  qual  al  poniente  están 
muchas  isletas  que  llaman  las  Virgines, 
é  mas  adelante  está  la  isla  Boriquen  (que 
agora  se  llama  Sanct  Juan,  la  qual  isla 
es  muy  rica  é  de  las  mas  notables ,  co- 
mo se  dirá  adelante  en  su  lugar).  A  la 
parte  austral  de  la  dicha  isla  Desseada, 
la  mas  próxima  á  ella  es  la  isla  Dommi- 
ca,  á  la  qual  el  almirante  nombró  assi, 
porque  en  domingo  fué  vista.  Y  los  To- 
dos Sánelos  es  otra  isla ,  y  mas  al  me- 
diodía está  Malinino :  la  qual  han  queri- 
do algunos  chronistas  degir  que  era  po- 
blada de  amagonas ,  é  otras  fábulas  muy 
desviadas  de  la  verdad,  como  paresge 
por  sus  tractados ,  é  se  ha  después  ave- 
riguado por  los  que  avemos  visto  la  isla 
y  las  otras  de  su  parage ;  y  es  todo  falso 
lo  que  desta  se  ha  dicho  quanto  á  ser  po- 
blada de  mugares  solamente,  porque  no 

5 


u 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


lo  es  ni  se  sabe  que  jamas  lo  fuesse.  Hay 
otras  islas  por  allí ,  assi  como  Sancta  Lu- 
i^ia ,   Sajict  Chripstóbal ,   los   Barbados  y 
otras  que  no  hagen  mucho  al  caso ,  por- 
que son  muchas  y  pequeñas.  Pero  quan- 
do  se  diga  del  descubrimiento  de  la  Tier- 
ra-Firme, se  dirán  otras  que  hay  entre 
aquestas  que  he  nombrado;  é  la  costa  de 
Tierra-Firme  destas  que  he  dicho  é  otras 
que  están  con  ellas,  assi  como  Libuqueyra, 
á  la  qual  los  chripstianos  llamamos  Sancta 
Cruz  ;  é  el  chronisla  Pedro  Mártir  la  llama 
Áyay\Y\asáe  al  par  della  todas  olas  mas 
estaban  pobladas  de  indios  flecheros  lla- 
mados caribes,  que  en  lengua  de  los  in- 
dios quiere  degir  bravos  é  osados.  Estos 
tiran  con  hierva  tan  pestífera  y  enconada 
que  es  irremediable ,  é  los  hombres  que 
son  heridos  con  ella,  mueren  rabiando  é 
habiendo  muchas  vascas  é  mordiéndose 
sus  proprias  manos  é  carnes,  desatina- 
dos del  dolor  grandíssimo  que  sienten.  Y 
quando  alguno  esrapa,   es  por  sobrada 
dieta,  é  dihgengia  de  algunas  medicinas 
apropriadas  contra  pongoña,  de  las  quales 
hasta  agora  acá  se  veen  pocas  que  apro- 
vechen. Pero  lo  mas  gierto  quando  algu- 
no sana,  es  por  ser  fecha  la  hierva  de  mu- 
cho tiempo ,  ó  por  faltarle  alguno  de  los 
materiales  pongoñosos,  de  que  es  com- 
puesta ,  como  adelante  se  dirá ;  porque 
en  diversas  partes,  diversa  manera   de 
hager  esta  hierva  tienen  los  indios.  Estos 
flecheros  destas  islas  que  tiran  con  hier- 
va, comen  carne  humana ,  excepto  los  de 
la  isla  de  Boriquen.  Pero  demás  destos 
de  las  islas,  también  la  comen  en  muchas 
partes  de  la  Tierra-Firme ,  como  se  di- 
rá en  su  lugar.  Y  aquesto  mismo  dige 
Plinio  ^  que  hagen  los  antropóphagios  en 
Scythia :  el  qual  auctor  dige  assi  mismo  ^ 
que  demás  de  comer  carne  humana,  be- 
ben con  las  cabegas  ó  calavernas  de  los 


hombres  muertos,  y  que  los  dientes  con 
los  cabellos  dellos  traen  por  collares;  y 
destos  tales  collares  he  yo  visto  algunos 
en  la  Tierra-Firme. 

Tornemos  á  nuestra  historia  é  camino: 
que  para  lo  que  se  toca  de  suso  é  de  otras 
criminales  costumbres  de  los  indios  en  su 
lugar  se  dirá  mas  largamente.  Digo  pues 
assi:  que  reconosgidas  estas  primeras  islas 
Desseada  y  las  que  están  mas  gercanas  á 
ella,  passó  el  almirante  é su  armada,  prosi- 
guiendo su  viaje,  entre  las  unas  é  las  otras, 
después  que  ovieron  tomado  agua  en  una 
dellas:  é  ydos  adelante,  reconosgieron  la 
isla  de  Boriquen,  que  como  se  dixo  de  su- 
so, es  agora  llamada  Sanct  Juan.  E  aquesta 
es  la  mayor  isla  de  las  que  hay  en  aquel  pa- 
raje é  mas  pringipal ,  de  cuyo  sitio  é  me- 
dida é  assiento  é  gente ,  y  de  lo  que  hay 
desde  España  fasta  ella  y  á  las  que  tengo 
dicho,  se  fará  espegial  mengion  en  su  lugar^ 
quando  convenga.  E  no  entienda  el  letor, 
como  lian  querido  afirmar  algunos  que  han 
escripto  estas  cosas  de  Indias  ,  que  todas 
estas  islas  que  he  nombrado,  las  descubrió 
el  almirante  en  este  segundo  viaje ;  por- 
que aunque  halló  la  Desseada  é  las  que, 
viendo  aquella,  era  forgado  que  assi  mis- 
mo se  viessen,  por  ser  tan  propincas  unas 
con  otras;  después,  andando  el  tiempo,  se 
hallaron  é  se  conquistaron  por  diversos 
capitanes ,  y  se  descubrieron  las  mas  de- 
llas por  la  continuagion  de  la  navegagion 
destas  mares. 

Tornando  á  nuestro  propósito  é  cami- 
no ,  digo  que  después  que  passó  esta  ar- 
mada de  la  isla  de  Boriquen  ó  Sanct 
Juan,  vino  á  esta  de  Hayti,  que  llama- 
mos Española ,  é  tomó  puerto  en  ella  el 
mes  de  degiembre  del  mesmo  año  de  mili 
ó  quatrogiontos  ó  noventa é  tres  años,  en 
Puerto  de  Plata,  que  es  de  la  banda  del 
Norte.  E  desde  alli  fué  por  la  costa  aba- 


1  En  su  primera  década,  cap.  II. 

2  Lib.  VI,  cap.  XVII. 


3    Lib.  VII,  cíip.  II. 


DE  INDIAS.  LIB.  II.  GAP.  VIH. 


35 


xo  al  Occidente  ala  Isabela,  é  de  allí  pa- 
só á  Monte-Chrispto ,  donde  señoreaba  el 
rey  Goacanagari,  que  es  á  donde  agora 
se  llama  Puerto  Real.  La  qual  tierra  pos- 
seía  un  hermano  suyo,  á  quien  él  avia 
dado  aquella  provingia ;  é  alli  avian  que- 
dado los  treynta  é  ocho  hombres  que 
dexó  el  almirante  en  el  primero  viaje, 
quando  descubrió  esta  tierra  é  isla ;  á  los 
quales  todos  avian  muerto  los  indios,  no 
pudiendo  sufrir  sus  exgessos ,  porque  les 
tomaban  las  mugeres  é  usaban  dellas  á 
Su  voluntad,  é  les  hagian  otras  fuergas  y 
enojos ,  como  gente  sin  caudillo  e  desor- 
denada. E  avíanse  apartado  unos  de 
otros,  uno  á  uno  é  dos  á  dos,  é  quando 
mas  tres  ó  quatro  juntos,  por  diversas 
partes  la  tierra  adentro  por  donde  que- 
rían ,  continuando  su  desorden ;  é  como 
los  indios  los  vieron  assi  divisos  é  se- 
parados,  acordaron  de  los  matar,  des- 
confiando de  la  vuelta  del  almirante  é 
creyendo  que  no  avian  de  volver  jamás 
otros  chripstianos:  é  assi  acabaron  aque- 
llos pocos  que  entre  ellos  estaban  des- 
partidos, dándoles  enojo.  También  fué 
la  causa  ser  naturalmente  la  gente  desta 
tierra  de  poca  ó  ninguna  prudengia ,  por- 
que nunca  tienen  respecto  á  lo  porvenir. 
Murieron  aquellos  treynta  é  ocho  chrips- 
tianos ,  segund  después  se  supo  de  los 
mesmos  indios,  por  lo  que  es  dicho  y 
porque  no  quissieron  estar  quedos  en  el 


assiento  que  el  almirante  los  avia  dexa- 
do.  El  qual,  como  fué  gertificado  de  la 
verdad,  se  volvió  á  poblar  en  la  Isabela;  é 
hizo  alli  un  pueblo  de  la  gente  que  truxo, 
que  como  se  dixo  de  suso  serian  mili  é 
quinientos  hombres,  é  puso  nombre  á 
aquella gibdad  Isabela,  en  memoria  de  la 
sereníssimaéCathólicaReyna doña  Isabel. 
Aquesta  fué  la  segunda  poblagion  de 
chripstianos  que  hubo  en  las  Indias  é  sa 
fundó  en  esta  isla  de  Hayti  (que  agora 
llaman  Española).  E  hasta  el  año  de  mili 
é  quatrogientos  é  noventa  é  ocho  turó 
aquella  república,  por  quel  primero  pue- 
blo que  ovo  fué  aquel  de  los  treynta  y 
ocho  chripstianos  que  quedaron  del  pri- 
mero viaje ;  é  desde  la  Isabela  se  passó 
después  toda  aquella  vegindad  á  esta 
cibdad  de  Sancto  Domingo,  como  ade- 
lante diré.  Pero  porque  de  la  culpa  do 
los  antiguos  que  supieron  destas  islas  (si 
son  las  Hespéridos ,  segund  yo  creo  por  lo 
que  al  pringipio  en  el  segundo  capítulo 
se  dixo)  no  nos  alcange  parte,  por  no 
escrebir  la  forma  de  la  navegación ,  an- 
tes que  á  mas  se  progeda ,  será  bien  que 
se  diga  esto,  para  que  en  ningún  tiempo 
se  pueda  ignorar  ó  perder  este  camino; 
el  qual  se  navega  de  la  manera  que  en 
el  siguiente  capítulo  será  declarado,  con- 
forme á  la  verdad  de  las  alturas  del  sol  é 
norte  é  de  la  regla  de  las  modernas  car- 
tas y  experimentada  cosmographia. 


CAPITULO  IX. 

Del  viaje  que  desde  España  se  hace  para  eslas  ludias,  é  de  la  manera  é  forma  que  se  tiene  en  la  navega- 
9¡on,  é  del  árbol  maravilloso  de  la  Isla  del  Hierro,  que  es  una  de  las  islas  Fortunadas,  que  agora 

llaman  las  Canarias. 


JCinla  cibdad  de  Sevilla  tiene  el  empera- 
dor rey  de  España,  nuestro  señor,  su  real 
casa  de  Contractagion  para  estas  Indias, 
é  sus  ofigiales  en  ella ;  ante  los  cuales  las 
naos  é  caravelas,  gente  é  mercaderías. 


é  todo  lo  que  á  estas  partes  viene ,  se 
registran  é  visitan.  E  con  su  ligengia,  la 
gente  se  embarcan  con  los  capitanes  é 
maestres  en  el  puerto  de  la  villa  de  Sant- 
Lúcar  de  Barrameda ,  donde  entra  en  el 


36 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


mar  Océano  el  rio  de  Guadalquivir ,  que 
los  antiguos  llamaron  Bétis ,  del  nombre 
de  Beto,  sexto  rey  de  España,  segund 
afirma  Beroso.  E  desde  allí  siguen  su 
viaje  para  las  Islas  de  Canaria ,  que  los 
cosmógraplios  llaman  Fortunadas,  que 
son  estas:  Lancarote,  Fuerte  Ventura, 
Gran  Canaria,  Tenerife,  la  Palma,  la 
Gomera,  el  Hierro;  de  las  quales  hage re- 
lación Solino  en  aquel  su  tractado  de 
Mirabilibus  Mundi,  é  mas  copiosamente 
Plinio,  aunque  no  pone  tan  particular- 
mente, como  hoy  sabemos,  aquel  miraglo 
de  la  Isla  del  Hierro,  la  qual  él  llama 
Ombrio.  Y  porque  es  cosa  mucho  de  sa- 
ber, diré  lo  que  en  esto  he  entendido  de 
algunas  personas  fidedignas,  é  aun  por- 
que es  notoria  cosa. 

La  Isla  del  Hierro  no  tiene  agua  dulge 
de  rio,  ni  fuente,  ni  lago,  ni  pogo,  y  es 
habitada,  é  todos  los  días  del  mundo  la 
provee  Dios  de  agua  celestial,  no  llo- 
viendo. La  qual  le  da  desta  manera.  Ca- 
da dia  del  mundo ,  desde  una  hora  ó  dos 
antes  que  esclarezca  hasta  ser  salido  el 
sol ,  suda  un  árbol  que  alli  hay,  é  cae  por 
el  tronco  del  abaxo,  é  de  las  ramas  é  ho- 
jas del  mucha  agua;  estando  continua- 
mente en  aquel  tiempo  una  nube  peque- 
ña ó  niebla  sobre  el  árbol ,  fasta  quel  sol, 
dos  horas  después  del  alva  ó  poco  me- 
nos ,  está  encumbrado ,  é  la  nube  desapa  - 
resge,  y  el  agua  gessa  de  caer.  Y  en  el 
tiempo  que  es  dicho,  que  pueden  ser 
quatro  horas  poco  mas  ó  menos  tiempo, 
en  una  balsa  ó  laguna  hecha  á  mano  pa- 
ra esto,  allégase  tanta  agua  al  pie  del  ár- 
bol ,  que  basta  para  toda  la  gente  que  en 
aquella  isleta  vive ,  é  para  sus  ganados 
é  bestias.  La  qual  agua  que  assi  cae,  es 
muy  excelente  é  sana.  Esta  isla  y  la  de 
la  Gomera  son  del  conde  don  Guillen 
Peraga,  vassallo  de  sus  Magestades.  E 
todas  las  otras  ginco  islas  de  las  Cana- 
rias ó  Fortunadas ,  son  de  la  Corona  real 
de  Castilla ,  excepto  la  que  llaman  Lan- 


garote que  es  de  un  caballero  de  Sevilla, 
llamado  Fernandarias  de  Sayavedra.  Es- 
ta del  Hierro  es  pequeña  isla ,  é  yo  la  he 
visto  ya  tres  veges,  viniendo  á  estas  In- 
dias. Está  leste  al  hueste  con  el  mar  pe- 
queño que  llaman  en  África,  puesta  al 
Occidente  en  veynte  é  siete  grados  é 
medio  de  la  equinogial ,  de  la  banda  de 
nuestro  polo  ártico. 

Tornando  al  viaje  deste  camino  de  nues- 
tras Indias,  digo  pues  que  de  una  destas 
siete  islas,  en  espegial  de  Gran  Canaria, 
ola  Gomera,  ó  la  Palma,  (porque  están 
en  mas  derecha  derrota  y  al  propósito, 
é  son  fértiles  é  abundan  de  bastimentos, 
y  de  lo  que  conviene  á  los  que  esta  lar- 
ga navegagion  hagen),  toman  alli  los  na- 
vios refresco  de  agua  é  leña ,  é  pan  fres- 
co é  gallinas ,  é  carneros  é  cabritos ,  é 
vacas  en  pie,  é  carne  salada  é  quesos,  é 
pescados  salados  de  tollos  é  galludos  ó 
pargos  f  é  de  otros  bastimentos  que  con- 
viene añadirse  sobre  los  que  las  naos  sa- 
can de  España.  Aquel  espagio  é  golpho 
de  mar  que  hay  desde  Castilla  á  estas 
islas ,  se  llama  el  Golpho  de  las  Yeguas, 
á  causa  de  las  muchas  dellas  que  alli  se 
han  echado.  Porque  como  es  tempestuo- 
so mar,  en  mucha  manera  mas  que  desde 
alli  adelante  hasta  las  Indias ,  é  de  mas 
peligro,  acaesgió  en  los  pringipios  que 
esta  tierra  se  poblaba,  que  trayendo  los 
ganados  é  yeguas  desde  España,  todas 
las  mas  dellas  se  quedaron  en  aquel  gol- 
pho, por  tormentas,  ó  por  se  morir  en 
el  viaje ;  y  de  ser  tan  dificultoso  de  pas- 
sarlas,  comengaron  los  hombres  de  la 
mar  á  llamarle  el  Golpho  de  las  Yeguas. 
E  assi  se  le  puso  este  nombre  é  se  ha 
quedado  con  él,  porque  las  que  llega- 
ban vivas  hasta  las  islas  de  Canaria ,  las 
tenian  por  navegadas  ó  puestas  en  salvo. 
Mas  también  pudieran  llamarle  el  golpho 
de  las  vacas,  pues  no  murieron  menos 
que  de  las  yeguas  de  la  mesma  ma- 
nera. 


DE  INDIAS.  LIB.  II.  GAP.  IX. 


37 


Tardan  desde  España  hasta  estas  is- 
las las  naos  ocho  ó  diez  dias  poco  mas 
ó  menos  comunmente.  Y  llegados  allihan 
andado  dogientas  é  ginqüenta  leguas, 
(digo  hasta  la  del  Hierro) ,  porque  desde 
aquel  paraje  tomamos  nuestra  derrota  pa- 
ra estas  partes.  Y  á  vista  desta  isla  se  si- 
gue el  camino  en  demanda  de  la  isla 
Desseada ,  ó  de  alguna  de  las  que  se  di- 
xo  en  el  capítulo  antes  deste  que  están 
en  su  paraje;  é  lardan  veynte  é  ginco 
dias  poco  mas  ó  menos,  hasta  ser  con 
la  tierra  de  las  islas,  llamadas  La  Dessea- 
da, Todos  Sanctos,  Marigalante ,  Gua- 
dalupe, ó  la  Dominica,  ú  otra  alguna  de 
las  próximas  á  estas,  segund  el  tiempo 
les  hage ,  ó  como  es  prudengia  del  piloto 
en  saber  guiar  su  navio;  puesto  que  ha 
acaesgido  algunas  veges  passar  las  naos 
de  noche  ó  por  tiempos  forgosos  adelan- 
te, ó  por  estar  gerrado  el  horigonte, 
discurrir  entre  estas  islas,  sin  ver  alguna 
dellas  hasta  dar  en  la  isla  de  Sant  Juan  ó 
en  esta  Española,  ó  en  la  de  Jamáyca 
(que  agora  se  dige  Sanctiago  que  está 
mas  al  poniente),  ó  por  caso  en  la  de 
Cuba,  que  es  la  mas  occidental  de  todas 
las  que  tengo  dicho.  E  algunas  veges 
por  culpa  ó  desventura  de  los  pilotos  é 
marineros  ha  ávido  navios  que  en  nin- 
guna de  todas  estas  islas  han  tocado,  é 
se  han  passado  de  largo  hasta  la  Tierra- 
Firme,  y  los  menos  destos  se  salvan. 
Mas  hagiéiidose  el  viaje  con  piloto  bien 
enseñado  é  diestro  (de  los  quales  ya  hay 
muchos),  siempre  los  mas  reconosgen  á 
una  de  las  primeras  islas  que  tengo  di- 
cho. E  hasta  alli  se  navegan  desde  las 
islas  de  Canaria  setegientas  é  ginqüenta 
leguas  (aunque  en  algunas  cartas  de  na- 
vegar ponen  algo  mas  y  en  otras  me- 
nos); pero  desta  cantidad  que  he  di- 
cho de  setegientas  é  ginqüenta  leguas, 
poca  puede  ser  la  diferengia.  Desde  alli 
hasta  llegar  á  esta  cibdad  de  Sancto  Do- 
mingo de  la  isla  de  Hay  ti  (que  agora  lla- 


mamos Española) ,  navegan  otras  giento 
é  ginqüenta  leguas. 

Assi  que  desde  España  hasta  aqui  hay 
mili  é  giento  é  ginqüenta,  ó  mili  é  dosgien- 
tas  leguas  poco  mas  ó  menos.  Esto  se- 
gund las  cartas  de  navegar  que  agora  se 
tienen  por  mas  córrelas  é  mejores  que  las 
passadas;  porque  en  otras  solian  poner 
mili  é  Iregientas  leguas ,  y  en  algunas  mas. 
Pero  como  cada  dia  se  va  mejor  enten- 
diendo este  camino ,  los  mas  tienen  que 
aqueste  viaje  es  de  mili  é  dosgienlas  le- 
guas poco  mas  ó  menos.  Mas  á  causa  del 
nordestear  é  noruestear  de  las  agujas,  as- 
si  en  el  arbitrar  este  defecto  de  la  aguja 
de  marear ,  como  por  las  continuas  mu- 
dangas  de  los  tiempos  é  corrientes  de  las 
aguas,  muchas  mas  leguas  se  andan  en 
este  camino  de  lo  que  es  dicho,  las  mas 
veges  para  venir  á  estas  partes ,  é  muchas 
mas  á  la  vuelta,  para  volver  á  España; 
porque  es  otra  derrota  é  navegación  la 
que  se  hage  para  yr  desde  acá  á  Europa, 
como  aqui  diré. 

Tárdanse  desde  España  á  esta  cibdad  de 
Sancto  Domingo  comunmente  treynta  é 
ginco  é  quarenta  dias ,  no  tomando  los  ex- 
tremos de  los  que  lardan  mucho  mas  ó  lle- 
gan muy  mas  presto  de  lo  que  he  dicho; 
porque  yo  no  digo  sino  lo  que  las  mas  ve- 
ges acaesge.  En  la  vuelta  van  desde  aqui 
á  Castilla  en  ginqüenta  é  ginco  dias  pocos 
mas  ó  menos ,  puesto  que  el  año  de  mili 
é  quinientos  é  veynte  é  ginco ,  estando 
la  Cesárea  Magostad  en  la  cibdad  de  To- 
ledo ,  fueron  dos  caravelas  desde  aques- 
ta cibdad  de  Sancto  Domingo  hasta  en- 
trar en  el  rio  de  Sevilla,  en  veynte  y  ginco 
dias.  Pero  no  se  ha  de  tomar  desto  lo  que 
raras  veges  contesge ,  sino  lo  que  es  mas 
ordinario,  pues  los  extremos  no  son  de 
seguir.  También  solian  tardar  las  naos  en 
volver  á  España  tres  y  qualro  meses,  por- 
que porfiaban  á  hager  el  camino  é  derrota 
que  para  acá  avian  traydo.  E  assi  algu- 
nas veges  peligraban  é  se  tardaban  do- 


%i 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


blado  tiempo;  lo  qual  agora  está  mejor 
entendido ,  é  como  mas  diestros  los  pilo- 
tos en  esta  navegación ,  corren  los  navios 
la  vuelta  del  Norte ,  é  van  en  demanda 
de  la  isla  Bermuda  (que  también  se  llama 
la  Garga)  que  está  en  treynta  é  tres  gra- 
dos, é  algunas  ve^es  la  veen  é  otras  no. 
Pero  quando  en  esta  altura  se  hallan  las 
naos ,  dexan  la  derrota  que  hasta  alli  lle- 
vaban la  vuelta  del  Norte,  é  corren  al 
leste  la  vía  del  Oriente ,  porque  esta  isla 
está  del  leste  al  hueste ,  como  Alamor  en 
África ;  é  desde  Agamor  á  Sanct-Lúcar, 
donde  entra  Guadalquivir  en  la  mar ,  hay 
ochenta  leguas  poco  mas  ó  menos.  Esta 
manera  de  navegar  mostró  la  experien- 
cia, porque  después  que  los  navios  se 
ponen  en  los  treynta  é  tres  grados ,  son 
quassi  ordinarios  los  vientos  norueste  é 
norte,  con  que  van  mas  ayna  que  por  es- 
totra via  que  acá  vinieron  las  naos.  Aque- 
lla isla  que  se  dif;e  la  Bermuda  ó  la  Gar- 
fia, he  yo  visto  á  tiro  de  lombarda  della, 
estando  puesta  la  proa  de  la  nao  á  ella  é 
corriendo  ya  en  ocho  bragas  de  fondo.  Es 
isla  pequeña  é  créese  que  está  despobla- 
da;  é  yo  yba  determinado  de  hager  salir 
alli  diez  ó  doge  mancebos  con  sus  armas 
y  que  echassen  media  dogena  de  puercos 
y  puercas  de  los  que  llevábamos  para 
nuestro  matalotaje  ó  bastimento ,  para  que 
alli  se  criassen  é  higiessen  carne  para  que 
en  algún  tiempo  sirviesse.  Y  estando  apa- 
rejando de  echar  el  batel  fuera  de  la  nao 
para  lo  que  es  dicho,  faltónos  el  tiempo 
al  contrario  de  mi  propóssito,  algo  es- 
forgado ,  é  fizónos  desviar  la  vuelta  de 
nuestro  camino.  Es  tierra  que  no  es  alta 
aunque  tiene  un  lomo  mas  alto  que  toda 
la  otra  tierra;  y  hay  muchas  gaviotas  é 
otras  aves  de  agua  por  alli,  y  muchos  pe- 
xes  voladores ,  de  los  quales  se  dirá  en  su 
lugar.  Tiene  aquestos  dos  nombres,  porque 
la  nao  que  la  descubrió  se  llamaba  la  Gar- 
fa, y  el  capitán  que  alli  yba  se  degia  Juan 
Bermudez,  elqnal  era  natural  de  Palos. 


Muchos  peligros  acaesgieron  en  los 
pringipios  ó  primeros  años  que  estas  In- 
dias se  hallaron ,  assi  al  venir  acá  como 
volviendo  á  Castilla,  como  en  esta  otra 
navegagion  de  Tierra-Firme,  é  cada  dia 
acaesgen  cosas  de  notar  á  los  que  nave- 
gan. E  porque  ovo  cosas  señaladas  de  que 
miraglosamente  escaparon  algunos,  de- 
girse  há  algo  desto  adelante  en  el  libro 
último ,  porque  no  se  interrompa  la  ma- 
teria deste  camino  de  España.  El  qual 
afirman  todos  los  que  muchas  veges  le 
han  andado ,  é  son  hombres  que  han  ex- 
periengia  en  las  cosas  de  la  mar ,  que  es 
la  navegación  del  mundo  mas  segura  en- 
tre quantas  se  saben  del  mar  Océano. 

Desde  aquesta  Isla  Española  atraviessan 
las  naos  que  de  aqui  parten ,  ó  en  esta 
tierra  tocan  para  Tierra-Firme,  en  siete 
y  ocho  y  diez  dias  y  en  mas ,  segund  á  la 
parte  donde  van  guiadas ;  porque  la  Tier- 
ra-Firme es  muy  grande ,  y  hay  diversas 
navegagiones  ó  derrotas  para  ella.  Y  por- 
que aun  no  es  tiempo  para  hablar  en  su 
descubrimiento ,  quiero  guardar  esto  para 
lo  degir  adelante  en  su  lugar  proprio.  So- 
lamente digo  en  este  caso ,  que  quien 
desde  la  isla  del  Fierro ,  de  quien  queda 
fecha  mención  (que  es  una  de  las  siete 
Fortunadas  ó  de  Canaria,  y  tan  notable 
por  su  agua),  fuere  en  demanda  de  la 
costa  ó  Tierra-Firme,  y  á  buscar  aquel  gran 
rio  llamado  Marañon  (que  está  en  ella), 
fallará  á  la  Tierra-Firme  y  aquella  costa, 
navegando  seysgientas  leguas  ó  menos, 
como  mejor  lo  podrá  entender  quien  fue- 
re curioso  por  la  moderna  y  experimen- 
tada cosmographia  destas  Indias.  Pues 
Tholomeo ,  antiguo  é  gierto  cosmógrapho, 
no  habló  cosa  alguna  de  la  Tierra-Firme, 
é  lo  que  se  dixo  de  Aristótiles  é  Solis 
no  é  Plinio  é  Isidoro,  en  el  capítulo  II 
deste  libro,  aquellas  auctoridades  islas 
Hespéridos  digen ,  y  en  islas  hablan  y  no 
en  Tierra-Firme.  A  lo  que  yo  alcango  (só 
enmienda  de  los  que  otra  cosa  ovioron 


DE  INDIAS.   LIB.  II.  CAP.  IX. 


39 


leydo),  para  mí  bien  creo  que  el  almirante 
primero,  don  Chripstóbal  Colom,  no  co- 
mentó este  descubrimiento  á  lumbre  de 
pajas ;  sino  con  muy  encendidas  é  claras 
auctoridades  é  verdadera  notigia  destas 
Indias.  Pero  porque  no  quiero  ser  ávido 
por  corto ,  diré  dónde  están  estas  islas  é 
tierras  nuevas ,  quando  hablare  en  qual- 
quiera  parte  dallas. 

Y  satisfaciendo  particularmente  lo  que 
toca  á  este  camino,  digo  que  los  que  su- 
pieren medir,  hallarán  que  la  isla  Des- 
seada  (que  es  la  primera  en  cuya  deman- 
da las  naos  vienen  de  España  é  hagen  su 
derrota  para  estas  Indias),  está  en  catorge 
grados  de  la  línia  equinogial,  á  la  parte 
de  nuestro  polo  ártico ;  é  las  de  demás  á 
ella  próximas,  todas  están  en  nuestro  ho- 
rizonte deste  mismo  polo :  algunas  á  los 
lados  de  la  Desseada  hágia  mediodia ,  y 
dellas  á  la  parte  septentrional,  segundque 
ya  las  tengo  nombradas  en  el  cap.  IV, 
deste  lib.  II.  Esta  Isla  Española  de  la  parte 
que  mira  al  austro,  y  en  espegial  en  esta 
cibdad  de  Sancto  Domingo  ,  dista  de  la 
equinogial  diez  y  ocho  grados ,  é  á  la  par- 
te ó  costa  del  Norte  está  en  veynte  grados 
é  algún  poco  mas  en  alguna  parte,  y  en 
otras  mucho  menos ,  por  las  entradas  que 
la  mesma  tierra  desta  isla  tiene,  ensan- 
chándose y  encogiéndose  conforme  á  la 
proporgion  é  figura  suya.  Assi  que  desde 
diez  y  ocho  hasta  veynte  es  la  mayor  la- 
titud della ;  de  forma  que  podrá  ser  el 
anchura  treynta  é  siete  leguas,  é  de  lon- 
gitud tiene  giento  y  veynte  leguas  ó  gien- 
to  y  treynta  poco  mas  ó  menos.  De  las 
otras  islas  de  demás  y  de  la  Tierra-Firme, 
en  sus  proprios  lugares  é  historias  mas 
me  déteme. 

Alguno  de  los  que  bien  entienden  la 
cosmographia  y  la  disputan  y  enseñan 
complidamente ,  estándose  en  la  tierra ,  y 
no  sabiéndola  por  vista  y  experiengia,  di- 
rán que  he  dicho  un  grande  error  en  esta 
plática  deste  viaje,  porque  dixe  que  la 


isla  del  Hierro,  donde  se  apunta  é  prinr 
gipia  esta  derrota,  está  en  veynte  y  siete 
grados  y  medio ,  é  que  la  isla  Desseada 
es  la  que  las  naos  vienen  á  buscar  prime- 
ro, y  que  está  en  catorge.  Y  que  esta 
Isla  Española,  por  la  parte  del  mediodia, 
y  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo  están 
en  diez  y  ocho  grados  ,  é  que  lo  mas  an- 
cho desta  isla  por  la  parte  del  norte  está 
en  veynte  grados  ;  de  forma  que  paresge 
que  á  lo  menos  se  abaxan  quatro  grados 
mas  de  lo  que  conviene,  para  tomar  esta 
isla,  por  lo  menos.  Y  cada  grado  de  nor- 
te á  sur  ó  de  polo  á  polo  tiene  diez  y 
siete  leguas  é  media.  Assi  que  setenta  le- 
guas se  aparta  del  paralelo  desta  Isla  Es- 
pañola, dexándola  á  la  parte  del  norte, 
y  es  assi  verdad.  Pero  quien ,  después  que 
toma  los  diez  y  ocho  grados,  no  se  abaxa 
hasta  los  catorge ,  errarla  mucho  en  ello, 
después  que  ha  navegado  veynte  dias 
con  mediano  tiempo.  Porque  sin  tomar- 
los, yria  por  los  diez  y  ocho  á  dar  en  las 
islas  que  llaman  las  Vírgines ,  ó  mas  afue- 
ra ;  é  alli  hay  muchos  baxos  é  peligrosa 
entrada  entre  las  islas.  E  si  se  fuesse  en 
diez  y  nueve  ó  en  veynte,  por  ventura 
por  poco  de  tiempo  contrario  é  por  los 
defectos  del  aguja  de  marear  (que  se  di- 
rán en  el  capítulo  siguiente) ,  no  tomarla 
esta  isla ,  é  por  las  corrientes  yria  á  dar 
en  las  islas  de  los  Lucayos,  ó  en  la  de 
Cuba ,  como  hizo  el  almirante  en  su  pri- 
mero viaje.  E  para  excusar  muchos  in- 
convenientes é  peligros ,  é  porque  el  em- 
bocamiento  de  las  islas  es  mas  segura 
entrada  en  los  catorge  grados  hasta  quin- 
ge,  tiénense  á  este  número,  procurando 
siempre  que  sea  de  quinge  abaxo;  por- 
que después  de  entradas  las  naos  por  tal 
paralelo  entre  las  islas  de  la  Desseada  é 
la  que  llaman  el  Antigua  é  las  que  por 
alli  hay,  lo  demás  que  resta  del  camino,  á 
causa  de  las  corrientes ,  muy  presto  se 
anda,  é  toman  á  plager  esta  isla. 

Esto  que  he  dicho  no  se  puede  apren- 


40 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


der  en  Salamanca,  ni  en  Boloña,  ni  en 
París,  sino  en  la  cátedra  de  la  gisola, 
que  es  aquel  lugar  donde  va  puesta  el 
aguja  de  navegar,  é  con  el  quadrante  en 
la  mano ;  tomando  en  la  mar  ordinaria- 
mente las  noches  el  estrella ,  é  los  dias 
el  sol  con  el  astrolabio.  Porque  como  dige 
el  italiano:  altro  volé  la  tabla  que  tovalla 
bianca,  digo  yo  que  otra  cosa  quiere  tam- 
bién la  navegación  que  palabras ;  porque 
aunque  los  manteles  estén  blancos,  no  co- 
merán los  convidados  con  solo  esso,  ni 
porque  uno  estudie  la  cosmographia  é  la 
sepa  muy  mejor  quel  Tholomeo ,  no  sa- 
brá, con  quantas  palabras  están  escriptas, 
navegar  hasta  que  lo  use.  Ni  el  que  lee 
medicina  curará,  como  debe,  al  enfermo 
hasta  que  experimentado  sea  para  catar 
el  pulso ,  é  por  él  entienda  los  paroxis- 
mos é  términos  que  se  deben  proveer  en 
la  dolengia.  Y  dessa  misma  manera  el  pi- 
loto diestro,  mirando  el  pulso  de  su  gi- 
sola ,  que  es  aquella  calamita  mixta  en  el 
aguja,  le  enseña  el  norte,  y  el  quadrante 
su  altura ,  y  el  astrolabio  la  del  sol ;  é  su 
experiencia  le  acuerda  cómo  ha  de  tem- 
plar las  velas  é  gobernar  sus  marineros 
tí  gente ,  y  la  sonda  le  enseña  las  hondu- 


ras. E  criado  desde  paje  en  la  mar,  qué- 
dale el  ofigio  tan  fixo,  quanto  le  basta  su 
natural;  porque  aunque  pequeños  entren 
en  el  arte,  no  salen  todos  pilotos,  ni  quan- 
tos  estudian  no  llegan  á  ser  graduados 
de  doctores.  Pero  puédese  tener  por  cosa 
muy  averiguada  que  el  que  no  se  cria  en 
la  mar  desde  muy  pequeño  pajegico,  nun- 
ca salió  perfecto  marinero.  Con  esto  con- 
suena un  proverbio  cortesano  que  suelen 
degir  los  curiosos:  el  que  no  fué  paje,  siem- 
pre  huele  á  agemilero.  Quiero  degir,  que 
assi  como  desde  niños  se  han  de  criar 
los  pajes,  hijos  de  los  buenos,  en  la  corte 
é  palagio  para  ser  valerosos  é  bien  cria- 
dos é  gentiles  cortesanos ,  é  no  tener  par- 
te de  grosseros,  assi  los  que  han  de  ser 
marineros  aprobados,  es  menester  que  en 
tierna  edad  comiengen  á  padesgerlos  tra- 
bajos de  la  mar,  para  no  desmayar  ni  es- 
tar acobardados  en  el  tiempo  de  los  afor- 
tunados ó  peligrosos  naufragios,  é  para 
que  salgan  diestros  pilotos.  Y  esto  baste 
quanto  al  camino ,  y  quanto  al  segundo 
viage  quel  primero  almirante  fizo,  conti- 
nuando este  descubrimiento,  é  quanto  á  la 
verdadera  navegagion  destas  mares  desde 
Europa. 


CAPITULO  X. 

Del  cresccr  y  menguar  del  mar  Mediterráneo  y  del  mar  Océano;  en  qué  parles  crcs^e  y  meng'ua,  como  el 

Mediterráneo  ,  y  en  qué  costas  mucho  mas. 


M.  ues  se  ha  movido  la  plática  del  exer- 
gigio  de  la  navegación  é  destas  mares  de 
acá,  no  es  cosa  para  dexar  en  olvido,  ni 
de  pequeña  admiración ,  lo  que  agora  di- 
ré ,  que  he  visto  dé  la  mar  Océana  en  el 
fluxo  ó  pefluxo  de  su  cresger  é  menguar; 
porque  hasta  agora  ningún  cosmógrapho 
ni  astrólogo,  ni  hombre  experto  en  las 
cosas  de  la  mar,  ni  algund  natural  de  mu- 
chos, á  quien  lo  he  preguntado,  me  han 
satisfecho  ni  dado  ragon  conveniente  de 


la  verdadera  causa  que  pone  en  efecto  lo 
que  mis  ojos  muchas  veges  han  visto ,  y 
es  el  misterio  aqueste. 

Muy  señalada  cosa  es  el  estrecho  tan 
famoso  de  Gibraltar,  donde  están  aque- 
llos dos  montes  que  los  fabulosos  grie- 
gos dixeron  que  Hércoles  Thebano  abrió, 
llamados  Calpe  é  Ábila ,  dexando  el  uno 
en  África  y  el  otro  en  Europa ,  para  que 
el  mar  Mediterráneo  se  comunicasse  con 
el  Océano.  Desde  aquella  puerta,  siguien- 


DE  INDIAS.  LIB.  II.  CAP.  X. 


4.1 


do  al  Levante  en  todo  lo  que  el  mar  Me- 
diterráneo é  Adriático,  y  Egeo  (y  los 
otros  que  son  miembros  ó  partes  de  aque- 
lla agua  toda  que  desde  Gibraltar  al  Le- 
vante hay  salada  entre  África  e  Assia  é 
Europa  desse  mar  Mediterráneo),  nocres- 
Cc,  ni  mengua  la  mar  comunmente  mas 
ni  menos  de  lo  que  en  Valengia  ó  Bar- 
celona é  Italia  ;  y  quando  algo  mas  de  lo 
ordinario  sale,  es  poco  espagio  mas  por 
algunas  señaladas  tormentas.  Pero  ges- 
sando  aquellas,  tórnase  á  su  orden  ó  tiem- 
pos ordinarios  del  invierno  y  del  verano. 
Desde  el  estrecho  afuera  este  mar  Océa- 
no cresge  é  mengua  mucho  en  la  costa 
de  África  é  Europa,  como  lo  han  visto  ó 
veen  cada  dia  los  que  miran  la  mar  por 
la  costa  del  Andalugia  y  Portugal ,  é  Ga- 
ligia  ,  é  Asturias  y  las  Montañas,  é  Viz- 
caya, é  Guipúzcua,  éNormandia,  é  Bre- 
taña ,  é  Inglaterra ,  y  Flandes ,  y  Alema- 
ña  y  todo  lo  demás  opuesto  al  Norte ;  de 
tal  forma  que  es  sin  comparación  ó  en 
grandíssima  manera  mas  lo  que  el  Océano 
cresge  donde  he  dicho.  Digo  mas ,  que 
por  el  mismo  mar  Océano  (desde  donde 
mas  cresge  de  las  partes  que  he  dicho), 
partiendo  en  una  nao ,  é  llegando  á  las 
islas  de  Canaria ,  assi  en  ellas  como  en 
las  islas  que  he  dicho  destas  Indias,  y  en 
quanto  he  tractado  dellas  hasta  el  capí- 
tulo presente,  y  desla  parte  acá  de  la 
Tierra-Firme  se  ha  fecho  mengion ,  y  en 
todas  las  costas  della  que  miran  al  Norte, 
en  mas  de  tres  mili  leguas,  no  cresge  ni 
mengua  el  agua  de  la  mar  mas  ni  me- 
nos de  lo  que  en  Barcelona  é  dentro  del 
estrecho  mar  Mediterráneo.  Y  desta  mis- 
ma manera  en  esta  Isla  Española  y  en 
la  de  Cuba ,  y  en  todas  las  otras  destas 
mares,  conforme  al  mar  de  Italia:  que  es 
poquíssimo,  á  respecto  de  lo  que  el  gran- 
de mar  Océano  cresge  en  las  costas  de 
.España  é  Inglaterra  é  Flandes,  etc. 
Noten  bien  los  letores  todo  lo  que  está 

dicho,  para  que  se  com prebenda  mejor  lo 
TOMO  I. 


que  agora  se  dirá.  No  obstante  lo  que 
de  suso  es  apuntado,  digo  que  este  mis- 
mo mar  Océano,  en  la  cosía  que  la  Tier- 
ra-Firme tiene  opuesta  al  Mediodía  ,  ó 
parte  austral ,  en  la  cibdad  de  Panamá  é 
desde  alli  á  la  parte  del  Levante  ó  Po- 
niente de  la  misma  cibdad  éde  la  isla  de 
las  Perlas  (que  los  indios  llaman  Terarc- 
qui)  y  en  las  islas  Taboga  ó  Toque ,  é 
todas  las  otras  que  llaman  de  Sanct  Pablo 
é  las  demás  de  aquella  mar  del  Sur  al 
Poniente,  en  mas  de  tresgientas  leguas  que 
yo  he  navegado  por  aquellas  costas,  eres- 
ge  é  mengua  tanto  la  mar,  que  quando 
se  retrae,  paresge  que  se  pierde  de  vista 
en  algunas  partes.  Pero  sin  duda  son  dos 
leguas  ó  mas  las  que  se  aparta  en  luga- 
res algunos,  desde  la  cibdad  de  Panamá 
é  por  la  costa  occidental  della.  Esto  he  yo 
visto  muchos  millares  de  veges. 

Otro  notable  maravilloso  en  la  mesma 
materia,  é  de  lo  que  mas  se  deben  los 
hombres  maravillar,  y  es  al  mismo  pro- 
póssito  de  lo  que  está  dicho.  Desde  la 
mar  det  Norte  á  la  del  Sur ,  en  que  tan 
gran  diferengia  hay  en  el  cresger  é  men- 
guar de  la  mar,  hay  poco  camino  de  costa 
á  costa,  atravesando  la  tierra  desde  la 
cibdad  del  Nombre  de  Dios  que  está  desta 
parte  de  Tierra-Firme  mirando  el  Norte, 
hasta  la  cibdad  de  Panamá,  que  está  al 
opósito  en  la  misma  Tierra-Firme,  miran- 
do el  Sur;  porque  no  hay  mas  de  diez  y 
ocho  ó  veynte  leguas  de  través,  é  por 
donde  el  sol  las  anda  no  debe  aver  do- 
ge,  porque  la  tierra  es  muy  áspera  é 
montuosa.  De  manera  que,  pues  todo  lo 
que  es  dicho  de  ambas  costas  de  Tierra- 
Firme  es  un  mismo  mar  Océano ,  cosa  es 
aquesta  para  contemplar  y  especular  los 
que  á  semejantes  secretos  son  inclinados 
y  dessean  entender  cosas  é  secretos  de 
tanta  admiración. 

Con  algunas  personas  de  grandes  le- 
tras he  todo  aquesto  platicado :  no  me 
han  satisfecho,  ó  porque  no  lo  alcangan, 


42 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


K)  porque  no  se  lo  he  sabido  dar  á  en- 
tender é  no  lo  han  ellos  como  yo  visto. 
Pero  para  mí,  yo  me  satisfago,  acordán- 
dome que  el  que  estas  cosas  de  admira- 
ción permite,  sabe  obrar  estas  y  otras 
incomprensibles  maravillas  que  al  enten- 
dimiento humano  no  se  conceden  sin  es- 
pecial gracia.  Yo  he  puesto  aqui  esta  quis- 
tion ,  como  testigo  de  vista :  do  la  absolu- 
ción dolía  no  he  sido  digno  hasta  agora; 
mas  en  la  verdad  mucho  holgaría  de  verla 
decisa.  Visto  he  en  Plinio  lo  que  dice  * 
afirmando  que  en  muchas  maneras  cresce 
é  mengua  la  mar ;  mas  que  la  causa  del 
sol  é  de  la  luna  procede.  E  da  para  ello 
ciertas  racones  de  los  cursos  destos  dos 
planetas :  é  también  dice  que  los  cresci- 
mientos  del  mar  Océano  son  mayores 
que  aquellos  del  Mediterráneo;  y  para 
ello  dice  que  lo  puede  causar  ser  mas 
animoso  en  el  todo  que  en  la  parte,  ó 
porque  su  grandeza  mas  esparcida ,  sien- 
ta mas  la  fuerca  del  planeta ,  la  qual  se 
l)uede  mas  extender ,  é  trae  á  su  propó- 
sito otras  racones.  Y  en  el  miSmo  li- 
bro segundo  de  su  Natural  Historia  ^ 
dice  que  en  algunos  lugares  fuera  de  ra- 
Con  cresce  é  mengua  la  mar,  porque  los 
planetas  no  nascen  á  un  mismo  tiempo 
en  todas  las  tierras ;  y  que  por  esso  in- 
terviene que  el  crescer  de  la  mar  no  es 
<le  una  manera.  Mas  dice  que  la  dife- 
rencia está  en  el  tiempo  y  en  la  forma: 
tissi  que  en  algunas  partes  hay  una  espe- 
cial natura  ó  movimiento ,  assi  como  en 
la  Isla  de  Euboea ,  en  la  qual  siete  veces 
al  dia  va  é  viene  la  mar,  é  tres  dias  del 
mes  está  firme ,  que  son  el  séptimo  é  oc- 
lavo  é  noveno  dias  de  la  luna. 

Esto  que  dice  Plinio ,  de  que  aqui  se  ha 
hecho  memoria ,  é  lo  que  mas  en  esta 
materia  por  él  se  tracta,  cosas  son  muy  no- 
tables. Pero  yo  no  tengo  por  cierto  que  el 


sol  y  la  luna  sean  la  causa  de  la  grandís- 
sima  diferencia  que  dixe  que  hay  en  el 
crescer  é  menguar  de  la  mar  en  la  cibdad 
del  Nombre  de  Dios  é  costa  del  Norte  de. 
Tierra-Firme ,  á  respecto  de  lo  que  eres- 
ce  é  mengua  en  la  cibdad  de  Panamá  é 
sus  costas  australes  en  la  mesma  tierra; 
habiendo  tan  poco  camino  de  la  una  cib- 
dad á  la  otra.  Ni  tampoco  me  satisface 
que  diga  Plinio  que  los  crescimientos  del 
Océano  sean  mayores  que  los  del  Me- 
diterráneo mar ,  porque  no  dixo  en  par- 
te particularicando ,  sino  expressa  é  ge- 
neralmente en  todo  el  Océano,  por  las 
racones  que  él  lo  funda ;  pues  el  mucho 
crescer  y  menguar  en  España  el  mar 
Océano,  y  el  poco  menguar  en  las  In- 
dias ,  en  estas  islas  é  costa  del  Norte  de 
Tierra-Firme ,  todo  es  en  una  mar ,  y  la 
mesma  océana  es  assi  la  de  Panamá  y 
sus  costas,  donde  tanto  cresce  y  mengua, 
como  tengo  dicho.  Ni  tampoco  me  satis- 
face que  él  diga  que  lo  causa  no  nascer 
los  planetas  en  un  mismo  tiempo  en  ca- 
da pais  ó  tierra,  ni  le  concedo  que  la 
diferencia  esté  en  el  tiempo.  Mas  creo 
que  está  en  la  forma ,  é  aver  en  algunos 
lugares  una  especial  natura  ó  movimien- 
to, no  como  él  presume  que  acaesce  en 
la  Isla  de  Euboea ,  porque  lo  que  della  él 
escribe  también  lo  tengo  por  incom- 
prehensible al  ingenio  humano ;  y  pienso 
que  es  nescessario  ser  alumbrado  de  arri- 
ba el  que  esse  secreto  alcancare.  Si  co- 
mo él  dice ,  siete  veces  al  dia  alli  cresce 
y  mengua  la  mar,  y  que  tres  dias  del 
mes  está  firme,  cosaos  maravillosa!..  Es- 
ta Isla  Euboea  es  en  el  mar  Mediterráneo 
é  Arcipiélago ,  la  qual  escribe  que  fué 
desapegada  ó  divisa  de  Boecia  é  que  la 
mar  hizo  este  apartamiento ;  é  también 
dice  que  la  isla  de  Secilia  la  despegó  la 
mar  é  la  dividió  de  la  Italia  '.  Pero  por- 


f    Lib.  II ,  cap.  XCrX. 
2    Cap.  C. 


3     Lil).  Ifí,  cap.  VII. 


DE  LNDIAS.  LIB.  II.  GAP.  X. 


4.-5 


que  dixe  de  siBo  que  yo  creo  que  está 
en  la  forma,  é  aver  en  algunos  lugares  ó 
partes  del  mundo  una  espegial  natura, 
no  lo  entiendo  yo  como  Plínio-  lo  pen- 
saba ;  mas  diré  lo  que  pienso  ó  sospe- 
cho deste  secreto,  y  es  aquesto. 

Desde  el  estrecho  que  en  la  Tierra- 
Firme  descubrió  el  capitán  Hernando  de 
Magallanes  (del  qual  en  su  lugar  será 
hecha  mas  particular  mengion),  hay  des- 
de la  boca  é  punta  del,  llamada  Arci- 
piélago  del  Cabo  Desseado  hasta  Pana- 
má, por  la  parte  austral  (medido  por  una 
regla  derecha  ó  un  hilo)  mas  de  mili  le- 
guas, las  quales  serán  muchas  mas,  quan- 
do  la  costa  sea  descubierta  de  todo  pun- 
to, á  causa  de  las  puntas  y  ensenadas 
que  harán  la  mar  é  la  tierra  (de  nesgessi- 
dad) ,  de  donde  grandíssimos  secretos  se 
esperan  alcanzar  é  descobrir.  Este  es- 
trecho tura  giento  é  diez  leguas  de  lon- 
gitud, é  tiene  dos  ó  tres  leguas  é  fasta 
seys  é  poco  mas  ó  menos  en  algunas 
partes  de  latitud  en  todo  él ;  de  forma 
que  en  una  canal  tan  grande  é  tan  estre- 
cha ,  é  de  tierras  altíssimas ,  como  se  dige 
que  hay  en  ambas  costas  deste  estrecho, 
de  creer  es  que  las  aguas  que  por  alli 
entran  á  la  mar  del  Sur,  que  corre- 
rán con  extremada  velogidad  é  ímpe- 
tu. E  assi  lo  oy  degir  al  capitán  Juan 
Sebastian  del  Gano,  que  entró  por 
aquel  estrecho  con  la  nao  Victoria ,  é  fué 
á  la  Espegieria ,  corriendo  al  Poniente ,  é 
volvió  por  el  Levante.  Assi  que  anduvo 
aquella  nao  todo  lo  que  el  sol  a»da  en 
aquel  paralelo ,  como  se  dirá  en  su  lugar; 
é  lo  mismo  oy  á  Fernando  de  Busta- 
mente  é  á  otros  fidalgos  que  en  la  misma 
nao  fueron  é  vinieron . 

Estos  fueron  los  primeros  españoles  é 
hombres  que  hasta  agora  se  sabe  aver 
hecho  tal  camino  é  aver  bojado  el  mun- 
do. E  poco  há  lo  entendí  mas  particu- 
larmente de  un  clérigo,  sacerdote  de 
missa ,  que  después  en  otro  viaje  o  ar- 


mada passó  por  el  mismo  estrecho ,  lla- 
mado don  Juan  de  Areygaga.  Este  estre- 
cho está  en  ginqüenta  é  dos  grados  é 
medio,  allende  delaequinogial,  en  el  otro 
polo  antartico ,  é  al  opósito  de  nuestro 
hemispherio ;  y  la  cibdad  de  Panamá  es- 
tá en  ocho  grados  é  medio  desta  parte 
del  equinogio,  á  la  vanda  de  nuestro  polo 
ártico.  Y  enfrente  de  Panamá ,  é  por  sus 
costas  al  Poniente  hay  muchas  islas  de 
luengo  á  luengo  de  la  costa  algunas  (ger- 
ca  de  la  Tierra-Firme ,  é  algunas  algo 
mas  desviadas);  por  el  assiento  de  las 
quales  é  su  forma  dellas  é  de  la  Tierra- 
Firme  ,  pienso  yo  que  se  causan  las  gran- 
des corrientes ,  y  que  aquella  disposigion 
de  la  mar  y  de  la  tierra  es  la  causa  de 
tan  grandes  cresgientes  é  menguantes^ 

A  esto  se  puede  degir,  que  quando  vi- 
niendo de  España  á  estas  Indias,  topamos 
las  primeras  islas ,  Marigalante ,  la  Des- 
seada  é  las  que  están  en  aquel  paraje, 
que  son  muchas  en  espagio  de  giento  gin- 
qüenta leguas  de  Norte  á  Sur  (é  toman 
desde  las  que  se  llaman  las  Vírgines, 
fasta  el  golpho  de  la  Boca  del  Dragón  é 
costa  de  Tierra-Firme) ,  cómo  alli  no  se 
causan  tan  grandes  corrientes  é  men- 
guantes, como  en  esta  costa  austral.  Esto 
tiene  fermosa  é  natural  respuesta.  La 
qual  es ,  que  todas  estas  islas  desta  par- 
te de  Tierra-Firme  que  digo ,  las  toma  el 
mar  Océano  de  través;  y  assi  passan 
las  aguas  con  menos  resistengia  entre 
ellas,  é  hay  mas  lugar  de  exalagion  ó  ex- 
pirar, sin  tanto  contraste  de  su  curso. 
Mas  las  islas  de  la  mar  austral  están 
opuestas  en  longitud,  leste  al  hueste  al 
luengo  de  la  costa  de  Panamá;  é  assi 
naturalmente  resisten  á  la  fuga  é  ímpetu 
de  las  aguas  que  deben  venir,  de  nesge- 
sidad,  del  dicho  estrecho  de  Magallanes. 
E  assi  entre  aquellas  islas  é  la  Tierra  Fir- 
me, desta  causa  me  paresge  á  mi  que 
son  mayores  las  corrientes ,  é  por  con- 
siguiente el  cresger  é  menguar  de  la  mar 


ii 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


es  allí  tan  extremado ,  como  de  suso  se 
dixo.  Esto  por  la  forma  é  assiento  de  las 
tierras;  é  assi  me  pares^e  á  mí  que  de 
aqui  nasge  la  especial  natura  que  esto 
causa,  ó  mejor  digiendo  (si  esto  no  es 
la  ragon  dello),  será  aquella  causa  de  las 
causas,  que  es  el  mismo  Dios,  que  assi  le 
plugo  ordenarlo.  Quanto  mas  que  para 
lo  que  yo  ignoro  en  este  caso ,  me  des- 
culpa Aristótiles  con  su  muerte;  en  la 
qual  yo  no  le  pienso  imitar,  investigando 
estos  secretos :  del  qual  escribe  Johannes 
Valensis  *  que  en  Gregia ,  á  par  de  Ni- 
groponte  ,  queriendo  Aristótiles  inves- 
tigar la  causa  del  fluxo  é  refluxo  del 
mar,  é  no  pudiendo  considerar  ni  en- 
tender la  causa  suficiente  de  lo  que 
veía :  Ex  indignatione  alloquens  aquam, 
ait:  Quiaiion  possum  capere  te,  capias  me; 
et  se  precipitavit  é  suhmersií.  Quiere  degir 
que  enojado,  se  echó  en  la  mar,  digien- 
do:   Pues  no    te  puedo  comprehender, 


comprehendeme  tú  á  mi,  é  assi  se  aíio- 
gó.  Por  lo  qual  concluye  San  Gregorio 
Nagiangeno:  quod  sapieiitiamundi,  stulti- 
tia  est  apiid  Deum.  Y  conforme  á  estas 
auctoridades,  ningún  sabio  se  debe  eno- 
jar por  lo  que  no  alcanga;  sino  tomar 
dello  lo  que  tuviere  Dios  por  bien  de  le 
comunicar  é  hager  capaz  para  lo  com- 
prehender; é  desso  y  de  todo  darle  siem- 
pre loores  é  creer  que  le  es  todo  posible, 
y  él  sabe  lo  que  fage  é  para  qué  efecto. 
Pero  porque  de  suso  se  dixo  quien  son 
los  que  tienen  que  Aristótiles  hizo  tal  fin, 
digo  que  otros  escriben  que  no  fué  él  el 
que  se  echó  en  la  mar ,  por  no  entender 
el  fluxo  é  refluxo  della,  sino  Euripo 
philósopho:  qualquiera  que  haya  sido, 
eiTó ,  y  assi  errarán  los  que  quisieren  in- 
vestigar las  maraviflas  de  Dios  y  alean- 
garlas  por  su  seso ,  sin  intervenir  la  gra- 
gia  cspegial  del  mismo  fagedor  dolías. 


CAPITULO  XI. 

I)cl  nordestear  é  norueslear  de  las  agujas  de  marear ,  é  de  las  mudancas  de  la  estrella  del    norte ,  o  de 
las  quatro  estrellas  que  llaman  el  crucero  del  Sur  ó  de  la  línia  del   diámetro. 


JLrixe  en  el  quinto  capítulo  que  las  agu- 
jas del  marear  eran  defetuosas  é  nordes- 
teaban é  noruesteaban;  y  porque  este  trac- 
tado  no  solamente  puede  ser  útil  á  los 
que  han  conosgimiento  destas  cosas ,  mas 
también  puede  aprovechar  á  los  que  nun- 
ca vieron  la  mar,  avisando  á  los  hombres 
que  aquesto  nunca  oyeron,  y  deleylan- 
do  á  los  que  dessean  entender  cosas  ra- 
ras y  de  semejantes  efetos,  digo  assi. 
Las  agujas  de  marear  están  cebadas  é 
compuestas  con  la  virtud  é  medio  de  la 
piedra  calamita  (que  vulgarmente  en  Cas- 
tilla Uamamos  piedra  yman) ,  de  la  qual 
y  de  sus  propriedades  hagen  gran  men- 


gion  los  naturales ,  é  la  nombran  por  di- 
versos nombres;  porque  demás  de  los 
dos  que  he  dicho,  la  llaman  magnete, 
ematite ,  siderita  y  heraclion.  Es  de  di- 
versas espegies  ó  géneros  esta  piedra: 
una  es  mas  fuerte  que  otra,  é  no  todas 
las  cakimitas  son  de  una  color  ;é  la  mejor 
de  todas  es  la  de  Ethiopia ,  la  qual  se  ven- 
de á  peso  de  plata.  Tienen  todas  las  ver- 
daderas calamitas  grande  eficagia  en  la 
mcdigina,  para  muchas  enfermedades.  Mas 
hablando  solamente  en  lo  que  aqui  fage 
á  nuestro  propóssito  de  las  agujas  del  na- 
vegar, cebadas  con  esta  piedra ,  ellas  en- 
señan á  los  que  navegan  el  proprio  lugar 


i     De  rcgiminc  vitce  humana: :  de  Arist.  ct  pjus        viorle  ,  capílulo  XXí. 


DE  INDIAS.  LIB.  II.  CAP.  XI. 


43 


del  polo  nuestro  ártico,  ó  tramontana  (que 
también  se  llama  Norte),  en  qualquier 
tiempo  é  hora  é  momento  del  dia  ó  de  la 
noche ,  assi  estando  los  cielos  claros  y  se- 
renos, como  ofuscados  é  nublosos,  por 
qualquier  caso  de  tormentas  ó  lluvias.  E 
aunque  de  dia  no  vemos  la  estrella  mas 
propinca  del  polo ,  que  vulgarmente  lla- 
mamos Norte  (puesto  que  no  lo  es) ,  ó  que 
la  noche  sea  de  tales  nublados  que  tam- 
poco parezca  el  estrella,  siempre  el  agu- 
ja ,  á  causa  de  la  mixtura  ó  virtud  que 
tiene  por  la  calamita  con  que  está  com- 
puesta ,  nos  señala  el  polo ,  é  por  alli  se 
gobiernan  los  pilotos  é  mareantes  é  to- 
dos los  que  usan  el  exergicio  de  la  na- 
vegación. 

Dixe  de  suso  que  la  estrella  que  lla- 
man Norte  no  lo  es;  é  assi  lo  digo,  si  pen- 
sáredos  que  por  ella  se  entiende  el  polo 
ó  axis,  ó  que  es  fixa,  porque  en  la  ver- 
dad el  polo  es  otra  cosa,  y  á  aquel  tiene 
respecto  la  piedra  calamita  é  las  agujas 
cebadas  con  ella ,  porque  la  estrella  que 
vemos  es  movible  é  no  fixa.  Pues  que  es- 
tando las  estrellas  que  llamamos  las  guar- 
das (de  essa  misma  tramontana)  en  la  ca- 
bera, está  la  estrella  debaxo  del  polo 
tres  grados ;  y  quando  está  en  el  pie ,  es- 
tá la  estrella  tres  grados  sobre  el  polo, 
assi  que  ¿fe  Norte  á  Sur  se  mueve  tres  gra- 
dos. Estando  las  guardas  en  el  brago  del 
leste,  está  la  estrella  debaxo  del  polo 
grado  y  medio ;  y  estando  en  el  brago 
del  hueste  está  la  estrella  grado  é  me- 
dio engima  del  polo ;  assi  que  de  Oriente 
á  Occidente  se  aparta  grado  é  medio  de 
la  forma  que  he  dicho.  Estando  las  guar- 
das en  la  línia  del  nordeste,  está  la  es- 
trella debaxo  del  polo  tres  grados  é  me- 
dio ;  y  estando  en  la  línia  del  sudueste, 
está  la  estrella  otros  tres  grados  é  medio 
cngima  del  polo.  Y  estando  las  guardas 
en  la  línia  del  norueste,  está  la  estrella 
debaxo  del  polo  medio  grado ;  y  al  opó- 
sito estando  las  guardas  en  la  línea  del 


sueste,  está  la  estrella  engima  del  polo 
medio  grado.  Por  manera  que  pues  to- 
das estas  mudanzas  é  desvíos  fage  la  es- 
trella, no  es  ella  el  polo,  ni  es  fixa,  ni 
seria  medida  gierta  para  los  navegantes. 
Pero  como  es  la  que  está  mas  gerca  del 
polo ,  hánse  de  advertir  todas  estas  mu- 
danzas desta  estrella ,  pues  que  el  pro- 
prio  polo  no  se  puede  ver ,  atendiendo  á 
la  constancia  que  la  calamita  é  aguja  por 
su  respecto  tienen ,  mirando  fixa  é  perpe- 
tuamente en  el  polo  invisible.  E  assi  al- 
canzan los  hombres  diestros  en  esta  sgien- 
gia  ó  arte  de  navegar  el  camino  que  lle- 
van, concertando  el  aguja  con  el  Norte, 
y  por  las  alturas  del  y  del  sol ,  cotejan- 
do las  unas  con  las  otras,  conforme  á  la 
regla  de  la  declinación  del  sol.  Y  por  es- 
tos avisos  llevan  concertado  su  camino. 

Todo  esto  es  para  hombres  que  usan 
este  exergigio  de  la  mar  mas  aplagible 
letura  que  á  los  que  en  ella  no  se  ocu- 
pan. Pero  quanto  á  la  dificultad  que  dixe 
que  padesgen  las  agujas ,  ó  mejor  digien- 
do,  el  entendimiento  de  los  hombres  (pues 
ellas  nos  enseñan  lo  que  agora  diré),  crée- 
se que  el  diámetro  ó  mitad  del  mundo,  ó 
línia  que  atraviessa  de  polo  á  polo,  cru- 
zando la  equinogial,  passa  por  las  islas 
de  los  Agores ,  porque  nunca  las  agujas 
están  derechamente  é  de  todo  punto  fi- 
xas  en  perfigion  de  medio  á  medio  del 
polo  ártico ,  sino  quando  las  naos  é  ca- 
ravelas  están  en  aquel  paraje  é  altura.  Y 
quando  de  alli  passan  hágia  estas  partes 
occidentales,  noruestean  bien  una  quarta, 
quando  mas  se  desvian  de  alH.  E  passan- 
do  á  la  vuelta  para  Levante,  desde  las  di- 
chas islas  de  los  Agores,  nordestean  otra 
quarta,  quanto  mas  se  alexan.  Assi  que 
aquesto  es  lo  que  quise  degir,  quando  to- 
qué esta  dificultad  de  las  agujas,  para 
nuestro  propóssito. 

Quiero  degir  otra  cosa  muy  notable, 
que  los  que  no  han  navegado  por  estas 
Indias  no  la  pueden  aver  visto ,  salvo  los- 


46 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


que  fueren  en  demanda  de  la  equinoQial, 
ó  estuvieren  á  lo  menos  en  veynte  é  dos 
grados  poco  mas  ó  menos  della.  Y  es  que 
mirando  á  la  parte  del  Sur,  verán  que  se 
algan  sobre  el  horizonte  quatro  estrellas 
en  cruz  [Lám.  /,  fig.  2)  que  andan  al 
derredor  del  circulo  de  las  guardas  del 
polo  antartico ,  de  la  forma  que  están  en 
esta  figura  puestas :  las  quales  la  Cesá- 
rea Magestad  me  dio  por  mejoramiento 
de  mis  armas,  para  que  yo  é  mis  subges- 
sores  las  pusiéssemos  juntamente  con  las 
nuestras  antiguas  de  Yaldes,  aviendo 
respecto  á  lo  que  yo  he  servido  en  estas 
partes  é  Indias  é  primero  en  la  casa  real 
de  Castilla ,  desde  que  ove  trege  años; 
porque  en  tal  edad  comengé  á  servir  en 
la  cámara  del  sereníssimo  príngipe  don 
Juan ,  mi  señor  de  gloriosa  memoria,  tio 
de  la  Cesárea  Magestad ,  é  después  de  sus 
dias  á  los  Reyes  Cathólicos,  don  Fernan- 
do é  doña  Isabel,  de  inmortal  recorda- 
ción, é  después  á  sus  Magestades.  Las 
quales  armas  estarán  en  fin  deste  tracta- 
do ,  pues  que  es  escripto  en  estas  partes, 
donde  tantos  trabajos  padesgen  los  hom- 
bres que  veen  estas  estrellas ,  é  donde  yo 
he  gastado  lo  mejor  de  mi  vida.  Toqué 
esta  particularidad  de  las  estrellas,  por- 


que son  muy  notable  figura  en  el  cielo; 
en  el  qual  hay  otras  innumerables  que  se 
veen  poco  antes  deltas ,  al  paresger  há- 
gia  el  ártico;  y  de  alli  discurriendo  la 
vista  á  la  parte  austral,  verán  el  cielo  tan 
lleno  de  estrellas,  como  está  sobre  Espa- 
ña en  diferentes  intervalos  ó  figuras ,  que 
no  se  veen  ninguna  dellas  desde  España 
ni  desde  parte  de  toda  la  Europa,  ni  en 
la  mayor  parte  de  Assia  ni  África,  sino 
fuere  passando  de  los  veynte  é  dos  gra- 
dos del  polo  ártico ,  abaxando  el  número 
dellos  á  la  parte  del  polo  antartico,  yen- 
do hágia  la  equinogial,  ni  se  pueden  ver 
en  todo  el  trópico  de  Cáncer. 

Tornando  á  la  historia ,  tiempo  es  que 
se  diga  por  qué  causa  los  indios  é  gente 
del  rey  Goacanagari  mataron  en  esta  Isla 
Española  á  los  chripstianos,  que  el  prime- 
ro viaje  dexó  en  ella  el  almirante,  don 
Chripstóbal  Colom ;  é  qué  gentes  falló  en 
esta  tierra ,  hasta  que  adelante  se  conti- 
núen las  otras  cosas  que  á  la  historia  con- 
vienen ,  para  que  después  con  mas  aten- 
gion  se  escriban  los  animales  é  aves  é 
árboles  é  fructas  é  mantenimientos  que 
los  indios  tenian  para  su  sustentagion ,  é 
las  otras  cosas  que  higieren  al  caso  de  la 
historia. 


CAPITULO  XII. 

De  lo  que  hico  el  almirante,  don  Chripslóbal  Colom,  después  que  supo  que  los  indios  avian  muerto  los 

chripstianos  que  dexó  en  esta  Isla  Española  el  primero  viaje ;  é  como  fundó  la  cibdad  de  la  Isabela  é  la 

fortaleza  de  Sánelo  Thomás,  é  como  descubrió  la  isla  de  Jamáyca,  é  vido  mas  particularmente  la  isla  é 

costa  de  Cuba,  é  de  las  primeras  muestras  de  oro  de  minas  que  se  llevaron  á  España. 


Uicho  se  han  el  primero  y  segundo 
viajes  que  el  almirante,  don  Chripstóbal 
Colom,  fizo  á  estas  islas  é  Indias',  y  cómo 
en  el  primero  camino  dexó  treynta  y 
ocho  hombres  en  tierra  del  rey  5  cagi- 
que  Goacanagari.  Aquellos  chripstianos 
escogió  que  le  paregieron  de  mejor  tien- 
to y  esfuerzo ;  pero  como  conosgia  la  fra- 
gilidad desta  humana  vida,  dexó  tantos, 


porque  si  algunos  muriessen,  otros  que- 
dassen  que  él  puJiesse  hallar  quando 
volviesse ;  y  también  para  que  fuessen 
parte  para  corregir  y  enmendar  los  unos  á 
los  otros,  si  entre  ellos  algún  exgesso  se 
cometiesse.  Y  no  dexó  mas  de  aquellos, 
porque  tenia  negessidad  de  los  que  le 
quedaban  en  los  navios,  para  volver  á  Es- 
paña, y  porque  esta  gente  le  paresgió 


ÜE  INDIAS.  LIB.  II.  CAP.  XII. 


47 


muy  doméstica  y  mansa.  Assi  que  para 
fronteros  ó  hager  guerra  no  quedaban, 
ni  el  pensamiento  del  almirante   fué  que 
los  indios  tal  tentarian,  segund  su  manse- 
dumbre, porque  si  él  esto  sospechara,  no 
los  dexára.  Pero  para  lenguas  é  soste- 
nerse en  paz  eran  muchos ,  é  gierto  para 
aquello  bastaran  diez  ó  doge,  é  no  avia 
de  dexar  mas,  ó  avian  de  quedar  doscien- 
tos, y  él  no  los  tenia.  Finalmente  su  in- 
tención erró  menos  en  los  mandar  que- 
dar, que  ellos  mismos  en  no  se  saber 
conservar  y  estar  bien  ordenados.  Con 
todo  esso,  el  almirante  les  hizo  muchas 
amonestaciones,  é  dióles  la  orden  que 
debían   tener,   para  se  conservar  entre 
aquestas  gentes  salvajes.  Prometiéndoles 
muchas  mergedes,  partió  con  ellos  assi 
de  los  bastimentos,  como  de  todo  lo  de- 
mas  que  él  pudo  darles  para  su  vestua- 
rio. Dexóles  armas,  de   las  quales  les 
exortó  que  no  usasen  en  ninguna  mane- 
ra ,  sino  siendo  muy  forgados ,  y  no  sien- 
do jamás  los  agressores;  y  encomendó- 
los, quanlomas  aficionadamente  lo  supo 
mostrar,  al  señor  de  la  tierra  Goacanaga- 
ri,  al  qual  dio  assi  mismo  muchas  cosas, 
porque  mejor   los   tractasse  é  favores- 
giesse.   Y   quedó   por  capitán  con  esta 
gente,  como  tengo  dicho,  un  buen  hi- 
dalgo ,  natural  de  Córdoba ,  llamado  Ro- 
drigo de  Arana,  é  assi  mismo  quedó  con 
ellos   otro    hombre   de    bien,    llamado 
Maestre  Juan,  gentil  girujano.  Pero  co- 
mo los  mas  de  aquellos  hombres  que  assi 
quedaron,  eran  marineros,  y  estos  tales 
es  gente  sobre  sí,  é  tan  diferentes  de  los 
de  la  tierra,  como  lo  es  su  ofigio,  muy 
pocos  dellos  ó  ninguno  ovo  capaz  para 
Jo  que  el  almirante  los  queria :  que  era 
saberse  comportar  é  regirse  entre  los  in- 
dios é  aprender  la  lengua  é  sus  costum- 
bres ,  é  comportar  los  defectos  é  bestia- 
lidades que  en  los  indios  viessen.  Mas 


en  la  verdad ,  hablando  sin  perjuygio  de 
algunos  marineros  que  hay  hombres  de 
bien  é  comedidos  é  virtuosos,  soy  de 
opinión  que  por  la  mayor  parte  en  los 
hombres  que  exergitan  el  arte  de  la  mar, 
hay  mucha  falta  en  sus  personas  y  enten- 
dimiento para  las  cosas  de  la  tierra;  por- 
que demás  de  ser  por  la  mayor  parte 
gente  baxa  y  mal  doctrinada ,  son  cob- 
digiosos  é  inclinados  á  otros  vigios ,  assi 
como  gula ,  é  luxuria ,  é  rapiña ,  é  mal 
sufridos.  E  como  no  cupo  en  los  que  Co- 
lom  dexó  en  esta  isla  alguna  parte  de 
prudengia  ni  vergüenga,  para  se  sostener, 
obedesgiendo  á  los  pregeptos  de  tan  pru- 
dente varón,  ni  quisieron  estar  quedos 
donde  él  los  avia  dexado ,  dieron  mala 
cuenta  de  sus  personas,  ó  no  dieron 
ninguna,  pues  no  les  quedó  vida  pa- 
ra ello. 

Luego  se  supo  de   los   indios  cómo 
aquellos  chripstianos  les  hagian  muchos 
males  é  les  tomaban  las  mugeres  é  las 
hijas  étodo  loquetenian,  segund  lo  que- 
rían hager.  Y  con  todo  esto ,  vivieron  eR 
tanto  que  estuvieron  quedos  é  acaudilla- 
dos; mas  assi  como  se  descomidieron 
con  el  gapitan  que  les  quedó  y  se  en- 
traron la  tierra  adentro ,  pocos  á  pocos  y 
desviados  los  unos  de  los  otros ,  todos  los 
mataron  sin  que  alguno  quedasse.  Sú- 
pose assi  mismo^que  la  elegion  de  los 
dos  capitanes  que  el  almirante  mandó 
que  quedassen,  para  después  del  prime- 
ro, fué  mucha  causa  de  su  separagion, 
porque  segund  los  indios  degian,  cada  uno 
de  los  otros  quiso  ser  capitán.  E  assi  co- 
mo el  almirante  se  partió  para  España, 
comengaron  á  estar  diferentes  é  dividir- 
se ,  é  cada  uno  dellos  quiso  ser  la  cabega 
y  el  pringipal ;  y  la  señoría  de  muchos  no 
es  útil  en  los  hechos  de  guerra ,  segund 
dige  Livio  *.  E  assi  ovo  lugar  su  perdi- 
gion  por  sus  diferengias,  y  no  teniendo 


i    Becada  I ,  libro  IV,  capítulo  XXTII. 


48 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


«n  nada  á  los  indios,  de  dos  en  dos,  é 
tres  en  tres,  é  pocos  juntos  se  despar- 
tieron en  diversas  partes ;  usando  de  sus 
ultrajes  en  tal  manera,  que  los  indios  no 
lo  podiendo  ya  comportar ,  é  durmieníio 
unos  é  otros  descuydados,  dexando  las 
armas,  ó  quando  mejor  aparejo  se  falla- 
ba, á  todos  les  dieron  la  muerte,  sin  que 
ninguno  dellos  quedasse.  E  como  el  al- 
mirante volvía  consigo  algunos  de  los 
indios  que  avia  llevado  á  España ,  entre 
ellos  uno  que  se  llamaba  Diego  Colom, 
c  avia  mejor  que  los  otros  aprendido  é 
hablaba  ya  medianamente  la  lengua 
nuestra;  por  su  interpretagion  el  almi- 
rante fué  muy  enteramente  informado  de 
muchos  indios  y  del  proprio  rey  Goaca- 
nagari,  de  cómo  avia  passado  lo  que  es 
dicho,  mostrando  este  cacique  mucho 
pesar  dello.  Pero  muy  mayor  le  sintió  el 
almirante,  el  qual  después  de  se  aver 
gertificado  desto ,  desde  á  pocos  dias  que 
estuvo  en  Puerto  Real,  se  vino  á  una  pro- 
vincia desta  isla ,  é  fizo  alli  una  cibdad 
que  nombró  la  Isabela. 

Desde  aquella  partió  con  dos  carave- 
las  el  almirante  á  descobrir,  y  dexó  en 
esta  Isla  Española  por  su  teniente  é  go- 
bernador á  don  Diego  Colom,  su  herma- 
no ,  entre  tanto  que  llegaba  don  Bartolo- 
mé Colom,  adelantado  y  hermano  suyo 
assi  mismo ,  que  avia  quedado  en  Espa- 
ña ,  é  venia  de  Inglaterra  á  buscar  al  al- 
mirante. Y  dexó  al  comendador,  Mossen 
Pedro  Margante,  por  alcayde  de  una  for- 
taleza que  el  almirante  avia  mandado 
hager  en  las  minas  que  llaman  de  Cibao 
(que  son  las  mas  ricas  desta  isla ,  á  par 
de  un  rio  que  llaman  Janico) ,  assi  como 
se  tuvo  notigia  deltas ;  en  las  quales  se 
cogieron  algunos  granos  de  oro  por  los 
españoles,  porque  los  indios  no  lo  sa- 
bian  coger,  si  no  se  lo  hallaban  engima 
de  la  tierra.  Y  también  los  españoles  no 
tenian  aquella  esperiengia  que  los  anti- 
guos asturianos,  é  lusitanos,  é  gallegos 


tuvieron  antiguamente  en  este  exergigio 
de  las  minas  en  las  provingias  que  he  di- 
cho en  España,  de  donde  los  romanos 
tan  grandes  tesoros  ovieron.  Esta  forta- 
leza fué  la  segunda  que  ovo  en  esta  isla, 
é  alli  fué  el  comendador  Mossen  Pedro 
Margarite  primero  alcayde  della ,  é  lla- 
máronla Sánelo  Thomas ;  porque  como 
estaban  en  dubda  del  oro,  é  quisieron  ver 
y  creer,  cómo  desto  fueron  gertificados 
los  chripstianos,  quiso  el  almirante  que 
la  fortaleza  se  Uamasse  como  he  dicho. 
Pero  en  aquel  pringipio  no  se  sacó  sino 
poco  oro,  con  el  qual  envió  el  almirante 
en  giertos  navios  al  capitán  Gorvalan.  Y 
este  hidalgo  llevó  las  nuevas  del  oro  é 
minas  ricas  de  Qibao  á  los  Cathólicos  Re- 
yes, don  Fernando  é  doña  Isabel,  por  lo 
qual  le  higieron  mergedes ,  aunque  otros 
quieren  degir  que  el  que  primero  truxo 
las  muestras  del  oro  á  España,  por  man- 
dado del  almirante ,  fué  el  capitán  An- 
tonio de  Torres,  hermano  del  ama 
del  príngipe  don  Juan ,  de  gloriosa  me- 
moria. Assi  que  hallado  el  oro,  el  almi- 
rante puso  en  efeto  su  camino  é  salió  do 
la  Isabela,  y  con  él  otros  caballeros,  é 
los  que  le  paresgió  que  convenia  llevar 
en  dos  caravelas  muy  bien  armadas  é 
proveídas.  En  tanto  que  él  yba  á  des- 
cobrir, se  siguieron  muchos  trabajos  á  los 
chripstianos  que  aqui  quedaban  como  so 
dirá  adelante;  y  aquel  mesmo  año  de 
noventa  y  quatro  se  perdieron  en  la  Isa- 
bela quatro  navios ,  uno  de  los  quales  fué 
la  nao  capitana  llamada  Marigalante. 

Deste  viaje  descubrió  el  almirante  la 
isla  de  Jamáyca,  que  agora  se  llama 
Sanctiago,  hasta  la  qual  hay  desde  la 
parte  mas  occidental  desta  isla  (que  es 
la  punta  del  Tiburón)  veynte  é  ginco  le- 
guas. Pero  la  verdad  es  que  el  almirante 
llamó  el  pringipio  ó  parte  mas  oriental 
desta  isla,  cabo  de  Sa7ict  Raphael,  é  al 
cabo  último  é  mas  occidental  de  la  isla 
llamó  cabo  de  Sanct  Miguel ;  al  qual  ago- 


DE  INDIAS.  LIB.  II.  CAP.  XII. 


49 


ra  algunos  ignorantes  de  la  verdad  le  lla- 
man el  cabo  del  Tiburón.  Tornando  áJa- 
máyca ,  digo  que  está  aquella  isla  en  diez 
y  siete  grados  de  la  línia  equinoQial :  tie- 
ne de  longitud  ginqtienta  leguas  ó  mas,  é 
de  latitud  veinte  y  ginco;  pero  primero  que 
el  almirante  la  descubriesse,  fué  á  la  Isla 
de  Cuba ,  é  vido  sus  costas  mas  particu- 
larmente que  quando  la  avia  descubierto 
en  el  primero  viaje :  la  qual  agora  se  lla- 
ma  Isla   Fernandina ,    en  memoria   del 


Sereníssimo  é  Cathólico  Rey,  don  Fer- 
nando, de  gloriosa  memoria.  Esta  isla 
creo  yo  que  es  la  que  el  chronista  Pedro 
Mártir  quiso  intitular  Alpha,  a;  é  otras 
veges  la  llama  Juana ;  pero  de  tales  nom- 
bres no  hay  en  estas  partes  é  Indias  isla 
alguna.  Y  no  sé  que  le  pudo  mover  á  la 
nombrar  assi;  pero  pues  destas  islas 
adelante  se  ha  de  tractar  mas  espegifica- 
damente,  basta  lo  que  en  esto  está  ya 
dicho. 


CAPITULO  XIII. 


Qite  tracta  de  los  trabajos  y  guerras  que  passaron  los  chripstianos  que  quedaron  con  don  Diego  Colom  é 
con  el  adelantado  don  Bartolomé  Colom  en  la  villa  de  la  Isabela,  en  lanío  que  el  almirante  fué  á  descobrir 
desde  alli,  y  de  lo  que  acaesció  con  ciertas  tórtolas  al  alcayde  Mossen  Pedro  Margarile  en  la  forlalecade 
Sancto  Thomás ,  y  de  la  población  é  fundamento  de  aquesta  cibdad  de  Sancto  Domingo  ,  adonde  el  almi- 
rante tornó,  después  de  aver  descubierto  á  Jamáyca  é  otras  cosas,  etc. 


Iluando  el  almirante  primero  partió  de 
la  cibdad  de  la  Isabela ,  dexó  por  su  te- 
niente é  gobernador  desta  isla ,  é  con  to- 
da la  mas  gente  de  los  chripstianos  á  don 
Diego  Colom,  su  hermano,  entretanto 
que  venia ,  como  después  vino ,  el  ade- 
lantado don  Bartolomé  Colom,  su  her- 
mano. Aveis  de  saber  que  como  luego 
que  se  pobló  aquella  cibdad  y  el  almiran- 
te repartió  los  solares  para  que  los  espa- 
ñoles fiQiessen,  como  higieron,  sus  casas, 
é  les  señaló  laS  caballerias  é  tierras  para 
sus  heredamientos;  viendo  los  indios  que 
esta  vecindad  les  avia  de  turar ,  pesóles 
de  ver  el  propóssito  de  los  chripstianos. 
E  para  escusar  esto  é  darles  ocasión  que 
se  fuessen  desta  tierra,  pensaron  un  mal 
ardid,  con  que  murieron  mas  de  las  dos 
partes  ó  la  mitad  de  los  españoles ,  é  de 
los  proprios  indios  murieron  tantos  que 
no  se  pudieran  contar.  Y  esto  fizóse  de 
forma  que  no  se  pudo  entender  ni  reme- 
diar, porque  como  eran  tan  nuevos  en  la 
tierra  los  chripstianos,  no  caían  en  el  tra- 
bajo en  que  estaban ,  ni  le  entendieron; 

y  fué  aqueste.  Acordaron  todos  los  indios 
TOMO  I. 


de  aquella  provincia  de  no  sembrar  en  el 
tiempo  que  lo  debian  hager ,  é  como'  no 
tuvieron  mahiz,  comiéronse  la  yuca,  que 
son  dos  maneras  de  pan ,  y  el  pringipal 
mantenimiento  que  acá  hay.  Los  chrips- 
tianos comiéronse  sus  bastimentos ;  é 
aquellos  acabados,  queriéndose  ayudar 
de  los  de  la  tierra  que  los  indios  acos- 
tumbran ,  no  los  tenian  para  sí  ni  para 
ellos.  Y  desta  manera  se  caían  los  hom- 
bres muertos  de  hambre,  en  aquella  cib- 
dad los  chripstianos ;  y  en  la  fortaleza 
que  es  dicha  de  Sancto  Thomás,  do  esta- 
ba el  comendador  Mossen  Pedro  Marga- 
rite,  también  por  la  misma  nesgessidad  se 
le  murió  la  mitad  de  la  gente ,  é  por  toda 
la  tierra  estaban  los  indios  muertos  á 
cada  parte.  El  hedor  era  muy  grande  y 
pestífero:  las  dolengias  que  acudieron 
sobre  los  chripstianos  fueron  muchas,  ^ 
allende  del  hambre ;  é  desta  manera  los 
indios  efectuaban  su  mal  desseo ,  que  era , 
ó  que  los  chripstianos  se  fuessen  huyen- 
do por  falta  del  bastimento,  ó  que  se 
muriessen,  si  quedassen,  no  lo  teniendo. 
Los  indios  que  escapaban,  metíanse  la  tier- 


50 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


ra  adentro  é  desamparaban  la  conversa- 
ción de  los  nuestros,  por  les  hager  mas 
daño  é  yr  á  buscar  de  comer  por  otras 
provincias. 

En  este  tiempo  de  tanta  nesgessidad  se 
comieron  los  chripstianos  quantos  perros 
gozques  avia  en  esta  isla,  los  quales  eran 
mudos  que  no  ladraban ,  é  comieron  tam- 
bién los  que  de  España  avian  traydo ,  é 
comiéronse  todas  las  hutías  que  pudie- 
ron aver ,  é  todos  los  quemis ,  é  otros 
animales  que  llaman  mohuy  y  todos  los 
otros  que  llaman  coris,  que  son  como 
gazapos  ó  conejos  pequeños.  Estas  qua- 
tro  maneras  de  animales  se  cagaljan  con 
los  perros  que  se  avian  traydo  de  Espa- 
ña; é  desque  ovieron  acabado  los  de  la 
tierra,  comiéronse  á  ellos  también,  en  pa- 
go de  su  servigio.  E  no  solamente  dieron 
fin  á  estos  ginco  géneros  de  animales  de 
quatro  pies  ,  que  solamente  avia  en  esta 
isla;  pero  acabados  aquellos,  se  dieron  á 
comer  unas  sierpes  que  se  llaman  yvana, 
que  es  de  quatro  pies ,  de  tal  vista  que, 
para  quien  no  la  conosge,  es  muy  espan- 
toso animal.  Ni  perdonaron  lagartos,  ni 
lagartijas ,  ni  culebras ,  de  las  quales  hay 
muchas  é  de  muchas  maneras  de  pintu- 
ras, pero  no  pongoñosas.  Assi  que,  por 
vivir,  á  ninguna  bestia  ó  animal  de  quan- 
tos he  dicho  perdonaban ;  porque  quan- 
tos podian  aver  yban  al  fuego ,  é  cogidos 
ó  assados,  no  faltaba  á  su  nesgessidad 
apetito  para  comer  estas  cosas  tan  ene- 
migas de  la  salud  é  tan  temerosas  á  la 
vista.  De  lo  qual  y  de  la  humedad  gran- 
díssima  desta  tierra,  muchas  dolengias 
graves  é  incurables  á  los  que  quedaron 
con  la  vida,  se  les  siguieron.  Y  desta  causa 
aquellos  primeros  españoles  que  por  acá 
vinieron,  quando  tornaban  á  España  algu- 
nos de  los  que  venian  en  esta  demanda 
del  oro,  si  allá  volvían,  era  con  la  misma 
color  del;  pero  no  con  aquel  lustre,  sino 
hechos  azamboas  ^é  de  color  de  agafran 
ó  tericia ;  é  tan  enfermos  que  luego  ó  des- 


de á  poco  que  allá  tornaban  se  morían, 
á  causa  de  lo  que  acá  avian  padesgido,  ó 
porque  los  bastimentos  y  el  pan  de  Es- 
paña son  de  mas  regia  digestión  que  es- 
tas hiervas  é  malas  viandas  que  acá  gus- 
taban ,  é  los  ayres  mas  delgados  é  frios 
que  los  desta  tierra.  De  manera  que  aun- 
que volvían  á  Castilla,  presto  daban  fin 
á  sus  vidas,  llegados  á  ella. 

Padesgieron  mas  estos  chripstianos,  pri- 
meros pobladores  desta  isla ,  mucho  tra- 
bajo con  las  niguas ,  é  muy  crueles  dolo  - 
res  é  passion  del  mal  de  las  búas  (porque 
el  origen  dellas  son  las  Indias),  é  digo 
bien  las  Indias;  assi  por  la  tierra  donde 
tan  natural  es  esta  dolengia ,  como  por  las 
indias  mugeres  destas  partes.  Por  cuya 
comunicación  passó  esta  plaga  á  algunos 
de  los  primeros  españoles  que  con  el  al- 
mirante vinieron  á  descobrir  estas  tier- 
ras, porque  como  es  mal  contagioso,  pudo 
ser  muy  possible.  Y  destos,  después  de 
tornados  en  España  é  aver  sembrado  en 
ella  tal  enfermedad,  deahy  passó  á Italia 
y  á  otras  partes,  como  adelante  diré,  sin 
desacordarme  de  hager  relagion  particu- 
larmente, donde  convenga,  de  onge  cosas 
notables  que  en  este  capítulo  se  han  to- 
cado ,  que  son  ginco  animales  de  quatro 
pies,  conviene  á  saber:  perro,  hutia, 
quemi,  mohuy,  cori;  é  assi  mesmo  se  dirá 
de  la  yvana,  que  es  una  serpiente  tam- 
bién de  quatro  pies.  Y  no  olvidaré  las 
lagartijas,  culebras ,  lagartos,  que  hay  en 
esta  tierra ;  é  diré  de  la  passion  de  la  ni- 
gua ,  é  de  la  dolengia  aborresgible  de  las 
búas ,  con  que  se  dará  cuenta  de  las  onge 
cosas  de  suso  tocadas. 

Assi  que ,  continuando  lo  que  prometí 
en  el  título  deste  capítulo  XIII ,  digo  que 
al  tiempo  que  en  la  Isabela  los  chripstia- 
nos padesgian  estos  males  que  he  dicho, 
é  otras  muchas  nesgessidades  (que  por 
evitar  prolixidad  se  dexan  de  degir),  es- 
taba el  comendador  Mossen  Pedro  Mar- 
garite  con  hasta  treynta  hombres  en  la 


DE  INDIAS.  LIB.  II.  CAP.  XIII. 


61 


fortaleza  de  Sancto  Thomás,  en  las  minas 
de  Cibao ,  sofriendo  las  mismas  angustias 
que  los  de  la  Isabela ;  porque  también  les 
faltaba  de  comer  é  tenian  muchas  enfer- 
medades ,  é  padesgian  aquellos  trabajos 
á  que  están  obligados  los  primeros  po- 
bladores de  tierras  tan  apartadas ,  é  tan 
salvages  é  dificultosas  para  los  que  tan 
lexos  dellas  se  criaron ;  é  por  estas  cau- 
sas los  que  en  esta  fortaleza  estaban  se 
murian ,  é  de  cada  dia  eran  menos.  Por- 
que para  salir  de  la  fortaleza  eran  pocos; 
dexarla  sola,  era  mal  caso:  la  lealtad  de 
aquel  caballero  era  la  que  debia :  el  al- 
mirante estaba  fuera  de  la  isla  en  el  des- 
cubrimiento que  he  dicho :  los  que  en  la 
Isabela  estaban  con  el  adelantado  don 
Bartolomé,  tenian  tanto  trabajo  que  no  se 
podian  valer :  los  indios  avíanse  ydo  la 
tierra  adentro  los  que  querían  ó  podian 
escapar  de  la  hambre ;  de  manera  que, 
estando  este  alcayde  é  su  gente  á  tan 
fuerte  partido ,  vino  un  dia  un  indio  al 
castillo  (porque  segund  él  degia,  el  alcay- 
de Mossen  Pedro  Margante  le  paresgia* 
bien  y  era  hombre  que  no  hagia  ni  con- 
sentía que  fuesse  hecha  violengia  ni  enojo 
á  los  indios  é  naturales  de  la  tierra),  é 
truxo  este  indio  al  alcayde  un  par  de  tór- 
tolas vivas  presentadas.  E  siéndole  dicho 
al  alcayde,  mandó  que  lo  dexassen  subir 
á  la  torre  donde  él  estaba ,  é  subido  el  in- 
dio le  dio  las  tórtolas ,  y  el  alcayde  le  dio 
las  gragias  y  la  recompensa  en  giertas 
cuentas  de  vidro  que  los  indios  en  essa 
sagon  presgiaban  mucho,  para  se  poner  al 
cuello.  Y  el  indio  ydo  muy  gozoso  con  su 
sartal ,  dixo  el  alcayde  á  los  chripstianos 
que  con  él  estaban  en  el  castillo ,  que  le 
paresgia  que  aquellas  tórtolas  eran  pocas 
para  comer  todos  dellas ,  é  que  para  él 
solo  ternia  que  comer  aquel  dia  en  ellas: 
todos  dixeron  que  él  degia  bien ,  é  que 
para  todos  no  avia  nada  en  aquel  presen- 
te,  y  él  podria  passar  aquel  dia  con  las 
tórtolas  é  las  avia  mas  menester,  porque 


estaba  mas  enfermo  que  ninguno.  Enton- 
dixo  el  alcayde :  «Nunca plega  á  Dios  que 
ello  se  faga  como  lo  degis :  que  pues  me 
aveys  acompañado  en  la  hambre  é  traba- 
jos de  hasta  aqui,  en  ella  y  en  ellos  quiero 
vuestra  compañía,  y  paresgeros,  vivien- 
do ó  muriendo,  fasta  que  Dios  sea  servido 
que  todos  muramos  de  hambre,  ó  que 
todos  seamos  de  su  misericordia  socorri- 
dos.» Edigiendo  aquesto,  soltólas  tórto- 
las ,  que  estaban  vivas ,  desde  una  ven- 
tana de  la  torre,  é  fuéronse  volando. 

Con  esto  quedaron  todos  tan  contentos 
é  hartos ,  é  como  si  á  cada  uno  de  los  que 
alli  estaban  se  las  diera ;  y  tan  obligados 
se  hallaron  por  esta  gentileza  del  alcay- 
de para  sofrir  con  él  lo  que  les  viniesse, 
que  ninguno  quiso  dexar  la  fortaleza  ni 
su  compañía,  por  trabajo  que  tuviesse. 
Estando  pues  en  tanta  nesgessidad  los 
chripstianos ,  por  la  continuagion  destas 
fatigas  é  dolengias  que  he  dicho ,  y  por- 
que para  ser  complidos  sus  males  no  les 
faltasse  ningún  afán ,  sobrevinieron  mu- 
chos vientos  del  norte  (que  en  Castilla  se 
llama  giergo),  y  en  esta  isla  es  enfermo;  é 
moríanse  no  solamente  los  chripstianos, 
pero  como  es  dicho  los  naturales  indios. 

No  teniendo  ya  otro  socorro  sino  el  de 
Dios ,  él  permitió  su  remedio ;  y  este  fué 
la  mudanga  de  la  cibdad  de  la  Isabela, 
donde  estaban  los  españoles  avegindados. 
Y  para  esta  trasmigración  acaesgió  que 
un  mancebo  aragonés,  llamado  Miguel 
Diaz ,  ovo  palabras  con  otro  español ,  é 
con  un  cuchillo  dióle  giertas  heridas  ;  é 
aunque  no  murió  dellas,  no  osó  atender, 
puesto  que  era  criado  del  adelantado  don 
Bartolomé  Colom,  é  ausentóse  de  temor 
del  castigo,  é  con  él  siguiéndole  é  fa- 
giéndole  amigable  compañía  ginco  ó  seis 
chripstianos  (algunos  dellos  porque  avian 
sido  partigipantes  en  la  culpa  del  delito 
del  Miguel  Diaz ,  é  otros  porque  eran  sus 
amigos).  E  huyendo  de  la  Isabela  fuéron- 
se por  la  costa  arriba  hágia  el  leste  ó 


52 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


levaate ,  é  bojáronla  hasta  venir  á  la  par- 
te del  Sur,  adonde  agora  está  aquesta  cib- 
dad  de  Sancto  Domingo ,  y  en  este  asien- 
to pararon,  porque  aqui hallaron  un  pue- 
blo de  indios.  E  aqui  tomó  este  Miguel 
Diaz  amistad  con  una  cagica  ,  que  se  lla- 
mó después  Catalina,  é  ovo  en  ella  dos 
fijos,  andando  el  tiempo.  Pero  desde  á 
poco  que  aqui  se  detuvo ,  como  aquella 
india  principal  le  quiso  bien ,  tratóle  co- 
mo amigo  que  tenia  parte  en  ella,  é  por 
su  respecto  á  los  de  demás ,  é  dióle  noti- 
cia de  las  minas  que  están  siete  leguas  de 
esta  cibdad,  é  rogóle  que  figiesse  que 
los  chripstianos  que  estaban  en  la  Isabe- 
la (que  él  mucho  quisiesse)  los  llamasse  é 
se  viniessen  á  esta  tierra  que  tan  fértil  y 
hermosa  es,   é  de  tan  exgelente  rio  é 
puerto ;  é  quella  los  sosternia  é  daria  lo 
que  oviessen  menester.  Entonge  este  hom- 
bre ,  por  complager  á  la  cacica ,  é  mas 
porque  le  paresgió  que,  llevando  nueva  de 
tan  buena  tierra  é  tan  abundante ,  el  ade- 
lantado por  estar  en  parte  tan  estéril  y 
enferma  le  perdonarla ,  é  principalmente 
porque  Dios  quería  que  assi  fuesse  é  no 
se  acabassen  aquellos  chripstianos  que 
quedaban;  acordó  de  yral  adelantado,  é 
atravessó  con  sus  compañeros  por  la  tier- 
ra ,  gulándole  glertos  Indios  que  aquella 
su  amiga  mandó  yr  con  él  fasta  que  lle- 
garon á  la  Isabela ,  que  está  glncuenta 
leguas  desta  cibdad  poco  mas  ó  menos. 
E  secretamente  tuvo  manera  de  hablar 
con  algunos  amigos  suyos ,  é  supo  que 
aquel  hombre  que  avia  ferldo  estaba  sa- 
no ;  é  assl  osó  ver  al  adelantado  su  señor 
é pedirle  perdón,  en  pago  desús  servicios 
é  de  la  buena  nueva  que  le  llevaba  de 
aquesta  tierra  é  de  las  minas  de  oro.  Y 
el  adelantado  le  resglbló  muy  bien  y  le 
perdonó ,  é  figo  las  amistades  entre  él  é 
su  contendor.  Y  después  que  le  ovo  oído 
muy  particularmente  las  cosas  desta  pro- 
vincia é  desta  ribera,  determinó  de  venir 
en  persona  á  verla,  é  con  la  compañía 


que  leparesgló,  vino  aquí  y  falló  ser  ver- 
dad todo  lo  que  Miguel  Díaz  avia  dicho, 
y  entró  en  una  canoa  ó  barca  de  las  que 
tienen  los  Indios ,  é  tentó  este  rio  llama- 
do Ocama ,  que  por  esta  cibdad  passa ,  é 
hízolo  sondar  é  tentó  la  hondura  de  la 
entrada  del  puerto ,  é  quedó  muy  satisfe- 
cho y  tan  alegre  como  era  razón :  é  fué 
á  las  minas  y  estuvo  en  ellas  dos  días  é 
cogióse  algún  oro.  E  desde  allí  se  volvió 
á  la  Isabela ,  é  dló  muy  grande  plager  á 
los  españoles  todos,  después  que  les  ovo 
dicho  lo  que  avia  visto  por  acá ;  é  dló 
luego  orden  cómo  la  gente  toda  vlnlesse 
con  él  por  tierra  á  este  asiento ,   é  man- 
dó traer  por  la  mar  lo  que  allá  tenían  los 
chripstianos  en  dos  caravelas  que  tenían; 
é  llegó  á  este  puerto ,  segund  algunos 
digen ,  domingo  día  del  glorioso  Sancto 
Domingo,  á  gluco  días  de  agosto ,  año  de 
mlil  é  quatroglentos  y  noventa  é  quatro 
años.  E  fundó  el  dicho  adelantado  don 
Bartolomé  aquesta  cibdad,  no  donde  ago- 
ra está ,  por  no  quitar  de  aquí  á  la  cagl- 
ca  Catalina  é  á  los  indios  que  aquí  vivían, 
sino  de  la  otra  parte  deste  rio  de  la  Oga- 
ma ,  junto  á  la  costa  y  enfrente  desta  po- 
blaglon  nuestra.  Pero  Inquiriendo  yo  é 
desseando  saber  la  verdad  porqué  esta 
cibdad  se  llamó  Sancto  Domingo ,  dlgen 
que  demás  de  aver  allí  venido  á  poblar 
en  domingo  é  día  de  Sancto  Domingo, 
se  le  dló  tal  nombre,  porque  el  padre  del 
primero  almirante  y  del  adelantado ,  su 
hermano ,  se  llamó  Dominico ,  y  que  en 
su  memoria  el  fijo  llamó  Sancto  Domingo 
á  esta  cibdad. 

Desde  á  dos  meses  é  medio  pocos  mas 
ó  menos  días ,  vino  el  almirante  é  los  que 
con  él  avian  ydo  á  descobrlr;  é  llegado 
á  esta  cibdad,  envió  luego  á  saber  si  era 
vivo  Mossen  Pedro  Margarite ,  é  mandó 
por  su  carta  que  él  é  todos  los  que  con  él 
ovlesse  se  viniessen  para  él  é  dexassen 
la  fortaleza  en  poder  del  capitán  Alonso 
de  Hojeda ,  que  fué  el  segundo  alcayde 


DE  INDIAS.  LIB.  II.  CAP.  XIII. 


53 


(lella,  é  assi  lo  higieron.  Y  llegados  aqui, 
se  repararon  todos  por  la  abundancia  é 
fertilidad  de  la  tierra,  é  cobraron  salud. 
Después  que  todos  fueron  juntos ,  co- 
mo nuestro  común  adversario  nunca  se 
cansa  ni  gessa  de  ofender  é  tentar  á  los 
fieles,  sembrando  discordias  entre  ellos, 
anduvieron  muchas  diferengias  entre  el 
almirante  é  aquel  padre  reverendo,  fray 
Buyl.  Y  aquesto  ovo  pringipio,  porque  el 
almirante  ahorcó  á  algunos,  y  en  espe- 
cial á  un  Gaspar  Ferriz ,  aragonés ,  é  á 
otros  agotó ;  é  comengó  á  se  mostrar  se- 
vero é  con  mas  ¡riguridad  de  la  que  so- 
lia,  puesto  que  aunque  fuesse  ragon  de 
ser  acatado ,  y  se  le  acordasse  de  aquella 
grave  sentengia  del  emperador  Otto :  pe- 
reunte  obsequio  imperium  quoque  ínter cidit; 
que  dige :  si  no  hay  obediengia  no  hay 
señorio ;  también  dige  Salomón  * :  univer- 
sa delicia  operit  charitas.  Pues  si  todos  los 
delictos  encubre  la  caridad,  como  el  sabio 
dige  en  el  proverbio  alegado ,  mal  hage 
quien  no  se  abraga  con  la  misericordia, 
en  espegial  en  estas  tierras  nuevas,  don- 
de por  conservarla  compañia  de  los  po- 
cos ,  se  han  de  dissimular  muchas  veges 
las  cosas,  que  en  otras  partes  seria  de- 
licio no  castigarse.  Quanto  mas  debe  mi- 
rar esto  el  prudente  capitán  que  otro  nin- 
guno ,  pues  está  escripto :  constituyé- 
ronte por  cabdillo ,  no  te  quieras  ensalgar; 
mas  serás  en  ellos  assi  como  uno  de  ellos. 
Auctores  son  destas  palabras  sanctas  Sa- 
lomón ^  é  Sanct  Pablo  ^  El  almirante  era 
culpado  de  crudo  en  la  opinión  de  aquel 
religioso ,  el  qual ,  como  tenia  las  veges 
del  Papa ,  ybale  á  la  mano ;  é  assi  como 
Colom  hagia  alguna  cosa  que  al  frayle  no 
paresgiesse  justa,  en  las  cosas  de  la  jus- 
tigia  criminal,  luego  ponia  entredicho  y 
hagia  cessar  el  ofigio  divino.  Y  en  es- 
sa  hora  el  almirante  mandaba  cessar  la 
ragion,  y  que  no  se  le  diesse  de  co- 


mer al  fray  Buyl  ni  á  los  de  su  casa. 
Mossen  Pedro  Margante  é  los  otros  ca- 
balleros entendian  en  hagerlos  amigos  é 
tornábanlo  á  ser ;  pero  para  pocos  dias. 
Porque  assi  como  el  almirante  hagia  al- 
guna cosa  de  las  que  es  dicho ,  aquel  pa- 
dre le  yba  á  la  mano  é  tornaba  á  poner 
entredicho  é  á  hager  gessar  las  horas  é 
ofigio  divino ,  y  el  almirante  también  tor- 
naba á  poner  su  estanco  y  entredicho  en 
los  bastimentos,  é  no  consentia  que  le 
fuessen  dados  al  frayle ,  ni  á  los  clérigos 
ni  á  los  que  los  servian.  Dige  el  glorioso 
Sanct  Gregorio  *:  Nunca  la  concordia 
puede  ser  guardada ,  sino  por  sola  la  pa- 
giengia;  porque  continuamente  nasge  en 
las  obras  humanas  por  donde  las  ánimas 
de  los  hombres  sean  de  su  unidad  é  amor 
apartadas.  A  estas  passiones  respondian 
diversas  opiniones,  aunque  no  se  publi- 
caban ;  pero  cada  parte  tuvo  manera  de 
escrebir  lo  que  sentia  en  ellas  á  España, 
por  lo  qual  informados  en  diferente  ma- 
nera los  Reyes  Cathólicos  de  lo  que  acá 
passaba,  enviaron  á  esta  isla  á  Juan  Agua- 
do, su  criado  (que  agora  vive  en  Sevi- 
lla). E  assi  se  partió  con  quatro  caravelas 
é  vino  acá  por  capitán  dellas,  como  pa- 
resge  por  una  cédula  que  yo  he  visto  de 
los  Reyes  Cathólicos ,  hecha  en  Madrid  á 
ginco  de  mayo ,  año  de  mili  y  quatrogien- 
tos  é  noventa  é  ginco ;  é  por  otra  cédula 
mandaron  á  los  que  estaban  en  las  Indias 
que  le  diessen  fé  y  creengia ,  la  qual  de- 
gia  assi:  «El  Rey,  la  Reyna:  caballeros  y 
escuderos  y  otras  personas  que  por  nues- 
tro mandado  estáis  en  las  Indias ,  allá  vos 
enviamos  á  Juan  Aguado ,  nuestro  repos- 
tero, el  qual  de  nuestra  parte  os  fablará. 
Nos  vos  mandamos  que  le  dedes  fé  y 
creengia.  De  Madrid  á  nueve  de  abril  de 
noventa  é  ginco  años.  Yo  el  Rey — Yo  la 
Reyna;»  y  de  Fernand  Alvarez ,  secreta- 
rio, refrendada. 


i     Prover.  X. 

2.    Ecclesias.  cap.  XXXII,  vers.  I. 


3  Hebre.  XXIII. 

4  Lib.  XXI,  cap.  XVII  sobre  el  cap.  XXI  de  Job. 


54 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


Este  capitán  fizo  pregonar  en  esta  Isla 
Española  esta  creengia ,  y  por  ella  todos 
los  españoles  se  le  ofrecieron  en  todo  lo 
que  les  dixesse  de  parte  de  los  Reyes  Ca- 
thólicos :  é  assi  desde  á  pocos  dias  dixo 
al  almirante  que  se  aparejasse  para  yr  á 
España ,  lo  qual  él  sintió  por  cosa  muy 
grave ,  é  vistióse  de  pardo,  como  frayle, 
y  dexóse  cresger  la  barba. 

Esta  vuelta  del  almirante  á  España  fué 
año  de  noventa  é  seis,  en  manera  de  pre- 
so ,  puesto  que  no  fué  mandado  prender; 
é  mandaron  llamar  el  Rey  y  la  Reyna  á 
fray  Buyl ,  é  á  mossen  Pedro  Margarite, 
é  fueron  á  España  en  la  mesma  flota :  é 
assi  mesmo  el  comendador  Gallego ,  y  el 
comendador  Arroyo ,  y  el  contador  Ber- 
na! de  Pisa ,  é  Rodrigo  Abarca ,  é  Micer 
Girao ,  é  Pedro  Navarro ,  que  todos  es- 
tos eran  criados  de  la  casa  real ;  y  lle- 
gados todos  en  España,  cada  uno  se  fué 
por  su  parte  á  la  corte  á  besar  las  ma- 
nos á  los  Cathólicos  Reyes.  E  aunque 
por  cartas  desde  acá ,  y  después  perso- 
nalmente allá ,  oyeron  á  fray  Buyl  é  otros 
quexosos ,  é  fueron  aquellos  bienaventu- 
rados príngipes  informados  de  las  cosas 
del  almirante  (é  por  ventura  hagiéndolas 
mas  criminales  de  lo  que  eran),  después 
que  á  elle  oyeron,  aviendo  respecto  á 
sus  grandes  servigios ,  é  por  su  propria 
é  real  clemengia,  no  solamente  le  per- 
donaron ,  pero  diéronle  licengia  que  tor- 
nasse  á  la  gobernación  destas  tierras.  E 
mandaron  que  continuasse  el  descubri- 
miento de  lo  restante  destas  Indias,  y  en- 
cargáronle mucho  aquellos  Chripstianis- 
simos  Reyes  el  buen  tractamiento  de  sus 
vassallos  españoles  y  de  los  indios ,  y  que 
él  fuesse  mas  moderado  é  menos  riguro- 
so, como  era  razón.  Y  el  almirante  assi  lo 
prometió ,  no  obstante  que  los  mas  de  los 
que  de  acá  fueron,  fablaron  mal  en  su  per- 
sona. De  lo  qual  no  me  maravillo,  aun- 
que él  no  tuviera  culpa  alguna ;  porque 
corao  á  algunos  de  los  que  á  estas  partes 


vienen ,  luego  el  ayre  de  la  tierra  los  des- 
pierta para  novedades  é  discordias  (que- 
es  cosa  propria  en  las  Indias),  assi  natu- 
ralmente están  los  indios  é  gentes  natu- 
rales dellas  muy  diferentes  de  continuo; 
é  no  sin  causa  por  este  pecado  é  otros 
muchos  que  entre  ellos  abundan ,  los  ha 
Dios  olvidado  tantos  siglos. 

A  esto  también  de  las  discordias  que 
entre  los  chripstianos  ha  ávido  en  los 
tiempos  passados ,  ó  primeros  años  que 
acá  passaron,  dieron  mucha  ocasión  los 
ánimos  de  los  españoles  que  de  su  incli- 
nación quieren  antes  la  guerra  que  el 
ogio ,  é  si  no  tienen  enemigos  extraños, 
búscanlos  entre  sí,  como  lo  dige  Justino; 
porque  su  agilidad  é  grandes  habilidades 
los  hagen  muchas  veges  mal  sofridos. 
Quanto  mas  que  han  acá  passado  dife- 
rentes maneras  de  gentes ;  porque  aun- 
que eran  los  que  venian  vassallos  de  los 
Reyes  de  España,  ¿quién  congertará  al  / 
vizcayno  con  el  catalán ,  que  son  de  tan  i 
diferentes  provingias  y  lenguas?  Cómo  se 
avCTnán  el  andaluz  €on  el  valengiano ,  y 
el  de  Perpiñan  con  el  cordobés ,  y  el  ara- 
gonés con  el  guipuzcuano,  y  el  gallego 
con  el  castellano  (sospechando  que  es 
portugués) ,  y  el  asturiano  é  montañés  con 
el  navarro?  etc.  E  assi  desta  manera  no 
todos  los  vassallos  de  la  corona  real  de 
España  son  de  conformes  costumbres  ni 
semejantes  lenguajes.  En  espegial  que  en 
aquellos  pringipios,  si  passaba  un  hombre 
noble  y  de  clara  sangre ,  venian  diez  des- 
comedidos y  de  otros  hnajes  obscuros  é 
baxos.  E  assi  todos  los  tales  se  acabaron 
en  sus  rengillas. 

Mas  como  la  cosa  ha  seydo  tan  grande, 
nunca  han  dexado  de  passar  personas  ^ 
pringipales  en  sangre  é  caballeros  é  hi- 
dalgos que  se  determinaron  de  dexar  su 
patria  de  España,  para  se  avegindar  en 
estas  partes ,  y  espegial  y  primeramente 
en  esta  cibdad ,  como  sea-  lo  primero  de 
Indias,  donde  se  plantó  la  sagrada  reli- 


DE  INDIAS.  LIB.  II.  CAP.  Xm. 


gion  chripstiana,  como  se  dirá  mas  ade- 
lante. Mas  porque  me  paresgeque  se  me 
podría  notar  á  descuydo  dexar  de  de- 
Qír  dos  plagas  nuevas  que  los  chripstia- 
nos,  en  este  segundo  viaje  del  almirante 
(entre  otras  que  he  dicho  é  muchas  que 
se  dexan  de  degir),  pades^ieron;  las  diré 


en  el  siguiente  capítulo ,  porque  fueron 
de  mucha  admiración  é  peligrosas.  Y  una 
dellas  fué  transferida  con  esta  vuelta  de 
Colom  á  España ,  y  de  allí  á  todas  las 
otras  provincias  del  mundo  todo,  segund 
se  cree. 


CAPITULO  XIV. 

De  dos  plagas  ó  passiones  notables  y  peligrosas  que  los  chripslianos  é  nuevos  pobladores  destas  Indias 

pades9Íeron  é  hoy  pades^en  algunos.  Las  quales  passiones  son  naturales  destas  Indias,  é  la  una  dellas 

fué  transferida  é  llevada  á  España,  y  desde  allí  á  las  otras  parles  del  mundo. 


Jt  ues  que  tanta  parte  del  oro  destas  In- 
dias ha  passado  á  ItaUa  é  Frangía  ,  y  aun 
á  poder  assi  mesmo  de  los  moros  y  ene- 
migos de  España  ,  y  por  todas  las  otras 
partes  del  mundo  ,  bien  es  que  como  han 
gogado  de  nuestros  sudores,  les  alcange 
parte  de  nuestros  dolores  é  fatigas,  por- 
que de  todo  á  lo  menos  por  la  una  ó  por 
la  otra  manera,  del  oro  ó  del  trabajo,  se 
acuerden  de  dar  muchas  gragias  á  Dios. 
Y  en  lo  que  les  diere  plager  ó  pesar,  se 
abragen  con  la  pagiengia  del  bienaven- 
turado Job ,  que  ni  estando  rico  fué  so- 
berbio ,  ni  seyendo  pobre  é  llagado  im- 
pagiente :  siempre  dio  gragias  á  aquel 
soberano  Dios  nuestro.  Muchas  veges  en 
Italia  me  reía,  oyendo  á  los  italianos  de- 
gir  el  mal  francés ,  y  á  los  frangeses  lla- 
marle el  mal  de  Ñapóles ;  y  en  la  verdad 
los  unos  y  los  otros  le  agertáran  el  nom- 
bre, si  le  dixeran  el  mal  de  las  Indias.  Y 
que  esto  sea  assi  la  verdad ,  entenderse 
há  por  este  capítulo  y  por  la  experiengia 
grande  que  ya  se  tiene  del  palo  sancto  y 
del  guayacan ,  con  que  espegialmente  esta 
terrible  enfermedad  de  las  búas  mejor  que 
con  ninguna  otra  medigina  se  cura  é  gua- 
resge;  porque  es  tanta  la  clemengia  di- 
vina ,  que  adonde  quiera  que  permite  por 
nuestras  culpas  nuestros  trabajos,  allí  á 
par  dellos  quiere  que  estén  los  remedios 
con  su  misericordia.  Destos  dos  árbo- 


les se  dirá  en  el  libro  X,  cap.  II:  ago- 
ra sépase  cómo  estas  búas  fueron  con  las 
muestras  del  oro  destas  Indias,  desde 
aquesta  isla  de  Hay  ti  ó  Española. 

En  el  precedente  capítulo  dixe  que  vol- 
vió Colom  á  España  el  año  de  mili  é  qua- 
trogientos  é  noventa  é  seis ,  é  assi  es  la 
verdad :  después  de  lo  qual  vi  é  hablé  á 
algunos  de  los  que  con  él  tornaron  á  Cas- 
tilla, assi  como  al  comendador  Mossen 
Pedro  Margarite ,  é  á  los  comendadores 
Arroyo  é  Gallego ,  é  á  Gabriel  de  León  é 
Juan  de  la  Vega ,  é  Pedro  Navarro  ,  re- 
postero de  camas  del  príngipe  don  Juan, 
mi  señor,  é  á  los  mas  de  los  que  se  nom- 
braron, donde  se  dixo  de  algunos  criados 
de  la  casa  real  que  vinieron  en  el  segun- 
do viaje  é  descubrimiento  destas  partes. 
A  los  quales  y  á  otros  oy  muchas  cosas  de 
las  desta  isla ,  é  de  lo  que  vieron  é  pa- 
desgieron  y  entendieron  del  segundo  via- 
je, allende  de  lo  que  fui  informado  de- 
llos, é  otros  del  primero  camino,  assi 
como  de  Vicente  Yañez  Pingon ,  que  fué 
uno  de  los  primeros  pilotos  de  aquellos 
tres  hermanos  Pingónos,  de  quien  queda 
hecha  mengion ;  porque  con  este  yo  tuve 
amistad  hasta  el  año  de  mili  é  quinientos 
é  catorge  que  él  murió.  E  también  me  in- 
formé del  piloto  Hernán  Pérez  Matheos, 
que  al  presente  vive  en  esta  cibdad,  que 
se  halló  en  el  primero  é  tergero  viajes  que 


66 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


el  almirante  primero  don  Ghripstóbal  Co- 
lom  fizo  á  estas  Indias.  Y  también  he  ávi- 
do notigia  de  muchas  cosas  desta  isla  de 
dos  hidalgos  que  vinieron  en  el  segundo 
viaje  del  almirante,  que  hoy  dia  están 
aqui  y  viven  en  esta  cibdad ,  que  son  Juan 
de  Rojas  é  Alonso  de  Valengia,  y  de  otros 
muchos ,  que  como  testigos  de  vista  en 
lo  que  es  dicho,  tocante  á  esta  isla  y  á  sus 
trabajos,  me  dieron  particular  relación.  Y 
mas  que  ninguno  de  todos  los  que  he  di- 
cho el  comendador  Mossen  Pedro  Mar- 
gante, hombre  pringipal  de  la  casa  real, 
y  el  Rey  Cathólico  le  tenia  en  buena  es- 
timagion.  Y  este  caballero  fué  el  que  el 
Rey  é  la  Reyna  tomaron  por  pringipal  tes- 
tigo ,  é  á  quien  dieron  mas  crédito  en  las 
cosas  que  acá  avian  passado  en  el  segun- 
do viaje  de  que  hasta  aqui  se  ha  tracta- 
do.  Este  caballero  mossen  Pedro  andaba 
tan  doliente  é  se  quexaba  tanto,  que  tam- 
bién creo  yo  que  tenia  los  dolores  que 
suelen  tener  los  que  son  tocados  desta 
passion,  pero  no  le  vi  búas  algunas.  E 
desde  á  pocos  meses,  el  año  suso  dicho 
de  mili  é  quatrogienlos  é  noventa  é  seis, 
se  comengó  á  sentir  esta  dolengia  entre 
algunos  cortesanos;  pero  en  aquellos 
pringipios  era  este  mal  entre  personas 
baxas  é  de  poca  auctoridad,  é  assi  se 
creia  que  le  cobraban,  allegándose  á  mu- 
geres  públicas ,  é  de  aquel  mal  tracto  li- 
bidinoso ;  pero  después  extendióse  entre 
algunos  de  los  mayores  é  mas  pringipales. 
Fué  grande  la  admiragion  que  causaba 
on  quantos  lo  vian ,  assi  por  ser  el  mal 
contagioso  y  terrible,  como  porque  se 
morian  muchos  desta  enfermedad.  E  co- 
mo la  dolengia  era  cosa  nueva ,  no  la  en- 
tendían ni  sabian  curar  los  médicos ,  ni 
otros  por  experiengia  consejar  en  tal  tra- 
bajo. Siguióse  que  fué  enviado  el  gran 
capitán  Gongalo  Fernandez  de  Córdoba  á 
Italia  con  una  hermossa  y  gruessa  arma- 
da, por  mandado  de  los  Cathólicos  Reyes, 
é  como  su  capitán  general,  en  favor  del 


rey  Fernando,  segundo  de  tal  nombre  en 
Ñapóles ,  contra  el  rey  Carlos  de  Frangía, 
que  llamaron  de  la  cabega  gruessa ;  y  en- 
tre aquellos  españoles  fueron  algunos  to- 
cados desta  enfermedad ,  y  por  medio  de 
las  mugeres  de  mal  trato  é  vivir  se  co- 
municó con  los  italianos  é  frangeses.  Pues 
como  nunca  tal  enfermedad  allá  se  avia 
visto  por  los  unos  ni  por  los  otros ,  los 
frangeses  comengáronla  á  llamar  mal  de 
Ñapóles,  creyendo  que  era  proprio  de 
aquel  reyno  ;  é  los  napolitanos  ,  pensan- 
do que  con  los  frangeses  avia  ydo  aquella 
passion ,  llamáronla  mal  franges ,  é  assi 
se  llama  después  acá  en  toda  Italia;  por- 
que hasta  que  el  rey  Charles  passó  á  ella, 
no  se  avia  visto  tal  plaga  en  aquellas 
tierras.  Pero  la  verdad  es  que  de  aquesta 
isla  de  Hayti  ó  Española  passó  este  tra- 
bajo á  Europa,  segund  es  dicho;  y  es  acá 
muy  ordinario  á  los  indios ,  é  sábense  cu- 
rar é  tienen  muy  exgelentes  hiervas  é  ár- 
boles é  plantas,  apropriadas  á  esta  y  otras 
enfermedades,  assi  como  el  guayacan 
(que  algunos  quieren  degir  que  es  hebe- 
no)  y  el  palo  sancto,  como  se  dirá,  quan- 
do  de  los  árboles  se  tractare.  Assi  quede 
las  dos  plagas  peligrosas  que  los  chrips- 
tianos  é  nuevos  pobladores  destas  Indias 
padesgieron  é  hoy  algunos  padesgen,  que 
son  naturales  passiones  desta  tierra ,  esta 
de  las  búas  es  la  una ,  é  la  que  fué  trans- 
ferida é  llevada  á  España  é  de  allí  á  las 
otras  partes  del  mundo ,  sin  que  acá  fal- 
tasse  la  misma.  Assi  que,  continuando  el 
propóssito  de  los  trabajos  de  Indias,  dí- 
gase la  otra  passion  que  se  propuso  de  las 
niguas. 

Hay  en  esta  isla  y  en  todas  estas  In- 
dias, islas  é  Tierra-Firme  el  mal  que  he 
dicho  de  las  búas ,  y  otro  que  llaman  de 
las  niguas.  Esto  de  las  niguas  no  es  en- 
fermedad, pero  es  un  mal  acaso;  por- 
que la  nigua  es  una  cosa  viva  é  peque- 
ñísima ,  mucho  menor  que  la  menor 
pulga  que  se  puede  ver.  Pero  en  fin  es 


DE  INDIAS.  LIB.  U.  GAP.  XIV. 


07 


género  de  pulga ,  porque  assi  como  ella 
salta,  salvo  que  es  mas  pequeña.  Este  ani- 
mal anda  por  el  polvo,  é  donde  quiera  que 
quisieren  que  no  le  haya ,  háse  de  barrer 
á  menudo  la  casa.  Éntrase  en  los  pies  y  en 
otras  partes  de  la  persona,  y  en  espegial 
las  mas  veges  en  las  caberas  de  los  de- 
dos, sin  que  se  sienta  hasta  que  está 
aposentada  entre  el  cuero  é  la  carne ,  é 
comienga  á  comer  de  la  forma  que  un 
arador  é  harto  mas ;  y  después,  quanto 
mas  allí  está,  mas  come.  De  manera  que 
como  acuden  las  manos  rascando ,  este 
animal  se  da  tanta  priessa  á  multiplicar 
allí  otros  sus  semejantes,  que  en  breve 
tiempo  hage  muchos;  porque  luego  que 
entra  el  primero,  se  anida  é  hage  una  bol- 
silla  entre  cuero  é  carne  tamaña  como 
una  lenteja,  é  algunas  como  garbango, 
llena  de  liendres ,  las  quales  todas  se  tor- 
nan niguas.  E  si  con  tiempo  no  se  sacan 
con  un  alfiler  ó  aguja ,  de  la  forma  que 
se  sacan  los  aradores ,  son  malas ;  y  en 
espegial  que  después  que  están  criadas 
(que  es  quando  comiengan  mucho  á  co- 
mer), de  rascarlas  se  rompe  la  carne  y 
despárgense  de  manera  que  si  no  las  sa- 
ben agotar,  siempre  hay  en  qué  enten- 
der. En  fin ,  como  en  esto  tampoco  eran 
diestros  los  chripstianos ,  como  en  el  cu- 
rarse de  las  búas,  muchos  perdían  los 
pies  por  causa  de  estas  niguas ,  ó  á  lo 


menos  algunos  dedos  dellos ,  porque  des- 
pués se  enconaban  é  hagian  materia ,  y 
era  nesgessario  curarse  con  hierro  ó  con 
fuego.  Pero  aquesto  es  fágil  de  se  reme- 
diar presto,  sacándolas  al  pringipio;  pero 
en  algunos  negros  bógales  son  peligro- 
sas, porque  ó  por  su  mala  carnadura,  ó 
ser  bestiales  é  no  se  saber  limpiar,  ni  dc- 
girlo  con  tiempo ,  vienen  á  se  mancar  de 
los  pies,  é  assi  otros  muchos  que  se  que- 
xan.  E  yo  las  he  tenido  en  mis  pies  en 
estas  islas  y  en  la  Tierra-Firme ,  y  no  me 
paresge  que  en  hombres  de  ragon  es  cosa 
para  se  temer,  aunque  es  enojo  en  tanto 
que  tura ,  ó  está  la  nigua  dentro ;  mas  fá- 
cil cosa  es  sacarla  al  pringipio.  Yo  tengo 
averiguado,  é  assi  lo  dirán  las  personas 
que  tienen  experiengia  en  sacar  estas  ni- 
guas, que  es  menester  tener  aviso,  quan- 
do las  sacan,  para  las  matar;  porque  al- 
guna vez ,  assi  como  con  el  alfiler  ó  aguja 
la  descubren,  rompiendo  el  cuero  del  pie, 
assi  salta  y  se  va  la  nigua  como  una  pul- 
ga. Esto  acaesge  si  há  poco  que  allí  en- 
tró ;  y  por  esto  se  cree  que  la  que  entra 
en  el  pie,  después  que  ha  hecho  súmala 
simiente,  se  va  assi  como  vino  á  otra 
parte  áhagermas  mal,  ó  por  ventura  por 
sise  despide  del  pie,  después  de  haber  de- 
xado  en  él  una  mala  enxambre  de  innu- 
merable simiente  y  generagion. 


TOMO  I. 


Comienza  el  libro  tercero  de  la  Natural  y  general  historia  de  las  Indias. 


PROHEMIO. 


xLn  este  tercero  libro  se  tractará  de  la 
guerra  que  los  chripstianos  tuvieron  y  el 
capitán  Alonso  de  Hojeda,  en  nombre'del 
almirante  don  Cripstóbal  Golom,  con  el 
rey  Caonabo,  y  de  su  prisión  é  muerte: 
y  de  las  victorias  que  ovo  el  adelantado 
don  Bartolomé  Colom,  hermano  del  al- 
mirante ,  contra  el  rey  Guarionex  é  otros 
catorce  caciques  ó  reyes  que  con  él  se 
juntaron ;  é  cómo  se  apartó  Roldan  Xime- 
nez,  con  algunos  chripstianos  de  su  opi- 
nión, de  la  obediengia  del  almirante  y 
adelantado.  Y  también  se  dirá  del  terce- 
ro viaje  y  descubrimiento  del  almirante 
primero;  quándo  halló  y  descubrió  parte 
de  la  gran  costa  de  la  Tierra-firme,  é 
descubrió  la  isla  de  las  Perlas ,  llamada 
Cubagua.  Y  de  la  gobernación  del  almi- 
rante ,  y  qué  reyes  y  señores  principales 
avia  en  esta  isla ,  y  del  gran  lago  de  Xa- 
ragua,  é  de  otro  lago  que  hay  en  las 
sierras  é  cumbres  mas  altas  de  esta  isla; 
y  cómo  é  con  qué  armas  peleaban  los  in- 
dios, y  qué  gentes  son  los  caribes  é  fle- 
cheros. E  degirse  há  también  de  la  mira- 
glosa  y  devotíssima  cruz  de  la  Vega,  y 


de  la  venida  del  comendador  Francisco 
de  Bobadilla  ,  el  qual  envió  preso  en  gri- 
llos á  España  al  almirante  é  á  sus  herma- 
nos, el  adelantado  don  Bartolomé  é  don 
Diego  Colom.  Y  por  qué  causas  se  murie- 
ron los  muchos  indios  que  ovo  en  esta 
isla  Española ,  y  de  la  venida  del  comen- 
dador mayor  de  Alcántara,  don  frey  Ni- 
colás de  Ovando ,  é  partida  del  comen- 
dador Bobadilla ,  que  se  ahogó  en  la  mar 
con  muchos  navios  é  gentes  é  mucho  oro, 
y  de  la  buena  gobernagion  del  comenda- 
dor mayor.  Y  cómo  el  almirante  viejo  é 
primero ,  don  Chripstóbal  Colom,  fizo  el 
quarto  viaje  é  descubrimiento  en  estas 
Indias;  quándo  descubrió  á  Veragua  é  otras 
provincias  de  la  Tierra-Firme,  é  de  su 
muerte  después  en  España.  Y  cómo  se 
mudó  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo 
adonde  agora  está;  é  de  la  nobleza  é 
particularidades  desta  cibdad  é  isla ;  y  de 
las  villas  é  poblaciones ,  é  otras  cosas  con- 
cernientes é  nescessarias  á  la  prosecución 
de  aquesta  Historia  Natural,  como  se  verá 
mas  particularmente  en  los  capítulos  si- 
guientes. 


DE  INDIAS.  LIR.  III.  CAP.  I. 


59 


CAPITULO  I. 

One  Iracta  de  la  guerra  que  tuvo  el  capitán  Alonso  deHojeda  con  el  cacique  Caonabo,  y  de  su  prisión 

é  muerte. 


JLn  el  segundo  libro  se  dixo  cómo  des- 
pués que  el  comendador,  Mossen  Pedro 
Margante,  dexó  la  fortaleza  de  Sancto 
Tilomas ,  mandó  el  almirante  que  la  tu- 
viesse  el  capitán  Alonso  de  Hojeda ,  é  le 
fizo  alcayde  della ,  é  dióle  ginqüenta  hom- 
bres para  que  la  guardasse ,  porque  esta- 
ba en  parte  que  importaba  mucho ,  assi 
para  lo  que  tocaba  á  las  minas  ricas  de 
Cibao ,  como  para  la  reputagion  é  fuerza 
de  los  chripstianos.  Mas  como  el  abni- 
rante  fué  partido  para  España ,  los  indios 
con  soberbia ,  y  en  especial  Caonabo  de 
cuyo  señorío  era  aquella  provincia,  no 
eran  contentos  de  aquel  nuevo  señorío  é 
vecindad  de  la  fortaleza:  é  determinado  el 
Caonabo  é  los  ciguayos  (que  assi  se  lla- 
maban los  flecheros  indios  de  la  costa  del 
norte  en  esta  isla) ,  acordaron  de  dar  en 
la  fortaleza  y  quemarla ,  ó  ponerla  por  el 
suelo,  si  pudieran.  E  con  mano  armada,  é 
seyendo  mas  de  ginco  ó  seis  mili  hombres, 
gercaron  aquel  castillo,  é  tuviéronle  en 
mucho  aprieto  hasta  treynta  dias ,  sin  de- 
xar  salir  de  la  fortaleza  á  algún  hombre 
dellos.  Pero  como  el  alcayde  era  ma- 
ñoso y  esforzado  caballero,  resistió  á  los 
contrarios  de  tal  forma ,  que  al  cabo  del 
tiempo  que  he  dicho,  desviaron  su  cam- 
po ,  é  como  gentes  salvajes  y  no  guer- 
reros, se  descuydaron  é  dieron  lugar  que 
este  alcayde  higiessc  mucho  daño  en 
ellos.  E  como  era  hombre  mañoso  é  de 
mucha  soligitud,  continuó  la  guerra  de 
todas  las  maneras  quél  pudo ,  assi  con  las 
armas,  quando  convino,  como  con  las  as- 
tucias é  cautelas  que  suele  aver  en  los 
capitanes  de  experiencia.  E  no  obstante 
que  en  la  continuación  de  la  guerra  mu- 
rieron algunos  chripstianos,  muchos  fue- 


ron los  indios  que  mataron ,  é  al  cabo  fué 
preso  Caonabo  con  mucha  parte  de  los 
suyos  principales;  puesto  que  se  dixo  que 
Hojeda  no  le  avia  guardado  la  seguridad 
que  el  cacique  decia  que  le  fué  prometi- 
da, ó  no  lo  aviendo  entendido  Caonabo. 
Por  manera.que  desta  prisión  de  Caonabo 
se  causó  la  paz  é  subjecion  de  la  isla  to- 
da ;  pero  como  Caonabo  tenia  un  herma- 
no, hombre  de  mucho  esfuerco  é  bien 
quisto  de  los  indios,  luego  se  juntaron 
con  él  todos  los  de  su  señorío:  el  qual, 
no  olvidando  la  prisión  de  su  hermano, 
acordó  de  lo  yr  á  redemir  con  fuerza  de 
armas,  llevando  prosupuesto  de  tomar 
todos  los  chripstianos  que  él  pudiesse  pre- 
sos ;  creyendo  que  después  á  trueco  de- 
llos podría  aver  é  rescatar  á  su  hermano 
Caonabo,  é  libertar  assi  mismo  otros  in- 
dios principales  que  con  él  estaban  pre- 
sos en  poder  de  los  chripstianos.  E  juntó 
mas  de  siete  mili  hombres  para  esto ,  y 
los  mas  dellos  flecheros ;  é  ordenadas  cin- 
co batallas,  se  pusieron  bien  cerca  de  los 
españoles,  el  capitán  de  los  quales,  Alon- 
so de  Hojeda,  con  algunos  de  caballo  é 
con  la  gente  que  él  pudo  sacar  de  la  for- 
taleza, dexándola  guardada,  é  con  alguna 
que  el  adelantado  don  Bartolomé  le  avia 
enviado  en  su  socorro  (que  por  todos  no 
eran  trescientos  hombres),  peleó  contra 
IOS  indios.  E  quiso  Dios  favorescer  los 
nuestros  é  darles  victoria,  é  assi  como  los 
ginetes  dieron  en  la  delantera  ó  primera 
batalla  de  los  indios,  los  pusieron  en  hui- 
da, porque  ovieron  mucho  espanto  de 
tal  novedad,  é  nunca  avian  visto  esta 
manera  de  hombres  á  caballo  pelear  con 
ellos  ni  con  otros.  E  assi  fué  hecho  mu- 
cho estrago  en  los  contrarios ,  é  fue  pre- 


GO 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


so  su  principal  caudillo,  hermano  de  Cao- 
nabo,  y  otros  muchos  indios.  Este  dia 
fizo  Hojeda  el  ofigio  de  vaUente  soldado 
y  esforgado  caballero,  é  no  menos  pru- 
dente capitán. 

Después  que  este  cacique  ó  rey  fué  pre- 
so y  su  hermano,  acordó  el  adelantado 
don  Bartolomé  de  los  enviar  á  España  con 
otros  indios,  algunos  de  los  principales 
prisioneros;  porque  le  paresgió  que  en 
esta  isla  seria  mucho  inconviniente  tener 
al  dicho  Caonabo  detenido,  ni  dexarle 
en  la  tierra ,  assi  por  ser  tan  pringipal  se- 
ñor en  ella,  como  porque  siempre  avria 
novedades  á  su  causa ,  porque  era  hom- 
bre de  mucho  esfuergo  é  sabio  en  la  guer- 
ra. Y  en  dos  caravelasque  estaban  pues- 
tas para  España,  mandó  el  adelantado 
que  los  llevassen ;  pero  assi  como  Caona- 
bo é  su  hermano  supieron  que  avian  de 


yr  al  Rey  é  á  la  Reyna  Cathólicos,  el  her- 
mano se  murió  desde  á  pocos  dias ,  y  ef 
Caonabo,  entrado  en  lámar,  desde  á  po- 
cas jornadas  que  navegaron  también  se 
murió;  y  desta  manera  quedó  pagífica  toda 
la  tierra  deste  Caonabo  por  los  chrips- 
tianos.  Y  su  muger  Anacaona,  hermana 
del  cagique  Behechio  (que  era  señor  en 
la  parte  occidental  hasta  el  fin  de  aquesta 
isla) ,  se  fué  de  la  tierra  de  su  marido,  á 
vivir  en  la  de  su  hermano,  á  la  provingia 
que  llaman  de  Xaragua;  é  aUí  fué  tan 
acatada  é  temida  por  señora,  como  el  mes- 
mo  Behechio.  De  esta  Anacaona  se  dirá 
adelante,  porque  fué  grande  persona  y 
en  mucho  tenida  en  estas  partes ,  por  ser 
muy  valerosa  y  de  grande  ánimo  é  inge- 
nio :  é  sus  cosas  desta  muger  fueron  no- 
tables en  bien  y  en  mal ,  como  se  dirá  en 
su  lugar. 


CAPITULO  II. 

De  la  batalla  é  victoria  qtfc  ovo  el  adelantado  don  Bartolomé  contra  el  rey  Guaríonex  é  otros  cator9e 
caciques  ó  reyes  ,  é  cómo  se  apartó  Roldan  Ximenez  de  la  obediencia  é  compañía  del  adelantado  don 

Bartolomé  é  del  almirante  primero. 


iluasi  en  el  tiempo  que  el  gerco  se  te- 
nia por  Caonabo  contra  el  capitán  Hojeda 
(segund  algunos  digen),  ó  después  que  fué 
desgercado  ( segund  otros  afirman ) ,  el 
cagique  Guarionex  convocó  todos  los  in- 
dios ó  cagiques  que  él  pudo ,  é  se  juntaron 
mas  de  quinge  mili  hombres  para  dar  so- 
bre el  adelantado  don  Bartolomé  é  los 
chripstianos  que  estaban  con  él  en  la  cib- 
dad  de  la  Vega  é  por  aquella  comarca. 
Porque,  como  tengo  dicho,  los  indios  se 
yban  enojando  desta  vegindad  de  los 
chripstianos ,  ó  no  querian  por  ningún 
caso  que  permanesgiesen  é  quedassen  en 
la  isla,  assi  porque  su  señorío  no  fuesse 
turbado  ni  aniquilado ,  como  les  paresgia 
que  se  les  yba  aparejando ,  como  porque 
sus  ritos  é  gerimonias  é  vigios  no  pares- 
gian  bien á los  chripstianos,  édegian  mal 


dellos.  Y  también  porque  les  paresgió  el 
tiempo  aparejado  para  su  mal  propóssito, 
á  causa  de  los  pocos  chripstianos  que 
avian  quedado  en  la  tierra  toda ,  assi  por 
las  enfermedades  é  trabajos  passadosque 
he  dicho ,  como  porque  antes  que  vinies- 
sen  otros  de  nuevo  con  el  almirante  que 
de  cada  dia  se  esperaba,  pudiessen  excluir 
é  acabar  los  que  paresgia  que  tenian  ya 
alguna  notigia  de  la  tierra ,  é  podrían  ser 
aviso  é  mucho  provechosos,  ó  parte  para 
les  poder  dañar ,  en  compañía  de  los 
chripstianos  que  de  nuevo  viniessen.  Y 
para  execugion  desto ,  juntado  su  exérgi- 
to,  movieron  á  buscar  los  chripstianos. 

El  adelantado  ,  gertificado  de  lo  que  es 
dicho,  no  esperó  ni  quiso  atender  á  se 
hager  fuerte  en  aquel  pequeño  pueblo  ni 
dar  causa  á  que  de  noche  le  pogassen 


DE  INDIAS.  LIB.  111.  CAP.  II. 


6f 


fuego  ó  le  gercassen  en  él ;  si  no  como 
buen  caballero  é  diestro  capitán ,  salió  al 
campo  é  transnochó  é  anduvo  tanto  que 
llegó  gerca  del  real  del  rey  Guarionex,  é 
á  la  segunda  guarda ,  ó  quasi  á  media  no- 
che con  hasta  quinientos  hombres  (entre 
sanos  y  enfermos) ,  dio  con  tanta  furia  é 
ímpetu  animosamente  en  los  enemigos 
por  dos  partes,  que  los  desbarató.  Y  co- 
mo los  indios  eran  gente  salvage  é  de- 
sarmada é  no  diestra  en  la  guerra  á  res- 
pecto de  los  chripstianos,  mataron  muchos 
dellos,  é  los  demás  fueron  presos,  puesto 
que  muchos  escaparon  por  la  escuridad 
de  la  noche.  Pero  fué  preso  el  mismo  rey 
Guarionex  con  otros  catorge  reyes  ó  ca- 
ciques ,  los  mas  principales  que  en  esta 
batalla  se  hallaron ,  la  qual  fué  gerca  de 
donde  es  fundada  la  villa  del  Bonao.  Fué 
aquesta  victoria  tan  señalada  cosa  y  de 
tanto  favor  para  los  chripstianos,  que  de 
mas  de  aumentarse  su  crédito  y  esfuergo 
en  la  reputagion  é  memoria  de  los  indios, 
dio  causa  á  que  gessáran  en  sus  ruinda- 
des é  rebeliones :  é  comengaron  á  ser  mas 
domésticos  é  á  se  comunicar  mas  con  los 
chripstianos  é  á  desechar  los  pensamien- 
tos de  la  guerra;  puesto  que  en  la  ver- 
dad la  gente  de  aquesta  isla  es  la  que  de 
menos  ser  é  esfuergo  se  ha  visto  en  to- 
das las  Indias  é  islas  é  Tierra-Firme ,  é 
la  que  mas  quieta  é  sossegada  manera  de 
vivir  tenia,  no  obstante  que,  como  tengo 
dicho,  no  faltaban  algunas  guerras  é  dis- 
cordias entre  estas  gentes;  pero  no  tan 
continuadas  é  sangrientas  como  en  otras 
partes. 

Tornando  á  la  historia ,  es  de  saber  que 
después  que  el  adelantado  ovo  este  ven- 
gimiento,  paresgióle  que  seria  mucha  cau- 
sa, para  perpetuar  la  paz  é  amistad  entre 
los  chripstianos  é  los  indios,  soltar  á  Gua- 
rionex con  los  mejores  partidos  que  él 
entendiesse.  E  assi  se  dio  orden  en  ello 
é  fué  libre.  De  ahy  adelante  hagia  buen 
acogimiento  é  Iractaba  bien  á  los  chrips- 


tianos en  su  tierra,  quando  por  ella  pas- 
saban  ó  á  ella  yban.  Otros  digen  que  en 
esta  batalla  no  se  halló  Guarionex ,  si  no 
su  gente ;  é  que  yba  por  su  capitán  ge- 
neral el  cagique  Mayobanex ,  y  que  este 
fué  después  con  otros  suelto ;  pero  que 
continuándose  la  guerra,  aviaseydo  presa 
la  muger  de  Guarionex ,  é  que  por  rede- 
mirla,  avia  venido  de  pages  é  á  ser  amigo 
de  los  chripstianos. 

Después  que  estas  victorias  ovo  el  ade- 
lantado ,  paresgia  que  se  le  avia  trocado 
la  condigion,  porque  se  mostró  muy  ri- 
guroso con  los  chripstianos  de  allí  ade- 
lante ,  en  tanta  manera  que  no  le  podían 
sofrir  algunos ,  en  espegial  Roldan  Xime- 
nez  que  avia  quedado  por  alcalde  mayor 
del  almirante.  Al  qual  el  adelantado  no 
hagia  la  cortesía  ó  tractamiento  que  él  pen- 
saba ser  meresgedor,  ni  el  Roldan  con- 
sentía que  en  las  cosas  de  la  justígia  fues- 
se  el  adelantado  tan  absoluto  como  que- 
ría serlo;  y  desta  causa  ovieron  malas 
palabras  y  el  adelantado  le  tragtó  mal,  é 
segund  algunos  dixeron,  puso  ó  quiso 
poner  las  manos  en  él.  Por  lo  quél  se  in- 
dinó de  manera,  que  con  setenta  hombres 
se  apartó  de  su  compañía  y  se  entró  la 
tierra  adentro ,  algado  y  desviado  de  la 
conversagion  de  los  chripstianos ,  prego- 
nando é  dígiendo  las  sinrazones  que  el 
adelantado  y  el  almirante  avian  fecho  (ó 
que  él  por  su  enojo  les  quería  imponer). 
E  con  determínagion  de  no  se  apartar  del 
servigio  de  ios  Reyes  Cathólícos ,  el  dicho 
Roldan  fagia  sus  protestagiones  para  no 
estar  debaxo  de  la  gobernagion  del  al- 
mirante ni  del  adelantado  en  ningún 
tiempo ,  como  nunca  lo  quiso  después  es- 
tar: si  no  fuesse  á  la  províngía  de  Xara- 
gua  á  la  tierra  é  señorío  del  rey  Behe- 
chio,  é  por  allá  anduvo  y  estuvo  fasta 
que  después  algund  tiempo,  vino  á  gober- 
nar esta  isla  é  tierra  el  comendador  Fran- 
gisco  de  Bobadilla,  como  se  dirá  ade- 
lante. 


62 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  III. 

Que  Iracta  de  lo  que  en  esta  isla  passó,  en  tanlo  que  el  almirante  fué  á  España ;  c  del  tercero  viaje  e" 
descubrimiento  quél  hizo,  qnando  halló  la  costa  (é  grandíssima  parte  del  mundo  incógnita)  llamada  Tierra- 
Firme  generalmente,  donde  muy  grandes  reynos  é  provincias  se  incluyen,  é  de  cómo  descubrió  assi- 
mismo  la  isla  de  Cubagua  ,  donde  es  la  riquíssima  pesquería  de  las  perlas ,  ó  de  otras  islas  nuevas  que 
halló,  y  del  subcesso  de  lodo  ello ,  con  otras  cosas  adérenles  á  la  historia. 


Assi  como  el  almirante  estuvo  algunos 
dias  en  la  corte  de  los  Cathólicos  Reyes, 
satisfaciendo  á  las  quexas  é  informacio- 
nes que  contra  él  avian  dado  fray  Buyl  é 
otros,  é  fué  con  clemengia  oydo  y  ab- 
suelto,  como  se  dixoenel  segundo  libro; 
diósele  ligengia  que  tornasse  á  la  gober- 
nación destas  tierras ,  é  mandáronle  con- 
tinuar el  descubrimiento  dellas.  Y  para  lo 
poner  en  efecto ,  partió  de  la  bahia  de  Cá- 
diz en  el  mes  de  mar^o  del  año  de  mili  é 
quatrogientos  é  noventa  y  seis  (aunque 
algunos  digen  que  era  en  el  año  de  no- 
venta é  siete  de  la  Natividad  de  Jesu- 
Chripsto,  nuestro  Redemptor) ,  é  salió  á  la 
mar  océana  con  seis  caravelas ,  muy  bien 
armadas  é  proveydas  de  bastimentos  é 
de  todo  lo  nesgessario  para  su  viaje.  E 
después  que  llegó  á  Canaria,  envió  las  tres 
caravelas  á  esta  isla  Española  con  basti- 
mentos é  alguna  gente;  y  él  siguió  su 
camino  con  las  otras  tres  caravelas  que 
le  quedaron,  la  vuelta  de  las  islas  que  lla- 
man eatre  los  vulgares  islas  de  Antonio, 
é  agora  se  digen  de  Cabo  Verde ,  que  son 
las  mismas  que  los  antiguos  nombraban  las 
Gorgades.  Y  desde  allí  corrió  con  sus  na- 
vios al  sudueste  bien  giento  é  ginqüenta 
leguas:  é  tomóles  una  gran  tormenta  é 
púsolos  en  tal  nesgessidad  que  cortaron 
los  másteles  de  las  meganas,  é  aliviaron 
mucha  parte  de  la  carga  y  se  vieron  en 
grandíssimo  peligro.  Pero  esta  tormenta 
que  dige  Hernán  Pérez  Mathcos,  piloto 
que  hoy  está  en  esta  cibdad  de  Sancto 
Domingo ,  no  fué  assi ,  segund  dige  don 
Fernando  Colom ,  hijo  del  almirante ,  que 


allí  se  halló ,  el  qual  afirma  que  fué  de 
calmas  é  calor  tanta ,  que  las  vasijas  se 
les  abrían  y  el  trigo  se  podría ;  y  les  fué 
nesgessario  alijar  é  arredrarse  de  la  equi- 
nogíal,  é  corrieron  al  huesnorueste  é  fue- 
ron á  reconosger  la  isla  de  la  Trinidad, 
el  qual  nombre  le  puso  el  almirante,  por- 
que llevaba  pensamiento  de  poner  á  la 
primera  tierra  que  viesse  la  Trinidad.  E 
assi,  quando  vido  la  primera  tierra  firme 
é  la  dicha  isla,  vido  tres  montes  á  un  tiem- 
po ó  gercanos ,  é  luego  puso  á  aquella  isla 
por  nombre  la  Trinidad,  é  passó  por 
aquel  embocamiento  que  llaman  la  Boca 
del  Drago,  é  vióse  la  Tierra-Firme  é 
mucha  parte  de  la  costa  della.  Pero  co- 
mo es  de  flecheros  caribes ,  y  la  isla  que 
he  dicho  assi  mesmo,  é  tiran  con  hierva 
inrremediable ,  y  es  gente  muy  fiera  é 
salvaje ,  no  pudieron  aver  lengua  con  los 
indios,  aunque  vieron  muchos  dellos  en 
sus  piraguas  é  canoas  en  que  navegan, 
de  las  quales  é  de  su  forma  se  dirá  ade- 
lante ;  y  también  vieron  gente  en  tierra . 
Está  aquesta  isla  en  nueve  grados  á  la 
parte  de  nuestro  polo  ártico  de  la  banda 
que  tiene  esta  isla  hágia  el  sur  ó  medio- 
día ,  é  de  la  que  tiene  mirando  al  septen- 
trión ó  norte,  está  en  diez  grados.  Tiene 
de  latitud  diez  y  ocho  ó  veynte  leguas 
poco  mas  ó  menos,  é  de  longitud  veynte 
é  ginco  ó  algo  mas.  La  tierra  que  está 
opuesta  á  la  parte  del  sur  desta  isla  en  la 
Tierra-firme,  se  llama  el  Palmar,  porque 
allí  vieron  é  hay  grandes  palmares.  Y  mas 
al  levante,  la  costa  arriba,  está  Rio  Sala- 
do t  ó  porque  queriendo  tomar  agua  en 


DE  INDIAS.  LIB.  líl.  CAP.  III. 


63 


él,  le  hallaron  muy  salobre,  dio  causa  que 
el  almirante  assi  le  nombrasse.   Al  po- 
niente desta  isla  de  la  Trinidad  está  la 
punta  de  las  salinas,  en  Tierra-Firme,  diez 
ó  áoQG  leguas ,  y  entre  aquesta  punta  é 
la  Tierra-Firme  (aunque  también  la  mes- 
ma  punta  es  tierra  firme) ,  está  un  gol- 
pho  al  qual  el  almirante  llamó  la  Boca 
del  Drago  (porque  pares^e  algo  la  figura 
deste  embocamiento  boca  de  drago  abier- 
ta) ,  dentro  del  qual  hay  muchas  isletas. 
Y  desde  la  punta  de  las  salinas,  que  está 
en  diez  grados  de  la  equinogial ,  discur- 
rió el  almirante  por  la  costa  al  poniente, 
é  reconosgió  otras  islas  y  púsoles  nombre 
los  Testigos ,  é  á  otra  isla  llamó  la  Gcne- 
ivsa.  E  vio  otras  muchas  isíes  que  por  allí 
hay :  é  fué  adelante  y  descubrió  la  rica 
isla  llamada  Ciihagua ,  que  agora  llama- 
mos la  isla  de  las  Perlas ,  porque  allí  es 
la  pringipal  pesquería  dellas  en  estas  In- 
dias. E  junto  con  ella  está  otra  isla  muy 
mayor,  é  mandóla  el  almirante  llamar  la 
Margarita.  La  isla  de  Gubagua,  ó  de  las 
Perlas,  está  quasi  ginqüenta  leguas  al  po- 
niente de  la  punta  de  las  sali»as  que  se 
dixo  de  suso.  Esta  es  una  isla  pequeña 
que  terna  de  gircuyto  tres  leguas  poco 
mas  ó  menos ,  é  desde  ella  á  la  Tierra- 
Firme  hay  quatro  leguas  á  la  provincia 
que  se  dige  Araya.  E  allí  descubrió  los 
Testigos,  que  son  isleos,  é  isla  de  Páxa- 
ros  y  otras  islas.  Y  passó  el  almirante  con 
sus  tres  caravelas  la  costa  de  Tierra-Fir- 


me al  poniente,  é  halló  la  isla  de  Pcyre- 
gari,  que  está  veynte  é  siete  ó  treynta 
leguas  de  Gubagua.  Y  mas  adelante  des- 
cubrió otras  islas  que  se  llaman  los  Ro- 
ques, y  la  isla  de  la  orchilla ,  que  se  di- 
go Yaruma,  donde  hay  mucha  cantidad 
della,  segund  fama.  Esta  isla  está  doge  le- 
guas de  otra  que  también  descubrió  el 
ahnirante  mas  al  hueste,  que  se  llama  Co~ 
raeao.  E  assi  mismo  descubrió  otras  mu- 
chas islas  é  isleos,  hasta  que  llegó  al  Cabo 
de  la  Vela.  Y  porque  allí  se  vio  una  gran 
canoa  ó  piragua  de  indios  que  yba  á  la 
vela ,  púsole  nombre  á  aquella  tierra  el 
Gabo  déla  Vela,  en  Tierra-Firme.  Desde 
el  qual  cabo  á  la  dicha  punta  de  las  sa- 
linas é  Boca  del  Drago  hay  giento  é  ochen- 
ta leguas  poco  mas  ó  menos;  é  desde 
aquel  Gabo  de  la  Vela  atravessó  el  gol- 
pho  que  hay  entre  Tierra-Firme  é  aques- 
ta isla  Española,  é  vino  á  esta  cibdad  que 
en  aquel  tiempo  estaba  de  la  otra  parte 
deste  rio.  Está  aquel  Gabo  de  la  Vela  nor- 
te sur  con  la  isla  Beata ,  que  es  una  is- 
leta  gerca  desta  isla  de  Hayti  ó  Españo- 
la, al  poniente  desta   cibdad  treynta  é 
qíuqo  leguas.  Assi  que  aqueste  fué  elter- 
gero  viaje  é  descubrimiento  que  hizo  el 
primero  almirante  destas  Indias.  Mas  por- 
que se  dixo  de  suso  que  en  Gubagua  ha- 
lló la  pesquería  de  las  perlas ,  y  es  cosa 
tan  notable  é  rica ,  degirse  há  de  qué 
manera  supo  que  allí  las  avia ,  quando 
en  particular  tractáremos  desta  isla. 


CAPITULO  IV. 

De  lo  que  el  adclanlaclo  don  Bartolomé  fizo,  en  lanío  que  el  almirante  fue  á  España  hasta  qucl  tornó  á 

esta  cibdad,  después  que  descubrió  parte  de  la  Tierra-Firme  ;  é  de  la  gobernagion  del  almirante  hasta  su 

prisión ,  é  de  los  reyes  ó  señores  que  avia  en  esla  isla. 


JtLn  el  capítulo  de  suso  se  dixo  el  ter- 
gero  viaje  del  ahnirante  don  Ghripstóbal 
Golom  hasta  que  volvió  á  esta  cibdad  de 
Sancto  Domingo.  Es  agora  de  saber  que 
en  tanto  quél  estuvo  en  España  y  en  el 


descubrimiento  de  parte  de  la  costa  é 
tierra  grande  é  firme ,  y  de  las  otras  is- 
las que  se  dixo  en  el  capítulo  pregeden- 
te,  no  venían  navios  de  España  ni  de  acá 
yban  á  ella  i  é  como  los  que  avian  ydo 


64 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


de  acá  con  el  almirante  é  antes  sin  él  é 
avian  padesgido  los  trabajos  que  se  han 
dicho,  é  yban  enfermos  é  pobres  é  de 
tan  mala  color  que  paresgian  muertos, 
infamóse  mucho  esta  tierra  é  Indias,  é 
no  se  hallaba  gente  que  quisiesse  venir 
á  ellas. 

Por  gierto  yo  vi  muchos  de  los  que  en 
aquella  sagon   volvieron  á  Castilla   con 
tales  gestos ,  que  me  paresge  que  aun- 
que el  Rey  me  diera  sus  Indias ,  quedan- 
do tal  como  aquellos  quedaron ,  no  me 
determinara  de  venir  á  ellas.  Y  no  era  de 
maravillar,  si  tales  quedaban  algunos,  si- 
no cómo  pudo  vivir  ó  escapar  hombre  de 
todos  ellos,  mudándose  á  tierras  tan  apar- 
tadas de  sus  patrias ,  é  dexando  todos  los 
regalos  de  los  manjares,  con  que  se  cria- 
ron, y  desterrándose   de  los   deudos  é 
amigos ,  y  faltando  las  mediginas ;  é  por 
otras  causas  é  nesgessidades  que  no  se 
podrían  acabar  de  expressar  sin  prolixa 
relagion.  Y  cómo  faltaba  ya  la  gente,  é 
no  dexaban  de  yrse  á  España  si  no  los 
que  no  podian  ó  por  falta  de  navios ,  é 
de  la  vuelta  del  ahnirante  ninguna  certi- 
nidad se  tenia ,  estaba  ya  quasi  perdida 
esta  tierra ,  é  tenida  por  inútil  y  con  mu- 
cho temor  los  que  acá  estaban.  E  sin  du- 
da se  perdieran,  sino  fueran  socorridos  de 
aquellas  tres  caravelas  que  vinieron  de 
España  con  gente ,  que  dixe  que  el  al- 
mirante envió  desdólas  islas  de  Canaria, 
ó  Iruxeron  mas  trescientos  hombres  sen- 
tenciados é  desterrados  para  esta  isla,  los 
quales  llegaron  en  tal  sagon ,  que  assi  los 
tales  como  los  que  los  truxeron,  juntados 
con  essos  pocos  que  acá  estaban ,  fue- 
ron causa  que  la  tierra  no  se  despoblas- 
se  é  se  sostuviesse ;  pues  los  chripstianos 
no  osaban  ya  saUr  desta  cibdad  ni  passar 
el  rio  para  esta  otra  parte  ó  costa  del.  Y 
puédese  afirmar  que  por  este  socorro  fué 
restaurada  la  vida  de  los  que  acá  esta- 
ban ,  é  se  sostuvo  y  no  se  perdió  total- 
mente  esta  isla,  porque  entre  aquella 


gente  ovo  muchos  hombres  valientes  y 
especiales  personas.  E  assi  luego  los  in- 
dios descercaron  la  cibdad  de  la  Concep- 
ción de  la  Vega  é  á  esta  cibdad  é  su  for- 
taleza  (estando  de  la  otra   parte  deste 
rio ,  donde  primero  fué  fundada) ,  é  los 
indios  perdieron  la  esperanca  que  tenian 
de  ver  la  tierra  sin  los  chripstianos.  En 
especial  viendo  desde  á  poco  tiempo  des- 
pués venir  al  almirante  con  otras  tres  ca- 
ravelas é  muy  buena  gente  en  ellas ,  de- 
xando ya  descubiertas  las  islas  y  parte  de 
la  Tierra-Firme  é  las  Perlas ,  segund  se 
dixo  en  el  capítulo  antes  de  aqueste.  El 
qual  llegado   á  esta  cibdad ,  que  estaba 
(como  he  dicho) ,  de  la  otra  parte  deste 
rio  enfrente  de  donde  agora  está ,  halló 
al  adelantado,  su  hermano,  é  á  los  otros 
chripstianos  que  con  él  estaban  en  paz; 
pero  no  muy  contentos  algunos  dellos 
por  la  ausencia  de  Roldan  Ximenez ,  é 
con  las  murmuraciones   que  suele  aver 
en  esta  tierra  ;  porque  quedaban  algunos 
aficionados  ó  inficionados  de  las  passio- 
nes  viejas  del  tiempo  de  frey  Buyl.   Mas 
todos  obedescieron  é  rescibieron  al  al- 
mirante con  alegre  semblante ,  y  le  die- 
ron la  obediencia  como  á  visorey  é  go- 
bernador que  en  nombre  de  los  Cathóli- 
cos  Reyes  venia.  Y  exerciendo  su  ofigio 
é  gobernación  como  él  mejor  podia ,  nun- 
ca faltaron  quexosos  de  sus  obras ,  por- 
que les  parescia  que  assi  como  favores-* 
Cia  é  ayudaba  á  unos,   assi  ofendía  ó 
maltrataba  á  otros.  Angélico  ha  de  ser  el 
gobernador  que  á  todos  contentare  é  mas 
que  humano,  porque  unos  hombres  son 
inclinados  á  vicios,  é  otros  á  virtudes: 
unos  á  trabaxar  y  exercitar  las  personas, 
é  otros  al  reposo  é  quietud :  unos  á  des- 
pender ,  é  otros  á  guardar ;  y  unos  á  una 
cosa,  é  otros  á  otra.  E  assi  el  que  go- 
bierna no  puede  contentar  á  tantos  gé- 
neros   de    inclinaciones  ,    porque   unos 
quieren  la  guerra  é  robar  y  no  poblar  la 
tierra ,  si  no  darle  un  repelón  y  volverse 


DE  INDIAS.  LIB.  III.  CAP.  IV. 


65 


donde  le  esperan ,  y  dessea  acabar  sus 
dias:  otros  que  querrían  lo  contrario  y 
assentar  é  arraigarse ,  no  les  dan  con  qué 
ni  los  favoresgen.  E  assi  como  son  di- 
versos los  fines  de  los  hombres,  y  tan 
difígil  cosa  entenderlos ,  assi  el  que  go- 
bierna es  menester  que  tenga  espegial 
ventura  y  favor  de  Dios  para  ser  amado; 
no  obstante  que  mucho  está  en  la  mano 
del  gue  puede  mandar  para  que  le  quie- 
ran bien  los  gobernados.  E  si  uno  estu- 
viere dessabrido,  muchos  estarán  satisfe- 
chos con  que  solamente  tenga  tres  co- 
sas :  reto  en  las  cosas  de  justigia;  liberal, 
é  sin  codigia.  Volvamos  á  nuestra  his- 
toria . 

En  esta  sagon  dio  orden  en  fundar,  ó 
mejor  digiendo,  reformar  la  cibdad  de  la 
Concepción  de  la  Vega  é  la  villa  de 
Sanctiago  é  la  villa  del  Bonao.  Estas 
tres  poblaciones  hizo  el  almirante  pri- 
mero ,  don  Chripstóbal  Colom ,  en  esta 
isla ,  é  primero  que  todas  ellas  la  cibdad 
Isabela ,  de  la  qual  se  passó  la  gente  á 
dar  principio  á  esta  cibdad  de  Sancto  Do- 
mingo ,  como  se  dixo  en  el  segundo  li- 
bro. Y  estando  las  cosas  en  este  estado, 
tornó  el  almirante  don  Chripstóbal  en 
España;  y  los  Reyes  Cathólicos,  tenién- 
dose por  muy  servidos  del,  le  confirma- 
ron otra  vez  sus  privilegios  en  la  cibdad 
de  Burgos  á  veynte  é  tres  dias  de  abril  de 
mili  é  quatrogientos  é  noventa  y  siete  años. 

Mas  porque,  para  lo  que  se  espera  pro- 
seguir adelante  en  la  historia,  convie- 
ne que  se  diga  qué  reyes  ó  príngipes  te- 
nían el  señorío  desta  isla  de  Hay  ti ,  que 
agora  llamamos  Española ,  digo  que  aqui 
ovo  (segund  yo  supe  de  los  testigos  que 
tengo  alegado ,  é  por  las  memorias  que 
yo  he  copilado  desde  que  en  Bargelona, 
año  de  mili  y  quatrogientos  é  noventa  y 
tres ,  vi  los  primeros  indios  é  á  Colom  en 
la  corte  de  los  Reyes  Cathólicos),  ginco 
prefetos  ó  reyes,  que  los  indios  llaman 

cagiques ,  que  mandaban  y  señoreaban 
TOMO  I. 


toda  la  isla ;  debaxo  de  los  quales  avia 
otros  cagiques  de  menor  señorio,  que 
obedesgian  á  alguno  de  los  ginco  pringi- 
pales.  E  assi  todos  cinco  eran  obedesgi- 
dos  de  los  inferiores  que  mandaban ,  ó 
eran  de  su  jurisdigion  é  señorio ,  é  aque- 
llos menores  venian  á  sus  llamamientos 
de  paz  ó  de  guerra  como  los  superiores 
ordenaban ,  é  mandábanles  lo  que  que- 
rían. Los  nombres  de  los  ginco  eran  es- 
tos: Guarionex,  Caonabo,  Behechio,  Goa- 
canagari,  Cayacoa.  Guarionex  tenia  todo 
lo  llano  é  señoreaba  mas  de  sessenta  le- 
guas en  el  medio  de  la  isla.  Behechio  te- 
nia la  parte  occidental  é  la  tierra  é  pro- 
vingia  de  Xaragua,  en  cuyo  señorio  cae 
aquel  gran  lago  de  que  en  adelante  se 
dirá.  El  cagique  ó  rey  Goacanagari  tenia 
su  señorio  á  la  parte  del  norte ,  donde  y 
en  cuya  tierra  el  almirante  dexó  los  treyn- 
ta  y  ocho  chripstianos ,  quando  la  prime- 
ra vez  vino  á  esta  isla.  Cayacoa  tenia  la 
parte  del  oriente  desta  isla  hasta  esta  cib- 
dad é  fasta  el  rio  de  Hayna ,  é  hasta  don- 
de el  rio  Yuna  entra  en  la  mar,  ó  muy 
poco  menos ;  y  en  fin  era  uno  de  los  ma- 
yores señores  de  toda  esta  isla ,  é  su  gente 
era  la  mas  animosa  por  la  vegindad  que 
tenia  de  los  caribes.  Y  aqueste  murió 
desde  á  poco  que  los  chripstianos  comen- 
garon  á  le  hager  la  guerra ;  é  su  muger 
quedó  en  el  Estado ,  é  fué  después  chrips- 
tiana,  y  se  llamó  Inés  de  Cayacoa.^'  El 
rey  Caonabo  tenia  su  señorio  en  las  sier- 
ras ,  y  era  gran  señor  y  de  mucha  tierra . 
Este  tenia  un  cagique  por  su  capitán  ge- 
neral en  toda  su  tierra ,  é  la  mandaba  en 
su  nombre,  que  se  degia  Uxmatex;  el 
qual  era  vizco  ó  visojo,  y  era  tan  va- 
liente hombre  que  le  temían  todos  los 
otros  cagiques  é  indios  de  la  isla.  Este 
Caonabo  casó  con  Anacaona,  hermana 
del  cagique  Behechio ,  é  seyendo  un  ca- 
ribe pringipal ,  se  vino  á  esta  isla  como 
capitán  aventurero ,  y  por  el  ser  de  su 
persona  se  casó  con  la  susodicha ,  é  hizo 


66 


HISTORIA  GEINERAL  Y  NATURAL 


su  principal  assiento  donde  agora  está 
la  villa  de  Sanct  Juan  de  la  Maguana ,  é 
señoreó  toda  aquella  provincia. 

Nunca  avia  ni  acaescian  guerras  ó  di- 
ferencias entre  los  indios  desta  isla  sino 
por  una  destas  tres  causas :  sobre  lo"s 
términos  é  jurisdigion  ,  ó  sobre  las  pes- 
querías, ó  quando  de  las  otras  islas  ve- 


nían indios  caribes  flecheros,  á  saltear.  Y 
quando  estos  extraños  venian,  ó  eran 
sentidos,  por  muy  enemigos  é  diferentes 
que  los  príncipes  ó  principales  caciques 
desta  isla  estuviessen ,  luego  se  juntaban 
y  eran  conformes ,  y  se  ayudaban  contra 
los  que  de  fuera  venian. 


CAPITULO  V. 

Que  Irada  del  lago  de  Xarag-ua,   y  de  olro  lago  que  eslá  en  las  sierras  é  cumbres  mas  altas  desta  isla, 
y  de  la  forma  de  la  gente  que  en  esta  isla  se  halló,  é  con  qué  armas  peleaban;  y  qué  gente  son  los  ca- 
ribes flecheros ,  y  de  la  Santa  Vera  Cruz  de  la  Concepción  de  la  Vega. 


wuiero  aquí  declarar  qué  cosa  es  el  la- 
go de  Xaragua ,  y  qué  tal  es  el  que  está 
en  las  cumbres  é  sierras  mas  altas  de 
aquesta  isla ,  é  quién  son  los  indios  cari- 
bes que  nombré  de  suso ,  é  todo  lo  que 
contiene  el  título  deste  quinto  capítulo, 
porque  todas  estas  cosas  son  muy  nota- 
bles. El  lago  de  Xaragua  comienca  á  dos 
leguas  de  la  mar,  cerca  de  la  villa  de  la 
Yaguana ;  é  dícese  de  Xaragua,  porque 
assi  llaman  los  indios  á  la  provincia  en 
que  él  está.  Extiéndese  al  oriente,  y  en 
algunas  partes  tiene  de  ancho  tres  le- 
guas ,  y  en  todo  lo  demás  es  de  dos  y  de 
una  legua ,  é  algo  mas  é  menos.  Es  sa- 
lado assi  como  la  mar,  porque  es  un  ojo 
que  se  hace  é  sale  della,  puesto  que  en 
algunas  entradas  de  rios  é  arroyos  es 
dulce.  Hay  en  él  todos  los  pescados  que 
hay  en  la  mar,  excepto  vallenas  é  otros 
de  los  muy  grandes  :  é  aun  también  hay 
tiburones  que  son  bien  grandes,  é  otras 
muchas  diferencias  de  pescados,  é  mu- 
chas tortugas ,  que  llaman  los  indios  hi- 
coteas. Y  en  el  tiempo  que  esta  isla  es- 
tuvo muy  poblada,  estuvo  poblado  por 
toda  la  costa  este  lago  de  todas  partes. 
El  año  de  mili  y  quinientos  y  quince,  yo 
anduve  por  toda  su  longitud ,  y  hallé  mu- 
chos indios  que  á  par  deste  lago  vivian 
en  muy  hermosos  asientos.  Terna  este  la- 


go ,  desde  donde  está  mas  cerca  de  la  mar 
fasta  donde  está  mas  metido  en  la  tier- 
ra ,  diez  y  ocho  leguas ;  y  es  de  muchas 
pesquerías ,  á  causa  de  lo  qual  era  muy 
poblado ,  porque  el  pescado  es  el  man- 
jar á  que  los  indios  son  mas  inclinados. 
El  otro  lago ,  que  dixe  que  está  en  las 
cumbres  é  sierras  de  aquesta  isla ,  es  una 
gran  novedad  é  cosa  muy  notable  para 
mirar  en  ella  ;  y  aunque  en  esta  isla  hay 
algunos  que  hablan  en  él ,  pocos  son  é 
muy  raros  los  que  le  han  visto.  Y  llega- 
do al  cabo  esto,  solo  uno  he  visto  que 
mas  se  deba  creer ,  porque  es  buena  per  - 
sona  y  hoy  vive  y  es  vecino  desta  cib- 
dad  de  Sancto  Domingo :  el  qual  dice 
que  en  tiempo  de  la  gobernación  del  co- 
mendador mayor,  don  frey  Nicolás  de 
Ovando,  y  por  su  mandado,  este  hom- 
bre y  otros  chripstianos  fueron  á  aquellas 
sierras  altas,  donde  nasce  el  rio  de  Nicao, 
en  especial  adonde  vivía  el  cacique  Biau- 
tex ,  que  estaba  al  pie  de  la  sierra  mas 
alta :  hasta  el  qual  cacique  ó  asiento  hay 
desde  aquesta  cibdad  de  Sancto  Domin- 
go quince  ó  diez  y  seys  leguas ,  é  por 
aquella  parte  no  se  puede  subir  á  la  di- 
cha sierra ,  porque  está  allí  tan  áspera  y 
derecha  que  no  es  possible  subir  arriba. 
Pero  por  la  otra  parte,  á  la  banda  del 
norueste ,  este  hombre ,  llamado  Pedro 


DE  INDIAS.  LIB.  III.  CAP.  V. 


67 


de  Lumbreras ,  subió  á  ver  este  lago  ,  é 
con  él  otro  hidalgo,  llamado  Mexia,  é  con 
ellos  hasta  seys  indios  gandules  é  bien 
dispuestos  ;  pero  quando  fueron  gerca  de 
la  altura  se  quedaron  el  Mexia  é  los  in- 
dios, assi  como  comengaron  á  oyr  el  ruy- 
do  que  en  lo  alto  sonaba.  E  como  esto 
vido  Pedro  de  Lumbreras ,  dixo  al  Mexia 
que  por  qué  no  andaba ,  y  le  respondió 
que  porque  de  cansado  é  muerto  de  frió 
no  podia  yr  adelante ;  y  él  por  esto  no 
dexó  de  proseguir   su  camino ,  aunque 
muy  cansado  é  con  mucho  frió,  por  la 
altura  grande  que  hay  en  aquella  monta- 
ña. E  ya  que  avian  seguido  por  un  rio 
que  hay  entre  aquellas  sierras,  que  se 
dige  Pañi,  y  que  el  rio  seguia  otra  via  é 
se  apartaba  por  el  través,  siguió  Pedro 
de  Lumbreras  por  la  Cuesta  Rasa  que  lla- 
man, que  está  de  la  parte  que  he  dicho 
del  norueste ;  é  llegó  muy  cansado  é  des- 
mayado quasi  á  la  sumidad  é  mas  alta 
parte  de  las  cumbres ,  é  descansó  allí  un 
poco ,  no  dexando  de  se  encomendar  á 
Dios,  segund  el  mucho  espanto  que  avia 
tomado  del  estruendo  que  andaba  en  lo 
alto.  E  porfió  por  subir  arriba,  y  llegó  has- 
ta en  fin  de  todo  lo  que  se  pudo  subir, 
por  un  camino  muy  dificultoso  é  que  con 
mucho  trabajo  se  pudo  andar;  y  llegado 
allá,  vido  una  laguna  que  á  su  paresger 
dige  que  seria  de  tres  tiros  de  ballesta 
en  luengo  ó  longitud ,  é  ternia  de  ancho 
la  tergia  parte  de  lo  que  he  dicho.  Y  es- 
tuvo mirando  este   lago   tanto   espagio 
quanto  se  podrían  degir  tres  credos.  Di- 
ge Pedro  de  Lumbreras  que  era  tanto  el 
ruydo  y  estruendo  que  oia,  que  él  es- 
taba muy  espantado ,  é  que  le  paresgia 
que  no  era  aquel  estruendo  de  voges  hu- 
manas ,  ni  sabia  entender  qué  animales 
ó  fieras  pudiessen  hager  aquel  horrible 
sonido.  En  fin  que  como  estaba  solo  y 
espantado,  se  tornó  sin  ver  otra  cosa.  Yo 


le  he  preguntado  si  avia  llegado  al  agua, 
é  si  era  dulge  ó  salada ,  y  él  me  dixo  que 
no  llegó  á  ella  con  doge  ó  quinge  passos, 
y  que  visto  lo  que  es  dicho ,  Pedro  de 
Lumbreras  se  tornó  en  busca  de  aquel 
Mexia  é  de  los  indios  que  avia  llevado. 
Assi  que  esto  es  lo  que  mas  se  sabe  de 
aqueste  lago ,  del  qual  hay  derramadas 
por  esta  isla  muchas  novelas  que  yo  no 
creo,  ni  son  para  escrebir  sin  mas  gerti- 
ficagion  dellas. 

Vengamos  á  los  caribes  flecheros.  Es- 
tos viven  en  las  islas  comarcanas,  y  la 
pringipal  isla  desta  gente  fué  la  isla  de 
Boriquen,  que  agora  se  llama  Sanct  Juan, 
é  las  otras  gercanas  della,  assi  como 
Guadalupe ,  la  Dominica,  Matinino  y  Ci- 
buqueyra ,  que  agora  se  dige  Sancta  Cruz, 
é  las  de  aquel  paraje.  E  de  aquellas  ve- 
nían en  sus  canoas  con  arcos  y  flechas  á 
saltear  por  la  mar ,  é  á  hager  la  guerra  á 
la  gente  desta  isla  de  Hay  ti.  Son  aquellos 
flecheros  mas  denodados  é  valientes  que 
los  desta  isla ,  porque  solamente  avia,  en 
ella  flecheros  en  una  parte  solaóprovin- 
gia  que  se  dige  de  los  Ciguayos,  en  el 
señorio  de  Caonabo ;  mas  no  tiraban  con 
hierva  ni  la  sabian  hager. 

Créese  que  estos  antiguamente  vinie- 
ron de  alguna  de  las  islas  gercanas  de  los 
flecheros ,  que  hay  muchas ,  como  he  di- 
cho ;  y  por  la  antigüedad  avian  olvidado 
su  lengua  y  hablaban  la  desta  tierra, 
aviendo  dexado  la  suya.  E  si  esto  no  es 
por  aventura,  para  se  defender  de  sus 
enemigos ,  aprendieron  á  usar  sus  armas 
mismas:  los  que  son  caribes  tiran  con 
hierva  é  muy  mala.  Mas  yo  tengo  quasi 
por  naturales  armas,  ó  por  las  mas  anti- 
guas las  flechas.  Aunque  dige  Plinio  '  que 
el  arco  y  las  saetas  halló  primero  Scy- 
the ,  hijo  de  Júpiter ,  otros  digen  que  las 
saetas  las  halló  Perseo ,  hijo  de  Perseo; 
pero  yo  tengo  que  es  muy  mas  antigua 


i     Libro  VII,  capítulo  LVI. 


68 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


que  lo  que  di^e  Plinio  el  arco  y  las  fle- 
chas ;  pues  que  Lamech ,  el  qual  fue  pa- 
dre del  patriarcha  Noé,  en  la  primera 
edad  mató  á  Caim  con  una  flecha  ó  saeta 
que  le  tiró.  Aver  muerto  Lamech  á  Caim 
él  lo  confiesa  ' ;  pero  no  dige  con  qué  ar- 
ma. Mas  en  aquel  Suplemento  de  chróni- 
cas  dige  que  engañado  Lamech  por  un  mo- 
chacho,  le  tiró  con  el  arco:  y  aquella  Chró- 
nica  theutónica ,  que  tracta  desde  el  prin- 
cipio del  mundo,  áige  assi:  Cumque Caim 
confectus  essei  sénior ,  el  inter  fructifera 
aliquando  sederet ,  á  pronepote  suo  Lamechy 
qui  senectutis  vitio  cecus  factus,  dum  vena- 
tioni  Í7isisteret,pueri  ductoris  suasu  credens 
Caim  feram ,  sagita  occisus  fuit.  Por  las 
quales  auctoridades  digo  que  las  flechas 
ó  saetas  son  las  mas  antiguas  armas  de 
todas ,  ó  quasi  naturales ,  y  como  tales 
naturalmente  pudieron  estas  gentes  sal- 
vages  venir  en  conogimiento  dellas. 

Tornando  á  nuestro  propósito,  digo  que 
la  color  desta  gente  es  lora :  son  de  me- 
nor estatura  que  la  gente  de  España  co- 
munmente ;  pero  son  bien  hechos  é  pro- 
porcionados ,  salvo  que  tienen  las  frentes 
anchas  é  las  ventanas  de  las  narices  muy 
abiertas,  é  lo  blanco  de  los  ojos  algo 
turbio.  Esta  manera  de  frentes  se  hage 
artificialmente;  porque  al  tiempo  que 
nasgen  los  niños,  les  aprietan  las  ca- 
begas  de  tal  manera  en  la  frente  y  en 
el  colodrillo,  que  como  son  las  cria- 
turas tiernas ,  las  hacen  quedar  de  aquel 
talle,  anchas  las  cabegas  delante  é  de- 
tras, é  quedan  de  mala  gragia.  Andan  to- 
dos desnudos  é  no  tienen  barbas,  an- 
tes por  la  mayor  parte  son  lempiños. 
Las  mugeres  andan  desnudas,  é  desde 
la  ginta  abaxo  traen  unas  mantas  de 
algodón  fasta  la  mitad  de  la  pantorrilla; 
é  las  cagicas  é  mugeres  pringipales  hasta 
los  tobillos:  las  tetas  é  lo  demás,  desde 
la  ginta  arriba,  está  descubierto.  Este  há- 


bito trayan  las  que  eran  casadas  ó  ha- 
blan conosgido  varón ;  pero  las  dongellas 
vírgines  ninguna  cosa  trayan  destas 
mantas  ( que  llaman  naguas)  sino  de  to- 
do punto  toda  la  persona  desnuda.  Hay 
algunas  de  buenas  disposigiones  :  tienen 
muy  buen  cabello  ellas  y  ellos ,  y  muy 
negro  é  llano  y  delgado :  no  tienen  bue- 
nas dentaduras. 

Después  que  los chripstianos  vinieron, 
tomaron  de  su  conversación  alguna  ver- 
güenza estas  gentes,  é  pusiéronse  los 
indios  unas  pampanillas ,  que  es  un  pe- 
dazo de  lienzo  ó  de  paño  tamaño  como 
una  mano ,  delante  de  sus  vergonzosas 
partes;  pero  no  con  tanto  aviso  puesto, 
que  se  les  dexe  de  ver  quanto  debrian 
encobrir. 

Pelean  con  macanas  los  indios  de  esta 
isla ,  que  son  unos  palos  tan  anchos  co- 
mo tres  dedos  ó  algo  menos ,  é  tan  luen- 
gos como  la  estatura  de  un  hombre  con 
dos  filos  algo  agudos;  y  en  el  extremo 
de  la  macana  tiene  una  manija ,  é  usaban 
dellas  como  de  hacha  de  armas '  á  dos 
manos:  son  de  madera  de  palma  muy 
regia  y  de  otros  árboles.  Plinio  dige^que 
los  africanos  fueron  los  primeros  que  fi- 
gieron  batalla  contra  los  egipgios  con 
magas  de  leña,  las  quales  se  llaman  js/ia- 
lange:  lo  qual  me  paresge  que  es  lo 
mesmo  que  las  macanas,  no  obstante 
que  los  latinos  llaman  phalange  al  esqua- 
dron  de  gente  de  pie,  puesta  en  orde- 
nanga.  Y  deste  nombre  phalange  tam- 
bién hay  una  araña  ponzoñosa,  y  el  latino 
dige  assi  mismo  phalanga  sive  palanga  por 
la  palanca ;  y  esto  es  lo  que  quiere  degir 
Plinio ,  y  á  lo  que  paresge  la  macana  ó 
arma  destos  indios.  Assi  mismo  pelean 
con  varas  arrojadizas  como  dardos ,  é  al- 
gunas mas  delgadas  que  dardos  y  agu- 
das las  puntas,  que  para  entre  gente 
desnuda  son  assaz  peligrosas,  é  aun  pa- 


\    Génesis,  capítulo  IV. 


2     Lib.  Vil,  cap.  LVI. 


DE  INDIAS.  LIB.  III.  CAP.  V. 


69 


ra  donde  no  fallaren  buena  resistengia; 
porque  las  que  son  de  palmas,  desgra- 
nan, después  que  han  herido:  que  es  ma- 
dera muy  cruda,  hilosa  y  enconada,  é 
se  quiebra  fácilmente,  tomándola  de  tra- 
vés: en  fin,  que  es  leña  que  sobre  ser 
muy  regia  se  desgrana ,  é  salen  rajas  del- 
gadas della ,  que  son  peores  después  que 
la  llaga  pringipal,  fasta  sacarlas. 

Quanto  á  la  sancta  Vera  Cruz  de  la 
gibdad  de  la  Congepgion  de  la  Vega ,  es 
de  saber  que  el  segundo  viaje  que  el  al- 
mirante don  Chripstóbal  vino  á  esta  isla, 
mandó  á  veynte  é  tantos  hombres  que 
fuessen  á  cortar  un  buen  palo  derecho  y 
alto  é  bien  hecho.  E  los  mas  de  aquellos, 
á  quien  lo  mandó ,  eran  hombres  de  la 
mar,  é  fué  con  ellos  Alonso  de  Valengia 
que  hoy  vive  en  esta  gibdad ;  é  cortaron 
un  árbol  gruesso  é  redondo ,  é  de  lo  mas 
alto  del  cortaron  un  tronco  que  atra- 
vesaron hagiéndolo  cruz ,  la  qual  será  de 
diez  é  ocho  ó  veynte  palmos  de  alto.  Afir- 
man muchos  é  tienen  por  cosa  pública  é 
gierta  que  ha  hecho  miraglos  después  acá, 
y  que  el  palo  desta  cruz  ha  sanado  á  mu- 


chos enfermos;  y  es  tanta  la  devogion, 
que  los  cripstianos  en  ella  tienen  que 
hurtan  muchos  pedazos  é  astillas  della, 
assi  para  llevar  á  España  como  á  otras 
partes :  y  es  tenida  en  mucha  veneragion, 
assi  por  sus  miraglos ,  como  porque  en 
tanto  tiempo  como  estuvo  descubierta, 
jamas  se  pudrió  ni  cayó,  por  ninguna 
tormenta  de  agua  ni  viento ,  ni  jamas  la 
pudieron  mover  de  aquel  lugar  los  in- 
dios, aunque  la  quisieron  arrancar,  tiran- 
do della  con  cuerdas  de  bexucos  mucha 
cantidad  de  indios ;  de  lo  qual  espanta- 
dos ellos  la  dexaron  estar  donde  agora 
está ,  como  avisados  de  arriba  ó  del  gie- 
lo  de  su  deydad.  Y  como  cosa  sancta  y 
á  ellos  de  mucha  admiragion ,  no  osaron 
porfiar  en  la  arrancar  de  donde  estaba, 
antes  viendo  como  los  chripstianos  tie- 
nen en  la  cruz  mucha  reverengia,  é 
acordándose  que  aquella  alli  hincada  no 
eran  bastantes  tantos  hombres  á  la  me- 
near ni  quitar  de  aquel  lugar,  la  mira- 
ban con  acatamiento  y  respeto  y  se  hu- 
millaban á  ella  de  ahy  adelante. 


CAPITULO  VI. 

De  la  venida  del  comendador  Francisco  de  Bobadilla  á  gobernar  esta  Isla  Española ,  é  de  cómo  envió 
preso  en  grillos  al  almirante  don  Chripstóbal  Colom  y  al  adelantado  don  Bartolomé  é  don  Diego,  sus  her- 
manos, con  él ;  é  de  los  muchos  indios  que  ovo  en  esta  isla  y  las  causas  por  qué  se  murieron  ó  son  quasi 

acabados. 


JLstuvo  el  almirante  en  esta  goberna- 
gion  hasta  el  año  de  mili  é  quatrogientos 
noventa  y  nueve  que  los  Cathólicos  Re- 
yes don  Fernando  é  doña  Isabel  muy 
enojados ,  informados  de  lo  que  passaba 
en  esta  isla  y  de  la  manera  que  el  al- 
mirante don  Chripstóbal  Colom  é  su  her- 
mano el  adelantado  don  Bartolomé  te- 
nian  en  la  gobernagion,  acordaron  de 
enviar  por  gobernador  desta  isla  á  un 
caballero,  antiguo  criado  de  la  casa  real. 


hombre  muy  honesto  y  religioso ,  llama- 
do Frangisco  de  Bobadilla ,  caballero  de 
la  orden  militar  de  Calatrava.  El  qual 
llegado  á  esta  gibdad ,  luego  prendió  al 
almirante  é  á  sus  hermanos  el  adelanta- 
do don  Bartolomé  é  don  Diego  Colom, 
y  los  fizo  embarcar  en  sendas  caravelas, 
y  en  grillos  fueron  llevados  á  España  y 
entregados  al  alcayde  ó  corregidor  de  la 
gibdad  de  Cádiz ,  hasta  tanto  que  el  Rey 
é  la  Reyna  mandassen  lo  que  fuesse  su 


70 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


servigio  gerca  de  su  prisión  y  méritos. 
Quieren  degir  que  al  comendador  Boba- 
dilla  no  le  mandaron  prender  al  almi- 
rante, ni  avia  venido  sino  por  juez  de 
residencia,  é  para  se  informar  del  alza- 
miento de  Roldan  é  sus  consortes ;  pero 
en  fin ,  mandándoselo  ó  no ,  él  prendió 
al  almirante  é  sus  hermanos  é  los  envió 
á  España.  Y  quedó  en  el  cargo  y  gober- 
nagion  de  aquesta  isla  este  caballero  é 
la  tuvo  en  mucha  paz  é  justigia  fasta 
el  año  de  mili  é  quinientos'y  dos  años, 
que  fué  removido  y  se  le  dio  ligengia 
para  tornar  á  España,  aunque  no  fué  su 
ventura  de  llegar  á  Castilla. 

E  assi  como  este  caballero  llegó  á  es- 
ta isla ,  luego  el  Roldan  que  estaba  apar- 
tado del  almirante ,  escribió  al  comen- 
dador, é  se  vinieron  él  é  los  otros 
chripstianos  que  con  él  estaban  en  la 
provincia  de  Xaragua,  á  le  servir  y  estar 
en  la  obediencia  que  debian  á  los  Reyes 
Cathólicos,  cuyos  vassallos  eran.  Y  este 
Bobadilla  envió  muchas  quexas  é  in- 
formaciones contra  el  almirante  é  sus 
hermanos,  sinificando  las  causas  que 
le  movieron  á  los  prender;  pero  las 
mas  verdaderas  quedábanse  ocultas ,  por- 
que siempre  el  Rey  é  la  Reyna  quisieron 
mas  verle  enmendado  que  maltratado. 
Pero  diré  lo  que  entonces  algunos  le 
oponían,  para  culparle.  Degiase  que  avia 
querido  tener  secreto  el  descubrimiento 
de  las  perlas ,  é  que  nunca  lo  escribió 
fasta  que  él  sintió  que  en  España  se  sa- 
bia ;  é  avian  ido  á  la  isla  de  Cubagua  cier- 
tos marineros  llamados  los  Niños  ^  é  que 
aquesto  lo  hacia  á  fin  de  capitular  de 
nuevo.  Decian  assi  mismo  que  era  muy 
soberbio  é  ultrajoso  é  que  tractaba  mal  á 
los  servidores  é  criados  de  la  casa  real, 
é  que  mostraba  ser  absoluto ,  é  que  no 
obedescia  de  las  cartas  é  mandamientos 
de  sus  Reyes,  sino  aquello  quél  quería, 
é  que  con  lo  de  demás  dissimulaba  éha- 
gia  su  voluntad. 


Todo  esto  cuentan  otros  de  oti^a  ma- 
nera ,  é  dicen  que  la  muestra  de  las  pri- 
meras perlas  que  se  ovieron ,  la  envió  el 
almirante  á  los  Reyes  Cathólicos,  luego 
que  las  descubrió,  con  un  hidalgo  dicho 
Arroyal;  y  lo  mas  gierto  de  todo  fué 
que  nunca  faltaron  en  el  mundo  mur- 
muradores y  envidiosos.  Y  como  esta 
tierra  está  lexos  de  su  rey,  é  los  que 
acá  vienen  son  fijos  de  diferentes  pro- 
vincias é  contrarios  desseos  é  opiniones; 
assi  siéntenlas  cosas  díferenciadamente. 
Unos  con  buen  celo  del  servicio  de  Dios 
y  del  Rey,  paresciéndoles  que  el  almirante 
usaba  absolutamente  en  la  justicia  y  en 
todo  lo  demás,  aunque  la  voz  fuesse  en 
nombre  de  los  Cathóhcos  Reyes,  no  qui- 
sieran tanta  riguridad:  otros  por  diver- 
sos fines  ó  passiones ,  pintáronle  de  tal 
manera  con  sus  cartas,  que  por  orde- 
narlo assi  Dios,  se  efectuó  la  prisión  del 
almirante  é  de  sus  hermanos ,  é  los  lle- 
varon á  España  segund  he  dicho.  A  esto 
dio  mucho  lugar  la  poca  paciencia  del 
almirante  y  estar  muy  mal  quisto  y  en 
possesion  de  crudo. 

Llegado  en  España ,  assi  como  el  Rey 
é  la  Reyna  lo  supieron,  enviaron  á  mandar 
que  lo  soltassen  á  él  é  á  sus  hermanos  é 
que  se  fuessen  á  la  corte ,  é  assi  lo  ficie- 
ron.  E  assi  como  fué  suelto  el  almirante, 
fué  á  besar  las  manos  al  Rey  é  á  la  Reyna, 
é  con  lágrimas  refirió  sus  desculpas  lo 
mejor  que  él  pudo:  é  después  que  le 
oyeron,  con  mucha  clemencia  le  consola- 
ron é  le  dixeron  tales  palabras  que  él 
quedó  algo  contento.  Y  como  sus  servi- 
cios eran  tan  señalados,  aunque  en  al- 
go se  oviesse  dessordenado ,  no  pudo 
comportar  la  Real  Magostad  de  tan  agra- 
descidos  príncipes  que  el  almirante  fues- 
se maltratado ;  é  por  tanto  le  mandaron 
luego  acudir  con  todas  las  rentas  é  de- 
rechos que  acá  tenia,  que  se  los  ha- 
blan embargado  é  detenido,  quando 
fué  preso.    Pero  nunca  mas  dieron  lu- 


DE  INDIAS.  LIB.  III.  GAP.  VI. 


71 


gar  que  tornasse  al  cargo  de  la  gober- 
nación. 

Mas  como  era  prudente  hombre ,  lue- 
go que  á  España  fué  con  las  nuevas  del 
primero  descubrimiento,  suplicó  á  los 
Reyes  Cathólicos  que  oviessen  por  bien 
que  sus  hijos  el  príncipe  don  Juan  los 
regibiesse  por  pajes  suyos.  Los  quales 
eran  don  Diego  Colom,  hijo  legítimo  é 
mayor  del  almirante,  é  otro  su  fijo  don 
Fernando  Colom  que  hoy  vive.  El  qual 
es  virtuoso  caballero ;  y  demás  de  ser  de 
mucha  nobleza,  é  afabilidad,  é  dulge 
conversación ,  es  doto  en  diversas  sgien- 
Cias ,  y  en  espegial  en  cosmographia ;  é  de 
quien  la  Cathólica  Magestad  hage  cuenta 
méritamente  como  de  tan  buen  criado  y 
servidor,  porque  losservigios  del  almiran- 
te, su  padre,  assi  lo  piden.  E  assiel  prín- 
cipe don  Juan  tracto  bien  á  estos  sus  hijos, 
y  eran  del  favores^idos ,  é  anduvieron  en 
su  casa  hasta  que  Dios  le  llevó  á  su  glo- 
ria en  la  cibdad  de  Salamanca,  año  de 
mili  é  quatrogientos  noventa  y  siete 
años. 

Assi  que  tornando  á  la  historia ,  des- 
pués que  el  almirante  fué  perdonado,  no 
le  tractaron  menos  bien  el  Rey  é  la  Reyna 
que  primero ;  é  como  era  sabio ,  procuró 
por  todas  las  vias  que  él  pudo  de  tornar 
á  la  gragia  de  aquellos  buenos  príncipes, 
y  que  le  diessen  ligengia  de  volver  á  es- 
tas Indias.  Pero  como  eran  muchas  las 
quexas  que  ovo  contra  él,  no  lo  pudo 
acabar  tan  ayna ;  y  en  tanto  gobernó  es- 
ta isla  el  comendador  Bobadilla  fasta  el 
año  de  mili  é  quinientos  y  dos ,  segund 
he  dicho :  en  el  qual  tiempo  se  sacó  mu- 
cho oro  en  las  minas  desta  isla ,  porque 
avia  muchos  indios  que  andaban  en  ellas, 
sacándolo  para  los  cripstianos  é  para  los 
Reyes  Cathólicos ,  que  también  manda- 
ban tener  sus  proprias  hagiendas  é  gran- 
jerias en  su  real  nombre. 

Todos  los  indios  desta  isla  fueron  re- 
partidos y  encomendados  por  el  almiran- 


te á  todos  los  pobladores  que  á  estas  par- 
tes se  vinieron  á  vivir ;  y  es  opinión  de 
muchos  que  lo  vieron  é  hablan  en  ello,  co- 
mo testigos  de  vista,  que  falló  el  almirante, 
quando  estas  islas  descubrió,  un  millón  de 
indios  é  indias  ó  mas,  de  todas  edades,  ó 
entre  chicos  é  grandes :  de  los  quales  to- 
dos é  de  los  que  después  nasgieron ,  no  se 
cree  que  hay  al  presente  en  este  año  de  mili 
é  quinientos  y  quarenta  é  ocho,  quinien- 
tas personas  entre  chicos  é  grandes  que 
sean  naturales  é  de  la  progenie  ó  estirpe 
de  aquellos  primeros.  Porque  los  masque 
agora  hay,  son  traydos  por  los  chripstia- 
nos  de  otras  islas  ó  de  la  Tierra-Firme, 
para  se  servir  dellos;  pues  como  las  mi- 
nas eran  muy  ricas ,  y  la  cobdigia  de  los 
hombres  insagiable,  trabajaron  algunos 
excesivamente  á  los  indios :  otros  no  les 
dieron  tan  bien  de  comer  como  convenia; 
é  junto  con  esto ,  esta  gente  de  su  natu- 
ral es  ogiosa  é  vigiosa ,  é  de  poco  traba- 
jo ,  é  melancólicos ,  é  cobardes ,  viles  é 
mal  inclinados,  mentirosos  é  de  poca 
memoria ,  é  de  ninguna  constangia.  Mu- 
chos dellos,  por  su  passatiempo,  se  mata- 
ron con  pongoña  por  no  trabajar ,  y  otros 
se  ahorcaron  por  sus  manos  proprias  ,  y 
á  otros  seles  recresgieron  tales  dolengias, 
en  espegial  de  unas  viruelas  pestilengia- 
les  que  vinieron  generalmente  en  toda  la 
isla,  que  en  breve  tiempo  los  indios  se 
acabaron. 

Dieron  assi  mismo  gran  causa  á  la  muerte 
desta  gente  las  mudangas  que  los  gober- 
nadores é  repartidores  figieron  de  estos 
indios ;  porque  andando  de  amo  en  amo 
é  de  señor  en  señor,  é  passando  los  de 
un  codigioso  á  otro  mayor ,  todo  esto  fue 
unos  aparejos  é  instrumentos  evidentes 
para  la  total  difinigion  desta  gente,  é  pa- 
ra que ,  por  las  causas  que  he  dicho  ó  por 
qualquiera  dellas,  muriessen  los  indios.  Y 
llegó  á  tanto  el  negogio ,  que  no  sola- 
mente fueron  repartidos  los  indios  á  los 
pobladores ,  pero  también  se  dieron  á  ca- 


n 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


balleros  é  privados,  personas  aceptas  y 
que  estaban  gerca  de  la  persona  del  Rey 
Cathólico ,  que  eran  del  Consejo  Real  de 
Castilla  é  Indias,  é  á  otros.  Cosa  en  la 
verdad  no  para  sufrirse ,  porque  aunque 
eran  personas  nobles  y  de  buena  congien- 
gia ,  por  ventura  sus  mayordomos  é  fato- 
res  que  acá  andaban  con  sus  indios,  los 
hagian  trabajar  demasiadamente  por  los 
desfrutar  para  los  de  allá  é  de  acá.  Y  co- 
mo eran  personeros  é  ministros  de  hom- 
bres tan  favoresgidos ,  aunque  malhigies- 
sen ,  no  los  osaban  enojar.  Por  gierto 
ningún  chripstiano  habrá  envidia  de  la 
hacienda  que  assi  se  allegasse.  Ni  tam- 
poco fue  de  todo  punto  la  final  perdición 
de  los  indios  lo  que  es  dicho  ;  sino  per- 
mitirlo Dios  por  los  pecados  de  los  des- 
comedidos chripstianos  que  gozaban  de 
los  sudores  de  aquestos  indios ,  si  no  los 
ayudaron  con  su  dotrina,  de  manera  que 
conosQiessen  á  Dios.  Y  no  tampoco  se  de- 
xaron  de  juntar  con  esto,  parala  permis- 
sion  divina  que  los  excluyó  de  sobre  la 
tierra ,  los  grandes  y  feos  é  inermes  peca- 
dos é  abominaciones  destas  gentes  salvajes 
é  bestiales;  al  propósito  de  los  quales  qua- 
dra  bien  é  conviene  aquella  espantosa  é 
justa  sentencia  del  soberano  y  eterno 
Dios  * :  Videns  autem  Deus  quod  multa  ma- 
litia  hominum  esset  in  térra ,  et  cuneta  co- 
gitaíio  coráis  intenta  esset  ad  malum  omni 
tempore ,  poenituit  eum  quod  hominem  fecis- 
set  in  térra.  E  assi  con  justa  causa  dixo: 
Poenitet  enim  me  fecisse  eos :  «Pésame  de 
haber  hecho  al  hombre  sobre  la  tierra.» 
De  que  infiero  que  no  sin  grande  misterio 
tuvo  Dios-  olvidados  tantos  tiempos  estos 
indios ,  é  después  quando  se  acordó  de- 
llos  conforme  á  la  auctoridad  de  suso, 
viendo  quanta  maligia  estaba  sobre  esta 
tierra  toda ,  é  que  todas  las  cogitagiones 
de  los  corazones  destos  en  todos  tiempos 
eran  atentas  á  mal  obrar ,  consintió  que 


se  les  acabasen  las  vidas,  permitiendo 
que  algunos  inogentes ,  y  en  espegial  ni- 
ños baptizados  se  salvassen,  é  los  de  de- 
mas  pagassen.  Porque  en  la  verdad,  se- 
gund  afirman  todos  los  que  saben  estas  In- 
dias (ó  parte  dellas),  en  ninguna  pro- 
vincia de  las  islas  ó  de  la  Tierra-Firme,  de 
las  que  los  chripstianos  han  visto  hasta 
agora,  han  faltado  ni  faltan  algunos  sodo- 
mitas ,  demás  de  ser  todos  idólatras ,  con 
otros  muchos  vigios ,  y  tan  feos ,  que  mu- 
chos dellos  por  su  torpeza  é  fealdad  no 
se  podrian  escuchar  sin  mucho  asco  y 
vergüenza,  ni  yo  los  podria  escrebir,  por 
su  mucho  número  é  suciedad.  E  assi  de- 
baxo  de  los  dos  que  dixe  muchas  abomi- 
naciones é  delictos  é  diversos  géneros 
de  culpas  ovo  en  esta  gente  ,  demás  de 
ser  ingratíssimos  é  de  poca  memoria  é 
menos  capacidad.  E  si  en  ellos  hay  al- 
gún bien ,  es  en  tanto  que  llegan  al  prin- 
cipio de  la  edad  adolescente ;  porque  en- 
trando en  ella,  adolescen  de  tantas  culpas 
é  vicios ,  que  son  muchos  dellos  abomi- 
nables. Assi  que  estos  tales  hombres,  co- 
mo dice  el  Evangelio  ^ ,  en  los  fructos  de- 
llos los  conoscereis. 

Todo  esto  se  ha  platicado  é  disputado 
por  muchos  religiosos  é  personas  de 
aprobadas  letras  é  mucha  conciencia, 
assi  de  los  monesterios  é  hábitos  que  acá 
hay  de  Sancto  Domingo,  é  Sanct  Fran- 
cisco ,  é  la  Merced ,  como  de  la  regla  del 
apóstol  Sanct  Pedro ;  é  muchos  perlados 
é  grandes  varones  en  España  han  bien 
trillado  esta  materia,  para  assegurar  las 
conciencias  reales  cerca  del  tractamiento 
destos  indios ;  é  assi  para  poner  remedio 
en  sus  ánimas  é  que  se  salvassen ,  como 
para  que  sus  personas  é  vidas  se  sostu- 
viessen.  Y  especiales  é  muchos  manda- 
mientos é  provisiones  reales  se  han  dado 
para  los  gobernadores  é  ministros  de  su 
justicia  é  sus  oficiales ;  pero  yo  veo  que 


i     Génesis,  cap.  VI,  vers.  V  y  VI. 


2    Malh.  VIL 


DE  INDIAS.  LIB.  III.  CAP.  VI. 


73 


ninguna  cosa  ha  bastado  para  que  esta 
gente  infelige  no  se  haya  consumido  en 
estas  islas,  segund  he  dicho.  Y  desta  cul- 
pa no  quiero  señalar  á  ninguno  de  los 
que  acá  han  estado ;  mas  sé  que  lo  que 
los  frayles  dominicos  degian  lo  contrade- 
Cian  los  frangiscos,  pensando  que  lo  que 
aquellos  porfiaban  era  mejor ;  y  lo  que 
los  franciscos  amonestaban,  negaban  los 
dominicos  ser  aquello  tan  seguro  como 
su  opinión.  Y  después  andando  el  tiem- 
po, lo  que  tenian  los  dominicos  lo  defen- 
dian  los  franciscos ;  y   lo  que  primero 
alababan  los  frángiscos,  ellos  mismos  lo 
desecharon  y  lo  aprobaban  entonces  los 
dominicos.  De  forma  que  una  misma  opi- 
nión é  opiniones  tuvieron  los  unos  é  los 
otros  en  diversos  tiempos ;  pero  á  la  con- 
tinua muy  diferentes  en  cada  cosa  de  to- 
das ellas :  quiero  degir ,  que  en  lo  que  los 
unos  estaban,  nunca  los  otros  venian  en 
ello  en  un  mismo  tiempo.  Ved  como  ager- 
taria  á  entender  esta  cosa  quien  la  escu- 
chaba ,  ó  á  qual  parte  se  avia  de  acostar 
el  lego  que  avia  de  escoger  lo  que  mejor 
fuesse  para  su  congiengia ,  viendo  que  lo 
de  antaño  era  el  año  venidero  malo ,   é 
lo  malo  tornaba  á  ser  alabado.  Y  estas 
cosas  son  peligrosas ,  no  tan  solo  á  los 
que  nuevamente  vienen  á  la  fé ,  pero  aun 
á  los  que  son  chrisptianos  castizos  po- 
drían poner  en  muchos  escrúpulos ;  pues 
vian  que  los  unos  frayles  no  los  querían 
oyr  de  penitengia,  si  no  dexaban  á  los  in- 
dios, é  los  otros  padres  religiosos  [de  la 
contraria  opinión  los  oyan  é  daban  los 
sacramentos . 

Yo  digo  lo  que  vi.  Esto  no  quiero  tan- 
to hagerlo  de  la  cuenta  ó  culpa  de  tan 
buenos  religiosos  como  ha  ávido  é  hay 
en  esta  isla  é  Indias ,  como  de  la  propria 
infeligidad  é  desaventura  de  los  mismos 
indios  y  (mejor  digiendo),  este  secreto  es 
para  el  mismo  Dios,  que  no  hage  cosa 
injusta,   ni  permite  que  estas  cosas  de 

tanto  peso  sean  sin  misterio  grande.   Ni 
TOMO  I. 


es  de  pensar  que  los  religiosos  todos ,  ni 
alguno  dellos,  dirian  cosa  que  no  pensas- 
sen  ser  buena  ó  qual  convenia  á  la  buena 
reformagion  y  seguridad  de  las  congien- 
gias  de  los  chripstianos ,  ó  por  evitar  la 
perdigion  de  los  indios.  Ni  quiero  exten- 
derme á  mas  en  esta  materia ;  porque  yo 
ya  me  he  fallado  dos  veges  en  España  á 
jurar  por  mandado  de  los  señores  de 
Consejo  Real  de  Indias  lo  que  me  pares- 
ge  é  siento  del  ser  é  capagidad  destos  in- 
dios é  de  los  de  Tierra-Firme  (quanto  á 
aquellas  partes  donde  yo  he  andado ) :  é 
la  una  vez  fue  en  Toledo ,  año  de  mili  é 
quinientos  é  veynte  y  ginco,  y  la  otra  en 
Medina  del  Campo  el  año  de  mili  é  qui- 
nientos y  treinta  é  dos  años:  é  assi  lo 
juraron  otras  personas  señaladas,  é  cada 
uno  creo  que  mirarla  su  congiengia  en  lo 
que  dixesse,  atentólo  que  le  fué  pre-. 
guntado  é  mandado  por  aquellos  señores 
que  declarasse.  Y  en  verdad  que  si  aquel 
mismo  dia  ó  dias  en  que  lo  juré  yo  estu- 
viera en  el  artículo  de  la  muerte ,  aquello 
mismo  dixera.  Assi  que  yo  me  remito  á 
estos  religiosos  dotos,  después  que  estén 
acordados :  y  entre  tanto  esté  sobre  aviso 
quien  indios  tuviere  para  los  tratar  como 
á  próximos ,  é  vele  cada  qual  sobre  su 
congiengia.  Aunque  ya  en  este  caso 
poco  hay  que  hager  en  esta  isla  y  en 
las  de  Sanct  Juan ,  é  Cuba ,  é  Jamáyca, 
que  lo  mismo  ha  acaesgido  en  eílas ,  en  la 
muerte  é  acabamiento  de  los  indios  que 
en  esta  isla.  Y  agora  que  son  acabados, 
podrán  estos  padres  religiosos ,  como  avi- 
sados de  la  experiengia  que  tienen  de  las 
cosas  que  aqui  han  passado  ,  mejor  degi- 
dir  é  determinar  lo  que  conviene  hagerse 
con  los  otros  indios  que  están  por  sojuz- 
gar en  aquellos  muchos  rey  nos  é  provin- 
gias  de  la  Tierra-Firme :  que  para  mí,  yo 
no  absuelvo  á  los  chripstianos  que  se  han 
enriquesgido  ó  gozado  del  trabajo  destos 
indios ,  si  los  maltractaron  ó  no  higieron 

su  diligengia  para  que  se  salvassen.  Ni 

10 


74 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


quiero  pensar  que,  sin  culpa  de  los  indios, 
los  avia  de  castigar  é  casi  assolar  Dios  en 
estas  islas ,  seyendo  tan  viciosos  é  sacri- 
ficando al  diablo,  é  hagiendo  los  ritos  é 
gerimonias  que  adelante  se  dirán.  E  por- 


que decirlas  todas  seria  cosa  imposible, 
diré  algunas  de  las  que  á  mi  notigia  é  de 
otros  muchos  son  "notorias ,  é  por  aquello 
se  podrá  entender  lo  demás,  quando  á 
esta  materia  volvamos. 


CAPITULO  VIL 

De  la  venida  del  comendador  mayor  de  Alcántara,  don  frey  Nicolás  de  Ovando,  el  qual  gobernó  esla  isla, 
c  de  la  partida  del  comendador  Francisco  de  Bobadilia,  el  qual  con  toda  la  flota  se  perdió  en  la  mar  con 
mucho  oro ,  é  del  aviso  que  dio  el  almiraiite  al  comendador  mayor,  para  que  no  dexasse  salir  la  flota  desle 
\>ucrto,  como  hombre  que  conoscia  la  disposición  del  tiempo.  E  por  no  le  creer  ni  dexar  entrar  aqui,  se  per- 
dió el  armada  é  mucha  gente. 


A  la  sa^on  que  el  comendador  de  La- 
rez  ,  don  frey  Nicolás  de  Ovando ,  de  la 
Orden  é  caballería  militar  de  Alcántara, 
passó  é  esta  cibdad  é  isla ,  no  era  co- 
mendador mayor  de  su  Orden :  que  des- 
pués estando  acá,  vacó  la  encomienda  ma- 
yor de  Alcántara  por  muerte  de  don 
Alonso  de  Santillan ,  y  el  Rey  Gathólico 
le  envió  el  título  é  merged  de  la  enco- 
mienda mayor  al  dicho  comendador  de 
Larez  que  acá  estaba  algunos  años  avia. 
Y  por  tanto  no  le  llamaré  en  todo  lo  que 
del  se  tractáre  sino  comendador  mayor. 
El  qual,  por  mandado  del  Rey  é  Reyna 
Cathólicos,  vino  á  esta  isla  con  treynta  na- 
ves é  caravelas  é  muy  hermosa  armada, 
é  vinieron  con  él  muchos  caballeros  é  hi- 
dalgos é  gente  noble  de  diversas  partes 
de  los  rey  nos  de  Castilla  é  de  León. 
Porque  en  tanto  que  la  Cathólica  Reyna 
doña  Isabel  vivió,  no  se  admitían  ni  de- 
xaban  pasar  á  las  Indias  sino  á  los  pro- 
prios  subditos  é  vasallos  de  los  señoríos 
del  patrimonio  de  la  Reyna ,  como  quie- 
ra que  aquellos  fueron  los  que  las  Indias 
descubrieron ,  é  no  aragoneses ,  ni  cata- 
lanes, ni  valengianos,  ó  vasallos  del  pa- 
trimonio real  del  Rey  Gathólico.  Salvo 
por  especial  merged ,  á  algún  criado  é 
persona  conosgida  de  la  casa  real  se  le 
daba  ligengia,  no  seyendo  castellano; 
porque  como  estas  Indias  son  de  la  coro- 
na é  conquista  de  Gastilla,  assi  quería  la 


sereníssima  Reyna  que  solamente  sus 
vassallos  passassen  á  estas  partes  é  no 
otros  algunos,  si  no  fuesse  por  les  fager 
muy  señalada  merged ;  é  assi  se  guardó 
fasta  el  fin  del  año  de  mili  é  quinientos 
é  quatro  que  Dios  la  llevó  á  su  gloria. 
Mas  después  el  Rey  GathóUco,  gober- 
nando los  reynos  de  la  sereníssima  Rey- 
na doña  Juana,  su  fija,  nuestra  señora,  díó 
licencia  á  los  aragoneses  é  á  todos  sus 
vassallos  que  passassen  á  estas  partes  con 
ofigios  é  como  le  plugo.  Y  después  la 
Gesárea  Magestad  extendió  mas  la  li- 
gencia ,  é  passan  agora  de  todos  sus  se- 
ñoríos é  de  todas  aquellas  partes ,  é  vas- 
sallos que  están  debaxo  de  su  monar- 
chia. 

Partió  pues  el  comendador  mayor  des  - 
de  España,  año  de  mili  é  quinientos  y  dos 
años ,  é  llegó  á  esta  cibdad  de  Sancto 
Domingo  á  quinge  de  abril  de  aquel  año, 
estando  poblada  esta  vegindad  de  la  otra 
parte  desterioOgama.  E  luego  fué  obedes- 
cido  por  gobernador;  y  el  comendador 
Bobadilia,  que  lo  avia  seydo,  dio  orden 
en  su  partida ,  porque  los  Reyes  Gathóli- 
cos  le  removieron  del  cargo  é  le  dieron 
ligengia  que  se  fuesse  á  España,  tenién- 
dose por  muy  servidos  del  en  el  tiempo 
que  acá  estuvo,  porque  avia  retamenteé 
como  buen  caballero  hecho  su  ofigio  en 
todo  lo  que  locó  á  su  cargo.  E  assi  se 
partió  para  Gastilla  en  la  flota  é  armada 


DE  INDIAS.  LIB.  III.  CAP.  Vil. 


/o 


en  que  avia  venido  el  comendador  ma- 
yor ;  mas  como  avian  sacado  mucho  oro, 
llevábanse  en  aquel  viaje  sobre  gien  mili 
pesos  de  oro  fundido  é  marcado  ,  é  algu- 
nos granos  gruesos  por  fundir ,  para  que 
en  España  se  viessen.  Porque  aunque  ya 
otras  ve^es  se  avia  llevado  oro  para  los 
Reyes  Cathólicos  é  de  personas  particu- 
lares ,  nunca  hasta  entonces  en  un  viaje 
avia  ydo  tanto  oro  juntamente,  fundido  ó 
por  fundir  y  en  algunos  granos  señala- 
dos ,  entre  los  quales  yba  un  grano  que 
pesaba  tres  mili  é  seysgientos  pesos  de 
oro ;  é  al  paresger  de  hombres  entendi- 
dos y  expertos  mineros ,  degian  que  no 
tenia  de  piedra  tres  libras ,  que  son  seys 
marcos,  que  montan  tresgientos  pesos. 
Assi  que  descontado  lo  que  podría  aver 
de  piedra ,  quedaria  el  grano  en  tres  mili 
ó  tresgientos  pesos  de  oro ,  y  era  tan 
grande  como  una  hogaga  de  Utrera.  Y 
porque  dixe  en  la  memoria  que  escribí 
en  Toledo ,  año  de  mili  é  quinientos  é 
veinte  y  ginco  años ,  que  este  grano  pe- 
saba tres  mili  é  dosgientos  pesos ,  é  aque- 
llo se  escribió  sin  ver  mis  memoriales ,  é 
teniéndome  atrás  de  lo  que  pudiera  degir 
en  muchas  cosas ,  ahora  digo ,  pues  es- 
toy donde  hay  muchos  testigos  vivos  que 
vieron  aquel  grano ,  que  pesaba  algo  mas 
de  tres  mili  é  seysgientos  pesos ,  segund 
que  dixe  de  suso ,  con  piedra  é  oro.  El 
qual  halló  una  india  de  Miguel  Diaz ,  del 
qual  se  dixo  que  fué  causa  que  esta  cib- 
dad  se  poblasse  aqui  de  la  otra  parto  des- 
te  rio ;  é  porque  este  tenia  compañia  con 
Frangisco  de  Garay,  quedó  el  grano  por 
entrambos  ,  é  sobre  lo  que  montó  el  quin- 
to que  pertenesgió  al  Rey ,  sacados  los 
derechos  ,  se  les  pagó  la  demasía ,  é  que- 
dó el  grano  para  el  Rey  y  la  Reyna ;  é 
llevándole  en  aquella  armada,  se  perdió. 
Y  era  tan  grande,  que  assi  como  la  india 
que  le  halló  lo  enseñó  á  los  chripstianos 
mineros,  ellos  muy  alegres  acordaron  do 
almorzar  ó  comer  un  lechen  bueno  é  gor- 


do, é  dixo  el  uno  dcllos:  «Mucho  tiempo 
ha  que  yo  he  tenido  esperanga  que  he  de 
comer  en  platos  de  oro,  é  pues  deste 
grano  se  pueden  hager  muchos  platos, 
quiero  cortar  este  lechen  sobre  él . »  E  assi 
lo  hizo ;  é  sobre  aquel  rico  plato  lo  co- 
mieron, é  cabia  el  lechen  entero  en 
él ,  porque  era  tan  grande  como  he 
dicho. 

Tornando  á  la  historia ,  partió  el  co- 
mendador Bobadilla  en  fuerte  hora  é  con 
mala  ventura ,  é  con  él  Antonio  de  Tor- 
res ,  hermano  del  ama  del  príngipe ,  que 
era  capitán  general  de  la  flota  en  que  el 
comendador  mayor  avia  venido.  Y  estan- 
do para  partir,  acaesgió  que  uno  ó  dos 
dias  antes  que  el  armada  saliesse  deste 
puerto ,  llegó  el  almirante  primero  don 
Ghripstóbal  Colom  con  quatro  caravelas, 
que  venia  á  descobrir  por  mandado  de 
los  Reyes  Cathólicos ,  é  traya  consigo  á 
don  Fernando  Golom,  su  fijo  menor.  Y 
como  llegó  á  una  legua  deste  puerto  de 
Sancto  Domingo,  envió  allá  el  comenda- 
dor mayor  un  batel  con  ciertos  marine- 
ros ,  é  créese  que  estaba  avisado  de  su 
venida  é  aun  prevenido  para  que  no  en- 
trasse  aqui.  Y  como  el  almirante  sintió  es- 
to ,  envió  á  degir  al  comendador  ma- 
yor que  pues  no  quería  que  entrasse  en 
lo  que  a\ia  descubierto ,  que  fuesse  como 
lo  mandaba :  que  él  no  pensaba  que  de 
aquello  se  servían  los  Reyes  Cathólicos; 
mas  que  le  pedia  por  merged  al  comen- 
dador mayor  que  no  dexase  salir  el  ar- 
mada deste  puerto ,  porque  el  tiempo  no 
le  paresgia  bien ,  y  quél  se  yba  á  buscar 
puerto  seguro  ,  pues  aqui  no  le  fallaba  ni 
le  acogían.  E  assi  se  fué  con  sus  carave- 
las á  Puerto  Escondido  y  que  es  en  esta 
isla  á  diez  leguas  desta  cibdad  de  Sancto 
Domingo ,  en  la  costa  ó  banda  del  sur  al 
occidente ,  é  allí  estuvo  hasta  que  passó  la 
tormenta  que  adelante  diré.  Y  después 
de  passada,  atravessó  desde  allí  para  la 
costa  de  Tierra-Firme ,  é  descubrió  lo 


76 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


quese   dirá  adelante  en  su  lugar.  Otros      vo  el  almirante  hasta  que  passó  la  tor- 
digen  que  se  fué  á  Agua,  é  que  allíestu-       menta. 

CAPITULO  VIH. 

De  lü  que  descubrieron  en  la  costa  de  Tierra-Firme  los  capitanes  Alonso  de  Hojeda  y  Rodrigo  de  Bastidas. 


m  el  tiempo  que  estuvo  en  España  el 
almirante  primero,  se  siguió  quel  capitán 
Alonso  de  Hojeda,  con  el  favor  del  Obispo 
don  Juan  Rodríguez  de  Fonseca ,  que  era 
pringipal  que  entendia  en  la  gobernagion 
destas  Indias ,  vino  á  descobrir  por  la 
costa  de  Tierra-Firme ,  é  truxo  su  derro- 
ta á  reconosger  debaxo  del  rio  Marañon, 
en  la  provingia  de  Paiia,  é  llegó  á  tomar 
tierra  ocho  leguas  engima  de  donde  ago- 
ra está  la  poblagion  de  Sancta  Marta ,  en 
una  provingia  que  se  degia  Cinta.  Y  era 
allí  cagique  uno  llamado  Ayaro,  el  qual 
quedó  de  pages  é  muy  amigo  de  los 
chripstianos ,  al  qual  después  tomó  por 
engaño,  éno  bien  fagiéndolo,  otro  capitán 
dicho  Ghripstóbal  Guerra.  Esto  fué  año  de 
mili  é  quinientos  y  uno.  Pero  no  fueron 
solos  estos  armadores ;  porque  el  capitán 
Rodrigo  de  Bastidas  corrió  desdel  cabo 
de  la  Vela  ( donde  el  almirante  avia  lle- 
gado quando  descubrió  la  costa  de  Tier- 
ra-Firme) ,  é  passó  adelante  al  poniente, 
como  se  dirá  en  su  lugar.  Porque  sin  cul- 
pa mia  no  podría  callar  lo  que  á  mi  no- 
tigia  ha  venido  de  lo  que  señaladamente 
ha  hecho  cada  uno  en  estas  partes  que 
sea  digno  de  acuerdo;  por  tanto  digo  que 
Rodrigo  de  Bastidas  salió  de  España  año 
de  mili  é  quinientos  é  dos  con  dos  cara- 
velas  desde  el  puerto  ó  bahía  de  la 
cibdad  de  Cádiz ,  á  su  costa  é  de  Juan  de 
Ledesma  é  otros  sus  amigos ;  é  la  primera 
tierra  que  tomaron  fué  una  isla ,  que  por 
ser  muy  fresca  é  de  muy  grandes  arbo- 
ledas ,  la  llamaron  Isla  Verde ,  la  qual  is- 
la está  á  la  banda  ó  parte  que  hay  desde 
la  isla  de  Guadalupe  hágia  la  Tierra-Fir- 
me, é  gerca  de  las  otras  islas  que  en 


aquel  paraje  hay.  E  de  allí  levantados 
estos  navios ,  fueron  por  la  costa  de  la 
Tierra-Firme ,  é  platicando  con  los  indios 
en  diversas  partes  della,  ovieron  hasta 
quarenta  marcos  de  oro ,  é  discurrieron 
por  la  costa,  la  via  del  poniente,  por  de- 
lante del  puerto  de  Sancta  Marta  desde 
el  cabo  de  la  Vela ,  é  por  delante  de 
rio  grande.  Y  mas  adelante  descubrió  el 
mismo  capitán  Rodrigo  de  Bastidas  el. 
puerto  de  Zamba ,  é  los  Coronados ,  que 
es  una  tierra,  donde  todos  los  indios  della 
traen  muy  grandes  coronas.  Y  mas  al 
occidente  descubrió  el  puerto  que  llaman 
de  Cartagena,  y  descubrió  las  islas  de 
Sanct  Bernaldo  é  las  de  Daru ,  é  las  que 
llaman  islas  de  Arenas ,  que  están  en 
frente  é  cerca  de  la  dicha  Cartagena.  Y 
de  ahy  passó  adelante  é  descubrió  á  Isla 
Fuerte ,  que  es  una  isla  llana  dos  leguas 
de  la  costa  de  Tierra-Firme ,  donde  se 
fage  mucha  sal  é  buena.  E  mas  adelante 
está  la  isla  de  la  Tortuga :  esta  es  muy 
pequeña  é  no  poblada :  é  mas  adelante 
descubrió  el  puerto  del  Cerní ,  y  passó 
mas  adelante  é  descubrió  la  punta  de  Ca- 
ribana,  que  está  á  la  boca  del  golpho  de 
Vrahá ,  y  entro  dentro  del  mismo  golpho 
é  vio  los  isleos  ó  farallones  que  están  en 
la  otra  costa  frontera  junto  á  tierra  en  la 
provingia  del  Darien.  Y  como  allí  llegó, 
acabó  de  descubrir  las  giento  é  treynta 
leguas  que  he  dicho  ,  poco  mas  ó  menos, 
que  hay  desde  el  cabo  de  la  Vela  hasta 
allí.  E  quando  el  agua  fué  de  baxa  mar, 
hallóla  dulge  en  quatro  bragas  donde  pu- 
do estar  surgido,  é  llamó  golpho  Dulce 
aquel  que  se  llama  de  Vrabá ;  pero  no  vi- 
do  el  rio  de  Sanct^uan ,  que  también  le 


DE  INDIAS.  LIB.  III.  CAP.  VIII. 


77 


llaman  Rio  Grande ,  que  entra  por  siete 
bocas  ó  siete  bracos  en  el  dicho  golpho, 
el  qual  es  causa  que  se  torne  dul^e  en  la 
jusente  ó  menguante  el  agua  de  la  mar; 
y  en  mas  espacio  de  doge  leguas  de  luen- 
go é  otras  quatro  é  cinco  y  en  partes  seis 
de  ancho  que  hay  de  costa  á  costa ,  den- 
tro en  el  dicho  golpho  de  Vrabá ;  de  lo 
qual  y  del  dicho  rio  se  dirán  mas  parti- 
cularidades adelante,  porque  yo  he  esta- 
do algunos  años  en  aquella  tierra  En  es- 
te viaje  yba  por  piloto  principal  Juan  de 
la  Cosa ,  que  fué  muy  exgelente  hombre 
de  la  mar. 

E:i  aquel  golpho  estuvieron  estos  ar- 
madores algunos  dias,  é  como  los  navios 
estaban  ya  muy  bromados  é  facian  mu- 
cha agua,  acordaron  de  dar  la  vuelta  é 
atravesaron  á  la  isla  de  Jamáyca ,  donde 
tomaron  refresco.  Y  de  alli  fueron  á  la 
isla  Española ,  y  entraron  en  el  golpho 
de  Xaragua,  é  allí  perdieron  los  navios 
que  no  los  podian  sostener:  é  salió  la 
gente  en  tierra ,  é  fuéronse  á  la  cibdad 
de  Sancto  Domingo ,  donde  fallaron  al 
comendador  Bobadilla ,  que  ya  tenia  preso 
al  almirante.  E  también  prendió  al  di- 
cho capitán  Bastidas ,  porque  habia  res- 


catado con  los  indios  de  la  misma  isla 
Española,  y  envióle  preso  á  España  en 
el  mismo  navio  quel  almirante  fué  lleva- 
do ;  porque  la  una  prisión  é  la  otra  fue- 
ron quasi  á  un  tiempo.  Pero  luego  el  Rey 
é  la  Reyna  le  mandaron  soltar ,  é  por  es- 
te servicio  que  fué  grande  é  fecho  á  pro- 
pria  costa  del  mismo  capitán  Rodrigo  de 
Bastidas  é  otros  sus  amigos,  como  he 
dicho,  los  Cathólicos  Reyes  le  Agieron 
merced  de  ginquenta  mili  maravedís  de 
juro  de  por  vida  en  aquella  tierra  é  pro- 
vincia del  Darien.  Todo  lo  que  descubrió 
Bastidas  en  este  viaje  fasta  la  punta  de 
Caribana  es  de  indios  flecheros  é  de  la 
mas  regia  gente  de  la  Tierra-Firme,  é 
tales  son  desde  el  cabo  de  la  Vela  al 
oriente  fasta  la  punta  de  las  salinas  é  Bo- 
ca del  Drago ;  é  todo  lo  quel  primero  al- 
mirante avia  descubierto  en  Tierra-Fir- 
me. E  tiran  en  toda  la  dicha  costa  é  islas 
della  con  hierva  muy  mala  é  inremedia- 
ble;  é  si  hay  remedio,  los  chripstianos  no 
le  saben.  En  su  lugar  se  dirá  de  qué  ma- 
nera ó  con  qué  materiales  fagen  los  in- 
dios esta  ponzoñosa  hierva  ;  é  por  no  me 
detener  agora  en  esto,  tornaré  al  almi- 
rante é  á  su  descubrimiento. 


CAPITULO  IX. 

Que  Iracfa  de  cómo  se  perdió  el  armada  con  el  comendador  Bobadilla,  é  del  último  viaje  é  descubrimiento 
que  fizo  el  almirante  don  Chripstóbal  Colom  en  la  Tierra-Firme. 


JLlicho  tengo,  en  el  capítulo  VII  deste 
libro,  cómo  el  almirante  llegó  gerca  del 
puerto  desta  cibdad,  viniendo  de  Es- 
paña para  yr  á  descubrir  lo  que  descu- 
brió en  su  último  viaje  de  la  Tierra-Fir- 
me ,  yendo  á  buscar  el  estrecho  quél  de- 
gia  que  avia  de  fallar  para  passar  á  la 
mar  austral ;  en  lo  qual  se  engañó ,  por- 
que el  estrecho  quél  pensaba  ser  de  mar, 
es  de  tierra ,  como  se  dirá  adelante.  Pe- 
ro no  le  fué  dado  lugar  por  el  comenda- 
dor mayor  para  que   enlrassc   en  este 


puerto  desta  cibdad  de  Sancto  Domin- 
go: por  lo  qual  después  el  almirante  en- 
vió á  avisar  quel  tiempo  estaba  de  ma- 
nera que  le  paresgia  quel  comendador 
Bobadilla ,  é  la  armada  que  con  él  esta- 
ba aparejada  para  yr  á  España ,  en  nin- 
guna manera  debia  partir  desta  cibdad; 
mas  como  no  se  le  dio  crédito,  subgedió 
dello  lo  que  aqui  diré.  Y  el  almirante, 
como  prudente  nauta,  se  acogió  á  Puer- 
to Escondido;  é  passada  la  tormenta,  tiró 
su  camino  para  el  descubrimiento  de  la 


78 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


Tierra-Firme ;  é  córao  ya  él  tenia  notigia 
qüel  capitán  Rodrigo  de  Bastidas  avia 
descubierto  hasta  el  golpho  de  Urabá 
(que  está  en  nueve  grados  é  medio,  la 
punta  de  Caribana ,  que  es  á  la  boca  de 
aquel  golpho) ,  passóse  adelante  á  des- 
cobrir  la  costa  de  Tierra-Firme  mas  al 
poniente ;  lo  qual  en  este  capítulo  se  di- 
rá ,  porque  no  quiero  olvidar  la  muerte 
del  comendador  Bobadilla  é  del  capitán 
de  la  flota,  Antonio  de  Torres,  hermano 
del  ama  del  príncipe ,  lo  qual  passó  des- 
ta  manera. 

Partieron  estos  caballeros  de  aqueste 
rio  é  puerto  desta  cibdad  de  Sancto  Do- 
mingo, por  no  aver  tomado  el  consejo  del 
almirante.  E  salida  el  armada  á  la  mar, 
ocho  ó  diez  leguas  de  aqui,  dióles  tal 
tiempo  que  de  treynta  naos  é  caravelas 
no  escaparon  mas  de  quatro  ó  ginco ,  é 
dieron  al  través  todas  las  de  demás  por 
estas  costas ,  é  muchas  se  hundieron  é 
las  tragó  la  mar,  que  jamás  paresgieron, 
é  anegáronse  mas  de  quinientos  hombres, 
entre  los  quales  eran  los  mas  principales 
los  que  tengo  dicho ,  é  assi  mismo  aquel 
Roldan  Ximenez  que  se  avia  algado  con- 
tra el  almirante  é  adelantado,  su  herma- 
no;  é  se  ahogaron  assi  mismo  otros  gen- 
tiles hombres  hidalgos  é  muy  buens  gen- 
te. E  allí  se  perdió  aquel  grano  de  oro 
que  dixe  que  pesaba  tres  mili  é  seysgien- 
tos  pesos,  con  mas  de  otros  gient  mili  pe- 
sos de  oro  y  otras  muchas  cosas :  assi  que 
fue  muy  gran  pérdida  y  mala  jornada . 

El  almirante,  como  conosgió  el  tiem- 
po, recogióse  al  Puerto  Escondido,  el 
qual  nombre  él  le  puso ;  é  desde  allí, 
assi  como  fué  passada  la  tormenta ,  atra- 
vessó  la  vuelta  de  la  Tierra-Firme,  é  no 
corrió  riesgo,  segund  paresgió  por  el  efe- 
to ;  porque  descubrió  debaxo  de  lo  que 
tengo  dicho  que  costeó  Bastidas ,  segund 
yo  oy  á  los  pilotos  Pedro  de  Umbría  é 
Diego  Martin  Cabrera ,  é  Martin  de  los 
Reyes,  y  á  otros  que  se  hallaron  en  ello. 


lo  que  agora  diré.  El  almirante  fué  á  re- 
conosQcr  la  isla  de  Jamáyca,  y  de  allí 
passó  y  fué  á  reconosger  el  cabo  de  Hi-^ 
güeras  y  las  islas  de  los  Guanaoces  (una 
de  las  quales  se  dige  Guanaxa) ,  y  fué  á 
Puerto  de  Honduras,  á  la  qual  tierra  lla- 
mó é  puso  nombre  Punta  de  Caxines;  é 
de  allí  fué  al  cabo  de  Gragias  á  Dios  ,  y 
tiró  la  vuelta  del  levante  la  costa  arriba 
de  Tierra-Firme ,  y  descubrió  la  provin- 
gia  é  rio  de  Veragua ,  é  passó  á  otro  rio 
grande  que  está  mas  al  oriente ,  é  llamó- 
le rio  de  Belén.  Este  está  una  legua  de] 
rio  que  los  indios  llaman  Yebra,  que  es 
el  mismo  de  Veragua  ( la  qual  se  cree  que 
es  una  de  las  mas  ricas  cosas  que  hay  en 
todo  lo  descubierto);  y  de  ahy  subiendo 
la  costa  al  oriente,  llegó  á  un  gran  rio ,  é 
llamóle  rio  de  Lagartos.  Este  es  el  que 
agora  los  chripstianos  llaman  Chagre,  que 
nasge  gerca  de  la  mar  del  sur ,  aunque 
viene  á  fenesger  en  la  del  norte ,  é  passa 
á  quatro  leguas  de  Pancmá.  Y  de  aUí  dis- 
curriendo, llegó  á  una  isla  que  está  junto 
á  la  costa  de  la  Tierra-Firme,  é  llamóla 
isla  de  Bastimentos ,  é  á  Puerto  Bello ,  é 
de  allí  passó  por  delante  del  Nombre  de 
Dios  (el  qual  nombre  puso  después  á 
aquel  puerto  el  capitán  Diego  de  Nicue- 
sa,  como  se  dirá  en  su  lugar).  E  passó 
el  almirante  al  rio  de  Frangisca  é  al  puer- 
to del  Betrete ;  é  de  allí  subió  hasta  el 
golpho  de  Secativa ,  é  llamóle  golpho  de 
Sanct  Blas ;  é  subió  mas  por  la  costa  has- 
ta las  islas  de  Pocorosa ,  é  allí  llamó  el 
almirante  á  aquello  el  Cabo  del  Mármol. 
Por  manera  que  deste  camino ,  que  fué 
el  último  quel  almirante  fizo  á  estas  par- 
tes ,  descubrió  de  la  Tierra-Firme  giento 
é  noventa  ó  dosgientas  leguas  de  costa, 
poco  mas  ó  menos. 

E  desde  allí  atravessó  á  la  isla  de  Ja- 
máyca ,  la  qual  está  del  cabo  de  Gragias 
á  Dios  la  vuelta  del  nordeste  gient  leguas. 
E  allí  se  le  perdieron  los  dos  navios,  que 
los  traya  ya  muy  cansados  é  bromados; 


DE  INDIAS.  LIB.  lil.  CAP.  IX. 


é  de  quatro  que  avia  llevado ,  el  uno  de- 
xó  perdido  en  el  rio  de  Yebra  (que  es  en 
la  provingia  de  Veragua) ,  y  el  otro  le  de- 
xó  en  la  mar,  porque  no  se  podia  tener 
sobre  el  agua ;  porque  en  aquellas  costas 
de  Tierra-Firme,  como  hay  muchos  ó 
grandes  rios ,  assi  hay  mucha  broma  en 
ellos,  é  presto  se  pierden  los  navios. 
Pero  en  treynta  dias  que  atravessaron  fué 
á  reconosger  la  tierra  de  Omohaya ,  que 
es  en  la  isla  de  Cuba  de  la  banda  del 
sur,  quasi  al  fin  de  la  isla ,  donde  ago- 
ra está  poblada  la  villa  de  la  Trinidad :  é 
desde  allí  fué  á  Jamáyca,  donde,  como 
es  dicho ,  perdió  los  otros  dos  navios ,  é 
dio  con  ellos  gabordando  en  la  costa  don- 
de agora  digen  Sevilla.  E  desde  allí  dio 
notigia  de  su  venida  al  comendador  ma- 
yor, que  estaba  en  esta  cibdad  de  Sáne- 
lo Domingo ,  con  una  canoa  que  envió  de 
indios,  y  en  ella  á  Diego  Méndez,  su 
criado ,  que  es  un  hidalgo ,  hombre  de 
honra,  vegino  desta  cibdad,  que  hoy  dia 
vive.  El  qual  se  atrevió  á  mucho,  por  ser 
la  canoa  muy  pequeña,  é  porque  fágil- 
mente  se  trastornan  en  la  mar  tales  ca- 
noas ,  e  no  son  para  engolfarse  ninguno 
que  ame  su  vida,  sino  para  la  costa  é 
gerca  de  tierra.  Pero  él,  como  buen  cria- 
do é  homl}re  animoso ,  viendo  á  su  señor 
en  tanta  nesgessidad ,  se  aventuró  é  de- 
terminó é  passó  toda  la  mar  que  hay  des- 
de aquella  isla  á  esta  con  las  cartas  del 
almirante,  para  quel  comendador  mayor 
le  socorriesse  y  enviasse  por  él.  Por  el 
qual  servigio  (que  en  la  verdad  fué  muy 
señalado,  quanto  se  puede  encaresger)  el 
almirante  siempre  le  tuvo  mucho  amor, 
é  le  favoresgió :  é  sabido  por  el  Rey  Ca- 
thólico  le  hizo  mergedes ,  é  le  dio  por  ar- 
mas la  misma  canoa,  por  exemplo  de  su 
lealtad.  E  sin  dubda  en  aquellos  pringi- 
pios  meterse  un  hombre  en  la  mar  con 
sus  enemigos,  seyendo  cc^üo  son  tan 
grandes  nadadores  y  en  barca  ó  passaje 
tan  peligroso  é  ingierto ,  fué  cosa  de  gran- 


de ánimo  y  de  señalada  lealtad  é  amor 
que  á  su  señor  tuvo.  Y  cómo  el  comen- 
dador mayor  vido  las  cartas  del  almiran- 
te ,  envió  luego  una  caravela  á  saber  si 
era  verdad ,  é  para  ver  de  la  manera  que 
estaba  el  almirante  é  sentir  la  cosa ,  é  no 
para  lo  traer.  Pero  el  Diego  Méndez  com- 
pró un  navio  de  los  dineros  del  almirante 
é  bastegióle  y  envió  por  su  señor ,  en  que 
vino  á  esta  isla ,  en  tanto  quel  Diego  Mén- 
dez fué  á  Castilla  á  dar  notigia  al  Rey  é 
Reyna  Cathólicos  de  lo  quel  almirante 
avia  fecho  en  aquel  viaje.  No  es  razón 
de  dexar  en  silengio  lo  que  al  almi- 
rante intervino  en  aquella  isla ,  después 
de  aver  enviado  á  Diego  Méndez  á  esta, 
como  es  dicho,  á  dar  notigia  de  su  que- 
dada allí ,  porque  es  cosa  memorable  y 
para  ser  notado  lo  que  agora  diré. 

Es  de  saber  que  assi  de  los  trabajos 
que  su  gente  é  marineros  avian  passado 
en  este  descubrimiento,  como  en  aver 
passado  por  tan  diferentes  regiones  é  con 
tan  malas  comidas  é  falta  de  reposo ,  avia 
muchos  enfermos ;  é  los  que  estaban  sa- 
nos se  le  amotinaron,  indugidos  á  ello 
por  dos  hermanos  que  allí  yban,  llama- 
dos Frangisco  de  Porras ,  capitán  de  un 
navio  de  aquellos,  é  Diego  de  Porras, 
contador  de  aquella  armada:  los  quales 
tomaron  todas  las  canoas  que  los  indios 
tenían ,  é  publicaron  que  el  almirante  no 
quería  yr  á  Castilla ,  porque  les  avia  di- 
cho que  esperassen  la  respuesta  de  Diego 
Méndez  y  que  enviasse  navios  que  los 
llevassen  á  todos.  Pero  ellos,  mal  acon- 
sejados ,  no  queriendo  obedesger  su  man- 
dado ,  se  fueron  é  metieron  en  la  mar, 
pensando  atravessar  é  venir  en  las  ca- 
noas á  esta  Isla  Española ;  é  aunque  mu- 
chas veges  lo  tentaron,  no  pudieron  salir 
con  su  intengion :  antes  porfiándolo,  se 
anegaron  algunos  de  los  compañeros  que 
á  estos  seguían;  por  lo  qual  acordaron 
los  que  dellps  quedaron,  de  volver  donde 
el  almirante  quedaba ,  con  determinagion 


80 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


de  le  tomar  los  navios  que  le  oviessen 
venido.  Mas  en  tanto  que  los  algados  é 
desobedientes  entendian  en  lo  que  es  di- 
cho, cobraron  salud  los  que  avian  que- 
dado enfermos  y  en  compañía  del  almi- 
rante, aunque  eran  pocos  en  número.  Y 
como  fué  entendida  la  maligia,  mandó 
el  almirante  al  adelantado  don  Bartolo- 
mé ,  su  hermano ,  que  saliesse  al  campo 
ü  resistir  el  mal  propóssito  de  los  contra- 
rios :  é  peleó  con  ellos  é  los  desbarató  é 
vcngió  é  mató  tres  ó  quatro  dellos,  é  otros 
muchos  quedaron  heridos.  E  aquesta  fué 
la  primera  batalla  que  se  sabe  aver  ávido 
entre  chripstianos  en  estas  partes  é  In- 
dias; y  el  Frangisco  é  Diego  de  Porras 
fueron  presos. 

Antes  que  esta  batalla  é  diferengias 
subgediessen ,  como  los  indios  vieron  que 
los  que  estaban  sanos  de  los  chripstianos 
se  avian  ydo  é  dexado  al  almirante ,  é 
que  los  que  con  él  avian  quedado  eran 
pocos  y  enfermos  no  les  querían  dar  de 
comer  ni  otra  cosa  alguna.  E  viendo  es- 
to el  almirante,  hizo  juntará  muchos  de 
los  indios  é  dixoles  que  si  no  le  daban 
de  comer  á  él  é  á  los  chripstianos,  que 
tuviessen  por  gierto  que  avia  de  venir 
muy  presto  una  pestilengia  tan  grande 
que  no  quedasse  indio  alguno  dellos,  é 
que  por  señal  desto  é  de  la  pestilengia  é 
vertimiento  de  sangre  que  avria  en 
ellos,  veri an  tal  dia  (que  él  les  señaló), 
é  á  tal  hora,  la  luna  hecha  sangre.  Esto 
dixo  él,  porque  como  era  gentil  astrólo- 
go ,  sabia  que  avia  de  ser  eclipse  de  la 
luna,  quando  les  avia  dicho.  Llegado 
pues  el  tiempo ,  como  vieron  los  indios 
eclipsada  la  luna ,  creyeron  lo  que  el  al- 
mirante les  avia  dicho ,  é  muchos  dellos 
fueron,  dando  voges  é  llorando,  á  pedir 
perdón  é  rogar  al  almirante  que  no  estu- 
viesse  enojado ;  é  diéronle  á  él  é  á  los 
que  con  él  estaban  quanto  querían  é 
avian  menester  de  sus  mantenimientos ,  é 
sirviéronle  muy  bien. 


En  aquesta  manera  de  vida  trabajosa 
estuvo  el  almirante  é  los  chripstianos 
que  le  quedaron  un  año,  durmiendo  é 
habitando  en  los  navios  que  estaban  al 
través ,  anegados  hasta  la  cubierta  dentro 
del  agua  de  la  mar  junto  á  tierra,  é 
dentro  del  puerto  donde  agora  está  la 
villa  de  Sevilla,  que  es  la  pringipal  po- 
blagion  de  aquella  isla.  E  alli  gerca  fué 
la  batalla  que  es  dicho ,  y  el  puerto  se 
dige  Sánela  Gloria.  Passado  lo  que  es  di- 
cho ,  llegó  la  caravela  que  Diego  Méndez 
envió  por  el  almirante ;  y  quando  se  em- 
barcaba en  ella ,  lloraban  los  indios  por- 
que se  yba ,  porque  pensaban  que  él  é 
los  chripstianos  eran  gentes  celestiales. 

Llegado  el  amirante  á  esta  cibdad  de 
Sancto  Domingo,  estuvo  algunos  dias 
descansando  aqui;  é  festejóle  el  comen- 
dador mayor,  é  túvole  en  su  posada, 
fasta  que  después  se  partió  el  almirante 
en  los  primeros  navios  que  fueron  á  Es- 
paña á  dar  cuenta  al  Rey  Cathólico  de  lo 
que  avia  fecho  en  este  su  postrero  des- 
cubrimiento de  parte  de  la  Tierra-Fir- 
me. E  de  aquel  camino  después  que  vol- 
vió á  Castilla ,  como  ya  era  viejo  y  en- 
fermo é  muy  apassionado  de  gota,  mu- 
rió en  Yalladolid ,  año  de  la  Natividad 
de  Ghripsto  de  mili  é  quinientos  y  seis 
años ,  en  el  mes  de  mayo ,  estando  el  Rey 
Cathólico  en  Villafranca  de  Valcagar,  á  la 
sagon  quel  sereníssimo  Rey  don  Felipe  é 
la  sereníssima  Reyna  doña  Juana,  padres 
de  la  Cesárea  Magostad,  nuestros  seño- 
res, venian  á  reynar  en  Castilla.  Assi  que 
muerto  el  Almirante  donde  he  dicho,  fué 
llevado  su  cuerpo  á  Sevilla  al  moneste- 
rio  que  está  de  la  otra  parte  del  Guadal- 
quivir, llamado  las  Cuevas,  de  la  Orden 
de  la  Cartuxa,  é  alli  se  pusso  en  depósi- 
to. Plegué  á  Dios  de  le  tener  en  su  glo- 
ria'... porque  demás  de  lo  que  sirvió  álos 
Reyes  de  Costilla,  mucho  es  lo  que  todos 
los  españoles  le  deben;  porque  aunque 
en  estas  partes  han  padesgido  é  muerto 


DE  INDIAS.  LIB.  III.  CAP.  IX. 


81 


muchos  dellos  en  las  conquistas  é  pagi- 
ficagion  destas  Indias ,  otros  muchos  que- 
daron ricos  é  remediados ;  é  lo  que  me- 
jor es,  que  en  tierras  tan  apartadas  de 
Europa,  é  donde  el  diablo  era  tan  servi- 
do é  acatado ,  le  hayan  los  chripstianos 
desterrado  della,  é  plantado  y  exorgitado 
la  sagrada  fé  cathólica  nuestra  é  Iglesia 
de  Dios  en  partes  tan  remotas  y  extra- 
ñas é  de  tan  grandes  rey  nos  é  señoríos, 
por  medio  é  industria  del  almirante  don 
Chripstóbal  Colom.  Y  que  demás  desto, 
se  hayan  llevado  é  llevarán  tantos  te- 
soros de  oro ,  é  plata ,  é  perlas ,  é  otras 
muchas  riquezas  é  mercaderías  á  Espa- 
ña: por  lo  qual  ningún  virtuoso  español 
se  desacordará  de  tantos  benefigios  co- 


mo su  patria  resgibe  é  han  resultado, 
mediante  Dios ,  por  la  mano  de  aqueste 
primero  almirante  destas  Indias.  Al  qual 
subgedió  en  su  título ,  é  casa  y  Estado  el 
almirante  don  Diego  Colom ,  su  hijo :  el 
qual  casó  con  doña  María  de  Toledo ,  so- 
brina del  ilustre  don  Fadrique  de  Tole- 
do, duque  de  Alva,  de  buena  memoria, 
fija  de  su  hermano  don  Fernando  de  To- 
ledo ,  comendador  mayor  de  León  en  la 
Orden  militar  de  Sanctiago.  En  la  qual 
ovo  el  almiradte  don  Diego  Colom  al 
almirante  don  Luys  Colom,  que  des- 
pués heredó  su  casa  y  Estado  y  al  pre- 
sente lo  tiene ,  é  ovo  otros  fijos  en  esta 
señora. 


CAPITULO  X. 


I)e  la  gobernación  del  comendador  mayor,  don  Frey  Nicolás  de  Ovando,  é  de  cómo  se  passó  la  vecindad 
desla  cibdad,  que  estaba  de  la  olra  parte  del  rio,  adonde  agora  está,  y  de  las  iglesias  y  perlados  dellas  que 
ha  ávido  y  hay  en  esta  isla  Española,  é  de  los  edificios  desta  cibdad  de  Sánelo  Domingo  y  oirás  cosas 

notables  desla  Isla. 


JL  orque  en  la  segunda  parte  destas  his- 
torias se  continuarán  los  descubrimientos 
de  los  particulares  armadores ,  solamente 
digo  que  el  año  de  mili  é  quinientos  y 
quatro  Juan  de  la  Cosa  é  otros  sus  con- 
sortes passaron  con  quatro  navios  á  la 
costa  de  la  Tierra-Firme,  y  en  ella  y 
en  algunas  islas  cargaron  de  brasil  y 
esclavos.  En  el  qual  tiempo  también  otro 
capitán ,  llamado  Chripstóbal  Guerra,  armó 
é  passó  á  la  Tierra-Firme  á  extragar  lo  que 
pudo ;  y  del  mal  subgesso  de  los  unos  é 
los  otros  se  dirá  en  su  lugar  convinien- 
te:  é  assi  mesmo  de  la  desventurada 
muerte  del  capitán  Diego  de  Nicuesa ,  y 
del  primero  descubrimiento  de  la  mar 
del  Sur ,  hecho  por  Vasco  Nuñez  de  Bal- 
boa, y  del  mal  fin  é  nombre  con  que 
acabó  sus  dias.  Pero  porque  todo  esto  es 

del  jaez  de  la  segunda  parte  de  la  Natu- 
TOMO  I. 


ral  é  general  historia  destas  Indias,  de- 
girlo  he  donde  mejor  quadre  é  sea  mas 
conviniente  la  relagion  dello.  E  por  tan- 
to volveré  á  esta  Isla  Española  é  cibdad 
de  Sancto  Domingo ,  donde  llegó  el  co- 
mendador mayor ,  don  Frey  Nicolás  de 
Ovando  (estando  la  poblagion  de  la  otra 
parte  deste  rio),  á  los  quinge  del  mes  de 
abril  de  mili  é  quinientos  y  dos  años,  6 
se  fué  el  comendador  Bobadilla  con  la 
armada,  segund  es  dicho ,  é  aquel  mismo 
año  vino  el  almirante  don  Chripstóbal 
Colom  á  fager  el  descubrimiento  de  Ve- 
ragua é  parte  de  la  Tierra-Firme ;  é  apor- 
tó después  en  Jamáyca,  do  quedaron  sus 
caravelas  perdidas,  é  vino  aquí  en  el 
mes  de  septiembre  de  mili  é  quinientos  y 
quatro  años.  Pero  lo  gierto  es  que  el  al- 
mirante vino  el  mismo  año  é  desde  á 
poco  tiempo  que  el  comendador  mayor 


82 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


acá  estaba,  porque  en  los  mismos  navios 
quél  vino,  se  tornaba  á  España  el  comen- 
dador Bobadiila;  é  aquellos  se  perdieron 
por  no  aver  tomado  el  consejo  del  almi- 
rante, segund  lo  he  dicho. 

Assi  que,  tornando  á  la  historia,  digo 
que  después  que  ahy  llegó  Colom,  veni- 
do de  Jamáyca,  ovo  una  tormenta  que 
los  indios  llaman  huracán  á  los  doge 
dias  del  mes  de  septiembre  que  derribó 
todas  las  casas  é  buhios  desta  cibdad ,  ó 
la  mayor  parte  deltas.  Mas  porque  des- 
pués, passados  algunos  años,  ovo  otras 
dos  tormentas  ó  huracanes  mayores  de 
que  mas  largamente  se  dirá  adelante ,  no 
diré  aqui  mas  en  esto  del  huracán.  E  ya 
esta  cibdad  la  avia  hecho  passar  donde 
agora  está  el  comendador  mayor;  é  de 
alli  adelante  se  comentaron  á  edificar  é 
labrar  casas  de  piedra  é  de  buenas  pa- 
redes y  edifigios.  Pero  yo  no  le  pienso 
loar  aver  passado  aqui  la  cibdad,  ni 
averia  quitado  de  la  otra  costa  ó  ribera 
deste  rio,  donde  primero  fué  fundada; 
porque  en  la  verdad  de  nesgessidad  se- 
ria mas  sano  asiento  é  vivir  del  otro  ca- 
bo que  de  aqueste,  porque  entre  el  sol 
6  aquesta  cibdad  passa  el  rio  de  la  Oga- 
ma;  é  assi  las  nieblas  de  la  mañana,  lue- 
go quelsol  aparesge,  las  derriba  ó  trastor- 
na sobre  esta  cibdad.  Demás  de  aqueste 
defeto ,  que  es  muy  grande ,  el  agua  de 
una  muy  buena  fuente,  de  donde  se  pro- 
vee la  mayor  parte  desta  poblagion,  está 
en  frente  della  de  la  otra  parte  del  rio, 
ó  los  que  no  quieren  beber  de  los  pogos 
que  no  son  buenos,  ó  no  hagen  traer  agua 
de  otras  partes  lexos ,  van  alli  por  agua. 
E  como  este  rio  es  muy  hondo,  no  tiene 
puente ;  é  á  esta  causa ,  aunque  hay  una 
barca  ordinaria  que  la  cibdad  paga  é 
tiene  para  passar  á  quantos  quisieren  yr 
ó  venir  é  atravessar  el  rio  á  pie  ó  á  ca- 
ballo, es  menester  tener  un  esclavo  ó 
mas  otros  mogos  ocupados  solamente 
en  proveer  la  casa  de  agua  de  la  dicha 


fuente.  Assi  que  grande  inconveniente  es 
también;  mas  dio  lugar  á  esta  inadver- 
tengia  del  comendador  mayor  ser  muy 
possible  traerse  el  agua  á  esta  cibdad 
desde  un  rio  que  se  llama  Hayna ,  que 
está  á  tres  leguas  de  aqui,  de  muy  bue- 
na agua  é  pueden  fager  que  venga  á  la 
plaga  desta  cibdad  é  á  todas  las  casas 
que  aqui  hay :  con  lo  qual  seria  una  de 
las  poblagiones  muy  buenas  del  mundo, 
é  assi  cessaria  el  defeto  del  agua.  E  tam- 
bién pudo  caussar  la  mudanga  deste 
pueblo  que  siempre  los  gobernadores 
nuevos  quieren  enmendar  las  obras  de 
los  passados,  ó  dar  forma  cómo  se  ol- 
vide lo  que  los  antegessores  en  el  ofigio 
obraron,  para  escuresger  la  fama  del  que 
passó. 

Pero  con  estos  inconvinientes  que  he 
dicho  desta  cibdad,  tiene  otras  cosas  bue- 
nas. Lo  primero  está  aqui  una  iglesia  ca- 
thedral,  cuya  erecgion  se  fizo  por  el  Ga- 
thólico  Rey  don  Fernando  é  la  sereníssi- 
ma  Reyna  doña  Johana ,  su  fija ,  nuestra 
señora;  y  el  primero  obispo  della  fué  don 
fray  Gargia  de  Padilla,  de  la  Orden  de 
Sanct  Frangisco ,  el  qual  no  passó  á  estas 
partes ,  porque  vivió  poco  después  que 
fué  obispo;  y  el  segundo  fué  el  maestro 
Alexandro  Geraldino.  Este  fué  romano  é 
buen  perlado  y  -de  sana  intengion.  El  ter- 
gero  obispo  desta  sancta  iglesia  é  obispa- 
do de  Sancto  Domingo ,  que  hoy  tene- 
mos ,  es  don  Sebastian  Ramírez  de  Fuen- 
te Leal ,  presidente  que  fué  de  la  Audien- 
gia  Real  que  aqui  reside,  el  qual  es  assi 
mismo  obispo  de  la  iglesia  de  la  cibdad 
de  la  Concepgion  de  la  Vega,  en  esta 
misma  isla  de  Hayti  ó  Española ,  que  está 
treynta  leguas  la  una  cibdad  de  la  otra. 

Mas  para  que  mejor  se  entienda  la  unión 
destas  dos  iglesias  é  obispados,  es  de  sa- 
ber que  quando  fué  hecho  el  primero  obis- 
po desta  cibdad,  fray  Gargia  de  Padilla, 
fué  hecho  el  primero  obispo  de  la  cibdad 
de  la  Concepgion  de  la  Vega,  don  Pero 


DE  INDIAS.  LII3.  III.  CAP.  X. 


83 


Suarez  de  Doga.  Y  aqueste  fué  el  primero 
obispo  que  passó  á  esta  isla  é  á  las  In- 
dias destas  partes ;  e  después  de  los  dias 
de  aquel,  no  proveyeron  de  obispo  de  la 
Vega  á  otro  alguno.  Y  estando  vacantes 
ambas  iglesias ,  la  de  la  Vega  en  este  su 
primero  obispo,  don  Pero  Suarez  de  De- 
Ca,  é  aquesta  de  Sancto  Domingo  en  su 
obispo  segundo,  que  fué  el  maestro  Ale- 
xandro  Geraldino,  la  Cesárea  Magestad 
quiso  unir  entrambas  iglesias  cathedrales 
debaxo  de  una  mitra  é  solo  un  obispo ,  á 
causa  que,  seyendo  dos  perlados,  era  poca 
renta ,  é  juntas  las  iglesias,  es  buena  co- 
sa. E  assi  proveyó  Su  Magestad  de  per- 
lado en  quien  entrambos  obispados  esíu- 
viessen ;  y  este  fué  fray  Luis  de  Figueroa, 
prior  del  moneslerio  de  la  Mejorada ,  de 
la  Orden  de  Sanct  Hierónimo,  que  es  una 
legua  de  la  villa  de  Olmedo.  Y  estando  las 
bulas  concedidas  é  despachadas  por  el  Pa- 
pa el  año  de  mili  é  quinientos  é  veynte  y 
quatro,  antes  quel  despacho  viniesse  de 
Roma,  murió  el  eleto  en  el  monesterio  su- 
yo que  he  dicho  de  la  Mejorada;  é  la  Cesá- 
rea Magestad  después  desto  hizo  la  misma 
merced,  quel  mismo  eleto  tenia,  á  don 
Sebastian  Ramírez  de  Fuente  Leal,  obispo 
que  hoy  tenemos,  en  el  qual  fueron  unidas 
ambas  iglesias  en  un  perlado ,  é  la  pre- 
sidencia desta  Real  Audiencia  é  Changi- 
lleria  que  aqui  reside.  Y  después  que  en 
esta  cibdad  estuvo  un  poco  de  tiempo,  le 
mandó  la  Cesárea  Magestad  que  passasse 
á  la  Nueva  España  con  el  mismo  cargo 
de  la  presidengia,  para  reformar  aquella 
tierra.  Y  esto  baste  quanto  á  los  perlados, 
é  fablemos  en  la  propria  iglesia :  la  qual, 
de  mas  de  tener  las  dignidades  é  canóni- 
gos é  racioneros  que  conviene ,  é  todo  lo 
demás  concerniente  al  servicio  del  culto 
divino ,  es  muy  bien  edificada  en  lo  que 
está   fecho,  é  acabada,  será  sumptuosa  é 
tal  que  algunas  de  las  cathedrales  de  Es- 
paña no  le  harán  ventaja;  porque  es  de 
fermosa  é  fuerte  cantería ,  de  la  qual  hay 


aqui  assaz  canteras  ó  veneros  de  piedra 
junto  á  la  cibdad,  en  la  costa  deste  rio, 
quanta  quieren,  E  assi  está  aquesta  cib- 
dad tan  bien  edificada ,  que  ningún  pue- 
blo hay  en  España,  tanto  por  tanto,  mejor 
labrado  generalmente,   dexando  aparte 
la  insigne  é  muy  noble  cibdad  de  Barce- 
lona; porque  demás  deste  aparejo  grande 
que  he  dicho  de  la  piedra,  é  toda  la  bue- 
na cal  que  al  propóssito  de  la  fábrica  es 
menester,  hay  muy  singular  tierra  para 
tapiería ,  é  hádense  tales  tapias  que  son 
como  muy  fuerte  argamassa.  E  assi  hay 
aqui  muy  buenas  é  muchas  casas  princi- 
pales ,  en  que  cualquier  señor  é  grande 
se  podria  aposentar ;  é  aun  algunas  de- 
llas  son  tales  que  en  muy  buenos  pueblos 
de  los  de  España  he  yo  visto  la  Cesárea 
Magestad  aposentado  en  casas  no  tales, 
quanto  á  la  labof  deltas,  y  en  muchas  que 
en  sitio  é  vista  no  se  igualan  con  estas. 
Es  aquesta  cibdad  toda  tan  llana  como 
una  mesa ,  é  al  luengo  della ,  de  norte  á 
sur,  passa  el  rio  de  la  Ogama,  que  es 
navegable,  hondo  é  muy  hermoso  á cau- 
sa de  las  heredades  é  jardines  é  labran- 
Cas  que  en  sus  costas  hay ,  con  muchos 
naranjos  é  cañafístolos  é  arboledas  de  fruc- 
la  de  muchas  maneras.  A  la  parte  que 
esta  cibdad  tiene  el  mediodía,  está  la  mar 
batiendo  en  ella ,  de  forma  quel  rio  é  la 
mar  cercan  la  mitad  ó  mas  parte  desta 
cibdad.  E  á  la  parte  del  poniente  é  del 
norte  está  la  tierra ,  donde  se  extiende 
mas  la  población  de  hermosas  calles  é 
muy  bien  ordenadas  é  anchas ,  é  tiene 
de  parte  de  la  tierra  muy  hermosos  pra- 
dos y  salidas.  En  conclusión ,  que  en  vis- 
ta é  asiento  y  en  lo  que  es  dicho  no  hay 
mas  qué  pedir;  puesto  que  no  está  tan 
poblada  ni  de  tanta  vecindad  como  estu- 
vo el  año  de  mili  y  quinientos  é  veynte  é 
cinco ,  quando  yo  fize  relación  á  su  ma- 
gestad desta  cibdad  en  aquel  Sumario  re- 
portorio  que  escrebí  de  cosas  de  Indias, 
á  causa  que  lodo  lo  desta  vida  sana  y 


84 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


adolesge ;  é  uiiiclios  que  se  han  hallado 
ricos  se  han  ydo  á  España,  é  otros  á 
poblar  en  otras  islas  é  á  Tierra-Firme, 
porque  desde  aqui  se  ha  descubierto  é 
poblado  é  proveydo  siempre  lo  mas  de 
las  Indias,  como  desde  cabega  é  madre 
é  nudridora  de  todas  las  otras  partes  des- 
te  imperio.  También  han  sido  causa  de  se 
aver  ydo  mucha  gente  de  aquesta  isla  las 
grandes  nuevas  que  en  diversos  tiempos 
han  venido  de  los  descubrimientos  nue- 
vos del  Perú  é  otras  partes :  é  como  los 
liombres  son  amigos  de  novedades  é  des- 
seaa  presto  enriquesger ,  muchos  dellos 
(en  espegial  los  que  ya  estaban  aqui  asen- 
tados) han  agertado  á  empobresger,  por 
no  reposar. 

El  puerto  desta  cibdad  es  doge  ó  quin- 
ge  pasos  de  tierra,  donde  surgen  las  naos; 
é  las  casas  que  están  en»la  costa  del  rio 
están  assi  gercanas  de  los  navios  como  en 
Ñapóles ,  ó  en  el  Tíber  de  Roma ,  ó  en 
Guadalquivir  en  Sevilla  é  Triana.  Y  en 
quatro  bragas  de  agua,  tan  gerca  como 
he  dicho ,  surgen  naos  grandes  de  dos 
gavias ,  y  otras  algo  menores  se  allegan 
tanto  á  la  tierra  que  echan  una  plancha, 


é  sin  barca,  por  la  plancha,  botan  en  tier- 
ra las  pipas  é  toneles ,  é  también  toman 
la  carga.  Hay  desde  donde  surgen  las 
naos  hasta  la  boca  de  la  mar  é  comiengo 
de  la  entrada  del  puerto,  tiro  é  medio  de 
escopeta  ó  poco  mas;  y  entrando  en  el 
rio  dentro  á  par  del  puerto  está  un  cas- 
tillo assaz  fuerte  para  la  defensión  é  guar- 
da del  puerto  y  de  la  cibdad :  el  qual  edi- 
ficó el  comendador  mayor  don  frey  Ni- 
colás de  Ovando  en  el  tiempo  de  su  go- 
bernagion.  Pero  porque  no  se  olvide  tan 
señalada  particularidad,  ni  pierdan  las 
gragias  los  que  las  meresgen  por  prime- 
ros edificadores ,  digo  quel  que  primero 
fundó  casa  de  piedra  é  al  modo  de  Es- 
paña en  esta  cibdad ,  fué  Frangisco  de 
Garay ,  é  después  del  frey  Alonso  del  Vi- 
so, de  la  Orden  é  caballería  de  Calatra- 
va,  y  el  tergero  fué  el  piloto  Roldan,  en 
las  Quatro  Calles,  y  el  quarto  fué  Juan 
Fernandez  de  las  Varas :  después  y  tras 
los  que  he  dicho ,  se  pringipió  la  fortaleza 
é  se  fizieron  otros  edifigios ,  é  se  hagen  é 
labran  cada  dia  por  el  gran  aparejo  de  los 
materiales  que  hay  para  la  fábrica. 


CAPITULO  XI. 

Da  la  veataja  y  difereacia  que  el  auclor  pone  de  esta  Isla  Española  á  las  islas  de  Secilla  é  Inglaterra  :  é  las 

.razones  que  para  ello  expresa. 


Jjien  conozco  que  toda  comparación  es 
odiosa  para  algunos  de  los  que  escuchan 
lo  que  no  querrían  oir;  é  assi  acaesgerá 
á  algunos  letores  seguíanos  é  ingleses  con 
este  mi  tractado ,  en  espegial  con  lo  que 
podrán  ver  en  este  capítulo ,  en  el  qual 
torno  á  degir  lo  que  he  dicho  y  escrito 
otras  veges ,  y  es :  que  si  un  príncipe  no 
tuviesse  mas  señorío  de  aquesta  isla  sola, 
en  breve  tiempo  seria  tal,  que  higiesse 
ventaja  á  las  islas  de  Segilia  é  Inglaterra; 
porque  lo  que  aqui  sobra  á  otras  provin- 


gias  liarla  muy  ricas.  Y  porque  he  puesto 
la  comparagion  en  dos  islas  de  las  ma- 
yores y  mejores  de  los  chripstianos ,  ra- 
zón es  que  diga  qué  me  movió  á  poner  la 
comparagion  en  ellas. 

Díxelo,  porque  aquellas  dos  islas  é  ca- 
da una  dellas  son  muy  ricas  é  notables 
reynos,  é  porque  son  muy  conosgi- 
das.  Díxelo,  porque  esta  Isla  Española  es 
donde  hay  muy  ricas  minas  de  oro,  é 
muy  abundantes,  é  continuas,  que  sola- 
mente se  enflaquesgen,  quando  los  hom- 


DE  IJNDIAS.  LIB.  111.  GAP.  XI. 


85 


bres  dexaii  de  exergitarse  en  ellas.  Dí- 
xelo ,  porque  aviendo  venido  en  nuestro 
tiempo  las  primeras  vacas  de  España  á 
esta  isla,  son  ya  tantas,  que  las  naves 
tornan  cargadas  de  los  cueros  dellas ;  é 
ha  acaesí^ido  muchas  veges  alangear  tres- 
vientas  é  quinientas  dellas ,  é  mas  ó  me- 
nos ,  como  place  á  sus  dueños  ,  é  dejar 
en  el  campo  perder  la  carne,  por  llevar 
los  cueros  á  España.  Y  porque  mejor  se  en- 
tienda esto  ser  assi ,  digo  quel  arrelde  de 
carne  vale  á  dos  maravedís.  Díxelo,  por- 
que assi  mismo  se  truxeron  las  primeras 
yeguas  del  Andalugia ,  y  hay  tantos  ca- 
baüos  é  yeguas,  que  han  valido  á  qua- 
tro  é  á  tres  castellanos,  é  una  vaca 
paridera  un  castellano,  y  un  carnero  un 
real.  Yo  digo  lo  que  he  visto  en  esto  de 
los  ganados,  é  yo  los  he  vendido  de  mi 
hacienda  en  la  villa  de  Sanct  Juan  de  la 
Maguana  á  este  presólo  é  menos.  Deste 
ganado  vacuno  é  de  puerco  se  ha  hecho 
mucho  dello  salvaje;  y  también  de  los 
perros  é  gatos  domésticos  que  se  truxe- 
ron de  España  hay  muchos  dellos  bravos 
por  los  montes. 

En  esta  isla  hay  tanto  algodón  que  la 
natura  produge ,  que  si  se  diessen  las 
gentes  á  lo  curar  y  labrar,  mas  é  mejor 
que  en  parte  del  mundo  se  haria.  En  la 
isla  del  Xio ,  que  es  en  el  archipiélago  la 
pringipal  que  tienen  genoveses ,  es  una 
de  sus  mas  principales  riquezas  é  gran- 
gerias  el  algodón ,  y  aqui  no  curan  de- 
llo. Hay  innumerable  cañafístola  en  esta 
isla ;  y  muy  hermosas  arboledas  della ,  y 
en  gran  cantidad  continuamente  se  car- 
ga para  España  é  otras  partes ,  y  es  muy 
buena  é  vale  el  quintal  á  quatro  ducados 
y  menos.  Hay  tanto  agúcar,  que  entre 
Jos  ingenios  que  muelen  é  los  que  se  la- 
bran (que  molerán  presto) ,  hay  en  sola 
esta  isla  veynte  ingenios  poderosos ,  que 
cada  uno  dellos  es  muy  rico  y  hermoso 
heredamiento ;  sin  otros  trapiches  de  ca- 
ballos. E  continuamente  van  las  naves 


cargadas  é  muchas  caravelas  con  adúcar 
á  España ,  é  vale  aqui  el  arroba  á  duca- 
do y  á  peso  y  á  menos ,  y  es  muy  bue- 
no ;  y  las  mieles  y  sobras  que  del  agúcar 
acá  se  pierden  é  se  dan  á  los  negros  é  tra- 
bajadores, serian  en  otras  partes  un  gran 
tesoro.  Hay  en  estas  islas  mucho  brasil: 
é  non  curan  dello,  por  no  Irabaxar  en  ir  á 
lo  sacar  é  cortar  en  las  sierras  que  llaman 
del  Baoruco ,  é  porque  hay  otras  cosas 
muchas  en  que  ganar  y  emplear  el  tiem- 
po, sin  tanto  trabaxo  é  con  menos  costa. 
Hay  exgelente  color  de  aguí  y  mucho, 
aunque  acá  lo  estiman  poco;  puesto  que 
no  es  menos  bueno  que  el  que  nuestros  pin- 
tores llaman  de  acre.  Hay  muchos  y  muy 
grandes  montes  é  boscajes  de  los  árbo- 
les del  guayacan ,  que  puesta  esta  made- 
ra ó  leños  del  en  la  playa  del  puerto  des- 
ta  gibdad,  vale  el  quintal  á  sesenta  mara- 
vedís é  á  veges  á  real  de  plata ;  é  hay  en 
muchas  partes  del  mundo  donde  vale  á 
dos  é  á  tres  reales  la  libra :  é  yo  lo  Jie 
visto  vender  en  Medina  del  Campo  á  dos 
reales  la  libra ,  y  aqui  es  tenido  en  poco 
por  la  mucha  abundancia  que  hay  dell(5, 
y  es  muy  exgelente  y  maravilloso  árbol, 
por  las  grandes  curas  y  diversas  enfer- 
medades que  con  este  palo  se  curan  é 
con  el  agua  del.  Todas  las  cosas  que  se 
siembran  é  cultivan  en  esta  isla,  de  las  que 
han  venido  de  España ,  las  mas  se  dan  é 
han  multiphcado  muy  bien.  En  lo  que  di- 
xe  de  los  ganados  hay  hombres  é  ve- 
ginos  desta  cibdad  de  á  siete  y  de  á 
ocho  y  de  á  diez  y  doge  mili  cabegas  de 
vacas,  y  tal  de  á  diez  é  ocho  ó  veynte 
mili  cabegas  é  mas ,  y  aun  veynte  y  cin- 
co é  treynta  y  dos ,  y  si  dixere  quarenta  y 
dos  hay  quien  las  tiene :  que  es  una  dueña 
viuda,  honrada  hijadalgo,  llamada  María 
de  Arana,  muger  de  un  hidalgo  que  se  de- 
cía Diego  Splano,  que  ha  poco  tiempo 
que  murió.  Y  porque  quando  la  primera 
vez  se  imprimió  esta  primera  parte,  dixe 
quel   señor  obispo  de   Venecuela ,   que 


86 


HISTORIA  GEiNERAL  Y  NATURAL 


agora  lo  es  de  Sanct  Johan,  don  Ro- 
drigo de  Bastidas ,  tenia  diez  é  seys  mili 
cabegas  deste  ganado ,  digo  que  al  pre- 
sente en  este  año  de  mili  é  quinientos  é 
quarenta  é  siete  años  tiene  veynte  é  fin- 
co mili  cabegas  ó  mas  de  vacas.  De  los 
carneros  y  yeguas  hay  mucho  ganado 
assi  mismo.  De  los  puercos  se  han  algado 
é  ydo  al  monte  tantos,  que  andan  á 
grandes  rebaños  fechos  monteses  salva- 
jes ,  assi  dellos  como  de  las  vacas ,  por- 
que los  pastos  son  muchos  é  muy  ordi- 
narios. Las  aguas  muy  buenas:  los  aires 
templados  y  el  verano  y  el  invierno  de 
tal  manera ,  que  hay  poca  diferencia  en 
todo  tiempo  de  los  dias  á  las  noches :  y 
el  tiempo  del  invierno  es  sin  frió ,  é  la 
calor  del  verano  no  es  demasiada.  Y  la 
isla  es  grande,  donde  se  pueden  bien  ex- 
tender los  ganados  é  las  gentes  con  sus 
labrangas ,  porque  boja  su  circunferengia 
de  aquesta  isla  tresgientas  é  ginquenta 
leguas ,  pocas  mas  ó  menos ,  costa  á  costa 
terrena,  é  aun  algunos  digen  quatrogientas. 
En  esta  isla  se  han  fecho  innumerables 
naranjos  é  gidras  é  limas  é  limones  dul- 
ges  é  agros,  y  es  tan  bueno  todo  que  lo 
mejor  de  Córdoba  ó  Sevilla  no  le  hage  ven- 
taja ,  é  haylo  siempre.  Hay  muchas  higue- 
ras é  granados,  é  solamente  se  han  dexado 
de  dar  en  esta  tierra  las  fructas  é  árboles 
de  cuesco :  é  aunque  podrá  alguno  degir 
con  verdad  que  hay  olivos  dentro  en  esta 
cibdad,  é  algunos  dellos  hermosos  é  gran- 
des, digo  que  es  assi ;  pero  son  estériles, 
porque  no  llevan  otra  fructa  alguna,  sal- 
vo hojas.  Hay  muy  buena  hortaliza  assi 
de  lechugas  é  rábanos  y  berros ,  como  de 
perexil  é  culantro  é  hiervabuena  é  gebo- 
lletas  é  coles  de  las  que  llaman  llantas  ó 
vergas  napoUtanas  é  abiertas ,  como  de 
los  repollos  gerrados  ó  murgianos.  Há- 
gense  también  las  berenjenas  que  les  es 
tan  natural  é  á  su  propóssito  esta  tierra, 
como  á  los  negros  la  Guinea ;  porque  acá 
se  hagen  muy  mejor  que  en  España  ,  y  un 


pié  de  una  berenjena  tura  dos  y  tres  años 
émas,  dando  siempre  berenjenas.  Há- 
gense  también  los  fesoles  que  es  muy 
grande  su  abundangia ,  y  es  muy  gentil 
legumbre  (estos  se  llaman  en  Aragón  ju- 
dias). Hágense  buenos  nabos  algunas  ve- 
ges,  é  zanahorias  é  muchos  pepinos.  Hay 
melones  de  Castilla  muy  buenos  é  la  ma- 
yor parte  de  todo  el  año :  é  lo  mismo  ha- 
gen  los  higos,  que  la  mayor  parte  del  año 
los  hay  pocos  ó  muchos  como  los  melo- 
nes; pero  en  su  tiempo  ordinario  son 
mayores  é  mejores.  Poco  tiempo  há  que 
por  la  diligengia  de  un  vegino  desta  cib- 
dad se  han  fecho  muchos  cardos :  como 
cosa  nueva  los  vendió  bien;  poro  des- 
gragiados  é  amargos  é  aparejados  para 
los  codigiososde  beber,  porque  á  la  ver- 
dad este  manjar  ó  granjeria  no  es  tal  acá, 
como  en  las  tierras  frias  de  nuestra  Es- 
paña, ni  los  nabos  é  las  zanahorias. 

En  conclusión  que  todas  las  cosas  que 
he  dicho  que  se  truxeron  de  España, 
aquellas  se  dexan  de  hager  é  multiplicar 
de  que  los  hombres  se  descuidan  é  no 
curan ;  porque  el  tiempo  que  las  han  de 
esperar,  le  quieren  ocupar  en  otras  gran- 
jerias gruesas  é  de  mas  provecho  é  para 
enriquesger  mas  pronto  (y  en  espegial 
los  que  en  estas  partes  no  tienen  pensa- 
miento de  permanesger  ni  quieren  desta 
tierra,  sino  desfructalla  é  volverse  á  sus 
patrias) ,  dánse  á  la  mercaduría  ó  á  las 
minas,  ó  á  la  pesquería  de  las  perlas,  é 
á  otras  cosas  con  que  presto  alleguen  ha- 
gienda,  con  que  se  vayan.  E  por  tanto 
ningunos  ó  muy  raros  son  los  que  quieren 
ocuparse  en  sembrar  pan  ó  poner  viñas , 
porque  los  mas  que  por  acá  andan ,  tie- 
nen esta  tierra  por  madrastra  (aunque  á 
muchos  hales  ydo  muy  mejor  que  en  su 
propria  madre). 

Pues  no  se  piense  que,  si  falta  pan  é 
vino  de  Castilla,  que  es  por  culpa  de  la 
tierra:  se  ha  probado  algunas  veges  el 
pan  é  se  ha  hecho  muy  bien ;  é  assi  mis- 


DE  INDIAS.  LIB.  III.  CAP.  XI. 


87 


ino  las  ubas  como  se  puede  ver  en  muy 
buenas  ubas  de  muchas  parras  que  hay 
en  esta  cibdad :  é  aunque  no  se  hubieran 
traydo  de  Castilla  los  sarmientos,  muchas 
ubas  de  parras  salvajeses  hay  en  la  isla 
é  dellas  se  pudieran  plantar  y  enxerir: 
que  assi  se  cree  que  ovieron  principio 
todas  las  del  mundo.  Quanto  mas  que  yo 
vi  en  el  mes  de  hebrero  del  año  de  mili 
é  quinientos  é  treynta  y  nueve,  que  un 
vegino  desta  cibdad  higo  sacar  de  la  pla- 
ga una  canasta  de  ubas  de  un  majuelo 
ó  viña  nueva  que  tiene  en  la  ribera  de 
Nigua,  quatro  leguas  y  media  ó  ginco  de 
aqui ;  é  se  vendieron  á  dos  reales  de  pla- 
ta la  libra  hasta  en  quantia  de  nueve  ó 
diez  pesos  de  oro ,  y  este  fué  el  mismo 
de  los  cardos  que  se  dixo  de  suso.  Assi 
que  las  ubas  é  pan  que  faltan  en  la  tier- 
ra, es  á  culpa  de  los  moradores  della.  Por 
manera  que  la  comparagion  que  toqué  de 
aquellas  tan  famosas  islas,  por  lo  que  está 
dicho,  se  puede  miiy  bien  ver  y  entender 
quánta  ventaja  esta  nuestra  Isla  Española 
les  hage  á  entrambas ,  é  á  cada  una  de- 
llas ,  examinadas  todas  las  particularida- 
des dichas  é  otras  muchas  mas  que  se 
podían  degir. 

Avia  en  esta  isla  de  suyo ,  que  no  se 
truxeron  de  España  ni  de  otra  parte,  mu- 
chas buenas  hiervas  como  las  de  España: 
que  acá  por  los  campos  ellas  se  hagen  sin 
industria  de  los  hombres ,  como  lo  podrá 
ver  el  letor  en  el  libro  ÍX  desta  his- 
toria ,  porque  alli  se  tracta  esta  materia. 

Dixe  de  suso  que  vale  el  arrelde  á  dos 
maravedís  de  la  vaca  en  esta  cibdad,  é 
todas  gentes  no  entenderán  qué  cosa  es 
arrelde  ni  qué  presgio  es  el  maravedí,  si 
no  fuere  español  el  que  lo  leyere.  Y  para 
que  esto  se  entienda,  digo  que  un  dine- 
ro ó  jaqués  de  Aragón ,  ó  un  dinero  de 
Itahaes  un  maravedí  é  medio,  é  un  qua- 
trín  romano  es  tanto  como  un  maravedí, 
é  quatro  cavaluchos  de  Ñapóles  valen 
tanto  quanto  un  maravedí ;  y  una  arrelde 


es  peso  de  quatro  libras,  é  cada  libra  es 
peso  de  diez  é  seys  ongas.  Y  desta  ma- 
nera seré  entendido  de  los  ítaHanos  é  de 
otras  gentes  muchas,  por  lo  que  he  dicho; 
é  conosgerán  quán  barato  vale  aqui  la 
carne ,  puesto  que  es  de  las  mejores  que 
puede  aver  en  el  mundo.  Gallinas  como 
las  de  Castilla  no  las  avia;  pero  de  las 
que  se  han  traydo  de  España,  se  han  fe- 
cho tantas  que  en  parte  del  mundo  no 
puede  aver  mas;  porque  raras  veges  sale 
huevo  falto  de  quantos  se  echan  á  una 
gallina  de  los  que  ella  puede  cobrir  con 
sus  alase  cuerpo.  Assi  que,  generalmente 
yo  he  tomado  lo  que  hage  al  caso  de  mi 
comparagion  y  desta  isla  é  cibdad  é  de 
la  iglesia  pringipal  della,  que  está  con 
su  clero  é  dignidades  é  canónigos  é  ra- 
gioneros  é  capellanes  bien  doctada. 

Assi  mismo  hay  en  esta  cibdad  tres  mo- 
nesterios,  que  son  SanctFrangisco  é  Sáne- 
lo Domingo  é  la  Merged:  los  quales  por 
la  orden  que  los  he  nombrado  assi  son 
antiguos ,  ó  primeramente  fundados ;  é  to- 
das tres  casas  de  gentiles  edifigíos,  pero 
moderados  é  no  tan  curiosos  como  los 
pringipales  de  España ,  aunque  el  de  la 
Merged  no  está  acabado;  pero  supringipio 
es  muy  suntuoso  é  se  cree  que  será  el 
mejor  edificado.  En  estos  monesterios 
digo  (hablando  sin  ofensa  de  ningún  mo- 
nesterio  de  quantos  hay  por  el  mundo  de 
aquestas  tres  Órdenes),  que  hay  en  estos 
de  aqui  personas  de  tanta  religión  é  gran 
exemplo  que  bastarían  á  reformar  todos 
los  otros  monesterios  de  otros  muchos 
reynos ,  porque  son  sanctas  personas  y 
de  gran  doctrina.  Hay  assi  mismo  un  muy 
buen  hospital,  bien  edificado,  é  doctado 
de  buena  renta,  donde  los  pobres  son  cu- 
rados é  socorridos ,  en  que  Dios  es  muy 
servido.  Hánse  fecho  agora  nuevamente 
unas  escuelas  para  un  colegio  (donde  se 
lea  gramática  é  lógica,  é  se  leerá  philo- 
sophia  é  otras  sgiengias),  que  á  do  quiera 
sería  estimado  por  gentil  edifigío  ,  é  cada 


8Í 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


(lia  se  ennoblesge  mas  esta  cibdad  en  edi- 
ficios de  casas  é  las  iglesias  é  moneste- 
rios,  é  fortalezas  continuamente  edifican. 
Reside  en  esta  cibdad  la  corte  de  la 
Audiencia  é  Changilleria  real ,  debaxo  de 
cuyajurisdigionno  solamente  está  aques- 
ta isla  Española ,  pero  todas  las  que  he 
dicho  están  con  mucha  parte  de  Tierra- 
Firme.  Reside  aqui  assi  mismo  el  señor 
almirante  don  Luis  Colom,  duque  de 
Veragua  é  de  las  islas  é  bahia  de  Cere- 
baro,  marqués  de  la  isla  de  Jamáyca,  nie- 
to del  primero  almirante,  don  Chripstóbal 
Colom,  que  descubrió  estas  partes ,  é  hi- 
jo del  segundo  almirante ,  don  Diego  Co- 
lom. Desde  aquesta  isla  han  salido  la 
mayor  parte  de  los  gobernadores  é  capi- 
tanes que  han  conquistado  é  poblado  la 
mayor  parte  de  lo  que  los  chripstianos 
poseen  en  estas  Indias ,  como  se  dirá 
mas  largamente  en  sus  lugares  é  partes 
que  convengan ;  pero  tomando  exemplo 
é  principio  é  dechado  en  la  industria  del 
primero  descubridor  deste  nuevo  mundo 
(ó  parte  tan  grandíssima  del).  Assi  que, 
tornando  á  mi  propósito  de  la  compara- 
ción fecha  desta  isla  con  las  de  Ingla- 
terra é  Segilia,  á  consecuencia  de  lo 
qual  he  traydo  todo  lo  que  está  dicho, 
digo  assi  mismo  que  no  se  han  acabado 
de  degir  otras  particularidades  desta 
tierra  que  se  podrán  notar  de  los  capí- 
tulos adelante  escriptos,  porque  aqueste 
no  sea  prolixo ,  é  aun  porque  la  breve- 
dad del  tiempo  no  ha  dado  lugar  á  sa- 
berse otras  cosas  muchas  que  adelante 
se  sabrán.  E  porque  la  orden  no  se  per- 
vierta é  vaya  reglada ,  assi  en  lo  que  to- 
ca á  los  árboles ,  como  á  los  animales ,  é 
al  pan  é  agricoltura  de  la  propria  isla ,  é 
á  otras  materias  é  particularidades  de 
medigina ,  é  de  los  ritos  é  gerimonias ,  é 
costumbres  desta  gente  de  Indias;  y  en 
cspegial  desta  isla,  de  que  agorase  tracta, 
hay  mucho  mas  que  degir  é  notar,  allen- 
de do  lo  que  está  dicho  y  escripto  hasta 


aqui.  Por  tanto  iré  distinguiendo  é  parti- 
cularizando lo  que  hasta  el  tiempo  presen- 
te ha  venido  á  mi  notigia ;  y  porque  toda 
comparagion  semejante  suele  ser  odiosa, 
é  algunos  querrán  responder  por  su  mis- 
ma patria,  é  podrá  degir  el  inglés  que 
no  se  debe  admitir  lo  que  digo,  en  per- 
juigio  de  su  isla,  que  de  tantos  tiempos 
es  habitada  de  reyes,  é  príngipes,  6 
gente  noble  é  belicosa,  é  tan  fértil,  é 
rica  é  poderosa ,  é  con  otras  muchas  par- 
ticularidades y  exgelengias  que  se  le  pue- 
den atribuir;  assi  como  dos  argobispa- 
dos ,  Canluarensis  et  Evoracetisis  é  diez  y 
nueve  obispados,  é  ginqüenta  cibdades, 
é  la  pringipal  dellas  Londres,  que  es 
una  de  las  famosas  de  la  chripstiandad, 
é  giento  é  treinta  y  seis  villas  é  sesenta  y 
tres  provingias ,  é  ducados ,  é  señalados 
barones  é  príngipes  debaxo  de  la  admi- 
nistragion  é  señorío  de  un  rey  tan  po- 
deroso é  de  tantos  reyes  desgendiente,  po- 
drán degir  que  quarcnta  años  después  de 
la  destruigion  de  Troya  fué  su  fundagion 
inglesa,  y  que  por  tanto  debe  pregeder 
á  todas  las  otras  islas.  Podrá  degir  el  sc- 
giliano  que  ovieron  su  origen  de  los  ibe- 
ros é  de  Sicano  su  capitán ,  del  qual  se 
llamó  Sicania ,  al  qual  subgedió  Siculus, 
Neptuni  filius ,  é  que  es  copiosa  de  exge- 
lentes  cibdades,  antiquíssimas  é  nobles, 
assi  como  Megina,  Siracusa,  Palermo  é 
otras,  é  de  muchas  villas,  é  varones 
muchos,  de  títulos  é  gente  noble,  é  fer- 
tilíssima  de  pan  é  vino ,  é  todo  lo  que  es 
menester  para  el  uso  de  los  hombres;  é 
situada  en  el  coragon  de  Europa ;  é  assi 
á  su  propósito  traerán  á  su  Diodoro  Sí- 
culo  é  otros  auctores  aprovados  que 
largamente  han  escripto  en  su  favor,  é 
por  tanto  dirán  que  ninguna  otra  isla  le 
debe  pregeder.  Ninguna  cosa  desas  é  de 
otras  muchas  que  se  pueden  degir  en 
loor  de  Segilia  é  de  Inglaterra ,  no  con- 
tradigo; pero  ha  de  considerar  el  letor, 
que  todas  esas  cosas  hagen  á  mi  propós- 


DE  INDIAS.  LIB.  III.  CAP.  XI. 


89 


sito,  pues  desde  tantos  siglos  aquellas 
islas  están  pobladas  de  gente  de  razón 
é  con  corte  de  príncipes  é  Reyes  tan 
señalados,  como  en  la  una  y  en  la  otra  ha 
ávido:  que  tanto  mas  se  debe  estimar 
nuestra  isla,  pues  siempre  ha  estado  en 
poder  de  gente  salvage  é  bestial ,  é  que 
su  pringipio  se  puede  contar  desde  el  año 
de  mili  é  quatrogientos  é  noventa  y  dos 
años  que  los  primeros  chripstianos  aqui 
vinieron  con  el  primero  almirante  don 
Ghripstóbal  Colom ,  que  en  este  de  mili  é 
quinientos  é  quarenta  y  siete  son  ginqtien- 


ta  é  finco  años;  y  en  tan  breve  tiempo  estar 
las  cosas  desta  isla  en  el  estado  que  es 
dicho ,  háse  de  tener  en  mucho  é  atri- 
buirse á  solo  Dios ,  é  á  la  buena  ventura 
de  los  Reyes  Cathólicos  de  España ,  y  al 
invictíssimo  Emperador  don  Carlos  su 
nieto ,  nuestros  príncipes ,  é  á  la  diligen- 
cia é  virtud  de  sus  milites  y  vassallos 
castellanos,  con  cuya  industria  é  armas  se 
ha  poblado,  é  mediante  nuestro  Señor, 
siempre  se  va  mas  ennoblesgiendo.  Pas- 
semos  á  las  otras  cosas  de  nuestra  his- 
toria. 


CAPITULO  XII. 

De  la  gobernación  del  comendador  mayor  de  Alcántara,  don  Frey  Nicolás  de  Ovando,  é  de  las  partes 
de  su  persona  y  rectitud,  é  de  las  poblaciones  é  villas  que  hizo  é  fundó  en  esta  Isla  Española. 


\luien  oviere  continuado  la  legión  des- 
te  tractado ,  visto  avrá  que  queda  dicho 
que  el  año  de  mili  é  quinientos  é  dos  de 
la  Natividad  de  Chripsto ,  nuestro  Salva- 
dor, llegó  á  esta  cibdad  de  Sancto  Do- 
mingo de  aquesta  Isla  Española  (que  aun 
estaba  de  la  otra  parte  del  rio)  el  co- 
mendador mayor  de  Alcántara ,  don  Frey 
Nicolás  de  Ovando ,  y  también  avrá  sa- 
bido cómo  se  fué  y  se  perdió  con  el  ar- 
mada el  comendador  Frangisco  de  Boba- 
dilla ,  que  primero  avia  gobernado  esta 
isla.  Por  tanto  dígase  agora  qué  persso- 
na  filé  este  subgessor  en  la  gobernagion, 
y  qué  manera  tuvo  en  el  cargo  é  ofigio 
en  tanto  que  acá  estuvo.  Por  gierto,  se- 
gund  lo  que  á  muchos  testigos  fidedi- 
nos  he  oydo,  é  á  los  muchos  que  hoy 
hay  que  digen  lo  mismo ,  nunca  hombre 
en  estas  Indias  le  ha  fecho  ventaja ,  ni 
mejor  exergitado  las  cosas  de  la  buena 
gobernagion ,  y  tuvx)  en  sí  todas  aquellas 
partes  que  mucho  deben  estimar  los  que 
gobiernan  gente ;  porque  él  era  muy  de^ 
voto  é  gran  chripstiano ,  é  muy  limosne- 
ro é  piadosso  con  los  pobres :  manso  y 
TOMO  1. 


bien  hablado  con  todos;  é  con  los  des- 
sacatados  tenia  la  prudengia  é  rigor  que 
convenia :  á  los  flacos  é  humildes  favo- 
resgia  é  ayudaba,  é  á  los  soberbios  al- 
tivos mostraba  la  severidad  que  se  re- 
queria  aver  con  los  transgressoree  de  las 
leyes  reales.  Castigaba  con  la  templanga 
y  moderagion  que  era  menester;  é  te- 
niendo en  buena  justigia  esta  isla,  era 
de  todos  amado  é  temido.  E  favoresgió 
á  los  indios  mucho ;  é  á  todos  los  chrips- 
tianos ,  que  por  acá  militaban  debaxo  de 
su  gobernagion ,  tracto  como  padre ,  é  á 
todos  enseñaba  á  bienvivir:  como  caba- 
llero religioso  y  de  mucha  prudengia, 
tuvo  la  tierra  en  mucha  pazé  sosiego. 

Quando  á  esta  isla  llegó,  halló  la  tier- 
ra pagífica,  salvo  la  provingia  que  lla- 
man Higuey;  y  en  breve  tiempo  la  alla- 
nó é  hizo  justigia  de  los  rebeldes  y  cul- 
pados. Después,  siendo  avisado  que  la 
cagica  Anacaona ,  muger  que  avia  seydo 
del  cagique  Caonabo,  con  otros  muchos 
cagiques  tenian  acordado  de  se  algar  é 
apartar  del  servigio  de  los  Reyes  Cathó- 
licos, é  de  la  amistad  de  los  chripstia^ 


90 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


nos ,  é  dejar  la  paz  que  tenían  con  ellos 
é  matarlos  en  la  provingia  de  Xara- 
gua  é  sus  comarcas ;  prendió  muchos  de- 
llos,  é  á  mas  de  quarenta  caciques,  me- 
tidos en  un  buhio ,  les  hizo  pegar  fuego 
é  quemáronse  todos.  Y  también  se  hizo 
justigia  de  Anacoana ,  é  passó  assi :  que 
teniendo  el  comendador  mayor  informa- 
ción de  la  traigion  acordada  el  año  de 
mili  é  quinientos  y  tres ,  fué  con  septen- 
ta  de  caballo  é  doscientos  peones  á  la 
provingia  de  Xaragua,  que  estaba  en  lo 
secreto  algada ,  por  consejo  de  Anacaona, 
la  qual  para  ello  estaba  confederada  con 
otros  muchos  cagiques.  E  gertificado  desto 
el  gobernador ,  mandó  que  un  domingo  los 
chripstianos  jugassen  á  las  cañas;  é  que 
los  caballeros  viniessen  apergebidos ,  no 
solamente  para  el  juego ,  mas  para  las 
veras  é  pelear  con  los  indios  assi  mismo, 
si  conviniesse ,  é  assi  se  hizo. 

Aquel  domingo  después  de  comer ,  es- 
tando juntos  todos  aquellos  cagiques  é 
pringipales  indios  de  aquella  comarca 
confederados ,  dentro  en  un  caney  ó  ca- 
sa grande ,  assi  como  la  gente  de  caba- 
llo llegó  á  la  plaza ,  llamaron  al  comen- 
dador mayor ,  para  -que  viesse  el  juego 
de  cañas;  al  qual  hallaron  que  estaba 
jugando  al  herrón  con  unos  hidalgos,  por 
dissimular  con  los  indios  é  que  no  en- 
tendiessen  que  de  su  mal  propóssito  él 
tenia  aviso;  é  luego  vino  alli  aquella 
cagica  Anacaona  é  su  hija  Aguaymota  é 
otras  mugeres  pringipales.  E  Anacaona 
dixo  al  comendador  mayor  que  ella  ve- 
nia á  ver  el  juego  de  cañas  de  sus  caba- 
lleros chripstianos ;  é  que  aquellos  cagi- 
ques que  estaban  juntos ,  lo  querían  assi 
mismo  ver  é  le  rogaban  que  los  higiese 
llamar.  E  luego  el  comendador  mayor 
les  envió  á  degir  que  viniessen  alli;  é 
dixo  que  primero  los  queria  hablar  é 
darles  giertos  capítulos  de  lo  que  avian 
de  hager;  é  mandó  tocar  una  trompeta 
y  juntóse  toda  la  gente  de  los  chripstia- 


nos é  higieron  meter  á  todos  los  cagi- 
ques en  la  posada  del  comendador  ma- 
yor, é  alli  fueron  entregados  á  los  capi- 
tanes Diego  Velazquez  é  Rodrigo  Mexia 
Treíllo ;  los  quales  ya  sabían  la  voluntad 
del  comendador  mayor,  é  higiéronlos 
atar  todos;  é  súpose  la  verdad  de  la 
traygion,  é  fueron  sentengiados  á  muer- 
te. E  assi  los  quemaron  á  todos  dentro 
en  un  buhio  ó  casa,  salvo  á  la  dicha 
Anacaona  que  desde  á  tres  meses  la 
mandaron  ahorcar  por  justigia.  Y  un  so- 
brino suyo ,  que  se  llamaba  el  cagique 
Guaorocaya ,  se  algo  en  la  sierra  que  di- 
gen  Baoruco,  é  el  comendador  mayor 
envió  á  buscarle  é  hagerle  guerra  giento 
é  treinta  españoles  que  andovieron  tras 
él  hasta  que  lo  prendieron  é  fué  ahorca- 
do. Después  de  lo  qual,  se  hizo  la  guerra 
á  los  indios  de  la  Guahava  é  de  la  Sa- 
vana  é  de  Amigayahua  é  de  la  provingia 
de  Guacayarima,  la  qual  era  de  gente 
muy  salvage. 

Estos  vivian  en  cavernas  ó  espeluncas 
soterrañas  é  fechas  en  las  peñas  é  mon- 
tes :  no  sembraban ,  ni  labraban  la  tierra 
para  cosa  alguna,  é  con  solamente  las 
fructas  é  hiervas  é  rayges  que  la  natura 
de  su  proprio  é  natural  ofigio  producía,  se 
mantenían  y  eran  contentos,  sin  sentir 
nesgessidad  por  otros  manjares ,  ni  pen- 
saban en  edificar  otras  casas,  ni  aver 
otras  habitagiones  mas  de  aquellas  cue- 
vas, donde  se  acogían.  Todo  quanto  te- 
nían ,  eso  que  era  de  cualquier  género 
que  fuesse ,  era  común  y  de  todos ,  exgepto 
las  mugeres ,  que  estas  eran  distintas ,  é 
cada  uno  tenia  consigo  las  que  queria ;  é 
por  cualquiera  voluntad  del  hombre  ó  de 
la  muger  se  apartaban ,  é  se  congedian  á 
otro  hombre ,  sin  que  por  eso  o  viese  gelos 
ni  rengillas.  Aquesta  gente  fué  la  mas  sal- 
vaje que  hasta  agora  se  ha  visto  en  las 
Indias. 

En  esta  guerra  estuvo  con  gente  de  pié 
é  de  caballo  seys  meses  el  capitán  Diego 


DE  INDIAS.  LIB.  III.  CAP.  XII. 


91 


Velazquez  hasta  el  mes  de  hebrero  de 
mili  é  quinientos  é  quatro  que  se  acaba- 
ron de  conquistar  las  provincias  que  es 
dicho,  é  assi  quedó  pacífica  la  isla. 

El  castigo  que  se  dixo  de  suso  de  Ana- 
caona é  sus  secazes  fué  tan  espantable 
cosa  para  los  indios ,  que  de  ahy  adelan- 
te assentaron  el  pié  llano ,  é  no  se  rebe- 
laron mas :  y  en  memoria  de  aquesto ,  y 
para  que  aquella  provincia  estoviesse  en 
paz,  fundó  alli  una  villa  el  comendador 
mayor  que  se  llamó  Sánela  Maña  de  la 
Vera  Paz ,  gerca  del  lago  grande  de  Xa- 
ragua  ,  en  la  qual  villa  yo  estuve  el  año 
de  mili  é  quinientos  é  quinge ;  y  era  muy 
gentil  pueblo  é  de  gente  de  honra ,  y 
avia  en  él  muchos  hidalgos ,  y  porque  os- 
laba desviado  del  puerto  y  de  la  mar,  se 
despobló  después ,  y  se  passó  aquella  ve- 
cindad á  otra  villa  que  fundaron  á  par 
de  lámar,  que  se  llama  Sánela  Maña  del 
puerto  de  la  Yaguana. 

Antes  desto  avia  fundado  esta  cibdad 
de  Sancto  Domingo ,  donde  agora  está,  y 
passó  la  poblagion  della  aqui ;  la  qual  en 
esa  otra  costa  ó  parte  del  rio  estaba  pri- 
mero, é  hizo  labrar  esta  fortaleza,  y  dio 
la  tenencia  della  á  un  caballero ,  su  so- 
brino ,  llamado  Diego  López  de  Salgedo; 
é  repartió  y  dio  los  solares  deste  pueblo 
é  hizo  hager  la  traga  del  como  está.  E 
fundó  el  hospital  de  Sanct  Nicolás  desta 
cibdad ;  é  dotóle  de  muy  buena  renta  que 
Iwy  tiene  en  los  mejores  edifigios  de  ca- 
sas de  renta  que  hay  en  esta  cibdad :  la 
qual  renta  han  acresgentado  otras  limos- 
nas de  personas  devotas.  Fundó  assi  mis- 
mo el.  comendador  mayor  de  Alcántara  la 
villa  que  se  llama  la  Buena  Venlura ,  que 
está  ocho  leguas  desta  cibdad.  Fundó  la 
villa  de  Sanct  Juan  de  la  Maguana  en  la 
costa  del  rio  de  Neyva ,  que  es  quasi  en 
el  medio  desta  isla  á  la  parte  de  las  sier- 
ras ,  quarenta  leguas  desta  cibdad ,  y  otras 
quarenla  está  del  puerto  de  la  Yaguana 
ó  villa  de  Sancta  Maria  del  Puerto.  Fun- 


dó la  villa  del  Puerto  de  Plata ,  la  qual 
está  quarenta  é  quatro  leguas  desta  cib- 
dad en  la  costa  del  norte.  Fundó  á  Puer- 
to Real  en  la  misma  costa ,  que  es  adon- 
de el  primero  almirante,  quando  descu- 
brió esta  isla,  dexó  los  treynta  é  ocho 
hombres,  que  falló  muertos  quando  volvió 
el  segundo  viaje.  Fundó  la  villa  de  Agua, 
que  está  veynte  é  quatro  leguas  desta 
cibdad,  y  es  buena  cosa  por  los  ingenios 
de  agúcar  que  hay  en  ella  y  en  su  comar- 
ca. Fundó  la  villa  de  Lares  de  Guahaba; 
fundó  la  villa  de  Higuey ;  fundó  la  forta- 
leza de  la  villa  de  Yaquimo ;  fundó  la  vi- 
lla de  la  Sabana.  Por  manera  que  fizo  es- 
ta cibdad  de  Sancto  Domingo  y  su  forta- 
leza y  otras  diez  villas  de  chripstianos, 
segund  tengo  dicho;  porque  las  que  el 
primero  almirante,  don  Chripstóbal  Co- 
lom,  fizo  é  fundó,  fueron  aquella  primera 
poblagion  de  los  treynta  é  ocho  chrips- 
tianos, donde  quedó  por  capitán  Rodrigo 
de  Arana ,  la  qual  se  llamó  la  Navidad ,  é 
fué  el  primer  pueblo  cathólico  en  esta 
isla ;  y  después  en  el  segundo  viaje  que 
vino  fundó  la  cibdad  llamada  Isabela,  de 
donde  ovo  pringipio  esta  cibdad,  quando 
estuvo  del  otro  cabo  deste  rio.  Porque 
alli  truxo  la  gente  de  la  Isabela  el  ade- 
lantado don  Bartolomé  Colom,  hermano 
del  dicho  almirante ,  como  en  otras  par- 
tes está  ya  dicho.  Fundó  assi  mismo  el  al- 
mirante primero  la  cibdad  de  la  Congep- 
gion  de  la  Vega  é  fundó  las  villas  de  Sanc- 
tiago  y  del  Bonao. 

Mas  porque  los  Cathólicos  Reyes,  don 
Fernando  y  doña  Isabel,  siempre  des- 
searon  que  estas  tierras  se  poblassen  de 
buenos ,  pues  de  todo  lo  que  tiene  buen 
pringipio  se  espera  el  fin  de  la  misma  ma- 
nera, entre  los  proprios  criados  de  sus 
casas  reales ,  de  quien  mas  conogimiento 
y  experiengia  tenian,  escogían  y  los  en- 
viaban á  esta  isla  con  cargos  é  ofigios, 
porque  se  ennoblesgiessen  y  oviessen 
pringipio  y  mejor  fundamento  y  origen 


n 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


las  poblagiones  della,  y  principalmente 
esta  cibdad ,  no  de  pastores ,  ni  salteado- 
res de  las  sabinas  mugeres ,  como  los  ro- 
manos figieron ,  sino  de  caballeros  y  per- 
sonas de  mucha  hidalguía  é  noble  san- 
gre, y  aprobados  en  virtudes  y  chrips- 
tianos  perfetos  y  castigos,  que  están  en 
la  otra  vida,  y  otros  que  al  presente  es- 
tán y  viven  en  esta  cibdad  y  en  las  otras 
poblaciones  desta  isla.  Y  porque  esto  tu- 
viesse  mas  cumplido  efeto ,  tenian  aque- 
llos príngipes  en  la  memoria  aquella  auc- 
toridad  de  Sanct  Matheo  *  que  dige :  Non 
potest  arhor  mala  bonos  fructus  faceré.  Pues 
porque  no  puede  el  mal  árbol  hager  buen 
fructo ,  como  dige  el  EvangeUsta ,  y  por- 
que un  poco  de  levadura  corrompa  toda 
la  masa,  segund  dige  el  apóstol  Sanct 
Pablo  %  mandaron  el  Rey  y  la  Reyna  ex- 
presamente que  en  Sevilla  sus  ofigiales  de 
la  casa  de  Gontractagion  ( que  alh  residen 
para  el  proveimiento  é  tracto  destas  In- 
dias ) ,  no  dexassen  passar  á  estas  partes 
ninguna  persona  sospechosa  á  nuestra 
sancta  fé  cathólica  (en  espegial  hijos  ni 
nietos  de  quemados  ni  de  recongiliados), 
y  assi  se  ha  guardado  y  guarda ;  é  si  por 
caso  algunos  hay  de  los  tales ,  échanlos 
de  la  tierra.  Y  assi  por  este  cuy  dado  de 
los  Gathólicos  Reyes,  como  por  los  lin- 
dos desseos  y  valerosos  ánimos  de  los 
mismos  españoles ,  han  passado  á  todas 
las  Indias  deste  imperio  muchos  caballe- 
ros é  hidalgos  y  gente  noble,  y  se  han 
avegindado  en  esta  isla,  y  en  espegial  en 
esta  cibdad  de  Sancto  Domingo  y  en  las 
otras  islas  y  Tierra-Firme. 

Dixe  aquesto  á  propóssito  que  cada  uno 
de  los  dos  gobernadores  ,  el  comendador 
Frangisco  de  Bobadilla ,  y  el  comendador 
mayor  de  Alcántara,  don  frey  Nicolás  de 
Ovando ,  eran  caballeros  é  hombres  prin- 
gipales  y  de  limpia  sangre ,  y  con  cada 
uno  de  ellos ,  é  antes  con  el  primero  al- 


mirante y  después ,  vinieron  otros  íau- 
chos  hombres  de  linage  é  personas  seña- 
ladas y  prudentes  y  de  grandes  habilida- 
des ,  para  los  ofigios  y  cargos  reales,  é 
administragion  de  la  justigia ,  é  para  la 
conquista  é  pagificagion  é  poblagion  des- 
te  mundo  oculto,  que  acá  estaba  tan  ol- 
vidado é  lexos  de  Europa  é  de  Assia  é 
África.  E  demás  de  las  personas  que  en 
algunos  capítulos  quedan  nombradas,  é 
délas  que  se  nombraren,  quando  conven- 
ga por  sus  obras  é  méritos ,  digo  como 
tengo  dicho  que  de  los  criados  proprios  y 
conosgidos  en  la  casa  real  se  solian  ele- 
gir é  proveer  para  los  ofigios  destas  par- 
tes. E  assi  vino  Miguel  de  Passamonte, 
criado  antiguo  del  Rey  Gathólico ,  por  te- 
sorero á  esta  cibdad,  en  el  mes  de  no- 
viembre del  año  de  mili  é  quinientos  y 
ocho ;  hombre  de  auctoridad  y  experien- 
gia  en  negogios ,  docto  é  gentil  latino, 
honesto  é  apartado  de  vigios.  Y  es  opi- 
nión de  algunos  que  nunca  conosgió  mu- 
ger  carnalmente,  aunque  passó  de  aques- 
ta vida  constituido  en  edad  é  bien  viejo. 
Este  fué  mucha  parte  para  la  buena  go- 
bernagion  desta  isla,  assi  en  el  tiempo  que 
la  gobernó  el  comendador  mayor ,  como 
después  hasta  que  este  tesorero  murió; 
porque  siempre  tuvo  mano  en  la  hagien- 
da  real  y  en  las  cosas  de  la  gobernagion, 
porque  en  todo  se  le  daba  parte  é  lugar, 
por  mandado  del  Rey  Gathólico,  con 
quien  tuvo  tanto  crédito  que  bastó  á  ser 
causa  de  parte  de  los  trabajos  del  segun- 
do almirante  don  Diego  Golom,  assi  por 
su  mucho  crédito  como  por  cosas  quel 
tiempo  ofresgió ,  de  lo  qual  se  dirá  algo 
brevemente  en  el  lugar  que  convenga  á 
la  historia  é  orden  della.  Assi  que  este 
tesorero  fué  en  la  verdad  proprio  ofigial 
de  tan  alto  Rey ,  y  como  han  de  sor  los 
que  en  semejantes  ofigios  é  cargos  esto- 
vieren.  Y  assi  con  enviar  á  estas  partes, 


i     Cap.  VII 


2    Prima  ad  CorinL  V. 


DÉ  INDIAS.  LIB.  III.  CAP.  XÍI. 


93 


ségund  he  dicho ,  los  Reyes  CathóUcos  y 
después  la  Cesárea  Magostad,  personas 
conosgidas  se  hago  mejor  su  servigio ,  y 
quando  no  son  tales ,  ni  el  suyo  ni  él  de 
Dios  ( que  es  lo  que  mas  se  avia  de  mi- 
rar). Y  aquesto  ello  mismo  se  dige,  quan- 
do es  digno  de  enmienda. 

Volvamos  al  comendador  mayor ,  que 
por  bueno  é  reto  que  fué  no  le  faltaron 
trabaxos ;  pues  que  estando  en  pagífica 
paz  é  común  concordia  de  todos  los 
chripstianos  é  pobladores  destas  partes, 
halló  é  tuvo  tantos  murmuradores  como 
el  primero  almirante ;  y  revolviéronle  de 
tal  manera  con  el  Cathólico  Rey  ( seyen- 
do  ya  la  Cathólica  Reyna  yda  á  la  gloria), 
que  le  quitó  el  cargo  y  le  envió  á  llamar. 
Y  en  la  verdad  no  por  deméritos  suyos, 
sino  porque  ninguna  cosa  ha  de  estar  lar- 
go tiempo  en  un  ser  en  esta  vida ;  puesto 
que  lo  que  aquel  caballero  aqui  estuvo 
fué  harto  menos  de  lo  que  acá  le  qui- 
sieran é  fuera  menester.  A  su  yda  dio  mu- 
cha causa  esta  fortaleza  de  Sancto  Do- 
mingo ,  é  la  cobdigia  que  della .  tuvo 
Ghripstóbal  de  Tapia ,  veedor  de  las  fun- 
digiones  del  oro  en  aquesta  isla ,  criado 
que  avia  seydo  del  obispo  de  Badajoz ,  don 
Juan  Rodriguez  de  Fonseca ,  que  en  aque- 
lla sagon  (desde  España)  gobernaba  es- 
tas Indias,  é  fué  de  aquesta  manera.  Assi 
cómo  el  comendador  mayor  labró  esta 
fortalega  de  esta  gibdad ,  dio  la  tenengia 
della  á  un  su  sobrino ,  llamado  Diego 
López  de  Salgedo,  buen  caballero;  é 
cómo  el  veedor  Ghripstóbal  de  Tapia  vi- 
do  fecha  esta  fuerga ,  escribió  al  Obispo, 
su  señor ,  é  fuéle  fecha  merged  de  la  te- 
nengia, por  su  favor.  E  quando  presentó 
el  título  al  comendador  mayor  obedesgió 
la  provission ,  é  quanto  al  cumplimiento, 
dixo  quél  informaría  al  Rey  Cathólico,  é 
en  fin  se  haría  lo  que  su  Alteza  fuesse 
servido.  De  manera,  que  no  le  admitió 
al  cargo  ó  alcaydia;  y  escribió  al  Rey 
cómo  aquel  era  veedor  é  le  bastaba  el 


ofigio  que  tenía ,  sin  que  se  le  diesse  la 
fortaleza;  é  por  tanto  respondió  el  Rey, 
suspendiendo  la  merged  de  la  tenengia, 
por  quel  comendador  mayor  alegaba  quél 
la  avia  fecho  é  que  tenia  merged  de  las 
tenengias  de  todos  los  castillos  é  fuergas 
en  tanto  quél  gobernasse ;  y  que  el  Rey 
no  debía  innovar  aquello  en  su  perjuigio, 
pues  le  avia  muy  bien  servido. 

Después  estuvo  preso  el  veedor  Tapia 
en  la  misma  fortaleza,  por  algunas  pala- 
bras que  dixo  contra  el  comendador  ma- 
yor ;  y  cómo  el  negogio  era  proprio  é  to- 
caba á  él  é  á  su  sobrino ,  Diego  López 
de  Salgedo,  á  quien  tenia  encomendada 
la  fortaleza ,  mandó  á  su  alcalde  mayor, 
el  ligengíado  Alonso  Maldonado  ,  que 
ovíesse  ínformagion  de  los  desacatos  é 
soberbias  palabras  mal  dichas  del  veedor, 
Ghripstóbal  de  Tapia,  contra  él ,  é  higíes- 
se  justigía.  El  qual  dicho  alcalde  mayor, 
fecha  la  pesquisa,  le  envió  con  ella  á 
España  remitido :  pues  cómo  en  aquel 
tiempo  era  el  obispo,  don  Juan  Rodriguez 
de  Fonseca,  todo  el  todo  de  las  cosas 
destas  Indias ,  el  qual  solamente  con  el 
secretario  Lope  Conchillos  proveya  las 
cosas  destas  partes ,  y  ambos  oran  priva- 
dos y  personas  muy  ageptas  al  Cathólico 
Rey,  aprovechó  poco  lo  quel  comenda- 
dor mayor  escribió  ó  altercó  sobre  este 
caso.  E  assi,  por  industria  del  veedor 
Ghripstóbal  de  Tapia  é  del  obispo ,  se  tu- 
vo forma  que  un  trinchante  suyo,  quél 
avia  criado,  llamado  Frangisco  de  Ta- 
pia, hermano  del  dicho  veedor,  fuesse 
proveydo  de  alcayde  desta  fortaleza  con 
un  buen  repartimiento  de  indios ,  é  assi 
vino  acá  con  el  título  de  la  alcaydia. 

Poco  antes  desto  avia  fecho  merged  el 
Rey  Cathólico  al  secretario  Lope  Conchi- 
llos de  la  escribanía  mayor  de  minas ;  y 
mandó  que  todos  los  que  fuessen  á  sacar 
oro,  llevassen  una  gédula  firmada  del  te-- 
niente  que  en  este  ofigio  toviesse  Con- 
chillos y  de  los  otros  ofigiales  del  Rey,  só 


94 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


graves  penas ;  é  que  por  aquella  licencia 
ó  gédula  se  le  diessen  á  Conchillos  tres 
tomines  de  oro ,  que  son  giento  y  sesen- 
ta y  ocho  maravedís,  é  otros  derechos 
de  todo  lo  que  se  registrasse  é  de  los 
navios  que  saliessen  desta  isla :  é  fasta 
entonces  dábanse  las  gédulas  de  minas 
de  valde  é  gragiosamente.  E  demás  des- 
to,  mandóle  el  Rey  dar  giertos  indios  de 
repartimiento  al  secretario  Conchillos, 
por  razón  del  ofigio  de  la  escribania  ma- 
yor de  minas.  Quando  se  presentaron  las 
provissiones,  obedeciólas  el  comendador 
mayor ;  mas  quanto  al  complimiento  su- 
plicó é  suspendió  la  ejecución  dellas,  pa- 
ra lo  consultar  é  informar  al  Rey ;  é  dió- 
le  á  entender  quanto  perjuicio  era  tal 
impusigion  é  derechos  en  una  tierra  tan 
nueva.  E  el  Rey  oyólo  é  suspendió  la  co- 
sa por  entonges ,  é  remitiósela  al  mismo 
comendador  mayor  ^  y  tassó  las  tales  li- 
gengias  en  la  mitad  de  los  giento  é  sesen- 
ta y  ocho  maravedís ,  é  quedaron  en  tres 
reales  de  oro,  que  son  ochenta  y  quatro 
maravedís ,  para  el  mismo  secretario  Con- 
chillos ;  pero  siempre  el  comendador  ma- 
yor tuvo  sospecha  que  no  le  avia  de  ser 
buen  amigo  el  secretario  Conchillos ,  por 
le  aver  fecho  perder  la  mitad  de  lo  que 
primero  se  le  avia  mandado  dar  por 
aquellas  Ugengias. 

Y  assi  por  estas  dos  ocasiones,  el  obis- 
po por  sus  criados  los  Tapias ,  y  el  se- 
cretario Conchillos  por  sus  derechos,  cre- 
yó el  comendador  mayor  que  ambos 
avian  sido  mucha  parte  para  quel  Rey 
removiesse,  como  removió,  del  cargo 
desta  gobernagion  al  comendador  mayor, 
y  se  diesse  á  don  Diego  Colom ,  segundo 
almirante  é  primogénito  heredero  del  pri- 
mero almirante,  descubridor  destas  Indias, 
don  Chripstóbal  Colom ;  porque  andaba 
importunando  al  Rey  que*  le  diesse  el 
cargo ,  conforme  a  sus  privilegios  y  ca- 
pitulagiones  que  su  padre  avia  fecho  con 
los  Cathólicos  Reyes,  guando  descubrió 


estas  partes.  Y  el  Rey ,  assi  por  esto,  co- 
mo porque  el  duque  de  Alva,  don  Fadrique 
de  Toledo ,  su  primo ,  era  la  mas  acepta 
persona  al  Rey  que  avia  en  sus  reynos, 
é  favoresgia  al  almirante  don  Diego,  por- 
que era  casado  con  su  sobrina ,  doña  Ma- 
ría de  Toledo ,  hija  del  comendador  ma- 
yor de  León ,  don  Fernando  de  Toledo, 
bastaron  estas  cosas  para  quel  comenda- 
dor mayor  de  Alcántara  fuesse  quitado  de 
la  gobernagion.  Porque  en  la  verdad,  se 
tenia  por  gierto  que  ninguna  cosa  oviera 
que  en  aquella  sagon  el  duque  de  Alv^a 
pidiera  con  alguna  color  de  justigia ,  que 
le  fuera  negada ;  porque  no  tan  solamen- 
te el  Rey  le  amaba  por  el  deudo  grande 
que  avian,  pues  las  madres  fueron  herma- 
nas, hijas  del  almirante  de  Castilla,  don 
Fadrique  Enriquez;  mas  allende  de  ser  el 
Rey  y  el  duque  primos  hermanos ,  el  año 
de  mili  é  quinientos  é  seys  años ,  quando 
el  Rey  don  Phelipe,  de  gloriosa  memoria, 
é  la  sereníssima  Reyna  doña  Johana,  nues- 
tra señora,  padres  de  la  Cesárea  Magostad, 
vinieron  á  heredar  é  reynar  en  Castilla, 
por  fin  de  la  Cathólica  Reyna  doña  Isa- 
bel, ningún  deudo,  ni  amigo,  ni  vassa- 
11o  tuvo  el  Rey  Cathólico  en  aquellos  tra- 
bajos é  mutagion  de  estado ,  tan  propin- 
quo  ni  tan  determinado  en  le  seguir  é 
servir  como  fué  el  dicho  duque  de  Alva; 
y  por  esta  razón  era  muy  agepto  al  Rey. 
Porque  aunque  entonges  salió  de  Castilla 
y  se  passó  á  sus  reynos  de  Aragón ,  é  fué 
á  Ñapóles ,  assi  como  llevó  Dios  después 
al  Rey  don  Phelipe  en  el  mismo  año  de 
mili  é  quinientos  y  seys ,  la  Reyna  doña 
Johana ,  nuestra  señora  ,  por  sus  passio- 
nes  y  enfermedades,  no  quiso  ni  pudo 
gobernar  sus  reynos ,  é  siempre  dixo  que 
quería  que  los  gobernasse  su  padre;  y  á  su 
ruego  é  suplicagion  de  todos  los  pueblos 
pringipales  de  Castilla  y  de  León ,  el  Rey 
Cathólico  volvió  á  España,  y  tornó  á  tomar 
la  gobernagion  de  los  reynos  de  su  hija. 
E  cómo  el  duque  de  Alva  se  avia  tan  bien 


DE  INDIAS.  LIB.  III.  CAP.  XII. 


95 


señalado  en  su  servigio ,  siempre  le  amó 
y  le  tuvo  gerca  de  sí ,  y  le  hizo  muchas 
mergedes  á  él  é  á  sus  hijos  é  deudos. 

Pues  cómo  el  almirante  don  Diego  Go- 
loni  se  casó  con  doña  Maria  de  Toledo, 
que  como  es  dicho  era  sobrina  del  Rey 
y  del  duque ,  assi  por  este  respecto  co- 
mo por  satisfacer  á  la  demanda  del  al- 
mirante é  á  los  servicios  de  su  padre  el 
Rey  Cathólico,  le  proveyó  y  mando  venir 
á  esta  isla  ( y  passó  é  vino  aqui  con  su 
muger ) ,  é  mandó  al  comendador  mayor 
de  Alcántara  que  se  fuesse  á  España.  E 
assi  se  hizo,  no  sin  pensar  que  el  obispo 
don  Juan  Rodriguez  de  Fonseca ,  y  el  se- 
cretario Lope  Conchillos  le  avian  ayuda- 
do á  echar  de  aqui,  por  lo  que  es  dicho. 
Ni  tampoco  salió  desta  tierra  sin  mucho 
sentimiento  de  la  mayor  parte  de  quan- 
tos  en  ella  vivian ;  porque  ( como  se  ha 
dicho  en  otra  parte )  era  muy  gran  varón 
de  república  é  muy  reto :  honraba  á  los 
buenos ,  como  era  razón ;  é  á  los  de  me- 
nos calidad  era  muy  manso  y  gracioso, 
é  á  todos  los  que  bien  servían ,  favores- 
gia  y  ayudaba  ;  é  á  los  indios  hagia  muy 
bien  tractar,  é  assi  era  muy  amado  de 
todos  en  general.  En  conclusión,  fué  tal 
gobernador,  que  en  tanto  que  haya  hom- 
bres en  esta  isla,  siempre  avrá  memoria 
del;  porque  veo  que  todos  los  que  en  él 
hablan  de  los  que  le  alcanzaron  é  vieron, 
hoy  en  dia  le  sospiran  é  digen,  que  por  la 
propria  infelicidad  desta  tierra ,  salió  de- 
lld ,  cuya  partida  fué  muy  llorada  y  sos- 
pirada  algunos  años.  Otra  cosa  notable 
se  me  acuerda  de  aqueste  caballero ;  por- 


que segund  es  pública  y  notoria  y  loable, 
era  imposible  olvidarla ;  y  es  quél  tenia 
muy  buena  renta.  E  assi  desso  quél  tenia, 
como  comendador  mayor  de  la  Orden 
militar  é  caballería  de  Alcántara ,  como 
de  los  salarios  que  con  esta  gobernación 
llevaba ,  tenia  ocho  mili  ducados  de  renta 
en  cada  un  año  ó  mas,  segund  yo  lo  supe 
de  Diego  López  de  Salgedo,  su  sobrino, 
y  de  otras  personas  que  gerca  del  estu- 
vieron. Estos  despendió  él  de  manera 
que  lo  que  medró  en  esta  tierra  con  el 
cargo  que  tuvo  fué  quinge  casas  de  pie- 
dra que  hizo,  muy  bien  edificadas,  en  la 
calle  desta  fortaleza  desta  cibdad  en  am- 
bas haceras ;  é  las  seys  que  están  juntas 
de  la  una  parte,  dexó  á  los  pobres  del 
hospital  de  Sanct  Nicolás ,  quél  fundó ;  é 
las  otras  nueve  dexó  á  su  Orden  é  con- 
vento ,  como  buen  religioso.  E  quando 
se  ovo  de  partir  desta  cibdad  ,  le  pres- 
taron quinientos  castellanos  para  su  ca- 
mino ;  porque  de  no  ser  cobdicioso ,  gas- 
tó quanto  tenia  con  los  pobres  é  nesces- 
sitados,  por  heredarse  en  el  cielo,  donde 
se  cree  que  está  por  la  clemencia  de 
Dios  y  sus  buenas  obras ,  que  fueron  ta- 
les ,  que  no  dan  lugar  á  sospechar  lo  con- 
trario. 

Tornando  á  la  historia ,  digo  que  de  la 
subcession  de  la  gobernación  desta  isla, 
que  passó  del  comendador  mayor  en  el 
almirante  segundo  don  Diego  Golom ,  se 
tractará  en  el  libro  siguiente,  con  otras 
cosas ,  que  para  aquel  libro  son  anexas  á 
la  continuación  de  la  historia. 


Este  es  el  quarto  libro  de  la  Natural  y  general  historia  de  las  Indias ,  Islas  y  Tierra- 
Firme  del  mar  Océano.  El  qualtracta  de  la  gobernación  é  trabajos  del  segundo  almi- 
rante ,  don  Diego  Colom ,  é  de  otros  juegos  é  justigias  que  ha  ávido  en  esta  Isla  Es- 
pañola hasta  el  presente  tiempo ;  é  de  otras  cosas  convinientes  al  discurso  de  la 
historia. 


PROHEMIO. 


Jt  ues  que  es  ya  tiempo  que  se  dé  con- 
clusión á  las  cosas  de  la  gobernagion  é 
gobernadores  que  ha  ávido  en  esta  cib- 
dad  de  Sancto  Domingo  é  Isla  Española 
é  sus  anexos,  é  hay  hasta  el  presente; 
fecho  aquesto,  passaremos  á  las  otras 
cosas  que  serán  de  mas  agradable  re- 
creagion  á  los  letores.  Y  por  tanto  diré 
en  suma,  primero  y  en  pocas  hojas,  en 
este  libro  quarto  lo  que  falta  de  explicar 
destas  tales  materias ,  por  llegar  á  las  que 
son  de  admiragion  é  de  grandes  nove- 
dades, no  oydas  jamás.  E  para  esto  diré 
aqui  la  venida  á  estas  partes  del  almi- 
rante segundo ,  don  Diego  Colom ;  é  to- 
carse han  las  mudangas  que  ha  ávido  en 
la  gobernagion  desta  isla  é  otras  hasta  el 
tiempo  presente.  E  diré  lo  que  alcange 
de  la  persona  é  méritos  deste  segundo  al- 


mirante y  su  muerte ;  y  de  la  subgesion 
de  su  hijo ,  don  Luis  Colom ,  tergero  al- 
mirante y  agora  nuevamente  duque  de 
Veragua  é  de  la  Bahia  é  islas  de  Cereba- 
ro,  marqués  de  Jamáyca,  por  nueva  con- 
gesion  y  merged  perpetua  de  la  liberali- 
dad de  la  Cesárea  Magostad  del  Empera- 
dor Rey,  don  Carlos,  nuestro  Señor.  E 
degirse  há  quándo  ovo  pringipio  el  Au- 
diengia  é  Changilleria  real  que  reside  en 
esta  cibdad  de  Sancto  Domingo ,  y  tam- 
bién se  hará  memoria  de  la  venida  de  los 
reverendos  priores  de  la  Orden  de  Sanct 
Hierónimo  á  esta  isla,  é  lo  que  higieron; 
é  no  dexaré  en  olvido  otros  juegos  que 
ha  ávido  en  la  misma  Real  Audiengia  é 
los  que  hay  al  presente.  E  continuarse  há 
la  narragion  de  otras  cosas  nesgessarias 
á  la  historia. 


DE  LNDIAS.  LIB.  IV.  GAP.  I. 


97 


CAPITULO  I. 

Donde  se  Iracta  de  la  venida  del  segundo  almirante,  don  Diego  Co!om,  á  csla  cibdad  de  Sancfo   Do- 
mingo,  puerto  de  la  Isla  Española,  é  de  las   mudanoas  que    ha    ávido    e:i  la  gobernación   della   é 

otras  cosas. 


Uíxose  en  el  libro  precedente  que  el 
año  de  mili  e  quinientos  é  seys  vino  á 
reynar  en  Castilla  el  sereníssimo  Rey,  don 
Plielipe ,  é  cómo  el  mismo  año  le  llevó 
Dios  á  su  gloria.  Digo  pues  assi ,  que  tor- 
nando á  Castilla  desde  Ñapóles  el  Cathó- 
lico  Rey  don  Fernando  á  gobernar  los 
reynos  della  por  la  sereníssima  Reyna, 
doña  Johana,  su  hija  (nuestra  Señora), 
intergedió  don  Fadrique  de  Toledo,  du- 
que segundo  de  Alva,  para  que  el  Rey  le 
diesse  esta  gobernación  al  almirante  don 
Diego  Colom;  e  aun  antes  que  el  Rey 
Cathólieo  partiesse  de  Ñapóles  para  Es- 
paña, se  la  otorgó  por  sus  cartas,  segund 
yo  lo  oy  degir  al  mismo  almirante ,  estan- 
do en  Hornillos  la  Reyna  doña  Johana, 
nuestra  Señora ,  desde  á  pocos  meses  que 
estaba  viuda.  E  gessó  la  venida  de  don 
Fernando  de  Velasco  (tio  del  condestable 
de  Castilla,  don  Bernaldino  de  Velasco), 
al  qual  pocos  dias  antes  que  el  Rey  don 
Phelipepassasedestavida,  se  la  avia  con- 
cedido esta  gobernación.  Assi  que,  des- 
pués que  el  Rey  Cathólieo  acordó  de  ad- 
mitir al  segundo  almirante,  é  ovo  por 
bien  que  acá  pasasse ,  llegó  á  esta  cib- 
dad de  Sancto  Domingo  con  su  muger  la 
vissoreyna ,  doña  Maria  de  Toledo ,  á  diez 
dias  de  julio,  año  de  la  Natividad  de 
Chripsto  de  mili  é  quinientos  é  nueve 
años ,  muy  bien  acompañado  é  su  casa 
poblada  de  hijosdalgo.  E  con  la  visso- 
reyna vinieron  algunas  dueñas  é  donge- 
llas  hijasdalgo ,  é  todas  ó  las  mas  dellas 
que  eran  mogas  se  casaron  en  esta  cib- 
dad y  en  la  isla  con  personas  pringipales 
é  hombres  ricos  de  los  que  acá  estaban, 

porque  en  la  verdad  avia  mucha  falta  de 
TO.VO  I. 


tales  mugeres  de  Castilla;  é  aunque  al- 
gunos chripstianos  se  casaban  con  in- 
dias pringipales,  avia  otros  muchos  mas 
que  por  ninguna  cosa  las  tomaran  en  ma- 
trimonio, por  la  incapagidad  é  fealdad 
dellas.  E  assi  con  estas  mugeres  de  Cas- 
tilla que  vinieron,  se  ennoblesgió  mucho 
esta  cibdad,  é  hay  hoy  dellas  6  de  los 
que  con  ellas  casaron  hijos  ó  nietos ,  é 
aun  es  el  mayor  caudal  que  esta  cibdad 
tiene  é  de  mas  solariegos ,  assi  por  estos 
casamientos,  como  porque  otros  hidalgos 
é  cibdadanos  pringipales  han  traydo  sus 
mugeres  de  España.  E  está  ya  esta  cib- 
dad aumentada  en  tan  hermosa  repúbli- 
ca ,  que  es  cosa  para  dar  muchas  gragias 
á  Dios  ;  acordándonos  que  donde  el  dia- 
blo era  tan  solemnigado  sea  Jesu-Chrips- 
to  en  tan  breve  tiempo  alabado  é  servi- 
do, con  tal  cibdad  é  con  los  otros  mora- 
dores chripstianos  de  la  isla  é  pueblos 
della. 

Volviendo  á  nuestro  propóssito ,  digo 
que  assi  como  el  almirante  salió  de  la 
nao ,  vínose  á  possar  en  la  fortaleza  des- 
ta  cibdad  de  Sancto  Domingo ,  donde  el 
alcayde ,  Diego  López  de  Salgedo ,  que 
á  la  sagon  la  tenia,  fué  causa  que  el  al- 
mirante se  entrasse ,  no  porque  le  dexa- 
se  él  entrar  en  ella  de  su  grado,  pero  su 
descuydo  dio  lugar  á  ello ;  porque  estan- 
do fuera  de  la  cibdad  quando  llegó  el  al- 
mirante y  la  casa  no  bien  guardada,  ni 
estorbándolo  alguno ,  se  entró  en  esta  for- 
taleza con  su  muger  é  criados.  En  la  qual 
sagon  estaba  en  la  isla,  la  tierra  adentro, 
apartado  desta  cibdad  el  comendador 
mayor,  al  qual  no  pesó  poco  desque  su- 
po que  el  almirante  estaba  en  la  fortale- 

i3 


98 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


za.  Y  llegado  á  esta  cibdad,  cómo  era 
prudente ,  mostró  que  holgaba  de  la  ve- 
nida del  almirante  é  obedesgió  lo  que  el 
Rey  Cathólico  le  mandaba,  que  era  que 
se  fuesse  para  él  á  España,  á  le  dar'cuenta 
de  las  cosas  de  acá ;  é  assi  se  partió  de 
esta  cibdad  por  el  mes  de  septiembre  del 
mismo  año  de  mili  é  quinientos  y  nueve. 
Francisco  de  Tapia,  criado  del  obispo 
Fonsecay  su  hermano  el  veedor,  Chrips- 
tóbal  de  Tapia ,  venian  ambos  con  el  al- 
mirante y  muy  encargados  á  él  por  el 
obispo;  é  desde  á  pocos  dias  que  aqui 
llegaron,  presentó  el  Francisco  de  Tapia 
el  título  é  merged  que  traia  de  la  tenen- 
cia y  alcaydia  de  esta  fortaleza.  Pero  di- 
latósele  el  entregamiento  della ,  y  fuéle 
dado  aviso  al  Rey  Cathólico  de  cómo  el 
almirante  se  avia  entrado  en  la  fortaleza; 
é  envióle  á  mandar,  só  graves  penas, 
í[ue  luego  que  viesse  su  real  mandamien- 
to, se  saliesse  fuera  é  la  entregasse  al  te- 
sorero, Miguel  de  Passamonte,  para  quél 
to viesse  esta  casa  hasta  tanto  que  el  Rey 
proveyesse  lo  que  fuesse  su  servicio.  E 
assi  el  almirante ,  vista  la  voluntad  é  man- 
dado del  Rey,  luego  se  salió  de  la  forta- 
leza y  la  entregó  al  tesorero,  y  se  fué  i'i 
possar  á  la  casa  de  Francisco  de  Garay. 
E  desde  á  finco  ó  seys  meses  que  el  te- 
sorero Passamonte  tenia  esta  fortaleza,  la 
entregó,  por  mandado  del  Rey,  al  al- 
cayde  Francisco  de  Tapia ,  estando  aun 
el  almirante  en  la  casa  de  Francisco  de 
Garay ,  su  alguacil  mayor  que  fué  en  es- 
ta cibdad ,  del  qual  adelante  será  fecha 
mas  particular  mengion.  Assi  que,  Fran- 
cisco de  Tapia  quedó  pacífico  alcayde  en 
la  tenencia  de  esta  fortaleza ,  é  le  fueron 
dados  doscientos  indios  muy  buenos  con 
ella ,  allende  del  salario ,  con  que  después 
fué  rico.  El  qual  murió  el  año  que  passó 
do  mili  é  quinientos  é  treynta  y  tres  años. 
Y  en  tanto  que  la  Cesárea  Magostad  pro- 
veyesse de  alcayde  desta  fortaleca,  los 
oydores  desta  Audiencia  Real  é  los  oficia- 


les que  Sus  Magestades  aqui  tienen  la 
depositaron  é  pusieron  en  poder  del  ca- 
pitán, Goncalo  Fernandez  de  Oviedo  y 
Valdés,  vecino  desta  cibdad,  auctor  é 
chronista  desta  Historia,  como  en  antiguo 
criado  de  la  casa  real ;  al  qual  después 
la  Cesárea  Magostad  le  hizo  merced  de 
la  tenencia  desta  fortaleza ,  é  la  tiene  al 
presente  como  su  alcayde. 

Tornando  al  propóssito  primero,  digo 
que  el  comendador  mayor  siguió  su  ca- 
mino ,  é  con  él  el  licenciado  Maldonado, 
su  alcalde  mayor;  el  qual,  segund  la  pú- 
blica voz  é  fama  de  su  persona  é  obras, 
fué  uno  de  los  mejores  jueces  que  han 
passado  á  las  Indias:  é  assi  como  era  hi- 
jodalgo é  virtuoso,  assi  administró  su 
oficio  rectamente,  siendo  amado,  temido 
y  acatado.  No  fué  tirano  cobdicioso,  ni 
dexó  de  hacer  justicia  ,  assi  en  el  tribu- 
nal como  fuera  del ,  é  á  doquiera  que  se 
le  pedia ;  tanto  que  en  las  calles  é  can- 
tones por  do  yba,  a  venia  é  concertaba  las 
partes  y  deshacia  los  agravios  y  excusaba 
las  contiendas  en  quanto  podia  ,  sin  dar 
lugar  á  gastos  de  papel  y  tinta  ;  la  qual 
con  otros  jueces  suele  doler  é  costar  mas 
que  la  sangre  de  los  descalabrados.  Lle- 
gado el  comendador  mayor  á  España, 
fuesse  á  Madrid ,  donde  halló  al  Rey  Ca- 
thólico ,  año  de  mili  é  quinientos  é  diez 
años,  el  qual  lo  rcscibió  muy  bien  é  mos- 
tró aver  holgado  de  verle,  é  le  tracto  con 
mucha  urbanidad  é  placer. Porque,  demás'? 
de  ser  mucha  la  bondad  y  clemencia  del 
Rey,  era  el  comendador  mayor  su  criado 
antiguo,  é  de  la  Cathólica  Reyna ;  la  qualN^^ 
por  caballero  virtuoso  y  bien  acostum- 
brado ,  le  puso  en  el  número  de  aquellos 
primeros  caballeros  que  los  Reyes  Ca- 
lliólicos  escogieron  en  todos  sus  reynos, 
para  que  sirviessen  al  príncipe  don  Johan, 
su  hijo  primogénito  y  heredero ,  é  que 
toviesse  á  par  de  su  real  persona  ca- 
balleros experimentados ,  virtuosos  y  de 
buena  sangre.  Y  este  comendador  mayor 


^^ 


DE  INDIAS.  LIB.  IV.  CAP.  I. 


99 


fué  uno  de  aquellos  escogidos  que  gerca 
del  estovieron  fasta  que  llevó  Dios  al  prín- 
cipe á  su  gloria ;  y  era  entcnges  comen- 
^  dador  de  Larez.  Assi  que,  y  do  de  acá 
en  España ,  aunque  él  sospechaba  que  el 
obispo  Fonseca  ni  el  secretario  Gonchi- 
llos  no  le  avian  de  ser  amigos,  por  las 
causas  que  están  dichas ,  no  fué  por  eso 
mal  acogido  del  Roy:  antes  después  que 
le  ovo  bien  oydo  é  se  informo  del  de  lo- 
do lo  de  aquestas  partes,  se  dixo  muy 
público  que  le  avia  pesado  al  Rey  por  le 
aver  removido  del  cargo ,  porque  acá  le 
echaron  luego  menos  é  le  lloraban  mu- 
chos. E  si  no  se  muriera,  desde  á  poco 
tiempo  después  que  de  acá  fué,  se  creía 
que  el  Rey  le  tornara  á  enviar  á  esta  tier- 
ra, por  la  ncsgessidad  que  ovo  de  su 
persona,  con  mayores  poderes  por  las  co- 
sas que  después  sub^cdieron. 

Concluyendo  en  las  cosas  del  comen- 
dador mayor,  continuaré  el  subgeso  de 
las  del  almirante  don  Diego  Colom,  que 
en  la  verdad  fué  buen  caballero  é  cathó- 
lico;  mas  no  le  faltaron  trabajos  en  el 
tiempo  que  gobernó  esta  tierra ,  ni  falta- 
rán á  los  que  la  gobernaren ,  por  todas 
estas  causas  que  agora  diré.  Lo  primero, 
de  aqui  á  España  hay  muchas  leguas,  é 
suélese  degir  que  de  luengas  vias  etc.;  y 
aunque  fuesse  mas  corto  el  camino,  el 
dia  de  hoy,  por  nuestros  pecados,  anda 
ofendida  é  olvidada  la  verdad  en  la  ma- 
yor parte  de  las  lenguas ;  y  aunque  se 
quieran  escudriñarlas  verdades,  no  hay 
tiempo  para  saberse  lo  cierto  deltas;  y 
quando  algo  se  sabe  en  Castilla ,  que  re 
quiera  proveerse,  quando  acá  llega  lo 
proveydo  es  tarde,  y  el  que  queda  lasti- 
mado, nunca  suelda  su  dolor.  Lo  otro, 
porque  como  su  padre  descubrió  esta 
tierra  ,  no  han  faltado  en  ella  aficionados 
á  él  é  á  sus  subf esores  (en  especial  de 
aquellos  que  por  su  mano  fueron  gratifi- 
cados); y  cómo  subcedió  la  gobernación 
después  del  primero  almirante  en  el  co- 


mendador Francisco  de  Bobadilla,  y  des- 
pués en  el  comendador  mayor  de  Alcán- 
tara ,  don  frey  Nicolás  de  Ovando ,  é  lo- 
vieron  servidores  é  amigos  que  de  su  ma- 
no é  por  sus  buenas  obras  les  quedaron 
obligados,  é  aqueste  segundo  almirante 
truxo  otros  criados  é  amigos  que  se  alle- 
garon á  su  casa ,  á  los  quales  gratificó  y 
encomendó  buenos  indios  é  los  favores- 
gió;   de  todas  estas  mezcladas  volunta- 
des se  fundaron  muchas  passiones,  é  en- 
gendróse  una  contención  desvariada  é 
vana ,  é  dieron  á  entender  al  Rey  Calhó- 
lico  que  en  esta  cibdad  é  isla  avia  par- 
cialidades ,  en  que  los  unos  se  mostraban 
señaladamente  por  servidores  é  aficiona- 
dos al  almirante,  don  Diego  Colom ,  é  que 
los  que  á  estos  repugnaban  ,  se  llamaban 
del  Rey.  Y  daban  á  entender  los  unos  é  los 
otros,  por  suscartas,  lo  que  les  páresela. 
Resultó  desto  que  assi  cómo  el  almi- 
rante era  visorey,  é  las  justicias  eran 
puestas  por  él ,  é  los  repartimientos  de 
los  indios  por  su  mano  repartidos ,  acor- 
dó el  Rey  Cathólico  que  en  esta  cibdad 
de  Sancto  Domingo  se  pusiessen  ciertos 
letrados,  é  que  estos  se  llamassen  jue- 
ces de  apelación ,  é  conosciessen ,  como 
superiores ,  é  se  apelase  del  almirante  é 
de  sus  tenientes  é  alcaldes  mayores,   é 
de  otras  justicias  qualesquier,   para  los 
tales  jueces.  Parescióle  al  almirante  que 
sus  poderes  é  previlegios  se  le  limitaban 
por  los  tales  jueces,  é  quexábase  desta 
compañía  ó  superioridad  que  le  ponían: 
é  sobre  estas  cosas  subcedieron  otras  de 
tal  forma,  que  él  envió  á  pedir  residencia 
sobre  los  tales  jueces,  é  á  quexarse  de 
tan  nuevo  oficio  en  su  perjuicio.  Y  ellos 
también  y  el  tesorero,  Miguel  de  Fassa- 
monte ,  le  armaron  de  tal  manera  que  el 
Rey  Cathólico  envió  á  mandar  al  almi- 
rante que  fuesse  á  España ;  y  estuvo  allá 
algún  tiempo ,  en  el  qual  negoció  poco  é 
gastó  mucho.  En  la  qual  sacón  vino  por 
juez  do  residencia,  para  .tomar  cuenta  al 


100 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


ligengiado  Marcos  de  Aguilar,  alcalde  ma- 
yor del  almirante  é  á  sus  ofigiales,  el  li- 
(^CQQÍado  Johan  Ibañez  de  Ibarra ;  el  qual 
desde  á  pocos  dias  que  aqui  estuvo  mu- 
rió él ,  y  el  secretario  Cávala  que  con  él 
\ema  á  entender  en  aquellos  negogios. 
Y  por  la  muerte  de  Ibarra  vino  después, 
año  de  mili  é  quinientos  y  quinge,  el  li- 
gengiado  Chripstóbal  Lebrón ;  el  qual  por 
la  ausencia  del  almirante  y  por  cosas  que 
subgedieron ,  tomando  la  residencia ,  es- 
tuvo un  tiempo  quasi  absoluto  en  la  go- 
bernación. Y  lo  que  á  esto  dio  después 
mas  oportunidad ,  fué  que  desde  á  poco 
tiempo  después  que  el  almirante  llegó  á 
la  corte ,  llevó  Dios  al  Rey  Cathólico ,  año 
de  mili  é  quinientos  y  diez  é  seis  años. 
Antes  que  adelante  se  proceda,  es 
bien  que  se  escriba  (é  avian  de  ser  las 
letras  de  oro)  de  un  dicho  que  dixo  la 
Cathólica  Reyna ,  doña  Isabel ,  de  la  ca- 
lidad desta  tierra  é  gente  della ;  porque 
con  este  dicho  tan  grande  é  natural  phi- 
losophia  acabare  de  fundar  mejor  lo  que 
dixe  de  suso,  expressando  las  causas, 
por  donde  nunca  han  de  faltar  trabajos  á 
los  que  gobernaren  en  las  Indias.  E  lo 
que  dixo  aquella  sereníssima  Reyna  fué 
aquesto :  Quando  el  primero  almirante, 
don  Chripstóbal  Colom ,  ovo  descubierto 
estas  Indias ,  estando  un  dia  dando  parti- 
cular razón  al  Rey  é  á  la  Reyna  de  las 
cosas  destas  partes,  dixo  entre  otras  co- 
sas ó  particularidades,  que  los  árboles  en 
esta  tierra,  por  grandes  que  sean,  no  me- 
ten hondas  debaxo  de  tierra  sus  raiges, 
sino  poco  debaxo  de  la  superficie.  Y  assi 
es  la  verdad ,  porque  allende  de  aquella 
corteza  ó  temple  que  tiene  la  superficie 
del  terreno  (que  puede  ser  medio  estado  ó 
poco  mas),  poquíssimos  y  raros  árboles  lle- 
gan las  raiges  un  estado  de  hondo;  porque 
alli  adelante ,  ó  antes  hallan  la  tierra  seca 
é  cálida,  quanto  mas  ahondan;  y  cómo  en 
lo  alto  está  húmeda,  en  aquello  poco  se 
sustentan  los  árboles  é  se  extienden  é 


multiplican  é  espargen  tantas  raíges  ó 
mas  que  tienen  ramas ;  pero ,  como  es 
dicho ,  no  entran  en  lo  hondo  de  la  tier- 
ra. Verdad  es  que  el  árbol  de  la  caña- 
fistola  solo  en  estas  partes  llega  hasta  el 
agua  con  las  raiges;  pero  tales  árboles 
no  los  vido  Colom  ni  los  avia  desta  ca- 
ñafístola,  hasta  que  andando  el  tiempo, 
se  comengaron  á  hager  de  las  pepitas  de 
la  cañafístola  que  se  truxo  para  medegi- 
na ,  no  obstante  que  en  la  mayor  parte 
de  las  Indias  hay  cañafístolas  salvajes, 
como  se  dirá  en  su  lugar. 

Assi  que  tornando  á  la  historia,  cómo 
la  Reyna  oyó  lo  quel  almirante  avia  di- 
cho ,  preguntóle  que  á  qué  atribula  el  no 
meter  los  árboles  sus  raiges  en  la  tierra, 
sino  tan  poco  como  degia ;  y  él  replicó 
que  cómo  en  estas  Indias  llueve  mucho  é 
hay  muchas  aguas  naturales  que  tiemplan 
la  haz  é  superfigie  de  la  tierra ,  que  aque- 
llo era  la  causa  que  los  árboles ,  con  po- 
ca hondura ,  se  extendiessen  en  raiges  é 
no  las  metiessen  en  la  calor  de  lo  muy 
baxo  de  la  tierra  ,  que  de  nesgessidad  ha- 
llarían en  lo  hondo ,  por  estar  en  tal  cli- 
ma esta  tierra ;  é  por  esso  avia  de  ser 
mas  cahente  en  lo  hondo  é  quemar  las 
raiges  que  allá  baxassen :  las  quales  sin- 
tiendo esto,  naturalmente  se  extendían 
por  donde  esta  misma  naturaleza  las  guia 
é  les  conviene  extenderse,  para  su  nutri- 
miento. Después  que  la  Reyna  le  ovo  es- 
cuchado, mostró  averie  pessado  lo  que 
avia  oido  ,  é  dixo  estas  palabras :  E?i  es- 
sa  tierra,  donde  los  árboles  no  se  arraigan, 
poca  verdad  y  menos  conslancia  avrá  en 
los  hombres.  Por  gierto  quien  conosgiere 
bien  estos  indios,  no  podrá  negar  que  la 
Reyna  Cathólica  habló  lo  que  es  dicho, 
sino  como  mas  que  philósopho  natural,  y 
no  adevinando ,  sino  digiendo  la  misma 
verdad  y  como  passa.  Porque  esta  gene- 
ragion  de  los  indios  es  muy  mentirosa  c 
de  poca  constangia,  como  son  los  mu- 
chachos de  sevs  ó  siete  años,  é  aun  no 


DE  INDIAS.  LIB.  IV.  CAP.  I. 


^Oi 


tan  coQslantes.  E  assi  creo  yo  que  á  al- 
gunos chiipstianos  se  les  ha  pegado  har- 
to (lesto ,  en  espegial  á  los  mal  inclina  - 
dos ;  porque  otros  muchos  hay  de  mucha 
prudencia  y  los  ha  ávido  en  estas  partes; 
mas  también  han  venido  otros  acá  de  tal 
suerte  que  bastaran  para  revolver  á  Ro- 
ma é  á  Sanctiago ,  como  lo  suelen  de^ir 
los  vulgares.  Que  se  deba  creer  lo  que  di- 
go de  los  indios,  pruébasse  porqueta  ex- 
periencia é  obras  de  algunos  lo  mostra- 
ron ,  y  por  los  mestizos ,  hijos  de  chrips- 
tianos  é  de  indias;  porque  con  grandís- 
simo  trabaxo  se  crian  é  con  mucho  ma- 
yor no  los  pueden  apartar  de  vicios  é 
malas  costumbres  é  inclinagiones  á  algu- 
nos. Y  para  lo  que  apunté  que  han  pas- 
sado  acá  algunos  que  no  debieran  venir, 
esso  se  comengó  á  remediar  por  los  Ca- 
thólicos  Reyes  é  su  Real  Consejo ,  en  pro- 
curar que  los  que  á  estas  partes  viniessen, 
fuessen  personas  escogidas.  Y  assi  sede- 
be  pensar  que  no  se  moverían  ni  darian 
lugar  á  semejantes  mudancas  tan  Cathó- 
licos  Reyes,  como  los  passados,  ni  la 
Cesárea  Magostad  después  por  ligeras  in- 
formagiones,  ó  dañadas  voluntades  de 
particulares ,  sino  con  muy  pensado  é  sa- 
no acuerdo  é  doterminagion ,  assi  en  la 
mudanga  que  se  hizo  del  almirante  pri- 
mero como  en  las  de  demás;  puesto  que 
como  los  reyes  son  hombres ,  pueden  er- 
rar como  hombres :  en  espegial  que  la 
mayor  infeligidad  ó  mas  ordinaria  que  se 
atribuye  al  ceptro  real ,  es  que  pocos  le 
digan  al  príngipe  la  verdad ,  é  que  si  le 
fuere  dicha,  que  no  lacrea.  Esta  desven- 
tura anda  tan  junta  con  el  reynar,  como  la 
misma  corona  real.  Pero  hay  en  esto  otra 


cosa  de  mas  poderío  que  á  lo  que  es  di- 
cho contrasta ,  por  donde  se  crea  que  to- 
do aquesto  ni  está  en  mano  de  los  hom- 
bres ni  en  descuido  ó  infeligidad  total  de 
los  príncipes;  pues  que  no  se  puede  negar 
aquella  auctoridad  del  sabio ,  que  dige  * 
que  el  coragon  del  rey  está  en  la  mano  del 
Señor,  nuestro  soberano  Dios.  E  assi  ave- 
mos  de  tener  por  gierto  que  estas  cosas  de 
tanta  ímportangia  para  la  fe  é  para  la  re- 
pública chrípstiana,  é  donde  tantas  gentes 
de  indios  han  de  ser  gobernados  é  indus- 
triados, que  todos  los  errorefe^ó-áóe/ta- 
mientos,  que  en  los  goberoajdóre^  é  eo-. 
bernados  ha  ávido,  que  -no.''é6."  siir'pef4* 
misión  é  causa  oculta ;  é  para  mí  yo  assi 
lo  pienso,  só  mejor  enmienda.  No  me 
quiero  detener  mas  por  el  presente  en 
aquesto. 

Volviendo  á  la  historia ,  digo  que  es- 
tando las  cosas  desta  isla  en  el  estado 
que  está  dicho,  como  llevó  Dios  á  su 
gloria  al  Cathólico  Rey  don  Fernando  (su 
nieto  el  príncipe  don  Carlos,  nuestro  se- 
ñor ,  estaba  en  Flandes ) ,  mandó  en  su 
testamento  el  Rey  que  gobernasse  á 
Castilla  é  León  é  sus  reynos  el  cardenal 
don  fray  Frangisco  Ximenez  de  Gisneros, 
argobispo  de  Toledo ,  en  tanto  quel  prín- 
gipe ,  nuestro  nuevo  Rey  é  Señor ,  é  sub- 
gessor  de  los  reynos  de  España ,  venia  á 
tomar  la  possesion  della :  el  qual  luego 
que  supo  la  muerte  del  Cathólico  Rey ,  su 
abuelo,  no  solamente  aprobó  la  goberna- 
gion  del  cardenal ,  pero  envióle  de  nue- 
vo muy  mas  bastante  é  pleníssimo  poder 
para  la  administragion  é  gobernagion  de 
sus  reynos  y  Estados,  en  tanto  que  su 
Alteza  venia  á  España. 


i       Cor    rc(j¡s   in    manu    Domini :    Proverb.^        cap.  XXI, 


102 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  II. 

En  que  se  Irada  de  la  persona  ¿  grand  ser  del  cardenal,  don  fray  Francisco  Ximenez  de  (^üsneros,  aicobis- 

po  de  Toledo ,  gobernador  de  España;  y  de  algunas  cosas  que  en  su  tiempo  subcedieron ;  é  como  por  su 

mandado,  vinieron  á  gobernar  eslas  Indias  Ires  padres  reverendos,  priores  de  la  Orden  de  Sancl  Hierónimo, 

d  con  ellos  el  licenciado  Alonso  Qua^o  ,  é  oirás  cosas  notables. 


Üil  cardenal  don  frey  Francisco  Ximenez 
de  Qisneros ,  arzobispo  de  Toledo ,  fué 
gran  varón,  y  lo  que  le  turó  el  cargo  de 
la  gobernación  de  los  reynos  de  Castilla 
y  de  Léóíi  (que  fué  después  que  llevó 
Dios  ¡al^  R05^.  Gathólico ,  don  Fernando, 
que  por  su  testamento  lo  mandó ,  en  tan- 
to que  su  nieto  el  Rey  don  Garlos  venia 
á  España),  y  hasta  que  murió,  lo  hizo  tan 
bien ,  que  tuvo  en  paz  los  reynos ,  aun- 
que se  comentaron  algunas  novedades  é 
asonadas  de  gentes  ,  en  espegial  sobre  el 
prioradgo  de  Sanct  Johan  en  Gastilla  y 
en  León  ,  en  la  possession  del  qual  esta- 
ba don  Diego  de  Toledo ,  hijo  del  duque 
de  Alva.  E  pedíalo  é  llamábase  prior  don 
Antonio  de  Stúñiga ,  hermano  del  duque 
de  Béjar ;  y  estos  dos  duques ,  el  uno  por 
el  hijo  y  el  otro  por  el  hermano ,  tenian 
competengia ,  é  comentaron  á  tomar  las 
armas  de  la  una  é  de  la  otra  parte.  Pero 
el  frayle  cardenal,  se  dio  tal  recabdo  en 
su  ofigio  de  gobernador  real ,  que  no  les 
convino  á  los  unos  ni  á  los  otros  llegar  á 
rompimiento ,  ni  osaron  hager  cosa  que 
al  Rey  despluguiesse.  E  el  cardenal  se  apo- 
deró del  prioradgo ,  y  le  tuvo  de  su  ma- 
no en  nombre  del  Rey  hasta  que  su  Alte- 
za ,  después  que  vino  á  España ,  conger- 
tó  á  ambos  priores  é  partióles  la  renta  é 
vassallos  de  aquel  estado  é  dignidad ;  é 
al  uno  dio  lo  del  reyno  de  Gastilla  é  al 
otro  lo  del  reyno  de  León ,  con  tal  regres- 
so  y  aditamento,  que  muriendo  el  uno,  se 
tornasse  la  parte  del  tal  defuncto  al  que 
vivo  quedasse  dellos.  E  assi  intervino 
después ;  porque  murió  el  prior  don  An- 


tonio de  Stúñiga,  é  quedó  en  todo  el 
prioradgo  don  Diego  de  Toledo. 

Dexemos  aquesto ,  é  tornemos  á  nues- 
tras Indias ,  las  quales ,  assi  como  los 
otros  reynos ,  estaban  á  cargo  del  carde- 
nal ;  y  en  aquella  misma  sagon  estaba  en 
la  corte  de  España  el  almirante  don  Die- 
go Golom ,  negogiando  lo  que  le  conve- 
nía ,  é  también  avia  procuradores  por  es- 
ta cibdad  de  Sancto  Domingo  é  Isla  Es- 
pañola. Pero  cómo  el  cardenal,  desde 
mucho  tiempo  antes,  tenia  larga  notigia 
de  las  cosas  destas  partes,  acordó  para 
el  bien  dellas  de  buscar  tres  religiosos  de 
la  Orden  de  Sanct  Hierónimo ,  personas 
de  grand  auctoridad  é  letras  é  de  aproba- 
da vida ;  y  enviólos  á  esta  cibdad  de 
Sancto  Domingo  ,  con  muy  bastantes  po- 
deres para  gobernar  las  Indias.  Estos  re- 
ligiosos fueron  fray  Luis  de  Figueroa, 
prior  del  monesterio  de  la  Mejorada ,  que 
está  á  una  legua  de  Olmedo ;  y  aqueste 
fué  el  mismo  que  dixe  ( en  el  libro  ter- 
gero)  que  murió  estando  eleto  é  conge- 
didas  por  el  Papa  las  bulas  para  la  unión 
deste  obispado  de  Sancto  Domingo  y  del 
obispado  de  la  cibdad  de  la  Gongepgion 
de  la  Vega ,  y  le  enviaba  la  Gesárea  Ma- 
gestad  para  estas  dignidades  é  obispados, 
como  obispo  de  ambas  iglesias,  é  por 
presidente  desta  Real  Audiengia;  pero 
atajóle  la  muerte ,  y  por  ventura  fué  me- 
jor para  su  ánima ,  que  es  de  creer,  por- 
que era  tenido  por  sancta  persona :  é  mu- 
rió el  año  de  mili  é  quinientos  é  veynte 
é  quatro.  Mas  como  de  suso  dixe,  él 
avia  acá  passádo  primero  por  mandado 


DE  INDIAS.  LIB.  IV.  CAP.  II. 


403 


del  cardenal ,  el  año  de  mili  é  quinientos 
e  diez  y  seis  años ,  juntamente  con  los 
otros  dos  religiosos  que  con  él  vinieron, 
iguales  en  el  poder  é  gobernación :  que 
fueron  fray  Alonso  de  Sancto  Domingo, 
prior  del  monesterio  de  Sanct  Johan  de 
Ortega,  que  es  á  quatro  leguas  delacib- 
dad  de  Burgos;  y  el  otro  fue  fray  Ber- 
naldino  de  Manganedo ,  prior  de  Monta 
Marta ,  que  es  á  dos  ó  tres  leguas  de  Ca- 
mera. Y  llegaron  á  esta  cibdad  de  Sancto 
Domingo  poco  antes  de  pasqua  de  Navi- 
dad del  año  de  mili  é  quinientos  é  diez  y 
seis  años ,  é  apossentáronse  en  el  mones- 
terio de  Sanct  Frang;isco.  Y  notaron  mu- 
cho   que  estando    en  maitines   con  los 
frayles  franciscos,  la  noche  de  Navidad, 
ovieron  tanto  calor  que  sudaron.  Y  aquel 
dia  á  comer  les  dieron  los  frayles  ubas 
frescas  y  higos  acabados  de  coger  de  las 
parras  y  higueras ;  las  quales  fructas  y  ca- 
lor son  acá  comunmente  en  tal  tiempo; 
cosa  jamas  oyda  ni  vista  en  los  rey  nos  de 
España  ni  en  toda  Europa.  Aunque  se  lee, 
segund  dige  el  maestro  Olchod  en  la  glos- 
sa  que  hizo  sobre  la  Esphera,  que  tenien- 
do un  sancto  varón  en  Inglaterra  un  de- 
monio apremiado  en  cierta  clausura,  y 
desseando   el   demonio   verse  libre   de 
aquella  prisión ,  prometió  á  aquel  sancto 
hombre  la  noche  de  Navidad  de  le  traer 
higos  frescos  de  las  Indias ,  si  le  libertas- 
se  de  aquel  encerramiento  en  que  estaba. 
E  assi  con  esta  condición  libertado  el  de- 
monio ,  en  muy  breve  espagio  de  tiempo 
le  truxo  los  higos  frescos  que  le  prometió; 
de  lo  qual  aquel  sancto  varón  quedó  muy 
maravillado,  conjecturando  la  grand  tem- 
planza  de   tiempo  que  avria  donde  se 
avia  cogido  tal  fructa,  con  la  diferencia  é 
rigor  del  frió  que  en  el   mismo  tiempo 
era    en    Inglaterra,  donde  era  natural; 
creyendo  que  tierra  tan  templada  y  en  tal 
tiempo  era  muy  propinqua  y  gercana  al 
paraiso  terrenal.  Pero  no  creo  yo  que  los 
higos  serian  destas  nuestras  Indias,  por- 


que no  los  ovo  en  ellas  hasta  que  de  Es- 
paña se  truxeron  las  higueras  :  ubas  bien 
podría  ser ,  porque  assi  en  esta  isla  como 
en  otras  y  en  la  Tierra-Firme  son  natu- 
rales. 

Tornando  al  propósito  de  la  venida 
destos  padres  reverendos,  que  como  he 
dicho,  vinieron  por  visoreyes  é  gober- 
nadores destas  partes,  enviados  por  el 
cardenal  de  España,  que  á  la  sagon  presi- 
dia con  los  Consejos  Reales  en  la  gober- 
nación de  todos  los  rey  nos  de  España, 
por  su  Magostad ;  el  qual  con  muy  íntimo 
desseo  de  proveer  e  remediar  las  muchas 
querellas  y  agravios  que  destas  partes 
yban  ( de  que  continuo  se  quexaban  los 
vassallos  españoles  y  los  naturales  tam- 
bién destas  Indias) ,  eligió  en  toda  la  Or- 
den de  Sanct  Hierónimo  estos  tres  reli- 
giosos que  es  dicho  ,  para  en  todo  lo  que 
conviniesse  al  estado  de  la  tierra  é  buen 
tractamiento  é  conservación  de  los  in- 
dios, naturales  destas  partes  todas  de 
nuestras  Indias ,  islas  ó  Tierra-Firme 
del  mar  Océano,  é  para  que  supiessenlas 
passiones  de  acá  entre  los  chripstianos,  é 
lo  pusiessen  é  toviessen  en  todo  concier- 
to. De  manera  que  en  lo  de  adelante  se 
acertasse  é  proveyesse,  como  al  servicio  de 
Dios,  nuestro  Señor,  mas  conviniesse,  y 
para  que  laconsciencia  del  Rey  se  satisfa- 
ciesse  é  la  tierra  se  remediasse.  Con  estos 
padres  religiosos  fué  elegido  por  juez,  en 
las  cosas  de  la  justicia  civil  é  criminal,  el 
licenciado  Alonso  Cuaco,  el  qual  estando 
ya  acá  los  padres  hierónimos  ,  llegó  á  es- 
ta cibdad  desde  á  poco  tiempo ,  en  el  si- 
guiente año  de  mili  é  quinientos  é  diez  é 
siete  años ,  á  ocho  de  abril ,  miércoles  de 
la  semana  sancta.  Al  tiempo  que  los  reli- 
giosos llegaron ,  como  en  aquel  tiempo  la 
muerte  del  Rey  Cathólico  era  reciente, 
los  jueces  de  apelación  que  aqui  residían, 
que  ya  se  llamaban  oydores ,  é  su  audi- 
torio ya  se  decia  Audiencia  Real ,  é  otras 
personas  desta  cibdad  principales,  qui- 


f04* 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


siéronse  informar  de  la  venida  de  aque- 
ilos  padres  hierónimos  (nunca  vistos  en 
estas  partes  hasta  entonces) ,  é  de  los  po- 
deres que  traillan  é  á  qué  venían ;  y  ellos 
como  prudentes,  mostraron  el  poder  que 
les  era  dado,  y  luego  fué  obedesQido.  E 
comentaron  á  entender  en  sus  ofigios  y 
cargos,  hasta  en  tanto  que  el  licen- 
ciado Cuago  vino  pocos  meses  después, 
como  es  dicho.  Lo  qual  assi  mismo  causó 
mas  admiración ,  porque  llegado  é  pres- 
sentado  en  las  casas  del  cabildo  desta 
cibdad  con  sus  poderes,  maravilláronse 
mucho,  é  aun  dio  temerá  algunos,  vien- 
do que  en  el  despacho  de  los  negocios  é 
pleitos  civiles  é  criminales  avia  de  aver 
brevedad  ;  6  que  segund  la  forma  destos 
poderes,  se  avian  de  acabar  é  fenescer 
aqui,  sin  apelación  ni  otra  dilación  para 
Su  Magestad  en  los  reynos  de  España  ,  y 
para  que  tomasse  residencia  á  los  oydo- 
res,  que  eran  á  la  sacón  los  licenciados 
Marcelo  de  Villalobos ,  é  Johan  Ortiz  de 
Matienco ,  é  Lúeas  Vázquez  de  Ayllon ,  y 
que  también  la  tomasse  á  todos  los  otros 
gobernadores ,  jueces  é  justicias ;  é  para 
que  tomasse  cuenta  é  ragon  á  todos  los 
oficiales  de  Su  Magestad  y  escribanos  de 
minas ,  é  otras  personas  que  oviessen  te- 
nido cargos  é  oficios  en  todas  estas  par- 
tes ,  é  con  muy  crescido  salario.  Por  ma- 
nera quél  fué  por  el  cabildo  rescebido  é 
obedescido  para  en  todo  lo  contenido  en 
sus  poderes ;  é  comencé  luego  á  enten- 
der en  las  residencias  de  los  oydores  é 
de  los  otros  jueces  é  justicias  é  goberna- 
ción ,  é  hizo  sus  processos  é  los  cerró  é 
sentenció.  Hizo  hacer  algunos  edificios 
públicos;  reparó  los  caminos  é  cárceles 
que  estaban  abiertas ,  ó  no  como  conve- 
nían, é  proveyó  juntamente  con  el  regi- 
miento desta  cibdad,  cómo  oviesse  una 
barca  de  passaje  (que  hoy  hay  para  el 
lio  é  puerto  desta  cibdad  para  la  otra 
banda  della ) ,  con  otras  obras  públicas  y 
provechosas  á  la  república. 


La  gobernación  destas  qualro  personas 
por  la  forma  que  es  dicha,  fué  asaz  buena 
lo  que  turó ,  y  aquellos  padres  lo  hicieron 
lo  mejor  que  Dios  les  dio  á  entender;  pero 
también  entendieron  en  remover  indios. 
El  remover  los  indios  ha  seydo  una  cosa 
de  las  mas  peligrosas  que  acá  ha  ávido 
para  la  conciencia  de  los  gobernadores: 
lo  que  estos  padres  en  este  caso  hicieron 
fué  sancto ,  porque  los  quitaron  á  todos 
los  caballeros  y  privados,  á  quien  el  Rey 
Cathólico  avia  mandado  darlos,  y  no  los 
dexaron  á  ningún  ausente ,  é  diéronlos  á 
los  pobladores  é  vecinos  de  la  isla:  é  hi- 
Ciéronlos  reducir  en  pueblos ,  á  causa  que 
les  fuessen  mejor  administrados  los  sacra- 
mentos estando  juntos ,  é  fuessen  infor- 
mados de  las  cosas  de  nuestra  sancta  fé. 
Sobre  este  servicio  de  los  indios  ha  ávido 
muy  grandes  altercaciones  en  derecho  en- 
tre famosos  legistas ,  é  canonistas  é  theó- 
logos,  religiosos,  é  perlados  de  mucha 
sciencia  é  conciencia ;  diciendo  si  deben 
servir  ó  no  estos  indios,  é  si  son  capaces, 
ó  no:  é  si  esos  á  quien  se  encomiendan  los 
tienen  con  buena  conciencia,  ó  no;  é  con 
qué  calidades  é  limitaciones  se  deben  ad- 
mitir, ó  concederse  tal  tutela.  Pero  cómo 
han  seydo  muy  diferentes  en  las  opinio- 
nes en  esta  disputa ,  ningún  provecho  se 
ha  seguido  á  la  tierra  ni  á  los  indios.  Ha- 
llaron estos  padres  hierónimos  grandes 
quexas  por  causa  de  un  repartimiento  ge- 
neral que  Rodrigo  de  Alburquerque,  primo 
del  licenciado  Luis  Capata  (que  á  la  sacón 
era  el  mas  principal  en  el  consejo  del  Rey), 
avia  feciio  con  parescer  del  tesorero  Mi- 
guel de  Passamonte :  este  Rodrigo  de 
Alburquerque  era  vecino  de  la  cibdad  do 
la  Concepción  de  la  Vega  en  esta  isla,  é 
con  favor  del  dicho  licenciado  ovo  pro- 
visión del  Rey  Cathólico  para  repartir  los 
indios  con  parescer  y  voto  del  tesorero 
Miguel  de  Passamonte,  y  con  facultad  de 
poder  enmendar  otro  repartimiento  que 
avia  fecho  antes  el  almirante,  don  Diego 


DE  INDIAS.  LIB.  IV.  CAP.  11! 


105 


Colom.  Pero  tantas  é  raas  quexas  resul- 
taron desta  enmienda,  como  de  lo  que  el 
almirante  avia  primero  fecho  é  repartido; 
y  en  la  verdad  esto  es  de  calidad  que 
del  postrero  repartidor  de  los  indios  ha 
de  aver  mas  qu^as ,  aunque  sea  mejor 
mirado  que  lo  primero ;  porque  el  mudar 
la  costumbre  (y  especial  en  los  indios); 
es  cortarles  la  cabega ,  é  assi  quedó  la 
tierra  muy  dagnificada  en  toda  esta  isla. 
Y  cómo  estos  padres  hierónimos  eran  ser- 
vidores de  Dios ,  pensando  de  lo  enmen- 
dar, lo  remendaron,  e  pussieron  los  in- 
dios en  pueblos  (quitándolos  de  sus  asien- 
tos): que  fué  harto  daño,  porque  todos 
estos  remedios  resultan  en  mayor  perdi- 
ción de  aquesta  gente.  Porque  cómo  los 
chripstianos  vian  tantas  mudanzas  e  no 
avia  seguridad  que  les  avian  de  turar  los 
indios  y  dexárselos ,  ó  los  trabajaban  de- 
masiadamente,  ó  no  los  tractaban  como 
los  tractáran ,  si  no  temieran  estas  revo- 
lugiones  que  tan  á  menudo  se  hagian.  E 
aunque  algunos  comedidos  é  cathólicos 
lo  higiessen  bien ,  otros  los  desfructaban  é 
acosaban  de  manera  (con  excesivos  tra- 
bajos é  de  otras  formas)  que  presto  se 
morian. 

Pero  assi  cómo  se  redugieron  á  pue- 
blos, les  sobrevinieron  unas  viruelas 
tan  pestilenciales,  que  dexaron  estas  islas 


é  las  otras  comarcanas,  Saiict  Johan,  Ja- 
máyca  é  Cuba  asoladas  de  indios,  ó  con 
tan  pocos ,  que  paresgió  un  juigio  grande 
del  cielo.  Débese  creer  que  la  intengion 
de  aquellos  tres  religiosos  hierónimos 
fué  sancta ,  é  yo  assi  lo  tengo  por  gierto; 
porque  quitarlos  á  los  caballeros  é  pri- 
vados ausentes  fué  sanctíssimo ,  é  si  al- 
gunas mudangas  higieron  ó  proveyeron, 
fué  con  gelo  caritativo,  por  aprovechar 
á  los  mismos  indios ,  y  que  mejor  é  mas 
tiempo  se  sustentassen.  E  si  los  quitaban 
á  los  señores  é  caballeros  que  se  estaban 
en  España ,  gogando  destos  sudores  ilí- 
gitos  é  sirviéndosse  dellos ,  por  mano  de 
criados  é  de  cobdigiosos  mayordomos, 
dábanlos  estos  padres  á  los  veginos  é  po- 
bladores de  la  isla ,  é  á  los  que  avian 
pagificado  é  conquistado  la  tierra  é  la 
poblaban. 

Pero  esta  gente  destos  indios  de  sí 
misma  es  para  poco ,  é  por  poca  co- 
sa se  mueren  ó  se  ausentan  é  van  al 
monte;  porque  su  pringipal  intento  (é  lo 
que  ellos  siempre  avian  hecho  antes  que 
los  chripstianos  acá  passassen) ,  era  comer, 
é  beber,  é  folgar,  é  luxuriar,  é  idola- 
trar, é  exerger  otras  muchas  sugieda- 
des  bestiales;  de  las  quales  é  de  sus  ri- 
tos é  gerimonias  se  dirá  en  su  lugar  ade- 
lante. 


CAPITULO  III. 


De  cómo  la  Cessárea  Majestad  dio  licencia  en  cierta  forma  al  almirante  don  Diego  Colom  ,  que  (ornasse 
á  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo  d  IslaEspañola,  é  otras  cosas. 


Uespues  que  el  Rey  don  Carlos ,  nues- 
tro señor,  vino  en  buena  hora  á  España, 
el  año  de  mili  é  quinientos  é  diez  y  sie- 
te, é  fué  después  en  el  de  diez  é  nueve 
elegido  por  Rey  de  los  romanos  é  futuro 
Emperador  (la  qual  nueva  supo  Su  Ma- 
gostad en  la  cibdad  de  Bargelona) ,  esta- 
ba alli  el  almirante  don  Diego  Colom, 
TOMO  I. 


entendiendo  en  su  despacho ,  é  litigando 
con  el  fiscal  real  sobre  sus  preheminen- 
gias  é  previlegios.  E  sin  desgidirsse  la 
causa,  le  dio  Su  Magestad  ligengia  el 
año  de  mili  é  quinientos  y  veynte  en  la 
Coruña,  desde  donde  Su  Magestad  so 
embarcó  á  la  sagon  para  volver  á  Flan- 
des  :  é  por  aquella  ligengia  volvió  el  al- 


ÍOG 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


mirante  don  Diego  Golom  á  esta  cibdad 
engierta  forma,  el  qual  estaba  en  Espa- 
ña desde  el  año  de  mili  é  quinientos  é 
quinge,  ginco  años  avia.  Pero  non  obs- 
tante su  venida  ,  todavia  quedó  esta  Au- 
diengia  como  real  Ghangilleria  en  su 
prehemiaengia  é  superioridad,  y  de  la 
misma  manera  se  despachaban  ya  los  ne- 
gogios  que  á  ella  concurrían,  como  ago- 
ra lo  hagen,  aunque  después  acá  se  le  ha 
traydo  el  sello  real. 

Poco  antes  avia  el  Emperador,  nues- 
tro señor,  enviado  á  llamar  á  los  padres 
hierónimos  que  se  fuessen  á  España ;  é 
assi  lo  higieron  algunos  meses  antes  que 
el  almirante  aqui  volviesse ,  teniéndose 
Su  Magostad  por  muy  servido  dellos  en 
lo  qué  tocó  la  gobernagion :  porque  en 
la  verdad  aprovecharon  mucho  é  dieron 
industria  (con  que  se  aumentaron  los  in- 
genios de  agúcar  desta  isla) ,  én  favoresger 
á  los  que  los  fundaban,  é  ayudaban  á  los 
buenos  veginos,  é  los  allegaban,  como 
personas  notables  é  de  buen  gelo  é 
sancto  propósito.  Pero  es  de  saber  que 
quando  continuaron  estos  religiosos  y  el 
ligengiado  Alonso  Guago  esta  jurisdigion 
é  gobernagion,  acaesgió  que  estos  pa- 
dres llegados  á  esta  isla ,  é  informados 
de  los  graves  daños  é  muertes  que  so- 
brevenían á  los  indios  naturales  destas 
partes  (que  estaban  encomendados  á  ca- 
balleros é  perlados  que  residían  en  Es- 
paña é  que  tenian  favor,  é  aun  algunos 
dellos  á  cargo  los  negogios  del  Estado 
destas  partes);  porque  cómo  los  indios 
eran  traclados  por  criados  é  mayordo- 
mos de  los  tales  caballeros,  y  por  ellos 
desseado  el  oro  que  se  cogia  con  las  vi- 
das destos  indios  é  gente  miserable,  es- 
crebian  á  las  personas  pringipales  de  acá 
é  á  sus  mayordomos  que  les  enviassen 
oro;  y  cómo  todos  los  pringipales  oíi- 
giales  de  acá  eran  favoresgidos  de  aque- 
llos señores ,  el  fin  de  todos  ellos  era  ad- 
quirir, y  enviar  y  resgebir  oro,  por  lo 


qual  se  daba  exgessivo  trabajo  é  mal 
tractamiento,  á  esta  causa,  álos  indios;  é 
morian  todos  ó  tantos  dellos,  que  de  los 
repartimientos,  que  cada  qual  tenia  en 
número  dedosgientos  é  tresgientos  indios, 
brevemente  este  númer^  era  consumido 
y  acabado ,  é  tornado  á  rehager  de  los 
otros  indios  que  estaban  encomendados 
á  los  casados  é  veginos  destas  partes. 
En  manera  que  los  repartimientos  de  los 
pobladores  se  yban  diminuyendo,  é  los 
de  los  caballeros  acresgentando;  y  de 
los  unos  y  de  los  otros ,  todos  morian  con 
el  mal  tractamiento:  que  fué  potíssima 
causa  para  grand  parte  de  su  total  des- 
truigion  é  acabamiento.  Pues  cómo  los 
caballeros  fueron  gertificados  de  cómo 
los  padres  hierónimos  les  avian  quitado 
los  indios,  enviaron  luego  á  la  Gessárea 
Magostad  (que  á  la  sagon  aun  estaba  en 
sus  señoríos  de  Flandes  é  no  era  veuido 
á  España) ,  é  díxosse  que  ganaron  gierta 
gédula  ó  provission ,  enderesgada  al  li- 
gengiado Guago,  para  que  él  conosgiesse 
desta  causa  é  restituyesse  todos  los  in- 
dios que  se  les  avien  quitado  á  los  caba- 
lleros ausentes,  y  que  primeramente  les 
estaban  encomendados.  Pero  ello  no  se 
hizo ,  ni  se  les  restituyeron ;  porque  in- 
formado el  Rey  de  la  verdad ,  ovo  por 
bien  lo  que  estaba  hecho ;  é  aviendo  res- 
pecto á  no  dar  causa  para  que  aquella 
miserable  gente  é  indios  que  á  los  caba- 
lleros de  Gastilla  estaban  encomendados, 
con  el  mal  tractamiento  que  les  era  he- 
cho, en  muy  breve  peresgiessen ,  si  les 
fuessen  restituidos.  Gomo  Su  Mageslad 
lo  mandaba ,  sobreseyó  el  ligengiado  en 
la  execugion  de  las  provisiones  á  él  diri- 
gidas, é  informó  á  Su  Magostad  de  lo 
que  agerca  desto  passaba ,  é  de  cómo  los 
mas  destos  indios  se  avian  quitado  á 
personas  que  avian  seydo  conquistado- 
res en  esta  isla,  y  estaban  casados  é 
avegindados  en  ella,  é  que  los  tenian  é 
tractaban  como  á  hijos ;  é  cómo  después 


DE  INDIAS.  LIB.  IV.  CAP.  III. 


107 


que  les  fueron  quitados  y  puestos  en  po- 
der de  los  mayordomos  de  los  caballe- 
ros, y  que  no  tenían  respecto  á  mas  de 
sacar  oro  para  enviar  á  Castilla  á  sus 
señores  (que  yba  teñido  con  la  sangre  des- 
tos  indios),  todos  ellos  peresgian,  y  los 
españoles ,  cuyos  fueron ,  sin  ellos  que- 
daban destruidos,  é  desamparaban  la 
tierra;  é  la  población  de  aquesta  isla  se 
destruía  é  desmínuia.  De  lo  qual  cer- 
tificado Su  Magestad ,  tuvo  en  mucho 
servigio  lo  hecho,  é  disimuló  en  la  im- 
portunación de  los  que  pedían  los  in- 
dios. 

Pues  cómo  esto  llegó  á  notigia  de  los 
caballeros ,  sintiéronlo  mucho  por  perder 
gran  cantidad  de  oro ,  que  en  cada  año 
con  el  trabajo  destos  indios  les  era  envia- 
do ;  y  por  esto  tuvo  creydo  el  ligengiado 
^uago  que  no  fallaron  en  España  soligí- 
tadores  para  ser  removido  del  cargo.  E 
vino  proveído  para  le  tomar  resídengía 
el  ligengiado  Rodrigo  deFígueroa,  hom- 
bre asaz  astuto  y  no  poco  cobdigíosso, 
segund  después  paresgió  por  los  cargos 
que  en  su  resídengía  le  fueron  fechos  é 
probados  (como  adelante  se  dirá).  Assi 
que,  llegado  á  esta  isla,  el  año  de  mili  é 
quinientos  y  veynte,  con  las  informagio- 
nes  que  traía  de  España  contra  el  ligen- 
giado Cuago,  halló  acá  muy  grand  parte 
para  le  destruir  en  algunos  de  los  prin- 
cipales desta  isla.  E  comengóse  la  resí- 
dengía, é  apergibiéronse  en  ella  todas 
las  cibdades  é  villas  desta  isla  é  de  las 
otras  comarcanas,  é  fuéronle  pueslas 
muchas  demandas  é  acusagiones  gíviles  é 
criminales,  é  de  muy  exgesívas  cantida- 
des ;  pero  él  se  dio  tan  buen  recabdo  en 
la  defenssa  de  su  limpiega  que  finalmen- 
te todos  los  pleitos  conclusos,  con  otros 
muchos  que  se  dexaron  de  seguir,  se 
sentengiaron  por  el  ligengiado  Rodrigo 
de  Figueroa  en  favor  del  ligengiado  Cua- 


go; aunque  fué  muy  perseguido  de  los 
criados  é  servidores  de  aquellos  caballe- 
ros, á  quien  se  avian  quitado  los  indios, 
como  ya  se  díxo  (con  acuerdo  de  los  pa- 
dres hierónimos),  en  no  se  los  querer  tor- 
nar, el  ligengiado  Cuago,  mandándolo 
Su  Magestad  (por  mas  le  servir).  Y  es  de 
saber  que  el  ligengiado  Figueroa  fué  pe- 
dido por  los  enemigos  de  Cuago ,  y  es- 
cogido como  persona  muy  rigurosa  para 
que  le  destruyesse;  y  aunque  él  vino 
con  intengion  de  no  le  perdonar  alguna 
cosa  ó  culpa,  por  venial  que  fuesse, 
nunca  pudo  ni  ovo  lugar  de  le  ofender 
por  la  retitud  que  avia  usado  en  su 
ofigío. 

Estando  las  cosas  en  estos  términos, 
y  el  ligengiado  Cuago  viéndose  entre  sus 
émulos  é  personas ,  que  por  lo  que  ten- 
go dicho  é  casos  que  resultan  contra  los 
buenos  juegos  que  administran  justigia, 
en  alguna  manera  como  desfavoresgido  y 
sin  cargo,  aunque  con  mucho  favor  de 
todos  los  pobres  y  de  aquellas  personas 
á  quien  avía  administrado  justigia  en  sus 
pleitos  é  causas;  é  viendo  aun  á  otros 
muchos  que  tomaban  las  piedras  en  las 
manos  contra  él ,  á  exemplo  de  nuestro 
Redemptor  \  ascendióse  de  todos  ellos  é 
pasóse  á  la  Isla  de  Cuba,  con  poder  que 
le  dio  el  almirante  don  Diego  Colom, 
para  la  gobernar ;  en  el  qual  ofigío  se 
ovo,  como  adelante  se  dirá  en  el  lugar 
que  convenga.  Assi  que  ydo  el  ligen- 
giado Cuago  á  Cuba,  quedó  absoluto  en 
la  gobernagion  desta  isla  aquel  juez  de 
resídengía,  llamado  el  ligengiado  Ro- 
drigo de  Figueroa,  el  qual  no  dexó  de 
qué  se  le  pudiessedar  gragiasen  quanto 
acá  estuvo ,  puesto  que  no  le  turó  tanto 
el  cargo  como  él  quisiera.  Yo  passé  por 
esta  cíbdad ,  el  año  de  mili  é  quinientos 
y  veíate,  yendo á  la  Tierra-Firme,  é  su- 
pe de  los  desta  cíbdad,  é  aun  de  algu- 


1     Job,  cap.  VIH. 


1Ü8 


HISTORIA  GEiNEiUL  Y  NATURAL 


nos  de  los  principales  della,  que  era 
juez  muy  perjudicial  é  cobdigiosso ;  é 
dixe  á  quien  esto  me  degia,  que  por  qué 
no  daban  notigia  de  aquello  á  Su  Mages- 
tad ,  para  que  lo  mandasse  remediar ,  é 
fuéme  respondido  estas  palabras:  «¿Có- 
mo nos  han  de  creer ,  que  nosotros  le  pedi- 
mos?» Luego  bien  dixe  de  suso  que  avia 
seydo  juez  granjeado  é  pedido  por  apas- 
sionados  contra  Cuago.  Y  assi  este  juez, 
como  conosgia  él  de  sus  obras  que  no 
avia  de  permanesger  en  el  cargo  que  te- 
nia ,  recogió  todo  el  oro  é  perlas  que  él 
pudo  asir,  é  fuesse  á  España  (ó  mejor 
digiendo  higiéronle  yr,  porque  su  cobdi- 
gia  era  insagiable,  é  su  conversagion  no 
de  juez  que  se  debiesse  comportar); 
porque  después  que  en  esta  cibdad  le  fué 
tomada  residengia  é  le  pusieron  muchas 
demandas  en  ella ,  é  acusagiones  crimi- 
nales, fué  condepnado  en  muchas  de 
ellas  é  apeló  para  el  real  Consejo  de  In- 
dias, que  reside  en  la  corte  de  Su  Ma- 


gestad ,  é  alli  se  vído  su  residengia :  de 
la  qual  resultó  una  sentengia  contra  él, 
pronungiada  en  la  cibdad  de  Toledo,  año 
de  mili  é  quinientos  é  veynte  é  ginco, 
bien  rigurosa  é  fea;  condenándole  en 
quatro  tantos  de  cohechos  é  robos  que 
avia  llevado  en  esta  cibdad  de  Sancto  Do- 
mingo é  en  esta  Isla  Española ,  con  otras 
condenagiones  de  penas  pecuniarias ,  no 
bien  sonantes,  é  privándole  de  tener 
ofigio  de  juzgado  real.  La  qual  senten- 
gia original  yo  vi  é  ley  firmada  de  los 
señores  del  Consejo  Real  de  Indias  en 
aquella  misma  sagon  en  Toledo;  des- 
de donde  este  ligengiado  se  fué  á  Se- 
villa en  fiugia  de  un  amigo  suyo,  natu- 
ral de  Camera,  de  donde  era:  el  qual 
gobernaba  la  casa  del  duque  de  Medi- 
na Sidonia ,  y  este  se  llamaba  el  comen- 
dador Alonso  de  Sotelo ,  el  qual  le  me- 
tió por  letrado  de  la  casa  é  estado  de 
Medina  Sidonia,  donde  murió  desde  á 
poco  tiempo. 


CAPITULO  IV. 


En  que  se  fracla  la  rebelión  de  los  negros  é  del  castigo  que  el  alniiranle,   don  Dieg-o   Colom  ,  hizo    en 

ellos  ,  etc. 


Fi 


ué  un  caso  de  mucha  novedad  en  esta 
isla ,  é  pringipio  para  mucho  mal  (si  Dios 
no  lo  atajara)  la  rebelión  de  los  negros; 
y  no  seria  razón  que  cosa  tan  señalada  se 
dexase  de  escrebir ,  porque  si  se  callasse 
la  forma  de  cómo  passó,  también  se  ca- 
llarla el  servigio  que  algunos  hombres  de 
honra  de  aquesta  cibdad  en  ello  higieron. 
Y  porque  esta  culpa  no  se  me  pueda  dar, 
ni  se  crea  que  queda  por  mi  de  inquerir 
la  verdad  del  fecho ,  diré  lo  que  en  este 
caso  he  podido  saber  de  personas  que  en 
ello  pussieron  las  manos;  y  tenga  por 
gierto  el  que  lee ,  que  si  algo  se  dexa 
de  degir ,  que  será  por  falta  de  los  que 
informan  y  no  del  que  escribe.  Assi  que, 


diré  lo  sustangial  deste  movimiento  y  al- 
teragion  de  los  negros  del  ingenio  del  al- 
mirante, don  Diego  Colom:  que  por  sus  es- 
clavos fué  pringipiado  este  algamiento  (y 
no  por  todos  los  que  tenia) ;  é  diré  lo  que 
del  mismo  almirante  é  de  otros  caballe- 
ros é  hombres  pringipales  supe  desta  ma- 
teria; y  es  aquesto. 

Hasta  veynte  negros  del  almirante,  y 
los  mas  de  la  lengua  de  los  jolophes,  de 
un  acuerdo ,  segundo  dia  de  la  Natividad 
de  Chripsto,  en  pringipio  del  año  de  mili 
é  quinientos  é  veynte  édos,  saheron  del 
ingenio  é  fuéronse  á  juntar  con  otros  tan- 
tos que  con  ellos  estaban  aliados  en  gier- 
ta  parto.  E  después  que  estovieron  juntos 


DE  INDIAS.  LIB.  IV.  CAP.  IV. 


109 


hasta  quarenta  dellos ,  mataron  algunos 
chripstianos  que  estaban  descuydados  en 
el  campo ,  é  prosiguieron  su  camino  para 
adelante,  la  via  de  la  villa  de  Agua.  Sú- 
pose luego  la  nueva  en  esta  cibdad ,  por 
aviso  que  dio  el  ligengiado  Chripslóbal 
Lebrón  que  estaba  en  un  ingenio  suyo;  y 
sabido  el  mal  propóssito  é  obra  de  los 
negros ,  luego  cabalgó  el  almirante  en  se- 
guimiento dellos,  con  muy  pocos  de  ca- 
ballo y  de  pié.  Pero  por  la  diligengia  del 
almirante  é  buen  provehimiento  desta 
Audiencia  Real,  fueron  tras  él  todos  los 
caballeros  é  hidalgos ,  é  los  que  ovo  de 
cabíiilo  en  esta  cibdad  é  por  la  comarca; 
y  el  segundo  dia  después  que  aqui  se  su- 
po ,  fué  á  parar  el  almirante  á  la  ribera 
del  rio  de  Nigao  ,  é  alli  se  supo  que  los 
negros  avian  llegado  á  un  hato  de  vacas 
de  jMelchior  de  Castro  ,  escribano  mayor 
dé  minas ,  é  vegino  desta  cibdad ,  nueve 
leguas  de  aqui;  donde  mataron  á  un 
cliripstiano ,  albañir  que  estaba  alli  la- 
brando ,  é  tomaron  de  aquella  estangia 
un  negro  é  doge  esclavos  otros  indios, 
é  robaron  la  casa ;  y  hecho  todo  el  daño 
que  pudieron,  passaron  adelante,  hagien- 
do  lo  mismo  y  pesándoles  de  lo  que  no 
se  les  ofresgia,  para  hagerlo  peor. 

Después  que  en  el  discurso  de  su  viaje 
ovieron  muerto  nueve  chripstianos ,  fue- 
ron á  asentar  real  á  una  legua  de  Ocoa, 
que  es  donde  está  un  ingenio  poderoso 
del  ligengiado  Cuago ,  oydor  que  fué  en 
esta  Audiengia  real ;  con  delerminagion 
que  el  dia  siguiente,  en  esclaresgiendo, 
pensaban  los  rebeldes  negros  de  dar  en 
aquel  ingenio  é  matar  otros  ocho  ó  diez 
chripstianos  que  alli  avia,  érehagerse  de 
mas  gente  negra.  E  pudiéranlo  hager, 
porque  hallaran  mas  de  otros  giento  é 
veynle  negros  en  aquel  ingenio ;  con  los 
quales  si  se  juntaran ,  tenian  pensado  de 
yr  sobre  la  villa  de  Agua  y  meterla  á  cu- 
chillo y  apoderarse  de  la  tierra  ,  juntán- 
dose con  otros  muchos   mas  negros  que 


en  aquella  villa  hallaran  de  otros  inge- 
nios. E  sin  dubda  se  juntaran  á  su  mal 
intento ,  si  la  Providengia  Divina  no  lo 
remediara  de  la  manera  que  lo  remedió. 
Assi  que,  llegado  el  almirante  á  la  ri- 
bera de  Nigao ,  como  he  dicho ,  é  sabi- 
dos los  daños  ya  dichos  que  los  negros 
yban  hagiendo  por  el  camino  que  lleva- 
ban, acordó  de  parar  alli  aquella  noche, 
porque  la  gente  que  con  él  yba  reposasse, 
é  los  que  atrás  quedaban  le  pudiessen  al- 
cangar,  para  partir  de  alli  otro  dia  al 
quarto  del  alba ,  en  seguimiento  de  los 
malfechores.  Es  de  saber  que  entre  los 
que  alli  se  hallaron  con  el  almirante  es- 
taba Melchior  de  Castro,  vegino  desta  cib- 
dad ,  al  qual  avian  fecho  en  su  hagienda 
y  estangia  el  daño  que  se  dixo  de  suso; 
é  cómo  le  dolia  su  proprio  trabajo  (de- 
mas  é  allende  del  general  de  todos  que 
se  aparejaba) ,  acordó  de  se  adelantar  con 
dos  de  caballo ,  sin  degir  cosa  alguna  al 
almirante ;  porque  creyó  que  si  le  pedia 
ligengia ,  no  se  la  daria  ni  le  dexaria  yr 
tan  solo  adelante,  quedando  el  'almirante 
é  gente  donde  es  dicho.  E  secretamente 
se  salió  del  real  é  fué  á  su  estangia  é  hato 
de  sus  vacas ,  y  enterró  el  albañir  que  alli 
avian  matado  los  negros,  é  halló  su  casa 
sola  é  robada :  alli  se  juntó  con  él  otro 
chripstiano  de  caballo,  é  determinó  de  yr 
adelante:  é  desde  alli  envió  á  degir  al  al- 
mirante que  él  se  yba  en  seguimiento  de 
los  negros  con  tres  de  caballo  que  con  él 
estaban,  y  que  le  suplicaba  que  le  envias- 
se  alguna  gente,  porque  él  yba  con  deler- 
minagion de  entretener  los  negros,  en  tan- 
to que  los  chripstianos  con  su  señoría  lle- 
gassen ,  puesto  que  él  y  los  que  con  él 
yban  eran  pocos.  Sabido  esto  por  el  al- 
mirante le  envió  luego  nueve  de  caballo 
é  siete  peones,  los  quales  le  alcangaron; 
é  juntados  con  Melchior  de  Castro ,  fue- 
ron por  todos  doge  de  caballo ,  é  siguie- 
ron á  los  negros  hasta  donde  es  dicho 
que  estaban.  Entre  esta  gente  de  caballo 


A\0 


HISTORIA  GEiNEIUL  Y  rsATUIUL 


que  el  almirante  envió  á  tener  compañía  á 
Melchior  de  Castro,  para  detener  los  ne- 
gros rebelados ,  fué  el  pringipal  Francis- 
co Dávila,  vegiuo  desta  cibdad  (que  ago- 
ra es  uno  de  los  regidores  della] ;  é  pro- 
siguiendo su  camino,   al  tiempo  que  el 
lugero  del  dia  salía  sobre  el  horizonte,  se 
hallaron  á  par  de  los  negros :  los  quales, 
assi  como  sintieron  estos  caballeros ,  se 
acaudillaron  é  con  gran  grita ,  fechos  un 
esquadron,  atendieron  á  los  de  caballo. 
Los  caballeros ,  viendo  la  batalla  apare- 
jada, sin  atender  al  almirante  por  las 
causas  que  es  dicho,  é  no  esperar  que 
los  negros  se  juntassen  con  los  de  aquel 
ingenio,   determinaron  de  romper  con 
ellos ,  é  embragaron  sus  daragas,  é  pues- 
tas sus  langas  de  encuentro  ,  llamando  á 
Dios  y  al  apóstol  Sanctiago ,  todos  doge 
de  caballo  fechos  un  esquadron ,  de  po- 
cos ginetes  en  número ,  pero  de  animo- 
sos varones,  estribera  con  estribera,   á 
rienda  tendida,  dieron  por  medio  del  ba- 
tallón contra  toda  aquella  gente  negra, 
que  los  atendió  con  mucho  ánimo  para 
resistir  el  ímpetu  de  los  chripstianos;  pe- 
ro los  caballeros  los  rompieron,  épassa- 
ron  de  la  otra  parte.  Edeste  primero  en- 
cuentro cayeron  algunos  de  los  esclavos; 
pero  no  dexaron  por  esso  de  juntarse  en- 
continente,  tirando  muchas  piedras  é  va- 
rase dardos,  é  con  otra  mayor  grita  aten- 
dieron el  segundo  encuentro  de  los  ca- 
balleros chripstianos.  El  qual  no  se  les 
dilató,  porque  no  obstante  su  resistengia 
de  muchas  varas  tostadas  que  laucaban, 
revolvieron  luego  los  de  caballo  sobre 
ellos  con  el  mismo  apellido  de  Sanctia- 
go, é  con  mucho  denuedo  dando  en  ellos, 
los  tornaron  á  romper  passando  por  me- 
dio de  los  rebelados :  los  quales  negros, 
viéndose  tan  emproviso  apartados  unos 
de  otros  é  con  tanta  determinagion  é  osa- 
día de  tan  pocos  é  tan  valientes  caballe- 
ros acometidos  é  desbaratados ,  no  osa- 
ron esperar  el  tergero  encuentro  ,  que  ya 


se  ponia  en  execugion.  E  volvieron  las 
espaldas,  puestos  en  huyda  por  unas  pe- 
ñas é  riscos  que  avia  gerca  de  donde  este 
vengimiento  passó,  é  quedó  el  campo  é 
la  victoria  por  los  chripstianos  ,  é  alli 
tendidos  muertos  seys  negros,  é  fueron 
heridos  dellos  otros  muchos;  y  al  dicho 
Melciiior  de  Castro  le  passaron  el  brago 
izquierdo  con  una  vara  y  quedó  mal  he- 
rido. E  los  vengedores  quedaron  alli  en 
el  campo  hasta  que  fué  de  dia ,  porque 
como  era  de  noche  y  muy  escura  é  la 
tierra  áspera  é  arborada  en  partes,  no  pu- 
dieron ver  á  los  que  huian ,  ni  por  don- 
de yban ;  pero  sin  se  apartar  del  mismo 
lugar  donde  esto  avia  passado ,  hizo  lla- 
mar Melchior  de  Castro,  por  voz  de  un 
vaquero  suyo;  al  negro  é  indios  suyos 
que  le  avian  robado  los  negros  de  su  es- 
tangia ;  é  luego  cómo  conosgieron  la  voz 
del  que  los  llamaba ,  los  recogió  é  se  vi- 
nieron todos,  porque  estando  ahy  gerca 
escondidos  entre  las  malas  é  de  oirle  é 
conosgerle  en  la  voz  se  aseguraron ,  y  se 
fueron  é  su  señor  con  mucho  plager. 

Assi  como  fué  de  dia  claro ,  Melchior 
de  Castro  é  Frangisco  Dávila  é  los  otros 
pocos  de  caballo  que  en  este  trange  hon- 
roso se  hallaron,  se  fueron  al  ingenio  del 
ligengiado  Alonso  Cuago  á  reposar.  E  lle- 
gó el  almirante ,  é  la  gente  que  con  él 
yban  aquel  dia  quasi  á  hora  de  vísperas; 
y  de  lo  que  hallaron  fecho  todos  los 
chripstianos  dieron  muchas  gragias  á 
Dios,  nuestro  Señor,  por  la  victoria  ávida: 
porque  aunque  estos  negros  rebelados  no 
eran  de  mucho  número ,  yban  encamina- 
dos con  su  mala  intengion  é  obra  donde 
dentro  de  quinge  dias  ó  veynte,  no  yén- 
doles  á  la  mano ,  fueran  tantos  y  tan  ma- 
los de  sobjuzgar,  que  no  se  pudiera  ha- 
ger  sin  gastarse  tiempo  y  muchas  vidas 
de  chripstianos.  Sea  Dios  loado  por  el 
buen  subceso  desta  victoria,  que  en  cali- 
dad fué  grande. 
El  almirante  mandó  á  Melchior  de  Cas- 


DE  INDIAS.  LIB.  IV.  CAP.  IV. 


111 


tro  que  se  viniesse  á  esta  cibdad  de  Sáne- 
lo Domingo  para  que  se  curasse ,  como 
lo  hizo;  y  quedando  el  almirante  en  el 
campo ,  hizo  buscar  con  tanta  diligencia 
los  negros  que  avian  escapado  de  la  ba- 
talla y  eran  culpados,  que  enginco  óseys 
dias  se  tomaron  todos,  é  mandó  hager 
justicia  dellos  é  quedaron  sem'  rados  á 
trechos  por  aquel  camino,  en  muchas  hor- 
cas. Pero  como  los  que  escaparon  de  la 
batalla  se  avian  metido  en  partes  áspe- 
ras, fué  nesgesario  que  los  siguiesse  gente 
de  pié,  de  la  qual  fué  por  capitán  Pero 
Ortiz  de  Maliengo,  el  qual  los  siguió  é 
peleó  con  ellos  é  mató  á  algunos  é  pren- 
dió á  aquellos,  de  quien  se  hizo  la  jus- 
ticia que  he  dicho.  Y  en  la  verdad  este 
hidalgo  se  ovo  como  muy  varón  en  esto, 
segund  la  dificultad  é  aspereza  de  la  tier- 
ra, donde  los  alcangó  é  desbarató  á  los 
fugitivos.  Por  manera  que  la  diligengia 
de  Melchior  de  Castro,  mediante  Dios  y 
el  esfuerzo  dél  y  de  Frangisco  Dávila, 


que  fué  en  su  ayuda  é  socorro ,  por  ca- 
pitán, como  es  dicho,  de  aquellos  ocho 
caballeros  que  juntados  con  Melchior  de 
Castro  todos  fueron  doge  de  caballo,  sa- 
lió el  vengimiento  á  tan  buen  fin  é  vic- 
toria, como  es  dicho,  y  el  castigo  ovo 
perfecta  execugion  por  el  animoso  exe- 
-cutor  que  siguió  los  negros  é  mató  parte 
dellos  é  prendió  los  restantes,  para  colo- 
callos  en  la  horca  é  horcas.  Y  fecho  este 
castigo ,  el  almirante  se  tornó  á  esta  cib- 
dad :  en  lo  qual  él  cumplió  muy  bien  con 
el  servigio  de  Dios  y  de  Sus  Magestades 
y  con  quien  él  era ;  y  desta  manera  que- 
daron los  negros  que  se  levantaron  pe- 
nitengiados,  como  convino  á  su  atrevi- 
miento é  locura ,  é  todos  los  demás  es- 
pantados para  adelante  y  gertificados  de 
lo  que  se  hará  con  ellos,  si  tal  cosa  les 
passare  por  pensamiento ,  sin  que  se  tar- 
de mas  en  castigarlos  de  quanto  se  tar- 
dare la  ventura  suya  en  descubrir  su  mal- 
dad. 


CAPITULO  V. 

De  como  el  ahniranle  don  Diego  Colom  volvió  á  España ,  por  mandado  de  la  Cesárea  Majestad  ,  y  de  có- 
mo el  licenciado  Lúeas  Vázquez  de  Ayllon  ,  oydor  desla  Audiencia  Real,  fue'  á  cierta  gobernación  de  Tier- 
ra-Firme, donde  murió,  y  de  cómo  se  han  subcedido  oíros  jueces  é  oydorcs  en  esta  Real  Audiencia  ,  é 

otras  cosas  que  locan  á  la  historia. 


'icho  se  ha  de  a  manera  que  el  almi- 
rante segundo ,  don  Diego  Colom ,  vol- 
vió á  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo, 
donde  estaban  por  juegos  en  estachangi- 
lleria  éAudiengia  Real  los  lig.engiados  que 
primero  se  dixo,  llamados  Margólo  de  Vi- 
llalobos, Johan  Ortiz  de  Matiengo,  Lúeas 
Vázquez  de  Ayllon,  é  Chripstóbal  Le- 
brón ,  que  estaba  yaresgebido  por  oydor. 
E  cómo  no  faltaron  contiendas  entre  el 
almirante  é  los  oydores  sobre  las  cosas 
de  la  jurisdigion  ,  fué  el  ligengiado  Ayllon 
á  España ,  assi  sobre  eso ,  como  sobre  sus 
negogios   proprios,  é  á  procurar  gierta 


gobernagion  é  descubrimiento  en  la  Tier- 
ra-Firme ,  á  la  banda  del  norte  ( que  no 
debiera).  E  Su  Magostad  le  hizo  merged 
de  la  capitania  general  é  gobernagion ,  é 
le  dio  el  hábito  de  Sanctiago.  Y  después 
que  estuvo  en  la  corte  é  hizo  allá  rela- 
gion  de  las  cosas  de  acá  ,  envió  Su  Ma- 
gostad á  llamar  al  almirante ,  don  Diego 
Colom,  porque  avian  ydo  algunas  que- 
xas  dél ,  y  de  quien  el  almirante  mas 
enojo  y  quexa  tenia  era  del  ligengiado 
Ayllon,  porque  creía  que  le  avia  fecho 
daño  con  sus  i nform agiónos,  seyendo 
mucho  su  amigo.  Y  assi  se  partió  desta 


112 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


cibdad  de  Sancto  Domingo  á  diez  y  seys 
dias  de  septiembre  de  mili  é  quinientos 
é  veynte  é  tres  años.  Llegado  en  España, 
se  fué  á  la  corte  del  Emperador ,  nuestro 
señor,  á  donde  llegó  el  año  siguiente  de 
mili  é  quinientos  é  veynte  é  quatro ,  en 
el  mes  de  enero ,  estando  Su  Magostad 
en  la  cibdad  de  Vitoria.  E  luego  el  almi- 
rante comenzó  á  entender  en  sus  pleytos 
é  negogios  ,  hasta  que  SuMagestad,  des- 
pués, en  el  año  de  mili  e  quinientos  ó 
veynte  y  ginco,  se  partió  de  Toledo  para 
Sevilla;  y  al  tiempo  que  el  almirante 
partió  de  Sevilla  para  la  corte,  que  fué 
en  el  mes  de  diciembre  de  mili  é  qui- 
nientos é  veynte  é  tres ,  en  la  misma 
sagon  venia  el  ligengiado  Ayllon  para 
Sevilla  de  camino  para  esta  isla.  Y  ve- 
nido aqui ,  hizo  después  aquella  su  ar- 
mada para  aquella  su  gobernación  que 
he  dicho ;  de  donde  nunca  volvió ,  y  mu- 
rió allá  desde  á  poco  tiempo  que  llegó 
con  otros  muchos ,  que  de  mal  conseja- 
dos le  siguieron ,  después  de  aver  gasta- 
do mucha  parte  de  su  hacienda.  Y  en  la 
verdad  él  se  ocupó  en  lo  que  le  complia 
no  meterse,  porque  aqui  estaba  rico  é 
honrado ,  y  era  uno  de  los  oydores  desta 
Audiengia  Real  que  en  esta  cibdad  reside, 
y  de  los  mas  antiguos  en  ella;  é  no  conten- 
to desto ,  buscó  la  muerte  para  sí  é  para 
otros ,  de  la  manera  que  mas  particular- 
mente se  dirá  en  la  segunda  parte  destas 
historias ;  porque  destos  descubrimientos 
de  la  Tierra-Firme  hay  muchas  historias 
y  cosas  que  notar ,  las  quales  se  reservan 
para  en  su  lugar ,  y  quando  lleguemos  á 
ellas  se  dirá  de  cada  una  en  particular  lo 
que  convenga  en  sus  lugares  proprios, 
porque  son  cosas  que  tocan  á  la  segunda 
parte  desta  General  y  natural  Historia  de 
Indias. 

Tornando  al  propósito  de  los  jueges, 
digo  que  ydo  el  ligengiado  Ayllon ,  que- 
daron residiendo  en  esta  Chancilleria  por 
oydores  los  ligcngiados  que  primero  di- 


xe,  Villalobos,  Matiengo,  é  Lebrón  ;  é  no 
desde  á  mucho  tiempo  fué  á  España  el  li- 
gengiado Matiengo  ,  é  le  proveyó  Su  Ma- 
gostad de  oydor  en  la  Nueva  España. 
Desde  á  poco  tiempo  murió  el  ligengiado 
Villalobos ;  por  manera  que  quedó  esta 
Audiengia  con  solo  el  Ugengiado  Lebrón. 
Desde  á  poco  fué  proveído  por  oydor  el 
ligengiado  Alonso  Cuago ,  del  qual  tengo 
dicho  que  vino  á  esta  cibdad  con  los  pa- 
dres hierónimos,  á  quien  tomó  residen- 
gia  el  ligengiado  Figueroa ;  y  hecha  aque- 
lla ,  fué  por  gobernador  á  Cuba,  en  nom- 
bre del  almirante ;  y  desde  aquella  isla 
passó  á  la  Nueva  España ;  y  en  el  camino 
se  perdió  en  las  islas  de  los  Alacranes ,  y 
de  allí  escapó  miraglosamente  é  prosi- 
guió su  camino ;  y  Hernando  Cortés  le  dio 
cargo  de  la  justigia  de  la  Nueva  España; 
y  estando  allá  gobernándola ,  fué  preso  y 
traydo  á  la  isla  de  Cuba,  á  hager  allíre- 
sidengia  del  tiempo  que  allí  fué  juez ,  é 
la  gobernó ;  é  dio  tal  cuenta  de  sí  como 
adelante  se  dirá,  donde  se  tractará  de 
muchas  cosas  notables  que  por  él  passa- 
ron  en  el  último  libro  de  los  Infortunios  y 
naufragios.  Assi  que  por  su  retitud  é  servi- 
gios  é  persona  la  Cesárea  Magostad,  como 
gratíssimo  príncipe,  informado  de  la  ver- 
dad ,  y  viendo  que  á  su  real  servigio  con- 
venia que  tal  juez  aqui  en  esta  Real  Au- 
diengia assistiesse,  como  hombre  que 
tanta  experiengia  tenia  de  las  cosas  des- 
tas  partes ,  se  quiso  servir  del  por  su  oy- 
dor, é  le  mandó  aqui  residir:  hasta  la 
qual  clecgion  de  su  persona  passaron  por 
este  caballero  muchas  desaventuras  y  tra- 
baxos ,  y  grandes  experiengias  de  su  pa- 
giengia. 

Después  de  lo  que  es  dicho ,  entró  por 
oydor  el  ligengiado  Gaspar  de  Espino- 
sa, en  lugar  del  ligengiado  Villalobos. 
Este  vino  assi  mismo  por  juez  de  resi- 
dengia ,  la  qual  tomó  á  los  oydores  é  á 
las  otras  justigias,  é  fué  un  tiempo  abso- 
luto é  solo  en  la  gobernagion,  aunque  no 


DE  INDIAS.  LIB.  IV.  CAP.  V. 


113 


bien  quisto  de  algunos,  puesto  qije  assi 
mesmo  otros  degian  bien  del.  Y  no  me 
maravillo  de  cosa  que  oyga  degir  de  juez 
en  estas  partes ;  porque  demás  de  ser  so- 
lo Dios  el  que  podria  contentar  á  todos, 
siempre  en  las  tierras  nuevas  son  peligro- 
sos semejantes  ofigios  ,  assi  para  el  cuer- 
po, como  para  el  ánima.  Passada  la  re- 
sidencia, quedaron  juntamente  en  esta 
Real  Aaudiengia  los  ligengiados  Lebrón  y 
^uago  y  Espinosa;  pero  desde  á  poco 
tiempo  se  passó  á  vivir  á  la  Tierra -Fir- 
me ,  donde  tenia  giertos  indios  de  repar- 
timiento ,  que  le  servian ,  desde  que  allí 
avia  seydo  alcalde  mayor  de  Pedrarias 
Dávila ,  en  la  provingia  que  llaman  Cas- 
tilla del  Oro ,  como  mas  largamente  se 
dirá,  quando  de  aquella  tierra  se  tráete  y 
escriba.  Ido  Espinosa  donde  he  dicho, 
entró  en  su  lugar  en  esta  Audiengia  el 


doctor  Rodrigo  Infante ,  é  porque  ya  era 
muerto  el  ligengiado  Chripstóbal  Lebrón, 
entró  en  su  lugar  el  ligengiado  Johan  de 
Vadillo,  que  estaba  en  esta  cibdad  de 
Sancto  Domingo  desde  el  año  de  mili  é 
quinientos  é  veynte  y  ginco  ,  entendien- 
do en  las  cuentas  y  debdas  delahagien- 
da  real ;  y  estos  tres  oydores ,  conviene 
saber,  ligengiado  Cuago,  doctor  Infante, 
y  el  ligengiado  Johan  de  Vadillo ,  residie- 
ron en  esta  Real  Audiengia ,  é  goberna- 
ron esta  isla  é  otras,  conosgiendo  de  las 
apelagiones  de  mucha  parte  de  la  Tierra- 
Firme  ,  juntamente  con  el  muy  reverendo 
é  noble  señor  el  ligengiado ,  don  Alon- 
so de  Fuenmayor,  presidente  por  Sus 
Magostados,  que  llegó  á  esta  cibdad 
en  el  tiempo  que  adelante  se  dirá:  el 
qual  al  presente  es  obispo  desta  Sancta 
Iglesia . 


CAPITULO  VI. 


Del  subeesso  é  vida  del  segundo  almirante,  don  Diego  Colom,  después  que  volvió  á  España  é  llegó  á  la 
corle  en  la  cibdad  Vitoria,  é  hasta  que  murió  en  la  Puebla  de  Montalban,  é  otras  cosas,  concer- 
nientes al  discurso  desta  historia. 


Uicho  se  ha  cómo  el  almirante  segun- 
do ,  don  Diego  Colom ,  fué  por  mandado 
de  la  Cessárea  Magostad  á  España  é  lle- 
gó á  la  corte  en  el  mes  de  enero  del  año 
de  mili  é  quinientos  é  veynte  y  quatro, 
estando  el  Emperador,  nuestro  señor 
en  la  cibdad  de  Vitoria;  é  alli  entendió 
luego  en  sus  negogios  é  pleytos  con  el 
fiscal  real  (que  de  tiempo  atrás  pendían), 
todo  el  tiempo  que  Su  Magostad  é  su 
Consejo  Real  de  Indias  estuvieron  en 
aquella  cibdad,  é  después  en  la  de  Bur- 
gos ,  é  después  en  Valladolid ,  é  después 
en  Madrid,  é  últimamente  en  la  cibdad 
de  Toledo  hasta  el  año  de  mili  é  qui- 
nientos é  veynte  y  seis ,  que  Su  Magostad 
se  partió  de  alli  para  Sevilla.  En  la  qual 

sagon  el  almirante  avia  adolesgido  é  es- 
TOMO  I. 


taba  ya  muy  enfermo  é  flaco  :  é  con  todo 
su  trabajo  é  indispusigion ,  partido  Su 
Magostad ,  se  quisso  ir  tras  él ,  é  acor- 
dó de  hager  su  camino  por  Nuestra  Se- 
ñora de  Guadalupe.  Y  dos  dias  antes  de 
su  partida,  le  dixe  que  me  paresgia  que 
no  agertaba  en  ponerse  en  tan  largo  ca- 
mino ,  estando  tal  como  estaba ,  é  assi  se 
lo  dixeron  otros  sus  smigos  é  servidores, 
consejándole  que ,  pues  estaba  en  Tole- 
do ,  donde  no  faltaban  médicos  singula- 
res ni  mediginas ,  é  las  otras  cosas  que 
conviniessen  para  se  curar ,  que  no  se 
fuesse  en  manera  alguna ,  porque  su  mal 
no  se  aumentasse;  y  que  se  estoviesse 
quedo,  hasta  que  convalesgiesse  é  to- 
viesse  salud.  E  respondió  que  se  sentía 

mejor,  y  que  eo  penssar  que  yba  hágia 
45 


414 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


las  Indias ,  do  estaban  su  muger  é  hijos, 
y  en  yr  á  Sevilla  la  corte ,  le  paresQia  que 
estaba  ya  sano ;  y  que  él  se  queria  yr  por 
nuestra  Señora ,  Sancta  María  de  Guada- 
lupe ,  porque  esperaba  que  ella  le  daria 
esfuergo  para  tal  jornada;  y  que  en  su 
bendita  casa  queria  tener  novenas,  y 
desde  ella  yrse  tras  el  Emperador,  nues- 
tro señor.  Y  aunque  le  fué  replicado, 
estorbándole  su  partida,  no  aprovechó, 
porque  avia  de  ser  su  fin ,  donde  Dios  lo 
tenia  ordenado.  E  assi  continuando  su 
voluntad,  determinó  de  hagersu  camino, 
é  partiósse  de  Toledo  un  miércoles,  veyn- 
te  y  uno  de  hebrero  de  aquel  año  de  mili 
é  quinientos  é  veynte  y  seis ,  y  en  una  li- 
tera ó  andas  llegó  aquel  dia  á  una  villa 
de  don  Alonso  Tellez  Pacheco ,  que  se 
llama  la  Puebla  de  Montalban  (que  es  á 
seis  leguas  de  Toledo).  E  alli  le  aquexó 
luego  el  mal  de  tal  manera ,  que  el  jue- 
ves siguiente  ordenó  su  ánima,  como  ca- 
thólico  chripstiano ,  el  qual  se  avia  con- 
fessado  é  comulgado  el  dia  antes ,  que 
fué  el  mismo  que  de  Toledo  partió ;  y  el 
viernes ,  que  se  contaron  veynte  y  tres  de 


hebrero ,  á  las  nueve  horas  de  la  noche, 
espiró  con  mucha  contrición  é  acuerdo, 
dando  gracias  á  Dios  Nuestro  Señor,  é 
con  grandíssima  pagiengia  é  atención 
encomendándose  al  Redemptor  é  á  su 
gloriosa  Madre,  dio  el  espíritu  á  Dios; 
y  assi  se  debe  creer  que  su  ánima  fue  á 
la  celestial  gloria.  E  quiso  Nuestro  Se- 
ñor que  para  su  consolagion  é  ayudarle  á 
bien  morir ,  se  hallassen  quatro  religio- 
sos de  la  Orden  de  Sanct  Frangisco  con 
él;  porque  desta  religión  era  muy  de- 
voto ,  y  estos  estuvieron  alli  acordándo- 
le lo  que  á  su  salvagion  convenia  hasta 
la  última  hora  é  punto.  Assi  cómo  espi- 
ró ,  sus  criados  tomaron  su  cuerpo  é  lle- 
váronle á  Sevilla  al  monesterio  de  las 
Cuevas,  de  la  Orden  de  Cartuxa,  é  pus- 
siéronle  alli  en  depósito ,  junto  al  cuerpo 
de  su  padre ,  el  almirante  primero  don 
Chripstóbal  Colom.  Desta  manera  que  es 
dicho  acabó  el  almirante ,  don  Diego  Co- 
lom, esta  misserable  vida.  E  subgedió 
en  su  casa  é  título ,  su  hijo  mayor  don 
Luis  Colom,  tergero  almirante  en  este 
Estado  é  casa  suya. 


CAPITULO  VIL 

Be  la  subeesion  del  tercero  almirante  deslas  Indias,  llamado  don  Luis  Colom,  é  de  cómo  su  madre, 
la  vireyna,  fué  á  España  á  seguir  los  pleitos  que  su  marido  el  almirante,  don  Diego  Colom,  Iraclaba 
con  el  fiscal  real  sobre  sus  privilegios ;  y  de  cómo  vino  por  presidente  á  esta  Audiencia  Real  el  obis- 
po de  aquesta  cibdad  de  Sancto  Domingo  é  de  la  Concepción  de  la  Vega,  don  Sebastian  Ramírez  de 

Fuenleal. 


V>4Ómo  en  esta  cibdad  se  supo  la  muer- 
te del  almirante ,  don  Diego  Colom ,  lue- 
go se  llamó  almirante  su  hijo  mayor  don 
Luis  Colom ,  que  á  la  sagon  seria  de  po- 
co mas  de  seis  años ,  ó  no  los  avria .  Y 
pocos  dias  antes  avia  venido  á  esta  isla 
por  juez  de  residengia,  el  ligengiado 
Gaspar  de  Espinosa ,  como  tengo  dicho, 
y  en  tanto  que  aqueste  juzgado  le  turó 
él  gobernó  aquesta  isla ;  y  después ,  co- 
mo en  otra  parte  queda  dicho ,  se  pas- 


só  á  la  Tierra-Firme.  A  algunos  plugo 
de  su  y  da  y  otros  le  quisieran  para  mas 
tiempo ;  pero  esto  es  común  cosa  á  los 
que  son  gobernados :  aborresger  á  quien 
los  manda  é  dessear  nuevos  juegos,  é 
assi  no  le  faltaron  los  murmuradores  que 
tovieron  otros  que  gobernaron  antes  que 
él ,  como  no  faltarán  á  los  presentes  y 
venideros. 

En  aquel  tiempo  estaba  aquesta  Sanc- 
ta Iglesia  sede  vacante,  y  mucho  antes 


DE  INDIAS.  LIB.  IV.  CAP.  VII. 


113 


assi  mismo  el  obispado  de  la  cibdad  de 
la  ConQepgion  de  la  Vega,  é  la  Cessá- 
rea  Magostad  avia  fecho  merged  de  am- 
bas, debaxo  de  una  mitra,  al  reverendo 
padre ,  Fray  Luis  de  Figueroa ,  prior  de 
la  Mejorada,  de  la  Orden  de  Sanct  Hie- 
rónimo,  é  murió  estando  eleto,  é  aun 
como  tengo  dicho,  estando  concedidas 
á  despachadas  las  bulas.  E  por  su  fin 
acordó  Su  Magostad  de  proveer  de  am- 
bas dignidades  é  obispados,  é  de  la 
presidencia  desta  Real  Audiencia  é  Chan- 
cilleria  al  licenciado  don  Sebastian  Ra- 
mírez de  Fuenleal  (del  qual  assi  mis- 
mo se  dixo  en  el  pregedente  libro) ,  por 
persona  conviniente  para  lo  espiritual 
é  temporal;  é  para  que  el  servigio  de 
Dios  é  de  Sus  Magestades  y  el  bien  des- 
tas  partes ,  muy  bien  se  mirasse ,  assi  por 
su  buena  congiengia  é  letras,  como  por 
su  grande  experiengia.  E  assi  Su  Magos- 
tad, como  estaba  bien  informado  de  su 
persona  é  obras,  le  escogió  é  envió  á 
esta  cibdad ,  donde  residió ,  exergitando 
sus  ofigios  ,  como  buen  pastor  para  las 
ánimas,  é  buen  presidente  é  gobernador 
para  todo  lo  demás. 

Pero  cómo  las  cosas  de  la  Nueva  Es- 
paña tenian  mucha  nesgessidad  de  se 
ordenar  é  bien  gobernar ,  envióle  á  man- 
dar Su  Magostad  que  fuesse  allá ,  como 
presidente  de  aquella  Audiengia  Real  que 
reside  en  la  gran  cibdad  de  México ,  pa- 
ra lajustigia  de  aquellas  partes  é  reynos; 
é  assi  mismo  tuvo  ambos  obispados.  Pe- 
ro assi  cómo  llegó  aqui,  desde  á  poco 
tiempo  salió  desta  Audiengia  el  ligengia- 
do ,  Gaspar  de  Espinosa ,  porque  él  mis- 
mo diz  que  lo  avia  suplicado ;  pero  la 
verdad  dello  fué  que  en  Tierra-Firme 
tenia  en  la  gobernagion  de  Castilla  del 
Oro  un  cagique  é  buenos  indios  que  le 
servian ,  desde  el  tiempo  que  él  avia  en 
aquella  tierra  seydo  alcalde  mayor  de 
Pedrarias  Dávila.  E  los  de  aquella  go- 
bernagion se  quexaban  é  degian  que  Sus 


Magestades  no  debian  consentir  qael  li- 
gengiado  Espinosa  ni  otro  alguno  que 
estoviesse  ausente ,  toviessen  indios ;  por 
manera  que  se  fué  á  vivir  á  la  cibdad  de 
Panamá ,  donde  le  servia  el  cagique  Pa- 
cora é  su  gente  é  indios ,  é  llevó  allá  su 
muger  é  hijos.  E  después  quel  Perú  se 
descubrió,  passó  allá,  donde  murió  en 
demanda  deste  oro  que  á  muchos  mas  ha 
quitado  las  vidas  en  estas  partes ,  que  no 
remediado  ni  hartado. 

Tornando  al  nuevo  almirante,  digo 
que  assi  como  la  visoreyna ,  doña  María 
de  Toledo ,  supo  la  muerte  de  su  mari- 
do el  almirante  don  Diego  Colom ,  é  le 
ovo  mucho  llorado  é  fecho  el  sentimien- 
to é  obsequias  semejantes  á  tales  per- 
sonas (porque  en  la  verdad  esta  señora 
ha  seydo  en  esta  tierra  tenida  por  muy 
honesta  y  de  grande  exemplo  su  perso- 
na é  bondad ,  é  ha  mostrado  bien  la  ge- 
nerosidad de  su  sangre);  determinó  de 
yr  en  España  á  seguir  el  pleyto  que  su 
marido  tenia  sobre  las  cosas  de  su  Esta- 
do con  el  fiscal  real ,  y  llevó  consigo  á 
su  hija  menor,  doña  Isabel,  y  al  menor 
de  sus  hijos ,  llamado  don  Diego ;  y  dexó 
en  esta  cibdad  á  su  hija  mayor,  doña 
Phelipa  (la  qual  era  enferma  é  sancta 
persona)  y  al  almirante  don  Luis,  y  á 
don  Chripstóbal  Colom,  sus  hijos  harto 
niños. 

Y  cómo  la  vireyna  fué  en  España, 
desde  á  pocos  días ,  casó  la  hija  menor 
que  consigo  llevó,  doña  Isabel  Colom, 
con  don  Jorge  de  Portugal,  conde  de 
Gelves,  é  alcayde  de  los  alcágares  de 
Sevilla.  Llegada  á  la  corte,  halló  y  do  al 
Emperador  á  Italia  á  su  gloriosa  corona- 
gion  en  Boloña ,  é  por  la  ausengia  de  Su 
Magostad,  ovo  de  residir  é  atender  á 
sus  pleytos  é  negogios  en  la  corte  de  la 
Emperatriz ,  nuestra  señora ,  de  gloriosa 
memoria ,  soligitando  á  los  señores  del 
Consejo  de  Sus  Magestades  en  los  nego- 
gios del  almirante  don  Luis,  su  hijo.  E 


i  10 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


Su  Magestad  la  tracto  muy  bien,  é  la 
favoresQÍó,  é  fué  resgebido  don  Diego 
Colom,  su  hijo  menor,  por  page  del  se- 
reníssimo  príngipe ,  don  Phelipe,  nues- 
tro señor,  é  mandaron  Sus  Magestades 
dar  quinientos  ducados  de  ayuda  de 
costa  en  cada  un  año  al  almirante,  don 
Luis,  en  las  rentas  reales  de  aquesta 
isla. 

Pero  porque  para  la  segunda  impres- 
sion  desta  primera  parte  ó  historia,  vamos 
añadiendo  y  enmendando  lo  que  le  com- 
pete y  el  tiempo  va  obrando,  digo  que 
esta  señora  visoreyna,  continuando  su 
buen  propóssito  é  siguiendo  la  justigia 
que  pretendía  por  parte  de  sus  hijos ,  li- 
tigando como  quien  ella  era,  é  acordando 
á  César,  después  que  volvió  de  Italia,  el 
grande  servigio ,  é  no  como  él  otro  ja- 
más fecho  á  príngipes,  como  lo  hizo  el  pri- 
mero almirante ,  vino  esta  pendengia  á  se 
congertar.  E  el  Emperador,  nuestro  se- 
ñor ,  descargando  las  reales  congiengias 
de  sus  padres  y  abuelos  y  suya ,  como 
gratíssimo  príngipe,  hizo  al  almirante,  don 
Luis,  duque  de  Veragua  é  del  golpho  é 
islas  de  Cerebaro  en  la  Tierra-Firme,  é 
dióle  la  isla  de  Jamáyca  con  mero  y  mix- 
to imperio  é  título  de  marqués  della;  é 
demás  deso ,  le  hizo  merged  de  diez  mili 
ducados  de  oro  de  contado  en  cada  un 
año ,  situados  en  las  rentas  reales  é  de- 
rechos desta  Isla  Española ,  é  el  alguagi- 
ladgo  mayor  desta  cibdad ,  con  voto  en 
el  regimiento  della  é  confirmagion  del 
ofigio  de  almirante  perpetuo  destas  In- 
dias ,  assi  en  lo  descubierto  como  en  lo 
que  está  por  descobrir.  E  todo  lo  que  es 
dicho  con  título  de  mayoradgo  perpetuo 
entera  é  indivisiblemente  para  el  dicho 
almirante  é  sus  subgessores ,  sin  que  se 
pueda  enagenar  ni  salir  de  sus  legítimos 
herederos.  E  demás  desso,  mandó  Su 
Magestad  dar  de  merged  un  qüento  de 
maravedís  de  renta  en  cada  un  año  en  sus 
derechos  reales,  por  todos  los  dias  de 


sus  vidas,  á  doña  María  é  doña  Johana  Co- 
lom ,  hermanas  del  almirante,  para  ayuda 
á  sus  casamientos,  é  otras  mergedes.  E  dio 
Su  Magestad  el  hábito  de  Sanctiago  á  don 
Diego  Colom ,  menor  hermano  del  almi- 
rante ,  con  gierta  renta  en  aquella  Orden 
mihtar.  Lo  qual  todo  fué  negogiado  é 
concluido  con  la  diligengia  de  tan  buena 
é  prudente  madre  ,  como  ha  seydo  la  vi- 
soreyna á  sus  hijos ,  á  quien  sin  dubda 
ellos  deben  mucho ;  porque  aunque  esta 
satisfagion  pendiesse  de  los  méritos  é  ser- 
vigios  del  primero  almirante ,  mucho  con- 
sistió el  efecto  destas  mergedes  y  su  con- 
clusión en  la  soligitud  desta  señora,  é  en 
su  bondad  é  buena  gragia ,  para  lo  saber 
pedir  é  porfiar.  A  lo  qual  ayudó  asaz  el 
mucho  é  gercano  debdo  que  la  visoreyna 
tiene  con  Sus  Magestades;  porque  su  pa- 
dre della  y  el  Rey  Cathólico  fueron  pri- 
mos ,  hijos  de  dos  hermanas ,  ambas  hi- 
jas del  almirante  de  Castilla,  don  Fadrique 
Enriquez. 

Luego  que  se  ovo  dado  el  assiento  que 
es  dicho  en  los  letigios  del  almirante,  ca- 
só la  visoreyna  á  doña  Johana  Colom,  su 
hija  con  don  Luis  de  la  Cueva ,  hermano 
del  duque  de  Alburquerque  tergero;  el 
qual  don  Luis  fué  capitán  de  la  guarda 
de  la  persona  de  César  é  muy  agepto  á 
Su  Magestad,  é  muy  valeroso  caballero. 

Tornando  á  la  gobernagion  desta  isla 
é  Audiengia  Real,  digo  que  ydo  el  obispo 
presidente  á  la  Nueva  España ,  segund  he 
dicho ,  pesó  á  muchos  dello ,  é  á  otros 
plugo;  porque  los  unos  no  le  quisieran 
tan  justo,  y  los  otros  le  quedaron  des- 
seando ;  y  sirvió  tan  bien  en  aquel  cami- 
no en  las  cosas  de  la  Nueva  España,  que 
pocos  le  loan  al  presente ,  por  las  orde- 
nagiones  ó  paresger  que  digen  que  dio 
de  quitar  los  indios  á  los  conquistadores, 
de  que  han  resultado  é  ávido  muchas  no- 
vedades en  aquella  tierra :  lo  qual ,  me- 
diante la  prudengia  del  visorey ,  don  An- 
tonio de  Mendoga,  avisado  Su  Mages- 


DE  INDIAS.  LIB.IY.  CAP.  Vil. 


Ul 


fad  de  la  verdad ,  lo  proveyó  de  manera 
que ,  revocando  algunas  cosas  de  las  que 
el  obispo  dexó  en  su  tiempo ,  aquellas 
tierras  se  han  remediado  y  mucho  asse- 
gurado.  Con  que  después  que  Su  Mages- 
lad  hizo  visorey  dellas  al  señor  don  An- 
tonio de  Mendoga ,  mandó  ir  al  obispo  á 
Castilla,  le  hizo  merged  del  obispado  de 
León  ,  é  le  hizo  su  presidente  de  la  Real 
Audiencia  é  Chancilleria  que  reside  en  la 
villa  de  Valladolid,  por  ausengia  del  qual 
ydo  de  aqui ,  quedó  esta  Audiengia  real 
de  Sancto  Domingo  con  los  tres  oydores 
que  he  dicho ,  el  ligengiado  Alonso  Cua- 
go,  é  el  doctor  Rodrigo  Infante,  y  el  li- 
gengiado Johan  de  Vadillo :  los  quales 
después  gobernaron  esta  isla,  con  par- 
te de  la  Tierra-Firme,  como  personas  de 
experiengia  é  letras ,  é  tales  como  con- 
viene ser  en  tan  alto  ofigio  é  tribunal, 
residiendo  en  esta  cibdad  de  Sancto  Do- 
mingo hasta  los  catorge  de  digiembre  de 
mili  é  quinientos  é  treynta  é  tres  años, 
que  llegó  á  esta  cibdad  el  muy  reveren- 
do é  noble  señor,  el  ligengiado  Alon- 
so de  Fuenmayor,  por  presidente  de  Sus 
Magostados  en  esta  real  Chancilleria,  don- 
de fué  resgibido  al  ofigio  é  gobernagion, 
é  presidiendo  con  los  oydores  que  es  di- 
cho. Desde  á  algún  tiempo  por  la  tiranía 
de  Gargia  de  Lerma,  gobernador  en 
Tierra-Firme  de  la  provingia  de  Sancta 
Marta ,  fué  allá  por  mandado  de  Sus  Ma- 
gostados, á  le  castigar  el  doctor  Infante; 
é  después  que  tornó  aqui  desde  á  poco 
tiempo,  murió.  El  ligengiado  Vadillo  fué 
á  tomar  residengia  á  Pedro  de  Heredia, 
gobernador  de  Cartagena,  é  quedó  esta 
Audiengía  con  el  presidente  é  el  ligengia- 
do Guago ,  hasta  que  el  postrero  dia  del 
mes  de  mayo  del  año  que  passó  de  mili  é 
quinientos  é  treynta  y  ocho  años,  llegó  á 
esta  cibdad  el  ligengiado  Alonso  de  Cer- 
vantes ,  al  qual  envió  Su  Magostad  por  su 
oydor  en  lugar  é  por  fin  del  doctor  Infan- 
te. Después  de  lo  qual,  á  los  trege  de 


margo  del  año  siguiente  de  mili  é  qui- 
nientos é  treynta  y  nueve,  llevó  Dios  al 
ligengiado  Alonso  C^uago,  é  quedó  esta 
Audiengia  con  el  señor  presidente  é  con  el 
ligengiado  Cervantes,  hasta  que  Su  Magos- 
tad proveyesse  á  otro,  é  que  volviesse  Va- 
dillo, ó  quien  Su  Magostad  fuesse  servido. 

Aqui  llegué  con  esta  materia  ,  quando 
esto  se  escribía  en  limpio,  en  fin  de  margo 
del  año  de  mili  é  quinientos  é  treynta  é 
nueve :  en  el  qual  tiempo  se  tenia  avi- 
so que  Su  Magostad  Cesárea  avia  fe- 
cho merged  al  señor  presidente,  el  ligen- 
giado don  Alonso  de  Fuenmayor,  de  los 
dos  obispados  desta  isla,  como  los  tuvo  el 
presidente  passado  (que  son  el  de  aquesta 
cibdad  y  el  de  la  cibdad  de  la  Congepgion 
de  la  Vega),  méritamente.  Dios  le  dé  gra- 
gia  para  ambas  administraciones,  porque 
assi  como  son  diversos  los  gladios  espi- 
ritual é  temporal ,  assi  es  menester  muy 
mayor  cuidado ,  y  con  mas  trabaxo  y  ve  - 
la  la  administragion  para  quel  clero  é  los 
seglares  se  conserven.  Pero  como  Dios 
ha  de  ser  la  guia ,  él  le  dará  á  este  señor 
el  favor  que  conviene ,  para  que  en  todo 
agierte ;  pues  que  es  letrado  é  de  buena 
casta,  é  naturalmente  noble  persona,  é 
goloso  del  servigio  de  Dios  é  de  Sus  Ma- 
gostados. Después  de  lo  ques  dicho ,  vino 
por  oydor  de  Sus  Magostados  desta  real 
Audiengia  el  ligengiado  Guevara,  en  lugar 
de  Cuago,  é  tornó  Vadillo  de  Tierra-Firme. 

Mas  porque  es  tiempo  de  passar  á  otras 
materias  de  dulge  legión  é  de  muchos  se- 
cretos de  naturaleza,  acábesse  lo  que  que- 
da pordegir  de  aquesta  isla,  que  son  co- 
sas notables  é  no  dignas  de  preterir  ni 
dexar  en  olvido.  E  para  dar  mas  parti- 
cular razón  de  lo  que  atrás  se  tocó  del 
agúcar,  quiero  degir  como  ovo  origen  en 
esta  isla,  antes  que  passemos  á  otras  par- 
ticularidades, pues  que  aquesta  es  una  de 
las  muy  importantes  é  ricas  grangerias 
destas  partes ,  y  aqui  mayor  que  en  nin- 
guna provingia  de  todas  las  Indias. 


118 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  vm. 

Que  Iracta  de  Iss  ingenios  é  trapiches  de  a9Úcar  que  hay  en  esta  Isla  Española ,  y  cuyos  son  y  de  qué 
manera  ovo  principio  esta  rica  granjeria  en  aquestas  parles,  y  primefo  en  esta  isla. 


Jr  ues  aquesto  del  agúcar  es  una  de  las 
mas  ricas  grangerias  que  en  alguna  pro- 
vincia ó  reyno  del  mundo  puede  aver,  y 
en  aquesta  isla  hay  tanta  é  tan  buena  y  de 
tan  poco  tiempo  acá  assi  exergitada  é  ad- 
quirida; bien  es  que  aunque  la  tierra  é 
fertilidad  della,  y  el  aparejo  grande  de 
las  aguas  é  la  dispusigion  de  los  muy 
grandes  boscajes  de  leña  para  tan  gran- 
des y  continuos  fuegos,  sean  tan  al  pro- 
póssito  (como  son)  para  tales  hagiendas, 
que  tanto  mas  sean  las  gragias  y  el  pre- 
mio que  se  debe  dar  á  quien  lo  enseñó  é 
puso  primero  por  obra.  Pues  todos  to vie- 
ron los  ojos  gerrados  hasta  que  el  bachi- 
ller Gongalo  de  Velosa,  á  su  propria  cos- 
ta de  grandes  y  exgesivos  gastos,  se- 
gund  lo  que  él  tenia ,  é  con  mucho  tra- 
bajo de  su  persona,  truxo  los  maestros 
de  agúcar  á  esta  isla ,  é  hizo  un  trapiche 
de  caballos  é  fué  el  primero  que  hizo  ha- 
ger  en  esta  isla  agúcar ;  é  á  él  solo  se  de- 
ben las  gragias,  como  á  pringipal  inventor 
de  aquesta  rica  grangeria.  No  porque  él 
fuesse  el  primero  que  puso  cañas  de  agú- 
car en  las  Indias ,  pues  algún  tiempo  an- 
tes que  él  viniesse  muchos  las  avian 
puesto  é  las  criaban  é  fagian  mieles  de- 
ltas ;  pero  fué ,  como  he  dicho ,  el  pri- 
mero que  hizo  agúcar  en  esta  isla ,  pues 
por  su  exemplo  después  otros  higieron  lo 
mismo.  El  qual,  como  tuvo  cantidad  de 
caña ,  hizo  un  trapiche  de  caballos  en  la 
ribera  del  rio  de  Nigua,  é  truxo  los  ofi- 
gialcs  para  ello  desde  las  islas  de  Cana- 
ria, é  molió  é  hizo  agúcar  primero  que 
otro  alguno. 

Pero  la  verdad  desto  inquiriendo ,  he 
hallado  que  digen  algunos  hombres  de 
crédito  é  viejos ,  que  hoy  viven  en  esta 


cibdad ,  otra  cosa ,  é  afirman  que  el  que 
primero  puso  cañas  de  agúcar  en  esta  isla 
fué  un  Pedro  de  Atienga ,  en  la  cibdad  de 
la  Congepgion  de  la  Vega ,  y  que  el  al- 
cayde  de  la  Vega,  Miguel  Ballester ,  na- 
tural de  Cataluña,  fué  el  primero  que  hizo 
agúcar.  E  afirman  que  lo  higo  mas  de  dos 
años  antes  que  lo  higiesse  el  bachiller  Ve- 
losa  ;  pero  junto  con  esto  digen  que  lo 
que  hizo  este  alcayde  fué  muy  poco ,  é 
que  todo  lo  uno  é  lo  otro  ovo  origen  de 
las  cañas  de  Pedro  de  Atienga.  De  ma- 
nera que  de  la  una  é  de  la  otra  forma, 
esto  que  está  dicho  es  el  fundamento  ó 
pringipio  original  del  agúcar  en  esta  isla 
é  Indias ;  porque  deste  comiengo  que  á 
ello  dio  Pedro  de  Atienga,  se  multiplicó 
para  llegar  esta  grangeria  al  estado  en  que 
agora  está ,  é  cada  día  se  aumenta  y  es 
mayor ,  puesto  que  de  quinge  años  á  esta 
parte  algunos  ingenios  han  quebrado  é 
se  deterioraron  por  las  causas  que  en  su 
lugar  se  dirá ;  pero  otros  se  han  perfigio- 
nado.  Tornemos  al  bachiller  Velosa  é  su 
trapiche. 

Assi  como  por  aquel  se  fué  mejor  en- 
tendiendo esta  hagienda,  juntáronse  con 
él  el  veedor,  Chripstóbal  de  Tapia,  é  su 
hermano  el  alcayde  desta  fortaleza,  Fran- 
gisco  de  Tapia ,  é  todos  tres  higieron  un 
ingenio  en  el  Yaguate ,  legua  é  media  de 
la  ribera  del  rio  de  Nigao ;  é  desde  á  al- 
gún tiempo  se  desavinieron ,  y  el  bachi- 
ller les  vendió  su  parte  á  los  Tapias.  Des- 
pués el  veedor  vendió  la  suya  á  Johan  de 
Villoría ,  el  qual  después  la  vendió  al  al- 
cayde ,  Frangisco  de  Tapia ,  y  quedó  en 
solo  él  este  primero  ingenio  que  ovo  en 
esta  isla.  Como  en  aquel  tiempo  ó  prin- 
gipios  no  se  entendía  tan  bien,  como  con- 


DE  INDIAS.  LIB.  IV.  CAP.  VIII. 


119 


venia,  la  nesgessidad  que  tales  hagiendas 
tienen  de  muchas  tierras  y  de  agua  é  le- 
ña é  otras  cosas  que  son  anexas  á  tal  gran- 
geria  (de  lo  qual  todo  alli  no  avia  tanto, 
como  era  menester) ,  despobló  el  alcay- 
de ,  Frangisco  de  Tapia,  aqueste  inge- 
nio ,  é  passó  el  cobre  ó  caldereras  é  pe- 
trechos  é  todo  lo  que  pudo  á  otro  mejor 
assiento  en  la  misma  ribera  de  Nigua ,  á 
ginco  leguas  desta  cibdad,  donde  hasta 
quel  dicho  alcayde  murió,  tuvo  un  muy 
buen  ingenio ,  é  de  los  poderosos  que  hay 
en  esta  isla. 

Porque  no  se  repita  muchas  veges  lo 
que  agora  diré ,  ha  de  notar  el  letor  en 
este  ingenio  para  todos  los  otros  por  este 
aviso ,  que  cada  ingenio  de  los  poderosos 
é  bien  aviados ,  demás  é  allende  de  la 
mucha  costa  é  valor  del  edifigio  é  fábri- 
ca de  la  casa  ,  en  que  se  hage  el  agúcar, 
é  de  otra  grande  casa  en  que  se  purga  é 
se  guarda,  hay  algunos  que  passan  de 
diez  é  doge  mili  ducados  de  oro  é  mas, 
hasta  lo  tener  moliente  é  corriente.  Y 
aunque  se  diga  quinge  mili  ducados  no 
me  alargo ,  porque  es  menester  tener  á 
lo  menos  continuamente  ochenta  ó  gient 
negros  é  aun  giento  é  veynte  é  algunos 
mas,  para  que  mejor  anden  aviados;  é  alli 
gerca  un  buen  hato  ó  dos  de  vacas  de 
mili  ó  dos  mili  ó  tres  mili  deltas  que  co- 
ma el  ingenio ;  allende  de  la  mucha  costa 
de  los  ofigiales  é  maestros  que  hagen  el 
agúcar,  y  de  carretas  para  acarrear  la 
caña  al  molino  épara  traer  leña,  é gente 
continua  que  labre  el  pan  é  cure  é  riegue 
las  cañas,  é  otras  cosas  nesgessarias  y  de 
continuos  gastos.  Pero  en  la  verdad  el 
que  es  señor  de  un  ingenio  libre  é  bien 
aviado ,  está  muy  bien  é  ricamente  here- 
dado ;  é  son  de  grandíssima  utilidad  é  ri- 
queza para  los  señores  de  los  tales  inge- 
nios. 

Assi  que,  este  fiíé  el  primero  ingenio 
que  ovo  en  esta  isla ;  é  es  de  notar  que 
hasta  que  ovo  agúcares  en  ella,  las  naos 


tornaban  vagias  á  España ,  é  agora  van 
cargadas  della  é  con  mayores  fletes  de  los 
que  para  acá  traen ,  é  con  mas  ganangia. 
Y  pues  esta  hagienda  so  comengó  en  la 
ribera  del  Nigua ,  quiero  degir  los  demás 
ingenios  que  están  á  par  del  mismo  rio. 

Otro  poderoso  ingenio  hay  en  la  misma 
ribera  del  del  rio  Nigua  que  es  del  tesore- 
ro, Estovan  de  Passamonte,  é  sus  herede- 
ros, que  es  uno  de  los  mejores  é  mas  po- 
derosos desta  isla ,  assi  en  edifigio  como 
en  lo  demás ,  de  muchas  aguas  é  montes 
y  esclavos  y  todo  lo  que  le  conviene :  el 
qual  está  siete  leguas  desta  cibdad. 

En  la  misma  ribera  de  Nigua,  mas  baxo 
del  que  se  dixo  de  suso ,  está  otro  inge- 
nio muy  bueno  que  hizo  Frangisco  Tos- 
tado ,  á  seys  leguas  desta  cibdad ,  que 
quedó  á  sus  herederos ,  é  es  muy  gentil 
hagienda  é  tiene  todo  lo  que  le  es  nes- 
gessario. 

En  esta  misma  ribera  de  Nigua  hay  otro 
ingenio  de  los  mejores  é  mas  poderosos 
desta  isla ,  el  qual  está  gerca  de  la  boca 
de  la  mar ,  á  quatro  leguas  y  media  desta 
cibdad  de  Sancto  Domingo:  el  qual  es 
del  secretario ,  Diego  Caballero  de  la  Ro- 
sa, regidor  desta  cibdad;  heredad  en  la 
verdad  mucho  de  ver  y  de  presgiar,  assi 
por  su  assiento,  como  por  otras  calidades 
que  tiene. 

Engima  de  la  ribera  de  Nigua ,  en  el 
rio  que  llaman  Yaman,  ocho  leguas  desta 
cibdad ,  está  otro  gentil  ingenio ,  que  hi- 
zo Johan  de  Ampies ,  ya  defunto ,  factor 
que  fué  de  Sus  Magostados  y  regidor  des- 
ta cibdad ;  el  qual  es  agora  de  doña  Flo- 
rengia  de  Avila  é  de  sus  herederos  del 
dicho  factor. 

Otro  ingenio  y  de  los  mejores  desta 
isla  ,  tiene  el  duque  almirante,  don  Luis 
Colom.  Pero  porque  esta  grangeria  de 
agúcar  é  ingenios  della  se  comengó  en  la 
ribera  del  rio  Nigua,  por  degir  todos  los 
que  hay  en  ella,  é  otro  que  con  ellos  con- 
fina, que  son  los  ginco  de  suso  nombra- 


120 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


dos ,  no  se  puso  el  del  almirante  al  prin- 
cipio ,  como  es  razón  que,  en  todo  lo  que 
toca  á  Indias,  pregeda  su  persona  á  todos, 
pues  que  quantos  tienen  de  comer  en 
ellas  é  lo  han  ganado  con  ellas  le  deben 
el  primero  lugar;  pues  su  abuelo  fué  cau- 
sa de  todo  lo  que  en  estas  partes  se  sabe 
é  lo  enseñó  é  descubrió  para  todos  los 
que  lo  gozan.  Pero  como  he  dicho,  por 
llevar  la  materia  ordenada ,  fué  nesges^ 
sario  hablar  primero  en  el  ingenio  del  al- 
cayde ,  Francisco  de  Tapia ,  é  tras  aquel 
proseguir  en  lo  que  está  dicho;  y  porque 
quando  este  del  almirante  se  hizo,  ya  avia 
otros  ingenios  en  esta  isla.  Aqueste  fun- 
dó y  edificó  el  segundo  almirante ,  don 
Diego  Colom ,  á  quatro  leguas  desta  cib- 
dad  ,  donde  digen  la  Isabela  Nueva ;  y 
después  su  muger  la  señora  visoreyna, 
doña  Maria  de  Toledo,  lo  passó  donde 
agora  está ,  que  es  en  mejor  ássiento  é 
mas  gerca  desta  cibdad ,  desde  el  qual  en 
tres  ó  quatro  horas ,  este  rio  abaxo ,  en 
barcas  traen  el  agúcar ,  é  lo  meten  en  las 
naos :  que  es  muy  gran  calidad  é  ventaja 
á  quantos  ingenios  acá  hay. 

Otro  ingenio  fundaron  los  ligengiados 
Antonio  Serrano ,  regidor  que  fué  desta 
cibdad ,  é  Frangisco  de  Prado ,  que  des- 
pués fué  del  contador,  Diego  Caballero, 
regidor  que  fué  desta  cibdad ,  y  al  pre- 
sente, por  nueva  merged  de  la  Cesáiea 
Magestad,  es  mariscal  desta  isla.  El  qual, 
como  acordó  de  se  yr  á  España ,  desam- 
paró el  dicho  ingenio  é  se  perdió ;  por- 
que como  fué  fundado  por  letrados  le- 
gistas y  de  semejante  materia  el  Bartulo 
no  les  dexó  algún  documento ,  erraron  el 
arlifigio ;  porque  ni  comprehendieron  las 
calidades  que  avia  de  tener  tal  grange- 
ria,  ni  sus  bolsas  eran  bastantes  para  la 
sostener  ni  aviar  el  ingenio.  Quanto  mas 
que  por  la  incomoditad  del  ássiento ,  era 
la  costa  mayor  que  la  ganangia ;  é  cómo 
el  segundo  señor  desta  hagienda  la  en- 
tendió mejor,  la  desbarató  después  que 


se  aprovechó  de  lo  que  pudo  della ,  assi 
de  los  negros  é  vacas ,  como  de  parte  de 
los  petrechos,  y  como  prudente,  quiso 
mas  perder  la  parte  quel  todo. 

Otro  ingenio  se  fundó  á  tres  leguas 
desta  cibdad ,  y  un  tiempo  se  pensó  que 
fuera  muy  bueno ,  porque  assi  lo  mostró 
é  molió  cantidad  de  agúcar;  pero  también 
fué  fundado  sobre  leyes,  gerca  de  la  ri- 
bera de  Hayna.  El  qual  edificaron  el  li- 
gengiado  Pero  Vázquez  de  Mella  y  Este- 
van  Justinian  ,  genoves ;  y  después  de  la 
vida  del  uno  é  del  otro,  quedó  á  sus  he- 
rederos, é  se  perdió  á  causa  del  age- 
quia  é  agua  que  le  faltó ,  é  porfiando  á  la 
tornar  é  traer  del  rio  de  Hayna,  se  gas- 
taba mucho  tiempo  é  hagienda.  E  assi 
acordaron  los  herederos  de  partir  las  tier- 
ras é  los  negros  é  las  vacas  é  petrechos 
éUodo  aquello  de  que  se  podian  aprove- 
char ,  é  dexaron  el  exergigio  del  agúcar 
por  no  se  acabar  de  perder  en  tal  gran- 
geria  é  compañía.  Pero  después  Juan 
Baptista  Justinian  le  tornó  á  reparar  é 
quedó  con  la  casa  é  ha  fecho  en  ella  un 
trapiche  de  caballos,  en  que  al  presente 
se  muele  agúcar  é  cada  dia  será  aumen- 
tado é  rica  hagienda ,  si  le  dan  recabdo 
de  caballos. 

Otro  ingenio  fundó  Chripstóbal  de  Ta- 
pia ,  veedor  que  fué  de  las  fundigiones 
del  oro  en  esta  isla  é  regidor  desta  cib- 
dad ,  ya  defunto :  el  qual  quedó  á  Fran- 
gisco  de  Tapia ,  su  hijo ,  á  quatro  leguas 
de  aquesta  cibdad ,  donde  digen  Itabo, 
que  es  un  arroyo.  E  después  de  los  dias 
de  Chripstóbal  de  Tapia ,  su  hijo  Frangis- 
co  de  Tapia  no  lo  pudó  sostener  é  lo  des- 
amparó, porque  era  mas  la  costa  quel 
provecho:  assi  que  este  ingenio  se  per- 
dió, como  los  susodichos. 

Tienen  otro  muy  gentil  ingenio  los  he- 
rederos del  tesorero ,  Miguel  de  Passa- 
monte  ,  el  qual  está  en  la  ribera  del  rio 
Nigao ,  ocho  leguas  desta  cibdad  de  Sáne- 
te Domingo ;  é  es  uno  de  los  mejores  des- 


DE  INDIAS.  LIB.  IV.  CAP.  VIII. 


Í2Í 


ta  isla  y  de  los  que  permanesgen :  le  po- 
demos contar  por  el  octavo  ingenio. 

Alonso  de  Avila ,  contador  que  fué  en 
esta  isla  por  Sus  Magestades ,  é  regidor 
desta  cibdad ,  hizo  otro  muy  buen  inge- 
nio ,  á  ocho  leguas  desta  cibdad  en  la  ri- 
bera de  Nigao ;  el  qual  quedó  á  su  hijo  y 
heredero,  Estovan  Dávila,  é  á  su  her- 
mana, é  es  muy  gentil  hacienda. 

Otro  muy  buen  ingenio  fundó  é  tiene 
Lope  de  Bardegia,  vegino  desta  cibdad: 
el  qual  está  en  la  ribera  de  Nigao ,  á  nue- 
ve leguas  desta  cibdad  de  Sancto  Domin- 
go, yes  de  las  muy  buenas  hagiendas 
que  acá  hay  desta  calidad. 

Otro  ingenio ,  y  de  los  mejores  de  to- 
da la  isla  y  de  los  muy  poderosos ,  fundó 
el  ligengiado  Guago ,  oydor  que  fué  por 
Sus  Magestades  de  la  Real  Audiengia  que 
en  esta  cibdad  reside :  el  qual  está  en  el 
rio  y  ribera  que  llaman  Ocoa,  diez  é  seys 
leguas  desta  cibdad  de  Sancto  Domingo; 
y  es  una  de  las  buenas  hagiendas  destas 
partes ,  y  quedó  después  de  los  dias  del 
ligengiado  á  su  muger,  doña  Phelipa,  é 
á  dos  hijas  suyas ,  llamadas  doña  Leonor 
é  doña  Emerengiana  Guago,  con  otros 
muchos  bienes  é  hagiendas.  Y  es  opinión 
de  algunos  (que  de  aquesta  grangeria  son 
diestros)  que  solo  esté  ingenio,  con  los 
negros  é  ganados  é  petrechos  é  tierras  é 
todo  lo  á  él  anexo,  vale  al  presente  so- 
bre ginqüenta  mili  ducados  de  oro ,  por- 
que'está  muy  bien  aviado.  Eyo  le  oy  de- 
gir  al  ligengiado  Guago  que  cada  un  año 
tenia  de  renta  con  el  dicho  ingenio  seys 
mili  ducados  de  oro  ó  mas ,  y  aun  pen- 
saba que  le  avia  de  rentar  mucho  mas 
adelante. 

El  secretario,  Diego  Caballero  de  la 
Rosa ,  demás  del  ingenio  que  se  dixo  de 
suso  que  tiene  en  la  ribera  de  Nigua, 
tiene  otro  muy  bueno  á  veynte  leguas 
desta  cibdad ,  en  término  de  la  villa 
de  Agua :  el  qual  ingenio  está  en  la  ri- 
bera del  rio  llamado  Gepigepi,  y  es 
TOMO  I.  ' 


muy  gentil  heredamiento  é  provechoso. 

Jácome  Castellón  fundó  otro  muy  buen 
ingenio  en  término  de  la  villa  de  Agua, 
en  el  rio  ó  ribera  que  llaman  Bia ,  á  veyn- 
te é  tres  leguas  desta  cibdad  de  Sancto 
Domingo ;  é  después  que  fallesgió  Jáco- 
me, quedó  el  ingenio  é  todos  los  otros  sus 
bienes  á  su  muger ,  doña  Frangisca  de 
Isásaga,  é  sus  hijos;  y  es  muy  buena  ha- 
gienda  é  provechosa ,  no  obstante  que  no 
ha  andado  este  ingenio  assi  aviado  como 
convenia,  por  la  muerte  de  Jácome  de 
Castellón. 

Fernando  Gorjon ,  vegino  de  la  villa  de 
Agua,  tiene  otro  ingenio  de  agúcar  en  la 
misma  villa ,  veynte  é  tres  leguas  ó  veyn- 
te é  quatro  desta  cibdad  de  Sancto  Do- 
mingo :  el  qual  heredamiento  es  muy  útil 
é  provechoso  á  su  dueño ,  é  de  mucha 
estimagion. 

Un  trafiiche  de  caballos  hizo  en  la  mis- 
ma villa  de  Agua  el  chantre ,  don  Alonso 
de  Peralta,  dignidad  que  fué  en  esta 
sancta  iglesia  de  Sancto  Domingo ,  é  des- 
pués de  sus  dias  quedó  á  sus  herederos . 
Los  tales  edifigios  no  son  tan  poderosos 
como  los  de  agua,  pero  son  de  mucha 
costa ,  porque  lo  que  avia  de  hager  el 
agua ,  revolviendo  las  ruedas ,  para  la 
molienda  de  agúcar,  lo  hagen  las  vidas  de 
muchos  caballos  que  son  nesgessarios  pa- 
ra tal  exergicio ;  y  esta  hagienda  quedó  á 
los  herederos  del  chantre  é  á  Pedro  de 
Heredia,  gobernador  que  es  agora  en 
la  provingia  de  Cartagena  en  la  Tierra- 
Firme  . 

Hay  otro  trapiche  de  caballos  en  la 
misma  villa  de  Agua  que  es  de  un  hom- 
bre honrado ,  vegino  de  alli ,  que  se  lla- 
ma Martin  Gargia. 

En  la  villa  de  Sanct  Johan  de  la  Ma- 
guana ,  quarenta  leguas  desta  cibdad  de 
Sancto  Domingo ,  hay  otro  ingenio  po- 
deroso ,  que  es  de  los  herederos  de  un 
vegino  de  alli ,   que  se  llamó  Johan  de 

León ,  é  de  la  compañía  de  los  alemanes 
46 


-122 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


Velgares  que  compró  la  mitad  deste  in- 
genio. 

En  la  misma  villa  de  Sanct  Johan  de 
la  Maguana ,  está  otro  muy  bueno  é  po- 
deroso ingenio  que  fundaron  Pedro  de 
Vadillo ,  y  el  secretario  Pedro  de  Ledes- 
ma  y  el  bachiller  Moreno,  ya  defuntos; 
y  quedó  á  sus  herederos ,  y  es  muy  gen- 
til é  rica  hacienda. 

Onge  leguas  desta  cibdad ,  á  par  de  la 
ribera  é  rio  que  llaman  Cacuy ,  hizo  é  fun- 
dó Johan  de  Villoría ,  el  viejo ,  un  muy 
buen  ingenio ,  é  su  cuñado  Hierónimo  de 
Agüero ,  ya  defuntos :  la  qual  hacienda 
quedó  á  los  herederos  de  ambos ,  é  assi 
mismo  á  los  herederos  de  Agostin  de  Bi- 
naldo ,  ginoves ,  que  tiene  parte  en  este 
ingenio  assi  mismo. 

El  mismo  Johan  de  Villoría  hizo  é  fun- 
dó otro  ingenio  de  los  muy  buenos  des- 
ta isla,  en  el  rio  é  ribera  que  llaman  Sá- 
nate ,  veynte  é  quatro  leguas  desta  cib- 
dad de  Sancto  Domingo,  en  término  de 
la  villa  de  Higuey :  el  qual  quedó  des- 
pués de  sus  dias  á  sus  herederos  é  á 
doña  Aldonga  de  Agebedo,  su  muger, 
y  es  rico  heredamiento. 

El  ligengiado  Lúeas  Vázquez  de  Ayllon, 
oydor  que  fué  en  esta  Audiencia  Real  de 
Sancto  Domingo,  éFrangisco  de  Rehalles, 
ya  defuntos,  edificaron  un  muy  buen 
ingenio  é  poderoso  en  la  villa  de  Puerto 
de  Plata ,  que  es  quarenta  y  ginco  leguas 
desta  cibdad  en  la  banda  é  costa  del 
Norte :  la  qual  hagienda  agora  tienen  al 
presente  sus  herederos. 

Dos  hidalgos  naturales  de  la  cibdad 
de  Soria ,  que  se  llaman  Pedro  de  Bar- 
rionuevo  é  Diego  de  Morales  ,  veginos 
de  la  villa  de  Puerto  de  Plata,  higieron 
otro  muy  buen  ingenio  en  aquella  villa; 
y  es  muy  gentil  heredamiento. 

En  la  misma  villa  de  Puerto  de  Plata 
higieron  (é  hay)  un  buen  trapiche  de  ca- 
ballos ,  Frangisco  de  Barrionevo ,  gober- 
nador que   fué  de   Castilla  del  Oro,  é 


Fernando  de  Illiescas ,  veginos  de  aque- 
lla villa,  y  es  muy  buena hagienda. 

En  la  misma  villa  de  Puerto  de  Plata 
tienen  otro  trapiche  de  caballos ,  Sancho 
de  Monesterio,  húrgales,  y  Johan  de 
Aguillar;  y  es  muy  gentil  heredad. 

En  la  villa  del  Bonao,  diez  é  nue- 
ve leguas  desta  cibdad  de  Sancto  Do- 
mingo ,  está  otro  buen  ingenio  de  agú- 
car,  que  tienen  los  hijos  de  Miguel  Jo- 
ver  ,  catalán ,  é  Sebastian  de  Fonte ,  é 
los  herederos  de  Hernando  de  Garrion; 
y  es  buena  hagienda. 

El  ligengiado  Chripstóbal  Lebrón  ,  oy- 
dor que  fué  en  esta  Audiengia  Real ,  hi- 
zo otro  ingenio  en  un  muy  gentil  y  pro- 
vechoso asiento,  diez  leguas  desta  cib- 
dad de  Sancto  Domingo ,  á  donde  digen 
el  Árbol  Gordo  :  el  qual  heredamiento  es 
muy  bueno  ,  é  quedó  á  sus  herederos. 

Otro  buen  ingenio  avian  pringipiado 
en  la  ribera  del  rio  Quiabon ,  á  veynte  é 
quatro  leguas  de  esta  cibdad  de  Sancto 
Domingo,  Hernando  de  Carbajal  é  Mel- 
chior  de  Castró ,  en  un  muy  gentil  assien- 
to ;  pero  este  edifigio  gessó ,  porque  es- 
tos deshigieron  la  compañía,  é  porque 
se  les  hizo  lexos,  ó  porque  les  paresgió 
que  la  costa  era  mucha  hasta  le  tener 
aviado :  en  fin  no  permanesgió. 

Por  manera  que ,  resumiendo  la  rela- 
gion  destos  ingenios  é  ricos  heredamien- 
tos de  agúcar,  hay  en  esta  isla  veynte 
ingenios  poderosos  molientes  é  corrien- 
tes é  cuatro  trapiches  de  caballos.  E  hay 
en  esta  isla  dispusigion  para  edificar 
otros  muchos,  é  no  se  sabe  de  isla  ni 
reyno  alguno,  entre  chripstlanos  ni  in- 
fieles ,  tan  grande  é  semejante  cosa  des- 
ta granjeria  del  agúcar.  E  continuamen- 
te las  naos  que  vienen  de  España,  vuel- 
ven á  ella  cargadas  de  agúcares  muy 
buenos;  é  las  espumas  é  mieles  dellos 
que  en  esta  isla  se  pierden  y  se  dan  de 
gragia,  harían  rica  otra  gran  provingia. 
Y  lo  que  es  mas  de  maravillar  deslas 


DE  INDIAS.  LIB.  IV.  CAP.  YIII. 


123 


gruesas  haciendas,  es  que  en  tiempo  de 
muchos  de  los  que  vivimos  en  estas  par- 
tes ,  y  de  los  que  á  ellas  passaron  desde 
tréynta  é  ocho  años  á  esta  parte ,  nin- 
gún ingenio  destos  hallamos  en  estas  In- 
dias ,  y  que  por  nuestras  manos  é  indus- 
tria se  han  fecho  en  tan  breve  tiempo. 
Y  esto  baste  quanto  al  agúcar  é  ingenios 
della;  y  no  es  poco  gentil  notable  para 
la  comparación  que  hige  poco  antes  des- 
ta  Isla  Española  é  su  fertilidad ,  á  las  de 
Segilia  é  Inglaterra. 

Otros  ingenios  hay ,  aunque  son  po- 
cos, en  las  islas  de  Sanct  Johan  é  Ja- 
máyca,  é  en  la  Nueva  España,  de  los 
quales  se  hará  memoria  en  su  lugar  con- 


viniente.  El  presgio  que  vale  al  presente 
aqui  en  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo 
es  un  pesso ,  y  á  tiempos  algo  mas  de  un 
pesso  é  medio  de  oro,  é  menos,  leal  da- 
do ,  por  cada  arroba  de  veynte  é  ginco  li- 
bras, é  las  libras  de  diez  é  seis  ongas.  Y 
en  otras  partes  desta  isla  vale  menos ,  á  * 
causa  de  las  otras  costas  é  acarretos  que 
se  han  de  pagar  hasta  lo  condugir  al 
puerto ,  en  este  año  de  mili  é  quinientos 
é  quarenta  y  seis  años  de  la  Natividad  de 
Chripsto,  nuestro  Redemptor;  con  lo 
qual  se  da  fin  á  este  libro  quarto ,  porque 
la  historia  se  continúe  en  otras  co- 
sas desta  Natural  e  general  historia  de 
Indias. 


Este  es  el  quinto  libro  de  la  primera  parte  de  la  Natural  y  General  historia  de  las 
Indias ,  Islas  y  Tierra-Firme  del  mar  Océano :  el  qual  tracta  de  los  ritos  é  gerimonias 
é  otras  costumbres  de  los  indios,  é  desús  idolatrías,  é  vigios,  é  otras  cosas. 


PROHEMIO. 


JCin  el  libro  tercero  desta  Natural  His- 
toria se  expresaron  algunas  causas .  por 
qué  se  acabaron  é  murieron  los  indios 
de  aquesta  Isla  Española ,  y  también  se 
repitió  algo  de  la  misma  materia  mas 
adelante  en  el  primero  capítulo  del  quar- 
to  libro ,  hablando  en  la  calidad  destos 
indios.  Y  porque  mejor  se  entienda  que 
esta  culpa  é  castigo  está  pringipalmente 
fundado  en  los  delitos  é  abominables  cos- 
tumbres é  ritos  desta  gente ,  se  dirán  al- 
guna parte  dellos  y  de  sus  culpas  en  aques- 
te libro  quinto.  Por  lo  qual  fácilmente  se 
puede  colegir  la  retitud  de  Dios ,  é  quán 
misericordioso  ha  seydo  con  esta  gene- 
ración ,  esperando  tantos  siglos  á  que  se 
enmendassen.  Pues  ninguna  criatura  de- 
xa  de  conosger  que  hay  un  Dios  todo- 
poderoso ,  y  por  tanto  dige  el  psalmista: 
((los  gielos  recuentan  la  gloria  de  Dios ,  é 
las  obras  de  sus  manos  denungian  el  firma- 
mento *.  Quanto  mas  que,  como  en  el  se- 
gundo libro  dixe,  que  la  Sancta  Iglesia 
ya  tenia  en  todo  el  mundo  predicado  en 
todos  las  partes  del  el  misterio  de  su 


redempgion;  pues  estas  palabras  dixo 
Sanct  Gregorio  Magno,  doctor  de  la 
Iglesia  ^,  el  qual  tomó  el  pontificado  é 
silla  de  Sanct  Pedro ,  año  del  Señor  de 
quinientos  y  noventa,  é  la  tuvo  é  go- 
bernó catorge  años  ^;  y  Frangisco  Pe- 
trarcha  en  aquella  Summa  que  escribió 
de  las  vidas  de  los  Summos  Pontífiges, 
dige  que  Gregorio  tuvo  la  silla  apostó- 
Hca  trege  años  y  seis  meses  é  diez  dias. 
Sigúese  que  subió  Sanct  Gregorio  al 
gielo,  año  de  seysgientos  é  quatro;  y 
aunque  el  postrero  año  de  su  vida  se 
acabara  de  predicar  en  todas  las  partes 
del  mundo  (como  él  dixo)  el  misterio  de 
la  redempgion  nuestra ,  han  passado  des- 
pués hasta  que  Colom  vino  á  estas  par- 
tes (año  de  mili  é  quatrogientos  y  no- 
venta y  dos  años)  ochogientos  é  ochenta 
y  ocho.  Y  después  que  vino  Colom  á  es- 
tas Indias ,  é  passaron  los  chripstianos  á 
ellas,  corren  hasta  el  presente  año  de  mili 
é  quinientos  y  quarentaé  ocho,  otros  gin- 
qüenta  y  seys  años  mas ,  que  serian  no- 
vegientos  é  quarenta  y  quatro  años  des- 


i     Coeli  enarrant  gloriam  Dei  et  ofera  maiiuum 
qus  anuntiant  firmamcntum  (Ps.  XVIII). 


2  Morales,  lib.  XIII,  cap.  X. 

3  Eusebio,  De  temporibus. 


DE  INDIAS.  LIB.  V.  CAP.  I. 


125 


pues  de  Sanct  Gregorio.  Y  por  tanto  es- 
tas gentes  debrian  ya  de  aver  entendido 
una  cosa  en  que  tanto  les  va  (icomo  es  sal- 
var sus  ánimas) ,  pues  no  han  faltado  ni 
faltan  predicadores  é  religiosos  golosos 
del  servigio  de  Dios ,  que  se  lo  acuerden, 
después  que  las  banderas  de  Chripsto  y 
del  Rey  de  Castilla  passaron  acá ,  puesto 
que  lo  tuviessen  olvidado ,  ó  que  de  nue- 
vo se  les  tornasse  á  enseñar. 

Pero  en  fin ,  estos  indios  (por  la  ma- 
yor parte  de  ellos),  es  nasgion  muy  des- 
viada de  querer  entender  la  fé  cathólica; 
y  es  machacar  hierro  frió  pensar  que 
han  de  ser  chripstianos ,  sino  con  mu- 
cho discurso  de  tiempo ,  y  assi  se  les  ha 
paresgido  en  las  capas  (ó  mejor  digiendo) 
en  las  cabegas:  porque  capas  no  las 
traían,  ni   tampoco  tienen  las  cabegas 


como  otras  gentes ;  sino  de  tan  resgios  é 
gruesos  cascos,  que  el  pringipal  aviso 
que  los  cripstianos  tienen ,  cuando  con 
ellos  pelean  é  vienen  á  las  manos ,  es  no 
darles  cuchilladas  en  la  cabega,  por- 
que se  rompen  las  espadas.  Y  assi  co- 
mo tienen  el  casco  grueso,  assi  tienen 
el  entendimiento  bestial  y  mal  inclina- 
do, como  se  dirá  adelante,  espegifi- 
cando  algunos  de  sus  ritos  é  gerimo- 
nias ,  é  idolatrias ,  é  costumbres ,  é  otras 
particularidades  que  al  mismo  propóssi- 
to  ocurrieren  é  yo  tuviere  notigia  dellas 
hasta  el  tiempo  presente.  Y  aunque  es- 
to se  haga  é  note  en  aqueste  libro, 
no  se  dexarán  de  degir  algunas  cosas  de 
las  gerimonias  é  ritos,  con  otros,  á  don- 
de quadren  en  otras  partes  destas  his- 
torias. 


CAPITULO  I. 

Que  Iracta  de  las  imág-enes  del  diablo  que  tenían  los  indios,  é  de  sus  idolatrias ,  é  de  los  areytos  é  bayles 

cantando,  é  la  forma  que  tienen  para  retener  en  la  rnemoria  las  cosas  passadas  que  ellos  quieren  que 

queden  en  acuerdo  á  sus  subeesores  y  al  pueblo. 


Jl  or  todas  las  vias  que  he  podido ,  des- 
pués que  á  estas  Indias  passé ,  he  pro- 
curado con  mucha  atengion ,  assi  en  es- 
tas islas  como  en  la  Tierra-Firme ,  de  sa- 
ber por  qué  manera  ó  forma  los  indios  se 
acuerdan  de  las  cosas  de  su  pringipio  é 
antegesores ,  é  si  tienen  libros ,  ó  por 
quáles  vestigios  é  señales  no  se  les  olvi- 
da lo  passado.  Y  en  esta  isla,  á  lo  que 
he  podido  entender ,  solos  sus  cantares, 
que  ellos  llaman  areytos  ^  es  su  libro  ó 
memorial  que  de  gente  en  gente  queda 
de  los  padres  á  los  hijos,  y  de  los  pre- 
sentes á  los  venideros ,  como  aqui  se  di- 
rá. Y  no  he  hallado  en  esta  generagion 
cosa  entrellos  mas  antiguamente  pintada 
ni  esculpida  ó  de  relieve  entallada ,  ni 
tan  pringipalraente  acatada  é  reveren- 
giada  como  la  figura  abominable  é  des- 


comulgada del  demonio,  en  muchas  é 
diversas  maneras  pintado  ó  esculpido, 
ó  de  bulto  con  muchas  cabegas  é  colas 
é  difformes  y  espantables  é  caninas  é 
feroges  dentaduras,  con  grandes  colmi- 
llos ,  é  desmessuradas  orejas ,  con  en- 
gendidos  ojos  de  dragón  é  feroz  serpien- 
te, é  de  muy  diferengiadas  suertes;  y  ta- 
les que  la  menos  espantable  pone  mucho 
temor  y  admiragion.  Y  ésles  tan  sogiable 
é  común ,  que  no  solamente  en  una  par- 
te de  la  casa  le  tienen  figurado ,  mas  aun 
en  los  bancos,  en  que  se  assientan.  (que 
ellos  llaman  duho),  á  significar  que  no 
está  solo  el  que  se  sienta,  sino  él  é  su 
adverssario.  Y  en  madera  y  de  barro  y 
de  oro,  é  en  otras  cosas,  quantas  ellos 
pueden ,  lo  esculpen  y  entallan ,  ó  pintan 
regañando  é  ferogíssimo,  como  quien  él 


126 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


es.  Al  qual  ellos  llaman  gemi,  y  á  este 
tienen  por  su  Dios,  y  á  este  piden  el 
agua ,  ó  el  sol ,  ó  el  pan ,  ó  la  victoria 
contra  todos  sus  enemigos  y  todo  lo  que 
dessean ;  y  pienssan  ellos  que  el  gemí  se 
lo  da,  quando  le  plage ;  é  aparesgiales 
fecho  fantasma  de  noche.  E  tenian  gier- 
tos  hombres  entre  sí  que  llaman  buhüí, 
que  servían  de  auríspiges  ó  agoreros  ade- 
vinos;  é  aquestos  les  daban  á  entender 
que  el  gemí  es  señor  del  mundo  é  del 
gielo  y  de  la  tierra  y  de  todo  lo  demás, 
y  que  su  figura  é  imagen  era  aquella  tan 
fea  como  he  dicho ,  y  mucho  mas  que  se 
sabrá  penssar  ni  degir ;  pero  siempre  di- 
ferente ,  y  como  la  hagian  en  diversas 
maneras.  Y  estos  gemis  ó  adevinos  les 
degian  muchas  cosas ,  que  los  indios  te- 
nian por  giertas ,  que  vernian  en  su  fa- 
vor ó  daño :  é  aunque  muchas  veges  sa- 
liessen  mentirosos,  no  perdían  el  crédi- 
to ,  porque  les  daban  á  entender  que  el 
^emi  avia  mudado  consejo,  por  mas  bien 
suyo  ó  por  hager  su  propria  voluntad. 
Estos ,  por  la  mayor  parte ,  eran  grandes 
hervolarios  é  tenian  conosgidas  las  pro- 
piedades de  muchos  árboles  é  plantas  é 
hiervas ;  é  como  sanaban  á  muchos  con 
tal  arte ,  teníanlos  en  gran  veneragion  é 
acatamiento ,  como  á  sanctos :  los  quales 
eran  tenidos  entre  esta  gente  como  en- 
tre los  chripstianos  los  sagerdotes.  E  los 
tales  siempre  traían  consigo  la  maldita  fi- 
gura del  gemi ,  é  assi  por  tal  imagen  les 
daban  el  mismo  nombre  que  á  ella ,  é  los 
degian  gemies ,  allende  de  los  degir  buhi- 
tis.  E  aun  en  la  Tierra-Firme,  no  sola- 
mente en  sus  ídolos  de  oro  y  de  piedra 
y  de  madera ,  é  de  barro ,  huelgan  de 
poner,  tan  descomulgadas  y  diabólicas 
imágenes ,  mas  en  las  pinturas  que  sobre 
sus  personas  se  ponen  ( teñidas  é  perpe- 
tuas de  color  negro ,  para  quanto  viven, 
rompiendo  sus  carnes  y  el  cuero ,  jun- 


tando en  sí  esta  maldita  efigie),  no  lo 
dexan  de  hager.  Assi  que ,  como  sello 
que  ya  está  impresso  en  ellos  y  en  sus 
coragones,  nunca  se  les  desacuerda 
averie  visto  ellos  ó  sus  passados,  é  assi 
le  nombran  de  diverssas  maneras. 

En  esta  Isla  Española  gemi ,  como  he 
dicho ,  es  el  mismo  que  nosotros  llama- 
mos diablo ;  é  tales  eran  los  que  estos  in- 
dios tenian  figurados  en  sus  joyas ,  en  sus 
moscadores,  y  en  las  frentes  é  lugares 
que  he  dicho ,  é  en  otros  muchos ,  como 
á  su  propóssito  les  paresgia,  ó  se  les  an- 
tojaba ponerle.  Una  cosa  he  yo  notado  de 
lo  que  he  dicho  y  passaba  entre  esta  gen- 
te:  y  es  que  el  arte  de  adevinar  ( ó  pro- 
nosticar las  cosas  por  venir )  y  quantas 
vanidades  los  gemies  daban  á  entender  á 
esta  gente ,  andaba  junto  con  la  medigi- 
na  é  arte  mágica ;  lo  qual  paresge  que 
concuerda  con  lo  que  dige  Plinio  en  su 
Natural  historia  ^ ,  confesando  que ,  bien 
que  sea  el  ''arte  mas  fraudulento  ó  enga- 
ñoso de  todos,  ha  ávido  grandíssima  re- 
putagion  en  todo  el  mundo  y  en  todos 
siglos. 

Ni  se  maraville  alguno  aquesta  arte 
aver  adquirido  tan  grandíssima  auctori- 
dad ,  porque  ella  sola  abraga  en  sí  otros 
tres  artes ,  los  quales  sobre  todos  tienen 
el  imperio  de  la  vida  humana.  Porque 
pringipalmente  ninguno  dubda  este  arte 
aver  venido  de  la  medigina ,  como  cosa 
mas  sancta  é  mas  exgelente  que  la  me- 
digina ,  y  en  aquesta  forma  á  sus  promes- 
sas,  muy  desseadas  y  llenas  de  halagos, 
averse  juntado  la  fuerga  de  la  religión.  E 
después  que  aquesto  le  subgedió ,  juntóse 
con  esto  el  arte  matemática ,  la  qual  pue- 
de mucho  en  los  hombres ,  porque  cada 
uno  es  desseoso  de  saber  las  cosas  futu- 
ras é  por  venir,  é  creen  que  verdadera- 
mente se  puedan  entender  del  cielo.  Assi 
que ,  tal  arte  aviendo  atado  los  sentidos 


1    Plin.,  lib.XXX,cap.  I. 


DE  INDIAS.  LIB.  V.  CAP.  I. 


127 


de  los  hombres  con  tres  ñudos ,  ha  llega- 
do á  tanta  sublimidad  ó  altura ,  que  aun 
hoy  ocupa  la  mayor  parte  de  la  gente ,  y 
en  el  Oriente  manda  á  rey  de  reyes ;  é  sin 
dubda  allí  nasgió  en  la  región  de  Persia, 
y  fué  el  primero  auctor  deste  arte  Zo- 
roastres ,  en  lo  qual  todos  los  escriptores 
concuerdan.  Todo  esto  que  he  dicho  es 
de  Plinio  ^  á  propósito  de  lo  qual  dige 
Isidoro  en  sus  Ethimologias  que  el  prime- 
ro de  los  magos  fué  Zoroastres ,  rey  de 
los  batrianos  ^.  Por  manera  que  en  estas 
partes  de  nuestras  Indias  muy  extendida 
está  tal  vanidad ,  é  junto  con  la  medigina 
la  traen  y  exergitan  estos  indios,  pues 
sus  médicos  principales  son  sus  sacerdo- 
tes adevinos,  y  estos  sus  religiosos  les 
administran  sus  idolatrías  y  gerimonias 
nefandas  y  diabólicas. 

Passemos  á  los  areytos  ó  cantares  su- 
yos ,  que  es  la  segunda  cosa  que  se  pro- 
metió en  el  título  deste  capítulo.  Tenían 
estas  gentes  una  buena  é  gentil  manera 
de  memorar  las  cosas  passadas  é  anti- 
guas ;  y  esto  era  en  sus  cantares  é  bay- 
les,  que  ellos  llaman  areyto ,  que  es  lo 
mismo  que  nosotros  llamamos  baylar  can- 
tando. Dige  Livio  que  de  Etruria  vinieron 
los  primeros  bayladores  á  Roma ,  é  orde- 
naron sus  cantares ,  acordando  las  voges 
con  el  movimiento  de  la  persona.  Esto  se 
hizo  por  olvidar  el  trabajo  de  las  muer- 
tes de  la  pestilencia,  el  año  que  murió 
Camilo ;  y  esto  digo  yo  que  debía  ser  co- 
mo los  areytos  ó  cantares  en  corro  destos 
indios.  El  qual  areyto  hagian  desta  mane- 
ra. Quando  querían  aver  plager,  gele- 
brando  entre  ellos  alguna  notable  fiesta, 
ó  sin  ella  por  su  pasatiempo ,  juntábanse 
muchos  indios  é  indias  (algunas  veges 
los  hombres  solamente ,  y  otras  veges  las 
mugeres  por  sí) ;  y  en  las  fiestas  genera- 
les ,  assi  como  por  una  victoria  ó  vengi- 


miento  de  los  enemigos ,  ó  casándose  el 
cagique  ó  rey  de  la  provingia,  ó  por  otro 
caso  en  que  el  plager  fuesse  comunmente 
de  todos ,  para  que  hombres  é  mugeres 
se  mezclassen.  E  por  mas  extender  su 
alegría  é  regogijo ,  tomábanse  de  las  ma- 
nos algunas  veges,  é  también  otras  tra- 
bábanse brago  con  brago  ensartados ,  ó 
assidos  muchos  en  rengle  (ó  en  corro 
assi  mismo),  é  uno  dellos  tomaba  el  ofi- 
gio  de  guiar  ( ora  fuesse  hombre  ó  mu- 
ger),  y  aquel  daba  giertos  passos  ade- 
lante é  atrás,  á  manera  de  un  contrapás 
muy  ordenado,  é  lo  mismo  (y  en  el  ins- 
tante) hagen  todos,  é  assi  andan  en  tor- 
no ,  cantando  en  aquel  tono  alto  ó  baxo 
que  la  guia  los  entona ,  é  como  lo  hage  é 
dige,  muy  medida  é  congertada  la  cuenta 
de  los  passos  con  los  versos  ó  palabras 
que  cantan.  Y  assi  como  aquel  dige,  la 
moltitud  de  todos  responde  con  los  mis- 
mos passos ,  é  palabras ,  é  orden ;  é  en 
tanto  que  le  responden,  la  guia  calla, 
aunque  no  gessa  de  andar  el  contrapás. 
Y  acabada  la  respuesta ,  que  es  repetir  ó 
degir  lo  mismo  que  el  guiador  dixo ,  pro- 
gede  encontinente,  sin  intervalo,  la  guia 
á  otro  verso  é  palabras ,  que  el  corro  é 
todos  tornan  á  repetir;  é  assi  sin  gessar, 
les  tura  esto  tres  ó  quatro  horas  y  mas, 
hasta  que  el  maestro  ó  guiador  de  la  dan- 
ga  acaba  su  historia ;  y  á  veges-  les  tura 
desde  un  día  hasta  otro. 

Algunas  veges  junto  con  el  canto  mez- 
clan un  alambor,  que  es  hecho  en  un 
madero  redondo ,  hueco ,  concavado ,  é 
tan  grueso  como  un  hombre  é  mas  ó  me- 
nos ,  como  le  quieren  hager ;  é  suena  co- 
mo los  alambores  sordos  que  hagen  los 
negros;  pero  no  le  ponen  cuero,  sino 
unos  agujeros  é  rayos  que  trasgienden  á 
lo  hueco  ,  por  do  rebomba  de  mala  gra- 
gia.  E  assi ,  con  aquel  mal  instrumento  ó 


i     PIin.,lib.  XXX,cap.  I. 

2    Isid.  Elhim. ,    libro  VIIT,    capítulo  IX,   De 


magis.  Magorum  primus  Zoroaster,  rex  Batria- 
norum. 


m 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


sin  él ,  en  su  cantar  (qual  es  dicho)  di- 
gen  sus  memorias  é  historias  passadas ,  y 
en  estos  cantares  relatan  de  la  manera 
que  murieron  los  caciques  passados ,  y 
quántos  y  quáles  fueron ,  é  otras  cosas 
que  ellos  quieren  que  no  se  olviden.  Al- 
gunas veges  se  remudan  aquellas  guias  ó 
maestro  de  la  danga ;  y  mudando  el  to- 
no y  el  contrapás ,  prosigue  en  la  misma 
historia ,  ó  dige  otra  ( si  la  primera  se 
acabó) ,  en  el  mismo  son  ú  otro. 

Esta  manera  de  bayle  paresge  algo  á 
los  cantares  é  dangas  de  los  labradores, 
quando  en  algunas  partes  de  España  en 
verano  con  los  panderos  hombres  y  mu- 
geres  se  solazan;  y  en  Flandes  he  yo 
visto  lo  mesma  forma  de  cantar ,  baylan- 
do  hombres  y  mugeres  en  muchos  cor- 
ros ,  respondiendo  á  uno  que  los  guia  ó 
se  antigipa  en  el  cantar,  segund  es  di- 
cho. En  el  tiempo  que  el  comendador 
mayor  don  frey  Nicolás  de  Ovando  gober- 
nó esta  isla ,  hizo  un  areyto  antel  Ana- 
caona, muger  que  fué  del  cagique  ó  rey 
Caonabo  ( la  qi^al  era  gran  señora ) :   é 
andaban  en  la  danga  mas  de  trescientas 
dongellas ,  todas  criadas  suyas ,  mugeres 
por  casar ;  porque  no  quiso  que  hombre 
ni  muger  casada  ( ó  que  oviesse  conos- 
gido  varón )  entrassen   en   la   danga   ó 
areyto.  Assi  que  tornando  á  nuestro  pro- 
pósito ,  esta  manera  de  cantar  en  esta  y 
en  las  otras  islas  ( y  aun  en  mucha  parte 
de  la  Tierra-Firme)  es  una  efigie  de  his- 
toria ó  acuerdo  de  las  cosas  passadas, 
assi  de  guerras  como  de  pages ,  porque 
con  la  continuagion  de  tales  cantos  no  se 
les  olviden  las  hagañas  é  acaesgimientos 
que  han  passado.  Y  estos  cantares  les 
quedan  en  la  memoria,  en  lugar  de  libros 
de  su  acuerdo ;  y  por  esta  forma  resgitan 
las  genealogías  de  sus  cagiques  y  reyes  ó 
señores  que  han  tenido ,  y  las  obras  que 
higieron ,  y  los  malos  ó  buenos  tempora- 
les que  han  passado  ó  tienen;  é  otras  co- 
sas   que  ellos  quieren  que  á  chicos  é 


grandes  se  comuniquen  é  sean  muy  sabi- 
das é  ñxamente  esculpidas  en  la  memo- 
ria. Y  para  este  efecto  continúan  estos 
areytos ,  porque  no  se  olviden ,  en  espe- 
gial  las  famosas  victorias  por  batallas. 

Pero  en  esto  de  los  areytos,  mas  ade- 
lante (quando  se  tráete  de  la  Tierra-Fir- 
me) se  dirán  otras  cosas ;  porque  los  de 
esta  isla,  quando  yo  los  vi  el  año  de  mili 
é  quinientos  é  quinge  años ,  no  me  pa- 
resgieron  cosa  tan  de  notar,  como  los  que 
vi  antes  en  la  Tierra-Firme  y  he  visto 
después  en  aquellas  partes.  No  le  parez- 
ca al  letor  que  esto  que  es  dicho  es  mu- 
cha salvajez ,  pues  que  en  España  é  Italia 
se  usa  lo  mismo  ,  y  en  las  mas  partes  de 
los  chripstianos  (é  aun  infieles)  pienso  yo 
que  debe  ser  assi,  ¿Qué  otra  cosa  son  los 
romanges  é  cangiones  que  se  fundan  sobre 
verdades,  sino  parte  é  acuerdo  de  las  his- 
torias passadas?  A  lo  menos  éntrelos  que 
no  leen,  por  los  cantares  saben  que  estaba 
el  Rey  don  Alonso  en  la  noble  cibdad  de 
Sevilla,  y  le  vino  al  corazón  de  ir  á  gercar 
Algegira.  Assi  lo  dige  un  romange,  y  en  la 
verdad  assi  fué  ello :  que  desde  Sevilla 
partió  el  Rey  don  Alonso  Ongeno,  quando 
la  ganó,  á  veynte  é  ocho  de  margo,  año  de 
mili  é  tresgientosé  quarenta  é  quatro  años. 
Assi  que  ha  en  este  de  mili  é  quinientos  é 
quarenta  é  ocho  dosgientos  é  quatro  años 
que  tura  este  cantar  ó  areyto.  Por  otro 
romange  se  sabe  «que  el  Rey  don  Alon- 
so VI  hizo  cortes  en  Toledo  para  cumplir 
de  justigia  al  Cid  Ruy  Diaz  contra  los  con- 
des de  Carrion ;  y  este  Rey  murió  prime- 
ro dia  del  mes  de  julio  de  mili  y  giento  é 
seys  años  de  la  Natividad  de  Chripsto. 
Assi  que  han  passado  hasta  agora  quatro- 
gientos  quarenta  é  dos  años  hasta  este  de 
mili  é  quinientos  é  quarenta  é  ocho,  y 
antes  avian  seydo  aquellas  cortes  é  riep- 
tos  de  los  condesde  Carrion;  y  tura  hasta 
agora  esta  memoria  ó  cantar  ó  areyto.  Y 
por  otro  romange  se  sabe  que  el  Rey  don 
Sancho  de  León ,  primero  de  tal  nombre 


DE  INDIAS.  IJB.  V.  CAP.  I 


129 


envió  á  llamar  al  conde  Fernán  González, 
.su  vassallo,  para  que  fuesse  á  las  cortes 
de  León :  este  rey  don  Sancho  tomó  el 
reyno  año  de  nuevegientos  é  veynte  é 
quatro  años  de  la  Natividad  de  Chripsto, 
é  reynó  doge  años.  Assi  que,  murió  año 
del  Redemptor  de  nuevegientos  é  treynta 
é  seys  años:  por  manera  que  ha  bien 
seysgientos  doge  años  este  de  mili  é  qui- 
nientos é  quarenta  é  siete  que  tura  es- 
te otro  areyto  ó  cantar  en  España.  Y 
assi  podriamos  degir  otras  cosas  muchas 
semejantes  y  antiguas  en  Castilla;  pero 
no  olvidemos  de  Italia  aquel  cantar  ó 
areyto  que  dice : 

A  la  mia  gran  pena  forte 
dolorosa  ,  aílicla  é  rea 
diviserunl  veslcm  mea  * 
et  super  eam  miserunt  sorte. 

Este  cantar  compuso  el  sereníssimo 
rey  don  Federique  de  Ñapóles,  año  de 
mili  é  quinientos  é  uno ,  que  perdió  el 
reyno  ,  porque  se  juntaron  contra  él ,  é  lo 
partieron  entre  sí,  los  Reyes  Cathólicos  de 
España,  don  Fernando  é  doña  Isabel ,  y  el 
rey  Luis  de  Francia,  antegessor  del  rey 
Frangisco.  Pues  haya  que  tura  este  cantar 
ó  areyto  de  la  partigion  que  he  dicho 
quarenta  é  siete  años  este  de  mili  é  qui- 
nientos é  quarenta  é  ocho  ,  é  no  se  olvi- 
dará de  aqui  á  muchos. 

Y  en  la  prisión  del  mismo  Rey  Frangis- 
co se  compuso  otro  cantar  ó  areyto  que 
dige: 

Rey  Francisco,  mala  guia 
desde  Francia  vos  truxisles  ; 
pues  vencido  d  presso  fuistes 
de  españoles  en  Pavia. 

Pues  notorio  es  que  esto  fué  assi  é 
passó  en  efecto ,  estando  el  Rey  Frangis- 


co de  Frangía  sobre  Pavia  con  lodo  su 
poder,  é  teniendo  gercado  é  en  grand 
nesgessidad  al  invengible  é  valeroso  ca- 
pitán, el  señor  Antonio  de  Leiva,  que 
por  el  Emperador  Rey,  nuestro  señor,  la 
defendia ,  é  seyendo  socorrido  del  exér- 
gito  imperial  de  César  ( del  qual  era  vi- 
cario é  pringipal  capitán  el  duque  de 
Borbon ,  é  juntamente  en  su  compañía  se 
halló  Mingo  Val,  caballerizo  mayor  évi~ 
sorey  de  Ñapóles ,  é  el  valeroso  marqués 
de  Pescara  ,  don  Fernando  de  Avales  é 
de  Aquino,  é  su  sobrino  el  marqués  del 
Guasto  é  otros  exgeléntes  milites)  un 
viernes  veynte  é  quatro  de  hebrero  ,  dia 
de  Sancto  Mathias  apóstol,  año  de  mili  é 
quinientos  é  veynte  é  ginco,  el  proprio 
rey  de  Frangía  fué  preso,  é  juntamente 
con  él  todos  los  mas  príngipales  señores 
é  varones ,  é  la  flor  é  la  caballería  é  po- 
der de  la  casa  de  Frangía.  Assi  que,  can- 
tar ó  areyto  es  aqueste :  que  ni  en  las 
historias  se  olvidará  tan  gloriosa  jornada 
para  los  tropheos  y  triumphos  de  César  y 
de  sus  españoles,  ni  los  niños  é  viejos  de- 
xarán  de  cantar  semejante  areyto,  quanto 
el  mundo  fuere  é  turare.  Assi  andan  hoy 
entre  las  gentes  estas  é  otras  memorias 
muy  mas  antiguas  y  modernas  ,  sin  que 
sepan  leer  los  que  las  cantan  é  las  resgi- 
tan,  sin  averse  passado  de  la  memoria. 
Pues  luego  bien  hagen  los  indios  en  esta 
parte  de  tener  el  mismo  aviso,  pues  les 
faltan  letras,  é  suplir  con  sus  areytos  é 
sustentar  su  memoria  é  fama;  pues  que 
por  tales  cantares  saben  las  cosas  que  ha 
muchos  siglos  que  passaron. 

En  tanto  que  turan  estos  sus  cantares  é  los 
contrapases  ó  bayles ,  andan  otros  indios 
é  indias  dando  de  beber  á  los  que  dan- 
gan ,  sin  se  parar  alguno  al  beber,  sino 
meneando  siempre  los  pies  é  tragando  lo 


\  Asi  está  escrito  en  el  original ,  y  de  este  mo- 
do conciertan  el  consonante  del  segundo  y  tercer 
verso:  sin  embargo  ,  se  halla  falsificada  lastimosa- 

TÜMO  I. 


mente  la  índole  de  la  lengua  latina  ,  alropellandose 
la  concordancia  que  debe  ligar  las  voces  vcstem, 
meam  y  eam.  Tampoco  debe  decir  sorle,  sino  sortes. 
17 


430 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


que  les  dan.  Y  esto  que  beben  son  cier- 
tos bevrages  que  entre  ellos  se  usan ,  é 
quedan,  acabada  la  fiesta,  los  mas  dellos  y 
deltas  embriagos  é  sin  sentido,  tendidos 
por  tierra  muchas  horas.  Y  assi  como  al- 
guno cae  beodo ,  le  apartan  de  la  danga 
é  prosiguen  los  demás ;  de  forma  que  la 
misma  borrachera  es  la  que  da  conclu- 
sión al  areyto.  Esto  quando  el  areyto  es 
solemne  é  fecho  en  bodas  ó  mortuorios 
ó  por  una  batalla ,  ó  señalada  victoria  é 
fiesta;  porque  otros  areytos  hagen  muy 
á  menudo,  sin  se  emborrachar.  E  assi 
unos  por  este  vigió ,  otros  por  aprender 
esta  manera  de  música ,  todos  saben  es- 
ta forma  de  historiar,  é  algunas  veges 
se  inventan  otros  cantares  y  dangas  se- 
mejantes por  personas  que  entre  los  in- 
dios están  tenidos  por  discretos  é  de  me- 
jor ingenio  en  tal  facultad. 

La  forma  quel  alambor ,  de  que  de  suso 
se  hizo  mengion,  suele  tener  es  la  que  está 
pintada  en  esta  figura  [Lámina  1 .",  fig.  3." 
y  4."):  el  qual  es  un  tronco  de  un  árbol 
redondo ,  é  tan  grande  como  le  quieren 
hager,  y  por  todas  partes  está  gerrado. 


salvo  por  donde  le  tañen ,  dando  engimá 
con  un  palo,  como  en  atabal  que  es  sobre 
aquellas  dos  lenguas  que  quedan  del  mis- 
mo entre  aquesta  señal  semejante  [lámi- 
na ^."ffig.  5.*).  La  otra  señal,  que  es  co- 
mo aquesta  [Lámina  1.',  ^g.  6.*) ,  es  por 
donde  vagian  ó  vacuan  el  leño  ó  alambor 
quando  le  labran ;  y  esta  postrera  señal 
ha  de  estar  junto  con  la  tierra ,  é  la  otra 
que  dixe  primero  de  suso,  sobre  la  qual 
dan  con  el  palo ;  y  este  alambor  ha  de 
estar  echado  en  el  suelo ,  porque  tenién- 
dole en  el  ayre  no  suena.  En  algunas  par- 
tes ó  provingias  tienen  estos  alambores 
muy  grandes  y  en  otras  menores  de  la 
manera  que  es  dicha ,  y  también  en  al- 
gunas partes  los  usan  encorados,  con  un 
cuero  de  giervo  ó  de  otro  animal  (pero  los 
encorados  se  usan  en  la  Tierra-Firme);  y 
en  esta  é  otras  islas,  como  no  avia  ani- 
males páralos  encorar,  teníanlos  alam- 
bores como  está  dicho.  Y  de  los  unos  y  de 
los  otros  usan  hoy  en  la  Tierra-Fir- 
me, como  se  dirá  adelante  en  la  segunda 
parte,  quando  se  tocare  la  materia  misma 
ú  otra,  donde  intervengan  alambores. 


CAPITULO  II. 

I>e  los  tabacos  ó  ahumadas  que  los  indios  acostumbran  en  esta  Isla  Española  é  la  manera  de  las  camas, 

en  que  duermen. 


U  saban  los  indios  desta  isla  entre  otros 
sus  vigios  uno  muy  malo ,  que  es  tomar 
unas  ahumadas,  que  ellos  llaman  tabaco, 
para  salir  de  sentido.  Y  esto  hagian  con  el 
humo  de  gierta  hierva  que,  á  lo  que  yo  he 
podido  entender,  es  de  calidad  del  bele- 
ño ;  pero  no  de  aquella  hechura  ó  forma, 
segund  su  vista ,  porque  esta  hierva  es  un 
tallo  ó  pimpollo  como  quatro  ó  ginco  pal- 
mos ó  menos  de  alto  y  con  unas  hojas 
anchas  é  gruesas ,  é  blandas  é  vellosas,  y 
el  verdor  tira  algo  á  la  color  de  las  ho- 
jas de  la  lengua  de  buey  ó  buglosa  (que 
llaman  los  hervolarios  é  médicos).  Esta 


hierva  que  digo,  en  alguna  manera  ó  gé- 
nero es  semejante  al  beleño ,  la  qual  to- 
man de  aquesta  manera :  los  cagiques  é 
hombres  pringipales  tenían  unos  palillos 
huecos  del  tamaño  de  un  xeme  ó  menos 
de  la  groseza  del  dedo  menor  de  la  ma- 
no, y  estos  cañutos  tenian  dos  cañones 
respondientes  á  uno ,  como  aqui  está  pin- 
tado (Lá??2ji>?a  1.*,  fig.  7.*),  é  todo  en  una 
pieza.  Y  los  dos  ponian  en  las  ventanas 
de  las  nariges  é  el  otro  en  el  humo  é  hier- 
va que  estaba  ardiendo  ó  quemándose;  y 
estaban  muy  lisos  é  bien  labrados ,  y  que- 
maban las  hojas  de  aquella  hierva  arrebu- 


DE  INDIAS.  UB.  V.  CAP.  II. 


134 


jadas  ó  envueltas  de  la  manera  que  los 
pajes  corte.sanos  suelen  echar  sus  ahuma- 
das :  é  tomaban  el  aliento  é  humo  para 
sí  una  é  dos  é  tres  é  mas  veges ,  quanto 
lo  podían  porfiar,  hasta  que  quedaban 
sin  sentido  grande  espacio ,  tendidos  en 
tierra,  beodos  ó  adormidos  de  un  graveé 
muy  pessado  sueño.  Los  indios  que  no  al- 
canzaban aquellos  paUUos,  tomaban  aquel 
humo  con  unos  cálamos  ó  cañuelas  de 
carrizos,  é  á  aquel  tal  instrumento  con 
que  toman  el  humo  ,  ó  á  las  cañuelas  que 
es  dicho  llaman  los  indios  tabaco ,  é  no  á 
la  hierva  ó  sueño  que  les  toma  (como 
pensaban  algunos).  Esta  hierva  tenian  los 
indios  por  cosa  muy  presgiada,  y  la  cria- 
ban en  sus  huertos  é  labranzas  para  el 
efeto  que  es  dicho ;  dándose  á  entender 
que  este  tomar  de  aquella  hierva  é  zahu- 
merio no  tan  solamente  les  era  cosa  sa- 
na, pero  muy  sancta  cosa.  Y  assi  cómo 
cae  el  cagique  ó  principal  en  tierra,  to- 
mante sus  mugeres  (que  son  muchas)  y 
echante  en  su  cama  ó  hamaca ,  si  él  se  lo 
mandó  antes  que  cayesse ;  pero  si  no  lo 
dixo  é  proveyó  primero,  no  quiere  sino 
que  lo  dexen  estar  assi  en  el  suelo  hasta 
que  se  le  passe  aquella  embriaguez  ó 
adormecimiento.  Yo  no  puedo  penssar  qué 
plager  se  saca  de  tal  acto,  si  no  es  la  gula 
del  beber  que  primero  hagen  que  tomen 
el  humo  ó  tabaco ,  y  algunos  beben  tanto 
de  gierto  vino  que  ellos  hagen ,  que  an- 
tes que  se  zahumen  caen  borrachos;  pero 
quando  se  sienten  cargados  é  hartos,  acu- 
den á  tal  perfume.  E  muchos  también,  sin 
que  beban  demassiado,  toman  el  tabaco, 
é  hagen  lo  que  es  dicho  hasta  dar  de  es- 
paldas ó  de  costado  en  tierra ,  pero  sin 
vascas,  sino  como  hombre  dormido.  Sé 
que  algunos  chripstianos  ya  lo  usan,  en 
espegial  algunos  que  están  tocados  del 
mal  de  las  búas,  porque  digen  los  tales 
que  en  aquel  tiempo  que  están  assi  trans- 


portados no  sienten  los  dolores  de  su  en- 
fermedad, y  no  me  paresge  que  es  esto 
otra  cosa  sino  estar  muerto  en  vida  el 
que  tal  hage  :  lo  qual  tengo  por  peor  que 
el  dolor  de  que  se  excusan ,  pues  no  sa- 
nan por  eso. 

Al  presente  muchos  negros  de  los  que 
están  en  esta  cibdad  y  en  la  isla  toda,  han 
tomado  la  misma  costumbre,  é  crian  en  las 
hagiendas  y  heredamientos  de  sus  amos 
esta  hierva  para  lo  que  es  dicho  ,  y  to- 
man las  mismas  ahumadas  ó  tabacos;  por- 
que digen  que,  quando  dexande  trabajar 
é  toman  el  tabaco,  se  les  quita  el  can- 
sangio. 

Aqui  me  paresge  que  quadra  una  cos- 
tumbre vigiosa  é  mala  que  la  gente  de 
Tragia  usaba  entre  otros  criminosos  vi- 
gios  suyos,  segund  el  Abulensis  escribe 
sobre  Ensebio  De  los  tiempos  * ,  donde  di- 
ge  que  tienen  por  costumbre  todos ,  va- 
rones é  mugeres ,  de  comer  alrededor 
del  fuego ,  y  que  huelgan  mucho  de  ser 
embriagos ,  ó  lo  paresger :  é  que  cómo  no 
tienen  vino  ,  toman  simientes  de  algunas 
hiervas  que  entre  ellos  hay,  las  quales 
echadas  en  las  brasas,  dan  de  sí  un  tal 
olor  que  embriagan  á  todos  los  presentes, 
sin  algo  beber.  A  mi  paresger  esto  es  lo 
mismo  que  los  tabacos  que  estos  indios 
toman;  mas  porque  de  suso  se  dixo  que 
quando  algún  pringipal  ó  cagique  cae  por 
el  tabaco,  que  lo  echan  en  la  cama,  si  él 
lo  manda  assi  hager ,  bien  es  que  se  diga 
qué  camas  tienen  los  indios  en  esta  Isla 
Española ,  á  la  qual  cama  llaman  hamaca; 
y  es  de  aquesta  manera. 

Una  manta  texida  en  partes  y  en  par- 
tes abierta,  á  escaques  cruzados  hecha 
red,  porque  sea  mas  fresca,  y  es  de  al- 
godón hilado  (de  mano  de  las  indias),  la 
qual  tiene  de  luengo  diez  ó  doge  palmos 
y  mas  ó  menos  y  del  ancho  que  quieren 
que  tenga.  De  los  extremos  desta  manta 


i     Abulensis,  lib.  IIT,  cap.  168. 


435 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


están  asidos ,  é  penden  muchos  hilos  de 
cabuya  ó  de  henequén  (de  los  quales  hilos 
se  dirá  adelante  en  el  capítulo  X  del  li- 
bro VII).  Aquestos  hilos  ó  cuerdas  son 
postizos  é  luengos,  é  vánse  á  concluir 
cada  uno  por  sí  en  el  extremo  ó  cabos 
de  la  hamaca,  desde  un  trancahilo  (de 
donde  parten),  que  está  fecho  como  una 
empulguera  de  una  cuerda  de  ballesta,  é 
assi  laguarnesgen,  asidos  al  ancho  de  cor- 
nijal á  cornijal,  en  el  extremo  de  la  ha- 
maca. A  los  quales  trancahilos  ponen  sen- 
das sogas  de  algodón  ó  de  cabuya  bien 
fechas  ó  del  gordor  que  quieren :  á  las 
quales  sogas  llaman  hicos,  porque  hico 
quiere  degir  lo  mismo  que  soga ,  ó  cuer- 
da;  y  el  un  hico  atan  á  un  árbol  ó  poste 
y  el  otro  al  otro,  y  queda  en  el  ayre  la 
hamaca ,  tan  alta  del  suelo  como  la  quie- 
ren poner.  E  son  buenas  camas  é  limpias, 
é  como  la  tierra  es  templada,  no  hay  nes- 
Qessidad  alguna  de  ropa  engima,  salvo 
si  no  están  á  par  de  algunas  montañas  de 
sierras  altas ,  donde  haga  frió  :  é  como 
son  anchas  é  las  cuelgan  floxas,  porque 
sean  mas  blandas ,  siempre  sobra  ropa 
de  la  misma  hamaca,  si  la  quieren  tener 
engima  de  algunos  dobleces  della.  Pero 
si  en  casa  duermen ,  sirven  los  postes  ó 
estantes  del  huhio,  en  lugar  de  árboles, 
para  colgar  estas  hamacas  ó  camas  :  é  si 
hage  frió,  ponen  alguna  brasa  sin  llama 
debaxo  de  la  hamaca,  en  tierra  ó  por  alli 
Qerca,  para  se  calentar.  Pero  en  la  verdad 
al  que  no  es  acostumbrado  de  tales  ca- 


mas, no  son  aplacibles,  si  no  son  muy 
anchas ;  porque  están  la  cabeza  é  los  pies 
del  que  duerme  en  ellas,  altos  y  los  lomos 
baxos  y  el  hombre  enarcado ,  y  es  que- 
brantado dormitorio  ;  pero  quando  tienen 
buena  anchura,  échanse  en  la  mitad  de- 
llas  de  través,  y  assi  está  igual  toda  la 
persona. 

Para  en  el  campo,  y  en  especial  don- 
de oviere  arboledas  para  las  colgar,  me 
paresge  que  es  la  mejor  manera  de  ca- 
mas que  puede  ser  entre  gente  de  guer- 
ra ;  porque  es  portátil ,  é  un  muchacho  se 
la  lleva  so  el  brazo ,  y  el  de  caballo  por 
caparazón  ó  coxin  de  la  silla.  Y  en  los 
exérgitos  no  serian  poco  provechosas  en 
España  é  Italia  é  otras  partes ,  porque  no 
adolosgerian  ni  morirían  tantos,  por  dor- 
mir en  tierra  en  los  inviernos  é  tiempos 
tempestuosos.  Y  llévanlasen  estas  partes 
é  Indias  los  hombres  de  guerra  dentro  de 
unas  gestas  con  sus  tapadores  ligeras,  que 
acá  se  llaman  havas ,  y  en  otras  partes 
destas  Indias  se  digen  patacas,  segund  se 
dirá  adelante,  las  quales  hagen  de  los 
hihaos,  é  assi  van  guardadas  é  limpias; 
é  no  duerme  la  gente  en  tierra  tendidos, 
como  en  los  reales  de  los  chripstianos  se 
hage  en  Europa  é  África  é  otras  partes . 
Y  si  acá  esto  no  se  higiesse,  por  ser  la 
tierra  tan  húmeda ,  seria  mayor  peligro 
este  que  la  misma  guerra;  é  si  la  he  sa- 
bido dar  á  entender,  esta  cama  es  desta 
manera  que  aqui  está  pintada.  [Lám.  1.', 

h-  8-") 


CAPITULO  III. 

De  los  matrimonios  de  los  indios  ,  é  quántas  mugeres  tienen  ;  en  qué  grados  no  toman  mugeres ,  ni  las 
conos9en  carnalmenle ;  c  de  sus  vicios  é  luxuria,  é  con  qué  manera  de  religiosidad  cogían  el  oro,  é  de 

la  idolatría  destos  indios,  é  otras  cosas  notables. 


iXáse  dicho  en  el  pregedente  capítulo  ban ,  puesto  que  en  la  verdad  este  acto 

la  forma  de  las  camas  de  los  indios  des-  que  los  chripstianos  tenemos  por  sacra- 

ta  Isla  Española :  dígasse  del  complimien-  mentó ,  como  lo  es ,  se  puede  degir  en 

to  dellas  que  es  el  matrimonio  que  usa-  estos  indios  sacrilegio ,  pues  no  se  debe 


DE  INDIAS.  LIB.  V.  CAP.  lll. 


133 


degir  por  ellos:  los  que  Dios  ayunta  no 
los  aparte  el  hombre  * ;  pues  ante  se 
debe  creer  que  los  ayunta  el  diablo ,  se- 
gund  la  forma  que  guardan  en  esto;  y 
como  cosa  de  su  mercadería,  los  tenia  ira- 
puestos  de  manera  que  en  esta  isla  cada 
uno  tenia  una  muger  é  no  mas  (si  no  po- 
dia  sostener  mas);  pero  muchos  tenian 
dos  é  mas,  y  los  caciques  ó  reyes  tres 
é  quatro  é  quantas  querían.  El  cagique 
Behechio  tuvo  treynta  mugeres  proprias, 
é  no  solamente  para  el  uso  é  ayuntamien- 
to que  naturalmente  suelen  aver  los  ca- 
sados con  sus  mugeres;  pero  para  otros 
bestiales  é  nefandos  pecados,  porque  ei 
cagique  Goacanagari  tenia  giertas  muge- 
res,  con  quien  él  se  ayuntaba,  segund 
las  viveras  lo  hagen.  Ved  que  abomina- 
ción inaudita,  la  qual  no  pudo  apren- 
der sino  de  los  tales  animales;  y  que 
aquesta  propriedad  é  uso  tengan  las  vi- 
veras escríbelo  el  Alberto  Magno :  De 
proprietatibus  rerum  ^,  é  Isidoro  en  sus 
Ethimologias  ^,  y  el  Plinio  *  en  su  Natural 
Historia,  y  otros  auctorcs.  Pero  muy  peo- 
res que  viveras  eran  los  que  las  cosas  ta- 
les hagian ,  pues  que  a  las  viveras  no  les 
congede  natura  otra  forma  de  engendrar, 
é  como  forzadas  vienen  á  tal  acto ;  pero  el 
hombre  que  tal  imitaba,  ved  si  le  viene 
justo  lo  que  Dios  le  ha  dado,  donde  tal  cosa 
se  usó  ó  acaesgió.  Pues  si  deste  rey  ó 
cagique  Goacanagari  hay  tal  fama,  claro 
está  que  no  seria  él  solo  en  tan  nefando 
é  sugio  crimen ;  pues  la  gente  común  lue- 
go procura  (y  aun  todo  el  reyno)  de  imi- 
tar al  príngipe  en  las  virtudes  ó  mesmos 
vigios  que  ellos  usan.  Y  desta  causa  sus 
culpas  son  mayores  é  dignas  de  mayor 
punigion ,  si  son  inventores  de  algún  pe- 
cado ó  delicio ;  y  sus  méritos  y  gloria  es 
de  mayor  exgelengia  é  premio ,  quando 
son  virtuosos  los  que  reynan ;  é  dando  en 

1  Quos  Deus   conjunxit ,   homo  non  separet. 
Math.  19. 

2  De  proprielatib.  rer,  lib.  III,  cap.  100. 


sus  mesmas  personas  loables  exemplos  de      ^ 
virtudes,  convidan  á  sus  subditos  á  ser 
mejores,  imitándolos. 

Assi  que,  lo  que  he  dicho  desta  gente 
en  esta  isla  y  las  comarcanas  es  muy  pú- 
blico ,  y  aun  en  la  Tierra-Firme ,  donde 
muchos  destos  indios  é  indias  eran  sodo- 
mitas ,  é  se  sabe  que  allá  lo  son  muchos 
dellos.  Y  ved  en  qué  grado  se  presgian  de 
tal  culpa ,  que  como  suelen  otras  gentes 
ponerse  algunas  joyas  de  oro  y  de  pres- 
giosas  piedras  al  cuello ,  assi  en  algunas 
partes  destas  Indias  traian  por  joyel  un 
hombre  sobre  otro ,  en  aquel  diabólico  é 
nefando  acto  de  Sodoma ,  hechos  de  oro 
de  relieve.  Yo  vi  uno  destos  joyeles  del 
diablo ,  que  pessaba  veynte  pesos  de  oro, 
hueco,  vagiado  é  bien  labrado,  que  se 
ovo  en  el  puerto  de  Sancta  Marta  en  la 
costa  de  Tierra-Firme,  año  de  mili  é  qui- 
nientos é  catorge ,  quando  alli  tocó  el  ar- 
mada quel  Rey  Cathólico  envió  con  Pe- 
drarias  Dávila,  sü  capitán  general,  á  Cas- 
tilla del  Oro ;  é  cómo  se  truxo  á  montón 
el  oro  que  alli  se  tomó,  é  lo  llevaron 
después  á  fundir  ante  mí,  como  ofigial 
real  veedor  de  las  fundigiones  del  oro, 
yo  lo  quebré  con  un  martillo  é  lo  macha- 
qué por  mis  manos  sobre  un  tas  ó  yunque 
en  la  casa  de  la  fundigion,  en  la  cibdad 
del  Darien. 

Assi  que ,  ved  si  quien  de  tales  joyas 
se  presgia  é  compone  su  persona ,  si  usa- 
rá de  tal  maldad  en  tierra,  donde  tales 
arreos  traen ,  ó  si  se  debe  tener  por  cosa 
nueva  entre  indios :  antes  por  cosa  muy 
usada  é  ordinaria  é  común  á  ellos.  Y  assi 
aves  de  saber  que  el  que  dellos  es  pa- 
giente  ó  toma  cargo  de  ser  muger  en 
aquel  bestial  é  descomulgado  acto ,  le  dan 
luego  ofigio  de  muger  é  trae  naguas ,  co- 
mo muger. 

Yo  querría,  quando  en  algún  passo  se 

3  Isid.  lib.  XII,  cap.  8. 

4  Pli.  lib.  X,  cap.  62. 


134 


fflSTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


toca  algún  nombre,  extraño  á  nuestra  len- 
gua castellana,  satisfacerle  sin  passar  ade- 
lante, por  el  contentamiento  del  que  lee; 
y  á  este  propóssito  digo  que  las  naguas 
son  una  manta  de  algodón  que  las  muge- 
res  desta  isla ,  por  cobrir  sus  partes  ver- 
gonzosas ,  se  ponían  desde  la  ginta  hasta 
media  pierna ,  revueltas  al  cuerpo ;  é  las 
mugeres  principales  hasta  los  tovillos :  las 
dongellas  vírgines ,  como  he  dicho  en 
otras  partes,  ninguna  cosa  se  ponían  ó 
traían  delante  de  sus  partes  vergonzosas, 
ni  tampoco  los  hombres  se  ponían  cosa 
alguna ;  porque,  como  no  saben  qué  co- 
sa es  vergüenga ,  assí  no  usaban  de  de- 
fensas para  ella. 

Tornando  á  la  materia  deste  pecado 
abominable  contra  natura,  muy  usado 
era  entre  estos  indios  desta  isla ;  pero  á 
las  mugeres  aborresgíble ,  por  su  ínte- 
resse  mas  que  por  ningún  escrúpulo  de 
congíengía ,  y  aun  porque  de  hecho  avia 
algunas  que  eran  buenas  de  sus  perso- 
nas ,  sobre  ser  en  esta  isla  las  mayores 
bellacas  é  mas  deshonestas  y  libidinosas 
mugeres  que  se  han  visto  en  estas  Indias 
ó  partes.  E  digo  que  eran  buenas  é  ama- 
ban á  sus  maridos ,  porque  quando  algún 
cagíque  se  moría,  al  tiempo  que  le  en- 
terraban ,  algunas  de  sus  mugeres  vivas 
le  acompañaban  de  grado  é  se  metían 
con  él  en  la  sepoltura ;  en  la  qual  metían 
agua  é  cagahi  consigo  (que  es  el  pan  que 
comen)  é  algunas  fructas.  Llamaban  los 
indios  desta  isla  athebeane  nequen  la  mu- 
ger  hermosa  é  famosa  que  viva  se  en- 
terraba con  el  marido;  mas  quando  las 
tales  no  se  comedían,  aunque  les  pesas- 
se,  las  metían  con  ellos.  E  assí  acaesgió  en 
esta  isla ,  quando  murió  el  cagique  Behe- 
chío  (grand  señor,  como  se  dixo  en  su 
lugar)  que  dos  mugeres  de  las  suyas  se 
enterraron  con  él  vivas ,  no  por  el  amor 
que  le  tenían ;  mas  porque  de  enamora- 
das del  no  lo  hagian  de  su  grado,  for- 
gadamente  é  contra  su  voluntad  las  me- 


tieron en  la  sepoltura  vivas ,  y  cumplie- 
ron estas  infernales  obsequias  por  obser- 
var la  costumbre.  La  qual  no  fué  general 
en  toda  la  isla,   porque  otros  cagiques, 
quando  morían,  no  tenían  essa  forma; 
sino  después  que  era  muerto ,  le  faxaban 
todo  con  unas  vendas  de  algodón  texi- 
das,  como  gínchas  de  caballos,  é  muy 
luengas,  y  desde  el  pié  hasta  la  cabeca 
lo  envolvían  en  ellas  muy  apretado,  é 
hagian  un  hoyo  é  alh  lo  metían,  como  en 
un  silo ,  é  poníanle  sus  joyas  é  las  cosas 
que  él  mas  presgiaba.  Y  para  esto  en 
aquel  hoyo ,  donde  avía  de  ser  sepulta- 
do, hagian  una  bóveda  de  palos,  de  for- 
ma que  la  tierra  no  le  tocasse ,  é  asentá- 
banlo en  un  duho  (que  es  un  banquillo) 
bien  labrado ,  y  después  lo  cubrían  de 
tierra  por  sobre  aquel  casamento  de  ma- 
dera é  rama ;  é  turaban  quínge  ó  veynte 
días  las   endechas  que  cantaban  é   sus 
indias  é  indios  hagian,  con  otros  muchos 
de  las  comarcas   é  otros  cagiques  prín- 
gipales,   que  venían  á  los  honrar.  Entre 
los  quales  forasteros  se  repartían  los  bie- 
nes muebles  del  cagique  defunto ,  y  en 
aquellas  endechas  ó  cantares  resgítaban 
las  obras  é  vida  de  aquel  cagique,  y  de- 
gían  qué  batallas  avía  vengído ,  y  qué 
bien  avia  gobernado  su  tierra,  é  todas 
las  otras  cosas  que  avia  hecho ,  dignas  de 
memoria.  E  assí  desta  aprobagion  que  en- 
tonges  se  hagia  de  sus  obras,  se  formaban 
los  arey tos  é  cantares  que  avían  de  quedar 
por   historia ,  segund  ya  se  dixo  de  los 
areytos  en  el  capítulo  primero  deste  libro. 
Mas  porque  se  ha  fecho  memoria  de 
Anacaona,  que  fué  la  muger  mas  prin- 
gípal  desta  isla  en  su  tiempo,  es  bien 
que  se  sepa  que  toda  la  sugíedad  del  fue- 
go de  la  luxuria  no  estuvo  solamente  en 
los  hombres  en  esta  tierra ,  puesto  que 
fuesse  en  ellos  mas  abominable.  Esta  fue 
una  muger  que  tuvo  algunos  actos  seme- 
jantes á  los  de  aquella  Semíramis,  reyna 
de  los  asírios,  no  en  los  grandes  fechos 


DE  INDIAS.  LIB.  V.  CAP.  ÍII. 


i3'ó 


que  de  aquella  cuenta  Justino  ^  ni  tam- 
poco en  hager  matar  los  muchos,  con 
quien  se  ayuntaba,  ni  en  hager  traer  á 
sus  dongellas  paños  menores  en  sus  ver- 
gonzosas partes ,  como  de  aquella  reyna 
escribe  Johan  Bocagio  *.  Porque  Anacaona 
ni  queria  sus  criadas  tan  honestas ,  ni  des- 
seaba  la  muerte  á  sus  adúlteros;  pero 
queria  la  moltitud  dellos ,  y  en  muchas 
suciedades  otras  libidinosas  le  fue  seme- 
jante. Esta  Anacaona  fue  muger  del  rey 
Caonabo  y  hermana  del  rey  Behecchio: 
la  qual  fue  muy  disoluta,  y  ella  y  las  otras 
mugeres  desta  isla,  aunque  con  los  in- 
dios eran  buenas  ó  no  tan  claramente  lu- 
xuriosas ,  fácilmente  á  los  chripslianos  se 
congedian  é  no  les  negaban  sus  perso- 
nas. Mas  en  este  caso  esta  cagica  usaba 
otra  manera  de  libídine ,  después  que 
murieron  su  marido  y  su  hermano,  en 
vida  de  los  quales  no  fue  tan  desvergon- 
zada ;  pero  muertos  ellos,  quedó  tan  obe- 
desgida  é  acatada ,  como  ellos  mismos  ó 
mas.  Hizo  suhabitagion  en  la  tierra  é  se- 
ñorío del  hermano,  en  la  provingia  de  Xa- 
ragua,  al  poniente  é  fin  desta  isla,  é  no  se 
hagia  mas  de  lo  que  ella  mandaba ;  por- 
que puesto  que  los  cagiques  tenian  seis 
é  siete  mugeres  é  todas  las  que  mas  que- 
dan tener,  una  era  la  mas  pringipal  é  la  que 
el  cagique  mas  queria ,  y  de  quien  mas 
caso  se  hagia ,  puesto  que  comiessen  to- 
das juntas.  E  no  avia  entre  ellas  rengi- 
lla  ni  diferencia ,  sino  toda  quietud  é 
igualdad,  é  sin  rifar  passaban  su  vida 
debaxo  de  una  cobertura  de  casa  é  junto 
á  la  cama  del  marido  :  lo  qual  paresce 
cosa  imposible ,  é  no  congedida  sino  so- 
lamente á  las  gallinas  é  ovejas ,  que  con 
un  solo  gallo  é  con  un  solo  carnero  mu- 
chas dellas,  sin  mostrar  gelos  ni  murmu- 
rar, se  sostienen.  Pero  entre  mugeres  es 
cosa  rara ,  y  entre  todas  las  nagiones  de 


la  generagion  humana,  estas  indias  é  la 
gente  de  Tragia  guardan  tal  costumbre; 
é  parésgense  estas  dos  maneras  de  gen- 
tes en  muchos  ritos  é  cosas  otras,  como 
mas  largamente  adelante  se  dirá ,  porque 
aunque  entre  los  moros  é  otros  infie- 
les en  algunas  partes  usan  tener  dos  é 
tres  é  mas  mugeres,  no  gesan  entre  sí  sus 
envidias  é  murmuragiones  é  gelos,  con  que 
dan  molestia  al  marido  é  á  sí  mesmas. 

Assi  que,  tornando  á  nuestra  historia, 
entre  las  muchas  mugeres  de  un  cagique 
siempre  avia  una  singular  que  pregedla 
á  las  otras,  por  generosa  ó  mas  querida, 
sin  ultrajar  á  las  demás  ni  que  ella  desesti- 
masse  ni  mostrasse  señorio ,  ni  lo  tovies- 
se  sobre  las  otras.  E  assi  era  esta  Ana- 
caona en  vida  de  su  marido  é  hermano; 
pero  después  de  los  dias  dellos  fué ,  co- 
mo tengo  dicho ,  absoluta  señora  6  muy 
acatada  de  los  indios ;  pero  muy  desho- 
nesta en  el  acto  venéreo  con  los  chrips- 
tianos ,  é  por  esto  é  otras  cosas  semejan- 
tes quedó  reputada  y  tenida  por  la  mas 
disoluta  muger  que  de  su  manera  ni  otra 
ovo  en  esta  isla.  Con  todo  esto,  era  de 
grande  ingenio  ,  é  sabia  ser  servida  é 
acatada  é  temida  de  sus  gentes  é  vassa- 
llos,  é  aun  de  sus  veginos. 

Dixe  de  suso  que  las  mugeres  desta 
isla  eran  continentes  con  los  naturales, 
pero  que  á  los  chripstianos  de  grado  se 
congedian ;  é  porque  salgamos  ya  desta 
sugia  materia,  me  paresge  que  quadra  con 
esto  una  notable  religiosidad  que  los  in- 
dios guardaban  en  esta  tierra ,  apartán- 
dosse  de  sus  mugeres ,  teniendo  castidad 
algunos  dias:  no  por  respeto  de  bien  vi- 
vir ni  quitarse  de  su  vigió  é  luxuria ,  si- 
no para  coger  oro ;  en  lo  qual  paresge  que 
en  alguna  manera  querían  imitar  estos  in- 
dios á  la  gente  de  Arabia,  donde  los  que 
cogen  el  engienso  ( segund  Plinio )  * ,  no 


4    Justino,  lib.  II. 

2    Johan  Boca9Ío ,  De  las  ¡llust.  mugeres. 


i    Plin,  lib.  Xn,  cap.XIV. 


436 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


solamente  se  apartan  de  las  mugeres,  pe- 
ro enteramente  son  castos  é  inmaculados 
del  coyto.  El  almirante  don  Cliripstóbal 
Colom,  primero  descubridor  destas  par- 
tes ,  como  cathólico  capitán  é  buen  go- 
bernador, después  que  tuvo  noticia  de 
las  minas  de  Cibao,  é  vio  que  los  indios 
cogian  oro  en  el  agua  de  los  arroyos  é 
rios  sin  lo  cavar ,  con  la  gerimonia  é  re- 
ligión que  es  dicho,  no  dexaba  á  los 
chripstianos  ir  á  cojer  oro,  sin  que  se 
confessassen  é  comulgassen.  Y  degia  que 
pues  los  indios  estaban  veynte  dias  pri- 
mero sin  llegar  á  sus  mugeres  ( ni  otras) 
é  apartados  dellas,  é  ayunaban,  é  degian 
ellos  que  quando  se  vian  con  la  muger, 
que  no  hallaban  el  oro;  por  tanto  que, 
pues  aquellos  indios  bestiales  hagian 
aquella  solepnidad ,  que  mas  razón  era 
que  los  chripstianos  se  apartasen  de  pecar 
y  confessassen  sus  culpas ,  y  que  estan- 
do en  gragia  de  Dios ,  nuestro  Señor,  les 
daria  mas  complidamente  los  bienes  tem- 
porales y  espirituales.  Aquesta  santimo- 
nía no  plagia  á  todos,  porque  degian  que 
quanto  á  las  mugeres,  mas  apartados  es- 
taban que  los  indios,  los  que  las  tenian 
en  España;  é  quanto  al  ayunar,  que  mu- 
chos de  los  chripstianos  se  morían  de 
Iiambre  é  comian  rayges  é  otros  malos 
manjares ,  y  bebian  agua ;  y  que  quanto 
á  la  confession,  que  la  Iglesia  no  los  cos- 
treñia  sino  una  vez  en  el  año  por  Pascua 
de  la  Sancta  Resuresgion,  é  que  assi  lo 
hagian  todos  é  algunos  mas  veges ;  é  que 
pues  Dios  no  les  pedia  mas ,  que  le  de- 
bía al  almirante  bastar  lo  mismo  é  de- 
xarlos  buscar  su  vida,  é  no  usar  con  ellos 
de  tales  cautelas.  E  assi  lo  atribulan  á 
otros  fines ,  que  por  aventura  seria  bien 
possible  no  le  passar  por  pensamiento; 
pero  á  los  que  se  confessaban  é  comul- 
gaban no  les  negaba  la  ligencia  para  ir  á 
coger  oro  ;  mas  á  los  otros  no  les  consen- 
tía ir  á  las  minas :  antes  los  mandaba  cas- 
tigar, si  yban  sinexpressa  ligengia  suya. 


Del  reyno  ó  cagicado  é  Estados  destos 
indios  he  seydo  de  muchos  informado 
que  se  heredaban  é  subgedian  en  ellos, 
é  venia  la  herengia  al  hijo  mayor  de 
qualquiera  de  las  mugeres  del  señor  ó 
cagique ;  pero  si  después  que  tal  hijo  he- 
redaba, no  avia  hijos,  no  venia  el  Esta- 
do al  hijo  de  su  hermano ,  sino  al  hijo  ó 
hija  de  su  hermana,  si  la  tenia  ó  tuvo; 
porque  degian  que  aquel  era  mas  gierto 
sobrino  ó  heredero  (pues  era  verdad  que 
lo  parió  su  hermana) ,  que  no  seria  el  que 
pariesse  su  cuñada,  y  el  tal  seria  mas 
verdadero  nieto  del  tronco  ó  mayoradgo. 
Pero  si  el  cagique  moria  sin  dexar  hi- 
jos ni  hijas,  é  tenia  hermana  con  hijos, 
ni  ellos  ni  ellas  heredaban  el  cagicado, 
si  habia  hermano  del  cagique  muerto  que 
fuesse  hermano  de  padre ,  si  por  el  padre 
venia  la  hagienda ;  y  si  venia  por  la  ma- 
dre, heredaba  en  tal  caso  el  pariente  mas 
propínquo  á  la  madre,  por  aquella  via  que 
progedia  ó  venia  la  subgession  del  seño- 
río é  hagienda.  No  paresge  esto  mucha 
bestialidad  ó  error ,  en  espegial  en  tierra 
donde  las  mugeres  eran  tan  deshonestas 
é  malas,  como  se  dixo  de  suso.  Los  hom- 
bres, aunque  algunos  eran  peores  que 
ellas ,  tenian  un  virtuoso  é  común  come- 
dimiento é  costumbre,  generalmente  en 
el  casarse ;  y  era  assi ,  que  por  ninguna 
manera  tomaban  por  muger  ni  avian 
agesso  carnal  con  su  madre ,  ni  con  su 
hija ,  ni  con  su  hermana ,  y  en  todos  los 
otros  grados  las  tomaban  é  usaban  con 
ellas ,  siendo  ó  no  sus  mugeres ;  lo  qual  es 
de  maravillar  de  gente  tan  inclinada  é 
desordenada  en  el  vigió  de  la  carne.  E  á 
tan  bestial  generagion  es  de  loar  tener 
esta  regla  guardada  inviolablemente,  y 
si  algún  príngipe  ó  cagique  la  quebranta, 
es  ávido  por  muy  malo  é  comunmente 
aborresgido  de  todos  los  suyos  é  de  los 
extraños.  Pero  entre  algunos  que  tienen 
nombre  de  chripstianos  en  algunas  partes 
del  mundo  se  habrá  quebrantado  algunas 


DE  INDIAS.  LIB.  V.  CAP.  III. 


13' 


veges ,  y  entre  judies  é  gentiles  no  me- 
nos ,  como  se  prueba  en  la  Sagrada  Es- 
criptura  con  Amon  y  Thamar,  su  herma- 
na *.  Suetonio  Tranquilo  áige  assi  en  la 
vida  de  Cayo  Calígula  :  Cum  ómnibus  so- 
roribus  suis  stupri  consueticdinem  fegü  ';  é 
en  aquel  Siiplementum  chronicarum  dige 
que  el  emperador  Cayo  Calígula  usaba 
con  dos  hermanas  suyas ,  y  de  una  de- 
llas  ovo  una  hija  que  también  la  forqó  el 
mismo  padre.  La  hija  le  perdona  Ensebio, 
é  dige  que  Cayo  con  sus  hermanas  ovo 
ayuntamiento  é  las  desterró  á  giertas  is- 
las ^.  Y  en  el  mismo  SupUmento  de  chró- 
nicas  se   escribe  hablando  de  la   gen- 
te de  los  parthos  que ,  dexando  aparte  la 
debida  castidad,  usaban  los  naturales  usos 
con  sus  propias  hijas  é  hermanas  é  otras 
mugeres  en  debdos  estrechos  é  á  ellas 
conjuntos  * ;  pero  en  este  caso  uno  de  los 
mas  malos  príngipes,  de  quien  se  escriben 
tales  exgesos,  es  el  emperador  Cayo  Ca- 
lígula ,  de  quien  de  suso  se  hizo  memoria; 
y  quien  mas  particularmente  lo  quisiere 
saber,    escuche   á  Suetonio   Tranquilo, 
que  escribió  su  vida ,  é  mire  lo  que  dige  *. 
El  Tostado  sobre  Eusebio  De  los  tiempos  ® 
dige ,  alegando  á  Solino  en  el  Polihysior, 
que  los  que  no  tienen  leyes  algunas,  no 
usan  de  matrimonio ,  mas  son  todas  las 
mugeres  comunes,  como  entre  los  gara- 
manthas,  que  son  ethiopgos;  y  el  mismo 
Tostado ,  alegando  á  Julio  Celso ,  dige 
aver  seydo  en  otro  tiempo  costumbre  en- 
tre los  ingleses  que  seys  dellos  casassen 
con  una  muger  juntamente.  Esta  costum- 
bre no  la  aprobara  en  estos  tiempos  nues- 
tros el  rey  Enrique  VIII  de  Inglaterra: 
antes  pienso  yo  que  la  mandara  él  guar- 
dar al  contrario. 

Pero  no  hablemos  en  los  extraños,  pues 
que  hoy  viven  algunos  en  nuestra  Espa- 

i     Regumll,  cap.  XIK. 

2  Suplementum  chronicarum  ,  lib.  VIH. 

3  Eusebio,  De  tcmporibus. 

4  Suplementum  chronicarum ,  lib.  VIL 
TOMOl. 


ña,  ó  son  naturales  della ,  é  yo  he  visto 
é  conosgido  dos  destos ,  y  aun  tres ,  que 
cada  uno  dellos  se  casó  con  dos  herma- 
nas ;  y  destas  siempre  moria  la  primera 
ante  que  casassen  con  la  segunda  :  y  tam- 
bién he  visto  dos  hermanos  casados  con 
una  muger ,  siendo  vivos  todos  tres;  y 
también  he  visto  un  religioso  de  la  Orden 
militar  de  Calatrava ,  que  es  la  misma  del 
Cistel ,  después  de  ser  muchos  años  pro- 
fesso,  que  dexó  la  Orden  que  tenia  é  tomó 
la  de  Sanctiago  é  una  muger  casada ,  é 
a  viendo  ávido  hijos  de  su  marido,  le  dexó 
é  tomó  el  mismo  hábito  de  Sanctiago,  é  so 
casó  con  el  otro  comendador  que  dixe  que 
primero  fué  de  Calatrava.  Pero  para  estas 
cosas  tan  regias  é  raras  veges  usadas,  in- 
terviene una  ligengia  é  auctoridad  del 
SummoPontífige,  Vicario  de  Chripsto,  que 
todo  lo  puede  dispensar :  lo  qual  él  con- 
siente, quando  le  es  fecha  tal  relagion  que 
por  muy  legítimas  causas  é  nesgessarias,  é 
por  evitar  otros  mayores  daños,  aprueba 
los  tales  matrimonios.  Y  assi  creo  yo  que 
lo  avrá  fecho  con  los  que  yo  he  visto;  pero 
plega  á  Dios  que  hayan  dicho  verdad  á  Su 
Sanctidad,  porque  él  siempre  dige  aquel 
fiat,  clave  non  errante.  Pues  luego  no  es 
tanto  de  maravillar,  si  entre  esta  gente 
salvaje  de  nuestras  Indias  de  España  ovo 
los  errores  que  he  dicho. 

Mas  en  esso  poco  que  yo  he  leido ,  la 
gente  que  á  mi  me  paresge  ser  mas  con- 
forme á  estos  indios,  en  el  uso  de  las  mu- 
geres, son  los  de  Tragia ;  porque  escribe 
el  mismo  Abulensis  "^  que  cada  hombre 
tiene  en  aquella  tierra  muchas  mugeres, 
é  que  aquel  se  tiene  por  mas  honrado 
que  mas  mugeres  tiene ;  é  que  las  mu- 
geres destas  que  mas  aman  á  sus  mari- 
dos, vivas  se  echaban  en  el  fuego,  quando 
quemaban  el  marido  defunto  ( como  era 

5  Cap.  De  libídine  ejus  cum  ómnibus  soro-,' 
ribiis. 

G    Abulensis  ,  lib.  III,  cap.  106. 
7    Abul. ,  lib.  íll ,  cap.  167. 
J8 


138 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


su  costumbre  quemarse  los  cuerpos  de 
los   hombres  en  aquella  tierra  después 
que  morían.  Y  la  que  esto  no  liagia  era 
tenida  por  muger  que  no  habia  guarda- 
do castidad  á  su  marido ,  pues  ya  tengo 
dicho  que  en  estas  nuestras  Indias  de  su 
grado  se  enterraban  vivas  algunas  muge- 
res  con  sus  maridos ,  siendo  ellos  muertos. 
Y  en  el  capítulo  siguiente  dige  este  mismo 
auctor  que -esta  gente  de  Tragia  sacrifica 
hombres  de  los  estrangeros ,  é  que  con  las 
calavernas  de  los  muertos  hagen  vasos  pa- 
ra beber  sangre  humana  é  otros  bevrages. 
Isidoro  en  sus    Elhimologias  ^  dige  que 
esto  es  mas  fabuloso  é  falso  que  no  ver- 
dadero ;  lo  qual  yo  pienso  que  él  no  dub- 
dára ,  si  supiera  lo  que  hoy  sabemos  de 
los  caribes  en  estas  islas  é  de  la  gente  de 
la  Nueva  España ,  é  de  las  provincias  de 
Nicaragua ,  é  de  las  provingias  del  Perú, 
é  aquellos  que  viven  en  la  Tierra  Firme, 
debaxo  de  la  equinogial  é  gerca  de  alli, 
assi  como  en  Quito ,  é  Popayan  ,  é  otras 
partes  muchas  de  la  Tierra  Firme ,  donde 
es  cosa  muy  usada  sacrificar  hombres,  é 
tan  común  comer  carne  humana  como  en 
Francia ,  é  España ,   é  Italia  comer  car- 
nero é  vaca.  Quanto  mas  que  en  esto 
del  comer  carne  humana  dige  Plinio  ^^  que 
entre  los  sgithios  hay  muchas  generagiones 
que  se  substenlan  de  comer  carne  humana, 
é  que  en  el  medio  del  mundo ,  en  ItaUa  é 
en  Segilia  fueron  los  gíclopes  é  estrigo- 
nes  que  hagian  lo  mismo  ,  é  que  nueva- 
mente de  la  otra  parte  de  los  Alpes  en 
Frangía  (ó  á  la  banda  del  Norte)  sacrifi- 
caban hombres.  Pero  dexemos  esto  del 
comer  carne  humana  é  un  hombre  á  otro, 
para  en  su  lugar  adelante:  que  desto  en  la 
segunda  parte,  quando  se  tráete  de  la  Tier- 
ra-Firme ,  hay  mucho  que  degir;  é  volva- 
mos al  error  de  los  indios  en  esto  de  las 
mugeres.   Digo  que  se  podrían  traer  á 
conseqüengia  otras  generagiones  de  gen- 


tes tan  culpadas  en  esta  materia ,  y  aun- 
que entre  chrípstíanos  no  es  de  buscar 
tamaño  delicto,  no  dexo  de  sospechar 
que  podría  averse  cometido  por  algún 
temerario  desacordado ,  ó  apartado  de  la 
verdadera  fé  cathólica ;  y  por  esta  misma 
razón  estoy  mas  maravillado  destos  indios 
salvages  que  tan  colmados  de  vigios  es- 
tan,  no  averse  errado  en  esto  de  las  mu- 
geres, ayuntándosse  con  las  madres  ahi- 
jas ó  hermanas,  como  en  las  otras  sus 
culpas  que  es  dicho.  Ni  tampoco  se  ha 
de  pensar  que  lo  dexaban  de  hager  por 
algún  respecto  virtuoso ,  sino  porque  tie- 
nen por  cosa  gierta  y  averiguada  los  in- 
dios desta  isla  (y  de  las  á  ella  circuns- 
tantes), que  el  que  se  echa  con  su  ma- 
dre, ó  con  su  hija,  ó  hermana,  muere 
mala  muerte.  Si  esta  opinión,  como  se 
dige ,  está  en  ellos  fixada ,  débese  creer 
que  se  lo  ha  enseñado  la  expiriengia.  Ni 
es  de  maravillar  que  los  indios  estén  me- 
tidos en  los  otros  errores  que  he  dicho, 
ni  que  incurran  en  otros-mas  los  que  des- 
conogen  á  su  Dios  Todopoderoso  y  ado- 
ran al  diablo  en  diversas  formas  é  ídolos, 
como  en  estas  Indias  es  costumbre  entre 
estas  gentes ;  pues  que,  como  he  dicho,  en 
muchas  cosas  é  partes  pintan ,  y  entallan, 
y  esculpen  en  madera  y  de  barro  ,  y 
de  otras  materias  hagen  un  demonio 
que  ellos  llaman  gemí,  tan  feo  é  tan 
espantable  como  suelen  los  cathólicos 
pintarle  á  los  pies  del  arcángel  Sanct  Mi- 
guel ó  del  apóstol  Sanct  Bartolomé ;  pero 
no  atado  en  cadenas,  sino  reverengiado: 
unas  veges  asentado  en  un  tribunal,  otras 
de  pies ,  y  de  diferentes  maneras.  Estas 
imágenes  infernales  tenían  en  sus  casas 
en  partes  y  lugares  diputados  é  obscuros 
que  estaban  reservados  para  su  oragion: 
é  aUi  entraban  á  orar  é  á  pedir  lo  que 
desseaban,  assi  agua  para  sus  campos  y 
heredamientos,  como  buena  símentora. 


1     Isidoro  ,  üb.  IX  ,  cap.  ÍI. 


2     Plin.,  Ub.  VII,  cap.  2. 


DE  INDIAS.  LIB.  V.  CAP.  III. 


139 


é  victoria  contra  sus  enemigos ;  y  en  fin 
alli  pedían  é  ocurrían  en  todas  sus  nesge- 
sídades,  por  el  remedio  dellas.  E  alli  den- 
tro estaba  un  indio  viejo  que  les  respon- 
día á  sabor  de  su  paladar ,  ó  conforme  á  la 
consultación  habida  con  aquel,  cuya  mala 
vista  alli  se  representaba :  en  el  qual  es 
de  penssar  que  el  diablo,  como  en  su  mi- 
nistro, entraba  é  hablaba  en  él;  y  cómo 
es  antiguo  estrólogo^  debíales  el  dia  que 
h'abia  de  llover ,  ó  otras  cosas  de  las  que 
ja  natura  tiene  por  ofigio.  A  estos  tales 
viejos  hagian  mucha  reverengia ,  y  eran 
entre  los  indios  tenidos  en  grand  reputa- 
ción ,  como  sus  sacerdotes  y  perlados ;  y 
aquestos  eran  los  que  mas  ordinariamen- 
te tomaban  aquellos  tabacos  ó  ahumadas 
que  se  dixo  de  suso ,  y  desque  volvían  en 
sí  degian  si  debía  liagerse  la  guerra  ó  di- 
latarla ;  é  sin  el  paresger  del  diablo  (habi- 
do de  la  forma  que  es  dicho),  no  empren- 
dían ,  ni  hagian  cosa  alguna  que  de  ím- 
portangía  fuesse.  Era  el  exergicio  prin- 
cipal de  los  indios  desta  isla  de  Haytí  ó 
Española ,  en  todo  el  tiempo  que  vacaban 
de  la  guerra  ó  de  la  agricoltura  é  labor 
del  campo,  mercadear  é  trocar  unas  cosas 
por  otras ,  no  con  la  astugía  de  nuestros 
mercaderes,  pidiendo  por  lo  que  vale  un 
real  muchos  mas ,  ni  hagíendo  juramen- 
tos para  que  los  simples  los  crean ;  sino 
muy  al  revés  de  todo  esto  y  desatinada- 
mente ,  porque  por  maravilla  miraban  en 
que  valíesse  tanto  lo  que  les  daban  como 
lo  que  ellos  volvían  en  presgío  ó  trueco; 
sino  teniendo  contentamiento  de  la  cosa 
por  su  passatíempo,  daban  lo  que  vaUa 
giento  por  lo  que  no  valia  diez  ni  aun 
gínco.  Finahnente,  que  acontesgió  ves- 
tirlos y  darles  los  chrípslíanos  un  muy 
gentil  sayo  de  seda  ó  de  grana ,  ó  muy 
buen  paño ,  é  desde  á  poco  espagío ,  pas- 
sado  un  día  ó  dos,  trocarlo  por  una  agu- 


jeta ,  ó  un  par  de  alfileres :  é  assi  á  este 
respecto  todo  lo  demás  barataban ,  y  lue- 
go aquello  que  avian  ávido  lo  tornaban  á 
vender  por  otro  disparate  semejante,  va- 
liendo ó  no  valiendo  mas  ó  menos  prés- 
elo lo  uno  que  lo  otro ;  porque  entrellos 
el  mayor  intento  de  su  cabdal  era  hager 
su  voluntad,  y  en  ninguna  cosa  tener 
constancia.  El  mayor  pecado  ó  delicio 
que  los  indios  desta  isla  mas  aborresgían 
é  que  con  mayor  riguridad  é  sin  remisión 
ni  misericordia  alguna  castigaban ,  era  el 
hurto ;  é  assi  al  ladrón  por  pequeña  cosa 
que  hurtasse,  lo  empalaban  vivo  (como  di- 
gen  que  en  Turquía  se  hage),  é  assi  lo  de- 
xaban  estar  en  un  palo  ó  árbol  espetado ,  co- 
mo en  assador,  hasta  que  alhmoria.  Y  por 
la  crueldad  de  tal  pena  pocas  veges  acaes- 
Cia  a  ver  en  quien  se  executasse  semejan- 
te castigo;  mas  ofresciéndosse  el  casso,  por 
ninguna  manera ,  ni  por  debdo  ó  amistad 
era  perdonado  ni  disimulado  tal  crimen; 
y  aun  quasi  tenían  por  tan  grande  error 
querer  interceder  ó  procurar  que  tal  pena 
fuesse  perdonada  ni  promutada  en  otra 
sentencia,  como  cometer  el  mismo  hurío. 
Ya  se  desterró  Sathanás  desta  isla :  ya 
cessó  todo  con  cessar  y  acabarse  la  vi- 
da á  los  mas  de  los  indios,  y  porque  los 
que  quedan  dellos  son  ya  muy  pocos  y 
en  servicio  de  los  chrípstianos  ó  en  su 
amistad.  Algunos  de  los  muchachos  y  de 
poca  edad  destos  indios  podrá  ser  que 
se  salven,  si  creyeren  é  baptizados  fue- 
ren ,  como  lo  dice  el  Evangelio  * .  Assi 
que,  salvarse  han  los  que  guardáronla  fé 
cathólíca,  é  no  siguieren  los  errores  de 
sus  padres  é  antecessores.  Pero  ¿qué  di- 
remos de  los  que  andaban  aleados  algu- 
nos años  há,  seyendo  chrípstianos,  por  las 
sierras  é  montañas  con  el  cacique  don 
Enrique  é  otros  principales  indios,  no 
sin   vergüenza   é   daño  grande  de   los 


d     Marcum,  cap.  XVI. — Qui  credideril  el  bapli- 
zalus  fuerit ,  salvus  crit :    qui  vero  non  credideril, 


condemnabílur. 


no 


HISTORIA  GENERAL  Y  INATURAL 


chripstianos  é  veginos  desta  isla?  Mas 
porque  aqueste  es  un  passo  notable  é  re- 
quiere particularizarse,  tractarse  ha  la 
materia  en  el  capítulo  siguiente,  para  que 
mejor  se  comprehenda  el  origen  desta 


rebelión  é  á'qué  fin  la  truxo  Dios  con  ía 
clemengia  de  la  Cesárea  Magestad  de. 
Emperador  Rey,  don  Carlos,  nuestro  se- 
ñor, é  por  la  prudengia  de  su  muy  alto  é 
Real  Consejo  de  Indias. 


CAPITULO  IV. 


De  la  rebelión  del  cacique  Enrique  e'  la  causa  que  le  movió  para  ello ,  é  de  la  rebelión  de  íos  negros. 


Jlintre  otros  cagiques  modernos  é  últi- 
mos desta  Isla  Española  ovo  uno  que  se 
llamó  Enrique,  el  qual  era  chripstiano 
baptizado ,  y  sabia  leer  y  escrebir ,  y  era 
muy  ladino  é  hablaba  bien  la  lengua  cas- 
tellana. Este  fué  desde  su  niñez  criado  é 
doctrinado  de  los  frayles  de  Sanct  Fran- 
gisco,  é  mostró  en  sus  pringipios  que  se- 
ria cathólico  é  perseverarla  en  la  fé  de 
Chripsto.  Después,  seyendo mangebo,  se 
casó ,  é  servia  á  los  chripstianos  con  su 
gente  en  la  villa  de  Sanct  Johan  de  la 
Maguana ,  donde  estaba  por  teniente  del 
almirante ,  don  Diego  Colom ,  un  hidal- 
go llamado  Pedro  de  Vadillo,  hombre 
descuydado  ensuofigio  dejustigia,  pues 
por  su  negligengia,  ó  poca  prudengia, 
so  siguió  la  rebelión  deste  cagique:  el 
qual  se  le  fué  á  quexar  de  un  chripstia- 
no ,  de  quien  tenia  gelos  ó  sabia  que  te- 
nia que  hager  con  sumuger,  lo  qual  este 
juez  no  tan  solamente  dexó  de  castigar, 
pero  demás  desso  tracto  mal  al  querellan- 
te é  túvolo  presso  en  la  cárgel ,  sin  otra 
causa,  porque  quiso  complager  al  adúl- 
tero. Y  después  de  aver  amenazado  é  di-> 
cho  algunas  palabras  desabridas  al  Enri- 
que, le  soltó ;  por  lo  qual  el  cagique  se 
vino  á  querellar  á  la  Audiengia  Real  que 
en  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo  resi- 
de, y  en  ella  se  proveyó  que  le  fuesse  fe- 
cha justigia :  la  qual  no  se  le  hizo,  porque 
el  Enrique  volvió  á  la  misma  villa  de 
Sanct  Johan  remitido  al  mismo  teniente 
Pedro  de  Vadillo ,  que  era  el  que  le  avia 


agraviado,  é  le  agravió  después  mas, 
porque  le  tornó  á  prender  é  le  tracto  peor 
que  primero.  De  manera  que  el  Enrique 
tomó  por  partido  el  sofrir,  ó  á  lo  menos 
dissimular  sus  injurias  é  cuernos  por  en- 
tonges ,  para  se  vengar  adelante ,  como 
lo  hizo  en  otros  chripstianos  que  no  le 
tenian  culpa.  Y  después  que  avia  algunos 
dias  que  este  cagique  fué  suelto ,  sirvió 
quieta  é  sosegadamente  hasta  que  se  de- 
terminó en  su  rebeUon  é  algamiento;  y 
quando  le  paresgió  tiempo ,  el  año  de  mili 
é  quinientos  é  diez  é  nueve,  se  fué  al 
monte  con  todos  los  indios  que  pudo  re- 
coger é  allegar  á  su  opinión ,  y  en  las 
sierras  que  llaman  del  Baoruco  é  por  otras 
partes  desta  isla  anduvo  quassi  trege  años. 
En  el  qual  tiempo  salió  de  través  algunas 
veges  á  los  caminos  con  sus  indios  é  gen- 
te é  mató  algunos  chripstianos;  é  robán- 
dolos ,  les  tomó  algunos  millares  de  pe- 
sos de  oro ;  y  otras  veges  algunas  ,  de- 
mas  de  aver  muerto  é  salteado  á  otros, 
hizo  muchos  daños  en  pueblos  y  en  los 
campos  desta  isla,  é  se  gastaron  muchos 
millares  de  pesos  de  oro,  por  le  aver  á  las 
manos,  é  no  fué  possible  hasta  que  Dios 
lo  permitió.  Porque  él  se  dio  tal  recabdo 
en  sus  saltos,  que  salió  con  todos  los  que 
hizo ,  por  la  poquedad  de  aquellos  que  lo 
avian  de  remediar;  pues  está  claro  que 
quando  estaba  esta  isla  próspera  de  in- 
dios (y  eran  tantos  que  no  se  pudieran 
contar),  no  aviendo  sino  tresgientos  es- 
pañoles en  esta  tierra ,  ó  menos ,  los  des  - 


DE  INDIAS.  LIB.  V.  CAP.  IV. 


Uf 


Iruiari  é  sobjuzgaban  por  continuas  ba- 
tallas y  rencuentros;  é  estando  poblada 
de  chripstianos,  anduvo  este  Enrique  é 
otro  capitán  indio ,  llamado  Tamayo ,  ai- 
gados  é  con  poca  gente,  hagiendo  muchos 
daños,  salteando  é  quemando  pueblos  é 
haciendas  de  los  chripstianos  é  matando 
hombres  con  sus  agechanzas. 

Quiero  degir  que  era  la  causa  desto. 
Quando  los  chripstianos,  seyendo  pocos, 
vengian  é  destruian  á  los  indios  (que  eran 
muchos) ,  dorraian  sobre  las  daragas  ó 
rodólas  con  las  espadas  en  las  manos ,  y 
estaban  en  vela  con  los  enemigos.  Quan- 
do Enriquillo  hagia  esas  cosas ,  dormian 
los  chripstianos  en  buenas  é  delicadas 
camas ,  envueltos  en  grangerias  de  agú- 
car  y  en  otras  en  que  las  personas  é  me- 
morias andando  ocupadas ,  no  les  dexa- 
ban  libremente  entender  en  el  castigo  de 
los  indios  rebelados  con  la  atengion  é  di- 
ligengia  que  se  requería :  é  no  se  avia  de 
tener  en  tan  poco,  en  espegial  viendo  que 
cada  dia  se  yban  é  fueron  á  juntar  con 
este  Enrique  é  sus  indios  algunos  negros; 
de  los  quales  ya  hay  tantos  en  esta  isla, 
á  causa  destos  ingenios  de  agúcar ,  que 
paresge  esta  tierra  una  efigie  ó  imagen 
de  la  misma  Ethiopia. 

Por  gierto  si  el  almirante ,  don  Diego 
Colora,  el  año  de  mili  é  quinientos  é  veyn- 
te  é  dos  años,  no  fuera  tan  presto  en  el 
remedio  de  la  rebelión  de  los  negros  que 
en  aquella  sagon  desde  su  ingenio  é  ha- 
gienda  se  pringipió ,  como  se  dixo  en  el 
libro  pregedente ,  pudiera  ser  que  fuera 
nesgessario  reaquistar  esta  isla  de  nue- 
vo é  que  no  dexáran  chripstiano  á  vida, 
como  lo  tenian  pensado,  é  aun  como  lo 
yban  poniendo  por  obra  los  negros  alga- 
dos.  Para  lo  que  tocaba  á  la  rebelión  del 
cagique  Enrique,  la  Cesárea  Magestad  é 
los  señores  de  su  Real  Consejo  de  Indias, 
viendo  que  las  armadas  é  gastos  que  esta 
cibdad  é  isla  avia  fecho  contra  él  eran 
muchos  é  de  ningún  provecho ,  enviaron 


gente  de  guerra  con  el  capitán  Frangisco 
de  Barrionuevo  (que  después  fué  gober- 
nador en  Castilla  del  Oro,  en  la  Tierra- 
Firme),  para  que  higiesse  la  guerra  á  este 
Enrique.  E  aun  después  que  aquella  gen- 
te llegó ,  un  pringipal  indio  ó  capitán  del 
Enrique ,  llamado  Tamayo ,  hizo  giertos 
saltos  é  daños  é  mató  un  chripstiano  é  á 
otro  cortó  la  mano  derecha  é  lo  dexó  vi- 
vo; é  al  mismo  pobre  soldado  le  oy  yo 
degir  después  que  quando  fué  preso,  é  el 
Tamayo  mandó  á  otro  indio  que  le  cor- 
tasse  la  mano,  porque  tuvo  compassion 
del  de  verle  muy  mozo  (que  á  mi  pares- 
ger  quando  yo  le  vi  sin  la  mano  podría 
aver  diez  é  seys  ó  diez  é  siete  años) ,  él 
le  rogó  que  no  le  cortassen  la  mano  de- 
recha, sino  la  ezquierda ;  é  el  Tamayo  le 
dixo  assi:  «Bachiller  soys:  agradesged 
que  no  os  matan  é  aved  pagiengia.»  Pero 
estas  alteragiones  de  los  indios  es  poco 
ó  ningún  temor  para  los  chripstianos  en 
la  verdad,  é  tienen  remedio,  é  muy  pres- 
to le  tuvo  este  algamiento ,  quando  de  he- 
cho se  quiso  remediar ;  porque  Su  Ma- 
gestad Cesárea  envió  á  mandar  que  de 
su  parte  se  le  diesse  seguro  á  este  Enri- 
que é  á  los  otros  indios  que  con  él  esta- 
ban rebelados ,  para  que  redugiéndose  él 
y  ellos  á  su  real  servigio ,  fuesse  perdo- 
nado y  bien  tractado ;  é  no  queriendo  ve- 
nir á  su  obediengia  por  bien  de  paz,  le 
fuesse  fecha  la  guerra  á  fuego  é  á  sangre 
muy  en  forma ;  de  manera  que  no  faltas- 
se  el  castigo  á  proporgion  de  sus  méri- 
tos. Y  aquesta  Audiengia  Real  entendió 
luego  en  ello,  segund  Su  Magestad  se  lo 
mandó ,  con  esperanga  del  buen  subgcso 
que  nuestro  Señor  dio  en  ello;  y  lo  que 
se  siguió  se  espegificará  en  el  capítulo  si- 
guiente. 

Pero  porque  dixe  de  suso  que  de  no 
aver  fecho  justigia  á  este  cagique  el  te- 
niente Pedro  de  Vadillo,  subgedió  su  re- 
belión (assi  es  notorio  en  esta  isla) ,  pa- 
resgerá  al  que  esto  oyere  que  por  mis  pa- 


U2 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


labras  queda  aquel  hidalgo  obligado  á 
alguna  culpa  ,  digo  que  ya  la  que  él  tuvo 
(en  aqueste  caso)  él  lo  ha  pagado ;  por- 
que tiene  Dios  cargo  de  punir  é  castigar 
los  que  los  jueges  del  suelo  dissimulan  y 
no  castigan ,  y  aun  á  las  veges  se  executa 
su  divina  sentengia  en  los  mismos  jueges, 
como  le  acontesgió  á  este :  que  yendo 
desde  aquesta  cibdad  á  España  en  una 
nao,  entrando  por  la  barra  del  rio  Gua- 
dalquivir, á  par  de  Sanct  Lúcar,  se  per- 
dió la  nao  en  que  yba ,  y  él  y  el  maes- 
tre Frangisco  Vara  y  otros  muchos  se 
ahogaron  y  con  mucha  riqueza ;  y  assi  es- 
cotó este  juez  la  sinrazón  fecha  al  ca- 
gique  Enrique.  Dios  aya  piedad  de  su 
ánima  y  de  las  de  aquellos  que  alli  pa- 
deá^ieron. 

Tornando  á  lo  que  se  propuso  en  el 


título  deste  capítulo  IV,  creer  se  de- 
be por  lo  que  está  dicho  que  los  indios 
desta  isla  tenían  otros  muchos  mas  ritos 
é  gerimonias  de  las  que  de  suso  se  han 
apuntado ;  pero  como  se  han  acabado ,  é 
los  viejos  é  mas  entendidos  dellos  son  ya 
muertos,  no  se  puede  saber  todo  total- 
mente como  era.  Masquanto  á  lajustifi- 
cagion que  dixe  de  su  finé  acabamiento, 
quando  se  tractáre  de  la  Tierra-Firme  en 
la  segunda  parte  destas  historias ,  se  di- 
rán muchas  mas  cosas  é  abominagiones 
de  sus  ritos  é  gerimonias  é  idolatrías; 
porque  en  aquellla  tierra  he  yo  gastado 
mas  tiempo,  y  hay  mucho  mas  que  es- 
crebir  della ;  porque  es  grandíssima  tier- 
ra é  de  diverssas  lenguas  é  costumbres  é 
habitada  de  gentes  muy  diferentes  en  su 
manera  de  vivir. 


CAPITULO  V. 


Del  subceso  de  la  rebelión  del  ca9Íque  Enrique ,  que  después  se  llamo  don  Enrique  ,  porque  assi  lo  nom- 
bró Su  Magestad  en  una  caria  que  le  envió  ,  y  de  cómo  el  capitán  Francisco  de  Barrionyevo  se  vido  con 
él,  e'  fué  reducido  al  servicio  de  Sus  Majestades,  y  se  asentó  la  paz  con  él  y  sus  indios. 


i  orque  en  los  capítulos  de  suso  se  ha 
dicho  cómo  Su  Magestad  envió  al  capi- 
tán Frangisco  de  Barrionuevo  á  esta  isla, 
para  requerir  á  Enrique  que  se  redugies- 
se  á  su  real  servigio ,  ó  se  le  higiesse  la 
guerra  á  fuego  y  á  sangre ,  y  no  con  la 
tibiez  é  espagio  de  antes ;  digo  assi  que 
esta  Audiengia  Real,  visto  el  manda- 
miento de  César,  quissó  tomar  el  pares- 
ger  de  las  personas  pringipales  desta 
cibdad,  é  se  juntaron  para  platicar  en  la 
forma  que  se  debía  tener  en  la  pagifica- 
gion  ó  guerra  de  aqueste  cagiqíie  Enri- 
que. Y  después  de  se  aver  consultado, 
se  acordó  que  el  mismo  capitán  Frangis- 
co de  Barrionuevo ,  fuesse  primero  á  ten- 
tar la  paz ,  é  si  no  se  pudiesse  aver ,  que 
se  usasse  de  los  remedios  de  las  armas; 


porque  primero  fuesse  ante  Dios  fecha 
esta  diligengia  en  justíficagion  de  la  con- 
giengia  de  la  Cesárea  Magestad  y  de  sus 
vasallos  para  todo  lo  que  subgediesse ,  y 
que  las  muertes  y  daños  que  redundas- 
sen  de  la  guerra,  no  se  pudiessen  im- 
putar ni  atribuir  á  los  chripstianos.  Y  pa- 
ra este  efecto  partió  de  aquesta  cibdad 
de  Sancto  Domingo  á  buscar  al  Enrique 
á  los  ocho  de  mayo  de  mili  é  quinientos 
é  treinta  é  tres  años  en  una  cara  vela, 
con  que  salió  del  puerto  de  esta  cibdad 
é  con  él  treinta  é  dos  hombres  chripstia- 
nos é  otros  tantos  indios  para  les  ayudar 
á  llevar  las  mochilas ;  y  fué  por  la  costa 
abaxo  desta  isla  al  poniente,  por  la  ban- 
da del  Sur,  de  puerto  en  puerto.  Y  porque 
la  caravela  no  podía  ir  muy  junto  á  lier- 


DE  INDIAS.  LIB.  V.  CAP.  V. 


143 


ra,  llevaba  por  la  costa  un  batel  con 
gente,  y  llegó  á  la  villa  de  Yaquimo  baxo 
de  las  sierras  del  Baoruco ,  y  en  todo  el 
camino  no  halló  rastro  alguno,  ni  humo, 
ni  indicio  de  que  se  pudiesse  presumir 
dónde  se  pudiesse  hallar  este  cacique  é 
su  gente.  E  inquiriendo  esto  por  la  cos- 
ta, entrando  en  la  tierra  ó  volviendo  á  la 
mar  muchas  veges,  gastó  en  esto  dos 
meses  de  tiempo ;  é  al  cabo ,  habiendo 
un  dia  salido  en  tierra ,  subió  por  la  cos- 
ta de  un  rio,  é halló  una  estangia  de  in- 
dios despoblada  de  gente;  pero  avia  en 
torno  della  comida  de  conucos  ( que  son 
labranzas  de  indios) ,  é  no  consintió  que 
se  tomasse  cosa  alguna  por  no  alterar: 
que  bien  entendió  que  los  indios  de 
aquella  estancia  debian  ser  idos  á  pescar 
ó  á  cagar,  ó  montear,  ó  donde  les  con- 
viniesse.  Y  visto  esto,  se  tornó  á  la  mar 
é  acordó  de  enviar  por  giertas  guias  á  la 
villa  de  la  Yaguana ;  é  traydas  estas ,  en- 
vió un  indio  dellas  con  una  carta  al  mes- 
mo  Enrique  (porque  aquella  guia  degia 
que  sabia  donde  estaba),  y  este  indio 
nunca  más  tornó ,  ni  se  supo  que  se  hi- 
zo. Y  cómo  vido  el  capitán  que  esta  guia 
ó  lengua  no  tornaba  á  cabo  de  veynte 
dias  que  la  avia  enviado ,  aóordó  de  ser 
él  mismo  mensajero  é  yr  en  persona  con 
otra  guia  que  le  quedaba ;  é  con  treynta 
hombres  chripstianos  fué  á  buscar  es- 
te cagique  adonde  aquella  india  degia 
que  Enrique  tenia  sus  labrangas  é  que  le 
hallarían.  E  habiendo  caminado  tres  dias 
y  medio ,  hallóse  una  labranga ;  é  andan- 
do á  buscar  agua  para  beber ,  hallaron 
quatro  indios,  los  quales  se  tomaron  to- 
dos; y  de  aquellos  sé  supo  que  Enrique 
estaba  en  la  laguna  que  llaman  del  Co- 
mendador Aybaguanex;  (que  era  un  indio 
que  assi  se  llamaba  en  tiempo  passado, 
quando  gobernó  esta  isla  el  comendador 
mayor  don  Frey  Nicolás  de  Ovando): 
la  qual  laguna  estaba  ocho  leguas  de 
alli ,  de  mal  pais ,  y  de  tierra  muy  mon- 


tuosa é  gerrada  de  espinos  y  arboledas  é 
matas  tan  espessas  como  acá  suelen  ser; 
y  él  determinó  de  yr  allá. 

Antes  de  llegar  á  la  laguna  que  es  di- 
cho, topó  el  capitán  é  los  que  con  él  yban 
un  pueblo  muy  bueno  é  de  muchos  é  bue- 
nos buhios  ó  casas,  y  tal  que  en  los 
liempos  passados  pudieran  muy  bien  vi- 
vir en  él  mili  é  quinientos  indios :  en  el 
qual  se  creyó  que  estaría  Enrique  é  que 
sería  tornado  de  la  laguna,  donde  en  la 
verdad  él  estaba ,  hagiendo  sus  caliólas  ó 
ahumadas ,  que  los  indios  toman ,  que 
assimismo  llaman  tabacos,  como  atrás  se 
dixo  en  el  capítulo  II.  E  hizo  noche 
el  capitán  con  los  que  llevaba ,  á  me- 
dia legua  del  pueblo  que  es  dicho ;  é  al 
quarto  del  alba,  el  dia  siguiente ,  dio  so- 
bre él  y  llegado  al  pueblo ,  no  se  halló 
gente  alguna;  mas  halláronse  aparejos 
de  casa ,  según  los  indios  los  tienen :  de 
forma  que  claramente  paresgia  ser  po- 
blado y  estar  la  gente  fuera  del  lugar.  E 
mandó  el  capitán  que  no  se  tocasse  en 
cosa  alguna ,  exgepto  algunas  calabagas 
que  se  tomaron  para  llevar  agua  por  la 
falta  que  della  hay  por  aquella  tierra. 
Desde  alli  hasta  la  laguna  avia  un  cami- 
no ,  fecho  á  hacha  y  á  mano  ,  que  podía 
yr  una  carreta  y  venir  otra  por  la  anchura 
del ;  y  por  alli ,  según  se  mostraba ,  lle- 
varon los  indios  trege  canoas  que  tenían 
hasta  la  laguna :  las  siete  grandes  y  las 
seis  pequeñas.  E  siguiendo  por  este  ca- 
mino el  capitán  é  los  chripstianos  que 
con  él  yban ,  oyeron  los  golpes  de  una 
hacha  dentro  del  monte  (que  ya  era  mon- 
taña alta  é  tierra  andadera ) ,  é  sentidos 
aquellos  golpes ,  hizo  sentar  la  gente ,  é 
desde  alli  proveyó  de  enviar  por  todas 
partes  indios ,  de  los  que  llevaba  manssos, 
que  tomassen  en  medio  al  que  golpeaba 
ó  hagia  leña  dentro  en  lo  emboscado  y 
espesso  del  monte  ;  é  assi  se  hizo  é  fue 
tomado  un  indio,  que  estaba  cortando 
leña.  Es  de  notar  que  en  todo  el  camino 


U4 


HISTORIA  GENERAL  Y  iNATÜRAL 


del  monte  hasta  alli  no  avian  en  parte  al- 
guna hallado  que  estoviesse  cortado  un 
palo  ni  rama  ;  porque  el  Enrique ,  como 
hombre  apercebido  y  de  guerra ,  lo  tenia 
assi  mandado,  só  pena  de  la  vida,  á  sus 
indios ,  y  lo  executaba  en  el  que  lo  con- 
ti'ario  hagia.  Después  que  este  indio  fue 
tomado ,  el  capitán  Francisco  de  Barrio- 
nuevo  se  retruxo  á  un  lado,  dentro  en  la 
montaña ,  fuera  del  camino ,  dejando  su 
guarda,  donde  le  paresgió  que  con  venia, 
para  que  la  gente  que  passase  no  tamas- 
se  rastro  ni  sintiessen  que  andaban  por  alli 
cripstianos.  E  informóse  de  aquel  indio 
en  qué  parte  é  dónde  estaba  don  Enri- 
que: el  qual  les  dixo  dónde  le  hallarían, 
pero  que  avian  de  ir  gerca  de  media  le- 
gua por  de  dentro  de  la  laguna,  en  algu- 
nas partes  hasta  la  rodilla  el  agua ,  y  en 
otras  hasta  los  sobacos  é  algo  mas  é  me- 
nos ;  y  que  de  la  otra  parte  avia  peñas  é 
mangles  muy  gerrados  y  espessos  ( que 
son  árboles  de  gierta  manera  muy  texi- 
dos  y  dentro  del  agua  en  las  costas  ma- 
rinas), y  que  el  camino  era  muy  malo. 
E  informados  muy  bien  de  la  dispusigion 
é  passos  por  donde  avian  de  ir ,  estaban 
á  legua  é  media  del  Enrique ;  é  partieron 
luego  de  alli  el  capitán  é  su  gente  fuera 
de  camino,  y  llegados  ala  laguna,  fueron 
vistos  de  unos  indios  que  estaban  fuera 
della  en  tierra:  los  quales  en  el  instante 
se  comengaron  á  apellidar  é  dar  voges, 
é  se  recogieron  hasta  doge  indios,  que 
podrían  ser,  en  las  canoas  que  es  dicho; 
las  quales  alli  tenian,  é  comengaron  á 
dar  golpes  con  los  nahes  ó  remos  en  las 
canoas ,  porque  los  chripstianos  sinties- 
sen que  estaban  dentro  ya  en  ellas  los  in- 
dios ,  los  quales  degian  á  voges :  A  la 
mar,  capitán;  á  la  mar,  capitán.  Y  él  no 
quiso  responder ,  aunque  los  chripstianos 
le  degian  que  respondiesse ;  pero  él  re- 
plicó é  dixo  :  «Esos  indios  tienen  capitán 
é  no  sabemos  si  le  llaman  á  él  ó  á  mí.»  E 
tornaron  á  dar  voges  é  dixeron :  Señor 


capitán  de  la  Magestad,  á  la  mar,  á  la 
mar.  En  tongos  el  capitán  salió  de  la  sa- 
vana  ó  monte ,  echando  por  los  lados  del 
camino  por  dó  yba,  algunos  compañeros 
de  sus  soldados,  por  yr  en  orden  é  saber 
si  avia  mas  gente  de  la  de  Enrique  en  al- 
guna gelada.  Este  nombre  savana  se  dige  á 
la  tierra  que  está  sin  arboledas,  pero  con 
mucha  é  alta  hierva,  ó  baxa.  Assi  que, 
de  la  manera  que  dicha  es ,  llegó  el  ca- 
pitán é  los  que  con  él  yban  á  la  costa  é 
agua  de  la  laguna  ( la  qual  tiene  de  gir- 
cunferengia  doge  leguas) :  é  alli  hablo 
con  los  indios  de  las  canoas  é  les  pre- 
guntó que  dónde  estaba  Enrique  ,  porque 
le  yba  á  hablar  en  nombre  de  Su  Mages- 
tad, é  á  le  dar  una  carta  real  suya.  E 
preguntóles  si  avia  alli  venido  el  indio  ó 
guia  primera  que  avia  enviado  solo,  co- 
mo ya  está  digho ;  é  dixeron  que  no  avia 
ido  alli  tal  indio ,  pero  que  ya  sabian  que 
era  venido  un  capitán  que  enviaba  la  Ma- 
gestad. Entonges  el  capitán  Frangisco  de 
Barrionuevo  les  rogó  que  tomassen  una 
india  que  él  llevaba ,  que  avia  estado  un 
tiempo  antes  con  el  mesmo  Enrique ,  é  le 
conosgia  muy  bien ,  para  que  della  se  in- 
formasse  de  su  venida  ;  é  con  mucha  im- 
portunidad la  resgibieron ,  digiendo  que 
avria  enojo  su  señor  Enrique.  Y  entró  la 
india  en  la  laguna,  dándole  el  agua  hasta 
la  cinta ;  é  tomáronla  en  una  de  aquellas 
canoas  é  dixeron  que  ellos  la  llevarran  á 
su  señor  Enrique,  é  assi  lo  pusieron  en 
efecto. 

Y  fecho  esto ,  el  capitán  é  los  chrips- 
tianos se  apartaron  de  alli  quanto  un  tiro 
de  baUesta ,  é  entráronse  á  la  savana  ó 
campo  raso  ( por  su  seguridad) ,  donde 
durmieron  aquella  noche.  Otro  dia  si- 
guiente ,  dos  horas  después  de  salido  el 
sol ,  volvieron  dos  canoas ,  en  que  vino 
un  indio  pringipal  capitán  del  dicho  En- 
rique (con  doge  indios),  llamado  Martin 
de  Alpharo ,  muy  pariente  del  Enrique ,  y 
el  mas  agepto  á  él.  E  traia  la  india  que 


DE  INDIAS.  LIB.  V.  CAP.  V. 


U5 


es  dicho ;  é  salieron  todos  en  tierra  con 
sus  langas  y  espadas ,  é  apartóse  un  po- 
co de  los  chripstianos  Frangisco  de  Bar- 
rionuevo ,  é  abragó  á  este  indio  capitán 
é  á  todos  los  indios  que  con  él  salieron  á 
tierra  :  los  quales  se  tornaron  luego  á  sus 
canoas ,  salvo  aquel  pringipal  que  quedó 
en  tierra,  hablando  con  Barrionuevo.  E 
era  bien  ladino ,  é  hablaba  la  lengua  cas- 
tellana sufigientemente:  el  qual  dixo  al 
capitán  nuestro,  que  le  pedia  por  merged 
el  señor  Enrique ,  que  porque  él  estaba 
mal  dispuesto ,  que  se  fuesse  allá ;  el  qual 
pensó  que  aquello  se  le  enviaba  á  degir, 
para  conosger  del  si  su  yda  era  por  bue- 
na amistad,  ó  fraudossa  aquella  visita- 
gion ;  porque  el  camino  y  entrada  eran  ta- 
les, que  si  mostrara  algún  temor  ó  rége- 
lo de  la  yda,  sospecharan  Enrique  é  su 
gente  que  los  querian  engañar  ó  prender. 
E  por  quitarles  tal  sospecha,  se  determinó 
el  capitán  Barrionuevo  de  yr  allá ,  aunque 
contra  la  voluntad  de  los  mas  de  los  que 
con  él  yban ;  porque  regelaban ,  segund 


la  dispusigion  é  passos  del  camino  (que 
avian  de  passar) ,  que  los  podrian  los  in- 
dios matar  ó  aprovecharse  dellos  muy  á 
su  salvo.  Pero  el  capitán  Barrionuevo,  non 
obstante  esso ,  tomó  consigo  hasta  quin- 
ge  hombres  ( los  que  le  paresgió  escoger 
de  los  chripstianos),  é  dexó  alli  los  demás 
con  los  indios  manssos  que  avia  llevado;  é 
siguió  su  camino  por  donde  le  quiso  guiar 
el  Martin  de  Alpharo ,  por  tales  passos  é 
viaje ,  que  era  bien  aparejado  para  temer 
el  evento  é  fin  de  la  jornada  que  hagian. 
E  aun  assi  lo  yban  algunos  de  los  chrips- 
tianos que  llevaba  digiendo  é  murmuran- 
do ,  porque  era  muy  áspera  tierra  é  muy 
gerrada  y  espesa  de  árboles  é  manglares 
y  espinos:  é  indubitadamente  los  mas  de 
los  compañeros  penssaban  que  no  avian 
acertado  en  creer  á  aquel  indio ,  é  de  pa- 
resger  de  los  mas,  se  tornaran.  Pero  su 
capitán  conosgió  la  flaqueza  de  algunos 
de  su  compañía  ,  é  díxoles  lo  que  se  si- 
gue, por  animarlos  é  que  no  le  de- 
xassen. 


CAPITULO  VI. 


Del  razonamiento  que  el  capitán  FranQisco  de  Barrionuevo  hizo  á  ciertos   compañeros  que  con  él  yban 
por  un  camino  sospechoso  é  áspero,  yéndosse  á  ver  con  ei  cacique  Enrique  ,  llevando  por  guia  á   un  ca- 
pitán del  mismo  Enrique. 


«oeñores:  yo  vine  acá  con  vosotros,  no 
á  mas  de  servir  á  Dios  é  al  Emperador, 
nuestro  Señor ;  é  no  será  bien  que  se  co- 
nozca temor  en  ninguno  de  vosotros,  pues 
que  soys  hidalgos  é  personas  experimen- 
tadas en  mayores  peligros.  Quanto  mas 
que  aqui  no  hay  de  qué  temer ,  y  el  que 
quisiere  tornarse,  vuélvasse  donde  que- 
dan nuestros  compañeros,  é  aguárdeme 
alli :  é  el  que  oviere  gana  de  me  seguir 
é  hager  lo  que  debe ,  haga  lo  que  yo  ha- 
go; porque  yo  no  tengo  de  volver  un 

passo  atrás ,  aunque  penssasse  escapar  de 
TOMO  I. 


morir :  que  á  esto  vine  é  venís ,  y  á  ga- 
nar honra  é  no  á  perderla.» 

E  assi  seyendo  él  el  delantero,  prosiguió 
su  camino,  llevando  una  espada  en  la 
ginta ,  é  una  langa  gineta  en  la  mano  ,  é 
sin  otras  armas  defensivas  ni  ofensivas, 
é  con  un  jubón  de  cañamago  ó  angeo  é 
unos  garahuelles  é  unas  antiparas  de  bi- 
tre  de  las  rodillas  abaxo  ,  é  unos  alpar- 
gates calgados.  E  desla  manera  que  he 
dicho ,  como  buen  capitán  é  animoso  ca- 
ballero, exortando  los  que  con  él  yban, 

todos  ellos  le  siguieron  é  llegaron  á  una 

i9 


U6 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


caleta  ó  ensenada  ó  ancón,  que  estaba 
no  mas  de  hasta  dos  tiros  de  ballesta  de 
donde  Enrique  estaba.  E  de  cansado  del 
trabajoso  camino ,  se  assentó  debaxo  de 
un  árbol,  é  desde  alli  vido  en  la  vuelta 
del  ancón  de  la  mesma  laguna  á  Eurique 
é  los  indios  que  con  él  estaban.  E  tuvo 
mucha  razón  de  descansar ,  porque  hasta 
llegar  alli,  muchas  veges  avian  andado  á 
gatas  é  rastrando  por  debaxo  de  los  ár- 
boles é  matas ;  y  también  lo  hizo  porque 
demás  de  tomar  aliento  él  é  los  que  con 
él  yban  (debaxo  de  aquella  disimulagion), 
pudiesse  entender  é  conjecturar  mejor  la 
dispusigion  de  aquella  tierra  donde  esta- 
ba, para  lo  que  le  conviniesse  hager,  si  al- 
guna nesgessidad  le  ocurriesse.  Y  desde 
alli  hizo  atravessar  por  el  agua  á  un  mes- 
tizo que  con  él  yba  é  al  indio  capitán 
Martin  de  Alpharo ,  é  mandóles  que  le  di- 
xessen  á  Enrique  que  él  yba  cansado  é 
que  por  esso  avia  parado  alli,  é  no  por 
otra  causa:  é  que  si  el  Enrique  se  rege- 
laba ,  que  mirasse  que  no  avia  razón  pa- 
ra que  temiesse  ,  pues  veya  como  él  avia 
llegado  alli  con  aquellos  pocos  chripstia- 
nos  que  con  él  estaban.  Pero  que  sidesto 
no  se  aseguraba,  que  él  se  tornaría á  sa- 
lir á  la  savana  ó  á  lo  raso,  y  él  podría 
venir  con  sus  canoas  á  le  hablar  segura- 
mente ó  como  él  quissiesse  hagerlo ;  por- 
que él  yba  de  parte  de  Su  Magostad  á  le 
hablar  é  traer  en  paz  á  su  servigio ,  é  le 
queria  el  Emperador,  nuestro  Señor,  por 
suyo ,  é  hagerle  mergedes ,  é  le  traia  una 
carta  de  Su  Magostad ;  é  que  no  temiesse 
de  cosa  alguna,  porque  César  le  perdona- 
ba todas  las  cosas  passadas,  viniendo  él 
á  su  servigio  é  obediengia ,  como  lo  ve- 
ría por  su  real  letra  que  le  escribía.  E  assi 
á  este  propósito  otras  palabras  exortato- 
nas,  á  la  paz  é  amistad  convinientes ,  le 
envió  á  degir ;  y  cómo  el  mestizo  y  el  ca- 
pitán Martin  de  Alpharo  llegaron  al  En- 
rique é  le  refirieron  lo  que  es  dicho ,  lue- 
go él  comengó  á  dar  mucha  priessa  á  sus 


indios  ,  é  llamábalos  bellacos ,  porque  no 
se  daban  priessa  é  no  avian  abierto  el 
camino.  E  luego  tornaron  aquel  mestizo  é 
capitán  (que  es  dicho)  donde Barrionue- 
vo  estaba ,  é  le  dixeron  que  fuesse  él  é 
su  gente  toda:  el  qual  envió  luego  á  lla- 
mar á  los  que  avia  dexado  atrás  de  los 
españoles  en  la  savana  con  los  indios 
mansos;  é  llegados,  él  comengó  á  yr  há- 
gia  donde  estaba  Enrique  por  el  camino 
que  ya  estaba  hasta  él  abierto.  E  los  in- 
dios que  le  abrian,  passaron  de  alli  ade- 
lante, abriendo  é  prosiguiendo  su  tala 
hágia  donde  los  chripstianos  avian  que- 
dado, los  quales  ya  venian  hagiendo 
lo  mismo.  Llegado  el  capitán  Frangisco 
de  Barrionuevo,  con  los  chripstianos, 
donde  Enrique  estaba,  avia  aUi  un  árbol 
grande  de  buena  sombra,  é  debaxo  del 
estaba  una  manta  de  algodón  tendida  en 
tierra ;  é  assi  cómo  se  vieron ,  fué  el  uno 
para  el  otro,  é  se  abragaron  con  mucho 
plager,  é  assidos  de  las  manos ,  se  fueron 
á  sentar  sobre  aquella  manta.  E  alli  lle- 
gó á  abragar  al  capitán  Barrionuevo  Ta- 
mayo  ,  pringipal  indio  (y  el  que  mas 
daño  por  su  persona  hagia  en  esta  isla),  y 
después  deste  abragó  á  todos  los  otros 
indios  de  Enrique ,  que  eran  seis  capita- 
nes pringipales  ,  inferiores  é  criados  des- 
te  cagique  Enrique  ,  é  los  otros  indios  res- 
tantes, gandules  é  hombres  de  guerra, 
que  serian  hasta  septenta  hombres  bien 
dispuestos ,  é  los  mas  dellos  con  langas  y 
espadas  y  rodelas.  Las  quales  traian  al 
rededor  del  cuerpo ,  desde  los  sobacos 
hasta  las  caderas,  rodeados  muchas  vuel- 
tas de  hicos  ó  cuerdas  de  algodón ,  jun- 
tas y  espessas,  en  lugar  de  coragas,  y 
embixados  todos  ó  pintados  de  gierta  co- 
lor roxa,  como  almagre,  ó  mas  subida 
color,  que  se  llama  hixa,  con  muchos  pe- 
nachos, é  puestos  en  orden,  como  suelen 
estar  en  las  batallas  é  guerra.  E  mandó 
el  capitán  Frangisco  de  Barrionuevo  as- 
sentar  á  los  chripstianos  á  un  cabo,  apar- 


DE  INDIAS.  LIB.  V.  CAP.  VII. 


147 


lados  un  poco  del ,  y  Enrique  mandó  á 
sus  indios  qu&se  sentassen  al  otro  cabo. 
Fecho  aquesto ,  el  capitán  Francisco  de 


Barrionuevo ,  con  mucho  plager  é  gentil 
semblante,  le  hizo  un  ragonamicnlo  en 


la  manera  siguiente. 


CAPITULO  VIL 


Del  raconamienlo  que  hizo  el  capitán  Fraii9Ísco  de  Barrionuevo  al  cacique  Enrique,    quando  le    dio 
una  caria  de  Su  Mag-eslad,  é  quedaron  assenladas  las  paces. 


«Hinrique,  muchas  gragias  debéis  dar 
á  Dios,  nuestro  Señor,  por  la  clemencia 
y  misericordia  que  con  vos  usa  en  las 
raergedes  señaladas  que  os  hage  el  Em- 
perador Rey ,  nuestro  Señor,  en  se  acor- 
dar de  vos ,  y  os  querer  perdonar  varios 
yerros  é  reduciros  á  su  real  servigio  é 
obediengia,  y  querer  que  como  uno  de 
sus  vasallos  seays  bien  tractado,  y  que 
de  ninguna  cosa  de  las  passadas  se  ten- 
ga con  vos  memoria ;  porque  os  quiere 
mas  enmendado  y  por  su  vasallo  y  ser- 
vidor ,  que  no  castigado  por  vuestras  cul- 
pas ,  porque  vuestra  ánima  se  salve  y 
sea  de  Dios,  y  no  os  perdáis  vos  é  los 
vuestros;  sino  que  como  chripstiano 
(pues  resgebistes  la  fé  y  sacramento  del 
sancto  baptismo),  seays  resgebido  con  to- 
da misericordia,  como  mas  largamente 
lo  veréis  por  esta  carta  que  Su  Magostad, 
hagiéndoos  estas  mergedes  que  he  dicho 
y  las  que  mas  os  hará,  os  escribe.» — Y 
acabado  de  degir  esto ,  se  la  dio ,  la  qual 
Enrique  tomó  en  la  mano  é  tornósela  á 
dar  é  le  dixo  que  le  rogaba  que  se  la  le- 
yesse:  que  él  se  fiaba  del,  porque  tenia 
malos  los  ojos;  y  assi  era  verdad. 

Entonges  Frangisco  de  Barrionuevo  la 
tomó  é  leyó  alto ,  que  lodos  los  que  allí 
avia  lo  podian  oyr  y  entender  (los  indios 
que  entendiessen  nuestra  lengua);  y  leida, 
la  tornó  á  dar  á  Enrique  é  le  dixo:  «Se- 
ñor don  Enrique ,  besad  la  carta  de  Su 
Magostad  é  ponedla  sobre  vuestra  cabe- 
ga.»  Y  assi  lo  hizo  el  luego  con  mucho 
plager ;  y  el  capitán  le  dio  encontinente 


otra  Carta  de  seguro  de  la  Audiengia 
Real  é  Changilleria  de  Sus  Magestades, 
que  reside  en  esta  cibdad  de  Sancto  Do- 
mingo ,  sellada  con  el  sello  real  y  le  di- 
xo assi: —  «Yo  vine  á  esta  isla  por  manda- 
do del  Emperador  Rey ,  nuestro  Señor, 
con  gente  española  de  guerra ,  para  que 
con  ella  y  toda  la  que  mas  hay  en  aques- 
ta isla ,  os  haga  guerra.  E  mandóme  Su 
Magostad  que  de  su  parte  os  requiera 
primero  con  la  paz  para  que  vengáis  á  su 
obediengia  y  real  servigio ;  y  si  assi  lo 
higiéredes,  os  perdona  todos  los  yerros 
y  cosas  passadas ,  como  por  su  real  carta 
ya  aveis  sabido.  Y  assi  de  su  parte  os 
mando  é  requiero  que  lo  hagáis ,  porque 
haya  lugar  que  se  use  con  vos  tanta  h- 
beralidad  y  clemengia.  E  mirad  que  soys 
chripstiano,  é  temed  á  Dios  é  dalde  infi- 
nitas gragias  é  nunca  le  desconozcáis 
tanta  misericordia ,  pues  que  os  da  lugar 
que  os  salvéis ,  y  no  perdáis  el  ánima  ni 
la  persona;  porque  aunque  hasta  aqui  él 
os  ha  guardado  de  los  peligros  de  la 
guerra,  ha  seydo  porque  quando  os  al- 
gastes,  tuvistcs  alguna  causa  para  apar- 
taros de  aquel  pueblo,  donde  viviades; 
pero  no  para  desviaros  del  servigio  de 
Dios  y  de  vuestro  Rey :  porque  en  fin,  si 
á  notigia  de  Su  Magostad  llegara  que 
aviados  resgebido  algún  agravio,  sed 
gierto  que  lo  mandara  muy  enteramente 
remediar  y  castigar,  de  manera  que  fué- 
rades  salisffecho  y  contento.  Pero  ya  que 
todo  aquello  es  passado ,  os  digo  é  ger- 
tifico  que  si  agora  no  venís  de  coragon 


148 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


y  de  obra  á  conosger  vuestra  culpa  y  á 
obedesgerá  Su  Magestad,  perdonándoos 
como  os  perdona,  que  permitirá  Dios 
que  os  perdáis  presto ,  porque  la  soberbia 
os  traerá  á  la  muerte.  Y  quiero  que  se- 
páis que  la  guerra  no  se  os  hará,  como 
hasta  aqui  se  os  ha  fecho,  en  eí  tiempo 
passado;  ni  os  podréis  esconder,  aunque 
fuessedes  un  corí  ó  un  pequeño  gusano, 
de  debaxo  de  la  tierra ;  porque  la  gente 
de  Su  Magestad  es  mucha,  y  el  poder 
real  suyo  el  mayor  que  hay  en  el  mundo. 

Y  entraros  han  por  tantas  partes,  que  de 
lo  mas  hondo  y  escondido  os  sacarán.  Y 
acordaos  que  hage  trege  años  ó  mas  que 
no  dermis  seguro  ni  sin  sobresalto  é  con- 
goxa  é  temor  grande,  assi  en  la  tierra 
como  en  la  mar:  é  que  no  lo  aveis  con 
otro  cagique  que  tan  pocas  fuergas  tenga 
como  vos ;  sino  con  el  mas  alto  é  mas 
poderoso  señor  é  rey  que  hay  debaxo 
del  gielo;  á  quien  otros  reyes  y  muchos 
rey  nos  obedesgen,  é  temen  é  le  sirven. 

Y  creed ,  que  si  Su  Magestad  fuera  infor- 
mado de  lo  gierto ,  que  ha  mucho  tiem- 
po que  vos  fuérades  enmendado  ó  cas- 
tigado, si  no  viniérades  á  su  merged; 
porque  es  de  su  real  é  cathólica  costum- 
bre y  clemengia  mandar  primero  amo- 
nestar que  castigar  á  quien  le  dessirvió 
algún  tiempo ;  pero  hecho  este  cumpli- 
miento, ninguna  cosa  desta  vida  basta 
para  defender  á  ningún  culpado  de  su  ira 
é  jusligia.  E  assi  os  digo  que  ni  tampoco 
creáis  que  si  viniéredes  (como  creo  que 
verneis)  á  conosger  lo  que  se  os  ofresge, 
e  á  ser  el  que  debéis  en  vuestra  obe- 
diengia  é  servigio,  que  os  conviene  por 
ningún  caso  deste  mundo  tornar  á  la 
rebelión  en  ningún  tiempo;  porque  su 
indignagion  seria  muy  mayor ,  y  el  cas- 
tigo executado  en  vos  y  en  vuestra  gen- 
te con  mayor  rigor ;  porque  hallareis 
muy  buen  tractamiento  en  sus  goberna- 
dores y  justigias,  é  ningún  chripsliano 
os  enojará  que  dexe  de  ser  punido  é 


castigado  muy  bien  por  ello.  Por  tanto, 
algad  las  manos  al  gielo,  é  dad  infinitos 
loores  á  Jesu-Chripsto  por  las  mergedes 
que  os  hage ,  si  hígiéredes  lo  que  Su  Ma- 
gestad os  manda ,  é  yo  en  su  real  nom- 
bre os  requiero ;  porque  si  amáredes 
vuestra  vida  é  la  de  los  vuestros ,  ama- 
reis ^su  real  servigio  é  la  paz ,  librareis 
vuestra  ánima  é  las  de  muchos,  é  daréis 
seguridad  á  vuestra  persona  é  á  las  do 
todos  aquellos  que  os  siguen.  E  Su  Ma- 
gestad terna  memoria  de  vos ,  para  hage- 
ros  mergedes,  é  yo  en  su  nombre  os  da- 
ré todo  lo  que  oviéredes  menester,  y  os 
otorgaré  la  paz  é  seguro ;  é  capitularé 
con  vos  cómo  viváis  honrado,  y  en  la 
parte  que  os  pluguiere  escojer  en  esta 
isla ,  con  vuestra  gente  y  con  toda  aque- 
lla libertad  que  gogan  los  otros  vasallos 
chripstianos  é  buenos  servidores  de  Su 
Magestad.  Assi  que,  pues  me  aveis  en- 
tendido ,  degidme  vuestra  voluntad ,  y  lo 
que  entendéis  hager.» 

A  todas  estas  palabras ,  el  cagique  En- 
rique estuvo  muy  atento  é  todos  los  in- 
dios é  los  chripstianos ,  é  con  mucho  si- 
lengio ;  é  cómo  el  capitán  Frangisco  de 
Barrionuevo  ovo  acabado  de  hablar,  res- 
pondió Enrique  assi: — «Yo  no  desseaba 
otra  cosa  sino  la  paz ,  y  conozco  la  mer- 
ged que  Dios  y  el  Emperador ,  nuestro 
Señor,  me  hagen  en  esto,  y  por  ello  be- 
so sus  reales  pies  y  manos;  é  si  hasta 
agora  no  he  venido  en  ello ,  ha  seydo  á 
causa  de  las  burlas  que  me  han  hecho 
los  chripstianos,  é  de  la  poca  verdad  que 
me  han  guardado ,  y  por  esto  no  me  he 
ossado  fiar  de  hombre  desta  isla.»  E  di- 
giendo  esto,  dio  muchas  disculpas  parti- 
culares é  quexas  de  lo  que  con  él  se  avia 
fecho ,  relatando  desde  el  pringipio  de 
su  algamiento.  E  dicho  aquesto,  se  le- 
vantó é  se  apartó  con  sus  capitanes,  y 
mostrándoles  las  cartas  que  es  dicho, 
habló  un  poco  espagio  con  ellos  gerca 
de  su  determinagion ;  é  se  volvió  á  Bar- 


DE  INDIAS.  LIB.  V.  CAP.  VII. 


U9 


rionuevo,  donde  estaba ,  é  se  dio  asien- 
to é  conclusión  en  ki  paz ,  é  hablaron  en 
muchas  cosas  congernientes  á  ella.  Y  el 
cacique  Enrique  prometió  de  la  guardar 
siempre  inviolablemente;  é  dixo  que  re- 
cojeria  todos  los  otros  indios  que  él  te- 
nia y  é  que  andaban  de  guerra  por  algu- 
nas partes  desta  isla;  é  que  quando  los 
chripstianos  le  higiessen  saber  que  an- 
daban algunos  negros  algados,  los  haria 
tomar,  é  que  si  fuesse  nesgessario,  él 
mismo  yria  á  lo  hager,  y  enviaría  capi- 
tanes á  ello ,  para  que  los  tornassen  é 
los  truxessen  atados  á  poder  de  los 
chripstianos,  cuyos  fuessen  tales  negros. 
De  alli  adelante  sus  indios  todos  le  lla- 
maban don  Enrique ,  mi  señor ,  porque 
vieron  que  en  la  carta  Su  Magostad  le 
llamaba  don  Enrique. 

Hecho  esto ,  el  cagique  don  Enrique  se 
fué  á  comer  con  su  muger,  é  llevó  con- 
sigo alguna  gente  de  la  que  alli  tenia,  é 
quedaron  sus  capitanes  á  comer  con  el 
capitán,  Frangisco  de  Barrionuevo.  Des- 
pués en  la  tarde  volvió  don  Enrique ;  é 
pidió  que  se  le  diesse  facultad  para  te- 
ner dos  alguagiles  del  campo ,  é  se  los 
señalasse  Barrionuevo  en  los  mismos  in- 
dios del  don. Enrique,  é  se  les  tasasse  lo 
que  se  les  avia  de  dar  por  su  trabajo  de 
cada  negro ,  y  por  cada  indio  de  los  que 
se  les  huyessen  á  los  chripstianos ,  é  los 
alguagiles  los  recojiessen.  E  assi  lo  tassó 
Barrionuevo ,  y  le  dixo  que  si  quería  ga- 
nados é  otras  cosas,  que  lo  dixesse:  que 
él  se  lo  haria  dar ;  y  el  don  Enrique  res- 
pondió quél  no  tenia  tierra  alli,  donde 
tener  ganados ,  por  ser  tan  gorrada  y  ás- 
pera; pero  que  quando  oviesse  comi- 
do aquellos  conucos  é  labrangas  que 
por  alli  tenia  é  baxasse  á  la  tierra  lla- 
na, teniendo  mas  coníianga  en  esta 
paz ,  que  entonges  los  podría  tener  é  los 
criaría. 

Fecho  aquesto ,  dio  el  capitán  ligengia 
á  los  chripstianos  para  que  con  los  indios 


de  don  Enrique  higiessen  sus  ferias  é  true- 
cos de  lo  que  les  pluguiesse,  é  assi  lo  hi- 
gieron  de  algunas  cosas  de  poca  impor- 
tangia  é  valor ;  porque  oro  decian  que  no 
lo  tenian ,  ni  se  vido  en  todos  ellos  cosa 
alguna  de  oro.  Después  quando  fue  hora, 
genaron  los  capitanes  indios  con  el  capi- 
tán Frangisco  de  Barrionuevo  ,  é  don  En- 
rique estuvo  presente  é  no  quiso  comer 
ni  beber  (creyóse  que  de  régelo).  Des- 
pués que  fue  passada  la  gena ,  se  fué  don 
Enrique ,  adonde  tenia  su  muger ,  é  los 
chripstianos  con  su  capitán  se  salieron 
del  bosque  á  dormir  fuera  en  la  savana 
ó  raso  (donde  primero  no  lexos  de  alli 
avian  asentado  su  real,  como  ya  se  di- 
xo de  suso) ;  é  aquella  noche  los  chrips- 
tianos estovieron  en  vela ,  é  higieron  la 
guarda  que  convino  hasta  que  fue  dedia. 
Desde  á  poco  que  el  sol  era  salido ,  vino 
don  Enrique  á  la  misma  savana ,  donde 
el  capitán  é  los  chripstianos  estaban  ,  é 
truxo  consigo  hasta  ginqüenta  hombres, 
é  los  mas  dellos  desarmados ,  é  algunos 
con  espadas ;  é  alli  se  despidió  don  En- 
rique del  capitán  nuestro ,  abragándole 
con  mucho  plager ,  é  á  él  primero  é  des- 
pués á  todos  sus  capitanes ;  é  don  Enri- 
que assi  mismo  con  mucha  alegría  abragó 
é  todos  los  chripstianos ;  é  dio  un  capi- 
tán é  un  otro  indio  de  los  suyos ,  para 
que  fuessen  hasta  la  mar,  adonde  avia 
quedado  la  caravela.  E  alli  holgaron  un 
dia:  é  oviéransse  de  matar,  bebiendo  vi- 
no, este  capitán  é  indio  de  don  Enrique, 
porque  como  no  lo  tenian  acostumbrado 
é  les  sabia  bien ,  entraron  tanto  en  ello 
que  les  revolvió  en  los  vientres  la  cahoba 
que  avian  tomado ;  de  manera  que  llega- 
ron á  punto  de  morir  ( lo  qual  no  fue  poca 
congoxa  para  los  chripstianos,  porque 
sin  culpa  suya  en  tal  sagon  fuera  incon- 
viniente  muy  grande,  si  murieran  de 
aquella  bebedera),  é  con  algunos  remedios 
que  se  les  higieron  é  darles  á  beber  agei- 
teéhagerlos  vomitar,  escaparon.  Desen- 


150 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


viñados  é  tornados  en  sí,  aunque  no  ar- 
repentidos de  lo  que  avian  bebido,  el  ca- 
pitán Frangisco  de  Barrionuevo  les  dio  ro- 
pas y  vestidos  á  estos  dos  indios,  é  también 
para  los  otros  capitanes,  é  assi  mismo  en- 
vió otras  ropas  de  mas  presgio  de  seda 
para  don  Enrique ,  con  otras  cosas  de  las 
que  le  paresgió  y  llevaba ,  porque  mas 
plager  y  seguridad  toviesse  de  la  nueva 
paz  é  amistad  contraída  con  los  clirips- 
tianos.  E  truxo  consigo  Barrionuevo  has- 
ta esta  gibdad  un  indio  principal  que  don 
Enrique  mandó  venir  con  él ,  del  qual  se 
liaba  para  que  viesse  á  los  señores  oydo- 
res  desta  Audiengia  Real ,  é  ofigiales  de 
Sus  Magestades ,  é  á  los  caballeros  é  hi- 
dalgos é  veginos  desta  gibdad ;  é  oyesse 
é  viesse  pregonar  la  paz,  como  lo  vido 
hager  primero  en  todos  los  otros  lugares 
é  villas  por  donde  passó  ( después  que 
sahó  de  la  caravela)  hasta  llegar  aqui, 
donde  se  hizo  lo  mesmo.  E  al  dicho  in- 
dio se  le  dio  muy  bien  de  vestir  é  se  le 
liizo  el  tractamiento  que  era  razón :  el 
qual,  como  astuto,  en  aquellos  días  que 
estuvo  en  esta  cibdad,  entró  en  muchas 
casas ,  ó  en  las  mas  de  las  pringipales, 
para  sentir  los  ánimos  é  voluntades  que 
se  sentían  en  todos  desta  paz ,  ó  para 
probar  mas  vinos,  porque  luego  le  da- 
ban colagion  é  á  beber,  y  le  mostra- 
ban todos  que  avian  mucho  plager  é  hol- 
gaban de  la  paz ,  é  amistad  de  don  En- 
rique. 

Después  de  lo  qual,  proveyó  esta  Au- 
diencia Real  é  ofigiales  de  Su  Magestad 
que  con  este  indio  volviesse  una  barca  é 
ciertos  chripstianos ,  para  lo  llevar  á  don 
Enrique :  al  qual  enviaron  muy  buenas 
ropas  de  seda  é  atavíos  para  él  é  para 
doña  Mengía,  su  muger,  y  para  sus  capi- 
tanes y  otros  indios  pringipales  ;  é  otras 
joyas  é  refrescos  de  cosas  de  comer,  é  vi- 
no, é  ageite,  é  herramientas  é  hachas  para 
sus  labrangas ,  puesto  que  don  Enrique  no 
pidió  otra  cosa  sino  imagines ;  de  que  se 


colije  que  la  fée  no  estaba  en  él  de  todo 
punto  desarraigada  ó  extinta,  ni  la  crian- 
ga  que  tuvo  en  su  niñez  con  los  rehgio- 
sos  del  monesterio  de  Sanct  Frangisco 
desta  gibdad.  Pero  porque  á  esta  Real  Au- 
diengia  é  ofigiales  de  Su  Magestad  é  al 
capitán  Frangisgo  de  Barrionuevo  pares- 
gió  ser  conviniente  cosa,  hagiéndose  la 
paz  en  nombre  de  tan  alta  Magestad  co- 
mo el  Emperador,  Rey  nuestro  Señor,  le 
enviaron  lo  que  es  dicho  ,  juntamente 
con  giertas  imagines  de  devogion ,  para 
tener  este  cagique  mas  obligado  é  retifi- 
car  la  paz ,  é  lo  asentado  con  él ,  y  tam- 
bién porque  estos  indios  son  gente  de 
poca  capagidad ,  é  no  puestos  en  los  pri- 
mores de  la  verdad,  é  honra,  é  gircuns- 
tangias  della,  que  otras  gentes  miran  é 
observan,  quando  semejantes  pages  se 
hagen  é  contraen  con  los  enemigos.  Ni 
tienen  aquella  constangia  que  es  menes- 
ter, ni  sienten  las  menguas,  é  afrentas 
con  el  dolor  é  injuria  que  otras  nagiones; 
ni  aman  la  verdad ,  ni  la  tienen  en  tanto 
como  debrian.  Y  por  todos  estos  y  otros 
respectos,  convino  que  fuessen  muy  ani- 
mados é  halagados,  para  fixar  esta  amigi- 
gia,  nuevamente  adquirida,  con  les  dar 
algunas  cosas  é  traerlos  mañosamente  á 
la  benivolengia  é  converssagion  de  los 
chripstianos ,  y  para  que  paresgiesse  y 
estos  indios  conosgiessen  que  no  se  hagia 
caso ,  ni  se  tenia  cuenta  con  sus  errores 
é  cosas  que  este  cagique,  don  Enrique,  é 
sus  capitanes  é  indios  hasta  entonges 
avian  cometido,  después  de  su  rebeUon. 
Esta  paz  se  ha  conservado  después  hasta 
el  tiempo  presente ;  y  en  la  verdad  era 
muy  nesgessaria ,  porque  estaba  esta  isla 
perdida,  á  causa  del  algamiento  deste  ca- 
gique ,  é  no  se  osaban  ya  andar  los  ca- 
minos hágia  aquella  parte,  ni  yr  desta  há- 
gia  la  Yaguana ,  si  no  yban  cantidad  de 
chripstianos  juntos  y  apergebidos.  La  ver- 
dad es  que  Dios  é  Su  Magestad  fueron 
muy  servidos  de  esta  paz ,  assi  por  lo  que 


DE  INDIAS.  LIB.  V.  CAP.  VU. 


451 


está  dicho  é  otras  muchas  causas,  como 
porque  se  baptizassen  los  niños  que  avia 
é  los  que  mas  subgediessen  entre  esta 
gente  de  don  Enrique,  los  quales  en 
aquella  sagon  eran  muchos.  Una  de  las 
cosas  que  mejor  me  han  paresgido  en  este 
hombre,  es  que  dixo,  quando  estas  pages 
con  él  se  assentaron ,  que  una  de  las  cosas, 
de  que  él  tenia  mas  pena  é  dolor,  era  por- 
que aquellos  muchachos  estaban  por  bap- 


tizar ,  é  otros  muchos  eran  muertos  sin 
baptismo:  que  es  señal  que  le  quiso  Dios 
remediar  y  que  se  salvassen  él  y  los  de- 
mas.  Quédanme  de  degir  dos  cosas  que  se 
dirán  en  el  siguiente  capítulo :  la  una  en 
honor  é  gratificagion  desle  caballero, 
Frangisco  de  Barrionuevo  ,  para  complii- 
con  mi  ofigio  de  fiel  escriptor,  continuan- 
do la  verdad  de  la  historia ;  y  la  otra  en 
lo  que  toca  á  don  Enrique. 


CAPITULO  VIII. 

Que  tracta  de  dos  parlicularidades  que  se  dexaron  de  decir  en  el  capítulo  de  suso:  la  una  en  lo  que 
toca  al  servicio  y  méritos  de  Francisco  de  Barrionuevo ,  y  la  otra  en  la  honrosa  paz  é  recón9Íliacion  do 
don  Enrique  al  servicio  de  Sus  Majestades. 


t^Iaro  está  que  el  servigio  que  en  esto 
hizo  Frangisco  de  Barrionuevo  á  Dios  é 
á  Sus  Mageslades,  en  la  paz  é  amistad  por 
él  contrayda  y  acabada  con  el  cagique 
don  Enrique ,  y  el  pro  y  utilidad  que  re- 
sultó á  esta  isla  y  á  otras  partes  de  fuera 
della,  que  está  muy  bueno  de  entender, 
y  quán  digno  es  de  mergedes.  Porque 
aunque  se  deba  tener  por  gierto  que  todo 
lo  que  tan  bien  en  estos  tiempos  se  agier- 
ta  es  en  la  buena  ventura  de  tan  ventu- 
roso Emperador  é  Señor,  como  tenemos; 
no  por  esso  dexó  de  meresger  mucho  tan 
prudente  capitán,  y  que  con  tanto  es- 
fuerzo é  gentil  ánimo  se  determinó  de  en- 
trar, á  donde  fuera  fácil  cosa  perderse  él 
y  los  que  con  él  yban ,  segund  la  dispu- 
sigion  y  braveza  de  las  montañas  ásperas 
y  gerrados  y  salvages  montes  tan  traba- 
josos de  andar :  que  si  oviesse  en  Espa- 
ña algo  á  que  lo  comparar,  muy  mejor  se 
estimarían  los  peligros  destas  partes.  Pe- 
ro figúraseles  á  los  que  estas  cosas  desde 
allá  las  oyen  ó  leen ,  que  esto  será  como 
una  Sierra  Morena,  ó  la  de  Monserrate, 
ó  los  puertos  de  Sanct  Johan  de  Lusa,  ó 
los  Alpes  para  passar  á  Italia ,  ó  los  de 
Alemania  para  desgender  á  Lombardia, 


ó  las  sierras  de  Abrugo  é  Tallacogo  en  el 
reyno  de  Ñapóles,  ó  las  montañas  de  Gas- 
cuña. Todo  lo  que  he  dicho,  y  lo  que  en 
España  llaman  fragosso  y  áspero ,  es  co- 
mo cotejar  lo  blanco  con  lo  prieto  ú  otro 
mas  diferente  y  encaresgido  extremo.  E 
aun  assi,  probando  la  salvajez  destas  par- 
tes ,  veo  que  los  hombres  que  acá  lo  sa- 
ben por  experiengia ,  ni  han  tornado  á 
sus  patrias  (sino  muy  raros) ,  ni  acá  tam- 
poco les  ha  turado  la  vida ,  sino  muy 
poco  tiempo.  Porque  demás  de  la  des- 
conveniengia  que  el  gielo  acá  tiene  con 
lo  de  Europa  (donde  nasgimos  estos  que 
por  acá  andamos) ,  assi  en  las  influen- 
gias  como  en  las  diferengias  de  los  ay- 
res  y  vapores  y  temple  de  la  tierra,  nin- 
guna manera  de  manjar  hallamos  en  es- 
tas partes,  que  fuesse  como  aquel  que 
nos  dieron  nuestros  padres.  El  pan  de 
rayges:  las  fructas  salvages  ó  no  co- 
nosgidas  ni  conformes  á  nuestros  estó- 
magos :  las  aguas  de  diferentes  gustos: 
las  carnes,  ningunas  se  hallaron  en  esta 
isla ,  sino  aquellos  gozques  mudos  que 
he  dicho  é  otros  pocos  animales ,  é  muy 
diferentes  á  los  de  España ;  y  algunos  de 
tal  vista  que  son  mas  para  temer  que  para 


i  52 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


(lessear  quien  no  los  conosge ,  assi  como 
aquellas  sierpes  que  llaman  y  vanas ,  cu- 
lebras é  lagartijas.  Desto  tal  abundancia 
se  halló  en  los  principios  questa  tierra 
se  conquistó,  y  aun  también  faltaron  es- 
tos malos  mantenimientos  á  los  primeros 
conquistadores;  pero  no  faltaron  las  en- 
fermedades que  tengo  dicho.  Y  cómo  to- 
das estas  cosas  avia  probado  este  capitán 
desde  que  fué  mangebo  é  soldado  en  la 
conquista  de  la  isla  de  Sanct  Johan  (alias 
Boriquen) ,  y  en  la  Tierra-Firme  al  sep- 
tentrión en  la  Florida,  é  otras  parles,  supo 
darse  maña  para  lo  que  está  dicho. 

Sin  dubda  yo  creo  que  si  á  ello  fuera 
uno  que  de  España  viniera  nuevamente, 
nunca  la  paz  se  concluyera ,  y  aun  en  los 
de  por  acá  no  se  pudiera  hallar  quien  me- 
jor lo  agertára ,  puesto  que  hay  muchos 
que  lo  higieran  muy  bien.  Pues  ved  si  ha 
costado  dinero  esta  guerrilla  de  don  En- 
rique en  trege  años,  pues  paresge  por 
las  qüentas  é  libros  que  destos  gastos  hay 
desta  guerra,  que  montan  mas  de  quarenta 
mili  pesos  de  oro  los  que  se  han  gastado 
de  parte  de  Su  Magostad  y  de  la  isla  en 
esta  contienda  de  don  Enrique ;  y  lo  que 
peor  paresge  de  todo  es  que  se  sospechó 
que  algunos  holgaban  que  esto  se  ando- 
viesse  assi ,  é  que  nunca  se  acabasse  de 
ver  esta  paz. 

Bien  se  debe  creer  que  de  tal  plager 
no  podrían  partigipar  sino  dos  géneros 
de  hombres ,  y  serian  los  que  en  tal  error 
incurriessen  los  que  podrían  aver  parte 
del  sueldo  ,  assi  como  soldados  pobres 
para  sostenerse  con  tal  guerra ,  ó  los  que 
pussieron  la  mano  ascondidamente  en  tal 
pecunia,  por  indirecta  vía.  Todos  los  otros 
á  quien  pluguiesse  que  esto  no  se  aca- 
basse, yo  no  los  avría  por  chrípstianos 
ni  servidores  de  su  rey,  sino  del  dia- 
blo ;  y  á  los  tales  y  los  que  antes  dixe, 
por  mas  enemigos  que  al  mismo  don  En- 


1    Proverb.  cap.  XVII, 


rique.  Y  assi  á  esos  el  mesmo  demonio  y 
el  tiempo,  y  mejor  dígiendo,  aquel  á  quien 
ninguna  cosa  es  oculta ,  les  paga  sus 
desseos  malos,  quando  menos  se  catan. 

Por  manera  que  bien  mostró  este  capi- 
tán, FrangiscodeBarrionuevo,  sernuman- 
tino  é  de  buena  casta,  y  tener  la  experien- 
gia  que  convenia  para  acabar  este  negogio 
tan  sabia  é  prudentemente ,  como  se  aca- 
bó por  su  persona  y  esfuergo ;  porque 
como  he  dicho  de  suso ,  otro  se  volviera 
del  camino,  quando  vido  que  los  que  con 
él  yban,  murmuraban  é  se  arrepentían  de 
la  jornada  que  hagían.  Pero  él,  como  va- 
ron  de  buen  ánimo  é  prudente ,  dio  en  su 
empressa  el  fin  que  he  dicho ,  acordán- 
dose que  aunque  dige  Salomón  que  la 
gloria  del  hombre  viene  del  honor  de  su 
padre  *,  escribe  Boegío  que  si  la  pro- 
pria  virtud  nohageá  uno  noble,  que  no  lo 
hará  la  nobleza  paterna.  Ovidio  dige  que 
aquL*lla  virtud,  la  qual  no  avemos de  nos, 
no  se  puede  degir  nuestra ;  é  aquel  que 
desgiende  de  buen  padre,  se  presume 
que  es  de  buena  natura.  Pero  dexada  esta 
disputagion,  digo  que  este  capitán  por 
ambas  causas  hizo  lo  que  hizo ,  obligado 
por  ser  hijodalgo ,  satisfagiendo  á  sus  an- 
tegessores  y  no  olvidando  á  sí  mismo,  en 
contínuagion  de  su  hidalguía  é  propria 
virtud  de  su  persona.  Llámele  numantino, 
porque  es  natural  de  la  cíbdad  de  Soria, 
la  qual  yo  tengo  que  es  la  que  los  anti- 
guos llamaron  Numangia  (ó  Numangía  fué 
por  alU  gerca) ,  porque  dige  Plínio  ^  que 
Duero  es  de  los  mayores  ríos  de  España, 
é  que  nasge  gerca  de  Numangia;  é  Clau- 
dio Tholomeo  en  el  cap.  VI  de  la  II  ta- 
bla de  Europa  pone  á  Numangía,  é  dice 
luego  allí  estas  palabras:  (<Soria  hodie  ro- 
manis,  olim  accerrima.^i 

Quanto  al  cagique ,  don  Enrique,  me 
paresge  que  él  hizo  la  mas  honrosa  paz 
que  ha  hecho  caballero  ó  capitán  ó  prín- 

2    Plin,  lib.  IV,  cap.  20,  en  su  Natural  Historia. 


DE  INDIAS.  LIB.  V.  CAP.  VIII. 


4o3 


(jipe  de  Adam  acá ,  y  quedó  mas  honrado 
que  quedó  el  duque  de  Borbon  en  el  ven- 
cimiento é  prisión  del  rey  Frangisco  de 
Frangía  en  Pavia ,  segund  la  despropor- 
gion  é  desigualdad  tan  grande  que  hay 
del  mayor  príngipe  de  los  chripstianos  y 
Emperador  del  universo  á  un  hombre,  tal 
como  este  don  Enrique ,  y  que  de  parte 
de  su  Cesárea  Magestad  fuesse  requeri- 
do con  la  paz ,  é  se  le  pidiesse ,  é  fues- 
se convidado  con  ella ,  y  se  le  perdonas- 
sen  sus  culpas  é  quantas  muertes  é  in- 
gendios  é  robos  avian  fecho  él  y  sus 
indios  contra  los  chripstianos,  sin  algu- 
na restitugion,  con  general  é  amplíssimo 
perdón ,  é  ofresgiéndole  mas  é  dándole  á 
escoger  el  lugar  é  assieuto  que  él  qui- 
siesse  tomar  y  elegir  en  esta  isla  para  su 
morada  é  habi  tagion . 

Por  gierto,  don  Enrique,  si  vos  lo  co- 
nosgistes  y  supistes  sentir,  yo  os  tengo  por 
uno  de  los  mas  honrados  y  venturosos 
capitanes  que  ha  ávido  sobre  la  tierra  en 
todo  el  mundo  hasta  vuestro  tiempo.  De 
lo  qual  se  nota  el  mare-magno  de  la  ex- 
gelengia  y  clemengia  de  la  Cesárea  Ma- 
gestad del  Emperador  Rey ,  nuestro  se- 
ñor :  que  puesto  que  en  muy  breves  dias 
se  pudiera  concluir  tal  guerra ,  é  que  no 
quedara  memoria  ni  hueso  de  don  Enri- 
que ,  ni  de  persona  de  los  suyos ,  acor- 
dándose que  pudieran  peligrar  algunos 
chripstianos,  por  estar  estos  indios  en 
montañas  asperíssimas  é  salvages  é  fuer- 
tes y  tales  como  he  dicho,  quiso  que  ante 
todas  cosas  se  tentassela  paz;  porque  co- 
mo Vegecio  dige  * :  «muchos  mal  exper- 
tos en  el  arte  militar  creen  que  la  victoria 
es  mas  complida,  aviendo  á  sus  enemi- 
gos en  lugares  estrechos ,  ó  teniéndolos 
cercados  con  gran  moltitud  de  gente  ar- 
mada; de  tal  manera  que  no  les  quede 


por  donde  huir  puedan.»  Pero  muchas  ve- 
ges  por  la  desesperagion  de  se  ver  apre- 
tados cresge  la  osadia,  é  donde  no  les 
quedaba  esperanga ,  por  el  temor  toman 
las  armas;  é  aquellos  que  no  tienen  dub- 
da  de  morir,  de  voluntad  juntamente  con 
su  enemigo  dessean  fenesger  sus  dias. 
Por  lo  qual  se  debe  loar  mucho  la  sen- 
tengia  de  Sgipion ,  el  qual  dixo  que  no  se 
debia  impedir  el  camino  por  el  qual  el 
enemigo  ha  devisado  ó  determinado  do 
huir 2,  etc.  Assi  que,  por  esta  razón  y 
considerando  que  este  cagique  tuvo  causa 
de  se  apartar  de  los  chripstianos,  pues 
quexándose  de  las  sinrazones  que  le  fue- 
ron fechas  en  la  villa  de  Sanct  Johan  de 
la  Maguana ,  no  le  fué  fecha  justigia;  por 
todos  estos  respectos ,  y  pringipalmente 
porque  este  cagique  y  los  demás  que  con 
él  andaban  é  sus  mugeres  é  hijos  se  sal- 
vassen  é  muriessen  conosgiendo  á  Dios, 
seyendo  chripstianos  baptizados,  como 
lo  eran  algunos  dellos ,  é  los  otros  se  bap- 
tizassen  é  no  peresgiessen  todos  ellos  co- 
mo infieles ,  permitió  Dios ,  nuestro  Se- 
ñor, é  Su  Magestad  que  se  higiesse  con 
este  cagique ,  don  Enrique ,  con  toda 
equidad  y  sin  mas  rompimiento  ni  san- 
gre, la  misericordiosa  paz  que  he  dicho. 
El  qual  á  la  sagon  tenia  hasta  ochenta  ó 
gient  hombres  de  pelea,  é  con  las  muge- 
res  é  muchachos  é  niños  eran  mas  de 
tresgientas  ánimas  las  que  se  truxeron  á 
esta  recongiliagion  é  amistad  á  la  unión 
é  república  de  nuestra  religión  chrips- 
tiana,  con  los  que  mas  se  aumentaron 
desta  gente;  é  mas  de  otras  tresgien- 
tas personas  destos  indios  de  don  En- 
rique murieron  sin  baptismo  en  el  tiem- 
po que  su  rebelión  se  continuó.  Por  lo 
qual  quadra  bien  lo  que  la  verdad  evan- 
gélica dige  ^ :    «Yo  os  digo  que  assi   se 


i     Vegecio,  lib.  III,  cap.  21. 

2  Vegecio,  lib.  III,  cap.  21. 

3  Dico  vobis  quod  ita  gaudium  erit  in  coelo  su- 
TOMO  1. 


per  uno  peccatore  pcenitentiam  agente  quam  supcr 
nonaginta  novem  justis  qui  non  indigent  poeniten' 
tia.  Luc.  15. 

50 


154 


HISTORIA  GENERAL  Y  NAiURAL 


gozarán  en  el  gielo  sobre  un  pecador  que 
venga  á  penitencia,  mas  que  sobre  no- 


venta é  nueve  justos  que  no  tengan  nes- 
í^essidad  della.» 


CAPITULO  IX, 

De  la  venida  de  don  Enrique  é  sus  indios  9erca  de  la  villa  de  A^ua  ,  para  ver  é  sentir  en  qué  estado  estaba 

la  paz  é  lo  que  avia  subgedido  de  un  indio  llamado  Gonealo,  que  él  avie  enviado  con  el  capitán  Francisco 

de  Barrionucvo  ,  é  otras  cosas  al  discurso  de  la  historia  anexas. 


E. 


estando  las  cosas  en  el  estado  que  es 
dicho,  un  miércoles  veynte  é  siete  de 
agosto  del  mismo  año  de  mili  é  quinien- 
tos é  treynta  é  tres,  este  cagique  don 
Enrique  llegó  á  dos  leguas  de  la  villa  de 
Agua  ,  é  púsose  en  la  entrada  ó  falda  de 
la  sierra  de  los  Pedernales  y  y  desde  alli 
envió  á  saber  de  los  de  la  villa  si  avrian 
por  bien  que  los  hablasse.  El  qual  traia 
hasta  gincuenta  ó  sesenta  hombres  ,  á  lo 
que  se  sospechó  (aunque  no  hizo  mues- 
tra de  tanta  gente),  y  estos  venian  bien 
aderesgados  á  punto  de  guerra,  y  escon- 
dió la  mayor  parte  de  sus  indios  en  una 
gelada,  gerca  de  donde  estuvo  con  los 
chripstianos  hablando  después.  E  enviá- 
ronle á  degir  que  en  buen  hora  viniesse, 
pues  que  Sus  Magestades  le  avian  perdo- 
nado, y  era  ya  amigo  de  los  chripstanos: 
é  salieron  á  le  resgebir  algunos  hidalgos 
é  hombres  de  honra  desta  cibdad ,  que 
acaso  se  hallaron  en  aquella  villa  ,  é  assi 
mismo  los  alcaldes  é  veginos  della,  en 
que  avia  hasta  veynte  é  ginco  ó  treynta 
(le  caballo,  é  gincuenta  ó  mas  hombres 
de  pié,  bien  aderesgados  para  la  pez  é 
para  la  guerra ,  si  conviniesse  usar  de  las 
armas.  E  apeáronse  todos  é  juntáronse 
con  don  Enrique,  é  abragó  á  todos  los 
chripstianos  y  ellos  á  él  y  á  todos  sus  in- 
dios, y  á  lo  que  se  entendió  de  la  plática 
que  con  él  se  tuvo ,  don  Enrique  venia 
por  sabef  é  sentir  en  qué  estado  estaba 
la  paz,  que  con  él  avia  assentado  el  capi- 
tán Frangisco  de  Barrionuevo;  porque  el 
mensagero  suyo,  dicho  Gongalo,  y  lo  que 


se  le  envió  con  él  no  lo  avia  él  visto  ni 
topado :  el  qual  indio  avia  quatro  dias 
que  desde  la  misma  villa  de  Agua  se  avia 
partido  en  una  caravela,  en  que  él  é  gier- 
tos  chripstianos  yban  á  buscar  á  don  En- 
rique ,  é  holgósse  mucho  de  lo  saber.  E 
luego  encontinente  envió  don  Enrique  á 
un  hombre  de  los  suyos)  á  mas  que  andar, 
por  la  costa ,  en  busca  de  la  caravela ;  y 
él  se  assentó  de  espagio  y  con  semblante 
que  holgaba  de  ver  los  chripstianos  :  los 
quales  avian  llevado  muy  bien  de  comer 
de  muchas  gallinas  é  capones  é  pemiles 
de  togino  é  carne  de  buenas  terneras ,  y 
el  mejor  pan  é  vino  que  se  pudo  aver.  E 
comieron  los  chripstianos  é  los  indios 
pringipales  juntos ,  é  los  de  demás  quan- 
tos  alli  se  hallaron  con  mucho  plager  é 
regogijo ;  mas  el  cagique  don  Enrique  no 
comió  ni  bebió  cosa  alguna,  aunque 
Francisco  Dávila,  regidor  que  agora  es 
desta  cibdad  (que  alli  se  agertó),  é  los 
otros  chripstianos  se  lo  rogaron.  E  dio 
por  escusa  que  no  estaba  sano  ,  é  que  po- 
co antes  avia  comido ,  é  con  mucha  gra- 
vedad ,  sin  se  reyr ,  platicaba  con  todos, 
con  un  semblante  é  aspecto  de  mucho  re- 
poso é  auctoridad ,  mostrando  é  digiendo 
que  estaba  muy  alegre  é  contento  de  la 
paz  é  de  ser  muy  amigo  de  los  chripstia- 
nos. En  esto  estovieron  hasta  quatro  ho- 
ras ó  mas  que  ovieron  comido  é  mejor 
bebido  (porque  estos  indios  muy  de  gra- 
do toman  el  vino,,  quando  se  lo  dan). 
Serian  hasta  treynta  indios  los  que  en  es- 
te convite  mostró  don  Enrique ,  y  se  ha- 


DE  INDIAS.  LIB.  V.  CAP.  IX. 


155 


liaron  en  estas  vistas,  todos  ellos  con  lan- 
gas ginetas  y  espadas  y  rodelas ,  ó  al- 
gunos con  puñales. 

Después  que  los  alcaldes  y  aquellos 
hidalgos  le  ovieron  dicho  que  todos  los 
chripstianos  serian  sus  amigos  é  le  harian 
buenas  obras ,  assi  porque  el  Emperador 
Rey,  nuestro  señor,  lo  avia  enviado  á 
mandar,  como  porque  ya  eran  amigos;  y 
que  él  hallarla  mucha  verdad  y  entera 
amistad  en  todos  los  chripstianos  desta 
isla ,  é  que  sin  ningún  temor  podría  solo 
ó  acompañado  venir  él  é  los  suyos  á  esta 
cibdad  de  Sancto  Domingo  é  á  todas  las 
cibdades  é  villas  desta  isla ,  é  le  harian 
todo  el  plager  que  él  quissiesse  resgebir; 
y  que  assi  se  avia  pregonado  en  cada 
parte ,  él  dixo  que  ya  no  avia  de  ser  sino 
hermano  y  amigo  de  todos.  E  abracando 
á  los  chripstianos ,  como  primero ,  él  é 
sus  indios  se  despidieron  sin  yr  á  la  villa 
de  Agua ,  porque  dixo  que  no  quería  si- 
no yr  á  buscar  la  caravela ,  porque  los 
chripstianos  que  en  ella  yban  y  el  Gon- 
zalo ,  su  indio ,  no  se  detuviessen  por  la 
costa  buscándole ;  é  los  chripstianos  le 
dixeron  que  higiesse  su  voluntad.  E  assi. 
se  fué  don  Enrique  é  sus  indios  por  la 
misma  sierra  de  los  Pedernales ,  dó  esta- 
ba, la  qual  es  en  partes  asaz  áspera  é 
montuosa. 

Después  que  fué  algo  apartado  del  lu- 
gar, donde  fueron  estas  vistas,  vieron  los 
chrisptianosque,  alo  que  lesparesgió,  lle- 
vaba mas  gente  de  la  que  avia  mostrado 
en  la  comida :  é  á  lo  que  entendieron  los 
que  pressentes  se  hallaron ,  don  Enrique 
quedó  muy  maravillado  de  ver  salir  de 
Agua  tal  gente ,  y  tan  presto  y  tan  bien 
aderesgados  é  dispuestos,  assi  los  de  ca- 
ballo como  los  de  pié ,  é  con  muchos  es- 
clavos negros  é  indios  que  llevaron  con 
la  comida  é  para  se  servir  é  curar  de  sus 


caballos.  La  admiragion  fué  porque  aque- 
lla villa  es  pequeña :  é  tenia  razón  de  se 
maravillar  é  pensar  que  la  tierra  estaba  á 
recabdo ,  porque  la  mitad  de  los  hombres 
de  bien  que  allí  se  agertaron  con  Fran- 
gisco  Dávila,  eran  veginos  desta  cibdad, 
é  acaso  venían  de  la  villa  de  Sanct  Johan 
de  la  Maguana  de  ver  sus  hagiendas  ,  é 
otros  avian  ydo  á  la  misma  Agua  por  sus 
negogios.  Délo  qual  don  Enrique  pudo 
conjecturar  que,  pues  allí  avia  tales  hom- 
bres é  gente ,  que  muchos  mas  avria  en 
los  otros  pueblos  mayores  y  en  esta  cib- 
dad de  Sancto  Domingo ,  que  el  mismo 
don  Enrique  la  sabia  muy  bien  é  se  crió 
en  ella. 

Assi  que  ydo  este  cagique  y  sus  indios, 
desde  á  pocos  días  volvió  la  caravela  é 
los  chripstianos  que  fueron  en  ella ,  é  lle- 
varon al  Gonzalo  y  el  presente  que  es 
dicho;  é  dixeron  que  se  avian  holgado 
mucho  don  Enrique  é  su  muger  é  todos 
los  otros  indios  suyos.  E  luego  envió  en 
la  misma  caravela  quatro  ó  ginco  negros 
esclavos  y  otros  indios  fugitivos  que  él 
tenia  de  los  chripstianos,  y  envió  á  degir 
que,  en  yéndosse  algún  esclavo  negro  ó 
indio  á  los  chripstanos,  le  avissassen  de- 
11o :  que  él  los  haría  buscar  é  los  enviaría 
atados  á  sus  dueños  ,  conforme  á  lo  que 
con  él  estaba  assentado.  E  assi  para  prin- 
gipio  desta  paga,  se  le  dieron  por  los  ne- 
gros é  indios  que  envió  é  pagaron  sus 
dueños,  cuyos  eran,  la  tassa  é  moderagion 
que  el  capitán  Frangisco  de  Barrionuevo 
avia  capitufedo  con  don  Enrique;  é  su 
regeptor  é  indios  que  envió  para  ello,  res-  • 
gibieron  la  paga  de  un  tanto  por  cada 
cabega,  y  fueron  satisfechos  á  su  volun- 
tad, y  se  volvieron  á  su  cagique  don 
Enrique ,  é  llevaron  de  retorno  algunas 
cosas  que  compraron  de  aquellos  di- 
neros. 


15G 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  X. 

é 

De  ciertos  labradores  que  vinieron  de  España  en  este  tiempo  para  poblar  en  Monle-Chripslo  y  en  Pacrlo- 
Real,  en  la  costa  del  Norte  desta  isla,  por  la  solicitud  de  un  vecino  desta  villa,  llamado  Bolaños. 


l<n  el  mismo  año  de  mili  é  quinientos  é 
treynta  é  tres,  en  fin  del  mes  de  agosto, 
vinieron  en  una  nao  á  esta  cibdad  é 
puerto  de  Sancto  Domingo  de  la  Isla  Es- 
pañola hasta  sesenta  labradores,  é  la 
mayor  parte  dellos  con  sus  mugeres  é 
hijos,  para  poblar  en  Monte-Chripsto  y 
Puerto-Real ,  á  los  quales  mandó  Su  Ma- 
gostad ayudar  para  ello.  Y  después  que 
algunos  dias  estovieron  descanssando  en 
esta  cibdad  de  Sancto  Domingo,  se  fue- 
ron á  hager  su  población,  é  truxeron 
^áertas  capitulaciones  y  exenciones  é  gra- 
cias é  libertades  que  Sus  Magestades, 
por  les  hager  merced ,  les  concedieron 
para  que  mejor  se  poblasse  aquella  villa 
ó  poblagion  que  querian  poblar. 

En  la  primera  impression  desta  his- 
toria ,  dixe  que  les  diesse  Dios  gragia  que 
se  conservassen  é  viviessen;  porque  la 
tierra  á  ninguno  perdona  que  no  le  prue- 
be en  los  pringipios  con  enfermedades, 
quanJo  nuevamente  á  ella  vienen:  lo 
({ual  no  es  de  maravillar,  apartándose 
tanto  de  donde  nasgieron  y  mudando 
luego  los  mantenimientos  y  el  ayre  en 
tan  diferentes  climas  é  regiones.  La  tier- 
ra, donde  fueron  á  poblar,  es  de  las 
mejores  é  mas  fértiles  desta  isla  toda  é 
gerca  de  las  minas  del  oro ;  é  llevaron  re- 
cabdo  de  ornamentos  é  clérigos  para  la 
iglesia  que  avian  de  fundar.  Y  en  la  ver- 
dad, lo  que  este  hombre  hizo  fué  cosa 
loable  é  digna  de  serle  agradesgida, 
pues  su  intengion  é  obra  paresgian  en- 
caminadas en  el  servigio  de  Dios  é  de 
Sus  Magestades  é  para  mas  aumenta- 
ción de  la  poblagion  desta  tierra ,  en  lo 


qual  despendió  mucha  parte  de  su  ha- 
gienda  ó  toda  este  Bolaños,  por  traer  acá 
esta  gente.  E  ya  aquel  pueblo  avia  sey- 
do  primero  poblado  é  se  despobló,  por 
se  aver  acabado  los  indios  que  servían 
á  los  veginos  é  pobladores  que  solia 
aver  en  aquella  villa ,  que  este  hombre 
pensó  reedificar  ó  renovar  con  los  que 
he  dicho  que  truxo ,  guiados  por  via 
de  entender  en  ganados  é  en  agricol- 
tura. 

Al  presente,  pues  que  Dios  lia  traydo 
el  tiempo  de  la  segunda  impression 
destas  historias,  acuerdo  al  letor  que  es- 
ta poblagion  no  permanesgió ,  por  lo  que 
subgedió  de  las  grandes  nuevas  de  la 
riqueza  del  Perú ,  y  aun  porque  quando 
aquellos  vinieron ,  estaban  algunos  des- 
tos  nuevos  pobladores  en  la  otra  vida ;  é 
los  que  quedaban,  algunos  se  fueron  al 
Perú,  por  morir  mas  lexos  de  España,  é 
otros  á  otras  partes.  Y  este  pecador  que- 
dó gastado  y  enfermo  de  la  persona; 
porque  no  agertó ,  como  pensaba,  y  por- 
que lo  que  el  tiempo  dispone ,  nunca  lo 
consulta  con  quien  le  atiende.  Aquellos 
perdieron  su  patria  é  quietud,  por  la  pe- 
dricagion  é  palabras  de  Bolaños,  y  pen- 
sando huyr  la  pobreza  y  ganar  de  comer, 
no  contentos  con  su  estado  ó  manera  de 
vivir,  murieron  con  su  desseo,  envueltos 
en  mayores  nesgessidades,  desterrados, 
y  aun  por  ventura  no  enterrados.  Y  este 
otro,  al  olor  del  nombre  de  capitán,  dexó 
su  ofigio  de  artessano,  en  que  ganaba  de 
comer,  y  perdió  lo  que  avia  adquirido 
hasta  que  le  dio  este  apetito  de  mandar 
á  otros,  lo  qual  no  todos  saben  hager. 


DE  INDIAS.  LIB.  V.  CAP.  XI. 


157 


CAPITULO  XI. 


Cómo  fué  un  padre  religioso  de  la  Orden  de  Sánelo  Doming-o ,  desde  aquesta  clbdad  de  Sánelo  Domin- 
go de  la  Isla  Española ,  á  donde  el  caQiquc  don  Enrique  estaba  con  sus  indios ,  á  la  sierra  del  Bao- 
ruco,  y  estuvo  allá  algunps  dias;  é  del  subceso  de  su  camino. 


E, 


iU  el  monesterio  de  los  frayles  de 
Sancto  Domingo ,  desta  cibdad  de  Sáne- 
lo Domingo  de  la  Isla  Española,  entre 
otros  religiosos  devotos  que  en  este  con- 
vento residen,  avia  uno  llamado  fray 
Baríulomé  de  las  Casas,  persona  reve- 
renda ,  é  letrado  y  de  buena  doctrina  é 
vida.  Pero  en  el  tiempo  passado  no  estu- 
vo muy  en  gragia  de  todos  en  la  estima- 
tiva (seyendo  clérigo) ,  á  causa  de  gierta 
negogiagion  que  emprendió ,  seyendo  ya 
sagerdote  é  llamándosse  el  ligengiado 
Bartolomé  de  las  Casas,  como  se  dirá 
mas  largamente  adelante,  quando  se  trac- 
to de  la  Tierra-Firme  é  isla  de  Cubagua. 
Pero  no  obstante  que  en  aquella  nego- 
giagion  no  agertasse,  su  fin  pudo  ser 
bueno :  finalmente ,  él  paró  en  este  hábi- 
to é  Orden.  El  qual,  estando  en  este  mo- 
nesterio, supo  lo  que  avia  subgedido  en 
la  pagificagion  de  don  Enrique ,  é  mo- 
vido á  hager  bien ,  acordó  de  yr  á  ver- 
le, para  le  consolar  é  acordar  lo  que  á 
su  ánima  convenia.  E  con  ligengia  del 
prior  de  su  monesterio ,  fué  y  estuvo  allá 
algunos  dias,  entendiendo  como  buen 
religioso,  en  el  forgar  é  consejar  é  per- 
suadir á  don  Enrique  é  su  gente  que  per- 
severassen  en  la  paz  é  amistad  de  los 
chripstianos ,  y  en  ser  muy  buenos  y  lea- 
les servidores  del  Emperador  Rey ,  nues- 
tro señor.  E  díxoles  quán  cathólico  é 
cliripslianíssimo  rey  tenemos  é  dióles  á 
entender  la  clemengia  grande  que  con 
ellos  avia  César  usado ,  porque  sus  áni- 
mas no  se  perdiessen.  Certificóles  que  la 
paz    é    amistad   les   seria    enteramente 


guardada ,  si  por  ellos  no  fuesse  rompida 
é  por  sus  errores :  é  llevó  ornamentos ,  é 
cáliz,  é  hostias,  é  todo  lo  demás  convi- 
niente  para  celebrar  el  culto  divino;  é 
díxoles  missa  cada  dia  en  tanto  que  en 
su  assiento  estuvo  con  don  Enrique  é  sus 
indios,  é  aprovechó  mucho  para  le  ase- 
gurar é  acordar  las  cosas  de  nuestra 
sancta  fé  cathólica.  E  vínose  con  este 
padre  reverendo  hasta  la  villa  de  Agua, 
é  con  él  muchos  de  sus  indios  é  indias 
é  muchachos ,  é  baptigóse  el  capitán  Ta- 
mayo,  é  assi  mesmo  fueron  baptigados 
otros  muchos  indios  é  indias  de  edad ,  é 
muchachos  é  niños.  E  en  mucha  paz  é 
sosiego  se  tornaron  á  su  assiento  é  sierras, 
donde  este  reverendo  padre  los  halló  (é 
primero  el  capitán  Frangisco  de  Barrio- 
nuevo),  é  todos  muy  alegres  é  ufanos  é 
loando  á  Dios,  dexando  experanga  que 
han  de  perseverar  en  la  fé. 

Dicho  se  há  que  en  todo  el  tiempo  que 
turó  la  rebelión  de  don  Enrique ,  no  de- 
xaba  de  ayunar  los  viernes,  ni  dexó  de 
rezar  el  pater  noster  y  el  ave  Maria ,  y  aun 
muchos  dias  las  horas  de  Nuestra  Señora. 
Tenia  otro  estilo,  demás  de  ser  en  la  ver- 
dad, segund  digen,  chripstiano :  que  para 
conservar  su  gente  para  la  guerra,  y  que 
fuessen  hombres  de  esfuerzo  y  de  fuer- 
zas y  de  hecho ,  no  daba  lugar  ni  con- 
sentía que  los  hombres  llegassen  á  las 
mugeres ,  ni  las  conosgiessen  carnalmen- 
te,  si  ellos  no  pasassen  de  veynte  é  ginco 
años.  Acuérdeme  aver  visto  en  un  trac- 
tado  que  escribió  Leonardo  Aretino ,  lla- 
mado El  Águila  volante  j  que  los  saxones 


158 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


se  delectaban  de  la  guerra  é  de  la  caga, 
é  que  los  hombres  no  se  allegaban  á  las 
mugeres  en  el  acto  venéreo ,  hasta  que 
eran  de  veynte  é  ginco  años.  Si  don  En- 
rique avia  leydo  ó  sabido  esto ,  ó  era 
invengion  suya ,  no  lo  sé ;  pero  el  que  esto 
dixo  del  fué  este  padre  fray  Bartolomé, 
segund  me  informaron :  é  assi  dixo  otras 
cosas  muchas,  en  loor  deste  cagique,  di- 
giendo  que  estaba  muy  adelante  en  la  fé 
y  como  buen  chrLpstiano.  Los  señores  oy- 
dores  desta  Audiengia  Real  estovieron 
muy  enojados  de  la  yda  deste  padre,  sin 
su  ligengia  é  sabiduría ,  á  donde  estos  in- 


dios y  don  Enrique  estaban,  temiendo 
que  se  podrían  alterar  por  ser  tan  regien- 
te é  fresca  la  paz ;  pero  cómo  su  yda  qui- 
so Nuestro  Señor  que  fuesse  provechosa  é 
quál  tengo  dicho ,  holgaron  del  buen  sub- 
gesso  é  le  dieron  las  gragias  de  su  tra- 
bajo. E  assi  se  espera  que  de  dia  en  dia 
esta  gente  será  mas  doméstica,  é  mejo- 
res chripstianos ,  para  que  Dios  sea  mas 
servido  é  sus  ánimas  se  salven.  Vivió  don 
Enrique  poco  mas  de  un  año,  después 
destas  pages,  é  acabó  como  chripstiano. 
Haya  Dios  misericordia  de  su  ánima: 
amen. 


CAPITULO  XII. 

De  la  venida  del  licenciado  Alonso  López  Qerralo  á  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo  de  la  Isla  Espa- 
ñola, á  tomar  residencia  al  Audiencia  Real  é  á  todas  las  otras  justicias  desta  cibdad  é  isla.  E  vino  provey- 
do  por  oydor  de  la  dicha  Audiencia  el  licen9Íado  Alonso  de  Grageda,  é  llegaron  con  estos  nuevos  oydo- 
res  veynte  é  seys  ó  veynte  é  siete  naos  de  armada  é  de  mercadería ,  martes  primero  dia  de  enero  de 

mili  é  quinientos  é  quarenta  y  qualro  años  *. 


üil  ligengiado  Alonso  López  Cerrato,  na- 
tural de  Mengabril,  aldea  de  Medellin, 
tomó  residengia  al  obispo  presidente,  don 
Alonso  de  Fuenmayor,  é  á  los  ligengia- 
dos  oydores  desta  Real  Changilleria,  é 
la  envió  á  España  al  Real  Consejo  de  In- 
dias ;  é  por  lo  que  allá  se  determine,  vista 
la  residengia ,  se  sabrá  si  los  agravió  ó 


les  hizo  justigia.  El  obispo  acordó  de  yr 
á  España,  y  el  ligengiado  Johan  de  Vadi- 
llo  assi  mismo,  á  seguir  su  justigia.  El  li- 
gengiado Guevara,  desde  á  poco  tiempo, 
murió;  y  el  ligengiado  Cervantes  quedó 
acá,  pero  no  residió  en  la  Audiengia  hasta 
ver  cómo  subgedia  su  despacho.  Y  quanto 
á  esto  que  está  en  justigia ,  é  pende  donde 


*  El  título  de  este  capítulo  se  halla  borrado  de 
mano  del  autor  y  reducido  á  los  presentes  térmi- 
nos. Sin  embargo  puede  leerse  en  el  códice  origi- 
nal en  esta  manera: 

«De  la  venida  del  licenciado  Alonso  López  de 
(^errato  á  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo  de  la  Isla 
Española,  por  mandado  de  Su  Magestad,  á  tomar 
residencia  al  obispo  presidente,  don  Alonso  de 
Fuenmayor,  é  á  los  oydores  desta  Audiencia  Real 
que  aqui  residen  ,  los  licenciados  Johan  de  Vadillb 
é  Qervanles  é  Guevara,  é  á  todas  las  oirás  !usti- 
9ias  desta  cibdad  é  isla,  é  de  todas  las  otras  partes 
anexas  á  la  jurisdicion  desta  Chancilleria :  al  qual 
mandó  Su  Magestad  venir  á  lo  que  es  dicho  é  á  re- 
sidir por  su  presidente  en  este  Real  tribunal  é  como 
su  principal  gobernador  destas  partes  é  Tierra-Fir- 
me  E  vino  proveydo  por  oydor  de  la  dicha  Au- 
diencia el  licen9Íado  Alonso  de  Grageda ,  c  llegan 


ron  con  el  dicho  señor  presidente  estos  nuevos  oy- 
dores, con  veynte  é  seys  ó  veynte  é  siete  naos  de 
armada  é  de  mercadería  ,  martes  primero  dia  de 
enero  de  mili  é  quinientos  é  quarenta  é  quatro  años. 
E  decirse  ha  en  este  capítulo  de  la  persona  é  par- 
les del  nuevo  presidente,  é  en  suma  se  tocarán  al- 
gunos subcesos  de  la  residencia  é  de  la  nueva  for- 
ma é  orden  é  reformación  que  de  ahy  adelante  ovo 
en  la  justicia  é  gobernación  destas  partes.» 

Se  ha  creído  conveniente  poner  aqui  el  título  del 
presente  capítulo,  tal  como  se  escribió  primero  y 
puede  entenderse,  porque  sobre  hallarse  en  él  los 
nombres  de  los  jueces  residenciados,  que  no  se  ex- 
presan en  el  texto  ,  se  anuncia  la  narración  de  cier- 
tas innovaciones,  introducidas  en  la  gobernación 
de  las  Indias,  con  ocasión  de  dicha  residencia ;  pro- 
pósito de  que  pareció  arrepentirse  después  Oviedo. 


DE  INDIAS.  LIB.  V.  CAP.  XII. 


469 


os  dicho ,  no  hay  que  de^ir.  Quedaron  en 
la  dicha   Audiencia    dichos  Jigengiados 
Cerrato  y  Grageda  gobernando  é  usando 
sus  ofigios  de  oydores :  en  el  qual  tiem- 
po Cerrato ,  por  espegial  comisión  que  se 
le  dio ,  lomó  las  qiientas  de  la  Hacienda 
Real ,  é  hizo  muchos  alcanaes ,  é  cobró 
parte  dellos ,  é  á  otros  dio  espera,  para 
pagar  lo  que  debian  en  diversos  tiempos 
é  término,  como  le  paresgió*.  De  la  for- 
ma que  este  juez  tuvo  en  la  administra- 
ción de  la  justigia  muchos  S3  quexaron 
del  é  se  quexan.  Yo  no  me  determino  si 
tienen  razón  todos  ó  no ,  en  lo  que  toca 
á  sus  intereses,  porque  desso  Su  Ma- 
gestad  é  el  Real  Consejo  de  Indias  lo  han 
de  determinar;  y  á  mí  no  me  está  bien 
de  hablar  en  esto,  porque  la  cibdad  de 
Sancto  Domingo  me  envió  á  mí  é  al  ca- 
pitán Alonso  de  Peña  por  sus  procurado- 
res á  España ,  é  con  su  poder  é  instru- 
gion,  por  el  mal  concepto  que  de  Cerrato 
é  de  su  reguridad  la  cibdad  tenia.  Pero 
como  son  cosas  de  justicia,  passemos  ade- 
lante. Yo  no  le  tengo  por  tan  malo,  como 
la  opinión  de  muchos  le  pregona;  porque 
es  letrado  y  cursado  en  las  cosas  dejus- 
tigia ,  é  pienso  que  su  voto  entre  letrados 
seria  admitido.  Pero  otra  cosa  es  ser  go- 
bernador ,  ó  no  tener  quien  le  vaya  á  la 
mano.  Sé  á  lo  menos  que  es  sacudido,  y 
que  no  tracta  bien  de  su  lengua  á  los  que 
antél  litigan,  ó  ha  de  hagerjustigia;  por- 
que pienso  que  querría  mas  espantarlos 
ó  enmendarlos  con  un  aspecto  ayrado ,  ó 
palabras  ásperas ,  que  con  el  agote  ó  cu- 
chillo. Y  aunque  esse  artifigio  fuesse  assi 
(que  no  lo  sé ,  porque  solo  Dios  entiende 
al  hombre) ,  esas  sus  amenazas  é  palabras 
le  hagen  aborresgible ;  porque  en  fin  los 
hombres  no  han  de  sermaltractados  de  la 


lengua  del  juez ,  ni  vituperados,  só  color 
del  mando  é  auctoridad  de  la  justigia  é 
ofigio  superior. 

No  sé  en  lo  que  parará  este  negogio^ 
Guíelo  Dios  á  su  servigio :  que  á  lo  menos 
la  verdad  se  dirá  por  nuestra  parte,  con- 
forme á  la  instrugion  de  nuestra  cibdad  y 
á  buena  congiengia.  Y  assi  creo  que  el 
muy  ilustre  presidente,  marqués  de  Mon- 
dejar ,  y  los  señores  del  Consejo  Real  de 
Indias  que  con  su  señoría  asisten  en  es- 
tas cosas  de  Indias,  lo  proveerán  cómo 
Dios  y  Sus  Magestades  sean  servidos  y 
aquesta  nuestra  isla  sea  conservada,  pues 
que  es  tan  digna  de  ser  favoresgida  é  ayu- 
dada ,  é  tan  importante.  Pero  ya  que  es- 
tove despachado  para  volver  á  la  isla, 
quedé  gerlificado  de  alguno  de  los  seño- 
res del  Consejo  Real,  que  Cerrato  seria 
removido  (é  assi  lo  fué)  del  dicho  cargo, 
y  que  se  nos  daría  juez  de  resídengia  pa- 
ra que  él  y  el  lígengiado  Grageda  la  hi- 
giessen.  E  proveyeron  de  nuevo  por  oy- 
dores al  lígengiado  Bermndez  é  al  lígen- 
giado Corita.  Dios  les  dé  gragia  que  sir- 
viendo á  Dios  y  al  Emperador  hagan  jus- 
tigia de  tal  manera,  que  esta  isla  se  au- 
mente é  conserve,  mediante  su  buena  go- 
bernagion ,  de  lo  qual  hay  mucha  nesges- 
sidad. 

Pero  el  lígengiado  Bermudez  que  se  di- 
xo  de  suso,  mudó  de  propóssito;  é  fué  ele- 
gido por  oydor  el  lígengiado  Johan  Hur- 
tado de  Salgedo  y  Mendoga ,  é  á  Serrato 
se  le  dio  la  gobernagion  é  presidengia 
del  Audíengia  Real,  que  reside  en  los 
confines  de  Honduras ,  é  se  fué  allá  á  ser- 
vir su  ofigio.  Y  quedó  la  Isla  Españo- 
la con  mucho  gozo  de  su  partida,  espe- 
rando al  nuevo  presidente ,  del  qual  será 
fecha  mengion  en  el  discurso  destas  his- 


*  Aqui  se  leen  en  el  original ,  aunque  eslá  bor- 
rado es  le  pasage ,  las  siguientes  noticias,  dignas 
del  conocimiento  de  los  lectores: 

«Como  quier  que  ello  fué,  me  9erlifiieó  él  quepas- 


saban  de  LXXX  mili  pesos  de  oro  los  que  declaró 
ser  debidos  á  Sus  Magestades,  y  teniéndose  Su 
Mageslad  por  servido  del ,  se  le  mandaron  dar  dos- 
cientos mili  maravedís  de  ayuda  de  costa.» 


460 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


lorias  y   en   la  parte  que   convenga. 

En  el  año  de  mili  é  quinientos  é  qua- 
renta  é  nueve  tornó  á  la  cibdad  é  isla 
el  reverendíssimo  señor  obispo,  don 
Alonso  de  Fuenmayor ,  con  título  de  ar- 
zobispo desta  nuestra  cibdad  ,  nueva- 
mente metropolitana,  é  su  señoría  el  pri- 
mero arzobispo  della :  el  qual  por  su 
bondad  era  asaz  desseado  de  todos  los 
desta  isla.  Plegué  á  nuestro  Redemptor 
que  sea  por  muchos  años  y  á  su  sancto 
servicio:  que  con  su  venida  se  espera 
mucho  acresgentamiento  é  prosperidad 


á  esta  nuestra  isla  é  sus  comarcas ;  por- 
que, demás  de  su  buen  exemplo  y  doc- 
trina chripstiana ,  es  buen  servidor  é  leal 
á  Sus  Magostados,  é  muy  caritativo  é 
socorredor  de  los  pobres  é  nesgessitados 
(assi  en  general  como  en  particular),  é 
muy  bien  quisto  é  amado  de  todos. 

E  porque  estas  cosas  de  gobernado- 
res é  gobernados  son  comunes  ó  menos 
aplacibles  en  estas  legiones  que  las  otras 
novedades  é  historias  que  el  letor  dessea 
entender ,  passaré  al  libro  VI ,  que  trac- 
tará  de  materias  é  cosas  de  mejor  gusto. 


Este  es  el  libro  sexto  de  la  primera  parte  de  la  Natural  y  General  historia  de  las 
Indias ,  Islas  y  Tierra-Firme  del  mar  Océano :  el  qual  tracta  de  diversas  materias  é 
géneros  de  cosas,  é  assi  mismo  se  llama  libro  de  los  depósitos. 


PROHEMIO. 


JLoco  tiene  que  hager  en  de^ir  la  ver- 
dad el  hombre  libre  que  dessea  usar  de- 
11a ;  pero  saberla  referir ,  como  mejor  pa- 
rezca ó  suene  á  los  que  la  oyen ,  ha  de 
ser  por  gragia  especial ,  junto  con  el  arte 
ó  hermosa  forma  de  narrefr  las  cosas,  en 
que  el  orador  ó  escriptor  quiere  dar  á 
entender  lo  que  ha  de  resgitar  ó  escri- 
bir, para  que  con  mas  delectación  sea 
escuchado.  Y  cómo  essa  gragia  é  orna- 
mento de  palabras  no  acompañan  á  mi 
pluma,  doyle  por  guia  á  mi  Dios,  á 
quien  suplico  con  mis  indignas  oragiones 
que  la  favorezca ,  para  que  loando  su  om- 
nipotengia  pueda  proseguir  é  concluir 
estas  materias  que  aqui  se  tractan ,  de 
tal  manera ,  que  yo  las  sepa  dar  á  enten- 
der como  ellas  son.  Y  á  la  sombra  de  la 
divina  misericordia,  nunca  pienso  des- 
acordarme que  el  sancto  Job  dice  :  Mieíi- 
tras  tura  mi  aliento  en  mi ,  y  el  espíritu  de 
Dios  en  mis  narices ,  no  hablarán  mis  la- 
bios maldad,  ni  mi  lengua  pensará  la  men- 
tira *. 

Y  con  esta  determinagion ,  digo  que 
es  tanta  la  abundangia  de  las  materias 


que  me  ocurren  á  la  memoria ,  que  con 
mucha  dificultad  las  puedo  acabar  de  es- 
crebir  é  distinguir,  é  no  con  poco  traba- 
jo ni  con  pocas  minutas,  continuar  é 
conformar  aquellas  cosas  que  concier- 
nen, é  son  en  algo  semejantes  é  mas 
apropiadas  á  la  historia  que  se  sigue.  Y 
porque  tractando  de  algunas  particulares 
de  que  hay  clara  distengion,  é  son  desse- 
mejantes en  sí ,  no  se  compadesge  á  cada 
una  deltas  darle  libro  distinto  por  su  bre- 
ve narragion  é  volumen,  porné  de  aques- 
tas tales,  como  en  depósito  común,  en 
este  libro  YI  las  que  me  acordare  y 
supiere  (de  tal  calidad  y  diferengia); 
porque  quanto  mas  raras  y  peregrinas 
fueren ,  y  no  de  compararse  las  unas  á 
las  otras ,  tanto  mas  será  cada  qual  deltas 
mas  digna  de  ser  sabida  y  no  puesta  en 
olvido. 

Y  comenzaré  en  las  casas  y  moradas 
que  estos  indios  tenian ;  tras  lo  qual  se 
dirá  del  juego  del  batey ,  que  es  el  mis- 
mo que  el  de  la  pelota  (pero  en  diferen- 
te manera  y  pelota  exercitado ) ;  y  assi 
mismo  se  dirá  de  dos  huracanes  ó  tem- 


1     Job ,  cap.  27. — Quia  doñee  superesl  halilus  in 
me,  et  spirilus  Dei  in  naribus  meis,  non  loquenlur 
TOMO  I. 


labia  mea  iniquilatem  ,  nec  lingua  mea  medilabilur 
mendacium. 

SI 


1G2 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


pestades  señaladas  y  de  mucho  espanto 
que  ovo  en  esta  Isla  Española ;  y  assi 
procediendo  en  cosas  diferengiadas  de 
unas  en  otras,  como  en  secresto  ó  arma- 
rio, se  colmará  este  libro  depositario,  ó 
sexto;  porque  después  mas  fácilmente  en 
los  libros  siguientes  é  destintos  pueda  es- 
crebir  é  acomular  las  otras  materias  que 
fueren  muchas  de  unaespegie  é  natura,  ó 
quassi.  Y  podré  yo  llevar  la  orden  que  he 
desseado  tener  en  esta  Historia  Natural  y 
General  de  las  Indias ;  porque  en  .los  li- 
bros precedentes,  de  que  he  traclado 
hasta  aqui ,  fue  nesgessario  yr  mezcladas 
muchas  materias ,  á  causa  de  degirse  los 
viajes  é  descubrimientos  destas  partes 
que  hizo  el  primero  almirante  deltas  ( é 
otros  capitanes ) ,  como  en  relatar  su  vida 
é  méritos  del  é  de  sus  subgessores ;  y  de 
la  manera  de  gobernagion  suya,  é  de  la 
que  otros  después  del  tovieron ,  y  tam- 
bién para  dar  notigia  de  la  verdad  de  la 
historia  en  muchas  cosas  é  tranges  beli- 
cosos é  diferentes  que  acaesgieron ,  é 
otros  auctores  en  diversas  epístolas  ó  de- 
cadas é  volúmines  han  escripto  desde  ^ 
España ;  y  también  para  dar  á  entender 
la  verdadera  cosmographia  de  las  tierras 
é  provingias,  de  que  se  ha  fecho  men- 
gion ;  é  de  la  gente  natural  destas  partes 
ó  islas  é  cómo  fueron  conquistadas;  y 
de  otras  cosas  notables  que  quedan  me- 
moradas en  los  ginco  libros  antes  deste. 
Avisaos,  letor,  que  en  lo  que  está 
por  degir  siempre  hallareis  cosas  nue- 
vas en  este  libro  del  depósito,  y  en 
los  que  adelante  entiendo  escrebir ;  y 
llámele  del  depósito  ó  depositario,  por- 
que todo  lo  que  aqui  se  dirá  en  su- 
ma compete  mas  particularmente  á  di- 
versas provincias  ó  partes,  donde  en 
efeto  quadran  puntualmente  tales  histo- 


rias. Assi  mismo  hallareis,  letor,  gran- 
des ocasiones  y  muchas  causas  y  razón 
para  dar  gracias  á  Nuestro  Señor ,  y  para 
quedar  admirado  qualquiera  discreto  va- 
ron  con  tanta  variedad  de  secretos,  no 
usados  ni  oydos  hasta  nuestros  tiempos 
tan  particularmente  (ó  nunca  sabidos  mu- 
chos dellos ) ,  hasta  que  la  experiengia  é 
la  mihgia  é  armas  de  nuestros  españoles 
los  han  con  su  virtud  y  trabajos  perso- 
nalmente visto  é  experimentado  y  notifi- 
cado, aumentando  la  república  de  Jesu- 
Chripsto ,  nuestro  redemptor ,  y  sirvien- 
do al  Emperador,  é  á  su  Real  silla  é 
ceptro  de  Castilla ,  cuyo  es  aqueste  gran- 
díssimo  imperio  :  dándome  á  mi  por  exer- 
gigio  en  esto  que  escribo  una  materia  tan 
famosa  é  alta  é  copiosa ,  que  la  vida  del 
antiguo  Néstor,  que  tanto  supo  é  tanto  vi- 
vió, como  dice  Frangisco  Petrarca  V  con  la 
de  aquel  rey  gaditano,  llamado  Arganto- 
nio  ^,  no  fueran  tan  largasjuntadas  con  la 
mia,  ó  acresgentádose  las  dos  en  el  número 
de  mis  años,  que  pueda  yo  llegar  al  cabo 
lo  que  se  puede  escrebir  en  este  caso. 
Homero  ^  afirma  de  Néstor  que  vivió  lon- 
guíssimo  tiempo,  é  que  por  doctrina  é  ex- 
periengia fue  sobre  todos  los  griegos  sa- 
pientíssimo ,  é  en  las  armas  exgelente :  el 
qual  vengió  los  de  Thesalia  é  fue  con 
Thesseo  é  Perithoo  contra  los  gentauros, 
é  se  halló  en  la  una  é  en  la  otra  guerra 
troyana ,  é  en  ambas  peleó  en  favor  de 
los  griegos.  Ovidio  dige  que  vivió  dos- 
cientos años  *.  Argantonio,  rey  gaditano, 
dige  Plinio  ^  que  reynó  ochenta  años ,  y 
que  comenzó  á  reynar,  seyendo  de  edad 
de  quarenta.  Assi  que ,  segund  estos  auc- 
tores ,  tresgientos  y  veynte  años  vivieron 
estos  dos  que  he  dicho.  Pero  en  la  bre- 
vedad de  mi  vida ,  diré  lo  que  fuere  Dios 
servido  que  por  mí  se  continúen  estas 


\     Triumph.  do  la  Fama,  cap.  II. 

2  Plin.,  lib.  VII,  cap.  48. 

3  Homero  en  la  Iliada. 


4  Mclham. ,  lib.  -12. 

5  Plin.  ,  lib.  7,  cap.  48. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  I. 


163 


materias ;  donde  con  mis  canas ,  passado 
ya  de  los  sesenta  é  nueve  años  que  Iiá 
que  vivo,  ningún  dia  se  me  passa  fuera 
desta  ocupación  (algunas  horas),  traba- 
jando todo  lo  que  en  mí  es  y  escribiendo 
de  mi  mano ,  con  desseo  que  antes  del 
último  dia  de  los  que  me  quedan  yo  pue- 
da ver  corregido  y  en  limpio  impresso  lo 
que  en  todas  tres  partes  de  aquesta  Ge- 
neral  Historia  de  Indias  yo  tengo  notado. 
Y  entre  tanto  que  el  sol  me  tura ,  estoy 
agora ,  en  este  año  de  la  Natividad  del 
Redemplor  de  mili  é  quinientos  é  qua- 
renta  é  ocho,  dando  orden  como  en  este 
año  ó  en  el  siguiente,  se  reimprima  esta 
primera  parte,  acres^entada  y  enmenda- 


da y  mas  ornada  que  estuvo  en  la  pri- 
mera impression ;  é  assi  mismo  se  impri- 
mirá la  segunda,  y  yo  quedaré  conti- 
nuando la  tercera ;  en  la  qual  no  rae  fal- 
tará voluntad  para  concluirla,  pues  que 
está  una  grand  parte  della  escripia  en 
minutas.  Y  espero  en  Nuestro  Señor  que 
poco  tiempo  después  que  estas  dos  par- 
tes parezcan,  saldrá  la  última,  en  que  se 
procede  hasta  lo  que  en  mi  tiempo  está 
descubierto  é  visto  por  los  capitanes ,  y 
exércitos  de  Sus  Magestades  en  la  Tier- 
ra-Firme é  mares  della;  assi  en  este  nues- 
tro horizonte  é  polo  ártico,  como  en  la 
otra  parte  ,  ultra  la  equino^ial ,  del  otro 
hemispherio  ó  polo  antartico. 


CAPITULO  I. 

El  qual  tracla  de  las  casas  y  moradas  de  los  indios  desla  Isla  Espaúola ,   por  olro   nombre  llamada 

Hay  ti. 


T  ivian  los  indios  desta  Isla  de  Hayti  ó 
Española  en  las  costas  ó  riberas  de  los 
rios  ó  Qerca  de  la  mar,  ó  en  los  assientos 
que  mas  les  agradaban,  ó  eran  en  su 
propóssito,  assi  en  lugares  altos,  como  en 
los  llanos  ó  en  valles  é  florestas;  porque 
de  la  manera  que  querían  assi  hagian  sus 
poblagiones  é  hallaban  dispusigion  para 
ello ;  é  junto  á  sus  lugares  tenian  sus  la- 
branzas é  conucos  (que  assi  llaman  sus 
heredamientos)  de  mahizales  é  yuca ,  é 
arboledas  de  fructales.  Y  en  cada  plaga 
que  avia  en  el  pueblo  ó  villa  estaba  lu- 
gar diputado  para  el  juego  de  la  pelota 
(que  ellos  llaman  batey)  y  también  á  las 
salidas  de  los  pueblos  avia  assi  mismo 
sitio  puesto  con  assientos,  para  los  que 
mirassen  el  juego ,  é  mayores  que  los  de 
las  plagas ,  de  lo  qual  en  el  capítulo  si- 
guiente se  tractará  mas  largo. 

Tornemos  á  las  casas  en  que  moraban, 
las  quales  comunmente  llaman  huhio  en 
estas  islas  todas  (que  quiere  degir  casa 
6  morada);  pero  propriamente  en  la  len- 


gua de  Hayti  el  buhio  ó  casa  se  llama 
eracra.  Estas  eracras  ó  buhios  son  en  una 
de  dos  maneras,  é  en  ambas  se  hagian, 
segund  la  voluntad  del  edificador ;  y  la 
una  forma  era  aquesta.  Hincaban  muchos 
postes  á  la  redonda  de  buena  madera,  y 
de  la  groseza  (cada  uno)  conviniente,  y 
en  circuyto  á  quatro  óginco  passos  el  un 
poste  del  otro ,  ó  en  el  espagio  que  que- 
rían que  oviesse  de  poste  á  poste:  é  so- 
bre ellos,  después  de  hincados  en  tierra, 
por  engima  de  las  cabegas,  en  lo  alto 
pónenles  sus  soleras,  é  sobre  aquellas  po- 
nen en  torno  la  varagon  (que  es  la  tem- 
pladura para  la  cubierta) ;  las  cabezas  ó 
grueso  de  las  varas  sobre  las  soleras  que 
es  dicho ,  é  lo  delgado  para  arriba ,  don- 
de todas  las  puntas  de  las  varas  se  jun- 
tan é  resumen  en  punta,  á  manera  de  pa- 
bellón. E  sobre  las  varas  ponen  de  tra- 
vés cañas ,  ó  latas  de  palmo  á  palmo  (ó 
menos),  de  dos  en  dos  (ó  sengillas) ,  é  so- 
bre aquesto  cubren  de  paja"  delgada  é 
luenga:  otros  cubren  con  hojas  de  bihaos: 


164 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


otros  con  cogollos  de  cañas :  otros  coq 
hojas  de  palmas ,  y  también  con  otras 
cosas.  En  la  baxo ,  en  lugar  de  paredes 
desde  la  solera  á  tierra ,  de  poste  á  pos- 
te, ponen  cañas  hincadas  en  tierra,  some- 
ras é  tan  juntas ,  como  los  dedos  de  la 
mano  juntos ;  é  una  á  par  de  otra  hagen 
pared ,  é  atañías  muy  bien  con  bexucos, 
que  son  unas  venas  ó  correas  redondas 
que  se  crian  revueltas  á  los  árboles  (y 
también  colgando  dellos)  como  la  cor- 
rehuela: los  quales  bexucos  son  muy 
buena  atadura ,  porque  son  flexibiles  é 
taxables,  é  no  se  pudren,  é  sirven  de 
clavaron  é  ligaQon  en  lugar  de  cuerdas 
y  de  clavos  para  atar  un  madero  con 
otro,  é  para  atar  las  cañas  assi  mismo. 
El  buhio  ó  casa  de  tal  manera  fecho,  llá- 
masse  caney.  Son  mejores  é  mas  seguras 
moradas  que  otras,  para  defenssa  del  ay- 
re,  porque  no  las  coje  tan  de  lleno.  Es- 
tos bexucos  que  he  dicho  ó  ligagon,  se 
hallan  dellos  quantos  quieren,  é  tan 
gruesos  ó  delgados,  como  son  menester. 
Algunas  veges  los  hienden  para  atar  co- 
sas delgadas,  como  hagen  en  Castilla  los 
mimbres  para  atar  los  arcos  de  las  cu- 
bas ;  y  no  solamente  sirve  el  bexuco  pa- 
ra lo  que  es  dicho,  pero  también  es  me- 
dicinal; é  hay  diversos  géneros  de  be- 
xucos, como  se  dirá  en  su  lugar  adelante, 
(¡uando  se  tráete  de  las  hiervas ,  é  plan- 
tas, é  árboles  medicinales  é  susproprie- 
dades. 

Esta  manera  de  casa  ó  caney,  para 
que  sea  fuerte  é  bien  trabada  la  obra  é 
armagon  toda ,  ha  de  tener  en  medio  un 
poste  ó  mástel  de  la  groseza  que  con- 
venga ,  é  que  so  fixe  en  tierra  quatro  ó 
ginco  palmos  hondo ,  é  que  alcange  has- 
la  la  punta  ó  capitel  mas  alto  del  buhio) 
al  qual  se  han  de  atar  todas  las  puntas  de 
las  varas.  El  qual  poste  ha  de  estar  co- 
mo aquel  que  suele  aver  en  un  pabellón 
ó  tienda  de  campo,  como  se  traen  en  los 
exérgitos  é  reales  en  España  é   Italia, 


porque  por  aquel  mástel  está  fixa  la  casa 
toda  ó  caney ;  y  porque  mejor  se  entien- 
da esto ,  pongo  aqui  la  manera  ó  figura 
del  caney ,  como  baste  á  ser  entendido 
[Lámina  1.*,  fig.  9.'). 

Otras  casas  ó  buhios  hagen  assí  mismo 
los  indios ,  y  con  los  mesmos  materiales; 
pero  son  de  otra  fagion  y  mejores  en  la 
vista ,  y  de  mas  apossento ,  é  para  hom- 
bres mas  pringipales  é  cagiques;  hechas  á 
dos  aguas  y  luengas,  como  las  de  los 
chripstianos,  é  assi  de  postes  é  paredes 
de  cañas  y  maderas,  como  está  dicho. 
Estas  cañas  son  magizas  y  mas  gruessas 
que  las  de  Castilla  y  mas  altas ,  pero 
córtanlas  á  la  medida  de  la  altura  de  las 
paredes  que  quieren  hager,  y  á  tre- 
chos en  la  mitad  van  sus  horcones ,  que 
acá  llamamos  haylinales,  que  llegan  á  la 
cumbrera  é  caballete  alto  ;  y  en  las  prin- 
gipales hagen  unos  portales  que  sirven 
de  zaguán  ó  resgibimiento ,  é  cubiertas 
de  paja ,  de  la  manera  que  yo  he  visto  en 
Flandes  cubiertas  las  casas  de  los  villajes 
ó  aldeas.  E  si  lo  uno  es  mejor  que  lo  otro 
é  mejor  puesto ,  creo  que  la  ventaja  tiene 
el  cobrir  de  las  Indias  á  mi  ver ,  porque 
la  paja  ó  hierva  de  acá,  para  esto  es  mu- 
cho mejor  que  la  paja  de  Flandes* 

Los  chripstianos  hagen  ya  estas  casas 
en  la  Tierra-Firme  con  sobrados  é  quar- 
tos  altos  é  ventanas,  porque  como  tie- 
nen clavagon  é  hagen  muy  buenas  ta- 
blas ,  y  lo  saben  mejor  edificar  que  los 
indios ,  hagen  algunas  casas  de  aques- 
tas ,  tan  buenas ,  que  qualquier  señor 
se  podria  apossentar  en  algunas  dellas. 
Yo  hige  una  casa  en  la  cibdad  de  Sáne- 
la María  del  Antigua  del  Darien ,  que  no 
tenia  si  no  madera  é  cañas ,  é  paja  é  al- 
guna clavazón ,  y  me  costó  mas  de  mili  é 
quinientos  pesos  de  buen  oro :  en  la  qual 
se  pudiera  apossentar  un  pringipe ,  con 
buenos  apossentos  altos  é  baxos,  é  con 
un  hermoso  huerto  de  muchos  naranjos  6 
otros  árboles ,  sobre  la  ribera  de  un  gen- 


DE  INDIAS.  LIB.  Vi  CAP.  I. 


loa 


til  río  que  passa  por  aquella  cibdad.  La 
qual  república,  en  desdicha  de  los  veci- 
nos della ,  é  en  desservlgio  de  Dios  y  de 
Sus  Magestades ,  y  en  daño  de  muchos 
particulares ,  de  hecho  se  despobló  por  la 
malicia  de  quien  fué  causa  dello. 

Assi  que  de  una  destas  dos  mane- 
ras que  he  dicho  son  las  casas  ó  buhios, 
ó  eracras  desta  isla  é  de  otras  islas,  que 
los  indios  hagen  en  pueblos  y  comunida- 
des y  también  en  caserios  apartados  en 
el  campo ,  y  también  en  otras  diferengia- 
das  maneras ,  como  se  dirá  en  la  segunda 
paríe  desta  Natural  y  general  Historia, 
quaiido  se  tráete  de  las  cosas  de  la  Tier- 
ra-Firme; porque  allá  en  algunas  provin- 
cias son  de  otra  forma ,  y  aun  algunas 
dellas  nunca  oydas  ni  vistas,  sino  en 
aquella  tierra.  Pero  pues  se  debuxó  la 
forma  del  caney  ó  casa  redonda,  quiero 
assi  mismo  poner  aqui  la  segunda  mane- 
ra de  casas  que  he  dicho  ,  la  qual  es,  co- 
mo aquesta  que  está  aqui  patente  ( Lámi- 
na 1.',  fig.  10.'),  para  que  mejor  se  en- 


tienda lo  que  en  la  una  y  en  la  otra  ten- 
go dicho.  Y  puédesse  tener  por  gierto 
que  los  dos  ó  tres  años  primeros  la  cu- 
bierta de  paja ,  si  es  buena  y  bien  puesta, 
que  son  de  menos  goteras  que  las  casas 
de  teja  en  España ;  pero  passado  el  tiem- 
po que  digo,  ya  la  paja  va pudriéndosse, 
é  es  nesgessario  revocar  la  cubierta  é  aun 
también  los  estantes  ó  postes,  exgepto  si 
son  de  algunas  maderas  de  las  que  hay 
en  estas  partes ,  que  no  se  pudren  deba- 
xo  de  tierra ;  assi  como  la  corbana  en  es- 
ta isla ;  y  el  guayacan  me  digen  que  en  la 
provingia  de  Veneguela  hagen  estantes  á 
las  casas  con  ello,  é  que  no  se  pudren 
por  ningún  tiempo.  Y  en  la  Tierra-Firme 
hay  otra  madera  ,  que  la  llaman  los 
chripstianos  madera  prieta ,  que  tampoco 
no  se  pudre  debaxo  de  la  tierra;  pero 
porque  en  otras  partes  se  ha  de  tractar  de 
las  maderas,  y  se  espegificaran  mas  las 
calidades  dellas ,  no  hay  nesgessidad  de 
degir  aqui  mas  de  lo  que  toca  á  estos 
edificios  ó  maneras  de  casas. 


CAPITULO  II. 

Del  jueg-o  del  hatey  de  los  indios,  que  es  el  mismo  que  el  de  la  pelota  ,  a'unque  se  juega  de  olra  manera, 
como  aqui  se  dirá,  y  la  pelota  es  "de  otra  especie  ó  materia  que  las  pelotas  que  entre  los  chripstianos 

se  usan. 


Jl  ues  en  el  capítulo  de  suso  se  dixo  de 
la  forma  de  los  pueblos  é  de  las  casas 
de  los  indios,  y  que  en  cada  pueblo  avia 
lugar  diputado  en  las  plazas  y  en  las  sa- 
lidas de  los  caminos  para  el  juego  de  la 
pelota ,  quiero  degir  de  la  manera  que  se 
jugaba  y  con  qué  pelotas ;  porque  en  la 
verdad  es  cosa  para  oyr  é  notar.  En  torno 
de  donde  los  jugadores  hagian  el  juego, 
diez  por  diez  y  veynte  por  veynte ,  y  mas 
ó  menos  hombres,  como  se  concertaban, 
tenían  sus  assientos  de  piedra  ;  é  al  cagi- 
que  é  hombres  pringipales  poníanles  unos 
banquillos  de  palo,  muy  bien  labrados. 


de  lindas  maderas ,  é  con  muchas  labores 
de  relieve  é  concavadas,  entalladas  y  es- 
culpidas en  ellos ,  á  los  quales  bancos  ó 
escabelo  llaman  duho.  E  las  pelotas  son 
de  unas  rayges  de  árboles  é  de  hiervas  é 
gumos  é  mezcla  de  cosas ,  que  toda  junta 
esta  mixtura  paresge  algo  gerapez  negra. 
Juntas  estas  y  otras  materias,  cuégenlo 
todo  é  hagen  una  pasta;  é  redondéanla  é 
hagen  la  pelota,  tamaña  como  una  de  las 
de  viento  en  España,  é  mayores  é  meno- 
res :  la  qual  mixtura  hage  una  tez  negra, 
é  no  se  pega  á  las  manos ;  é  después  que 
está  enxuta  tórnasse  algo  espongiosa  ,  no 


466 


HISTORIA  GEiNERAL  Y  NATURAL 


por  que  tenga  agugero  ni  vacuo  alguno, 
como  la  esponja ,  pero  alijeresgesse  ,  y  es 
como  fofa  y  algo  pessada. 

Estas  pelotas  saltan  mucho  mas  que  las 
de  viento  sin  comparación,  porque  de 
solo  soltalla  de  la  mano  en  tierra,  suben 
mucho  mas  para  arriba ,  é  dan  un  salto 
é  otro  é  otro  y  muchos ,  disminuyendo 
en  el  saltar  por  sí  mismas,  como  lo  ha- 
gen  las  pelotas  de  viento  é  muy  mejor. 
Mas  como  son  macizas,  son  algo  pessadas; 
é  si  les  diessen  con  la  mano  abierta  ó  con 
el  puño  cerrado ,  en  pocos  golpes  abrirían 
la  mano  ó  la  desconcertarían.  Y  á  esta 
causa  le  dan    con  el  hombro  y  con  el 
cobdo  y  con  la  cabega ,  y  con  la  cadera 
lo  mas  continuo ,  ó  con  la  rodilla ;  y  con 
tanta  presteza  y  soltura ,  que  es  mucho  de 
ver  su  agilidad ,  porque  aunque  vaya  la 
pelota  quassi  á  par  del  suelo,  se  arrojan  de 
tal  manera  desde  tres  ó  quatro  passos 
apartados,  tendidos  en  el  ayre,  y  le  dan 
con  la  cadera  para  la  rechagar.  Y  de 
qualquier  bote  ó  manera  que  la  pelota 
vaya  en  el  ayre  (é  no  rastrando),  es  bien 
tocada;  porque  ellos  no  tienen  por  mala 
ninguna  pelota  (ó  mal  jugada),  porque 
haya  dado  dos  ,  ni  tres ,  ni  muchos  saltos, 
con  tanto  que  al  herir,  le  den  en  el  ayre. 
No  hagen  chagas ,  sino  pónense  tantos  á 
un  cabo  como  á  otro  ,  partido  el  terreno 
ó  compás  del  juego,  y  los  de  acullá  la 
sueltan   ó   sirven  una    vez ,    echándola 
en  el  ayre,   esperando  que  le  toque  pri- 
mero qualquiera  de  los  contrarios ;  y  en 
dándole  aquel,  luego  subgede  el  que  antes 
puede  de  los  unos  ó  de  los  otros,  y  no 
gessan  con  toda  la  diligengia  possible  á 
ellos,  para  herir  la  pelota.  Y  la  contengion 
es  que  los  deste  cabo  la  hagan  passar  del 
otro  puesto  adelante  de  los  contrarios ,  ó 
aquellos  la  passen  de  los  límites  ó  pues- 
to destos  otros ;  y  no  gessan   hasta  que 
la  pelota  va  rastrando,  que  ya  por  no 
aver  seydo  el  jugador  á  tiempo ,  ó  no  ha- 
ge  bote ,  ó  está  tan  lexos  que  no  la  al- 


canga ,  é  ella  se  muere  ó  se  para  de  por 
si.  Y  este  vengimiento  se  cuenta  por  una 
raya,  é  tornan  á  servir  para  otra  los  que 
fueron  servidos  en  la  passada ,  é  á  tantas 
rayas,  quantas  primero  se  agordaron  en  la 
postura,  vá  el  presgio  que  entre  las  partes 
se  congierta. 

Algo  paresge  este  juego  en  la  opinión 
ó  contraste  del  al  de  la  chueca ,  salvo 
que  en  lugar  de  la  chueca  es  la  pelota,  y 
en  lugar  del  cayado  es  el  hombro  ó  ca- 
dera del  jugador ,  con  que  la  hiere  ó  rc- 
chaga.  Y  aun  hay  otra  diferengia  en  esto: 
y  es  que  siendo  el  juego  en  el  campo  y 
no  en  la  calle ,  señalada  está  la  anchura 
del  juego ;   y  el  que  la  pelota  echa  fuera 
de  aquella  latitud ,  pierde  él  é  los  de  su 
partida  la  raya  ,  é  tórnasse  á  servir  la  pe- 
lota ,  no  desde  alli  por  do  salió  al  través, 
sino  desde  donde  se  avia  servido  antes 
que  la  echassen  fuera  del  juego.  En  Ita- 
lia, quando  en  ella  estuve,  vi  jugar  un 
juego  de  pelota  muy  gruessa,  tan  grande 
como  una  botija  de  arroba  ó  mayor ,  é 
llámanla  balón  ó  palón.  Y  en  espegial  lo 
vi  en  Lombardia  y  en  Ñapóles  muchas 
veges  á  gentiles  hombres ;  y  dábanle  á 
aquella  pelota  ó  balón  con  el  pié ,  y  en  la 
forma  del  juego  paresge  mucho  al  que  es 
dicho  de  los  indios ,  salvo  que  como  acá 
hieren  á  la  pelota  con  el  hombro  ó  rodi- 
lla ,  ó  con  la  cadera ,  no  van  las  pelotas 
tan  por  lo  alto  como  el  balón  que  he  di- 
cho ó  como  la  pelota  de  viento  menor. 
Pero  saltan  estas  de  acá  mucho  mas  é  el 
juego  en  sí  es  de  mas  artifigio  é  trabaxo 
mucho.  Y  es  cosa  de  maravillar  ver  quán 
diestros  y  prestos  son  los  indios  ( é  aun 
muchas  indias)  en  este  juego:  el  qual  lo 
mas  continuamente  juegan  hombres  con- 
tra hombres ,  ó  mugeres  contra  mugeres, 
y  algunas  veges  mezclados  ellos  y  ellas; 
y  también  acaesge  jugarle  las  mugeres 
contra  los  varones,  y  también  las  casa- 
das contra  las  vírgines. 

Es  de  notar ,  como  en  otra  parte  que- 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  II. 


16- 


da  dicho ,  que  las  casadas  ó  mugeres  que 
han  conosgido  varón  traen  revuelta  una 
mantilla  de  algodón  al  cuerpo ,  desde  la 
cinta  hasta  medio  muslo ;  é  las  vírgines 
ninguna  cosa  traen,  jugando  ó  no  jugan- 
do, en  tanto  que  no  han  conestido  hom- 
bre carnalmente.  Pero  porque  las  cagicas 
é  mugeres  principales  casadas  traen  estas 
naguas  ó  mantas  desde  la  ginla  hasta  en 
tierra,  delgadas  é  muy  blancas  é  genti- 
les ,  si  son  mugeres  mogas  é  quieren  ju- 
gar al  batey  ,dexan  aquellas  mantas  luen- 
gas ,  é  pénense  otras  cortas ,  á  medio 
muslo.  Y  es  cosa  mucho  de  admirar  ver 
la  velogidad  é  presteza  que  tienen  en  el 
juego ,  y  quán  sueltos  son  ellos  y  ellas. 
Los  hombres  ninguna  cosa  traian  delante 
de  sus  vergüenzas,  ante  que  los  chripstia- 
nos  acá  passassen,  como  tengo  dicho; 
pero  después  se  ponian  algunos ,  por  la 
conversagion  de  los  españoles ,  unasjoam- 
panülas  de  paño  ó  algodón  ú  otro  Hon- 
go, tamaño  como  una  mano ,  colgando  de- 
lante de  sus  partes  vergongosas,  prendido 


áunh¡loqueseceñian(¿áw?.  \^,fig.  11.'). 

Pero  por  esso  no  se  escussaban  de  mos- 
trar quanto  tenian ,  aunque  ningún  vien- 
to higiesse,  porque  solamente  colgaba 
aquel  trapillo ,  presso  en  lo  alto  y  suelto 
en  las  otras  partes ,  hasta  que  después 
fueron  mas  entendiendo  ellos  y  ellas,  cu- 
briéndosse  con  camisas  que  hagian  de 
algodón  muy  buenas.  Y  al  pressente  es- 
sos  pocos  que  hay,  todos  andan  vestidos 
ó  con  camisas ,  en  espegial  los  que  están 
en  poder  de  chripstianos ;  y  si  algunos 
no  lo  hagen  assi ,  es  entre  las  reliquias 
que  han  quedado  destas  gentes  del  cagi- 
que  don  Enrique ,  del  qual  se  hizo  men- 
gion  en  el  libro  pregedente. 

Este  juego  de  la  pelota  ó  invención  de 
tal  pasatiempo  atribuye  Phnio  *  al  rey 
Pirro ,  del  qual  ninguna  notigia  tienen 
estas  gentes  :  por  manera  que  deste  pri- 
mor no  debe  gogar  Pirro,  hasta  que  sepa- 
mos quién  fué  el  verdadero  é  primero  en- 
soñador de  tal  juego,  pues  questas  gentes 
se  han  detener  por  mas  antiguas  que  Pirro. 


CAPITULO  III. 

Que  Irada  de  los  huracanes  ó  tormentas  que  ovo  en  esta  Isla  Española  en  la  mar  y  en  la  lier    ,  muy 

señaladas  y  espantables  y  dañosas  ,  después  que  los  chripstianos  passaron  á  estas  partes  é  poblaron  esta 

isla ;  por  las  quales  dos  tormentas  ó  huracanes  se  pueden  entender  todos  los  desta  calidad. 


Huracají,  en  lengua  desta  isla ,  quiere 
degir  propriamente  tormenta  ó  tempes- 
tad muy  exgesiva ;  porque,  en  efecto,  no 
es  otra  cosa  sino  grandíssimo  viento  é 
grandíssima  y  exgesiva  lluvia,  todo  junto 
ó  qualquiera  cosa  destas  dos  por  sí. 
Acaesgió  un  miércoles ,  tres  dias  de  agos- 
to año  de  la  Natividad  de  nuestro  Re- 
demptor  Jesu-Chripsto  de  mili  é  quinien- 
tos é  ocho  años  (seyendo  gobernador 
desta  isla  el  comendador  mayor  de  Al- 
cántara, don  Frey  Nicolás  de  Ovando), 
quassi  á  hora  de  medio  dia ,  que  súbita- 


mente vino  tanto  viento  é  agua  junto,  é 
tan  exgesiva  cada  cosa  destas,  que  en 
esta  gibdad  de  Sancto  Domingo  cayeron 
por  tierra  todos  los  buhios  ó  casas  de 
paja,  é  aun  algunas  de  las  que  estaban 
labradas  de  paredes  ó  tapias  quedaron 
muy  dannificadas  é  atormentadas.  Y  en 
la  misma  sagon  en  muchos  pueblos  desta 
isla  ovo  lo  mismo ,  é  subgedieron  desta 
causa  encontinente  muy  grandes  daños 
en  los  campos,  y  quedaron  destruidas  las 
heredades.  Y  la  villa  que  llaman  la  Bue- 
ña-Ventura la  puso  el  huracán  toda  por 


1     Plinio,  libro  Vil ,  capítulo  56. 


468 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


el  suelo,  y  la  dexó  tal  que  se  podia  me- 
jor degir  mala  ó  triste  ventura ,  ó  derri- 
bada ventura  (para  muchos  que  queda- 
ron destruidos  en  ella ) ;  y  lo  que  mas  re- 
QÍo  y  de  mayor  dolor  fue  que  se  perdie- 
ron en  el  puerto  desta  gibdad  mas  de 
veynte  naos  y  caravelas  é  otros  navios. 

El  viento  era  norte  é  tal  que,  assi  co- 
mo comenzó  á  cargar,  entraron  presto  los 
hombres  de  la  mar  que  estaban  seguros 
en  tierra  á  echar  mas  áncoras  é  cables 
por  asegurar  sus  naos ,  é  cómo  fue  au- 
mentándosse  mas  y  mas  la  tormenta ,  no 
aprovechó  ninguna  industria  ni  pruden- 
cia de  los  hombres ,  ni  quanta  diligengia 
ó  aparejos  pusieron  para  su  defensa :  que 
todo  se  rompió  é  arrancó  las  naos  é  na- 
vios chicos  é  grandes  é  los  sacó  el  viento 
por  fuerza  del  puerto,  este  rioabaxo,  é 
los  metió  en  la  mar  é  dio  con  algunos 
dellos  al  través  por  estas  costas  bravas ,  é 
otros  anegó  que  no  paresgieron  mas. 

E  cambióse  después  el  tiempo  y  el 
viento  al  opóssito  súbitamente  por  el  con- 
trario, é  no  con  menor  ímpetu  é  furia ;  é 
fue  tan  grande  el  sur,  como  avia  seydo 
el  norte,  é  volvió  á  mal  de  su  grado 
(trompicando)  algunos  navios  al  puerto. 
E  cómo  el  norte  los  avia  echado  fuera  é 
llevado  á  la  mar,  assi  los  hizo  volver  el 
sur  á  este  rio  por  él  arriba.  E  después 
tornaban  para  abaxo ,  sin  verse  de  algu- 
nos dellos  sino  solamente  las  gavias,  é 
todo  lo  demás  hundido  debaxo  del  agua: 
de  guisa  que,  como  he  dicho,  el  viento 
norte  los  avia  llevado  á  la  mar,  y  el 
viento  de  mediodía  ó.  sur  los  tornó  á  la 
tierra.  En  la  qual  tribulación  se  ahogaron 
muchos  hombres,  é  turó  lo  mas  regio  de 
aquesta  tormenta  veynte  é  quatro  horas 
naturales,  hasta  otro  dia  jueves,  á  medio 
dia.  Pero  no  gessó  súbitamente ,  como 
avia  venido  este  trabajo ;  el  qual  fue  de 
tal  manera,  que  muchos  que  lo  vieron 
é  al  presente  algunos  dellos  que  viven  é 
están  en  esta  gibdad,  testifican  é  afirman 


que  fue  la  mas  espantosa  cosa  que  ojos 
de  hombres  pudieron  ver  en  semejantes 
casos.  Edigen  que  paresgia  que  todos  los 
demonios  andaban  sueltos ,  trayendo  los 
navios  de  unas  partes  á  otras ,  como  os 
dicho. 

Llevó  á  muchas  personas  el  viento  en 
peso ,  sin  tocar  ni  poderse  tener  en  tier- 
ra, mucho  trecho  por  las  calles  y  por  los 
campos,  é  á  muchos  descalabró  é  lasti- 
mó malamente.  E  arrancó  algunas  pie- 
dras que  estaban  fabricadas  en  las  pare- 
des é  muros,  é  abatió  muchos  bosques 
espesos  de  árboles ,  é  algunos  dellos  muy 
grandes,  volviéndolos  de  alto  para  abaxo, 
é  otros  echó  muy  lexos  de  donde  los 
avia  arrancado ;  y  en  fin  fué  muy  grande 
y  general  en  toda  esta  isla  el  daño  que 
hizo  esta  tormenta  ó  huracán. 

Degian  los  indios  que  otras  veges  solía 
aver  huracanes ;  pero  que  no  avia  jamás 
acaesgido  otro  tan  grande  ni  semejante 
en  su  tiempo ,  ni  se  acordaban  aver  oido 
ni  visto  cosa  de  tanto  espanto  é  trabajo 
en  sus  días  ni  en  los  de  sus  passados.  E 
assi  quedaron  muchos  hombres  perdidos 
en  esta  cibdad  y  en  la  mayor  parte  de 
aquesta  isla,  é  sus  hagiendas  destrui- 
das ,  y  en  espegial  las  heredades  del 
campo. 

El  año  siguiente  de  mili  é  quinientos  é 
nueve  años,  á  diez  de  julio,  vino  á  esta 
cibdad  el  almirante  don  Diego  Golom, 
segund  tengo  dicho  en  otra  parte;  é 
aquel  mismo  mes  á  los  veynte  é  nueve 
días  del  vino  otro  huracán ,  mayor  que 
el  que  se  ha  dicho  del  año  antes ;  pero 
no  hizo  tanto  daño  en  las  casas,  mas  hí- 
zole  muy  mayor  en  el  campo.  Otras  ve- 
ges los  ha  ávido  después ;  pero  no  igua- 
les ni  de  tanto  espanto,  como  aquestos 
dos.  Gréesse,  é  afirman  los  devotos 
chripstianos  é  la  experiengia  lo  ha  mos- 
trado, que  después  que  el  Santíssimo 
Sacramento  se  ha  puesto  en  las  Igle- 
sias é  monesterios  desta  cibdad,   é   de 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  III. 


1G9 


las  otras  villas  desta  isla,  han  gessa- 
do  estos  huracanes.  Desto  ninguno  se 
debe  de  maravillar ,  porque  perdiendo  el 
señorío  desta  tierra  el  diablo ,  é  tomán- 
dola Dios  para  sí ,  permitiendo  que  su 
sagrada  fe  é  religión  chrípstíana  en  ella 
sea  plantada  é  permanezca,  diferencia  ha 
de  aver  en  los  tiempos  é  en  las  tempes- 
tades, ó  tormentas  y  en  todo  lo  demás, 
tan  sin  comparagion ,  quanto  es  el  caso 
mayor;  pues  que  la  potengia  de  nuestro 
Dios  es  infinita ,  é  por  su  misericordia  é 
clemengia  después  acá  gessaron  estos 
peligros  y  espantables  huracanes  ó  tem- 
pestades. Un  hombre  honrado,  vegino 
desta  cibdad,que  se  llamó  Pero  Gallego, 
el  qual  ha  poco  tiempo  que  fallesgió,  fué 
el  primero  que  apossentó  el  Sancto  Sa- 
cramento y  le  hizo  un  sagrario,  de  pie- 
dra é  bien  labrado,  en  el  monesterio 
de  Sanct  Frangisco  desta  cibdad,  des- 
pués de  passados  los  huracanes  que  es 
dicho;  é  después  nunca  se  han  visto.  E 
assi  por  esto ,  como  porque  era  este  hi- 
dalgo de.los  primeros  pobladores  que  se 
hallaron  en  la  conquista  desta  isla,  la 
Cesárea  Magostad,  informado  desto,  le 
dio  título  de  mariscal  de  aquesta  isla, 
con  el  qual  murió  desde  á  poco  tiempo. 

Toqué  aquesto ,  porque  como  he  di- 
cho en  otras  partes,  no  pienso  dexar 
sin  memoria  lo  que  es  digno  della ,  si  á 
la  mia  llegare  la  notigia  dello ,  y  por  ser 
al  propóssito  destos  huracanes;  porque 
hasta  que  se  hizo  el  sagrario  que  he  di- 
cho, no  tenían  Sacramento  en  las  igle- 
sias ,  porque  eran  de  madera  é  paja  é  no 
convinientes  para  ello. 

Por  gierto  quien  oviere  visto  é  passa- 
do  algún  boscaje  de  grandes  y  espessos 
árboles ,  donde  haya  acaesgido  algún 
huracán ,  avrá  visto  cosa  de  mucha  ad- 
miragion  é  grima  espantosa ;  porque  es- 
tán innumerables  é  poderosos  árboles 
arrancados,  é  las  raiges  dellos  tan  altas, 

quanto  tovieron  lo  mas  encumbrado  de 
TOMO  I. 


las  ramas  algunos  dellos :  otros  quebra- 
dos por  medio  y  en  partes  é  desgajados 
é  hendidos  de  alto  á  baxo :  otros  están 
puestos  sobre  otros  de  tal  manera  ,  que 
paresge  luego  ser  obra  diabólica.  En  al- 
gunas partes  en  la  Tierra-Firme ,  lo  he 
visto  en  no  mas  espagio  de  un  tiro  é  dos 
de  ballesta ,  estando  todo  el  territorio  cu- 
bierto de  árboles  arrancados  é  unos  so- 
bre otros  como  he  dicho.  Y  cómo  los  que 
por  allí  ybamos ,  conveníanos  passar  por 
aquellos  mismos  lugares  ó  bosques  assi 
destrogados,  é  no  teníamos  otro  camino 
tan  seguro  ó  á  nuestro  propóssito ,  no  se 
podía  escusar  el  trabajo  de  passar  por  allí. 
Y  era  cosa  de  notar  é  mirar,  como  yban 
los  hombres  tres  ó  qualro  estados  mas 
altos  unos  que  otros  de  árbol  en  árbol  y 
de  rama  en  rama ,  trepando  y  trabajando 
por  seguir  nuestro  camino ;  porque  los 
ríos  grandes  y  peñas  ásperas ,  é  los  pro- 
fundos valles,  y  espinosos  é  gerrados 
boscajes,  é  otras  cosas  muchas  se  escu- 
saban  con  aquel  estorbo  ó  embaragado 
camino ,  é  también  la  sospecha  de  los 
enemigos,  é  no  saber  la  tierra. 

Todos  estos  é  otros  impedimentos  da- 
ban causa  que  con  mucho  cansangio  de 
las  personas  é  fatiga  del  espíritu  conti- 
nuássemos  el  camino  tan  gerrado  é  ocu- 
pado, como  he  dicho  que  estaba  del 
huracán.  E  á  bien  librar,  por  corto  que 
fuesse  aquel  espagio  assi  impedido, 
siempre  escapaban  algunos  compañeros 
lastimados,  derrochados  é  rasgados  los 
vestidos,  é  otros  desolladas  las  manos; 
é  con  grande  afán  se  concluyen  tales  jor- 
nadas. No  son,  pues,  los  árboles  que  están 
assi  arrancados  poca  cosa  para  admirar 
su  grandeza  y  ser  grosíssimos  muchos 
dellos ;  pero  demás  deso ,  es  cosa  para 
maravillar  verlos  tan  desviados  é  aparta- 
dos algunos  de  donde  fueron  criados ,  é 
con  sus  raiges  trastornados  unos  sobre 
otros,  de  tal  forma  trabados  é  apilados 
y  entretexidos  que  luego  paresge ,  como 


170 


HISTORIA  GEiNERAL  Y  NATURAL 


he  dicho ,  ser  arlifigio  é  obra  en  que  ha 
entendido  el  diablo  ó  parte  de  la  comu- 
nidad del  infierno ,  é  no  hay  ojos  huma- 
nos de  chripstiano  que  sin  espanto  lo 
puedan  ver. 

De  los  dos  huracanes,  de  que  tengo 
fecha  expressa  mengion ,  que  acaesgieron 
en  esta  isla  en  los  tiempos  que  he  dicho, 
testigos  muchos  hay  en  esta  cibdad ,  é 
alguno  dentro  de  mi  casa,  que  vido  el 
segundo ,  y  en  la  isla  hay  personas  asaz 
que  perdieron  mucha  hacienda,  é  assi 
mismo  en  España  algunas  personas  que 
acá  se  hallaron ,  é  hombres  de  la  mar  que 
con  propria  pérdida  lo  experimentaron 
en  los  navios,  que  dixe  que  se  perdieron 
en  el  primero  huracán.  Assi  que  estas 
dos  tormentas  fueron  tales ,  como  tengo 
dicho ;  é  jamás  se  perderá  la  memoria 
de  tan  señalados  trabajos  en  esta  isla  en- 
tre los  que  viven.  E  por  tanto  es  bien 


que  se  dé  noticia  dello  á  los  venideros, 
para  que  rueguen  á  Nuestro  Señor  que 
los  libre  de  semejantes  peligros;  y  assi  se 
debe  esperar  que  lo  permitirá  su  clemen- 
cia ,  y  que  por  su  infinita  misericordia 
librará  esta  cibdad  é  isla,  é  sus  chrips- 
tianos  de  tan  espantosos  casos ,  á  la  som- 
bra y  amparo  de  su  sacratíssimo  y  ver- 
dadero cuerpo  é  Sanctíssimo  Sacramen- 
to; dándonos  el  mismo  Dios  su  gragia, 
para  que  en  su  servigio  y  amor  los  pre- 
sentes y  porvenir  perseveremos,  y  per- 
severando ,  nuestras  ánimas  se  salven ,  y 
los  cuerpos  sean  libres  y  exentos  de  se- 
mejantes calamidades  y  angustias. 

Passemos  á  las  otras  cosas  que  están 
por  degir  deslas  nuevas  historias  que 
á  los  letores  serán  gratas ,  é  diferen- 
tes de  las  que  hasta  aqui  ovieren  leí- 
do en  esta  Natural  y  general  historia  de 
Indias. 


CAPITULO  IV. 

Que  Irada  de  los  navios  ó  barcas  de  los  indios ,  que  ellos  llaman  canoas,  é  en  algunas  islas  é  p^irles  las  di 
cen  piraguas ;  las  quales  son  de  una  pieza  é  de  un  solo  árbol. 


H 


[ablando  PUnio  en  las  cosas  de  la  India 
oriental ,  dige  *  que  Medusa  es  una  gibdad 
de  gierta  región,  llamada  Congionada, 
desde  la  qual  región  se  lleva  la  pimienta 
al  puerto  llamado  Becare  con  navecillas 
de  un  leño.  Estas  tales  navetas  creo  yo 
que  deben  ser  como  las  que  acá  usan  los 
indios ,  que  son  desta  manera.  En  esta 
Isla  Española  y  en  las  otras  partes  todas 
destas  Indias  que  hasta  el  presente  se  sa- 
ben ,  en  todas  las  costas  de  la  mar,  y  en 
los  rios  que  los  chripstianos  han  visto 
hasta  agora ,  hay  una  manera  de  barcas 
que  los  indios  llaman  canoa ,  con  que  ellos 
navegan  por  los  rios  grandes  y  assi  mis- 
mo por  estas  mares  de  acá ;  de  las  qua- 


les usan  para  sus  guerras  y  saltos  y  para 
sus  contractagiones  de  una  isla  á  otra ,  ó 
para  sus  pesquerías  y  lo  que  les  convie- 
ne. E  assi  mismo  los  chripstianos  que  por 
acá  vivimos,  no  podemos  servirnos  de 
las  heredades  que  están  en  las  costas  de 
la  mar  y  de  los  rios  grandes ,  sin  estas  ca- 
noas. Cada  canoa  es  de  una  sola  pieza  ó 
solo  un  árbol,  el  qual  los  indios  vagian 
con  golpes  de  hachas  de  piedras  enhas- 
tadas ,  como  aqui  se  ve  la  figura  della 
fLám.  i."  fig.  12.^;  y  con  estas  cortan  ó 
muelen  á  golpes  el  palo,  abocándolo, 
y  van  quemando  lo  que  está  golpeado  y 
cortado,  poco  á  poco,,  y  matando  el  fue- 
go, tornando  á   cortar  y  golpear  como 


i     Lib.  VI,  cap.  23. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  IV. 


171 


primero ;  y  continuándolo  assi,  hagen  una 
barca  quasi  de  talle  de  artesa  ó  dornajo; 
pero  honda  é  luenga  y  estrecha,  tan 
grande  y  gruesa  como  lo  sufre  la  longi- 
tud y  latitud  de  el  árbol,  de  que  la  ha- 
gen  ;  y  por  debaxo  es  llana  y  no  le  de- 
xan  quilla,  como  á  nuestras  barcas  y 
navios. 

Estas  he  visto  de  porte  de  quarenta  y 
ginqüenta  hombres ,  y  tan  anchas  que  po- 
dría estar  de  través  una  pipa  holgada- 
mente entre  los  indios  flecheros,  porque 
estos  usan  estas  canoas  tan  grandes  ó 
mayores ,  como  lo  que  he  dicho ,  é  llá- 
raanlas  los  caribes  piraguas ,  y  navegan 
con  velas  de  algodón  y  al  remo  assi 
mismo  con  sus  nahes  (que  assi  llaman  á 
los  remos).  Y  van  algunas  veges  vogan- 
do  de  pies,  y  á  veges  assentados,  y 
quando  quieren,  de  rodillas.  Son  estos 
7iahes  como  palas  luengas ,  y  las  cabezas 
como  una  muleta  de  un  coxo  ó  tollido, 
según  aqui  está  pintado  el  nahe  ó  remo 
y  canoa.  fLám.  2.',  fig.  1.V-  Hay  algunas 
destas  canoas  tan  pequeñas ,  que  no  ca- 
ben sino  dos  ó  tres  indios ,  y  otras  seys, 
y  otras  diez  é  de  ahí  adelante ,  segund 
su  grandeza.  Pero  las  unas  y  las  otras  son 
muy  ligeras,  mas  peligrosas,  porque  se 
trastornan  muchas  veges;  pero  no  se 
hunden  aunque  se  hinchan  de  agua  :  é 
como  estos  indios  son  grandes  nadado- 
res ,  tórnanlas  á  endereszar  y  dánse  muy 
buena  maña  á  las  vagiar.  No  son  navios 
que  se  apartan  mucho  de  la  tierra ,  por- 
que como  son  baxos ,  no  pueden  sufrir 


grande  mar ;  é  si  hage  un  poco  de  tem- 
poral ,  luego  se  anegan ,  y  aunque  no  se 
hundan ,  no  es  buen  passaliempo  andar 
hombre  asido  (dentro  del  agua)  á  la  ca- 
noa ,  en  espegial  el  que  no  sabe  na- 
dar, como  ha  acaesgido  muchas  veges  á 
chripstianos  que  se  han  ahogado.  Y  con 
todo  eso  son  mas  seguras  estas  canoas 
que  nuestras  barcas  ( en  caso  de  hundir- 
se) ,  porque  aunque  las  barcas  se  hunden 
menos  veges ,  por  ser  mas  alterosas  y  de 
mas  sosten  ,  las  que  una  vez  se  hunden 
vánse  al  suelo ;  y  las  canoas ,  aunque  se 
aneguen  é  hinchan  de  agua ,  no  se  van 
al  suelo  ni  hunden ,  como  he  dicho ,  é 
quédanse  sobreaguadas.  Pero  el  que  no 
fuere  muy  buen  nadador ,  no  las  contie- 
ne mucho.  Ninguna  barca  anda  tanto 
como  la  canoa ,  aunque  la  canoa  vaya 
con  ocho  remos  é  la  barca  con  doge ;  é 
hay  muchas  canoas  que  la  mitad  menos 
de  gente  que  voguen,  andará  mas  que 
la  barca ;  pero  ha  de  ser  en  mar  tran- 
quila é  con  bonanga. 

El  Tostado ,  sobre  Ensebio  De  los  tiem- 
pos *,  tractando  la  causa  por  que  no  de- 
bieron de  entrar  algunos  animales  en  la 
barca  de  Deucalion ,  dige  que  porque  no 
avia  barca  tan  grande;  porque,  segund  la 
intengion  de  Ovidio  é  Virgilio ,  en  aquel 
tiempo  apenas  sabian  los  hombres  hager 
unas  muy  pequeñas  barcas  de  un  solo 
madero  cavado,  sin  alguna  juntura,  como 
agora  hagen  las  artesas.  Esto  que  este 
doctor  dige  me  paresge  que  es  lo  mismo 
que  tengo  dicho  de  las  canoas. 


CAPITULO  V. 

Que  Irada  de  la  manera  que  los  indios  tienen  en  sacar  y  encender  lumbre  sin  piedra  ni  eslabón  ,  sino  con 
un  palo  ,  torciéndole  sobre  otros  palillos ,  como  agora  se  dirá. 

iluán  proveyda  es  la  natura  en  dar  á      sario,  en  muchas  cosas  se  puede  ver  cada 
los  hombres  todo  lo  que  les  es  nesges-       hora.  Esta  manera  de  engender  fuego  ios 


i     Abul. ,  en  la  III  parle,  cap.  304. 


172 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


indios  paresgerá  cosa  nueva  en  muchas 
partes ,  y  no  poco  de  maravillar  á  los  que 
no  lo  han  visto ;  y  es  en  todas  las  Indias 
tan  común  ,  quanto  es  razón  é  nesgesario 
que  sea  comunicable  el  fuego  para  la  vi- 
da humana  é  servicio  de  las  gentes ;  y  es- 
to hádenlo  los  indios  desta  manera.  To- 
man un  palo  tan  luengo  como  dos  pal- 
mos ó  mas,  segund  cada  uno  quiere,  y 
tan  gruesso  como  el  mas  delgado  dedo 
de  la  mano ,  ó  como  el  grosor  de  una 
saeta  ,  muy  bien  labrado  é  liso ,  de  una 
buena  madera  fuerte  que  ya  ellos  tienen 
conestida  para  esto :  é  donde  se  paran 
en  el  campo  á  comer  ó  á  genar  é  quieren 
hacer  lumbre ,  toman  dos  palos  secos  de 
los  mas  livianos  que  hallan ,  é  juntos  es- 
tos dos  palillos  lijeros  é  muy  juntos  é 
apretados  el  uno  al  otro  ,  pénenlos  tendi- 
dos en  tierra ,  y  entre  medias  destos  dos 
en  la  juntura  dellos,  ponen  de  punta  el 
otro  palo  regio  que  dixe  primero ,  é  en- 
tre las  palmas  torgiéndole  ó  frotando  muy 
continuadamente:  é  como  la  punta  ó  ex- 
tremo baxo  esté  ludiendo  á  la  redonda 
en  los  dos  palos  baxos  que  están  tendidos 
en  tierra ,  engióndelos  en  poco  espagio 
de  tiempo  ,  y  desta  manera  hagen  fuego. 
Esto  se  hage  en  esta  Isla  Española  y  en 
las  otras  todas ,  y  en  la  Tierra-Firme;  pe- 
ro en  la  provingia  de  Nicaragua  é  otras 
partes  no  traen  guardado  el  palillo  que 
,  dixe  que  es  labrado  é  liso ,  de  madera 
regia  ,  que  sirve  de  parahuso  ó  taladro  ó 
eslabón ,  sino  de  la  madera  misma  de  los 
otros  palillos  que  se  engienden  y  están 
tendidos  en  tierra ,  y  son  todos  tres  pa- 
lillos. 

En  Castilla  del  Oro  y  en  las  islas,  don- 
de los  indios  andan  de  guerra  é  conti- 
núan el  campo  é  han  menester  mas  á  me- 
nudo el  fuego  ,  guardan  é  traen  consigo 
aquel  palo  pringipal,  para  quando  van 
camino  ;  porque  está  labrado  é  qual  con- 


viene para  aquello  é  para  que  ande  mas 
á  sabor  entre  las  palmas,  estando  liso  ,  é 
con  mas  velocidad.  E  assi,  con  aquel  tal 
se  saca  el  fuego  mas  presto  é  con  menos 
fatiga  ó  trabaxo  para  las  manos  ,  que  no 
con  los  que  se  hallan  acaso  ásperos  ó 
torgidos.  La  figura  de  lo  qual  es  de  la  ma- 
nera que  lo  enseño  debuxado  [Lám.  2.*, 
pg.  2."),  puesto  que  sin  tal  pintura  basta 
lo  que  está  dicho,  para  lo  entender.  Pero 
todavia  es  bien  en  lo  que  fuere  possible 
usar  de  la  pintura  ,  para  que  se  informen 
della  los  ojos  é  que  mejor  se  comprendan 
estas  cosas. 

Quien  oviere  leido,  no  se  maravillará 
destos  secretos,  porque  muchos  dellos 
hallarán  escriptos,  ó  sus  semejantes.  Esto 
á  lo  menos  del  sacar  fuego  de  los  palos 
pónelo  Flinio  en  su  Natural  Historia  *, 
donde  habla  de  los  miraglos  del  fuego;  é 
dige  que  torgiendo  los  leños ,  ó  ludiendo 
juntamente,  se  saca  y  engiende  fuego:  de 
manera  que  lo  que  Plinio  dige  y  aquestos 
indios  hagen  (en  este  caso),  todo  es  una 
mesma  cosa.  Dige  Vitruvio  ^  que  los  ár- 
boles por  tempestad  derribados,  é  entre 
sí  mismos  fregándosse  los  ramos ,  excita- 
ron el  fuego,  é  levantaron  llamas,  é 
aqueste  origen  da  este  autor  al  fuego. 
¿Mas  para  qué  quiero  yo  traer auctorida- 
des  de  los  antiguos  en  las  cosas  que  yo 
he  visto ,  ni  en  las  que  natura  enseña  á 
todos  y  se  ven  cada  dia?  Preguntad  á 
esos  carreteros  que  tienen  uso  de  exergi- 
tar  las  carretas  ó  carros;  y  degiros  han 
quántas  veges  se  les  engienden  los  cubos 
de  las  ruedas  por  el  ludir  y  revolver  de 
los  exes :  que  esto  basta  para  que  á  do 
quiera  se  aprenda  á  sacar  fuego,  de  la  ma- 
nera que  acá  se  hage  é  yo  tengo  aqui  di- 
cho. Mas  porque  truxe  á  conseqüengia  é 
prueba  las  carretas,  no  se  engenderán  si 
van  de  espagio  ó  vagiaspoco  á  poco;  pe- 
ro quanto  mas  corriere   con  velogidad 


1     Plin. ,  lib.  II,  cap.  HO. 


2     ViU-uvio  ,  lib.  lí. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  V. 


478 


bien  cargada,  tanto  mas  ayna  acude  el 
fuego ,  y  mas  en  unas  maderas  que  en 
otras. 

El  año  de  mili  6  quinientos  é  treynta  y 
ocho  mandó  la  Cesárea  Magestad  pro- 
veer de  artilleria  gruessa  c  muy  hermosa 
esta  fortaleza  suya  que  está  á  mi  cargo, 
é  se  truxeron  culebrinas  de  á  septenta 
quintales  é  mas  cada  una  de  bronge,  é 
cañones  de  á  ginqüenta  é  ginco ,  é  me- 
dias culebrinas  de  á  quarenta  é  algo  me- 
nos ;  é  después  que  las  naos  llegaron  á 


este  puerto  é  se  sacaron  estas  piezas  en 
tierra ,  hegímoslas  llevar  á  bracos  á  mu- 
chos negros ,  é  truxéronlas  hasta  esta  ca- 
sa ,  y  como  era  mucha  gente  la  que  tira- 
ba de  cada  pieza  ,  por  muy  pessadas  que 
eran,  las  traian  corriendo;  pero  á  gin- 
qüenta  passos  se  engendian  las  ruedas ,  y 
para  excusar  esto,  hige  que  á  par  de  cada 
tiro  fuessen  hombres  con  calderas  llenas 
de  agua ,  con  que  yban  bañando  é  ma- 
tando el  fuego.  Assi  que,  esto  es  cosa 
que  se  vé  é  es  natural. 


CAPITULO  VI. 

De  las  salinas  naturales  y  artificiales  que  lenian  los  indios  en  esta  Isla  Española ,  llamada  Hayli ,  antes  que 
los  chripslianos  conquistassen  estas  parles  ,  y  de -las  que  hay  al  présenle. 


M, 


.uy  acostumbrada  cosa  es  á  los  indios 
saber  hager  sal  en  muchas  partes  destas 
Indias  en  las  costas  de  la  mar,  cogiendo  el 
agua  della ;  y  assi  lo  acostumbraron  hager 
en  esta  isla ,  donde  los  habitadores  della 
vivían  lexos  de  las  salinas  naturales.  Pe- 
ro porque  en  la  Tierra-Firme  he  yo  visto 
hager  sal  á  los  indios,  diré  la  manera  que 
en  ello  tenian  (quando  passe  á  escrebir 
las  cosas  de  aquella  tierra),  porque  de 
la  vista  yo  me  satisffago  en  este  caso  del 
hager  los  indios  la  sal ,  pues  la  tenian 
natural;  pues  que  en  la  costa  del  rio  Ya- 
que ( el  qual  va  á  salir  á  la  parte  que  esta 
isla  tiene  al  norte),  á  par  de  Monte- 
Chripsto  (y  es  poderoso  rio),  hay  unas 
salinas  de  buena  sal.  Dixe  que  este  rio 
va  á  salir ,  ó  entra  en  la  mar  á  la  banda 
del  norte,  porque  en  esta  isla  hay  otro 
rio  del  mismo  nombre  (Yaque),  que  va 
á  salir  á  la  banda  del  sur  ó  mediodía; 
pero  este  otro  antes  que  llegue  á  la  mar, 
vá  encorporado  en  el  rio  de  Neyva,  y  en 
cierta  parte  dcsta  isla  se  junta  é  entra  en 
Neyva.  Assi  que  el  otro  rio  Yaque  que  di- 
xe primero  de  las  salinas,  con  su  nom- 
bre entra  en  la  mar  del  norte. 


Hay  otras  muy  buenas  salinas  en  Puer- 
to-Hermoso ( que  es  quinge  leguas  desta 
cibdad  de  Sancto  Domingo  en  la  costa 
del  sur),  de  donde  se  provee  esta  cibdad; 
las  quales  salinas  son  muy  abundantes. 
Estas  no  las  tenian  los  indios,  y  aquesta 
cibdad  las  ha  fecho  de  poco  tiempo  á  es- 
ta parte.  En  el  comedio  desta  isla,  en  la 
provingia  que  los  indios  llaman  Baynoa, 
hay  una  sierra  de  sal  quassi  cristalina  ó 
lúgída,  gcrca  de  la  laguna  grande  de  Xa- 
ragua,  á  catorge  ó  quinge  leguas  de  la  villa 
de  Sanct  Johan  de  la  Maguana,  la  qual 
no  es  inferior  á  la  que  en  Cataluña  llaman 
sal  de  Cardona;  porque  assicresge  como 
aquella,  y  esta  es  una  de  las  buenas  que 
se  saben  en  el  mundo  (digo  la  de  Cardo- 
na ,  y  por  esso  puse  la  comparagion  en  ella) . 

Desta  de  que  aquí  tracto  de  la  sierra 
de  Baynoa ,  digo  que  se  sacan  lanchas  é 
piedras  della  como  de  una  cantera.  Yo  he 
visto  piedra  desta  sal  en  la  villa  de  Sanct 
Johan  de  la  Maguana ,  que  pessaba  mas 
de  un  quintal  (ó  quatro  arrobas)  que  son 
gien  libras  de  á  diez  y  seys  ongas.  E  de- 
cíanme los  que  esta  piedra  é  otras  avian 
allí    traydo,   que  muchas  muy  mayores 


174 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


desta  sal  podrían  traer ,  é  que  las  dexan 
por  no  matar  ó  fatigar  las  bestias  con  su 
exgessivo  peso.  De  manera  que  alli  se 
podrían  fabricar  casas  de  tal  cantería  de 
sal,  y  no  serian  de  menor  presgio  que 
aquellas  que  Plinio  *  digede  Arabia,  don- 
de en  la  cibdad  llamada  Garrí ,  assi  las 
casas  como  los  muros  ó  adarves  con  que 
estágercada,  son  hechos  demassa  de  sal. 
Y  también  di^e  el  mismo  auctor  que  en 
Gapadogia  se  cava  la  sal  debaxo  de  tier- 
ra, é  que  por  el  humor  se  congela,  é  se 
corta  después  como  las  piedras  especu- 
lares, éson  los  pedazos  de  grand  peso, 
los  quales  el  vulgo  llama  uriques.  Orme- 
no ,  monte  de  la  India ,  es  de  sal :  el  qual 
se  corta  como  en  otras  partes  se  cortan 
las  piedras ,  é  aquello  que  se  corta  re- 
nasge',  á  causa  de  lo  qual  los  reyes  tie- 
nen mas  tributo  ó  renta  desta  sal  que  del 


oro  ni  de  las  perlas.  E  córtasse  assi  mis- 
mo en  España  Citerior  en  Geleaste,  é  los 
pedazos  desta  sal  son  quassi  transparen- 
tes, é  aquesta  sal  ha  buen  tiempo  que 
muchos  médicos  la  dan  la  palma  sobre 
todas  las  otras  generagiones  de  sal.  Todo 
esto  es  de  Plinio  y  de  su  Natural  Histo- 
ria; y  esta  sal,  quél  llama  de  Geleaste,  es 
la  misma  de  Gardona,  de  que  se  hizo 
memoria  de  suso ,  quando  dixe  que  le 
paresgia,  ó  era  tal  la  que  acá  tenemos  de 
Baynoa :  la  qual  assi  mismo  es  tenida  por 
medicinal ,  y  es  muy  buena  para  todo  lo 
que  suele  servir  la  sal  al  uso  de  los  hom- 
bres y  para  todo  lo  que  quisieren  que  la 
sal  pueda  aprovechar.  De  otra  mane- 
ra y  maneras  de  sal  contará  la  histo- 
ria en  la  segunda  parte,  quando  á  ela 
llegáremos,  é  assi  mismo  en  la  tergera 
parte. 


CAPITULO  VIL 


Que  traclu  de  las  riberas  principales  desla  Isla  Española:  el  qual  se  deslingue  en  diez  párrafos  o  parles. 


I.  Los  rios  principales  que  hay  en  es- 
ta isla  de  Hayti  ó  Española,  son  los  que 
agora  se  dirán.  E  pues  la  pringipal  cib- 
dad é  población  é  puerto  de  mar  é  ca- 
bega  deste  rey  no  é  isla  es  Sancto  Domin- 
go, justa  cosa  me  paresge  que  el  primero 
rio  se  nombre  el  que  por  esta  cibdad  pas- 
sa ,  y  en  ella  se  acaba  é  entra  en  la  mar, 
llamado  Ocama :  el  qual  quando  aqui  lle- 
ga é  entra  en  la  mar  viene  muy  poderoso 
é  hondable,  é  las  naos  cargadas  é  á  la 
vela  entran  c  salen  por  él  muy  seguras, 
é  llegan  á  ocho  ó  diez  pasos  de  tierra  á 
poner  el  costado,  é  por  una  plancha 
puesta  en  tierra  se  cargan  é  descargan 
las  que  quieren,  lo  qual  en  pocas  partes 
del  mudo  se  hage  sin  muelle  en  tan  gran- 
des navios.  El  año  de  mili  é  quinientos  é 


treynta  y  tres  vino  aqui  la  nao  llamada 
Imperial ,  de  la  Gesárea  Magostad ,  la  qual 
era  de  porte  de  mas  de  quatrogientos  to- 
neles machos ,  con  gierta  gente  que  truxo 
á  esta  cibdad  y  cargada,  é  volvió  con 
mucha  mas  carga.  Digo  aquesto,  porque 
hasta  agora  no  ha  passado  á  estas  partes 
tan  grueso  navio ,  ni  entrado  en  este 
puerto ,  donde  estuvo  á  quinge  ó  veynte 
passos  de  tierra  surto  é  anclado.  E  salen 
deste  puerto  algunas  naos  de  noche  é  sin 
peligro,  y  desde  donde  surgen  dentro 
hasta  estar  en  la  mar,  fuera  del  puerto, 
puede  aver  tiro  é  medio  de  escopeta  ó 
poco  mas  trecho.  Yo  he  salido  de  noche 
en  nao,  de  mas  de  dosgientos  é  ginqüen- 
ta  toneles  machos  de  porte  cargada,  por- 
que el  terral  es  ordinario ,  y  salen  las 


i     Piinio ,  lib.  XXXI ,  cap.  7. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  VII. 


ilo 


naos  muy  á  plager,  y  al  entrar  no  faltan 
mareros  de  medio  dia  abaxo,  la  mayor 
parte  del  tiempo  todo.  Assi  que  el  rio  é 
su  puerto  es  muy  hermoso  y  es  navega- 
ble y  de  muchas  barcas  y  canoas ,  assi 
por  las  pesLjuerias  que  tiene,  como  por 
las  huertas  y  heredamientos  que  hay  en 
sus  costas,  de  una  é  de  otra  banda  ó  par- 
tes desta  ribera.  E  dentro  de  la  cibdad, 
junto  al  puerto,  se  hagen  continuamente 
caravelas  é  navios ,  é  hay  muy  buena  dis- 
pusigion  para  los  barar  y  echar  al  agua, 
después  de  hechos.  Assi  que  es  rio  no- 
table é  muy  hermoso  é  rico ;  pero  no  pue- 
den beber  del,  porque  está  la  cibdad  y 
el  puerto  junto,  é  no  mas  apartada  de  lo 
que  he  dicho  de  la  mar ,  é  aun  por  la  par- 
te del  sur  bate  la  mar  en  esta  cibdad.  Pe- 
ro subiendo  el  rio  arriba,  poco  mas  de  una 
legua ,  es  buena  agua  é  muy  sana  :  y  es 
rio  de  mucho  pescado  de  muy  hermosas 
ligas,  é  matan  en  él  muchos  é  grandes 
manathis ,  de  los  quales  y  de  otros  pesca- 
dos famosos  se  tractará  adelante  en  el  li- 
bro XIII. 

Entra  este  rio  Ogama  en  la  mar,  en  la 
costa  que  esta  isla  tiene  en  la  parte  de 
mediodia  ó  austral ;  é  él  viene  é  trae  su 
curso  de  la  parte  de  hágia  el  norte,  des- 
de una  legua  ante  desta  cibdad ,  donde 
se  junta  con  él  otro  gran  rio  que  llaman 
la  Isabela,  que  viene  de  la  parte  del  hues- 
te;  é  el  de  la  Ogama  del  leste  hasta  don- 
de se  juntan,  que  como  he  dicho  es  una 
legua  de  aqui,  é  hasta  alli,  ó  poco  mas, 
sube  la  marea ,  pero  con  la  jusente  ya 
está  alli  el  agua  dulge.  La  entrada  de  la 
mar  é  boca  del  puerto  es  de  quatro  bra- 
gas ó  mas  de  hondo ,  é  entradas  las  naos 
surgen  junto  á  la  cibdad ,  como  es  dicho, 
en  otras  quatro  bragas  ó  mas  de  fondo. 

II.  Hay  otro  rio  poderoso  que  se  lla- 
ma Neyva,  el  qual  corro  por  la  mitad  de 
la  isla  atravesándola,  é  corre  assi  mismo 
de  la  parte  de  hágia  el  norte ,  é  entra  en 
la  mar  é  costa  que  esta  isla  mira  al  sur: 


passa  junto  á  la  villa  de  Sanct  Johan  de 
la  Maguana  y  es  hondable  en  la  boca  don- 
de fenesge,  pero  no  mucho  espacio.  An- 
tes de  llegar  á  la  mar  con  media  legua 
es  baxo  é  desierto ,  é  tiene  dos  millas  ó 
mas  de  latitud  ó  anchura  en  la  boca ;  é 
todo  lo  que  va  ó  corre  en  la  tierra  hasta 
llegar  á  la  mar,  va  muy  riguroso ,  c  con 
mucha  velogidad. 

III.  Nicao  es  otro  buen  rio ,  é  assi  mis- 
mo entra  en  la  mar  en  la  mesma  costa  del 
sur ,  como  los  susodichos ,  pero  no  es  tan 
grande  rio ;  mas  es  muy  rico  de  hereda- 
mientos é  cañaverales  dé  agúcar ,  é  por 
los  ingenios  della  que  hay  en  esta  ribera 
é  comarca ,  é  muchos  hermosos  pastos  é 
ganados  en  sus  riberas  é  gerca  del. 

IV.  Hayna  es  otro  rio  riquíssimo  de 
heredamientos  é  hagiendas;  é  en  su  ri- 
bera é  comarca  hay  muchos  cañaverales 
é  hagiendas  de  agúcar ,  y  es  de  la  mejor 
agua  que  rio  alguno  en  toda  esta  isla ,  y 
entra  en  la  mar  assi  mesrao,  como  los  que 
es  dicho  de  suso,  en  la  costa  del  medio- 
dia. No  es  tan  poderoso  ni  de  tanta  agua 
como  los  mayores  rios;  pero  es  uno  de  los 
mejores  de  todos ,  é  mas  provechoso  por 
su  fertiUdad. 

V.  Nigua  se  llama  otro  rio  riquíssimo: 
el  qual  tiene  el  nombre  de  aquel  animal 
maldito  que  se  entra  por  los  pies,  como 
ya  se  dixo  en  el  libro  II,  capítulo  XIV. 
Este  rio  es  muy  pringipal  y  de  grandíssi- 
ma  utilidad  por  los  grandes  heredamien- 
tos é  labrangas  de  hermosas  hagiendas 
que  hay  en  sus  costas  é  comarcas ,  é  in- 
genios de  agúcar :  é  solo  este  rio  con  los 
ingenios  é  ganados  é  hagiendas  gruessas 
é  grangerias  que  tiene,  para  este  exer- 
gigio  del  agúcar,  seria  bastante  para  ser 
muy  rica  qualquier  cibdad  del  mundo, 
donde  aquesto  estoviesse.  Este  rio  entra 
en  la  mar  en  la  costa  que  entran  todos 
los  que  he  dicho ,  é  á  quatro  leguas  ó  po- 
co mas  desta  cibdad  de  Sancto  Domingo. 

VI.  Yuna  se  llama  otro  rio  que  es  de 


176 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


los  mas  poderosos  de  toda  esta  isla ;  el 
qual  passa  por  la  villa  del  Bonao ,  y  va 
á  fenesger  y  entrar  en  la  mar  en  la  costa 
que  esta  isla  tiene  de  la  banda  ó  parte 
del  norte.  Y  es  rio  de  muchas  haciendas 
y  heredamientos,  y  de  muy  buenos  pas- 
tos en  sus  comarcas  é  riberas. 

VIL  Yaque :  deste  nombre  hay  en  es- 
ta isla  dos  ríos :  el  uno  dellos  se  junta  con 
Neyva ,  que  es  otro  mayor  rio ,  y  entra 
en  él,  antes  de  llegar  á  la  mar.  Assi  que, 
quando  á  ella  llega ,  no  se  nombra  otro 
sino  Neyva ,  y  por  tanto  no  se  hage  tanta 
qüenta  deste  como  de  otro  llamado  Ya- 
que (del  qual  se  tracta) ,  que  entra  y  va  á 
fenesger  en  la  mar  de  la  banda  ó  parte 
que  esta  isla  mira  al  norte ,  á  par  de  Mon- 
te-Chripsto.  E  hay  gerca  del  unas  buenas 
salinas,  como  se  dixo  en  el  pregedente 
capítulo.  Este  rio  es  poderoso  é  de  gran- 
des é  muy  buenos  pastos  y  hermosas  ve- 
gas y  hagiendas.  El  otro  Yaque  ó  Yaque- 
gillo  entra  con  Neyva  de  la  banda  ó  parte 
del  sur,  como  tengo  dicho,  y  es  muy  di- 
ferente deste  Yaque ,  que  va  á  saUr  á  la 
otra  costa,  segund  es  dicho. 

VIH.  Hatibonico  es  otro  rio  muy  gran- 
de é  poderoso  :  el  qual  va  á  fenes- 
ger en  la  parte  ocgidental  desta  isla ,  y 
es  de  muchos  pastos  é  vegas  hermo- 
sas, y  entran  en  él  otros  muchos   rios 


pequeños  ,   y  es  de  mucha   pesquería. 

IX.  Otros  muchos  rios  hay  en  esta  isla 
de  muchas  y  muy  buenas  pesquerías  é 
aguas  é  lindas  riberas,  assi  como  el  Co- 
tuy  é  Cibao,  y  aquestos  dos  son  ricos  mu- 
cho de  oro ,  é  con  muchas  minas ,  donde 
se  saca  continuamente ;  y  en  las  minas 
del  Cotuy  se  halla  azeche,  que  lo  sudan 
las  peñas  é  la  tierra,  é  harta  cantidad 
dello,  é  assi  mismo  se  halla  asaz  azul 
para  pintar,  finíssimo,  que  digen  nues- 
tros pintores  que  no  es  inferior  al  que  lla- 
man de  acre. 

X.  Otro  buen  rio  hay  que  llaman  Ma- 
corix ,  de  mucho  pescado ;  y  assi  mismo 
otros  muchos  ríos  se  podrían  nombrar 
que  se  dexan  de  degir,  por  evitar  prohxi- 
dades ,  é  porque  no  son  tan  grandes  co- 
mo los  que  se  han  nombrado.  Y  de  otros 
muchos  no  se  saben  los  nombres ,  porque 
como  se  han  acabado  los  hombres  anti- 
guos destos  indios  naturales  desta  isla, 
assi  se  han  olvidado  los  nombres  de  los 
rios  y  de  otras  cosas;  pero  allende  de  ser 
muchos  rios  destos  nombrados  é  de  otros 
fértiles  de  oro ,  son  por  la  mayor  parte 
abundantes  de  mucho  pescado,  assi  de 
lo  que  de  la  mar  entra  á  ellos ,  como  de 
los  pescados  que  en  el  agua  dulge  suya 
se  crian  y  produgen.  Y  aquesto  baste 
quanto  á  los  rios  desta  Isla  Española. 


CAPITULO  VIII. 

El  qual  Irada  de  los  metales  é  minas  que  hay  de  oro  en  esta  Isla  Española :  el  qual   ¡je  divide  en  on^e 
párrafos  ó  partes ;  y  decirse  ha  assi  mismo  de  la  manera  que  se  tiene  en  el  coger  del  oro  ,  c   otras  parti- 
cularidades notables  é  concernientes  á  la  historia. 


I.  En  el  capítulo  antes  deste  nombré 
los  ríos  pringipales  é  poderosos  que  hay 
en  esta  Isla  Española^,  é  passé  brevemen- 
te por  ellos.  Quiero  agora  degir  de  algu- 
nos que  también  los  nombré ,  que  no  son 
famosos  por  grandeza  é  profundidad  de 
agua  ni  de  tantas  pesquerías ;  pero  sonlo 
mucho  mas  que  todos  los  que  he  dicho 


por  la  abundangia  del  oro  que  se  ha  sa- 
cado é  sacan  en  sus  costas  é  riberas ,  á 
los  quales  vienen  á  langarse  y  encorpo- 
rar  innumerables  quebradas  é  fuentes ,  é 
arroyos,  ricos  de  oro.  Entre  los  quales 
rios  el  que  llaman  Coluy  es  riquíssimo  :  á 
par  del  qual  está  una  villeta  ó  poblagion 
de  mineros  é  gente  exergitada  en  esto 


DE  liNDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  VIH. 


\r 


del  oro,  al  qual  pueblo  é  rio  dan  un  mis- 
mo nombre,  dicho  Cotuy.  Ha  ávido  alli  y 
hay  mucho  exergigio  en  sacar  oro ;  pero 
porque  desto  se  dirá  adelante  mas  parti- 
cularmente como  se  saca ,  diré  primero 
de  los  otros  metales  que  hay  en  esta  isla, 
allende  del  oro;  porque  en  lo  que  es  de 
menos  estimación  mas  breves  sean  las  pa- 
labras, y  en  lo  que  tan  desseado  es  en 
el  mundo  se  diga  algo ,  y  no  tanto  quan- 
to  la  materia  escobdi^iosa  á  los  hombres. 

II.  Cobre  hay  en  esta  isla,  é  muchos 
lo  han  hallado  muchas  veges,  é  aun  di- 
gen  que  es  rico;  pero  hagen  poco  caso 
de  tal  grangería ,  porque  seria  grande  er- 
ror dexar  de  buscar  oro  é  sacarlo  (sa- 
biendo que  lo  hay),  por  buscar  cobre,  se- 
yendo  tan  grande  la  desigualdad  del 
presgio  y  provecho  que  de  lo  uno  á  lo 
otro  se  sigue.  Eassi,  desta  causa  ninguno 
se  quiere  ocupar  en  tal  Qxergigio ,  como 
es  el  sacar  del  cobre.  Basta  para  lo  que 
hage  aqui  al  propósito  é  verdad  de  la 
historia,  que  lo  hay  y  mucho. 

III.  Han  querido  degir  algunos  que 
hay  hierro  en  aquesta  isla;  pero  yo  no  lo 
he  visto  ni  lo  afirmo.  He  oydo  decir  á 
Lope  de  Bardegi ,  que  hoy  es  vegino 
desta  gibdad,  é  uno  de  los  honrados  y  he- 
redados que  acá  hay,  el  qual  afirma  que 
se  halló  en  la  ribera  del  rio  Nigao  y  que 
él  hizo  en  su  presencia  fundir  la  vena  del 
hierro,  y  se  hizo,  é  quél  lo  tuvo  por 
gierto  (si  no  fue  engañado  del  que  lo  fun- 
dió ) :  lo  qual  yo  no  dexo  de  creer ,  por- 
que la  maligia  de  los  hombres  es  mucha. 
Y  también  no  quiero  parar  en  esto ,  por- 
que en  España  no  está  muchas  leguas 
Vizcaya  apartada  de  Asturias  é  Galigia,  y 
en  Vizcaya  hay  mucho  é  innumerable  hier- 
ro ,  é  en  Asturias  é  Galigia  ovo  grandís- 
simas  minas  é  muy  ricas  de  oro ,  segund 
Plinio  é  otros  auctores  famosos  nos  lo 
acuerdan ;  y  no  creo  que  lo  dexa  de  aver 
al  presente ,  si  se  buscasse  en  Asturias. 
Yassi  podría  ser  que,  aunque  hay  en  esta 

TOMO  1. 


isla  mucho  oro ,  que  no  faltasse  hierro; 
pues  que  el  maestro  que  acullá  hage  es- 
tas é  otras  mayores  é  naturales  cosas ,  y 
tan  diferengiadas,  esse  mismo  tiene  cargo 
de  las  de  acá,  é  lo  hage  todo,  segund  y 
dónde  como  es  su  voluntad. 

Diré  yo  aqui  un  indigio  de  la  riqueza  é 
abundangia  del  oro  de  Asturias  ( en  algún 
tiempo )  que  vino  á  manifestarse  en  Al- 
magan,  el  año  de  mili  é  quatrogienlos  6 
noventa  é  seys  años ,  estando  los  Reyes 
Cathólicos  y  el  sereníssimo  príncipe  don 
Johan,  su  primogénito  (mi  señor),  y  la 
sereníssima  reyna  doña  Johana ,  nuestra 
señora  (madre  de  la  Cesárea  Magostad), 
que  entonges  era  archiduquesa ,  y  todas 
sus  hermanas  ;  pocos  dias  antes  que  de 
aquella  villa  se  partiesse  el  Rey  Cathólico 
para  la  frontera  de  Frangia  (por  la  guer- 
ra de  los  franceses),  y  la  Reyna  y  el  prín- 
gipe  y  sus  hermanas  para  Laredo  á  em- 
barcar el  Archiduquesa,  para  la  llevaren 
Flandes,  donde  fue  aquel  mismo  año, 
acaesgió  en  Asturias  de  Oviedo  que  un 
pastor  que  guardaba  ganado,  andando 
en  el  campo  ,  se  halló  en  un  monte  ás- 
pero é  lexos  de  poblado  un  collar  de  oro 
ó  gerco  de  una  piega  todo,  á  trechos  qua- 
drado  é  á  trechos  torgido  y  los  extremos 
del  vueltos  para  se  asir  el  uno  con  el  otro 
[Lám.  %."  fíg-  3.'),  tan  gordo  como  el  dedo 
menor  de  la  mano.  Y  era  tan  grande,  qwa 
tenia  palmo  é  medio  de  través  :  pessaba 
algo  menos  de  quinientos  castellanos  ,  ó 
diez  marcos  de  oro  finíssimo  de  ducados. 
Este  collar  envió  el  corregidor  de  Oviedo 
á  la  Reyna  Cathólica,  la  qual  le  dio  al 
príngipe ,  porque  se  avia  hallado  en  su 
pringipado  de  Asturias  :  el  qual  pringipa- 
do,  en  la  misma  villa  de  Almagan,  pocos 
dias  antes,  con  las  gibdades  de  Salamanca, 
y  Toro,  y  Camera, y  Logroño,  y  otras  vi- 
llas é  fortalezas,  dieron  el  Rey  é  la  Reyna 
al  príncipe,  é  le  apartaron  su  casa  por  sí. 
Yo  tuve  este  collar  en  mi  poder  ,  porque 
tuve  las  llaves  de  la  cámara  del  príiigi- 
23 


MS 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


pe ;  y  vi  que  se  platicó  en  esa  sagon  que 
se  debian  de  buscar  é  labrar  las  minas 
de  Asturias.  Y  sus  padres  le  exhortaron 
a\  Príngipe  que  lo  mandasse ;  porque  de- 
mas  de  lo  que  está  escripto ,  paresgia  que 
aquel  collar  era  un  despertador  para  ello, 
y  que  donde  tal  gollar  se  halló  ó  se  usó, 
que  era  por  la  abundancia  mucha  del  oro 
que  hay  en  tal  tierra.  Para  hombre  el  co- 
llar era  grosero :  antes  se  pensaba  que 
fue  fecho  para  algún  animal ,  lo  qual  al- 
gún tiempo  usaron  grandes  varones.  A 
lo  menos  de  César ,  dictador ,  se  escribe 
que  á  muchos  giervos  hagia  poner  un  co- 
llar de  oro,  en  que  avia  escripto :  a  Noli 
me  tangere,  quia  Ccesaris  sum  '.»  E  an- 
daban libres ,  que  no  los  ossaba  ninguno 
tocar.  Esto  quiso  aplicar  Petrarca  en  aquel 
soneto  que  comienza  ^: 

una  candida  cerva  sopra  l'herba 
verde  ma  parve.  .  . 

é  prosiguiendo  dice: 

Nessun  mi  tocchi ,  ai  bel  eolio  dintorno 
■   Seripto  havea.  .  . 

Plinio  dige  que  se  hallaron  giervos  de 
Alexandre  Magno  con  sus  collares  cient 
años  después,  é  que  habiéndoles  cresgi- 
do  la  carne  engima ,  estaba  cubierto  el 
collar '. 

Si  este  collar  que  yo  digo  que  vi  en  la 
cámara  del  Príngipe ,  é  le  tuve  en  las 
manos  algunas  veges ,  fue  de  algún  cier- 
vo ú  otro  animal ,  no  lo  sé.  Leido  he  que 
Sertorio  en  España  traia  una  gierva  blan- 
ca, é  daba  á  entender  á  la  gente  que  le 
degia  lo  que  avie  de  hager,  é  adivina- 
ba *.  Valerio  Máximo  escribe  que  Quinto 
Sertorio  traia  por  las  ásperas  montañas 
de  Lusitania  en  España  una  gierva  blan- 
ca, é  degia  é  daba  á  entender  á  aquellas 
gentes  idiotas  é  simples  que  la   gier- 


va le  amonestaba  lo  que  debia  hager  é 
obrar,  etc.  ^.  Infiero  de  aqui  que  Lusita- 
nia é  Asturias  son  en  España  lo  uno  é  lo 
otro ,  é  en  ambas  provingias  ovo  mughas 
minas  de  oro  :  é  assi  mismo  podría  ser 
tal  collar  de  aquella  gierva  de  Sertorio. 
Pero  dexadas  las  congeturas  aparte ,  el 
efeto  es  que  el  collar  yo  le  vi,  é  que  se 
halló  en  Asturias  de  Oviedo ,  donde  Pli- 
nio dige  do  las  ricas  .minas  de  Lusitania  é 
de  Asturias  ®,  como  mas  largo  adelante  se 
dirá ;  y  tornemos  á  nuestra  materia. 

IV.     Muy  antigua  cosa  es  el  uso  de  los 
metales  é  del  oro  á  los  hombres  en  el 
mundo,  segund  los  historiales  en  confor- 
midad escriben.  Dige  la  Natural  Historia 
de  Plinio  ^  que  Cadino  halló  el  oro  é  la 
manera  de  fundirlo  en  el  monte  Panges: 
otros  digen  que  Thoas  é  Aclys  en  Pan- 
chaya  ;   ó   el   sol ,  hijo  del  Ogéano ,  al 
qual  Gelio  atribuye  la  invengion  de  la 
medigina.   Todo  esto  es  de  Plinio  en  el 
lugar  alegado.  A  Moysés  mandó  Dios  que 
tomase  el  oro  é  la  plata  de  los  hijos  de 
Israel,  para  la  edificagion  del  tabernácu- 
lo *.  Y  también  Joseph ,  quando  en  Egip- 
to mandó  henchir  de  trigo  los  costales  de 
sus  hermanos ,  hizo  poner  en  la  boca  de 
cada  costal  la  pecunia ,  y  en  la  boca  del 
saco  del  menor  hizo  meter  su  copa  de  pla- 
ta, y  el  presgio  del  trigo  que  los  hermanos 
avian  dado  por  ello:  antes  de  lo  qual  el 
mesmo  Joseph  avia  seydo  vendido  por  los 
mesmos  hermanos  suyos  á  los  ismaelitas, 
por  treynta  dineros  argénteos  ó  de  plata. 
Assi  que  el  oro  é  la  plata  é  metales  anti- 
quíssimamente  están  en  uso  de  los  hom- 
bres, y  en  mucha  y  continua  contracta- 
gion ,  dando   con  ello  valor  á  las  otras 
cosas  del  comergio  de  las  gentes.  Servio, 
rey,  fue  el  primero  que  acuñó  el  cobre. 


i    Francisco  Philadelpho ,  comenlador  del  Pe- 
trarca. 

2  Francisco  Petrarca ,  Sonel.  CLVIÍ. 

3  Plin.,  lib.  VIII,  cap.  32. 

4  Plin. ,  ut  supra. 


5  Valerio  ,  lib.  IV,  cap.  2. 

6  Plin.,  lib.  XXXm,  cap.  4. 

7  Plin. ,  lib.  Vil,  cap.  5tí. 

8  Exodi ,  cap.  25. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  VIII. 


179 


segund  Thimeo  (Plinio  lo  dice  ^);  y  an- 
tes en  Roma  se  usaba  grosero  é  no  poli- 
do,  é  fue  la  primera  imagen  una  pecus, 
id  est  una  pécora  ú  oveja ;  por  lo  qual  la 
moneda  acuñada  fue  llamada  pecunia. 

Dexemos  las  historias  passadas ,  é  vol- 
vamos á  la  que  tenemos  presente ,  pues 
que  aquesto  del  oro  es  un  paso  en  el 
qual  los  cobdigiosos   pararán  con   mas 
atengion  que  á  otra  particularidad  é  se- 
creto de  los  que  aqui  se  tracta  ó  refiere 
esta  Natural  if  general  historia  de  Indias. 
Mas  los  hombres  sabios  y  naturales  aten- 
derán á  esta  legión,  no  con  otra  mayor 
cobdigia  é  desseo  que  por  saber  é  oyr 
las  obras  de  natura ;  y  assi  con  mas  des- 
ocupaglon  del  entendimiento,  avrán  por 
bien  de  oyrme  (pues  no  cuento  los  dispa- 
rates de  los  libros  de  Amadís ,  ni  los  que 
dellos  dependen).  Antes  muchos  virtuo- 
sos é  cathólicos  esperarán  esta  legión, 
no  teniendo ,  ni  juzgando  en  el  oro  ma- 
yor provecho  que  para  dar  gragias  á 
Dios,  en  aver  criado  tan  exgelente  é  per- 
fecta cosa ,  como  este  metal ;  y  tanto  mas 
de  mayor  presgio  y  valor,  y  mas  res- 
plandegiente  loor  y  estimagion,  quanto 
mejor  é  mas  sabia  é  sanctamente  fuere 
despendido.  Porque  el  oro   que  no  es 
bien  gastado,  y  está  en  poder  de  mez- 
quinos y  avaros ,  no  es  de  mas  provecho 
que  el   que  está  escondido  debaxo  de 
tierra,  y  que  nunca  el  sol  lo  pudo  ver» 
E  assi  como  esta  tierra  (nuestra  madre 
universal)  se  rompe  y  abre  por  diverssas 
partes ,  é  agiertan  á  topar  en  sus  entra- 
ñas é  interiores   las   venas    de   oro  los 
hombres,  assi  quando  las  hijadas  de  la 
persona  del  guardador  avariento  comien- 
gan  á  se  deteriorar  é  romper ,  acabándo- 
se el  curso  de  su  vida ,  agiertan  á  salir 
las  monedas  ocultas  de  que  nunca   osó 
aprovecharsse  el  miserable  que  las  ayun- 
tó. Quiero  degir  que  he  visto  en  estas 


Indias  grandes  allegadores  deste  oro,  é 
por  no  lo  despender  bien ,  han  acabado 
en  mucha  miseria,  é  se  les  fué  de  las  ma- 
nos, como  rogio  ó  sombra,  é  aun  sus 
vidas  tras  sus  dineros.  Pues  por  qual- 
quier  fin  que  el  letor  me  quiera  escu- 
char ,  quiero  que  oygan  y  sepan  de  mi 
en  todo  el  mundo  quán  riquíssimo  im- 
perio es  aqueste  destas  Indias,  que  tenia 
Dios   guardado   á  tan  bien   aventurado 
Emperador,  como  tenemos,  é  á  tan  lar- 
go é  liberal  destribuidor  de  las  riquegas 
temporales ,  é  que  tan  sabia  é  sancta- 
mente son  por  su  mano  despendidas ,  y 
empleadas  en  tan  cathólicos  y  sanctos 
exergigios   y  exérgitos,   para   que   con 
mas  oportunidad  é  abundangia  de  teso- 
ros hayan  efeto  sus  altos  penssamientos 
é  armas  contra  los  infieles  y  heréticos 
enemigos  de  la  religión  chripstiana.  E 
para  que  los  extraños  vean,  y  de  todo 
punto  entiendan  (assi  como  está  gierto  é 
notorio)  que  á  España  la  docto  Dios  de 
animosos,  y  valerosos  y  altos  é  muchos 
varones  ilustres  y  caballefia ,  y  de  tanta 
noblega  y  multitud  de  hidalgos ;  y  co- 
munmente á  todos  los  naturales  della  los 
hizo  Dios  de  tanta  osadia,  é  los  consti- 
tuyó de  tanta  experiengia  en  la  militar 
disgiplina ,  y  con  tanta  determinagion  y 
esfuergo  de  virtuosa  é  natural  inclina- 
glon ,  como   todos  los  auténticos  é  an- 
tiguos é  modernos  historiales  escriben  é 
se  vé  palpable.  E  no  sin  causa  dixo  Livio 
por  nuestros  españoles  :  «fero^íssima  gen- 
te son,  porque  pienssan  que  ninguna  vida  es- 
loable  sifi  las  armas.  >y  Y  sin  que  se  busquen 
las  auctoridades  de  los  passados ,  los  ojos 
de  los  hombres  que  hoy  viven  lo  han  visto* 
é  sabido ,  para  lo  poder  testificar ,  é  notar, 
é  verificar  por  los  invictos  reyes  passa- 
dos de  nuestra  España ,  é  por  los  Cathó- 
licos Reyes  don  Fernando  é  doña  Isabel 
(nunca  vengidos  é  siempre  vengedoresj 


1    Piiii.,lib.  XXXIII,  c;ip- 3. 


2    Tito  Livio,  Década  primera,  lib.  IV,  cap.  XV. 


180 


mSTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


que  ganaron  á  Granada,  Ñapóles,  Na- 
varra é  Bugía,  é  otros  reynos,  é  descu- 
brieron este  Nuevo  Mundo  destas  Indias, 
y  por  los  tropheos  y  triunphos  de  la  Ce- 
sárea Magestad  del  Emperador  Rey,  don 
Carlos,  nuestro  señor:  el  qual  ha  seydo 
digno,  mediante  la  divina  clemencia  (que 
le  hizo  meregedor  de  sus  buenas  ventu- 
ras y  nuestras),  de  ser  señor  de  tan  vale- 
rosa nasgion,  para  que  veamos  al  presen- 
te, como  se  vee ,  la  bandera  de  España 
celebrada  por  la  mas  victoriosa,  acatada 
por  la  mas  gloriosa,  temida  por  la  mas  po- 
derosa, y  amada  por  la  mas  digna  de  ser 
querida  en  el  universo.  Y  assi  nos  ense- 
ña el  tiempo  é  vemos  palpable  lo  que 
nunca  debaxo  del  gielo  se  vido  hasta 
agora  en  el  poderlo  é  alta  magestad  de 
algún  príngipe  chripstiano  ;  y  assi  se  de- 
be esperar  que  lo  que  está  por  adquirir  y 
venir  al  colmo  de  la  monarchia  univer- 
sal de  nuestro  Qésar,  lo  veremos  en  bre- 
ve tiempo  debaxo  de  su  geptro ;  y  que  no 
faltará  reyno  ,  ni  secta ,  ni  género  de  fal- 
sa creengiaque'no  sea  humilliada  y  pues- 
ta debaxo  de  su  yugo  y  obidiengia.  Y  no 
digo  solo  esto  por  los  infieles;  pero  ni 
de  los'que  se  llaman  chripstianos ,  si  de- 
xaren  de  reconosger  por  superior,  como 
deben  y  Dios  tiene  ordenado,  á  nuestro 
César;  pues  le  sobran  osados  milites  y 
gentes ,  y  no  le  han  de  faltar  riquezas 
que  les  reparta,  assi  de  sus  grandes  Es- 
tados de  Europa  y  África,  como  desta 
otra  mitad  del  mundo  que  comprehenden 
sus  Indias. 

¿Puede  ser  cosa  mas  clara  y  visible 
para  verificagion  de  lo  que  digo  de  su 
potengia  y  tesoros  que  averie  dado  sus 
capitanes  y  gente  en  la  mar  austral  des- 
tas  Indias  (en  un  dia  solo),  el  año  de  mili 
é  quinientos  é  treynta  y  tres,  con  la  pri- 
sión del  rey  Athabaliba,  quatrogientos 
mili  pesos  de  oro  de  valor,  en  oro  é  pla- 
ta de  solo  su  quinto,  é  quedar  un  millón 
é  seisgientos  mili  pesos  de  oro  de  valor, 


en  solos  estos  dos  metales,  para  partir 
entre  los  pocos  españoles  que  alli  se  ha- 
llaron? Y  ved  quán  pocos  en  número  fue- 
ron estos  chripstianos,  que  el  caballero 
cupo  á  nueve  mili  castellanos  de  oro  de 
parte,  é  tal  ovo  que  á  quinge  é  veynte 
é  ginqüenta  mili,  si  era  capitán;  y  el  mas 
mínimo  infante  á  pié,  á  tres  é  á  quatro 
mili  pesos  de  oro  de  parte,  sin  muchas  é 
muy  ricas  é  presgiosas  esmeraldas,  co- 
mo se  dirá  mas  particularmente  en  su 
lugar,  en  la  tergera  parte  destas  histo- 
rias. ¿Quálsacode  Genova?.,  quál de  Mi- 
lán? quál  de  Roma?  quál  prission  del 
rey  Frangisco  de  Frangía?  quál  pressa  ó 
despojo  grande  del  rey  Moteguma  en  la 
Nueva-España?..  Ya  todo  lo  de  Cortés pa- 
resge  noche  con  la  claridad  que  vemos, 
quanto  á  la  riqueza  de  la  mar  del  Sur; 
pues  que  el  rey  Athabaliba  tan  riquíssimo, 
é  aquellas  gentes  é  provingias,  de  quien 
se  esperan  é  han  sacado  otros  millones 
muchos  de  oro,  hagen  que  parezca  poco 
todo  lo  que  en  el  mundo  se  ha  sabido  ó  se 
ha  llamado  rico,  en  comparagion  de  lo 
que  vemos  en  gente ,  que  ni  tiene  saetas 
con  hierva,  ni  saben  qué  cosa  es  pólvora, 
ni  otros  remedios  ó  petrechos  de  guerra, 
para  se  defender  ni  ofender.  Assi  huyen 
de  un  caballo  aquellas  nasgiones ,  como 
el  diablo  de  la  cruz. 

Por  esta  isla  aportaron  tinajas  de  oro 
que  mis  ojos  vieron  y  otras  muchas  co- 
sas é  picgas  de  gran  peso  y  admiración, 
nunca  oydas  ni  escripias ;  y  á  España  se 
llevaron  muchas  (y  grandes  tesoros)  en  Se- 
villa ,  é  las  vieron  tantos  que  no  se  terna 
por  dudoso,  ni  es  fábula  ó  novelar  de 
gragia  lo  que  digo ,  ni  lo  que  adelante  se 
dirá  en  esta  materia  de  las  cosas  de  la 
Tierra -Firme,  é  tierra  é  mares  australes 
en  la  tergera  parte  desta  Historia  Gene- 
ral. Y  es  notorio  que  al  tiempo  que  Cé- 
sar quisso  partir  de  la  villa  de  Madrid, 
en  pringipio  de  margo  de  mili  é  quinien- 
tos é   treynta  é  ginco  años ,  para  juntar 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.   CAP.  VIII. 


18 


su  armada  y  exérgilos  en  Bargelona  con- 
tra los  infieles  africanos,  llegaron  á  Se- 
villa quatro  naos,  que  otra  carga  no  lle- 
llevaron  sino  oro  é  plata ,  en  que  avia 
sobre  dos  millones  de  pesos  de  oro  de 
valor  en  estos  dos  metales.  Pues  ya  se 
sabe  que  antes  avia  ydo  el  capitán  Her- 
nando Pigarro  con  otra  nao  cargada  de 
oro  é  plata.  Pues  el  año  de  mili  é  qui- 
nientos é  treynta  é  ocho  años,  el  arma- 
da de  César  (de  la  qual  era  capitán  ge- 
neral el  comendador  Blasco  Nuñez  Vela) 
sábese  que  de  Su  Magostad  é  de  perso- 
nas particulares  llevó  otro  millón  y  qui- 
nientos mili  pesos  ó  mas  de  valor  en  oro 
é  plata,  allende  de  otras  muchas  naos 
ricas  que  han  ydo  á  España,  desde  el 
tiempo  que  Athabaliba  fué  preso  á  esta 
parte. 

Solo  una  cosa  quiero  apuntar  y  no  la 
olvide  el  que  lee ;  y  es  que  assi  como  á 
todos  quantos  en  el  mundo  han  escripto 
semejantes  materias  faltó  el  objeto ,  y  no 
pudo  ningún  escritor  hallar  tanto  que 
degir ,  como  él  supiera  relatar  ó  notificar 
en  verdadera  historia ;  assi  por  el  opós- 
sito  es  á  mi  historia  la  falta  que  tiene  mi 
lengua  y  habilidad.  E  faltará  el  tiempo, 
é  la  pluma  é  las  manos  é  la  eloqüen- 
gia,  no  solamente  á  mí ;  mas  aquellos  fa- 
mosos poetas ,  Orpheo ,  Homero ,  Hesio- 
do,  Píndaro,  no  pudieran  bastar  á  tan 
encumbrada  labor.  Ni  allende  de  los 
poetas,  los  mas  eloqüentes  oradores  pu- 
dieran concluir  una  mar  tan  colmada  de 
historias,  aunque  mili  Cigerones  se  ocu- 
paran en  esto ,  á  proporgiou  de  la  abun- 
dantíssima  é  quassi  infinita  materia  des- 
tas  maravillas  é  riquezas  que  acá  hay  é 
tengo  entre  manos  que  escrebir.  Mas  es- 
pero ,  siendo  Dios  servido  é  supliendo  él 
mis  faltas,  degir  y  expressar  en  la  segun- 
da y  tergera  partes  destas  historias ,  todo 
lo  que  dellas  se  deba  referir,  á  muc,ho 


contentamiento  de  los  hombres  de  doc- 
trina ,  y  á  buen  gusto  de  las  otras  gentes. 
Y  para  entonges  quedarán  estas  cosas  del 
Perú ,  pues  son  del  jaez  é  historia  de  la 
Tierra-Firme;  y  por  las  señas  que  he 
dado  desta  victoria  que  ovo  el  comen- 
dador ,  Frangisco  Pigarro ,  gobernador 
del  Perú  por  Sus  Magestades,  se  le  acor- 
dará al  letor  de  buscar  lo  demás  en  la 
tergera  parte ,  quando  se  tráete  del  Perú 
é  mar  del  Sur.  E  no  ha  seydo  descon- 
veniengia  lo  que  aqui  se  ha  tocado ,  pa- 
ra traer  á  mi  propóssito  los  tesoros  de 
nuestro  César,  é  el  aparejo  que  Dios  le 
ha  dado ,  para  quitar  algunas  soberbias 
señaladas  en  el  mundo ,  é  ponerle  en  la 
paz  é  justigia  que  por  su  mano  todos  los 
fieles  y  cathólicos  chripstianos  esperan 
conseguir  é  gogar.  Porque  ala  verdad  el 
mundo  ha  estado  de  manera  que  los  me- 
nos sabian  á  qual  opinión  se  allegassen 
de  las  de  Heráclito  é  Demócrito.  Mas 
qué  digo  yo?  Los  que  en  esta  dubda 
estaban ,  eran  los  cargados  de  años  y  de 
mas  prudengia,  porque  en  los  tales, 
aunque  las  cosas  subgediessen  de  qual- 
quier  manera ,  supieran  conformarse  con 
el  tiempo;  pero  por  la  mayor  par- 
te prevalesgia  la  opinión  de  Heráclito ,  é 
pocos  se  reian  como  Demócrito  *.  Esto 
bastaba  para  los  doctos;  pero  porque  es- 
cribo en  Indias,  y  no  menos  para  vul- 
gares ó  no  leidos,  digo  que  Heráclito 
philósopho  fué  de  Epheso,  cibdad  en 
Ássia ,  é  por  continuo  estudio ,  sin  maes- 
tro, fué  siugularíssimo  varón;  é  cómo  De- 
mócrito de  continuo  reia  de  la  estulligia 
ó  locura  de  los  hombres,  assi  por  el 
opóssito  Heráclito  lloraba,  movido  á  com- 
passion  de  la  misseria  humana ;  é  viendo 
las  malas  costumbres  de  sus  cibdadanos, 
habitaba  en  los  montes  en  soledad. 
Quiero  degir  que  como  este  oro  es  cob- 
digioso,  en  tanto  que  turó  la  discordia 


1    Diógenes  Laercio ,  libro  IX. 


182 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


entre  España  é  Frangía ,  vinieron  acá  al- 
gunos cosarios,  al  olor  destas  riquezas: 
algunos  agertaron  á  llevar  dineros  é  oro 
para  hagellos  ricos  con  la  hagienda  de 
algunos  descuidados ,  y  otros  se  perdie- 
ron por  acá  en  esa  demanda  y  dexaron 
las  vidas,  y  aun  allá  en  su  Bretaña  é 
Normandía  no  les  faltaron  trabajos,  has- 
ta que  plugo  á  Nuestro  Señor  que  se  con- 
cluyó la  tregua,  é  subgedieron  las  vistas 
entre  la  Qesárea  Magostad  é  el  chrips- 
tianíssimo  rey,  Frangisco  de  Frangía, 
mediante  la  intergession  é  auctoridad  de 
nuestro  muy  Sancto  Padre,  el  Papa  Pau- 
lo III  de  tal  nombre ,  vicario  de  Glirips- 
to.  Y  assi  plagerá  á  Nuestro  Señor  que  la 
paz  se  conserve  é  aumente ;  pues  en  ella 
consiste  el  bien  de  todos  los  fieles ,  por- 
que de  la  guerra  Dios  se  dessirve  é  su 
Iglesia  é  república  padesge :  y  desta  de 
hasta  aqui  bien  se  puede  responder  lo 
que  Sophonisba  respondió  á  Petrarca, 
como  él  lo  dige  en  un  tergeto ,  por  estas 
palabras: 

Et  ella :  allro  vogl'  io  che  tu  mi  mostré 
S'  África  pian  se;  Italia  non  ne  rise: 
Domandalene  pur  l'hislorie  voslre  *. 

V.  Tornemos  á  nuestra  historia  ,  y 
diré  de  qué  forma  acá  se  coge  este  oro 
por  nuestros  españoles,  que  á  la  verdad 
no  es  con  la  facilidad  que  los  frangeses 
lo  pensaban  llevar ;  sino  con  mucho  tra- 
baxo ,  é  con  la  ventura  que  Dios  da  á 
cada  uno.  Yo  dixe  en  el  libro  III  de  un 
grano  de  oro  que  pesó  tres  mili  é  seys- 
gientos  pesos  de  oro ,  que  se  perdió  en 
la  mar,  é  se  avia  hallado  en  esta  isla;  y 
esto  solo  debe  bastar  para  que  se  crea 
que  donde  aquel  crió  Dios ,  no  le  hizo 
solo  ni  se  le  acabó  el  poder,  ni  el  arte  á 
la  natura  en  aquel  grano ,  ni  deja  de  aver 
grandíssima  cantidad  de  oro.  Pero  por- 
que quiero  satisfager,  en  lo  demás  pue- 


do yo  ser  creido  é  testificar  en  esta  ma- 
teria mas  que  otro ;  pues  que  desde  el 
año  de  mili  é  quinientos  é  catorge  hasta 
el  que  passó  de  mili  é  quinientos  é  treyn- 
ta  y  dos  serví  al  Rey  Cathólíco ,  don  Fer- 
nando, y  á  la  Cathólíca  é  sereníssima 
Reyna  doña  Johana,  su  hija,  y  á  la  Ce- 
sárea Magostad,  nuestros  señores,  de  su 
veedor  de  las  fundigíones  del  oro  en  la 
Tierra-Firme.  Y  Su  Magostad ,  querien- 
do que  mi  hijo,  Frangisco  González  de 
Valdés,  le  sirva  en  el  mismo  ofigio,  le  hizo 
merged  del  por  mi  renungiagion  é  supli- 
cagion;  y  mandó  que  yo,  como  hombre 
constituido  en  edad  para  repossar,  des- 
cansase ya  en  mi  casa,  recoligiendo  y 
escribiendo  con  mas  reposso  por  su  Real 
mandado  estas  materias  é  nuevas  histo- 
rias de  Indias.  Y  desta  causa  sé  muy  bien 
y  he  muchas  veges  visto  cómo  se  saca  el 
oro  é  se  labran  las  minas  en  estas  Indias: 
y  porque  esto  es  en  todas  ellas  de  una 
manera ,  é  yo  lo  he  hecho  sacar  para  mí 
con  mis  indios  y  esclavos  en  la  Tierra- 
Firme  ,  en  la  provingia  é  gobernagion  de 
Castilla  del  Oro ;  é  assi  he  entendido  de 
los  que  lo  han  cogido  en  estas  é  otras 
islas  que  se  hage  de  la  misma  forma; 
pues  que  es  común  el  arte  é  general,  de- 
girlo  he  aqui  en  este  libro  VI  (que  yo 
llamo  de  los  depósitos) ,  por  no  lo  repetir 
después  en  otras  partes. 

VI.  En  muchas  riberas  é  partes  desta 
Isla  Española  se  halla  oro ,  assi  en  las 
sierras  é  ríos  que  llaman  de  Cibao  (rio 
muy  famoso  en  esta  isla  por  la  riqueza 
de  su  oro),  como  en  el  Gotuy,  de  los 
quales  de  suso  se  hizo  mengion.  Y  tam- 
bién se  saca  en  las  minas  que  llaman  de 
Sanct  Chripstobal ,  y  en  las  minas  viejas 
é  otras  partes  ;  pero  no  acostumbran  co- 
ger el  oro  á  do  quiera  que  se  halla ,  á 
causa  de  ser  la  costa  grande  que  en  ello 
se  pone  de  bastimentos  é  otros  aparejos,, 


i     Triumpho  de  Amor,  cap.  11. 


DE  INDIAS.  LIB.  IV.  CAP.  VIII. 


483 


assi  como  de  las  compras  de  los  esclavos, 
y  herramientas  y  bateas,  y  otras  cosas; 
sino  donde  haya  tanto  que  se  supla  la 
costa  y  sobren  dineros ,  y  sea  tal  la  ga- 
nangia,  que  puedan  medrar  los  que  en 
este  exergigio  entienden.  Porque  de  ha- 
llar oro  poco  ó  en  cantidad  vista,  se  está 
la  diferengia  ;  y  lo  poco  en  muchas  par- 
tes lo  hallan,  y  si  se  siguiese  lo  poco, 
mas  seria  perder  tiempo  y  dineros ,  que 
no  hallarlos. 

Este  oro  no  es  do  quiera  que  se  halle 
tan  fino  ni  igual  de  ley  que  no  tenga  mas 
ó  menos  quilates  de  bondad ,  si  en  diver- 
sas partes  se  coge ,  aunque  sea  lo  uno  é 
lo  otro  de  un  mesmo  rio,  é  que  haya  sa- 
lido de  un  mesmo  nasgimiento  ó  minero. 
No  hablo  aqui  en  el  oro  que  se  ha  ávido 
por  rescates,  ó  en  la  guerra,  ni  en  lo  que 
de  su  grado  ó  sin  él  han  dado  los  indios 
en  estas  islas  ó  en  la  Tierra-Firme;  porque 
esse  tal  oro  ellos  lo  labran  é  lo  suelen 
mezclar  con  cobre  ó  con  plata ,  y  lo  aba- 
xan ,  segund  quieren ,  é  assi  es  de  dife- 
rentes quilates  é  valores.  Mas  hablo  del 
oro  virgen ,  en  quien  la  mano  mortal  no 
ha  tocado  ó  hecho  essas  mixturas,  como 
adelante  diré  en  el  progesso  desta  mate- 
ria. Y  a  veis  de  entender  que  este  oro  vir- 
gen se  halla  en  los  rios  del  agua  y  en  las 
costas  dellos  y  en  el  monte  y  en  las  que- 
bradas y  en  savanas ,  como  agora  lo  iré 
particularigando  é  distinguiendo  cada  co- 
sa destas  por  su  parte.  Y  tenga  el  que 
lee  memoria  que  digo  que  se  halla  el  oro 
en  una  destas  tres  maneras :  en  savana, 
ó  en  arcabuco,  ó  dentro  del  rio  é  agua. 
Ya  podria  ser  que  el  rio  ó  quebrada  ó 
arroyo  estén  secos  é  hayan  mudado  su 
curso ,  ó  por  qualquier  causa  que  sea,  les 
falte  agua;  pero  no  por  eso  dexará  de 
aver  oro,  si  por  alli  lo  ovo  en  el  curso 
que  tuvieron  las  aguas.  Llaman  savana 
los  indios ,  como  en  otro  lugar  lo  tengo 
dicho ,  las  vegas  é  cerros  é  costas  de  ri- 
beras ,  si  no  tienen  árboles ,  é  á  todo  ter- 


reno que  está  sin  ellos,  con  hierva  ó  sin 
ella.  El  arcabuco  es  boscaje  de  árboles  en 
monte  alto  ó  en  lo  llano :  en  fin ,  todo  lo 
que  está  arbolado  es  arcabuco.  Y  en 
qualquiera  destas  maneras  que  se  halle  el 
oro ,  tienen  la  orden  que  agora  diré  para 
lo  sacar. 

Los  hombres  mineros ,  expertos  en  sa- 
car oro,  tienen  cargo  de  alguna  quadrilla 
de  indios  ó  esclavos  para  ello  ( suyos  ó 
ágenos,  andando  por  su  proprio  interés ' 
se  é  hagienda  suya ,  ó  por  su  soldada  con 
ellos).  Y  este  tal  minero,  quando  quiere 
dar  catas  para  tentar  é  buscar  la  mina 
que  ha  de  labrar,  si  las  quiere  dar  en  sa- 
vana ó  arcabuco ,  hage  assi.  Limpia  pri- 
mero todo  lo  que  está  sobre  la  tierra  de 
árboles  ó  hierva  ó  piedras ,  é  cava  con 
su  gente  ocho  ó  diez  pies  (y  mas  y  me- 
nos en  luengo ) ,  y  otros  tantos  ( ó  lo  que 
le  paresge  en  ancho),  no  ahondando  mas 
de  un  palmo  (ó  dos  igualmente) ;  y  sin 
ahondar  mas ,  lavan  todo  aquel  lecho  de 
tierra  é  cantidad  que  ha  cavado  en 
aquel  espagio  que  es  dicho,  sin  calar 
mas  baxo.  Y  si  en  aquel  peso  de  un  pal- 
mo ó  dos  halla  oro,  sigúelo;  é  sino,  des- 
pués de  limpio  todo  aquel  hoyo ,  ahonda 
otro  palmo ,  é  lava  la  tierra  assi  igual- 
mente ,  como  hizo  la  que  sacó  del  prime 
ro  lecho  ó  cata  primera.  E  si  tampoco  en 
aquel  peso  no  halla  oro ,  ahonda  mas  é 
mas  por  la  orden  que  he  dicho ,  palmo  á 
palmo ,  lavando  toda  la  tierra  de  cada  le- 
cho (ó  tiento  de  cata),  hasta  que  llegan 
á  la  peña  viva  abaxo.  E  si  hasta  ella  no 
topan  el  oro ,  no  curan  de  lo  buscar  mas 
alli,  é  vánlo  á  buscar  á  otra  parte.  Mas 
donde  lo  hallan  en  aquella  altura  ó  peso, 
sin  ahondar  mas  en  aquella  igualdad  que 
se  topó  el  oro ,  lo  siguen ;  é  si  el  oro  va 
para  abaxo,  assi  mismo  van  tras  él,  é  con- 
tinúan su  labor  hasta  aver  labrado  toda 
la  cantidad  de  la  mina :  la  qual  ya  tiene 
establesgida  gierta  medida ,  é  hay  orde- 
nangas  reales  que  declaran  el  terreno  é 


184 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


cantidad  de  la  mina  é  territorio  de  cada 
una  en  la  superfigie  de  la  tierra.  E  de 
aquella  medida  adentro,  que  es  en  quadra 
ó  quassi ,  pueden  para  abaxo  ahondar 
quanto  quisieren.  Ovo  un  tiempo  diez  é 
ocho  pasos  en  quadra  por  mina ,  é  tam- 
bién en  otra  sagon  ovo  veynte ,  é  mas  é 
menos ;  porque  esto  se  hage  por  orde- 
nangas  que  hay  para  ello ,  é  no  son  mas 
perpetuas  de  quanto  le  plage  al  que  la 
justigia  gobierna.  E  como  conviene ,  se- 
gund  el  tiempo,  assise  acorta  ó  alargad 
compás  que  debe  tener  la  mina.  Pero  assi 
cómo  uno  halla  la  mina ,  es  obligado  á  los 
ofigiales  reales  notificarlo  ,  y  en  espegial 
al  veedor  y  ante  el  escribano  mayor  de 
minas ,  porque  se  le  mida  é  señalen  la 
mina  con  estacas ,  é  le  pongan  límites, 
porque  otros  puedan  tomar  minas  á  par 
de  aquel  primero  que  la  descubrió.  E 
aquel  terreno  que  tiene  ó  le  cabe  á  la 
mina ,  no  puede  otro  alguno  entrar  ni  to- 
car en  él,  para  sacar  oro,  sin  cometer 
hurto  é  incurrir  en  otras  penas  que  se 
executan  sin  alguna  remission.  Mas  alli,  á 
par  donde  se  acaba  ó  passa  la  raya  de 
la  mina  del  primero  descubridor,  luego 
desde  alli  adelante  señala  é  hinca  esta- 
cas ,  é  toma  otra  mina  hágia  la  parte  que 
quiere  juntarse  con  la  primera ,  el  que 
primero  viene.  Y  aun  aqui  quadra  bien 
el  proverbio  que  dige :  « Quien  há  buen 
vegino ,  há  buen  malino; »  porque  aquel 
descubridor  primero  avisa  al  que  quiere 
ayudar  é  tomar  por  vegino  ,  é  apossen- 
tarlo  á  par  de  sí.  E  comunmente  las  mas 
veges ,  quando  la  mina  es  rica ,  lo  suele 
ser  la  que  es  su  vegina ,  aunque  no  sea 
en  tanto  grado  ;  y  también  acaesge  que 
^gierta  á  ser  muy  mas  rica  que  la  pri- 
mera. También  se  ve  muchas  veges  que 
uno  coge  mucho  oro  en  una  mina ,  y  en 
la  que  está  á  par  della  no  se  halla  grano. 
Una  de  las  cosas  en  que  se  ven  palpables 
las  venturas  de  algunos  hombres  é  quán 
diferengiadas  son ,  es  en  esto  de  las  mi- 


nas; porque  acontesge  que  hay  dos,  ó 
tres  y  seys  y  diez  é  mas  minas  en  un 
término  ó  costa  de  un  rio  ( ó  quebrada) 
y  sacar  todos  buen  oro:  é  avrá  entro 
ellos  uno  que,  aunque  tenga  mas  é  mejor 
g-3nte ,  no  saca  ni  topa  oro  alguno ,  ó 
muy  poco.  Y  por  el  contrario,  se  ve  as- 
saz  veges  que  uno  solo  halla  harto  oro, 
é  muchos  otros  alli  gerca  no  cogen  algu- 
no, ni  lo  hallan,  como  poco  há  acaesgió 
en  la  isla  de  Sanct  Johan  á  un  Fulano  do 
Meló,  portugués,  que  sacó  en  poco  tiem- 
po gingo  ó  seys  mili  pesos  de  oro ,  y  mu- 
chos mineros  otros  que  cogían  oro  alli  á 
par  del ,  no  lo  sacaban ,  aun  para  pagar 
la  costa  que  hagian  buscándolo.  Dexe- 
mos  esto :  que  ninguno  ha  de  ser  mas 
rico  ni  mas  pobre  de  lo  que  Dios  tiene 
ordenado;  y  por  ventura  los  que  menos 
oro  cogen ,  son  mejor  librados ;  porque 
les  guarda  Dios  otras  riquezas  mayores  á 
los  que  con  su  voluntad  se  conforman  é 
le  aman ,  é  quieren  conosger. 

Estas  minas  de  savana  ó  halladas  en 
tierra,  siempre  se  han  de  buscar  gerca  de 
algún  rio  ó  arroyo  ó  quebrada  de  agua, 
ó  laguna  ó  balsa  ó  fuente ,  donde  el  oro 
se  pueda  lavar  é  limpiarlo  de  la  tier- 
ra. Dixe  de  suso  que  se  ha  de  lavar  la 
cata  de  la  mina  un  palmo  ó  dos  en  hon- 
do :  no  se  ha  de  entender  que  ha  de  ser 
dentro  de  aquel  tal  hoyo  que  se  higiere 
en  la  cata  é  propria  mina:  que  si  alli,  dó 
se  cava  la  tierra,  se  lavasse,  mas  seria  ha- 
ger  barro  ó  lodo  que  otra  cosa.  Pero  toman 
aquella  tierra  poco  á  poco  fuera  de  la 
mina ,  é  llévanla  al  agua  ó  arroyo  donde 
se  han  de  lavar ,  é  alli  purgan  ó  limpian 
la  tierra  con  el  agua,  é  ven  si  hay  oro  en 
las  bateas  (que  son  gierto  instrumento 
con  que  la  tierra  se  lava ) ,  é  para  lavar 
esta  tierra  é  labrar  la  mina  hagen  assi.  Po- 
nen giertos  indios  á  cavar  la  tierra  en  la 
mina  dentro  ,  é  aquello  llaman  escopetnr 
(que  es  lo  mismo  que  cavar);  é  de  la 
tierra  cavada  hinchen  bateas  de  tierra  ,  é 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  VIIÍ. 


Í85 


oíros  iudios  toman  aquellas  bateas  con  la 
(ierra  é  llévanlas  al  agua,  en  la  qual  es- 
tán assentados  las  indias  é  indios  lavado- 
res; é  vagian  aquellas  bateas  que  Iruxe- 
ron  en  otras  mayores  que  tienen  los  que 
lavan  en  las  manos ,  é  los  acarreadores 
vuelven  por  mas  tierra ,  en  tanto  que  los 
lavadores  lavan  aquella  que  primero  se 
les  truxo.  Estos  que  lavan  por  la  mayor 
parte  son  mugeres  indias  ó  negras;  por- 
que el  ofi<;io  del  lavar  es  de  mas  impor- 
tancia é  mas  sgiente  y  de  menos  trabaxo 
que  el  escopetar  ni  que  acarrear  la  tier- 
ra. Estas  mugeres  ó  lavadores  están  as- 
senfadas  orilla  del  agua,  é  tienen  las 
piernas  metidas  en  el  agua  hasta  las  ro- 
dillas ó  quassi,  segund  la  dispussigion  del 
assiento  é  del  agua;  é  tienen  en  las  ma- 
nos sendas  bateas  assidas  por  dos  assas 
ó  puntas  que  tienen  por  assideros,  y  des- 
pués que  en  la  batea  tienen  la  tierra  que 
se  les  trae  de  la  mina  para  lavarla ,  mue- 
ven la  batea  á  balanges ,  tomando  agua 
de  la  corriente  con  gierta  maña  é  fagi- 
lidad  é  vayven  que  no  entra  mas  can- 
tidad de  agua  de  la  que  el  lavador  quie- 
re ,  é  con  la  misma  maña  é  arte ,  y  en- 
continente  que  toma  el  agua,  la  vagian 
por  otro  lado  é  la  echan  fuera;  é  tanta 
agua  sale  quanta  entra,  sin  que  falte  agua 
dentro ,  mojando  é  deshagiendo  la  tierra. 
La  qual  se  va  á  vueltas  del  agua  que  se 
despide  de  la  batea ;  é  robada  poco  á  po- 
co la  tierra ,  llev^ándola  tras  sí  el  agua, 
como  el  oro  es  pessado ,  váse  siempre  al 
fondo  ó  suelo  de  la  batea ,  é  como  queda 
de  todo  punto  la  batea  sin  tierra  é  queda 
el  oro  limpio,  pónelo  el  lavador  á  parte, 
é  torna  á  tomar  mas  tierra  é  lávala,  se- 
gund que  es  dicho ,  etc. 

E  assi  continuando  esta  manera  é  la- 
bor, cada  uno  de  los  que  lavan  saca  al 
dia  lo  que  Dios  es  servido ,  segund  á  él 
plage  que  sea  la  ventura  del  señor  de  los 
indios  é  gente  que  en  tal  hagienda  y  exer- 

gigio  se  ocupan.  Hásc  de  notar  que  para 
TOMO  L 


un  par  de  indios  que  laven  son  menester 
dos  personas  que  sirvan  en  traerles  tier- 
ra ,  é  otros  dos  que  caven  ó  escopeten  é 
rompan  la  tierra  6  hinchen  las  bateas  de 
servigio  ( porque  assi  se  llaman,  del  servi- 
gio  aquellas  bateas,  en  que  se  lleva  la 
tierra  desde  los  que  la  cavan  hasta  los 
que  la  lavan).  Estos  indios  tstan  en  la 
ocupagion  del  oro ,  sin  los  otros  indios  é 
gQnte  que  ordinariamente  atienden  á  las 
heredades  y  estangia,  donde  los  indios  se 
recogen  á  dormir  y  genar,  y  tienen  su 
habitagion  é  domigilio :  los  quales  andan 
en  el  campo,  labrando  el  pan  y  los  otros 
mantenimientos,  con  que  los  unos  y  los 
otros  se  sustentan  y  mantienen.  Y  en 
aquellas  tales  estangias  é  moradas  hay 
mugeres  continuamente  que  les  guisan  de 
comer  y  hagen  el  pan ,  y  el  vino  (donde 
lo  hagen  de  mahiz  ó  del  cagabi),  y  otras 
que  llevan  la  comida  á  los  que  andan  en 
la  labor  del  campo  ó  en  la  mina.  De  ma- 
nera que  quando  se  pregunta  á  uno  que 
quántas  bateas  tiene  de  lavar  en  la  mina, 
y  responde  que  son  diez ,  aveis  de  en- 
tender ordinariamente  que  el  que  tal  al- 
canga  tiene  ginqüenta  personas  de  traba- 
jo ,  á  razón  é  respecto  de  ginco  personas 
por  balea  de  lavar,  non  obstante  que  con 
menos  cantidad  de  gente  algunos  las 
traen ;  pero  esto  que  he  dicho  se  entien- 
de quanto  á  lo  conviniente  é  nesgessario 
para  andar  las  bateas  bien  servidas  [Lá- 
mina 2.*,  fg.  4."). 

Sácasse  oro  de  otra  manera  en  los  rios 
é  arroyos  ó  lagunas  de  agua ;  y  es  desta 
forma.  Si  es  laguna,  procuran  de  la  ago- 
tar, siendo  pequeña  y  que  se  pueda  ha- 
ger;  y  después  labran  y  lavan  aquella 
tierra  del  suelo  y  cogen  el  oro  que  en 
ella  hallan  ,  segund  se  dixo  de  suso.  Pe- 
ro si  es  rio  ó  arroyo  el  que  se  ha  de  la- 
brar, sacan  el  agua  de  su  curso  ,  é  des- 
pués que  está  seco,  en  medio  de  la  ma- 
dre ,  por  donde  primero  yba  el   agua, 

assi  como  lo  han  xamurado  (que  en  len- 

24 


1SG 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


gua  ó  eslilo  do  los  qu3  son  mineros  plá- 
ticos  quiere  degir  agotado ,  porque  xa- 
murar  es  agotar) ,  hallan  oro  entre  las 
piedras  y  hoquedades  y  resquicios  de  las 
peñas,  y  en  aquello  que  estaba  en  la  ca- 
nal de  la  madre  ó  principal  curso  del  agua, 
por  donde  primero  yba  el  rio  ó  arroyo. 
Y  á  las  veges ,  quando  una  madre  destas 
acierta  á  ser  buena,  hállasse  mucha  canti- 
dad de  oro  en  ella;  porque  abierta  algunas 
veges  á  lo  echar  la  corriente  en  hoyos, 
donde  no  lo  pudo  llevar  el  agua  adelante. 
Háse  de  tener  por  cierto  ( segund  pa- 
rcsge  por  el  efecto)  que  la  mayor  par- 
te del  oro  nasge  en  las  cumbres  é  ma- 
yor altura  de  los  montes;  pero  críasse  y 
engéadrasso  en  las  entrañas  de  la  tierra; 
é  assi  como  lo  pare  ó  echa  fuera  de  sí, 
por  la  abundancia  de  la  materia  en  las 
cumbres,  las  aguas  de  las  lluvias  después, 
poco  á  poco,  con  el  tiempo  lo  traen  y  aba- 
xan  á  los  arroyos  y  quebradas  de  agua 
que  nasgen  de  las  sierras;  non  obstante 
que  muchas  veges  se  halla  en  los  llanos 
que  están  desviados  de  los  montes.  E 
«¡uando  esto  acaesge  ,  todo  lo  circunstan- 
te es  tierra  de  oro ,  é  se  halla  mucha 
cantidad  por  todo  aquello.  Pero  por  la 
mayor  parte  é  mas  continuadamente  se 
halla  el  oro  en  las  haldas  de  los  gorros  y 
en  los  rios  mismos  é  quebradas,  porque 
ha  mucho  tiempo  que  se  recoge  en  ellos. 
Assi  que,  por  una  destas  dos  maneras  que 
he  dicho  se  saca  el  oro  comunmente  en 
estas  Indias.  También  se  halla  algunas 
veges  que  la  vena  del  oro  no  corre  al 
luengo  para  se  hager  lo  que  es  dicho  en 
las  minas  do  tierra  ó  fuera  del  rio ;  sino 
para  abaxo,  hacia  el  gentro  derechamen- 
te ó  en  soslayo,  baxando  en  unas  partes 
mas  que  en  otras,  y  esto  no  es  muy  dis- 
forme de  lo  que  está  dicho ,  porque  el 
oro,  aunque  salga  por  la  superfigie,  no 
nasge  alli ,  sino  en  las  interiores  é  secretas 


partes  de  la  tierra.  Y  en  tal  caso  hágense 
las  minas  en  forma  de  cavernas  é  pozos  ó 
cuevas,  y  siguiendo  el  oro ,  vánlas  apun- 
tando, porque  son  peligrosas  é  cubiertas 
debaxo  de  la  tierra;  é  suelen  hundirse  al- 
gunas veges  é  matar  la  gente  que  las  labra, 
é  destas  ha  ávido  hartas  en  la  Isla  Española . 
VIL  Desta  forma  que  se  ha  dicho  en 
el  párrafo  do  suso  debieran  de  ser  las 
minas  que  antiguamente  y  muy  riquísimas 
ovo  en  España,  segund  Plinio  escribe  *: 
el  qual  digo  que  debaxo  de  tierra  los  que 
buscaban  el  oro  apuntaban  é  ponían  cuen- 
tos ó  columnas  de  madera  para  sostener 
las  cavas ;  é  digo  que  los  montes  estériles 
de  España,  los  quales ninguna  cosa  produ- 
gen,  son  fértiles  de  oro.  Digo  mas,  que  los 
españoles  en  Asturias  é  Galigia  é  Lusitania 
sacaban  veynte  mili  libras  do  oro  cada  año 
ordinariamente ,  y  afirma  assi  mismo  que 
daba  la  mayor  parte  dello  Asturias.  E  ma- 
ravillado Plinio  de  aquesto ,  digo  que  no 
se  halla  en  alguna  parte  del  mundo,  don- 
de semejante  abundangia  de  oro  oviesse 
turado  tantos  siglos.  Pues  donde  tanta 
cantidad  de  oro  se  sacaba  no  es  mucho 
que  sospeche  yo  que  aquel  collar  de  oro 
que  dixe  que  se  halló  en  Asturias,  fuesse 
de  la  gierva  de  Sertorio  ,  ó  do  alguno  de 
los  giorvos  de  Julio  César,  que  también 
residió  un  tiempo  en  España.  Assi  que, 
segund  el  auctor  alegado ,  minas  mas  ri- 
cas avia  en  nuestra  España  que  acá  en 
estas  Indias  é  en  nuestra  Isla  se  han  vis- 
to. Quanto  mas  que  allende  del  oro  avia, 
é  hoy  hay  en  España  muchos  mineros  do 
plata  y  se  saca  en  gran  cantidad:  é  sin 
eso ,  otros  mineros  ricos  tiene  de  hierro, 
é  agoró,  é  coloros,  é  alumbres,  é  már- 
moles fuertes,  é  alabastros  (do  que  gran- 
des tesoros  se  multiplican);  no  solamente 
pai'a  la  cámara  é  hagienda  real  de  la  Ce- 
sárea Magostad,  mas  assi  mismo  para 
muchos  caballeros  particulares ,  sus  vas- 


{     Plinio,  libro  XXXlII.  capílnlo  4. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  VIH. 


187 


salios  ,  cuyos  son  algunos  mineros  de  los 
que  tengo  dicho. 

Para  mi  opinión  yo  tengo  á  España  por 
una  de  las  ricas  provincias  que  hay  en  el 
mundo ;  é  para  colmar  sus  riquezas  quiso 
Dios  darle  por  hagieuda  accesoria  esto- 
tras riquezas  de  nuestras  Indias.  Mas  por- 
que yo  no  tracto  aqui  de  lo  de  allá  (que 
aquesto  por  el  mismo  Plinio  * ,  y  Estra- 
bon  ^,  é  Trogo  Pompeyo  (cuyo  abrevia- 
dor  es  Justino  ^,  é  Solino  De  mirahilibus 
mundi*)r  é  aquel  glorioso  doctor  Isidoro 
en  sus  Ethmologias  ^,  é  todos  los  aucto- 
res  auténticos  que  en  España  hablan,  está 
escripto  muy  verdadera  é  complidamen- 
te) ;  sino  de  las  cosas  que  en  estas  Indias 
hay ,  que  yo  he  visto  y  veo ,  é  quantos 
acá  vienen  no  lo  ignoran,    tornemos  á 
nuestra  historia  del  oro.  Digo  que  quan- 
do  se  labra  alguna  ribera  de  rio  ó  que- 
brada ,  ó  en  el  mismo  rio ,  dentro  en  las 
madres  (segund  es  dicho) ,  siempre  los 
que  lo  sacan  mas  baxo  (digo  el  agua  ayu- 
so)  lo  hallan  mas  fino,  tanto  que  en  me- 
dia legua  que  estén  unos  lavadores  mas 
baxos  que  otros ,  tiene  un  quilate  ó  mas 
de  ventaja  é  fineza  ;  porque  quanto  mas 
corrido  es  el  oro,  tanto  mas  alto  y  de  mas 
subida  ley  es.  Pero  los  que  lo  sacan  mas 
alto,  el  rio  arriba,  andan  mas  gerca  de 
los  nasgimientos  del  oro ,  y  cogen  mas 
comunmente  en  cantidad :  de  lo  que  se 
colige  que  ese  espacio  que  corre  es  en 
mucho  tiempo  é  años ,  para  subir  el  qui- 
late é  refinarse  mas.  Y  que  esto  sea  assi 
verdad  (aunque  no  hay  nesgessidad  de 
auctoridades  agenas ,  en  lo  que  acá  se  ve 
cada  dia ,  é  yo  he  visto  innumerables  ve- 
tes) ,  el  mismo  Plinio  ^  áige  que  por  gol- 
pearse el  oro  en  el  curso  del  rio ,  se  afi- 
na y  pule.  Hay  otra  cosa  que  es  mucho 
de  notar ,  y  es  que  como  se  coge  el  oro 
sin  averie  tocado  el  fuego ,  estando  assi 

1  P:í.,  lib.  XXXIII,  cap.  4. 

2  Eslrabon,  lib.  III. 

3,    Justino ,  lib.  XXXXIV. 


virgen ,  mas  hermoso  é  lindo  color  é  lus- 
tre tiene  que  después  que  por  los  hom- 
bres es  fundido  é  labrado :  de  lo  qual  se 
comprehende  claramente ,  y  nos  enseña 
natura,  quánto  mas  perfectas  son  sus 
obras  que  las  que  artificio  humano  menea 
y  exergita.  Para  que  se  entienda  y  crea 
que  el  oro  nasge  en  lo  alto,  y  que  se 
abaxa  después  á  lo  baxo ,  hállase  un  in- 
digio  muy  evidente  que  testifican  los  car- 
bones de  la  leña,  y  es  aqueste.  El  carbón 
se  dige  que  no  se  pudre  debaxo  de  la  tier- 
ra ;  y  yo  assi  creo  que  es  verdad  por  es- 
pegial  propriedad  suya,  ó  á  lo  menos  si 
no  es  en  el  de  todas  maderas ,  tengo  por 
gierto  que  en  algunas  hay  este  previle- 
gio,  porque  acaesge  labrando  algunas 
minas  en  las  haldas  de  algún  monte  (ó 
en  el  comedio  ú  otra  parte  del) ,  é  rom- 
piendo la  mina  en  tierra  virgen  é  avien- 
do  ahondado  quatro  ó  ginco  cstsdos  6 
mas  y  menos ,  se  hallan  allá  debaxo ,  en 
el  pesso  que  hallan  el  oro ,  carbones,  y 
antes  que  topen  con  él  algunas  veges. 
Y  esto  es  en  tierra  que  se  juzga  por  vir- 
gen ,  é  lo  está  assi  para  se  romper  é  ca- 
var; é  están  los  tales  carbones  tan  fres- 
cos ,  como  si  el  dia  antes  de  hallarlos  se 
mataran  del  fuego :  los  quales  no  [)udie- 
ron  alh  nasger  ó  entrar,  segund  natura, 
sino  en  el  tiempo  que  la  superfigie  de  la 
tierra,  do  se  hallan,  estaba  en  el  pesso 
que  los  carbones,  después  entre  el  oro,, 
ó  allá  debaxo  se  hallan;  y  denibáudolos- 
el  agua  de  lo  alto  vinieron  á  parar  é  que- 
dar alli.  E  cómo  después  llovió  otras  innu- 
merables veges  (como  es  de  creer) ,  cayó 
de  lo  alto  mas  y  mas  tierra,  hasta  tanto 
que  en  discurso  de  muchos  años  é  siglos 
fué  cresgiendo  la  tierra,  que  el  agua  llevó 
sobre  los  carbones ,  aquellos  estados  ó 
cantidad  que  hay  al  pressente  que  se  la- 
bran las  tales  minas ,  desde  la  superfigie- 

4  Solino,  cap.  34. 

5  Isid.,  lib.  XIV,  cap.  4. 

6  Pii  ,  lib.  XXXIII,  cap.  4. 


188 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


Iiasta  donde  se  topan  esos  carbones.  Aver 
allí  basado  los  carbones  de  la  manera 
([ue  he  dicho ,  se  prueba  assi  mismo ,  por- 
que yo  he  visto  en  Tierra-Firme ,  seyen- 
do  veedor  de  las  fundigiones  del  ore, 
traer  ante  mí  dos  mineros  (en  diversos 
tiempos)  dos  garbillos  ó  anillos  de  oro  la- 
brados de  los  que  suelea  traer  las  indias 
é  indios  en  las  orejas,  redondos  como 
anillos :  los  quales  se  avian  sacado  é  ha- 
llado ,  á  vueltas  del  oro  virgen  debaxo 
de  la  tierra  en  mas  de  dos  ó  tres  estados; 
los  quales  no  podian  alli  aver  entrado, 
sino  de  la  forma  que  entraron  los  carbo- 
nes ,  como  es  dicho.  Deslo  se  puede  pre- 
sumir que  los  tales  garcillos  ó  anillos  (pues 
eran  labrados)  ss  perdieron  en  algún 
tiempo  muchos  siglos  antes,  é  las  aguas 
con  el  discurso  de  los  años  los  pusieron 
debaxo  de  la  tierra ,  donde  se  hallaron. 
Y  cómo  el  oro  no  se  corrompe,  estaban 
enteros,  é  de  tan  buen  lustre  como  si 
aquel  mesmo  dia  se  acabaran  de  labrar, 
6  yo  los  tuve  ambos  anillos  en  mi  poder. 
Dixe  de  suso  que  quanto  mas  ha  corrido 
el  oro  desde  su  nas^íimiento  hasta  donde 
en  el  rio  se  halla,  tanto  mas  está  liso  y 
polido  y  de  mas  quilates  ó  fino  en  ley: 
assi  digo  por  el  contrario  que  quanto  mas 
Qerca  se  halla  de  su  vena  ó  nasgimienlo, 
aviendo  venido  al  rio,  tanto  mas  crespo 
é  áspero  es  é  de  menos  quilates  é  valor 
(}uc  tuviera  aviendo  corrido,  segund  es 
dicho:  é  mucho  mas  se  menoscaba  é 
mengua  al  tiempo  que  se  funde  é  mas 
agro  está ,  é  mas  fuego  é  carbón  ha  me- 
nester é  mas  tiempo  para  lo  fundir  que 
no  lo  ques  mas  fino.  Y  assi  como  en  di- 
versas partes  se  saca  el  oro ,  assi  es  de 
diversos  quilates,  é  mas  alto  ó  baxo  uno 
que  otro,  é  pocas  veges  ó  ninguna  lo  de 
una  provingia  es  como  lo  de  otra,  en  peso 
é  valor,  é  color,  é  bondad. 

VIII.     Algunas  veges  se  hallan  granos 


grandes  y  de  mucho  pesso  sobre  la  tier- 
ra, y  á  veges  debaxo  del  la,  y  el  mayor 
de  todos  los  que  hasta  agora  en  aquestas 
Indias  todas  han  visto  los  chripstianos, 
fué  el  que  tengo  dicho  que  se  perdió  en 
la  mar,  al  tiempo  que  se  ahogó  el  comen- 
dador Bobadilla,  ó  otros  caballeros,  é 
mucha  gente ,  quando  se  perdió  la  flota 
que  desta  isla  yba  á  España ,  como  se  di- 
xo  en  el  libro  III ,  cap.  VII :  el  qual  pes- 
saba  tres  mili  é  seysgientos  pessos.  Lo 
qual  si  Plinio  supiera ,  y  de  otros  muchos 
granos  que  yo  he  visto  que  se  han  halla- 
do de  la  misma  manera,  mejor  dixera  por 
estas  Indias  lo  que  dixo  en  favor  de  Dal- 
magia,  por  estas  palabras  :  <(Es  rara  feli- 
cidad que  se  halle  el  oro  en  la  superficie  de 
la  tierra ,  como  de  'próximo  intervino  en  la 
Dalmaria  en  el  principio  de  Ñero,  donde 
cada  dia  se  fundian  cinqúejita  libras,  etc.  *. 
Recogiéndome  á  nuestra  historia,  digo 
que  yo  vi  en  esta  cibdad  de  Sancto  Do- 
nimingo,  año  de  mili  é  quinientos  é  quin- 
ge ,  en  poder  del  tesorero ,  Miguel  de 
Passamonte ,  dos  granos  de  oro ,  que  el 
uno  pessaba  siete  libras,  que  son  septe- 
gientos  castellanos,  y  el  otro  cinco,  que 
son  quinientos  castellanos  de  oro,  de 
veynte  é  dos  quilates  y  medio ;  y  en  la 
Tierra-Firme  he  visto  otros  muchos  gra- 
nos de  giento  é  dosgientos,  é  tresgientos 
castellanos,  e  algo  mas  y  menos,  é  ha- 
llados assi  mesmo  sobre  la  tierra.  Pero 
muchas  veges  he  visto  gogarse  mucho  mas 
los  mineros  y  señores  de  las  minas  con 
el  oro  menudo  que  con  el  granado ;  por- 
que es  la  mina  mas  turable  é  abundante 
é  se  saca  mas  oro  della  que  do  la  que 
paresge  el  oro  en  granos.  E  haylo  algu- 
nas veges  tan  menudo  ó  volador  que  es 
menester  juntarlo  con  el  azogue.  Y  pues 
que  los  extranjeros  no  sabrán,  leyendo 
aquesto ,  qué  peso  es  el  del  castellano 
que  acá  en  Indias  degimos  un  peso ,  di- 


1     Pliii.,  lüj.  XXXIII,  cai).  i. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.   CAP.  VIII. 


189 


go  que  un  peso  ó  un  castellano  es  una 
misma  cantidad,  que  pesa  ocho  tomines, 
e  un  ducado  pesa  seys;  de  manera  que 
el  peso  monta  é  tiene  una  quarla  parte 
mas  de  peso  que  el  ducado. 

IX.  Un  notable  grande  se  me  ofres- 
QG,  que  muchas  veces  me  han  dicho  hom- 
bres muy  expertos  en  sacar  oro ;  y  es  que 
ha  acaesgido  yr  siguiendo  la  veta  ó  vena 
del  oro  por  la  via  que  él  camina  en  las  in- 
teriores de  la  tierra  ó  peña ;  é  tan  delga- 
do como  un  hilo,  ó  un  alfiler,  é  donde 
hal!a  alguna  hoquedad  para,  é  hincha  to- 
do aquello  hueco ,  ó  concavidad ,  é  alli 
se  hage  el  grano  gruesso ,  é  passa  ade- 
lante por  los  poros  de  la  tierra  ó  peña  por 
donde  la  natura  le  guia;  y  acaesge  to- 
marle el  minero  en  aquel  viaje  que  lleva 
(ó  por  do  corre  el  tal  oro  debaxo  de  tier- 
ra) ,  é  hallarle  tan  blando  como  gera  blan- 
da, é  torgerle  tan  amorosa  é  fácilmente 
entre  los  dedos,  como  gera  quassi  líqui- 
da,  y  en  el  punto  que  le  da  el  ayre  se  en- 
duresge. 

X.  Pues  hasta  aqui  se  ha  tractado  de 
las  minas  del  oro,  y  demás  desso  se  ha 
dicho  al  propóssito  del  oro  todo  lo  que 
mas  me  ha  paresgido  que  se  debia  escre- 
bir;  quiero  antes  que  passe  la  historia 
adelante  á  otras  materias  (como  en  lugar 
apropiado  á  esta),  degir  como  los  indios 
saben  muy  bien  dorar  las  piegas  é  cosas 
que  ellos  labran  de  cobre  é  de  oro  muy 
baxo.  Y  tienen  en  esto  tanto  primor  y 
exgelengia ,  y  dan  tan  subido  lustre  á  lo 
que  doran ,  que  paresge  que  es  tan  buen 
oro ,  como  si  fuesse  de  veynte  é  tres  qui- 
lates ó  mas ,  según  la  color  en  que  que- 
da de  sus  manos.  Esto  hagen  ellos  coa 
giertas  hiervas ,  y  es  tan  grande  secreto 
que  qualquiera  de  los  plateros  de  Euro- 
pa, ó  de  otra  parte ,  donde  entre  chrips- 
tianos  se  usasse  é  supiesse ,  se  ternia  por 
riquíssimo  hombre ,  y  en  breve  tiempo  lo 
seria  con  esa  manera  de  dorar.  Este  no- 
table no  pertenesge  á  esta  isla  ni  otras 


de  las  comarcanas;  porque  no  se  hage 
sino  en  la  Tierra-Firme,  é  allá  se  vé 
mucha  cantidad  de  oro  baxo  dorado  de 
la  manera  que  he  dicho;  pero  por  ser  al 
propóssito,  quise  hager  aqui  mengiou 
desla  particularidad  (en  este  libro  de  los 
depósitos).  Yo  he  visto  la  hierva,  é  indios 
me  la  han  enseñado ;  pero  nunca  pude 
por  halagos ,  ni  de  otra  forma  sacar  de- 
llos  el  secreto ,  é  negaban  que  ellos  lo 
hagian,  sino  en  otras  tierras  muy  lexos, 
señalando  al  Sur  ó  parte  meridional. 

XI.  No  es  cosa  para  quedar  en  ol- 
vido lo  que  intervino  á  tres  labradores 
que  vinieron  á  esta  Isla  Española ,  natu- 
rales de  las  Garrovillas,  que  quisieron 
experimentar  su  fortuna :  los  quales  sa- 
lieron de  España  en  compañía  en  una 
nao ,  é  llegaron  á  esta  cibdad  de  Sancto 
Domingo  en  tiempo  que  el  comendador 
mayor  de  Alcántara  gobernaba  esta  isla. 
E  venidos  aqui ,  assi  como  se  desembar- 
caron ,  pidieron  luego  una  gédula  que 
los  ofigiales  del  rey  daban,  para  yr  á 
sacar  oro  (porque  sin  esta  ligengia  nin- 
guno puede  y  rio  á  buscar),  é  con  esta  fué- 
ronse  á  las  minas  nuevas  que  están  á 
siete  leguas  desla  cibdad.  Y  después  que 
alli  estovieron  ocho  ó  quinge  dias ,  ca- 
vando é  como  hombres  de  poca  expe- 
riengia  trabajando  en  buscar  oro,  sin 
aver  hallado  alguno,  estando  un  dia 
muy  arrepentidos  de  su  venida  acá ,  y 
sentados  debaxo  de  un  árbol  á  merendar 
y  tomar  un  poco  de  aliento  y  reposso, 
para  volver  á  su  exergigio ;  comengaron 
á  hablaren  su  venida  á  esta  tierra,  con- 
doliéndosse  de  sí  mismos  y  expresaban 
sus  cuytas,  como  lo  suelen  hager  los 
hombres  baxos  y  de  poca  suerte  é  ruin 
ánimo ,  que  no  saben  comportar  callando 
sus  faltas  é  miseria  é  se  remiten  á  la  len- 
gua. El  uno  dcgia  que  avia  vendido  los 
bueyes  de  su  labranga ,  con  que  traba- 
jando ,  sostenía  su  pobreza  en  Castilla ,  é 
vivia  tan  bien  como  otro  labrador  de  los^ 


190 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


de  su  tierra.  El  otro  con  la  mesma  pas- 
sion  acudía,  dÍQÍendo  que  avia  vendido 
el  dote  de  su  muger  é  lo  que  él  tenia, 
con  que  en  una  nesgessitada  (pero  re- 
possada  vida)  se  sustentaba  con  su  mu- 
ger é  hijos,  y  que  se  via  desterrado  de- 
lta y  dellos,  y  sin  esperanga  de  volver  ú 
donde  los  avia  dexado  en  mucha  pobre- 
ra ,  á  causa  de  su  ausengia.  El  tergero 
no  sentia  menos  dolor  que  entrambos ;  é 
también  daba  de  sí  la  mesma  quexa  que 
los  otros,  digiendo  que  para  qué  avia 
nasgido  é  otros  desvarios  tales;  é  des- 
pués que  ovo  dicho  mas  querellas  contra 
sí  que  sus  compañeros ,  por  aver  venido 
á  esta  tierra ,  comengó  á  blasfemar  é  mal- 
degir  á  Danao ,  que  fué  el  primero  que  de 
Egipto  condugió  naves  en  Gregia  * ,  por- 
que primero  navegaban  las  gentes  con 
vigas  ó  maderos  atados  juntamente ,  lo 
qual  fué  invengion  del  Rey  Erithra  en  el 
mar  Roxo ;  y  no  loando  á  Jasson ,  que 
digen  que  fué  el  primero  que  usó  nave 
luenga,  escupía  contra  Amocle,  inven- 
tor de  las  galeas  triremes ;  vituperaba  los 
cartagineses ,  inventores  de  las  galeas 
quinque-remi ;  injuriaba  á  los  feniges, 
por  aver  enseñado  la  navegagion,  ob- 
servando el  curso  de  las  estrellas,  con 
todos  los  otros  que  tal  arte  aprendieron; 
é  sobre  todos  oraba  mal  siglo  á  Colom 
que  el  camino  destas  Indias  enseñó.  Y 
después  que  se  hartó  de  hablar  desati- 
nos, tornó  en  sí  con  un  poco  de  mas 
ánimo ,  viendo  que  sus  lamentagiones 
eran  por  demás  é  comengó  á  consolar  á 
sí  é  sus  compañeros,  é  degia  que  «e?i 
una  hora  no  se  avia  ganado  Zamora,  y 
que  Dios  es  grande,  y  lo  que  no  avian 
hallado,  él  se  lo  daría,  quando  le  plu- 
guiesse,  para  que  se  volviessen  á  sus 
tierras  á  descansar  é  consolar  á  sus  mu- 
geres  é  hijos ,  é  alegrar  á  sus  parientes 
é  amigos.  E  á  este  propóssito  hablando, 


y  los  otros  y  él  á  menudo  sospírando  en^ 
ternesgidos  sus  ojos ,  y  aun  con  algunas 
lágrimas  acompañados,  vido  uno  dellos, 
á  mas  de  veynte  passos  de  donde  esta- 
ban, relugir  por  el  sol  un  grano  de  oro, 
y  levantóse  digiendo:  «Aun  podría  ser 
que  se  nos  quitasse  este  rencor.»  Y  fué 
donde  le  guió  la  claridad  de  la  rever- 
veragion  que  el  rayo  solar  hagia  en  el 
oro ,  é  halló  un  grano  de  quince  ó  veyn- 
te pessos  de  oro ,  é  comengó  á  saltar  de 
plager ,  besándole  y  dando  gragias  á  Dios. 
E  sus  compañeros  acudieron  á  parti- 
gipar  de  la  mesma  alegría,  é  miran- 
do á  una  parte  é  á  otra,  hallaron  otros 
muchos  granos  mayores  é  menores.  Y 
por  no  me  detener ,  digo  que  sobre  la 
superíigie  de  la  tierra  y  escarvando,  co- 
mo hombres  menos  diestros  que  ven- 
turosos, se  descalgaron  giertas  bolas 
ó  borgeguis,  é  hinchéronlos  de  gra- 
nos de  oro  en  que  avia  quassi  tres  mili 
castellanos  ó  pessos  de  oro  é  vinieron  á 
esta  cibdad,  no  gessando  de  rogar  á 
Dios  por  el  ánima  de  Colom ,  é  bendí- 
giendo  el  arte  de  los  marineros  y  de 
quien  primero  se  quexaban.  É  dieron 
notigia  desto  al  comendador  mayor,  que 
era  gobernador  como  he  dicho;  pero 
fué  quando  no  lo  pudieron  encobrir, 
porque  las  minas  estaban  ya  acotadas  por 
el  rey. 

Y  como  estos  hombres  eran  de  gerca 
de  su  tierra  del  comendador  mayor,  quí- 
solos ayudar,  é  no  llevar  por  el  rigor 
porque  gogassen  de  su  ventura,  pues 
Dios  se  la  avía  dado :  antes  los  favores- 
gíó  aquel  buen  gobernador,  el  qual  con 
toda  esta  cibdad  ovieron  extremado  pla- 
ger con  la  nueva  y  efeto  de  tan  ricas 
minas;  porque  hasta  entonges  no  se  avía 
visto  tanto  oro,  junto  con  tanta  facilidad 
y  brevedad,  allegado  assi.  Y  no  se  pudo 
acabar  con  estos  hombres  que  quisíessen 


i     Plin.,  lib.  Vil,  cap.  LVI. 


DE  INDIAS.  LIB    VI.  CAP.  VIH. 


491 


sacar  mas  oro^  ni  estar  mas  en  la  tierra; 
Q  como  eran  villanos,  é  gente  de  cor- 
tos pensamientos,  pares^iéndoles  que  con 
aquello  que  tenian  eran  muy  ricos  y  fue- 
ra de  nesgessidad ,  y  que  era  mucho  mas 
de  lo  que  meregian  sus  personas,  en  la 
misma  nao  que  avian  venido,  se  tornaron 
á  España. 

En  estas  minas  sacó  después  el  ligen- 
giado  Begerra,  médico  vegino  destacib- 
dad,  ginco  ó  seys  mili  pesos  de  oro,  é 
después  se  tomaron  aquellas  minas  por 
el  rey;  y  como  erannasgimientosdeoro, 
sacáronse  muchos  millares  de  pesos  de 
oro  para  los  Reyes  Cathólicos.  Dio  causa 
esta  nueva  que  en  breve  tiempo  (por  lo 
que  en  España  predicaron  estos  de  las 
Garrovillas )  viniessen  muchos  labradores 
ó  otros  hombres  de  mas  calidad  á  esta 
isla  á  experimentar  su  dicha.  E  muchos 
dellos  murieron  en  la  demanda  ,  é  tam- 
bién otros  ha  ávido  remediados  que  se  hi- 
gieron  ricos ;  porque  en  fin  no  sacan  to- 
dos oro  con  igual  ventura :  que  á  unos 
paresge  que  se  les  va  el  oro  á  la  mano  y 
de  otros  huye ,  como  suele  acaesger  en 
otras  cosas  de  hagiendas ,  en  que  los 
hombres  entienden.  E  con  esto  que  he 
dicho  me  paresge  que  he  complido  con 
lo  que  toca  á  los  metales  desta  Isla  Espa- 
ñola, después  que  haya  dicho  lo  que  he 
sabido  y  es  notorio  en  lo  de  la  plata:  de  lo 
qual  en  la  primera  impression  deste  tracta- 
do  passo  con  silengio ,  por  no  estar  gerti- 
ficado  que  la  avia  en  esta  isla.  Agora  digo 
que  en  las  minas  del  Cotuy  se  ha  hallado 
é  se  han  fecho  algunas  piezas  é  vasos  ó 
copas  della  en  poca  cantidad;  pero  en 
efeto  se  halla  é  la  hay,  y  muy  buena,  é al 
pressente  algunos  veginos  se  ocupan  con  su 
gente  é  negros  en  la  sacar  6  eñ  cantidad. 

Pues  he  seydo  largo  en  este  capítulo 
porque  la  materia  lo  sufre,  y  eranesges- 
sario  hagorse  assi ,  quiero  acordar  al  que 


me  oye  que,  como  prudente  letor,  quiera 
colegir  deste  capítulo  y  lo  que  contiene, 
qué  grandíssimo  tesoro  avrá  ydo  á  Espa- 
ña desta  isla  y  de  las  otras  que  están  po- 
bladas de  cbripstianos  y  de  la  Tierra- 
firme  ( después  que  estas  tierras  se  des- 
cubrieron )  en  oro  puro  é  virgen  ,  sin  aver 
en  otra  nascion  alguna  ( primero  que  en 
españoles)  entrado.  Y  no  tan  solamente 
para  los  reyes  de  España  (cuyo  es  este 
imperio  é  riquíssimo  señorío),  sino  mu- 
cho mas  para  sus  vassallos  é  subditos, 
(porque  el  rey  no  lleva  sino  el  quinto  de 
sus  derechos,  y  en  algunas  provingias 
por  hager  merged  á  sus  vassallos  no  lle- 
va sino  diezmo  ó  menos);  allende  de  los 
muchos  quintales  de  plata  que  del  Perú 
é  de  la  Nueva  España  se  han  llevado ,  y 
sin  innumerables  marcos  de  perlas  y  al- 
jóphar,  y  sin  otras  granjerias  grandes  é 
de  mucha  importangia  que  hay  en  estas 
tierras ,  de  que  tantos  provechos  resultan 
en  el  mundo  todo.  Por  gierto  aquella  es- 
tatua llamada  Holosphiraton  \  y  la  otra 
de  Leonino ,  que  fué  el  primero  de  los 
hombres  que  en  el  templo  de  Delphos 
puso  assi  mismo  una  estatua  de  oro  ma- 
giga  ( que  fué  en  la  septuagéssima  olim- 
piade ) ,  muy  mejor  la  meresge  don 
Chripstóbal  Colom ,  primero  descubridor 
é  inventor  destas  Indias ,  y  primero  al- 
mirante deltas  en  nuestros  tiempos ;  pues 
no  como  Leonino  que,  mostrando  arte 
oratoria  ,  allegó  el  oro  de  su  estatua  ,  si- 
no como  animoso  é  sabio  nauta  é  vale- 
roso capitán ,  nos  enseñó  este  Nuevo 
Mundo  ,  tan  colmado  de  oro ,  que  se  po- 
drían aver  fecho  millares  de  tales  esta- 
tuas con  el  que  ha  ydo  á  España  y  con- 
tinuamente se  lleva.  Pero  mas  diño  es  de 
fama  y  gloria  por  aver  traydo  la  fé  ca- 
thólica  donde  estamos ,  é  á  todos  estos 
indios  en  que  por  la  gragia  de  Dios,  nues- 
tro Señor ,  cada  día  se  aumenta  la  reli- 


1     Plinio,  libro  XXIII ,  capitulo  4. 


492 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


gion  chripstiana.  Ved  de  quánto  mérito       aquel,    cuya  industria  fué  principio   de 
é  inmortalidad  es  el  nombre  é  ánima  de       tanto  bien. 

CAPrruLOix. 

Cómo  el  historiador  prueba  que  en  oirás  parles  del  mundo  se  usaron  los  sacrifi9¡os  de  matar  hombres  é 

ofrescerlos  (entre  los  antiguos)  á  sus  dioses  ,  y  en  muchas  partes  assi  mismo  se  acostumbró  comer  carne 

humana,  y  al  présenle  se  hace  en  muchas  partes  de  la  Tierra-Firme  destas  Indias  y  en  algunas  islas. 


Ln  muchas  partes  de  la  Natural  Historia 
de  Plinio  dige  que  comen  los  hombres 
carne  humana  * ,  assi  como  los  antropó- 
phagios,  que  son  gente  de  los  sgythas- 
Y  el  mesmo  auctor  dige  questos  antropó- 
phagios ,  ó  comedores  de  carne  humana, 
beben  con  las  cabegas  de  los  hombres  ó 
calavernas;  y  que  los  dientes,  con  los 
cabellos  de  los  que  matan ,  traen  por  co- 
llares, segund  que  escribe  Isigono  Nigen- 
se.  Esta  gente  dige  Plinio  que  habitan 
diez  jornadas  sobre  Borístenes. 

Estos  collares  tales  he  visto  yo  muchas 
veges  al  cuello  á  algunos  indios  en  la 
Tierra-Firme ;  en  la  qual ,  en  muchas  par- 
les della ,  comen  carne  humana  é  sacri- 
fican hombres  é  mugeres  é  niños,  é  en 
todas  edades,  y  también  la  comen  en  las 
islas  gercanas  á  estas,  de  quien  he  trac- 
lado.  Y  donde  puntualmente  se  sabe  yes 
ordinario  tal  delicio,  es  en  la  Dominica  y 
la  de  Guadalupe  y  Matinino  y  Sancta 
Cruz  y  otras  por  alli  comarcanas.  El  Tos- 
tado (alias  Abulensis)  sobre  Eusebio  De 
los  tiempos^,  tractando  de  las  costiimbres 
de  la  gente  de  Tragia ,  dige  que  entre 
otras  cosas ,  las  quales  son  mas  fabulosas 
que  verdaderas  destos  de  Tragia,  es  una 
que  á  los  extrangeros  que  ellos  prenden, 
los  ofresgen  á  sus  Dioses ,  matándolos  é 
hagiendo  dellos  sacrifigio ,  etc.  Pero  en 
Tierra-Firme,  sin  fábula  ni  ficgion,  sino 
con  mucha  verdad ,  se  puede  testificar  lo 
mismo ;  y  porque  de  suso  dixe  que  Plinio 


en  muchas  partes  de  su  historia  tracta 
desta  materia,  tráela  en  el  libro  XXVIll, 
hablando  de  las  mediginas  de  hombres  é 
de  animales  grandes,  é  dige  que  en  esta 
materia  quiere  comengar  del  hombre,  bus- 
cando en  él  la  utilidad  del  hombre,  bien 
que  grand  dificultad  en  esto  haya,  é  dige 
assi:  «Beben  los  pueblos  la  sangre  de  los 
gladiatores  [id  est  de  los  esgremidores  ó 
acuchilladores) ,  para  huyr  del  mal  ca- 
duco (ó  gota  coral  que  comunmente  de- 
gimos) ,  puesto  que  nos  dé  no  poco  hor- 
ror ó  espanto,  quando  vemos  que  las  fie- 
ras en  el  mesmo  teatro  la  beben»  '.  Este 
teatro  era  un  lugar  diputado  para  los  jue- 
gos, donde  los  gladiatores  se  mataban 
combatiendo,  é  también  otros  animales. 
Assi  que,  prosigue  este  auctor  é  dige: 
«Mas  aquesta  mesma  sangre  digen  aver 
mas  eficagia  contra  el  morbo  ya  dicho  ó 
enfermedad ,  si  se  bebe  caliente ,  chupan- 
do la  herida  del  hombre  (aun  no  muerto), 
é  el  ánima  juntamente  con  la  sangre ;  lo 
qual  sea  lígito  aver  dicho  con  ánimo  mas 
feroz ,  que  no  es  el  ánimo  de  todas  las 
fieras.  Algunos  buscan  la  medula  ó  tué- 
tanos de  las  piernas,  y  clgelebro,  id  est, 
los  sesos  de  los  pequeños  niños  de  teta. 
E  muchos  hay  de  los  griegos  que  han  des- 
cripto  el  proprio  sabor  de  cada  miembro 
humano,  ninguna  cosa  olvidando  hasta 
las  cortaduras  de  las  uñas ,  como  si  juz- 
gassen  que  sea  ó  paiezca  sanidad  tornar- 
se de  hombre  fiera  é  diíjno  de  enferme- 


i     Pli.,  üb.  Vil,  cap.  2. 
2     Abul.,iib.  III,  cap.  Í68. 


3     Pli.,  üb.  XXVlIl,  cap.  1. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  IX. 


193 


dad  é  no  de  gragia  de  medicina :  lo  qual 
no  se  hace  sin  gran  degepgion  ó  engaño, 
si  no  aprovecha.  Es  esgelarada  ó  malva- 
da cosa  mirar  solamente  las  interiores  del 
hombre,  luego  ¿quánto  mas  será  comer- 
las?» Todo  lo  susodicho  es  de  PUnio  en 
el  lugar  alegado ,  y  caso  que  dixesse  de 
suso  chupar  el  ánima  con  la  sangre ,  vis- 
to es  que  la  ánima  no  se  puede  chupar  é' 
es  inmortal,  é  PUnio  no  lo  ignoraba.  Pe- 
ro como  hombre ,  á  quien  no  satisfagia, 
ni  agradó  talmedegina,  dige  que,  pues  es 
maldad  mirar  las  interiores  partes  del 
hombre,  que  será  mucho  mas,  sin  com- 
paración,  comerlas. 

Y  donde  tracta  lo  que  es  dicho,  toca 
otras  cosas  muchas  á  este  propóssito ,  en 
que  no  me  quiero  detener,  ni  aqui  lo  di- 
xera,  sino  para  que  se  entienda  que  no 
solamente  los  indios  son  los  cul¡¡ados  en 
esta  culpa;  y  lo  que  tocare  á  ello,  yo  lo 
diré  mas  largamente  en  la  segunda  parte 
y  tergera  desta  Historia  natural  de  Indias  y 
assi  quando  se  tráete  de  Nicaragua  é  Na- 
grando ,  é  de  la  Nueva  España ,  como  de 
otras  provincias ,  donde  tal  crimen  se  ha 
exergitado.  Solamente  lo  truxe  aqui  para 
complir  con  el  título  deste  sexto  libro  de 
los  depósitos  ó  diversas  materias ;  porque 
no  le  falte  aquesta,  que  tan  diversa  é  apar- 
tada es  de  todas ,  y  muy  usada  entre  los 
indios  caribes,  é  los  que  lis  man  choro- 
tegas,  y  otras  nasgiones  destas  gentes  sal- 
vages  é  crudos.  E  no  sin  causa  permite 
Dios  que  sean  destruydos ;  é  sin  dubda 
tengo  que  por  la  moltitud  de  sus  delictos 
los  ha  Dios  de  acabar  muy  presto ,  si  no 
toman  el  camino  de  la  verdad ,  y  se  con- 
vierten; porque  son  gente  cruel,  y  apro- 
vecha poco  con  ellos  castigo,  ni  halago, 
ni  buena  amonestación.  Son  sin  piedad, 
é  no  tienen  vergüenza  de  cosa  alguna: 
son  de  péssimos  desseos  é  obras,  é  de 
ninguna  buena  inclinación.  Bien  podria 


Dios  enmendarlos;  pero  ellos  ningún  cui- 
dado tienen  de  se  lo  suplicar ,  ni  de  se 
corregir  ni  enmendar  para  su  salvagion. 
Podrá  muy  bien  ser  que  los  que  dellos 
mueren  niños,  se  vayan  á  la  gloria,  si  fue- 
ren baptizados ;  pero  después  que  entran 
en  la  edad  adolescente  muy  pocos  des- 
sean  ser  chripstianos ,  aunque  se  bapti- 
zen ;  porque  les  pare=ce  que  es  trabajosa 
orden ,  y  ellos  tienen  poca  memoria  é  assi 
quassi  ninguna  atención  en  lo  que  les  con- 
viene, é  quanto  les  enseñan ,  luego  ó  muy 
presto  se  les  olvida.  Bien  puedo  decir  yo 
y  otros  aquesto :  que  los  avemos  criado 
á  algunos  destos  desde  niños,  é  cómo 
llegan  á  edad  de  conoscer  mugeres,  ó 
ellas  conoscen  á  ellos  carnalmente,  dán- 
se  tanto  á  tal  vicio,  que  ningún  bien,  ni 
otra  cosa  tienen  en  tanto  prescio ,  como 
este  pecado  de  su  libídine,  é  usar  de 
crueldad ;  é  assi  los  va  pagando  Dios, 
conforme  á  sus  méritos. 

¿Mas  qué  diremos  que  en  el  medio  del 
mundo,  ó  lo  mejor  del  que  es  ItaHa  y 
en  Secilia,  fueron  los  que  llamaron -cí- 
coples  y  los  lestrigones?  Y  también  de  la 
otra  parte  del  Alpe  se  sacrificaban  hom- 
bres, segund  Phnio  escribe  *;  y  en  Fran- 
cia ovo  tal  costumbre,  é  Tiberio,  empe- 
rador, se  la  quitó,  como  el  mesmo  auc- 
tor  lo  acuerda.  Y  no  menos  culpados 
fueron  en  esto  los  ingleses ;  y  porque  no 
puedan  decir  los  unos  ni  los  otros  que 
yo  se  lo  levanto ,  quiero  decirles  las  pa- 
labras puntuales  que  escribe  Plinio ,  ha- 
blando en  el  arte  mágica,  y  en  estos  dia- 
bólicos sacrificios :  «En  el  año  de  septe- 
Cientos  é  cinqüenta  é  siete  después  de  la 
edificación  de  Roma,  en  el  consulado  de 
Cornelio  Léntulo  y  de  Publio  Licinio 
Crasso ,  fue  hecha  una  deliberación  en  el 
Senado,  en  que  se  mandó  que  ningún 
hombre  fuesse  sacrificado ,  é  por  un  cier- 
to tiempo  no  se  celebró  abiertamente  tan 


TOMO  I. 


i    Pli.,  lib.  VII,  cap.  2, 


25 


194 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


prodigioso  sacrificio  ;  mas  en  Frangia  se 
sacrificaba  hasta  nuestro  tiempo  (que  fue 
hasta  el  tiempo  de  Plinio).  Empero  Tibe- 
rio ^ésar  quitó  esta  generagion  de  ade- 
viuos  é  médicos ;  pero  ¿qué  diré  yo  que 
aquesta  arte  passó  el  mar  Ogéano  é  llegó 
á  Inglatecra  é  alli  Xue  gelebrada  con  tan- 
ta gerimonia,  que  paresgia  que  los  in- 
gleses lo  avian  enseñado  á  los  de  Per- 
sia?  etc.  *»  Esto  que  he  dicho  dige  Pli- 


nio ,  y  no  yo  ni  otro  ,  de  quien  frangeses 
ni  ingleses  sospechen  que  les  levantan 
esta  mala  é  infernal  costumbre  que  en 
algún  tiempo  sus  antepasados  usaron. 

Passemos  á  las  otras  cosas  de  nuestra 
Historia  General  de  Indias :  que  quando 
sea  tiempo,  mas  puntualmente  se  dirá 
desta  materia  en  las  provingias  que  en 
tal  delicio  han  partigipado ,  é  se  usó  ó 
usa  tamaño  crimen. 


CAPITULO  X, 

Que  Irada  de  la  diversa  costumbre  que  en  estas  parles  tienen  los  gallos  é  los  capones  en  el  cantar  é  tomar 
las  gallinas ,  é  assi  incsmo  los  gatos  en  sus  ayuntamientos ,  lo  qual  no  es  como  lo  usan  en  Europa,  etc. 


JLiOS  gallos  en  España  é  otras  partes  mu- 
chas de  los  chripstianos  (é  aun  assi  pien- 
so yo  que  en  Europa  toda  y  en  la  mayor 
parte  de  lo  que  se  sabe)  cantan  á  media 
noche  y  quando  quiere  amanesger ,  é  aun 
algunos  é  los  mejores  cantan  tres  veges  ó 
en  tres  partes  de  la  noche ;  conviene  á 
saber :  la  primera  después  que  es  de  no- 
che dos  ó  tres  horas,  é  la  segunda  pun- 
tualmente á  media  noche ,  y  la  tercera  é 
última  vez  cantan  un  quarto  de  hora  an- 
tes de  la  aurora ,  ó  que  quiera  amanes- 
ger. Esto  es  muy  común  á  quantos  quisie- 
ren mirar  en  ello.  En  estas  nuestras  In- 
dias hagen  su  ofigio  ó  cantar  de  otra  ma- 
nera ;   porque  algunos  dellos  cantan  á 
prima  noche,  ó  dos  horas  después  de 
anochesgido,  y  otra  hora  antes  que  ama- 
nezca ,  ó  sea  de  dia ;  pero  nunca  á  me- 
dia noche.  Otros  cantan  á  la  primera 
guarda  ó  vigilia,  é  no  cantan  mas  en  al- 
gún otro  tiempo  de  la  noche ,  hasta  que 
otro  dia  se  pasa,  é  tornan  á  cantar  á 
aquella  misma  hora  que  suelen.  Por  ma- 
nera que ,  como  tengo  dicho ,  unos  can- 
tan la  primera  é  última  vez  ó  una  dellas, 
é  nunca  jamás  á  media  noche,  é  los  mas, 


por  la  mayor  parte ,  acá  cantan  hora  é 
media  ó  dos  antes  que  el  sol  salga  ó  pa- 
rezca en  el  horigonte;  é  otros,  ó  los  mas, 
algo  mas  gerca  del  dia,  é  no  lo  dexan  ni 
gessan  de  cantar  de  rato  en  rato  ,  hasta 
que  el  sol  es  salido  é  levantado  sobre  el 
horigonte  mas  de  una  langa,  al  paresger. 
Los  capones  acá  tienen  la  misma  orden 
que  los  gallos  en  el  cantar ;  é  aunque  los 
capen ,  no  dexan  la  mayor  parte  dellos 
de  cantar,  como  si  no  los  caponaran, 
aunque  su  canto  no  es  tan  regio  ni  claro 
como  el  del  gallo.  E  demás  desto  ,  no 
dexan ,  porque  les  falten  los  granos ,  de 
tomar  las  gallinas ,  como  el  gallo  ;  y  sin 
aver  gallo  visto  las  gallinas ,  ponen  hue- 
vos, de  la  conversagion  ó  compañía  de 
los  capones.  Esto  se  ve  en  esta  tierra,  y 
yo  lo  quise  experimentar  en  esta  forta- 
leza :  é  pollas  que  se  crian  sin  que  vean 
los  gallos,  teniéndolas  aparte  é  criándose 
con  los  capones ,  han  fecho  lo  mismo,  de 
la  manera  que  lo  tengo  dicho.  Mas  dí- 
genme  estas  mugeres  de  mi  casa  é  otras, 
á  quien  lo  he  preguntado ,  que  los  tales 
huevos  no  valen  nada  para  echar  las  ga- 
llinas, ni  sacan  pollos  con  ellos. 


\    Plin.  ,lib.  XXX,  cap.  I. 


DE  INDIAS.  LIB.  IV.  CAP.  X. 


19íi 


Quañto  á  los  gatos ,  digo  que  en  Espa- 
ña é  Frangía ,  é  Italia ,  é  Segilia ,  é  todo 
lo  que  yo  he  visto  de  Europa  é  de  Áfri- 
ca ,  quando  ellos  andan  en  gelo  é  los  lla- 
ma la  natural  inclinagion  para  sus  ayun- 
tamientos ,  es  en  el  mes  de  hebrero  por 
la  mayor  parte ,  ó  quinge  dias  antes  ó 
después  del  tal  mes ;  y  en  todo  el  otro 
tiempo  del  año  están  apartados  de  luxu- 
ria,  y  no  se  toman ,  ni  por  pensamiento, 
ó  muy  rarísimas  veges  se  podría  ver  otra 
cosa.  En  estas  Indias  guardan  los  gatos 
otra  costumbre  :  la  qual  es  obrar  en  to- 
dos los  meses  y  tiempos  del  año ,  y  es 
con  menos  voges  é  gritos  que  en  Europa: 
antes  por  la  mayor  parte  callando  ,  y  no 
enojando  los  oydos  de  los  vegínos ,  han 
sus  ayuntamientos.  Por  gierto  (para  mí  á 
lo  menos),  quando  estudiaba  de  noche, 
ó  por  mi  recreagion  leia  en  España ,  mu- 
cho aborresgimiento  y  enojo  me  daban 
los  gatos ,  al  tiempo  de  sus  pendengias  ó 


amores;  pero  acá,  como  he  dicho,  or- 
dinarios les  son  todos  los  meses  y  tiem- 
pos para  sus  ayuntamientos,  é  sin  gritos 
ni  voges.  Y  asi  se  han  multiplicado  mu- 
cha cantidad  dellos  y  se  han  ido  al  mon- 
te, ó  por  esos  arcabucos  ó  boscajes,  y  se 
han  hecho  salvajes;  porque  hallan  mu- 
chos ratones  é  lagartijas  que  comer  y  en 
que  se  geben;  y  assi  olvidan  las  casas  é 
nunca  vuelven  á  ellas.  E  lo  mismo  han 
hecho  los  perros.,  de  los  quales  hay  tan- 
tos en  esta  isla ,  que  hagen  mucho  daño 
en  el  ganado.  Pero  la  experiengia  ha 
mostrado  el  remedio  que  aquesto  tiene, 
y  es  que  después  que  el  gato  ó  el  perro 
son  de  tres  ó  quatro  meses  é  antes ,  cor- 
tantes las  orejas,  y  sosiegan  en  casa,  por- 
que si  salen  al  campo,  éntraseles  el  rogío 
de  las  hiervas  y  el  agua  en  las  orejas ,  ó 
lloviendo,  é  ésles  mucho  sinsabor;  é  assi 
acójense  á  lo  cubierto,  é  no  se  van  al 
monte. 


CAPITULO  XI. 

De  un  monstruo  que  ovo  en  esta  Isla  Española  en  el  tiempo  que  se  escrebia  en  limpio  esta  Historia  Na- 
tural, de  dos  niñas  que  nascieron  juntamente  pegadas,  en  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo;  é  cómo  fue. 
ron  abiertas ,  para  ver  si  eran  dos  ánimas  é  dos  cuerpos  ó  uno. 


JLl  Antonio  Sancto ,  argobispo  de  Flo- 
rengia ,  en  la  tergera  parte  de  su  histo- 
ria ,  describiendo  el  año  de  mili  é  tres- 
gientos  é  catorge ,  dige  que  aquel  año  en 
el  territorio  del  valle  de  Amo ,  nasgió  un 
muchacho  con  dos  cabegas,  y  fué  lleva- 
do á  Florengia  á  Sancta  María  de  la  Es- 
cala ,  y  que  á  cabo  de  veynte  dias  mu- 
rió *.  De  lo  qual  yo  comprendo  que 
pues  á  aqueste  sancto  varón  (é  por  tal 
canonigado,  é  puesto  en  nuestros  tiem- 
pos en  el  cathálogo  de  los  sanctos)  le 
paresgió  que  con  las  otras  sus  historias 
era  bien  hager  mengion  de  lo  que  en  su 


tiempo  acaesgió ,  que  no  será  fuera  de 
mi  propóssito  y  Natural  y  general  historia 
de  Indias  hager  mengion  yo  de  otro 
monstruo  que  en  ellas  se  vido,  en  el  tiem- 
po que  yo  escrebia  estas  materias ;  pues 
que  lo  vi ,  y  es  cosa  muy  notable  é  dig- 
na de  ser  sabida  en  el  mundo ,  porque 
una  obra  de  natura,  y  que  raras  veges 
acaesge,  no  quede  en  olvido.  En  espe- 
gial  que  del  nuevo  monstruo  que  yo  aqui 
escribo ,  se  deben  alegrar  los  que  lo  vie- 
ron ,  y  los  que  aquesto  leyeren  en  que- 
dar gertificados  que  subieron  dos  ánimas 
al  gielo  á  poblar  aquellas  sillas  que  per- 


i    El  Ant.  de  Floren9¡a ,  lib.  III ,   §  7,  en  la        tercera  parle  de  su  hist. 


196 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


dio  LuQÍfer  y  sus  secages.  Pues  dos  ni- 
ñas que  juntas  nasQieron ,  resgibieron  el 
sacramento  del  baptismo ,  conforme  á  la 
Iglesia,  é  vivieron  ocho  dias  naturales, 
de  tal  forma  compuestas ,  sin  fealdad  ó 
defecto  asqueroso  de  los  que  natura  sue- 
le mostrar  en  los  monstruos  humanos, 
dexaron  grand  admiragion  á  quantos  las 
vimos.  Allende  dé  lo  qual  eran  tan  bien 
proporgionadas  estas  criaturas,  que  cada 
una  dellas  fuera  muger  hermosa,  vi- 
viendo, si  no  estuvieran  assi  juntas. 

Viniendo  á  particularigar  el  caso ,  di- 
go que  en  esta  cibdad  de  Sancto  Domin- 
go de  la  Isla  Española ,  jueves  en  la  no- 
che, diez  dias  de  julio  de  millé  quinien- 
tos é  treynta  é  tres  años,  Melchiora, 
muger  de  Johan  López  Ballestero ,  vegi- 
no  desta  cibdad,  naturales  de  Sevilla, 
parió  dos  hijas  juntas,  pegadas  la  una  con 
la  otra,  de  la  manera  que  adelante  diré: 
las  quales  luego  otro  dia  siguiente  por  la 
mañana  yo  las  vi,  juntamente  con  la  jus- 
iigia  é  algunos  regidores,  é  otras  perso- 
nas pringipales ,  y  muchos  veginos  nues- 
tros y  otros  forasteros  y  estantes  en  esta 
cibdad,  é  algunos  religiosos  é  personas 
sgientes.  Y  estando  la  madre  en  la  cama, 
presente  su  marido ,  á  contemplagion  de 
los  que  he  dicho ,  desenvolvieron  aque- 
llas criaturas ;  y  desnudas,  vi  que  estaban 
desde  el  ombligo  arriba  pegadas  por  ios 
pechos  hasta  poco  antes  de  las  tetas;  de 
forma  que  ambas  tenian  una  vid ,  ú  om- 
bligo común  y  solo  para  las  dos.  Y  de 
alli  arriba  pegadas  las  personas  hasta  los 
estómagos  ó  poco  mas  alto ;  pero  des- 
tintas las  tetas ,  é  los  pechos  é  todo  lo 
demás  de  ahy  arriba ,  con  cada  dos  bra- 
gos  é  sendos  pesqüegos  é  cabegas  gra- 
giosas  y  de  buenos  gestos.  E  del  ombli- 
go abaxo  estaban  separadas  cada  una  por 
sí ;  pero  este  ayuntameiento  no  era  de 
derecho  en  derecho,  sino  algo  ladeado, 
como  adelante  diré.  Cómo  las  ovieron 
desenvuelto  é  quitado  de  las  faxas,  co- 


mengaron  ambas  á  llorar,  y  después 
quando  las  cubrieron ,  calló  la  una ,  y  la 
otra  todavia  lloró  un  buen  espagio.  De- 
gia  su  padre  que,  assi  como  nasgieron, 
las  avia  hecho  baptizar  á  un  clérigo ,  y 
que  á  la  una  llamaron  Johana  é  á  la  otra 
Melchiora;  é  á  cautela  dixo  el  clérigo, 
baptigada  la  una  (quando  baptizó  la  otra): 
«Si  no  eres  baptizada,  yo  te  baptizo.» 
Porque  él  no  se  supo  determinar  si  eran 
dos  personas  é  ánimas,  ó  una. 

Siguióse  después  á  los  diez  é  ocho 
dias  del  mes  é  año  ya  dichos ,  que  á  cau- 
sa que  la  noche  antes  estas  niñas  ó 
monstruo  estaban  muertas ,  sus  padres 
vinieron  en  consentimiento  de  las  abrir; 
y  puestas  en  una  mesa,  el  bachiller  Johan 
Gamacho,  óptimo  girujano,  en  presen- 
gia  de  los  doctores  de  medigina,  Her- 
nando de  Sepúlveda  é  Rodrigo  Navarro, 
las  abrió  con  una  navaja  por  á  par  del 
ombligo ,  é  les  sacó  todas  las  iateriores; 
é  tenian  todas  aquellas  cosas  que  en  dos 
cuerpos  humanos  suele  aver ,  conviene  á 
saber:  dos  asaduras,  é  sus  tripas  des- 
tintas é  apartadas,  é  cada  desriñones,  é 
dos  pulmones,  é  sendos  coragones,  é 
hígados,  é  en  cada  uno  una  hiél,  ex- 
gepto  que  el  hígado  de  la  una  é  de  la 
otra  estaban  juntos  y  pegados  el  uno  al 
otro ;  pero  una  señal  ó  línia  entre  ambos 
hígados,  en  que  claramente  se  paresgia 
lo  que  pertenesgia  á  cada  una  parte.  E 
assi  abiertas  estas  criaturas,  paresgió 
que  el  ombligo  ó  vid  que  en  lo  exterior 
era  uno  al  paresger,  que  en  lo  interior  é 
parte  de  dentro  se  dividía  en  dos  caños 
ó  vides ,  é  cada  una  dellas  yba  á  su  cuer- 
po é  criatura ,  á  quien  pertanesgia ,  aun- 
que por  defuera ,  como  he  dicho ,  pares- 
giesse  uno  solo. 

E  desde  la  dicha  vid  para  abaxo  estaban 
estas  niñas  distintas,  é  apartadas  una  de 
otra  por  sí ,  en  vientres  y  caderas  é  pier- 
nas é  todo  lo  demás  que  puede  tener 
una  muger  tan  perfectamente ,  como  si 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  XI. 


lo- 


cada una  estoviera  por  sí  suelta  y  sepa- 
rada. Y  desde  la  vid  ó  ombligo  para 
arriba  estaban  pegadas  las  personas  has- 
ta la  boca  del  estómago  ó  poca  cosa 
mas ;  é  cada  una  tenia  dos  tetas ,  é  la 
mayor  de  las  niñas  tenia  por  el  costado 
derecho  mas  pegada  la  persona  que  por 
el  siniestro  á  la  otra  niña.  Assi  que,  la 
parte  derecha  de  la  mayor  con  la  sinies- 
tra de  la  menor  estaban  mas  allegadas  é 
juntas  que  por  la  otra  parte  ó  costados; 
mas  muy  distintas  y  enteras  conosgida- 
mente  cada  una  por  sí.  Y  en  lo  demás 
y  desde  donde  las  costillas  se  juntan  so- 
bre la  boca  del  estómago  para  arriba, 
estaban  asidas  hasta  medio  pecho ,  é  lo 
demás  suelto  é  apartado  é  destintos  sus 
pechos  y  bragos  é  cuellos  é  caberas,  sin 
faltar  en  las  manos  é  pies  ningún  dedo, 
ni  uña ,  ni  otra  parte  particularidad  al- 
guna á  ninguna  destas  criaturas.  Pre- 
guntando al  padre  desta  monstruosidad 
á  qué  hora  avian  fallesgido  sus  hijas,  dixo 
que  la  noche  antes  á  media  hora  antes 
que  anochesgiesse  avia  expirado  la  ma- 
yor, é  que  desde  á  una  pequeña  hora  ex- 
piró la  otra ,  y  que  otro  tanto  tiempo  an- 
tes avia  nasgido ,  y  mostrádosse  primero 
la  mayor  antes  que  la  segunda  nasgies- 
se.  De  forma  que  tanto  vivió  en  esta  vi- 
da, fuera  del  vientre,  la  una  como  la  otra: 
é  todo  lo  que  vivieron  fueron  ocho  dias 


naturales  de  la  forma  que  es  dicho.  Fué 
preguntado  si  estas  criaturas  en  el  tiem- 
po que  vivieron ,  si  mostraban  alguna  di- 
ferencia en  el  alimentarsse ,  y  en  los  otros 
sentimientos  é  obras :  dixo  que  algunas 
veges  la  una  lloraba  y  la  otra  callaba;  é 
aquesto  yo  lo  vi,  quando  la  pVimera  vez 
á  mí  é  á  otros  muchos  se  enseñaron  ó 
las  vimos,  como  he  dicho  de  suso.  E  di- 
xo mas:  que  algunas  veges  dormia  la  una 
y  la  otra  estaba  despierta,  y  que  quando 
la  una  purgaba  por  baxo  ó  hagia  orina, 
que  la  otra  no  lo  hagia ,  y  que  también 
acaesgia  hager  lo  uno  y  lo  otro  en  un 
tiempo  ambas  criaturas,  é  á  veges  se  an- 
tigipaba  la  una  de  la  otra.  Por  manera 
que  muy  claramente  se  conosgia  ser  dos 
personas  é  aver  alli  dos  ánimas  é  di- 
verssos  sentidos,  aunque  no  las  abrieran; 
pero  después  se  verificó  mas,  seyendo 
abiertas.  E  assi  la  una  con  nombre  de 
Johana  é  la  otra  de  Melchiora ,  passaron 
desta  vida  á  la  gloria  gelestial ,  donde 
plega  á  Nuestro  Señor  que  las  veamos. 
Yo  las  vi,  como  he  dicho  vivas,  é  las  vi 
abrir  después  de  muertas :  é  paresgeme 
que  es  muy  mayor  notable  ó  admiragion  é 
caso  menos  veges  visto ,  ni  oydo  que  el 
que  se  tocó  de  suso  que  escribe  el  Anto- 
nio de  Florengia,  y  lo  uno  y  lo  otro  para 
dar  gragias  á  Nuestro  Señor  é  notificarsse 
á  los  presentes  y  porvenir. 


CAPITULO  XII. 

De  algunas  fuentes  en  general ,  y  de  una  en  especial ,  que  está  en  la  mar ,  al  poniente  desta  isla ,  ^erca  de 

la  isla  de  la  Navaja. 

hjn  esta  materia  de  las  fuentes  é  lagos  aquel  tractado  de  sus  Ethmologias,  De  di- 

é  rios  hay  mucho  que  degir ,  y  por  mu-  versitale  aquarum  * ;    é  bien  pudiera  yo 

cho  que  yo  escriba  no  será  tanto  como  lo  hager  un  libro  distinto ,  é  no  fuera  el  mas 

que  escribió  Plinio  en  el  segundo  libro  de  breve  de  los  desta  mi  Natural  y  general 

su  Historia   natural  * ,  ó   el  Isidoro  en  Historia  de  las  Indias ,  ni  de  menos  admi- 


1    Plin. ,  lib.  II,  cap.  2. 


2    Isid.,Ub.  XIII,  cap.  13. 


Í9S 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


ragioQ  que  otros.  Mas  cómo  en  las  par- 
tes é  provingias  ó  islas  del  discurso  destas 
historias,  yo  he  escripto  algunas  cosas  en 
particulares  lugares  destas  fuentes  ,  é  ha- 
ré lo  mesmo  en  la  segunda  é  tergera  par- 
te ,  quando  se  tráete  de  la  Tierra-Firme, 
no  hay  nesgessidad  de  libro  particular 
para  solo  este  efocto.  En  el  libro  II,  ca- 
pítulo IX,  escribo  de  aquella  fuente  é 
árbol  maravilloso  de  la  isla  del  Fierro, 
que  es  una  de  las  de  Canaria ,  y  en  el  li- 
bro XVII ,  capítulo  VIH ,  escribo  de  una 
fuente  de  betún  que  hay  en  la  isla  de  Cu- 
ba ó  Fernandina ,  y  en  el  libro  XIX,  ca- 
pítulo II ,  escribo  de  otra  fuente  de  betún 
ó  cierto  licor  que  hay  en  la  isla  de  Cu- 
bagua ,  ó  isla  de  las  perlas ,  que  cada  una 
destas  fuentes  en  su  espegie  é  manera 
son  maravillosas  y  muy  notables.  Agora 
diré  de  otra  fuente  que  está  en  la  mar, 
cerca  de  la  isla  Navaca ,  al  poniente  des- 
ta  Isla  Española ,  la  qual  novedad  cabe  é 
quadra  muy  bien  con  el  título  deste  sexto 
libro  de  los  depósitos.  Esta  isla  Navaga 
es  una  isla  despoblada  é  pequeña ,  é  está 
en  el  camino  é  mar  que  hay  entre  aques- 
ta Isla  Española  é  la  de  Jamáyca  ( alias 
Sanctiago ) ,  é  á  doge  leguas  de  la  una  é 
de  la  otra ,  poco  mas  ó  menos :  la  qual 
dista  de  la  línia  equinogial  algo  menos  de 
diez  é  ocho  grados  y  medio.  A  media  le- 
gua desta  isla  Navaga  dentro  en  la  mar, 
hay  giertos  baxos ,  é  allí  en  ellos ,  deba- 
xo  del  agua  de  la  mar ,  viéndose  á  ojo 
las  piedras  y  el  suelo,  entre  aquellas  pe- 
ñas bien  un  estado  de  hondo  en  el  agua 


salada ,  se  levanta  engima  del  agua  de  la 
mar  un  golpe  ó  caño  de  agua  dulge  de 
muy  buena  agua  (lo  qual  es  cosa  mucho 
de  ver  y  de  maravillar,  y  de  las  raríssi- 
mas  obras  de  la  natura);  y  es  mas  gruesso 
aquel  caño  ó  golpe  de  agua  que  el  brago 
de  un  hombre ,  y  levántasse  tanto  esta 
agua  dulge  sobre  la  otra  agua  salada ,  que 
se  puede  muy  bien  coger  la  dulge.  Yo  no 
la  he  visto;  mas  quando  esto  escribí,  es- 
taba en  esta  cibdad  un  cibdadano  honra- 
do, nuestro  vegino ,  hombre  de  crédito  é 
antiguo,  que  se  llamaba  Esteban  de  la 
Roca,  que  testificó  averia  visto  é  estado 
á  par  della ,  é  bebido  de  la  mesraa  agua; 
y  fué  uno  de  los  hombres  á  quien  en  es- 
tas partes  se  daba  mucho  crédito  ,  el  qual 
passó  desta  vida  después  que  la  primera 
vez  se  imprimió  esta  primera  parte  desta 
Natural  Historia  de  Indias.  Y  después  en 
el  año  que  passó  de  mili  é  quinientos  é 
quarenta  y  uno  fui  informado  de  muchas 
fuentes  semejantes  (ó  quassi)  á  esta  de  la 
Navaga ,  que  se  levantan  é  surgen  é  es- 
tán dentro  de  la  mar,  é  la  horadan  é sa- 
len fuera  sobre  el  agua  salada  á  borbo- 
llones ,  como  mas  largamente  podrá  el 
letor  verlo  en  el  tractado  particular  que 
habla  de  las  cosas  de  la  gobernagion  é 
provingias  de  Yucatán,  en  el  lib.  XXXII, 
cap.  II:  que  son  cosas  muy  notables  lo 
que  dexo  de  degir  aqui ,  pues  que  des- 
tas  fuentes  é  de  las  otras  que  de  su- 
so se  apuntaron  está  adelante  mas  par- 
ticular relagion ,  en  sus  proprios  nasgi- 
mientos. 


CAPITULO  XIII. 

De  una  fuente  caliente  que  passa  debaxo  de  un  rio  dulce  é  frió  en  la  isla  Dominica :  la  qual  el  auctor  ha 
experimentado,  é  estado  dos  veces  alli ,  donde  vido  lo  que  en  este  capítulo  di9e. 


JL  ues  se  ha  movido  la  materia,  quiero  ble  é  puédese  tocar,  la  qual  está  en  la 

traer  á  la  memoria  del  letor  otra  fuente,  isla  Dominica ;  y  esto  no  lo  testificaré  por 

sobre  que  muchos  hombres  suelen  passar  otro  auctor  alguno,  sino  por  la  experien- 

é  pissarla  sin  la  ver.  Assi  que,  es  invisi-  gia  mia  propria ,  lo  qual  es  desta  mane- 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  XIII. 


199 


ra.  Dicho  tengo  en  otras  partes  que  la 
isla  Dominica  es  una  de  las  islas  de  los 
indios  caribes ,  la  qual  dista  de  la  equi- 
nogial  catorge  grados  desta  parte  de  la 
línia  hágia  nuestro  polo  ártico ,  y  en  la 
parte  del  poniente  della  tiene  una  bahia 
buena  y  un  muy  buen  rio  que  llaman  el 
Aguada,  donde  los  mas  navios  que  á  esta 
Isla  Española  vienen  de  Castilla,  quando 
alli  tocan,  toman  aguas;  mas  muy  sobre 
aviso  é  con  las  armas  en  la  mano,  por  los 
indios  bravos  caribes  que  en  aquella  isla 
hay.  Yo  estuve  en  tierra  dos  dias  y  me- 
dio é  dormí  dos  noches  á  par  deste  rio 
que  digo ,  el  año  de  mili  é  quinientos  é 
catorge ,  quando  tocó  alli  el  armada,  con 
que  el  gobernador  Pedradas  Dávila  con 
dos  mili  hombres  ó  mas,  passó  á  la  Tierra- 
Firme:  después  de  lo  qual,  el  año  de  mili 
é  quinientos  é  veynte  é  seys,  estuve  otra 
vez  en  el  mismo  puerto ,  é  salí  en  tierra 
é  estuve  quassi  un  dia  entero  á  par  del 
mismo  puerto  en  este  rio  del  Aguada, 
quando  passó  á  Tierra-Firme  el  goberna- 
dor Pedro  de  los  Ríos ,  subgessor  que  fué 
de  Pedrarias  en  la  gobernagion  de  Castilla 
del  Oro ;  y  ambas  veges  vi  y  experimen- 
té loque  agora  diré.  Este  rio,  alli  donde 
entra  en  la  mar,  será  de  veynte  passos  de 
ancho ,  poco  mas  ó  menos ,  y  en  lo  mas 
hondo  del ,  que  es  alli  á  la  boca ,  no  lle- 
ga á  los  sobacos  (donde  es  mas  hondo); 
é  junto  á  la  costa  ó  tierra  á  la  parte  del 
norte  está  tan  caliente  debaxo  del  agua, 
que  baxando  la  mano  é  tomando  un  puño 
de  arena,  paresge  que  toma  hombre  otro 
tanto  rescoldo  ó  geniza  muy  engendida, 
quassi  á  no  se  poder  sufrir.  Eassi  está  el 
agua  muy  caliente  alli  debaxo  hasta  un 
palmo  ó  poco  mas  sobre  la  arena ;  y  la 


otra  agua  que  el  rio  trae  por  desuso  es 
fresca  é  buena ,  é  tan  gentil  agua  de  be- 
ber, como  la  hay  en  todas  estas  Indias. 
Por  manera  que  alli  debe  responder  al- 
gún arroyo  ó  caño  de  agua  caliente :  lo 
qual  yo  creo  bien,  porque  hasta  tresgien- 
tos  pasos  ó  menos  de  alli  apartado ,  en  la 
misma  costa  de  la  mar  é  hágia  la  banda 
aparte  que  he  dicho  del  norte,  está  un 
arroyo  caliente  que  no  se  puede  beber;  é 
gerca  de  aquel  un  estaño  ó  lago  tan  vuel- 
to é  turbio  que  paresge  de  color  de  una 
lexia  amarilla :  é  debe  ser  todo  aquello 
mineros  de  agufre  é  ageche ,  de  que  se 
puede  sospechar  que  progeden  todas  aque- 
llas aguas  calientes.  Yo  probé  á  meter 
una  calabaza  debaxo  de  aquel  rio  frió, 
bien  tapada  é  la  destapé  alU  debaxo  don- 
de se  séntia  que  estaba  aquel  calor  é  are* 
na  caliente  é  tomé  en  ella  alguna  de  aque- 
lla agua,  y  la  tapé  allá  abaxo  porque  al 
subir  no  se  mezclasse  con  ¡a  fria ,  é  salió 
tan  caliente  que  no  se  podia  quassi  sofrir 
en  la  boca.  E  púdose  muy  bien  experi- 
mentar lo  que  he  dicho,  porque  alli  do 
esto  hay ,  es  orilla  del  rio ,  y  donde  está 
no  mas  honda  el  agua  que  poco  mas  de 
hasta  la  rodilla .  Este  rio  es  de  oro ,  é  yo 
lo  he  catado ,  quando  la  última  vez  en 
él  estuve ,  é  vi  giertas  puntas  de  oro ,  y 
se  cree  que  debe  ser  muy  rico.  Es  de 
gente  que  no  está  conquistada  y  es  tierra 
muy  áspera  la  de  aquella  isla ,  é  muy  gor- 
rada de  árboles  y  palmares  en  lo  que  de- 
lla he  yo  visto  á  la  costa  de  lá  mar,  y 
quanto  della  se  paresge ;  mas  como  ten- 
go dicho,  destas  materias  de  las  fuentes 
se  dirá  mucho  mas  en  los  libros  é  partes 
donde  se  escriban  las  cosas  de  la  Tierra- 
Firme. 


200 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  XIV. 


De  olro  depóssilo  ó  notable  quel  auctor  pone  aquí  en  este  libro  Vi,  por  ser  cosa  no  usada  ni  vista  en 
otra  parle,  sino  en  una  isla  pequeña  é  muy  junta  á  la  tierra  de  Gilolo  en  la  Especiería,  hasta  que  ven- 
ga su  tiempo  de  hablar  y  escrebir  lo  de  aquellas  partes  :  en  la  qual  isleta  no  hay  almendros  algunos,  é 
se  hallan  innumerables  almendras,  sin  que  las  lleven  alli  ningún  hombre  humano,  ni  navio  por  in- 
dustria de  las  gentes  :  lo  qual  es  de  aquesta  manera. 


rJLay  una  isleta  en  la  Espegieria,  gerca 
de  Gilolo,  metida  enlamar,  yes  peque- 
ña é  de  muchas  arboledas  de  las  que  na- 
tura produge ;  mas  ningún  almendro  hay 
en  ella  ni  otia  fructa  útil  jal  uso  de  los 
hombres ,  ni  alli  la  llevan  por  mar  algu- 
nos navios.  Y  sobre  no  a  ver,  como  di- 
go ,  almendros ,  se  pueden  coger  almen- 
dras á  hanegas  ó  costales  llenos.  Y  lo  que 
es  mas  de  maravillar  es  que  si  hoy  las 
cogen  todas,  mañana,  digo  otro  siguien- 
te dia,  hallan  muchas  mas.  E  son  inago- 
tables en  el  tiempo  que  tal  fructa  hay 
en  las  otras  partes,  donde  nasgen  é  hay 
almendros.  Esto  podria  paresger  fábula 
compuesta  ó  cosa  tenida  por  imposible  y 
es  vista  por  nuestros  españoles;  é  sélo 
de  los  mismüs  que  han  estado  en  aque- 
llas partes ,  y  han  comido  muchas  veges 
de  las  mismas  almendras  en  la  misma  is- 
leta. La  qual  está  un  grado  é  algunos  mi- 
nutos de  la  línia  equinogial  á  esta  parte 
hágia  nuestro  polo  ártico ,  segund  fui  in- 
formado del  capitán  Andrés  de  Urdane- 
ta  ,  natural  de  Salvatierra ,  en  la  provin- 
gia  de  Guipuzqua ,  é  de  Martin  de  Islares, 
natural  de  la  villa  de  Laredo.  Estos  dos 
hidalgos  passaron  á  la  Espegieria  en  el 
armada  quel  Emperador,  nuestro  señor, 
envió  con  su  capitán  general ,  el  comen- 
dador Fray  Gargia  de  Loaysa ,  de  la  Or- 
den de  Sanct  Johan  de  Rodas ,  el  año  de 
mili  y  quinientos  é  veynte  é  ginco ;  y  es- 
tovieron  allá  algún  tiempo  é  son  perso- 
nas de  crédito  é  que  dan  muy  puntual  ra- 
zón de  lo  que  vieron ,  é  del  subgesso  de 


aquella  armada,  como  mas  largamente 
se  dirá  en  la  segunda  parte,  quando  se 
tráete  de  aquella  materia.  . 

Preguntándoles  yo  de  qué  manera  pas- 
saban  ó  yban  aquellas  almendras  á  aque- 
lla isleta  (pues  degian  que  en  ella  no 
nasgian ,  ni  avia  almendros  ni  otros  ár- 
boles que  tal  fructa  llevassen),  diéronme 
una  respuesta  que  se  dexa  creer  y  enten- 
der ;  é  que  en  España  se  vee  no  en  al- 
mendras, mas  en  bellotas  lo  que  quiere 
paresger  á  esto.  Y  es  que  innumerables 
palomas  torcagas  comen  aquellas  almen- 
dras quando  están  quajadas,  éengima  de 
la  cascara  tienen  aquella  otra  cubierta 
verde  é  digisten  con  la  calor  de  su  bu- 
che aquella  primera  cortega  verde,  é  no 
pueden  gastar  la  cascara  ques  dura :  é 
pássanse  de  noche  á  dormir  á  la  isleta 
grandíssimas  bandas  destas  palomas,  é 
tullen  ó  echan  por  baxo  esas  almendras, 
gastada ,  como  he  dicho ,  la  primera  cu- 
bierta ó  cortega.  E  cómo  son  tantas,  des- 
piden tanta  fructa  desta  que  traían  en  el 
papo ,  que  me  gertificaban  este  capitán  é 
el  Martin  de  Islares  que  á  costales  se  po- 
dían coger  estas  almendras  cada  dia.  Y 
preguntando  yo  si  eran  propriamente  al- 
mendras como  las  nuestras  de  España, 
me  replicaron  que  no  eran  verdaderas 
almendras ,  mas  que  tenian  mas  semejan- 
ga  con  ellas  que  con  otra  fructa  alguna 
de  las  de  Castilla  en  el  sabor  é  en  la  ma- 
nera de  la  cascara  é  durega  della ,  salvo 
que  son  muy  mayores.  E  assi  como  es 
passada  la  noche,  luego  en  esclaresgien- 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.   CAP.  XIV. 


201 


do ,  se  van  las  palomas  de  la  isleta  é  van 
á  se  pasger  á  la  tierra  grande  de  Gilolo; 


é  quando  el  sol  se  va  á  poner ,  se  vuel- 
ven á  dormir  á  la  isleta  que  es  dicho. 


CAPITULO   XV. 

De  una  ave  ó  páxaro  extremado  y  mucho  cosa  de  ver ,  quesle  capitán  Urdaneta,  de  quien  se  hizo  men- 
9Íon  en  el  capítulo  de  suso,  le  dio  al  chronisla  é  auctor  destas  historias,  del  qual  no  le  supo  el  nombre. 


JCiScribiendo  yo  en  limpio  estas  historias 
de  la  primera  parte  para  la  segunda  im- 
pression ,  se  siguió  que  aportó  á  esta  cib- 
dad  de  Sancto  Domingo ,  el  adelantado 
de  Guatimala ,  don  Pedro  de  Alvarado, 
en  compañia  del  qual  yban  el  capitán  An- 
drés de  Urdaneta  é  Martin  de  Islares; 
porque  segund  el  adelantado  degia,  pen- 
saba armar  aquel  mismo  año  en  la  mar 
del  sur,  para  la  China  é  otras  partes;  y 
estos  hidalgos ,  como  dixe  en  el  prege- 
dente  capítulo  ,  han  estado  algún  tiempo 
en  la  Espegieria ,  é  son  personas  de  buen 
entendimiento,  é  los  comuniqué  esos  dias 
que  en  esta  cibdad  estuvo  el  adelantado. 
Y  yo  holgué  mucho  del  conosgimiento  de 
tales  personas;  porque  este  capitán,  de- 
mas  de  entender  muy  bien  el  arte  de  la 
mar  é  las  alturas ,  hablaba  bien ;  y  como 
sabio,  daba  á  entender  qué  cosas  son 
aquellas  tierras  é  islas  é  Espegieria  é  lo 
que  vido  en  aquellos  años  ó  tiempo  que 
por  allá  anduvo.  E  sin  dubda  de  su  ex- 
periengia  é  persona  se  cree  quel  Empe- 
rador ha  de  ser  muy  servido ;  y  el  ade- 
lantado ,  efectuándose  su  armada ,  puede 
resgebir  grandes  avisos ,  para  donde  él 
piensa  yr  ó  enviar  sus  navios. 

Este  capitán  me  dio  un  plumage  ó  pe- 
nacho que  es  mucho  cosa  para  ver  é  loar 
á  Dios  que  le  crió ;  y  es  un  páxaro  ó  ave, 
quél  no  supo  ni  su  compañero  Islares 
nombrarle ,  ni  yo  tampoco  sabré  descri- 
bir ni  dar  á  entender  su  lindeza  é  extre- 
mada pluma  de  todas  las  que  en  mi  vida 


he  visto ,  é  la  mas  galana  é  polida  * .  En 
fin,  es  cosa  mucho  mas  para  la  ver  que  no 
dispuesta  para  comprehenderla  por  mi 
relagion,  porque  sin  duda  me  paresge  que 
es  la  cosa  de  quantas  yo  he  visto  que  mas 
sin  esperanga  me  ha  dexado  de  saberla 
dar  á  entender  con  mis  palabras.  Degian 
estos  hidalgos  que  esta  ave  é  otras,  co- 
mo ella ,  son  muy  estimadas  entre  aque- 
llos príncipes  é  personas  pringipales  de 
la  India  de  la  Espegieria ;  é  que  vale  allá 
el  uno  de  estos  páxaros  ginqüenta  é  ses- 
senta  ducados ;  é  que  de  otras  tierras  muy 
lexos  los  llevan  assi  enteros  muertos  é 
adobados  é  conservados  con  su  pluma,  sa- 
cada la  carne,  que  debe  ser  poca,  porque 
él  es  menor  que  un  tordo;  é  es  entre  aque- 
lla gente  una  mercadería  muy  presgiada  é 
rara,  é  si  no  son  los  reyes  é  capitanes  ó 
personas  de  mucho  ser ,  no  las  alcangan 
otros  ;  y  aunque  algunos  las  puedan  pa- 
gar ,  no  se  las  osaran  poner  por  penachos 
sino  las  personas  que  he  dicho.  Esta  es 
una  ave ,  á  lo  que  yo  puedo  comprehen- 
der,  del  tamaño  de  un  tordo  ó  mas  que 
un  zorzal;  pero  como  está  seco  é  sacada 
la  carne,  paresge  menor.  Mas  assi  se  me 
figura  á  mí  que  podría  ser  estando  vivo, 
é  antes  mas  que  no  menos.  Su  plumage 
pringipal  del  cuerpo  é  cola  es  de  un  muy 
hermoso  é  lindo  color  leonado ,  é  la  cola 
es  de  hasta  diez  plumas  derechas  é  tan 
luengas,  como  un  xeme:  y  de  engima 
del  nasgimiento  de  la  cola  tiene  otras  dos 
plumas  de  quatro  palmos  de  luengo  ,   é 


i    Llámase  este  páxaro  Mamieco  diatta,  lo  qual 
supo  después    el  auctor,   como  lo  hallarás  en  la 
TOMO  I. 


segunda  parte,   libro  XX,  capítulo  I. 
26 


202 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


donde  son  mas  gruesas  (ques  en  su  nas- 
^imiento  é  poco  mas  adelante),  son  de  la 
grosera  de  un  alfiler  de  los  gruesos,  é  de 
allí  hasta  el  cabo  é  extremos  se  van  adel- 
gagando  que  paresgen  dos  hilos,  y  son 
leonadas  escuras  que  vuelven  al  negro 
color.  E  tentadas  entre  los  dedos,  son  as- 
períssimas,  como  sierra;  é  no  tienen  pelo 
ninguno  como  otras  plumas ,  sino  gerca 
de  los  nasgimientos  é  poquito ;  é  toda  la 
otra  longitud  dellas  áspera,  é  delgadas, 
como  digo :  que  cada  pluma  destas  dos 
paresge  un  hilo.  El  pecho  y  el  lomo  es, 
como  he  dicho,  leonado,  é  de  los  pies 
no  sé  dar  qüenta  porque  no  los  tiene: 
verdad  es  que  tentando  con  los  dedos,  se 
paresgen  ó  se  sienten  dos  tocongitos  de 
huesos,  de  donde  debian  formarse   las 
piernas  é  pies.  La  cabega  es  tan  grande, 
como  de  un  tordo ,  é  la  pluma  della  ama- 
rilla  que  tira  á   color  naranjado ;  y  el 
papo  es  verde  dorado  de  muy  extremada 
é  linda  color ;  y  un  flueco  de  pluma  muy 
espesa  é  corta  que  paresge  poco  mas  alto 
que  un  tergiopelo  y  muy  negro,  de  donde 
nasge  el  pico ,  el  qual  es  tan  grande  co- 
mo de  una  picaga  y  derecho  y  avivado. 
Las  alas  son  lo  que  no  sé  discantar  ni 
aun  relatar  llanamente ;  y  no  son  de  ma- 
nera que  á  mi  paresger  sea  posible  ques- 
ta  ave  vuele,  porque  aunque  cada  ala 
tiene  muchas  plumas  é  de  dos  palmos  y 
medio  ó  mas  luengas,  é  cada  una  dellas 
tiene  aquel  pelo  ó  pelos  que  las  otras  aves 
tienen  apretados  para  retener  el  ayre,  son 
en  estas  raros  é  apartado  cada  pelo  de 
otro,  como  los  dientes  de  un  peyne  es- 
carpidor y  muy  delgados  y  sotiles,  y  ca- 
da pluma  dellas  tiene  la  canal  ó  lomo  de 
cabo  á  cabo  leonado.  E  los  pelos  que  le 
acompañan  (que  digo  que  son  ralos  como 
escarpidor)  son  blanquíssimos,  é  cada  pelo 
ó  pelico  destos  blancos  es  otra  plumica 
delgadíssima ,  de  manera  que  paresge  que 
guardan  cada  pluma  la  forma  de  las  ho- 
jas de  los  heléchos ,  que  es  una  hoja  con 


muchas  hojas  menores.  Y  estas  plumicas 
sotiles  se  van  desminuyendo ,  quando  lle- 
gan al  extremo  de  aquel  lomo  pringipal 
ó  leonado  sobre  que  está  armada  cada 
pluma.  Hay  otras  plumas  en  cada  ala  é 
mas  afuera  (donde  suelen  las  otras  aves 
tener  las  plumas  que  se  llaman  cuchillos), 
y  estas  son  de  la  manera  ó  hechura  de  las 
que  he  dicho ;  pero  son  de  una  color  de 
amarillo  mixto  con  blanco,  de  manera  que 
juntas  paresgen  y  muestran  mas  el  color 
jalde ,  y  cada  una  por  sí  paresgen  quassi 
blancas.  En  conclusión,  yo  confieso  que 
no  avrá  pintor  que  lo  pinte,  por  lo  que  he 
dicho;  pero  leydo  esto  á  par  del  páxaro, 
se  me  figura  que  he  dicho  algo ;  y  assi  lo 
he  escripto  mirándole,  y  dando  gragias 
á  Dios  questas  aves  crió.  Para  mí  yo  la 
tengo  por  la  mas  extremada  en  su  plu- 
mage  é  gentileza  de  todas  las  que  yo  he 
visto  ,  y  de  la  que  mas  me  he  admirado. 
Ella  es  de  tal  artífice  y  mano  hecha  que 
se  puede  y  debe  creer  que  no  se  le  aca- 
bó el  arte  en  esta :  ni  sus  obras  puede 
pintor  ni  escultor  ni  orador  expresar  tan 
al  natural,  ni  perfectamente  dar  á  enten- 
der ingenio  humano,  como  ellas  son. 

Concluyo  con  que  á  la  ^esárea  Mages- 
tad,  quando  mejor  vestido  ó  armado  puede 
estar  para  mejor  mostrar  su  exgelente 
dispusigion  en  una  muy  pringipal  y  so- 
lemne fiesta,  bastaria  tal  penacho  para 
en  compañía  de  todo  el  oro  é  perlas  é 
piedras  pregiosas  del  mundo.  Y  á  la  ver- 
dad yo  me  atreviera  á  servir  á  Su  Ma- 
gestad  con  este  páxaro  ó  pluraage  ,  sino 
que  del  mismo  capitán  que  me  le  dio  en- 
tendí que  avie  traydo  otros,  con  que  sir- 
vió á  César,  ó  están  en  su  cámara.  Y  por- 
que no  sé  lo  que  tardaré  en  llegar  con  mi 
historia  á  la  Espegieria ,  quise  poner  con 
los  otros  depóssitos  en  este  sexto  libro  lo 
que  he  dicho  deste  páxaro ;  y  aunque  se 
quede  aqui,  no  será  inconveniente,  por- 
que no  se  impidan  las  otras  cosas  de  mas 
calidad,  quando  dellas  se  tráete. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  NV. 


203 


Después  de  escripto  esto,  he  visto  gier- 
tos  retratos  de  Suluman  Otoman  [rex  tur- 
corum)  con  una  gelada  á  manera  de  tiara, 
de  quatro  coronas  de  oro  con  muchas  é 
muy  ricas  perlas  é  piedras  presgiosas ,  y 
encima  por  penacho  en  la  cumbre  della,  un 
páxaro  destos  ó  tal ,  como  lo  he  pintado, 
puesto  por  penacho :  de  que  se  colige 
que,  pues  un  príngipe  tan  grande  alli  le 
puso ,  que  la  estimagion  que  he  dicho  de 
suso ,  es  válida  é  mucho  mas  y  mas  en 
Turquia. 

Este  páxaro  di  yo  después  á  un  amigo 
mió  que  passó  por  esta  cibdad  é  fué  al 
Perú.  Assi  que,  se  puede  degir  que  des- 
pués de  muerto,  anduvo  é  voló  ó  navegó 
mas  que  mientras  fué  vivo  este  páxaro, 
sin  comparagion.  Después  ,  en  el  mes  de 


septiembre  de  mili  é  quinientos  é  quarenta 
y  tres ,  vino  á  esta  cibdad  de  Sancto  Do- 
mingo de  la  Isla  Española  un  hidalgo  por- 
tugués, comendador  de  Chripstus,  é  tru- 
xo  otro  páxaro  tal  como  el  que  tengo  di- 
cho ,  é  lo  dio  á  un  su  amigo ,  llamado 
Melchior  de  Torres,  que  aquí  vive.  E 
aqueste  comendador  degia  muchos  cuen- 
tos é  particularidades  notables  deste  pá- 
xaro ó  aves  semejantes ,  que  eran  cosas 
que  se  pudicn  dexar  de  creer :  en  espe- 
gial  que  degia  que  estas  aves  sallan  del 
paraíso  terrenal,  las  quales  creo  quél  ni 
vio  salir  de  allá  ni  quien  se  lo  dixo.  Este 
degia  que  avie  estado  en  Calecut  é  en  la 
Espegieria ,  de  donde  avie  traydo  este 
páxaro  é  le  ovo  muerto ,  como  avria  el 
capitán  Urdaneta  los  ques  dicho. 


CAPITULO  XVI. 

De  9ierta  goma  ó  cola  de  árboles  que  hay  en  la  goberna9¡on  de  Nicaragua  en  la  Tierra-Firme ,   é  de  cierto 

en9Íenso  de  la  provincia  de  Venecuela. 


Jr  aresgerle  ha  al  letor  desvariada  cosa 
la  manera  apartada  é  tan  diferente  del 
progeder  de  unas  cosas  en  otras  en  los 
capítulos  deste  libro  VI ,  segund  sus  gé- 
neros. Ved  lo  que  se  acaba  de  escre- 
bir  en  el  pregedente  capítulo  de  la  extre- 
mada' hermosura  é  plumas  de  aquel  pá- 
xaro de  la  Espegieria,  y  que  he  salta- 
do á  hablar  agora  de  una  gierta  goma 
que  aqui  se  dirá.  Mas  si  al  letor  se  le 
acuerda  de  lo  que  dixe  en  el  prohemio  ó 
introdugion  deste  libro,  paresgerle  ha 
quel  descongierto  es  congierto  é  buena 
orden ,  para  que  ninguna  cosa  se  olvide 
de  aquellas  que  se  deben  escrebir;  y  por 
tanto  llamo  yo  á  este  libro  el  depossüario 
ó  archivo  de  depóssitos. 

Hay  en  la  gobernagion  de  Nicaragua 
una  provingia  que  se  llama  Salteba,  don- 
de los  chripstianos  tienen  una  buena  vi- 
lla ó  cibdad  que  se  nombra  Granada ,  la 


qual  está  junto  á  la  laguna  grande  ,  que 
los  indios  llaman  Ayaguabo  é  los  chrips- 
tianos la  llaman  Mar  dulge.  Alli  hay  unos 
árboles  que  echan  una  goma  que  paresge 
ájiime  blanco  ó  engienso,  é  huele  muy 
bien  ;  é  puesta  al  fuego  se  derrite,  é  der- 
retida es  muy  singular  cola  para  pegar 
cosas  quebradas ,  assi  como  platos  é  es- 
cudillas ;  é  aun  para  entalladores  es  sin- 
gular ,  é  suelda  muy  bien ,  é  están  mas 
seguras  las  piegas  por  las  partes  que  se 
ovieron  soldado  con  la  dicha  goma ,  que 
por  otra  ninguna. 

En  la  provingia  de  Veneguela  en  la  Tier- 
ra-Firme hay  giertos  árboles  que  echan 
gierta  goma  de  sí  é  la  tienen  en  muchas 
partes  sobre  la  corlega ,  que  paresge  na- 
tural engienso ,  é  assi  huele  como  en- 
gienso, quemándolo.  E  acostumbran  los 
indios  en  aquella  tierra,  quando  algún 
señor  ó  indio  pringipal  se  muere,  que 


204 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


queman  deste  engienso  ó  goma  por  per- 
fume ,  é  le  meten  en  la  sepoltura  en 
una  gesta  alguna  cantidad  deste  engienso; 
é  cómo  los  chripstianos  saben  que  en 
muchas  partes  de  la  Tierra-Firme  los  ca- 
ciques é  indios  pringipales  se  suelen  en- 


terrar con  su  oro  é  joyas ,  andando  en 
esta  demanda,  han  hallado  en  algunas 
sepolturas  algunas  esportillas  destas  con 
aquel  engienso,  é  aunque  ha  mucho  tiem- 
po que  alli  se  metieron ,  no  está  dañado 
ni  corrompido. 


CAPITOLO  XVII. 


Del  humo  que  los  indios  sacan  en  la  provincia  de  los  Chondales  en  la  gobernación  de  Nicaragua  ,  é  ha^en 
del  tea  para  carbón ,  é  tinta  para  pintar  los  esclavos :  el  qual  carbón  ó  polvos  del  llaman  los  indios  tile. 


JCjn  esta  Isla  Española  y  en  algunas  par- 
tes de  la  Tierra-Firme  hay  pinos  natura- 
les ,  como  los  de  España ;  y  en  la  gober- 
nagion  de  Nicaragua ,  entre  los  indios 
chondales ,  en  aquellas  sierras  hay  pina- 
res. E  una  de  las  grangerias  en  que  se 
exergitan,  es  sacar  de  la  tea  de  los  pinos 
un  humo,  de  que  hagen  unos  polvos,  assi 
como  los  que  sacan  los  plateros  del  olio 
para  debuxar,  é  envuelven  este  polvo 
(ques  como  un  carbón  muy  molido),  en 
unas  hojas  de  biahos ,  é  hagen  un  bollo 
tan  luengo  como  un  palmo  é  mas,  é 
gruesso  como  la  muñeca  de  un  brago :  é 
segund  es  la  cantidad  deste  polvo  ó  hu- 
mo, assi  tiene  el  presgio.  E  Ilévanlo  al 
tiánguez ,  ques  el  mercado  donde  se  jun- 
tan los  indios  é  indias  en  sus  plagas  para 
mercadear  é  sus  contractagiones ;  é  alli 
baratan  este  polvo  por  otras  cosas  ó  por 
almendras,  ques  su  moneda  común.  Y  el 
efeto  para  que  es  aqueste  polvo,  es  para 
herrar  indios  por  esclavos  con  aquella 
invengion  que  á  sus  amos  les  paresge ,  y 
también  para  se  pintar  por  gala  otros. 


Este  polvo  es  negríssimo ,  é  llámasse  en 
aquella  lengua  tile. 

La  manera  de  usar  del  es  cortando  con 
unas  navajudas  de  pedernal  la  cara  ó 
brago  que  quieren  herrar  sotilmente,  co- 
mo entre  cuero  é  carne,  é  lo  cortado 
polvorizarlo  con  este  humo,  assi  fresca  la 
cortadura,  é  por  gima  embarrarlo  con  el 
humo,  é  en  breve  es  sano,  é  queda  la 
pintura  negra  é  muy  buena,  é  es  perpe- 
tua la  pintura  para  los  dias  que  vive  el 
que  assi  es  herrado. 

Pusse  esto  aqui  con  los  otros  depósi- 
tos ;  pero  no  entendáis ,  letor ,  porque  se 
dixo  de  suso  embarrado ,  que  ha  de  tener 
barro  ó  ponérsele,  sino  del  mismo  humo 
henchir  de  aquel  polvo  todo  lo  pintado, 
por  engima,  é  dexarlo  assi  estar,  sin  lle- 
gar á  ello ,  ni  lo  lavar  hasta  que  por  sí 
mismo  se  despida  :  é  si  lo  quisiéredes 
limpiar  sea  lavándolo  de  suso  desde  á 
ginco  ó  seys  dias  que  se  pintó ,  é  liviana 
la  mano ;  porque  de  ahy  adelante  que- 
dan fixas  las  figuras  é  pintura  que  es 
dicha. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  XVIII. 


205 


CAPITULO  XVIII. 

Por  el  qual  se  prueba  que  las  pon9oñosas  viandas  é  cosas  que  á  los  hombres  son  no9¡vas  é  mortales  ,  son  á 
oíros  animales  en  estas  partes  é  Indias  útiles  é  provechosas  é  grato  mantenimiento. 


JLn  el  libro  VII ,  capítulo  II ,  se  tractará 
de  la  yuca ,  é  de  quán  bastante  muerte  es 
para  los  hombres,  si  comen  el  fructo  de- 
11a ,  assi  como  está  en  el  campo  ,  ó  si 
gustan  el  ^umo  della.  E  en  aquesta  nuestra 
Isla  Española  cómenla  las  vacas  y  los  ra- 
tones, y  aun  mas  de  la  que  querríamos; 
pues  nos  destruyen  las  heredades  é  nin- 
gún daño  á  tales  animales  hage  ,  por  mu- 
cha que  coman  della. 

En  el  capítulo  VI  del  libro  XXI  de  la 
segunda  parte  se  tracta  de  la  hierva  con 


que  los  indios  flecheros  se  exergitan  en 
la  costa  de  Tierra-Firme ,  que  es  irreme- 
diable; é  uno  de  los  mas  potentes  ma- 
teriales que  en  ella  echan ,  es  el  gumo  de 
aquellas  manganillas  de  que  se  tracta  en 
el  libro  VIII,  capítulo  XII  desta  primera 
parte ;  é  no  obstante  eso  ,  como  mas  lar- 
go lo  escribo  ,  en  el  capítulo  VI  del  li- 
bro XXI,  podéis  ver,  letor,  que  no  ma- 
tan á  los  cangrejos  estas  manganillas,  é 
matan  los  cangrejos  que  las  han  comido 
al  hombre  que  come  tales  cangrejos. 


CAPITULO  XIX. 


De  una  novedad  notable  y  contraria  en  la  prospectiva  á  la  mayor  parte  de  lo  que  nos  enseña  la  vista  en 

las  mas  partes  del  mundo. 


M, 


.uy  común  es  á  nuestra  vista  que  lo 
que  está  lexos  paresge  menor  mucho  que 
lo  que  es  la  cosa.  En  la  provingia  de  Ve- 
neguela ,  en  Tierra-Firme ,  que  la  Cesá- 
rea Magestad  tiene  encomendada  en  go- 
bernagion  á  los  Alemanes  Velgares ,  hay 
lo  que  agora  diré  en  contrario  de  lo  que 
sedixo  de  suso,  en  gierta  parte  de  aque- 
lla provingia ,  donde  desde  lexos  las  co- 
sas paresgen  mucho  mayores  de  lo  que 
son;  y  es  desta  manera.  En  el  camino 
que  hay  desde  la  cibdad  de  Coro ,  yendo 
al  cabo  de  Sanct  Román ,  que  los  indios 
llaman  á  aquella  provingia  Paraguana,  es 
un  cabo  que  sale  á  la  mar  veynte  y  ginco 
leguas  ó  mas  ,  y  en  el  pringipio  es  de  an- 
cho una  legua  pequeña ,  é  váse  ensan- 
chando algo  mas,  pero  en  poca  canti- 
dad, é  tiene  de  longitud  ocho  leguas  ó 
nueve.   La  mayor  parte  destas  leguas  ó 


tierra  lava  eí  agua  de  la  mar,  quando  son 
aguas  vivas ;  y  después  quel  agua  se  ha 
quitado ,  queda  aquella  tierra  quel  agua 
bañó  muy  llana  é  lisa  ,  é  desocupada  de 
hierva  é  piedras  é  otra  cosa  alguna,  é 
tan  escombrada  é  limpia ,  como  está  un 
pliego  de  papel  muy  bien  tendido ;  é  que- 
da la  arena  blanqueando  un  poco ,  como 
salitrales  ó  tierra  tocada  de  sal. 

Cosa  es  maravillosa  lo  que  diré.  Vinien- 
do un  hombre  por  el  camino ,  si  acaso 
otro  viene  al  opóssito  por  el  mismo  cami- 
no ó  llanura ,  tanto  quanto  la  vista  puede 
devisar,  en  comengándose  á  paresger ,  le 
paresge  al  que  mira  quel  que  viene  es  tan 
grande  como  un  mástel  de  una  nao.  Y  es 
verdad  que  se  multiplica  la  cosa  al  pares- 
ger, ora  sea  hombre,  ó  caballo,  ó  pie- 
dra, ú  otra  cosa  que  vean  de  aquella 
manera  y  forma  que  se  multiplica  la  som- 


206 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


bra ,  quando  se  quiere  poner  el  sol  ( por 
el  suelo)  ques  mucho  mayor  la  sombra 
que  señala  que  la  cosa  que  es).  E  assi  se 
aumenta  é  pares^e  mayor  en  aquella  lla- 
nura ques  dicho ,  la  cosa  en  grandeza ;  y 
esto  tanto  es  á  la  mañana,  como  á  medio 
dia,  é  en  qualquier  tiempo  é  hora  del 
dia.  E  quanto  mas  la  cosa  se  ve  de  le- 
xos ,  paresge  mucho  mas  alta ,  é  quanto 
mas  á  ella  se  agerca  hombre,  tanto  me- 
nor paresge.  Esto  se  ha  mirado  y  experi- 
mentado de  muchos  con  toda  atengion, 
por  cosa  muy  notable. 

E  passando  esta  llanura,  la  tierra  se 
ensancha  en  mucha  cantidad ,  é  hay  mon- 
tes é  arboledas  é  cuestas  é  valles,  é  alli 
la  cosa  no  paresge  sino  como  en  otras 
partes.  En  trege  de  julio  de  mili  é  qui- 
nientos é  quarenta  años,  ante  el  reve- 
rendíssimo  señor,  el  señor  presidente  de 
la  Audiengia  é  Ghangillería  Real  que  re- 
side en  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo 
de  la  Isla  Española,  el  ligengiado,  don 
Alonso  de  Fuenmayor,  obispo  desta  cib- 
dad ,  lo  juraron  en  mi  presengia,  segund 
está  dicho,  Alonso  de  la  Llana,  mer- 
cader natural  de  la  cibdad  de  Burgos,  é 


Frangisco  Nuñez ,  natural  de  la  cibdad  de 
Plasengia ,  estantes  en  esta  cibdad ;  é  di- 
xeron  que  era  verdad  lo  que  es  dicho,  é 
que  ellos  lo  avian  visto  muchas  veges  ser 
assi.  E  después  sin  essos  testigos,  lo  digen 
otros  muchos  que  lo  han  visto  é  experi- 
mentado, é  entre  ellos  Lázaro  Bejarano, 
vegino  desta  nuestra  cibdad,  hombre  de 
honra  é  digno  de  crédito ,  que  há  poco 
que  estuvo  en  aquella  tierra,  dige  lo  mis- 
mo. E  aunque  acaesge,  queriendo  burlar 
á  alguno  que  no  lo  sabe,  yendo  su  ca- 
mino adelante,  dejar  un  sombrero  en 
tierra  ó  hager  poner  una  piedra  no  ma- 
yor que  un  palmo,  sin  que  el  novigio  en 
la  tierra  lo  vea;  é  desque  están  aparta- 
dos un  tiro  ó  dos  de  ballesta,  volviendo 
la  cabega  atrás,  paresger  que  es  un  bulto 
tan  grande  como  un  buey  ó  un  caballo ;  é 
cómo  la  tierra  es  rasa  é  no  aver  visto  al 
passar  cosa  ninguna,  hagen  sus  apuestas 
sobredio,  digiendo:  hombre  es,  ó  caba- 
llo es ,  ó  piedra  es ;  é  volviendo  á  ver  la 
cosa,  yrse  ella  en  la  vista  resumiendo  é 
achicando ,  hasta  quedar  en  su  ser  é  ta- 
maño ,  veynte  veges  menor  ó  mas  de  lo 
que  les  avie  paresgido  desde  lexos. 


CAPITULO  XX. 


De  la  hierva  que  los  indios  de  Nicaragua  llaman  yaat,  é  en  la  gobernación  de  Venecueia  se  dice  hado  ,  y 
en  el  Perú  la  llaman  coca ,  é  en  oirás  parles  la  nombran  por  oíros  nombres  diversos  ,  porque  son  las  len- 
guas diferenles. 


Acostumbran  los  indios  de  Nicaragua  é 
de  otras  partes ,  donde  usan  esta  hierva 
yaat,  quando  salen  á  pelear  ó  quando 
van  camino,  traer  al  cuello  unos  ca- 
labaginos  pequeños  ú  otra  cosa  vacua  en 
que  traen  esta  hierva  seca,  curada  e 
quebrada,  hecha  quassi  polvo,  é  pónense 
en  la  boca  una  poca  della ,  tanto  como  un 
bocado ,  é  no  la  mascan  ni  tragan ;  é  si 
quieren  comer  ó  beber,  sácanla  de  la  boca 
é  pónenla  á  par  de  sí  sobre  alguna  cosa 


que  esté  limpia,  é  entonges  paresge  lo 
que  paresgenlas  espinacas  cogidas.  Quan- 
do han  comido  é  vuelven  á  caminar,  tor- 
nan á  la  boca  la  misma  hierva ;  porque 
demás  de  ser  gente  mezquina  é  sugia ,  es 
cosa  esta  que  la  estiman  entre  sí,  é  es 
buen  rescate  para  la  trocar  ó  vender  por 
otras  cosas,  donde  no  la  alcangan,  ni  la 
hay:  é  trayda  assi  en  la  boca,  la  mudan 
de  quando  en  quando  de  un  carrillo  á 
otro.  El  efeto  della  es  que  disgen  los  in- 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  XX. 


207 


dios  questa  hierva  les  quita  la  sed  y  el 
cansaugio;  y  juntamente  con  ella  usan 
gierta  cal  hecha  de  veneras  é  caracoles 
de  la  costa  de  la  mar ,  que  assi  mismo 
traen  en  calabacitas;  é  con  un  palillo  lo 
revuelven  é  meten  en  la  boca,  de  quando 
en  quando,  para  el  efeto  ya  dicho.  E 
aunque  totalmente  no  les  quite  la  sed  ni 
el  cansancio ,  digen  ellos  que  se  quita,  ó 
mucha  parte  dello ,  é  que  les  quita  el  do- 
lor de  la  cabega  é  de  las  piernas :  é  están 
tan  acostumbrados  en  este  uso,  que  por 
la  mayor  parte  todos  los  hombres  de 
guerra  é  los  monteros  é  caminantes  é  los 
que  usan  andar  al  campo ,  no  andan  sin 
aquesta  hierva.  En  la  provincia  de  Vene- 
guela  é  otra  parte  la  siembran  é  cultivan 
é  curan  con  mucha  diligengia  é  cuydado 
en  sus  huertos ,  é  cogen  la  simiente  do- 


lía ,  é  después  cogen  las  hojas  é  en  ma- 
nojos las  secan  é  guardan.  Eecha  unos 
tallos  ó  vastagos  tan  altos  como  tres  ó 
quatro  palmos  ó  poco  mas,  assi  como 
los  bledos  ó  malvas;  pero  esos  asti- 
les ó  vastagos ,  cogida  la  hoja ,  ques  el 
fructo,  échanlos  por  ahy;  é  digen  que  si 
la  comiessen  ó  tragassen  que  los  mala- 
ria :  antes  ella  sirve  á  tener  húmeda  é 
fresca  la  boca  é  la  lengua  é  sin  flegma; 
pero  quando  la  dexan,  se  enxuagan  bien 
la  boca  é  lo  echan,  porque  no  les  quede 
cosa  alguna  della.  Sé  de  vista  que  co- 
munmente essos  indios,  á  vueltas  de  sus 
provechos  ó  virtudes  desta  hierva  é  de 
aquella  cal ,  aunque  sean  mangebos  los 
que  la  usan,  tienen  malas  dentaduras 
de  sugias  é  negras ,  é  podridas  muchos 
dellos. 


CAPITULO  XXI. 

De  las  minas  nuevamente  halladas  en  la  isla  Fernandina ,  por  olro  nombre  llamada  primero  Cuba ,  donde 
se  ha  descubierto  9ierta  vena  de  melal  que  es  oro,  c  plata  é  cobre. 


El 


t\  año  passado  de  mili  é  quinientos  é 
quarenta  se  publicó  que  en  la  isla  Fer- 
nandina ,  alias  Cuba ,  se  descubrió  gierta 
vena  é  minas  nuevamente  halladas  por 
un  hidalgo  natural  de  Medellim ,  en  Ex- 
tremadura, vegino  de  la  villa  de *, 

en  aquella  isla,  llamado  Vasco  Porcallo  de 
la  Cerda :  la  qual  vena  ó  metal  digen  que 
es  de  tal  manera ,  que  en  un  quintal  de 
tal  materia  salen  quinge  libras  de  cobre 
muy  bueno,  é  doge  ongas  de  muy  fina 


plata,  é  quinge  pessos  de  oro  fino.  Y  es 
el  venero  é  minas  desto  en  grandíssima 
cantidad  en  una  montaña:  por  manera 
que  es  cosa  de  muy  grand  riqueza,  lo 
qual  no  afirmo  ni  contradigo  hasta  quel 
tiempo  mas  manifieste  esto.  Pero  ya  es- 
tamos siete  años  adelante  é  la  nueva  é 
fama  de  lo  que  es  dicho,  tornósse  si- 
lengio  é  cayó  en  olvido ,  como  cosa  in- 
gierta,  á  lo  menos  en  mucho  menos  que 
se  avia  dicho. 


1     En  el  original  se  halla  en  blanco  el  nombre  de 
esta  villa ,  siendo  ya  imposible  el  averiguarlo  ,  por 


la  poca  importancia  de  la  mina  que  descubrió  el 
hidalgo  Porcallo  de  la  Cerda. 


508 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  XXII. 


Que  Iracta  de  la  gente  llamada  chacopati,  á  la  qual  los  españoles  llaman  magueyes  ,  los  quales  nuncn 
beben  en  toda  su  vida ,  sino  alguna  vez  ó  raríssimamente. 


HiD  la  Tierra-Firme,  gercaXe  la  pro- 
vincia de  Araya,  hay  una  geVte  á  la 
qual  los  españoles  llaman  agoreros,  á 
causa  de  gierta  fructa  assi  llamada;  y 
gerca  desta  gente  hay  otra  que  llaman 
magueyes ,  á  causa  de  gierta  planta  que 
llaman  maguey,  que  es  muy  útil  en  aque- 
lla tierra,  como  mas  largamente  se  dirá 
en  el  lib.  XI,  cap.  XI .  E  aquesta  gente 
magueyes  llaman  los  naturales  de  aque- 
lla tierra  chacopati:  aquestos  despencan 
aquella  hierva ,  é  la  cabega  ó  gepa  della 
cuégenla  é  hagen  gierto  manjar  de  assaz 
substancia ,  con  que  se  sustentan ,  é  de  las 
hojas  sacan  el  gumo  por  sudor  de  fuego 
á  manera  de  destilarlo ;  é  aquel  licor  be- 
ben aquellas  gentes ,  porque  agua  nunca 
la  ven  ni  la  tienen,  salvo  de  la  mar,  que 
no  se  sufre  bebería.  Caresgen  de  ríos, 
que  no  los  tienen ,  ni  fuentes ,  ni  lagos, 
ni  pogos ,  ni  en  toda  su  vida  beben  agua, 
exgepto  quando  llueve :  que  alli  acaesge 
muy  pocas  veges  en  el  año ,  é  algunos 
años  no  llueve  poco  ni  mucho.  Mas  quan- 
do alguna  vez  llueve ,  é  en  algunos  ho- 
yos de  la  tierra  se  hagen  charcos ,  beben 
alli  algunos  destos  indios ,  como  lo  haría 
un  perro  ó  otro  animal,  topando  aquella 


agua  acaso ;  pero  no  porque  les  pene  ni 
tengan  cobdigia  del  agua,  por  estar,  como 
están,  criados  é  habituados  ano  la  beber 
jamás.  Assi  que,  la  costumbre  está  con- 
vertida en  natura  ó  su  natural  en  la  cos- 
tumbre. 

Estos  indios  de  los  chacopati  é 
otros  de  aquellas  comarcas,  quando  la 
luna  está  eclipsada,  júntanse  contra  ella 
é  tíranle  muchas  saetas ,  creyendo  que 
está  enojada  contra  ellos,  é  que  los  ha 
de  destruir  á  ellos  é  todos  sus  bienes: 
por  lo  qual  luego  dan  orden  en  trocar  é 
cambiar  quanto  tienen,  é  lo  baratan 
unos  con  otros ,  porque  son  de  opinión 
que,  mudando  las  cosas  de  un  dueño  á 
otro,  las  aseguran  é  las  apartan  de  aquel 
peligro  que  tenian  ó  esperaban  de  per- 
derlas, si  aquesto  no  higiessen.  E  aun  van 
de  unos  pueblos  á  otros,  á  hager  los  mismos 
cambios  é  truecos  con  sus  veginos  é  con 
quien  pueden,  hasta  que  no  les  queda  jo- 
ya ni  otra  cosa  sin  baratarla:  el  qual 
cambio ,  assi  como  en  castellano  se  dige 
trocar ,  é  en  la  lengua  desta  Isla  Españo- 
la se  dige  serra ,  en  lengua  destos  ma- 
gueyes ó  chacopati  el  trocar  quiere  de- 
gir  uchibican. 


CAPITULO   XXIII. 


En  el  qual  se  Iracta  un  depóssilo  ó  nueva  manera  de  culebras  poncoñosíssimas  ,  que  hay  en  la  isla  Mar- 
garita, que  las  llaman  de  los  cascabeles,  é  oirás  vívoras  ó  culebras  que  les  quieren  imitar  con  un  casca- 
bel, é  muy  poncoñosas  en  la  provincia  de  los  Alcázares. 


ILn  tanto  que  llega  el  tiempo  de  hablar 
en  las  cosas  de  la  isla  Margarita ,  en  el 
lib.  XIX  é  cap.  XIV,  quiero  poner  aqui  un 


depóssito  ó  acuerdo,  para  mi  memoria,  de 
unas  culebras  de  la  mas  extrema  manera 
de   pongoña  que  nunca  oy  ni  leí  peor 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  XXIII. 


209 


animal,  y  es  assi.  En  la  isla  Margarita 
hay  unas  culebras  pongoñosíssiraas  que 
dentro  de  tercero  dia  muere  aquel  á 
quien  muerden,  é  se  le  saltan  ó  rebientan 
los  ojos  de  la  cara  al  herido.  Son  pinta- 
das ;  poro  mirada  assi  á  primera  vista  ó 
desde  lexos  toda  junta,  paresge  que  tira 
su  color  á  pardo ,  porque  aquellas  sus 
pinturas  son  escuras  é  no  se  ven ,  sino 
desde  Qerca  della.  La  mayor  de  aques- 
tas culebras  es  de  ginco  ó  seys  pies  de 
luengo,  é  de  ahy  para  abaxo.  Tiene  esta 
serpiente  en  la  cola  ó  ginco  ó  siete  ñudos 
redondos  é  destintos ,  que  paresgen  que 
están  como  ensartados:  é  quando  anda 
este  animal,  suenan  como  proprios  é  ver- 
daderos cascabeles  sordos,  el  qual  soni- 
do paresge  que  la  benigna  natura  (y  me- 
jor digiendo  Dios)  con  su  misericordia  le 
dio,  para  aviso  de  los  hombres  humanos, 
porque  se  guarden  della,  oyendo  aquellos 


cascabeles.  Muy  menos  cruel  fuera  su 
veneno  si,  en  picando,  matara  inconti- 
nente, que  quedando  penando  aquel  que 
muerde  el  espagio  é  tiempo  que  es  dicho 
para  perder  la  vida  en  el  término  que 
digo,  é  perdiendo  los  ojos  é  sin  remedio 
de  alguna  medegina.  Esto  es  como  está 
dicho  é  visto  por  muchos  testigos  de 
vista ,  é  aun  en  esta  nuestra  cibdad  de 
Sancto  Domingo  hay  hombres  de  honra 
é  dignos  de  crédito  que  dello  dan  testi- 
monio, y  que  algún  tiempo  han  seydo 
veginos  ó  estantes  en  aquella  isla  Mar- 
garita, Otras  culebras  hay  en  la  provin- 
gia  de  los  Alcázares,  en  la  Tierra-Firme, 
con  un  cascavel  é  una  uña  en  el  extre- 
mo é  fin  de  la  cola ,  muy  pongoñosas  é 
inremediable  su  herida,  como  mas  lar- 
gamente podrá  el  letor  verlo  en  el  li- 
bro XXIII,  cap.  VII,  en  la  segunda  par- 
te destas  historias. 


CAPITULO  XXIV. 


En  que  se  tracta  olro  depóssilo  para  mi  memoria,  que  pertenesce  al  lib.  XIX,  de  dos  animales  que  hay 
en  la  isla  deCubagua,  uno  de  tierra  é  otro  de  agua,  y  es  de  aquesta  manera  que  aquí  se  dirá  é  cada 

cosa  dellas  muy  notable. 


Jrlay  en  la  isla  de  Cubagua  unas  arañas 
muy  chiquitas  en  su  tamaño ,  pero  el  do- 
lor que  causan  á  quien  muerden ,  es  tan 
grande  que  no  tiene  otra  comparagion 
igual ,  sino  la  que  se  dirá  de  otro  animal 
de  agua;  y  si  turase  la  passion  que  cau- 
san estas  arañas ,  no  seria  mucho  que  el 
que  está  herido  ó  picado  della  desespe- 
rasse  y  él  mismo  se  matasse,  por  afloxar 
su  pena  muriendo ,  por  no  atender  tan 
cruda  passion.  Pero  no  hay  en  este  pe- 
ligro mayor  remedio  ni  consuelo  que  la 
esperanga  y  experiengia  que  ya  se  tiene 
de  llegar  al  término  en  que  gessa  su  fati- 
ga, para  ser  libre  el  que  assi  está  trabaxa- 
do;  porque  en  tanto  que  el  dolor  perse- 
vera, las  vascas  y  Irabaxo  que  padesgen, 
TOMO  I. 


sin  se  afloxar  ni  mitigar  la  pena  por  cosa 
alguna ,  es  cosa  incomportable,  sin  que 
pueda  comer,  ni  beber,  ni  repossar  un 
punto  el  pagiente  hasta  el  dia  siguiente 
á  la  propria  hora  que  fué  picado.  Y 
quando  ha  gessado  el  dolor ,  queda  tal 
el  que  ha  padesgido  que  en  dos  ni  tres 
dias  no  puede  tornar  en  sí  ni  á  su  pri- 
mero estado ,  puesto  que  deste  mal  nin- 
guno muere.  Hay  un  pescado  ó  animal 
en  la  mar,  que  no  es  mayor  que  un  dedo 
pulgar  de  la  mano  y  pintadillo  de  pecas  é 
rayas  blancas  é  otras  amarillas,  é  lláma- 
se talara ;  y  al  que  pica  en  el  agua ,  co- 
mo acaesge  algunas  veges  picar  á  algún 
indio ,  el  que  está  herido  hage  tantas  vas- 
cas é  siente  tan  grandes  dolores ,  é  pas- 


210 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


sion  incomportable,  como  lo  que  se  ha 
dicho  que  sienten  los  picados  del  araña 
que  de  suso  se  dixo,  sin  gessar  hasta  otro 
dia  siguiente  que  el  agua  de  la  mar  está 
en  el  mismo  ser  menguante  ó  cresgiente 
que  estaba,  al  tiempo  que  picó  este  ani- 
mal. De  forma  que  tura  aquella  passion 


é  dolor  del  un  animal  é  del  otro  veyn- 
te  é  quatro  horas  naturales  puntualmen- 
te, sin  que  aproveche  remedio  alguno 
en  el  que  está  lastimado ,  hasta  que  pas- 
se  el  tiempo  que  es  dicho ;  é  aquel  com- 
pUdo,  ningún  peligro  hay  en  ninguna 
destas  dos  cosas. 


CAPITULO  XXV. 

De  los  juncos  ó  palmas  que,  llevados  á  España  é  á  otras  parles  por  el  mundo,  sirven  de  báculos  ó  bordones 
para  los  hombres  de  auctoridad  é  para  los  viejos  é  hombres  ancianos,  é  aunque  en  muchas  parles  de  las  In- 
dias los  hay  é  se  nascen  de  por  sí,  cuéntase  aqui  dónde  los  crian  é  siembran  é  cuHivan,  é  para  qué  efetos. 


I^osa  es  común,  ó  que  en  muchas  parles 
de  las  Indias  se  halla,  esta  manera  de  bor- 
dones ó  báculos  que  en  España  los  llaman 
juncos  de  las  Indias  ;  y  destos  yo  diré 
largamente,  en  el  libro  X  y  capítulo  VIII 
de  la  primer  aparte,  lo  que  hage  al  caso  de 
su  forma  y  manera  questos  juncos  son. 
Pero  no  se  dirá  alli  una  cosa  que  á  mi 
notigia  ha  venido  pocos  dias  há,  y  que 
aqui  escrebiré  ,  porque  aunque  há  tantos 
años  que  vivo  en  Indias ,  nunca  lo  supe 
hasta  el  año  que  passó  de  mili  é  quinien- 
tos é  quarenta  y  uno ,  y  no  pensaba  yo 
questos  juncos  se  cultivaban  ni  hagian  en 
parte  alguna  con  diligengia  humana ,  sino 
del  proprio  ofigio  de  la  natura  donde  á 
su  propóssito  fuesse.  Y  salido  yo  de  una 
enfermedad  que  en  el  año  que  he  dicho 
tuve ,  de  que  quedé  muy  flaco  y  con  nes- 
gessidad  de  un  báculo  hasta  convalesger, 
un  amigo  mió  é  vegino  me  pressentóuno 
destos  juncos  para  mi  propóssito,  hombre 
digno  de  ser  creido ;  y  me  dixo  que  lo 
tenia  desde  que  se  halló  con  el  capitán 


Diego  de  Ordaz  é  Gerónimo  Dortal  en  el 
descubrimiento  del  gran  rio  de  Huyapari, 
donde  á  los  indios  es  común  é  ordinaria 
cosa  en  el  pueblo,  que  llaman  ellos  Arva- 
cay,  plantar  ó  sembrar  é  coger  estos  jun-r 
COS.  Y  el  efeto  pringipal  para  que  son  é 
en  lo  que  se  sirven  dellos,  es  para  levan- 
tar las  falcas  ó  costados  de  sus  canoas, 
juntando  unos  á  par  de  otros ,  muy  bien 
ligados ;  y  assi  hagen  cresger  en  alto  las 
paredes  ó  costados  de  sus  navios  ó  ca- 
noas ,  porque  son  muy  á  propóssito  é  úti- 
les para  ello ,  assi  porque  son  ligeríssi- 
mos ,  como  porque  de  ninguna  otra  ma- 
dera ni  ligagon  podrían  hagerlo  tan  pres- 
to ni  que  mejor  ni  tan  bueno  fuesse,  como 
de  los  dichos  juncos.  Y  entre  aquella 
gente  es  una  buena  mercadería  é  rescate 
é  muy  nesgessaria  para  los  que  navegan 
en  canoas ,  para  hagerlas  de  mayor  porte 
é  sin  detrimento  de  la  canoa.  Y  esto  bas- 
te aqui  quanto  los  juncos ,  pues  que  co- 
mo es  dicho ,  en  el  lugar  alegado  estará 
relatado  lo  demás. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  XXVI. 


211 


CAPITULO  XXVI. 

En  el  qual  se  tracta  un  notable  que  es  razón  que  por  cosa  memorable  se  ponga  en  este  libro,  para  que  me- 
jor se  entienda  la  abundan9ia  de  la  carne  que  hay  en  esta  Isla  Española  y  la  que  se  mata  cada  dia  que  es 

de  carne  ordinariamente. 


JJiSta  cibdad  de  Sancto  Domingo  no  lle- 
ga á  seysQientos  veginos  al  presente, 
que  es  el  año  de  mili  é  quinientos  é  qua- 
renta  y  ocho  en  que  estamos ,  é  ya  tuvo 
mas  veQindad ;  pero  nunca  estuvo  tanto 
edificada.  Y  cómo  quier  que  es  poca  po- 
blagion ,  se  matan  cada  dia  quarenta  no- 
villos é  vacas  en  la  carnesgeria  que  se 
pessan,  é  con  la  carne  del  rastro  llegan  á 
ginqüenta  reses  un  dia  con  otro ,  y  vale 
el  arrelde  á  dos  maravedís :  que  es  cada 
.arrelde  dos  libras  de  á  diez  éseysongas. 
Matan  é  córaense  en  esta  cibdad  treynta 
é  treynta  é  ginco  carneros  cada  un  dia,  é 
vale  el  arrelde  á  diez  é  seys  maravedís. 
Mátanse  é  péssause  al  mismo  presgio  cada 


un  dia  veynte  terneras.  Mátanse  é  pés- 
sanse  cada  dia  diez  ó  doge  puercos,  é 
vale  el  arrelde  á  veynte  maravedís.  Assi 
que,  son  por  todas  giento  é  diez  é  siete 
cabegas  destos  quatro  géneros  ó  forma 
de  ganados  ó  pocos  menos ,  é  aun  á  ve- 
ges  mas  de  lo  ques  dicho :  la  qual  can- 
tidad no  hay  pueblo  en  España ,  por 
grande  que  sea ,  en  que  tanto  ganado 
se  pesse.  Y  como  en  otras  partes  la  his- 
toria lo  acuerda ,  es  mucha  cantidad  la 
que  del  ganado  vacuno  se  mata  é  alan- 
gea  en  el  campo,  é  se  deja  perder  la 
carne ,  por  salvar  los  cueros  para  los 
llevar  á  España,  é  por  aprovecharse  del 
sebo. 


CAPITULO  XXVII. 

En  el  qual  se  tracta  de  las  dos  especies  ó  maneras  de  esmeraldas  que  se  Kan  hallado  en  la  Tierra-Firme,  de 
las  quales  se  han  llevado  muchas  en  cantidad  ,  de  diversas  estimaciones  é  préselos,  é  aun  asaz  dellas  de 
mucho  valor  han  discurrido  por  Europa  é  otras  partes  del  mundo,  que  destas  nuestras  Indias  se  han  trans- 
portado, por  muchos  reynos,  en  tanta  manera  que  la  grande  abundancia  é  número  dellas  ha  fecho  dismi- 
nuir el  valor  de  tales  gemmas. 


E 


n  aquel  tractado  De  proprietatibus  re- 
rum  *  están  escriptas  muchas  y  grandes 
propriedades  y  virtudes  de  la  esmeralda, 
y  entre  otras  dige  que  acresgienta  las  ri- 
quezas é  da  hermoso  hablar  é  guarda  de 
la  gota  coral :  quando  es  colgada  al  cue- 
llo guarda  la  vista ,  é  la  conforta  quando 
es  flaca.  Restriñe  los  movimientos  de- 
lectables  de  los  luxuriosos ,  é  restituye  la 
memoria  perdida,  é  vale  contra  las  fan- 
tasmas é  las  ilusiones  del  demonio :  apa- 
gigua  las  tempestades  é  estanca  la  san- 


gre ,  é  vale  á  los  adevinos ,  como  se  dige 
en  el  Lapidario.  Con  qualqiiiera  cosa  de 
las  ques  dicho  queste  auctor ,  ó  mejor  di-- 
giendo  la  experiengia ,  me  haga  verdad 
de  la  esmeralda ,  me  paresge  que  no  hay 
dinero  que  se  le  iguale.  No  hay  aspecto 
de  alguna  color  mas  jocundo,  é  como 
miramos  de  voluntad  las  hojas  verdes  é 
las  hiervas ,  tanto  mas  de  grado  vemos 
las  esmeraldas ,  porque  ninguna  cosa  ver- 
de es  mas  verde  que  ellas,  en  su  compa- 
ragion :  é  son  entre  las  gemmas  ó  piedras 


1    Lib.  XVÍ,  cap.  87. 


2Í2 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


presgiosas  las  que  hinchea  los  ojos  é  no 
los  cansan  :  antes  quando  son  cansados, 
por  aver  mirado  otra  cosa,  los  recrean. 
Ni  tienen  los  ojos  mas  agradable  restau- 
ragion  para  aquellos  que  entallan  las  gem- 
mas,  porque  con  aquella  verde  lenitud 
ó  halago  mitigan  el  cansangio,  é  assi  mis- 
mo hagen  ver  por  mas  luengo  espagio, 
dando,  por  reflexión,  su  color  al  ayre  gir- 
cunstante.  Nerón  miraba  las  batallas  de 
los  gladiatores  en  una  esmeralda. 

E  son  de  doge  maneras:  é  las  deSgithia 
sonnobilíssimas,  denominadas  de  la  tierra 
donde  nasgen ,  é  ninguna  otra  es  mas 
dura  ni  con  menos  vigios :  é  las  batria- 
nas ,  como  son  próximas  á  las  ques  di- 
cho ,  assi  les  son  en  el  loor  iguales ;  y  di- 
gen  que  se  recogen  en  las  conjunturas  de 
las  piedras ,  pero  que  son  menores  que 
las  sgithias.  En  fin,  después  que  ha  di- 
cho Plinio  de  otras  espegies  de  esmeral- 
das ,  concluye  que  las  egipgias  tienen  el 
pringipado*.  Dige  mas:  algunas  no  se 
deben  horadar,  porque  son  de  perfeta 
bondad,  é  por esso  quieren  mas  aynaha- 
ger  de  aquellas  cilindri  que  gemma  ó 
piega,  como  aqui  se  dirá,  que  no  piedra 
engastada,  porque  en  las  tales  es  suma- 
mente alabada  la  longura.  Algunos  creen 
que  nasgen  angulosas  ó  esquinadas,  é 
que  sean  mas  gragiosas  horadándolas, 
porque  se  les  quita  la  medula  de  la  blan- 
cura, é  con  el  oro  que  se  les  pone  se  cas- 
liga  é  enmienda  la  causa  de  la  transpa- 
rengia  é  hágesse  mas  densa  é  perfecta. 
Todo  lo  dicho  es  de  auctoridad  del  auc- 
lor  alegado ,  y  muchas  mas  cosas  escribe 
en  su  último  libro  de  la  Natural  Historia, 
tractando  de  las  esmeraldas.  Isidoro  en 
sus  Ethimologias  sigue  en  la  mayor  parte 
de  lo  ques  dicho  al  Plinio.  Este  sancto 
doctor ,  declarando  en  sus  Ethimologias  ^ 
este  vocablo  é  figura  de  celindro ,  la  pin- 
ta é  pone  asM.  Cilindrus  est  figura  quadra-^ 


ta,  habens  superius  semicirculum  insoli- 
dum,  ita  {Lámina  2.',  fig.  5.'):  pero  yo  no 
tomo  por  tal  figura  lo  quel  PUnio  dixo  de 
suso ,  sino  por  lo  que  lo  toma  el  Antonio 
de  Lebrija  en  su  Vocabulista  [Cilindrus,  i, 
por  coluna  ó  cosa  rolliza  en  luengo);  pero 
dexadas  estas  opiniones  aparte ,  digo 
que  en  esos  ni  en  otros  auctores  no  he 
hallado  particularidad  que  sea  totalmente 
tan  satisfactoria  en  esta  materia  é  nasgi- 
miento  de  las  esmeraldas ,  como  lo  que 
han  visto  nuestros  españoles  (y  he  com- 
prehendido  de  las  esmeraldas  destas  nues- 
tras Indias):  diré  mi  paresgeren  ello,  re- 
mitiéndome del  todo  á  los  que  con  mas 
experiengia  é  curso  las  han  tractado.  Y  di- 
cho lo  que  he  oydo,  y  dada  relagion  de 
lo  que  he  visto ,  ocurran  los  lapidarios  á 
su  experiengia  é  doctrina ,  é  sírvanse 
desto  en  lo  que  fuere  á  su  propóssito. 
En  el  libro  XXVI,  cap.  XIII,  se  hallará 
adelante  escripto  lo  que  entendí  de  dos 
capitanes,  mis  amigos,  é  personas  co- 
nosgidas  é  de  crédito  ,  é  también  lo  supe 
de  otros  que  assi  mesmo  vieron  sacar  es- 
meraldas en  la  gobernagion  del  nuevo 
reyno  de  Granada,  donde  nasgen  é  está 
la  mina  dellas.  Y  también  hallares,  letor, 
en  el  libro  XXXXVI,  en  el  cap.  XVII,  otra 
espegie  de  esmeraldas  muy  desemejantes 
en  su  nasgimiento,  porque  las  primeras 
que  digo  están  en  la  provingia  de  los  Al- 
cágares,  en  la  jurisdigion  del  cagique  So- 
mindoco  é  de  otro  que  se  llama  Te?ia ,  é 
las  que  dixe  del  libro  XXXXVI  son  en 
Puerto  Viejo ,  en  el  Perú,  las  primeras, 
esto  es,  en  la  jurisdigion  de  Somindoco: 
é  de  la  misma  forma  se  hagen  en  tierra 
del  Tena ,  y  aun  estas  eran  las  mayores 
é  mejores ;  pero  por  gierto  terremoto  se 
hundió  aquel  monte  ó  parte,  donde  en 
Tena  sacaban  esmeraldas.  Sácanse  en 
una  sierra  cavando ,  é  después  sueltan  el 
agua  que  tienen  para  ello  retenida  en 


1    Plin. ,  lib.  último ,  cap.  6. 


2    Isid.,  lib.  XVÍ_,  cap.  7.  De  viridioribus gemmis. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  XXVII. 


213 


charcos  ó  pozas  que  hagen,  quando  llue- 
ve ,  é  con  ella  lavan  la  tierra  de  la  peña 
cavada,  é  cómo  el  agua  la  roba  é  lleva, 
descúbrense  é  paresgen  las  esmeraldas. 
Estas  todas  son  prolongadas,  como  cañu- 
tos por  la  mayor  parte  ,  pero  magigos  é 
de  seys  ángulos  é  caras  é  muy  duras, 
puesto  que  partigipan  asaz  de  una  trans- 
parencia cristalina.  Destas  me  han  dicho 
algunos  testigos  que  por  experiengia  lo 
han  visto  ,  en  espegial  el  capitán  Gómez 
de  Corral,  quel  fuego  no  las  corrompe  (á 
las  que  son  limpias  dellas),  é  aun  se  ofres- 
gia  á  lo  experimentar  en  mi  presengia. 
Mas  aun  quél  tenia  muchas  esmeraldas,  yo 
no  quise  ageptar  tal  prueba ,  porque  no 
pensasse  que  ponia  en  dubda  sus  pala- 
bras ;  y  también  le  oy  degir  que  las  que 
limpias  no  eran,  se  rompian  con  el  fuego. 
De  las  segundas  esmeraldas  que  dixe 
de  suso  en  el  lugar  alegado  que  se  crian 
en  el  Perú  (libro  XXXXVI) ,  en  guijar- 
ros ó  piedras  como  marmoleñas ,  en  las 
entrañas  ó  interiores  de  los  guijarros  ó 
piedras  semejantes,  digo  quel  nasgimien- 
to  dellas ,  hasta  el  tiempo  pressente ,  á 
los  españoles  oculto  es;  y  tengo  creydo 
que  debe  ser  mucha  verdad  assi ,  porque 
soy  informado  de  hombres  de  crédito  que 
me  han  dicho  é  otros  me  han  escripto  que 
ellos  las  han  hallado  dentro  de  tales  pie- 
dras. Y  con  esta  mi  opinión  é  verdad  es 
conforme  una  esmeralda  que  yo  uve 
destas,  é  la  tuve  un  tiempo  fecha  una 
cuenta  redonda  é  horadada,  assi  como  se 
ovo  de  los  indios,  que  en  parte  della  pa- 
resgia  piedra  cristaUna  ó  espegie  de  gui- 
jarro blanco  transparente ,  y  en  otra  par- 
te della  mostraba  ser  muy  fina  esme- 
ralda y  que  se  podia  sacar  della  una  pie- 
ga,  digna  de  un  anillo  para  un  príngipe  ó 
señor  grande.  Con  la  qual  tuve  otra  es- 
meralda en  una  sortija  ó  anillo  engastada 
que  me  costó  dosgientos  é  ginqüenta  pes- 
sos  de  oro,  é  no  la  diera  por  quinientos: 
é  si  no  oviera  tanta  abundangia  de  esme- 


raldas (que  de  las  dos  provingias  que  he 
dicho  han  resultado  é  llevádose  á  Espa- 
ña) ,  yo  estimarla  la  mia  en  mas  de  mili 
pessos  de  buen  oro ;  porque  de  mas  de 
su  limpieza  é  hermosura  es  gran  pieza  é 
quassi  tamaña  como  la  mitad  de  la  uña  del 
dedo  mas  gruesso  de  la  mano  de  un  hom- 
bre ,  é  es  gruessa  asaz ,  segund  su  gran- 
deza. Estas  últimas  llaman  de  Puerto  Vie- 
jo, porque  alli  venia  la  contractagion  de- 
llas, antes  que  los  chripstanos  ganassen  la 
tierra ,  é  por  aquella  comarca  se  han  ávi- 
do. Mas  sospéchase  questas  esmeraldas 
se  hallan  en  la  tierra  é  señorío  del  cagi- 
que  Tangarala ,  é  de  gerca  de  un  gran  rio 
assi  llamado ;  en  la  costa  del  qual  se 
pobló  la  cibdad  de  Sanct  Miguel,  ques 
á  seys  leguas  de  Puerto  Viejo,  queslá 
desla  parte  ó  promontorio  de  Sanct  Loren- 
go ,  algo  mas  de  un  grado  de  la  otra  parte 
de  la  línia  equinogial :  de  manera  que  las 
primeras  que  están  de  esta  parte  en  los 
grados  que  he  dicho,  se  deben  llamar  es- 
meraldas de  Somindoco ,  é  las  que  están 
del  otro  cabo ,  que  son  las  últimas  é  me- 
jores ,  se  deben  llamar  de  Tangarala,  en 
tanto  que  mas  notigia  sea  dellas. 

Y  por  mas  me  gertificar  de  lo  que  he 
dicho,  hige  labrar  á  un  lapidario  itaHano, 
llamado  Roco,  la  cuenta  que  he  dicho  que 
tuve  redonda,  y  aun  dos  cuentas  esme- 
raldas ;  y  se  sacaron  piezas  en  toda  per- 
fegion  y  verdor ,  y  también  sacó  este  la- 
pidario de  las  mismas  cuentas  algunas 
esmeraldas ,  no  tan  finas ,  é  otras  piezas 
blancas  de  las  mismas  cuentas.  Cosa  es 
que  para  mí  fué  nueva  vista  é  satisfato- 
ria  de  lo  que  tengo  dicho  de  suso. 

He  traydo  aqui  esto  á  conseqüengia  de 
los  depóssitos  diversos  ó  materias  diferen- 
tes de  que  tracta  este  libro  VI,  porque  me 
paresge  que  lo  que  he  dicho  de  las  esme- 
raldas es  notable ,  pertenesgiente  á  este 
libro  ,  assi  para  considerar  las  diversida- 
des quel  Plinio  é  otros  auctores  escriben 
de  tales  gemmas,  como  porque  ningún 


su 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


auctor  he  hallado  que  de  vista  pueda  tes- 
tificar cosa  tan  al  propóssito  é  ])astante 
de  las  esmeraldas,  como  lo  que  tengo  di- 
cho :  de  las  quales  se  han  llevado  muy 
ricas  piezas  á  España ,  é  de  mucho  valor, 
de  la  una  é  de  la  otra  parte  que  he  dicho 
que  se  han  hallado  en  estas  Indias.  Para 
mi  opinión  yo  tengo  en  mas  estimagion 
las  segundas  esmeraldas,  de  que  he  trac- 
tado ,  que  llaman  de  Puerto  Viejo  ó  de  la 
Nueva  Castilla,  ó  como  digo  de  Tanga- 
rala  ,  non  obstante  que  puntualmente  no 
se  sabe  hasta  aqui ,  que  estamos  en  el  año 
de  mili  é  quinientos  é  quarenta  é  ocho, 
su  nasgimiento,  aunque  algunos  sospe- 
chan é  otros  creen  que  son  de  la  costa 
del  rio  de  San  Johan ,  que  es  g erca  de 
Puerto  Viejo ,  é  está  aquel  rio  en  dos  gra- 
dos é  alguna  cosa  mas  desta  parte  de  lalí- 
nia  equinogial.  Pero  porque  las  que  llaman 
de  Granada  ó  de  los  Alcázares  ó  Somin- 
doco  ó  Tena  ó  Bogotá ,  mejor  lo  enten- 
dáis, letor,  digo  quel  nuevo  reyno  de 


Granada  se  dio  por  nombre  á  aquella  pro- 
vincia por  los  chripstianos  que  la  descu- 
brieron; é  otros  le  llaman  los  Alcázares. 
El  mayor  señor  de  la  provincia  se  degia 
Bogotá ;  é  á  la  parte  de  Bogotá  hágia  el 
norte,  está  el  cagique  Tena,  do  se  solian 
sacar  las  ricas  é  mejores  esmeraldas.  E  á 
la  parte  de  Bogotá ,  hágia  mediodía ,  está 
la  otra  mina  de  esmeraldas  en  tierra  del 
cagique  Somindoco :  assi  que  de  la  una 
mina  á  la  otra  hay  veynte  leguas,  é  en 
medio  de  ambas  minas  estaba  aquel  gran 
señor,  llamado  Bogotá,  é  todas  tres  par- 
tes están  quassi  en  triángulo ,  é  es  un  va- 
lle hermoso  é  fértil;  para  subir  al  qual 
siempre  se  va  encumbrando  la  tierra  poco 
á  poco  desde  muchas  leguas,  como  quien 
fuesse  desde  Sevilla  á  Burgos ;  é  assi  con- 
cluyen nuestros  españoles  que  lo  han  vis- 
to ,  que  hasta  llegar  al  dicho  valle  ó  se- 
ñorío del  Bogotá,  se  va  la  tierra  algando 
é  se  passan  muchas  é  altas  sierras.  Y  esto 
baste  quanto  á  las  esmeraldas. 


CAPITULO  XXVIII. 

En  que  sumariamenle  se  tracta  un  depóssito,  que  mas  largamente  se  podrá  ver  en  sus  lugares  apropri- 
dos,  é  donde  la  natura  en  estas  Indias  ha  mostrado  é  produce  algunas  fuentes  é  nascimientos  de  betum 

de  diversas  maneras. 


JL  ráctase  en  el  libro  XVII ,  cap.  VII ,  de 
una  fuente  ó  minero  de  betum  que  hay  en 
la  isla  de  Cuba ,  alias  Fernandina ,  que  es 
cosa  muy  notable ;  pero  no  nueva  en  el 
mundo,  porque  como  al  letor  constará 
por  lo  que  alU  puede  leer ,  otras  fuentes 
tales  escriben  auctores  graves  é  de  cré- 
dito que  hay  en  otras  partes.  Pero  cómo 
este  libro  VI  es  de  depóssitos ,  é  paresge 
que  conviene  que  haya  en  él  una  rela- 
gion  de  la  generalidad  ó  particulares  no- 
vedades de  las  cosas  que  en  estas  Indias 
se  descubren ,  parésgeme  que  aquesta  de 
los  veneros  ó  manantiales  ó  fuentes  de 
betum  no  se  debe  preterir  ni  dexar  de  re- 
ferirse aqui  por  cosa  muy  notable.  E  digo 


assi  que  hasta  el  pressente  tiempo  del 
año  de  mili  é  quinientos  é  quarenta  y  dos 
sabemos  que  hay  tales  betumes  ó  licores, 
señaladamente  en  aquestas  partes  que 
agora  diré.  En  la  isla  de  Cubagua,  que 
también  se  llama  de  las  Perlas ;  en  la  isla 
de  Cuba ,  alias  Fernandina ,  está  otra  fuen- 
te ó  venero  de  betum;  en  la  Nueva  Es- 
paña hay  otra  en  la  provingia  de  Panuco, 
é  otras  dos  fuentes  hay  en  la  punta  de 
Sancta  Elena,  que  la  una  dellas  es  como 
perfecta  trementina.  Otro  lago  de  betum 
está  en  la  provingia  de  Veneguela  :  otro 
pozo  hay  de  betum  en  la  gobernagion  del 
nuevo  reyno  de  Granada,  en  la  tierra  de 
los  indios  bravos,  que  llaman  Panchcs. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  XXVIII. 


SH5 


Assi  que  hasta  el  pressente  se  saben  en 
estas  nuestras  Indias  siete  fuentes  ó  ma- 
nantiales de  betum;  é  muy  diferentes  los 
unos  de  los  otros,  de  los  quales  todos 
nuestros  españoles ,  ó  de  la  mayor  parte 
dellos ,  se  han  aprovechado  para  brear 
navios ,  non  obstante  que  segund  lo  que 


de  los  indios  se  ha  podido  saber ,  son 
apropriados  tales  licores  á  muchas  pas- 
siones,  é  son  medicinales,  como  se  di- 
rá en  sus  lugares  é  partes  apropriadas, 
quando  en  cada  parte  ó  isla ,  donde  es- 
tan,  se  tractáre  su  historia  mas  puntual- 
mente. 


CAPITULO  XXIX. 

Del  temblor  de  la  mar,  é  del  fundamento  ó  (ierra  que  debaxo  della  está  juntamente,  ó  en  un  instante  tem- 
blor de  ambos  elementos. 


»3on  las  cosas  del  mundo  y  de  la  natura 
tan  grandes  é  de  tanto  valor  é  soberana  in- 
vestigación para  los  despiertos  ingenios, 
que  ningún  buen  entendimiento  las  puede 
oyr  ni  considerar  sin  grande  gogo  é  deleta- 
gion  del  espíritu  inteletual.  Y  aun  no  son 
poco  provechosas  en  los  cathólicos varo- 
nes ,  pues  á  los  tales  y  aun  á  los  infieles 
causan  una  ocurrengia  de  memoria  que 
los  lleva  al  Hacedor  y  causador  de  todos 
los  bienes  y  de  todo  lo  creado  y  elemen- 
tado para  darle  gragias  y  loores  de  sus 
maravillas  ;  porque  como  dijo  David: 
«Señor,  no  hay  otro  semejante  á  tí  ^)) 
Cierta  cosa  es,  que  manifiestamente  yer- 
ra aquel  que  á  la  natura  le  da  gragias, 
ni  se  maravilla  de  cosa  que  obre ,  sino  á 
solo  aquel  que  la  ordenó  é  compusso  de 
tal  manera ,  que  ella  pueda  naturalmente 
obrar  aquello  que,  por  acaesger  raras 
veges,  nos  paresge  milagro.  Una  cosa 
diré  aqui  que,  aunque  hé  setenta  años, 
nunca  antes  avia  llegado  á  mi  notigia  se- 
mejante acaesgimiento ,  y  al  presente  el 
capitán  Johan  de  Lobera,  que  está  en 
esta  gibdad  é  puerto  de  Sancto  Domingo, 
me  ha  dicho ,  y  también  lo  dige  un  maes- 
tre de  una  caravela  llamado  Johanes ,  na- 
tural del  condado  de  Vizcaya,  é  ambos 
testifican  averse  hallado  en  lo  que  aqui 


se  dirá.  Después  quel  adelantado  don  Pe- 
dro de  Alvarado ,  viniendo  de  Castilla, 
passó  por  esta  gibdad  é  llegó  á  la  Tierra- 
Firme  é  gobernagion  de  Honduras ,  envió 
al  dicho  capitán  Johan  de  Lobera  con  tres 
navios  á  estas  islas.  E  después  que  se  hi- 
gieron  á  la  vela  en  la  Tierra-Firme  é  na- 
vegaron para  venir  aqui,  dióles  tiempo 
contrario  é  hízoios  andar  temporigando 
muchos  dias :  é  la  víspera  de  Sancta  Ca- 
thelina,  veynte  é  quatro  de  noviembre  de 
mili  é  quinientos  treynta  é  nueve  años, 
á  causa  quel  tiempo  no  abonangaba  para 
seguir  su  viaje ,  estaban  todos  tres  navios 
apartados  uno  de  otro  é  puestos  al  payro, 
por  no  se  derrotar  ni  perder  lo  que  avian 
caminado ,  é  hallábanse  quarenta  leguas 
ó  mas  apartados  de  la  gran  costa  de  la 
tierra  é  de  donde  avian  partido.  El  norte 
ventaba  mucho  siete  dias  avie,  sin  gessar 
un  punto ,  que  en  esto  estaban  aguardan- 
do la  mudanga  del  tiempo;  y  esperando 
otro  mejor  tembló  la  mar ,  é  assi  creyeron 
que  lo  hizo  la  tierra  que  debaxo  de  sí  te- 
nían. Esto  fue  entre  las  onge  é  las  doge 
horas  de  la  noche ,  y  de  tal  manera ,  que 
todos  los  de  los  navios  pensaron  que 
avian  dado  en  algunos  baxos ,  y  ocurrie- 
ron á  las  sondas  é  no  hallaron  suelo ;  y 
espantado  del  caso  el  capitán  Johan  de 


i    Domine ,  non  esl  similis  lui.  Paralip. ,  cap.  17. 


Si6 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


Lobera ,  se  hizo  á  la  vela,  atinando  á  los 
faroles  que  cada  navio  tenia ,  para  se  re- 
coger ó  entender,  é  arribó  con  la  nao 
capitana  sobre  un  navio  de  los  de  la  con- 
serva por  hablarle,  é  preguntó  á  este 
maestre  Johanes  (que  assi  mismo  al  pre- 
sente está  en  esta  cibdad)  que  qué  le  pa- 
res^ia  que  debian  hacer,  y  el  maestre  le 
dijo:  «Señor,  no  sé  qué  hagamos ;  ha- 
gerse  há  lo  que  vuestra  merged  manda- 
re.» Entonces  el  capitán,  Johan  de  Lo- 
bera, replicó  é  le  dixo  :  «¿Parégeos  que 
debemos  arribar  la  vuelta  de  Tierra-Fir- 
me?» E  el  maestre  respondió  que  le  pa- 
resgie  que  lo  debian  hager,  pues  que  la 
mar  ya  no  los  sofria ,  que  habia  tembla- 
do, é  el  tiempo  estaba  muy  metido  en  su 
contraste.  E  assi  acordaron  de  arribar,  é 
fueron  la  vuelta  de  tierra,  é  caminaron  lo 
que  les  quedaba  por  passar  de  aquella 
noche ,  é  el  dia  siguiente  todo  de  Sancta 
Cathelina  é  la  noche  con  mucho  norte,  é 
el  otro  dia  adelante  por  la  mañana  llega- 
ron al  cabo  de  Higueras.  E  salidos  en 
tierra  supieron  que  en  la  misma  sagon 
que  passó  lo  que  está  dicho  de  aquel 
temblor,  tembló  assi  mismo  mucho  la 
tierra  de  aquella  provingia ,  é  se  siguió 
grandíssimo  daño  en  las  heredades  é  en 
el  campo.  Paresgióme  notable  cosa  é  dina 
de  ponerse  entre  las  diversidades  de  co- 
sas queste  libro  VI  tracta ,  puesto  queste 
maestre  Johanes  dige  que  otra  vez  le 
acaesgió  lo  mismo  en  Levante  en  el  ar- 
chipiélago; é  caso  que  á  marineros  no 
sea  oculto  esto ,  para  mí  ha  seido  cosa 
nueva  oyrlo,  y  assi  será  á  otros  muchos, 
en  espegial  á  los  que  no  han  tanta  noti- 
gia  de  las  cosas  de  la  mar ;  porque  mo- 
verse allá  debaKO  della  la  tierra  é  temblar 
en  tanta  hondura,  como  aquellos  navios 
tenian  debaxo  de  las  quillas,  é  sentirlo 
de  tal  manera  que  les  paresgió  avian  to- 
pado en  rocas  ó  dado  al  través,  caso 


para  espantar  é  no  de  poca  contempla- 
gion  é  admiragion  es  á  los  que  lo  oye- 
ren. Bien  sé  que  escribió  Plinio '  que  tiem- 
bla la  tierra  variamente  é  hage  maravillo- 
sas operagiones ;  porque  algunas  veges 
derriba  los  edifigios ,  é  otras ,  abriéndose 
la  tierra,  los  traga:  otras  veges  echa  fue- 
ra alguna  altura  ó  muela  de  territorio: 
otras  veges  rios ;  otras  fuego  é  cálidas 
fuentes ,  é  alguna  vez  revuelve  el  curso 
de  los  rios.  El  terremoto  es  acompañado 
de  sonido ,  el  qual  paresge  ó  mormurio  ó 
bramido  ó  grito  humano  ó  rumor  de  ar- 
mas ,  segund  la  calidad  de  quien  lo  res- 
gibe  é  la  forma  de  la  caverna  de  donde 
sale ;  porque  en  la  via  estrecha  es  ronco, 
é  en  la  torgida  ribomba ,  y  en  lo  húmido 
ondea,  y  muchas  veges  sin  terremoto  se 
oye  el  sonido.  Ni  en  una  misma  manera 
se  conmueve  la  tierra ;  mas  ó  tiembla  ó 
alanga  el  abertura  que  hage  el  terremoto. 
Alguna  vez  queda  mostrando  lo  que  ha 
tragado,  é  otras  veges  se  rehinche,  de  ma- 
nera, que  ninguna  señal  queda  de  las 
cibdades  ó  tierras  sorbidas.  El  mismo 
auctor  alegado  dige,  antes  de  lo  ques  di- 
cho ,  lo  que  sigue :  «Yo  estimo  no  ser 
dubdoso  que  los  vientos  son  causa  de  los 
terremotos:  ni  jamás  tiembla  la  tierra,  si 
la  mar  no  está  quieta  é  el  ayre  tranquilo, 
quel  vuelo  de  las  aves  no  se  sostenga, 
porque  es  removido  todo  espíritu  que  le 
lleva.  Ni  jamás  hay  terremoto  sino  quan- 
do  el  viento  es  rincluso  en  las  venas  de 
la  tierra ;  porque  assi  es  el  terremoto  en 
la  tierra,  como  el  tronido  en  la  nube,  ni 
es  otra  cosa  el  abertura  de  la  tierra  de  lo 
ques  la  nube,  quando  al  salir  del  rayo  se 
abre ,  porque  el  viento  engerrado  quiere 
salir  á  lugar  libre  ^.»  Aplicando  lo  ques  di- 
cho de  Plinio  á  nuestro  propóssito  é  á  lo 
que  los  testigos  alegados  digen  que  les 
subgedió,  cotejado  lo  que  tan  alabado  auc- 
tor escribió  desta  materia  en  su  Natural 


1    Plin.,  lib.  Il.cap.  82. 


2    Plin.,  lib.  II,  cap.  81. 


DE  liNDíAS.  LIB.  VI.  CAP.  XXIX. 


t\ 


historia ,  veo  que  no  se  conforma  con 
nuestro  caso;  porque  pues  Plinio  dige 
que  jamás  tiembla  la  tierra  si  la  raar  no 
está  sosegada  y  el  aire  tranquilo ,  y  es- 
tos otros  contestes  digen  que  la  mar  an- 
daba muy  alta  y  el  viento  muy  excesivo 
é  grande ,  é  la  noche  toda  con  muchos 
truenos  é  relámpagos  é  tiempo  tempes- 
tuoso; muy  diferente  es  é  desviado  lo  quel 
Plinio  dige  de  lo  que  nuestros  testigos 


afírmau.  Assi  como  do  supo  este  caso, 
es  de  creer  que  hay  otras  muchas  parti- 
cularidades quel  no  alcangó,  é  quel  mun- 
do nunca  gessará  de  enseñar  novedades 
á  los  que  vivieren ,  y  mucho  mas  en  es- 
tas Indias  que  en  otras  partes ;  porque 
los  secretos  dellas  están  menos  entendi- 
dos ni  vistos  con  tanta  experiengia  por  los 
chripstianos  é  hombres  de  sgiengia  seme- 
jante. 


CAPITULO  XXX. 

De  un  depósilo  é  nueva  manera  de  atabales  é  alambores  é  hasta  agora  nunca  oydos  ni  vistos,  cx^eplo  en 
Zisca,  capitán  herético  de  los  bohemos  heréticos. 


U  n  depóssito  se  me  ofresge  de  una  nue- 
va manera  de  atabales  que  en  la  parte 
austral  destas  nuestras  Indias  se  han  ha- 
llado y  visto ,  lo  qual  en  la  continuagion 
destas  historias  estará  mas  largamente 
escripto  en  sus  lugares  apropriados ,  assi 
quando  se  tráete  de  la  gobernagion  de 
Popayan  en  el  libro  XLV,  como  en  el  li- 
bro XLVI  de  la  última  parte  destas  his- 
torias. Mas  por  ser  cosa  muy  notable  ha- 
ger  los  hombres  atabales,  ó  ser  los  hom- 
bres atabales,  degirse  ha  aqui  en  suma 
lo  que  en  esto  passa :  é  diré  primero  una 
cláusula  del  testamento  del  herético  Zis- 
ca, capitán  muy  señalado  délos  heréticos 
de  Bohemia ,  porque  quiere  paresger  á 
lo  que  los  indios  hagen  en  algunas  pro- 
vingias  (no  lexos  sino  muy  gerca)  de  la 
línia  del  equinogio.  Escribe  Eneas  Silvio 
Picolomineo,  natural  de  Sena,  cardenal 
de  Sancta  Sabina,  en  su  Historia  de 
Bohemia  * ,  que  seyendo  herido  de  pesti- 
lengia  en  un  castillo,  llamado  Priscovia, 
el  herético  capitán  Zisca ,  por  permisión 
de  Dios  (segund  se  debe  creer) ,  mu- 
rió aquel  aborresgible  monstruo,  cruel, 
espantable ,  enojoso ,  contra  el  qual ,   no 


bastando  poder  humano,  bastó  para  ma- 
talle  solo  el  dedo  de  Dios.  Digen  que 
Zisca,  estando  enfermo,  fué  preguntado 
dónde  le  enterrarían,  é  respondió  que  le 
desollassen  después  de  muerto,  y  echa- 
sen la  carne  á  las  aves  é  bestias ,  é  del 
cuero  higiessen  un  atabal,  é  le  llevassen 
ante  sí,  como  capitán,  quando  fuessen  á 
pelear,  é  que  en  oyendo  los  enemigos 
el  son  del  atabal,  huirían. 

Lo  que  con  este  tal  atabal  se  con- 
forma en  las  partes  que  he  dicho  des- 
tas  nuestras  Indias  es  lo  que  agora  di- 
ré. Quando  fué  preso  Alabaliba,  prín- 
gipe  muy  poderosso  é  rico ,  huyó  un 
capitán  suyo  de  Caxamalca  ó  desde  su 
real  de  Atabaliba,  con  ginco  ó  seis 
mili  indios,  é  algósse  con  la  provingia 
de  Quito ,  é  traia  unos  hijos  de  Ataba- 
liba que  allá  estaban.  E  Atabaliba  es- 
tando preso,  envió  por  ellos  á  un  herma- 
no suyo ,  y  este  no  queriéndoselos  dar, 
le  mató  é  le  hizo  sacar  todos  los  huesos 
por  gierta  parte,  quedando  el  cuerpo  en- 
tero é  lo  hizo  atabal:  de  tal  manera,  que 
la  una  parte  del  atabal ,  ó  mejor  digien- 
do  atambor,  eran  las  espaldas,  é  la  otra 


TOMO  1. 


i    Lib.  III. 


?8 


218 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


parte  era  la  barriga.  E  curada  la  cabega, 
é  piernas,  é  pies,  é  brazos,  é  manos,  é 
lo  restante  del  cuerpo  estaba  entero  co- 
mo preñado  é  fecho  atabal  ó  atarabor  co- 
mo es  dicho :  lo  qual  hizo  por  asegurar 
su  tirania,  é  por  atemorizar  á  otros  á 
quien  amenagaba  que  no  le  seyendo  obe- 
dientes, los  convertirla  en  semejantes 
alambores. 

Estando  en  esta  cibdad  de  Sáne- 
lo Domingo  de  la  Isla  Española  el  ca- 
pitán Sebastian  de  Benalcágar,  quan- 
do  yba  á  su  gobernación  de  Popayan ,  el 
año  que  passó  de  mili  é  quinientos  é  qua- 
renla,  yo  platiqué  con  él  algunas  veges, 
como  con  hombre  que  se  avia  hallado  en 
la  conquista  de  las  provingias  de  Quito 
é  Popayan ,  é  de  aquellas  partes  austra- 
les é  señorios  de  Atabaliba.  E  cómo  ha 
muchos  años  que  nos  conosgemos  é  somos 
amigos,  como  tales,  sogiablemente  é  de 
grado  me  informó  de  muchas  cosas  que 
yo  desseaba  gertificarme ;  y  entre  otras 
le  pregunté  por  el  atabal  ó  alambor  que 
es  dicho ,  y  me  dixo  que  él  avia  visto  el 
mesmo  atabal ,  é  que  era  muy  gran  ver- 
dad aver  assi  passado  como  es  dicho.  Y 
me  dixo  mas:  que  lo  tal  es  cosa  muy  usa- 
da en  aquellas  partes,  é  que  vido  en 
una  poblagion  pringipal,  llamada  Lile, 
que  es  en  la  gobernagion  de  Popayan 
(la  qual  está  en  dos  grados  y  medio  desta 


parte  de  la  línia  equinogial),  en  solas  tres 
casas  seysgientos  é  ochenta  atabales  se- 
mejantes al  que  es  dicho.  E  aquestos  ta- 
les instrumentos  de  música  los  hagen  de 
los  enemigos  que  vengen  ó  pueden  aver; 
é  quanto  mas  valeroso  es  el  capitán  ó 
señor  de  aquellos  que  en  aquellas  partes 
tienen  señorío  ,  tanto  es  mayor  el  núme- 
ro que  tiene  de  tales  atabales ,  é  es  un 
gran  testimonio  de  su  esfuergo  é  cruel- 
dad, de  lo  qual  muchos  se  presgian.  Y 
ningún  atabal  de  los  que  de  otros  ani- 
males se  hagen ,  les  aplage ,  ni  otra  músi- 
ca han  por  tan  suave  é  grata  á  sus  ore- 
jas, como  aquesta.  E  assi  quando  hagen 
sus  areytos  é  fiestas,  esos  atabales  se  ta- 
ñen, é  los  tienen  por  un  muy  exgelente 
ornamento  de  su  Estado,  é  por  grande 
auctoridad  de  su  potengia.  Ved ,  letor,  qué 
gerimonias  les  dá  á  entender  el  diablo, 
que  son  grandeza  é  de  honrosa  reputa- 
gion ,  porque  cada  dia  crezca  la  república 
infernal  é  no  falten  homegidios ,  con  que 
se  vierta  sangre  humana,  é  se  ofrez- 
ca al  demonio  en  sacrifigio :  de  lo 
qual  él  se  huelga  mucho,  como  mas 
largamente  lo  dige  el  Tostado,  exge- 
lente doctor ,  relatando  las  causas  por 
qué  Busiris  sacrificaba  los  extrangeros, 
por  hager  plager  ó  servigio  á  sus  Dio- 
ses, é  porque  le  prosperassen  en  Es- 
tado i. 


CAPITULO  XXXI. 


De  una  propriedad  délos  ganados  corea  de  la  línia  equinoeial ,  que  es  cosa  muy  notable. 


\^uito  está  ginco  ó  seis  leguas  (segund 
fui  gertificado  del  capitán  Sebastian  de 
Benalcágar  y  de  otros),  de  la  otra  banda 
ó  parte  de  la  línia  equinogial ,  á  ochenta 
leguas  de  Popayan,  de  tierra  doblada;  é 
Popayan  está  en  dos  grados  y  medio  des- 


ta parte  de  la  equinogial,  é  el  rio  que 
llaman  Angasmayo  parte  los  términos  de 
Quito  é  Popayan.  Cosa  es  maravillosa 
que  los  giervos  é  ganados  que  están  de 
la  parte  de  Quito  no  passan  el  dicho  rio 
á  estotra  parte,  aunque  por  muchos  va- 


1     Abul.  sobre  Eusebio  Z)e /05  íícmpoí,  lib.  II,        cap.  4C1, 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  XXXI 


219 


dos  que  tiene  lo  podrían  hager,  ni  los 
que  nasgen  é  están  destotra  banda  tam- 
poco atraviessan  el  dicho  rio  para  la  otra 
parte  hágia  Quito.  Otra  cosa  notable  quie- 
ro referir  aqui ,  la  qual  supe  assi  mismo 
del  gobernador  Benalcágar ,  el  qual  me 
gertificó  que  los  giervos  en  la  provincia 
de  los  Alcázares  (hágia  Sancta  Marta)  son 
chicos ,  é  hágia  la  parte  de  Levante  son 
grandes ,  no  estando  mas  de  un  pequeño 
monte  en  medio.  Estas  cosas  é  secretos 
de  la  natura,  son  ocultas  las  causas, 
puesto  que  los  efetos  son  vesibles.  Assi 
como  en  Sigoro  * ,  isla  donde  no  entran 
perros,  é  llevándolos  de  otras  partes,  va- 
gabundos se  andan  por  la  ribera  é  se 
mueren ,  en  muchas  partes  de  la  Tierra- 
Firme  ,  assi  como  en  Sancta  Marta  é  en 
Nicaragua  é  en  el  golpho  de  Orotiña, 
todos  los  perros  que  son  naturales  de  la 
tierra  no  ladran  (de  los  quales  yo  he  vis- 
to muchos);  pero  los  nuestros  que  han  lle- 
vado españoles  ladran,  como  lo  suelen  ha- 
ger  en  España.  Tenupsisambri ,  provingia 
es  de  Assia,  donde  todos  los  animales  de 
quatro  pies  son  sin  orejas ,  é  assi  mismo 
los  elephantes^.  Quién  puede  saber  ni  con- 
jecturar  la  causa  por  qué  una  gente  de  la 


India  llamada  pandara ,  la  qual  habita  en 
los  valles ,  vive  dosgientos  años ,  y  en  la 
juventud  son  canos ,  y  en  la  vejez  tienen 
el  cabello  negro?'  O  por  qué  en  otra  par- 
te nasgen  los  hombres  con  cola  pelosa  é 
son  velogíssimos ,  é  otros  con  tan  gran- 
des orejas  que  cubren  todo  el  cuerpo 
con  ellas?  Estas  cosas,  como  dige  Pli- 
nio,  c  otras  semejantes ,  produge  la  na- 
tura de  la  generagion  de  los  hombres, 
las  quales  á  ella  dan  juego  y  á  nosotrps 
nos  paresgen  miraglos.  Y  assi  mismo 
se  ven  en  los  otros  animales  las  diferen- 
gias  que  se  han  dicho  de  suso,  é  otras 
que  no  se  pueden  acabar  de  escrebir,  sin 
prolixidad.  Pero ,  como  mi  intento  no  es 
degir  las  que  por  otros  auctores  están  es- 
criptas,  sino  las  que  en  estas  nuestras 
Indias  vienen  á  mi  notigia,  que  son  nota- 
bles, he  traydo  á  conseqüengia  las  que 
truxe  aqui  del  Plinio ,  para  que  el  letor 
se  acuerde  que  esta  materia  es  grande, 
é  que  en  otras  partes  del  mundo  hay 
assi  mismo  otras  muchas  cosas,  de  que  se 
pueden  tanto  ó  mas  maravillar  los  hu- 
manos, como  de  las  que  se  han  dicho 
destas  Indias ,  y  assi  tengo  por  giertas  las 
unas  é  las  otras. 


CAPITULO  XXXIL 


De  los  vasos  hechos  de  cabe9as  de  hombres ;  y  tráctase  aqui  en  espe9ial  de  uno  que  tuvo  el  gran  prín- 
cipe Atabaliba,  é  de  lo  que  dio  por  un  gato,  é  de  lo  que  dio  á  un  español  por  causa  de  un  gavilán. 


U  n  depóssito  (y  aun  tres)  porné  en  este 
capítulo  XXXII,  en  tanto  que  llega  la  his- 
toria á  su  tergera  parte  ó  volumen,  donde 
se  tractará  de  las  co?as  del  gran  príngi- 
pe  ó  rey  Atabalíba.  Y  porque  ha  pocos 
días  que  tengo  notigia  de  un  tractado 
nuevamente  escripto  por  un  caballero  de 
Sevilla,  llamado  Pedro  Mexía,  é  á  su  li- 


bro llama  Silva  de  varia  legión,  no  se 
puede  negar  que  el  auctor  es  docto  y  su 
obra  provechossa ,  y  el  estilo  no  menos 
elegante  que  subido  en  quilates  de  mu- 
cho valor;  y  conozco  yo  de  su  ingenio  y 
letras  que  bastan  á  esa  obra  é  otra 
mayor. 

Mas  diré  dos  cosas  aqui,  antes  que  diga 


i    Plin.,  lib.  VI,  cap.  28. 
2    Plin.,  lib.  VI,  cap.  30. 


3    Plin.,  lib.  Vil,  cap.  2. 


220 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


los  tres  depóssítos  que  ofresgí  de  suso: 
la  primera  es  quel  nombre  ó  título  del 
libro  me  pares^e  muy  bien  acomulado  é 
puesto  muy  al  proprio  é  qual  le  debe  te- 
ner un  volumen  semejante ;  porque  assi 
como  en  él  se  tractan  muchas  é  diversas 
cosas,  é  en  la  silva  ó  bosques  son  dife- 
rengiados  los  árboles  é  plantas  que  pro- 
ducen, é  los  animales  é  aves  que  en  ellos 
habitan  ése  crian,  assi  le  dio  el  nombre, 
conforme  á  la  traga  é  materias  que  en  su 
mente  (del  escriptor)  estaban  ya  elegidas 
y  notadas  y  bien  vistas  por  él ,  para  que 
desechando  ó  desviando  la  prolixidad  de 
los  originales  (como  prudente  copilador), 
cogiendo  la  flor  de  tantas  é  tan  suaves 
memorias  é  de  tan  notables  legiones,  viés- 
semos  en  breves  renglones  lo  que  muchos 
é  grandes  volúmines  contienen.  La  se- 
gunda cosa  que  me  ocurre,  ó  en  que  este 
nuevo  tractado  Silva  de  varia  lecion  me 
ha  dado  causa  de  hablar  en  su  loor  y  en 
el  primor  de  su  auctor ,  es  averie  topado 
su  industria  un  nombre  que  paresge  pe- 
regrino ó  no  visto  antes  y  solo ,  y  en  la 
verdad  es  muy  usado ,  porque  como  dige 
el  sancto  doctor  Isidoro  en  sus  Elhimolo- 
(jias\  quiero  degir  que  esa  varia  legión 
tiene  otro  título  é  nombre  proprio ,  y  es 
Comentarios)  y  assi  lo  que  escribió  César, 
dictador,  se  llama  Comentarios  de  César^ 
porque  sumariamente  escribió  sus  pro- 
prios  fechos.  Y  esto  que  yo  escribo  en 
este  libro  VI  de  la  Natural  Historia  de 
Indias,  el  mismo  y  proprio  nombre  que 
se  le  puede  dar,  es  Comentarios ;  puesto 
que  assi  como  este  caballero ,  Pedro  Me- 
xia,  huyendo  del  proprio  nombre,  dio  á 
su  obra  otro  tan  proprio  como  el  mismo, 
é  la  llamó  Silva  de  varia  lecion ,  assi  yo 
quando  intitulé  este  sexto  libro ,  por  no 
le  llamar  Comentarios,  le  nombré  Libro  de 
los  Depóssitos.  Y  lo  que  tuve  escripto  del 

i  Commentaria  dicta  ,  quasi  cum  mente.  Sunt 
eniminterpretationes,  ut  commentajuris,  commenta 
Evamjdii.  Nam  quicquid  brcviter  componilur,  com- 


se  imprimió  el  año  de  mili  é  quinientos  é 
treynta  é  ginco  años,  y  después  se  ha 
acresgentado  en  él  todo  lo  que  esta  se- 
gunda impresión  tiene  mas  que  la  prime- 
ra ,  que  es  mucho ,  y  cada  dia  puede  ser 
mas;  porque  estos  tractados  ó  comenta- 
rios son  de  calidad  que  nunca  faltará  qué 
recoger  para  recreagion  de  los  hombres 
que  dessean  saber  y  no  se  apartan  de  tan 
loable  y  virtuoso  exergigio,  como  es  leer, 
con  tanto  que  esa  ocupagion  sea  en  li- 
bros provechosos  y  verdaderos  y  no  pa- 
negy ricos,  in  cujus  compositione  homines 
multis  mendaciis  adulantur ,  como  el  mis- 
mo Isidoro  en  el  lugar  alegado  lo  dige. 
Tornando  al  primero  propóssito  de  los 
depóssitos,  digo  que  en  el  capítulo  IX 
deste  VI  libro  dixe  algo  de  lo  que  escribe 
Plinio  de  giertos  vasos,  que  los  antropó- 
phagios  usan ,  que  hagen  de  las  cabegas 
de  los  hombres  que  matan,  y  dige  estas 
palabras:  «Los  antropóphagios  y  come- 
dores de  carne  humana  ó  de  hombres 
(de  los  quales  avernos  dicho) ,  están  diez 
jornadas  engimade  Borísthenes,  é  beben 
con  las  cabegas  ó  calavernas  de  los  hom- 
bres ,  é  los  dientes  con  los  cabellos  traen 
por  collares ,  segund  escribe  Isigono  *. 
Muchas  cosas  se  hallarán  en  estas  mis 
historias  de  Indias,  por  donde  se  deba 
creer  la  maldad  destos  indios  en  el  co- 
mer carne  humana.  Mas  por  un  vaso  que 
he  sabido  que  tuvo  aquel  gran  príncipe 
Atabalida ,  se  puede  creer  lo  demás :  el 
qual  era  la  cabega  de  su  hermano,  la 
qual  vagiados  los  sesos  é  interiores  par- 
tes della  muy  bien ,  y  de  dentro  muy  li- 
sa, y  el  brocal  de  su  gircunferengia  he- 
cho de  oro  muy  bien  labrado  é  fino ,  te- 
nia el  cuero  superior  con  los  cabellos  muy 
llanos  é  negros  y  curados,  de  manera 
que  estaban  muy  lijos  en  este  vaso,  con 
quel  Atabaliba  bebia  en  las  fiestas;  y  era 

mentarium  dicüur ;  quod  vero  elongatur,expoiit%o 
nominalur.  üb.  VI.,  cap,  8. 
2    Plin.,  lib.  Vil.  cap.  II. 


DE  INDIAS.  LIB.  Vi.  GAP.  XXXíí. 


22  f 


una  de  las  maá  presgiosas  joyas  de  su  cá- 
mara é  tesoros  y  de  mas  reputagion. 

El  segundo  depóssito  es,  que  entre  los 
españoles  que  se  hallaron  en  la  prisión  de 
Alabaliba ,  uno  dellos  tenia  un  gato  des- 
tos  caseros:  é  acaso  un  día  vido  el  Ala-  / 
baliba  como  tomó  un  ratón,  y  holgóse 
tanto  de  verlo,  que  rogó  al  dueño  del  gato 
que  se  lo  diesse,  é  dióle  por  el  gato  mas 
de  mili  pessos  de  oro;  y  de  ahy  adelan- 
te, quando  queria  aver  plager,  traíanle 
ratones,  é  él  soltaba  el  gato  é  los  toma- 
ba, é  era  para  él  una  caga  de  mucho 
porte  é  risa. 

Quanto  al  tergero  depóssito ,  es  de  sa- 
ber que  un  hidalgo  de  los  del  exérgi- 
to  del  gobernador,  don  Frangisco  Pi- 
garro,  tomó  un  gavilán  é  hízole  manso, 
é  cagaba  con  él  gergetas  é  tórtolas  é  otras 
aves :  y  ver  aquesto  fué  para  Alabaliba 
una  cosa  de  que  él  se  maravilló  ,  é  dixo 


que  los  hombres  que  tal  sabían  hager  á 
enseñar  á  las  aves  é  domarlas,  que  todas 
las  cosas  del  mundo  les  eran  possibles  é 
sabrían  ser  señores  del  mundo ,  pues  ha- 
gian  alguagiles  para  tomar  las  aves.  Y  en 
veges  le  dio  á  aquel  hidalgo,  por  causa 
del  gavilán,  mas  de  dos  mili  pesos  de 
oro ,  é  queria  que  aunque  se  le  oviesse 
dado,  lo  tuviesse  é  curasse  aquel  gentil 
hombre  que  lo  avia  hecho ,  é  que  cada 
dia  se  lo  truxese  delante  de  sí.  E  se  hol- 
gaba mucho  de  lo  ver,  é  le  hizo  luego 
hager  unos  cascabeles  de  oro  é  guarnes- 
gerle  como  ave  de  tan  gran  príngipe ,  que 
á  la  verdad  lo  fué  muy  grande  é  tan  va- 
leroso, como  en  su  lugar  se  dirá,  quando 
se  tráete  en  la  tergera  parle  de  la  con- 
quista de  la  Nueva  Castilla  é  de  aquellas 
partes  australes.  Y  no  fué  pequeño  de- 
licio matar  un  señor  semejante,  y  en  es- 
pegial  por  la  forma  que  lo  mataron. 


CAPITULO  XXXIII. 

De  las  mugeres  que  en  las  Indias  viven  en  repúblicas  é  son  señoras  sobre  sí,  á  imitación  de  las  Ama- 
zonas: é  pónense  aqui  dos  depóssilos  hasla  que  en  la  segunda  parle  de  la  General  historia  lleguemos  á 
los  proprios  lugares  é  provin9Ías,  donde  tales  mugeres  habitan  ,  é  alli  se  diga  mas  copiosamente  lo  que 

en  esto  hay  que  escrebir. 


I  linos  é  Escolopytho  fueron  desterra- 
dos de  su  patria*;  losquales,  llevando 
consigo  gran  moltilud  de  mangebos ,  se 
passaron  á  Capadogia  á  par  del  rio  Ter- 
modonle ,  é  tomaron  los  campos  Temis- 
girios ,  é  alli  acostumbraron  á  robar  á  los 
veginos;  mas  después  los  pueblos  los  ma- 
taron. Las  mugeres,  viéndose  desterradas 
é  viudas ,  lomaron  armas ,  é  primero  de- 
fendiendo su  tierra  é  hagiendo  guerra, 
osaron  por  maravilloso  exemplo  de  todos 
los  tiempos,  hager  su  república  sin  mari- 
dos ;  desechando  los  veginos  por  no  se 
casar,  porque  no  seria  llamado  matrimo- 
nio, sino  servitud,  é  assi  se  reglan,  des- 


pregiándose  de  tener  marido.  E  á  tal  que 
no  paresgiesse  que  la  una  tenia  ventaja  á 
la  otra,  mataron  á  aquellos  que  avían 
quedado  en  casa ,  é  higieron  venganga  de 
los  muertos  maridos  con  la  muerte  de  los 
vivos.  Después  por  fuerza  ávida  la  paz, 
á  tal  que  no  fallasse  su  generagion ,  co- 
mengaron  á  luxuriar  con  los  veginos,  ésí 
nasgian  algunos  hijos  varones,  matában- 
los, é  las  hembras  exergitaban  en  sus 
costumbres ,  no  teniéndolas  en  ogio  ni  en 
el  arte  de  la  lana  ocupadas ,  sino  en  ar- 
mas é  en  caballos  é  caga ;  é  quando  eran 
pequeñas,  quemábanles  la  teta  derecha, 
á  tal  que  no  les  diesse  estorbo  al  tirar  con 


1     Justino,  lib.  II. 


223 


HISTORIA  GEINERAL  Y  NATÜIUL 


el  arco ,  por  lo  qual  las  llamaron  amaco- 
nas.  Estas  ovieron  dos  reynas ,  Marpesia 
é  Lampedo,  etc. 

Este  fue  el  origen  de  las  que  ama- 
zonas se  llamaron,  segund  mas  larga- 
mente lo  escribe  Justino  en  la  Abrevia- 
ción de  Trogo  Pompeyo ,  é  llegó  su  estado 
á  ser  muy  grande.  Otra  cosa  me  mara- 
villa mas  que  lo  ques  dicho ,  porque  esas 
amazonas  conservaban  é  aumentaban  su 
república ,  con  aver  ayuntamiento  con 
hombres  en  giertos  tiempos;  pero  repú- 
blica de  hombres  sin  aver  ayuntamiento 
con  mugeres  é  vivir  castamente  é  turar 
é  ser  siempre  mayor  su  pueblo ,  esto  es 
de  mucha  mas  admiragion ,  y  sabido  el 
caso  es  muy  posible,  segund  PHnio  lo 
escribe,  el  qual  dige,  hablando  del  lago 
Apháltide,  desta  manera:  «En  la  ribera 
del  poniente  está  la  gente  de  los  esenios, 
los  quales  huyeron  en  todo  de  los  malos: 
es  gente  en  todo  el  mundo  maravillosa; 
viven  sin  mugeres  é  sin  alguna  libídine, 
sin  pecuina.  No  vienen  á  menos,  porque 
de  tiempo  en  tiempo  van  á  vivir  con  aques- 
tos aquellos  que,  cansados  por  la  adversa 
fortuna,  siguen  las  costumbres  de  aque- 
llos ;  por  lo  qual  há  muchos  siglos  que 
tura  aquella  gente ,  entre  la  qual  ninguno 
nasge.  ¡Tanto  les  es  fértil  á  ellos  el  tedio 
ó  enojo  de  la  vida  de  los  otros!»  *  Todo 
es  del  auctor  alegado. 

Al  propóssito  de  lo  que  está  dicho  en 
ambas  particularidades,  diré  quanto  á 
los  depóssitos  que  ofresgí  de  suso  dos 
notables  memorias  de  mugeres.  Y  es  la 
primera ,  que  andando  el  gobernador  Ge- 
rónimo Dortal  en  la  Tierra-Frme,  hallaron 
él  é  los  españoles  en  muchas  partes  pue- 
blos, donde  las  mugeres  son  reynas  ó  ca- 
cicas é  señoras  absolutas ,  é  mandan  é 
gobiernan  é  no  sus  maridos ,  aunque  los 
tengan;  y  en  especial  una,  llamada  Oro- 
comay ,  que  la  obedesgen  mas  de  treynta 


leguas  en  torno  de  su  pueblo  ,  é  fué  muy 
amiga  de  los  chripstianos.  E  no  se  servia 
sino  de  mugeres ,  y  en  su  pueblo  é  con- 
versagion  no  vivian  hombres ,  salvo  los 
que  ella  mandaba  llamar  para  mandarles 
alguna  cosa  ó  enviarlos  á  la  guerra ,  como 
mas  largamente  se  dirá  en  el  libro  XXIV, 
capítulo  X.  Quando  el  capitán  Ñuño  de 
Guzman  é  su  gente  conquistaban  la  Nueva 
Galigia ,  tovieron  nueva  de  una  población 
de  mugeres,  é  luego  nuestros  españoles 
las  comengaron  á  llamar  amagonas.  Anti- 
gipóse  un  capitán  llamado  Ghripstóbal  de 
Oñate  á  suplicar  al  capitán  Ñuño  de  Guz- 
man, su  general ,  que  le  higiesse  merged 
de  aquella  empressa  é  pagificagion  de 
aquellas  amagonas:  é  el  general  se  lo 
congedió ,  é  fué  con  su  capitanía  en  bus- 
ca dellas ,  é  en  un  pueblo  en  el  camino 
fué  muy  mal  herido  é  otros  españoles 
descalabrados  de  giertos  indios  que  les 
salieron  al  encuentro ,  á  causa  de  lo  qual 
este  capitán  y  los  que  con  él  yban,  no 
passaron  adelaínte.  E  llegado  alli  el  ge- 
neral, pidióle  la  empressa  el  maestre  de 
campo,  llamado  el  capitán  Gongalo  López, 
para  yr  al  pueblo  de  las  mugeres ,  é  otor- 
góselo :  é  quiso  después  el  mismo  gene- 
ral ver  estas  mugeres,  é  llegados  allá  sin 
resistengia,  entraron,  con  su  grado,  en  el 
pueblo  do  viven  ,  llamado  de  ^igualan 
(llámanle  assi  porque  en  aquella  lengua 
desa  provingia  quiere  degir  Giguatan 
pueblo  de  mugeres),  é  á  los  españoles  dié- 
ronles  muy  bien  de  comer  é  todo  lo  nes- 
gessario  de  lo  que  tenían.  Aquella  repú- 
blica es  de  mili  casas  é  muy  bien  orde- 
nada ;  é  súposse  dellas  mismas  que  los 
raangebos  de  la  comarca  vienen  á  su  cib- 
dad  quatro  meses  del  año  á  dormir  con 
ellas ,  é  aquel  tiempo  se  casan  con  ellos 
de  prestado  é  no  por  mas  tiempo ,  sin 
ocuparse  en  mas  de  las  servir  é  conten- 
tar en  lo  que  ellas  les  mandan  que  hagan 


1     Plin.,  lib.  V,  cap.  i8. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  XXXIII. 


£23 


de  dia  en  el  pueblo  ó  en  el  campo ;  é  las 
noches  dánles  sus  proprias  personas  é 
camas :  en  el  qual  tiempo  cultivan  é  siem- 
bran la  tierra  de  mahizales  y  legumbres, 
é  lo  cogen  e  lo  ponen  en  las  casas,  don- 
de han  seydo  hospedados.  E  complido  el 
tiempo  ques  dicho ,  ellos  todos  se  van  é 
vuelven  á  sus  tierras,  donde  son  natura- 
les; y  si  quedan  esas  mugeres  preñadas, 
después  que  han  parido  envian  los  hijos 
á  sus  padres  ,  para  que  los  crien  ó  hagan 
dellos  lo  que  quisieren;  é  si  paren  hijas, 
retiénenlas  consigo  é  criánlas  para  au- 
mentagion  de  su  república.  Tienen  tur- 
quesas ó  esmeraldas  en  cantidad  é  muy 
buenas.  Pero  el  proprio  nombre  no  es 
Ciguatan  de  aquella  6ibdad,  como  de  su- 
so se  dixo ,  sino  Ciguatlam,  que  quiere 
degir  pueblo  de  mugeres.  De  las  otras  sus 
particularidades  se  dirá  mas  por  extenso 
en  el  libro  XXXIV,  cap.  YIII. 

Yo  me  quise  después  en  España  informar 
del  mismo  Ñuño  de  Guzman,  gerca  desto 
destas  mugeres,  porque  es  buen  caballero 
y  se  le  debe  dar  crédito;  é  me  dixo  que 
es  burla,  é  que  no  son  amagonas,  aunque 
algunas  cosas  se  decian  destar  sobre  sí;  é 
quél  passó  adelante  é  tornó  por  alli ,  é 
las  lialló  casadas,  é  que  lo  tienen  por  va- 
nidad. Digo  yo  que  ya  podrie  ser  que, 
pues  las  halló  casadas,  fuesse  en  el  tiem- 
po desos  sus  allegamientos  ;  pero  dexe- 
mos  eso,  é  passemos  adelante. 

Pues  yo  he  complido  con  los  depóssitos 
que  he  dicho  ,  quiero  degir  gerca  de  lo 
que  se  dixo  de  la  gente  de  los  esenios,  de 
quien  Plinio  escribió  lo  ques  dicho.  Y 
porque  no  os  maravilléis,  letor,  deso,  os 
traeré  á  la  memoria  otras  generagiones 
de  gentes  que  vos  y  yo  y  otros  muchos 
avernos  visto  semejantes,  que  se  aumentan 
é  viven  muchos  tiempos  há,  sin  compañía 
de  mugeres;  y  aun  assi  mismo  os  acordaré 
de  otras  congregagiones,  que  viven  é  per- 


severan y  nunca  faltan ,  de  mugeres  que 
viven  sin  compañía  de  hombres ,  para  lo 
qual  digo  assi. 

Demás  de  lo  que  Sanct  Isidoro  di- 
ge   en   sus  Ethimologias  *,   ya  sabemos 
quel  convento  se  toma  por  el  lugar  don- 
de muchos  concurren ;  y  assi  entiendo 
yo  que  muchos  conventos  é  lugares  hay 
que    todos   son  de   hombres   religiosos 
y  viven  sanctamente  sin  compañía  de 
mugeres :  y  muchas  mugeres  y  conven- 
tos del  las  que  están  sin  hombres ,   y  se 
sostienen  largos  tiempos  há,  como  lo  tes- 
tifican  los  benitos  é  bernardos  é  car- 
tujos y  las  otras  sanctas  órdenes  de  reli- 
giosos por  sí  é  religiosas  por  sí.  Y  assi 
debieran  de  ser  esa  ó  esas  comunidades 
de  los  esenios ,  los  quales  pone  el  auctor 
ques  dicho  en  parte  de  la  Judea ;  y  judíos 
castos  debieran  de  ser;  pero  no  de  la 
sanctidad  ni  bondad  de  las  comunidades 
ó   conventos  de  religiosas  ó   religiosos 
chripstianos,  que  como  aquellos,  huyendo 
de  los  malos  é  pecadores  mundanos,  se 
apartan  é  engierran  á  servir  á  Dios,  é 
viven  ellos  sin  mugeres  y  ellas  sin  varo- 
nes, é  castamente  y  en  toda  honestidad. 
E  no  vienen  á  menos,  porque  de  tiempo 
en  tiempo  van  á  vivir  en  tal  compañía 
aquellos  que  se  cansan  de  la  adversa  for-. 
tuna  ,  é  quieren  servir  á  Dios  é  dexar  el 
mundo ,  é  hagen  profession  con  los  que 
antes  tomaron  el  hábito  de  la  religión; 
por  lo  qual  há  muchos  siglos  é  tiempos 
que  permanege  tal  gente ,  sin  que  entro 
ellos  ni  ellas  nazcan  otras  criaturas;  por- 
que les  es  de  mucha  fertilidad  y  exgelengia 
el  apartamiento  de  las  costumbres  de  la 
gente  seglar.  Y  quando,  por  industria  é  so- 
ligitud  del  diablo,  alguna  incontinengia  é 
feo  pecado  se  comete  por  algún  profeso,- 
ni  le  falta  arrepentimiento  ni  penitengia  al 
propóssito  de  su  delito  y  para  remedio  de  . 
su  ánima.  Passemos  á  los  otros  depóssitos. 


1    Cives vocatique  in  unum  coeuntes  vivat,  etutita       comes  et  ornatior  fíat  et  tutior.  Ethim.,  lib.  IV, c.  4. 


2*24 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  XXXIV. 

De  tres  depóssitos  é  otros  laníos  animales  vistos  en  la  Tierra-Firme  ,  los  dos  dellos  en  la  provin9Íade  Pa- 
ria ,  y  el  tercero  en  muchas  parles  de  la  Tierra-Firme. 


JL  linio,  hablando  en  los  animales  de 
agua ,  dige  que  la  torpédine  tocada  con 
un  asta  ó  verga,  aunque  sea  desde  ie- 
xos  della ,  hage  atormentar  qualquier 
fuerte  ó  valiente  brago  é  á  todo  veloge 
pié  para  correr  * ;  pero  no  dige  este  auc- 
tor  la  forma  deste  animal.  Y  nuestros  es- 
pañoles que  en  estas  Indias  le  han  topa- 
do, no  le  sabian  el  nombre;  pero  digensu 
forma  é  manera.  E  assi  este  depóssito  se- 
rá mejor  entendido  é  el  animal  conosgi- 
do ,  de  lo  qual  se  tractará  mas  largamen- 
te en  el  libro  XXIV,  cap.  XIII,  donde 
hallareis ,  letor ,  que  en  el  rio  de  Huya- 
pari  se  tomó  un  pescado  como  morena, 
pintado ,  tan  gruesso  como  la  muñeca  del 
brago  de  un  hombre ,  é  tan  luengo  como 
quatro  palmos :  é  tomósse  con  una  red ,  é 
sacado  en  tierra  ,  en  tanto  questuvo  vi- 
vo ,  tocándole  con  una  langa  ó  espada  ó 
un  palo ,  quanto  quier  que  apartado  esto- 
viesse  quien  le  tocaba ,  en  el  instante  da- 
ba tanto  dolor  en  el  brago ,  é  lo  atormen- 
taba é  adormesgia  con  tal  dolor,  que 
convenia  presto  soltarle.  Esto  probaron 
muchos  españoles,  é  tantos  se  quisieron 
informar  deste  secreto ,  que  apretando  el 
pescado  hagiendo  la  experiengia,  le  ma- 
taron ,  é  después  que  fué  muerto  se  mu- 
rió tal  propriedad  con  él,  é  no  daba  algún 
dolor  ó  empacho  á  quien  le  tocaba. 

Otro  animal  hay  en  la  Tierra-Firme  en 
muchas  partes  della,  que  son  unas  zorrillas 
de  tal  hedor  que  es  incomportable.  Son  de 
color  bermejo  é  de  mal  pelo,  é  tamañas 
como  una  pequeña  raposa  ó  garduña ;  y 
si  passa  este  animal  á  barlovento ,  quel 
viento  passe  por  él  é  después  toque  al 


hombre ,  aunque  esté  desviado  un  tiro  ó 
dos  de  ballesta,  le  comunica  un  grandís- 
simo  é  aborresgible  hedor:  é  da  mucha 
pena ,  porque  paresge  que  penetra  la  per- 
sona hasta  las  entrañas,  por  espagio  de 
una  octava  parte  de  una  hora,  é  mas  é 
menos ,  segund  la  distangia ,  ó  como  es- 
te animal  está  arredrado.  Acaesge,  topán- 
dole en  el  campo,  alcangarle  los  perros; 
pero  pocas  veges  le  matan ,  porque  en 
dándole  un  alcange ,  dá  de  sí  aquel  hedor 
tan  grande,  y  de  tal  manera,  quel  perro 
se  aparta  del  atónito  é  aborresgido  y  mi- 
rándole mal  contento :  é  revuélcasse  en 
tierra  por  desechar  de  sí  aquella  iníigion 
hedionda  que  le  ha  pegado,  é  váse  á 
buscar  el  agua,  por  desechar  aquella  pes- 
tilengia;  y  esto  le  tura  algunos  dias.  Y 
quando  alguno  de  pié  ó  de  caballo  le  to  - 
ca  con  la  langa ,  sube  súbito  por  el  asta 
el  hedor ,  é  infigiona  el  brago  é  el  hom- 
bre é  la  ropa ,  é  suelta  luego  la  langa  é 
escupe,  é  vasca,  é  no  se  le  quita  aquel 
hedor  é  asco  por  algunos  dias ,  ni  le  sabe 
bien  lo  que  come;  é  es  menester  fregar 
é  sahumar  la  langa  muchas  veges  é  la  ro- 
pa, para  desechar  aquella  mala  infigioné 
hedor :  é  assi  mismo  la  silla  del  caballo 
queda  con  la  misma  infigion,  é  el  caba- 
llo pierde  el  comer  por  algunos  dias,  co- 
mo mas  largo  se  escribirá  en  su  tiempo, 
en  el  lugar  alegado. 

Un  animal  pequeño  hay  en  la  provin- 
gia  de  Paria,  del  qual  assi  mismo  se 
dirán  mas  particularidades  en  su  lugar, 
en  la  segunda  parte  destas  materias;  pe- 
ro sola  una  cosa,  la  mas  notable  del, 
quise  poner  en  este  depóssito  ;  y  es  que 
la  corriente  del  pelo  la  tiene  al  contra- 


l     Pl¡n.,Ub.  XXXII,  cap.  <. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  XXXIV. 


225 


rio  de  los  otros  animales,  porque  pas- 
sándole  la  mano  desde.  la  cabera  has- 
ta el  fin  de  la  cola  es  á  redropelo  é  so 
le  levanta ,  é  llevando  la  mano  al  contra- 
rio, desde  la  punta  de  la  cola  hasta  el  ho- 
cico, se  allana  el  pelo.  Duerme  todo  el  dia, 
si  no  le  recuerdan  para  darle  á  comer,  é 
vela  toda  la  noche  sin  parar ,  buscando 
que  coma,  y  anda  silvando.  Llámanle 
los  indios  de  la  costa  de  Paria  bivana.  El 
pescado  llamado  accipensier  solo  entre  to- 
dos los  otros  tiene  vueltas  las  escamas  al 
revés,  hágia  la  boca  ^  Por  estas  varieda- 


des es  hermosa  la  natura ,  é  quiere  algu- 
nas veges  conformar  las  cosas  de  la  mar 
con  las  de  la  tierra ,  assi  como  la  torpé- 
dine  con  las  zorrillas  que  se  dixo  de  su- 
so, é  el  acgipensier  con  la  bivana.  El 
mismo  auctor  escribe  que  giertas  cabras 
tienen  el  pelo  contra  la  cabega  ó  al  con- 
trario 2,  que  es  lo  mismo  que  dixe  arriba 
del  animal  bivana.  Gomo  eri  otras  partes 
lo  he  prometido ,  todas  estas  cosas  é  de- 
póssitos  estarán  mas  copiosa  é  largamen- 
te relatadas,  en  sus  lugares  é  provincias 
é  libros  apropriados. 


CAPITULO  XXXV. 

De  uaa  nueva  manera  de  arma  ofensiva  que  usan  cierta  gente  del  Rio  de  Paranagua^u,  que  otros  llaman 

Rio  de  la  Plata,  ó  Uámanse  los  guaranias. 


I  or  impossible  cosa  tengo  poderse  sa- 
ber ni  alcangar  todas  las  maneras  quel 
arte  militar  tiene  é  usan  las  gentes  en  sus 
guerras,  assi  para  defenderse  de  los  ene- 
migos ,  como  para  ofenderlos  :  y  assi 
como  ignoramos  las  nasgiones  extrañas, 
assi  nos  son  ocultas  sus  costumbres  en  la 
guerra  y  en  la  paz.  Aqui  se  porná  un  de- 
póssito,  en  tanto  que  llegamos  al  Rio  de  la 
Plata,  é  es  para  mí  muy  nueva  cosa  la  que 
diré ,  y  assi  creo  que  lo  será  á  otros  mu- 
chos que  mas  que  yo  avrán  visto  é  oydo. 
Tengo  averiguado  con  muchos  testigos 
de  vista,  que  ciertos  indios  que  en  el  Rio 
de  la  Plata  se  llaman  los  guaranias  usan 
cierta  arma ,  y  no  todos  los  indios  son 
hábiles  para  ella  sino  los  que  he  nombra- 
do :  ni  se  sabe  si  este  nombre  guáranla  es 
del  hombre  ó  de  la  misma  arma ,  la  qual 
exercitan  en  la  caga,  para  matar  los  ve- 
nados ,  y  con  la  misma  mataban  á  los  es- 
pañoles, y  es  desta  forma.  Toman  una 
pelota  redonda  de  un  guijarro  pelado,  ta- 
maño como  el  puño,  e  aquella  piedra 


átanla  á  una  cuerda  de  cabuya  y  tan 
luenga  como  ginqüenta  pasos  é  mas 
ó  menos,  é  el  otro  cabo  de  la  cuerda 
átanlo  á  la  muñeca  del  brago  derecho, 
en  el  qual  traen  revuelta  la  cuerda  res- 
tante holgada,  exgepto  quatro  ó  ginco  pal- 
mos della,  que  con  la  piedra  rodean  é 
traen  alrededor,  como  lo  suelen  hager  los 
fundibularlos.  Mas  assi  como  el  que  tira 
con  la  honda  ,  rodea  el  brago  una  ó  dos 
veges  antes  que  salga  la  piedra ,  estotros 
la  mueven  alrededor  en  el  ayre  con 
aquel  cabo  de  la  cuerda  deque  está  asida 
diez  ó  doge  vueltas,  para  que  con  mas 
furiosidad  é  fuerga  vaya  la  pelota:  é 
quando  la  suelta  ,  en  el  instante  ex- 
tiende el  indio  el  brago  ,  porque  la 
cuerda  salga  libremente,  descogiéndose 
sin  algún  estorbo.  E  tiran  tan  gierto  co- 
mo un  diestro  ballestero ,  é  dan  adonde 
quieren  á  ginqüenta  pasos  é  mas  é  me- 
nos, hasta  donde  puede  bastar  la  traylla: 
é  en  dando  el  golpe,  va  con  tal  arte  guia- 
da la  piedra ,  que  assi  como  ha  herido  da 


\     Plin.,l¡b.  IX,  cap.  Í7. 
TOAlü  I. 


2    Plin.  ,  lib.  VIII,  cap.  6Í. 


29 


226 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


muchas  vueltas  la  cuerda  al  hombre  ó 
caballo  que  hiere ,  é  trábasse  con  él  de 
manera  en  torno  de  la  persona  ó  bestia  á 
quien  tocó,  que  con  poco  que  tira  el  que 
tiene  la  cuerda  atada  al  brago ,  da  en  el 
suelo  con  el  hombre  ó  caballo,  á  quien  ha 
herido ;  y  assi  acaban  de  matar  al  que 
derriban ,  muy  á  su  salvo  del  cagador  ó 
míUte  que  tal  arma  usa.  Dixéronme  por 
gierta  cosa  experimentada  é  vista,  que 
entre  mas  de   dos  mili  hombres  que  á 


aquella  tierra  fueron  con  el  capitán  ge- 
neral ,  don  Pedro  de  Mendoga ,  entre  los 
quales  avie  muchos  sueltos  é  mañosos, 
ninguno  se  halló  que  supiesse  tirar  aque- 
llas piedras  ,  segund  los  indios,  aunque 
innumerables  veges  muchos  españoles  lo 
experimentaron :  ni  lo  agertaron  á  hager, 
como  mas  largamente  lo  escribiré  en  el 
libro  XXIII ,  en  el  capítulo  VI ,  en  que 
esto  é  otras  cosas  de  aquella  tierra  aus- 
tral estarán  escripias. 


CAPITULO  XXXVI. 

De  una  ave  de  rapiña  ó  monstruo  de  las  aves ,  que  caca  en  la  tierra  d  pesca  en  la  mar  é  en  los  rios. 


JLf  e  todas  las  aves  que  yo  he  visto  ó  ley- 
do  que  son  de  rapiña,  ninguna  me  ha 
dado  tauta  admiragion  como  una  que  se 
porná  aqui  en  este  depóssito ,  y  de  quien 
mas  Jargamente  estará  escripto  en  el  li- 
bro XIV,  capítulo  VIII.  En  las  islas  des- 
te  nuestro  golpho  hay  giertas  aves  que 
los  españoles  las  llaman  agores  de  agua, 
y  yo  llamo  á  tal  ave  monstruo  entre  las 
aves.  Ni  he  visto  ni  oydo  ni  ley  do  otra  su 
semejante  ni  tan  notable  entre  todas  las 
de  rapiña ,  y  muchas  veges  se  ha  visto  y 
es  notoria  en  esta  nuestra  Isla  Española 
y  en  la  de  Sanct  Johan  é  otras  islas.  Yo 
no  la  he  visto;  pero  supe  lo  que  agora 
diré  de  Pedro  López  de  Ángulo  é  del  ca- 
pitán Johan  de  León  é  del  adelantado 
Johan  Ponge  de  León  é  otros  que  la  han 
visto  cagar  en  la  tierra  é  pescar  en  la 
mar,  é  la  han  tenido  en  sus  manos:  los 
quales  contestes  me  gertificaron  ques  del 


tamaño  de  una  gavina,  é  el  plumaje 
quassi  de  aquella  manera ,  como  blanco 
mezclado  de  pardo,  y  el  pico  como  de 
gavina  é  mas  agudo.  Mantiénese  de  ca- 
gar en  la  tierra  y  de  pescar  en  el  agua. 
Tiene  el  pie  izquierdo  como  de  ánade  ó 
pato ,  é  con  aquel  se  sienta  en  el  agua 
quando  quiere ,  é  la  mano  derecha  es 
como  de  un  gran  agor  ó  de  un  sacre ;  é 
quando  los  pescados  salen  cerca  de  la 
superfigie  del  agua,  déxase  caer  de  alto 
donde  anda  volando,  é  con  aquella  mano 
de  presa  apaña  algún  pez,  é  á  veges  se 
va  con  él  á  lo  comer  sobre  un  árbol,  é 
otras  veges  se  está  assentada  en  el  agua 
con  el  pie  que  tiene  como  pato,  é  come 
su  pescado ,  ó  se  lo  va  comiendo  en  el 
ayre,  volando.  En  la  tierra  se  geba  de  al- 
gunas aves  pequeñas ,  é  quando  esas  ó  el 
pescado  no  puede  aver ,  toma  lagartijas, 
con  que  satisfago  su  hambre. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.   CAP.  XXXVIÍ. 


227 


CAPITULO  XXVÍI. 

De  una  nueva  forma  que  tienen  los  indios  de  la  gobernación  de  la  Nueva  Castilla  en  adobar  é  preparar  el 
pescado  é  ha9erlo  cecial  sin  le  echar  sal  alguna. 


Jtjste  depóssito  ó  nueva  legión  me  pa- 
resge  ques  una  cosa  no  óyela  ni  vista  an- 
tes ni  escripia  de  otra  provingia  alguna 
de  la  forma  que  en  la  costa  de  Sanct  Mi- 
guel, en  la  Nueva  Castilla,  los  indios 
adoban  el  pescado  é  lo  hagen  gegial,  sin 
le  echar  sal ;  y  es  desta  manera.  Abren 
el  pescado  é  cavan  en  tierra  hasta  un 
palmo  en  hondo ,  é  cúbrenlo  alli  de  tier- 
ra, é  está  assi  enterrado  ginco  ó  seis  dias, 


é  á  cabo  dellos  sácanlo  curado,  é  sale 
mejor  quel  muy  buen  pescado  gegial  de 
Galigia  ó  Irlanda ,  é  tan  enxuto ;  é  se 
tiene  después  assi  todo  el  tiempo  que 
quieren.  Esto  se  hage  donde  he  di- 
cho ,  en  la  qual  tierra  nunca  llueve ;  é  á 
donde  adoban  é  curan  el  pescado ,  co- 
mo está  dicho ,  es  apartado  de  la  cos- 
ta de  la  mar  ginqüenta  pasos  mas  ó 
menos. 


CAPITULO  XXXVIII. 


En  el  qual  se  tracla  un  caso  peligroso  é  experimentador  de  la  grandíssima  habilidad  que  tuvo  un  veci- 
no en  la  cibdad  de  Panamá  en  nadar ,  y  fué  de  tal  manera  que  salvó  su  vida ,  donde  hubiera  muy  po- 
cos en  el  mundo  que  dexáran  de  ser  ahogados ,  si  lo  mismo  les  acaeseiera. 


JHín  el  capítulo  XXXII  hige  memoria  de 
aquel  nuevo  tractado  que  un  caballero 
docto  ha  escripto ,  llamado  Silva  de  varia 
legión ,  y  en  la  verdad  á  mi  gusto  es  una 
de  las  que  mas  contentamiento  me  han 
dado  de  las  que  he  visto  en  nuestra  len- 
gua castellana.  Y  entre  las  otras  gentile- 
zas y  admirables  casos  que  han  passado 
hage  memoria  del  nadar  de  un  hombre, 
de  donde  le  paresge  que  tuvo  origen  la 
fábula  del  pexe  Nicolao  ^;  é  trae  áconse- 
qüengia  algunas  historias  de  grandes  na- 
dadores ,  y  en  espegial  de  un  hombre  lla- 
mado el  pege  Colan ,  natural  de  la  cibdad 
de  Cathania  en  Segilia ,  é  de  otros,  como 
lo  podres  ver  letor  en  el  tratado  que  he 
dicho.  Y  estoháseydo  causa  para  acordar- 
me de  poner  aqui  un  depóssito,  en  tanto 
que  llegáremos  al  libro XlIIdesta  parte  pri- 


mera de  la  General  historia  de  las  Indias, 
porque  alli  en  el  capítulo  XII  lo  entien- 
do escrebir  mas  largo.  Supe,  y  fué  assi 
verdad,  que  á  un  hombre  de  bien  llamado 
Andrea  de  la  Roca ,  vegino  de  la  cibdad 
de  Panamá ,  le  acaesgió  un  caso  que  me 
hace  pensar  que  en  el  exergigio  del  nadar 
dexó  á  este  hombre  experimentado  y 
aprobado  por  el  mayor  nadador  que  hoy 
vive,  ni  ha  habido  grandes  tiempos  ha. 
A  mi  paresger  todo  lo  que  aquel  caballe- 
ro Pedro  Mexía  escribe  en  su  Silva  de 
varia  legión  de  aquellos  grandes  nadado- 
res que  alli  pone ,  todo  es  poco  en  com- 
paragion  de  lo  que  agora  diré;  porque 
de  nadar  un  hombre  por  su  plager  ó  por 
nesgessidad,  hay  mucha  diferengia  á  lle- 
varlo atado  é  arrastra ado  debaxo  del  agua 
por  la  fuerga  de  un  grandíssimo  animal 


i    Silva  devana  legión,  cap.  23,  I  parle. 


ns 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


marítimo ,  que  los  tales  son  de  tanta  ve- 
locidad, que  ningún  ligero  caballo  ógier- 
vo  en  la  tierra  no  es  tan  suelto  ni  ligero. 
Visto  yo  he  muchas  veges  en  ese  grande 
mar  Ogéano  yr  una  nao  cargada  de  todas 
velas  é  con  mar  bonanza  é  largo  é  regio 
viento ,  é  tal  que  en  un  dia  puede  andar 
Qiea  leguas  é  mas ,  é  andan  los  tiburo- 
nes, é  los  marraxos,  é  toñinas,  é  los  do- 
rados é  otros  pescados  á  par  de  la  nao ,  é 
le  dan  muchas  vueltas  en  torno,  é  andan 
tanto  é  mas  mucho  que  la  nao ,  quanto 
un  hombre  muy  ligero  correrá  mas  que 
un  niño  de  tres  años;  y  me  paresge  que 
es  mucho  mas,  sin  comparación,  lo  que 
tales  pescados  corren  mas  que  las  naos, 
por  muy  veleras  que  sean.  Pues  ávido 
esto  por  máxima,  oyd,  letor,  un  caso  que 
en  esta  materia  del  nadar  es  muy  extre- 
mado y  para  espantar;  y  muchos  son  al 
presente  que  saben  lo  que  agora  diré ,  y 
que  ellos  y  yo  conosgemos  á  este  Andrea 
de  la  Roca :  el  qual ,  como  hombre  de  la 
mar,  tenia  cargo,  como  mayordomo,  de 
andar  mirando  los  indios  de  la  pesque- 
ría de  las  perlas  en  la  isla  de  Terarequi, 
que  es  en  la  costa  de  la  mar  del  Sur ,  á 
quinge  leguas  de  Panamá.  Un  dia  por  su 
plager  quisso  yr  á  pescar,  como  otras  ve- 
ges,  por  harponar  algún  buen  pescado 
desde  una  canoa,  é  vido  una  raya  ó  man- 
ta é  tiróle  el  harpon.con  una  buena  as- 
ta é  hirió  la  manta:  la  qual  incontinente 
con  la  mayor  presteza  que  degirse  puede, 
viéndosse  herida  se  metió  para  el  pro- 
fundo del  agua ,  é  el  cordel  del  harpon 
saliendo  tras  el  pescado  con  el  mismo  ím- 
petu ,  desastradamente  se  asió  de  tal 
forma  al  un  pié  del  Andrea ,  que  le  arre- 
bató é  llevó  tras  sí  fuera  de  la  canoa; 
é  arrastrando  le  llevó  la  raya  apartado 
de  la  canoa  mas  de  una  legua.  E  en 
aquella  legua  se  puede  degir  que  nadó 
mas  de  quingie ,  porque  muchas  veges  le 
metió  la  raya  ginqüenta  é  gien  bragas 
debaxo  del  agua ;  é  tuvo  tanto  esfuergo 


é  aliento  é  sentido,  que  como  era  man- 
gebo  regio  é  grandíssimo  nadador,  se 
supo  asir  del  cordel ,  para  que  el  pié  pu- 
diesse ,  afloxando  algo  la  cuerda ,  sacarle 
del  lago  en  que  yba  asido.  Pero  á  lo  que 
en  esto  se  pudo  alcangar ,  segund  el  jui- 
gio  de  los  mas ,  fué  que  cómo  el  harpon 
se  travo  bien  con  los  huesos  de  la  raya, 
é  la  herida  bastó  á  la  matar,  en  aquel  es- 
pagio  que  corrió  arrastrando  al  pescador, 
ella  desangrada ,  se  dibilitó  é  afloxó  des- 
pués su  curso ,  é  él  tuvo  lugar  de  se  des- 
asir é  dexar  la  cuerda.  Yo  tengo  por  mas 
gierto  que  su  maña  ni  su  habilidad  del  ni 
de  otro  no  bastara ,  para  dexar  de  se  aho- 
gar, si  no  fuera  socorrido  de  la  Madre 
de  Dios ,  á  la  qual  segund  él  mismo  me 
dixo  después ,  se  encomendó  tan  devo- 
tamente ,  como  su  nesgessidad  lo  reque- 
ría. E  de  donde  sacó  el  pie  del  cordel  á 
la  superfigie  del  agua  subió  mas  de 
treynta  bragas,  é  se  fué  nadando  hágia 
donde  vido  su  canoa  mas  de  una  legua 
apartada  del  con  sus  indios,  los  quales 
le  recogieron  desde  á  mas  de  dos  horas 
después  que  la  raya  le  sacó  della.  Esto 
passó  el  año  de  mili  é  quinientos  é  diez 
y  nueve  donde  es  dicho.  Y  porque  podrá 
paresger  dubdosso  á  muchos  poder  estar 
un  hombre  debaxo  del  agua  tanto  tiem- 
po, y  en  espegial  con  tanta  nesgessidad 
é  trabaxo ,  platicando  yo  con  él  en  esto, 
me  dixo  que  mas  de  veynte  veges  entró 
debaxo  del  agua  é  salió  engima.  Pero  á 
muchos  es  público  en  aquella  tierra  que 
todas  las  veges  que  este  hombre  quería 
estar  una  hora  debaxo  del  agua,  lo  hagia; 
mas  cómo  yo  no  lo  he  visto,  aunque  le 
he  tractado  é  le  conozco ,  no  quiero ,  en 
esto  del  tiempo  de  estar  debaxo  del  agua, 
persuadir  al  letor  que  lo  crea  ni  que  lo 
dubde.Mas  seyendo,  como  es  verdad,  lo 
que  está  dicho ,  por  ahy  se  debe  enten- 
der la  habilidad  que  este  hombre  tenia 
en  tal  exergigio.  La  manta  ó  raya  me 
dixo  que  era  tan  grande,  como  un  repos- 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  XXXVIII. 


229 


tero  que  estaba  colgado  en  casa  del  go- 
bernador Pedrarias  Dávila ,  donde  está- 
bamos ,  quando  él  me  informó  de  lo  que 
es  dicho,  el  año  de  mili  é  quinientos  é 
veyntey  uno,  en  la  dicha  cibdad  de  Pa 
naraá:  que  por  lo  menos  podria  tener 


dos  varas  y  media  de  ancho  y  tres  de 
cayda,  que  son  quarenta  é  quatro  pal- 
mos en  gircuy to ;  y  assi  por  esta  gran- 
dor grande  destas  rayas,  les  quitan 
los  marineros  su  nombre  é  las  llaman 
mantas. 


CATIPIJLO  XXXIX. 

De  dos  cosas  notables  de  Margarita  de  Vergara ,  muger  que  fué  del  historiador  destas  materias:  la  una 
que  nunca  escupió,  é  la  otra  que  en  una  noche  se  tornó  cana,  seyendo  muy  rubia  é  hermosa  muger  é 

de  veynle  é  seis  ó  veynte  é  siete  años. 


JLic^yendo  esta  Silva  de  varia  lecion  quef 
escribió  el  noble  á  muy  enseñado  caba- 
llero Pedro  Mexía,  honroso  varón  á  su 
nasgion  é  patria,  de  la  muy  noble  cibdad 
de  Sevilla ,  de  donde  es  natural ,  é  de  cla- 
ra é  generossa  sangre ,  pero  despertador 
de  trabaxos  mios  (que  aunque  algunos 
son  passados  no  pueden  salir  de  mi  me- 
moria en  tanto  que  el  ánima  estoviere  en 
esta  mi  flaca  é  pecadora  persona),  y  es- 
tos se  regentaron,  quando  leí  el  capítulo 
XXVIII  de  su  tractado  * ,  é  topé  alli  cómo 
Antonia,  hija  de  Druso  Romano,  que  en 
toda  la  vida  nunca  escupió.  Esto  aunque 
mucho  tiempo  há  é  mas  de  quarenta  y 
í^inco  años  que  lo  leí  la  primera  vez,  é 
muchas  después  en  Plinio ,  nunca  lo  tuve 
por  tan  gierto  como  después  que  me 
casé  con  Margarita  de  Vergara,  de  la 
qual  oso  degir,  porque  hoy  viven  muchos 
que  la  conosgieron,  que  fué  una  de  las  mas 
hermosas  mugeres  que  en  su  tiempo  ovo 
en  el  reyno  de  Toledo  y  en  nuestra  Ma- 
drid: la  qual,  demás  de  su  buena  dispu- 
sigion  corporal ,  fué  tan  acompañada  de 
virtudes ,  que  el  menor  bien  que  tenia, 
fué  la  hermosura  exterior,  en  que  á  todas 
sus  veginas  hizo  ventaja  viviendo.  Y  có- 
mo Dios  la  quisso  doctar  para  la  gloria, 
en- que  por  su  missericordia  confio  que 


ella  está  por  sus  méritos ,  assi  por  falta 
de  los  mios,  la  llevó  á  la  otra  vida  para 
que  yo  quedasse  en  esta  sin  ella,  por  un 
caso  que  adelante  diré,  que  ni  puedo 
hablar  en  él  sin  lágrimas,  ni  dexar  de 
sospirar  por  ello  en  quanto  yo  viva. 

La  auctoridad  que  este  caballero  Pedro 
Mexia  dige  en  su  tractado,  téngolayopor 
de  PhnioV  y  assi  comoOtavia  nunca  es- 
cupió, asi  mi  Margarita  lo  mismo.  Y  por- 
que su  padre  é  otras  personas  me  lo  di- 
xeron ,  yo  estuve  todavía  dudoso  é  sobre 
aviso  en  tanto  que  Dios  me  la  prestó, 
que  fueron  algo  mas  de  tres  años ,  y  nun- 
ca yo  ni  otra  persona  de  mi  morada  la 
vido  escupir.  Vengamos  á  mi  desventura 
y  suya ,  y  á  la  fin  que  hizo ,  é  á  las  súbi- 
tas canas  que  le  vinieron,  y  esto  también 
ha  acaesgido  á  otras  personas.  Y  en  es- 
pegial  me  acuerdo  que  don  Diego  Osorio 
fué  preso  en  Sevilla  é  puesto  en  la  torre 
del  Oro ,  é  dixéronle  ó  él  creyó  que  otro 
dia  le  avian  de  cortar  la  cabega,  por 
mandado  de  la  Reyna  Cathóhca,  doña 
Isabel ;  y  aunque  era  mangebo  y  sin  te- 
ner cana  alguna ,  en  una  noche  se  le  tor- 
naron los  cabellos  y  barbas  tan  blancos, 
como  un  armiño.  Esto  es  muy  notorio,  é 
yo  lo  vi ,  porque  antes  que  fuesse  preso 
le  conosgí ,  y  me  hallé  en  la  corte  paje  é 


l     Silva  de  varia  legión  ,  í  parte. 


1     Plin.  ,  lib.  Vil ,  cap.  29. 


230 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


muchacho,  é  le  vi  después  suelto  é  ca- 
no ,  por  lo  qual  se  ponia  una  cabellera  é 
se  hagia  la  barba  á  menudo :  é  ha  muy 
poco  tiempo  que  murió  sirviendo  de 
maestresala  á  la  Emperatriz,  nuestra  se- 
ñora ,  de  gloriosa  memoria ,  estimado 
mucho  por  buen  caballero  é  sabio.  Mar- 
garita mia  después  que  nos  casamos ,  se 
hizo  preñada ,  é  á  los  nueve  meses  vino  á* 
parir  un  hijo;  é  fué  tal  el  parto ,  que  le  turó 
tres  dias  con  sus  noches  ,  é  se  le  pvie- 
ron  de  sacar  ,  seyendo  ya  el  niño  muer- 
to :  é  para  tener  de  donde  le  asir ,  por- 
que solamente  la  criatura  mostró  la  parle 
superior  de  la  cabera ,  se  la  rompieron  é 
vaciaron  los  sesos ,  para  que  pudiessen 
los  dedos  asirle,  y  assi  salió  corrompido 
é  hediondo ,  é  la  madre  estaba  ya  quassi 
finada.  El  caso  es  que  ella  vivió,  aun- 
que estuvo  seis  ó  siete  meses  tollida  en  la 


cama ,  muriendo  é  penando.  Mas  en  aque- 
lla trabajosa  noche ,  postrera  de  su  mal 
parto ,  se  tornó  tan  cana  é  blanca  su  ca- 
bera ,  que  los  cabellos  que  paresgian  muy 
fino  oro  se  tornaron  de  color  de  fina 
plata.  Y  en  verdad  mis  ojos  no  han  visto 
otros  tales  en  muger  desta  vida ;  porque 
eran  muchos  é  tan  largos ,  que  siempre 
traia  una  parte  del  trangado  doblada, 
porque  no  le  arrastrassen  por  tierra,  y 
eran  mas  de  un  palmo  mas  luengos  que 
su  persona ,  puesto  que  no  era  muger  pe- 
queña ,  sino  mediana  y  de  la  estatura  que 
convenia  ser  una  muger  tan  bien  propor- 
cionada y  de  hermosura  tan  complida  co- 
mo tuvo.  Y  porque  ni  yo  la  sabría  loar  á 
su  medida ,  ni  lo  demás  seria  al  propós- 
sito  de  nuestra  historia ,  passemos  á  las 
otras  cosas  que  competan  á  este  li- 
bro VI. 


CAPITULO  XL. 

De  un  depóssilo  notable  é  memoria  de  las  cinco  naos  mas  famosas  que  en  el  mundo  ,  desde  su  principio 
hasta  nuestro  tiempo,  se  saben  ,  é  son  de  todas  las  que  ha  ávido  las  mas  nombradas. 


E. 


islo  que  agora  se  dirá,  tengo  yo  reser- 
vado para  tractar  dello  en  la  segunda 
parte  desta  general  historia  en  el  li- 
bro XX  é  en  el  capítulo  III.  Pero  para  con- 
tinuagion  deste  libro  de  los  depóssitoses 
apropriado  y  conveniente  notable  hager- 
se  memoria  de  las  mas  famosas  naves 
que  en  el  mundo  ha  ávido  y  de  que  mas 
memoria  se  hage ;  y  hallo  yo  que  son  gin- 
co  las  pringipales  é  que  á  todas  las  otras 
pregeden  hasta  nuestro  tiempo.  La  pri- 
mera es  aquella  arca  que  mandó  Dios  á 
Noé  que  higiesse,  donde  con  su  muger  é 
sus  tres  hijos  é  tres  nueras  escaparon  del 
diluvio  universal  y  general ,  con  las  qua- 
les  ocho  personas  fué  restaurado  el  lina- 
ge  humano  *.  Desta  arca  ó  nao  se  nota 


su  grandeza  é  forma  é  navegagion  é  su 
artifigio  divino ,  pues  que  fué  fecho  por 
mandado  de  Dios,  para  el  efeto  ques  di- 
cho ,  y  por  tanto  es  la  mas  noble  y  la 
que  pregede  á  todas  las  otras.  La  se- 
gunda nao  fué  aquella  de  Jason ,  en  la 
qual  fué  á  la  conquista  del  vellogino 
del  oro ,  la  qual  victoria  consiguió  por 
medio  de  los  amores  de  Medea  ^.  La  ter- 
gera  nao  fué  aquella  que  hizo  Sosi,  que 
otros  llaman  Sisore ,  rey  de  Egipto,  cu- 
ya grandega  fué  de  dosgientos  é  ochen- 
ta cobdos  de  luengo ,  de  madera  de  ge- 
dro,  dorada  por  defuera  toda  y  por  de 
dentro  plateada ,  la  qual  dedicó  al  Dios 
de  Thébas.  Desta  se  nota  su  grand 
magnifigengia  é  riqueza ;  pero  no  su  na- 


i     Génesis ,  cap.  VI  é  Vil. 


2    Mclham. ,  lib.  VU. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  XL. 


231 


vegagion  é  viages ,  pues  en  eso  no  ha- 
blan * .  La  quarta  nave  famosa  llamo  yo  á 
aquella  en  que  el  almirante  primero  des- 
tas  nuestras  Indias,  don  Chripstóbal  Co- 
lom  descubrió  estas  partes  é  islas,  llama- 
da la  Gallega ,  de  la  qual  se  hizo  mención 
en  el  libro  II,  capítulo  V  destas  historias; 
de  la  navegagion  de  la  qual  se  ha  segui- 
do plantarse  la  fe  é  religión  chripstia- 
nas  en  nuestras  Indias.  La  quinta  nao 
famosa  digo  ques  aquella  nao  Victoria, 
en  que  el  capitán  Johan  Sebastian  del 
Cano  bojó  ó  gircuyó  el  mundo;  é  es  la 
que  mas  luengo  viage  hizo  de  todas 
quantas  se  sabe  que  hayan  navegado  has- 
ta nuestro  tiempo,  desde  que  Dios  hizo  el 


mundo ;  pues  fué  á  la  Espegieria  é  islas 
de  Maluco ,  e  passó  por  el  famoso  estre- 
cho de  Magallanes ,  é  fue  la  via  del  po- 
niente hasta  la  dicha  Especiería ,  é  carga- 
da della,  volvió  por  la  via  del  Oriente  é 
tornó  á  España.  Assi  que,  anduvo  todo  lo 
que  en  la  gircunferengia  é  redondez  del 
mundo  alumbra  ó  corre  el  sol ,  por  aquel 
paralelo  ó  camino  questa  nao  hizo:  lo 
qual  fué  cosa  que  nunca  fué  escripia  ni 
vista  ni  oyda  antes  ni  después,  hasta  el 
tiempo  pressente.2  Y  esto  baste  quanto  á 
este  depóssito ,  porque  mi  propóssito  es 
en  este  variar  de  historias  que  siempre 
se  comprehenda  en  ellas  algo  del  jaez  de 
nuestras  Indias. 


CAPITULO  XLI. 

En  el  qual  se  tracla  un  caso  notable  del  amor  que  una  india  tuvo  á  su  marido  ,  é  cómo  rogó  con  muchas 
lágrimas  al  auctor  destas  historias  que  perdonasseá  su  marido(al  qual  mandó  ahorcar),  é  que  ahorcassen  á 
ella.  Y  pónense  otras  comparaciones  al  propóssito  del  amor  excessivo  que   unas  personas  han  mostrado 

con  otras. 


n  algunas  partes  destas  historias  he 
dicho  quán  gratas  me  son  las  compara- 
giones  que  por  buenos  auctores  yo  puedo 
aplicar  ó  son  al  propóssito  de  lo  que  es- 
cribo. Aqui  quadra  muy  bien  el  intenso 
amor  y  entrañable  que  escribe  Valerio 
Máximo '  del  amor  de  los  casados ,  donde 
cuenta  que  en  la  casa  de  Tiberio  Graco 
fueron  tomadas  dos  serpientes  ó  culebras, 
la  una  macho  y  la  otra  hembra ;  y  los 
adevinos  le  gertificaron  que  si  dexaba  yr 
al  macho  y  mataba  la  hembra ,  que  Cor- 
nelia su  muger  morirla  desde  á  pocos 
dias ,  é  que  si  mataba  el  macho  y  dexa- 


ba yr  la  hembra ,  quél  moriría  muy  pres- 
tamente. Él  tuvo  en  mas  la  vida  de  su 
muger  que  la  suya  misma,  é  assi  mandó 
matar  el  macho  y  dexar  la  hembra ,  y  por 
tanto  no  sé  si  Cornelia  fué  mas  bien  aven- 
turada, en  tener  tal  marido  ,  que  desdi- 
chada en  lo  perder :  é  concluye  el  auctor 
alegado  que  murió  Graco  desde  á  poco  é 
su  muger  quedó  viva.  Sanct  Augustin  es- 
cribe que  un  amigo  suplicó  é  demandó  á 
un  príncipe  que  le  matasse  con  su  amigo 
quél  mataba  K 

Estando  yo  por  capitán  é  jusligia  en 
la  cibdad  de  Sancta  María  del  Antigua 


^     Diodoro  ,  lib.  II. 

2  En  la  margen  derecha  del  códice  original,  y  al 
fin  ya  de  este  capítulo,  se  léela  siguiente  nota,  cu- 
riosa é  importante ,  por  referirse  á  la  primera  nave 
que  dio  ia  vuelta  al  mundo : 

«Esta  nao  Victoria  estuvo  varada  en  tierra  en  Se- 
villa en  la  güerta  de  las  Atarazanas  del  rey  :  y  alli 
Ja  vide  el  año  de  mili  é  quinientos  é  ochenta ,  que 
se  fabricaban  barcas ,  para  la  jornada  de  Porlu- 


gah  della  han  quedado  algunos  pedazos  vivos.» 
Se  ignora  quien  pudo  ser  el  autor  de  esta  peregri- 
na noticia  :  por  el  carácter  de  la  letra  se  advierte,  sin 
embargo,  que  hubo  de  escribirse  la  preinserta  nota 
muy  afines  del  siglo  XVÍ  ó  á  principios  ya  del  XVII 

3  Valerio  Max.,  lib.  IV  ,  cap.  VI.  Del  amor  de 
los  casados. 

4  Aug.,  lib.  VIII  de  las  confisiones,  cap.  6. 


232 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


del  Darien ,  el  cagique  de  Vea  é  sus  in- 
dios mataron  al  capitán  Martin  de  Mur- 
ga, á  quien  estaban  encomendados  é 
le  servian ,  é  sobre  seguro  é  buena  amis- 
tad fengida ,  assi  al  capitán  como  á  otros 
chripstianos ,  los  mataron  estando  co- 
miendo ,  aviéndoles  mostrado  mucho 
amor  é  fechóles  buen  acogimiento.  E  des- 
de á  pocos  dias  se  rebeló  otro  cagique  de 
la  comarca,  llamado  Guaturo,  é  se  confe- 
deró con  los  malfechores ,  é  tenian  acor- 
dado de  venir  sobre  aquella  cibdad,  é  que- 
marla ,  é  matar  á  todos  los  chripstianos 
que  alli  vivíamos. 

Este  cagique  de  Guaturo  tenia  un  capi- 
tán que  se  llamaba  Gongalo ,  y  era  bap- 
tigado,  aunque  no  de  buena  voluntad, 
segund  paresgió  por  el  odio  que  en  su  pe- 
cho tenia  con  el  nombre  chripstiano ;  pero 
era  muy  valiente ,  é  el  cagique  no  hagia 
mas  ni  su  gente  toda  de  lo  queste  capi- 
tán Gongalo  quería  é  mandaba.  Y  cómo 
yo  tuve  notigia  de  su  rebelión ,  salí  á  bus- 
carlos ,  como  mas  largamente  se  dirá  en 
la  segunda  parte,  en  el  libro  XXIX,  ca- 
pítulo XVI.  Y  díme  tal  recabdo,  que  los 
prendí  con  parte  de  su  gente  en  una  sier- 
ra muy  áspera  donde  estaban  algados;  é 
en  un  monte  que  llaman  el  gerro  de  Bue- 
na-vista ,  fué  ahorcado  aquel  capitán  Gon- 
galo ,  porque  era  en  un  paso  é  gerca  de 
las  lagunas  de  Vea ,  donde  avian  muerto 
al  capitán  Martin  de  Murga  é  otros  espa- 
ñoles ,  que  con  él  padesgieron.  Y  al  tiem- 
po que  se  estaba  fijando  la  horca ,  la  mu- 
ger  de  aquel  capitán  Gongalo ,  con  mu- 
chas lágrimas,  me  estuvo  rogando  que 
ahorcasse  á  ella  y  perdonasse  á  su  mari- 
do. Y  desque  vido  que  yo  negué  su  pe- 
tigion  é  la  justigia  se  executó  en  él ,  co- 
mengó  á  me  rogar  é  importunar  mucho, 
é  dixo  que,  pues  no  avia  querido  hager 
lo  que  me  avia  pedido ,  que  á  lo  menos 
le  congediesse  que  en  la  misma  horca  que- 
dasse  ella  con  su  marido  ahorcada  de  la 
una  parte,  é  quede  la  otra  pussiesen  dos 


hijos  que  tenian  muchachos  de  ocho  hasta 
diez  años ,  é  que  á  par  della  se  pussiese 
colgada  una  niña  de  ginco  ó  seys  años, 
su  hija.  E  cómo  vido  que  yo  respondí  que 
no  se  avia  de  hager,  é  que  ella  ni  sus  hi- 
jos no  tenian  culpa  ni  avian  fecho  por 
qué  muriessen  ( y  en  la  verdad ,  yo  qui- 
siera que  este  indio  fuera  tal,  que  se 
pensara  que  avria  enmienda  en  él ;  pero 
los  españoles  que  alli  se  hallaron ,  todos 
degian  que  con  la  muerte  de  aquel  se 
aseguraba  la  tierra),  assi  como  la  lengua 
ó  intérprete  le  dio  á  entender  lo  que  yo 
degia,  éque  no  quería  queestamugerni 
sus  hijos  muriessen  como  ella  degia ,  ni 
les  fuesse  fecho  mal ,  cessaron  sus  lágri- 
mas é  limpiósse  los  ojos  é  dixo  :  «Capi- 
tán, sábete  que  yo  consejé  á  mi  marido 
que  higiesse  rebelar  al  cagique  y  que  ma- 
tasse  á  todos  los  chripstianos ,  y  que  yo 
tengo  mas  culpa  que  todos ,  é  mi  marido 
en  todo  se  consejaba  conmigo  é  no  hagia 
mas  de  lo  que  yo  le  degia.»  Y  cómo  su 
desseo  era  morir  é  no  querer  vida  sin  su 
marido ,  é  conosgí  que  ella  se  levantaba 
aquello  por  complir  su  desseo  é  dar  al 
diablo  su  ánima,  no  quise  venir  en  aque- 
llos partidos,  é  proseguí  mi  camino  dan- 
do la  vuelta  para  el  Darien ,  donde  se 
higo  la  misma  justigia  del  cagique ,  con 
lo  qual  se  aseguró  la  provingia.  Pero  es 
de  notar  que,  después  que  aquella  mu- 
ger  vido  que  no  pudo  conseguir  sus  pe- 
tigiones,  tornó  á  sus  lágrimas  primeras; 
é  visto  que  los  indios  de  aquella  entrada 
yo  los  mandé  repartir  entre  los  españo- 
les que  en  esto  se  hallaron ,  cómo  se  dio 
cargo  á  dos  hidalgos  que  hiciessen  el  re- 
partimiento ,  cupo  la  india  é  su  hija  á  un 
compañero ,  é  los  muchachos  sus  hijos  á 
otros,  entonges  la  madre,  dando  gritos, 
vino  á mí  é  me  dixo  estas'  palabras :  «¿Tú, 
señor,  no  me  dexiste  que  yo  ni  mis  hijos 
no  teníamos  culpa?  Pues  si  eso  es  assi, 
¿por  qué  me  quitas  mis  hijos  é  los  das  á 
otros,  é  los  apartas  de  mí?»  Entonges 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  XLI. 


233 


yo  tuve  forma  cómo  ella  é  sus  hijos  é  hija 
quedassen  con  un  dueño  y  en  un  buen  ve- 
ginodeaquella  cibdad ,  porque  fuessen  bien 
tractados.  Grande  amor  fue  el  que  mos- 
tró tener  esta  muger  á  su  marido;  y  co- 
mo ella  lo  dixo  muchas  veges ,  el  que  te- 
nia á  sus  hijos  no  era  por  averíos  parido 
ni  ser  su  madre ,  sino  por  averíos  engen- 
drado su  marido,  á  quien  ella  tanto  amó. 
Tornando  á  Valerio  Máximo,  y  alo  que 


d'iQQ  que  los  adevinos  le  pronosticaron 
de  las  culebras ,  pues  la  vida  consistía  en 
el  soltar  y  no  matar ,  y  la  muerte  del  ó 
de  su  muger,  en  la  quál  quissiese  matar, 
yo  las  soltara  ambas ,  si  los  auríspices 
no  dixeron  que  forgadamente  avia  de 
morir  el  uno  de  los  dos,  y  que  aque- 
lla elegion  de  quál  dellos  seria  estaba 
en  su  determinación.  Pasemos  á  otras 
cosas. 


CAPITULO  XLII. 

De  un  notable  depóssito ,  é  compara9Íon  de  las  crescienles  y  menguantes  del  rio  de  Huyapari  con  el  Nilo. 


D 


'el  rio  Nilo  escribe  Isidoro  en  sus  Ethi- 
mologias  * ,  que  inunda  é  riega  la  tierra 
del  Egipto  é  la  hage  fecunda.  Lo  mismo 
dige  en  su  Natural  Historia  ^Plinio,  é  que 
assi  es  por  su  causa  fértil  el  Egipto ,  e 
quesegund  sus  cregientes,  assi  es  el  año 
mas  ó  menos  abundante  ó  estéril.  Un  de- 
póssito quiero  aqui  poner  de  otro  rio  que 
hay  en  estas  nuestras  Indias  muy  pode- 
roso ,  que  es  muy  semejante  en  sus  cres- 
gientes  al  Nilo :  de  lo  qual  yo  he  visto  é 
hablado  á  muchos  testigos  de  vista  que 
digen  lo  que  aqui  diré,  y  aun  algunos 
dellos  están  en  esta  nuestra  cibdad  de 
Sancto  Domingo  de  la  Isla  Española,  hom- 
bres de  crédito.  Pero  mas  largamente  se 
tractará  esto  en  el  libro  XXIV  de  la  se- 
gunda parte  destas  historias,  en  el  capí- 
tulo III ,  donde  se  hage  mengion  del  gran 
rio  llamado  Huyapari,  é  de  lo  que  por  él 
navegaron  nuestros  españoles  con  el  ca- 
pitán Diego  de  Ordaz :  el  qual  cresge  é 
mengua  veynte  estados  ó  bragas ,  é  co-» 
mienga  á  cresger  en  el  mes  de  mayo  é  lo 
continúa  hasta  el  mes  de  octubre ,  é  de 
ahí  adelante  abaxa  menguando  por  la 
misma  orden  hasta  el  raes  de  mayo.  Assi 
que,  cresge  seys  meses  é  lunas  é  otros 


tantos  mengua;  en  tal  manera ,  que  una 
nao  en  que  fueron  con  la  cresgiente  la 
dexaron  en  un  estero  junto  al  dicho  rio, 
é  después  la  hallaron  en  seco  mas  de  dos 
leguas  y  media  dentro  en  tierra ,  en  una 
savana  ó  campo  que  apenas  se  paresgia 
la  nao  entre  la  hierva ;  y  para  llegar 
hasta  alli  avia  ydo  por  engima  de  los  ár- 
boles, y  desde  ella,  subiendo  el  rio  arriba, 
cogían  la  fructa  dellos  é  cortaban  ramas 
para  poder  passar.  Quando  este  rio  cres- 
ge, anega  los  campos  de  ambas  costas, 
hasta  muy  gerca  del  pueblo  llamado  Ar- 
vacay.  E  quando  mengua  el  rio  van  los 
indios  tras  el  sembrado  hasta  que  está  en 
su  curso;  é  desque  va  cresgiendo,  van 
ellos  comiendo  desde  lo  postrero  que 
sembraron ,  hasta  venir  á  lo  que  está  á 
par  ó  mas  gercano  de  sus  casas.  E  assi 
usan  de  las  simientes  en  su  agricoltura, 
como  ven  que  les  conviene  é  deben  ser 
tardías  é  tempranas  en  sus  géneros ,  se- 
gund  el  tiempo  que  tienen  é  les  queda  pa- 
ra gogar  deltas.  Y  por  imitar  mas  este  rio 
al  Nilo ,  se  crian  é  hay  en  él  muchos  la- 
gartos ó  cocatrices  de  veynte  pies  ó  mas 
de  luengo ;  é  llámelos  cocatriges,  porque 
mandan  é  mueven  tan  fácilmente  la  man- 


í    Isidoro,  lib.  XIII,  cap.  21. 
TOMO  I. 


2    Plin. ,  lib.  V,  cap  dO 


30 


234 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


díbula  alta  como  la  baxa.  Otras  muchas  de  saber  é  son  anexas  á  las  historias 
cosas  se  dexan  aqui  de  degir  deste  rio,  de  la  segunda  parte  é  proprias  del  li^ 
para  en  su  lugar,   que  son  muy  dignas      bro  XXIV. 

CAPITULO   XLIIL 

En  el  qual  se  tracta  de  la  diversidad  de  las  lenguas  destas  Indias ,  islas  é  Tierra-Firme  del  mar  Océano. 


U  n  caballero  llamado  Pedro  Mexía,  na- 
tural de  la  cibdad  de  Sevilla ,  de  noble 
progenie  y  varón  docto ,  que  al  presente 
vive ,  en  un  su  tractado  intitulado  Silva, 
de  varia  lecion ,  pone  un  capítulo ,  y  es 
el  XXV  de  la  primera  parte ,  y  dige  cómo 
al  pringipio  del  mundo  todos  los  hom- 
bres hablaban  una  lengua ,  y  quál  lengua 
fue  esta,  é  por  qué  vino  la  confusión  de 
las  lenguas ,  é  qué  tal  é  dónde  fue  la  tor- 
re de  Babilonia ;  é  que  si  dos  niños  se 
criassen,  sin  les  hablar  nada,  quál  lengua 
se  cree  que  hablarían.  Y  de  todo  lo  ques 
dicho  da  suficientes  y  verdaderas  rabo- 
nes y  aprobadas  auctoridades  con  la  Sa- 
grada Escriptura  é  otros  auctores  graves 
y  auténticos  en  lo  que  dige.  Bien  he  vis- 
to yo  lo  que  en  esta  materia  se  tracta  en 
el  Génesis  *  quél  alega ,  y  assi  mismo  lo 
quel  Isidoro  en  sus  Elhimologias  nos 
acuerda,  donde  dige:  «Linguarum  diver- 
sitas  exorla  est  in  cedificatione  lurris ,  post 
diluvium  '.»  Y  afirma  este  doctor  sancto, 
que  fue  una  sola  lengua  la  que  lodos  los 
hombres  hablaron  antes  de  la  fundagion 
de  quella  torre  de  Babilonia ;  y  muchos 
auctores  tienen  quel  número  de  las  len- 
guas fue  septenta  é  dos ,  con  que  se  divi- 
dieron los  hombres  en  aquel  edifigio  é 
torre  que  labraban,  é  desde  alU  se  ex- 
tendieron, por  el  número  ques  dicho,  en 
otras  tantas  quadrillas  ó  capitanías ,  como 
fueron  las  dichas  septenta  y  dos  lenguas. 


Sanct  Augustin  díge  que  la  lengua  pri- 
mera antes  del  diluvio  fue  hebrea,  é  que 
aquesta  quedó  en  el  número  de  las  otras 
en  la  división  ques  dicha ,  é  permanesgió 
en  los  progenitores  de  Heber,  del  qual 
se  llamaron  hebreos  ^. 

Dexemos  todo  ésto :  que  para  el  de- 
póssito  que  este  capítulo  es  á  mi  propós- 
sito,  solamente  es  este  número  de  septen- 
ta é  dos  lenguas ,  de  las  quales ,  segund 
la  verdad  lo  permite ,  ovieron  origen  to- 
das las  que  al  presente  hay  en  el  mundo, 
que  me  paresge  á  mí  que  son  inconta- 
bles ,  assi  por  la  distengion  en  que  el  Isi- 
doro las  va  discantando  é  particularizan- 
do en  sus  Elhimologias,  en  el  libro  IX  de 
suso  alegado ,  assi  como  la  hebrea  é  lati- 
na é  griega,  ática,  dórica,  jónica,  eolia, 
prisca,  siria,  caldea,  puesto  que  estas 
dos  últimas  consuenan  con  la  hebrea,  por- 
que le  son  veginas.  Dige  mas  este  doc- 
tor *:  que  destas  septenta  é  dos  lenguas  se 
hinchieron,  cresgiendo,  todas  las  provin- 
gias  é  las  tierras ,  assi  de  hebreos  como 
de  caldeos  é  batrianos  é  scithas  é  ethio- 
pios  é  egipcios  é  áfricos  é  fénicos  é  sido- 
nios ,  etc.*:  que  me  paresge  que  es  mucho 
mas  número  quel  de  las  septenta  y  dos 
lenguas.  Pero  puesto  que  para  excluir  ó 
desechar  mi  opinión  (quanto  á  ser  el  nú- 
mero que  al  presente  hay  en  el  mundo  muy 
mayor  é  incontable) ,  quieran  degir  que 
todas  essas  lenguas  que  exgeden  ó  son  mas 


\     Gen. ,  cap.  XI. 

2  Elhim.,  Lib.  IX,  cap.  I  De  linguis  geniium. 

3  August. ,  De  civitate  Dei.  Lib.  XVI,  cop.  H. 


A  LXXII  lotidemquc  linguaj  per  torras  esse  cce- 
perunt,  quoeque  ,  crescendo,  provincias  et  Ínsulas 
inipleverunt.  Elhim.,  lib.  IX,  cap.  lí. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  XLIII. 


235 


de  septenta  y  dos  son  miembros  ó  partes 
que  desgienden  é  son  ramos  dellas;  assi 
como  la  lengua  italiana  é  la  castellana, 
que  son  descendientes  e  salidas  de  la  len- 
gua latina  ¿qué  podremos  degir  á  las  len- 
guas tan  diferenciadas  é  apartadas  unas 
de  otras  que  hay  en  estas  nuestras  Indias, 
donde  no  se  entienden  mas  ni  tanto  los 
indios  de  una  provincia  con  los  de  la 
otra  de  lo  que  se  entiende  un  vizcayno 
con  un  tudesco  ó  con  un  arábigo?  Cosa 
es  maravillosa  que  en  espagio  de  una  jor- 
nada de  ginco  ó  seys  leguas  de  camino  y 
próximas  y  reginas  unas  gentes  con  otras, 
no  se  entienden  los  unos  á  los  otros  in- 
dios, como  mas  largamente   por   estos 
tractados  é  General  historia  de  Indias  po- 
dres llenamente,  letor,  informaros,  y  po- 
déis creer  que,  segund  la  innumerable  ge- 
neragion  destos  indios,   estas  diversida- 
des de  sus  lenguas  han  seydo  las  pringi- 
pales  armas,  con  que  los  españoles  se  han 
enseñoreado    destas   partes,  juntamente 
con  las  discordias  que  entre  los  naturales 
dellas  continuamente  avia.    Porque   de 
otra  manera  imposible  cosa  fuera,  á  mi 
ver ,  aver  podido  sobjuzgar  é  traer  á  la 
obediengia  é  á  la  unión  de  la  república 
chripstiana  tanta  parte  destas  generagio- 
nes  en  tan  apartadas  regiones  de  nuestra 
Europa.  La  primera  lengua  con  quel  pri- 
mero almirante  ,  don  Chripstóbal  Colom, 
descubridor  destas  partes,  topó,  fué  la  de 
las  islas  de  los  Lucayos ,  é  la  segunda  la 
de  la  isla  de  Cuba ,  y  la  tergera  la  de  esta 
isla  de  Hayti  ó  Española,  de  las  quales 
ninguna  se  entiende  con  la  otra.  Esto  en 
el  primero  viage  y  en  el  segundo  quel  al- 
mirante hizo  alas  Indias.  Después,  quan- 
do  descubrió  la  gran  costa  de  la  Tierra- 
Firme  é  de  los  caribes ,  topó  é  vido  otras 
lenguas  muchas  é  muy  diferentes  entre  sí, 
assi  como  las  de  los  caribes  flecheros  é 
otras  nagiones  que  alli  hay,  diferentes  en 
las  lenguas  y  en  los  ritos  é  gerimonias  é 
en  sus  creengias  é  costumbres,  en  tanta 


manera  y  en  tantas  partes,  que  lo  que  está 
visto  hasta  el  tiempo  presente  es  incon- 
table ,  y  lo  que  está  por  ver  é  saberse  es 
muy  á  la  larga ,  é  para  que  los  venideros 
tengan  mucho  mas  que  escrebir  de  lo  que 
yo  he  podido  comprehender  destas  ma- 
terias. En  la  lengua  que  llaman  de  Cue- 
na,  que  es  gran  provingia,  hay  muchas 
diferengias  de  vocablos ;  y  sin  esa  len- 
gua, de  lasque  yo  he  visto  por  la  Tierra- 
Firme  hay  lengua  de  Coyba ,  lengua  de 
Burica ,  lengua  de  Paris  ,  lengua  de  Ve- 
ragua, Ghondales,  Nicaragua,  Choro- 
tegas,  Orogi,  Orotiña,  Guetares,  Ma- 
ribios,  é  otras  muchas  que,  por  evitar 
prolixidad,  dexo  de  nombrar,  é  porque 
mas  por  extenso  se  hallarán  en  estos  mis 
tractados.  Las  quales  todas  pienso  yo  que 
son  apartadas  del  número  de  las  septen- 
ta y  dos  (puesto  que  creo  que  de  al- 
guna ó  algunas  dellas  ovieron  pringi- 
pio) ,  y  también  no  dubdo  que  muchas, 
después  de  la  torre  de  Babilonia  hasta 
agora,  se  han  inventado  é  acresgentado 
por  los  hombres ,  y  que  les  es  natural  esa 
invengion,  como  lo  dige  Pero  Mexía  en  el 
capítulo  alegado  de  su  Silva ,  que  los  ni- 
ños paresge  que  con  nuevos  vocablos  pi- 
den é  quieren  sinificar  algunas  cosas:  y 
aun  como  lo  vemos  entre  la  gente  rús- 
tica que  los  aldeanos  paresge  que  usan 
otro  lenguage  diferengiado  de  la  gente 
cibdadana,  de  donde  son  sufráganos.  Pues 
si  los  rústicos  domésticos  con  su  rubs- 
tigidad ,  y  los  niños  con  su  inogengia ,  y 
aun  los  mudos  con  sus  señas ,  se  esfuer- 
gan  á  ser  entendidos  por  nuevo  lenguage 
ó  apartado  y  diferente ,  de  pensar  es  que 
los  que  tienen  habilidad  é  los  hizo  Dios 
de  altos  ingenios,  que  avrán  constituido 
nuevas  formas  de  hablar,  para  ser  enten- 
didos y  entenderse  con  los  suyos,  y  para 
que  no  los  entiendan  los  extraños  ó  sus 
adversarios ;  y  de  aquesto  han  resultado 
las  gifras  y  nuevos  caracteres  é  vocablos, 
para  huyr  de  las  cautelas  é  asechangas  de 


236 


fflSTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


los  enemigos,  ó  para  aver  victoria  deilos 
é  enseñorearlos. 

y  cómo  la  malicia  de  los  humanos  sea 
tan  grande  y  el  mundo  lleno  deilos  y 
della,  de  pensar  es  questa  gente  in- 
fiel, y  en  quien  el  demonio  ha  seydo 
señor  por  tantos  siglos ,  les  haya  ense- 
ñado con  el  tiempo ,  gogando  de  tan- 
tas ánimas,  essas  diversidades  de  lengua- 
ges,  hallando  aparejo  tan  manifiesto  é 
abierto  para  los  engañar,  é  estando  estas 


gentes  tan  faltas  de  defensas  hasta  nues- 
tro tiempo,  en  que  Dios  los  ha  querido  so- 
correr con  la  lumbre  de  su  sagrada  fé, 
en  la  qual  plega  á  él  que  siempre  se  au- 
mente la  religión  chripstiana.  Y  esto  bas- 
te quanto  á  las  lenguas  de  los  indios ,  assi 
tocado  en  general,  pues  que  como  quise 
sinificar  de  suso ,  mas  puntualmente  se 
hallará  en  esta  General  Historia  de  Indias, 
en  sus  discursos  é  partes  apropriadas  á 
esta  materia. 


CAPITULO   XLIV. 

De  9Íertos  capitanes  memorables  en  el  mundo  por  el  mucho  valor  de  sus  personas,  y  todos  ellos  tuerto». 


Uíomo  en  otras  partes  deste  libro  VI  ó 
de  los  depóssisos  he  dicho  y  fecho  men- 
íiion  de  un  tractado  nuevamente  copila- 
do  y  escripto  por  el  muy  enseñado  y  doc- 
to caballero ,  Pedro  Mexía ,  natural  de  la 
poderosa  é  insigne  cibdad  de  Sevilla ,  el 
título  del  qual  es  Silva  de  varia  legión;  yo 
hallo  quel  mismo  nombre  podemos  dar  á 
este,  en  que  yo  tracto  destos  depóssitos  é 
historia  de  Indias.  Y  porque  entre  las  co- 
sas que  aquel  caballero  memora  de  cosas 
notables,  que  de  una  misma  manera 
acaesgieron,  mas  en  unos  lugares  que  en 
otros  y  á  unas  tierras  y  hombres ,  como 
mas  largamente  lo  expresa,  toca  giertos 
capitanes  é  dige  assi:  «Fueron  ex^lentes 
capitanes  Anibal  Cartaginés,  y  el  rey 
Phelipe,  padre  de  Alexandro,  y  el  rey 
Antígono,  padre  de  Demetrio ,  é  Sertorio 
romano ,  é  Viriato  español ,  y  en  nues- 
tros tiempos  Federico,  duque  de  Urbino, 
é  aun  algunos  deilos  se  paresgieron  en 
las  condigiones  y  maneras  en  la  guerra, 
y  en  una  cosa  quisieron  ser  todos  igua- 
les :  que  todos  fueron  tuertos  é  perdieron 
el  uno  de  los  ojos  por  desastre.  Y  tam- 
bién los  pudiera  hager  siete,  si  se  ha  de 


dar  crédito  á  aquel  tractado  intitulado  Su- 
plementum  chronicarum*,  el  qual  dige  que 
Ligurgo ,  príncipe  de  Lagedemonia  ,  pro- 
hibía en  sus  leyes  que  no  se  tuviese  iñu- 
cha  soligitud  en  allegar  riquezas;  y  por 
esto  digen  algunos  que  todos  los  ricos  se 
levantaban  contra  él,  y  resgibió  dello 
muchas  injurias,  de  manera  que  le  saca- 
ron un  ojo.  Assi  que,  si  Ligurgo  fué  tuer- 
to, no  sé  cómo  le  olvidaron,  pues  que  fué 
uno  de  los  señalados  varones  del  mundo . » 
A  este  propóssito  de  tuertos ,  digo  yo  que 
pudieran  muy  bien  memorar  con  los  gran- 
des capitanes  tuertos  que  ha  dicho  este 
auctor,  á  otro  nuestro  español,  igual  á 
ellos  en  la  desdicha,  que  perdió  el  un  ojo 
en  una  batalla ,  de  que  quedó  vengedor, 
el  qual  es  el  adelantado ,  don  Diego  de 
Almagro . 

Pero  á  los  seys  famossos  tuertos  que  es 
dicho,  este  seteno  hizo  mucha  ventaja 
en  dos  cosas,  en  espegial:  la  una,  que 
passó  mayores  y  mas  exgessivos  traba- 
xos  que  ninguno  de  los  que  dicho  en  sus 
empressas,  y  las  comportó  é  se  ovo  en 
ellas,  como  valerosso  capitán,  aunque 
fueron  de  mayores  peligros  é  nesgessida- 


i    Lib.  IV. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  XLIV. 


237 


des  en  estas  Indias  que  las  que  Catón 
en  África  experimentó ;  y  la  otra,  en  que 
pregedlo  y  hizo  ventaja  á  los  que  es  di- 
cho y  á  otros ,  fué  en  que  su  liberalidad 
é  franqueza  fué  tan  grande  que  jamás 
consintió  que  se  le  passasse  dia,  sin  hager 
mercedes  (después  que  tuvo  possibilidad 
parahagerlas) ,  ni  que  hombre  alguno  del 
mundo  se  partiesse  del  descontento,  si 
menester  avia  su  socorro :  é  aun  sin  se 
lo  pedir,  era  tan  continuo  en  el  dar,  que 
contaba  por  perdido  el  tiempo  en  que  no 
se  le  ofresgia  ocassion  para  repartir  lo 
que  tenia  con  sus  milites  é  amigos  pres- 
sentes  é  aussentes,  é  con  todos  aquellos 
que  él  podia  ayudar.  E  dexados  los  re- 
yes aparte ,  que  pueden  é  suelen  dar  Es- 
tados é  provincias  é  vassallos  á  quien 
los  sirve  é  les  plasge ,  con  los  quales  yo 
no  le  pienso  comparar  en  algunas  parti- 
culares é  grandes  mercedes,  assi  co- 
mo las  que  hizo  el  rey  don  Johan,  II 
de  tal  nombre  en  Castilla ,  á  don  Alvaro 
de  Luna  (que  le  hizo  condestable  de 
Castilla  é  maestre  de  Sanctiago ,  é  le  dio 
muchas  villas  é  castillos  para  él  é  sus 
herederos);  é  el  rey  don  Enrique  IV, 
su  hijo ,  que  hizo  á  don  Johan  Pacheco 
marqués  de  Villena  é  maestre  de  Sanc- 
tiago ,  é  á  don  Beltran  de  la  Cueva  du- 
que de  Alburquerque  é  conde  de  Le- 
desma ,  y  assi  podría  degir  de  otros 
príngipes  que  higieron  señores  á  otros; 
pero  torno  á  degir  que  en  una  cosa  este 
adelantado  me  paresge  que  á  los  modernos 
é  antiguos  hizo  ventaja  en  lo  que  dio  de 
contado  á  muchos  en  oro,  é  plata é  joyas, 
é  mas  ordinariamente ,  esso  que  la  vida  le 
turó ,  después  que,  como  he  dicho,  él  tu- 


vo que  dar.  Y  digo  después  que  tuvo, 
porque  yo  le  vi  pobre  compañero  é  sin 
oro  ni  plata ,  é  después  sus  cosas  subge- 
dieron  de  manera  que  él  é  su  compañero 
el  adelantado ,  don  Frangisco  Pigarro,  lle- 
garon á  tanto  que  en  el  mundo  no  se  sa- 
bia ,  ni  pienso  que  avia  otros  dos  varo- 
nes (que  reyes  no  fuessen),  tan  ricos ,  ni 
que  tanto  oro  é  plata  pudiessen  dar  á 
quien  les  pluguiesse :  y  de  estar  en  sus 
personas  tan  diferentes  y  desproporgio- 
nadas  voluntades  y  condigiones  tanto 
quanto  fueron  amigos  y  conformes,  se- 
yendo  pobres ,  tanto  y  mas  fueron  ene- 
migos en  su  prosperidad ,  y  el  uno  tan 
escaso  como  el  otro  liberal.  Assi  median- 
te sus  diferengias  y  malas  lenguas  de  ter- 
geros  que  entre  ellos  se  mezclaron,  el 
uno  y  el  otro  higieron  malos  fines,  como 
la  historia  mas  largamente  lo  contará  en 
la  tergera  parte  destas  materias ,  donde 
quadrarán  mas  al  propdssíto  los  subges- 
sos  de  cada  uno  dellos.  Lo  que  aqui  se 
ha  dicho,  solamente  lo  truxo  ámi  memo- 
ria el  número  de  los  tuertos  que  el  auc- 
tor  susodicho  hizo  de  seys  varones  no- 
tables, y  porque  este  adelantado  sin 
dubda  alguna  es  muy  digno  de  poner- 
le en  el  número  de  tan  señalados  ca- 
pitanes é  príngipes  tuertos  por  el  se- 
teno ú  octavo.  Y  dado  que  la  infehci- 
dad  de  su  muerte  fué  causada  por  sus 
enemigos ,  é  mas  por  envidia  que  por 
culpa  ni  méritos  de  su  persona,  mu- 
rió como  cathólico  con  pregón  de  justi- 
gia  muy  injusta ,  y  sin  ser  juez  para  con- 
denarle quien  le  dio  la  muerte  que  des- 
pués han  otros  escotado ,  y  aun  se  espe- 
ra que  alcanzará  á  mas  personas. 


238 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  XLV. 

De  eierlos  notables  que  el  historiador  pone  aquí  en  depóssito ,  hasta  que  en  los  libros  é  partes  que  con- 
venga se  escriban  mas  largamente  ,  que  son  semejantes  á  lo  que  muchos  auctores  han  tocado ,  y  uno 
en  espe9ial  de  las  guáranlas,  que  es  arma  nunca  vista  ni  usada  en  otras  parles,  sino  donde  el  auctor  la 
pone  en  estas  Indias :  ninguno  ha  escriplo  de  tal  arma. 


lTj.uy  á  mi  gusto  ha  seydo  un  tractado 
que  se  dige  Silva  de  varía  legión ,  que  po- 
co tiempo  há  salió  impreso  por  la  vigilia 
é  diligengia  del  docto  é  noble  caballero 
Pedro  Mexía ,  el  qual  dige  en  la  segunda 
parte,  cap.  XXIV,  que  un  Dionisio,  hijo 
de  Júpiter  y  de  Proserpina,  fué  el  prime- 
ro que  domó  toros ,  según  Diodoro  Sícu- 
lo  *,  é  que  según  Plinio,  en  su  Natural  His- 
toria ^,  fué  Eriges,  natural  de  Athenas,  é 
otros  tienen  que  Triptolemo.  Y  á  este 
propóssito  dige  Pedro  Mexía  que  no  de- 
bió ser  uno ,  sino  que  el  ingenio  y  nes- 
gessidad  humana  en  diversas  partes  lo 
halló  é  imaginó:  de  manera  que  unos 
fueron  inventores  en  unas  partes  y  otros 
en  otras ,  y  assi  dige  Trogo  Pompeo  '  que 
Abides ,  rey  que  fué  de  España ,  comen- 
QÓ  á  domar  toros  é  á  arar  con  ellos.  To- 
do esto  dige  este  caballero  alegando  los 
auctores  que  es  dicho.  Parésgeme  tan 
bien  su  opinión,  endegir  que  en  diversas 
partes  fueron  diversos  los  auctores  ó  in- 
ventores, que  no  solamente  lo  creo  en 
lo  que  dige ,  mas  assi  lo  tengo  creido  en 
otras  cosas ;  y  á  este  mismo  propóssito 
quiero  yo  degir  aqui  lo  mismo  en  lo  que 
escriben  de  los  inventores  de  las  fre- 
chas  y  de  las  hondas.  Y  no  quiero  creer 
á  Plinio  *  que  dige  que  Scy  the ,  hijo  de 
Júpiter,  halló  el  arco  y  las  saetas,  y  otros 
las  atribuyen  á  Perseo ,  hijo  de  Perseo, 
y  que  el  dardo  con  amiento  le  inventó 
Etholo ,  hijo  de  Marte.  Las  velas ,  dige 

1  Diod.,  lib.  rVéV. 

2  Plin.,  lib.  VII,  cap.  56. 

3  Just.,lib.  XLIV. 


assi  mismo  Plinio,  "que  halló  ícaro  pa- 
ra navegar,  é  el  árbol  y  entenas  Dé- 
dalo. 

Yo  veo  que  en  estas  nuestras  Indias, 
que  no  es  menos  antigua  tierra  en  su 
creagion,  ni  mas  moderna  gente  que 
esos  inventores  que  se  han  nombrado  de 
suso  en  muchas ,  partes  acá  son  comun- 
mente frecheros  los  indios ,  y  no  se  pue- 
de probar  ni  se  debe  creer  que  lo  apren- 
dieron de  Scy  the  ni  de  Perseo.  É  assi 
mismo  tiran  muchas  varas  con  amientes, 
y  aun  algunos  señores  los  traen  de  oro  é 
otros  de  plata,  y  no  lo  aprendieron  de 
Etholo.  Y  assi  mismo  los  indios  en  algu- 
nas partes  usan  en  sus  navios  ó  canoas 
é  piraguas  traer  árboles  é  entenas  é  ve- 
las ,  sin  que  los  haya  enseñado  ícaro  ni 
su  padre  Dédalo.  Vegegio  ^  dige,  que  los 
de  Mallorcas  fueron  inventores  de  las 
hondas ,  y  assi  mismo  lo  dige  Isidoro  en 
sus  Ethimologias  ^,  que  los  de  las  Islas  Ba- 
leares fueron  inventores  de  la  honda, 
que  son  los  mismos  mallorquines.  Yo 
veo  que  en  muchas  partes  destas  nues- 
tras Indias ,  es  común  arma  la  honda ,  y 
no  se  podría  probar ,  ni  tampoco  es  de 
creer  que  tal  exergigio  le  supieron  acá 
de  los  de  Mallorca.  Mas  tengo  por  gier- 
to  que  de  aquella  arma  llamada  guára- 
nla ,  que  los  indios  usan  en  las  comar- 
cas y  costas  del  rio  de  Paranaguagu, 
(alias  rio  de  la  Plata) ,  nunca  los  chrips- 
tianos  la  supieron  ni  leyeron ,  ni  los  mo- 

4  Plin.,  lib.  VII,  cap.  44. 

5  Veg.,  lib.  I,  cap.  16. 

6  Lib.  XVIII,  cap.  10. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  XLV. 


239 


ros  la  alcanzaron ,  ni  los  antiguos  ovie- 
ron  della  notigia ,  ni  se  ha  oydo  ni  visto 
otra  en  todas  las  armas  ofensivas  tan 
dificultosa  de  exergitar;  porque  aun  don- 
de los  hombres  la  usan ,  los  menos  son 


hábiles  para  la  exerger.  Y  pues  ya  se  di- 
xo  su  forma,  y  qué  cosa  son  estas  gua- 
ranias  en  el  capítulo  XXXV ,  no  quiero 
tornarlo  aqui  á  repetir ,  por  no  cansar  al 
letor  con  una  misma  legión. 


CAPITULO  XLVI. 

De  un  notable  mucho  de  notar  de  la  mudanca  de  los  tiempos  en  esta  cibdad  de  Sánelo  Domingo,  é  Isla  Es- 
pañola, y  aun  en  las  otras  partes  destas  Indias  que  se  han  poblado  de  los  chrlpstianos. 


JLstas  tierras  que  los  chripstíanos  en 
estas  Indias  han  hollado ,  habitándolas 
(como  es  notorio  á  todos  los  que  ha  al- 
gún tiempo  que  por  ellas  andamos), 
puesto  que  desde  el  año  de  mili  é  qua- 
trogientos  noventa  y  dos  hasta  este  de 
mili  é  quinientos  quarenta  y  ocho ,  no  son 
mas  de  ginqüenta  é  seys  años  ( y  yo  vi  á 
Colom ,  primero  almirante  y  descubridor 
destas  partes,  y  á  los  mas  de  los  prime- 
ros pobladores ,  digo  de  los  pringipales 
hombres  que  acá  passaron  estonges ,  y 
aun  de  los  que  han  venido  después  con 
cargóse  ofigios  mas  señalados);  muy  tro- 
cadas las  veo  en  aquellas  provingias  por 
donde  yo  he  andado ,  y  cada  dia  lo  están 
mas,  en  quanto  álos  temporales  del  frió 
y  de  la  calor ,  y  cada  dia ,  quanto  mas 
van  é  mas  corre  el  tiempo ,  tanto  mas 
templada  ó  menos  calor  hallamos ;  y  en 
esta  opinión  todos  comunmente  los  es- 
pañoles ,  que  algún  tiempo  por  acá  vi- 
ven son  conformes,  é  lo  digen. 

Yo  he  platicado  con  algunos  hombres 
doctos  y  naturales  sobrestá  materia ,  y  en 
lo  que  concluyen  es  que  assi  se  va  do- 
mando y  aplacando  la  región  y  riguridad 
della  con  el  señorío  de  los  españoles ,  co- 
mo los  indios  y  naturales  hombres  y  ani- 
malias,  y  todo  lo  demás  desta  tierra;  y 
es  muy  natural  y  ragonable  cosa  y  evi- 
dente que  assi  sea,  porque  como  esta 
tierra  es  humidíssima,  y  no  era  assi  ho- 
llada ni  abierta ,  sino  muy  arborada  y 


emboscada ,  y  con  tanto  curso  de  años 
poseída  de  gente  salvaje ,  siempre  se  au- 
mentaban los  boscajes ,  y  sus  caminos 
eran  como  sendas  de  conejos,  ó  muy  ra- 
ros avia  que  caminos  fuessen.  Sus  edifi- 
gios  de  pocas  maderas ,  para  agotar  tales 
espesuras :  ningunos  ganados  tenian  por 
grangeria ,  y  si  algunos  avie  en  la  Tierra- 
Firme  era  solamente  en  el  Perú  de  aque- 
llas ovejas  grandes,  de  que  hage  mengion 
el  libro  XII,  cap.  XXX. 

Mas  después  que  la  palabra  evangé- 
lica (desde  el  tiempo  que  digo)  acá  fué 
repredicada,  han  seydo  tantas  é  tales 
las  grangerias  y  edifigios  y  la  moltitud 
de  los  ganados,  que  se  ha  abierto  y 
desabahado  é  tractado  de  tal  manera  la 
tierra ,  y  en  espegial  esta  isla ,  que  co- 
mo solian  hallar  las  maderas  para  fabri- 
car los  templos  é  casas  á  par  desta  cib- 
dad ,  es  menester  agora  traerlas  de  do- 
ge  y  mas  leguas  y  con  mucha  costa. 
Pero  dexemos  esta  manera  de  madera;  si 
no  que  de  la  común  para  el  fuego  ha  sey- 
do tanta  la  que  han  gastado  y  gastan  los 
muchos  ingenios  de  agúcar ,  que  no  se 
puede  creer  sin  lo  ver ;  y  como  la  solian 
tener  á  la  puerta ,  agora  la  van  á  buscar 
lexos  ,  é  cada  dia  la  han  de  buscar  y  ha- 
llar mas  apartada  de  los  ingenios  é  casas 
del  agúcar.  Los  ganados ,  en  espegial  el 
vacuno,  son  poderosos  animales,  é  sus 
alientos  é  grandes  rebaños  rompen  el  ay- 
re  é  le  aclaran  é  abren  mucho  los  vapo- 


240 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


res ,  y  hay  ,  como  he  dicho  en  otra  parte, 
hombres  en  esta  cibdad  de  á  veynte  é 
veynte  é  ginco  mili  cabegas  de  aqueste 
ganado ,  y  de  aqui  para  abaxo  de  quince 
é  doge  é  diez  mili ;  y  assi  abaxando ,  de 
tal  forma  quel  que  tiene  mili  é  dos  mili  ca- 
begas, quassi  no  le  cuentan  ni  han  por  del 
número  de  los  que  se  llaman  ricos  de  ga- 
nado. Y  demás  de  lo  doméstico,  es  in- 
contable el  ganado  que  se  ha  hecho  sal- 
vaje ,  assi  de  vacuno  como  de  puercos  y 
caballos  (de  que  hay  assi  mismo  mucha 
cantidad  doméstico)  que  todos  estos  dis- 
curren por  unas  partes  y  otras.  Allende 
de  lo  qual  las  otras  hagiendas  y  hereda- 
mientos del  campo  de  los  veginos  de  la 
cibdad  é  de  todas  las  villas  é  poblagiones 
desta  isla,  donde  hay  todo  lo  ques  dicho, 
hallan  estos  que  en  esta  materia  platican 
que  es  mucha  causa  de  adelgazarse  los 
ayres  é  purificarse ,  y  de  domarse  la  tier- 
ra, como  antes  dixe.  Dige  Plinio '  hablan- 
do en  el  obelisco  de  Campo  Margio ,  por 
donde  los  romanos  conosgian  en  la  som- 
bra las  horas  del   dia ,  estas  palabras: 
«Mallio,  matemático,  acresgentó  engima 
una   pelota   dorada ,  en  la  qual  summi- 
dad  la  sombra  se  recogiesse  en  sí  mes- 
ma ,   segund  los  varios  é  diversos  incre- 
mentos ,  los  quales  echa  la  mas  alta  par- 
te :  lo  qual  como  digen  entendieron  de 
la  similitud  de  la  cabega  del   hombre. 
Aquesta  observagion  del  dia,  de  treynta 
años  acá ,  no  muestra  la  verdad ;  ó  por- 
quel  curso  del  sol  no  sea   aquel  mismo, 
mas  que  se  haya  mudado  por  alguna  ra- 
zón del  gielo ,  ó  porque  la  tierra  univer- 
salmente  se  haya  alguna  cantidad  movi- 
do de  su  genlro ,  como  yo  oygo ,  que  aun 
en  oirás  regiones  se  comprehende.»  Todo 
lo  dicho  es  de  Plinio.  Al  propóssito  desta 
mudanga,  aplicando  lo  ques  dicho  con  los 
temporales  de  aquestas  nuestras  Indias, 
(juiero  degir  en  este  capítulo  un  notable. 


que  aunque  no  es  para  todas  las  gentes  ó 
gustos  de  los  que  no  leen,  ó  no  son  dados 
á  la  contemplagíon  de  las  cosas  natura- 
les ,  me  paresge  á  mí  ques  un  passo  para 
mirar  é  atender  en  él  con  espíritu  sotil, 
y  aun  de  los  avisados  ó  expertos  en  el 
estudio  de  los  movimientos  gelestes;  pues 
que  yo  y  otros  que  somos  faltos  dessas  le- 
tras y  curso  de  estrólogos ,  lo  vemos  aqui 
continuar  y  aumentarse  de  dia  en  dia  mas 
y  mas:  y  es  que  de  los  tiempos  atrás 
después  questas  partes  chripstianos  las 
conosgen  (ques  breve  dilagion)  hasta  el 
presente ,  hay  mucha  diferengia,  y  tanta, 
que  quassi  ya  aqui  en  esta  cibdad  de 
Sancto  Domingo  de  la  Isla  Española  no 
traemos  menos  ropa  acuestas  que  en  Es- 
paña traeríamos  ó  allá  se  trae ;  y  en  los 
meses  de  octubre  y  de  noviembre ,  que 
hay  aguas  y  corre  el  viento  norte,  no 
sabría  mal  el  gamarro  algunos  dias  á 
quien  lo  toviesse  ,  ni  otro  enforro  de  los 
que  en  el  invierno  en  Castilla  se  usan; 
puesto  que  aqui  vivimos  diez  é  ocho  gra- 
dos desta  parte  de  la  línia  equinogial ,  é 
no  menos.  Y  no  solamente  en  esta  cib- 
dad, pero  en  la  Tierra-Firme  en  Nicara- 
gua ,  questá  en  trege  grados ,  y  en  la  cib- 
dad de  Panamá,  questá  en  ocho  y  medio, 
es  grandíssima  la  diferengia  de  cómo  es- 
taba aquella  tierra  quando  se  comengó  á 
poblar  de  españoles  á  cómo  está  agora: 
y  lo  mismo  digo  de  la  cibdad  del  Darien, 
de  como  la  hallaron  el  adelantado  Vasco 
Nuñez  de  Valboa  y  el  bachiller  Engiso  y 
los  que  allí  se  avegindaron  primero,  á  có- 
mo estuvo  después,  quando  se  despobló 
el  año  de  mili  é  quinientos  é  veynticuatro, 
y  avíasse  comengado  á  poblar  el  año  de 
mili  é  quinientos  y  nueve.  Assi  que  en 
quinge  años  que  fué  tractada  estaba  tan 
mudada  y  trocada,  que  era  muy  grande 
la  diferengia  y  aun  la  salud  de  los  vegi- 
nos mucho  mas  asegurada ,  como  la  ex- 


i    Pün.,üb.XXXVí,cap.  20. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  GAP.  XLVII. 


241 


periengia  lo  mostró  á  los  que  viraos  lo  uno  y 
lo  otro;  y  aunque  yo  no  me  hallé  al  prin- 
cipio ,  oy  á  los  primeros,  é  puedo  testificar 


desde  el  año  de  mili  é  quinientos  é  calor- 
ge  hasta  que  fué  despoblada,  por  mi  mal  y 
de  otros  muchos.  Sea  Dios  loado  por  todo. 


CAPITULO  XLVII. 

De  9ierlas  aves  que  no  ponen  mas  de  un  huevo ,  y  hay  muchas  dellas. 


11 0  me  paresge  ques  de  poner  en  olvido 
un  notable  depóssito  que  aqui  se  porná, 
hasta  que  mas  largamente  en  un  capítulo 
espegial  se  diga  en  el  libro  dirigido  á  las 
aves.  Ni  para  los  que  no  lo  han  visto  se- 
rá de  poca  admiragion  oyr  que  hay  aves 
que  no  ponen  mas  de  un  huevo :  de  las 
quales  nuestros  españoles  vieron  é  co- 
mieron muchas  en  la  isla  de  Sancto  Tho- 
mé,  como  mas  largamente  adelante,  en 
el  libro  XX  de  la  segunda  parte  destas 
historias,  en  el  cap.  III,  se  escribirá, 
quando  se  tráete  del  viaje  de  la  Espegie- 
ria.  Y  sin  dubda  es  gran  novedad,  por- 
que por  la  mayor  parte  y  mas  común  y 
mas  generalmente  las  aves  ponen  dos 
huevos  ó  muchos ,  digo  de  aquellas  que 
no  son  domésticas,  sino  que  en  gierto 
tiempo  se  anidan  para  aumentar  su  ralea 
ó  generagion ,  assi  como  las  palomas  é 
otras  aves  que  andan  pareadas ,  é  como 
los  papagayos;  porque  aunque  estos  élas 
palomas  andan  en  bandas  é  muchas  en 
compañía ,  alli,  aunque  sean  muchas  ó 
pocas,  siempre  andan  de  dos  en  dos  ma- 
cho é  hembra.  Otras  aves  hay  que  ponen 
mas  y  mas  huevos  uno  á  uno  y  en  diver- 
sos dias,  y  llegados  á  gierto  número  crian 


sus  hijos ,  assi  como  las  golondrinas  y  los 
tordos  y  vengejos  é  otros.  É  otras  aves  hay 
que  multiplican  mas  é  sacan  de  una  ni- 
dada muchos,  assi  como  las  perdiges  y 
aun  nuestras  gallinas  caseras  ,  ánsares  é 
ánades.  Pero  poner  solo  un  huevo  é  no 
mas,  é  aquel  sacarle  no  lo  he  oydo  sino 
de  las  que  he  dicho  de  la  isla  de  Sancto 
Thomé  y  de  otras  que  hay  en  esta  nuestra 
Isla  Española  que  los  indios  las  llaman 
papayrios.  Estas  que  llaman  papaygio,  son 
aves  noturnas,  y  las  que  primero  se  di- 
xo  de  la  isla  de  Sancto  Matheo,  no  son  no- 
turnas;  pero  las  unas  é  las  otras  son  aves 
de  agua  é  que  se  mantienen  de  pescar, 
y  son  de  patas  semejantes  á  las  ánades  ó 
ansarones ,  pero  como  es  dicho  deseme- 
jantes en  sus  crias;  porque  los  ánsares  é 
ánades  ponen  muchos  huevos  uno  á  uno, 
é  después  que  han  acabado  de  poner,  sa- 
can sus  pollos,  como  las  gallinas  é  los  pa- 
vos é  otras  muchas  aves  que  guardan  tal 
costumbre  ó  manera  en  su  aumentagion; 
mas  poniendo  un  solo  huevo,  no  lo  he 
oydo  jamás  sino  de  aquellas  aves  de  la 
isla  de  Sanct  Matheo  y  destas  que  he  di- 
cho que  hay  en  esta  nuestra  Isla  Espa- 
ñola. 


TOMO  I. 


31 


242 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  XLVIÍI. 

En  que  se  traeta  del  remedio  que  nuevamente  é  de  poco  tiempo  acá  es  hallado  para  curarse  las  heridas  de 
las  flechas  con  hierva,  con  que  tiran  los  indios  ,  que  hasta  saberse  este  secreto  era  incurable,  é  por  la  ma- 
yor parte  todos  ó  los  mas  morian ,  como  por  estas  historias  está  probado.  E  dícese  la  manera,  por  donde  la 
clemencia  divina  permitió  queste  remedio  se  supiesse. 


Los  que  han  leydo ,  no  ternán  por  cosa 
nueva  en  los  sueños  averse  notificado  é 
revelado  muchas  cosas  que  después  el 
tiempo,  saliendo  verdaderas,  les  dio  auc- 
toridad.  Esto  de  muchos  tiempos  está  es- 
cripto,  assi  como  del  sueño  de  Hécuba,  que 
soñó  que  paria  un  fuego  que  quemaba  á 
Troya,  é  estaba  preñada  de  su  hijo  Pá- 
ris*:  é  assi  fue  él  suficiente  tigon  para  la 
ruina  de  Troya ,  pues  por  aver  robado  á 
Helena ,  muger  del  rey  Menalao ,  se  mo- 
vieron los  príngipes  de  Gregia  para  su 
destruigion.  Assi  mismo  del  sueño  del 
rey  Astrage  se  escribe  ^  que  soñó  que  del 
cuerpo  de  su  hija  é  heredera  nasgie  una 
parra  ó  sarmiento ,  cuyos  pámpanos  ha- 
gian  sombra  á  todalaAssia.  Y  susadevi- 
nos ,  interpretando  este  sueño ,  le  dixeron 
que  significaba  que  su  hija  pariría  un  hijo 
que  le  avia  de  quitar  el  reyno ,  y  assi  se 
cumplió  ;  porque  Ciro ,  su  nieto ,  le  quitó 
el  reyno,  como  mas  largo  lo  escribe  Jus- 
tino en  la  Abreviación  de  Trogo  Pompeyo. 
Quandoovo  de  nasger  el  Dante,  famoso 
poeta,  su  madre  soñó  que  estaba  en  un 
verde  é  florido  prado  á  par  de  una  fuen- 
te cristalina ,  é  que  debaxo  de  un  laurel 
paria  un  hijo,  el  qual,  con  los  granos  é 
fructa  de  tal  árbol  é  con  el  agua  de  aque- 
lla fuente,  un  tiempo  se  criaba,  é  en  bre- 
ve cresgia  é  era  pastor ;  é  queriendo  to- 
mar de  las  ramas  del  laurel ,  caia  é  súbi- 
to se  levantaba,  no  hombre,  mas  con- 
vertido en  pavón.  Este  sueño  interpreta 
Johan  Bocagio,  y  mas  largamente  Cris- 


toforo  Landino  en  el  comento  que  hi^o 
sobre  la  comedia  del  Dante ;  y  dige  quel 
pastor  se  entiende  por  la  philosóphica  é 
theológica   doctrina,  é   las  plumas  del 
pavón  por  el  ornado  poema  del  Dante  ,  é 
la  fuente  é  el  lauro  por  la  encumbrada  é 
alta  poesía.  Y  desto  no  se  debe  maravi- 
llar ninguno ,  porque  muchas  veges  é  en 
varias  regiones  é  siglos  han  acaesgido 
prodigios  que  han  pronungiado  la  exge- 
lengia  de  alguno  que  esté  por  nasger.  De 
Marón  se  lee  que  su  madre,  una  noche 
antes  que  le  pariesse,  soñó  que  paria  un 
ramo  de  laurel ,  é  que  en  breve  tiempo 
cresgia  lleno  de  flores é  fructa'.  También 
se  lee  en  la  historia  del  glorioso  Sanc- 
to  Domingo,  cómo  su  madre  soñó  estan- 
do preñada  del  que  paria  un  perro,  man- 
chado blanco  é  negro,  con  una  hacha  ar- 
diendo en  la  boca ;  y  la  pronosticagion 
que  con  obra  resultó  de  su  sueño ,  fué  la 
predicagion  deste  sancto  doctor ,  lumbre 
é  resplandor  de  la  fé  cathólica ,  é  funda- 
dor de  la  sagrada  Orden  de  los  Predica- 
dores de  la  verdad  evangélica  contra  la 
heregía  é  apostasía.  É  el  perro  se  en- 
tiende por  la  fidelidad  queste  animal  tie- 
ne en  exgelengia  sobre  todos  los  otros 
animales  irragionales  con  su  señor,  y  la 
color  del  blanca  y  negra ,  denota  el  há- 
bito desta   religión:   lo   blanco  signifi- 
ca la  limpiega  é   castidad,   é  lo  negro 
la    firmega   é   constangia  de  la  cathóli- 
ca perseverangia  que   en  la  chripstiana 
república  este  bienaventurado  tuvo,  é 


1     Chron.  Troyana:  Dares,  phrigio;  Dictis,  grie- 
go: Homero. 


2  Just. ,  lib.  I. 

3  Xristophoro  Landino. 


DE  liNDIAS.  LIB.  VI.  GAP.  XLVIII. 


243 


la  que   tienen  todos  los  que  le  siguen. 
Mas  lo  que  aqui  paresge  que  quadra  con 
lo  que  propuse  primero  del  remedio  con- 
tra Iff  hierva ,  es  el  sueño  de  Alexandre 
Magno,  del  qual  dige  Quinto  Curgio  *  que, 
combatiendo  con  los  del  rey  no  de  Sambi, 
aquellos  trayan  las  espadas  entosicadas, 
é  al  que  herían,  moría  súbito  ó  muy  pres- 
to ,  sin  poder  los  médicos  comprender  la 
causa ,  siendo  la  herida  ligera  ó  pequeña. 
Herido  assi  Tholomeo,  estaba  Alexandre 
con  mucha  pena  por  ello,  porque  le  que- 
ría mucho ,  y  aun  porque  se  sospechaba 
que  era  su  hermano  ,  é  hijo  del  rey  Phe- 
lipo.  Vencido  Alexandre  de  un  sueño  pro- 
fundo, quando  despertó,  dixo  que  en  vi- 
sión le  paresgió  la  imagen  de  un  dragón ,  el 
qual  traía  en  la  boca  una  hierva  é  se  la 
daba  para  el  remedio  del  venino,  é  re- 
feria la  color  é  forma  de  la  hierva ,  é  afir- 
maba que  la  conosgeria,  si  le  fuesse  tray- 
da ;  la  qual  se  halló,   porque  muchos  la 
buscaban ,  é  hízosela  poner  sobre  la  lla- 
ga ,  é  súbito  le  quitó  el  dolor ,  é  en  bre- 
ve tiempo  sanó.  En  el  mismo  caso  habla 
Justino^,  é  dige  que,  arribando  Alexan- 
dre á  la  cibdad  del  rey  Ambigero  ,  aque- 
llos cibdadanos  fabricaron  saetas  avele- 
nadas,  y  usando  deltas,  entre  otros  he- 
ridos fué  Tholomeo  herido  de  tal  mane- 
ra, que  ya  paresgia  que  era  muerto;  é 
que  le  fué  enseñada   al  rey  Alexandre 
(dormiendo)  una  hierva  para  el  remedio 
del  venino,  la  qual  venida,  encontinen- 
te ,  fué  Tholomeo  librado ;  con  tal  reme- 
dio fué  salva  la  mayor  parte  del  exér- 
gito  de  Alexandre.  Aunque  estos   auc- 
tores  paresge  que  discrepan  en  la  ma- 
nera de  la  historia ,   ambos  concluyen 
quel  aviso,  por  donde  este  remedio  de  tal 
hierva  se  supo,  fué  el  sueño  de  Ale- 
xandre. 

Pues  de  otro    sueño  de  un  hidalgo, 
nuestro  español,  quiero  yo  poner  aqui  un 


notable  que  me  paresge  que  progedió  de 
la  miserícordia  divina;  pues  que  hasta 
se. saber  lo  que  aqui  se  dirá,  han  peli- 
grado é  son  muertos  muchos  españoles 
con  la  hierva  de  los  indios  flecheros,  lla- 
mados caribes ,  y  los  que  han  padesgido, 
por  la  mayor  parte  murieron,  hagiendo 
vascas  é  rabiando ,  mordiendo  sus  pro- 
prias  manos  é  bragos ,  é  muy  cruelmen- 
te. Y  este  bien  y  socorro  que  Dios  ha  en- 
viado para  esto,  se  supo  desla  manera. 
Estando  el  año  que  passó  de  mili  é  qui- 
nientos é  quarenta  años  en  la  isla  de  Cu- 
bagua  un  hidalgo,  natural  de  la  villa  de 
Medina  del   Campo ,  llamado  Gargía  de 
Montalvo ,  hijo  de  Juan  Vaca ,  goberna- 
dor que  fué  de  Elche  é  otras  villas  en  el 
reyno  de  Valengia ,  por  el  duque  de  Ma- 
queda,  soñó  una  noche  que  le  avian  da- 
do un  flechago  los  indios  caribes ,  y  que 
estando  assi  herido  y  creyendo  presto 
perder  la  vida,  como  otros  quél  avia  vis- 
to morir  assi  heridos,  avia  tomado  por 
remedio  de  se  echar  en  la  herida  polvos 
de  solimán  vivo,  é  soñaba  que  estaba 
assi  atada  la  pierna:  é  muy  temeroso,  en- 
comendándose á  Nuestra  Señora,  Sánela 
María  del  Antigua,  despertó  con  mucha 
alteragion ,  tanto  que  los  que  le  vieron 
assi,  le  preguntaron  que  qué  avia  é  qué 
temor  era  aquel  que  tenia  ,  é  se  allega- 
ron á  él,  para  le  esforgar  é  ayudar  á  de- 
sechar su  espanto.  É  el  Montalvo,  retor- 
nando en  sí ,  como  se  vido  sin  herida  é 
conosgió  que  de  aquel  sueño  era  su  tur— 
bagion ,  comengó  á  dar  gragias  á  Dios  é 
á  su  bendita  Madre ,  é  contó  lo  que  avia 
soñado ,  é  dixo  quél  proponía  de  probar 
aquel  remedio  con  el  primero  que  viessp 
herido  de  la  hierva ,  porque  en  su  ánimo 
tenia  assentado  que  sanaría  quien  assi  se 
curasse.  Ysegund  yo  fui  informado  de  per- 
sonas de  crédito ,  y  en  espegial  de  un  re- 
verendo y  devoto  religioso ,  llamado  fray 


1    Hisl.  Alex.  Magn. ,  lib.  IX. 


2    Jiisí. ,  lib.  XII. 


244 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


Andrés  de  Valdés ,  de  la  Orden  de  señor 
Sanct  Francisco ,  digno  de  entero  crédito 
y  de  muchos  años  mi  conestido ,  que  me 
escribió  desde  la  misma  isla ,  donde  en 
essa  sagon  residía ,  que  aquel  hidalgo  so- 
ñó lo  ques  dicho  tres  veges,  que  para  el 
remedio  de  la  hierva  era  bueno  el  soli- 
mán ;  y  que  después  passó  el  mismo  Mon- 
talvo  á  la  Tierra-Firme,  é  flecharon  los 
indios  á  un  compañero  de  los  que  con  él 
yban,  é  abriéronle  el  flechago  é  fregá- 
ronle la  herida  con  solimán;  y  escapó. 
É  está  ya  tan  experimentado  este  remedio, 
que,  assi  como  en  Castilla  acostumbraban 
los  soldados,  en  el  tiempo  de  la  guerra 
de  los  moros,  traer  alriaqueras  contra  la 
pongoña  de  la  hierva  (vedegambre),  assi 
agora  acá  los  que  siguen  la  guerra  con- 
tra aquellos  indios  flecheros,  traen  con- 
sigo solimán  molido.  E  dígenme  algunos 
que  han  visto  curará  heridos,  después  de 
aquesta  revelagion  ó  sueño  de  Mental vo, 
que  ninguno  peligra,  si  es  socorrido  pres- 
to ;  y  que  la  forma  de  la  cura  es  que  le 
chupan  la  herida  presto,  todo  lo  possible, 
é  le  abren  el  golpe  un  poco  mas  y  le  hin- 
chen la  llaga  de  polvo  de  solimán  molido, 
é  se  la  atan  é  le  ponen  al  enfermo  do 
esté  apartado  é  guardado  del  ayre :  é  ha 
de  tener  dieta ,  y  dentro  de  quatro  ó  ginco 
dias  le  sale  de  la  herida  una  raiz,  como 
uña  ó  un  callo ,  é  después  aquel  hoyo  que 
queda  se  encarna  é  se  cura ,  como  otra 
llaga  ó  común  herida ,  é  presto  queda  sin 
lesión  alguna.  Por  manera  quel  solimán 
ataja  é  hage  que  la  pongoña  de  la  hierva 
no  progeda  adelante  en  su  rigor,  sino  que 
torne  atrás  é  se  resuma  é  convierta  en 
aquella  uña,  é  que  ninguno  que  herido 
sea,  peligre,  exgepto  si  no  fuesse  herido 
en  el  vientre  ó  hueco  del  cuerpo ,  donde 
no  se  pudiesse  efectuar  el  remedio  é  cura 
ques  dicho. 


É  ya  los  hombres  que  siguen  la  guerra 
donde  hay  flecheros,  andan  tan  confiados 
en  esta  medigina,  que  no  tienen  en  nada 
la  pongoña  de  esa  hierva.  Cosa  ha  seydo 
muy  notable,  é  lo  es,  para  dar  infinitos 
loores  á  Dios,  por  tan  señalado  socorro  y 
merged,  como  ha  hecho  á  los  chripstianos 
en  mostrarles  á  se  curar  en  esta  tan  difi- 
cultosa guerra  y  peligro  tan  manifiesto  é 
de  tanta  importangia,  que  osodegir  que 
después  del  almirante ,  don  Chripstóbal 
Cülom,  que  fué  el  primero  descubridor 
destas  nuestras  Indias ,  no  ha  passado  á 
ellas  otro  hombre  mas  útil  para  la  con- 
servagion  de  los  chripstianos  é  milites 
desta  conquista,  como  Gargia  deMontal- 
vo  y  su  sueño  ó  revelagion,  digiendo  me- 
jor. Mas  por  tanto  las  gragias  á  solo  Dios 
se  den  é  á  su  misericordia,  de  cuya  bon- 
dad é  clemengia  ha  resultado  notoria- 
mente tanto  bien,  porque,  como  dige  el 
reverendo  maestro  en  santa  theologia, 
Pedro  Ciruelo,  én  aquel  catliólico  trac- 
tado  que  escribió  en  reprobagion  de  las 
supersligiones  y  hechicerías*:  los  sueños 
vienen  á  los  hombres  por  tres  causas,  es 
á  saber :  natural ,  moral  y  theologal ,  y 
destas  tres  la  última  es  la  que  aqui  hage 
al  propóssito ,  de  la  qual  dige  que  la  theo- 
logal y  sobrenatural  es,  quando  los  sueños 
vienen  por  revelagion  de  Dios  o  de  al- 
gún ángel  bueno  ó  malo,  que  mueve  la 
fantasía  del  hombre  y  le  representa  lo 
que  le  quiere  degir.  Desta  manera  dige  la 
Sagrada  Escriptura  que  en  la  ley  vieja 
Dios  hablaba  á  los  profetas,  quando  dor- 
mían ^;  y  el  Evangelio  dige  que  el  buen 
ángel  de  Dios  aparesgia  entre  sueños  á 
Joseph ,  esposo  de  la  Virgen ,  Madre  de 
Jesu-Chripsto,  nuestro  Redemptor,  é  des- 
pués aparesgió  á  los  Reyes  Magos,  dur- 
miendo ellos ,  y  los  avisó  para  que  no  tor- 
nassen  al  rey  Heredes  ^:  y  el  diablo,  entre 


i     Reprobación  de  las  supersticiones  y  hechice- 
rías, II  parle,  cap.  6.  De  los  sueños. 


2  Numeri,  cap.  12. 

3  Malh.,  op.  2. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.   CAP.  XLVIH. 


245 


.Sueños,  habló  al  gran  nigromántico  Balan, 
para  que  fuesse  á  maldecir  y  encantar  al 
pueblo  de  Dios  *.  Y  de  la  misma  manera 
habla  en  sueños  á  los  nigrománticos  y 
adevinos  que  tienen  pacto  público  ó  se- 
creto con  él ,  y  les  revela  muchas  cosas, 
para  que  adevinen  lo  que  ha  de  venir.  La 
diferencia  que  hay  entre  estas  dos  mane- 
ras de  revelagiones  es  aquesta.  Que  en  la 
revelagion  do  Dios  ó  del  buen  ángel  no 
se  hage  mengion  de  cosas  vanas,  ni  acaes- 
ge  muchas  veges,  sino  por  alguna  cosa 
de  laucha  importancia  y  que  pertenesge 
al  bien  común  del  pueblo  de  Dios,  y  con 
la  tal  visión  queda  el  hombre  muy  certi- 
ficado que  es  de  buena  parte,  porque 
Dios  alumbra  el  entendimiento  del  hom- 
bre y  le  certifica  de  la  verdad.  Mas  en 
los  sueños  de  los  nigrománticos  y  adevi- 
nos no  hay  tal  certidumbre ,  y  vienen  mu- 
chas veces  y  sobre  cosas  livianas  y  que- 
da el  hombre  gegado  y  engañado  del  dia- 


blo. Todo  lo  dicho  es  del  maestro  Ciruelo 
alegado  de  suso.  Por  manera  que  redu- 
ciendo la  sentencia  desto  á  nuestro  caso, 
podemos  decir  que  fué  revelación  de  Dios 
ó  del  buen  ángel  la  de  nueslro  Mon- 
talvo . 

Passemos  á  otras  materias,  y  desta  nin- 
guno se  descuyde,  para  que  si  nescessidad 
le  ocurriere,  se  sepa  aprovechar  de  lo  que 
aqui  tengo  escripto ,  ó  para  ayudar  con 
este  aviso  á  quien  lo  oviere  menester, 
pues  será  caridad  muy  bien  empleada  en- 
tre chripstianos. 

Después  de  aver  escripto  lo  ques  di- 
cho ,  hallándome  en  España ,  en  el  mes 
de  noviembre  de  mili  é  quinientos  é  qua- 
renta  y  siete,  yo  me  informé  del  mis- 
mo Garcia  de  Montalvo ,  é  me  dixo  ser 
verdad  é  aver  seydo  el  mesmo  queste 
remedio  del  solimán  enseñó ,  é  que  sub- 
Cedió  de  la  manera  que  está  dicho  por  la 
voluntad  é  misericordia  de  Dios. 


CAPITULO  XLIX. 

En  que  se  traclan  diversas  é  peregrinas  historias  é  materias  que  han  ocurrido  en  partes  muy  apartadas, 
é  han  tenido  con  otras  en  muy  desviadas  provincias  mucha  conformidad  é  semejan9a  ;  y  de  ser  las  unas 
anliquíssimas  están  olvidadas  á  los  que  no  leen,  y  las  que  agora  se  ven  tales,  parescen  nuevas,  sin  lo  ser 
en  el  mundo.  Tócansc  lindas  é  sabrosas  leciones  en  este  capítulo,  d  tales  que  darán  mucho  contentamien- 
to á  los  letores. 


n  este  depóssito  se  dirán  algunas  co- 
sas que  paresgerán  nuevas ,  y  yo  las  cuen- 
to por  viejas  y  olvidadas.  Quadran  en 
parte  á  nuestras  materias  de  Indias;  y 
aunque  en  la  verdad  algunas  ternán  se- 
mejanca  ó  imitación  de  otras  que  fuera 
de  España  y  de  nuestras  Indias  han  acaes- 
C¡do,  no  es  de  maravillar,  por  la  anti- 
güedad del  tiempo  que  passó  desde  que 
las  primeras  passaron  hasta  que  se  en- 
tendieron las  segundas.  Assi  como  lo  que 
se  cuenta  de  la  lealtad  é  calhólico  co- 
medimiento que  usó  el  infante  don  Fer- 


nando (que  ganó  á  Antequera),  con  el 
niño  rey  don  Johan  (el  II  de  tal  nom- 
bre en  Castilla) ,  su  sobrino :  que  quando 
murió  el  Rey  don  Enrique  III ,  hermano 
del  dicho  infante ,  en  Toledo ,  quedó  su 
hijo  ,  el  príncipe  don  Johan,  de  edad  de 
veynte  meses,  é  si  quisiera  el  infante  su 
tic  pudiérase  hacer  rey  de  Castilla;  y 
ninguna  contradicion  toviera,  segund  es- 
taba bienquisto  é  muy  amado,  por  el  va- 
lor é  gran  ser  de  su  persona.  Y  no  pudo 
la  cobdicia  tanto  obrar  en  él  como  su 
lealtad;  y  salió  por  Toledo,  muerto  el 


i     Numcri,  cap.  22. 


246 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


rey ,  con  el  pendón  real ,  digiendo  á  vo- 
ges:  «Castilla,  Castilla  por  el  rey  don 
Johan,  mi  señor  *.»  El  qual  niño  estaba 
en  Segovia  con  la  reyna  doña  Cathalina, 
su  madre,  como  mas  largamente  las  cliró- 
nicas  del  rey  don  Enrique  é  don  Johan  lo 
cuentan.  El  caso  fué  peregrino  y  á  prín- 
cipe chripstiano  conviniente ;  pero  muy 
semejante  á  la  lealtad  que  usó  Ligurgo, 
príncipe  de  los  lagedemonios,  que  muer- 
to su  hermano,  el  rey  Polidete,  los  lage- 
demonios tovieron  creydo  quél  se  higiera 
rey;  mas  cómo  la  reyna  quedó  preñada, 
non  obstante  que  le  consejaron  que  se  hi- 
giesse  señor,  é  que  fué  por  la  reyna,  su 
cuñada,  requerido  que  la  tomase  por  mu- 
ger,  é  que  ella  haria  de  manera  que  la 
preñez  no  saliesse  á  luz,  nunca  su  buen 
propóssito  se  mudó.  Antes  cómo  Ligurgo 
oyó  lo  que  la  reyna  degia,  como  pru- 
dente disimuló  y  le  dixo  quél  holgaría  de 
casarse  con  ella ;  pero  que  no  queria  que 
pusiesse  su  vida  en  aventura ,  exortán- 
dola  á  que  tuviesse  pagiengia  hasta  que 
pariesse ,  é  que  él  ternia  manera  para  que 
lo  que  nasgiesse  fuesse  muerto  en  secre- 
to, é  sin  peligro  della  se  podria  hager  su 
voluntad.  Con  esta  esperanga  templó  la 
exgelerada  locura  é  infame  é  cruda  peti- 
gion  de  la  reyna,  é  puso  guardas é  aviso 
secreto  sobre  ella ,  para  que  cómo  paries- 
se, fuesse  tomada  la  criatura,  porque  no 
higiesse  en  elía  alguna  maldad  tan  cruel 
é  deshonesta  madre.  E  assi  cómo  llegó  el 
ti(?mpo,  parió  un  hijo ,  el  qual  luego  fué 
llevado  delante  de  Ligurgo,  que  estaba 
comiendo  con  giertos  señores  pringipales 
de  aquel  señorío,  é  cómo  le  vido,  tomó  el 
niño  en  brazos  é  dixo :  «Lagedemonios, 
nasgido  es  nuestro  Rey.»  E  abaxóse  de  la 
silla  real ,  é  inclinándose  al  niño  con  mu- 
cho acatamiento,  le  puso  en  ella  é  nom- 
bróle Carilao  ,  de  lo  qual  todos  los  gir- 


cunstantes  fueron  muy  alegres ,  loando  la 
grandeza  é  justigia  del  ánimo  de  Ligurgo. 
Caso  que  como  temeroso  de  Dios  é  calhó- 
lico  príngipe  el  infante  don  Fernando  to- 
viesse  mas  razón  de  usar  tan  virtuoso  é 
memorable  acto  é  de  tan  inmortal  acuer- 
do ,  no  dexaré  de  creer  quél  oviese  ley- 
do  lo  que  aquel  gentil  higo  para  imitarle. 
Pero  esa  legión  no  bastara,  si  no  estovie- 
ra  en  sus  entrañas  perfigionada  su  leal- 
tad ,  por  falta  de  la  qual  muchos  se  ha- 
llaran en  aquel  tiempo  (y  no  menos  en 
este),  que  pusieran  la  vergüenza  y  el  áni- 
ma á  todo  riesgo,  como  lo  han  fecho 
otros  antiguos  y  modernos,  por  verse  se- 
ñores de  menores  Estados ,  quanto  mas 
podiéndose  hager  rey  de  Castilla  ,  donde 
tantos  rey  nos  é  señoríos  se  incluyen. 

Passemos  al  esfuergo  de  los  magedo- 
nios ,  de  los  quales  se  escribe  "^  un  caso 
muy  notable ;  y  es  que  yendo  contra  ellos 
los  líricos  é  los  de  Tragia ,  los  pussieron 
en  tan  extrema  nesgessidad  que  eran  cons- 
treñidos de  huyr,  siendo  muerto  su  rey: 
y  en  el  mayor  peligro  cresgió  su  ánimo 
é  tomaron  el  hijo  de  aquel  rey  que  esta- 
ba en  la  cama,  é  pussiéronlo  contra  los 
enemigos ,  é  pelearon  con  tanto  esfuer- 
go, que  aunque  les  faltaba  el  favor  é 
ayuda  real  del  rey  defunto ,  mataron  é 
vengieron  é  echaron  de  la  tierra  todos 
sus  adversarios,  con  victoria  del  nombre 
raagedonio. 

A  esto  me  paresge  á  mí  que  pode- 
mos comparar  (y  aun  anteponer),  la 
lealtad  é  gloria  de  los  caballeros  é  hi- 
dalgos é  memorable  república  de  la  cib- 
dad  de  Avila,  en  nuestra  España ,  y  digo 
assi.  En  el  tiempo  que  el  rey  don  Alon- 
so, VII  de  tal  nombre  en  Castilla  (rey 
assi  mismo  de  Aragón),  yerno  del  rey 
don  Alonso  VI  que  ganó  á  Toledo ,  por- 
que fué  cassado  con  su  hija  doña  Urraca, 


i     Chrónica  del  rey  don  Enrique  III:  Chrónica 
del  rey  don  Johan  II. 


2    Supplementum  Chronicarum,  lib.  IV. 


DE  INDIAS.    LIB.  VI.  CAP.  XLIX. 


247 


reyna  de  Castilla,  la  qual  primero  avia 
seydo  muger  del  conde  don  Remon  de 
Tolosa,  é  avia  ávido  en  ella  un  hijo 
que  assi  mismo  se  dixo  Alonso  VIII,  * 
el  qual  era  muy  niño  é  estaba  en  Avila; 
6  queriendo  el  padrastro  apoderarse  de 
él  é  de  la  cibdad ,  fué  contra  Avila ,  pi- 
diendo que  le  obédesgiessen  por  rey.  La 
cibdad  respondió  que  ella  tenia  rey:  é 
porque  el  aragonés,  é  aun  muchos  de  los 
castellanos  que  seguían  su  opinión ,  de- 
bían que  el  rey  niño  era  muerto ,  pusso 
gerco  sobre  aquella  cibdad  con  mucho  ri- 
gor; é  los  gercados  pidieron  término  para 
selo  mostrar,  con  que  levantasse  el  gerco 
que  tenia  sobre  Avila,  é  que  si  dentro  de 
dos  messes  no  mostrassen  al  niño  é  rey, 
que  le  entregassen  la  cibdad  é  le  diessen 
la  obediengia.  É  el  rey  de  Aragón  assi 
prometió  délo complir  por  su  parte,  é  los 
de  la  cibdad  dieron  en  rehenes  sesenta 
caballeros  de  la  flor  é  mas  escogidos  de 
Avila.  E  luego  los  gercados  con  este  asien- 
to, enviaron  secretamente  por  su  rey  á 
la  Nava,  donde  lo  criaban;  é  recogido 
en  la  cibdad ,  dixeron  al  rey  de  Aragón 
que  si  les  volvia  sus  rehenes ,  le  mostra- 
rían al  rey  niño,  con  tanto  que  no  ovies- 
se  fuerga  ni  fraude,  sino  que  asegurado 
el  campo ,  estoviessen  de  tres  á  tres  ca- 
balleros ó  hasta  tresgientos  por  tresgien- 
tos.  É  cómo  el  rey  de  Aragón  vido  que  no 
podría  hager  su  voluntad  é  que  sus  cau- 
telas eran  entendidas,  hizo  matar  los  re- 
henes, é  mandó  que  vivos  en  calderas 
fuessen  cogidos  parte  dellos ,  en  un  lugar 
que  por  tan  señalada  crueldad  hasta  el 


pressente  tiempo ,  desde  entonges ,  se  lla- 
ma las  Hervengias ;  donde  desde  la  cib- 
dad pudiessen  ver  los  que  padesgian,  é 
los  gercados  oviessen  mas  espanto.  É  otra 
parte   de  las  rehenes  reservó  para  los 
combates  é  llevarlos  atados  en  la  delan- 
tera ,  creyendo  que  assi  tomarla  la  cib- 
dad; pero  no  dexaron  los  gercados  en 
el  combate  de  matarlos :  lo  qual  visto,  él 
rey  de  Aragón,  levantó  el  gerco  con  de- 
terminagion  de  tomar  otros  pueblos  de  la 
comarca  é  destruir  la  tierra.  Entonges  los 
de  Avila  enviaron  á  Blasco  Ximeno,  ca- 
ballero muy  señalado  por  su  esfuergo, 
para  que  reptasse  al  rey  de  Aragón ,  por 
cruel  é  quebrantador  de  su  palabra ,  pues 
les  avia  assi  muerto  sus  rehenes.  Con  es- 
te caballero  fué  un  su  sobrino  é  del  mismo 
nombre,  é  hallaron  al  rey  en  un  lugar 
que  se  llamaba  Diagiego  ( é  ahora  se  di- 
ge  Sanct  Johan  de  la  Torre),  é  Blasco  Xi- 
meno le  dixo  desta  manera:  «Si  algund 
rey  debe  ser  reptado  por  fealdad  que  co- 
meta, la  cibdad  de  Avila,   é  yo  en  su 
nombre,  riepto  á  vos  ,  el  rey  de  Aragón, 
don  Alfonso,  por  lo  que  aves  fecho  é  co- 
metido contra  vuestra  palabra  é  seguri- 
dad que  distes  é  no  guardastes :  é  soys 
obligado  de  hager  la  enmienda  á  la  cib- 
dad de  Avila ,  é  debéis  dar  un  caballero 
ó  dos  ó  mas,  quantos  quísiéredes,  hasta 
tresgientos ,  é  otros  tantos  dará  la  cibdad 
de  Avila  por  su  parte ,  que  con  armas 
iguales  harán  bueno  lo  que  digo :  é  los 
matarán,  ó  echarán  del  campo,  ó  harán 
confessar  con   sus  bocas,  rindiéndose, 
vuestra  notoria  culpa ;  y  desto  hago  tes- 


i  El  autor  se  aparla  aqui  de  la  cronología  mas  ge- 
neralmente seguida  por  nueslroshisloriadores,  admi- 
tiendo en  el  número  de  los  reyes  de  León  y  Castilla 
á  Alfonso  de  Aragón  j  cuyo  matrimonio  con  doña 
Urraca  fué  causa  de  escándalos  y  trastornos.  Con- 
viene advertir ,  para  inteligencia  de  los  hechos  nar- 
rados por  Oviedo  en  este  capítulo,  que  el  nieto  de 
Alfonso  VI ,  coronado  Emperador  en  las  ciudades 
de  León  y  Toledo  (de  donde  vino  á  esta  última  el 
título  de  Imperial),   se  halla  comunmente  desig- 


nado por  nuestros  cronistas  é  historiadores  con  el 
número  VII  y  no  con  el  VIII ,  que  llevó  Alfonso,  el 
de  las  Navas  de  Tolosa.  El  respeto  debido  á  la  opi- 
nión de  Oviedo,  nos  retrae  de  introducir  aqui  en- 
mienda alguna,  debiendo  advertir,  no  obstante,  que 
habiendo  señalado  primero  al  Emperador  con  el 
número  Vil,  alteró  después  este,  por  juzgar  sin  du- 
da que  tal  era  el  mas  exacto  modo  de  contar  los 
royes  de  León  y  Castilla  ,  conocidos  con  el  nombre 
de  Alfonso. 


248 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


tigos  á  todos  los  que  delante  de  vos ,  el 
rey  de  Aragón,  me  oyen.»  El  rey  aten- 
dió todo  lo  que  es  dicho;  mas  resgibió 
tanto  enojo  de  oyrlo ,  que  aunque  avia 
dado  ligengia  para  que  aquel  caballero 
hÍQiesse  su  embaxada ,  con  mucha  ira 
los  mandó  matar,  Estonges  el  caballero 
mangebo  echó  mano  á  la  espada,  pensan- 
do matar  al  rey,  porque  vido  que  sus 
caballeros  hagian  é  ponian  por  obra  lo 
que  les  era  mandado ,  é  cargaron  tantos 
sobrél  que  allí  le  higieron  pedagos,  E 
en  tanto  que  en  esto  se  ocupaban,  el  tio 
se  pudo  apartar  de  allí  é  subió  en  su  ca- 
ballo ,  pensando  salvarse ;  pero  alcangá- 
ronle ,  porque  salió  de  Cantiveros  al  tra- 
vés un  hermano  del  rey  de  Aragón  é 
otros  caballeros  para  le  ataxar  é  pren- 
der. E  cómo  Blasco  Ximeno  conosgió 
que  no  podia  yrse ,  volvió  la  cara  é  ade- 
resgó  de  yr  contra  el  hermano  del  rey,  é 
matóle ,  é  alli  mataron  al  mismo  Blasco 
Ximeno.  Y  en  memoria  deste  fecho,  se 
pusso  ahy  una  piedra  que  llamaban  el  hi- 
to ,  la  qual  estuvo  mucho  tiempo  á  don- 
de aquel  caballero  fué  muerto :  é  cada  un 
año  yban  alli  los  caballeros  de  Avila  é  ju- 
gaban cañas  é  daban  de  comer  á  todos 
los  pobres  que  ende  se  hallaban,  en  me- 
moria é  por  obsequias  de  aquel  buen  ca- 
ballero, su  patriota.  Después  en  el  tiem- 
po que  en  Avila  fué  corregidor  Bernaldo 
de  Mata,  que  yo  conosgí,  se  pusso  alli 
una  cruz  en  forma  de  humilladero ,  en- 
tre Cantiveros  é  Honliveros.  Deste  Blas- 
co Ximeno  quedaron  otros  caballeros  sus 
desgendientes ,  é  dellos  desgendió  Vasco 
Ximenez ,  al  qual  fué  fecha  merged  de 
Navalmorcuende  por  el  Congejo  de  Avi- 
la ,  é  fué  confirmado  el  privilegio  por  el 
rey  don  Alonso  XI  que  ganó  á  Algegi- 
ra.  Assi  que,  se  ha  de  colegir  de  lo  que 
está  dicho,  como  mas  largamente  se  pue- 
de ver  en  la  Chrónica  del  rey  don  Alonso 
VIH,  el  qual  se  mandó  llamar  Empe- 
rador, que  los  de  Avila  le  criaron,  épor 


le  tener  seguro,  en  tanto  que  fué  niño,  le 
pussieron  en  aquella  sumptuosa  é  gran 
torre  llamada  el  cimorro  de  la  iglesia 
mayor.  É  ordenó  aquella  cibdad  que  pa- 
ra sus  gastos  le  diessen  de  cada  yunta 
(que  labrasen  de  tierra),  tres  gelemines  de 
trigo ;  é  quedó  esta  costumbre ,  é  dende 
adelante  lo  llevaron  assi  los  otros  reyes 
que  subgedieron  en  Castilla,  hasta  que 
fué  fecha  merged  desta  renta  á  las  mon- 
jas de  Sanct  Clemente  de  Avila ,  é  des- 
pués se  passó  á  Sancta  Ana,  de  lo  qual 
tienen  previlegio,  é  hoy  dia  eogen  aque- 
lla renta  é  se  llama  las  quartillas.  Des- 
pués este  rey  don  Alonso  VIII  confir- 
mó á  Avila  sus  previlegios  é  alcaydias  é 
ofigios,  é  por  exgelengia  de  su  fidelidad, 
mandó  que  se  llamasse  Avila  del  Rey,  ó 
dióles  que  truxese  la  cibdad  por  armas 
la  figura  ó  torre  del  dicho  gimorro  de  oro 
en  campo  de  goles  vel  sanguino ,  con  un 
rey  que  tiene  puesta  su  corona  é  un 
geptro  real  en  la  mano ,  parado  á  una 
ventana  de  aquel  gimorro ,  donde  á  él  le 
tovieron  é  criaron ,  desde  la  qual  le  mos- 
traban públicamente,  para  que  viessen 
que  era  vivo  contra  lo  que  publicaba  su 
padrastro,  el  rey  de  Aragón.  E  también 
les  dio  previlegio  que  aquesta  cibdad 
pudiesse  dar  vasallos  é  jurisdigion,  é  que 
la  cibdad  presen tasse  é  el  rey  é  reyes, 
sus  subgessores,  confirmasen  tales  mer- 
gedes.  De  aqui  resultó  que  viéndose  los 
de  Avila  tan  honrados ,  muchos  dexaron 
sus  apellidos  (aunque  eran  nobles  é  an- 
tiguos) é  se  llamaron  de  Avila ,  como  al 
pressente  se  llaman  los  caballeros  de  las 
dos  mas  pringipales  casas  de  aquella  cib- 
dad, lo  qual  les  confirmó  el  rey  don 
Sancho  el  Desseado.  Muchas  cosas  gene- 
ral é  particularmente  se  pueden  degir 
con  verdad,  en  loor  de  los  caballeros  é 
hidalgos  de  Avila ;  mas  parésgeme  que 
basta  lo  dichoque  aqui  se  ha  traydo,  pa- 
ra comparagion  de  lo  que  higieron  los 
magedonios  con  su  rey  niño,  como  de 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  XLIX. 


249 


suso  se  hizo  mengion.  Passemos  á  otras 
cosas  que  serán  loable  recreagion  para 
los  que  se  quissieren  ocupar  en  las  saber 
é  oyr  con  atengion. 

Ocurren  á  mi  memoria  dos  notables  é 
antiquíssimas  historias,  y  como  se  ha  di- 
cho de  las  que  quedan  de  suso  escripias, 
assi  las  que  agora  escribiré  tienen  con- 
formidad en  alguna  manera.  Dige  Livio  * 
que  Tarquino  Superbo,  rey  de  los  roma- 
nos, teniendo  guerra  con  los  de  la  cib- 
dad  de  Gabina,  é  no  los  pudiendo  sob- 
juzgar,  acordó  por  fraude  é  una  nueva 
manera  de  cautela ,  de  conquistarlos.  Y 
para  esto,  congertósse  con  uno  de  sus  tres 
hijos,  llamado  Sexto,  el  qual  se  fué  á 
Gabina ,  fingiendo  que  huía  de  la  cruel- 
dad de  su  padre,  é  que  se  yba  á  valer 
con  el  socorro  é  favor  de  aquella  cibdad. 
É  tales  palabras  habló  contra  el  rey ,  su 
padre ,  é  tal  compasión  le  tovieron ,  que 
demás  de  le  dar  crédito,  le  hicieron  su 
capitán  general ;  é  él  hizo  la  guerra  con- 
tra su  padre ,  mostrándosse  valerosso  en 
las  armas,  é  de  mucha  prudencia  é  buen 
consejo  en  los  fechos  que  emprendia.  É 
con  mucha  liberalidad  repartia  los  des- 
pojos é  ganancias  que  se  adquerian  en 
los  recuentros  é  escaramugas  contra  ro- 
manos; de  manera  que  en  breve  tiempo 
fué  muy  acatado  é  querido  de  los  de  Ga- 
bina :  é  quando  le  paresgió  que  era  tiem- 
po, envió  un  mensajero  á  Roma  al  rey,  su 
padre ,  dándole  aviso  cómo  él  tenia  Ga- 
bina á  su  voluntad ,  é  que  viesse  lo  que 
quería  que  se  higiesse.  Estonges  Tarqui- 
no no  respondió  palabra  al  mensajero, 
porque  no  se  fió  del ,  sino  entrósse  en  un 
corralejo  que  estaba  de  dentro  su  apos- 
sento,  é  mostrando  que  penssaba  en  la 
respuesta:  é  tras  él  se  entró  el  mensajero, 
é  el  rey  con  un  palo  que  tenia  en  la  mano, 
hería  é  abatía  á  tierra  las  mas  altas  ca- 


begas  de  ciertas  papáveras  ó  dormideras 
que  avia  en  el  corralejo,  é  andaba  paseán- 
dosse  sosegado  é  sin  degir  cosa  alguna. 
É  el  mensajero  no  le  pidió  respuesta ,  é 
se  volvió  á  Gabina  é  contó  á  Sexto  lo  que 
avia  dicho  á  su  padre  é  lo  que  avia  vis- 
to ,  é  díxo  que  le  avie  paresgido  quel  rey 
no  avia  querido  responder,  por  ira  ó  ene- 
mistad ó  de  soberbio.  Sexto  entendió 
bien  aquella  respuesta  muda ,  é  comenzó 
á  buscar  causas  injustas  contra  los  prín- 
gípes  Gabínos,  acusándolos  falsamente 
por  los  infamar  é  enemistarlos  con  el 
pueblo  menudo ,  é  á  muchos  condenó  á 
muerte,  é  á  otros  higo  matar  públicamen- 
te, é  á  otros,  de  quien  no  podía  hallar 
causa  para  que  muriessen  ,  los  higo  ma- 
tar secretamente ,  é  muchos  huyeron  é 
hígolos  pregonar:  é  los  bienes  de  los  unos 
é  de  los  otros  repartió  al  pueblo  menudo, 
la  qual  gente  plebea  con  este  ardid  ni 
sentían  el  engaño ,  ni  la  perdígion  de  su 
cibdad,  la  qual  despojada  de  consejo  é 
de  hombres  de  auctoridad ,  Sexto  la  en- 
tregó á  su  padre,  el  rey  Tarquino,  sin  con- 
tradigion  alguna. 

A  este  propóssito  se  dirá  aqui  otra 
cosa  que  en  España  intervino  al  rey  don 
Ramiro  de  Aragón  ^,  el  monge ,  el  qual 
fué  professo  de  la  Orden  de  Sanct  Be- 
nito y  de  orden  sacro ,  é  por  faltar  los 
subgessores  en  la  silla  real  de  aquel  rey- 
no,  como  persona  á  quien  el  geptro  ve- 
nía de  derecho ,  fué  compelído  por  el 
Papa,  é  por  la  obediengia  ageptó  la  go- 
bernagion  é  corona  real ,  año  de  mili  é 
giento  é  diez  y  nueve  años  de  la  Nativi- 
dad de  Chrípsto,  nuestro  Redemptor.  Pe- 
ro como  desde  muy  muchacho  entró  en 
la  religión  ques  dicha ,  fué  muy  cathólico 
chrípstiano  en  todas  sus  cosas,  é  inoraba 
las  desenvolturas  é  profanidades,  de  que 
los  legos  é  gente  del  palagio  se  presgian; 


^      Tito   Livio,   década  I.',  libro  I,  capítulo 
Ai  é  42. 
TOMO  I. 


i    Ch fónica  del  rey  don  Ramiro  de  Aragón  ,  el 

monge. 

32 


250 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


é  por  esto  era  tenido  por  grosero  é  en 
poca  estimación  de  sus  principales  varo- 
nes é  subditos.  É  acaesQió  que  queriendo 
dar  una  batalla  á  los  moros ,  é  que  esta- 
ban ya  las  banderas  para  se  mover  é  tra- 
var  el  fecho  de  las  armas,  le  pusieron 
una  daraga  en  la  mano  siniestra  y  una 
langa  en  la  derecha ,  é  él  preguntó  que 
con  qué  avia  de  tener  las  riendas  del  ca- 
ballo, pues  tenia  ambas  manos  ocupadas: 
é  un  caballero,  burlando,  le  dixo  que 
con  la  boca ;  é  assi  tomó  las  riendas  con 
los  dientes ,  é  batió  las  piernas  é  arreme- 
tió ,  entrando  con  mucho  denuedo  en  la 
batalla ,  de  la  qual  é  de  los  enemigos  in- 
fieles fué  vengedor.  Assi  por  esto,  como 
por  otras  cosas,  cómo  sabia  poco  del  arte 
militar,  burlaban  del  los  suyos,  como  de 
inhábil.  Estonges  él,  viéndose  muy  es- 
carnegido,  escribió  una  carta  con  un  men- 
sajero al  abad  de  Sanct  Ponge,  que  le  avia 
criado  é  era  hombre  de  buen  seso  é  asaz 
prudente ,  pidiéndole  su  paresger  é  con- 
sejo. El  abad,  leyda  la  carta,  entróse  en 
un  huerto  con  el  mensajero ,  é  con  un  cu- 
chillo comengó  de  cortar  por  el  pié  las 
mayores  é  mas  altas  hiervas  (otros  digen 
que  las  coles  mayores),  é  desque  esto  ovo 
fecho ,  por  un  buen  espagio  de  hora,  di- 
xo: «Tornaos  al  rey,  vuestro  señor,  é  de- 
gilde  que  se  esfuerge  con  Dios  siempre  é 
le  sirva :  que  yo  y  estos  religiosos  siem- 
pre hagemos  oragionporél.»  El  mensaje- 
ro se  tornó  al  rey  é  le  dixo  quél  avia 
dado  su  carta  é  no  le  traía  respuesta ,  é 
contóle  lo  quel  abad  avia  fecho  en  el 
liuerto.  E  esto  entendió  el  rey  que  era 
muy  prudente  respuesta ,  é  luego  envió  á 
llamar  á  todos  los  pringipales  señores  é 
caballeros  del  reyno  de  Aragón  para  la 
cibdad  de  Huesca,  hagiéndoles  saber  quél 
queriahager  una  campana,  con  su  conse- 
jo dellos,  que  la  oyesen  en  toda  Aragón. 
Estas  sus  cartas  fueron  muy  reydas;  pero 
juntáronse  é  vinieron  á  donde  el  rey  es- 
taba ,  é  entró  con  ellos  en  una  sala  secre- 


ta ,  donde  tenia  gente  armada ,  digiendo 
que  queria  tomar  sus  votos  uno  á  uno ;  é 
el  que  entraba  no  salia,  porque  luego  le 
era  cortada  la  cabega.  Y  desla  forma  higo 
degollar  quinge  grandes  de  aquel  reyno; 
é  puestos  en  torno  á  la  redonda ,  hechos 
un  corro ,  higo  llamar  á  los  hijos  é  here- 
deros de  los  que  assi  estaban  muertos,  é 
díxoles:  «Catad  ahy  la  campana  que  avrés 
oydo  degir  que  yo  avia  de  hager,  que  so- 
nase en  todo  Aragón  é  aun  fuera  de  mi 
reyno :  yo  he  complido  mi  palabra ;  é  lo 
mismo  digo  que  será  fecho  de  vosotros, 
si  no  fuéredes  muy  leales  é  obedientes.» 
E  de  allí  adelante  fué  éste  príngipe  muy 
acatado  é  servido  de  chicos  é  grandes  en 
todo  su  reyno,  por  el  consejo  de  aquel 
abad  ques  dicho:  el  qual  yo  creo  bien 
que  avia  visto  á  Tito  Livio ,  é  que  tenia 
bien  entendido  cómo  se  avia  de  curar 
aquel  menospregio  que  del  rey  don  Ra- 
miro hasta  alli  se  avia  fecho. 

Este  rey  fué  hijo  del  rey  don  Sancho 
de  Aragón  é  de  la  reyna  doña  Sol ,  hija 
del  Cid  Ruy  Diaz ,  é  hermano  del  rey 
don  Alonso  é  del  rey  don  Pedro,  re- 
yes de  Aragón  ,  de  los  quales  este  mon- 
go fué  el  derecho  subgessor.  Y  no  es  de 
maravillar  que ,  á  vueltas  de  la  fraylia, 
le  quedasse  parte  del  ánimo  de  tan  va- 
liente é  invicto  capitán  ,  como  fué  el 
cancto  Cid  Ruy  Diaz,  su  abuelo.  Veis 
aqui,  señor  letor,  cómo  tienen  semejan- 
ga  las  vergas  ó  hiervas  altas  quel  abad  de 
Sanct  Ponge  cortaba  con  las  papáveras  ó 
hamapolas  quel  rey  Tarquino  derribaba 
en  el  corralejo,  delante  del  mensajero  de 
su  hijo,   Sexto  Tarquino. 

Otro  notable  quiero  aqui  poner ,  que 
muchas  veges  heleydo  en  Valladolid,  que 
ni  me  paresge  muy  cathóHco  epitaphio, 
ni  dexa  de  paresger  aqueste  que  diré  de 
don  Pero  Niago  á  otro  que  se  puso  en  el 
sepulcro  de  Sardanápalo ,  último  rey  de 
los  asirlos,  y  es  desta  manera.  En  la  igle- 
sia de  Santistevan  ,  en  la  pared  por  do 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  XLIX. 


251 


fuera  de  la  iglesia ,  está  un  bulto  de  un 
caballero ,  que  yo  no  sé  quién  fué ,  y  es 
muy  notado  por  un  epigrama  ó  letrero 
que  tiene,  y  dige  assi: 

Yo  soy  don  Pero  Niago 
que  en  lo  mió  me  yago: 
lo  que  comí  é  bebí  go<jé; 
el  bien  que  fice,  fallé: 
lo  que  acá  dexé,  no  lo  sé. 

Muchas  interpretagiones  se  podrían  de- 
gir,  discantando  lo  ques  dicho,  en  que 
no  me  quiero  ocupar  por  remitirlas  al 
prudente  letor;  y  diré  solamente  á  mi 
propóssito  que  muchos  siglos  y  aun  mi- 
llares de  años  antes,  segund  se  escri- 
be de  Sardanápalo  * ,  rey  de  los  asiríos 
(hombre  corrompedor  de  todas  las  mu- 
geres),le  halló  Harbage,  su  capitán  é 
lugar  teniente  general,  en  medio  de  mu- 
chas é  deshonestas  mugeres ,  vestido  de 
brocado  é  una  cadena  de  oro  al  cuello, 
hilando  en  hábito  de  muger :  de  lo  qual 
desdeñado  aquel  su  capitán,  tracto  gier- 
ta  conjuragion  contra  su  señor,  é  veni- 
dos en  efeto  á  la  examinagion  é  deter- 
minagion  de  las  armas ,  assi  como  la  ba- 
talla se  comengó  ,  fué  vengido  é  puesto 
en  fuga  el  rey  Sardanápalo;  é  entróse 
en  un  gran  monte ,  é  alli  se  quemó  de  su 
grado  con  muchas  riquezas,  é  mandó 
que  fuessen  escriptos  giertos  versos  so- 
bre sus  geuizas  é  sepulcro,  cuya  sen- 
tengia,  segund  Tulio,  digen  assi:  «Yo  he 
ávido  aquello  que  he  comido,  y  de  la  lu- 
xuria  he  alcangado  abundangia:  las  otras 
cosas  quédense  ^.»  Por  gierto  muchas  ve- 
ges  he  mirado  en  aquel  don  Pero  Mi- 
yago  ó  Niago ,  é  me  paresge  mas  aquella 
su  memoria  de  gentil  que  de  fiel  ni  ca- 
thólico  (só  enmienda  de  quien  mejor  lo 
sintiere). 

He  traydo  esto  á  la  memoria  del  pro- 
póssito que  al  pringipio  se  dixo ,  que  al- 


gunas cosas  paresgen  nuevas,  porque 
son  muy  viejas  é  olvidadas.  Por  tanto 
dexemos  las  comparagiones  ó  depóssitos 
que  no  tocan  á  nuestras  Indias,  é  pón- 
ganse aqui  algunos  que  son  del  jaez  des- 
tas  partes;  pues  á  los  que  por  acá  han 
andado,  les  paresgen  nuevas,  y  en  Espa- 
ña y  otros  reynos  también  serán  por  ta- 
les tenidas ,  y  darles  he  yo  á  cada  una 
dellas  sus  semejantes ,  desta  manera. 
Hieu,  rey  de  Israel,  mató  septenta  hi- 
jos de  Acab^  cuyas  cabegas,  con  las  de 
otros  sus  parientes,  higo  poner  sobre 
sendos  palos ,  hincados  en  tierra.  La  se- 
mejanga  de  tales  cabegas,  assi  puestas  á 
manera  de  trofeos ,  en  muchas  partes  lo 
usan  los  indios  en  la  Tierra-Firme,  don- 
de yo  he  visto  innumerables  puestas  en 
árboles  é  palos  en  torno  de  las  casas  de 
los  cagiquesé  señores  pringipales:  é  pre- 
guntándoles de  quién  son  tales  cabe- 
gas,  digen  que  de  los  enemigos  é  hom- 
bres que  ellos  han  muerto,  como  mas 
largamente  en  muchas  partes  destas  his- 
torias, y  en  espegial  en  la  segunda  é  ter- 
gera  partes  desta  General  historia  estará 
mas  copiosamente  dicho. 

Aquel  Suplemento  de  chrónicas  dige  * 
que  los  hombres  de  Chipre  tenian  por 
costumbre  de  enviar  las  mugeres  vírge- 
nes á  la  costa  de  la  mar,  para  que  los 
navegantes  que  alli  aportaban  usasen  con 
ellas  carnalmente;  y  desta  manera  ofres- 
gian  á  Venus  el  voto  de  su  perpetua  cas- 
tidad, como  mas  largamente  lo  escri- 
be Johan  Bocagio  en  aquel  su  tracta- 
do  ,  que  intituló  de  las  Ilustres  mugeres; 
donde  particularmente  escribe  de  Ve- 
nus, y  dige  que  desta  manera  ganaba»; 
alli  las  mugeres  los  dotes  para  se  ca- 
sar. Esta  costumbre  usan  en  algunas  pro- 
vingias  de  la  Tierra-Firme  las  muge- 
res  ,  y  en  espegial  en  la  provingia  do 


1  Suplemenlum  Clironicarum ,  lib.  IV. 

2  Tulio  Cicerón,  en  sus  Quistiones  lusculauas. 


3  Lib.  IV  de  los  Reyes,  cap.  10. 

4  Suplemenlum  Chronicarum,  lib.  1  i. 


232 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


Nicaragua ,  donde  yo  estuve,  é  lo  en- 
tendí de  los  mismos  indios  é  indias ,  y  vi 
que  la  ques  mas  mala  de  su  persona  é  que 
con  exergigio  libidinoso  gana  su  dote, 
essa  tienen  sus  padres  é  aun  los  otros  in- 
dios por  de  mas  gentil  habilidad ,  como 
adelante  lo  escribiré  mas  largo  en  el  li- 
bro XLII,  en  el  cap.  VII,  por  abreviar 
aqui  la  legión  é  passar  á  otras  materias. 

Atribuyen  los  antiguos  á  Baco  *  la  in- 
vengion  de  hager  el  vino ,  é  digen  assi 
mismo  quél  mostró  á  hager  la  gerbega  á 
los  alemanes ;  pero  quien  quissiere  saber 
mas  por  extenso  del  vino  é  de  sus  pro- 
priedades  é  diferengias  é  diversos  géne- 
ros, lea  en  Plinio^,  puesto  que  en  la  ver- 
dad Noé  fué  el  inventor  é  plantador  de  la 
viña  después  del  diluvio  ,  como  la  Sagra- 
da Escriptura  lo  dige  *  Pero  á  lo  que  ya 
pienso,  los  indios ,  para  invengion  de  sus 
vinos,  ni  oyeron  á  Plinio  ni  á  Golumela, 
ni  á  Cresgentino  ni  otros  auctores,  ni  han 
visto  la  auctoridad  que  de  suso  toqué  del 
Génesis :  ni  tampoco  estas  gentes  hagen 
vino  de  ubas ,  aunque  las  tienen  salva- 
jes y  muchas ;  pero  hágcnlo  del  mahiz  y 
de  la  yuca ,  ques  el  pan  que  comen  en 
algunas  provingias ,  y  en  otras  de  miel  é 
agua ,  y  en  partes  algunas  de  giertas  gi- 
ruelas  é  pinas,  é  otros  vinos  ó  bevrajes 
de  otras  maneras,  como  mas  largamente, 
por  esta  General  Historia,  podrá  ser  el 
letor  informado.  Y  este  vino  en  unas  par- 
tes lo  llaman  chicha  y  en  otras  por  otros 
nombres ,  porque  hay  muchas  y  diversas 
lenguas.  Trúxose  esto  á  conseqüengia  de 
aver  en  estas  partes  muchas  cosas  que  en 
alguna  manera  imitan  á  las  de  los  chrips- 
lianos  é  gentes  de  Europa  bien  acostum- 
bradas. 

Atribuyen  la  invengion  de  los  espe- 
jos á  Esculapio,  hijo  de  Apoline  *.  Tam- 

i     Suplemendim  Chronicarum ,  lib.  III. 

2  Plin.  ,  lib.  XXIII. 

3  Coepitque  Noe,  vir  agrícola,  exercere  lerram, 
elplaniavil  vineam.  Bibensque  vinum,  inebriatus 


poco  ovieron  menester  los  indios  esta 
invengion ,  ni  aprender  de  otras  gentes 
á  hager  espejos ;  porque  de  margarita  los 
hagen  muy  exgelentes  en  la  Nueva  Es- 
paña é  en  otras  partes  de  la  Tierra-Fir- 
me; é  en  el  Perú  acostumbraron  los  indios 
pringipales  á  hager  una  plancha  ó  lámina 
del  tamaño  é  peso  que  querían  el  espejo, 
de  muy  fina  é  gendrada  plata,  en  que  se 
miraban;  y  aun  pienso  que  son  de  los 
mejores  de  todos ,  porque  vi  algunos  des- 
tos  que  digo. 

De  la  invengion  del  sacar  la  pie- 
dra é  hager  muros,  hage  Plinio  inven- 
tor á  Trason*;  pero  la  manera  de  los 
muros ,  assi  de  tierra  como  de  piedra  é 
de  ladrillo ,  muy  común  y  ussada  é  anti- 
gua es  en  el  mundo.  Pero  la  que  en  al- 
gunas partes  é  pueblos  de  la  Tierra-Fir- 
me han  visto  nuestros  milites  españoles, 
es  cosa  muy  extraña  é  notable ,  como  por 
estas  mis  historias  se  puede  ver  en  algu- 
nas poblagiones,  muradas  de  uno  é  dos  é 
mas  liengos  ó  gercas  de  árboles  grosíssi- 
mos,  sembrados  é  puestos  á  mano,  apar- 
tados el  uno  del  otro  quatro  é  ginco  é 
seys  pies  é  mas  é  menos.  É  aquellos,  assi 
como  van  cresgiendo,  los  van  limpiando, 
para  que  suban  é  crezcan  derechos,  é  en 
discurso  de  tiempo  é  años  engordan  é 
se  hagen  poderosos  é  tan  al  propóssito,^ 
que  no  dexan  vaqüo  alguno  entre  un  ár- 
bol é  otro  ,  é  assi  juntos  en  su  gircunfe- 
rengia,  hagen  una  muralla  que,  á  mi  ver, 
es  la  mas  fuerte  que  pensarse  puede ,  si 
toviere  mediocre  compañía  de  defens- 
sores. 

Dige  Plinio  ®  que  la  fábrica  de  la  ma- 
dera la  inventó  Dédalo ,  é  assi  mismo  la 
sierra  para  la  aserrar.  Mas  otra  manera 
de  aserrar  un  hierro  se  ha  hallado  en  es- 
tas partes ,  y  aunque  sea  una  gruesa  án- 

est.  Génesis,  cap.  IX,  vers.  20  é  21. 
4    Tu  lio  ,  De  Natura  Deorum. 
o    Plin. ,  lib.  VII,  cap.  5'). 
6    Plin. ,  ut  supra. 


DE  INDIAS,  LIB.  VI.  CAP.  XLIX. 


253 


cora  (cosa  maravillosa  diré);  pues  quel 
indio  con  un  hilo  de  algodón  ó  de  hene- 
quén ó  cabuya  corta  qualquiera  hierro, 
y  esto  les  ha  enseñado  la  nescesidad  para 
corlar  los  grillos  ó  cadenas,  en  que  algu- 
nos chripslianos  los  han  aherrojado  é 
puesto  en  prisiones.  É  háse  averiguado 
que,  dándoles  tiempo,  toman  un  hilo  de 
los  que  he  dicho ,  é  aquel  muévenle  so- 
bre lo  que  quieren  corlar,  echando  sobrél 
arena  menuda,  poco  á  poco,  alli  donde 
la  cuerda  lude :  é  assi  cómo  comienza  á 
cortar  é  ser  caliente  el  hierro,  le  trangan, 
como  cortarían  un  nabo ;  é  assi  cómo  se 
va  rogando  el  hilo,  lo  mejoran  enconti- 
nenle ,  poniéndolo  sano.  Cosa  es  probada 
é  vista  muchas  veges  en  la  Tierra-Firme. 
Segund  quiere  Plutarco  en  la  vida  de 
Theseo ,  este  fué  el  primero  que  dividió 
en  Alhenas  los  hidalgos  é  gente  noble  de 
los  otros  hombres  populares  é  artesanos,  é 
les  enseñó  otras  buenas  costumbres ,  con- 
vinientes  al  político  uso  é  de  mucha  uti- 
lidad á  su  república.  Pero  á  estos  indios, 
acá  tan  desviados  de  todo  lo  escripto, 
¿quién  diremos  que  les  mostró  todas  esas 
diferencias  en  sus  repúblicas ,  guardadas 
con  tanta  humildad  á  sus  superiores  é 
con  tan  perseverante  costumbre?  Yo  sos- 
pecho que  la  natura  es  la  guia  de  las  ar- 
tes, é  no  sin  causa  suelen  degir  los  flo- 
rentines  en  un  su  vulgar  proverbio:  « Tuto 
il  mondo  é  como  á  casa  noslra.n  Y  assi  me 
paresge  en  la  verdad  que ,  de  muchas  co- 
sas que  nos  admiramos  en  verlas  usadas 
entre  estas  gentes  é  indios  salvajes,  mi- 
ran nuestros  ojos  en  ellas  lo  mismo  ó 
quassi  que  avemos  visto  ó  leydo  de  otras 
nasgiones  de  nuestra  Europa  é  de  otras 
partes  del  mundo  bien  enseñadas.  En  con- 
seqüengia  de  lo  qual  se  escribe  que  Dira- 
chio  ó  Durago  ^  alias  Epidauro  (cibdad 
de  vcnegianos , )  del  qual  nombre  mismo 


hay  otra  cibdad  en  Acaya ,  en  que  es- 
tuvo ó  está  un  templo  hermosíssimo  en 
honor  de  Esculapio  ,  é  alli  los  romanos 
siendo  fatigados  de  pestilengia  tres  años, 
leydos  los  libros  de  las  Sebylas ,  hallaron 
que  por  otro  remedio  alguno  no  podrían 
sanar ,  é  que  la  última  señal  de  su  salud 
era  llevar  á  Roma  á  Esculapio  ,  cuya  es- 
tatua era  en  forma  de  serpiente;  y  de 
aqui  se  me  ha  puesto  en  la  memoria  (se- 
gund el  curso  grande  de  la  idolatría  des- 
tos  indios,)  que  en  honor  deste  Esculapio 
debia  ser  aquella  memoria  de  la  casa  del 
gran  príngipe  Atabaliba ,  en  el  pueblo  de 
Caxamalca,  dentro  de  la  qual  está  una 
sierpe  muy  grande  de  piedra ,  como 
mas  por  extenso  se  dirá  en  la  tergera 
parte  destas  historias ,  en  el  libro  XLVI, 
capítulo  VII,  donde  se  tractará  de  la  pris- 
sion  de  aqueste  príngipe.  Y  el  que  dub- 
dare  desta  mi  sospecha,  acuérdesse  quel 
mismo  demonio  que  mostró  á  idolatrar 
los  antiguos ,  esse  mismo  es  el  maestro 
quessa  misma  condenada  idolatría  ha 
sembrado  entre  aquestos  indios ;  y  el  mas 
antiguo  simulacro  ó  imagen  del  diablo  es 
aquesta  de  la  sierpe ,  en  figura  de  la  qual 
fueron  engañados  nuestros  primeros  pa- 
dres ,  como  mas  largamente  lo  manifiesta 
la  Sagrada  Escriptura  ^.  Y  aquesto  baste 
para  probar  el  intento  ó  propóssito  del  in- 
troito deste  capítulo  XLIX. 

Passemos  á  otras  materias ,  puesto  que 
en  estas  que  aqui  he  escripto  muchas  cosas 
se  podrían  añadir,  que  se  dexan  por  evi- 
tar prolixidad;  porque  el  pasto  de  la  legión, 
assi  como  en  la  mesa  del  príngipe  es  ador- 
nameuto  y  auctoridad  la  diversidad  de 
los  manjares ,  y  gran  ocasión  para  des- 
pertar el  apetito  del  paladar  las  diferen- 
gias  dulges  é  agras  é  mezclados  sabores, 
assi  al  que  lee  acresgientan  la  perseve- 
rangia  de  la  legión  los  diversos  discursos 


{     Supplenienlum  ,  lib,  III. 

2    Sed  el  serpens  crat  callidior  cunctis  animan- 


tibus  lerrae,  quaefeceralDoiriínusDeus,  etc.  Génesis, 
cap.  III. 


254 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


é  novedades  que  la  historia  trae  con- 
sigo. Y  esto  es  una  de  las  causas  que 
hagen  pecar  á  los  oydos  y  entendi- 
mientos  que   se   acostumbran   á   escu- 


char ó  leer  fabulosas  vanidades ,  del 
qual  delicto  van  desviados  los  que  en 
historias  veras  é  honestas  son  exerci- 
tados. 


CAPITULO  L. 

De  los  depossitos  deste  libro ,  en  que  se  recuenta  un  caso  muy  notable  que  acaesció  en  una  placa  de  la  pro- 
vincia de  Nicarag^ua,  estando  alli  el  auctor  destas  historias:  la  qual  materia  toca  al  arte  mágica  é  brujos  in- 
dios llamados  texoxes ,  é  atrae  á  conseqüencia  otras  transformaciones  de  hombres  en  animales  que  escriben 
algunos  auclores  graves ;  y  lo  que  en  tales  casos  se  debe  creer. 


iluiero  dar  fin  á  estos  depossitos  con 
uno  que  estará  adelante  mas  extenso  es- 
cripto ,  en  lo  que  toca  á  Indias ,  en  el  li- 
bro XLII ,  capítulo  VII ,  donde  en  la  pro- 
vincia de  Nicaragua  acaesgió  un  caso  de 
que  yo  é  otros  quedamos  maravillados;  y 
aun  en  el  instante  me  acordé  de  aquello 
que  en  la  Sagrada  Escriptura  se  lee, 
quando  dixo  Saúl  á  los  suyos  que  una 
muger  avia  spíritu  phitónico,  é  disfraga- 
do,  fué  á  ella  é  le  pidió  que  susgitasse  á 
Samuel ,  é  lo  hizo :  é  Samuel  le  dixo  ( ó 
aquella  sombra)  lo  que  le  avia  de  interve- 
nir *.  Por  manera ,  que  concluye  alli  que 
Samuel  vino  por  industria  de  la  phitonisa 
ele  dixo  á  Saúl  el  mal  subgeso  que  le  avia 
de  venir;  por  lo  qual  dige  Isidoro  ^ :  Fer- 
tur  el  qucedam  maga  famosissima  Circe,  quce 
socios  Ulyssismutavit  in  bestias,  etc.  Y  mas 
adelante  el  mismo  doctor  sancto  dige:  Quid 
plural  Si  credere  fas  est,  de  Pythonisa,  ut 
prophetce  Samuelis  animam  de  inferi  abditis 
evocaret,  el  vivorum  prcesenlaret  conspecti- 
bus,  si  tamem  animam  prophetce  fuisse  ere- 
damus,  et  non  aliquam'phantasmaticamillu- 
sionem  Satance  fallada  factam.  Todo'es  del 
doctor  alegado.  El  gloriosso  Augustino, 
hablando  en  esta  materia ,  dige  que  des- 
pués que  los  griegos  destruyeron  á  Tro- 
ya, derelinquentes,  etadpropria  remeantes, 


diversis  et  horrendis  cladibus  dilacerati  atque 
contriíi  sunt :  et  tamem  etiam  ex  eis  deorum 
suorum  numerum  auxerunt.  Nam  et  Dio- 
medem  fecerunt  Deum,  quem  poena  divinitus 
irrógala  perhibent  ad  suos  non  rever tisse; 
ejusque  socios  in  volucres  fuisse  conversos, 
non  fabuloso  poeticoque  mendacio ,  sed  his- 
tórica attestatione  confirmant  '.  Escribió 
Lugiano ,  griego ,  que  él ,  con  deseo  de 
aprender  el  arte  magia,  fué  á  ThesaUa; 
é  que  alli,  deseando  tornarse  ave,  se 
convirtió  en  asno  por  industria  de  una 
moga  llamada  Palestra ,  con  un  un  gier- 
to  ungüento  mágico;  y  que,  andando 
fecho  asno,  padesgió  muchos  trabaxos, 
hasta  que  después ,  comiendo  rosas ,  se 
tornó  en  la  primera  forma  de  hombre, 
como  era  de  antes.  Imitando  á  este  grie- 
go, después  escribió  en  la  misma  len- 
gua latina  Apuleyo  un  volumen  de  onge 
Hbros  con  alto  estilo ,  Del  asno  de  oro ;  y 
dige  que  anduvo  gierto  tiempo  hecho  as- 
no y  con  su  proprio  é  primero  sentido  de 
hombre ;  pero  fecho  tal  bestia,  qüenta  que 
vido  é  experimentó  muchas  cosas  quél  es- 
cribe de  notables  avisos ,  hasta  que  de 
asno  fué  transformado  en  hombre.  A  este 
propóssito ,  Augustino  dige  en  su  Quinta 
verdad  de  las  hechigeras  de  Italia ,  é  toca 
assi  mismo  el  caso  de  Apuleyo  converti- 
do en  asno  *. 


i    Divina  mihi  in  pylhone ,  et  suscita  mihi  quem 
dixero  tibi,  etc.  Regum,  I,  cap.  28,  ver.  8. 
2    Elym. ,  Ub.  VIII. ,  cap.  9.  De  Uagis. 


.3    De  Civitate  Dei,  lib.  XVIII,  cap.  16. 

4    Quinta  verilas,  quod  misterium  demonum,  etc. 
August. ,  Dq  Civitate  Dei,  lib.  XVIII,  cap.  18. 


t)E  INDIAS.  LIB.  VI.  GAP.  L. 


255 


Demás  de  lo  questá  dicho,  se  lee  en  la 
Vida  de  Sanct  Macario ^  obispo,  que  fue- 
ron á  él  un  hombre  é  su  muger ,  é  mos- 
tráronle una  yegua  que  avia  seydo  su  hi- 
ja é  dongella  virgen ,  é  malos  hombres 
con  encantamentos  se  la  avian  tornado  ye- 
gua. É  trayda  ante  aquel  sancto  hombre, 
dixéronle:  «Esta  yegua  que  vees,  doncella 
virgen  é  hija  nuestra  fué;  mas  malos 
hombres  con  encantamentos  la  han  tor- 
nado este  animal  que  vees:  rogémoste  que 
ruegues  á  Dios  y  la  tornes  á  lo  que  fué.» 
El  sancto  hombre  dixo :  «Yo  á  la  don- 
cella veo ,  y  no  tiene  en  sí  cosa  de  bes- 
tia ;  y  esto  que  diges  no  está  en  su  cuer- 
po ,  sino  en  los  ojos  de  los  que  la  miran. 
Cá  fantasias  de  demonios  son  essas  y  no 
verdad.»  Y  por  la  oragion  deste  bienaven- 
turado ,  é  ungiéndola  él  con  el  olio  en 
nombre  de  Jesu-Gripsto ,  desechando  el 
engaño  de  los  ojos  de  todos  los  miradores, 
hizo  que  paresgiesse  á  todos  dongella,  assi 
como  á  él. 

Tornando  á  Sanct  Augustin,  todo  lo 
que  en  su  tractado  de  la  Cibdad  de  Dios 
refiere  en  esta  materia,  dige  ser  fecho 
por  ilusión  del  demonio,  nuestro  co- 
mún adversario ,  y  assi  se  debe  creer. 
Al  propóssito  de  lo  qual ,  en  tanto  que 
llegan  estos  mis  tractados  á  la  tergera 
parte  desta  General  Historia  de  Indias, 
y  en  especial  al  libro  XLIl,  donde  he 
de  escrebir  lo  que  tocare  á  la  goberna- 
ción de  la  provincia  de  Nicaragua,  quie- 
ro aqui  brevemente  tocar  un  depóssito 
que  paresge  que  tiene  conformidad  con 
estas  transformaciones  ó  condenadas  ilu- 
siones, y  el  caso  es  aqueste.  En  aquella 
tierra  hay  muchas  bruxas,  de  la  qual 
maldita  setta  y  escuela  hay  muchos  hom- 
bres y  mugeres  en  aquella  provincia  (se- 
gund  se  platica  entre  los  mismos  indios), 
á  los  quales  bruxos  llaman  texoxes:  é  tie- 
nen ellos  por  muy  averiguado  que  se 
transforman  en  lagartos  de  aquellos  gran- 
des (que  mas  cierto  se  deben  llamar  co- 


calriges,  é  en  aquella  lengua  les  llaman 
agazpalin),  ó  en  perro,  ó  en  tigre,  ó  león, 
ó  en  la  forma  de  qualquiera  otro  animal, 
segund  ellos  lo  quieren  hacer.  Siguióse 
el  año  de  mili  é  quinientos  é  veynte  y 
nueve  que  estando  yo  en  una  placa  que 
se  dice  Guacama  ,  que  estaba  encomen- 
dada á  un  hombre  de  bien  ,  llamado  Mi- 
guel Lucas ,  compañero  de  otro  hidalgo 
que  decian  Luis  Farfan,  é  vino  alli  un 
cacique  de  otra  placa  á  ver  al  dicho  Far- 
fan (á  quien  estaba  encomendado) ,  é  una 
noche  pidióle  un  perro  de  los  que  los  es- 
pañoles tienen  bravos,  porque  dixo  que 
avia  miedo  á  los  texoxes ;  é  el  Farfan, 
no  le  entendiendo  bien ,  dixóle  que  pres- 
to parirla  una  perra  suya ,  é  aquel  le  da- 
rla un  perro  quel  cacique  criasse  é  to- 
viesse  en  su  casa.  El  cacique  no  replicó 
ni  dixo  el  daño  que  temia  depressente;  é 
con  su  temor,  quando  quiso  dormir,  to- 
mó un  niño  hijo  suyo  ( que  podria  aver 
seys  meses) ,  de  los  bracos  de  su  madre, 
é  abracado  consigo  é  cubierto  con  una 
manta ,  é  á  par  del  á  su  costado  la  mu- 
ger ,  é  en  torno  dellos  y  no  un  paso  des- 
viados otros  cinco  ó  seys  indios  suyos,  é 
amonestados  que  velassen.  E  assi  cómo 
fué  el  primero  sueño  venido ,  le  fué  to- 
mado el  niño  de  entre  los  bracos ,  sin  lo 
sentir  ninguno  de  los  circunstantes  ni  sus 
padres,  y  se  lo  llevaron.  Desde  á  poco 
espacio  el  padre  é  la  madre  é  sus  indios 
é  otros  muchos  de  aquella  placa  se  levan- 
taron á  lo  buscar ,  é  los  tristes  padres  é 
sus  indios  con  lágrimas  é  hachos  encen- 
didos ;  pero  no  lo  hallaron ,  aunque  les 
turó  aquello  hasta  que  vino  el  dia.  El  ca- 
cique dixo  al  dicho  Farfan  que  los  texo- 
xes le  avian  llevado  el  muchacho  para,  se 
lo  comer ;  é  preguntóle  que  cómo  sabia 
él  que  eran  texoxes  los  que  le  avian  to- 
mado su  hijo  ,  y  él  replicó  que  poco  an- 
tes quél  le  pidiesse  el  perro  la  noche 
passada ,  los  avia  visto  :  é  que  eran  dos 
animales  grandes ,  uno  blanco  é  otro  ne- 


256 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


gro.  E  andando  todavía  en  esta  demanda 
de  buscar  el  niño  ,  toparon  el  rastro  de 
los  dichos  animales  ,  é  las  pisadas  eran 
como  de  grandes  lebreles ;  é  quando  ya 
era  bien  dos  horas  de  dia  ó  quassi ,  ha- 
llaron giertas  partes  de  los  cascos  de  la 
cabera  del  niño ,  bien  roydos ,  obra  de 
un  tiro  ó  dos  de  piedra  apartado  de  don- 
de avian  tomado  el  muchacho  de  los  bra- 
cos del  padre ,  é  alguna  sangre  por  alli 
en  torno  entre  las  hiervas :  los  quales 
cascos  é  sangre  yo  vi ,  é  oy  al  cacique 
todo  lo  ques  dicho ,  con  muchas  lágrimas 
que  vertia  de  sus  ojos ;  y  en  la  misma 
hora  que  se  hallo  aquella  señal  deste  dia- 
bólico fecho,  y  en  mi  presencia  aquella 
mañana  é  de  otros  se  averiguó  lo  ques 
dicho.  É  alli  junto  á  los  cascos  del 
niño  estaba  un  sartal  en  una  cuerda 
de  algodón  con  unas  piedras  verdes,  co- 
mo plasmas  de  esmeraldas  quel  mu- 
chacho traia  al  cuello ,  é  la  madre  las  al- 
^ó  de  tierra  con  grandes  sospiros  é  llan- 
to, como  aquella  que  lo  avia  parido. 

Esto  estará  mas  largamente  escripto  en 
el  libro  é  capítulo  que  he  dicho  que  se  por- 
ná  adelante ,  porqués  del  jaez  de  aquella 


províngia  de  Nicaragua.  Y  esto  baste  pa- 
ra que  se  entienda  la  similitud  que  alli 
tienen  las  obras  del  diablo  con  las  quél 
mismo  ha  fecho  é  hage  en  otras  partes,  é 
para  lo  que  toca  á  la  trans forma gion  de 
los  hombres  en  animales.  É  aun  degia 
aquel  cagique  que  un  vegino  suyo  era 
aquel  queste  daño  le  avia  fecho ,  é  que 
le  tenía  amenagado  que  le  avia  de  comer 
el  hijo ,  por  gierto  desgrado  ó  enemistad 
que  le  tenia,  é  que  assí  desde  su  tierra, 
que  era  seys  ó  siete  leguas  de  alli ,  de  la 
provingia  é  lengua  que  se  dige  de  los 
maribios ,  avia  venido  tras  él  para  lo  ques 
dicho,  é  yo  se  lo  oy  al  mismo  ofendido. 
E  también  oy  á  otros  indios,  en  el  tiempo 
que  estuve  en  aquella  tierra ,  que  muchos 
avia  de  essos  texoxes  que  se  mudan  en 
los  animales  que  se  quieren  transformar: 
é  aunque  los  chripstianos  les  digen  ques 
todo  falso  é  ilusiones  del  diablo ,  é  que  se 
les  antoja ,  é  que  es  mentira ,  ellos  lo  tie- 
nen por  muy  gierto ,  é  afirman  aver  visto 
muchas  veges  tales  transformagiones.  É 
desta  calidad  se  dirán  otras  cosas  en  el 
libro  XLII,  en  la  última  parte  destas  his- 
torias. 


CAPITULO  LI. 

De  un  caso  nuevamente  venido  á  noticia  del  auctor  destas  historias ,  é  nueva  materia  é  de  admiración  á 
quantos  la  oyeren  é  supieren ,  acaesQida  pocos  dias  há  con  una  nueva  forma  de  monteria  en  esta  Isla  Espa- 
ñola: lo  qual  acaesció  en  el  año  de  mili  é  quinientos  é  quarenta  y  tres. 


HíU  esta  nuestra  Isla  Española  andan 
muchos  negros  algados  que  se  han  rebe- 
lado del  servígio  de  los  chripstianos ;  y 
assi  para  castigar  los  tales,  como  para 
assegurar  los  que  quedan  en  las  hagien- 
das  de  los  pobladores ,  andan  algunas 
quadrillas  de  españoles ,  en  busca  de  los 
levantados.  Y  entre  los  otros  capitanes 
nuestros  anda  un  hidalgo  ,  llamado  Anto- 
nio de  Sanct  Miguel ,  natural  de  Ledes- 
ma,  hombre  de  bien  é  valiente  por  su 
persona  (al  qual  yo  conozco);  y  este 


puede  aver  pocos  meses  que,  yendo  con 
sus  compañeros  por  las  sierras  de  la  vi- 
lla de  Sanct  Johan  de  la  Maguana  (ques 
en  la  mitad  desta  nuestra  isla ,  á  la  parte 
desta  costa  del  sur) ,  topó  con  un  indio 
gimarron  ó  bravo ,  que  andaba  encueros 
é  con  giertas  varas  tostadas  para  pelear 
ó  matar  algunos  puercos  gimarrones  ó 
salvajes,  de  los  quales  hay  innumerables 
en  esta  isla ,  de  los  que  se  han  ydo  al 
monte  de  los  que  se  truxeron  de  España. 
É  traia  este  indio  en  su  compañía  una 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  Lí. 


K"^ 


257 


puerca  é  dos  puercos  mansos  ( á  él),  é  con 
aquella  compañía  hagia  su  vida  é  comía 
é  dormía  entrellos ,  é  avía  doge  años  ó 
mas  que  andaba  aigado ,  é  era  ladino  ,  é 
hablaba  nuestra  lengua  castellana  muy 
bien. 

E  cómo  acaso  este  capitán  é  su  gen- 
te dieron  en  este  indio  é  su  poi'gesca 
compañía ,  los  chrípstíanos  mataron  lue- 
go aquellos  dos  puercos  é  puerca,  en 
un  instante,  sin  saber  su  propriedad  ó 
exergigio  de  los  dichos  puercos  é  puerca, 
por  poder  reparar  su  hambre  ,  que  avía 
días  que  no  avían  comido  carne :  cuya 
muerte  de  aquellos  tres  animales  fué  mu- 
cho pesar  é  dolor  para  aquel  indio,  é 
queriéndose  informar  el  dicho  capitán  de 
su  manera  de  vida  é  soledad  é  qué  hagia 
con  aquellos  puercos ,  ó  para  que  los  que- 
ría, respondió  é  dixo:  «Essos  puercos  me 
daban  á  mí  la  vida  é  me  mantenían  é  yo 
á  ellos :  eran  mis  amigos  é  mi  buena  com- 
pañía :  el  uno  se  llamaba  tal  nombre  é 
el  otro  se  degia  el  tal,  é  la  puerca  se 
llamaba  la  tal  ( como  él  los  tenia  nombra- 
dos).» El  un  puerco  degia  que  era  muy 
gran  ventor,  é  el  otro  era  mas  regio  é 
mas  pessado  é  de  pressa ,  é  muy  deno- 
dado ;  de  forma  que  el  uno  hagia  el  ofi- 
gio  de  sabuesso,  é  el  otro  de  lebrel,  é 
la  puerca  era  consorte  é  coadjutor  de  los 
dos,  quaudo  en  el  tiempo  que  convenia 
ayudarlos.  E  assí  cómo  era  de  día,  este 
indio  salía  de  su  rancho  é  degia  á  sus 
compañeros  los  puercos:  «Ea,  amigos,  va- 
mos á  buscar  de  comer.»  E  assi  lo  hagian; 
é  el  ventor  tomaba  la  delantera,  é  cómo 
daba  en  el  viento ,  aguijaba  á  donde  le 
paresgía  quedebia  yr ,  é  seguíanle  el  otro 
puerco  é  la  puerca ,  é  tras  ellos  yba  el 
indio.  É  cómo  el  ventor  topaba  el  puer- 
co bravo ,  asíase  con  él  á  la  lucha  ,  é  co- 
mengaban  su  batalla ,  mordiéndosse ;  é 
cómo  llegaba  la  compañía ,  dábanle  los 
tres  mucha  priessa  á  bocados ;  é  cómo 

llegaba  el  indio  con  sus  varas,  daba  favor 
TOMO  1. 


á  sus  compañeros ,  é  con  ellas  le  hería  al 
puerco  gimarron  é  le  mataban  presto. 
El  qual  muerto,  le  abría  el  indio  é  daba 
las  interioras  á  sus  compañeros ,  é  él  en- 
gendia  fuego  con  los  palillos ,  como  los 
indios  lo  usan,  é  asaba  lo  que  le  pares- 
gía con  que  él  comía ;  é  lo  restante  del 
defunto  animal,  hecho  pedagos,  lo  car- 
gaba sobre  los  dos  puercos  é  puerca  con 
sus  cuerdas  de  bexucos,  é  ybanse  á  su  ran- 
cho, do  acostumbraban  dormir,  esta  com- 
pañía: é  alli  descargados,  colgados  los 
tasajos  ó  partes  del  puerco  muerto ,  lo 
comían  poco  á  poco  ,  en  tanto  que  de  la 
manera  que  es  dicho,  mataban  otro  ú  otros 
puercos.  E  las  noches,  el  dicho  indio  se 
acostaba  entre  aquella  su  bestial  compa- 
ñía, rascando  horas  al  uno  é  horas  al  otro, 
regalándolos  á  la  porgesca.  E  luego  otro 
día  ,  si  no  tenían  carne  ó  no  hallaban  ho- 
tos ó  no  era  tiempo  de  tal  fructa ,  el  in- 
dio sabia  hallar  giertas  raíges,  con  que  da- 
ba de  comer  á  aquella  su  compañía,  é  á 
él  no  le  faltaba.  Desta  manera  que  es 
dicho,  hagia  su  vida  este  indio  en  aque- 
llos montes. 

Después  que  el  capitán  Antonio  de 
Sanct  Miguel  é  sus  compañeros  ovíe- 
ron  oydo  é  entendido  la  nueva  é  nun- 
ca antes  oyda  semejante  montería,  pes- 
sóles  mucho  de  aver  muerto  los  puer- 
cos, é  lleváronse  el  indio  consigo  á  la 
cibdad  de  la  Vega,  donde  al  pressente 
está. 

Y  porque  yo  tengo  por  estilo  en  lo 
que  no  he  visto  dar  mi  descargo  con  tes- 
tigos fidedignos,  digo  que  desta  nuestra 
cibdad  de  Sancto  Domingo  salió  el  re- 
verendíssimo  señor  obispo,  don  Alonso 
de  Fuenmayor ,  é  fué  la  tierra  adentro  á 
visitar  sus  iglesias ,  é  en  la  cibdad  de  la 
Vega  estuvo  algunos  días ,  donde  le  con- 
tó lo  que  es  dicho  el  mismo  capitán ,  An- 
tonio de  Sanct  Miguel ,  é  otros  que  con 
él  se  hallaron ,  é  vido  el  dicho  señor  obis- 
po el  mismo  indio:  é  después  que  tornó 

33 


258 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


á  esta  gibdad  este  nuestro  perlado ,  yo 
oy  lo  que  es  dicho  á  algunas  personas  de 
crédito ,  é  para  mas  me  satisfager,  lo  pre- 
gunté al  mismo  señor  obispo ,  é  me  dixo 
que  es  muy  gran  verdad  é  muy  público 
todo  lo  que  es  dicho ,  é  que  passó  de  la 
misma  manera  que  aqui  lo  he  escripto . 
Paresgióme  tan  grande  novedad  y  tan 
varia  legión,  é  tan  apartado  caso  de 
quanto  está  dicho,  ni  visto,  ni  escripto, 
que  quadra  bien  aqui  aquel  soneto ,  á  lo 
menos  los  quatro  versos  primeros,  en 
que  dige  Francisco  Petrarca: 

La  gola ,  il  sonno ,  et  l'ociose  piume 
Hanno  del  mondo  ogni  verlú  sbandita, 
Ond'e  dal  corso  suo  quasi  smarrita 
Noslra  natura  vinla  dal  costume. 

Quiere  degir :  la  gula ,  el  sueño ,  é  las 
ogiosas  plumas ,  ó  cama ,  han  desterrado 
del  mundo  todas  las  virtudes,  é  han 
apartado  de  su  curso  quassi  á  nuestra 
natura ,  vengida  de  la  costumbre ;  porque 
el  hombre  es  dedicado  á  la  ragon ,  en 
diferengia  de  los  animales  brutos  que  son 
caresgientes  della.  Ved  pues  si  en  estos 
animales  se  muestra  esto  claramente; 
pues  seyendo  los  puercos  para  ser  mon- 
teados ,  se  con  vertieron  con  la  costumbre 
en  ser  monteros  é  hager  el  ofigio  que  no 
les  competía ,  é  el  indio ,  siendo  animal 
ragional  é  humano  hombre,  se  conver- 


tía en  puerco  ó  hagia  su  vida  bestial ,  de 
la  forma  que  es  dicho.  Assi  que,  esto  pre- 
gedla de  la  larga  consuetud  que  aquel  in- 
dio avia  exergitado ,  enseñando  aquellas 
bestias  en  tal  montería,  pegándoseles  una 
entrañable  amistad  al  ofigio  juntamente 
con  la  nesgessidad  de  ser  alimentados;  é 
mezclándose  con  esso  unos  gelos  ó  envi- 
dia que  constreñía  essos  puercos  á  ma- 
tar los  otros  que  topaban ,  porque  su  amo 
no  pussiese  amor  en  otros,  ni  les  mos- 
trasse  el  ofigio ,  como  á  ellos  lo  enseñó, 
para  que  pudiesse  desdeñarlos  ni  poner 
otros  en  su  lugar.  Y  el  indio  apartándos- 
se  de  la  exgelengia  de  la  ragon,  y  sin  te- 
ner cuenta,  ni  respeto,  ni  temor ^^á' su 
Dios ,  huyendo  de  los  hombres ,  se  con- 
tentaba de  vevir  con  bestias  y  ser  bes- 
tial. 

Cosa  es  la  que  he  contado  que  á  mí 
me  dio  mucha  admiragion  oyrla ,  y  no  la 
osara  escrebir,  si  no  me  gertificara  pri- 
mero deste  reverendíssimo  señor  obis- 
po ,  presidente  de  Sus  Magestades  en  la 
Real  Audiengia  é  Changilleria  que  reside 
en  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo,  cu- 
ya auctoridad  é  persona  es  de  tanto  cré- 
dito ,  que  solo  bastaba  para  ser  creydo, 
non  obstante  la  novedad  de  tal  montería: 
quanto  mas  que  otros  muchos  digen  lo 
mismo ,  por  cosa  muy  pública  é  notoria 
en  aquella  cibdad  de  la  Vega. 


CAPITULO  LII. 


En  -que  se  tracta  de  la  forma  de  un  galo  monillo  ,  la  mas  nueva  cosa,  ó  nunca  su  semejante  vista  hasta 

nuestros  tiempos :  el  qual  gato  en  parte  era  páxaro  ó  ave  é  cantaba,  como  un  ruyseñor  ó  calandria ,  muy 

excelentemente  ,   d  con  muchas  diferencias  en  su  melodía  é  cantar. 


Vjosa  es  la  que  aqui  escrebiré  que  se 
puede  bien  llamar  varia  legión,  como 
Pedro  Mexía  intituló  aquel  su  tractado, 
no  menos  bien  ordenado  é  elegante  que 
aplagible  álos  letores:  en  el  qual,  ni  en 
otro ,  yo  no  he  visto  cosa  que  tanta  ad- 


miragion me  haya  dado  en  las  obras  que 
la  natura  ha  obrado  entre  los  animales ;  y 
de  aqui  podemos  pararnos  á  pensar  lo 
que  se  dige  de  los  grifos,  si  es  verdad 
que  la  mitad  del  grifo  para  adelante  es 
águila,  é  de  la  mitad  para  atrás  es  león. 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  CAP.  LIÍ. 


239 


Conforme  á  esta  opinión  dige  Isidoro  en 
sus  Ethimologias  que  los  grifos  son  la 
mitad  león  é  la  mitad  águila ,  etc.* 

Allende  de  lo  que  está  dicho  es  de  notar 
que  es  verdad  que  hay  tales  animales, 
porque  en  el  Levítico,  cap.  XI,  hage  la 
Sagrada  Escriptura  mengion  deste  animal 
grifo ;  é  declarando  la  glosa  este  passo, 
dige  que  el  grifo  há  quatro  pies,  é  que  la 
cabega  é  las  alas  son  semejantes  al  águi- 
la ,  é  que  lo  restante  de  su  cuerpo  es  ó 
paresge  al  león :  é  mora  en  las  montañas 
hyperbóreas ,  é  hage  muchos  males  á  los 
hombres  é  á  los  caballos.  E  dige  mas 
desto  aquel  tractado,  llamado  De  proprie- 
tatibus  rerum^y  que  este  animal  grifo  po- 
ne en  su  nido  las  esmeraldas ,  contra  las 
bestias  que  ende  moran. 

Yo  he  tenido  por  costumbre  en  es- 
tas mis  historias,  de  dar  los  testigos  en 
aquellas  cosas  que  no  he  visto,  é  de 
que  otros  me  han  informado ;  y  al  pro- 
póssito  de  lo  que  de  suso  apunté  del 
grifo ,  ha  venido  á  mí  notigia  otra  cosa 
que  no  me  es  menos  maravillosa  que  los 
grifos :  la  qual  cuentan  que ,  en  la  tier- 
ra austral  del  Perú ,  se  ha  visto  un  gatico 
monillo ,  destos  de  las  colas  luengas ,  el 
qual  desde  la  mitad  del  cuerpo  con  los 
bragos  é  cabega,  era  todo  aquello  cu- 
bierto de  pluma  de  color  parda ,  é  otras 
mixturas  de  color;  é  la  mitad  deste  gato 
para  atrás  todo  él  é  las  piernas  é  cola, 
era  cubierto  de  pelo  rasito  é  llano  de 
color  bermejo,  como  leonado  claro.  Este 
gato  era  muy  mansito  é  doméstico  é  po- 
co mayor  que  un  palmo :  el  qual  tenia 
una  india  cagica ,  muger  pringipal ,  her- 
mana del  inga  Amaro,  hermano  del  gran 
príngipe  Atabaliba ,  y  con  esta  su  her- 
mana ,  después  que  ella  vino  á  poder  de 
los   chripstianos ,   se   casó  un   mance- 

1  Griphes  vocatur,  quod  sil  animal  pennalum  et 
quadrupes.  Hoc  genus  íerarum  in  Hyperboreis 
monlibus  nascilur.  Omni  parte  corporis  leones  siint: 
alis  ct  facie  aquilis  similcs ,  equis  vchementer  in- 


bo  español,  diestro  en  ambas  sillas  (de  la 
gineta  é  de  la  guisa) ,  hijo  de  Baptista 
Armero,  é  muy  conosgido  en  la  corte 
del  Emperador ,  nuestro  señor.  Dixe  to- 
das estas  señas,  porque  es  hombre  conos- 
gido este  mangebo ,  el  qual  rogó  á  su  mu- 
ger que  diesse  este  gato,  para  le  traer  el 
capitán  Per  Ansurez  á  la  Emperatriz, 
nuestra  señora ,  de  gloriosa  memoria ,  é 
assi  se  le  dio :  é  este  capitán  que  he  di- 
cho le  traia,  é  por  descuydo  de  giertos 
criados  suyos  que  un  dia  estaban  bur- 
lando ,  é  no  lo  queriendo  hager  uno  de- 
llos,  pissó  el  gato  é  lo  mató.  Cuento  este 
desastre  á  infeligidad  de  los  ojos  huma- 
nos que  no  alcangaron  á  ver  tal  animal, 
para  dar  gragias  á  Dios  que  le  crió  tan 
diferente  de  quantos  por  el  mundo  hay; 
é  en  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo  han 
venido  hombres  dignos  de  crédito  que 
digen  que  vieron  é  tovieron  en  las  manos 
este  gato,  é  que  era  tal  qual  tengo  di- 
cho ,  é  que  tenia  dientes :  é  lo  que  es  no 
de  menos  maravillar  que  lo  questá  di- 
cho, es  que  el  gatico ,  puesto  en  el  hom- 
bro del  capitán  que  he  dicho  ó  donde  le 
tenian  atado,  quando  él  queria  cantaba, 
como  un  ruiseñor  ó  una  calandria ,  co- 
mengando  pasito  á  gorgear,  é  poco  á 
poco  algando  las  voges,  mucho  mas  que  lo 
suelen  hager  las  aves  que  he  dicho,  é  con 
tantas  ó  mas  diferengias  en  su  canto :  que 
era  oyrle  una  muy  dulge  melodía  é  cosa 
de  mucho  plager  é  suavidad  escucharle; 
é  aquesto  le  turaba  mucho  espagio  de 
tiempo ,  é  á  veges  como  lo  suelen  hager 
los  que  cantan.  Un  caballero,  llamado 
Diego  de  Mercado ,  natural  de  la  villa  de 
Madrigal,  é  otro  hidalgo  que  se  dige  To- 
más de  Ortega ,  que  venian  en  compañía 
del  dicho  capitán  (los  quales,  después 
que  aqui  llegaron  ricos,  se  casaron  en 

fesli.  Nam  et  homines  vivos  discerpunt.  Lib.  XII, 
cap.  De  Bestiis. 
2    Lib.  XII,  cap.  20* 


260 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


esta  cibdad ,  é  son  nuestros  veginos  é  per- 
sonas que  en  esso  é  mas  pueden  é  deben 
ser  creydos ) ,  cuentan  lo  ques  dicho  de 
vista ,  porque  muchas  veges  vieron  este 
gato  é  le  oyeron  cantar. 

Algunos  quieren  degir  queste  animal 
debia  nasger  de  adulterio  ó  ayunta- 
miento de  alguna  ave  con  algún  gato 
ó  gata ,  como  pudiesse  engendrarse  es- 
totra espegie  que  partigipase  de  am- 
bos géneros.  É  yo  soy  de  contrario  pa- 
resger;  y  tengo  opinión  (consideradas 
algunas  cosas  que  se  deben  pensar  de  la 
desconveniengia  del  sexo  é  instrumentos 
generativos  que  hay  de  las  aves  á  tales 
gatos) ,  que  tal  animal  no  nasció  de  tal 
adulterio ,  sino  que  es  espegie  sobre  sí  é 
natural ,  como  lo  son  por  sí  los  grifos; 
pues  que  el  maestro  de  la  natura  ha  he- 
cho otras  mayores  obras  é  maravillas ,  el 
qual  sea  loado  é  alabado  para  siempre 
jamás. 

Háme  pesado  mucho  en  no  aver  lle- 
gado vivo  aquel  gálico  á  esta  cibdad, 
ni  muerto  tampoco :  que  en  verdad ,  si 
yo  le  viera  muerto  donde  pudiera  hager- 


lo,  yo  diera  mi  capa  por  un  poco  de  sal 
para  salarle  é  conservarle  assi ,  para  que 
otros  muchos  le  vieran ,  para  loar  á  Dios 
de  sus  maravillas ;  y  assi  creo  que  en  Es- 
paña se  tuviera  en  mucho  tal  vista ,  é  do 
quiera  que  oviera  hombres  de  buen  en- 
tendimiento. En  esta  nuestra  cibdad  hay 
al  presente  quatro  hombres  que  le  vieron 
vivo  á  este  gato;  y  yo  quisiera  mas  ver- 
le, que  quantas  esmeraldas  he  visto  muy 
ricas  que  han  venido  de  aquellas  partes; 
é  antes  veré  otras  tantas  que  se  vea  otro 
animal  semejante,  .exgepto  si,  como  he 
dicho  ques  mi  opinión,  adelante  se  hallan 
con  el  tiempo  otros  de  su  ralea :  lo  qual 
no  dubdo ,  porque  los  secretos  deste  gran 
mundo  de  nuestras  Indias  siempre  ense- 
ñarán cosas  nuevas  á  los  presentes  é  á 
los  que  después  de  nos  han  de  venir  á 
esta  contemplagion  é  hermosa  letura  de 
las  obras  de  Dios,  á  quien  ninguna  cosa 
es  impossible  de  todo  quanto  le  pla- 
ge  hager  é  mostrarnos.  Y  por  tanto,  el 
cathólico  letor.acuérdesse  de  lo  que  dige 
Hilario  :  «Mas  puede  Dios  hager,  que  el 
entendimiento  del  hombre   entender  *.» 


CAPITULO  Lili. 

En  que^se  tracta  otra  novedad  muy  grande  é  por  mí  nunca  oyda  y  acaso  sabida ,  y  que  no  será  de  poca 

admira9¡on  para  dexar  de  contemplarla  los  letores  y  especulativos  ;  y  es  acerca  del  menguar  é  crescer  de 

la  mar  en  la  bahia  de  Sanct  Malheos ,  en  la  g-obernaeion  é  costa  del  Perú. 


Di 


'ixe  en  el  capítulo  antes  deste,  que 
quissiera  mas  ver  aquel  gato  de  quien  se 
tracto  de  suso ,  que  quantas  esmeraldas 
he  visto  ricas  que  han  venido  del  Perú, 
é  que  antes  veria  otras  tantas  que  otro 
animal  semejante.  Y  cómo  yo  huelgo  de 
ver  y  entender  todas  las  novedades  y 
cosas  raras  é  que  son  á  propóssito  de 
aquesta  General  Historia ,  báseme  ofres- 
gido  una  muy  extremada,  y  que  á  los 
naturales  entendimientos  y  á  todos  los 


que  han  leydo  é  andado  por  el  mundo, 
me  paresge  que  les  causará  admiragion  6 
dará  aparejo  de  pararse  á  contemplar  en 
lo  que  agora  diré  é  supe  de  un  hon- 
rado vegino  nuestro ,  llamado  Balthasar 
Gargia ,  natural  de  la  cibdad  de  Truxillo, 
en  la  provingia  que  en  España  se  llama 
de»  Extremadura .  El  qual  hoy  martes, 
veynte  dias  del  mes  de  octubre  de  mili 
é  quinientos  é  quarenta  y  ginco  años,  el 
muy   reverendo  señor  don  Rodrigo   de 


i    Plura  potest  Deas  faceré ,  quam  intelleclus  in-        Itílligcrc  Ub.  De  Trinitate, 


DE  INDIAS.  LIB.  VI.  GAP.  Lili. 


mi 


Bastidas  ,  obispo  de  la  isla  de  San  Johan 
(que  á  par  desta  fortaleza  de  la  cibdad  de 
Sancto  Domingo ,  en  que  yo  esto  é  sirvo 
á  Su  Magestad,  tiene  su  casa),  por  su  hu- 
manidad é  bondad  acostumbrada ,  vino 
con  su  señoría  para  exergilar  é  quitar  cui- 
dados un  poco  de  espacio  con  su  loable 
conversagion  é  hagerme  conosger  este  hi- 
dalgo que  pocos  dias  há  llegó  á  esta  cib- 
dad, segund  digen,  rico  de  diez  ó  doge 
mili  pessos  de  oro:  porque  aunque  yo  le 
avia  visto,  no  tenia  conosginiiento  con  él 
é  para  que  me  mostrasse  un  pedago  de 
oro  ó  un  tejo  de  pesso  de  quatro  mili  cas- 
tellanos de  oro  fino  (ó  á  lo  menos  de 
veynte  é  tres  quilates).  Y  venidos  á  esta 
fortaleza  el  señor  obispo  é  el  Balthasar 
Gargia,  progedimos  é  fué  nuestra  plática 
tractando  en  las  riquezas  del  Perú,  al  pro- 
póssito  de  lo  qual  yo  le  rogué  que  envias- 
se  por  aquel  tejo  de  oro  que  me  avian 
dicho  que  traia,  é  que  assi  mismo  me  en- 
señasse  sus  esmeraldas ,  é  él  lo  hizo  de 
grado.  E  venido  el  tejo,  yo  lo  tuve  en  mis 
manos  é  aun  con  trabajo,  segund  su  mu- 
cho pesso,  que  segund  su  dueño  degia, 
era  quatro  mili  pessos  (que  son  quarenta 
libras  ú  ochenta  marcos  ó  una  arroba  é 
quinge  libras);  y  á  miparesgeryo  lo  creo 
bien  que  lo  pessaba,  porque  como  digo, 
le  tuve  en  las  manos ,  y  el  señor  obispo 
é  otros  que  presentes  estaban.  E  con  este 
tejo  hizo  traer  un  hermoso  bernegal  de 
oro  que  pessaba  ginco  marcos  de  oro ,  y 
ginco  esmeraldas  ricas  (tres  engastadas 
en  sendos  anillos,  é  la  una  puesta  en  un 
plomo,  é  la  otra  era  una  cuenta  redonda), 
grandes  é  en  toda  perfigion  é  de  mucho 
valor:  si  tantas  no  ovioran  venido  á  po- 
der de  chripstianos,  ninguna  deltas  á  mi 
paresger  dexa  de  valer  tresgientos  pe- 
sos, y  la  redonda  é  mayor  de  las  otras 
mas  de  quinientos  pesos,  entre  buenos 
lapidarios  cada  una  dessas  dos.  Y  an- 
tes questas  esmeraldas  de  Puerto  Viejo  é 
las  de  Bogotá  é  Somindoco  paresgies- 


sen,  vallan  las  ginco  esmeraldas  ques  di- 
cho mas  de  quatro  mili  ducados ,  por  lo 
menos.  En  fin  son  piegas  de  príncipe, 
é  el  tejo  qual  tengo  dicho  y  el  berne- 
gal. 

Pero  continuándose  nuestra  plática, 
dixo  este  gentil  hombre,  como  testi- 
go de  vista,  una  cosa  que  me  dio  mas 
gusto  é  mas  contentamiento  saberla  é 
oyrlo,  que  todo  lo  que  es  dicho,  é  de- 
lante del  obispo  é  dos  criados  suyos  é 
otros  escuderos  desta  fortaleza  que  á 
nuestro  ragonamiento  estaban  presentes: 
que  en  la  bahia  de  Sanct  Matheos  (que 
es  en  la  costa  del  Perú,  grado  é  me- 
dio de  aquesta  parte  de  la  línia  equi- 
nogial),  entra  un  rio  muy  poderoso  é 
mucho  mayor  que  el  que  passa  por  esta 
cibdad  de  Sancto  Domingo;  é  que  con  la 
marea ,  seyendo  cresgiente ,  está  el  agua 
dulge  é  potable,  é  que  con  la  menguante 
está  salada,  é  que  acaesge  muchas  veges 
desde  el  navio  tomar  por  el  un  bordo  ó 
costado  el  agua  dulge  é  por  el  otro  sala- 
da. Gosa  es  que  nunca  á  otro  hombre  la 
oy ,  ni  jamás  de  quantos  en  aquella  tierra 
han  estado  que  yo  haya  visto,  les  vi  ha- 
blar en  tal  novedad :  y  no  me  maravillo 
yo  de  no  lo  degir  otros,  aunque  ello  sea 
assi ,  porque  ni  todos  los  hombres  saben 
entender  las  cosas  aunque  las  vean,  ni 
las  sienten  como  son ,  y  también  porque, 
como  andan  de  passo  é  con  esta  agonía 
de  aqueste  oro,  esse  les  hage  sentir  mal,  ó 
no  como  debrian,  las  otras  cosas  que  los 
simples  tienen  por  agessorias  ó  en  poca 
estimagion,  y  essas  son  de  las  que  mas  se 
maravillan  los  discretos  é  de  lindos  en- 
tendimientos. Este  hidalgo  vivió  alli  ger- 
ca  algún  tiempo  é  pudo  muy  bien  ver  é 
considerar  lo  que  es  dicho  j  y  en  esso  y 
en  lo  demás  hablaba,  como  hombre  de 
gentil  razón,  é  es  meresgedor  de  ser  crey- 
do.  Lo  demás  contemplad  los  que  veis 
cresger  la  marea  de  Guadalquivir  é  Tajo 
é  de  otras  riberas  de  España ,  que  entran 


262  HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 

en  la  mar,  é  que  todo  lo  que  es  dicho  se  dulges ,  lo  qual  en  la  bahia  dé  Sanct  Ma- 
ye cada  dia  por  el  contrario :  que  con  la  theos  es  al  revés ,  y  no  debe  ser  sin  mis- 
cresgiente  los  rios  se  tornan  salados,  é  terio  é  secreto  de  la  natura,  el  qual  yo 
con  la  menguante ,  retrayda  la  mar ,  son  no  alcango  * . 

l    En  el  códice  original  se  encuentra  el  princi-  ios,  según  hizo  desde  el  capitulo  L ,  señalado  pri- 

pio  del  título  del  capitulo  LIV ,  lo  cual  manifiesta  mero  como  el  último  de  este  libro  VI ,  á  qjie  aña- 

qae  el  autor  se  proponía  aumentar  nuevos  depósi-  dio  después  los  tres  siguientes* 


Este  es  el  libro  séptimo  de  la  primera  parte  de  la  Natural  y  General  historia  de  las 
Indias,  Islas  y  Tierra-Firme  del  mar  Océano:  el  qual  tracta  de  la  agricoltura.  ^-^ 


PROHEMIO. 


1:  ues  ha  plagido  á  Dios  darme  tiempo 
para  que  sea  ocupado  en  la  particular 
distingion  y  relagion  de  los  libros  que  de 
cada  género  de  cosas  podrá  hagerse  vo- 
lumen é  cantidad  que  pueda  recrear  con 
cada  materia  dellos  en  muchas  cosas  á 
los  letores ,  quiero  en  aqueste  séptimo 
principiar  en  la  agricoltura ,  é  degir  qué 
manera  de  pan  é  pringipal  mantenimien- 
to tenían  los  indios ,  é  hay  naturalmente 
en  esta  Isla  Española ,  por  la  industria  y 
exergigio  de  los  hombres  della.  Y  porque 
deste  pan  hay  dos  maneras ,  é  muy  dife- 
rentes la  una  de  la  otra,  diré  de  ambas, 
y  cómo  se  siembra  é  coge ,  é  cómo  des- 
pués se  hage  el  pan  y  el  vino  del  mismo 
pan ,  é  quÁ  propriedades  tiene :  é  assi 
mesmo  diré  de  algunas  plantas  é  legum- 
bres, é  otras  cosas  que  estas  gentes  culti- 
van, para  su  uso  é  substentagion ,  é  de  los 
otros  particulares  ó  agessorios  bastimen- 
tos que  tienen  é  fueren  á  este  propóssito; 
porque  en  muchas  cosas  destas ,  que  en 
este  y  en  los  siguientes  libros  se  tracta- 
rán ,  esté  dicho  y  espegificado  lo  que  en 
las  mismas  materias  é  géneros  semejantes 
conviniere  hagerse  mengion  en  las  otras 
islas ,  de  quien  adelante  se  ha  de  tractar 
en  esta  parte  primera;  y  aun  para  que 


en  la  segunda  y  tergera  desta  General 
historia ,  que  han  de  hablar  en  las  cosas 
de  la  Tierra-Firme,  esté  ya  dicho  algo  de- 
Uo.  Porque  ni  yo  canse,  con  memorar 
muchas  veges  lo  que  estoviere  manifes- 
tado ,  ni  el  letor  por  esta  causa  aborrezca 
la  legión ;  pues  que  lo  que  toca  á  la  go- 
bernagion,  no  es  lo  que  pringipalmente  se 
me  manda  escrebir,  ni  su  Cesárea  Ma- 
gostad quiere  saber  de  mí ,  pues  en  su 
Real  Consejo  de  Indias  asisten  tan  gran- 
des é  señalados  varones ,  como  el  reve- 
rendíssimo  señor  cardenal ,  argobíspo  de 
Sevilla,  don  frey  García  Jofre  de  Loaysa, 
confessor  de  la  ^esárea  Magostad ,  é 
presidente  é  gobernador  general  del  mes- 
mo Consejo  destas  partes ;  y  en  tanto  que 
la  Cesárea  Magestad  estuvo  fuera  de 
España  (assi  en  Alemania  en  la  resisten- 
gia  de  los  turcos ,  como  en  África  en  la 
victoriosa  empresa  é  toma  de  Túnez  é  la 
Goleta)  presidió  el  ilustre  señor  don  Gar- 
gi-Fernandez  Manrique ,  conde  de  Osor- 
no,  con  magníficos,  sgientes  y  nobles 
varones  conscriptos  é  diputados  para  la 
gobernagion  deste  Nuevo  Mundo ,  é  de 
cada  parte  é  provingia  del  tiene  conti- 
nuos avisos  de  todo  lo  que  conviene  á  las 
cosas  de  justigia  é  subgesos  de  Indias.  É 


S64 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


después  que  Dios  llevó  al  cardenal  y  al 
conde ,  ya  dichos ,  preside  en  el  Real 
Quarto  de  Indias  el  muy  ilustre  señor,  don 
Luis  Hurtado  de  Mendoga ,  marqués  de 
Mondéjar  é  conde  de  Tendilla ,  capitán  é 
alcayde  de  la  grande  é  muy  nombrada 
cibdad  de  Granada. 

Puesto  que  para  llevar  ordenada  mi 
historia  se  haya  dicho  alguna  cosa  de  los 
gobernadores  y  gobernados,  no  por  esso 
dexaré  en  olvido  las  otras  cosas  que  ha- 
gen  al  caso  de  la  propriedad  y  noveda- 
des destas  tierras  y  de  su  fertilidad ;  é 
pues  ya  se  dixo  de  los  ritos  é  gerimonias 
é  idolatrías  é  otros  vigios  é  méritos  de 
los  indios ,  diré  en  este  libro  VII  de  sus 


mantenimientos  é  cosas  tocantes  á  laagri- 
coltura.  É  acabado  esso,  se  tractará  en 
libros  particulares  de  los  animales  ter- 
restres, é  de  los  de  agua,  é  de  las  aves, 
é  los  animales  insectos  ó  geñidos  ,  é  de 
los  árboles  fructíferos  é  salvajes,  é  de  las 
maderas  y  árboles  mediginales ,  y  de  las 
plantas  é  hiervas ,  y  en  fin ,  de  todo  lo 
que  prometí  expressar  y  ofresgí  que  es- 
cribiría, segund  lo  dixe  en  el  prohemio 
pringipal  ó  libro  primero ,  y  en  el  segun- 
do desta  primera  parte  ó  volumen ;  por- 
que lo  que  de  aquí  adelante  se  ha  de  se- 
guir, es  lo  que  mas  hage  al  caso  de  la 
admiragion  de  tan  nueva  é  peregrina 
historia. 


CAPITULO  I. 


Del  pan  de  los  indios  llamado  mahiz ,  é  de  cómo  se  siembra  y  se  coge  ,  y  otras  cosas  a  esto  con9crn¡enles. 


JLia  manera  del  pan  de  los  indios  es  de 
dos  géneros  en  esta  isla,  muy  distintos  é 
apartados  el  uno  del  otro ,  é  aquesto  es 
muy  común  en  la  mayor  parte  de  todas 
las  islas  é  aun  en  parte  de  la  Tierra-Fir- 
me ;  é  por  no  lo  repetir  mas  adelante ,  se 
dirá  aqui  qué  cosa  es  aqueste  pan  que  lla- 
man mahiz ,  y  qué  tal  es  el  que  llaman 
cacabi.  El  mahiz  es  grano,  y  el  cagabi  se 
hage  de  rayges  de  una  planta  que  llaman 
yuca.  Para  sembrar  el  mahiz  tienen  los 
indios  esta  orden.  Nasgeel  mahiz  en  unas 
cañas  que  echan  unas  espig'as  ó  magor- 
cas  de  un  xeme  luengas ,  y  mayores  y 
menores ,  y  gruesas,  como  la  muñeca  del 
brago  ó  menos  ,  y  llenas  de  granos  grue- 
sos como  garbanzos  ( pero  no  redondos 
de  todo  punto);  y  quando  los  quieren 
sembrar,  talan  el  monte  ó  cañaveral  (por- 
que la  tierra  donde  nasge  solamente  hier- 
va, no  es  avida«por  fértil  en  estas  partes, 
como  la  de  los  cañaverales  y  arboledas), 


y  después  que  se  ha  fecho  aquella  tala  ó 
roga ,  quémanla ,  y  queda  aquella  geniza 
de  lo  talado,  dando  tal  temple  á  la  tierra, 
como  si  fuera  estercolada.  Virgilio  quiere 
que  el  quemar  aproveche  al  tempero  de 
las  tierras  * ;  y  conforme  á  esto ,  dige  el 
doctor  Gabriel  Alphonso  de  Herrera ,  que 
copiló  aquel  famoso  volumen  de  la  agri- 
coltura,  que  en  lodo  campo,  para  que 
en  el  año  siguiente  se  haya  de  sembrar, 
es  nesgessario  se  apareje,  segund  requiere 
su  manera ;  é  si  ha  llevado  el  año  passa- 
do,  en  aprovechándosse  del  restrojo,  se- 
gund mas  pudieren ,  débenle  quemar  en 
tiempo  que  el  viento  no  lleve  la  geni- 
za, etc. 

Quiero  degir  que  estos  indios,  aunque 
inoren  tales  pregeptos,  la  natura  les  en- 
seña lo  que  conviene  en  este  caso ,  y 
también  la  nesgessidad  que  hay  de  des- 
ocupar la  tierra  de  los  árboles  é  cañave- 
rales é  plantas  que  de  sí  misma  produge 


i     Virgilio,  en  la  primera  de  las  Geórgicas. 


DE  liNDIAS.  LIB.  VII.  CAP.  I. 


2C5 


para  que  los  indios  puedau  sembrar  é 
haí;er  sus  simenteras ;  y  siempre  quando 
han  de  sembrar  es  al  principio  de  la  luna, 
porque  tienen  por  opinión  que,  assi  como 
ella  va  cresgiendo ,  assi  lo  hage  la  cosa 
sembrada.  E  quando  han  de  poner  en  efe- 
to  el  despargir  de  la  simiente ,  quedando 
la  tierra  rasa ,  pénense  ginco  ó  seys  in- 
dios (é  mas  é  menos,  segund  la  posibi- 
lidad del  labrador),  uno  desviado  del 
otro  unpasso,  en  ala  puestos,  y  con  sen- 
dos palos  ó  macanas  en  las  manos ,  y  dan 
un  golpe  en  tierra  con  aquel  palo  de  pun- 
ta ,  é  menéanie,  porque  abra  algo  mas  la 
tierra ,  y  sacante  luego  ,  y  en  aquel  agu- 
gero  que  hizo,  echan  con  la  otra  mano 
siniestra  quatro  ó  ginco  granos  de  mahiz  ^ 
que  saca  de  una  taleguilla  que  lleva  ge- 
ñida ,  ó  colgada  al  cuello  de  través,  como 
tahelí,  écon  el  pié  gierra  luego  el  hoyo 
con  los  granos ,  porque  los  papagayos  y 
otras  aves  no  los  coman:  é  luego  dan 
otro  passo  adelante,  é  hagen  lo  mesmo.  Y 
desla  forma  á  compás  é  prosiguiendo  de 
un  tenor ,  en  ala  todos  aquellos  indios, 
siembran  hasta  que  llegan  al  cabo  de  la 
haga  ó  tierra  que  siembran ,  é  de  la  mis- 
ma guisa  vuelven  al  contrario ,  é  dan  la 
vuelta  sembrando,  hasta  que  hinchen  toda 
la  haga ,  é  la  acaban  de  sembrar:  y  assi 
como  he  dicho ,  en  echando  cada  uno  los 
granos  en  el  hoyo,  le  gierran  enconti- 
nente  con  el  pié,  por  las  aves.  Plinio  di- 
ge,  hablando  en  la  forma  del  sembrar, 
estas  palabras  que  agora  diré,  entreoirás 
reglas  que  él  pone ,  y  en  la  que  estos  in- 
dios se  conforman  con  él  ,  es  aquesta: 
« Aun  es  nesgessario  que  con  gierto  arte  la 
simiente  se  eche  igualmente ,  é  que  la  ma- 
no se  concuerde  con  el  passo,  y  siempre 
con  el  diestro  pié.»  É  mas  adelante  dige 
que  la  medida  de  la  simiente  será  entre 
quatro  ó  seys  ,  segund  la  natura  del  ter- 
reno, é  algunos  mandan  que  ni  mas  ni 


menos  de  ginco  granos  sea  la  medida  *. 
Esto  guardan  los  indios  enteramente,  por 
que  por  cuenta  echan  los  granos,  como  lo 
he  dicho.  Assi  mismo  guardan  otra  regla 
los  indios,  que  es  de  Theophrasto,  el  qual 
dige  que  mas  fructuoso  es  sembrar  rala 
la  simiente  é  cobrirla  bien ,  que  sembrar 
mucho  y  espesso  y  dexarlo  descubierto. 
Ya  dixe  de  suso  que  los  indios  encon- 
tinente  que  echan  los  granos  del  mahiz 
en  aquel  hoyo,  los  cubren  con  el  pié, 
apretando  la  tierra  é  gerrando  aquel  agu- 
jero en  que  los  langan ;  y  porque  el 
mahiz  de  sí  es  muy  seco  é  regio,  para 
que  mas  presto  nazca ,  un  dia  ó  dos  an- ' 
tes  échanlo  en  remojo ,  é  siémbranlo  el 
tergero.  Y  para  que  su  labor  se  haga  me- 
jor, siembran  en  tiempo  que  por  haber 
llovido  está  la  tierra  de  forma  que  el  pa- 
lo, que  sirve  en  lugar  de  reja,  pueda  en- 
trar tres  ó  quatro  dedos  debaxo  de  tierra, 
con  pequeño  golpe.  Este  mahiz  desde  á 
pocos  dias  nasge,  porque  en  quatro  me- 
ses se  coge ,  é  alguno  hay  mas  temprano, 
que  viene  á  tres.  E  otra  simiente  hay  que 
se  coge  desde  á  dos  meses  después  que 
se  siembra :  y  en  Nicaragua ,  que  es  una 
provingia  de  Tierra-Firme ,  hay  simiente 
de  mahi?  que  viene  á  cogerse  á  los  qua- 
renta  dias ;  pero  es  poco  lo  que  se  coge 
dello  é  menudo ,  é  no  se  sostiene  ,  ni  es 
sino  para  un  socorro,  en  tanto  que  llega 
el  otro  mahiz  de  los  tres  meses  ó  quatro. 
É  aquesto  de  los  quarenta  dias  se  hage  á 
fuerga  de  riego  y  de  la  manera  que  ade- 
lante se  dirá.  Assi  como  el  mahiz  va  cres- 
giendo ,  tienen  cuidado  de  lo  deshervar, 
hasta  que  esté  tan  alto  que  el  mahiz  se- 
ñoree la  hierva ;  y  quando  está  bien  cres- 
gido ,  es  menester  ponerle  guarda ,  en  lo 
qual  los  indios  ocupan  los  muchachos,  y 
á  este  respecto  los  hagen  estar  engima 
de  los  árboles  y  de  andamies  que  les  ha- 
gen de  madera  é  cañas  é  cubiertos,  como 


TOMO  I. 


l    Plin.,  lib.  XVm,  cap.  24. 


34 


266 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


ramadas,  por  el  sol  é  el  agua ,  é  á  estos 
andamios  llaman  barbacoas ,  é  desde  la 
barbacoa  están  continuamente  dando  yo- 
ges,  oxeando  ios  papagayos  é  otras  aves 
que  vienen  á  comer  los  mahizales:  la 
qual  vela  ó  guarda  paresge  á  la  que  en 
algunas  partes  de  España  se  hage,  para 
guardar  los  cánamos  é  los  panizos  é  otras 
cosas,  de  las  aves. 

Este  pan  tiene  la  caña  é  asta,  en  que 
nasge,  tan  gruessa  como  una  langa  ó  asta 
quieta ,  y  algunas  como  el  dedo  pulgar  é 
algo  mas  é  menos,  segund  la  bondad  de 
la  tierra  donde  se  siembra;  é  cresge  co- 
munmente mucho  mas  que  la  estatura  de 
un  hombre ,  é  la  hoja  es  como  de  caña 
común  de  Castilla,  y  es  mucho  mas  luen- 
ga é  mas  ancha,  y  mas  verde,  y  mas  do- 
mable ó  flexible  hoja  é  menos  áspera.  E 
cada  una  caña  echa  á  lo  menos  una  ma- 
gorca ,  é  algunas  dos  é  tres ,  é  hay  en 
cada  magorca  dosgientos  y  tresgientos 
granos,  é  aun  quatrogientos,  émas  é  me- 
nos ,  é  aun  algunas  de  quinientos ,  segund 
es  la  grandeza  de  la  magorca :  é  cada  es- 
piga ó  magorca  destas  está  envuelta  en 
tres  ó  quatro  hojas  ó  cascaras  juntas  é 
justas  al  grano  unas  sobre  otras,  algo  ás- 
peras ,  é  quassi  de  la  tez  ó  género  de  las 
hojas  de  la  caña  en  que  nasge ,  y  está  tan 
guardado  el  grano  por  aquellas  cortegas 
ó  cascaras  que  lo  cubren ,  que  el  sol  ni 
el  ayre  no  le  ofenden ,  é  alli  dentro  se 
sazona.  Verdad  es  que  acaesge  abuchor- 
narsse,  quando  en  el  tiempo  del  granar 
sobrevienen  algunos  años  de  demasiados 
soles.  Quando  está  seco  se  coge  con  di- 
ligengia ,  porque  los  papagayos  é  aves  de 
semejante  pico  mucho  daño  hagen  en  ello, 
si  no  se  guarda  é  lleva  con  tiempo.  En  la 
Tierra-Firme ,  demás  del  peligro  de  las 
aves ,  tienen  los  mahizales  no  menos  re- 
qüesta  peligrosa  de  los  venados  é  puer- 
cos salvajes,  é  gatos  monillos,  é  por  otros 
inconvinientes. 

Agora  ya  en  esta  isla  hay  mas  nesges- 


sidad  do  guardar  el  campo  que  en  el 
tiempo  de  los  indios,  á  causa  de  los  ga- 
nados que  se  han  hecho  salvajes  de  la 
casta  que  se  truxo  de  España ,  assi  como 
vacas,  é  puercos  é  perros.  Esta  mane- 
ra de  sembrar  se  aprendió  de  los  in- 
dios, y  assi  lo  hagen  ellos;  mas  los 
chripstianos  hágenlo  muy  mejor,  por- 
que aran  la  tierra ,  donde  hay  dispu- 
sigion  para  ello ,  é  por  otros  aparejos  me- 
jores que  usan  en  la  agricoltura  que  los 
indios.  Suele  dar  una  hanega  de  mahiz 
en  sembradura,  seys,  diez,  veynte,  treyn- 
la ,  ginqüenla ,  gieuto ,  é  aun  giento  é  gin- 
qiienta  é  mas  é  menos  hanegas,  segund 
la  fertilidad  é  bondad  de  la  tierra,  donde 
se  siembra ;  y  este  año  que  passó  de  mili 
é  quinientos  y  quarenta,  cogí  yo  en  un  he- 
redamiento mió ,  á  tres  leguas  y  media 
desta  cibdad  de  Sancto  Domingo ,  en  la 
ribera  del  rio  de  Hayna,  giento  é  gin- 
qiienta  é  ginco  hanegas  de  una  hanega 
que  sembré.  Cogido  este  pan  é  puesto  en 
casa  se  come  desta  manera.  Eq  esta  Isla 
Española  y  en  las  otras  comíanlo  en  gra- 
no tostado,  ó  estando  tierno  sin  tostar, 
quassi  seyendo  leche;  é  quando  es  assi 
tierno  llámanlo  edor ,  queriendo  quaxar 
ó  reglen  quaxado.  Lo  que  está  bueno  y  de 
buena  sagon,  después  que  los  chripstia- 
nos poblaron  esta  isla,  dase  á  los  caballos 
é  bestias  de  que  se  sirven ,  é  ésles  muy 
gran  mantenimiento ,  y  también  lo  dan  á 
los  negros  é  indios  esclavos,  de  que  los 
chripstianos  se  sirven.  En  Tierra-Firme 
tienen  los  indios  otro  uso  de  este  pan,  y 
degirlo  hé  aqui,  por  no  tractar  muchas  ve- 
ges  ni  repetir  una  mesma  cosa ;  y  es  de 
aquesta  manera.  Las  indias,  en  espegial, 
lo  muelen  en  una  piedra  de  dos  ó  tres 
palmos  ó  mas  ó  menos  de  longitud ,  é  de 
uno  é  medio  ó  dos  de  latitud  cóncava, 
con  otra  redonda  ó  rolliza  y  luenga  que 
en  las  manos  traen  ,  á  fuerga  de  bragos 
(como  suelen  los  pintores  moler  colores 
para  su  ofigio),  echando  agua  é  dexando 


DE  INDIAS.  LIB.  VII.  CAP.  I. 


267 


passar  algún  intervalo,  poco  á  poco,  no 
gessando  el  moler.  E  assi  se  hage  una 
manera  de  pasta  ó  massa  ,  de  la  qual  to- 
man un  poco  é  hagen  un  bollo  de  un  xe- 
me ,  é  grueso  como  dos  ó  tres  dedos  :  y 
envuélvenle  en  una  hoja  de  la  misma  ca- 
ña del  mahiz  ú  otra  semejante,  y  cuélen- 
lo ,  y  desque  está  cogido,  sácanlo  de  la 
olla  ó  caldera  en  que  se  cogió  en  agua, 
y  dexanlo  enfriar  algo,  y  no  del  todo.  Y 
si  no  lo  quieren  coger  assan  esos  bollos 
en  las  brasas  al  resplandor  gerca  dellas, 
y  endurésgesse  el  bollo ,  y  tórnasse  como 
pan  blanco ,  é  hage  su  cortega  por  de  su- 
so, y  de  dentro  hage  miga  algo  mas  tier- 
na que  la  cortega ,  é  quítanle  la  hoja  en 
que  lo  envolvieron  para  lo  coger  ó  assar 
é  cómenlo  algo  caliente ,  y  no  del  todo 
frió;  porque  si  se  enfria,  no  tiene  tan  buen 
sabor  ni  es  tan  bueno  de  mascar,  y  quan- 
to  mas  frió  está ,  tanto  mas  seco  y  áspero 
se  vuelve.  Este  pan,  cogido  ó  assado,  no 
se  sostiene  de  dos  ó  tres  dias  adelante, 
porque  después  se  mohege  y  se  pudre  y 
no  se  puede  comer:  ni  tampoco  es  bueno 
para  la  dentadura,  é  assi  comunmente 
esta  gente  de  Indias  tienen  los  dientes 
dañados  é  sugios,  y  no  los  he  visto  peo- 
res á  ninguna  generagion. 

En  la  provingia  de  Nicaragua  y  otras 
partes  de  la  Tierra-Firme  hay  mahizales, 
que  son  como  los  que  he  dicho ,  é  alli 
usan  unas  tortas  grandes  delgadas  é  blan- 
cas ,  el  arte  de  las  quales  progedió  de  la 
Nueva  España,  assi  en  México  como  en 
otras  provingias  della ,  de  la  qual  región 
se  verán  en  la  segunda  parte  destas  his- 
torias grandes  cosas  é  mucho  de  notar. 
Este  tal  pan  se  llama  tascalpachon ,  y  es 
muy  buen  pan  sabroso.  Hágense  otras  tor- 
tas de  la  misma  massa  del  mahiz,  esco- 
giendo para  ello  el  grano  mas  blanco ,  é 
despican  los  granos,  antes  que  los  mue- 
lan ,  quitándoles  una  dureza  ó  raspa  que 
tienen  en  el  pegón,  con  que  estovieron 
pegados  en  la  espiga  ó  magorca :  é  assi 


sale  mejor  é  mas  tierno  el  pan ,  é  no  se 
topan  entre  los  dientes  aquellas  durezas 
que  se  topan,  quando  los  bollos  ó  tortillas 
son  de  mahiz  que  no  fué  despicado.  Los 
chripstianos  han  dado  mucha  mejoria  á 
este  pan,  cogiéndolo  en  horno  á  la  manera 
de  España,  é  es  mas  sabroso  é  mas  lindo 
en  la  vista,  assi  cogido,  en  roscas  ó  tortas: 
é  hágese  asaz  buen  viscocho  dello ,  para 
navegar  con-  ello  no  muy  largo  tiempo. 
Tienen  los  indios  en  la  mar  del  Sur  é 
aun  los  chripstianos  un  gentil  aviso,  quan- 
do en  aquella  mar  navegan ;  y  es  que  lle- 
van harina  de  mahiz  tostado  y  echan  un 
puño  della  en  una  taga  de  agua  é  revuél- 
venla,  é  hágese  una  atalviua,  é  bevraje 
bueno  con  que  se  sostienen,  aunque  no 
coman  otra  cosa,  porque  es  pan  é  agua, 
y  aun  tiene. una  gentil  propriedad  é  muy 
provechosa  que  quiero  degir  aqui,  para 
aviso  de  los  que  andan  en  la  mar,  y  es 
aquesta.  Caso  que  el  agua  esté  dañada  y 
huela  mal,  lomen  un  puño  ó  dos  de  hari- 
na de  mahiz  tostado  y  échenlo  en  un  vaso 
ó  taga  é  echen  el  agua  con  ello ,  é  revuél- 
vanlo é  hágasse  atalvina,  é  bébanlo:  que 
ningún  daño  hará  al  que  lo  bebe ,  ni  ole- 
rá mal,  sino  bien  é  al  mismo  olor  del 
mahiz  tostado.  Deste  aviso  me  he  yo  apro- 
vechado en  estas  mares ,  y  en  las  que  he 
dicho  del  Sur,  donde  lo  aprendí ;  y  aun 
algunas  veges  después  que  lo  supe ,  yen- 
do yo  destas  Indias  á  España ,  he  llevado 
desta  harina  para  prevenir  á  semejante 
nesgessidad,  y  me  he  aprovechado  desto 
y  hecho  plager  é  buena  obra  á  otros.  En 
la  provingia  de  Cueva,  en  la  Tierra-Fir- 
me ,  se  hage  buen  vino  del  mahiz ,  como 
lo  escribiré  quando  en  aquella  tierra  ha- 
blare :  lo  qual  y  todo  lo  que  gerca  desto 
pan  del  mahiz  está  dicho  tengo  yo  muy 
bien  experimentado  en  veynte  é  ocho 
años  que  hasta  este  de  mili  é  quinientos 
é  quarenta  y  uno  há  que  lo  miro  y  lo  he 
sembrado  y  cogido  para  mi  casa,  é  la 
hago  assi  mismo  al  prcssente. 


2C8 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


Como  soy  amigo  de  la  legión  de  Pli- 
nio ,  diré  aqui  lo  que  dige  del  mijo  de  la 
India ,  y  pienso  yo  que  es  lo  mismo  que 
en  estas  nuestras  Indias  llamamos  mahiz, 
el  qual  auctor  dige  aquestas  palabras:  «De 
diez  años  acá  es  venido  mijo  de  la  In- 
dia ,  de  color  negro  de  grande  grano :  el 
tallo  como  cañas,  cresge  siete  pies:  es 
dicho  lobas,  é  es  fertilíssimo  sobre  to- 
das las  cevadas:  de  un  grano  nasgen  tres 
sextarios :  siémbrasse  en  lugares  húmi- 
dos ^»  Por  estas  señas  que  este  auctor 
nos  da,  yo  lo  avria  por  rnahiz,  porque 
si  dige  que  es  negro,  por  la  mayor  par- 
le el  mahiz  de  Tierra-Firme  es  morado 
escuro ,  ó  colorado,  é  también  hay  blan- 
co, é  mucho  dello  amarillo.  Podria  ser 
que  Piinio  no  lo  vido  de  todas  estas  co- 
lores ,  sino  de  lo  morado  escuro  que  pa- 
resge  negro.  El  tallo  que  dige  que  es  co- 
mo cañas,  assi  lo  tiene  el  mahiz,  y  quien 
no  lo  conosgiesse  é  lo  viesse  en  el  cam- 
po, quando  está  alto,  penssará  que  es 
un  cañaveral.  Los  siete  pies  que  dige  que 
cresge,  por  la  mayor  parte  acá  es  el  mahiz 
algo  mas  alto  ,  y  también  mucho  mas ,  y 
en  partes  menos ,  segund  la  fertilidad  ó 
bondad  del  terreno  en  que  se  siembra. 
Quanto  á  lo  que  dige  de  ser  fertilíssimo, 
ya  he  dicho  lo  que  he  visto ,  que  es  co- 


ger ochenta  é  giento  é  giento  é  ginqüen- 
ta  hanegas  de  una  de  sembradura :  dige 
que  se  siembra  en  lugares  húmidos :  hu- 
midíssima  tierra  son  estas  Indias.  Mas 
para  comprobar  la  nesgessidad  que  el 
mahiz  tiene  de  estar  puesto  en  tierra  hú- 
mida, ó  donde  el  agua  le  sea  propigia, 
digo  que  estando  en  Avila  la  Magestad  de 
la  Emperatriz,  nuestra  señora,  ala  sagon 
que  el  Emperador,  nuestro  señor,  estaba 
en  Alemania ,  vi  en  aquella  cibdad ,  que 
es  una  de  las  mas  frias  de  España,  den- 
tro de  una  casa,  un  buen  pedago  de  mahi- 
zal  de  diez  palmos  de  alto  las  cañas,  é 
algo  mas  é  menos,  é  tan  gruesas  é  ver- 
des é  hermosas,  como  se  puede  ver  en  es- 
tas partes,  donde  mejor  se  pueda  hager; 
y  aUi  á  par  tenia  una  anoria  de  que  cada 
dia  le  regaban.  Y  en  verdad  yo  quedé 
maravillado,  acordándome  de  la  distangia 
y  de  los  diferentes  climas  destas  partes 
con  Avila,  y  porque  los  testigos  que  diere 
desto,  sean  apropóssito  mió ,  'digo  que  en 
la  misma  casa  possaba  el  muy  reverendo 
señor  doctor  Bernal,  del  Consejo  Real  de 
Indias  por  Sus  Magestades ,  é  que  agora 
es  obispo  de  Calahorra,  lo  qual  fué  el  año 
de  mili  é  quinientos  é  treynta  de  la  Na- 
tividad de  Chripsto,  nuestro  Redemp- 
tor. 


CAPITULO  II. 


Del  pan  de  los  indios  que  se  llama  cacabi ,  que  es  la  segunda  manera  ^e  pan  que  en  esta  Isla  Española 

é  otras  partes  hacen  los  indios ,  y  al  pressente  assi  mismo  los  chripstianos ,  y  aun  algunos  lo  usan  mas  que 

el  mahiz ,  é  lo  tienen  por  mejor  é  se  sirven  mas  dello ,  lo  qual  se  hace  de  una  planta  que  llaman  yuca. 


JLractemos  agora  de  otra  manera  de 
pan  que  los  indios  hagen  de  la  yuca  en 
esta  Isla  Española,  y  en  las  otras  todas 
que  están  pobladas  de  chripstianos,  y 
aun  en  alguna  parte  de  la  Tierra-Firme. 
La  planta  que  se  llama  yuca ,  son  unas 


varas  ñudosas,  algo  mas  altas  que  un 
hombre  y  otras  mucho  menores ,  gruesas 
como  dos  dedos  ^  algunas  mas ,  y  otras 
menos ,  porque  en  esto  del  grossor  y  de 
la  altura,  es  segund  la  tierra  es  fértil  ó 
flaca  ,  y  aun  también  h«ge  al  caso  que  la 


i     Piinio,  lib.  XVín,  cap.  7. 


DE  INDIAS.  LIB.  VIL  CAP.  II. 


SI69 


planta  es  de  diversos  géneros.  Quiere  al- 
guna yuca  paresger  en  la  hoja  á  cáñamo, 
ó  como  una  palma  de  una  mano  del  hom- 
bre ,  abiertos  los  dedos  tendidos ;  salvo 
que  aquesta  hoja  es  mayor  é  mas  gruesa 
que  la  del  cáñamo ,  é  cada  hoja  es  de 
siete  ó  de  nueve  puntas  ó  departimien- 
tos: la  vara  es  muy  ñudosa,  como  he 
dicho,  y  la  tez  del  asta  como  pardo 
blanquisco ,  y  alguna  quassi  morada ,  é 
la  hoja  muy  verde ,  é  paresge  muy  bien 
en  el  campo ,  desque  está  criada  é  bien 
curada  é  limpia  la  heredad ,  en  que  está. 
Hay  otra  generagion  de  yuca ,  que  las 
ramas  ni  el  fructo  no  es  diferente  de  la 
que  es  dicho  de  suso,  salvo  en  la  hoja; 
porque  aunque  es  assi  mesmo  de  siete  ó 
de  nueve  departigiones  cada  hoja ,  es  de 
otra  hechura :  é  por  tanto  pusse  la  forma 
de  la  una  é  de  la  otra  aqui  debuxadas 
[Lámina^." ,  figuras Q." y  7."],  non  obstan- 
te que  en  las  mismas  maneras  de  hojas 
hay  particulares  y  diferengiadas  suertes  ó 
generaciones  de  yuca ;  y  unas  tienen  mas 
verdor  que  otras ,  é  otras  mas  regia  ra- 
ma ,  é  otras  mas  ó  menos  blancor  en  el 
vastago  ó  asta,  é  otras  diferengias  en  la 
cortega,  que  aqui  hagenpoco  al  caso  de- 
girsse.  Para  sembrar  esta  planta  (qual- 
quiera  de  las  que  he  dicho),  hagen  unos 
montones  de  tierra  redondos  por  orden 
é  liños,  como  en  el  reyno  de  Toledo  po- 
nen las  viñas ,  y  en  espegial  en  Madrid, 
que  se  ponen  las  gepas  á  compás.  Cada 
montón  tiene  ocho  ó  nueve  pies  en  redon- 
do, é  las  haldas  del  uno  tocan,  con  po- 
co intervalo,  gerca  del  otro:  é  lo  alto  del 
montón  no  es  puntiagudo,  sino  quassi 
llano,  é  lo  mas  alto  del  será  á  la  rodilla 
ó  algo  mas:  é  en  cada  montón  ponen 
seys ,  é  ocho ,  é  diez  ó  mas  trogos  de  la 
misma  planta  é  vastago  ó  rama  de  la  yu- 
ca, que  entren  só  tierra  unxeme,  ó  me- 
nos ,  é  queda  de  fuera  otro  tanto  des- 
cubierto del  mismo  trogo  ;  ó  cómo  la  tier- 
ra está  mollida  é  sin  terrones,  pónensse 


con  fagilidad  estos  palos  de  la  planta, 
porque  assi  como  van  algando  é  hagién- 
dosse  los  montones,  assi  se  van  poniendo 
en  ellos  estas  plantas  ó  trogos  della.  Otros 
no  hagen  montones,  sino  allanada  la 
tierra  é  limpia  é  mollida ,  ponen  á  tre- 
chos estos  plantones  de  dos  en  dos  ó 
mas,  gerca  unos  de  otros;  pero  primero 
se  tala  ó  roga  é  quema  el  monte  para  po- 
ner la  yuca ,  segund  se  dixo  de  suso ,  en  el 
capítulo  pregedente,  del  mahiz.  Desde  á 
pocos  dias  que  assi  se  pone,  nasge  la  yu- 
ca (ó  mejor  digiendo  prende) ,  é  echan  ho- 
ja aquellos  trogos  de  la  planta  é  sus  pim- 
pollos ó  pámpanos ,  que  van  cresgiendo 
en  ramas,  é  es  menester yr  deshervando 
el  conuco  (que  assi  se  llama  conuco  la 
haga  ó  heredad  de  la  yuca  é  de  la  la- 
branga)  hasta  que  la  planta  señoree  la 
hierva ,  y  aun  en  todo  tiempo  es  prove- 
chosso  estar  limpia  la  heredad  cultivada. 
Siémbrasse  ó  pónesse  siempre ,  después 
que  la  luna  ha  hecho  é  se  muestra  nue- 
va é  lo  mas  presto  que  ser  puede  en  los 
dias  que  cresge  hasta  el  lleno  della ,  pero 
nunca  en  la  menguante.  Este  pan  no  tie- 
ne peligro  de  las  aves  ni  de  los  animales 
(exgepto  de  vacas ,  é  ratones ,  é  aun  ca- 
ballos); porque  el  fructo  destoes  unasma- 
gorcas,  á  manera  de  raiges  ó  de  nabos  muy 
grandes,  las  quales  se  crian  entre  los 
raigones  é  barbas  que  esta  planta  echa 
debaxo  de  tierra ;  é  qualquiera  hombre  ó 
animal,  exgepto  los  tres  que  es  dicho, 
que  coma  estas  raiges,  con  el  gumo,  assi 
en  fructa ,  como  está  antes  que  se  le  sa- 
que el  gumo  (en  giertas  prenssas) ,  luego 
muere  sin  remedio  alguno.  Verdad  es 
que  en  la  Tierra-Firme  hay  yuca  que  no 
es  mortal,  é  no  mata,  la  qual  en  la  vis- 
ta y  en  la  rama  y  en  el  fructo  é  hoja  es 
como  la  desta  isla  ,  que  mata :  y  en  esta 
isla  é  las  otras  comarcanas  deste  golpho, 
toda  la  yuca  que  hay ,  por  la  mayor  par- 
te, es  de  la  que  mata,  y  también  hay 
alguna  que  llaman  boniatay  que  es  coma 


270 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


la  de  Tierra-Firme  que  no  mata,  y  gierto 
debe  aver  venido  de  allá.  Y  en  la  Tierra- 
Firme  se  la  comen  por  fructa  cogida  ó 
asada,  porque  allá  no  es  mortífera,  ni 
allá  saben  hager  pan  della ,  sino  en  pocas 
partes;  y  en  aquellas  que  lo  liagen,  no  es 
de  la  que  no  mata,  sino  como  la  de  acá. 
Verdad  es  que  algunos  soldados ,  pláticos 
en  aquestas  islas ,  han  enseñado  en  Tier- 
ra-Firme á  hager  pan  de  la  yuca  que  no 
mata;  pero  no  curan  dello,  por  no  perder 
tiempo,  pues  que,  como  he  dicho,  la  co- 
men ,  sin  hagerla  pan,  cogida  é  asada  sin 
la  expremir  ni  hager  las  diligengias  que 
convienen,  para  que  estotra  no  mate,  he- 
cha pan ;  é  siempre  se  conosge  entre  los 
hombres  del  campo,  quál  es  la  una  ó 
quál  la  otra.  A  lo  menos  las  bestias  no 
ha  seydo  nesgessario  enseñárselo :  que 
su  destinto  natural  las  muestra  á  se  guar- 
dar de  tal  veneno  (puesto  que  no  á  to- 
das), porque  no  se  sabe  que  de  tal  causa 
ningún  caballo  ni  vaca,  ni  otro  animal 
de  quantos  de  España  se  truxeron ,  ni  de 
los  innumerables  que  dellos  han  proge- 
dido,  haya  muerto:  antes  la  han  comido 
vacas ,  é  los  ratones  cada  dia ,  é  algu- 
nas bestias  caballares.  Assi  que,  quanlo 
á  los  animales ,  no  tiene  en  todos  igual 
fuerga  la  yuca. 

•  Estas  magorcas  suyas  son  como  grue- 
sas ganahorias  ó  muy  gruesos  nabos  de 
Galigia  é  mayores ;  y  aun  en  muchas  par- 
tes se  hagen  tan  gruesas  como  la  pantor- 
rilla ,  é  tales  que  como  la  coxa  ó  muslo 
de  un  hombre.  Tienen  una  cortega  áspera 
de  color  de  un  leonado  obscuro,  é  algu- 
nas tiran  al  color  pardo ,  é  por  de  dentro 
está  muy  blanca ,  é  espesa  como  un  nabo 
ó  castaña:  é  hagen  destas  magorcas  ó 
yuca  unas  tortas  grandes  que  llaman  ca- 
gahi ;  y  este  es  el  pan  ordinario  desla  é 
otras  muchas  islas ,  assi  de  las  que  están 
por  conquistar,  como  en  las  que  están 
pobladas  de  chripstianos,  el  qual  se  hage 
desta  manera.  Después  que  los  indios  é 


indias  han  quitado  aquelfa  córtega  á  la 
yuca,  raspándola  que  no  quede  nada, 
como  se  hage  á  los  nabos  para  los  echar 
en  la  olla,  despedida  aquella  costra  con 
unas  conchas  de  veneras  de  almejas ,  ra- 
llan la  yuca,  assi  mondada  en  unas  pie- 
dras ásperas  é  rallos  que  para  esto  tie- 
nen ;  é  lo  que  assi  se  ha  rallado ,  échanlo 
en  un  lagar  muy  Hmpio ,  é  alli  hinchen 
dello  un  cibucán ,  que  es  una  talega  luen- 
ga de  empleyta,  hecha  de  cortegas  de  ár- 
boles blandas, "texida  algo  floxa,  de  la- 
bor de  una  estera  de  palma,  é  es  de  diez 
ó  doge  palmos  de  luengo  é  tan  gruesa 
como  una  pierna  é  menos,  en  redondo  fe- 
cha. Y  después  que  está  llena  esta  talega 
de  aquella  yuca  rallada ,  está  aparejada  é 
bien  fecha  una  algaprima  de  madera  é 
con  su  torno ,  de  que  cuelgan  el  gibucan 
por  el  un  extremo  del ,  en  lo  alto ,  é  al 
otro  cabo  que  pende  abaxo,  átanle  pesgas 
de  piedras  gruesas,  é  con  el  torno  estí- 
rase el  gibucan  é  levanta  las  piedras  en 
el  ayre  colgadas  de  tal  manera,  que  se 
estruja  y  exprime  la  yuca  é  le  sale  todo 
el  gumo ,  é  destílase  en  tierra  por  entre 
las  junturas  de  la  labor  del  gibucan  ó  em- 
pleyta del ;  y  está  assi  en  esta  manera  de 
prensa  hasta  que  no  le  queda  á  la  yuca 
gota  de  gumo  ó  mosto.  É  aquesta  agua  ó 
licor  es  pestífero  veneno,  é  se  vierte  é 
pierde  por  el  suelo,  quando  quieren  que 
se  pierda :  é  lo  que  queda  exprimido  de 
la  givera,  dentro  en  el  gibucan,  es  como 
suelen  quedar  unas  almendras  expremi- 
das  mucho  é  seco.  Toman  después  aques- 
to é  tienen  aparte  assentado  en  el  fuego 
en  hueco  (que  quede  debaxo  por  do  po- 
nerle fuego)  un  burén,  ques  una  cagúela 
llana  de  barro  é  tan  grande  quanto  un 
harnero  é  sin  paredes,  é  debaxo  está 
mucho  fuego,  sin  que  la  llama  suba  á 
la  cagúela,  que  está assentada  é  fixa  con 
barro.  Y  está  tan  caliente  aquella  plan- 
cha ó  cagúela ,  que  llaman  burén ,  como 
es  menester ;  y  engima  echan  de  aquella 


DE  INDIAS.  LIB.  VII.  CAP.  11. 


271 


yuca  (que  salió  exprimida  del  gibucan), 
como  si  fuesse  salvado  ó  arena  en  torno, 
tanto  quantoquassi  toma  la  cagúela,  me- 
nos dos  dedos  alrededor,  é  tan  alto  como 
dos  dedos  ó  mas,  é  tiéndenlo  llano  é 
luego  se  quaxa :  é  con  unas  tablillas  que 
tiene  para  aquello  la  hornera,  en  lugar  de 
paleta ,  dale  una  vuelta  para  que  se  cue- 
ca de  la  otra  parte ;  y  en  tanto  quanto  se 
hage  una  tortilla  de  huevos  en  una  sar- 
tén, ó  mas  presto ,  se  hage  una  torta  deste 
cagabi  en  el  burén ,  segund  es  dicho  ,  y 
después  tiénenlo  un  dia  ó  dos  al  sol ,  para 
que  se  enxugue ,  y  queda  muy  buen  pan. 
Donde  hay  mucha  gente,  ponen  muchos 
cibucanes  é  muchas  cagúelas  que  digen 
burenes ,  quando  quieren  hager  mucha 
cantidad  dello.  Este  pan  es  bueno  é  de 
buen  mantenimiento  é  se  sostiene  en  la 
mar ,  é  hágenle  tan  gruesso  como  medio 
dedo  para  gente,  é  para  personas  prin- 
cipales tan  delgado  como  obleas  é  tan 
blanco  como  un  papel ,  é  á  esto  delgado 
llaman  xauxau.  Suele  valer  la  carga  deste 
pan  cagabi  en  esta  cibdad  de  Sancto  Do- 
mingo un  ducado ,  quando  es  caro ,  é 
quando  menos  á  medio  pesso,  y  también 
llega  algunas  veges  á  pesso  de  oro  (que 
son  quatrogientos  é  ginqüenta  marave- 
dis) ,  é  la  carga  es  dos  arrobas ,  que  son 
ginqüenta  libras  de  á  diez  é  seys  ongas; 
y  para  muchos  en  esta  tierra  es  buena 
granjeria,  porque  se  gasta  de  aqueste 
pan  mucha  cantidad. 

Pues  que  hay  cosas  notables  desta 
planta  de  la  yuca ,  y  en  otro  lugar  no  se 
podrían  degir  tan  á  propóssito  como  aqui, 
donde  tanto  se  ha  dicho  desta  materia, 
bien  es  que  se  diga  lo  demás.  Aquel  gu- 
mo  de  la  yuca  que  sale,  después  ques  ra- 
llada é  se  exprime  en  el  gibucan ,  es  tan 
pésimo  veneno ,  que  con  un  solo  y  pe- 
queño trago  matara  un  elephanle  ó  qual- 
quier  otro  animal  ó  hombre  viviente ;  non 
obstante  lo  qual,  si  á  este  mismo  gumo 
mortal  le  dan  dos  ó  tres  hervores ,  co- 


mento los  indios,  hagiendo  sopas  en  ello, 
como  en  un  buen  potaje  y  cordial ;  pero 
assi  como  se  va  enfriando,  lo  dexan  de 
comer,  porque  aunque  ya  no  mataría 
porque  está  cogido,  digen  ellos  ques  de 
mala  digestión,  quando  se  come  frió.  Si 
quando  este  gumo  salió,  lo  cuegen  tanto 
que  mengüe  dos  partes ,  é  lo  ponen  al 
sereno  dos  ó  tres  dias ,  tórnasse  dulge,  e 
aprovéchanse  dello,  como  de  licor  dulge, 
mezclándolo  con  los  otros  sus  manjares; 
y  después  de  hervido  y  serenado ,  si  lo 
tornan  á  hervir  é  serenar,  tórnasse  agro 
aquel  gumo,  é  sírveles  como  vinagre  ó  li- 
cor agro,  en  lo  que  quieren  usar  del  sin 
peligro  alguno.  Esto  del  tornarse  dulge  é 
agro  consiste  en  los  cogimientos ,  y  estas 
experiengias  pocos  indios  las  saben  ya 
hager,  porque  los  viejos  son  muertos,  é 
porque  los  chrispstianos  no  lo  han  me- 
nester; porque  para  agro,  hay  tantas  na- 
ranjas y  limones  en  la  Isla ,  que  no  hay 
nesgesidad  de  lo  ques  dicho ,  ni  para  li- 
cor dulge  mucho  menos,  por  aver  tanto 
agúcar  en  la  Isla :  y  assi  se  ha  olvidado 
lo  que  en  estos  dos  casos  de  dulge  é  agro 
servia  el  gumo  de  la  yuca.  El  verlo  co- 
mer á  sopas,  después  de  hervido  el  gumo 
que  salió  de  la  yuca  poco  antes ,  yo  lo 
he  visto  muchas  veges ,  y  la  experiengia 
de  matar  un  trago,  bebiéndolo  assi  como 
ello  queda  expremido  sin  lo  calentar,  ó 
comiendo  la  misma  yuca,  muchas  veges 
se  ha  visto ,  y  es  aqui  notorio  y  en  todas 
estas  islas. 

Sostiénesse  el  pan  de  cagabi  un  año  é 
mas ,  é  Uévasse  por  la  mar  por  todas  es- 
tas islas  é  costas  de  la  Tierra-Firme ,  ó 
aun  hasta  España  lo  he  yo  llevado  é 
otros  muchos ;  y  en  estas  mares  y  tierras 
de  acá  es  muy  buen  pan,  porque  se  tiene 
mucho  sin  se  corromper  ó  dañar,  exgep- 
to  si  no  se  moja.  En  todas  estas  islas  que 
he  dicho  hay  de  este  pan  de  yuca ,  que 
se  dige  cagabi ;  é  quando  se  ha  de  coger 
este  fructo  del  campo  é  está  para  se  ha- 


272 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


Qer  pan ,  ha  de  ser  después  que  ha  pas- 
sado  un  año  que  se  sembró  ó  mas ;  é 
si  es  de  edad  de  año  é  medio  ó  dos 
años ,  es  mejor  é  da  mas  pan  ;  y  á  mu- 
cha nesgessidad ,  que  hayan  passado  diez 
meses,  é  no  menos,  se  come.  Quando 
avie  muchos  indios  en  esta  isla ,  é  se 
quería  alguno  dellos  matar ,  comia  desta 
yuca ,  assi  como  está  la  magorca ,  é  des- 
de á  dos  ó  tres  dias  ó  antes  se  moría; 
pero  si  tomaba  el  gumo  della  inmediato, 
no  avia  lugar  de  arrepentimiento ,  por- 
que luego  se  le  acababa  la  vida ;  é 
assi  por  no  trabaxar ,  como  consejados 
de  su  gemi  (ó  diablo) ,  ó  por  lo  que  se 
les  antojaba  morir ,  por  medio  desta  yuca 
concluian  sus  dias.  Acaesgió  algunas  ve- 
ges  convidarse  muchos  juntos  á  se  matar, 
por  no  trabaxar  ni  servir ,  y  de  gin- 
qüenta  en  ginqünta ,  é  mas  é  menos  jun- 
tos ,  se  mataban  con  sendos  tragos  deste 
gumo. 

Son  muy  hermosos  los  heredamientos 
de  la  yuca  en  el  campo,  segund  está  linda 
é  fresca ,  y  es  de  seys  géneros  en  esta 
Isla  Española.  Una  llaman  ypatex,  que 
hage  un  fructo  como  manganillas,  que 
cada  una  tiene  seys  quarterones ,  y  esta 
generagion  de  yuca  es  de  las  muy  bue- 
nas. Otra  se  dige  diacanan,  y  tiénese  por 
la  mejor  de  todas ,  porque  redunda  mas 
pan  della.  La  tergera  espegie  de  yuca  se 
llama  nubaga :  la  quarta  se  dice  tiibaga:  la 
quinta  llaman  coro ,  y  esta  es  la  que  tiene 


los  astilejos  de  las  hojas  coloradas:  la 
sexta  é  última  se  nombra  tabacan ,  y  esta 
tiene  la  rama  mas  blanca  que  ninguna  de 
todas  las  otras.  Y  estos  nombres  particu- 
lares destos  géneros  de  yuca ,  en  otras  is- 
las é  en  la  Tierra-Firme  son  de  otra  ma- 
nera, segund  las  diferengiadas  lenguas. 
Estos  dos  mantenimientos  é  pan  de  ma- 
hiz  é  del  cagabi  es  el  pringipal  pan  é  ma- 
yor é  mas  nesgessario  manjar  que  los  in- 
dios tienen ;  pero  no  avrá  dexado  el  le- 
tor  de  notar  las  particularidades  grandes 
que  ha  aqui  leydo  de  la  yuca ,  las  quales 
recolegidas  son  estas.  Pan  para  sustentar 
la  vida:  licores  de  dulge  é  agro,  que 
les  sirven  de  miel  é  vinagre :  potaje  que 
se  puede  comer ,  é  se  hallan  bien  con  él 
los  indios  :  leña  para  el  fuego,  de  las  ra- 
mas desta  planta,  quando  faltasse  otra,  y 
venino  ó  pongoña  tan  potente  é  mala, 
como  tengo  dicho.  Otra  particularidad 
me  ocurre  del  cagabi ,  que  yo  no  sabia 
quando  la  primera  vez  se  imprimió  esta 
primera  parte  destas  historias ;  y  es  que 
assi  mismo  en  gierta  parte  de  la  Tierra- 
Firme  se  hage  muy  buen  vino  del  caga- 
bi ,  como  mas  largamente  se  dirá  en  la 
segunda  parte  desta  General  Historia ,  en 
el  libro  XXIV,  capítulo  III ,  donde  se  trac- 
tará  del  rio  de  Huyapari ,  é  del  subgesso 
del  capitán  Diego  de  Ordaz.  Assi  que, 
son  siete  cosas  notables  las  que  concur- 
ren en  la  yuca.  Passemos  á  las  otras  co- 
sas de  la  agricoltura  de  los  indios. 


CAPITULO  III. 

De  la  planta  é  mantenimiento  de  los  ajes,  que  es  otro  grand  manjar  é  bastimento  que  los  indios  tienen,  ¿ 

cómo  se  siembra  é  se  coge. 


Jtjn  esta  Isla  Española  y  en  todas  las 
otras  islas  é  Tierra-Firme,  ó  en  mucha 
parte  della,  hay  una  planta  que  se  llama 
ajes ,  los  quales  quieren  paresger  algo  en 
la  vista  á  los  nabos  de  España ,  en  espe- 
cial los  que  tienen  la  cortega  ó  tez  blan- 


ca de  engima ;  porque  estos  ajes  haylos 
blancos  y  colorados  que  tiran  á  morado, 
y  otros  como  leonado;  pero  todos  son 
blancos  de  dentro  por  la  mayor  parte,  y 
algunos  amarillos,  y  muy  mayores  que 
nabos  comunmente.  Críanse  debaxo  de 


DE  INDIAS.  LIB.  Vil.  CAP.  III. 


273 


tierra ,  é  hagen  engima  de  tierra  una  ra- 
ma tendida  á  manera  de  correhuela,  pero 
mas  gruesa ;  la  qual  con  sus  hojas  é  ra- 
ma cubre  toda  la  superfigie  de  la  tier- 
ra, do  están  sembrados  los  ajes;  é  la  he- 
chura de  la  hoja  es  semejante  mucho  á 
la  correhuela  ó  quassi  yedra  ó  panela,  con 
unas  venas  delgadas ,  é  los  astilejos  ,  de 
que  penden  sus  hojas,  son  luengos  y  del- 
gados. Al  tiempo  que  se  han  de  sembrar 
los  ajes,  hagen  la  tierra  montones  por  sus 
liños ,  como  se  dixo  en  el  capítulo  de  la 
yuca  antes  deste,  y  en  cada  montón  po- 
nen ginco  ó  seys  tallos  ó  troncos  y  mas 
de  aquesta  rama,  hincados  en  el  montón 
con  sus  hojas ,  é  luego  prenden  é  se  en- 
cepa la  planta ;  é  como  he  dicho ,  por 
engima  de  la  tierra  se  extiende  é  la  cu- 
bre toda,  é  debaxo  en  las  raiges  que  hage 
echa  el  fructo,  que  son  aquestos  ajes.  Los 
quales  están  sagonados  desde  á  tres  é  á 
quatro  é  á  ginco  é  á  seys  meses  los  mas 
tardíos ;  porque  segund  la  tierra,  donde 
se  ponen,  es  fértil  ó  flaca,  assi  responde 
el  fructo  mas  tarde  ó  temprano ;  y  aun 
también  en  la  misma  planta  é  en  el  tiem- 
po en  que  se  pone,  consiste  venir  presto 
ó  tardarse  el  fructo ,  y  también  los  tem- 
porales ayudan  ó  estorban  mucho ;  mas 
no  passan  de  seys  meses  en  estar  para 
coger  los  ajes ,  aunque  sean  los  mas  va- 
garosos ó  tardíos.  Quando  son  sagona- 
dos, con  un  agadón  descubren  el  mon- 


tón é  sacan  diez  é  doga  é  quinge  é  veyn- 
te  é  treynta  é  mas  é  menos  ajes ,  unos 
gruesos  é  otros  medianos  é  pequeños, 
segund  es  el  año  fértil  ó  estéril.  Son 
buen  mantenimiento  é  muy  ordinario  é 
nesgessario  hasta  para  la  gente  de  tra- 
baxo ;  é  como  son  de  menos  costa  é 
tiempo ,  muchos  hay  que  no  dan  otro  • 
manjar  á  sus  indios  ó  negros  sino  este, 
é  carne  ó  pescado ;  é  assi ,  en  todas  las 
hagiendas  é  heredamientos  hay  muchos 
montones  é  hagas  destos  ajes ,  los  quales 
cogidos  son  muy  buenos ,  é  asados  tie- 
nen algo  mejor  sabor,  y  de  la  una  ó  de 
la  otra  manera  tienen  sabor  de  castañas 
muy  buenas ,  y  es  gentil  fructa  para  los 
chripstianos ;  porque  como  no  la  comen 
por  pringipal  y  ordinario  manjar,  sino 
de  quando  en  quando ,  sabe  mejor.  Asa- 
dos é  con  vino  son  buenos  de  noche  so- 
bre mesa,  é  en  la  olla  son  buenos.  Las 
mugeres  de  Castilla  hagen  diversos  pota- 
jes é  aun  fructa  de  sartén,  é  tal  que, 
aunque  fuesse  de  Indias,  se  avria  por 
buena.  Son  los  ajes  de  buena  digistion, 
aunque  algo  ventosos.  Hay  los  tan  gran- 
des ,  que  pesan  algunos  dellos  quatro  li- 
bras ó  mas  cada  uno.  En  Castilla  del  Oro, 
en  muchas  partes,  hay  ajes  que  son  ama- 
rillos y  pequeños ,  y  estos  son  los  que  me 
paresge  á  mi  que  hagen  ventaja  á  los  des- 
tas  islas,  assi  en  Pacora,  como  en  Careta 
é  otras  partes  de  la  Tierra-Firme. 


CAPITULO  IV. 

De  la  planta  é  mantenimiento  de  las  batatas,  que  es  muy  buen  bastimento  y  de  los  mas  estimados  que  los 
indios  tienen:  é  cómo  se  siembran  é  cogen ,  é  otras  particularidades  de  aqueste  manjar  ó  fructa. 


Jtíatatas  es  un  grand  mantenimiento  para 

los  indios  en  aquesta  Isla  Española  é  otras 

partes,  é  de  los  presgiosos  manjares  que 

ellos  tienen ,  y  muy  semejantes  á  los  ajes 

en  la  vista  ,  y  en  sabor  muy  mejores; 

puesto  que,  á  mi  paresger,  todo  me  pares- 
TOMO  1. 


ge  una  cosa  ó  quassi  en  la  vista,  en  el 
cultivar  y  aun  mucho  en  el  sabor ,  salvo 
que  la  batata  es  mas  delicada  fructa  ó 
manjar,  y  el  cuero  ó  cortega  mas  delga- 
da, y  el  sabor  aventajado  y  de  mejor  di- 
gistion. Una  batata  curada  no  es  inferor 
35 


274 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


en  el  gusto  á  gentiles  mazapanes.  Pénen- 
se en  montones  é  críanse,  como  los  ajes  ó 
la  yuca,  é  assi  se  plantan,  como  en  el 
capítulo  pregedente  se  dixo  de  los  ajes; 
é  assi  llenan  é  están  de  sagon  á  tres ,  é 
quatro  é  á  ginco  ó  seys  meses,  á  lo  mas 
tarde,  segund  la  tierra  é  tiempo  en  que 
se  cultivan.  La  hoja  de  la  batata  es  mas 
harpada  que  la  del  aje,  pero  quassi  de 
una  manera ;  é  assi  se  extiende  la  rama 
sobre  el  terreno ,  é  ni  mas  ni  menos  se 
curan :  é  se  comen  cogidas  ó  asadas,  y  en 
potages  é  conservas ,  é  de  qualquier  for- 
ma son  buena  fructa ,  é  se  puede  presen- 
tar á  la  Qesárea  Magostad  por  muy  pres- 
giado  manjar.  Para  mí  yo  tengo  creydo 
que  los  ajes  é  batatas  tienen  mucho  deu- 
do ó  similitud ,  salvo  que  las  batatas  ha- 
gen  mucha  ventaja  á  los  ajes ,  é  son  mas 
delicadas  é  melosas ,  assi  como  se  aven- 
tajan unas  manganas  de  otras,  é  las  ca- 
muesas sobre  todas,  assi  entre  los  ajes 
hay  unos  mejores  que  otros ,  y  entre  las 


batatas  se  hallan  gingo  espegies  ó  géneros 
dellas  diferengiadas  en  la  rama  ó  en  la 
hoja  ,  é  tienen  aquestos  nombres :  ani- 
guamar ,  atibiuneix ,  guaraca ,  guacarayca 
é  guananagax ,  y  todas  son  batatas ,  y  á 
mi  paresger  poco  se  diferengian.  Mas  los 
expertos  agricultores  hallan  mucha  dife- 
rengia  de  unas  á  otras,  assi  en  la  planta 
como  en  el  abundangia  del  fructo ,  y  en 
el  tiempo  de  la  cosecha,  y  en  el  sabor; 
y  esta  que  llaman  am'gíMamar  tienen  por  la 
mejor  é  mas  presgiada.  Quando  las  bata- 
tas están  bien  curadas,  se  llevan  hasta 
España  muchas  veges ,  quando  los  navios 
agiertan  á  hager  pronto  el  viaje,  y  las 
mas  veges  se  pierden  por  la  mar.  Con 
todo  esso  las  he  yo  llevado  desde  aquesta 
cibdad  de  Sancto  Domingo  de  la  Isla  Es- 
pañola hasta  la  cibdad  de  Avila ,  y  aun- 
que no  llegaron  tales,  como  de  acá  sa- 
lieron, fueron  ávidas  por  muy  singu- 
lar é  buena  fructa,  é  se  tuvieron  en 
mucho. 


CAPITULO  V. 

Del  mani ,  que  es  9ierto  género  de  fructa  é  mantenimiento  ordinario  que  tienen  los  indios  en  esta  Isla  Es- 
pañola é  otras  islas  destas  Indias. 


u. 


na  fructa  tienen  los  indios  en  esta  Is- 
la Española,  que  llaman  mani,  la  qual 
ellos  siembran ,  é  cogen ,  é  les  es  muy 
ordinaria  planta  en  sus  huertos  y  hereda- 
des, y  es  tamaña  como  piñones  con  casca- 
ra ,  é  tiénenla  ellos  por  sana  :  los  chrips- 


tianos  poco  caso  hagen  della ,  si  no  son 
algunos  hombres  baxos,  ó  muchachos,  y 
esclavos ,  ó  gente  que  no  perdona  su  gus- 
to á  cosa  alguna.  Es  de  mediocre  sabor  é 
de  poca  substangia  é  muy  ordinaria  legum- 
bre á  los  indios,  é  hayla  en  gran  cantidad. 


CAPITULO  VI. 

De  la  planta  dicha  yahutia ,  y  algunas  particularidades  della. 


JL  ahdtial  ,  por  otros  llamada  diahídia,  es 
una  planta  de  las  mas  ordinarias  que  los 
indios  cultivan  con  mucha  diligengia  ó 
espegial  cuydado.  Es  de  comer  della  la 


rayz  é  también  las  hojas ,  las  quales  son 
como  vergas  grandes ,  é  lo  mejor  es  las 
rayges,  que  tienen  unas  barbas  que  les 
quitan  é  mondan,  é  cuégenlas,   é  son 


DE  INDIAS.  LIB.  VIL  CAP.  VII. 


275 


buenas.  Assi  mismo  las  hojas  es  sano  searlenihager  caso  del,  sin  nesgessidad, 

manjar,  y  saben  muy  mejor  á  los  indios  no  hallando  otro.  Verdad  es  que  los  in- 

que  á  los  chripstianos ,  é  dánse  muchos  á  dios  por  cosa  muy  buena  la  crian  é  tie- 

ello ,  puesto  que  no  es  manjar  para  des-  nen  en  sus  huertos  é  heredamientos. 

CAPITULO   VIL 

Del  axi ,  que  es  una  planta  de  que  los  indios  se  sirven  é  usan  en  lugar  de  pimienta,  é  aun  los  chripstianos 

la  han  por  muy  buena  especia. 


xxxi  es  una  planta  muy  conosgida  é  usa- 
da en  todas  las  partes  destas  Indias ,  islas 
é  Tierra-Firme ,  é  provechosa  é  nesges- 
saria ,  porque  es  caliente  é  da  muy  buen 
gusto  é  apetito  con  los  otros  manjares, 
assi  al  pescado  como  á  la  carne :  é  es  la 
pimienta  de  los  indios ,  y  de  que  mucho 
caso  hagen ,  aunque  hay  abundancia  de 
axi,  porque  en  todas  sus  labranzas  é 
huertos  lo  ponen  é  crian  con  mucha  dili- 
gengia  é  atención ,  porque  continuamen- 
te lo  comen  con  el  pescado  y  con  los  mas 
de  sus  manjares.  E  no  es  menos  agrada- 
ble á  los  chripstianos,  ni  hagen  menos 
por  ello  que  los  indios ,  porque  allende 
de  ser  muy  buen  espegia  ,  da  buen  gusto 
é  calor  al  estómago ;  é  es  sano ,  pero  asaz 
caliente  cosa  el  axi.  Esta  es  una  planta 
tan  alta  como  á  la  ginta  de  un  hombre,  é 
algún  género  de  axi  hay  tan  alto  ó  mas 
que  la  estatura  de  un  hombre  bien  alto; 
mas  en  esto  del  grandor ,  mucho  va  en 
ser  la  tierra  donde  se  ponp  fértil  ó  del- 
gada ,  ó  ser  regada ;  mas  comunmente  el 
axi  es  tan  alto  como  ginco  ó  seys  pal- 
mos ,  poco  mas  ó  menos ,  é  hagen  un  pié 
copado  é  de  muchas  ramas.  La  flor  del 
axi  es  blanca  y  pequeña  ;  no  huele,  pero 
el  fructo  es  á  la  vista  en  diferentes  ma- 
neras é  proporgiones ,  y  en  efecto  todo 
axi  quema  mucho  como  la  pimienta ,  é 
alguno  dello  mas.  Echa  unos  granos  ó 
vaynas  (mejor  digiendo)  huecas  é  colora- 
das ,  de  muy  fino  color ,  é  algunas  dellas 


tan  grandes  como  un  dedo  de  luengo  é 
gruesso.  Otro  axi  hay  que  echa  estos  gra- 
nos colorados  é  redondos  ,  é  tan  grues- 
sos  como  guindas,  é  algunos  mas  é  me- 
nos. Otro  hay  que  lleva  estos  granos  ver- 
des ,  pero  menores  que  los  susodichos ,  é 
assi,  según d  el  género  del  axi  é  la  tierra 
donde  se  pone ,  assi  es  mayor  ó  menor, 
ó  colorada  ó  verde  la  fructa,  porque  no 
la  esperan  á  que  madure.  Otro  axi  hay 
que  echa  los  granillos  verdes  é  muy  pe- 
queños :  otro  los  echa  pintados  de  negro, 
que  tira  á  azul  escuro ,  no  todo  el  grano, 
sino  alguna  parte  del.  Algún  género  hay 
de  axi  que  se  puede  comer  crudo ,  é  no 
quema.  De  las  hojas  del  axi  se  hage  tan 
buena  ó  mejor  salsa  al  gusto  que  la  del 
perexil,  desliéndole  con  el  caldo  de  la 
olla  de  carne ;  pero  la  una  salsa  es  fría  é 
la  otra  caliente ;  y  en  la  verdad  el  axi  es 
mejor  con  la  carne  é  con  el  pescado  que 
la  muy  buena  pimienta. 

Llévasse  á  España  é  á  Italia  é  á  otras 
partes  por  muy  buena  espegia,  é  es  cosa 
muy  sana ,  é  hállanse  los  hombres  muy 
bien  con  ello  en  todas  las  partes  donde  lo 
alcangan :  é  desde  Europa  envian  por  ello 
mercaderes  é  otras  personas,  élo  buscan 
con  diligengia  para  su  propria  gula  é  ape- 
tito ;  porque  se  ha  visto  por  experiengia 
que  es  cosa  muy  saludaljle,  é  en  espegial  el 
tiempo  del  invierno  é  tiempo  frió ,  porque 
de  sí  mismo  es  frío  á  lo  que  algunos  por- 
ñan ,  y  á  mi  paresger,  es  caliente  é  mucho. 


2TG 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO   VIII. 

De  las  calaba9as  que  hay  en  esta  Isla  Española  y  en  todas  las  otras  islas  y  Tierra-Firme. 


Vi  alababas  en  las  Indias  es  cosa  muy 
común ,  assi  como  lo  es  en  Castilla-,  y  en 
las  otras  partes  de  España  (y  de  las  mis- 
mas) luengas  y  redondas  ó  geñidas  é  de 
todas  las  maneras  que  las  suele  aver. 
Siémbranlas  los  indios  y  curan  dellas  con 
espegial  atención,  no  para  las  comer 
(que  no  las  comen),  sino  para  tener  agua 
en  ellas  é  llevarlas,  quando  van  camino 
ó  andan  en  la  guerra.  A  lo  menos  en 
Tierra-Firme ,  en  la  provingia  de  Nicara- 
gua ,  ningún  indio  anda  passo ,  sin  una 
calabaza  de  agua ,  porque  es  tierra  seca  é 
tarde  llueve  alli.  Assi  en  todas  las  partes 
destas  Indias  é  islas  é  tierra-Firme,  á  lo 
menos  en  lo  que  yo  he  andado  é  otras 


muchas  partes  de  que  me  he  informado, 
hay  calabazas ,  y  es  una  de  las  acorda- 
das é  ordinarias  cosas  que  los  indios  cul- 
tivan en  sus  casas  é  huertos  y  heredades, 
é  cada  un  año  ponen  cantidad  dellas.  Y 
aun  en  algunas  partes  es  mercadería  en- 
tre los  indios ,  como  otras  cosas  é  legum- 
bres que  tienen ,  porque  no  en  toda  parte 
hay  aparejo  para  cultivarsse  todas  cosas; 
y  assi  de  unas  provincias  en  otras  an- 
dan é  tractan  aquellas  cosas  que  sobran 
á  unos  é  faltan  á  otros.  E  otras  calaba- 
gas  hay  que  en  todo  é  por  todo  son  como 
las  susodichas ,  exgepto  en  el  sabor  que 
son  amargas;  y  estas,  sin  las  cultivar, 
hay  muchas  que  senasgen  por  sí. 


CAPITULO  IX. 


De  los  bihaos,  que  es  cierta  hierva  (ó  mas  que  hierva  á  mi  parescer)  que  no  se  siembra  ni  cultiva ,  sino  que 
la  natura  la  produce ,  y  es  muy  útil  y  provechosa  á  los  indios  en  las  cosas  que  aqui  se  dirá. 


Oay  en  esta  Isla  Española  y  en  las 
otras  islas  destas  partes  y  en  la  Tierra- 
Firme,  giertas  hiervas  ó  plantas  nasgidas 
por  la  diligengia  de  la  natura ,  muy  se- 
mejantes en  la  hoja  á  los  que  acá  lla- 
man plátanos  (sin  lo  ser),  que  en  Ale- 
xandria  é  otras  partes  llaman  musas,  de 
los  quales  plátanos  ó  musas  adelante  se 
hará  mas  particular  relagion.  Tornemos 
á  los  bihaos ,  que  ninguna  fructa  echan 
que  sea  de  comer ,  sino  giertas  cosas  assi 
mesmas  é  no  á  otra  alguna  semejantes  é 
muy  coloradas  esas  fructas,  é  no  para 
comer;  porque  son  una  cosa  áspera  é  no 
tractable  ni  conviniente  al  gusto  ni  sus- 
tentagion  humana.  Las  hojas  de  estos 
biahos  son  muy  luengas  é  anchas  y  echan 


unos  tallos  en  la  mitad ,  y  al  rededor  del 
tallo  están  las  hojas  que  suben  desde  el 
pié  del  tallo.  Destas  hojas  é  bihaos  se  sir- 
ven mucho  los  indios ,  en  espegial  en  la 
Tierra-Firme;  porque  con  estas  hojas 
cubren  algunas  casas ,  y  es  buena  mane- 
ra de  cobrir  é  mas  Umpia  que  la  de  la 
paja  é  mas  hermosa  por  de  dentro  de  la 
casa.  Quando  llueve,  pónensse  los  indios 
estas  hojas  sobre  las  cabegas ,  agertándose 
donde  las  hay  ó  topándolas,  é  ampá- 
ranse  del  agua  con  ellos ,  como  lo  harían 
con  un  sombrero.  De  las  cortegas  de  un 
tallo  que  echan  en  medio  (ó  astil  que 
nasge  entre  las  hojas)  hagen  unas  gestas 
que  llaman  havas  para  meter  la  ropa  é 
lo  que  quieren  guardar,  muy  bien  texi- 


DE  INDIAS.  LIB.  VII.  CAP.  IX. 


277 


das ,  é  hágenlas  dobladas  ó  enforradas  de 
forma  que  una  es  dos ,  y  entre  la  una  é 
la  otra ,  al  texerlas ,  ponen  hojas  de  los 
mismos  bihaos:  por  lo  qual,  aunque  llue- 
va sobre  tales  gestas  ó  se  mojen  en  un 
rio,  no  se  moja  lo  que  va  dentro.  E 
quando  van  camino ,  é  llevan  carga  los 
indios  de  alguna  ropa  ó  cosas  que  quie- 
ren llevar  bien  guardadas,  toman  dos 
havas  ó  gestas  destas  é  atañías  á  un  palo 
de  guaguma,  que  son  muy  livianos  é  re- 
gios é  lisos  sin  ñudos  é  del  gordor  que 
los  quieren ,  é  pénensele  en  el  hombro 
{Lám.  2.',  fig,  8.'),  é  assi  caminan,  uno 
é  dos  é  muchos  cargados ,  é  van  á  la  fila 
uno  tras  otro  con  su  guia  é  algún  indio 
pringipal  que  los  manda  é  hage  parar  á 
descansar  ó  comer ,  donde  les  paresge  y 
quando  conviene.  También  de  las  mes- 


mas  cortegas  destos  bihaos  hagen  otra 
manera  de  gestas  para  poner  é  llevar  sal 
de  unas  partes  á  otras,  é  son  muy  genti- 
les las  unas  é  las  otras,  y  de  hermosas 
labores. 

Demás  de  lo  que  es  dicho  de  la  utili- 
dad destos  bihaos,  quando  acaesge  estar 
Ips  indios  en  el  campo ,  si  les  falta  man- 
tenimiento, arrancan  destos  bihaos  los 
mas  nuevos  é  comen  lo  baxo ,  aunque  es 
poco  de  aquello  que  está  debaxo  de  tier- 
ra ,  que  es  muy  blanco  é  tierno  é  no  tiene 
mal  sabor:  antes  paresge  mucho  á  lo 
tierno  de  los  juncos  que  está  só  tierra; 
mas  es  mucho  mejor  é  hay  mas  que  co- 
mer en  ello ,  puesto  que  yo  creo  que  es 
cosa  muy  caliente,  no  en  el  sabor,  mas 
en  la  operagion ,  é  mucho  desto  daña  al 
estómago. 


CAPITULO  X. 

De  la  cabuya  y  del  henequén ,  é  de  algunas  particularidades  de  lo  uno  é  de  lo  otro,  que  son  dos  cosas  de 

hilo  ó  cuerdas  muy  notables. 


Ija  cabuya  es  una  manera  de  hierva  que 
quiere  paresger  en  las  hojas  á  los  cardos 
ó  hrios,  pero  mas  anchas  é  mas  gruesas 
hojas :  son  muy  verdes ,  é  en  esto  imitan 
los  lirios ,  y  tienen  algunas  espinas  é 
quieren  paresger  en  ellas  á  los  cardos. 
El  henequén  es  otra  hierva  que  también 
es  assi  como  cardo;  mas  las  hojas  son 
mas  angostas  y  mas  luengas  que  las  de 
la  cabuya  mucho.  De  lo  uno  y  de  lo  otro 
se  hage  hilado  y  cuerdas  harto  regias  y 
de  buen  paresger ,  puesto  quel  henequén 
es  mejor  é  mas  delgada  hebra.  Para  la- 
brarlo ,  toman  los  indios  estas  hojas  é  tié- 
nenlas  algunos  dias  los  indios  en  los  rao- 
dales  de  los  rios  ó  arroyos,  cargadas  de 
piedras ,  como  ahogan  en  Castilla  el  li- 
no ;  y  después  que  han  estado  assi  en  el 
agua  algunos  dias,  sacan  estas  hojas  é 
tiéndenlas  á  enxugar  é  secar  al  sol.  Des- 


pués que  están  enxutatas,  quiébranlas,  é 
con  un  palo  á  manera  de  espadar  el  cá- 
ñamo ,  hagen  saltar  las  cortegas ,  é  aris- 
tas é  queda  la  hebra  de  dentro  de  luengo 
á  luengo  de  la  hoja :  é  á  mañera  de  gor- 
ro júntanlo  é  espádanlo  mas,  é  queda  en 
rollos  de  gerro  que  paresge  lino  muy 
blanco  é  muy  lindo ,  de  lo  qual  hagen 
cuerdas  é  sogas  é  cordones  del  gordor 
que  quieren ,  assi  de  la  cabuya  como  del 
henequén ;  é  aprovéchansse  dello  en  mu- 
chas cosas ,  en  espegial  para  hager  los 
hicos  ó  cuerdas  de  sus  hamacas  ó  camas 
en  que  duermen,  y  encabuyallas,  para  que 
estén  colgadas  en  el  ayre,  como  está  pin- 
tada una  destas  hamacas  en  el  libro  V, 
capítulo  II. 

Alguno  deste  henequén  ( y  también  de 
la  cabuya)  es  hilo  blanco  é  muy  gentil; 
é  otro  es  algo  rubio.  Aqui  quadra  una 


278 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


particular  invengion  nueva  destos  indios, 
enseñados  de  la  natura ,  después  que  los 
chripstianos  los  enseñaron  á  estar  en  gri- 
llos é  prisión.  Decirse  ha  la  manera  que 
tienen  para  cortar  el  hierro  con  hilo  des- 
ta  cabuya  ó  del  henequén,  siles  dan  es- 
pacio para  ello.  Esto  está  experimentado 
en  que  de  noche,  descuydados  los  chrips- 
tianos ,  é  teniendo  en  cadenas  presos  al- 
gunos indios  ó  con  grillos ,  se  han  solta- 
do? é  ydose ,  é  han  hallado  cortadas  las 
prisiones ,  y  es  desta  manera.  Gomo  quien 
asierra,  mueven  sobre  el  hierro  que  quie- 
ren cortar  un  hilo  de  henequén  ó  cabu- 
ya, tirando  é  anexando  ,  yendo  é  vinien- 
do de  una  mano  hágia  otra,  y  echando 
arena  muy  menuda  sobre  el  hilo  (en  el 


lugar  ó  parte  que  lo  mueven),  ludiendo  en 
el  hierro ,  y  cómo  el  hilo  va  rogando,  assi 
lo  van  mejorando  é  poniendo  del  hilo 
que  está  sano  é  por  rogar ,  y  desta  for- 
ma siegan  un  hierro  por  gruesso  que  sea, 
é  lo  cortan,  como  si  fuesse  una  cosa  tier- 
na ó  muy  fágil  de  cortar.  En  Tierra-Fir- 
me ha  acaesgido  cortar  á  trogos  los 
indios  áncoras  de  navios  de  la  manera 
que  está  dicho.  Quando  se  tráete  de 
la  segunda  parte  desta  General  histo- 
ria de  Indias  y  de  la  Tierra-Firme ,  se 
dirán  mas  particularidades  destas  cuer- 
das del  henequén  é  de  la  cabuya,  por- 
que allá  se  sirven  mucho  dellas,  assi 
en  lo  que  está  dicho  como  en  otras  ma-» 
ñeras. 


CATIPULO  XI. 

Del  maguey,  que  es  otra  hierva  en  algo  semejante  á  la  cabuya:  puede  servir.de  mantenimiento  en  tiempo 
de  nescessidad,  é  el  principal  efeto  suyo  es  para  hicos,   id  est,  cordeles  ó  sogas  muy  buenas  é  para 

otras  cosas. 


üin  la  impression  primera  destas  cosas 
de  Indias  no  se  hizo  mengion  de  una  hier- 
va muy  útil  é  nesgessaria  en  estas  partes, 
la  qual  se  llama  maguey,  é  tiene  mucha 
semejanza  con  la  yuca ,  assi  en  algunos 
efectos  é  provechos  como  en  la  vista.  La 
hoja  de  la  una  é  de  la  otra  son  anchas  en 
los  extremos ,  é  viénense  ensangostando 
hasta  su  nasgimiento;  pero  nasgen  en  un 
tronco,  ó  de  la  manera  que  nasge  una  le- 
chuga é  espárgense  de  aquel  tronco ,  assi 
que  toman  un  campo  redondo  ó  compás 
de  una  braga ,  segund  son  grandes  ó  pe- 
queñas. Este  maguey  echa  en  la  mitad 
una  vara  ó  tallo  liso  é  derecho,  mas  alto 
que  un  hombre  bien  alto ,  y  en  el  fin  des- 
te  vastago  unas  flores  en  el  extremo  ama- 
rillas é  hechas  en  una  cantidad  de  un 
palmo  en  lo  mas  alto ,  que  paresge  una 
magorca  (ó  talle  della)  de  la  manera  que 
se  hagen  en  España  los  gamones.  Esta  es 
muy  útil  é  buena  hierva,  porque  se  hagen 


della  muchas  cosas :  lo  uno  hágesse  hilo 
é  cuerdas  é  sogas,  como  de  la  cabuya  ó 
del  henequén  ;  lo  otro  de  la  cortega  de 
aquella  vara  que  nasge  en  la  mitad  ,  se 
hagen  gestas  é  atan  con  ella  lo  que  quie- 
ren; y  demás  desto,  en  tiempo  de  nes- 
gessidad,  á  falta  de  mahiz  é  cagabí  é  de 
otros  mantenimientos,  es  manjar  para  su- 
plir la  hambre ,  é  no  de  mal  sabor.  Por- 
que aquella  gepa  ó  rayz  en  que  nasge,  se 
assa  é  lo  comen  los  hombres ,  no  por  dul- 
ge  pasto;  mas  no  teniendo  otros  manja- 
res, este  no  es  dañoso  ni  empacha,  é  basta 
á  sostener  la  gente.  En  la  vista  es  muy 
hermosa  de  ver  esta  hierva  ó  planta ,  las 
hojas  de  la  qual  son  mayores  que  desde 
el  cobdo  de  un  hombre  hasta  en  fin  del 
mayor  dedo  tendida  la  mano ;  é  en  el 
extremo  ó  fin  de  cada  hoja  es  tan  ancha 
como  un  palmo ,  é  en  la  mitad  de  aque- 
lla anchura  al  fin  una  puntica  del  talle, 
que  aqui  la  pongo  debuxada  [Lám.  2.', 


DE  INDIAS.  LIB.  VIL  CAP.  XI. 


279 


fig.  9.') ;  é  quiere  paresger  algo  en  el  ta- 
lle á  la  segunda  pintura  de  la  hoja  de  la 
yuca ,  puesto  que  la  de  la  yuca  es  peque- 
ña hoja  é  alta  en  las  ramas ,  é  aquesta 
del  maguey  está  en  tierra ,  é  es  de  tres 


palmos  ó  mas  la  hoja  ó  penca ,  é  gruesas 
como  de  gaviras.  De  otras  cosas  muchas 
se  servian  los  indios  desta  hierva ,  y  en 
el  libro  XI  é  capítulo  XI ,  veréis  lo  de- 
mas. 


CAPITULO  XII. 

t>e  las  yracas ,  que  son  hiervas  en  general ,  porque  yraca  quiere  de9ir  hierva ,  las    quales  los  indios  co- 
men en  sus  potajes. 


»5on  los  indios  muy  amigos  de  comer 
hiervas  cogidas ,  y  en  Tierra-Firme  llá- 
manlas  yracas ,  que  es  lo  mismo  que  de- 
QÍr  hiervas ;  porque  aunque  son  conosgi- 
das  entre  ellos  é  tienen  sus  nombres  pro-» 
prios  é  particulares ,  quando  las  nombran 
juntas  digen  yracas ,  que  es  lo  mismo  que 
degir  hiervas.  É  las  que  tienen  por  sanas 
y  experimentadas  para  su  comer,  juntas  de 
muchos  géneros,  las  cuegen  y  hagen  un 
potaje  que  paresge  espinacas  guisadas ,  y 
echan  assi  mismo  flores  de  otras,  é  assi 
toda  aquella  mezcla  llaman  ellos  yracas, 
é  assi  hagen  sus  potajes.  A  lo  menos  en 
Tierra-Firme ,  donde  algunos  chripstia- 
nos  ó  por  nesgessidad  y  hambre ,  ó  por- 
que otros  son  amigos  de  probarlo  todo, 
estiman  este  potaje  é  lóanle  é  aun  le  con- 


tinúan, digen  que  se  hallan  bien  con  él,  y 
ellos  acresgientan  en  este  potaje  calabagas 
é  axi  (que  es  la  pimienta  que  tengo  dicho) , 
é  quando  tiene  todo  esto,  es  buen  pota- 
je. Este  nombre  yraca  es  de  la  lengua  de 
Cueva  ,  en  Tierra-Firme,  en  la  goberna- 
gion  de  Castilla  del  Oro ,  y  en  estas  islas 
y  en  la  Tierra-Firme  hay  muchas  dife- 
rengias  de  lenguas  de  una  gente  á  otra, 
é  una  cosa  tiene  muchos  nombres,  é  tam- 
bién diversas  cosas  tienen  un  mismo  nom- 
bre; y  querer  escudriñar  este,  seria  nunca 
acabar.  Y  ved  en  quanta  manera  es  la  di- 
ferengia :  que  alli  donde  á  las  hiervas 
llaman  yracas  seyendo  muchas,  llaman 
á  la  muger  y7'a,  y  á  la  mangeba  yra- 
cha.  Passemos  á  lo  demás  de  la  agricol- 
tura. 


CAPITULO   XIII. 


De  la  planta  é  fructa  que  los  indios  llaman  lirenes  en  esta  Isla  Española. 


JLiiren  es  una  fructa  que  nasge  en  una 
planta  que  los  indios  cultivan ,  é  aun  al 
pressente  algunos  de  los  españoles  en  sus 
labrangas  en  esta  Isla  Española;  y  es  hier- 
va ó  planta  que  se  extiende  y  echa  ramas, 
como  se  dixo  de  los  ajes  é  de  las  batatas, 
é  debaxo  de  tierra  echa  su  fructo,  que  es 
blanco  é  del  tamaño  que  dátiles  grues- 
sos  (é  algo  mayores  y  menores),  é  tienen 
una  cascara  muy  delgada ,  é  cada  fructo 


destos  pende  ó  está  asido  de  una  vergue- 
ta delgada,  de  que  está  colgado  de  la  ra- 
ma :  é  aquella  vena  que  le  tiene  al  liren, 
es  no  mas  gruessa  que  un  alfiler  común 
ó  delgado.  Estos  lirenes  cuecen  los  in- 
dios, é  quando  es  tiempo  desta  fructa 
hay  mucha  por  las  plazas  que  la  sacan  á 
vender,  assi  cogidos  los  lirenes ;  é  quí- 
tanle  aquella  corteguela  de  engíma ,  que 
es  muy  mas  delgada  é  mas  blanda  que 


280 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


una  cascara  de  una  castaña ,  é  queda  de 
dentro  el  liren  blanco  y  es  de  buen  sa- 
bor. No  he  visto  en  España ,  ni  en  otra 
parte ,  fructa  ni  sabor  á  que  compare  es- 


tos lirones.  En  fin  son  de  buen  sabor  é  no 
de  mucha  substancia.  Hay  en  esta  é  otras 
islas  mucha  fructa  desta,  y  en  algunas 
partes  de  la  Tierra-Firme  destas  Indias. 


CAPITULO    XIV. 

De  las  pinas  que  llaman  los  chripstianos  ,  porque  lo  parescen :  la  qual  fructa  nombran  los  indios  yayama, 

é  á  cierto  género  de  la  misma  fructa  llaman  boniama ,  é  á  otra  generación  dicen  yayagua ,  como  se  dirá 

en  esto  capítulo  non  obstante  que  en  otras  partes  tiene  otros  nombres. 


Oay  en  esta  Isla  Española  unos  cardos, 
que  cada  uno  dellos  lleva  una  pina  (ó 
mejor  digiendo  alcarchopha) ,  puesto  que 
porque  paresge  pina  las  llaman  los  chrips- 
tianos pinas,  sin  lo  ser.  Esta  es  una  de  las 
mas  hermosas  fructas  que  yo  he  visto  en 
todo  lo  que  del  mundo  he  andado.  A  lo 
menos  en  España ,  ni  en  Frangía  ,  ni  In- 
glaterra ,  Alemania ,  ni  en  Italia ,  ni  en 
Segilia ,  ni  en  los  otros  Estados  de  la  Ce- 
sárea Magostad ,  assi  como  Borgoña, 
Flandes,  Tirol,  Artues,  ni  Olanda,  ni 
Gelanda ,  y  los  demás ,  no  hay  tan  linda 
fructa ,  aunque  entren  los  milleruelos  de 
Segilia ,  ni  peras  moscaretas ,  ni  todas 
aquellas  fructas  exgelentes  que  el  rey  Fer- 
nando ,  primero  de  tal  nombre  en  Ñapó- 
les ,  acomuló  en  sus  jardines  del  Parque 
y  el  Parayso  y  Pujo  Real :  en  la  qual 
fué  opinión  que  estaba  el  pringipado  de 
todas  las  huertas  de  mas  excelentes  fruc- 
tas de  las  que  chripstianos  poseían ;  ni 
en  la  Esquiva  Noya  del  duque  de  Ferra- 
ra ,  Hércoles ,  metida  en  aquella  su  isla 
del  rio  Pó  ;  ni  la  huerta,  portátil  en  car- 
retones, del  señor  Ludo  vico  Esfforga ,  du- 
que de  Milán,  en  que  le  llevaban  los  ár- 
boles cargados  de  fructa  hasta  la  mesa  y 
á  su  cámara.  Ninguna  destas,  ni  otras 
muchas  qué  yo  he  visto ,  no  tuvieron  tal 
fructa  como  estas  pinas  ó  alcarchophas, 
ni  piensso  que  en  el  mundo  la  hay  que  se 
le  iguale  en  estas  cosas  juntas  que  agora 
diré.  Las  quales  son:  hermosura  de  vista, 
suavidad  de  olor ,  gusto  de  exgelente  sa- 


bor: assi  que  de  ginco  sentidos  corpo- 
rales los  tres  que  se  pueden  aplicar  á  las 
fructas ,  y  aun  el  quarto ,  que  es  el  pal- 
par, en  exgelengia  partigipa  destas  qua- 
tro  cosas  ó  sentidos  sobre  todas  las  fruc- 
tas é  manjares  del  mundo,  en  que  la  di- 
ligengia  de  los  hombres  se  ocupe  en  el 
exergigio  de  la  agricoltura ;  y  tiene  otra 
exgelengia  muy  grande ,  y  es  que  sin  al- 
gún enojo  del  agricultor,  se  cria  é  sos- 
tiene. El  quinto  sentido ,  que  es  el  oyr, 
la  fructa  no  puede  oyr  ni  escuchar ;  pero 
podrá  el  letor,  en  su  lugar,  atender  con 
atengion  lo  que  desta  fructa  yo  escribo, 
y  tenga  por  gierto  que  no  me  engaño,  ni 
me  alargo  en  lo  que  dixere  della.  Porque 
puesto  que  la  fructa  no  puede  tener  los 
otros  quatro  sentidos  que  le  quise  atri- 
buir ó  significar  de  suso ,  hásse  de  en- 
tender en  el  exergigio  y  perssona  del  que 
la  come,  y  no  de  la  fructa  (que  no  tiene 
ánima ,  sino  la  vegetativa  y  sensitiva ,  y 
le  falta  la  ragional,  que  está  en  el  hom- 
bre con  las  demás).  La  vegetativa  es  aque- 
lla con  que  cresgen  las  plantas,  y  todas 
las  criaturas  semejantes :  la  sensitiva ,  es 
aquel  sentimiento  del  benefigio  ó  daño 
que  resgibe ;  assi  como  regando  ó  lim- 
piando é  escavando  los  árboles  é  plantas, 
sienten  el  favor  é  regalo,  é  medran  é 
cresgen  ,  é  olvidándolos ,  ó  chamuscan- 
do, ó  cortando,  se  secan  é pierden.  De- 
xemos  esta  materia  á  los  expertos,  é  tor- 
nemos á  lo  que  quise  degir. 
Mirando  el  hombre  la  hermosura  desta 


DÉ  INDIAS.  Lin.  Vil.   CAP.  XlV. 


n\ 


fructa  ,  goga  de  ver  la  compusigion  é 
adornamento  con  que  la  natura  la  pintó 
é  hizo  tan  agradable  á  la  vista  para  re- 
creagion  de  tal  sentido :  oliéndola  goza 
el  otro  sentido  de  un  olor  mixto  con 
membrillos  é  duraznos  ó  melocotones ,  y 
muy  finos  melones,  y  demás  exgelengias 
que  todas  essas  fructas  juntas  y  separa- 
das ,  sin  alguna  pesadumbre ;  y  no  sola- 
mente la  mesa  en  que  se  pone ,  mas  mu- 
cha parte  de  la  casa  en  que  está,  seyendo 
madura  é  de  perfeta  sagon,  huele  muy 
bien  y  conhorta  este  sentido  del  oler 
maravillosa  é  aventajadamente  sobre  to- 
das las  otras  fructas.  Gustarla  es  una  cosa 
tan  apetitosa  é  suave,  que  faltan  pala- 
bras en  este  caso ,  para  dar  al  proprio  su 
loor  en  esto;  porque  ninguna  de  las 
otras  fructas  que  he  nombrado,  no  se  pue- 
den con  muchos  quilates  comparar  á  es- 
ta. Palparla,  no  es  á  la  verdad  tan  blanda 
ni  doméstica  ,  porque  ella  misma  paresge 
que  quiere  ser  tomada  con  acatamiento  de 
alguna  toalla  ó  pañiguelo ;  pero  puesta  en 
la  mano,  ninguna  otra  da  tal  contenta- 
miento. Y  medidas  todas  estas  cosas  y 
particularidades ,  no  hay  ningún  mediano 
juigio  que  dexe  de  dar  á  estas  pinas  ó  car- 
chophas  el  pringipado  de  todas  las  fruc- 
tas. No  pueden  la  pintura  de  mi  pluma  y 
palabras  dar  tan  particular  razón  ni  tan 
al  proprio  el  blasón  desta  fructa ,  que  sa- 
lisffagan  tan  total  y  bastantemente  que  se 
pueda  particularizar  el  caso ,  sin  el  pingel 
ó  debuxo ,  y  aun  con  esto  serian  menes- 
ter las  colores,  para  que  mas  conforme 
(sino  en  todo  en  parte)  se  diesse  mejor 
á  entender  que  yo  lo  hago  y  digo ,  por- 
que en  alguna  manera  la  vista  del  letor 
pudiesse  mas  partigipar  desta  verdad: 
non  obstante  lo  qual,  pornéla,  como  su- 
piere hagerlo ,  tan  mal  debuxada  como 
platicada  [Lám.  2.",  fig.  10.");  pero  pa- 
ra los  que  esta  fructa  ovieren  visto,  bas- 
tará aquesto,  y  ellos  dirán  lo  demás.  Y 

para  los  que  nunca  la  vieron  sinoaqui,  no 
TOMO  I. 


les  puede  desagradar  la  pintura,  escu- 
chando la  lectura;  con  tal  aditamento  y 
protestagion ,  que  les  gertifico  que  si  en 
algún  tiempo  la  vieren,  me  avrán  por 
desculpado ,  si  no  supe ,  ni  pude  justa- 
mente loar  esta  fructa.  Verdad  es  que  ha 
de  tener  respecto  é  advertir  el  que  qui- 
siere culparme  en  que  aquesta  fructa  es 
de  diversos  géneros  ó  bondad  ( una  mas 
que  otra),  en  el  gusto  y  aun  en  las  otras 
particularidades:  y  el  que  ha  de  ser  juez, 
ha  de  considerar  lo  que  está  dicho ,  y  lo 
que  mas  aqui  diré  en  el  progesso  ó  dis- 
cante de  las  diferengias  dcstas  pinas.  Y  si, 
por  falta  decolores  y  del  debuxo,  yo  no 
bastare  á  dar  á  entender  lo  que  querria 
saber  degir,  dése  la  culpa  á  mi  juigio,  en 
el  qual  á  mis  ojos  es  la  mas  hermosa 
fructa  de  todas  las  fructas  que  he  visto  y 
la  que  mejor  huele  y  mejor  sabor  tiene; 
y  en  su  grandega  y  color,  que  es  verde, 
alumbrado  ó  matigado  de  un  color  ama- 
rillo muy  subido;  y  quanto  mas  se  va 
madurando  mas  participa  del  jalde  é  va 
perdiendo  de  lo  verde ,  y  assi  se  va  au- 
mentando el  olor  de  mas  que  perfetos 
melocotones ,  que  partigipan  asaz  del 
membrillo  :  que  este  es  el  olor,  con  que 
mas  similitud  tiene  esta  fructa  ,  y  el  gus- 
to es  mejor  que  los  melocotones  é  mas  gu- 
moso.  Móndasse  alrededor  é  hágenla  ta- 
jadas redondas  ó  chullas,  ó  como  quie- 
re el  trinchante,  porque  en  cada  parte  al 
luengo  ó  al  través  tiene  pelo  é  gentil 
corte.  En  estas  islas  todas  es  fructa  qual 
tengo  dicho  y  muy  común ,  porque  en  to- 
das ellas  y  en  la  Tierra-Firme  las  hay ,  y 
como  los  indios  tienen  muchas  y  diversas 
lenguas,  assi  por  diversos  nombres  la 
nombran :  á  lo  menos  en  la  Tierra-Firme 
en  veynte  ó  treynta  leguas  acaesge  aver 
quatro  ó  ginco  lenguas;  y  aun  esso  es 
una  de  las  causas  pringipales  porque  los 
pocos  chripstianos  en  aquellas  partes  se 
sostienen   entre   estas  gentes   bárbaras. 

Dexemos  esto  para  en  su  lugar,  é  torne- 
36 


282 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


mos  á  esta  fructa  de  las  pinas  ó  alcarcho- 
phas :  elqual  nombre  de  pinas  le  pusieron 
los  chripstianos,  porque  lo  paresgen  en 
alguna  manera ,  puesto  que  estas  son  mas 
hermosas  é  no  tienen  aquella  robustigidad 
de  las  pinas  de  piñones  de  Castilla ;  por- 
que aquellas  son  madera  ó  quassi ,  y  es- 
tas otras  se  cortan  con  un  cuchillo,  como 
un  melón ,  ó  á  tajadas  redondas  mejor, 
quitándoles  primero  aquella  cascara  ,  que 
está  á  manera  de  unas  escamas  relevadas 
(que  las  hagen  paresger  pinas) ;  pero  no 
se  abren  ni  dividen  por  aquellas  junturas 
de  las  escamas  como  las  de  los  piñones. 
Por  gierto,  assi  como  entre  las  aves  se 
esmeró  natura  en  las  plumas,  con  que  vis- 
te á  los  pavos  de  nuestra  Europa ,  assi 
tuvo  el  mesmo  cuidado  en  la  compusigion 
y  hermosura  desta  fructa  mas  que  en  to- 
das las  que  yo  he  visto  sin  comparagion, 
é  no  sospecho  que  en  el  mundo  hay  otra  de 
tan  gragiosa  ó  linda  vista.  Tienen  una  car- 
nosidad buena,  apetitosa  é  muy  salisffac- 
toria  al  gusto  :  é  son  tamañas  como  me- 
lones medianos ,  é  algunas  mayores ,  é 
otras  mucho  menores,  y  esto  causa  que 
no  todas  las  pinas  (aunque  se  paresgen) 
son  de  un  género  ó  sabor.  Algunas  son 
agras,  ó  por  ser  campesinas  é  mal  culti- 
vadas ,  como  por  ser  el  terreno  descon- 
vinieúte,  ó  porque  en  todas  las  fructas 
acaesge  ser  mejor  un  melón  que  otro  ,  y 
una  pera  que  otra ,  y  assi  de  todas  las 
demás,  y  por  el  consiguiente  una  pina 
hage  gran  ventaja  á  otra  pina.  Pero  la 
buena  no  tiene  comparagion  con  ella 
otra  fructa  en  las  que  yo  he  visto ,  ávi- 
do respecto  á  todas  las  cosas  que  he  di- 
Jcho  ,  que  consisten  en  ella.  Bien  creo 
que  avrá  otros  hombres  que  no  se  con- 
formen conmigo;  porque  en  España  y 
otras  partes  del  mundo  unos  porfían  que 
los  higos  son  mejores  que  las  peras,  é 
otros  que  el  membrillo  es  mejor  que  el 
durazno  é  las  peras  é  higos ;  é  otros  que 
las  uvas  mejor  que  los  melones  y  las  otras 


que  he  dicho :  é  assi  á  este  propóssito 
cada  qual  es  mas  inclinado  á  su  gusto,  é 
piensa  que  el  que  otra  cosa  dige,  no  lo 
siente  tan  bien  como  debria.  Pero  dexa- 
das  sus  settas  ó  afigionados  paladares  (que 
aun  estos  pienso  yo  que  son  tan  diferen- 
tes, como  los  rostros  humanos  de  los  hom- 
bres unos  de  otros) ,  si  sin  pasión  esto  se 
juzga ,  yo  pensarla  que  la  mayor  parte  de 
los  juegos  serian  de  mi  opinión  con  esta 
fructa,  aunque  como  menos  della  que 
otro.  Torno  á  degir  que  es  única  en  estas 
cosas  juntas:  en  hermosura  de  vista,  en 
sabor ,  en  olor ;  porque  todas  estas  partes 
en  un  subjeto  ó  fructa  no  lo  he  visto  assi 
en  otra  fructa  alguna. 

Cada  pina  nasge  en  un  cardo  asperís- 
simo  y  espinoso  y  de  luengas  pencas  é 
muy  salvaje ,  é  de  en  medio  de  aquel 
cardo  sale  un  tallo  redondo,  que  echa  so- 
la una  pina ,  la  qual  tarda  en  se  sagonar 
diez  meses  ó  un  año ;  é  cortada ,  no  da 
fructo  mas  aquel  cardo ,  ni  sirve  sino  á 
embaragar  el  terreno. 

Podrá  degir  alguno  que,  pues  es  car- 
do, porque  no  llaman  alcarchopha  esta 
fructa :  digo  que  en  mano  fué  de  los  pri- 
meros chripstianos  que  acá  la  vieron 
darles  el  un  nombre  ó  el  otro ,  y  aun  de 
mi  paresger  mas  proprio  nombre  seria 
degirla  alcarchopha  ,  aviendo  respecto  al 
cardo  é  espinos  en  que  nasge,  aunque 
paresge  mas  pina  que  alcarchopha.  Ver- 
dad es  que  no  se  parte  totaliter  de  ser 
alcarchopha,  ni  de  las  espinas,  porque  en 
la  coronilla  engima  de  la  pina  nasge  é 
tiene  esta  fructa  un  cogollo  áspero,  é 
adórnala  mucho  en  la  vista ;  é  algunas 
tienen,  allende  desse,  otro,  é  algunas  dos 
é  mas  de  tales  cogollos  junto  al  pegón 
donde  ella  está  pegada  con  el  tallo  del 
cardo  é  nasgida.  Y  para  plantar  otros 
cardos  é  pinas ,  estos  tales  cogollos  son 
la  simiente  ó  subgession  desía  fructa; 
porque  tomando  aquel  cogollo  que  la  pi- 
na tiene  engima  (ó  qualquiera  otro  de 


DE  INDIAS.  LIB.  VIL  CAP.  XIV. 


283 


los  que  están  pegados  al  pegón  della)  é 
híncanlo  en  tierra  dos  ó  tres  dedos  en 
fondo,  dexando  descubierta  la  mitad  del 
cogollo,  luego  prende  muy  bien ,  y  en 
el  discurso  del  tiempo  que  he  dicho  há- 
dese otro  tal  cardo  cada  cogollo ,  é  dá 
otra  pina  tal  como  he  dicho.  Las  hojas 
desle  cardo  quieren  paresger  algo  á  las 
de  las  gaviras ,  salvo  que  estas  son  mas 
luengas  é  mas  espinosas ,  ó  no  tan  gor- 
das ó  corpulentas.  Esta  fructa  seria  en 
mas  tenida,  si  no  oviesse  tanta  abun- 
dancia della. 

Las  pinas  de  Tierra-Firme  tengo  yo 
por  mejores  é  mayores  que  las  destas  is- 
las. No  se  tiene  esta  fructa,  después  que 
acaba  de  madurar ,  de  quinge  ó  veynte 
dias  adelante ;  mas  el  tiempo  que  está  sin 
se  corromper  é  podrir  es  exgelente .  Pues- 
to que  algunos  la  condenan  por  colérica, 
yo  no  sé  desso  lo  gierto ;  mas  sé  que 
despierta  el  apetito ,  é  á  muchos  que  por 
hastio  no  pueden  comer  les  restituye  la 
gana  para  ello ,  é  les  dá  aliento  é  volun- 
tad á  se  esforgar  á  comer  é  repara  el 
gusto.  Su  sabor  mas  puntual,  ó  á  lo  que 
mas  quiere  paresger,  es  al  melocotón,  é 
huele  juntamente ,  como  durazno  é  mem- 
brillo; mas  ese  sabor  tiénele  la  pina  mez- 
clado con  una  mixtión  de  moscatel ,  é  por 
tanto  es  de  mejor  sabor  que  los  meloco- 
tones. Solo  un  defecto  le  atribuyen  algu- 
nos ,  por  el  qual  no  agrada  complida- 
mente  á  todos  gustos ;  y  es  que  el  vino, 
aunque  sea  el  mejor  del  mundo,  no  sabe 
bien  bebido  tras  la  pina,  é  si  assi  su- 
piera ,  como  sabe  con  las  peras  asaderas 
ú  otras  cosas  que  con  el  beber  tienen 
aprendido  los  que  son  del  vino  amigos, 
fuera  única  á  su  paresger  de  los  tales :  é 
creo  que  esta  es  la  causa  por  qué  acá  no 
están  bien  algunos  con  esta  fructa.  Ni 
tampoco  sabe  bien  el  agua,  bebiéndola 
tras  la  pina ;  y  esto  que  á  algunos  pares- 
ge  tacha  é  grand  dificultad ,  me  paresge 
á  mi  que  es  exgelengia  y  grand  previle- 


gio,  para  darla  á  los  hidrópicos  é  amigos 
del  beber.  También  digo  que  la  carnosi- 
dad desta  fructa  tiene  sotiles  briznas,  co- 
mo las  pencas  de  los  cardos  que  se  co- 
men en  España:  pero  mas  encubiertas 
mucho  al  paladar  é  de  menos  empacho 
ó  estorbo  en  el  comerla ,  y  por  esto  no 
son  útiles  á  las  engiasé  dentadura,  quan- 
dose  continúan  á  comer  muy  á  menudo. 
En  la  Tierra-Firme,  en  algunas  partes,  los 
indios  hagen  vino  destas  pinas ,  é  tiénesse 
por  sano ;  é  yo  lo  he  bebido  y  no  es  tal 
como  el  nuestro  con  mucha  parte,  por- 
que es  muy  dulge ,  é  ningún  español  ni 
indio  lo  beberá,  teniendo  del  de  Castilla, 
aunque  el  de  España  no  sea  de  los  muy 
escogidos  vinos. 

Dixe  de  suso  que  estas  pinas  son  de 
diversos  géneros  y  assi  es  verdad ,  en  es- 
pegial  de  tres  maneras.  A  unas  llaman 
yayama;  á  otras  digen  boniama;  é  á  otras 
yayagua.  Esta  postrera  generagion  es  al- 
go agrá  é  áspera  é  de  dentro  blanca  é 
vinosa :  la  que  llaman  boniama  es  blanca 
dentro  é  dulge,  mas  algo  estoposa :  la  que 
llaman  yayama  es  algo  en  su  propor- 
gion  prolongada  é  del  talle  de  la  que 
aqui  he  pintado,  é  las  otras  dos  mane- 
ras ó  géneros,  de  quien  he  hablado,  son 
mas  redondas.  Assi  que,  esta  última  di- 
cha yayama  es  la  mejor  de  todas ;  é  de 
dentro  es  la  color  amarilla  escura,  y  es 
muy  dulge  é  suave  de  comer  é  de  quien 
se  ha  de  entender  lo  que  está  dicho,  en 
loor  de  aquesta  fructa.  En  algunas  partes 
hay  de  las  unas  é  de  las  otras,  salvajes, 
que  se  nasgen  por  sí  en  el  campo  en 
grandíssima  moltitud;  pero  las  que  se 
labran  é  cultivan  son  mejores,  sin  com- 
paragion,  é  reconosgen  bien  el  beneíigio 
del  agricultor  é  son  mas  delicadas.  Al- 
gunas se  han  llevado  á  España ,  é  muy 
pocas  llegan  allá :  é  ya  que  lleguen  no 
pueden  ser  perfectas  ni  buenas  ,  porque 
las  han  de  cortar  verdes  é  sagonarsse  en 
la  mar ,  y  dessa  forma  pierden  el  crédito. 


284 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


Yo  las  he  probado  á  llevar,  é  por  no 
se  aver  agertado  la  navegación ,  é  tardar 
muchos  días,  se  me  perdieron  é  pudrie- 
ron todas ,  é  probé  á  llevar  los  cogollos 
é  también  se  perdieron.  No  es  fructa  sino 
para  esta  tierra  ú  otra  que  á  lo  menos 
no  sea  tan  fria  como  España.  Verdad  es 
que  el  mahiz ,  que  es  el  pan  destas  par- 
tes, yo  lo  he  visto  en  mi  tierra  ,  en  Ma- 
drid, muy  bueno  en  un  heredamiento  del 
comendador,   Hernán  Ramírez   Galindo, 


aparte  de  aquella  devota  hermita  de 
Nuestra  Señora  de  Atocha  (que  ya  es 
monasterio  de  frayres  dominicos).  Y  tam- 
bién lo  he  visto  en  la  cibdad  de  Ávila, 
como  lo  dixe  en  el  capítulo  I  deste  li- 
bro VII ;  pero  en  el  Andalucía  en  mu- 
chas partes  se  ha  hecho  el  mahiz ,  é 
por  esso  soy  de  opinión  que  se  harian 
estas  pinas  ó  cardos,  llevando  los  cogo- 
llos que  he  dicho  puestos  y  de  tres  ó 
quatro  meses  presos  acá,  en  estas  partes. 


CAPITULO  XV. 


Que  tracla  de  la  frucla  llamada  imocona,  la  qual  se  cria  sin  la  industria  de  los  hombres. 


JLjI  verdadero  agricultor,  maestro  de  la 
natura,  produce  de  su  liberalidad  inmen- 
sa una  fructa  que  se  dige  imocona  y  en 
esta  Isla  Española  é  otras  partes  destas 
Indias :  la  qual  asada  sabe  á  la  yuca  de 
la  Tierra-Firme ,  ó  á  la  que  acá  llaman 


boniata,  que  no  mala.  La  hoja  tiene  como 
la  diahutia ,  aunque  no  tan  ancha ,  pero 
mas  prolongada;  y  es  sana  fructa,  é  los 
indios  no  la  tienen  por  la  inferior  de  to- 
das :  antes  la  estiman  é  han  por  de  las 
mejores  á  su  gusto. 


CAPITULO  XVI, 


De  los  g^uayaros ,  ques  una  fructa  como  cherevias. 


JLiOs  guayaros  es  una  frucla  que  paresge 
cherevías,  é  son  assi  mismo  rayges,  como 
imocona  en  su  producgion ,  y  echan  fue- 
ra de  tierra  un  bexuquillo  ó  vergueta 
alta.  Y  el  guayaro  es  blanco,  como  la  che- 


revía ,  y  násgense  de  sí  mismos  sin  alguna 
diligencia  ni  trabaxo  de  los  hombres ,  é 
hay  muchos  en  algunas  partes  desta  isla; 
é  en  otras  son  muy  deseados,  porque  les 
son  agradables  á  su  gusto  destos  indios. 


CAPITULO   XVII. 


De  la  fructa  que  los  indios  llaman  cauallos. 


ViAUALLOS  llaman  los  indios  en  esta  Isla 
Española  una  fructa  ques  como  lirenes; 
mas  estos  cauallos  son  algo  mayores  é 
nasgen  en  tierras  flacas  é  delgadas ,  é  es 
sano  manjar  é  agradable  á  los  indios.  Es 
fructa  salvaje  é  nasgida  é  criada  por  solo 
el  cuydado  de  la  natura ,  de  la  qual  é 


otras  muchas  fructas  salvajes  que  tenian 
los  indios  desta  tierra  conosgidas,  se 
aprovechaban  mucho  para  su  manteni- 
miento, quando  andaban  en  el  campo  é 
continuaban  la  guerra  apartados  de  sus 
casas  é  asientos:  é  assi  no  les  fal- 
taba  qué    comer    en    todos   los   liem- 


DÉ  INDUS.  LIB.  VIL  CAP.  XVII. 


285 


pos,   por  la  notÍQÍa  mucha  que  tenían      ses   del    año  se  hallan   é  son   produ- 
destos  manjares ,   que  en  diversos  me-      gidos. 

CAPITULO  XVIII. 

Que  tracta  de  los  resoles  que  los  chripslianos  llaman :  de  los  quales  hay  muchas  maneras  en  las  Indias. 


JLios  indios  tenian  esta  simiente  de  los 
fásoles  en  esta  isla  y  otras  muchas  y  en  la 
Tierra-Firme  mucho  mas ,  y  en  especial 
en  la  Nueva  España  é  Nicaragua  é  otras 
partes,  donde  en  mucha  abundancia  se 
coge  tal  legumbre.  Desta  simiente  hage 
espegial  mención  Plinio  *,  é  llámalos  fa- 
givoies:  en  Aragón  se  llaman  judías,  y 
la  simiente  de  los  de  España  y  de  los  de 
acá  es  la  misma  propriamente  ;  pero  en 
algunas  partes  se  cogen  en  grandíssima 
abundancia.  Yo  he  visto  en  la  provingia 
de  Nagrando  ( ques  en  Nicaragua ,  á  la 
costa  de  la  mar  del  Sur),  coger  á  gente- 
nares  las  hanegas  destos  fásoles ;  y  tam- 
bién en  aquella  tierra  é  en  otras  de  aque- 
lla costa  hay  otras  muchas  maneras  de 
fásoles ,  porque  demás  de  los  comunes, 
hay  otros  ques  la  simiente  amarilla,  é 
otros  pintados  de  pecas.  É  otra  legum- 
bre tienen  que  son  como  habas;  pero 
muy  mayores,  é  algo  amargas,  comién- 
dolas crudas:  é  de  las  unas  é  de  las  otras 
hagen  los  indios  sus  simenteras  ordina- 
riamente. Y  alli  en  Nicaragua  hay  mas 
cuydado  en  esto  de  la  agricoltura  que  en 
parte  de  quantas  yo  he  estado  en  las  In- 
dias ;  y  porque  aqui  quadra  bien  lo  que 
he  visto  de  aquellos  indios  en  sus  hagas, 
asside  mahiz,  como  de  algodón  ó  de  yuca 
ó  de  qualquier  otro  mantenimiento  que  en 
el  campo  tengan  sembrado ,  degirlo  he; 
pero  no  sé  si  estos  indios  tienen  noligia 


que  dige  Plinio  por  estas  palabras :  «Yo 
sé  que  los  tordos  é  páxaros  se  echan  del 
mijo  é  del  panigo,  soterrando  á  los  qua- 
tro  cantos  del  campo  una  hierva,  el  nom- 
bre de  la  qual  es  incógnito ;  é  es  cosa 
maravillosa  que  ningún  páxaro  alli  en- 
tra ^. »  Esto  queste  auctor  dige,  me  paresge 
á  lo  que  muchas  veges  yo  vi  en  aquella 
provingia  de  Nicaragua  en  diversas  he- 
redades: que  á  los  cornijales  dellas  te- 
nian puesto  los  indios  giertos  palillos  ata- 
dos, é  también  algunas  hojas  rebujadas 
en  otras  partes,  ó  pedreguelas,  ó  otras 
señales  conosgidas,  é  la  hierva  de  en 
torno  hmpia,  ó  algunos  trapillos  de  al- 
godón. É  en  fin,  paresgian  estas  cosas 
hechas  con  arte  ó  por  algún  respeto,  ó 
de  las  aves ,  ó  porque  granasse  lo  sem- 
brado ó  no  se  abuchornasse ,  ó  por  otros 
fines  que  yo  no  sé  juzgar ;  y  en  esto  tal 
los  que  se  ocupaban  eran  en  espegial 
unas  viejas  mal  encaradas  é  disformes.  É 
en  aquella  tierra  hay  mucha  cosa  de  he- 
chigeros,  é  no  sospechábamos  los  chrips- 
lianos que  se  hagia  esto  sin  ayuda  ó  su- 
perstigion  del  demonio ;  porque  pregun- 
tados á  los  indios  é  indias  á  qué  pro- 
póssito  lo  hagian,  respondían  diferente- 
mente é  degian  que  era  bueno  hagersse 
aquello.  Y  porque  ,  quando  se  hable  de 
aquella  tierra  en  particular,  se  dirá  mas 
desta  materia  ,  quédesse  para  en  su 
lugar. 


i     Plin.,  lib.  XVIII,  cap.  12. 


2    Plin.,l¡b.  XVIII,  cap.  n. 


28G 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  XIX. 


El  qual  tracta  de  una  fructa  que  se  llama  ñames ;  digo  nnames. 


11  AME  es  una  fructa  extrangera  é  no 
natural  de  aquestas  Indias,  la  qual  se  ha 
traydo  á  esta  nuestra  Isla  Española  é  á 
otras  partes  destas  Indias :  é  vino  con 
esta  mala  casta  de  los  negros ,  é  háse  fe- 
cho muy  bien  ,  é  es  provechosa  é  buen 
mantenimiento  para  los  negros ,  de  los 
quales  hay  mas  de  los  que  algunos  avrien 
menester,  por  sus  rebeliones.  Estos  nna- 
mes quieren  paresger  ajes ;  pero  no  son 


tales,  é  son  mayores  que  ajes  comun- 
mente. Córtanlos  á  pedagos,  é  siembran 
soterrándolos  un  palmo  debaxo  de  tier- 
ra ,  é  nasgen ;  é  assi  vinieron  los  prime- 
ros ,  é  después  de  la  planta  é  rama  que 
hagen,  se  han  multiplicado  mucho  en  las 
islas  que  hay  pobladas  de  chripstianos,  é 
assi  mismo  en  la  Tierra-Firme ;  é  es  buen 
mantenimiento. 


Este  es  el  libro  octavo  de  la  primera  parte  de  la  Natural  y  general  historia  de  las 
Indias,  islas  é  Tierra-Firme  del  mar  Océano:  el  qual  tracta  de  los  árboles  fructíferos, 
por  el  capitán  Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo ,  capitán  de  la  fortaleza  y  cibdad  de 
Sancto  Domingo  ycoronista  del  Emperador  y  Rey,  nuestro  señor. 


PROHEMIO. 


Jr^linio  en  su  libro  XII  de  la    Natural 
historia  tracta  de  los  árboles  odoríferos, 
y  en  el  XIII  tracta  de  los  árboles  fo- 
rasteros y  extraños ,   y  de  los   ungüen- 
tos y  otras  particularidades  muchas  y  se- 
cretos de  medigina,    porque  él  escribe 
de  todas  las  partes  y  auctores  del  mun- 
do que  á  su  noticia  llegaron,  y  de  lo 
que  leyó  de  muchos :  y  assi  como  en  su 
historia  quiso  ó  se  esforzó  comprehender 
el  universo,  tuvo  mas  que  degir  de  lo 
que  yo  podré  aqui  acomular,  porque  lo 
que  yo  digo  y  escribo  es  de  sola  mi  plu- 
ma y  flaca  diligengia  (y  destas  partes), 
y  él  rescribe  lo  que  muchos  escribieron  y 
lo  que  él  mas  supo ;  y  assi  tuvo  menos 
trabaxo  en  tales  acomulagiones.  Habla  en 
su  libro  XIV  en  las  vides ,  y  en  el  XV 
en  los  árboles  fructíferos,  y  en  el  XVÍ 
en  los  árboles  salvajes,  y  en  el  XVII  di- 
ge  de  los  árboles  insertos ,  ó  inestati  (que 
es  lo  mismo  que  inxerir).  Todos  estos 
seys  géneros  que  él  reparte  en  essos  li- 
bros, entiendo  yo  comprehender  en  ginco, 
que  serán  el  VII  pregedente  y  este  VIH, 


y  en  los  tres  siguientes  ( ó  al  menos  lo 
que  acá  yo  o  viere  alcangado  de  tales  ma- 
terias). Y  si  tantas  aqui  no  se  escribieren, 
será  por  ser  la  tierra  nueva  á  nosotros ,  é 
aun  la  mayor  parte  della  secreta  en  cosas 
semejantes ,  y  por  tanto  será  poco  lo  que 
en  esta  primera  parte  se  pueda  dello  es- 
crebir,  á  respecto  de  lo  que  se  espera  sa- 
ber adelante.  Y  porque  no  sea  la  legión 
tan  breve,  con  solo  aquello  que  en  la  pri- 
mera impression  tuvo,  se  dirá  assi  mismo 
lo  que  de  tales  materias  hasta  el  presente 
tiempo  yo  oviere  alcangado  en  ellas ,  assi 
en  las  islas  como   en  la   Tierra-Firme. 
Porque  como  es  grandíssima  parte  deste 
mundo  aquella  tierra,   ó  una  mitad  del, 
é  de  muchos  reynos  colmadas  estas  In- 
dias, assi  avrá  mas  que  degir  en  cada 
una  destas  cosas  todos  los  dias  que  yo 
viviere  (é  aun  en  los  del  que  me  subge- 
diere  en  estocase),  y  se  podrán  yr acres- 
gentando  en  estos  ginco  libros  de  la  agri- 
coltura  de  acá. 

Quiero,  pues,  hager  en  este  presente  li- 
bro VIII,  en  el  capítulo  I,  una  breve  rcr 


288 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


lagion  en  que  se  expressen  los  árboles  y 
plantas  que  se  han  traydo  de  España,  que 
en  esta  isla  ni  en  el  imperio  destas  Indias 
no  las  avia ;  y  después  proseguiré  por  los 
árboles  que  son  acá  naturales  y  fructífe- 
ros (de  qualquier  género  que  á  mi  notigia 
hayan  llegado),  de  los  que  hay  en  aquesta 
Isla  Española  y  en  la  Tierra-Firme ,  por- 
que las  materias  de  un  género  anden  jun- 
tas ;  y  en  quanto  á  los  árboles  salvajes  é 
de  otras  maneras  se  tractará  adelante  en 
el  libro  IX ,  pues  que  es  la  materia  dife- 
rente é  apartada.  Pido  al  letor  que  donde 


le  paresgiere  corta  mi  información,  tenga 
respecto  al  trabaxo  con  que  se  inquieren 
estas  cosas  en  partes  nuevas,  y  donde 
tantas  diversidades  y  géneros  de  mate- 
rias concurren,  y  al  poco  reposo  que 
los  hombres  tienen,  donde  les  faltan  aque- 
llos regalos  y  oportunidad ,  con  que 
otros  auctores  escriben  en  las  tierras 
pobladas  de  gentes  polidas  é  prudentes, 
é  no  entre  salvajes,  como  por  acá  an- 
damos, buscando  la  vida,  y  agertando 
cada  dia  en  muchos  peligros  para  la 
muerte. 


CAPITULO  I. 


Que  trac  la  de  los  árboles  que  se  han  traydo  á    esta  Isla  Española  desde  Europa   á  nuegtra  España,    c! 

qual  capítulo  contiene  on9e  párrafos  ó  partes. 


I.  XI ánse  traydo  á  esta  Isla  Españo- 
la naranjos,  desde  Castilla;  é  hay  acá  tan- 
tos, que  se  han  aumentado  dellos  innu- 
merables muy  buenos,  dulges  é  agros 
(assi  en  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo, 
como  en  todas  las  otras  partes  de  la  isla, 
donde  hay  poblaciones  de  chripstianos, 
en  sus  heredamientos  é  jardines  é  donde 
quieren  ponerlos),  y  lo  mismo  hay  en  las 
otras  islas  y  en  la  Tierra-Firme ,  donde 
hay  poblaciones  de  españoles. 

II.  Hay  muchos  limones,  é  Urnas,  é 
muchos  gidros,  y  de  todo  esto  que  es  di- 
cho mucha  cantidad  ,  y  muy  bueno  todo; 
y  tal,  que  no  le  hage  ventaja  el  Andalu- 
cía en  todos  estos  agros  é  géneros  que 
he  dicho  en  ambos  párraphos. 

III.  Hay  muchas  higueras,  y  de  muy 
buenos  higos ,  los  quales  hay  en  la  mayor 
parte  del  año  muchos  ó  pocos ,  y  en  es- 
pegial  en  su  tiempo  en  mucha  abundan- 
cia en  e^ta  cibdad ,  y  en  sus  heredades, 
y  assi  en  las  otras  partes  desta  isla ;  y 
hágense  muy  bien  estos  árboles ,  é  los  hi- 
gos son  de  los  que  en  Castilla  llaman  go- 
denes  y  en  Aragón  y  Cataluña  de  burja- 
Cote.  Son  los  mas  de  simiente  colorada  ó 


roxa,  aunque  algunos  hay  de  simiente 
l)lanca,  pero  no  tantos  con  mucha  parte. 
Estas  higueras  pierden  acá  la  hoja,  y  es- 
tán parte  del  año  sin  ella ,  lo  qual  hagen 
acá  muy  pocos  árboles ;  y  en  el  mes  de 
hebrero  comiengan  á  brotar  é  poner  hoja, 
é  se  tornan  á  vestir  della  en  la  primave- 
ra ó  mes  de  margo,  é  de  ahi  adelante. 
Mas  estas  higueras  se  envegesgen  acá 
muy  presto,  é  desde  á  seys  ó  siete  años 
es  menester  poner  otras,  porque  deste 
tiempo  adelante  valen  poco  é  dan  poca 
fructa  é  peor. 

IV.  Hay  muchos  granados  dulges  é 
agros,  é  de  muy  buenas  granadas,  assi 
en  los  huertos  desta  cibdad  como  en  los 
heredamientos,  y  en  las  otras  villas  é  po- 
blagiones  desta  isla. 

V.  Hay  membrillos  (ó  bembrillos)  as- 
si mismo  traydos  de  Castilla ;  pero  no  se 
hagen  muy  bien,  ni  en  la  cantidad  é 
abundangia  que  las  otras  fructas  que  se 
ha  dicho  de  suso ;  é  son  pequeños,  é  no 
muy  buenos ,  porque  son  ásperos  é  nu- 
dosos. Créese  que  con  el  tiempo  serán 
mejores. 

VI.  Hay  palmas  que  se  han  puesto  en 


DE  INDIAS.  LIB.  VIII.  CAP.  I. 


2?;<) 


esta  cibdad,  y  en  muchas  heredades  y 
partes  desta  isla ,  de  los  cuescos  de  los 
dátiles  que  acá  se  han  Iraydo  ,  y  háden- 
se muy  hermosas  é  llevan  dátiles;  pero 
po  los  saben  acá  curar,  y  por  tanto ,  aun- 
que algunos  los  comen ,  no  son  buenos 
ni  en  períígion,  y  créese  que  es  por  no 
los  saber  curar,  é  no  por  falta  de  las 
palmas. 

VII.  Hay  muchos  y  muy  hermosos  ár- 
boles de  cañafístola ,  que  los  latinos  lla- 
man caxia,  assi  dentro  en  esta  cibdad, 
como  en  las  heredades  y  en  muchas  par- 
tes de  la  isla.  Estos  son  hermosos  é  gran- 
des árboles:  no  se  truxeron  de  España 
ni  tan  poco  los  avie  en  esta  isla ;  mas 
sembráronse  las  pepitas  de  la  cañafístola 
é  hiriéronse  tan  bien  que  hay  ricos  here- 
damientos de  tales  arboledas,  é  ovo  mu- 
chos mas  que  se  destruyeron  é  secaron,  á 
causa  de  las  hormigas ,  como  se  dirá  ade- 
lante en  el  capítulo  I  del  libro  X.  Es  de 
creer  que  estos  árboles  se  han  fecho  tan 
bien ,  porque  acá  hay  cañaíístolos  salva- 
jes en  esta  y  otras  islas  y  en  la  Tierra- 
Firme  ,  y  es  común  árbol  en  estas  Indias; 
salvo  que  la  cañafístola  que  llevan  estos 
otros  salvajes  es  muy  gruessa  é  quasi  va- 
na. Pero  estos  que  se  han  fecho  por  la 
industria  de  los  chripstianos  llevan  muy 
buena  cañafístola ,  como  ya  está  sabido 
en  España  é  otras  partes  por  el  mundo, 
por  la  mucha  que  las  naves  han  llevado 
y  llevan  cada  dia  desta  é  otras  islas:  su 
hoja  es  luenga  é  de  la  color  é  verdor  de 
las  hojas  de  los  nogales  de  Castilla,  é  tan 
luengas ,  pero  mas  angostas  é  delgadas. 
Y  diré  aqui  una  particularidad  que  he  no- 
tado en  esto ,  y  es  que  todos  los  árboles 
y  plantas  que  he  visto ,  de  qualquier  gé- 
nero que  sean ,  todas  sus  hojas  fenes^en 
en  una  que  está  en  el  extremo  ó  punta 
de  la  rama ,  y  la  cañafístola  en  dos ,  de 
la  manera  que  aqui  lasdebuxo  [Lám.  3.', 
fig.  1.*);  porque  me  paresge  un  notable 

para  mirar  en  él ,  pues  que  en  esto  se  ex- 
TOMO  I. 


trema  é  no  parcsge  á  los  otros  árboles 
(exgepto  que  el  lentisco  en  España  fcnes- 
gen  sus  ramas  assi  mismo  en  dos  hojas, 
como  la  cañafístola).  La  flor  que  echan  es- 
tos árboles  es  amarilla  é  quiere  pares^cr 
algoá  la  de  la  ginesta  ó  retama:  estando 
con  fructo,  paresgen  muy  bien  cargados  de 
aquellos  cañutos  desta  cañafístola ,  y  háse 
fecho  en  tanta  abundancia  que,  como  se 
dixo  en  el  libro  III ,  vale  el  quintal  á  qua- 
tro  ducados  ó  menos  en  esta  cibdad.  El 
primero  árbol  que  destos  ovo  en  esta  isla 
fué  en  el  monesterio  de  Sanct  Francisco 
de  la  cibdad  de  la  Congepgion  de  la  Ve- 
ga ;  é  por  exemplo  de  aquel  se  pusieron 
otros,  é  se  aumentaron  é  higieron  estos 
heredamientos  é  granjeria,  que  es  muy 
buena  é  provechosa  é  rica  ,  é  las  naves 
que  tornan  á  España,  siempre  llevan  mu- 
chas pipas  llenas  de  cañafístola.  Este  ár- 
bol es  uno  de  los  que  acá  pierden  la  hoja; 
y  de  la  cañafístola  salvaje  hay  en  Tierra- 
Firme  mucha,  é  es  quassi  al  doble  mas 
gruessa  de  la  que  yo  he  comido ,  y  es 
bien  purgativa ,  é  la  pepita  es  como  la 
de  la  común ,  é  la  cascara  del  cañuto  es 
mas  gorda  al  tres  doble  de  la  otra.  Quie- 
re paresger  garroba  en  el  talle  y  hechura 
sobre  redondo :  tiene  lomo  é  barriga  de 
dos  verdugos  gruessos  sobre  redondo,  é 
unas  venas  por  engima ,  como  verdugos, 
y  es  muy  buena.  Acuerdóme  que  el  año 
de  mili  é  quinientos  é  veynte  y  siete ,  á 
legua  é  media  ó  dos  de  Panamá  ,  en  la 
costa  austral  hágia  poniente ,  dó  digen  el 
rio  de  los  Mahizdes,  se  hallaron  algunos 
árboles  destos ,  é  yo  vi  la  cañafístola  de- 
llos  é  la  comí ,  é  era  buena  ,  é  de  la  ma- 
nera que  lo  he  dicho. 

VIII.  Hánse  puesto  é  hay  en  esta  cib- 
dad muchas  parras  de  las  de  Castilla  é 
llevan  buenas  uvas,  y  es  de  creer  que 
se  harán  en  grande  abundancia,  si  se  die- 
ren á  ellas,  entendiendo  bienio  que  han 
menester ;  porque  como  la  tierra  es  hú- 
meda, luego  que  ha  dado  la  parra  el 
37 


200 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


fructo ,  si  luego  la  podan ,  luego  torna  á 
broctar,  y  assi  se  esquilman  mucho  é  se 
envejesQen  presto.  Estas  se  truxeron  de 
Castilla,  pero  sin  ellas ,  allende  de  las  de 
la  cibdad ,  hay  muchas  parras  de  las  mis- 
mas en  los  heredamientos  é  poblagiones 
destas  islas,  traydas,  como  he  dicho,  de 
España.  Non  obstante  lo  qual,  digo  que 
en  esta  isla ,  como  en  otras,  y  en  muchas 
tierras  ó  partes  de  la  Tierra-Firme  hay 
muchas  parras  salvajes  de  uvas,  y  de 
muchas  dellas  he  yo  comido  en  la  Tier- 
ra-Firme ;  é  es  cosa  muy  común  ,  é  assi 
creo  que  fueron  todas  las  del  mundo  en 
su  principio ,  é  que  de  las  tales  se  tomó 
el  origen  para  las  cultivar  e  hager  me- 
jores. 

IX.  Hay  en  esta  cibdad  algunos  oli- 
vos grandes  é  hermosos  árboles,  que  assi 
mesmo  fueron  traydos  de  España ;  pero 
son  los  que  digo  estériles ,  é  no  llevan 
fructo  sino  de  hojas ,  y  también  los  hay 
en  algunos  heredamientos  é  otras  partes 
desta  isla;  pero  como  he  dicho,  sin  fruc- 
to. Y  es  gran  notable  que  todas  las  fruc- 
tas  de  cuesco  que  se  han  traydo  de  Es- 
paña y  otras  partes  á  esta  isla,  por  mara- 
villa prenden ,  y  si  prenden ,  no  llevan 
fructo  alguno,  sino  hojas.  Pervierto  yo 
he  traydo  cuescos  de  duraznos ,  y  de  me- 
locotones é  alvérchigos  de  Toledo,  é  ci- 
ruelas de  frayle ,  y  de  guindas  é  geregas, 
é  piñones ,  é  todos  estos  cuescos  he  fe- 
cho sembrar  en  diveras  partes  y  here- 
dades :  ninguno  de  todos  ha  prendido. 
Plinio  dige  *  que  los  olivos  en  la  India 
son  estériles,  é  que  no  produgen  otro 
fructo  sino  aquel  que  hage  el  olivo  sal- 
vaje ;  de  manera  que  estos  nuestros  oli- 
vos desta  isla  son  mas  estériles  que  los 
que  Plinio  dige  de  India;  porque  si  aque- 
llos, como  él  dige,  dan  el  fructo  que 
los  olivos  salvajes  (ó  agebuches) ,  los  de 
acá  no  llevan  sino  solamente  hojas. 


X.  Hay  una  fructa  que  acá  llaman 
plátanos;  pero  en  la  verdad  no  lo  son,  ni 
estos5on  árboles,  ni  los  avia  en  estas  In- 
dias, é  fueron  traydos  á  ellas ;  mas  que- 
darse han  con  este  improprio  nombre  de 
plátanos.  Siémbranse  una  vez  é  no  mas, 
porque  de  uno  se  multiplican  muchos  ,  é 
va  en  ellos  aumentándose  una  subges- 
sion  grandíssima ;  porque,  como  el  plá- 
tano mas  antiguo  ha  procreado  tres  ó 
quatro  é  seys  é  mas  hijos  alrededor  de 
sí,  lleva  un  ragimo  é  fructo  que  hace,  é 
aquel  corlado,  sécasse  la  planta  que  lo 
echó  ó  produgió.  É  porque  no  embarage 
ni  tarde  en  se  secar,  assi  como  cortan 
el  fructo ,  ques  á  manera  de  un  ragimo, 
cortan  el  tronco  desta  planta ,  porque  no 
es  mas  de  provecho  ni  lleva  mas ,  é  lue- 
go pierde  su  virtud ,  é  queda  en  los  hi- 
jos é  subgessores  que  han  nasgido  alre- 
dedor. Dixe  de  suso  questos  no  son  plá- 
tanos ;  porque  la  forma  del  plátano ,  se- 
gund  lo  que  del  escriben,  es  muy  dife- 
rente é  de  otra  manera.  Estos  de  acá 
tienen  las  hojas  muy  grandes  é  muy  an- 
chas é  son  altos,  como  árboles,  é  há- 
gense  algunos  tan  gruesos  en  el  tronco 
como  un  hombre  por  la  gintura ,  é  como 
el  muslo  otros ,  é  assi  algunos  algo  mas 
ó  menos ,  segund  la  fertilidad  ó  terreno 
en  que  se  ponen :  é  desde  abaxo  arriba 
echan  unas  hojas  longuíssimas ,  algunas 
de  doge  palmos  é  mas  é  menos  de  longi- 
tud ,  é  de  tres  y  quatro  palmos  de  lati- 
tud y  mas  y  menos,  segund  son;  las  qua- 
les  muy  fácilmente  rompe  el  viento  en 
muchas  partes,  quedando  entero  el  lomo 
ó  astil  de  la  mesma  hoja.  Esta  planta  es 
toda  como  un  cogollo ,  y  en  lo  alto  del 
nasce  un  ragimo ,  el  tallo  del  qual  es 
grueso,  como  la  muñeca  del  brago,  que 
progede  é  va  encaminado  desde  la  me- 
dula ó  mitad  de  todas  las  hojas,  é  en 
aquel  tallo  al  extremo  ó  fin  dél  es  el  fruc- 


1     Pün.,  lib.  XII,  cap.  C. 


DE  INDIAS.  LIB.  VIII.  CAP.  I. 


291 


lo,  un  racimo  con  veynte  ó  treynta  é  gia- 
qüenta,  é  algunos  con  giento  é  mas  é 
menos  fructos,  que  aqui  llaman  plátanos. 
É  cada  un  fructo  destos  es  mas  ó  menos 
luengo  que  un  palmo  ,  segund  la  fertili- 
dad de  la  planta  é  de  la  bondad  de  la 
tierra  donde  nasQió ,  é  de  la  groseza  de 
la  muñeca  del  brago  algunos  é  menos, 
porque  también  el  gordor  del  fructo  es 
á  proporgion  del  tamaño  ó  longitud  suya, 
porque  en  algunas  partes  que  se  siem- 
bran se  hagen  muy  menores  [Lám.  3.' 
fig.  2.').  Tiene  esta  fructa  una  cortega 
no  muy  gruesa,  pero  correosa  é  fágil  de 
romper  ó  desollar ,  é  de  dentro  es  todo 
una  medula  que  paresge  un  tuétano  de 
vaca.  Háse  de  cortar  el  ragimo  desta 
fructa ,  assi  como  un  fructo  de  los  que 
están  en  el  ragimo  se  comienga  á  liager 
amarillo,  é  después  el  ragimo  entero 
cuélganlo  en  casa,  é  alli  se  madura  toda 
la  fructa  del  (ó  todos  los  plátanos  que 
en  el  ragimo  liay).  Esta  es  muy  buena 
fructa ,  é  quando  se  curan  estos  piálanos 
abiertos  al  sol ,  hendiéndolos  con  un  cu- 
chillo en  dos  mitades  al  luengo ,  é  dán- 
doles sendas  cuchilladas  ,  ó  cada  dos  á 
cada  mitad ,  cortando  la  fructa  al  luengo 
hasta  la  cascara  é  no  rompiendo  la  cas- 
cara ó  cuero ,  hágense  en  el  sabor,  quan- 
do están  curados  ,  muy  semejantes  á  los 
higos  passos ,  y  aun  mejores ;  en  el  hor- 
no asados,  sobre  una  reja  ú  otra  cosa  se- 
mejante, son  muy  buena  é  sabrossa  fruc- 
ta, é  paresge  un  género  sobre  sí,  como 
lo  es  de  una  conserva  melosa  é  de  muy 
buen  cordral  é  suave  gusto.  Assi  mesmo 
cogiéndolos  en  la  olla  con  la  carne,  es 
muy  buen  manjar ;  pero  no  ha  de  es- 
tar el  plátano  mucho  duro  para  lo  co- 
ger con  la  carne ,  ni  muy  maduro  ,  ni  se 
ha  de  echar  sino  quando  esté  la  carne 
quassi  cogida,  é  desollado;  porque  en 
uno  ó  dos  hervores  ó  en  poco  espagio 
de  tiempo  se  cuegc  el  plátano.  Comidos 
crudos,  después  que    maduran,  es  muy 


gentil  fructa ,  y  no  es  menester  comer 
con  ella  pan  ni  otra  cosa ,  y  es  de  exge- 
lente  sabor  é  sana  é  de  gentil  digistion: 
que  nunca  be  oydo  degir  que  higiesse  mal 
á  ninguno.  Llevándolos  por  la  mar,  turan 
algunos  dias  ,  é  hánsede  coger  para  esto 
algo  verdes ;  é  lo  que  turan  sin  se  podrir 
ó  dañar  (que  es  doge  ó  quinge  dias),  sa- 
ben mejor  en  la  mar  que  en  la  tierra 
(como  hagen  las  cosas  desseadas,  donde 
menos  se  pueden  aver).  El  tronco  ó  co- 
gollo que  lleva  esta  fructa  é  dio  el  ra- 
gimo que  he  dicho ,  tarda  un  año  en  lle- 
var é  hager  su  operagion  é  fructo,  y  en 
aquel  tiempo  ha  procreado  y  echado  en 
torno  de  sí  quatro  é  ginco  é  seys  é  mas  ó 
menos  hijos  ó  cogollos  ( herederos  en  el 
mismo  offigio  y  efeto  que  está  dicho);  por- 
que después  que  aquel  ragimo  del  fructo 
es  cortado,  cortan,  como  tengo  dicho, 
el  plátano  ó  planta  que  le  dio ,  porque 
no  sirve  sino  de  embaragar  é  ocupar  la 
tierra  sin  dar  otro  provecho ,  é  los  hijos 
que  he  dicho ,  cresgen  mas  é  van  por  su 
discurso  hasta  que  hagen  lo  mismo  que 
el  padre ;  é  hay  tantos  é  multiplican  do 
manera,  que  nunca  faltan  é  siempre  se 
aumentan.  Son  humidíssimos,  é  quando 
alguna  vez  los  quieren  arrancar  ó  quitar 
de  alguna  parte  de  rayz,  sale  de  allí 
tanta  agua  del  assiento  do  estaban ,  que 
paresge  que  toda  la  humedad  é  agua  de 
los  poros  de  la  tierra  tienen  atrayda  á  su 
gepaérayges.  Las  hormigas  en  estas  par- 
tes son  muy  amigas  destas  plantas  é  se 
allegan  mucho  á  ellas,  por  lo  qual  en  esta 
cibdad  se  arrincaron  muchos ,  porque  no 
se  podían  aqui  valer  un  tiempo  con  las 
hormigas.  Esta  fructa  es  continua  en  todo 
el  tiempo  del  año ;  mas  como  tengo  di- 
cho ,  no  es  por  su  origen  natural  destas 
partes,  ni  se  les  sabe  el  nombre  proprio; 
mas  de  lo  que  agora  diré.  Quanto  á  la 
verdad  no  se  pueden  llamar  plátanos  (ni 
lo  son);  mas  aqueso  que  es,  segund  he 
oydo  á  muchos,  fué  traydo  osle  linagc  de 


292 


UISTOiUA  GENERAL  Y  NATURAL 


planta  de  la  isla  de  Gran  Canaria ,  el  año 
de  mili  é  quinientos  y  diez  y  seys  años, 
por  el  reverendo  padre  fray  Thomas  de 
Berlanga ,  de  la  Orden  de  los  Predica- 
dores ,  á  esta  cibdad  de  Sancto  Domin- 
go; é  desde  aqui  se  han  extendido  en 
las  otras  poblagiones  desta  isla  y  en  to- 
das las  otras  islas  pobladas  de  chripstia- 
1103 ,  é  los  han  llevado  á  la  Tierra-Firme, 
y  en  cada  parte  que  los  han  puesto ,  se 
han  dado  muy  bien ;  é  en  las  heredades 
que  en  esta  isla  tienen  los  vecinos  hay 
mucho  número  incontable  destos  pláta- 
nos ,  porque  son  muy  provechosos  é  se 
gastan  quantos  hay  con  la  gente ,  é  aun 
es  muy  buena  renta  para  sus  dueños, 
porque  ninguna  costa  ponen  en  los  criar. 
Truxéronse  los  primeros ,  segund  he  di- 
cho ,  de  Gran  Canaria ,  é  yo  los  vi  alli 
en  la  misma  cibdad  en  el  monesterio  de 
Sanct  Francisco  el  año  de  mili  é  qui- 
nientos é  veynte ,  é  assi  los  hay  en  las 
otras  islas  Fortunadas  ó  de  Canaria.  É 
también  he  oydo  degir  que  los  hay  en  la 
cibdad  de  Almería  en  el  reyno  de  Grana- 
da ,  é  dígese  que  de  alli  passó  esta  plan- 
ta á  las  Indias ,  é  que  á  Almería  vino  del 
Levante  é  de  Alexandría ,  é  de  la  India 
oriental.  He  oydo  á  mercaderes  genoves- 
ses  é  italianos  é  griegos  que  han  estado 
en  aquellas  partes,  é  me  han  informado 
que  esta  fructa  la  hay  en  la  India  que  he 
dicho,  e  que  assi  mismo  es  muy  común  en 
el  Egipto,  en  especial  en  la  cibdad  de 
Alexandría,  donde  á  esta  fructa  llaman 
musas.  Assi  mismo  dige  el  chronista  Pe- 
dro Mártir  en  sus  Decadas  * ,  que  esta 
fructa  se  llama  musas,  é  que  él  la  vido 
en  Alexandría,  y  dige  que  no  son  pláta- 
nos, ni  puede  alguno  con  verdad  degir 
otra  cosa.  Escribe  Ludovico  de  Vartenia, 
bolones,  en  su  Ilinerario,  que  enCalicut 
hay  aquesta  fructa,  é  dige  que  alli  la 
llaman  malapolatida ;   pero  dige  que  no 


son  mas  altas  estas  plantas  que  im  hom- 
bre ó  poco  mas,  y  en  lo  otro  lodo  que 
tengo  dicho,  las  describe  segund  lo  he  yo 
fecho:  y  también  dice  que  es  de  tres 
suertes  esta  fructa :  la  una  ciancapalon ,  é 
la  segunda  é  mejor  llama  gadelapalon  y  é 
la  tergera  suerte  dige  que  no  es  tal.  Tam- 
bién digo  yo  que  en  esta  isla  esta  fructa 
no  es  toda  de  una  bondad ,  porque  unos 
fructos  destos  hay  mejores  é  mas  sabro- 
sos que  otros  de  la  mesma  fructa ;  mas 
aquesto  puede  yr  en  el  terreno  é  dispu- 
sigion  de  la  tierra,  como  acaesge  en  to- 
das las  otras  fructas  en  España  y  en 
otras  partes.  É  la  tierra  estéril  é  flaca,  é 
la  gruesa  demasiadamente  regia  hagen 
bastardear  los  fructos;  é  cada  género  de 
fructo  quiere  la  tierra  á  su  propóssito,  é 
es  aqueste  un  primor  muy  nesgessario  en 
que  los  agricultores  deben  ser  expertos, 
gerca  del  conosgimiento  de  los  sitios  é 
calidades  de  las  tierras,  en  que  han  de 
sembrar  ó  plantar  sus  mieses  ó  arboledas 
é  lo  demás.  Y  porque  de  suso  dixe  que 
no  son  verdaderos  plátanos  estos,  á  quien 
tal  nombre  acá  se  les  dá ,  téngolo  yo 
assi  por  gierto,  pues  que  Plinio  dige  ^, 
que  los  árboles  plátanos  fueron  traydos 
á  Italia,  y  que  por  el  mar  Jonio  vinieron 
á  la  isla  de  Diómedes  é  de  alli  á  Segilia, 
é  de  Segilia  á  Italia,  y  también  dige  que 
los  ovo  en  España,  en  el  tiempo  que  á  Ro- 
ma fué  presa.  Dige  mas:  que  en  Ligia  un 
plátano  está  sobre  una  fuente  en  forma 
de  domigilio  ó  cabana ,  á  manera  de  es- 
pelunca ó  cueva  de  ochenta  é  un  pie ,  cu- 
briéndola de  muchos  ramos  que  pares- 
gian  árboles  é  ocupaban  el  campo  con 
longuíssima  sombra ,  etc.:  y  dige  que  Mu- 
giano ,  que  fué  tres  veges  cónsul  (é  nue- 
vamente legado  de  aquella  provingia),  es- 
cribió que  avia  comido  debaxo  de  aquel 
plátano  con  diez  é  ocho  compañeros ,  é 
que  ovo  espagio  ancho  ó  largo  lugar  de- 


\     P.  Múrlir,  (lee.  YII ,  cap.  9. 


2    Plin.,  lib.  XIÍ,cap.  !.♦. 


DE  INDIAS.  LIB.  VIII.  CAP.  I. 


293 


baxo  de  las  hojas  del  para  estar  cada 
uno  seguro  de  todo  viento  é  lluvia  etc. 
Dige  mas :  que  en  Gorthina ,  yibdad  de 
Candía,  hay  un  plátano  á  par  de  una 
fuente,  el  qual  no  pierde  jamás  la  hoja, 
é  que  la  fabulosa  Gregia  dige  que  Júpi- 
ter dcbaxo  deste  plátano  durmió  con 
Europa,  y  concluye  que  el  mayor  loor 
que  se  dá  á  este  árbol  es  que  el  vera- 
no defiende  del  sol,  etc.  De  todas  estas 
propriedades  é  partes  que  Plinio  esgribe 
del  plátano,  se  colige  que  estos  que  acá 
se  llaman  plátanos  no  lo  son,  ni  de  aque- 
llos que  él  habla  ninguna  manera  de  fruc- 
ta  ni  utilidad  se  comprehende,  sino  bue- 
na sombra ;  y  estos  otros  que  acá  tene- 
mos llevan  la  fructa  que  he  dicho,  é  som- 
bra no  la  pueden  dar  (que  buena  sea)  uno 
solo,  sino  muchos  y  espesos,  porque  no 
tienen  ramas,  sino  solamente  aquellas 
hojas  é  rotas  las  mas  dellas.  Ni  tampoco 
pueden  estos  nuestros  defender  á  nadie 
del  sol  ni  del  agua :  antes  paresge  que 
llueve  mas  debaxo  dellos,  porque  las 
mismas  hojas  hagen  innumerables  gote- 
ras ,  porque  pocas  están  del  todo  ente- 
ras, sino  rompidas  en  muchas  partes,  fe- 
chas tiras  al  través.  Y  pues  aquel  pláta- 
no de  Candia  no  perdia  jamás  la  hoja, 
estos  de  acá  no  le  paresgen,  porque  tan- 
las  y  mas  tienen  secas  que  verdes,  por- 
que las  primeras  se  van  secando,  é  mar- 
chitas, se  caen ,  é  las  mas  altas  van  crcs- 
giendo ,  y  en  cabo  de  un  año  todo  ente- 
ro acaba  su  curso  é  su  vida,  como  he  di- 


cho ,  é  queda  la  subgesion  en  los  hijos  ó 
cogollos  semejantes  á  el  que  ha  echado. 
Por  manera  que  estos,  de  que  aqui  he 
tractado ,  é  de  que  tanta  cantidad  é  uti- 
lidad hay  en  estas  partes ,  no  se  deben 
de  tener  por  plátanos,  ni  por  árboles, 
ni  lo  son  sino  plantas :  y  estas  vinieron 
acá  por  la  diligencia  y  medio  de  aquel 
reverendo  padre  fray  Thomás  de  Ber- 
langa ,  al  qual  méritamente  la  Cesárea 
Jíagestad  le  hizo  merged  del  obispado  de 
Castilla  del  Oro  en  la  Tierra-Firme;  por- 
que en  la  verdad  es  muy  religiosa  per- 
sona y  de  grande  exemplo ,  y  cabe  muy 
bien  en  su  persona  tal  dignidad ,  porque 
ha  seydo  muy  provechossa  en  estas  par- 
tes su  doctrina,  para  las  cosas  del  servi- 
gio  de  Dios,  Nuestro  Señor,  é  por  tal  fué 
escogido,  estando  él  bien  apartado  y 
descuydado  de  pedir,  ni  procurar  el  ca- 
pelo. 

XI.  Las  cañas  dulges  de  que  se  hage 
el  agúcar  (de  que  tan  grandes  hereda- 
mientos é  ingenios  de  agúcar  han  resul- 
tado en  esta  Isla  Española  é  otras  partes 
destas  Indias),  se  truxeron  de  las  islas  de 
Canaria,  como  mas  largamente  se  dixo 
en  el  libro  IV :  las  quales ,  aunque  no 
son  árboles ,  por  concluir  con  este  capí- 
tulo, me  paresgió  hager  aquesta  breve 
relagion  dellas  y  de  su  utilidad,  que  ha 
seydo  y  es  muy  grande  en  esta  isla. 
Y  con  esto  passemos  á  hablar  en  los 
árboles  que  son  acá  naturales  destas 
parles. 


CAPITULO  II. 

De  los  árboles  íruclíferos  é  naturales  de  aquesta  Isla  Española ,  é  primeramente  de  los  hobos. 


OBO  es  árbol  grande  y  hermoso ,  fresco 
é  de  buen  ayre  é  sombra  muy  sana.  Hay 
mucha  cantidad  destos  árboles  en  esta  é 
otras  islas  y  en  la  Tierra-Firme.  La  fr uc- 


eóme giruelas  pequeñas,  y  es  amarilla :  el 
cuesco  es  muy  grande,  segund  la  propor- 
gion  ó  tamaño  de  la  fructa,  porque  tiene 
poco  que  comer ,  é  no  es  útil  sino  dañó- 


la es  buena  é  de  buen  sabor  é  olor,  y  es      so  manjar  á  la  dentadura,  quando  usa» 


294 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


mucho  della,  por  causa  de  giertas  briznas 
que  tienea  los  cuescos  pegados:  é  de 
nesgessidad,  comiendo  esta  fructa,  passaa 
las  encías  por  aquellas  briznas ,  quando 
quiere  hombre  despegar  del  cuesco  lo 
que  se  come  desta  fructa ;  pero  es  sano 
manjar  é  de  buena  digislion ,  é  aunque 
se  coman  muchos,  se  come  poco.  Los  co- 
gollos de  las  ramas  deste  árbol ,  echados 
en  el  agua  é  cogiéndola  con  ellos,  es  muy 
buena  para  hager  la  barba  é  para  lavar 
las  piernas ,  é  de  gentil  olor.  Las  casca- 
ras é  cortegas  deste  árbol  hoho ,  cogidas 
é  lavando  las  piernas  con  aquella  agua, 
aprieta  mucho  é  quitan  el  cansa  ngio  al 
que  de  caminar  está  cansado,  y  es  salutí- 
fero baño.  Y  quando  en  el  campo  tienen 
los  hombres  nesgessidad  de  dormir,  pro- 
curan que  sea  debaxo  del  hobo ,  porque 
su  sombra  defiende  del  sereno  é  no  dá 
pesadumbre  ni  dolor  de  cabega,  como 
otros  muchos  árboles  lo  suelen  hager :  é 
assi  los  que  andan  en  la  guerra,  como  los 
que  con  los  ganados  acostumban  andar  en 
el  campo  ó  los  caminantes,  siempre  buscan 
estos  hobos,  donde  han  de  dormir,  para 
colgar  sus  hamacas ,  ó  poner  sus  camas 
debaxo  de  hobos. 

Esta  fructa  es  en  el  sabor  algo  di- 
ferengiada,  porque  hay  algunos  hobos 
que  dan  la  fructa  dulge  é  otros  algo 
agrá.  Quieren  algunos  degir  (y  aun  el 
chronista  Pedro  Mártir  assi  lo  escribe), 
que  aquesta  fructa  é  árboles  son  miraho- 
lanos ,  y  estos  son  á  los  que  él  dá  esto 
nombre  en  sus  decadas.  Pero  como  él 
nunca  los  vido,  ni  los  comió,  ni  passóá 
estas  partes,  assi  se  engañó  en  esto,  co- 
mo en  otras  cosas  muchas  que  escribió, 
ó  mejor  digiendo ,  le  engañaron  los  que 
tales  cosas  le  dieron  á  entender.  Nues- 
tros médicos  é  boticarios,  de  los  quales 
han  acá  venido  espegiales  hombres  (assi 
como  el  ligengiado  Begerra ,  y  el  doctor 
Miger  Codro,  venegiano,  y  el  ligengiado 
Barreda,  y  el  doctor  Rodrigo  Navarro,  y 


el  doctor  Sepúlveda ,  el  ligengiado  Bur- 
gos, el  ligengiado  Formigedo,  el  ligengia- 
do Cueva  é  otros  doctos  varones  en  la 
medigina) ,  nunca  tal  dixeron  ni  afirma- 
ron ;  ni  son  mirabolanos ,  ni  espegie  de- 
llos.  Mas  esta  disputagion  se  quede  para  los 
médicos  :  que  ya  que  los  quieren  hager 
mirabolanos  (aunque  no  lo  sean),  no  será 
este  el  mayor  daño  de  la  medigina,  ni  la 
postrera  mentira  de  las  que  debaxo  de  su 
bandera  militen;  porque  en  estas  cosas 
de  la  medigina  passan  grandes  inadver- 
tengias  y  mas  peligrosas  que  en  arte  al- 
guna de  quantas  los  hombres  exergitan: 
é  hasta  que  un  médico  agierta  á  curar, 
liage  mas  exgesos  que  ha  leydo  renglo- 
nes en  su  ofigio ,  ni  en  otros ,  y  es  el  da- 
ño siempre  á  costa  de  vidas  agenas. 

Podrásse  con  verdad  degir  deste  árbol 
otra  propriedad  vista  y  experimentada  ca- 
da dia  que  lo  quissieren  hager  ó  la  nesges- 
sidad lo  permita :  que  quando  en  el  cam- 
po no  se  halla  agua,  por  la  qual  falta 
acaesge  morir  los  hombres  de  sed  (como 
quier  que  el  agua  es  tan  pringipal  parte 
de  la  sustentagion  de  la  vida),  si  oviere 
destos  árboles ,  caven  en  las  rayges  de- 
llos ,  é  cortando  un  tronco  de  la  rayz  é 
aquel  poniendo  en  la  boca,  y  por  el  otro 
extremo  ó  cabo  del  tal  raigón  teniéndole 
alto  levantado  con  el  puño ,  él  dará  tan- 
ta agua  que  baste  á  quitar  de  trabaxo  á 
qualquier  sediento,  porque  luego  gotea, 
é  desde  á  poco  espagio  á  chorro  cae  el 
hilo  del  agua  de  la  tal  rayz.  Esto  he  yo 
probado  é  otros  muchos  con  la  misma 
sed  é  nesgessidad,  y  esto  se  aprendió  de 
los  indios.  Este  árbol  pierde  la  hoja  é 
está  mucha  parte  del  año  sin  ella,  hasta 
que  después  que  llega  la  primavera  se 
comienga  á  vestir  de  hojas,  é  entrando  en 
el  mes  de  abril  está  en  gierna  el  fructo 
dél,  é  aun  está  la  hoja  pequeña ,  y  entre 
aquesos  pocos  árboles  que  en  estas  par- 
tes pierden  la  hoja,  este  hobo  es  uno 
del!  os. 


DE  INDIAS.  UB.  VIII.  CAP.  III. 


295 


CAPITULO  III. 

Del  árbol  llamado  caymito  ,  é  de  su  frucla  é  diferencias  della ,  d  de  la  nueva  forma  ó  diferen9iada  manera 

que  su  hoja  tiene  con  todos  los  otros  árboles. 


V^AYMiTO  es  un  árbol  el  mas  conosgido 
en  el  mundo  para  quien  una  vez  le  ovie- 
re  visto;  porque  sus  hojas  tiene  quassi 
redondas,  é  de  la  una  parte  están  ver- 
des é  de  la  otra  de  una  color  que  pares- 
ge  que  están  secas  ó  como  chamuscadas; 
é  assi  aunque  esté  entre  mucha  espessura 
de  árboles ,  se  conosge  y  es  muy  diferen- 
(íiado  entre  todos  ellos.  Echa  una  fructa 
morada  prolongada  é  tamaña,  como  el 
trecho  que  hay  en  un  dedo  de  coyuntu- 
ra á  coyuntura ;  pero  no  tan  gruessa  co- 
mo el  dedo ,  sino  poco  mas  que  un  cañón 
de  una  pluma  de  un  buytre.  De  dentro  es 
blanca  como  leche  é  gumosa,  é  quando 
se  come,  es  aquello  de  dentro  como  leche 
o  gumosa  ,  mas  espessa  que  leche  y  pe- 
gajosa. Estos  árboles  en  esta  Isla  Espa- 
ñola é  otras  llevan  esta  fructa ,  como  he 
dicho.  En  la  Tierra-Firme  esta  fructa  del 
caymito  es  redonda  é  tamaña  como  una 


pelota  de  jugar  á  la  pelota  chica  ó  poco 
menor,  y  esta  es  la  diferencia  que  hay 
en  esta  fructa  de  aqui  á  la  de  los  caymi- 
tos  de  la  Tierra-Firme :  en  lo  demás  el 
árbol  é  la  hoja  é  todo  lo  que  es  dicho,  es 
de  una  misma  manera.  Fructa  es  sana  é 
de  buena  digestión ,  y  en  estas  plagas  de 
Sancto  Domingo  se  vende  harta  della  en 
el  tiempo  que  la  hay.  La  madera  de  este 
árbol  es  regia  é  buena  para  labrar,  si  la 
cortan  en  menguante  é  la  dexan  algunos 
meses  curar,  é  que  no  se  labre  verde, 
segund  digen  carpinteros  é  los  maestros 
de  tal  arte.  Una  propriedad  tienen  las 
hojas  deste  árbol  muy  singular,  y  es 
que  aquella  parte  dellas  que  paresge 
seca  (é  no  lo  es),  sino  leonada,  es 
algo  vellosa ,  é  á  quien  con  aquella 
parte  se  acostumbrare  á  estregar  los 
dientes  ,  se  los  limpiará ,  é  páralos  muy 
blancos. 


CAPITULO  IV. 

Del  árbol  llamado  higiiero.  El  acento  de  la  letra  u  ha  de  ser  luengo,  ó  de  espacio  dicho,  de  manera  que  no 

se  pronuncien  breve,  ni  juntamente  estas  tres  letras  gue,  sino  que  se  detenga  poquita  cosa  enlrelaw  y  la  e, 

é  diga  hi..gu..ero.  Digo  esto,  porque  el  letor  no  entienda  higuero,  ó  higuera  de  higos. 


iIigÜero  es  árbol  grande ,  como  los  mo- 
rales de  Castilla  é  mas  é  menos.  La  fruc- 
ta que  llevan,  son  gierta  manera  de  cala- 
bagas  redondas  é  algunas  prolongadas:  é 
las  redondas  son  muy  redondas ,  de  las 
quales  los  indios  hagen  tagas  é  otras  va- 
sijas, para  beber  é  otros  servigios.  El  palo 
ó  madera  deste  árbol  es  regio  é  bueno 
para  sillas  de  caderas  y  de  las  pequeñas, 
é  para  fustes  de  sillas  ginetas  é  otras  co- 
sas. Es  flexible  ó  correoso  é  fuerte,   é 


paresge  en  el  pelo  ,  después  de  labrado, 
granado  ó  espino.  La  hoja  deste  árbol  es 
luenga  y  estrecha ,  é  lo  mas  ancho  della 
es  en  el  extremo  ó  en  la  punta ,  é  desde 
ella  va  disminuyendo  para  abaxo  ai  pe- 
gón, donde  está  assi  asida,  como  aqui 
la  debuxo.  Comen  los  indios,  aviendo 
nesgessidad ,  esta  fructa ,  digo  lo  de 
dentro  della ,  lo  qual  es  de  la  misma 
manera  que  la  calabaga  quaxada ,  quando 
está  verde :  curándolas  y  sacándoles  lo 


196 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


de  dentro ,  para  hager  algún  vaso  de  la 
higuera,  le  queda  al  tal  vaso  el  lustre  é 
manera  de  calabaga ,  é  no  son  otra  cosa 
sino  calabazas  de  la  forma  ó  género  que 
he  dicho.  Esta  fructa  ó  calabagas  son  tan 
grandes  las  mayores,  como  una  olla  que 
quepa  dos  agumbres  é  mas  de  agua ,  é  de 
alli  para  abaxo  hasta  no  ser  mayores  que 
un  puño  gerrado ;  é  assi  hagen  della  sus 
vasijas  del  tamaño  que  lo  sufre  la  gran- 
deza de  cada  una.  Estos  árboles  son  co- 
munes é  ordinarios  en  esta  y  en  todas  las 
islas  é  Tierra-Firme  destas  Indias.  Mas 
porque  en  algunas  provingias  los  vasos 
que  desta  fructa  ó  calabagas  se  hagen,  son 
pregiosos  é  lindos ,  y  demás  desso  hay 
otra  diferengia  misteriosa  en  las  hojas ,  é 
en  la  primera  impression  prometí  de  lo 
degir  en  la  segunda  parte  desta  Historia 
General  de  Indias  y  paresgiéndome  des- 
pués que  es  mejor  que  estas  materias  es- 
ten  juntas ,  dixe  en  el  prohemio  deste 
libro  VIII  que  en  él  diria  lo  que  tocasse 
á  la  Tierra-Firme.  Y  cumpliendo  mi  pa- 
labra ,  digo  que  la  común  hoja  del  hi- 
güero  es  luenga  y  estrecha,  y  lo  mas  an- 
cho della  es  en  el  extremo  ó  fin  de  la 
hoja ,  é  desde  alli  va  disminuyendo  para 
abaxo  al  pegón  do  está  asida ,  segund  se 
dixo  de  suso ,  é  aqui  se  ve  patente  en 


esta  [Lám.  3.'  fig.  3.').  Mas  hay  otros  hi- 
güeros  en  la  Tierra-Firme  diferengiados, 
no  en  el  fructo ,.  ni  en  cosa  de  lo  ques 
dicho ,  sino  solamente  en  la  hoja  ,  ques 
desta  manera  [Lám.  3."  fig.  4.") ,  hecha 
una  cruz  cada  una  hoja ,  como  aqui  yo 
la  he  debuxado ;  porque  me  paresge  un 
notable  muy  señalado,  en  que  paresge  el 
testimonio  de  la  Cruz ,  é  que  no  la  han 
podido  ignorar  estas  gentes.  Estos  árboles 
higüeros  que  tienen  las  hojas  todas  fe- 
chas cruges,  he  yo  visto  en  la  provingia 
de  Nicaragua  ,  é  señaladamente  en  Na- 
grando,  donde  está  la  cibdad  de  León,  é 
otras  partes  de  aquella  tierra  ;  y  maravi- 
llado yo  destas  hojas ,  cogí  algunas  para 
las  mostrar  en  España,  como  las  mostré, 
y  aun  al  pressente  están  algunas  dellas  en 
mi  poder.  Pero  donde  he  dicho  hay  mu- 
chos árboles  destos,  y  alli  en  Nicaragua 
llaman  á  este  árbol  guacal ,  y  los  vasos 
presgiosos  de  las  higueras  se  hallaron  en 
el  Darien  y  en  el  golpho  de  Urabá,  con  sus 
asideros  ó  asas  de  oro  en  estas  higueras, 
y  ellas  tan  lindas ,  que  sin  dubda  ni  re- 
proche se  podía  dar  de   beber   con   las 
tales  higueras  á  qualquier  rey  poderoso. 
Y  estas  venían  por  aquel  rio  grande  de 
Sanct  Johan ,  que  entra  en   el  golpho 
de  Urabá ,  por  vía  de  comergio. 


CAPITULO   V. 


Del  árbol  llamado  xagua ,  y  de  su  fructa  y  de  la  tinta  que  se  ha5e  della. 


A.AGUA  es  un  árbol  hermoso  y  alto ,  y  he 
visto  hager  del  y  he  tenido  hermosas  as- 
tas de  langas,  tan  luengas  é  gruesas  como 
las  quieren  hager:  es  madera  mas  pessa- 
da  que  el  fresno,  y  muy  común  en  esta 
isla  é  otras  y  en  la  Tierra-Firme.  Son 
árboles  altos  é  derechos  é  de  la  forma  de 
los  fresnos ;  hermosos  en  la  vista ,  é  las 
astas  que  se  hagen  son  de  linda  tez  é  co- 
lor entre  pardo  é  leonado  sobre  blanco. 


En  esta  isla ,  aunque  hay  árboles  destos, 
no  son  tantos  ni  tales ,  como  en  Tierra- 
Firme,  en  la  provingia  de  Cueva  ó  Casti- 
lla del  Oro ,  para  hagerse  las  astas  que 
he  dicho.  Echa  una  fructa  tan  grande 
como  dormideras,  é  muy  semejante  á 
ellas ,  salvo  en  las  coronillas ,  que  la  xa- 
gua no  las  tiene.  Es  buena  de  comer 
quando  está  madura  é  sagonada  ;  de  la 
qual  fructa  se  saca  agua  muy  clara ,  con 


DE  L\DIAS.  LIB.  VIH.  CAP.  V. 


go- 


la qual  los  indios  é  indias  se  lavan  las 
piernas,  é  á  veges  toda  la  persona,  quan- 
do  sienten  las  carnes  floxas  del  cansan- 
gio.  É  también  por  su  placer  se  pintan 
con  esta  agua,  la  qual,  demás  de  ser  su 
propria  virtud  apretar  é  restringuir  poco 
á  poco ,  se  torna  tan  negro  todo  lo  que 
la  dicha  agua  ha  tocado,  como  un  fino  é 
polido  agabache ,  ó  mas  negro  :  la  qual 
tinta  por  cosa  alguna  no  se  puede  quitar, 
sin  que  passen  quinge  ó  veynte  dias  ó 
mas;  é  muchas  veges  lo  que  toca  en  las 
uñas,  nunca  dexa  de  ser  negro  hasta  que 
se  mudan ,  ó  cortándolas  poco  á  poco, 
como  van  cresgiendo  é  se  acaba  de  mu- 
dar toda ,  si  una  vez  la  dexan  enxugar 
en  el  agua  de  la  xagua  después  de  pues- 
ta :  lo  qual  yo  he  algunas  veges  probado, 
porque  los  que  en  Tierra-Firme  avemos 
andado  en  la  guerra,   d   trabaxado  en 
aquellas  parles,  á  causa  de  los  muchos 
rios  que  se  passan ,  es  muy  provechosa 
la  xagua  para  las  piernas ,  porque  como 
he  dicho ,  aprieta. 

Suélensse  hager  burlas  á  mugeres,  ro- 
giándolas  descuydadamente  con  agua  de 


xagua,  mezclada  con  otras  aguas  oloro- 
sas ;  porque  desde  á  poco  les  salen  mas 
lunares  de  los  que  querrían ,  é  la  que  no 
sabe  el  secreto  ó  de  qué  causa  le  proge- 
den  las  tales  manchas,  pénenla  en  con- 
goxa  de  buscar  remedios ;  todos  los  qua- 
les  son  dañosos  é  aparejados  mas  para 
se  quemar  é  desollar  el  rostro  ó  pecho, 
do  estovieren  tales  mangillas  ó  lunares, 
que  no  para  guaresger  dellos,  hasta  que 
hagan  su  curso  é  passen  los  veynte  dias, 
segund  dixe  de  suso ,  é  poco  á  poco  por 
sí  misma  se  vaya  quitando  la  tinta. 

Quando  los  indios  han  de  yr  á  pelear, 
en  la  Tierra-Firme,  píntanse  con  esta  xa- 
gua é  con  la  bixa,  que  es  otra  pintura 
roxa  á  manera  de  almagre  ( pero  mas  fi- 
na color  de  roxo).  Y  también  las  indias 
se  afeytan,  quando  quieren  bien  paresger, 
con  la  una  ó  con  entrambas  colores;  y 
en  la  verdad  á  mis  ojos  poco  mejor  pa- 
resgen  que  diablos,  quando  assi  están 
afeytadas  ó  ellos  pintados.  Y  demás  de  ser 
la  bixa  pegajosa ,  mezclan  con  ella  gier- 
tas  gomas,  porque  pegue  mejor,  y.  huelen 
mal  y  á  los  indios  les  es  grato  aquel  olor. 


/ 


CAPITULO  VL 

De  la  bixa.  Esle  no  es  árbol ,  sino  planta  ó  arbusto,   é  por  sí  mismo  é  de  la  natura  producido,  como  son 
todos  los  q_ue  he  dicho ,  y  también  los  plantan  los  indios. 


JOixA.  Este  es  arbusto  ó  planta,  produ- 
gido  de  sí  mismo  por  industria  é  obra  de 
la  natura,  como  todos  los  que  he  dicho. 
Pero  también  este  é  los  otros  los  plantan 
los  indios,  quando  quieren;  y  puse  aqui 
este,  porque  vino  á  propóssito  de  lapin-w 
tura  de  los  indios  con  la  bixaé  la  xagua. 
Esta  planta  ó  bixa  hay  en  esta  é  las  otras 
islas  é  en  la  Tierra-Firme,  é  son  tan  al- 
ias como  estado  y  medio  de  hombre,  ó 
poco  mas  ó  menos.  Tiene  la  hoja  quassi 
de  la  manera  del  algodón ,  y  echa  unos 

iructos  en  capullos  que  quieren  paresger 
TOMO  1. 


á  los  del  algodón ,  salvo  que  por  de  fuera 
tienen  un  vello  grosezuelo,  por  giertas 
venas  que  de  fuera  señalan  los  aparta- 
mientos ó  partes  que  de  dentro  tiene  el 
capullo ,  dentro  del  qual  están  unos  gra- 
nos colorados,  ó  roxos,  que  se  pegan 
como  gera  ó  mas  viscosos ;  é  de  aquellos 
hagenunas  pelotas  los  indios  con  que  des- 
pués se  pintan  las  caras,  é  lo  mezclan  con 
giertas  gomas,  é  se  hagen  unas  pinturas 
como  bermellón  fino ,  é  de  aquella  color 
se  pintan  las  caras  y  el  cuerpo,  de  tan 

buena  gragia  que  paresgen  al  mismo  dia- 
38 


298 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


blo.  É  las  indias  hagen  lo  mismo,  quando 
quieren  hager  sus  fiestas  é  areytos  ó  bay- 
les  ,  y  los  indios,  quando  quieren  pares- 
ger  bien ,  é  quando  van  á  pelear ,  por 
paresger  feroges.  Después  aquesta  bixa  es 
muy  mala  de  quitar  hasta  que  passan 
muchos  dias ;  mas  aprieta  mucho  las  car- 
nes é  digen  que  se  hallan  muy  bien  con 
ella ,  é  aun  tiene  un  bien  ó  sirve  á  los  in- 
dios en  esto :  que  quando  están  assi  pin- 
tados ,  aunque  los  hieran ,  como  es  la 
pintura  colorada  é  de  la  color  que  le  sale 
la  sangre ,  no  desmayan  tanto  como  los 
que  no  están  pintados  de  aquella  color 
roxa  ó  sanguina ;  y  ellos  atribúyenlo  á  la 
virtud  de  la  bixa ,  é  no  es  sino  por  ser 
assi  de  color  sanguina ,  con  la  qual  no 
paresge  tanta  la  sangre,  como  se  paresge 
en  otro  indio  que  no  estéembixado.  Ella 
es  pintura  que,  demás  de  su  mal  paresger, 
no  tiene  buen  olor ,  á  causa  de  las  gomas 
ó  cosas  con  que  la  mezclan.  Mas  para 
pelear  é  mostrarse  feroges  en  la  batalla  se 
pintan  de  tal  color;  y  no  debemos  mucho 
maravillarnos  de  aquesto ,  pues  los  ro- 
manos, quando  triunphaban,  yban  en  el 
carro  en  silla  dorada ,  con  vestidura  pal- 
mada y  el  rostro  tinto  de  roxo,  á  imita- 
gion  del  elemento  del  fuego.  Assi  lo  dige 
Ghripstóphoro  Landino  *  en  la  exposigion 


ó  comento  que  hizo  á  la  Comedía  del 
Dante.  De  manera  que  estas  gentes  salva- 
jes de  acá  ya  tovieron  á  quien  imitassen 
en  Roma,  con  estas  desvariadas  pinturas; 
y  no  solamente  los  romanos  antiguos  tu- 
vieron tales  costumbres ,  pero  los  britá- 
nicos ó  ingleses  mas  complidamente,  pues 
todos  solian  teñirse  con  gierto  ungüento 
de  color  bixio  ó  colorado ,  porque  daba 
mas  horrible  aspecto  en  el  combatir.  Assi 
lo  escribe  aquel  grand  Julio  Qésar  en  sus 
Comentarios  ^ :  é  aun  otros  vigios  escribe 
destos  ingleses  de  tanta  é  mas  admiragion 
que  los  errores  de  los  indios,  pues  dige 
el  mismo  César  que  diez  é  doge  dellos 
tenian  una  muger  común,  mayormente 
hermanos  con  hermanos  é  padres  con  hi- 
jos ;  é  quando  los  hijos  nasgian,  eran  te- 
nidos por  de  aquel  que  primero  avia  to- 
cado la  esposa.  Por  gierto  peores  cosas  ó 
semejantes ,  ó  ninguna  como  esta  he  oy- 
do  degir  de  gente  del  mundo ,  ni  he  ley- 
do  ni  visto  tan  extraña  é  salvaje  costum- 
bre en  alguna  generagion  de  todo  lo  que 
se  ha  usado  ó  usa  en  el  mundo. — Torne- 
mos á  la  historia  de  Indias.  Digo  que  es- 
ta bixa  es  color  estimada  acá  entre  estas 
gentes  desta  isla  é  otras  muchas  en  la 
Tierra-Firme,  para  los  efetos  que  tengo 
dicho. 


CAPITULO  VIL 


Del  árbol  llamado  guaguma  é  de  su  frucla. 


Ijuaguma  es  un  árbol  grande  que  echa 
una  fructa  como  moras,  é  quassi  es  la  ho- 
ja como  la  del  moral,  pero  menor.  É  ha- 
gen  los  indios  un  bevraje  desta  fructa 
que  engordan  con  él  como  puercos;  é 
para  esto ,  echan  la  fructa  en  agua  é  de 
aquella,  mezclada  con  esta  fructa  majada. 


se  hage  aquel  bevraje ,  y  en  pocos  dias, 
usándolo,  se  paran  gordos  los  indios,  é 
aun  los  caballos,  quando  lo  quieren  be- 
ber, porque  otros  no  lo  quieren.  La  ma- 
dera de  aquestos  árboles  es  liviana  mu- 
cho ,  é  de  ella  hagen  los  indios  en  la  Tier- 
ra-Firme los  palos  ó  bastones  de  carga, 


i    Chripstóphoro  Landino ,  sobre  el  canto  XXIX 
del  Purgatorio  de  la  Divina  Comedia. 


2    Comcnlarios  de  ^csar ,  libro  V. 


DE  INDIAS.  LIB.  YIII.  CAP.  VII. 


como  se  dirá  en  su  lugar ,  ó  como  lo  di- 
xe  en  el  libro  pregedente,  capítulo  IX. 
Este  árbol  es  común  en  todas  las  Indias: 
digo  común ,  porque  se  halla  en  estas  is- 
las y  en  la  Tierra-Firme ,  y  es  uno  de  los 
mejores  árboles  ó  leña  que  se  puede  ha- 
llar ,  para  hager  pólvora  muy  buena  :  lo 
qual  yo  he  experimentado  para  la  muni- 


299 

Qion  desta  fortaleza  de  la  cibdad  de  Sáne- 
lo Domingo  ,  y  polvoristas  que  muy  bien 
lo  entienden,  digen  que  ninguna  madera 
hay  tal  en  todo  lo  que  han  visto  como 
esta,  para  hager  una  pólvora  la  mejor  que 
pueda  ser ,  aunque  se  haga  del  salge  de 
Alemania ,  ni  de  sarmientos  ni  vergas  de 
avellano. 


CAPITULO  VIII. 


Del  árbol  llamado  guama  é  de  su  fracta. 


Ijüama  es  un  árbol  grande  é  de  la  mas 
común  é  abundante  madera  que  hay  en 
esta  Isla  Española ,  é  de  la  que  mas  se 
gasta,  á  causa  de  los  cogimientos  de  las 
calderas  en  que  se  cuege  el  agúcar  en  los 
ingenios ;  porque  es  madera,  de  que  se 
halla  mucha  cantidad  é  grandes  árbo- 
les é  de  buena  lumbre ,  é  no  pesada  ó 
mala  la  lumbre  ó  resplandor  de  ella, 
ni  regia  de  comportar  á  la  cabega.  Su 
fructa  es  como  unas  algarrovas  anchas 
é  mayores  que  las  de  España  é  quas- 
si  del  sabor  dellas.  Los  indios  las  so- 


lian  comer ,  y  aun  los  chripstianos,  con 
nesgessidad.  Yo  la  he  visto  muchas  ve- 
ges  esta  fructa  y  la  he  probado ;  pero 
parésgeme  ques  mas  para  los  gatos  mo- 
nillos que  no  para  hombres.  Hay  la  assi 
mismo  esta  fructa  é  árboles  en  otras  is- 
las ,  y  en  la  Tierra-Firme :  tiene  den- 
tro de  aquellas  vaynas  que  hage  unos 
granos  tamaños  como  avellanas,  cubier- 
tos de  una  poca  de  carnosidad  blanca  é 
de  buen  sabor,  é  una  pepita  mas  inte- 
rior; mas  aquella  pepita  no  se  come,  por- 
que amarga. 


CAPITULO  IX. 


De  los  árboles  é  fructas  llamados  hicacos. 


JtiiCACO  es  un  árbol  que  en  la  hoja  quie- 
re paresger  mucho  al  madroño,  y  muy 
desemejante  en  la  fructa.  El  árbol  no  es 
mayor  que  el  del  madroño :  la  fructa  del 
hicaco  es  unas  manganas  pequeñas:  al- 
gunas son  blancas  é  algunas  coloradas  ó 
roxas,  é  otras  quassi  negras.  No  es  de  las 
muy  buenas  fructas ,  ni  tampoco  es  mala, 
ni  dañosa.  El  cuesco  es  grande,  segund  la 
poca  cantidad  del  fructo  (porque  es  poco 
lo  que  hay  que  comer),  é  háse  de  despe- 
gar royendo  bien ,  é  por  tanto  no  es  buen 
manjar  para  las  engias.  Aquella  poca  car- 


nosidad que  tiene  de  comer  es  blanca 
mucho ,  é  nunca  se  despega  tan  presto 
que  no  sea  menester  volver  á  ello,  quassi 
rumiando,  para  despojar  el  cuesco.  La  tez 
desta  fructa  ó  cortega  tiene  alguna  simi- 
litud con  la  piel  de  la  cara  de  las  monas; 
porque  por  moga  que  sea  la  mona  pa- 
resge  vieja  en  las  rugas ,  y  assi  las  man- 
ganas destos  hicacos  ó  fructa  siempre  es- 
tán llenas  de  rugas  por  frescas  quesean. 
Son  buenos  los  hicacos  para  fluxo  de 
vientre,  y  es  árbol  salvaje  este  y  todos 
los  que  he  dicho  en  este  libro  VIII,  na- 


3ao 


HISTORIA  GEiNERAL  Y  NATURAL 


turales  en  esta  é  otras  muchas  islas  y  en 
la  Tierra-Firme;  y  ellos  se  nasgen  por 
sí ,  é  hinchen  parte  de  los  boscajes  é  sel- 
vas ,  aunque  algunos  dellos  también  se 
cultivan,  é  hombres  que  se  deleytan  de 
toda  agricoltura,  los  labran  é  hágense  de 


mejor  fructa.  Son  amigos  estos  árboles 
del  ayre  de  la  mar ,  é  por  la  mayor  par- 
te siempre  se  hallan  gerca  de  la  costa  de 
la  mar,  ó  no  muy  desviados  della;  y  assi 
se  hagen  en  tierras  muy  livianas  ó  are- 
nales. 


CAPITULO  X. 


Del  árbol  llamado  yaruma  é  de  su  fructa. 


jL  arüma  es  un  árbol  muy  grande  é  á 
manera  de  higuera  loca ,  é  tiene  muy 
grandes  é  trepadas  hojas ,  mayores  que 
las  de  las  higueras  de  España,  é  quié- 
renles  imitar  en  la  hoja.  Echan  una  fruc- 
ta tan  larga ,  como  un  dedo  de  la  mano 
que  paresge  lombriz  gruessa :  é  es  dulge 
esta  fructa,  é  es  tan  grande  este  árbol 
como  un  mediano  nogal ,  é  algunos  des- 
tos  árboles  son  tamaños,  como  nogales 
grandes.  La  madera  no  es  buena,  porque 
es  hviana  é  hueca  é  frágil.  Eslimaban 
mucho  los  indios  aquestos  árboles  é  de- 
gian  que  eran  buenos  para  curarsse  de  las 
llagas :  lo  qual  yo  no  he  visto  experimen- 
tar, como  otras  cosas  que  se  dirán  en 
su  lugar ,  ni  he  dexado  de  oyr  á  chrips- 
tianos,  hombres  de  crédito,  lo  que  he  di- 


cho ,  é  loándolos ,  é  aun  gertificándome 
que  ellos  lo  avian  experimentado  en  sus 
perssonas.  E  digen  que  es  como  un  cáus- 
tico ,  é  que  majados  los  cogollos  tiernos 
de  las  puntas  de  las  ramas  deste  árbol, 
los  han  de  poner  sobre  la  llaga ,  é  aun- 
que sea  vieja,  le  comen  la  carne  mala,  é 
la  ponen  en  lo  vivo  é  sano  é  la  desenco- 
nan ,  é  continuándolo ,  la  encueran  é  to- 
talmente sanan  la  llaga.  Hombres  hay  en 
esta  cibdad  fidedignos  que  afirman  ha- 
berlo hecho  assi  é  sanado.  Árboles  son 
estos  de  que  hay  muchos,  assi  en  esta 
isla  como  en  otras  muchas,  é  en  la  Tierra- 
Firme  ,  é  son  de  buena  sombra  é  gentil 
paresger.  Las  hojas  son  por  la  una  parte 
verdes ,  é  de  la  otra  tienen  una  color  de 
pardo  claro  que  quiere  paresger  blanco. 


CAPITULO   XL 


Del  árbol  llamado  macagua ,  é  de  su  fructa  é  madera. 


ItJIacagüa  es  un  gentil  é  grande  árbol. 
Su  fructa  es  como  aceytunas  pequeñas: 
el  sabor  es  como  de  geregas.  La  madera 
deste  árbol  es  muy  buena  para  labrar: 
tiene  la  hoja  muy  verde  é  fresca.  É  por- 
que muchos  de  los  árboles  destas  partes 
se  paresgen  en  la  hoja,  dexo  de  degir  en 
algunos  qué  particularidades  tienen  en 
las  hojas,  salvo  en  los  que  las  tienen  ex- 
tremadas, ó  muy  diferentes  de  los  otros. 


Porque  mejor  se  entienda ,  quiero  degií* 
que  en  estas  Indias  hay  millones  de  ár- 
boles que  tienen  las  hojas  muy  semejan- 
tes, é  de  la  manera  que  el  nogal,  salvo 
que  ó  son  mayores  ó  menores,  ó  algo 
mas  ó  menos  anchas ,  ó  mas  gruessas  ó 
delgadas ,  ó  mas  ó  menos  verdes ;  é  de- 
baxo  desta  generalidad  se  paresgen  mu- 
chos árboles  unos  á  otros ,  non  obstante 
lo  qual ,  los  hombres  del  campo  que  trac-> 


DE  INDIAS.  LIB.  VÍII.  CAP.  XI. 


3at 


táii  éstas  cosas,  los  saben  destinguir  é 
conosger,  ó  en  la  cortega  ó  espessu- 
ra  de  las  hojas ,  ó  en  la  fructa ,  ó  en  la 


flor  é  otras  particularidades,  en  que  se 
apartan  é  diferengian  é  se  dan  á  co- 
nosger. 


CAPITULO  XII. 


Del  árbol  aguba  é  de  su   exlremada  frucla. 


AguBA  es  árbol  gentil  é  grande:  su 
frucla  es  extremada  ó  apartada  de  todas 
las  que  yo  he  visto :  sabe  á  germeñas ,  y 
sale  della  tanta  leche  (é  muy  pegajosa) 
que  para  la  comer  han  de  echar  la  fructa 
en  agua  é  alli  estrujarla  entre  los  dedos, 
para  que  no  se  pegue  á  los  labios.  Y  es 
aquella  leche,  como  la  que  les  sale  á  los 
higos  verdes  por  los  pegones,  é  aun  mas 


enojosa ;  y  echándosse ,  como  he  dicho 
en  agua,  y  estrujando  el  fructo  ó  expri- 
miéndole ,  luego  aquella  leche  se  despi- 
de ó  se  cae  en  el  agua,  é  es  de  muy 
gentil  gusto  la  fructa.  Estos  árboles  son 
grandes  y  es  una  de  las  mejores  made- 
ras que  hay  en  esta  Isla  Española ,  é  mas 
regia  é  fuerte;  y  también  los  hay  en  otras 
islas  muchas  y  en  la  Tierra-Firme. 


CAPITULO  XIII. 


í)el  árbol  llamado  guiabara ,  que  los  chripstianos  llaman  uvero. 


U  VERO  llaman  los  chripstianos  al  árbol 
que  los  indios  llaman  guiabara.  Este  es 
buen  árbol  é  de  gentil  madera ,  en  espe- 
gial  para  hager  carbón  para  los  herreros 
é  plateros  é  otros  ofigios ;  y  cómo  son 
árboles  copados  y  extendidos  en  ramas 
y  no  derechas,  aunque  son  gruessas  y 
es  regia  la  madera,  no  son  para  fábricas 
de  casas,  sino  para  tajones  ó  gepos  de 
carnigerias  é  otras  cosas ,  porque  vigas 
ni  alfarxias  no  se  pueden  sacar  destos 
árboles.  Es  la  madera  muy  semejante  á 
la  del  madroño ,  é  assi  colorada;  pero  es 
mas  regia.  La  fructa  son  unos  ragimosde 
unas  uvas  ralas  desviadas  unas  de  otras, 
é  de  color  como  rosado  ó  moradas  é  bue- 
nas de  comer,  aunque  el  cuesco  que 
tienen  es  muy  grande,  segund  el  tamaño 
de  las  uvas  ó  granos  é  lo  poco  que  tie- 
nen que  comer;  é  los  mas  gordos  son 
como  avellanas  con  cascara.  Tienen  la 
hoja  de  la  manera  que  aqui  está  debuxa- 


da  [Lám.  3.',  fig.  5.'),  la  qual  por  ser 
tan  diferente  é  señalada  hoja  entre  todas 
las  otras ,  la  pusse  aqui.  Es  la  mayor  ho- 
ja destas  como  un  palmo  de  ancho  ó  algo 
mas,  é  de  ahy  abaxo  menores.  En  el 
tiempo  que  en  esta  isla  é  otras ,  é  aun  en 
la  Tierra-Firme,  se  continuaba  la  guerra, 
cómo  no  traian  los  chripstianos  á  la  ma- 
no el  papel  é  tinta ,  servíansse  destas 
hojas,  como  lo  higieran  de  papel  é  tinta. 
Esta  hoja  es  verde  é  gruessa ,  é  tan  gor- 
da como  dos  hojas  juntas  de  yedra ;  é  las 
venas  son  coloradas  ó  moradas  é  delga- 
das, é  con  un  alfiler  ó  un  cabo  de  agu- 
jeta se  puede  escrebir  lo  que  quissieren 
en  estas  hojas  del  un  cabo  é  del  otro,  es- 
lando  verdes  é  cortadas  del  árbol  aquel 
dia :  é  las  letras  paresgen  blancas  rascu- 
ñadas é  tan  diferentes  de  la  tez  de  la  ho- 
ja que  queda  entre  las  letras ,  que  es  muy 
legible  é  clara  letra  la  que  en  estas  hojas 
assi  sehage.  É  assi  escripias  las  hojas,  en- 


302 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


viábanlas  con  un  indio ,  donde  los  espa- 
ñoles se  las  mandaban  llevar;  é  va  bien 
escriplo  de  una  parte  é  otra  sin  que  se 
horade  la  hoja.  Aquellas  venas  que 
tienen  ,   aunque   el   lomo  de    enmedio 


que  subgede  derecho  del  pegón  es  al- 
go groseguelo,  las  otras  ramas  ó  ve- 
nas todas  son  delgadas,  y  de  manera 
que  no  dan  empacho  ni  estorbo  al  es- 
crebir. 


CAPITULO  XIV. 


Del  árbol  llamado  copey ,  en  las  hojas  del  qual  pueden  assi  mismo  escrebir. 


\_j0PEY  es  un  árbol  muy  bueno  é  de 
gentil  madera ,  é  tiene  la  hoja  assi  como 
se  dixo  en  el  capítulo  de  suso  del  árbol 
guiabara  ó  uvero.  Mas  el  copey  es  mayor 
árbol  mucho ,  é  la  hoja  menor  que  la  del 
guiabara;  pero  es  mas  gruessa  doblada- 
mente é  mejor,  ó  mas  apta  para  escrebir 
en  ella  de  la  manera,  que  tengo  dicho  en 
el  capítulo  antes  deste,  con  un  alfiler  ó  un 
cabo  de  una  agujeta :  é  las  venas  destas 
hojas  son  mas  delgadas  é  no  empachan 
tanto,  al  escrebir,  como  las  de  suso.  Y  en 
aquellos  primeros  tiempos  de  conquista 
desta  é  otras  islas  hagian  los  chripstianos 
naypes  de  las  hojas  del  copey,  para  jugar 


con  ellos ,  é  se  perdían  é  ganaban  asaz 
dineros  con  tales  naypes ,  por  no  tener 
otros  mejores,  y  en  estas  hojas  debuxa- 
ban  los  reyes  y  caballeros  é  sotas  é  pun- 
tos, é  todas  las  otras  figuras  é  valores 
que  suele  aver  en  los  naypes ,  como  yo 
pinté  aqui  estos  ginco  oros  [Lámina  3.*, 
figura  6." ).  Y  cómo  son  gruesas  estas 
hojas,  sufríen  muy  bien  lo  que  en  ellas 
assi  se  pintaba ;  y  el  baraxarlas ,  des- 
pués que  las  quadraban  é  hagian  nay- 
pes, no  las  rompía.  La  fructa  deste  ár- 
bol no  la  he  visto,  aunque  he  visto 
muchas  veges  las  hojas  é  los  mismos  ár- 
boles. 


CAPITULO  XV. 


Del  árbol  llamado  gaguey  é  su  frucla. 


VIagüey  es  un  árbol  que  echa  una  fruc- 
ta, como  higos ,  y  no  mayor  que  avella- 
nas; y  de  dentro  es  como  un  higo  de 
Castilla ,  blanco ,  é  lleno  de  unos  grani- 
ces menudíssimos  y  de  buen  sabor.  Este 
árbol ,  aunque  su  madera  no  es  de  las 
buenas,  no  es  inútil,  porque  de  las  cor- 
tegas  del  se  hagian  en  el  tiempo  passado 
sogas  é  cuerdas  por  los  indios  é  aun  los 


chripstianos ,  é  assi  mismo  alpargates, 
quando  les  faltaban  los  de  cáñamo  ó  no 
venían  de  Castilla:  y  aunque  viniessen, 
eran  harto  buenos  los  que  se  hagian  de 
las  cortegas  destos  árboles,  é  turaban 
mucho.  La  verdad  es  que  ninguna  cosa 
cria  natura  superfina  ó  sin  algún  prove- 
cho, y  si  para  unas  cosas  no  sirven  otras, 
es  por  no  saberlas  aplicar. 


m  INDIAS.  LIB.  Yin.  CAP.  XVI. 


303 


CAPITULO  XVI. 


Del  árbol  que  los  indios  llaman  9¡bucan  é  de  su  frucla. 


ViiBüCAN  es  un  árbol  de  los  buenos  que 
hay  en  estas  partes ,  el  qual  tiene  la  hoja 
como  salge ,  y  echa  una  fructa  como  ave- 
llanas blancas ,  é  de  dentro  della  tiene 
menudíssimos  granitos  que  paresgen  lien- 
dres; pero  aunque  la  comparagion  sea  tal, 
ó  estos  granitos  sean  como  sal  tan  me- 
nudos, como  he  dicho ,  la  fructa  es  dulge: 
é  si  la  comparación  paresge  fea,  díxelo 
assi,  porque  algunos  le  llaman  á  este  man- 
jar la  fructa  ó  árbol  de  las  liendres.  Su 
madera  deste  árbol  es  asaz  buena  ,  é  son 
árboles  frescos  é  que  paresgen  bien.  No 
ha  de  entender  el  letor  por  este  nombre 
gibucan  que  es  aquella  talega  ó  prensa  en 
que  se  exprime  la  yuca,  para  hager  el  pan 
cagabi,  este  árbol,  ni  hecha  del;  porque 
como  estos  indios  eran  cortos  é  lo  son  de 
vocablos,  de  una  misma  manera  llaman 
diverssas  cosas.  Ved  en  esto  qué  tiene 


que  hager  ó  qué  similitud  la  talega  ó 
prensa,  en  que  se  purga  é  escúrrela  yuca, 
rallada  para  hager  el  pan  cagabi,  con  este 
árbol ,  ó  qué  tiene  que  hager  aquel  ani- 
mal maldito  é  menor  que  pulga  que  se 
entra  en  los  pies ,  llamado  nigua,  con  el 
rio  Nigua.  Y  no  es  de  maravillar,  si  entre 
estas  gentes  salvajes  hay  tales  faltas  en  la 
lengua ,  pues  que  el  portugués  al  cuchillo 
llama  faca,  y  á  una  hacanea  assi  mismo  le 
llama  faca;  y  el  castellano,  por  honrar  á 
una  dueña  y  degir  que  es  sabia,  la  llama 
cuerda ,  é  también  llama  cuerda  á  una  de 
un  arco  ó  ballesta,  ú  otra  cuerda  común. 

Y  aun ,  si  queremos  buscar  entre  otras 
lenguas  é  gentes,  se  hallarán  los  mismos 
defectos :  non  obstante  lo  qual,  la  lengua 
y  lenguas  de  los  indios  son  brevíssimas. 

Y  dixe  lenguas,  porque  son  muchas  é  muy 
diferentes  unas  de  otras. 


CAPITULO  XVII. 

Del  árbol  guanábano  é  su  fructa. 


IjcANABANo  cs  uu  árbol  de  gentil  pares- 
ger ,  hermoso ,  grande  é  alto  árbol ,  é  su 
fructa  hermosa  é  grande  ,  como  melones 
en  la  grandeza ,  porque  son  tamañas  las 
guanábanas,  y  verdes;  é  por  de  fuera  tie- 
nen señaladas  unas  escamas,  como  la  pi- 
na, mas  lisas  aquellas  señales  é  no  le- 
vantadas, como  las  de  las  pinas.  Es  fructa 
fria  é  para  quando  hage  calor ,  é  aunque 
se  coma  un  hombre  una  guanábana  en- 
tera, no  le  hará  daño.  El  cuero  ó  cortega 
es  delgado ,  como  el  de  una  pera ,  ó  poco 
mas,  é  la  fructa  é  manjar  de  dentro  es 


como  natas,  ó  manjar  blanco  al  pares- 
ger ,  porque  hage  alguna  correa.  Esta 
comida  ó  manjar  se  deshago  luego  en 
la  boca,  como  agua,  con  un  dulgor  bue- 
no ;  y  entre  aquella  carnosidad  hay 
asaz  pepitas  grandes,  como  las  de  las 
calabagas,  pero  mas  groseguelas,  de  color 
leonadas  escuras.  Son ,  como  he  di- 
cho ,  altos  é  grandes  é  hermosos  árbo- 
les ,  é  muy  frescas  é  verdes  las  hojas,  é 
quassi  de  la  hechura  de  la  hoja  de  la  li- 
ma. La  madera  es  razonable;  pero  no 
regia. 


304 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  XVIII. 


Del  árbol  llamado  hanon  é  su  fructa. 


H^ 


[anón  es  un  árbol,  el  qual  é  su  fructa 
tienen  mucha  semejanza  con  el  guaná- 
bano ,  de  que  se  tracto  en  el  capítulo  an- 
tes deste.  En  grandeza  del  árbol ,  y  en 
la  hoja  y  en  el  talle  y  fagion  de  la  fruc- 
ta,  é  en  el  paresger ,  como  en  la  carno- 
sidad é  pepitas,  se  paresgen  en  gran  ma- 
nera ,  salvo  en  dos  cosas;  y  pues  no  pinté 
de  suso  la  guanábana ,  en  esta  figura  se 
comprende  ella  y  el  hanon  [Lámina  3.", 
fig.  7.').  Pero  el  hanon  es  la  fructa  muy 
mejor,  aunque  es  muy  menor;  y  á  mi  gus- 
to mucha  ventaja  hage  en  el  gusto  el  ha- 
non á  la  guanábana ,  aunque  á  algunos 
oygo  contradegirme ,  ó  porque  tienen  mas 
avinado  el  gusto  que  yo ,  é  lo  gustan  con 
mas  apetito ,  ó  por  ventura  tienen  mas 


áspero  el  paladar ,  ó  sienten  con  mas  ha- 
bilidad que  yo  estas  diferengias.  Bien  es 
verdad  que  yo  mas  amistad  he  tenido  con 
la  fructa  que  con  la  carne ,  ni  otros  man- 
jares. La  guanábana  es  verde,  y  el  ha- 
non es  amarillo ,  y  assi  tiene  la  una  fruc- 
ta como  la  otra  las  escamas  y  el  manjar 
de  dentro ,  aunque  á  mi  paresger  no  tan 
aguanoso  como  la  guanábana ,  sino  algo 
mas  espesso  es  lo  que  se  come ,  é  de  me- 
jor gusto ,  como  he  dicho  ,  si  no  me  en- 
gaño. La  madera  deste  árbol  es  como  la 
del  de  suso,  pero  de  poca  estimagion, 
allende  de  la  fructa ,  por  la  qual  los  in- 
dios en  sus  asientos  é  heredades  los  es- 
timan é  tienen  por  de  los  mejores  árbo- 
les que  ellos  tienen. 


CAPITULO  XIX. 

Del  árbol  llamado  guayabo  é   su  fructa. 


E. 


i\  GUAYABO  es  un  árbol  que  los  indios 
presgian ,  y  hay  mucha  cantidad  destos 
árboles  en  esta  é  otras  islas  é  en  la  Tier- 
ra-Firme, y  es  fructa  de  buen  olor  é  sa- 
bor é  paresge  bien ,  é  la  madera  es  bue- 
na. Hay  muchos  guayabos  salvajes;  pero 
son  menores  que  los  que  se  cultivan,  en 
lo  qual  tienen  mucho  cuydado  los  indios. 
Son  tan  grandes  árboles  estos,  como  los 
naranjos;  pero  mas  ralas  é  despargidas 
las  ramas ,  é  la  hoja  no  tan  verde ,  ni  tan 
grande ;  algo  mayor  que  la  del  laurel  y 
mas  ancha ,  é  mas  gruessa ,  é  mas  levan- 
tadas las  venas.  Son  de  dos  espegies; 
mas  todos  los  guayabos  llevan  una  ma- 
nera de  pomas,  ó  manganas,  prolonga- 
das algunas,  é  otras  redondas.  Unos  ár- 


boles destos  echan  esta  fructa  colorada, 
rosada  por  de  dentro,  é  otras  son  blan- 
cas ;  y  de  fuera  las  unas  y  las  otras  son 
verdes ,  ó  amarillas ,  si  las  dexan  mucho 
madurar:  y  porque  estando  muy  madu- 
ras no  son  de  tan  buen  sabor ,  é  aun  hín- 
chense de  gusanos ,  cógenlos  algo  ver- 
des. Son  algunas  tan  gruessas,  como  gran- 
des camuesas,  é  menores  también;  y 
aunque  estén  verdes  por  de  fuera,  hay  al- 
gunas de  tal  género  que  no  dexan  de  es- 
tar maduras  por  esso.  Son  de  dentro  ma- 
gigas ,  é  divididas  con  gierta  carnosidad" 
en  quatro  quartos  ó  apartamientos  ataja- 
dos de  la  carnosidad ,  que  es  la  que  está 
en  el  gircuyto  de  la  misma  fructa:  y  en 
aquellos    quarterones   está   la    carnosi- 


DE  INDIAS.  LIB.  VIII.  CAP.  XIX. 


305 


dad  desta  fructa,  que  hay  dentro  de- 
llos ,  llena  de  unos  granillos  duríssimos 
y  tráganse,  y  es  buena  fructa  y  de  bue- 
na digestión ;  é  son  buenas  para  el  flu- 
xo  del  vientre ,  é  restriñen,  quando  se 
comen  no  del  todo  maduras,  que  es- 
ten  algo  durillas,  para  que  Qesse  el  fluxo 
del  vientre.  Entre  aquellos  granos  que  he 
dicho  é  la  cortega  tiene  la  carnosidad  tan 
gruessa  como  un  cañón  de  agúcar  é  me- 
nos ,  segund  son  grandes  é  pequeñas ,  é 
de  la  misma  carnosidad  son  aquellos  ata- 
jos ,  é  lo  que  está  entrellos;  mas  los  gra- 
nillos están  dentro  de  los  quarterones. 
Llámasse  esta  mangana  ó  poma  guayaba, 
porque  el  árbol  se  llama  guayabo :  cada 
guayaba  tiene  una  coronilla  de  unas  ho- 
jitas  pequeñas  que  fágilmente  se  le  caen. 
La  cortega  desta  fructa  es  delgada ,  co- 
mo de  una  pera  ó  germeña ,  é  assi  se 
monda.  Es  árbol  de  buena  sombra  é  gen- 
til madera  para  muchas  cosas  menudas, 
é  no  para  vigas ,  ni  estantes  ,  ni  alfar- 
xias ,  porque  las  ramas  y  el  tronco  son 
desviados  é  torgidos.  Tiénesse  acá  esta 
fructa  por  buena ,  y  es  común  en  muchas 
partes  destas  Indias ,  y  mejores  en  unas 
provingias  que  otras ,  puesto  que  por  los 


montes  é  boscajes  se  hallan  estos  ár- 
boles ;  mas  los  que  son  salvajes,  son  pe- 
queños é  la  fructa  pequeña.  Hay  gierto 
género  de  guayabos  que  huele  la  flor 
dellos  como  jazmines  ó  mejor ,  é  quiere 
paresger  la  flor  á  la  del  agahar,  puesto 
que  no  es  tan  gruessa  la  del  guayabo. 
Los  indios  ponen  estos  árboles  en  sus 
heredamientos ,  é  lo  mismo  hagen  los 
chripstianos ;  mas  quien  no  ha  acostum- 
brado á  comer  tal  fructa ,  no  se  agrada- 
rá della,  hasta  que  la  continúe,  por  cau- 
sa de  los  granillos :  que  es  menester  que 
se  vegen  á  tragallos  con  los  otros  traba- 
jos de  estas  partes ;  pero  este  no  lo  es, 
sino  buena  fructa.  Son  árboles  que  pres- 
to envejesgen ,  é  cómo  passan  de  seys 
años  son  viejos,  é  la  fructa  lo  enseña, 
porque  es  menor  cada  año  é  se  va  dis- 
minuyendo en  la .  grandega  della  é  apo- 
cándose, é  aun  el  sabor  siempre  se  em- 
peora é  hage  mas  áspero :  é  por  tanto  son 
de  reponer  ó  plantar  otros  nuevos  gua- 
yabos, y  en  buen  territorio;  porque  es 
árbol  que  reconoge  mucho  la  buena  tier- 
ra y  agradesgido  en  su  fructificar ,  se- 
yendo  bien  cultivado ,  y  pocas  veges  se 
hage  bien  en  las  tierras  delgadas. 


CAPITULO    XX. 

Del  árbol  mamey  d  de  su  fructa,  llamada  assi  mismo  mamey. 


M-. 


AMEY  es  uno  de  los  mas  hermosos  ár- 
boles que  puede  aver  en  el  mundo ,  por- 
que son  grandes  árboles  é  de  muchas  ra- 
mas é  hermosas  é  frescas  hojas ,  é  de  lin- 
do verdor  é  copados  é  de  buena  gragia. 
Son  tan  grandes,  como  nogales  de  Espa- 
ña é  menores;  mas  las  ramas  no  tan 
despargidas  como  nogal,  sino  mas  reco- 
gidas. La  hoja  es  del  tamaño  de  la  del 
nogal ,  ó  mas ,  y  de  la  fagion  que  aqui  está 
debuxada  [Lám.  3.*,  fig.  8.'),  y  es  mas 
verde  de  la  una  parte  que  de  la  otra ,  é 

mas  gruessa  que  la  del  nogal ,  é  tan  luen- 
TOMO  I. 


ga,  como  un  palmo  de  longitud,  é  á  pro- 
porgion  la  latitud  ó  anchura ;  pero  del 
talle  que  aquesta  que  aqui  está  figurada. 
La  fructa  deste  árbol  es  la  mejor  que  hay 
en  esta  Isla  Española :  es  de  muy  buen 
sabor  é  echa  su  fructa  redonda ;  é  muy 
redonda ,  por  la  mayor  parte ,  é  alguna 
algo  mas  prolongada ;  mas  en  lo  general 
todos  tiran  á  redondo,  y  algunos  debaxo 
desta  regla  se  descompassan  é  tienen  bur 
rnjones,  en  espegial  los  que  no  son  de  un 
cuesco,  sino  demás.  Háylostan  grandes 

como  dos  puños  é  como  un  puño  é  meno- 

39 


306 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


res.  La  cortega  es  como  leonada  é  algo 
áspera  é  semejante  á  la  cortC(^a  de  las  pe- 
ragas,  pero  mas  dura  é  mas  espessa.  Al- 
gunos fructos  destos  tienen  un  cuesco  é 
otros  dos,  é  algunos  tres  juntos;  pero  des- 
tintos en  el  medio  del  pomo  ó  fructo  ma- 
mey, á  medida  de  pepitas  cubiertas  con 
una  telilla  delgada ,  é  aquellas  pepitas  de 
la  color  é  tez  de  una  castaña  mondada.  E 
aun  cortándolas,  son  assi  como  castañas 
estas  pepitas  ó  cuescos  en  la  carnosidad, 
é  tan  semejantes  á  castañas  que  no  les  falta 
sino  el  sabor;  el  qual  estas  pepitas  ó  cues- 
cos tienen  amarguíssimo,  como  una  hiél: 
é  sobre  ella ,  como  he  dicho,  está  una  te- 
lilla delgada,  entre  la  qual  é  la  cortega 
primera  está  una  carnosidad  de  color  leo- 
nada ó  quassi,  que  pende  en  amarillo ,  é 
sabe  á  melocotón  ó  duraznos,  ó  es  de 
mejor  sabor ,  salvo  que  no  es  tan  gumo- 
so  como  el  durazno,  ni  huele  assi.  Esta 
carnosidad  que  hay  en  esta  fructa  entre 
la  pepita  é  la  cortega  es  tan  gruessa  co- 
mo medio  dedo,  poco  mas  ó  menos  (en  los 
mayores) ,  é  en  otros  menos  ,  segund  es 
grande  ó  chico  el  mamey.  En  esta  mes- 
ma  fructa  é  árbol  del  mamey  hay  mucha 
diferengia  en  diversas  partes  é  regiones 
destas  Indias ,  y  en  la  primera  impression 
referí  la  materia,  para  quando  hablasse  en 
las  cosas  de  la  Tierra-Firme.  Agora  que 
es  llegado  el  tiempo  é  que  esta  primera 
parte  enmendada  é  acresgentada  se  reim- 
prime (é  también  la  segunda  é  tergera), 
háme  paresgido  que  porque  las  materias 
anden  juntas ,  que  se  pongan  de  manera 
que  el  letor  no  ande  á  buscar  mis  pro- 
mesas ;  sino  que  cada  género  de  cosa  ten- 
ga junta  la  materia ,  é  assi  en  aquesta  del 
mamey  digo  que  en  esta  é  otras  islas  los 
hay  de  la  manera  que  está  dicho  de  su- 
so ,  pero  hay  otros. 

En  la  provingia  de  Bórica,  donde  aques- 
tos árboles  hay  en  mucha  cantidad,  é 
cada  mamey  es  como  un  melón ,  ó  como 
la  cabega  de  un  hombre  é  menores,  é 


tienen  mucho  mas  que  comer  que  los 
destas  islas ,  é  es  mejor  fructa.  Bórica  es 
en  la  gobernagion  de  Castilla  del  Oro,  en 
la  costa  de  la  mar  del  Sur,  mas  al  po- 
niente de  Panamá,  quassi  gient  leguas: 
mas  adelante  al  poniente  en  la  provingia 
de  Nicaragua,  hay  mucha  copia  destos 
árboles,  é  muy  grandes  (y  de  la  misma 
manera  los  hay  en  estotra  costa,  en  la 
provingia  é  gobernagion  de  Honduras):  é 
la  fructa  es  mejor  que  todos  los  mame- 
yes ya  dichos ;  porque  cortada  una  taja- 
da, quien  no  supiere  lo  que  es,  sin  la  ver 
partir  de  la  fructa ,  viéndola  fecha  taja- 
das en  un  plato ,  juzgarla  há  por  carne 
de  membrillos,  de  lo  de  Valengia  muy  bue- 
no ,  aunque  no  sabria  tanto  al  agúcar; 
pero  tiene  un  sabor  presgiosso  é  cordial, 
é  para  tenerse  en  mucho.  La  madera  es 
muy  hermosa ,  é  gruessa  mucho ;  mas  tura 
poco  tiempo ,  é  no  es  fuerte  ni  para  ede- 
figios  ni  fuera  dellos,  porque  estos  árbo- 
les se  envejesgen  presto  é  se  pierden  é 
secan  é  es  menester  plantallos  de  nuevo, 
si  quieren  gogar  de  tales  árboles ,  porque 
no  passan  de  doge  ó  quinge  años  en  su 
bondad.  En  Nicaragua  llaman  los  indios 
al  mamey  gapot ,  é  á  otra  fructa  que  allí 
hay  que  los  chripstianos  llaman  nísperos, 
llaman  los  indios  de  Nicaragua  munonga- 
pot :  la  qual  yo  tengo  por  la  mejor  de  to- 
das las  que  he  visto  en  las  Indias  é  fuera 
deltas ,  como  largamente  lo  diré  adelante 
en  el  capítulo  XXII  deste  VIII  libro.  É 
hay  assi  mismo  en  la  misma  provingia  de 
Nicaragua  otra  fructa  que  los  nuestros  es- 
pañoles llaman  giruelas  sin  lo  ser,  é  los 
indios  la  llaman  ¿cocoí ,  de  la  qual  se  trac- 
tará  en  el  siguiente  capítulo,  porque 
aquella  y  estos  mameyes  son  apropria- 
dos  á  las  llagas  en  gierta  manera ;  é  alli 
se  dirá  de  qué  forma  vino  á  mi  notigia 
tal  secreto ,  lo  qual  yo  supe  de  quien  lo 
tenia  experimentado.  La  pepita  del  ma- 
mey, secada  al  fuego  é  molida,  se  saca 
della  gierto  licor ,  como  ageyte  ó  man- 


DE  IJNDIAS.  LIB.  VIII.  CAP.  XX, 


307 


leca  ,  é  es  muy  buena  para  guisar  de  co- 
mer con  ella,  la  qual  se  cuaja  é  se  hiela 
como  manteca,  y  es  muy  cordial ,  é  sír- 
vense  della  algunos  chripstianos  que  la 
saben  sacar  de  la  manera  que  he  dicho. 


Pero  háse  de  moler  primero  ,  é  puesta  al 
fuego,  sale  aquella  manteca  ú  olio  della, 
y  estos  cuescos  estando  secos,  los  raen  é 
echan  aquello  que  se  raspa  dellos  en  las 
llagas  é  las  curan  muy  bien. 


CAPITULO  XXI. 

De  los  árboles  que  los  chripsUanos  llaman  9Ífuelo  en  la  provincia  de  Nicaragua,  é  de  su  frucla,  de  la  qual 
ha9en  buen  vino  é  otras  particularidades  :  el  qual  árbol  los  indios  llaman  xocot. 


^\ocoT  es  un  árbol  en  la  provincia  dé 
Nicaragua ,  de  la  fructa  del  qual  los  in- 
dios hagen  muy  buen  vino  ,  é  los  chrips- 
tianos llaman  á  estos  árboles  giruelos,  é 
á  la  fructa  giruelas.  Mas  en  la  verdad,  á 
mi  juigio,  no  lo  son,  sino  hobos  colora- 
dos; porque  en  todo  é  por  todo  el  árbol  é 
la  fructa  es  como  lo  que  tengo  dicho  y  es- 
cripto  del  hobo ,  exgepto  questa  fructa  es 
colorada  é  tiene  un  poco  de  mas  carno- 
sidad quel  hobo.  El  cuesco  es  el  mismo; 
el  árbol  é  la  hoja  el  mismo ,  é  assi  la 
pierde  en  gierto  tiempo.  El  vino  que  desta 
fructa  se  hage,  es  mediocre  é  se  tiene  un 
año ,  y  á  mi  paresger  es   mejor  que  la 
gidra  de  manganas  en  Vizcaya.  Y  pues 
he  dicho  que  son  hobos  estos  giruelos  ó 
xocotes,  quédame  de  degir  un  notable 
grande  deste  árbol.   Estando  yo  en  la 
provingia  de  Nicaragua  el  año  de  mili  é 
quinientos  é  veynte  y  nueve  años,  se  si- 
guió que  un  martes,  dos  dias  de  hebrero 
de  aquel  año ,  dia  de  la  Purificagion  de 
Nuestra  Señora  la  Virgen  Sancta  María, 
un  religioso  de  la  Orden  de  Sancto  Do- 
mingo, llamado  frey  Diego  de  Loaysa, 
baptigó  á  un  cagique  señor  de  la  plaga  é 
gente  de  Ayatega ,  que  estaba  encomen- 
dado é  servia  á  un  hidalgo,  llamado  Gon- 
galo  de  los  Rios ,  é  fué  padrino  en  este 
baptismo   del   dicho  cagique  el  capitán 
Gongalo  de  Badajoz :  é  pusiéronle  nombre 
á  este  cagique  don  Carlos ;  é  assi  mismo 
se  bapligaron  muchos  niños  é  algunos 


viejos  de  aquella  plaga  de  Ayatega ,  que 
son  de  la  lengua  de  Nicaragua.  Este  ca- 
gique algund  tiempo  antes  tuvo  guerra 
con  otros  indios   de  la  lengua  de  los 
chondales,  é  en  gierta  batalla  ó  recuen- 
tro le  desbarataron  sus  enemigos  é  le  de- 
gollaron é  dexaron  por  muerto :  lo  qual 
se  le  paresgia  bien  en  la  garganta  rom- 
pida,  é  paresgia  que  estaba   con  mu- 
chas costuras  é  señales  de  la  degolladura, 
por  la  qual  él  degia  que  se  le  salia  lo  que 
comia.  É  paresge  ser  que ,  aunque  le  cor- 
taron la  orgánica  é  otras  interiores  par- 
tes de  la  garganta  é  le  dexaron  sus  ene- 
migos por  muerto,  sus  indios  recobraron 
su  cuerpo  por  fuerga  darmas,  é  lo  lleva- 
ron herido  como  es  dicho ,  é  sin  le  coser 
cosa  alguna  ,  le  llevaron  quassi  muerto  á 
la  dicha  su  plaga:  é  quitada  la  cortega  en 
un  pie  ó  tronco  de  un  giruelo  destos,  ras- 
caron aquello  que  entre  la  flor  ó  tez  de 
la  cortega  é  el  árbol  hay ,  no  tocando  exy 
la  madera  sino  en  la  yema  de  la  dicha 
cortega  hasta  la  madera  regia ,  é  de  aque- 
llas raspaduras  le  echaron  en  la  herida, 
é  con  aquello  soldó  é  sanó;  é  degia  él 
que  avie  algo  mas  de  tres  años  que  avia 
passado  lo  ques  dicho.  Yo  le  vi  é  hablé, 
é  estuve  á  su  baptismo  é  comí  aquel  dia 
en  aquella  plaga,  con  aquel  reverendo  pa- 
dre é  con  el  Gongalo  de  los  Rios  é  el 
contador,  Andrés  de  Ceregeda  é  el  capi- 
tán, Gongalo  de  Badajoz.  É  el  cagique  que 
he  dicho  so  baptigó  de  su  grado  é  hagia 


308 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


baptizar  los  que  he  dicho  de  su  gente, 
é  allí  se  contó  é  tracto  lo  que  tengo  di- 
cho ,  é  assi  lo  degia  el  mismo  cagique  é 
otros  de  sus  indios  que  lo  vieron.  É  de- 
Qian  mas  por  cosa  muy  gierta :  que  la 
misma  propriedad  questos  giruelos  tienen 
para  el  mismo  caso ,  tiene  el  árbol  dicho 
mamey,  si  de  la  misma  manera  que  es  di- 
cho se  rae,  é  que  obrará  lo  mismo.  Por 
gierto  oydo  el  caso,  era  cosa  para  espantar 
verle  al  cagique  la  garganta  é  los  hoyos 
é  burujones  que  tenia,  por  donde  le  avien 
degollado ,  como  él  é  otros  de  sus  indios 
pringipales  lo  contaban.  Estos  giruelos  é 


las  geybas  é  los  que  digo  que  pierden  la 
hoja,  son  pocos.  Mas  estos  giruelos  la 
acaban  de  echar  en  todo  el  mes  de  ene- 
ro, é  en  tanto  que  la  desecha,  se  hinche 
é  carga  de  fructa,  é  están  ya  maduras 
las  giruelas  é  quassi  comidas,  quando  el 
árbol  echa  la  hoja  :  é  viene  esta  fructa  la 
primera  en  el  mes  de  abril ,  é  tura  dos  é 
Ires  meses.  É  algunas  destas  giruelas 
son  amarillas ,  pero  la  mayor  parte  son 
coloradas.  Hágese  assi  mismo  buen  vi- 
nagre destas  giruelas,  é  buena  salsa 
verde  con  ellas  é  con  las  hojas  del 
axi. 


CAPITULO   XXII. 

Del  árbol  que  los  chripstiados  llaman  níspero,  al  qual  los  indios  de  la  provln9¡a  de  Nicaragua  llaman  munon- 

capot ,  é  su  fructa  excelente. 


IfiCiNONgAPOT  es  un  árbol  grande  como 
un  nogal  é  de  muy  linda  é  regia  madera, 
é  la  fructa  es  tan  grande  ó  mayor  que  ca- 
muesas ,  é  de  aquel  talle ,  prolongada  é 
también  redonda;  é  la  color  es  como 
pardo  ó  leonado ,  algo  asperilla ,  pero 
delgada  como  de  una  mangana,  é  assi 
se  monda.  La  carne  es  leonada  é  tiene 
las  pepitas  leonadas,  é  tamañas  ©mayo- 
res que  las  de  la  calabaga :  la  hoja  del 
árbol  es  como  de  peral ,  mas  puntiaguda 
é  algo  menor.  Esta  fructa  llaman  los  es- 
pañoles nísperos,  sin  lo  ser,  porque  pa- 
resgen  algo  en  la  color  al  níspero.  En  el 
árbol  nunca  maduran ,  é  cójenlos  quan- 
do están  grandes,  tan  duros  como  pie- 
dras ,  é  maduran  como  las  servas ,  po- 
niéndolos sobre  paja ,  é  aun  sin  ella, 
metiéndolos  en  un  cántaro  ó  en  una  olla 
de  barro ,  é  desde  á  ocho  ó  diez  dias  ma- 
duran. Esta  fructa  es  la  mejor  de  todas 
las  fructas ,  á  mi  juigio ,  é  otros  muchos 
digen  lo  mismo ;  porque  es  del  mas  lindo 


sabor  é  gusto  que  se  puede  penssar,  é  yo 
no  hallo  cosa  á  que  se  pueda  comparar 
ni  que  se  le  iguale.  En  metiéndola  en  la 
boca ,  tan  presto  como  el  diente  la  sien- 
te, encontinente  que  entre  la  dentadura 
se  comienga  á  partir ,  al  momento  sube 
un  olor  á  las  nariges  é  cabega ,  quel  al- 
galia ó  almizque  no  se  le  iguala ,  y  este 
olor  ninguno  le  siente  ni  huele  sino  el 
mismo  que  come  la  fructa.  Tiene  tal  di- 
gestión ,  que  aunque  se  coman  muchos 
nísperos  ó  fructa  desta,  ningún  empacho 
ni  pessadumbre  dan  mas  que  si  no  los 
oviessen  comido.  En  aquella  provingia 
de  Nicaragua  esta  fructa  está  en  poder  de 
los  indios  de  la  lengua  deloschorotegas. 
En  fin ,  con  esta  fructa ,  ninguna  de  las 
que  yo  he  visto  en  las  Indias  ni  fuera 
dellas  en  toda  mi  vida ,  se  le  iguala  en 
el  gusto ,  y  en  lo  que  tengo  dicho  desla 
fructa ;  é  la  misma  fructa  é  árboles  hay 
en  la  gobernagion  de  Honduras ,  que  es 
en  la  costa  del  Norte  en  la  Tierra-Firme. 


DE  INDIAS.  LIB.  VIH.  CAP.  XXIII. 


30a 


CAPITULO   XXIII. 


Bel  árbol  llamado  ácana,  é  de  su  fructa  del  mismo  nombre. 


Ácana  es  un  árbol  grande,  é  la  hoja 
quassi  como  la  del  peral :  la  fructa  es  ta- 
maña como  un  huevo  é  de  aquella  he- 
chura ,  é  huele  muy  bien ,  como  una  ca- 
muesa,  é  assi  está  amarilla  é  tiene  el 


cuero  ó  cortega  delgada.  El  sabor  e» 
como  proprio  queso;  y  aun  si  mucho 
se  trae  en  la  mano,  huele  á  queso > 
é  es  buena  fructa  é  de  buena  diges- 
tión. 


CAPITULO  XXIV. 


De  las  parras  salvajes  de  aquesta  Isla  Española  ,  é  otras  islas  é  de  la  Tierra-Firme. 


D 


'onde  se  hizo  mengion  de  los  árboles 
é  plantas  traydos  de  España ,  dixe  que 
avia  en  esta  cibad  de  Sancto  Domin- 
go, muchas  parras  é  que  llevan  buenas 
uvas ;  y  assi  es  la  verdad ,  é  las  hay  en 
los  heredamientos,  é  en  muchas  partes 
é  pueblos  desta  isla,  que  se  truxeron 
los  sarmientos  de  Castilla.  Allende  desso 
digo  que ,  assi  en  esta  isla  como  en  las 
otras  deste  golpho  y  en  la  Tierra-Firme, 
hay  muchas  parras  salvajes  é  que  llevan 
buenas  uvas  tintas ,  de  las  quales  yo  he 
comido  muchas  veges  (digo  buenas  para 
ser  salvajes).  Y  estas  parras  es  cosa  co- 
mún averias  en  estas  Indias,  é  assi  creo 
yo  que  de  tales  parras  ovieron  pringipio 
todas  las  uvas,  do  quiera  que  las  hay, 
é  que  es  planta  común  en  el  mundo ,  y 
esto  no  se  debe  dubdar;  y  pues  la  na- 
tura proveyó  en  dar  en  estas  partes  esta 
planta ,  de  creer  es  que  la  tierra  es  há- 
bil para  ellas,  y  que  serian  muy  buenas 
si  la  industria  de  los  hombres  las  ayu- 
dassen  é  supiessen  nuestros  agricultores 
entender  lo  que  conviene  para  cultivar- 
las, segund  los  climas  é  regiones  en  que 
acá  están.  En  esta  tierra  no  se  engepan, 
como  en  nuestra  Castilla  en  el  reyno  de 
Toledo ;  mas  súbense  en  alto  abragadas  á 


los  árboles,  y  piensso  yo  que  se  hariao 
muy  buenas  heredades  dellas  de  la  for- 
ma que  en  Italia,  en  el  reyno  de  Ñápeles, 
ponen  los  vinos  grecos  é  parrales  dellos, 
arrimados  á  los  salges  é  otros  árboles;  é 
aun  en  Bargelona  é  Cataluña  he  yo  visto 
algunos  destos  parrales  ó  viñas  sobre  ar- 
boledas. Mas  en  Campania  (que  es  lo  que 
agora  se  llama  tierra  de  labor,  en  ef 
reyno  de  Ñápeles),  hay  muy  buenas  vi- 
ñas é  uvas  destos  parrales  gerca  de. 
aquella  cíbdad ,  como  de  las  de  Averssa, 
é  Capua,  é  Sorrento,  é  Soma,  é  otras 
muchas  partes  de  aquel  reyno ,  y  en  Lom- 
bardia  é  otras  partes  de  Italia.  Quiero 
degir  que  se  harían  bien  acá  esas  viñas 
altas  con  las  proprias  plantas  ó  parras  de 
acá,  sabiéndolas  curar ;  porque  yo  he  vis- 
to acá  en  las  Indias  un  pié  de  una  parra 
destas  tan  gruesso  ó  mas  que  el  brago  de 
un  hombre  regio,  é  no  tengo  dubda,  ni 
dexo  de  creer,  que  donde  la  natura  de 
su  offigio  produge  estas  cosas  semejantes, 
que  mejor  se  harán,  ayudando  en  ello  los 
hombres ,  por  el  regar  é  otras  diligen- 
gias  que  los  hombres  alcangan  de  los  se- 
cretos de  la  agricoltura ,  assi  como  el  eu- 
xerir,  el  podar,  el  estercolar,  excavar  é 
regar  á  sus  tiempos ,  y  otras  cosas  muchas 


340 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


que  se  podrían  degir,  conforme  á  la  doc- 
trina del  Gresgentino  *  y  de  Columella  ^, 
que  largamente  tragtó  desta  materia ,  é 
Theophrasto  en  sus  Tractados  de  las  plan- 
tas ' ,  é  aun  Virgilio  en  sus  Geórgicas  *, 
é  Plinio  en  su  Natural  Historia  ' ,  é  otros 
muchos  auctores  graves .  Y  sin  dubda  la 
culpa  de  no  aver  acá  muy  buenas  viñas, 
ni  está  en  la  planta ,  ni  en  la  tierra  tal 
defecto ,  sino  en  la  industria  humana ,  é 
floxedad  de  los  hombres ;  pues  vimos  en 
esta  Isla  Española  que  el  almirante  don 
Diego  Golom  tuvo  una  viña ,  de  donde  á 
espuertas  ó  canastas  se  traian  las  uva&, 
y  él  estaba  muy  puesto  en  esta  granjeria, 
é  cómo  fué  á  España,  ó  por  descuydo  de 
sus  mayordomos,  ó  no  andar  su  dueño 
en  ello,  se  perdió.  Y  antes  que  el  almi- 
rante (en  la  isla  de  Jamáyca)  tuvo  otra 
viña  un  hidalgo  llamado  Antonio  de  Bur- 
guillos ,  é  dióse  tanto  á  ella  que  la  truxo 
á  tales  términos ,  que  le  dio  uno  ó  dos 
años  en  cada  esquilmo  dos  ó  tres  pipas 
de  buen  vino ;  é  cansósse  el  agricultor  é 
la  viña  también,  é  perdiéronse  él  é  ella: 
él  en  descuydarse  de  otras  granjerias  mas 
provechosas  é  giertas ,  por  entender  en 
esta  y  é  la  viña  porque  no  fué  entendida. 


Ha  poco  tiempo  que  en  la  plaga  de  esta 
cibdad  se  vendieron  muchas  libras  de 
uvas  asaz  buenas ,  á  dos  reales  de  plata 
(que  son  ochenta  é  ocho  maravedís)  cada 
libra;  y  digo  muchas ,  por  ser  la  cosa  nue- 
va,  é  en  una  hora  ó  dos  se  higieron  nueve 
ó  diez  pesos  de  oro  del  presgio  destas 
uvas ,  y  se  vendieran  muchas  mas ,  si  las 
oviera.  Estas  se  truxeron  del  ingenio  de 
Nigua,  del  secretario  Diego  Caballero 
de  la  Rosa ,  con  la  industria  del  qual  se 
ha  fecho  una  gentil  viña  é  granJe  en 
aquel  su  heredamiento :  é  tiénese  espe- 
ranga  questo  se  entenderá  mejor  cada  dia; 
y  en  verdad  el  secretario  é  todos  los  que 
en  estas  cosas  tales  se  exergitan ,  son  de 
loar  é  dignos  de  mergedes ,  é  buenos  po- 
bladores. É  no  seria  poco  bien  para  esta 
cibdad  é  toda  la  isla  que  tal  hacienda  se 
substentasse  é  permanesgiesse ;  porque 
una  de  las  cosas  que  acá  es  mas  nesge- 
saria  (y  de  continuo  gasto)  es  el  vino ,  y 
por  maravilla  baxa  el  arroba  de  un  peso 
de  oro,  que  son  quatrogientos  é  cinqüen- 
ta  maravedís.  Passemos  á  otras  materias 
y  dexemos  ervino  á  estos  taberneros,  que 
mas  ganan  en  ello  que  los  mercaderes  flo- 
rentinos en  sus  brocados  ó  telas  de  oro. 


CAPITULO  XXV. 


De  las  far^amoras  de  aquesta  Isla  Española  é  otras  parles. 


iTiuchas  gargamoras  hay  de  las  de  Es- 
paña en  esta  Isla  Española  y  en  las  otras 
islas  de  acá  y  en  la  Tierra-Firme;  y  caso 
que  como  es  assi  verdad,  estas  no  se 
puedan  contar  por  árboles  en  España  é 
otras  partes  de  Europa ,  no  lo  dexan  de 
ser  acá,  porque  tienen  mas  gruessos  tron- 

i     Crescentino ,  lib.  IV. 

2  Columella,  lib.  III,  cap.  2. 

3  Theophrasto,  lib.  ÍI. 


eos  é  ramas,  é  se  levantan  mucho  mas 
que  las  de  Castilla,  é  no  se  pueden  de- 
xar  de  juzgar  por  árboles,  segund  su  gran- 
dega.  Las  gargamoras  é  fructa  que  llevan, 
es  como  las  de  CastiUa ,  aunque  menores 
é  del  mismo  sabor  é  no  menos  espinosas 
las  ramas  é  de  la  misma  hoja. 

4  Georg' ,  lib.  11. 

5  Plin. ,  lib.  XVII. 


DE  INDIAS.  LIB.  VIII.  CAP.  XXVI. 


3H 


CAPITULO  XXVI. 


De  los  cardones  en  que  nas^e  la  fmcta  que  llaman  pitahaya. 


í  iTAHAYA  es  una  fructa  tamaña  como 
un  puño  gerrado  poco  mas  ó  menos,  y 
esto  es  su  común  grandeva ,  Nasge  en 
unos  cardos  muy  espinosos  y  extremados 
á  la  vista ,  porque  no  tienen  hoja ,  salvo 
unas  ramas  ó  brazos  luengos  que  sirven 
en  lugar  de  rama  é  de  hojas :  los  quales 
son  de  quatro   esquinas,  é  mas  luenga 
cada  rama  ó  brago  destos  que  una  bra- 
gada de  un  hombre,  y  entre  esquina  y 
esquina  una  canal,  y  por  todas  las  es- 
quinas y  canales,  á  trechos  nasgidas  unas 
espinas  fieras  y  enconadas,  tan  luengas 
como  la  mitad  de  un  dedo  mayor  de  la 
mano  ó  mayores ,  de  tres  en  tres  y  de 
quatro  en  quatro  espinas.   Y  entre  es- 
tas hojas  ó  ramas,    que  son  tales  co- 
mo es  dicho,  nasge  esta  fructa  llama- 
da pitahaya ,  la  qual  es  coloradíssima  co- 
mo  un  carmesí   rosado,  é  quiere  sig- 
nificar escamas  en  la  cortega,  aunque  no 
lo  son,  é  tiene  el  cuero  gruesso ,  é  aquel 
cortado  con  un  cuchillo  (que  fágilmen- 
le  se  corta),  está  por  de  dentro  llena  de 
granillos ,  como  un  higo ;  mas  esos  es- 
tán mezclados  con  una  pasta  ó  carnossi- 
dad  que  ella  y  ellos  son  de  color  de  un 
fino  carmesí :  é  toda  aquella  mixtión  de 
los  granillos  é  lo  demás  todo  se  come,  y 
lo  que  toca ,  lo  para  tan  colorado  como 


lo  suelen  hager  las  moras,  é  mas.  Es  sana 
fructa  é  á  muchos  les  sabe  bien  ;  pero  yo 
escogería  otras  muchas  antes  que  á  ella. 
Hage  en  la  orina  lo  que  las  tunas,  aunque 
no  tan  presto ;  pero  desde  á  dos  horas 
que  se  comen  dos  ó  tres  dellas,  si  orina 
el  que  las  comió ,  paresge  verdadera  san- 
gre lo  que  echa.  No  es  mala  fructa  ni  da- 
ñosa y  es  de  buen  paresger  á  la  vista. 
Los  cardones,  donde  nasgen  estas  pitaha- 
yas, es  cosa  fiera  é  de  mucha  salvajez  la 
forma  dellos :  los  quales  son  verdes  é  las 
espinas  pardas  ó  blanquiscas,  y  la  fructa 
colorada,  como  he  dicho  é  segund  aqui  la 
he  debuxado  {Lám.  3.',  fig.  9.*).  Para  sa- 
car una  pitahaya  de  donde  está  nasgida,  no 
ha  de  ser  apriessa  ni  sin  buen  tiento  é  buen 
cuchillo,  porque  aquellos  cardos  son  jun- 
tos, espesos  y  muchos  y  muy  armados. 
Otras  pitahayas  hay,  ni  mas  ni  menos 
ellas  y  los  cardos  como  las  que  está  di- 
cho de  suso,  sin  discrepar  en  cosa  alguna 
ni  en  el  sabpr ,  sino  solamente  en  la  co- 
lor; porque  estas  otras  son  amarillas  y 
lo  de  dentro  es  blanco  lo  que  se  co- 
me é  los  granillos  son  negros ,  y  es- 
tas tales  no  hagen  hager  mudanga  en  la 
orina.  Yo  he  hecho  tinta  de  las  prime- 
ras y  escripto  con  ella,  y  es  de  exge- 
lente  color  entre  morado  é  carmesí  claro. 


CAPITULO  XXVII. 

De  unos  cardos  altos  é  derechos  mayores  que  lna9as  de  armas  (c  aun  como  picas  luengas),  quadrados  y 

espinosos ,  á  los  quales  llaman  los  chripstianos  9Írios ,  porque  parecen  9Írios  ó  hachas  de  cera ,  excepto  en 

las  espinas  é  altura  dellos :  los  quales  llaman  los  indios  de  Venezuela  dados. 


JLjos  cardones  que  los  chripstianos  lla- 
man girios  en  esta  isla,  haylos  assi  mis- 
mo en  otras  muchas  y  en  la  Tierra-Fir- 


me. Estos  son  una  manera  de  cardos  muy 
espinosos  é  salvajes  ,  que  no  hay  en  ellos 
parte  de  donde  se  puedan  tocar,  sin  muy 


312 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


fieras  espinas ,  non  obstante  que  la  na- 
tura se  las  pone  por  orden  é  á  trechos 
unas  de  otras  con  mucho  congierto  é 
compás  repartidas  en  su  compusigion. 
Ellos  son  muy  verdes  é  tan  altos  como 
una  langa  de  armas ,  é  algunos  como  una 
pica  ,  é  otros  muy  menores ,  é  tan  grue- 
sos como  la  pantorrilla  de  un  hombre, 
que  ni  sea  gruesa  ni  delgada.  Nasgen 
juntos  é  muy  derechos,  como  aqui  en 
esta  hoja  los  he  querido  significar 
[Lám.  3.'^gf.  10.')  en  este  debuxo  é  pin- 
tura dellos.  Llevan  estos  cardos  una 
fructa  colorada,  como  un  carmesí,  del  ta- 
maño de  una  nuez,  dulge  é  buena  de  co- 
mer, llena  de  innumerables  granillos  é 
muy  coloradíssima ,  é  tiñen  los  labios  é 
las  manos  lo  que  alcanga  el  gumo'  della. 
No  es  fructa  para  dessear,  ni  es  de  mal 
gusto  ni  se  dexa  de  comer,  quando  está 
madura  é  bien  sagonada. 

Estos  cardones ,  después  que  han  cres- 
^ido  todo  lo  que  han  de  cresger  ,  enve- 
jésgense  como  todas  las  cosas  desta  vida, 
é  sécanse ,  y  otros  que  han  procreado 
están  verdes  á  par  de  los  viejos  secos: 
de  manera  que  los  nuevos  están  verdes 
y  las  espinas  pardas ,  é  los  mas  antiguos 
é  viejos  están  secos ,  é  los  unos  é  los 
otros  en  un  esquadron. 

No  he  podido  alcangar  á  saber  de  qué 
se  servían  los  indios  destos  cardones.  En 
la  Tierra-Firme,  en  la  provingia  de  Nica- 
ragua ,  no  están  estos  cardones  fuera  de 
los  heredamientos  de  los  indios ;  y  para 
solamente  la  fructa ,  me  paresge  que  no 
es  cosa  para  curar  mucho  della ,  y  por 
esto  sospecho  que  para  mayor  efeto  ó 
por  alguna  espegial  propriedad  los  con- 
servan allá:  é  assi  debiera  de  ser  ello 
acá ,  quando  esta  isla  estaba  poblada  de 
indios,  puesto  que  en  los  montes  é  ar- 
cabucos ó  bosques  hay  muchos  destos 
cardones  en  esta  isla.  Pero  lo  que  agora 
está  hecho  monte  era  en  el  tiempo  passado 
muy  habitado ,  adonde  esta  fructa  é  car- 


dones se  hallan.  Lo  que  yo  he  podido 
comprehender  en  esto  no  es  mas  de  lo 
que  tengo  dicho ,  é  por  ventura  esta  fruc- 
ta que  á  mí  me  paresge  no  substangial  ni 
de  suave  sabor ,  debe  tener  otro  gusto 
en  el  paladar  de  los  indios ,  ó  seria  para 
otros  efetos  que  no  alcangan  los  chrips- 
tianos  hasta  agora :  á  lo  menos  en  esta 
isla  yo  no  he  podido  inquirir  mas  de  lo 
que  tengo  dicho  en  este  caso. 

Después  de  aver  estado  yo  informado, 
por  vista  de  ojos,  de  lo  que  he  dicho  des- 
tos  árboles ,  digo  que  el  muy  reverendo 
señor  obispo  de  Sanct  Johan ,  que  pri- 
mero lo  fué  de  Veneguela,  vino  á  esta 
cibdad  de  visitar  aquel  su  obispado  de 
Veneguela,  donde  hay  muchos  destos 
cardones ;  é  dige  que  allá  es  muy  buena 
fructa  la  que  llevan  ó  produgen ,  la  qual 
llanan  dacto,  é  críanse  gerca  de  la  costa. 
Pero  aquellos  digen  este  perlado  é  otros 
que  nasge  un  pie  é  cresge  quatro  ó  ginco 
palmos  é  mas,  hasta  ocho  poco  mas  ó 
menos  ;  é  de  aquel  tronco  salen  estos  as- 
tiles derechos,  como  aqui  están  pintados: 
é  dan  una  fructa  en  seys  meses  del  año, 
é  comiengan  por  abril  ó  mayo,  é  es  del 
grandor  de  una  mangana  mediana  este 
fructo ,  é  toda  la  cortega  cubierta  de  es- 
pinas ;  é  quítansela ,  é  lo  de  dentro  es  de 
comer  é  quassi  como  pitahaya ;  pero  esta 
es  mejor  en  el  sabor.  É  estos  giriales  ó 
árboles  no  son  en  aquella  provingia  tan 
grandes  como  los  desta  isla ,  en  la  altura 
ni  en  redondo ,  é  la  madera  es  flaca  é 
liviana  é  de  poco  ó  ningún  provecho  por 
sí  misma,  y  porque  no  es  traclable,  á  causa 
de  sus  muchas  espinas.  Por  manera,  que 
con  el  tiempo  se  ha  sabido  esto  que 
agora  acresgenté  en  la  relagion  des- 
tos  cardones,  é  por  bien  que  se  es- 
criban estas  cosas,  siempre  se  enten- 
derán mejor  de  los  que  después  de  mí 
las  escribieren ,  porque  el  tiempo  y  la 
experiengia  enseñarán  otras  particulari- 
dades. 


DE  INDIAS.  LIB.  VIH.   CAP.  XXVIII. 


313 


CAPITULO    XXVIII. 

De  los  cardos  de  las  tunas  c  su  frucla ,  la   qual  en  la  prov¡n9ia  de  Venezuela  en  laTicrra-Fírme  se  llama 

comoho. 


i  ues  se  ha  dicho  de  los  cardones  ó  gi- 
rios  en  el  capítulo  de  suso ,  é  primero 
dixe  de  otros  cardos  de  las  pitahayas, 
parésQeme  que,  como  en  lugar  apro- 
priado,  es  bien  que  se  diga  aqui  de  otros 
cardos  que  llaman  tunas ,  é  la  fructa  que 
echan  tiene  el  mismo  nombre.  Y  porque 
adelante,  en  el  libro  X,  se  dirá  del  árbol 
de  las  soldaduras ,  tened ,  letor ,  memoria 
destas  tunas ,  porque  tienen  mucha  seme- 
janga  las  hojas  destos  cardos  con  las  del 
árbol  que  digo :  ni  estoy  fuera  de  opinión 
que  estos  mismos  cardos  se  convierten 
en  aquellos  árboles;  é  ya  que  aquesso  no 
sea,  porque  en  la  verdad  la  fructa  es 
muy  diferenciada ,  mas  en  la  vista  dan  á 
entender  que  han  algund  dd)do  ,  por  la 
semejanga  grande  que  se  tienen  en  las 
hojas  y  en  las  espinas. 

Estos  cardos  ó  tunas  llevan  unos  muy 
donosos  higos  (que  es  su  fructa)  largos 
é  verdes ,  é  algo  en  partes  colorado  por 
defuera  el  cuero  dellos,  é  tienen  unas 
coronillas  hundidas,  como  las  níspolas  de 
Castilla.  É  de  dentro  son  coloradas  mu- 
cho ,  que  tiran  á  rosado ,  llenas  de  gra- 
nillos como  los  verdaderos  higos,  é  assi 
es  la  cortega  de  aquesta  fructa  como  la 
del  higo,  ó  poco  mas  gruessa.  Son  de 
buen  gusto  é  de  buena  digestión ,  é  vén- 
denlos en  la  plaga  desta  cibdad  continua- 
mente, por  buena  fructa.  Los  cardos  en 
que  nasgen,  tienen  las  hojas  algo  redon- 
das é  muy  gruessas  y  espinossas ,  é  por 
los  cantos  y  en  lo  llano  dellas  á  tre- 
chos están  sus  fieras  é  enconadas  pun- 
tas tres  ó  quatro  ó  mas  juntas,  y  assi 
repartidas    en    su   número    en  muchas 

partes  essas  espinas.  Y  es  tan  gruessa  la 
TOMO  1. 


hoja  como  la  mitad  ó  tergera  parle  del 
gordor  de  un  dedo  de  la  mano  de  un 
hombre ,  é  cada  hoja  es  tqn  grande  como 
una  mano  (abiertos  é  tendidos  los  dedos), 
é  algunas  menores,  porque  vancresgien- 
do,  é  de  una  hoja  nasgen  otras  en  los 
cantos ,  é  de  la  otra  otras ,  é  assi  se  van 
arborando  é  levantando  estos  cardos  ó 
tunas  hasta  ser  tan  altos  como  hasta  la 
rodilla ,  ó  tres  palmos  de  altura,  poco  mas 
ó  menos.  Y  en  esta  manera  de  se  yr  au- 
mentando en  la  forma  del  cresger,  y  en 
las  mismas  hojas  y  espinas,  é  en  se  yr  con- 
virtiendo las  hojas  en  ramas,  paresgen  al 
árbol  de  las  soldaduras  que  dixe  de  suso. 
Llamé  donosa  esta  fructa ,  porque  co- 
miendo ginco  ó  seys  higos  destos,  es  tal 
burla  para  quien  nunca  los  ha  comido,  pa- 
ra le  poner  en  mucho  cuydado  é  temor 
de  la  muerte ,  sin  aver  en  ello  peligro  al- 
guno; y  como  hombre  que  lo  he  probado, 
diré  lo  que  me  acaesció  la  primera  vez 
que  comí  estas  tunas :  que  en  verdad  yo 
diera  quanto  tenia  por  hallarme  donde 
me  pudiera  consejar  é  confesar  mis  cul- 
pas, é  comunicar  espiritual  é  temporal- 
mente lo  que  convenia  á  la  salud  de  mi 
ánima  é  de  mi  persona  é  inquerir  el  re- 
medio para  la  vida,  y  fué  desta  manera. 
El  año  de  mili  é  quinientos  é  quinge  ,  vi- 
niendo yo  de  la  Tierra-Firme  á  esta  gib- 
dad  de  Sancto  Domingo ,  después  que  me 
desembarqué  en  el  fin  desta  Isla  Españo- 
la ,  viniendo  por  la  provingia  de  Xara- 
gua ,  venían  en  mi  compañía  el  piloto 
Andrés  Niño  é  otros  compañeros;  y  cómo 
algunos  dellos  eran  mas  pláticos  en  la 
tierra  que  yo,  é  conosgian  esta  fructa, 

com  íanla  de  buena  gana ,  porque  en  el 

40 


314 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


campo  hallábamos  mucha  della.  É  yoco- 
mengé  á  les  hager  compañía  en  el  man- 
jar ,  é  comí  algunas  dellas ,  é  supiéronme 
bien ;  y  guando  fué  hora  de  parar  á  co- 
mer, apeémonos  de  los  caballos  á  par  de 
un  rio ,  en  el  campo ,  é  yo  apárteme  á 
verter  aguas ,  é  oriné  una  gran  cantidad 
de  verdadera  sangre  (  á  lo  que  á  mí  me 
paresgia),  y  aun  no  osé  verter  tanta 
quanta  pudiera  ó  me  pedia  la  nesgessi- 
dad ,  pensando  que  se  me  podría  acabar 
la  vida  de  aquella  manera ;  porque  sin 
dubda  creí  que  tenia  todas  las  venas  del 
cuerpo  rompidas,  é  que  se  me  avia  ydo 
la  sangre  toda  á  la  bexiga ,  como  hombre 
sin  experiengia  de  la  fructa,  é  que  tan 
poco  alcangaba  á  entender  la  compusigion 
é  orden  de  las  venas ,  ni  la  propriedad  de 
las  tunas  que  avia  comido.  É  cómo  que- 
dé espantado  é  se  me  mudó  la  color  por 
mi  miedo ,  llegósse  á  mí  el  Andrés  Ni- 
ño ( el  qual  fué  aquel  piloto  que  sé  per- 
dió después  en  la  mar  del  Sur  en  el 
descubrimiento  del  capitán  Gil  Gongalez 
de  Avila ,  como  se  dirá  en  su  lugar) ,  el 
qual  era  hombre  de  bien  é  mi  amigo ,  é 
queriendo  burlar  conmigo ,  díxome :  «Se- 
ñor, parésgeme  que  tenéis  mala  color. 
¿Qué  tal  os  sentís?  ¿Duéleos  algo?»  Y  es- 
to decíalo  él  tan  sereno  é  sin  alteragion, 
que  yo  creí  que,  condoliéndosse  de  mi  mal, 
degia  verdad.  Respondíle  assi:  «A  mí  no 
me  duele  nada ;  mas  daría  yo  mi  caballo 
é  otros  quatro  por  estar  en  Sancto  Do- 
mingo é  gerca  del  hcengiado  Barreda, 
que  es  gran  médico ;  porque  sin  dubda 
yo  debo  de  tener  rotas  quanlas  venas  ten- 
go en  el  cuerpo.»  É dicho  esto,  él  no  pu- 
do encubrir  mas  la  risa ,  y  porque  me  vi- 
do  en  congoxa  ( y  á  la  verdad  no  era  po- 
ca), replicó  riyéndosse:  «Señor,  no  te- 
máis: que  las  tunas  hagen  que  pensseis 
esso ,  y  quando  tornéis  á  orinar,  será  me- 
nos turbia  la  orina  con  mucha  parte,  y  á 
la  segunda  ó  tergera  vez  no  avrá  nada 
desso,  ni  avreís  menester  al  lígengiado 


Barreda  que  decís,  ni  avrá  causa  que 
deys  los  caballos  que  agora  prometíades.» 
Yo  quedé  consolado  y  en  parte  curado, 
aunque  no  del  todo,  hasta  que  entre  los 
de  la  compañía  vi  que  avia  mas  novi- 
gios  espantados  de  la  misma  manera ,  y 
que  estaban  en  el  mismo  trabaxo.  Y  des- 
de á  poco  vimos  por  la  experiengia  que 
Andrés  Niño  degia  la  verdad ;  é  yo  me 
hallé  tan  ufano  como  si  oviera  saUdo  del 
mayor  peligro  deste  mundo  ,  porque  nun- 
ca desseé  morir  con  nombre  de  gula  ,  ni 
como  vigíoso  :  antes  muchas  veges  dexé 
de  comer,  teniendo  grande  nesgessidad, 
por  no  comer  algunas  cosas  que  he  visto 
en  estas  partes  que  comían  otros  hombres. 
Assi  que ,  volviendo  á  nuestro  pro- 
póssito ,  la  burla  y  la  fructa  es  mucho  do- 
nayre,  é  no  de  poco  espanto  para  quien 
no  ha  experimentado  esta  fructa  de  las 
tunas ,  de  las  quales  en  muchas  partes 
desta  isla  están  los  campos  llenos ;  é  con 
estos  cardos  vardan  en  esta  cibdad  las 
paredes  de  los  corrales  de  las  casas  é  de 
los  huertos  [Lámina  3.",  figura  11.*).  É  no 
dexan  de  dar  allí  sobre  las  tapias  su  fruc- 
ta, echando  primero  unas  flores  amari- 
llas é  después  las  tunas ,  y  prenden  como 
grama ,  é  son  peores  mucho  que  los  cam- 
brones de  España  é  de  mas  enconadas 
espinas.  En  las  otras  islas  de  Sanct  Johan, 
é  Cuba ,  é  Jamáyca  he  visto  assi  mismo 
estas  tunas  ó  cardos  y  en  otras  islas ,  y 
es  cosa  común  en  estas  Indias.  Las  hojas 
son  verdes ,  é  las  espinas  pardas ,  é  la 
fructa  qual  tengo  dicho.  Quando  la  co- 
men, tornan  los  labrios  é  las  manos,  en 
todo  lo  que  alcanga  el  gumo  dellas,  como 
lo  suelen  dexar  las  moras  de  Castilla ,  é 
tarda  tanto  en  se  quitar  aquella  color  de 
donde  se  ha  pegado ,  é  aun  mucho  mas 
que  la  tinta  de  las  moras.  Esta  fructa  y 
aun  el  cardo  en  que  nasge,  se  llama  co- 
moho  en  la  provingía  de  Veneguela ,  é  es 
mondándola  como  una  mora :  tiene  buen 
sabor ,  é  en  aquella  tierra  los  indios  ha- 


DE  INDIAS.  LIB.  VIII.  CAP.  XXVIII. 


315 


gen  vino  desta  fructa  destas  tunas  ;  pero 
este  comoho  es  mas  sabroso  mucho  que 
las  tunas ,  y  como  es  dicho  es^  linaje  de 


tunas ,  sino  que  son  menores  que  las  des- 
ta isla  é  mejor  sabor.  Y  el  vino  ques  dicho, 
es  tinto,  de  la  color  de  vino  tinto  de  uvas. 


CAPITULO  XXIX. 


De  la  fructa  que  llaman  managua. 


u, 


na  fructa  que  se  dige  managua  ha  ve- 
nido nuevamente  á  mi  notigia  en  esta  Is- 
la Española,  la  qual  es  salvaje  é  no  cul- 
tivada sino  por  la  diligencia  natural  de 
los  elementos ,  que  no  menos  cuydado  y 
arte  obraron  en  esta  que  en  las  otras  co- 
sas ó  plantas  naturales  destas  Indias.  Es- 
ta es  una  fructa  muy  pequeña ;  pero  no 
sin  admiragion^  porque  su  vista  es  gra- 
ciosa é  paresgen  germeñas  chiquitas  no 
mayores  que  pelotas  de  arcabuges  é  assi 
redondas :  son  verde^  nasgen  en  unas 
ramas,  apartada  cada  rama  por  sí  é  cada 
una  libre.  Quiero  degir  que  el  árbol  es  la 
rama  é  la  rama  sola  el  árbol,  é  no  mas 
alta  cada  rama  dellas  que  un  brago  ten- 
dido de  un  hombre ,  de  tres  ó  quatro  pal- 
mos de  luengo ,  derecha ,  y  paresge  un 
mimbre.  Son  estas  fuctas  dulges  é  de 
buen  sabor  al  gusto ,  é  su  hoja  es  como 
la  de  los  mimbres  é  olivos ,  pero  juntas  ó 
gercanas  unas  hojas  de  otras  en  dos  hi- 
lados ü  órdenes  continuadas  en  cada  ra- 
ma: é  su  verdor  es  muy  gentil,  é  son  al- 
go menores  estas  hojas  que  las  del  lau- 


rel; é  entre  aquellas  hojas  á  los  nasgi- 
mientos  dellas,  nasgen  estos  granos  ó 
fructa  cada  uno  por  sí  en  aquella  verguita 
uno  mas  alto  que  otro,  quatro,  é  ginco,  é 
seys ,  é  mas  é  menos  en  cada  pié  ó  ver- 
gua.  El  sabor  desta  fructa  es  muy  mejor 
que  de  uvas  moscateles  é  muy  semejante 
á  ellas  en  el  gusto  [Lám.  3.',  p,g.  12.'). 
Un  notable  hay  desta  fructa  experimen- 
tado é  visto  por  muchos;  y  es  que  estos 
granos  ó  fructas,  después  que  maduran, 
se  caen  en  tierra ,  é  aquellas  son  las  me- 
jores é  mas  sagonadas ,  é  saben  muy  me- 
jor que  las  que  con  la  mano  se  quitan  de 
la  rama :  é  quando  ellas  están  para  se 
caer,  provee  natura  que  la  hierva  to- 
da que  está  en  torno  desta  rama  ó  pie 
desta  fructa ,  se  agosta  é  seca  un  palmo 
en  torno  para  que  cayga  en  lo  limpio  é 
desocupado.  Fructa  es  muy  presgiada  en 
esta  isla ,  quando  la  hallan ;  porque  como 
he  dicho,  es  de  muy  gentil  é  suave  sabor 
é  muy  delicada  al  gusto ,  é  muy  sana  é 
digna  del  plato  del  mas  alto  príngipe  de 
la  tierra. 


CAPITULO  XXX. 

Del  árbol  llamado  cacao,  é  algunos  le  llaman  cacaguate,  é  su  fructa  é  bevraje  é  a9eite.  Ecómo  su  fruc- 
ta en  algunas  partes  sirve  por  moneda  é  se  hallan  por  ella  todas  las  cosas  que  entre  los  indios  se  tractan,  « 

oirás  particularidades  destos  árboles. 


hj\  árbol,  llamado  cacao  ó  cacagual,  no  otras  partes.  Pónesse  aqui  porque  estén 

es  árbol  destas  islas,  sino  de  la  Tierra-  juntas  las  materias,  como  en  otro  lugar  lo 

Firme.  Hay  estos  árboles  en  la  Nueva  tengo  dicho;  y  este  es  el  árbol  de  todos 

España  é  en  la  provingia  de  Nicaragua  é  el  mas  pres^iado  entre  los  indios,  y  su 


3IG 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


tesoro.  Y  los  cagiquesy  señores  que  al- 
canzan estos  árboles  en  sus  heredamien- 
tos ,  tiénenlos  por  muy  ricos  calachunis 
ó  príngipes,  porque  al  pringipal  señor 
llaman  calachuni  en  lengua  de  Nicaragua, 
que  es  tanto  como  degirle  rey,  y  tam- 
bién se  llama  teyte ,  que  es  lo  mismo  que 
calachuni  ó  rey.  El  árbol  en  la  madera  é 
cortega ,  é  hoja ,  es  ni  mas  ni  menos  que 
naranjo,  é  de  la  misma  tez  é  frescor  é 
grandega ,  exgepto  que  las  hojas  del  na- 
ranjo en  su  nasgimiento  é  pegón  tienen 
una  manera  de  coragon  pequeño ,  é  de 
aquel  se  funda  la  hoja.  Esos  coragones 
faltan  á  la  hoja  del  cacao  ,  é  en  lo  demás 
es  assi  la  una  como  la  otra.  Mas  porque 
yo  desseo  mucho  la  pintura  en  las  cosas 
de  historia  semejantes ,  é  que  en  nues- 
tra España  no  son  tan  usadas,  quiero 
aprovecharme  della  para  ser  mejor  en- 
tendido, porque  sin  dubda  los  ojos  son 
mucha  parte  de  la  informagion  destas  co- 
sas, é  ya  que  las  mismas  no  se  puedan 
ver  ni  palpar,  mucha  ayuda  es  á  la  plu- 
ma la  imagen  dellas.  Y  assi  á  este  pro- 
póssito ,  quiero  aqui  debuxar  estos  árbo- 
les como  yo  supiere hagerlo  [Lám.  3.*,  jig. 
43.'  y  14.*),  porque  aunque  no  vayan  tan 
al  propóssito,  como  yo  querría,  bastará 
la  significación  del  debuxo  y  mis  pala- 
bras para  que  otro  los  sepa  poner  mas 
al  natural.  Echan  por  fructa  unas  magor- 
cas  verdes  é  alumbradas  en  parte  de  una 
color  de  roxo,  ó  son  tan  grandes  como 
un  palmo  é  menos,  é  gruesas  como  la 
muñeca  del  brago  ó  menos  é  mas  á  pro- 
porgion  de  su  grandega.  De  dentro  son 
magigas,  como  una  nuez,  quando  se  quaxa 
ó  como  una  calabaga  ó  higuera,  é  en 
aquella  pasta  ó  cantidad  quaxada  hay 
quatro  órdenes  de  almendras  de  alto  á 
,.  baxo ;  assi  que  cada  magorca  tiene  veyn- 
te  é  treynta  almendras  é  mas  é  menos.  É 
assi  como  va  madurando  la  fructa ,  assi 
se  va  enxugando  aquella  carnosidad  que 
está  entre  las  almendras,  é  ellas  quedan 


sueltas  en  aquella  caxa ,  de  donde  las  sa- 
can después  é  las  guardan  é  tienen  en  el 
mismo  presgioé  estimagion  que  loschrips- 
tianos  é  otras  gentes  tienen  el  oro  é  la 
moneda ;  porque  assi  lo  son  estas  almen- 
dras para  ellos ,  pues  que  por  ellas  com- 
pran todas  las  otras  cosas.  De  manera 
que  en  aquella  provingia  de  Nicaragua, 
un  conejo  vale  diez  almendras  destas,  é 
por  quatro  almendras  dan  ocho  pomas  ó 
nísperos  de  aquella  exgelente  fructa  que 
ellos  llaman  munongapot ;  y  un  esclavo  va- 
le giento,  é  mas  é  menos  almendras  des- 
tas  ,  segund  es  la  piega  ó  la  voluntad  de 
los  contrayentes  se  congiertan.  Y  porque 
en  aquella  tierra  hay  mugeres  que  dan 
por  presgio  sus  cuerpos ,  como  entre  los 
chripstianos  las  públicas  merelriges  y 
viven  desso  (é  á  tal  muger  llámanla  gua- 
tepol ,  que  es  lo  mismo  que  degir  mere- 
trix  ó  ramera),  q^en  las  quiere  para  su 
libidinoso  uso^  les  dá  por  una  carrera  ocho 
ó  diez  almendras,  como  él  é  ella  se  con- 
giertan. Quiero,  pues,  degir  que  ningu- 
na cosa  hay  entre  aquella  gente ,  donde 
esta  moneda  corre ,  que  se  dexe  de  com- 
prar é  de  vender  de  aquella  misma  ma- 
nera que  entre  los  chripstianos  lo  suelen 
hager  con  buenos  doblones  ó  ducados  de 
á  dos.  Y  aun  en  aquellas  almendras  hay 
sus  fraudes  para  engañar  unos  á  otros,  é 
meter  entre  alguna  cantidad  dellas,  las 
falsas  é  vanas:  y  esto  hágesse,  quitándo- 
les aquella  corlegica  ó  cascara  que  tie- 
nen aquellas  almendras,  como  las  nues- 
tras, é  hitícliándolas  de  tierra  ó  de  otra 
cosa ,  e  gierran  aquel  hollejo  tan  sotil- 
mente  que  no  se  conosge ,  é  para  enten- 
der el  engaño  el  que  las  resgibe ,  quando 
las  cuenta ,  pássalas  una  á  una  e  póneles 
el  dedo  (índex)  ó  próximo  al  pulgar  so- 
bre cada  una ,  é  por  bien  que  esté  embu- 
tida la  falsificada ,  se  entiende  en  el  tacto, 
é  no  está  tan  igual  cómala  buena.  Destas 
almendras  los  señores  é  pringipales  hagen 
cierto  herraje ,  como  aqui  se  dirá ,  que 


DE  INDIAS.  LIB.  VIH.  CAP.  XXX. 


317 


ellos  tienen  en  mucho :  é  no  lo  usan  sino 
los  poderosos  é  los  que  lo  pueden  hager, 
porque  la  gente  común  no  osa  ni  puede 
usar  con  su  gula  ó  paladar  tal  bevraje; 
porque  no  es  mas  que  empobreger  adre- 
de é  tragarse  la  moneda  ó  echalla  en  don- 
de se  pierda.  Pero  los  señores  calachunis 
é  varones  principales  úsanlo ,  porque  lo 
pueden  liager,  é  les  dan  tributos  destas 
tales  monedas  ó  almendras,  demás  de  las 
tener  de  su  cosecha  é  heredamientos.  É 
deste  bevraje  é  otros  servicios  é  raedigi- 
nas  é  propriedades  deste  cacao  se  dirá 
adelante  algo  ó  lo  que  yo  he  podido  com- 
prehender. 

Pero  quiero  primero  degir  de  la  mane- 
ra que  crian  ó  cultivan  estos  árboles,  co- 
mo cosa  que  tanto  presgian,  y  es  assi. 
Que  después  que  los  han  plantado  en  la 
tierra  que  les  paresge  que  es  fértil  é  á  su 
propóssito ,  en  sitio  é  agua  aUi  gerca  para 
los  regar  á  sus  tiempos  ordinarios;  y 
puestos  por  sus  liños  é  en  compás  é  des- 
viados unos  de  otros  diez  ó  doge  pies, 
porque  mejor  se  alimenten  del  terreno; 
-porque  cresgen  é  cópanse  de  tal  manera 
que  debaxo  dellos  todo  es  sombra  é  el 
sol  no  puede  ver  la  tierra,  sino  en  pocas 
partes  entre  las  ramas.  Y  porque  acaesge 
que  algunos  años  el  sol  los  suele  abuchor- 
nar  é  escaldar  de  manera  que  el  fructo 
sale  vano  ó  no  quaxa  é  se  pierde,  para 
remedio  desto,  tienen  puestos  entre  estas 
arboledas  otros  árboles  que  alli  llaman 
los  indios  yaguaguyt,  é  los  chripstianos 
de  la  madera  negra,  que  cresgen  quassi  al 
doble  que  los  del  cacao  é  los  defienden 
del  sol  é  les  hagen  sombra  con  sus  ra- 
mas é  hojas ,  é  los  van  mondando  é  qui- 
tando los  bragos  é  ramas,  como  van  cres- 
giendo  para  que  suban  derechos  á  este 
propóssito :  los  quales  árboles  son  de  tal 
natura,  que  viven  mucho  mas  que  los 
del  cacao  é  nunca  se  pudren  ni  caen ,  ó 


es  una  de  las  mas  fuertes  maderas  que  se 
saben.  Estos  echan  muy  hermosas  flores, 
digo  los  de  la  madera  negra,  é  como  ro- 
sadas é  blancas  á  manogitos,  como  el  hi- 
nojo ,  é  huelen  bien,  é  su  fructo  son  unas 
arvejas  que  echan  unas  lentejas  algo  meno- 
res que  los  altramuges  y  duríssimas :  nun- 
ca pierden  la  hoja  é  son  árboles  que  los 
indios  presgian ,  assi  para  lo  ques  dicho, 
como  para  hager  sus  gercas  á  sus  here- 
dades ,  é  para  la  madera  de  sus  casas  ó 
buhios ,  porque  digen  ellos  que  ni  perege 
ni  pudre  en  tiempo  alguno.  Yo  deshige 
una  casa  de  sacrifigios  en  Nicaragua ,  un 
quarto  de  legua  ó  menos  fuera  de  la  cib- 
dad  de  León,  en  la  plaga  del  cagique 
Mahomolombo,  que  me  servia;  é  por  qui- 
tarlos de  aquellos  ritos  é  sacrifigios  é  ge- 
rimonias  diabólicas ,  quitábamosles  aque- 
llos templos  quellos  llaman  en  la  lengua 
de  Chorotega ,  de  la  qual  generagion  es 
aquella  plaga  é  gente,  teyopa,  que  quie- 
re degir  lo  mismo  que  casa  de  la  oragion. 
Y  hige  llevar  á  León  los  postes  de  la  ma- 
dera ,  que  todos  eran  desta  que  he  dicho 
de  la  negra,  é  hige  en  mi  casa  una  ca- 
balleriza para  mis  caballos :  é  queriendo 
yo  saber  del  cagique  é  los  viejos  quién 
avien  hecho  aquel  templo  é  casa ,  degian 
que  eran  passados  muchos  años ;  é  por 
lo  que  se  podia  comprehender  eran  mas 
de  giento  é  muchos  mas ,  é  estaba  la  ma- 
dera que  estaba  debaxo  de  tierra ,  que 
era  mas  de  un  estado  de  hondo ,  tan  ver- 
de é  fresca  como  si  estonges  se  cortara, 
élas  hachas  saltaban  é  se  desportillaban, 
labrándola.  Muchas  veges  me  acuerdo  por 
esta  madera  de  aquella  Arca  fcederis  del 
Testamento  Viejo  *  del  leño  llamado  se- 
tim ,  la  qual  era  imputrible ,  é  de  la  mes- 
ma  madera  fué  fecho  el  altar  del  Señor. 
Yo  no  sé  si  esta  madera  negra  de  Nica- 
ragua es  setim;  mas  sé  que  los  indios 
tienen  por  cosa  gierta  que  nunca  se  pu- 


1    Exodi  liber,  cap.  XXXVII. 


318 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


dre  niperesQe,  si  no  la  queman;  é  assi  lo 
digen  ellos.  En  esta  Isla  Española  pien- 
san que  es  la  misma  la  que  llaman  cor- 
baña  y  en  lo  qual  no  me  afirmo. 

Tornando  á  la  fructa  del  coco  ó  cacao 
ó  cacagual ,  porque  de  todas  tres  mane- 
ras le  nombran ,  digo  que  quando  lo  co- 
jen  é  están  saponadas  las  almendras  del, 
es  de  hebrero  adelante:  é  hasta  en  fin  de 
abril  se  cogen  aquellas  maQorcas  ó  vay- 
ñas  en  que  se  crian ,  é  después  que  sacan 
las  almendras  de  alli,  pénenlas  al  sol  al- 
gunos ratos  del  dia  para  que  se  curen ,  é 
para  lo  beber  tienen  esta  forma.  Tuestan 
aquellas  almendras,  como  avellanas,  muy 
tostadas ,  é  después  muélenlo ;  é  cómo 
aquella  gente  es  amiga  de  beber  sangre 
humana,  para  que  este  bevraje  parezca 
sangre,  échanle  un  poco  de  bixa  ,  de  for- 
ma que  después  se  torna  colorado :  é  mo- 
lido el  cacao  sin  la  bixa,  paresge  de  color 
pardo.  É  después  que  está  muy  bien  mo- 
lido en  una  piedra  de  moler,  passado  é 
remolido  quatro  ó  gincoveges,  echándo- 
le un  poco  de  agua  al  moler,  bágese  una 
pasta  espesa,  é  aquella  massa  guárdasse 
fecha  un  bollo:  é  quando  lo  quieren  beber, 
hade  haber  passado,  después  que  se  molió, 
quatro  ó  ginco  horas  á  lo  menos  para  es- 
tar bueno ,  é  mejor  desde  la  mañana  á  la 
noche,  é  mejor  está  para  otro  dia;  é  assi 
se  tiene  ginco  óseys  dias  é  mas.  É  aque- 
lla pasta  tiéndensela  por  los  carrillos  é 
barba  é  sobre  las  nariges  que  paresge  que 
van  embarrados  de  lodo  ó  barro  leona- 
do, é  alguno  muy  roxo  porque  mezclan 
bixa  con  ello :  é  después  que  lo  han  assi 
tendido  ellos  é  las  mugeres ,  aquel  pien- 
san que  va  mas  galán  que  mas  embarra- 
do va  ;  é  assi  se  van  al  mercado  ó  á  ha- 
ger  lo  que  les  conviene ,  é  de  rato  en  rato 
chúpanse  aquel  su  ageyte,  tomándolo  po- 
co á  poco  con  el  dedo.  Ello  á  la  vista  de 
los  chripstianos  paresge  y  es  mucha  su- 
giedad ;  mas  á  aquellas  gentes  ni  les  pa- 
resge asqueroso  ni  mal  fecho  ni  cosa  inú- 


til ,  porque  con  aquello  se  sostienen  mu- 
cho, é  les  quita  la  sed  é  la  hambre  é  los 
guarda  del  sol  é  del  ayre  la  tez  de  la  ca- 
ra. É  dígen  los  indios  quel  que  ha  bebi- 
do el  cacao  en  ayunas,  que  aunque  aquel 
dia  le  pique  alguna  víbora  ó  culebra  ve- 
nenosa, de  las  quales  hay  muchas  en 
aquella  tierra,  que  ningún  peligro  de 
muerte  corre.  Para  beberlo  echan  á  la 
cantidad  de  treynta  almendras  molidas 
un  (juartillo  de  agua ,  é  deslíenlo  en  ella 
con  la  mano,  trayéndolo  al  rededor,  como 
puchegilla ;  é  desfecho  en  aquella  agua 
en  una  higuera  ó  taga ,  toman  otra  ó  el 
vaso  en  que  lo  quieren  beber  é  pónenle 
vagio  en  tierra,  é  teniendo  en  las  manos 
la  higuera,  en  que  está  desleído  el  cacao, 
échanlo  á  chorro  desde  dos  palmos  de 
alto,  ó  poco  mas  ó  menos,  en  el  vaso 
que  estaba  vagio  en  que  lo  han  de  beber: 
é  levanta  una  espuma  alta  por  gima ,  é 
assi  lo  beben ,  é  paresge  que  bebe  hom- 
bre gurrapas ,  é  por  tanto  paresge  asque- 
roso al  que  no  lo  ha  bebido.  Mas  al  que 
lo  usa,  parésgele  bien,  é  es  de  buen  sabor 
é  saníssimo  bevraje:  é  quedan  los  labros 
é  en  torno  de  la  boca  parte  de  aquella 
espuma,  é  quando  es  colorada  que  tiene 
bixa,  paresge  horrenda  cosa,  porque  pa- 
resge sangre  propria :  é  quando  no  la  tie- 
ne, paresge  pardo,  é  de  la  una  é  otra  ma- 
nera es  súgia  vista.  Pero  hállanla  muy 
provechosa  los  chripstianos  ,  é  los  indios 
se  presgian  mucho  desío ,  é  lo  tienen  por 
estado  é  señorío,  é  dígen  que  es  la  mejor 
cosa  del  mundo  é  mas  dina  de  estímagion. 
ítem:  toman  el  cacao  (en  la  provin- 
gia  de  Nicoya ,  é  en  la  isla  de  Chira ,  é 
dende  adelante  donde  lo  alcangan) ,  é 
tuéstanlo  mucho,  segund  de  suso  se  díxo, 
é  muélenlo  en  una  piedra  muy  limpia  con 
un  poco  de  agua ,  é  hagen  una  pella  de 
aquella  pasta  como  el  puño ,  después  que 
quatro  ó  ginco  veges  ha  seydo  molido  ó 
passado  por  la  moledera.  É  una  india  tie- 
ne puesta  una  olla  de  hasta  dos  agumbres 


DE  INDIAS.  LIB.  VIH.  GAP.  XXX. 


319 


é  media  ó  tres  que  quepa,  y  echa  en  ella 
un  poco  de  agua  que  aun  no  sea  canti- 
dad de  medio  quartillo  della ;  y  échese 
alli  la  dicha  pella  molida  fecha  pasta  del 
dicho  cacao ,  é  con  una  caña  delgada  de 
un  carrizo  tráyganlo  á  una  mano  é  á  un 
son  ó  compás  en  un  tenor ,  sin  afloxar 
ni  dar  prisa ,  sino  como  es  dicho  é  no 
con  furor,  porque  se  daña,  ni  con  tan 
poco  espagio  que  se  pegue  é  queme.  É 
el  fuego  sea  lento  é  dulge  de  una  mane- 
ra hasta  el  fin ,  que  sea  brassa  é  no  lla- 
ma ,  é  cómo  se  va  cogiendo,  hirviendo, 
assi  se  va  espessando,  é  assi  han  de  yr 
echándole  muy  poquita  agua,  de  quando 
en  quando.  Esto  ha  de  hager  una  india, 
é  otra  ha  de  ser  la  que  esté  moliendo  al- 
mendras :  é  cómo  la  moledera  haya  fe- 
cho otra  pella  de  la  ala  que  mege  la  olla, 
échela  como  la  primera  sobre  lo  que 
primero  entró  á  cogerse ;  é  desta  manera 
hagiendo  siete  ú  ocho  pellas ,  se  puede 
gastar  en  esto  un  tergio  de  gelemin  de 
almendras  en  todo  el  cacao  que  entra  en 
la  olla,  que  siempre  ha  estado  hirviendo, 
é  megiéndolo  con  la  cañuela  é  echando 
agua  poco  á  poco.  De  manera  que  assi 
en  el  agua,  con  que  se  molió,  como  en  la 
que  se  le  echó ,  al  cogerse ,  echen  é  gasten 
dos  agumbres  é  poco  mas  do  agua.  É 
acabado  de  echar  toda  la  massa,  está  co- 
giendo unquarto  de  media  hora,  ola  oc- 
tava parte  de  una  hora,  hasta  que  se  es- 
pesa: é  estonges  quítanlo  del  fuego  é 
déxanlo  enfriar  hasta  que  quede  tibio  ó 
algo  mas  caliente  que  tibio.  É  estando 
assi,  toman  una  venera  ó  una  cuchara ,  é 
de  aquella  massa  assi  cogida  echan  can- 
tidad de  una  traviesa  de  mano,  que  po- 
drán ser  ginco  ó  seys  cucharadas ,  en  una 
higuera  grande  que  quepa  agumbre  y  me- 
dia de  agua  poco  mas  ó  menos :  é  sobre 
aquella  pasta  ó  magamorra  hinchen  la 
higuera  grande  de  agua ,  é  luego  se  sube 
el  agey  te  de  suso  é  pónenla  sobre  un  ger- 
co  texido  de  palmas  (que  son  como  aque- 


llos de  alaton  que  usan  poner,  en  Flandes, 
en  la  mesa  sobre  que  ponen  los  platos 
ó  escudillas  con  el  manjar  caliente,  por- 
que no  queme  los  manteles).  Enton- 
ges  la  india ,  muy  lavadas  las  manos, 
pone  la  palma  sobre  aquel  ageyte  é  pé- 
gasele á  ella ,  é  de  la  palma  escurre  lo 
espeso  en  un  bote  ó  vaso,  do  quieren  po- 
ner este  ageyte  ó  licor  presgioso :  el  qual 
alli  después  se  hiela  é  enduresge  desde  á 
ginco  ó  seys  horas,  é  se  para  colorado 
de  la  color  de  la  bixa,  si  se  la  echaron  al 
moler ,  é  si  no  la  echaron ,  está  amarillo 
de  color  de  oro.  Quando  los  indios  prin- 
gipales  é  los  señores  beben  deste  cacao 
cogido ,  es  poco  á  poco ,  de  manera  que 
ninguno  da  sino  un  trago  ó  dos,  si  es 
pringipal :  é  si  mas  diesse  en  presengia 
del  señor  calachuni ,  sería  ávido  por  vi- 
gióse é  mal  comedido.  El  calachuni  ó 
tey te  da  tres  ó  cuatro  tragos ,  é  pénese 
de  aquel  graso  por  los  labrios  é  toda  la 
barba ,  é  paresge  que  está  untado  con 
agafran  desleydo  grueso  ,  é  reluce  como 
manteca. 

Este  olio  es  sancta  cosa  para  mu- 
chos males  é  dolengias  é  llagas.  La  ex- 
periengia  que  desto  tengo  es  que,  yen- 
do yo  por  tierra,  desde  León  de  Nicara- 
gua á  la  provingia  de  Nicoya,  en  una 
jornada  de  aquellas  paré  á  dormir  junto 
á  la  costa  de  la  mar ,  un  dia  á  puesta  de 
sol ;  é  cómo  pensé  madrugar  el  dia  si- 
guiente, quise  ver  antes  que  anoches- 
giese  el  dia  que  alli  llegué ,  un  paso  es- 
trecho por  donde  avia  de  pasar  á  caba- 
llo, porque  aunque  madrugasse  á  prose- 
guir mi  camino,  lo  oviese  visto  :  é  están- 
dolo  mirando  sobre  una  peña,  en  que  ba- 
tía la  mar ,  vino  una  ola  que  me  pares- 
gió  que  me  podría  embestir ,  é  salté  pres- 
to á  un  cabo  por  me  apartar ,  é  la  peña 
era  brescada  é  tenia  puntas,  é  yo  estaba 
descaigo ;  é  salióseme  el  zapato  del  pie  ó 
di  en  una  punta  de  la  peña  é  abrióme  el 
pie  quassi  desde  los  dedos  al  calcañar. 


320 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


por  medio  de  la  planta ,  y  quedé  muy 
mal  herido  y  á  mas  de  sesenta  leguas, 
por  andar  del  camino  despoblado  hasta 
Nicoya ,  é  sin  girujano  ni  otro  remedio 
sino  el  de  Dios ,  salióme  mucha  sangre, 
é  víme  tal ,  que  yo  creí  que  de  muerto  ó 
perder  el  pie  y  quedar  muy  coxo  no  pe- 
dia escapar.  Estando  en  este  trabaxo, 
acordóme  que  un  criado  mió  é  dos  ne- 
gros é  giertos  indios  mios  llevaban  un 
togino  ó  dos  salados  para  el  camino ,  é 
en  el  cobertor  de  una  olla  de  cobre  hige 
echar  un  poco  de  aquel  togino  del  lardo 
é  freyrlo  bien ,  é  con  aquello  hígeme  que- 
mar bien  la  llaga ,  que  tenia  en  partes  un 
dedo  ó  mas  de  hondo ;  é  aunque  se  res- 
tañó algo  la  sangre  (después  de  me  aver 
salido  mucha),  no  fué  de  todo  punto.  Es- 
tonges  una  negra  mia  dixo  que ,  pues  los 
indios  degian  que  aquel  ageyte  del  cacao 
era  bueno  para  llagas  é  yo  lo  llevaba, 
que  me  pusiesse  dello  ,  y  assi  lo  hige :  ni 
tenia  otra  cosa  con  que  curarme,  é  der- 
retido un  poco,  maxaba  unas  hilas,  éde 
cabo  á  cabo  llena  la  llaga  dellas ,  ponia 
engima  otros  paños  mojados  en  lo  mismo. 
Siguiendo  mi  camino  é  llevando  la  pier- 
na colgada,  anduve  desta  manera  mas 
de  sesenta  leguas  hasta  Nicoya ,  donde 
descansé  diez  ó  doge  dias ;  é  á  cabo  de 
veynte  é  ginco  estaba  gorrada  é  sana  la 
llaga  ,  é  yo  sin  aver  tenido  agidente  al- 
guno. Mas  quedóme  en  medio  de  la 
planta  una  durega  é  bulto  levantado,  tan 
grueso  como  una  avellana ,  é  no  podia 
andar  sin  bordón,  é  en  tocando  con 
aquello  en  tierra  sentia  mucha  pena  é 
dolor,  é  andaba,  poniendo  de  aquel  pie 
solamente  la  punta  é  coxqueando.  El  pa- 
resger  de  mis  amigos  era  que  me  pusies- 
se á  discregion  de  médicos  é  girujanos, 
los  quales  no  perderían  nada  conmigo  ni 
yo  ganara  nada  con  ellos :  acordé  de  no 
lo  hager  ni  dexar  de  traer  alli  puestos 
continuamente  paños  untados  en  aquel 
ageyte ;  y  plugo  á  la  Madre  de  Dios  que 


á  cabo  de  sesenta  dias  ó  pocos  mas  que 
fuy  herido  ,  estaba  desfecha  é  resolvida 
aquella  carne  que  alli  se  avie  añudado, 
é  ninguna  señal  me  quedó  en  el  pie  mas 
que  si  nunca  alli  oviera  ávido  mal  algu- 
no. Por  gierto  yo  diera  de  buena  gana 
quinientos  castellanos,  por  verme  assi  sano 
como  me  dexó  este  olio ;  y  assi  doy  infi- 
nitas gragias  á  Nuestro  Señor:  que  su 
missericordia  usó  conmigo  esta  piadad, 
é  acaso  llevaba  aquel  poco  de  ageyte; 
pero  llevaba  mas  de  dos  hanegas  de 
aquellas  almendras ,  é  en  una  isla  que 
se  dige  Pocosi ,  que  está  en  el  golpho  de 
Orotiña,  las  hice  hager  todas  ageyte  á 
aquella  negra  mia  que  lo  sabia  muy  bien 
hager,  É  aun  después  llevé  parte  dello  á 
España ,  é  en  Avila  di  una  redomica  dello 
á  la  Emperatriz,  nuestra  señora ,  que  en 
gloria  está;  é  preguntándome  Su  Magos- 
tad si  era  bueno  para  llagas ,  dixe  lo  que 
he  dicho  que  sabia  por  experiengia. 

Molido  el  coco  ó  cacao  é  cogido  con  un 
poco  de  agua,  se  hage  exgelente  aceyte 
para  guisar  de  comer  é  para  muchas  cosas; 
é  acuerdóme  que  en  la  plaga  que  llaman 
Mambacho  estaba  alli  un  italiano,  buen 
compañero  é  amigo  mió,  llamado  Nicolá, 
é  en  este  camino  passé  por  alli  antes  de 
me  aver  acontesgido  lo  ques  dicho,  é 
me  dio  muy  bien  de  genar  á  mí  é  á  mi 
gente  mucho  pescado  é  huevos,  é  guisa- 
do todo  con  este  ageyte  :  é  preguntán- 
dole yo  que  de  dónde  avia  aquella  man- 
teca ,  me  dixo  que  no  era  manteca ,  sino 
deste  ageyte  del  cacao,  é  que  para  heri- 
das era  exgelente  cosa ,  é  lo  avia  él  ex- 
perimentado algunas  veges,  estando  heri- 
do, é  que  en  qualquier  mal  ó  dolor  ó 
granos  ó  hinchagon  ó  postemas  á  todo 
aprovecha;  lo  qual  yo  creo  muy  bien, 
por  lo  que  vi  en  mi  pie. 

Y  pues  se  ha  dicho  de  suso  algo  largo 
del  cacao,  quiero  que  no  se  dexede  degir 
otra  forma  de  sacar  el  ageyte  del  que  se 
usa  en  Tabaraba  é  Cheriqui  é  por  aquella 


DE  INDIAS.  LIB.  VIH.  CAP.  XXX. 


321 


tierra,  y  esdesta  manera.  Toman  aquellas 
almendras  é  tuéstanlas ;  y  no  se  les  puede 
dar  otro  nombre  mas  proprio  que  almen- 
dras, porque  assi  son,  como  las  almendras 
de  los  almendros  de  Castilla,  salvo  que  no 
son  tan  luengas ,  poca  cosa ,  é  al  paresQer 
perfetas  almendras  son;  pero  gustadas 
assi  enteras ,  son  algo  amargas ,  é  tirada 
aquella  cascarica  delgada  que  tienen,  co- 
mo la  almendra  mondada  ó  hollejo ,  no 
están  enteras ,  é  ábrense  por  partes  sin 
parescer  que  se  rompe ,  sino  que  se  des- 
pega una  cosa  de  otra ,  é  assi  paresge  que 
es  como  de  cosas  juntadas  unas  con  otras. 
Quando  están  quaxadas  en  aquellas  ma- 
jorcas en  que  nasgen  ,  algunos  indios  co- 
men la  majorca  é  las  almendras  junto, 
quitando  á  la  magorca  la  cortega  con  tan- 
to gordor,  como  una  pluma  de  escrebir,  é 
se  comen  lo  restante.  Yo  lo  he  probado: 
á  mi  paresger  no  es  buen  manjar  ni  sa- 
broso ,  aunque  los  indios  le  loan  por  cosa 
muy  sana.  Assi  que,  tornando  al  propós- 
sito ,  tostadas  las  almendras ,  móndanlas 
de  aquella  cascara  delgada ,  é  muélenlas 
dos  ó  tres  veges  sin  gota  de  agua  alguna: 
antes  de  su  propria  humedad  está  asaz 
líquida  la  pasta,  é  en  tanto  que  se  muele, 
ponen  á  un  fuego  dulge  y  lento  una  ollica 
que  quepa  una  agumbre  de  agua,  poco 
más  ó  menos ,  é  hinchen  de  buena  agua 
limpia  la  olla  hasta  las  dos  partes:  é  des- 
pués que  ha  hervido  un  poco  despagio, 
echan  el  cacao  en  ella  (questá  molido 
como  es  dicho),  écon  una  caña  delgada 
ó  un  paUto  muy  limpio  menéanlo  al  rede- 
dor, hasta  tanto  que  levantando  el  pali- 
llo ó  caña  una  é  dos  é  mas  veges,  se  vé 
questá  cogido  después  que  ha  hervido 
bien;  é  vésse  que  está  cogido  en  que  en 
el  palillo  ó  caña  no  queda  nada  pegado 
del  cacao ,  que  sale  limpio ,  6  todo  está 
líquido  é  cogido  é  corre,  como  agua.  Fe- 
cho aquesto  ,  dan  con  la  caña  en  medio 
de  la  masa  ú  olla,  para  abaxo,  golpes  pa- 


sico,  como  para  que  se  abra ;  é  por  allí 
sale  arriba  luego  el  ageyte,  é  con  una 
cuchareta  sotilmente  cójesse  poco  á  po- 
co ,  guardando  que  no  coja  el  cacao  con 
el  ageyte,  porque  el  ageyte  es  la  flor  é 
virtud  pringipal ,  é  lo  que  ya  queda  del 
cacao  es  agessorio  é  de  menos  valor.  É 
assi  aquello  que  se  coje  con  la  cuchara, 
se  pone  aparte.  Después  que  desta  forma 
que  he  dicho  se  ha  sacado  lo  mas  que  ha 
seydo  possible ,  langan  en  una  higuera, 
que  está  aparte  fuera  del  fuego  con  agua 
limpia ,  el  dicho  cacao ,  después  de  saca- 
do del  el  ageyte ,  la  mitad  ó  el  tergio  ó 
quarta  parte  del  cacao ,  é  en  otra  é  otras 
higueras  lo  demás ;  é  revuélvenlo ,  é  lue- 
go se  sube  sobre  el  agua  el  ageyte  que 
quedó ,  que  no  se  pudo  sacar  con  la  cu- 
chara, é  aquello  bebido ,  assi  fecho  aquel 
caldo ,  es  exgelente  é  saníssimo.  É  si 
quieren  sacar  aquel  ageyte ,  que  como  di- 
cho es,  avia  quedado ,  toman  una  pluma 
sotilmente  ,  é  á  de  suso  cójenlo  lo  mejor 
que  pueden;  porque  luego  se  pega  á  la 
pluma,  andando  sobre  aguado,  é  sacuden 
la  pluma  donde  lo  quieren  recojer ,  é  se 
despide  della  el  ageyte ,  é  vuelven  por  lo 
demás.  Pero  esto  no  sale  tan  limpio  del 
agua  é  del  cacao,  como  lo  que  primero  se 
dixo ;  é  el  agua  é  cacao  que  queda ,  sa- 
cado el  ageyte ,  bébese  é  es  muy  saníssi- 
mo. En  ayunas  vale  contra  pongoña,  é 
tienen  los  indios  por  averiguado  que 
aviéndolo  bebido  aquel  dia ,  si  son  pica- 
dos de  víbora  ó  de  otra  serpiente ,  es  cu- 
rable la  tal  mordedura.  Yo  tengo  por  ave- 
riguado para  mí ,  segund  la  mordedura  de 
las  culebras  cortas  es  pongoñosa,  que  al 
tergero  dia  é  antes  muere  el  que  es  mor- 
dido della  :  que  deben  ser  tiros  ó  áspides 
mas  gierto  ,  segund  lo  que  se  escribe  del 
áspide ,  ques  culebra  menor  que  la  víbo- 
ra,  é  la  una  é  la  otra  pongoñosíssimas :  é 
contra  esse  é  todo  venino  tienen  los  in- 
dios por  bastante  remedio  el  cacao. 


TOMO  I. 


41 


322 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO   XXXI. 


Del  árbol  llamado  ,paco  c  su  fructa. 


Jr  ACÓ,  en  la  lengua  de  Cueva,  en  Castilla 
del  Oro,  quiere  degir  esclavo;  mas  en 
Nicaragua  é  en  las  islas  del  golpho  de 
Orotiña  é  en  otras  partes  es  una  fructa 
tamaña  como  un  puño  gerrado  é  algo  ma- 
yor ,  prolongada  é  de  color  pardo ,  é 
también  de  color  verde  ;  pero  la  fruc- 
ta destos  árboles  que  tiran  al  color  ver- 
de es  mas  redonda  é  paresge  membri- 
llo. La  cortega  es  del  gordor  de  la  grana- 
da ;  pero  mas  blanda  mucho ,  é  aquella 
quitada,  tiene  una  carnosidad  envuelta  en 
una  estopa  que  se  está  pegada  é  no  se 
quita  del  cuesco:  é  mordiendo  en  él,  sá- 
casse  la  carne,  é  queda  aquella  estopa  pe- 
gada en  el  cuesco  é  de  punta.  Y  también 
quando  la  cascara  se  quita,  sale  algo  de  la 
carnosidad  sin  el  estopa.  Esta  fructa  es 
dulge  é  de  buen  sabor ,  é  sana ,  é  es  fría. 
El  cuesco  es  muy  gruesso ;  de  manera 


que  lo  que  hay  que  comer  es  muy  poco, 
é  él  no  se  paresge  con  aquella  estopa. 
Los  árboles  desta  fructa  no  son  menores 
que  los  nogales  de  España,  é  la  hoja  es 
del  talle  de  la  del  nogal ,  pero  muy  me- 
nor. La  madera  é  sombra  destos  árboles 
es  muy  buena :  llámasse  el  árbol  é  la  fruc- 
ta un  mismo  nombre,  ques  paco.  El  que 
llamé  cuesco  desta  fructa  no  lo  es ,  sino 
pepita ;  é  aquella  estopa  está  pegada  en 
una  cascara  regia  é  como  nerviosa,  é 
dentro  de  aquella  está  una  pepita  grande 
que  la  ocupa  toda ,  la  qual  tiene  paresger 
de  castaña  inxerta  mondada ,  ó  como  son 
las  pepitas  de  las  peras  de  Tierra-Firme. 
Esta  pepita  no  es  de  comer ,  porque  es 
duríssima  é  amarga,  é  los  indios  no  la 
tienen  por  cosa  buena  ni  nesgessaria ,  ni 
la  comen  esta  pepita ,  salvo  la  fruc- 
ta que  es  dicho  paco  ,  é  léanla  de  sana. 


CAPITULO  XXXII. 


Del  árbol  tembixque  é  su  frucla,  alias  tembate. 


JL  EMBiXQüE  es  un  árbol ,  é  no  de  los  que 
dexan  de  estimar  los  indios  en  la  provin- 
gia  de  Nicaragua ;  antes  lo  presgian  por 
su  fructa.  Son  árboles  medianos  é  frescos, 
y  echan  unos  capullos  redondos  ,  é  par- 
tidos ó  divididos  por  parte  de  dentro ,  é 
en  cada  apartamiento  de  aquellos  una  pe- 
pita redonda  é  blanquíssima,  algo  mas 
gruessa  que  piñones ,  é  de  aquel  tamaño, 
é  cubierta  con  una  cascara  negra  é  del- 
gada ,  é  aquella  quitada  es  muy  mejor  al 


gusto  que  los  piñones  de  Castilla.  Mas 
hánsede  comer  pocos  dellos,  porque  dan 
dolor  de  cabega ,  é  entre  los  chripstianos 
se  aprovechan  dellos  é  los  confitan :  é  no 
es  menester  comer  cantidad,  porque  cau- 
san fluxo  de  vientre ,  é  aun  con  dolor  de 
tripas;  mas  comidos  una  dogena  ó  dos 
dellos,  no  ingitan  á  hager cámara,  ni  co- 
midos en  el  pringipio  del  pasto.  También 
los  hay  en  algunas  islas  é  en  otras  partes 
de  la  Tierra-Firme. 


DE  INDIAS.  LIB.  VIII.  CAP.  XXXIII. 


323 


CAPITULO  XXXIII. 

Del  árbol  que  en  esla  Isla  Española  llaman  papaya,  y  en  la  Tierra-Firme  los  llaman  los  espafioles  los  hi- 
gos del  masfuerco,  y  en  la  prov¡n9Ía  de  Nicaragua  llaman  á  lal  árbol  olocoton. 


JCin  la  costa  del  poniente  de  la  Tierra- 
Firme  ,  partiendo  del  puerto  del  Nombre 
de  Dios ,  la  costa  ábaxo ,  en  la  provingia 
de  Quebore  é  en  Veragua  é  en  las  islas 
de  ^erebaro  é  en  otras  partes  de  aquella 
costa,  hay  unas  higueras  altas  y  dere- 
chas é  de  solo  un  pié  derecho  é  sin  ra- 
mas ,  é  en  lo  alto  echan  unas  hojas  tre- 
padas é  mas  anchas  mucho  que  las  de  las 
higueras  de  Castilla,  con  unos  pegones 
largos  de  media  braga  ó  mas:  é  la  fructa 
que  llevan  son  unos  higos  tan  grandes 
como  melones ,  é  menores  assi  mismo, 
los  quales  nasgen  pegados  en  el  tronco 
pringipal  de  la  higuera  en  lo  alto  delia  é 
en  cantidad,  é  tienen  la  cortega  ó  cuero 
delgado ,  é  todo  lo  demás  es  de  una  car- 
nosidad espesa,  como  la  del  melón  (aun- 
que no  tan  magiga) .  Es  de  buen  sabor  é 
córtasse  á  revanadas,  como  un  melón;  y 
en  el  medio  deste  higo  ó  fructo  tiene  las 
pepitas ,  las  quales  son  menudas  y  ne- 
gras y  envueltas  en  una  manera  de  ma- 
teria é  humor  de  la  forma  que  lo  están  las 
de  los  membrillos ,  aunque  mas  viscosas, 
é  son  tanta  cantidad  esas  pepitas ,  como 
un  huevo  de  gallina ,  é  mas  é  menos,  se- 
gund  la  grandeza  del  higo.  É  aquellas 
pepitas  se  comen  é  son  sanas  y  del  mis- 
mo sabor  ni  mas  ni  menos  que  mastuer- 
go ,  é  el  higo  es  dulge  sin  las  pepitas ;  y 
por  esto  los  chripstianos  llaman  en  la 
Tierra-Firme  á  esta  fructa  higos  del  mas- 
tuergo.  É  donde  primero  los  hallaron  fué 
en  tierra  del  cagique  Quebore ,  donde  los 
hay  tan  grandes  como  ollas  medianas  ó 
como  grandes  melones  de  España  ;  é  un 
hidalgo,  llamado  Alonso  de  Valverde,  en 
cuya  encomienda  estaba  aquel  cagique  de 


Quebore ,  los  llevó  estos  higos  al  Darien, 
donde  los  chripstianos  los  sembraron  de 
aquellas  pepitas  é  en  otras  muchas  par- 
tes, é  se  truxeron  á  esta  é  otras  islas  é  se 
han  fecho  muy  bien,  é  aqui  los  llaman 
papayas,  é  sin  los  llevar  á  Veragua  é 
otras  partes  de  la  Tierra-Firme ,  los  hay 
é  muchos;  é  en  la  gobernagion  de  Nica- 
ragua llaman  esta  fructa  olocoton  ,  é  una 
provingia  hay  entre  la  provingia  de  Na- 
grando  é  la  provingia  de  Honduras  que 
se  dige  Olocoton,  donde  hay  muchas  des- 
tas  higueras.  Pero  donde  mayores  se  han 
visto  estos  higos  es  en  Quebore ,  puesto 
que  en  Nicaragua  é  Tegoatega  é  otras 
partes  hay  grandes  é  muchos  destos  hi- 
gos. Estas  higueras  hagen  un  pié  ó  tron- 
co, gruesso  como  un  hombre  por  la  gin- 
tura ,  é  mucho  mas  é  menos  ,  algunas ,  é 
derecho  sin  rama  alguna :  é  estos  que  son 
solos,  sin  echar  ramas,  son  los  que  mas 
viven  deslas  higueras;  pero  hay  otras  de 
la  misma  fructa  que  después  quel  pié  ha 
subido  un  estado  de  un  hombre  ó  mas  en 
su  altura,  echa  otras  ramas  una  ó  dos  é 
tres ,  é  algunos  hasta  seys ,  é  de  este  nú- 
mero abaxo  y  derechas  para  arriba  é  no 
tendidas  ni  trastornada  á  parte  alguna  si- 
no para  lo  alto ,  siguen  é  cresgen  mucho 
mas  altos  que  langas  de  armas ,  é  algu- 
nos como  dos  langas.  La  cortega  deste 
árbol  (al  qual  yo  tengo  mas  por  planta 
que  no  por  árbol) ,  es  gruessa  como  un 
dedo,  é  lo  de  dentro  ó  madera  del  es 
tierno  é  fofo ,  é  el  coragon  es  hueco  de 
alto  á  bajo,  é  si  dan  en  el  árbol  con  una 
espada ,  para  probar  su  fortaleza  de  cada 
golpe  corta  un  palmo  ó  mas,  porqués  muy 
fofo;  é  de  qualquier  golpe  pequeño  que 


324 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


se  le  dé,  se  seca.  Estos  vastagos  que  as- 
si  echan  derechos,  echan  en  la  cumbre 
unas  hojas,  muchas  con  luengos  pegones  é 
no  ramas ,  é  cada  hoja  es  de  dos  palmos 
ó  mas  de  ancho,  trepada  é  gentil é  ver- 
de; é  el  astil  que  desdel  árbol  á  ella  tiene, 
es  de  tres  é  qualro  é  ginco  é  aun  seys 
palmos  luengo ,  é  los  higos  que  he  dicho 
nasgen  de  las  ramas  (digo  hojas)  para  aba- 
xo,  pegados  en  el  árbol  altos  asidos  de 
sus  pegones,  y  también  por  aquel  tronco 
abaxo.  Estos  higos  se  forman  de  giertas 
rosas  blancas  que  primero  echan  estas  hi- 
gueras. É  cómo  un  vastago  destos  echa 
todos  los  higos  que  ha  de  echar  (é  aque- 
llos maduran),  sécase  aquel  tallo.ó  vasta- 
go que  no  echa  mas  fructo ,  é  los  herma- 
nos hagen  lo  mismo,  uno  no  mas  el  si- 
guiente año,  é  sécase;  é  el  otro  año  si- 
guiente el  que  nasgió  mas  tarde,  hage  lo 
mismo ;  é  assi  si  ginco  ó  seys  hijos  su- 
ben de  aquel  tronco ,  tantos  años  viven 
por  la  orden  que  he  dicho  ,  llevando  uno 
dellos  su  año  é  no  dando  fructo  los  otros, 
sino  en  aquel  año  que  le  cabe  la  vez.  É 
complida  la  tanda  d«  todos ,  todo  el  ár- 


bol é  tronco  pringipal  se  secan,  y  aun  an- 
tes quel  postrero  muera,  los  hermanos  que 
han  echado ,  están  secos ,  é  los  que  no 
han  llevado  están  verdes  é  echan  hojas, 
é  no  fructa ,  sino  por  la  orden  ques  di- 
cho ;  é  ponen  los  indios  de  la  simiente 
otros  antes  que  aquellos  se  acaben.  Los 
que  con  solo  un  pié  se  crian  é  no  echan 
hijo  alguno  destos ,  viven  tanto  como  los 
hijos  todos  del  otro  género  que  he  dicho, 
é  en  ginco  ó  seys  años,  siempre  cada  año 
lleva  estos  higos ;  pero  cada  año  los  da 
menores ,  é  al  sexto  año  menudos  é  no 
buenos ,  é  de  alli  adelante  no  vale  nada 
é  se  pierde.  Madura  esta  fructa  en  el  ár- 
bol é  no  juntamente ,  sino  uno  á  uno  ;  é 
acaesge  estar  uno  maduro  é  amarillo  co- 
mo gera ,  é  los  otros  todos  verdes  é  du- 
ros. Algunos  destos  higos  son  redondos, 
é  otros  son  prolongados,  é  la  higuera 
que  los  echa  redondos,  no  echa  alguno 
luengo;  ni  la  que  los  echa  luengos,  nin- 
guno echa  redondo ,  porque  son  distintas 
naturas  é  castas  desta  fructa ;  mas  en  el 
sabor  é  en  todo  lo  demás,  todos  son  una 
misma  cosa. 


CAPITULO  XXXIV. 


Del  árbol  llamado  tembixque  é  de  su  fructa  en  la  Tierra-Firme. 


Ue  suso  en  el  capítulo  XXXII  se  trac- 
to del  árbol  é  fructa  tembixque ,  é  aqui  se 
tractará  de  otro  que  aunque  se  quieren 
paresger  en  el  nombre,  son  muy  diferen- 
tes. Tenthixque  es  un  árbol  grande,  como 
un  gran  nogal  é  muy  verde,  é  la  hoja 
como  de  laurel ;  mas  esta  es  mas  verde 
é  mas  ancha ,  é  en  los  asientos  é  pueblos 
de  indios  de  Nicaragua,  en  espegial  en 
Tegoatega  é  Guagama  é  otras  plagas ,  los 
indios  ponen  en  sus  casas  estos  árboles, 
porque  son  de  muy  sana  sombra  é  quie- 


ren paresger  hayas,  salvo  que  son  mas 
copados.  Su  fructa  es  algo  mayor  que  las 
ageytunas  gruessas  ó  gordales  de  Sevi- 
lla ,  é  aun  como  nueges  pequeñas ;  é  es- 
tas son  verdes  é  tienen  el  hollejo  como 
de  giruela  ó  poco  mas  gruesso.  E  cuegen 
esta  fructa,  é  cogida  la  comen,  é  es  buen 
manjar  sano  é  dulge ,  é  tiene  de  dentro 
un  cuesco  liso,  como  una  ageytuna  de  las 
pequeñas,  é  dentro  de  aquel  cuesco  una 
pepita  dura  é  amarga. 


DE  INDIAS.  LIB.  VIII.  CAP.  XXXV. 


325 


CAPITULO  XXXV. 


Del  árbol  caoba  é  su  frucla. 


iLn  la  provincia  de  la  Nueva  Castilla, 
que  por  error  el  vulgo  llama  Perú ,  por- 
que ignora  la  verdad  ( porque  el  Perú  es 
mucho  mas  acá ,  é  la  Nueva  Castilla  es 
aquella  donde  fué  señor  Atabaliba ,  aquel 
grand  príngipe  de  quien  tantos  tesoros  se 
han  ávido,  é  en  cuyo  señorío  está  por  go- 
bernador de  la  Cesárea  Magestad,  el  mar- 
ques, don  Frangisco  Pizarro);  alli,  pues, 
en  aquel  señorío  hay  ciertos  árboles  que 
el  árbol  é  la  fructa  se  llama  coaba;  el 
qual  árbol  es  grande  é  gruesso  é  de  muy 
regia  madera.  La  hoja  déles  como  la  del 
ginjol  que  en  Castilla  llaman  serval.  La 
fructa  que  hage  es  tan  luenga  como  dos 
é  aun  tres  palmos  de  luengo  é  gruessa 


como  la  muñeca  del  brago  de  un  hom- 
bre, ó  poco  menos.  El  manjar  que  tiene 
dentro  es  una  pasta  dulge  é  de  buen  sa- 
bor é  gumosa ,  é  á  trechos  tiene  cuesoos 
que  quieren  paresger  havas  verdes,  é 
entre  cuesco  é  cuesco  hay  un  buen  bo- 
cado de  aquel  manjar  ó  fructa ,  que  e& 
muy  buen  pasto.  É  estos  fnictos  quieren 
paresger  garrovas,  sino  que  son  mu- 
cho mayores  que  garrovas ,  como  es  di- 
cho. Es  fructa  sana  é  que  los  indios  de 
aquella  tierra  la  tenian  é  presgiaban 
por  muy  buena  fructa ,  é  los  chripstia- 
nos  no  la  tienen  en  menos  estimagion, 
porque  demás  del  gusto,  es  prove- 
chosa. 


CAPITULO  XXXVI. 

De  ios  ciruelos  é  giruelas  de  doblados  cuescos  que  hay  ertla  Tierra-Firme,  en  la  Tierra  Austral. 


rLn  la  Tierra  Austral ,  en  la  provingia  é 
gobernagion  de  la  Nueva  Castilla,  que 
por  la  Cesárea  Magestad  gobierna  el 
marqués,  don  Frangisco  Pizarro,  hay 
giertos  árboles  que  los  españoles  llaman 
giruelos  de  dos  cuescos :  los  quales  son 
grandes  árboles ,  é  su  fructa  es  propria- 
mente  como  giruelas ,  é  cada  una  dellas 
tiene  dos  cuescos ;  é  cómenlas  los  indios 


é  los  chripstianos  assi  mismo,  aunque 
son  de  un  sabor  menos  que  bueno ,  é  la 
carnosidad  desta  fructa  pégase  á  los 
dientes.  En  fin ,  no  es  manjar  para  des- 
searle ,  y  en  espegial  los  devotos  de  Ba- 
co ,  porque  el  vino  sabe  mal ,  siendo  be- 
bido tras  esta  fructa,  aunque  el  vino  sea 
muy  bueno ;  pero  con  sus  tachas,  la  co- 
men los  que  no  tienen  otra  mejor. 


CAPITULO  XXXVII. 


í)el  árbol  llamado  hicomas  ó  de  su  frucla  en  la  Tierra  Austral. 


H 


icoMAS  es  un  árbol  grande  é  hermoso 
en  la  Tierra  Austral  é  gobernagion  de  la 
Nueva  Castilla  (de  la  otra  parte  de  la  li- 


ma equinogial):  el  qual  lleva  una  fructa 
que  quiere  paresger  mucho  á  los  mem- 
brillos de  la  provingia  de  Castila  del  Oro, 


326 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


assi  en  los  cuescos ,  divididos  en  tres  ó 
quatro  partes ,  como  en  lo  demás  (de  los 
quales  membrillos  se  dirá  mas  larga- 
mente en  el  siguiente  libro  IX ,  en  el  ca- 


pítulo XXII).  Esta  fructa  dicha  hicomas  es 
de  buen  sabor  lo  que  della  se  come  é 
sana,  é  hay  mucha  della, en  aquellas 
partes  * . 


CAPITULO  XXXVIII. 

Del  árbol  llamado  yaguaffuy  ,  que  los  chripslianos  llaman  de  la  madera  negra ,  en  la  Tierra-Firme  é  pro- 

vinQÍa  de  Nicaragua» 


JLagüaguyt  es  la  mejor  madera  é  mas 
fuerte  que  se  halla  en  grandes  partes :  el 
qual  árbol  é  su  fructa  é  flores  é  otras  par- 
ticularidades suyas ,  se  dixeron  en  el  ga- 
pítulo  XXX ,  donde  se  tracto  del  cacao  ó 
cacaguat ,  para  defensa  del  qual  se  ponen 
estos  árboles  del  yaguaguyt ,  y  por  esso 
no  hay  aqui  mas  que  degir  del  de  lo  que 
allí  se  dixo.  Es  árbol  imputribile,  porque 
el  tiempo  no  le  corrompe,  aunque  mu- 
chos tiempos  é  años  esté  só  tierra  ni 
fuera  della:  es  duríssimo  é  tan  pesado 
que  no  se  sostiene  sobre  agua,  sino  luego 
se  va  á  fondo,  como  si  fuese  de  piedra  é 
de  fierro.  Pússele  aqui,  porque  me  pares- 


ció  que  se  le  hagia  sinragon  á  él  (é  aun 
á  mí)  en  le  dexar  entre  renglones  é  no 
memorado  por  sí  aparte,  aunque  como 
he  dicho,  parezca  que  donde  se  tracto  del 
está  como  agessorio  para  aquel  efeto  de 
defender  del  sol  é  ayre  el  cacao.  Pero 
aunque  esso  sea  assi ,  este  es  el  mejor  ár- 
bol que  se  sabe  para  postes ,  que  en  es- 
tas partes  llaman  estantes ,  é  para  hayti- 
nales  en  los  edifigios  de  las  casas;  é  aun- 
que los  chripslianos  le  llaman  en  Nicara- 
gua madera  negra ,  no  lo  es ,  sino  berme- 
ja como  leonada ,  é  el  coragon  della  es 
negro ,  que  paresge  propriamente  en  esso 
al  guayacan. 


CAPITULO  XXXIX. 

De  una  fructa  que  llaman  yaguaraha ,  é  nas9e  en  unos  cardones ,  e  olra  que  se  di^e  agoreros. 


JLia  mayor  parte  de  la  isla  de  Cuba- 
gua  es  un  boscaje ,  gerrado  de  unos  car- 
dones altos  de  estado  y  medio  ó  dos, 
tan  gruessos  como  la  pantorrilla  de  la 
pierna.  Estos  en  gierto  tiempo,  cada  año, 
llevan  una  fructa  de  dos  maneras  de  for- 
ma de  higos;  los  unos  colorados  ó  roxos, 
é  los  otros  blancos :  los  colorados  tienen 
la  simiente  muy  menuda,  como  de  mos- 
taza é  llaman  los  indios  á  esta  fructa  ya- 
guaraha. Es  muy  buena  al  gusto  é  sano 
mantenimiento  é  fresco,  y  en  el  cardo. 


en  que  nasge,  está  cubierta  esta  fructa  de 
espinas  á  manera  de  castañas,  é  quando 
madura ,  cáense  las  espinas  é  ábrese  é 
quedan  como  higos.  El  otro  género  de 
fructa,  en  cardones  de  la  misma  manera, 
es  de  fuera  verde  é  quieren  paresger  dá- 
tiles (pero  son  mas  gordos),  é  lo  de  den- 
tro es  blanco,  é  la  simiente  como  grani- 
llos de  higos:  é  quando  se  comen,  que 
están  bien  sagonados ,  sabe  ó  sube  á  las 
nariges  un  olor  de  almizcle  ó  mas  suave. 
A  esta  fructa  llaman  los  indios  agoreros. 


i  Digno  es  de  nolarse  que  el  autor  suprimió  en  gobernación  é  sus  anexos  de  Nicaragua  ,  porque, 
este  lugar  el  capítulo  XXXVIII ,  en  que  trataba  como  él  mismo  expresó  al  margen ,  en  otro  libro 
délas  encinas  é  bellotas  que  hay  en  la  provincia  é        estaba  dicho  é  mas  largamente. 


DE  INDIAS.  LIB.  VIII.  CAP.  XL. 


327 


CAPITULO    XL. 


De  la  fructa  llamada  macao. 


JCjü  la  isla  de  Cubagua  y  en  la  Margari- 
ta hay  una  fructa  que  llaman  macao,  que 
quiere  paresger  á  las  castañas  en  el  sa- 
bor, é  es  tamaña  como  aQufeyfas.  Esta 


fructa  tiene  el  cuesco  duro ,  é  cuégenlo  é 
muélenlo  en  piedras ,  é  hágese  un  pan 
que  sabe  á  bellotas. 


CAPITULO  XLI. 


De  la  fnicla  llamada  cutipris. 


Utra  fructa  hay  en  la  isla  Margarita  que 
se  llama  cutipris  que  sabe  á  uvas  mosca- 
teles ,  é  es  tamaña  como  las  uvas  grues- 
sas  que  en  el  reyno  de  Toledo  llaman 


jahenes.  Esta  fructa  tiene  un  cuesco  pe- 
queño, é  engima  de  todo  un  hollejo;  é  no 
hagen  daño,  aunque  coman  mucho  desta 
fructa. 


CAPITULO  XLII. 


De  la  fructa  llamada  chuare,  é  olra  que  se  di^e  pauxi. 


Hay  otra  fructa  en  la  isla  de  la  Marga- 
rita que  se  llama  chuare,  que  es  como 
higos  pequeños  de  Castilla :  é  otra  hay 


que  se  dige  pauxi  que  es  de  diversos  ta- 
maños, é  son  como  giruelas. 


CAPITULO  XLIII. 


Del  árbol  llamado  mamón  é  de  su  frucla,  de  la  qual,  faltando  el  mahiz,  ha<jen  pan  los  indios  en  tiempo  de 

hambre. 


E 


n  la  provingia  de  Veneguela,  en  la 
Tierra-Firme,  hay  muchos  árboles  tan 
grandes  como  gentiles  laureles,  y  muy 
semejantes  á  ellos  en  la  hoja.  Esta  mane- 
ra de  árbol  llaman  alli  los  indios  mamón. 
La  fructa  del  es  tamaña  como  una  nuez: 
tiene  una  cortega  verde,  tan  gruessa  co- 
mo el  canto  de  un  real  de  plata  ó  un 
quarto  desta  moneda,  que  vale  quatro 


maravedís;  y  después  de  quitada  essa 
cortega ,  tiene  una  carnosidad  algo  agrá 
y  no  de  mal  sabor.  El  cuesco  es  tan 
grande  como  una  avellana ,  y  de  muchos 
cuescos  destos,  tostados  é  molidos,  hagen 
pan  los  indios  para  comer  en  tiempo  de 
hambre :  y  assi  mismo  de  otros  cuescos 
de  otras  fructas  salvajes  lo  hagen ,  y  se 
mantienen  con  él  y  se  remedian  en  sus 


328 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


nesgessidades,  faltándoles  el  maliiz  é  los      curaa  deste  proveimiento  sino  en  tieni- 
otros  mantenimientos,   porque  como  no      posde  nesgessidad. 
es  de  buen  sabor ,  aunque  es  sano ,  no 

CAPITULO  XLIV. 

Del  árbol  llamado  ^imiruco  é  de  su  frucla. 


E 


n  la  Tierra-Firme ,  en  la  provingia  é 
gobernagion  de  Veneguela ,  hay  unos  ár- 
boles pequeños ,  de  ocho  ó  diez  palmos 
de  alto  poco  mas  ó  menos.  Llámanse  ci- 
mirucos :  tienen  la  hoja  como  giruelo :  la 
fructa  que  produgen ,  es  como  geregas ,  é 
tan  semejante  é  ellas ,  que  puestas  ambas 


fructas  en  un  plato ,  no  juzgarán  los  que 
lo  vieren  sino  que  es  todo  una  cosa ,  ex- 
gepto  que  el  gimiruco  no  tiene  cuesco 
como  la  gerega ,  sino  dos  ó  tres  pepitas 
Es  fructa  de  muy  delicado  é  aplagible  sa- 
bor, é  sabe  un  poco  á  membrillos.  Cójese 
esta  fructa  dos  veges  en  el  año. 


Este  es  el  libro  noveno  de  la  primera  parte  de  la  Natural  y  general  historia  de  las 
Indias,  islas  é  Tierra-Fume  del  mar  Océano:  el  qual  tracta  de  los  árboles  salvajes. 


PROHEMIO. 


No  rescibais.  señor  letor,  cansancio  „i 
pena,  si  me  detuviere  en  daros  cuenta  de 
algunas  particularidades  de  los  árboles 
salvajes  desta  Isla  Española ,  é  otras  is- 
las ,  y  de  la  Tierra-Firme ;  pues  para  que 
vos  seays  informado  y  satisfecho  y  que 
mi  tiempo  sea  bien  gastado  en  esto ,  assi 
conviene ;  espegificando  los  que  dellos 
son  útiles  para  los  edifigios  é  otros  ser- 
vicios é  provechos  del  hombre.  Y  tam- 
bién se  debe  assi  hager ,  aunque  yo  me 
detenga ,  pues  que  qualquier  cosa  ó  par- 
ticularidad que  se  diga  de  las  cosas  de 
natura ,  es  para  mucho  mirar  é  conside- 
rar en  ella  el  poder  inmenso  y  exgelen- 
gia  de  Dios ,  de  cuya  voluntad  progeden 
todas  las  cosas  criadas ,  é  la  forma  é  la 
diferencia  de  las  unas  á  las  otras,  é  la 
compusigion  é  hermosura  é  efetos  tan 
apartados  é  distintos  unos  de  otros.  Unos 
árboles  hage  de  mucha  allega  é  con  mu- 
chas ramas  é  fructas;  unas  dulges,  otras 
agras ,  otras  olorosas ,  otras  amargas.  A 
otros  sin  hojas ,  la  mayor  parte  del  año 
desnudos  ;  é  los  que  acá  en  estas  partes 
hay  nunca  las  pierden,  ni  dexan  destar 

cubiertos  dellas,  sino  son  muy  pocos  en 
TOMO  I. 


número  y  género.  Y  lo  que  mas  es  de  es- 
pantar ,  es  que  ninguna  cosa  vemos  in- 
útil ni  que  dexe  de  ser  nesgessaria ,  sal- 
vo aquellas,  de  que  los  hombres  ynoran 
sus  secretos  y  la  fuerga  de  la  natura  en 
ellas ,  ó  para  qué  son  apropriadas  todas 
estas  cosas. 

Lo  que  yo  dixere  en  este  caso,  será 
muy  poco,  en  comparagion  de  lo  que  se 
ha  de  degir  é  saber  con  el  tiempo  ade- 
lante ;  mas  esforgarme  he  á  escrebir  lo 
que  he  podido  entender  é  alcangar  des- 
tas  materias  é  natura  de  historia.  Digo 
que  en  general  los  árboles  que  en  estas 
Indias  hay  es  cosa  para  no  se  poder  ex- 
plicar, por  su  moltitud;  y  la  tierra  está 
tan  cubierta  dellos  en  muchas  partes ,  é 
con  tantas  diferengias  y  desemejanga  los 
unos  de  los  otros,  assi  en  la  grandega 
como  en  el  tronco  é  las  ramas  é  cortegas 
y  en  la  hoja  y  aspecto  ,  y  en  la  fructa  y 
en  la  flor ,  que  ni  los  indios  naturales  los 
conosgen  ,  ni  saben  dar  nombres  á  la 
mayor  parte  dellos ,  ni  los  chripstianos 
mucho  menos  ,  por  serles  cosa  tan  nueva 
é  no  conosgida  ni  vista  por  ellos  antes. 

Y  en  muchas  parles  no  se  puede  ver  el 

42 


330 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


gielo  desde  debaxo  destas  arboledas  (por 
ser  tan  altas  y  tan  espessas  é  llenas  de 
rama),  y  en  muchas  partes  no  se  puede 
andar  entre  ellas ;  porque  demás  de  su 
espessura ,  hay  otras  plantas  é  verduras 
tan  texidas  y  revueltas  é  de  tantos  espi- 
nos é  bexucos  é  otras  ramas  mezcladas, 
que  con  mucho  trabaxo  é  á  fuerga  de  pu- 
ñales y  hachas  es  menester  abrir  el  ca- 
mino. Y  lo  que  en  esto  se  podría  degir 
es  un  mare  magno  é  oculto  ;  porque  aun- 
que se  ve ,  lo  mas  dello  se  ynora ,  por- 
que no  se  saben ,  como  he  dicho  ,  los 
nombres  á  tales  árboles ,  ni  sus  proprie- 
dades.  Hay  algunos  dellos  de  muy  buen 
olor  é  lindega  en  sus  flores ,  é  olorosa  la 
madera  ó  cortegas:  otros  de  innumera- 
bles é  diversas  formas  de  fructas  salva- 
jes ,  que  solamente  los  gatillos  monos  las 
entienden  é  saben  las  que  son  á  su  pro- 
póssito.  Otros  árboles  hay  tan  espinosos 
é  armados,  que  no  se  dexan  tocar  con 
mano  desnuda  :  otros  de  mala  vista  é 
salvajes  :  otros  cargados  de  yedras  é 
bexucos  é  cosas  semejantes  :  otros  llenos 
de  arriba  abaxo  de  gierta  manera  de  hi- 
los, que  paresge  questan  cubiertos  de 
lana  hilada ,  sin  serlo.  Los  unos  tienen 
fructa  é  otros  están  en  flor,  é  otros  co-  " 
mientan  á  brotar ;  é  assi  como  son  de 
diversos  géneros ,  assi  gogan  del  tiempo 
en  diferente  manera,  é  se  ve  todo  junto 
en  una  sagon  é  en  qualquier  parte  del 
año.  Y  por  tanto ,  dexaré  aquesto,  por- 
que desta  infinidad  de  géneros  é  molti- 
tud  de  diferencias ,  con  el  tiempo  se  yrán 
entendiendo  muchas  cosas  que  al  pres- 
sente  no  se  saben :  ni  hay  otra  cosa  mas 
entendida  que  la  grandega  é  hermosura 
destas  florestas  é  boscajes  (quanto  á  la 
vista ) ;  pero  sin  entenderse  sus  proprie- 
dades  y  virtudes ,  sin  las  quales  no  es- 
tan,  pues  ocupan  la  mayor  parte  desta 
tierra.  Con  todo  esso,  aunque  há  pocos 
años  que  los  primeros  chripstianos  vinie- 


ron á  estas  partes  ( pues  mis  ojos  vieron 
é  conosgieron  los  primeros ,  é  yo  vi  mu- 
chas veges  al  primero  almirante  don 
Chrisptobal  Colom ,  y  á  su  hermano  el 
adelantado  don  Bartolomé  Colom,  y  al 
piloto  Vigente  Yañez ,  é  á  otros  de  los 
que  con  él  vinieron  en  el  primer  viaje  é 
descubrimiento  desta  tierra),  no  me  ma- 
ravillo de  lo  que  no  se  ha  podido  alcan- 
zar, sino  de  lo  mucho  que  se  sabe  é  tie- 
ne notigia  en  tan  poca  edad.  É  assi,  á 
este  propóssito  diré  aqui  de  algunos  ár- 
boles y  exgelentes  maderas ,  de  que  ya 
los  españoles  tienen  uso  é  conosgimiento 
para  sus  labores  y  edifigios  y  servigio, 
que  acá  se  tienen  por  salvajes ;  y  llamo 
yo  salvajes  á  los  que  no  son  de  fructa 
para  se  poder  comer,  ni  son  cultivados 
por  la  industria  de  los  hombres ;  porque 
de  los  que  dan  fructa  para  los  paladares 
humanos ,  ya  se  dixo  en  el  pregedente 
libro,  aunque  también  aquellos  son  los 
mas  dellos  cultivados  de  la  natura,  ma- 
dre y  maestra  de  la  agricoltura,  y  no 
con  sudores  de  otro  hortelano  ni  agrí- 
cola. 

Todavía  os  acuerdo,  letor,  que  no  os 
tengáis  por  satisfecho  en  esta  materia  (ni 
en  las  pasadas)  ó  que  están  por  degir 
desta  primera  parte  é  sus  libros ,  hasta 
que  después  leays  la  segunda  y  tergera 
partes  desta  General  y  Natural  historia  de 
Indias,  en  las  quales  se  tractará  de  las 
cosas  de  la  Tierra-Firme.  Mas  por  no  di- 
latar ,  y  porque  la  esperanga  sea  mode- 
rada y  no  se  atienda  para  saber  lo  que 
en  este  tiempo  está  sabido  en  estas  In- 
dias ,  me  paresge  que  será  bien  que  lo 
que  tocare  á  estos  árboles  salvajes  se 
ponga  aqui  en  este  libro;  digiendo  en 
qué  tierra  ó  provingia  los  produge  natu- 
ra, porque  la  materia  esté  junta  é  no 
desmembrada,  ni  la  segunda  ni  tergera 
parte  destos  libros  la  dividan,  con  tanto 
que  á  cada  región  se  le  dé  lo  ques  suyo. 


DE  INDIAS.  LIB.  IX.  GAP.  I. 


331 


CAPITULO  1. 


Del  árbol  que  en  esta  Isla  Española  llaman  espino  los  carpinleros ,  c  de  qué  se  sirven  del. 


E. 


J  espino  desta  Isla  Española,  de  que 
nuestros  carpinteros  é  entalladores  se 
sirven,  es  buen  árbol  é  provechoso,  é  de 
muy  buena  madera  regia  é  blanca ,  que 
tira  algo  al  color  amarillo ,  de  la  manera 
é  tez  quel  granado,  ó  mejor,  ó  como  lindo 
naranjo.  Sírvensse  desta  madera  en  esta 
tierra  en  muchas  cosas  de  su  arte ,  assi 
como  para  hager  sillas  de  caderas  é  tam- 


bién de  las  pequeñas,  que  á  mi  mejor  me 
paresgen  que  las  de  Granada:  é  hagen 
fustes  para  sillas  ginetas,  é  guarnigiones 
de  puertas  é  ventanas ,  é  cosas  semejan- 
tes ,  donde  la  tabla  no  haya  de  ser  ancha 
ni  el  madero  muy  luengo  é  derecho  ni 
muy  gruesso ,  porque  este  linage  de  ma- 
dera no  es  para  ello ,  sino  para  lo  que  se 
ha  dicho  é  otras  cosas  tales. 


CAPITULO  II. 


Do  los  pinos  que  hay  en  esta  Isla  Española,  semejantes  á  los  pinos  de  España,  que  no  llevan  pinas  sino 

vanas. 


ifiuchos  pinos  naturales  hay  en  esta  Is- 
la Española ,  grandes  y  pequeños ,  todos 
inútiles  en  el  fructo ,  pues  que  no  llevan 
pinas  sino  vanas  é  muy  chiquitas.  Esta 
es  muy  buena  madera ,  aunque  acá  no 
usan  della  por  estar  lexos ,  y  aun  porque 
no  es  tan  dulge  ni  tal  como  la  de  los  pi- 
nares de  Gastilla ,  é  tiene  mucha  mas  thea 
é  ñudos  é  mucha  salvajez  é  grand  olor  de 
la  resina,  é  mas  enojoso  quel  de  los  de 
España.  La  hoja  es  la  misma;  mas  es  mu- 
cha mas  ,  é  la  cortega  por  el  consiguiente 
es  tal  como  la  de  los  de  Gastilla.  Y  en 
todo  son  perfetos  pinos  los  de  acá;  pero 
no  tan  altos,  ni  tan  gruessos,  ni  tan  dere- 


chos como  los  de  tierra  de  Guenca  ó  Val- 
sahin ,  é  de  otras  partes  de  España,  don- 
de el  pino  es  presgiado.  También  hay  pi- 
nos en  la  Tierra-Firme ,  en  la  goberna- 
gion  de  Nicaragua,  en  la  tierra  é  sierra 
de  los  chondales,  é  también  en  la  Nueva 
España  é  otras  provingias.  Llaman  los  in- 
dios desta  Isla  Española  á  este  árbol  ó  pi- 
no coaba,  é  sírvense  mucho  del  en  los 
ingenios  del  agúcar  desta  leña  ,  donde  la 
tienen  gerca,  para  farol  ó  candiles  con 
que  se  alumbran  de  noche  para  las  ma- 
drugadas ,  para  moler  las  atareas  é  exer- 
gigios  que  se  hagen  antes  que  sea  de 
día. 


CAPITULO  III. 


De  los  nogales  desta  Isla  Española. 


Hay  en  esta  isla  en  los  montes  bravos  como  en  la  fructa  ,  assi  á  prima  vista,  son 
é  selvas  é  montañas  algunos  nogales  gran-  como  los  de  España,  exgepto  que  las 
des,  que  assi  en  la  vista  é  olor  é  hoja,      nueges  dcstos  de  acá  no  son  perfetasni 


332 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


despiden  la  fructa ,  ui  se  pueden  comer 
sino  á  nesgessidad ;  pero  en  aquella  tier- 
ra del  norte  donde  se  perdió  el  capitán 
Pámphilo  de  Narvaez  é  su  gente,  tiénense 
por  buena  fructa  ,  é  en  aquella  costa  se- 
tentrional  donde  la  pueden  aver ,  digen 


estos  agrícolas  é  personas  que  lo  entien- 
den que,  si  se  inxiriessen,  serian  muy 
buenos  é  perfetos  nogales,  assi  en  la 
fructa  como  en  todo  lo  demás,  porque 
en  la  verdad  estos  son  nogales  salvajes. 
La  madera  dellos  es  muy  buena. 


CAPITULO  IV. 


De  las  palmas  que  hay  en  esta  Isla  Española  y  en  las  otras  desle  golpho  y  en  ia  Tierra-Firme. 


J_jas  palmas  que  hay  en  esta  Isla  Espa- 
ñola é  sus  diferencias  seria  larga  cosa  de- 
cirse ,  porque  son  muchas  é  de  diversas 
hojas  é  fructas,  é  cuescos,  é  qüentas,  que 
lleva  de  muchas  suertes  ó  formas.  Unos 
tienen  las  hojas  de  la  manera  que  las  pal- 
mas de  los  dátiles ,  é  aunque  estas  no 
llevan  dátiles,  son  buenos  los  palmitos  ó 
cogollo  de  la  gima  deltas,  quando  son  ba- 
xas  é  no  han  cresgido  mucho.  Hay  otras 
palmas  que  también  son  buenos  los  pal- 
mitos, seyendo  pequeñas;  y  estas  no  eres- 
gen  mucho  ,  é  cada  una  dellas  hage  tres 
diferengias  de  su  tronco  en  esta  manera. 
El  primero  de  la  altega  de  toda  ella,  que 
coraienga  desde  tierra ,  es  duro  asaz  :  el 
segundo  tergio  hasta  las  hojas ,  es  ma& 
gruesso  que  el  primero  tergio,  é  mas 
verde  é  liso ,  y  paresge  que  está  preñado 
(como  los  tallos  de  las  gebollas,  donde 
tienen  la  simiente  ó  gebollino ) ;  y  el  ter- 
gio postrero  es  la  copa  de  sus  hojas.  Es- 
tas echan  unas  conteguelas  ( é  no  buenas) 
por  fructa ,  y  en  aquel  tergio  segundo  ( ó 
de  en  medio)  crian  muchas  veges  los  pá- 
xaros  carpinteros  (de  los  quales  será  fe- 
cha mengion  en  el  libro  XIV  en  que  ade- 
lante se  tracta  de  las  aves  desta  isla), 
porque  halla  mas  aparejo  en  este  árbol 
que  en  otro,  y  es  menos  duro  para  hager 
su  agujero  ó  nido  entre  el  tronco  ó  más- 
tel  destas  palmas. 

Entre  las  otras  palmas  hay  un  género 
dellas  que  los  indios  llaman  manaca  ,  la 


qual  palma  es  tan  gorda  como  una  pipa 
é  mas ,  é  menos :  su  hoja  es  como  la  pal- 
ma de  los  dátiles,  é  en  altura  es  mucha. 
Echa  un  ragimo  de  fructa  tan  grande,  como 
un  muchacho  de  tres  ó  quatro  años  ,  é  los 
granos  deste  ragimo  es  cada  uno  como 
un  hobo  pequeño ;  y  porque  me  entien- 
dan mejor  (donde  no  hay  hobos)  digo 
que  es  tamaño  como  una  ageytuna  de  las 
gordas  de  Sevilla  ó  mas ;  y  desque  está 
maduro,  es  amarillo. 

Estos  ragimos  están  muy  apretados  de 
la  manera  que  suele  estar  un  ragimo  de 
uvas  muy  apretadas.  Tiene  esta  fructa 
engima  tanta  earne  como  un  hobo  é  es 
algo  mas  espessa  é  muy  dulge  é  muy 
amarilla  la  carne,  tanto  que  los  puercos 
que  la  comen  un  mes  ó  dos,  se  les  tor- 
nan las  carnes  tan  amarillas  como  la  mis- 
ma fructa.  Y  de  aqui  progedia  que  en 
los  pringipios  de  la  conquista  desta  isla, 
cómo  faltaban  los  mantenimientos  de  Es- 
paña ,  é  aunque  no  faltassen,  se  daban  al- 
gunos españoles  á  esta  fructa,  é  se  les 
paraba  la  cara  é  la  persona  muy  amarilla; 
y  los  que  destos  tales  volvian  á  España, 
llevaban  los  gestos  tales ,  y  de  tal  color, 
como  el  azafrán  ó  terigia  y  peor,  segund 
se  dixo  en  el  lib.  lí,  cap.  Xlll.  Tiene  es- 
ta fructa  unas  briznicas  que  se  entran 
entre  los  dientes,  é  tiene  cada  gra- 
no un  cuesco  del  tamaño  de  unas  almen- 
dras que  hay  pequeñas  y  algo  redondas; 
é  partido  aquel  cuesco,  tiene  dentro  una 


DE  INDIAS.  LIB.     IX.  CAP.  IV. 


333 


pepita,  que  quitándole  una  telica  muy  del- 
gada de  que  está  vestida ,  es  muy  dulge 
é  sabrosa:  é  los  indios,  é  aun  los  chrips- 
tianos,  la  comen,  quando  la  pueden  aver, 
con  pan  cagabi ,  y  en  especial  las  muge- 
res  la  comen  mucho.  Tienen  estos  ragi- 
mos  engima  una  vestidura  de  gordor  de 
dos  dedos  é  algo  menos,  segund  el  ta- 
maño é  grandega  suya :  é  quando  la  fruc- 
ta  quiere  madurar,  ábrese  aquella  vesti- 
dura ó  caxa  en  que  está,  é  quando  está 
ya  bien  madura  la  fructa ,  cáesele  esta  cu- 
bierta que  tiene,  é  es  tamaña  como  una 
bafea  de  lavar  é  aun  mayor,  ó  como  una 
buena  caldera  é  menores  algunas,  é  á 
veges  son  tales  que  caben  media  hanega 
de  mahiz.  En  una  villa  desta  isla,  que  se 
llama  Salvatierra  de  la  Savana ,  tienen  al- 
gunos veginos  estas  vasijas  por  medidas 
de  media  hanega ,  é  á  veges  acaesge  achi- 
carlas por  ajustarías  con  la  media  hanega  é 
medida  real.  Llámanse  estas  bateas  ó  me- 
didas tales  manahuecas ,  é  turan  sirvién- 
dose dellas  dos  ó  tres  años,  que  no  se  quie- 
bran ,  aunque  la  echen  ó  caygan  de  un 
tejado  bien  alto.  É  assi  ellas  no  caen  de 
poca  altura  (quando  las  despide  la  palma 
donde  nasgieron),  sin  se  quebrar  alguna 
dellas ,  porque  son  todas  briznas  é  flexi- 
bles, é  paresge  que  están  compuestas  de 
nervios  é  correosas.  Hay  de  aquestas 
palmas  en  término  de  aquella  villa  mas 
de  diez  leguas  de  término,  donde  en  los 
tiempos  passados  tenian  los  veginos  de 
la  Savana  muchos  hatos  de  puercos  con 
este  pasto  desta  fructa,  con  que  engor- 
daban mucho  tales  animales ,  é  se  les  pa- 
ra la  carne  amarilla  é  sabrosa  mucho  mas 
que  de  otras  palmas.  Assi  mismo  gerca 
de  aquella  villa  é  del  Este  al  Hueste  con 
ella  está  una  isla  que  se  llama  Yabaque, 
en  la  qual  hay  innumerables  palmas  des- 
tas  de  la  manaca.  Cada  palma  echa  tres 
é  quatro  é  algunas  ginco  ragimos  desta 
fructa  que  tengo  dicho.  Está  la  isla  Ya- 
baque  gerca  de  la  tierra  desta  Isla  Espa- 


ñola ,  á  media  legua  é  al  oriente  de  la 
puncta  de  Sanct  Miguel ,  alias  del  Tibu- 
rón ,  de  la  parte  del  Sur  veynte  leguas 
ó  pocas  menos.  Finalmente  en  esta  is- 
la Española  hay  ocho  ó  nueve  maneras 
de  palmas,  é  como  he  dicho,  no  llevan 
fructo  sino  qüentas  ó  cuescos  en  diferen- 
tes maneras,  exgepto  las  que  se  han  fe- 
cho de  los  dátiles  y  las  que  llaman  ma- 
naba; pero  de  las  mas  de  todas  son  bue- 
nos los  palmitos,  exgepto  de  las  negras 
que  son  otras ,  las  quales  son  delgadas  y 
espinosas,  é  no  mas  gruessas  que  astas 
de  langas :  y  estas  llevan  unos  cuescos 
que  paresgen  cocos  con  tres  agujeros ,  ó 
tamaño  cada  coco  destos  como  una  nuez 
pequeña  ó  menores.  De  las  palmas  que 
se  dixo  primero ,  es  buena  la  madera 
para  pocas  cosos,  assi  como  para  caxas 
de  adúcar  é  para  cubrir  casas,  al  modo  de 
los  indios  é  de  poca  costa. 

Y  porque  no  volvamos  á  esta  materia  de 
las  palmas,  ni  se  busque  en  otra  parte,  sino 
que  se  halle  en  este  capítulo  lo  que  le  com- 
pete, digo  que  en  la  Tierra-Firme  y  en  esta 
Isla  Española  é  la  de  Sanct  Johan  é  en  la 
de  Jamáyca ,  por  industria  de  los  chrips- 
tianos ,  hay  muchas  palmas  en  las  cibda- 
des  é  villas  é  heredamientos ,  que  de  los 
cuescos  de  los  dátiles  que  se  truxeron 
de  España  fué  su  origen ,  é  la  fructa  que 
acá  dan  es  tal  como  se  dixo  en  el  libro 
pregedente,  capítulo  I.  Mas  en  la  Tierra- 
Firme,  allende  de  todas  las  maneras  de 
palmas  que  es  dicho ,  de  que  hay  innu- 
merables en  diversas  partes,  hay  otras 
palmas  que  son  bien  altas  y  de  buenos 
palmitos,  é  llevan  por  fructa  unos  cocos, 
no  mayores  que  las  ageytunas  cordobe- 
sas, é  al  paresger  assi  son  como  el  coco, 
sin  la  estopa,  sino  solo  el  cuesco  con  los 
tres  agujerillos  que  le  hagen  paresger  al 
mono  (cocando);  y  son  estos  cocos  menu- 
dos y  magigos  é  no  sirven  de  nada  los 
cuescos  por  sí,  después  de  desnudos.  Es- 
tos cuescos  están  vestidos  de  una  cober- 


334 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


tura  como  los  escaramuxos  de  España,  é 
entre  esta  corteja  é  el  cuesco ,  hay  poca 
carnosidad  y  essa  es  amarilla,  é  los  in- 
dios no  se  sirven  deste  manjar  ni  le  co- 
nosgen ;  mas  como  se  han  traydo  negros 
bógales  á  estas  partes  de  España  é  Gui- 
nea é  las  islas  de  Cabo  verde  é  otras  mu- 
chas provincias,  para  servicio  de  los 
chripslianos ,  entre  ellos  hay  algunos  que 
presgian  mucho  este  manjar  é  digen  que 
lo  tienen  en  su  tierra  por  muy  pringipal 
mantenimento.  É  majan  entre  piedras  es- 
tos cocos  hasta  que  quedan  en  los  dichos 
cuescos ,  é  de  aquella  cortega  colorada  é 
carnosidad  amarilla ,  que  primero  dixe, 
sale  un  gierto  licor  muy  bueno  é  grues- 
so  que  paresge  ageyte  é  por  tal  se  sirven 
dello  en  sus  guisados  é  manjares:  é  al 
tiempo  del  molerlos,  les  echan  un  poqui- 
to de  agua,  é  salida  dicha  grossega  é 
ageyte ,  del  otro  gumo  restante  que  que- 
da mas  claro,  se  sirven  del  como  de  vi- 
no é  es  muy  buenbevraje.  Estos  cocos  ó 
fructos  nasgen  amontonados  y  espessos 
en  un  ragimo  como  los  dátiles.  É  á  los 
negros  que  aquesto  comen  é  hagen  este 
ageyte  é  vino  que  es  dicho ,  preguntán- 
doles yo  de  qué  tierra  eran  naturales, 
degíanme  que  de  una  provingia  que  se 
llama  Ambo.  É  otros  muchos  negros  no 
curan  de  este  manjar  ni  le  conosgen 
tampoco,  como  los  indios,  en  algunas 
partes  de  la  Tierra-Firme ;  pero  en  otras 
algunas  los  comen  cogidos ,  é  yo  los  he 
comido  desta  manera  é  otros  muchos 
chripstianos :  é  son  buenos  é  de  buen 
gusto ,  exgepto  que  tienen  unas  hilas  co- 
mo estopa  entre  aquello  que  se  come,  que 
es  algo  enojoso  ó  empachoso  al  comer: 
la  qual  estopa  unos  la  echan  ó  escupen, 
é  otros  no  dexan  de  lo  tragar  todo ,  sin 
que  daño  se  les  siga. 

Hay  otras  palmas  altas  é  muy  espino- 
sas ,  las  quales  son  de  la  mas  exgelente 
madera  que  puede  ser,  y  es  muy  negra 
la  madera  y  muy  pessada  é  de  lindo  lus- 


tre ,  y  no  se  tiene  sobre  agua  este  leño  ó 
madera,  que  luego  se  va  á  fondo.  Há- 
geuse  della  muy  buenas  saetas  é  virotes 
é  astas  de  langas  ginetas  é  picas;  y  digo 
picas,  porque  en  la  costa  del  Sur,  delan- 
te de  Esquegua  é  Urraca ,  traen  los  in- 
dios picas  de  aquestas  palmas  muy  her- 
mosas é  luengas.  Y  donde  pelean  los  in- 
dios con  varas  tiraderas,  tamañas  como 
dardos,  aguzadas  las  puntas,  las  tiran  á 
sus  contrarios ,  é  passan  un  hombre  é  aun 
á  veges  una  rodela ;  é  assi  mismo  hagen 
macanas  para  pelear  ,  é  qualquiera  asta 
ó  cosa  que  se  haga  de  esta  madera  es 
muy  hermosa ,  é  para  hager  clavegímba- 
nos  ó  vihuelas  ó  qualquier  instrumento 
de  música  que  se  requiera  madera  es  muy 
gentil ;  porque  de  mas  de  ser  duríssima, 
es  tan  negra  como  un  buen  azavache,  ó 
de  lindo  é  polido  lustre  como  el  hébano. 
Pero  junto  con  esto  tiene  que  las  varas 
que  los  indios  tiran  destas  palmas ,  hi- 
riendo á  un  hombre  desgranan  é  son  peo- 
res de  sacar  aquellas  raspas  ó  astillejas, 
é  mas  dañosas  que  la  misma  herida.  Otras 
palmas  hay  en  la  Tierra-Firme  é  en  algu- 
nas islas ,  en  espegial  en  la  que  llaman  la 
Phelipa,  la  Gorgona  é  otras,  é  llámanlas 
pixabay ,  é  echan  unos  ragimos  como  de 
dátiles ,  que  son  de  comer  é  hágese  buen 
vino  dellos,  ees  gentil  bastimento.  Otras 
palmas  hay  assi  mismo  en  la  Tierra-Fir- 
me que  llevan  unos  ragimos  grandes  de 
unas  endrinas  negras,  mas  gruessas  que 
avellanas  con  cascara,  é  de  dentro  tienen 
un  poco  de  carnosidad  agrá,  pero  de  buen 
sabor ,  é  un  cuesco  muy  duro :  el  qual 
tostándole,  se  quiebra,  é  de  dentro  tiene 
gierta  pepita  no  de  mal  sabor.  Los  ne- 
gros comen  mucho  esta  fructa,  é  los  in- 
dios é  los  chripstianos  con  nesgessidad, 
porqués  de  poco  mantenimiento  ó  mucho 
estorbo :  é  essos  ragimos  tienen  grumos 
ó  gajos  como  los  de  uvas,  é  el  pringipal 
ragimo  acaesge  ser  tan  grande,  como  un 
muchacho  de  tres  años. 


DIÍ  INDIAS.  LIB.  IX.  CAP.  IV. 


335 


Otras  palmas  hay  en  Tierra-Firme ,  y 
en  especial  en  las  islas  del  golpho  de  Oro- 
tiña ,  que  se  llaman  cañaspabnas.  Son  muy 
espinosas  é  cada  una  nasge  por  sí  é  mu- 
chas juntas,  á  manera  de  cañaveral ,  pero 
destintas,  cada  una  sola  en  sí ,  é  espesas 
é  tan  gruessas  como  astas  de  langas  gine- 
tas  poco  mas  ó  menos,  éde  aquella  altura 
ó  menos  de  una  langa ,  é  desde  el  pie  hasta 
lo  alto  no  tiene  hoja,  é  á  trechos  tiene  unos 
ñudos  como  caña ,  é  son  magizas  é  negras 
é  espinosas.  La  hoja  es  de  palmas,  salvo 
que  las  hojas  de  cada  penca  son  mas  ra- 
las ,  é  solamente  las  tienen  en  la  gima. 
Hágense  deltas  muy  gentiles  bordones 
para  traer  en  la  mano  los  viejos  é  hom- 
bres de  auctoridad ,  aunque  la  madera  es 
pcssada.  La  fructa  destas  cañas  palmas 
es  desta  manera :  en  lo  alto ,  como  he  di- 
cho ,  echan  unas  hojas  grandes  é  tendi- 
das como  las  palmas  abiertos  los  dedos, 
pero  mas  rala  la  hoja  de  cada  penca ,  é 
por  el  lomo  de  la  penca  está  llena  de  es- 
pinas, é  también  en  aquellos  ñudos  que 
primero  dixe ,  é  por  todas  ellas  están  de 
alto  abaxo  llenas  de  las  mismas  espinas 
negras,  é  delgadas  é  muy  enconadas,  si 
pungan,  é  dan  mucho  dolor.  É  en  la  cum- 
bre de  la  cañapalma  nasge  un  tallo  co- 
mo este  ó  ragimo  gruesso ,  el  tallo  como 
un  dedo  ó  menos ,  é  en  cabo  de  aquel 
salen  siete  ú  ocho  é  mas  é  menos  tallos 
ó  ramos  mas  delgados,  llenos  de  dátiles: 
é  hablando  mas  al  proprio  de  lo  que  pa- 
resgen,  son  como  bellotas  gruessas ,  por- 
que cada  una  tiene  un  vasillo  como  la 
bellota ,  é  destas  muchas  juntas  á  par 
unas  de  otras.  Estas  abren  los  indios,  é 
aun  algunos  chripstianos  á  veges,  por  fal- 
ta de  comida,  é  machúcanlas  entre  dos 
piedras ,  é  con  pequeño  golpe  se  abre  la 
cortega  por  tres  partes  ó  mas  por  lo  alto, 
é  tiene  dentro  un  cuesco,  tamaño  como 
de  una  ageytuna  gruessa  é  muy  duro ,  é 
en  la  punta  del  dicho  cuesco  tres  hoyos 
como  los  cocos:  é  es  duríssimo  é  magi- 


go ,  é  entre  aquel  cuesco  é  la  cortega  hay  1^  ^' 
un  poco  de  carnosidad  agradulge ,  ques 
lo  que  se  come  desta  fructa ,  la  qual  los 
indios  han  por  buen  manjar.  Mas  si  co- 
men mucho  della,  deja  grande  ardor  en 
los  labrios  por  mas  de  dos  horas ,  é  no 
hagen  buen  pecho  ni  estómago :  ni  tam- 
poco es  fructa  enojosa  al  tiempo  que  se 
ornen  estas  bellotas  ó  dátiles;  antes  son 
apetitosas ,  y  con  el  trabajo  é  nesgessi- 
dad  en  el  campo,  los  chripstianos  han 
por  bueno  este  manjar,  quando  le  hallan, 
si  les  faltan  los  otros  mantenimientos. 

Otras  palmas  hay  que  se  llaman  cocos 
la  fructa  dellas ,  é  este  es  un  género  de 
palma  grande ,  é  la  hoja  de  la  misma  ma- 
nera de  las  palmas  de  los  dátiles,  excep- 
to que  difieren  en  el  nasgimiento  de  las 
hojas ,  porque  las  de  los  cocos  nasgen  en 
la  vara  de  la  palma  de  la  manera  que  es- 
tan  los  dedos  de  las  manos,  quando  la' 
una  con  la  otra  juntadas  se  entretexen,  é 
assi  están  después  mas  despargidas  las 
hojas.  Estas  palmas  ó  cocos  son  altos,  é 
hay  muchos  dellos  en  la  costa  de  la  mar 
del  Sur ,  en  la  provingia  del  cagique  Chi- 
man ,  é  muchos  mas  en  la  que  llaman  Bó- 
rica ,  6  muchos  mas  que  en  ambas  partes 
en  una  isla  del  golpho  austral  que  está 
en  mar  á  cient  leguas  ó  mas  de  la  costa 
del  Perú:  la  qual,  segund  yo  supe  del 
piloto  Pedro  Corgo,  que  en  ella  ha  es- 
tado ,  dige  que  desde  Panamá  hasta  ella 
hay  dosgientas  é  treynta  leguas,  é  que 
desdel  puerto  de  la  Possession  de  Nica- 
ragua hasta  la  misma  isla  hay  giento  é 
treynta  leguas.  Estos  árboles  ó  palmas 
echan  una  fructa  que  se  llama  coco,  que 
es  desta  manera  (lám.  3.',  fig.  15.').  To- 
da junta,  como  está  en  el  árbol,  tiene  el 
bulto  mayor  mucho  que  una  gran  cabega 
de  hombre ;  y  desde  engima  de  la  corte- 
ga hasta  lo  de  enmedio,  que  es  la  fructa, 
está  rodeada  y  cubierta  de  muchas  telas 
de  la  manera  que  es  aquella  estopa,  con 
que  están  cubiertos  los  palmitos  de  tier- 


336 


HISTORIAGENERAL  Y  NATURAL 


ra  en  el  Andalugia  (digo  de  tierra  que 
no  son  palmitos  de  palmas  altas);  y  de 
aquella  estopa  y  lelas  en  Levante  hagen 
los  indios  telas  é  muy  buenas  xargias,  é 
las  telas  se  hagen  de  tres  ó  quatro  ma- 
neras ,  assi  para  velas  de  los  navios  co- 
mo para  vestirse ,  é  las  cuerdas  delgadas 
é  mas  gruessas,  é  hasta  cables  é  maro- 
mas é  toda  suerte  de  xargias  de  navios. 
Pero  acá  en  estas  nuestras  Indias  no  cu- 
ran los  indios  destas  cuerdas  é  telas  que 
se  pueden  hager  de  la  lana  ó  estopa  des- 
tos  cocos,  segund  que  en  Levante,  porque 
acá  hay  mucho  algodón  é  henequén  é 
cabuya,  con  que  se  suple  tal  nesgessidad 
de  cuerdas. 

Esta  fructa  que  está  enmedio  de  aque- 
lla estopa,  es  el  coco  tan  grande  como 
un  puño  de  la  mano  gerrado  ,  é  algunos 
como  dos  puños,  é  mas  é  menos,  é  es 
una  manera  de  nuez  redonda ,  é  algunos 
son  prolongados.  El  casco  es  duro ,  é 
tan  grueso  como  un  letrero  de  un  real 
de  plata  castellano.  Por  de  dentro,  pe- 
gado al  casco  de  aquella  nuez  ó  coco, 
está  pegada  una  carnosidad  de  la  anchu- 
ra de  la  mitad  de  la  grosega  del  dedo 
menor  de  la  mano ,  ó  del  grueso  de  una 
péñola  de  escrebir ,  destas  comunes  de 
ansarones.  Esto  es  la  fructa  é  lo  que  se 
come  del  coco,  y  es  tan  blanco  como  una 
almendra  mondada  é  de  mejor  sabor  que 
almendras,  é  de  suave  gusto  al  paladar. 
Cómese  assi  como  se  comerían  almendras 
mondadas ,  y  después  de  mascada  esta 
fructa,  queda  alguna  givera  como  de  la 
almendra ;  pero  si  la  quissieren  tragar  no 
es  desplagible ,  aunque  ydo  el  gumo  por 
la  garganta  abaxo,  antes  que  esta  givera 
se  trague,  paresge  que  queda  aquello 
mascado  algo  áspero ;  pero  no  mucho  ni 
para  que  se  deba  desechar.  Quando  el 
coco  es  fresco  é  há  poco  que  se  quitó  del 
árbol  ó  él  se  cayó  que  es  mejor  (é  señal 
questásagonado),  esta  carnosidad  ó  fruc- 
ta, no  comiéndola  é  majándola  mucho  en 


un  almihirez  ó  mortero ,  é  después  co- 
lando la  leche  en  un  paño  de  lino  lim- 
pio, sale  aquella  leche  muy  mejor  é  mas 
suave  que  la  de  los  ganados  de  vacas  é 
ovejas  ú  otros  animales,  y  es  de  mucha 
substangia  é  mantenimiento :  la  qual  los 
chripstianos  echan  en  las  magamorras  que 
hagen  del  mahiz  ó  del  pan,  á  manera  de 
puches  ó  poleadas;  y  por  causa  desta 
leche  de  los  cocos  son  las  tales  maga- 
morras exgelente  manjar,  é  sin  dar  em- 
pacho en  el  estómago,  dexan  tanto  con  - 
tentamiento  en  el  gusto  é  tan  satisfecha 
la  hambre  ,  como  si  muchos  manjares  y 
muy  buenos  oviessen  comido.  Por  tué- 
tano ó  medula  desta  fructa  está  en  el  me- 
dio della,  en  la  parte  interior  gircundado 
de  la  dicha  carnosidad,  un  lugar  de  lo 
restante  ó  cantidad  toda  del  coco,  lleno 
de  un  agua  claríssima  y  exgelente,  é  tan- 
ta quanta  cabria  en  una  cascara  de  un 
huevo  de  una  gaUina ,  é  mas  y  menos,  á 
proporgion  de  la  grandega  ó  tamaño  del 
coco :  la  qual  agua  bebida ,  de  mas  de 
ser  claríssima,  es  muy  substangial  y  pres- 
giosa,  quanlo  se  puede  encaresger  ó  esti- 
mar ;  y  al  momento  que  se  bebe  paresge 
que  assi  como  es  passada  del  paladar  [de 
planta  pedis  usque  ad  verLicem),  ninguna 
cosa  ni  parte  queda  en  el  hombre  que  de- 
je de  sentir  consolagion  é  maravilloso 
contentamiento. 

Cierto  paresge  esta  fructa  la  de  mas 
exgelengia  y  de  mas  utilidad  que  todas 
las  que  sobre  la  tierra  se  pueden  gustar, 
en  tanta  manera  que  yo  no  lo  sé  degir  y 
aplicar.  Aquel  vaso  desta  fructa,  después 
de  quitado  del  el  agua  y  el  manjar  que  he 
dicho ,  queda  muy  liso ,  é  le  limpian  é 
pulen  sotilmente,  y  queda  por  defuera  de 
muy  buen  lustre  que  declina  á  color  ne- 
gro é  de  dentro  de  muy  buena  tez.  Los 
que  acostumbran  beber  en  aquestos  va- 
sos ,  y  son  dolientes  de  la  hijada ,  digen 
que  hallan  conosgido  remedio  contra  tal 
enfermedad ,  é  que  se  les  rompe  la  pie- 


DE  INDIAS.  LIB.  IX.  CAP.  IV. 


337 


dra  á  los  que  la  tienen  ,  y  la  liage  echar 
por  la  orina.  Todas  estas  cosas  escrebí  yo, 
segund  lo  que  tenia  alcanzado  y  entendi- 
do y  en  parte  visto  destos  cocos,  quando 
escrebí  aquel  repertorio  que  se  imprimió 
en  Toledo  año  de  mili  é  quinientos  é 
veynte  y  seys.  El  nombre  que  se  le  dio 
de  coco  á  esta  fructa  fué  porque  aquel 
lugar  por  donde  prende,  quando  el  co- 
co nasge,  tiene  un  hoyo  ó  agujero  re- 
dondo ,  é  encima  de  aquel  otros  dos  ho- 
yos naturalmente ,  é  todos  tres  vienen  á 
hagerse  como  un  gesto  de  un  monillo 
que  paresce  que  coca;  é  por  esso  se  di^e 
coco.  Mas  en  la  verdad,  como  sedixode 
suso,  este  árbol  es  especie  de  palma.  Y 
porque  se  dixo  de  suso  la  forma  de  cómo 
los  negros  hagen  ageyte  é  vino  de  palmas, 
en  espegial  de  aquel  género  dellas  que  ya 
tengo  digho,  quiero  traer  aqui  á  la  me- 
moria del  letor  lo  que  en  este  caso  escri- 
be aquel  famoso  investigador  de  la  na- 
tural historia  que  dige  por  esta  senten- 
cia :»  Para  hager  vino  de  palmas ,  el  qual 
usan  los  indianos  é  los  parthos  é  todo  el 
Oriente  de  las  regiones  marítimas,  las 
quales  se  llaman  Ciclee ,  toman  un  modio 
é  remójanlo  en  tres  congios  de  agua  (gier- 
ta  cantidad  es  el  congio ) ,  é  después  lo 
aprietan.»  Que  el  coco  pueda  aprovechar 
al  mal  de  la  hijada,  pues  que  es  palma, 
débese  creer ,  porque  yo  he  visto  hager 
para  tal  enfermedad  un  remedio  de  cues- 
cos de  dátiles ,  y  diréle  aqui ,  pues  es  al 
propóssito  é  cosa  probada ,  é  porque  al- 
guno podría  conseguir  provecho  y  grand 
remedio  para  tal  dolor,  leyendo  esto.  Hán- 
se  de  tomar  los  cuescos  de  los  dátiles  que 
tovieren  aquel  punto  ú  ombligo  en  mitad 
de  la  raya  quel  cuesco  hage  de  alto  á  ba- 
xo  por  una  parte ;  é  cantidad  dellos  que- 
marlos mucho  en  un  badil  ó  cosa  limpia» 
de  manera  que  otra  geniza  ni   carbón  ni 


cosa  alguna  se  pueda  mezclar  con  ellos, 
é  después  molerlos  mucho  hasta  que  estén 
fechos  polvos  en  un  almhirez  limpio ,  é 
molidos  gernerlos  con  un  gedazo  é  guar- 
darlos :  é  quando  viniere  el  dolor  ó  sos- 
pecha del,  tomar  por  la  mañana  en  ayu- 
nas con  un  real  todos  los  polvos  que  con 
el  real  se  podrán  tomar  del  montón  de- 
llos é  echarlos  en  un  vaso  de  vino  muy 
fino,  en  que  haya  tres  ó  quatro  tragos  de 
vino,  é  beberlos;  é  cómo  esto  se  haga  dos 
ó  tres  mañanas,  demás  de  quitar  el  do- 
lor ,  quiébrasse  la  piedra  é  púrgasse  por 
la  orina ,  é  muchas  veges  acaesge  inme- 
diato quitarse  el  dolor ,  en  bebiendo  los 
polvos.  Esto  yo  lo  he  visto  y  es  probado, 
y  de  aqui  viene  que  los  cocos  sean  útiles 
á  semejante  dolengia. 

Mas  non  obstante  lo  questá  dicho  en 
loor  de  aquesta  fructa ,  digo  que  conti- 
nuada se  aborresge ,  porque  es  regia  é 
con  una  escudilla  de  magamorra  de  la  le- 
che de  los  cocos ,  aunque  en  un  dia  no 
coma  un  hombre  otra  cosa  ,  está  tan  har- 
to, como  si  oviesse  comido  un  carnero  ú 
otros  muchos  manjares ,  é  da  hastio  é  aun 
ahita.  Sélo  como  testigo  de  vista,  porque 
es  muy  grande  la  diferengia  de  comer 
una  cosa,  ádesseoépoco,  á  comer  mucho. 

Después  que  escrebí  el  repertorio  que 
he  dicho ,  estuve  en  la  provingia  é  punta 
de  Bórica ,  é  comí  algunos  destos  cocos  é 
llevé  muchos  adelante  á  Nicaragua ,  é  los 
aborresgí ,  é  otros  higieron  lo  mismo  ,  é 
degian  lo  que  yo  digo.  En  fin  ,  es  manjar 
para  hombres  que  trabaxeu  é  regios  mu- 
cho ,  é  á  los  otros  poco  les  basta  desta 
fructa ,  porque  comida  á  la  contina ,  co- 
mo alli  se  hagia ,  no  es  para  todos  estó- 
magos. Puesta  la  leche  del  coco  al  sereno 
dos  ó  tres  horas  por  la  mañana  en  una 
escudilla  ,  é  bebida  assi  en  ayunas ,  hage 
purgar  hasta  quatro  ó  ginco  cámaras. 


1    Plin.,  Ub.  XIV,  cap.  26. 


TOMO  I. 


43 


338 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  V. 

Del  árbol  de  las  qiicnlas  del  xabon. 


U  nos  árboles  hay  en  estas  islas  y  en  la 
Tierra-Firme  que  se  llaman  de  las  qüentas 
del  xabon.  Los  indios  los  nombran  en  di- 
ferente manera,  segund  las  diferencias  de 
sus  lenguajes :  la  hoja  deste  árbol  quiere 
paresger  á  la  de  los  heléchos ,  pero  pe- 
queña. Son  árboles  altos  é  de  buen  pa- 
resger :  la  fructa  es  tamaña  como  avella- 
nas gruessas  ó  mayor ,  y  no  es  de  comer, 
mas  es  útil  y  provechossa  en  lo  que  ago- 
ra diré.  Sacando  un  cuesco  que  esta  fructa 
tiene,  tamaño  como  una  pelota  de  un  ar- 
cabuz, poco  mas  ó  menos,  echan  aquella 
fructa  en  agua  bien  caliente,  é  xabonan 
la  ropa  blanca  con  ello ,  como  lo  podrían 
hager  con  un  pan  de  xabon,  é  tan  alta  é 
continuada  espuma  hage  como  el  xabon; 
mas  la  ropa  que  con  esto  se  acostumbra 
xabonar,  no  tura  tanto  como  la  que  se  xa- 
bona  con  el  buen  xabon.  Pero  en  fin,  á 
nesgesidad  suple  y  es  harto  bueno  para 
esto.  El  cuesco  que  digo  que  tiene  negro, 
poniéndole  al  sol,  paresge  que  bermejea, 
é  destos  cuescos,  horadándolos,  se  hagen 
tan  gentiles  sartas  de  qüentas  como  de 


agabache  ó  mejores,  porque  son  mas  livia- 
nas é  de  tan  bueno  ó  mejor  lustre ,  é  no  se 
rompen  tan  fácilmente  como  el  agabache. 
Cada  cuesco  destos  tiene  dentro  una  pepi- 
ta pequeña  é  amarga,  y  estas  qüentas  há- 
genlas  del  gordor  que  he  dicho  (ó  menores, 
quan  chicas  las  quieren ,  si  las  cojen  an- 
tes que  crezcan  todo  lo  que  pueden  cres- 
ger ,  ques  hasta  ser  del  tamaño  que  dixe 
de  suso  ó  poco  mayores  los  cuescos) ;  y 
la  fructa  es  tamaña  como  guindas,  y  tam- 
bién son  menores,  é  sécanse  en  el  árbol 
é  quedan  algo  de  color  amarillo ,  é  tienen 
una  coronilla  prieta.  Pero  secas  é  verdes 
son  buenas  para  xabonar,  y  mejores 
quando  están  en  el  medio,  que  ni  estén 
del  todo  enxutas  ni  muy  verdes :  é  aque- 
lla carnosidad  que  tienen  es  la  que  tie- 
ne esta  propriedad,  y  mejor  se  xabona 
con  las  rayges  del  mismo  árbol ;  é  otras 
rayges  hay  en  la  Tierra-Firme ,  que  sir- 
ven ni  mas  ni  menos  para  xabonar. 

También  hay  estos  árboles  gerca  de  Pa- 
namá é  en  aquella  gobernagion  de  Cas- 
tilla del  Oro. 


CAPITULO  VL 


Del  árbol  llamado  mangle  é  su  frucla,  é  de  los  provechos  e  utilidad  que  del  se  siguen. 


ItIangle  es  un  árbol  de  los  mejores  que 
en  estas  partes  hay ,  y  es  común  en  es- 
las  islas  é  Tierra-Firme :  é  para  varago- 
nes  de  buhios  é  estantes  ó  postes  para 
las  casas  é  para  alfarxias  é  guarnigiones 
de  puertas  é  ventanas  é  otras  cosas  me- 
nudas, es  de  las  mejores  maderas  que 
hay  acá.  Estos  árboles  se  crian  en  giéne- 
gas  y  en  las  costas  de  la  mar  é  de  los 
rios  é  aguas  saladas ,  y  en  los  esteros  ó 


arroyos  que  salen  á  la  mar  é  gerca  della. 
Son  muy  extraños  é  admirables  árboles  á 
la  vista,  porque  de  la  forma  suya  no  se 
saben  otros  que  les  parezcan  en  lo  que 
aquí  se  dirá.  Su  hoja  es  algo  mayor  que 
la  de  los  perales  grandes ,  pero  mas 
gruessa  é  algo  mas  prolongada :  hágense 
innumerables  juntos,  é  muchas  de  las 
ramas  se  tornan  á  convertir  en  rayges. 
Porque  non  obstante  que  tienen  muchas 


DE  INDIAS.  LIB.  IX.  CAP.  VI. 


339 


para  arriba  con  sus  hojas  y  que  no  decli- 
nan para  abaxo  é  eslan  altas  é  deslintas 
unas  de  otras  ( como  en  todos  los  árboles 
están ) ,  dessas  mismas  ramas  proceden 
otras  muchas  gruesas  é  delgadas  é  sin  ho- 
jas, que  derechamente  declinan  é  van  al 
agua,  pendientes  desde  lo  alto  ó  mitad 
del  árbol ,  é  baxan  hasta  en  tierra  pene- 
trando el  agua,  é  llegadas  al  suelo  se 
engepan  en  la  tierra  ó  arena  é  tornan  á 
prender  é  echan  otras  ramas ,  é  están  tan 
fixas  como  el  mismo  pie  pringipal  del  ár- 
bol ;  de  forma ,  que  paresge  ( y  es  assi) 
que  tiene  muchos  pies,  é  todos  asidos 
unos  de  otros.  Y  en  la  verdad,  es  cosa 
mucho  de  ver  estos  árboles  assi ,  por  ser 
nueva  é  apartada  su  forma  é  aspecto  de 
todos  los  otros  árboles ,  porque  cada  qual 
dellos  tiene  quassi  tantos  pies,  como  ra- 
mas. Echan  por  fructo  unas  vaynas  de 
dos  palmos  é  mas  largas,  é  tamaña  como 
los  cañutos  de  la  cañafístola ;  é  aquellas 
son  de  color  leonado ,  é  dentro  dellas 
hay  una  medula  é  manera  de  cogollo  (ó 
tuétano)  que  los  indios  comen,. quando  no 
hallan  otro  manjar  ( porque  este  es  asaz 
amargo) ,  édigen  ellos  que  es  sano.  A  mí 
haberme  hia  enfermo ,  aunque  no  he  sey- 


do  nada  regalado  ni  he  dexado  de  co- 
mer lo  que  he  visto  comer  á  otros  { que 
fuesse  honesto ) ,  é  teniendo  nesgessidad 
é  aun  algunas  veges  sin  ella,  para  lo  pro- 
bar é  mejor  poder  escrebir  el  gusto ,  allen- 
de de  la  vista  ;  é  assi  probé  esta  fructa. 
En  fin,  ella  es  bestial  manjar  é  para  gen- 
te salvaje. 

Nuevamente  é  por  experiencia  se  ve  é 
se  exergita  en  esta  cibdad  de  Sancto  Do- 
mingo ,  que  la  cascara  ó  cortega  destos 
mangles  es  singular  para  curtir  los  cue- 
ros de  las  vacas  en  breve  tiempo ;  por- 
que no  quiere  Dios  que  tengamos  nes- 
gessidad  de  arrayhan  ni  gumaque  ni  de 
los  otros  materiales ,  con  que  en  España 
se  adoban  é  curien  las  corambres.  Antes 
los  expertos  en  este  arte,  digen  que  este 
árbol  es  muy  mejor  que  todo  lo  que  so 
sabe  para  el  efeto  ques  dicho ;  porque  en 
España  se  larda  en  adobar  un  cuero  ó 
muchos  en  los  noques  ,  donde  los  ponen 
á  curtir,  ocho  é  aun  diez  meses  ó  un  año 
de  tiempo,  é  acá  en  sesenta  ó  septenta 
dias  se  curten  é  adoban  perfetamenle, 
assi  por  la  calor  natural  desta  tierra, 
como  por  la  virtud  é  propriedad  de  la 
corlega  destos  árboles. 


CAPITULO  VIL 


I>el  árbol  que  en  estas  islas  é  en  la  Tierra-Firme  nuestros  españoles  llaman  cedro. 


Jtlay  en  esta  Isla  Española  é  en  otras  y 
en  la  Tierra-Firme  giertos  árboles  que, 
porque  huelen  bien,  los  llaman  los  chrips- 
tianos  gedros ;  pero  en  la  verdad  no  creo 
que  lo  son  los  mas  dellos,  y  porque  tie- 
nen una  manera  de  mejor  olor  que  otros 
árboles ,  han  querido  nuestros  artífiges  é 
carpinteros  darles  este  nombre.  Es  buena 
madera  para  labrar  é  hager  caxas  é  guar- 
nigionesde  puertas  é  ventanas  é  otras  la- 
bores ,  é  es  leño  en  que  no  hage  tanto 
daño  la  broma  ó  carcoma :    c  por  esto 


quisieron  algunos  degir  queste  árbol  es 
libre  de  tal  enfermedad  ó  daño ,  é  que 
no  entra  en  él  broma ;  é  engáñanse  mu- 
cho ,  pues  que  se  ha  probado  muchas  ve- 
ges  é  se  ve  lo  contrario ,  é  assi  aqueste 
como  los  otros  padesgen  este  defecto;  por- 
que aunque  al  gusto  ó  tiento  de  la  lengua 
del  hombre  paresge  mas  amargo  este  ár- 
bol que  otros,  no  es  el  gusto  de  la  broma 
é  del  hombre  una  misma  cosa.  Bien  es 
verdad  que  há  pocos  meses  quel  piloto 
Bartolomé  Carreño  trnxo   de   la  isla  de 


340 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


la  Bermuda  á  esta  cibdad  de  Sancto  Do- 
mingo muy  hermosas  to^as  ó  troncos 
muy  gruesos  de  árboles  que  acá  se  lla- 
man gedros ,  y  estos  passan  é  hagen  mu- 
cha ventaja  á  todos  los  que  en  estas  par- 
tes hasta  agora  se  han  visto  de  buen  olor, 
é  se  higieron  é  hay  en  esta  cibdad  muy 
gentiles  mesas  é  caxas :  de  los  quales  ge- 


dros  desta  isla  yo  tráete  en  el  libro  II, 
capítulo  X*,  donde  mas  largamente  se 
puede  el  letor  informar  destos  gedros  y 
de  otras  cosas  de  aquella  isla  Bermuda; 
y  destos  gedros  que  assi  huelen  hay  mu- 
chos é  grandes  en  el  golpho  de  Urabá  é 
en  el  Darien  y  en  Castilla  del  Oro  é  otras 
partes. 


CAPITULO  VIH. 

Del  roble  de  aquesta  Isla  Española  é  otras  partes  destas  Indias. 


E 


n  esta  Isla  Española  y  otras  y  en  la 
Tierra-Firme  hay  muy  grandes  robles  na- 
turales é  como  los  de  España ,  é  de  muy 
regia  madera ;  é  la  hoja  es  asi  como  la 
de  los  robles  de  Castilla.  Uestes,  y  de 
otro  árbol  que  tractaré  en  el  capítulo  si- 
guiente, se  hagen  los  husos  y  exe&  é  rue- 
das de  los  ingenios  de  agúcar  en  esta 
Isla,  é  las  vigas  para  las  prensas,  que 
son  muy  luengas  é  gruesas  é  á  quatro 
esquinas  labradas,  de  septenta  é  ochenta 
píes  de  luengo  é  de  diezéseys  palmos  en 
quadro  ó  redondo  é  gintura ,  después  de 
labrada  la  viga.  Que  es  muy  grand  cosa, 
é  son  piegas  muy  hermosas  de  ver  por  su 
grosega  é  longitud ;  é  como  tengo  dicho, 
es  muy  fuerte  é  buena  madera,  y  á  mi 
ver  yo  la  tengo  por  una  de  las  mas  lin- 
das que  hay  en  el  mundo :  lo  qual  nos 
han  enseñado  agora  nuevamente  la  silla 
episcopal  é  las  otras  que  con  ella  están 
en  el  coro  de  la  iglesia  mayor  desta  cib- 
dad de  Sancto  Domingo  de  la  Isla  Espa- 
ñola ,  que  son  desta  madera  é  de  la  que 

*  El  autor  hubo  sin  duda  de  olvidarse  de  que  en 
el  capítulo  X  del  libro  II  solo  trató  del  cresQcr  y 
menguar  del  mar  Mediterráneo  y  del  mar  Ogéano; 
manifestando  las  parles  en  que  esto  se  verificaba, 
sin  hacer  mención  de  la  isla  Bermuda ,  ni  de  los  ce- 
dros que  produce.  Solo  habla  de  esta  isla  en  el  ca- 
pítulo IX  del  mismo  libro  ;  pero  no  se  detiene  á  dar 
de  ella  los  pormenores  que  en  csle  pasage  indica, 


se  dirá  en  el  siguiente  capítulo  del  cao- 
ban.  Y  digo  que,  á  mi  paresger,  son  sillas 
que  en  el  coro  de  las  iglesias  de  Toledo 
é  Sevilla  metropolitanas ,  serian  estima- 
das é  tenidas  en  mucho ;  porque  los  as- 
sientos  é  espaldar  destas  sillas  son  deste 
roble  y  la  guarnigion  é  colupnas  é  perfiles 
de  caoban,  é  labradas  de  exgelentes  escul- 
turas, al  romano,  de  medio  relieve :  é  que- 
da lo  ques  de  roble  de  una  color  mas  que 
pardo  é  muy  vegina  á  color  blanco  ó  como 
plateado,  é  lo  ques  de  caoban  muy  colo- 
rado ,  ques  como  un  morado  que  tira  á  la 
color  de  púrpura.  En  fin,  á  mis  ojos  ello 
es  rica  madera  é  la  mejor  cosa  que  he 
visto  para  semejante  edifigio  é  para  qual- 
quiera  cosa,  en  que  la  quissieren  poner. 
Pero  para  labrar  este  roble ,  se  requiere 
que  esté  mucho  tiempo  cortado  é  enxuto 
é  curado ,  porque  de  sí  es  humidíssimo 
é  ha  de  tener  salida  toda  aquella  agua  é 
estar  muy  curado.  É  si  oviere  diez  años 
que  se  cortó,  es  muy  bueno;  é  si  mas, 
muy  mejor. 

según  pueden  ver  los  lectores.  Acaso  para  la  se- 
gunda impresión  que  tenia  proyectada  pensarla 
introducir,  como  lo  hizo  en  otras  partes,  algunas 
adiciones  para  tratar  las  materias  que  aqui  apun- 
ta ;  adiciones  que  no  llegó  sin  embargo  á  insertar, 
pues  no  constan  en  ninguno  de  los  códices  que 
se  han  consultado. 


DE  INDIAS.  LIB.  IX.  CAP.  IX. 


31  f 


CAPITULO  IX. 

Del  árbol  llamado  caoban  desla  isla  Española. 


V>iAOBAN  es  un  árbol  de  lo§  mayores  é 
mejores  é  de  mejor  madera  é  color  que 
hay  entre  todos  los  desta  Isla  Española,  la 
qual  madera  es  asaz  colorada,  é  hágense 
della  muy  hermosas  puertas  é  mesas ,  é 
caxas ,  é  tablagon  para  lo  que  quieren  ,  é 
muy  Undas  vigas,  é  tan  gruesas  é  luen- 
gas como  las  quieren  ó  las  pide  la  obra. 
En  todas  las  partes  del  mundo  seria  esti- 
mada esta  madera ,  é  es  muy  regia ,  é  há- 
dense della  muy  hermosas  é  grandes  vi- 
gas para  las  prensas  de  los  ingenios  del 
adúcar  (como  se  dixo  en  el  capítulo  pre- 
cedente del  roble),  é  los  exes,  é  husos,  é 
ruedas ,  é  todo  lo  demás  que  quisieren 
liager  desta  madera  ;  é  para  los  madera- 
mientos  de  los  edefigios  de  las  casas  en 
esta  cibdad  é  otras  partes  desta  isla  es  la 


mejor,  porque  demás  de  ser  recia  es  her- 
mosa é  de  linda  tez.  Verdad  es  que,  se- 
gund  los  pueblos  destas  partes  son  mo- 
dernos ,  ella  se  pierde  presto  de  la  broma 
ó  carcoma.  Esto  puede  aver  causado  no 
la  cortar  en  sagon  é  tiempo  convenible ,  ó 
no  la  dexar  enxugar,  é  labrarla  é  as- 
sentarla  verde  en  los  edefigios,  sin  se  cu- 
rar é  passar  tiempo  sobre  ella,  después  de 
cortada.  Pero  esto  se  va  cada  dia  en- 
mendando en  las  labores ,  é  se  corta  en 
las  menguantes  de  las  lunas;  é  los  que 
pueden,  la  dexan  curar  é  la  tienen  de  dias 
é  tiempo  cortada ,  é  como  digo,  siempre 
se  va  todo  mejorando ;  pero  la  madera 
es  una  de  las  mejores  que  hay  en  esta  is- 
la ,  é  también  la  hay  en  otras  islas  y  en 
la  Tierra-Firme. 


CAPITULO  X. 


Del  therebintho  desla  Isla  Española. 


Iluieren  algunos  degir  que  en  esta  Isla 
Española  hay  therebinthos  ,  y  en  la  Tier- 
ra-Firme, y  no  me  maravillaría  dello. 
Deste  árbol  se  hage  la  trementina,  segund 
algunos  afirman.  Por  las  senas  quel  Pli- 
nio  *  nos  da  deste  árbol,  yo  los  he  mira- 
do, y  parégenme  muy  diferentes  estos 
que  acá  llaman  therebinthos  de  los  quél 
escribe ;  porque  dige  quel  macho  es  sin 
fructo ,  y  que  el  árbol  femenino  ó  hembra 
es  de  dos  espegies,  é  que  la  una  hageel 
fructo  colorado  ó  roxo ,  tamaño  como  una 
lenteja ,  é  que  la  otra  le  hage  amarillo ,  é 
que  madura  al  tiempo  que  las  vides  ma- 


duran, é  que  no  es  mayor  que  una  hava, 
de  jocundo  olor:  tocándole,  siente  de  re- 
sina ,  é  que  nasge  en  el  monte  de  Troya. 
É  dige  que  en  Magedonia  es  pequeño  ár- 
bol ,  é  lleno  de  troncos ,  y  que  en  la  tier- 
ra de  Damasco  es  grande ,  é  que  su  ma- 
dera es  flexible  é  dura  asaz ,  é  de  hermo- 
so é  negro  esplendor ,  é  que  hage  la  flor 
de  la  forma  que  el  olivo ,  pero  roxa  é  las 
hojas  sueltas ;  é  que  produge  giertas  pe- 
lotas, de  las  quales  salen  animales ,  como 
los  mosquitos  que  cantan ,  é  un  licor  vis- 
coso é  como  resina  é  como  de  la  corte- 
ga.  Dige  que  en  Siria  el  macho  produce 


i    Plin.,  lib.  XIV,  cap.  5. 


342 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


engienso  é  la  hembra  es  estéril.  Tiene  la 
hoja  como  olivo  é  algo  mas  luenga  é  pe- 
losa ,  é  siempre  los  pegones  de  las  hojas 
están  al  contrario  entre  sí :  é  los  ramos 
son  delgados  é  cortos ,  é  de  aqueste  se 
hagen  los  pelos  blancos :  su  simiente  es 
semejante  á  las  lentejas ,  é  tórnasse  roxa 
quando  las  uvas :  es  llamado  engienso,  y 
es  nesgessario  en  las  mediginas. 

Todo  lo  susodicho  dige  Plinio ,  y  helo 
escripto  tan  largo,  porque  ya  que  no  fues- 
se  therebintho  este  que  algunos  acá  lla- 
man therebintho,  por  estas  señas  que  po- 
ne este  tan  famoso  auctor,  estén  avisa- 
dos los  que  por  acá  andan  para  mirar  en 
ellas  :  que  no  dudo  yo  aver  estos  é  otros 
muchos  éxgelentes  y  nesgessarios  árboles 
por  acá  ,  é  topar  c  on  ellos  é  no  los  co- 
nosger. 

Es  gierto  que  yo  he  muchas  veges  ocu- 
pádome  inquiriendo  este  árbol  (por  mi 
persona  ) ,  hallándome  por  estos  caminos 
é  boscajes  en  diversas  partes  destas  In- 
dias ,  y  el  que  congierta  en  una  señal,  se 
desacuerda  en  otras.  É  assi  por  una  sola 
que  ven  los  que  no  tienen  experiengia  en 
las  cosas ,  le  congeden  el  nombre,  assi  co- 
mo si  tuviesse  todas  las  partes  é  gircuns- 
tangias  que  Plinio  dige ;  pero  yo  he  visto 
questos  mosquitos  é  otros  los  produgen  ó 
salen  acá  de  algunos  árboles ,  é  de  otros 
salen  mariposas ,  é  de  otros  cocos  ó  gor- 
gojos é  otros  animalejos  de  diversas  ma- 
neras en  sí :  y  también  diversos  árboles 
crian  los  mesmos  animales.  Estos  there- 
binthos  de  acá  ó  qualesquier  árboles  que 


ellos  sean  é  assi  se  llamen ,  no  tiene  ma- 
yor auctoridad  que  averíos  llamado  assi 
quien  le  plugo  ;  pero  mucho  les  falta  pa- 
ra quadrar  con  las  cosas  de  suso  apunta- 
das por  Plinio,  porque  aunque  echan  re- 
sina, no  es  trementina,  ni  la  simiente  ó 
fructa  tampoco  se  determina  ó  conforma. 
Son  grandes  estos  árboles ,  é  los  mosqui- 
tos que  he  dicho  muy  amigos  é  continuos 
por  ellos.  La  simiente  que  dige  Plinio  no 
la  tienen,  ni  es  su  fructa  de  tal  forma ,  é 
para  mí  yo  no  la  tengo  por  therebintho 
hasta  que  mas  averiguado  esté  ó  mejor 
entendido,  é  la  experiengia  y  el  tiempo 
nos  lo  enseñen.  Verdad  es  que  Plinio  no 
pone  sola  una  espegie  de  therebintho  en  lo 
que  de  suso  se  ha  dicho  ó  expressado  de 
lo  que  escribe,  sino  quatro  diferengias; 
porque  dige  de  los  de  la  selva  Ida  de 
Troya,  é  de  los  de  Magedonia,  é  de  Da- 
masco ,  y  de  Siria ;  y  pues  que  él  pone 
quatro ,  no  sé  yo  si  la  natura  se  contentó 
con  essos  pocos,  ó  si  él  ynoró  los  de- 
mas.  El  tiempo  lo  dirá:  que  yo  bien  creo 
que  es  mas  lo  que  Plinio  no  escribió  des- 
tas  materias  que  lo  que  supo  dellas,  pues- 
to que  hasta  agora  es  ávido  por  el  mayor 
auctor  é  mas  abundante  de  quantos  han 
escripto  de  la  natural  historia.  Porque 
demás  de  ser  copilador  de  todos  los  auc- 
tores  de  hasta  su  tiempo ,  él  añadió  asaz 
materias  é  cosas  al  mismo  propóssito,  co- 
mo muy  atentado  escriptor  é  prudente 
investigador  de  los  secretos  é  diversida- 
des de  tal  natura  de  historia,  como  por 
sus  treynta  y  siete  libros  paresge. 


CAPITULO   XI. 


Del  árbol  llamado  Qeyba,  en  cspe9¡al;  é  otros  árboles  grandes. 


jCju  los  capítulos,  donde  se  tracto  del  ro- 
ble é  del  caoban,  se  dixo  de  su  grandega, 
y  en  la  Tierra-Firme  hay  muchos  árboles 
dessos  é  de  otros  mayores.  Y  en  verdad 


si  yo  hablasse  estas  cosas,  sin  aver  tantos 
testigos  de  vista ,  con  temor  lo  diria ;  pues 
que  la  costumbre  de  los  murmuradores 
no  se  contenta  con  repunar  á  lo  que  de 


DE  INDIAS.  LIB.  IX.  CAP.  XI. 


343 


sí  propio  parece  dubdoso;  mas  aun  á  lo 
que  es  notorio,  contradicen.  Mas  como  sé 
de  mi  condigion  é  obra  que  hablo  verdad, 
no  es  inconviniente  que  el  ynorante  me 
muerda ,  porque  menos  sangre  sacan  los 
perros  que  ladran  al  viento.  Digo,  pues, 
queá  una  legua  de  la  cibdad  del  Darien, 
por  otro  nombre  llamada  Santa  Maria  del 
Antigua,  passa  un  rio  harto  ancho  é  muy 
hondo,  que  se  llama  el  Cutí :  é  los  indios 
antes  que  aquella  tierra  ganassen  chrips- 
tianos,  tenian  echado  por  puente  un  árbol 
grueso  que  atravesaba  aquel  rio  de  parte 
á  parte,  que  tomaba  toda  la  latitud  desde 
la  una  barranca  á  la  otra,  y  estaba  en 
parte  que  continuamente  le  passabamos 
para  yr  á  las  minas  é  á  nuestras  hacien- 
das ,  y  era  muy  luengo  é  gruesso  aquel 
árbol;  mas  avia  tiempo  que  estaba  alli, 
é  y  base  abaxando  en  la  mitad  del;  é  aun- 
que passabamos  por  engima ,  era  en  un 
trecho  del,  dando  el  agua  gerca  de  la 
rodilla ,  y  siempre  cada  año  se  baxaba  po- 
co á  poco  mas ,  á  causa  que  el  rio  roba- 
ba la  tierra  de  las  barrancas ,  en  que  el 
palo  estribaba.  Por  lo  qual  el  año  de  mili 
(3  quinientos  é  veynte  y  dos ,  seyendo  yo 
justigia  y  capitán  en  aquella  cibdad ,  hige 
echar  otro  árbol  pocos  passos  mas  abaxo 
del  susodicho ,  que  la  natura  proveyó  de 
criarle  junto  á  la  una  barranca  é  costa  del 
rio  ;  é  cortado  quassi  todo ,  fué  derriba- 
do ,  quedando  alguna  cosa  por  cortar  al 
pié  ( porque  por  alli  le  alimentasse  la  tier- 
ra en  su  propio  nagimiento  ,  é  se  conser- 
vasse  mas  tiempo  é  mejor):  é  caydo, 
atravessó  todo  el  rio ,  é  sobró  de  la  otra 
parte  mas  de  ginqüenta  pies ;  é  el  rio  te- 
nia de  anchura  mas  de  giento.  Este  árbol 
tenia,  donde  mas  grueso  era,  diez  y  seys 
palmos  ó  mas ,  y  quedó  engima  del  agua 
mas  de  dos  cobdos  sin  tocar  en  ella ,  fe- 
cho muy  buena  puente :  al  qual  hige  echar 
barrotes  á  trechos ,  é  sobre  aquellos  un 


passamano :  assi  que  por  la  una  parte  te- 
nia una  baranda  é  era  gentil  puente.- É 
al  caer,  que  cayó  la  cabega  del  árbol ,  é 
dio  á  la  otra  parte  del  rio ,  derribó  é  des- 
gajó otros  árboles  é  ramas  de  los  otros 
que  estaban  en  la  otra  costa  del  rio ,  é 
descubrió  giertas  parras  de  uvas  (de  las 
que  se  hizo  mengion  en  el  capítulo  I  del 
libro  pregedente),  y  eran  de  las  ne- 
gras y  muy  buenas  para  ser  salvajes; 
de  las  quales  comimos  muchas,  mas  de 
ginqüenta  hombres  que  alli  estábamos. 
Este  árbol  que  he  dicho ,  á  respeto  de 
otros  muchos  que  en  aquella  tierra  hay 
y  en  otras  partes  de  la  Tierra-Firme ,  era 
delgado,  non  obstante  que  assi  caydo  co- 
mo estaba,  no  dexaba  de  cresger,  porque 
como  le  quedó  parte  de  la  rayz ,  por  allí 
se  alimentaba ,  é  cada  año  era  menester 
Hmpiar  é  cortar  los  pimpollos  y  ramas 
que  echaba  en  el  trecho  que  tomaba  la 
puente  ó  el  rio ;  é  la  gima  é  copa  que  es- 
taba en  tierra,  estuvo  siempre  fresca  é 
verde. 

Dige  Plinio  *  que  los  ladrones  de  Ale- 
mania hagian  naves  de  un  leño  solo ,  el 
qual  concavaban ,  é  algunas  de  aquellas 
llevaban  treynta  hombres.  A  este  pro- 
póssito  digo  que  en  la  provingia  de  Car- 
tagena ,  antes  que  se  poblasse  de  chrips- 
tianos,  é  por  aquella  costa  se  hagian  ca- 
noas, que  son  las  barcas  de  los  indios 
en  que  navegan ,  é  tan  grandes  algunas, 
que  yban  giento  é  aun  giento  é  treynta 
hombres  en  una  dellas.  Y  son  de  una 
piega  ó  solo  un  árbol ,  é  de  través  al  an- 
cho dellacabe  muy  holgadamente  una  pi- 
pa atravessada ,  quedando  á  cada  lado 
della  lugar  por  donde  puedan  muy  bien 
passar  la  gente  de  la  canoa.  É  algunas  son 
tan  anchas  que  tienen  diez  é  doge  pal- 
mos de  bordo  á  bordo,  é  las  traen  é  nave- 
gan con  dos  velas ,  que  son  la  maestra  é 
el  trinquete.   Las  quales   velas  son    de 


i    Plin.Jib.  XVI,  cap.  41. 


314 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


muy  buenas  telas  de  algodón ;  y  estos  ta- 
les navios  llaman  piraguas.  En  aquel  re- 
portorio  que  yo  escribí  é  se  imprimió  en 
Toledo  el  año  de  mili  é  quinientos  é 
veynte  y  seys ,  dixe  que  el  mayor  árbol 
que  yo  avia  visto  en  la  Tierra-Firme  ni 
en  las  Indias  hasta  entonges ,  fué  en  la 
provincia  de  Guaturo,  yendo  yo  á  buscar 
el  cagique  de  aquella  tierra  que  se  avia 
rebelado  del  servigio  de  Sus  Magestades, 
al  qual  yo  prendí :  é  pasando  con  la  gen- 
te que  conmigo  yba  por  una  sierra  muy 
alta  y  muy  llena  de  árboles ,  en  lo  alto 
della  topamos  un  árbol,  entre  los  otros, 
que  tenia  tres  pies  ó  rayges  ó  partes  del 
en  triángulo ,  á  manera  de  trévedes ,  é 
dexaba  entre  cada  uno  destos  tres  pies 
abierto  mas  espagio  de  veynte  pies,  é 
tan  ancha  é  alta  cada  lumbre  destas,  que 
una  muy  ancha  carreta  y  envarada  (de  la 
manera  que  las  usan  en  el  reyno  de  To- 
ledo, al  tiempo  que  cojen  el  pan)  cupiera 
muy  holgadamente  por  qualquiera  de  to- 
das tres  lumbres  ó  espagio  que  quedaba 
de  pie  á  pie.  Y  en  lo  alto  de  tierra,  mas 
espagio  que  la  altura  de  una  langa  de  ar- 
mas, se  juntaban  todos  tres  palos  ó  pies, 
é  de  alli  arriba  eran  uno  solo  ó  un  árbol 
ó  tronco  sin  división  alguna :  el  qual  su- 
bía muy  mas  alto  en  una  piega  sola  (antes 
que  despargiesse  ramas),  que  no  es  la  tor- 
re de  Sanct  Román  de  Toledo.  Y  de  aque- 
lla altura  arriba  echaba  muchas  ramas 
grandes.  Algunos  después  subieron  por 
aquel  árbol,  é  yo  fuy  uno  de  ellos:  y  des- 
de adonde  llegué  por  él ,  que  fue  hasta 
gerca  de  donde  comengaba  á  echar  bra- 
gos  ó  las  ramas ,  era  cosa  de  maravilla 
ver  la  mucha  tierra  que  desde  alli  se  pa- 
resgia  hágia  la  parte  de  la  provingia  de 
Abrayme.  Tenia  muy  buen  subidero  este 
árbol,  porque  estaban  muchos  bexucos 
rodeados  á  él ,  que  hagian  muy  seguros 
escalones.  Era  cada  uno  de  los  tres  pies 
sobre  que  estaba  fundado  é  nasgia  el  ár- 
bol, mas  gruesos  de  cada  veynte  pal- 


mos; é  después  que  todos  tres  pies  en  lo 
alto  se  juntaban  en  uno ,  aquel  pringipal 
era  de  mas  de  quarenta  é  ginco  palmos 
en  redondo.  Yo  le  puse  nombre  á  aque- 
lla montaña  la  Sierra  del  árbol  de  las  tré- 
vedes. Después  que  yo  escrebí  lo  que  he 
dicho  deste  grande  árbol,  he  visto  otros 
muchos  y  muy  mayores.  Y  á  mi  paresger 
las  geybas  son  los  mayores  árboles  por 
la  mayor  parte  que  todos  los  destas  In- 
dias; y  este  árbol  es  de  dos  géneros,  uno 
que  pierde  la  hoja ,  é  otro  que  nunca  la 
dexa  ó  siempre  está  verde.  En  esta  Isla 
Española  ovo  una  geyba,  ocho  leguas 
desta  cibdad ,  donde  ha  quedado  el  nom- 
bre de  árbol  gordo,  del  qual  yo  oy  hablar 
muchas  veges  al  almirante,  don  Diego 
Colom ,  é  le  oy  degir  que  él  con  otros  ca- 
torge  hombres,  tomados  de  las  manos,  aun 
no  acababan  de  abragar  aquella  gcyba 
que  llamaban  árbol  gordo.  Este  árbol  pe- 
resgió  é  se  pudrió ,  é  muchos  viven  hoy 
que  le  vieron  é  digen  lo  mismo  de  su 
grandega.  Para  mí  no  es  mucha  admira- 
gion,  acordándome  de  los  que  he  visto 
mayores,  en  la  Tierra-Firme,  destas  mis- 
mas geybas.  Otro  árbol  grande  de  aques- 
tas geybas  ovo  en  la  villa  de  Sanctiago, 
en  esta  Isla  Española;  pero  el  uno  é  el  otro 
son  mucho  menores  que  los  que  se  hallan 
en  la  Tierra-Firme  de  aquestas  geybas. 
Y  porque  en  la  provingia  de  Nica- 
ragua son  los  mayores  arboles  que  yo  he 
visto  hasta  agora ,  y  que  exgeden  mucho 
á  todos  los  que  he  dicho ,  diré  solamen- 
te de  una  geyba  que  vi  muchas  veges  en 
aquella  provingia,  no  media  legua  de  la 
casa  é  assiento  del  cagique  de  Fhecoa- 
tega ,  á  par  de  un  rio  del  assiento  del  ca- 
gique de  Guagama ,  que  estaba  encomen- 
dado á  un  hombre  de  bien,  llamado  Mi- 
guel Lúeas ,  ó  de  sus  compañeros  Fran- 
gisco  Nuñez  é  Luis  Farfan.  El  qual  árbol 
yo  le  medí  por  mis  manos  con  un  hilo  de 
cabuya ,  é  tenia  de  gircuyto  en  el  pie 
treynta  é  tres  varas  de  medir,  que  son 


DE  INDIAS.  LIB.  IX.  CAP.  XI. 


345 


giento  é  treynta  ó  dos  palmos :  é  porque 
estaba  orilla  de  un  rio,  no  se  podía  me- 
dir por  lo  mas  baxo  agerca  de  las  ray- 
Ces,  é  seria  sin  dubda  mas  de  otras  tres 
varas  mas  gorda :  que  los  unos  é  los  otros 
palmos,  bien  medido,  tengo  que  en  todo 
serian  treynta  é  seys  varas ,  que  tienen 
Qiento  é  quarenta  é  qualro  palmos  de  va- 
ra. Lo  quales  la  mas  gruesa  cosa  de  ár- 
bol de  todos  los  que  yo  he  visto. 

La  madera  destos  árboles  ó  geybas  es 
fofa  é  fágil  de  cortar  é  de  poco  peso  é 
no  es  para  labrar  ni  liager  caso  della  para 
mas  de  dos  efetos.  El  uno  es  su  lana,  é  el 
otro  la  sombra  que  hagen  grande,  porque 
son  grandes  árboles  é  de  muy  tendidas 
ramas,  y  sana,  y  no  pesada  como  la  som- 
bra de  otros  árboles  que  hay  en  estas  In- 
dias ,  que  notoriamente  son  dañosos;  assi 
como  la  del  árbol  de  que  se  hage  la  hier- 
va, con  que  tiran  sus  flechas  los  indios  ca- 
ribes. La  fructa  destos  árboles  es  unas 
vaynas  tamañas  como  el  dedo  mayor  de 
la  mano,  é  tan  gordas  como  dos  dedos, 
redondas  é  llenas  de  lana  delgada  ,  que 
después  de  maduras  se  secan  é  abren  por 
sí  mesmas  por  la  calor  del  sol:  é  después 
el  viento  lleva  aquella  lana ,  entre  la  qual 
están  giertos  granillos ,  que  es  su  simien- 
te, como  están  otros  entre  el  algodón. 
Esta  lana  me  paresge  á  mí  ques  cosa  no- 
table ,  y  la  fructa  de  la  geyba  es  á  ma- 
nera de  los  cogombros  amargos  de  Cas- 
tilla, salvo  questos  fructos  de  la  geyba 
son  mayores  é  mas  gruesos ;  pero  el  ma- 
yor no  es  mas  luengo  quel  dedo  mayor  de 


la  mano:é  quando  es  maduro,  ábresse  al 
luengo  en  quatro  partes,  é  con  el  primero 
viento  váse  la  lana  (que  ninguna  otra  co- 
sa tiene  esta  fructa  dentro  de  sí),  é  pares- 
ge  que  ha  nevado  por  todo  aquello  que 
la  lana  ha  alcancado  á  cobrir  la  tierra. 
Es  aquesta  lana  cortica,  éparésgeme  que 
no  se  podría  hilar;  mas  para  almohadas 
de  cama  ó  coxiues  de  estrado  (no  se  mo- 
jando), es  una  lana  única  en  la  blandura 
é  sin  ninguna  pesadumbre  en  la  cabega, 
y  para  lechos  de  príngipes  la  mas  deli- 
cada é  de  estimar  de  todas  las  lanas :  es 
una  seda  y  mas  delgada  que  las  sotiles 
hebras  de  seda.  Assi  que,  ninguna  pluma 
ni  lana  ni  algodón  se  le  iguala ;  pero  si 
se  moja,  hágese  toda  pelotas  y  se  pierde. 
Yo  lo  he  experimentado  todo  esto ,  y  en 
tanto  questa  lana  no  es  mojada ,  ninguna 
hay  tal  como  ella  para  coxines  ó  almoha- 
das de  cama.  Acostumbran  los  indios  en 
Nicaragua  tener  lugares  diputados  para 
el  tiánguez  ,  que  quiere  degir  mercado, 
donde  se  juntan  á  sus  conlractagiones  é 
ferias  é  truecos ,  é  alli  tienen  dos,  tres  é 
quatro  árboles  destas  geybas  para  hager 
sombra ;  y  en  muchas  plagas  ó  tiánguez 
dos  ó  tres  geybas  ó  qualro  bastan  para 
dar  sombra  á  mili  é  dos  mili  personas ,  é 
assi  ponen  las  geybas,  segund  es  mucho 
ó  poco  el  concurso  de  la  plaga  ó  tián- 
guez. Aqueste  árbol  assi  grande  que  en 
esta  isla  llaman  geyba ,  como  he  dicho, 
se  llama  en  la  provingia  de  Nicaragua 
poxot,Y  en  otras  partes  tiene  otros  nom- 
bres. 


CAPrruLO  XII. 

Del  árbol  d  manzanillo,  con  cuya  IVucla  los  indios  caribes  flecheros  liazen  la  hierva  con  que  tiran  é  pe- 
lean ,  la  qual  por  la  mayor  parle  es  inf  emediable. 


rLn  esta  Isla  Española ,  en  la  costa  del  Tiburón,  en  la  costa  de  la  mar  y  en  otras 

Poniente  della ,  en  las  sierras  de  la  punta  partes  partes  desta  isla  é  de  otras  islas 

de  Sanct  Miguel,  que  otros  llaman  del  deste  golpho,  y  en  mucha  parte  de  la 

TOMO  I.  ^4 


346 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


Tierra-Firme ,  á  la  banda  del  Norte ,  en 
especial  desde  Paria ,  é  aun  desde  la  boca 
del  Drago  é  la  isla  de  la  Trenidad  al  ocgi- 
dente  hasta  el  golpho  de  Sanct  Blas ,  é 
Qerca  del  puerto  del  Nombre  de  Dios,  que 
son  mas  de  tresQientas  leguas  de  costa, 
innumerables  manzanillos  hay,  de  los 
qualeslos  indios  caribes  acostumbran  con 
otras  mixtiones  ponzoñosas  hager  aquella 
diabólica  hierva,  con  que  tiran  sus  flechas. 
Estos  son  unos  árboles  parrados  ó  ba- 
xos  comunmente,  é  algunos  hay  altos  mas 
que  tres  estados  de  un  hombre  i  é  son 
muy  copados  é  llenos  de  hoja  ,  la  qual 
quiere  paresger  á  la  del  peral.  E  estos  ár- 
boles se  cargan  mucho  de  una  fructa  de 
unas  manganillas  de  muy  buen  olor ,  ta- 
mañas como  germeñas ,  pero  redondas, 
aunque  algunas  hay  prolongadas  é  con 
un  poco  de  color  roxa  matigadas ,  que 
les  da  buena  gragia  en  la  vista  ;  mas  son 
malas  é  pongoñosas  ellas  y  el  árbol  en  sus 
efetos.  En  esta  isla  los  indios  no  sabian 
hager  esta  hierva  ni  la  usaban ;  mas  la 
fructa  no  hay  hombre  que  la  vea,  si  no  la 
conosge ,  que  le  falte  deseo  de  se  hartar 
della ,  porque  su  vista  é  olor  es  para  con- 
vidar á  ello.  Y  está  probado  por  muchos 
é  muchas  veges ,  que  de  echarse  algunos 
hombres  á  dormir  descuydadamente  de- 
baxo  de  aquestos  árboles ,  no  los  conos- 
giendo,  en  poco  espagio  que  les  ture  el 
sueño  á  la  sombra  de  tal  mangano ,  quan- 
do  se  levantan,  es  con  grandíssimo  dolor 
de  cabega  é  hinchados  los  ojos  é  las  ge- 
jas  é  raexillas.  E  si  por  caso  el  rogio  des- 
te  árbol  toca  en  la  cara,  es  como  fuego  é 
levanta  é  abrassa  los  cueros  en  quanto 
alcanga;  é  si  cae  en  los  ojos,  ó  los  quie- 
bra ó  giega  ó  pone  en  mucho  trabaxo  é 
peligro  de  los  perder.  La  leña  deste  ár- 
bol engendida,  no  hay  quien  mucho  espa- 
gio la  comporte ,  porque  luego  da  mucha 
pesadumbre;  é  es  tanto  el  dolor  de  ca- 


bega que  causa ,  que  presto  hage  arre- 
drarse los  gircunslantes  que  estovieren  al- 
rededor ,  tanto  que  sean  hombres  como 
otro  animal  qualquiera. 

Plinio  dige,  dando  por  auctor  á  Sextio*, 
que  los  griegos  llaman  á  gierto  árbol  simi- 
lace,  é  que  en  Arcadia  es  de  tan  potente 
veneno  que  mata  al  que  duerme  ó  come 
debaxo  del.  Pusseaqui  esto  porque  pares- 
ge  á  los  manganillos  de  acá,  de  quien  aqui 
se  tracta.  Mas  con  todas  sus  malas  pro- 
priedades,  diré  lo  que  contesgió  á  un  ca- 
ballero de  mi  tierra,  deudo  mió,  é  mange- 
bo  natural  de  Madrid ,  llamado  Gongalo 
Fernandez  del  Lago,  que  al  presente  vive, 
el  qual  passó  á  estas  partes;  é  el  año  de 
mili  é  quinientos  é  quinge  fue  desde 
aquesta  cibdad  de  Saneto  Domingo  con 
gierta  armada  á  hager  la  guerra  á  los  in- 
dios caribes  de  la  isla  Gibuqueyra ,  que 
agora  se  llama  SanctaCruz:  é  continuán- 
dose la  guerra ,  é  con  harta  nesgessidad 
de  bastimento,  vengido  de  su  gula,  co- 
mió ginco  ó  seys  destas  manganillas,  é 
ningún  mal  le  higieron ;'  é  comiera  mu- 
chas mas,  si  no  se  lo  estorbaran  los  otros 
chripstianos ,  digiéndole  quién  es  aquella 
fructa,  lo  qual  él  no  creia,  é  la  loaba  é 
dixo  assi:  «Yo  no  sé  lo  que  os  decis;  pe- 
ro á  mí  muy  bien  me  han  sabido  estas 
manganillas ,  é  si  no  me  dixérades  que 
eran  malas,  no  dexára  de  comerlas  has- 
ta hartarme  dellas. »  En  fin ,  que  daño 
ni  ningún  movimiento  higieron  en  su 
persona  ni  estonges  ni  después ,  y  hoy  es 
vivo.  Creo  yo  que  escapar  él  deste  error 
é  de  tan  pestífera  fructa,  fué  la  causa  la 
que  hage  que  la  vedegambre  no  mate  á 
los  que  la  comen,  si  no  topa  con  alguna 
sangre ;  porque  desta  hagen  la  hierva  los 
ballesteros  en  España ,  é  á  algunos  dellos 
he  oydo  degir  que  la  comen  é  se  purgan 
con  ella  é  que  es  muy  buena  purga,  si  no 
topa  sangre  en  quien  descargue  su  pon- 


i     Plin.  lib.  XVI,  cap.  iO. 


DE  INDIAS.  LIB.  IX.   CAP.  XII. 


347 


Coña;  y  assi  debe  ser  en  estas  mangani- 
llas. Pero  á  este  gentil  hombre  las  man- 
ganillas, caso  que  no  le  higieron  mal, 
tampoco  le  provocaron  á  purgar,  al  qual 
yo  le  hablé  en  esta  cibdad  el  mismo  año 


que  le  avie  acaesgido  lo  ques  dicho,  é  le 
pregunté  si  era  verdad  que  avia  comido 
esta  fructa,  como  me  avian  dicho,  é  él 
dixo  que  era  verdad  é  que  avie  passado 
de  la  manera  que  aqui  lo  he  escripto. 


CAPITULO  XIII. 

Del  árbol  que  en  eslas  parles  se  liene  por  tharay,  porque  le  pares9e  mucho  en  la  hoja;  pero  llamante 

en  esta  Isla  Española  cohobo. 


JL  HARAY  en  España  es  muy  conosgido,  é 
hállasse  comunmente  en  los  sotos  é  ribe- 
ras de  muchos  rios ,  assi  como  en  Tajo, 
Duero ,  Hebro ,  Guadiana ,  Guadalquivir. 
É  en  otras  muchas  riberas  de  España  le 
he  yo  visto  este  árbol  tharay ;  mas  todo 
el  tharay  que  yo  he  visto  en  España,  es 
muy  pequeño  en  respecto  de  los  árboles 
que  en  estas  Indias  hay  muy  grande»  é 
muy  altos  é  gruesos  é  de*  grandes  ra- 
mas, que  en  la  hoja  son  ni  mas  ni  me- 
nos que  los  verdaderos  tharayes  de  las 
riberas  que  dixe  de  suso.  Y  uno  destos 
es  aquel  árbol  que  tengo  dicho  de  las 
qüentas  del  xabon ,  é  otros  que  no  las 
llevan,   é  son  en  la  hoja  conformes.  Mas 


la  madera  destos  de  acá  no  es  tan  ma- 
giga  ni  pesada  como  el  tharay  de  Espa- 
ña ,  porque  esta  es  algo  fofa  é  ligera,  mas 
del  todo  no  es  mala  madera.  É  algunos 
destos  árboles,  ni  los  que  acá  paresgen 
al  tharay  en  la  hoja,  no  son  de  un  géne- 
ro;  porque  como  he  dicho,  algunos  lle- 
van aquella  fructa  para  xabonar ,  é  otros 
llevan  unas  arvejas  ó  havas  negras  é  re- 
dondas é  duríssimas  é  no  para  comerlas 
hombre  ni  algund  animal.  É  aqueste  co- 
hoba  lleva  unas  arvejas  que  las  vaynas 
son  de  un  palmo  é  mas  é  menos  luen- 
gas ,  con  unas  lentejuelas  por  fructo  que 
no  son  de  comer ,  é  la  madera  es  muy 
buena  é  regia. 


CAPITULO    XIV. 

De  los  árboles  del  helécho  en  esta  Isla  Española  é  otras  islas  é  en  la  Tierra-Firme: 


V>4  0sa  es  muy  común  el  helécho  en  mu- 
chas partes  destas  Indias  é  islas  é  Tierra- 
Firme  del  mar  Ogéano,  y  de  muchas  ma- 
neras, é  también  lo  hay  como  lo  de 
Castilla  de  las  sierras  de  Segovia  é  otras 
partes  de  España ,  é  hay  lo  de  otro  muy 
mayor ,  é  hasta  tanto  que  las  ramas  son 
no  menores  que  una  langa  luenga  ó  mas. 
Pero  allende  de  todos  estos  heléchos,  hay 
otros,  que  yo  cuento  por  árboles,  tan 
gruesos  como  grandes  pinos  é  muy  al- 
tos ,  é  las  hojas  son  de  la  misma  hechura 
que  la  de  los  heléchos  de  España,  puesto 
que  muy  mayores  é  assi  de  aquella  f¿i- 
gion  é  hechura  que  cada  hoja  es  otras  mu- 


chas hojas ,  é  cada  una  de  aquellas  es- 
otras menores,  como  está  mejor  de  en- 
tender á  quien  ha  visto  bien  los  heléchos 
que  no  á  quien  esto  leyere,  sin  aver  en 
ellos  mirado.  Digo,  pues,  que  de  la  pro- 
pria  forma  tienen  la  hoja  estos  árboles, 
é  son  muy  frescos ,  é  por  la  mayor  parte 
crian  en  las  costas  de  los  arroyos  é  que- 
bradas, en  las  sierras  é  montes  donde 
hay  agua.  Mas  los  unos  é  los  otros  que 
he  dicho  (ó  los  mas  dellos)  están  muy  ro- 
deados de  bexucos  é  cuerdas  é  otras  ve- 
nas que  quieren  paresger  en  la  hoja  á 
las  yedras  é  otras  hiervas  semejantes  que 
con  estos  árboles  se  intrincan  é  abragan . 


348 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO    XV. 


De  los  árboles  del  brasil  que  hay  en  esta  isla  é  otras,  é  en  la  Tierra-Firme. 


JDrasil  es  árbol  muy  conosgido  é  útil  é 
provechosso  á  los  tintoreros  de  paños  é 
lanas  é  á  los  pintores ,  é  para  otras  co- 
sas ,  é  hay  mucho  en  algunas  partes  de 
la  Tierra-Firme,  para  cargar quantas na- 
ves quissieren  dello.  Y  assi  mismo  lo  hay 
en  algunas  islas  de  la  costa  de  la  Tierra- 
Firme  ,  é  háylo  en  esta  nuestra  Isla  Es- 
pañola, no  lexos,  sino  á  par  del  lago  de 
Xaragua  é  por  aquellas  sierras.  Es  árbol 
no  muy  alto  ni  derecho  :  su  color  es  mo- 
rada ,  después  ques  fecho  rajas  que  tira 
al  morado  ó  color  de  púrpura ;  é  en  la 
provincia  é  montañas  del  cabo  de  Sanct 
Miguel,  que  otros  llaman  del  Tiburón, 
hay  muclios  árboles  destos.  Quieren  pa- 


resger  enginas ,  pero  mas  delgados  é  tor- 
cidos é  no  tan  altos  comunmente.  La  cas- 
cara salta  de  regia  en  el  árhol ,  é  la  hoja 
es  acarrascada  y  no  áspera.  Pero  donde 
mayor  cantidad  hay  desta  leña  é  árboles 
de  brasil  es  en  la  gran  costa  de  la  Tier- 
ra-Firme ,  á  la  banda  de  nuestro  polo  ár- 
tico ,  de  grandíssimos  boscajes  desde 
el  grande  rio  Marañon  la  costa  arri- 
ba hágia  el  Oriente.  É  porqués  árbol 
tan  conosgido  é  notable ,  no  diré  mas 
del,  pues  hay  muchos  que  tienen  expe- 
riengia  de  sus  utilidades  é  provechos  y 
efetos  de  sus  colores  é  propriedades, 
que  podrán  mejor  testificar  sus  opera- 
giones. 


CAPITULO  XVL 


Del  árbol  llamado  corbana. 


Vjorbana  es  un  árbol  que  se  halla  en 
esta  isla  ó  otras  muchas  partes  destas  In- 
dias :  es  poderoso  árbol  é  de  fortíssima 
madera  tanto ,  que  de  fuerte  ninguno  de 
los  que  acá  se  saben  es  su  igual;  é  es 
tan  regio  de  labrar ,  qu6  se  tuergen  ó  sal- 
tan los  filos  de  las  hachas,  partiendo  ó  la- 
brando esta  madera.  Yo  he  fecho  hager 
en  esta  fortaleza  de  Sancto  Domingo  (que 
por  Sus  Magestades  tengo)  algunos  exes 
de  carretas  de  culebrinas  é  otros  tiros  de 
artillería  regios  desta  madera,  por  ser 
tan  fuerte  como  es ,  en  lo  qual  ninguna 
engina  ni  roble  se  le  iguala.  É  demás 
desso  tiene  otra  grand  propriedad ,  y  es 
que  nunca  se  pudre  debaxo  de  tierra,  hin- 
cada una  viga  ó  un  poste  ó  palo  deste 
árbol ,  segund  muchos  digen  ;  pero  como 


lodo  ío  de  acá  es  moderno,  no  se  sabe 
por  experiengia  aquesto ,  sino  por  aviso 
de  indios.  Algunos  que  labran  casas,  han 
comengado  á  maderadas  desta  corbana; 
porque  de  la  que  mas  se  usa ,  ques  el 
caoban,  ya  se  sabe  que  presto  peresge, 
no  obstante  que^  con  sus  tachas,  se  labra 
el  caoban  por  la  mayor  parte.  Mas  si  esta 
otra  del  corbana  adelante  se  halla  buena 
é  el  tiempo  la  aprueba,  en  mucha  esti- 
magion  será  tenida  para  los  edefigios.  Su 
hoja  es  delgada  é  luenga  ,  é  echa  unas- 
flores  gentiles  blancas  algo  rosadas ,  é  su 
fructa  es  como  arvejas  ;  en  las  quales  es- 
tan  ginco  ó  seys  ó  mas  lentejas  llanicas  é 
algo  mayores  que  lentejas,  y  duríssimas. 
Destos  mismos  árboles  piensso  yo  que  son 
los  que  hay  en  la   Tierra-Firme  en  la 


DE  INDIAS.  LIB.  IX.  CAP.  XVI. 


341? 


|)rovingia  de  Nicaragua ;  é  allá  los  chrips- 
tianos  llaman  á  tales  árboles  madera  ne- 
gra, de  la  qual  los  indios  usan  para  ha- 
Qer  sombra  á  otros  árboles  que  ellos  pres- 
tían mucho  ,  que  llaman  cacao ;  porque 
difen  que  ni  se  envejecen  ni  se  pierden 


estos  árboles  de  la  madera  negra ,  que 
piensso  yo  ques  la  misma  corbana :  de  la 
qual  madera  negra  é  de  su  perpetuidad  de- 
baxo  de  tierra  se  dixo  en  el  libro  prece- 
dente, quando  se  tracto  de  los  árboles  del 
cacao,  que  también  se  llaman  cacagual. 


CAPITULO  XVII. 


Del  árbol  llamado  cuya. 


\^  üYA  es  un  árbol  grande  é  de  muy  her- 
mosa é  fuerte  madera ,  é  quassi  ó  poco 
menos  regia  que  la  corbana ,  de  quien  se 
tracto  en  el  capítulo  de  suso ;  pero  esta 
es  mejor  de  labrar  é  de  mas  linda  tez: 
del  qual  se  hagen  hermosas  vigas,  é  si 
con  el  tiempo  prueban  bien  é  son  mas 
turables  quel  caoban,  en  mucho  serán 
tenidas.  Algunos  que  edifican,  lo  comien- 
zan á  usar,  é  ponen  algunas  vigas,  para 
ver  con  el  tiempo  cómo  prueban.  En  lo 
que  mas  se  gasta  al  presente  esta  made- 
ra es  en  guarnigíones  de  herramientas  é 
gepillos  é  otros  instrumentos  para  encor- 
porar  ó  engastar  herramientas  de  guvias 
é  barrenas  é  magos ,  por  su  mucha  du- 
rega  é  lindo  lustre.  Y  deste  árbol  hige  yo 


poner  un  exe  á  una  carreta  de  una  grue- 
sa culebrina  de  las  desta  fortaleza ,  que 
passa  de  septenta  quintales  debronge;  é 
la  sostiene  tan  gallardamente  é  sin  hager 
sentimiento  alguno,  aunque  es  muy  fu- 
rioso tiro  ,  que  piensso  yo  ques  única  tal 
madera  para  semejantes  cosas ;  porque 
segund  el  peso  del  tiro ,  es  delgado  el 
exe ,  y  no  se  pudo  hager  mas  grueso  por 
no  enflaquesger  la  cureña  ó  caxa  en  que 
está  la  piega ;  y  non  obstante  esso ,  suple 
muy  bien ,  y  se  cree  que  será  mas  tura- 
ble  que  de  otra  madera  alguna.  Y  por 
esta  piega  podrá  el  alcayde  que  me  sub- 
gediere,  entender  lo  que  yo  no  viere,  para 
su  aviso. 


CAPITULO  XVIII. 


Del  árbol  llamado  marta. 


M 


[aria  es  un  árbol  de  los  grandes  que 
hay  en  esta  Isla  Española ,  y  el  nombre 
es  muy  sanctíssímo.  Mas  los  indios  en  el 
agento  no  le  nombran  como  nosotros; 
antes  se  díferengia ,  porque  ellos  des- 
pués que  han  dicho  matñ ,  dígen  a  con 
un  poco  de  pausa  entre  la  penúltima  sí- 
laba é  la  última.  Esta  es  buena  madera, 
é  hágense  della  muy  gentiles  canoas ,  que 
son  las  barcas  de  los  indios ;  é  yo  la  he 
tenido  en  esta  cibdad  que  me  traia  por 
este  rio  de  una  heredad  mia  treynta  ha- 


negas de  mahiz ,  allende  de  algunos  ha- 
ges  de  leña  é  hierva  é  otras  cosas ,  é 
siete  ú  ocho  negros  que  la  bogaban ;  por 
manera,  que  descargada,  podían  bien  an- 
dar en  ella  mas  de  treynta  personas. 
Mas  otras  mucho  mayores  al  doble  hay 
desta  madera  y  de  un  solo  árbol.  Para 
edefigios  no  es  tan  buena  madera  como 
otras ,  porque  fuera  del  agua  no  tura  tan- 
to, ni  su  fructo  es  bueno  ni  se  come: 
antes  amarga ,  é  no  es  para  los  hom- 
bres. 


350 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  XIX. 

De  otros  árboles  útiles  que  hay  eu  esta  isla  é  otras  y  en  la  Tierra-Firme ,  llamados  giguas. 


VJiGUA  es  un  árbol  asaz  conviniente  en 
estas  partes,  por  las  utilidades  que  del  se 
siguen.  Es  fresco  en  su  hoja:  su  fructa 
Ro  es  buena.  Para  lo  que  es  provechosa 
la  madera  deste  árbol,  que  es  asaz  gran- 
de, son  los  fustes  de  las  sillas  ginetas, 
porque  es  flexibil  la  madera  é  muy  lige- 
ra, é  para  cosas  de  poco  peso  es  muy 
singular  leño.  Y  entre  los  otros  prove- 
chos á  que  sirve  y  es  muy  apropriado 
material,  es  para  la  cosa  mas  perjudigial 
de  todas  quantas  el  ingenio  de  los  hom- 


bres ha  hallado  é  inventado,  para  abre- 
viar la  vida  é  ruynar  los  edefigios  é  muros 
é  casas  fuertes,  mediante  la  pólvora.  En 
la  qual  yo  he  fecho  experimentar,  en  es- 
ta cibdad  de  Sánelo  Domingo  de  la  Isla 
Española,  á  los  artilleros  que  Su  Mages- 
tad  tiene  en  esta  fortaleza  el  carbón 
desla  C'igua ;  y  el  carbón  deste  árbol  es 
exgelente  y  se  hage  muy  singular  pólvo- 
ra con  él ,  y  le  loan  por  el  mejor  que  se 
pueda  hallar  ó  aver  para  esto  que  he 
dicho. 


CAPITULO  XX. 


Del  árbol  que  en  la  provincia  de  Nicaragua  llaman  los  indios  nanzi. 


11  icaragua  es  una  provincia ,  de  quien 
se  tractará  particularmente  en  la  tergera 
parte  destas  historias,  y  es  provincia 
muy  pringipal  é  en  que  hay  mucho  que 
degir.  Mas  porque  esta  materia  de  los  ár- 
boles salvajes  esté  junta ,  digo  que  entre 
otros  árboles  que  en  aquella  tierra  yo  vi, 
hay  uno  que  el  nombre  me  paresge  y  es 
sugio,  y  en  aquella  lengua  de  Nicaragua 
no  quiere  degir  lo  que  en  la  castellana 
suena  y  peor  aplican  los  nuestros  espa- 
ñoles. Llámanle  nanzi:  son  árboles  me- 
dianos en  el  altura^  é  ásperos,  torgidos 
é  no  de  hermosa  vista.  La  hoja  es  peque- 
ña é  menor  que  de  engina,  aunque  no 
espinosa ,  mas  quassi  de  aquella  forma. 
La  fructa  que  lleva,  son  unas  majuelas 
amarillas  é  no  desplagibles  al  gusto,  é 
su  sabor  declina  mucho  ó  paresge  man- 


jar de  queso:  ni  es  oloroso,*  ni  dañoso, 
ni  para  hager  mucho  caso  del.  Hay  mu- 
chos árboles  destos  en  muchas  partes; 
é  donde  yo  he  visto  mas  es  en  aquel 
monte  de  Masaya  (de  quien  en  su  lugar 
adelante,  en  la  tergera  parte,  hay  mucho 
que  de  degir).  Los  indios  llaman  este  ár- 
bol é  la  fructa  nanzi.  É  esta  fructa  es  de 
la  manera  que  he  dicho,  en  muchas  par- 
tes ;  mas  en  otras  son  tan  grandes  como 
bodoques  pequeños.  Alguna  fructa  des- 
ta  es  agrá  é  otra  dulge ,  é  la  mejor  do- 
lía es  en  los  llanos  ó  vegas  de  la  pro- 
vingia  de  Nicoya.  Este  árbol  es  como 
el  del  brasil:  pero  no  es  el  mismo  brasil 
como  algunos  pienssan:  é  con  él  dan  co- 
lor al  algodón  é  á  lo  que  quieren  teñir 
en  la  provingia  de  Nicaragua  los  in- 
dios. 


HE  INDIAS.  LIB.  IX.  CAP.  XXI. 


351 


CAPITULO  XXI. 

De  dos  cosas  notables  en  las  maderas  c  árboles  desla  Isla  Española  y  de  las  oirás  islas  é  Tierra-Firme. 


jnLníes  que  á  mas  se  progeda,  pues  que 
]a  materia  (leste  libro  y  árboles  salvajes 
de  nesgessidad  ha  de  yr  aumeatáudosse, 
assi  como  con  el  tiempo  se  fueren  expe- 
rimentando las  cosas  deste  jaez ,  quiero 
degir  dos  cosas  notables ,  pues  no  impi- 
dirán  al  proceso  é  orden  que  llevo  en 
Ja  narración  de  la  historia.  Y  pues  lo  que 
diré  es  general  é  toca  á  estas  nuestras 
islas  é  á  la  Tierra-Firme;  la  una  es  que 
muy  pocos  son  los  árboles  que  en  estas 
partes  pierden  las  hojas.  Y  assi  como  en 
Assia  é  África  é  en  nuestra  Europa  y  en 
lo  restante  del  mundo  fuera  destas  nues- 
tras Indias,  son  pocos  los  árboles  que 
mantienen  la  hoja  é  la  tienen  continua- 
damente ,  assi  acá  por  el  contrario  jamás 
están  sin  ella  ni  la  pierden  en  algún 
tiempo,  sino  algunos  é  muy  pocos. 

Dige  Plinio  *  que  el  olivo,  laurel,  pal- 
ma ,  mirtho ,  ciprés ,  pino ,  yedra ,  ni  el 
rododendro  no  pierden  jamás  la  hoja,  é 
pone  assi  mismo  trege  árboles  salvajes 
que  tampoco  la  pierden,  assi  como  abe- 
te, lárice,  pinastro,  ginebro,  cedro, 
therebintho ,  box,  sschio,  aquifolio,  al- 
cornoque, naxo,  tliaray,  corbegolo  (es- 
te corbegolo  piensso  yo  que  debe  ser 
mimbre)  é  otros.  De  manera  que  pone 
por  todos  veynte  é  uno,  y  entre  los  es- 
terpos  que  no  se  les  cae  la  hoja  pone  la 
caña  y  el  rovo.  Este  rovo  es  carrigo  ú 
otra  tal  espegie.  En  fin  que  son  en  núme- 
ro veynte  é  tres.  É  dige  que  en  el  terri- 
torio taurino,  donde  fué  lacibdad  Sibari, 
avia  una  engina  que  no  perdia  jamás  la 
hoja ,  ni  metia  antes  de  la  mitad  del  ve- 
rano. Assi  que,  todos  los  que  el  Plinio  ex- 


pegifica  son  veynte  é  quatro  géneros  los 
que  no  pierden  la  hoja ,  non  obstante  que 
el  mismo  auctor  dige  que  á  los  susodi- 
chos se  les  caen  las  hojas,  exgepto  en  lo 
alto.  Mas  quiero  yo  degir  de  los  árboles 
destas  partes  al  contrario  de  lo  que  dige 
Plinio ;  y  es  que  no  piensso  yo  que  se  ha- 
llarán en  las  Indias  seys  árboles  que 
pierdan  la  hoja  ni  la  dejen  de  tener  con- 
tinuamente: y  de  los  que  á  mi  notigia  al 
presente  me  ocurren ,  solos  quatro  son 
los  que  yo  sé  que  en  estas  Indias  la  pier- 
den. El  uno  es  los  giruelos  de  Nicaragua 
y  los  hobos ,  y  dixe  quatro ,  porque  en 
mi  opinión  estos  dos  son  de  un  género, 
é  que  no  lo  sean,  serian  ginco  los  que  la 
pierden.  É  el  otro  es  las  higueras  de  Gas- 
tilla,  é  aun  estas  totalmente  no  pierden 
toda  la  hoja,  porque  verdes  ó  secas,  al- 
cangan  las  nuevas  algunas  hojas  en  el 
árbol  que  le  quedan  del  año  passado, 
que  también  se  caen  venidas  las  nuevas. 
El  otro  es  el  árbol  de  la  cañafístola ,  é  el 
otro  algunas  geybas. 

Con  todo ,  dige  el  mismo  Plinio  que  es 
tanta  la  fuerga  del  sitio  ó  lugar,  que  en 
torno  á  Memphis  de  Egipto  é  de  Elephan- 
gie  ni  en  Thebayda  á  ningún  árbol  ni  vid 
se  le  cae  la  hoja.  De  manera  que  en  estas 
particulares  provingias  dige  lo  mesmo  que 
por  estas  Indias  hay  ó  vemos  en  esto,  si 
yo  lo  he  sabido  entender;  porque  aun 
destos  que  he  dicho  que  acá  pierden  la 
hoja,  los  dos  son  forasteros  é  traydos  poco 
ha  por  nosotros  de  España,  assi  como  las 
higueras  é  la  cañafístola. 

Passemos  á  la  otra  particularidad  ó 
notable  que  me  queda  de  degir  de  las 


1     Plin.  ,Hb.  XVI,  cap.  19. 


352 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


maderas  destas  partes  é  de  su  fragilidad. 
Es  cosa  muy  notable  é  asaz  dañosa  en  las 
maderas  desta  Isla  Española  que  a  viendo, 
como  hay  en  esta  cibdad  de  Sancto  Do- 
mingo, muy  buenos  edefigios,  segund  lo 
poco  que  ha  questa  tierra  se  comentó  á 
poblar  é  á  labrar  las  casas  della ,  están  ya 
las  maderas  de  las  puertas  é  las  vigas  de 
los  sobrados  ó  casas  dobladas ,  é  todo  lo 
que  es  de  leña  tan  menoscabado  é  comi- 
do de  broma  é  comixen  é  carcoma ,  é  tan 
envegesQidas  é  penetradas  todas  las  ma- 
deras ,  que  ha  fecho  é  hage  mas  impres- 
sion  el  tiempo  en  ellas  ( para  su  daño)  en 
un  mes,  que  en  España  suele  hager  en 
dos  años.  Bien  tengo  creydo  questos  de- 
fetos que  paresgen  en  los  primeros  edefi- 
gios  destas  partes,  harto  dello  debe  pro- 
geder,  como  en  otro  lugar  lo  he  dicho, 
de  no  aver  sabido  cortar  las  maderas  en 
su  tiempo  debido  ó  sagon  conviniente  ,  é 
de  las  labrar  verdes  é  no  enxutas ,  y  tam- 
bién de  no  tener  experimentados  los  gé- 
neros de  las  maderas.  De  forma  que  la 
experiengia  ha  de  ser  el  desengaño  desto 
y  la  que  enseñe  los  hombres  con  el  tiem- 
po, y  este  ha  seydo  acá  muy  corto.  An- 
tes es  de  maravillar  cómo  están  muchas 
cosas  tan  adelante  é  gerca  de  ser  enten- 
didas de  todo  punto  en  esta  cibdad ,  se- 
gund lo  que  tiene  edificado  ,   é  seyendo 


tan  moderníssima  poblagion.  Por  esta 
misma  razón  se  cree  que  todas  estas  difi- 
cultades é  otras  semejantes  de  las  made- 
ras y  edefigios  ternán  ya  mucha  enmienda 
en  lo  presente  é  por  venir ,  pues  de  los 
mismos  defetos  toman  su  pringipio  los 
avisos,  para  que  la  gente  de  buen  enten- 
dimiento, como  mas  enseñada,  provea 
en  lo  venidero.  É  conosgidamente  son 
mejores  mucho  las  maderas  é  la  labor,  é 
lo  que  se  edifica  al  presente  que  no  en 
el  tiempo  passado ,  quando  aun  á  los  mas 
de  los  árboles  no  se  les  sabia  el  nombre. 
Y  agora,  como  cada  dia  se  aumentan  las 
labores  é  se  ennoblesgen  é  magnifican  los 
edefigios,  puesto  que  son  muy  costosos 
todos  los  materiales ,  y  la  mayor  costa  de 
todas  es  la  broma  ,  no  obstante  essa ,  se 
mejoran  mucho  las  moradas,  aunque  el 
comixen ,  no  tan  solamente  corrompe  é 
passa  las  maderas,  pero  los  muros  de 
piedra  é  paredes  de  tierra  ( que  creo  que 
son  en  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo 
de  las  mejores  del  mundo  comunmente), 
todo  lo  trasgiende  é  penetra.  Ya  los  que 
se  ocupan  en  cortar  la  madera,  guardan 
las  menguantes  de  la  luna  é  tienen  mejor 
entendido  el  género  de  los  árboles ,  é  as- 
si  cada  uno  los  aplica  mas  sabiamente  á 
lo  que  le  conviene. 


CAPITULO  XXII. 

De  los  árboles  que  los  chiipstianos  llaman  en  la  Tierra-Firme  membrillos,  aunque  no  lo  son,  é  d¿  la  frucla 

que  llevan. 


H 


ay  en  Castilla  del  Oro ,  en  la  provin- 
gia  de  ^emaco ,  ques  dentro  del  golpho 
de  Urabá ,  é  en  otras  muchas  partes  de 
la  lengua  de  Cueva ,  en  la  Tierra-Firme, 
assi  en  la  costa  del  Norte  como  en  la  del 
Sur,  en  muchos  arcabucos  ó  selvas  é  bos- 
cajes salvajes ,  unos  árboles  que  quieren 
parésger  sus  fructas  membrillos,  porque 


son  de  aquel  tamaño  é  assi  amarillos :  los 
quales  cada  membrillo  ó  fructo  destos  son 
redondos  é  como  el  puño  grandes,  y  al- 
gunos mayores,  é  quitantes  la  cortega  con 
un  cuchillo  (la  qual  y  el  membrillo  amar- 
gan) é  hácenlo  quartos,  é  partidos  en  dos 
partes,  de  dentro  tienen  quatro  aparta- 
mientos ,  é  en  cada  uno  una  pepita  amar- 


DE  INDIAS.  LIB.  IX.  CAP.  XXII. 


3í)3 


guíssima  que  echan  amal ,  é  lo  róstanle 
del  membrillo  échanlo  en  la  olla  con  la 
carne  ó  sin  ella,  con  bergas  ó  con  otras 
cosas  que  quieran  guisar,  é  son  muy 
buen  manjar  é  sanos ,  é  de  buen  sabor ,  é 
sustangiossos,  é  grand  mantenimiento ;  é 
no    es  vianda  pesada  ni  ventosa,  é  de 


buena  digestión  ,  con  tanto  questén  bien 
cogidos.  Los  árboles  ,  en  que  nasgen  ,  no 
son  grandes  ni  son  pequeños.  Tienen  mas 
semejanza  de  plantas  que  de  árboles,  é 
hay  mucha  cantidad  dellos ,  y  en  la  ma- 
yor parte  del  año  se  hallan. 


CAPITULO  XXIIf. 

De  los  perales  salvajes  de  la  Tierra-Firme  \. 


jl<n  la  gobernación  de  Castilla  del  Oro 
en  las  sierras  de  Capira  é  en  tierra  del 
cagique  de  Juanaga ,  é  en  otras  partes  de 
la  lengua  de  Cueva,  hay  unos  árboles  her- 
mosos é  grandes  que  los  chripstianos  lla- 
man perales;  y  de  hecho  la  fi'ucta  que  lle- 
van, son  peras  en  el  talle  y  en  la  color,  é 
no  en  mas ,  porque  el  cuero  es  tan  gordo 
como  de  un  borgeguí  de  cordobán ,  é  la 
carnosidad  de  dentro  no  es  mas  gruesa 
que  una  pluma  de  escrebir  de  un  ansa- 
ron  ,  ó  quando  mas  como  la  de  un  gisne; 
é  el  cuesco  es  grande  que  ocupa  todo  lo 
demás,  y  no  cuesco,  sino  una  pepita, 
cubierta  de  una  telica  delgada ,  que  pro- 
veyó natura,    porque   lo   que  se  come 
desta  fructa  no  tocasse  á  la  pepita ,  que 
es  amarguíssima.  Son  tan  grandes  estas 
peras  como  las  peras  grandes  vinosas  de 
España ,  ó  como  aquellas  de  la  isla  de  la 
Palma,  que  piensso  yo  que  son  de  las  me- 
jores é  mas  hermosas  del  mundo.  En  fin, 
estas  que  digo  de  Tierra-Firme ,  muchas 
dellas  pesan  una  libra  é  algunas  mas  é 
otras  menos ,  é  no  son  dignas  de  deses- 
timar, porque  en  el  árbol  nunca  madu- 
ran ;  mas  después  que  han  cresgido ,  to- 
man las  mayores  dellas  é   pénenlas  en 
un  rincón  de  casa  sobre  un  poco  de  hier- 
va ó  de  paja  seca,  e  alli  se  maduran, 
como  hagen  las  servas  en  España.  É  des- 


que están  maduras,  fágilmente  se  dexa 
cortar  aquella  cortega  que  tiene  é  se  des- 
pide por  sí  misma  la  pepita  de  en  medio 
con  su  telilla ,  e  la  cortega  assi  mismo, 
é  lo  que  queda  de  comer  paresge  man- 
teca é  es  un  gentil  manjar ,  é  yo  le  tengo 
por  mejor  que  las  peras  de  Castilla .  Es- 
tos son  árboles  altos  é  copados  é  frescos, 
é  la  hoja  semejante  á  la  del  laurel,  mas 
es  mayor  y  mas  verde.  Cortando  con  un 
cuchillo   aquella  pepita  que   estas  peras 
tienen ,  paresge  castaña  inxerta  mondada. 
Verdad  es  que,  aunque  yo  puse  aqui  es- 
tos árboles  por  salvajes  y  los  he  visto  en 
los  montes  ,  como  he  dicho ,  é  donde  los 
indios  ni  los  chripstianos  no  ponen  in- 
dustria ni  trabaxo  alguno  en  los  criar ,  é 
solamente  el  hortelano  es  Dios ,  y  assi  lo 
dixe  en  aquel  reportorio  que  escrebí  en 
Toledo,  dirigido  á  la  Magostad  Cesárea,  el 
año  de  mili  é  quinientos  é  veynte  y  seys; 
después ,  algunos  años  passados ,  vi  mu- 
chos destos  perales  en  la  provingia  de 
Nicaragua,  puestos  á  mano  en  las  hereda- 
des é  plagas  ó  assientos  de  los  indios,  é 
por  ellos  cultivados.  É  son  tan  grandes 
árboles   como   nogales   algunos   dellos; 
mas  las  peras  son  menores  que  las  de 
Cueva.  Con  queso  saben  muy  bien  estas 
peras ,  y  quando  oslan  sagonadas  para 
las  comer ,   piérdense ,  si  las  dilatan  é 


{     Este  árbol  es  el  aguacate  ,  que  los  hay  de        Reyno  llániasse  cura, 
tres  generaciones.  En  algunas  provincias  del  Nuevo 
TOMO  I. 


45 


354 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


dexan  passar  aquella  sagon;  porque  se 
acedan  é  pudren  é  no  valen  nada  ,  si  con 
tiempo  no  las  congeden  al  gusto.  Este  ár- 
bol ó  perales  también  se  pudiera  poner 


en  el  libro  precedente  con  los  fructíferos; 
pero  no  es  inconviniente  :  que  primero 
fueron  todos  salvajes  que  la  industria  de 
los  hombres  en  curar  del  los  se  ocupasse. 


CAPITULO  XXIV. 


De  9Íerlos  leños  ó  esterpos  salvajes  ,  que  relucen  de  noche ,  como  fuego. 


ll<n  la  Tierra-Firme  ( é  aun  en  España) 
se  hallan  giertos  leños  ó  troncos  podri- 
dos, de  los  que  há  mucho  tiempo  que  es- 
tan  caydos  en  tierra  ó  se  han  tornado  H- 
geríssimos  de  poco  peso ,  é  blancos ,  é 
relugen  de  noche  como  brasas  vivas.  É 
quando  nuestros  españoles  hallan  destos 
palos  é  van  de  noche  á  entrar  é  hagen  la 
guerra  en  alguna  provingia  é  les  es  nes- 
gessario  caminar  de  noche  por  parte  que 
no  se  sabe  el  camino ,  y  aunque  se  sepa, 
siendo  el  tiempo  escuro ,  toma  el  delan- 
tero que  guia  é  va  junto  al  indio  que  les 
enseña  el  camino ,  una  astilla  deste  palo, 
é  pénesela  en  el  bonete  ó  sombrero  de- 
trás sobre  las  espaldas ,  é  el  compañero 
que  va  tras  aquel  sigúele  atinando  é  vien- 
do la  dicha  astilla  que  assi  reluge.  É 
aquel  segundo  lleva  otra  tal  astilla ,  tras 


el  qual  va  el  tergero;  é  desta  manera  to- 
dos las  llevan ,  é  assi  ninguno  se  pierde 
ni  aparta  del  camino  que  llevan  los  de- 
lanteros. É  cómo  quiera  que  esta  lumbre 
ó  resplandor  della  no  paresge  desde  muy 
lexos  della,  es  un  muy  gentil  aviso,  por 
el  qual  no  son  descubiertos  ni  sentidos 
los  chripstianos ,  ni  los  pueden  ver  desde 
muy  lexos.  A  mí  me  paresge  que  tal  leño 
seria  de  mucha  estimagion  é  presgio ,  si 
aquella  claridad  fuesse  mas  perpetua :  la 
qual  de  dia  no  paresge ,  é  con  luna  no 
reluge  sino  poco ;  é  cómo  se  tracta  é  le 
tocan  las  manos,  luego  desde  á  dos  ó  tres 
dias  no  resplandege.  Y  es  harto  mejor 
que  esto  el  resplandor  de  aquellos  esca 
rabajos  que  acá  se  llaman  cocuyo ,  de  los 
quales  en  su  lugar  será  fecha  mengion. 


CAPITULO  XXV. 

De  las  en9¡nas  que  e¡  auctor  dice  que  hay  é  vido  en  la  Tierra-Firme  ,  no  lexos  de  la  costa  austral,  en  las 

haldas  de  la  sierra  que  llaman  de  OrocL 


Acuerdóme  que ,  yendo  yo  desde  la  cib- 
dad  de  León ,  ques  en  la  provingia  de 
Nagrando ,  en  la  gobernagion  de  Nicara- 
gua, á  me  embarcar  en  Nicoya  para  yr 
á  la  cibdad  de  Panamá  por  la  costa  é 
mar  del  Sur,  después  que  ove  subido 
una  áspera  sierra,  gerca  de  las  haldas  de 
la  sierra  que  llaman  de  Orogi  (é  aquella 
dexando  sobre  la  mano  siniestra  al  norte, 
después  de  encumbrado  alli,  comiengan 


los  llanos  de  Nicoya),  é  bien  una  legua 
adelante  en  el  mismo  camino  ,  dexando 
todavía  las  sierras  de  Orogi  al  norte,  ca- 
minando al  leste,  topé  en  las  haldas  de 
aquella  sierra  un  enginar  de  bellotas  ,  é 
como  no  era  tiempo  dellas,  ningunas  se 
hallaron  en  las  enginas.  Mas  en  el  suelo 
se  hallaron  hasta  una  dogena  dellas :  que 
yo  me  paré  con  los  que  llevaba  conmigo 
á  las  buscar,  é  las  comí  aunque  estaban 


DE  INDIAS.  LIB.  IX.  CAP.  XXV. 


algo  secas  ;  é  son  ni  mas  ni  menos  que 
Jas  de  España ,  assi  las  encinas  en  el  ár- 
bol é  hoja ,  como  en  el  fruclo.  Esto  he 
dicho  para  que  se  sepa  que  hay  tales  ár- 
boles donde  he  dicho ,  y  porque  digo 
que  no  era  tiempo  de  bellotas  alli ,  este 
dia  se  contaron  siete  de  agosto.  Pero  no 
dexaré  de  degir  un  pasto  que  aquel  dia 
tovieron  los  indios  que  yo  llevaba  en  mi 
compañía  aquel  dia  en  la  noche,  que  fuy 
á  dormir  á  par  de  un  arroyo  que  llaman 
de  los  Murciélagos ,  porque  hay  muchos, 
é  está  muy  hondo  ,  entre  dos  barrancas, 
é  muy  ^errado  de  arboledas  é  boscaje. 
Aquella  noche ,  ciertos  indios  que  me  lle- 


vaban mi  ropa ,  comian  sapos  grandes 
assados ,  y  estos  indios  eran  de  la  pla^a 
de  Nicaragua,  é  por  amistad  me  llevaban 
las  cargas  hasta  veynte  dellos ,  é  el  dia 
antes  avian  comido  muchos  alacranes 
assados.  Y  cómo  yo  maravillado  de  su 
manjar  los  miraba  ,  ellos  con  mucha  risa 
me  convidaban  á  él  é  degian  que  era 
muy  bueno.  Podia  aver  desde  alli  legua 
é  media  ó  dos  al  rio  grande  que  llaman 
Marinia,  el  qual  baxa  de  aquella  sierra 
que  he  dicho  de  Orogi ,  é  desde  do  es- 
tá el  dicho  encinar  hasta  Nicoya  pue- 
de aver  onge  ó  doQe  leguas ,  poco  mas  ó 
menos. 


CAPITULO  XXVI. 

Del  árbol  llamado  capera  é  de  la  l'rucla  que  Heva,  que  es  una  manera  de  almendras  muy  grandes. 


Vjapera  llaman  los  indios  de  la  lengua 
de  Cueva,  en  la  Tierra-Firme,  á  unos  ár- 
boles poderosos  é  muy  altos  é  gruesos, 
é  en  lo  baxo  algunos  dellos  están  huecos 
é  paresgen  olmos;  mas  la  fructa  que  lle- 
van son  unas  almendras  grandes,  lasqua- 
les  se  les  caen ,  quando  están  maduras  é 
aun  curadas,  que  es  en  el  tiempo  que 
gesan  las  aguas,  desde  mediado  noviem- 
bre adelante  en  digiembre  é  enero  é  he- 
brero,  que  es  todo  esto  tiempo  sin  agua 
en  Castilla  del  Oro.  E  estas  almendras  se 
caen  é  se  despegan  por  el  pegón ,  é  son 
tan  grandes  como  aquesta  que  se  debuxa 
aqui,  poruña  dellas,  al  proprio  tamaño 
[Lám.  3.",  fuj.  16."):  é  son  ni  mas  ni 
menos  que  el  almendra  nueva  de  Castilla 
en  la  tez ,  antes  que  despida  la  cortega 
que  las  almendras  nuestras  tienen  sobre 
el  cuesco ,  é  ábrese  esta  almendra  de  sí 
misma  desde  la  punta  hasta  el  pegón 
por  medio,  por  la  parte  combada  ó  enar- 
cada. Y  esta  almendra  no  es  de  comer 
mas  que  un  palo ,  sino  quatro  cósicas  que 


hay  dentro  della  del  tamaño  de  agey tunas, 
no  mayores  que  aqui  se  pintan  y  de  la 
misma  fagion  desta.  Y  cada  una  dellas 
está  cubierta  de  una  cascara  delgada  é 
negra ,  é  tostadas  pierden  aquella  cascara 
é  quedan  tan  blancas  como  avellanas 
mondadas,  y  en  el  sabor  son  mejores 
que  avellanas.  Fructa  es  salvaje  que  no 
se  siembra,  aunque  también  he  oydo  que 
los  indios  en  el  tiempo  passado  ponían 
estos  árboles  en  sus  assientos  é  los  estir- 
maban.  La  madera  no  es  buena:  que  es 
fofa.  En  la  cibdad  de  Panamá,  dentro  en 
el  pueblo,  gerca  de  las  casas  ó  buhios  de 
los  pescadores ,  yendo  al  monesterio  de 
Nuestra  Señora  de  la  Merged,  hay  algunos 
destos  árboles,  óá  lo  menos  los  ovo  has- 
ta el  año  de  mili  é  quinientos  é  veynte 
y  nueve:  de  los  quales  yo  comí  algunas 
veges  desta  fructa,  la  qual  ningund  daño 
hage,  aunque  se  coma  cantidad  della ,  an- 
tes ayuda  á  la  digistion  común  en  qual- 
quier  tiempo  que  la  coman,  antes  ó  des- 
pués del  pasto. 


35G 


HISTORIA  GEJNERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO   XXVII. 


De  ciertos  árboles  que  hay  en  Nagrando ,  en  la  goberna9Íon  de  Nicarag-ua  en  la  Tierra-Firme ,  que  sirven 
sus  fructas  á  lo  mismo  que  las  agallas,  para  hacer  tinta:  á  los  quales  árboles  llaman  los  chripslianos  el  ár- 
bol de  la  tinta ;  é  de  qué  manera  se  haQe  la  tinta  con  esta  frucla. 


Hin  la  provingia  de  Nicaragua  en  la 
cibdad  de  León ,  hagen  los  chripslianos 
tinta  muy  buena  para  escrebir  con  la 
fructa  de  giertos  árboles  é  con  ageche, 
que  hay  asaz  en  aquella  tierra,  y  es 
desta  forma.  Echan  aquellos  árboles  unas 
cosas  ó  fructa  luenga  como  medio  dedo, 
é  tan  ancha  quassi  como  un  dedo,  la 
qual  tiene  tez  de  garrova,  é. sécase  ella 
en  el  árbol  é  tuérgese  é  paresge  corne- 
guelo,  é  quebrándola  tiene  aquel  polvo 
mismo  que  las  agallas  de  tinta ;  é  aquel 


batido  é  revuelto  con  agua,  pónenlo 
aparte :  é  por  otro  cabo  deshagen  ageche 
en  agua ,  é  juntada  el  un  agua  con  la 
otra ,  se  hage  muy  buena  tinta ,  é  digo 
tan  buena  que  no  le  hage  ventaja  la  que 
se  hage  de  caparrosa  é  agallas,  é  es  muy 
dulge  é  turable  que  no  caduca  ni  salta, 
é  muy  negra  en  color.  Yo  tengo  escriptas 
asaz  cosas  en  mis  memoriales,  desde  que 
por  aquella  tierra  anduve,  que  paresge 
que  están  mejor  agora  que  quando  las  es- 
crebí* 


CAPITULO  XXVIII. 


Del  árbol  llamado  guaco  é  su  fructa,  el  qual  árbol  se  halla  en  la  Tierra-Finnc. 


Jjin  la  provingia  de  los  Chondales  é  en 
otras  parles  de  la  Tierra-Firme,  en  la 
costa  austral  é  gobernación  de  Nicara- 
gua, hay  unos  árboles  grandes  como  no- 
gales é  de  lindo  verdor.  La  hoja  es  co- 
mo la  del  nogal ,  pero  menor  é  mas  del- 
gada. Estos  árboles  llevan  una  fructa  que 
ella  y  el  árbol  se  llama  guaco,  y  es  un 
fructo  luengo,  como  pera  de  mal  talle,  é 
mucho  mayor  é  mas  grueso ,  é  está  en 
el  árbol  mucho  tiempo  é  madura  por 
Sanct  Johan  ó  pocos  dias  antes  ó  des- 
pués: la  cascara  ó  cortega  es  gruesa,  é 
la  fructa  es  de  dentro  amarilla  de  una 
carnosidad  que  quiere  algo  paresger  car- 
ne de  membrillos,  é  es  de  muy  buen  sa- 


bor. Tiene  un  grueso  cuesco  é  durissi- 
mo  é  amargo,  é  magigo  dentro  é  amari- 
llo ,  é  entre  él  é  lo  que  es  de  comer,  á 
par  del  mismo  cuesco,  está  tanta  cantidad 
ó  gordor  de  un  dedo  ó  mas,  del  arte  que 
está  lo  duro  de  un  palmito  de  los  terre- 
ros é  assi  pajoso,  é aquello  no  se  come. 
Esta  fructa  es  muy  sana  é  nunca  madura 
en  el  árbol  ó  muy  tarde :  é  en  el  mes  de 
junio  la  cojen  é  la  ponen  entre  paja,  é  alli 
se  madura  de  la  manera  que  en  España 
se  maduran  las  servas.  La  madera  des- 
tos  árboles  no  es  muy  buena  ni  tampo- 
co es  mala ;  pero  para  la  labrar  é  cosas 
de  carpen  liria  no  se  hage  mucho  caso 
della. 


DE  INDIAS.  LIB.  IX.  CAP.  XXIX. 


357 


CAPITULO  XXIX. 

De  los  árboles  é  fructa  que  los  españoles  llaman  agoreros,  en  la  Tierra-Firme. 


iLn  la  costa  de  la  Tierra-Firme ,  en  la 
provincia  de  Araya,  gerca  de  la  isla  de 
Gubagua,  hay  una  fructa  que  llaman  ago- 
rerosy  que  nas^e  en  unos  cardones  seme- 
jantes á  aquellos,  de  quien  se  tracto  en  el 
libro  VIII  de  suso,  en  el  cap.  XX Vil,  que 
en  ninguna  cosa  difieren  sino  en  la  fruc- 
ta ,  que  es  muy  diferente  la  una  de  la 
otra.  Estos  agoreros  nasgen  en  aquellos 
cardones  quadrados,  altos  é  derechos, 
como  los  que  hay  en  esta  Isla  Española  é 
en  otras  muchas  partes  destas  Indias.  Es- 
ta fructa  de  los  agoreros  está  vestida  de 
un  erigo  como  la  castaña ,  é  quando  es- 
tán maduros  la  desechan  é  se  abren  é 
quedan  redondos,  del  tamaño  de  una  pe- 
lota pequeña  de  jugar  á  pelota ,  é  que- 


dan de  color  amarillo ,  é  algunos  de  co- 
lor encarnado.  La  carnosidad  desta  fructa 
es  como  higos  doñigales ;  pero  de  muy 
mejor  saber ,  é  de  tan  exgelente  olor  que 
tira  á  mosquetas  ó  jazmines :  é  están  lle- 
nos estos  agoreros  de  granillos  y  no  ha- 
gen  tanto  empacho  como  los  que  tienen 
los  higos.  Por  causa  de  aquesta  fructa, 
llaman  los  españoles  á  aquella  gente  de 
aquella  tierra  agoreros,  los  quales  indios 
son  habilíssimos  nadadores  para  la  pes- 
quería de  las  perlas  que  por  aquella  costa 
se  exergita,  y  están  mucho  espagio  debaxo 
del  agua  en  ginco  é  seys  bragas.  Esta 
fructa  es  sana,  y  aunque  coman  mucha  de- 
lta, ni  enoja  ni  hage  mal  estómago  ni  da- 
ña,  aunque  sea  comida  en  qualquier  sagon . 


CAPITULO  XXX. 


De  los  árboles  odoríferos  de  la  Nueva  Castilla. 


.iLn  aquellos  señoríos  que  fueron  de  Ata- 
baliba,  que  agora  se  llaman  la  Nueva 
Castilla ,  en  la  tierra  que  desta  é  de  la 
otra  parte  de  la  línia  equinogial  gobierna 
por  Sus  Magestades  el  marques,  don  Fran- 
gisco  Pigarro ,  y  en  espegial  desde  Puerto 
Viejo  adelante  hasta  la  punta  que  llaman 
de  Sancta  Ellena  por  la  costa,  todos  los 


mas  de  los  árboles  que  hay  son  á  la  ma- 
nera de  fresnos  en  la  hoja  é  muy  tiernos 
de  quebrar ,  é  huelen  á  hinojo ;  y  echan 
una  resina  muy  odorífera  que  los  indios 
estiman  é  tienen  en  mucho,  porque  sahu- 
man sus  ídolos  con  ella,  é  en  sus  sacri- 
figios  é  idolatrías  usan  mucho  destos  sahu- 
merios; y  á  la  verdad  huelen  muy  bien. 


CAPITULO    XXXL 


De  los  de  la  canela,  en  la  provincia  que  llaman  Quito  en  la  tierra  austral. 


a  provingia  de  Quito  es  en  la  tierra  Diego  de  Almagro,  é  en  su  nombre  el  ca- 
que á  la  parte  austral  conquistaron  los  pilan  Sebastian  de  Benalcágar.  En  gíerta 
adelantados  don  Frangisco  Pigarro  é  don       parle  de  aquella  provingia  se  ha  hallado. 


358 


HISTORIA  GENEKAL  Y  NATURAL 


una  gierta  manera  de  nueva  canela,  por- 
que á  la  verdad  no  es  como  la  que  tene- 
mos en  uso  é  viene  de  la  Especiería  é 
islas  de  Maluco  é  Bruney  é  de  por  allá; 
sino  de  nueva  forma  é  no  semejante  á  la 
que  todos  conosgemos  sino  en  el  sabor  é 
en  el  olor  y  no  en  la  hechura,  porque 
aquesta  nueva  canela  es  unos  capullos  ó 
engastes  ó  vasillos  de  alguna  fructa ,  de 
los  quales  mis  amigos  é  conosgidos  me 
han  enviado  algunos,  y  lo  que  puedo 
conjecturar  dellos  es  lo  que  digo,  y  estos 
son  del  tamaño  que  aquí  los  debuxo  [Lá- 
mina 4.',  fig.  1/).  Este  primero  está  de 
espaldas ,  y  el  segundo  está  mostrando 
el  vaqüo.  Tienen  un  color  pardo  escuro, 
é  á  mi  juigio  su  sabor  no  es  turable:  que 
presto  se  le  passa  aquel  sabor  é  le  pier- 
de ó  la  mayor  parte  del ;  é  escríbenme 
que  donde  esta  canela  es  fresca,  ques  mu- 
cho mejor  que  la  que  se  usa  en  España. 
El  gordor  destas  cascaras  ó  vasillos  es 
como  de  un  real  de  plata  é  arrugadas  por 
de  fuera,  é  de  dentro  mas  lisas,  é  aquel 
pegón  paresge  como  de  un  higo  passo. 
Créese  que  la  fructa  que  en  estos  vasillos 
nasge,  debe  ser  exgelente.Los  chripstia- 
nos  no  la  han  visto,  porque  á  aquella 
provincia  de  Quito  les  llevan  á  rescatar 
estas  cascaras  ó  canela,  si  lo  es,  é  les  di- 
gen  que  los  árboles,  en  que  nasgen,  son 
pequeños. 

Después  questo  escrebí,  estuvo  en  es- 


ta cibdad  el  dicho  capitán ,  Sebastian  de 
Benalcágar,  que  venia  de  España,  donde 
Su  Magestad  le  higo  mergedes  é  su  go- 
bernador é  capitán  general  é  adelantado 
de  la  provingia  de  Popayan  (del  se  trac- 
tará  en  el  libro  XLV  de  la  III  parte 
destas  historias) ;  é  há  muchos  años  que 
nos  conosgemos,  y  en  esta  cibdad  de 
Sancto  Domingo ,  de  donde  se  partió  pa- 
ra la  dicha  su  gobernagion  el  año  próxi- 
mo passado  de  mili  é  quinientos  y  qua- 
renta ,  en  el  mes  de  digiembre ,  comu- 
niqué esto  desta  canela  con  él ,  porquél 
fue  el  primero  de  los  españoles  que  en 
la  provingia  de  Quito  ovo  notigia  della. 
É  me  dixo  que  yba  muy  puesto  en  la  ver 
en  sus  árboles,  é  que  segund  la  informa- 
gion  tenia ,  nasge  en  la  costa  del  gran  rio 
Marañon,  que  descubrió  Vigente  Yañoz; 
é  por  de  dentro  de  la  Tierra-Firme,  des- 
de la  dicha  su  gobernagion  de  Popayan, 
dige  que  hay  mucho  aparejo  para  ello  é 
para  otros  grandes  secretos  de  aquel  rio, 
é  por  allá  piensa  hager  el  passo  é  abrir 
su  negogiagioné  puertos  para  estotra  mar 
nuestra  del  Norte ,  aunque  él  al  pressen- 
te,  para  yv  á  su  gobernagion,  entra  por  el 
rio  de  Sanct  Johan ,  ques  en  la  goberna- 
gion del  adelantado  don  Pasqual  de  An- 
dagoya ,  en  la  mar  del  Sur ,  é  plega  á 
Dios  que  se  haga  buena  vegindad.  Y  esto 
baste  quanto  á  la  canela  ques  dicho,  has- 
ta que  mas  sepamos  della. 


CAPITULO  XXXII. 


De  los  salces  de  la  tierra  austral. 


D 


e  muchos  testigos  que  de  vista  lo  han 
visto  é  estado  en  la  tierra  austral  de  la 
Nueva  Castilla ,  que  aqui  están  é  son  ve- 
ginos  desta  cibdad  de  Sancto  Domingo  de 
la  Isla  Española,  sabemos,  y  otros  ami- 
gos é  personas  de  crédito  escriben  ,  é  to- 
dos en  conformidad  digen  que  hay  mu- 


chos salges  en  aquellas  provingias  en  las 
costas  é  riberas  de  los  rios  de  los  mis- 
mos que  en  España  hay;  é  que  los  indios 
los  plantan  para  adornamiento  de  la  tier- 
ra ,  é  porque  les  son  gratos  tales  árboles, 
é  los  chapodan  en  sus  tiempos,  para  se 
servir  de  la  leña  de  los  dichos  salges. 


DE  INDIAS.  LIB.  IX.  CAP.  XXXIII. 


359 


CAPITULO  XXXIII. 


Del  árbol  llamado  damahagua,  é  de  pierias  córlelas  de  árboles  para  sogas  é  cuerdas. 


Jlil  árbol  llamado  damahagua  es  muy  co- 
mún en  esta  isla  é  otras  é  en  la  Tierra- 
Firme,  é  hay  muchos  árboles  destos.  La 
madera  no  es  buena  ni  su  frucla;  pero  su 
cortega  no  se  desprecia,  porque  della  ha- 
gen  los  cabestreros  muy  buenas  sogas, 
del  tamaño  é  gordor  que  quieren ,  é  assi 
mismo  xaquimas  é  maneotas  para  caba- 
llos é  otras  cosas  ,  é  la  xargia  para  na- 
vios pequeños.  Y  en  esta  Isla  Española 
hagen  de  cortejas  de  árboles  otro  hilo  é 
cordeles  delgados  que  llaman  daguita,  y 


este  es  el  mejor  género  de  hilo  de  todos, 
para  alpargates  é  hamacas  é  otras  cosas 
é  mas  regio  quel  henequén  é  que  la 
cabuya.  Otras  cortegas  de  árboles  colo- 
radas hay  en  esta  Isla  Española ,  las  qua- 
les  llaman  xagüey ,  de  las  quales  assi  mis- 
mo hagen  alpargates  é  sogas  é  otras 
cosas:  é  dánles  este  nombre  porque 
en  esta  lengua  de  Hayti  el  árbol  que 
descorlegan  para  esto  le  llaman  xa- 
giley  ,  y  á  un  charco  llaman  xagüev  assi 
mismo. 


CAPITULO  xxxiv. 


Del  árbol  llamado  guao. 


fjTüAO  es  un  árbol  ques  mas  que  planta, 
é  por  esso  le  llamo  árbol :  que  también 
los  he  visto  grandes.  Quiere  paresger  en 
la  hoja  al  que  en  España  llaman  acebo ,  y 
este  guao  tiene  la  hoja  muy  verde  é  assi 
crespa:  puédesele  atribuir  á  su  fuego  é 
ardor  todo  lo  que  se  dixo  de  los  nian- 
ganillos  de  la  hierva,  en  el  cap.  XII  des- 
te  libro  IX;  pero  no  en  la  pongoña,  por- 
que si  en  ella  le  ponen  los  indios  (que  no 
me  maravillarla  desso),  no  lo  sé  ni  lo  he 
oydo.  Pero  en  lo  demás  es  un  fuego  é 
potentíssimo  cáustico ,  en  tanta  manera 
que  gierta  leche  blanquíssima  que  sale, 
cortando  ó  despegonando  las  hojas,  ó 
cortando  sus  cogollos  ó  el  gumo  de  las 
ramas  ó  hojas ,  é  aun  el  rogio  que  sobre 
tal  árbol  está,  caydo  en  la  cara  ó  en  qual- 
quier  parte  de  la  persona,  lo  abrassa 
qualquiera  cosa  destas  é  lo  quema  é  alga 
ampollas  é  lo  hincha ,  que  es  cosa  para 
admirar.  Y  diré  lo  que  vi  aun  compañe- 


ro destos  chapetones  ó  nuevamente  ve- 
nidos, que  no  conosgiendo  este  árbol, 
estando  que  estábamos  en  el  campo,  él  se 
apartó  á  hager  lo  que  no  pudo  excusar 
para  hager  cámara ,  é  cómo  se  quiso  lim- 
piar, deparóle  su  suerte  giertas  ramas,  alli 
á  par,  deste  guao  é  tomó  algunas  hojas  é 
con  ellas  Umpióse  de  tal  manera  y  quedó 
tal  que  en  toda  essa  noche  no  pudo  dor- 
mir ni  aun  á  otros  dexó  reposar,  ni  en  el 
dia  siguiente  dexó  de  padesger  tanto  ar- 
dor en  aquella  parte  que  no  se  podia  va- 
ler. Y  en  fin  es  tal  que  en  lugar  de  so- 
liman,  sirve  para  comer  la  carne  podrida 
de  las  llagas,  é  es  mas  incomportable. 
Con  todo  esto  es  bueno  para  lo  que 
agora  diré.  Y  es  que  las  indias  desta  isla 
(nuestra  Española),  algunas  deltas  que  se 
atreven  á  padesger  por  paresger  mejor, 
cómo  han  envidia  de  ver  á  las  mugeres 
de  España  blancas,  toman  las  rayges  del 
guao  é  ásanlasmuy  bien;  é  después  que 


360 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


están  muy  asadas  é  blandas,  tráenlas  en- 
tre las  palmas  buen  rato  frotándolas ,  é 
en  medio  la  rayz ,  é  hágenla  tornar  como 
pasta  de  engüente :  é  con  aquello  úntan- 
se  la  cara  é  pescuego  é  todo  lo  que  quie- 
ren que  les  quede  blanco ,  é  sobre  aque- 
llo ponen  otras  ungiónos  de  hiervas  é 
gufflos  confortativos,  para  quel  guao  no 
las  ase  vivas  ó  lo  puedan  comportar ;  é 
á  cabo  de  nueve  diasquítanse  aquello  to- 


do é  lávanse,  é  quedan  tan  blancas  que 
no  las  conosgerán,  segund  están  mudadas 
é  blancas ,  como  si  nasgieran  en  Castilla . 
Pero  ni  de  las  indias  questo  hagen  ni  de 
las  chripstianas  españolas  que  gastan  so- 
liman  é  albayalde  en  afeytarsse ,  pocas 
agiertan  á  ser  monjas  ni  aun  á  hager  co- 
sa que  honesta  sea;  y  esto  baste  quanto 
al  guao. 


Gomienga  el  libro  degeno  de  la  primera  parte  de  la  Natural  y  general  historia  de  las 
Indias :  de  los  árboles  medegiaales  é  de  las  plantas  é  sus  propriedades. 


PROHEMIO. 


Jr  ues  se  ha  tractado  en  los  libros  prege- 
dentes  de  los  árboles  fructíferos  y  de  los 
salvajes  é  de  sus  diversidades,  quiero  ago- 
ra en  este  libro  degeno  degir  de  los  me- 
deginales  é  muy  señalados  por  sus  exge- 
lengias,  é  de  las  plantas  é  sus  proprie- 
dades ,  en  espegial  de  lo  que  á  mi  noli- 
gia  é  vista  oviere  ocurrido ,  é  de  lo  que 
bastantemente  me  fuere  con  verdad  in- 
formado ;  porque  en  lo  que  algún  míni- 
mo escrúpulo  yo  tuviere ,  no  lo  daré  en 
presgio  que  se  deba  creer  de  lo  tal ,  sino 
lo  que  se  debe  afirmar  de  las  cosas  dub- 
dosas.  Y  en  lo  que  yo  no  apuntare  ó  die- 
re señal  de  dubda,  fielmente  se  me  puede 
creer  é  aver  por  gertíssimo ;  porque  ^é- 
sar  no  quiere  fábulas ,  ni  yo  las  sabré  de- 
gir, sino  lo  que  en  efeto  de  semejantes 
materias  se  debe  pronungiar  ante  Su  Ma- 
gostad. Quanto  mas  que  son  en  sí  estas 
cosas  tan  apartadas  é  nuevas,  que  no  hay 
nesgessidad  de  figiones  para  dar  admira- 
gion  á  las  gentes ,  ni  para  dexar  de  dar 
infinitas  gragias  al  Maestro  de  la  natura, 
que  de  tantas  maneras  la  hizo  hábil  para 
engendrar  é  criar   todos    los    efetos  é 

propriedades  que  le  plugo.  É  assi  podrá 
TOMO  I. 


ver  elletor,  sin  sospecha  fabulosa,  quán 
capaz  es  essa  misma  natura,  acordándo- 
se que  es  muy  poco  lo  que  ella  hage  á 
respeto  de  lo  que  le  puede  permitir  é 
dexar  obrar  el  mesmo  que  á  ella  hizo :  é 
considerado  aquesto ,  hallará  que  de  los 
árboles  é  plantas  de  que  aquí  se  tracta- 
rán  tan  maravillosos  efetos ,  como  pro- 
geden  dellos ,  é  para  tan  señaladas  é  in- 
curables dolengias ,  no  ha  de  dar  las  gra- 
gias á  las  criaturas  ó  cosas  criadas,  sino 
al  criador  dellas  que  es  el  mesmo  Dios, 
que  tales  cosas  nos  enseña,  para  que  me- 
jor le  conozcamos  é  sirvamos  y  de  ente- 
ro coragon  le  amemos,  porque  nos  ama, 
é  por  quien  él  es  primeramente.  Y  haré 
pringipio  en  un  árbol  que  en  la  verdad 
ni  yo  le  sé  el  nombre  que  los  indios  le 
dan  en  esta  isla  ni  en  las  otras ,  ni  en  la 
Tierra-Firme,  donde  en  cada  parte  se  nom- 
bra en  diferengiada  manera  por  la  gran  di- 
ferengia  é  moltitud  de  las  lenguas  que  en 
estas  Indias  hay :  ni  aun  tampoco  sé  si  le 
sabré  dar  á  entender  tan  bien ,  como  yo 
querría ,  por  la  grande  desconviniengia  é 
figura  que  tiene  con  todos  los  otros  ár- 
boles. Y  es  tanta,  que  no  me  sé  determi- 

46 


362 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


nar  si  es  árbol  ó  monstruo  entre  árboles; 
pero  como  yo  supiere,  diré  lo  que  del 
he  comprehendido,  remitiéndome  á  quien 
mejor  lo  sepa  pintar  ó  dar  á  entender, 
porque  es  mas  para  verle  pintado  de 
mano  de  Berruguete  ú  olro  exgelente  pin- 
tor como  él ,  ó  aquel  Leonardo  de  Vin- 
ge ,  ó  Andrea  Manteña ,  famosos  pintores 
que  yo  conocí  en  Italia,  que  no  para 
darle  á  entender  con  palabras.   É  muy 


mejor  que  todo  esto  es  para  visto  que 
escripto  ni  pintado.  Los  cliripstianos  que 
por  acá  andan  le  llaman  el  árbol  de  las 
soldaduras  con  mucha  ragon ,  por  lo  que 
de  su  propriedad  y  efeto  se  ha  muchas 
veges  visto  y  experimentado.  É  assi  suc- 
resive  se  procederá  á  las  otras  cosas  que, 
conforme  á  tales  materias,  se  deben  aqui 
acomular. 


CAPITULO  I. 


Del  árbol  ó  planta  con  que  se  sueldan  las  quebraduras  ó  cosas  rompidas  en  la  persona  del  hombre. 


Jrlay  en  esta  Isla  Española  unos  árboles 
que  son  comunes  é  hay  muchos  dellos 
en  estas  islas  é  muchos  en  la  Tierra- 
Firme  :  los  quales  son  espinosos  é  tales, 
que  al  paresger  ningún  árbol  ó  planta  se 
puede  ver  de  mas  salvajez ,  é  segund  la 
manera  suya  no  me  sé  determinar  si  es 
árbol  ó  planta.  Hage  unas  ramas  llenas 
de  unas  pecas  anchas  é  disformes  ó  feas 
de  muy  mal  paresger  é  talle,  é  muy 
gruesas  y  espinosas ;  las  quales  ramas 
fueron  primero  hojas  é  pencas  cada  una 
dellas,  é  de  aquella  hoja  ó  penca  nas- 
gieron  otras,  é  de  las  otras,  otras. É des- 
tas  pencas  enduresgidas ,  ó  en  tanto  que 
se  enduresgen ,  procrean  otras  alongán- 
dose ,  é  de  las  otras ,  otras ,  é  de  penca 
en  penca  se  convierte  en  rama.  Final- 
mente ,  es  de  tal  manera  este  árbol ,  que 
tengo  por  dificultoso  poder  darse  á  en- 
tender por  escripto ,  é  seria  nesgessario 
pintarle  de  mano  de  tal  pintor,  é  de  tan 
apropriadas  colores ,  que  por  la  vista  se 
comprehendiesse  lo  que  por  las  palabras 
no  creo  que  es  possible  entender  ningún 
absenté,  tan  al  proprio  como  de  otros 
árboles  se  entiende ,  por  ser  tan  desse- 
mejante de  todos,  que  otro  nombre  me 
paresge  que  no  hay  tan  al  propóssito  de 
su  salvajez  y  extremos  nunca  oydos  ni 


vistos  (en  otras  partes) ,  sino  monstruo 
del  género  de  los  árboles. 

Machacadas  las  pencas  deste  árbol, 
quitadas  las  espinas  primero  ,  é  tendido 
lo  que  assi  se  machacare  en  un  paño  de 
liengo ,  á  manera  de  emplasto ,  é  ligada 
con  ella  una  pierna  ó  brago  quebrado, 
después  que  primero  se  hayan  congerta- 
do  los  huessos  rompidos ,  lo  suelda  é  jun- 
ta é  afixa  tan  perfetamente,  como  si  nun- 
ca se  quebraran,  si  bien  se  congiertan  pri- 
mero los  huessos  de  las  tales  quebradu- 
ras. E  hasta  que  ha  hecho  su  operagion 
está  tan  asido  el  emplasto  ó  medegina  ya 
dicha  con  la  carne ,  que  es  muy  dificul- 
toso é  penoso  despegarlo ;  pero  assi  co- 
mo ha  curado  é  fecho  su  buena  opera- 
gion ,  luego  por  sí  mismo  se  aparta  é 
desecha  el  emplasto  de  aquel  lugar,  don- 
de lo  avian  puesto.  Destos  mismos  árbo- 
les hay  muchos  en  la  provingia  de  Nica- 
ragua en  la  Tierra-Firme,  y  echan  una 
fructa  colorada ,  brescada ,  tamaña  como 
una  ageytuna  gruesa,  de  color  de  un 
muy  fino  carmesí ;  é  tiene  unas  espinas 
por  engima  toda  ella,  como  vello,  quassi 
invisibles  por  su  sotilega  y  delgadez ,  y 
éntranse  por  los  dedos,  quando  hombre 
las  toma  en  las  manos.  É  desta  fructa  en 
aquella  tierra  las  indias  hagen  gierta  pas- 


DE  INDIAS.   LIB.   X.  CAP.  I. 


363 


tá  é  córtanla  en  pedamos  quadrados,  tan 
delgados  como  una  alcorga,  é  tamaños 
como  una  uña  del  dedo ,  y  envueltas  on 
algodón ,  porque  no  se  quiebren ,  las  sa- 
can á  las  plagas  y  á  sus  mercados  á  ven- 
der,  y  es  cosa  estimada  para  se  pintar  con 
esta  color  los  indios  é  indias.  Y  es  exge- 
lente  color  de  carmesí  muy  bueno ,  é  al- 
guno dello  declina  á  color  rosado  ;  y  es 
mejor  color  para  se  afeytar  las  mugeres, 
que  la  que  en  Italia  é  Valengia  ó  España 
y  otras  partes  usan  las  que  quieren  emen- 
dar, ó  mejor  digiendo,  remendar  y  estra- 
gar la  imagen  ó  figura  que  Dios  les  dio. 
Destas  piegas  ó  pastillas  desta  color  he 
yo  experimentado  muchas  en  debuxos  é 
pinturas,  por  mi  plager  é  por  ver  si  es  co- 
lor turable ;  é  hallo  que  es  excelente  pin- 
tura, porque  en  algunas  cosas  pintadas 
en  papel  yo  la  tengo  puesta  mas  ha  de 
seys  años,  y  está  hoy  mejor  é  mas  viva 
la  color  que  el  primero  dia  que  se  assen- 
tó.  Y  téngolo  por  mucho,  porque  se  tem- 
pló con  agua  clara  é  sin  goma  ni  alguna 
otra  diligengia  de  las  que  los  pintores 
suelen  usar,  para  templar  sus  colores,  an- 
tes que  las  labren.  Es  muy  semejante  es- 
te árbol  en  las  hojas  á  los  cardos,  con  que 
en  esta  cibdad  bardan  las  paredes  de  los 
corrales  de  las  casas ,  ó  como  las  hojas  de 


las  tunas,  que  son  los  mismos  cardos,  de 
quien  se  dixo  en  el  libro  VIII,  en  el  capí- 
tulo XXVIIl.  Estos  árboles  no  cresge  el 
mayor  dellos  mas  alto  que  dos  estados  ó 
poca  cosa  mas  de  la  estatura  de  un  hom- 
bre :  la  color  del  tronco  es  pardo  áspe- 
ro ,  é  los  bragos  é  ramas  assi  mismo, 
é  los  extremos  dellas ,  que  son  las  hojas, 
están  algo  verdes.  É  algunas  nagen  por 
el  través ,  donde  quiere  de  nuevo  pringi- 
piarse  otra  rama  en  la  misma  hoja ;  pero 
todas  las  hojas ,  como  he  dicho ,  son  muy 
espinosas,  como  las  tunas,  é  assi  mismo 
las  ramas.  Pero  con  mi  mal  debuxo  por- 
né  aqui  la  forma  que  tiene  este  árbol ,  si 
lo  supiere  hager,  para  que  juntamente 
con  lo  que  del  tengo  dicho,  mejor  se  pueda 
entender  é  considerar  [Lámina  4.* ,  figu- 
ra 2.").  É  si  esto  no  bastare,  digo  que 
quien  desde  esta  cibdad  de  Sancto  Do- 
mingo desta  Isla  Española  fuere  á  la  villa 
de  la  Yaguana ,  ques  al  poniente  é  parte 
ocgidental  desta  isla,  hallará  destos  ár- 
boles muchos  en  el  mismo  camino  real ,  é 
ha  de  passar  á  par  é  junto  con  ellos  de 
nesgessidad,  sin  se  desviar  del  camino 
antes  que  lleguen  á  las  vegas  é  cumbres 
del  puerto  del  rio  Hatibonico,  é  desde 
alli  viniendo  á  esta  cibdad,  en  muchas 
partes. 


CAPITULO   II. 

Del  árbol  llamado  guayacan  ,  con  que  se  cura  el  mal  de  las  búas. 


D 


'os  árboles  hay  muy  notables  y  exge- 
lentes  en  estas  islas  é  aun  en  la  Tierra- 
Firme;  porque  assi  como  es  común  el  mal 
de  las  búas  en  todas  estas  partes ,  quiere 
la  misericordia  divina  que  assi  sea  el  re- 
medio comunicado ,  é  se  halle  para  cu- 
rar esta  dolengia.  Pero  aunque  en  otras 
partes  se  halle  esta  enfermedad ,  el  origen 
donde  los  chripstianos  vieron  las  búas, 
y  experimentaron  é  vieron  curarlas  y  ex- 
perimentar el  árbol  del  guagacan  fué  en 


esta  Isla  Española.  El  otro  se  llama  palo 
sancto,  y  este  hay  en  la  isla  deBoriquen, 
llamada  agora  por  los  españoles  Sanct 
Johan ;  é  quando  della  se  hable,  se  dirá 
del  palo  sancto.  Assi  que,  tornando  al 
guayacan,  yo  le  he  visto  en  esta  y  en  otras 
islas ,  é  también  en  la  Tierra-Firme  en  la 
provingia  que  los  indios  llaman  Nagran- 
do.  Y  pues  en  esta  Isla  FiSpañola  ovieron 
los  españoles  conogimiento  desle  árbol, 
póngole  aqui ,  aunque  en  otras  partes  se 


36  4k 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


halle ;  é  quiero  degir  lo  que  es  muy  no- 
torio, assi  en  las  Indias  como  en  muchas 
partes  del  mundo ,  donde  le  han  llevado 
tras  la  misma  enfermedad  para  remedio 
della.  É  hay  tantos  árboles  guayacanes 
en  estas  Indias ,  que  pienso  yo  que  son 
menos  los  pinos  de  tierra  de  Cuenca ,  é 
aun  todos  los  otros  de  España,  en  núme- 
ro. Es  árbol  aqueste  muy  exgelente ,  é  in- 
numerables veqes  experimentado  ,  assi  en 
estas  partes  como  en  Europa,  é  donde  de 
acá  se  ha  llevado  para  esta  temerosa  en- 
fermedad de  las  búas:  (la  qual  en  Italia, 
como  en  otra  parte  he  dicho ,  llaman  el 
mal  franges ,  y  en  Frangia  el  mal  de  Ña- 
póles) ;  y  en  España  y  en  otras  partes  del 
mundo  se  han  visto  muy  grandes  curas 
que  ha  hecho  este  árbol  en  hombres  que 
de  mucho  tiempo  estaban  tollidos  é  he- 
chos pedagos  de  muy  crudas  llagas,  y 
con  extremados  dolores.  Y  es  esta  una 
enfermedad  de  las  mas  desesperadas  é 
notables  é  trabajosas  del  mundo ,  segund 
es  notorio  á  los  que  desta  plaga  son  to- 
cados ,  é  mejor  pueden  por  su  experien- 
gia  los  tales  testificar  della ;  é  á  los  que 
Dios  por  su  clemengia  ha  librado  de  se- 
mejante dolor,  es  espantable  tal  passion. 
Entre  los  indios  no  es  tan  regia  dolengia 
ni  tan  peligrosa,  como  en  España  y  en  las 
tierras  frias :  antes  estos  indios  fágilmen- 
te  se  curan  con  este  árbol .  La  qual  cura 
es  subjecta  á  mucha  dieta  é  á  beber  del 
agua  que  hagen,  cogiendo  este  palo  en 
ella,  sin  la  qual  dieta  él  no  aprovecha, 
antes  daña.  Poca  nesgessidad  hay  que 
aqui  se  expresse  la  manera  de  cómo  este 
remedio  se  exergita,  porque  es  ya  muy 
notoria  é  común  cosa  saber  usar  deste 
palo ,  é  también  porque  donde  se  dixere 
del  palo  sancto  de  la  isla  de  San  Johan,  se 
dirá  mas  largo,  pues  lo  uno  é  lo  otro  se 
cuege  de  una  manera  é  lo  toman  de  la 
misma  forma.  Y  están  tan  diestros  ya  en 
España,  como  acá,  para  aprovecharse  des- 
te  remedio;  pero  es  de  tener  aviso  en 


que  se  procure  que  el  palo  sea  fresco, 
quanto  mas  pudiere  serlo.  Digo  fuera  de 
las  Indias ,  porque  en  ellas  cada  dia  se 
puede  aver  é  cortar  del  campo ;  mas  en 
España  é  fuera  destas  partes  han  de  bus- 
car el  mas  grueso ,  porque  se  seca  mas 
tarde ,  é  acá  se  ha  de  procurar  el  mas 
delgado ,  porque  esté  mas  tierno  é  purga- 
tivo. 

Gúranse  deste  mal  tan  fácilmente  los 
indios,  como  en  España  de  una  sarna,  y 
en  menos  le  tienen,  y  ésles muy  común. 
En  aquesta  isla  es  famoso  el  guayacan  que 
se  trae  de  una  isleta  que  llaman  la  Bea- 
ta ,  que  está  en  la  costa  desta  isla  é  ger- 
ca  della ,  é  otros  quieren  otro ,  é  como 
les  plage,  lo  escogen.  Tiene  este  árbol  la 
cortega  toda  manchada  de  verde ,  é  mas 
verde  é  pardillo  color ,  como  suele  estar 
ó  paresger  un  caballo  hovero  ó  rodado. 
La  hoja  del  es  semejante  á  la  del  madro- 
ño ;  pero  esta  es  menor  é  mas  verde ,  y 
echa  unas  cosas  amarillas  por  fructo ,  que 
paresgen  como  si  dos  altramuges  juntos 
el  uno  al  otro  estuviessen  asidos  por  los 
cantos.  Es  madero  muy  fortíssimo  é  pe- 
sado mucho,  é  tiene  el  coragon  quassi 
negro  sobre  pardo ;  é  demás  de  sus  vir- 
tudes sírvense  del  en  muchas  cosas ,  assi 
como  en  los  dentellones  de  las  ruedas  de 
los  ingenios  é  trapiches  del  agúcar  y  en 
otras  cosas.  Mas  porque  la  pringipal  vir- 
tud deste  madero  es  curar  el  mal  de  las 
búas ,  é  dixe  que  la  forma  de  cómo  se 
toma  lo  diria  donde  se  hable  del  palo 
sancto,  diré  aqui  otra  regepta,  segund  lo 
he  visto  acá  usar,  puesto  que  de  suso  me 
pensé  cscusar  de  hablar  en  la  cura ;  y  es 
assi.  Toman  astillas  delgadas  deste  palo, 
é  algunos  le  hagen  picar  menudo ,  y  en 
cantidad  de  dos  agurabres  de  agua  echan 
media  libra  del  palo  ó  algo  mas  ,  é  cuege 
hasta  que  mengua  las  dos  partes,  é  quí- 
tanlo  del  huego  é  reposase ;  é  después 
bebe  el  pagiente  una  escudilla  de  aquella 
agua  por  la  mañana  en  ayunas  veynle  ó 


DE  INDIAS.  LIB.  X.  CAP.  11. 


365 


treynta  dias ;  pero  de  veynte  abaxo  no 
ha  de  dexar  de  beber  esta  agua  ( el  que 
quiere  quedar  bien  curado).  Y  en  aquel 
tiempo  guarda  mucha  dieta,  é  no  come 
carne  ni  pescado,  sino  passas  é  cosas  se- 
cas é  poca  cantidad,  salvo  solamente  lo 
que  baste  á  sustentar ,  y  algún  rosquete 
de  vizcocho;  y  entre  dia  han  de  beber  de 
otra  agua  cogida  con  el  mismo  guajacan. 
É  desta  manera  he  yo  visto  sanar  á  al- 
gunos enfermos,  pero  sin  llagas:  é  han 
de  estar  en  lugar  muy  guardado  de  todo 
ayre  en  tanto  que  se  toma  esta  agua ,  y 
aun  algunos  dias  después  no  se  ha  de 
alargar  en  salir  mucho  á  partes  desabri- 
gadas: ni  tampoco  lo  que  para  esto  con- 
viene no  lo  digo  tan  particularmente,  co- 
mo toman  este  palo  ó  agua  del  algunos, 
sino  como  yo  le  he  visto  acá  hager  donde 
es  mas  fresco  el  árbol.  El  que  tuviere 
nesQCssidad  no  se  cure  por  lo  que  yo  aqui 
digo  ;  porque  esta  tierra  es  muy  diferen- 
te de  la  de  Europa ,  é  acá  es  menester 
grandíssima  diligengia  para  se  guardar 
del  ayre  el  enfermo  de  tal  passion  ;  é 
mucho  mayor  cuydado  debe  de  aver  en 
se  esconder  de  los  ayres,  donde  son  mas 
delgados  é  sotiles  é  la  tierra  fria.  Y  no 
debe  el  enfermo  salir  por  ningún  caso  de 
una  cámara  muy  guardada  de  todas  par- 
tes é  abrigada;  é  á  mi  paresger  el  que  en 
España  se  oviere  de  curar  con  este  palo, 
ha  de  guardarse  y  estar  mucho  sobre  avi- 
so ,  assi  en  lo  que  digo  que  no  le  dé  ay- 
re, como  en  la  dieta.  Pero  ya  es  tan  usa- 
do este  trabaxo  en  tantas  partes,  que  es- 
tán los  hombres  diestros  en  la  manera 
que  se  ha  de  tener,  para  usar  deste  reme- 
dio. Y  no  es  aqueste  solo  con  el  que  los 


indios  sanan  é  se  curan ;  porque  son  muy 
grandes  hervolarios  é  conosgen  muchas 
hiervas,  é  tiénenlas  experimentadas  para 
esto  é  para  otras  muchas  dolencias. 

Está  averiguado  que  este  mal  es  conta- 
gioso, é  que  se  pega  de  muchas  maneras, 
assi  en  usar  el  sano  de  las  ropas  del  que 
está  enfermo  de  aquesta  passion,  como  en 
el  comer  é  beber  en  su  compañía  ó  en  los 
platos  é  tagas  con  que  el  doliente  come  ó 
bebe;  y  mucho  mas  de  dormir  en  una 
cama  é  participar  de  su  aliento  é  sudor; 
é  mucho  mas  aviendo  excesso  carnal  con 
alguna  muger  enferma  deste  mal ,  ó  la 
muger  sana  con  el  hombre  que  estuviere 
tocado  de  tal  sospecha ;  tórnanse  las  per- 
sonas de  Sanct  Lázaro,  é  gaphos,  é  Gó- 
mense de  cánger.  Y  en  estas  partes  é  In- 
dias pocos  chripstianos ,  é  muy  pocos  di- 
go ,  son  los  que  han  escapado  deste  tra- 
bajoso mal  que  hayan  tenido  partigipa- 
gion  carnal  con  las  mugeres  naturales 
desta  generagion  de  indias ;  porque  á  la 
verdad  es  propria  plaga  desta  tierra ,  é 
tan  usada  á  los  indios  é  indias  como  en 
otras  partes  otras  comunes  enfermedades. 
Pero  yo  he  visto  algunas  veges  á  indios, 
en  espegial  en  la  Tierra-Firme,  que  en 
sintiéndose  mal  de  aquesta  enfermedad, 
con  poca  sospecha  della  ,  luego  continúan 
á  beber  del  agua  cogida  con  este  palo,  é 
á  guardarse  del  uso  de  las  mugeres  por 
muchos  dias ;  porque  digen  ellos  que  ellas 
son  las  que  tienen  cargo  de  repartir  é  co- 
municar este  dolor  y  enfermedad ,  y  en 
espegial  en  la  provingia  de  Nicaragua, 
donde  hay  muy  exgelente  guayacan,  assi 
en  la  provingia  de  Nagrando ,  como  en 
otras  partes  de  aquella  tierra. 


366 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  III. 

Del  árbol  del  bálsamo  que  llaman  en  esta  Isla  Española,  donde  aqueste  licor  se  ha  hecho  primero  que  en 

oira  parle  alguna. 


riay  en  esla  isla  en  muchas  partes  unos 
árboles,  de  que  se  hage  este  licor  que  acá 
llaman  bálsamo,  puesto  que  no  lo  es,  ni 
dexa  de  ser  exgelente  mede^ina.  Estos 
árboles  no  son  de  linda  vista ,  é  quieren 
paresger  algo  á  los  perales  de  Castilla 
en  la  grandeva  ó  tamaño  de  la  altura; 
mas  la  hoja  no  es  assi  sino  como  la  que 
tienen  los  granados ,  pero  muy  mas  del- 
gada. Tiene  este  árbol  un  pié  é  á  veges 
dos  é  tres  é  mas  juntos,  como  en  algunas 
partes  las  higueras  é  granados  é  otros 
árboles ,  é  los  troncos  é  ramas  paresge  á 
la  vista  que  están  secos ,  pero  las  hojas 
verdes  é  frescas ;  é  no  se  encopa ,  si  no 
suben  derechas  las  ramas.  É  los  indios  le 
llaman  á  este  árbol  goaco7iax,  y  es  assi 
como  thea  en  el  alumbrar :  é  porque  ar- 
de muy  de  grado ,  van  los  indios  de  no- 
che á  pescar  con  tigones  desta  leña ,  y  en 
rajándole ,  huele  bien ,  pero  no  á  los  in- 
dios :  antes  les  aborresge  su  olor.  Hay 
mucha  cantidad  por  los  montes  é  bosca- 
jes destas  islas  y  de  la  Tierra-Firme  des- 
tos  árboles ,  é  no  son  menos  que  en  Es- 
paña las  enginasó  pinos,  en  número.  Es- 
te secreto  deste  licor  que  acá  llaman  bál- 
samo, sin  lo  ser ,  é  que  se  hage  del  árbol 
que  he  dicho,  se  publicó  por  parte  de 
Antón  de  Yillasancta ,  vegino  que  fué  de 
esta  cibdad  de  Sancto  Domingo,  el  qual 
segund  yo  he  oydo  degir  á  algunas  per- 
sonas, lo  alcangó  é  supo  de  su  muger  que 
es  india  é natural  de  aquesta  isla.  E  otros 
digen  que  el  que  aqueste  licor  enseñó  fué 
un  médico,  gran  philósopho  italiano ,  que 
passó  á  estas  partes  el  año  de  mili  é  qui- 
nientos é  quinge.  Yo  le  conogí  é  vi 
en  esta  cibdad|,  llamado  Codro,  el  qual 


después  murió  en  la  Tierra-Firme,  en  la 
costa  de  la  mar  austral,  gerca  de  las  islas 
de  Corobaro  é  del  Puerto  de  Punuba; 
hombre  en  la  verdad  de  grandes  letras, 
de  humanidad  é  muy  sabio  y  experimen- 
tado en  cosas  naturales,  é  que  avia  anda- 
do mucha  parte  del  mundo ,  y  el  desseo 
de  ver  estas  Indias  Je  truxo  á  morir  en 
ellas.  Pero  sea  el  inventor  de  aqueste 
bálsamo  artifigial  qualquiera  que  haya 
seydo :  que  el  que  lo  publicó  é  gogó  del 
interese  primero,  fué  este  Antón  de  Yi- 
llasancta, al  qual  la  Cesárea  Magestad 
del  Emperador  Rey,  nuestro  señor,  hizo 
mergedes  por  ello.  Tornando,  pues,  á  lo 
que  hage  al  caso,  digo  que  hay  ya  mu- 
chos hombres  en  esta  isla  que  saben  ha- 
ger  este  bálsamo,  el  qual  segund  algu- 
nos afirman  se  hage  de  trogos  pequeños 
destos  tales  árboles ,  que  cogidos  en  agua, 
sale  dellos  un  licor  como  ageyte  ó  mas 
espesso,  de  color  de  arrope  claro :  é  usan 
del  para  las  heridas  frescas  é  cuchilladas 
ó  langada ,  ó  qualquier  otra  herida  re- 
giente, porque  inmediate  restaña  la  san- 
gre ,  y  no  se  ha  visto ,  ni  se  sabe  otra  co- 
sa mediginal  que  tan  presto  suelde  é 
gierre  la  llaga.  Y  hánse  visto  muy  gran- 
des experiengias  deste  bálsamo  en  heri- 
das muy  grandes  y  mortales ,  y  halas  sa- 
nado é  curado  muy  bien  é  brevemente, 
é  mitiga  el  dolor  de  las  tales  heridas.  E 
afirman  muchos  que  aprovecha  á  otras 
grandes  é  graves  enfermedades,  délas 
que  se  suelen  tener  por  incurables.  Pero 
en  esto  yo  me  remito  á  los  que  lo  han 
experimentado,  porque  yo  no  lo  he  visto 
usar  ni  exerger;  mas  á  muchos  que  lo 
han  probado   he   oydo   grandes   loores 


DE  INDIAS.  LIB.  X.  CAP.  III. 


367 


(leste  bálsamo   é  de   sus   operaciones. 

También  he  oydo  á  otros  blasfemarlo  é 
de^ir  que  es  peligroso  donde  no  se  sabe 
aplicar,  en  espegial  en  aquello  que  tiene 
mas  exgelengia,  que  es  en  lo  de  las  heri- 
das frescas,  porque  suelda  muy  presto, 
y  en  el  gerrar  de  la  llaga  ó  herida  quie- 
re mucho  tiento ,  é  no  me  maravillo  que 
esto  sea  assi.  Porque  tanto  pan  puede 
comer  uno  que  le  haga  mal  provecho :  é 
tanto  vino  puede  beber  un  hombre  que 
se  embriague  é  adolezca;  mas  tomando 
templadamente  estas  cosas,  sustentan  la 
vida.  De  manera  que  los  extremos  todos 
son  dañosos  é  no  caresgen  de  vigió,  é 
todo  lo  que  es  mediginal  requiere  mucha 
experiengia ,  en  espegial  en  cosas  que 
nuevamente  vienen  á  notigia  de  los  hom- 
bres é  que  son  poco  usadas :  quanto  mas 
que  las  complisiones  iio  son  unas  para 
probar  los  remedios  que  há  poco  tiempo 
que  se  usan,  ni  todos  los  médicos  en- 
tienden de  una  forma  las  dolengias ,  ni 
quieren  sanar  tan  presto,  como  podrían  al- 
gunas veges,  é  quando  querrían,  no  son  á 
tiempo  sus  consejos  que  aprovechan.  Har- 
to es  que  se  tiene  por  gierto  en  la  común 
opinión  del  vulgo  que  es  muy  provecho- 
so licor  este  bálsamo,  si  del  saben  usar. 

Sácase  assi  mismo  deste  palo  gierta 
agua  por  otro  cogimiento  que  acá  saben 
algunos ,  que  es  muy  apropriada  á  todos 
los  humores  ámales,  causados  de  frialdad. 
Pero  desta  agua  ni  del  bálsamo  yo  no  me 
quiero  extender  á  mas;  pues  hayaqui  mu- 
chos que  por  experiengia  pueden  hablar 
mas  largo  en  ello,  y  porque  está  prohi- 
bido que  ninguno  lo  haga ;  porque  este 
Villasancta  dio  á  entender  en  España  que 
daria  á  Su  Magestad  un  gran  tesoro  con 
este  bálsamo,  y  está  mandado,  só  graves 
penas,  que  ninguno  lo  haga,  é  aqueste  se 
murió,  sin  complir  lo  que  prometió.  Pero 
yo  digo  lo  que  es  público :  é  quanto  al 


tesoro  que  avia  de  dar ,  no  se  efetuó.  Ea 
verdad  si  mi  paresger  se  tomasse ,  ni  Su 
Magestad  pornia  tal  entredicho  en  cosa, 
de  que  tanto  bien  podría  resultar,  ni  de- 
xaria  de  mandar  lo  hager  á  quantos  qui- 
siessen,  é  después  repartirlo  por  todos 
los  que  lo  oviessen  menester;  pues  que 
para  el  rey  no  pueden  faltar  otros  inte- 
resses  mayores  para  el  acresgentamiento 
de  sus  rentas. 

Estas  cosas  de  medegina  todas  son 
dubdosas  para  mi  opinión.  Con  todo, 
quiero  arrimarme  á  lo  que  dige  Plinio  * 
de  la  medegina  y  de  los  secretos  de- 
lla.  La  calamita  ó  piedra  yman  tira  á  sí 
el  hierro ,  é  por  el  ajo  lo  suelta  ó  pierde 
ó  desecha.  La  sangre  del  cabrón  rompe 
el  diamante,  el  qual  de  ninguna  otra 
fuerga  puede  ser  vengido.  Y  en  el  fin  del 
prólogo  del  libro  XXI  dige  el  mesmo  auc- 
tor,  que  la  natura  ninguna  cosa  ha  pro- 
dugido  sin  alguna  oculta  causa.  Y  esto  se 
debe  assi  creer  por  lo  que  cada  dia  se 
ve  de  las  cosas  experimentadas ;  porque 
muchas  dellas  que  poco  antes  que  venga 
la  nesgessidad  se  despregian,  quando 
aquella  llega,  unas  quitan  el  dolor,  las 
otras  mitigan  el  calor ,  é  otras  corrigen 
la  sed ;  é  assi  al  propóssito  ponen  tal  re- 
medio en  el  enfermo,  que  esfuergan  la 
persona  é  reparan  la  vida.  ¿Quién  halló 
tan  incónitos  secretos,  como  los  que  de 
suso  apunté  de  Plinio ,  que  dé  una  pie- 
dra tan  maravillosa  y  exgelente  é  de  tan- 
tas propriedades,  como  tiene  la  calamita 
(sin  la  qual  los  marineros  no  son  mas  quel 
giego,  á  quien  falta  quien  le  adiestre),  una 
cosa  tan  vil,  como  un  ajo,  le  haga  fuerga? 
¿Quién  topó  tan  grande  admiragion  é  se- 
creto de  tan  escondida  propriedad  de  na- 
tura, que  agertó  á  experimentarla  sangre 
de  tan  vil  animal,  como  el  cabrón,  para 
que  rompiesse  tan  presgiosa  y  constan- 
tíssima  fortalega,  como  la  del  diamante. 


i     Plin.,  lib.  XX,  cap.  I. 


368 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


al  qual  el  fuego  no  quebranta  ni  otro  ele- 
mento empege?  Todas  estas  cosas  sospe- 
cho yo  que  se  acertaron  á  entender  aca- 
so ,  é  por  dispensagion  de  arriba  é  con 
el  tiempo.  É  assi  soy  de  opinión  que  en 
este  que  llaman  bálsamo  (é  no  lo  es,  sino 
algún  licor  bueno)  que  falta  mucha  parte 
de  la  experiencia  á  los  que  con  él  han  de 
curar,  é  aquesta  se  ha  de  aprender  tam- 
bién acaso  ,  porque  en  dar  mas  ó  menos 
en  la  cantidad,  ó  en  la  calidad,  con  que 
topa  donde  ha  de  obrar ,  podrá  hager  lo 
que  hagen  las  manganillas,  con  que  se 
purgan  algunos  en  estas  partes,  que  á 
unos  hagen  provecho  é  á  otros  mucho 
daño. 

En  fin  yo  hallo  que  un  sastre,  antes 
que  aprenda  el  ofigio ,  quiebra  é  pierde 
muchas  agujas,  é  lo  que  peor  es,  extraga 
algunas  ropas :  é  un  hombre  de  armas, 
antes  que  sea  diestro ,  da  muchas  cay- 
das  é  pierde  muchas  langas  é  otras  rom- 
pe de  través.  Pero  el  sastre  paga  lo  que 
hurta  ó  extraga ,  y  el  hombre  de  armas 
aprende  con  su  peligro  proprio ;  mas  un 
médico ,  antes  que  sepa  curar  é  se  pue- 


da degir  maestro ,  es  peor  que  una  pes- 
tilengia:  é  si  un  hombre  da  una  bofetada 
á  otro  ,  mandante  cortar  la  mano  ó  dar 
otro  castigo  de  escarmiento  ,  y  la  jusli- 
gia  iguala  essas  y  otras  injurias.  Pero  en 
la  medegina  está  giega  é  su  rigor  no  se 
teme ,  pues  que  un  médico  ó  girujano, 
aunque  mate  á  muchos ,  no  tienen  pe- 
na ni  les  dexan  otros  de  dar  dineros.  Yo 
me  he  detenido  algo  en  esto  deste  árbol, 
de  que  se  hage  este  que  acá  llaman  bál- 
samo artifigial ,  é  mas  pudiera  degir  del, 
segund  me  han  informado,  é  aun  segund 
lo  que  yo  he  visto  de  sus  efetos  á  pro  é 
á  contra ;  pero  no  quiero  que  nadie  se 
cure  por  mis  palabras ,  ni  desseo  tal  cré- 
dito en  medegina ,  pues  que  no  la  estu- 
dié ni  es  de  mi  profession  ni  exergigio, 
sino  de  los  que  viven,  probando  á  curar  ó 
á  matar.  Del  bálsamo  verdadero,  Pliuio  ' 
é  otros  auctores  muchos  han  escripto ,  é 
no  hay  nesgessidad  aqui  de  hablar  en  él, 
pues  los  efetos  del  buen  bálsamo  son 
apropriados  á  otras  cosas  muy  apartadas 
de  las  que  con  este  licor  artifigial  se  cu- 
ran ó  quieren  algunos  curar. 


CAPITULO  IV. 


De  los  mancanillos  de  las  avellanas  para  purgar. 


Jt  aresge  cosa  de  notoria  contradigion 
llamar  á  este  árbol  manganillo  é  llevar 
avellanas ,  pues  que  no  consuenan  el  ár- 
bol ó  su  nombre  con  la  fructa;  pero  es- 
tos son  errores  del  vulgo.  Y  cómo  los 
chrisptianos  primeros  que  á  estas  partes 
passaron  los  llamaron  manganillos,  hánse 
quedado  con  el  nombre  improprio,  é  dan 
avellanas  ó  una  fructa  que  paresge  mu- 
cho á  las  avellanas,. después  de  monda- 
das. Pero  hablando  mas  á  lo  gierto,  yo  no 
lo  tengo  por  árbol ,  sino  por  planta ;  y  el 


mayor  dellos  es  de  alto  catorge  ó  quinge 
palmos ,  poco  mas  ó  menos.  Nómbrase 
entre  los  arbustos  ben,  según  quieren 
nuestros  boticarios  ó  espegieros ;  y  este 
es  el  que  acá  le  dan  los  doctores  de  me- 
digina  y  hervolarios  chripstianos.  Echan 
unas  hojas  que  quieren  paresger  algo  á 
las  del  cáñamo ,  pero  mayores  y  mas  fres- 
cas; y  entrellas  echan  unos  fluecos  como 
el  hinojo ,  donde  echan  la  simiente ,  pero 
golorados,  y  en  aquellos  hagen  unos  ca- 
pullos redondos,  y  por  esto  los  llamaron 


1    PUn.,  lib.  Xn,  cap.  26. 


DE  INDIAS.  UB.  X.  CAP.  IV. 


3G9 


ttianQanlllos.    Pero   estos  capullos  están 
divididos  é  cubiertos  con  una  ligera  ó 
delgada  cascara,  dentro  de  los  quales  es- 
tán unas  pepitas  blancas ,  tres  ó  quatro 
en  cada  capullo,  las  quales  en  el  sabor  é 
blancor  son  como  buenas  avellanas ,  é 
aun  mejores ;  pero  en  las  obras  son  las 
que  agora  diré.  Ellas  no  son  para  todos 
estómagos ,  porque  yo  vi  en  esta  cibdad 
una  dueña  que  se  purgó,  ó  á  lo  menos 
quisiérasse  purgar,  con  esta  fructa  é  no 
pudo,  aunque  se  comió  nueve  avellanas 
destas,  é  ninguna  mudanza  higo  su  vien- 
tre ,  é  assi  se  lo  oy  jurar  á  la  misma.  Di- 
go mas,  que  vi  en  Valladolid,  año  de 
mili  é  quinientos  y  trege,  que  avia  ydo 
á  negogiar  con  el  Rey  Gathólico,  un  Johan 
de  la  Vega ,  veedor  que  fue  en  esta  isla 
de  Cuba  ,  el  qual  vino  á  estas  partes  con 
el  almirante  primero ,  año  de  mili  é  qua- 
troQientos  é  noventa  y  tres ;  é  cómo  era 
de  los  primeros  pobladores,  tenia  bien  ex- 
perimentada esta  fructa  en  sí  y  en  otros, 
é  avia  llevado  destas  avellanas,  porque 
degia  que  se  hallaba  él  muy  bien  con  ellas, 
quando  tenia  nesgessidad  de  se  purgar: 
é  á  quien  él  daba  alguna  dellas  era  como 
si  le  pressentára  una  cosa  muy  presgiosa. 
Ofresgióse  que  adolesgió  alli  un  mangebo, 
su  sobrino  ó  pariente,  que  él  queria  traer 
acá,  é  para  le  purgar,  le  dio  la  mitad  de 
una  destas  avellanas,  é  vagióle  de  tal  ma- 
nera que  no  le  quedaron  las  tripas  en  el 
vientre,  é  dentro  de  veynte  horas  ó  me- 
nos, se  murió.  Al  qual  Johan  de  la  Vega 
yo  vi  llorar  el  sobrino  é  lo  que  avia  apren- 
dido ó  experimentado  destas  avellanas. 

Quiero  inferir  lo  que  signifiqué  de- 
lias  en  el  capítulo  antes  deste,  é  digo 
que  á  algunos  estómagos  ó  personas  no 
empegen  ni  aun  los  mueven  estas  avella- 
nas, é  á  otros  hagen  purgar  tanto  que 
los  matan  ó  les  causan  tanta  corrupgion 
que  los  ponen  al  cabo  de  la  vida.  Y  tam- 
bién he  visto  á  otros  muchos  purgar  mo- 
deradamente, é  les  hagen  mucho  prove- 

TOMO  1. 


cho ;  mas  porque  esta  medigina  es  vio- 
lenta, ha  de  aver  mucho  tiento  é  conside- 
ragion  en  usar  de  ella ,  é  por  tanto  los 
que  toman  estas  avellanas  genan  primero 
una  buena  gallina  é  se  hartan ,  é  después 
desde  á  una  hora  ó  mas  loman  una  ave- 
llana ó  media,  segunda  cada  uno  paresge 
que  le  conviene.  En  fin  esta  purga  ó  for- 
ma de  se  purgar  los  hombres  se  apren- 
dió de  los  indios ,  é  para  este  efeto  po- 
nen en  sus  huertos  y  heredades  estas 
plantas,  é  aun  hoy  en  esta  cibdad  las  hay 
en  muchas  casas  de  chripstianos.  Pero  en 
la  mia  en  mis  días  no  la  avrá ,  porque  el 
año  de  mili  é  quinientos  é  veynte ,  lle- 
vando á  mi  muger  é  hijos  á  Tierra-Fir- 
me (desde  donde  avia  ydo  por  ellos),  pas- 
sé  por  esta  cibdad,  y  en  una  possada, 
donde  estuve  avia  en  un  corral  unos  man- 
ganillos  destos:  é  cómo  los  niños  son  go- 
losos é  comen  todo  lo  que  hallan ,  y  el 
mayor  dellos  no  avia  ocho  años ,  comie- 
ron quantas  ellos  pudieron  alcangar  des- 
tas  avellanas  ó  hallaron  caydas  (porque 
después  que  están  maduras,  fágilmente  se 
rompen  aquellos  palillos  ó  pegones  de 
que  están  asidas  é  caen  en  tierra,  puesto 
que  las  avellanas  se  sostienen  dos  é  tres 
años  sin  se  romper).  E  desde  á  poco  co- 
mengaron  los  muchachos  á  purgar  tanto 
que  gayeron  en  tierra  desmayados  é  co- 
mo muerto.3 ,  é  aun  assi  crey  yo  que  me 
avia  quedado  sin  hijos  é  que  no  vivieran: 
é  fueron  socorridos  de  Dios ,  é  dieseles 
ageyte,  para  vomitar,  é  otros  rem.edios 
con  que  presto  fueron  ayudados,  é  quiso 
nuestro  Señor  que  escaparon  ,  é  no  poco 
fatigados  y  flacos  para  algunos  dias. 

Dando  conclusión  á  esta  materia,  digo 
que  en  los  pringipios  que  estas  avellanas 
comengaron  los  chripstianos  á  probar 
y  experimentar  en  sus  personas,  has- 
ta agertar  á  medir  sus  estómagos  con 
la  cantidad  que  avian  de  tomar  des- 
ta  frucía,  ovo  hartos   burlados  é  otros 

aprovechados,  porque  nuestros  médicos 
47 


370 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


no  las  conoscian  ni  las  sabían  aplicar.       gian ,  é  aun  desde  España    envian  por 
Agora  ya  muchos  las  piden  é  las  pres-      ellas. 

CAPITULO  V. 

De  las  plantas  del  algodón  destá  Isla  Española. 


M. 


[ucho  algodón  hay  salvaje  en  esta  Isla 
Española ;  é  assi  mesmo  en  los  hereda- 
mientos hay  algunas  matas  puestas  á  ma- 
no ,  y  esto  es  mejor  que  lo  que  está  por 
los  campos ,  é  mas  blanco  é  de  mas  altas 
plantas ,  é  alguno  cresge  estado  é  medio 
ó  dos ,  y  engépase ,  é  assi  se  continúa  en 
dar  su  algodón,  sin  que  curen  mas  dello. 
Pero  cómo  en  esta  isla  no  se  dan  á  lo  la- 
brar é  cultivar ,  no  se  hage  tanto  como 
en  el  tiempo  de  los  indios,  que  tenian 
mas  cuydado  dello.  Los  chripstíanos  no 


se  ocupan  en  esta  grangeria ,  aunque  es 
muy  buena,  é  se  aumentaría  tanto  quan- 
to  quisiessen ,  assi  como  en  la  Tierra-Fir- 
me, donde  hagen  ordinarias  hagas  de- 
llo todos  los  años ,  é  lo  siembran  é  lo 
cojen.  Pero  aquello  es  baxo  en  compa- 
ragion  de  lo  de  aqui ,  aunque  también  he 
visto  allá  destas  matas  altas ;  é  por  tan- 
to lo  que  mas  se  puede  degir  del  al- 
godón quedará  para  la  segunda  parte 
desta  Natural  y  general  Historia  de  In- 
dias. 


CAPITULO  VI. 


De  las  higueras  de  infierno  que  hay  en  esla  isla  Española. 


JLías  higueras  que  llaman  de  infierno  son 
muy  comunes  en  todas  estas  islas  y  en  la 
Tierra-Firme.  Estas  entre  los  médicos  é 
boticarios  y  hervolarios  se  llaman  tárta- 


en  cantidad  hay  tantas  destas  higueras 
acá ,  que  ocupan  mucho  ,  é  no  querrían 
tantas  en  el  campo ,  ni  mucho  menos  en 
esta  cibdad ,  é  aun  dentro  en  los  corrales 


gos  ó  cataputia  mayor.  No  sé  yo  qué  pro-      de  las  casas ,  é  á  do  quiera  hay  acá  mu- 
priedades  en  la  medegina  se  tienen;  pero      chas  dellas. 


CAPITULO  VII. 

De  las  cañas  y  carricos  desla  Isla  Española. 


Vjañas  hay  muchas  en  esta  isla,  magigas 
é  gruesas,  como  astas  de  langas  ginetas 
muchas  dellas,  é  mucho  mas  altas  que 
picas  luengas  asaz  dellas  ;  pero  como  he 
dicho  son  todas  magigas,  é  son  buenas 
para  los  edifigios  de  los  buhios  de  los  in- 
dios ,  é  aun  para  muchas  cosas  se  sirven 
dellas  los  chripstianos.  Estas  son  comu- 


nes en  esta  isla  y  en  todas  las  Indias  des- 
tas  partes.  Las  tierras,  donde  nasgen  estas 
cañas,  son  fértiles  é  muy  buenas  para  sem- 
brar en  ellas  el  pan  ó  mahiz  de  los  indios-, 
é  para  hager  conucos  de  todas  las  otras 
cosas  é  labrangas  que  ellos  cultivan  c 
siembran.  É  assi  mismo  hay  muchos  car- 
rigos  en  los  lagos  é  padules  y  en  muchas 


DE  INDIAS.  LIB.  X.  CAP.  VII. 


371 


costas  de  algunas  riberas  desta  isla.  Es- 
tos son  delgados ,  como  los  cálamos ,  é 
destos  hagen  flechas  los  indios  caribes ,  é 
con  estos  adornan  las  casas  élas  encañan 


tas  é  de  manera  que  paresQen  muy  bien. 
Pero  no  son  de  aquellos  cálamos  buenos 
para  escrebir,  aunque  hay  algunos  de 
aquellos  ,  pero  pocos ,  en  esta  Isla  Espa- 


é  hagen  labores  muy  gentiles  sobrepues-      ñola. 

CAPITULO  VIII. 


De  los  juncos  que  hay  en  esta  Isla  Española. 


Hay  juncos  en  esta  isla  como  los  de  Es- 
paña ,  pero  menores  mucho ,  y  estos  en 
las  costas  de  algunos  lagos  y  estancos. 
Pero  hay  otros  que  en  España  llaman 
juncos  de  la  India ,  que  en  Castilla  é  otras 
partes  los  hombres  viejos  y  de  edad  traen 
por  bordones  é  algunos  por  auctoridad, 
que  son  de  tres  esquinas ,  gruesos  é  otros 
mas  delgados  é  muy  ligeros.  Estos,  aun- 
que allá  los  llaman  juncos ,  no  lo  son ;  é 
páselos  aqui,  para  quitarlos  deste  error  á 
los  que  assi  los  nombran ;  pero  en  la  ver- 
dad no  son  sino  hojas  de  gierto  género 
de  palmas  que  hay  acá,  en  estas  y  en  las 
otras  islas  destas  Indias,  é  muchos  mas 
en  la  Tierra-Firme.  Paresgióle  á  alguno 
llamarlos  juncos,  porque  en  lo  magigo 


destos  bordones  quieren  paresger  á  los 
juncos  en  aquella  forma  del  leño ,  ó  lo 
que  es;  pero  estos,  que  como  digo,  yo 
veo  que  se  llaman  en  España  juncos ,  son 
acá  palmas ,  é  nasgen  estas  hojas  desde 
el  pié,  é  muy  altas,  é  muchas  juntas ,  é 
no  se  hage  árbol  grande,  sino  un  gir- 
cuyto  grande  destas  hojas.  Y  estos  tallos 
de  enmedio  de  las  hojas  ó  el  lomo  dellas 
es  estos  bordones  ;  é  desde  bien  alto  de 
tierra  este  tallo  echa  las  hojas,  como  la 
palma.  Háylos  muy  gruesos ,  é  los  delga- 
dos se  llevan  á  España  para  aquellos  bá- 
culos de  los  hombres  angianos ;  pero  muy 
mas  gruesos  los  hallarán  que  dos  é  tres 
de  los  que  llevan  é  muy  ligeros  ó  de  po- 
co peso. 


Este  es  el  libro  uadégimo  de  la  primera  parte  de  la  Natural  y  General  historia  de  las 
Indias ,  Islas  y  Tierra-Firme  del  mar  Ogéano ;  el  qual  tracta  de  las  hiervas  é  simientes 
que  se  truxeron  de  España  á  esta  Isla  Española ,  é  de  otras  que  acá  se  hallaron 
é  son  naturales  destas  partes,  é  otras  cosas  convinientes  á  la  historia. 


PROHEMIO. 


Aunque  en  lo  que  hasta  aqui  se  ha  e»- 
cripto  se  haya  fecho  mención  de  algunas 
cosas  de  las  que  en  este  libro  ongeno  se 
tractáren  ó  tornare  á  explicar  con  mas  or- 
den ,  súfrese  por  la  continuagion  de  toda 
esta  Historia  natural,  porque  donde  se  to- 
có algo  de  lo  que  se  volviesse  á  repetir, 
fué  al  propóssito  de  lo  que  alli  se  tractaba, 
é  no  se  tornará  aqui  á  degir  tan  desnudo 
que  no  trayga  consigo  mas  relagion  de  la 
mesma  cosa,  y  para  mas  informagion  del 
que  lee,  y  porque  no  se  previerta  el  estilo 
destas  materias.  El  primero  capítulo  será 
general  é  de  aquellas  hiervas  é  simientes 
que  de  España  se  truxeron  á  esta  Isla 
Española,  en  los  pringipios  que  por  los 
chripstianos  se  conquistó  é  pobló;  é  de- 
girse  há  quales  de  ellas  se  hagen  é  au- 
mentan é  hay  ordinariamente.  Dicho  es- 
to ,  se  tractará  de  las  otras  hiervas  que 
en  estas  partes  se  hallan  é  son  acá  natu- 
rales ,  é  en  parte  ó  de  todo  punto  algu- 
nas semejantes  á  las  de  Castilla.  Última- 
mente se  dirá  de  algunas  plantas  é  hier- 
vas medeginales  y  provechosas  que  la 
natura  produge  en  esta  é  otras  islas  é  en 


ía  Tierra-Firme  (asignando  á  cada  una 
su  proprio  lugar  ó  tierra  donde  se  crian), 
que  no  las  hay  en  nuestra  España  ó  allá 
no  se  sabe  dellas.  Y  notificaré  las  pro- 
priedades  que  á  mi  notigia  ovieren  veni- 
do dellas ,  expresando  los  remedios  á  que 
son  apropriados ,  y  de  que  se  tiene  expe- 
riengia ;  todavia  con  la  protestagion  que 
en  otras  cosas  de  las  que  he  tractado 
protesté  y  aqui  quiero  protestar.  Y  es  que 
en  la  continuagion  desta  Natural  y  gene- 
ral Historia  de  Indias  siempre  se  yrán  des- 
cubriendo y  acresgentando  muchas  nove- 
dades é  secretos,  assi  en  las  cosas  por  mí 
escripias ,  como  en  otras  particularidades 
é  nuevas  plantas  é  hiervas  quel  tiempo  é 
la  natura  nos  yrán  cada  dia  manifestando. 
Lo  qual  todo  se  porná  en  sus  proprios  lu- 
gares, no  negando  á  cada  cosa,  de  que  se 
iractáre,  la  patria  donde  nasgieren  ,  en 
tanto  que  yo  pueda  hagerlo  é  la  vi- 
da me  acompañare,  para  que  cotf  mas 
géneros  de  diversas  materias  mas  gra- 
gias  se  den  á  Dios  nuestro  Señor,  que 
lodo  lo  hago  é  de  todo  le  somos  deb- 
dorcs. 


DE  INDIAS.  LIB.  XI.  CAP.  I. 


373 


CAPITULO  I. 


De  las  hiervas  c  plantas  que  se  han  traydo  de  España  á  esta  Isla  Española  é  á  otras  partes  destas  indias, 

é  quáles  ha9en  acá  simientes  é  quáles  no. 


JJe  Castilla  se  han  traydo  pepitas  de 
melones,  é  destos  hay  muchos  é  buenos 
quassi  todo  el  año  é  en  su  tiempo  y  sa- 
gon  hay  muchos  mas ;  pero  pocos  ó  mu- 
chos, no  faltan  lo  mas  del  tiempo  é  hagen 
muy  buena  simiente  é  no  hay  nesQessi- 
dad  de  la  traer  de  Castilla. 

llánse  traydo  pepitas  de  pepinos  é  há- 
dense muy  buenos:  é  la  simiente  que 
hagen  es  muy  buena  é  hay  mucha ,  é 
no  hay  nesgessidad  de  traer  ya  simiente 
de  Castilla  para  ellos,  porque  acá  hay 
mucha. 

Hiervabuena ,  la  qual  en  algunas  par- 
tes la  llaman  hierva  sancta,  y  en  otras  se 
dige  menta :  esta  se  hage  muy  bien  acá  é 
la  hay  todo  el  año ,  é  no  hay  nesgessidad 
de  la  de  Castilla ,  porque  prende  mucho 
é  donde  se  engepa,  se  conserva  y  au- 
menta. 

Verenjenas:  destas  no  es  menester 
traer  mas  simiente  dellas ,  porque  acá  les 
es  tan  natural,  é  á  su  propóssito  esta 
tierra,  coméalos  negros  la  Guinea,  por- 
que acá  se  hagen  muy  mejor  que  en  Es- 
paña, y  un  pié  de  verenjena  tura  dos  é 
tres  é  mas  años,  dando  siempre  verenje- 
nas ,  é  las  unas  están  pequeñas  é  las  otras 
mayores  é  otras  están  en  flor.  Yo  he  vis- 
to algunos  pies  de  verenjenas  muy  mas 
altos  que  la  coman  estatura  de  un  hom- 
bre. En  fin  se  hagen  mejor  que  en  parte 
alguna  de  España. 

Pésoles :  estos  se  hagen  acá  muy  bien 
y  es  muy  buena  legumbre:  dánse  en 
grand  abundangia;  Uámanse  en  Aragón 
judias  y  en  mi  tierra  arvejas  luengas. 
Destos  tampoco  hay  nesgessidad  de  traer 
mas  simiente ,  porque  en  estas  islas  y  en 


la  tierra-Firme  se  cojen  muchas  hanegas 
cada  año ;  y  en  la  provingia  de  Nicaragua 
son  naturales  de  la  misma  tierra  é  hay 
grandíssima  cantidad  de  hanegas  dellos 
cada  año  é  de  otros  fésoles  de  otras  ma- 
neras é  de  colores  diferengiados  é  otras 
legumbres,  como  havas  ó  mayores. 

Appio :  esta  hierva  se  truxo  de  España 
é  hayla  en  muchas  partes  é  casas  desta 
cibdad  é  en  los  heredamientos ;  é  no  hay 
nesgessidad  de  la  traer  mas  de  España, 
porque  se  hage  muy  bien,  é  como  enge- 
pa una  vez  gerca  de  algunas  agequias ,  é 
donde  tenga  agua,  no  falta  appio. 

(^aviras :  también  se  truxeron  de  Cas- 
tilla, las  quáles  son  aquellos  cardones 
verdes  é  gruesos,  de  que  hagen  el  agíbar: 
é  dánse  muy  bien  acá,  é  háylas  por  las 
casas  é  heredamientos  en  mucha  canti- 
dad, é  avria  quantas  mas  quisiessen  en 
estas  partes ,  dándose  á  tal  manera  de 
grangeria. 

Culantro :  esta  simiente  se  truxo  de 
Castilla  é  grana  acá ,  é  hágese  muy  bien, 
é  no  hay  nesgessidad  de  traer  la  simiente, 
si  se  quieren  dar  á  ello. 

De  las  cosas  que  se  renuevan,  trayendo 
la  simiente  de  España,  diré  lo  que  tengo 
entendido;  porque  aunque  granen,  no  es 
buena  la  simiente. 

Cogombros  se  han  fecho  en  est-a  isla 
de  la  simiente  que  se  truxo  de  Castilla, 
y  la  que  acá  echan  no  es  buena ,  y  hay 
nesgessidad  de  la  renovar. 

Lechugas  hay  muy  buenas  y  quassi 
todo  el  año  de  la  simiente  que  se  trae  de 
Castilla,  porque  la  que  acá  echan,  ni  es 
buena  ni  grana  bien. 

Rábanos  hay  buenos  y  quassi  en  todo 


374 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


tiempo;  pero  mejores  un  tiempo  que 
otro ,  y  la  simiente  que  hagen  no  es  bue- 
na é  es  menester  renovarla  é  traerla  de 
Castilla. 

Berros  hay  en  esta  cibdad  é  isla ,  con 
la  misma  dificultad  que  es  menester  reno- 
varse ;  y  son  pobres  acá  de  hojas  aunque 
son  buenos. 

Perexil  se  hage  muy  bien;  pero  no 
grana,  é  es  menester  que  se  trayga  la 
simiente. 

Cebollas :  de  la  simiente  de  Castilla  se 
hagen ;  pero  no  tales  como  las  de  Casti- 
lla ni  tan  grandes ,  é  las  que  acá  nasgen 
mejor  se  pueden  llamar  geboUetas  é  ge- 
bollones  ,  é  no  granan  acá ,  é  es  menes- 
ter traerse  la  simiente  de  Castilla. 

Coles  ó  vergas  de  aquellas  que  llaman 
llantas:  estas  son  de  la  forma  de  las  de 
Ñapóles  (pero  no  son  tales  estas) ;  y  tara- 
bien  hay  repollos,  que  se  digen  vergas 
murgianas,  é  hágense  aquí  muy  bien ;  pero 
es  menester  que  para  se  continuar,  se 
trayga  la  simiente  de  Castilla. 

Nabos :  essos  son  acá  buenos  ó  malos, 
como  agierta  la  simiente  que  para  ellos 
se  trae  de  Castilla;  pero  acá  no  tienen 


tal  sabor,  como  en  España,  porque  en 
fin  quieren  tierra  fria ,  non  obstante  que 
alguna  vez  agiertan  á  ser  tan  buenos  co- 
mo los  de  Somosierra,  si  la  simiente  es 
muy  buena. 

Canahorias  hagense  acá ;  pero  no  tales 
como  en  Castilla ,  ni  granan ,  é  son  agua- 
nosas é  desgragiadas. 

Romerachas  es  una  forma  de  rayges 
salvajes  que  paresgen  rábanos:  las  qua- 
les  yo  comí  en  Roma  é  Ñapóles  é  otras 
partes  de  Italia ,  y  aquí  assi  mismo  muy 
buenas  las  he  comido.  No  granan  aqui, 
é  por  esso  ha  mucho  que  ya  no  las  veo 
en  esta  isla. 

Cardos  se  han  hecho  assi  mismo  en 
esta  cibdad,  é  no  buenos  ni  maduran 
bien ,  y  amargan  harto ;  pero  quando  los 
hay  no  faltan  comedores  para  ellos,  ni 
los  dexan  de  loar  algunos  por  caros  que 
cuesten.  Mas  en  la  verdad  ellos  son  de 
mala  gragia  é  para  poca  estimagion. 

Agelgas :  también  se  trae  la  simiente 
de  Castilla  é  se  hagen  muy  buenas  en  es- 
ta cibdad ;  pero  para  se  continuar  siem- 
pre, es  menester  que  la  simiente  se  re- 
nueve, porque  no  grana  acá. 


CAPITULO    II. 


De  las  hiervas  que  hay  en  esta  Isla  Española ,  que  son  como  las  de  España  é  que  acá  las  avia ,  antes  que 
los  chripstianos  passasen  á  estas  partes,  é  son  naturales  de  la  tierra,  é  no  se  truxeron  de  Castilla. 


i  rimeramente  hay  chicoria ,  ó  cicoria; 
gerrajas  que  llaman  los  hervolarios  ros- 
trum  porcinum;  verdolagas  ó  perlulaca; 
berbena  ó  verbena ;  hiervamora  ó  sola- 
trum;  llantén,  al  qual  los  médicos  lla- 
man plantago ;  pan  y  quesillo ,  alias  bur- 
sa  pasloris;  altamisa ,  alias  matricaria; 
escudete,  alias  nenúfar;  albahaca  ú  ozi- 
mum  gariophiolatum ,  alias  basüipo ;  len- 
gua cerval  ó  scoloprendia ;  culantrillo  de 
pogo  ó  capülus  Veneris;  poleo  ó  polilri- 
que    politricum;    doradilla   ó    ceteraque; 


diantos  ó  adiantos ;  poleo  montesino ,  po- 
ligium  agreste;  persicaria  ó  herva  macula- 
ia;  malvavisco  ó  altea;  polipodio  ó  poli- 
podium;  muérdago  de  roble ,  aunque  nas- 
ge  acá  sobre  otros  árboles,  ó  viscus  quer- 
ci;  abrojos  de  mar  ó  tribulus  marinus.  Ble- 
dos, ó  bletum;  salvia  ó  lilifagus;  granos 
de  amor  ó  milium  solis ;  juncia  redonda  ó 
ciperus;  trébol  hidiondo  ó  trifolium  lepo- 
rinum.  Todas  estas  hiervas  hay  acá,  se- 
gund  lo  he  entendido  de  nuestros  boti- 
carios é  hervolarios  é  yo  he  visto  las  mas 


DE  INDIAS.  LIB.  XI.  CAP,  II. 


375 


dellas  en  estas  ludias.  Demás  de  las  que 
he  dicho,  hay  assi  mismo  é  son  acá  natu- 
rales ,  como  en  España,  heléchos  muchos 
y  de  muchas  maneras  en  el  tamaño  de- 
llos,  hasta  tanto  que  algunos  árboles  hay 
que  paresgen  deste  género  ó  á  lo  menos 
de  su  hoja  ;  manganilla  de  la  misma  ma- 
nera de  Castilla  y  de  las  mismas  flores  y 
olor;  gargas  de  las  mismas  de  España  y 
de  otras  muchas  maneras ,  é  algunas  mas 
gruesas  y  de  diferentes  flores ,  y  algunas 
dellas  de  muy  buen  olor ;  escaramujos  de 
los  raesmos  que  hay  en  Castilla  roxos  y 
de  la  mesma  hoja ;  marruvios ,  pero  no 
huelen  bien  é  son  mas  altos  que  los  de 


Castilla ;  tornasol  ó  girasol  ó  helitropia, 
mas  no  son  machos  que  no  echan  aque- 
lla fructa  ó  granos,  de  que  se  hage  la  tinta 
aguí,  para  iluminar  las  letras  cardinales 
que  suelen  hager  los  que  escriben  libros 
de  letra  redonda  ó  formada ;  malvas  co- 
mo las  de  España  quassi ;  pero  digen  es- 
tos boticarios  que  en  sus  efetos  son  per- 
fetas  malvas ;  mastuergo  é  culantro :  es- 
tas dos  hiervas  tienen  el  mismo  sabor 
que  el  mastuergo  é  culantro  de  Castilla; 
pero  son  de  otra  manera  de  hojas  mucho 
mas  anchas  y  las  del  culantro  algo  es- 
pinosas. 


CAPITULO  III. 


De  la  hierva  que  los  indios  llaman  y,  é  de  sus  utilidades  é  propriedad. 


rLu  esta  isla  é  otras  en  la  Tierra-Firme, 
en  muchas  partes  é  en  grandíssima  can- 
tidad, hay  una  hierva  que  se  llama  ?/,  la 
qual  es  muy  común  é  hay  mucha  abun- 
dangia  della,  é  los  campos  llenos.  En  al- 
gunas partes  nasge  por  sí  mesma  sin  in- 
dustria ni  trabaxo  de  los  hombres :  hage 
una  rama  luenga,  como  la  correhuela  ó  la 
yedra ,  é  quassi  de  aquella  hechura  tiene 
la  hoja,  salvo  ques  muy  delgada  la  de 
la  y.  Esta  es  muy  gran  pasto  y  bueno 
para  los  puercos  é  los  engorda  mucho ,  y 
es  á  su  propóssito  tanto  é  mas  que  en 
España  la  bellota ,  porque  en  sus  rayges 
hallan  mucho  gusto  é  mantenimiento.  En 
algunas  partes  se  purgan  los  hombres 
con  ella ,  en  espegial  en  la  Tierra-Firme 
un  tiempo ,  é  yo  la  vi  tomar  en  la  cib- 
dad  del  Darien  á  algunos  chripstianos ;  é 
es  tan  segura ,  que  se  puede  dar  á  un 
niño  ó  á  una  muger  preñada  ,  porque  no 
es  violenta  ni  para  mas  de  hager  retraer 
al  doliente  tres  ó  quatro  veges  á  la  pur- 
gagion.  Tómasse  desta  manera.  Majan 
mucho  esta  hierva ,  é  el  gumo  cuélanlo 


con  un  paño  de  lino  limpio ,  é  porque 
pierda  aquel  verdor  ó  sabor  húmedo  de 
la  hierva ,  échanle  una  onga  de  agúcar  á 
una  escudilla  della  que  quepa  hasta  qua- 
tro ó  ginco  ongas ,  é  bébela  en  ayunas, 
é  no  ha  de  dormir  el  doliente  hasta  que 
haya  purgado.  É  aunque  no  le  echen 
agúcar,  no  amarga ;  pero  si  no  hay  agú- 
car, échanle  un  poco  de  miel  á  la  canti- 
dad ques  dicho :  é  sin  lo  uno  ni  lo  otro 
se  puede  tomar.  Yo  vi  loar  mucho  esta 
manera  de  purga  á  los  mismos  que  la 
avian  tomado. 

Tiene  aquesta  hierva  unas  gentiles 
flores ,  á  manera  de  campanillas  ,  de 
quatro  dedos  é  mas  luengas  é  de  la 
misma  hechura  que  se  dixo  de  las  del 
bexuco ,  donde  del  se  tracto ,  salvo  que 
las  del  bexuco  son  blancas  y  estas  son 
aguíes,  de  una  muy  fina  é  linda  color. 
Hierva  es  que  en  esta  isla  y  en  las  otras  de 
aqueste  golpho  é  en  muchas  partes  de  la 
Tierra-Firme  la  he  visto  y  en  mucha  can- 
tidad ,  como  he  dicho ,  los  campos  llenos 
della  sin  se  poder  ver  la  tierra  ,  porque 


376 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


ella  en  sí  es  espesíssima  y  echa  tanta      jor  se  entienda,  acordé  de  la  pintar  aqni 
rama,  que  todo  lo  cubre ;  y  porque  me-      como  ella  es  al  proprio  [Lám.  4  .*  fig.  3."). 

CAPITULO  IV. 

De  la  planta  ó  árbol  que  los  indios  llaman  goaconax  y  los  chripslianos  le  llaman  bálsamo ,  del  qual  se  hace 
el  bálsamo  artifi9ial  para  las  heridas  é  para  otras  enfermedades;  é  de9¡rse  há  de  qué  manera  se  hage  aquel 

licor  que  en  estas  Indias  llaman  bálsamo. 


Hin  el  libro  precedente,  en  el  terger 
capítulo,  se  dixo  del  bálsamo  artificial 
que  en  estas  Indias  se  hage  del  árbol  goa- 
conax ,  el  qual  fué  hallado  por  Antonio 
de  Villasancta,  que  yo  conosgí  (é  poco 
tiempo  há  que  murió):  otros  digen  quel 
que  esto  enseñó  fué  Godro ,  philósopho 
italiano ,  que  yo  conosgí  é  murió  en  estas 
partes.  É  allende  desse  bálsamo  hay  otro 
que  también  le  digen  bálsamo,  sin  que  uno 
ni  el  otro  lo  sea ;  y  el  segundo  licor  (ó  lo 
que  es)  se  tiene  por  tan  bueno  ó  mejor 
que  el  primero ;  porque  á  muchas  per- 
sonas en  diversas  passiones  que  se  ha 
experimentado  ha  seydo  utilíssimo ,  en 
espegial  á  los  humores  frios  é  passiones 
que  de  frialdad  progeden :  del  qual  licor, 
hablando  mas  particularmente ,  digo  que 
se  hage  desta  manera.  Esta  es  una  plan- 
ta que  nasge  de  sí  mesma  sin  industria  de 
los  hombres ,  é  de  que  hay  mucha  can- 
tidad en .  esta  isla  é  en  otras  partes ,  é 
cresge  hasta  paresger  árbol  de  estado  é 
medio  de  altura  de  un  hombre  ó  quassi 
tanto  como  dos  estados  ( los  astiles  ó  va- 
ras ) ,  é  el  mas  gordo  es  como  el  dedo 
pulgar,  é  de  color  pardo.  Las  hojas  son 
verdes  é  gruesas  é  anchas,  é  por  de  den- 
tro son  mas  verdes  que  por  las  espaldas. 
Llamo  yo  las  espaldas  á  la  parte  que  tie- 
nen levantado  ó  mas  relevado  el  nervio 
que  va  por  la  mitad  de  la  hoja  desde  el 
pegón  á  lo  mas  alto  della.  El  qual  pegón 
no  es  verde ,  sino  quassi  colorado  ,  é  las 
hojas  en  algunas  partes  del  los  están  ma- 
ligadas  de  una  roxeza  ó  color  que  tira  á 
un  roxo  morado.  La  fructa  que  echa  son 


unos  ragimos  de  la  longitud  de  la  mano, 
extendidos  los  dedos,  é  llenos  de  uvas, 
é  cada  uva  ó  grano  tamaño  como  un  gar- 
bango ,  é  ralos  é  no  tan  juntos  como  son 
los  graos  de  las  uvas  de  las  parras  sal- 
vajes. Estos  granos  están  verdes  é  en 
alguna  parte  colorados  ó  algo  roxos, 
como  he  dicho ,  ques  la  color  de  los  pe- 
gones de  las  hojas:  é  quando  maduran, 
se  van  mas  colorando ,  é  después  de  bien 
maduros,  están  en  partes  quassi  morados 
escures ,  é  assi  son  también  los  ragimos 
de  las  uvas  ó  granos  del  árbol  dicho  goa- 
conax, é  en  el  fructo  poca  diferengia  hay 
de  lo  uno  á  lo  otro.  Pero  volvamos  al 
segundo  bálsamo ,  que  no  es  árbol ,  sino 
planta. 

Toman  los  cogollos  desta  planta ,  é 
aun  algunos  de  los  ragimos  de  su  fructa, 
é  hagen  trogos  aquellos  tallos  é  pónenlos 
á  coger  en  una  caldera  que  quepa  quatro 
arrobas  é  esté  hasta  la  mitad  llena  des- 
tos  cogollos  é  ragimos ,  é  hinchen  la  cal- 
dera de  muy  buena  agua,  é  pénenla  assi 
á  coger,  é  cuege  hasta  que  ha  menguado 
la  mitad;  é  después  apartan  la  caldera 
del  fuego  é  sacan  aquellos  tallos,  é  toman 
ó  tienen  ya  aparejados  otros  tantos  tallos 
é  ragimos  majados  é  échanlos  en  aquella 
agua,  é  acresgientan  otra  tanta,  como  la 
mitad  que  avie  menguado  la  primera  vez 
que  se  cogió.  Quiero  decir  que,  pues  al 
pringipio  con  los  tallos  enteros  é  sin  ma- 
jarlos se  echaron  quatro  arrobas,  que 
con  los  segundos ,  que  han  de  entrar  ma- 
jados ,  se  acresgiente  una  arroba  de  agua 
fresca  sobre  las  dos  que  quedaron  del 


DE  INDIAS.  LIB.  XI.  CAP.  IV. 


3/ 


primero  cog iiuiento ,  é  se  torne  al  fuego 
é  cuega  hasta  que  se  espese  é  se  torne 
como  arrope  ó  miel ;  é  estando  assi  se 
ha  de  quitar  del  fuego  é  dexarlo  assen- 
tar,  é  después  cuélanlo  por  un  Qedago 
de  gerdas  no  muy  ralo,  porque  el  orijo 
se  quite  é  quede  líquido  el  licor  ó  bálsa- 
mo artifigial ,  é  ponen  aparte  lo  limpio  en 
sus  botes  ó  redomas ;  é  untan  las  llagas 
ó  desgarraduras ,  é  aunque  falte  carne  en 
la  herida ,  restaña  la  sangre  é  cura  las 
llagas  maravillosamente.  É  algunos  di- 
gen  acá  ques  mejor  quel  bálsamo  de 
goaconax,  é  está  muy  experimentado. 
La  hoja  vera  desta  planta  al  natural  es 
como  aquesta  que  aqui  está  debuxada 
{Lám.  ^^  fig.  4.'),  puntiaguda  en  los  ex- 
tremos ,  assi  donde  fenesge,  como  en  la 
parte  del  pegón. 

Hagen  assi  mismo  agua,  sacada  por  al- 
quitara, de  los  tallos  ó  cogollos  de  la  cima 
desta  planta ,  ques  mejor  que  aguardien- 
te, é  muchos  se  hallan  bien  con  ella. 
Acaesgió  poco  tiempo  há  que  una  rueda 
de  una  carreta  tomó  á  un  negro  la  pier- 
na por  la  pantorrilla  al  luengo  é  no  de 
través,  porque  no  le  rompió  hueso  algu- 
no ;  mas  desgarróle  mucha  parte  de  la 
carne,  machucada  é  rota  é  de  tal  mane- 
ra, que  se  penssaba  que  perdiera  la  pier- 
na ó  la  vida  ó  quedara  en  mucha  man- 
quedad :  é  en  menos  de  veynte  dias  es- 
tuvo bueno  é  trabaxaba,  como  si  no  oviera 


tenido  mal  alguno,  solamente  ponién- 
dole con  este  licor  paños  de  liengo  lim- 
pios untados  en  él,  é  renovándolos,  cu- 
rándole una  ó  dos  veges  al  dia. 

Quando  duele  el  vientre  ú  otra  parte 
de  la  persona ,  si  es  de  frialdad ,  bebien- 
do algunos  tragos  del  agua  que  he  dicho 
que  se  saca  desta  planta,  luego  se  le 
quita  é  siente  mucha  mejoría;  é  conti- 
nuándolo ,  en  pocos  dias  se  quita  todo  el 
frió  é  humor  é  dolor  causado  de  frió.  Es 
planta  ó  esterpo  que  en  esta  isla  en  mu- 
chas partes  della  se  halla ,  é  es  probado 
todo  lo  questá  dicho ,  é  aun  pienssan  al- 
gunos que  deste  licor  tienen  experiengia, 
ques  mas  seguro  quel  licor  ó  bálsamo  del 
goaconax.  El  nombre  desta  planta  no  me 
le  supieron  degir ;  mas  mostráronmela ,  é 
es  muy  gonogida. 

En  la  verdad ,  innumerables  son  los  re- 
medios que  da  Jesu-Chripsto  á  sus  fieles  é 
infieles,  aunque  apartados  estén  de  los 
médicos  é  medegina  de  los  hombres ,  á 
los  unos  é  los  otros ,  como  piadoso  re- 
mediador de  la  humana  generagion. 

Pintóse  esta  hoja  desta  planta,  teniendo 
delante  una  de  la  misma  planta ,  é  pa- 
resge  un  hierro  de  los  de  Azpe  que  so- 
lian  usar  los  caballeros ,  é  está  bien  con- 
trahecha. Llamante  algunos  á  este  licor 
el  bálsamo  nuevo  ,  por  le  diferengiar  del 
goaconax. 


CAPITULO  V. 


De  la  hierva  ó  planta  llamada  perebefenuc  ,  é  de  sus  excelencias  é  virtudes  experimentadas. 


Jt  EREBEgENcc  es  una  hierva  ó  planta  assi 
llamada  ,  é  hay  mucha  della  en  esta  isla. 
Los  chripstianos  la  llaman  la  hierva  de 
las  llagas :  otros  la  digen  hierva  de  los 
remedios.  Es  maravillosa  y  exgelente  por 
muchas  experiengias  é  por  muchas  per- 
sonas examinada,  sin  la  qual,  é  sin  las 
TÜAIO  1. 


que  tengo  dicho,  es  de  creer  que  hay 

otras  muchas  hiervas  é  plantas  é  árboles 

innumerables  apropriados  á  nuestras  pas- 

siones  é  llagas  humanas.  Pero  cómo  los 

indios  antiguos  son  ya  muertos  ,  assi  se 

ha  acabado  con  ellos  el  conosgimiento 

que  por  su  aviso  se  pudiera  aver  de  pro- 
48 


378 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


priedades  semejantes  é  otros  muchos  se- 
cretos de  natura.  Digo  de  lo  que  estaba 
ya  experimentado  ó  sabido  por  los  na- 
turales desta  nuestra  isla ;  é  todo  lo  que 
agora  se  puede  degir  es  poco  é  no  bien 
entendido,  porque  esta  generación  es 
tan  avara  desso  poco  que  sabe ,  que  por 
ningún  interese  ni  bien  que  se  les  haga 
quieren  manifestar  cosa  destas ,  en  espe- 
cial de  las  que  podrían  aprovechar  á  los 
chripstianos,  si  son  medeginales  (porque 
esta  manera  de  sgiengia  es  parte  de  su  se- 
ñorío). Y  las  cosas  que  han  alcangado  á  sa- 
ber no  ha  seydo  por  la  voluntad  de  los  in- 
dios, sino  por  no  lo  poder  encubrir;  y 
aunque  algunas  cosas  he  oydo  degir  que 
son  para  diversos  remedios,  ni  querría  ni 
acostumliro  perder  tiempo  en  relatar  cosas 
confusas  ó  no  claras ,  y  por  tanto  no  diré 
sino  lo  que  fuere  notorio  y  probado  é 
visto  por  mis  ojos  ó  de  los  de  personas 
que  merezcan  crédito. 

Desta  hierva  llamada  perebegenuc  hay 
gran  moltitud  della  en  esta  isla  y  en  la 
Tierra-Firme  en  muchas  partes,  en  los  he- 
redamientos y  en  los  campos  é  bosques, 
y  las  verdolagas  no  son  acá  mas:  que  no 
lo  puedo  mas  encaresger,  por  las  mu- 
chas que  hay  dellas.  Esta  planta  ó  ester- 
po  tiene  muchas  hojas  anchas  y  agudas 
en  las  puntas  y  delgadas  y  tractables  ó 
blandas ,  y  en  el  talle  quieren  paresger 
hierros  de  langas  pequeños  ,  como  si  qui- 
siessen  enseñar  á  los  hombres  que  son 
para  curar  las  heridas  de  las  tales  langas, 
ó  llagas.  En  la  color  son  verdes ,  y  las 
puntas  dellas  algo  moradas ,  é  los  astiles 
ó  tallos  en  que  nasgen  estas  hojas,  son 
assi  mismo  quassi  morados  é  de  la  color 
de  las  puntas  de  las  hojas ,  aunque  algu- 
nas hay  que  no  son  puntiagudas  é  son 
algo  mas  romas ;  pero  las  unas  é  las  otras 
tienen  los  extremos  de  aquella  color,  en- 
tre leonado  é  morado.  Quando  esta  hier- 
va é  sus  tallos  son  nuevos  é  no  mas  al- 
tos que  hasta  la  rodilla  é  eslan  tiernos, 


están  para  curar  las  llagas,  como  ade 
lante  se  dh'á;  é  después  cresgiendo,  su- 
ben hasta  ser  como  planta  ó  esterpo  é 
aun  quassi  árbol.  Echa  unas  flores  colora- 
das como  un  coral,  luengas  é  á  manoji- 
cos  ó  fluecos,  juntas  como  el  hinojo,  pero 
apartadas  unas  de  otras,  é  longueguelas 
é  delgadas  estas  flores.  El  fructo  questa 
planta  echa  son  unas  uvas  negras ,  como 
las  que  echa  la  hiervamora ;  é  en  un 
tiempo  (en  expegial  en  los  meses  de  di- 
giembre  é  enero )  tiene  la  fructa  é  las  flo- 
res que  he  dicho  juntamente ,  é  mas  en 
el  mes  de  margo  c  aun  en  el  mes  de  abril, 
porque  unas  matas  maduran  antes  que 
otras.  Quando  esta  plañía  ha  cresgido  de 
todo  punto ,  es  tan  alta  ó  mas  que  un 
hombre ,  ó  estado  é  medio ,  é  paresge 
árbol,  é  aun  tiene rayges  é  regias  ramas, 
é  tal  hay  que  tiene  el  tronco  como  la  mu- 
ñeca del  brago  de  un  hombre  regio.  Su 
operación  es  maravillosa,  é  muy  exge- 
lente  medegina  é  tan  fágil  y  sin  passíon 
en  el  curar,  que  paresge  bien  que  la 
quiso  Dios  señalaré  aventajar  entre  otras, 
por  muy  apropriada  para  las  llagas,  aun- 
que sean  viejas  é  de  mal  semblante  é  dis- 
pusigion  ó  enconadas  ó  quassi  incurables; 
é  usan  del  remedio  desta  hierva  de  la 
forma  que  adelante  diré.  É  llamóla  hier- 
va ,  aunque  he  dicho  qucs  esterpo  ó  plan- 
ta, porque  quando  nasge  é  aun  quando 
está  de  dos  ó  tres  palmos  alta  ,  hierva  es 
hasta  que  sube  al  altor  que  le  quita  el 
nombre  de  hierva ;  é  los  indios  no  usan 
della  para  sus  llagas ,  sino  quando  es  pe- 
queña é  tiernos  los  cogollos ,  antes  que 
se  empine  ó  endurezca  ó  crezca  mucho. 
Cuegen  un  puño  de  aquesta  hierva  (digo 
los  tallos  é  hojas  mas  tiernos ) ,  tanta  can- 
tidad como  se  podrá  iucluyr  ó  compre- 
hender  con  una  mano,  ó  de  la  grosega 
de  la  muñeca  del  brago ,  é  después  que 
de  un  agumbre  de  buena  agua  que  echen 
con  aquel  manojo  de  la  hierva  á  coger  en 
una  olla,  oviere  menguado  la  lergiapar- 


DE  INDIAS.  LIB.  XI.  CAP.  V. 


379 


te,  quitan  la  olla  de  sobre  el  fuego  é  dé- 
xanla  estar  assi  con  la  hierva  hasta  que 
está  quassi  fria,  é  toman  un  paño  de  lino 
limpio  (que  no  sea  camisa  de  muger)  en 
un  poco  de  aquella  agua  é  lavan  la  llaga; 
(3  después  de  bien  lavada,  enxúganla  lim- 
piamente con  sus  paños  blancos  de  lino. 
Hecho  aquesto,  toman  hojas  crudas  de  la 
misma  hierva  é  tuértenlas  ó  mastrújanlas 
ó  pástenlas  entre  las  palmas  de  las  ma- 
nos, é  assi  sacan  el  gumo,  y  en  aquel 
mojan  hilas  de  liengo  blancas  é  limpias, 
é  assi  mojadas,  pénenlas  sobre  la  llaga  é 
atañías  con  una  venda  de  lino;  é  assi 
fecho  esto  dos  veges  al  dia,  cura  las  Ha- 
gas en  breve  tiempo.  Algunos,  en  lugar 
de  hilas,  no  curan  de  poner  sino  la  misma 
hierva  assi  torgida  entre  las  palmas,  des- 
pués que  se  ha  lavado  la  llaga ,  como  se 
dixo  primero,  é  átanla  por  engima  é  sana 
muy  presto  la  herida.  Digo  llaga,  porque 
para  heridas  fechas  á  mano  con  el  espada  ó 
cuchillo  é  regientes,  no  es  esto,  sino  para 
otras  llagas  de  otras  ocasiones.  Digo  mas: 
que  en  mi  casa  he  curado  yo  o  fecho  cu- 
rar (en  veges)  muchos  indios  é  esclavos 
negros  mios,  é  aun  algunos  chripstianos, 
é  han  sanado  muy  bien  :  y  en  verdad  al- 
gunos dellos  de  tales  llagas,  que  me  cos- 
taran muchos  dineros  del  girujano,  é  no 
sé  si  las  supiera  curar;  é  desta  manera, 
sin  darles  pecunia  ni  gragias  ( sino  solo  á 
Dios),  se  curan.  Porque  estos  negros  é 
indios ,  como  andan  al  campo  trabaxan- 
do  y  la  tierra  es  mala  de  piernas  (por  ser 
humedíssima),  de  un  rascuño  é  de  poca 
cosa  se  hagen  llagas  muy  malas ;  y  cómo 
al  pringipio  es  la  llaga  ó  herida  pequeña 
é  no  se  curan  é  hagen  poco  caso  della, 
encónase  é  hácense  muchas  veges  llagas 
malas ;  pero  todas  se  curan  de  la  manera 
que  he  dicho.  Yo  he  tenido  indios  que 
por  su  maligia  propria  6  por  no  trabaxar, 
ó  ellos  mismos  se  hieren,  ó  se  ponen  al- 
gunas hojas  de  hiervas  que  conosgen  que 
en  breves  horas  se  hagen  una  ó  dos  lla- 


gas ó  las  que  les  plage  en  un  pie  6  pier- 
na ,  adonde  quieren ,  é  viénense  de  la 
hagienda  acá  (á  la  cibdad)  coxquean- 
do ,  por  bellaquear  é  no  hager  nada  ni 
trabaxar:  é  socorremos  á  la  maligia  suya 
con  esta  hierva,  é  sanan  contra  su  volun- 
tad antes  de  lo  que  querían,  para  que  se 
vuelvan  á  la  hagienda.  Y  aun  desque  está 
bueno,  solemos  ayudarle  con  una  dogena 
de  agotes,  porque  escarmiente;  y  es  tan 
buena  medegina  para  algunos,  como  la 
hierva,  é  no  lo  torna  á  hager.  La  hoja 
desta  perebegenuc  es  de  la  forma  que 
aqui  está  pintada  [Lám.  4."  fig.  5.°)  y  de 
tal  figura,  salvo  ques  mayor  la  hoja  questa 
pintura ,  é  alguna  es  menor ;  y  el  maliz 
ó  sombra  questas  hojas  llenen  en  las  pun- 
tas deste  debuxo,  hásc  de  entender  ques 
lo  que  tienen  como  morado,  y  el  palillo  ó 
astilejos  é  pegones  assi  mismo  como  de  co- 
lor de  unos  bledos  que  hay  algo  morados  ó 
leonados.  No  digo  de  los  que  en  Castilla 
llaman  moriscos ,  que  son  muy  colorados, 
sino  de  los  bledos  comunes  de  comer:  que 
los  tallos  dellos  tienen  la  color  mas  roxa 
que  leonada  é  todo  el  restante  de  la  hoja 
es  verdeé  muy  delgada  é  blanda.  Quan- 
do  está  muy  alta ,  ques  planta  ó  esterpo, 
tiene  el  tronco  é  ramas  é  cortega  como 
una  carrasca  ó  engina,  pero  mas  delgada. 

Después  de  la  primera  impression,  supe 
de  dos  pringipales  personas  desta  cibdad 
de  Sancto  Domingo ,  veginos  fidedignos, 
dos  secretos  desta  hierva ,  que  cada  uno 
por  sí  é  ambos  la  ensalgan  é  subliman  é 
decoran  por  una  de  las  mas  exgelentes 
cosas  questan  acá  sabidas  y  experimen- 
tadas en  lo  que  agora  se  dirá;  y  en  la 
verdad ,  tanto  mas  es  ragon  de  estimar- 
se, quanto  cada  una  de  las  enfermedades 
es  mas  odiosa  é  aborresgida.  Y  diré  cada 
una  por  sí,  de  la  manera  que  he  entendi- 
do el  remedio  de  ambas  dolengias. 

Estando  un  hombre  pringipal  desta  cib- 
dad ,  que  hoy  vive  (é  testifica  de  sí) ,  en- 
fermo de  un  encordio  quassi  tres  años 


^so 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


avia,  con  una  profunda  llaga  é  mala  en 
«na  lugre  é  con  mucha  passion ,  é  avien- 
do  gastado  mucho  de  su  hacienda  con 
médicos  é  cirujanos  é  pendiente  mucha 
costa;  é  aun  aviéndole  corlado  muchos 
pedagos  de  carne  dañada  sin  le  aprove- 
char, antes  se  sospechaba  que  tal  llaga 
era  incurable:  aviendo  este  nuestro  ve- 
cino oydo  algunas  curas  questa  hierva 
hagia ,  acordó  de  la  probar  é  desamparar 
los  giriijanos,  é  tomó  por  estilo  de  se  la-, 
var  la  llaga  dos  veges  al  dia  con  el  agua 
desta  hierva,  cogida  en  la  manera  que  es- 
tá dicha ,  ó  ponerse  unas  hilas  blancas  ó 
algunas  veges  un  poco  de  la  misma  hier- 
va ;  é  luego  desde  á  dos  días  sintió  me- 
nos enconada  la  Haga,  é  á  los  nueve  dias 
estaba  colorada  é  comida  toda  la  carne 
mala,  é  á  los  quinge  dias  fue  sano  de 
todo  punto ,  con  tanta  fagilidad  que  que- 
dó espantado  el  enfermo  ,  é  otros,  vien- 
do esto  ,  muy  maravillados  ,  dando  gra- 
gias  á  Dios,  como  á  médico  verdadero  é 
salud  de  nuestras  vidas  é  ánimas.  ítem: 
en  el  mal  de  estrangurria  se  ha  visto  y 
experimentado  en  personas  extremada- 
mente apassionadas  que  han  sanado  me- 
diante esta  hierva ;  para  lo  qual  sacan 
el  gumo  majándola,  é  colando  aquel  gu- 
mo,  lavan  el  fundamento  é  partes  baxas 
é  en  torno  de  la  bedija,  é  todo  el  caño 
por  de  fuera  é  donde  sienten  dolor  é  la 
passion  se  freqüenta.  É  después  questá 


assi  lavado,  toman  la  hierva  majada  con 
su  gurao  é  pónenla  en  los  lugares  que  he 
dicho ,  y  en  breves  horas  é  antes  que  pas- 
se  un  dia  natural  de  veynte  é  quatro  ho- 
ras, hage  orinar  é  rompe  la  piedra  é  pone 
total  remedio  á  tal  passion. 

Parésgeme  que  cada  una  destas  cosas 
es  tan  grande  y  de  tanta  estimagion,  que 
aunque  yo  no  oviesse  trabaxado  en  estas 
materias,  inquiriendo  sus  efetos  en  lo  que 
he  escripto  dellas ,  sino  por  saber  esto, 
yo  quedo  muy  bien  pagado  y  contento 
de  mis  vigilias,  pues  plasgerá  á  Nuestro 
Señor  que  por  mi  aviso  puedan  conse- 
guir saludable  remedio  los  que  tales  pas- 
siones  tovieren.  Algunos  cortan  los  ta- 
llos tiernos  con  las  hojas  desta  hierva  é 
los  dexan  secar,  fechos  manojos,  á  la  som- 
bra donde  no  les  dé  el  sol ,  é  secos  los 
muelen  é  hagen  polvos  é  los  passan  por 
un  gedago  é  los  guardan:  é  quando  quie- 
ren curar  alguna  llaga,  lávanla  primero 
con  el  agua  desta  hierva,  si  se  puede 
aver ,  é  si  no  enjugan  la  Haga  lo  mejor 
que  pueden,  é  echante  los  polvos  é  po- 
nen engima  sus  hilas  ó  paños ,  é  come 
toda  la  carne  mala  é  trae  la  buena  é  la 
restituye  en  su  color  é  la  encuera  é  sana 
en  breve  tiempo.  Sanado  han  en  esta 
cibdad  muchas  llagas  con  estos  polvos; 
pero  digen  que  escuegen  mucho  mas  que 
curando  con  la  hierva,  estando  verde  é 
con  el  agua. 


CAPITULO    Vi. 

De  Ja  jfi'ierva.  que  en  esta  Isla  Española  se  llama  curi-á;  y  aparlo  la  o,  porque  assi  se  ha  de  acentuar. 


Una  exgelente  hierva  hay  en  esta  Isla 
Española  y  en  muchas  casas  desta  cibdad 
de  Sancto  Domingo  la  crian  algunos  para 
adornar  sus  jardines:  llámanla  curi-á.  Assi 
que,  la  ase  ha  de  degir poquito  después 
que  se  dige  curi,  para  agentuarla  como  el 
indio  la  nombra.  Es  muy  fresca  é  de  buen 


paresger:  nasge  muy  apretada  una  con 
otra  é  baxa  en  tierra;  é  para  que  siempre 
esté  verde  é  no  se  seque,  ha  de  aver  dos 
cosas:  la  una  que  se  riegue  en  las  tardes, 
caydo  el  sol  cada  dia ,  ó  á  lo  menos  cada 
tergero  dia  ,  é  de  ocho  á  ocho  dias  tres- 
quilarla  ó  tundirla  igualmente  con  unas 


DE  INDIAS.  LIB.  XI.  CAP.  VI. 


381 


lixeras  (como  suelen  hager  las  mesas  de 
los  arrayganes  en  algunos  monesterios  ó 
jardines).  Digen  que  hay  macho  é  hembra 
en  esta  hierva:  echa  flores  moradas  é 
muy  pequeñitas  é  lindas ,  é  granan  en  el 
mes  de  enero.  La  hoja  paresge  á  la  de  la 
salvia,  aunque  esta  es  mas  puntiaguda  é 
mas  delgada  é  mas  verde,  é  quiere  algo 
paresQer  á  la  del  lentisco  ó  murta ,  non 
obstante  quesla  es  mas  delgada.  Su  olor 
es  muy  semejante  al  trébol,  é  assi  se  sa- 
ca el  agua  en  alquitaras,  para  rogiar  la 
ropa  é  ponerla  de  buen  olor.  Aquesta 
agua  es  muy  procurada  de  las  mugeres, 
poiques  caliente  é  sirve  á  sus  passiones. 


é  aprieta  é  deseca ;  é  si  se  lavan  los  lo- 
mos con  ella  ingita  venere. 

Dexo  otras  propriedades  aparte.  Se 
estima  mucho ,  porque  es  apropriada  á 
las  llagas  é  las  sana,  lavándolas  con 
ella  é  con  hilas  é  paños  limpios,  como 
lo  testifican  personas  de  crédito  que  por 
experiengia  lo  saben.  En  las  caxas  ó  ar- 
cas que  está  el  agua  desta  curia ,  no  en- 
tran las  cucaragag,  que  es  harto  bien  é 
previlegio  singular  para  estas  partes,  en 
estas  Indias,  por  la  infinidad  que  hay 
en  esta  cibdad  é  otros  pueblos  destas 
cucaragas  que  extragan  é  ensugian  la 
ropa,  etc. 


CAPITULO    VII. 

De  cierta  manera  de  lirios  que  liay  en  la  Tierra-Firme,  é  de  sus  extremadas  flores  de  nueva  forma. 


n 


[ay  en  Castilla  del  Oro  en  muchas  par- 
tes, y  señaladamente  en  el  puerto  del 
Nombre  de  Dios  en  la  misma  playa ,  jun- 
to á  la  mar,  gran  cantidad  de  lirios  blan- 
cos con  una  manera  de  flor  extremada 
é  cosa  muy  de  ver ,  como  aqui  está  de- 
buxada.  Nasgen  espesíssimos  por  toda 
aquella  playa,  é  paresgen  espadañas, 
cxgepto  que  el  verdor  de  aquellas  hojas 
es  mas  claro  que  el  de  las  espadañas  de 
Castilla :  é  echan  en  el  medio  un  tallo  ó 
varifla  de  tres  palmas  de  alto,  poco  mas  ó 
menos ,  y  en  el  medio  hage  una  manera 
de  ñudo,  de  que  salen  tres  óquatro  hojas 
cortas  é  de  la  fagion  de  las  del  assiento, 
é  de  alli  salen  tres  ó  quatroé  ginco  tallos 
que  es  cada  uno  una  rosa,  é  de  la  mitad 
del  tallo  arriba  cada  uno  dellos  se  va  em- 
blanquesgiendo ,  é  la  manera  é  blancor 
es  como  de  propria  agugena,  é  aquellas 
seys  hojas  que  penden,  son  de  la  mesma 
manera  é  tez.  É  de  entre  essas  seys  ho- 
jas sale  una  flor  blanca  é  mas  delgada  la 
materia ,  é  sube,  como  aqui  está  figurada 
[Lám.  i.",  fig.  6.")  é  hage  seys  puntas,  é 


de  la  mitad  della  salen  seys  lomicos ,  é 
en  el  extremo  de  cada  uno  tiene  atrave- 
sados unos  trogicos  ó  palillos  amarillos, 
é  de  la  mitad  de  la  misma  rosa ,  entre 
aquellos  seys  astilicos,  sale  otro  vastagui- 
to  ó  astilejo  verde,  con  una  cabegica  re- 
donda. En  fin  es  muy  extremada  flor  é 
huele  muy  bien ,  é  de  la  manera ,  é  no 
con  menos  suavidad,  que  las  agugenas  de 
Castilla.  Los  chripstianos  las  llaman  ge- 
bollas  albarranas,  porque  abaxo,  en  el 
nasgimiento  debaxo  de  la  tierra,  todo 
aquel  golpe  de  hojas  verdes  que  pares- 
gen  espadañas  ó  lirios ,  salen  de  una  ge- 
bolla  blanca ;  pero  es  error  que  no  son 
gebollas  albarranas,  ni  son  pongoñosas, 
sino  Urios  blancos,  como  he  dicho.  Mu- 
chas veges  las  vacas  é  otros  ganados  co- 
men estas  hojas ;  pero  no  los  matan  ni 
hagen  mal,  salvo  que  queman,  segund  lo 
hagen  las  hojas  de  los  lirios,  é  desta  cau- 
sa, aunque  las  vacas  é  otros  animales 
coman  algunas  hojas  destas,  dexan  de 
comer  por  el  ardor ;  pero  no  mueren  ni 
les  hagen  otro  daño. 


382 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  VIII. 


l)ela  hierva  que  los  indios  de  a  provincia  é  lengua  de  Cueva,  en  la  Tierra-Firme,  la  llaman  peronea  é  de 
-^  propriedades  é  efelos :  la  qual  provincia  es  en  la  goberna9Íon  de  Castilla  del  Oro. 


sus 


JLa  hierva  perorica,  en  la  Tierra-Firme, 
en  la  gobernagion  de  Castilla  del  Oro ,  en 
la  lengua  é  provingia  de  Cueva ,  es  muy 
excelente  hierva  é  experimentada  por 
muchos.  Hierva  es  muy  verde,  é  el  tallo 
pringipal  suyo  es  tan  alto  é  mas  que  la 
estatura  de  un  hombre  de  buen  cuerpo, 
y  de  ahy  para  abaxo  hay  alguna  menor. 
Sus  hojas  son  anchase  luengas,  como  un 
palmo  é  asaz  puntiagudas,  é  el  vastago 
magigo  :  es  hierva  medeginal.  Su  olor  es 
quassi  como  torongil ;  son  mas  delgadas 
las  hojas  que  las  de  la  yedra.  Usan  mu- 
cho los  indios  de  la  Tierra-Firme  desta 
hierva,  quando  tienen  llagas  en  las  pier- 
nas, é  para  su  remedio,  toman  una  hoja 
destasé  caliéntanla, para  que  se  enxu- 
gue  é  marchezca  é  pónenla  sobre  la  lla- 
ga,  é  de  quando  en  quando,  dos  ó  tres 
veges  al  dia,  la  mudan  é  ponen  otras  ho- 
jas é  brevemente  sanan  la  herida  [Lám.  4  .* 
fig.  7.*).  ítem  :  si  duelen  las  piernas  ó  los 
bragos ,  ponen  engima  de  aquella  parte 
que  duele  estas  hojas  é  sanan  con  ellas, 
ítem  :  es  saníssimo  baño ,  cogiendo  estas 
hojas  é  lavando  las  piernas  con  ellas ,  é  el 
agua  quita  el  cansangio  é  pesadumbre  de 
la  persona.  Aquellos  astilejos  pintados 
de  blanco  é  verde,  que  son  astilejos  dere- 
chos que  nasgen  del  mismo  nasgimiento 
de  la  hoja  son  blancos  é  redondicos,  co- 
mo graphielados  propriamente ,  é  lo  blan- 


co es  desde  un  dedo  mas  alto  de  don- 
de nasge  para  arriba  é  tan  luengo,  como 
un  xeme  ó  menos  é  muy  delgado,  mas 
que  el  tallo  de  la  hoja  que  con  el  tal 
nasge.  É  en  sus  males  se  ayudan  mucho 
los  indios  desta  hierva  é  la  presgian  mu- 
cho, é  los  chripstianos  no  la  tienen  en 
poco,  aunque  hay  mucha  é  en  muchas 
partes :  é  en  otras  la  dessean  los  que  la 
conosgen,  porque  aun ,  demás  de  ser  tan 
provechosa  medegina  á  los  hombres  en 
lo  que  está  dicho  é  en  otras  passiones, 
matan  con  ella  los  gusanos  que  á  los 
puercos  seleshagen,  por  algund  golpe  ó 
herida.  É  do  quiera  que  los  haya,  toman 
esta  hierva  é  májanla ,  é  assi  majada  con 
su  gumo,  pónenla  en  la  parte  que  están 
los  gusanos,  é  en  breve  espagio  los  ma- 
ta é  se  caen  é  se  salen  ellos  por  sí  fuera 
de  la  llaga,  donde  estaban. 

Esto  yo  lo  he  visto  de  la  manera  que 
lo  he  dicho  en  la  cibdad  del  Nombre  de 
Dios ,  que  es  donde  primero  yo  vi  aques- 
ta hierva ;  pero  en  muchas  partes  de  la 
Tierra-Firma  la  hay ,  é  la  llaman  algunos 
la  hierva  de  los  gusanos,  porque  tiene 
la  propriedad  que  es  dicho  en  los  matar, 
é  sana  las  llagas  dellos.  E  porque  en  to- 
das las  partes  no  la  pueden  aver,  hacen 
polvos  desta  hierva  ó  de  las  raygés  do- 
lía, é  hagen  lo  mismo  con  ellos,  pero 
mucho  mejor  con  la  hierva  fresca. 


DE  INDIAS.  LIB.  XI.   CAP.  IX. 


3^3 


CAPULLO  IX. 


De  la  hierva  llamada  coygaraca  é  de  sus  propriedades. 


JLia  hierva  coygaraca  es  una  y  tan  sin- 
gular y  experimentada  en  estas  nuestras 
Indias,  en  especial  en  Castilla  del  Oro, 
que  los  indios  la  tienen  en  mucho  para  las 
llagas,  aunque  sean  viejas,  porque  con 
ella  se  come  é  quita  la  carne  mala,  é  se 
curan  con  tanta  íagilidad,  que  es  cosa 
maravillosa  é  muy  evideníe  medegina.  É 
cómo  la  tierra  en  estas  partes  es  humidís- 
sima  é  mal  sana  de  piernas,  muy  á  me- 
nudo los  indios  andan  llagados  en  ellas, 
assi  los  hombres  como  las  mugeres,  é 
para  su  remedio  usan  desta  hierva,  como 
agora  diré.  Toman  la  hierva  é  lléganla 
al  fuego  para  que  se  marchezca,  ó  la 
dexan  estar  algund  espacio  después  que 
la  han  cortado  para  que  se  marchite;  é 
pénenla  sobre  la  llaga,  sin  hager  otra  di- 
ligencia alguna ,  é  cura  como  un  cáusti- 
co é  mejor,  é  ningund  solimán  es  tal.  É 
lo  que  se  pone  en  la  llaga  es  lo  que  la 
hoja  tiene  para  fuera ,  que  no  es  tan  ver- 
de en  la  color,  como  lo  que  tiene  para 
dentro,  hágia  aquellas  verguillas  que  en 
la  mitad  desta  hierva  nasgen,  tan  altas 
como  dos  ó  tres  palmos  ó  menos ,  é  de- 
rechas é  no  mas  gruesas  que  aquí  están 
figuradas,  é  en  el  cabo  ó  extremo  de 
cada  una  verga ,  sendas  cabeguelas  ó  al- 
carchophillas ,  de  la  propria  manera  que 
las  echan  unas  escobas  que  en  el  reyno 
de  Toledo  (alias  Carpentania)  se  llaman 
de  algaravia:  á  lo  menos  en  Madrid, 
donde  yo  nasQÍ,  assi  las  nombran.  É  á 
la  punta  de  la  cabezuela  es  la  color  como 
morado ,  é  sale  en  medio  de  essas  cabe- 
zuelas un  flueco,  en  lugar  de  flor  que  pa- 
resge  seda  de  color,  como  blanco  escuro 
é  roxo  que  tira  á  color  de  púrpura  ó  mo- 
rado. É  aquellos  tallos  ó  aslilejos  que  sa- 


len de  enmedio  desta  hierva  son  huecos, 
é  cada  uno  dellos  tiene  su  cabeguela  ó 
papávero  de  la  manera  que  es  dicho ,  é 
en  los  extremos  declinan  para  abaxo.  Las 
hojas  por  defuera  son  de  un  color  de  ver- 
de claro  que  quiere  tirar  á  blanco ,  é  en 
la  parte  de  dentro  son  muy  verdes.  Las 
astas,  en  que  están  aquellas  cabeguelas, 
son  quatro  é  mas  é  menos ,  é  las  hojas 
ginco  ó  seys  recogidas  en  un  nasgimien- 
to  ó  pringipio  como  la  lechuga;  é  assi 
paresge  mucho  lechuga  en  la  verdor  é 
frescor  suyo,  é  algunos  penssarian  que 
es  lechuga,  si  no  toviese  aquellos  astilejos 
que  he  dicho. 

Lo  que  tiene  debaxo  de  tierra  es  rayz, 
é  creo  yo  que  aunque  es  pequeña  no  de- 
be estar  sin  alguna  propriedad  buena, 
pues  las  hojas  hagen  lo  que  es  dicho.  La 
hoja  es  doble  ancha  ó  mas  que  aqui  está 
debuxada,  la  qual  fué  contrahecha  te- 
niendo delante  la  misma  coygaraca,  é 
assi  se  llama  en  la  lengua  de  Cueva, 
donde  yo  la  he  visto  en  el  Darien,  é  en 
Acia ,  é  en  el  Nombre  de  Dios ,  é  en  otras 
partes  de  la  Tierra-Firme.  Suelen  secar 
esta  hierva  é  guardan  los  polvos  della, 
para  el  efeto  que  es  dicho,  algunos  chrips- 
tianos,  después  que  la  conosgieron;éaun 
assi  mismo  sacan  el  agua  della  por  al- 
quitara, assi  de  las  hojas  como  de  los  ta- 
llos é  cabeguelas ,  é  toda  ella  como  aqui 
está  pintada.  E  quando  tenian  algunas 
llagas,  usaban  lavarse  con  aquella  agua, 
é  ponerse  hilas  limpias  é  sanaban ,  en 
espegial  las  llagas  que  no  fuesen  de  he- 
rida de  armas,  sino  de  otras  ocasiones. 
Pero  los  indios,  como  he  dicho,  quando 
se  curaban  con  las  hojas,  remudábanlas 
una  ó  dos  veges  al  dia ,  é  quando  querían 


384 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


dormir,  poníanse  otra  hoja.  Amiparesger 
ella  está  muy  bien  contrahecha,  y  de 
manera  que  basta  para  la  conosger  por 
este  áehuKo' [Lám.   4.'  fig.   8."),  y  ha- 


ber dicho  donde  la  hallen  para  que  pue- 
dan inquirir  mas  propriedades  de  ella: 
que  bien  creo  yo  que  no  está  sin  otras, 
demás  é  allende  de  lo  que  está  dicho. 


CAPITULO  X. 


Del  toroiifril  de  la  Tierra-Firme. 


E 


n  término  del  Darien,  en  la  provin- 
cia de  Cemaco  é  en  otras  partes  de  la 
Tierra-Firme ,  donde  se  habla  la  lengua 
de  Cueva,  hay  una  hierva  que  huele  muy 
bien  é  paresge  mucho  en  la  hechura  é 


manera  de  ella  á  la  que  en  Castilla  lla- 
mamos hiervabuena ,  é  en  el  olor  es  pro- 
priamente  como  torongil ,  é  assi  la  llaman 
los  españoles;  pero  la  rama  desta  es  mas 


luenga. 


CAPITULO   XL 

i^ela  hierva  magney,  la  qnal  hay  en  la  Tierra-Firme  cerca  de  la  provincia  de  Araya  é  de  la  gente  que 

llam#n  agoreros. 


Vuerca  de  Araya  hay  una  gente  que  lla- 
man los  agoreros  en  la  Tierra-Firme,  á 
causa  de  gierta  fructa  que  se  llama  assi 
mismo  agoreros:  é  gerca  destos  están 
otras  gentes  que  se  digen  los  magueyes, 
á  causa  que  una  hierva,  como  cardones, 
(mas  sin  espinas) ,  se  llama  assi  maguey, 
de  que  alli  hay  mucha  abundangia  della: 
la  qual  paresge  mucho  á  la  cabuya ,  de 
quien  se  higo  memoria,  y  aun  la  debu- 
xé  como  ella  es,  en  el  libro  VII,  cap.  XI, 
que  tractade  la  agricoltura.  Non  obstan- 
te lo  qual,  se  dirá  aqui  de  aquesta  hierva 
lo  que  alli  no  se  dixo  (que  el  tiempo  des- 
pués me  ha  enseñado)  é  lo  uno  é  lo  otro 
me  compete ,  y  aqui  quadra  muy  bien, 
pues  que  aqueste  libro  habla  en  hier- 
vas. 

Esta  se  planta  é  da  mucho  fructo  é  di- 
versas utilidades,  porque  en  la  Nueva 
España  hagen  della  é  de  su  hilo  mantas 
é  gapatos,  é  de  su  xugo  vino  é  arrope. 
E  la  rayz,  después  que  ha  dado  los  pro- 
vechos que  es  dicho,  la  sacan  tan  grue- 


sa ,  como  un  barril  de  los  que  en  España 
é  en  esta  Isla  nuestra  Española  caben 
tres  arrobas  é  quatro  é  algo  mas  ó  me- 
nos ,  é  la  cuegen  é  comen,  é  también  ha- 
gen  del  maguey  muy  buenas  sogas.  Aque- 
lla gente  que  assi  nombran  los  españoles 
magueyes,  despencan  esta  hierva,  élaca- 
bega  ó  gepa  della  cuégenla  é  hágese  un 
manjar  asaz  bueno  é  de  mucho  manteni- 
miento. É  de  las  hojas  sacan  el  gumo  por 
sudor  de  fuego, amanera  de  destilallo,  é 
de  aquello  beben  aquella  gente,  é  nunca 
beben  agua  ni  la  ven  dulge ,  salvo  la  de 
la  mar  que  no  se  sufre  beber,  ni  la  beben, 
ni  tienen  agua  dulge,  ni  alU  se  halla,  ni 
hay  rio  ni  fuente  ni  pogo  ni  charco  ni 
laguna,  ni  en  toda  su  vida  beben  agua, 
exgepto  quando  llueve,  ques  alli  muy  po- 
cas veges  en  el  año ,  é  algunos  años  se 
passan  sin  llover  poco  ni  mucho :  é  quan- 
do algunas  veges  acaesge  llover  é  en  al- 
gunos hoyos  en  tierra  acaso  se  recojo  al- 
guna agua  é  se  hagen  charcos,  beben  alli 
algunos  indios  dessos,  como  lo  haria  un 


DE  INDIAS.  LIB.  XI.  CAP.  XI. 


385 


perro  ú  otro  animal;  topando  aquella 
agua  acaso ;  pero  no  porque  les  pone  ni 
tengan  cobdÍQÍa  del  agua ,  por  estar  cria- 
dos é  habituados  á  no  la  beber  jamás. 

Esta  gente  que  los  chripstianos  lla- 
man magueyes  por  la  causa  ya  dicha, 
se  llaman  en  su  lengua  chacopati.  Es- 
tos é  otros  de  aquellas  comarcas,  quan- 
do  la  luna  está  eclipsada,  se  juntan  con- 
tra ella  é  le  tiran  muchas  saetas,  digiendo 
que  está  enojada  contra  ellos,  é  que  por 
esso  no  les  ha  de  dexar  ninguna  cosa  de 
sus  bienes ;  é  por  este  respecto  luego  dan 
orden  en  hager  serra,  que  quiere  degir 


trocar  quanto  tienen ,  é  todo  lo  baratan 
é  truecan  los  unos  con  los  otros,  porque 
les  paresge  á  ellos  que  mudando  las  co- 
sas de  un  dueño  á  otro,  se  aparta  aquel 
peligro  que  tenian  de  las  perder.  É  aun 
van  de  unos  lugares  á  otros  á  hager  los 
mismos  cambios  é  truecos  con  sus  veci- 
nos é  con  quien  les  paresge,  hasta  que 
no  les  queda  joya  ni  otra  cosa  sin  la  tro- 
car ó  hager  serra,  que  quiere  degir  lo 
mismo  en  la  lengua  desta  nuestra  isla  de 
Hay  ti  ó  Española.  Mas  en  aquella  lengua 
de  los  magueyes ,  alias  chacopati ,  serra 
ó  trocar  quiere  degir  iichihican* 


CAPITULO  XII. 


Que  Iracta  de  la  hierva  mOQOt ,  assi  llamada  en  la  provincia  de  Nicaragua. 


Ítxoqot  es  una  hierva  muy  excelente  que 
en  Nicaragua  es  muy  presgiada  de  los  in- 
dios. Es  hierva  baxa:  la  hoja  della  es  pi- 
cada ,  como  la  hiervabuena ,  de  puntas; 
pero  es  áspera  é  no  tanto  como  hortigas. 
El  astilejo,  en  que  nasge,  ó  su  tallo  es 
quadrado  é  áspero  en  cada  esquina.  En 
la  summidad  ó  altura  de  cada  tallo  echa 
unos  granillos  por  el  tallo  arriba,  que 
son  la  flor  é  simiente  desta  hierva ,  la 
qual  se  pega  mucho  á  la  ropa.  Esta 
hierva  es  muy  singular  para  las  llagas 
de  todas  suertes  (exgepto  para   las  de 

*  Ya  en  el  capítulo  XXII  del  libro  VI  ó  de  los 
Depósitos  refirió  el  autor ,  casi  con  las  mismas  pa- 
labras ,  esta  superstición  y  pereg'rina  costumbre  de 
los  chacopati  ó  magueyes,  asi  como  las  demás  co- 
sas (relativas  á  esta  generación)  que  se  contienen 
en  el  presente  capítulo.  Siendo  el  referido  libro  VI 
como  depósito  y  arsenal  de  cuanto  raro  y  extra- 
ordinario habia  llegado  á  oidos  de  Oviedo,  cuando 


bubas).  Para  curar  las  otras,  han  de  la- 
var la  llaga  con  agua  caliente  tibia ,  é 
tomar  esta  hierva  é  majarla  é  haberla 
pasta,  é  de  aquella  poner  dos  veges  al 
dia  sobre  la  llaga ;  é  sana  muy  presto ,  é 
es  remedio  muy  usado  é  experimentado 
por  los  indios  de  Nicaragua.  É  quando 
yo  estuve  en  aquella  tierra,  la  comenta- 
ban á  usar  los  españoles  que  vivian  en 
la  cibdad  de  León ,  alias  Nagrando ,  en- 
tre los  que  tenian  nesgessidad  della,  é  la 
oy  loar  mucho  á  algunos  que  se  avian 
curado  con  esta  hierva  é  los  avie  sanado. 

preparaba  la  segunda  edición  de  estas  historias, 
creíble  es  que  se  propusiera  suprimir  este  pasage  ó 
ampliarlo  en  la  forma  que  lo  hace  con  otros  mu- 
chos ,  adquiridas  nuevas  y  mas  seguras  noticias. 
Sin  embargo  en  el  códice  autógrafo  que  tenemos  á 
la  vista ,  ninguna  diferencia  se  advierte,  fuera  de 
las  variantes  que  pueden  ver  los  lectores  en  el  co- 
tejo de  ambos  capítulos. 


TOMO  1. 


49 


Este  es  el  libro  duodécimo  de  la  Natural  y  general  historia  de  las  Indias ,  islas  y 
Tierra-Firme  del  mar  Océano  :  el  qual  tráete  de  los  animales  que  en  esta  Isla  Española 
se  hallaron,  quando  los  españoles  primeros  á  ella  vinieron ,  é  quáles  se  Iruxeron  de  Es- 
paña :  é  generalmente  de  todos  los  otros  animales  que  hasta  el  tiempo  pressente  se 
han  visto,  é  de  que  hay  notigia  en  otras  islas  é  en  la  Tierra-Firme. 


PROHEMIO. 


Jr  linio  en  su  Natural  Historia  tracto 
en  el  libro  VIII  de  los  animales  terres- 
tres, porque  le  convino  ó  paresgió  ser 
assi  conforme  á  su  propóssito ;  y  cómo  al 
mió ,  aunque  sea  de  ymitarle  en  las  dis- 
tinciones é  géneros  de  las  cosas  que  es- 
cribo (ó  en  muchas  dellas),  no  me  pa- 
resge  que  es  de  substancia  el  número  de 
ocho  ó  nueve  ú  otro  cuento  alguno  del 
libro,  para  la  razón  historial  é  intento  que 
prosigo ;  por  tanto  quise  en  este  número 
doge  degir  de  los  animales  que  en  esta 
Isla  Española  se  hallaron  ( al  tiempo  que 
á  ella  vinieron  los  primeros  chripstianos 
con  el  almirante  don  GhripstóbalColom). 
Y  también  será  fecha  memoria  de  los  que 
por  industria  de  los  españoles  se  han 
traydo  y  multiplicado  en  esta  isla  é  In- 
dias, de  los  que  hay  en  España  (non  obs- 
tante la  distangia  de  tan  extendidos  ma- 
res y  navegagion).  Fecho  esto  ,  tractaré 
de  todos  los  otros  animales  (en  quien  no 
se  habló  en  la  primera  impression  que 
tuvo  esta  primera  parte  de  la  General  his- 


toria deslas  Indias);  y  degirse  han  todos 
aquellos  que  en  ellas  hay,  de  que  se  ten- 
ga verdadera  notigia  hasta  el  tiempo  pres- 
sente, en  qualesquier  islas  ó  partes  de  la 
Tierra-Firme,  dando  á  cada  animal  su  pro- 
pria  patria  donde  se  han  visto  ó  se  sepa 
que  los  hay;  por  quel  jaez  de  la  materia  y 
calidad,  de  que  aqui  se  tractáre,  se  halle 
junto ,  y  se  dé  notigia  de  los  animales  que 
acá  son  naturales  é  semejantes  á  los  de 
España  y  de  Europa,  ó  que  allá  le  son 
notorios,  como  de  otros  que  en  Castilla 
no  so  saben  y  en  estas  nuestras  Indias  se 
han  visto  por  los  españoles  y  milites  de 
César.  Y  también  escribiré  de  las  ser- 
pientes é  culebras  é  otros  animales  pon- 
goñosos  de  qualquier  manera  que  sean, 
anexos  á  la  materia  é  propóssito  de  tal 
historia  ,  pues  que  assi  mismo  el  auctor 
alegado  lo  hizo  desta  manera.  Y  con  esto 
cumpliré  lo  que  prometí  en  la  primera 
impression  que  diria  en  la  segunda  é  ler- 
gera  partes  destas  historias :  al  qual  pro- 
metimiento aqui  satisfago,  porque  como 


DE  INDIAS.  LIB.  XII.  PROHEMIO. 


387 


he  dicho,  esté  junto  lo  que  es  de  una  for- 
ma de  tractado,  como  mas  largamente  se 
verá  en  los  capítulos  adelante  escriptos, 
particularizando  é  distinguiendo  cada  ani- 
mal por  sí. 

Del  número  octavo  me  pares^e  á  mí 
que  Plinio  tuvo  razón  de  aplicarle  al  nú- 
mero de  los  animales  terrestres,  pues  que 
en  ocho  partes  ó  vientos  principales,  en 
que  se  divide  la  esphera ,  que  son :  leste 
id  est  oriente,  sueste,  sur  ó  austro,  su- 
dueste,  oeste  ú  ocgidente,  norueste,  nor- 
te ó  septentrión ,  nordeste ,  en  todas  es- 
tas partes  quiso  tocar  ó  comprehender  y 
expegificar  los  animales  que  en  essas  se 
hallaban  ó  él  supo.  Mas  yo  hallo,  y  es 
assi  como  la  Sagrada  Escriptura  lo  tie- 
ne *,  que  ocho  personas  solamente  se  sal- 
varon en  el  arca  de  Noé,  que  fueron  él 
é  sus  tres  hijos  Sem ,  Cam  é  Japhet  é  sus 
mugeres  de  todos  quatro ,  é  con  estos  los 
animales  de  todas  aquellas  espegies  é  gé- 
neros que  Dios  mandó  ser  reservados  é 
libres  del  diluvio,  para  la  restauración  de 
los  hombres  é  de  los  animales  ragionales. 
Y  pues  destas  ocho  personas  progedieron 
lodos  los  que  después  han  seydo  y  al 
pressente  son  y  serán ,  mucho  dexó  Pli- 
nio por  degir ;  y  razón  es  que  le  ayude- 
mos á  escrebir  lo  quél  no  supo  ni  halló 
escripto  en  las  partes  australes  é  occiden- 
tales destas  nuestras  Indias  ni  en  las  otras 
regiones  dellas.  Y  no  me  paresge  que  es 
menos  buen  título  para  el  pressente  libro 
el  número  duodécimo,  pues  que  en  estas 
partes,  donde  estos  animales,  de  que  aqui 
se  tracta,  están ,  é  los  hombres  é  gentes 
que  de  la  caxa  ó  arca  que  he  dicho  subge- 
dieron ,  les  avemos  los  españoles  (debaxo 
de  la  bandera  de  Jhesu  Chripsto  y  de  la  real 
de  Castilla)  dado  notigia  de  doge  após- 

i     Génesis,  cap.  VII. 

2  Johan,  cap.  VI. 

3  Exodus,  cap.  XVI. 

4  Fructusspirilus  sunt:  charilas,  gaudium,  pax, 
ele.  (Ad  Caíalas,  5). 


toles  (aunque  yo  no  dubdoaver  alguno  ó 
algunos  dellos  passado  á  estas  partes) ,  y 
de  doge  artículos  de  la  fé ,  é  de  doge  signos 
celestiales ,  y  de  doge  meses  en  el  año ,  y 
de  doge  espuertas  llenas  que  sobraron  de 
los  cinco  panes  *  é  dos  peces,  con  que  el 
Redemptor  hartó  cerca  de  cinco  mili  hom- 
bres ;  y  de  doce  fuentes  de  agua  en  He- 
lim  ,  donde  vinieron  los  hijos  de  Israel  ', 
é  de  doce  fructos  del  Espíritu  Sánelo,  que 
son:  la  caridad,  el  gozo,  la  paz,  la  pa- 
ciencia ,  la  constancia,  la  bondad,  la  be- 
nignidad ,  la  mansedumbre ,  la  fé ,  la  mo- 
destia é  templanca ,  la  continencia  é  cas- 
tidad *.  ítem,  doce  patriarchas  en  la  ley 
vieja ;  doce  tribus  de  Israel  '.  Doce  años 
avia  Chripsto,  quando  se  perdió  en  Hie- 
rusalem  de  la  vista  de  su  gloriosa  Madre, 
é  se  apartó  en  el  templo  á  enseñar  la 
Sánela  Escriptura  é  darla  á  entender  á  los 
sabios  é  ancianos  de  le  vieja  ley:  i?i  ñlo 
tcmpore  cúm  factus  esset  Jhesus  annorum 
duodecim  *.  ítem,  doce  mili  reales  de  plata 
envió  á  Hierusalem  Judas  Macabeo  á 
ofrescer  por  los  pecados  de  los  fina- 
dos^: doce  bueyes  ofrecieron  los  doce 
príncipes  del  pueblo  de  Israel,  con  seys 
carros,  para  llevar  el  Sancta  Sancto- 
rum  ';  assi  que  cada  príncipe  ofresció  un 
buey.  Doce  varones  de  los  doce  tribus 
mandó  Dios  á  Josué  que  sacasen  doge 
piedras  de  las  que  'estaban  enmedio  del 
rio  Jordán,  quando  les  abrió  las  aguas  del, 
é  que  las  llevasen  al  primero  lugar  donde 
assentassen  real ,  é  tomassen  otras  doce 
piedras  grandes  de  fuera  é  las  pussiessen 
en  medio  del  rio,  para  que  alli  quedassen: 
lo  qual  fué  para  memoria  deste  miraglo 
á  las  generaciones  venideras ,  que  todas 
las  doce  tribus  de  Israel  passaron  por  el 
rio  en  seco  ^.  Doce  espías  mandó  Dios  á 


Génesis,  cap.  XLVI. 
Luc,  cap.  11. 
Numeri,  cap.  Vil. 
Machab.,  cap.  XII. 
Josué,  cap.  IV. 


388 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


Moyssen,  estando  en  el  desierto,  queen- 
viasse  á  ver  é  considerar  la  tierra  de  Ca- 
naam ,  é  de  cada  tribu  fué  una  espia  ,  é 
á  cabo  de  quarenta  dias  volvieron  con  la 
relagion  *.  Todas  estas  historias  sagra- 
das, assi  las  figuras  como  lo  figura- 
do, se  dá  á  entender  á  estas  gentes  sal- 
vajes que  tan  olvidadas  é  apartadas  es- 
taban de  la  Iglesia  cathólica.  ítem;  doQe 
años  turó  el  triunvirato  de  Octaviano 
é  Lépido  é  Marco  Anthonio ;  é  des- 
pués que  quedó  todo  el  señorío  en  Oc- 
taviano ^  é  fué  monarca  en  el  universso, 
entre  los  años  de  su  imperio,  fué  doce 
dellos  pacífico  señor  del  mundo,  qaando 
mandó  escrebir  el  número  de  todos  los 
mortales  á  él  subjetos  * :  en  el  tiempo  de 
la  qual  paz  universal  é  tranquilidad  del 
género  humano  nasgió  el  Redemptor  *, 
para  nuestra  redempgion ;  y  en  esta  sa- 
gon  estuvo  doge  años  gerrado  el  Delu- 
bro  (ó  templum  pacis  *) ,  donde  se  guar- 
daban las  armas  é  municiones  é  pe- 
trechos  de  guerra  de  los  romanos ;  é  en 
el  tiempo  que  las  puertas  de  aquel  tem- 
plo estaban  abiertas,  avia  guerra. 

Por  manera ,  que  infiero  deste  número 
duodécimo,  que  es  hermoso  é  sancto  é  diño 
de  no  olvidarle  algún  cathólico,  é  que  qua- 
dra  al  libro  de  animales ;  pues  que  estas 
gentes  destas  Indias,  aunque  racionales  y 
de  la  misma  estirpe  de  aquellas  ocho  per- 
sonas de  aquella  sancta  arca  é  compañía 
de  Noé ,  estaban  ya  fechas  irracionales  y 
bestiales  con  sus  idolatrías  y  sacrificios 
y  cerimonias  infernales ,  y  gocaba  el  dia- 


blo de  sus  ánimas  tantos  siglos  há ;  y  por 
medio  de  la  real  silla  de  Castilla  é  bien- 
aventurados Reyes  Cathólicos ,  don  Fer- 
nando V  de  tal  nombre,  é  de  doña  Isa- 
bel ,  de  gloriosa  memoria ,  é  de  la  Cesá- 
rea magestad  del  Emperador  Rey  ,  don 
Carlos ,  nuestro  señor ,  su  nieto ,  y  en 
virtud  de  la  doctrina  y  armas  de  sus  ín- 
clitos españoles  espirituales  é  tempora- 
les (ó  eclesiásticos  é  seglares),  esta  doc- 
trina evangélica  de  los  doce  apóstoles  se 
ha  exercitado  y  traydo  á  estas  partes  con 
la  industria  é  guia  del  Espíritu  Sancto, 
cuyo  ministro  é  adalid  fué  el  memorable 
don  Chripstóbal  Colom ,  primero  descu- 
bridor destas  Indias.  É  assi  continua- 
mente se  han  convertido  y  convierten 
estos  indios  á  Dios,  é  se  van  encorpo- 
rando  en  la  república  chripstiana,  sin  ce- 
sar ni  dexar  perder  tiempo  en  tan  sancto 
exercicio  con  estos  animales  racionales, 
ayudándolos  á  conoscer  á  Dios  é  á  sal- 
var sus  ánimas.  Y  entretanto  que  los  re- 
ligiosos é  perlados  assi  se  aplican  á  tan 
sancta  obra ,  é  la  gente  de  guerra  á  do- 
mar é  sobjuzgar  los  inobidientes  é  ingra- 
tos á  Dios  é  fugitivos  de  tan  alto  conos- 
Cimiento,  quiero  yo  ocuparme  en  la  re- 
lación destos  otros  animales  irracionales, 
para  que  con  lo  uno  y  lo  otro  y  quanto 
esta  General  Historia  contiene ,  se  puedan 
dar  muchas  gracias  á  Dios ,  si  el  letor  no 
fuere  descuydado ;  pues  que  el  leer  no  ha 
de  ser  para  el  gusto  de  leer  ó  entender  co- 
sas nuevas,  sino  para  alabar  y  mejor  co- 
noscer al  Criador  é  causa  de  todas  ellas. 


í     Numeri,  cap.   XIII. 

2  Suetonio  Tranquilo. 

3  Luce,  cap.  H. 


4    Ovid.,lih.  I,  Ve  fastis. 

3    Danlhe ,  canto  VI  de  la  III.'  cántica. 


DE  INDIAS.  LIB.  XII.  CAP.  I. 


389 


CAPITULO  I. 


Del  animal  llamado  hutia. 


Avia  en  esta  Isla  Española  é  en  las  otras 
deste  golpho  comarcanas  á  esta ,  un  ani- 
mal llamado  hutía ,  el  qual  era  de  quatro 
pies,  á  manera  de  conejo ,  pero  algo  me- 
nor é  de  menores  orejas,  é  las  que  tiene 
este  animal  é  la  cola  son  como  de  ratón. 
Matábanlos  con  los  perros  pequeños  que 
los  indios  tenian  domésticos ,  mudos  que 
no  sabian  ladrar ;  y  muy  mejor  los  caga- 
ban los  chriptianos  con  los  perros  lebre- 


les é  galgos  é  sabuesos  é  aun  gozques  é 
podencos  de  los  que  se  truxeron  de  Es- 
paña. Son  de  color  pardo  gris,  segund 
testifican  muchos  que  los  vieron  é  co- 
mieron ,  é  los  loan  por  buen  manjar ; 
é  al  pressente  hay  en  esta  cibdad  de 
Sancto  Domingo  y  en  esta  isla  muchas 
personas  que  lo  digen.  Destos  anima- 
les ya  no  se  hallan ,  sino  muy  raras  ve- 
ges. 


CAPITULO  IL 


Del  animal  llamado  quemi,  é  de  su  forma. 


l^uEMí  se  llama  otro  animal  de  los  des- 
ta  Isla  Española ,  el  qual  yo  no  he  visto, 
ni  al  pressente  se  hallan ,  segund  muchos 
afirman.  Este  es  un  animal  de  quatro 
pies  é  tan  grande  como  un  podenco  ó 
sabueso  mediano;  y  es  de  color  pardo 
como  la  hutia ,  é  del  mismo  talle  ó  ma- 
nera, exgepto  que  el  quemi  es  mucho 
mayor.  Muchas  pei'sonas  hay  en  la  isla  y 


en  esta  cibdad  que  vieron  é  comieron  es- 
tos animales  é  le  aprueban  por  buen  man- 
jar ;  mas  en  la  verdad ,  segund  lo  que  se 
ha  dicho  y  se  sabe  de  los  trabaxos  é 
hambres  que  los  primeros  pobladores 
passaron  en  esta  isla ,  presumirse  debe 
que  todo  lo  que  fuesse  de  comer  les  pa- 
resgeria  enlonges  muy  bueno  é  sabrosso, 
aunque  no  lo  fuesse. 


CAPITULO  III. 


Del  animal  llamado  mohuy. 


iTlonüY  es  un  animal  algo  menor  que 
hutia:  la  color  es  mas  clara  y  assi  mismo 
es  pardo.  Este  era  el  manjar  mas  pres- 
gioso  ó  estimado  en  mas  de  los  cagiques 
ó  señores  desta  isla ;  é  la  fagion  del  muy 
semejante  á  hutia ,  salvo  que  el  pelo  te- 
nia mas  grueso  é  regio  (ó  tieso) ,  é  muy 


agudo  é  levantado  ó  derecho  para  suso. 
Yo  no  he  visto  este  animal;  mas  de  la 
manera  que  tengo  dicho,  muchos  digen 
que  es  assi ,  é  en  esta  isla  hay  muchos 
hombres  que  lo  vieron  é  comieron  é  loan 
esta  carne  por  mejor  que  todas  las  que 
es  dicho. 


390 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  IV. 


Del  animal  llamado  cori. 


V-40RI  es  un  animal  de  quatro  pies  é  pe- 
queño ,  del  tamaño  de  gagapos  medianos. 
Paresgen  estos  coris  espegie  ó  género  de 
conejos,  aunque  el  hogico  le  tienen  á  ma- 
nera de  ratón ,  mas  no  tan  agudo.  Las 
orejas  las  tienen  muy  pequeñas,  é  tráen- 
las  tan  pegadas  ó  juntas  continua  ó  natu- 
ralmente ,  que  paresge  que  les  faltan  ó 
que  no  las  tienen.  No  tienen  cola  alguna: 
son  muy  delicados  de  pies  é  manos,  des- 
de las  junturas  ó  corvas  para  abaxo :  tie- 
nen tres  dedos  é  otro  menor,  é  muy  soti- 
les.  Son  blancos  del  todo,  é  otros  de  todo 
punto  negros ,  y  los  mas  manchados  de 
ambas  colores.  También  los  hay  bermejos 
del  todo,  é  algunos  manchados  de  blanco 
é  bermejo.  Son  mudos  animales  é  no  eno- 


josos é  muy  domésticos ,  é  ándanse  por 
casa  é  tiénenla  limpia  é  no  chillan  ni  dan 
ruydo  ni  roen,  para  hager  daño.  Pasgen 
hierva,  é  con  un  poco  que  les  echen,  de 
la  que  se  les  da  á  los  caballos,  se  sostie- 
nen ;  pero  mejor  con  un  poco  de  cagabi 
é  mas  engordan ,  aunque  la  hierva  les  es 
mas  natural.  Yo  los  he  comido  é  son  en 
el  sabor  como  gagapos,  puesto  que  la 
carne  es  mas  blanda  é  menos  seca  que 
la  del  conejo.  Hartos  hay  al  pressente 
aqui  y  en  otras  muchas  islas  y  en  la  Tier- 
ra-Firme :  en  espegial  en  la  provingia  de 
Veneguela  son  muy  mayores  de  lo  ques 
dicho  é  quassi  tamaños  como  conejos; 
pero  mas  salvajes  que  los  ques  dicho  do 
suso,  é  el  pelo  como  bardas. 


CAPITULO  V. 

De  los  perros  que  ovo  en  esta  Isla  Española  é  los  que  hay  al  pressente. 


K  erros  gozques  domésticos  se  hallaron 
en  aquesta  Isla  Española  y  en  todas  las 
otras  islas  que  están  en  este  golpho  (po- 
bladas de  chripslianos) ,  los  quales  cria- 
ban los  indios  en  sus  casas.  Al  pressente 
no  los  hay :  é  quando  los  ovo,  los  indios 
tomaban  con  ellos  los  otros  animales  to- 
dos, de  quien  se  ha  hablado  en  los  capí- 
tulos de  suso ,  y  eran  estos  perros  de  to- 
das aquellas  colores  que  hay  perros  en 
España ,  algunos  de  una  sola  color  é  otros 
manchados  de  blanco  é  prieto  ó  bermejo 
ó  bargino  ó  de  las  colores  é  pelo  que  sue- 
len tener  en  Castilla.  Algunos  bedijudos, 
otros  sedeños ,  otros  rasos ;  pero  los  mas 
destos  acá  son  entre  sedeño  é  raso ,  y  el 
pelo  de  lodos  ellos  mas  áspero  que  le 


tienen  los  nuestros,  é  las  orejas  avivadas 
éálalerta,  como  la  tienen  los  lobos.  Eran 
todos  estos  perros  aqui  en  esta  é  las  otras 
islas  mudos ,  é  aunque  los  apaleassen  ni 
los  matassen,  no  sabian  ladrar :  algunos 
gañen  ó  gimen  baxo,  quando  les  hagen 
mal.  Los  españoles  que  vinieron  con  el 
almirante  primero,  en  el  segundo  viaje 
que  higo  á  esta  isla,  se  comieron  todos 
estos  perros,  porque  morian  de  hambre  é 
no  tenian  qué  comer;  pero  manjar  es  pa- 
ra no  desecharle  los  que  le  tienen  en 
costumbre.  En  la  Tierra-Firme,  en  muchas 
partes  della ,  é  en  la  Nueva  España ,  los 
hay  en  grand  cantidad ;  é  donde  yo  los 
he  visto  es  en  la  provingia  de  Sancta 
Marta  algunos ,  y  después  vi  muchos  en 


PE  INDIAS.  LIB.  XII.  CAP.  V. 


391 


la  gobernación  de  Nicaragua ,  y  he  co- 
mido de  algunos  dellos  y  es  muy  buen 
manjar;  y  á  la  verdad  de  aquel  que  yo 
comí  fueron  dos  ó  tres  bocados  é  no  pens- 
sando  que  era  perro.  É  llegué  donde 
pierios  amigos  comían  de  uno  muy  gor- 
do é  muy  bien  assado  é  untado  ó  larda- 
do é  con  ajos,  é  no  me  supo  mal:  antes 
de  ver  aquellos  compañeros  que  yo  con 
buen  gusto  é  aliento  entraba  en  ello,  uno 
dellos  dixo  :  «Señor,  no  será  malo  que 
nos  llevemos  de  aqui  algunos  perros  des- 
tos,  pues  que  también  os  saben.»  En  la 
verdad  á  mí  me  pessó  de  averio  comido 
é  no  comí  mas:  ni  dexara  de  comer  has- 
ta que  se  acabara ;  pero  pues  mas  no  pu- 
do ser  de  averio  comido ,  como  quien  lo 
ha  probado ,  digo  que  me  supo  bien  é 
que  quissiera  que  me  avisaran  mas  tarde. 
El  caso  es  que  todos  los  españoles  que  lo 
han  probado,  loan  este  manjar  é  digen  que 
les  paresge  no  menos  bien  que  cabritos. 

En  aquella  provingia  de  Nicaragua  ha- 
blan la  misma  lengua  que  en  la  Nueva 
España,  é  al  perro  llaman  xulo,  y  destos 
xulos  crian  muchos;  y  quando  alguna 
fiesta  principal  se  hage  entre  indios ,  co- 
men estos  perros  por  el  mas  presgioso  é 
mejor  manjar  de  todos,  é  ninguno  come 
la  cabega,  si  no  es  calachuni  ó  teyte,  id  est 
rey  ó  persona  la  mas  principal  del  con- 
vite: la  qual  traen  guisada  sin  quitar  de- 
lla  ni  desechar  sino  solamente  los  pelos, 
porque  el  cuero  é  los  huesos  y  todo  lo  de- 
mas  está  fecho  de  manera ,  en  un  gierto  po- 
taje, que  paresge  magamorra  ó  de  polea- 
das ó  un  almidón.  Y  si  el  cagique  ó  aquel 
señor  no  la  quiere,  después  que  él  ha  co- 
mido alguna  cosa  de  la  cabega  (assi  gui- 
sada), él  la  dá  de  su  mano  al  que  quiere 
mas  honrar  de  los  convidados. 

Quanto  al  no  ladrar  estos  perros,  se- 
yendo  cosa  tan  natural  á  los  gozques  é 
perros  de  todo  género ,  es  grande  nove- 


dad ,  aviendo  respecto  á  los  de  Europa  é 
de  las  mas  partes  del  mundo.  Mas  aques- 
tas diverssidades  é  otras  hage  natura  en 
diverssos  animales  é  climas ;  é  cómo  dixo 
un  poeta  moderno  que  yo  conosgí  en 
Italia  (é  muy  estimado  en  aquella  sagon), 
llamado  Seraphin  del  Águila ,  en  un  so- 
neto ó  versos  suyos,  hablando  de  las  co- 
sas naturales  é  diferentes  efetos: 

Per  Iropo  variar ,  natura  é  bella. 

Por  tal  variar  es  hermosa  la  natura. 
Assi  que  en  diversas  regiones  diferen- 
giadas  y  extrañas  cosas  se  hallan  é  se 
produgen  en  un  género  mismo  de  ani- 
males. É  conforme  al  silengio  destos 
perros,  yo  hallo  escripto  porPlinio  *  que 
en  Cirene  son  mudas  las  ranas,  é  que 
llevadas  de  aquella  tierra  á  otras  partes 
cantan;  y  en  la  isla  de  Seripho  dige  el 
mesmo  auctor  que  las  gigarras  son  mu- 
das, é  sacadas  de  alli  é  puestas  en 
otras  provingias,  cantan.  Acordándome 
yo  aver  leydo  esto ,  quisse  probar  si  es- 
tos perros  mudos,  sacados  de  su  tierra, 
ladrarían  en  otra;  y  assi  llevé  desde  la 
províngía  de  Nicaragua  hasta  la  cíbdad 
de  Panamá,  que  es  bien  tresgíentas  le- 
guas la  una  províngía  de  la  otra,  un  per- 
rillo destos  y  alli  también  estuvo  mudo: 
é  quando  me  partí  para  España,  hurtá- 
ronmele,  el  qual  yo  avía  criado  y  era 
muy  doméstico.  Y  que  en  Panamá  fuesse 
mudo  no  es  de  maravillar,  porque  todo 
es  una  costa  é  tierra  firme ,  é  como  he 
dicho ,  en  aquellas  partes  todas  y  en  es- 
tas islas  los  perros  naturales  dellas  son 
assi  mudos.  No  avia  en  esta  isla  ni  en 
las  deste  golpho  otros  anímales  algunos 
de  quatro  píes  y  de  pelo,  terrestres,  sino 
estos  gínco  géneros  é  diferengias  de  los. 
que  he  dicho ,  exgepto  ratones ,  de  los 
quales  avía  muchos  é  hay  mas  de  los 
que  avriamos  menester. 


i    Plin,  libro  VlII,  capítulo  66. 


392 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  VI. 


De  los  mures  ó  ratones  de  aquesta  Isla  Española  é  destas  Indias. 


inquiriendo  estas  materias ,  hallo  quien 
me  diga  é  se  acuerde  que  en  el  tiempo 
que  vino  don  Chripslóbal  Golom ,  prime- 
ro almirante ,  á  descobrir  esta  isla  é  In- 
dias ,  avia  en  estas  partes  ratones ,  de  los 
quales  hay  muchos  en  estas  partes  todas, 
ó  á  lo  menos  en  todo  lo  que  yo  he  visto 
destas  Indias.  Y  assi  creo  que  también 
los  debe  aver  en  las  mas  partes  del  mun- 
do ,  y  assi  lo  verian  los  que  aqui  vinieron 
el  año  de  mili  é  quatrogientos  é  noventa 
é  dos  con  el  dicho  almirante ;  porque  los 
ratones  no  es  casta  que  ha  menester  si- 
miente ,  non  obstante  que  entre  los  rato- 
nes haya  de  ambos  sexos  masculino  é 
femenino ,  é  que  por  el  coy to   ó  ayunta- 
miento se  multipliquen,  pues  que  aun- 
que falten  é  se  mueran  todos  los  que  hay 
dellos  en  el  mundo ,  no  faltarán  tales  ani- 
males ni  sus  semejantes.  Por  tanto  no  se 
ha  de  creer  que  los  dexaba  de  aver  en 
esta  y  otras  islas  é  en  la  Tierra-Firme, 
como  los  hay,  antes  que  los  chripstianos 
acá  passasen ;  y  no  podria  dexar  de  ser 
assi,   porque  se  pueden  engendrar  é  se 
hagen  de  corrupción  alguna ,  fecha  en  los 
elementos.  Esta  quistion  mueve  é  deter- 


mina largamente  el  Abulensis  en  aque- 
llos sus  comentos  sobre  el  Ensebio  De  los 
tiempos  * ;  y  assi  avemos  visto  y  vemos 
esta  enojosa  casta  en  abundancia  en  es- 
tas islas  destas  mares  del  norte  é  en  las 
del  sur  ó  partes  australes  y  en  la  Tierra- 
Firme  destas  Indias ,  assi  en  el  campo  ó 
montes,   como  en   los  pueblos  é  partes 
habitadas.  É  lo  mismo  digo  de  los  topos 
é  sus  semejantes  é  de  las  abejas  é  abis- 
pas,  é  moscas,  é  tábanos,  é  mosquitos é 
otras  animalias  á  estas  conformes,  é  gu- 
sanos é  sanguijuelas,  etc.  Temerse  debe 
esta  generación  de  los  ratones  en  el  cam- 
po, porque  continuamente  se  aumenta, 
é  las  muchas  cañas  de  agiícar  en  esta  is- 
la es  mas  á  su  propóssito   que  ellos  al 
nuestro.  De  los  topos  hay  poquísimos  en 
esta  tierra  é  no  oygo  quexarse  á  nadie  de 
tal  generación,  ni  Dios  aqui  la  permita, 
pues  dice  Plinio  ^  que   sobre  todos  los 
animales  es  numeroso  el  parto  de  los  to- 
pos ;  bien  que  alegando  á  Aristótiles ,  di- 
ce que  los  soldados  de  Alexandre  afirman 
que  la  generación  del  topo  no  es  por  coy- 
to,  sino  por  lamer,  é  que  una  parió  cien- 
to é  veynte.  Volvamos  á  nuestra  historia. 


CAPITULO    VIL 


De  la  serpiente  ó  animal  llamado  y..u..ana,  del  qual  género  avia  é  hay  muchas  en  esta  isla. 


Este  es  „„  anima,  que  assi  en  esta  Isla 
Española,  como  en  otras  muchas  deste 
golpho  é  en  la  Tierra-Firme,  hay  muchos 
deste  género.  En  la  primera  impression 
desla  primera  parte   le  puse  en  el  li- 


bro XIII ,  que  tracta  de  los  pescados ,  en 
el  capítulo  IIÍ ,  y  agora  me  paresció  po- 
nerle en  este  que  tracta  de  los  animales 
terrestres,  non  obstante  que,  segund  la 
opinión  de  muchos  á  entrambos  libros  se 


1     Abui.,lib.  I,  cap.  128. 


2    Plin.,  lib.  X,  cap.  65. 


DE  INDIAS.  LIB.  XII.  CAP.  Vil. 


393 


puede  aplicar ,  porque  muchos  hombres 
hay  que  no  se  saben  determinar  si  este 
animal  es  carne  ó  pescado ,  é  como  cosa 
neutral,  la  atribuyen  al  uno  y  al  otro  gé- 
nero, assi  de  los  animales  de  la  tierra,  co- 
mo de  los  del  agua ,  porque  assi  se  aplica 
al  un  elemento  como  al  otro,  é  en  cada 
uno  dellos  se  exergita  é  continúa  su  vida. 
Llámase  yuana ,  y  escríbese  con  estas  Qin- 
co  letras,  y  pronúngiase  y,  ó  con  poquís- 
simo  intervalo  u  é  después  las  tres  letras 
postreras  ana,  juntas  ó  dichas  presto :  assi 
que,  en  el  nombre  todo  se  hagan  dos  pau- 
sas de  la  forma  ques  dicho.  Digo  que  se 
tiene  por  animal  neutral,  é  hay  conten- 
ción sobre  si  es  carne  ó  pesgado ,  porque 
anda  en  los  rios  é  por  los  árboles  assi- 
mismo ;  y  por  esta  causa  una  vez  me  pa- 
resgió  ,  como  he  dicho  ,  que  le  debia  po- 
ner, como  le  puse,  en  el  libro  XIII  (en  la 
primera  impression)  con  los  animales  de 
agua ,  y  agora  me  ha  paresgido  ponerle 
aqui  con  los  terrestres ,  pues  conforme  á 
las  opiniones  de  muchos,  en  ambos  géne- 
ros se  compadesge ;  y  aun  assi  usan  del 
en  estas  partes ,  comiendo  este  animal  en 
los  días  que  no  son  de  carne,  assi  como 
viernes  é  sábado ,  é  la  quaresma ,  é  otros 
dias  prohibidos  por  la  Iglesia.  Mas  de  mi 
opinión  é  paresger,  yo  le  avria  por  carne; 
lo  qual  no  digo  para  que  ninguno  dexe 
de  seguir  su  voluntad,  y  pringipalmente 
la  del  perlado  y  lo  que  la  Iglesia  ordenare. 
Este  es  una  serpiente  ó  dragón  ó  tal 
animal  terrestre  ó  de  agua,  que  para 
quien  no  le  conosge  es  de  fea  é  espanto- 
sa vista  é  extraño  lagarto  ,  grande  é  de 
quatro  pies ;  mas  es  muy  mayor  que  los 
lagartos  de  España ,  porque  la  cabega  es 
mayor  que  el  puño  ó  mano  gerrada  de 
un  hombre ,  é  el  pescuego  corto ,  é  el 
cuerpo  de  mas  de  dos  palmos  é  otros  dos 
en  redondo ,  é  la  cola  de  tres  é  quatro 
palmos  luenga.  Estas  medidas  se  han  de 


entender  en  los  mayores  animales  destos, 
é  muchos  dellos  tienen  las  colas  cortas, 
no  sé  yo  si  es  por  se  las  aver  cortado  é 
mordido  unos  á  otros ,  ó  si  por  caso  las 
mudan ;  porque  Plinio  dige  *  que  las  colas 
de  las  lucertolas,  id  est  lagartijas  ó  lagar- 
tos, les  nasgen  quando  se  las  cortan,  é  lo 
mismo  á  las  sierpes  ó  culebras.  De  la 
grandeza  ó  tamaño  destos  animales  que 
he  dicho ,  para  abaxo  se  hayan  tan  pe- 
queños como  chiquitas  lagartijas :  tienen 
por  medio  del  espinago  levantado  un  ger- 
ro  encrestado  á  manera  de  sierra  ó  espi- 
nas ,  é  paresge  en  sí  sola  muy  fiera.  Tie- 
ne agudos  dientes  é  un  papo  luengo  é 
ancho  que  le  va  é  cuelga  desde  la  barba 
al  pecho,  como  al  buey ;  y  es  tan  callado 
animal,  que  ni  grita ,  ni  gime,  ni  suena, 
y  está  atado  á  do  quier  que  le  pongan, 
sin  hager  mal  alguno  ni  ruydo  diez  ó 
veynte  dias  é  mas,  sin  comer  ni  beber 
cosa  alguna.  Mas  si  se  lo  dan  también 
come  un  poco  de  cagabi  ó  hierba  ó  cosa 
semejante,  segund  digen  algunos;  pero 
yo  he  tenido  algunos  destos  animales  ata- 
dos en  mi  casa  algunas  veges ,  é  nunca 
los  vi  comer,  é  los  he  fecho  aguardar  é 
velar,  é  en  fin  no  he  sabido  ni  podido 
entender  qué  comian,  estando  en  casa ,  é 
todo  lo  que  les  dan  para  que  coman,  se 
está  entero :  en  el  campo  no  sé  cómo  se 
alimentan.  Los  bragos,  é  pies,  é  manos, 
é  piernas ,  é  las  uñas ,  todo  esto  es  como 
de  lagarto,  é  luengas  las  uñas,  pero  flacas 
é  no  de  presa.  Es  en  tanta  manera  de  ter- 
rible aspecto,  que  ningún  hombre  se  aven- 
turaría á  esperar  este  animal,  si  no  fuesse 
de  grande  ánimo,  é  á  comer  del  ninguno, 
si  no  fuesse  de  mal  seso  ó  bestial  (digo  no 
conosgiendo  su  ser  é  mansedumbre  é  buen 
gusto).  Quando  estos  animales  son  gran- 
des ,  paresgen  en  lo  que  agora  diré  á  los 
bueyes  de  Inglaterra,  que  estando  vivos, 
tienen  los  quadriles  salidos  é  paresgen 


TOMO  I. 


i     Plin.,  lib.  XI,  cap.  40. 


30 


394 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


muy  flacos,  é  desollados  están  gordos: 
assi  la  yuana  que,  estando  viva,  paresge 
flaca ,  é  después  de  muerta  é  desollada 
está  gordíssima  é  con  mucha  manteca,  é 
después  que  la  quartean  ó  parten,  cada 
pedazo  deste  animal  bulle  ó  está  palpi- 
tando quatro  ó  ginco  horas  é  mas ,  é  aun 
echada  á  coger  hasta  que  la  olla  comien- 
za á  hervir ,  ó  si  la  asan ,  hasta  que  en  el 
asador  se  comienga  á  asar.  Y  deste  indi- 
gio  forman  su  opinión  los  que  quieren  es- 
forgarsse  á  porfiar  ques  pescado ,  porque 
las  hicoteas ,  ques  gierta  manera  de  ga- 
lápagos, é  las  tortugas  hagen  lo  mismo. 
Estos  animales,  quando  son  pequeños, 
passan  por  engima  del  agua  los  rios  é  los 
arroyos,  é  dánse  tan  grandíssima  prisa  á 
menear  los  bragos  é  piernas,  quel  agua 
no  tiene  tiempo  para  impedirlos  ó  hager 
calar  abaxo ;  y  esto  les  tura  é  hagen  sien- 
do pequeños ,  como  lagartijas  pequeñas  y 
delgadas,  é  desque  van  cresgiendo,  pas- 
san los  rios  á  pié  tieira,  por  debaxo  del 
agua ,  porque  no  saben  nadar  é  son  pesa- 
dos. Crian  en  la  tierra  é  gerca  de  las  ri- 
beras é  arroyos ,  é  son  tan  continuos  al 
agua,  que  como  tengo  dicho,  hagen  dub- 
dar  á  los  hombres  si  los  ternán  por  carne 
©pescados.  Este  animal,  tal  qual  he  dicho 
é  tan  feo  é  espantable,  es  muy  buen  man- 
jar é  mejor  que  los  conejos  de  España 
muy  buenos  xarameños;  y  digo  de  la  ri- 
bera de  Xarama,  porque  pienso  yo  que 
son  de  los  mejores  del  mundo  todo.  Có- 
mo los  chripstianos  se  mostraron  á  co- 
mer estos  animales  ,  eran  entre  ellos  muy 
estimados,  é  al  pressente  lo  son  é  no  los 
desechan  ni  dexan  de  dar  dineros  por 
ellos.  Solo  un  daño  les  atribuyen  (que  yo 
ni  contradigo  ni  apruebo),  del  qual  he 
oydo  que  algunos  se  quexan ,  y  es  que 
digen  que  los  que  han  seydo  tocados  del 
mal  de  las  búas,  quando  comen  deste  ani- 
mal yuana,  les  torna  á  tentar  aquella  do- 


engia ,  aunque  haya  algún  tiempo   que 
estén  sanos.  Yo  he  comido  estos  anima- 
les en  la  Tierra-Firme  algunas  veges ,  y 
muchas  mas  en  esta  cibdad,  y  aun  me  los 
traen  por  la  mar  desde  la  isla  de  la  Mo- 
na, donde  hay  muchos ,  que  es  ginqüen- 
ta  leguas  de  aqui,  y  es  muy  buen  manjar; 
y  como  experimentado,  quiero  avisar  á 
quien  esto  leyere  en  estas  partes  (si  in- 
dios faltaren  ,  como  faltan) ,  de  la  mane- 
ra é  arte  que  han  de  tener  para  guisarlos 
huevos  de  la  yuana ,  porque  hallarán  por 
verdad  que  queriendo  hager  una  tortilla 
de  los  huevos  (ó  freyrlos  como  los  que 
digen  estrellados )  no  se  podrá  hager  con 
agey te  ni  manteca ,  porque  nunca  se  qua- 
jarán;    mas  echando  agua  en  lugar  de 
ageyte,  se  quajan  é  guisan.  Esto  es  cosa 
probada  é  gierta ,  é  otro  indigio  para  por- 
fiar á  sabiendas  los  que  menos  entienden 
queste  es  pescado,  é  tan  amigo  del  agua, 
que  se  conforma  mas  con  ella  que  con  los 
materiales  de  la  tierra ;  pero  esto  es  fal- 
so ó  no  degir  nada,  pues  que  todos  los 
pescados  ó  los  mas  dellos  se  guisan  é  frien 
con  ageyte.  Acaesge   poner  una  yuana 
quarenta  é  ginqüenta  huevos  é mas,  é  son 
buenos  é  de  buen  sabor,  é  tienen  yemas 
é  claras,  como  los  de  las  gallinas ,  é  la 
cascara  es  delgada ,  é  los  mayores  dellos 
son  como  nueges  é  menores  é  redondos. 
El  chronista  Pedro  Mártir  *  dige  que  estas 
yuanas  son  semejantes  á  los  cocodrilos 
del  Nilo,  en  lo  qual  él  se  engañó  mucho, 
y  á  semejantes  y  notorios  errores  están 
obligados  los  que  en  estas  cosas  escriben 
por  oydas ;  porque  estas  yuanas  no  son 
mayores  animales  de  lo  que  tengo  dicho: 
los  quales  he  yo  visto  (innumerables)  des- 
de menores  que  un  dedo  hasta  ser  tan 
grandes  como  de  suso  se  declaró ,  y  de 
las  pequeñas  he  visto  muchas  passar  por 
engima  de  los  arroyos  é  rios,  seyendo  chi- 
quitas, é  también  por  debaxo  del  agua 


i    Pedro  Márlir,  dóc.  I. 


DE  LNDÍAS.  LIB.  XII.  CAP.  VII. 


395 


seyendo  mayores,  en  algunos  arroyos;  y 
como  he  dicho,  las  he  comido  muchas  ve- 
íes.  Y  los  cocodrilos  son  muy  grandes 
animales  é  de  muy  diferenciada  forma  é 
manera  é  color,  é  en  otras  muchas  parti- 
cularidades, porque  segund  el  glorioso 
doctor  Isidoro,  en  sus  Ethimologias ,  de 
la  color  amarilla  ó  jalde  es  dicho  cocodri- 
lo^: el  qual  sancto  auctor  di^e  assi  mismo 
que  los  cocodrilos  son  del  rio  Nilo ,  ani- 
mal de  quatro  pies ,  en  tierra  é  en  agua 
grandes  é  poderosos  *. 

Esta  grandega  no  se  puede  comparar 
con  animal  tan  pequeño  como  la  yuana, 
tampoco  como  en  el  color;  pues  que 
el  cocodrilo,  que  es  amarillo  ó  jalde  (que 
significa  el  croceo  co/ore  que  Isidoro  dige), 
no  consuena  con  la  yuana ,  que  comun- 
mente es  de  color  pardo ,  é  algunas  deltas 
son  algo  verdes.  Quanto  mas  que  para 
na  creer  por  ningún  caso  questas  yuanas 
sean  cocodrilos ,  basta  degir  el  mismo 
Isidoro,  en  el  libro  alegado,  del  coco- 
drilo ,  estas  palabras :  « Solo  este  animal 
mueve  la  mexilla  alta  ' . »  Y  la  yuana  no 
tiene  tal  propriedad ,  ni  mueve  sino  la 
mandíbula  baxa,  como  todos  los  otros 
animales.  Mejor  agertára  Pedro  Mártir 
digiendo  que  son  cocodrilos ,  ó  espegie 
dellos,  los  grandes  lagartos  de  Tierra- 
Firme  ,  con  los  quales  tienen  mas  seme- 
janga,  como  se  dirá  en  su  lugar;  pues 
que  no  tienen  lengua  los  unos  é  los 
otros,  é  como  el  cocodrilo ,  mandan  la 
mandíbula  alta  ,  é  son  grandes  animales. 
Hablando  Plinio  del  cocodrilo,  dige  assi*: 
«El  cocodrilo  nasge  en  el  Nilo  :  bestia  de 
quatro  pies  en  tierra  y  en  agua  :  es  no- 
givo  :  ningún  otro  animal  terrestre  se  ha- 
lla sin  lengua,  sino  este  solamente:  muer- 
de moviendo  la  mexilla  alta ,  é  no  la  de 
abaxo ,  é  há  los  dientes  en  forma  de  pey- 


ne,  é  cresge  mas  que  diez  é  ocho  gomi- 
los  ó  cobdos  ,  é  hage  los   huevos   tan 
grandes  como  los  del  ánsar.»  Assi,  lo 
ques  dicho  del  cocodrilo ,  como  lo  que 
mas  se  podría  degir  del ,  quadrará  mejor 
en  el  capítulo,   donde  se  tractáre  de  los 
lagartos  de  Tierra-Firme,  que  no  aqui; 
é  alli  se  hallará  cómo  los  lagartos ,  en  lo 
ques  dicho ,  no  pueden  ser  sino  los  mis- 
mos cocodrilos,  ó  los  cocodrilos  los  mis- 
mos lagartos  de  Tierra-Firme  ó  de  su 
género.  Si  aqui  me  he  alargado  tanto, 
ha  seydo  para  desengañar  á  los  letores 
de  la  opinión  de  Pedro  Mártir.  Pero  no 
es  esto   solo  en  lo   que  sus  decadas  se 
apartan  de  lo  gierlo  en  estas  cosas  de  In- 
dias, porque  Pedro  Mártir  no  pudo  desde 
tan  lexos  escrebir  estas  cosas  tan  al  pro- 
prio  como  son  é  la  materia  lo  requiere; 
é  los  que  le  informaron ,  ó  no  se  lo  su- 
pieron degir,  ó  él  no  lo  supo  entender. 
Por  gierto  en  las  señas  que  de  suso  se 
apuntaron  del  Plinio  en  los  cocodrilos, 
las  mismas  se  pueden  comprehender  en 
los  lagartos  de  la  Tierra-Firme ,  porque 
son  de  quatro  pies ,  y  en  tierra  y  en  agua 
nogivos  é  fieros,  é  no  tienen  lengua,  é 
mandan  la  mexilla  alta  é  tienen  los  dien- 
tes como  peyne.  Pero  no  son  estotros 
de  tanta  grandega  como  Plinio  dige ,  por- 
que de  innumerables  dellos  que  yo  he 
visto ,  el  mayor  tenia  veynte  é  tres  pies, 
é  no  dubdo  que  otros  haya  mayores.  É 
los  huevos  son  del  tamaño  que  los  de  las 
ánsares,  é  yo  los  he  comido  muchas  ve- 
ges,  é  aun  pagándolos  á  real  de  plata;  é 
no  tienen  yema ,  que  todos  son  clara. 
Codro ,  philósopho  italiano ,  supiera  bien 
escrebir  estas  materias,  que  vino  á  ver 
estas  cosas  y  acabó  su  vida  en  tal  exergi- 
gio  y  era  docto:  el  qual  murió  en  una  de 
las  islas  de  Cebaco ,  que  son  en  la  costa 


\  Crocodilus  á  croceo  colore  diclus.  Isid.,  Elhi- 
niolog. ,  lib.  XII,  cap.  De  piscibus. 

2  Quadrupes  in  Ierra  el  in  aquis  valcns,  longi- 
ludinc  plerumquc  viginli  cubilorum.  Isid.,  ul  supra. 


3  Solus  ex  animalibus  superiorem  maxillam  mo- 
veré dicilur.  Isid.,  ut  supra. 

4  Plin. ,  lib.  VIH,  cap.  25. 


3% 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


de  la  mar  del  Sur,  gerca  de  la  provingia 
é  puerto  de  Punuba.  Este  degia  que  los 
lagartos  de  Tierra-Firme  que  he  dicho, 
eran  cocodrilos.  Mas  en  la  verdad ,  es- 
totros animales  yuanas  muy  diferentes 
son  del  cocodrilo ,  y  en  ninguna  cosa  á 
él  semejante.  Esta  que  aqui  yo  debuxé, 
como  supe  hacerlo  {Lám.  4.'.  ftg.  9.'),  ó 
deseé  imitar  su  figura ,  quiere  alguna 
cosa  paresger  á  este  animal ,  y  aquesta 
forma  tiene.  Y  con  todo  su  mal  pares- 
ger,  digo  ques  muy  buena  vianda  cogida 
ó  assada ,  y  hánla  de  coger  é  guisar  de 
la  misma  manera  que  una  gallina ;  y  con 
sus  espegias  é  un  pedago  de  togino  y  una 
berga  no  hay  mas  que  pedir  en  este  caso 
para  los  que  conosgen  este  manjar.  Y 
fiambre  es  muy  singular  y  sano,  y  deste 
paresger  se  hallarán  muchos  hombres  en- 
tre los  españoles  que  por  estas  partes 
andan.  Quando  están  gordos  estos  ani- 
males, sácanles  mucha  gordura  ó  grasa 
de  las  interioras ,  é  guárdanlo ,  porque 
es  muy  bueno  para  hinchagones  de  pos- 
temas ;  y  derritiéndolo  en  una  sartén  so- 
bre el  fuego  é  echándolo  en  una  escudi- 
lla á  enfriar,  é  frió  guardándolo  en  una  re- 
domica  de  vidrio  ,  siempre  se  está  líqui- 
do ,  que  no  se  espessa   ni   quaxa ,  é  es 


muy  bueno  para  lo  ques  dicho.  El  hígada 
destos  animales  cogido  es  bueno  é  de 
buen  manjar ,  é  es  negro  é  espesso  é  sano 
é  de  buena  digestión  ;  é  quando  se  echa 
por  la  cámara  digirido,  es  tan  negro  como 
fina  tinta ,  é  para  poner  en  cuydado  al 
que  no  lo  sabe.  Mas  en  fin ,  no  trae  ni 
causa  algún  inconviniente. 

Teniendo  escripto  lo  ques  dicho ,  me 
truxeron  dos  animales  destos  de  los  ma- 
yores ,  y  del  uno  comimos  en  mí  casa  y 
el  otro  hige  guardar  atado  para  lo  enviar 
á  Venegia  al  magnífico  Mrger  JohanBap- 
tista  ,  secretario  de  la  Señoría ,  é  estuvo 
en  el  patio  desta  fortaleza  de  Sancto  Do- 
mingo atado  á  un  poste  mas  de  quarenla 
dias ,  que  nunca  comió  de  cosa  de  quan- 
tas  se  le  dieron ;  y  dixéronme  que  no  co- 
mían estos  animales  sino  tierra,  y  yo 
hige  que  para  su  matalotaje,  le  metiessen 
un  quintal  della  en  un  barril,  porque  en 
la  mar  no  le  faltase.  Y  espero  en  tanto 
que  esto  corrigiendo  estos  tractados  que 
vernán  naos  para  saber  si  llegó  vivo  á 
España,  é  con  qué  mantenimiento. 

Pero  llegado  en  España  el  año  de  mili 
é  quinientos  é  quarenta  é  seys,  supe  del 
que  truxo  aquel  animal ,  que  se  le  murió 
en  la  mar. 


CAPITULO  VIII. 


De  las  serpienrlcs  ó  ctriebias  y  lagarlijíis  é  lagartos  desta  Isla  Española  y  otras  partea. 


Innumerables  son  las  lagartijas  que  hay 
en  esta  Isla  Española  é  en  todas  las  otras 
islas  deste  golpho  é  del  austral  en  la 
Tierra-Firme  destas  Indias ;  y  en  esto  hay 
tanto  que  degir,  que  si  particularmente 
se  oviesse  de  escrebrr ,  seria  un  progeso 
para  nunca  acabarle.  Hay  las  verdes  é 
otras  pardas  é  otras  quassi  negras ,  é  mas 
verdes  unas  que  otras ,  é  algunas  de  co- 
lor quassi  jalde ,  é  otras  de  color  leona- 
do. E  assi  como  son  diferentes  en  colo- 
res, son  en  el  tamaño  desconformes  é 


mayores  é  menores  unas  que  otras ,  pues- 
to que  todas  son  pequeñas.  Unas  son  pin- 
tadas é  otras  rayadas  ó  listadas  de  dife-^ 
rentes  labores  é  colores ,  é  de  cada  gé- 
nero hay  muchas.  Otras ,  quando  se  pa- 
ran á  mirar  á  hombre ,  sacan  del  papo 
una  cresta  ó  telilla  redonda  é  colorada, 
é  tiénenla  de  fuera,  estando  paradas,  ó 
quedas;  é  alentando,  la  cojen  é  encubren 
é  descojen  é  la  sacan  é  tornan  al  papo, 
quando  quieren,  ó  se  van.  Otras  hay  algo 
mayores  que  las  comunes  lagartijas  do 


DE  INDIAS.  LIB.  XII.  CAP.  VIII. 


397 


España ,  dos  é  aun  tres  veges  mayores; 
pero  no  tan  grandes  como  los  lagartos 
de  Castilla.  Dexemos  esto  de  las  lagarti- 
jas, porque  es  cosa  muy  común  é  incon- 
table ó  quassi  in  infinüo,  é  passemos  á 
hablar  en  las  serpientes,  que  es  lo  mismo 
que  culebras:  é  no  es  breve  la  materia 
ni  para  acabarse  en  mis  dias,  si  de  todas 
las  que  en  las  Indias  hay  se  dixesse ,  lo 
uno  por  ser  innumerables ,  é  lo  otro  por- 
que yo  ni  otro  no  las  ha  visto  ni  puede 
ver  todas ;  mas  diré  de  algunas  lo  que  me 
acordare  aver  especulado  é  notado  dellas. 

En  esta  isla  hay  muchas  é  de  muchas 
ma'ieras  é  pinturas  é  tamaños,  y  es  co- 
mún opinión  de  los  vecinos  desta  isla,  na- 
turales della ,  é  aun  de  todos  los  espa- 
ñoles que  há  mas  tiempo  que  por  acá  vi- 
ven ,-  que  no  son  ponzoñosas. 

Viniendo  yo  de  la  Tierra-Firme  á  esta 
isla,  el  año  de  mili  é  quinientos  é  quinge, 
passé  el  rio  de  Neyvaen  una  balsa  de  ca- 
ñas, gerca  de  donde  aquel  rio  entra  en  la 
mar  muy  poderoso  é  ancho,  é  yban  diez  ó 
doge  indios  nadando  en  torno  de  la  bal- 
sa, guiándola.  Quiero  degir  aquesto  como 
passó,  porqués  bien  que  los  chronistas  que 
desde  España  escriben  las  cosas  de  las 
Indias  sepan  que  tan  lexos  andan  de  en- 
tenderlas (ni  entenderse  ellos  mismos), 
quanto  tienen  apartados  los  ojos  de  ver 
las  cosas  de  acá.  Y  que  si  yo  no  passára 
por  alli  no  pudiera  ver  una  culebra  ó 
sierpe  que  hallé  en  esta  otra  parte  en  la 
costa  de  la  mar,  al  pié  de  la  sierra  que 
llaman  de  los  Pedernales:  la  qual  yo  me- 
dí y  tenia  mas  de  veynte  pies  de  luengo, 
é  lo  mas  grueso  della  era  mucho  mas  que 
un  puño  gerrado:  é  debieran  avería  muer- 
to aquel  día  ó  pocas  horas  antes ,  porque 
no  hedia  y  estaba  fresca  la  sangre  della, 
que  le  avie  salido  de  tres  ó  quatro  cu- 
chilladas que  tenia.  Tales  culebras  son 
de  menos  pongoña  que  otras  en  estas 
partes ;  pero  son  de  mayor  temor  á  quien 
las  mira. 


Miguel  Johan  de  Ribas,  natural  de  ^a- 
ragoga  de  Aragón,  factor  que  fue  de  Sus 
Magestades  en  Castilla  del  Oro ,  é  yo  ve- 
níamos juntos,  é  otros  españoles  pocos; 
el  qual,  assi  como  yo ,  passó  en  aquella 
balsa  ó  barca  peligrosa.  Y  pues  que  el 
caso  lo  ha  traydo  á  conseqüengia ,  bien 
es  que  se  diga  de  qué  forma  era  este  pas- 
sage,  é  quáu  al  revés  de  las  puentes  ó 
barcas  que  hay  en  el  mundo  é  que  otras 
gentes  usan.  Digo  que  eran  seys  ó  siete 
hages  de  cañas  juntas  é  atados  con  bexu- 
cos  (que  sirven  en  esto  mejor  que  lo  ha- 
rían muy  buenas  cuerdas) ,  é  sobre  aque- 
llos hages  fecho  un  gerco  quadrado  de 
otros  hages  de  caña,  tan  grueso  como  un 
hombre,  á  la  redonda  de  las  primeras  ca- 
ñas. De  manera  que  en  la  mitad  de  este 
artifigio  quedó  un  espagio  quadrado  de 
seys  ó  siete  pies,  en  que  yo  yba  asentado, 
y  al  rededor  nadando  aquellos  indios  que 
he  dicho  que  guiaban  la  barca  (ó  balsa 
mal  compuesta) ,  porque  se  lo  pagué  é 
les  di  algunas  cosas  de  las  que  ellos  pres- 
giaban,  pero  de  poco  valor.  Estos  indios 
eran  de  un  cagique  que  vivia  alli  á  la  cos- 
ta, llamado  Alonso  de  Ovando,  á  los 
quales  repartí  anguelos  para  pescar,  é 
giertos  cuchillos ,  é  al  cagique  le  di  una 
camisa.  Avia  en  la  anchura  del  rio  quas- 
si un  tergio  de  legua  por  donde  le  atra- 
vesé de  la  manera  que  he  dicho ,  é  algu- 
gunos  indios  é  indias  quel  factor  é  yo 
traíamos  de  la  Tierra-Firme ,  cómo  pas- 
saban  nadando  é  se  cansaban  por  ser  tan 
ancho  el  rio ,  asíanse  para  descansar  de 
las  cañas  de  la  balsa ,  é  quanto  los  indios 
del  cagique  ayudaban  tanto  los  otros  es- 
torbaban. El  factor  avie  passado  primero 
é  estaba  ya  desta  otra  parte  é  volvieron 
la  balsa  por  mí ,  é  de  aquellas  dos  veges 
que  atravesó  el  rio  no  estaban  las  cañas 
tan  bien  atadas  como  al  pringipio ;  é  assi 
por  esto  como  por  lo  que  he  dicho,  don- 
de yo  venia  asentado  me  daba  el  agua 
quassi  á  la  ginta,  porque  para  entrar  ella 


398 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CQtre  las  cañas,  no  avia  cosa  que  se  lo 
pudiesse  estorbar,  é  cómo  todas  las  ca- 
ñas son  acá  magigas  é  cargaban  los  in- 
dios é  indias  cansados  ,  siempre  se  yba 
hundiendo  mas  esta  balsa.  Traia  yo  alli 
del  secretario  Lope  Conchillos,  é  de  en- 
comiendas  de   personas   particulares   é 
mios,  mas  de  tres  mili  pesos  de  oro,  fun- 
dido en  barras ,  los  quales  yo  pensé  al- 
gunas veges  que  avian  de  quedarse  en  el 
rio ;  é  porque  assi  no  acaesgiesse  (antes 
que  en  la  balsa  entrasse),  até  todo  el  oro 
en  un  liengo  muy  bien  é  díle  muchas 
vueltas  con  un  regio  bolantín  (ó  cordel], 
é  dexé  un  cabo  de  doge  ó  quinge  bragas, 
con  pensamiento  que  en  caso  que  la  bal- 
sa de  todo  punto  se  hundiesse ,  tomaría 
yo  el  oro  ó  le  daria  á  uno  de  aquellos 
mas  regios  indios  que  mejor  nadassen, 
para  que  lo  sacasse ,  ó  soltarlo  para  que 
se  fuesse  al  suelo  é  quedasse  el  cordel  por 
señal  é  boya  con  un  palo  que  yo  le  avia 
atado  al  cabo.  É  yo  yba  descaigo  y  en 
camisa,  é  bien  atadas  las  haldas  é  las 
mangas  della ,  para  nadar,  si  me  convi- 
niesse.  Quiso  nuestro  Señor,  por  su  cle- 
mengia,  que  passamos  todos  en  salvo, 
aunque  con  harto  peligro  é  cansanglo, 
porque  la  corriente  del  rio  era  mucha  é 
nos  abatia  é  pusso  quassi  á  la  boca  de  la 
mar:  assi  que,  muy  mojado  todo  lo  que 
llevaba  é  mis  papeles  é  memoriales  (de 
que  no  me  pesaba  poco) ,  arribamos  des- 
ta  otra  parte  del  rio.  Esto  subgedió  por- 
que de  enojado  de  aver  estado  ginco  días 
esperando,  estuve  tres  ó  quatro  leguas 
mas  arriba  en  la  costa  de  aquel  rio ,  y 
en  aquel  tiempo  siempre  cresgió  é  no  nos 
atrevimos  á  passar  el  vado  en  los  caba- 
llos y  envíelos  con  mis  criados,   porque 
me  dieron  á  entender  que  aquel  cagique 
tenia  canoas  é  que  él  me  passaria  mu- 
cho á  mi  plager:  é  por  falta  dellas  ovie- 
ra  de  ser  tanto  mi  pesar,  que  no  me 


quedará  vida  para  el  arrepentimiento  y 
error  que  avia  fecho. 

Passados,  pues,  desta  otra  parte  halla- 
mos la  culebra  grande,  donde  es  dicho,  é 
subimos  la  sierra  de  los  Pedernales ,  que 
es  muy  áspera,  é  estovimos  dos  días  y  me- 
dio en  la  passar,  é  dormimos  dos  noches 
en  ella ,  sin  hallar  agua  ni  tener  que  co- 
mer sino  cangrejos,  délos  quales  avia  mu- 
chos é  buenos ,  el  qual  manjar  no  es  para 
gente  asquerosa  ni  delicada;  é  al  tergero 
día  llegamos  á  la  villa  de  Agua.  Desta  ma- 
nera se  han  de  enseñar  á  oscrebir  los  que 
han  de  relatar  estas  cosas  de  Indias.  En 
verdad,  si  los  trabajos  que  por  mí  han  pas- 
sado  hasta  averias  aprendido  ó  visto  (esso 
que  dellas  sé)  aquí  se  dixessen ,  doblado 
seria  el  volumen  de  tales  historias,  é  no 
querría  mejor  premio  de  mis  fatigas  que 
saberlas  tan  bien  degir,  como  los  he  sabi- 
do sufrir  por  la  clemengia  y  misericordia 
de  Dios :  el  qual  muchas  veges  me  ha 
fecho  tan  notoria  merged  de  la  vida ,  mi- 
lagrosamente ,  que  si  yo  assi  bien  la  su- 
piesse  explicar,  bien  sé  que  serian  mas 
gratas  é  de  mas  admiragion  estas  mate- 
rias á  quien  las  leyesse. 

Tornando  á  lo  que  se  propuso  en  el 
título  deste  capítulo,  seré  breve  en  todo 
ello  porque  en  las  cosas  de  la  Tierra- 
Firme  hay  mucho  mas  que  degir  en  se- 
mejantes géneros  de  cosas.  También  hay 
en  esta  Isla  Española  y  en  las  otras  sus 
veginas  ó  comarcanas  y  en  las  de  es- 
te golpho,  culebras  que  son  verdes,  é 
delgadas  é  muy  pongoñosas,  con  las  qua- 
les hagen  los  indios  caribes  la  hierva 
con  que  tiran  las  flechas.  Estas  tales  cu- 
lebras se  cuelgan  de  los  árboles  por  sí 
mismas,  asidas  á  las  ramas  con  la  cola, 
é  desde  alli  al  que  passa  le  pican  ó 
muerden  do  quiera  que  pueden  herir,  é 
son  muy  malas  y  enconadas.  Destas  tales 
dige  Plinio  * ;  «es  una  sierpe  llamada  ja~ 


i     Pl¡n.,nb.  VIÍI,cai).  23. 


DE  INDIAS.  LIB.  XII.  CAP.  VIH. 


399 


culo ,  id  esl  dardo ,  porque  está  sobre  los 
árboles,  é  desde  aquellos  se  arroja  ó  lan^a, 
como  un  dardo.  Y  porque  toqué  de  suso 
en  la  hierva  de  los  flecheros  caribes ,  no 
se  ha  de  entender  que  con  toda  la  pon- 
goña  destas  culebras  se  hage  aquella  pes- 
tilente hierva;  sino  con  este  é  otros  pon- 
zoñosos materiales ,  como  en  su  lugar  se- 
rá mas  largamente  declarado.  Hay  assi 
mismo  otras  culebras  pardas  é  otras  no 
muy  verdes  é  mayores  que  estas  que  se 
dixo  de  suso  de  la  hierva ,  mas  no  están 
en  fama  de  tan  malas  y  pongoñosas, 
puesto  que  yo  no  creo  que  hay  culebra 
alguna  sin  pongoña  en  algún  tiempo  del 
año.  Otras  culebras  hay  muy  mayores 
que  la  que  primero  dixe  (que  hallé  muer- 
ta al  pié  de  la  sierra  de  los  Pedernales), 
segund  he  oydo  degir  á  muchos ;  pero  no 
se  quexan  dellas  ni  hagen  mal.  Los  in- 
dios todas  las  unas  é  las  otras  comian  é 
avian  por  buen  manjar,  exgepto  aque- 
llas verdes  delgadas,  las  quales  ellos 
buscan  con  diligengia  para  las  matar  é 
perfigionar  con  su  mixtura  aquella  diabó- 
lica hierva,  con  que  untan  las  flechas 
(digo  los  indios  que  son  caribes). 

El  año  de  mili  é  quinientos  é  treynta  y 
ocho  entró  una  culebra  en  esta  fortaleza 
é  se  pusso  sobre  un  tiro  de  artillería ,  é 


vídola  acaso  uno  de  los  artilleros  desta 
casa  é  fué  á  su  cámara  por  una  espada, 
é  llegó  con  la  mejor  manera  que  él  pu- 
do, é  la  culebra  tenia  algada  la  cabega 
con  un  palmo  del  pescuego ,  é  de  un  re- 
vés le  cortó  la  cabega  con  parte  del 
cuello.  É  el  dia  antes  avia  amanesgido 
muerto  un  perro  grande  desta  fortaleza, 
é  se  creyó  que  la  culebra  le  avia  muerto; 
é  yo  la  mandé  abrir  é  se  le  hallaron 
treynta  é  tantos  huevos ,  como  yemas  de 
huevos  de  gallina,  é  todos  eran  una  ye- 
ma. Tenia  de  luengo  siete  pies  é  medio, 
é  era  tan  gruesa  como  la  muñeca  del 
brago,  é  pintada;  pero  porque  esta  mate- 
ria es  longuíssima,  si  aqui  se  dixesse, 
acuerdo  de  remitir  lo  que  de  ella  queda, 
que  es  mucho,  á  sus  proprios  lugares, 
pues  sabemos  que  aquel  golpho  que  lla- 
man de  las  Culebras  está  lleno  dellas ,  é 
la  isla  de  la  Margarita  tiene  las  que  lia-, 
man  de  los  cascabeles  é  en  otras  partes 
hay  otras :  é  quando  á  ellas  llegue,  di- 
ré lo  que  oviere  entendido  de  aquesta 
materia.  Mas  acuerdo  al  letor  que  lea 
en  el  libro  XXIII,  capítulo  VII,  lo  que 
allí  verá  de  otras  culebras  ó  viveras 
del  Rio  de  la  Plata  que  son  tan  malas 
é  pongoñosas  ó  peores  que  todas  las 
otras. 


CAPITULO   IX. 

De  los  animales  lerrosires  que  se  truxeron  de  España  á  esta  Isla  Española,  de  los  quales  acá  no  avia  alguno 

dellos. 


SíáU  esta  Isla  Española  ni  en  parte  al- 
guna destas  partes  no  avia  caballos ,  é 
de  España  se  truxeron  los  primeros  é 
primeras  yeguas ,  é  hay  tantos  que  nin- 
guna nesgessidad  hay  de  los  buscar  ni 
traer  de  otra  parte :  antes  en  esta  isla  se 
han  fecho  é  hay  tantos  hatos  de  yeguas 
é  se  han  multiplicado  en  tanta  manera, 
que  desde  aquesta  isla  los  han  llevado  á 
las  otras  islas   que  están   pobladas  de 


chripstianos ,  donde  los  hay  assi  mismo 
en  mucho  número  é  abundancia ;  é  á  la 
Tierra-Firme ,  é  á  la  Nueva  España ,  é  á 
la  Nueva  Castilla  se  han  llevado  desde 
aquesta  isla,  é  de  la  casta  de  los  de  aqui 
se  han  fecho  en  todas  las  otras  partes  de 
las  Indias  donde  los  hay.  É  ha  llegado  á 
valer  un  potro  ó  yegua  domada  en  esta 
isla  tres,  ó  quatro  ó  ginco  castellanos,  ó 
pesos  de  oro,  é  menos. 


400 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


Délas  vacas  digo  lo  mismo,  en  quanto 
á  ser  ya  innumerables ,  pues  que  es  no- 
torio que  en  esta  isla  hay  muy  grandes 
hatos  é  vacadas  é  vale  una  res  un  peso 
de  oro ,  é  muchos  las  han  muerto  é  alan- 
ceado, perdiendo  la  carne  de  muchas  do- 
lías, para  vender  los  cueros  y  enviarlos  á 
España,  é  cada  año  van  muchas  naos 
cargadas  destas  corambres.  É  hay  hom- 
bres en  esta  cibdad  y  en  la  isla  de  á  dos, 
é  tres ,  é  quatro,  é  ginco ,  é  seys ,  é  sie- 
te, é  ocho ,  é  nueve  é  diez  mili  cabecas 
deste  ganado  é  muchas  masen  cantidad. 
Público  es  que  la  viuda ,  muger  que  fué 
de  Diego  Solano,  tiene  diez  é  ocho  ó 
veynte  mili  cabegas  deste  ganado ;  y  el 
obispo  de  Veneguela,  deán  desta  Sancta 
Iglesia  de  Sancto  Domingo,  tiene  veynte 
é  ginco  mili  cabegas  ó  mas,  como  lo  dixe 
en  el  lib.  III,  cap.  XI,  y  deste  número 
abaxo  hay  señores  de  mucha  cantidad 
deste  ganado  vacuno.  Ovejas  se  truxeron 
é  carneros,  de  que  se  ha  fecho  é  hay  asaz 
ganado  deste  género. 

De  los  puercos  ha  ávido  grandes  hatos 
en  esta  isla ,  é  después  que  se  dieron  los 
pobladores  á  la  grangeria  de  los  agúca- 
res,  por  ser  dañosos  los  puercos  para  las 
hagiendas  del  campo ,  muchos  se  dexa- 
ron  de  tales  ganados ;  pero  todavía  hay 
muchos,  é  los  campos  están  llenos  de 
salvagina ,  assi  de  vacas  é  puercos  mon- 
teses, como  de  muchos  perros  salvajes 
que  se  han  ydo  al  monte  é  son  peores 
que  lobos  é  mas  daño  hagen.  É  assi  mis- 
mo muchos  gatos  de  los  domésticos,  que 
se  truxeron  de  Castilla  para  las  casas  de 
morada  ,  se  han  ydo  al  campo  é  son  in- 
numerables los  que  hay  bravos  ó  gimar- 
rones,  que  quiere  degir  en  la  lengua 
desta  isla  fugitivos.  Hay  assi  mismo  mu- 
chos asnos  en  esta  isla  de  la  casta  de 
los  que  se  truxeron  de  España ,  é  muías 


é  machos  que  se  han  criado  é  se  hagen 
muy  bien  acá ;  pero  porque  de  todas  es- 
tas cosas  se  ha  dicho  en  particular,  é  yo 
no  soy  amigo  de  referir  una  cosa  mu- 
chas veges,  baste  lo  que  está  dicho 
destos  siete  géneros  de  animales  que 
acá  se  truxeron  de  Castilla ,  porque  las 
muías  é  los  machos  acá  se  acresgentaron 
de  la  mixtión  de  los  asnos,  é  yeguas.  Y 
como  en  otra  parte  de  la  historia  dixe, 
torno  á  degir  ó  acordar  al  letor  que  vale 
el  arrelde  de  la  vaca  en  esta  cibdad  á  dos 
maravedís :  la  qual  arrelde  es  de  peso 
sesenta  é  quatro  bngas ;  é  mátanse  cada 
dia  que  es  de  comer  carne  en  esta  cibdad 
de  Sancto  Domingo  de  la  Isla  Española. 

Hánse  traydo  conejos  blancos  é  prietos 
á  esta  cibdad,  é  algunos  hay  en  las  casas 
de  algunos  veginos  particulares;  pero  no 
es  grangeria  útil,  por  lo  que  se  ha  visto  de 
su  aumentagion  en  las  islas  de  Canaria,  é 
naturalmente  son  dañosos  en  los  hereda- 
mientos. E  si  ocurrimos  á  lo  que  estáes- 
cripto  ,  ya  se  halla  averse  en  España  des- 
habitado una  cibdad  por  el  escarbar  é 
moltitud  de  los  conejos ,  segund  escribe 
Plinio  * .  Cabras  se  han  traydo  de  España 
y  de  las  islas  de  Canaria  y  de  las  de  Ca- 
bo Verde,  é  algunos  hatos  hay  deste  ga- 
nado, é  las  que  mejor  acá  prueban  son 
las  pequeñas  de  Guinea  é  de  Cabo  Verde 
é  aquellas  islas;  pero  deste  ganado  no 
hay  mucho  en  estas  islas.  Pero  de  los 
otros  géneros  que  dixe  de  suso ,  assi  co- 
mo yeguas  é  caballos ,  vacas,  é  ovejas  é 
puercos,  llenas  están  esta  isla  é  la  de 
Sanct  Johan ,  é  Cuba ,  é  Jamáyca  é  mu- 
cha parte  ó  poblagiones  de  españoles:  tie- 
nen de  todos  los  unos  é  los  otros  en  la 
Tierra-Firme,  é  en  espegial  en  la  Nueva 
España ,  en  mucha  cantidad  de  los  unos 
é  de  los  otros ,  y  cada  dia  se  aumentan 
do  quiera  que  los  chripstianos  pueblan. 


\     Plinio,  lib.  VIH,  cap.  29. 


DE  INDIAS.  LIB.  XII.  CAP.  X. 


404 


CAPITULO  X. 


De  los  animales  que  en  la  Tierra-Firme  llaman  los  españoles  tigres  ,  é  los  indios  los  nombran  en  diversa 
manera ,  segund  la  lengua  de  aquellas  provincias ,  donde  los  hay. 


JCjn  el  prohemio  ó  introdugion  deste  li- 
bro XII  dixe  que  después  que  oviesse  di- 
cho de  los  animales  que  los  españoles 
hallaron  en  esta  isla ,  y  de  los  que  se  tru- 
xeron  á  ella  desde  España,  é  oviesse  di-' 
cho  otras  cosas ,  diria  de  los  animales,  de 
quien  no  se  habló  en  la  primera  impres- 
sion  que  tuvo  esta  primera  parte  de  la 
General  Historia  de  Indias,  y  que  se  ha- 
llan ó  hay  en  ella.  Y  para  cumplirlo  assi, 
escribiré  primero  aquellos  animales  de 
que  yo  di  notigia  particular  en  aquel  bre- 
ve traclado  que  á  la  Cesárea  Mageslad 
dirigí  y  escrebí  en  Toledo  el  año  de  mili 
é  quinientos  é  veynte  y  seys ;  y  tras  aque- 
llos diré  de  los  que  mas  oviereu  después 
venido  á  mi  memoria  ó  vista  hasta  el 
tiempo  pressente.  Y  será  el  primero  del 
tigre,  ques  un  animal  que,  segund  los  an- 
tiguos escribieron ,  es  el  mas  velogíssimo 
de  los  animales  terrestres.  Isidoro  en  sus 
Elhimologias  dige :  « El  tigre  se  nombró 
assi  por  su  veloge  huyda ,  y  el  rio  Tigris 
se  nombró  assi  por  su  velogidad,  y  los 
persas  é  medos  assi  nombran  á  la  saeta. 
Y  á  aquella  bestia  deslinta  de  varias  mon- 
chas ,  é  en  su  virtud  é  velogidad  admira- 
ble, le  dan  el  nombre  del  rio  Tigris,  por- 
que es  el  mas  rapidíssimo  é  corriente  de 
lodos  losrios.  ^)  Este  rio  Tigris,  segund 
Justino  ,  nasge  en  Armenia  con  poca 
agua,  etc.  ^.  Plinio'  dige  que  la  pantera 
é  el  tigre,  por  la  variedad  de  las  colores 
é  diversas  manchas  son  quassi  diferentes 
de  todos  los  otros  animales ,  porque  las 

i  Tigris  vocatur ,  propler  velocem  fugam.  Ha 
enim  nominanl  persae  et  medí  sagillam.  Est  enim 
bestia  variis  dislincla  maculis  ,  virlule  et  velocitale 
mirabilis,  ex  cujus  nomine  ílumen  Tigris  appellatur, 
quód  ¡s  rapidissimus  sitomniumfluviorum.(Elhim., 

TOMO  1. 


otras  fieras  han  una  sola  color ,  segund 
su  espegie. 

Los  primeros  españoles  que  en  la  Tier- 
ra-Firme, en  la  provingia  de  Cemaco  é 
en  el  Darien ,  vieron  aquellos  animales 
que  en  aquella  tierra  los  indios  llaman 
ochi,  llamáronles  ellos  tigre:  los  quales 
son  tales,  como  aquel  que  en  la  cibdad 
de  Toledo  el  año  susodicho  dieron  al  Em- 
perador, nuestro  señor,  enviado  de  la 
Nueva  España.  Tiene  la  hechura  de  la 
cabega  como  león  ú  onza ;  pero  mas  grue- 
sa ,  é  ella  y  todo  el  cuerpo  é  bragos  é 
piernas  pintado  de  manchas  negras  unas 
á  par  de  otras ,  perfiladas  de  color  ber- 
meja, que  hagen  una  hermosa  labor  ó 
congierto  de  pintura :  en  el  lomo  y  á  par 
del  mayores  aquellas  manchas  ,  é  vánse 
disminuyendo  hágia  el  vientre  y  los  bra- 
gos y  cabega.  Este  que  alli  se  truxo  era 
pequeño  é  nuevo ,  é  á  mi  paresger  podria 
ser  de  tres  años  ó  menos ;  pero  hay  los 
muy  mayores  en  Tierra-Firme.  Yo  le  he 
visto  mas  alto  que  tres  palmos  y  de  mas 
de  ginco  de  luengo ,  é  son  muy  doblados 
é  regios  de  bragos  é  piernas,  é  muy  ar- 
mados de  dientes  é  colmillos  é  uñas ,  é 
en  tanta  manera  fieros ,  que  á  mi  pares- 
ger ningund  león  real  de  los  muy  gran- 
des es  tan  fiero  ni  tan  fuerte.  Pero  creo 
bien  que  los  leones  son  mas  denodados  y 
de  mas  esfuergo.  Estos  ochís  ó  tigres,  ó 
mejor  digiendo  panteras  (porque  les  falta 
la  ligerega  del  tigre  que  se  alegó  de  suso, 
y  estos  no  tienen  coyunturas  en  las  pier- 

lib.  XII,  cap.  2.) 

2  A  cujus  montibus  Tigris  fluvius  modiis  primo 
incrcmentis  nascilur.  (Just. ,  lib.  XLII.) 

3  Plin.,  lib.  VIII,  cap.  i 7. 

5J 


40:2 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


ñas  postreras  é  van  á  saltos),  hay  muchos 
dellos  en  la  Tierra-Firme ,  é  comen  á  mu- 
chos indios,  é  son  muy  dañosos.  Mas  co- 
mo he  dicho ,  yo  no  los  avria  por  tigres, 
viendo  lo  que  se  escribe  de  la  ligerega 
del  tigre  é  lo  que  se  ve  de  la  torpega  de 
aquestos  ochís ,  que  tigres  llamamos  en 
estas  Indias.  Verdad  es  que ,  segund  las 
maravillas  del  mundo  y  los  extremos  que 
las  criaturas  mas  en  unas  partes  que  en 
otras  tienen ,  segund  las  diverssidades  de 
las  provincias  y  constelaciones  donde  se 
crian ,  ya  vemos  que  las  plañías  que  son 
nocivas  en  unas  partes,  son  sanas  é  pro- 
vechosas en  otras ,  como  la  yuca,  que  en 
estas  islas  mata  é  en  la  Tierra-Firme  es 
buena  fructa.  Y  por  esto  dige  Sanct  Gre- 
gorio *  que  las  hiervas  que  sustentan  á 
unos  animales,  matan  á  otros. 

También  se  vee  que  las  aves  que  en 
una  provincia  son  de  buen  sabor,  en 
otras  partes  no  curan  dellas  ni  las  co- 
men. Los  hombres  en  una  parte  son  ne- 
gros ,  é  en  otras  provincias  son  blancos, 
é  los  unos  é  los  otros  son  hombres.  Y  aun 
estos  ochís  ó  tigres  que  son  quales  he  di- 
cho é  tan  hermosos  en  la  piel,  en  la 
Tierra-Firme  en  la  provingia  de  Gueva  é 
otras,  digo  que  de  los  mismos  hay  en 
Nicaragua,  é  también  los  hay  negros,  en 
especial  cerca  de  la  laguna  de  Gocabolca 
famosa,  é  cerca  de  Salteba  é  por  alli.  Y 
no  es  de  maravillar  de  lo  que  Plinio  di- 
ce ^,  que  los  leones  solamente  en  Siria 
son  negros.  Ya  podria  ser  que  los  tigres 
assi  mismo  fuessen  en  una  parte  ligeros, 
como  escriben ,  y  que  en  la  Tierra-Firme, 
de  donde  aqui  se  habla ,  fuessen  torpes  y 
pesados.  Animosos  son  los  hombres  y  de 
mucho  atrevimiento  en  algunos  rey  nos, 
ó  tímidos  é  cobardes  naturalmente  en 
otros.  Todas  estas  cosas  é  otras  muchas 
que  se  podrían  decir  á  este  propóssito, 
son  fáciles  de  probar  é  muy  dignas  de 


creer  de  todos  aquellos  que  han  leydo  ó 
han  andado  por  el  mundo,  á  quien  la 
propria  vista  avrá  enseñado  la  experien- 
cia de  lo  que  es  dicho. 

A  estos  tigres  ú  ochís  los  matan  fácil- 
mente los  ballesteros,  desta  manera.  Assi 
cómo  el  ballestero  sabe  donde  anda  al- 
gund  tigre  destos ,  vale  á  buscar  con  su 
ballesta  é  con  un  can  pequeño  ventor  ó 
sabueso  ( é  no  con  perro  de  presa ,  por- 
que al  perro  que  con  él  se  afierra,  le  mata 
luego  ,  que  es  animal  muy  armado  de 
grandíssima  fuerca).  El  qual  ventor,  assi 
como  da  del  é  lo  halla ,  anda  alrededor 
ladrándole  é  pellizcándole  é  huyendo  ,  y 
tanto  le  molesta  que  le  hace  huir  é  en- 
caramar en  el  primer  árbol  que  por  alli 
está ,  porque  el  tigre  de  importunado  del 
ventor,  se  sube  á  lo  alto  é  se  está  allí :  é 
el  perro  al  pié  del  árbol  ladrándole ,  y  él 
regañando ,  mostrando  los  dientes ,  tírale 
el  ballestero  desde  á  doce  ó  quinge  pasos 
con  un  rallón  y  dale  por  los  pechos ,  y 
vuelve  las  espaldas  huyendo,  y  el  tigre 
queda  con  su  trabaxo  y  herida ,  mor- 
diendo la  tierra  é  los  árboles.  É  desde  á 
dos  ó  tres  horas  ó  el  otro  día  siguiente 
torna  alli,  é  con  el  perro  luego  le  halla 
donde  está  muerto  é  lo  desuella  ó  trae  al 
pueblo,  porque  el  cuero  es  muy  gentil  ó 
la  carne  no  es  mala  y  el  unto  es  muy 
provechoso  para  muchas  cosas ;  porque 
demás  de  ser  bueno  para  arder  en  el 
candil ,  es  sano  para  guisar  de  comer, 
como  buena  manteca,  é  para  aplacar 
qualquiera  hinchacon  é  postema. 

El  año  de  mili  é  quinientos  é  veynte  é 
dos  años  los  regidores  que  éramos  de  la 
cíbdad  de  Sancta  Maria  del  Darien  heci- 
mos  en  nuestro  cabildo  una  ordenanca, 
en  la  qual  prometimos  quatro  ó  cinco 
pesos  de  oro  al  que  matasse  un  tigre  des- 
tos,  y  por  este  premio  se  mataron  muchos 
dellos  en  breve  tiempo,  de  la  manera 


1     Mor.  c.  6  1.  sre.  el  c.  de  Job  38. 


2    Plin.,  lib.  VIH,  cap.  d7. 


DE  INDIAS.  LIB.  XII.  CAP.  X. 


403 


que  está  dicho  ,  é  con  gepos  assi  mismo. 
Para  mi  opinión  dicho  he  lo  que  siento 
de  ser  ó  no  ser  tigres  estos  ochis ;  mas 
sea  qualquiera  de  los  que  se  notan  en  el 
número  de  la  piel  maculada,  ó  por  ven- 
tura otro  nuevo  animal  que  assi  mismo 
la  tiene  y  no  está  en  la  cuenta  de  los 
que  están  escriptos,  porque  de  muchos 
animales  que  hay  en  Tierra-Firme,  y  en- 
tre ellos  aquestos  que  yo  aqui  porné  (ó 
los  mas  dieltos),  ningund  escriptor  de  los 
antiguos  haQO  memoria  delios,  como 
quier  que  están  en  provingias  que  igno- 
raban,  é  que  la  cosmographia  del  Tho- 
lomeo  ni  de  otros  auctores  no  se  lo  acor- 
daba ni  lo  dixo ,  hasta  que  el  almirante 
don  Cripstóbal  Colom  nos  la  enseñó.  Co- 
sa por  gierto  mas  digna  é  sin  compara- 
QÍon  capagíssima  de  memoria  é  grande 
que  no  fué  dar  Hércoles  entrada  al  mar 
Mediterráneo  en  el  Océano ,  pues  los 
griegos  hasta  él  nunca  le  supieron ',  é  de 
aqui  viene  aquella  fábula  que  dige  que 
los  montes  Calpe  é  Abila  (que  son  los  que 
en  el  estrecho  de  Gibraltar,  el  uno  en 
España  y  el  otro  en  África ,  están  enfrente 
uno  de  otro  )  eran  juntos ,  y  que  Hércoles 
los  abrió  é  dio  por  alli  entrada  al  mar 
Ogéano ,  é  puso  sus  columnas  en  Cádiz 
é  Sevilla  ^,  las  quales  César  méritamente 
trae  por  devisa  con  aquella  su  letra  de 
Plus  Ultra.  Palabras  en  verdad  á  solo 
tan  universal  Emperador ,  é  no  á  otro 
príngipe  alguno  convinientes ,  pues  en 
partes  tan  apartadas  de  donde  Hércoles 
llegó  (é  donde  después  ningund  otro 
príngipe  ha  llegado),  las  ha  puesto  su  Ce- 
sárea Magestad.  Y  pues  Hércoles  tan  po- 
co navegó,  como  de  Gregia  hasta  Cádiz 
hay,  y  por  esso  los  poetas  ó  historiales 
digen  que  dio  la  puerta  al  Ogéano ,  sin 
dubda  la  memoria  de  Colom  de  mas  alto 
premio  es  y  muy  sin  comparagion  el  mé- 


rito y  ventaja  que  á  Hércoles  tiene.  Vol- 
vamos á  nuestra  materia. 

No  dexaré  de  traer  aqui  á  memoria  del 
lelor  lo  que  se  siguió  de  aquel  ochi  ó  ti- 
gre que  vino  á  César,  para  acordar  á  los 
hombres  que  no  aprendan  offigios  bestia- 
les ó  de  conversagion  de  bestias  fieras  é 
indómitas.  Al  tiempo  queste  animal  llegó 
á  Toledo ,  pocos  dias  antes  ó  después  se 
murió  un  león  pardo  que  César  tenia  con 
que  cagaba ,  y  esta  caga ,  aunque  es  rara 
y  de  príngipes ,  no  es  cosa  nueva  ni  tan 
provechosa  ni  aplagible,  como  de  aucto- 
ridad  é  significar  una  grandega  que  es 
mas  apropóssito  de  un  cagador  é  de  sus 
salarios  que  de  otro  ninguno.  Y  cómo  se 
murió  aquel  león,  quedó  vaco  el  offigio,  y 
el  leonero ,  por  no  perder  su  ragion  é  qui- 
tagion,  suplicó  á  César  que  le  higiesse 
merged  de  aquella  guarda  é  administra- 
gion  del  tigre,  ofresgiéndose  de  le  doc- 
trinar é  amansar  é  enseñar  á  cagar  tan 
domésticamente  ó  mas  que  lo  hagia  con  el 
león  pardo ;  y  Su  Magestad  se  lo  conge- 
dió ,  y  este  cagador  lo  llevó  á  su  posa- 
da, en  una  huerta  fuera  de  Toledo,  por- 
que las  reglas  que  avia  de  enseñar  á 
aquella  bestia  eran  bestiales  é  para  fue- 
ra de  la  cibdad.  Mas  en  la  verdad  él  se 
pudiera  ocupar  en  otra  cosa  mas  útil  y 
de  menos  peligro  á  su  persona ,  porque 
aquel  tigre  era  nuevo  é  cada  dia  avie  de 
ser  mas  regio  é  fiero  é  doblársele  la  ma- 
ligia.  Con  todo ,  por  su  buena  industria, 
este  cagador  ó  maestro  desta  nueva  caga 
de  tigres  le  avie  ya  sacado  de  la  jaola  é 
le  tenia  muy  doméstico  ,  atado  con  muy 
delgada  cuerda,  é  tan  familiar  que  yo  me 
espanté  de  que  assi  lo  vi ;  é  por  salir  de 
dubda  el  capitán  Pamphilo  de  Narvaez  é 
yo  é  otros  hombres  que  estábamos  en 
aquella  sagon  en  la  corte  sobre  negogios 
de  Indias  ,  fuimos  á  ver  esta  mansedum-^. 


i     Pün.,  lib.  lll,  Prolicmio. 

2    Isid.  Elhiin.  ,  libro   XIV,   cap.  7.  Poinponio 


Mela  ,  De  situ  orbis.  Lucio  Alineo  Séneca ,  TragC" 
dia  Medea. 


404 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


bre  del  tigre.  Y  cómo  aquel  que  le  doc- 
I finaba,  entendió  que  aviemos  visto  estos 
animales  en  estas  Indias,  quísose  infor- 
mar de  nosotros  de  la  genealogía  ó  plá- 
tica destas  bestias,  y  cúpome  á  mí  la  ma- 
no de  responderle :  y  yo  le  dixe  que  en- 
tre quantos  españoles  á  estas  partes  avian 
passado,  que  eran  muchos  millares  de 
hombres,  no  sabia  que  alguno  dellos 
oviesse  contraído  tanta  amigigía  con  nin- 
guno destos  ochís  ó  tigres ,  como  él  tenia 
con  aquel ,  y  que  por  esso  era  él  de  mas 
mérito  en  tenerle  tan  pagífico  é  benívo- 
lo ;  pero  que  le  rogaba  que  no  fiasse  del, 
que  era  mala  bestia,  éque  diesse  gragias 
á  Dios  que  le  avie  librado  del  pardo  que 
se  avie  muerto ,  é  diesse  essotro  tigre  al 
diablo,  y  que  no  durmiesse  con  él,  de  una 
puerta  adentro  de  noche  ni  de  dia,  ni  de- 
xasse  de  estar  en  vela  ,  porque  sin  dubda 
rae  paresgia  que  ya  le  via  muerto ,  ó  que 
á  bien  librar ,  le  avia  de  poner  en  tra- 
baxo,  é  que  yo  no  alcangaba  otra  cosa 
de  la  condición  destos  tigres.  Estonces 
él ,  riyéndose  é  no  paresgiéndole  que  yo 
meresgia  gragias  por  tal  consejo ,  llegó- 
se al  tigre,  é  Irayéndole  la  mano  por  el 
lomo,  degia:  ((Este  émi  filiólo,  é un  anzolo 
t  lo  forró  far  miracule;  angi  voglio  andar 
in  la  India  é  portar  finque  ó  sey  de  quisti 
piu  picolini  é  voglio  que  Qésar  havia  una 
caczia  de  Imperator ,  é  voglio  que  mi  dia  uno 
síato.y»  Quiere  degir  esto  quel  cagad&r  di- 
xo  en  su  lengua  lombardesca :  Este  ani- 
mal es  mi  hijo  é  es  un  ángel  é  yo  le  haré 
hager  miraglos :  antes  quiero  yr  á  las  In- 
dias é  traer  ginco  ó  seys  destos  mas  pe- 
queñitos ,  é  quiero  que  César  tenga  una 
caga  de  Emperador ,  é  quiero  que  me  dé 
un  estado.  Pues  cómo  yo  y  los  que  alli 
estábamos,  vimos  su  contentamiento,  los 
unos  le  loaban  su  buen  deseo  y  los 
otros  callaban  ;  y  yo ,  como  vi  que  des- 
variaba, óvele  compasión,  é  dixe:  «Dios 
lo  haga,  como  vos  lo  desseais;  pero  toda- 
vía os  acuerdo  que  no  fiéis  desta  bes- 


tia ,  porque  vos  penssais  quél  agrades- 
ge  lo  que  le  enseñays ,  y  esso  él  no  lo 
puede  aprender  sin  dieta;  y  él  pienssa 
que  os  engaña  á  vos  en  sofrir  la  ham- 
bre ,  para  que  quando  mucho  le  aqueje 
é  no  le  deis  de  comer,  confiado  vos  de 
su  amistad  ,  os  lleguéis  á  rascarle ,  como 
agora  lo  hageís,  y  él  os  haga  pedagos, 
Creedme,  dixe  yo,  é  cortadle  las  uñas, 
é  aun  sacádselas  de  rayz,  é  aun  todos 
los  dientes  y  colmillos :  é  no  creáis  que 
se  las  dio  Dios  ,  para  que  vos  le  deis  á 
comer  á  horas  diputadas ,  porque  nunca 
alguno  de  su  linaje  comió  en  tinelo  ni 
llamado  con  campana  á  la  tabla,  ni  tuvo 
otra  regla  sino  devorar ,  é  crueldad  á  na- 
tura, é  queréislo  vos  hager  observante. 
Yo  os  prometo  que  si  vivimos  un  año  que 
ó  vos  ó  el  tigre  aves  de  ser  muertos ;  y 
perdonadme,  que  en  verdad  que  os  hé 
lástima.»  Mis  palabras  no  le  supieron 
bien  é  dixo  quél  me  rengragiaba ,  pero 
quél  sabia  muy  bien  aquel  offigio.  Como 
yo  no  tenia  nesgessidad  de  le  aprender, 
nos  fuimos  riendo  de  su  desatino.  Y  en 
la  verdad  yo  quedé  confiado  que  aquella 
amistad  avie  de  durar  poco,  porque  aun 
quando  el  cagador  le  rascaba,  el  tigre  no 
sé  qué  se  degia  regado  ó  murmuraba  en- 
tre dientes.  Finalmente  que  no  passaron 
ocho  días  después,  quando  entrellos  ovo 
no  sé  que  desacuerdo  sobre  sus  ligiones, 
y  el  tigre  le  oviera  de  matar  al  maestro, 
é  le  tracto  de  manera  que  si  no  fuera  so- 
corrido, le  matara.  Desde  á  poco  tiempo 
el  tigre  se  murió ,  ó  su  maestro  le  ayudó 
á  morir ,  lo  qual  creo  yo  mas.  Y  en  la 
verdad  tales  animales  no  son  para  entre 
gentes,  segund  son  feroges  é  indómitos  á 
natura.  Y  no  tengo  por  menos  bestiales 
que  á  los  mismos  tigres  quien  pienssa  ha- 
gerlos  mansos. 

Y  pues  destos  animales  se  ha  tracta- 
do,  diré  un  caso  que  en  el  Nombre  de 
Dios  acaesgió  con  un  tigre  destos,  que 
sin  dubda  es  cosa  notable.  Andaba  por 


DE  INDIAS.  LIB.  XII.  CAP.  X. 


405 


alli  wn  tigre,  y  entraba  de  noche  en  el 
pueblo  é  mataba  gallinas  é  perros  é  otros 
animales,  é  aun  indios  mansos,  é  hagia 
mucho  daño,  é  armáronle  con  una  alga- 
prima  é  de  manera  quél  cayó  en  el  lago, 
é  quedó  colgado  por  un  brago  extendido 
alto,  é  apenas  llegaba  con  los  pies  al 
suelo.  É  cómo  fué  preso,  dio  un  brami- 
do ,  al  qual  acudió  toda  la  gente ,  é  ya 
estaban  en  vela:  é  con  una  ballesta  regia, 
desde  á  ocho  ó  diez  pasos ,  un  buen  ba- 
llestero dióle  con  un  rallón  é  metiósele 
hasta  las  plumas ;  é  cómo  se  sintió  heri- 
do, dio  otro  bramido  é  un  tirón,  que 
oviera  de  derribar  una  viga,  de  dó  pen- 
día la  soga  que  le  tenia ;  é  diéronse  prisa 
á  tornar  á  armar  la  ballesta,  é  tiráronle 
tres  ó  quatro  langones ,  é  ni  ellos  ni  la 
saeta  no  le  pudo  passar  aun  el  cuero:  que 
assi  cómo  le  dieron  unas  dos  saetadas, 
se  caian  las  saetas  é   los  langones  en 


tierra.  É  de  tal  manera  se  armó  el  tigre, 
que  si  el  primero  tiro  no  (que  aquel  le 
tomó  desapergibido),  ningund  otro  le  en- 
tró ni  le  higo  daño ;  pero  por  aquel  se 
desangró  é  se  le  acabó  la  vida.  Esto  fue 
año  de  mili  é  quinientos  é  veynte  y  gin- 
co ,  y  todo  aquel  pueblo  lo  vio  é  es  no- 
torio. Y  esto  baste  quanto  á  los  tigres  de 
Tierra-Firme,  que  los  indios  llaman  ochís 
en  la  lengua  de  Cueva ,  y  en  la  de  Nica- 
ragua se  dige  teguan  tal  animal ,  é  assi 
en  diferentes  provingias  diferengiada- 
mente  los  nombran. 

En  muchas  partes  se  han  visto  des- 
pués ,  é  hay  estos  animales  desta  é  de  la 
otra  parte  de  la  línia  del  equinogio,  don- 
de los  españoles  han  andado ,  assi  como 
en  el  nuevo  reyno  de  Granada  ó  señorío 
del  príngipe  Bogotá ,  é  también  en  las 
costas  del  famoso  rio  de  la  Plata ,  alias 
de  Paranaguagu  {Lám.  4.',  fig.  10.'). 


CAPITULO  XI. 

Del  animal  ¿conque los  chr¡[}slianos  llaman  dantas,  y  algunos  los  llaman  vacas  en  la  Tierra-Firme. 


JLiOS  españoles  en  la  Tierra-Firme  lla- 
man danta  á  un  animal  que  los  indios  le 
nombran  beori  (en  la  provingia  de  Cueva), 
y  diéronle  este  nombre ,  á  causa  que  los 
cueros  destos  animales  son  muy  gruesos; 
pero  no  son  dantas.  Antes  en  los  nombrar 
assi  es  tan  improprio  el  nombre,  como  lla- 
mar al  ochí  tigre.  Estos  beoris  son  del  ta- 
maño de  un  begerro  de  un  año,  los  mayo- 
res. El  pelo  es  pardo  escuro  é  algo  mas 
espesso  quel  del  búfano ,  é  no  tiene  cuer- 
nos, aunque  los  llaman  vacas  algunos. 
Son  de  muy  buena  carne ,  aunque  es  algo 
moUigia  mas  que  la  de  la  vaca  de  Espa- 
ña. Los  pies  deste  animal  son  muy  buen 
manjar  é  muy  sabrosos,  salvo  ques  me- 
nester que  cuegan  veynte  horas  ó  mas 
(quiero  degir  que  estén  muy  cogidos), 
porque  tardan  en  se  coger.  Mas  estando 


tales,  es  manjar  para  darle  á  qualquiera 
que  huelgue  de  comer  una  cosa  de  muy 
buen  gusto  é  digislion.  Matan  estos  beoris 
con  perros ,  é  después  que  están  asidos, 
ha  de  socorrer  el  montero  con  mucha 
diligengia  á  alcangar  el  beorí ,  antes  que 
se  entre  en  el  agua ,  si  por  alli  gerca  la 
hay ;  porque  después  que  se  entra  en  el 
agua  ,  rio  ó  laguna  ,  se  aprovecha  de  los 
perros  é  los  mata  á  grandes  bocados.  É 
quando  le  toman  apartado  del  agua,  no 
tiene  tanto  cuydado  de  morder  ni  defen- 
dersse,  como  de  huir  al  agua.  Mas  des- 
pués que  en  ella  enlra^  hagelo  contrario; 
é  acaesge  llevar  un  brago  con  media  es- 
palda á  gergen  de  un  bocado  á  un  le- 
brel ,  é  á  otro  quitarle  un  palmo  y  dos 
del  pellejo,  assi  como  si  lo  desollasen. 
É  yo  he  visto  lo  uno  é  lo  otro ,  lo  qual 


406 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


no  liagen  tan  á  su  salvo  fuera  del  agua. 
Hasta  agora  los  cueros  destos  anima- 
les no  los  saben  en  estas  partes  adobar, 
ni  se  aprovechan  dellos  los  chripstianos, 
porque  no  se  dan  á  ello ;  pero  son  tan 
gruesos  ó  mas  que  los  del  búfano ,  y  no 
creo  que  serian  menos  buenas  las  bardas 
ó  cubiertas  destos  cueros  de  beoris  para 
caballos  de  gente  darmas ,  que  todas  las 


de  los  osos  son  de  muy  buen  sabor :  e 
yo  vi  en  Mantua  quel  marqués  Francis- 
co de  Gongaga  liagia  en  su  palagio  criar 
é  engordar  osos  pequeños ,  é  vi  en  su 
mesa  tractarse  este  manjar  por  cosa  pres- 
giada ,  é  aun  le  he  probado  alli  é  no  me 
supo  mal,  y  aun  tengo  por  mejores  las 
manos  del  beorí  que  las  del  oso.  De  los 
pies  no  se  hage  caso  para  los  comer,  los 


que  pueden  hagerse  en  Ñapóles ,  ó  donde  quales  é  las  manos  tiene  hendidos  dos 

mejores  se  hagen.  Estos  animales  se  la-  veges,  assi  que  es  de  tres  uñas  cada  uno: 

men  muy  á  menudo  las  manos,  como  el  la  cola  es  muy  corta  é  las  orejas  compli- 

oso,  por  alguna  especialidad  ó  gusto  que  das  (Lám.  4.'  fig.  1i.'). 
en  ello  hallan ,  é  assi  también  las  manos^ 

CAPITULO  XII. 

De  los  leones  rasos  que  hay  en  la  Tierra-Firme,  en  la  gobernación  de  Castilla  del  Oro,  assi  en  la  costa  del 

Norte ,  como  en  la  del  Sur  é  en  otras  parles. 


JLeones  hay  en  la  Tierra-Firme  reales, 
pero  son  rasos,  que  en  todo  paresgen 
febreles  grandes  escogeses ,  exgepto  que 
son  muy  armados  é  sin  barbas  ni  bedi^as 
algunas.  Ni  son  tan  denodados  como  leo- 
nes de  África :  antes  son  cobardes  é  hu- 
yen (puesto  que  tal  propriedad  es  común 
á  los  leones,  que  no  hagen  mal,  si  no  los 
persiguen  é  acometen)  *.  Métanlos  balles- 


teros de  la  manera  que  se  ha  dicho  que 
matan  á  los  ochís  ó  tigres ,  porque  assi 
se  encaraman  en  árboles.  Donde  yo  los 
he  visto  es  en  la  gobernagion  de  Castilla 
del  Oro,  en  Tierra-Firme,  en  la  costa 
del  Norte  é  en  la  del  Sur ;  é  son  de  co- 
lor leonado ,  é  matan  á  los  indios,  quan- 
do  los  toman  solos. 


CAPITULO  xiir. 

Del  gato  9erval. 


Ijato  gerval  es  animal  fiero  é  de  la  ma- 
nera y  hechura  y  color  que  los  gatos  par- 
dillos pequeños,  mansos  domésticos,  que 
tenemos  en  las  casas,  para  la  guerra  de 
los  ratones.  Mas  estos  gervales  son  tan 
grandes  ó  mayores  que  los  tigres  ú  ochís, 
de  quien  se  tracto  en  el  capítulo  X,  y 
es  el  mas  feroz  animal  que  hay  en  la 
Tierra-Firme ,  y  del  que  los  chripstianos 


mas  temen ,  porque  es  mas  ligero  de  to- 
dos los  que  por  allá  hay  ó  se  han  visto,  y 
muy  osado.  En  la  Nueva  España  y  otras 
partes  destas  Indias  los  hay.  Yo  vi  el  año 
de  mili  é  quinientos  y  quatro  uno  destos 
gatos  muerto  á  par  é  al  pié  de  la  peña 
de  Amboto  en  Vizcaya ,  el  qual  desligó  de 
una  breña  rasa  é  murió  del  golpe  que 
dio  abaxo.  É  aunque  he  visto  muchos  (i- 


i    Plinio,  lib.  VIII,  cap.  16. 


DE  INDIAS.  LIB.  XII.  CAP.  XIII. 


40': 


gres  en  las  Indias  ú  ochis ,  é  muchos  leo- 
nes reales  en  España  é  Italia  é  Flandes, 
en  espegial  en  Gante ,  en  el  palacio  de 
César,  vi  uno  muy  fiero  é  viejo  el  año 
de  mili  é  quinientos  é  diez  y  seys ;  mas 
en  todos  ellos  no  he  visto  animal  de  tan 
fieros  colmillos  é  dientes  é  uñas,  como  era 
el  que  he  dicho  que  vi  junto  á  la  peña 


de  Amboto.  Acá  en  estas  Indias  los  hay 
muy  fieros  donde  he  dicho;  assi  co- 
mo en  la  tierra  del  gran  príncipe  Bogo- 
tá ,  que  los  españoles  llaman  Nuevo  Rey- 
no  de  Granada :  é  son  de  muy  hermoso 
pelo  é  para  ricos  enforros  de  señores  é 
altos  hombres  de  Estado ,  é  los  indios  es- 
tímanlos  mucho. 


CAPITULO    XIV. 

De  los  leones  pardos. 


JLieones  pardos  hay  en  Tierra-Firme, 
bermejos  é  pintados  de  manchas  negras 
de  la  manera  é  forma  que  los  he  visto 
traer  en  la  caga  al  rey  Luis  de  Frangía 
é  otros  príngipesen  Italia,  ó  como  aquel 
que  tuvo  la  Qesárea  Magestad,  que  se 
murió  en  Toledo ,  del  qual  se  hizo  men- 


gion  en  el  capítulo  X ,  de  los  tigres ,  y 
como  los  que  hay  en  África :  é  son  ve- 
loges  é  fieros;  mas  ni  aquestos  ni  los 
leones  rasos  yo  no  sé  que  hayan  fe- 
cho mal  á  chripstianos,  ni  que  lo  ha- 
yan acometido  á  hager,  como  los  ti- 
gres. 


CAPITULO  XV. 


De  las  raposas  de  Tierra-Firme. 


ítaposas  hay  en  la  Tierra-Firme,  en  las 
gobernagiones  de  Castilla  del  Oro  é  en 
otras ,  en  ambas  costas  del  Norte  é  del 
Sur ,  é  son  bermejas ;  y  otras  hay  tan  ne- 
gras como  un  tergiopelo  muy  negro ,  é 


son  muy  ligeras  é  maligiosas,  é  algo  me- 
nores que  las  de  España:  y  parésgeme  que, 
aviendo  cantidad  de  tales  pellejas,  que  se- 
ria muy  buen  enforro  el  que  destas  rapo- 
sas se  higiesse ,  sabiéndolas  bien  adobar. 


CAPITULO  XVI. 


De  los  lobos  de  la  Tierra-Firme. 


JLiobos  he  visto  en  la  gobernagion  de 
Castilla  del  Oro  y  en  la  de  Nicaragua ,  é 
son  bermejos  é  malos  é  comen  algunos 
indios.  É  en  muchas  partes  de  la  Tierra- 
Firme  los  hay,  en  espegial  en  la  costa 
adentro  del  rio  de  la  Plata ,  muy  grandes 


é  mayores  que  grandes  alanos:  é  tienen 
el  pelo  como  de  vaca ,  é  los  dientes  co- 
mo de  perro ,  é  son  muy  armados  de  col- 
millos, é  toda  la  noche  andan ,  dando  mu- 
chos ahullidos  que  ponen  terror  grande 
á  quien  no  ha  acostumbrado  á  los  oyr. 


408 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  XVII. 


De  las  conillas  hidiondas  de  la  Tierra-Firme. 


Oay  unas  gorrÜlas  en  la  Tierra-Firme      dores  ó  monteros  le  dexan   é  se  apar- 


en muchas  parles  é  provincias  que  tie- 
nen muy  pésimo  hedor,  aunque  passen 
bien  desviadas  de  hombre,  si  el  vien- 
to viene  de  hágia  ellas.  É  porque  ya 
se  dirá  deste  aborresgible  animal  é  su 
propriedad  é  la  causa  por  qué  los  caga- 


tan  de  asco,  en  el  libro  XXIV,  capí- 
tulo XIII  lo  hallará  el  letor  mas  larga- 
mente, para  donde  me  paresge  remiti- 
lio ,  porque  alli  se  tracta  de  tres  anima- 
les muy  notables,  y  es  aqueste  el  uno 
dellos.* 


CAPITULO  xvin. 

Perros  gozques  en  la  Tierra-Firme. 


JJicho  tengo  de  los  perros  gozques  de 
la  Tierra-Firme  que  los  hay  en  muchas 
partes  que  no  ladran,  é  son  mudos  é  muy 
buenos  para  comer  y  de  todas  colores  de 
perros;  y  también  los  ovo  en  esta  Isla 
Española  é  en  las  otras  deste  golpho.  Y 
cómo  lo  he  dicho  en  el  capítulo  Y  deste 
libro  XII  y  alli  lo  puede  aver  visto  el  le- 


tor, si  desdel  pringipio  se  ha  querido 
informar  de  los  animales  destas  partes, 
por  tanto  no  hay  nesgessidad  de  lo  re- 
petir aqui.  Y  también  hay  muchos  de  los 
que  se  truxeron  de  España ,  é  muchos 
dellos  se  han  algado  é  féchese  salvajes 
é  andan  en  los  montes  ó  son  muy  da- 
ñosos. 


CAPITULO    XIX. 

De  los  cierv'os  que  hay  en  la  Tierra-Firme ,  é  gamos  d  coreos  semejantes  á  los  de  España. 


E- 


iH  la  Tierra-Firme,  en  muchas  partes 
della ,  assi  como  la  gobernagion  de  Cas- 
tilla del  Oro  é  Veneguela  é  Sancta  Marta 
é  Cartajena  é  Veragua  é  Honduras  é  en 
la  Nueva  España  é  en  la  costa  austral  é 
en  la  Nueva  Castilla ,  hay  muchos  giervos 
é  gamos  é  corgos  ni  mas  ni  menos  que 
los  de  Castilla,  é  los  indios  señores  é  prin- 
gipales  son  grandes  monteros  é  los  cor- 
ren é  montean  é  matan  con  langas  é  ojeos 
é  con  flechas  é  también  con  gepos  é  otras 
maneras.  É  se  presgian  de  tener  muchas 

•  También  dá  Oviedo  en  el  capítulo  XXXIV  del 
libro  VI  ó  de  los  Depósitos  curiosas  noticias  de  es- 
las  zorrillas  y  de  los  otros  dos  animales  que  en  esto 


cabegas  de  tales  animales  en  sus  plagas 
é  casas  de  sus  assientos:  en  espegial  en 
la  provingia  de  Nicaragua  hincan  unas 
cañas  luengas  é  muy  gruesas  (que  en 
aquella  tierra  hay),  é  en  cada  caña  po- 
nen cabegas  destos  animales  con  sus  cuer- 
nos, á  demostragion  de  Estado.  Estos  gier- 
vos en  Nicaragua  se  llaman  magat ,  é  no 
son  muy  ligeros,  porque  están  vegados 
á  vivir  en  paz,  é  esperan  mucho.  Y  caso 
que  algunos  indios  é  señores  sean  mon- 
teros, hay  tantos  y  tantos  giervos  que  no 

lugar  menciona.  En  el  libro  XXIV  ,  quinto  de  la  se- 
gunda parle  ,  á  que  se  remite,  las  amplia  notaulc- 
monte. 


DE  INDIAS.  LIB.  XII.  GAP.  XIX. 


409 


se  pueden  agotar  ni  los  acosan  tan  de 
hecho  que  parezca  que  ios  fatigan  ni  es- 
pantan. En  el  golpho  de  Orotiña  hay 
islas  y  todas  ellas  tienen  muchos  giervos. 
Toda  esta  salvagina  es  de  muy  buena 
carne,  y  en  todo  tiempo  del  año,  en  es- 
pegial  en  esta  provingia  de  Nicaragua  y 
en  León  de  Nagrando ,  ques  la  pringipal 


cibdad  de  aquella  gobernación.  De  los 
cueros  destos  animales  hagen  los  españo- 
les muy  buen  calgado  de  gapatos  é  bor- 
geguies ,  é  vaynas  de  espadas ,  é  cueros 
de  sillas  despaldas  para  assentar,  é  para 
cubrir  sillas  ginetas  é  otras  cosas ;  é  de 
lo  mismo  hagen  las  suelas  del  calgado  ,  é 
turan  bien ,  si  no  lo  mojan . 


CAPITULO  XX, 


Que  fracta  de  los  puercos  monteses  de  la  Tierra-Firme,  en  diversas  provincias. 


Ifluchas  é  grandes  manadas  de  puercos 
hay  naturales  de  la  Tierra-Firme,  y  en 
Castilla  del  Oro,  en  la  provingia  de  Cueva, 
los  llaman  chuche  ,  é  los  indios  en  otras 
provingias  lo  llaman  baquira:  écomo  an- 
dan en  manadas  juntos ,  no  osan  acome- 
terlos los  otros  animales ,  puesto  que  no 
tienen  colmillos;  mas  muerden  muy  re- 
giamente é  matan  los  perros  á  bocados. 
Estos  puercos  son  algo  menores  que  los 
nuestros  é  mas  peludos  ó  cubiertos  de 
gerdas  ásperas:  tienen  el  ombligo  en 
medio  del  espinago ,  y  en  los  pies  trase- 
ros no  tienen  dos  peguñas,  sino  una  en 
cada  pié ,  é  quando  se  embravesgen  ó  es- 
tán enojados,  baten  las  quixadas  ú  hogico 
tan  apriessa,  como  suelen  las  gigüeñas  so- 


nar el  pico,  dando  tabletadas :  en  todo  lo 
demás  son  como  los  nuestros.  Quando 
los  chripstianos  topan  alguna  manada  de- 
llos ,  procuran  de  se  subir  sobre  alguna 
piedra  ó  troncón  de  árbol,  aunque  no  sea 
mas  alto  que  tres  ó  quatro  palmos:  é des- 
de alU,  cómo  passan ,  con  un  langon  hiere 
dos  ó  tres  é  los  que  mas  puede ,  é  socor- 
riendo los  perros,  quedan  algunos  dellos 
desta  manera  muertos.  Son  muy  peligro- 
sos, quando  assi  se  hallan  en  compañía,  si 
no  hay  lugar  desde  donde  el  montero  los 
pueda  herir,  como  es  dicho.  Algunas  ve- 
ges  se  hallan  é  se  toman  algunos  lecho- 
nes,  quando  las  puercas  se  apartan  á  pa- 
rir ;  é  tienen  muy  buen  sabor,  é  hay  mu- 
chedumbre deste  ganado  salvaje. 


CAPITULO  XXI. 


Del  oso  hormiguero  en  Castilla  del  Oro  y  en  oirás  parles  de  la  Tierra-Firme. 


V/so  hormiguero  es  un  animal  que  en 
muchas  partes  de  la  Tierra -Firme  se  ha- 
lla, en  espegial  en  Castilla  del  Oro.  Es  á 
manera  de  oso  en  el  pelo ,  é  tienen  corta 
la  cola,  é  aquella  tiene  pelos  engima  é 
debaxo  della ,  é  no  á  los  lados  de  la  mis- 
ma cola :  é  paresgen  mucho  á  los  osos  de 
España ,  exgepto  en  la  cabega ,  porque 

tienen  el  hogico  muy  mas  largo ;  pero 
TOMO  I. 


pequeña  boca ,  é  un  agujero  por  do  sa- 
can la  lengua,  tan  grande  como  una  espa- 
da de  espadar  lino ,  é  quassi  de  aquella 
hechura;  é  son  animales  de  muy  poca 
vista.  Témanlos  muchas  veges  á  palos ,  é 
no  son  nogivos ,  é  fágilmente  los  perros 
los  alcangan ,  é  los  matan ,  si  con  diligen- 
gia  no  los  socorren  los  monteros,  porque 

no  se  saben  defender  ni  tienen  armas  pa- 
52 


410 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


ra  ello ,  aunque  muerden  algo.  É  hállanse 
lo  mas  continuamente  gerca  de  los  hor- 
migueros de  torronteros,  que  hagen  gierta 
generación  de  hormigas  muy  menudas  é 
negras,  en  las  campañas é  vegas  rasas, 
que  no  hay  árboles,  donde  por  destin- 
to natural  ellas  se  apartan  á  criar  fuera 
de  los  bosques,  por  rebelo  deste  animal: 
el  qual ,  como  es  cobarde  é  desarmado, 
siempre  anda  entre  arboledas  é  espessu- 
ras ,  hasta  que  la  hambre  é  nesgessidad  ó 
el  desseo  de  apasgentarse  destas  hormi- 
gas le  hagen  salir  á  los  rasos,  á  buscarlas. 
Estas  hormigas  hagen  un  torrontero  tan 
alto  como  un  hombre,  é  poco  mas ,  é  al- 
gunas veges  menor ,  é  grueso  como  una 
arca  ó  caxa  cortesana;  é  á  veges  como 
una  pipa,  é  duríssimo  como  piedra  (é 
paresgen  estos  tales  torronteros  majanos 
ó  cotos  que  dividen  ó  señalan  términos). 
É  debaxo  de  aquella  tierra  duríssima  de 
que  están  fabricados,  hay  innumerables 
[Lám.  b.'^ffig.  1.')  ó  quassi  infinitas  hor- 
migas muy  chiquitas ,  que  se  pueden  co- 
ger á  gelemines  quebrando  el  dicho  tor- 
rontero :  el  qual  de  averse  mojado  con  la 
lluvia,  é  tras  el  agua  aver  sobrevenido  la 
calor  del  sol ,  algunas  veges  se  resquie- 
bra é  se  hagen  en  él  algunas  hendeduras 
ó  crietas,  pero  muy  delgadas.  Y  digo  tan 
delgadíssimas ,  que  un  filo  de  un  delgado 
cuchillo  no  puede  ser  mas  sotil.  É  pares- 
ge  que  la  natura  les  da  entendimiento  pa- 
ra hallar  tal  manera  de  barro  estas  hor- 
migas ,  que  pueden  hager  aquel  torronte- 
ro ques  dicho ,  tan  duríssimo  que  paresge 
una  muy  fuerte  argamasa :  lo  qual  yo  he 
experimentado ,  porque  los  he  fecho  rom- 
per é  derribar,  é  no  pudiera  creer  sin 
verlo  la  durega  que  tienen ,  porque  con 
picos  é  agadones  é  barretas  de  fierro  son 
muy  dificultosos  de  desliager,  y  por  en- 
tender mejor  este  secreto ,  en  mi  presen- 
gia  se  han  derribado  algunos.  Lo  qual, 
como  es  dicho ,  hagen  las  dichas  hormi- 
gas para  se  guardar  de  aqueste  su  adver- 


sario ú  oso  hormiguero ,  que  es  el  que 
pringipalmente  se  debe  gebar  ó  substen- 
tar  dellas  ,  ó  les  es  dado  por  su  émulo ,  á 
tal  que  se  cumpla  aquel  común  prover- 
bio que  dige :  no  hay  criatura  tan  libre 
á  quien   falte  su  alguagil. 

Este  que  la  natura  le  dio  á  tan  peque- 
ño animal,  tiene  esta  forma  para  usar  su 
offigio  en  las  escondidas  hormigas,  como 
executor  de  su  muerte :  que  se  va  al  hor- 
miguero que  es  dicho ,  é  por  una  hende- 
dura ó  resquebrajo,  tan  sotil  como  un  fi- 
lo de  espada,  comienga  á  poner  la  lengua, 
c  lamiendo  humedesge  aquella  hendedu- 
ra por  delgada  que  sea ;  é  son  de  tal  pro- 
priedad  sus  babas  é  tan  continua  su  per- 
severangia  en  el  lamer,  que  poco  á  poco 
hage  lugar  y  ensancha  de  manera  aque- 
lla hendedura  que  muy  descansada  ó  an- 
chamente é  á  su  voluntad  mete  é  saca  la 
lengua  en  el  hormiguero,  la  qual  tiene 
longuíssima  é  desproporgionada  (segund 
el  cuerpo)  é  muy  delgada.  Después  que 
la  entrada  é  salida  tiene  á  su  propóssito, 
mete  la  lengua  todo  quanto  puede  por 
aquel  agujero  que  ha  hecho  é  éstase  assi 
quedo  grande  espagio ;  é  cómo  las  hor- 
migas son  muchas  é  amigas  de  la  hume- 
dad ,  cárganse  sobre  la  lengua  grandís- 
sima  cantidad  dellas  é  tantas  que  se  po- 
drían cojer  á  almuergas  ó  puños :  é  quan  - 
do  le  paresge  que  tiene  hartas  é  es  tiempo, 
saca  presto  la  lengua,  resolviéndola  en  su 
boca  é  cómeselas,  é  torna  por  mas.  É 
desta  forma  come  todas  las  que  él  quiere 
é  se  le  ponen  sobre  la  lengua.  La  carne 
deste  animal  es  súgia  é  de  mal  sabor; 
pero  como  las  desaventuras  é  nesgessida- 
des  de  los  españoles  en  aquellas  partes  en 
los  pringipios  fueron  muchas  é  muy  ex- 
tremadas, no  se  ha  dexado  de  probar  á 
comer;  pero  háse  aborresgido  tan  presto 
tal  manjar ,  cómo  se  probó  por  algunos 
chripstianos.  Estos  hormigueros  tienen 
debaxo  á  par  del  suelo  la  entrada  á  ellos, 
é  tan  pequeñíssima  que  con  dificultad  se 


DE  INDIAS.  LIB.  XII.  CAP.  XXI. 


411 


hallaría ,  sino  fuesse  viendo  entrar  é  salir 
algunas  hormigas ;  pero  por  allí  no  las 
podría  dar  el  oso ,  ni  es  tan  á  su  propós- 
sito  para  ofenderlas,  como  por  lo  alto,  en 
aquellas  hendeduras,  segund  que  está  di- 
cho. Otros  animales  hay  en  este  offigio  de 
comer  las  hormigas  de  la  misma  manera; 
é  llámanlos  assi  mismo  los  chripsíeano*  oso 
hormiguero  en  los  altos  é  tierras  de  Bogo- 
tá  que  los  españoles  llaman  la  Nueva  Gra- 
nada é  otros  la  tierra  de  los  Alcázares  *; 
pero  estos  otros  osos  hormigueros  tie- 
nen colas  é  bien  negras ,  é  por  esto  creo 
yo  que  es  otro  género  de  animales.  Mas 


como  es  dicho ,  su  oÍÍíqío  ha  dado  causa 
de  les  dar  el  mismo  nombre  á  los  unos 
que  tienen  los  otros.  También  los  hay  en 
la  provingia  de  Veneguela ,  y  allí  son  es- 
tos animales  de  mucha  fuerga ,  tanto  que 
ha  acaesgido  derribar  á  un  hombre  de 
caballo  y  maltractarle ;  y  en  el  año  que 
passó  de  mili  é  quinientos  é  quarenta  y 
uno,  estando  en  aquella  tierra  el  reve- 
rendo señor  obispo  D.  Rodrigo  de  Basti- 
das, fué  muerto  un  oso  destos  é  le  ha- 
llaron las  canillas  de  los  bragos  é  de  las 
piernas  magigas,  lo  qual  yo  supe  del  mis- 
mo obispo  *. 


CAPITULO    XXII. 


De  los  conejos  é  liebres. 


I^onejos  é  liebres  hay  en  la  Tierra-Fir- 
me en  muchas  partes  della  y  en  Castilla 
del  Oro ,  en  la  lengua  de  Cueva :  tienen 
el  lomo  é  pelo  como  de  liebre ,  é  lo  de- 
mas  es  blanco  assi  como  el  vientre  é  las 
hijadas ;  é  los  bragos  é  piernas  son  algo 
pardicos,  y  á  mi  paresger  estos  tienen 
mas  parte  de  liebres  que  de  conejos, 
aunque  son  menores  que  los  conejos  de 
España.  Témanse  las  mas  veges,  quando 
se  queman  los  montes,  y  assi  mismo  con 
lagos.  Mas  en  Nicaragua   hay   muchos 


conejos  assi  como  los  de  España,  de  los 
quales  yo  he  comido  muchos ,  é  los  in- 
dios los  salan  é  tienen  mucho  tiempo  assi 
en  gegina,  para  quando  les  falta  la  carne 
fresca.  É  assi  mismo  hagen  muy  buenos 
tasajos  de  venados  é  los  tienen  mucho 
tiempo :  é  assi  mismo  es  buena  gegina  de 
los  perros  que  llaman  xulos  é  ellos  crian 
para  comer ,  é  que  tienen  en  casa  é  los 
estiman  mucho.  É  estas  geginas  usan  por 
mercadería,  porque  tienen  abundangiade 
todos  estos  animales. 


CAPITULO  XXIII. 


De  los  animales  encubertados. 


JLios  encubertados  son  animales  mucho 
de  ver  y  muy  extraños  á  la  vista  de  los 
chripstianos  y  muy  diferentes  de  todos 
los  que  se  han  visto  en  otras  partes  del 
mundo  y  en  estas ,  y  á  ninguno  se  pue- 

1  Todas  las  palabras  y  sílabas  que  van  subra- 
yadas se  han  suplido ,  siguiendo  el  sentido  del  tex- 
to, por  estar  el  códice  original  rolo  en  esta  parte. 


den  comparar  sino  á  los  caballos  encu- 
bertados. Estos  son  animales  de  quatro 
pies ,  é  está  cubierto  todo  de  una  cober- 
tura ó  pellejo  de  una  sola  concha  duríssi- 
ma  ,  de  color  pardo  claro ,  é  por  debaxo 

2  Hallándose  cortado  medio  renglón  del  ma- 
nuscrito original,  no  es  ya  posible  suplir  del  todo 
las  últimas  palabras  de  este  capítulo. 


412 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


de  aquella  concha  salen  las  piernas  é  la 
cola ,  é  en  su  lugar  sale  la  cabega  é  pes- 
cuego.  Finalmente,  es  de  la  manera  que 
un  corsier  con  bardas ,  é  del  tamaño  de 
un  perrillo  gozque  ó  podenco  pequeño. 
La  cola  es  de  mas  de  un  palmo  é  al  ca- 
bo muy  delgada  ,  é  el  hogico  luengo ,  é 
las  uñas  hendidas  dos  veges ,  de  manera 
que  le  queda  fecho  tres  partes  cada  pié  ó 
mano ,  é  la  uña  de  enmedio  es  algo  ma- 
yor que  las  otras ,  é  todas  tres  agudas :  é 
con  aquellas  cavan  tan  apriessa,  que  ha  de 
ser  gran  cavador  el  peón  que  cavare  tan- 
to como  este  animal  yrá  minando  en  tier- 
ra sana,  aunque  alli  ninguna  cueva  ten- 
ga, por  poco  coraiengo  ó  agujero  que 
halle  pringipiado.  Es  animal  que  hage  su 
habitagion  en  torronteras  é  en  lo  llano,  é 
cavando,  como  es  dicho,  con  las  manos, 
ahondan  sus  cuevas  é  madrigueras  de  la 
forma  que  los  conejos  las  suelen  hager. 
Son  exgelente  manjar  é  témanlos  con  re- 


des ,  é  algunos  matan  ballesteros ,  é  las 
mas  veges  se  toman,  quando  se  queman 
los  campos,  para  sembrar  ó  por  renovar 
los  hervajes  para  las  vacas  y  ganados.  No 
hagen  mal  é  son  muy  cobardes.  Quitán- 
doles aquella  concha,  están  muy  gordos  é 
quassi  lo  mas  dellos  cubiertos  de  grasa 
ó  manteca  sobre  la  carne :  é  porque  to- 
man mucho  la  sal,  é  sin  ella  son  muy 
dulges ,  no  los  comen  sino  salados  de  un 
dia  antes,  porque  no  echándoles  sal,  son 
tan  gordos  que  empalagan  ó  dan  fastio; 
pero  es  buena  carne  {Lám.  5.',  fig.  2.'). 
Yo  los  he  comido  algunas  veges ,  é  son 
mejores  que  cabritos  en  el  sabor,  é  es 
manjar  sano.  No  podria  dexar  de  sospe- 
charse, si  aqueste  animal  se  oviera  visto 
donde  los  primeros  caballos  encuberta- 
dos ovieron  origen,  sino  que  de  la  vista 
destos  animales  se  avia  aprendido  la  for- 
ma de  las  cubiertas  para  los  caballos  de 
armas. 


CAPITULO  XXIV. 

Del  animal  que  en  Castilla  del  Oro  llaman  perico-ligero  los  espoñoles^  y  en  otras  partes  se  llama  la  pereza. 


Ir^ERico-LiGERO  llaman  en  la  Tierra-Firme 
á  un  animal  el  mas  torpe  que  se  puede 
ver  en  el  mundo,  é  tan  pesadíssimo  y 
tan  espagioso  en  su  movimiento,  que  pa- 
ra andar  el  espagio  que  tomarán  ginqüen- 
ta  passos,  ha  menester  un  dia  entero.  Los 
primeros  chripstianos  que  passaron  á  la 
Tierra-Firme,  quando  ganaron  el  Darien 
en  la  provingia  de  Cueva ,  como  vieron  á 
este  animal  ( acordándose  que  en  España 
suelen  llamar  al  negro  Johan  Blanco,  por- 
que se  entienda  al  revés) ,  le  pusieron  el 
nombre  muy  apartado  de  su  ser,  pues 
seyendo  espagiosíssimo,  le  llamaron  lige- 
ro, y  en  la  provingia  de  Veneguela  le  lla- 
man la  pereza.  Este  es  un  animal  de  los 
extraños ,  y  que  es  mucho  de  ver  por  la 
desconformidad  que  tiene  con  todos  los 


otros  animales.  Será  tan  luengo  como  dos 
palmos,  quando  ha  cresgido  todo  lo  que 
ha  de  cresger,  y  muy  poco  mas  desta 
mesura  será ,  si  algo  fuere  mayor.  Meno- 
res mucho  se  hallan  ,  porque  serán  nue- 
vos. Tienen  de  ancho,  medido  á  la  redon- 
da, quassi  tres  palmos:  tiene  quatro  pies 
y  delgados,  y  en  cada  mano  é  pié  quatro 
uñas  largas,  como  de  ave,  é  juntas;  pero 
ni  las  uñas  ni  las  manos  no  son  de  mane- 
ra que  se  pueda  sostener  sobre  ellas ,  y 
desta  causa,  y  por  la  delgadez  de  los 
bragos  é  piernas  é  pessadumbre  del  cuer- 
po, trae  la  barriga  quassi  arrastrando  por 
tierra.  El  cuello  del  es  alto  é  derecho  é 
todo  igual,  como  una  mano  de  aimhirez 
que  sea  de  una  igualdad  hasta  el  cabo,  ó 
como  un  cuello  do  calabaga  seguido  ,  sia 


DE  INDIAS.  LIB.  Xll.  CAP.  XXIV. 


413 


hager  en  la  cabega  proporgion  ó  diferen- 
cia alguna  fuera  del  pescuego.  É  al  cabo 
de  aquel  cueRo  tiene  una  cara  quassi  re- 
donda, semejante  á  la  de  la  lechuga,  y 
el  pelo  proprio :  hage  un  perfil  de  sí  mis- 
mo como  rostro  en  gircuyto,  poco  mas 
prolongado  que  ancho,  y  los  ojos  son  pe- 
queños y  redondos ,  é  la  nariz  como  de 
v.ü  monico,  é  la  boca  muy  chiquita;  é 
mueve  aquel  su  pescuego  á  una  parte  é  á 
otra ,  si  mueve  el  cuerpo ,  porque  la  ca- 
bega  é  el  cuello  todo  es  una  cosa,  é  no 
se  puede  mover  sino  junto,  é  paresge 
atontado.  É  su  intengion,  ó  lo  que  paresge 
quól  procura  é  apetesge,  es  asirse  de  ár- 
bol ó  de  cosa  por  donde  se  pueda  subir 
en  alto :  é  assi  las  mas  veges  que  los  ha- 
llan á  estos  animales,  los  toman  en  los  ár- 
boles ,  por  los  quales  trepando  muy  es  - 
pagiosamente,  se  andan  colgando  é  asien- 
do con  aquellas  luengas  uñas  ,  que  á  este 
propóssito  son  mas  que  para  andar  por 
tierra.  El  pelo  es  entre  pardo  é  blanco 
quassi  (como  el  pelo  del  texon) ,  é  no  tie- 
ne cola.  Su  voz  es  muy  diferente  de  to- 
das las  de  los  otros  animales  del  mundo 
(y  de  noche  solamente  suena),  y  toda  la 
noche  en  continuado  canto  de  rato  en 
rato ,  ó  con  medida  de  pausas,  cantando 
seys  puntos  uno  mas  alto  que  otro  siem- 
pre baxando,  assi  que  el  mas  alto  punto 
es  el  primero ,  é  de  aquel  baxa,  disminu- 
yendo la  voz  ó  menos  sonando,  como 
quien  dixesse  la. . .  sol.,  .fa...  mi.  ..re..ut.. 
assi  este  animal  dige^a...  ha. ..ha. ..ha... 
ha...  ha...  Y  tanto  quanto  tarda  en  can- 
lar  estos  seys  puntos,  otro  tanto  espagio 
ó  pausa  calla ,  é  torna  á  cantar  en  el  mis- 
mo tono  é  medida  otra  vez  é  á  callar ,  é 
por  esta  orden  pasa  la  noche  toda  en 
esta  su  música.  Sin  dubda  me  paresge 
que ,  assi  gomo  dixe  en  el  capítulo  pre- 
gedente  de  los  encubertados,  que  seme- 
jantes animales  pudieran  ser  el  origen  ó 
aviso  para  hager  las  cubiertas  á  los  ca- 
ballos ,  assi ,  oyendo  aqueste    animal  el 


primero  inventor  de  la  música ,  pudiera 
mejor  fundarse  para  le  dar  pringipio,  que 
por  cosa  del  mundo  é  mas  al  propóssito. 

A  Tubal  Caim,  hijo  de  Lamech,  atri- 
buye Josepho  la  invengion  de  la  música, 
é  otros  digen  que  los  pueblos  de  Arcadia 
con  cañas  largas  y  delgadas  fueron  los 
primeros  que  hallaron  el  canto.  Laergio 
dige  que  lo  halló  Pitágoras  ,  philósopho. 
Pero  este  animal  perico-ligero,  antes  le 
llamara  yo  perico-músico ,  pues  que  nos 
enseña  por  sus  seys  puntos  la...  sol... 
fa...  mi...  re...  ui...;  y  aunque  la  pro- 
nungiagion  todas  seys  veges  sea  ha... 
ha...  ha...  ha...  ha...  ha...,  el  tono  es 
diferente  é  justamente  un  punto  mas  baxo 
cada  una  de  sus  voges.  Y  como  he  dicho, 
esta  su  música  exergita  de  noche  y  nunca 
de  dia ;  y  assi  por  esto  como  porque  es 
de  poca  vista  é  le  ofende  la  claridad,  me 
paresge  animal  noturno  é  amigo  de  es- 
curidad  ó  tinieblas  [Lám.  5.',  fig.  3;"). 

Algunas  veges  que  toman  este  animal  é 
lo  traen  á  casa,  se  anda  por  ahy  de  su 
espagio ,  é  por  amenaga  ó  golpe  ó  agui- 
jón no  se  mueve  con  mas  prestega  de  lo 
que  sin  fatigarle  él  acostumbra  moverse; 
é  si  topa  algún  árbol ,  luego  se  va  á  él  é 
se  sube  á  la  cumbre  mas  alta  de  las  ramas 
é  se  está  en  el  árbol  ocho  y  diez  y  veynte 
dias,  é  no  se  puede  saber  ni  entender  lo 
que  come.  Yo  le  he  tenido  en  mi  casa,  é  lo 
que  supe  comprehender  de  aqueste  ani- 
mal es  que  se  debe  mantener  del  ayre :  é 
desta  opinión  mia  hallé  muchos ,  porque 
nunca  se  le  vido  comer  cosa  alguna ,  sino 
volver  continuamente  la  boca  hágia  la 
parte  quel  viento  viene,  mas  á  menudo 
que  á  otra  parte  alguna ;  por  lo  qual  se 
conosge  quel  ayre  le  es  muy  grato.  Y 
á  esta  mi  opinión  progedió  que  uno  des- 
tos  animales  que  yo  tenia  se  soltó  un  dia 
con  una  cuerda  que  tenia  á  un  pié  é  se 
subió  en  un  árbol,  dentro  en  casa,  é  dióse 
tales  vueltas  con  el  cabo  de  la  cuerda  á 
las  ramas  del  árbol.,  quél  no  pudo  dexar 


414 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


destar  quedo  alli  mas  de  veynte  é  ginco      subió:  ni  baxado  de  allí,  tuvo  ansia  por 


ó  treynta  dias ,  sin  comer  cosa  alguna  ni 
beber  gota  de  agua  (ni  tiene  boca  para 
comer  segund  es  chica) .  É  yo  le  hige  dexar 
estar  alli,  por  ver  esta  sospecha  en  qué 
paraba ,  é  á  cabo  de  treynta  dias  ó  mas 
le  hige  baxar  de  alli ,  é  estaba  no  mas 
flaco  ni  nesgessitado  que  quando  al  árbol 


comer ,  ni  antes  ni  después  se  vido  que 
comiessecosa  alguna.  No  muerde  ni  pue- 
de, por  ser  tan  chica  la  boca ,  ni  es  pon- 
goñoso ,  ni  he  visto  hasta  agora  animal 
tan  feo  ni  que  parezca  ser  tan  inútil  que 
aqueste. 


CAPITULO  XXV. 


De  los  zorrillos  pardos  déla  Tierra-Firme. 


Aorriilos  pardos  hay  en  muchas  partes 
de  la  Tierra-Firme,  en  espegial  en  las 
provincias  de  Sancta  Marta  é  Gartajena, 
no  mayores  que  los  gozques  pequeños;  é 
tienen  el  hogico  é  los  medios  bragos  é 
piernas  negros,  é  quassi  del  talle  é  mane- 
ra de  zorrillos  de  España ,  é  no  son  me- 
nos maligiosos  y  muerden  mucho:  é  tam- 
bién los  hay  domésticos  é  son  muy  bur- 
lones ó  traviesos,  quassi  como  los  moni- 
eos.  É  su  pringipal  manjar  é  de  que  con 


mejor  voluntad  comen  son  cangrejos,  de 
los  quales  se  cree  que  pringipalmente  se 
deben  sostener  é  alimentar  estos  anima- 
les. Yo  tuve  uno  dellos  que  una  caravela 
mia  me  truxo  de  la  costa  de  Gartajena 
(estando  yo  en  el  Darien),  que  lo  dieron 
los  indios  flecheros  á  trueco  de  dos  an- 
guelos  para  pescar ,  é  lo  tuve  algún  tiem- 
po;  é  es  animal  plagentero  é  no  tan  su- 
gio,  como  los  gatos  monillos. 


CAPITULO  XXVI. 


De  los  gatos  monillos. 


Üin  muchas  partes  de  la  Tierra-Firme 
hay  gatos  monillos  salvajes  de  tantas  ma- 
neras é  diferengias  que  no  se  podria  de- 
gir  en  poca  escriptura,  si  se  dixesen  sus 
diferentes  formas  é  sus  innumerables  tra- 
vesuras. Quando  las  hembras  crian  el  mo- 
nico,  tráenlo  á  cuestas  saltando  de  árbol 
en  árbol ,  y  aunque  se  cuelga  la  madre 
de  la  cola  ó  se  arroja  á  otro  árbol  veynte 
é  treynta  pasos  desviado ,  no  se  cae  por 
esso  el  moniUo.  Y  porque  cada  dia  se  lle- 
van á  España  no  me  ocuparé  en  degir 
dellos  sino  pocas  cosas.  Hay  los  tan  pe- 
queños como  un  harda  pequeña ,  é  tan 
grandes  como  un  mastín  grande,  y  de 


muchas  maneras  de  pelo  é  diferengiados 
gestos  é  formas,  é  algunos  tan  astutos, 
que  muchas  cosas  de  las  que  ven  hager 
á  los  hombres  las  imitan  y  hagen.  En  es- 
pegial  hay  muchos  que,  assi  como  ven 
partir  una  almendra  ó  un  piñón  con  una 
piedra,  lo  hagen  de  la  misma  manera  é 
parten  todos  los  que  le  dan,  poniéndole 
una  piedra  á  par  del  gato,  donde  la  pue- 
da tomar. 

Assi  mismo  hay  otros  que  tiran  un  pie- 
dra pequeña  del  tamaño  é  peso  que  su 
fuerga  basta,  como  lo  tirarla  un  hombre. 
Uno  destos  tuve  yo  que  poniéndole  á  par 
algunas  piedras  pequeñas,  tamañas  como 


DE  INDIAS.  LIB.  XII.  CAP.  XXVI. 


l^h 


nueges  ó  menores,  é  poniéndome  la  me- 
sa para  comer  desviada  veynte  ó  treynta 
pasos  del  gato ,  assi  como  veia  venir  el 
manjar  á  la  mesa ,  era  nesgessario  partir 
con  él  é  dalle  que  comiesse  para  le  ocupar 
las  manos;  porque  de  otra  manera,  ó  en 
acabándosele  lo  que  le  daban ,  luego  él 
despendía  todas  aquellas  piedras  contra 
la  mesa,  é  quando  essas  se  le 'acababan, 
arrincaba  tierra  del  suelo  é  á  puñados  lo 
arrojaba,  porque  le  oyessen  é  diessen  de 
comer.  Otros  hay  que,  quando  ven  comer 
á  alguna  persona  alguna  cosa,  dan  muy 
grandes  palmadas  una  mano  con  otra, 
porque  los  oygan  é  les  den  á  ellos  parte 
de  lo  que  assi  se  come. 

Quando  los  hombres  de  guerra  de  nues- 
tros españoles  van  la  tierra  adentro  en 
aquellas  provingias  de  Castilla  del  Oro, 
é  passan  por  algún  bosque,  donde  hay 
de  unos  gatos  grandes  é  negros  (de  los 
quales  en  la  Tierra-Firme  hay  muchos  y 
son  malos  é  bravos),  assi  como  ven  á  los 
chripstianos,  los  gatos  dan  voges  que  pa- 
resge  que  se  apellidan ,  é  en  poco  espa- 
cio se  juntan  muchos  é  vienen  por  engi- 
ma  de  los  árboles,  saltando  de  rama  en 
rama  é  gritando,  é  por  engima  de  la  gen- 
te no  hagen  sino  romper  troncos  de  ra- 
mas secos  é  aun  verdes  é  arrojar  sobre 
los  chripstianos  por  descalabrarlos;  é 
conviene  cobrirse  bien  con  las  rodelas  é 
yr  sobre  aviso,  para  que  noresgiban  da- 
ño é  les  hieran  algunos  compañeros,  co- 
mo de  hecho  lo  hagen  muchas  veges. 
Acaesge  tirarles  piedras  é  quedarse  ellas 
allá  en  lo  alto  de  los  árboles  é  tornarlas 
los  gatos  á  langar  contra  los  que  se  las 
tiran;  y  desta  manera  un  gato  destos  ar- 
rojó una  que  le  avie  seydo  tirada,  é  dio 
una  pedrada  en  la  boca  á  un  Frangisco 
de  Villacastin,  criado  del  gobernador  Pe- 
drarias  Dávila,  que  le  derribó  quatro  ó 
ginco  dientes :  al  qual  yo  conozco  é  le  vi 
antes  de  la  pedrada  que  le  dio  el  gato, 
con  ellos  :  é  después  muchas  veges  le  vi 


sin  dientes ,  porque  los  perdió  como  he 
dicho.  Y  no  tanto  por  culpa  de  la  mali- 
gia  del  gato  como  por  su  desdicha  de 
aquel  mangebo,  porque  aviendo  tirado 
algunas  piedras  contra  los  gatos,  se  que- 
dó una  deltas  arriba  engima  del  tronco 
de  una  rama  é  un  gato  la  tomó  é  olióla 
é  soltóla  para  abaxo ,  é  el  Frangisco  de 
Villacastin  que  algaba  la  cabega  á  mi- 
rar arriba  é  la  piedra  que  llegaba  é  era 
regia,  dióle  en  la  boca  é  quebróle  los 
dientes ,  digo  quatro  ó  ginco;  é  hoy  dia 
vive. 

Quando  algunas  saetas  les  tiran  é  hie- 
ren algún  gato  destos  prietos ,  ellos  se 
las  sacan  é  algunas  veges  las  tornan  á 
echar  abaxo ,  é  otras  veges  assi  como  se 
las  sacan,  las  ponen  ellos  de  su  mano  en 
las  ramas  de  los  árboles,  de  manera  que 
no  puedan  caer  abaxo,  para  que  los  tor- 
nen á  herir  con  ellas ;  é  otros  las  quie- 
bran é  hagen  pedagos.  Siguióse  una  vez 
que  un  ballestero  dio  una  saetada  á  un 
gato  grande  destos  negros  é  dióle  por  á 
par  de  una  oreja  é  passó  la  saeta  mas  de 
un  palmo  de  la  otra  parte ;  de  manera 
que  tanta  asta  tenia  de  fuera  por  la  par- 
te de  las  plumas  como  de  la  del  quadri- 
11o  ó  fierro:  é  no  cayó  el  gato,  porque, 
como  he  dicho,  son  grandes,  é  tan  presto 
el  gato  se  la  quiso  sacar  dando  muchos 
gritos ,  á  los  quales  se  juntaron  un  gran 
número  de  gatos,  é  cada  uno  le  ponia  la 
mano  en  la  saeta  é  el  herido  daba  luego 
gritos  é  el  otro  le  soltaba.  Y  después  que 
muchos  dellos  le  tentaron  la  saeta  ,  como 
é\  vido  que  le  daban  mas  pena  é  no  al- 
gún remedio ,  puso  la  una  mano  en  las 
plumas  é  la  otra  en  el  hierro ,  é  al  que 
venia  á  le  tocar  la  saeta  por  el  un  lado 
ó  por  el  otro ,  assi  como  extendía  la  ma- 
no, soltaba  él  la  saeta  é  tomábale  la  ma- 
no al  otro  é  levábasela  pasito  á  tentar  la 
saeta  ó  no  se  ladexaba  tocar.  É  después 
que  mucho  espagio  los  compañeros  sol- 
dados con  mucha  risa  estovieron  miran- 


416 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


dolé ,  le  tiró  otro  ballestero  é  le  díó  otra 
saetada  é  metida  por  una  espalda  se  fué 
dando  mas  gritos;  pero  no  cayó. 

Finalmente,  hay  tanto  que  degir  en 
esta  materia  destos  animales  é  de  sus  lo- 
curas é  diferenciados  géneros  dellos,  que 
sin  verlos,  es  dificultoso  de  creer,  y  en- 


tre los  dos  extremos  que  he  dicho  de  los 
mayores  é  de  los  menores,  hay  muchas 
maneras  é  diverssidades  en  ellos ,  assi  en 
el  tamaño  como  en  las  colores  é  figuras, 
é  tan  apartados  los  unos  de  los  otros ,  é 
tan  variables  y  sin  número  que  nunca  se 
acabaría  de  degir. 


CAPITULO    XXVII. 


Del  animal  llamado  churcha. 


E, 


m  Castilla  del  Oro  en  la  Tierra-Firme, 
en  especial  en  el  Darien  é  en  muchas 
partes  de  la  lengua  de  Cueva ,  hay  un 
animal  pequeño  del  tamaño  de  un  cone- 
jo mediano ,  el  hogico  muy  agudo  é  los 
colmillos  é  dientes  assi  mismo ,  la  cola 
luenga  é  de  la  manera  que  la  tiene  el  ra- 
tón, é  las  orejas  á  él  muy  semejantes. 
Es  de  color  leonado  é  quassi  como  de 
raposo  á  manchas  é  pardo  en  partes  é  el 
pelo  muy  delgado.  Aquestas  churchas  en 
Tierra-Firme ,  como  en  Castilla  las  gar- 
duñas ,  se  vienen  de  noche  á  las  casas  á 
comerse  las  gallinas  ó  á  lo  menos  á  dego- 
llarlas é  chuparse  la  sangre ,  é  por  tanto 
son  mas  dañosas,  porque  simatassen  una 
y  de  aquella  se  hartassen,  menos  daño  ha- 
rían ;  pero  acaesge  degollar  quinge  é 
veynte  é  muchas  mas ,  si  no  son  socorri- 
das. A  mi  me  degolló  catorge  gallinas 
una  destas  churchas  una  noche  en  el 
Darien ,  y  en  tiempo  que  valia  cada  una 
tres  pesos  de  oro  é  mas ;  é  á  la  verdad 
yo  no  quisiera  tantas  aves  para  mi  plato 
é  para  un  dia.  Mas  la  novedad  é  admira- 
ción que  se  puede  notar  de  aqueste  ani- 
mal, es  que  si  al  tiempo  que  anda  en  es- 
tos passos  de  matar  gallinas,  cria  sus  hi- 
jos, los  trae  consigo  metidos  en  el  seno 
desta  manera  que  aqui  diré.  Por  medio 
de  la  barriga,  al  luengo,  abre  un  seno 
que  hage  de  su  misma  piel,  de  la  mane- 


ra que  se  haría  juntando  dos  dobleges  de 
una  capa,  hagiendo  una  bolsa;  é  aquella 
hendedura  en  que  es  un  pliegue  junto  con 
el  otro,  aprieta  tanto  que  ninguno  de  los 
hijos  se  le  cae ,  aunque  corra  ó  vaya  sal- 
tando [Lám.  5.',  jig.  4.*):  é  quando 
quiere,  abre  aquella  bolsa  é  suelta  los  hi- 
jos é  andan  por  el  suelo,  ayudando  é  imi- 
tando á  la  madre  á  hager  mal ,  chupando 
la  sangre  de  las  gallinas  que  matan.  É 
cómo  siente  que  es  sentida  é  alguno  so- 
corre é  va  con  lumbre  á  ver  de  qué  cau- 
sa las  gallinas  se  escandaligan  é  cacarean , 
luego  encontinente  la  churcha  mete  en 
aquella  bolsa  ó  seno  los  churchicos,  sus 
hijos,  y  ellos  se  acojen  á  ella;  é  se  va,  si 
halla  lugar  por  donde  yrse.  Y  si  le  to- 
man el  passo ,  súbese  á  lo  alto  de  la  casa 
ó  gallinero  á  se  esconder:  é  cómo  mu- 
chas veges  las  toman  vivas  é  otras  ma- 
tan, háse  visto  muy  bien  lo  que  es  di- 
cho, é  hállanle  los  hijos  metidos  en 
aquella  bolsa ,  dentro  de  la  qual  tienen 
las  tetas  é  pueden  los  hijos  estarse  ma- 
mando. 

Yo  he  visto  algunas  destas  churchas 
é  todo  lo  que  es  dicho ,  y  aun  me  han 
muerto  las  gallinas  en  mi  casa  de  la  for- 
ma que  lo  tengo  dicho.  Es  animal  esta 
churcha  que  huele  mal ;  é  el  cuello  é  pe- 
lo é  cola  é  orejas  tienen  de  la  manera 
que  tengo  dicho. 


DE   INDIAS.  LIB.  XII.   CAP.  XXVIII. 


4n 


CAPITULO  XXVIÍI. 


De  las  bardas  que  hay  en  la  Tierra-Firme ,  é  en  espe9ial  en  la  gobernación  de  Casfilla  del  Ofo  é  en  las  pro- 
vincias de  la  lengua  de  Cueva. 


Jtlardas  hay  en  Tierra-Firme  algo  ma- 
yores que  las  de  España ,  é  no  tan  pelu- 
das ni  tan  bermejas,  porque  tienen  estas 
el  pelo  mas  llano  é  mas  escuro  en  los  lo- 
mos, é  la  cola  delamesma  hechura,  pe- 


ro mas  gruesa  la  cabega  que  las  de  Cas- 
tilla. Estas  de  acá  son  muy  buen  manjar, 
é  no  menos  solígitas  que  las  de  España ,  é 
muerden  mucho. 


CAPITULO  XXIX. 

l>el  animal  llamado  bivana. 


tLn  el  libro  XXIV ,  en  el  capítulo  XIII, 
de  tres  animales  extremados  tengo  acor- 
dado de  hager  alli  mengion  á  gierto  pro- 
póssito  que  alli  se  ha  de  tractar;  y  el 
uno  de  ellos  es  animal  de  agua  é  los  dos 
son  terrestes ,  y  destos  ya  se  ha  dicho  en 
este  libro  en  el  cap.  XVII  que  cosas  son 
las  gorrillas  hidiondas.  Quiero  agora  su- 
mariamente degir  del  tergero  llamado 
bivana,  pues  que  é  este  libro  compete 
principalmente  tal  materia.  En  la  pro- 
vincia de  Paria  é  en  otras  partes  de  la 
Tierra-Firme,  hay  un  animal  llamado  bi- 
vana, pequeño  é  de  buen  paresger,  ta- 
maño como  un  gato  destos  caseros  de 
Castilla,  corto  de  piernas  é  bragos;  mas 
de  buena  vista  é  no  bravo ;  la  cabega 
pequeña  é  el  hogico  agudo  é  negro ;  las 
orejas  levantadas  é  apergebidas ;  los  ojos 
negros  é  la  cola  luenga  é  mas  gruesa 
que  la  de  los  gatos  ó  mas  poblada  é  re- 
donda, igual  hasta  el  cabo  della.  Las  raa- 
negicas  é  los  pies  con  cada  ginco  dedos 
corticos,  é  las  uñas  negras  é  como  de  ave, 
pero  no  fieras  ni  de  presa ,  mas  prontas 
ó  hábiles  para  escarvar.  Es  cosa  de  ver 
y  de  contemplar  deste  animal ,  espegial- 

mente  que  la  corriente  del  pelo  la  tiene 
TOMO  1. 


al  revés  de  todos  los  otros  animales  de 
pelo  que  yo  he  visto ,  porque  passándo- 
le  la  mano  por  engima  desde  la  cabega 
hasta  en  fin  de  la  cola,  es  arredropelo  ó 
pospelo  é  se  le  levanta  el  pelo ,  é  llevan- 
do la  mano  sobre  él  desde  la  punta  de  la 
cola  hasta  el  hogico ,  se  le  allana  el  pelo 
[Lám.  5.%  fig.  5.*).  Tiene  forma  de  un 
lobico  pequeño ,  pero  es  mas  lindo  ani- 
mal é  quiérele  paresger  algo:  la  color 
del  es  como  aquellas  manchas  que  á  las 
mugeres  descuydadas  les  hage  el  fuego 
en  los  gamarros,  quando  se  les  chamusca 
el  pelo  é  queda  aquello  quemado ,  como 
entre  bermejo  é  amarillo  ó  como  la  color 
de  un  león.  Mas  el  pelo  deste  animal  es 
muy  delgado  é  mucho  é  blando  como  la- 
na cardada  ó  seda ;  pero  en  el  lomo  esta 
color  se  va  declinando  á  lo  pardo ,  é  lo 
demás  del  es  de  la  color  que  dixe  pri- 
mero. Todo  el  día  duerme  sin  despertar, 
si  no  le  recuerdan  para  darle  de  comer, 
é  toda  la  noche  vela  é  no  gesa  de  andar 
buscando  que  comer,  é  anda  silvando  en 
un  tono  baxo.  En  aquella  costa  de  las 
perlas  que  llaman  Paria ,  llaman  los  in- 
dios en  su  lengua  á  este  animal  bivana. 

De  dia  aunque   vé ,    él  se  anda   escon- 

53 


418 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


diendo  de  la  luz,  y  su  plager  es  escuri- 
dad.  Y  porque  huelgo  mucho,  quaudo  to- 
po en  algund  buen  auctor  cosas  que  pa- 
resgen  á  las  que  escribo ,  digo  que  Pu- 
nió *  entre  las  diferentes  maneras  que  es- 
cribe de  las  cabras ,  pone  unas  que  llama 


orige ,  é  por  otro  nombre  son  dichas  ca- 
moze  é  de  algunos  son  llamadas  soh.  Es- 
tas dige  que  tienen  el  pelo  contra  la  ca- 
bera ó  al  revés :  que  es  lo  mesmo  que 
tengo  dicho  deste  animal,  llamado  bi- 
vana. 


CAPITULO   XXX. 

De  las  ovejas  é  ganados  domésticos  que  hay  en  la  tierra  austral ,  en  Tierra-Firme ,  en  la  gobernación  de  la 

Nueva-Castilla,  donde  fué  rey  Alabaliba. 


Jtíin  la  Nueva  Castilla  é  gobernación  del 
marqués,  don  Francisco  Pigarro,  donde 
fué  rey  é  señor  el  riquíssimo  Atabahba, 
tienen  los  indios  tres  maneras  de  ovejas: 
unas  pequeñas  como  cabras  de  Guinea, 
é  otras  algo  mayores ,  é  otras  mayores 
que  todas.  Las  grandes  son  del  tamaño 
de  asnos  pequeños ;  pero  son  enxutas  de 
piernas ,  é  el  cuello  luengo  é  muy  seme- 
jantes á  los  camellos,  salvo  questas  no 
tienen  corcoba,  como  el  camello ;  mas  en 
pies  é  manos  é  todo  lo  demás ,  muy  se- 
mejantes son  á  los  camellos  :  rumian  co- 
mo ovejas  ,  é  son  tales ,  que  los  indios  se 
sirven  dellas  de  cargarlas  é  llevar  en 
ellas  lo  que  les  plage ,  con  quel  peso  sea 
moderado.  Ya  estas  ovejas  se  vieron  en 
España ,  porquel  mismo  marqués  las  llevó 
á  Castilla,  donde  son  ya  notorias;  é  en 
esta  cibdad  hay  algunas  que  se  han  tray- 
do  de  aquella  tierra.  En  la  tierra  llana 
llaman  á  este  animal  col ,  é  en  la  sierra 
le  digen  llama ,  é  al  macho  ó  carnero 
destos  llaman  urco,  é  al  cordero  mm-,  é 
son  lindos  animales  á  la  vista,  é  muy 
mansos  é  domésticos.  Las  que  son  las 
medianas  de  los  tres  géneros  que  he  di- 
cho ,  esas  son  las  que  tienen  la  lana  muy 
fina,  que  paresge  seda,  de  que  los  in- 
dios hagen  muy  rica  ropa.  A  mí  me  dio 


el  adelantado  don  Diego  de  Almagro  una 
de  aquestas  ovejas  mayores  en  la  cibdad 
de  Panamá ,  é  la  embarqué  en  una  cara- 
vela  en  el  Nombre  de  Dios ,  é  viniéndo- 
me por  la  mar,  se  murió  en  aqueste  gol- 
pho  é  nos  la  comimos ;  é  es  á  mi  pares- 
ger  una  de  las  mejores  carnes  del  mundo. 
Las  otras  dos  maneras  de  ovejas  de  aque- 
lla tierra  yo  no  las  he  visto  [Lám.  5.' 

Digen  algunos  veginos  desta  cibdad  de 
Sancto  Domingo  que  han  estado  en  aque- 
lla tierra ,  que  las  unas  é  las  otras  es  muy 
buena  carne.  Son  de  las  colores  que  son 
las  ovejas  en  España  ,  blancas  é  negras, 
é  mezcladas  de  ambas  colores ,  é  la  lana 
es  llana  é  no  merina,  é  por  la  mayor 
parte  las  grandes  son  rasas  é  el  pelo 
baxo ,  aunque  en  los  lomos  tienen  mas 
larga  la  lana.  Las  medianas  son  berme- 
jas é  blancas,  mezcladas  en  estas  dos  co- 
lores juntas  é  cada  una  por  sí :  de  las  pe- 
queñas ,  que  son  mas  salvajes ,  se  acaes- 
ge  ver  bravas  en  el  campo  piaras  de 
quinientas  é  mili  dellas  juntas,  é  muy 
finas,  negras.  Estasque  he  dicho  que  son 
grandes ,  assi  mismo  las  hay  en  el  rio  de 
la  Plata,  de  su  embocamiento  adentro  en 
aquella  tierra ,  como  adelante  se  dirá  en 
el  libro  XXIII,  capítulo  VIL 


i     Plin.,lib.  VIII,  cap.  Ci. 


DE  INDIAS.  LIB.  XII.  CAP.  XXXI. 


419 


CAPITULO  XXXI. 

Del  animal  llamado  guacabitinax. 


vIüACABiTiNAX  es  uü  animal  de  quatro 
pies,  tamaño  como  un  podenco,  é  el  pelo 
es  raso  é  como  giervo  pardo ,  é  las  pier- 
nas delgadas  é  lisas  de  la  manera  del 
venado,  é  assi  hendidas :  la  cabega  tiene 
como  un  lechen,  é  el  hogico  como  de 
conejo  é  los  dientes :  no  tiene  cola  :  de- 
sollado, tiene  la  manteca  como  puerco,  é 
son  muy  buen  manjar.  Hagen  sus  cuevas 
en  los  terreros  como  conejos ,  é  hay  mu- 
cha cantidad  dellos  en  las  islas  questan 
cerca  de  la  isla  de  las  Perlas  y  en  la  isla 


de  las  Culebras ,  gerca  del  rio  de  San 
Johan :  la  qual  isla  unos  la  llaman  la  Fe- 
lipa é  otros  la  digen  la  Gorgona.  É  hay 
otros  animales,  tamaños  como  cochinos 
de  un  año  é  maravillosos  de  comer,  é  de 
los  mejores  sabores  de  carne  que  por 
essas  partes  hay ,  é  son  ni  mas  ni  menos 
que  los  susodichos ,  exgepto  que  son  al- 
gunos dellos  pintados  de  diverssas  colores 
entre  pardo  é  negro ,  como  suele  acaes- 
ger  en  las  ovejas  ó  giervos. 


CAPITULO  XXXII. 

De  los  animales  que  los  indios  llaman  tarucos  en  la  Nueva  Castilla ,  á  los  quales  llaman  en  Italia  mufros  ,  y 

en  España  no  creo  que  los  hay. 


11  ay  en  la  Nueva  Castilla,  donde  fué 
rey  y  señor  el  riquíssimo  Atabaliba,  é 
gobernador  aquel  infelige  marqués,  don 
Frangisco  Pigarro  ,  unos  animales  del 
tamaño  de  giervos,  é  de  uña  hendida 
é  en  todo  y  por  todo  son  como  gier- 
vos, lalvo  quel  pelo  es  mas  áspero  é 
mucho  mas  espeso  é  no  tienen  cuernos. 
É  no  los  comen  los  indios ,  é  son  á  la 
manera  de  los  animales  que  llaman  en 
Italia  mufros ,  é  andan  en  grandes  mana- 


das de  ginco  é  seys  mili  dellos  juntos  é 
mas  é  menos,  é  los  indios  de  aquella 
tierra  llaman  á  este  animal  taruco.  Vistos 
á  prima  faz,  paresgen  proprios  giervos  sin 
cuernos;  pero  considerados  con  mas  es- 
pagio,  son  muy  diferentes ,  porque  huelen 
mal  á  monte ,  é  el  hogico  es  quassi  como 
de  puerco ;  por  lo  qual ,  algunos  que  con 
mas  atengion  los  han  considerado,  los 
llaman  puercos  gervales. 


CAPITULO  XXXIII. 


Del  animal  llamado  guabiniquinax. 


U  n  animal  hay  llamado  guabiniquinax, 
que  es  algo  mayor  que  un  conejo ,  é  tie- 
ne los  pies  de  la  misma  forma ,  é  la  cola 
es  como  de  ratón  é  luenga,  é  el  pelo 


mas  derecho  como  texon :  el  qual  les  qui- 
tan é  quedan  blancos  é  buenos  de  comer. 
Témanse  estos  animales  en  los  mangla- 
res questan  nasgidos  en  el  agua  en  la 


420 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


costa  de  la  mar,  é  allí  duermen  en  lo 
alto;  é  los  que  los  van  á  cagar,  meten  la 
canoa  debaxo  del  mangle ,  é  meneando 
el  árbol  hágenlos  caer  en  el  agua,  é  sal- 
tan los  indios  de  la  canoa  é  los  toman. 


resger  como  zorros ,  é  son  tamaños  como 
una  liebre.  La  color  es  parda  mixta  con 
bermejo ;  la  cola  poblada ,  é  la  cabega 
como  de  hurón.  Hay  muchos  dellos  en  la 
costa  de  la  isla  Fernandina,    por   otro 


La  manera  destos  animales  quieren  pa-       nombre  llamada  Cuba. 

CAPITULO  XXXIV. 


Bel  animal  llamado  mjre. 


Ayre  llaman  á  un  animal  que  es  tan 
grande  como  un  conejo ;  es  de  color  par- 
do entre  rubio ,  el  hogico  agudo ,  y  es 
muy  duro  de  comer;  mas  por  eso  no 
dexan  de  llevar  á  la  olla  ó  assador  á 
quantos  se  toman   dellos  en  la  isla  de 


Cuba,  donde  se  hallan  muchos  destos 
animales.  Y  tienen  una  propriedad,  y  es 
que  después  de  cogidos ,  aunque  mucho 
mas  los  cuegan,  no  están  por  esso  mas 
tiernos  de  comer,  ni  tampoco  porque 
mucho  los  assen. 


CAPITULO  XXXV. 


Del  animal  llamado  adine. 


íVdines  llaman  los  españoles  á  giertos 
animales  que  hay  en  la  Tierra-Firme,  en 
muchas  partes  della,  y  en  expegialen  el 
rio  que  llaman  de  Sancta  Cruz  desta  parte 
del  estrecho  de  Magallanes,  en  la  tierra 
austral,  donde  hay  muchos  destos  adi- 
nes.  É  son  como  lobos  é  ahullan  como 
lobos ;  é  usan  de  una  defensa  maligiosa, 
de  que  natura  los  ha  proveydo  para  su 
remedio,  y  es  que  quando  algund  balles- 
tero los  quiere  tirar,  ó  algund  cagador  los 


sigue  é  va  tras  ellos ,  algan  la  pierna  é 
arrojan  la  orina  muy  regia  hágia  el  que 
los  molesta :  é  es  tan  malo  é  hidiondo  en 
extremo  el  olor  de  aquella  orina  é  tan 
aborresgible ,  que  no  hay  hombre  hu- 
mano que  pueda  yr  adelante ,  del  asco 
é  mal  contentamiento  dé  tal  hedor;  y 
assi  entretienen  al  cagador  é  sus  canes, 
que  todos  le  dexan  yr ,  é  él  huye  é  se 
esconde  y  escapa  de  semejante  peligro  y 
muerte. 


CAPITULO  XXXVI. 


De  los  leones  g^randes  de  color  pardilld. 


A  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo  de  la 
Isla  Española  vino  el  contador  Johan  de 
Cágeres,  natural  de  la  villa  de  Madrid, 
el  qual  en  su  offigio  de  contador  sirve  á 
Sus  Magestades  en  la  gobernagion  de  la 


Nueva  Castilla  é  partes  australes  que  go- 
bierna el  marqués,  don  Frangisco  Pigarro: 
é  truxo  de  allá  un  león  nuevo  é  muy 
manso,  pero  grande  ,  de  color  pardo  cla- 
ro, de  muy  gentil  pelo,  é  hermoso  ani- 


DE  INDIAS.  LIB.  XII.  CAP.  XXXVÍ. 


421 


mal ,  é  de  lindos  ojos ,  é  muy  armado  de 
dientes  é  uñas ,  é  de  regios  miembros :  el 
qual  me  le  dio  é  yo  le  tuve  algunos  dias 
en  esta  fortaleza  de  Sus  Magestades,  que 
está  á  mi  cargo :  é  yo  le  di  después  al 
Rmo.  señor  don  Alonso  de  Fuenmayor, 
Obispo  desta  cibdad  é  de  la  cibdad  de  la 
Vega ,  presidente  del  Audiencia  Real  que 
aqui  reside ;  y  en  su  casa  está  hoy  este 


león ,  el  qual  en  espagio  de  quatro  meses 
ha  mucho  cresgido.  É  aunque  es  muy 
manso  á  natura  con  los  hombres ,  no 
quiere  ser  tocado  sino  mañosamente ;  mas 
al  perro  ó  gato  que  se  le  agerca,  presto  le 
hage  pedagos ,  y  aun  sospecho  que  cada 
dia  será  peor  su  conversagion.  Destosía- 
les leones  hay  muchos  en  aquellas  par- 
tes. 


CAPITULO  XXXVII. 

De  los  osos,  como  los  de  España. 


Bogotá  es  un  título  supremo  de  digni- 
dad sobre  todos  los  otros  señores,  en 
giertas  partes  de  la  Tierra-Firme  que  ago- 
ra llamamos  el  Nuevo  rey  no  de  Granada; 
é  en  aquella  tierra  he  sabido  de  los  capi- 
tanes Johan  de  Junco  é  Gómez  de  Corral, 
é  de  otras  personas  que  se  deben  creer, 
que  hay  muchos  osos  de  los  mismos  que 
hay  en  nuestra  España  en  todo  y  por  to- 
do ,  é  todos  los  otros  animales  que  hay 
en  Castilla  del  Oro.  Y  estos  osos  digen 


que  son  muy  osados  contra  los  perros  y 
cagadores ,  y  que  es  menester  con  ellos, 
para  los  matar  no  menor  diligengia  y  es- 
fuergo  que  para  montear  los  de  España, 
y  muy  buenos  lebreles  y  ventores  con 
ellos.  Y  también  hay  osos  y  muchos  en 
la  tierra  septentrional,  en  espegial  en  la 
Florida ,  en  aquello  que  anduvo  el  go- 
bernador Hernando  de  Soto ,  como  se  di- 
rá mas  largamente  en  el  libro  XVII  desta 
primera  parte. 


CAPITULO  XXXVIIL 


Del  animal  aserrador. 


u 


no  de  los  animales  que  á  mi  notigia 
han  venido  é  hay  en  esta  Historia  gene- 
ral, es  el  que  los  chripstianos  y  milites  que 
en  las  Indias  han  andado ,  hallaron  en  la 
tierra  septentrional  que  sedige  la  Florida, 
quando  passó  á  la  conquistar  é  morir  en 
ella  el  adelantado  Hernando  de  Soto,  pa- 
ra mas  maravillarse  los  hombres  de  tal 
bestia  é  propriedad  de  animal ,  nunca  en 


otro  oyda  semejante  cosa.  Digen  los  que 
por  aquella  tierra  anduvieron,  que  hay  un 
animal  como  texon ,  pero  mas  corto  de 
piernas  y  mas  ancho  de  lomos ,  que  tie- 
ne una  cola  como  sierra ,  é  donde  quiera 
que  habita  tiene  todos  los  árboles  aserra- 
dos ,  como  si  con  una  sierra  los  derribas- 
sen.  Assi  lo  hallares  adelante  escripto  en 
el  libro  XVII  en  el  capítulo  XXX.  * 


Véase  la  ñola  puesla  al  final  del  capítulo  XXVIII  del  espresado  libro  XVII. 


422 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO   XXXIX. 


Del  animal  que  se  llama  coQumaÜe. 


I^OQDMATLE  86  llama  un  animal  en  len- 
gua de  Nicaragua  y  en  la  Nueva  España, 
el  qual  es  tamaño  como  un  gato  de  los 
caseros  de  España :  é  tiene  el  pelo  como 
marta  gallega  en  el  cuerpo ,  é  en  la  bar- 
riga tira  á  bermejo.  Las  corbas  de  las 
piernas  son  el  calcañar,  é  el  pié  largo ;  é 
tiene  uñas  regias,  pero  no  nogivas:  la 
cabega  tiene  muy  aguda ,  é  luengo  el  ho- 
gico,  é  de  muchos  é  espesos  dientes. 
Háylos  en  muchas  partes  de  la  Tierra- 
Firme  ,  é  tienen  la  cola  luenga  é  rolliga 


como  gato;  pero  mas  larga  que  gato,  é  á 
trechos  toda  ella  diferengiada  en  el  pelo; 
que  el  un  trecho  es  de  la  color  é  pelo  del 
lomo,  é  el  otro  trecho  del  pelo  de  la  bar- 
riga, é  paresge  bien.  Es  animal  muy  man- 
so, si  no  se  enoja,  porque  enojado  muer- 
de regiamente,  en  espegial  sobre  la  comi- 
da: é  es  muy  alegre  animal  é  retoga  mucho 
con  quien  conosge.  Yo  truxe  uno  dellos 
hasta  la  villa  de  Madrid ,  año  de  mili  é 
quinientos  é  quarenta  y  siete  años,  e  le 
di  á  un  caballero  asturiano,  mi  pariente. 


CAPITULO  XL. 


De  las  vacas  de  la  tierra  septentrional. 


JHLay  en  la  Tierra-Firme  é  parte  septen- 
tentrional,  á  las  espaldas  de  la  provingia 
que  llaman  la  Florida,  segund  me  han 
gertificado  los  que  en  aquella  tierra  del 
norte  han  andado ,  muchas  vacas  y  toros 
monteses ,  que  comunmente  son  mayores 
reses  ó  animales  que  nuestro  ganado  va- 
cuno. Tienen  los  pescuegos  muy  llenos 
de  lana ,  é  la  cabega  traen  algo  mas  baxa 
que  nuestras  vacas  de  España ;  y  desde 
las  corbas  ó  medias  piernas  abaxo  hasta 
las  uñas,  están  assi  mismo  con  mucha  la- 
na ,  é  todo  lo  restante  de  sus  cuerpos  es 
raso  el  pelo.  Las  colas  tienen  largas  é  de 
la  manera  de  nuestras  vacas,  é  las  uñas 
hendidas  al  proprio ;  pero  los  cuernos  tie- 
nen puntiagudos,  é  el  uno  contra  el  otro, 
é  de  la  mandíbula  baxa  le  cuelga  una 


gran  barba  de  aquella  lana  ques  dicho. 
Los  toros  ó  machos  tienen  una  corcoba 
alta  sobre  los  hombros  en  la  cruz  ó  jun- 
tura alta ,  é  las  hembras  no  tienen  la  di- 
cha corcoba.  La  lana  ó  pelo  de  lo  res- 
tante del  cuerpo  es  como  merina  espesa. 
No  anda  ni  se  mueve  á  passo  portante  ó 
de  andadura  ni  galope ,  sino  á  la  par, 
como  acá  baria  un  caballo  maniatado; 
pero  son  sueltos  é  ligeros  animales  é  muy 
salvajes  é  innumeraules  en  cantidad.  La 
carne  dellos  es  buena,  é  el  cuero  es  muy 
regio ,  é  la  color  de  todos  ellos  es  de  leo- 
nado escuro.  Hay  destos  animales  en  mu- 
cha parte  de  la  Tierra-Firme  ,  al  norte  ó 
parte  septentrional,  como  tengo  dicho, y 
porque  el  letor  mejor  me  entienda  se  po- 
ne aqui  su  figura  [Lám.  5.*,  ^g.  7.*). 


Este  es  el  libro  déQÍmo  tergio  de  la  primera  parte  de  la  Natural  y  General  historia 
de  las  Indias ,  Islas  y  Tierra-Firme  del  mar  Ogéano :  el  qual  tracta  de  los  animales  de 
agua. 


PROHEMIO. 


ÍTj.aravillosas  son  las  obras  de  Dios ,  é 
muy  diferentes  en  géneros  las  cosas  ani- 
madas en  diversas  provingias  é  partes  del 
mundo ,  assi  en  sus  espegies  é  formas,  co- 
mo en  su  grandega  é  proporgion ,  y  en  sus 
efetos  é  particularidades ;  y  en  tanta  ma- 
nera que  ni  de  los  animales  de  la  tierra,  ni 
de  los  pescados  é  animales  del  agua,  no 
se  puede  acabar  de  escrebir  ni  saber  por 
diligengia  humana,  ni  han  bastado  las 
vidas  de  los  hombres,  que  en  esto  se  han 
ocupado ,  á  degirlo  todo ,  ni  faltarán  co- 
sas que  notar  á  todos  los  que  son  vivos 
ó  vernán  después  de  nos.  Y  por  tanto  di- 
rá aqui  en  este  libro  dégimo  tergio  de  los 
animales  del  agua  que  hay  en  estas  mares  é 
islas  destas  Indias,  y  en  espegial  en  esta 
de  que  aqui  se  tracta.  Porque  en  esta 
materia  yo  prosiga  assi  mismo  el  estilo 
de  Plinio ,  como  en  otras  cosas ,  é  aunque 


no  lo  diga  tan  bien  como  él,  hablaré,  á  lo 
menos  conforme  á  verdad,  y  como  testi- 
go de  vista  en  las  mas  cosas,  de  que  aqui 
se  higiere  mengion;  é  uo  tan  solamente 
en  aver  visto  tales  pescados,  pero  avien- 
do  comido  de  los  mas  dellos ,  para  que 
también  pueda  en  el  gusto ,  como  en  la 
forma  dellos  testificar  lo  que  he  podido 
comprehender  é  considerar  destas  cosas. 
Assi  que  el  letor  oyga  con  atengion ,  é 
aviendo  por  máxima  lo  que  tengo  dicho, 
entienda  que  no  lee  fábulas,  ni  cosas 
aqui  acomuladas ,  por  passar  tiempo  en 
hablar  con  ornada  oragion  ó  estilo ,  co- 
mo algunos  hagen ,  porque  de  todo  esto 
caregen  estos  tractados ,  é  solamente  son 
escriptos  para  notificar  verdades  y  se- 
cretos de  la  natura,  llana  é  verda- 
deramente escriptos ,  á  gloria  é  loor  de 
Dios. 


424 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  I. 


De  los  pescados  del  mar  é  de  los  rios ,  é  de  la  manera  que  los  indios  pescan ,  é  de  los  que  hay  en  general 

en  el  agua  dulce  ó  salada. 


iLl  manjar  mas  ordinario  de  los  indios 
é  á  que  ellos  tienen  grande  afigion,  son 
los  pescados  de  los  rios  é  de  la  mar :  é 
son  muy  diestros  en  las  pesquerías  é  ar- 
tifigios  de  que  usan,  para  los  tomar ;  por- 
que assi  como  en  España  pescan  algunos 
con  caña,  de  la  mesraa  manera  los  in- 
dios lo  hagen  con  varas  delgadas  é  do- 
mables é  quales  convienen  para  ello ,  é 
con  cuerdas  é  volantines  é  con  redes  de 
algodón  é  muy  bien  hechas,  lo  mas  con- 
tinuamente.  Y  también   con  corrales   é 
atajos  hechos  á   mano  de  estacadas  en 
los  arragifes ,  donde  la  mar  en  las  costas 
cresge  é  mengua  y  en  partes  á  esto  apro- 
priadas ;  y  también  desde  sus  canoas  ó 
barcas  que  son  de  la  manera  que  tengo 
dicho  é  mas  particularmente  se  dirá  ade- 
lante. Y  también  usan  de  gierta  hierva 
que  se  dige  baygua ,  en  lugar  de  belesa  ó 
barbasco:  la  qual   desmenuzada  en   el 
agua ,  ora  sea  comiendo  della  el  pesca- 
do ,  ó  por  su  propria  vertud ,  penetrando 
el  agua,  embeódanse  los  pescados  é  des- 
de á  poco  espagio  de  tiempo  se  suben 
sobre  el  agua ,  vueltos  de  espaldas  ó  el 
vientre  para  suso ,  dormidos  ó  atónitos  sin 
sentido,  é  los  toman  á  manos  en  gran- 
díssima  cantidad.  Esta  baygua  es  como 
bexuco,  é  picada  é  maxada  aprovecha 
para  embarbascar  é  adormeger  el  pesca- 
do, como  he  dicho. 

Pero  demás  del  pescado  que  assi 
matan  en  los  rios,  toman  de  las  otras 
maneras  que  dixe  de  suso,  grande  can- 
tidad. Y  á  mi  creer  estos  pescados  de 
acá  son  mas  sanos  que  los  de  Espa- 
ña, porque  son  de  menos  flema,  pe- 
ro no  de  tan  buen  sabor,  puesto  que  acá 


los   hay  muy   buenos;    assi  como  ligas 
grandes  y  pequeñas ,  é  xureles ,  é  ber- 
mejuelas,  é  moxarras,  guabinas,  palo- 
metas, dihahacas,  sávalos,  robalos,  par- 
guetes,   corbinetas ,   cornudas,    pulpos, 
tollos ,  cagones ,  sardinetas ,  agujas ,  len- 
guados, agedias,   salmonados  (no  digo 
salmones),  hostias,  almejas,  é  marisco 
de  muchas  maneras;  langostas,  cangre- 
jos, xaybas,  camarones,  rayas  muchas, 
y  en  algunas  partes  muy  grandes;  an- 
guilas, morenas ,  muchos  é  muy  grandes, 
tiburones,  lobos  marinos,  tortugas  muy 
grandes  é  otras  pequeñas ,  que  los  indios 
llaman  hicoteas,  muchas  doradas   (este 
es  uno  de  los  buenos  pescados  de  la  mar); 
pexe  vihuela,  pescados  voladores  muchos 
é  no  de  la  forma  de  los  que  en  las  mares 
de  España  llaman  golondrinos ,  pero  muy 
menores:    é  de  cada  cosa  ó  género  de 
los  que  he   dicho ,    muchos  y  en  gran- 
de cantidad.   Muchos  marraxos  é  votos, 
toñinas,  ballenas  asaz.  Pero  no  curemos 
de  extender  mas  esta  materia  en  la  ge- 
neralidad ,  pues  todos  estos  pescados  hay 
en  las  mares  de  España ;  y  los  que  de- 
llos  son  de  rios ,  en  los  rios  de  allá  assi 
mesmo. 

Vengamos,  pues,  á  la  espegíalidad  ó 
particular  relagion  de  algunos  de  los  que 
es  dicho  de  suso  é  hay  en  estas  partes; 
porque  este  libro  no  solamente  ha  de  ser- 
vir en  esta  parte  primera  de  aquesta 
Natural  Historia  de  Indias ;  pero  escusar- 
me  ha  de  replicar  en  la  segunda  ó  tornar 
á  reescrebir  muchas  cosas  de  estas  á  que 
me  podré  referir ,  quando  convenga  ha- 
blar en  ellas  en  los  libros  de  adelante.  Mas 
porque  dixe  debaxo  desta  generalidad 


DE  INDIAS.  LIB.  XIII.  CAP.  I. 


425 


que  los  indios  pescan  con  varas,  imitan- 
do al  pescar  de  caña  de  España,  é  con 
cuerdas  ó  volantines.  Digo  que  estas  dos 
maneras  de  pescar  aprendieron  ellos  de 
los  chripstianos ,  porque  los  indios  no 
tenian  anguelos.  Assi  que,  dexadas  estas 


dos  maneras  de  pesquería,  aparte  de  las 
otras  que  he  dicho,  sin  ellas  se  aprovecha- 
ban é  pescaban  continuamente  de  otras 
formas,  é  también  con  xudrias  é  con 
cierta  manera  de  garlitos  en  los  rios .  Assi 
que,  vengamos  á  los  particulares  pescados. 


CAPITULO  II. 


De  las  ballenas  que  hay  en  las  cosías  é  mares  deslas  Indias  é  islas  é  Tierra-Firme. 


Oegund  Plinio  *  tracta  de  los  animales  de 
agua,  muy  grandes  animales  son  las  ba- 
llenas. Pero  yo  no  puedo  tan  libremente 
hablar  en  la  mensura  ó  grandeva  que  él 
les  da,  porque  no  las  he  medido  ni  visto 
en  tierra;  pero  en  la  mar  he  visto  mu- 
chas que,  segund  la  estimativa  de  los  hom- 
bres de  la  mar,  é  á  lo  que  muestran  en 
el  agua,  langándola  en  alto  (de  forma  que 
paresQen  desde  algo  lexos  alguna  vela 
de  navio) ,  júzgase  que  no  son  menores 
que  las  que  andan  por  las  costas  de  Es- 
paña y  matan  en  ella.  Destas  muchas  ve- 
ges  las  he  hallado  é  visto  en  estas  mares 
del  Norte  entre  aquestas  islas  é  Tierra- 
Firme;  é  también  en  las  costas  que  la 
Tierra- Firme  tiene  de  la  banda  del  Sur, 
€omo  mas  particularmente  lo  escribiré, 
quando  de  aquella  tierra ,  en  la  segunda 
parte  desta  natural  historia,  prosiguiere- 
Todos  los  hombres  que  en  estas  mares 
de  acá  he  oydo  hablar  en  esta  materia, 
digen  que  las  ballenas  que  acá  hay  son 
los  mayores  animales  de  agua;  mas  no 
he  sabido  que  en  las  Indias  se  haya  muer- 
to alguna  dellas,  ni  halládose  el  ámbar 
gris,  que  segund  opinión  de  algunos  pro- 
gede  dellas,  á  coitu  ceti.  Piensso  yo  que 
aquel  animal  llamado  physiter ,  que  como 
dige  Plinio  ^  se  levanta  sobre  el  agua  en 
forma  de  coluna,  ése  hage  mas  alto  que 
las  velas  de  los  navios ,  é  después  echa 


por  la  boca  un  diluvio  de  agua,  debe  ser 
ballena ,  porque  su  exergigio  della  es  ha- 
ger  lo  mismo.  É  á  este  propóssito  diré  lo 
que  vi,  é  otros  muchos  conmigo  ,  en  la 
boca  del  golpho  de  Orotiña,  que  es  dos- 
gientas  leguas  al  ocgidente  de  la  cibdad 
de  Panamá ,  en  la  costa  que  la  Tierra- 
Firme  tiene  mirando  á  la  parle  austral.  El 
año  de  mili  é  quinientos  y  veynte  é  nue- 
ve ,  saliendo  una  caravela  (en  que  yo  yba) 
de  aquel  golphete  á  la  mar  grande,  para 
yr  á  la  cibdad  que  he  dicho ,  gerca  de 
aquel  embocamiento  andaba  un  pex  ó 
animal  de  agua  muy  grande ,  é  de  rato 
en  rato  se  arboraba ;  é  lo  que  mostraba 
fuera  del  agua,  que  era  la  cabega  é  dos 
bragos ,  é  de  alli  abaxo  parle  del  cuer- 
po ,  mas  alto  era  que  nuestra  caravela  é 
sus  másteles  mucho.  É  assi  levantado,  da- 
ba un  golpe  consigo  en  el  agua  é  torna- 
ba á  hager  lo  mismo  desde  á  poco  espa- 
gio ;  pero  no  langaba  agua  por  la  boca 
alguna,  puesto  que  al  caer,  hagia  saltar 
asaz  de  las  ondas  sobre  que  caia:  y  un 
hijo  deste  animal  ó  semejante  á  él ,  pero 
mucho  menor,  hagia  lo  mismo,  siempre 
desviándose  del  mayor;  é  á  lo  que  los 
marineros  é  los  que  en  la  caravela  yban, 
degian ,  por  ballena  é  ballenato  los  juzga- 
ban. Los  bragos  que  mostraban  eran  muy 
grandes ,  é  algunos  degian  que  las  balle- 
nas no  los  tienen ;  pero  lo  que  yo  vi  es 


i    Plin.,  lib.  IX,  cap.  3. 
TOMO  I. 


2     Plin.,  lib.  IX,  cap.  4. 


54 


426 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


lo  que  tengo  dicho ,  porque  yba  dentro 
en  la  caravela.  É  alli  yba  el  padre  Lo- 
rengo  Martin ,  canónigo  de  la  iglesia  de 
Castilla  del  Oro ,  y  el  maestre  é  piloto  era 
Johan  Cabegas ,  é  alli  yba  assi  mismo  un 
hidalgo,  dicho  Sancho  de  Tudela,  con 
otros  que  alli  se  hallaron ,  é  son  vivos, 
que  podrán  testificar  lo  mismo ,  porque 
nunca  querría  en  semejantes  cosas  dexar 
de  dar  testigos.  A  mi  paresger  cada  bra- 
go  de  aqueste  animal  arbitraba  yo  que 
seria  de  veynte  é  ginco  pies  de  luengo, 
é  tan  gruesos  los  bragos,  como  una  pipa. 
É  la  cabega  mayor  que  catorge  ó  quinge 


pies  de  alto ,  é  mas  ancha  ella  y  el  resto 
del  cuerpo  de  otros  tantos.  Y  levantába- 
se en  alto ,  y  era  lo  que  mostraba  mas 
que  ginco  estados  de  un  hombre  media- 
no en  alto.  Y  no  era  poco  el  miedo  que 
teníamos  todos ,  quando  se  agercaba  al 
navio  en  aquellos  sus  saltos,  porque  nues- 
tra caravela  era  pequeña  ;  é  á  lo  que  po- 
dimos  sospechar  este  animal  paresgia  que 
sentía  letigia  del  tiempo  futuro  que  pres- 
to saltó  en  gran  vendabal  ó  poniente:  el 
qual  viento  fue  mucho  á  nuestro  propós- 
sito  é  navegagion ,  con  que  en  pocos  dias 
llegamos  á  la  cibdad  de  Panamá. 


CAPITULO  III. 


Del  pexe  llamado  vihuela  é  de  sus  armas. 


rLl  pexe  ó  pescado  llamado  vihuela  es 
grande  animal ,  é  la  mandíbula  ú  hogico 
alto  ó  superior  del  es  una  espada  orlada 
de  unos  colmillos  ó  navajas  de  una  parte 
é  de  otra ,  tan  luenga  como  un  brago  de 
un  hombre,  é  algunos  mayores  é  me- 
nores ,  segund  la  grandega  é  cuerpo  des- 
te  animal  que  tales  armas  tiene.  Yo  le 
he  visto  en  el  Darien ,  en  la  Tierra-Fir- 
me ,  tan  grande  que  un  carro  con  un  par 
de  bueyes  tenia  harta  carga  é  peso  que 
traer  en  él  desde  el  agua  hasta  el  pue- 
blo. Estas  espadas  que  digo,  están  llenas 
de  unas  puntas  de  huesso  magigas  é  re- 
gias é  muy  agudas  ó  pungantes  de  una 
parte  é  otra  de  la  espada ,  con  la  qual  no 
se  le  para  pescado  delante,  sin  que  le 
mate.  Y  también  hay  estos  pescados  en 
las  costas  desta  é  de  las  otras  islas  destas 
partes.  Estos  pescados  me  digen  á  mi  los 


hombres  de  la  mar  que  los  hay  en  Espa- 
ña; pero  sin  estas  puntas  ó  púas  en  las 
espadas.  No  sé  si  lo  crea ,  porque  en  al- 
gunos templos  en  España  las  he  visto 
colgadas;  pero  no  sé  de  dónde  las  han 
llevado  ó  si  las  hay  en  el  mar  de  Espa- 
ña assi  fieras :  mas  acá  en  estas  mares  de 
las  Indias  é  Tierra-Firme  muchas  destas 
he  visto  de  la  manera  que  tengo  dicho. 
Son  buenos  pescados  de  comer;  pero  no 
tales  como  los  pequeños  dellos  mismos  é 
de  otros  de  los  menores  de  otras  espe- 
gies ,  porque  por  la  mayor  parte  los  pes- 
cados muy  grandes  no  son  sanos  acá,  á 
lo  que  yo  he  entendido ,  é  las  mas  ve- 
ges  se  comen  por  nesgessidad ,  exgepto 
e\  manatí  y  que  aunque  son  muy  gran- 
des, son  muy  buenos  é  sanos :  del  qual 
manatí  se  dirá  mas  adelante  en  su  lu- 
gar. 


DE  INDIAS.  LIB.  XIII.  CAP.  IV. 


42: 


CAPITULO  IV. 


De  los  pexes  voladores  que  se  hallan  en  el  grande  golpho  del  mar  09éano ,  viniendo  de  España  á  es- 
tas Indias. 


Alguno  preguntará  la  causa  por  qué  di- 
go que  estos  pescados  voladores  se  ha- 
llan á  la  venida  á  estas  partes  en  el  gran- 
de mar  é  golpho  del  Ogeano ,  é  no  dixe 
á  la  vuelta  desde  aquestas  Indias  á  Es- 
paña ó  Europa.  Y  por  sacar  desta  dub- 
da  al  letor,  digo  que  aunque  á  la  vuelta 
se  hallan  los  mismos  pescados ,  assi  co- 
mo á  la  venida,  no  son  tantos  en  mucha 
manera,  ni  los  navios  vuelven  por  el  mis- 
mo rumbo  ó  derrota  que  acá  vinieron ,  é 
á  la  banda  del  Norte  na  hay  tantos  como 
por  estotra  via  hágia  el  Sur,  ó  parte  de  la 
Tierra-Firme.  Hállanse  desde  tan  peque- 
ños como  un  abejongico,  hasta  tamaños 
como  grandes  sardinas.  Estos,  quando 
las  naves  van  corriendo  en  su  viaje  é  á 
la  vela ,  se  levantan  de  una  parte  y  de 
otra  á  manadas  grandes  é  pequeñas;  pe- 
ro en  ellos  es  grandíssimo  é  incontable 
el  número  destos  peges  voladores;  y  de 
un  vuelo  acaesge  yr  á  caer  espagio  de 
dosgientos  passos ,  é  mas  é  menos ;  é 
acaesge  algunas  veges  caer  dentro  en  las 
naos ,  é  yo  los  he  tenido  vivos  en  las  ma- 
nos é  los  he  comido.  Y  son  muy  buen 
pescado  al  sabor,  exgepto  que  tienen  mu- 
chas espinas  delgadíssimas :  de  gerca  ó 
un  poco  mas  baxo  de  las  quixadas  les 
salen  dos  alas  delgadas  é  de  la  forma  de 
aquellas  alas,  con  que  nadan  los  peges  é 
barbos  en  los  rios ;  pero  son  tan  luengas 


como  es  todo  el  pescado  que  las  tiene ,  é 
aquestas  son  sus  alas.  Y  en  tanto  que 
aquellas  tardan  de  se  enjugar  con  el  ay- 
re,  quando  assi  saltan  fuera  del  agua,  tan- 
to se  pueden  sostener  de  un  vuelo ;  pero 
assi  como  son  enxutas  (que  es  á  lo  mas  el 
espagio  ó  trecho  que  tengo  dicho),  caen 
en  el  agua  é  tórnanse  á  levantar,  é  ha- 
gen  lo  mismo  ó  se  quedan  debaxo  é  no 
salen.  Es  muy  buen  pescado  de  comer, 
aunque  tiene  muchas  espinas,  como  dixe 
de  suso;  pero  son  tan  delgadas  que  aun- 
que se  traguen  algunas ,  ni  hagen  mal  ni 
mucho  empachan.  É  son  de  muy  buen 
sabor,  é  tienen  la  cabega  algo  redonda 
como  albures ,  é  la  color  del  lomo  es  co- 
mo aguí,  de  la  color  que  está  el  agua 
quando  el  cielo  está  muy  claro  y  deso- 
cupado de  nubes  é  sereno :  esto  es,  quan- 
do estos  peges  son  de  gerca  de  la  Tierra- 
Firme,  porque  los  que  están  mas  engol- 
phados  en  la  mar,  no  son  tan  aguíes.  En 
las  mares  de  España  me  digen  á  mí  los 
marineros  que  hay  destos  pescados  mis- 
mos y  de  otros  mayores  que  vuelan  é  se 
llaman  golondrinos;  pero  yo  nunca  los 
he  visto  allá,  en  quantas  veges  he  ydo  é 
venido  por  este  camino ,  ni  tampoco  aun- 
que desde  España  fui  en  Flandes  é  volví 
á  Castilla  por  la  mar.  En  lo  de  por  acá 
destas  Indias ,  yo  escribo  lo  que  he  visto 
y  experimentado  destos  pexes  voladores. 


428 


HISTORIA  GENERAL  Y  iNATURAL 


CAPITULO  V. 


De  la  grandeca  de  los  lobos  marinos ,  é  de  las  colores  diferentes  dellos ,  é  otras  particularidades. 


M. 


.uchos  lobos  marinos  é  muy  grandes 
hay  en  estas  mares  destas  Indias ,  assi  por 
entre  aquestas  islas ,  como  en  las  costas 
de  la  Tierra-Firme.  Estos  son  de  los  mas 
ligeros  é  prestos  animales  que  hay  en  la 
mar,  é  son  enemigíssimos  é  persegui- 
dos de  los  tiburones ;  pero  para  un  lobo 
se  juntan  muchos  tiburones ,  como  se  dirá 
adelante.  Salen  los  lobos  á  dormir  en 
tierra  en  muchas  islelas  ó  partes  de  las 
costas :  é  tienen  tan  profundo  é  pesado 
sueño  é  roncan  tan  regio ,  que  desde  lexos 
se  oyen ;  é  assi ,  muchas  veges  durmien- 
do, los  matan  de  noche.  Estos  animales 
paren  dos  tobillos ,  é  los  crian  con  dos 
tetas  que  tienen  entre  los  bracos,  ó  dos 
aletones  grandes  que  tienen  en  lugar  de 
bragos.  Tienen  el  pelo  de  sobre  sí  muy 
hermoso ,  como  un  tergiopelo  muy  lindo 
6  muy  negro,  ó  oíros  de  color  bermejo, 
é  otros  pardos  é  de  otras  colores.  Dixe 
que  es  hermoso  el  pelo,  porque  hagen 
mucha  ventaja  á  todos  los  lobos  marinos 
de  España  ó  pieles  dellos.  Entre  el  cuero 
é  la  carne  ó  pescado ,  digiendo  mejor ,  ó 
parte  ques  magra  deste  animal,  tiene 
una  grossura,  todo  él  entorno,  tan  ancha 
como  una  mano  ó  altor  de  ginco  dedos, 
todo  rodeado ,  é  á  par  del  cuero  de  una 
gordura,  de  que  se  saca  ageyte  muy  bue- 
no para  arder  en  los  candiles ,  é  para 
guisar  huevos  é  otras  cosas,  sin  ningún 
rangio  ni  mal  sabor.  É  lo  demás  deste 
pescado  es  bueno  para  comer ;  pero  abor- 
resge  presto,  si  se  continúa  algunos  dias. 
Son  muy  fieros  animales,  é  como  dixe  de 
suso,  grandes  enemigos  de  los  tiburo- 
nes. Pero  uno  por  uno  no  se  le  allega  el 
tiburón ,  porque  el  lobo  es  grande ,  é 
hay  algunos  de  diez  é  siete  pies  é  mas 


de  luengo  é  de  ocho  en  redondo  (por  la 
parle  ques  mas  ancho),  é  muy  armados 
de  dientes  é  colmillos ;  é  los  tiburones, 
aunque  son  grandes ,  no  lo  son  tanto  ni 
se  osan  combatir  con  los  lobos ,  si  no  se 
juntan  muchos  dellos  contra  un  solo  lobo,  é 
para  le  matar  á  su  salvo,  usan  de  aquesta 
astugia.  Júnlanse  muchos  tiburones,  é 
donde  ven  un  lobo  solo ,  van  á  él  porque 
el  lobo  los  atiende  é  no  les  há  temor  ni 
los  estima ;  y  hechos  en  ala  muy  orde- 
nada para  su  batalla,  le  rodean,  é  sube 
la  una  punta  é  la  otra  de  los  tiburones, 
para  geñir  é  tomar  en  medio  al  lobo.  É 
después  que  le  han  rodeado ,  sin  perder 
tiempo  sale  un  tiburón  de  los  mas  deno- 
dados de  través  ó  por  detrás ,  é  dale  un 
bocado ;  y  encontinente  todos  los  demás 
afierran  é  le  golpean ,  soltando  é  toman- 
do' á  bocados,  y  el  lobo  en  ellos  hage 
mucho  daño  en  los  que  alcanga ;  pero 
como  son  muchos ,  en  poco  espagio  le 
hagen  pedagos,  sin  dexar  cosa  del  por 
comer.  Y  en  tanto  questa  batalla  tura, 
andan  con  tanto  ruydo  y  el  agua  saltan- 
do para  arriba  tan  alia  como  un  niástel 
de  una  caravela ,  de  las  gapaladas  é  gol- 
pes que  dan  con  las  colas,  que  es  cosa 
mucho  de  ver.  É  aUi  donde  ha  seydo  esla 
pelea,  queda  el  agua  de  la  mar  hecha  san- 
gre de  la  que  salió  del  lobo ,  é  aun  de 
los  tiburones  quél  hirió  en  el  tiempo  que 
le  combatían.  Esto  no  se  puede  ver  tan 
fágilraenle  ni  tan  particular,  como  lo  tengo 
dicho ,  si  no  es  por  ventura ,  ó  mejor  di- 
giendo, por  desventura,  segund  acaesgió 
al  ligengiado  Alonso  Cuago ,  oydor  que  es 
al  presente  en  esla  Audiengia  Real,  que 
reside  en  esla  cibdad  de  Santo  Domingo 
de  la  Isla  Española,  quando  él  y  otros 


DE  INDIAS.  LIB.  XIII.  GAP.  V. 


429 


chripstianos  estuvieren  perdidos  en  las 
islas  de  los  Alacranes,  é  vieron  muchas 
veges  lo  que  he  dicho  ,  como  mas  larga- 
mente se  dirán  los  trabaxos  deste  licen- 
ciado é  de  los  que  alli  se  hallaron  en  el 
último  libro  de  los  naufragios.  Pero  por- 
que es  cosa  para  notar  lo  que  agora  diré 
deste  animal  lobo  marino ,  digo  que  las 
gintas  é  correas  que  se  hagen  del  cuero 
del  para  geñirse  los  hombres  ó  para  bol- 
sas ó  para  lo  que  quieren ,  que  quando 
quier  que  la  mar  está  baxa,  el  pelo  se 
allana,  é  quando  está  alta,  se  alga.  Cosa 
es  muy  experimentada ,  y  que  en  qual- 
quiera  ginta  ó  parte  del  cuero  del  lobo 
marino  se  ve  cada  dia ;  é  todas  las  mu- 


dangas  que  la  mar  hage,  se  conogen  en  el 
pelo  destos  animales. 

Por  lo  qual  yo  creo ,  y  por  lo  que  se 
dixo  de  suso  del  parto  6  hijos  que  crian  á 
las  tetas,  que  aquestos  que  llamamos  lobos 
marinos ,  son  los  mismos  que  el  Plinio  * 
llama  viejo  marino  en  su  Natural  Historia. 

Demás  desto,  dige  el  vulgo  que ,  para 
los  enfermos  del  dolor  de  los  lomos ,  son 
muy  buenas  ginturas  aquestas  del  cuero 
destos  lobos  :  é  á  la  verdad ,  ellas  pares- 
gen  bien  á  la  vista ,  en  espegial  las  que 
son  negras  y  de  lobo  viejo ,  porque  son 
mas  pobladas  de  pelos  mas  espessos.  Y 
esto  baste  quanto  á  los  lobos  marinos  de 
estas  partes. 


CAPITULO  VI. 


De  los  Uburones  y  de  su  grandeca,  é  de  cómo  se  toman,  é  otras  parlicularidades  destos  animales. 


Jr  uesto  que  en  las  mares  é  costas  de 
España  hay  tiburones,  é  no  sea  hablar 
en  animal  no  conosgido ,  diré  aqui  lo  que 
he  visto  en  este  gran  golpho  del  mar 
Ogéano  y  en  estas  costas  de  las  islas  é 
Tierra-Firme  destas  Indias.  Acaesge  mu- 
chas veges ,  viniendo  las  naves  á  la  vela 
ó  andando  en  su  navegagion  engolpha- 
das  ó  por  las  costas  destas  Indias ,  que 
los  marineros  matan  muchas  toñinas  é 
votos  é  marraxos  é  doradas  é  destos  ti- 
burones é  otros  pescados  con  harpones  é 
fisgas  é  anguelos  de  cadena,  é  assi  usan 
del  instrumento  de  cada  cosa  destas,  como 
lo  requiere  la  forma  del  pescado ;  pero 
dexemos  los  demás,  pues  quel  capítulo 
se  intituló  para  los  tiburones ,  y  destos 
se  diga  algo.  Porque  aunque  en  las  ma- 
res de  España,  como  he  dicho,  los 
hay,  son  por  acá  mas  comunes ,  é  mas 
particularmente  vistos  é  muertos  á  me- 


nudo ó  continuamente,  á  causa  desta  na- 
vegagion ;  é  aquestos ,  aunque  también 
se  harponan  é  les  tiran,  quando  son  pe- 
queños con  la  fisga,  con  los  mayores  es 
menester  otra  forma  para  los  matar,  por- 
que son  grandes  pescados  é  muy  ligeros 
en  el  agua ,  é  muy  carnigeros  é  golosos. 
Quando  vienen  alas  naos,  andan  sobre- 
aguados é  muy  gerca  de  la  superfigie  del 
agua:  assi  que  muy  claramente  se  ven, 
entonges  ponen  los  marineros  por  la  po- 
pa de  la  nao  un  anguelo  de  cadena ,  tan 
grueso  como  el  dedo  pulgar ,  é  tan  luen- 
go como  un  palmo  é  medio  ó  mas,  encor- 
vado, como  suelen  ser  los  anguelos:  é  las 
orejas  de  aqueste  harpon ,  son  á  la  pro- 
porgion  de  la  grossega  ques  dicho ,  é  al 
cabo  del  asta  del  anguelo  tiene  tres  ó 
quatro  ó  mas  eslabones  de  hierro  grue- 
sos ,  y  del  último  dellos  atada  una  cuer- 
da ó  soga  de  cáñamo  tan  gruesa ,  como 


i     Plinio,  lib.  IX,  cap.  17. 


430 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


dos  ó  tres  veges  el  anguelo,  é  ponen  en 
él  un  grande  pedago  de  pescado  ó  de 
togino  ó  carne  qualquiera ,  ó  parte  de  la 
assadura  de  otro  tiburón ,  si  le  han  pri- 
mero muerto ;  porque  en  un  dia  he  visto 
tomar  diez  dellos,  é  no  querer  matar  todos 
los  que  pudieran.  Assi  que ,  tornando  á 
la  manera  de  cómo  los  pescan ,  va  la  nao 
corriendo  con  todas  sus  velas ,  é  los  ti- 
burones andan  tanto  é  mas  que  ella,  por 
buen  tiempo  que  lleve,  é  la  siguen  é 
van  sobreaguados,  comiendo  la  bassura  é 
inmundigias  que  se  echan  de  la  nao.  Y 
es  tan  suelto  el  tiburón ,  que  da  alrede- 
dor de  la  nao  las  vueltas  que  él  quiere, 
é  passa  adelante  é  torna  atrás  tan  fágil- 
mente,  mas  suelto  ó  con  mas  curso  é  ve- 
logidad  que  la  nave  corre,  quanto  cor- 
rerá un  suelto  hombre  mas  que  un  niño 
de  quatro  años.  Y  acaesge  seguirla  nao, 
sin  la  dexar  dosgientas  leguas  é  mas ;  é 
assi  podria  lodo  lo  que  él  mas  quisiesse. 
Pues  yendo  por  popa,  rastrando  el  angue- 
lo ,  segund  es  dicho ,  como  el  tiburón  lo 
ve,  trágalo  todo  ;  é  cómo  se  quiere  des- 
viar con  la  presa,  por  el  tirar  de  la  nave 
atraviésasele  el  anguelo  é  pássale  una 
quixada ,  é  préndele.  Y  son  algunos  de- 
llos tan  grandes ,  que  son  menester  doge 
é  quinge  hombres ,  para  le  meter  en  la 
nao.  Y  cómo  le  llegan ,  tirando  de  la  cuer- 
da que  he  dicho,  á  la  nao,  da  con  la  cola 
tales  golpes  en  ella,  que  paresge  que  ha 
de  romperla  é  meter  las  tablas  della  den- 
tro; pero  assi  como  le  han  subido  sobre 
la  cubierta ,  un  marinero  prestamente  con 
el  cotillo  de  una  hacha  le  da  en  la  cabe- 
ga  tales  golpes ,  que  presto  le  acaba  de 
matar.  Hay  algunos  de  doge  pies  é  mas 
de  luengo ,  y  en  la  grossega  por  mitad 
del  cuerpo  tiene  seys  é  siete  palmos  é 
mas  en  redondo.  Tienen  muy  grande  boca 
á  proporgion  del  cuerpo ,  é  algunos  des- 
tos  tiburones  é  aun  los  mas  tienen  dos 


órdenes  de  dientes  en  torno  continuada- 
mente ,  la  una  gerca  de  la  otra ;  pero 
cada  gircuyto  destas  dentaduras  por  sí  é 
destinto ,  é  muy  espessos  é  fieros  ,  y  al- 
menados estos  dientes  en  partes  en  un 
mesmo  diente,  como  sierra,  hechas  pun- 
tas. Muerto  el  tiburón,  hágenle  lonjas  é 
tassajos  delgados ,  é  pénenlos  á  enxugar 
por  las  cuerdas  de  las  xargias  de  la  nave 
por  dos  ó  tres  días  é  mas ,  colgados  al 
ayre.  Y  después  se  los  comen  cogidos  ó 
assados  é  con  aquella  salsa  común  de  los 
ajos :  también  lo  comen  fresco  ,  é  yo  los 
he  comido  de  la  una  y  de  la  otra  mane- 
ra; pero  los  pequeños,  que  llaman  ha- 
quetas ,  son  mejores. 

Es  buen  pescado  para  la  gente  de  la  mar 
é  de  grande  bastimento  para  muchos  días, 
por  ser  grandes  animales ;  pero  no  es  tan 
bueno  para  los  pasajeros  é  hombres  no 
acostumbrados  á  la  mar.  Es  pescado  de 
cuero,  como  los  cagones  é  tollos;  losquales 
y  el  dicho  tiburón  paren  otros  sus  seme- 
jantes vivos,  como  los  lobos  marinos  é 
como  los  manatís ,  de  quien  adelante  se 
dhá :  de  los  quales  ninguno  puso  Plinio 
en  el  número  de  los  pescados  que  dige 
en  su  Historia  natural  que  paren ,  exgep- 
to  del  lobo  marino ,  á  quien  Plinio  *  llama 
viejo  marino.  El  qual  auctor  dige  que  los 
animales  de  agua  que  son  vestidos  de 
pelo,  no  paren  huevos ,  sino  animales: 
assi  como  son  pistre ,  ballena ,  viejo  ma- 
rino ,  á  los  quales  llama  vacas  marinas; 
é  dige  que  en  su  pelo  se  conogen  las  cre- 
gientes  é  menguantes  de  la  mar,  como 
lo  dixe  de  suso,  en  el  capítulo  pregeden- 
te  de  los  lobos  marinos.  Estos  tiburones 
ni  los  tollos ,  ni  los  cagones ,  ni  los  ma- 
natís no  tienen  pelo ,  sino  cuero ,  é  paren 
otros  sus  semejantes  vivos. 

Tornando  pues  á  los  tiburones ,  estos 
animales  muchas  veges  salen  de  la  mar  é 
suben  por  los  ríos,  é  no  son  menos peligro- 


1     Plin. ,  lib.  IX,  cap.  17. 


DE  INDIAS.  LIB.  Xlli.  CAP.  VI. 


431 


sos  que  los  lagartos  grandes  en  la  Tierra- 
Firme,  porque  también  los  tiburones  se  co- 
men los  hombres  é  las  vacas  y  las  yeguas, 
é  son  muy  dañosos  en  los  vados  de  los  rios 
é  donde  son  avegados  ó  están  ya  gebados. 
Muchos  destos  tiburones  he  visto  que 
tienen  el  miembro  viril  ó  generativo  do- 
blado. Quiero  degir  que  cada  tiburón  tie- 
ne dos  vergas  ó  un  par  de  armas ,  cada 
una  tan  larga  como  desde  el  cobdo  de  un 
hombre  grande  á  la  punta  del  mayor  de- 
do de  la  mano ,  é  algunos  mayores  é  me- 
nores ,  á  la  proporgion  ó  grandeza  del 
tiburón ;  pero  el  tiburón  que  es  de  siete 
ú  ocho  pies  de  luengo ,  é  de  ahy  adelan- 
te, tiene  estas  armas  del  tamaño  que  he 
dicho.  Yo  no  sé  si  en  el  uso  dellas  las 
exergita  ambas  juntas  en  el  coyto,  ó  cada 
una  por  sí ,  ó  en  diversos  tiempos  ;  por- 
que esta  particularidad  (digo  el  exergigio 
ó  coyto)  ni  lo  he  visto  ni  oydo ;  pero  he 
visto  matar  muchos  dellos,  é  todos  los 
machos  tienen  estos  instrumentos  para 


engendrar,  como  he  dicho,  doblados,  é 
las  hembras  sola  una  natura.  De  que  se 
colige  que  es  mas  potente  para  regebir 
que  el  macho  para  obrar.  Cosa  común  es 
ser  congedida  tal  potengia  al  sexo  femi- 
nil ;  y  acaesge  que  matando  algunas  hem- 
bras, poco  antes  del  tiempo  en  que  avian 
de  parir,  les  hallan  en  el  vientre  muchos 
tiburones  pequeños.  É  yo  he  visto  algu- 
nas á  quien  se  han  hallado  algunos ;  pero 
no  en  tanta  cantidad  quanto  he  oydo  mu- 
chas veges  degir  al  ligengiado  Alonso 
^uago ,  oydor  que  es  en  esta  Audiengia 
Real ,  que  él  vido  sacar  del  vientre  de 
una  destas  animalias  treynta  é  ginco  ti- 
burongillos ,  estando  este  ligengiado  é 
otros  chripstianos  perdidos  en  las  islas  de 
los  Alacranes,  como  lo  escribo  adelante, 
en  el  último  /i6ro  de  los  naufragios :  el 
qual  es  caballero  é  hombre  de  mucha 
auctoridad ,  y  á  quien  se  le  debe  dar  cré- 
dito ,  é  sin  él  á  otros  muchos  que  lo  tes- 
tifican, aunque  no  en  tanto  número. 


CAPITULO  VII. 


De  los  animales  llamados  marraxos. 


M. 


[arraxo  es  un  animal  mayor  que  el  ti- 
burón é  mas  fiero ,  pero  no  tan  suelto  ni 
presto.  Quieren  en  algo  paresger  á  los  ti- 
burones, porque  son  assi  mesmo  animales 
de  cuero  ,  pero  como  digo  son  mayores; 
é  métanlos  assi  mesmo  algunas  veges  con 
anguelos  de  cadena,  segund  se  dixo  en  el 
capítulo  de  suso;  pero  no  son  buenos  pa- 
ra comer ,  aunque  algunos  marineros  no 
lo  dexan  de  probar ,  en  espegial  si  basti- 
mentos les  faltan.  Destos  he  yo  visto  con 


nueve  órdenes  de  dientes,  unos  en  torno 
de  otros  la  boca  gircuyda,  é  disminuyén- 
dose los  unos  de  los  otros ,  é  á  diferengia 
mayores  unos  que  otros ;  y  es  cosa  mu- 
cho de  ver  esta  nueva  forma  de  dentadu- 
ra. Las  mas  veges,  aunque  los  toman  é 
los  matan ,  no  los  comen  é  los  echan  á 
la  mar,  porque  como  he  dicho,  sin  nes- 
gessidad  no  los  comen.  En  España  los  hay 
en  las  mares  della  de  la  mesma  manera, 
segund  hombres  de  la  mar  lo  digen. 


432 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  VIII. 


De  las  tortugas  ó  hicoteas  desta  Isla  Española. 


JLias  tortugas  de  la  mar  son  muy  gran- 
des. Estas  he  visto  yo  muchas  veges  es- 
tar sobre  aguadas  engima  de  la  superficie 
de  la  mar ,  en  el  grande  Ogéano  dormi- 
das ,  é  passar  la  nave  corriendo  cargada 
de  todas  sus  velas ,  é  junto  con  la  tortu- 
ga, é  no  lo  sentir  ni  despertar;  é  assison 
lomadas  algunas  dellas  durmiendo  mu- 
chas veges.  También  las  he  visto  engima 
del  agua  de  dos  en  dos ,  tan  embebegidas 
en  el  coyto  ó  acto  venéreo  ,  que  los  ma- 
rineros echados  á  nado  las  trastornan  é 
meten  en  las  caravelas.  En  la  costa  de  la 
Tierra-Firme,  y  en  espegial  en  la  villa 
de  Acia  é  otras  partes ,  las  he  visto  de 
siete  y  de  ocho  palmos  de  luengo  en  la 
concha  superior  ó  alta,  y  el  ancho  de 
quatro  y  de  ginco  é  mas  palmos,  á  pro- 
porgion  de  la  longura  ó  longitud ,  é  tan 
grandes  algunas,  que  ginco  é  seys  hom- 
bres tienen  que  hager  en  llevar  una  sola 
dellas  á  cuestas.  Estas  son  de  la  forma  que 
los  galápagos  ó  tortugas  terrestres  de  Es- 
paña ,  salvo  que  son  de  la  grandega  que 
he  dicho.  Salen  de  la  mar  á  poner  sus 
huevos  en  tierra  en  los  arenales  de  las 
playas ,  é  hagen  un  hoyo  en  la  arena ,  é 
cúbrenlo  con  ella  mesma,  después  que  le 
han  henchido  de  sus  huevos  en  número 
de  tresgientos ,  ó  quinientos,  ó  mas  ó  me- 
nos dellos.  Los  quales  después  alli  debaxo 
salen  por  la  calor  del  sol  é  providengia  de 
la  maestra  natura,  ad putrefactionem,  con- 
vertidos en  otras  tantas  tortugas.  Estos 
huevos ,  quando  las  matan  ( de  los  quales 
las  hembras  acaesge   estar  llenas),  son 
muy  buenos.  Son  redondos  é  todos  son 
yema ,  sin  clara  ni  cascara ,  é  tamaños  co- 


mo nueges  los  mayores ,  é  de  aquesta 
grandega  abaxo  menores,  é  algunos  de- 
llos muy  menudos ,  como  se  suelen  hallar 
en  una  gallina. 

Quando  los  chripstianos  ó  los  indios 
hallan  rastro  destas  tortugas  por  el  arena 
( que  van  hagiendo  con  aquellos  sus  ale- 
tones),  siguen  aquella  traga  ó  vestigio,  y 
en  topándola,  trastórnanla  con  un  palo ,  é 
déxanla  estar  assi  de  espaldas ,  porque 
no  se  puede  mas  mover  después  que  está 
trastornada,  por  su  grandíssima  pessa- 
dumbre,  é  van  á  buscar  mas,  é  assi  acaes- 
ge tomar  muchas,  quando  ellas  salen  á 
deshovar  en  tierra,  como  he  dicho. 

Los  que  no  las  han  visto  ó  no  han  ley- 
do,  penssarán  que  en  estas  y  otras  cosas 
yo  me  alargo ;  y  en  la  verdad  antes  me 
tengo  atrás,  porque  soy  amigo  de  no  per- 
der mi  crédito  y  de  conservarle  en  lodo 
quanto  pudiere.  Y  para  este  efeto  busco 
testigos  algunas  veges  en  los  auctores  an- 
tiguos, para  que  me  crean  como  auctor 
moderno  é  que  hablo  de  vista ,  contando 
estas  cosas  á  los  que  están  apartados 
destas  nuestras  Indias,  porque  acá  quan- 
tos  no  fueren  giegos,  las  veen.  Y  para  es- 
te efeto  quien  dubdare  lo  que  he  dicho 
destos  animales,  infórmese  de  PJinio  \  y 
degirle  ha  que  en  el  mar  de  India  son  ta- 
mañas las  tortugas ,  que  el  huesso  ó  co- 
bertura de  una  basta  para  cobrir  una  ha- 
bitable casa.  É  dige  mas:  que  entre  las  is- 
las del  mar  Roxo  navegan  con  tales  con- 
chas, en  lugar  de  barcas.  Y  el  que  fuere 
informado  deste  y  otros  autores,  verá  que 
yo  no  digo  aqui  tanto  como  ellos  escri- 
ben;  mas   puédelo  testificar  mejor  que 


1    Plin.,  lib.  IX,  cap.  10. 


DE  INDIAS.  LIB.  XIII.  GAP.  VIII. 


433 


Piinio ,  pues  que  él  no  dige  averias  visto, 
é  yo  digo  que  estas  otras  las  he  comido 
muchas  veges ,  y  es  cosa  tan  común  é 
notoria  que  no  hay  acá  cosa  mas  expe- 
rimentada ni  mas  continuamente  vista. 

Son  muy  buen  manjar  e  sano ,  é  no  tan 
enojoso  al  gusto  como  los  otros  pesca- 
dos, aunque  se  continúe. 

Las  hicoteas  ó  menores  tortugas ,  de 
que  se  hizo  de  suso  mengion ,   la  mayor 


deltas  será  de  dos  palmos  de  luengo ,  é 
de  alli  abaxo  menores.  Estas  se  hallan 
en  los  lagos  y  en  muchas  partes  de  aques- 
ta Isla  Española ;  y  cada  dia  se  venden 
por  essas  calles  é  plagas  de  esta  cibdad 
de  Sancto  Domingo ,  é  son  sano  manjar. 
É  son  una  gierta  espegie  de  tortugas,  é 
ninguna  diferengia  hay  en  la  forma  de- 
ltas, sino  en  el  tamaño  é  grandeza;  á  estas 
pequeñas  llaman  los  indios  hicoteas. 


CAPITULO  IX. 

Del  manatí  y  de  su  grandeza  é  forma,  é  de  la  manera  que  algunas  ve^es  los  indios  tomaban  este  grande 
animal  con  el  pexe  reverso^  é  otras  particuJaridades. 


M. 


Lanatí  es  un  pescado  de  los  mas  nota- 
bles é  no  oydos  de  quantos  yo  he  leydo  ó 
visto.  Destos ,  ni  Piinio  habló,  ni  el  Al- 
berto Magno  en  su  Proprietatibus  Renim 
escribió,  ni  en  España  los  hay.  Ni  jamás 
oy  á  hombre  de  la  mar  ni  de  la  tierra 
que  dixesse  averíos  visto  ni  oydo ,  sino 
en  estas  islas  é  Tierra-Firme  de  estas  In- 
dias de  España.  Este  es  un  grande  pesca- 
do de  la  mar ,  aunque  muy  continuamente 
los  matan  en  los  rios  grandes,  en  esta  isla 
y  en  las  otras  destas  partes.  Son  mayores 
mucho  que  los  tiburones  é  marraxos,  de 
quien  se  dixo  de  suso  en  los  capítulos 
pregedentes ,  assi  de  longitud  como  de 
latitud.  Los  que  son  grandes  son  feos,  é 
paresge  mucho  el  manatí  á  una  odrina 
de  aquellas,  en  que  se  acarrea  é  lleva  el 
mosto  en  Medina  del  Campo  y  Arévalo  é 
por  aquella  tierra.  La  cabega  de  aqueste 
pescado  es  como  de  un  buey  é  mayor: 
tiene  los  ojos  pequeños ,  segund  su  gran- 
deza. Tiene  dos  tocones  con  que  nada, 
gruessos,  en  lugar  de  bragos  é  altos  cerca 
de  la  cabega ;  y  es  pescado  de  cuero  y 
no  de  escama,  mansíssimo,  é  súbese 
por  los  rios  é  llégase  á  las  orillas  é  pas- 
ge  en  tierra,  sin  salir  del  rio,  si  puede 
desde  el  agua  alcangar  la  hierva  [Lám.  5.', 

fig.  8.*).  En  Tierra- Firme  matan  los  ba- 
TOMO  I. 


llesteros  estos  animales  y  á  otros  muchos 
pescados  con  la  ballesta  desde  una  barca 
ó  canoa,  porque  andan  sobreaguados,  é 
dánles  con  una  saeta  con  un  harpon ,  é 
lleva  el  lange  ó  asta  una  traylla  ó  cuerda 
delgada  de  hilo  delgado  y  regio.  Y  des- 
pués de  herido,  váse  huyendo,  y  en  tanto 
el  ballestero  le  dá  cuerda ;  y  en  fin  del 
hilo  que  es  muy  luengo ,  pónete  un  palo 
ó  corcho  por  boya  ó  señal  que  no  se  hun- 
die  en  el  agua.  É  desde  que  está  desan- 
grado é  cansado  é  vegino  á  la  muerte, 
llégase  á  la  playa  ó  costa ,  y  el  ballestero 
va  cogiendo  su  cuerda ;  é  desde  que  le 
quedan  diez  ó  doge  bragas  por  cojer,  li- 
ra del  cordel  hágia  tierra ,  y  el  manati  se 
allega  hasta  que  toca  en  tierra  é  las  hon- 
das del  agua  le  ayudan  á  se  encallar 
mas;  y  entonges  el  ballestero  é  su  com- 
pañía ayudan  á  le  botar  de  todo  punto 
en  tierra  y  á  le  sacar  del  agua,  para  le  lle- 
var á  donde  le  han  de  pesar  ó  guardar. 
Y  es  menester  una  carreta  con  un  par 
de  bueyes,  segund  son  grandes  pescados. 
Algunas  veges,  después  que  el  manatí 
viene  herido,  segund  es  dicho,  hágia  tier- 
ra ,  le  hieren  mas  desde  la  barca  con  un 
harpon  grueso  enastado ,  para  le  acabar 
antes,  é  después  de  muerto,  encontinen- 

te  se  anda  sobre  el  agua.  Creo  yo  que 
5S 


434 


fflSTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


es  uno  de  los  buenos  pescados  del  mun- 
do y  el  que  mas  paresge  carne ;  y  en  tan- 
ta manera  paresge  vaca ,  viéndole  corta- 
do, que  quien  no  le  o  viere  visto  entero 
ó  no  lo  supiere,  mirando  una  piega  cor- 
tada del ,  no  sabrá  determinarse  si  es  va- 
ca ó  ternera ;  y  de  hecho  lo  terna  por 
carne ,  y  se  engañarán  en  esto  todos  los 
hombres  del  mundo ,  porque  assi  mesmo 
el  sabor  es  mas  de  carne  que  de  pescado, 
estando  fresco.  La  gegina  é  tassajos  des- 
te  pescado  es  muy  singular  é  se  tiene 
mucho,  sin  se  dañar  ni  corromper.  Yo  lo 
he  llevado  desde  aquesta  cibdad  de  Sáne- 
te Domingo  de  la  Isla  Española  hasta  la 
cibdad  de  Avila  en  España ,  el  año  de 
mili  é  quinientos  é  treynta  é  un  años, 
estando  alli  la  Emperatriz,  nuestra  señora. 
Y  en  Castilla  paresge  esta  gegina  que  es 
de  la  muy  buena  de  Inglaterra  quanto  á 
la  vista ;  pero  cogida  paresge  que  come 
hombre  muy  buen  atún ,  ó  mejor  sabor 
que  de  atún  es  el  que  tiene.  Finalmente, 
es  muy  singular  é  presgioso  pescado  ,  si 
lo  hay  en  el  mundo. 

En  este  rio  Ogama,  que  passa  por 
esta  cibdad,  hay  hiervas  en  algunas 
partes  cubiertas  del  agua  gerca  de  las 
costas,  y  el  manatí  pasge  alli  é  vén- 
le  los  pescadores ,  é  desde  barcas  ó  ca- 
noas le  harponan.  También  los  matan 
con  redes  regias ,  hechas  como  conviene 
para  los  tomar.  Estos  animales  tienen 
giertas  piedras  ó  huessos  en  la  cabega 
entre  los  sesos  ó  meollo :  la  qual  pie- 
dra es  muy  útil  para  el  mal  de  la  hijada, 
segund  acá  se  platica  é  afirman  personas 
tocados  de  tal  enfermedad ;  é  para  esto 
digen  que  muelen  esta  piedra,  después 
de  la  aver  muy  bien  quemado :  é  aquel 
polvo  molido  é  gemido,  tómalo  el  pa- 
giente  después  que  amanesge  por  la  ma- 
ñana en  ayunas  tanta  parte  dello ,  como 
se  podrá  tomar  con  una  blanca  ó  con  un 


jaqués  de  Aragón  en  un  trago  de  muy 
buen  vino  blanco ;  y  bebiéndolo  assi  al- 
gunas mañanas  continuadamente,  quíta- 
se el  dolor  é  rómpese  la  piedra  é  hágela 
echar  hecha  arenas  por  la  orina ,  segund 
he  oydo  á  personas  que  lo  han  probado 
y  de  crédito.  Visto  he  buscar  con  dili- 
gengia  esta  piedra  á  muchos,  para  el  efe- 
to  que  he  dicho.  Suele  tener  un  manatí 
dos  piedras  destas  entre  los  sesos,  tama- 
ñas como  una  pelota  pequeña  de  jugar, 
é  como  una  nuez  de  ballesta ,  pero  no 
redondas;  y  algunas  dellas  son  mayores 
de  lo  que  he  dicho,  segund  la  grandeza 
del  animal  ó  manatí.  Mas  para  mí  yo 
piensso  que  la  mesma  propriedad  deben 
tener  las  piedras  que  tienen  las  corvinas 
é  los  besugos  é  otros  pescados  en  las  ca- 
begas,  si  creemos  á  Plinio,  el  qual  dige 
que  se  hallan  en  la  brancha  del  pescado 
en  la  cabega  quassi  piedras ,  las  quales 
bebidas  con  el  agua,  son  óptimo  reme- 
dio á  la  piedra  é  mal  de  hijada  ^ . 

Destos  mánatís  hay  algunos  tan  grandes 
que  tienen  catorgeé  quinge  pies  de  luen- 
go é  mas  de  ocho  palmos  de  grueso.  Son 
geñidos  en  la  cola ,  é  desde  la  gintura  ó 
comiengo  della  hasta  el  fin  y  extremos 
della  se  hage  muy  ancha  é  gruesa.  Tiene 
solas  dos  manos  ó  bragos  gerca  de  la  ca- 
bega, cortos,  é  por  esso  los  chripstianos  le 
llamaron  manatí ,  puesto  que  el  chronis- 
ta  Pedro  Mártir  dige  ^  que  tomó  el  nom- 
bre del  lago  Guaniabo,  lo  qual  es  falso; 
é  assi  como  en  esta  Isla  Española  le  qui- 
taron su  nombre  é  le  dieron  este,  assi 
en  la  Tierra-Firme  que  hay  muchos  des- 
tos  pescados ,  los  nombran  diverssamen- 
te ,  segund  la  diferengia  de  los  lenguajes 
de  las  provingias,  donde  los  hay  en  aque- 
llas partes.  No  tienen  orejas ,  sino  unos 
agujeros  pequeños  por  oydos.  El  cuero 
paresge  como  de  un  puerco  que  está  pe- 
lado ó  chamuscado  con  fuego.  Es  la  co- 


1    Plin.,líb.  XXXII,  caps.  5  é  iOO. 


2    Pedro  Mártir,  déc.  I,  cap.  8. 


DE  INDIAS.  LIB.  XIII.  CAP.  IX. 


435 


lor  parda  é  tiene  algunos  pelicos  raros; 
y  el  cuero  es  tan  gordo  como  un  dedo, 
é  curándolo  al  sol  se  hagen  del  buenas 
correas  é  suelas  para  gapatos  é  para  otros 
provechos.  Y  la  cola  del,  de  la  gintura 
que  he  dicho  adelante ,  toda  ella  hágenla 
pedagos  é  tiénenla  quatro  ó  ginco  días  ó 
mas  al  sol  (la  qual  paresge  como  nervio 
toda  ella),  é  desque  está  enxuta,  queman- 
la  en  una  sartén  (ó  mejor  digiendo)  fríen- 
la  é  sacan  della  mucha  manteca,  en  la 
qual  quassi  toda  se  convierte ,  quedando 
poca  givera  ó  cosa  que  desechar  de  ella. 
Y  esta  manteca  es  la  mejor  que  se  sabe 
para  guisar  huevos  fritos,  porque  aun- 
que sea  de  dias,  nunca  tiene  rangio  ni 
mal  sabor ,  y  es  muy  buena  para  arder 
en  el  candil,  éaun  se  digequees  mede- 
ginal.  Tiene  el  manatí  dos  telas  en  los 
pechos  el  que  es  hembra,  é  assi  pare 
dos  hijos  é  los  cria  á  la  teta.  Lo  qual 
nunca  oy  degir  sino  deste  pescado  é 
del  viejo  marino  ó  lobo  marino. 

Una  pesquería  hay  destos  manatís  ó 
de  las  tortugas  en  la  isla  de  Jamáyca  y  en 
la  de  Cuba ,  que  si  esto  que  agora  diré 
no  fuesse  tan  público  é  notorio ,  é  no  lo 
oviesse  oydo  á  personas  de  mucho  cré- 
dito ,  no  lo  osaría  escrebir.  Y  también  se 
cree  que  en  esta  isla  Española ,  quando 
ovo  muchos  indios  de  los  naturales  de- 
lla, también  se  tomaban  estos  animales 
con  el  pexe  reverso.  Y  pues  ha  traydo  el 
discurso  de  la  historia  á  hablar  en  este 
animal  manatí,  mejor  es  que  en  este  ca- 
pítulo se  diga  que  en  otra  parte.  Para  lo 
qual  es  de  saber  que  hay  unos  pescados 
tan  grandes  é  mayores  como  un  palmo, 
que  llaman  pexe  reverso,  feo  al  pares- 
ger,  pero  de  grandíssimo  ánimo  y  en- 
tendimiento :  el  qual  acaesge  que  algu- 
nas veges  es  preso  entre  las  redes,  á  vuel- 
ta de  otros  pescados.  Este  es  un  buen 
pescado  é  de  los  mejores  de  la  mar  para 
comer,  porque  es  enxuto  é  liesso  é  sin 
flema ,  ó  á  lo  menos  tiene  poca :  é  mu- 


chas veges  los  he  yo  comido  para  lo  po- 
der testificar.  Quando  los  indios  quieren 
guardar  é  criar  algunos  destos  reversos 
para  su  pesquería ,   témanlo  pequeño  é 
tiénenlo  siempre  en  agua  salada  de  la 
mar,    é  alli  le  dan  á  comer;  é  lo  crian 
doméstico  hasta  que  es  del    tamaño  é 
grandeza  que  he  dicho  ó  poco  mas ,  y 
apto  para  su  pesquería.  Eutonges  lléven- 
le á  la  mar  en  la  canoa  ó  barca  é  tiénenlo 
alli  en  agua  salada  é  átanle  una  cuerda 
delgada  (pero  regia) :  é  quando  veen  al- 
gún pescado  grande,  assi  como  tortuga 
ó  sávalo ,  que  los  hay  muy  grandes  en 
estas  mares ,  ó  alguno  destos  manatís  ó 
otro  qualquier  que  sea  que  acaesge  andar 
sabreaguados,  de  manera  que  se  pueden 
ver ;  toma  el  indio  en  la  mano  este  pes- 
cado reverso  é  halágalo  con  la  otra  é  dí- 
gele  en  su  lengua  que  sea  manicato ,  que 
quiere  degir  esforgado  é  de  buen  cora- 
gon ,  é  que  sea  diligente ,  é  otras  pala- 
bras exortatorias  á  esfuergo ,  é  que  mire 
que  ose  aferrarse  con  el  pescado  mayor 
é  mejor  que  alli  viere.  Y  quando  vee  que 
es  tiempo  y  le  paresge ,  le  suelta  é  langa 
liágia  donde  los  pescados  grandes  andan; 
y  el  reverso  va,  como  una  saeta,  é  afiér- 
rase  en  un  costado  con  una  tortuga  ó  en 
el  vientre  ó  donde  puede ,  é  pégase  con 
ella  ó  con  otro  gran  pescado :  el  qual, 
cómo  se  siente  estar  asido  de  aquel  pe- 
queño reverso ,  huye  por  la  mar  á  una 
parte  é  á  otra;  y  en  tanto  el  indio  pes- 
cador alarga  la  cuerda  ó  traylla  de  todo 
punto,  que  es  de  muchas  bragas,   y  en 
fin  della  está  alado  un  palo  ó  corcho  por 
señal  ó  boya,  que  esté  sobre  el  agua.  É 
en  poco  progesso  de  tiempo  el  pescado 
manatí  ó  tortuga,  con  quien  el  revei'so  se 
aferró ,  cansado ,  se  viene  la  vuelta  de 
tierra  á  la  costa :  y  entonges  el  indio  pes- 
cador comienga  á  coger  su  cordel  en  la 
canoa  ó  barca ;  é  quando  tiene  pocas 
bragas  por  coger ,  comienga  á  tirar  con 
tiento  poco  á  poco,  guiando  el  reverso  é 


436 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


prisionero  con  quien  está  asido,  hasta  que 
se  llega  á  la  tierra ,  é  las  mismas  ondas 
de  la  mar  le  echan  fuera.  É  los  indios 
que  en  esta  pesquería  andan,  saltan  en 
tierra ,  é  si  es  tortuga  la  trastornan  aun- 
que no  haya  tocado  en  tierra  la  tortuga, 
porque  son  grandes  nadadores ,  é  la  po- 
nen en  seco ;  é  si  es  manatí,  le  harponan 
é  hieren  é  acaban  de  matar.  Y  sacado  el 
tal  pescado  en  tierra,  es  nesgessario  con 
mucho  tiento  é  poco  á  poco  despegar  el 
reverso :  lo  qual  los  indios  hagen  con 
dulges  palabras  é  dándole  muchas  gra- 
cias de  lo  que  ha  hecho  é  trabaxado ,  é 
assi  le  despegan  del  otro  pescado  grande 
que  tomó.  É  viene  tan  apretado  é  fixo 
con  él  que  si  con  fuerga  lodespegassen, 
lo  romperían  ó  despedazarían  el  reverso. 
É  assi  desta  forma  que  he  dicho  se  to- 
man estos  tan  grandes  pescados,  de  los 
quales  paresge  que  la  natura  ha  hecho  al- 
guagil  é  verdugo  ó  hurón  para  los  tomar 
é  cagar  á  este  rev  erso :  el  qual  tiene  unas 
escamas  á  manera  de  gradas,  como  el  pa- 
ladar ó  mandíbula  alta  de  la  boca  de  un 
hombre,  ó  de  un  caballo,  é  poralli  unas 
espinas  delgadíssimas  é  ásperas  é  regias 
con  que  se  afierra  con  los  pescados  quél 
quiere.  Y  estas  gradas  ó  escamas  llenas 
destas  puntas  tiene  el  reverso  en  la  ma- 
yor parte  del  cuerpo  por  de  fuera ,  y  en 
espegial  desde  la  cabega  á  la  mitad  del 
cuerpo  por  el  lomo  é  no  en  la  parte  del 
vientre,  sino  de  medio  lomo  arriba;  é 
por  esso  le  llaman  reverso,  porque  con  las 
espaldas  se  ase  é  afierra  con  los  pescados. 
Es  tan  liviana  esta  generagion  de 
aquestos  indios,  que  tienen  ellos  creydo 
por  muy  gierto  que  el  'pexe  reverso  en- 
tiende muy  bien  el  sermón  humano  é  to- 
das aquellas  palabras  quel  indio  le  dixo 
animándole ,  antes  que  lo  soltasse ,  para 
que  se  aferrasse  con  la  tortuga  ó  manatí^ 
ú  otro  pescado,  é  que  también  entiende 
las  gragias  que  después  le  da  por  lo  que 
ha  hecho.  Y  esta  ynorangia  viene  de  no 


entender  ellos  que  aquello  es  propriedad 
de  la  natura ,  pues  que  sin  les  degir  nada 
desso ,  acaesge  muchas  veges  en  esse 
grande  mar  Ogéano,  é  yo  lo  he  visto  asaz 
veges,  tomarse  tiburones  é  tortugas  é  sa- 
lir los  reversos  pegados  con  los  tales  pes- 
cados ;  é  por  despegarlos  dellos  hagerlos 
pedagos.  Délo  qual  podemos  colegir  que 
no  es  en  su  mano  despegarse,  después  que 
están  pegados  por  sí  mismos ,  sin  algún 
intervalo  de  tiempo,  ó  por  otra  causa 
que  yo  no  alcango ;  pues  que  es  de  creer 
que  quando  el  tiburón  ó  tortuga  es  toma- 
do, debrian  huyr  los  tales  reversos  que 
están  pegados,  si  pudiessen.  El  caso  es 
que,  como  dixe  de  suso,  para  cada  ani- 
malhay  su  alguagil. 

Una  cosa  diré  aqui  notable  que  he  yo 
visto  todas  ocho  veges  que  he  atraves- 
sado  este  grande  mar  Ogéano,  viniendo 
de  España  é  volviendo  á  ella  en  este  ca- 
mino de  Indias ;  é  assi  piensso  yo  que  lo 
dirán  todos  los  que  aqueste  viaje  ovie- 
ren  navegado.  Y  es,  que  assi  como  en  la 
tierra  hay  provingias  fértiles  é  otras  es- 
tériles ,  de  la  misma  manera  creo  yo  (por 
lo  que  he  visto)  que  debe  ser  en  todas 
las  mares,  porque  acaesge  algunas  veges 
que  corren  los  navios  ginqüenta  é  gient  é 
dosgientas  é  muchas  mas  leguas,  sin  po- 
der tomar  un  pescado  ni  verle.  Y  en 
otras  partes  en  el  mismo  mar  Ogéano, 
donde  esto  que  he  dicho  se  vee ,  se  ha- 
llan tantos  que  paresge  que  está  la  mar 
hirviendo  de  pescados ,  é  matan  muchos 
dellos.  Llaman  los  indios  de  aquesta  Is- 
la Española  á  la  mar  bagua  (no  digo  bay- 
gua,  porque  baygua  es  aquel  barbasco, 
con  que  toman  mucho  pescado ,  segund 
tengo  dicho,  sino  bagua  es  el  nombre 
de  la  mar  en  esta  isla). 

Otras  cosas  muchas  se  podrían  de- 
gir de  otros  pescados  é  de  los  can- 
grejos é  sus  diferengias  muchas ,  é  de 
las  langostas  que  assi  mesrao  hay  en 
esta  isla;  pero  como  son  cosas  comu- 


DE  INDIAS.  LIB.  XIII.  CAP.  IX. 


437 


íies  á  todas  las  otras  partes  destas  In- 
dias ,  no  lo  digo  aqui :  é  también  por- 
que los  cangrejos,  aunque  los  hay  de 
agua  ,  también  los  hay  de  tierra  en  estas 
partes,  é  hay  mucho  que  degir  dellos; 
y  por  tanto  lo  dexo  para  ha^er  capítulo 
particular  adelante  de  las  diferentes  ma- 
neras de  los  cangrejos,  quando  se  escri- 
ban las  cosas  de  Tierra-Firme ,  en  la  se- 
gunda parte  de  aquesta  Natural  historia 


de  Indias.  Ni  tampoco  escribo  ni  digo  de 
las  perlas ,  porque  aunque  á  esta  cibdad 
é  isla  se  han  traydo  é  traen  mucha  can- 
tidad dellas,  no  se  pescan  en  esta  isla, 
sino  en  otras  islas  pequeñas  en  la  costa 
déla  Tierra-Firme  é  otras  partes:  é  tam- 
bién esta  materia  de  perlas  toca  á  la  isla 
de  Cubagua ,  en  la  qual  se  tractará  en  el 
libro  XIX.  É  assi  la  dexo  para  en  su  lu- 
gar. 


CAPITULO  X. 


De  las  ranas  é  sapos,  é  cómo  los  indios  los  eomen. 


\  O  avia  determinado  de  no  hablar  en  este 
libro  en  los  sapos  ni  en  las  ranas ,  é  que- 
ríalos poner  con  otros  géneros  de  anima- 
les ;  pero  pues  me  paresge  que  ya  el  man- 
jar de  las  ranas  no  se  desprecia  en  Espa- 
ña ,  y  ha  llegado  hasta  la  tabla  de  nuestro 
gran  César ,  no  es  razón  que  tal  título  no 
le  sirva  á  este  animal,  para  que  yo  le  co- 
loque é  ponga  tras  tan  excelente  pescado, 
como  es  el  manatí  é  los  otros ,  de  quien 
he  hablado.  Creo  que  el  origen  desta  auc-» 
toridad  que  estaba  guardada  á  las  ranas, 
se  le  dio  Mercurio ,  gran  chanciller  de  la 
Cesárea  Magestad  del  Emperador  Rey, 
nuestro  señor:  al  qual  yo  oí  degir  (en  la 
cibdad  de  Vitoria  ,  año  de  mili  é  quinien- 
tos é  veynte  y  quatro ,  un  viernes  ,  co- 
miendo con  el  dicho  gran  changiller  el 
excelente  señor  don  Fernando  de  Ara- 
gón ,  duque  de  Calabria ,  é  trayendo  á  su 
mesa  un  plato  de  ranas  guisadas)  que 
avia  enviado  la  semana  antes  otro  plato 
dellas  al  Emperador,  y  que  le  avia  dicho 
que  le  avian  sabido  muy  bien ;  pero  que 
no  le  entendia  enviar  mas,  porque  no 
quería  que  si  por  otra  causa  Su  Magestad 
adolesgiesse ,  que  echasse  la  culpa  á  sus 
ranas :  que  pues  las  avia  probado  é  dicho 
bien  dellas ,  quél  se  las  mandasse  guisar 
quando  le  pluguiesse.  Y  no  me  maravillo 


que  el  gran  chanciller  truxesse  este  man- 
jar á  España ,  pues  que  era  italiano,  don- 
de há  gran  tiempo  que  se  usa  comer  las 
ranas ,  é  son  buen  manjar.  Y  muchos 
años  antes  las  comí  yo  en  Mantua ,  é  Ro- 
ma, y  Ñapóles  é  otras  partes  de  Italia;  y 
públicamente  las  venden  en  las  plagas, 
como  manjar  sano  y  de  buena  digestión 
é  gusto.  De  aquestas  ranas  hay  muchas 
en  esta  Isla  Española  y  en  todas  las  otras 
partes  destas  Indias ;  pero  no  las  comen 
en  esta  isla ,  porque  no  lo  han  acostum- 
brado. 

De  los  sapos  quiero  hablar  aqui,  por  la 
semejanza  que  tienen  en  su  forma  con  las 
ranas ,  aunque  ellos  son  muy  mayores 
émas  feos,  por  su  hinchagon.  Muchos  hay 
en  esta  isla ,  é  no  creo  que  harían  prove- 
cho á  quien  los  comiesse,  aunque  en  la 
Tierra-Firme  los  comen  en  muchas  par- 
tes é  islas  de  la  costa  austral.  É  yo  tenia 
una  esclava  de  aquella  tierra  ,  é  no  ha 
muchos  días  que  comió  uno  destos  sapos 
en  una  hagienda  mia ,  é  créese  que  otra 
cosa  no  la  mató  ,  porque  desde  á  pocos 
dias  que  ovo  comido  un  sapo,  se  sintió 
mala,  y  en  quatro  ó  ginco  dias  se  murió. 
Y  ella  debiera  pensar  que  los  sapos  desta 
isla  no  son  dañosos,  como  los  de  su  tierra, 
á  quien  los  come.  También  los  de  España 


438 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


son  ponzoñosos  é  malos ,  é  tanto  peores 
quanto  son  de  mas  fría  tierra,  Gríanlos  é 
ilénenlos  atados  á  gebo  en  algunas  partes 
de  la  Tierra-Finne ,  para  los  comer  des- 
pués por  muy  presgiado  manjar.  Yo  los 
he  visto  comer  algunas  veges  á  los  indios 
en  aquella  tierra ,  é  no  vi  en  mi  vida  man- 
jar que  mas  asco  me  diesse  ni  que  peor 
me  paresgiesse :  de  lo  qual  se  reian  mu- 
cho los  indios ,  porque  les  paresgia  gran- 
de ynorangia  la  mia  no  paresgerme  bien 


tan  aborresgible  pasto  á  mis  ojos  é  tan 
grato  á  su  paladar  é  gusto.  Esto  se  quede 
para  en  su  lugar ,  porque  no  se  truequen 
las  materias  ni  se  quiten  del  sitio  que  de- 
ben tener;  porque  este  manjar  es  de  la 
Tierra-Firme  ,  é  degir  se  ha  dónde  le  es- 
timan é  usan  del  tan  comunmente ,  como 
en  España  el  pan,  ó  la  vaca ,  ó  otra  co- 
sa de  las  mas  comunes  al  mantenimiento 
de  los  hombres. 


Comienza  el  libro  dégimo  quarto  de  la  Natural  y  general  historia  de  las  Indias, 
islas  y  Tierra-Firme  del  mar  Ogéano :  el  qual  tracta  de  las  aves. 


PROHEMIO. 


l_jontinuando  la  Historia  natural  é  gene- 
ral destas  Indias ,  conviene  que  se  haga 
expresa  mengion  de  las  aves  que  hay  en 
estas  islas,  de  las  que  son  semejantes  á 
las  de  nuestra  España  y  Europa.  É  dicho 
esto ,  verné  á  hablar  en  la  espegialidad 
de  aquellas  que  á  mi  paresger  allá  no  las 
hay,  ó  si  hay  algunas  dellas,  será  con  las 
diferencias  que  adelante  se  dirán.  Verdad 
es  que  en  este  libro  y  aun  en  los  prece- 
dentes, donde  he  tractado  de  animales 
terrestres  é  de  los  pescados,  é  también 
en  el  pressente'de  las  aves ,  muchas  co- 
sas se  añadirán  en  cada  uno  dellos  é  de 


los  otros  de  quien  adelante  se  tractará  en 
esta  primera  parte,  quando  se  escriba  la 
segunda  y  tergera  é  las  cosas  de  la  Tier- 
ra-Firme. Pero  quiero  agora  hager  una 
breve  y  nueva  relagion  de  las  aves  que 
hay  é  se  veen  en  el  viaje ,  que  se  hage 
desde  España  á  estas  Indias  y  desde  ellas 
á  España  :  é  después  diré  de  las  otras  co- 
sas en  particular ,  porque  con  mas  orden 
se  regiten  las  cosas  que  son  dignas  de  se 
memorar ;  porque  todo  es  muy  nuevo  á  los 
que  no  navegan ,  é  á  los  que  en  las  mares 
de  Italia  y  canal  de  Flandes  é  de  otros 
golphos  pequeños  ovieren  navegado. 


CAPITULO   I. 

Kn  el  qual  se  tracta  de  las  aves  que  se  veen  por  la  mar  en  el  viaje  que  se  ha9e  desde  España  á  estas  Indias 
é  desde  ellas  á  España,  é  de  las  que  se  toman  en  las  naos  é  caravelas,  siguiendo  sus  viajes. 


wuando  de  España  venimos  á  estas  In- 
dias, véense  por  todo  el  viaje  unos  páxa- 
Tos  negros  muy  grandes  voladores ,  é  an- 
dan á  rayz  ó  junto  á  las  ondas  de  la  mar, 
y  es  cosa  mucho  de  ver  su  velogidad  é 
quan  diestros  andan ,  assi  como  suben  ó 


baxan  las  ondas,  aunque  haya  fortuna  é 
ande  brava  la  mar  ,  por  tomar  aquellos 
pescados  voladores  que  dixe  ( en  el  li- 
bro XIII,  capítulo  IV),  ó  otros  algunos 
pescados.  Aquestas  aves,  quando  quieren, 
se  assientan  en  el  agua  é  témanse  á  le- 


440 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


yantar  á  hager  su  ofíiQio,  como  he  dicho. 
Llámanlos  los  marineros  patines  ,  é  son 
pequeñas  aves. 

Véense  assi  mismo  en  este  viaje  unas 
aves  blancas  del  tamaño  ó  mayores  que 
palomas  torcagas.  Son  grandes  volado- 
res, é  tienen  la  cola  luenga  é  muy  delga- 
da, por  lo  qual  le  llaman  rabo  de  junco; 
é  véense  las  mas  veges  á  medio  camino, 
ó  andada  algo  mas  de  la  mitad  de  la  na- 
vegación hágia  estas  partes.  Pero  ave  es 
de  tierra ,  segund  todos  digen ,  é  yo  assi 
creo  que  todas  las  aves  son  de  la  tierra, 
pues  de  nesgessidad  se  han  de  criar  en 
ella  é  nasger  fuera  del  agua.  Algunas  des- 
tas  aves  no  son  del  todo  blancas ,  digo 
destas  que  llaman  rabo  de  junco;  pero 
tienen  el  plumaje  mezclado  con  pardo. 
É  tienen  la  cola  como  paloma ,  algo  mas 
corta  é  redonda ,  é  de  la  mitad  della  sale 
una  pluma  delgada  é  luenga ,  mas  de  un 
palmo  mayor  que  todas  las  de  la  cola ;  é 
assi,  quando  va  volando,  toda  la  cola  pa- 
resge  una  sola  pluma  luenga  ,  é  por  esto 
se  le  dio  el  nombre  que  tiene;  pero  quando 
en  el  ayre  quiere  tullir ,  abre  la  cola ,  é 
assi  muestra  las  otras  plumas  menores 
della.  La  tergera  vez  que  vine  á  estas  In- 
dias, vimos  muchos  hombres  una  destas 
aves  toda  blanca ,  y  en  la  mitad  del  ca- 
mino é  mar  que  hay  desde  España  á  las 
islas  de  Canaria,  en  el  golpho  que  llaman 
de  las  Yeguas :  de  lo  qual  todos  los  ma- 
rineros se  maravillaron  mucho  é  dixeron 
que  nunca  avian  visto  ni  oydo  degir  que 
semejantes  aves  se  oviessen  visto  tan  ger- 
ca  de  España ;  porque  donde  mas  con- 
tinuamente se  suelen  ver  es  á  tresgientas 
é  gincuenta  leguas  ó  poco  mas,  antes  de 
llegar  á  las  islas  Dominica,  é  la  Desseada, 
é  la  de  Guadalupe ,  é  las  de  aquel  para- 
je que  están  á  giento  é  ginqüenta  le- 
guas antes  que  lleguen  á  esta  gibdad  de 
Sancto  Domingo  de  la  Isla  Española. 
Las  aves  destas  que  tienen  el  pluma- 
je blanco,  tienen  el  pico  colorado  é  los 


ojos ,  é  los  cuchillos  de  las  alas  negros. 

Quando  las  naos  están  á  dosgientas 
leguas  ó  menos,  viniendo  en  demanda 
destas  Indias  desde  España ,  se  ven  otras 
aves  que  llaman  rabihorcados.  Estas  son 
grandes  aves  al  paresger  é  vuelan  mu- 
cho ,  é  lo  mas  continuo  andan  altos ;  son 
negros  é  quassi  de  rapiña.  Tienen  muy 
largos  é  delgados  vuelos ,  é  muy  agudos 
los  codos  ó  encuentros  de  las  alas ,  en 
los  quales  y  en  la  cola  son  mas  conosgi- 
das  aves  en  el  ayre  que  todas  las  que  yo 
he  visto,  estando  altas.  Tienen  la  cola 
mayor  é  mucho  mas  hendida  que  los  mi- 
lanos, é  por  esto  los  llamaron  rabihor- 
cados. Algunas  destas  aves  tienen  la  co- 
lor de  un  negro,  que  tira  á  pardo  rubio, 
y  el  pecho  é  la  cabega  blanca  y  el  papo 
abutardado  de  leonado.  Y  el  vuelo  suyo 
es  como  el  del  milano ,  quando  vuela  ses- 
go, porque  estos  rabihorcados  poquíssi- 
mas  veges  baten  las  alas :  las  piernas  tie- 
nen delgadas  é  amarillas  é  cortas,  é  los 
dedos  como  de  paloma.  Hay  otros  destos 
que,  como  se  dixo  de  suso,  son  todos  ne- 
gros, é  tienen  el  pico  luengo,  los  unos  ó 
los  otros  mayor  que  el  de  una  gavina, 
mas  de  aquella  mesma  hechura ,  al  cabo 
ó  extremo  del  algo  grosseguelo  é  retor- 
nado un  poco  para  abaxo.  Yo  he  visto 
estas  aves  mas  de  dosgientas  leguas  den- 
tro en  la  mar;  pero  en  la  Tierra-Firme 
hay  muchos  mas  sin  comparagion  que  no 
en  estas  islas. 

Digen  los  indios  de  la  provingia  de 
Cueva ,  que  el  unto  y  enxundias  de  aques- 
tas aves  es  muy  bueno,  para  deshager  las 
señales  del  rostro  é  de  las  heridas,  é 
para  ungiones  de  piernas  ó  bragos  que 
se  secan ,  é  para  otros  males  y  enferme- 
dades. Tómanse  con  dificultad,  sino  es 
en  algunas  isletas  yermas,  donde  suelen 
criar,  siendo  nuevos.  En  la  cibdad  de  Pa- 
namá ,  año  de  mili  é  quinientos  é  veynte 
y  nueve ,  acaesgió  que  uno  destos  rabi- 
horcados baxó  á  un  corral ,  donde  avia 


DE  INDIAS.  LIB.  XIV.  GAP.  I. 


44  í 


muchas  sardinas  á  curar  ai  sol,  porque 
estas  aves  son  amigas  de  tal  pescado ,  é 
por  caso  un  negro  le  dio,  con  un  palo 
que  se  halló  en  la  mano ,  tal  golpe  en  una 
ala  que  se  la  quebró  é  cayó  alli :  y  era 
de  los  grandes ,  é  yo  lo  tuve  en  las  ma- 
nos, é  la  carne  del,  después  de  pelado, 
era  poco  mas  que  la  que  tiene  una  palo- 
ma, y  estando  con  la  pluma  liage  muy 
mayor  bulto  que  un  milano.  É  son  los 
vuelos  de  esta  ave  tan  grandes  que  no 
pudiera  yo  creer  lo  que  alli  vi  por  expe- 
riengia  á  ninguno  que  tal  me  dixera; 
porque  muchos  hombres  de  buenos  cuer- 
pos, extendidos  los  bragos,  probaron  si  al- 
cangarian  con  su  braga  de  punta  á  punta 
de  las  alas  deste  rabihorcado  que  he  di- 
cho, teniéndolas  abiertas  é  tendidas,  é 
con  mas  de  quatro  dedos  ninguno  alcan- 
gó :  é  quien  los  vé  volando  altos  en  el 
ayre,  ternia  lo  que  digo  por  cosa  no 
creedera.  No  ignoraba  Plinio  *  que  las 
aves  todas  que  han  grandes  alas,  tienen 
pequeño  cuerpo. 

Hay  otras  aves  que  se  hallan  en  la  mar 
ogéana,  que  se  llaman  páxaros  bobos. 
Estos  son  menores  que  gaviotas :  tienen 
los  pies  como  ánades  é  pósanse  en  el 
agua,  quando  quieren.  Hállanse  viniendo 
de  España,  quando  las  naos  son  á  giento 
é  menos  leguas  de  las  islas  primeras  des- 
tas  Indias  que  he  dicho ;  é  viénense  estas 
aves  á  los  navios  é  siéntanse  en  las  ga- 
vias y  entenas ,  é  son  tan  bobas  y  espe- 
ran tanto  que  las  toman  muchas  veges  á 
manos,  ó  con  un  lago  en  la  punta  de  un 
dardo  ú  otra  asta  corta.  Son  negros  é 
sobre  esta  color  tienen  la  cabega  y  espal- 
das de  un  plumaje  pardo  escuro :  no  son 
buenos  de  comer,  é  tienen  mucho  bulto 
en  la  pluma,  en  respeto  de  su  poca  carne: 
dessuéllanlos  los  marineros  é  cómenlos 
cogidos  ó  assados.  Estando  con  la  plu- 
ma, son  quassi  tan  grandes  como  una  pa- 


loma ,  é  después  de  pelados,  quedan  muy 
menores  que  una  paloma  pelada.  Tienen 
las  alas  luengas,  é  son  de  dos  maneras 
ó  espegies  estas  aves ,  porque  las  unas 
tienen  el  plumaje  que  he  dicho,  é  las 
otras  le  tienen  pardo  que  tira  á  color  ne- 
gra, é  la  frente  pardilla  y  el  pico  é  los 
ojos  negros ,  y  las  piernas  é  manos  assi 
mesmo ;  pero  de  hechura  de  las  de  los  pa- 
tos, y  el  pico  algo  luengo  é  delgado.  Yo 
he  comido  destos  segundos  é  son  buenos; 
pero  hánlos  de  dessollar  primero ,  non 
obstante  lo  qual  tienen  algund  olor  de 
pescado.  Son  tan  simples  que  muchas  ve- 
ges acaesge  que  saca  un  hombre  el  brago 
tendido  fuera  del  navio  é  se  assientan  en 
la  mano ,  en  siendo  de  noche,  penssando 
que  es  algund  palo ;  é  de  aqui  se  les  dio 
el  nombre  de  bobos.  Tienen  los  ojos  her- 
mosos é  negros;  y  el  mas  proprio  grandor 
de  aquesta  ave  es  como  el  de  los  grajos 
de  España,  é  aquel  pardo  que  tienen  tira 
algo  á  leonado.  Tómanse  muchos  entre 
estas  islas  é  la  Tierra-Firme. 

Topan  assi  mesmo  las  naos,  desque 
están  ya  gerca  de  las  Indias ,  otras  aves 
que  llaman  alcatraces:  estos  son  de  muchas 
maneras.  Algunos  del  tamaño  de  los  cuer- 
vos marinos  é  otros  algo  menores :  algu- 
nos negros  que  tiran  al  color  pardo ,  é 
otros  pardos  é  blancos  alcoholados,  é  de 
otros  plumajes.  Otros  hay  negros  pardos 
que  tienen  las  cabegas  blancas  con  algu- 
nas plumas  en  ellas  coloradas.  Todas  es- 
tas aves,  dichas  alcatrages,  salen  mucho  á 
la  mar ,  é  todas  tienen  los  pies  como  ánsa- 
res ó  ánades,  porque  son  aves  marítimas  y 
exergitadas  en  lapesqueria,  y  es  el  pesca- 
do su  espegial  é  ordinario  mantenimiento. 

Assi  que,  estas  ginco  maneras  ó  di- 
ferengias  de  aves  se  hallan  desde  Es- 
paña á  las  Indias,  demás  de  muchas  ga- 
viotas é  algunas  gavinas;  pero  gerca  ó 
junto  á  las  islas  de  Canaria ,  é  á  las  de 


TOMO  I. 


1     Pün.,  lib.  X,  cap.  19. 


56 


442 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


acá  de  las  Indias  y  en  las  costas  de  la 
Tierra-Firme,  porque  las  gavinas  é  ga- 
viotas no  se  apartan  mucho  de  la  tierra. 
Otras  aves  de  la  tierra  se  hallan  en  la 
mar  é  se  toman  de  cansadas ,  á  la  vuelta 
que  las  naos  que  van  destas  partes  están 
gerca  de  España.  Las  que  yo  he  visto  to- 
mar en  los  navios,  en  que  yo  he  ydo  y  me 
he  hallado,  son  aquestas:  ñevaticas  délas 
que  nunca  sosiegan  con  la  cola  é  son 
blancas  é  negras  pintadas;  tordos,  co- 
gujadas ,  pinchicos  de  los  que  suelen  po- 
ner en  las  jaulas ;  cernícalos ,  esmerejo- 
nes, halcones,  no  tengo  en  memoria  de 


que  ralea  porque  sé  poco  de  getreria;  y 
otras  aves  de  otras  raleas  é  formas :  las 
quales  subiéndose  en  alto  vuelo  querien- 
do atravessar  desde  el  Cabo  de  Sanct 
Vigente  ó  parles  postreras  é  mas  occi- 
dentales de  España  é  del  fin  de  Europa 
para  se  passar  en  África ,  ó  desde  África 
para  España,  cánsanse  é  acójense  á  las 
gavias  délas  naos,  que  acaso  atraviessan; 
é  cómo  se  hage  de  noche,  témanlas  á  ma- 
nos los  marineros.  Y  aquesto  baste  quan- 
to  á  las  aves  que  se  topan,  quando  esta 
navegagion  se  hage,  segund  é  dónde 
tengo  dicho. 


CAPITULO    II. 


Que  tracta  de  las  aves  que  hay  en  esta  isla  semejantes  á  las  de  nuestra  España,  que  son  acá  naturales  assi 

mismo  y  desta  tierra. 


R 


Lay  en  esta  isla  de  Hayti  ó  Española 
muchas  palomas  torcagas,  é  de  las  gori- 
las por  consiguiente  ( pero  menores  las 
unas  é  las  otras  que  las  de  España  cada 
una  en  su  espegie);  tórtolas  muy  buenas, 
de  tres  ó  quatro  maneras ,  é  unas  mayo- 
res que  las^otras;  golondrinas,  mayores 
que  las  de  España ;  pero  no  tienen  rubio 
el  cuello  ni  las  cabegas ,  ni  la  cola  tan 
hendida ,  y  el  canto  de  las  golondrinas 
de  acá  es  mas  sordo  é  no  tal  como  el  de 
las  de  nuestra  España ,  ni  crian  tan  do- 
mésticamente en  las  casas  acá;  é  debe 
ser  porque  há  poco  tiempo  que  acá  se 
han  fundado  casas  de  piedra.  Con  todo 
ya  comiengan  á  criar  en  la  iglesia  mayor 
desta  cibdad  y  en  el  monesterio  de  los 
fray  les  de  Sancto  Domingo  desta  cibdad. 
Hay  assi  mismo  vengejos  y  en  mucha 
cantidad;  gargas  reales;  gárgolas;  hal- 
cones; neblís  é  muy  buenos,  algo  mas 
negros  que  los  que  en  España  é  Italia 
suelen  yr ;  agores  grandes  é  muy  hermo- 
sos ;  águilas  pequeñas ;  guaraguaos ;  es- 
tos no  los  hay  en  España ,  pero  páselos 


aqui  porque  son  de  la  condigion  é  offigio 
de  los  milanos,  no  porque  les  parezcan 
en  mas  del  offigio  del  hurtar  los  pollos, 
porque  en  el  plumaje,  ni  división  de  la 
cola,  ni  en  la  cabega  no  les  paresgen. 
Pero  son  muy  armados ,  y  el  plumaje  des- 
tos  guaraguaos  es  como  el  del  borní, 
salvo  que  estos  tienen  los  ojos  colorados. 
Lechugas;  alcatrages de  muchas  maneras; 
águilas  blancas  de  agua  (digo  de  agua, 
porque  se  exergitan  en  la  pesquería);  cau- 
dones;  gaviotas;  gavinas,  pero  pocas; 
gallillos;  calamones;  gernícalos;  carpin- 
teros, del  tamaño  de  los  gorgales  ó  tor- 
dos. Tienen  estos  carpinteros  el  cogote 
colorado ,  y  engima  de  la  cola  también 
coloradas  algunas  plumas ,  é  todo  el  res- 
to es  pintado  al  través,  á  carreras  negras 
é  verdes  cada  una  por  sí ,  y  el  verde  tira 
algo  á  amarillo.  Aquestas  aves  hagen  en 
las  palmas  y  otros  árboles  un  agujero  con 
el  pico ,  é  de  dentro  labran  é  vacuan  lo 
que  les  conviene  dexar  hueco,  en  que  ha- 
gen  sus  nidos  é  morada.  No  sé  si  es 
aqueste  el  páxaro  que  en  España  se  dige 


DE  INDIAS.  LIB.  XIV.  CAP.  II. 


443 


pito ,  porque  he  oydo  degir  que  el  pito 
cria  assi.  Hay  muchas  ánsares  de  passo 
bravas  y  es  el  passo  dellas  por  degiem- 
bre.  Muchos  páxaros  hay  acá  de  los  que 
en  España  andan  por  los  sotos,  é  cantan 
bien  (que  no  les  saben  acá  los  nombres),  é 
también  hay  ruyseñores  que  en  el  canto 
son  cosa  de  oyr  y  de  muy  dulge  meiodia, 
aunque  no  hagen  tantas  diferengias,  como 
los  de  España,  ene! cantar.  Hav  innume- 


rables cuervos  marinos,  é  los  esmerejo- 
nes son  de  todas  raleas.  Hay  aberramias; 
pero  las  destas  Indias  tienen  el  plumaje 
de  color  encarnado  y  el  pico  no  tan  luen- 
go, como  las  de  Castilla.  Todas  estas  aves, 
de  que  he  hecho  mengion  en  este  capí- 
tulo, son  naturales  en  esta  isla,  assi  como 
en  España ,  é  todas  ellas  las  hay  en  estas 
islas ,  y  en  la  Tierra-Firme  estas  é  otras 
muy  mas  en  abundangia. 


CAPITULO  III. 


De  las  aves  que  se  han  traydo  de  España ,  que  en  esta  isla  é  Indias  no  las  avia. 


E 


iánse  traydo  á  esta  isla  é  á  las  otras 
comarcanas  é  á  la  Nueva  España  é  á  la 
Tierra-Firme  muchas  gaUinas  é  gallos  de 
los  nuestros  de  España ,  é  hánse  hecho 
muy  bien  y  en  grande  abundangia ,  é  hay 
muchos  é  muy  hermosos  capones  y  en 
gran  cantidad  en  todas  estas  partes  é  In- 
dias. Hánse  traydo  muchas  palomas  duen- 
das ,  é  críanse  bien  é  hay  muchas  dellas 
en  esta  cibdad,  en  muchas  casas  y  en  los 
heredamientos  é  otras  partes  de  aquesta 
Isla  Española ,  donde  hay  poblagiones  de 


chripslianos.  Hánse  traydo  algunos  pavos 
de  los  de  Castilla;  pero  no  se  hagen  ni 
multiplican  bien,  como  en  España.  Y  lo 
mesmo  digo  de  las  ánsares  de  Castilla, 
porque  las  que  acá  vienen  no  multipli- 
can ni  se  dan  tan  bien  como  allá,  aunque 
hay  algunas  ánades  de  las  caseras  de 
Castilla  que  se  han  traydo  assi  mismo ,  é 
hánse  hecho  muy  bien  é  hay  muchas  de- 
llas, puesto  que  destas  hay  acá  naturales 
infinitas,  pero  mas  chiquilas. 


CAPITULO  IV. 

De  las  aves  que  hay  en  esta  Isla  Española ,  las  quales  no  hay  en  España  ni  allá  se  crian; 


E 


Lay  muchas  maneras  de  papagayos  en 
esta  isla  ,  assi  de  los  verdes,  tamaños  ó 
mayores  que  palomas  (que  tienen  un 
flueco  de  plumas  blancas  en  el  nasgimien- 
to  del  pico),  como  de  los  otros  del  mismo 
tamaño  é  verdes  que  tienen  aquel  flueco 
que  he  dicho,  pero  colorado ,  como  un 
carmesí.  Hay  otros  menores,  de  colas 
luengas ,  é  los  codillos  ó  encuentros  de 
las  alas  é  los  sobacos  colorados ,  é  todo 
el  restante  dellos  verde  ,  é  aquestos  se 
llaman  xaxahcs.  Otros  hav  de  otras  ma- 


neras ,  assi  en  esta  como  en  las  otras  is- 
las; pero  porque  en  la  Tierra-Firme  hay 
mucha  mas  cantidad  é  diversidad  destos 
papagayos ,  alli  se  dirá  lo  que  aqui  no  se 
fage;  porque  á  la  verdad,  en  esta  isla  no 
los  hay  tantos  ni  de  mas  diferengias  de 
las  que  se  dixo  de  suso.  Verdad  es  que 
hay  unos  paxaritos  todos  verdes ,  no  ma- 
yores que  los  xilgueritos  de  Castilla;  pero 
aquellos,  aunque  sean  verdes,  no  son 
papagayos.  Creo  yo  que  en  la  Tierra- 
Firme  passan  de  giento  é  mas  diferengias 


444 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


en  los  plumajes  de  los  papagayos ,  é  lo- 
dos ó  los  mas  dellos  son  muy  conformes 
ó  quassi  en  la  hechura,  exgepto  en  el  ta- 
maño é  colores  de  plumas ;  pero  en  los 
picos  y  en  la  torpega  y  hechura  de  los 
pies ,  muy  semejantes  los  unos  á  los  otros. 
Hay  assi  mesmo  en  esta  isla  unos  paxari- 
tos  tan  negros  como  un  terciopelo  negro, 
muy  bueno ;  é  son  tan  pequeños ,  que  nin- 
gunos he  yo  visto  en  Indias  menores,  ex- 
gepto el  que  acá  se  llama  páxaro  mos- 
quito :  el  qual  es  tan  pequeño ,  que  el 
bulto  del  es  menos  harto  ó  asaz  que   la 


cabega  del  dedo  pulgar  de  la  mano.  Este 
no  le  he  visto  en  esta  isla  ;  pero  dígenme 
que  aqui  los  hay ,  é  por  esso  dexo  de  ha- 
blar en  él ,  para  lo  degir  donde  los  he 
visto,  que  es  en  la  Tierra-Firme,  quando 
della  se  tráete.  Otros  páxaros  hay  de  mu- 
chas colores  é  que  cantan  muy  bien  é  de 
diferentes  voges  o  manera  de  cantar  :  é 
porque  desto  basta  lo  que  está  dicho, 
diré  de  algunas  aves  en  particular,  que 
son  mas  notables  é  cosas  para  encomen- 
dar á  la  memoria. 


CAPITULO  V. 

De  los  páxaros  comuneros,  ó  que  viven  muchos  junios  en  comunidad. 


Jtlay  en  esta  isla  un  género  de  páxaros 
algo  menores  que  los  que  en  Castilla  lla- 
man gorriones  ó  pardales ,  é  parésgenles 
algo  en  el  plumaje  é  diligengia,  éson  no 
menos  astutos  ó  maligiosos.  Estos  son  de 
grande  ánimo  en  quadrilla  é  ayuntamien- 
to. Su  color  é  plumaje  es  pardillo  gris,  y 
hagen  un  nido  tan  grande  ó  mayor  que 
los  que  suelen  hager  las  gigüeñas  en  los 
campanarios  é  torres  de  Castilla.  Estos 
hagen  de  rama  de  tal  manera  compues- 
tos y  entretexidos  é  regios ,  que  es  admi- 
ragion  grande,  segund  estas  aves  son  chi- 
quitas: é  alli  dentro  en  aquel  su  nido 
tienen  sus  diferengias  ó  divididos  aparta- 
mientos é  geldas,  donde  distintos  crian; 
y  por  lo  menos  tiene  un  nido  de  aques- 
tos dosgientos  ó  tresgientos  páxaros.  Ési 
por  caso  atraviessa  por  ahy  gerca  alguna 


ave  de  las  grandes ,  aunque  sea  de  ra- 
piña ,  como  los  guaraguos  que  tengo  di- 
cho que  se  comen  acá  los  pollos  (é  aun 
las  gallinas),  salen  á  esquadrones  estos 
páxaros  con  gran  ruydo  ,  é  golpéanle  tan 
atrevida  é  denodadamente ,  que  no  hay 
abispas  ni  otra  cosa  semejante  tan  eno- 
josa ni  tan  continua ,  hasta  que  la  ha- 
gen huyr,  é  aun  aviéndole  dado  assaz 
repelones  é  sacádole  las  plumas.  Final- 
mente ,  que  gerca  de  donde  aquestos  ni- 
dos están;  assi  se  guardan  é  apartan  las 
otras  aves  dellos,  como  se  apartan  los 
hombres  de  los  abisperos.  Yesgierto  que 
es  cosa  mucho  de  ver,  quando  tienen 
alguna  diferengia  destas  con  los  cami- 
nantes, digo  con  las  otras  aves  de  passo 
que  acaso  se  agiertan  por  alli  á  buscar  la 
vida. 


CAPITULO  VI. 

De  los  alcaíra^es  grandes  que  hay  en  esta  Isla  Española  y  en  todas  las  otras  islas  y  cosías  de  la 

Tierra-Firme. 


Uicho  y  escripto  tengo  algunas  diferen- 
gias de  aves  que  están  debaxo  del  nom- 
bre de  alcatrages ,  é  de  algunos  de  aque- 


llos hay  en  las  costas  de  la  mar  en  Espa- 
ña; pero  de  los  que  agora  diré,  yo  no  los 
he  visto  ni  creo  que  ahy  haya ,  sino  en 


DE  INDIAS.  LIB.  XIV.  CAP.  VI. 


44o 


estas  partes ,  ni  he  oydo  degir  que  los 
haya  en  otras.  Son  estos  alcatraces,  de 
quien  agora  hablo,  como  grandes  ansaro- 
nes, é  son  todos  pardos,  é  las  plumas 
mayores  de  sus  alas  son  negras  en  los 
cuchillos  amaestras.  Los  pies  tienen  como 
de  patos;  pero  tienen  esta  diferencia: 
que  tienen  un  garrón  en  los  talones,  é 
desde  aquel  tienen  continuada  aquella  tela 
de  la  pata  á  los  otros  dedos.  Assi  que, 
aquella  pala  es  muy  mayor  que  lo  seria 
sin  aquello ,  ó  que  lo  son  las  patas  de  los 
ansarones.  Tiene  un  pico  tan  grande 
como  dos  palmos  de  luengo,  é  á  par  de  la 
cabega  es  tan  ancho  ó  mas  que  una  mano 
de  hombre ,  é  desde  alli  se  va  disminu- 
yendo hasta  la  punta  ó  fin  del  pico ;  pero 
en  el  extremo ,  donde  es  mas  delgado, 
queda  mas  ancho  que  el  dedo  pulgar,  é 
de  alli  declina  algo  para  abaxo,  de  ma- 
nera de  uña.  É  aquello  de  la  parte  supe- 
rior del  pico  todo  es  duro  ,  é  la  mandí- 
bula baxa  se  abre  tanto  é  hace  un  papo 
que  le  va  hasta  el  pecho  :  é  cómo  tiene 
el  cuello  grande ,  yo  he  visto  algunas  ve- 
ges  meterle  en  el  papo  un  sayo  de  un 
hombre,  é  algunas  veges  una  capa,  é  al- 
gunas veges  dos  y  tres  jubones  é  gapatos 
é  bonetes  media  dogena  dellos.  Son  en  el 
pecho  de  plumaje  blanco ,  é  quando  vue- 
lan llevan  cogido  el  cuello  y  el  pico  pe- 
gado ,  de  manera  que  paresge  que  no  tie- 
nen pescuego.  En  fin ,  esta  ave  puesta  en 
tierra  y  extendido  el  cuello ,  paresge  mu- 
cho á  una  grande  ave  que  yo  vi  en  Flan- 
des  ,  en  Bruselas ,  en  el  palagio  del  Em- 
perador Rey,  nuestro  señor,  año  de  mili 
é  quinientos  diez  y  seys ;  é  acuerdóme 
que  la  llamaban  hay  na ,  y  que  estando 
un  dia  comiendo  Su  Magestad  en  la  gran 
sala ,  le  truxeron  en  su  Real  presengia  de 
comer  á  aquella  ave  en  una  caldera  de 
agua  giertos  pescados  vivos ,  é  los  comió 
assi  enteros ,  como  estos  alcatrages  que 
digo  suelen  hager  los  que  toman.  Aquella 
ave  yo  creo  que  era  de  mar ,  é  tales  te- 


nia los  pies  é  todo  lo  demás,  como  estos 
alcatrages  en  quien  yo  hablo ,  salvo  que 
no  tenia  el  papo  que  digo  que  tienen  los 
de  acá  ;  pero  era  mayor  ave  aquella  y  de 
mas  hermoso  plumaje  é  mayor  pico,  pero 
no  le  abria  tanto;  porque  como  tengo 
dicho,  no  tenia  aquella  el  papo  de  la 
forma  que  estos  alcatrages  de  acá.  Los 
quales,  quando  vuelan  ,  se  suben  en  alto 
é  tienen  muy  buena  vista,  é  déxanse 
caer  juntadas  las  alas  en  la  mar,  é  viene 
hecho  un  ovillo ,  y  del  golpe  que  dá, 
como  es  grande,  salta  mucho  el  agua 
para  arriba ,  y  él  toma  el  pexe  é  sale 
luego  para  suso  sentado  en  el  agua,  é 
trágaselo.  É  tórnase  á  levantar  é  subir 
en  alto ,  é  hage  otra  é  otras  muchas  ve- 
ges lo  mesmo  :  é  desta  manera  anda  pes- 
cando en  las  costas  y  en  los  rios ,  dó  en- 
tran en  la  mar,  y  en  el  de  aquesta  cib- 
dad  cada  dia  muchos  dellos  junto  á  la 
ribera  :  é  digo  tan  junto  ,  que  há  pocos 
dias  que  un  escudero  de  los  que  yo  aquí 
tengo  en  guarda  desta  fortaleza  de  Sancto 
Domingo ,  buen  ballestero ,  tiró  á  un  al- 
catraz destos  desde  dentro  desta  casa ,  é 
le  quebró  un  ala ,  estando  sentado  en 
una  peña,  al  pié  de  la  fortaleza.  Y  estos 
hombres  de  casa  en  mi  presengia  le  me- 
tieron en  el  papo  un  sayo  de  un  paje  mió, 
con  harto  faldaje  é  mangas  anchas;  y  no 
era  de  los  mayores  el  alcatraz,  porque 
no  era  viejo;  y  esto  es  muy  notorio  acá: 
que  una  capa,  si  está  unpocorayda,  ylo 
que  tengo  dicho  les  cabe  en  el  papo  á 
estas  aves.  É  assi  quando  los  matan,  les 
hallan  en  el  vientre,  y  ellos  por  sí  en 
siendo  heridos  regetan  é  langan  el  pes- 
cado que  avian  comido ;  é  algunas  veges 
es  tanto,  que  podrían  largamente  comer 
dos  hombres  é  tres  con  otro  tanto.  Al- 
gunas veges  con  nesgessidad  los  chrips- 
lianos  han  comido  estos  alcatrages;  pero 
no  los  han  por  buen  manjar ,  porque  sa- 
ben al  pescado  é  huelen  mucho  al  ma- 


risco. 


446 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  VIL 

De  las  aves  nolurras  que  hay  en  esta  Isla  Española. 


E 


Lay  en  esta  isla  unas  aves  mayores  que 
vengejos ,  é  las  alas  tienen  y  el  vuelo  de 
k  mesma  forma ,  é  vuelan  con  tanta  ve- 
logidad  é  con  aquella  manera  de  voltear, 
subiendo  é  desgendiendo ,  dando  vueltas 
en  el  ayre .  É  no  salen  ni  se  veen  sino 
al  tiempo  que  el  sol  se  entra  debaxo  del 
horizonte ,  é  también  algunas  veges  si  el 
sol  no  paresge,  por  estarcí  gielo  nubloso: 
poco  antes  que  él  sea  puesto  también  sa- 
len, assi  como  lo  hagen  los  murciélagos, 
é  andan  toda  la  noche ;  é  de  quando  en 
quando  algunas  veges  chillan  en  gierta 
forma  que  se  oyen  desde  lexos  dellos.  No 
sé  como  los  llaman  los  indios  en  esta 
tierra ;  pero  he  visto  muchas  aves  destas 
en  la  Tierra-Firme,  salvo  que  en  el  plu- 
maje son  algo  diferentes.  En  aquella  bre- 
ve suma  que  escrebí  en  Toledo  destas 
cosas  de  Indias  los  llamé  páxaros  notur- 
nos ;  mas  aquellos  son  muy  enemigos  de 
los  murgiélagos  é  ándanlos  golpeando  é 
persiguiendo ,  y  es  cosa  para  holgar  mi- 


rar su  contraste.  Pero  estos  otros  de  acá 
en  esta  isla  no  van  tras  los  murgiélagos, 
ni  son  tan  grandes  aves ,  é  también  en  el 
plumaje  difieren,  puesto  que  no  en  la 
caga  de  los  mosquitos.  Los  murgiélagos 
de  aquesta  isla  son  pequeños  é  no  hay 
muchos  y  engiérranse  presto,  á  mi  pares- 
ger.  Hay  assi  mismo  muchas  lechugas  en 
esta  isla,  y  en  los  pueblos,  é  dó  hay 
buhios  de  paja ;  pero  son  menores  lechu- 
gas asaz  que  las  de  Castilla  ,  porque  las 
de  acá  son  como  un  gernícalo  torguelo  ó 
menores.  Hay  buhos,  pero  muy  chiquitos 
é  no  mayores  que  las  lechugas  que  he 
dicho,  é  assi  con  aquellas  orejas  ó  cuer- 
nos levantados  en  la  cabega  y  del  proprio 
plumaje,  é  los  ojos  pequeños  á  pro- 
porgion  del  cuerpo;  pero  muy  claros,  co- 
mo los  buhos  de  España.  Mochuelos  hay 
assi  mismo ,  pero  pequeños  como  las  le- 
chugas é  buhos  que  he  dicho,  é  aun  algo 
menores;  é  assi  los  ojos,  como  los  tienen 
los  de  Castilla. 


CAPITULO  VIII. 

De  las  grúas  y  perdices  ó  tórtolas  de  la  isla  de  Cuba  ó  Fernandina. 


Oay  en  la  isla  de  Cuba  innumerables 
grúas  de  las  mismas  que  se  suelen  ver 
en  España,  digo  de  aquel  plumaje  é  gran- 
dega  é  canto :  las  quales  son  naturales  de 
aquella  isla,  pues  crian  alli,  é  los  mu- 
chachos é  los  que  quieren  traen  á  los 
pueblos  infinitos  huevos  ó  grullitos  de  las 
savanas  ó  campos  donde  crian,  y  en  to- 
do el  año  hay  aquestas  aves  en  aquella 
isla. 

Hay  assi  mismo  unas  perdiges  peque- 
ñas ,  que  á  mi  paresger  en  el  plumaje  y 
en  el  murmurar  dellas  paresgen  tórtolas; 


pero  mucho  mejores  en  el  sabor.  É  té- 
manse en  grandíssimo  número  é  tráenlas 
vivas  bravas  á  casa,  y  en  tres  ó  quatro 
dias  andan  tan  domésticas,  como  si  alli 
fueran  nasgidas  y  engordan  en  mucha 
manera,  é  sin  dubda  es  un  manjar  muy 
delicado  é  suave  en  el  sabor ;  é  algunos 
le  loan  é  tienen  por  mejor  que  el  de  las 
perdiges  de  España,  assi  porque  no  son 
de  menos  apetito  al  gusto ,  como  porque 
son  de  mejor  digestión.  No  son  mayores 
que  las  tórtolas  de  Castilla  é  tienen  al 
cuello  un  collar  del  mismo  plumaje;  pero 


DE  INDIAS.  LIB.  XIV.  CAP.  VIII. 


447 


negro  como  el  de  la  calandria,  aun-  ñola,  é  los  mas  de  los  años,  ó  á  lo  me- 
que algo  mas  baxo  para  el  pecho  é  mas  nos  no  passa  del  tergero ,  hay  passo- 
ancho.  Hay  assi  mismo  en  la  isla  de  de  aves,  como  se  dirá  en  el  capítulo 
Cuba  las  mismas  aves  que  en  la  Espa-  siguiente. 

CAPITULO  IX. 

Del  passo  de  las  aves  que  suelen  passar  por  la  isla  de  Cuba,  é  muy  ordinariamenle  los  mas  años  alravies- 
san  la  mar  que  hay  enlrella  y  la  Tierra-Firme;  e'  passan  sobre  la  Tierra-Firme  la  vuelta  del  viento  Sueste. 


IJixe  en  el  capítulo  de  suso  que  aqui 
diria  del  passo  de  las  aves.  Digo  que 
quassi  al  fin  de  la  isla  de  Cuba  sobrella 
passan  muchos  años  innumerables  aves 
de  diversos  géneros  é  vienen  de  la  parte 
de  hágia  el  rio  de  las  Palmas  que  confi- 
na con  la  Nueva  España  é  de  la  vanda 
del  Norte  sobre  la  Tierra-Firme,  é  atra- 
viessan  sobre  las  islas  de  los  Alacranes  é 
sobre  la  de  Cuba,  y  passado  el  golpho 
que  hay  entre  estas  islas  y  la  Tierra-Fir- 
me, passan  á  la  mar  del  Sur.  Yo  las  he 
visto  passar  sobre  el  Darien,  que  es  en 
el  golpho  de  Urabá ,  é  sobre  el  Nombre 
de  Dios  é  Panamá  en  la  Tierra-Firme,  en 
diversos  años :  é  paresge  que  va  el  gielo 
cubierto  dellas ,  y  tardan  en  passar   un 
mes  ó  mas;  é  hay  desde  el  Darien  al  Nom- 
bre de  Dios  ó  Panamá  ochenta  leguas 
grandes.  É  yo  he  visto  este  passo  en  to- 
das tres  partes  en  la  Tierra-Firme  algu- 
nos años :  é  vienen  de  hágia  la  parte  de 
Cuba  é  de  donde  tengo  dicho  é  atravies- 
san  la  Tierra-Firme,  é  paresge  que  se  van 
hágia  lo  mas  ancho  de  la  tierra  la  via  del 
Sueste.  Y  pues  que  no  vienen  continuada- 
mente un  año  tras  otro,  é  no  las  vemos 
volver  en  ningún  tiempo  del  año  hágia 
el  Poniente  ó  Norte ,   creo  que  las  que 
tornan  á  venir  después,  son  aquellas  mes- 
mas  ,  ó  las  que  quedan  dellas  ó  progeden 
de  las  primeras,  é  dan  la  vuelta  al  uni- 
verso é  le  gircuyen  en  rededor  por  el  ca- 
mino que  he  dicho. 

Este  viaje  hagen  en  el  mes  de  margo 
por  espagio  de  veynte  é  treynta  dias  é 


mas  é  menos  desde  la  mañana  hasta  ser 
de  noche :  é  va  el  gielo  quassi  cubierto 
de  innumerables  aves  muy  altas ,  en  tan- 
ta manera  que  muchas  dellas  se  pierden 
de  vista ,  é  otras  van  muy  baxas  respeto 
de  las  mas  altas ;  pero  harto  mas  altas  que 
las  cumbres  é  montes  déla  tierra.  É  van 
continuadamente   en   seguimiento  ó   al 
luengo  desde  la  parte  del  Norueste  ó  del 
Norte  septentrional ,  como  he  dicho,  á  la 
del  Mediodía,  y  de  alU  para  arriba   al 
Sueste :  é  atraviessan  todo  lo  que  del 
gielo  se  puede  ver  en  longitud  de  su  via- 
je ,  que  hagen  estas  aves ,  y  en  latitud  ó 
de  ancjiura  ocupan  muy  grande  parte  de 
lo  que  se  puede  ver  del  gielo.  Las  que 
destas  aves  mas  baxan  para  tierra,  son 
unas  aguilillas  negras  é  otras  medianas, 
pero  también  águilas  reales,  é  otras  aves 
de  muchas  maneras  é  algunas  muy  gran- 
des :   ó  todas  ellas  paresgen  de  rapiña, 
aunque  las  diferengias  dellas  son  muchas 
y  los  plumajes  diversos  de  algunas,  en  las 
que  quieren  abaxar,  porque  en  las  altas 
no  se  puede  considerar  la  pluma  ni  dis- 
gernerlola  vista.  Mas  en  la  forma  del  vo- 
lar é  batir  las  alas  y  en  la  grandega  é  di- 
ferengia  de  su  talle  é  proporgion  é  tama- 
ño se  conosge   claramente  que  son  de 
muchas  é  diversas  raleas  é  géneros.  Pero 
porque  aquesto  deste  passo  de  aves  toca 
á  las  cosas  de  la  Tierra-Firme ,  quede  lo 
demás  para  quando  se  tráete  della,  en  la 
segunda  parte  desta  Historia  general  é  na- 
tural de  Indias. 


448 


HISTORIA  GENERAL  Y  iNATüRAL 


CAPITULO  X. 

De  una  ave,  ó  quassi  monstruo  entre  las  aves,  que  hay  en  esta  Isla  Española  y  en  las  otras  islas  destas  partes. 


iluise  guardar  para  este  último  capítulo 
de  las  aves  desta  Isla  Española  y  de  las 
Ciras  á  ella  gircunstantes  una  ave,  muy 
nueva  cosa  á  mis  ojos  é  por  mí  nunca 
oyda ,  ni  leyda  otra  semejante  en  parte 
alguna  del  mundo ;  y  á  mi  paresger  es 
cosa  muy  notable  é  de  admiración ,  y 
acá  en  estas  partes  y  en  espegial  en  es- 
tas islas  muchas  veges  vista  é  notoria. 
Esta  es  una  ave  del  tamaño  de  una  gran- 
de gavina ,  y  el  plumaje  quassi  de  aque- 
lla forma  blanco,  mezclado  de  pardo ,  y 
el  pico  de  la  manera  de  la  gavina ;  pero 
mas  agudo.  Esta  ave  se  puede  degir  que 
es  de  rapiña  en  el  campo  y  en  el  agua; 
porque  assi  puede  mantenerse  é  cagar  en 
la  tierra,  como  pescar  en  la  mar  é  los  rios. 
Tiene  el  pié  izquierdo  como  ánade  ó  pato 
y  essotros  páxaros  ó  aves  que  andan  en 
la  mar,  y  con  aquel  se  assienta,  quando 
quiere,  en  el  agua  é  se  está  sobrella  co- 
mo un  ánsar  ó  ánade :  é  la  mano  dere- 
cha es  de  presa,  como  la  suele  tener  un 
buen  agor  ó  un  sacre,  ó  una  de  las  aves 
que  mejor  armada  puede  estar  de  uñas. 


Y  quando  los  pescados  salen  sobreagua- 
dos y  gerca  de  la  superfigie  del  agua,  es- 
ta ave  se  dexa  caer  de  alto,  donde  anda 
volando,  é  afierra  con  aquellas  presas  é 
uñas  de  la  mano  derecha  el  pescado  :  é 
si  quiere  estarse  sobre  el  agua  sentada 
con  el  otro  pié  que  tiene  como  de  pato, 
se  está  queda  é  come  su  pescado ;  é  si 
no  lo  quiere  hagerassi,  levántase  é  llé- 
vaselo en  las  uñas  é  cómeselo  en  el  ayre 
á  vuelo  ó  sobre  una  peña  ó  árbol,  donde 
le  paresge  é  quiere  sentarse.  Yo  no  he 
visto  ni  oydo  ni  leydo  cosa  tan  desse- 
mejante ni  tan  apartada  de  todas  las  otras 
aves  del  mundo,  como  aquesta,  ni  en  tanto 
extremo  diferengiada ;  porque,  como  he 
dicho  es  ave  de  tierra  é  de  mar ,  porque 
segund  algunos  digen,  también  se  geba  en 
la  tierra  de  algunas  aves  pequeñas  ó  de 
lagartijas  é  otras  cosas  ó  manjares  ter- 
restres semejantes.  En  esta  isla  y  en  la 
de  Sanct  Johan  y  las  otras  destas  par- 
les se  han  visto  y  se  veen  muchas  veges 
aquestas  aves :  los  chripstianos  las  lla- 
man agores  de  agua. 


ComienQa  el  libro  dégimo  quinto  de  la  primera  parte  de  la  Natural  y  General  his- 
toria de  las  Indias ,  Islas  y  Tierra-Firme  del  mar  Ogéano :  el  qual  tracta  de  los  aní- 
dales insectos. 


PROHEMIO. 


JLjos  animales  insectos  ó  Reñidos ,  assi 
como  gigarras,  hormigas,  abispas  y  sus 
semejantes,  serán  la  materia,  de  que  se 
tractará  en  este  dégimo  quinto  libro,  los 
quales ,  como  dige  Plinio  ^ ,  es  opinión 
de  algunos  que  no  alientan  ni  tienen  san- 
gre. Llámalos  insectos,  porque  son  corta- 
dos ó  regintos  en  el  cuello ,  ó  en  el  pe- 
cho ,  ó  en  las  otras  partes  ó  lugares  de 
sus  coyunturas ;  y  maravíllase  mucho  có- 
mo en  tan  pequeña  cosa  puede  aver  al- 
guna ragon  ó  potengia ;  é  quán  inextri- 
cable ó  no  comprehensible  es  la  perfigion 
de  los  tales,  porque  dige  que  ¿dónde  pudo 
colocar  la  natura  tanto  sentido  en  el  mos- 
quito, dicho  gangal  (que  es  el  que  canta), 
puesto  que  hay  otros  menores?  Dónde  les 
puso  la  vista ;  dónde  el  gusto ;  dónde  el 
olor;  dónde  engendró  tan  terrible  voz,  en 
comparagion  de  tan  pequeño  cuerpo?  Con 
qué  subtilidad  le  pegó  las  alas  é  le  higo 
aquellas  luengas  piernas,  y  el  vientre 
ayuno  y  desseoso  de  sangre  humana ,  ó 
con  qué  artifigio  le  agugó  el  aguja,  é  aun- 
que aquella  es  tan  sotil  que  no  se  vee, 


es  capaz,  para  horadar  la  piel,  é  aca- 
nalada, para  chupar  la  sangre?  Qué  dien- 
tes (de  los  quales  da  testimonio  el  son) 
ha  dado  al  tarlo  para  horadar  qualquie- 
ra  leño  duro ,  porque  ha  querido  que  se 
apagientede  madera?  Mas  nosotros  nos 
maravillamos  de  los  hombros  de  los  ele- 
phantes,  con  los  quales  llevan  las  tor- 
res, é  de  los  cuellos  de  los  toros,  é  de 
la  rapiña  de  los  tigres,  é  de  las  crines 
de  los  leones ;  y  non  obstante  esto,  la  na- 
tura es  assi  dotada  en  los  pequeños  como 
en  los  grandes.  Y  por  tanto  ruega  el  Pli- 
nio en  el  pringipio  de  su  libro  XI  á  aque- 
llos que  leen  sus  cosas,  que  puesto  que  mu 
chos  destos  animales  sean  en  despregio- 
no  hayan  en  fastidio  las  cosas  que  dellos 
él  refiere ;  porque  en  la  contemplagion  de 
la  natura  no  puede  ser  cosa  superfina. 

Por  gierto  todo  lo  que  es  dicho  fué 
considerado  é  apuntado,  como  de  va- 
ron  tan  señalado  é  doto  ;  pues  que  en  las 
obras  de  natura  tan  maravillosas  cosas 
vemos  por  nuestros  ojos  é  tocamos  con 
nuestras  manos ,  que  una  sola  basta  á  te- 


TOMO  I. 


1     Plin.,  lib.  XI. 


57 


450 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


ner  la  mente  del  hombre  en  grandíssiraa 
admiragion.  Pero  acordándonos  de  quán- 
to  poder  es  el  Maestro  que  essa  potencia 
dá  á  la  natura ,  para  lo  que  por  su  dispen- 
sagion  del  ella  obra ;  y  que  el  solo  Omni- 
potente es,  de  donde  progede  todo,  é  que 
es  Dios  el  que  dá  la  vida  y  el  ser  á  todas 
las  cosas  criadas ,  y  el  que  infunde  é  dis- 
pensa todos  estos  efetos  é  obras  que  Pu- 
nió atribuye  á  la  natura ;  no  hay  de  que 
nos  maravillemos  en  cosa  que  él  haga  ni 
el  hombre  vea ,  acordándonos  de  su  in- 
finita oranipotengia :  ni  nos  avemos  de 
ocupar  en  tal  admiragion,  sin  darle  infini- 
tas gragias  de  todas  sus  obras ,  y  de  la 
merged  señalada  que  hage  al  que  da  co- 
nogimiento  para  penssar  en  ellas  para  es- 
te efeto,  é  las  considera  con  tal  adita- 
mento ,  que  de  las  criaturas  vistas  ó  por 
tales  tractados  é  auténticos  auctores  es- 
criptas,  se  levanten  nuestros  coragones  á 
amar  á  quien  las  crió ,  y  es  servido  de 
nos  las  comunicar,  para  que  mejor  le  sir- 
vamos. Pues  no  á  la  natura  (como  Plinio 
y  los  gentiles)  quiera  ningún  calhólico  re- 
ferir las  gragias  destas  maravillas;  sino 
al  Maestro  de  la  natura,  al  qual  plega 


darme  gragia ,  que  en  las  cosas  que  ten- 
go escripias  é  las  que  en  este  y  en 
los  libros  siguientes  desta  Natural  y  Ge- 
neral Historia  de  Indias  escribiere ,  siem- 
pre diga  y  escriba  con  verdadera  inten- 
gion  y  obra  lo  que  he  visto  é  alcangado 
destas  materias.  Porque  en  la  verdad,  mi 
pringipal  desseo  é  intento  es  servir  á  Dios 
é  á  mi  Rey ,  en  colmar  este  volumen  de 
verdaderos  renglones ,  é  no  de  las  fábu- 
las que  he  visto  escripias  desde  España 
en  estas  cosas  de  Indias ;  pues  que  sin 
desviarse  mi  pluma  de  lo  gierto ,  nunca 
le  faltará  que  escriba  de  que  se  maravi- 
llen los  hombres.  É  assi,  efectuando  la 
verdadera  historia ,  diré  brevemente  qué 
animales  destos  insectos  ó  geñidos  hay  en 
en  esta  isla,  semejantes  á  los  de  nuestra 
España ,  é  quáles  no  he  visto  en  ella ,  é 
los  que  hay  acá,  é  de  las  propriedades 
que  de  los  tales  ovieren  venido  á  mi  no- 
tigia.  Puesto  que  en  esta  primera  parte 
será  poco  lo  que  puedo  escrebir,  hasta 
que  en  la  segunda  é  lergera  parles,  trac- 
trando  de  la  Tierra-Firme,  se  colmen  é 
aumenten  todas  estas  materias,  por  la 
mucha  abundangia  que  alli  hay  dellas. 


CAPITULO  L 

De  los  animales  inseclos  que  hay  en  esta  Isla  Española ,  é  prlmeranienXe  de  las  hormigas  y  del  coinixen. 


JLlige  aquel  único  auctor  de  la  Natural 
Historia  *  las  opiniones  que  algunos  tie- 
nen ,  digiendo  que  las  hormigas  é  abispas 
é  los  semejantes  no  tienen  sangre;  por- 
que quien  no  tiene  coragon  ni  hígado,  no 
tiene  sangre,  é  assi  no  alienta  quien  no 
tiene  pulmón.  É  desto  nasge  grande  con- 
tengion,  porque  vemos  el  murmurar  de 
las  abejas  y  el  cantar  de  las  gigarras;  é  assi 
dige  Plinio  que  quando  contempla  la  na- 
tura, ella  le  persuade  á  que  ninguna  cosa 
estime  ser  increyble  de  sus  obras.  Y  des- 


pués que  en  esta  disputagion  ha  dicho  al- 
gunas cosas,  como  natural  investigador  de 
tales  secretos ,  dige  que  confiessa  que  no 
tienen  sangre,  como  otros  animales.  Assi 
como  la  serpiente,  la  qual,  en  lugar  ó  en 
cambio  de  la  sangre  tiene  tinta,  é  la  púr- 
pura tiene  aquel  xugo  con  que  se  tiñen 
las  vestiduras,  assi  aquel  humor  que  han 
estos  insectos,  qualesquier  que  sean,  le 
han  en  lugar  de  sangre.  É  dige  mas  el 
sobredicho  auctor:  que  cada  uno  estime  lo 
que  le  paresgiere ,  porque  su  propóssito 


i     Plin.,ljb.  Xí,  cap.  3. 


DE  INDIAS.  LIB.  XV.  CAP.  I. 


451 


de  Plinio  es  mostrar  las  cosas  que  en  la 
natura  son  manifiestas,  é  no  de  juzgar 
las  causas  ocultas. 

A  este  propóssito  digo  que  mi  in- 
tención es  degir  lo  que  sé  y  he  visto 
en  aquestas  cosas  é  no  dexar  de  degir 
lo  gierto,  porque  se  maraville  ó  dexe  de 
se  maravillar  el  que  desde  lexos  me  es- 
cuchare ó  leyere  mis  renglones:  ni  quie- 
ro tampoco  ponerme  á  conjecturar  de  qué 
progeden  los  efetos  de  las  novedades 
que  recuento ,  porque  ni  soy  tan  philó- 
sopho  para  comprehenderlos,  ni  me  quie- 
ro detener  en  argumentos;  sino  conforme 
á  la  vista,  diré  lo  que  he  podido  compre - 
hender  ó  he  sentido  en  estas  materias. 

A  las  quales  dando  pringipio  en  las 
hormigas ,  digo  que  hay  muchas  en  es- 
ta Isla  Española,  y  en  aquesta  cibdad 
de  Sancto  Domingo  muchas  mas  de  las 
que  querríamos,  é  sin  comparagion  mu- 
chas menos  de  las  que  ha  ávido.  Porque 
en  el  año  de  mili  é  quinientos  é  diez  y 
nueve  y  dende  adelante,  por  espagio  de 
dos  años  é  mas,  ovo  tantas  que  higieron 
erandíssimo  daño  en  toda  esta  isla  en  los 
heredamientos ,  destruyendo  é  quemando 
los  cañafistolos  é  naranjos  é  otras  arbo- 
ledas provechosas,  que  aun  hasta  hoy  tu- 
ra el  daño,  puesto  que  (loores  á  Dios) 
gessó  aquella  moltitud.  Ni  tampoco  en  la 
sagon  que  ovo  esta  plaga  se  podía  vivir 
en  las  casas,  ni  tener  cosa  de  comer  al- 
guna que  luego  no  se  cubriessede  hormi- 
gas menudíssimas  é  negras.  É  si  algund 
tiempo  turara ,  no  fuera  mucho  que  nos 
acontesgiera  en  aquesta  isla  lo  que  en  Es- 
paña, donde  se  despobló  una  cibdad,  por 
el  escarvar  de  los  conejos,  ó  en  Tessalia 
lo  mesmo,  por  los  topos,  ó  en  Frangía, 
donde  fué  dexada  otra  cibdad,  por  la 
moltitud  de  las  ranas,  y  en  África  por  la 
multitud  délas  langostas;  y  Amida,  cib- 
dad de  Italia ,  fué  perdida  por  las  cule- 
bras, é  assi  otros  pueblos  é  provingias 
por  semejantes  plagas  otras ,  segund  Pu- 


nió nos  lo  acuerda.  Todavía  no  faltan 
hormigas  :  antes  hay  mas  de  las  que  avia 
menester  esta  tierra;  pero  hay  otras  algo 
bermejuelas  é  pequeñas  que  son  inimi- 
gíssimas  las  unas  de  las  otras;  y  no  sin 
ser  mucho  á  nuestro  propóssito.  Y  es  co- 
sa maravillosa  que  en  un  heredamiento, 
donde  acaesge  aver  las  unas  é  las  otras, 
paresge  que  parten  la  tierra,  é  de  hecho 
la  tienen  dividida ,  porque  está  muy  se- 
ñalado é  conosgido  el  terreno  é  sitio  que 
poseen  las  unas,  sin  hager  daño,  é  lo  que 
las  otras  ocupan,  destruyendo;  y  de  aque- 
llos límites  las  buenas  no  dexan  passar  á 
las  que  son  dañosas.  Yo  digo  lo  que  to- 
dos en  esta  cibdad  é  isla  saben ,  é  aun 
lo  que  podré  mostrar  en  una  heredad  mía, 
una  legua  desta  cibdad ;  é  assi  se  podrá 
ver  en  otras  muchas  partes  y  hereda- 
mientos desta  isla. 

Ni  es  fuera  del  propóssito  en  que 
hablo ,  ni  de  la  devogion  de  los  chrips- 
tianos  lo  que  acaesgió  en  esta  cibdad, 
en  el  tiempo  que  estuvo  esta  isla  en  el 
mayor  trabajo  é  nesgessidad  é  quassi  pa- 
ra se  despoblar  por  causa  de  las  hor- 
migas, para  que  el  letor  é  los  que 
aquesto  oyeren  sepan  que  los  verdaderos 
remedios  son  de  Dios ,  y  los  envía  por  su 
misericordia  é  intergession  de  sus  sáne- 
los; y  fué  desta  manera.  Viéndose  los 
chripstianos,  que  en  esta  isla  viven ,  tan 
molestados  de  la  moltitud  de  las  hormi- 
gas ,  acordó  esta  cibdad  de  escojer  un 
sancto  por  su  defensor,  al  qual  se  vota- 
ron ;  y  para  la  elecgion  del,  echaron 
suertes  quál  seria ,  por  mano  del  muy  re- 
verendo y  devoto  en  Chripsto  padre,  el 
obispo  Alexandre  Geraldino.  El  qual  di- 
xo  missa  solemne  de  pontifical ,  é  des- 
pués de  aver  consagrado,  assi  cómo  ovo 
acabado  de  algar  el  Sanctíssimo  Sacra- 
mento, hecha  por  él  é  por  todo  el  pue- 
blo muy  devota  oragion ,  abrió  un  libro 
del  cathálogode  los  sanctos,  para  que  es- 
ta cibdad  é  isla  toviessen  por  abogado 


ist 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


contra  esta  plaga  de  las  hormigas  el  sáne- 
te ó  sancta  que  Dios  diesse  por  suerte. 
É  cayó  al  glorioso  Sanct  Saturnino  (el 
qual  cae  á  los  veynte  y  nueve  de  no- 
viembre), glorioso  mártir  e  obispo:  el 
qual  nasgió  en  Roma  é  fué  de  tanta  sanc- 
tidad  que  lo  envió  el  papa  á  Tholosa,  y 
en  entrando  por  la  puerta  de  la  cibdad, 
todos  los  ydolos  enmudegieron,  é  dixo 
uno  de  los  gentiles  que  si  no  mataban  á 
Saturnino,  que  no  avrian  respuesta  de 
sus  dioses;  por  lo  qual  le  ataron  á  los 
pies  de  un  toro  que  lo  arrastrasse  é  cruel- 
mente despedagasse ,  como  mas  larga- 
mente paresge  en  la  historia  de  su  glo- 
rioso martirio. 

Y  después  que  aqueste  sancto  dio  Dios 
por  abogado  á  esta  cibdad,  cessó  la  plaga 
destas  hormigas  é  se  disminuyeron  de 
manera  que  fué  tolerable  el  daño  suyo ,  é 
poco  á  poco  siempre  han  sido  menos,  por 
la  clemengia  divina  é  intergession  deste 
abogado  é  mártir  bienaventurado.  Noto 
yo  deste  misterio  que  el  obispo  Alexan- 
dre  Giraldino  era  romano  é  devotíssimo 
perlado ,  é  que  aqueste  mártir  fué  de  su 
patria  romana:  item ,  que  como  dige  su 
historia,  enmudegieron  los  ydolos,  y  que 
en  estas  partes  todos  los  indios  fueron 
ydólatras.  De  que  se  colige  que  significa 
la  advocagion  deste  sancto ,  que  quiere 
Dios  que  sea  confundida  é  dissipada  la 
ydolatria  en  estas  partes,  é  su  sancto  nom- 
bre é  cathólica  fé  ensalzada,  á  su  loor  é 
alabanga ;  y  que  en  esto  entiendan  é  se 
ocupen  los  cathólicos,  para  que  todas  las 
plagas  cessen  y  la  yra  del  Señor  se  miti- 
gue é  aparte  de  nos. 

Tornando  á  la  historia,  digo  que  el  géne- 
ro de  las  hormigas  en  esta  isla  es  muy  di- 
verso é  de  muchas  maneras ,  é  como  he 
dicho,  dañosas  algunas  para  los  agúcares  é 
las  otras  hagiendas.  Hay  otras  hormigas 
mayores  que  ningunas  de  las  que  he  dicho, 
é  son  bermejas,  é  pican  mucho,  é  dan  do^ 
lor;  pero  presto  se  passa  ,  si  no  son  mu- 


chas las  que  pican  ;  pero  dexan  un  ardor 
por  do  passan  como  fuego,  con  gran  esco- 
gimiento. Y  aquestas  son  assi  mesmo  da- 
ñosas para  las  hagiendas  del  campo ;  pe- 
ro son  pocas,  é  no  las  hay  en  todas  par- 
tes. Otras  hay  mayores  que  ningunas  des- 
tas  é  son  negras ,  é  aquestas  son  las  que 
se  convierten  en  aludas  ,  é  á  temporadas 
les  nasgen  alas,  é  son  tantas,  que  anda 
el  ayre  lleno  dellas.  Hay  otras  que  se  lla- 
man comixen ,  las  quales  son  pequeñas, 
é  tienen  las  cabegas  blancas,  é  son  muy 
peijudigiales  en  los  edefigios,  assi  en  los 
muros  é  paredes ,  como  en  las  maderas  é 
cubiertas  é  suelos  de  las  casas.  Estas  sa- 
len de  la  pared,  como  minero  que  paresge 
que  mana,  y  la  penetran  é  discurren  por 
lo  edificado  é  por  donde  les  paresge ,  é 
por  los  maderamientos ,  é  llevan  hecho 
un  camino  ó  senda  de  bóveda  é  hueco, 
tan  grueso  como  una  pluma  de  escrebir  é 
algunas  veges  como  el  dedo  ó  algo  me- 
nos ,  y  este  camino  relevado  sobre  la  pa- 
red ó  muro  ó  por  donde  passan.  É  donde 
se  para  esta  su  labor  ó  van  á  dar  estas 
sendas,  se  engepan  é  hagen  un  ayunta- 
miento de  la  mesma  materia  ó  pasta  de 
que  son  estas  sus  trancheas  ó  bóvedas, 
lan  grande  como  la  cabega  de  un  hombre, 
é  como  una  botija  que  quepa  media  é  aun 
una  arroba  de  agua  é  mas.  É  algunas  ve- 
ges ,  quando  en  árboles  hagen  estas  sus 
poblagiones,  las  hagen  tan  grandes  quan- 
to  un  hombre  lo  podrá  abragar  ó  poner 
los  bragos  en  gircuyto.  En  fin ,  destruye 
las  casas ,  y  es  menester  tener  cuydado 
de  quemar  é  desarraygar  este  gomixen> 
porque  es  muy  dañoso.  Esta  viaé camino 
é  casas  que  hagen  son  de  una  materia 
que  no-  hay  quien  la  entienda ,  de  color 
quassi  prieta ,  é  muy  seca ,  é  fágilmente 
tocándola  con  un  palo  ó  con  el  dedo  se 
rompe ,  si  se  la  quieren  quebrar ;  pero  son 
tantas  é  tan  prestas ,  que  muy  presto  tor- 
nan á  edificar  lo  que  Jes  han  rompido 
destos  sus  artifigios.  Pero  alli  donde  es  el 


DE  INDIAS.  LIB.  XV.  CAP.  I. 


453 


raayor  ayuntamiento ,  hagen  sus  nidos  é 
crian ,  é  alli  pudregen  é  hagen  fágil  la  pa- 
red ó  madero,  sobre  que  fundan  ó  hagen 
su  assiento ,  é  lo  dexan  abrasado  é  hecho 
un  panal ,  lleno  de  agujeros ,  esponjoso  é 
hueco;  é  peores  son  ó  de  la  mesma  manera 
para  las  casas,  que  la  polilla  para  el  paño. 
Hay  otra  manera  de  comixen  ú  hormi- 
gas que  hagen  estas  mesmas  vias  cubier- 
tas é  aquellos  ayuntamientos  grandes 
donde  crian  ,  salvo  que  son  sus  edefigios 
mas  conosgidamente  materia  de  tierra ,  é 
son  mas  claros  de  color  pardo ,  que  pa- 
resgen  de  tierra  ,  aunque  no  lo  es  total- 
mente. Este  otro  comixen  es  de  otra  for- 
ma el  animal,  porque  no  es  una  hormiga 
propria ,  como  se  dixo  de  las  de  suso 
del  otro  comixen,  sino  la  mitad  es  hor- 
miga y  la  otra  mitad  es  un  gusanillo  ó  for- 
ma de  medio  gusano  que  traen  de  la  ginta 
abaxo ,  é  metido  aquello  que  paresge  gu- 
sano en  una  cosilla  á  manera  de  cascara 
blanca  que  llevan  rastrando ,  tamaña  co- 
mo un  grano  de  genteno  ó  poco  mas.  É 
no  es  menos  dañoso  este  comixen  quel  de 
suso  para  las  casas  y  edefigios  é  made- 


ros; pero  no  tanto  para  las  labores  de 
piedra  é  tapias,  como  el  primero.  Con  to- 
dos sus  daños,  tiene  un  bien  este  comixen; 
y  es  que  se  crian  muy  bien  los  pollos  con 
él ,  é  de  los  campos  se  traen  é  despegan 
de  los  árboles  aquellas  sus  grandes  pelo  - 
tas  ó  moradas  de  su  habitagion ,  é  tray-r 
das  á  casa,  quiébranlas  delante  los  pollos, 
los  quales  muy  presto  se  las  comen  é  ago- 
tan ,  y  engordan  con  ellas  y  se  crian  muy 
bien  con  este  manjar.  Todas  las  hormi- 
gas y  comixen  son  generagiones  de  mu- 
cha diligengia  é  amigas  de  república ,  é 
assi  paresge  que  viven  en  ayuntamiento, 
é  su  manjar  es  común  entre  ellas.  Y  para 
se  conosger  su  diligengia  é  lo  que  puede 
la  continuagion  suya ,  digo  que  aunque 
passen  por  una  piedra  duríssima ,  por  do 
acostumbran  hager  su  senda,  la  señalan  é 
se  conosge  su  via  é  camino.  Mas  porque 
destas  y  otras  hormigas  hay  mucho  que 
degir  en  la  segunda  parte ,  donde  escre- 
biré  las  cosas  de  la  Tiera-Firme ,  passe- 
mos  ahora  adelante,  en  lo  que  toca  á  esta 
Isla  Española,  destas  materias  é  semejan- 
tes animales. 


CAPITULO  II. 

De  la  escolopendra  ó  cionlo  pies,  y  de  las  diferentes  maneras  deste  animal ,  y  de  ios  gusanos  de  muchos 

pies . 


Hay  en  esta  Isla  Española  muchas  ma- 
neras de  escolopendras  ó  giento  pies,  por- 
que unos  hay  delgados  é  tan  luengos  co- 
mo un  dedo  ,  é  de  aquella  mesma  manera 
que  los  de  España,  é  aquestos  pican  é  dan 
assaz  dolor.  Hay  otros  menores  é  mas 
gruesos  é  vellosos ,  é  son  mas  pongoño- 
sos  é  muy  pintados  y  enconados,  é  tienen 
la  cabega  colorada.  Algunos  otros,  aun- 
que son  pintados  y  vellosos,  tienen  la  ca- 
bega negra  é  unas  rayas  ó  listas  negras 
de  luengo  á  luengo ;  é  aquestos  se  tienen 
por  los  peores.  Hay  otros  muchos  gusa- 


nos y  de  diferentes  maneras  é  de  muchos 
pies;  pero  los  tales  se  acaban  presto, 
porque  estos  no  vienen,  sinoquando  llue- 
ve é  hage  mas  calor  de  la  acostumbrada, 
é  assi,  cessando  aquella,  no  paresgen; 
mas  en  tanto  que  turan,  cómenselos  mahi- 
gales  é  hagen  daño  en  los  heredamientos. 
Hay  otros  gusanos  tan  luengos  como  me- 
dio dedo  ,  é  delgados  ,  y  de  muchos  pies, 
y  relugen  mucho  de  noche ,  y  dan  clari- 
dad á  par  de  sí ,  por  donde  passan ,  y  se 
veen  desde  ginqüenta  ó  gien  passos  des- 
viado: é  no  resplandesge  todo  el  gusano,. 


454 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


sino  los  nBsgimJentos  ó  junturas  de  donde 
les  salen  los  bragos  del  cuerpo ,  é  aquella 
claridad  es  muy  clara.  Hay  otros  gusanos 
que  son  en  todo  lo  que  es  dicho  á  estos 
muy  semejantes  en  el  tamaño  é  relum- 
brar de  la  forma  ya  dicha ;  pero  tienen 
otra  gran  diferengia,  y  es  que  la  cabega 
relumbra  assi  mismo ,  pero  la  claridad  de 
la  cabega  es  como  muy  viva  é  colorada 
y  engendida  brasa. 

En  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo  he 
visto  muchas  veges  algunos  de  los  giento 
pies  ó  escolopendras  tan  luengas  ó  mas 
como  un  palmo ,  é  tan  anchas  como  un 


dedo;  é  gierto  en  verle  paresge  que  es 
de  temer.  Es  velloso  é  tiene  unos  perfi- 
les ó  rayas  de  color  leonado ,  de  donde 
les  salen  las  piernas ,  y  ellas  é  los  cuer- 
nos leonados,  y  el  cuerpo  de  una  color 
mas  escura.  No  he  visto  quexar  á  ningu- 
no de  su  bocado,  aunque  es  animal  de 
mala  vista ;  é  yo  no  le  querria  ver,  por- 
que aunque  no  haga  daño,  paresge  que 
no  se  puede  sospechar  del  sino  mal ,  y 
que  hará  peor  que  otros.  Hállase  muchas 
veges  por  las  casas  desta  cibdad;  mas 
como  tengo  dicho,  nunca  oy  que  á  nin- 
guno picasse. 


CAPITULO  IIí. 

De  las  abispas,  y  calabrones,  y  moscas,  y  tábanos,  y  sus  semejantes. 


iTlucha  ragon  fuera  que  primero  que  al- 
guna cosa  de  las  que  se  han  dicho  en  este 
libro  XV,  se  escribiera  de  las  abejas,  pues 
ques  animal  tan  provechoso  é  tan  nota- 
do en  el  mundo,  y  de  que  tanta  utilidad 
se  sigue  de  su  fructo,  assi  como  es  la 
miel  y  la  gera ,  cosas  muy  nesgessarias  é 
dignas  de  estimagion.  Pero  en  esta  Isla 
Española  no  hay  abejas  ni  las  he  visto  ni 
he  oydo  degirque  las  haya.  En  la  Tierra- 
Firme  si  hay  muchas  y  de  muchas  mane- 
ras é  diferengias ,  assi  en  el  animal  é  for- 
ma de  la  misma  abeja,  como  en  el  sabor 
é  color  de  la  miel  y  en  la  diferengia  de 
la  gera.  Quando  se  tráete  de  aquellas  par- 
tes, se  dirá  todo  lo  que  en  ello  oviere  yo 
visto,  que  es  mucho. 

Agora  diré  de  las  abispas  que  hay 
en  esta  isla,  que  son  muchas  é  ma- 
las é  pongoñosas  é  dan  mucho  dolor, 
quando  pican.  Andan  muchas  en  los 
campos  é  bosques  por  los  árboles,  é 
son  assi  como  las  de  Castilla  é  algo  ma- 
yores; y  las  alas  sobre  lo  amarillo  tie- 
nen   en    las   puntas  algunas  dellas  un 


poco  de  color  leonado.  Estas  hagen  sus 
panales  en  los  árboles ;  pero  ni  son  de 
gera  ni  tienen  miel ,  sino  secos  como  los 
hagen  en  España  é  dó  quiera  que  hay 
abispas.  Las  que  llaman  calabrones  j  dige 
Plinio  *  que  crian  ó  hagen  sus  geldas  de- 
baxo  de  tierra ;  y  dessas  hay  hartas  en 
esta  isla,  é  las  que  pican  destas,  escuege 
ó  duele  mucho  mas  que  el  dolor  de  las 
otras  abispas. 

Moscas  hay  de  muchas  nerasma ,  y  de 
las  de  España  que  solia  aver  poquíssi- 
mas  ó  quassi  ningunas,  ya  las  hay  e 
muchas,  aunque  no  tantas  como  en  Es- 
paña; pero  mas  enojosas  é  porfiadas  é 
pican  mas  regio.  Hay  otras  menores  y 
estas  no  las  hay  en  todos  tiempos ,  como 
las  que  dixe  primero.  Hay  otras  mos- 
cas que  andan  por  los  árboles  y  por  el 
campo:  unas  verdes  é  pequeñas  y  otras 
de  tantas  maneras  é  diferengias,  que  es 
cosa  para  no  se  poder  acabar  de  escre- 
bir;  pero  entre  las  otras  hay  unas  mos- 
cas verdes  é  pintadas,  tamañas  como  abe- 
jas é  crian  en  tierra  é  hagen  en  el  suelo 


i     Plin.Jib.  Xf,  cap,  2i . 


DE  INDIAS.  LIB.  XV.   GAP.  III. 


435 


unos  agujeros  é  con  los  bragos  delante- 
ros cavan  la  tierra ,  é  assi  como  van  ca- 
vando, echan  lo  que  cavan  con  las  pier- 
nas postreras  fuera  del  agujero  ó  cueva 
que  hagen.  Muchas  destas  hay  en  esta 
cibdad  de  Sancto  Domingo  por  los  cor- 
rales é  palios  de  las  casas ,  porque  como 
el  terreno  es  quassi  arenisco,  pueden  ha- 
ger  la  labor  que  he  dicho.  Estas  moscas 
matan  gigarras  de  las  verdes  é  peque- 
ñas y  otros  animalejos    semejantes ,   é 
trácnlos  volando  en  peso  é  mátenlos  en 
sus  cavernas ,  é  después  que  han  traydo 
alguna  presa  de  las  tales  gigarras  ó  un  es- 
carabajuelo  metido  en  su  cueva ,  salen  é 
van  por  mas,  é  no  gessan  en  estos  cami- 
nos. De  que  se  colije  que  esta  provisión 
que  hagen  de  mantenimiento,  debe  ser 
para  el  tiempo  de  adelante.  Porque  estas 
moscas  no  paresgen  en  todo  el  año,  sino 
quando  las  lluvias  son  pocas  é  la  tierra 
se  comienga  á  humedesger,  é  hage  unos 
soles  abochornados  que  paresge  que  ar- 
de el  tiempo  mas,  por  las  aguas  que  digo. 
Hay  tantas  maneras  de  abejones  y  de 
escarabajos  muy  diferengiados  en  colores 
y  en  el  tamaño,  que  es  materia  en  que 
con  verdad  se  podria  mucho  escrebir  y  á 
mi  paresger  sin  provecho  las  palabras  que 
en  ello  se  gastassen.  Hay  los  negros,  leo- 
nados; otros  que  tiran   algo  al  aguí,  y 
otros  de  muchas  mixtiones  de  colores  jun- 
tas y  de  muchas  formas :  algunos  se  vie- 
nen de  noche  á  la  lumbre  de  la  candela, 
como  la  farfala  ó  mariposa  en  Castilla,  de 
las  quales  hay  otras  infinitas  maneras  de- 
ltas, desde  tan  chiquitas  como  las  que 
digo  que    se  entran  en  los  ojos,  como 
mosquitos ,  hasta  ser  tan  grandes  como  la 
mano  extendidos  los  dedos.  Algunas  de- 
ltas son  todas  aguíes  de  la  mas  exgelente 
color  é  subido  aguí  que  se  puede  ver; 
otras  son  amarillas  todas;  otras  hay  mix- 
tas de  mucha  variedad  de  colores  é  labo- 
res. Acaesge  algunas  veges,  quando  vie- 
nen las  aguas,  que  en  un  instante,  quando 


no  se  catan  los  hombres,  anda  el  ayre 
lleno  de  mariposas,  é  aquellas  se  tornan 
después  gusanos  que  hagen  asaz  daño 
en  las  heredades.  Unas  destas  son  todas 
blancas  algunos  años,  y  otras  son  blan- 
cas é  negras ,  y  otros  años  tienen  otras 
diferengias  é  colores.  Hay  muchos  abe- 
jones de  unos  que  hay  en  España  por  los 
sotos  é  riberas  de  los  rios ,  que  son  luen- 
gos como  la  mitad  de  un  dedo ,  y  delga- 
dos ,  é  las  cabegas  gruesas  é  con  dos  pa- 
res de  alas.  Y  estos  en  España  son  con- 
tinuos donde  he  dicho ;  pero  no  en  gran 
cantidad.  É  assi  los  hay  acá  raros;  pero 
también  muchas  veges  por  las  aguas  vie- 
nen de  sobresalto  ó  emproviso  tantos,  como 
de  las  mariposas  que  he  dicho.  Mosqui- 
tos hay  muchos,  é  tantos  en  algunas  tem- 
poradas que  dan  fatiga,  en  espegial  en 
unos  tiempos  mas  que  en  otros,  é  no  con 
todos  vientos ;  mas  en  el  campo  en  algu- 
nas partes  hay  tantos  que  no  se  pueden 
comportar,  y  los  peores  de  todos  son 
unos  meuudíssimos  que  llaman  xixeneSy 
que  es  gierto  que  passan  la  caiga  algunos 
dellos ,  é  pican  mucho.  Pulgas  hay,  pero 
pocas,  é  no  en  todos  tiempos;  éson  mu- 
cho menores,  por  la  mayor  parte,  que  las 
de  Castilla ;  pero  pican  mucho  mas  é  son 
peores. 

En  aquella  relagion  que  escrebí  en  To- 
ledo ,  año  de  mili  é  quinientos  é  veynte 
y  ginco ,  dixe  de  los  animales  pequeños 
é  importunos  que  se  crian  en  las  cabegas 
é  cuerpos  de  los  hombres ,  que  muy  po- 
cas veges  los  tienen,  venidos  á  estas  par- 
tes, sino  es  alguno,  uno  ó  dos:  y  aquesto 
raríssimas  veges,  porque  después  que 
passamos  del  paraje  de  las  islas  de  los 
Agores  hágia  estas  partes ,  se  acaban  los 
que  los  hombres  traian  de  España  ó  cria- 
ban hasta  alli ,  é  poco  á  poco  se  despe- 
dían. É  después  acá  no  los  criaban,  sino 
algunos  niños  que  acá  nasgen,  hijos  de 
chripstianos ;  pero  los  indios  sí  y  muchos 
en  los  cuerpos  y  en  las  cabegas.  Dixe  mas; 


150 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


que  tornando  á  Europa,  llegados  en  aquel 
paraje  de  las  mesmas  islas  de  los  Azo- 
res se  tornaban  á  cobrar,  como  si  alli  nos 
estuviessen  esperando :  é  cargaban  mu- 
chos, é  con  trabajo  se  agotaban  por  la 
limpiega  é  mudar  camisas  á  menudo,  has- 
ta que  se  tornaban  al  ser ,  ó  como  pri- 
mero ,  segund  la  diligengia  ó  complission 
de  cada  uno.  Y  quando  aquello  escrebí, 
avia  yo  experimentado  en  mi  persona  é 
visto  en  otros  lo  mesmo  que  alli  dixe, 
quatro  veges  que  avia  passado  el  mar 
Ogéano.  Yo  dixe  verdad  é  lo  que  vi;  pe- 
ro ya  son  ocho  veges  las  que  he  andado 
este  camino ,  porque  después  vine  á  las 
Indias  é  volví  a  España  y  torné  á  esta 
cibdad  de  Sancto  Domingo,  é  después 
lomé  á  España ;  y  en  esta  vez  postrera  y 
en  la  penúltima  he  visto  otra  cosa  y  que 
nunca  faltaron  en  todo  el  camino ,  é  mu- 
chos ,  é  tantos  que  eran  mucho  trabajo  y 
enojo.  No  sé  en  que  está  este  secreto ,  ó 
si  esta  plaga  se  ha  atrevido  también  al 
camino,  ó  si  los  tiempos  lo  causan; 
porque  yo  vi ,  como  he  dicho ,  que  no 
era  nesgessario  moscador  en  esta  tierra 
al  tiempo  del  comer ;  é  agora  halo  de 
aver  todo  el  año  para  las  moscas.  É  assi 
como  estas  se  han  multiplicado ,  lo  han 
hegho  estos  otros  animales;  pero  no  se 
cree  que  hay  animal  que  tenga  pelo  exen- 
to de  aqueste  mal,  sino  el  asno  éla  ove- 
ja. Acaesgido  há  en  el  mundo  nasger  tan- 
tos en  la  cabega  de  los  hombres,  que  de 
semejante  sugiedad  Sila ,  dictador ,  y 
Alcmeon,  poeta  griego,  murieron.  Plaga 
es  que  daña  hasta  las  aves ,  como  mas 
largamente  lo  escribe  Plinio  en  su  His- 
toria natural. 

De  las  garrapatas  hay  acá  muchas ,  en 
espegial  en  el  ganado  vacuno  desta  Isla 
Española  en  el  campo ,  é  también  en  los 
bueyes  que  tiran  las  carretas;  pero  pocas 
en  los  perros.  De  las  pequeñas  que  hay 
en  Tierra-Firme  en  el  campo,  digen  que 
no  las  hay  en  estas  islas ,  é  no  es  poco 


bien  para  los  hombres;  porque  en  el 
tiempo  que  turó  la  conquista  de  Castilla 
del  Oro,  bien  traian  qué  contar  é  qué 
desgarrapatar  los  hombres  de  guerra,  co- 
mo se  dirá  quando  della  se  tráete,  en  la 
segunda  parte  ó  volumen  de  aquesta  Ge- 
neral historia  de  Indias. 

Arañas  hay  en  esta  isla  de  muchas  ma- 
neras de  diferengias,  é  algunas  dellas 
pongoñosas,  é  otras  muy  grandes  é  ta- 
mañas, como  el  gerco  que  se  puede  hager 
entre  el  dedo  pulgar  y  el  que  está  próxi- 
mo á  él ,  que  llamamos  índex.  Digo  so- 
lamente el  cuerpo,  allende  de  lo  que  to- 
ma é  ocupa  con  las  piernas.  Hay  otras 
no  muy  pequeñas  que  paresgé  que  tie- 
nen figura  de  rostro  humano  en  alguna 
manera,  aunque  bien  mirada,  es  otra  co- 
sa de  lo  que  assi  á  prima  vista  parcsge: 
la  qual  tiene  muchos  rayos  en  torno,  de 
la  manera  que  pintan  un  sol.  Otras  mu- 
chas arañas  grandes  é  pequeñas  hay  por 
los  campos  con  muchas  diferengias  las 
unas  de  las  otras;  é  assi  hagen  diferen- 
tes maneras  de  telas:  é  tales  las  hay  que 
paresge  aquella  su  labor  una  sotilíssima 
é  verdadera  seda  verde. 

Langosta  suele  aver  en  estas  islas  é 
Tierra-Firme  algunos  años,  lo  qual  los 
indios  y  aun  loschripstianos  tienen  á  in- 
feligidad  é  por  cosa  de  mucho  trabajo. 
Porque  destruyen  los  mahigales  y  here- 
dades, y  suele  aver  mucha  en  extremo, 
quando  algún  año  viene;  pero  es  cosa 
ordinaria  aver  algunas  destas  animalias. 
Y  de  los  grillos  saltadores  lo  mesmo ;  é 
aquestos  son  dañosos,  porque  roen  é  ho- 
radan la  ropa  é  vestidos ,  quando  se  crian 
en  las  casas.  Hay  de  los  otros  que  can- 
tan, muchos,  é  unos  mayores  que  los  otros, 
assi  en  el  cuerpo  como  en  el  sonido  é 
voges. 

Hay  unos  gigarrones  de  muy  luengas 
piernas  é  delgadas  é  verdes  que  los  ni- 
ños en  España  llaman  gervaticas.  Estas 
langostas  también  las  comen  los  indios  é 


DE  INDIAS.  LIB.  XV.  CAP.  III. 


las  han  por  ua  muy  buen  manjar,  en  es- 
pecial en  la  Tierra-Firme ,  donde  ningu- 
na cosa  viva  perdonan  ni  niegan  al  gusto 


ó  paladar,  como  se  dirá  en  su  lugar,  en 
la  segunda  parte  desta  Historia  Natural  de 
nuestras  Indias. 


CAPITULO  IV. 

De  los  animales  nas§¡dos  en  la  madera  y  engendrados  de  diversas  maneras,  y  de  la  broma. 


Animales  hay  que  por  la  lluvia  se  en- 
gendran en  la  tierra  é  otros  en  la  made- 
ra: ni  solamente  estos  nasgen  assi,  pero 
aun  los  tábanos  donde  hay  mucho  hu- 
mor, é  como  dige  Plinio  *,  dentro  del 
hombre  nasgen  lombriges  é  gusanos  y  en 
las  carnes  muertas.  Mas  ¿para  qué  quiero 
yo  probar  con  Plinio  ni  otro  antiguo  auc- 
tor  las  cosas  que  cada  dia  vemos  é  son 
notorias  á  todos  los  hombres?  Volvamos 
á  estos  animales  que  se  engendran  en  la 
madera,  que  no  es  pequeña  pestilencia 
en  estas  partes;  y  á  estos  tales  gusanos 
llamamos  broma  ^  en  espegial  á  aquellos 
que  en  los  navios  se  crian  de  las  gintas 
abaxo  y  en  los  planes  dellos  é  donde  to- 
can las  aguas ;  é  labran  é  comen  de  ma- 
nera que  sin  ver  su  labor,  no  se  puede 
creer  ni  encaresger:  é  hablaré  en  esto, 
como  testigo  de  vista  é  como  en  cosa 
que  es  acá  muy  común.  Digen  algunos 
que  este  gusano  se  entra  en  el  agua  en 
los  navios:  otros  creen  que  se  cria  en  la 
propria  madera ,  é  aquesto  creo  yo  mas 
é  que  la  humedad  del  agua  é  dispusigion 
del  leño  é  la  potengia  del  sol  son  los  ma- 
teriales, de  que  se  forman  con  el  tiempo 
tales  animales  naturalmente  en  estas  par- 
tes ,  porque  sin  aver  esto  en  los  navios,  se 
vé  lo  mesmo  en  las  pipas  é  vasijas  de 
madera  que  tienen  agua  ó  vino.  El  caso 
es  que,  de  qualqtiiera  manera  que  esíe 
gusano  se  engendre ,  es  muy  chiquito  co- 
mo un  hilo  de  seda  muy  delgado  é  pe- 
queño; é  después  royendo  se  hagen  tan 


gruesos  como  el  dedo ,  é  paran  las  tablas 
de  los  navios  como  un  panal  de  abejas  ó 
como  una  esponja,  todo  comido  é  de  tal 
manera  que,  salidos  después  á  la  mar,  se 
anegan  las  naos  é  se  han  perdido  muchas 
veges  la  gente  é  marineros.  Y  es  cosa 
que  anda  muy  á  la  mano  é  lo  vemos 
acaesger  mas  veges  de  las  que  querría- 
mos. Desta  espegie  ó  género  es  el  tarlo,, 
que  es  aquel  gcfsano  que  en  Castilla  se 
llama  carcoma  que  hage  la  madera  polvo 
é  la  trasgiende  é  destruye :  cosa  es  muy 
vista  é  notoria.  Y  de  la  mesma  manera, 
cómo  esta  tierra  es  muy  humidíssima ,  se 
pierden  presto  las  maderas  eii  esta  cibdad 
de  Sancto  Domingo  y  en  estas  islas  otras, 
pobladas  de  chripstianos ,  después  que 
las  han  puesto  en  los  edefigios ;  y  es  mas 
vieja  una  casa  acá  (en  quanlo  á  la  made- 
ra) en  treynta  años  que  en  España  en 
giento.  Esto  se  vé  por  estas  casas  nues- 
tras que  todas  son  modernas  y  de  poco 
tiempo  acá  fundadas,  y  están  como  he  di- 
cho tales  las  maderas ,  que  en  Casulla  es- 
tovieran  mejores  con  el  pino  que  allá  se 
usa,  aunque  oviera  giento  é  ginqüenla 
años  que  se  edificaran.  Dige  el  protono- 
tario  Pedro  Mártir,  en  la  chrónica  ó  deca- 
das que  escribió  destas  cosas  de  Indias 
(sin  las  ver),  el  qual  tractado  intituló  de 
Orbe  novo ,  que  hay  giertos  árboles  que 
por  su  amargor  no  los  come  la  broma 
acá  én  estas  partes.  Lo  qual  seria  muy 
provechoso,  si  fuesse  verdad ;  pero  yo  he 
estado  en  aquella  tierra  quél  dige  c  no 


TOMO  1. 


i     Plin.,  lib.  XI,  cap.  33. 


58 


438 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


hay  tales  árboles,  ni  hasta  agora  se  co- 
nosgen  en  estas  partes  maderas  ni  árbol 
alguno  que  esté  exento ,  ó  se  pueda  de- 
Qir  libre  de  la  broma ;  porque  hay  tanta 
y  es  tan  dañosa  para  los  navios  y  edeíi- 
gios ,  que  si  tal  leño  oviesse ,  seria  muy 
conestido  é  le  ternian  en  mucho,  é  no 
se  podria  caer  de  la  memoria  si  una  vez 
tal  árbol  se  supiesso,  ni  seria  poco  exer- 
citado ;  pero  yo  lo  tengo  por  fábula  é  no 


cierto.  É  quien  tal  le  dixo,  no  lo  podria^ 
hager  verdad ,  á  lo  menos  hasta  en  fin  de 
los  dias  de  tal  auctor ,  ni  hasta  el  tiempo 
presente ,  que  há  tres  años  que  le  llamó 
Dios.  Él  le  tenga  en  su  gloria:  que  en  la 
verdad  yo  creo  que  él  desseaba  escrebir 
lo  gierto,  si  fielmente  fuera  informado; 
mas  como  habló  en  lo  que  no  vido ,  no 
me  maravillo ,  que  sus  decadas  padezcan 
muchos  defetos. 


CAPITULO  V. 

•De  las  cucfiracas  que  en  el  Andalucía  llaman  fólulas. 


J_jas  fótulas  son  unas  cucaragas  leona- 
das ,  é  assi  del  tamaño  de  las  que  hay 
prietas  en  el  reyno  de  Toledo  ;  pero  estas 
otras  son  mas  lixeras  é  vuelan  quando 
quieren,  é  son  importunas  é  incontables  é 
de  mal  olor.  É  pocas  caxas  ó  arcas  de 
ropa  se  pueden  excusar  dellas ,  porque 
luego  se  meten  dentro  é  aun  dañan  la 
ropa.  Digen  algunos  que  estas  no  las 
avia  en  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo 
ni  en  esta  isla  de  Hayti  ó  Española,  é 
que  vinieron  de  España,  con  las  caxas  de 
los  mercaderes ;  é  assi  hay  muchas  en 
todas  las  partes  que  en  estas  Indias  hay 


poblagiones  dechripstianos.  En  toda  Es- 
paña yo  no  las  he  visto  sino  en  el  Anda- 
lugía ,  é  desta  otra  parte  de  la  Sierra  Mo- 
rena hágia  el  Andalugia,  gercaya  de  Cór- 
doba y  de  Sevilla ,  é  muchas  mas  en  las 
costas  é  puertos  del  Andalugía  é  del  rey- 
no  de  Granada ,  porque  no  me  paresge 
que  se  quieren  llegar  á  tierras  frias.  Tie- 
nen unas  alas,  como  los  escarabajos,  con 
que  cubren  otras  que  están  debaxo  de 
aquellas,  muy  delgadas;  é  todas  son  de 
color  leonado ,  como  tengo  dicho ,  pero 
unas  mas  escuras  que  otras. 


CAPITULO    VL 


De  los  animales  que  no  tienen  espiráculo,  por  donde  purgar  lo  que  comen  c  dfgisten  ,  sino  por  la  propria  bo- 
ca, por  donde  se  alimentan. 


Oage  un  capítulo  Plinio ,  en  su  Natural 
Historia*,  de  los  anímales  que  no  han  por 
donde  purgar,  sino  la  misma  boca,  por 
donde  se  pasgen  é  sustentan.  É  dige  que 
este  es  en  espegial  un  animal  que  hinca 
la  cabega  en  la  sangre  y  se  harta  hasta 
que  rebienla ;  é  dige  que  tales  animales 


los  crian  los  bueyes  é  perros.  Por  estas 
señas  piensso  yo  que  son  las  garrapatas, 
de  las  quales  yo  hige  breve  mengion  en 
el  cap.  III  de  suso ;  pero  pues  que  el  ca- 
so lo  ha  ofresgido ,  digo  que  demás  deste 
animal  hay  otro  que  tiene  la  misma  pro- 
priedad.  Y  son  las  sanguijuelas  bermejas 


i    Plin. ,  lib.  XI,  cap.  34. 


DE  INDIAS.  LIB.  XV.  CAP.  VI. 


459 


qtre  de  muy  pequeñíssimas  y  delgadas  si 
alguno  la  bebe ,  á  vueltas  del  agua,  é  se  le 
pega  en  la  garganta ,  se  hage  tan  gruesa 
como  un  dedo.  Y  aun  algunos  se  acos- 
tumbran sangrar  con  ellas ,  é  se  las  po- 
nen en  el  brago  ó  en  la  pierna  donde  les 
plasge ;  é  alli  se  hagen  grandes  é  gruesas 
é  luengas,  como  un  dedo,  no  siendo  pri- 
mero tan  luengas  como  una  uña  del  de- 
do y  delgadas  como  un  hilo.  Esto  es  co- 
sa que  se  vé  cada  dia  é  se  puede  probar; 
e  yo  he  visto  la  experiengia  dello  en  un 
hidalgo ,  amigo  mió :  el  qual  no  se  sintien- 
do bien  dispuesto,  aporque  tenia  cos- 
tumbre de  se  sangrar  con  sanguijuelas, 
se  pusQ  en  mi  presengia  dos  dellas  en 
un  brago,  é  desde  á  menos  de  hora  y 
media  estaban  tan  gruesas  é  tan  luengas, 
como  un  dedo  de  la  mano ,  llenas  de  san- 
gre; é  quitaba  aquellas  é  ponia  otras, 
hasta  que  se  sacó  desta  forma  la  sangre 
que  á  él  le  paresgió,  é  después  atóse 
aquellas  roturas ,  como  se  suele  hager  á 
una  sangría,  con  unas  vendas  de  liengo. 
É  digo  mas :  que  aviendo  hecho  esto, 
aquel  mismo  dia ,  andando  negogiando 
por  la  villa ,  se  le  soltó  una  venda  des- 
las  ,  sin  que  lo  sintiesse  hasta  que  tuvo 
toda  la  manga  de  la  camisa  y  aun  la  del 
jttbon  con  mucha  sangre ,  é  oviérase  de 


hallar  burlado.  Esto  que  he  dicho,  yo  lo 
vi  destas  sangrías  de  las  sanguijuelas; 
pero  no  se  dixo  aqui  deste  animal ,  sino 
porque  tampoco  tiene  salida  para  la  pur- 
gagion  de  lo  digirido,  como  la  garrapata.  Y 
también  hay  acá  destas  sanguijuelas  é  de 
las  que  no  son  roxas.  Muchas  veges  tuve 
yo  á  locura  á  aquel  hidalgo  lo  que  hagia, 
en  se  sangrar  de  la  manera  que  he  dicho 
con  las  sanguijuelas ;  pero  después  desde 
á  mucho  tiempo  lo  hallé  escripto  en  Pu- 
nió '.  El  qual  dige  que  hagen  estas  san- 
guijuelas el  mesmo  provecho  que  las 
ventosas  é  que  son  medeginales,  para  ali- 
gerar el  cuerpo  de  la  sangre ;  pero  que  es 
inconveniente,  porque  cada  año  en  el  mes- 
mo tiempo  se  requiere  hager  la  mesma 
medegina  ó  sangría.  Y  también  dige  que 
alguna  vez  dexan  hincada  la  cabega  é 
hagen  la  herída  insanable,  é  mataá  mu- 
chos, como  intervino  á  Messalino,  patrigio 
é  consular,  el  qual  se  las  avia  puesto  ea 
las  rodillas.  Y  para  esto  se  temen  que  no 
sean  roxas  ó  coloradas ,  é  por  tanto  dige 
este  auctor  que  es  bueno  que  se  corten 
con  las  tixeras,  etc.  Hay  otro  animal ,  se- 
gund  los  que  escriben,  que  tampoco  tiene 
espiráculo  en  la  parte  inferior  ó  convi- 
niente  para  la  purgagion,  é  aqueste  es  el 
cocodrilo.  Passemos  á  los  otros  animales.^ 


CAPITULO  VIL 

De  los  escorpiones  que  hay  en  esta  Isla  Española  y  liis  oirás  destas  Indias. 


H 


ay  en  estas  islas,  Indias é  Tierra-Fir- 
me escorpiones,  que  son  los  mismos 
que  en  Castilla  degimos  alacranes ,  y  en 
algunas  partes  destas  hay  muchos  dellos. 
Dige  Plinio  ^  de  aqueste  animal,  que  ma- 
ta después  que  pica,  en  espagio  de  tres 
dias ,  y  que  su  herida  es  siempre  mortal 
en  las  vírgines  é  quassi  en  todas  las  hem- 


bras. É  dige  otras  particularidades,  de 
las  quales  faltan  las  mas  á  los  alacranes 
destas  partes,  porque  acá  no  es  su  bo- 
cado mortal ,  puesto  que  duele  mucho 
tanto  tiempo  quanto  passe  un  quarto  de 
hora,  é  algunas  veges  mas.  Y  á  mí  me 
han  picado  muchos  destos  escorpiones  en 
estas  partes ,  y  en  mí  he  experimentado 


\     Plin.,  iib.  XXXir,  cap.  6. 


2    Plin.,  Iib.  XI,  cap.  2i5. 


4G0 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


que  unos  dan  mas  dolor  que  otros.  Y 
aquello  también  debe  de  consistir  en  es- 
tar el  hombre  ayuno  ó  harto ,  ó  puede 
ser  en  lo  estar  el  mesmo  alacrán;  pero 
dequalquier  manera  que  ello  sea,  ningún 


lor  la  picadura  de  la  abispa,  como  la  del 
alacrán  en  estas  Indias,  é  de  algunas  abis- 
pas  por  mayor.  Aunque  á  mi  parescer, 
como  quien  lo  uno  é  lo  otro  ha  probado, 
tura  mas  tiempo  el  dolor  de  la  picadura 


hombre  peligra  acá,  ni  muger  tampoco      del  alacrán, 
por  esso.  É  yo  tengo  por  tan  grande  do- 


CAriTULO  VIII. 


Do  las  moscas  ó  mariposas  é  scmojanlcs  animales  que  vuelan  é  relucen  de  noche  ;  y  en  especial  de  una 
deslos  que  en  esla  isla  le  llaman  los  indios  cocuyo. 


M 


uchas  moscas  ó  mariposas  y  escara- 
bajos hay  en  estas  islas  todas,  que  relu- 
cen de  noche  é  andan  volando,  assi 
como  aquellas  que  en  Castilla  llaman  lu- 
ciérnagas y  de  otras  maneras ,  que  an- 
dan en  el  verano ,  lo  qual  hagen  assi  mis- 
mo en  estas  partes  quassi  en  todo  tiem- 
po ,  porque  acá  hay  poca  diferencia  del 
dia  á  la  noche ,  é  siempre  es  templado 
el  tiempo ,  porque  no  hay  demasiada  ca- 
lor é  pocas  veges  se  siente  frió ,  sino  es 
corriendo  el  viento  del  Norte  ó  Septen- 
tiion  en  esta  Isla  Española,  é  á  par  de 
algunas  sierras,  que  hay  muchas.  Assi 
que  destas  lugiérnegas  acá  hay  muchas 
6  de  diversas  maneras ;  pero  pequeñas. 
Mas  hay  una  en  especial  que  se  llama  co- 
cuyo ,  que  es  cosa  mucho  de  notar.  Este 
es  un  animal  muy  noto  en  esta  Isla  Es- 
pañola y  en  todas  las  otras  cercanas  á 
olla:  el  qual  es  de  especie  de  escaraba- 
jo, é  tan  grande  como  la  cabega  del  dedo 
pulgar  ó  algo  menor.  Tiene  dos  alas  du- 
ras ,  debaxo  de  las  quales  están  otras  dos 
mas  delgadas,  que  guarda  y  encubre  con 
las  de  engima,  quando  dexa  de  volar:  tie- 
ne los  ojos  resplandecientes,  como  can- 
delas, en  tal  manera  que  por  donde  passa 
volando ,  torna  el  ayre  vegino  tan  claro, 
como  lo  suele  hager  la  lumbre ;  é  si  á  pri- 
ma noche  hagiendo  escuro,  traen  un  co- 
cuyo en  la  mano ,  lodos  los  que  desde 


lexos  le  vieren  é  tuvieren  nesgessidad  de 
engender  alguna  candela,  vernán  pens- 
sando  que  es  otra  engendida,  á  tomar 
allila  lumbre.  En  tal  guisa  que  engerrado 
en  una  cámara  escura,  resplandege  tan- 
to que  se  vee  muy  bien  leer  y  escrebir 
una  carta;  é  si  juntan  quatro  ó  ginco  des- 
tos  cocuyos  é  los  atan  ó  ensartan ,  sirven 
tanto  como  una  bastante  lenterna  en  el 
campo,  ó  por  los  montes,  é  do  quiera, 
siendo  noche  bien  escura.  Quando  la 
guerra  se  hagia  en  esta  Isla  Española  y 
en  las  otras  islas ,  se  servían  destas  lum- 
bres los  chripstianos  é  los  indios,  para  no 
se  perder  los  unos  de  los  otros.  Y  en  es- 
pegial  los  indios ,  como  eran  mas  dies- 
tros para  tomar  estos  animales,  hagian 
collares  dellos,  quando  querían  ser  vistos 
desde  una  legua  é  mas  desviados.  É  assi 
en  el  campo  y  en  la  caga  de  noche,  con 
estos  cocuyos  hagen  los  hombres  lo  que 
les  conviene,  sin  que  el  ayre  ó  viento  re- 
gio ó  agua  alguna  les  quite  la  lumbre  ni 
dexen  de  ver  por  donde  van.  Quando 
yban  de  noche  á  saltear  los  hombres  de 
guerra  en  esta  isla,  poníase  el  adalid  ó 
la  guia  qu©  yba  delante,  en  seyendo  no- 
che escura ,  un  cocuyo  en  la  cabega  é 
servia  de  pharol  á  toda  la  otra  gente  que 
le  seguia.  Esta  claridad  que  tiene  en  los 
ojos  este  animal,  la  tiene  assi  mismo  en 
el  lomo,  ó  quando  abre  las  alas  para  vo  — 


DE  INDIAS.  LIB.  XV.  CAP.  VIIL 


4G1' 


Jar  ó  va  volando,  muestra  mas  claridad 
por  lo  que  descubre  que  está  debaxo  de- 
Ilas,  é  con  aquello  dá  la  mesma  luz  que 
los  ojos ;  é  junta  la  una  con  la  otra ,  es 
mayor  claridad,  quando  vuela.  Acostum- 
bran tener  presos  é  retenidos  estos  co- 
cuyos, para  el  servicio  de  las  casas  é  qb- 
nar  de  noche  á  su  resplandor ,  sin  aver 
nesQessidad  de  otra  lumbre.  É  assi  lo  ha- 
Qian  también  en  el  tiempo  passado  algu- 
nos chripslianos,  por  no  gastar  sus  dine- 
ros en  ageyte  para  los  candiles,  que  era 
en  aquella  sagon  muy  caro ,  ó  porque  no 
lo  avia.  Y  quando  veian  que  por  enfla- 
quesgerse  el  cocuyo ,  ó  por  la  congoxa 
de  su  prisión ,  se  amortiguaba  ó  yba  des- 
fallegiendo  aquella  virtud  resplandesgien- 
te,  soltábanlos   é  tomaban   otros  para 


otros  dias  siguientes.  Estregaban  é  flo- 
tábanse los  indios  la  cara  é  los  pechos 
con  gierta  pasta  que  hagian  destos  cocu- 
yos; é  quando  estaban  en  sus  fiestas  é 
querian  aver  plager,  espantando  á  quien 
estaba  descuydado  ó  no  sabia  lo  que  era, 
paresgia  que  estaba  engendido  en  fuego 
todo  lo  que  assi  estaba  untado  de  aque- 
lla materia  ó  cocuyo.  Assi  cómo  este  ani- 
mal se  va  enflaquesgiendo  ó  muere,  assi 
poco  á  poco  se  va  consumiendo  aquella 
claridad  hasta  que  de  todo  punto  se  aca- 
ba y  resuelve  en  ninguna.  É  aquesto  baste 
quanto  á  las  lugiérnegas  é  animales  que 
resplandesgen ,  de  los  quales  todos ,  é  de 
los  gusanos  que  dan  claridad  assi  mes- 
mo ,  creo  yo  que  este  cocuyo  tiene  el 
pringipado  en  lo  que  es  dicho. 


Comienga  el  libro  dégimo  sexto  de  la^  Natural  y  general  historia  de  las  Indias, 
islas  y  Tierra-Firme  del  mar  Ogéano:  el  qual  tracta  de  la  conquista  y  poblagion  de  la^ 
isla  de  Boriquen,  á  la  qual  los  chripstianos  llaman  agora  isla  de  Sanct  Johan. 


PROHEMIO 


Jl  ues  conviene,  para  conclusión  de  la 
primera  parle  desta  General  historia  de 
Indias,  dar  particular  razón  de  las  otras 
islas,  pues  lie  recontado  lo  que  he  po- 
dido ver  y  entender  de  la  principal  de- 
llas ,  llamada  por  los  indios  Hayti  é  por 
los  chripstianos  Española;  passemos  á  la 
de  Boriquen  ,  que  agora  se  llama  Sanct 
Johan,  pues  que  en  la  verdad  es  muy  ri- 
ca é  fértil  y  de  mucha  estimación.  Y  co- 
mo mas  brevemente  pudiere,  después  que 
haya  dado  fin  á  este  libro  XVI ,  passaré 
á  otras  islas  notables ,  de  quien  tractaré 
en  los  libros  siguientes.  Y  después  diré 
de  las  demás,  exgepto  de  aquellas  que 
están  muy  gercanas  de  la  Tierra-Firme, 
porque  de  las  tales  en  la  segunda  parte 
será  hecha  mengion,  en  el  lugar  que  con- 
venga. Y  por  no  dar  pesadumbre  á  los 
letores  con  la  repetigion  de  una  mesma 
cosa ,  bastará  que  en  aquello  que  oviere, 
semejante  á  lo  que  está  dicho,  me  refiera 
á  la  Isla  Española ,  porque  en  muchas  co- 
sas tienen  semejanga  assi  en  las  aves  co- 
mo en  los  animales  y  en  las  pesquerias  y 
otras  particularidades.  Y  porque  mejor  se 
entienda ,  no  seguiré  á  algunos  auctores 


antiguos  que  se  contentaron,  quando  es- 
cribieron de  alguna  provingia,  con  degir 
las  que  están  próximas  á  aquella  para  la 
dar  á  entender,  é  que  como  notorias,  se 
entendiessen  las  unas  por  las  otras;  pe- 
ro haré  yo  lo  mesmo  ,  que  es  como  mos- 
trar los  aledaños  ó  linderos ,  é  también 
diré  en  qué  paralelo  ó  altura  é  grados 
está  assentada  esta  isla  é  las  otras  en 
quien  hablare,  é  quánto  distan  de  la 
equinogial,  que  es  el  mas  gierto  medir, 
ó  entender  de  todos  en  este  caso.  É  si 
esto  higieran  los  que  escribieron  deslas 
islas  Hespéridos  ( que  yo  por  tales  las 
tengo,  por  las  ragones  que  tengo  ale- 
gadas en  el  tergero  capítulo  del  II  libro 
desta  primera  parte) ,  no  se  perdiera  la 
navegagion  ni  vinieran  agora  á  tenerlas 
por  Nuevo  Mundo ,  como  intitula  Pedro 
Mártir  sus  decadas  De  orhe  novo ,  y  lo  es- 
cribió destas  nuestras  Indias.  Porque  ni 
esto  de  acá  es  mas  nuevo  ni  mas  viejo  de 
lo  que  son  Assia,  África  y  Europa.  Pero 
porque  en  ninguna  destas  tres  parles,  en 
que  los  antiguos  cosmógraphos  dividen 
el  mundo,  no  pussieron  esta  tierra  é  gran- 
des provingias  é  reynos  de  nuestras  In- 


DE  INDIAS.  LIB.  XVI.  PUOIIEMIO. 


468 


(lias ,  paresgióle  al  dicho  auctor  que  sus 
decadas  y  él  tractaban  de  mundo  nuevo. 
Vista  cosa  es  que  África  ni  Europa  no 
pueden  ser  estas  Indias  ,  pues  que  el  rio 
Nilo  divide  la  África  de  la  Assia  por  la 
parte  oriental ,  y  por  el  Poniente  la  ro- 
dea el  Océano ,  é  assi  mesmo  por  el  Me- 
diodia.  Y  dase  en  la  cosmographia  del 
Tholomeo  todo  lo  demás  de  la  otra  parte 
del  Nilo  á  Assia,  pues  Europa  también  tie- 
nen los  antiguos  que  la  divide  de  Assia  el 
rio  Thanais,  é  por  la  parte  austral  tiene 
el  mar  Mediterráneo,  é  por  el  Occidente 
mucha  parte  della  gircuye  assi  mesmo  el 
mar  Océano,  é  á  la  parte  superior  del 
Norte  tiene  el  mar  congelado  é  los  mon- 
tes Hyperbóreos,  é  al  Levante  tiene  á  Sar- 
magia  é  Sgithia  y  el  mar  Caspio ,  que  es 
todo  de  Assia,  etc.  Pues  visto  é  muy  no- 
torio está  que  estas  nuestras  Indias  en 
ninguna  manera  pueden  ser  parte  de  Eu- 
ropa ni  de  África,  por  lo  que  tengo  di- 
cho de  sus  límites ;  y  que  si  han  de  te- 
ner partigipagion  de  alguna  de  las  ti-es, 
ha  de  ser  con  Assia.  Y  esto,  quando  es- 
toviesse  averiguado  que  la  última  tier- 
ra que  en  Assia  estoviesse  al  Oriente  é 
delante  del  reyno  de  la  China,  ú  otra  que 
estoviesse  ó  haya  mas  oriental ,  se  jun- 
tasse  con  la  parte  mas  ocgidenlal  de  la 
Tierra-Firme  destas  nuestras  Indias,  que 
es  lo  que  está  mas  al  Poniente  de  la  Nue- 
va España,  que  acá  llamamos.  La  qual, 
como  no  está  toda  descubierta  aun ,  no 
se  sabe  si  es  mar  ni  tierra  en  el  fin ,  ó  si 
está  toda  por  alli  rodeada  del  mar  Ogéa- 
no ,  lo  qual  yo  mas  creo ;  é  mi  opinión  é 
de  otros  hasta  agora  mas  sospecha  me 
da  que  no  es  parte  de  Assia ,  ni  se  junta 
con  la  que  Assia  llamaron  los,  antiguos  cos- 
mógraphos.  Antes  se  tiene  por  mas  gier- 
to  que  la  Tierra-Firme  destas  Indias  es  una 
olra  mitad  del  mundo ,  tan  grande  ó  por 
ventura  mayor  que  Assia,  África  y  Euro- 
pa ;  é  que  toda  la  tierra  del  universo  está 
dividida  en  dos  parles ,  y  que  la  una  es 


aquello  que  los  antiguos  llamaron  Assia  é 
África  y  Europa,  que  dividieron  de  la 
manera  que  he  dicho ;  y  que  la  otra  parte 
ó  mitad  del  mundo  es  aquesta  de  nues- 
tras Indias.  Y  desla  manera  tuvo  razón 
Pedro  Mártir  de  llamarlo  Mundo  Nuevo, 
conforme  á  la  noligia  ó  razón  que  die- 
ron los  antiguos  é  por  lo  que  agora  pa- 
resge  que  ynoraron  ellos,  é  vemos  no- 
sotros. Porque,  como  tengo  dicho  en  oirás 
partes  (y  probado)  que  estas  islas  son  las 
Hespérides,  la  Tierra-Firme  ñola  cuento 
por  las  Hespérides ,  sino  por  una  mitad  ó 
mayor  parte  de  dos  pringipales  que  con- 
tiene el  universo  todo.  Y  que  sea  verdad 
esta  cosmographia  de  mi  opinión ,  es  la 
causa  ver  palpable  la  pintura  de  todo  lo 
descubierto,  é  cómo  nos  enseñan  las  agu- 
jas del  marear  la  línia  del  diámetro  pun- 
tualmente en  las  islas  de  los  Agores,  co- 
mo mas  largamente  lo  toqué  en  el  li- 
bro II.  É  desde  aquellas  al  Oriente  llamo 
yo  la  una  mitad  de  todo  el  orbe ,  en  la 
qual  consisten  Assia ,  África  y  Europa;  é 
desde  las  mesmas  islas  al  Ocgidente  la 
otra  mitad,  en  que  caen  nuestras  Indias  é 
la  Tierra-Firme.  La  qual  abre  una  boca 
en  figura  ó  forma  de  señuelo  de  cagador, 
é  la  punta  que  tiene  al  Norte  es  la  tier- 
ra que  llaman  del  Labrador ,  que  está  en 
sessenta  grados  ó  mas  apartada  de  la 
equinogial;  y  la  punta  que  tiene  al  Me- 
diodía, está  en  ocho  grados  de  la  otra 
parle  de  la  línia  equinogial,  la  qual  pun- 
ta sollama  el  Cabo  de  Sanct  Augustin.  Y 
partiendo  de  la  una  punta  para  la  otra, 
tierra  á  tierra,  seria  menester  navegar 
por  tal  costa  mas  de  tres  mili  leguas  en 
la  gircunferengia  de  la  parte  interior,  ó 
por  de  dentro  de  las  dos  puntas  del  se- 
ñuelo. Mas  queriendo  andarlo  por  defue- 
ra ,  de  punta  á  punta ,  por  la  parte  que 
rodea  la  mar  esta  grande  tierra ,  aviendo 
de  bojar  ó  entrar  por  el  eslrecho  que 
descubrió  el  capitán  Hernando  de  Maga- 
llanes (si  como  dixe  de  suso  no  se  junta 


4G4 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


con  Assia,  pues  de  mi  opinión  es  todo 
agua,  é  abracada  del  mar  Ogéano),  mas 
de  seys  mili  leguas  avria  de  caminar 
quien  tal  camino  higiesse,  é  se  han  de 
hallar  en  la  gircunferengia  de  la  Tierra- 
Firme  ,  por  ío  que  se  muestra  de  la  nue- 
va cosmographia.  Porque  desde  la  dicha 
punta  ó  Cabo  de  Sanct  Augustin  corrien- 
do á  la  parte  austral,  se  dilata  esta  Tier- 
ra-Firme hasta  el  dicho  estrecho  de  Ma- 
gallanes, que  está  en  grnqüenta  é  dos 
grados  é  medio.  Pues  entrad,  cosmógra- 
phos,  por  el  estrecho  que  digo,  é  yd  á 
buscar  tierra  á  tierra  el  cabo  del  Labra- 
dor á  la  parte  del  Norte ,  é  vereys  si  se- 
rá doblado  el  camino ,  el  que  por  de  fue- 
ra de  estas  puntas  se  avria  de  andar,  que 
el  que  dixe  por  la  parte  de  dentro  desta 
tierra.  Quanto  mas  que  ni  por  de  dentro 
ni  por  de  fuera  de  las  puntas,  no  está  sa- 
bido puntualmente  ni  descubierto  lo  que 
hay,  puesto  que  la  mayor  parte  está  vis- 
ta en  lo  que  está  entre  la  una  é  la  otra 
punta  por  de  dentro ,  é  vienen  á  ser  es- 
tas nuestras  islas  como  mediterráneas, 
conforme  á  lo  que  tengo  dicho ,  é  á  lo 
que  nos  enseñan  las  cartas  modernas  de 
navegar.  Pues  de  aquestas  islas  que  es- 
tán al  Occidente  de  la  línia  del  diámetro 
en  nuestras  Indias ,  ó  mas  al  Poniente  de 
las  que  se  digen  de  los  Agores,  escrebiré 
particularmente ,  en  especial  de  las  que 
están  pobladas  de  chripstianos ,  demás 
é  allende  de  la  Isla  Española,  que  es  la 
mas  pringipal  é  de  quien  he  tractado  en 
los  libros  precedentes. 

Estas  que  agora  quiero  distinguir,  son 
la  isla  de  Boriquen ,  é  la  que  los  indios 
llaman  Cuba  y  los  chripstianos  Fernandi- 
na ,  é  la  quarta  será  Jamáyca  ,  que  ago- 
ra se  llama  Sanctiago:  la  quinta  será  Cu- 


bagua ,  que  los  chripstianos  llaman  Isla 
de  las  Perlas,  ó  la  Nueva  Cáliz.  Otras 
dos  hay  pequeñas  que  también  hay  en 
ellas  algunos  chripstianos,  pero  pocos, 
que  son  la  que  llaman  la  Margarita,  gcr- 
ca  de  la  de  Gubagua,  y  la  otra  es  la  Mo- 
na, que  está  entre  esta  Isla  Española  á  la 
de  Sanct  Johan.  Y  de  cada  unadellas  se 
dirá  alguna  cosa,  é  primero  de  la  Mona, 
pues  que  para  yr  desde  aquesta  isla  de 
Hay  ti  ó  Española  á  la  de  Sanct  Johan, 
dicha  por  otro  nombre  Boriquen  ,  ha  de 
passar  la  mente  é  aun  los  navios  que  lo 
andovieren  por  la  isleta  dicha  Mona.  É 
assi  con  el  auxilio  soberano ,  como  haya 
complido  con  estas  particulares  islas  que 
he  nombrado ,  se  dirá  en  general  de  las 
de  demás  en  su  lugar ,  para  dar  conclus- 
sion  á  la  primera  parte  desta  General  é 
natural  historia  de  Indias:  en  la  qual, 
aunque  hay  muchas  novedades  é  cosas 
de  notar,  se  verán  muchas  mas  é  mayo- 
res en  la  segunda  ó  tergera  partes,  si 
Dios  fuere  servido  de  me  dexar  escrebir 
en  limpio  lo  que  tengo  notado  de  la  tier- 
ra firme  ó  mitad  del  universo  que  tengo 
dicho  de  suso ;  porque  en  la  verdad  son 
cosas  que  nunca  se  oyeron  ni  pudieron 
ser  escripias  hasta  nuestros  tiempos  por 
otros  auctores  antiguos ,  ni  alguno  dellos 
habló  en  esta  tierra.  Porque  lo  que  dixes- 
seen  otras  partes  de  las  islas  Hespéridos, 
no  obligan  á  ser  la  Tierra-Firme  las  pa- 
labras de  Solino  de  Mirabilibus  mmdi,  ni 
los  otros  auctores  que  con  él  se  confor- 
man en  la  navegación  de  los  quarenta 
dias  desde  las  islas  Gorgades  ó  de  Cabo 
Verde.  Pues  que  desde  aquellas  á  la  Tier- 
ra-Firme, mas  próxima  aellas,  se  podria 
navegar  en  mucho  menos  tiempo. 


DE  INDIAS.  LIB.  XVI.  CAP.  I. 


465 


CAPITULO  I. 

En  que  se  Irada  del  assienlo  de  la  isla  de  la  Mona  é  de  la  de  Boriquen ,  que  agora  se  Hama  isla  de  Sanct 

Johan,  y  otras  particularidades. 


Ajlaman  los  indios  Boriquen  á  la  isla  que 
agora  los  chripstianos  llaman  Sanct  Johan, 
la  qual  está  al  Oriente  desta  Isla  Espa- 
ñola ,  veynte  é  ginco  ó  treynta  leguas.  Y 
en  la  mitad  deste  camino  está  la  isla  de 
la  Mona,  en  diez  é  siete  grados  de  la  lí- 
nia  equinogial,  á  la  parte  de  nuestro  polo 
ártico :  la  qual  isla  de  la  Mona  es  muy 
pequeña  isleta ,  é  baxa  é  llana  que  po- 
drá tener  de  gircunferengia  tres  leguas 
poco  mas  ó  menos;  pero  es  fértil  y  ha- 
bitada de  pocos  chripstianos  é  algunos 
indios ,  y  está  á  cargo  de  Frangisco  de 
Barrionuevo,  que  poco  há  fué  por  go- 
bernador de  Castilla  del  Oro.  Hay  en  día 
mucha  pesquería  é  tiene  buena  agua ;  é 
la  granjeria  della  es  de  pan  del  cagabi 
que  he  dicho ,  que  es  el  pan  de  los  in- 
dios, é  buen  mahiz.  Hay  muchos  é  bue- 
nos cangrejos  de  los  colorados ,  que  son 
mejores  que  los  otros.  Y  hay  muy  buena 
hortaliza  é  hágense  alli  muy  singulares 
melones  de  los  de  Castilla ;  pero  como  es 
poquita  tierra ,  de  lo  que  mas  sirve  es  en 
lo  que  he  dicho,  y  también  porque  algunas 
naves  hallan  alli  agua,  quando  vienen  con 
nesgessidad  della.  No  pararé  mas  en  esto 
por  yrá  la  de  Boriquen  ó  Sanct  Johan  que 
está  otras  doge  ó  quinge  leguas  adelante, 
mas  al  Oriente  de  la  Mona ;  en  la  punta  de 
la  qual,  alOcgidente,  tiene  un  isleo  redon- 
do é  alto ,  que  se  llama  Qicheo ,  el  qual  es 
deshabitado;  pero  lamesma  isla  de  Sanct 
Johan  tiene  de  longitud  ginqüenta  é  gin- 
co  leguas ,  pocas  mas  ó  menos ;  y  de  la- 
titud hasta  diez  y  ocho  ó  veynte ,  donde 
es  mas  ancha.  É  de  ahy  abaxo  en  algu- 
nas partes  doge  é  quinge ,  segund  la  for- 
ma é  figura  que  tiene. 
TOMO  I. 


La  parte  ocgidental  della  está  en  ditíz 
é  siete  grados,  é  por  la  parte  del  Norte 
quassi  en  diez  é  ocho ,  é  assi  vá  del  leste 
al  hueste.  Por  la  parte  del  Norte  es  costa 
brava ,  exgepto  la  bahía  donde  agora  es- 
tá el  pueblo  pringipal  de  ella :  todo  lo 
demás  es  peligrosa  costa,  por  ser  tra- 
viessa  del  Norte.  Por  la  parte  del  Oríente 
tiene  muchas  islas  pequeñas  é  baxas  lla- 
madas las  Virgines,  é  por  la  parte  austral 
tiene  otras  islas  pequeñas  al  luengo  de  la 
costa ,  y  al  Ocgidente  tiene  el  isleo  del 
Cicheo  que  dixe  de  suso ,  é  aquesta  Isla 
Española,  segund  he  dicho.  Es  aquesta 
isla  muy  rica  de  oro ,  é  háse  sacado  en 
ella  en  grand  cantidad,  é  se  saca  conti- 
nuamente ,  en  espegial  en  la  costa  ó  van- 
da  del  Norte.  De  la  parte  que  esta  isla 
tiene  mirando  al  Sur ,  es  muy  fértil  de 
mantenimientos  de  mucho  pan  de  cagabi 
é  de  mahiz  é  de  todo  lo  demás  que  los 
indios  cultivaban  é  tenian  en  la  Isla  Es- 
pañola ;  y  es  de  muy  buenas  pesquerías, 
á  causa  de  lo  qual  vivía  é  señoreaba  en 
aquella  parte  el  mayor  señor  de  la  isla, 
al  qual  obedesgian  otros  muchos  cagiques. 

Hay  assi  mesmo  en  esta  costa  del  me- 
diodía muchos  é  buenos  puertos.  En  las 
aves  é  animales  é  pescados  é  árboles  y 
en  el  traje  ó  hábito  y  en  la  manera  de  la 
gente ,  no  difieren  en  cosa  alguna  de  lo 
que  tengo  dicho  de  la  Isla  Española ,  ex- 
gepto que  estos  indios  de  Sanct  Johan 
eran  flecheros  é  mas  hombres  de  guerra; 
pero  assi  andan  desnudos  é  son  de  la 
mesma  color  y  estaturas.  Y  la  manera  de 
las  barcas  ó  canoas  es  assi ,  como  se  ha 
dicho  en  lo  que  he  escrípto  de  la  Isla 

Española  ó  Hay  ti,  y  lo  que  oviere  dife- 
69 


46G 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


rente  á  ella  se  dirá  adelante  en  algunas 
cosas  particulares.  Pero  antes  que  á  es- 
tas vengamos ,  diré  de  la  manera  que  fué 
conquistada  esta  isla  por  los  chripstianos, 
juntamente  con  algunas  cosas  notables 
que  en  la  pagificagion   della  passaron. 

Esta  isla  tiene  quassi  por  la  mitad  de- 
lla, tan  luenga  como  es,  una  hermosa  sier- 
ra con  muchos  é  muy  buenos  rios  é  aguas 
en  muchas  partes  della;  pero  el  mayor  é 
mas  principal  entra  en  la  vanda  de  la 
mar  del  Norte  é  se  llama  Cayrahon)  otro 
se  dige  Tayniahon  en  la  mesma  costa  mas 
al  Oriente ;  otro  llaman  Bayamon ,  el  qual 
entra  en  la  bahía  que  confina  con  la  isla, 
en  que  está  assentado  el  pueblo  pringi- 
pal ,  llamado  la  cibdad  de  Sanct  Johan  de 
Puerto-Rico.  Porque  una  ria  de  agua  sa- 
lada passa  de  la  mesma  mar  á  la  dicha  ba- 
hía é  dexa  dividido  aquel  espagio  é  tér- 
mino en  que  está  al  un  canto ,  y  en  lo 
mas  alto  de  la  costa  la  dicha  cibdad  lla- 
mada, como  la  isla,  Sanct  Johan;  y  es 
cabega  de  obispado  é  gentil  poblagion ,  y 
avrá  en  ella  hasta  gient  veginos  gon  una 
iglesia  catedral ,  de  la  qual  aun  vive  el 
primero  obispo  llamado  don  Alonso  Man- 
so, religiosa  persona  é  buen  perlado.  El 
qual  fué  sacristán  mayor  del  sereníssimo 
príngipe  don  Johan,  mi  señor,  y  des- 
pués que  el  príngipe  passó  desta  vida, 
fué  por  el  Cathólico  Rey  elegido  á  esta 
dignidad  é  obispado  en  el  mesmo  tiempo 
que  fueron  eregidas  las  iglesias  é  obis- 
pados de  la  Isla  Española ,  año  de  mili  é 
quinientos  é  onge  años ,  y  ha  seydo  hom- 
bre de  grande  exemplo  é  sancta  persona. 

Hay  en  esta  cibdad  de  Sanct  Johan  un 
muy  gentil  monesterio  de  la  Orden  de  los 
Predicadores,  é  muy  bien  edificado, 
aunque  no  de  todo  punto  acabado.  El  rio 
mas  oriental  en  la  mesma  costa  y  al  le- 
vante de  la  dicha  cibdad  se  llama  Luysa; 
donde  tuvo  su  assiento  una  cagica  que 
fué  después  chripstiana  é  se  llamó  Luysa, 
la  qual  mataron  los  indios  caribes,  como 


se  dirá  adelante.  Y  el  mas  ocgídentaírio 
se  dige  Canuy ;  pero  el  mayor  de  toda  la 
isla  es  Cayrabon,  como  tengo  dicho.  Ala 
parte  ocgidental  desta  isla  está  una  villa 
que  se  dige  Sanct  Germán ,  en  que  avrá 
hasta  ginqüenta  veginos :  el  puerto  della 
no  es  bueno ,  porque  es  un  ancón  ó  bahía 
grande  desabrigada ,  en  la  qual  entra  un 
rio  que  se  dige  Guaorabo.  Y  en  la  mesma 
costa  del  poniente  hay  otros  rios,  assi 
como  el  Aguada  é  Culihrinas,  entre  los 
quales  estuvo  ya  un  pueblo  llamado  Soto- 
mayor.  Y  de  la  otra  parte  de  Sanct  Ger- 
mán hágia  el  Sur,  en  la  mesma  costa  del 
Poniente  están  Mayagueoo  é  Corigueoo,  rios, 
é  mas  adelante  está  la  punta  que  llaman 
el  Cabo  Roxo.Y  de  la  vanda  del  Sur,  su- 
biendo desde  el  Ocgidente ,  está  primero 
una  bahía  donde  estuvo  un  pueblo  que  se 
llamó  Guanica ;  y  mas  al  leste  está  otra 
bahía  redonda  y  de  buen  puerto,  llamado 
Yauco;  y  mas  oriental  está  el  rio  de  Ba- 
ramaya;  é  mas  adelante  está  el  rio  que 
llaman  Xacagua ,  en  frente  del  qual  está 
una  isla  llamada  Ángulo  (puesto  que  ella 
es  redonda).  Y  mas  al  levante,  cassi  en 
medio  de  esta  costa  del  Sur,  están  las  sa- 
linas, é  delante  de  ellas  está  el  rio  de 
Guayama;  y  mas  al  oriente  está  otro  rio 
que  se  dige  Guaybana;  y  mas  adelanto 
otro  que  llaman  Guayaney;  y  mas  ade- 
lante otro  que  se  nombra  Macao ,  y  ade- 
lante ,  en  la  frente  ó  parte  de  la  isla  que 
mira  al  Levante ,  está  otro  rio  que  se  dige 
Fajardo.  Todos  estos  rios  de  la  vanda  del 
Sur  é  también  los  de  lo  parte  del  Norte 
penden  é  han  sus  nasgimientos  en  la  mon- 
taña ó  sierra  que  tengo  dicho,  que  va  por 
medio  de  la  isla  del  leste  al  hueste ,  de 
luengo  á  luengo  de  la  tierra  toda ,  é  por 
sus  vertientes  reparte  los  rios  que  tengo 
dicho :  los  quales  por  la  mayor  parte  son 
pequeños ;  mas  algunos  de  ellos  son  bue- 
nos rios,  pero  todos  inferiores  ó  menores 
que  el  que  se  llama  Cayrabon ,  que  está 
de  la  parte  del  Norte ;  é  aquesta  costa  es 


DE  INDIAS.  LIB.  XVI.  CAP.  I. 


467 


la  mas  rica  de  oro  en  la  isla.  Y  cómo  el 
ayre  es  templado  y  las  aguas  naturales 
las  que  tengo  dicho ,  es  toda  la  isla  ferli- 
líssima;  é  assi  abunda  de  muchos  ga- 
nados de  todas  las  maneras  que  los  hay 


en  la  Isla  Española,  de  vacas  y  ove- 
jas é  puercos,  é  caballos,  é  todo  lo 
que  en  los  libros  precedentes  queda  es- 
cripto,  en  loor  de  Hayli  ó  Isla  Espa- 
ñola . 


CAPITULO  II. 

Cómo  por  mandado  del  comendador  mayor  de  Alcántara,  don  frey  Nicolás  de  Ovando,  gobernador  de  la 

Isla  Española ,  se  comencó  á  poblar  de  chripslianos  la  isla  de  Boriquen  (que  agora  llamamos  de  Sancl  Johan), 

por  mano  del  capitán  Johan  Pon^e  de  León ,  y  de  otras  particularidades  á  esto  con9erníentes. 


Uespues  que  el  comendador  mayor, 
don  frey  Nicolás  de  Ovando ,  vino  por 
gobernador  á  la  Isla  Española ,  é  ovo  con- 
quistado en  ella  é  pagificado  la  provincia 
de  Higuey ,  que  es  á  la  parte  mas  orien- 
tal de  toda  la  isla ,  y  mas  vegina  á  la  isla 
de  Boriquen  ó  de  Sanct  Johan ,  de  quien 
aqui  se  tracta,  puso  por  su  teniente  en 
aquella  villa  de  Higuey  á  un  capitán 
hombre  de  bien  é  hidalgo,  llamado  Johan 
Ponge  de  León.  El  qual  yo  conosgí  muy 
bien ,  é  es  uno  de  los  que  passaron  á 
estas  partes  con  el  almirante  primero, 
don  Chripstóbal  Golom,  en  el  segundo 
viaje  que  hizo  á  estas  Indias :  é  cómo  se 
avia  hallado  en  las  guerras  passadas,  te- 
níase experiengia  de  su  esfuergo  y  per- 
sona y  era  tenido  por  hombre  de  con- 
fianga  y  de  buena  habilidad.  Y  cómo  este 
avia  sido  capitán  en  la  conquista  de  Hi- 
guey, tuvo  notigia  desde  aquella  provin- 
gia  é  alcangó  á  saber  de  los  indios  que 
en  la  isla  de  Boriquen  ó  Sanct  Johan  avia 
roncho  oro.  Y  sabido,  comunicólo  en  se- 
creto con  el  comendador  mayor ,  que  á 
la  sagon  residía  en  la  Isla  Española  :  el 
qual  le  dio  ligengia  para  que  passasse  á 
la  isla  de  Sanct  Johan  á  tentar  é  saber 
qué  cosa  era  ;  porque  aunque  la  isla  ya 
se  sabia  y  avia  sido  descubierta  por  el  al- 
mirante primero ,  no  estaba  conquistada 
ni  pagífica.  Y  para  este  efeto,  tomó  un 
caravelon  con  gierta  gente  é  buenas  guias 
de  indios ,  é  fué  á  la  tierra  del  pringipal 


rey  ó  cagique  de  aquella  isla ,  el  qual  se 
llamaba  Agueybana ,  como  el  rio  que  se 
dixo  de  suso  :  del  qual  fué  muy  bien  re- 
gebido  y  festejado ,  dándole  de  aquellas 
cosas  que  los  indios  tienen  para  su  man- 
tenimiento ,  é  mostrando  que  le  plagia  de 
le  conosger  é  ser  amigo  de  los  chripslia- 
nos. Y  su  madre  é  padrastro  del  cagique 
mostraron  que  holgaban  mucho  con  los 
chripslianos ;  y  el  capitán  Johan  Ponge 
puso  nombre  á  esta  cagica  doña  Inés  ,  y 
á  su  marido  don  Frangisco ,  y  á  un  her- 
mano della  hizo  llamar  Añasco ,  porque 
el  mesmo  indio  quiso  que  lo  llamasen 
como  á  un  hidalgo  que  yba  con  el  Johan 
Ponge,  que  se  degia  Luys  de  Añasco.  Y  al 
mesmo  cagique  Agueybana  le  puso  nom- 
bre Johan  Ponge,  como  se  llamaba  el 
mesmo  capitán  que  digo;  porque  es  de 
costumbre  de  los  indios  en  estas  islas, 
que  quando  toman  nueva  amistad ,  toman 
el  nombre  proprio  del  capitán  ó  persona, 
con  quien  contraen  la  paz  ó  amigigia. 
Este  cagique  era  buena  persona  é  muy 
obediente  á  su  madre ;  y  ella  era  buena 
muger,  é  cómo  era  de  edad,  tenia  noti- 
gia de  las  cosas  acaegidas  en  la  conquis-* 
ta  é  pagificagion  de  la  Isla  Española,  ó 
como  prudente  continuamente  degia  é 
consejaba  á  su  hijo  é  á  los  indios  que 
fuessen  buenos  amigos  de  los  chripslia- 
nos ,  si  no  querían  todos  morir  á  sus  ma- 
nos. Y  assi,  por  estas  amonestagiones,  el 
hijo  se  anduvo  con  el  capitán  Johan  Pon- 


468 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


ge,  y  le  dio  una  hermana  suya  por  ami- 
ga ,  y  le  llevó  á  la  costa  ó  vanda  del  Norte 
de  aquella  isla ,  y  le  mostró  algunos  rios 
de  oro ,  en  especial  el  que  se  dige  en 
aquella  lengua  Manatuabon ,  y  otro  que 
llaman  Qebuco,  que  son  dos  rios  ricos, 
de  los  quales  el  capitán  Johan  Ponge 
hizo  coger  oro,  é  Iruxo  gran  muestra 
dello  á  esta  Isla  Española  al  comendador 
mayor,  dexando  en  la  isla  de  Sant  Johan 
algunos  chripstianos  muy  en  paz  é  amis- 
tad con  los  indios.  Y  quando  Johan  Pon- 
ge  llegó  á  esta  cibdad  de  Sancto  Domin- 
go, halló  que  ya  era  venido  el  segundo 
almirante ,  don  Diego  Colom ,  y  que  es- 
taba removido  de  la  gobernagion  el  co- 
mendador mayor.  É  vino  entonges  con  el 
almirante  un  caballero  que  avia  seydo  se- 
cretario del  sereníssimo  rey  don  Felipe, 
llamado  don  Chripstóbal  de  Sotomayor, 
que  yo  conosgí  muy  bien ,  hijo  de  la  con- 
dessa  vieja  de  Caminan,  y  heredero  del 
conde  de  Caminan :  el  qual  don  Chrips- 
tóbal era  hombre  generoso  é  noble,  al 
qual  el  Rey  Cathólico  enviaba  por  gober- 
nador de  la  isla  de  Sanct  Johan  ;  pero  el 
almirante  no  dio  lugar  á  ello,  aunque 
con  él  avia  venido ,  ni  le  consintió  que- 
dar en  aquella  isla,  é  vínose  aqui  á  esta 
cibdad  de  Sancto  Domingo  de  la  Isla  Es- 
pañola, desde  la  qual  el  capitán  Johan 
Ponge  se  volvió  á  Sanct  Johan  y  llevó 
allá  á  su  muger  é  hijas;  pero  excluydo 
del  cargo ,  porque  el  almirante  envió  allá 
por  su  teniente  é  alcalde  mayor  á  Johan 
Cerón,  é  por  alguagil  mayor  á  Miguel 
Diaz  ,  del  qual  en  otras  partes  se  ha  he- 
cho mengion:  é  aquestos  dos  goberna- 
ron quassi  un  año  aquella  isla.  Y  cómo 
el  comendador  mayor  era  ydo  ya  en  Es- 
paña ,  fizo  relagion  de  los  servigios  de 
Johan  Ponge ,  é  negogió  con  el  Rey  Ca- 
thólico que  le  diesse  la  gobernagion  de 
aquella  isla ,  é  assi  le  envió  la  provisión 
real  para  ello.  El  qual,  por  virtud  della, 
fué  admitido  al  offigio  de  gobernagion 


como  teniente  del  almirante ,  don  Diego 
Colom;  pero  puesto  por  el  Rey,  porque 
le  paresgió  que  assi  convenia  á  su  ser- 
vigio ;  y  desde  á  pocos  dias  que  tomó  el 
cargo  Johan  Ponge,  prendió  al  alcalde 
mayor  Johan  Cerón  y  al  alguagil  mayor 
Miguel  Diaz,  por  algunos  exgesos,  de  que 
los  culpaban ;  y  enviólos  presos  á  España, 
para  que  se  presentassen  en  la  corte  ante 
el  Rey  Cathólico,  é  higo  su  alcalde  mayor 
á  don  Chrisptóbal  de  Sotomayor.  Al  qual, 
en  lo  ageptar ,  siendo  tan  generoso  é  ha- 
gerse  inferior  en  tal  offigio  ni  otro  de  Jo- 
han Ponge ,  é  aun  porque  no  era  bien 
tractado ,  ó  él  é  muchos  se  lo  tuvieron  á 
poquedad ,  como  en  la  verdad  lo  era; 
porque  demás  de  ser  de  tan  clara  é  noble 
sangre,  poco  tiempo  antes  avia  seydo  se- 
cretario del  Rey  don  Phelipe,  nuestro 
señor,  como  tengo  dicho;  y  el  Johan 
Ponge  era  un  escudero  pobre  quando 
acá  passó ,  y  en  España  avia  sido  cria- 
do de  Pero  Nuñez  de  Guzman ,  hermano 
de  Ramiro  Nuñez ,  señor  de  Toral.  El  qual 
Pero  Nuñez ,  quando  le  sirvió  de  page 
Johan  Ponge ,  no  tenia  gien  mili  marave- 
dís ó  poco  mas  de  renta,  puesto  que 
fuesse  de  ilustre  sangre;  y  después  fué 
ayo  del  sereníssimo  señor  Infante  don  Fer- 
nando, que  agora  es  rey  de  los  romanos. 
Quiero  degir,  que  de  la  persona  de  don 
Chripstóbal  á  la  de  Johan  Ponge  avia 
mucha  desigualdad  en  generosidad  de 
sangre ,  puesto  que  el  Johan  Ponge  es- 
taba reputado  por  hidalgo  y  tuvo  persona 
y  ser  para  lo  que  fué  después ,  como  se 
dii-áenla  prosecugion  de  la  historia.  Assi 
que,  los  que  avian  ydo  con  el  capitán 
Johan^  Ponge  ,  como  los  que  llevó  don 
Chripstóbal ,  todos  le  tuvieron  á  mal  aver 
ageptado  tal  cargo;  y  por  esso,  como 
corrido  dello,  é  reconogiendo  su  error, 
dexó  el  offigio  é  no  lo  quiso,  como  arre- 
pentido ;  pero  no  sin  ser  culpado  en  lo 
aver  tomado.  Desde  á  poco  tiempo  el  ca- 
pitán Johan  Ponge  vino  á  esta  cibdad  de 


DE  INDIAS.  LIB.  XVI.  CAP.  II. 


469 


Sancto  Domingo  é  truxo  consigo  al  ca- 
cique Agueybana  para  ver  las  cosas  desla 
Isla  Española,  la  qual  en  aquella  sagon 
estaba  muy  poblada  de  indios  y  de  chrips- 
tianos.  É  si  este  cagique  Agueybana  ó  su 
madre  vivieran ,  nunca  oviera  rebelión  ni 
las  maldades  que  subgedieron  en  los  indios 
de  Sanct  Johan ;  pero  desde  á  poco  tiem- 
po murieron  madre  é  hijo ,  y  heredó  el 
señorío  un  hermano  suyo ,  el  qual  na- 
turalmente era  malo  é  de  peores  des- 
seos. Y  este  estaba  encomendado  á  dotí 
Ghripstóbal  de  Sotomayor  por  reparti- 
miento, y  púsole  su  nombre  é  llamábanle 


don  Ghripstóbal ;  y  era  tan  buen  caba- 
llero su  amo,  don  Ghripstóbal  de  Sotoma- 
yor y  tan  noble,  que  quanto  él  tenia  daba 
á  aquel  traydor  de  su  cagique ,  en  pago 
de  lo  qual  y  de  las  buenas  obras  que  le 
hizo ,  le  mató  muy  crudamente  de  la  ma- 
nera que  adelante  se  dirá ;  assi  por  com- 
plir  con  el  odio  que  á  su  señor  é  á  los. 
chripslianos  tenia ,  como  porque  en  la 
verdad  esta  gente  destos  indios  á  natura 
es  ingrata  y  de  malas  inclinaciones  é 
obras ;  é  por  ningún  bien  que  se  les  haga 
tura  en  ellos  la  memoria  ni  voluntad  para 
agradesgerlo. 


CAPITULO  III. 


Que  tracta  del  primero  pueblo  de  chripslianos  que  ovo  en  la  isla  de  Boriquen  ó  Sanet  Johan ,  é  por  qué  se 

mudó  adonde  se  hi90  después. 


Jfcju  el  tiempo  que  Johan  Ponge  gober- 
naba lo  isla  de  Sanct  Johan ,  higo  el  pri- 
mero pueblo  que  los  chripstianos  tuvie- 
ron en  agüella  isla  á  la  vanda  del  Norte, 
é  púsole  nombre  Gaparra.  En  el  qual  pue- 
blo higo  una  casa  de  tapias,  é  andando  el 
tiempo  higo  otra  de  piedra  ;  porque  en  la 
verdad ,  era  hombre  inclinado  á  poblar  y 
edificar.  Mas  este  pueblo ,  por  la  indis- 
posiglon  del  assiento ,  fué  malsano  é  tra- 
bajoso ,  porque  estaba  entre  montes  y 
giénegas,  é  las  aguas  eran  agijosas,  é  no 
se  criaban  los  niños.  Antes  en  dexando 
la  leche ,  adolesgian  é  se  tornaban  de  la 
color  del  agije ,  y  hasta  la  muerte  siem- 
pre yban  de  mal  en  peor,  y  toda  la  gente 
de  los  chripstianos  andaban  descoloridos 
y  enfermos.  Estaba  este  pueblo  una  legua 


de  la  mar ,  el  qual  intervalo  era  todo  de 
giénegas  é  muy  trabajoso  de  traer  los 
bastimentos  á  la  villa ,  el  fundamento  de 
la  qual  ó  su  pringipio  fué  el  año  de  mili 
é  quinientos  é  nueve.  Y  estuvo  aquella 
república  ó  villa  en  pie  doge  años  poco 
mas  ó  menos ,  hasta  que  después  se  mudó 
adonde  al  presente  está ,  que  es  una  vi- 
lleta  puesta  en  la  mesma  bahía  donde  las 
naos  solian  descargar ;  pero  adonde  se 
mudó  y  está  agora  el  pueblo  es  muy  sano, 
aunque  en  la  verdad  las  cosas  nesges-^ 
sarias  son  dificultosamente  ó  con  mucho 
trabajo  ávidas ,  assi  como  buena  agua ,  é 
la  leña,  é  hierva  para  los  caballos  é para 
cobrir  las  casas ;  porque  los  mas  se  sir- 
ven destas  cosas  é  otras  por  la  mar,  con 
canoas  é  barcas* 


470 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO    IV. 


Del  pueblo  de  Guanica ,  é  por  qué  se  despobló  e'  se  hizo  otro  que  se  llamó  Sotomayor ,  é  del  levantamiento 

é  rebelión  de  los  indios ,  é  cómo  mataron  la  mitad  de  los  chripstianos  que  avia  en  la  isla  de  Sancl  Johan  ,  y 

del  esfuer9o  é  cosas  hacañosas  del  capitán  Diego  de  Sala9ar. 


Hintrante  el  año  de  mili  e  quiaientos  é 
diez  años  fué  la  gente  que  don  Chripstó- 
bal  de  Soto  Mayor  llevó  é  otros  que  pas- 
saron  desde  aquesta  Isla  Española  á  la  de 
Sanct  Johan ,  é  higieron  un  pueblo  que 
se  dixo  Guanica  que  es  quassi  al  cabo 
de  la  isla ,  donde  está  una  bahía  que  se 
cree  que  es  una  de  las  mejores  que  hay 
en  el  mundo :  é  desde  allí  descubrieron 
finco  rios  de  oro,  á  ginco  leguas  del 
pueblo  de  Guanica ,  llamados  Duijey ,  Ho- 
romico,  Icau,  In,  y  Quiminen.  Pero  en  es- 
te pueblo  ovo  tantos  mosquitos  que  fue- 
ron parte  muy  bastante  para  lo  despo- 
blar ,  é  passóse  aquella  gente  é  veginos 
al  Aguada  que  se  dige,  al  hues-norueste, 
é  llamaron  á  este  otro  nuevo  pueblo  ó 
assiento  Sotomayor.  Y  estando  en  este 
pueblo ,  se  algaron  los  indios  de  la  isla  un 
viernes  quassi  al  pringipio  del  año  mili  é 
quinientos  é  onge,  estando  los  indios  é 
los  chripstianos  en  mucha  paz ,  é  tuvie- 
ron aquesta  forma  para  su  rebelión.  Ellos 
vieron  que  los  chripstianos  estaban  der- 
ramados por  la  isla ,  é  assi  cada  cagique 
mató  los  que  dellos  estaban  en  su  casa  ó 
tierra;  por  manera  que  en  un  naesmo 
tiempo  mataron  ochenta  chripstianos  ó 
mas.  Y  el  cagique  Agueybana,  que  tam- 
bién se  degia  don  Gripsthóbal ,  como  mas 
pringipal  de  todos ,  mandó  á  otro  cagique 
dicho  Guarioaex,  que  fuesse  por  capitán 
é  recogiesse  los  cagiques  todos  é  fuessen 
á  quemar  el  pueblo  nuevo  llamado  Soto- 
mayor.  Y  para  esto  se  juntaron  mas  de 
tres  mili  indios;  y  cómo  todo  lo  de  alre- 
dedor del  pueblo  hasta  él  eran  arcabucos 
y  montes  gerrados  de  arboledas ,  no  fue- 


ron sentidos  hasta  que  dieron  en  la  villa , 
puesto  que  un  indio  niño  los  vido  é  lo 
dixo;  pero  no  fué  creydo.  É  assi  cómo 
dieron  de  súbito  ovieron  lugar  de  pegar 
fuego  al  pueblo  é  mataron  algunos  chrips- 
tianos ,  é  no  quedara  ninguno  con  la  vi- 
da, si  no  fuera  por  un  hidalgo  que  en 
aquella  villa  vivia  llamado  Diego  de  Sa- 
lagar :  el  qual  demás  de  ser  muy  devoto 
de  la  Madre  de  Dios  y  de  honesta  vida, 
era  muy  animoso  hombre  y  de  grande 
esfuergo.  Y  cómo  vido  la  cosa  en  tan 
mal  estado  é  á  punto  de  se  perder  todos 
los  chripstianos  que  quedaban  alli,  los 
acaudilló  é  puso  tan  buen  coragon  en  los 
que  estaban  ya  quassi  vengidos ,  que  por 
su  denuedo  é  buenas  palabras ,  los  esfor- 
gó  é  persuadió  á  que  con  gran  ímpetu  é 
osadía,  como  varones,  se  pusiessen  á  la 
resistengia ;  é  assi  lo  higieron ,  y  pelearon 
él  y  ellos  contra  la  moltitud  de  los  ene- 
migos ,  de  tal  manera  que  los  resistió ,  é 
como  valeroso  capitán  á  vista  de  los  con- 
trarios, recogió  toda  la  gente  de  los 
chripstianos  que  avian  quedado  é  los  lle- 
vó á  la  villa  de  Caparra ,  donde  estaba 
el  capitán  Johan  Ponge  de  León,  que  co- 
mo he  dicho  ya  era  gobernador  de  la  is- 
la :  é  todos  los  que  alU  fueron ,  dixeron 
que  después  de  Dios,  Diego  de  Salagar 
les  avia  dado  las  vidas.  Quedó  desto  tan- 
to espanto  en  todos  los  indios ,  y  en  tan- 
ta reputagion  con  ellos  la  persona  de  Die- 
go de  Salagar,  que  le  temían  como  al 
fuego ,  porque  en  ninguna  manera  podían 
creer  que  oviesse  hombre  en  el  mundo 
tan  digno  de  ser  temido.  Verdad  es  que 
antes  desto  ya  el  mesmo  Diego  de  Salagar 


DE  INDIAS.  LIB.  XVI.   CAP.  IV. 


Í7A 


avia  hecho  otra  experiencia  de  su  perso- 
na con  los  indios ,  é  tan  grande  que  si 
ellos  penssáran  hallarle  en  la  villa  deSo- 
tomayor ,  no  osaran  yr  allá ,  aunque  co- 
mo he  dicho  eran  mas  de  tres  mili.  Pero 
porque  passemos  á  lo  demás ,  pues  se  ha 
tocado  del  esfuergo  é  persona  deste  hi- 
dalgo ,  diré  otro  caso  muy  señalado  del, 
donde  ovo  pringipio  la  reputagion  é  con- 
gepto  en  que  los  indios  le  tenian  é  por- 
qué le  temian ,  é  fué  esta  la  causa.  Un 
cagique  que  se  degia  del  Aymanio  tomó 
á  un  mangebo  chripstiano ,  hijo  de  un  Pe- 
ro Xuarez  de  la  Cámara,  natural  de  Me- 
dina del  Campo ,  é  atólo ,  é  mandó  que 
su  gente  lo  jugasen  al  batey  (que  es  el 
juego  de  la  pelota  de  los  indios) ,  é  que 
jugado,  los  vengedores  lo  matassen.  Esto 
seria  hasta  tres  meses  antes  de  lo  que 
tengo  dicho  que  higieron  en  la  poblagion 
de  la  villa  de  Sotomayor;   y  en  tanto 
que  comian  los  indios ,  para  después  en 
la  tarde  hager  su  juego  de  pelota ,  como 
lo  tenian  acordado  sobre  la  vida  del  po- 
bre mangebo ,  escapóse  un  muchacho,  in- 
dio naboría  del  preso  Pero  Xuarez ,  é 
fuesse  huyendo  á  la  tierra  del  cagique  de 
Guarionex,  donde  en  esta  sagon  estaba 
Diego  de  Salagar:  é  cómo  el  muchacho 
lloraba,  pesándole  del  trabaxo  é  muerte 
en  que  dexaba  á  su  señor,  el  Salagar  le 
preguntó  que  dónde  estaba  su  amo ,  y  el 
indio  le  dixo  lo  que  passaba:  é  luego  el 
Salagar  se  determinó  de  yr  allá  á  morir 
ó  salvarle,  si  pudiesse;  mas  el  muchacho 
temiendo   no  queria  volver  ni  guiarle. 
Entonges  Diego  de  Salagar  le  amenagó  é 
dixo  que  lo  mataría,  si  noybacon  él  y  le 
enseñaba  donde  tenian  los  indios  á  su 
amo ;  de  manera  que  ovo  de  yr  con  él ,  é 
llegado  gerca  de  donde  estaban,  esperó 
tiempo  para  que  no  le  viessen  hasta  que 
diesse  en  los  indios.  Y  entró  en  un  ca- 
ney ó  buhío  redondo,  á  donde  estaba  ata- 
do el  Xuarez ,  esperando  que  acabassen 
los  indios  de  comer  para  lo  jugar,  é  ju- 


gado lo  matar;  y  prestamente  Diego  de 
Salagar  le  cortó  las  ligaduras  con  que  es- 
taba atado,  édíxole:  «Sed  hombre  éhaged 
como  yo.»  Écomengó  ádar  por  medio  de 
tresgientos  indios  gandules  ó  mas,  con 
una  espada  é  una  rodela ,  matando  é  hi- 
riendo con  tan  gentil  osadia  y  efeto,  co- 
mo si  tuviera  alli  otros  tantos  chripstia- 
nos  en  su  favor ,  é  hizo  tanto  estrago  en 
los  indios,  que  aunque  eran  hombres  de 
guerra ,  á  mal  de  su  grado  le  dexaron  yr 
con  el  dicho  Xuarez ;  porque  como  Die- 
go de  Salagar  hirió  muy  mal  á  un  capi- 
tán de  la  mesma   casa,    donde  aquesto 
passó,  los   otros  desmayaron   en    tanta 
manera  que  el  Salagar  y  el  Xuarez  sa- 
lieron de  entre  ellos,  segund  es  dicho. 
Y  después  que  estuvo  bien  apartado  de 
los  contrarios  enviaron  tras  él   mensa- 
geros,  rogándole   que  quisiesse  volver, 
porque  le  querían  mucho  por  ser  tan  va- 
liente hombre,  é  que  le  querían  conten- 
taré servir  en  quanto  pudiessen.  El  qual, 
oyda  la  embaxada ,  aunque  de  gente  tan 
bárbara  é  salvaje ,  determinó  de  volver  á 
saber  qué  le  querían  los  indios ;  mas  el 
compañero,  como  hombre  que  en  tal  tran- 
ge  é  tan  al  cabo  de  la  vida  se  avia  visto, 
no  era  de  paresger  que  volviessen :  an- 
tes se  hincó  de  rodillas  delante  de  Diego 
de  Salagar  é  le  pidió  é  rogó  que  por 
amor  de  Dios   no  tornasse ,   pues  sabia 
que  eran  tantos  indios ,  y  ellos  dos  solos 
DO  podian  sino  morir ,  é  que  aquello  era 
ya  tentar  á  Dios  y  no  esfuergo  ni  cosa  de 
se  hager.  É  Diego  de  Salagar  le  respon- 
dió é   dixo.  «Mirad,  Xuarez,  si  vos  no 
quereys  volver  conmigo  ydos  en  buen 
hora  que  en  salvo  estays ;  mas  yo  tengo 
de  volver  é  ver  que  quieren  estos  indios, 
y  no  han  de  penssar  que  por  su  temor  lo 
dexo.»  Entonges  el  Xuarez  no  pudo  hager 
otra  cosa  sino  tornar  con  él,  aunque  de 
mala  voluntad;  pero  cómo  era  hombre 
de  bien  é  tenia  la  vida  por  causa  del  Sa- 
lagar ,  acordó  de  le  seguir  é  la  tornar  á 


472 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


peligro,  en  compañía  de  tan  osado  varón 
é  que  también  meneaba  el  espada.  Y  tor- 
naron juntos ,  é  hallaron  muy  mal  herido 
al  capitán  de  los  indios ;  é  Diego  de  Sa- 
ladar le  preguntó  qué  queria ,  y  el  capitán 
ó  cacique  le  dixo  que  le  rogaba  que  le 
diesse  su  nombre  é  que  con  su  voluntad 
oviesse  por  bien  que  le  llamassen  Sala- 
dar como  á  él,  é  que  queria  ser  su  ami- 
go perpetuo ,  é  le  queria  mucho :  é  Die- 
go de  Salagar  dixo  que  le  plagia  que  se 
Uamasse  Salagar,  como  él.  É  assi luego  sus 
indios  le  comengaron  á  llamar  Salacar, 
Saladar ;  como  si  por  este  consentimien- 
to se  le  invistiera  la  mesma  habilidad  y 
esfuergo  del  Diego  de  Salagar.  É  para 
pringipio  desta  amistad  é  por  la  merged 
que  se  le  hagia,  en  dexarle  de  su  grado 
tomar  su  nombre,  le  dio  quatro  naborías 
ó  esclavos  que  le  sirviessen  é  otras  joyas 
é  preseas,  y  se  fueron  en  paz  con  ellas 
los  dos  chripstíanos.  Desde  entonges  fué 
tan  temido  de  los  indios  Diego  de  Salagar 
que,  quando  algund  chripstiano  los  ame- 
nagaba,  respondían.  «Piensas  tú  que  te 
tengo  de  temer,  como  sí  fuesses  Sala- 
gar.» 

Viendo  pues  Johan  Ponge  de  León,  que 
gobernaba  la  isla ,  lo  que  este  hidalgo 
avía  hecho  en  estas  dos  cosas  tan  señala- 
das que  he  dicho,  le  higo  capitán  entre  los 
otros  chripstíanos  é  hidalgos  que  debaxo 


de  su  gobernagion  militaban,  y  otros  fue- 
ron mudados ;  é  aunque  después  ovo  mu- 
dangas  de  gobernadores ,  siempre  Diego 
de  Salagar  fue  capitán  é  tuvo  cargo  de 
gente  hasta  que  murió  del  mal  de  las  búas . 
É  aunque  estaba  muy  doliente ,  lo  lleva- 
ban con  toda  su  enfermedad  en  el  cam- 
po,  é  dó  quiera  que  yban  á  pelear  con- 
tra los  indios;  porque  de  hecho  penssaban 
los  indios ,  que  ni  los  chripstíanos  podían 
ser  vengídos  ni  ellos  venger  dónde  el 
capitán  Diego  de  Salagar  se  hallasse ,  é 
lo  primero  de  que  se  informaban  con  to- 
da dílígengia  era  saber  si  yba  con  los 
chripstíanos  este  capitán.  En  la  verdad 
fue  persona ,  segund  lo  que  á  testigos  fi- 
dedignos y  de  vista  yo  he  oydo,  para  le 
tener  en  mucho;  porque  demás  de  ser 
hombre  de  grandes  fuergas  y  esfuergo, 
era  en  sus  cosas  muy  comedido  é  bien 
criado  é  para  ser  estimado  do  quiera  que 
hombres  oviesse ,  é  todos  le  loan  de  muy 
devoto  de  Nuestra  Señora.  Murió  después 
de  aquel  trabajoso  mal  que  he  dicho,  ha- 
gi'^ndo  una  señalada  é  pagiente  peniten- 
gíá,  segund  de  todo  esto  fuy  informado 
en  parte  del  mesmo  Johan  Ponge  de  León 
y  de  Pero  López  Ángulo  y  de  otros  ca- 
balleros é  hidalgos  que  se  hallaron  pres- 
sentes  en  la  isla,  en  la  mesma  sagon  que 
estas  cosas  passaron ,  y  aun  les  cupo  par-^ 
te  destos  é  otros  muchos  trabajos. 


CAPITULO  V. 


Que  tracta  de  la  muerte  de  don  Cbripstóbal  de  Sotomayor  é  oíros  chripsUanos;  é  qómo  escapó  Johan  Gon-^ 

calez,  la  lengua,  con  quairo  heridas  muy  grandes,  é  lo  que  anduvo  assi  herido  en  una  noche,  sin  se  curar, 

é  otras  cosas  tocantes  al  discurso  de  la  historia. 


1.  ornando  á  la  historia  del  levantamien- 
to de  los  indios,  digo  que  después  que 
los  príngipales  dellos  se  confederaron  pa- 
ra su  rebelión ,  cupo  al  cagíque  Aguey- 
bana,  que  era  el  mayor  señor  de  la  isla, 
}ie  matar  á  don  Chripstóbal  de  Sotoma- 


yor ,  su  amo ,  á  quien  el  mesmo  cagíque 
servía  y  estaba  encomendado  por  repar- 
timiento, segund  tengo  dicho,  en  la  casa 
del  qual  estaba ;  y  jugáronlo  á  la  pelota 
ó  juego  que  ellos  llaman  del  batey ,  que 
es  lo  mesmo.  É  una  hermana  del  cagíque 


DE  INDIAS.  LIB.  XVI.  CA?.  V. 


i73 


que  tenia  don  Ghripstóbal  por  amiga ,  le 
avisó  é  le  dixo:  «Señor,  vete  de  aqui: 
que  este  mi  hermano  es  bellaco  y  le  quie- 
re matar.»  Y  una  lengua  que  don  Ghrips- 
tóbal tenia ,  llamado  Johan  Gongalez ,  so 
desnudó  una  noche  e  se  embixó  ó  pintó 
de  aquella  ungion  colorada  que  se  dixo 
en  el  libro  VIII,  capítulo  VI,  que  los  in- 
dios llaman  bixa,  con  que  se  pintan  para 
yr  á  pelear ,  ó  para  los  arey tos  y  cantares 
y  quando  quieren  paresger  bien.  É  cómo 
el  Johan  Gongalez  venia  desnudo  é  pin- 
tado y  era  de  noche  y  se  entró  entre  los 
que  cantaban  en  el  corro  del  areyto ,  vio 
é  oyó  cómo  cantaban  la  muerte  del  don 
Ghripstóbal  de  Sotomayoré  de  los  chrips- 
lianos  que  con  él  estaban;  é  salido  del 
cantar,  quando  vido  tiempo  y  le  pares- 
Ció,  avisó  á  don  Ghripstóbal  é  díxole  la 
maldad  de  los  indios  é  lo  que  avian  can- 
tado en  el  areyto  é  tenían  acordado.  El 
qual  tuvo  tan  mal  acuerdo ,  que  como  no 
avia  dado  crédito  á  la  india  cacica,  tam- 
poco creyó  al  Johan  Gongalez :  la  qual 
lengua  le  dixo  :  «Señor,  esta  noche  nos 
podemos  yr,  é  mirad  que  os  va  la  vida 
en  ello :  que  yo  os  llevaré  por  donde  no 
nos  hallen.»  Pero  cómo  su  fin  era  llega- 
do, no  lo  quiso  hager.  Gon  todo  esso, 
assi  como  otro  dia  amanesgió ,  estimula- 
do su  ánimo  é  como  sospechosso,  acordó 
de  se  yr;  mas  ya  era  sin  tiempo :  é  dixo 
al  cagique  que  él  se  quería  yr  donde  es- 
taba el  gobernador  Johan  Ponge  de  León, 
y  él  dixo  que  fuesse  en  buena  hora ,  y 
mandó  luego  venir  indios  que  fuessen  con 
él  y  le  llevassen  las  cargas  é  su  ropa ,  é 
dióselos  bien  instrutos  de  lo  que  avian  de 
hager ;  é  mandóles  que  quando  viessen 
su  gente,  se  algasen  con  el  hato  é  lo  que 
llevaban ,  é  fue  assi :  que  después  de  ser 
partido  don  Ghripstóbal ,  salió  tras  él  el 
mismo  cagiquecon  gente,  é  alcangóle  una 
legua  de  alli  de  su  assiento,  en  un  rio  que 
se  dige  Cauyo.  É  antes  que  á  él  llegassen, 

alcangaron  alJohan  Gougalez,  la  lengua, 
TOMO  1. 


é  tomáronle  la  espada  é  d ¡érenle  giertas 
heridas  grandes ,  é  queríanle  acabar  de 
matar;  é  cómo  llegó  luego  Agueybana, 
dixo  la  lengua,  en  el  lenguaje  de  los  in- 
dios :  «Señor ,  ¿por  qué  me  mandas  ma- 
tar? Yo  te  serviré  é  seré  tu  naboría:»  y 
entonges  dixo  el  cagique:  «Adelante,  ade- 
lante, á  mi  dalihao  (que  quiere  degir  mi 
señor,  ó  el  que,  como  yo,  se  nombra),  de- 
xa  ese  bellaco. »  É  assi  le  dexaron,  pero 
con  tres  heridas  grandes  é  peligrosas ,  y 
passaron  y  mataron  á  don  Ghripstóbal  é 
á  los  otros  chripstianos  que  yban  con  él 
(que  eran  otros  quatro) ,  á  macanagos; 
quiero  degir  con  aquellas  macanas  que 
usan  por  armas,  é  flechándolos.  É  hecho 
aquesto ,  volvieron  atrás  para  acabar  de 
matar  al  Johan  Gongalez,  la  lengua ;  pe- 
ro él  se  avia  subido  en  un  árbol  é  vido 
cómo  le  andaban  buscando  por  el  rastro 
de  la  sangre,  é  no  quiso  Dios  que  le  vies- 
sen ni  hallassen;  porque  cómo  la  tierra 
es  muy  espessa  de  arboledas  y  ramas ,  y 
él  se  avia  desviado  del  camino  y  embos- 
cado, se  escapó  desta  manera.  É  fuera 
muy  grande  mal  si  este  Johan  Gongalez 
alU  muriera  ,  porque  era  grande  lengua: 
el  qual,  después  que  fue  de  noche,  baxó 
del  árbol  é  anduvo  tanto  que  atravcssó 
la  sierra  de  Xacagua ,  é  créese  que  guia- 
do por  Dios  ó  por  el  ángel ,  é  con  favor 
suyo,  tuvo  esfuergo  é  vida  para  ello,  se- 
gund  yba  mal  herido.  Finalmente  él  sa- 
lió á  Goa ,  que  era  una  estangia  del  rey; 
pero  él  creia  que  era  el  Otuao ,  donde 
penssaba  que  lo  avian  de  matar ,  porfjue 
era  tierra  algada  é  de  lo  que  estaba  rebo- 
lado; pero  su  estimativa  era  hija  de  su 
miedo  con  que  yba ;  é  avia  andado  quin- 
ge  leguas  mas  de  lo  que  se  penssaba.  É 
como  alli  avia  chripstianos,  viéronle;  y  él 
estaba  ya  tal  é  tan  dessangrado  y  enfla- 
quesgido,  que  sin  vista  cayó  en  tierra. 
Pero  cómo  le  vieron  tal,  socorriéronle  con 
darle  algo  que  comió  y  bebió  y  cobró  al- 

gund  esfuergo  é  vigor,  é  pudo  hablar, 
60 


474 


HISTORIA  GEINEHAL  Y  NATURAL 


aunque  con  pena,  é  dixo  lo  que  avia  pas- 
sado.  É  luego  higieron  mandado  al  capi- 
tán Johan  Ponge,  notificándole  todo  lo  que 
es  dicho :  el  qual  luego  apergibió  su  gen- 
te para  castigar  los  indios  y  hagerles  la 
guerra.  En  la  qual  sagon  llegó  el  Diego  de 
Salagar  con  la  gente  que  avia  escapado  con 
él,  segund  se  dixo  en  el  capítulo  de  suso. 
É  luego  Johan  Ponge  envió  al  capitán  Mi- 
guel de  Toro  con  quarenta  hombres  á  bus- 


car á  don  Chripstóbal ,  al  qual  hallaron 
enterrado  ( porque  el  cagique  le  mandó 
enterrar)  y  tan  somero  ó  mal  cubierto  que 
tenia  los  pies  de  fuera.  Y  este  capitán  é  los 
que  con  él  yban  higieron  una  sepultura, 
en  que  lo  enterraron  bien ,  é  pusieron  á 
par  della  una  cruz  alta  é  grande.  É  aqueste 
fue  el  pringipio  é  causa  de  la  guerra  con- 
tra Agueybana  é  los  otros  indios  de  la  isla 
de  Boriquen,  llamada  ahora  Sanct  Johan. 


CAPITULO  VI. 

De  los  primeros  capitanes  que  ovo  en  la  conquista  é  pacifica9Íon  de  la  isla  de  Boriquen,  que  agora 

llama  isla  de  Sanct  Johan. 


se 


J.  ornando  Miguel  de  Toro  é  los  quaren- 
ta chripstianos  que  con  él  fueron  á  en- 
terrar á  don  Chripstóbal  y  á  los  otros 
quatro  españoles  que  con  él  fueron  muer- 
tos ,  el  gobernador  Johan  Ponge  entendió 
en  ordenar  su  gente  y  estar  envela,  para 
se  defender  con  los  pocos  chripstianos 
que  avian  quedado,  en  tanto  que  era  so- 
corrido é  le  yba  gente  desde  aquesta  Isla 
Española ,  para  lo  qual  higo  tres  capita- 
nes. El  primero  fue  Miguel  de  Toro,  de 
quien  he  dicho  de  suso :  el  qual  era  hom- 
bre regio  é  para  mucho ,  é  avia  seydo  ar- 
mado caballero  por  el  Rey  Cathólico 
(puesto  que  él  era  de  baxa  sangre),  por- 
que en  la  Tierra-Firme  avia  muy  bien 
probado  como  valiente  hombre,  é  con  su 
esfuergo  avia  honrado  su  persona,  en 
compañía  del  capitán  Alonso  de  Hoje- 
da.  El  otro  capitán  que  Johan  Ponge  hi- 
zo fue  Diego  de  Salagar,  de  quien  es 
fecha  mengion  en  el  capítulo  de  suso. 
El  tergero  capitán  fue  Luys  de  Alman- 
sa.  A  estos  tres  capitanes  fueron  consi- 
nados  cada  Ireynta  hombres,  é  los  mas 
dellos  coxos  y  enfermos;  pero  sacaban 
uergas  y  esfuergo  de  su  flaquega ,  por- 
que no  tenian  otro  remedio  sino  el  de 


Dios  y  de  sus  manos;  acordándose  de 
aquella  grave  sentengia  de  Séneca  *  don- 
de dige  «que  es  locura  temer  lo  que 
no  se  puede  excusar.»  Stultum  est  timere 
quod  vitare  nonpossis.  Avian  pues  muer- 
to los  indios  la  mitad  de  los  chripstianos, 
como  ya  tengo  dicho,  ó  los  mas  é  la  mas 
lugida  gente:  é  con  los  que  quedaban, 
que  podrían  ser  giento  por  todos,  Johan 
Ponge  siempre  se  hallaba  con  ellos,  y  de 
ios  delanteros ;  porque  era  hombre  ani- 
moso é  avisado  é  solígito  en  las  cosas  de 
la  guerra ;  é  traía  por  su  capitán  general 
y  teniente  é  por  su  alcalde  mayor  á  un 
hidalgo,  llamado  Johan  Gil.  É  assi  lo  fue 
después  de  su  gobernagíon,  hasta  que  la 
isla  fue  pagificada,  é  sirvió  muy  bien; 
porque  aun  después  de  passada  la  guerra 
de  la  isla  de  Sanct  Johan ,  á  su  costa  la 
hagía  á  los  caribes  de  las  otras  islas  co- 
marcanas, que  son  muchas,  é  los  puso  en 
mucha  nesgessidad;  en  tal  manera  que 
no  se  podían  valer  con  él  y  le  temían 
mucho.  En  este  exergigio  de  los  caribes 
traía  consigo  por  capitanes  á  Johan  de 
León ,  hombre  diestro  en  las  cosas  de  la 
mar  y  en  la  tierra,  y  en  las  cosas  de  la 
guerra ,  de  buen  saber  y  gentil  ánimo.  Y 


i     In  libro  de  remediis  fcrluiíorum. 


DE  liNDIAS.  LIB.  XVI.  CAP.  VI. 


475 


el  otro  capitán  que  traia  el  teniente  Johan 
Gil  era  un  Johan  López,  adalid,  y  otros 
hombres  de  bien  de  los  que  avian  queda- 
do de  la  guerra  de  Sanct  Johan ,  que  por 


ser  diestros  y  do  buen  ánimo ,  dó  quiera 
que  se  hallaban ,  hagian  muy  bien  lo  que 
convenia  al  exergigio  de  la  conquista  do 
los  caribes,  en  la  mar  y  en  la  tierra. 


CAPITULO  VIL 

Que  Iracta  de  algunas  personas  señaladas  por  su  esfuer9o  ,  y  de  algunas  cosas  á  esto  concernientes  en  la 

guerra  é  conquista  de  la  isla  de  Sanct  Johan. 


Jr  arésgeme  muy  digno  de  culpa  el  es- 
criptor  que  olvida  ó  dexa  de  degir  algu- 
nas cosas  particulares  de  la  calidad  de 
las  que  en  este  capítulo  se  escrebirán; 
porque  aunque  el  pringipal  intento  de  la 
historia  sea  enderegado  á  otro  fin ,  en 
espegial  en  esta,  que  es  hager  pringipal 
memoria  de  los  secretos  é  cosas  que  la 
natura  produge  en  esta&  nuestras  Indias 
naturalmente,  también  consuena  con  el 
título  de  llamarla  general  historia  recon- 
tar los  méritos  de  los  conquistadores  des- 
tas  partes  ,  porque  á  lo  menos,  si  queda- 
ron sin  galardón  ó  pago  de  sus  trabaxos 
y  méritos ,  no  les  falte  por  culpa  de  mi 
pluma  é  pigricia  la  memoria  de  que  fue- 
ron é  son  muy  dignos  sus  hechos ,  por-» 
que  en  la  verdad  es  mejor  satisfagion  que 
otras ;  y  en  mas  se  debe  tener  lo  que  se 
escribe,  en  loor  de  los  que  bien  vivieron 
é  acabaron  como  buenos  é  valerosos,  que 
quantos  bienes  les  pudo  dar  ó  quitar  for- 
tuna. É  porque  de  mi  parte  no  quede  en 
silengio  algo  desto ,  digo  que  ovo  mu- 
chos hidalgos  é  valerosas  personas  que 
se  hallaron  en  la  conquista  de  la  isla  de 
Boriquen,  que  agora  se  llama  Sanct 
Johan.  Y  no  digo  muchos  en  número, 
pues  que  todos  ellos  eran  poca  gente; 
pero  porque  en  essa  poca  cantidad  de 
hombres  los  mas  dellos  fueron  muy  varo- 
nes y  de  grandíssimo  ánimo  y  esfuergo. 
Rara  cosa  y  presgioso  don  de  la  natura, 
y  no  vista  en  otra  nagion  alguna  tan  co- 
piosa y  generalmente  congedida  como  á 
la  gente  española;  porque  en  Italia,  Fran- 


gía y  en  los  mas  reynos  del  mundo  sola- 
mente los  nobles  y  caballeros  son  espe- 
gial ó  naturalmente  exergitadosé  dedica- 
dos á  la  guerra ,  ó  los  inclinados  é  dis- 
puestos para  ella ;  y  las  otras  gentes  po- 
pulares é  los  que  son  dados  á  las  artes^ 
mecánicas  é  á  la  agricultura  é  gente  ple- 
bea,  pocos  dellos  son  los  que  se  ocupan 
en  las  armas  ó  las  quieren  entre  los  ex- 
traños. Pero  en  nuestra  nagion  española 
no  paresge  sino  que  comunmente  todos 
los  hombres  della  nasgieron  pringipal  y 
cspegiahnente  dedicados  á  las  armas  y  á 
su  exergigio ,  y  les  son  ellas  é  la  guerra 
tan  apropriada  cosa ,  que  todo  lo  demás 
les  es  agessorio ,  é  de  todo  se  desocupan 
de  grado  para  la  miíigia.  Y  desta  causa, 
aunque  pocos  en  número,  siempre  han 
hecho  los  conquistadores  españoles  en  es- 
tas partes  lo  que  no  pudieran  aver  hecho 
ni  acabado  muchos  de  otras  nasgiones. 

Ovo  pues  en  aquella  conquista  un  Se- 
bastian Alonso  de  Niebla,  hombre  la- 
brador, y  que  en  España  nunca  hizo  si- 
no arar  é  cavar  é  las  otras  cosas  seme- 
jantes á  la  labor  del  campo :  el  qual  fué 
varón  animoso ,  regio,  suelto,  pero  ro- 
busto ,  é  junto  con  su  robustigidad  que  en 
sí  mostraba  á  prima  vista  en  su  sem- 
blante ,  era  tractado  de  buena  conversa- 
gion.  Este  salió  muy  grande  adalid,  y 
osaba  acometer  y  emprendía  cosas  ,  que 
aunque  paresgian  dificultosas  y  ásperas, 
salía  con  ellas  victorioso.  É  cómo  era 
hombre  muy  suelto  y  gran  corredor  atre- 
víasse  á  lo  que  otros  no  higicran,  porque 


476  HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 

junto  con  lo  que  he  dicho  de  su  persona 
era  de  tan  gran  fuerga ,  que  el  indio  á 
quien  él  asia  era  tanto  como  tenerle  bien 
atado ,  estando  entre  sus  manos ;  y  desía 
causa  ,  quando  fué  entendido  de  los  in- 
dios é  ovieron  conosgimiento  de  la  espe- 
riengia  de  su  persona  ,  temíanle  mucho. 
Pero  al  cabo ,  como  en  la  guerra  nasgen 
pocos,  y  el  offigio  delía  es  morir,  assile 
intervino  á  este  hombre  hazañoso  por  ser 
muy  denodado;  y  el  año  de  mili  é  qui- 
nientos é  veynte  y  seys  le  mataron  en 
una  provingia  que  se  llama  del  Loqmllo, 
en  la  isla  de  Sanct  Johan ,  donde  aqueste 
Sebastian  Alonso  de  Niebla  tenia  su  ha- 
gienda  y  assiento ;  y  su  muerte  progedió 
desobrarle  esfuergo,  é  fue  puesta  en  efe- 
to  de  aquesta  manera.  Este  hombre  es- 
taba quassi  enemigo  y  desavenido  con  un 
hidalgo  vegino  suyo ,  llamado  Martin  de 
Guiluz,  vizcayno,  vegino  agora  de  la 
cibdad  de  Sanct  Johan  de  Puerto  Rico,  é 
de  los  pringipales  de  aquella  cibdad ;  é 
cómo  otras  yeges  solian  los  indios  caribes 
de  las  islas  comarcanas  venir  en  canoas 
á  saltear,  acaesgió  quo  entraron  en  la  is- 
la é  dieron  en  una  estangia  é  hagienda 


los  cabellos  é  ios  sacaba  de  entre  íoá 
otros  é  los  daba  y  entregaba  á  sus  ne- 
gros, é  volvía  por  otros.  É  uno  que  assi 
avia  tomado,  tenia  en  la  mano  una  flecha 
hervolada,  é  aqueste  le  mató;  porque 
cómo  fe  llevaba  assi  á  vuela  pié  assido 
por  los  cabellos,  dióle  con  la  flecha  á 
manteniente,  é  acertó  á  le  herir  á  par 
de  una  ingre  ,  y  de  aquella  herida  murió 
después :  é  cómo  se  vido  herido ,  él  mató 
al  indio  é  otros  siete  ú  ocho  assi  mismo, 
é  volvió  con  su  despoja  é  dióle  á  su  due- 
ño Martin  de  Guiluz.  É  cómo  la  hierva, 
con  que  aquellos  indios  tiran  sus  flechas, 
es  muy  pestífera  y  mala ,  murió  de  aque- 
lla herida;  pero  como  cathóli<;o  chrips- 
tiano,  é  repartió  muy  bien  quanto  tenia 
á  pobres  é  personas  nesgessitadas  ,  y  en 
obras  pías.  É  desta  manera  acabó ,  de- 
xando  mucho  dolor  é  lástimü  en  todo» 
los  chripstianos  y  españoles  que  avia  ei* 
esta  isla ,  porque  ea  la  verdad  era  hom- 
bre que  les  hagia  mucha  falta  su  persona, 
y  era  tal  que  se  hallan  pocas  veges  tales 
hombres;  é  porque  demás  de  ser  muy 
varón  y  de  gran  esfuergo ,  temíanle  mu- 
cho los  indios ,  y  estaba  en  grande  estima 
del  Martin  de  Guiluz,  y  cómo  lo  supo  Se-      é  reputagion  con  ellos  é  con  los  chrips- 


bastian  Alonso  ,  é  oyó  degir  que  los  in- 
dios caribes  flecheros  llevaban  robada  la 
gente  que  el  dicho  Martin  de  Guiluz  te- 
nia en  su  estangia  é  hagienda  y  quanto 
tenia,  luego  Sebastian  Alonso  á  gran 
priessa  mandó  á  un  negro  suyo  que  le 
ensillase  un  caballo  ,  é  dixo :  « No  plega 
Á  Dios  que  digan  que  ,  por  estar  yo  mal 
con  Martin  de  Guiluz,  le  dexo  padesger  é 
perder  lo  que  tiene,  é  dexo  de  yr,  ha- 
llándome tan  gerca,  contra  los  que  le  han 
robado. »  É  assi  subió  luego  á  caballo,  é 
llevó  consigo  dos  ó  tres  negros  suyos  é 
un  peón  chripstiano ,  y  fué  en  seguimien- 
to de  los  indios  caribes  ,  é  los  alcangó  y 
peleó  con  ellos,  é  los  desbarató  é  quitó 
la  cabalgada ,  é  prendió  quatro  dellos ;  y 
desde  engima  del  caballo  los  lomaba  por 


líanos;  porque  como  se  dixo  de^  suso,  era 
grande  adalid  y  tenia  mucho  conocimien- 
to en  las  cosas  del  campo  é  déla  guerra. 
En  compañía  deste  andaba  otro  hom« 
bre  de  bien,  llamado  Johan  de  León,  de 
quien  atrás  se  dixo.  Este  imitaba  asaz  á 
Sebastian  Alonso,  porque  era  muy  suel- 
to é  buena  lengua  y  de  buenas  fuergas  é 
osado.  Y  en  las  cosas  que  se  halló ,  que 
fueron  muchas,  assi  en  la  tierra  como  en 
lámar,  se  señaló  como  hombre  de  gen- 
til ánimo  y  esfuergo;  pero  el  uno  y  el. 
otro  fueron  mal  galardonados  de  susser- 
vigios  é  trabaxos,  porque  en  el  reparti- 
miento de  los  indios  no  se  miró  con  ellos> 
ni  con  los  buenos  conquistadores  como 
se  debiera  mirar.  Y  al  que  algo  dieron  ,^ 
fué  tan  poquita  cosa  que  no  se  podían 


DE  INDIAS.  LIB.  XVI.  CAP.  VIL 


477 


sostener  con  ello;  porque  es  costumbre 
que  unos  gogen  de  los  sudores  y  traba- 
xos  de  otros ;  y  que  el  que  meresge  mer- 
cedes sea  olvidado  y  no  bien  satisfecho, 
y  que  los  que  debrian  ser  olvidados,  o  á 
lo  menos  no  son  tan  dignos  de  la  remu- 
neración ,  aquellos  gogen  de  las  mayores 
partes  é  galardones  que  no  les  compe- 
ten. Este  offigio  es  el  del  mundo,  é  los 
hombres  hagen  como  hombres;  pero  sus 
passiones  no  los  dexan  libremente  hager 
lo  que  debrian ,  porque  mejor  entenda- 
mos que  es  solo  Dios  el  justo  y  verdade- 
ro galardonador.  É  assi  nos  enseña  el 
tiempo  ,  que  ni  los  que  lo  repartieron ,  ni 
los  otros  á  quien  lo  dieron  injustamente, 
lo  gogaron  sino  pocos  dias;  y  ellos  y 
ello  ovo  el  fin  que  suelen  aver  las  otras 
cosas  temporales ;  y  plega  á  Dios  que  sus 
ánimas  no  lo  escoten  en  la  otra  vida, 
donde  ya  están  los  mas. 

Otro  Johan  López,  adalid,  gran  hom- 
bre en  las  cosas  del  conosgimiento  del 
campo,  pero  no  de  tal  ánimo.  Este  olfigio 
de  adalid  es  mas  artifigioso ,  y  de  mas 
saber  sin  comparagion  en  estas  partes 
que  en  España ;  porque  esta  tierra  acá  es 
muy  gorrada  é  llena  de  arboledas ,  é  no 
tan  clara  ni  abierta,  como  la  de  Castilla  y 
de  otros  reinos  de  chripstianos.  Pero  pues 
está  movida  la  materia  de  los  adalides, 
diré  aquí  de  uno  que  yo  conosgí,  un  hecho 
notable  y  al  propóssilo  de  aqueste  ofigio. 

Ovo  en  la  Tierra-Firme  de  Castilla  del 
Oro  un  hidalgo ,  llamado  Bartolomé  de 
Ocon ,  que  passó  una  sola  vez  por  gierta 
parte  de  montes  muy  espessos  y  gerra- 
dos ;  y  desde  á  mas  de  siete  años  fué  por 
otras  tierras  á  parar,  con  giertos  compa- 
ñeros, muy  gerca  de  donde  en  el  tiempo 
passado  que  he  dicho  avia  estado  ;  é  yban 
alli  ginco  ó  seys  hombres  de  los  que  se 
avian  hallado  en  el  primero  viaje  ó  en- 
trada ;  é  toda  la  tierra  era  tan  emboscada 
y  espessa  de  árboles  que  apenas  se  veya 
el  gielo ,.  ni   aun   podían    quassi  cami- 


nar, sino  hagiendo  la  via  con  las  espadas 
y  puñales ,  é  todos  los  que  alli  estaban 
penssaban  que  yban  perdidos  é  no  co- 
nosgian  á  dónde  guiaban ,  ni  á  dónde  de- 
biessen  continuar  su  viaje;  y  estando  jun- 
tos y  en  consejo  de  lo  que  debian  hager, 
dixo  Bartolomé  de  Ocon:  «No  temays,  hi- 
dalgos :  que  menos  de  dosgientos  passos 
de  aqui  está,  en  tal  parte,  un  arroyo  (se- 
ñalando con  el  dedo,  que  no  veían  ni 
era  possible  verse  por  la  espessura  de  los 
árboles  é  matas),  donde  agora  siete  años 
viniendo  de  tal  entrada ,  nos  paramos  á 
beber;  é  si  quereys  verlo,  vengan  dos  ó 
tres  de  vosotros  conmigo  y  mostrároslo 
hé» .  Y  es  de  saber  que  no  tenían  gota  de 
agua  que  beber,  é  yban  con  la  mayor 
nesgessidad  del  mundo  de  topar  el  agua, 
ó  avian  de  peligrar  de  sed  é  morir  al- 
gunos, segund  yban  desmayados.  É  assi 
fueron  de  aquellos  que  primero  se  avian 
hallado  alli;  é  llegados  al  arroyo  que  todo 
yba  enramado  é  cubierto,  se  sentó  en  una 
piedra  á  par  del  agua  é  comengando  á  be- 
ber, dixo;  «Assentado  yo  en  esta  misma 
piedra,  merendé  con  vosotros  ahora  siete 
años  é  veys  alli  el  peral ,  donde  cogimos 
muchas  peras  é  agora  tiene  hartas. »  É  assi 
los  compañeros  por  la  piedra  que  era 
grande  é  conosgida ,  como  por  el  peral  y 
otras  señales  y  árboles ,  é  por  el  mismo 
arroyo,  vinieron  en  conosgimiento  que  era 
assi ,  y  que  algunos  dellos  avian  estado 
alli  otra  vez,  como  he  dicho :  de  lo  qual  no 
poco  quedaron  maravillados  é  socorridos 
con  el  agua.  Todos  dieron  muchas  gra- 
gias  á  Dios ,  y  no  fué  poco  el  crédito  que 
desto  y  otras  cosas  semejantes  alcangó 
este  Bartolomé  de  Ocon;  porque  en  la 
verdad  en  este  caso  paresgia  que  tenia 
gragia  espegial  sobre  quantos  hombres  en 
aquellas  partes  andaban ,  puesto  que  en 
lo  demás  era  material  y  no  de  mejor  ra- 
zón que  otro ;  antes  era  tenido  por  gros- 
sero. 

Pero   tornando  al  propóssito   de   los 


478 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


conquistadores  de  la  isla  de  Sanct  Johan, 
digo  que  aquel  Johan  López ,  adalid ,  de 
quien  se  ha  tractado  de  suso ,  aunque  era 
gran  adalid,  era  crudo  y  no  tan  esfor- 
zado como  astuto  guerrero  con;  los  in- 
dios. 

Ovo  otro  mancebo  de  color  loro ,  que 
fué  criado  del  comendador  mayor  don 
Frey  Nicolás  de  Ovando ,  al  qual  llama- 
ban Mexía ;  hombre  de  buen  ánimo  é  suel- 
to é  de  vivas  fuergas ,  al  qual  mataron  los 
caribes  en  el  Haymanio  de  Luysa ,  é  á  la 
mesma  Luysa ,  cacica  principal ,  la  qual 
le  avisó  é  le  dixo  que  se  fuesse ,  y  él  no 
lo  quiso  hager,  por  no  la  dexar  sola,  é 
assi  le  frecharon ;  y  estando  lleno  de  sae- 
tas é  teniendo  una  langa  en  la  mano ,  pu- 
so los  ojos  en  un  pringipal  de  los  caribes 
y  echóle  la  langa  é  atravessóle  de  parte  á 
parte  por  los  costados ,  habiendo  primero 
muerto  otros  dos  indios  de  los  enemigos 
é  herido  á  otros.  É  assi  acabó  sus  dias. 

Ovo  otro  hombre  de  bien  que  se  de- 
gia  Johan  Casado,  buena  persona  é  la- 
brador llano ;  pero  gentil  adalid  é  dicho- 
so en  muchas  cosas  de  las  que  empren- 
dia  y  hombre  de  buen  ánimo.  Assi  que, 
estos  que  he  dicho,  en  espegial,  higieron 
muchas  cosas  buenas ;  pero  sin  ellos  ovo 
otros  hombres  hijosdalgo  é  mangebos, 
que  aunque  no  tenian  tanta  experiengia, 
no  les  faltaron  los  ánimos  para  se  mos- 
trar en  la  guerra  tan  hábiles  y  esforga- 
dos  quanto  convenia.  Destos  fué  uno 
Frangisco  de  Barrionuevo ,  que  agora  es 
gobernador  de  Castilla  del  Oro,  del  qual 


se  hizo  mengion  en  la  pagificagion  del  ca- 
gique  don  Enrique;  é  aunque  en  la  guer- 
ra de  la  isla  de  Sanct  Johan  él  era  man- 
gebo,  siempre  dio  señales  de  sí,  de  lo 
que  era,  como  hombre  de  buena  casta. 
Otro  hidalgo  dicho  Pero  López  de  Ángulo, 
é  Martin  de  Guiluz,  é  otros  que  seria  lar- 
ho  degirse  particularmente,  se  hallaron 
en  aquella  conquista,  que  aunque  su 
edad  no  era  tan  perfeta  como  su  esfuer- 
go  é  desseos,  siempre  obraron  como 
quien  eran ,  é  por  ningún  trabaxo  dexa- 
ron  de  mostrarse  tan  prestos  á  los  peli- 
gros, como  la  nesgessidad  y  el  tiempo  lo 
requerían.  É  por  ser  tan  valerosa  gente, 
aunque  como  he  dicho  poca  en  número, 
se  acabó  la  conquista  en  favor  de  nues- 
tra fé  y  en  mucha  victoria  de  los  conquis- 
tadores españoles  que  en  esta  guerra  se 
hallaron ,  á  los  quales  socorrieron  desde 
aquella  Isla  Española  con  alguna  gente, 
y  se  juntaron  mas,  en  tiempo  que  el  so- 
corro fué  muy  nesgessario.  É  también  fue- 
ron algunos  que  nuevamente  venian  de 
Castilla:  los  quales  por  buenos  quesean, 
es  menester  que  estén  en  la  tierra  algu- 
nos dias,  antes  que  sean  para  sofrir  los 
trabaxos  é  nesgessidades,  con  que  acá  se 
exergita  la  guerra  ,  por  la  mucha  diferen- 
gia  que  hay  en  todas  las  cosas  y  en  el 
ayre  é  temple  de  la  tierra ,  con  quien  es 
menester  pelear  primero  que  con  los  in- 
dios ,  porque  muy  pocos  son  aquellos  á 
quien  no  prueba  y  adolesge.  Pero  loores 
á  Dios.  Pocos  peligran  desta  causa,  si  soa 
bien  curados. 


CAPITULO  VIII. 

Cómo¡los  indios  tenian  por  inmortales  á  los  chripstianos,  luego  que  passaron  á  la  isla  de  Sanct  Johan  ,  é  có- 

mo]^acordaron  de  se  al^ar ,  é  no  lo  osaban  emprender  hasta  ser  9ertificados  si  los  chripstianos  podian  morir 

ó  nó.  Y  la  manera  que  tuvieron  para  lo  experimentar. 


1:  or  las  cosas  que  avian  oydo  los  indios 
de  la  isla  de  Sanct  Johan  de  la  conquista 
y  guerras  passadas  en  esta  Isla  Española, 


é  sabiendo ,  como  sabian  ellos ,  que  esta 
isla  es  muy  grande  y  que  estaba  muy  po- 
blada é  llena  de  gente  de  los  naturales 


DE  INDIAS.  LIB.  XVI.  CAP.  Vlll. 


479 


della ,  creían  que  era  impossible  averia 
sojuzgado  los  chrisplianos,  sino  porque 
debían  ser  inmortales ,  é  que  por  heridas 
ni  otro  desastre  no  podían  morir;  y  que 
como  avian  venido  de  hágia  donde  el  sol 
sale,  assi  peleaban;  que  era  gente  geles- 
tial  é  hijos  del  sol ,  y  que  los  indios  no 
eran  poderosos  para  los  poder  ofender. 
É  cómo  vieron  que  en  la  isla  de  Sanct 
Johan  ya  se  avian  entrado  y  hecho  seño- 
res de  la  isla,  aunque  en  los  chripstíanos 
no  avia  sino  hasta  doscientas  personas 
pocas  mas  ó  menos  que  fuessen  hombres 
para  tomar  armas ,  estaban  determinados 
de  no  se  dexar  sojuzgar  de  tan  pocos ,  é 
querían  procurar  su  libertad  y  no  servir- 
los ;  pero  temíanlos  é  penssaban  que  eran 
inmortales.  É  juntados  los  señores  de  la 
isla  en  secreto,  para  disputar  desta  mate- 
ria ,  acordaron  que  antes  que  se  movies- 
sen  á  su  rebelión,  era  bien  experimentar 
primero  aquesto ,  y  salir  de  su  dubda  ,  y 
hager  la  experiengia  en  algún  chrípstíano 
desmandado  ó  que  pudiessen  aver  aparte 
é  solo  ;  y  tomó  cargo  de  saberlo  un  caci- 
que llamado  Urayoan ,  señor  de  la  provin- 
QÍa  de  Yaguaca ,  el  qual  para  ello  tuvo 
esta  manera.  AcaesQÍóse  en  su  tierra  un 
raangebo,  que  se  llamaba  Salgedo  é  pas- 
saba  á  donde  los  chripstíanos  estaban, 
y  por  manera  de  le  hager  cortesía  é  ayu- 
darle á  llevar  su  ropa ,  envió  este  cagi- 
que  con  él  quinge  ó  veynte  indios ,  des- 
pués que  le  ovo  dado  muy  bien  de  comer 
é  mostrádole  mucho  amor.  El  qual  yendo 
seguro  é  muy  obligado  al  cagique  por  el 
buen  acogimiento ,  al  passar  de  un  rio 
que  se  dige  Guarabo ,  que  es  á  la  parte 


ocgidental ,  y  entra  en  la  bahía  en  que 
agora  está  el  pueblo  é  villa  de  Sanct  Ger- 
mán ,  dixéronle  :  «  Señor,  quieres  que  te 
passemos ,  porque  no  te  moxes» ;  y  él  di- 
xo  que  sí,  é  holgó  dello,  que  no  debiera, 
siquiera  porque  demás  del  peligro  noto- 
río  ,  en  que  caen  los  que  confian  de  sus 
enemigos ,  se  declaran  los  hombres  que 
tal  hagen  por  de  poca  prudengia.  Los  in- 
dios le  tomaron  sobre  sus  hombros ,  para 
lo  qual  se  escogieron  los  mas  regios  y  de 
mas  esfuergo  ,  y  quando  fueron  en  la  mi- 
tad del  río ,  metiéronle  debaxo  del  agua 
y  cargaron  con  él  los  que  le  passaban  é 
los  que  avían  quedado  mirándole ,  por- 
que todos  yban  para  su  muerte  de  un 
acuerdo,  é  ahogáronle;  y  después  que 
estuvo  muerto,  sacáronle  á  la  ribera  y  cos- 
ta del  rio  ,  é  decíanle  :  « Señor  Salgedo, 
levántate  y  perdónanos  :  que  caymos  con- 
tigo, é  y  remos  nuestro  camino.»  É  con 
estas  preguntas  é  otras  tales  le  tuvieron 
assi  tres  días ,  hasta  que  olió  mal ,  y  aun 
hasta  entonges  ni  creían  que  aquel  estaba 
muerto  ni  que  los  chripstíanos  morían.  Y 
desque  se  gertificaron  que  eran  mortales 
por  la  forma  que  he  dicho ,  higiéronlo  sa- 
ber al  cagique ,  el  qual  cada  día  enviaba 
otros  indios  á  ver  si  se  levantaba  el  Sal- 
gedo ;  é  aun  dubdando  si  le  degían  ver- 
dad, él  mismo  quiso  yr  á  lo  ver ,  hasta 
tanto  que  passados  algunos  días,  le  vieron 
mucho  mas  dañado  é  podrido  á  aquel 
pecador.  Y  de  allí  tomaron  atrevimiento 
é  confianga  para  su  rebelión ,  é  pusieron 
en  obra  de  matar  los  chripstíanos ,  é  al- 
garse  y  hager  lo  que  tengo  dicho  en  los 
capítulos  de  suso.  < 


CAPITULO  IX. 

De  las  batallas  c  recuentros  mas  principales  que  ovo  en  el  tiempo  de  la  gueira  é  conquista  de  la  isla  de 
Sanct  Johan  ,  por  otro  nombre  dicha  Boriquen. 


JLf  espues  que  los  indios  se  ovieron  re- 
belado é  muerto  la  mitad  ó  quassi  de  los 


chripstíanos,  y  el  gobernador  Johan  Pon- 
ge  de  León  dio  orden  en  hager  los  capi- 


480 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


tañes  que  he  dicho  é  poner  recaudo  en 
la  vida  y  salud  de  los  que  quedaban  vi- 
vos ,  ovieron  los  chripslianos  y  los  indios 
la  primera  batalla  en  la  tierra  de  Aguey- 
bana,  en  la  boca  del  rio  Caoyuco,  á  don- 
de murieron  muchos  indios ,  assi  caribes 
de  las  islas  comarcanas  y  flecheros ,  con 
quien  se  avian  juntado ,  como  de  los  de 
la  tierra  que  se  querían  passar  á  una  ¡s- 
leta  que  se  llama  Ángulo ,  que  está  cerca 
de  la  isla  de  Sanct  Johan  á  la  parte  del 
Sur,  como  lo  tengo  dicho.  É  dieron  los 
chripslianos  sobre  ellos  de  noche  al  quar- 
to  del  alba,  é  hicieron  grande  estrago 
en  ellos ,  y  quedaron  deste  vengimiento 
muy  hostigados  é  sospechosos  de  la  in- 
mortalidad de  los  chripstianos.  É  unos 
indios  degian  que  no  era  possible  si  no 
que  los  que  ellos  avian  muerto  á  traycion 
avian  resucitado ;  y  otros  degian  que  do 
quiera  que  oviesse  chripstianos,  hagian 
tanto  los  pocos  como  los  muchos.  Esta 
batalla  venció  el  gobernador  Johan  Ponge, 
aviendo  para  cada  chripstiano  mas  de  diez 
enemigos;  y  passó  desde  á  pocos  dias 
después  que  se  avian  los  indios  algado. 
Desde  alli  se  fué  Johan  Ponge  á  la 
villa  de  Caparra ,  y  reformó  la  gente  é 
capitanías  con  alguna  mas  compañía  que 
avia ,  y  fue  luego  á  assentar  su  real  en 
Aymaco,  y  envió  á  los  capitanes  Luys  de 
Añasco  é  Miguel  de  Toro  á  entrar  desde 
alli  con  hasta  ginqüenta  hombres ,  é  supo 
cómo  el  cagique  Mabodomoca  estaba  con 
seysgientos  hombres  esperando  en  gierta 
parte ,  y  degia  que  fuessen  allá  los  chrips- 
tianos ,  que  él  los  atenderla  é  ternia  lim- 
pios los  caminos.  É  sabido  esto  por  Johan 
Ponge,  envió  allá  al  capitán  Diego  de 
Salagar ,  al  qual  llamaban  capitán  de  los 
coxos  y  de  los  muchachos  ;  y  aunque  pa- 
resgia  escarnio  por  ser  su  gente  la  mas 
flaca ,  los  cuerdos  lo  tomaban  por  lo  que 
era  razón  de  entenderlo  ,  porque  la  per- 
sona del  capitán  era  tan  valerosa ,  que 
suplia  todos  los  defetos  é  flaqueza  de 


sus  soldados ,  no  porque  fuessen  flacos  de 
ánimo,  pero  porque  á  unos  faltaba  salud 
para  sofrir  los  trabajos  de  la  guerra ,  y 
otros  que  eran  mangebos ,  no  tenían 
edad  ni  experieugia,  Pero  con  todas  estas 
dificultades  llegó  donde  Mabodomoca  es- 
taba con  la  gente  que  he  dicho  ,  é  peleó 
con  él,  é  hizo  aquella  noche  tal  malanga 
é  castigo  en  los  indios,  que  murieron 
dellos  giento  é  ginqüenta,  sin  que  al- 
gund  chripstiano  pelígrasse  ni  oviesse  he- 
rida mortal ,  aunque  algunos  ovo  heridos; 
y  puso  en  huyda  los  enemigos  restantes. 
En  esta  batalla  Johan  de  León ,  de  quien 
atrás  se  hizo  memoria ,  se  desmandó  de 
la  compañía  por  seguir  tras  un  cagique 
que  vido  salir  de  la  batalla  huyendo  ,  é 
llevaba  en  los  pechos  un  guanin  ó  piega 
de  oro  de  las  que  suelen  los  indios  prin- 
gipales  colgarse  al  cuello :  é  cómo  era 
mangebo  suelto,  alcangóle  é  quísole  pren- 
der; pero  el  indio  era  de  grandes  fuer- 
gas  ,  é  vinieron  á  los  bragos  por  mas  de 
un  cuarto  de  ora ,  é  de  los  otros  indios 
que  escapaban  huyendo,  ovo  quien  los  vi- 
do  assi  trabados  en  un  barranco,  donde 
estaban  hagiendo  su  batalla ,  é  un  indio 
socorrió  al  otro  que  estaba  defendiéndo- 
se del  Johan  de  León ,  el  qual  porque  no 
paresgiesse  que  pedia  socorro,  oviera  de 
perder  la  vida.  Pero  no  quiso  Dios  que 
tan  buen  hombre  assi  muriesse ,  y  acaso 
un  chripstiano  salió  tras  otro  indio  ,  é  vi- 
do  á  Johan  de  León  peleando  con  los  dos 
que  he  dicho  ,  y  en  estado  que  se  viera 
en  trabaxo  ó  perdiera  la  vida :  entonges 
el  chripstiano  dexó  de  seguir  al  indio  ,  é 
fuele  á  socorrer,  é  assi  mataron  los  dos 
chripstianos  á  los  dos  indios ,  que  eran 
aquel  cagique,  con  quien  Johan  do  León 
se  combatía  primero ,  é  al  indio  que  le 
ayudaba  ó  le  avía  socorrido.  Y  desta  ma- 
nera escapó  Johan  de  León  del  peligro, 
en  que  estuvo. 

Ávida  esta  victoria  é  vengimiento  que 
he  dicho,  assi  como  esclaresgió  el  día, 


DE  INDIAS.  LIB.  XVI.  CAP.  IX. 


48i 


llegó  el  gobernador  Jolian  Ponge  de  León  trabaxado,  en  espagio  de  tiempo  de  dos 

por  la  mañana  con  la  gente  que  él  traia  horas  é  media  ó  tres  que  avian  peleado 

é  la  relroguarda,  algo  desviado  del  capí-  con  los  enemigos.  De  lo  qual  todos  los 

tan  Diego  de  Salagar,  é  no  supo  cosa  al-  chripstianos  dieron  muchas  gragiasáNues- 

guna  hasta  que  halló  los  vengedores  be-  tro  Señor  porque  assi  favoresgia  é  ayu-- 

biendo  y  descansando  de  lo  que  avian  daba  miraglosamente  á  los  chripstianos. 

CAPITULO  X. 

De  otra  guacábara  ó  recaen  1ro  que  ovieron  los  españoles  con    los  indios  de  la  isla  de  Boriquen  ó  de  Sancl 

Johan. 


JLfespues  que  se  passó  la  batalla,  de  quien 
se  tracto  en  el  capítulo  pregedente ,  jun- 
táronse la  mayor  parte  de  todos  los  indios 
de  la  isla  de  Boriquen ;  é  sabido  por  el 
gobernador  Jolian  Ponge,  ovo  nueva  cómo 
en  la  provingia  de  Yagueca  se  hagia  el 
ayuntamiento  de  los  contrarios  contra  los 
chripstianos ,  é  con  entera  determinagion 
de  morir  todos  los  indios  ó  acabar  de 
matar  todos  los  chripstianos,  pues  eran 
pocos  y  sabían  que  eran  mortales,  como 
ellos.  Y  con  mucha  diligengia  el  goberna- 
dor juntó  sus  capitanes  é  pocos  mas  de 
ochenta  hombres,  y  fué  á  buscar  álos  in- 
dios, los  quales  passaban  de  onge  mili 
hombres;  y  cómo  llegaron  á  vista  los  unos 
de  los  otros  quassi  al  poner  del  sol ,  as- 
sentaron  real  los  chripstianos  con  algunas 
ligeras  escaramugas;  y  cómo  los  indios 
vieron  con  tan  buen  ánimo  é  voluntad  de 
pelear  los  españoles ,  y  que  los  avian  ydo 
á  buscar,  comengaron  á  tentar  si  pudieran 
de  presto  ponerlos  en  huyda  ó  vengerlos. 
Pero  los  chripstianos  comportando  é  resis- 
tiendo, assentaron  á  su  despecho  de  los 
contrarios,  su  real  muy  gerca  de  los  ene- 
migos ,  é  salían  algunos  indios  sueltos  y 
de  buen  ánimo  á  mover  la  batalla ;  pero 
los  chripstianos  estuvieron  quedos  y  en 


mucho  congierto  y  apergibidos  junto  á 
sus  banderas ,  y  salían  algunos  mangebos 
sueltos  de  los  nuestros ,  y  tornaban  á  su 
batallón ,  avíendo  fecho  algún  buen  tiro 
de  asta  ó  de  ballesta.  Y  assi  los  unos  y 
los  otros  temporigando,  esperaban  que  el 
contrarío  pringipíasse  el  rompimiento  de 
la  batalla ;  é  assi  atendiéndose  los  unos 
por  los  otros ,  siguióse  que  un  escopetero 
derribó  de  un  tiro  un  indio ,  é  creyóse 
que  debiera  ser  hombre  muy  pringipal, 
porque  luego  los  indios  perdieron  el  áni- 
mo que  hasta  aquella  hora  mostraban ,  é 
arredraron  un  poco  atrás  suexergíto,  don- 
de la  escopeta  no  alcangasse.  É  assi  có- 
mo la  misma  noche  fué  bien  escuro  se 
retiró  para  fuera  el  gobernador,  é  se  sa- 
lió con  toda  su  gente ,  aunque  contra  vo- 
luntad é  paresger  de  algunos ,  porque  pa- 
resgia  que  de  temor  rehusaban  la  batalla; 
pero  en  fin  á  él  le  paresgió  que  era  ten- 
tar á  Dios  pelear  con  tanta  moltitud  é  po- 
ner á  tanto  riesgo  los  pocos  que  eran ,  y 
que  á  guerra  guerreada,  harían  mejor  sus 
hechos  que  no  metiendo  todo  el  res- 
to á  una  jornada:  lo  qual  él  miró  co- 
mo prudente  capitán ,  segund  paresgió 
por  el  efeto  é  subgesso  de  las  cosas  ade- 
lante. 


TOMO  I. 


61 


482 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  XI. 

Cómo  el  gobernador  Johan  Ponce  acordó  de  yr  á  descubrir  por  la  vanda  ó  parle  del  Norle,  é  fue  ala 
Tierra-Firme  en  la  costa  de  las  islas  de  Bimini ;  é  halló  la  i  sla  dicha  Bahamá ;  é  cómo  fue  removido  de  la 
gobernación  é  volvieron  á  gobernar  los  que  él  avia  enviado  presos  á  Castilla;  y  de  otros  gobernadores  que 

ovo  después  en  la  isla  de  Sanct  Johan. 


JL  a  tenia  el  gobernador  Johan  Ponge  de 
León  quassi  conquistada  é  pagífica  la  isla 
de  Sanct  Johan ,  aunque  no  faltaban  al- 
gunos sobresaltos  é  acometimientos  de 
los  indios  caribes,  los  quales  eran  resis- 
tidos, é  Johan  Ponge  estaba  muy  rico.  É 
cómo  las  cosas  llegaron  á  este  estado,  si- 
guióse que  aquel  alcalde  mayor  del  al- 
mirante, llamado  Johan  ^eron,  y  el  al- 
guagil  mayor  Miguel  Diaz,  que  Johan 
Ponge  avia  enviado  presos  á  España ,  ne- 
gogiaron  sus  cosas  é  libertad ;  y  su  prin- 
gipal  motivo ,  demás  de  desculparse  á  sí, 
fue  culpar  á  Johan  Ponge,  digiendo  que 
demás  de  los  aver  injustamente  preso,  él 
avia  cometido  otras  culpas  y  hecho  otros 
errores  mayores.  É  aquestos  eran  favo- 
resgidos  por  el  almirante,  porque  como 
Johan  Ponge  era  afigionado  al  comendador 
mayor ,  é  por  su  respecto  avia  ávido  el 
cargo  contra  la  voluntad  del  almirante,  y 
echado  sus  ofigiales  de  la  isla ,  y  enviá- 
dolos  en  prisiones,  sintiéndose  desto, 
procuró  que  Johan  Ponge  fuesse  removi- 
do, pues  que  el  almirante  era  goberna- 
dor é  visorrey,  é  degia  que  aquella  adml- 
nistragion  de  la  justigia  en  la  isla  de  Sanct 
Johan  le  pertenesgia,  por  susprevilegios. 
É  mandó  el  Rey  Cathólico  que  volviessen 
á  la  isla  de  Sanct  Johan  é  se  les  entre- 
gassen  las  varas  é  offigios ;  é  assi  torna- 
dos, quitaron  el  cargo  al  dicho  Johan  Pon- 
ge  ,  porque  finalmente  el  Rey  mandó  que 
el  almirante  pusiesse  alli  los  ofigiales  de 
justigia  que  él  quisiesse.  É  sabido  esto 
por  Johan  Ponge,  acordó  de  armar  é  fue 
con  dos  caravelas  por  la  vanda  del  Nor- 
le, é  descubrió  las  islas  de  Bimini,  que 


están  de  la  parte  septentrional  de  la  isla 
Fernandina;  y  estonges  se  divulgó  aque- 
lla fábula  de  la  fuente  que  hagia  rejove- 
nesger  ó  tornar  mangebos  los  hombres 
viejos :  esto  fue  el  año  de  mili  é  quinien- 
tos y  doge.  É  fue  esto  tan  divulgado  é  ger- 
tificado  por  indios  de  aquellas  partes, 
que  anduvieron  el  capitán  Johan  Ponge 
y  su  gente  y  caravelas  perdidos  y  con 
mucho  trabajo  mas  de  seys  meses,  por 
entre  aquellas  islas,  á  buscar  esta  fuente: 
lo  qual  fue  muy  gran  burla  degirlo  los 
indios,  y  mayor  desvario  creerlo  los 
chripstianos  é  gastar  tiempo  en  buscar 
tal  fuente.  Pero  tuvo  notigia  de  la  Tierra- 
Firme  é  vídola  é  puso  nombre  á  una  par- 
te della  que  entra  en  la  mar,  como  una 
manga ,  por  espagio  de  gient  leguas  de 
longitud,  é  bien  ginqüenta  de  latitud,  y 
llamóla  la  Florida.  La  punta  ó  promonto- 
rio de  la  qual  está  en  veynte  éginco  gra- 
dos de  la  equinogial  de  la  vanda  de  nues- 
tro polo  ártico ,  y  se  extiende  y  ensancha 
hágia  el  viento  Norueste :  la  qual  tiene  á 
par  de  la  dicha  punta  muchas  isletas  y 
baxos,  que  llaman  los  Márlyres. 

En  tanto  que  el  capitán  Johan  Ponge 
andaba  en  su  descubrimiento,  el  almi- 
rante, don  Diego  Colom,  por  quexas  que 
le  dieron  de  Johan  Cerón  é  Miguel  Diaz, 
les  quitó  el  cargo  de  la  gobernagion  de 
Sanct  Johan ,  é  puso  alli  por  su  teniente 
al  comendador  Rodrigo  de  Moscoso.  É 
aqueste  estuvo  poco  tiempo  en  el  cargo, 
y  también  ovo  muchas  quexas  del ,  aun- 
que era  buen  caballero :  por  lo  qual  el  al- 
mirante acordó  de  yr  á  aquella  isla  de 
Sanct  Johan,  é  proveyó  de  su  teniente  en 


DE  INDIAS.  LIB.  XVI.  CAP.  XI. 


483 


elía  á  un  caballero  llamado  Chripstóbal 
de  MendoQa ,  hombre  de  buena  sangre  y 
casta ,  é  virtuosa  persona  é  conviniente 
para  el  cargo ,  é  aun  para  otro  que  fuera 
mucho  mayor:  el  qual  tuvo  en  paz  y  jus- 
ticia la  isla ,  y  en  las  cosas  de  la  guerra 
é  conquista  de  los  caribes  se  mostró  muy 
buen  capitán  é  como  hombre  valeroso  y 
de  mucho  esfuergo  é  ánimo ,  todas  las  ve- 
ges  que  convino  y  el  tiempo  se  ofresQió. 
Porque  no  solamente  los  hombres  de- 
ben ser  loados  é  gratificados,  conforme  á 
sus  virtudes  y  méritos ;  pero  aun  de  los 
brutos  animales  nos  enseñan  los  que  bien 
han  escripto,  que  es  razón  é  cosa  nes- 
gessaria,  y  no  para  olvidar,  lo  que  algu- 
nos han  fecho;  porque  demás  de  nos  ma- 
ravillar de  lo  que  fuere  digno  de  admi- 
ración é  pocas  veges  visto  ú  oydo,  es 
grande  la  culpa  que  resulta  de  lo  tal  á  los 
hombres  de  razón,  quando  no  hagen  lo 
que  deben ,  pues  que  los  brutos  anima- 
les se  diferengian  é  aventajan  en  las  vir- 
tudes é  cosas  que  obran,  y  aun  á  algunos 
hombres  sobrepujan  en  buenos  actos  y 
hazañas.  ¿Qué  mas  vituperio  puede  ser 
para  un  cobarde  que  ganar  sueldo  una 
bestia  entre  los  hombres,  édar  aun  per- 
ro parte  y  media,  como  á  un  ballestero? 
Este  fue  un  perro  llamado  Becerrillo ,  lle- 
vado desta  Isla  Española  á  la  de  Sanct 
Johan,  de  color  bermejo,  y  el  bogo  de 
los  ojos  adelante  negro ,  mediano  y  no 
alindado ;  pero  de  grande  entendimiento 
y  denuedo.  É  sin  dubda,  segund  lo  que 
este  perro  hagia,  penssaban  los  chripstia- 
nos  que  Dios  se  lo  avia  enviado  para  su 
socorro;  porque  fue  tanta  parte  para  la 
pagificagion  de  la  isla,  como  la  tergia  par- 
te dessos  pocos  conquistadores  que  an- 
daban en  la  guerra,  porque  entre  dosgien- 
tos  indios  sacaba  uno  que  fuesse  huydo 
de  los  chripslianos ,  o  que  se  le  enseñas- 
sen  ,  é  le  asia  por  un  brago  é  lo  constre- 
ñía á  se  venir  con  él  é  lo  traia  al  real,  ó 
adonde  los  chripslianos  estaban :  é  si  se 


ponia  en  resistengia  é  no  queria  venir,  lo 
hagia  pedagos ,  é  hizo  cosas  muy  seña- 
ladas y  de  admiragion.  É  á  media  noche 
que  se  soltasse  un  preso ,  aunque  fuesse 
ya  una  legua  de  alli,  en  digiendo  :  «Ido 
es  el  indio,  ó  búscalo» ,  luego  daba  en 
el  rastro  é  lo  hallaba  é  traia.  É  con  los 
indios  mansos  tenia  tanto  conosgimiento 
como  un  hombre,  y  no  les  hagia  mal.  Y 
entre  muchos  mansos  conosgia  un  indio 
de  los  bravos ,  é  no  paresgia  sino  que  te- 
nia juigio  y  entendimiento  de  hombre  (y 
aun  no  de  los  negios) ,  porque  como  he 
dicho,  ganaba  parte  y  media  para  su  ama 
como  se  daba  á  un  ballestero  en  todas 
las  entradas  que  el  perro  se  hallaba.  É 
penssaban  los  chripslianos  que  en  llevar- 
le yban  doblados  en  número  de  gente  é 
con  mas  ánimo  ,  y  con  mucha  razón,  por- 
que los  indios  mucho  mas  temian  al  per- 
ro que  á  los  chripslianos;  porque  como 
mas  diestros  en  la  tierra,  ybanse  por  pies 
á  los  españoles  é  no  al  perro :  del  qual 
quedó  casia  en  la  isla  de  muy  exgelenles- 
perros,  é  que  le  imitaron  mucho  algunos 
dellos  en  lo  que  he  dicho.  É  yo  vi  un  hija 
suyo  en  la  Tierra-Firme ,  llamado  Leongi- 
cOj  el  qual  era  del  adelantado  Vasco  Nu- 
ñez  de  Balboa ,  é  ganaba  assi  mismo  una 
parte ,  é  á  veges  dos ,  como  los  buenos 
hombres  de  guerra,  y  se  las  pagaban  al 
dicho  adelantado  en  oro  y  en  esclavos. 
É  cómo  testigo  de  vista,  sé  que  le  valió 
en  veges  mas  de  quinientos  castellanos 
que  le  ganó,  en  partes  que  le  dieron  en  las 
entradas.  Pero  era  muy  espegial  é  hagia 
todo  lo  que  es  dicho  de  su  padre.  Pero  tor- 
nando al  becerricOf  al  fin  le  mataron  los 
caribes,  llevándolo  el  capitán  Sancho  de 
Arangó:  el  qual  por  causa  deste  perro 
escapó  una  vez  de  entre  los  indios  heri- 
do é  peleando  todavía  con  ellos;  y  echó- 
se el  perro  á  nado  tras  un  indio ,  é  otro 
desde  fuera  del  agua  le  dio  con  una  fle- 
cha hervolada  yendo  el  perro  nadando 
tras  el  otro  indio,  é  luego  murió;  pera 


484 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


fué  causa  que  el  dicho  capitán  Sancho  de 
Arango  y  otros  chripstianos  sesalvassen; 
é  con  gierto  despojo  los  indios  se  fueron. 
Sabido  esto  por  el    teniente   Chrips- 
tóbal  de  Mendoga  que  gobernaba  ía  is- 
la por  el  almirante,  como  tengo  dicho, 
salió  de  la  viUa  de  Sanct  Germán  con 
hasta  ginqiíeota  hombres  de  aquella  ve- 
cindad, aunque  la  mayor  parte  dellos 
eran  mangebos,  puesto  que  también  avia 
algunas  reliquias  de  los  hombres  de  la 
guerra  passada ,  assi  de  los  adalides  que 
se  dixo  de  suso ,  como  de  algunos  hom- 
bres escogidos  y  experimentados.  Y  em- 
barcáronse en  una  caravela  con  dos  bar- 
cos é  alcanzaron  los  indios  é  higieron  un 
hecho  de  memoria ;  porque  junto  á  una 
isleta  que  está  mas  al  Oriente  de  la  de 
Sanct  Johan,  llamada  Bieque,  pelearon  con 
ellos  quassi  toda  una  noche,  y  mataron 
al  cagique  capitán  de  los  indios  que  se 
degia  Yahureybo ,  liermano  de  otro  cagi- 
que  llamado  Cagimar,  que  primero  é  po- 
cos dias  antes  le  avian  muerto  los  chrips- 
tianos en  la  misma  i&la  de  Sanct  Johan  en 
otra  batalla,  a  viendo  venido  á  saltear.  El 
qual  estando  abragado  con  él  un  hidalgo, 
llamado  Pero  López  de  Ángulo  é  punan- 
do  de  matar  el  uno  al  otro ,  salió  de  través 
ím  Frangisco  de  Quindes,  é  oviera  de  ma- 
lar á  entrambos  porque  con  una  langa 
passó  al  indio  de  parte  á  parte ,  é  poco 
faltó  de  no  matar  también  al  Pero  López. 
Este  Cagimar  era  valentíssimo  hombre  é 
ínuy  estimado  capitán  entre  los  indios, 
tí  por  vengar  su  muerte,  avia  venido  el 
hermano   á   saltear  á    la  isla  de  Sanct 
Johan,  é  avia  herido  al  capitán  Sancho 
de  Arango  é  otros  chripstianos  que  esca- 
paron por  causa  del  perro  begerrillo  que 
mataron :  lo  qual  no  fué  pequeña  pérdi- 
da ,  porque  aunque  se  murieran  algunos 
chripstianos,  no  lo  sintieran  tanto  los  que 
quedaron,  como  faltarles  el  perro.  Assi 
que,  yendo  el  capitán  ó  gobernador,  como 
he  dicho,  tras  los  malechores,  los  alcan- 


gó  é  mató  al  cagique  é  otros  muchos  de 
los  indios,  é  prendió  algunos  y  les  tomó 
las  piraguas  á  los  caribes  é  tornó  victo^ 
rioso  á  la  villa  de  Sanct  Germán  é  re- 
partió muy  bien  y  á  voluntad  de  todo» 
la  presa.  Y  envió  una  délas  piraguas  que 
tomó  á  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo 
al  almirante  don  Diego  Colom :  la  qual 
era  muy  grande  é  muy  hermoso  navio 
para  del  arte  que  estos  son.  Pero  porque 
de  las  cosas  de  aquel  perro  seria  larga 
narragion  lo  que  con  verdad  se  podría 
del  escrebir,  no  diré  aquí  sino  una  sola 
que  no  es  de  preterir,  porque  la  supe 
de  testigos  de  vista  que  se  hallaron  pres- 
sentes,  personas  dinas  de  crédito,  y  fué 
aquesta.  La  noche  que  se  dixo  de  la  gua- 
gábara  ó  batalla  del  cagique  Mabodomoca, 
á  la  mañana  antes  que  el  gobernador 
Johan  Ponge  llegasse ,  acordó  el  capitán 
Diego  de  Salagar  de  echar  al  perro  una 
india  vieja  de  las  prisioneras  que  alli  se 
avian  tomado ;  é  púsole  una  carta  en  la 
mano  á  la  vieja ,  é  díxole  el  capitán:  «An- 
da, vé,  lleva  esta  carta  al  gobernador  que 
está  en  Aymaco»  que  era  una  legua  pe- 
queña de  alli :  é  degíale  aquesto  para  que 
assi  cómo  la  vieja  se  partiesse  y  fuesse 
salida  de  entre  la  gente,   soltassen  el 
perro  tras  ella.  É  cómo  fué  desviada  po- 
co ma&  de  un  tiro  de  piedra,  assi  se  hizo, 
y  ella  yba  muy  alegre,  porque  penssaba 
que  por  llevarla  carta,  la  libertaban; mas 
soltado  el  perro  luego  la  alcangó ,  é  có- 
mo la  muger  le  vido  yr  tan   denodado 
para  ella,  assentóse  en  tierra  y  en  su  len- 
gua comengó  á  hablar,  é  degíale:  «Per- 
ro, señor  perro-,  yo  voy  á  llevar  esta 
carta  al  señor  gobernador»,  é  mostrábale 
la  carta  ó  papel  cogido,  é  degíale:  «no  me 
hagas  mal,  perro  señor.»  Y  de  hecho  el 
perro  se  paró  como  la  oyó  hablar ,  é  muy 
manso  se  llegó  á  ella  é  algo  una  pierna 
é  la  meó,  como  los  perros  lo  suelen  hagei* 
en  una  esquina  ó  quando  quieren  orinar, 
sin  le  hager   ningún  mal.    Lo  qual   los 


DE  INDIAS.  LIB.  XVI.  CAP.  XI. 


485 


cliripstianos  tuvieron  por  cosa  de  miste- 
rio, segnnd  el  perro  era  fiero  y  denoda- 
do ;  é  assi  el  capitán  ,  vista  la  clemengia 
que  el  perro  avia  usado ,  mandóle  atar,  é 
llamaron  á  la  pobre  india  é  tornóse  para 
los  chripstianos  espantada,  penssandoque 
la  avian  enviado  á  llamar  con  el  perro. 


y  temblando  de  miedo  se  sentó ,  y  desde 
á  un  poco  llegó  el  gobernador  Johan  Pon- 
ge;  é  sabido  el  caso,  no  quiso  ser  menos 
piadoso  con  la  india  de  lo  que  avia  sido 
el  perro ,  y  mandóla  dexar  libremente  y 
que  se  fuesse  donde  quissiese ,  é  assi  lo- 
fizo. 


CAPITULO  xir. 


Del  reparlitnienlo  de  los  indios  de  la  isla  de  Sanct  Johan  ,  y  de  lo  que  en  ello  se  siguió. 


JtLstando  la  isla  de  Sanct  Johan  pacífi- 
ca, y  encomendados  los  indios  á  quien 
los  debia  tener ,  paresgióles  á  los  que  tal 
procuraron  que,  yendo  alli  quien  higiesse 
el  repartimiento  de  nuevo,  los  sabría  me- 
jor repartir  entre  los  veginos  que  quien  los 
avia  visto  servir  é  conquistar  la  isla.  Fué 
para  esto  enviado  allá  un  juez  de  resi- 
dencia, llamado  el  ligengiado  Velazquez, 
á  quien  culpaban  digiendo  que  fué  enga- 
ñado por  los  ofigiales  é  procuradores  del 
pueblo;  porque,  como  fueron  señalados 
por  personeros  y  factores  ó  soligitadores 
los  que  tenian  mas  avivadas  y  despiertas 
las  lenguas ,  que  no  trabaxadas  las  per- 
sonas en  la  pagificacion  é  conquista  de  la 
tieri'a,  como  sagages,  procuraron  de  dexar 
á  los  que  lo  meresgian  sin  galardotí,  por- 
que á  ellos  é  á  sus  amigos  se  les  diesse 
lo  que  los  otros  avian  de  aver.  É  tuvie- 
ron tales  formas  para  ello,  que  entre 
otras  cosas  dieron  al  juez  muchas  memo- 
rias cautelosas  que  él  debiera  entender 
de  otra  manera,  ó  al  revés,  digiendo  que 
los  unos  eran  labradores ,  y  los  otros  de 
baxa  suerte,  no  se  acordando  que  los  que 
estas  tachas  ponian  pudieran  muy  mejor 
é  con  mas  verdad  apropriarlas  á  sí  mes- 
mos ,  que  no  á  los  otros  de  quien  mur- 
muraban ;  pues  se  desacordaban  de  los 
virtuosos  hechos  y  denuedos  é  servigios 
de  aquellos  contra  quien  hablaban.  Los 
quales ,  á  su  propria  costa  é  sin  sueldo 


alguno,  avian  ganado  é  conquistado  la 
isla  con  mucho  derramamiento  de  su  pro- 
pria sangre,  é  mas  de  la  de  los  enemigos 
aviendo  muchos,  é  no  quedando  en  pie 
para  la  gratificagion  la  mitad  de  los  ver- 
daderos conquistadores ,  y  no  les  avien- 
do  dado  para  su  substentagion  mas  de  pa- 
labras é  vanos  prometimientos,  ofres- 
giéndoles  que  entre  ellos  se  avian  de  re- 
partir los  indios ,  como  en  la  verdad  ello 
fuera  muy  justo  que  assi  se  higiera ;  mas 
hízose  al  revés,  é  assi  los  dio  á  quien 
quiso,  y  no  á  quien  debiera.  Fué  este  li- 
gengiado el  primero  que  entró  en  aquella 
isla ,  sin  el  qual  é  sin  los  que  después 
fueron  con  estos  títulos  de  letras,  estuvo 
mejor  gobernada  la  tierra ,  é  paresgióse 
bien  en  el  teniente  Ghripstóbal  de  Men^- 
doga ,  pues  ninguna  demanda  se  le  puso 
ni  persona  alguna  se  quexó  dél :  antes  le 
lloraba  aquella  isla,  quando  se  le  tomóre- 
sidengia,  viendo  que  le  quitaban  el  car- 
go. Pero  assi  van  estas  cosas,  que  á  ve- 
ges  permite  Dios  que  por  los  pecados  del 
pueblo  se  les  quiten  los  buenos  jueges,  ó 
por  méritos  de  los  tales  jueges  los  aparte 
Dios  de  donde  ternian  ocasión  para  errar 
é  ofender  á  sus  congiengias.  É  assi  pa- 
resgió  por  la  obra  que  después  sobre  es- 
tas novedades  é  mutagiones  de  goberna- 
gion,  ninguna  cosa  ha  ganado  aquella 
isla,  por  las  diversas  costumbres  de  los 
que  alli  han  tenido  cargo  de  justigia-.  É 


«86 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


y  do  Chripslóbal  de  MendoQa  en  España  ^ 
estovo  mas  honrado  é  le  dio  la  (lesárea 
Magestad  el  hábito  de  Sanctiago  y  le  dio 
de  comer ,  como  á  uno  de  los  caballeros 


de  su  Real  casa ,  donde  regibió  mayores 
mercedes  y  con  menos  peligros,  y  en  su 
patria  é  no  tan  apartado  acá  en  este 
Nuevo  Mundo. 


CAPITULO  xni. 

De  la  muerte  del  adelantado  Johan  Ponce  de  León,  primero  conquistador  díe  la  isla  de  Boriquen,  que  agora 
llaman  Sanct  Johan ,  y  otras  cosas  tocantes  á  la  mesma  isla. 


JL/icho  se  há  cómo  Johan  Ponge  de  León 
fué  removido  del  cargo  é  gobernagion  de 
Ja  isla  de  Sanct  Johan ,  y  de  cómo  fue  á 
descubrir  á  la  vanda  del  Norte ,  é  cómo 
anduvo  en  busca  de  aquella  fabulosa 
fuente  de  Bimini ,  que  publicaron  los  in- 
dios que  tornaba  á  los  viejos  mogos.  Y 
esto  yo  lo  he  visto  (sin  la  fuente) ,  no  en 
el  subgeto  é  mejoramiento  de  las  fuer- 
gas;  pero  en  el  enflaquegimiento  del  sexo, 
é  tornarse  en  sus  hechos  mogos  y  de  poco 
entender :  y  destos  fué  uno  el  mismo  Jo- 
han Ponge,  en  tanto  que  le  turó  aquella 
vanidad  de  dar  crédito  á  los  indios  en  tal 
disparate,  é  á  tanta  costa  suya  de  arma- 
das de  navios  y  gentes ,  puesto  que  en  la 
verdad  él  fué  honrado  caballero  é  noble 
persona  é  trabaxó  muy  bien  en  la  con- 
quista é  pagificagion  de  aquesta  Isla  Es- 
pañola y  en  la  guerra  de  Higuey;  y  tam- 
bién fué  el  primero  que  comengó  á  po- 
blar é  pagificar  la  isla  de  Sanct  Johan, 
como  tengo  dicho ,  donde  él  é  los  que 
con  él  se  hallaron  padesgieron  muchos  tra- 
baxos ,  assi  de  la  guerra  como  de  enfer- 
medades é  muchas  nesgessidades  de  bas- 
timentos é  de  todas  las  otras  cosas  nes- 


gessarias  á  la  vida.  Halló,  pues,  como 
ya  he  dicho ,  este  capitán  aquella  tierra 
que  llaman  la  Florida ,  é  tornó  á  la  isla 
de  Sanct  Johan ,  é  fué  á  España ,  é  dio 
relagion  de  todo  al  Rey  Cathólico:  el 
qual,  aviendo  respecto  á  sus  servigios, 
le  dio  título  de  adelantado  de  Bimini  y 
le  hizo  otras  mergedes ,  para  lo  qual  le 
aprovechó  mucho  el  favor  de  su  amo, 
Pero  Nuñez  de  Guzman,  comendador  ma- 
yor de  Calatrava ,  ayo  del  sereníssimo  in- 
fante don  Hernando,  que  es  agora  la  Ma- 
gestad del  rey  de  los  romanos.  É  después 
se  tornó  á  la  isla  de  Sanct  Johan  é  armó 
de  mas  propóssito  para  yr  á  poblar  en 
aquella  tierra  de  su  adelantamiento  y  go- 
bernagion  que  alli  se  le  dio ,  é  gastó  mu- 
cho en  el  armada  é  volvió  de  allá  desba- 
ratado y  herido  de  una  flecha ,  de  la  qual 
herida  vino  á  morir  á  la  isla  de  Cuba. 
É  no  fué  solo  él  quien  perdió  la  vida  y 
el  tiempo  y  la  hagienda  en  esta  deman- 
da :  que  muchos  otros  por  le  seguir,  mu- 
rieron en  el  viaje  é  después  de  ser  allá 
llegados,  parte  á  manos  de  los  indios ,  é 
parte  de  enfermedades ;  é  assi  acabaron 
el  adelantado  y  el  adelantamiento. 


CAPITULO  XIV. 

Del  pueblo  llamado  Daguao ,  que  hizo  poblar  el  almirante,  don  Diego  Colom  ,  en  la  isla  dé  Sanct  Johan'. 


JInformaron  al  almirante,  don  Diego  Co-       Sanct  Johan  seria  bien  hagerse  un  puc- 
lom,  que  en  una  provingia  de  la  isla  de      blo,  adonde  llaman  el  Daguao,  porque  se 


DE  INDIAS.  LIB.  XVI.   CAP.  XIV. 


487 


creía  que  aquella  tierra  era  rica  de  mi- 
nas ;  y  determinado  en  ello ,  envió  allá 
para  fundar  la  poblagion  á  un  hidalgo, 
llamado  Johan  Enriquez ,  con  gierta  gen- 
te: el  qual  era  pariente  de  la  vireyna, 
muger  del  almirante ,  y  el  pueblo  se  hizo 
en  lo  mas  rico  de  la  isla,  é  Juan  Enri- 
quez fué  alli  teniente  por  el  almirante. 
Pero  por  floxedad  de  los  que  alli  esta- 
ban ,  ni  se  dieron  maña  á  substentar  el 
pueblo  ni  á  buscar  las  minas ,  é  al  cabo 
se  despobló  por  los  caribes  en  breve  tiem- 
po. É  después  de  despoblado,  se  hallaron 
gerca  de  aquel  assiento  muchos  rios  é  ar- 
royos ricos  de  oro ;  pero  cómo  está  muy 


á  mano  é  aparejado  para  rescebir  daño 
de  los  caribes  é  han  hecho  por  alli  mu- 
chos saltos  en  veges ,  á  esta  causa  no  se 
sostuvo  aquella  villa.  Mas  si  el  oro  se  des- 
cubriera, quando  alli  ovo  pobIa(?ion,  siem- 
pre permanesgiera  el  pueblo  é  fuera  muy 
gran  seguridad  de  toda  la  isla ,  porque 
estaba  en  parte  muy  conviniente ,  y  en 
tierra  muy  fértil  de  labranzas  é  pastos  é 
oro  rico  é  buenas  aguas.  É  aun  quieren 
algunos  degir  que  ninguna  poblagion  pu- 
diera aver  tan  al  propósito  de  los  chrips- 
tianos,  como  fuera  aquella.  Este  pueblo  se 
llamó  Sanctiago;  pero  como  he  dicho, 
turó  poco  su  poblagion. 


CAPITULO  XV. 

De  los  gobernadores  que  ovo  en  la  isla  de  Sanet  Johan  ,  después  que  íi^li  fué  por  juez  de  residencia  el  I¡- 

«eenciado  Velazquez. 


JLlicho  se  ha  cómo  el  ligengiado  Velaz- 
quez fué  por  juez  de  residengia  á  la  isla 
de  Sanct  Johan :  el  qual  se  ovo  de  tal 
manera  en  el  offigio ,  que  ovo  muchas 
quexas  del,  por  lo  qual  fué  por  Su  Ma- 
gestad  proveydo  de  juez  de  residengia 
para  aquella  isla  el  ligengiado  Antonio  de 
la  Gama,  é  aqueste  hizo  lo  que  supo.  El 
qual  después  se  casó  con  una  dongella 
llamada  doña  Isabel  Ponge ,  hija  del  ade- 
lantado Johan  Ponge  de  León,  de  quien 
aveis  oydo  que  gobernó  é  pobló  primero 
aquella  isla ;  é  diéronle  grande  dote  con 
ella,  é  avegindóse  en  la  tierra,  é  tuvo 
cargo  de  la  gobernagion  de  la  isla  por  el 
Rey,  en  tanto  que  le  turó  el  offigio  de  juez 
de  residengia.  Después  de  lo  qual,  tornó 
el  cargo  á  cuyo  era;  y  el  almirante,  don 
Diego  Colom,  puso  por  su  teniente  á  Pe- 
dro Moreno,  vegino  de  aquella  isla  ,  del 
qual  tampoco  faltaron  quexas ,  aunque 
no  tantas  como  de  algunos  de  los  que 
primero  avian  gobernado.  Y  en  este  tiem- 
po se  siguieron  muchas  passiones  entre 


Antonio  Sedeño,  contador  de  aquella 
isla,  y  el  tesorero  Blas  de  Villasancta.  Y 
ambos  anduvieron  en  la  corte  el  año  de 
mili  é  quinientos  y  veynte  y  tres  é  veyn- 
te  y  quatro  é  mas  tiempo ,  pleyteando  é 
acusándose  ante  los  señores  del  Consego 
Real  de  Indias ,  para  que  oviesse  lugar 
aquel  proverbio  que  dige  :  Riñen  las  co- 
madres, y  descúhrense  las  verdades.  Y  en- 
tre las  otras  querellas  deste  Villasancta 
no  olvidaba  al  ligengiado  de  la  Gama,  por 
lo  qual  se  mandó  al  ligengiado  Lucas 
Vázquez  de  Ayllon ,  oydor  desta  Audien- 
gia  Real  de  la  Isla  Española ,  que  á  la  sa- 
gon  estaba  en  Castilla  negogiando  una 
gobernagion  ( donde  después  fué  á  mo- 
rir), que  se  viniesse  por  la  isla  de  Sanct 
Johan  y  entendiesse  en  aquellas  diferen- 
gias  de  los  ofigiales,  é  tomasse  residengia 
al  Pedro  Moreno  y  al  ligengiado  de  la 
Gama ,  é  asái  lo  hizo.  É  ya  el  de  la  Gama 
avia  enviudado  é  acabado  el  primero  ma- 
trimonio ,  y  se  avia  casado  segunda  vez 
con  Isabel  de  Cágeres,  muger  que  avia 


488 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


seydo  de  aquel  Miguel  Díaz,  de  quien  en 
en  otras  partes  se  ha  hecho  mengion :  la 
qual  estaba  muy  rica  muger ,  y  aqueste 
vsu  segundo  marido  fué  proveydo  después 
por  juez  de  residen^^ia  á  la  Tierra-Firme, 
á  la  provingia  y  gobernación  de  Castilla 
del  Oro ,  donde  hizo  lo  que  se  dirá  ade- 
lante en  la  adrainistragion  de  aquel  offi- 
gio,  quando  se  tráete  de  las  cosas  de 
aquella  tierra,  en  la  segunda  parte  de 
aquesta  historia.  Assi  que,  después  que 
el  ligengiado  Ayllon  les  tomó  residengia, 
tornó  al  cargo  de  la  isla  de  Sanct  Johan 
el  teniente  Pedro  Moreno ,  é  lo  tuvo  é  go- 
bernó aquella  isla  hasta  que  murió:  des- 
pués de  la  muerte  del  qual  tiene  hasta 
agora  el  mismo  offigio  el  teniente  Fran- 
gisco  Manuel  de  Olando,  el  qual  es  buen 
caballero  y  noble  persona ,  y  que  ha  muy 
bien  gobernado ,  y  hage  su  offigio  muy  en 


conformidad  de  aquellos  pueblos  é  como 
conviene  al  servigio  de  Dios  y  de  Sus  Ma- 
gestades ,  é  mas  al  propósito  de  la  tierra 
que  lo  han  fecho  los  letrados,  porque 
de  lo  uno  y  lo  otro  se  ha  visto  la  expe- 
riengia  muchas  veges.  É  no  sin  causa 
Sus  Magestades  en  Castilla  del  Oro  y  en 
otras  partes  mandan  que  no  passen  le- 
trados ni  procuradores ,  porque  conogi- 
damente  son  pestilengiales  para  hagiendas 
agenas,  y  para  poner  en  contienda  á  los 
que  sin  ellos  vivirían  en  paz.  Y  estos  car- 
gos de  justigia  yo  no  los  querria  ver  en 
los  que  mas  leyes  saben ,  sino  en  los  que 
mas  justas  congiengias  tienen ;  y  pocas 
diferengias  puede  aver  entre  los  veginos 
que  no  las  sepan  averiguar  buenos  jny- 
gios,  si  el  juez  tiene  sano  el  pecho  é  ger- 
rada  la  puerta  á  la  cobdigia ,  sin  que  Bar- 
tulo ni  otros  doctores  entiendan  en  ello. 


CAPirULO  XVI. 

De  diversas  particularidades  de  la  isla  de  Sanct  Johan. 


P, 


ues  se  ha  dicho  de  la  gobernagion  de 
la  isla  de  Sanct  Johan  y  de  las  cosas  que 
passaron  en  los  pringipios  de  su  conquis- 
ta é  poblagion  ,  quiero  degir  en  este  ca- 
pítulo algunas  particularidades,  convi- 
nientes  á  la  relagion  desta  isla  y  de  los 
indios  della. 

Estos  indios  eran  flecheros;  pero  no 
tiraban  con  hierva,  é  algunas  veges  pas- 
saban  los  indios  caribes  de  las  islas  co- 
marcanas flecheros  en  su  favor  contra  los 
chripslianos ;  y  todos  aquellos  tiran  con 
hierva  muy  mala ,  é  tal  que  es  inreme- 
diable  hasta  agora ,  pues  no  se  sabe 
curar. 

Algunos  digeu  que  no  comian  carne 
humana  los  desta  isla ,  é  yo  lo  pongo  en 
dubda ;  pues  que  los  caribes  los  ayuda- 
ban é  conversaban  con  ellos,  que  la 
comen. 


La  gente  desta  isla  es  lora  y  de  la  es- 
tatura y  forma  que  está  dicho  de  los  in- 
dios de  la  Española ,  sueltos  y  de  buena 
disposigion  en  la  mar  y  en  la  tierra,  pues- 
to que  son  para  mas  los  de  la  isla  de 
Sanct  Johan,  ó  mas  guerreros,  é  assi  an- 
dan desnudos. 

En  las  ydolatrías  del  gemí  y  en  los 
areytos  é  juegos  del  batey  y  en  el  nave- 
gar de  las  canoas  y  en  sus  manjares  é 
agricoltura  y  pesquerías,  y  en  los  edefi- 
gios  de  casas  y  camas,  y  en  los  matri- 
monios é  subgession  de  los  cagicados  y  se- 
ñorío ,  y  en  las  herengias  y  otras  cosas 
muchas,  muy  semejantes  los  unos  á  los 
otros.  É  todos  los  árboles,  y  plantas,  y 
fructas,  é  hiervas,  é  animales,  y  aves, 
y  pescados ,  é  insectos  que  hay  en  Hayli 
ó  en  la  Isla  Española  ,  todo  lo  mismo  se 
halla  en  la  de  Boriqueu  ó  isla  de  Sanct 


DE  INDIAS.  LIB.  XVI.  CAP.  XVI. 


489 


Johan ,  é  assi  mesrao  todo  lo  que  por  in- 
dustria é  diligencia  de  los  españoles  se 
ha  hecho  é  multiplicado  en  la  Española 
de  ganados ,  desde  ella  se  passaron  los 
primeros  á  Sanct  Johan ,  y  se  han  hecho 
muy  bien ,  é  lo  mesmo  de  los  naranjos  é 
granados  é  higueras  é  plátanos  é  horta- 
liga  acosas  de  España. 

Pero  alli  en  Sanct  Johan  hay  un  árbol 
que  llaman  el  palo  sánelo,  del  qual^co- 
mo  cosa  muy  digna  de  particular  me- 
moria ,  se  hará  adelante  un  capítulo ,  en 
que  se  diga  alguna  parte  de  sus  exge- 
lengias. 

Hay  un  ingenio  de  agácar  que  hizo 
Thomás  de  Castellón ,  ginovés ,  que  que- 
dó á  sus  herederos,  no  sin  pleytos  é  liti- 
gios la  herencia ;  pero  en  quien  quedare, 
digen  que  es  gentil  heredamiento. 

Estos  indios  de  Sanct  Johan,  é  co- 
munmente todos  los  de  las  Indias,  en- 
cienden fuego  con  los  palillos ,  como  atrás 
queda  dicho.  Tienen  muy  buenas  salinas 
en  la  parte  que  tengo  dicho  de  la  costa  ó 


vanda  del  Sur,  é  muy  buenos rios é  aguas 
é  minas  muy  ricas  de  oro,  de  las  quales 
se  ha  sacado  muy  gran  copia  de  oro  y 
continuamente  se  saca.  Hay  mas  aves  co- 
munmente que  en  la  Isla  Española ;  pero 
no  dexaré  de  degir  de  gierta  caga  que 
nunca  la  vi  sino  de  aquella  isla,  ni  aun 
lo  oy  degir  que  en  otra  parte  del  mundo 
se  diessen  á  ella.  Y  estos  son  unos  mur- 
giélagos  que  los  comen  los  indios  ( é  aun 
ios  chripstianos  hagian  lo  mismo  en  el 
tiempo  que  turóla  conquista),  y  están 
muy  gordos ,  y  en  agua  muy  caliente  se 
pelan  fágilmente  é  quedan  de  la  manera 
de  los  paxaritos  de  cañuela  é  muy  blan- 
cos é  de  buen  sabor,  segund  los  indios 
digen :  é  no  niegan  los  chripstianos  que 
los  probaron  é  comieron  muchas  veges 
por  su  nesgessidad ,  é  otros  hombres  por- 
que son  amigos  de  probar  lo  que  veen 
que  otros  hagen.  Finalmente,  esta  isla  es 
muy  fértil  é  rica  e  de  las  mejores  de  las 
que  hay  pobladas  de  chripstianos  hasta 
el  pressente  tiempo. 


CAPITULO   XVII. 


Del  árool  del  palo  sancto  é  de  sus  muy  excelentes  propriedades. 


JCjI  árbol  que  en  las  Indias  llaman  palo 
sancto ,  digo  que  en  opinión  de  muchos 
es  uno  de  los  mas  exgelentes  árboles  del 
mundo,  por  las  enfermedades  é  llagas  é 
diversas  passiones  que  con  él  curan. 
Muchos  le  tienen  en  la  verdad  por  el 
mesmo  que  guayacan ,  ó  por  espegie  ó 
género  del,  en  la  madera  y  medula  ó  co- 
ragon  y  en  el  peso  é  otras  particularida- 
des y  efetos  mediginales,  puesto  que 
aqueste  palo  sancto  ha  hecho  mayores 
experiengias ;  porque  demás  de  se  curar 
con  él  el  mal  de  las  búas,  como  con  el 
guayacan  é  muy  mejor,  cúranse  otras  en- 
fermedades muchas  que  no  se  sanan  con 

el  guavacan,  como  mas  particularmente 
tüMO  1. 


los  médicos  que  del  usan ,  lo  saben  apli- 
car ,  y  otras  personas  por  la  experiengia 
que  ya  se  tiene.  Pero  solamente  diré  yo 
aqui  lo  que  vi  hager  ó  experimentar  en 
un  enfermo  tocado  del  mal  de  las  búas, 
y  que  desde  á  mucho  tiempo  que  las  tu- 
vo, vivia  con  una  llaga  vieja  en  una  pier- 
na muchos  años  después,  y  de  quando 
en  quando  se  le  refrescaban  sus  trabajos 
y  le  daban  muy  mala  vida ,  é  ya  él  la  te- 
nia por  incurable.  El  qual  usó  desta  re- 
gepta  que  agora  diré.  Púrgase  el  doliente 
con  pildoras  de  regimiento ,  que  creo  que 
llaman  de  fumus  terree,  las  quales  se  to- 
man, passadala  media  noche:  é  después 

que  ha  purgado ,  come  de  un  ave  y  bebe 

62 


490 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


un  poco  de  vino  muy  aguado ;  y  desde  á 
dos  dias  que  esto  ha  hecho ,  échase  en 
la  cama,  y  entre  tanto  come  templada- 
mente y  de  buenas  aves  pollas.  É  assi 
echado  en  la  cama,  ya  ha  de  estar  hecha 
el  agua  del  palo  sancto,  la  qual  se  hage 
desta  manera. 

Toman  un  pedazo  del  palo  é  pícanlo 
menudo,  quanto  pudiere  ser,  y  ponen  en 
una  olla  nueva  libra  é  media  del  palo 
assi  picado ,  con  tres  adumbres  de  agua, 
y  pénenlo  en  remojo  desde  prima  noche 
hasta  otro  dia  de  mañana ,  y  en  seyendo 
de  dia ,  cuégenlo  hasta  que  el  agua  ha 
menguado  la  tergia  parte.  Y  estonges  to- 
ma el  paciente  una  escudilla  de  aquella 
agua  assi  cogida,  tan  caliente  como  la 
pudiere  comportar :  é  después  que  la  ha 
bebido,  cúbrese  muy  bien,  é  suda  una  ho- 
ra ó  dos ,  é  después  hasta  medio  dia  be- 
be de  la  misma  agua.,  estando  fría,  quan- 
tas  veges  quiere  é  pudiere;  é  quando 
quisiere  comer  ha  de  ser  un  poco  de  un 
rosquete  de  vizcocho.,  ó  unas  passas  po- 
cas y  cosas  secas.  El  caso  es ,  que  la  die- 
ta y  beber  harta  agua  de  la  manera  que 
he  dicho,  es  lo  que  hage  al  propóssito: 
assi  que,  hasta  medio  dia  se  ha  de  hager 
lo  que  tengo  dicho ,  y  después  sacar 
aquella  agua  y  verterla ,  y  después  echar 
otra  agua  fresca  en  el  palo  mismo ,  como 
avia  quedado  sin  echar  mas  palo ,  y  co- 
gerlo otra  vez  con  la  segunda  agua ,  y 
de  aquella  fria  beber  entre  dia.  Y  ha 
de  estar  el  pagiente  muy  sobre  aviso 
en  estarmuy  abrigado,  quanto  pudiere,  y 
en  parte  que  el  ayre  no  le  toque ;  é  assi 
continuarlo  hasta  que  sea  llegado  el  si- 
guiente dia.  Y  el  segundo  dia  se  ha  de 
echar  á  mal  aquel  palo  que  estaba  en  la 
olla ,  y  en  aquella  tornar  á  echar  otro  tan- 


to palo  é  agua  con  la  misma  medida  6 
hager  todo  lo  mismo  que  es  dicho  del  pri- 
mero dia ;  é  assi  de  dia  en  dia  continua- 
damente hager  todo  lo  que  tengo  dicho 
hasta  que  passen  doge  ó  quinge  dias.  É 
si  se  sintiere  flaco  en  el  comedio  deste 
tiempo ,  puede  comer  de  un  pollito  chi- 
quito ;  y  ha  de  ser  la  comida  para  sus- 
tentar é  no  para  mas  ni  hartar,  porque 
como  he  dicho,  complidos  doge  ó  quinge 
dias,  sentirá  mucha  mejoría  é  obra  has- 
ta noventa  dias ,  que  cada  dia  le  yrá  muy 
mejor.  É  quando  oviere  acabado  de  to- 
mar esto  el  tiempo  que  he  dicho,  come- 
rá pollas  pequeñas,  é  assi  como  fuere 
convalesgiendo,  yrá  mejorando  é  aumen- 
tando poco  á  poco  la  comida.  Algunos 
usan,  después  de  passados  los  quinge 
dias  que  han  tomado  el  agua  del  palo, 
tornarse  á  purgar ;  pero  ha  de  estar  muy 
sobre  aviso  en  no  comer  cosas  agedas  ni 
vinagre ,  ni  verdura ,  ni  pescado ,  ni  aver 
ayuntamiento  con  muger  en  aquellos  tres 
meses. 

Los  que  tienen  llagas,  lávanlas  con 
aquella  agua  que  es  dicho ,  é  límpianlas 
con  un  paño  é  después  de  enxutas,  tor- 
nan á  huntar  la  llaga  con  la  espuma  que 
hage  el  agua  en  el  cogimiento ,  que  tie- 
nen recogida  para  ello,  é  pénenle  sus 
hilas  blancas  y  engima  sus  paños  blancos 
é  limpios ,  é  no  de  camisa  de  muger.  É 
sanan  de  llagas  (que  por  gierto  yo  las 
he  visto  sanar  desta  forma)  tales  que  se 
tenian  ya  por  incurables ,  por  ser  muy 
viejas  é  muy  enconadas  y  denegridas 
que  ya  paresgian  mas  de  espegie  de  cán- 
ger  é  de  Sanct  Lágaro,  que  otra  cosa. 
Para  mi  opinión  yo  tengo  por  muy  sancta 
cosa  esta  medegina  deste  árbol  ó  palo 
sancto  que  digen. 


DE  INDIAS.  LIB.  XVI.  CAP.  XYIII. 


491 


CAPITULO  XVIII. 

De  otras  partiouIaFÍdades  de  la  isla  de  Sanct  Johan ,  con  que  se  dá  fin  al  libro  décimo  sexto. 


M. 


Luchas  cosas  quedan  dichas  en  los  ca- 
pítulos pregedentes,  en  general  de  aques- 
ta isla  de  Sanct  Johan ,  é  muchas  otras 
referí  á  lo  que  tengo  escripto  de  la  isla 
Española.  Pero  ocurre  á  la  memoria  una 
gierta  goma  que  hay  en  aquesta  isla  de 
Sanct  Johan  que  nunca  lo  oy  de  otra 
parte  alguna,  é  informado  de  Johan 
Ponge  de  León  y  de  otras  personas  de 
honra  que  lo  pudieron  muy  bien  saber, 
digen  que  gerca  de  las  minas  que  llaman 
del  Loquillo ,  hay  gierta  goma  que  nasge 
en  los  árboles ,  la  qual  es  blanca ,  como 


sebo,  pero  muy  amarga,  é  sirve  para 
brear  los  navios,  mezclándola  con  ageyte, 
sin  otra  mixtura.  Y  es  muy  buena ,  por- 
que como  es  amarga ,  no  entra  en  ella 
la  broma,  como  en  la  brea  de  la  pez.  Los 
indios  y  aun  los  chripstianos  llaman 
en  aquella  isla  á  esta  goma  tabunu- 
co,  y  es  muy  exgelente  para  lo  que  he 
dicho,  quando  se  puede  aver  en  tanta 
cantidad.  É  con  esto  se  da  conclusión  á 
las  cosas  desta  isla  de  Sanct  Johan ,  has- 
ta el  presente  tiempo  é  año  de  mili  é  qui- 
quientos  é  treynta  é  cinco. 


Comienga  el  libro  dégimo  séptimo  de  la  Natural  y  general  historia  de  las  Indias, 
islas  y  Tierra-Firme  del  mar  Ogéano:  el  qual  tracta  de  la  isla  de  Cuba^  que  agora 
llaman  Fernandina. 


PROHEMIO 


JCiD  el  primero  viaje  que  el  almirante 
primero,  don  Chripstóbal  Colom,  hizo  á 
estas  Indias,  como  ya  lo  tengo  dicho  en 
otras  partes  desta  historia ,  la  primera 
tierra  que  descubrió  fueron  las  islas  Blan- 
cas, y  comengáronlas  á  llamar  assi,  por- 
que como  son  de  arena  paresgian  blan- 
cas; pero  el  almirante  mandó  que  se  11a- 
raassen  las  Princesas,  porque  fueron  el 
principio  de  la  vista  é  descubrimiento 
destas  islas  y  de  todo  lo  de  las  Indias.  É 
arribó  ala  que  llaman  Guanahani ,  que  es- 
tá en  medio  de  las  isletas  Blancas  ó  Prin- 
cesas ,  en  el  mes  de  noviembre  de  mili  é 
quatrogientos  é  noventa  y  dos  años  de  la 
Natividad  de  Jesu-Chripsto ,  nuestro  Re- 
demptor.  Esta  isla  de  Guanahani  es  una 
de  las  que  los  indios  llaman  de  los  Luca- 
yos ,  que  están  de  la  isla  de  Cuba  á  la 
parte  del  Norte  opuestas;  y  de  allípassó 
á  la  de  Cuba,  que  está  sessenta  leguas 
de  la  que  he  dicho.  Pero  porque  este  li- 
bro XVII  y  pressente  tractará  principal- 
mente desta  isla  de  Cuba ,  que  por  otro 
nombre  se  llama  la  Fernandina  (en  me- 
moria del  Cathólico  Rey  don  Fernando, 
quinto  de  tal  nombre  en  Castilla),  diré 


primero  sus  límites  é  assienfo ,  y  despnes' 
passaré  á  la  particular  historia  della.  Po- 
drán algunos  degir  que  ¿cómo  siendo  esta 
isla  descubierta  primero  que  la  Española 
é  que  la  de  Sanct  Johan ,  vengo  á  hablar 
en  ella  después  de  lo  que  tengo  escripto 
de  essotras,  quanto  mas  siendo  tan  gran- 
de é  tan  digna  de  no  ser  antepuesta  á 
ella  la  de  Sanct  Johan?...  Para  esto  diga 
que  la  verdad  es  que,  si  mi  intención  fuera 
hablar  primero  de  las  mas  orientales  é 
mas  veginas ,  ó  puestas  hágia  la  parle  de 
España ,  primero  avia  de  hablar  de  la  de 
Sanct  Johan  ,  que  está  mas  al  Oriente,  y 
después  de  la  Española ,  é  tras  ella  avia- 
de  escrebir  de  la  de  Cuba ,  ques  mas  ocgi- 
dental  que  todas ;  pero  yo  no  curé  desta 
orden,  porque  no  es  de  substangia,  ni 
tampoco  hage  al  caso  que  Cuba  fuesse 
descubierta  pocos  dias  antes  que  la  Es- 
pañola (que  los  indios  llaman  Hay  ti).  Pe- 
ro como  mas  fundamento  é  pringipal  po- 
blación de  las  de  chripstianos  é  mas  no- 
ble provingia  é  mayor  isla  que  todas  las 
que  hasta  agora  acá  se  saben  en  estas 
partes ,  hablé  primero  en  la  forma  é  par- 
ticularidades de  la  isla  de  llayli  ó  Espa- 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  PROHEMIO. 


4-93 


ñola,  y  después  en  la  de  Sanct  Johan  ,  é 
agora  escribiré  desta  de  CUiba ,  ques  la 
mas  occidental  de  todas  tres;  no  obstan- 
te que  yo  guardo  á  cada  una  dellas  la 
orden  é  verdad  de  su  descubrimiento, 
quando  vengo  á  hablar  en  ellas.  ¥  por- 
que los  que  tienen  letras  de  cosraogra- 
phia,  entiendan  mejor  su  sitio  é  límites, 
pomelos  conforme  á  los  grados  é  altura 
del  polo ,  para  que  mejor  é  mas  puntual- 
mente se  comprenda  su  assiento :  é  diré 
qué  pueblos  de  chripstianos  hay  en  esta 
isla ,  é  cómo  y  por  quién  fué  conquista- 


da é  pacificada ,  é  qué  gobernadores  ha 
ávido  en  ella ,  y  cómo  é  por  quién  desde 
aquesta  isla  se  descubrieron  Yucatán  y 
la  Nueva  España.  É  assi  mismo  se  dirá 
de  los  animales  é  pescados  desta  isla, 
y  de  las  grandes  culebras  é  serpientes 
que  alli  se  hallan ,  é  de  los  árboles  é 
plantas  assi  mesmo  ,  é  de  la  forma  de  la 
gente  natural  della,  é  de  algunos  ritos  é 
gerimonias  que  usan  en  su  ydolatria  y  en 
sus  matrimonios  é  manera  de  vivir,  é  de 
otras  particularidades  é  cosas  notables  de 
aquesta  isla. 


CAPITULO  I. 

De  la  descrip9ion  (fe  la  isla  de  Cuba  ó  Fernandina ,  por  las  alturas  é  grados  de  su  assiento  é  por  sus  aleda- 
ños mas  cercanos. 


Jjistá  la  isla  de  Cuba  de  aquesta  Isla  Es- 
pañola veynte  leguas ,  que  son  ochenta 
millas ,  á  razón  de  quatro  millas  por  le- 
gua. Desde  la  punta  ó  promontorio  que 
llaman  Maygí ,  que  es  lo  mas  oriental  de 
la  isla  de  Cuba  hasta  la  punta  ó  promon- 
torio de  Sanct  Nicolás ,  que  es  de  esta 
Isla  Española,  tiene  de  longitud  quassi 
trescientas  leguas  á  la  verdad,  puesto  que 
en  muchas  cartas  no  le  atribuyen  sino 
doscientas  é  veynte,  é  algunos  le  dan 
mas  é  otros  menos.  Pero  de  los  que  han 
andado  por  tierra  é  han  caminado  todo 
lo  que  hay  en  la  isla  de  longitud ,  dicen 
que  son  trescientas  leguas  ó  muy  pocas 
menos ,  segund  yo  lo  oy  muchas  veces  al 
adelantado  Diego  Velazquez,  que  fué  mu- 
chos años  alli  capitán  general  y  teniente 
de  gobernador  por  el  almirante :  y  lo  mis- 
mo oy  al  licenciado  Alonso  Guaco ,  que 
también  lo  fué  un  tiempo ,  y  ha  costeado 
é  andado  la  isla ;  pero  mas  largamente 
fuydesto  informado  del  capitán  Pamphilo 
de  Narvaez,  que  acabó  de  conquistar  es- 
ta isla  é  anduvo  por  toda  ella  mas  que 
otro,  é  mas  particularmente  la  vido.  É 
sin  estos,  otros  muchos  le  dan  trescientas 


leguas  de  longitud ,  é  de  latitud  tiene 
sesenta  é  cinco  leguas  donde  es  mas  an- 
cha ,  que  es  atravessando  desde  la  punta 
de  los  Jardines  á  la  punta  que  llaman  de 
Yucanaca.  Y  aun  aquesta  traviessa  no  es 
mucho  derecha  que  Norte  á  Sur:  antes 
participa  también  del  Sudueste  al  Nordes- 
te quassi  medio  viento.  En  todo  lo  demás 
por  la  mayor  parte  es  angosta ,  é  terna 
de  traviessa  ó  en  ancho  veynte  é  cinco 
leguas  ,  é  veynte ,  é  de  alli  para  abaxo 
menos,  porque  es  luenga  é  angosta.  La 
punta  de  Maycí  que  tiene  al  Oriente,  está 
en  veynte  grados  é  medio ,  é  la  parte  mas 
austral  della ,  que  está  á  los  Jardines  (que 
son  unas  islas  muchas  é  de  muchos  baxos 
peligrosos)  está  en  poco  mas  de  diez  y 
nueve  grados  de  la  línia  equinocial ,  á  la 
parte  de  nuestro  polo  ártico ,  y  la  parte 
de  aquella  isla,  que  es  á  la  vanda  del 
Norte  ó  Septentrión ,  está  en  veynte  é  dos 
grados  é  medio  en  la  punta  de  Yucanaca. 
Y  la  punta  de  Sanct  Antón,  que  es  la 
parte  mas  occidental  é  fin  de  la  dicha  is- 
la ,  está  en  veynte  y  un  grados  é  medio. 
Esto  que  es  dicho  es  su  assiento  é  verda- 
deros límites  desta  isla :  la  qual ,  como 


494 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


he  dicho,  de  la  parte  del  Levante  tiene 
aquesta  Isla  Española ,  é  por  el  Poniente 
la  tierra  de  Yucatán  é  de  la  Nueva  Espa- 
ña, que  son  provincias  ó  partes  de  la 
Tierra-Firme ,  é  de  la  parte  del  Mediodía 
tiene  la  última  é  mas  occidental  tierra  des- 
ta  Isla  Española,  en  todo  lo  que  discurre 
al  Poniente  la  punta  que  llaman  de  Sanct 
Miguel ,  que  otros  impropriamente  llaman 
cabo  del  Tiburón.  É  tiene  assimismo  al 
Sur  la  isla  de  Jamáyca ,  é  las  islas  que 
llaman  de  Lagartos ,  é  las  que  he  dicho 
de  los  Jardines ;  ó  por  la  parte  del  Norte 


tiene  las  islas  de  los  Lucayos  é  de  Btiüi- 
ni  é  la  provincia  que  llaman  la  Florida 
en  la  Tierra-Firme.  Estos  son  los  aleda- 
ños de  la  dicha  isla  de  Cuba  ó  Fernandi- 
na,  la  qual  por  la  mayor  parte  della  es 
toda  muy  áspera  é  montuosa  é  doblada 
tierra :  é  hay  en  ella  muy  buenos  ríos,  ri- 
cos de  oro  é  de  muy  buenas  aguas  é  mu- 
chas ,  é  hay  assi  mismo  muchas  lagunas 
y  estaños  dulces ,  e  algunos  salados ,  que 
por  evitar  prolixidad  no  escribo ,  por  pas- 
sar  á  las  otras  cosas  é  particularidades  de 
la  historia. 


CAPITULO    II. 

De  los  pueblos  prin9Ípales  de  la  isla  de  Cuba  ó  Fernandina ,  y  de  oirás  cosas  particulares  delíá. 


JLFe  suso  dixe  en  el  precedente  prohe- 
mio  deste  libro  XVII  cómo  el  primero  al- 
mirante, después  que  tocó  en  las  islas  de 
Bimini ,  passó  á  esta  de  Cuba ;  pero  en- 
tonces él  vido  poca  parte  della ,  é  vínose 
á  esta  Isla  Españolia,  discurriendo  por  la 
costa  de  Cuba  desde  el  puerto  de  Bara- 
coa, que  es  la  vanda  del  Norte  della  has- 
ta la  punta  de  Maycí>  que  pueden  ser 
doce  ó  trece  leguas :  la  qual  punta,  como 
se  dixo  en  el  capítulo  antes  deste,  es  la 
parte  mas  oriental  de  la  isla.  Pero  en  el 
segundo  viaje  que  el  almirante  hizo  des- 
de España  á  estas  partes ,  año  de  mili  é 
quatrocientos  é  noventa  y  tres,  vino  á 
esta  Isla  Española  derecho ,  é  fundó  la 
cibdad  de  la  Isabela,  de  la  qual  pobla- 
ción después  se  hizo  é  principió  esta  cib- 
dad de  Sancto  Domingo :  é  desde  aquella 
cibdad  Isabela  partió  con  dos  caravelas, 
con  intención  de  ver  qué  cosa  era  Cuba, 
é  fué  por  la  vanda  del  Sur ,  é  descubrió 
de  camino  la  isla  de  Jamáyca ,  de  la  qual 
se  hará  particular  mención  en  el  siguiente 
libro.  Assi  que,  tornando  á  nuestro  pro- 
póssito ,  salió  el  almirante  de  la  Isabela 
con  las  caravelas  que  he  dicho  é  con  la 


gente  é  bastimentos  que  le  páreselo,  é 
vido  en  su  viaje  la  isla  de  Jamáyca ,  que 
agora  se  llama  Sanctiago:  la  qual  está 
veynte  é  cinco  leguas  de  la  punía  de 
Sanct  Miguel  desta  Isla  Española ,  y  des- 
de aquella  hay  hasta  Cuba  á  la  parte  del 
Sur  otras  veynte  é  cinco  á  la  punta  de 
los  Jardines ,  é  bojó ,  segund  algunos 
afirman,  toda  la  isla.  Otros  dicen  que  no 
llegó  hasta  el  fin  della  ni  le  vido  el  cabo, 
é  que  desde  allí  se  tornó  á  esta  Isla  Es- 
pañola; pero  vido  de  Cuba  mucho  mas 
de  lo  que  avia  visto  el  año  antes,  en  el 
primero  descubrimiento.  Esta  isla  de  Cu- 
ba es  la  que  el  chronista  Pedro  Mártir 
quiso  intitular  Alpha ,  a ,  é  otras  veces  la 
llama  Johana ;  pero  acá  ninguna  isla  hay 
que  tales  nombres  tenga  ni  se  los  den 
chripstianos  ni  indios.  Antes  desde  algund 
tiempo  mandó  el  CathólicoRey  don  Fer^ 
uando  que  se  le  diesse  el  nombre  de  su 
Alteca,  y  él  mismo  la  intituló  Fernandina, 
por  la  propria  memoria  de  tan  sereníssi- 
mo  é  bien  aventurado  Rey ,  en  cuyo  tiem- 
po se  descubrió  ;  é  á  la  Española  llama- 
ron la  primera-  provincia  é  pueblo  que  en 
ella  ovo  de  chripstianos  Isabela  ,  por  de- 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  II. 


495 


vogion  e  memoria  de  la  sereníssima  é  Ca- 
thólica  Rey  na,  doña  Isabel. 

El  pringipal  assiento  é  pueblo  desta  is- 
la Fernandina  es  la  cibdad  de  Sanctiago, 
en  que  avrá  hasta  dogientos  veginos :  la 
qual  tiene  un  muy  hermoso  puerto  é  se- 
guro ,  porque  desde  la  boca  de  la  mar 
hasta  la  cibdad  hay  quassi  dos  leguas,  y 
entran  las  naos  por  pequeña  puerta  en  el 
puerto:  é  no  es  rio,  sino  brago  salado  de 
la  misma  mar ,  y  de  dentro  se  ensancha 
é  hage  muchas  isletas ,  é  pueden  los  na- 
vios estar  quassi  sin  amarras,  é  hay  gran- 
des pesquerías  entrestas  isletas  de  den- 
tro del  dicho  puerto.  Esta  cibdad  que  he 
dicho,  tiene  una  iglesia  cathedral ,  de  la 
qual  fué  el  primero  obispo  fray  Bernaldo 
de  Mesa ,  de  la  Orden  de  Sancto  Domin- 
go ,  y  después  del  lo  fue  un  capellán  ma- 
yor de  la  sereníssima  Madama  Leonor, 
hermana  de  la  (¡lessárea  Magostad ,  reyna 
que  fue  de  Portugal ,  é  agora  lo  es  de 
Frangía :  el  qual  obispo  era  assi  mismo 
délos  Predicadores,  y  era  flamenco.  Y 
el  tergero  obispo  fue  otro  religioso  de  la 
misma  Orden  de  los  Predicadores ,  muy 
reverenda  persona  y  predicador  de  la  ^es- 
sárea  Magostad ,  el  qual  se  llamó  fray  Mi- 
guel Ramirez.  Tiene  buena  renta  é  bien 


dotados  los  canónigos  é  dignidades  é  ca- 
pellanes que  sirven  la  dicha  iglesia. 

Otras  villas  hay  en  aquella  isla ,  assi 
como  la  villa  de  la  Habana ,  que  es  al  ca- 
bo de  la  isla ,  á  la  vanda  del  Norte ;  é  la 
villa  de  la  Trinidad ,  que  está  de  la  van- 
da del  Sur;  y  la  villa  de  Sancti  Spiritus, 
é  la  villa  del  Puerto  del  Príngipe ;  é  la 
villa  del  Bayamo ,  que  está  á  Ireynta  le- 
guas de  la  cibdad  de  Sanctiago.  Pero  ya 
en  estas  villas  hay  muy  poca  poblagion, 
á  causa  que  se  han  ydo  los  mas  veginos 
á  la  Nueva  España  y  á  otras  tierras  nue- 
vas; porque  el  offigio  de  los  hombres  es 
no  tener  sosiego  en  estas  partes  y  en  to- 
das las  del  mundo ,  é  mas  en  aquestas  In- 
dias ,  porque  como  todos  los  mas  que  acá 
vienen,  son  mangebos  é  de  gentiles  des- 
seos, é  muchos  dellos  valerosos  é  nes- 
gessitados ,  no  se  contentan  con  parar  en 
lo  que  eslá  conquistado. 

Tornemos  á  la  historia.  Estas  pobla- 
giones  que  he  dicho  son  las  que  hay  en 
la  isla  de  Cuba  ó  Fernandina.  Vengamos 
á  las  otras  particularidades,  y  en  espe- 
gial  se  diga  agora  lo  que  hage  al  caso  de 
la  conquista  é  pagificagion  della ,  porque 
con  mas  orden  se  progeda  en  lo  que  que- 
da por  degir. 


CAPITULO  III. 


De  la  conquista  é  pacifica9Íon  de  la  isla  de  Cuba  ó  Fernandina,  é  de  los  gobernadores  que  ha  ávido  en  ella, 
é  del  descubrimiento  primero  de  Yucatán,  de  donde  procedió  descubrirse  la  Nueva  España. 


Jl  oco  tiempo  antes  que  el  comendador 
mayor  de  Alcántara  ,  don  fray  Nicolás  de 
Ovando,  fuesse  removido  de  la  goberna- 
gion  de  aquestas  partes,  envió  con  dos 
caravelas  é  gente  á  tentar  si  por  via  de 
paz  se  podría  poblar  de  chripslianos  la 
isla  de  Cuba ;  é  para  sentir  lo  que  se  de- 
bía proveer,  si  caso  fuesse  que  los  indios 
se  pusiessen  en  resistengia.  Y  á  esto  en- 
vió por  capitán  á  un  hidalgo  llamado  Se- 


bastian de  Ocampo ,  el  qual  fue  á  aque- 
lla isla  é  tomó  tierra  en  ella;  pero  hizo 
poco,  é  no  desde  á  mucho  que  allá  esta- 
ba vino  á  gobernar  estas  partes  el  almi- 
rante segundo  destas  Indias ,  don  Diego 
Colom ,  y  el  comendador  mayor  se  fue  á 
España.  É  después  el  almirante  envió  á 
Cuba  por  su  teniente  á  Diego  Velazquez, 
natural  de  Cuellar,  que  era  uno  de  los 
que  á  estas  partes  vinieron  primero  con 


496 


HISTORIA  GENERAL  Y  INATüRAL 


el  almirante  viejo ,  don  Chripstóbal  Co- 
lora, en  el  segundo  viaje  que  acá  vino, 
año  de  mili  é  qualrogientos  é  noventa  y 
tres  años ;  é  aqueste  Diego  Velazquez  fue 
el  que  comenQÓ  á  poblar  é  conquistar  la 
dicha  isla  é  dio  pringipio  á  la  fundagion 
de  la  cibdad  de  Sanctiago  é  á  otras  vi- 
llas. Y  cómo  era  hombre  rico  é  so  avia 
hallado  en  la  primera  conquista  desta  Is- 
la Española ,  é  su  persona  estaba  bien  re- 
putada,  diósele  crédito  é  quedó  quassi 
absoluto  en  Cuba  é  comengó,  como  he 
dicho,  á  fundar  los  pueblos  de  suso  loca- 
dos, é  pagificó  aquella  isla  é  púsola  de- 
baxo  de  la  obediengia  real  de  Castilla ,  en 
el  qual  tiempo  se  higo  mucho  mas  riquís- 
simo.   Después  de  lo  qual  vinieron  los 
frayles  Hierónimos  que  el  cardenal  fray 
Frangisco  Ximenez  de  Cisneros,  gober- 
nador de  España ,  envió  á  esta  isla  é  cib- 
dad de  Sancto  Domingo ,  y  con  ellos  por 
justigia  mayor  al  ligengiado  Alonso  Cua- 
go,  como  en  otras  partes  queda  dicho;  é 
con  su  acuerdo  é  por  las  muchas  quexas 
que  avia  contra  Diego  Velazquez ,  fue  á 
le  tomar  residengia  el  ligengiado  Guago, 
en  nombre  del  almirante  don  Diego  Co- 
lora. Y  después  que  la  ovo  hecho,  que- 
dósse  assi  suspenso  de  la  gobernagion, 
pero  muy  rico  hombre :  é  residía  en  ella 
el  juez  de  residengia ,  que  era  el  hgen- 
giado  Guago,  porque  ya  quando  él  allí 
fue ,  ya  avia  hecho  él  residengia  en  Sáne- 
lo Domingo.  Pero  aunque  Guago  admi- 
nistró justigia  en  Cuba,  tampoco  faltó 
quien  se  quexasse  del  al  almirante,  por 
lo  qual  acordó  de  passar  en  persona  á 
ver  la  verdad ;  é  fueron  con  él  dos  oydo- 
res  de  aquesta  Audiengia  Real,  que  resi- 
de en  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo, 
que  fueron  los  ligengiados  Margelo  de  Vi- 
llalobos é  Johan  Ortiz  de  Matiengo;  pero 
quando  estos  llegaron,  averiguada  la  ver- 
dad ,  no  hallaron  tantas  culpas  en  ^uago, 
como  se  degian.  É  cómo  ellos  no  tenian 
comission  para  le  tomar  residengia ,  ni  él 


avia  ydo  allí  proveydo  por  esta  Audien- 
gia Real,  el  ligengiado  C^uago  no  higo  re- 
sidengia ,  porque  aunque  la  higiera,  fuera 
ninguna  é  la  avia  de  tornar  á  hager  en 
mandándolo  Su  Mageslad  ó  su  Real  Con- 
sejo de  Indias.  Pero  tomó  el  almirante 
las  varas,  é  con  aquellos  oydores  enten- 
dió en  otras  cosas  tocantes  á  la  reforma- 
gion  de  aquella  isla ,  y  el  almirante  vol- 
vió el  cargo  al  mismo  Diego  Velazquez, 
que  estaba  suspenso  desde  que  alli  avia 
ydo  el  ligengiado  Alonso  Guago.  Hecho 
aquesto  ,  el  almirante  é  los  oydores  que 
he  dicho  se  tornaron  á  esta  Isla  Española. 
Aquesta  buena  obra  é  las  que  mas  avia 
hecho  el  ahnir^nte  á  Diego  Velazquez  se 
las  pagó  desta  manera.  Que  cómo  él  avia 
pagificado  la  mayor  parte  de  aquella  isla, 
y  en  su  nombre  la  acabó  de  conquistar 
el  capitán  Pamphilo  de  Narvaez ,  buena 
persona  é  diestro  en  la  guerra ,  é  de  los 
primeros  pobladores  de  aquella  isla  (del 
qual  se  dirá  mas  en  su  l^jgar  adelante); 
pagífica  la  isla,  é  repartidos  los  indios 
por  mano  de  Diego  Velazquez^  sacóse 
mucho  oro ,  porque  es  isla  de  muy  ricas 
minas:  é  lleváronse  ganados  desta  Isla 
Española  é  hánse  hecho  alli  muy  bien  to- 
das aquellas  cosas  que  tengo  dicho  que 
se  han  aumentado  acá ,  de  árboles  é  plan- 
tas é  hiervas  é  de  lodo  lo  que  de  Espa- 
ña se  ha  traydo  ,  ó  desde  aquesta  isla  á 
aquella  se  ha  llevado.  Y  en  esto  dióse 
mucho  recabdo  Diego  Velazquez ,  é  cómo 
era  mañoso,  no  solamente  qneria  las  gra- 
gias  de  lo  que  él  hagia ,  pero  aun  de  lo  que 
la  tierra ,  por  su  propria  fertilidad ,  pro- 
dugia.  En  tín  que  la  isla  llegó  á  estar  muy 
próspera  é  bien  poblada  de  chripstianos 
é  llena  de  indios ,  é  Diego  Velazquez  muy 
rico:  é  tuvo  manera  é  tales  tergeros  á  par 
del  Rey  Gathólico,  con  la  amistad  que  con 
él  tenia  el  tesorero  de  esta  isla ,   Miguel 
de  Passamonte,  á  quien  se  le  daba  un 
gran  crédito ,  que  aunque  el  almirante 
quisiera  remover  del  cargo  á  Diego  Ve- 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  VIII. 


491 


tezquez  úo  pudiera.  É  assi  entró  por  su 
mauo  en  Cuba,  é  quedóse  por  mantene- 
dor con  el  offigio  aprobado  por  el  Rey; 
mas  todavía  en  nombre  é  como  teniente 
del  almirante. 

Después  de  lo  qual,  continuando  su 
gobernación  Diego  Velazquez ,  año  de 
mili  é  quinientos  diez  y  siete ,  armaron 
en  aquella  isla,  consuligengia,  para  yr  á 
descobrir  algunos  de  los  mas  antiguos 
conquistadores  della ,  que  fueron  Fran- 
cisco Hernández  de  Córdoba,  é  Chripsló- 
bal  Morante ,  é  Lope  Ochoa  de  Caygedo, 
é  fué  nombrado  por  veedor  un  Beroar- 
dino  Iñiguez.  Los  quales,  con  giento  é 
diez  hombres ,  llevando  por  piloto  princi- 
pal á  un  Antón  de  Alaminos,  con  tres  na- 
vios que  armaron  á  sus  proprias  despen- 
sas, se  higieron  á  la  vela  desde  el  cabo 
de  Sanct  Antón ,  que  es  lo  último  al  Oc- 
cidente de  la  isla,  é  corrieron  la  via  del 
Sudueste ,  que  es  el  viento  que  está  en- 
tre Mediodía  é  Poniente.  É  dende  á  seys 
dias  que  dieron  pringipio  á  su  navega- 
gion,  vieron  tierra,  é  avrian  andado  hasta 
sessenta  é  seysó  septenta  leguas:  é  aquella 
tierra  que  primero  vieron  era  de  la  pro- 
vingia  de  Yucatán,  en  la  costa  de  la  qual 
avia  algunas  torres  de  piedra  no  altas. 
Estas  son  las  mezquitas  é  oratorios  de 
aquellas  gentes  ydólatras  :  estos  edefigios 
estaban  assentados  sobre  giertas  gradas, 
las  quales  torres  estaban  cubiertas  de 
paja ,  y  en  lo  alto  de  algunas  de  ellas 
avia  verduras  de  árboles  de  fructa ,  pe- 
queños, como  guayabos  é  otras  arbole- 
das. Vieron  gente  vestida  de  algodón  con 
mantas  delgadas  é  blancas  é  con  gargi- 
llos  en  las  orejas  é  con  patenas  é  otras 
joyas  de  oro  al  cuello ,  é  también  con 
camisetas  de  colores ,  assi  mismo  de  al- 
godón ;  é  las  mugeres  cubiertas  las  cabe- 
gas  é  pechos ,  é  con  sus  naguas  é  unas 
mantas  delgadas,  como  velos,  en  lugar  de 
tovalla  ó  manto.  Entre  estas  gentes  se  ha- 
llaron cruges,  segund  yo  oy  al  piloto  que 

TOMO  I. 


he  dicho ,  Antón  de  Alaminos  ;  pero  yo 
téngolo  por  fábula,  é  si  las  avia,  no  piens- 
so  que  las  harian  por  penssar  lo  que  ha- 
gian,  en  hagerlas,  pues  que  en  la  verdad 
son  ydólatras,  y  cómo  ha  paresgido  por 
la  experiengia ,  ninguna  memoria  tenian 
ó  avia  entre  aquella  generagion  de  la  cruz 
ó  passion  de  Christo,  é  aunque  cruges 
oviesse  entre  ellos ,  no  sabrían  por  qué 
las  hagian;  é  si  lo  supieron  en  algund 
tiempo  (como  se  debe  creer),  ya  lo  avian 
olvidado. 

Tornando  á  la  historia  ,  assi  cómo 
estos  chripstianos  ovieron  lengua  des- 
tas  gentes,  é  vieron  que  la  costa  de 
aquella  tierra  era  grande ,  acordaron  de 
dar  la  vuelta  á  dar  la  nueva  de  lo  que 
avian  visto ;  porque  cómo  vieron  tan  po- 
blada la  tierra  é  tan  grande ,  no  se  atre- 
vió tan  poca  gente  á  quedar  en  ella ;  pero 
anduvieron  todavía  hasta  llegar  á  una 
provingia,  llamada  CampecAo,  donde  vie- 
ron un  lugar  de  hasta  tres  mil  casas  con 
gente  innumerable ,  que  sallan  á  la  costa 
maravillados  de  ver  tan  grandes  navios 
como  los  nuestros  ( puesto  que  eran  pe- 
queñas caravelas) ,  y  estaban  espantados 
assi  en  ver  la  forma  de  las  velas ,  como 
de  las  xargias  é  de  todo  lo  demás ;  y  mu- 
cho mas  quedaban  admirados  de  oyr  al- 
gunos tiros  de  lombardas ,  é  ver  el  humo 
é  olor  del  gufre:  todo  aquello  les  daba 
imaginagion  que  era  lo  mismo  que  los 
truenos  é  rayos  que  caen  de  las  nubes. 
Con  todo  esso,  salieron  algunos  chrips- 
tianos en  tierra,  é  higiéronles  fiesta,  mos- 
trando plager  de  los  ver ,  é  truxéronles 
de  comer  muchas  é  muy  buenas  aves, 
que  son  no  menores  que  pavos  é  no  de 
menos  buen  sabor,  y  otras  aves,  assi 
como  codorniges ,  é  tórtolas ,  é  ánades, 
é  ánsares ,  é  giervos ,  é  liebres ,  é  otros 
animales.  Pero  porque,  quando  se  hable 
particularmente  desta  Tierra-Firme ,  se 
dirán  todos  los  géneros  de  animales  é 
aves,  passemos  á  lo  demás.  Este  lugar 

63 


498 


HISTORIA  GENERAL  Y  iNATURAL 


ó  pueblo  que  he  dicho,  le  puso  nombre  el 
capitán  Frangisco  Hernández,  é  se  nom- 
bró el  Cacique  de  Lágaro  ( porque  el  dia 
de  Sanct  Lágaro  allegaron  los  chripstia- 
nos  á  aquesta  tierra),  á  denotar  que  como 
Christo  nuestro  Salvador  resusgitó  á  Lá- 
zaro, assi  yban  los  chripstianos  con  su 
sagrada  fé  á  despertar  é  resusgitar  estas 
gentes  de  muerte  á  vida ,  de  perdidos  á 
salvarlos  é  reducirlos  á  la  religión  chrips- 
tiana.  üe  alli  passaron  hasta  quinge  le- 
guas adelante  ,  y  llegaron  á  otra  provin- 
cia que  los  indios  llaman  Aguanil,  y  el 
principal  pueblo  della  se  dige  Moscobo, 
y  el  rey  ó  cagique  de  aquel  señorío  se  lla- 
ma Chiapoton.  É  penssaron  que,  como 
los  indios  que  be  dicho ,  no  les  hicieron 
mal,  antes  se  alegraron  de  su  venida, 
que  assi  lo  higieran  estos  otros ;  pero  no 
estaban  desse  paresger:  antes  no  querían 
que  los  chripstianos  saltassen  en  tierra, 
é  mostrábanse  feroges  en  manera  de  re- 
sistengia  con  sus  arcos  é  flechas ,  y  ellos 
pintadas  las  caras  é  frentes  de  colores  di- 
versas ;  é  penssaron  una  cautela  para  ma- 
tar á  los  chripstianos,  é  fué  aquesta.  Di- 
xéronles  que  entrassen  por  agua  (que  se 
la  pedian  los  nuestros);  pero  que  estaba 
lexos,  desviada  de  la  costa  dentro  en 
tierra ,  y  enseñábanles  el  camino  de  gier- 
tas  sendas  estrechas  é  sospechosas;  é 
cómo  vieron  que  los  chripstianos  rehusa- 
ron de  yr  adelante  por  el  agua,  é  sintie- 
ron que  eran  entendidos ,  comengáronlos 


á  flechar ,  é  los  españoles  se  defendieron 
animosamente  é  mataron  é  hirieron  algu- 
nos de  los  contrarios ;  pero  como  los  ene- 
migos eran  muchos ,  fuéles  forgado  tor- 
narse á  embarcar  y  mas  que  de  passo, 
porque  les  mataron  veynte  chripstianos 
é  hirieron  mas  de  otros  treynta  ;  é  assi 
mismo  fué  herído  el  capitán  Frangisco 
Hernández ,  é  si  adelante  passáran ,  nin- 
gún chripstiano  quedara  con  la  vida.  É 
assi,  como  mejor  pudieron,  se  recogieron 
á  los  navios ,  y  aun  con  mucho  trabajo  é 
con  la  pérdida  que  es  dicho.  Hecho  aques- 
to, se  tornaron  estos  primeros  descubrido- 
res de  aquella  tierra  á  la  isla  Fernandina, 
de  donde  avian  salido ;  é  aqueste  fué  el 
pringipio  de  se  descobrir  la  Nueva  España. 
Tornando  á  la  gobernagion  de  Diego 
Velazquez  é  otras  cosas  de  Cuba ,  poco 
hay  que  degir  demás  de  los  descubri- 
mientos é  armadas  que  el  gobernador 
Diego  Velazquez  hizo ,  é  que  me  paresge 
que  perdió  el  tiempo  é  la  hagienda  que 
avia  allegado,  para  hager  rico  é  de  buena 
ventura  al  marqués  del  Valle ,  don  Fer- 
nando Cortés,  como  se  verá  adelante  en 
el  discurso  de  la  historia.  Mas  porque  no 
tengamos  á  qué  volver  á  las  otras  cosas 
particulares  de  aquella  isla  é  de  su  ferti- 
lidad ,  brevemente  se  relatarán  en  el  ca- 
pítulo siguiente ,  pues  las  mas  dallas  es- 
tan  entendidas  por  lo  que  queda  dicho  y 
escripto  de  aquesta  Isla  Española  é  de  la 
de  Sanct  Johan. 


CAPITULO  IV. 

De  las  cosas  en  general,  é  de  la  rique9a  é  fertilidad  de  la  isla  de  Cuba  ó  Fernandina,  é  oirás  parliculari- 

dades  della. 


Lja  gente  de  la  isla  de  Cuba  ó  Fernan- 
dina es  semejante  á  la  desta  Isla  Espa- 
ñola ,  aunque  en  la  lengua  difieren  en 
muchos  vocablos ,  puesto  que  se  entien- 
den los  unos  á  los  otros.  El  Irage  es  el 


mismo  con  que  nasgen ,  é  no  son  ellos  ni 
las  mugeres  mas  vestidos  de  lo  que  está 
dicho.  La  estatura,  la  color,  los  ritos  é 
ydolatrías,  el  juego  del  batey  ó  pelota, 
todo  esto  es  como  lo  de  la  Isla  Española; 


DE  rNDÍAS.  LIB.  XVII.  CAP.  Vlll. 


499 


pera  en  los  casamientos  son  diferentes, 
porque  quando  alguno  toma  muger ,  si  es 
cacique ,  primero  se  echan  con  ella  todos 
ios  cagiques  que  se  hallan  en  la  fiesta ;  é 
si  es  hombre  pringipal  el  que  ha  de  ser 
novio,  échanse  con  ella  primero  todos 
los  principales ;  é  si  el  que  se  casa  es 
plebeyo,  todos  los  plebeyos  que  á  la  fies- 
ta vienen ,  la  prueban  primero.  É  después 
que  muchos  la  han  probado,  sale  ella  sa- 
cudiendo el  brago,  el  puño  cerrado  é  al- 
io, digiendo  en  alta  voz:  Manicato,  ma- 
nicato :  que  quiere  degir  esforgada  ó  fuer- 
te é  de  grande  ánimo,  quassi  loándose^ 
que  es  valerosa  é  para  mucho.  En  la  ma- 
nera de  se  gobernar  por  príngipes  ó  ca- 
giques ,  assi  mismo  son  de  una  forma ,  y 
en  otras  muchas  costumbres,  como  se 
dixo  de  la  Española ,  puesto  que  en  al- 
gunas cosas  pocas  sean  apartados  ó  dife- 
rentes ;  pero  en  general  son  conformes  y 
lo  mismo  en  sus  vigios  é  libídine ,  é  poca 
verdad  ó  ninguna ,  é  ingratos  j  é  no  quie- 
ren ser  mas  chripstianos  de  lo  que  estotros 
todos ,  aunque  el  chronista  Pedro  Mártir, 
informado  del  bachiller  Engiso,  dige  ma- 
ravillas de  la  devogion  é  conversión  de 
un  cagique  de  Cuba  que  se  llamó  el  Co- 
mendador, é  de  su  gente.  Yo  no  he  oydo 
cosa  de  aquello ,  aunque  he  estado  en 
aquella  isla ;  é  por  tanto  me  refiero  en 
esto  á  quien  lo  vido  ,  si  assi  passó.  Pero 
yo  lo  dubdo,  porque  he  visto  mas  indios 
que  el  que  lo  escrebió  ni  que  el  que  se  lo 
dixo ;  y  por  la  experiengia  que  tengo  de 
aquesta  gente,  creo  que  ningunos  ó  muy 
pocos  dellos  son  chripstianos  de  su  gra- 
do ;  é  quando  alguno  se  torna  chripstia- 
no  que  es  hombre  de  edad ,  es  mas  por 
antojo  que  por  gelo  de  la  fé;  porque  no 
le  queda  sino  el  nombre,  é  aun  aquel 
se  le  olvida  presto.  Possible  es  aver  al- 
gunos indios  fieles;  pero  yo  creo  que 
muy  raros. 

De  los  ganados  que  hay  en  Cuba  é  se 
truxeron  de  España,  hay  muchos  é  há- 


gense  muy  bien.  Y  de  los  árboles  de  Es- 
paña é  hortaliza  digo  lo  mismo ;  é  assi 
hay  aquellos  árboles  é  plantas  é  hiervas 
naturales  de  la  tierra  que  tengo  apunta- 
lado é  particularmente  dicho  desla  Isla 
Española ;  pero  hay  mas  en  Cuba  mucha 
cantidad  de  ruvia,  que  es  naturalmente 
produgida  é  de  aquella  isla  é  muy  bue- 
na. Hay  todos  los  pescados  é  animales 
insectos  ó  geñidos,  é  todas  las  otras  co- 
sas de  Hay  ti  ó  de  la  Isla  Española,  ex- 
geptoen  lo  de  los  agúcares,  porque  aun- 
que se  han  hecho  muy  bien  las  cañas  é 
se  haria  el  agúcar  como  acá,  no  se  han 
dado  á  ello ,  á  causa  de  estar  gerca  el  fin 
de  aquella  isla  de  la  Nueva  España;  é 
cómo  se  acabó  de  conquistar  la  isla,  lue- 
go se  fué  mucha  gente  de  lia  á  la  Nueva 
España ,  en  espegial  que  como  tengo  di- 
cho ,  desde  allí  se  hizo  el  primero  des- 
cubrimiento. Y  desde  alli  salió  la  segun- 
da armada  con  el  capitán  Johan  de  Gri- 
jalva ,  é  la  tergera  con  el  capitán  Hernan- 
do Cortés,  é  la  quarta  con  el  capitán 
Phamphilo  de  Narvaez,  é  todos  quatro 
por  mandado  del  teniente  Diego  Velaz- 
quez.  É  assi  quassi  se  despobló  la  isla  de 
Cuba,  é  acabóse  de  destruir  en  se  morir 
los  indios,  porlas  mismas  causas  que  fal- 
taron en  esta  Isla  Española ,  é  porque  la 
dolengia  peslilengial  de  las  viruelas  que 
tengo  dicho ,  fué  universal  en  todas  estas 
islas.  É  assi  los  há  quassi  acabado  Dios, 
por  sus  vigios  é  delitos  é  ydolatrías.  Sus 
areytos  é  cantares  son ,  como  en  esta  is- 
la; y  esta  manera  de  bayles  é  cantar  es 
muy  común  en  todas  las  Indias,  aunque 
en  diversas  lenguas.  Sus  camas  son  hama- 
cas de  la  manera  que  lo  tengo  dicho ,  é 
sus  casas  de  la  misma  forma  hechas  que 
atrás  quedan  pintadas  é  relatado.  El  ma- 
yor pecado  en  aquella  isla  era  hurtar, 
é  assi  castigaban  tal  delito ,  como  dixe 
atrás ;  y  su  religión  de  los  indios  de  Cu- 
ba es  adorar  al  diablo,  dicho  gemí.  La 
luxuria,  con  lasmugeres  tenían  porgea- 


500 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


tilega,  é  con  los  hombres  eran  abomina- 
bles sodomitas.  Casábanse  en  los  grados 
que  he  dicho ,  é  dexaban  las  mugeres 
por  pequeñas  causas,  é  las  mas  veges 
ellas  á  ellos;  algunas  méritamente,  por 
ser  ellos  contra  natura  inclinados ,  é  otras 
por  no  perder  ellas  tiempo  en  sus  vigios 
é  libídine.  Los  reyes  ó  cagiques  toman 
quantas  mugeres  quieren ,  é  los  otros  las 
que  pueden  dar  de  comer  é  sostener. 
Son  muy  grandes  pescadores  é  cagado- 
res  de  aves  é  de  pescados  con  el  pexe 
reverso ,  é  de  las  ánsares  bravas  con  las 
calabagas ,  como  se  dirá,  quando  se  trac- 
te  de  la  isla  de  Jamáyca.  Es  isla  de  muy 
buen  oro  y  háse  sacado  mucho  en  ella :  hay 
mucho  cobre  é  muy  bueno ;  porque  de- 
mas  de  ser  muy  averiguada  cosa,  puede 
aver  pocos  meses  que  un  Alonso  del  Cas- 
tillo, natural  de  Yepes,  tierra  de  Toleda, 
calderero ,  de  ginco  quintales  de  la  vena 
en  que  hizo  la  experiengia ,  sacó  tres: 
el  qual  degia  que  es  mejor  de  labrar  este 
cobre  que  todos  los  cobres  que  él  avia 
visto.  La  qual  vena  ó  minero  está  en  una 
sierra  á  tres  leguas  de  la  cibdad  de  Sanc- 
tiago. 

Volviendo  á  lo  demás,  digo  que  en 
esta  ista  los  mantenimientos  de  la  gen- 
te natural  della,  son  los  mismos  de  la 
Española,  é  tienen  la  misma  forma  en 
las  cosas  de  la  agricoltura ;  é  hay  todas 
aquellas  plantas  ,^  é  fructas  é  legumbres. 


É  ovo  los  animales  mismos  que  en  la  Es- 
pañola, de  quatro  pies ;  pero  también  hay 
al  presente  otros  que  son  mayores  que 
conejos,  é  tienen  los  pies  de  la  misma 
manera,  salvo  que  la  cola  es  como  de 
un  ratón,  larga  y  el  pelo  mas  derecho 
como  texon ,  el  qual  les  quitan  é  quedan 
blancos  é  buenos  de  comer.  Estos  se  to- 
man en  los  mangles  que  están  en  la 
mar ,  durmiendo  en  lo  alto ;  é  meten  la 
canoa  debaxo  del  árbol,  y  meneando  el 
árbol,  caen  en  el  agua,  é  saltan  lo  indios 
de  la  canoa  y  en  breve  se  toman  muchos 
dellos.  Este  animal  se  llama  guahiniqui- 
nax :  son  como  gorros  é  del  tamaño  de  una 
liebre,  de  color  pardo,  mixto  con  berme- 
jo. La  cola  poblada  é  la  cabega  como  de 
hurón,  é  hay  muchos  dellos  en  la  costa  de 
laislaFernandioa,  de  quien  aqui  se  tracta. 
Y  también  hay  otro  animal  que  llaman  atjre, 
tamaño  como  un  conejo ,  de  color  entre 
pardo  y  bermejo ,  y  es  muy  duro  de  co- 
mer; pero  no  los  dexan  por  esso  de  lle- 
var á  la  olla  ó  al  assador.  Hay  assi  mis- 
mo en  Cuba  los  mismos  pescados  que  en 
la  Española  é  las  mismas  aves  é  otras  que 
se  dixeron  ya  en  otro  lugar  é  proprio  li- 
bro. Es  tierra  templada;  pero  mas  fria 
que  no  esta  Isla  Española ,  porque  como 
he  dicho  donde  se  tracto  de  su  assiento 
é  límites,  está  la  parte  septentrional  della 
en  veynte  é  dos  grados  é  medio  de  la 
equinogial. 


CAPITULO  V. 

De  las  serpientes  ó  culebras  de  la  isla  de  Cuba  ó  Fernandiha. 


JcLn  la  isla  de  Cuba  hay  muchas  cule- 
bras é  de  muchas  maneras  é  diferengias 
é  lagartijas  é  alacranes  y  escolopendras 
é  abispas ,  é  todas  estas  é  sus  semejan- 
tes, segund  se  ha  dicho  de  la  Isla  Espa- 
ñola, en  los  libros  pregedentes.  Pero  en 
espegial  en  las  culebras  se  han  visto  en 


la  isla  de  Cuba  muy  mayores  culebras  6 
sierpes,  porque  se  han  muerto  algunas 
tan  gruesas  ó  mas  que  el  muslo  de  un 
hombre,  y  tan  luengas  conao  veynte  é 
ginco  é  treynta  pies  é  mas;  pero  son 
muy  torpes  é  mansas  é  no  enconadas ,  é 
cómenlas  los  indios :  é  halla nles  muchas 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  V. 


501 


ve^es  en  el  buche  seys  é  siete  é  mas  de       tragado  enteros,  aunque  son  mayores  que 
aquellos  animales  que  he  dicho  que  se      conejos, 
llaman  guahiniquinax ,  juntos,  que  han 

CAPITULO  VI. 

De  las  pelotas  redondas,  como'piedras  de  lombardas,  que  natura  produ9e  é  se  hallan  en  la  isla  de  Cuba  ó 

Fernandina. 


H 


[ay  un  valle  en  la  isla  de  Cuba  que  tu- 
ra quassi  tres  leguas  entre  dos  sierras  ó 
montes ,  el  qual  está  lleno  de  piedras  re- 
dondas, como  de  lombardas,  guijeñas,  é 
de  género  de  piedra  muy  fuerte ,  é  re- 
dondíssimas  en  tanta  manera,  que  con 
ningún  artifigio  se  podrian  hager  mas 
iguales  é  redondas ,  cada  una  en  el  ser 
que  tiene.  É  hay  de  ellas  desde  tamañas 
ó  menores  que  pelotas  de  escopetas;  é  de 
ahy  adelante,  de  mas  en  mas  grossor  cre- 
ciendo, las  hay  tan  gruesas  como  las  qui- 
sieren para  qualquier  artillería,  aunque 
sea  para  tiros  que  las  pidan  de  un  quin- 
tal, é  de  dos  é  mayores,  ó  de  la  grosseza 


que  las  quisieren.  É  hállanse  de  aquestas 
piedras  en  todo  aquel  valle,  como  minero 
de  ellas,  é  cavando  las  sacan,  segund  que 
las  quieren  ó  han  menester;  y  muchas 
dellas  están  assi  mismo  sobre  la  superfi- 
cie de  la  tierra ,  y  en  espegial  á  par  del 
rio  que  llaman  de  la  Venta  del  Contramaes- 
tre j  que  está  quinge  leguas  de  la  cibdad 
de  Sanctiago,  yendo  á  la  villa  de  Sanct 
Salvador  del  Bayamo ,  que  es  la  via  del 
Poniente.  Y  porque  de  suso  se  hizo  men- 
gion  del  minero  de  pez  que  hay  en  la 
isla  de  Cuba^  é  quiero  que  el  letor  quede 
mejor  informado  de  aquello ,  lea  el  capí- 
tulo siguiente. 


CAPITULO  VII. 

De  la  fuente  ó  minero  de  betún  que  hay  en  la  isla  de  Cuba  ó  Fernandiiw. 


EnlacostadelNortedelaislaFernan- 
dina  del  Puerto  del  Príngipe  está  un  mi- 
nero de  pez ,  la  qual  se  saca  en  lajas  é 
pedagos  de  muy  buena  pez  ó  brea ;  pero 
háse  de  mezclar  con  mucho  sebo  ó  agey- 
te ,  y  hecho  aquesto  es  qual  conviene,  pa- 
ra empegar  ó  brear  los  navios.  Yo  no  he 
visto  esta  fuente  ó  minero ,  aunque  he  es- 
tado en  aquella  isla ;  pero  es  muy  noto- 
ria cosa ,  é  súpolo  del  adelantado  Diego 
Velazquez ,  que  tuvo  mucho  tiempo  car- 
go de  la  gobernagion  de  aquella  isla ,  é 
súpelo  del  capitán  Pamphílo  de  Narvaez, 


el  qual  acabó  de  conquistar  la  isla ;  é  sd- 
pelo  de  los  pilotos  Johan  Bono  de  Que- 
xo  é  Antón  de  Alaminos ,  é  de  otros  caba- 
lleros é  hidalgos,  dignos  de  crédito,  que 
vieron  muchas  veges  la  misma  pez  ó  brea 
que  he  dicho  é  donde  ella  nasge:  é  todos 
la  aprobaban  por  buena  é  sufigiente  para 
brear  los  navios.  La  pez  della  he  yo  visto 
y  me  la  enseñó  é  dio  un  pedago  della 
Diego  Velazquez ,  que  yo  llevé  á  España 
año  de  mili  é  quinientos  é  veynte  y  tres, 
para  la  enseñar  allá. 

Esto  no  es  cosa  nueva  seeund  PHnio  •, 


\     Plin.,  lib.  lí,  cap.  d06. 


5(r2 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


pues  que  escribe  que  Aspháítide,  lago  de 
Judea,  produge  betún.  Y  en  un  pueblo 
ó  provincia  que  llama  Corambi  Plinio^ 
di^e  que  all¡  gerca  hay  una  fuente  de  be- 
tume.  Y  no  es  solo  Plinio  el  que  tiene  por 
possible  aver  fuentes  de  beturae ,  ó  las 
que  tengo  con  él  alegadas ,  pues  Quinto 
Curgio  *  áige  que  en  la  cibdad  de  Memí 
hay  una  grande  caverna  ó  cueva  donde 
está  una  fuente ,  la  qual  mirablemente  es- 
parce copia  grande  de  betún ;  de  mane- 
ra que  es  fágil  cosa  creer  que  los  muros 
de  Babilonia  pudiessen  ser  murados  de  be- 
tume,  segund  el  dicho  auctor  díge.  Parés- 
geme  que  por  estos  dos  auténticos  histo- 
riales tenemos  notigia  del  lago  Aspháítide 
é  de  las  fuentes  de  Corambi  é  de  Memí, 
que  son  tres  partes  donde  se  halla  este 
betún.  Mas  en  estas  nuestras  Indias  diré 
yo  de  otras  seys  fuentes  ó  mineros  que 
hagenlo  mismo:  una  de  las  quales  ó  mi- 
nero qwe  basta  tanto,  es  la  que  he  dicho 


que  hay  en  esta  isla  de  Cuba,  é  otra  que 
hay  en  la  Nueva  España ,  en  la  provin- 
cia de  Panuco,  cuya  betún  quieren  al- 
gunos degir  que  es  mejor  que  el  de  la 
isla  de  Cuba ;  y  otras  dos  fuentes  hay  de 
betún  en  la  proviugia  del  Perú,  en  la 
mar  Austral  de  la  Tierra-Firme,  en  la 
punta  que  llaman  Sánela  Elena,  y  aun 
la  una  destas  digeu  que  es  de  trementi- 
na :  la  quinta  fuente  está  en  la  isla  de  Cu- 
bagua,  de  otra  gierta  forma  de  belun;  y 
otro  lago  de  betún  está  en  la  provingia 
de  Veneguela ;  y  no  dexo  de  creer  que  se 
han  de  hallar  otras,  porque  la  Tierra- 
Firme  es  otro  medio  mundo.  Destas,  de 
que  se  ha  hecho  aqui  mengion ,  escrebiré 
mas  particularmente,  quando  se  tráete  de 
la  Tierra-Firme,  en  la  segunda  parte  des- 
ta  General  y  natural  historia  de  Indias  y  y 
en  el  siguiente  libro,  quando  se  escriba  de 
Cubagua ,  y  espegial  de  cada  una  en  la 
parte  que  está,  quando  della  se  tráete. 


CAPITULO  VIII. 

Del  segundo  descubrimiento  hecho  por  el  adelantado  Diego  Velazqucz ,  y  en  su  nombre  el  capitán  Johan 
de  Grijalva ,  desde  la  isla  de  Cuba  ,  de  9iertas  partes  de  la  llueva  España  é  sus  costas  é  algunas  islas  nue- 
vamente halladas. 


JLrespues  que  Diego  Velazquez ,  alcayde 
é  capitán  general ,  é  repartidor  de  los 
cagiques  é  indios  de  la  isla  Fernandina 
por  sus  Magestades ,  é  teniente  en  ella 
por  el  almirante  visorey ,  don  Diego  Co- 
lom,  supo  lo  que  por  el  capitán  Fran- 
cisco Hernández  é  sus  consortes  se  avia 
descubierto  de  Yucatán,  segund  atrás 
queda  ya  dicho ;  é  tuvo  algunas  lenguas 
de  indios  de  la  propria  tierra  (nuevamen- 
te descubierta) ,  acordó  de  enviar  una 
armada  con  el  capitán  Johan  de  Grijalva 
é  con  el  piloto  Antón  de  Alaminos ,  que 
avia  seydo  el  que  avia  halládose  en  el 
descubrimiento    del    capitán    Frangisco 


Hernández,  para  la  enviar  á  las  islas  de 
Yucatán  é  Cogumel,  é  Coslila  y  á  las  otras 
islas  á  ellas  comarcanas  (pero  Yucatán  no 
es  isla  ,  aunque  en  aquellos  pringipios 
penssaban  que  lo  era,  porque  no  es  sino 
parte  de  la  Tierra-Firme).  É  á  los  veyn- 
te  de  enero  del  año  de  mili  é  quinientos 
é  diez  y  ocho  eligió  por  capitán  desla  ar- 
mada á  Johan  de  Grijalva ,  é  por  tesore- 
ro á  Antón  de  Yillasaña;  ó  para  esto 
tuvo  ligengia  de  los  padres  Hieróuiraos 
que  gobernaban  estas  partes :  los  quales 
mandaron  que  fuesse  en  esta  armada ,  é 
por  veedor,  un  caballero  de  Segovia, 
mangebo,  llamado  Frangisco  de  Pcñalo- 


1     Plin.,lib.  VI,  cap.  29. 


2    Quinto  Curcio,  lib.  V. 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  VIII. 


^03 


sa ,  é  con  estos  se  juntaron  hasta  qua- 
renta  caballeros  é  hidalgos  é  otras  perso- 
nas en  este  número  :  é  á  los  veynte  y  dos 
de  aquel  mes  se  embarcaron  en  tres  ca- 
ravelas  é  un  verganrin  para  yr  al  puerto 
que  llaman  de  la  Malanra ,  que  es  en  la 
provingia  déla  Habana,  de  la  misma  isla 
de  Cuba  ,  para  recoger  alli  la  gente  toda 
que  avia  de  yr  en  este  viaje ,  demás  de 
la  que  es  dicho ,  é  para  se  proveer  de  los 
bastimentos  é  cosas  que  eran  nesgessa- 
rias  á  su  camino.  Llamábase  la  nao  ca- 
pitana Sancl  Sebastian,  é  avia  otra  del 
mesmo  nombre,  é  otra  caravela  se  dc^ia 
la  Trinidad  y  é  un  vergantin  llamado  Sane- 
iiago. 

Estos  quatro  navios  salieron  del  puerto 
de  la  cibdad  de  Sanctiago  á  los  veynte  é 
QÍnco  dias  del  mes  de  enero  del  dicho 
año ,  y  fueron  al  puerto  de  Boyúcar,  don- 
de recogieron  quatro  hombres  diestros 
en  la  mar ,  é  á  los  doge  de  hebrero  del 
mismo  año  llegó  esta  armada  al  puerto 
de  la  Malanga ;  é  alli  hizo  el  capitán  alar- 
de de  su  gente  á  los  siete  de  abril  en  la 
villa  de  Sanct  Chripstobal  de  la  Habana, 
é  ovo  entre  todos  giento  é  treynta  y  cua- 
tro hombres  de  nómina.  Y  en  tanto  que 
alli  estuvieron,  avian  enviado  el  vergan- 
tin delante ,  para  que  esperasse  los  otros 
navios  en  el  cabo  ó  punta  de  Sanct  An- 
tón ,  que  es  en  el  fin  de  la  isla  Fernan- 
dina ,  é  á  los  diez  é  ocho  dias  de  abril, 
juntada  toda  la  gente  que  de  unas  partes 
é  otras  de  la  isla  se  avian  allegado,  para  yr 
en  esta  armada,  el  capitán  general  Johan 
de  Grijalva   eligió   otros  tres  capitanes 
particulares  é  inferiores  á  él ,  y  estos  fue- 
ron Alonso  Dávila,  y  el  comendador  Pe- 
dro de  Alvarado  é  Frangisco  de  Monlejo. 
É  hízose  alarde  de  toda  la  gente  que  lle- 
vaban ,  é  halláronse  dosgientos  hombres 
de  nómina ,  assi  de  mar  como  de  tierra, 
entre  todos  los  que  yban ;  y  estos  se  em- 
barcaron en  los  tres  navios  que  se  dixo 
de  suso  y  en  otro  ,  nombrado  Sancta  Ma- 


ría de  los  Remedios  ;  assi  que  eran  quatro 
por  todos.  Y  un  martes  que  se  contaron 
veynte  dias  de  abril  del  año  ya  dicho  de 
mili  é  quinientos  é  diez  y  ocho,  salió  esta 
armada  y  gente  ya  dicha  del  puerto  de  la 
Malanga ,  para  yr  á  la  punta  ó  cabo  de 
Sancl  Antón ,  para  tomar  alli  el  vergan- 
tin que  avia  ydo  delante ;  hasta  la  qual 
punta  hay  septenta  leguas;  é  desde  alli  lle- 
vaban penssado  de  tomar  su  derrota  para 
la  isla  de  Sancta  Maria  de  los  Remedios, 
que  es  adelante  del  cabo  de  Sanct  Antón 
noventa  ó  gient  leguas  al  Sudueste,  quar- 
ta  al  Stir:  é  dióse  por  aviso  á  todos  los 
pilotos  por  el  pringipal  dellos  que  guiaba 
la  flota,  que  era  el  piloto  Antón  de  Ala- 
minos ,  que  para  conosger  la  isla  avian  de 
ver  delante  della,  dentro  en  la  mar,  tres 
isleos  blancos  de  arena  con  pocos  árbo- 
les. É  assi  cómo  congedieron  las  velas  al 
viento,  dióles  Dios  buen  tiempo,  y  el 
jueves  siguiente  llegó  el  armada  al  puer- 
to de  Carenas ,  que  es  en  la  misma  pro- 
vingia  de  la  Habana  ,  para  recoger  á  al- 
gunos que  se  avian  ydo  alli  á  embarcar, 
é  para  tomar  algunos  bastimentos  y  echar 
fuera  de  los  navios  giertos  indios  mansos 
de  los  de  la  isla,  que  avian  entrádose  en 
los  navios.  Hecho  aquesto,   luego  otro 
dia  siguiente,  veynte  é  tres  dias  de  abril, 
salió  el  armada  del  puerto  de  Carenas ,  é 
prosiguió  su  viaje,  y  llegó  á  la  punta 
del  cabo  de  Sanct  Antón  primero  dia  de 
mayo,  dia  de  Sanct  Phelipe  y  Sanctiago, 
á  hora  de  vísperas,  donde  pensaban  que 
estaría  el  vergantin ;  é  no  viéndole ,  sal- 
taron algunos  hombres  en  tierra  é  halla- 
ron colgada  una  calabaga  de  un  árbol,  é 
dentro  della  una  carta  que  degia  assi : 

« Los  que  aqui  vinieron  con  el  vergan- 
tin, se  tornaron  con  él,  porque  no  tenian 
que  comer.» 

Visto  esto,  acordaron  de  no  se  dete- 
ner ,  puesto  que  el  vergantin  les  hizo  mu- 
cha falta  en  las  cosas  que  adelante  subge- 
dieron;  y  encontinente  aquel  mismo  dia 


504 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


prosiguieron  su  camino    é   tomaron  su 
derrota,  segund  la  declaré  de  suso,  para 
la  isla  de  Sancta  María  de  los  Remedios. 
Y  el  lunes  adelante,  tres  dias  de  mayo, 
reconosQieron  tierra  é  vieron  una  costa 
llana  ,  con  un  edefigio  en  una  parte  della 
quadrado ,  á  manera  de  torre  ,  blanca  é 
baxa ,  la  qual  paresgia  que  tenia  un  cha- 
pitel, é  gerca  della  al  un  costado  se  mos- 
traba un  buhio  ó  casa  cubierta  de  paja,  é 
por  ser  dia  de  Sancta  Cruz,  se  le  puso 
nombre  á  esta  isla  Sancta  Cruz ,  á  la  qual 
los  indios  llaman  Cogumel.  É  assi  yendo 
corriendo  los  navios  por  la  costa  adelante, 
vieron   otro   edefigio  que  paresgia  otra 
torre,  como  la  primera ,  é  surgieron  á  dos 
leguas  de  una  punta  de  esta  tierra  en  una 
ensenada ;  é  poco  antes  que  el  sol  se  pu- 
siesse,  vino  hacia  los  navios  una  canoa 
con  ginco  indios,  é  pararon  desviados  de 
los  navios ,  é  mandó  el  capitán  general 
á  un  indio  que  él  llevaba,  natural  de  la 
isla  de  Sancta  Maria  de  los  Remedios, 
que  era  lengua ,  llamado  Julián  ( y  estaba 
en  poder  de  los  chripstianos  desde  el  pri- 
mero viaje  que  he  dicho  que  hizo  á  aque- 
lla tierra  el  capitán  Frangisco  Hernández, 
el  año  antes  desto ) ,  que  les  dixesse  que 
se  allegassen  á  las  caravelas  sin  temor 
alguno  y  les  darían  de  los  rescates  que 
traian ,  é  no  les  seria  hecho  desplacer  ni 
enojo  alguno.  É  assi  se  lo  dixo  la  lengua 
á  voges ,  porque  estaban  algo  lexos ;  pe- 
ro ellos  ni  respondieron  ni  quisieron  lle- 
garse á  los  chripstianos  :  antes  paresgió 
que  estaban  considerando  los  navios  é 
armada ,  é  desde  alli  se  tornaron  á  tier- 
ra. En  este  tiempo  paresgian  por  la  costa 
de  la  tierra  al  luengo  della  muchas  ahu- 
madas, á    manera  de  apergebimiento  é 
aviso  para  los  de  la  comarca ;  pero  por- 
que se  dixo  de  suso  que  se  les  ofresgian 
rescates,    el   pringipal   rescate   que  los 
chripstianos  llevaban  era  muy  buen  vino 
de  Guadalcanal;  porque  desde  el  primero 
viaje  hecho  por  Frangisco  Fernandez  se 


avia  sabido  que  los  indios  de  aquella  tier- 
ra son  inclinados  á  ello  y  lo  beben  de 
grado.  Y  no  digo  solamente  en  aquella 
tierra,  pero  en  las  mas  partes  de  las  In- 
dias que  están  descubiertas,  donde  una 
vez  lo  han  probado ,  lo  dessean  estas  gen- 
tes mas  que  cosa  alguna  que  los  chrips- 
tianos les  puedan  dar ;  é  lo  beben  has- 
la  caer  de  espaldas,  si  tanto  se  les 
diere. 

Otro  dia  siguiente ,  martes  quatro  de 
mayo>  vino  una  canoa  con  tres  indios ,  é 
llegó  gerca  de  las  caravelas,  y  mandó  el 
capitán  á  la  lengua  Julián  que  les  hablas- 
se,    y  assi  estuvieron  hablando  con  la 
lengua  y  ella  con  ellos ;  y  desde  á  poco 
vino  otra  canoa  con  otros  tres  indios ,  é 
juntóse  con  la  primera  é  continuóse  la 
plática ,  digiendo  el  Julián  lo  que  el  ca- 
pitán le  mandaba,  é  los  de  las  canoas 
respondiendo  é  replicando.   É  desde  á 
poco  la  una  destas  canoas  se  volvió  á 
tierra  y  quedó  la  otra ,  y  llegóse  junto  á 
la  nao  capitana ,  é  desde  la  proa  el  capi- 
tán les  mandó  dar  sendas  camisas  á  los 
tres  indios  con  una  vara ,  y  un  poco  de 
vino  en  una  botija ,  lo  qual  resgibieron 
de  grado,  y  entretanto  la  lengua  les  da- 
ba á  entender  que  los   chripstianos  no  le 
avian  de  hager  daño ,  ni  querían  sino  res- 
catar con  ellos  de  su  voluntad.   É  pre- 
guntáronles qué  tierra  era  aquella,  é  di- 
xeron  que  era  Cocumel,  la  qual  es  una 
de  las  islas  comarcanas  á  la  de  Sancta 
Maria  de  los  Remedios,  y  que  la  otra 
tierra  que  se  paresgia  hágia  la  parte  del 
Norte  ó  tramontana,  dixeron  que  era  Yu- 
catán, á  quien  los  chripstianos  llaman 
Sancta  Maria  de  los  Remedios.   Fuéles 
preguntado  por  la  lengua  si  sabian  adon- 
de estaban  dos  chripstianos  que  la  lengua 
Julián  degia  que  estaban  en  Yucatán  ,  y 
respondieron  que  el  uno  dellos  era  muer- 
to de  enfermedad  y  que  el  otro  estaba 
vivo.É  assi,  ydas  estas  canoas,  mandó  el 
capitán  que  los  navios  se  juntassen  á  la 


DE  INDIAS.  LIB.  XVll.  CAP.  VIH. 


i)05 


Ut>rra  lodo  lo  que  pudiessen,  é  assi  se 
hizo.  Estos  doschipstianos,  por  quien  pre- 
guntaban, avian  quedado  perdidos  en  el 
primero  descubrimiento ,  é  desseábanlos 
cobrar,  assi  por  su  salvación  dellos  mis- 
mos ,  como  porque  se  presumia  que  sa- 


brian  ya  algo  de  la  lengua  6  podrian  mu- 
cho aprovechar. 

La  isla  de  CoQumel,  ques  dicho,  está 
en  diez  y  nueve  grados  de  la  línia  equi- 
noQial  á  la  parte  de  nuestro  polo ,  e  ^er- 
ca  de  la  costa  de  Yucatán. 


CAPITULO  IX. 

Cómo  el  capitán  Johan  de  Giijalva  salló  en  tierra  de  la  isla  de  Co9umel  con  parte  de  la  gente  que  lleva- 
ba, y  de  lo  que  passó  en  el  primer  pueblo,  donde  lomó  la  possesion  por  Stis  Magestades  c  reynos  de  Cas- 
tilla, é  otras  cosas. 


Mi 


Liércoles  ginco  días  de  mayo  del  año 
de  mili  é  quinientos  é  diez  y  ocho,  el  ca- 
pitán general  Johan  de  Grijalva  hizo  que 
los  navios  botassen  fuera  las  barcas.  É 
hecho  assi ,  él  entró  con  sus  armas  en  la 
barca  de  la  nao  capitana  con  gierta  gen- 
te,  é  lo  mismo  higieron  los  capitanes  de 
los  otros  navios,  para  salir  en  tierra :  é 
llegadas  todas  quatro  barcas  á  la  costa, 
mandó  que  ninguno  saliesse  deltas  sin  su 
ligengia  é  mandado ,  é  assi  se  hizo ;  y  él 
solo  saltó  desde  su  barca  en  tierra  el 
primero,  é  hincóse  luego  de  rodillas  é  hi- 
zo una  oragion  breve  y  secreta  á  Nuestro 
Señor,  é  levantóse  luego  de  pies  é  mandó 
que  todos  los  que  yban  en  las  barcas  sa- 
liessen  dellas,  é  juntos  todos  en  un  cs- 
quadron ,  é  con  la  bandera  real  de  Espa- 
ña en  medio,  mandó  á  un  escribano,  lla- 
mado Diego  de  Godoy ,  que  leyesse  en 
alta  voz  un  escripto  que  el  capitán  tenia 
en  la  mano ,  en  el  qual  en  efeto  se  con- 
tenia cómo  el  capitán  Johan  de  Grijalva, 
en  lugar  é  por  mandado  de  Diego  Ve- 
lazquez ,  gobernador  é  capitán  de  la  isla 
Fernandina,  por  sus  Allegas,  avia  veni- 
do con  aquellos  caballeros  é  hidalgos  que 
estaban  pressentes  á  descobrir  las  islas 
de  Yucatán  é  Cogumel  é  Cigia  é  Gostila  é 
otras  á  ellas  comarcanas,  que  estaban  por 
descobrir;  é  que  pues  á  Nuestro  Señor 

avia  plasgido  de  averie  dexado   llegar  á 
TOMO  1. 


aquella  isla  que  era  una  de  las  sobredi- 
chas islas,  é  que  hasta  entonges  no  avia 
seydo  descubierta;  portante,  que  él  en 
lugar  de  Diego  Velazquez ,  y  en  nombre 
de  los  muy  altos  é  muy  poderosos  sere- 
níssimos  é  cathólicos,  la  reyna  doña 
Johana  y  el  rey  don  Carlos,  su  hijo, 
nuestros  señores,  reyes  de  Castilla  é  de 
León,  etc.,  é  para  su  corona  real  de 
Castilla  tomaba  é  aprehendía,  é  tomó  é 
aprehendió  la  possesion  é  propriedad  é 
señorío  real  é  corporalmente  de  aquella 
Cogumel,  é  de  sus  anexos,  é  tierras  é 
mares  é  todo  lo  demás  que  le  pertenesge 
ó  pertenesger  podría.  É  hizo  su  auto  de 
possesion  en  forma,  segund  lo  llevaba  or- 
denado, sin  con tradigion  alguna,  é  pidió- 
lo por  testimonio  al  escribano  que  he  di- 
cho ;  y  hechos  los  autos  de  possesion  é 
convinientes,  puso  nombre  á  la  isla 
Sancta  Cruz,  porque  en  tal  día  se  avía 
descubierto ,  é  á  la  punta  de  la  misma  is- 
la arriba  declarada,  mandó  llamar  Sanct 
Phelipe  é  Sanctiago.  Y  hecho  aquesto, 
quiso  yr  el  capitán,  con  la  gente  que  con 
él  estaba,  en  tierra  hágia  aquella  casa  que 
vieron  primero  en  la  punta  que  he  dicho; 
pero  no  pudo  ser ,  porque  era  tierra  ane- 
gadiga  en  partes ;  é  por  esto  quiso  yr  por 
el  agua ,  é  tornóse  con  la  gente  á  las  bar- 
cas ,  é  guiaron  puestas  las  proas  á  la  par- 
te de  la  casa ,  é  vídose  una  canoa  con 
64 


iKjSt 


30G 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


giertos  indios  que  yba  á  los  navios:  é 
por  saber  lo  que  querían,  dio  el  capitán  é 
sus  barcas  la  vuelta  á  la  mar ,  donde  es- 
taban sus  caravelas,  y  entró  en  la  capi- 
tana ,  é  ya  la  canoa  estaba  junto  al  cos- 
tado de  ella,  é  aun  algunos  de  los  indios 
dentro,  hablando  con  los  chripstianos ;  y 
assi  cómo  entró  el  capitán  le  presenta- 
ron una  vasija  de  miel ,  como  la  de  Espa- 
ña ,  aunque  algo  agrá.  Y  el  uno  de  aque- 
llos indios  degian  ser  cacique  ú  hombre 
principal ;  é  por  Julián,  la  lengua,  les  fué 
dicho  por  mandado  del  capitán  que  los 
chripstianos  eran  del  rey  de  España,  é 
que  venian  á  ver  aquella  tierra  que  era 
suya :  é  dábanles  de  comer  é  no  lo  qui- 
sieron ,  é  diéronles  otras  cosas  é  camisas 
é  otras  preseas,  é  tomáronlo.  Preguntá- 
ronles que  dónde  tenian  el  pueblo  :  que  lo 
queria  yr  á  ver  el  capitán  é  los  chripstia- 
nos; y  el  indio  pringipal  dixo  que  gerca 
estaba  de  alli ,  y  que  él  holgaba  dello: 
que  fuesse  á  lo  ver,  y  que  él  se  queria  sa- 
lir en  su  canoa  á  tierra,  é  que  alli  en  la 
costa  esperarla  al  capitán  é  á  los  crips- 
lianos,  para  los  llevar  á  su  pueblo.  É  que- 
dando assi  congertado,  la  canoa  se  fué ;  y 
el  capitán  y  la  gente  comieron  é  salieron 
luego  á  tierra ;  pero  no  hallaron  al  indio 
que  los  avia  de  guiar ,  y  aunque  estuvo 
la  gente  esperando  en  tierra,  no  vino.  Y 
determinados  los  chripstianos  de  yr  por 
giertas  sendas  que  acudían  á  la  costa  de 
la  mar,  para  ver  si  por  ellas  yrian  al  pue- 
blo ,  todas  yban  á  fenesger  en  giénagas  é 
pantanos  anegadigos  é  no  posibles  para 
su  propóssito ;  é  assi  dieron  la  vuelta  á 
los  navios  é  hizo  el  capitán  que  se  hi- 
giessen  luego  á  la  vela,  por  costear  la  isla 
é  ver  si  podrían  aver  notigia  de  algund 
pueblo.  É  vieron  por  la  costa  junto  á  la 
mar ,  algunas  casas  pequeños ,  puestas  á 
trechos  unas  de  otras  desviadas,  blancas 
é  tan  altas  como  la  estatura  de  un  hom- 
bre, poco  mas  ó  menos :  las  quales  segund 
después  paresgió  eran  casas  de  oragion. 


é  donde  los  indios  tienen  sus  ydolos,  en 
quien  adoran.  Estas  casas  eran  de  cal  é 
canto  bien  labradas ;  é  quassi  puesto  el 
sol,  yendo  los  navios  á  la  vela,  sevidoen 
la  costa  un  edeficio  grande  á  manera  de 
torre  ó  fortalega  é  mucha  gente  engima; 
é  ya  que  era  de  noche,  surgieron  los  na- 
vios un  tiro  de  piedra  de  mano ,  poco  mas, 
enfrente  de  la  torre,  é  paresgian  muchas 
lumbres  engendidas  gerca  de  la  torre;  y 
cómo  no  ovo  lugar  de  salir  á  tierra,  no 
se  entendió  en  mas  de  hager  muy  bien 
la  guarda  á  los  navios  toda  la  noche,  has- 
ta que  llegó  el  dia  siguiente.  É  assi  cómo 
esclaresgió,  vino  una  canoa,  jueves  seys 
de  mayo,  é  llegó  á  bordo  con  giertos  in- 
dios. El  capitán  les  hizo  degir  por  la  len- 
gua que  él  queria  salir  á  tierra  á  hablar 
al  cagique  é  ver  su  pueblo  é  darles  de  lo 
que  trayan  los  chripstianos  é  holgarsse 
con  ellos ,  si  lo  oviessen  por  bien :  é  res- 
pondieron que  holgaban  dello  é  que  el 
calachuni  (que  quiere  degir  rey  ó  cagi- 
que) avria  plager  dello  é  de  versse  con 
él.  É  assi  el  capitán  con  sus  quatro  barcas 
é  con  la  gente  que  pudo  caber  en  ellas, 
salió  á  tierra  é  se  desembarcaron  al  pié 
de  la  torre,  que  estaba  junto  al  agua  en 
la  costa :  la  qual  era  un  edeíigio  de  piedra, 
alto  é  bien  labrado.  En  el  gircuyto  tenia 
diez  é  ocho  gradas,  é  subidas  aquestas, 
avia  una  escalera  de  piedra  que  subia 
hasta  arriba ,  é  todo  lo  demás  de  la  tor- 
re paresgia  magigo.  En  lo  alto ,  por  de 
dentro,  se  andaba  alrededor  por  lo  hueco 
de  la  torre  á  manera  de  caracol ,  é  por 
de  fuera  en  lo  alto  tenia  un  andén,  por 
donde  podian  estar  muchas  gentes.  Esla 
torre  era  esquinada  y  en  cada  parte  te- 
nia una  puerta,  por  donde  podian  entrar 
dentro,  y  dentro  avia  muchos  ydolos; 
de  forma  que  este  edefigio  se  entendió 
bien  que  era  su  casa  de  oragion  de  aque- 
lla gente  ydólatra.  Tenian  alli  gierlas  es- 
teras, de  palma  hechas  lios,  é  unos  hue- 
sos que  dixeron  que  eran  de  un  señor  ó 


DE  INDIAS.  Llü.  XVII.  CAP.  IX. 


507 


ea(achuni  muy  principal.  En  la  cumbre 
d^sta  torre,  en  el  medio della,  estaba  otra 
torregilla  pequeña ,  de  dos  estados  en 
alto,  de  piedra  é  esquinada,  é  sobre  cada 
esquina  una  almena ,  é  por  la  otra  parte 
en  la  delantera  de  la  torre  avia  otra  es- 
calera de  gradas,  como  la  que  está  dicho. 
En  esta  torre  assi  mismo  hizo  el  capi- 
tán sus  autos  de  posesión ,  é  puso  sobre 
ella  la  bandera  real  de  España  é  tomó  su 
testimonio  é  puso  nombre  á  esta  torre 
Sanct  Jolian  Ante  Portam  Lalinam ;  é  lue- 
go vino  alli  un  indio  principal,  acompa- 
ñado de  otros  tres,  é  metió  un  tiesto  con 
brassa  é  con  giertos  perfumes  que  olian 
muy  bien.  Este  indio  era  viejo  á  tenia 
cortados  los  dedos  de  los  pies ,  é  echó 
muchos  perfumes  á  los  ydolos  que  dentro 
en  esta  torre  estaban,  é  degia  á  altas  vo- 
ges  gierto  cantar,  en  un  tono  igual,  é  dio 
al  capitán  é  á  los  otros  chripstianos  sen- 
das cañas,  que  en  poniéndoles  fuego  se 
quemaban  poco  á  poco,  como  pivetes,  é 
daban  de  sí  muy  suave  olor;  y  luego  den- 
tro en  la  torre  dixo  míssa  el  capellán  que 
yba  con  el  armada,  llamado  Johan  Diaz; 
digo  en  lo  alto  de  la  torre,  en  un  altar 
que  alli  se  hizo  sobre  una  mesa,  é  algu- 
nos indios  estuvieron  pressentes  ,  y  no 
poco  maravillados  hasta  que  la  missa  fué 
dicha.  Assi  cómo  fué  celebrado  el  culto 
divino  é  el  sagerdote  se  desnudó  ,  truxe- 
ron  los  indios  al  capitán  giertas  gallinas 
de  las  de  aquella  isla ,  que  son  grandes, 
como  pavos,  é  no  de  menos  buen  gusto, 
é  vasijas  de  miel,  é  se  lo  presentaron: 
el  qual  lo  resgibió  é  se  apartó  con  el  pres- 
sente  debaxo  de  un  portal  que  estaba 
gerca  de  la  torre,  armado  sobre  unos  pi- 
lares de  piedra ,  é  mandó  traer  algunas 
cosas  ,  é  hízoles  preguntar  por  Julián  la 
lengua,  si  tenian  oro  (al  qual  alli  llaman 
taquín),  é  si  lo  querían  rescatar  por  al- 
gunas cosas  de  las  que  alli  les  mostra- 
ron: é  dixeron  que  si,  é  trayan  unos 
guaniues  que  se  ponen  en  las  orejas  é 


unas  patenas  redondas  de  guanin,  é  di- 
xeron que  no  tenian  otro  oro  alguno  sino 
aquello.  Y  el  capitán  é  su  gente  entra- 
ron en  el  pueblo ,  que  estaba  ahy  junto  é 
avia  casas  de  piedra  é  lo  alto  dellas  cu- 
bierto de  paja ,  é  otros  edefigios  de  mu- 
chas maneras  de  piedra ,  algunos  moder- 
nos é  de  poco  tiempo ,  é  otros  algunos 
que  mostraban  antigüedad,  al  paresgcr 
muy  hermosos.  Y  estuvo  el  capitán  espe- 
rando al  cagique  para  le  hablar,  é  nunca 
vino  ni  paresgió ,  porque  dixeron  que  era 
ydo  á  rescatar ,  segund  la  lengua  Julián 
degia,  á  la  Tierra-Firme.  Esta  gente  al 
paresger  era  pobre  é  miserable;  pero 
porque  el  letor  entienda  qué  cosas  son 
guanines,  para  adelante  digo  que  son 
piegas  de  cobre  doradas ;  é  si  algund  oro 
tienen,  es  muy  poco  ó  ninguno. 

Tornando  á  la  historia ,  alli  se  vieron 
liebres  como  las  de  Castilla ,  é  junto  al 
pueblo ,  pero  pequeñas :  é  estando  mi- 
rando una  dellas,  é  junta  la  gente  de  los 
chripstianos  que  con  el  capitán  Johan  de 
Grijalva  avian  salido  á  tierra,  mandó  pre- 
gonar só  giertas  penas  que  ninguno  di- 
xesse  á  los  indios  á  qué  yban  los  chrips- 
tianos ,  salvo  que  se  los  remitiessen  al 
capitán  para  que  él  se  lo  dixesse ,  é  que 
ninguno  les  higiesse  mal  ni  daño ,  ni  los 
enojasse,  ni  burlasse  con  ellos,  ni  ha- 
blasseacon  las  mugeres,  ni  les  tomassen 
cosa  alguna  contra  su  voluntad ,  ni  res- 
catassen  con  algunos  indios ,  ni  resgi- 
biessen  dellos  cosa  alguna  ,  ni  diessen 
causa  á  alterarlos  é  ponerles  miedo ;  y 
que  si  supiessen  que  algund  indio  queria 
rescatar  oro ,  ó  perlas ,  ó  piedras  presgio- 
sas ,  ú  otra  cosa  alguna ,  lo  llevassen  al 
capitán  para  quél  higiesse  en  ello  lo  que 
conviniesse,  é  que  ningurid  chripstiano 
se  apartasse  de  su  bandera  ó  quadrilla, 
ó  de  donde  le  fuesse  mandado  que  esto- 
viesse ,  só  graves  penas.  É  publicadas  é 
pregonadas  estas  é  otras  ordenangas ,  é 
aviendo  hablado  largamente  con  la  gente: 


508 


HlSTOmA  GENERAL  Y  NATURAL 


de  aquel  pueblo  é  eiiseñádoles  su  resca- 
te, é  sabido  de  los  indios  que  no  tenían 
oro,  se  tornó  este  capitán  é  los  chrips- 
lianos  á  embarcar  en  sus  navios.  Estas 
ordenangas  ó  capítulos  é  pregón  no  eran 
solamente  para  lo  pressenle  ni  por  tiempo 
limitado,  sino  para  todo  lo  que  turasse 
su  oíligío  é  viaje  deste  capitán;  é  de  al- 
gunas cosas  destas,  assi  mandadas  é  or- 
denadas, no  plugo  á  todos  los  que  oyeron 
el  pregón :  antes  muchos  se  resabiaron 
é  quedaron  mal  contentos  del  capitán, 


por  la  regla  en  que  los  quiso  poner. 
Hay  en  aquella  isla  de  Cogurael  ( alias 
Sancta  Cruz)  muchas  colmenas,  como  las 
de  Castilla  ,  pero  menores,  é  mucha  miel 
é  gera.  Hay  xarales,  como  en  Castilla:  de- 
bían los  indios  que  avie  liebres ,  é  cone- 
jos, é  puercos,  é  venados,  segund  la 
lengua  Julián  lo  declaraba ;  pero  quanto 
á  las  liebres  ,  como  se  dixo  de  suso ,  los 
chripstianos  las  vieron  allí ,  é  assi  mis- 
mo la  miel  é  aquellos  pavos  ó  gallinas 
írrandes. 


CAPITULO  X. 

Cómo  el  capilan  Johan  de  Grijalva  é  su  armada  salieron  de  la  isla  de  Cocumei,  para  yr  á  la  isla  de  Sancta 
María  de  los  Remedios  ,  dicha  Yucatán ;  pero  no  isla,  como  estos  penssaban,  sino  Tierra-Firme  ;  c  lo  que 
les  intervino  de  una  india  que  se  vino  Iras  los  navios  para  la  cosía ,  la  qual  era  natural  de  la  isla  de  Jamáy- 
ca,  é  de  los  requerimientos  que  passaron  entre  el  capitán  é  el  piloto  mayor,  é  cómo  llegaron  al  pueblo  det 
cacique  Lácaro  ,  é  cómo  pelearon  con  los  indios  sobre  tomar  agua. 


íIlssí  cómo  se  embarcó  el  capitán  Johan 
de  Grijalva  é  la  gente  que  con  él  avían 
saltado  en  la  isla  de  Cogumel,  esse  mismo 
día  se  higieron  á  la  vela ,  é  comengaron 
á  correr  por  la  costa  de  aquella  isla  há- 
gia  la  parte,  donde  se  paresgia  la  tierra 
que  estos  llamaban  isla  de  Sancta  María 
de  los  Remedios.  É  por  serles  el  tiempo 
contrario  é  fallar  agua  á  los  navios,  se 
ovieron  de  tornar  á  donde  primero  esto- 
vieron  surtos,  gerca  del  pueblo  de  la  isla 
de  Cogumel,  llamado  Sanct  Johan  Ante 
Portam  Lalinam,  para  tomar  agua;  é  có- 
mo los  indios  vieron  tornar  los  navios  de 
los  chripstianos,  huyeron  todos  del  pue- 
blo é  dexáronle  vagio ,  con  temor  que 
ovieron ,  é  ninguna  cosa  dexaron  en  las 
casas,  salvo  algund  poco  de  mahíz  é  al- 
gunos ajes  é  mameyes  é  otras  cosas  de 
poco  ó  ningún  valor.  É  allí  se  tomó  toda 
el  agua  que  los  navios  ovieron  menester, 
de  giertos  xagueyes  ó  charcos  (que  son 
lagunajos  fechos  á  mano  é  pequeños) :  é 
tornada  el  agua,  se  tornaron  á  hager  á  la 
vela  los  navios,  é  yendo  por  la  costa  de 


esta  isla  de  Cogumel,  que,  como  es  di- 
cho ,  ya  se  llamaba  Sancta  Cruz,  un  mar- 
tes, onge  de  mayo ,  requirió  el  piloto  ma- 
yor, Antón  de  Alaminos,  al  capitán  Johan 
de  Grijalva  que  le  dexase  hager  su  ofíi- 
gio,  en  lo  que  tocaba  á  la  navegagion, 
pues  que  él  yba  por  piloto  mayor  del  ar- 
mada ,  só  gierlas  proteslagiones ;  y  el  ca- 
pitán respondió  que  era  contento  de  lo 
dexar  hager  su  offigio  en  todo  lo  que  el 
piloto  mandasse  y  dixesse,  que  convinien- 
te  fuesse  á  la  navegagion  de  aquella  ar- 
mada ,  exgepto  en  aquellas  cosas  que  el 
capitán  viesse  que  él  se  apartaba  ó  era 
fuera  de  lo  que  debía  hager.  Yendo  assi 
á  la  vela  este  dia ,  quedóse  atrás  una  ca- 
ravela ,  é  amaynó  las  velas  gerca  de  tier- 
ra ,  é  penssó  el  general  Johan  de  Grijal- 
va que  estaba  encallada ,  é  entró  luego 
en  la  barca  de  su  nao  capitana  con  los 
que  les  paresgió ,  é  fue  á  saber  qué  nes- 
gcssidad  tenia  aquel  navio.  É  cómo  lle- 
gó, dixéronle  los  del  navio  que  avían  vis- 
to un  chripstiano  desde  aquella  caravela, 
que  avia  venido  por  la  costa  mas  de  dos 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  X. 


509 


leguas  tras  ellos,  llamándolos,  é  que  por 
esso  avian  surgido  por  le  recoger.  El  ca- 
pitán, oydo  esto ,  fue  la  vuelta  de  tierra 
y  llegado  á  la  costa,  vido  quatro  chrips- 
tianos  desnudos  dentro  del  agua ,  y  con 
una  india  en  una  canoa ;  y  el  capitán  se 
alegró  mucho  penssando  que  eran  chrips- 
tianos  que  estaban  perdidos  en  aquella 
isla:  é  quando  á  ellos  llegó ,  halló  que  eran 
todos  de  aquel  navio  que  estaba  surto,  é 
degian  que  por  mandado  del  capitán 
Alonso  Dávila  avian  salido  en  socorro  del 
chripstiano  que  degian  aver  visto;  los 
quales  avien  salido  á  nado,  é  la  india 
que  con  ellos  estaba,  era  el  chripstiano, 
que  avien  penssado  que  lo  era ,  y  que  los 
venia  llamando  por  la  costa.  É  el  capi- 
tán recogió  estos  chripstianos  é  los  puso 
en  aquella  caravela ,  de  donde  avien  sa- 
lido á  nado ;  é  él  se  volvió  á  su  nao  ca- 
pitana ,  llevando  consigo  á  la  india :  la 
qual  dixo  que  era  natural  de  la  isla  de 
Jamáyca ,  é  que  avia  ydo  á  aquella  isla 
con  otros  indios ,  é  que  á  algunos  dellos 
los  avian  muerto  los  indios  de  aquella 
tierra,  é  los  que  dellos  avien  quedado,,  se 
avian  ydo  huyendo  no  sabia  donde;  é 
que  á  ella  la  avian  tomado  para  se  ser- 
vir della ,  é  que  como  avia  conosgido  los 
chripstianos,  se  avia  venido  en  pos  de  las 
caravelas,  porque  la  gente  de  aquella 
tierra  la  Iractaban  mal  e  no  quería  estar 
con  ellos. 

El  mismo  día  hizo  otro  requirimiento 
el  piloto  mayor,  Antón  de  Alaminos,  al 
capitán ,  en  que  dixo  que  él  no  estaba  ni 
venia  tal  para  que  pudiesse  dar  buena 
cuenta  del  cargo  que  llevaba,  ni  estaba 
para  ello ,  é  que  por  tanto  pedia  é  reque- 
ría que  lo  diesse  á  otra  persona  quien  él 
quisiesse ,  é  que  desde  entonges  se  disis- 
tia  del  cargo  do  piloto  mayor.  El  capitán 
le  dixo  é  respondió  que  ni  él  le  quitaba 
ni  queria  quitar  su  cargo  é  ofBgio :  antes 
le  degia  que  lo  higiesse ,  como  era  obli- 
gado, para  que  diesse  buena  cuenta  de 


sí  é  de  su  offigio ;  é  assi  en  requerimien- 
tos se  passó  parte  de  aquel  dia.  Desto 
avia  poca  nesgessidad  para  la  historia, 
porque  son  cosas  de  poca  substangia  y 
de  menor  sabor  para  el  que  lee ;  mas  son 
de  calidad  é  aviso  para  los  que  navegan 
é  tienen  cargo  de  alguna  armada  para 
aprender  á  sofrir ,  porque  es  gierto  que 
es  menester  mucho  juigio  é  pagiengia  pa- 
ra comportar  un  marinero  descomedido 
(de  los  quales  hay  mas  que  no  bien  cria- 
dos). Ved  que  propóssito  de  piloto,  y  en 
qué  tiempo  se  andaba  en  requerimientos: 
bien  pudiera  él  topar  con  capitán,  que  le 
ahorcara  de  una  entena.  Passemos  á  lo 
demás. 

Digo  que  llegado  el  siguiente  dia ,  se 
contaron  trege  de  mayo  y  era  dia  de  la 
Asgension ,  é  llegó  el  armada  á  una  bahía 
de  la  costa  de  Yucatán ,  é  paresgia  á  la 
vista  remate  ó  punta  de  la  tierra ,  é  en- 
traba entre  unos  baxos  é  isleos:  é  con 
trabaxo  entraron  los  navios  toando,  pens- 
sando hallar  salida ,  é  surgieron  porquel 
agua  á  cada  passo  era  mas  baxa ,  é  avia 
menos  fondo ;  por  lo  qual  el  piloto  ma- 
yor entró  en  una  barca ,  para  ver  si  avia 
salida,  é  no  le  paresgiendo  que  la  avia, 
ni  manera  por  donde  yr  adelante,  se  tor- 
nó al  navio  é  dixo  que  avia  poca  agua, 
é  que  en  algunas  partes  no  avíe  hallado 
sino  una  braga ,  é  que  penssaba  que  eran 
arragifes  que  llegaban  á  la  Tierra-Firme. 
Estonges  el  capitán  hizo  juntar  á  todos  los 
pilotos,  é  ávido  su  acuerdo,  todos  acor- 
daron que  lo  mas  seguro^  era  tornarse  por 
do  avian  ydo ,  é  que  era  mejor  bojar  la 
tierra  por  la  vanda  del  Norte.  A  esta  en- 
senada puso  nombre  el  capitán  la  Bahia 
de  la  Asgension,  porque  aquel  dia  era  su 
fiesta.  Otro  dia  siguiente,  quinge  de  ma- 
yo, salieron  los  navios  de  aquella  bahía, 
volteando,  é  surgieron  gerca  de  unos  ar- 
ragifes ,  porque  sobrevino  la  noche ;  y  el 
domingo  siguiente  acabaron  de  salir  de 
aquellos  baxos  con  harto  trabajo ,  é  fue- 


5ia 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


ron  su  camino  por  la  costa  de  Yucatán. 
É  el  lunes  siguiente  en  la  tarde  paresQió 
una  punta,  en  que  avia  dos  edefigios,  co- 
mo torres ,  la  una  muy  ancha ,  é  la  otra 
de  manera  de  humilladero,  como  un  cha- 
pitel sobre  quatro  pilares,  é  muy  blan- 
cos: é  también  avia  otros  edeíigios,  é  to- 
da la  tierra  de  hasta  alli  era  llana,  é  den- 
de  en  adelante  alta ,  é  surgieron  los  na-- 
víos.  É  el  lunes  de  mañana ,  diez  y  siete 
de  mayo ,  passaron  adelante ,  é  á  la  no- 
che surgieron  tras  aquella  punta,  y  el 
martes  siguiente  continuaron  su  navega- 
ción costa  á  costa ,  é  gerca  de  tierra  ,  é 
vieron  un  ancón,  como  bahía,  que  pares- 
gia  que  hagian  dos  islas.  Y  el  miércoles 
siguiente,  diez  é  nueve  de  mayo,  par- 
tieron de  alli  é  caminaron  hasta  el  vier- 
nes siguiente ,  veynte  é  uno  del  mes ,  é 
á  medio  dia  llegaron  á  una  punta  llana 
que  se  hagia  en  la  tierra ,  é  anduvieron 
aquel  dia  é  la  noche;  é  otro  dia,  sábado 
}wr  la  mañana ,  víspera  de  Pasqua  del 
Spíritu  Sancto ,  surgieron  á  par  de  unas 
playas  de  arena ,  é  alli  el  piloto  mayor 
desconoció  la  tierra ,  é  dixo  que  el  pue- 
blo de  Lácaro  quedaba  atrás  diez  ó  doge 
leguas,  é  que  alli,  donde  estaban,  era  el 
pueblo  de  Ghampoton,  donde  avien  muer- 
to la  gente  al  capitán  Francisco  Fernan- 
dez el  año  antes,  en  el  primero  descubri- 
miento desta  tierra ;  é  que  dos  casas  que 
atrás  quedaban  en  una  punta  era  el  pue- 
blo de  Ghampoton.  É  porque  traian  ya 
grande  nesgessidad  de  agua  é  no  avia 
donde  la  tomar,  acordaron  de  tornar  atrás 
á  buscar  el  pueblo  de  Lágaro ,  é  si  no 
pudiessen  alli  tomarla,  que  se  tomasse  en 
Ghampoton ,   penssando  quel  piloto  ma- 
yor degia  verdad  :  é  assi  volvieron  atrás 
el  domingo  que  se  contaron  veynte  é  tres 
dias  de  mayo ,  primero  dia  de  Pasqua  del 
Spíritu  Sancto ;  é  aviendo  andado  bien 


seys  leguas  airas,  hallaron  los  pilotos  que 
no  hagian  buen  camino  y  quel  piloto  ma- 
yor se  eogañaba ,  e  que  el  pueblo  de  Lá- 
garo  estaba  adelante,  y  que  no  avien  bien 
reconosgido  la  tierra.  Y  el  piloto   mayor 
vino  en  conosgimiento  de  su  error ,  é 
dixo  que  era  verdad  lo  que  los  otros  de- 
gian;  é  dixo  mas,  quel  pueblo  de  Lágaro 
estaba  de  alli  quinge  ó  veynte  leguas  ade- 
lante: é  assi  el  lunes  siguiente  el  capitán 
y  el  piloto  mayor  é  el  escribano  se  pas- 
saron al  navio  que  se  degia  Sánela  Ma- 
rio, de  los  Remedios ,  porque  era  menor  ó 
pedia  menos  agua ,  é  por  se  poder  alle- 
gar mas  con  él  á  la  tierra:  é  aquel  dia 
en  la  tarde  surgió,  é  con  alguna  gente 
el  capitán  salió  en  tierra  á.  ver  si  hallaría 
agua,  porque  avie  dos  ó  tres  dias  que  la 
gente  bebia  vino  por  falta  della ,  é  no  la 
hallaron  sino  giénegas,  é  tornáronse  á  los 
navios.  Otro  dia,  martes  veynte  é  ginco 
de  mayo ,  salieron  de  alli  los  navios  en 
demanda  del  pueblo  de  Lágaro,  y  al  tiem- 
po quel  sol  se  entraba,  llegaroa  á  surgir 
junto  al  pueblo,  é  desde  los  navios  se 
veían  en  el  pueblo  é  por  la  costa  mucha 
gente,  é  toda  la  noche  oían  mucho  ruy- 
do ,  como  quien  estaba  en  vela ,  é  tañían 
alambores  ó  trompetas  ó  cosas  que  sona- 
ban, sin  se  poder  determinarlo  gíerto  de 
lo  que  eran.  Pero  essa  misma  noche  el 
capitán  apergibió  la  gente,  para  saltar  en 
tierra  antes  que  fuesse  de  dia ,  al  quarto 
del  alba,  por  poder  entrar  mas  sin  peli- 
gro ;   é   assi  puesto   en    vela ,   é  orde- 
nando su  salida,  toda  la  noche  con  muy 
gentil  ánimo  é  voluntad  para  lo  quesub- 
gediesse,  eslovieron  esperando  el  tiem- 
po é  la  hora  para  se  desembarcar,  cómo 
les  fuesse  dada  la  señal  por  el  capitán^, 
todos  á  punto  de  guerra,  como  gente  que 
penssaban  aver  menester  las  manos  é  las 
armas. 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  GAP.  XI. 


bH 


CAPITULO  Xí. 

Cómo  el  capilan  Juhan  de  Grijalva  é  los  oíros  capitanes  é  gente  de  la  armada  saltaron  en  tierra  á  par  del 
pueblo  del  cacique  Lácaro ,  é  de  las  cosas  que  passaron  allí  sobre  tomar  agua  para  los  navios ,  é  de  la  ba- 
talla que  ovieron  con  los 'indios  y  gente  de  aquella  tierra. 


iTAiércoles ,  veynte  é  seys  días  de  mayo 
de  mili  é  quinientos  é  diez  é  ocho,  quas- 
si  dos  horas  antes  que  fuesse  de  dia  ,  al 
quarto  del  alba,  el  general  Johan  de  Gri- 
jalva se  embarcó  en  el  batel  de  la  nao 
capitana  con  toda  la  gente  que  pudo  ca- 
ber en  él;  é  mandó  que  los  otros  capita- 
nes particulares  de  los  otros  navios  hi- 
giessen  lo  mismo  en  sus  barcas  con  toda 
la  gente  que  en  ellas  cupiesse  ,  é  assi  sa- 
lieron en  tierra  lo  mas  secreto  y  sin  ruy- 
do  que  les  fué  posible,  é  sacaron  tres 
piezas  de  artillería,  é  muy  congertada- 
mente  sin  ser  sentidos  salieron  junto  á 
una  casa  que  estaba  en  la  costa.  Pero  íiq- 
les  que  los  chripstianos  saltassen  en  tier- 
ra, salieron  ciertos  indios  de  á  par  de 
aquella  casa  ,  é  passo  á  passo  se  fueron 
hágia  su  pueblo  junto  á  la  mar,  callando, 
y  paresgian  ser  muchos.  Salido  en  tierra 
el  general  Grijalva  é  los  otros  capita- 
nes é  gente  junto  á  la  casa,  se  assenta- 
ron  dos  tiros  vueltas  las  bocas  hágia  don- 
de aquellos  indios  se  avien  ydo ,  é  pu- 
siéronse guardas  é  gentinelas ,  é  la  otra 
gente  estuvo  junta  é  muy  sobre  aviso,  en 
tanto  que  las  barcas  volvían  á  los  navios 
por  mas  gente.  Y  en  tanto  que  se  hagia 
de  dia  claro ,  paresgian  junto  á  la  mar 
hágia  el  pueblo  en  frente  de  donde  estos 
chripstianos  estaban,  un  batallón  de  mu- 
chos indios  hablando  unos  con  otros  no 
muy  alto ,  pero  bien  se  oyan :  é  quando 
quiso  amanesger  tornaron  los  bateles  é 
barcas  con  mas  gente  de  los  nuestros,  é 
desembarcados  se  juntaron  con  los  que 
avien  salido  primero.  É  luego  fué  de  dia 
é  se  vieron  mejor  los  indios,  los  quales 


eran  muchos  é  armados  todos  ,  unos  con 
arcos  é  flechas ,  otros  con  rodelas  é  lan- 
gas pequeñas ;  é  hagian  ademanes  é  mues- 
tras de  querer  acometer  á  los  chripstia- 
nos, é  amenagábanlos  é  señalaban  que 
se  fuessen  é  no  pasassen  adelante.  Estan- 
do assi ,  dixo  el  general  á  los  otros  capi- 
tanes y  á  todos  los  chripstianos  que  él  no 
venia  á  hager  mal  ni  daño  á  aquellos  in- 
dios ,  ni  á  otros  algunos  de  las  otras  is- 
las ,  ni  de  quantas  en  el  viaje  descubries- 
se,  ni  á  les  tomar  cosa  alguna  contra  su 
voluntad ;  é  que  á  este  efeto  avia  fecho 
pregonar  giertas  ordenangas ,  como  atrás 
quedó  dicho ,  segund  á  todos  les  era  no- 
torio ;  é  que  al  pressente ,  por  la  extre- 
mada nesgessidad  que  tenian  de  agua, 
avian  saltado  en  tierra ,  para  la  pedir  á 
los  Indios  del  pueblo  de  Lágaro  y  rogar- 
les que  se  la  dexassen  tomar  pagándos- 
sela  é  dándoles  por  ella  alguna  cosa;  de 
manera  que  ellos  quedassen  contentos, 
porque  aquella  gente  é  pueblo  no  se  al- 
terassen ,  ni  los  chripstianos  resgibiessen 
daño  en  la  tomar;  y  que  por  tanto  les 
mandaba  y  rogaba  é  requería,  só  las  pe- 
nas que  les  tenia  puestas ,  que  ninguno 
se  desordenasse  ni  saliesse  de  su  batalla 
á  hablar  ni  contractar  con  los  indios  ni  á 
otra  cosa  alguna,  sin  su  expresa  ligengia; 
porque  hagiéndolo  assi ,  se  haría  lo  que 
Sus  Allegas  mandaban ,  é  lo  contrario 
hagiendo,  incurrirían  en  las  penas  que  to- 
man puestas,  é  se  executarian  en  los 
transgresores  é  inobedientes  en  todo  y 
por  todo,  porque  de  otra  manera  no  se 
podría  efetuar  lo  que  todos  desseaban. 
En  tanto  que  este  ragonamiento  hizo  el 


512 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


general  á  su  gente ,  los  indios  perseve- 
raban en  sus  fieros  é  ademanes,  liagien- 
do  muestras  de  querer  pelear  y  acometer 
á  los   chriptianos.   Estonces  el  capitán 
mandó  á  la  lengua  Julián ,  que  era  na- 
tural de  la  misma  tierra,  que  llamasse 
los  indios  y  les  dixesse  que  él  ni   los 
chripstianos  no  venian  á  les  hager  mal 
ni  daño  alguno  ni  á  les  tomar  cosa  algu- 
na, sino  á  ser  sus  amigos  y  darles  de  lo 
que  traían.  Y  cómo  los  indios  lo  enten- 
dieron ,  salieron  algunos  dellos  de  entre 
la  otra  moltitud  y  llegáronse  hágia  los  es- 
pañoles muy  gerca ,  y  la  lengua  les  tornó 
á  degir  lo  mismo  que  es  dicho ,  é  que  los 
chripstianos  no  querian  entrar  en  su  pue- 
blo, si  ellos  no  holgassen  dello,  ni  que- 
rian sino  agua  para  la  gente  é  navios ,  é 
que  se  la  pagarían ,  é  que  assi  lo  dixes- 
sen  á  su  calachuni  (que  como  tengo  di- 
cho ,  assi  llaman  allí  al  rey  ó  cagique  ó 
señor  pringipal  de  todos).  É  luego  les  fué 
enseñado  algund  rescate  é  les  dixeron 
para  qué  era  cada  cosa  de  lo  que  assi  les 
mostraron ,  y  diéronles  algunas  cosas ;  é 
los  indios  respondian  que  su  calachuni  y 
ellos  holgaban  que  tomassen  agua,  mas 
que  tomada  se  fuesen  ,  y  que  ellos  tam- 
bién querian  ser  sus  amigos ,  mas  que  no 
querian  que  entrassenen  su  pueblo.  É  la 
lengua,  por  mandado  del  capitán,  replicó 
que  assi  se  haria ,  y  que  tomada  el  agua, 
se  embarcaría  con  su  gente;  y  entonges 
aquellos  particulares  indios  se  fueron ,  y 
con  las  manos  llamaban  á  los  chripstia- 
nos que  fuessen  en  pos  dellos.  La  casa 
que  he  dicho  era  blanca  y  de  piedra  bien 
edificada;  y  debia  ser  casa  de  oragion, 
porque  dentro  della  avia  giertos  gemís  ó 
ydolos,  en  que  aquellos  indios   adoran 
(que  todos  son  ydólatras).   Y  el  capitán 
general  mandó  á  un  clérigo  que  yba  en 
el  armada  que  dixesse  missa,  primero  que 
de  alU  pasasse :  é  assi  él  se  vistió  para 
gelebrar  é  dixo  missa,  la  qual  los  chrips- 
tianos oyeron  con  mucha  devogion  y  á 


vista  de  los  indios ;  é  después  de  acabado 
el  offigio  divino ,  movieron  el  general  é 
su  gente  passo  á  passo  en  buena  orden 
hágia  donde  los  indios  estaban ,  para  yr 
á  un  pogo  que  alli  avie  de  buena  agua, 
é  los  indios  hagian  señas  que  se  tornas- 
sen  y  no  pasassen  adelante ;  é  la  lengua 
Julián  les  degia  que  no  ,oviessen  temor, 
que  no  yban  sino  á  tomar  agua.  É  luego 
tornaron  á  degir  que  fuessen  ( segund  la 
lengua  degia ) ,  é  assi  llegó  nuestra  gente 
á  un  pogo  que  estaba  en  un  llano  peque- 
ño junto  á  la  costa  en  frente  del  pueblo, 
é  alli  assentaron  real  en  torno  del  pogo 
para  tomar  el  agua :  lo  qual  se  puso  lue- 
go por  obra  por  los  marineros  y  grume- 
tes que  la  sacaban ,  é  la  gente  bebia  de 
buena  gana,  porque  venian  con  mucho 
desseo  della,  por  la  falta  que  les  avia  he- 
cho. Y  por  entre  giertas  arboledas  é  bos- 
caje que  avia  entre  el  pueblo  é  aquel 
llano  paresgian  muchos  indios,  é  otros 
por  delante  de  los  árboles ,  armados  de 
sus  arcos  é  flechas  en  sus  carcaxes,  é  al- 
gunos de  aquellos  archeros  trayan  dos 
carcaxes  llenos  de  saetas :  otros  trayan 
rodelas  é  langas  pequeñas  é  cortas ,  é  por 
medio  de  los  cuerpos  trayan  muchas  vuel- 
tas de  vendas  ó  listones  de  algodón  tan 
anchos,  como  una  mano  (é  torgidos  que- 
daban tan  gruesos  como  el  dedo  pulgar 
de  la  mano):  y  trayan  dadas  al  cuerpo 
en  torno  de  la  persona  veynte  é  treynta 
vueltas  por  la  gintura ;  é  de  aquel  tal  gi- 
ñidero  pende  un  cabo  con  que  cubren 
sus  vergüengas ,  en  tal  manera ,  que  con 
fagilidad  pueden  sacar  después  sus  miem- 
bros para  orinar,  soltando  aquel  cabo  del 
geñidero ,  ó  para  hager  cámara ,  porque 
aquel  cabo  que  ponen  por  braga  viene 
por  la  horcajadura  entre  ambos  los  mus- 
los ,  desde  las  espaldas  al  vientre ,  á  dar 
una  vuelta  ó  atadura  en  las  otras  vueltas 
que  están  en  torno  del  cuerpo.  Esto  pens- 
saban  los  chripstianos  que  traían  en  lu- 
gar de  coragas  ó  armas  defensivas ;  pero 


DE  INDIAS.  Lm.  XVII.   CAP.  XI. 


hU 


no  es  sino  su  acostumbrado  hábito ,  y  el 
gentil -hombre  mangebo  destos  indios  mas 
vueltas  de  Reñidor  trae  de  la  manera  que 
es  dicho.  Verdad  es  que  peleando,  no  les 
pesada  tanto  que  la  saeta  ó  herida  diesse 
en  tales  ceñidores,  como  en  las  otras  par- 
tes de  la  persona ;  pero  todo  lo  demás  de 
los  cuerpos  traen  desnudo. 

Esta  gente  de  los  indios  estaban  por  la 
parte  de  engima  del  pueblo  y  por  baxo 
del  hasta  la  mar ,  que  era  todo  claro  y  no 
avia  monte,  y  tenían  hecha  una  paliza- 
da, á  manera  de  albarrada,  para  for- 
talesger  el  pueblo  por  aquella  parte  que 
esta  defensa  estaba :  la  qual  seria  de  al- 
tura de  un  estado  de  un  hombre  poco 
mas  ó  menos,  hecha  de  madera  ,  muy 
bien  puesta;  é  por  de  dentro  ó  de  la 
otra  parte  della  estaba  mucha  gente  de 
indios,  armados  de  la  forma  que  es  dicho, 
y  también  andaban  algunos  dellos  por  la 
parte  de  fuera.  É  comengándosse  á  tomar 
el  agua  é  henchir  giertas  pipas  della ,  de 
rato  en  rato  venían  indios  desarmados  al 
capitán  general,  é  habían  que  la  lengua 
Julián  dixesse  á  los  chripslianos  que  se 
fuessen ,  que  no  querían  que  estoviessen 
mas  allí;  é  el  capitán  hagia  que  les  res- 
pondiesse  la  lengua  que,  en  tomándose  el 
agua,  se  yrian ,  é  que  no  les  avian  deha- 
ger  mal  ni  enojo ,  é  que  assi  lo  dixessen 
á  su  calachuni ,  é  que  le  rogaba  que  vi- 
niesse  á  verle ,  que  le  quería  hablar  é  ser 
su  amigo  é  darle  de  lo  que  trahía.  É  con 
esto  se  tornaban  é  degían  que  yban  á  se 
lo  degir ,  é  vueltos  degian  que  luego  ver- 
nía  ,  é  que  tomassen  agua  é  se  fuessen 
los  chripslianos ,  é  paresgia  que  holgaban 
de  la  respuesta  de  los  nuestros ,  é  llega- 
ban á  mirar  á  los  chripstíanos  é  reíanse. 
É  trahian  algunas  fructas  de  las  que  tie- 
nen, é  tortillas  é  bollos  de  mahíz ,  é  otras 
cosas  de  comer ,  y  dábanlas  á  los  chrips- 
tíanos ,  y  en  trueco  desto  daban  ellos  á 
los  indios  algunas  conteguelas  de  vidro 

de  colores  é  otras  cosillas  do  poco  valor, 
TOMO  I. 


é  lo  resgibían  con  gran  gogo,  é  yban 
con  ello  corriendo  á  los  otros  indios  é 
se  lo  enseñaban  los  unos  á  los  otros,  co- 
mo maravillados  de  verlo ,  é  assi  torna- 
ban  otros   con  mas  cosas  de  comer  ó 
mahíz,  porque  les  diessen  de  aquellas 
qüentas;  y  al  son  de  un  tamborino  é 
flauta  que  en  el  real  de  los  chripstíanos 
se  tañia  ,  venían  muchos  dellos  é  mucha- 
chos á  verlo  tañer,  é  estaban  espanta- 
dos de  oyrlo ,  é  algunos  dellos  ovo  qne 
baylaron  al  son  de  la  flauta.  Pero  de  ra- 
to en  rato  no  cessaban  de  degir  que  se 
fuessen  los  chripstíanos ,  é  siempre  el  ge- 
neral con  la  lengua  les  daba  por  respues- 
ta que  tomada  el  agua,  se  yrian  ,  é  otras 
buenas  palabras,  por  no  los  enojar  ni  al- 
terar,  é  prometiéndoles  que  el  día  si- 
guiente se  yrian.  Y  en  esto  vinieron  gier- 
tos  indios,  y  en  ellos  degían  que  venia 
un  hermano  del  calachuni :  al  qual  é  á 
los  que  con  él  venían ,  les  hizo  degir  el 
general,  por  la  lengua  Julián,  cómo  en  los 
reynos  de  Castilla  avia  un  muy  podero- 
so rey  y  señor ,   cuyo  vasallo  él  era  y 
aquellos  chripstíanos ,  é  que  en  otra  isla 
que  se  degia  Haytí  avia  un  gran  señor  que 
se  degia  el  almirante ,  y  en  Tierra-Firme 
otro  ,  y  en  la  isla  de  Cuba  otro,  que  se 
decía  el  señor  Diego  Velazquez  (por  quien 
el  general  y  aquellos  chripstíanos  que  allí 
estaban,  venían  por  su  mandado);  y  que 
en  otras  muchas  islas  y  partes  avia  un 
gobernador,  gran  calachuni  ó  cagique, 
que  hagia  mucho  bien  y  mergedes  á  la 
gente  é  indios  de  todas  aquellas  tierras  y 
los  favoresgían  y  defendían  de  todos  sus 
enemigos :  é  que  los  tales  gobernadores 
é  almirante,  é  capitanes,  é otros  muchos 
señores  é  grandes  gentes  todos  eran  va- 
sallos del  gran  rey  de  Castilla ,  á  quien 
muchas  generagíones  sirven  é  obedesgen; 
y  que  él  á  todos  tiene  en  justígia  y  hage 
muchos  bienes  y  mergedes ,  y  que  assi  les 
haría  á  ellos,  si  querían  ser  sus  amigos  y 

vasallos  ;  y  que  si  algo  le  diessen  que  se 

65 


oH 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


lo  pagaría,  y  que  si  tenían  oro,  perlas  ó 
piedras  presgiosas  é  otras  cosas  buenas 
é  las  querían  rescatar ,  que  lo  truxessen 
é  se  les  daría  por  ello  otras  joyas  é  pre- 
seas que  los  chripslíanos  Irahían ,  é  mos- 
tróseles  muchas  cosas  de  rescate  para 
que  lo  viessen.  É  la  lengua  degia  que  res- 
pondían que  sí  traerían,  é  ybané  tornaban 
indios  é  no  trahían  nada,  salvo  unas  pa- 
tenas delgadas  redondas  de  cobre  dorado, 
que  se  las  tornaron  á  dar  é  les  dixeron 
que  aquello  no  era  oro  ni  valie  nada  ni 
las  querían  los  chripslíanos.  Por  manera 
(¡ue  de  quanto  truxeron,  ninguna  cosa  se 
les  tomó,  sino  una  patena  como  de  gua- 
nin ,  por  la  qual  se  dio  rescate ,  con  que 
fue  contento  el  que  la  truxo.  É  degían 
que  yban  á  llamar  al  calachuni  para  que 
hablasse  al  general,  pero  nunca  vino: 
antes  seyendo  ya  tarde,  después  de  me- 
dio día ,  comentaron  á  amenagar  de  nue- 
vo á  los  chripstianos  y  embragaban  sus 
rodelas  é  mostraban  que  querían  pe- 
lear contra  los  nuestros,  é  comengaron  á 
poner  saetas  é  flechas  en  los  arcos,  é  da- 
ban sílvos,  é  hagían  fieros  sin  les  aver 
dado  causa  alguna  ,  y  paresgía  que  que- 
rían comengar  á  pelear  muchas  veges  con 
denuedo,  é  el  general  con  la  lengua  pro- 
curaba de  los  aplacar,  é  requeríales  que 
no  comengassen  la  batalla  ni  otra  fuerga 
tentassen  contra  él :  que  otro  día  á  medio 
día  se  y  rían  los  chripstianos  todos.  Édí- 
giéndoles  esto ,  tornábanse  á  asegurar  por 
otro  poco  de  espagío. 

Los  españoles  estaban  atendiendo  pues- 
tos en  orden  de  batalla,  é  asestados  dos 
tiros  medianos  de  bronge  é  una  lombar- 
da de  hierro  hágia  los  indios  ,  é  dos  es- 
copeteros é  algunos  ballesteros ,  é  los  de- 
mas  españoles  tenían  espadas  é  rodelas, 
é  algunos  con  langas  ginetas  é  daragas, 
apergíbidos  é  sin  se  mudar  de  su  escua- 
drón. Desde  á  poco  tornaron  los  indios  á 
sus  vanas  ferogídades ,  y  fué  tanta  su  des- 
vergüenza é  temeraria  osadía  que  cobra- 


ron de  la  pagíengia  de  los  nuestros  é  de 
su  sufrimiento,  que  comengaron  á  tirar 
algunas  flechas  contra  los  chripstianos:  é 
los  capitanes  é  los  otros  soldados  degían 
que  ya  no  era  bien  que  tal  bellaquería 
é  descomedimiento  se  le  comportasse  á 
aquella  gente  bestial.  Y  el  general  los 
refrenó  é  hizo  estar  quedos  á  los  chrips- 
tianos ,  é  volvió  con  la  lengua  á  les  re- 
querir que  no  higiessen  mal  ni  tirassen, 
porque  sí  no  lo  hagían  assí,  los  chrips- 
tianos matarían  muchos  dellos,  é  que  no 
querían  sino  tomar  agua  é  yrse  otro  día 
luego ,  como  les  avia  dicho.  É  hizo  sus 
protestagíoncs  con  ellos,  acordándoles 
que  el  rey  mandaba  que  no  se  les  hí- 
gíesse  mal,  sino  fuessen  los  indios  los 
agressores  é  malos,  comengando  la  pelea; 
é  aun  tomó  testimonio  este  general  de 
sus  protestagiones  por  medio  é  ínterpre- 
tagion  de  la  lengua  Julián.  É  dicho  esto, 
estovieron  quedos  los  indios ,  é  se  re- 
truxeron  ya  puesto  el  sol ,  é  se  comen- 
garon á  yr  unos  en  pos  de  otros  á  sa 
pueblo ,  é  no  salieron  del  por  esta  noche; 
mas  velábansse  con  sus  atabales  é  alam- 
bores toda  la  noche,  é  oíanse  bogínas  é 
otro  son,  á  manera  de  trompetillas,  é  ha- 
gían otros  estruendos,  como  de  gente 
que  estaba  en  vela.  É  los  chripstianos 
pussieron  el  recabdo  que  les  convino 
para  su  guarda  é  vela ,  é  ordenadas  sus 
rondas  é  gintínelas,  como  gente  diestra 
é  apergebida,  passaron  aquella  noche,  sin 
gesar  poresso  el  exergigío  de  sacar  agua, 
porque  el  pogo  era  ruin  é  no  tenia  mu- 
cha ,  é  era  menester  espagío  para  hen- 
chir las  vasijas  é  llevarlas  á  los  navios. 
Otro  día,  jueves  veynte  é  siete  días  de 
mayo,  por  la  mañana  se  acabó  de  tomar 
el  agua  que  les  paresgió  que  bastaba 
á  los  que  tenían  cargo  della,é  los  indios 
comengaron  á  salir  del  pueblo  por  entre 
los  árboles  é boscaje,  é  por  la  albarrada 
que  es  dicho,  en  grand  número  dellos  y 
sin  comparagion  mas  muchos  de  los  que 


DE  INDIAS.  LIB.  XVIÍ.  CAP.  XI. 


513 


se  avian  visto  el  dia  de  antes  y  armados 
de  la  manera  que  está  dicho;  y  de  entre 
todos  salieron  dos  indios  é  comen^íaron 
á  señalar  con  las  manos  á  los  chripstia- 
«os  que  se  fuessen  de  alli  y  no  estovies- 
sen  mas  dó  estaban.  El  uno  de  aquellos 
indios  se  hizo  mas  adelante  con  una  lum- 
bre engendida  y  en  su  lengua  dixo  gier- 
tas  palabras,  y  púsola  sobre  una  piedra  é 
tornóse  atrás  para  los  otros  de  su  hues- 
te; y  el  general  Grijalva  preguntó  á  Ju- 
lián, la  lengua,  qué  cosa  era  aquello,  é 
dixo  que  era  guaymaro,  sahumerio  que 
ofresgian  á  sus  ydolos ,  á  quien  habían 
oragion  para  que  los  hi^iesse  victoiio- 
sos  contra  él  y  contra  los  chripstianos;  é 
que  assi  lo  acostumbraban ,  quando  que- 
rían dar  batalla  á  alguna  gente,  é  que 
en  acabándosse  de  arder  aquella  lumbre, 
comengarian  la  pelea  é  le  acometerían 
sin  falta, é assi  paresgió  por  la  obra  des- 
pués. El  general  mandó  á  la  lengua  que 
les  dixesse  que  no  lo  higiessen ,  pues  que 
él  no  les  avia  fecho  mal  ni  enojo  algu- 
no, ni  los  chripstianos,  é  que  estovies- 
sen  quedos ,  que  aquel  dia  en  la  tarde  se 
yria  con  su  gente;  é  assi  se  lo  requirió 
muchas  veges,  como  lo  avia  fecho  el  dia 
antes.  É  luego  vinieron  al  real  giertos  in- 
dios con  algunas  gallinas  é  las  dieron  al 
general,  y  él  las  resgibió  é  halagólos  é 
dixo  que  le  truxessen  mas;  que  él  se  las 
pagarla  todas  muy  bien.  Pero  estando  en 
esto,  se  acabó  de  arder  aquella  protesta- 
gion  del  fuego ,  é  se  comengaron  encon- 
tinenle  de  alterar  los  indios  que  estaban 
á  par  del  bosque  é  albarrada ,  y  los  que 
estaban  con  el  general  le  dexaron  y  se 
fueron  presto  á  los  oiros,  é  dieron  luego 
una  grita  grande  é  muchos  silvos ,  tirando 
muchas  piedras  é  flechas. 

De  aquí  se  notan  estas  cosas  que  ago- 
ra diré.  Lo  primero,  que  esta  gente, 
aunque  salvaje ,  viendo  entrar  en  su  tier- 
ra gente  extraña  é  con  mano  armada ,  no 
es  de  culpar  su  alteragiou ,  sino  de  loar 


su  sufrimiento,  é  ya  que  con  buenas  pa- 
labras é  por  la  industria  del  capitán  es- 
peraron á  que  los  chripstianos  tomassen 
el  agua,  prometiéndoles  que  otro  dia 
luego  siguiente  se  yrian ,  é  que  tomada 
é  llegado  otro  dia,  lo  diferian  para  la  tar- 
de, usaron  del  remedio  de  las  armas  pa- 
ra no  sufrir  contra  su  voluntad  los  hués- 
pedes que  no  conosgian  é  á  ellos  eran 
tan  nueva  manera  de  hombres.  Lo  segun- 
do ,  es  notable  cosa  aquella  protestagion 
del  sahumerio  inviolable,  pues  que  la 
lengua  avisó  que  sin  falta  acabado  de  ar- 
der aquel  fuego  ó  sacrifigio  fecho  á  sus 
dioses,  indubitadamente  comengaria  la 
batalla,  como  se  hizo.  El  general  hizo 
estar  queda  su  gente  é  mandó  que  nin- 
guno se  moviesse  hasta  quel  artillería  ti- 
rasse,  é  pidió  por  testimonio  que  él  se 
defendía,  porque  le  querían  ofender  aque- 
llas gentes  bárbaras  sin  causa.  É  hizo 
luego  llevar  de  alli  á  Julián,  lengua,  á 
los  navios ,  porque  no  se  perdiesse  ó  se 
fuesse ,  é  mandó  poner  fuego  á  los  tiros 
é  encontinente  arremetió  el  general  é  su 
gente,  llamando  á  Dios  y  al  apóstol  Sanc- 
Uago  contra  los  indios,  é  higiéronlos  re- 
traer hasta  los  meter  por  el  boscaje :  é 
queriéndose  retraer ,  porque  en  lo  espeso 
de  los  árboles  no  resgibiessen  daño  de 
las  flechas ,  cómo  algunos  españoles  suel- 
tos se  avian  entrado  en  lo  espesso  tras 
los  indios,  porque  no  peligrassen,  ovo  de 
tornar  el  general  á  los  socorrer  á  la  ar- 
boleda. É  alli  estovieron  revueltos  pe- 
leando con  ellos  y  ^  el  general  Johan  de 
Grijalva  salió  herido,  y  con  un  diente 
menos  y  otro  quebrado ,  y  aun  la  lengua 
algo  cortada  de  una  flecha  é  con  otras 
dos  heridas  en  las  piernas  ó  rodillas.  É 
sacaron  de  aquel  boscaje  muerto  un  com- 
pañero que  se  degia  Johan  de  Guetaria  é 
otros  muchos  chripstianos  salieron  heridos, 
porque  entre  los  árboles  los  indios  pelea- 
ban á  su  sabor  é  huian,  quando  les  conve- 
nia ,  é  si  no  fuera  por  el  artillería  y  cssos 


516 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


pocos  ballesteros  y  escopeteros  que  tenían 
Jos  nuestros  peligraran  mas  chripstianos, 
porque  no  se  podían  aprovechar  de  otras 
armas.  Y  créese  que  los  tiros  de  pólvora 
y  ballestas  higieron  mucho  daño  en  los 
contraríos  y  mataron  hartos  indios ,  de  los 
quales  no  se  pudo  saber  la  cantidad ,  aun- 
que vieron  caer  algunos,  sino  por  el  temor 
que  se  vido  en  ellos  se  entendió  su  tra- 
baxo;  y  no  es  de  maravillar  que  se  espan- 
tassen  los  que  nunca  avian  visto  ni  oydo  el 
artillería,  pues  que  á  los  que  la  tractamos 
y  á  quien  mejor  la  entiende,  mas  espanta. 
El  general  hizo  llevar  los  españoles 
heridos  á  los  navios,  y  él  quedó  en  tier- 
ra para  acabar  de  tomar  el  agua ,  por- 
que le  dixeron  que  era  menester  mas 
de  la  que  tenían,  é  hizo  tornar  á  ar- 
mar el  artillería  poca  que  tenia  á  paír 
del  pogo ,  é  paresgian  algunos  indios  á 
par  del  arboleda,  é  cómo  soltaban  al - 
gund  tiro,  todos  se  escondían.  Estando 
ya  el  sol  bien  baxo  salieron  giertos  in- 
dios desarmados  á  pedir  paz,  éel  gene- 
ral mandó  á  uno  de  su  compañía  que  les 
saliesse  al  encuentro  é  supiesse  que  que- 
rían ;  é  tornó  digiendo  que  le  paresgia 
q.uel  calachuni  quería  paz  é  que  no  to- 
viessen  enojo  los  chripstianos  con  ellos, 
é  quel  calachuni  quería  ser  su  amigo  é 
les  enviaría  de  comer  é  oro  é  vernia  á 
ver  al  general :  é  dicho  esto  (si  se  supo 
entender),  se  tornaron  los  indios,  é  otras 
dos  ó  tres  veges  salieron  aquellos  indios, 
(íígiendo  lo  mismo.  Estonges  el  general 
mandó  á  dos  hidalgos,  el  uno  llamado 
Antonio  de  Amaya,  é  el  otro  el  comen- 
dador Pedro  de  Alvarado ,  capitán ,  que 
fuessen  á  hablar  con  ellos  é  viessen  lo 
que  querían:  é  fueron  é  habláronlos,  é 
vueltos  al  general ,  truxo  el  capitán  Alva- 
rado una  máscara  de  palo,  dorada  por  en- 
gima  con  una  hoja  de  oro  delgada ,  é  di- 
xo  que  lo  que  avia  entendido  de  las  se- 
ñas de  los  indios  era  quel  calachuni  en- 
viaba aquella  máscara,  en  señal  de  paz, 


ó  quería  ser  amigo  del  general  é  de  los 
chripstianos  é  que  vemía  á  le  hablar  é 
traería  mucho  oro ,  é  toda  aquella  tarde 
no  hagian  sino  yr  é  venir  con  embaxa- 
das  los  indios :  las  quales  ni  los  que  las 
oyan  las  entendían,  ni  las  respuestas  de- 
Has  los  embaxadores ,  puesto  que  los  unos 
é  los  otros  hablaban ,  é  como  los  mudos, 
con  señas  se  esforgaban  á  dar  á  enten- 
der lo  que  cada  parte  degía. 

Después  desto,  el  general  mandó  queí 
Antonio  de  Amaya  y  el  escribano  Godoy 
fuessen  á  degirles ,  como  mejor  supiessen 
darlo  á  entender,  que  no  oviessen  miedo: 
é  llegaron  hasta  dentro  de  las  albarradas, 
é  paresgióles  que  degian  ó  daban  á  en- 
tender que  su  calachuni  quería  ser  amigo 
del  general  é  todos  esos  indios  querían 
la  mesma  amistad  con  los  chripstianos  é 
mostraban  mucho  temor,  é  algunos  dellos 
temblaban  é  degian  que  traerían  de  co- 
mer ,  é  oro  é  vernia  su  calachuni  á  hablar 
al  general;  é  á  estos  mensageros  los  ase- 
guraron por  señas  que  no  temiessen  é 
fuessen  al  real,  que  no  les  harían  mal 
alguno.  É  degian  los  indios  que  se  fues- 
sen con  ellos  estos  dos  españoles  é  les 
darían  de  comer,  y  ellos  tornaron  al  ge- 
neral, refiriéndole  lo  que  es  dicho. 

Acabada  de  tomar  el  agua,  se  pussie- 
ron  los  españoles  en  ordenanga  de  tres  en 
tres,  é  á  su  passo  acostumbrado, segund 
el  estilo  militar.  El  general  é  los  capita- 
nes é  gente  dieron  una  vuelta  en  torna 
del  pogo  por  aquel  llano,  é  fueron  has- 
ta la  casa  donde  el  día  antes  se  avian 
desembarcado ,  y  entraron  en  las  barcas 
la  gente  que  en  ellas  cupo  é  fueron  á  los 
navios ,  y  el  general  quedó  en  tierra  con 
los  restantes  hasta  que  volvieron  las  bar- 
cas, é  se  metieron  en  ellas  é  se  fueron  á 
sus  caravelas ,  é  ningunos  indios  salieron 
sino  pocos  hasta  el  pogo  é  de  allí  no  pas- 
saron;  y  quandoel  sol  se  puso,  todos  fós 
españoles  estaban  en  los  navios.  El  día 
siguiente  por  la  mañana  se  Iiígíeron  á  la 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  XI. 


51 


Ü1  / 


vela  á  buscar  algund  buen  puerto  para 
reparar  un  navio  que  hagia  mucha  agua, 
é  anduvieron  por  la  costa  hasta  el  lunes 
adelante,  postrero  de  mayo,  que  surgieron 
en  una  buena  bahia  entre  unas  isletas.  Y 
en  aquel  puerto  se  tomó  una  canoa  con 
quatro  indios  para  lenguas ,  porque  era 
de  la  misma  tierra  de  Yucatán,  donde 
estaban,  y  en  cada  navio  hizo  el  gene- 
ral poner  uno  dellos ,  y  el  que  paresgia  el 


mas  pringipal  dellos  quisso  que  estoviesso 
en  su  nao  capitana,  é  pusiéronle  nombro 
Pero  Barba  ( porque  á  todos  quatro  bap- 
tizaron por  mano  del  capellán  Johan 
Diaz  é  deste  fué  padrino  un  hidalgo  lla- 
mado Pero  Barba),  é  no  ovo  escándalo 
ni  alboroto  alguno  en  la  tomada  deslos 
indios,  porque  se  hizo  sin  que  los  de  la 
tierra  lo  supiessen. 


CAPITULO  XII. 

Que  Irada  del  assienlo  é  9ircunfercn9ia  de  la  tierra  que  eslos  descubridores  é  el  pilólo  Anión  de  Alaminos 
llamaron  isla  de  Yucalan  (é  por  otro  noml3re  Sánela  Maria  de  los  Remedios) ,  é  lo  que  el  chronisla  di^e  en 

ello ,  despaos  del  pares9er  deste  piloto. 


Oi  lo  que  aquí  se  dirá  de  la  cosmogra- 
phia  é  assiento  de  la  provingia  de  Yuca- 
tan  no  se  conformare  totalmente  con  fo 
que  se  dirá  adelante ,  no  es  de  maravi- 
llar; porque  estas  cosas  que  requieren 
medida  justa  é  experiencia  del  tiempo 
(para  que  muchas  veges  y  por  muchos 
se  entiendan),  no  se  pueden  de  una 
vez  assi  perfetamente  considerar  ni  en- 
tender ,  como  se  alcangan  después,  trac- 
tándose  la  tierra ,  y  con  mas  espagio  en- 
mendando é  perfigionando  lo  que  se  debe 
y  puede  degirse  con  verdad.  Mas  porque 
no  se  niegue  á  los  primeros  su  industria 
é  sus  méritos  queden  en  memoria ,  diré 
en  este  caso  lo  que  contenia  la  relagion 
que  estos  capitanes  é  piloto  llevaron  al 
adelantado ,  Diego  Velazquez  ,  la  qual  él 
envió  al  Emperador ,  nuestro  señor ,  y  es 
aquesta: 

El  dia  é  año  que  es  dicho ,  ante  el  ge- 
neral Johan  de  Grijalva  é  los  otros  capi- 
tanes ,  é  los  que  alli  se  hallaron ,  dixo  el 
piloto  mayor  desta  armada,  Antón  de  Ala- 
minos, estando  junto  á  la  mar  en  el  ancón 
ya  dicho (á  que  llamaron  Puerto  Desseado), 
en  tierra ,  que  él  avia  muy  bien  mirado 
lo  que  avia  bojado  de  la  isla  de_  Yucatán, 


desde  la  bahia  de  la  Asumpgion  hasta  el 
dicho  Puerto  Desseado  ,  donde  estaban, 
y  hallaba  que  desde  alli  á  la  dicha  bahia 
de  la  Asumpgion  podria  aver  de  travies- 
sa  hasta  veynte  leguas,  pocas  mas  ó  me- 
nos :  las  quales  dixo  que  no  podian  an- 
dar con  aquellos  sus  navios,  por  ser 
grandes ,  segund  la  dispusigion  del  agua 
baxa  para  lo  acabar  de  bojar ,  é  para  lo 
ver  y  andar  eran  menester  verganlines 
muy  pequeños  (para  esto  les  hizo  gran- 
díssima  falta  el  vergantin  que  se  tornó 
desde  el  cabo  de  Sanct  Antón).  Y  por 
tanto  dixo  que  en  su  paresger  y  en  quan- 
to  él  alcangaba  y  entendia  por  lo  que 
avia  visto  desta  navegagion ,  que  desde 
la  dicha  bahia  de  la  Asumpgion  hasta  el 
Puerto  Desseado  ,  es  la  traviessa  de  Yu- 
catán (que  es  la  isla  de  Sancta  Maria  de 
los  Remedios),  é  alli  se  fenesge  é  acaba, 
exgepto  las  veynte  leguas  pocas  mas  ó 
menos  que  dixo  que  podría  aver  de  tra- 
viessa desde  la  una  parte  á  la  otra,  é  que 
alli  la  daba  por  bojada  la  dicha  isla,  6 
que  no  passa  mas  adelante.  Y  que  esto 
que  él  lo  hagia  bueno ,  é  lo  daria  á  en- 
tender ante  Sus  Altegas ,  y  ante  Diego 
Velazquez,  é  ante  todas  las  personas  que 


51» 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


lo  í'iiesso  demandado;  é  que  una  isleta, 
donde  estaban,  era  isleo  ó  jardin  de  la  di- 
cha isla ,  y  que  por  alli  es  todo  isleos  des- 
do alli  á  la  bahía,  por  entre  los  quales  va 
la  mar  del  dicho  puerto  hasta  la  bahía 
que  se  mostraba  adelante  de  aquella  is- 
leta é  junto  á  ella;  ó  cabe  el  mismo  puer- 
to era  tierra  nueva  y  que  nunca  avie 
seydo  descubierta  ni  vista  por  los  chrips- 
tianos,  y  que  en  ella  podía  saltar  el  ca- 
j)itan  general  y  tomar  la  posession,  como 
de  tierra  nueva.  É  el  general  lo  mandó 
íissi  assentar  al  escribano  deste  descu- 
iM'imiento ,  dicho  Diego  de  Godoy ,  ante 
ciertos  testigos. 

Dige  el  chronísta  que ,  segund  lo  que 
después  ha  paresgido  por  la  experiengia, 
la  traviessa  que  este  piloto  penssó  que 
era  mar  baxa  y  de  arragifes,  no  tie- 
ne salida ,  ni  allega  ni  passa  el  agua  des- 
de Puerto  Desseado  á  la  bahía  de  la 
Asumpgíon:  antes  es  todo  una  tierra  é 
eosta ,  por  la  qual  seguramente  se  puede 
á  pié  é  á  caballo  passar  é  andar.  É  aque- 
Ha  provincia  de  Yucatán  no  es  isla,  sino 
la  misma  Tierra-Firma,  é  assí  lo  enseña 
la  figura  desta  tierra  en  las  cartas  de  na- 
vegar, y  assí  lo  digen  los  que  después  han 
estado  allí,  é  los  pobladores  españoles, 
de  los  quales  yo  he  seydo  informado  é  lo 
han  andado  é  visto,  caso  que  en  aque- 
llos príngipíos  este  piloto  é  otros  penssa- 
sen  que  Yucatán  era  isla  é  que  por  agua 
se  podía  bojar ,  é  quisieron  adevinar  lo 
que  no  vían  ni  entendíen. 

La  bahía  de  la  Asumpgion  puso  este 
piloto  Alaminos  en  diez  é  siete  grados  de 
la  equinogíal,  á  la  parte  de  nuestro  polo 
ártico,  é  el  Puerto  Desseado  é  isleo  prin- 
cipal del  en  diez  é  ocho,  poco  mas  ó  me- 
nos (y  pudíérale  dar  diez  é  ocho  é  me- 
dio). La  parte  oriental  de  Yucatán  (que 


es  la  isla  dó  está  la  punta  de  Calache), 
puso  en  veynte  é  un  grados,  y  en  esto  se 
alargó  un  grado,  porque  otros  cosmó- 
graphos  é  cartas  le  dan  veynte  grados  é 
algo  menos.  Desde  aquella  punta,  cor- 
riendo la  costa  abaxo  al  Ocgidenie  por 
la  vanda  del  Norte ,  tiene  la  tierra  de  Yu- 
catán de  longitud  por  la  costa  ochenta  é 
aun  noventa  leguas  hasta  otra  punta  que 
está  mas  de  gínqüenta  leguas  antes  del 
Puerto  Desseado:  la  qual  punta  ó  pro- 
montorio se  llama  Cabo  Redondo,  y  des- 
de aquella  punta  de  Calache  hasta  la  isla 
de  Cogumel,  que  está  junto  ala  tierra  de 
Yucatán ,  hay  veynte  leguas ;  y  desde  el 
fin  de  la  isla  de  Cogumel  hasta  la  bahía 
de  la  Asumpgion  hay  noventa  leguas,  po- 
cas mas  ó  menos.  De  manera  que  la  tier- 
ra de  Yucatán  bojará  dosgientas  y  septen- 
ta  leguas ,  poco  mas  ó  menos ,  de  mar  y 
de  tierra,  contándose  veynte  en  la  tra- 
viessa que  le  daba  aquel  piloto,  desde  la 
bahia  de  la  Asumpgion  hasta  el  Puerto 
Desseado ,  que  este  e  otros  penssaron  que 
era  agua,  como  es  dicho;  pero  en  la  ver- 
dad estas  veynte  leguas  de  traviessa ,  que 
el  Alaminos  sospechó  que  avia  en  aque- 
lla parte  que  Yucatán  se  junta  con  la  Tier- 
ra-Firme ,  está  averiguado  é  visto  que  son 
mas  de  gíento  é  gínqüenta  leguas,  y  que 
es  todo  Tierra-Firme  Yucatán  é  lo  demás. 
Pero  añadiendo  en  esto  ,  digo  que  el  fin 
de  la  costa  que  corre  á  tierra  desde  Co- 
gumel á  la  bahía  de  la  Asumpgion ,  el  fin 
de  aquella  hasta  que  vuelve  la  tierra  (ó 
de  donde  comienga  á  yrla  vista  del  Sues- 
te) ,  se  llama  Golpho  de  las  Higueras ,  el 
qual  comienga  é  está  en  diez  é  seys  gra- 
dos desta  parte  de  la  equinogíal.  Deslo  se 
tractará  mas  largo  en  el  libro  XX ,  é  para 
allí  se  quede.  Tornemos  á  nuestra  mate- 
ria é  subgeso  de  Grijalva  y  desta  armada.. 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  XIII. 


:\\fj 


CAPITULO  Xlll. 


En  quo  se  tracta  del  subceso  del  general  Johan  de  Grijalva  y  desta  armada  ,  desde  que   salió  del  Puerlo 
Desseado  hasta  que  llegó  al  rio  que  llaman  de  Grijalva  ,  que  es  en  la  cosía  de  la  Nueva  España. 


Oábado  cinco  de  junio  del  mesrao  año 
de  mili  e  quinientos  é  diez  é  ocho,  salió 
el  capitán  general  desta  armada  de  Die- 
go Velazquez,  con  las  quatro  caravelas, 
desde  el  Puerto  Desseado,  é  siguió  su 
viaje  por  la  costa  de  la  tierra  adelante  la 
via  de  Poniente  (desde  aquella  isleta  don- 
de estaba) ,  en  demanda  de  aquella  tier- 
ra que  el  piloto  Alaminos  avia  dicho  que 
era  nueva  tierra ;  y  el  lunes  adelante,  sie- 
te de  junio ,  se  vido  desde  los  navios  un 
rio  grande  que  salia  de  la  tierra  y  entra- 
ba en  la  mar,  á  par  del  qual  paresQió  mu- 
cha gente  de  indios,  y  passaron  los  na- 
vios adelante,  y  llegaron  á  otro  rio  ma- 
yor mucho,  y  surgieron  quassi  á  la  boca, 
y  no  pudieron  entrar  en  él  por  la  mucha 
corriente  que  traia.  Aqueste  dia  dixo  la 
lengua  Julián  que  degia  el  otro  indio, 
llamado  Pero  Barba ,  que  desde  el  pue- 
blo de  Chan ,  á  otro  que  se  dige  Chatel 
(la  tierra  adentro) ,  es  la  isla  de  Yucatán, 
é  hay  tres  dias  de  andadura ,  y  que  en 
Chatel  hay  un  rio  que  se  coge  mucho 
oro,  é  que  de  alli  se  trae  todo  el  oro  que 
los  indios  tienen  ;  é  hay  muchas  sierras 
é  montañas,  y  que  de  una  costa  á  otra  en 
la  dicha  isla  hay  ginqüenla  y  sesenta  dias 
de  andadura ;  y  que  los  indios  que  habi- 
tan la  tierra  adentro ,  quando  algunas  ve- 
ges  salen  de  sus  tierras  y  allegan  á  ver 
la  mar ,  que  assi  como  la  ven  luego  echan 
lo  que  tienen  en  el  estómago  por  la  bo- 
ca ;  y  que  hay  muchos  árboles  grandes  y 
muchos  pueblos  y  grandes  savanas  ó  ve- 
gas ;  y  que  los  indios  que  viven  la  tierra 
adentro  no  comen  pescado ,  ni  lo  quie- 
ren ,  y  que  en  la  tierra  desle  Pero  Barba 


se  cortan  las  orejas  sajándolas ,  sacrifi- 
cando ásusydolos. 

A  mí  meparesge,  por  lo  que  es  dicho, 
que  este  indio  Pero  Barba  decia,  que 
este  fue  el  primero  hombre  que  á  los 
chripstianos  que  alli  yban,  les  dio  notigia 
é  señas  de  la  mar  del  Sur,  y  que  este  in- 
dio no  era  á  la  sagon  entendido  de  los 
españoles,  porque  todo  aquello  que  es 
dicho  que  este  indio  deponía,  era  dar 
nueva  de  la  otra  mar  austral  é  de  la  Nue- 
va España ,  que  es  aquella  mesma  costa 
en  que,  quando  aquesto  degia,  les  ense- 
ñaba ,  y  donde  estaban  surtos  :  é  assi  es 
la  verdad ,  como  lo  podrá  ver  el  lelor 
adelante,  en  el  discurso  de  la  historia. 

Otro  dia  siguiente  entraron  los  navios 
en  el  rio  hasta  media  legua  é  no  pudie- 
lon  subir  mas  por  la  corriente,  é  por  am- 
bas costas  de  la  una  é  otra  parte  del  rio 
avia  grand  moltitudde  indios  armados, 
de  la  manera  que  atrás  queda  dicho,  de 
arcos  é  flechase  rodelas  y  langas.  Aques- 
te dia  vinieron  giertos  indios  en  una  ca- 
noa, que  traian  sus  armas  todas  las  que 
he  dicho  dentro  en  ella;  y  en  la  proa 
venia  un  pringipal  que  mandaba  á  los 
otros ,  é  traia  embragada  una  hermosa 
rodela,  cubierta  de  muy  lindas  plumas  de 
colores,  y  en  el  medio  della  una  patena 
redonda  que  relugia  como  oro,  y  assi  lo 
era.  Este  indio  mandaba  á  los  otros  de 
la  canoa ,  y  el  general  Grijalva  mandó  á 
la  lengua  Julián  que  le  hablasse,  y  dixo 
que  no  le  entendían ,  ni  él  entendía  á 
ellos  lo  que  degían,  é  mandó  al  Julián 
que  hablasse  al  otro  indio  Pero  Barba 
(que  era  uno  de  los  quo  se  lomaron  en 


520 


HISTORIA  GEiNEHAL  Y  NATUHAL 


Puerto  Desseado)  y  le  dixcsse  lo  que  les 
avia  él  de  degir,  silos  eateadiera,  pues 
que  el  Pero  Barba  enteudia  la  lengua  de 
aquellos  indios  de  la  canoa ;  é  assi  se  hi- 
zo. É  después  que  les  ovo  dicho  que  los 
chripstianos  querían  ser  sus  amigos  ó  ve- 
iiian  á  estar  con  ellos  é  darles  de  lo  que 
traían,  se  fué  la  canoa,  y  en  la  tardo  tor- 
nó aquella  é  otra  con  el  mismo  capitán 
indio  é  otros  que  bogaban,  é  llegáronse 
al  bordo ;  é  por  la  forma  de  interpretación 
destas  dos  lenguas  dobles,  refiriendo  el 
capitán  Grijalva  á  Julián,  é  Julián  á  Pe- 
ro Barba,  y  Pero  Barba  á  los  indios  lo 
que  les  querían  degir,  se  entendieron  y 
congertaron  para  rescatar.  Y  lo  quel  ge- 
neral Grijalva  hizo  dará  este  indio  prin- 
gipal  ques  dicho ,  é  á  los  que  con  él  ve- 
nían ,  fueron  estas  cosas :  una  medalla ;  un 
espejo  dorado ;  dos  sartas  ó  hilos  de  qüen- 
tas  verdes  de  vidro;  unas  tixeras;  un 
par  de  cuchillos  (y  estos  tuvieron  en  mu- 
cho);  un  bonete  de  frisa;  quinge  dia- 
mantes aguíes  (que  son  unos  cañutos  de 
vidro   quadrados,  del  gordor  de  una  pé- 
ñola de  escrebir) ;  un  par  de  alpargates; 
veynte  qüenlas  pintadas,  de  vidro :  todo 
lo  qual  entre  los  chripstianos  era  de  muy 
poco  valor  é  presgio,  como  se  puede  bien 
entender.  Y  lo  que  el  indio  dio  en  res- 
cate ó  trueco  de  lo  que  es  dicho,  fueron, 
las   cosas   siguientes:   una  máscara   de 
madera  grande  dorada ,  de  la  mesma  ma- 
nera que  se  dora  un  retablo  en  Castilla 
con  sisa,  ú  otro  palo  que  se  dore,  y  un 
penacho   de  plumas  de  papagayos  con 
una  avegica  engima,  puesta  en  un  huesso 
que  paresgia  humano;  é  dixo aquel  indio 
que  otro  dia  vernia  su  calachuni  é  trae- 
rla muchas  cosas.  Los  chripstianos  les 
enseñaron  vino,  é  no  lo  quissieron. 

Otro  dia,  jueves  siguiente,  volvió  otra 
canoa  congiertos  indios,  entre  los  qua- 
les  venia  uno  que  degian  que  era  el  se- 
ñor de  lodos  é  calachuni ,  é  truxo  al  ge-» 
neral  Grijalva  lo  que  se  sigue :  un  cas- 


quete dorado  de  palo  con  dos  cornegue- 
los  engima ;  una  cabellera  de  cabellos  ne- 
gros de  hombre  ó  muger ;  otra  máscara 
de  palo,  é  desde  la  nariz  para  arriba  cu- 
bierta á  manera  de  obra  musáyca ,  muy 
bien  assentadas  todas  aquellas  piedras  de 
color  como  turquesas ,  y  de  la  nariz  para 
abaxo  cubierta  de  una  hoja  de  oro  bati- 
do, delgada;  otra  máscara  de  la  misma 
manera  que  es  dicho ,  pero  la  obra  destas 
piedras  teníala  de  los  ojos  arriba ,  y  des- 
de ellos  abaxo  era  cubierta  de  hoja  de 
oro   batido   delgada,  sobre  madera,   é 
las  orejas  della  eran  de  la  labor  de  la 
pedrería  que  es  dicho;  otra  máscara  de 
palo  hecha  á  barras  ó  bastones  de  alto  á 
baxo,  las  dos  tiras  eran  de  la  pedrería 
que  es  dicho,  é  las  tres  restantes  de  ho- 
ja de  oro  batido  delgada;  una  patena 
delgada  con  una  figura  de  gemí  ó  diablo, 
cubierta  engima  de  hoja  de  oro  batido  é 
en  algunas  partes  della  sembradas  algu- 
nas piedras ;  una  tablica  de  palo  con  una 
punta,  como  testera  de  caballo  de  armas, 
todo  cubierto  de  una  hoja  de  oro  delga- 
da con  unas  listas  de  piedras  negras  bien 
asentadas  entre  el  oro ;  quatro  patenas 
de  palo  redondas,  cubiertas  de  hoja  de 
oro  batido ;  dos  escargelones  de  palo  ó 
guardas  para  las  rodillas,  en  lugar  de 
armadura ,  cubiertas  de  oro  batido ;  otras 
quatro   armaduras  para  las  rodillas  de 
cortegas  de  árboles,  cubiertas  de  oro  ba- 
tido de  hoja  delgada ;  otro  escargelon  de 
palo ,  cubierto  assi  mismo  de  hoja  de  oro; 
una  cabega  de  perro  cubierta  de  piedras 
y  muy  bien  hecha;  un  espejo  de   dos 
lumbres  con  un  gerco  de  hoja  de  oro  ba- 
tido; un  palo  fecho  amanera  de  tixeras, 
cubierto  assi  mismo  de  hoja  de  oro ,  del- 
gada; un  penachico  pequeño  de  cuero, 
cubierto  de  hoja  de  oro  batido  ;  ginco  ro- 
sarios de  qüentas  de  oro  redondas,  en 
que  avia  giento  é  seys ,  pero  el  oro  era 
poco  por  engima  é  de  dentro  eran  de 
barro;  otras  quatro  qüentas  de  oro  huc- 


DE  INDIAS,  LIB.  XVII.  CAP.  XIII. 


9%\ 


cas;  siete  navajas  de  pedernal;  dos  pares 
de  gapatos,  como  de  cabuya  ó  hene- 
quén; siete  tiras  como  collares  de  hoja 
de  oro  batido  delgado,  puesto  sobre 
cuero ;  una  sarta  en  que  avia  veynte  arra- 
cadas de  oro  con  cada  tres  pinjantes  de 
lo  mesmo,  puestas  en  tiras  de  cuero; 
otra  sarta  de  las  susodichas,  é  con  otros 
pinjantes  de  veynte  piezas;  un  par  de 
axorcas  delgadas,  cubiertas  de  oro,  de 
anchura  de  tres  dedos  cada  una ;  un  par 
de  guariqíies  ó  gargillos  de  oro  para  las 
orejas;  un  escargelon  de  hoja  de  oro 
delgado;  un  par  de  escudillas  grandes 
redondas  pintadas ;  una  rodela  pintada^ 
cubierta  de  plumajes  de  colores;  una  ro- 
peta  muy  gentil,  toda  de  plumas  de  colo- 
res; un  paño  de  colores,  como  peyna- 
dor ;  un  penacho  redondo  de  plumas  de 
colores  con  unas  flores ,  y  un  ave  peque- 
ña euQima  del  mismo ;  é  todo  lo  que  es 
dicho  muy  bien  labrado  y  cosas  mucho 
de  ver.  En  recompensa  de  lo  qual  el  ca- 
pitán Grijalva  le  dio  á  este  calachuni  dos 
camisas  de  liengo  y  un  espejo  pequeño 
dorado ,  y  una  medalla ,  y  un  cuchillo, 
y  unas  tixeras;  unos  Qarahuelles  de  pre- 
silla ;  un  paño  de  tocar ,  y  un  bonete ,  y 
un  peyne ;  ginco  sartas  de  cuentas  de  vi- 
dro;  otro  espejo  grande  dorado;  un  par 
de  alpargates ;  una  bolsa  de  cuero  labra- 
da, con  una  ginta  de  lo  mismo ;  veynte  é 
g^inco  qüentas  de  vidro   pintadas  (esto 


era  del  rescate),  sin  lo  qual  ó  allende 
desso  le  dio  el  capitán  Grijalva  un  jubón 
de  terciopelo  verde  y  un  collar  de  qüen- 
tas aguíes  menudas ,  y  una  gorra  de  ter- 
giopelo.  Y  porque  (como  he  dicho  en 
otras  partes  desta  historia),  acostumbran 
los  indios  tomar  los  nombres  de  los  ca- 
pitanes ó  personas  principales,  con  quien 
contraen  la  paz,  assi  se  hizo  con  este 
calachuni,  é  quiso  que  le  llamassen  Gri- 
jalva: é  luego  sus  indios  degian  Grijal- 
va ,  Grijalva ,  é  muy  alegres  se  entraron 
en  su  canoa  y  se  fueron ,  é  al  rio  se  le 
puso  el  mismo  nombre  que  al  calachuni, 
é  llamáronle  los  chripstianos  rio  de  Gri- 
jalva ,  la  boca  del  qual  está  en  diez  é 
ocho  grados  déla  línia equinogial  en  es- 
te nuestro  hemispherio  ó  parte  de  nuestro 
polo  ártico.  Procuróse  que  los  navios  su- 
biessen  el  rio  arriba  por  ver  el  pueblo, 
porque  les  paresgió  á  los  españoles  que, 
segund  la  mucha  gente,  veian  que  debia 
de  ser  grand  cosa ,  é  segund  la  manera 
del  calachuni ;  mas  la  grande  corriente 
no  los  dexó  é  assi  se  partieron  otro  dia 
siguiente,  que  se  contaron  onge  de  junio, 
prosiguiendo  su  descubrimiento*  Este  rio 
está  é  puede  aver  hasta  él  desde  el  Puer- 
to Desseado  veynte  é  ginco  ó  treynta  le- 
guas en  la  Tierra-Firme  la  vuelta  del  Po- 
niente ,  y  el  rio  sale  ó  tiene  la  boca  mi- 
rando á  la  tramontana  ó  Norte  septen- 
trional. 


CAPITULO  XIV. 

En  que  se  Irada  de  la  prosecución  del  descubrimiento  é  viaje  del  capitán  Johan  de  Grijalva,  c  de  lo  que  le 
subcedió,  desde  que  partió  del  rio  que  hizo  llamar  Grijalva  hasta  que  llegó  ala  isla  de  los  Sacrificios. 


T  iernes ,  onge  dias  de  junio  de  mili  é 
quinientos  é  diez  é  ocho  años,  salió  el  ar- 
mada del  rio  de  Grijalva  con  sus  quatro 
caravelas ,  é  prosiguió  la  misma  costa  la 
via  del  Poniente,  é  toda  la  tierra  pares- 

gia  poblada  é  llena  do  edefigios  y  de  gen- 
TOMO  I. 


te  gerca  de  la  costa  de  la  mar:  é  otro  dia 
siguiente  en  la  mesma  costa  envió  el  ge- 
neral una  barca  con  giertos  hombres ,  é 
yendo  por  la  mar  truxeron  quatro  indios 
de  otra  lengua ,  é  mostrándoles  oro  los 

chripstianos  de  lo  que  va  tenían,  dieron  á 

66 


522 


inSTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


entender  por  señas  aquellos  indios  que 
en  aquella  tierra  avia  mucho  de  aquello, 
é  qae  lo  cogían  en  los  ríos ,  y  que  si  los 
soltaban  que  ellos  darian  mucho  oro  de 
aquello  que  tenian.  É  á  los  quince  del 
mes  se  tomaron  otros  quatro  indios  de  la 
misma  lengua  en  la  costa ,  c  por  señas 
de^ian  lo  que  los  primeros  avian  dicho 
del  macho  oro  :  y  penssando  ellos  que  los 
chripstianos  los  avian  tomado  para  los 
matar ,  lloraban  los  unos  con  los  otros, 
cantando  en  gierlo  tono  que  paresgia  que 
so  acordaban  en  el  son ;  é  visto  aquesto 
por  el  general,  otro  dia,  miércoles  diez 
é  seys  de  junio ,  mandó  soltar  los  seys 
indios  destos  ques  dicho ,  é  hízoles  dar 
su  canoa  en  que  se  fuessen ,  aviéndoles 
mostrado  algunas  cosas  de  rescate  que  se 
Jos  prometió  de  dar  trayendo  oro ,  como 
ellos  daban  á  entender  que  traerían ,  y 
que  demás  desso  en  volviendo,  les  darían 
los  otros  dos  indios  sus  compañeros ,  que 
quedaban  detenidos,  como  para  seguridad 
ó  fianga  de  su  vuelta,  para  que   todos 
juntos  se  fuessen  después  á  su  tierra.  Otro 
dia  diez  é  siete  de  aquel  mes  ,  assi  cómo 
fué  de  dia  paresgieron  por  la  costa  mu- 
chos indios  con  dos  banderas  blancas,  é 
llamaban  con  ellas  á  los  chripstianos  :   é 
el  general ,  creyendo  que  eran  los  indios 
que  avie  fecho  soltar,  entró  en  las  bar- 
cas con  alguna  gente  para  ver  qué  que- 
rían é  si  traían  el  oro  que  avian  dicho; 
y  cómo  su  costa  es  brava  é  avia  gran  re- 
saca de  mar,  díxeron  los  marineros  que 
se  les  anegarían  las  barcas  é  la  gente,  si 
porfiassen  de  llegar  á  tierra.  É  por  esso 
desde  bien  Qerca  della  hígieron  señas  á 
los  indios  para  que  fuessen  á  los  navios, 
é  que  viniessen  alli  donde  las  barcas  es- 
taban en  sus  canoas ;  y  cómo  vido  que 
ninguna  deslas  cosas  querían  hager,  se 
lornó  el  capitán  é  gente  de  las  barcas  á 
sus  navios ,  y  prosiguieron  su  costa  ade- 
lante. Hechos  á  la  vela  aqueste  día,  lle- 
garon junio  á  una  bahía  que  se  hage  en- 


tre la  Tierra-Firme  y  una  isleta  pequeña 
que  está  entre  la  bahía  y  la  mar,  é  sur- 
gieron aUi  con  los  navios:  é  estando  assí, 
díxo  el  capitán  Johan  de  Grijalva  delante 
de  muchos  de  los  que  en  esta  armada 
yban  que  el  piloto  mayor  Antón  de  Ala- 
minos avia  dado  por  bojada  la  isla  de 
Yucatán,  estando   en   Puerto  Desseado, 
y  que  la   costa   é  sierra ,  desde  aquel 
puerto  hasta  donde   estaban,  era  tierra 
continuada  é  paresgia  otra  tierra  nueva, 
y  que  por  tal  se  podía  tomar  en  ella  po- 
session ,  é  que  assi  él  como  piloto ,  como 
todos  los  hombres  de  la  mar,  degían  que 
todo  aquello  era  de  la  costa  de  Tierra- 
Firme;  é  aun  para  lo  saber  mejor,  hizo  su 
informagion  é  tomó  los  paresgeres  de  los 
pilotos  é  de  los  que  le  paresgió  que  lo 
podían  entender,    é  todos  díxeron  que 
aviendo  respecto  á  las  muchas  é  grandes 
sierras  que  veían  por  la  costa  adentro  de 
tierra,  é  los  muchos  é  grandes  ríos  que 
della  salen  á  la  mar  de  agua  dulge,  y 
que  desde  Puerto  Desseado  hasta  la  di- 
cha isleta,  donde  estaban  surtos,  avían 
corrido  gíento  é  treynta  é  mas  leguas  por 
una  costa,  que  todos  la  tenían,  á  todo  su 
entender,  por  Tierra-Firme.  É  assi  otro 
dia  siguiente ,  diez  é  ocho  días  del  mes 
de  junio  ,  viernes ,  el  capitán  general  sal- 
tó en  tierra  en  aquella  islela  con  gíerta 
gente,  é  fué  por  un  camino  entre  arbo- 
ledas, é  algunas  dellas  paresgian  ser  de 
fructales ,  é  vieron  algunos  edefigios  de 
piedra   antiguos   á  manera  de   adarves 
ruinados  por  el  tiempo ,  y  derribados  en 
partes ,  é  quassí  en  la  mitad  de  la  isla  es- 
taba un  edefigío  algo  alto ,  al  qual  subie- 
ron por  una  escalera  de  piedra :  é  subidos 
en  lo  alto  estaba  luego  adelante  de  la  es- 
calera que  es  dicho  un  mármol ,  é  engí- 
ma  del  una  animalía  que  quería  paresger 
león,  assí  mismo  de  mármol,  con  un  ho- 
yo en  la  cabega  é  la  lengua  sacada ,  ó 
junto  á  par  del  mármol  avia  una  pílela  do 
piedra  assentada  en  tierra,  toda  sangríen- 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  GAP.  XIV. 


523 


ta ,  y  delante  della  avia  un  palo  hincado 
que  declinaba  sobre  aquella  pileta,   y 
delante    algo   apartado   estaba  un  ydo- 
lo  de  piedra  en   el  suelo  con  un  plu- 
maje en  la  cabega,  vuelta  la  cara  á  la 
pila.  Mas  adelante  estaban  muchos  paloSj 
como  el  que  es  dicho  que  caia  sobre  la 
pila,  todos  hincados  en  el  suelo,  é  cabe 
ellos  avia  muchas  cabiegas  de  hombres 
humanos  y  muchos  huessos  assi  mesmo, 
que  debian  ser  de  aquellas  pei-sonas,  cu- 
yas cabegas  alU  estaban.  Avia  otros  cuer- 
pos muertos ,  quassi  enteros ,  que  debian 
ser  muchachos  ,  que  estaban  quassi  po- 
dridos é  muy  dañados :  de  la  qual  vis'a 
los   chripstianos   quedaron    espantados^ 
porque  luego  sospecharon  lo  que  podia 
ser,  é  preguntó  el  general  auno  de  aque- 
llos indios,  que  era  de  aquella  comarca 
ó  provingia ,  qué  cosa  era  aquella ,  é  por 
las  señas  é  lo  que  se  pudo  entender  de- 
llas  mostraban  que  aquellos  defunctos  los 
degollaban  y  sacaban   el  coragon  con 
unas  navajas  de  pedernal  que  estaban  á 
par  de  aquella  pila,  y  los  quemaban  con 
giertos  hages  de  leña  de  pino  que  alli 
avia,  y  los  ofresgian  á  aquel  ydolo,  y  les 
sacaban  las  pulpas  délos  molledos  de  los 
bragos  é  de  las  pantorrillas  é  muslos  de 
las  piernas,  é  lo  comian,  é  que  aquestos 
sacrificados  eran  de  otros  indios ,    con 
quien  tenian  guerra.  É  assi  les  paresgió 
á  nuestros  españoles  que  ello  debia  ser 
é  que  sacrificaban  alli  algunos  indios  de 
aquella  tierra  ó  provingia,  y  por  esto  el 
capitán  general  mandó,  que  se  llamasse 
isla  de  los  Sacrificios  y  hahia  de  Sacrifi- 
cios ,  alli  donde  los  navios  estaban  surtos 
entre  la  isleta  é  la  Tierra-Firme.  Aqueste 
dia  el  capitán  Johan  de  Grijalva ,  des- 
pués de  se  aver  tornado  á  los  navios,  en- 
vió al  capitán  Frangisco  de  Montejo  en 
una  barca,  con  un  indio  de  aquella  tierra, 
para  saber  qué  era  lo  que  querían  giertos 
indios  que  llamaban  desde  la  costa,  mos- 
trando unas  banderas:  é  vdo  allá,    los 


que  estaban  en  h\  costa,  le  dieron  al  ca- 
pitán Frangisco  de  Montejo  muchas  man- 
tas pintadas  muy  lindas,  y  él  les  pre- 
guntó por  oro ,  y  ellos  le  dixeron  que  á 
la  tarde  le  traerían ,  é  assi  se  tornó  á  los 
navios,  é  en  la  tarde  vino  una  canoa  con 
giertos  indios  que  truxeron  ricas  mantas 
é  dixeron  que  otro  dia  vernian  con  mu- 
cho oro,  é  fuéronse.  Otro  dia  de  mañana 
paresgieron  en  la  playa  de  la  isleta  unas 
banderas  blancas  é  llamaban  á  los  chrips- 
tianos, y  el  general  acordó  de  salir  allá; 
é  assi  cómo  saltó  en  tierra,  halló  hincados 
unos  ramos  de  árboles,  y  debaxo  dellos 
tendida  una  manta,  y  engima  unas  ca- 
goletas  pequeñas  llenas  de  aves  cortadas^ 
con  gierto  caldo  amarillo  que  paresgia 
que  estaba  guisado  con  espegias.  Y  cómo 
era  viernes,  ningún  chripstiano  comió  de- 
11o:  é  tenian  unas  torticas  de  mahiz  ó  de 
otra  fructa  envuelta  con  ello  por  pan;  y 
tenian  alli  mahiz  en  magorcas  tierno,  que 
paresgia  estar  cogido  para  dar  de  comer 
al  capitán  y  á  los  que  con  él  avian  sali- 
do, y  otras  fructas:  é  truxeron  algunas 
mantillas  de  algodón  teñido  y  repartié- 
ronlas por  los  que  alli  estaban  de  los  nues- 
tros, é  diéronles  unos  cañutos  negros  con 
sahumerios  que  tomaban  como  tabaco,  é 
por  señas  dixeron  al  capitán  que  no  se 
fuesse  é  que  le  traerían  oro  y  otras  cosas. 
É  diéronles  por  siete  mantas  é  dos  tocas 
dos  bonetes  é  dos  mili  qüentas  verdes  de 
vidro  é  tres  peynes  y  un  espejo  ;  y  estan- 
do alli  en  la  dicha  isleta  el  capitán  Gri- 
jalva, dixo  al  piloto  mayor  Antón  de  Ala- 
minos ,  en  presengia  de  los  otros  capita- 
nes é  algunos  de  los  mas  pringipales  del 
armada,  que  ya  sabia  cómo  él  é  los  otros 
pilotos,  y  otras  personas,  avien  dicho 
que  aquella  tierra  grande  que  tenian  pres- 
sente   era  tierra  firme  é  no  isla,  é  que 
él  avie  dado  por  bojada  la  tierra  de  Yu- 
catán, nombrada  Sancta  Maria  de  los  Re- 
medios, é  que  esta  otra  tierra  que  lla- 
man Firme  es  tierra  nueva  ,   é  por  tanto 


52 't 


IHSTOniA  GENERAL  Y  NATURAL 


quería  que  diesse  su  parcsger,  é  díx.csse 
si  seria  bien  seguir  aquella  costa  liasla 
(|ue  solamente  les  quedassen  bastimentos 
para  tornar  á  la  isla  Fernandina,  para  sa- 
ber mejor  la  verdad ,  ó  si  le  paresgia  que 
era  bien  desde  alli  dar  la  vuelta  en  de- 
manda de  las  otras  islas  para  las  desco- 
brir ,  porque  otro  dia  siguiente  queria 
saltar  en  aquella  tierra  é  tomar,  en  nom- 
I)re  de  Diego  Velazquez ,  la  posession  por 
Sus  Magesladesé  por  Castilla.  Y  que  pues 
aquesto  tocaba  á  su  cargo  de  piloto  ma- 
yor ,  por  ser  cosa  tocante  á  la  navega- 
gion,  que  dixesse  lo  que  le  paresgia,  por- 
que él,  como  capitán  general,  con  los  otros 
capitanes  é  hidalgos  de  la  armada  pu- 
diesse  comunicar  é  acordar  lo  que  convi- 
niesse;  pues  todos  estaban  en  determi- 
nación de  seguir  por  qualquier  camino  é 
derrota  que  el  dicho  piloto  los  llevasse, 
y  tanto  quanto  los  navios  turassen  é  se 
podiessen  sostener  para  poder  tornar  á 
la  isla  Fernandina.  É  dixo  mas,  que  ya 
sabian  todos  como  en  aquella  armada  avia 
ciento  é  ginqüenta  hombres,  allende  de 
los  marineros  é  gente  de  la  mar,  y  que  pa- 
ra solamente  bojar  á  Yucatán  y  descobrir 
las  otras  islas  bastaran  cada  veynte  é  g'm- 
co  ó  treynta  personas  en  cada  navio  con 
los  marineros  nesgessarios ,  y  lo  demás 
era  cosa  supérílua ;  y  que  su  paresger  era 
({ue  uno  de  los  navios,  llamado  la  Trini- 
dad, pues  no  estaba  para  yr  á  descobrir, 
([ue  se  debia  enviar  con  parte  de  la  gen- 
te á  Cuba  á  dar  relagion  de  lo  que  estaba 
hecho  y  descubierto,  y  para  que  se  lle- 
vassen  los  indios  que  avian  ávido ,  por- 
([ue  los  tres  navios  restantes  quedassen 
mas  libres  y  desocupados ,  é  los  basti- 
mentos les  pudiessen  mas  tiempo  turar, 
y  también  porquel  navio  se  aderesgasse, 
que  hagia  mucha  agua ,  y  no  se  perdies- 
se  por  donde  andaban.  Y  deste  mismo 
paresger  que  es  dicho  fueron  los  otros  ca- 
pitanes é  hombres  príngipales,  con  quien 
aquesto  se  comunicó,  á  lo  qual  el  piloto 


mayor  respondió  que  él  tiene  dicho  que 
ha  dado  por  bojada  la  tierra  de  Yucatán 
é  que  aquella  otra  que  alli  velan  la  tenia 
él  por  tierra  firme ,  por  las  grandes  sier- 
ras que  dentro  della  se  veían ,  é  por  una 
sierra  nevada  que  assí  mismo  veían  eu 
ella ,  y  por  los  muchos  y  grandes  ríos  de 
agua  dulge  que  de  aquella  tierra  avian 
visto  que  salían  á  la  mar  en  lo  que  avian 
costeado ,  y  por  las  diferengias  de  len- 
guas que  avian  visto  en  los  indios,  por- 
que en  cada  provrngia  hablaban  en  dife- 
rente manera.  Y  que  por  todos  estos  res- 
pectos, á  él  le  paresgia  que  no  debían 
passar  adelante,  por  muchas  ragones  que 
dio  para  ello ,  y  por  ser  peligrosa  la  cos- 
ta, y  que  desde  alli  debían  tomar  lá  der- 
rota en  busca  de  otras  tierras  nuevas, 
pues  avia  aparejo  para  ello ,  y  que  era 
cosa  escusada  querer  bojar  aquella  tierra 
é  gastar  los  bastimentos  en  ello ;  pues  era 
tierra  firme,  é  que  como  sabia,  no  ve- 
nían á  bojar  lo  que  hallassen ,  sino  á  to- 
mar la  posession  dello ;  y  que  si  aquella 
tierra  era  isla,  que  ya  la  avian  descu- 
bierto ;  é  si  era  tierra  firme ,  assí  mis- 
mo ;  mas  que  por  sí  ó  por  no ,  le  paresgia 
que  era  bien  entrar  en  tierra  y  tomar  la 
posession  della ,  y  tomada  podrían  yr  en 
demanda  de  otras  islas  é  tierras  nuevas; 
y  que  en  lo  de  enviar  el  navio  (que  ha- 
gia agua)  á  la  isla  Fernandina,  que  le 
paresgia  bien  acordado  ,  é  que  assí  lo  de- 
gia  él  también;  y  que  debía  aver  ínfor- 
magion  si  estaba  para  poder  yr  á  la  isla, 
y  si  no  que  se  adobasse  y  se  enviasse, 
porque  mas  suelta  é  libre  quedasse  la  com- 
pañía restante ,  para  lo  que  se  debiesse 
hager.  É  otro  dia  siguiente  sábado,  diez 
é  nueve  días  de  junio  de  mili  é  quinien- 
tos é  diez  é  ocho  años ,  saltó  en  tierra  el 
capitán  general,  Johan  de  Grijalva,  con 
parte  de  la  gente ,  é  tomó  la  posession 
de  aquella  Tierra-Firme,  é  hizo  sus  au- 
tos de  posession  en  forma ,  é  tomó  sus 
testimonios  en  la  (ierra  que  está  enfrente 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  GAP.  XIV. 


525 


de  la  isla  é  bahia  de  los  Sacrifigios,  y 
puso  nombre  á  aquella  provingia  Sanct 
Johan. 

Esta  islela,  segund  la  cosmographía  é 
cartas  de  Diego  Rivero  é  de  Alonso  de 
Chaves  é  otros  cosmógraphos ,  está  en 
veynle  grados  á  la  parte  de  nuestro  polo 


ártico,  y  en  los  mesmos  está  la  punta  ó 
promontorio  de  la  Tierra-Firme  que  está 
en  la  boca  del  rio  del  puerto  de  Villa- 
Rica,  que  después  mucho  tiempo  se  fun- 
dó (en  tiempo  de  Hernando  Cortés),  como 
se  dirá  adelante  en  su  lugar. 


CAPITULO  XV. 

En  que  Iracta  el  capitán  Johan  de  Grijalva  aver  lomado  la  posession  por  Diego  Velazquez  en  nombre  de 

Sus  Mageslades  y  de  su  corona  real  de  Castilla  en  la  Tierra-Firme ,  en  la  provincia  que  se  llama  agora  la 

Nueva  España  ,  y  de  lo  que  después  sub9edió  hasta  que  volvió  el  capitán  Alvarado  con  la  nueva  de  lo  sub- 

^edido  en  este  descubrimiento  hasta  que  salieron  9ierlas  canoas  á  combatir  el  armada. 


Aviendo  el  capitán  Johan  de  Grijalva 
saltado  en  la  Tierra-Firme  con  los  capi- 
tanes y  gente  que  llevaba,  en  la  provin- 
cia á  que  puso  nombre  Sanct  Johan ,  to- 
mada la  posesión  é  fechos  sus  autos  en 
nombre  de  Sus  Magestades  y  de  su  co- 
rona real  de  Castilla,  como  tengo  dichoy 
siguióse  que  vinieron  giertos  indios  de  la 
Tierra-Firme,  sin  armas  algunas,  y  en- 
tre ellos  avia  dos  principales,  el  uno  vie- 
jo é  el  otro  mangebo ,  padre  é  hijo :  los 
quales,  como  señores,  eran  obedesgidos 
de  los  otros  de  su  compañía,  é  algunas 
veges  el  mangcbo  se  enojaba  con  sus  in- 
dios, mandándoles  algo,  é  daba  palos  ó 
bofetadas  á  los  otros ,  é  sofríanlo  con 
mucha  pagiengia ,  é  se  apartaban  á  fuera 
con  acatamiento.  É  con  mucho  plager  estos 
pringipales  abragaban  al  capitán  Grijalva 
é  le  mostraban  mucho  amor  á  él  é  á  los 
chripstianos ,  como  si  de  antes  los  conos- 
gieran  y  tovieran  amistad  con  ellos;  y 
perdian  tiempo  en  muchas  palabras  que 
decian  en  su  lengua  á  los  chripstianos, 
sin  se  entender  los  unos  ni  los  otros.  Y 
el  mas  viejo  destos  indios  mandó  á  los 
otros  que  truxessen  unos  bihaos ,  que  son 
unas  hojas  anchas  que  nasgen  de  la  ma- 
nera que  los  que  acá  llaman  plátanos,  sino 
que  son  muy  menores ,  é  hízolas  tender 
debaxo   de   gierlos  árboles   que   tenian 


puestos  á  mano  sus  indios  para  que  hi- 
giessen  sombra ,  é  hizo  señas  al  capitán 
que  se  sentasse  sobre  aquellos  bihaos ,  y 
también  quiso  que  se  sentassen  los  chrips- 
tianos que  á  él  le  paresgió  que  debian  ser 
mas  pringipales  é  ageptos  al  general ;  é 
hizo  señas  que  se  sentasse  la  otra  gente 
toda  por  el  campo ,  é  el  general  mandó- 
los assentar;  pero  también  proveyó  en 
que  oviesse  buena  guarda  é  atalayas, 
para  que  no  incurriessen  en  alguna  gela- 
da^  como  ynorantes  y  desapergebidos.  Y 
el  general,  con  los  que  el  indio  pringipal 
señaló,  sentados,  dio  este  al  general  é  á 
cada  uno  de  los  chripstianos  que  estaban 
sentados  un  cañuto  engendido  por  el  un 
cabo,  que  son  fechos  de  manera  que  des- 
pués de  engendidos  poco  á  poco  se  van 
gastando  é  consumiendo  entre  sí  hasta  se 
acabar  ardiendo  sin  algar  llama,  assi 
como  lo  suelen  hager  los  pivetes  de  Va- 
lengia ,  é  olian  muy  bien  ellos  y  el  humo 
que  dellos  salia :  é  hagian  señas  los  in- 
dios á  los  chripstianos  que  no  dexassen 
perder  ó  passar  aquel  humo ,  como  quien 
toma  tabaco.  É  al  tiempo  que  llegaron 
á  hablar  al  capitán ,  un  poco  antes  de  lle- 
gar á  él  los  dos  pringipales  que  es  dicho, 
pusieron  ambas  palmas  de  las  manos  en 
tierra  y  las  besaron,  en  señal  de  paz  ó 
salulagion;  pero  cómo  no  avia  lengua  ni 


>26 


líISTOniA  GENERAL  Y  NATURAL 


5c  enleudian  unos  á  otros,  era  muy  tra- 
bajosa é  imposible  cosa  entenderse;  é 
assi  como  he  dicho,  habíanse  señas  é  de- 
bíanse muchas  palabras ,  de  que  ningund 
provecho  ni  inteligengia  se  podia  com- 
prender. Y  en  tanto  que  esto  passaba, 
yban  y  venian  muchos  indios  mostrando 
mucho  regogijo  é  placer  con  los  chrips- 
tianos ,  é  paresgia  que  muy  sin  temor  ni 
régelo  venian  é  se  allegaban  á  nuestros 
españoles,  como  si  de  largo  tiempo  atrás 
se  ovieran  conversado ,  y  assi  con  mucha 
risa  é  descuydo  hablaban ,  é  no  acaba- 
ban ,  señalando  con  los  dedos  y  manos, 
como  si  fueran  entendidos  de  los  que  los 
escuchaban,  y  miraban.  É  comengaron á 
traer  de  sus  joyas  é  dieron  dos  guariques 
ó  arracadas  de  oro  con  seys  pinjante»,  é 
siete  sartas  de  qüentas  menudas  de  bar- 
ro, redondas  y  doradas  muy  bien,  é  otra 
sarta  menor  de  qüentas  doradas  é  tres 
cueros  colorados  á  manera  de  parches, 
é  un  moscador,  é  dos  máscaras  de  pie- 
dras menudas  ,  como  turquesas  ,  senta- 
das sobre  madera  de  obra  musáyca,  con 
algunas-pinticas  de  oro  en  las  orejas.  En 
recompensa  de  lo  qual  se  les  dieron  gier- 
tos  hilos  de  qüentas  pintadas  y  otras  ver- 
des de  vidro ,  y  un  espejo  dorado ,  é  unas 
servillas  de  muger,  cosas  que  en  Medina 
del  Campo  podria  todo  valer  dos  ó  tres 
reales  de  plata ;  é  los  indios  que  venian 
con  estos  pringipales ,  rescataban  por  su 
parte  con  los  otros  chripstianos  mantas  y 
almaygares  y  otras  cosas.  Y  el  capitán 
general  les  dio  á  entender  (si  supo)  que 
le  truxessen  oro,  enseñándoles  algunas 
cosas  de  oro ,  y  digiéndoles  que  los 
chripstianos  no  querían  otra  cosa ;  y  el 
indio  viejo  envió  al  mangebo  pringipal 
por  oro,  á  lo  que  se  pudo  entender,  é 
dixo  por  señas  que  desde  á  tres  días  vol- 
verla, é  que  se  fuessen  los  chripstianos 
á  los  navios  é  tornassen  á  aquel  mismo 
lugar  al  término  que  degian  que  traerían 
el  oro.  Y  quedó  el  viejo  con  otros  indios 


de  los  que  alli  estaban ,  y  entre  ellos  avi-a 
otro  mang;ebo  que  también  por  señas  de- 
gia  que  era  su  hijo ;  pero  no  se  hagia  tanto 
caso  deste  como  del  oti'o  que  avia  envia- 
do por  el  oro.  É  assi  con  muchos  abra- 
gos  y  plager  se  quedó  en  tierra,  y  el  ca- 
pitán é  su  gente  se  recogieron  á  sus  na^- 
víos,  é  dixo  el  indio  pringipal  que  otro 
dia  de  mañana  él  volvería  al  mismo  lu- 
gar ,  é  que  assi  lo  higiessen  los  chrips- 
tianos. Otro  dia  siguiente,  domingo  veyn- 
te  de  junio  ,  assi  como  fué  de  dia,  ya  el 
indio  viejo  é  otros  con' él  estaban  en  la 
costa  esperando ,  é  con  dos  banderas 
blancas  llamaban ;  é  assi  cómo  el  general 
los  vido  salió  á  tierra  con  la  gente  que  te 
paresgió,  é  cómo  llegó,  luego  aquel  prin- 
gipal viejo  puso  las  palmas  en  tierra  é  se 
las  besó  é  fué  encontinente  á  abragar  al 
capitán  é  le  abragó,  é  le  dixo  é  señaló 
que  se  fuessen  mas  adentro  en  tierra :  é 
assi  se  hizo,  é  gerca  de  alli  pararon  en 
un  repecho ,  donde  estaba  deshervada  la 
tierra,  y  puestos  ramos ébihaos,  como  el 
dia  de  antes  ,  y  se  sentaron  ,  é  luego  dio 
sendos  sahumerios  al  capitán  é  chrips- 
tianos pringipales  (ó  pivotes),  como  los 
que  se  dixo  de  suso  que  se  avie  hecho  en 
las  primeras  vistas.  Y  el  general  mandó 
al  capellán  de  la  armada  que  dixesse  mis- 
sa  en  un  altar  que  alli  se  puso ,  é  se  ge- 
lebró  el  offigio  del  culto  divino,  é  los  in- 
dios estovieron  mirando  muy  maravilla- 
dos é  atentos  callando,  hasta  que  fué  di- 
cha la  missa ;  y  quando  se  comengó  tru- 
xeron  una  cagúela  de  barro  con  giertos 
sahumerios  de  buena  olor,  y  pusiéronla 
debaxo  del  altar,  y  otra  tal  en  medio  del 
espagio  que  quedaba  entre  el  sagerdote 
é  la  gente.  É  assi  cómo  fué  dicha  la  mis- 
sa, truxeron  giertos  gesticos  bien  fechos, 
uno  con  pasteles  de  pan  demahiz,  llenos 
de  carne  cortada ,  tan  menuda  que  no  se 
supo  entender  qué  carne  era ;  y  otro  de 
panegicos  de  mahiz  y  otros  dos  de  bo- 
llos de  mahiz,  é  presentáronlo  al  geno- 


DE  1^D1AS.  LIB.  XVII.  CAP.  XV. 


r.27 


ral ,  é  él  lo  dio  á  los  compañeros  que  lo 
comiessen ,  6  assi  se  hizo :  é  todos  loa- 
ban aquel  manjar ,  é  paresgia  que  esta- 
ban con  especias  en  el  sabor  aquellos 
pasteles ,  porque  assi  mismo  por  de  den- 
tro estaban  colorados  é  tenían  mucho 
axí.  É  tras  aqueste  almuergo  presentaron 
al  capitán  general  tres  pares  de  zapatos 
ó  guiaras  y  una  manta  pintada  y  tres  gra- 
nos de  oro,  hechos  como  suelen  que- 
dar algunas  veges  en  los  suelos  de  ios 
crisoles  donde  se  funde  el  oro ,  é  una 
hoja  de  oro  delgada  á  manera  de  trenca, 
é  un  jarro  pintado ,  é  otro  grano  de  oro, 
como  los  que  es  dicho.  El  capitán  les  hizo 
dar  un  bonete,  é  un  peyne,  é  un  espejo, 
é  un  par  de  alpargates,  é  un  sayo  de  pa- 
ño de  colores  de  poco  presgio,  é  otro  es- 
pejo é  unas  servillas  de  muger,  é  unas 
tixeras ,  é  una  camissade  presilla ,  é  una 
bolsa  con  su  ginta  de  cuero ,  é  un  cuchi- 
llo pequeño ,  é  otros  cuchillos  menores, 
é  tres  pares  de  alpargates  é  algunos  pey- 
nes ,  é  giertos  hilos  de  qüentas  de  vidro 
de  colores,  é  assi  otras  cosillas  que  todo 
podria  quassi  valer  dos  ducados  de  oro. 
É  resQebido  con  mucho  plager,  cómo  los 
indios  lo  tuvieron ,  dixeron  que  otro  dia 
volverían  alli  é  seria  venido  el  mangebo 
principal  que  avie  ydo  por  el  oro,  y  el 
viejo  cagique  é  los  suyos  se  quedaron  en 
tierra  é  los  españoles  se  tornaron  á  dor- 
mir en  sus  navios. 

Otro  dia  siguiente,  que  se  contaron 
veynte  é  uno  de  junio  lunes ,  en  esclares- 
giendo ,  paresgieron  muchos  indios  en  la 
playa  en  el  lugar  acostumbrado ,  é  con 
sus  banderas  blancas  acostumbradas,  é 
el  capitán  é  los  españoles  salieron  á  tier- 
ra, é  hizo  el  general  poner  una  mesa  y 
engima  della  muchas  cosas  de  rescates  de 
las  que  en  los  navios  llevaban,  É  luego 
llegó  aquel  cagique  viejo  é  muchos  indios 
con  él  sin  armas,  é  truxeron  las  cosas  y 
rescate  siguiente :  quatro  guariques  ó  gar- 
gillos  de  hoja  de  oro  delgado ;  un  par  de 


gapatos  que  los  indios   llaman  gutaras, 
que  son  solamente  las  suelas  con  unas 
correas  con  que  se  atan  desde  los  dedos 
al  cuello  del  pié  sobre  los  tobillos  ó  ú  par 
dellos;  dos  sartas  de  qüentas,  unas  grue- 
sas é  otras  menudas,  doradas  por  engima; 
dos  guariques  de  piedras  aguíes  engasta- 
das en  oro  con  cada  ocho  pinjantes  de 
lo  mismo;  una  cabega  como  de  perro, 
que  era  toda  una  piedra  roxa  é  blanca 
que  piensso  debia  ser  espegie  de  Calgido- 
nia,  porque  se   han  traydo  muchas  de 
aquellas  partes ;  otras  diez  é  siete  qüen- 
tas doradas  gruesas;  una  axorca  de  oro 
tan  ancha  como  quatro  dedos;  otra  sarta 
de  qüentas  doradas,  con  una  cabegita 
como  de  león,  de  oro;  otrü  sarta  de  las 
mismas  qüentas   en  que  avia  veynte  é 
siete ;  otra  sarta  de  septenta  é  tres  qüen- 
tas doradas,  y  al  cabo  una  rama  de  oro 
con  un  rostro  de  piedra  guarnesgido  de 
oro  alrededor,  con  una  corona  de  oro ,  y 
en  ella  una  cresta  de  lo  mismo  y  dos  pin- 
jantes de  oro;  un  gemí  ó  diablo  de  oro, 
en  manera  de  hombre ,  é  con  un  mosca- 
dor  de  oro  é  arracadas  de  oro  en  las  ore- 
jas del ,  y  en  la  cabega  unos  corneguelos 
de  oro ,  é  en  la  barriga  una  piedra  en- 
gastada; una  sarta  de  diez  é  ocho  qüen- 
tas doradas.  Por  esto  todo  que  es  dicho 
se  dio  en  recompenssa  ó  trueco  un  sayo 
de  frisa ,  é  una  caperuga  de  lo  mismo  con 
una  medalla ,  y  una  bolsa  de  cuero  con 
su  ginta,  éun  cuchillo,  é  unas  tixeras  é 
unos  alpargates ,  y  unas  servillas  de  mu- 
ger; un  paño  de  tocar;  una  camisa  ga- 
yada; unos  garahuelles;  dos  espejos;  dos 
peynes;  otras  tixeras,  é  otra  tal  camisa  é 
peyne,  y  otro  cuchillo  y  otra  caperuga; 
otro  paño  de  tocar;   giertas  qüentas  de 
vidros  de  colores ;  y  estas  cosas  que  eran 
duplicadas  assi  como  camisas  é  tixeras  é 
cuchillos  é  caperugas  que  es  dicho ,  era 
por  causa  de  los  pringipales  indios  que 
hagian  el  rescate ;   pero  todo  quanlo  se 
les  dio  no  valia  en  Castilla  quatro  ó  ciu; 


528 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


co  ducados,  é  lo  que  ellos  dieron  valia 
mas  de  mili.  Después  de  lo  qual ,  un 
miércoles  veynte  é  tres  de  junio  se  tor- 
naron á  rescatar  otras  cosas  con  los  mis- 
mos indios ,  é  fuéronles  dadas  cosas  de 
mas  valor  que  las  primeras,  porque  dieron 
seys  granos  de  oro,  como  en  crisoles  fun- 
dido ,  y  siete  collares  de  oro  é  una  axor- 
ca  de  oro ,  é  dos  sartas  de  qüentas  do- 
radas ,  é  otra  sarta  de  qüentas  de  piedras 
con  cañutillos  de  oro  entrellas ,  é  otros 
dos  coUaricos  de  oro ,  é  otra  sarta  de 
qüentas  y  dos  coUaricos  de  oro  y  otros 
dos  en  dos  correas  con  sus  arracadas 
é  pinjantes  de  oro  y  otra  sarta  de  qüen- 
tas doradas,  y  otras  nueve  qüentas,  y 
un  cabo  de  oro.  Dióse  de  rescate  por 
esto  un  sayo  de  paño  baxo ,  de  poco  pres- 
gio  aguí  é  colorado ,  é  un  bonete ,  é  unas 
tixeras,  é  un  cuchillo,  é  un  espejo  y  una 
camisa  de  liengo ,  y  un  par  de  alparga- 
tes, y  giertas  sartas  de  qüentas  de  vi- 
dros  de  colores,  que  todo  lo  que  se  les 
dio  no  valia  dos  ducados  de  oro  en  Es- 
paña. 

Después  de  lo  qual,  jueves  veynte  é 
quatro  de  julio ,  salió  el  capitán  de  los 
navios  á  rescatar ,  en  donde  es  dicho  de 
la  misma  costa  é  provincia  dicha  de  Sanct 
Johan:  é  vino  el  mismo  cagique  é  le  dio 
dos  granos  de  oro  que  pesaron  trege  pe- 
sos ,  é  un  collarico  de  oro  ,  é  ginco  sartas 
de  qüentas  doradas ,  é  una  máscara  de 
pedrería  ,  como  las  que  se  han  dicho  de 
suso,  é  nueve  qüentas  de  oro  huecas  y 
un  cabo  de  oro ,  y  dio  el  cagique  junto 
con  esto  al  capitán  Grijalva  una  india 
moga  con  una  vestidura  delgada  de  al- 
godón ,  é  dixo  que  por  la  moga  no  que- 
ría premio  ni  rescate,  é  que  aquella  le 
daba  gragiosa.  É  el  capitán  dio  de  resca- 
te por  las  otras  cosas  uo  par  de  alparga- 
tes ,  y  unas  servillas  demuger,  y  un  cin- 
to negro  con  su  bolsa ,  y  un  paño  de  ca- 
bega,  é  giertas  sartas  de  qüentas  de  vidro 
de  colores,  que  todo  podria  valer  en  Se- 


villa ,  ó  en  otra  parle  de  España,  quairo 
ó  ginco  reales. 

Algunos  avrá  que  leyendo  estos  res- 
cates, querrían  assi  trocar  sus  hagiendas 
y  todo  lo  que  tienen :  é  mirado  assi  sin 
mas  consideragion,  cosa  paresge  de  mu- 
cha ganangia,  si  dentro  en  nuestras  ca- 
sas ello  se  trocasse ,  é  nos  diessen  el  oro 
en  tan  poco  presgio ;  pero  entendido,  co- 
mo se  debe  entender,  é  viendo  adonde 
lo  vamos  á  buscar ,  y  considerados  los 
trabaxos  é  peligros,  de  los  quales  los 
medios  de  los  que  andan  en  tales  gran- 
jerias no  escapan  con  las  vidas,  otra  co- 
sa es  de  lo  que  suena ,  y  mucho  debe 
penssar  en  ello  el  que  á  tal  exergigio  po- 
ne su  perssona;  y  pluguiesse  á  Dios  que 
el  ánima  estoviesse  segura ,  porque  la  iu- 
tengion  de  todos  los  rescatadores  no  es 
una  mesma. 

Dexemos  esto  aparte,  é  tornemos  á 
nuestra  pressente  materia ,  é  á  la  ocupa- 
gion  destos  capitanes  y  españoles  desta 
armada.  Digo  que  quando  la  ventura  lle- 
ga á  la  puerta  del  infelige,  llama  y  aun 
porfía  que  la  entiendan  ,  y  el  que  no  es 
digno  della,  atapa  los  oydos,  y  por  su 
ynorangia  y  desdicha  ni  la  entiende  ni  la 
acoje,  y  pasasse  de  largo.  Assi  acaesgió 
á  este  capitán  Johan  de  Grijalva  ,  por  no 
creer  á  ninguno  de  quantos  le  conseja- 
ron que  asentasse  y  poblasse  en  aquella 
tierra  que  es  dicha,  y  desde  alli  enviasse 
á  pedir  mas  gente  á  Diego  Velazquez ,  y 
á  hagerle  saber  lo  que  está  dicho :  é  to- 
dos los  españoles  se  lo  rogaron  y  reque- 
rían, y  él  y  ellos  fueran  de  buena  ventu- 
ra; pero  estaba  guardada  para  otro,  y 
para  él  la  suya ,  que  fué  muy  mala,  como 
se  dirá  en  su  tiempo,  quando  se  tráete  de 
las  cosas  de  Nicaragua ,  en  la  segunda 
parte  destas  historias. 

De  manera  que  hechos  estos  rescates, 
con  la  mayor  parte  de  todo  lo  que  se  ovo, 
exgepto  algunas  cosas  que  para  su  qüenla 
depossitó  el  capitán  Johan  de  Grijalva  en 


DE  INDIAS.   LIB.  XVII.   CAP.  XV. 


o29 


los  oíros  capitanes  y  otras  perssonas,  en- 
vió á  la  isla  Fernandina  al  capitán  Pedro 
de  Aivarado,  en  aquella  caravela  que  se 
ha  dicho  que  tenia  nesgessidad  de  se  re- 
parar ,  é  con  éi  ginqüenta  é  tantas  per- 
sonas de  aquella  armada,  assi  de  los  que 
estaban  enfermos ,  como  de  los  que  con- 
venían para  gobernar  y  llevar  el  navio. 
Y  demás  de  las  joyas  y  oro  que  llevaba, 
le  dio  assi  mismo  la  india  que  se  dixo 
que  avia  dado  este  cagique  en  el  último 
rescate  ó  vez  que  se  vieron,  é  con  esto 
envió  la  relagion  particular  al  capitán 
Diego  Velazquez ,  por  cuyo  mandado  é  á 
cuya  costa  se  hizo  esta  armada  é  descu- 
brimiento, dándole  entera  relagion  de  to- 
do lo  subgedido  en  el  viaje  hasta  aquella 
hora ,  que  fué  el  dia  ya  dicho,  jueves 
veynte  e  quatro  de  junio  ,  dia  del  glorio- 
so Baptista.  É  assi  cómo  el  capitán  Aiva- 
rado se  hizo  á  la  vela  para  la  isla  de  Cu- 
ba ,  en  este  punto  y  hora  el  capitán  Gri- 
jalva  con  el  restante  de  la  gente  y  tres 
navios  que  le  quedaban,  se  partió  de  alli 
é  siguió  la  costa  adelante  hágia  el  Ocgi- 
dente ,  por  se  gertificar  si  aquella  era 
tierra  firme ;  é  andando  su  camino  á  la 
vela,  vieron  giertos  pueblos  que  paresgian 
grandes  mucho  y  blanqueaban  las  casas 
dellos  :  é  assi  andovieron  hasta  el  lunes 
siguiente ,  veynte  é  ocho  de  junio ,  quel 
piloto  mayor  Antón  de  Alaminos  dixo  al 
capitán  Grijalva  que  ya  sabia  que  le  avia 
muchas  veges  dicho  que  aquella  era  tier- 
ra firme  ,  y  que  cada  hora  se  afirmaba 
mas  en  ello ,  y  que  los  navios  yban  muy 


cargados  de  gente  y  bastimentos  y  el 
tiempo  se  gastaba  en  valde ;  y  pues  ya 
tenia  tomada  la  posession  é  fecho  lo  que 
era  obligado,  pues  no  yba  á  bojar,  sino  á 
descobrir  é  lomar  posession  délo  que  des- 
cubriesse ,  que  assi  por  esto  como  por- 
que las  corrientes  eran  muy  grandes  que 
yban  con  ellos ,  y  que  en  la  vuelta  po- 
dían tener  mucho  peligro  y  dificultad  pa- 
ra volver ,  y  podrían  faltar  los  bastimen- 
tos ;  que  su  paresger  seria  volver  en  de- 
manda de  la  isla  Fernandina  y  de  algunas 
otras  islas,  si  se  pudiessen  descobrir  y  to- 
mar la  posession  dellas.  Y  que  este  era 
su  voto ,  y  que  convenia  hagerse  assi  por 
lo  que  avia  dicho ,  como  porque  el  in- 
vierno venia  gerca ,  y  sospechaba  que 
seria  peligrosa  navegagion  en  aquellas 
partes ,  ó  podrían  subgederles  tales  tiem- 
pos que  la  gente  é  los  navios  se  per- 
diessen. 

El  capitán,  paresgiéndole  que  debia 
seguir  el  paresger  del  pilólo  mayor,  dixo 
que  pues  aquello  le  paresgia  que  era  lo 
mas  seguro  é  lo  que  convenia  ,  que  diesse 
la  vuelta  é  higiesse  lo  que  degia ;  é  assi 
volvieron  las  proas  é  tornaron  por  la 
misma  costa  que  avian  ydo ,  é  salieron 
de  la  misma  tierra  é  costa  hasta  catorge 
ó  quinge  canoas  de  guerra ,  y  en  ellas 
muchos  indios  con  rodelas  é  langas  é  va- 
ras, é  con  arcos  é  flechas ,  muy  lugida 
gente  y  con  determinagion  de  combatir 
los  navios  desta  armada ;  el  subgesso  de 
lo  qual  se  dirá  en  el  siguiente  capítulo 
con  brevedad. 


CAPITULO  XVI. 

En  que  se  Iracta  cómo  salieron  catorce  ó  quince  canoas  de  guerra  con  muchos  indios  á  combatir  las  (res 
caravelas  que  le  quedaban  al  capitán  Jolian  de  Grijalva,  é  de  la  batalla  naval  que  ovieron,  é  cómo  después 
salieron  los  españoles  en  el  rio  é  puerto  de  Sanct  Antón  ,  á  adobar  la  nao  capitana  ,  é  cómo  hallaron  cier- 
tos indios  de  poca  edad  degollados  é  abiertos  por  los  pechos. 


X-ilegadas  las  catorge  ó  quinge  canoas 

de  guerra  con  muchos  indios,  dispuestos 
TOMO  I. 


y  con  determinagion  de  pelear  con  las 
tres  caravelas  que  le  quedaban  al  capi- 


G7 


530 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


tan  Johan  de  Grijalva  ( porque  la  otra  ya 
la  avia  enviado  á  dar  relación  en  Cuba  á 
Diego  Veíazquez  del  subgesso  deste  des- 
cubrimiento ,  é  con  el  oro  é  los  rescates 
é  indios  que  se  avian  ávido  hasta  la  par- 
tida del  capitán  Alvarado),  juntáronse  muy 
osadamente  con  nuestros  navios ,  y  en- 
trados entre  ellos,  comentaron  á  les  tirar 
muchas  flechas ,  é  aunque  los  chripstia- 
nos  por  señas  los  convidaban  con  la  paz, 
no  curaron  desso ;  sino  prosiguiendo  su 
denuedo  temerario  se  daban  mas  priessa  á 
despender  fleclias  contra  los  españoles: 
lo  qual  viendo  el  capitán ,  mandóles  tirar 
tiros  de  artillería  ,  y  los  ballesteros  y  es- 
copeteros higieron  su  offigio  de  tal  mane- 
ra que  mataron  y  hirieron  algunos  indios. 
Entonges  ellos  se  dieron  tanta  é  mas  pries- 
sa á  se  desviar,  como  la  avian  traydo  con 
sus  canoas,  é  huyeron  todo  lo  que  les 
fue  possible  la  vuelta  de  tierra  ,  é  los  na- 
vios siguieron  su  camino  é  costa  la  via 
del  Leste  ó  Levante  hasta  que  passaron 
(segund  los  pilotos  degian)  á  diez  leguas 
antes  de  llegar  al  rio  de  Grijalva  que  se 
dixo  antes,  é  surgieron  alli  un  viernes,  á 
nueve  días  de  jullio.  Y  no  pudieron  su- 
bir lo  que  quisieran  por  el  rio,  á  causa  de 
las  corrientes  y  serles  el  tiempo  contra- 
rio; y  estovieron  alli  aquel  dia  é  el  si- 
guiente hasta  el  domingo  por  la  mañana 
(|ue  acordaron  de  tornar  atrás  á  buscar 
agua  porque  les  faltaba ,  é  volvieron  has- 
la  un  rio  quinge  leguas ,  y  el  lunes  si- 
guiente entraron  en  él ,  é  hallaron  puer- 
to ,  puesto  que  tenia  algunos  baxos  á  la 
entrada.  É  en  la  una  é  otra  costa  des- 
te  rio  avia  muchos  árboles  de  fructas 
de  muchas  maneras ,  é  viéronse  algunos 
puercos  por  el  monte,  é  giervos  aliebres: 
é  púsose  nombre  é  este  puerto  Sanct  An- 
tón, é  estuvieron  alli  tres  dias ,  tomando 
agua  y  esperando  tiempo ,  en  la  qual  sa- 
gon  vinieron  giertos  indios  sin  annas  é 
truxeron  quatro  hachuelas  en  dos  veges, 
de  oro  baxo  é  cobre  mezclado ,  é  dié- 


ronseles  gierlas  sartas  de  qüentas  de  vi- 
dro  de  rescate.  É  el  viernes  adelante,  diez 
é  seys  dias  de  julio,  se  higieron  á  la  vela 
estos  navios  desde  aquél  rio  é  puerto  de 
Sanct  Antón,  é  salió  primero  el  menor 
de  ellos  é  tras  él  la  nao  capitana,  y  er- 
ró la  canal  é  dio  sobre  los  baxos  mu- 
chos golpes  en  tierra,  é  se  vido  en  mu- 
cho peligro,  y  con  trabaxo  salió  á  la 
mar ,  hagiendo  mucha  agua ;  por  lo  qual 
fué  forgado  tornarse  al  rnesmo  puerto, 
porque  no  la  podian  sostener,  que  se 
anegaba,  ni  estaba  para  navegar;  y  para 
aliviarla ,  sacaron  en  las  barcas  parte  de 
la  gente,  é  pusiéronla  en  tierra  en  la 
costa  y  boca  del  mismo  rio ,  y  las  barcas 
tornaron  á  ayudar  á  meter  la  caravela  ó 
nao  capitana ;  y  en  tanto  que  estos  pocos 
chripstianos  estaban  en  la  playa  ,  vinie- 
ron de  la  otra  parte  algunos  indios ,  y 
estaban  fechos  un  esquadron  pequeño, 
en  que  podría  aver  hasta  veynte  ó  poco 
mas.  Y  de  acuerdo  destos  chripstianos  se 
apartaron  quatro  dellos  con  el  veedor 
Frangisco  de  Peñalosa ,  y  fueron  por  la 
costa  arriba  del  rio  hasta  se  parar  en 
frente  de  aquellos  indios  que  estaban  del 
otro  cabo  del  agua,  porque  por  alli  era 
mas  angosto  el  rio ,  por  ver  si  podrían 
entender  mejor  qué  gente  era  aquella  é 
qué  hagian  alli :  é  passaron  de  los  indios 
á  ellos  tres  ó  quatro  en  una  canoa ,  é  tor- 
náronse á  los  otros.  É  viendo  aquesto 
estos  chripstianos  (digo  la  mayor  parte 
dellos),  fueron  adonde  eslaban  los  qua- 
tro primeros  á  saber  qué  era  lo  que  que- 
rían aquellos  indios,  y  hallaron  que  les 
avian  dado  treynta  y  dos  hachuelas  de 
las  que  se  dixo  en  el  capítulo  antes  deste, 
todas  enastadas  é  puestas  en  sus  palos, 
é  giertas  mantas  gruesas  de  algondon 
de  poco  valor,  y  también  dieron  una  ta- 
gica  labrada  pequeña  de  oro ,  y  un  bote- 
gico  de  oro  labrado ,  y  una  mangana  do 
metal,  hecha  á  manera  de  una  guayaba  ó 
poma.  É  dixeron  que  avian  visto  aque- 


DE  ÍNDfAS.  LIB.  XVIL  CAP.  XVfi 


531 


líos  quatro.  ehripstianos  primeros  que 
los  indios  que  estaban  del  otro  cabo  del 
lio ,  yban  de  un  cabo  á  otro  en  la  playa 
en  un  arenalejo;  é  que  salia  uno  de  jun- 
to con  ellos  y  llegaba  al  agua  é  lendia 
los  bracos,  señalando  con  los  puños  Iiágia 
donde  ellos  estaban,  y  después  hágia  los 
quatro  ehripstianos  y  después  hágia  los 
«avíos,  é  metia  las  manos  en  el  arena  y 
tornaba  adonde  estaban  todos  los  otros, 
ó  sentábansse  todos  é  tornábansse  á  le- 
vantar, y  andaban  alrededor  é  yban  ade- 
lante é  traian  un  bulto  envuelto  en  un 
lio,  é  lo  avian  metido  debaxo  de  tierra. 
Y  que  esto  avien  fecho  tres  veges ,  que 
lo  vieron  los  quatro  ehripstianos  prime- 
ros ,  y  no  sabían  qué  cosa  era  aquello ;  é 
después  de  les  aver  dado  las  hachuelas 
y  h)  que  es  dicho,  se  fueron  los  indios 
todos,  que  no  paresgieron;  y  en  este 
medio  tiempo  la  nao  capitana  entró  en 
el  puerto  é  los  otros  navios.  Este  mismo 
día  se  echaron  menos  los  indios  lenguas 
Julián  é  Pero  Barba ,  que  se  avian  y  do: 
ved  qué  verso  avrían  fecho  en  sus  in-» 
terpretagiones^  y  qué  intengion  tenían 
de  salvarse  en  la  fé  de  Chripsto,  y  cómo 
avien  entendido  el  sacramento  del  Bap- 
tísmo  que  avian  tomado  1 

Assi  que,  luego  que  los  navios  fueron 
surtos ,  saltó  en  tierra  el  capitán  Grijalva  é 
llevaron  ante  él  las  hachuelas  é  otras  co- 
sas que  es  dicho,  é  dixéronle  lo  que  avian . 
visto,  é  el  capitán  hizo  pesar  las  hachue- 
las, é  con  ellas  las  quatro  primeras ,  é  todas 
pesaron  mili  é  septegíentos  é  noventa  pe- 
sos é  gínco  tomines,  é  la  tagica  é  bote- 
gico  de  oro  pesaron  veynte  é  dos  pesos  é 
gínco  tomines.  É  luego  se  assentó  el  real 
de  los  ehripstianos  en  la  costa  deste  puer- 
to,  é  no  quedó  gente  alguna  en  los  na- 
vios, sino  la  que  no  se  pudo  excusar  para 
los  guardar :  é  hizo  el  capitán  dar  un  pre-- 
gon  é  leer  giertas  ordenangas  para  que 
ninguno  se  apartasse  del  real  ni  hablasse 
en  poblar,  ni  so  juntassen  en  corrillos, 


ni  ovíesse  liga  ni  monipodio ,  ni  se  Irac- 
tasse  cosa  contra  lo  que  él  mandaba  y 
ordenaba ;  lo  qual  él  hizo ,  porque  sintió 
que  se  murmuraba  del ,  y  la  gente  avia 
gana  de  poblar  é  quedarse  en  aquellas 
partes.  El  domingo  que  se  contaron  diez 
é  ocho  de  julio,  después  que  en  el  real 
fué  dicha  missa  en  presengia  de  todos 
ios  del  exérgito,  se  leyeron  é  publicaron 
las  ordenangas  que  es  dicho.  El  lunes  si- 
guiente vinieron  en  una  canoa  giertos  in- 
dios é  un  pringipal  que  los  mandaba ,  y 
llamaron  desde  aparte ,  é  el  capitán  en- 
vió al  tesorero  y  veedor  y  escribano  é 
otros  dos  hidalgos  á  ver  qué  era  lo  que 
querían,  é  truxeron  algunas  pinas  é  ma- 
meyes é  gallinas  de  las  de  la  tierra ,  é 
degían  por  señas  que  traerían  oro :  é  díé- 
ronles  un  sayo  de  colores  á  mitades,  de 
paño  grosero ,  é  una  camisa  é  un  par  de 
alpargates  y  unas  servillas  de  muger  y 
un  bonete  de  mitades,  é  unas  tixeras,  é 
algunos  hilos  de  qüentas  devidro  de  co- 
lores ,  que  todo  podría  valer  un  par  de 
ducados  ó  poco  mas.  Y  el  pringipal  se 
vistió  la  camisa  é  luego  el  sayo,  é  se  - 
puso  el  bonete,  é  con  el  mayor  plager 
del  mundo  él  é  sus  indios  se  fueron ,  d¡- 
giendo  que  tornarían  con  oro.  Y  el  miér- 
coles siguiente ,  veynte  é  uno  de  julio,, 
vinieron  otros  indios,  é  truxeron  al  ca- 
pitán dos  hachuelas  que  pesaron  giento 
é  qqarenta  y  ocho  pesos  largos ,  y  una 
taga  de  pedreguelas,  en  que  avia  ocho  de 
ellas  de  color  morado,  é  veynte  é  tres 
de  otras ,  é  giento  é  diez  qüentas  de  ora^ 
huecas ,  y  diez  é  nueve  qüentas  como  de 
estaño ,  é  una  tagica  como  salero ,  que 
pesó  quatro  pesos  é  tomines.  É  díéronles 
giertas  conteguelas,  que  podrían  todas 
valer  seys  ó  siete  reales  en  España ;  é  un 
marinero  truxo  una  hachuela ,  como  las  ~ 
de  suso ,  que  pesó  ginqüenta  é  nueve  pe- 
sos, que  dixo  que  un  indio  suyo  la  avia 
ávido. 

Aqueste  día ,  viniendo  unos  compañe-- 


;32 


HISTORIA  GENERAL  Y  iNATCRAL 


ros  del  armada  de  pescar  de  la  otra  van- 
da  del  rio ,  truxeron  ante  el  capitán  unas 
tenagicas  como  las  que  usan  las  mugeres 
para  se  pelar  las  gejas,  é  un  cascabel  con 
unas  alas  fechas  en  él ,  é  una  cabera  de 
gemí ,  é  dos  águilas  con  cada  tres  pin- 
jantes ,  y  otro  cascabel  menor  que  el  de 
suso  y  un  cañutillo ,  como  cabo ,  lo  qual 
todo  era  de  oro ,  é  pesaron  estas  piegas 
nueve  castellanos  y  un  ducado.  É  dixe- 
ron  que  junto  al  rio  en  un  arenalejo ,  en 
un  hoyo  cubierto  de  tierra  é  unas  tunas 
ó  cardos,  engima  avian  hallado  tres  per- 
sonas enterradas  de  pocos  dias ,  que  es- 
taban degollados  é  abiertos  por  los  pe- 
chos á  la  parte  del  coragon ,  á  los  quales 
hallaron  aquellas  piegas  de  oro  que  es 
dicho,  y  un  gemí  ó  ydolo  de  metal  que 
estaba  todo  con  aquellos  muertos.  É  lue- 
go el  capitán  mandó  passar  algunos  de 
sus  soldados  con  un  escribano  de  la  otra 
parte,  para  que  mirassen  aquellos  defun- 
tos  é  viessen  de  qué  forma  estaban  é  le 
truxessen  relagion  dello :  é  passados  de 
la  otra  parte  del  rio,  hallaron  tres  muer- 
tos ,  el  uno  que  paresgia  de  trege  ó  ca- 
torge  años ,  é  los  dos  do  cada  ginco  ó 
seys,  degollados  é  abiertos  por  los  pe- 
chos y  echados  en  un  hoyo  é  cubiertos 
con  arena  y  engima  algunas  tunas,  por- 
í¡ue  los  chripstianos  que  les  tomaron  el 
oro,  los  avien  tornado  á  cobrir.  Y  estaban 
en  aquel  arenalejo,  donde  avian  estado 
los  indios  que  se  dixo  de  suso  que  die- 
jon  las  treynta  y  dos  hachas  é  taga  é  bo- 
tegico  de  oro  é  que  hagian  aquellos  autos 


ó  ademanes  ya  dichos,  al  tiempo  que  se 
desembarcaron  los  primeros  chripstianos 
en  el  puerto  ,  y  estaban  frescos ,  que  se 
paresgia  bien  que  el  viernes  antes,  quan- 
do  se  dixo  que  entraron  los  navios  en 
aquel  puerto ,  los  avian  degollado  ó  sa- 
criñcado.  É  todos  los  indios  que  avian 
venido  en  aquella  costa  á  verse  ó  tractar 
con  el  capitán  é  los  chripstianos  todos 
traian  cortadas,  ó  mejor  digiendo,  har- 
padas las  orejas  y  corriendo  sangre  por 
la  cara.  Aquesto  es  cosa  común  en  la 
Nueva  España  y  en  otras  partes  de  Tier- 
ra-Firme, como  se  dirá  mas  largamente, 
quando  se  escriba  la  segunda  parte  desta 
General  y  natural  historia  de  Indias;  y 
este  sajamiento  de  orejas  es  entre  aque- 
lla gente  como  una  compurgagion  ó  geri- 
monia  para  aplacar  al  demonio ,  é  cosa 
muy  religiosa  é  sancta  entre  los  indios. 
Tornando  al  propósito  é  passo  en  que 
estamos,  digo  que  no  se  determinaron 
estos  españoles  que  fueron  á  ver  aque- 
llos indios  si  eran  hombres  ó  mugeres, 
por  estar  dañados  é  mucho  hediendo ,  é 
no  los  sacar  del  hoyo  en  que  estaban, 
sino  solamente  los  descubrieron  de  un  lio 
en  que  estaban  arrollados,  é  assi  se  los 
dexaron  é  los  tornaron  á  cubrir  de  are- 
na. Pero  de  creer  es  que  si  tuvieran  mas 
oro,  que  aunque  mas  hedieran  no  que- 
daran con  ello ,  aunque  se  lo  ovieran  de 
sacar  de  los  estómagos  ;  porque  la  mal- 
vada cobdigia  de  los  hombres  á  todo  tra- 
baxo  é  asco  y  peligroso  subgesso  se  dis- 
pone. 


CAPITULO  XVII. 

Cómo  el  capitán,  Johan  de  Grijalva,  partió  con  los  tres  navios  y  armada  del  puerto  de  Sanct  Anión  ,  y 

cómo  fué  á  Puerto  Desseado  ,  y  cómo  se  hallaron  unos  ydolos  é  indÍ9Íos  notorios  de  ser  la  gente  de  aquella 

tierra  su9ia  é  culpada  del  pecado  nefando  contra  natura ,  é  ydólatras. 


M 


artes,   veynte  de  julio,  salieron  los 
tres  navios  y  chripstianos  que  andaban 


en  este  descubrimiento  con   el  capitán 
Johan  de   Grijalva ,  del  rio  é  puerto  de 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  XVII. 


S3a 


Sanct  Antón ,  é  lomaron  la  derrota  para  la 
isla  Fernandina  ;  é  después  que  andovie- 
ron  hasta  los  diez  é  siete  días  de  agosto 
con  muy  contrarios  tiempos  é  faltándoles 
ya  el  agua ,  acordaron  de  volver  á  buscar 
la  Tierra-Firme  y  hager  aguada ,  porque 
no  tenian  qué  beber,  y  no  sabian  adonde 
estaban.  É  tornando  á  buscar  la  tierra, 
la  vieron  un  martes,  diez  é  siete  dias  de 
agosto ,  é  llegaron  á  un  puerto  que  se 
hagia  entre  dos  tierras,  el  qual  es  mas 
baxo  de  Puerto  Desseado  y  entre  medias 
del  é  del  rio  de  Grijalva ,  é  hizo  el  capitán 
llamar  á  este  puerto  el  puerto  de  Térmi- 
nos, porque  dixo  el  piloto  que  estaba 
entre  ambas  islas ,  é  alli  se  tomó  agua  en 
unos  xagueyes ;  é  avia  en  aquesta  tierra 
mucha  caga  de  liebres ,  y  es  tierra  muy 
hermosa  é  vigiosa ,  y  en  tanto  que  alU 
estovieron  los  chriplianos  tomando  agua, 
vieron  canoas  cada  dia  atravessar  con 
gente  á  la  vela ,  que  passaban  á  la  otra 
tierra  de  la  Isla  Rica  ó  Yucatán. 

En  la  costa  de  aqueste  puerto,  bien 
media  legua  de  donde  estaban  los  navios 
surtos,  avia  dos  árboles  que  estaban 
apartados  ó  solos ,  é  debieran  ser  pues- 
tos á  mano ,  y  entre  ambos  árboles  esta- 
ba á  doge  ó  quinge  passos  un  gemí  de 
otro  ó  un  ydolo.  Por  manera  que  se  con- 
taron catorge  ó  quinge  destos  gemís  ó 
ydolos  de  barro  y  unos  tiestos  ó  cagúelas 
de  barro  con  pies  á  manera  de  braserue- 
los  para  echar  lumbre,  que  se  creyó  de- 
bía ser  para  sahumerios  á  los  ydolos  ó 
gemís  ques  dicho ,  porque  avia  en  ellos 
geniga  é  tenian  engienso  ó  gierta  forma 
de  resina  que  los  indios  usan  para  sahu- 
mar: é  los  chripstianos  que  lo  fueron  á 


ver,  dixeron  que  avian  hallado  entre 
aquellos  gemís  ó  yolos ,  dos  personas  he- 
chas de  copey  (que  es  un  árbol  assi  lla- 
mado), el  uno  caballero  ó  cabalgando 
sobre  el  otro ,  en  figura  de  aquel  abomi- 
nable y  nefando  pecado  de  sodomia ,  é 
otro  de  barro  que  tenia  la  natura  asida 
con  ambas  manos,  la  qual  tenia  como 
gircungiso.  Esta  abominagion  es  mejor 
para  olvidada  que  no  para  ponerla  por 
memoria ;  pero  quise  hager  mengion  de- 
lla  por  tener  mejor  declarada  la  culpa, 
por  donde  Dios  castiga  estos  indios  é  han- 
seydo  olvidados  de  su  misericordia  tan- 
tos siglos  há.  Y  como  he  dicho  en  el  li- 
bro segundo  desta  primera  parte ,  pues 
Su  Magestad  manda  que  me  den  relagion 
verdadera  todos  sus  gobernadores  de  las 
cosas  destas  Indias ,  esto  tengo  yo  signa- 
do é  por  testimonio  que  me  fué  dado  por 
el  teniente  Diego  Velazquez ,  passando  yo 
por  aquella  isla  Fernandina  el  año  de  mili 
é  quinientos  é  veynte  é  tres:  é  yo  llevé 
este  testimonio  á  España  á  su  ruego  para 
dar  notigia  destc  descubrimiento  suyo  é 
otras  cosas  á  la  Cesárea  Magestad ;  y  no 
es  este  pecado  entre  aquellas  mal  aven- 
turadas gentes  despresgiado ,  ni  sumaria- 
mente averiguado :  antes  es  mucha  ver- 
dad quanto  dellos  se  puede  degir  é  cul- 
par en  tal  caso. 

Assi  que  tornando  á  la  historia ,  tomada 
el  agua  que  quisieron  para  su  camino,  es- 
te capitán  é  sus  tres  navios  y  gente  sa- 
lieron deste  puerto  de  Términos,  un  do- 
mingo veynte  é  ginco  del  mes  ya  dicho, 
y  estuvieron  alli  hasta  el  viernes  toman- 
do pescado  (que  hay  mucho)  y  salándolo 
para  su  camino  ématolotaje. 


534 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


.       CAPITULO  XVllI. 

Cómo  el  capitán  Johan  de  Grijalva  partió  con  el  armada  de  Puerto  Desseado  ,  é  quisso  yr  por  donde  avian 
muerto  la  gente  al  capitán  Francisco  Henandez  de  Córdoba  en  la  cosía  de  Yucatán  en  un  pueblo  que  se 
•dice  Champoton,  y  de  lo  que  alli  le  acaesció ,  y  de  todo  lo  demás  hasta  que  tornó  á  la  isla  de  Cuba  á  dar 
cuenta  de  su  viaje  y  descubrimiento  al  teniente  Diego  Velazquez  é  otras  cosas  convinientes  al  discurso 

de  la  histoi'ia. 


Oalida  el  armada  de  Puerto  Desseado, 
guió  la  costa  adelante  de  Yucatán  para 
yr  al  pueblo  de  Champoton ,  á  donde  los 
indios  en  el  primero  descubrimiento  ma- 
taron veynte  é  tantos  chripstianos  al  ca- 
pitán Francisco  Hernández  de  Córdoba, 
y  le  hirieron  muchos  mas.  É  ya  el  capi- 
tán Grijalva  avia  hecho  giertas  ordenan- 
gas  de  la  manera  que  los  chripstianos  é 
su  gente  avian  de  tener  con  los  indios,  pa- 
ra que  no  los  enojassen,  só  graves  penas; 
é  se  las  avia  fecho  notificar  en  el  proprio 
Puerto  Desseado ,  el  qual  está  catorce  ó 
quince  leguas  del  pueblo  de  Champoton. 
Y  el  miércoles  en  la  tarde ,  primero  dia 
del  mes  de  septiembre  llegaron  con  sus 
navios  á  vista  y  enfrente  del  pueblo,  éla 
caravela  capitana  surgió  dos  Teguas  en  la 
mar  desviada  de  tierra  en  tres  bragas  de 
agua,  é  otro  menor  navio  surgió  una  le- 
gua de  tierra,  é  el  otro  tergero,  que  era 
fc'l  menor  de  lodos ,  surgió  á  media  legua 
de  tierra,  y  no  se  osaron  llegar  mas  á 
la  costa,  porque  alli  mengua  mucho  la 
Jiiar ,  porque  los  navios  no  quedassen  en 
seco  é  corriessen  peligro  é  riesgo,  si  al- 
gimd  tiempo  contrario  subgediesse.  Aquel 
dia  hizo  passar  el  capitán  parte  de  la 
gente  al  vergantin  ó  navio  menor  que 
estaba  mas  gerca  de  tierra,  para  saltar  al 
quarto  del  alba  en  la  costa  sin  escándalo, 
porque  le  fué  dicho  al  capitán  que  podian 
muy  bien  salir ,  é  tornáronse  las  barcas 
á  la  capitana.  Entre  aquel  navio  menor  é 
la  costa,  en  la  mitad  de  aquel  espagio  de 
loar  que  avia  hasta  tierra  ,  estaba  una  is- 
l  ?ta  y  en  ella  un  farallón  ó  roquedo ,  so- 


bre el  qual  avia  una  casa  blanca  á  mane- 
ra de  fuerga  ó  castillo,  é  aquella  noche 
se  oía  desde  la  caravela  como  avia  alli 
indios  é  se  velaban  y  tañian  alambores. 
Y  al  quarto  del  alba  antes  del  dia  llegó 
el  capitán  con^  dos  barcas  cargadas  de 
gente  al  navio  pequeño ;  y  cómo  vido  que 
le  avian  engañado ,  pesóle  de  aver  ydo, 
porque  avia  trabaxado  mucho  inútilmen- 
te, y  quissiera  no  se  aver  detenido  ni 
dexado  su  camino;  pero,  pues  ya  estaba 
alli,  acordó  de  se  yr  á  desembarcar  á  la 
isleta  donde  estaba  aquel  peñón,  é  assi  lo 
hizo ,  y  antes  que  fuesse  de  dia  tornaron 
las  barcas  á  la  caravela  pequeña  por  la 
otra  gente  y  la  llevaron  á  la  isleta ,  é  con 
el  capitán  avian  ydo  los  artilleros  é  algu- 
nas lombardas  é  ballesteros  y  escopete- 
ros, essos  pocos  que  tenian.  Y  antes  que 
llegassen  con  las  segundas  barcadas, 
avian  acometido  los  indios  á  los  chrips- 
tianos, penssando  gercarlos  alli,  é  avian 
venido  muchas  canoas  desde  la  Tierra- 
Firme  é  costa  della,  y  con  los  tiros  avian 
echado  una  á  fondo ,  é  muerto  uno  ó  dos 
indios ,  é  se  avian  ydo  por  donde  vinie- 
ron á  mas  que  de  passo.  Desde  aquella 
isleta  se  veía  el  pueblo  de  Champoton, 
todo  barreado  de  paligadas  y  albarradas 
y  muchas  arboledas,  é  sonaban  muchos 
alaridos  é  boginas  é  alambores,  é  los  in- 
dios que  se  mostraban,  estaban  armados 
de  arcos  é  flechas  é  rodelas  é  langas.  Y 
el  pueblo  está  apoco  trecho  de  la  mar,  é 
hagian  grandes  ademanes,  mostrando  que 
querían  pelear ,  é  por  parte  de  abaxo  del 
pueblo  hay  un  rio  por  donde  pueden  sa- 


DE  JNDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  XVIII. 


M  o  *» 
x)ÓO 


lir  las  canoas  y  gercar  á  los  que  saltassen 
en  tierra;  y  viendo  quán  peligroso  avia 
de  ser  el  salir  de  los  chripslianos  en  tier- 
ra, quisso  tomar  el  capitán  el  paresger 
de  los  que  alli  estaban  ,  después  de  aver 
di  dicho  los  inconvinientes  que  le  pares- 
gia  que  estaban  aparejados:  é  algunos 
dixeron  que  assi  les  paresgia  lo  mismo  á 
ellos,  que  no  era  bien  salir,  sino  que  se 
tornassen  á  los  navios:  otros  degian  lo 
contrario,  y  que  era  bien  que  saliessen: 
otros  dixeron  que  ni  eran  de  paresger 
que  fuessen  á  dar  en  los  enemigos,  ni  lo 
dexassen  de  hager;  que  ellos  harian  lo 
quel  capitán  mandasse.  Y  él  viendo 
aquesto,  dixo  que  él  queria  salir;  pero 
que  avia  de  ser  con  las  ordenangas,  é  co- 
mo lo  avia  fecho  saber  á  todos,  é  hízose- 
las  tornar  á  leer  otra  vez  en  aquella  is- 
leta. 

Visto  aquesto,  los  mas  dixeron  que 
con  tales  condigiones  no  les  paresgia  bien 
la  salida ,  ni  sabia  á  qué  avian  de  salir 
allá ,  ni  querían  yr  al  pueblo ,  y  que  no 
avian  de  guardar  ningunas  ordenangas, 
y  que  si  yban,  que  avian  devengará  los 
chripslianos,  que  avian  alli  muerto  al  ca- 
pitán Frangisco  Hernández ,  y  quemarles 
el  pueblo ,  y  darles  un  castigo  que  nunca 
le  olvidassen,  y  no  dexar  alguno  con  la 
vida ,  si  purJiessen.  El  capitán ,  conosgida 
la  buena  voluntad  de  su  gente,  y  que  si 
lo  comengaban  ,  no  lo  podria  atajar ,  dio 
orden  cómo  se  tornassen  todos  á  embar- 
car, y  assi  se  hizo ,  é  él  quedó  en  tierra 
en  la  isleta  para  yr  con  las  postreras  bar- 
cas ;  é  quando  los  indios  los  veian  yrsse 
entraban  en  el  agua,  con  sus  arcos,  hasta 
los  pechos ,  dando  grita  y  hagiendo  fie- 
ros, é  tirando  flechas  perdidas  á  mas  ti- 
rar ,  mostrándosse  muy  feroges  y  deno- 
dados. Pero  como  la  dispusigion  del  lu- 
gar ni  la  voluntad  del  capitán  no  eran 
para  atender,  se  higieron  ala  vela,  un 
viernes  tres  dias  de  septiembre,  y  el  do- 
mingo siguiente  en  la  tarde  llegaron  á  vis- 


ta del  pueblo  de  Lágaro,  donde  acordaron 
de  tomar  agua  para  su  camino ,  porque 
avia  nesgessidad  della.  É  porque  la  costa 
de  adelante  no  era  sabida ,  ni  estaban 
giertos  si  podrían  hallar  agua  en  ella, 
mandó  el  capitán  salir  en  tierra  la  gente 
con  quatro  tiros  de  pólvora ,  é  los  ba- 
llesteros y  escopeteros;  é  surgidos  los 
navios  á  media  legua  del  pueblo ,  luego 
otro  día  de  mañana  saltaron  en  la  costa 
parte  de  los  chripslianos  con  los  capita- 
nes particulares ,  é  luego  vieron  indios 
sin  armas  que  les  señalaron  con  el  dedo 
dónde  estaba  el  agua;  é  llegados  alli,  les 
degian  é  señalaban  mas  adelante ;  é  lle- 
gados donde  la  segunda  vez  les  enseña- 
ban ,  degian  que  mas  adelante  estaba  el 
agua,  y  llegados  allá,  ñola  hallaron:  an- 
tes dieron  en  una  gelada  de  donde  salie- 
ron mas  de  tresgientos  indios  con  arcos  é 
flechas  ,  é  rodelas,  é  langas,  é  bien  ar- 
mados, segund  su  costumbre,  y  comcn- 
garon  á  tirar  flechas,  é  quisieran  gercar 
é  tomar  en  medio  á  los  chripstianos.  Es- 
tonges  tiráronles  dos  ó  tres  tiros  de  arti- 
llería, é  aunque  huían,  tornaban  á  tirar 
tras  los  españoles,  los  quales  viéndose 
engañados,  se  tornaban  hágia  la  costa  á 
sus  barcas.  É  cómo  desde  los  navios  los 
vieron  volverse,  salió  el  capitán  general 
Johan  de  Grijalva  con  el  resto  de  la  gen- 
te, y  en  tanto  que  él  llegaba  á  tierra  ti- 
raron otra  vez  con  los  tiros ,  y  assi  gessa- 
ron  los  indios  su  bravear  y  no  se  lle- 
garon tan  gerca,  é  ovo  lugar  de  llegar 
el  general  é  la  gente  toda :  é  durmie- 
ron aquella  noche  en  tierra,  é  estu- 
vieron assi  mismo  el  otro  día  siguiente 
é  hasta  el  tergero ,  é  tomaron  toda  el 
agua  que  quisieron ,  y  la  metieron  en  los 
navios,  y  también  metieron  mahíz  que 
tomaron  del  campo ;  porque  avia  muchos 
y  muy  hermosos  mahizales,  porque  sí  ca- 
so fiiesse  que  los  otros  bastimentos  fal- 
tassen,  que  tenían  ya  pocos,  se  susten- 
tasscn  con  el  mahíz  hasta  la  isla  Fernán- 


53G 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


dina.  Fecho  aquesto ,  se  recogieron  los 
chripstiauos  en  sus  navios. 

El  miércoles  ocho  dias  de  septiembre 
salió  el  armada  de  alli,  y  fué  el  bordo 
de  la  mar  con  no  buen  tiempo,,  y  por  esso 
andaban  los  navios  temporigando,  é  tor- 
naban á  dar  otro  bordo  para  la  tierra  ,  é 
andando  assi  volteando  desta  manera  has- 
ta el  sábado,  onge  de  septiembre,  al  poner 
del  sol  vieron  una  tierra  nueva  como  ba- 
xos ,  y  porque  era  tarde  apartáronse  de- 
Ha  y  dieron  la  vuelta  aquella  noche  á  la 
mar.   Otro  dia  domingo   volvieron  so- 
bre aquella  tierra ,  por  ver  qué  era ,  é  no 
vieron  otra  tierra  mas  de  aquellos  baxos 
é  dixo  el  piloto  mayor  que  debían  ser 
arragifes  de  alguna  isla  nueva  que  debia 
estar  por  ahí  gerca;  é  cómo  los  baxos  es- 
taban al  través  de  su  camino ,  ovieron  de 
tornar  á  dar  la  vuelta  hágia  Yucatán,  pues 
que  por  alli  no  podian  passar  adelante, 
é  volvieron  hasta  ver  la  costa  de  Yu- 
catán ,  é   tomaron   la   tierra   mas  arri- 
ba del  rio ,  que  llaman  de  LagarloSy  don- 
de digen  el  Palmar ,  y  desde  alli  costean- 
do la  isla,  miércoles  quinge  de  septiem- 
bre, siguieron  todavía  la  costa  hasta  el 
martes   siguiente,    que   se   continuaron 
veynte  é  uno  del  mes.  É  atravesaron  des- 
de una  tierra  que  se  dice  Comi,   segund 
los  indios  dixeron ;  y  aunque  tenian  po- 
ca agua,  acordaron  de  atravesar  con  po- 
nerlo todo  en  la  determinagion  de  Dios, 
porquel  tiempo  no  era  bueno  ni  espera- 
ban que  tan  presto  lo  seria:  é  el  miérco- 
les adelante,  veynte  é  nueve  del  mes, 
dia  del  Arcángel  Sauct  Miguel ,  por  la 
mañana  paresgió  la  tierra  de  la  isla  Fer- 
nandina ,  é  vieron  una  parte  de  la  que  se 
dige  el  Marien ,  é  otro  dia  siguiente  lle- 
garon á  estar  enfrente  del  puerto  de  Ca- 
renas ,  y  gerca  de  la  tierra ,  é  por  saber 
el  general  si  avia  llegado  en  salvamento 
el  capitán  Alvarado  que  él  avia  enviado 
alelante  ,  segund  tengo  ya  dicho ,  salió  en 
tierra  con  pocos,  é  entró  en  una  estan- 


gia  de  unos  veginos  de  la  villa  de  Sanct 
Chripslóbal,   é  halló  alU  quien  le  dixo 
quel  navio  de  Alvarado  avia  alli  llegado 
en  salvamento,  aunque  con  harto  traba- 
xo.  Y  estuvo  essa  noche  en  tierra  Grijal- 
va,  é  otro  dia  luego  se  quiso  tomar  á  los 
navios ;  pero  no  los  vido  y  penssó  que 
avian  decaydo  con  las  corrientes ,  é  assi 
por  esto  se  entró  en  su  barca  él  y  los  que 
con  él  avien  salido ,  é  anduvo  todo  el  dia 
é  la  noche  siguiente  hasta  otro  dia  por 
la  mañana  por  la  costa,  que  fué  sábado 
dos  dias  de  octubre  que  llegó,  delante 
del  puerto  de  Xaruco ,  á  una  estangia  de 
Diego  Velazquez ;  é  salido  alli  preguntó 
si  avian  visto  los  navios,  é  dixéronleque 
no :  é  á  hora  de  las  diez  del  dia  pares- 
gieron  enfrente  del  puerto  que  llamando 
Ghipiona,  que  es  en  la  dicha  estangia 
donde  el  capitán  Grijalva  avia  llegado, 
como  es  dicho.  Y  desde  aUi  se  entró  en 
los  navios ,  y  cómo  el  tiempo  era  contra- 
rio, no  les  dexó  tomar  el  puerto  de  Ma- 
langa ,  é  assi  andovieron  dando  bordos  á 
un  cabo  y  á  otro  hasta  el  lunes  siguiente, 
quatro  dias  de  octubre,  que  porque  la 
gente  yba  muy  fatigada,  mandó  el  capi- 
tán que  tomassen  el  puerto  de  Xaruco :  é 
assi  entraron  en  él  en  la  tarde  á  puesta 
del  sol ,  y  el  dia  siguiente  se  desembar- 
có toda  la  gente  en  tierra ,  y  cada  uno  se 
fué  por  su  parte ,  exgepto  algunos  pocos 
que  quedaron  y  se  fueron  con  el  capitán 
en  el  navio  menor  de  todos,  dicho  Sancta 
María  de  los  Remedios ,  hasta  el  puerto 
que  llaman  de  Ghipiona.  É  desde  alli  fue- 
ron al  que  llaman  de  la  Malanga ,  donde 
allegó  á  los  ocho  del  mes,  é  el  sábado 
adelante  llegaron  alli  los  otros  navios ,  é 
hallaron   alli  al  capitán  Ghripstóbal  de 
Olit ,  al  qual  el  teniente  Diego  Velazquez 
avie  enviado  con  un  navio  que  ahy  tenia 
con  gente  armada,  é  artillería,  é  basti- 
mentos ,  en  busca  del  armada  del  capi- 
tán Grijalva.  El  qual  dixo  que  avia  alle- 
gado á  la  isla  de  Cogumel ,  é  que  avia  lo- 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  XVIII. 


«37 


mudo  la  posession  de  la  isla  penssando 
que  estaba  por  descobrir ,  é  que  desde 
ella  avia  ydo  costeando  la  tierra  de  Yu- 
catán por  la  vanda  del  Norte,  c  avia  lle- 
gado á  un  puerto  que  se  hagia  delante 
en  una  boca  que  se  hage  al  cabo  de  la 
tierra,  y  segund  los  pilotos  de  la  armada 
degian ,  debia  de  ser  un  puerto  que  está 
entre  la  misma  Yucatán  y  Puerto  Dessea- 
do :  é  que  cómo  no  avia  hallado  rastro 
ni  memoria  del  armada  ,  que  assi  por  es- 
to, como  porque  avia  perdido  las  ánco- 
ras é  no  tenia  buenas  amarras  ó  cables, 
se  avia  tornado  á  la  isla  Fernandina ,  é 
avia  allegado  á  aquel  puerto  de  Matan- 
gas  ocho  dias  avie. 

Estando  alli  el  capitán  Grijalva  aderes- 
gando  su  partida  é  hagiendo  meter  bas- 
timentos en  los  navios ,  para  yrse  á  la  cib- 
dad  de  Sanctiago,  donde  estaba  el  te- 
niente Diego  Velazquez,  le  dieron  una 
carta  suya  en  la  qual  le  mandaba  que  lo 
mas  pronto  quél  pudiesse  le  enviasse  los 
navios,  y  dixesse  á  la  gente  que  por 
quel  aderesgaba  á  grand  priessa  para  en- 
viar á  aquella  tierra  que  se  avia  descu- 
bierto, que  todos  los  que  quissiessen  yr 
allá  á  poblar  se  esporassen  alli  hasta  que 
él  enviasse  los  navios  (que  seria  muy 
presto) ,  y  que  de  sus  hagiendas  de  Diego 
Velazquez  les  seria  dado  todo  lo  que 
oviesse  menester ;  y  assi  lo  envió  á  pro- 
veer é  mandar  que  se  les  diesse  á  todos 
los  que  esto  quissiessen  atender,  y  escri- 
bió á  los  alcaldes  y  regimiento  de  aque- 
lla villa  de  Sanct  Chripstóbal  que  les  hi- 
giessen  todo  buen  tractaraiento,  Éassi  al- 


gunos se  quedaron  alli,  esperándola  vuel- 
ta de  los  navios ,  para  yr  á  poblar  la  Isla 
Rica,  que  es  la  tierra  de  Yucatán  (é  no 
isla ,  como  entonges  se  penssaba) :  otros 
algunos  se  fueron  á  sus  casas  con  pens- 
samiento  de  volver ,  quando  fuesse  tiem- 
po. É  luego  fueron  ios  navios  é  capita- 
nes con  el  general  Johan  de  Grijalva  á  la 
cibdad  de  Sanctiago  é  higiéronse  á  la  ve- 
la viernes  en  la  noche ,  veynte  édos  dias 
de  octubre  de  aquel  año  de  mili  é  qui- 
nientos é  diez  é  ocho  ,  los  tres  navios ,  é 
con  ellos  assi  mismo  el  capitán  Chripstó- 
bal de  Olit  con  el  otro  navio  que  se  di- 
xo  :  é  hízoles  muy  contrarios  tiempos ,  é 
assi  tardaron  algunos  dias  hasta  llegar  á 
Sanctiago,  donde  hallaron  al  teniente 
Diego  Velazquez ,  al  qual  se  le  dio  rela- 
gion  de  todo  lo  que  se  ha  dicho  que  sub- 
gedió  en  este  descubrimiento  é  camino 
que  por  su  mandado  hizo  el  capitán  Johan 
de  Grijalva.  El  qual  quedó  desfavoresgido 
de  Diego  Velazquez  é  mal  quisto  con  la 
gente  que  llevó ,  porque  no  avia  poblado 
en  la  rica  tierra  que  avia  descubierto;  á 
causa  de  lo  qual  desdeñado ,  se  passó  á  la 
Tierra-Firme  á  la  provingia  de  Nicara- 
gua, donde  en  una  nueva  poblagion  que 
hizo  el  capitán  Benito  Hurtado ,  que  se 
llama  Vülahermosa ,  por  mandado  del  go- 
bernador Pedrarias  Dávila ,  estando  des- 
cuydados  los  nuevos  pobladores,  se  alga- 
ron  los  indios  é  mataron  al  capitán  Hur- 
tado é  assi  mismo  á  este  capitán  Johan  de 
Grijalva  é  otros  chripstianos,  como  se  dirá 
en  su  lugar,  en  la  segunda  parle  de  la  his- 
toria ,  quando  se  tráete  de  aquella  tierra. 


TOMO  1. 


G8 


538 


niSTOniA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  XIX. 

En  que  se  tracta  cómo  el  lonicnte  Diego  Velazquez  envió   por  su  capil(.n  en  el  lencero  descubrimienf»»  á 
Hernando  Corles,  el  qual  qnedó  despiios  por  gobernador  de  la  Nueva  España,  é  de  la  muerte  del  adeUm- 

tado  Diego  Velazquez. 


Algo  ha  seydo  larga  la  relación  deste 
segundo  descubrimiento  hecho  por  el  te- 
niente Diego  Velazquez ,  y  en  su  nombre 
por  el  capitán  Johan  de  Gnjalva,  vecino 
que  fué  de  la  villa  de  la  Trinidad  en  la 
isla  Fernandina.  Y  porque  aquesto  se  hi- 
zo á  costa  de  Diego  Velazquez ,  razón  es 
que  no  se  le  quite  su  loor,  pues  que  el 
tiempo  y  la  fortuna  le  quitaron  los  otros 
premios  é  galardón  é  interesses  que  lo 
esperaban  de  tan  señalados  servigios, 
como  el  que  en  esto  hizo,  en  que  es  opi- 
nión de  muchos  que  que  gastó  mas  de 
Qient  mili  castellanos,  é  fué  causa  esta 
erapressa  que  él  muriesse  pobre  y  des- 
contento ,  como  adelante  se  dirá. 

Assi  que,  tornando  á  la  historia,  digo 
que  tornada  esta  armada  que  es  dicho  á 
la  isla  Fernandina,  acordó  Diego  Velaz- 
quez de  enviar  un  clérigo  capellán  suyo 
á  España  con  estas  muestras  del  oro  que 
es  dicho ,  y  con  la  relagion  del  viaje  que 
avia  hecho  el  capitán  Johan  de  Grijalva, 
al  sereníssimo  rey  don  Carlos,  nuestro 
señor;  y  este  clérigo  fué  á  Bargelona  en 
el  mes  de  mayo,  el  siguiente  año  de  mili 
é  quinientos  é  diez  é  nueve  años,  á  la 
sagon  que  en  aquella  cibdad  llegó  la  nue- 
va de  cómo  era  Su  Magostad  elegido  poi- 
Rey  de  los  romanos  é  futuro  Emperador 
(é  yo  me  hallé  alli  en  Barcelona  en  esíe 
tiempo).  Este  clérigo  se  llamaba  Benito 
Martin,  al  qual  yo  conosgla  muy  bien, 
porque  yo  le  passé  conmigo  á  estas  par- 
tes el  año  de  mili  é  quinientos  é  catorce 
á  la  Tierra-Firme,  desde  donde  después 
él  se  passó  á  la  isla  de  Cuba ;  é  vi  muchas 
de  aquellas  muestras  y  cosas,  de  que  de 


suso  se  ha  hecho  mengion ,  que  Diego  Ve- 
lazquez enviaba  á  César.  Por  el  qual  ser- 
vigió  señalado,  Su  Magestad  le  dio  título 
de  adelantado  de  todo  aquello  que  avia 
descubierto  ,  é  se  tuvo  Su  Magestad  por 
muy  servido  del,  como  era  razón,  y  le 
hizo  otras  mergedes  é  le  escribió  gene- 
rosamente ,  dándole  las  gragias  por  lo  he- 
cho, é  animándole  para  que  continuassc 
aquel  descubrimiento ,  como  el  Diego  Ve- 
lazquez escrebia  que  lo  entendía  hager  é 
lo  ponia  por  obra;  porque  ya  avia  en- 
viado otra  armada  para  continuar  su  buen 
propóssito  en  la  converssion  de  aquellas 
gentes  á  nuestra  sancta  fé  cathólica ,  y  en 
las  traer  á  la  obidiengia  de  Sus  Mages- 
tades  é  poner  debaxo  del  señorío  y  pa- 
trimonio de  la  corona  real  de  Castilla.  Y 
assi  fué  la  verdad,  porque,  como  he  di- 
cho,  quando  aquellas  cosas  envió  coa 
aquel  capellán,  avia  ya  enviado  otra  ar- 
mada, de  la  qual  fué  por  capitán  y  te- 
niente suyo  Hernando  Cortés,  al  qual  no 
quitaré  loor  que  él  merezca  en  las  cosas 
que  adelante  en  la  segunda  parte  desta 
General   Historia   le   tocaren ;    pero  no 
apruebo  lo  que  él  y  otros  digen,  porfian- 
do que  Cortés  y  otros  fueron  á  sus  pro- 
prias  despenssas  á  aquellas  tierras,  por- 
que  aunque  assi  fuesse  (que  no  creo, 
porque  he  visto  escripturas  é  testimonios 
que  digen  otra  cosa ,  y  en  mi  poder  está 
signado  un  treslado  de  la  instrugion  y 
poder  que  le  dio  Diego  Velazquez  para 
yr  en  su  nombre),  este  loor  por  de  Diego 
Velazquez  y  no  de  otro  le  tengo,  pues  él 
dio  pringipio  á  todo  lo  que  subgedió  de 
la  Nueva  España,  y  descubrió  della  la 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  XIX. 


539 


parte  que  he  dicho  en  mas  de  giento  y 
Ireynta  leguas  de  costa ;  y  después  se 
quedó  con  todo  Hernando  Cortés,  porque 
el  tiempo  y  su  ventura  y  la  desdicha  de 
Üiego  Velazquez  por  alguna  dispensa- 
d-ion de  arriba  assi  lo  causaron,  é  porque 
há  mucho  que  oygo  aquel  proverbio  que 
dige:  Matarás  y  matarle  han:  y  matarán 
quien  te  matare.  Digo  esto  porque  Diego 
Velazquez  no  usó  de  mas  cortesía  con  el 
ahnirante,  don  Diego  Colom,  en  se  le  que- 
dar á  su  despecho  con  la  gobernación  de 
la  isla  de  Cuba  ó  Femandina,  con  sus 
cautelas  y  formas  que  para  ello  tuvo,  de 
la  qual  usó  Hernando  Cortés  con  Diego 
Velazquez  para  le  dexar  en  blanco ,  y  se 
quedar  con  el  cargo  de  la  Nueva  Espa- 
ña. A  ninguno  dellos  hay  que  loar  en  es- 
te caso,  ni  tengo  por  buen  dicho  aquello 
que  dige  Tulio  en  el  ///  De  officns:  «S¿  los 
derechos  ó  las  leyes  se  han  de  quebrantar, 
ha  de  ser  por  alcanzar  á  reynar  ' .  Esto 
acostumbraba  á  degir  aquel  grand  Julio 
César,  puesto  que  Suentonio  Tranquilo 
en  la  vida  que  escribió  de  ^ésar,  atri- 
buye é  dige:  Euripidis  ver  sus,  quos  sic 
i'pse  convertit  ^.  Mas  me  paresge  auctori- 
dad  para  cobdigiosos  y  de  larga  cons- 
giengia,  que  para  personas  de  buena  con- 
fianza. Pero  en  fin,  ninguno  se  puede 
CN^cusar  de  lo  que  le  está  aparejado  é  or- 
denado de  Dios ,  y  el  offigio  del  mundo 
os  levantar  uno  la  liebre,  y  matarla  otro. 
No  sin  causa  dixo  aquel  poeta  italiano, 
llamado  Seraphin  del  Águila  ,  en  un  so- 
neto suyo: 

»Qui  esparge  il  seme  et  qui  recogle  il  fructo.» 

quiere  degir :  unos  espargen  ó  siembran 
la  simiente,  y  otros  cogen  el  fructo.  Co- 
mo quier  que  esto  passasse,  digo  que 
a  viendo  Diego  Velazquez  enviado  á  Gri- 


jalva  á  bojar  á  Yucatán,  y  aviendo  con 
su  armada  bojado  en  ella  lo  que  está  di- 
cho, é  aviendo  descubierto  la  isla  de  Co- 
gumél,  que  nombró  Sancta  Cruz,  é  la  otra 
isla  de  los  sacriíigios  diabólicos  que  he  di- 
cho, é  una  parte  déla  Tierra-í'irme,  lla- 
mada Ulua,  á  la  qual  llamó  Sanct  Johan, 
é  puso  nombre  Sancta  María  de  las  Nieves 
á  aquella  tierra,  desde  donde  envió  al 
capitán  Pedro  do  Alvarado  con  una  ca- 
ravela  é  giertos  rescates  de  oro  é  otras 
joyas  é  algunos  chripstíanos  que  los  in- 
dios avian  herido ,  y  otros  enfermos;  es 
de  saber  que  quando  Diego  Velazquez  se 
determinó  de  enviar  á  Hernando  Cortés 
con  otra  armada ,  no  se  sabia  nueva  al- 
guna de  Grijalva  ni  de  la  caravela  que 
avia  enviado  con  el  capitán  Chripstóbal 
do  Olit  á  le  buscar.  Y  en  la  instrucgion 
que  le  dio  á  Cortés,  le  mandó  y  encargó 
que  lo  buscasse,  y  que  inquiriesse  assi 
niismo  dónde  avia  parado  Chripstóbal  de 
Olit  con  la  otra  caravela ;  y  le  encargó 
mucho  que  en  Yucatán  procurasse  de 
aver  seys  chripslianos  que  degia  un  in- 
dio de  aquella  tierra  (dicho  Melchior)  que 
estaban  alli  mucho  tiempo  avia,  y  que 
avian  aportado  de  gierta  caravela  que  se 
avie  perdido  en  aquella  costa ,  é  dióle  al 
mismo  Melchior,  lengua  que  aquesto  de- 
gia, para  que  fuesse  con  Cortés. 

Este  poder  é  instrucgion  que  Diego 
Velazquez  dio  á  Cortés  le  otorgó  é  dio  en 
la  cibdad  de  Sanctiago ,  puerto  de  la  isla 
Femandina,  á  veynte  é  tres  dias  de  oc- 
tubre de  mili  é  quinientos  é  diez  é  ocho 
años  ante  Alonso  de  Escalante ,  escriba- 
no público  y  del  consejo  de  aquella  cib- 
dad. Y  hecha  la  armada  é  bastegida  de 
gente  y  armas  y  de  todo  lo  nesgessario, 
passó  Hernando  Cortés  á  la  Nueva  Espa- 
ña con  siete  navios  y  tres  vergantines 


i    Si  jus  violandumcst,  regnandi  causa  violan- 


2    Naip  si   violandum  esl  jus  ,  ¡mperii  grafía 
vidandum  cst:  aiiis  rebus  pietalem  colas. 


540 


flISTOlUA  GENERAL  Y  NATURAL 


que  Diego  Velazquez  le  dio.  Después  de 
lo  qual,  en  el  año  siguienle  de  mili  é  qui- 
nientos é  diez  é  nueve,  estando  enseño- 
reado Cortés  de  parte  de  la  tierra,  no 
curó  de  acudir  á  Diego  Velazquez  que  le 
avia  enviado ,  ni  le  quiso  dar  la  razón  y 
cuenta  de  lo  que  avia  fecho  con  título  de 
su  teniente  (como  lo  era) ;  sino  envió  al 
Emperador,  nuestro  señor,  la  relagion  de 
las  cosas  que  avia  visto  y  muchas  mues- 
tras é  joyas  de  oro  é  hermosos  penachos 
y  plumajes,  y  un  pressente  muy  rico  de 
cosas  mucho  de  ver  y  de  gran  valor  con 
dos  hidalgos,  uno  llamado  Alonso  Fer- 
nandez Puerto  Carrero ,  é  el  otro  el  ca- 
pitán Frangisco  de  Montejo,  de  quien 
atrás  se  ha  fecho  memoria ;  las  quales  co- 
sas yo  vi  en  Sevilla  quando  las  truxeron, 
quassi  en  fin  de  aquel  año  de  diez  y  nue- 
ve, tornando  yo  á  la  Tierra-Firme,  é 
avian  llegado  estos  mensajeros  é  procu- 
radores de  Cortés  pocos  días  antes. 

Cómo  Diego  Velazquez  esto  supo ,  en- 
vió otra  armada  con  el  capitán  Pamphilo 
de  Narvaez,  revocando  los  poderes  dados 
á  Cortés ,  digiendo  que  se  le  avia  alga- 
do  ,  y  este  passó  en  aquella  tierra  é  dióse 
tan  mal  recabdo ,  que  con  buenas  pala- 
bras Hernando  Cortés  tuvo  tal  forma  que 
dio  sobre  él  é  le  tomó  descuydado  é  lo 
piendió ,  é  al  tiempo  de  la  prisión  le  fue 
quebrado  un  ojo  al  Pamphilo  de  Narvaez, 
é  le  tuvo  mucho  tiempo  después  en 
prisión.  Dióle  mucha  prosperidad  é  apa- 
rejo á  Cortés  este  fecho  para  lo  que  ade- 
lante se  siguió,  porque  á  la  sagon  estaba 
en  mucha  nesgessidad  de  gente ,  é  assi 
con  aquella  que  llevó  Pamphilo  de  Nar- 
vaez (que  luego  se  juntó  é  obedesgió  al 
vengedor) ,  como  con  la  que  allá  estaba, 
conquistó  é  tomó  la  gran  cibdad  de  Mé- 
xico ó  Tenustican ,  y  prendió  á  Montegu- 
ina,  señor  y  rey  de  aquella  provingia  y 
<le  mucho  señorío,  y  se  apoderó  de  la 
Nueva  España. 

Sabido  Diego  Vela/.qücz  el  mal  subge- 


so  de  Pamphilo  de  Narvaez,  determinó 
de  passar  en  persona,  y  armó  siete  ú 
ocho  navios ,  y  con  muy  buena  gente  lle- 
gó á  vista  de  Yucatán  y  de  la  Nueva  Es- 
paña ,  y  por  consejo  de  un  ligengiado  Pa- 
rada, que  alli  yba  con  él,  paró  y  se  tornó 
sin  saltar  en  tierra,  con  infamia  suya  y 
con  mucho  gasto  y  pérdida.  En  este  tiem- 
po se  yba  gente  de  muchas  partes  á  Cor- 
tés por  las  nuevas  de  las  riquegas  de 
aquella  tierra,  y  él  daba  largamente  á 
todos  y  era  amado  de  los  que  con  él  mi- 
litaban, é  Diego  Velazquez  aborresgido, 
y  ovo  lugar  con  su  soligitud  y  buen  ne- 
gogiar  quel  Emperador,  nuestro  Señor, 
(sabiendo  las  discordias  de  Diego  Velaz- 
quez y  Cortés)  diesse  una  provission  en 
Valladolid ,  á  veynte  y  dos  dias  de  octu- 
bre de  mili  é  quinientos  é  veynte  é  dos 
años ,  por  la  qual  mandó  é  dixo  que  por 
causa  é  razón  de  las  diferengias  del  ade- 
lantado Diego  Velazquez  y  Hernán  Cortés, 
se  avia  rebelado  México  é  avian  subge- 
dido  muchos  escándalos  é  robos  y  muer- 
tes ;  é  porque  queria  proveer  en  el  re- 
medio dello,  por  tanto  hagia  su  goberna- 
dor de  aquella  tierra  á  Hernando  Cortés, 
hasta  que  otra  cosa  Su  Magestad  man- 
dasse,  é  las  diferengias  de  ambos  se  de- 
terminassen  por  jusligia  é  se  viessen  en 
el  Consejo  Real  de  Indias ;  y  que  Diego 
Velazquez  no  fuesse  ni  enviasse  á  aque- 
lla tierra  gente  ni  armada  alguna  só  gier- 
tas  penas,  lo  qual  le  fue  notificado  por 
auto  al  adelantado  Diego  Velazquez  por 
Frangisco  de  las  Casas,  del  qual  se  hará 
mengion  en  las  cosas  de  la  Nueva  Espa- 
ña (este  es  un  caballero ,  cuñado  de  Cor- 
tés, natural  de  Medellin).  Y  en  el  mes  de 
mayo  de  mili  é  quinientos  é  veynte  é  tres 
años  se  pregonó  esta  provission  en  la 
cibdad  de  Sanctiago  de  la  isla  Fernandi- 
na.  Aqueste  pregón  fue  un  notorio  prin- 
gipio,  y  aun  final  conclusión  de  la  perdi- 
gion  total  de  Diego  Velazquez,  el  qual 
obedesgió  loque  Su  Magestad  mandaba, 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  XIX. 


541 


é  suplicó  de  la  provission  ante  Su  Ma- 
gostad, é  envió  á  expressar  sus  agravios 
é  á  seguir  su  jusligia  á  un  caballero ,  su 
amigo,  llamado  Manuel  de  Rojas. 

Después  el  año  siguiente  de  mili  é  qui- 
nientos é  veynte  y  quatro,  estando  de- 
terminado de  yr  en  persona  á  se  quexar 
de  Cortés  ante  el  Emperador ,  nuestro  se- 
ñor,  é  degir  sus  servigios  y  gastos  en  esta 
empresa,  atravesósse  aquella  difinigion 
universal  de  las  barajas ,  que  es  la  muer- 
te, y  acabáronse  sus  dias  y  sus  contien- 
das y  aun  sus  dineros,  que  avian  seydo 
muchos,  é  assi  fenesgió  el  adelantado 
Diego  Velazquez ,  y  quedó  Hernando  Cor- 
tés sin  contradigion  alguna  en  la  gober- 
nación de  la  Nueva  España ,  y  muy  ri- 
quíssimo :  del  qual  y  de  lo  que  á  aque- 


llas partes  toca ,  se  hará  mas  particular 
mengion  en  la  segunda  parte  desta  Natu- 
ral y  general  historia  de  Indias.  Este  ade- 
lantado, Diego  Velazquez,  es  uno  de 
aquellos  pobres  hidalgos  que  passaron  el 
segundo  viaje  á  esta  Isla  Española  con  el 
primero  almirante ,  don  Chripstóbal  Co- 
lom ,  y  avia  llegado  al  estado  que  es  di- 
cho ,  á  ser  riquíssimo  hombre ,  y  acabó 
pobre  y  enfermo  y  descontento,  y  la 
burla  quél  avia  hecho  al  almirante ,  don 
Diego  Colom ,  en  se  le  quedar  con  la  go- 
bernagion  de  la  isla  de  Cuba ,  essa  mis- 
ma hizo  del  y  mas  por  entero  Hernando 
Cortés,  en  se  le  quedar  con  la  goberna- 
gion  de  la  Nueva  España.  Passemos  á  lo 
demás  de  la  historia  desta  isla  Fernan- 
dina. 


CAPITULO  XX. 

De  las  cosas  y  subcession  de  la  g-obernacion  de  la  isla  de  Cuba ,  alias  Fernandina ,  después  de  la  muerte  del 

adelantado  Diego  Velazquez. 


Antes  que  el  adelantado  Diego  Velaz- 
quez muriesse ,  avíase  escripto  á  César  y 
á  los  señores  de  su  Real  Consejo  de  In- 
dias, que  el  ligengiado  Alonso  Cuago, 
que  en  la  isla  Fernandina  avia  seydo 
juez  ,  avia  hecho  muchas  sin  jusligias ;  é 
cómo  esto  supo  el  almirante,  don  Diego 
Colom,  partió  de  aquesta  Isla  Española 
é  passó  á  la  Fernandina ,  é  fueron  con  él 
dos  oydores  desta  Audiengia  Real ,  como 
en  otra  parte  está  ya  dicho ;  é  llegados 
allá ,  el  almirante  quitó  el  offigio  al  li- 
gengiado Cuago  é  tornólo  á  dar  al  ade- 
lantado Diego  Velazquez.  É  fecho  aques- 
to, se  tornaron  á  esta  isla  el  almirante  é 
los  oydores,  é  quedóse  el  ligengiado 
Cuago  alli  algo  desfavoresgido ;  pero  no 
hizo  residengia ,  assi  porque  no  ovo  en 
essa  sagon  quexas  del,  como  porque 
aquellos  oydores  no  tenian  poder  ni  co- 
mission  para  se  la  tomar.  Y  desde  á  po- 


cos dias  después  se  siguió  que  Su  Ma- 
gestad  proveyó  al  adelantado  ,  Frangisco 
de  Garay,  de  la  gobernagion  de  Panuco 
y  del  rio  de  las  Palmas ,  que  es  en  con- 
fín de  la  Nueva  España ;  é  aviendo  fecho 
una  gruesa  armada  é  partídose  con  ella 
desde  la  isla  de  Jamáyca ,  para  yr  á  po- 
blar aquella  provingia ,  aportó  en  el  fin 
de  la  isla  Fernandina ,  y  supo  que  Her- 
nando Cortés  tenia  ocupada  é  comenga- 
da  á  poblar  aquella  tierra ,  y  que  estaba 
en  determinación  de  no  dexar  entrar  en 
ella  al  Frangisco  de  Garay  ni  á  otro ;  por 
lo  qual  se  detuvo  alli ,  y  envió  sus  car- 
tas al  ligengiado  Quago  ,  rogándole  que 
passasse  á  la  Nueva  España  y  entendiesse 
entre  Cortés  y  él ,  porque  era  amigo  de 
entrambos,  y  como  tal,  diesse  orden  có- 
mo no  viniessen  en  rompimiento  hasta 
que  Su  Magestad  determinasse  y  prove- 
yesse  lo  que  á   su  real  servigio  convi- 


5i-2 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


niesse.  É  assi  el  ligengiado  Cuago  partió 
para  esto  ,  y  se  perdió  en  las  islas  de  los 
Alacranes ,  como  se  dirá  adelante  en  el 
último  libro  de  los  naufragios  é  infortu- 
nios y  de  donde  después  escapó  milagro- 
samente con  pocos  de  los  que  con  él  se 
perdieron.  En  el  qual  tiempo  passó  toda- 
vía el  adelantado ,  Francisco  de  Garay, 
á  aquella  tierra  que  yba  á  poblar  ( y  que 
estaba  ya  ocupada  por  Cortés),  y  se  per- 
dió su  armada  y  le  mataron  parte  de  la 
gente  los  indios  ,  y  al  cabo  él  quedó  per- 
dido ,  y  se  fué  á  México  ,  donde  estaba 
Cortés,  y  desde  á  muy  poco  murió,  co- 
mo se  dirá  mas  largamente  ,  quando  se 
tráete  de  las  cosas  de  la  Nueva  España. 
Después  de  lo  qual  aportó  el  ligengiado 
CuaQO  á  la  Nueva  España,  y  Hernando 
Cortés  le  hizo  muy  buen  acogimiento  y 
le  favoresgió  mucho  y  le  hizo  su  teniente 
é  justigia  mayor,  y  en  las  cosas  de  la 
justicia  era  el  todo  en  la  Nueva  España. 
Y  porque  el  capitán  Chripstóbal  de  Olit, 
de  quien  en  su  lugar  será  fecha  mas  par- 
ticular memoria,  se  avia  algado  en  gier- 
ta  parte  de  la  Tierra-Firme ,  é  apartado 
de  la  amistad  é  obidiengia  de  Cortés,  que 
le  avia  enviado  al  puerto  de  Honduras, 
fuéle  á  buscar  en  persona  é  dexó  giertos 
poderes  á  los  ofigiales  de  Su  Magestad, 
para  que  por  su  ausengia  gobernassen,  y 
al  ligengiado  Cuago  para  la  administra- 
ción de  la  justigia.  Pero  ya  avian  llega- 
do á  España  muchas  informagiones  con- 
tra Guago,  guiadas  por  sus  émulos,  é 
proveyóse  una  gédula  real  para  que  Cor- 
tés le  enviasse  preso  á  la  isla  Fernandina 
á  hager  residengia ;  é  quando  la  gédula 
llegó  á  Cortés,  estaba  ausente  ,  é  fué  la 
gédula  á  manos  de  los  ofigiales  del  Rey, 
los  quales  estaban  divisos  en  dos  parles 
sobre  quáles  avian  de  gobernar,  porque 
se  degia  que  Hernando  Cortés  era  muer- 
to: é  aquella  parte,  á  cuyas  manos  vino 
la  gédula ,  que  era  la  que  estaba  mas  fa- 
voresgida,  prendió  al  ligengiado  ^uago. 


Quieren  algunos  degir  que  esta  prisión 
no  fué  por  virtud  de  la  gédula  ( porque 
aun  cntonges  degian  que  no  era  llega- 
da), sino  por  continuar  mas  sin  impedi- 
mento sus  conlengiones  los  ofigiales.  Y 
enviáronlo  preso  á  Cuba  á  hager  la  resi- 
dengia que  el  Emperador  mandaba  que 
le  tomasse  el  ligengiado  Johan  Altami- 
rano  ,  que  avia  ydo  á  Cuba  espegialraen  - 
te  para  ello,  É  llegado  á  aquella  isla,  hizo 
la  residengia,  y  fué  dado  por  libre  y 
quito  y  aun  declarado  por  buen  gober- 
nador ,  y  que  avia  muy  bien  servido  :  lo 
qual ,  sabido  por  Sus  Magostados ,  le  hi- 
gieron  uno  de  sus  oydores  de  la  Audien 
gia  Real,  que  en  esta  cibdad  de  Sancto 
Domingo  de  la  Isla  Española  reside,  en 
que  sirvió  á  Sus  Magostados  hasta  que 
Dios  le  llevó  desta  presente  vida  el  año 
próximo  passado  de  mili  é  quinientos  é 
treynta  y  nueve  años.  Acabada  la  resi- 
dengia de  Cuago ,  se  acabó  el  cargo  del 
ligengiado  Altamirano,  é  no  sin  quexas 
hartas  que  ovo  del ;  y  se  passó  á  Méxi- 
co ,  y  quedó  Diego  Velazquez  en  el  car- 
go, como  primero. 

Mas  aunque  estas  mudangas  avia  en  la 
gobernagion  de  la  isla  Fernandina ,  siem- 
pre era  él  mas  parte  que  ninguno  en  lo 
demás,  á  causa  que  era  capitán  y  repar- 
tidor de  los  indios  della.  Y  desde  á  po- 
cos dias  le  llevó  Dios  desta  vida ,  segund 
se  dixo  en  el  capítulo  antes  deste.  Y  el 
almirante  don  Diego  Colom  proveyó  por 
su  teniente  en  la  gobernagion  de  aquella 
isla  á  un  hidalgo  natural  de  Portillo,  que 
era  vegino  de  la  ci  dad  de  Sanctiago, 
llamado  Gongalo  de  Guzman  ,  el  qual  es- 
tuvo en  el  cargo  desde  el  año  de  mili  é 
quinientos  é  veynte  é  ginco  hasta  el  año 
de  mili  é  quinientos  é  treynta  é  dos,  que 
por  mandado  de  Sus  Mageslades  fué  á  le 
tomar  residengia  el  ligengiado  Johan  de 
Vadillo,  uno  de  los  oydores  desta  Audien- 
giaReal;  y  fecha,  se  fué  Gongalo  de  Guz- 
man en  seguimiento  de  la  corte  de  Su* 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  XX. 


5i3 


Mageslades,  é  quedó  por  teniente  de  go- 
bernador, en  nombre  del  almirante  don 
Luis  Colom,   en  aquella  isla  un  hidalgo, 
natural  de  la  villa  de  Guellar,  llamado 
Manuel  de  Rojas,  hombre  sabio  é  noble. 
Pero  después  tornó  el  mismo  Gongalo 
de    Guzman  á  la  misma  gobernagion  é 
ofGgio ,  en  nombre   del   almirante  don 
Luis  Colora ,  hasta  el  año  de  mili  é  qui- 
nientos é  treynta  y  siete,  que  se  dio 
gierto  assiento  en  los  pleytos,  qnel  almi- 
rante tractaba  sobre  sus  previlegios  con 
el  fiscal  real  mucho  tiempo  avia.  É  el 
Emperador ,  nuestro  Señor ,  como  gratís- 
simo  Príngipe ,  ovo  por  bien  de  mandar 
fenesger  tales  leligios ,  por  respecto  de 
los  serv^gios  del  primero  almirante,  don 
Ghripstóbal  Colom ,  ¿juntamente  con  esso 
por  el  mucho  deudo  que  con  Sus  Mages- 
tades  tiene  la  illustre  visoreyna  de  las 
Indias ,  doña  Maria  de  Toledo ,  madre  del 
almirante  tergero  que  agora  es,  don  Luis 
Colom.  É  le  confirmó  el   almirantadgo 
perpetuamente  para  él  é  sus  subgessores, 
é  le  hizo  merged  de  la  provincia  de  Ve- 
ragua ,  en  la  Tierra-Firme ,  con  título  de 
duque,  é  le  hizo  merged  de  la  isla  de  Ja- 
máyca  ( alias  dicha  Sanctiago ) ,  con  títu- 
lo de  marqués  della ;  é  demás  desto  lo 
hizo  merged  de  diez  mili  ducados  de  oro 
perpetuos  en  las  rentas  reales  é  derechos 
pertenesgientes  á  Sus  Magostados  en  esta 
Isla  Española ;  é  le  confirmó  el  alguagi- 
ladgo  mayor  desta  cibdad  de  Sancto  Do- 
mingo é  de  la  Real  Charigilleria  que  aqui 
reside,  con  voto  en  el  regimiento  é  ca- 
bildo desta  cibdad  ,  por  título  de  mayo- 
radgo  perpetuo  para  el  dicho  almirante 


don  Luis  é  sus   subgessores ;  é  le  hizo 
otras  mergedes  á  él  é  á  su  madre.  En  lo 
qual  esta  señora  é  su  diligengia  é  pru- 
dengia  fueron  mucha  causa ,  é  me  pares- 
ge  que  sus  hijos  le  deben  tanto  ó  quassi 
como  á  su  abuelo ,  porque  no  es  de  me- 
nos loor  ó  mérito  conservar  las  hagien- 
das  ú  honores  que  adquerirlos  y  ganar- 
los. É  assi  como  á  Rómulo  dan  la  gloria 
de  la  fundagion  de  Roma  *,  no  se  le  atri- 
buye menor  renombre  á  Camilo  en  la  de- 
fender de  la  gálica  furia ,  pues  que  si  por 
él  no  fuera  ,  su  memoria  é  señorio  peres- 
gieran.  Y  assi  digo  desta  señora ,  la  qual 
con  la  fuerga  de  su  ingenio  é  sufrimien- 
to,  é  no  sin  muchos  gastos  é  trabaxos  de 
su  persona  en  la  mar  y  en  la  tierra ,  fué 
á  España  á  seguir  los  pleytos  que  su  ma- 
rido el  almirante  don  Diego  tenia  pen- 
dientes ante  la  Cesárea  Magostad :  é  dio- 
so tan  buena  maña  en  ellos,  que  por  los 
respectos  ya   dichos  é  por  los  méritos 
desta  señora  ovieron  fin  é  buen  evento 
los  debates  é  letigios ,  é  su  hijo  queda 
gran  señor ,  como  es  dicho  ,  é  mejorado 
en  títulos  de  honor  é  de  mucho  Estado  é 
grandega.  É  assi  resumió  Su  Magostad  por 
este  assiento  y  equivalengia  lajurisdigion 
quel  almirante  solia  ó  pretendía  desta  is- 
la é  de  la  de  Cuba  é  de  todas  las  otras 
partes  é  provingias  de  las  Indias,  islas  é 
Tierra-Firme  del  mar  Ogéano  é  de  don- 
de estaba  en  costumbre  de  poner  sus  te- 
nientes é  ofigiales  el  almirante:  los  qua- 
les  ovieron  fin  por  la  recompensa  que  es 
dicho ,  é  Gongalo  de  Guzman  fué  el  últi- 
mo teniente  del  almirante  en  la  isla  Fer- 
nandina. 


í     TifoLivio,  dcc.  I,  lib.  V,  cap.  47. 


^4i 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  XXI. 

Cómo  después  quel  almiranle  fué  excluido  de  la  jurisdicion  de  la  isla  de  Cuba  ó  Fernandina  por  el  assienlo 

ques  dicho,  é  remuneración  que  Sus  Magestades  le  hicieron,  fué  á  gobernar  aquella  isla  Fernando  de  Solo 

por  capitán  general  de  Sus  Mageslades,  é  con  título  de  adelantado  de  la  Florida. 


D, 


'ado  assiento  en  los  pleytos  del  almi- 
rante ,  como  se  dixo  en  el  capítulo  de  su- 
so, y  excluido  él  é  sus  offigiales  de  la 
administragion  de  la  justigia  en  aquella 
isla  Fernandina ,  el  Emperador ,  nuestro 
señor ,  hizo  su  gobernador  é  capitán  ge- 
neral de  la  isla  é  de  la  provingia  de  la 
Florida  é  sus  anexos  en  la  Tierra-Firme 
á  la  parte  del  Norte ,  que  avia  descubier- 
to el  adelantado  Johan  Ponge  de  León,  á 
Hernando  de  Soto,  el  qual  es  uno  de 
aquellos  milites  del  gobernador  Pedrarias 
de  Ávila ,  del  qual  en  las  cosas  de  Tier- 
ra-Firme en  muchas  partes  se  hage  men- 
gion  de  su  persona ,  porque  es  de  los  an- 
tiguos en  aquellas  partes ,  é  al  cabo  se 
halló  en  la  prisión  de  Atabaliba,  donde 
fué  uno  de  los  que  mas  parte  le  cupo  de 
aquellos  despojos.  É  puso  tanta  parte de- 
llos  en  España ,  que  fué  fama  que  con 
mas  de  gient  mili  pesos  de  oro  se  vido  en 
Castilla ,  donde  por  sus  servigios  y  méri- 
tos fué  muy  bien  tratado  del  Emperador, 


nuestro  señor,  é  le  hizo  caballero  del 
Orden  militar  del  apóstol  Sanctiago  é 
otras  mergedes ,  é  le  hizo  su  gobernador 
é  general  capitán  en  lo  ques  dicho.  É  es- 
tando allá  en  Castilla,  se  casó  con  una  de 
las  hijas  del  gobernador  Pedrarias  Dávi- 
la,  llamada  doña  Isabel  de  Bovadilla,  co- 
mo su  madre ,  muger  de  gran  ser  é  bon- 
dad é  de  muy  gentil  juigio  é  persona ,  é 
con  ella  fué  á  la  isla  Fernandina,  donde 

llegó  en  el  mes  de  * del  año  de 

mili  é  quinientos  é  treynta  y  nueve  años. 
É  después  que  ovo  visitado  la  isla  é  pue- 
blos della ,  é  proveydo  en  lo  que  conve- 
nia al  buen  estado  é  substentagion  de  la 
tierra  ,  dio  orden  en  armar  é  passar  á  la 
Tierra-Firme  á  la  conquista  é  poblagion 
é  pagificagion  de  aquellas  pro vingias  que 
por  Su  Magostad  le  fueron  encomenda- 
das :  en  la  qual  empresa  se  siguieron  las 
cosas  que  la  historia  dirá  en  los  capítu- 
los siguientes. 


CAPITULO   XXII. 

De  la  partida  del  gobernador  Hernando  de  Solo  desde  la  isla  de  Cuba ,  alias  Fernandina,  para  la  tierra  sep- 
tentrional de  la  Tierra-Firme ,  é  de  la  armada  é  gente  que  llevó  para  su  descubrimiento  ,  é  del  Irabaxo  que 
tovieron  en  su  desembarca^ion  ,  y  qué  número  de  caballos  é  otras  cosas  llevó  ,  y  cómo  se  cobró  un  chrips- 
tiano,  llamado  Johan  Ortiz,  que  estaba  perdido  é  andaba  desnudo,  como  los  indios. 


JLIomingo  á  diez  é  ocho  de  mayo  de 
mili  é  quinientos  é  treynta  é  nueve  años 

*  En  el  códice  original,  que  tenemos  á  la  vista, 
hay  un  claro  que  debió  ser  ocupado  por  el  nom- 
bre del  mes,  en  que  Hernando  de  Soto  aportó  á  la 
isla  de  Cuba.  Cómo  desde  la  mitad  del  capítulo  XX 
fué  añadido  por  el  autor  lo  restante  de  este  li- 
bro XVII ,  no  es  ya  posible  fijar  el  mes,  á  que  se 


sahó  de  la  villa  de  la  Habana  el  gober- 
nador Hernando  de  Soto  con  una  gentil 

refiere  Oviedo  ;  pues  que  es  inútil  consultar  lo  im- 
preso; sin  embargo ,  parece  indudable  que  Hernan- 
do de  Solo  hubo  de  llegar  á  la  isla  Fernandina 
en  febrero  ó  marzo ,  atendidos  los  datos  que  el  mis- 
mo autor  suministra  en  este  y  en  el  siguiente  capí- 
tulo. 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.   CAP.  XXII. 


54íi 


armada  de  nueve  navios ,  los  ginco  do 
gavia ,  y  dos  caravelas  y  dos  verganlines; 
y  á  veynle  é  ginco  del  mismo  mes ,  que 
fué  dia  de  Pasqua  del  Espíritu  Sánelo, 
se  vido  tierra  en  la  costa  septentrional 
de  la  provincia  de  la  Florida ,  y  llegó  la 
armada  á  surgir  dos  leguas  de  tierra 
en  quatro  bragas  de  fondo  ó  menos. 
É  el  gobernador  saltó  en  un  vergantin 
por  llegar  á  ver  la  tierra,  y  con  él  un 
gentil-hombre,  llamado  Jolian  de  Añasco, 
y  el  piloto  principal  del  armada ,  llama- 
do Alonso  Martin ,  para  reconosger  qué 
tierra  era  aquella,  porque  estaban  dubdo- 
sos  del  puerto  é  á  qué  parte  lo  tenian;  y 
no  se  gertiíicando  desso ,  viendo  que  la 
noche  se  agercaba ,  quissieron  volverse  á 
los  navios ,  y  no  les  dio  lugar  el  tiempo, 
porque  era  contrario :  por  manera  que 
surgieron  junto  á  tierra  é  saltaron  en  ella 
é  hallaron  rastro  de  muchos  indios  y  un 
buhío  de  los  granffes  que  en  Indias  se  ha 
visto  y  otros  pequeños.  Díxose  después 
que  aquel  era  el  pueblo  de  Ogita. 

No  tuvo  poco  peligro  el  gobernador  y 
los  que  con  él  estaban ,  porque  eran  pocos 
é  sin  armas ,  y  no  era  menos  la  congoxa  de 
los  que  quedaron  en  los  navios  de  ver  en 
tal  estado  á  su  general  capitán,  porque 
ni  le  podian  socorrer  ni  ayudar,  si  en 
nesgessidad  se  viesse.  En  fin  tanto  cuy- 
dado  fi'tp  descuydo  é  demasiada  diligen- 
gia  ó  falta  de  prudengia  del  gobernador, 
porque  aquellas  cosas  son  dedicadas  á 
otras  personas  é  no  al  que  há  de  gober- 
nar é  regir  la  hueste,  é  bastara  mandar 
á  un  capitán  de  los  inferiores  que  saliera 
para  aquel  reconosgimiento  é  seguridad 
del  piloto  que  avia  de  salir  á  reconosger 
aquella  costa.  Y  estovieron  alli  los  na- 
vios en  harto  trabaxo  y  toda  la  armada, 
en  que  avia  quinientos  é  septenta  hom- 
bres sin  los  marineros ,  y  con  estos  llega- 
ban bien  á  septegientos  hombres. 

Otro  dia,  lunes  por  la  mañana,  el  ver- 
gantin estaba  bien  decaydode  los  navios 

TOMO  1. 


y  trabajando  por  arribar  á  ellos  y  en  nin- 
guna manera  podía,  \iendo  esto  Balta- 
sar de  Gallegos ,  dio  grandes  voges  á  la 
nao  capitana  para  que  el  general  tenien- 
te ,  que  era  un  caballero  llamado  Vasco 
Porcallo,  proveyese  lo  que  mejor  fuesse; 
y  cómo  no  le  oían ,  por  socorrer  al  go- 
bernador, mandó  levantar  una  caravela 
grande  en  queste  gentil  hombre  venia 
por  capitán,  y  que  fuesse  hágia  donde  el 
vergantin  paresgia:  y  aunque  desso  le 
pesó  al  gobernador ,  ello  fue  bien  fecho, 
pues  quo  era  en  su  servigio  y  por  socor- 
rer su  persona.  En  fin  llegó  á  donde  el 
vergantin  estaba,  de  lo  qual  el  goberna- 
dor resgibió  mucho  plager.  Ya  en  esta  sa- 
gon  el  puerto  estaba  reconosgido ,  é  el 
otro  vergantin  puesto  á  la  canal  por  se- 
ñal para  los  navios ,  é  el  vergantin  del 
gobernador  se  vino  delante  hasta  poner 
la  misma  caravela  en  la  canal  del  puer- 
to ;  é  mandó  que  ella  se  estuviese  al  un 
lado  de  la  canal  y  el  vergantin  al  otro, 
para  que  los  navios  pasüssen  por  medio: 
los  quales  ya  se  comengaban  á  hager  á 
la  vela  que  estarían  de  alli  quatro  ó  cin- 
co leguas,  é  fué  menester  quel  goberna- 
dor fuesse  á  mostrarles  la  via^  porquel 
piloto  mayor  estaba  en  el  vergantin,  é 
porque  por  alli  hay  muchos  baxos,  y  aun 
con  todo  esso  tocaron  dos  navios,  é  como 
era  arena  el  fondo,  no  resgibieron  daño. 
Este  dia  ovieron  malas  palabras  el  go- 
bernador é  Johan  de  Añasco  que  yba  por 
contador  de  Sus  Magestados,  lo  qual  el 
gobernador  dissimuló  y  sufrió.  Entraron 
los  navios  en  el  puerto  con  la  sonda  en 
la  mano,  y  algunas  veges  tocaban,  y  có- 
mo era  lama  passaban  adelante ,  por  lo 
qual  se  detuvieron  ginco  días  sin  desem- 
barcarse, pero  alguna  gente  saltaba  en 
tierra  y  traían  agua  é  hierva  para  los  ca- 
ballos. Mas  en  fin,  los  baxos  no  dieron 
lugar  á  que  llegassen  cargados  los  na- 
vios á  donde  el  pueblo  estaba  y  quatro 

leguas  atrás  surgieron ;  y  viernes  que  se 

C9 


546 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


contaron  treynta  de  mayo,  comongaron  á 
echar  los  caballos  en  tierra.  La  tierra  dó 
se  desembarcaron ,  está  nortesur  con  la 
isla  de  la  Tortuga ,  que  está  en  la  boca  de 
la  canal  de  Baliamá ;  é  el  cagique  ó  se- 
ñor de  aquella  tierra  se  llamaba  Ogita, 
y  está  diez  leguas  al  Poniente  de  la  bahía 
de  Johan  Ponge. 

Assi  como  algunos  caballos  fueron 
en  tierra,  cabalgaron  el  general  Vas- 
co Porcallo  de  Figueroa  y  Johan  de 
Añasco  y  Frangisco  Osorio  para  ver  al- 
go de  la  tierra ,  y  hallaron  diez  indios 
con  arcos  y  flechas  que  también  venian, 
como  hombres  de  guerra ,  á  reconosger 
estos  huéspedes  chripstianos  y  entender 
qué  gente  eran ,  y  hirieron  dos  caballos, 
y  los  españoles  mataron  dos  indios  de 
aquellos  y  huyeron  los  demás.  Fueron  en 
aquella  armada  dosgientos  é  quarenta  é 
tres  caballos,  y  de  aquessos  murieron 
en  la  mar  diez  é  nueve  ó  veynte,  y  to- 
dos los  restantes  salieron  en  tierra,  y 
desembarcados,  fueron  con  los  verganti- 
nes  el  general  y  alguna  gente  de  pié  á 
ver  el  pueblo ,  y  volvió  un  hidalgo ,  lla- 
mado Gómez  Arias,  en  el  uno  y  dio  bue- 
nas nuevas  de  la  tierra ,  y  dixo  assi  mis- 
mo cómo  la  gente  estaba  algada.  El  do- 
mingo primero  de  junio  deste  año  ya  di- 
cho de  millé  quinientos  é  treynta  é  nueve 
años,  dia  de  la  Trinidad,  caminó  este 
exérgito  por  la  tierra  adentro  hágia  el 
pueblo ,  llevando  por  guia  quatro  indios 
que  Johan  de  Añasco  avia  tomado  quan- 
do  fué  á  descobrir  el  puerto ;  y  desatina- 
ron algo ,  ó  porque  no  los  entendian  los 
chripstianos  ó  porque  essos  no  degian 
verdad,  por  lo  qual  el  gobernador  se 
adelantó  con  algunos  de  caballo ;  y  cómo 
no  tenian  experiengia  de  la  tierra,  can- 
saron los  caballos  tras  venados  y  con 
aguas  y  giénegas  que  passaron  y  doge 
leguas  que  andovieron  hasta  enfrente  del 
pueblo,  el  ancón  del  puerto  en  medio,  de 
manera  que  no  pudieron  doblar  el  ancón, 


y  derramados  en  muchas  parles  durmie- 
ron aquella  noche  bien  cansados  y  con 
ninguna  orden  de  guerra.  En  toda  aque- 
lla semana  llegaron  los  navios  gerca  del 
pueblo ,  descargándolos  poco  á  poco  con 
bateles,  y  assi  echaron  toda  la  ropa  é 
mantenimientos  que  llevaban.  Algunos 
caminos  avia  y  nadie  sabia  ni  atinaba 
quál  se  debia  tomar  para  que  se  hallase 
gente  de  los  naturales  de  la  tierra :  los 
quatro  indios  que  tenian,  no  los  entendian 
sino  muy  poco  y  por  señas ,  y  para  guar- 
dallos  avia  mal  recabdo  porque  no  tenian 
prisiones.  Martes  tres  de  junio  tomó  el 
gobernador  posession  de  la  tierra  en 
nombre  de  Sus  Magostados  con  todas  las 
diligengias  que  se  requieren ,  y  envió 
uno  de  los  indios  á  persuadir  é  convidar 
con  la  paz  á  los  cagiques  comarcanos ;  é 
la  misma  noche  huyeron  los  dos  indios 
de  tres  que  quedaban ,  y  fué  mucha  ven- 
tura no  se  yr  todos  tres,  lo  qual  les  pu- 
so á  los  chripstianos  en  mucho  cuy- 
dado. 

Otro  dia  miércoles  envió  el  gobernador 
al  capitán  Baltasar  de  Gallegos  con  el  in- 
dio que  les  quedaba,  á  buscar  alguna  gen- 
te ó  pueblo  ó  casa  al  tiempo  que  el  sol 
se  ponia  ,  yendo  fuera  de  camino,  por- 
que el  indio  que  era  la  guia,  los  llevaba 
desatinados  y  confusos:  plugo  á  Dios  que 
vieron  de  lexos  hasta  veynte  indios  em- 
bixados  (ques  gierta  ungion  roxa  que  los 
indios  se  ponen ,  quando  van  á  la  guerra 
ó  quieren  bien  paresger),  y  llevaban  mu- 
chos penachos  é  sus  arcos  y  flechas.  É 
cómo  corrieron  los  chripslianos  contra 
ellos,  los  indios  huyendo  se  metieron  en 
un  monte,  é  uno  dellos  salió  al  camino 
dando  voges  é  digiendo:  «Señores,  por 
amor  de  Dios  y  de  Sánela  Maria  no  me 
matéis:  que  yo  soy  chripstiano,  como  vo- 
sotros ,  y  soy  natural  de  Sevilla  y  me  lla- 
mo Johan  Ortiz.»  El  plager  que  los  chrips- 
tianos sintieron  fué  muy  grande  en  les 
dar  Dios  lengua  é  guia  en  tal  tiempo,  de 


DE  IKDIAS.  LIB.  XVH.  GAP.  XXII. 


547 


que  teniaa  grande  nescessidad.  É  coa 
este  plager  muy  ufanos  todos,  volvió 
aquella  noche  bien  tarde  Baltasar  de  Ga- 
llegos al  real,  y  todos  los  indios  que  ve- 
nían con  él,  y  los  españoles  del  exérgito 
se  alborotaron  mucho,  creyendo  otra  cosa 
é  se  pusieron  en  armas ;  pero  reconosQi- 
do  lo  que  era,  fué  mucha  el  alegría  que 
todos  ovieron ,  porque  estimaron  que  por 
medio  de  aquella  lengua  harían  mejor  sus 
fechos.  Y  sin  perder  tiempo,  el  sábado  si- 
guiente determinó  el  gobernador  de  yr 
con  aquel  Johan  Ortiz,  lengua ,  al  caci- 
que que  lo  avia  tenido,  que  se  degia  Mo- 
coso, por  le  hager  de  paz  é  traerle  á  la 
amistad  de  los  chripstianos ,  el  qual  aten- 
dió en  su  pueblo  con  sus  indios  é  muge- 
res  é  hijos  sin  faltar  nadie,  é  quejóse  al 
gobernador,  de  los  cagiques  Orriygua, 
Neguarete,  Qapaloey  é  Egila,  que  son 
cagiques  todos  quatro  de  aquella  costa, 
digiendo  que  lo  amenagaban  poi-que  este 


cagique  tomaba  nuestra  amistad  é  holga- 
ba de  dar  aquel  chripstiano  lengua  á  los 
chripstianos.  El  gobernador  le  hizo  degir 
con  la  misma  lengua  que  no  temiesse  de 
aquellos  cagiques  ni  de  otros ,  porquel  lo 
favoresgeria  y  los  chripstianos  todos  y 
muchos  mas  que  avian  de  venir  presto 
serian  sus  amigos  é  le  ayudarían  é  favo- 
resgerian  contra  sus  enemigos.  Este  mis- 
mo dia  salió  el  capitán  Johan  Ruiz  Lobi- 
llo  con  hasta  quarenta  soldados  á  pié  la 
tierra  adentro ,  é  dio  en  unos  ranchos ,  é 
no  pudo  tomar  sino  dos  indias:  é  perlas 
cobrar,  le  siguieron  nueve  indios  tres  le- 
guas flechándole ,  y  le  mataron  un  chrips- 
tiano y  le  hirieron  tres  ó  quatro  sin  que 
les  pudiesse  hager  daño  alguno ,  puesto 
que  tenia  arcabugeros  y  ballesteros,  por- 
que aquellos  indios  son  tan  sueltos  y  tan 
buena  gente  de  guerra ,  como  en  todas 
las  nasgiones  del  mundo  se  pueden  ver 
hombres. 


CAPITULO  XXIII. 

Cómo  la  guerra  se  comentó  á  encender  é  se  hizo  crudamente ,  é  cómo  el  teniente  general  se  tornó  á  la  isla 
de  Cuba  ,  c  cómo  el  gobernador  partió  de  aquel  puerto  del  Spíritu  Sánelo  la  tierra  adentro,  é  de  !o  que  á  el 
é  su  gente  les  acaesció  hasta  los  diez  de  agosto  del  mismo  año  de  millé  quinientos  é  treynta  y  nueve  años. 


HiSte  gobernador  era  muy  dado  á  essa 
montería  de  matar  indios,  desde  el  tiem- 
po que  anduvo  militando  con  el  gober- 
nador Pedrarias  Dávila  en  las  provingias 
de  Castilla  del  Oro  é  de  INícaragua,  é 
también  se  halló  en  el  Perú  y  en  la  pri- 
sión de  aquel  gran  príngipe  Atabaliba, 
donde  se  enriquesgió:  é  fué  uno  de  los  que 
mas  ricos  han  vuelto  á  España ,  porquél 
llevó  é  puso  en  salvo  en  Sevilla  sobre 
gient  mili  pesos  de  oro ,  y  acordó  de  vol- 
ver á  las  Indias  á  perderlos  con  la  vida, 
y  continuar  el  exergigío,  ensangrentado 
del  tiempo  atrás  que  avia  usado  en  las 
partes  ques  dicho.  Assi  que,  continuando 
su  conquista,  mandó  al  general  Vasco  Por- 
callo  de  Figueroaque  fuesse  áOgíta,  por- 
que se  dixo  que  alli  avia  junta  de  gente, 


é  ydo  allá  este  capitán ,  halló  la  gente 
algada,  y  quemóles  el  pueblo,  y  aperreó 
un  indio  que  llevaba  por  guia.  Ha  de  en- 
tender el  letor  que  aperrear  es  hager  que 
perros  le  comissen  ó  matassen,  despeda- 
gando  el  indio,  porque  los  conquistadores 
en  Indias  siempre  han  usado  en  la  guerra 
traer  lebreles  é  perros  bravos  é  denoda- 
dos; é  por  tanto  se  dixo  de  suso  montería 
de  indios.  Assi  que,  dessa  forma  fué  muerta 
aquella  guia,  porque  mentía  é  guiaba  mal. 
En  tanto  que  Vasco  Porcallo  hagia  lo 
que  se  ha  dicho,  envió  el  gobernador 
otro  indio  por  mensajero  al  cagique  Or- 
riparacogí ,  el  qual  no  volvió  porque  una 
india  le  dixo  que  no  volviesse,  y  por 
ello  fué  aperreada.  Ovo  entre  los  de 
aqueste  exérgito  diversos  paresgeres  so- 


518 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


bre  si  seria  bien  poblar  alli  ó  no,  por- 
que la  tierra  paresgia  estéril,  como  á 
la  verdad  aquella  costa  en  tal  fama  está, 
á  causa  de  lo  cual  el  gobernador  deter- 
minó de  enviar  al  capitán  Baltasar  de  Ga- 
llegos á  Orriparagi  *  con  ochenta  de 
caballo  y  gient  peones,  é  partió  un  vier- 
nes á  veynte  de  junio.  É  envió  assi  mis- 
mo el  gobernador  á  Johan  de  Añasco  en 
los  bateles  de  los  navios  por  la  costa  de 
la  mar  con  gierto  número  de  peones,  á 
deshager  gierta  junta  que  los  indios  avian 
hecho ,  ó  ver  é  sentir  qué  cosa  era.  É  ha- 
llólos en  una  isla,  donde  tuvo  una  refrie- 
ga con  ellos  ,  é  mató  con  los  versos  de 
la  artillería  que  llevaba  nueve  ó  diez  in- 
dios, é  ellos  flecharon  ó  hirieron  otros 
tantos  ó  mas  chripstianos ;  y  porque  no 
les  pudieron  ha^ier  dexar  la  isla  ,  envió 
por  socorro ,  é  el  mensajero  fue  un  hidal- 
go, llamado  Johan  de  Vega ,  é  pidió  gen- 
te de  caballo  para  tomarles  la  tierra  fir- 
me por  donde  avien  de  salir,  porque  con 
la  gente  que  tenia  y  la  que  mas  fuesse, 
penssaba  entrar  á  pelear  con  los  indios. 
El  gobernador  envió  á  Vasco  Porcallo 
con  quarenta  de  caballo  y  algunos  peo- 
nes ;  pero  ya  quando  esse  socorro  llegó, 
se  avian  ydo  los  indios  ;  é  los  españoles 
por  no  aver  ydo  en  valde,  corrieron  la 
tierra  é  ovieron  algunas  indias  que  truxe- 
ron  al  real.  Venido  el  Vasco  Porcallo  des- 
sa  entrada,  tuvo  algunos  desabrimientos 
con  el  gobernador  (que  en  esta  relación 
se  callan ) ,  que  el  historiador  no  pudo 
acabar  con  quien  le  informó  que  le  dixes- 
se,  por  algunos  respectos.  É  tomósse  por 
buen  medio  que  Vasco  Porcallo  se  volvies- 
se  á  Cuba  á  mirar  por  las  cosas  de  la  go- 
bernación de  alli  é  proveer  al  goberna- 
dor é  su  ejérgito,  quando  fuesse  nesgessa- 
rio,  de  lo queoviessen  menester.  Déla  yda 
(leste  caballero  pesó  á  muchos,  porque  era 
amigo  de  buenos  y  hagia  mucho  por  ellos. 


Avia  mandado  el  gobernador  á  Balta- 
sar Gallegos  que  aunque  no  hallasse  bue- 
na tierra  le  escribiesse  buenas  nuevas, 
por  animar  la  gente;  y  aunque  no  era  de 
su  condigion  mentir  ,  porque  era  hombre 
de  verdad  ,  por  complir  el  mandamiento 
del  superior ,  y  aun  por  no  desmayar  la 
gente ,  escribía  siempre  dos  cartas  de  di- 
ferentes tenores  ,  una  de  verdades  y  otra 
de  mentiras ;  pero  essas  mentiras  con  tal 
arte  dichas  épor  palabras  equívocas,  que 
se  podia  entender  lo  uno  y  lo  otro  por- 
que se  lo  mandaban ,  é  á  esto  degia  él 
que  mas  fuerga  ternia  la  carta  de  la  ver- 
dad para  excusarse,  que  maligia  la  men- 
tirosa para  ofenderle.  Y  assi  el  goberna- 
dor no  mostraba  los  renglones  verdade- 
ros: antes  degia  que  aquello  que  no  mos- 
traba, eran  avisos  de  grandes  secretos 
que  adelante  se  manifestarían  para  mu- 
cha utilidad  de  todos ;  é  las  cartas  equí- 
vocas é  mentirosas  mostrábalas  é  dába- 
les él  unas  declaragiones,  como  le  pa- 
resgia. 

Y  cómo  aquellas  cartas,  aunque  no 
prometían  cosa  gierta ,  daban  esperangas 
é  indigios  que  movían  los  deseos  para  yr 
adelante  á  sahr  de  tales  dubdas;  pero 
como  los  pecados  del  hombre  son  causa 
que  la  mentira  algund  tiempo  halla  cabida 
é  crédito  ,  cayó  en  todos  una  conformi- 
dad ,  é  pidieron  unánimes  la  entrada  de 
la  tierra  adentro ,  que  era  lo  que  el  go- 
bernanor  urdía  ,  y  desto  pesaba  mucho  á 
los  que  mandaban  alli  quedar  con  el  ca- 
pitán Calderón  ,  que  fueron  quarenta  de 
caballo  é  sesenta  peones,  en  guarda  del 
pueblo  y  mantenimientos  y  del  puerto 
y  vergantines  y  bateles  que  quedaban, 
porque  todos  los  navios  se  avian  despa- 
chado á  la  Habana.  Ávido  este  acuerdo  por 
bueno  el  gobernador  se  partió  del  pueblo  y 
puerto  del  Spíritu  Sancto  (llamado  assi 
por  el  día  que  allí  llegó  el  gobernador  é 


Antes  había  escrito  Orriparacogi. 


DE  INDIAS.  LIB.  XVll.  GAP.  XXIII. 


¿)49 


su  armada) ,  y  esta  partida  fué  un  martes 
quinge  de  jullio  del  mismo  año  mili  é 
quinientos  é  treynta  y  nueve  años,  é 
fueron  á  dormir  aquel  día  al  rio  de  Mo- 
coso, llevando  en  la  refaga  muchos  puer- 
cos que  avian  passado  en  el  armada  para 
alguna  forgosa  nesgessidad;  é  liigiéronse 
dos  puentes,  por  donde  este  exérgito  pas- 
só  el  rio.  Otro  dia  fueron  á  la  laguna  del 
Conejo ,  é  diósele  aqueste  nombre  por- 
que un  conejo  que  se  levantó  en  el  real, 
les  espantó  todos  los  caballos ,  é  volvie- 
ron sueltos  huyendo  atrás  mas  de  una  le- 
gua sin  les  quedar  alguno ,  y  todos  los 
chripstianos  se  derramaron  por  yr  tras 
los  caballos  desarmados :  que  á  dar  in- 
dios en  ellos ,  aunque  fueran  pocos ,  tu- 
vieran los  españoles  su  meresgido ,  é  en 
pago  de  su  mal  recabdo,  estuvo  bien  apa- 
rejada una  vergongosa  difinigion  de  guer- 
ra. Recogidos  sus  caballos,  fueron  otro 
dia  á  la  laguna  de  San  Johan  ,  é  otro  dia 
con  muy  regio  sol  fueron  á  una  savana, 
y  llegó  la  gente  muy  fatigada  ,  y  murió 
de  sed  un  despensero  del  gobernador 
que  se  degia  Prado  ,  é  muchos  se  vieron 
en  mucho  trabaxo  de  los  peones ,  y  no 
dexáran  de  acompañar  otros  al  despen- 
sero, si  no  los  socorrieran  los  de  caba- 
llo. Otro  dia  fueron  á  la  gabana  de  Gua- 
goco ,  é  dio  la  gente  en  los  mahizales ,  é 
Iruxeron  mahiz  verde ,  con  que  se  ale- 
graron mucho ,  por  ser  el  primero  que 
vieron  en  aquella  tierra.  Otro  dia  tempra- 
no llegaron  á  Luca ,  bonico  pueblo  é  alli 
vino  Baltasar  Gallegos  á  verse  con  el  go- 
bernador. 

El  lunes  adelante,  veynte  é  uno  de  ju- 
lio ,  se  juntaron  con  la  gente  que  tenia 
Baltasar  Gallegos ,  él  gobernador  envió 
mensajero  á  Urriparacoxi  *,  é  no  vino  res- 


puesta ;  y  el  miércoles ,  veynte  é  tres  del 
mes  ya  dicho ,  partió  el  gobernador  é  su 
exérgito  é  fue  á  Vigela ,  é  passó  á  dormir 
adelante ;  é  el  jueves  fueron  á  dormir  á 
otro  pueblo  que  se  dige  Tocaste ,  el  qual 
está  en  un  lago  grande.  Y  este  mismo  dia 
salió  el  gobernador  con  ajgunos  de  á  ca- 
ballo ,  camino  de  Ocale,  porque  le  avian 
dicho  grandes  nuevas  de  la  riquega  que 
alli  penssaba  hallar.  É  cómo  vido  los  ca- 
minos anchos,  penssó  que  ya  estaba 
las  manos  en  la  presa,  é  mandó  á  uno 
de  sus  milites,  dicho  Rodrigo  Ranjel, 
porque  demás  de  ser  buen  soldado  é 
hombre  de  bien  tenia  buen  caballo ,  que 
volviesse  al  real  por  mas  gente  que 
viniesse  á  le  acompañar;  é  aquel  escu- 
dero fue,  aunque  no  sin  sospecha  de  lo 
que  le  pudiera  acaesger ,  pues  que  que- 
dando con  el  gobernador  diez  de  caba- 
llo, le  paresgian  pocos,  é  enviaba  á  aquel 
hidalgo  solo  é  por  tierra  de  enemigos  é 
malos  passos ,  que  aunque  le  tomaran  al- 
guno, avia  de  morir  ó  passar  por  fuerga 
y  no  volver  sin  respuesta ,  y  por  pares- 
gerle  vergüeuga  pedir  compañía,  abajó 
su  cabega  é  obedesgió.  Pero  no  le  loo  tal 
determinagion ,  pues  que  en  la  verdad  en 
las  cosas  nesgessarias  y  manifiestas  hay 
ligengia  para  que  con  razón  se  refiera  al 
príngipe  que  lo  provea,  como  él  sea  mas 
servido  y  sus  mandamientos  mejor  se 
puedan  efetuar.  Lo  que  este  dia  le  acaes- 
gió  á  este  mensajero  eqüestre  no  lo  qui- 
so degir,  por  ser  lo  que  dixesse  en  pro- 
pria  causa ;  pero  basta  quél  tenia  bien 
probada  su  intengion  de  valiente  hom- 
bre ,  é  topó  hartos  indios  que  yban  por 
el  rastro  del  gobernador,  é  passó  ade- 
lante. É  llegado  al  real,  el  maestro  de 
campo  le  dio  catorge  de  caballo ,  con  los 


*  Cada  vez  que  nombra  Oviedo  á  este  cacique, 
escribe  su  nombre  de  diferente  modo :  primero  dijo 
Orriparacogi ;  después  Orriparagi;  ahora  Urripa- 
racoxi. Esto  prueba  la  variedad  con  que  los  espa- 
Tioles  pronunciaban  los  nombres  americanos ,  no 


acostumbrándose  su  oído  á  percibirlos  distinta  y 
claramente.  Lo  mismo  sucede  en  otros  muchos  pa- 
sajes de  Ja  segunda  y  tercera  parte  de  estas  his- 
torias. 


650 


HISTORIA  GEiNERAL  Y  iNATURAL 


quales  cresQió,  é  fue  el  número  de  los 
caballos  que  el  gobernador  tenia  veynte 
ó  seys.  Otro  dia ,  viernes ,  se  movió  el 
real  por  el  rastro  del  gobernador,  y  en 
el  camino  hallaron  dos  de  caballo  que  el 
gobernador  envió  al  maestro  de  campo, 
que  era  un  caballero  que  se  llamaba  Luis 
de  Moscoso ,  al  qual  le  enviaba  á  mandar 
que  no  se  moviesse ,  é  tornáronse  á  dor- 
mir á  donde  salieron ,  porque  ovo  una 
guasábara  (que  es  lo  mismo  que  escara- 
muga  )  con  los  indios  y  mataron  un  ca- 
ballo de  don  Carlos  Enriquez ,  yerno  del 
gobernador,  casado  con  su  sobrina,  na- 
tural de  Xerez  de  Badajoz ,  é  hirieron  al- 
gunos chripstianos  é  padesgieron  mucha 
uesgessidad  de  hambre,  porque  comian 
las  magorcas  del  mahiz  con  los  maslos  ó 
madera  (que  es  cassi)  sobre  que  nasgen 
los  granos.  Otro  dia,  sábado,  halló  el  go- 
bernador los  caminos  mas  anchos  y  bue- 
na dispusigion  de  tierra,  é  envió  otros 
dos  de  caballo  por  otros  treynta ,  é  envió 
á  degir  quel  real  se  moviesse  en  su  se- 
guimiento. É  el  maestro  de  campo  envió 
á  Ñuño  de  Tovar  con  treynta  de  caballo, 
é  él  se  movió,  segund  el  gobernador  le 
envió  á  mandar.  El  gobernador  con  los 
veynte  y  seys  de  caballo  que  con  él  yban, 
llegó  dia  de  Sancta  Ana  al  rio  ó  giénega 
de  Cale,  y  era  de  grand  corriente  é  an- 
cho ,  é  passáronle  con  grand  dificultad, 
y  adonde  no  avia  nesgessidad  de  puente 
passaban  á  los  pechos  y  á  la  barba  el 
agua ,  con  la  ropa  é  sillas  en  las  cabe- 
gas  mas  de  tres  tiros  de  ballesta.  Los 
treynta  de  caballo  que  llevaba  Ñuño  de 
Tovar,  passaron  el  domingo  siguiente ,  é 


la  corriente  les  llevó  un  caballo  y  se  les 
ahogó :  é  viendo  esto,  passaron  los  res- 
tantes con  sogas ,  como  lo  avian  hecho 
los  que  passaron  primero  con  el  gober- 
nador. Llegó  esta  gente  é  su  gobernador 
al  primero  pueblo  de  Ocale ,  que  llama- 
ban Uqueten ,  donde  se  tomaron  dos  in- 
dios; y  luego  se  proveyó  que  algunos  de 
caballo  y  las  agémilas  que  de  Cuba  avien 
llevado,  fuessen  con  mahiz  é  socorro  de 
comida  para  los  que  yban  atrás,  pues 
alli  hallaron  abundangia ;  y  no  les  llegó 
á  mal  tiempo  porque  los  hallaron  en 
aquella  giénaga  comiendo  hiervas  y  ray- 
ges  dellas  asadas  y  otras  cogidas,  sin  te- 
ner sal ,  y  lo  que  peor  era  sin  las  conos- 
ger.  Alegráronse  con  la  llegada  del  bas- 
timento ,  y  la  gula  y  nesgessidad  que  te- 
nían les  dio  una  refegion  y  sabor  muy 
agepto ,  é  de  tal  gusto  que  avivó  la  dili- 
gengia  y  sacaron  fuergas  de  ílaquega,  y 
llegaron  el  martes  siguiente  essos  pos- 
treros de  la  regaga  á  donde  el  goberna- 
dor Hernando  de  Soto  estaba;  pero  ya 
le  avian  herido  algunos  soldados  que  se 
desmandaban,  y  avien  muerto  un  balles- 
tero que  se  degia  Mendoga.  Junto  el  real, 
fueron  á  Ocale ,  pueblo  de  buena  comar- 
ca de  mahiz ;  é  alU ,  yendo  por  mante- 
nimientos á  Acuera ,  mataron  los  indios 
en  dos  veges  tres  soldados  de  la  guarda 
del  gobernador,  é  hirieron  á  otros  é  ma- 
taron un  caballo ,  y  todo  ello  por  mal 
congierto,  puesto  que  aquellos  indios, 
aunque  son  flecheros  y  de  muy  regios  ar- 
cos y  muy  diestros  é  gierlos  punteros,  no 
tienen  hierva  sus  flechas  ni  ellos  saben 
qué  cosa  es. 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  XXIV. 


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CAPITULO  XXIV. 

Cómo  el  gobernador,  Hernando  de  Solo,  prosiguiendo  en  su  conquista,  passó  adelanle,  é  cómo  los  in- 
dios le  quisieron  malar  ó  prender  por  engaño ,  por  liberlar  un  cacique  que  llevaba  consigo ,  é  cómo  un  ca- 
cique le  dio  una  bofelada  al  gobernador  que  le  bañó  los  dientes  en  sangre:  é  tráctanse  oirás  cosas  convi- 

nientes  al  discurso  de  la  historia. 


A  los  onge  de  agosto  del  mismo  año 
partió  el  gobernador  de  Ocale  con  gin- 
qüenla  de  caballo  y  gient  peones  en  bus- 
ca de  Apalache,  porque  avia  mucha  fama 
que  era  do  mucha  gente,  y  quedó  alli 
Luys  de  Moscoso  con  el  resto  del  real 
hasta  ver  cómo  subgedia  lo  de  adelante; 
y  aquel  dia  fueron  á  dormir  á  Itaraho- 
lata,  buen  pueblo  y  de  harto  mahiz.  Alli 
apretó  un  indio  al  capitán  Maldonado  y 
le  hirió  mal  el  caballo ,  y  le  sacara  la 
langa  de  las  manos,  si  no  sobreviniera 
acaso  de  ventura  el  gobernador,  puesto 
que  el  Maldonado  era  buen  caballero  é 
de  los  mas  valientes  de  aquel  exérgito; 
pero  los  indios  de  aquella  tierra  son  gen- 
te muy  belicosa  é  indómitos  é  regios. 
Otro  dia  fueron  á  Potano,  é  otro  dia 
miércoles  llegaron  á  ülinamocharra ,  é 
de  alli  fueron  al  pueblo  de  la  Mala-Paz; 
el  qual  nombre  se  le  dio ,  porque  avien- 
do  tomado  en  el  camino  Johan  de  Añasco 
treynta  personas  de  aquel  cagique ,  por- 
que se  las  diesen,  envió  á  degir  que  que- 
ría paz ,  é  envió  en  su  lugar  á  tractarla 
un  gandul  que  se  creyó  que  era  el  mismo 
cagique ,  é  diósele  su  gente.  Siguióse 
que,  huyéndoseles  á  los  chripstianos  este 
indio  oiro  dia ,  se  fué  á  meter  en  la  mol- 
titud  de  los  indios  que  estaban  en  un  ar- 
cabuco, un  perro  gentil  lebrel  de  Irlanda 
que  acudió  á  la  grita  y  entró  entre  todos 
los  indios;  é  aunque  passó  por  muchos,  á 
ninguno  asió  sino  á  aquel  quel  que  avia 
huydo  que  estaba  entre  la  moltitud ,  y 
túvole  por  el  molledo  del  brago  de  tal 
manera ,  que  el  indio  se  echó  é  le  pren- 
dieron. Otro  dia  llegaron  los  chripstianos 


á  un  bonico  pueblo ,  donde  hallaron  mu- 
cha comida  y  muchas  castañas  pequeñas 
apiladas  muy  sabrosas ,  naturales  casta- 
ñas; pero  los  árboles  que  las  llevan  no 
son  mas  altos  que  dos  palmos  de  tierra, 
é  assi  nasgen  en  capullos  erigados.  Otras 
castañas  hay  en  la  tierra  que  los  españo- 
les vieron  é  comieron  que  son  como  las 
de  España  mismas,  y  en  tan  grandes 
castaños  nasgen  é  los  árboles  poderosos 
é  con  la  misma  hoja  é  eriges  ó  capullos, 
assi  gordos  é  de  muy  buen  sabor. 

Fué  aqueste  exército  desde  alli  á  un  rio 
que  llaman  de  las  Discordias,  é  la  causa 
quiso  callar  el  que  dio  esta  relagion,  por- 
que como  era  hombre  de  bien,  no  acordó 
de  contar  culpas  ni  flaquegas  de  sus  ami- 
gos. Aqueste  dia  higieron  una  puente  de 
pinos,  que  avia  muchos  alli,  é  otro  dia 
domingo  passaron  aquel  rio  con  tanto  ó 
mas  trabaxo  que  el  de  Ocale.  El  dia  si- 
guiente lunes  llegaron  á  Aguacaleyquen, 
y  Rodrigo  Ranjel  y  Villalobos ,  dos  hidal- 
gos, hombres  eqüestres,  pero  hidalgos 
(digo  eqüestres  porque  eran  en  este  exér- 
gito hombres  de  caballo) ,  tomaron  en  un 
mahigal  un  indio  é  una  india ,  é  ella  les 
mostró  dónde  estaba  escondido  el  mahiz, 
é  el  indio  llevó  al  capitán  Baltasar  de 
Gallegos,  adonde  tomó  diez  é  siete  per- 
sonas, y  entre  ellas  una  india,  hija  del  ca- 
gique ,  que  de  razón  esso  avie  de  ser 
causa  que  su  padre  viniesse  á  la  paz; 
pero  sin  essa  quissiera  él  libertarla,  si  sus 
engaños  y  astugias  fueran  no  menos  que 
las  destos  conquistadores.  A  los  veynteé 
dos  de  agosto  paresgió  gran  moltitud  de 
indios ,  é  viendo   el  gobernador  que  la 


552 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


tierra  se  mostraba  ya  mas  poblada  y  de 
mantenimientos,  envió  ocho  de  caballo 
á  toda  diligencia  á  llamar  al  maestre  de 
campo ,  Luys  de  Moscoso  ,  para  que  con 
todo  el  real  se  fuesse  á  juntar  con  él ;  y 
no  tuvo  poca  diligencia  el  maestre  de 
campo  en  complir  aquel  mandamiento, 
é  á  los  quatro  de  septiembre  llegó  donde 
el  gobernador  estaba ,  é  todos  se  holga- 
ron de  verse  juntos ;  porque  como  tenian 
preso  al  cagique ,  temíase  que  los  indios 
se  avian  de  juntar,  y  no  era  mal  penssa- 
do,  por  lo  que  paresgió  adelante.  Á  los 
nueve  de  septiembre  partieron  todos  jun- 
tos de  Aguacaleyquen  ,  llevando  consigo 
el  cagique  é  á  su  hija  y  á  un  indio  prin- 
cipal que  se  degia  Guatulima  ,  por  guia, 
porque  degia  aquel  que  sabia  mucho  de 
lo  de  adelante  é  daba  muy  grandes  nue- 
vas. É  higieron  una  puente  de  pinos  para 
passar  el  rio  de  Aguacaleyquen ,  y  fue- 
ron á  dormir  á  un  pueblo  pequeño.  Otro 
dia  viernes  fueron  á  Uriutina ,  pueblo 
de  alegre  vista  y  de  mucha  comida,  y 
avia  en  él  un  muy  gran  buhio,  en  la 
mitad  del  qual  avia  un  gran  palio.  Ya 
por  alU  avia  buena  poblagion.  Desde  que 
salieron  de  Aguacaleyquen,  yban  y  venian 
mensageros  de  Ugachile ,  cagique  gran- 
de, tañendo  con  una  flauta  por  girimo- 
nia;  y  el  viernes  á  doge  de  septiembre 
llegaron  estos  chripslianos  á  un  pueblo 
que  le  llamaron  de  las  Muchas-Aguas, 
porque  les  llovió  tanto ,  que  no  pudieron 
salir  de  alli  el  sábado  ni  el  domingo ,  é 
salieron  el  lunes  siguiente  ,  quinge  de 
aquel  mes ,  y  hallaron  una  giénega  muy 
mala  y  todo  el  camino  muy  trabajoso ,  é 
fueron  á  dormir  á  Napituca ,  que  era  un 
pueblo  muy  alegre,  de  gentil  assienlo  y 
mucha  comida.  Alli  los  indios  usaron  de 
todos  sus  engaños  é  astugias  por  cobrar 
su  cagique  de  Aguacaleyquen  ,  é  llegó  la 
cosa  á  términos  que  el  gobernador  se 
vido  en  harto  peligro ;  pero  fueron  en- 
tendidos sus  engaños  y  burlas ,  y  hízose- 


les  otra  mayor,  desta  manera.  Juntáron- 
se siete  cagiques  de  aquellas  comarcas 
con  sus  gentes ,  é  enviaron  á  degir  al 
gobernador  que  eran  subjelos  de  Ugachi- 
le ,  y  que  por  su  comission  y  voluntad 
dellos  querían  ser  amigos  de  los  chrips- 
lianos y  ayudarlos  contra  Apalache,  pro- 
vingia  regia  enemiga  de  Ugachile  y  de- 
llos, y  que  á  esto  avian  venido  indugi- 
dos  y  rogados  por  Aguacaleyquen  (que 
es  el  cagique  que  los  chripslianos  traien 
preso),  y  que  temian  entrar  en  el  real  y 
ser  detenidos  :  por  tanto ,  que  el  gober- 
nador llevasse  consigo  á  Aguacaleyquen 
é  los  saliesse  á  hablar  en  una  savana 
grande  que  alli  avie ,  para  platicar  en 
este  negogio.  Fueron  entendidos  sus 
tractos  y  ageptado  su  mensage ,  y  el  go- 
bernador salió  á  los  hablar  ;  pero  mandó 
armar  y  cabalgar  á  los  chripslianos,  é 
que  á  la  señal  de  la  trompeta  diessen  en 
los  indios.  Assi  que,  salido  á  la  savana 
con  solos  los  de  su  guarda  y  una  silla 
para  se  sentar,  el  cagique  de  Aguacaley- 
quen consigo,  apenas  se  ovo  sentado  el 
gobernador,  que  quando  estaba  comen- 
gándose  la  plática,  se  vido  al  momento 
gercado  de  indios  con  sus  arcos  y  fle- 
chas ,  y  por  muchas  partes  venian  otros 
innumerables ;  de  tal  forma  ,  que  el  pe- 
ligro se  vido  luego  manifiesto  que  el  go- 
bernador tenia  :  é  antes  que  la  trompeta 
se  sonasse  ,  el  maestre  de  campo ,  Luys 
de  Moscoso  ,  batió  las  piernas  al  caballo 
digiendo:  «Ea,  caballeros,  Sancliago, 
Sanctiago,  y  á  ellos.»  É  assi  de  golpe  fué 
la  gente  de  caballo,  alangeando  muchos 
indios,  y  no  se  les  ganó  el  ardid  sino 
por  la  mano ,  é  antuviarse  los  nuestros  á 
pelear ,  no  obstante  lo  qual  se  defendie- 
ron é  pelearon  como  hombres  de  grande 
ánimo ,  é  le  mataron  el  caballo  al  gober- 
nador y  mataron  otro  á  un  hidaldo,  dicho 
Sagredo,  é  hirieron  otros.  É  después  que 
buen  espagio  duró  la  pelea ,  los  indios  se 
pusieron  en  huyda ,  é  acogiéronse  á  unas 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  XXIV. 


tr  ••  <) 

OO.Í 


dos  lagunas ,  c  los  españoles  geicaroii  la 
una  é  la  otra  no  pudieron,  é  tovieron 
aquella  gercada,  velando  toda  la  noche  é 
hasta  la  mañana  que  se  rindieron  é  saca- 
ron presos  de  alli  trescientos  indios  é  ginco 
ó  seys  caciques  en  ellos.  Uriutina  quedó  á 
la  postre  solo,  que  no  quiso  salir  hasta  que 
entraron  unos  indios  de  Ugachile  á  nado 
por  él  y  lo  sacaron ,  y  en  saliendo ,  pidió 
un  mensagero  para  su  tierra,  y  trahido  le 
dixo  assi :  « Mira ,  vete  á  los  mios  y  díles 
que  de  mí  no  tengan  cuydado :  que  yo 
he  hecho,  como  valiente  varón  é  señor,  lo 
que  avia  de  hager ,  y  reñí  y  peleé ,  como 
hombre  hasta  que  me  dexaron  solo  :  é  si 
me  retruxe  á  esta  laguna,   no  fué  por 
huyr  la  muerte  ó  no  morir  como  á  mí  me 
conviene ,  sino  por  animar  á  estos  que 
estaban  dentro  é  que  no  se  diessen ;  y 
que  después  que  ellos  se  dieron  ,  yo  nun- 
ca me  rendí  hasta  que  estos  indios  de 
Ugachile,  que  son  de  nuestra  nagion,  me 
lo  rogaron  diciendo  que  assi  convenia  á 
lodos.  Por  tanto,  que  lo  que  les  encargo  é 
ruego  es  que  por  mi  respecto  ni  por  otro  no 
tengan  que  hager  con  estos  chripstianos, 
que  son  diablos  y  podrán  mas  que  ellos, 
y  que  tengan  por  muy  gierto  de  mí  que 
si  oviere  de  morir,  será   como  valiente 
hombre.»  Todo  lo  qual  refirió  luego  é  lo 
declaraba  al  gobernador  aquel  Johan  Or- 
liz ,  lengua ,  ques  aquel  chripstiano  que 
la  historia  ha  contado  que  hallaron  en  la 
tierra ,  acaso  de  ventura.  Los  indios  que 
se  tomaron  de  la  manera  ya  dicha ,  se 
llevaron  á  meter  en  un  buliio  atadas  las 
manos  atrás;  y  andando  entre  ellos  el 
gobernador  para  conosger  los  cagiques, 
animándolos  para  los  traer  á  paz  é  con- 
cordia,  y  habiéndolos    desatar  porque 
fuessen  mejor  tractados  que  los  otros  in- 
dios comunes,  un  cacique  de  aquellos, 
assi  como  lo  desataron ,  estando  el  go- 
bernador á  par  del ,  algo  el  brago  é  dio 
al  gobernador  tan  grand  bofetada  que  le 

bañó  los  dientes  en  sangre  y  le  hizo  es- 
TüMO  I. 


cupir  mucha ,  por  lo  qual  este  y  otros  los 
ataron  á  sendos  palos  é  fueron  asactados. 
Otros  indios  higieron  otras  hagañas  mu- 
chas que  no  se  podrían  acabar  descrebir, 
segund  al  historiador  dixo  el  que  pres- 
sente  se  halló;  por  lo  qual  el  gobernador, 
viendo  que  con  tan  pocos  indios  y  sin  ar- 
mas los  chripstianos  estaban  tan  aflexidos, 
noestándolo  él  menos,  dixo  assi:  «Ová- 
lame Dios,  y  si  estuvieran  aquí  aquellos  se- 
ñores del  Consejo,  para  que  vieran  cómo 
se  sirve  Su  Magestad  en  estas  partes!»  Y 
aun  porque  lo  saben  díge  el  chronista  que 
han  mandado  gesar  las  tiranías  y  cruel- 
dades ,  y  que  se  tenga  mejor  orden  en  la 
pagificagion  de  las  Indias,  para  que  Dios, 
Nuestro  Señor,  y  la  Cesárea  Magestad 
mejor  se  sirva ,  y  las  consgiengias  de  los 
conquistadores  se  aseguren ,  y  los  natu- 
rales de  la  tierra  no  sean  maltractados. 
Martes  veynte  y  tres  de  septiembre  sa- 
lió el  gobernador  é  su  exérgito  de  Napi- 
tucay  llegaron  al  rio  de  los  Venados.  Este 
nombre  se  le  dio  porque  alli  truxeron  los 
indios  mensajeros  de  Ugachile  gierlos  ve- 
nados, que  los  hay  muchos  y  buenos  por 
aquella  tierra.  É  para  passar  este  rio  hi- 
gieron una  puente  de  tres  grandes  pinos 
en  luengo  y  quatro  en  ancho  (los  qua- 
les  pinos  son  perfetos  y  de  los  muy  gran- 
des de  España),  y  acabando  de  passar  el 
rio  todo  el  exérgito ,  que  fue  á  los  veynte 
y  ginco  días  de  aquel  mes,  passaron  el 
mismo  día  por  dos  pueblos  pequeños  y 
uno  muy  grande  que  se  llama  Apalu ,  y 
llegaron  á  dormir  á  Ugachile;   pero  en 
todos  estos  pueblos  hallaron  la  gente  al- 
gada,  é  salieron  algunos  capitanes  á  ran- 
chear y  truxeron  mucha  gente.  Partieron 
de  Ugachile  el  lunes  adelante  veynte  é 
nueve  del  mes  ,  é  passado  un  gran  mon- 
te, fueron  á  dormir  á  un  pinar,  é  tornó  un 
mangebo,  dicho  Cadena,  atrás  sin  lígengia 
por  una  espada,  é  quísole  hager  ahorcar 
el  gobernador  por  ambos  delictos ,  é  por 

ruego  de  buenas  personas  escapó.  Otro 
70 


>'6i 


HISTORIA  GEiNERAL  Y  NATURAL 


(lia ,  martes  Ireynla  del  mes  de  septiem- 
bre llegaron  á  Agüe  subjeto  de  Apalache, 
é  tomáronse  algunas  mugeres;  é  son  ta- 
les que  una  india  tomó  á  un  bachiller,  lla- 
mado Herrera,  que  quedaba  solo  con  ella 
é  atrás  de  otros  compañeros,  é  asióle  de 
los  genitales  y  túvolo  muy  fatigado  é  ren- 
dido, é  si  acaso  no  passáran  otros  chrips- 
tianos  que  le  socorrieran ,  la  india  le  ma- 
tara ,  puesto  quél  no  queria  aver  parte  en 
ella,  como  libidinoso,  sino  que  ella  se 
queria  libertar  é  huyr.  Miércoles  primero 
de  octubre  salió  el  gobernador  Hernando 
de  Soto  de  Agile  con  su  gente ,  é  llega- 
ron al  rio  ó  giénega  de  Ivitachuco,  é  hi- 
cieron una  puente,  é  en  un  carrizal  de 
la  otra  parte  estaba  una  gelada  de  indios 
é  flecharon  tres  chripstianos,  é  acabaron 
de  passar  aquella  ciénega  el  viernes  si- 
guiente á  medio  dia ,  é  ahogóseles  alli 
un  caballo  é  fueron  á  dormir  á  Ivitachu- 
co é  hallaron  ardiendo  el  pueblo ,  que  le 
avian  puesto  fuego  los  indios.  Domingo 
Qinco  de  octubre  fueron  á  Calahuchi ,  é 
tomáronse  dos  indios  y  una  india  é  ta- 
sajos de  venados  en  mucha  cantidad ,  é 
alli  se  les  huyó  la  guia  que  llevaban. 
Otro  dia  fueron  adelante  llevando  por 
guia  un  indio  viejo  que  los  traia  perdi- 
dos, é  una  india  los  llevó  á  Iviahica,  ó 
hallaron  algada  toda  la  gente ,  é  otro  dia 
salieron  de  alli  dos  captianes  é  hallaron 
toda  la  gente  algada.  Johan  de  Añasco 
avia  salido  deste  pueblo,  é  ocho  leguas 
del  halló  el  puerto  donde  Pamphilo  de  Nar- 
vaez  se  avia  embarcado  en  las  barcas  que 
hizo.  Esto  se  conosgió  por  las  calavernas 
de  los  caballos  y  assiento  de  fragua  y 
pesebres  y  morteros  que  tenian  hechos 
para  moler  el  mahiz,  y  por  cruges  he- 
chas en  los  árboles.  É  invernaron  alli  é 
estovieron  hasta  quatro  de  marzo  del  año 
de  mili  é  quinientos  é  quarenta  años ,  en 
el  qual  tiempo  acaesQieron  muchas  cosas 
notables  con  los  indios,  los  quales  son 
valentíssimos  hombres,  y  por  lo  que  ago- 


ra se  dirá  podrá  el  discreto  letor  conjec- 
turar  sus  grandes  ánimos  é  osadía.  Dos 
indios  salieron  á  ocho  de  caballo,  y 
quemáronles  dos  veges  el  pueblo ,  y  con 
geladas  les  mataron  muchos  chripstianos 
en  veges,  y  aunque  los  españoles  los  per- 
seguían y  quemaban ,  nunca  quissieron 
venir  de  paz.  Si  á  algunos  indios  corla- 
ban las  manos  y  naríges,  no  hagian  mas 
sentimiento  que  sí  cada  uno  dellos  fuera 
un  Mugió  Sgévola  romano.  Ninguno  de- 
llos negó  ser  de  Apalache  por  temor  de 
la  muerte.  Y  en  tomándole,  que  le  pregun- 
taban de  á  dónde  era,  respondía  con  so- 
berbia: «De  á  dónde  tengo  de  ser?.,  soy 
un  indio  de  Apalache.»  Como  quien  daba 
á  entender  que  le  ofendía  quien  penssase 
que  era  de  otra  gente,  sino  de  Apalache. 
Acordó  el  gobernador  de  entrar  mas 
la  tierra  adentro,  porque  un  indio  mu- 
chacho daba  grandes  nuevas  de  lo  que 
avia  la  tierra  adentro ;  y  envió  á  Johan 
de  Añasco  con  treynla  de  caballo  por  el 
capitán  Calderón  é  la  gente  que  avia 
quedado  en  el  puerto,  y  quemaron  los 
mantenimientos  que  dexaron  y  el  pueblo, 
é  vínose  el  capitán  Calderón  por  tierra 
con  toda  la  gente  y  Johan  de  Añasco  vi- 
no por  la  mar  con  los  vergantines  y  ba- 
teles hasta  el  puerto  de  Apalache.  Sába- 
do diez  6  nueve  de  noviembre  llegó 
Johan  de  Añasco  al  puerto,  c  luego  se 
despachó  Maldonado  en  los  vergantines 
por  la  costa  á  descobrir  puerto  la  vía  del 
hueste-ocgidente.  Y  en  este  tiempo  lle- 
gó el  capitán  Calderón  con  toda  la  gen- 
te, menos  dos  hombres  y  siete  caballos 
que  le  mataron  los  indios  en  el  camino. 
Maldonado  descubrió  un  puerto  muy  bue- 
no y  truxo  un  indio  de  una  provingía 
questá  junto  á  aquella  costa,  que  se  dige 
Achuse,  é  truxo  una  buena  manía  de 
martas  gebellinas  (aunque  ya  en  Apala- 
che avian  visto  otras,  pero  no  tales).  Des- 
pachóse el  capitán  Maldonado  para  la 
Habana  y  salió  de  Apalache  á  veynte  é 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  GAP.  XXIV. 


»•    f»    fLM 


seys  de  hebrero  de  mili  é  quiaientos  é 
(juarenta  años  con  ordenagion  é  manda- 
miento del  gobernador  que  acudiesse  al 
puerto  que  avia  descubierto ,  y  por  aque- 
lla costa  donde  el  gobernador  penssaba 
acudir.  La  provincia  de  Apalache  es  muy 
fértil  é  abundantíssima  de  mantenimien- 


tos, de  mucho  maliiz  é  fésoles,  é  calaba - 
gas,  é  fructas  diverssas,  é  muchos  vena- 
dos, y  muchas  diverssidades  de  aves,  y 
gerca  de  la  mar  para  pescados  que  hay 
muchos  y  buenos,  é  es  tierra  aplagiblo 
aunque  hay  giénegas ;  pero  son  tiesas  por 
ser  sobre  arena. 


CAPITULO  XXV. 

Cómo  el  gobernador  Hernando  de  Solo  é  su  gente  partieron  de  íviahicaen  demanda  de  Capachegui ,  é  có- 
njo  la  guia  que  llevaban  desque  no  supo  mas  deto  que  adelante  avia,  se  hizo  endemoniado;  é  Iráelansc  di- 
versas cosas  é  muy  notables. 


J_ja  partida  de  Iviahica,  en  demanda  de 
Capachequi,  se  comengó  un  miércoles  tres 
dias  de  margo  de  mili  é  quinientos  é 
quarenta  años ,  é  fué  el  gobernador  con 
su  exérgito  á  dormir  al  rio  de  Guacuca, 
é  partidos  de  alli  fueron  al  rio  de  Capa- 
chequi ,  al  qual  llegaron  el  viernes  ade- 
lante temprano ,  é  higieron  una  canoa  ó 
piragua  para  lo  passar,  y  era  tan  ancho 
el  rio  que  Ghripstóbal  Mosquera ,  que  era 
el  mejor  bragero ,  con  una  piedra  á  su 
propóssito  no  alcangaba  á  lo  passar.  É 
lomaron  las  cadenas  en  que  traian  los 
indios  con  unas  SS.  de  hierro  regias  jun- 
tadas; é  fechas  una  cadena  de  todas,  ata- 
ron el  un  cabo  de  la  cadena  de  una  van- 
da  y  el  otro  de  otra  para  passar  la  pira- 
gua ,  é  era  tal  la  corriente  que  quebró  la 
cadena  dos  veges;  é  viendo  esto  ata- 
ron muchas  sogas  é  higieron  dellas  dos 
é  ataron  la  una  á  la  popa  é  la  otra  á 
la  proa ,  y  tirando  de  una  parte  y  de  la 
otra,  passaron  la  gente  y  ropa.  Para 
passar  los  caballos  higieron  sogas  luen- 
gas ,  é  atábanlos  al  pescuego  ;  y  aunque 
la  corriente  los  derribaba ,  tirando  las 
sogas  los  sacaban,  pero  con  trabaxo,  y 
algunos  medio  ahogados.  Éel  miércoles, 
nueve  de  margo ,  acabó  de  passar  todo 
el  real  el  rio  de  Capachequi,  y  salieron 
á  dormir  á  un  pinar.  É  otro  dia ,  jueves, 


llegaron  al  primero  pueblo  de  Capache- 
qui, el  qual  era  de  mucho  mantenimien- 
to; pero  entre  arcabucos  ó  tierra  muy 
gerrada  de  arboledas ,  é  por  esso  passa- 
ron á  dormirá  otro  pueblo  mas  adelante, 
é  toparon  una  mala  giénaga  junto  al  pue- 
blo ,  de  mucha  corriente ,  y  antes  de  lle- 
gar é  ella  passaron  muy  gran  trecho  de 
agua  á  las  ginchas  y  bastos  de  las  sillas 
de  los  caballos ,  de  tal  manera  que  aquel 
dia  no  pudo  acabar  de  passar  todo  el 
real  á  causa  del  mal  passo.  Alli  se  des- 
mandaron cient  soldados  con  espadas  y 
rodelas ,  y  otros  tantos  indios  los  desca- 
labraron y  mataron  uno  dellos ,  y  mata- 
ran á  todos,  sino  fueran  socorridos. 

A  los  diez  é  siete  de  margo  salieron  de 
Capachequi,  é  fueron  á  dormir  á  la  Fuente 
Blanca.  Esta  es  una  muy  hermosa  fuen- 
te ,  de  gran  golpe  de  agua  y  buena  ,  é 
tiene  pescado.  É  el  dia  siguiente  fueron 
á  dormir  al  rio  de  Toa ,  donde  higieron 
dos  puentes,  é  se  ahogó  el  caballo  áLo- 
rengo  Suarez ,  hijo  de  Vasco  Porcallo.  É 
el  domingo  siguiente ,  veynte  é  un  dias 
del  mes,  llegaron  al  passo  del  rio  de  Toa, 
é  higieron  dos  veges  puente  de  pinos,  é 
la  corriente  grande  las  quebró ,  é  hízose 
otra  puente  de  tixeras  en  gierta  forma  que 
dio  un  hidalgo,  llamado  Ñuño  de  Tovar, 
de  lo  qual  todos  se  reian ,  pero  fué  por 


í)0 


6 


UISTOIUA  GENERAL  Y  íNATÜRAL 


verdad  lo  que  aquel  dixo ;  é  hecho ,  pas- 
saron  muy  biea  con  aquella  industria,  y 
el  lunes  acabó  de  passar  todo  el  real ,  é 
fueron  á  dormir  á  un  pinar,  aunque  en 
muchas  partes  divididos  y  mal  ordena- 
dos. É  el  martes  temprano  llegaron  á 
Toa ,  gran  pueblo ,  é  quiso  el  gobernador 
yr  adelante ,  é  no  le  dexaron.  Miércoles 
veynte  y  quatro  del  mes  salió  de  alli  el 
gobernador  á  media  noche  secretamente 
con  hasta  quarenta  de  caballo,  caballeros 
é  hijos  dalgo,  y  tales  que  por  diversos 
respectos  no  los  avia  querido  poner  de- 
baxo  de  otro  capitán :  é  caminaron  todo 
aquel  dia  hasta  la  noche ,  que  hallaron 
un  mal  passo  de  agua  y  hondo ,  y  aunque 
era  de  noche  le  passaron,  é  andovieron 
aquel  dia  doQe  leguas ;  é  otro  dia ,  que 
fué  Jueves  Sancto  de  la  Cena,  por  la  ma- 
ñana llegaron  á  la  población  de  Ghisi,  é 
passaron  un  brago  de  un  rio  grande  bien 
ancho  ú  vuela  pie ,  y  aun  buena  parte  del 
á  nado ,  é  dieron  en  un  pueblo  que  estaba 
en  una  isla  deste  rio  ,  donde  tomaron  al- 
guna gente  y  hallaron  de  comer :  é  por 
ser  el  lugar  peligroso  ,  antes  que  vinies- 
sen  canoas ,  se  tornaron  á  salir  por  don- 
de avien  entrado ,  pero  primero  almor- 
zaron de  unas  gallinas  de  la  tierra  que 
llaman  guanaxas ,  y  de  lomos  de  vena- 
dos que  hallaron  assados  en  barbacoa, 
ques  como  en  parrillas.  É  puesto  que  era 
Jueves  Sancto,  no  ovo  ninguno  tan  chrips- 
liano  que  tuviesse  escrúpulo  de  comerla 
carne ;  é  llevólos  alli  el  muchacho  Perico 
que  truxeron  de  Apalache  por  guia,  é 
passaron  á  otros  pueblos,  é  á  un  mal 
passo  de  una  giénega  se  ovieran  de  ane- 
gar algunos  caballos,  porque  los  que 
echaron  á  nado  con  las  sillas  passaban 
sus  dueños  por  un  madero  que  atraves- 
saba  la  corriente  del  agua ;  é  passando 
assi  un  Benito  Fernandez,  portugués,  ca- 
yó del  madero  é  ahogóse.  Este  dia  lle- 
garon á  un  pueblo  donde  vinieron  indios 
principales  por  mensajeros  de  Ichisi ,   é 


uno  dellos  preguntó  al  gobernador ,  é  la 
dixo  tres  palabras,  una  en  pos  de  otra, 
desta  manera :  « Quién  eres?  qué  quieres? 
á  dónde  vas? »  E  truxeron  pressentes  de 
cueros  ,  mantas  de  la  tierra ,  que  fueron 
los  primeros  dones  en  señal  de  paz;  todo 
lo  cual  fué  Jueves  Sancto  y  dia  de  la  En- 
carnagion.  A  las  preguntas  del  indio  res- 
pondió el  gobernador  quél  era  un  capi- 
tán del  gran  rey  de  España ;  que  en  su 
nombre  venia  á  darles  a  entender  la  fé 
sagrada  de  Chripsto ,  y  á  que  le  conos- 
giessen  é  se  salvassen  é  diessen  la  obe- 
diongia  á  la  iglesia  apostólica  de  Roma  é 
al  Summo  Ponlífige  é  Vicario  de  Dios  que 
alli  resside,  é  que  en  lo  temporal  conos- 
ciessen  por  rey  é  señor  al  Emperador, 
rey  de  Castilla,  nuestro  señor,  como  sus 
vassallos,  é  que  les  harían  todo  buen  trac- 
tamiento  é  los  ternia  en  paz  é  justigia,  co- 
mo á  los  otros  sus  vasallos  chripslianos. 
El  lunes  veynte  é  nueve  de  margo  salie- 
ron de  alli  para  Ichisi,  y  llovic?  tanto,  y 
cresgió  de  tal  manera  un  rio  pequeño, 
que  si  no  se  dieran  mucha  priessa  á  pasar, 
peligraran  todos  los  del  exérgito.  Este  dia 
salieron  indios  é  indias  á  los  resgebir: 
venian  ellas  vestidas  de  blanco,  épares- 
gian  bien ,  é  daban  á  los  chripstianos 
tortillas  de  mahiz  é  unos  manojos  de  ge- 
bolletas  ni  mas  ni  menos  que  las  de  Cas- 
tilla, tan  gordas  como  la  cabega  del  de- 
do pulgar  é  mas.  É  fué  aqueste  un  man- 
jar que  les  ayudó  mucho  de  ahy  adelan- 
te; y  comíanlas  con  tortillas  asadas  y 
cogidas  y  crudas,  y  érales  gran  socorro, 
porque  son  muy  buenas.  El  vestido  blan- 
co, de  que  aquellas  indias  venian  vesti- 
das, son  unas  mantas  como  de  liengo 
basto  y  algunas  delgadas :  hagen  el  hilo 
dellas  de  las  cascaras  de  los  morales,  no 
de  la  primera  sino  de  la  de  enmedio ;  é 
sábenlo  benefigiar  é  hilar  é  aparejar  tara- 
bien  y  lexerlo ,  que  hagen  muy  lindas 
mantas ,  y  pónensse  una  de  la  ginta  aba- 
xo  y  otra   atada  por  un  lado  y  metida 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  GAP.  XXV. 


do, 


la  cabega  sobre  los  hombros,  como  aque- 
llos bohemianos  ó  egipgianos  que  suelen 
algunas  veges  andar  vagabundos  por  Es- 
paña. Es  tal  el  hilo,  que  quien  se  halló 
en  esto  me  gerlificó  que  vido  hilarlo  á 
las  mugeres  dessas  cascaras  de  morales, 
é  hagerlo  tan  bueno  como  hilo  de  Por- 
tugal de  lo  mas  presgioso  que  procuran 
en  España  las  mugeres  para  labrar,  y 
mas  delgado  y  parejo  alguno  y  mas  re- 
gio. Los  morales  son  ni  mas  ni  menos  que 
los  de  España,  y  tan  grandes  y  mayores; 
pero  la  hoja  mas  blanda  y  mejor  para  se- 
da ,  y  las  moras  para  comer  mejores  y 
aun  mayores  que  las  de  España ,  y  tam- 
bién les  aprovecharon  mucho  muchas  ve- 
ges á  los  españoles,  para  se  mantener. 

Llegaron  aqueste  dia  á  un  pueblo  de 
un  cagique  subjelo  de  Ichisi ,  bonico  pue- 
blo y  de  harta  comida ,  é  dióles  de  lo  que 
tenia  de  buena  voluntad,  é  descansaron 
allí  el  martes,  é  luego  el  miércoles,  úl- 
timo de  margo ,  partieron  el  gobernador 
é  su  exérgilo ,  é  llegaron  al  Rio  Grande, 
donde  tovieron  muchas  canoas,  en  que 
passaron  muy  bien  é  llegaron  al  pueblo 
del  señor ,  el  qual  era  tuerto ,  é  dióles 
muy  bien  de  comer  é  quinge  indios  para 
cargas.  Y  cómo  era  el  primero  que  vino 
de  paz,  no  le  quisieron  fatigar  mucho,  é 
estuvieron  alli  jueves  primero  de  abril, 
é  pusiéronles  en  el  gerro  del  pueblo  una 
cruz,  é  informáronlos  con  la  lengua  de 
la  sanctidad  de  la  cruz,  é resgibiéronla  é 
adoráronla  con  mucha  devogion,  á  lo 
que  mostraban.  Viernes,  segundo  dia  del 
mes  de  abril ,  partió  este  exérgito  de  alli 
é  durmieron  en  el  campo ,  é  á  otro  dia 
llegaron  á  un  buen  rio ,  é  hallaron  bullios 
despoblados  ,  é  ahy  llegaron  mensageros 
de  Altamaha  é  lleváronlos  á  un  pueblo, 
donde  hallaron  abundancia  de  comida, 
é  vino  un  mensagero  de  Altamaha  con 
un  presente,  é  el  dia  "adelante  Iruxeron 
muclias  canoas  é  passó  el  exérgito  muy 
bien.  É  desde  alli  envió  el  gobernador  á 


llamar  al  cagique Camumo,édixeron que 
comia  é  dormia  é  andaba  continuamente 
armado,  que  nunca  se  quitaba  las  armas, 
porque  estaba  en  la  frontera  de  otro  ca- 
gique llamado  Cofitachequi ,  su  enemigo, 
é  (|ue  no  vendría  sin  ellas ,  é  el  gober- 
nador replicó  é  dixo  que  viniesse  como 
él  quisiesse ;  é  vino  é  dióle  el  goberna- 
dor una  pluma  grande  é  colorada  con  ar- 
gentería ,  é  el  cagique  la  tomó  muy  ale- 
gre ,  é  dixo  al  gobernador :  « Vosotros 
soys  del  gielo  ,  y  aquesta  pluma  vuestra 
que  me  days,  puedo  comer  con  ella :  sal- 
dré á  la  guerra  con  ella;  dormiré  con  mi 
muger  con  ella.»  É  el  gobernador  le  dixo 
que  sí,  que  todo  lo  podía  hager.  Este  ^.a- 
mumo  y  essotros  eran  subjelos  de  un  gran 
cagique  que  se  dige  Ocute.  Y  este  de  la 
pluma  preguntó  al  gobernador  que  á 
quién  avia  de  dar  de  alli  adelante  el  tri- 
buto ,  si  le  daría  al  gobernador  ó  á  Ocu- 
te. É  el  gobernador  sospechó  que  esla 
pregunta  fuesse  dicha  astutamente,  é 
respondió  que  él  tenia  á  Ocute  por  her- 
mano ,  que  le  diesse  á  Ocute  su  tributo 
hasta  que  el  gobernador  le  mandassc 
otra  cosa.  Desde  alli  envió  mensageros  á 
llamar  á  Ocute ,  é  él  vino  alli ,  é  el  go- 
bernador le  dio  un  bonete  de  raso  ama- 
rillo, é  una  camisa,  é  una  pluma,  é  pú- 
sosse  una  cruz  allí  en  Altamaha,  é  fué 
bien  resgibida.  É  otro  dia  jueves ,  ocho 
días  de  abril ,  partió  de  ahy  el  goberna- 
dor con  su  exérgito ,  é  llevó  consigo  á 
Ocute,  é  fueron  á  dormir  á  unos  buhíos, 
é  el  viernes  llegaron  al  pueblo  de  Ocute. 
É  enojóse  el  gobernador  con  él ,  é  tem- 
blaba de  miedo ;  é  luego  vinieron  mucho 
número  de  indios  con  mantenimientos,  é 
dieron  quantos  indios  de  carga  quisieron 
los  chripstianos,  é  púsosse  una  cruz,  é 
resgibiéronla  con  mucha  devogion  á  lo 
que  paresgia ,  é  adoráronla  de  rodillas, 
como  vían  que  los  chripstianos  lo  ha- 
gien.  Lunes,  doge  de  abril,  partieron  de 
Ocute  é  llegaron  á  Cofaqui ,  é  vinierou 


3o8 


HISTORIA  GENEIUL  Y  NATUllAL 


principales  con  dones.  Era  este  cagique 
Gofaqui  un  hombre  viejo ,  lleno  de  bar- 
bas ,  é  gobernaba  por  él  un  sobrino  su- 
yo. Vino  ahy  el  cacique  Tatofa  é  otro 
principal,  é  dieron  su  pressente  é  comi- 
da é  tamemes  lodos  los  que  ovieron  me- 
nester, que  en  aquella  lengua  lámeme 
({uiere  tanto  degir  como  indio  de  carga. 
El  jueves ,  quinge  de  aquel  mes ,  comen- 
ró  á  desatinar  aquel  Perico ,  que  era  el 
indio  muchacho  que  llevaban  por  guia 
desde  Apalache,  porque  no  sabia  ya  mas 
de  la  tierra,  é  hízose  endemoniado,  é 
súpolo  hager  tan  bien ,  que  los  chripslia- 
nos  penssaron  que  era  verdad;  é  díxole 
un  religioso  que  llevaban ,  llamado  fray 
Johan,  el  Evangelio.  Pero  en  efeto  ovie- 
ron de  tomar  guias ,  que  les  dio  Talofa, 
para  yr  á  Cofitachequi  por  un  despobla- 
do de  nueve  ó  diez  dias  de  camino. 

Esto  maravillado  muchas  veges  de  la 
tahurería  ó  tesón  ó  pertinacia,  ó  sea  cons- 
tancia, porque  parezca  mejor  la  continua- 
ción destos  burlados  conquistadores ,  de 
un  trabaxo  en  otro ,  y  de  otro  en  otro 
mayor,  y  de  un  peligro  en  otros  y  otros, 
aqui  perdiendo  un  compañero  é  alli  tres, 
ó  acullá  mas  y  de  mal  en  peor,  sin  es- 
carmentar. ¡  Oh  maravilloso  Dios ,  y  qué 
ceguedad  y  embelesamiento  debaxo  de 
una  cobdicia  tan  incierta  y  tan  vana  pre- 
dicación ,  como  la  que  Hernando  de  Soto 
les  podia  decir  á  estos  milites  engañados 
que  llevó  á  una  tierra,  donde  nunca  es- 
tuvo ni  puso  los  pies  en  ella ,  é  donde 
otros  tres  gobernadores  mas  expertos  que 
él  se  avian  perdido,  que  eran  Johan  Pon- 
ce,  Garay  é  Pamphilo  de  Narvaez,  que 
qualquiera  dellos  tenia  mas  experiencia 
que  él  en  cosas  de  Indias ,  é  eran  perso- 
nas de  mas  crédito  que  él  en  esso;  por- 
que él  ni  de  las  islas  ni  de  la  tierra  del 
Norte  ninguna  cosa  sabia  sino  de  la  go- 
bernación de  Pedrarias ,  en  Castilla  del 
Oro  é  Nicaragua ,  é  del  Perú ,  que  era 
otra  manera  de  abarraxar  indios;  y  pens- 


só  que  aquello  de  acullá  le  bastaba  saber 
para  lo  de  acá  en  la  costa  del  Norte ,  y 
engañóse  ,  como  la  historia  lo  dirá  1 

Tornemos  á  la  historia  é  camino  desle 
capitán  ó  gobernador :  que  yo  á  él  y  á 
los  tres  que  dixe  de  suso ,  y  al  licencia- 
do Ayllon ,  que  también  se  perdió  en  essa 
tierra  del  Norte,  bien  los  conoscí  é  ha- 
blé é  comuniqué.  Viernes,  diez  é  seys 
del  mes,  fué  este  gobernador  é  su  gente 
á  dormir  á  un  arroyo  camino  de  Cofita- 
chequi ,  é  otro  dia  passaron  un  grandís- 
simo  rio  ,  dividido  en  dos  bracos  ,  mas 
ancho  que  un  gran  tiro  de  arcabuz ,  é 
tenia  muy  malos  vados  de  muchas  lajas  é 
daba  á  los  estribos  y  á  partes  á  los  vas- 
tos :  la  corriente  era  muy  recia ,  no  avia 
hombre  de  caballo  que  osasse  tomar  peón 
á  las  ancas.  Los  peones  passaron  por  mas 
alto  del  rio  por  mas  hondo,  desla  ma- 
nera. Hacian  una  muela  de  treynta  ó 
quarenta  hombres  asidos  unos  con  otros, 
y  assi  passaban,  teniéndose  los  unos  á  los 
oíros;  y  aunque  algunos  estovieron  en 
mucho  peligro ,  plugo  á  Dios  que  ningu- 
no se  aliogó,  porque  con  los  caballos  so- 
corrian ,  y  dábanles  el  qüento  de  la  langa 
ó  la  cola  del  caballo ,  é  assi  salieron  to- 
dos é  durmieron  en  un  monte. 

Este  dia  perdieron  muchos  puercos  que 
les  llevó  la  corriente  de  aquellos  que 
avian  traydo  mansos  de  Cuba.  Otro  dia, 
domingo,  fueron  á  otro  monte  ó  boscaje 
á  parar ,  é  otro  dia ,  lunes ,  caminaron 
sin  camino  é  passaron  otro  rio  muy  gran- 
de ,  é  el  martes  fueron  á  dormir  á  par  de 
un  arroyo,  y  el  miércoles  llegaron  á  otro 
rio  grandíssimo  y  malo  de  passar,  el  qual 
era  dividido  en  dos  bracos  de  malas  en- 
tradas y  peores  salidas.  É  ya  no  llevaban 
los  chripstianos  que  comer ,  é  con  grand 
trabaxo  passaron  este  rio  é  llegaron  á  unos 
ranciios  de  pescadores  ó  monteros ,  é  los 
indios  que  llevaba'n  desatinaban,  que  no 
sabian  camino  ni  los  españoles  tampoco, 
ni  qué  partido  se  tomassen,  é  entre  ellos 


DE  LNDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  XXV. 


559 


avia  diversos  pares^eres.  Unos  debían 
que  tornassen  atrás;  otros  degian   que 
fuessen  por  otro  rumbo  ó  por  otra  via,  é 
el  gobernador  propuso,  como  siempre  avia 
seydo,  que  era  lo  mejor  yr  adelante ,  sin 
saber  él  ni  ellos  en  qué  acertaban  ni  en 
qué  lo  erraban.  É  estando  en  este  laberin- 
to perplexos,  el  viernes  veynte  é  tros  de 
abril  envió  el  gobernador  á  buscar  cami- 
nos ó  pueblos  desta  manera:  que  Balta- 
sar de  Gallegos  fue  el  rio  arriba  la  via 
del  Norueste,  é  Johan  de  Añasco  fue  el 
rio  arriba  la  via  del  Sueste  con  cada  diez 
de  caballo  y  rabión  para  diez  dias.   Y 
aquel  dia  vinieron  otros  capitanes  de  des- 
cobrir  y  no  avien  hallado  nada.  Y  el  sá- 
bado el  gobernador  envió  á  Johan  Ruiz 
Lobillo  con  quatro  de  caballo  la  via  del 
Norte,  con  rabión  para  diez  dias;  y  man- 
dó malar  de  las  puercas  grandes  que  te- 
nían en  el  exér^ito ,  y  daban  de  ragion 
una  libreta  á  cada  hombre  de  carne,  y 
con  ella  las  hiervas  y  bledos  que  ellos  se 
buscassen,  y  assi  suplían  lo  mejor  que 
podian  su  nesgessidad,  no  sin  grand  con- 
futo étrabaxo,  y  los  caballos  sin  comida 
alguna ,  y  ellos  y  sus  dueños  muertos  de 
hambre,  sin  camino,  con  muchas  aguas 
de  continuo  llover,  cresgiendo  continua- 
mente los  rios  é  ensangostándoseles  la 
tierra  é  sin  esperanza  de  pueblos  ni  sa- 
ber por  donde  los  avian  de  yr  á  buscar, 
llamando  é  pidiendo  á  Dios  misericordia. 
É  remediólos  nuestro  Señor  desla  mane- 
ra: quel  domingo,  veynte  é  ginco  deabril, 
vino  Johan  de  Añasco  con  nueva  que 
avia  hallado  pueblo  y  de  comer,  é  ale- 
gró mucho  la  gente,  é  truxo  lengua  é 
guia,  é  assi  gesaron  las  ragiones  de  la 
carne,  é  remediábase  cada  uno,  como  po- 
día, con  hiervas  incónitas  é  bledos,  por- 
que la  carne  quedasse  por  buen  respeto. 
É  el  gobernador  determinó  luego  de  se 
partir,  y  escripias  unas  cartas  é  puestas 
en  unos  calabagos,  las  enterraron  en  un 
lugar  secreto  ,  y  en  un  árbol  grande  unas 


letras  que  degian  donde  las  hallarían.  É 
assi  se  partieron  con  Johan  de  Añasco  un 
lunes  veynte  é  seys  de  abril.  Este  dia  con 
algunos  de  caballo  (aunque  pocos)  llegó 
el  gobernador  al  pueblo  que  se  dige  Hy- 
mahi,  é  el  exérgito  se  quedó  dos  leguas 
atrás,  los  caballos  cansados.  Hallósse  en 
este  pueblo  una  barbacoa  de  mahiz  y 
mas  de  dos  cahiges  y  medio  de  pinol 
hecho,  que  es  mahiz  tostado.  É  otro  dia 
llegó  el  real  é  dieron  ragiones  de  mahiz 
é  pinol;   é  avia  infinitas  moras,  porque 
avia  muchos  morales  é  era  el  tiempo  do- 
lías: que  fue  grande  ayuda.  Y  también 
se  hallaron  en  las  savanas  unos  moretes 
que  hay  en  Italia  en  unas  hiervas  y  junto 
á  tierra ,  que  son  como  madroños  sabro- 
sos y  olorosos  mucho ,  y  aun  en  Galigia 
hay  muchos  destos.  En  el  reyno  de  Ñá- 
peles se  llama  esta  fructa  fraoles,  é  es 
una  delicada  é  gentil  cosa,  é  se  estiman. 
Y  demás  desso  hallaron  alli  por  los  cam- 
pos infinitas  rosas,  é  naturales  como  las 
de  España ;  y  aunque  no  de  tantas  hojas 
por  ser  silvestres,  no  son  de  menos  olor, 
sino  mas  fino  é  suave.  A  este  pueblo  lla- 
maron del  Socorro. 

Otro  dia  llegó  el  capitán  Alonso  Ro- 
mo ,  que  también  avia  ydo  á  desco- 
brir ,  é  truxo  quatro  ó  ginco  indios ,  é 
nunca  quiso  ninguno  conosger  el  pue- 
blo del  señor  ni  descobrirlo ,  aunque 
quemaron  uno  dellos  vivo  delante  de 
los  otros,  y  todos  sufrieran  aquel  marty- 
rio,  por  no  descobrirlo.  Olro  dia,  miér- 
coles, llegó  Baltasar  de  Gallegos  con  una 
india  é  nueva  de  poblado.  Otro  dia  ade- 
lante vino  Lobillo  con  nueva  de  caminos, 
é  dexó  perdidos  dos  compañeros,  é  rí- 
ñeselo mucho  el  gobernador;  é  sin  de- 
jallo  reposar  ni  comer,  le  hizo  volver  á 
buscarlos  con  pena  de  la  vida,  si  no  los 
truxesse.  Y  fue  mejor  mandado  y  mejor 
fecho  y  proveydo  que  no  quemar  vivo 
el  indio  de  los  que  truxo  Alonso  Romo, 
por  no  querer  descobrir  á  su  señor,  por- 


SGO 


HISTORIA  GENERAL  Y   NATURAL 


que  á  ese  tal  los  romanos  le  pusieran  una  contra  nadie,  en  especial  contra  un  indio 
estatua  memorable  en  el  foro,  y  á  chrips-  que  quiso  morir  por  ser  fiel  á  su  patria  y 
líanos  no  es  congedida  tanta  crueldad      á  su  señor;  pero  adelante  se  pagó  todo. 

CAPITULO   XXVI. 


Cómo  el  g'obernador  Hernando  de  Solo  fué  al  pueblo  de  Jalameco ,  e'^cómo  la  cacica,  señora  de  aquella  tier- 
ra, le  festejó  é  ochó  al  cuello  un  hilo  de  perlas  que  ella  traia  al  cuello  ,  é  cómo  hallaron  otras  muchas  ,  é 
por  su  culpa  del  gobernador  quedó  de  hallar  todas  las  que  quisíesse*  y  cómo  adelante  se  hallaron  perlas 
en  nos  de  agua  dulce,  é  otras  muchas  particulardades,  convinientes  al  discurso  destas  historias. 


N< 


I  o  se  maraville  el  letor  si  tan  puntual- 
mente el  historiador  progede  por  las 
jornadas  y  rios  y  passos  que  este  adelan- 
tado y  gobernador  Hernando  de  Soto  y 
su  exérgito  llevaron  por  aquellas  provin- 
cias y  partes  septentrionales;  porque  en- 
tre aquellos  hidalgos  que  en  todo  ello  se 
hallaron,  ovo  uno  llamado  Rodrigo  Ran- 
jel,  de  quien  se  ha  fecho  y  adelante  se 
hará  mengion ,  que  militaba  en  aquesse 
exérgito ,  que  queriendo  entender  lo  que 
via  é  cómo  se  le  passaba  la  vida,  escre- 
bia  á  la  jornada ,  á  vueltas  de  sus  traba- 
xos,  todo  loque  lessubgedia  como  sabio, 
y  aun  por  su  recreagion;  y  aun  porque 
cada  chripstiano  lo  debia  hager  para  se 
saber  confesar  é  traer  á  la  memoria  sus 
culpas,  en  espegial  los  que  la  guerra  con- 
tinúan, y  aun  porque  los  que  han  traba- 
xado  y  passado  por  tan  exgesivos  traba- 
xos  huelgan  después,  como  testigos  de 
vista ,  de  lo  comunicar  y  dar  parte  á  sus 
amigos ,  y  para  dar  razón  de  sí,  como  de- 
ben. Y  assi  este  Rodrigo  Ranjel  vino,  pas- 
sadas  todas  essas  cosas  ya  dichas  é  las  si- 
guientes, á  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo 
de  la  Isla  Española ,  é  dio  relagion  en  es- 
ta Audiengia  Real  **  de  todas  estas  cosas, 


é  le  mandó  é  encargó  que  por  escripfo 
dixesse  é  me  diesse  á  mi  razón  de  todo, 
para  que,  como  chronista  de  Sus  Mages- 
tades  destas  historias  de  Indias,  se  aco- 
mulasse  é  pussiese  en  el  número  dellas 
aquesta  conquista  é  descubrimiento  sep- 
tentrional se  supiesse,  pues  tantas  nove- 
dades é  peregrinas  materias  concurren 
para  deletagion  del  prudente  letor,  é 
aviso  de  muchos  que  por  estas  Indias  se 
vienen  á  perder  tras  un  goberdador  que 
assi  dispensa  de  vidas  agenas,  como  por 
estas  mis  vigilias  é  renglones  paresge. 
Vengamos  al  subgesso  é  continuagion 
de  lo  que  entre  manos  tenemos  é  aqui  se 
tracta.  Viernes,  liltimo  de  abril,  tomó  el 
gobernador  algunos  de  caballo,  los  mas 
descansados,  y  la  india  que  truxo  Balta- 
sar de  Gallegos  por  guia ,  é  fué  camino 
de  Cofitachequi,  é  fuéá  dormir  cabe  un 
rio  grande  y  hondo,  y  envió  á  Johan  de 
Añasco  con  algunos  de  caballo  á  procu- 
rar de  aver  algunas  lenguas  é  canoas  pa- 
ra passar  el  rio,  ó  tomó  algunas:  é  oiro 
dia  llegó  el  gobernador  al  passo  enfren- 
te del  pueblo,  é  vinieron  pringipales  in- 
dios con  dones,  é  vino  la  cagica  señora 
de  aquella  tierra  ,  la  qual  truxeron  prin- 


*  No  parece  fuera  de  propósito  el  advertir  aqui 
que  el  autor  suprimió  en  el  título  de  este  capítulo  las 
palabras  siguientes:  «é  de  los  árboles  que  hallaron, 
»como  los  de  España,  é  otros  de  aquella  tierra  de 
«Cofitachequi;  é  cómo  passaron  sdclantc  y  cómo 
«quedó  un  chripstiano,  dicho  Rodríguez  é  un  negro 
»y  otros  esclavos  on  aquellas  jornadas,  c  cómo  lle- 


«garon  á  Chihá ,  donde  hallaron  pueblos  Qercados  é 
«llevaron  dealli  quinientos  esclavos»,  etc. 

**  En  este  pasage  se  hallan  también  borradas 
las  siguientes  palabras  ,  que  por  contribuir  á  ilus- 
Irar  la  verdad  histórica,  trascribimos:  «almuyre- 
«verendo  señor  licenciado,  Alonso  López  de  Cerra- 
rlo, que  on  ella  preside. >j 


DE  IJNDIAS.  LIB.  XVII.  GAP.  XXVÍ. 


561 


QÍpales  con  mucha  auctoridad  en  unas  an- 
das cubiertas  de  blanco  (de  liengo  delga- 
do) y  en  hombros ,  é  passó  en  las  canoas, 
é  habló  al  gobernador  con  mucha  gragia 
y  desenvoltura.  Era  moga  y  de  buen  ges- 
to,   é  quitóse  una  sarta  de  perlas  que 
traía  al  cuello  é  échesela  al  gobernador 
por  collar  ó  manera  de  se  congraciar  é 
ganarle  la  voluntad;  é  passó  todo  el  exér- 
gito  en  canoas  é  dieron  muchos  pressen- 
tes  de  cueros  muy  bien  adobados  y  man- 
tas; todo  muy  bueno,  é  infinitos  tasajos 
de  venados  y  hostias  secas,  mucha  y  muy 
buena  sal.  Todos  los  indios  andaban  cu- 
biertos hasta  en  pies  con  muy  gentiles 
cueros  muy  bien  adobados ,  y  mantas  de 
la  tierra,  y  mantas  de  martas  cebellinas, 
y  mantas  de  gatos  de  clavo,  olorosas;  la 
gente  muy  limpia  y  muy  polida  y  natu-» 
raímente  bien  acondigionada.  Lunes  á  los 
tres  de  mayo  llegó  todo  el  resto  del  real, 
é  no  pudo  passar  este  dia  todo  hasta  otro 
dia  martes ;  pero  no  sin  costa  é  perdida 
de  siete  caballos  que  se  ahogaron,  de  los 
mas  gordos  y  regios  que  trabaxaban  con- 
tra la  corriente,  é  los  flacos  que  se  de- 
xaban  yr  al  amor  del  agua,   passaban 
mejor.  A  los  siete  de  mayo  viernes  fué 
Baltasar  de  Gallegos  con  la  mas  gente 
del  real  á  Ilapi  á  comer  siete  barbacoas 
de  mahiz  que  dixeron  estaban  alli  que 
eran  depóssito  de  la  cagica.  Este  mismo 
dia  entraron  el   gobernador   é  Rodrigo 
Ranjel  en  la  mezquita  ú  oratorio  desta 
gente  ydolatria,  é  desenvueltos  unos  en- 
terramientos hallaron  unos   cuerpos  de 
hombres  asados  en  barbacoa ,  los  bustos 
é  hueco  é  pescuegos ,  é  bragos  y  piernas 
lleno  de  perlas ;  y  andándolas  sacando, 
vido  el  Ranjel  una  cosa,  como  esmeralda 
verde  é  muy  buena  y  mostróla  al  gober- 
nador é  holgóse  mucho :  é  mandóle  que 
se  asomase  á  la  gerca  é  higiesse  llamar  á 
Johan  de  Añasco,  contador  de  Sus  Ma- 
gestades,  y  el  Ranjel  le  dixo:  «Señor  no 

llamemos  á  nadie:  que  podrá  ser  queha- 
TOMÜ    I. 


ya  alguna  buena  piedra  ó  joya.  É  el  go- 
bernador replicó ,  y  aun  algo  airado,  é 
dixo:  Pues  aunque  la  haya  ¿aviémosla 
de  hurtar?  Venido  que  fué  Johan  de  Añas- 
co ,  sacaron  aquella  esmeralda  y  era  de 
vidro ,  y  tras  aquella  otras  y  otras  qüen- 
tas  de  vidro  y  rosarios  con  sus  cruges. 
También  hallaron  hachas  vizcaynas  de 
hierro ,  en  lo  qual  conosgieron  que  esta- 
ban en  la  gobernagion  ó  tierra,  donde  fué 
á  se  perder  el  ligengiado  Lúeas  Vázquez 
de  Ayllon.  Sacaron  de  alli  ocho  ó  nueve 
arrobas  de  perlas ;  é  cómo  la  cagica  vido 
que  hagian  los  chripstianos  mucho  caso 
dellas,  dixo:  «Eso  tenéis  en  mucho?..  Id 
aquiá  Talimeco,  pueblo  mió,  y  hallareis 
tantas  que  en  essos  vuestros  caballos  no 
las  podáis  llevar.»  El  gobernador  dixo: 
«Déxenlas  estar,  é  á  quien  Dios  se  la  die- 
re en  suerte,  Saoct  Pedro  se  la  bendiga»; 
y  assi  se  quedaron.  Greyóse  que  penssa- 
ba  el  tomar  aquello  para  sí,  porque  sin 
dubda  es  lo  mejor  que  vieron  é  de  mejor 
dispusigion  de  tierra,  aunque  no  pares- 
gió  mucha  gente  ni  mahiz ,  ni  se  detuvie- 
ron á  buscarlo  ahy.  Hagíanse  alli  algunas 
cosas  como  de  España,  que  debieran  in- 
dustriar los  indios  que  se  le  fueron  al  li- 
gengiado Lúeas  Vázquez  de  Ayllon ,  por- 
que hagian  caigas  y  borgeguies  é  anti- 
parras con  unos  lagos  de  cuero  blanco, 
y  ellas  negras,  é  con  pestañas  ó  gejas  de 
cuero  colorado ,  como  si  en  España  se 
ovieran  fecho.  En  la  mezquita  ó  casa  de 
oragion  de  Talimeco ,  avia  pectos,  como 
de  coseletes  y  capagetes  hechos  de  cue- 
ros de  vacas  crudos  y  pelados,  y  de  lo 
mismo  muy  buenas  rodelas.  Este  Talime- 
co era  pueblo  de  gran  auctoridad,  y  aquel 
su  oratorio  en  un  geno  alto  y  muy  auc- 
torigado ;  el  caney  ó  casa  del  cagique  muy 
grande  y  muy  alto  é  ancho ,  todo  estera- 
do alto  y  baxo  con  muy  primas  y  hermo- 
sas esteras,  y  por  tan  buen  arte  assen- 
tadas  que  paresgia  que  todas  las  esteras 

eran  una  sola  estera.  Por  maravilla  avia 
71 


o6ü 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


buhío  que  no  estoviesse  esterado.  Tiene 
este  pueblo  muy  buenas  savanas  y  gen- 
til rio  é  monte  de  nogales  y  roble,  pi- 
nos, enginas  y  arboledas  del  liquidám- 
bar,  y  muchos  gedros.  En  aqueste  rio  se 
díxo  que  avia  hallado  Alaminos ,  natural 
de  Cuba  (aunque  español),  una  punta  de 
oro;  é  tal  fama  fué  pública  en  el  real  en- 
tre los  españoles,  é  por  esso  se  cree  que 
es  tierra  de  oro,  é  que  se  hallaran  por 
alii  buenas  minas.  Miércoles,  trege  de 
mayo ,  salió  el  gobernador  de  Gofitache- 
qui ,  é  en  dos  dias  llegó  á  la  poblagion 
de  Chalaque;  pero  nunca  se  pudo  acer- 
tar con  el  pueblo  del  señor ,  ni  ovo  indio 
que  lo  descubriesse ,  é  durmieron  en  un 
pinar,  á  donde  comentaron  á  venir  mu- 
chos indios  é  indias  de  paz  con  pressen- 
tes  y  dones,  y  estuvieron  alli  dia  de  Pas- 
cua del  Spíritu  Sancto.  É  desde  alli  escri- 
bió el  gobernador  á  Baltasar  de  Gallegos 
con  unos  indios  á  las  barbacoas  que  se 
dixo  de  suso  que  avian  ido  á  comer  el 
mahiz ,  para  que  se  viniessen  tras  el  go- 
bernador. Y  el  lunes,  diez  é  siete  de  aquel 
raes ,  partieron  de  alli  é  fueron  á  dormir 
á  un  monte ,  y  el  martes  fueron  á  Gua- 
quili ,  é  salieron  los  indios  de  paz  é  dié- 
ronles  mahiz,  aunque  poco,  é  muchas 
gallinas  asadas  en  barbacoa,  y  pocos 
perrillos,  que  es  buen  manjar.  Estos  son 
unos  perros  pequeños  que  no  ladran ,  é 
los  crian  en  las  casas  para  los  comer:  tam- 
bién les  dieron  tamemes ,  que  son  indios 
que  llevan  cargas.  É  el  miércoles  siguien- 
te fueron  á  un  carrigal ,  é  el  jueves  á  una 
savana  pequeña,  donde  se  les  murió  un 
caballo ;  é  llegaron  unos  peones  de  los  de 
Baltasar  de  Gallegos,  hagiendo  saber  al 
gobernador  que  venia  gerca.  Otro  dia 
viernes  fueron  á  Xuala ,  que  es  un  pue- 
blo en  un  llano  entre  unos  rios ;  el  ca- 
cique del  qual  era  tan  bien  acondicio- 
nado ,  que  les  dio  á  los  chripstianos 
quanto  le  pidieron;  tamemes,  mahiz, 
perrillos,  petacas  y  quanto  tenia.  Petacas 


son  unas  gestas  encoradas  y  también  por 
encorar,  con  sus  tapaderos,  para  llevar 
ropa  é  lo  que  quisieren. 

Y  el  sábado  llegó  alli  Baltasar  de  Galle- 
gos con  muchos  enfermos  y  coxos,  que  los 
ovieran  menester  sanos,  en  espegial  que 
ya  lenian  las  sierras  por  delante.  En  aque- 
lla Xuala  les  paresgió  que  avia  mejor  dis- 
pusigion  para  dar  catas  é  aver  minas  de 
oro  que  en  quanto  avian  andado  é  visto  en 
aquella  parte  septentrional.  Martes,  á 
veynte  é  ginco  de  mayo,  salieron  de  Xuala 
é  passaron  aquel  dia  una  sierra  muy  alta, 
é  fueron  á  dormir  á  un  montegillo,  é  otro 
dia  miércoles  á  una  savana  ,  donde  pa- 
desgieron  grand  frió ,  aunque  eran  veyn- 
te é  seys  de  mayo ;  é  alli  passaron  el  rio 
á  la  espinilla,  por  donde  salieron  des- 
pués en  los  vergantines  que  higieron,  que 
salido  á  la  mar ,  dige  é  señala  la  carta 
de  navegar  que  es  el  rio  del  Spíritu 
Sancto:  el  qual,  segund  las  cartas  del 
cosmógrapho  Alonso  de  Chaves,  entra 
en  una  bahia  grande,  é  su  boca  deste  rio 
en  el  agua  salada  está  en  treynta  é  un 
grados  desta  parte  de  la  línia  equino- 
gial. 

Tornando  á  la  historia ,  de  alli  donde 
es  dicho  que  passaron  el  rio  á  la  espini- 
lla, se  les  volvió  la  cagica  de  Cofitache- 
qui,  que  llevaban  consigo,  en  pago  del 
buen  tractamiento  que  della  avian  rege- 
bido  ,  é  aquel  dia  se  quedaron  ( digíasse 
que  con  maligia)  Mendogade  Montanjes  é 
Alaminos  de  Cuba ;  é  porque  Alonso  Romo 
traia  aquel  dia  la  relroguarday  los  dexó, 
le  hizo  el  gobernador  volver  por  ellos, 
é  los  esperaron  un  dia ;  y  llegados ,  quí- 
solos ahorcar  el  gobernador.  En  lo  de 
Xalaque  quedósse  un  compañero  que  se 
degia  Rodriquez ,  natural  de  Peñafiel ,  y 
quedó  un  esclavillo  indio  de  Cuba,  ladi- 
no, que  era  de  un  hidalgo  dicho  Ville- 
gas ,  y  quedósse  un  esclavo  de  don  Car- 
los, berberisco  muy  ladino,  y  quedósse 
Gómez ,  negro  de  Vasco  Gongalez ,  muy 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  XXVI. 


563 


ladino  :  el  Rodríguez  fué  el  primero  ,  y 
essolros  mas  adelante  de  Xalaque.  Otro 
dia  fueron  á  dormir  á  un  robredal,  é  el  dia 
siguiente  á  par  de  un  arroyo  grande  que 
le  passaron  muchas  veges;  é  otro  dia  vi- 
nieron mensageros  de  paz  é  llegaron  tem- 
prano á  Guasili ,  é  diéronles  muchos  ta- 
memes,  muchos  perrillos  é  mahiz :  é  por 
ser  esta  buena  parada,  llamaban  después 
los  soldados  en  los  dados  casa  de  gua- 
sulí,  ó  buen  encuentro.  Lunes,  que  fué 
el  último  de  mayo  ,  salió  el  gobernador 
de  Guasili ,  é  fué  con  su  exérgito  á  un 
robredal  á  par  de  un  rio ,  é  otro  dia  pas- 
saron por  Canasoga  é  fueron  á  dormir  al 
campo  ;  y  el  miércoles  fueron  á  dormir  á 
par  de  una  giénega ,  y  aqueste  dia  co- 
mieron muy  grande  infinidad  de  moras. 
Otro  dia  jueves  fueron  á  par  de  un  arro- 
yo grande  gerca  del  rio  que  avien  passa- 
do  en  la  savana  (donde  se  fué  la  cagica), 
que  yba  ya  grande.  Otro  dia  viernes  fue- 
ron á  un  pinar  é  arroyo,  donde  vinieron 
indios  de  paz  de  Ghiaha  é  truxeron  ma- 
hiz. É  otro  dia  sábado  de  mañana  passa- 
ron los  españoles  el  rio  muy  ancho ,  por 
un  brago  del ,  é  entraron  en  Ghiaha, 
que  está  en  una  isla  del  mismo  río.  Sá- 
bado, ginco  de  junio ,  fué  el  dia  que  en- 
traron en  Ghiaha ;  y  como  desde  Xuala 
todo  avia  seydo  sierra  é  traian  cansados  y 
flacos  los  caballos,  y  los  chripstianos 
yban  assi  mismo  fatigados ,  convino  pa- 
rar é  descansar  alli :  é  diéronles  abun- 
dangia  de  mahiz ,  que  hay  mucho  é  bue- 
no, é  diéronles  muchas  magamorras  ^  in- 
finito ageyte  de  nueges  y  bellotas  ,  que 
lo  saben  sacar  muy  bien  y  es  muy  bue- 
no é  les  hagia  mucha  ayuda  á  su  mante- 
nimiento ,  puesto  que  el  ageyte  de  nueges 
quieren  algunos  degir  que  engendra  al- 
gunas ventosidades  ;  empero  es  muy  sa- 
broso. Estovieron  los  indios  quinge  dias 
con  los  chripstianos  en  mucha  paz ;  ju- 


gaban con  ellos,  y  también  entre  sí;  na- 
daban en  compañía  de  los  chripstianos, 
y  servíanlos  en  todo  muy  bien.  Algá- 
ronse  después  un  sábado ,  diez  é  nueve 
del  mes ,  por  gierta  cosa  que  el  gober- 
nador les  pidió ;  y  en  fin ,  era  que  les 
pidió  mugeres.  Otro  dia  por  la  mañana 
el  gobernador  envió  á  llamar  al  cagique, 
é  vino  luego ,  é  otro  dia  lo  llevó  el  go- 
bernador consigo  á  hager  volver  la  gen- 
te, y  en  efeto  vinieron. 

En  tierra  deste  Ghiaha  fue  donde  pri- 
mero hallaron  estos  españoles  los  pue- 
blos gercados.  Ghiaha  les  dio  quinientos 
tamemes  y  se  consintieron  echar  colleras 
é  cadenas.  Lunes  veynte  é  ocho  de  junio 
saUó  el  gobernador  é  su  gente  de  Ghiaha 
é  passaron  por  ginco  ó  seys  pueblos  é 
fueron  á  dormir  á  un  pinar ,  delante  de 
un  pueblo;  pero  tovieron  mucho  trabaxo 
alli  en  passar  un  rio  que  yba  muy  regio, 
é  higieron  puente  ó  reparo  de  caballos 
desta  manera  que  agora  se  dirá,  para  que 
los  peones  no  peligrassen.  Y  fue  assi, 
que  pusieron  los  caballos  en  el  rio  á  la  hila 
cola  con  cabega  é  que  estoviessen  que- 
dos quanto  pudiessen ,  é  sobre  cada  uno 
su  dueño,  é  resgebian  el  ímpetu  del 
agua,  é  por  baxo,  donde  no  hagia  golpe 
el  agua ,  yban  los  peones  asiéndose  á  las 
colas ,  estribo ,  coragas  é  crines  de  uno 
en  otro ;  y  desta  manera  passaron  bien 
todo  el  exérgito.  Otro  dia,  martes,  pas- 
saron por  un  pueblo,  é  tomaron  alli  mahiz 
é  passaron  adelante  á  dormir  en  el  cam- 
po. El  miércoles  siguiente  passaron  un 
rio,  é  luego  un  pueblo  y  otra  vez  el  rio, 
é  fueron  á  dormir  al  campo ;  é  el  jueves 
salió  el  cagique  de  Goste  á  regebirlos  de 
buena  paz,  é  llevó  los  chripstianos  á  dor- 
mir á  un  pueblo  suyo.  É  enojóse  porque 
unos  soldados  le  ranchearon ,  ó  mejor  di- 
giendo ,  le  saquearon  unas  barbacoas  con- 
tra su  voluntad.  É  assi  otro  dia  jueves, 


i    Macamorra  es  lo  mismo  que  puches  ó  polcadas. 


564 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


yendo  camino  para  su  pringipal  pueblo 
de  Coste,  se  descabulló  y  dio  cantonada 
á  los  españoles,  é  puso  en  armas  su  gen- 
te. El  viernes ,  dos  dias  del  mes  de  ju- 
llio ,  llegó  el  adelantado  gobernador  á 
Coste ,  el  qual  pueblo  está  en  una  isla  de 
rio ,  que  alli  va  grande  y  regio  y  de  ma- 
la entrada :  é  passáronle  los  chripstianos 
por  el  primero  braco  sin  peligro  de  nin- 
guno de  los  milites  (que  no  fue  poca  ven- 
tura) ;  é  entróse  el  gobernador  en  el  pue- 
blo descuydado  y  desarmado  con  algunos 
desarmados ,  y  como  los  soldados  lo  te- 
nían por  costumbre,  comengaron  á  subir 
en  las  barbacoas,  y  en  el  instante  que  lo 
comengaron ,  los  indios  les  comengaron 
á  dar  do  palos  y  tomar  sus  arcos  y  fle- 
chas y  salir  á  la  plaga.  El  gobernador 
mandó  que  todos  sufricssen  é  compor- 
tassen ,  por  el  evidente  peligro  en  que 
estaban,  é  que  nadie  echasse  mano  á  las 
armas;  y  él  comengó  á  reñir  con  los  sol- 
dados ,  y  por  disimular  también  daba  á 
algunos  de  palos ,  é  halagó  al  cagique  é 
(líxole  que  no  queria  que  los  chripstianos 
les  diessen  enojo ,  que  á  la  savana  de  la 
isla  queria  salir  á  aposentarse.  É  el  cagi- 
que é  los  suyos  fueron  con  él ,  é  cómo 
fueron  apartados  del  pueblo  en  lugar  de- 
sembaragado,  mandó  echar  mano  al  ca- 
gique é  á  diez  ó  doge  pringipales,  é  pu- 
siéronlos en  cadenas  con  sus  colleras  y 
amenagólos,  é  dixo  que  los  avia  de  que- 
mar á  todos ,  porque  avian  puesto  mano 
en  los  chripstianos.  De  alli  de  Coste  en- 
vió el  gobernador  dos  soldados  á  ver  la 
provingia  de  Chisca ,  que  tenia  grand  fa- 
ma de  rica,  la  via  del  Norte,  é  truxeron 
buenas  nuevas.  Alli  en  Coste  se  halló  en 
un  tronco  de  un  árbol  tan  buena  miel  de 
abejas  y  aun  mejor  que  en  España  la  pue- 
de aver.  En  aquel  rio  se  hallaron  en  al- 
gunas almejas  que  sacaron  del  para  co- 
mer, algunas  perlas,  y  fueron  las  prime- 
ras que  essos  chripstianos  vieron  de  agua 
dulge,  aunque  en  muchas  parios  de  aque- 


lla tierra  las  hay.  Viernes,  nueve  de  jullio, 
salió  el  adelantado  é  su  exérgito  de  Cos- 
te, é  passaron  el  otro  brago  del  rio  é 
fueron  á  dormir  al  rio  mesmo  ,  é  estaba 
Tali  de  la  otra  parte  ;  y  cómo  el  rio  va 
junto  é  grande  no  pudieron  passarle ,  é 
creyendo  los  indios  que  passáran,  en- 
viaron canoas  y  en  ellas  sus  mugeres  y 
hijos  y  ropa  dtístotra  parte  bien  desviado 
de  los  chripstianos;  pero  todo  se  lo  to- 
maron de  súbito,  y  como  yban  cami- 
nando con  el  agua  hizo  el  gobernador 
que  todo  se  les  tornasse,  lo  qual  fue  cau- 
sa quel  cagique  viniesse  de  paz ,  y  los 
passó  de  la  otra  parte  en  sus  canoas,  é 
les  dio  á  los  chripstianos  lo  que  ovieron 
menester.  Y  assi  lo  hizo  en  su  tierra,  por 
donde  después  passaron;  é  estovieron 
alli  el  sábado,  é  diéronles  tamemes,  é  par- 
tiéronse el  domingo  y  durmieron  en  el 
campo. 

El  lunes  passaron  un  rio ,  y  durmieron 
en  el  campo.  El  martes  passaron  otro 
rio ,  y  el  miércoles  otro  gran  rio ,  y  dur- 
mieron en  Tasqui.  Todos  estos  dias  pas- 
sados  desde  que  partieron  de  á  par  de 
Tali  les  hagia  sacar  el  cagique  de  Tali  de 
sus  pueblos  comarcanos  al  camino  mahiz 
y  magamorras  y  frísoles  cogidos ,  y  todo 
lo  quél  mas  podia.  El  jueves  fueron  á 
otro  pueblo  pequeño  é  passaron  otros 
pueblos ,  é  el  viernes  entró  el  goberna- 
dor en  Coga.  Este  es  un  gran  cagique  é 
de  mucha  tierra ,  y  una  de  las  mejores  y 
mas  abundosa  que  hallaron  en  la  Flori- 
da; é  salió  el  cagique  á  resgebir  al  go- 
bernador en  unas  andas,  cubiertas  de 
mantas  blancas  de  la  tierra ,  las  quales 
andas  traian  en  los  hombros  sesenta  ó 
septenta  pringipales  suyos,  y  no  otro  in- 
dio de  los  plebeos  ó  comunes ,  y  aque- 
llos que  lo  traian  se  remudaban  de  quan- 
do  en  quando ,  con  grandes  gerimonias  á 
su  modo.  Avia  en  Coga  muchas  giruelas 
de  las  tempranas  de  Sevilla ,  muy  buenas, 
y  ellas  y  los  árboles  suyos  assi  como  los 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  GAP.  XXVI. 


565 


de  España.  También  avie  unas  manganas 
agras,  como  las  que  digen  canavales  en 
Extremadura,  pequeñas.  Estovieron  alli  en 
Coga  algunos  dias,  en  los  quales  se  alga- 
ron  los  indios,  y  se  dexaron  al  cagique  en 
poder  de  los  chripslianos  con  algunos  prin- 
gipales,  é  fueron  á  los  ranchear,  é  lomaron 
muchos  que  echaron  presos  en  colleras  de 
hierro  é  cadenas :  y  á  la  verdad ,  segund 
lo  testificaron  ojos  de  vista ,  era  cosa  de 
mucha  lástima  verlo;  pero  no  se  desacuer- 
da Dios  de  ninguna  cosa  mal  hecha  ni 
queda  sin  castigo,  como  la  historíalo  dirá. 
Un  viernes ,  veynte  de  agosto ,   sa- 
lió  el  gobernador  é  su  gente  de  Co- 
ga ,  é  quédeseles  alli  un  chripstiano  que 
se  degia  Feryada,  levantisco,  é  fueron 
á  dormir  aquel  dia  adelante  de  Talimu- 
chusy ,  é  otro  dia  con  mucha  lluvia  fue- 
ron á  dormir  á  Itaba ,   gran   pueblo  á 
par  de  un  buen  rio ,  é  alli  rescataron  al- 
gunas indias  ,  que  se  las  daban  á  trueco 
de  espejos  y  cuchillos.  Lunes  treynta  de 
agosto  salió  el  gobernador  de  Itaba ,  y 
fué  con  su  exérgito  á  dormir  á  un  robre- 
dal ,  é  el  dia  siguiente  fueron  á  Ulibaha- 
li,  muy  buen  pueblo  ,  junto  á  un  grande 
rio.  É  estaban  muchos  indios  de  mal  arle 
aguardando ,  penssando  de  les  quitar  á 
los  chripslianos  el  cagique  de  Coga,  por- 
que eran  subjettos  á  él ;  y  porque  no  se 
algasse  la  tierra  ni  les  negassen  les  man- 
tenimientos, lo  llevaban  consigo,  é  en- 
traron en  el  pueblo  á  muy  buen  recabdo. 
É  el  cagique  de  Coga  mandó  que  los  in- 
dios dexassen  las  armas  ;  é  assi  se  hizo, 
é  les  dieron  tamemes  é  veynle  indias ,  é 
fueron  en  paz ,  aunque  se  les  quedó  alli 
un  hidalgo  de  Salamanca,  llamado  Man- 
gan© ,  é  no  se  supo  si  de  su  voluntad  ó 
si  de  desatino ,  yendo  solo   á  ranchear, 
puesto  quél  yba  á  pié  é  aflexido ,  é  avie 
requerido  á  otros  soldados  que  se  que- 
dassen,  antes  que  le  echassen  menos:  es- 
to no  se  supo  gierto,  pero  díxose  en  el 
real  después  que  faltó.  También  se  le  fué 


alli  al  capitán  Johan  Ruiz  Lobillo  un  ne- 
gro muy  ladino ,  que  se  degia  Johan  Viz- 
cayno. 

El  dia  que  salieron  deste  pueblo,  co- 
mieron muchas  uvas ,   tan  buenas  como 
de  viñas  de  España  cavadas :  en  Co- 
ga y  mas  airas  las  avian  comido  muy 
buenas,  pero  estas  de  Ulibahali  fueron 
las  mejores.  Deste  pueblo  de  Ulibahali 
salieron  los  españoles  é  su  gobernador 
un  jueves  á  dos  dias  de  septiembre ,  é 
fueron  á  dormir  á  un  bonico  pueblo  cabe 
el  rio,  é  otro  dia,  viernes,  vino  á  Pia- 
chi ,  que  está  á  par  de  un  rio ,  é  alli  es- 
peraron á  Lobillo  un  dia ,  el  qual  sin  li- 
gengia  avia  ydo  á  buscar  su  negro,  é  ala 
vuelta  riñó  con  él  mucho  el  gobernador. 
El  domingo  salieron  de  alli  é  fueron  á 
dormir  al  campo ,  é  otro  dia,  lunes,  fue- 
ron á  Tuasi,  donde  les  dieron  tamemes 
é  les  dieron  treynta  y  dos  indias.  Lunes 
trege  de  septiembre  salió  de  alli  el  go- 
bernador ,  é  fueron  á  dormir  al  campo ,  é 
el  martes  higieron  otra  jornada ,  é  para- 
ron assi  mismo  en  el  campo ,  é  el  miér- 
coles fueron  á  un  pueblo  viejo  que  tenia 
dos  gercas  y  buenas  torres  ,  y  son  desla 
manera  aquellos  muros.  Hincan  muchos 
palos  gordos  altos  y  derechos  junios  unos 
con  otros :  estos  léxenlos  con  unas  varas 
largas ,  y  embárranlos  por  de  dentro  y 
por  defuera ,  é  hagen  sus  saeteras  á  tre- 
chos j  y  hagen  sus  torres  y  cubos  repar- 
tidos por  el  liengo  y  parles  del  muro  que 
le  convienen;  y  apartados  dellos,  pares- 
gen  á  la  vista  una  gerca  ó  muralla  muy 
gentil ,  y  son  bien  fuertes  lales  gercas. 
Otro  dia,  jueves,  fueron  á  dormir  á  un 
pueblo  nuevo  junto  al  rio ,  donde  reposa- 
ron aquel  dia  los  españoles.  É  otro  dia, 
sábado  ,  fueron  á  Talisi ,  y  hallaron  alga- 
do  el  cagique  y  la  tierra.  Este  pueblo  es 
grande  y  fértil  de  mucho  mahiz ,  y  jun- 
to á  un  gran  rio;  é  alli  fué  un  mensajero 
de  Tascaluga  ,  poderoso  señor  y  muy  te- 
mido en  aquella  tierra ,  é  luego  fué  un 


566 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


hijo  suyo ,  é  mandó  el  gobernadoi'  ca- 
balgar é  que  corriessea  los  de  caballo  é 
tocassen  las  trompetas  ( mas  por  ponerles 
temor,  que  por  hagerles  fiesta  con  tal 
resgebimiento ) ;  y  al  tornarse  aquellos 
indios  envió  el  adelantado  con  ellos  dos 
chripstianos  avisados  de  lo  que  avian  de 
sentir  y  espiar ,  para  tomar  aviso  é  estar 
apergebido.  A  los  veynte  é  ginco  de  sep- 
tiembre vino  el  cagique  de  Talisi ,  é  dio 
lo  que  le  pidieron  ,  assi  como  tamemes, 
mugeres  y  mantenimientos,  é  desde  alli 
enviaron  é  dieron  libertad  al  cagique  de 
Coga,  para  que  se  tornasse  á  su  tierra:  é 
yba  muy  enojado  é  lloroso  porquel  go- 
bernador no  le  quiso  dar  una  hermana 
suya  que  le  llevaban,  é  porque  le  avian 
á  él  trahido  tan  apartado  de  su  tierra. 
Martes  á  ginco  de  octubre  salieron  de  Ta- 
lisi é  fueron  á  dormir  á  Casiste ,  ques  un 
bonico  pueblo  á  par  del  rio.  E  otro  día, 
miércoles,  fueron  á  la  Gaxa,  un  pueblo 
ruin ,  ribera  del  rio ,  é  á  la  raya  de  Ta- 
lisi é  de  Tascaluga.  É  otro  dia,  jueves, 
fueron  á  dormir  á  par  del  rio ,  é  estaba 
del  otro  cabo  del  agua  un  pueblo  que  se 
llama  Humatí;  é  otro  dia,  viernes,  fue- 
ron á  otra  poblagion  nueva,  que  se  dige 
Uxapita ;  é  el  otro  dia ,  sábado  ,  fueron  á 
asentar  su  real  una  legua  antes  de  llegar 
al  pueblo  de  Tascaluga  en  el  campo,  é 
desde  alli  el  gobernador  envió  mensaje- 
ro ,  y  vino  con  respuesta  que  fuesse  en 
buen  hora,  quando  él  quisiesse. 

Preguntando  el  historiador  á  un  hidal- 
go bien  entendido  que  se  halló  pressente 
con  este  gobernador  é  anduvo  con  él  to- 
do lo  que  vido  de  aquella  tierra  septen- 
trional ,  que  á  qué  causa  en  cada  parte 
que  llegaba  este  gobernador  é  su  exérgi- 
to  pedian  aquellos  tamemes  ó  indios  de 
carga ,  é  por  qué  tomaban  tantas  muge- 
res,  y  essas  no  serian  viejas  ni  las  mas 
feas ;  y  dándoles  lo  que  tenian ,  por  qué 


detenían  los  cagiques  y  pringipales ,  y  á 
dónde  yban  que  nunca  paraban  ni  sose- 
gaban en  parte  alguna:  que  aquello  ni 
era  poblar  ni  conquistar,  sino  alterar  é 
asolar  la  tierra  é  quitar  á  todos  los  natu- 
rales la  libertad ,  é  no  convertir  ni  hager 
á  ningún  indio  chripstiano  ni  amigo ;  res- 
pondió é  dixo  :  Que  aquellos  indios  de 
carga  ó  tamemes  los  tomaban  por  tener 
mas  esclavos  ó  servidores ,  é  para  que 
les  llevassen  las  cargas  de  sus  manteni- 
mientos, é  lo  que  robaban  ó  les  daban; 
é  que  algunos  se  morian  é  otros  se  huian 
ó  se  cansaban  ,  é  que  assi  avian  menes- 
ter renovar  é  tomar  mas :  é  que  las  mu- 
geres las  querían  también  para  se  servir 
dellas  é  para  sus  sugios  usos  é  luxuria, 
é  que  las  hagian  baptigar  para  sus  car- 
nalidades mas  que  para  enseñarles  la  fé: 
y  que  si  detenían  los  cagiques  é  pringi- 
pales, que  assi  convenia  para  que  los 
otros  sus  subditos  estoviessen  quedos  é 
no  les  diessen  estorbo  á  sus  robos  é  á  lo 
que  quisiessen  hager  en  su  tierra  de  los 
tales.  Y  que  á  dónde  yban  ni  el  gober- 
nador ni  ellos  lo  sabian ,  sino  que  su  in- 
tento era  de  hallar  alguna  tierra  tan  rica 
que  hartasse  sus  codibgias,  y  saber  los 
secretos  grandes  quel  gobernador  degia 
que  sabia  de  aquellas  partes ,  segund 
muchas  informagiones  que  se  le  avian 
dado.  É  que  quanto  á  alterar  la  tierra  é 
no  poblar ,  que  no  se  podia  hager  otra 
cosa  hasta  topar  assiento  que  les  satisfi- 
giesse.  ¡Oh  gente  perdida,  oh  diabóUca 
cobdigia,  oh  mala  congiencia,  oh  des- 
venturados míUtes,  cómo  no  entendie- 
des  en  quánto  peligro  andábades ,  y 
quán  desasosegadas  vuestras  vidas  y  sin 
quietud  vuestras  ánimas!  ¿Cómo  no  os 
acordárades  de  aquella  verdad ,  que  de- 
plorando el  glorioso  Sanct  Augustin 
de  la  miseria  pressente  desta  vida,  di- 
ge  *:  «esta  vida  es  vida  de  miseria,  ca- 


i    Mcdil   cnp.  21. 


DE  INDIAS.  LIB.  XYII.  CAP.  XXVI. 


£67 


duca  é  ingierta,  vida  trabajosa  é  no 
limpia,  vida,  Señor,  de  males,  reyna  de 
los  soberbios,  llena  de  miserias  é  de  es- 
panto ;  que  no  es  vida  ni  se  puede  de- 
gir  sino  muerte,  pues  que  en  un  mo- 
mento se  acaba  por  varias  mulagiones  é 
diversos  géneros  de  muerte?  Oid,  pues, 
letor  cathólico,  y  no  lloréis  menos  los  in- 
dios conquistados  que  á  los  chripstianos 
conquistadores  dellos ,  ó  matadores  de  sí 
y  de  essotros ,  y  atended  á  los  subgesos 
déste  gobernador  mal  gobernado ,  ins- 
truido en  la  escuela  de  Pedrarias  de  Avi- 
la ,  en  la  disipagion  y  asolagion  de  los 
indios  de  Castilla  del  Oro,  graduado  en 
las  muertes  de  los  naturales  de  Nicara- 
gua y  canonigado  en  el  Perú ,  segund  la 
orden  de  los  Pigarros ;  y  de  todos  essos 
infernales  passos  librado  y  ydo  á  España 
cargado  de  oro,  ni  soltero  ni  casado. 


supo  ni  pudo  reposar  sin  volver  á  las  In- 
dias á  verter  sangre  humana,  no  conten- 
to de  la  vertida ,  y  á  dexar  la  vida  de 
la  manera  que  adelante  se  dirá ;  y  dando 
causa  á  que  tantos  pecadores,  engaña- 
dos de  sus  vanas  palabras ,  se  perdies- 
sen  tras  él.  Ved  qué  querría  él  mas  de 
lo  que  le  ofresgió  aquella  reyna  ó  cagica 
de  Cofitachequi,  señora  de  Talimeco, 
donde  le  dixo  que  en  aquel  lugar  suyo 
hallaria  tantas  perlas  que  no  las  pudies- 
sen  llevar  todos  los  caballos  de  su  exér- 
gito;  y  resgibiéndole  con  tanta  humani- 
dad, ved  cómo  la  tracto.  Vamos  adelante, 
y  desta  verdad  que  aveis  leydo  no  se  os 
olvide,  como  para  en  prueba  de  tantas 
perlas ,  como  se  le  ofresgieron ,  ya  lle- 
vaba este  gobernador  é  su  gente  ocho  ó 
nueve  arrobas  de  perlas ,  é  sabrés  cómo 
las  gogaron  con  lo  demás. 


CAPITULO  XXVII. 

En  que  se  cuenta  lo  que  le  aconlesció  al  adelantado  Hernando  de  Soto  con  el  cacique  de  Tascaluca,  lla- 
mado Actahachi ,  el  qual  era  tan  alio  hombre  que  páresela  gigante;  é  de  las  guacabaras  é  crudas  batallas 
c  asalto  que  dieron  á  los  chripstianos  en  el  Pueblo  llamado  Mabila  é  adelante  en  Chicaca.  E  cucntanse  en 
este  capítulo  otros  sabuesos  á  la  historia  convinientes  y  notables. 


omingo,  diez  de  octubre,  entró  el 
gobernador  en  el  pueblo  de  Tascaluga, 
que  se  llamaba  Athahachi,  pueblo  nue- 
vo; é  estaba  el  cagique  en  un  balcón 
que  se  hagia  en  un  gerro  á  un  lado  de 
la  plaga ,  arrevuelto  á  la  cabega  gierta 
toca  como  almaygar,  tocado  como  moro, 
que  le  daba  auctoridad ,  é  un  pelote  ó 
manta  de  plumas  hasta  en  pies  muy  auc- 
torigado ,  sentado  sobre  unos  coxines  al- 
tos, y  muchos  pringipales  de  sus  indios 
con  él.  Era  de  tan  alta  estatura  como 
aquel  Antonico  de  la  guarda  del  Empe- 
rador, nuestro  señor,  y  de  muy  buenas 
proporgiones,  muy  bien  hecho  y  gentil 
hombre :  tenia  un  hijo  mangebo  tan  alto 
como  él,  pero  era  mas  delgado.  Estaba 
siempre  delante  deste  cacique  un  indio 


muy  bien  dispuesto  en  pié,  con  un  quita- 
sol en  una  vara  que  era  como  un  mos- 
cador  redondo  y  muy  grande,  con  una 
cruz  (semejante  á  la  que  traen  los  caba- 
lleros de  la  Orden  de  Sanct  Johan  de 
Rodas)  en  medio  en  campo  negro ,  y  la 
cruz  blanca.  Y  aunque  el  gobernador  en- 
tró en  la  plaga ,  y  se  apeó  y  subió  á  él, 
no  se  levantó,  sino  estúvose  quedo  y  se- 
guro, como  si  fuera  un  rey ,  y  con  mucha 
gravedad.  El  gobernador  estuvo  un  poco 
sentado  con  él,  y  desde  á  poco  se  le- 
vantó y  dixo  que  se  fuessen  á  comer  y 
llevólo  consigo,  y  vinieron  indios  á  dan- 
gar;  é  dangaronmuy  bien  al  modo  de  los 
labradores  de  España,  de  manera  que 
era  plager  verlos.  Á  la  noche  quissiéra- 
se  yr,  é  el  adelantado  le  dixo  que  alli 


568 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


avia  de  dormir :  entendiólo  y  mostró  que 
burlaba  de  tal  determinagion ,  y  seyendo 
señor  darle  á  él  tan  súbita  ley  ó  impedi- 
mento en  su  libertad,  y  dissimulando  con 
el  caso ,  despachó  luego  sus  principales 
cada  uno  por  sí ,  é  él  durmió  alli  á  su 
pesar.  Otro  dia  el  gobernador  le  pidió 
tamemes  y  gien  indias ,  é  el  cacique  dio 
alli  quatrogientos  tamemes,  y  los  demás 
y  las  mugeres  dixo  que  daria  en  Mabila, 
provingia  de  un  vasallo  pringipal  suyo, 
é  el  gobernador  se  contentó  que  la  resta 
de  aquella  su  injusta  demanda  se  satisfi- 
giesse  en  Mabila.  É  mandó  darle  un  ca- 
ballo y  unos  borgeguies  y  un  manteo  de 
grana  por  llevalle  contento ;  pero  como 
el  cagique  le  avia  ya  dado  quatrogientos 
tamemes,  ó  mejor  digiendo  esclavos,  é 
le  avia  de  dar  en  Mabila  gien  mugeres, 
é  los  que  mas  quissiesen,  ved  que  con- 
tentamiento le  podian  dar  essos  borge- 
guies é  manteo  é  levarle  á  caballo,  que 
penssaba  él  que  yba  caballero  en  un  ti- 
gre ó  en  un  ferogíssimo  león ,  porque  en 
mas  temor  estaban  los  caballos  reputa- 
dos entre  aquella  gente.  En  fin,  martes 
doge  de  octubre,  salieron  de  aquel  pueblo 
Atahachi,  llevando  el  cagique,  segund  es 
dicho,  é  con  él  muchos  pringipales  y 
siempre  el  indio  con  el  quitasol  delante 
de  su  señor,  y  otro  con  un  coxin ;  é  fue- 
ron aquel  dia  á  dormir  al  campo.  É  otro 
dia  miércoles  llegaron  á  Piachi ,  ques  un 
pueblo  alto  sobre  un  barranco  de  un  rio 
enriscado ,  y  el  cagique  del  maligioso ,  é 
púsose  en  resistirles  el  passo ;  pero  en 
efeto  passaron  el  rio  con  trabaxo ,  é  ma- 
táronles dos  chripstianos ,  é  fuéronse  los 
pringipales  que  acompañaban  al  cagique. 
En  aquel  pueblo  Piachi  se  supo  que  avian 
muerto  á  don  Teodoro  y  á  un  negro ,  que 
salieron  de  las  barcas  de  Pamphilo  de 
Narvaez.  El  sábado,  diez  y  seys  de  octu- 
bre, partieron  de  alli  é  fueron  á  un  mon- 
te, donde  vino  un  chripstiano  de  dos  quel 
gobernador  avia  enviado  á  Mabila ;  é  di- 


xo que  avia  mucha  junta  de  gente  en 
Mabila  y  armada.  Otro  dia  fueron  á  un 
pueblo  gercado,  y  vinieron  mensajeros 
de  Mabila  que  truxeron  al  cagique  mucho 
pan  de  castañas,  que  hay  muchas  é  bue- 
nas en  su  tierra.  Lunes,  diez  y  ocho  de 
octubre,  dia  de  Sanct  Lúeas,  llegó  el 
gobernador  á  Mabila ,  aviendo  passado 
aquel  dia  por  algunos  pueblos,  que  fué 
causa  de  detenerse  la  gente  á  ranchear  y 
derramarse  por  paresger  tierra  poblada; 
é  no  llegaron  con  el  gobernador  sino 
quarenta  de  caballo  en  avanguarda,  y 
puesto  que  estovieron  un  poco  detenidos 
por  no  mostrar  el  gobernador  flaqueza,  se 
entró  en  el  pueblo  con  el  cagique,  y  todos 
se  entraron  con  él.  Higieron  los  indios 
luego  un  areyto,  ques  su  manera  de  bay- 
le  en  danga  y  cantando.  Estando  en  esto, 
vieron  unos  soldados  meter  hages  de  ar- 
cos y  flechas  dissimuladamente  en  unos 
guanos,  é  otros  chripstianos  vieron  que 
lo  alto  y  lo  baxo  de  los  buhíos  estaba 
lleno  de  gente  dissimulada.  El  goberna- 
dor fué  avisado,  é  púsose  su'gelada  en 
la  cabega,  é  mandó  que  saliessen  todos 
á  cabalgar  é  apergebir  toda  la  gente  que 
oviesse  allegado :  é  apenas  ovieron  sa- 
lido ,  quando  tomaron  los  indios  las  puer- 
tas de  la  gerca  del  pueblo.  É  quedaron 
con  el  gobernador  Luis  de  Moscoso  é 
Baltasar  de  Gallegos  é  Espíndola ,  capi- 
tán de  la  guarda  é  siete  ú  ocho  solda- 
dos :  é  metióse  el  cagique  en  un  buhío  é 
no  quisso  salir  del ;  é  luego  comengaron 
á  tirar  flechas  en  el  gobernador.  Balta- 
sar de  Gallegos  entró  por  el  cagique ,  é 
no  queriendo  salir,  derribó  un  brago  de 
una  cuchillada  á  un  pringipal.  Luis  de 
Moscoso  esperábalo  á  la  puerta  por  no 
le  dexar  solo ,  el  qual  estuvo  peleando 
como  caballero ,  é  hizo  todo  lo  posible, 
hasta  tanto  que  no  podiendo  mas  sofrir 
le  dixo:  «Señor  Baltasar  de  Gallegos,  sa- 
lios, sino  dexaros  hé,  que  no  os  puedo 
mas  esperar.»  En  este  tiempo  avian  ca- 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  XXVII. 


569 


balgado  Solís ,  vegino  de  Triana  de  Se- 
villa, é  Rodrigo  Ranjel,  que  fueron  los 
primeros,  é  por  sus  pecados  derribaron 
luego  muerto  al  Solís.  El  Rodrigo  Ranjel 
llegó  gerca  de  la  puerta  de  la  villa  al 
tiempo  quel  gobernador  salia  y  dos  sol- 
dados de  su  guarda  con  él ,  é  sobrél  mas 
de  septenta  indios,  los  guales  se  detovie- 
ron  de  temor  del  caballo  de  Rodrigo 
Ranjel ,  é  queriéndoselo  él  dar,  llegó  un 
negro  con  el  suyo :  é  mandóle  al  Rodri- 
go Ranjel  que  socorriesse  al  capitán  de 
la  guarda  que  quedaba  atrás,  el  qual sa- 
lia bien  fatigado  é  un  soldado  de  la  guar- 
da con  él ,  é  el  de  caballo  hizo  rostro  á 
los  enemigos  hasta  que  salió  de  peligro. 
É  volvióse  al  gobernador  Rodrigo  Ran- 
jel, é  hízole  sacar  mas  de  veynte  flechas 
que  sobre  sí  llevaba  asidas  de  las  armas, 
que  son  unos  sayos  colchados  de  algo- 
don  gruesos;  é  mandó  á  Ranjel  que  guar- 
dasse  á  Solís  hasta  sacarlo  de  entre  los 
enemigos,  porque  no  lo  llevassen  dentro, 
y  el  gobernador  fuésse  á  recoger  la  gen- 
te. Ovo  tanta  vertud  y  vergüenza  este 
dia  en  todos  los  que  en  este  primero 
acometimiento  é  pringipio  desta  mala  jor- 
nada se  hallaron  que  pelearon  por  ad- 
miración, é  cada  chripstiano  hagia  su 
deber,  como  valentíssimo  milite.  Luis 
de  Moscoso  y  Baltasar  de  Gallegos  sa- 
lieron con  los  demás  soldados  por  otra 
puerta. 

En  efelo ,  los  indios  se  quedaron  con 
el  pueblo  y  con  toda  la  hagienda  de  los 
chripstianos  y  con  los  caballos  que  que- 
daban atados  dentro ,  que  mataron  lue- 
go. El  gobernador  recogió  todos  los  qua- 
renta  de  caballo  que  estaban  alli,  é  llegá- 
ronse á  una  plaga  grande  delante  de  la 
puerta  pringipal  de  Mabita,  é  alli  salie- 
ron los  indios ,  sin  osar  desviarse  mucho 
de  la  gerca;  épor  sacarlos  afuera,  higie- 
ron  que  huian  los  de  caballo  al  galope, 
apartándose  bien  de  los  muros,  y  los  in- 
dios creyéndolo,  desviáronse  del  pue- 

TOMO  1. 


blo  é  de  la  gerca  en  su  seguimiento,  cob- 
digiosos  de  emplear  sus  flechas :  é  quan- 
do  fue  tiempo ,  los  de  caballo  dieron  la 
vuelta  sobre  los  enemigos ,  é  primero  que 
se  pudiessen  acoger,  alangearon  muchos. 
Don  Carlos  quiso  llegar  con  el  caballo 
hasta  la  puerta ,  é  diéronle  al  caballo  un 
flechago  en  los  pechos,  é  no  lo  pudiendo 
volver ,  apeóse  á  sacarle  la  flecha  é  vino 
otra  que  le  dio  á  él  en  la  olla ,  sobre  el 
hombro,  de  la  qual,  pidiendo  confesión, 
cayó  muerto.  Los  indios  no  osaron  mas 
desviarse  de  la  gerca.  Estonges  el  ade- 
lantado gercóles  por  muchas  partes  hasta 
que  se  allegó  el  real  todo ,  é  entráronles 
por  tres  partes  poniendo  fuego ,  cortan- 
do primero  con  hachas  la  gerca :  é  el  fue- 
go anduvo  tal  que  se  quemaron  las  nue- 
ve arrobas  de  perlas  que  traían  é  toda  la 
ropa  y  ornamentos  y  cáliges  y  formas  de 
hostias  y  el  vino  para  degir  misa,  y  que- 
daron como  alárabes  desnudos  y  con 
harto  trabaxo. 

Avian  quedado  en  un  buhío  las  mu- 
geres  chripstianas ,  que  eran  unas  es- 
clavas del  gobernador ;  é  algunos  pa- 
ges ,  un  frayle ,  un  clérigo  y  un  coginero 
é  algunos  soldados  defendiéronse  muy 
bien  de  los  indios ,  que  no  les  pudieron 
entrar  hasta  que  los  chripstianos  llegaron 
con  el  fuego  é  los  sacaron.  É  todos  los 
españoles  pelearon ,  como  varones  de 
grandes  ánimos,  é  murieron  dellos  veyn- 
te é  dos,  é  hiriéronles  otros  giento  é 
quarenta  é  ocho  de  seysgientos  é  ochenta 
é  ocho  flechagos ;  é  matáronles  siete  ca- 
ballos é  hirieron  veynte  é  nueve  otros. 
Las  mugeres  y  aun  muchachos  de  quatro 
años  reñían  con  los  chripstianos  ,  y  mu- 
chachos indios  se  ahorcaban  por  no  ve- 
nir á  sus  manos,  é  otros  se  metían  en  el 
fuego  de  su  grado.  Ved  de  qué  voluntad 
andarían  aquellos  tamemes.  Ovo  grandes 
flechagos ,  y  de  tan  buena  voluntad  y 
fuerga  enviados ,  que  la  langa  de  un  hi- 

hidalgo ,  dicho  Ñuño  de  Tovar ,  que  era 

72 


570 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


de  dos  costaneras  de  fresno  y  muy  bue- 
na ,  la  passó  una  flecha  por  medio  de 
parte  á  parte,  como  un  barreno,  sin  as- 
tillar nada ,  y  quedó  la  flecha  hecha  una 
aspa  en  la  langa.  Murieron  este  dia  don 
Carlos  y  Frangisco  de  Soto ,  sobrino  del 
gobernador,  y  Johan  de  Gamez  de  Jaén, 
é  Men  Rodríguez,  buen  hidalgo  portu- 
gués, y  Espinosa,  buen  hidalgo,  y  otro 
dicho  Velez ,  y  un  Blasco  de  Barcarrota 
y  otros  muy  honrados  milites;  y  los  he- 
ridos fueron  todos  los  mas  de  la  gente 
de  bien  é  de  honra.  Matarían  tres  mili 
gandules,  sin  los  quales  fueron  otros  mu- 
chos heridos  que  los  hallaban  después 
muertos  en  los  buhíos  y  por  los  caminos. 
El  cagique  nunca  se  pudo  saber  del  muer- 
to ni  vivo :  el  hijo  hallaron  alangeado. 

Passada  la  batalla  de  la  manera  que  es- 
tá dicho,  reposaron  alli  hasta  el  domingo 
catorge  de  noviembre ,  curando  los  heri- 
dos y  los  caballos,  y  quemaron  mucha  par- 
te déla  tierra.  Hasta  que  salieron  de  alli 
fueron  los  muertos  todos ,  desde  queste 
gobernador  é  sus  exérgitos  entraron  en 
la  tierra  de  la  Florida,  giento  é  dos  chrips- 
tianos ,  y  no  todos  á  mi  paresger  en  ver- 
dadera penitengia. 

El  domingo,  catorge  de  noviembre  del 
año  ya  dicho ,  salió  el  gobernador  de  Ma- 
bila ,  y  el  miércoles  siguiente  llegó  á  un 
muy  buen  rio ,  é  jueves  veynte  é  ocho 
fueron  por  malos  passos  y  giénegas  y  ha- 
llaron un  pueblo  con  mahiz  que  se  de- 
gia  Talicpacana.  Avian  descubierto  los 
chripstianos  de  la  otra  parte  del  rio  un 
pueblo  que  les  paresgia  bien  desde  lexos 
é  de  gentil  assiento,  y  el  domingo  á  veyn- 
te é  uno  de  noviembre  halló  Vasco  Gon- 
galez  un  pueblo  media  legua  deste  que 
se  llama  Mogulixa ,  del  qual  avien  pas- 
sado  el  mahiz  todo  de  la  otra  parte  del 
rio ,  é  teníanlo  en  montones  cubierto  con 
esteras ,  é  estaban  los  indios  de  la  otra 
parte  del  agua,  hagiendo  fieros.  Hízose 
una  piragua  que  se  acabó  á  los  veynte  é 


nueve  dias  del  mes ,  é  hízose  un  carre- 
tón grande  para  llevarla  hasta  Mogulixa, 
é  echada  al  agua,  entraron  sessenta  sol- 
dados en  ella.  Los  indios  tiraron  innume- 
rables saetas  ó  flechas,  mejor  digiendo; 
pero  cómo  esta  grand  canoa  llegó  á  tier- 
ra, huyeron  é  no  hirieron  sino  tres  ó  qua- 
tro  chripstianos.  Tomóse  bien  la  tierra  y 
hallóse  harto  mahiz. 

Otro  dia  ,  miércoles ,  fue  todo  el  real 
á  un  pueblo  que  se  dige  Zabusta,  y 
por  alli  passó  el  rio  en  la  piragua  y 
con  algunas  canoas  que  se  tomaron  alli: 
é  fueron  á  se  aposentar  en  otro  pueblo 
del  otro  cabo,  porque  arríba  hallaron 
otro  buen  pueblo  é  tomaron  el  señor 
del  que  se  degia  Apafalaya ,  é  llevá- 
ronle por  guia  é  lengua,  é  llamóse  esa 
ribera  el  rio  de  Apafalaya.  Deste  rio  é 
poblagion  salió  el  gobernador  é  su  gen- 
te en  demanda  de  Chicaga  el  jueves ,  á 
nueve  de  digiembre  é  llegaron  el  martes 
siguiente  al  rio  de  Chicaga,  aviendopas- 
sado  hartos  malos  passos  y  giénegas  y 
ríos  y  frios. 

Y  porque  sepáis,  letor,  qué  vida  traían 
aquellos  españoles,  dige  Rodrigo  Ran- 
jel ,  assi  como  testigo  de  vista ,  que  en- 
tre otras  muchas  nesgessidades  de  hom- 
bres que  se  passaron  en  esta  empresa, 
vido  en  ella  á  un  caballero ,  llamado 
don  Antonio  Osorio ,  hermano  del  señor 
marqués  de  Astorga,  con  una  ropilla  de 
mantas  de  aquella  tierra  rota  por  los  cos- 
tados ,  las  carnes  defuera ,  sin  bonete,  la 
calva  defuera,  descaigo  sin  caigas  ni  ga- 
patos,  una  rodela  á  las  espaldas,  una  es- 
pada sin  vayna ,  los  yelos  y  frios  muy 
grandes ;  y  ser  él  tal  y  de  tan  ilustre  ge- 
nealogía le  hagia  comportar  su  trabaxo  y 
no  llorar,  como  otros  muchos,  puesto  que 
no  avie  quien  le  pudiesse  socorrer,  sien- 
do quien  era  y  aviendo  tenido  en  Es- 
paña dos  mili  ducados  de  renta  por  la 
Iglesia;  y  que  aquel  dia  que  este  hidalgo 
assi  lo  vido,  creía  que  no  avie  comido 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  XXVII. 


574 


bocado ,  é  avíalo  de  buscar  por  sus  uñas, 
para  genar.  Yo  no  pude  estar  sin  reírme, 
quando  le  oy  dcQÍr  que  esse  caballero 
avia  dexado  la  Iglesia  y  renta  ques  dicho, 
por  yr  á  buscar  essa  vida  al  son  de  las  pa- 
labras de  Soto ;  porque  conosgí  yo  muy 
bien  á  Soto,  y  aunque  era  hombre  de 
bien ,  no  le  tenia  yo  por  de  tan  dulge 
habla  ni  maña  que  á  personas  semejan- 
tes pudiesse  él  engañar.  ¿  Qué  queria  un 
hombre  tal  de  una  tierra  incónita  é  no 
sabida,  ni  el  capitán  que  llevaba  della 
sabia  mas  sino  que  se  avian  perdido  en 
ella  Johan  Ponge  de  León  y  el  ligengia- 
do  Lúeas  Vázquez  de  Ayllon  é  Pamphi- 
lo  de  Narvaez  é  otros  mas  diestros  que 
Hernando  de  Soto?....  Y  los  que  tales 
guias  siguen,  assi  les  ha  de  yr  de  nes- 
gessidad,  pues  hallaron  partes  donde 
pudieran  poblar  é  descansar ,  é  poco  á 
poco  calar  é  entenderse  y  entender  la 
tierra.  Vamos  á  lo  demás:  que  poco  tra- 
baxo  es  el  desse  caballero  á  respecto  de 
los  que  mueren,  sino  se  salvan. 

El  rio  de  Chicaga  halláronle  que  yba 
cresgido  fuera  de  madre ,  y  los  indios  de 
la  otra  parte  puestos  en  armas ,  con  mu- 
chas banderas  blancas.  Dióse  orden  en 
hager  una  piragua ,  y  envió  el  goberna- 
dor á  Baltasar  de  Gallegos  con  treynta  de 
caballo,  nadadores ,  que  fuessen  á  buscar 
el  rio  arriba  por  donde  le  pudiessen  pas- 
sar ,  é  diesse  de  súbito  sobre  los  indios; 
é  fué  sentido,  é  desampararon  el  passo, 
é  assi  passaron  muy  bien  en  la  piragua 
un  jueves  á  los  diez  é  seys  del  mes :  é 
adelantósse  el  gobernador  con  algunos 
de  caballo,  é  llegaron  muy  noche  al  pue- 
blo del  señor,  é  estaba  toda  la  gente  al- 
gada.  Otro  dia  después  llegó  Baltasar  de 
Gallegos  con  los  treynta  que  con  él  fue- 
ron ,  é  alli  estovieron  en  Chicaga  aquella 
Pasqua  de  Navidad ,  é  nevó  con  tanta 
ventisca  ,  como  si  esto  vieran  en  Burgos, 
é  con  tanto  ó  mas  frió.  Lunes  tres  dias  de 
enero  de  mili  é  quinientos  é  quarenta  y 


uno ,  vino  el  cagique  de  Chicaga  de  paz, 
é  dio  luego  guias  é  lenguas  á  los  chrips- 
tianos  para  yr  á  Caluga ,  que  tenia  mucha 
fama  entre  los  indios.  Es  Caluga  una  pro- 
vingia  de  mas  de  noventa  pueblos  (no 
subjecta  á  nadie ) ,  de  gente  feroz  muy 
belicosa  y  muy  temida ,  é  próspera  tierra 
en  aquellas  partes.  En  Chicaga  mandó  el 
gobernador  que  fuesse  la  mitad  de  la 
gente  de  su  exérgito  á  hager  guerra  á 
Sacchuma  ,  y  á  la  tornada  se  hizo  de  paz 
el  cagique  Miculasa ,  é  vinieron  mensa- 
jeros de  Talapatica.  É  en  estos  medióse 
discursos  dessa  guerra  llegó  el  tiempo  de 
caminar,  é  pidieron  tamemes  al  cagique; 
é  alborotáronse  los  indios  entre  sí  de  tal 
manera  que  los  chripstianos  lo  entendie- 
ron, é  quedaron  que  los  darían  para  los 
quatro  de  margo  que  se  avian  de  partir, 
é  que  aquel  dia  vendrían  con  ellos:  la 
víspera  del  qual  el  gobernador  cabalgó  é 
halló  los  indios  de  mal  arle ,  é  conosció- 
se  la  ruin  intengion  que  tenían ,  é  vol- 
vióse al  real,  é  díxo  públicamente  :  «Es- 
ta noche  es  noche  de  indios ;  yo  dormiré 
armado  y  mi  caballo  ensillado.»  É  todos 
dixeron  que  harían  lo  mesmo ;   é  llamó 
al  maestro  de  campo ,  que  era  Luís  de 
Moscoso ,  é  díxole  que  pusiesse  aquella 
noche  buen  recabdo  en  la  gentinela,  pues 
era  la  postrera.  El  gobernador ,  en  sa- 
liéndose, de  donde  él  quedaba  aquellos 
sus  milites,  con  quien  avia  fecho  essos 
apergebimientos ,  se  echó  desnudo  en  su 
cama ,  é  no  se  ensilló  su  caballo  ni  otro, 
é  todos  en  el  real  se  echaron  á  dormir 
sin  cuydado  y  desarmados.  El  maestro  de 
campo  puso  para  el  quarto  del  alba  tres 
de  caballo ,  los  mas  para  menos  y  de 
peores  caballos  de  toda  la  hueste.  Y  el 
dia  ya   dicho,   quatro  de    margo,    que 
avien  prometido  de  dar  los  indios  tame- 
mes, en  amanesgíendo  (cumpliendo  su 
palabra ) ,  entraron  por  el  real  en  muchos 
esquadrones  tocando  alambores ,  como  sí 
fuera  en  Italia ,  y  poniendo  fuego  al  real 


572 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


quemaron  é  tomaron  cinqüenta  é  nueve 
caballos,  entre  los  guales  tres  dellos  les 
passaron  ambas  espaldas  con  las  flechas; 
y  como  gente  descuydada  se  ovieron  los 
chripstianos  en  este  fecho ,  y  pocas  ar- 
mas ,  cotas  ,  langas  y  sillas  quedaron  por 
quemar ,  y  todos  los  caballos  se  fueron 
aventados  ,  huyendo  del  fuego  y  de  la 
grita.  Solamente  pudo  cabalgar  el  ade- 
lantado ,  y  no  le  fincharon  el  caballo  ni 
él  se  abrochó  el  sayo  de  armas  ,  y  Tapia 
de  Valladolid  con  él ;  é  al  primero  indio 
que  alcauQÓ,  que  le  dio  unalangada,  ca- 
yó sobre  él  con  la  silla ;  y  si  los  indios 
supieran  seguir  su  victoria ,  este  fuera  el 
postrero  dia  de  las  vidas  de  todos  los 
chripstianos  de  aquel  exérgito ,  y  el 
que  diera  fin  á  la  demanda  de  los  ta- 
memes. 

Luego  los  españoles  se  passaron  á  una 
savana  una  legua  de  aquel  pueblo  en 
que  estaban ,  é  tenian  buhios  é  manteni- 
mientos ,  é  assentaron  real  en  una  ladera 
é  gerro ,  é  diéronse  priessa  á  assentar  la 
fragua,  é  higieron  los  fuelles  de  cueros 


de  osos ;  é  templaron  las  armas ,  é  higie- 
ron  fustes  de  sillas,  y  proveyéronse  de 
langas  ,  que  avia  por  alli  muy  buenos 
fresnos ,  y  dentro  de  ocho  dias  lo  tuvie- 
ron todo  aderesgado.  Matáronles  en  la 
dicha  Chicaga  y  quemáronles  vivos  hasta 
doge  chripstianos.  Martes  quinge  de  mar- 
go ,  al  quarto  del  alba ,  volvieron  los  in- 
dios sobre  los  chripstianos  con  determi- 
nagion  de  acabarlos ,  y  dieron  en  ellos 
por  tres  partes ;  y  cómo  la  nesgessidad 
los  avia  hecho  diligentes  é  estaban  sobre 
aviso  y  en  vela,  pelearon  con  ellos  vale- 
rosamente, é  pusieron  á  los  indios  en 
huida ,  é  plugo  á  Dios  que  los  chripstia- 
nos no  tuvieran  mucho  daño ,  aunque  de 
los  indios  murieron  pocos.  Algunos  espa- 
ñoles se  mostraron  este  dia  muy  valien- 
tes de  sus  personas ,  y  ninguno  dexó  de 
hager  lo  que  debia,  é  mal  aventurado 
fuera  el  que  en  tal  tiempo  no  defendiera 
bien  su  vida  y  dexára  de  mostrar  á  los 
enemigos  la  virtud  y  armas  de  los  chrips- 
tianos. 


CAPITULO  XXVIIÍ. 


En  que  la  historia  cuenta  otro  recuentro  de  una  albarrada ,  en  que  peleó  el  adelantado  con  los  indios ,  é  co- 
mo llegó  á  un  rio  muy  grande,  el  qual  passaron  los  chripstianos,  é  de  una  oración  é  raconamienlo  que  en 
favor  de  la  cruz  y  de  la  fé  hizo  delante  del  adelantado  y  de  los  chripstianos  el  cacique  de  Casqui ,  y  de  la 
conten9Íon  deste  ca9ique  con  otro  su  enemigo,  llamado  Pacaha,  sobre  quál  debia  preceder  al  otro.  Par- 
tieron de  Uliangiie ,  y  dícense  muchas  particularidades  notables. 


iTJIartes  veynte  é  seys  dias  de  abril  del 
año  ya  dicho  de  mili  é  quinientos  é  qua- 
renta  y  un  años,  partió  el  gobernador 
Hernando  de  Soto  de  la  savana  de  Chica- 
ga, é  fueron  á  dormir  á  Limamu ,  y  estu- 
vieron alli  buscando  mahiz,  porque  los  in- 
dios lo  tenian  escondido,  é  avian  de  passar 
un  despoblado.  É  el  jueves  fueron  á  otra 
savana,  donde  tenian  los  indios  fecha  una 
albarrada  muy  fuerte ,  y  dentro  della  mu- 


chos indios  de  guerra  muy  embixados  y 
pintados  todos  de  colores  que  paresgian 
muy  bien  (y  aun  paresgian  mal,  ó  á  lo 
menos  les  eran  dañosos  á  los  chripstia- 
nos) :  é  entráronles  por  fuerga  el  albarra- 
da ,  con  algún  daño  que  ovo  de  muertos 
y  heridos  de  parte  del  adelantado  y  su 
exérgito ,  y  mucho  sin  comparagion  ma- 
yor de  parte  de  los  vengidos,  é  masovie- 
ra,  si  no  huyeran  los  indios.  Sábado,  úl- 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  XXVIII. 


373 


timo  de  abril,   partió  el   exérgito  del 
assiento  de  la  albarrada,  y  caminaron 
nueve  dias  por  despoblado  é  mal  camino 
de  montes  é  giénegas,  hasta  domingo  ocho 
de  mayo  que  llegaron  al  primero  pueblo 
de  Quizqui:  é  tomáronle  de  sobresalto, 
é  cativaron  mucha  gente  é  ropa ;  pero  el 
gobernador  los  puso  luego  en  libertad  é 
se  lo  hizo   lodo  restituir ,  por  temor  de 
guerra,  aunque  no  bastó  para  hager  ami- 
gos essos  indios.  Una  legua  deste  pue- 
blo se  halló  otro  de  mucho  mahiz,  é  lue- 
go á  otra  legua  otro  assimismo  con  mu- 
cho mahiz:  alli  vieron  el  rio  grande.  Sá- 
bado veynte  y  uno  de  mayo  se  passó  el 
real  á  una  savana  entre  el  rio  é  un  pue- 
blo pequeño ,  é  hicieron  ranchos ,  é  se 
comengaron  á  hager  quatro  piraguas  pa- 
ra passardelaotra  parte.  Degian  muchos 
dessos  conquistadores,   que  era  mayor 
rio  aqueste  quel  Danubio.  De  la  otra  van- 
da  del  rio  se  juntaron  hasta  siete  mili  in- 
dios para  defender  el  passo ,  y  con  has- 
ta dosgientas  canoas,  todas  con  escudos, 
que  son  hechos  de  cañas  juntas ,  tales  y 
tan  texidas  con  tal  hilo  que  apenas  los 
passa  una  ballesta.  Venian  lloviendo  fle- 
chas y  el  ayre  lleno  deltas,  y  con  tal  gri- 
ta que  paresgie  cosa  de  mucho  temor; 
pero  visto  que  no  se  dexaba  la  obra  de 
las  piraguas  por  ellos,  dixeron  que  Pa- 
caha ,  cuyos  eran ,  los  mandaba  quitarse 
de  alli ,  y  assi  dexaron  el  passo  desem- 
baragado.  Y  el  sábado  á  ocho  de  junio, 
passó  todo  el  real  en  las  quatro  piraguas 
aquella  gran  ribera,    é  dieron  muchas 
gragias  á  Dios,  porque  á  su  paresger nin- 
guna cosa  tan  dificultosa  se  les  podia 
ofresger.  Luego  el  domingo  fueron  á  un 
pueblo  de  Aquixo:  martes,  veynte  y  uno 
de  junio ,  salieron  de  alli  é  passsaron  por 
la  poblagion  de  Aquixo ,  ques  muy  her- 
mosa ó  de  lindo  assiento.  Otro  dia,  miér- 
coles, passaron  por  el  mas  mal  camino 
de  ciénegas  é  agua  que  tovieron  en  todo 
lo  que  vieron  de  la  Florida,  é  en  esta 


jornada  tuvo  mucho  trabaxo  la  gente. 

El  otro  dia  siguiente ,  jueves,  entraron 
en  tierra  de  Quarqui  é  passaron  por  mu- 
chos pueblos,  é  otro  dia  viernes,  dia  de 
Sanct  Johan ,  fueron  al  pueblo  del  señor 
de  Gasqui ,  é  dio  comida  é  ropa  á  este 
exérgito ,  é  el  sábado  entraron  en  su  pue- 
blo: é  tenia  muy  buenos  buhíos,  y  en  el 
pringipal  sobre  la  puerta  muchas  cabegas 
de  toros  muy  fieros ,  assi  como  en  Espa- 
ña se  ponen  á  las  puertas  de  las  casas  de 
los  caballeros  monteros  cabegas  de  puer- 
cos javalíes  ú  osos.  Alli  pussieron  los 
chripstianos  en  un  gerro  la  cruz :  resgi- 
biéronla  y  adoráronla  con  mucha  devo- 
gion ,  y  digo  con  mucha  devogion ,  por- 
que venian  los  indios  giegos  y  coxos  á 
pedir  salud.  La  fé  destos,  degia  Rodrigo 
Ranjel ,  que  era  mayor  que  la  de  los  con- 
quistadores ,  si  fueran  doctrinados ,  é  que 
higiera  mas  fructo  en  ellos  que  no  les 
higieron  essos  chripstianos. 

El  domingo,  veynte  é  seys  de  junio,  sa- 
lieron de  alli  para  Pacaha,  enemigo  de 
Gasqui,  é  fueron  á  dormir  á  un  pueblo  é 
passaron  otros.  É  el  dia  siguiente  passaron 
una  giénega ,  en  la  qual  tenian  los  indios 
una  puente  bien  hecha,  ancha  é  de  muy 
gentil  arte;  é  el  miércoles  llegaron  al 
pueblo  de  Pacaha,  pueblo  é  señor  de  gran 
fama  é  muy  estimado  en  aquellas  partes. 
Era  essa  poblagion  muy  buena  é  muy 
bien  gercada,  é  torreados  los  muros  y 
con  una  cava  á  la  redonda,  y  lo  mas  de- 
lla  llena  de  agua  que  se  le  echa  por  una 
agequia  que  va  desde  el  rio :  tenia  esse 
estaño  infinito  pescado  y  muy  bueno  de 
diverssas  maneras.  El  cagique  de  Gasqui 
llegó  á  los  chripstianos ,  al  tiempo  que 
entraban  en  el  pueblo,  y  rancheáronle 
bravamente.  En  Aquixo  é  Gasqui  y  este 
Pacaha  vieron  los  mejores  pueblos  que 
hasta  alli  avian  visto ,  y  mejor  gercados  y 
fortalesgidos ,  y  de  mas  primores  en  la 
gente,  exgepto  la  de  Gofitachequi. 

Estando  el  adelantado  é  su  gente  al- 


574 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


gunos  dias  en  Pacaha ,  se  higieron  algu- 
nas entradas  la  tierra  adentro ,  é  el  ca- 
cique de  Gasqui  se  fué  un  dia  quél  vido 
oportunidad  para  ello  sin  pedir  ligengia, 
por  lo  qual  el  gobernador  procuró  de 
traer  de  paz  á  Pacaha ,  é  él  vino  en  ello 
por  cobrar  un  hermano  suyo  que  le  avian 
tomado  los  chripstianos  á  la  entrada  del 
pueblo :  é  dióse  congierto  con  Pacaha 
para  que  fuessen  á  hager  guerra  á  Gas- 
qui, lo  qual  plugo  mucho  á  Pacaha.  Pero 
tuvo  aviso  dessa  determinagion  Gasqui, 
é  vino  con  ginqüenta  indios  de  los  suyos 
muy  bien  dispuestos :  é  traia  un  truhán 
delante  de  si  por  grandega ,  digiendo  é 
hagiendo  gragias ,  dando  ocasión  de  mu- 
cha risa  á  los  que  le  miraban.  El  gober- 
nador se  mostró  enojado  é  áspero  por 
complager  á  Pacaha ,  é  envióle  á  mandar 
que  no  entrasse  en  el  pueblo :  Gasqui  le 
envió  por  respuesta ,  que  aunque  le  cor- 
tasse  la  cabega,  no  dexaria  de  venir.  Pa- 
caha pidió  ligengia  al  gobernador  para 
darle  á  Gasqui  una  cuchillada  por  la  cara 
con  un  cuchillo  que  tenia  en  la  mano 
que  le  avian  dado  los  chripstianos ,  é  el 
gobernador  dixo  á  Pacaha  que  no  higies- 
se  tal  cosa  ni  le  higiesse  injuria ,  porque 
se  enojarla  con  él ;  y  mandó  que  vinies- 
se  Gasqui  á  ver  lo  que  quería ,  y  porque 
le  queria  preguntar  la  causa  por  qué  se 
avie  ydo  sin  su  ligengia.  Llegó  Gasqui  é 
dixo  al  gobernador  desta  manera ,  se- 
gund  lo  re  feria  el  intérprete  Johan  Ortiz 
é  otros  indios  lenguas  que  ya  el  gober- 
nador é  los  chripstianos  tenian :  «¿Gomo, 
señor,  es  posible  que  aviéndome  dado 
la  fé  de  amistad,  sin  averte  yo  hecho 
ningund  daño  ni  dado  alguna  ocasión, 
me  querías  destruir  á  mí,  amigo  tuyo  y 
hermano?  Dísteme  la  cruz  para  defen- 
derme con  ella  de  mis  enemigos ,  y  con 
ella  mesma  me  querías  destruir.  (Esto 
degia  él,  porque  los  indios  de  Pacaha, 
su  enemigo ,  que  yban  con  los  chripstia- 
nos contra  él ,  llevaban  cruges  en  las  ca- 


begas,  altas  porque  fuessen  conosgidos). 
Agora,  señor,  dixo  Gasqui,  que  nos  oyó 
Dios,  por  medio  de  la  cruz;  que  las  mu- 
geres  y  muchachos  y  todos  los  de  mi 
tierra  se  pusieron  de  rodillas  á  ella  á  pe- 
dirle agua  al  Dios  que  dexiste  que  pa- 
desgió  en  ella ,  y  nos  oyó  y  nos  la  dio 
en  grande  abundangia  y  remedió  nues- 
tros mahiges  y  simenteras;  .agora  que 
mas  fé  teníamos  con  ella  y  con  vuestra 
amistad ,  nos  querías  destruyr  aquellos 
niños  y  mugeres  que  tanto  quieren  á 
vosotros  y  á  vuestro  Dios.  ¿Por  qué  que- 
rías usar  de  tanta  crueldad  sin  te  lo  me- 
resger?  ¿Por  qué  querías  perder  el  crédito 
y  confianga  que  de  tí  higimos ,  y  querías 
ofender  á  tu  mismo  Dios  y  á  nosotros, 
que  por  él,  tá  en  su  nombre,  nos  asegu- 
raste y  regebiste  por  amigos  y  te  dimos 
entero  crédito,  y  confiamos  del  mismo 
Dios  y  de  su  cruz  y  la  tenemos  en  nues- 
tra guarda  y  amparo  y  en  la  revereugia 
y  acatamiento  que  conviene?  ¿A  qué  fin, 
á  qué  propóssito  te  movías  á  hager  ni 
penssar  una  cosa  tan  agraviada  contra 
gente  sin  culpa  y  amigos  de  la  cruz  y 
tuyos?»  Y  dicho  esto,  calló.  El  gober- 
nador, los  ojos  enternesgidos  y  no  sin 
dar  señal  de  lágrimas  ,  considerando  la 
fé  é  palabras  de  aquel  cagique ,  le  res- 
pondió con  los  intérpretes  delante  de 
muchos  milites  chripstianos,  que  con 
atengion  y  no  sin  lágrimas ,  vengidos  de 
caridad  y  fé ,  avian  oydo  lo  ques  dicho, 
y  dixo  assi :  « Mira ,  Gasqui :  nosotros  no 
venimos  á  destruyros,  sino  á  hager  que 
sepáis  y  entendáis  esso  de  la  cruz  y  nues- 
tro Dios  que  tú  me  diges ;  y  essas  mer- 
gedes  que  os  ha  hecho  es  poca  cosa  en 
respeto  de  otras  muchas  y  muy  grandes 
que  os  hará ,  si  le  amáis  y  creéis ;  y  assi 
lo  ten  por  gierto  ,  y  lo  hallareis  y  veréis 
mejor  cada  dia.  Y  cómo  te  fuyste  sin  mi 
ligengia ,  penssé  que  tenias  en  poco  la 
dotrina  que  te  aviamos  dado ;  y  por  el 
menospregio  que  tenias  della  te  queria 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  XXVIll. 


575 


destruyr,  creyendo  que  con  soberbia  te 
fuiste ,  porque  esta  es  la  cosa  que  nues- 
tro Dios  mas  aborresge  y  por  la  que  mas 
á  nosotros  nos  castiga.  Agora  que  vienes 
humilde,  ten  por  gierto  que  te  quiero 
mas  bien  de  lo  que  pienssas ;  y  si  de  mí 
has  menester  algo ,  dímelo  y  verlo  has, 
porque  nosotros  hagemos  lo  que  nuestro 
Dios  nos  manda ,  que  es  no  mentir ;  y 
assi  cree  que  te  digo  verdad ,  porque  es 
muy  grand  pecado  entre  nosotros  la  men- 
tira. Y  esta  voluntad  no  me  la  agradez- 
cas á  mí  ni  á  los  mios ,  porque  si  tú  tie- 
nes la  que  diges.  Dios  Nuestro  Señor 
manda  que  te  queramos ,  como  á  herma- 
no, y  que  assi  te  hagamos  las  obras,  por- 
que tú  y  los  tuyos  nuestros  hermanos 
soys ,  y  assi  nos  lo  dige  nuestro  Dios.» 
Tan  admirados  estaban  los  indios  des- 
to ,  como  los  chripstianos  de  lo  que  Cas- 
qui  avia  dicho.  En  esto  se  hizo  hora  de 
comer,  y  senlósse  el  adelantado  y  mandó 
sentar  á  entrambos  cagiques,  entre  los 
quales  ovo  grand  contengion  sobre  quál 
dellos  se  sentaría  á  la  mano  derecha  del 
gobernador.  Pacaha  le  dixo  á  Casqui: 
«Bien  sabes  tú  que  yo  soy  mayor  señor 
que  tú  y  de  mas  honrados  padres  y  abue- 
los, y  que  me  pertenesge  mejor  lugar 
que  á  tí.»  Casqui  respondió  assi:  «Ver- 
dad es  que  tú  eres  mas  grand  señor  que 
yo,  y  tuspassados  lo  fueron  mayores  que 
los  mios.  Y  pues  este  grand  señor  que 
aquí  está  dige  que  no  avemos  de  mentir, 
yo  no  negaré  la  verdad;  empero  bien 
sabes  tú  que  yo  soy  mas  viejo  y  puedo 
mas  que  tú ,  y  te  engierro  en  tu  gerca 
cada  vez  que  quiero ,  y  tú  nunca  has  vis- 
to mi  tierra.»  En  efeto,  esto  quedó  en 
determinagion  del  gobernador ,  y  mandó 
que  Pacaha  se  sentasse  á  la  mano  dere- 
cha ,  porque  era  mayor  señor  y  mas  an- 
tiguo en  Estado ,  é  avia  en  él  y  en  los 
suyos  buenas  costumbres  y  manera  de 
gente  cortesana  á  su  modo  dellos.  Casqui 
avia  trahido  una  hija,  muchacha  bonica, 


al  gobernador.  Pacaha  le  dio  una  muger 
suya  fresca  é  muy  honesta,  y  le  dio  una 
hermana  y  otra  india  pringipal.  El  go- 
bernador los  hizo  amigos  y  los  abragó  y 
mandó  que  se  tratassen  de  una  tierra  á 
otra  con  sus  mercaderías  y  negogios,  y 
assi  quedaron  de  lo  hager ;  y  con  esto  se 
partió  de  allí  el  gobernador  á  los  veynte 
é  nueve  de  julio.  Pero  quisiera  yo  que, 
juntamente  con  las  exgelengias  de  la  cruz 
y  de  la  fé  que  este  gobernador  les  dixo 
á  essos  cagiques ,  les  dixera  quél  era  ca- 
sado é  que  los  chripstianos  no  han  de  te- 
ner mas  de  una  muger  ni  aver  exgesso  á 
otra,  ni  adulterar,  ni  tomara  la  hija  mu- 
chacha que  le  dio  Casqui,  ni  la  muger 
propría  y  hermana  otra,  y  otra  pringi- 
pal que  le  dio  Pacaha,  ni  que  les  que- 
dara congepto  que  los  chripstianos,  como 
los  indios  ,  pueden  tener  quantas  muge- 
res  é  concubinas  quisieren ;  é  assi  como 
essos  adúlteros  viven,  assi  acaban. 

Passemos  adelante  :  que  á  mi  paresger 
en  un  cagique  de  tanta  discregion  como 
Casqui ,  bien  paresgiera  baptigarle  é  ha- 
gerle  chripstiano  á  él  é  á  su  gente ;  é  me- 
jor fuera  parar  alli ,  que  yr  adelante  á  lo 
que  la  historia  dirá.  Ni  alabo  aver  passa- 
do  de  Cofitachequi,  por  el  mismo  respeto 
é  por  lo  que  se  ha  dicho  de  aquella  tierra. 

Assi  que,  salido  este  exérgito  y  su  go- 
bernador de  Pacaha ,  fueron  á  dormir  á 
un  pueblo  de  Casqui,  é  otro  día  al  pue- 
blo pringipal  del  mismo  señor  de  Casqui, 
por  donde  ya  avian  passado ,  é  salieron 
de  alli  domingo,  último  dia  de  aquel  mes, 
é  fueron  á  un  pueblo  de  aquella  provin- 
gia.  É  el  lunes  primero  de  agosto  llega- 
ron á  otro  pueblo  questá  á  par  del  rio  de 
Casquín  que  es  brago  que  sale  del  grand 
rio  de  Pacaha,  y  es  tan  grande  esse  bra- 
go, como  Guadalquivir.  AUi  vino  Casqui 
é  ayudóles  á  passar  el  rio  en  canoas  el 
martes  dos  de  agosto:  fueron  á  dormir  el 
miércoles  aun  pueblo  quemado,  y  el  jue- 
ves siguiente  á  otro  junto  al  rio,  donde 


576 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


avia  muchas  calabazas  y  mucho  mahiz  é 
fresóles.  É  otro  día,  viernes,  fueron  á 
Quiguate ,  ques  el  mayor  pueblo  que  vie- 
ron en  aquella  tierra,  junto  al  rio  de  Gas- 
qui;  é  súpose  después  que  aquel  rio  yba 
muy  poblado  abaxo  (aunque  alli  noloal- 
cangaron  á  saber)  é  por  esso  tomaron  el 
camino  de  Goligua  un  despoblado  en  me- 
dio. Viernes  veynte  é  seys  de  agosto  par- 
tieron de  Quiguate  en  demanda  de  Goli- 
gua, é  fueron  á  dormir  á  una  giénega;  y 
de  giénega  en  giénega  higieron  su  viaje 
de  quatro  giénegas  é  jornadas,  en  las 
quales  giénegas  ó  estaños  avia  infinito 
pescado ,  porque  todo  aquello  hinche  el 
rio  grande  quando  sale  de  madre.  É  el 
martes  fueron  al  rio  que  digen  de  Goli- 
gua, é  el  miércoles  assi  mismo  al  mismo 
rio,  é  el  jueves  siguiente  á  Goligua,  que 
fué  primero  de  septiembre  ,  é  hallaron  el 
pueblo  poblado,  en  elqual  tomaron  mucha 
gente  é  ropa  é  infinita  comida,  y  mucha 
sal.  Es  un  gragioso  pueblo  entre  unas  sier- 
ras, en  una  barranca  de  un  grande  rio, 
é  desde  alli  yban  en  medio  dia  á  matar 
vacas,  que  hay  muchas  salvajes.  El  mar- 
tes seys  dias  de  septiembre  partieron  de 
Goligua  y  passaron  el  rio  otra  vez  ,  é  el 
miércoles  passaron  unas  sierras  é  fueron 
á  Galpista ,  en  la  qual  avia  una  fuente  de 
agua  de  que  se  hagia  muy  buena  sal,  co- 
giéndola hasta  que  se  cuaxaba.  El  jueves 
siguiente  fueron  á  Palisma,  é  el  sába- 
do diez  de  septiembre,  saheron  á  dormir 
á  un  agua ,  y  el  domingo  llegaron  á  Qui- 
xila,  é  repossaron  alU  el  lunes,  é  fueron 
el  martes  á  Tutilcoya ,  y  el  miércoles  á 
un  pueblo  á  par  de  un  rio  grande ,  é  el 
jueves  fueron  á  dormir  á  par  de  una  gié- 
nega.  É  adelantósse  el  gobernador  con 
algunos  de  caballo ,  y  llegó  á  Tánico  é 
otro  dia  fueron  á  la  misma  poblagion  de 
Tánico,  derramada  y  mucha  y  muy  abun- 
dosa de  mantenimientos.  Algunos  querían 
degir  que  era  Gayase,  de  la  qual  avia  mu- 
cha fama;  pueblo  grande  é  gercado,  pero 


nunca  le  pudieron  ver  ni  descobrir,  é 
después  les  degian  que  lo  avian  dexado 
á  un  lado  del  rio.  De  alU  fué  el  goberna- 
dor con  trege  de  caballo  é  ginqüenta  peo- 
nes á  ver  á  Tula ,  y  volvió  de  allá  á  mas 
que  de  passo,  é  matáronle  un  caballo  é 
hiriéronle  otros  quatro  ó  ginco,  é  deter- 
minó de  yr  allá  con  elexérgito. 

No  es  de  preterir  ó  dexar  en  olvido  que 
alli  en  Gayase  nuestros  españoles  cogian 
gestos  de  arena  seca  del  rio  é  colaban  el 
agua  por  ella ,  é  salia  hecha  salmuera ,  é 
cogíanla  é  quaxábasse,  é  hagian  assi  muy 
singular  sal  y  muy  blanca  y  en  toda  bon- 
dad é  sabrosa. 

Miércoles,  ginco  de  octubre,  salie- 
ron del  assiento  de  Tánico  ó  Gayase  y 
llegaron  el  viernes  á  Tula ,  é  hallaron  la 
gente  algada  ;  pero  mucho  mantenimien- 
to. É  el  sábado  por  la  mañana  vinieron 
los  indios  á  darles  guagábara  ó  batalla: 
traian  varas  largas  como  langas ,  las  pun- 
tas tostadas ,  y  esta  fué  la  mejor  gente 
de  guerra  que  los  chripstianos  toparon: 
é  peleaban  como  desesperados ,  con  el 
mayor  esfuergo  del  mundo ,  é  aquel  dia 
hirieron  á  Hernandarias,  nieto  del  maris- 
cal de  Sevilla,  é  plugo  á  Dios  que  los 
chripstianos  se  ovieron  tan  valientemen- 
te, que  no  rescibieron  mucho  daño,  aun- 
que llegaron  los  indios  á  ranchear  el  real. 
Miércoles,  diez  é  nueve  de  octubre ,  par- 
tió este  exérgito  y  el  gobernador  de  Tula, 
é  fueron  á  dormir  á  dos  buhíos,  é  otro 
dia  jueves  á  otro  buhío ,  é  el  viernes  á 
otro,  en  el  qual  murió  Hernandarias  de 
Saavedra,  que  yba  herido  desde  Tula, 
é  se  pasmó  ;  é  murió  como  caballero 
cathólico  ,  encomendando  su  ánima  á 
Dios.  Otro  dia  sábado  fueron  á  Gui- 
pana,  que  está  entre  unas  sierras ,  junto 
á  un  rio ,  é  desde  alU  fueron  á  dormir 
donde  pudieron  alcangar ,  y  todo  es  sier- 
ras aquello  desde  Tula.  Otro  dia  salieron 
de  las  sierras  é  entraron  en  llanos,  é  el 
lunes  postrero  del  mes  llegaron  á  un  pue- 


DE  INDIAS.  LIB.  XVII.  CAP.  XXVIII. 


577 


blo  que  se  dige  Quitamaya ,  y  el  martes 
primero  de  noviembre  passaron  por  un 
poblegueio,  y  miércoles  á  dos  de  no- 


viembre llegaron  á  ütiangüe ,  que  es 
una  savana  muy  bien  poblada  que  pa- 
resgiabien  (*). 


(*)  Aqui  terminan  las  adiciones  al  libro  XVII, 
contenidas  en  el  códice  autógrafo  que  tenemos  á  la 
vista ,  siendo  indudable  que  se  halla  incompleto  el 
presente  capítulo.  Mas  sensible  es  todavía  el  que 
no  se  hayan  podido  haber  á  las  manos  los  dos  últi- 
mos de  este  mismo  libro ,  añadidos  (como  los  ocho 
anteriores),  en  los  cuales  trataba  Oviedo  de  la 
muerte  del  gobernador  Hernando  de  Soto  y  de  los 
grandes  trabajos  y  penalidades  de  su  gente ,  dando 
al  mismo  tiempo  curiosas  é  importantes  noticias,  asi 
de  los  animales ,  árboles  y  plantas ,  como  de  otros 
fenómenos  de  historia  natural.  El  título  y  resumen 
de  ambos  capítulos  son  los  siguientes: 

«Capítulo  XXIX. — De  la  muerte  del  gobernador 
Hernando  de  Soto ,  é  cómo  fué  jurado  y  obedescido 
en  su  lugar  Luis  Moscoso ;  é  cuéntanse  los  trabaxos 
destos  conquistadores  é  otras  cosas. 

— Desafio  del  ca9ique  Quigudta  á  los  chripstianos. 

— Fuentes  de  agua,  de  que  se  hace  sal. 


— Ríos  calientes  é  sal  que  se  ha9e  del  arena. 

— Áspera  é  belicosa  gente. 

— Cómo  los  chripstianos  hÍ9Íeron  siete  verganti- 
nes  para  yrse  é  dexar  la  tierra ,  como  la  dexaron ,  é 
de  la  cres9iente  de  un  rio  que  turó  quarenta  é  tres 
días. 

Capítulo  XXX  é  último. — Del  sub9eso  de  la  gen- 
te que  quedó  del  gobernador  Hernando  de  Soto ,  é 
otras  particularidades. 

— De  los  animales  de  aquella  tierra ,  é  del  mara- 
villoso animal ,  llamado  el  aserrador ,  é  de  los  pes- 
cados ,  en  espe9ial  uno  llamado  pala. 

— De  las  fructas  de  aquella  tierra  é  árboles  de  li- 
quidámbar  é  martas  9ebellinas  é  otras  muchas  par- 
ticularidades.» 

Estos  capítulos  ocupaban  ,  según  se  advierte  en 
la  tabla  que  formó  el  mismo  Oviedo  ,  desde  el  folio 
472  al  478 ,  ambos  inclusive ,  no  debiendo  perderse 
de  vista  que  cada  folio  constaba  de  dos  páginas. 


TOMO!. 


73 


Gomienga  el  libro  dégimo  octavo  de  la  piioiera  parte  de  la  Natural  y  General  his- 
toria de  las  Indias ,  Islas  y  Tierra-Firme  del  mar  Océano :  el  qual  tracta  de  las  cosas 
de  la  isla  de  Jamáyca,  que  agora  se  llama  Sanctiago. 


PROHEMIO. 


AJOS  que  se  han  ocupado  (como  agora 
yo  hago)  en  escrebir  y  dar  no  ligia  al 
mundo  é  diversas  nasgiones  del ,  de  al- 
gunas cosas  naturales  é  no  comunicadas 
á  los  ausentes ,  sino  con  los  que  las  fue- 
ron inquiriendo  y  á  buscar,  á  muchos 
peligros  hasta  verlas  é  considerarlas  se 
ofresgieron ,  por  los  quales  ha  de  discur- 
rir en  la  mar  y  en  la  tierra  quien  tal  em- 
presa toma,  assi  por  passar  diversas  re- 
giones y  calidades  tan  diferentes  como 
los  elementos  é  composigion  de  la  natu- 
ra tienen  para  su  conformidad  y  artifigio 
natural  con  que  Dios  la  formó ,  como  por 
los  inconvinientes  que  en  las  tales  tier- 
ras y  provingias  é  mares  han  de  hallar 
forgosamente :  assi  como  los  manteni- 
mientos diferengiados,  las  aguas  é  ayres 
é  templanga  de  los  montes  y  llanos  por 
donde  discurren ,  no  sanos  ni  á  su  pro- 
póssito;  las  animalías  de  tigres,  leones, 
serpientes  y  otras  nogivas  ocasiones ,  é 
otras  innumerables  dificultades  que  no  se 
podrían  expressar  en  breves  renglones. 


É  ya  que  de  todos  los  tales  peligros  sea 
libre  el  que  tal  exergigio  toma ,  quien  le 
escusará  de  los  murmuradores :  los  qua- 
les ,  caso  que  hablen  en  lo  que  no  en- 
tienden ,  y  reprehendan  lo  que  no  alcan- 
gan  ni  sabrían  hager;  y  que  desgradez- 
can  averies  dado  notigia  de  lo  que  yno- 
raban,  no  pueden  acabar  consigo  de 
dexar  de  morder  á  quien  meresge  gra- 
gias  y  no  los  ofende.  Pues  ofresgido  yo  á 
estos  trabaxos  y  reprehensiones ,  no  de- 
xaré  de  escrebir  sin  ninguna  jalangia  ni 
temor  de  mi  obra  lo  que  he  visto  y  en- 
tendido destas  maravillosas  historias  tan 
nuevas  y  tan  dignas  de  ser  oydas.  Den, 
pues,  los  vanos  sus  orejas  á  los  libros  de 
Amadís  y  de  Esplandian,  é  de  los  que 
dellos  penden  que  es  ya  una  generagion 
tan  multiplicada  de  fábulas,  que  por 
gierto  yo  he  vergtienga  de  oyr  que  en 
España  se  escribieron  tantas  vanidades, 
que  hagen  ya  olvidar  las  de  los  griegos. 
Mal  se  acuerda  quien  tal  escribe  y  el  que 
semejantes  figiones  lee,  de  las  palabras 


DE  INDIAS.  LIB.  XVIII.  PROHEMIO. 


579 


evangélicas  que  nos  enseñan  que  el  dia- 
blo es  padre  de  la  mentira.  Pues  luego 
quien  la  escribe  hijo  suyo  será.  Líbreme 
Dios  de  tamaño  delicio  y  encamine  mi 
pluma  á  que  con  verdad  (ya  quel  buen 
estilo  me  falte) ,  siempre  diga  y  escriba 
lo  que  sea  conforme  á  ella  y  al  servigio 
y  alabanga  de  la  misma  verdad  ques 
Dios,  en  cuya  esperanza  yo  he  llegado 
hasta  este  libro  XVIII ,  dando  gierta  re- 
lagion  de  lo  que  tengo  dicho  en  los  libros 
precedentes :  y  con  su  favor  espero  con- 
tinuarlo en  el  pressente  y  en  los  por  ve- 
nir, no  en  fiugia  de  la  eloqüengia  y  orna- 
mento de  mi  estilo  (que  todo  le  falta), 
pero  arrimado  al  bordón  de  la  misma  y 
esclaresgida  verdad,  poco  á  poco,  nunca 
me  desacordando  de  la  propriedad  y  cos- 
tumbre que  tiene  la  gorra  para  passar  el 
hielo:  la  qual  en  la  provingia  de  Tragia, 
región  muy  fria,  quando  quiere  passar 
los  rios  ó  lagunas  heladas ,  jamás  lo  hage 
sino  quando  va  ó  viene  al  pasto ;  é  por- 
que es  animal  de  muy  sotil  oyr ,  antes 
que  passe  pone  la  oreja  sobre  el  hielo ,  y 
de  aquella  manera  arbitra  qué  tan  gordo 
está,  y  si  es  sufigiente  para  sostenerla  á 
cuestas  y  passar  sin  peligro.  Pues  desta 
manera ,  sé  que  no  se  hundirán  mis  trac- 
tados  porque  passan  por  la  puente  de  la 
verdad,  ques  es  tan  regia  y  poderosa 
que  sosterná  y  perpetuará  mis  vigilias, 
pues  son  en  alabanga  del  Hagedor  é  Se- 
ñor de  -todo  lo  hecho  é  criado ,  y  de  lo 
que  es  ó  puede  ser ;  á  quien  ninguna  co- 
sa es  imposible,  é  antes  faltan  é  faltarán 
lenguas  que  regiten  sus  maravillas ,  que 
materias  y  ocasiones  para  darle  gragias. 
Yo  no  escribo  por  passar  estos  hielos  de 
los  murmuradores  sin  causa ,  sino  porque 
voy  al  pasto  de  la  obediengia  é  voluntad 
que  tengo  de  servir  á  Dios  en  ello  y  á 
mi  rey ,  por  cuyo  mandado  me  ocupo  en 
esto ;  y  de  aqui  arbitro  y  entiendo  que 
puedo  passar  seguro  é  sin  calumnia, 
quanto  á  la  medula  y  fructo  de  escrebir 


lo  gierto.  En  lo  demás  confiesso  que  otros 
lo  sabrían  mejor  hager,  ocupando  su  tiem- 
po en  estas  materias;  é  viéndolas  no 
desde  Gregia  ni  desde  las  estufas  ó  jardi- 
nes que,  segund  los  tiempos  algunos  auc- 
tores  tuvieron  para  notar  con  reposo  lo 
que  compusieron ;  porque  en  tales  luga- 
res usan  de  la  armenia  de  sus  estudios  y 
de  los  ingenios  de  que  la  natura  les  dio 
parte ;  pero  estas  cosas  de  acá ,  con  mu- 
cha sed, con  mucha  hambre  ycansangio, 
en  la  guerra  con  los  enemigos  y  en  ella 
y  en  la  paz  con  los  elementos,  contrastan- 
do con  muchas  nesgessidades  y  peligros, 
herido  sin  girujano ,  enfermo  sin  médico 
ni  medeginas ,  hambriento  sin  tener  que 
comer,  sediento  sin  hallar  agua,  cansa- 
do sin  poder  alcangar  reposo ,  nesgessi- 
tado  del  vestir  y  del  calgar ,  é  andando 
á  pié  quien  sabria  subir  en  un  caballo; 
passando  muchos  é  grandes  rios  sin  sa- 
ber nadar.  É  á  todas  estas  é  otras  innu- 
merables nesgessidades  suple  la  clemen- 
gia  de  Dios  y  da  industria  á  los  nesgessi- 
tados,  para  salir  della  con  su  favor  é  mi- 
sericordia ,  como  podrá  verse  por  estas 
historias.  Pues  crea  el  letor  que  muchos 
de  los  que  por  acá  andan  é  han  experi- 
mentado todo  esto ,  y  lo  que  mas  se  po- 
dría degir,  sabrían  pelear  con  los  turcos 
y  dangar  con  las  damas,  quando  convi- 
niesse ,  y  hager  en  la  guerra  y  en  la  paz 
lo  que  á  su  honor  fuesse  honesto  é  con- 
viniente.  Porque  aunque  la  nesgessidad 
los  trae  por  estos  destierros  á  vivir  entre 
salvajes,  essa  misma  los  hage  mas  di- 
nos  que  á  otros  que  nasgieron  muy  he- 
redados é  viven  á  pierna  tendida,  no 
sabiendo  mas  que  sus  veginos ,  y  en  mu- 
cho reposo  se  dan  á  entender  que  cóm- 
prehenden  desde  sus  camas ,  lo  que  no 
se  puede  aprender  sino  trabaxando ,  é 
burlan  de  los  que ,  como  valerosos  y  no 
dando  á  logro  ni  salteando  en  poblado, 
passan  sus  vidas  en  estas  peregrinagio- 
nes.  Dexemos  aquesto  y  passemos  á  la 


S80 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


isla  de  Jamáyca,  que  los  chripstianos 
agora  llaman  Sanctiago,  que  es  uua  de 
las  islas  pobladas  de  españoles :  de  la 
qual  sumaria  y  brevemente  se  dirá  lo  que 


fertilidad ,  y  de  las  otras  cosas  que  á  su 
historia  convengan.  É  degirse  han  sus  lí- 
mites é  assiento,  segund  la  verdadera 
cosraographia ,  é  razón  de  las  alturas  del 


higiere  al  propóssito  de  su  conquista  y      polo  de  nuestro  horigonte. 


CAPITULO  I. 


Que  Iracta  del  primero  descubrimienlo  de  la  isla  de  Jamáyca ,  que  agora  se  llama  isla  de  Sanctiag-o. 


tunando  el  almirante  don  Chripstóbal 
Golom  volvió  de  España  la  segunda  vez 
que  vino  á  esta  Isla  Española ,  fundó  la 
cibdad  de  la  Isabela.  El  qual  pueblo  se 
hizo  ó  comengó  el  año  de  mili  y  quatro- 
gientos  é  noventa  y  tres  años,  é  des- 
de alli,  como  se  dixo  en  el  libro  II, 
fué  con  dos  caravelas  á  descobrir  la  isla 
de  Jamáyca,  é  llevó  consigo  los  caballe- 
ros y  gente  que  le  paresció  de  los  que 
debaxo  de  su  obediengia  militaban.  Y 
descubierta  aquella  isla  vido ,  mas  larga- 
mente á  la  de  Cuba,  como  queda  relata- 
do en  el  libro  que  digo ;  pero  porque  en 
las  otras  islas  do  quien  he  escripto,  lo 
primero  ha  seydo  digiendo  sus  límites  é 
assiento,  no  es  razón  que  aqui  falte  la 
regla  y  orden  con  que  he  proseguido 
hasta  aqui  en  esta  general  chrónica.  É  por 
tanto  digo  que  desde  la  punta  de  Sanct 
Miguel,  que  algunos  inconsideradamente 
digen  del  Tiburón ,  que  es  la  parte  mas 
ocgidenlal  desta  Isla  Española ,  hasta  la 
primera  tierra  de  la  isla  de  Jamáyca  hay 
veynte  é  ginco  leguas  pocas  mas  ó  me- 
nos al  Poniente.  Está  aquella  isla  en  diez 
é  siete  grados  déla  línia  equinogial,  é 
tiene  de  longitud  ginqüenta  é  ginco  le- 
guas pocas  mas  ó  menos ,  y  de  latitud 
quassi  la  mitad  de  lo  ques  dicho ,  é  assi 
lo  cuentan  ó  miden  los  marineros  y  gen- 
te de  la  mar.  Los  de  la  tierra  é  veginos 
de  la  misma  isla ,  en  la  qüal  yo  me  he 
querido  informar,  digen  que  es  mayor 
de  lo  que  he  dicho,  y  que  lo  han  visto  é 


andado  muchas  veces,  y  facen  esta  isla 
de  septenta  é  ginco  leguas  ú  ochenta 
de  longitud,  y  de  latitud  digen  que  pue- 
de tener  diez  y  seys  ó  diez  y  siete  le- 
guas. Los  diez  y  siete  grados  en  que  di- 
xe  que  está  aquella  isla,  son  de  la  parte 
del  Sur;  pero  de  la  parte  mas  puesta  al 
Norte  ó  tramontana  está  en  diez  y  ocho 
grados,  poco  mas  ó  menos:  la  punta  des- 
ta isla,  que  se  llama  punta  de  Morante, 
es  lo  mas  oriental  della ;  é  desde  alli  dis- 
curriendo la  costa  abaxo  al  Ocgidente 
por  la  vanda  del  Sur,  llegan  á  Maynoa, 
y  de  alli  baxan  seys  leguas  hasta  el  puer- 
to de  el  Yaguabo ;  y  de  alli  se  abaxa  á  la 
provingia  de  Añaya ,  é  mas  baxo  está  la 
villa  de  Oristan,  y  en  fin  de  la  isla  está 
la  punta  del  Negrillo  que  es  lo  último  de 
la  isla. 

De  alli,  dando  la  vuelta  por  la  vanda 
del  Norte,  van  á  la  villa  dicha  Sevilla, 
que  es  la  poblagion  pringipal  de  chrips- 
tianos. Y  está  quassi  en  el  conmedio  de 
la  isla ;  y  de  alli ,  yendo  por  la  costa  ar- 
riba ,  está  una  isla  pequeña  llamada  Me- 
lilla ,  donde  están  los  cagiques  é  indios 
que  sirven  á  los  chripstianos ,  é  mas  al 
Levante  está  el  puerto  dicho  Guaygata, 
desdel  qual ,  subiendo  todavía  la  costa 
arriba,  van  al  puerto  de  Antón,  que  es 
bueno  y  para  muchos  navios.  Assi  que 
esto  que  es  dicho  es  la  gircunferengia 
desta  isla,  en  que  podrá  aver  quassi  gien- 
to  é  ginqüenta  leguas,  pocas  mas  ó  me- 
nos, bojándola.  De  la  parte  del  Medio- 


DE  INDIAS.  LIB.  XVIII.  CAP.  I. 


581 


dia  tiene  las  islas  de  Sanct  Bernardo  é 
la  provincia  de  Cartajena  de  la  Tierra- 
Firme  ,  de  donde  dista  ? iento  é  veynte 
leguas ,  pocas  mas  ó  menos;  y  de  la  par- 
te del  Norte  tiene  la  isla  Fernandina  á 
veynte  é  ginco  leguas  lo  mas  gerca  á  la 
punta  de  los  Jardines.  É  por  la  parte  del 
Levante,  desde  la  punta  de  Morante  has- 
ta la  primera  tierra  de  la  Isla  Española, 
que  es  la  punta  del  Tiburón ,  puede  aver 
otras  veynte  é  ginco  leguas ,  como  se  di- 
xo  de  suso ;  y  al  Poniente  tiene  á  treyn- 
ta  é  ginco  leguas ,  pocas  mas  ó  menos, 
las  islas  que  llaman  de  los  Lagartos.  Pe- 
ro porque  estas  son  despobladas,  digo 
que  la  tierra  ocgidental  que  derechamente 
está  en  la  Tierra-Firme  del  Leste  al  Hues- 
te con  Jamáyca,  es  la  tierra  que  de  Yuca- 
tan  es  mas  próxima  á  la  bahia  de  la  As- 
gension.  Por  manera  questos  aledaños  é 
límites  que  he  dicho  tiene  esta  isla  de 
Jamáyca,  que  agora  se  llama  Sanctiago, 
la  qual  es  muy  fuerte ,  é  hay  en  ella  los 
árboles,  y  plantas,  é  hiervas  que  sedixo 
de  la  Isla  Española ;  é  la  gente  de  la  mis- 
ma manera  y  lengua,  y  desnuda.  Y  es 
tierra  abundante  en  todas  las  cosas  que 
se  ha  dicho  de  las  otras  islas ;  é  tiene  ri- 
cas minas ,  aunque  no  se  ha  sacado  tanto 
oro,  assi  porque  en  esta  isla  de  Jamáyca 
no  se  hallaron  minas  hasta  el  año  de  mili 
é  quinientos  é  diez  é  ocho ,  como  por  la 
falta  que  ovo  de  la  gente ,  que  assi  se 
murió  é  acabó  como  en  la  Española,  é  por 
las  mesmas  ocasiones  y  viruelas  peslilen- 
giales.  Sus  gerimonias  é  matrimonios  y 
manera  de  vida  y  sus  armas,  é  todo  lo  de- 
mas  fué  y  es  como  en  esta  Isla  Española. 
Los  ganados  se  han  hecho  muy  abundan- 
temente, assi  vacas,  como  ovejas  y  puer- 
cos y  caballos  de  los  que  se  truxeron  de 
Castilla :  en  espegial  de  los  puercos  hay 
mucha  moltitud  ,  y  los  montes  andan  lle- 
nos de  puercos  salvajes :  las  aguas  y  los 
pastos  son  muy  exgelentes..  La  tierra  es 
muy  sana  ,  y  no  tan  sin  montes  como  al- 


gunos han  dicho  y  escripto  sin  verla; 
pues  que  en  la  verdad  hay  muchos,  é  mu- 
chos rios  y  lagos  y  de  muy  buenos  y 
muchos  pescados  de  todas  las  maneras 
que  se  ha  dicho  que  los  hay  en  las  otras 
islas  pobladas  de  chripslianos.  Las  prin- 
gipales  granjerias  que  los  españoles  tie- 
nen en  Jamáyca  son  ganados  é  camise- 
tas, y  telas,  y  hamacas  ó'camas  de  al- 
godón, porque  hay  mucho  y  bueno.  É 
assi  mesmo  se  han  hecho  muy  bien  las 
cañas  dulges  ,  é  hay  un  muy  buen  inge- 
nio del  adelantado  Frangisco  de  Garay, 
que  él  hizo,  y  agora  es  de  sus  here- 
deros. 

El  primero  gobernador  que  passó  á  la 
isla  de  Jamáyca  fué  un  caballero,  llamado 
Johan  de  Esquivel ,  que  passó  á  estas 
partes  con  el  almirante  primero  don 
Chripstóbal  Colom ,  en  su  segundo  viaje, 
año  de  mili  y  quatrogientos  y  noventa  y 
tres  años:  al  qual  después  el  almirante 
segundo,  don  Diego  Colom,  lo  envió  por 
su  teniente  é  con  gente  á  conquistar  é 
pagiíicar  aquella  isla  desde  aquesta  Espa- 
ñola en  fin  del  año  de  mili  y  quinientos 
y  diez  y  nueve  años.  El  qual  hizo  su  ofQ- 
gio  como  buen  caballero  é  la  conquistó  é 
pagificó  é  puso  debaxo  de  la  obediencia 
de  la  corona  real  de  Castilla,  assi  por 
fuerga  de  armas  quando  convino  ,  como 
mansamente  sin  ellas  por  su  buena  in- 
dustria ,  excusando  de  verter  sangre  hu- 
mana ,  como  geloso  del  servigio  de  Dios 
y  de  la  manera  que  convenia  hagerse.  Des- 
pués de  lo  qual,  desde  á  tres  años  ó  poco 
mas  tiempo,  fallesgió  este  capitán,  y  el 
mismo  almirante  don  Diego  puso  en  su 
lugar  á  otro  hidalgo  dicho  Perea;  y  aques- 
te lo  fué  poco  tiempo ,  é  fué  removido 
del  cargo,  é  puso  el  almirante  á  un  hidal- 
go, natural  de  Burgos,  llamado  Camargo. 
Estando  las  cosas  en  este  estado,  fué  á 
España  Frangisco  de  Garay ,  alguagil  ma- 
yor desla  gibdad  ,  é  tomó  gierto  assiento 
con  el  Rey  Cathólico  don  Fernando ,  de 


582 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


gloriosa  memoria ,  para  entender  á  me- 
dias en  las  granjerias  de  los  ganados  é 
haciendas  quel  Rey  tenia  en  aquella  isla; 
é  Francisco  de  Garay  puso  los  suyos ,  é 
mandó  el  Rey  al  almirante  que  le  diesse 
poder  para  que  fuesse  alli  su  teniente  ,  y 
el  ¡almirante  se  lo  dio ,  assi  por  lo  man- 
dar el  Rey ,  como  porque  Frangisco  de 
Garay  era  muy  su  amigo  é  servidor  y  ca- 
sado con  una  parienta  suya,  y  era  de  los 
antiguos  pobladores  é  primeros  que  pas- 
saron  con  el  almirante  viejo ,  su  padre, 
á  estas  partes ,  año  de  mili  é  quatrogien- 
tos  é  noventa   y  tres.  Assi  como  esta 
compañia  fué  assentada ,  en  essa  misma 
sagon  fué  enviado  por  thesorero  de  la 
misma  isla  Johan  de  Maguelo ,  para  que 
resgibiesse  por  el  Rey  los  réditos  de  las 
granjerias  é  hagiendas  que  por  su  mitad 
le  pertenesgiessen.  Este  despacho  se  hizo 
en  Valladolid  ,  año  de  mili  é  quinientos  é 
trege:  después  de  lo  qual,  el  año  de  mili 
é  quinientos  é  diez  é  nueve,  envió  Fran- 
gisco  de  Garay  á  Bargelona  á  la  Qesárea 
Magestad  del  Emperador ,  nuestro  señor, 
un  criado  suyo ,  llamado  Johan  López  de 
Torralva,  con  giertas  muestras  de  oro,  lo 
qual  nunca  se  avia  hallado  en  aquella  is- 
la. Y   el  Emperador,  nuestro  señor,  le 
hizo  repartidor  de  los  indios;   é  se  tuvo 
por  muy  servido  de  Frangisco  de  Garay, 
y  al  mensagero  Torralva  hizo  Su  Magos- 
tad su  contador  de  la  isla.  Antes  desto 
Frangisco  de  Garay ,  por  su  industria  é 
granjerias ,  fué  en  esta  isla  de  Sancto  Do- 
mingo rico  hombre  é  muy  aprovechado, 
é  mucho  mas  lo  fué  después  con  esta 
compañia  que  tuvo  en  las  hagiendas  rea- 
les,   de   que  resultó  que  estando  muy 
próspero  destos  bienes  que  quita  y  dá  la 
fortuna ,  se  le  aumentaron  los  desseos  pa- 
ra su  perdigion,  de  que  subgedieron  sus 
trabaxos  é  muerte  ;  é  fué  de  aquesta  ma- 
nera. 

-    El  año  de  mili  é  quinientos  é  veyntey 
tres  Frangisco  de  Garay  hizo  una  muy 


buena  armada  de  navios  y  gente,  é  muy 
bien  provehida ,  para  passar  á  la  Tierra- 
Firme  á  poblar  en  el  rio  que  llaman  de 
las  Palmas  en  la  provingia  de  Panuco,  en 
lo  qual  se  dixo  que  le  fué  muy  contrario 
Hernando  Cortés ;  porque  cómo  supo  que 
el  Emperador  avia  hecho  á  Frangisco  de 
Garay  adelantado  é  gobernador  de  aque- 
lla tierra ,  adelantóse  él  á  la  poblar ,  é 
quando  passó  allá  Frangisco  de  Garay,  no 
le  quisieron  admitir  al  offigio  los  indios 
ni  los  chripstianos ,  é  quisieron  algunos 
degir  que  por  industria  de  Cortés  ,  aun- 
que él  dio  sus  descargos  en  ello.  En  fin, 
que  desbaratado  Frangisco  de  Garay,  fues- 
se á  la  cibdad  de  México  ,  donde  murió 
desde  á  pocos  dias.  Assi  que  y  do  Fran- 
gisco de  Garay,  quedó  la  isla  de  Jamáyca 
y  esta  en  gobernagion  del  mismo  almi- 
rante,  é  después  en  el  almirante  don 
Luis  Colom  é  sus  tenientes  é  ministros; 
porque  en  las  quatro  islas  pobladas  de 
chripstianos  que  he  dicho  ,  y  en  la  de 
Cubagua  ,  de  quien  adelante  se  tractará, 
tuvo  la  jurisdigion el  almirante;  pero  de- 
baxo  de  la  superioridad  de  la  Audiengia 
Real  y  Changilleria  que  en  esta  cibdad 
de  Sancto  Domingo  de  la  Isla  Española 
reside.  Y  esto  baste  quanto  á  la  conquis- 
ta é  gobernagion  de  Jamáyca  y  gente 
della:  en  la  qual  hay  dos  villas  pequeñas 
pobladas  de  chripstianos:  la  pringipal  se 
dige  Sevilla ,  y  está  de  la  vanda  del  Nor- 
te,  y  la  otra  se  llama  Oristan ,  y  está  de 
la  vanda  austral :  la  iglesia  pringipal  está 
en  Sevilla  y  con  título  de  abadia ,  y  en 
los  tiempos  atrás  llegó  á  ser  de  buena 
renta  en  tiempo  del  chronista  Pedro  Már- 
tir ,  que  la  tuvo  é  fué  abad  alli.  Agora  no 
renta  tanto ,  porque  como  en  otra  parte 
tengo  dicho ,  estas  novedades  é  nuevas 
de  las  riquegas  é  cosas  que  se  descubren 
cada  dia  en  la  Tierra-Firme,  han  apoca- 
do mucho  las  vegindades  de  las  islas  to- 
das; pero  no  en  méritos  de  ser  olvidada 
ni  tenida  en  poco  esta  isla  de  Sanctiago 


DE  INDIAS.  LIB.  XVIII.  CAP.  í. 


583 


ó  Jamáyca ;  porque  en  la  verdad  es  muy 
buena,  é  fértil,  y  sana,  y  de  buenas 
aguas,  y  concurren  en  ella  muchas  cosas 
para  la  estimar  por  muy  buena  tierra  y 
de  lindos  y  seguros  puertos ,  y  de  mu- 
chas y  grandes  pesquerias ,  é  todo  lo  que 
se  puede  desear  en  las  buenas  provingias 
de  Indias,  segund  las  cosas  que  acá  pro- 
ducen. Y  porque  la  perdigion  de  Francis- 
co de  Garay  fué  muy  notable ,  y  es  uno 
de  los  adelantados  que  en  estas  partes 
debaxo  deste  título  han  acabado  infelige- 
mente,  quando  se  tráete  de  las  cosas  de 
la  Nueva  España,  se  dirá  lo  demás  (por- 
que aqui  no  hage  al  propóssito  desta  isla 
mas  de  lo  que  se  ha  dicho)  y  que  alli  de- 


xó  mucha  hagienda  á  sus  herederos  y  un 
muy  buen  ingenio  de  agúcar  y  otras  ha- 
giendas.  É  también  era  heredado  en  es- 
ta gibdad  de  Sancto  Domingo  é  regidor 
della ;  pero  mucho  mas  perdió  é  gastó 
que  no  dexó ,  á  causa  de  aquel  su  cami- 
no y  armada ,  yendo  á  poner  su  persona 
é  ditado  en  aquella  provingia  de  Panuco, 
sin  la  qual  é  sin  la  vida  quedó  malgasta- 
do su  tiempo ,  la  hagienda  comida  con 
amigos  ingratos ,  dando  exemplo  á  los 
cuerdos  que  en  el  adelantado  Frangisco 
de  Garay  ,  y  en  el  adelantado  Diego  Ve- 
lazquez ,  y  en  el  adelantado  Johan  Pon- 
ge  de  León  é  otros  adelantados  é  capita- 
nes destas  partes  quisieren  poner  los  ojos. 


CAPITULO  II. 

De  otras  particularidades  de  la  isla  de  Sanctiago,  que  primero  se  llamó  Jamáyca ,  y  de  la  manera  que  los 

indios  tienen  pata  tomar  las  ánsares  bravas. 


JCin  los  ritos  é  gerimonias  de  la  gente 
de  la  isla  de  Sanctiago  no  hablo ,  porque 
como  he  dicho  en  todo  tenia  esta  gente 
la  costumbre  é  manera  que  los  indios  de 
la  isla  de  Hay  tí  y  de  Cuba;  é  assi  eran 
ydólatras  é  culpados  en  los  otros  sus  vi- 
gíes que  he  dicho ;  y  en  los  animales  y 
aves  y  pescados  é  agricoUura  é  manteni- 
mientos ,  y  en  todo  lo  demás ,  y  por  esto 
no  me  deterné ,  por  no  dar  pesadumbre 
al  letor,  con  degirle  lo  mismo  que  en 
los  libros  pregedentes  podrá  aver  visto. 
É  assi  tenian  é  tienen  las  mismas  casas 
de  morada,  é  todos  aquellos  árboles  y 
fructas  que  he  dicho.  Pero  porque  donde 
tráete  en  el  libro  XIII  de  la  manera  que 
los  indios  tenian  en  tomar  los  manatís  é 
las  tortugas  con  el  pexe  reverso,  dixe  to- 
do lo  que  aqui  se  podría  degir,  no  lo  tor- 
no á  repetir ;  mas  soy  informado  que  Ja- 
máyca es  la  isla,  donde  mas  se  continuó 
aquella  forma  de  nueva  pesquería ,  jamás 
visto  ni  oydo  tal  arte  sino  en  estas  Indias 
é  islas ;  é  también  hagen  inventores  á  los 


indios  de  Jamáyca  ó  Sanctiago  de  aque- 
lla sotil  y  gragíosa  invengion  que  tienen 
para  tomar  las  ánsares  bravas,  lo  qual 
es  de  aquesta  manera. 

En  el  tiempo  que  es  el  passo  destas 
aves,  passan  muchas  é  muy  grandes  com- 
pañías deltas  por  aquella  isla;  y  cómo 
hay  en  ella  algunas  lagunas  y  estaños, 
quando  se  posan  en  tierra  para  su  pasto 
é  descanso,  assiéntanse  á  par  destos  la- 
gos. É  los  indios  que  por  alli  gerca  vi- 
ven echan  en  el  agua  unas  grandes  ca- 
labagas  vagias  y  redondas  que  se  andan 
algunos  dias  por  engima  del  agua ,  y  el 
viento  las  lleva  de  unas  partes  á  otras  é 
las  trae  á  las  orillas  ó  costa  de  tierra.  Las 
ánsares  al  pringipío  se  escandalígan  é  le- 
vantan y  se  apartan  de  las  calabagas, 
viéndolas  mover;  pero  como  veen  que 
no  les  viene  daño  de  su  movimiento,  po- 
co á  poco  pierden  el  miedo ;  y  de  día  en 
dia,  domesticándose  con  las  calabagas, 
descóydanse  tanto  que  se  atreven  á  su- 
bir muchas  destas  ánsares  engima  de  las 


584 


HISTORIA  GENERAL  Y   NATURAL 


calabagas.  É  assi  se  andan  con  el  viento 
sobre  ellas  á  una  parte  y  á  otra ,  segund 
el  ayre  las  mueve ;  é  quando  los  indios 
veen  y  conos^en  que  las  ánsares  están 
ya  muy  asseguradas  é  domésticas  de  la 
vista  y  movimiento  é  uso  de  las  calaba- 
gas  ,  pónese  el  indio  una  calabaza  tal  co- 
mo aquellas  en  la  cabega  hasta  los  hom- 
bros ,  y  todo  lo  demás  de  la  persona  tie- 
ne debajo  del  agua ,  y  por  un  agujero 
pequeño  mira  á  donde  están  las  ánsares: 
é  pónese  junto  á  ellas,  é  salta  alguna  en- 
gima;  é  cómo  él  la  siente,  apártase  muy 
passo,  si  quiere,  nadando  sin  ser  enten- 
dido ni  sentido  de  la  que  lleva  sobre  sí 
ni  de  otra  (  porque  en  nadar  está  gente 
é  indios  son  de  mas  habilidad  de  lo  que 
se  puede  penssar  de  hombres);  y  quando 
está  alsro  desviado  de  las  otras  ánsares, 
y  le  paresge  que  es  tiempo  ,  saca  la  ma- 
no y  ásela  por  las  piernas  y  métela  de- 
baxo  del  agua  y  ahógala  y  póneselá  en 
la  ginta ,  é  torna  de  la  misma  manera  á 
tomar  otra  y  otras.  Y  desta  forma  y  arte 
toman  los  indios  mucha  cantidad  dellas. 
También  sin  se  desviar  de  alli,  assi  co- 


mo se  le  assienta  engima ,  la  toma  como 
he  dicho  y  la  mete  debaxo  del  agua  y  se 
la  pone  en  la  ginta,  sin  que  las  de  demás 
se  vayan  ni  espanten ,  porque  pienssan 
que  aquellas  tales  se  hayan  ellas  mismas 
gabullido  por  tomar  algún  pescado.  Y 
desía  causa  no  se  alteran  ni  dexan  los  in- 
dios de  tomar  muchas.  Passando  yo  por 
aquella  isla,  comí  algunas  ánsares  assi  en- 
gañadas ,  é  son  muy  buen  manjar :  las 
quales  son  pequeñas  y  blancas ,  é  como 
he  dicho ,  en  tiempo  del  passo  dellas  hay 
innumerables ;  pero  también  entre  el  año 
se  hallan  algunas.  Y  también  las  toman 
algunas  veges ,  enramándose  el  indio  la 
cabega  muy  bien ,  y  llégase  nadando  á  la 
orilla  de  la  laguna  dó  están  las  ánsares, 
y  no  falta  alguna  que  se  suba  sobre  las 
ramas  quel  indio  lleva  en  su  guirnalda, 
creyendo  que  es  verdura  ó  géspede  de  la 
misma  vera  del  agua ,  é  cómo  la  siente 
acude  tan  presto  con  la  mano  que  queda 
presa  de  la  misma  manera  que  las  suelen 
tomar  con  las  calabagas,  como  aquí  está 
dicho. 


CAPITULO  III. 

Cómo  el  licenciado  Gil  Goncalez  Dáviia  fue  á  tomar  las  cuentas  ó  residenQia  á  la  justicia  é  officiales  de  la 
isla  de  Jamáyca  por  mandado  de  Sus  Magestades. 


til  año  de  mili  é  quinientos  é  treynta 
y  tres  llegó  á  esta  cibdad  de  Sancto  Do- 
mingo de  la  Isla  Española  un  caballero 
letrado ,  natural  de  Toledo ,  llamado  el 
ligengiado  Gil  Gongalez  Dáviia ,  hombre 
de  generosa  y  clara  sangre,  que  por 
mandado  de  Sus  Magestades  avia  ydo  con 
el  capitán  Diego  de  Ordás  á  la  conquista 
del  rio  Marañen ,  que  es  en  la  costa  de 
Tierra-Firme :  la  qual  empresa  ovo  infe- 
lige  evento  y  conclusión ,  y  el  mismo  Or- 
dás ,  yendo  á  España  después  de  sus  tra- 
bajos ,  murió  en  la  mar  por  acabar  con 
ellos,  como  mas  largamente  se  dirá  en 


la  segunda  parte  desta  Natural  historia, 
Y  cada  uno  de  los  que  quedaron  vivos  ti- 
ró por  su  parte;  é  assi  vino  á  esta  cibdad 
este  caballero ,  el  qual  desde  aqui  fue  el 
mismo  año  por  mandado  de  Su  Magestad 
y  Consejo  Real  de  Indias  á  la  isla  de  Sanc- 
tiago  á  tomar  residengia  al  teniente  é  jus- 
tigias  que  alli  hay  por  el  almirante  don 
Luys  Golom ,  y  á  tomar  cuenta  de  la  Ha- 
gienda  Real  al  thesorero  Johan  de  Magüe- 
to é  al  contador  Johan  López  de  Torral- 
va ,  porque  se  degia  que  avia  mucha  nes- 
gessidad  dello ;  y  que  Su  Magestad ,  in- 
formado desto ,  mandaba  que  este  ligen- 


DE  INDIAS.  LIB.  XVIII.  CAP.  III. 


585 


giado  fuesse  á  lo  que  es  dicho.  Y  aun 
porque  en  la  verdad  los  oficiales  que 
mucho  tiempo  se  dexan  olvidar  en  los 
cargos  donde  los  intereses  y  ganangias 
son  continuas,  tienen  nesgessidad  de  ser 
visitados  y  corregidos,  y  en  esta  Audien- 
gia  Real  avian  venido  muchas  quexas  de- 
llos.  É  assi  passó  á  aquella  isla  el  ligen- 
giado  Gil  Gongalez  á  lo  que  aqui  digo ,  y 


para  la  reformagion  de  la  justigia  y  cor- 
region  de  los  ofigiales  é  cuenta  que  se 
les  tomó  donde  el  caso  lo  pedia.  É  con 
tanto  se  dá  conclusión  á  la  historia  de  Ja- 
máyca ,  ó  isla  que  agora  llamamos  Sanc- 
tiago.  Y  aun  assi  mismo  concluyó  su  vida 
en  aquella  isla  el  mismo  ligengiado  Gil 
Gongalez  Dávila,  exergiendo  su  cargo  é 
sirviendo  á  su  Rey. 


TOMO  I. 


74 


Este  es  el  libro  dégimo  nono  de  la  Natural  y  general  historia  de  las  Indias, 
islas  y  Tierra-Firme  del  mar  Océano:  el  qual  tracta  de  las  islas  de  Cubagua  é  la 
Margarita. 


PROHEMIO. 


11  o  hizo  Dios  cosa  inútil  ó  sin  provecho. 
Vido  Dios  todo  lo  que  hizo  é  todo  fué  bue- 
no é  por  él  aprobado  *.  Délo  qual  pode- 
mos colegir,  y  vérnoslo  en  efeto,  que  en 
las  provincias  que  paresgen  desiertas  y 
estériles  en  estas  partes  é  Indias  (y  en 
todo  el  universo),  hay  otros  secretos 
y  utilidades  y  abundancia  de  cosas  que 
en  las  regiones  estimadas  por  fertilíssi- 
mas  se  dessean  y  son  de  mucha  estima- 
gion  y  presgio.  Vemos  la  tierra  cubierta 
(en  algunos  lugares)  de  gargas,  abrojos  y 
espinos;  hallamos  en  sus  entrañas  ricos 
mineros  de  plata  y  oro  y  otros  metales  y 
provechos.  Quanto  mas  que  essos  raes- 
mos  abrojos ,  gargas  ó  espinos  que  dixe 
de  suso ,  no  caresgen  de  algunas  virtu- 
des y  propriedades ,  á  que  sirven  é  son 
convinientes. 

Muchos  campos  silvestres  é  ásperas 
montañas  é  partes  deshabitadas  é  terre- 
nos sin  pastos  para  los  ganados  están  cu- 
biertos de  orchilla,  para  dar  tinta  á  los 
paños,  ó  con  arboledas  muy  provecho- 


sas á  otros  efetos.  No  hay  cosa  errada  ni 
mal  compuesta  en  la  natura,  por  quel 
Maestro  y  Hagedor  della  no  pudo  errar, 
ni  hizo  cosa  desconviniente  ó  sin  prove- 
cho ,  pues  que  hasta  en  las  pongoñas  y 
cosas  nogivas  hay  secretos  medeginales  y 
exgelentes  propriedades ;  y  quanto  son 
mas  varias  y  diferentes,  tanto  es  mas  her- 
mosa la  natura.  Aquella  serpiente  dicha 
tiro  ^,  cuyo  bocado  se  dige  ser  sin  reme- 
dio ,  es  apropriada  medegina  contra  to- 
das pongoñas ,  como  se  vé  y  está  averi- 
guado, que  puesta  en  aquella  mixtura  de 
cosas  contra  pongoña  (á  la  qual  cumpu- 
sigion  llaman  triaca  ó  tiriaca)  una  peque- 
ñíssiraa  parte  del  tiro  mezclada  con  las 
otras  medeginales ,  las  lleva  todas  al  co- 
ragon ,  por  su  propriedad  que  es  yr  lue- 
go alU,  é  pone  salud  y  remedio  con  la 
compañía  que  lleva ,  y  guaresge  al  que 
ella  sola  mataría.  Búscase  de  las  culebras 
el  unto;  del  perro  que  muerde  los  pelos. 
É  assi  al  propóssíto  sabiendo  usar  de  la 
propriedad  de  tales  secretos  ninguna  co- 


1     Vidit  que  Deus  cuneta  quce  fecerat ,  el  erant 
valde  tono.— Genes.,  cap.  I. 


2    Plin.,  lib.  VJII,  cap.  23. 


DE  INDIAS.  LIB.  XIX.  PROHEMIO. 


587 


sa  se  halla  tan  mala  ni  desaprovechada 
de  quantas  cria  natura  que  en  algo  dexe 
de  aprovechar.  Assi  á  este  propóssito  ha- 
blaré en  aqueste  libro  XIX  en  la  isla  de 
Cubagua,  la  qual  es  muy  pequeña  y  es- 
terilíssima  é  sin  gota  de  agua  de  rio  ni 
fuente,  ni  lago  ó  estaño;  y  con  esla  y 
otras  dificultades ,  sin  aver  en  ella  don- 
de se  pueda  sembrar  ni  hager  manteni- 
miento alguno  para  servigio  del  hombre, 
ni  poder  criar  ganados,  ni  aver  algún 
pasto;  está  habitada  y  con  una  gentil  re- 
pública que  se  llama  la  Nueva  cibdad  de 
Cáliz.  Y  ha  seydo  tanta  su  riqueza,  que 
tanto  por  tanto  no  ha  ávido  en  las  Indias 
cosa  mas  rica  ni  provechosa  en  lo  que 
está  poblado  de  los  chripstianos ,  é  no 
tiene  mas  espagio  ó  territorio  de  tres  le- 
guas de  circunferengia  (poco  mas  ó  me- 
nos) ,  é  digen  muchos  que  lo  pueden  bien 
saber  que  desde  el  año  de  mili  é  quatro- 
gientos  é  noventa  y  seys  años,  que  fué 
por  el  primero  almirante  don  Chripstóbal 
Colom  descubierta ,  hasta  agora ,  se  ha 
ávido  de  provecho  en  esta  isla  tanto  va- 
lor de  perlas  é  aljóphar,  que  han  monta- 
do los  quintos  é  derechos  reales  y  el  va- 
lor que  á  personas  particulares  ha  redun- 
dado de  la  abundangia  é  grandíssima  can- 
tidad dellas  (que  alli  se  han  sacado),  que 
es  grandíssima  la  estimagion  é  presgio 
que  esta  granjeria  ha  tenido.  El  qual  exer- 
gigio  alli  se  exergita  quotidianamente. 
Mas  porque  la  historia  lleve  su  orden,  di- 
ré de  su  descubrimiento  lo  que  he  podido 
comprehender  y  ha  venido  á  mi  notigia 
desta  isla;  y  también  será  fecha  men- 
gion  de  otras  islas  y  costas  de  mar,  don- 
de en  estas  Indias  se  hallan  perlas,  y  de 
algunas  perlas  particulares  y  de  presgio 
que  se  han  hallado ,  porque  en  este  gé- 
nero de  historia  no  nos  quede  para  ade- 
lante que  degir  ni  replicar ,  salvo  señalar 


las  provingias  ó  partes  donde  se  hallan 
perlas,  quando  dellas  se  escriba ;  porque 
assi  en  el  pescarlas,  como  en  otras  parti- 
cularidades,  todo  es  una  mesma  cosa. 

Verdad  es  que  los  nacarones  son  una 
gierta  é  diferengiada  manera  de  conchas 
en  que  assi  mismo  nasgen  perlas  é  aques- 
tos no  se  hallan  en  toda  la  isla  ni  en  to- 
da la  costa  de  la  Tiera-Firme  opuesta  á 
la  vanda  del  Norte;  pero  de  la  otra  par- 
te que  mira  la  costa  della  á  la  vanda  del 
Sur  ó  Mediodía  hay  muchos  en  muchas 
partes.  Y  aunque  se  diga  algo  dellos,  no 
se  crea  disconviniente  á  la  materia  de 
las  perlas,  pues  que  también  las  hallan 
é  nasgen  en  estos  nacarones :  los  quales 
no  solamente  sirven  á  los  indios  con  las 
perlas  y  pescado  que  tienen,  poro  de 
agadas  y  palas  para  cultivar  sus  campos 
é  heredamientos  é  huertos,  como  se  dirá 
mas  largamente  en  su  lugar.  Assi  que,  el 
letor  tenga  atengion ,  porque  aunque  Pli- 
nio  habla  largamente  de  las  perlas  * ,  y 
el  Alberto  Magno  en  el  De  proprieíatibus 
rerum  ^,  é  Isidoro  en  sus  Ethimologias  ', 
(donde  los  curiosos  podrán  ver  muchas 
cosas  desta  materia  que  aqui  yo  repitiré), 
diré  otras  de  que  ninguno  destos  exge- 
lentes  auctores  higieronmengion,  ni  otro 
auctor  alguno  de  los  que  yo  he  leydo ;  y 
podré  como  testigo  de  vista  hablar  en 
esto,  porque  hasta  el  tiempo  pressente, 
pocos  ó  ningunos  de  los  que  han  passado 
á  estas  partes  han  tenido  mejores  perlas 
que  yo  en  algunas  piegas  señaladas  en 
que  perdí  dineros  de  Ío  que  me  costaron, 
porque  no  las  pude  sostener  en  mi  po- 
der por  algunas  nesgessidades  que  me 
ocurrieron.  Y  estas  joyas  tales  no  se  han 
de  vender  sino  á  quien  las  busca ,  y  no 
buscando  á  quien  las  compre ,  como  yo 
lo  hige.  Esto  todo  se  dirá  adelante. 

Volvamos  al  descubrimiento  de  Cubagua 


i    Plin.,rib.  IX,  cap.  3». 

2    De  prop.  rerum,  lib.  XVI,  cap.  62. 


3    Isid,,  lib.  XVI  ,  cap.  10. 


588 


HISTORIA  QENERAL  Y  NATURAL 


y  sus  perlas ,  porque  alli  se  han  hallado  en      guna ,  é  alli  se  vieron  las  primeras  en  estas 
mucha  cantidad  mas  que  en  otra  parte  al-      nuestras  Indias,  de  quien  aqui  se  tracta. 

CAPITULO  I. 

Del  descubrimiento  de  la  isla  de  Cubagua ,  donde  se  pescan  las  perlas ,  y  donde  se  vieron  [  rimero  en  estas 
Indias ,  y  cómo  tuvieron  noticia  dellas  los  españoles. 


Jbil  tergero  viaje  é  descubrimiento  que 
hizo  el  primero  almirante  destas  Indias, 
don  Chripstóbal  Colom ,  fué  el  año  de 
mili  é  quatroQientos  é  noventa  é  seys 
años ,  el  qual  en  el  mes  de  margo  partió 
de  la  bahia  de  Cáliz  con  seys  caravelas 
muy  bien  armadas  (como  se  dixo  en  el 
libro  III),  de  las  quales  en  la  prose- 
cugion  de  su  camino  envió  las  tres  de- 
llas á  esta  Isla  Española,  é  con  las  otras 
tres  continuó  su  descubrimiento.  Con  esta 
armada ,  fecho  el  almirante  á  la  vela  des- 
de la  isla  de  Cáliz ,  tomó  puerto  desde  á 
pocos  dias  en  las  islas  de  Canaria ,  don- 
de se  proveyó  de  agua  y  leña  é  otras  co- 
sas para  su  viaje ,  y  desde  alli  corrieron 
en  demanda  de  las  islas  de  Antón ,  que 
comunmente  se  llaman  de  Cabo  Verde, 
que  son  las  mismas  que  los  antiguos  cos- 
mógraphos  llaman  las  Gorgades,  puesto 
que  algunos  digen  que  se  llaman  las  Hes- 
pérides :  lo  qual  yo  niego ,  afirmándome 
en  aquella  auctoridad  é  auctoridades  que 
alegué  en  el  libro  11,  capítulo  III,  por 
donde  se  prueba  sufigienteraente  que 
las  Hespérides  son  estas  islas  de  nuestras 
ludias.  Pero  dexemos  esso  aparte. 

Tornando  al  propóssito,  digo  que  des- 
de las  islas  del  Cabo  Verde  el  almirante 
con  sus  tres  navios  corrió  alSudueste  hasta 
giento  é  ginqüenta  leguas ,  segimd  dige  el 
piloto  Hernán  Pérez  Mattieos  (que  hoy  vi- 
ve é  está  en  esta  cibdad),  é  tomólesdes- 
pues  una  tormenta  que  les  puso  en  tanta 
nesgessidad,  que  cortaron  los  másteles 
de  las  raesanas  y  echaron  á  la  mar  mu- 
cha parte  de  la  carga;  y  se  vieron  en 


tanto  peligro  que  se  penssaron  perder ,  y 
corrieron  al  Nor-norueste ,  y  fueron  á  re- 
conosger  la  isla  de  la  Trinidad.  Pero  esta 
tormenta   que   el  piloto   Hernán  Pérez 
cuenta,  no  la  aprobaba  assi  don  Fer- 
nando Colom ,  hijo  del  almirante ,  que  se 
halló  en  el  mismo  viaje  con  su  padre :  el 
qual  me  dixo  que  el  trabáxo  en  que  se 
vieron  fué  de  calmas  é  calor  tan  grande, 
que  la  vasija  se  les  abria  y  el  trigo  que 
llevaban  se  les  podria  ,  y  de  nesgessidad 
alijaron  é  se  arredraron  de  la  equinogial. 
Paresge  que  quien  oyere  degir  que  se 
apartaron  de  la  equinogial  por  la  calor, 
que  es  aprobar  la  opinión  falsa  que  los 
antiguos  tovieron ,  que  degian  que  la  tór- 
rida gona  (que  es  la  misma  equinogial) 
es  inhabitable  por  el  exgesivo  calor  del 
sol ;  y  adelante  quando  se  tráete  de  la 
mar  austral ,  tengo  de  mostrar  é  escrebir 
que  debaxo  de  la  línia  ó  tórrida  gona  é 
á  par  della,  desta  é  de  la  otra  parte  es 
habitada,  pues  cada  dia  nuestros  espa- 
ñoles passan  del  un  trópico  al  otro.  Digo 
que  don  Hernando   Colom  degia  bien, 
porque  en  la  mar  por  do  quiera  que  pas- 
se  la  dicha  equinogial  é  gerca  della  desta 
ó  de  la  otra  parte  no  hay  dubda ,   sino 
que  hay  mucha  calor;  é  assi  por  esta 
causa ,  como  él  degia ,  se  apartarían  della 
en  este  camino.  Pero  en  tierra,  por  don- 
de passa  la  misma  línia  del  equinogio, 
proveyó  el  que  todo  lo  ordenó ,  que  es 
Dios ,  de  poner  por  alli  tales  montañas  é 
sierras,  que  no  solamente  están,  pero  á 
causa   dellüs  é  del  ayre  son  templadas 
las  provingias  é  regiones  por  do  passa  la 


DE  INDIAS.  LIB.  XIX.  CAP.  I. 


589 


tórrida  gona:  mas  aun,  no  faltan  nieves  é 
yelos  grandes  en  algunas  partes  della 
é  de  lo  que  le  es  circunstante.  Y  esto  es 
lo  que  no  entendieron  los  antiguos ,  por 
lo  qual,  fundándose  como  naturales,  les 
paresgia  debitamente  que  no  podia  ser 
habitada  la  dicha  equinogial  por  la  mu- 
cha fuerga  del  sol. 

Tornemos  á  nuestra  historia ,  porque 
en  essotra  materia ,  como  digo ,  quan- 
do  lleguemos  á  la  equinogial ,  se  dirá 
della  mas  largamente  lo  que  está  visto 
é  se  vee  cada  dia  por  nuestros  españo- 
les. Assi  que,  reconosgiendo  la  isla  de 
la  Trinidad,  dige  don  Hernando  que  este 
nómbrele  puso  el  almirante,  porque  lle- 
vaba pensamiento  de  nombrar  assi  la  pri- 
mera tierra  que  hallase ,  é  siguióse  que 
vieron  á  un  tiempo  tres  montes  gercanos 
ó  al  paresger  poco  distantes  unos  de  otros, 
é  llamó  é  nombró  á  la  isla  la  Trinidad ,  y 
passó  por  aquel  embocamiento  é  llamóle 
boca  del  Drago,  é  vióse  la  Tierra-Firme 
luego  y  mucha  parte  de  la  costa  della,  co^ 
mo  mas  largamente  en  otro  lugar  lo  tengo 
dicho.  É  desde  la  punta  de  las  Salinas  en 
Tierra-Firme  (dó  es  esta  boca  del  Drago, 
que  está  en  diez  grados  de  la  línia  equino- 
gial  á  la  parte  de  nuestro  polo  ártico)  corrió 
el  almirante  por  la  costa  de  Tierra-Firme 
al  Ocgidentey  reconosgió  otras  islas ,  co- 
mo lo  tengo  dicho  en  el  hbro  III.  De  alli 
passó  adelante  y  descubrió  la  Isla  Rica, 
llamada  Cubagua  ( de  la  qual  aqui  se  trac- 
ta),  que  los  chripstianos  al  pressente  lla- 
man Isla  de  las  Perlas,  donde  después 
de  algunos  años  se  fundó  la  nueva  cib- 
dad  de  CáUz,  é  alli  es  la  pesquería  de 
las  perlas.  Junto  á  esta  isla  está  otra  ma- 
yor, llamada  la  Margarita,  porque  assi  la 
nombró  el  almirante. 

Hay  desde  la  punta  de  las  Salinas  has- 
ta la  isla  de  Cubagua  ginqüenta  leguas  al 
Poniente,  y  es  pequeña  isla ,  y  terna,  co- 
mo tengo  dicho,  de  gircunferengia  tres 
leguas  poco  mas  ó  menos ,  é  de  longitud 


una  y  media,  y  de  latitud  una  pequeña. 
Dista  de  la  grand  costa  de  Tierra-Firme 
quatro  leguas  á  la  primera  tierra  de  la 
provingia  que  se  dige  Araya.  Y  porque 
en  esta  isla  de  Cubagua  (como  se  dixo 
en  el  prohemio )  no  hay  agua ,  los  que 
alli  viven  passan  por  ella  á  la  Tierra-Fir- 
me ,  al  rio  que  llaman  Cumaná ,  que  es  » 
á  siete  leguas  de  la  nueva  Cáliz  (cosa  en 
la  verdad  trabaxosa);  mas  con  la  ganan - 
gia  todas  essas  nesgessidades  comportan 
los  hombres  á  propóssito  de  sus  intereses. 

Está  Cubagua  diez  grados  é  quassi  me- 
dio mas  desviada  de  la  equinogial  en 
nuestro  horigonte;  y  desde  ella  á  esta 
cibdad  de  Sancto  Domingo  desta  Isla  Es- 
pañola puede  aver  giento  y  seplenta  le- 
guas ó  giento  é  ochenta ,  pocas  mas  ó 
menos.  Está  Norte  Sur  con  la  isla  de 
Sancta  Cruz  de  los  Caribes  á  giento  y 
diez  leguas ,  la  qual  isla  de  Sancta  Cruz 
está  en  la  vanda  del  Norte.  Por  la  parte 
de  Mediodía  tiene  la  Tierra-Firme  á  qua- 
tro leguas  lo  mas  gercano  della ,  é  veyn- 
te  é  ginco  leguas  al  Poniente  tiene  la  isla 
Poregari.  Assi  que,  esto  que  he  dicho, 
es  su  assiento  é  límites  é  aledaños;  pero 
la  tierra  mas  propinqua  de  Cubagua  es  la 
isla  Margarita,  que  he  dicho  que  está 
una  legua  della,  á  la  vanda  del  Norte. 

Todo  lo  demás  que  en  este  tergero 
viaje  descubrió  el  almirante  ,  queda  di- 
cho en  el  III  libro  desta  primera  par- 
te, e  no  hay  nescessidad  de  tornarlo  á 
repetir  aqui ,  sino  lo  que  hace  al  pro- 
póssito destas  dos  islas  de  Cubagua  e 
Margarita ,  hagiendo  relagion  de  la  ma- 
nera y  ocasión  por  donde  se  supo  que 
avia  perlas  alli,  lo  qual  fué  desta  forma. 

Assi  como  el  almirante  surgió  á  par  de 
Cubagua  con  sus  tres  caravelas ,  mandó 
á  giertos  marineros  salir  en  una  barca  y 
que  fuessen  á  una  canoa  que  andaba  pes- 
cando perlas,  la  qual,  como  vido  que  los 
chripstianos  yban  á  ella ,  se  recogió  há- 
gia  la  tierra  de  la  isla ;  y  entre  otros  ki- 


590 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


dios  vieron  una  muger  que  tenia  al  cue- 
llo una  gran  cantidad  de  hilos  de  aljóphar 
y  perlas ,  grueso  el  aljóphar  (porque  de 
lo  menudo  no  hagian  caso  los  indios,  ni 
tenian  arte  ni  instrumento  tan  sotil  con 
que  lo  horadar).  Estonces  uno  de  aque- 
llos marineros  tomó  un  plato  de  barro  de 
los  de  Valencia  (que  también  llaman  de 
Málaga),  que  son  labrados  de  labores  que 
relugen  las  figuras  y  pinturas  que  hay  en 
los  tales  platos ,  y  hízoie  pedagos ,  y  á 
trueco  de  los  cascos  del  plato  rescataron 
con  los  indios  é  india  giertos  hilos  de 
aquel  aljóphar  grueso :  e  cómo  les  pa- 
resgió  bien  á  aquellos  marineros,  llevá- 
ronlo al  almirante,  el  qual,  como  enten- 
dió el  negogio  mas  profundamente,  pens- 
só  de  lo  disimular ;  pero  no  le  dio  lugar 
el  plager  que  ovo  en  verlo ,  é  dixo:  «Di- 
go os  que  estáis  en  la  mas  rica  tierra  que 
hay  en  el  mundo,  y  sean  dadas  á  Dios 
muchas  gragias  por  ello.»  É  tornó  á  en- 
viar la  barca  con  otros  hombres  á  tierra, 
é  mandóles  que  rescatassen  tanto  aljó- 
phar ó  perlas  quanto  cupiesse  en  una  es- 
cudilla á  trueco  de  otro  plato  hecho  pe- 
dagos,  como  el  que  es  dicho,  y  de  algunos 
cascaveles.  Y  llegados  á  la  isla  rescata- 
ron con  aquellos  pescadores  hasta  ginco 
ó  seys  marcos  de  perlas  y  aljóphar,  todo 
mezclado,  de  la  forma  que  los  indios  lo 
pescan ,  grueso  y  menudo ;  y  tomó  el  al- 
mirante aquellas  perlas  para  las  llevar  él 
ó  las  enviar  á  España  á  los  Reyes  Gathó- 
licos,  don  Fernando  é  doña  Isabel,  de 
gloriosa  memoria.  É  no  se  quiso  detener 
alli  por  no  dar  ocasión  que  los  marineros 
y  la  gente  que  con  él  yban  se  cebassen 
en  el  desseo  y  cobdigia  de  las  perlas, 
penssando  de  tener  la  cosa  secreta  hasta 
en  su  tiempo  é  quando  conviniesse.  É  si 
quisiera  pudiera  rescatar  entonges  media 
anega  de  perlas ,  segund  dige  el  piloto 
Hernán  Pérez  Matheos,  que  aqui  está:  el 
qual  afirma  que  vido  tanta  ó  mas  canti- 
dad dellas;  pero  no  quiso  el  almirante 


dar  lugar  á  ello.  Pues  como  en  los  mari- 
neros hay  poco  secreto ,  quando  después 
algunos  de  los  que  alli  se  agertaron  vol- 
vieron á  España,  publicaron  lo  que  es  di- 
cho en  la  villa  de  Palos ,  de  donde  á  la 
sagon  eran  los  mas  de  los  marineros  que 
andaban  en  estas  partes.  É  súpose  assi 
mismo  en  Moguer,  é  salieron  de  alli  gier- 
tos armadores,  veginos  de  aquella  villa, 
que  lo  alcangaron  á  saber ,  llamados  los 
Niños ,  entre  los  quales  era  un  Per  Alfon- 
so Niño ;  y  con  una  nao  ,  tomando  consi- 
go para  esto  algunos  de  los  que  se  halla- 
ron con  el  almirante,  quando  avia  descu- 
bierto aquella  isla  de  las  perlas,  fué- 
ronse  á  ella  y  rescataron  muchas  é  tor- 
náronse ricos  á  España  (si  pudieran  salir 
con  su  salto).  Verdad  es  que  este  Per  Al- 
fonso tuvo  ligengia  para  venir  á  estas 
partes  á  descobrir;  pero  diósele  con  con- 
digion  que  no  se  allegasse  á  lo  quel  al- 
mirante oviesse  descubierto  con  ginqüen- 
ta  leguas,  lo  qual  no  guardó,  antes  se 
fue  derechamente  á  lo  que  estaba  ya  sa- 
bido ,  é  hizo  su  rescate ;  é  quando  dio  la 
vuelta  para  Europa  aportó  en  Galigia,  don- 
de estaba  por  visorey  Hernando  de  Vega, 
señor  de  Grajal  (que  después  fue  comen- 
dador de  Castilla  de  la  Orden  militar  é 
caballería  de  Sanctiago);  y  entre  los  que 
yban  con  el  Per  Alfonso  ,  tovieron  algu- 
nas diferengias  con  él ,  é  degian  que  no 
avie  partido  bien  con  ellos  el  rescate  é 
perlas,  ni  al  Rey  avia  dado  el  quinto  su- 
yo, como  se  le  avie  de  dar.  De  forma  qu  e 
llegó  á  notigia  del  visorey  é  mandóle 
prender  é  tomó  á  él  é  sus  consortes  las 
perlas  y  el  navio ,  como  á  personas  que 
no  avian  guardado  la  forma  de  la  ligen- 
gia, y  envióle  preso  ala  corte  al  Per  Al- 
fonso é  algunos  de  los  otros ,  donde  con 
mucho  trabaxo  ovieron  su  deliberagion. 
Dende  en  adelante  se  puso  grand  recabdo 
en  la  isla. 

Quisieron  algunos  degir  que  para  la 
auctoridad  é  confianga  del  almirante  fue 


DE  INDIAS.  LIB.  XIX.  CAP.  I. 


59 


mucho  desvio  este  descubrimiento  de  las 
perlas ,  porque  digen  que  se  supo  en  Es  - 
paña  por  los  marineros  que  con  él  se 
bailaron,  quando  descubrió  á  Cubagua  é 
las  perlas,  y  por  cartas  de  personas  par- 
ticulares antes  que  por  las  suyas ,  lo  qual 
otros  niegan. 

Aquel  Per  Alfonso  Niño  é  sus  compa- 
ñeros llevaron  hasta  ginqüenta  marcos  de 
perlas  que  rescataron  á  trueco  de  alfile- 
res y  cascaveles  y  cosas  semejantes  de 
poco  valor,  y  muchas  de  aquellas  perlas 
eran  muy  buenas  é  orientales  é  redon- 
das, aunque  pequeñas,  porque  ninguna 


(scgund  yo  oy  degir  al  mismo  comenda- 
dor mayor)  avia  que  llegasse  á  ginco 
quilates. 

Alli  en  aquella  provincia  de  Cubagua 
é  por  aquella  costa  de  Tierra-Firme  lla- 
man á  las  perlas  thenocas  é  también  las 
digen  cogixas,  é  otros  nombres  también 
les  dan  por  las  muchas  y  diferengiadas 
lenguas  de  aquella  costa  é  islas.  Y  esto 
baste  quanto  al  descubrimiento  de  Cu- 
bagua ,  é  á  la  notigia  que  primeramente 
ovieron  los  chripstianos  de  las  perlas  en 
estas  partes. 


CAPITULO    II. 

De  oirás  muchas  parlicularidades,  c  algunas  dellas  muy  notables ,  de  la  isla  de  Cubagua;  ^  de  una  fuente 
de  betún  que  alli  hay  de  un  licor  natural,  que  algunos  llaman  petrolio,  é  otros  le  dicen  stercus  demonis,  é 

los  indios  le  dan  otros  nombres. 


J^a  isla  de  Cubagua,  como  tengo  di- 
cho ,  es  pequeña ,  é  puede  bojar  tres  le- 
guas ,  poco  mas  ó  menos.  Es  llana ,  é  el 
terreno  en  sí  es  salitral ,  y  por  tanto  es- 
téril de  todo  género  de  buenas  hiervas: 
ni  tampoco  hay  árboles  en  ella ,  sino  al- 
gunos de  guayacan,  pequeños  ó  enanos  al 
respecto  de  los  que  en  otras  partes  des- 
tas  Indias  hay.  Otros  arbolegillos  hay 
baxos ,  á  manera  de  gargales  ó  agebu- 
ches ,  sin  algund  fructo ,  é  la  mayor  parte 
de  la  isla  es  un  boscaje  gerrado  de  unos 
cardones  altos  de  estado  é  medio  ó  dos, 
tan  gruesos  como  la  pantorrilla  de  la 
pierna.  Estos  en  gierto  tiempo  del  año 
llevan  la  fructa  de  dos  maneras ,  á  ma- 
nera de  higos ,  los  unos  colorados  ó  ro- 
xos  é  los  otros  blancos :  los  colorados 
tienen  la  simiente  muy  menuda ,  como 
de  mostaga,  é  llaman  los  indios  á  esta 
fructa  yaguaraha.  Es  muy  buena  fructa  al 
gusto  é  fresca ,  y  en  el  árbol ,  ó  mejor  di- 
giendo  cardo ,  está  cubierta  de  espinas  á 
manera  de  castañas,  é  quando  madura 
cáense  las  espinas  é  ábrense  é  quedan 


como  higos.  El  otro  género  de  fructa  en 
cardones ,  de  la  misma  manera  es  de 
fuera  verde ,  é  quieren  paresger  dátiles; 
pero  son  mas  gordos ,  é  lo  de  dentro  es 
blanco,  é  la  simiente  como  granillos  á& 
higos;  é  quando  se  comen,  que  están 
bien  sagonados ,  sale  ó  sube  á  las  nariges 
un  olor  de  almizcle  ó  mas  suave.  A  esta 
fructa  llaman  los  indios  agoreros. 

Hay  conejos  en  aquella  isla ,  de  buen 
sabor  é  muchos  ,  como  los  de  Castilla, 
aunque  el  pelo  os  mas  montesino  ó  áspe- 
ro. Hay  muchas  yuanas  y  buenas.  Hay 
unas  aves  que  los  españoles  llaman  fla- 
mencos, porque  en  España  llaman  assiá 
giertas  aves  ;  pero  estas  de  acá  no  lo  son: 
antes  la  diferengia  es  aquesta.  Son  las  de 
Cubagua  tan  grandes  como  un  pavo  ;  el 
plumaje  es  de  color  como  encarnado :  las 
piernas  delgadas  é  de  quatro  palmos  de 
altura :  el  cuello  de  otros  quatro  palmos 
luengo ,  y  delgado ,  como  el  dedo  pulgar 
de  la  mano  de  un  hombre :  el  pico  de  la 
hechura  que  le  tienen  los  papagayos. 
Aliméntanse  estas  aves  de  pescado  chi- 


592 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


quito  é  marisco  que  aadau  buscaada  por 
las  lagunas  y  estaños,  é  al  rebalaje  de  la 
mar  metidas  en  el  agua  lo  que  pueden 
apear  por  la  costa.  Graznan  como  ánsa- 
res é  crian  gerca  de  los  lagos.  Hay  de  los 
alcatrages  grandes  del  papo  é  de  otros  de 
otras  maneras.  Otras  aves  hay  pequeñas 
de  agua  y  muchas  dellas.  Engierto  tiem- 
po del  año  van  á  aquella  isla  de  passo  al- 
gunos halcones  neblíes  é  otras  aves  de 
rapiña  de  otras  raleas,  é  alcotanes,  é 
otros  que  llaman  acá  guaraguaos ,  que  son 
eorao  milanos  y  de  aquel  offigio  de  hur- 
tar é  tomar  pollos  donde  los  pueden 
aver ,  é  por  falta  dellos  se  geban  en  la- 
gartijas. De  los  neblíes  se  toman  algunos 
armándolos  é  se  amansan  presto,  é  se 
han  llevado  á  España  é  han  probado  allá 
muy  bien  é  los  estiman. 

E)ntre  las  otras  cosas  que  he  notado 
desta  isla  diré  aqui  de  dos  animales  en 
alguna  manera  y  aun  mucho  semejantes 
en  su  pongoña :  el  uno  es  de  tierra  y  es 
otro  de  la  mar ,  cosa  maravillosa  y  estra- 
ña ,  y  son  aquestos.  Hay  unas  arañas  muy 
chiquitas  en  su  tamaño ,  pero  el  dolor  es 
tan  grande  que  no  tiene  otra  compara- 
gion  igual  sino  la  que  se  dirá  aqui  de 
otro  animal  del  agua ,  y  si  turase  la  pas- 
sion  que  causan  estas  arañas  al  que  pi- 
can ,  no  seria  mucho  quel  que  está  pica- 
do della  desesperasse  ó  muriesse  cruda 
muerte ;  pero  no  hay  en  este  peligro  ma- 
yor consuelo  que  la  esperanga  y  expe- 
riengia  que  ya  se  tiene  de  llegar  al  tér- 
mino en  que  gessa  su  fatiga  para  ser  li- 
bre el  que  assi  está  lastimado.  Resulta  de 
tal  picadura  quel  ofendido  hage  muchas 
bascas  é  sufre  gran  trabaxo ,  sin  aflojár- 
sele ni  ser  mitigado  por  cosa  alguna,  sin 
dexar  comer  ni  beber  ni  reposar  al  pa- 
giente  hasta  el  dia  siguiente  á  la  propria 
hora  que  fué  picado ;  y  quando  ha  cessa- 
do  el  dolor  queda  tal  el  que  ha  padesgi- 
do,  que  en  dos  ni  tres  dias  no  puede 
volver  en  sí  ni  á  su  primero  estado,  pues- 


to que  deste  mal  ninguno  muere.  Hay  un 
pescado  ó  animal  en  la  mar,  que  no  es 
mayor  que  un  dedo  pulgar,  y  al  que  pica 
en  el  agua ,  como  acaesge  algunas  veges 
picar  algún  indio  ,  el  que  está  herido  ha- 
ge  las  mismas  bascas  é  siente  tamaños  é 
incomportables  dolores ,  como  lo  que  se 
ha  dicho  que  sienten  los  picados  del  ara- 
ña que  se    dixo  de  suso ,  sin  gessar  tal 
passion  hasta  otro  dia  siguiente  quel  agua 
de  la  mar  está  en  el  mismo  ser  men- 
guante ó  cresgiente  que  estaba  al  tiempo 
que  picó  este  animal.  De  forma  que  tura 
aquella  passion  é  dolor  del  un  animal  é 
del  otro  veynte  é  quatro  horas  naturales, 
y  el  pescado  ques  dicho  se  llama  talara  ^ 
y  es  pintadillo  de  rayas  é  pecas  blancas 
é  amarillas,  cada  una  de  su  color  des- 
tintas. 

Hay  en  la  isla  de  Cubagua  y  en  las 
otras  islas  sus  comarcanas  muchas  y 
grandes  tortugas,  tanto  que  de  algunas 
dellas  se  saca  tanta  cantidad  ó  mas  de 
pescado  como  tiene  carne  una  ternera  ó 
begerro  de  seys  meses.  Estas  tortugas  sa- 
len de  la  mar  á  tierra  á  desovar  en  su 
tiempo ,  y  hagen  un  hoyo  en  el  arena  con 
las  manos  bien  grande ,  é  ponen  allí  mili 
é  mili  é  quinientos  huevos ,  é  mas  é  me- 
nos ,  tamaños  como  limones  buenos  ,  é  la 
cascara  dellos  es  delgada  como  una  teli- 
ca ,  é  después  que  han  desovado ,  cubren 
los  huevos  con  la  misma  arena ;  é  quan- 
do son  convertidos  é  animados,  salen  los 
tortuguitos  como  de  un  hormiguero ,  é 
vánse  á  la  mar ,  questá  ahy  gerca  de  don- 
de nasgieron,  é  críanse  en  ella.  Matan 
los  indios  estas  tortugas  con  unos  har- 
pongillos  de  un  clavo,  pequeños ,  que  li- 
gan á  un  buen  volantín  ó  cordel  regio;  é 
aunque  son  grandes  animales  y  la  herida 
es  poca,  porque  les  entra  poco  é  no  bas- 
taría á  danificar  ni  ser  presa  la  tortuga 
por  tal  causa,  ella  dá  mas  armas  á  su 
ofensor  para  su  daño ,  porque  assi  como 
se  siente  herida,  aprieta  tanto  la  concha 


DE  INDIAS.  LIB.  XIX.  CAP.  II. 


593 


que  fortifica  el  harpon  tan  firme  que  no 
se  puede  soltar;  entonges  el  indio  se  echa 
al  agua  é  trastorna  la  tortuga  liágia  arri- 
ba ,  é  cómo  está  puesta  de  espaldas,  no 
es  para  huir  ni  puede,  é  tirando  de  la 
cuerda  del  harpon  é  ayudando  el  que  la 
trastornó,  la  meten  los  indios  en  la  canoa. 

Tiene  la  isla  de  Cubagua  buen  puerto 
á  la  parte  del  Norte ,  y  por  delante  della 
á  una  legua  está  la  isla  Margarita,  la 
qual  la  gerca  desde  el  Leste  hasta  el  No- 
roeste ,  é  por  la  otra  parte  la  Tierra-Fir- 
me á  quatro  leguas,  y  gércala  desde  el 
Leste  hasta  quassi  el  Sur  la  tierra  que  se 
dige  Araya. 

Tiene  en  la  punta  del  Oeste  una  fuen- 
te ó  manadero  de  un  licor,  como  ageyte, 
junto  á  la  mar,  en  tanta  manera  abun- 
dante que  corre  aquel  betún  ó  licor  por 
engima  del  agua  de  la  mar  ,  hagiendo  se- 
ñal mas  de  dos  y  de  tres  leguas  de  la  is- 
la, é  aun  dá  olor  de  sí  este  ageyte.  Algu- 
nos de  los  que  lo  han  visto  digen  ser  lla- 
mado por  los  naturales  stercus  demonis ,  é 
otros  le  llaman  petrolio ,  é  otros  asphalto; 
y  los  queste  postrero  dictado  le  dan,  es 
queriendo  degir  ques  este  licor  del  géne- 
ro de  aquel  lago  Aspháltide,  de  quien  en 
conformidad  muchos  auctores  escriben  ^ 
Aqueste  licor  de  Cubagua  hallan  que  es 
utih'ssimo  en  muchas  cosas  é  para  diver- 
sas enfermedades,  é  de  España  lo  envian 
á  pedir  con  mucha  instangia  por  la  expe- 
riengia  que  desto  se  tiene  por  los  médicos 
é  personas  que  lo  han  experimentado,  á 
cuya  relagion  me  remito.  Verdad  es  que 
he  oydo  degir  ques  muy  provechoso  re- 
medio para  la  gota  é  otras  enfermedades 
que  progeden  de  frió ,  porque  este  olio  ó 
lo  que  es,  todos  digen  que  es  calidíssimo. 
Yo  no  lo  sé,  ni  lo  contradigo  ni  apruebo 
en  mas  de  aquello  que  fuere  visto  que 
aprovecha  y  testificaren  los  que  lo  supie- 
ren ,  que  será  en  breve  ,  segund  la  dili- 


gengia  con  que  es  buscado  este  petroHo. 
Passemos  á  las  otras  cosas  desta  isla  de 
Cubagua. 

En  aquella  isla  han  metido  los  espa 
ñoles  algunos  puercos  de  los  que  han  lle- 
vado desta  Isla  Española  é  otras  partes 
de  la  raga  ó  casta  de  Castilla ,  y  también 
de  los  que  llaman  baquiras  de  la  Tierra- 
Firme  ;  é  á  los  unos  é  los  otros  les  eres- 
gen  alli  tanto  las  uñas  de  los  pies  y  ma- 
nos que  se  les  vuelven  para  arriba  hasta 
llegar  á  ser  tan  luengas  en  algunos  dellos 
como  un  xeme  ó  quassi,  de  forma  que  se 
mancan  que  no  pueden  andar  sino  con 
pena  é  cayéndosse  á  cada  passo.  Los 
que  en  aquella  isla  viven  llevan  el  agua 
para  beber  de  la  Tierra- Firme  del  rio  de 
Cumaná,  que  está  siete  leguas  de  la  isla, 
é  la  leña  llevan  de  la  isla  Margarita. 

A  la  redonda  de  Cubagua  y  por  de- 
lante della ,  á  la  parte  del  Levante  es  to- 
do plageles ,  é  en  ellos  se  crian  las  per- 
las en  las  ostias  ó  pescados  assi  llamados 
que  las  produgen :  las  quales  son  alli  na- 
turales é  desovan  é  crian  en  gran  canti- 
dad, y  por  tanto  se  debe  creer  que  serán 
perpetuas,  aunque  es  nesgessario  que 
sean  esperadas  é  las  dexen  llegar  á  per- 
figion  de  se  poder  cojer,  para  que  sean 
mas  provechosas  é  mejores ;  porque  de 
la  manera  que  la  viña  produge  la  uva ,  es 
á  saber,  en  el  pringipio  quando  gierne, 
assi  en  estas  ostias  ó  conchas  comiengan 
las  perlas  en  el  seno  del  pescado  que 
dentro  dellas  se  cria ,  y  en  aquella  sagon 
é  después  está  el  grano  tierno,  como  en 
leche,  é  por  su  discurso  va  enduresgien- 
do  y  engrandesgiéndose  la  perla ,  puesto 
que  muchas  tan  menudas,  como  arena  ó 
poco  mayores,  estén  duras.  Haseydo  es- 
ta granjeria  muy  rica  cosa,  en  tanta  ma- 
nera que  el  quinto  que  se  paga  á  Sus  Ma- 
gestades  de  las  perlas  y  aljóphar  ha  valido 
cada  año  quinge  mili  ducados  y  mas ,  no 


TOMO  I. 


1    Plin. ,  lib,  V,  cap.  t7.  Isidor.,  Ethim.,  lib.  XIH ,  cap.  i9. 


75 


S94 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


hablando  en  lo  que  se  avrá  hurtado  por 
algunos:  que  su  poca  consgiengiay  mucha 
cobdigia  los  hage  determinar  á  su  peli- 
gro para  aver  llevado  encubiertos  mu- 
chos marcos  de  perlas,  y  puédesse  creer 
que  no  de  las  peores,  sino  de  las  mas  es- 
cogidas y  presgiosas.  Cosa  es,  en  que 
hasta  el  pressente  tiempo  no  se  sabe  en 
todo  el  mundo  ni  se  halla  escripto  que 
puntualmente  en  tan  poco  espagio  ó  can- 
tidad de  mar  tanta  moltitud  de  perlas  se 
hayan  visto  ni  se  hallen.  El  pescado  de 
las  quales,  aunque  es  algo  duro  é  de  re- 
gia digistion ,  es  bueno ;  pero  mejor  en 
escaveche:  y  sin  esse,  hay  mucha  abun- 


dangia  de  pescados  buenos  en  Cubagua 
é  aun  se  traen  salados  en  cantidad  á  es- 
ta Isla  Española  en  algunas  cara  velas. 
Nunca  fué  aquella  isla  de  Cubagua  po- 
blada de  indios  por  su  esterilidad  é  falta 
de  agua ,  y  por  esso  venian  á  ella  de  otras 
islas  y  de  la  Tierra-Firme  á  pescar  las 
perlas.  Á  fama  de  lo  qual  después  los 
chripstianos  desde  aquesta  Isla  Española 
y  desde  la  de  Sanct  Johan  fueron  á  po- 
blar alli  algunos  é  á  rescatar  perlas  á 
trueco  de  \ino  é  cagabí  é  otras  cosas,  é 
se  comengaron  á  hager  buhíos ,  que  fue- 
ron el  pringipio  de  la  poblagion  de  aque- 
lla isla. 


CAPITULO  III. 

Eti  que  se  tracta  de  ciertos  relig-iosos  que  passaron  á  la  converssion  de  los  indios  de  la  Tierra-Firme  en  la 

costa  que  está  cerca  de  la  isla  de  las  Perlas ,  llamada  Cubagua :  los  quales  eran  de  las  sagradas  Órdenes  de 

Sancto  Domingo  é  Sanct  Francisco ,  é  fueron  martir¡9ados  é  muertos  crudamente  por  los  indios. 


M2jn  Cumaná,  provingia  de  la  Tierra- 
Firme  ,  la  mas  próxima  á  la  isla  de  Cuba- 
gua ó  de  las  Perlas ,  fundaron  el  primero 
monesterio  los  frayles  de  Sanct  Frangis- 
co,  seyendo  vicario  dellos  un  reverendo 
padre,  llamado  fray  Johan  Gargés,  na- 
tural franges,  para  procurar  la  convers- 
sion de  aquellas  gentes  bárbaras  é  ydó- 
latras  y  que  viniessen  á  nuestra  sancta 
fe  cathólica.  Esto  fué  el  año  de  mili  é  qui- 
nientos é  diez  é  seys  años.  Aquel  mismo 
año  passaron  á  la  Tierra-Firme  dos  reli- 
giosos dominicos  á  entender  en  la  mis- 
ma converssion:  el  uno  presentado  en 
sancta  theologia  y  el  otro  de  los  que  en 
aquella  tierra  llaman  legos.  Estos  segun- 
dos entraron  en  la  tierra  mas  baxo  al 
Poniente  diez  é  ocho  leguas ,  de  donde 
estaban  los  Frangiscos,  por  una  provin- 
gia que  se  dige  Piritú,  y  dentro  de- 
Ua  en  la  parte  que  se  dige  Manjar  los 
mataton  los  indios ,  en  pago  de  su  buen 
pesseo  y  de  les  predicar  y  enseñar  la  fé. 


Después  de  lo  qual ,  el  siguiente  año  de 
mili  é  quinientos  é  diez  é  siete  años, 
otros  religiosos  de  la  misma  Orden  de 
Sancto  Domingo,  fueron  á  fundar  otro 
monesterio  en  la  Tierra-Firme  en  la  pro- 
vingia que  se  dige  Chirihichi,  para  redu- 
gir  la  gente  de  aquella  tierra  á  la  verdad 
y  fé  evangélica ,  é  llamaron  aquella  casa 
Sancta  Fé ,  é  alU  residían  á  ginco  leguas 
de  los  Frangiscos  que  estaban  en  Cuma- 
ná. Estos  dos  moneslerios  hagian  mucho 
bien  y  caridad  á  los  indios  naturales  de 
aquellas  tierras ,  assi  en  lo  que  tocaba  á 
sus  personas ,  como  en  lo  espiritual ,  si 
fueran  dignos  de  lo  conosger  y  rescebir; 
mayormente  que  los  unos  y  los  otros 
frayles  trabaxaban  y  se  desvelaban  mu- 
cho con  grande  hervor  y  amor  de  cari- 
dad con  los  indios ,  assi  para  les  dar  á 
entender  nuestra  sancta  fé  cathólica  é  los 
apartar  de  sus  ritos  é  gerimonias  é  ydo- 
latrías  é  vigiosas  é  malas  costumbres,  co- 
mo en  curarlos  de  sus  enfermedades  é 


DE  INDIAS.  LIB.  XIX.  CAP.  III. 


59í 


llagas  con  tanta  diligencia  é  amor  quan- 
to  les  era  posible,  por  los  ganar  é  atraer 
al  sep^^igio  de  Dios  y  á  la  comunicagion 
é  amistad  de  los  chripstianos.  En  el  qual 
tiempo  en  la  isla  de  Ciibagiia  avia  espa- 
ñoles, aunque  pocos,  y  aquessos  lenian 
su  habitación  é  moradas  en  toldos  é  cho- 
gas :  los  quales  rescataban  perlas  con  los 
indios  naturales  de  la  Tierra-Firme,  que 
á  ciertos  tiempos  del  año  passaban  á  la 
isla  á  aquella  pesquería,  para  se  mantener 
y  provecer  de  las  cosas  que  los  españo- 
les por  ellas  Itis  daban.  Y  en  aquel  tiem- 
po fué  esta  grangería  é  contractagion 
muy  útil  é  provechosa  á  los  nuestros ,  y 
estuvo  la  provingia  y  tierra  que  hay  des- 
de Paria  hasta  Unari  (que  serán  gient le- 
guas de  costa  en  la  Tierra-Firme),  tan 
pagífica ,  que  un  chripstiano  ó  dos  la  an- 
daban toda,  y  tractaban  con  los  indios 
muy  seguramente  ;  y  en  el  año  de  mili  é 
quinientos  é  diez  y  nueve  años  ( quassi 
en  fin  del) ,  en  un  mismo  dia  los  indios 
de  Gumaná  y  los  de  Cariaco  y  los  de 
Ghiribichi  y  de  Maracapana  é  de  Taca- 
rías y  de  Neneri  y  de  Unari,  vengi- 
dos  de  su  propria  maligia ,  y  porque  se 
sentian  importunados  de  los  chripstianos 
en  los  rescates  que  de  los  esclavos  que 
de  ellos  procuraban  de  aver  para  hager- 
los  pescar  perlas ,  y  aun  porque  tenien- 
do esclavos  que  se  las  diessen,  gesaba 
en  alguna  manera  la  grangería  de  los  in- 
dios libres  que  se  las  vendían  ó  rescata- 
ban ,  se  rebelaron ,  y  en  espegial  en  la 
provingia  de  Maragapana  mataron  hasta 
ochenta  chripstianos  españoles  en  poco 
mas  tiempo  de  un  mes ;  porque  de  ven- 
tura mala  aportaron  alli  quatro  caravelas 
descuydadas  de  la  rebelión  de  la  tierra, 
é  ynorando  la  maldad  de  los  indios ,  ase- 
gurados dellos,  saltaban  en  las  costas  ,  é 
los  mataban  sin  dexar  alguno.  Los  pos- 
treros indios  que  se  rebelaron  fueron  los 
de  Cumaná ,  porque  avia  muchos  dellos 
que  eran  amigos  de  los  frayles ,  por  las 


buenas  obras  que  dellos  avian  resgebido; 
pero  al  cabo ,  como  gente  mala  6  ingra- 
ta, pudo  mas  la  opinión  de  los  pocos 
que  la  intongion  de  los  que  no  lo  quisie- 
ran ó  que  mostraban  pesarles  de  tal  co- 
sa. Finalmente,  todos  vinieron  en  la 
maldad  conformes,  é  quemaron  los  mo- 
nesterios ,  y  en  el  de  Cumaná  ,  de  los 
frangiscos,  mataron  á  un  frayle  que  se 
degia  fray  Dionisio ,  é  los  otros  sus  com- 
pañeros huyeron  en  una  canoa  á  Araya, 
é  desde  alli  á  la  isla  de  Cubagua.  Este 
fray  Dionisio  que  es  dicho  que  lo  mata- 
ron ,  assi  cómo  vido  quemar  el  moneste- 
rio ,  se  apartó  de  alli ,  y  no  tuvo  lugar  ó 
sentido  con  su  turbagion  para  huyr  con 
los  otros  frayles,  y  estuvo  dos  ó  tres  días 
escondido  en  un  carrigal ,  suplicando  á 
Nuestro  Señor  se  acordasse  del  y  le 
echasse  donde  mas  servido  fuesse.  É  á 
cabo  deste  tiempo  salió  é  acordó  de  se 
yr  á  los  indios,  porque  entre  ellos  avia 
muchos,  á  quien  avia  hecho  buenas  obras 
y  caridad ,  y  ellos  le  tovieron  tres  días 
sin  le  hager  algund  mal ;  y  en  todo  esse 
tiempo  estovieron  aquellos  infieles  gas- 
tando palabras  en  diversos  acuerdos  y 
disputando  de  lo  que  harían  deste  frayle 
bienaventurado.  Unos  degian  que  le  guar- 
dassen ,  y  no  muriesse  :  otros  degian  que 
con  este  padre  harían  paz  con  los  chrips- 
tianos :  otros  insistían  en  su  crueldad ,  é 
porfiaban  que  muriesse.  En  conclusión, 
de  sus  diferentes  paresgeres,  unánimes 
los  congertó  el  diablo  ,  y  pudo  tanto  la 
maligia  de  un  indio  llamado  Ortega,  que 
se  tuvieron  todos  á  su  consejo  y  mataron 
el  frayle.  Dixeron  después  los  indios  que 
fueron  castigados  por  este  delicto ,  que 
aquellos  tres  días  que  estuvieron  en  sus 
consultagiones  hasta  se  determinar  en  la 
muerte  deste  mártir ,  siempre  él  estuvo  en 
oragion  hincado  de  rodillas ;  é  que  quan- 
do  le  tomaron  para  executar  su  muerte, 
le  echaron  una  soga  al  cuello  y  le  arras- 
traron y  higieron  mili  vituperios  y  escar- 


596 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


nios  y  le  dieron  muchos  géneros  de  tor- 
mentos ;   y  estando  en  su  martirio   les 
rogó  á  los  malhechores  que  le  dexassen 
hincar  de  rodillas  y  hager  oragion  á  Dios, 
y  que  orando  le  matassen  ó  higiessen  lo 
que  quisiessen  del.   É  assi  como  se  lo 
otorgaron,  puesto  de  rodillas  en  tierra, 
quiso  imitar  á  nuestro  Redemptor  y  ro- 
gar á  Dios  por  aquellos  que  le  mataban, 
digiendo:  «Pater,  dimitle  illis,  non  enim 
sciunl  quid  faciunt  *.»   Y   diciendo  estas 
sanctas  palabras  é  otras  con  mucha  de- 
vogion  y  lágrimas,    encomendando   su 
alma  á  Jesu-Chripsto  ,  estando  assi  de  ro- 
dillas le  dieron  tal  golpe  en  la  cabega, 
que  le  mataron  y  enviaron  á  la  gloria 
celestial  á  este  beato  Dionisio.  Mas  des- 
pués que  le   ovieron  muerto,  higieron 
tantas  bellaquerías  y  sugiedades  con  este 
mártir,  trayéndole  arrastrando  de  unas 
partes  á  otras ,  que  no  son  para  escrebir. 
De  los  otros  religiosos  que  estaban  en 
Chiribichi  ninguno  dellos  escapó,  y  ma- 
táronlos un  dia  estando  el  uno  dellos  ge- 
lebrando  missa,  y  los  otros  en  el  coro 
offigiándola  :   é  á  sus  criados  mataron 
assi  mismo ,  y  hasta  un  machuelo  de  una 
anoria  le  asaetaron,  y  los  galos  que  pu- 
dieron aver.  A  ninguno  perdonaron  ni 
vpisieron  que  quedasse  con  la   vida.  Y 
en  ambos  cabos  ó  monesterios  quemaron 
las  ymágines  y  cruges ;  é  á  un  Crugifixo 
de  bulto  que  tcnian  los  frangiscos,  le  hi- 
gieron  piegas  é  lo  pusieron  en  los  passos 
é  caminos  señalados ,  como  se  suele  ha- 
ger   al   malhechor  que  la  justigia  hage 
quartospor  algund  grave  delicto.  Fueron 
muy  insolentes  é  malvados,  porque  no 
ovo  maldad  ni  género  de  crueldad  que 
les  viniesse  á  la  memoria  ó  se  les  anto- 
jasse ,  que  dexassen  de  poner  por  obra, 
como  encruelesgidas  beslias  nogivas.  To- 
maron   la   campana  de  los  frangiscos  é 
higiéronla    pedagos    menudos  ;    talaron 


los  naranjos  é  quanto  tenian  en  la  huerta 
essos  religiosos.  Y  hecho  aqueste  daño, 
se  apergebian  para  passar  á  la  isla  de  Cu- 
bagua ,  para  dar  sobre  los  chripstianos 
que  alli  estaban  :  en  la  qual  sagon  era 
alli  alcalde  mayor  un  Antonio  Flores ,  el 
qual ,  sabida  esla  nueva ,  puesto  que  avia 
en  la  isla  tresgientos  españoles  ó  mas  y 
muchos   bastimentos,    él   y   los   demás 
acordaron  de  no  atender  á  los  indios ,  y 
embarcáronse  en  giertas  caravelas  que 
alli   estaban  y  en   los  barcos  con  que 
acarreaban  el  agua ;  é  sin  ver  indios  al- 
gunos desampararon  la  isla ,  dexando  en 
sus  proprias  moradas  muchas  pipas  de 
vino  é  muchas  provisiones  que  comer  y 
rescates  y  muebles  de  sus  casas.  Y  vi- 
niéronse á  esta  Isla  Española  á  esta  cib- 
dad  de  Sancto  Domingo ,  é  no  sin  mucha 
vergüenga  y  vituperio  suyo ,  y  meresgie- 
ran  ser  bien  castigados  por  su  cobardía; 
y  en  espegial  aquel  alcalde  mayor  que 
era  la  cabega  del  pueblo,  quanto  mas 
que  ovo  algunos  hombres  de  vergüenga 
é  buena  casta  que  le  requirieron  al  An- 
tonio Flores  que  no  desamparasse  la  isla, 
sino  que  atendiessen  lo  que  viniesse  has- 
ta que  fuessen  socorridos.  Pero  el  alcalde 
no  curó  de  sus  palabras  é  proteslagio- 
nes:  antes  como  se  determinó  de  con- 
sentir en  su  temor,   hizo  otros  errores 
muchos ,  é  á  giertos  indios  de  pages  que 
estaban  alli  entendiendo  en  sus  rescíites, 
sus  veginos  y  naturales  de  la  isla  Mar- 
garita ,  los  prendió  é  se  los  truxo  consi- 
go á  esta  cibdad  de  Sancto  Domingo. 
Por  manera  que ,    por   la   poquedad  de 
aquel   Antonio   Flores  ,    quedó   aquella 
parte  de  la  Tierra-Firme  y  la  isla  de  Cu- 
bagua  desamparada  de  los  chripstianos 
por  estonges.  É  sabida  su  fuga,   los  in- 
dios passaron  á  la  isla  é  robaron  quanto 
hallaron  en  ella,  é  conosgieron  que  de 
miedo  dellos  se  avian  ydo ,  ó  quedaron 


i    Luc.  XXII. 


DE  INDIAS.  LIB.  XIX.  CAP.  III. 


597 


señores  de  la  tierra  de  todo  punto  hasta 
que  se  llegó  el  tiempo  de  su  castigo.  Y 
como  quiera  que  algunos  pocos  de  los  que 
salieron  de  Cubagua  por  falla  de  capi- 
tán ,  eran  hombres  de  bien  é  que  higie- 
ran  su  deber,  la  mayor  parte  de  los  otros 
eran  gentes  inútiles,  é  que  yban  alli  mas 
por  el  tráfago  é  rescates  de  las  perlas, 
que  no  para  usar  las  armas. 

Dige  Flavio  Vegegio  *  que  assi  co- 
mo el  soldado  bien  exergitado  dessea  la 
batalla,  assi  y  mucho  mas  el  inexer- 
gitado  tímidamente  la  huye.  Y  si  el  sa- 
ber la  disciplina  militar  por  verdade- 
ra negligencia  viene  á  menos,  entre  el 
soldado  y  el  villano  del  todo  la  dife- 
rencia muere.  Y  no  es  desconforme  á  lo 
questá  dicho  lo  quel  mismo  auctor  ade- 


lante dige  en  esta  manera  ^.  «No  tanto  el 
número,  quanto  la  suficiencia  de  los  bien 
amaestrados,  debe  ser  estimado.»  Y  assi 
como  es  general  costumbre  ser  la  gloria 
de  la  victoria  principalmente  atribuida 
con  el  triumpho  al  capitán,  y  la  culpa 
atribuida  por  el  consiguiente  al  principal 
del  exército  ó  república,  quando  se  mues- 
tra una  flaqueca  ó  pérdida  ú  otro  incó- 
modo semejante  para  se  perder  el  exér- 
Cito  ó  el  pueblo  ó  desampararse  el  cam- 
po ó  la  república,  como  estos  de  Cubagua 
hicieron ,  assi  dicen  las  leyes  militares  y 
todas  las  otras  bien  ordenadas ,  y  Vege- 
Cio  con  ellos  ',  « que  á  muchos  se  dé  el 
temor  é  á  pocos  la  pena.»  Y  assi  lo  re- 
quería este  caso,  de  que  aquise  hatrac- 
tado. 


CAPITULO  IV. 

Cómo  el  almirante,  don  Diego  Colom,  é  Audiencia  Real  é  officiales  de  Sus  Mag-estades  enviaron  desde 
aquesta  cibdad  de  Sánelo  Domingo  una  armada  con  el  capitán  Goncalo  de  Ocampo  á  castigar  los  indios 
que  avian  muerto  los  religiosos  é  otros  chripstianos  en  la  Tierra-Firme  ,  é  á  cobrar  la  isla  de  Cubagua, 
llamada  por  otro  nombre  Isla  de  las  Perlas ;  é  de  la  venida  del  licenciado  Bartolomé  de  las  Casas,  é  otras 

cosas  con9ernienles  á  la  historia. 


JLlespues  que  en  esta  Isla  Española  vino 
á  noticia  del  almirante ,  don  Diego  Co- 
lom y  del  Audiencia  Real ,  que  aqui  re- 
side ,  y  de  los  officiales  que  Sus  Magos- 
tados para  su  hacienda  en  esta  cibdad  de 
Sancto  Domingo  tienen,  la  rebelión  de 
los  indios  de  la  costa  de  Cumaná,  é  pro- 
vincias que  se  dixo  en  el  capítulo  prece- 
dente ,  y  de  cómo  los  chripstianos  que 
avia  en  Cubagua  la  desampararon;  con 
mucha  solicitud  é  lo  mas  presto  que  ser 
pudo ,  acordaron  é  pusieron  por  obra  de 
entender  en  el  castigo ,  y  de  enviar  allá 
un  capitán  con  gente  para  ello  y  para 
que  se  cobrasse  la  isla  é  los  malhechores 
fuessen  punidos,  segund  sus  graves  deli- 


tos y  culpas.  Y  para  esto  juntaron  hasta 
trescientos  hombres  é  los  navios  é  cara- 
velas  que  fueron  menester,  é  proveye- 
ron de  armas  y  bastimentos  é  todo  lo 
nescessario  una  armada ,  y  enviaron  por 
general  capitán  della  á  un  caballero,  ve- 
cino desta  cibdad  de  Sancto  Domingo, 
llamado  Goncalo  de  Ocampo:  el  qual 
passó  á  aquella  tierra  con  la  gente  que 
es  dicho,  año  de  mili  é  quinientos  é 
veynte  años,  y  fuesse  derecho  á  la  costa 
de  Tierra-Firme.  Y  entre  los  otros  capi- 
tanes particulares  que  alli  yban  fue  uno 
Andrés  de  Villacorta ,  porque  era  platico 
en  aquella  tierra  é  hombre  de  experien- 
cia ,  é  fue  uno  de  los  que  requirieron  al 


1  De  Re  Militan,  lib.  II. 

2  Lib.  m. 


3    Lib.  III. 


598 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


alcalde  Antonio  Flores  que  no  desampa- 
rasse  la  isla  de  Cubagua ,  la  qual  nunca 
se  perdiera,  si  fuera  creydo. 

Esta  armada,  llegada  á  la  costa  de 
Tierra-Firme  desde  á  pocos  dias  que  sa- 
lió del  puerto  desta  cibdad  de  Sancto 
Domingo,  surgió  en  la  costa  que  llaman 
de  Maracapana ,  donde  estaba  un  indio 
que  se  defia  Gil  González ,  que  avia  sey- 
do  en  matar  los  frayles  y  los  chripstianos, 
y  era  bapligado  él  é  otros  muchos  de  los 
delinqüentes ;  pero    no   agradesgian   el 
baptismo  ni  eran  chripstianos  sino    de 
nombre.  Mas  el  capitán  Gongalo  de  Ocam- 
po  tuvo  muy  gentil  manera  para  tomar 
algunos  indios  de  los  priugipales  culpa- 
dos; é  cómo  los  navios  fueron  vistos, 
encontinente   que   estuvieron   gerca  de 
tierra,  los  indios  preguntaban  á  los  chrips- 
tianos que  de  dónde  venian ,  y  respon- 
díanles que  de  Castilla,  porque  assi  lo 
mandó  responder  el  general,  y  hizo  es- 
conder la  gente  de  guerra  debaxo  de  cu- 
bierta ,  que  no  paresQÍan  sino  los  mari- 
neros, y  aun  no  todos,  é  los  indios  re- 
plicaban diciendo  uHaylí,  HaylU,  dando 
á  entender  que  yban  de  aquesta  Isla  Es- 
pañola ,  que  en  lengua  de  los  indios  se 
llama  Haytí :  é  los  nuestros  respondian 
aCastilla,  CasliHay> ,  é  mostrábanles  co- 
sas de  rescates  é  vino,   que  es  lo  que 
ellos  mas  estiman.  É  assi  creyeron  que 
los  del  armada  no  sabian  cosa  alguna  de 
los  chripstianos  é  frayles  muertos ,  y  que 
essas  caravelas  yban  de  España ,  é  que 
también  matarían  á  estos  otros ,  como 
ynogentes,  segund  avian  hecho  con  los 
de  otras  caravelas,  como  se  dixo  en  el 
capítulo  de  suso  ;  é  atreviéronse  á  entrar 
en  los  navios  algunos  de  los  principales 
de  la  costa  ,  y  degian  al  capitán  que  sa- 
liesse  en  tierra ,  y  traíanle  de  comer  de 
las  cosas  que   ellos  acostumbran  de  sus 
manjares ,  é  hagian  otras  demostragiones 
de  paz  y  de  plager ,  fingiendo  que  holga- 
ban mucho  de  su  venida  é  amistad.  Y  el 


capitán  general,  como  astuto,  les  hagia 
muy  buen  semblante  y  los  regogijaba ;  y 
assi  entreteniendo  los  indios,  cuando  le 
paresgió  que  era  tiempo,  dio  la  señala  los 
suyos ,  é  fueron  presos  algunos  de  los  in- 
dios pringipales ,  de  quien  ya  él  llevaba 
relagion  de  sus  nombres  y  delictos,  y  alli 
avia  en  el  armada  quien  los  conosgia :  y 
en  espegial  fué  preso  aquel  Gil  Gongalez 
que  es  dicho,  y  ávida  su  confission,  á  esse 
é  otros  hizo  ahorcar  de  las  entenas  de 
los  navios ,  para  dar  exemplo  á  los  tray- 
dores  y  rebeldes  que  estaban  en  la  costa 
mirándolo ,  y  con  ellos  al  cagique  de  Cu- 
maná,   llamado  don  Diego.  É  luego   el 
general  Gongalo  de  Ocampo  hizo  soltar 
y  echar  en  tierra  á  la  cagica  doña  Maria, 
muger  del  dicho  cagique  don  Diego ,  que 
la  llevaba  consigo,  é  la  avie  traydo  pre- 
sa el  Antonio  Flores  que  es  dicho  á  esta 
cibdad  de  Sancto  Domingo  ,  y  por  causa 
desta  muger  se  hizo  después  la  paz  con 
los  chripstianos,  como  se  dirá  adelante. 
Assi  que  fecho  lo  que  es  dicho  sabiamen- 
te é  sin  peligro  alguno,  se  fué  á  la  isla  de 
Cubagua  Gongalo  de  Ocampo ,  é  puso  su 
real  apar  del  puerto,  donde  surgió,  é 
desque  ovo  repossado  él  éla  gente  pocos 
dias,  passó  á  la  provingia  de  Cumaná  é  á 
los  lagares,  é  hizo  entradas  en  la  tierra, 
é  prendió  muchos  indios  en  diversas  ve- 
ges,  é  justigió  á  los  que  le  paresgió  de- 
llos  ,  y  otros  mató,  quando  se  defendían 
por  no  ser  presos.  Y  continuándose  assi 
la  guerra  con  toda  riguridad,  vino  sobre 
seguro  á  assentar  pages  con  los  chrips- 
tianos el  cagique  don  Diego  ,  en  lo  qual 
fué  medianera  su  muger,  agradesgiendo 
su  libertad ;  y  mediante  aquesta  paz  se 
comenzó  la  poblagion  de  Cumaná  junto 
al  rio,  desviado  de  la  mar  media  legua, 
é  nombró  Gongalo  de  Ocampo  al  pueblo 
que  alU  se  hizo  Toledo,  en  el  qual  estu- 
vo este  capitán  y  su  gente  algunos  me- 
ses ;  pero  como  este  capitán  no  era  sa- 
broso para  la  gente ,  antes  estaban  mal 


DE  INDIAS.  LIB.  XIX.  CAP.  IV. 


599 


con  él  los  corapañeros ,  y  hombres  de 
guerra,  y  subgedió  que  después  de  lo 
questá  dicho  poco  tiempo  llegó  á  la  cos- 
ta con  giertos  navios  un  clérigo  llamado 
el  hgeugiado  Bartolomé  de  las  Casas,  con 
poderes  muy  bastantes  é  comisión  de 
Sus  Magestades  para  poblar  alli ,  é  traía 
capitulado  sobre  ello,  segund  mas  larga- 
mente se  dirá  en  el  siguiente  capítuío. 
Y  desta  causa ,  llegado  aquel  padre  ligen- 
giado ,  ovo  discordias  y  diferencias  mu- 
chas entre  él  y  el  capitán  Gongalo  de 
Ocampo  ,  y  como  la  gente  no  estaba  bien 
con  el  capitán ,  ni  él  con  ellos  ,  passóse 
Gongalo  de  Ocampo  ala  isla  de  Cubagua, 
y  después  la  gente  hizo  lo  mesmo ,  é  des- 
ampararon el  pueblo  que  avian  hecho  y 
nombrado  Toledo,  sin  que  en  élquedas- 
se  persona  alguna. 

En  el  tiempo  questos   capitanes   an- 
daban en  sus  rengillas,  ó  poco  antes. 


proveyeron  esta  Real  Audiengia  y  el 
almirante  é  offigiales  de  Sus  Magesta- 
des que  fuesse  á  Cubagua  por  tenien- 
te de  gobernador  Frangisco'  de  Valle- 
jo  ,  vegino  desta  gibdad  de  Sancto  Do- 
mingo, é  mándesele  que  tornasseá  po- 
blar aquella  isla  de  Cubagua  :  el  qual  fué 
á  ella  con  gente,  é  hizo  un  pueblo  é  re- 
partió solares  á  los  veginos  ,  é  llevó  con- 
sigo todos  los  indios  que  de  la  Margarita 
avia  traydo  á  esta  cibdad  aquel  Antonio 
Flores ,  con  los  quales  puestos  en  libertad 
écon  los  de  Cumaná,  que  volvieron,  co- 
mo solian,  á  rescatar  perlas  con  los  espa- 
ñoles ,  y  con  algunos  esclavos  que  se  lle- 
varon de  otras  partes  turante  la  guerra, 
"comengaron  los  veginos  de  Cubagua  (y 
con  su  propria  gente)  á  entender  en  esta 
granjeria  de  las  perlas ,  porque  vian  que 
cada  dia  andaban  los  indios  de  peor  ga- 
na en  los  rescates. 


CAPITULO  V. 

Cómo  el  licenciado  Bartolomé  de  las  Casas  fué  con  9Íertos  labradores  á  poblar  á  la  Tierra-Firme  en  el  rio 
de  Cumaná ,  gerca  de  la  isla  de  Cubagua  ,  é  lo  que  le  subgedió  dello  á  él  é  á  los  que  le  siguieron. 


JLil  año  de  mili  é  quientos  é  diez  é  nue- 
ve, á  la  sagon  que  en  Bargelona  llegó  la 
nueva  de  la  elecgion  de  rey  de  romanos 
é  futuro  Emperador  á  la  Cesárea  Magos- 
tad del  Emperador  Rey,  nuestro  señor, 
don  Carlos,  semper  augusto,  yo  me  hallé 
en  su  corte  sobre  algunos  negogios  de  la 
Tierra-Firme  (de  Castilla  del  Oro);  é  an- 
daba alli  un  padre  reverendo,  clérigo 
presbítero ,  llamado  el  ligengiado  Barto- 
lomé de  las  Casas ,  procurando  con  Su 
Magostad  é  con  los  señores  de  su  Conse- 
jo de  las  Indias ,  la  gobernagion  de  Cu- 
maná  ,  y  de  parte  de  la  costa  de  la  Tier- 
ra-Firme. Y  para  esto  era  favoresgido  de 
algunos  caballeros  flamencos  que  estaban 
gerca  de  Su  Magostad,  y  en  espegial  de 
Mosior  de  Laxao ,  que  después  murió  se- 


yendo  comendador  mayor  de  la  Orden  y 
caballeria  de  Alcántara;  el  qual  era  uno 
de  los  ageptos  privados  de  ^ésar.  A  cau- 
sa de  lo  qual ,  y  porque  este  padre  pro- 
metía grandes  cosas  y  mucho  interese  y 
acresgentamiento  en  las  rentas  reales ,  é 
sobre  todo  degia  que  por  la  orden  é  avi- 
so que  él  daba ,  se  convertirían  á  nuestra 
sancta  fé  cathólica  todas  aquellas  gentes 
perdidas  é  indios  ydólatras ,  é  paresgia 
que  su  fin  é  intento  era  sancto ,  é  porfia- 
ba que  el  obispo  de  Burgos  é  Hernando 
de  Vega,  y  el  ligengiado  Capata,  y  el 
secretario  Lope  de  Conchillos  y  los  de- 
mas  que  hasta  entonges  en  vida  del  Rey 
Cathólico  don  Fernando,  de  gloriosa  me- 
moria, entendían  en  los  cosas  destas  In- 
dias, avian  errado  en  muchas  cosas  y 


600 


HISTORIA  GENKRAL  Y  NATURAL 


engañado  al   Rey  Cathólico  de  muchas 
maneras,  aprovechándosse  á  sí  mesmos 
de  los  sudores  de  los  indios,  y  en  los 
oílfigios  y  intereses  destas  partes ;  y  que 
aquestos   señores    consejeros   tales,  por 
sostener  lo  que  avian  hecho  y  errado,  le 
eran  contrarios ,  y  no  les  paresgia  bien  lo 
que  este  padre  degia ;  y  assi  á  este  pro- 
póssito  anduvo  alli  muchos  dias,  dando 
memoriales  y  peticiones.  Y  no  sin  mucha 
contradicción ;  porque  como  aquellos  con- 
sejeros queste  culpaba,  estaban  pressen- 
tes,  mostraron  para  sus  desgargos  los  li- 
bros é  lo  que  se  avia  proveydo  en  tiempo 
del  Rey  Cathólico ,  desde  algunos  años 
antes  queste  padre  tomasse  esta  su  fan- 
tassia,  é  todo  paresgió  sancto  é  bien  pro- 
veydo é  al  propóssito  de  la  buena  con- 
servación de  la  tierra  é  estado  destas 
partes ,  é  como  convenia  para  la  con- 
verssion  de  los  indios:  de  forma  que  Qé- 
sar  quedó  satisfecho  é  se  tuvo  por  servi- 
do de  todos  los  que  este  culpaba  y  eran 
parte  grande  en  los  negogios  para  le  im- 
pedir al  clérigo  lo  que  pedia,  y  assi  le 
turó  algunos  meses  su  porfía.  Y  ya  quél 
vido  que  los  del  Consejo  no  podían  ser 
por  él    dañineados,  degia  que  aunque 
ellos  lo  oviessen  bien  proveydo,  que  to- 
do se  avia  mal  entendido,  é  peor  puesto 
en  efeto,  digiendo  que  la  gente  que  se  avia 
de  enviar  con  él  no  avian  de  ser  solda- 
dos, ni  matadores,  ni  hombres  sangrien- 
tos é  cobdigiosos  de  guerra  ,  ni  bulligio- 
sos ,  sino  muy  pagífica  é  mansa  gente  de 
labradores,  y  aquestos  tales  hagiendolos 
nobles  y  caballeros  de  espuelas  doradas, 
y  dándoles  el  passaje  y  matalotaje ,  y  ha- 
ciéndolos francos  é  ayudándolos  para  que 


poblassen,  con  otras  mergedes  muchas 
que  pidió  para  ellos,  como  le  paresgió. 
Lo  qual  todo  le  fué  concedido ,  non  obs- 
tante que  los  señores  del  Consejo ,  ó  á 
lo  menos  el  obispo  de  Burgos ,  don  Johan 
Rodríguez  de  Fonseca ,  y  otros  que  á  su 
opinión  se  allegaron  lo  contradecían ,  y 
que  algunos  españoles ,  hombres  de  bien 
que  á  la  sacón  se  hallaron  en  la  corte 
destas  partes  y  debieran   ser   creydos, 
desengañaron  al  Rey  y  á  su  Consejo  en 
esto ,  y  dixeron  como  aquel  padre,  des- 
seoso  de  mandar ,  ofrecía  lo  que  no  ha- 
ría, ni  podía  ser  por  la  forma  quél  decía, 
é  hablaba  en  tierra  que  él  no  sabía ,   ni 
avia  visto  ni  puesto  los  pies  en  ella ,   é 
condenaron  por  liviandad  todo  lo  quel 
clérigo  afirmaba ,  y  dixeron  quel  rey  gas- 
taría sus  dineros  en  valde,  é  los  que 
fuessen  con  este  padre  yrían  á  mucho 
riesgo  y  peligro.  Pero,  como  he  dicho, 
Laxao  pesó  mas  que  todo  quanto  se  di- 
xo  en  contrario.  En  fin,  quel  rey  perdió 
lo  que  gastó  por  ser  creydo  este  padre, 
y  los  que  le  siguieron  las  vidas  en  con- 
dición. Assi  que,  el  Rey,  nuestro  señor,  le 
mandó  despachar  y  proveer,   é  por  su 
mandado  los  de  su  Consejo  é  officíales  de 
Sevilla  le  despacharon ,  como  él  lo  supo 
pedir,  é  assi  passó  á  la  Tierra-Firme  con 

hasta *  hombres  é  personas  chicas 

y  grandes,  labradores,  á  los  quales  todos 
dieron  buenos  navios  y  bastimentos,  y 
todo  lo  nescesario,  y  rescates  para  la 
contractacion  de  los  indios.  Lo  qual  cos- 
tó á  Su  Magostad  muchos  millares  de  du- 
cados. 

El  caso  es  que  cómo  este  padre  se  avía 
criado  en  esta  Isla  Española  ,  sabia  muy 


*  Ni  en  la  primera  edición  de  esta  primera  par- 
le ,  hecha  en  i  535,  ni  en  el  códice  autógrafo  que  nos 
sirve  de  guia  en  la  presente ,  se  fija  el  número  de 
los  españoles  que  llevó  consigo  Bartolomé  de  las 
Casas.  Francisco  López  de  Gomora,  capellán  de 
Hernán-Cortés ,  asegura  que  se  contaron  sobre  tres- 
cientos hombres  en  esta  desdichada  expedición ;  á 


lo  cual  parece  asentir  el  mismo  Bartolomé  de  las 
Casas,  cuando  en  el  cap.  159  do  su  Historia  ge- 
neral de  Indias  confiesa  que  iba  autorizado  para 
hacer  cincuenta  caballeros  de  cruces  rojas ,  de 
entre  los  labradores  que  le  acompañaban,  y  cuyo 
destino  era  solo  cavar,  según  la  expresión  de  as 
Casas. 


DE  INDIAS.  LIB.  XIX.  CAP.  V. 


601 


bien  que  los  indios  de  Cumaná  y  de  aque- 
llas provincias  comarcanas   estaban   de 
pages ,  segund  lo  tengo  dicho  antes  de 
su  rebelión ;  y  él  penssó  que  assi  como  á 
él  se  le  fantaseó ,  que  assi  pudiera  ha^er 
lo  que  avia  inventado  é  dicho  en  Espa- 
ña. Y  en  tanto  que  él  fue  á  entender  en 
el  negogio,  los  indios  se  rebelaron  y  ma- 
taron á  los  frayles  Frangiscos  é  Domini- 
cos y  otros  chripstianos  que  he  dicho;  é 
ovo  todas  aquellas  revolugiones,  de  que 
atrás  se  ha  hecho  mengion,  y  quando 
llegó  á  la  tierra  con  aquellos  sus  labra- 
dores, nuevos  caballeros  de  espuelas  do- 
radas que  él  queria  hager,  quiso  su  dicha 
y  la  de  sus  pardos  milites  que  halló  al 
capitán  Gongalo  de  Ocampo ,  que  avia  ya 
castigado  parte  de  los  malhechores ,  y 
poblado  aquel  lugar  que  llamó  Toledo,  y 
estaban  las  cosas  en  otro  estado  quel  clé- 
rigo avia  arbitrado.  Mas  como  venia  fa- 
voresgido  y  con  tan  grandes  poderes, 
luego  comengaron  á  contender  y  estar 
desconformes  él  y  Gongalo  de  Ocampo, 
como  he  dicho.  Y  el  clérigo  dio  orden 
cómo  hizo  luego  una  grand  casa  de  ma- 
dera y  paja,  junto  al  sitio  donde  avia 
seydo  el  monesterio  de  Sanct  Frangisco; 
y  alli  tenia  alguno  de  los  españoles  que 
consigo  traxo  muy  llenos  de  esperanga 
de  la  caballería  nueva  que  les  avia  pro- 
metido ,  con  sendas  cruges  roxas ,  que  en 
algo  querían  paresger  á  las  que  traen  los 
caballeros  de  la  Orden  de  Calatrava,  é 
tenia  en  aquella  casa  muchos  bastimen- 
tos y  rescates  y  armas  que  Su  Magostad 
le  mandó  dar,  é  otras  cosas  muchas.  Lo 
qual  todo  dexó  alli ,  é  vino  á  esta  cibdad 
de  Sancto  Domingo  é  Isla  Española  á  se 
quexar  en  esta  Audiengia  Real  del  capi- 
tán Gongalo  de  Ocampo.  Y  venido  él  y 
dexado  por  Gongalo  de  Ocampo  el  pue- 
blo é  la  tierra,  los  indios,  viendo  estas 
discordias  entre  los  chripstianos,  é  per- 
suadidos de  su  propria  cobdigia  é  mali- 
gia ,  con  desseo  de  robar  lo  que  en  aque- 
TO.MO  1. 


lia  casa  avia ,  dieron  sobre  los  chripstia- 
nos que  alli  estaban  y  mataron  á  quantos 
pudieron  dellos  ,  puesto  que  algunos  es- 
caparon huyendo,  acogiéndose  á  una  ca- 
ravela  que  en  esta  sagon  alli  estaba.  É 
los  indios  saquearon  y  robaron  la  casa, 
con  quanto  en  ella  avia :  lo  qual  sacado 
della,  pegaron  fuego  á  aquel  edifigio  mal 
fundado,  y  quedó  por  estonges  la  costa 
toda  fuera  del  poder  de  los  chripstianos. 
Y  porque  en  la  isla  de  Cubagua  avia 
algunos  pocos  de  los  chripstianos,  y  no 
eran  parte  para  contender  con  los  indios, 
no  les  consentían  los  indios  llevar  agua 
de  la  Tierra-Firme  para  su  substentagion, 
y  bebian  de  unas  lagunas  de  la  isla  Mar- 
garita, de  gierta  agua  hecha  gieno,  y  aun 
aquella  avian  con  mucha  costa  é  dificul- 
tad. Assi  que,  como  el  capitán  Gongalo 
de  Ocampo  se  passó  desde  Cubagua  á 
esta  Isla  Española ,  y  se  vino  á  su  casa  á 
esta  cibdad  de  Sancto  Domingo,  é  que- 
dó la  gente  que  avia  llevado  consigo  en 
aquella  isla ,  Frangisco  de  Vallejo  y  Pero 
Ortiz  de  Matiengo,  que  eran  alli  alcaldes 
mayores  en  la  sagon,    procuraron  con 
aquella  gente  de  ganar  el  rio  de  Cumaná 
por  tener  agua  que  bebiessen ;  y  passa- 
ron  algunas  veges  á  ello ,  é  todas  les  fue 
muy  bien  defendido ,  y  no  salieron  con 
ello,  porque  son  flecheros  é  tiran  con  hier- 
va y  es  gente  los  indios  de  aquella  cos- 
ta astuta  y  guerrera.  Y  assi  se  estuvo 
aquella  gente  é  chripstianos  en  Cubagua, 
como  en  fronteria  y  en  guarda  de  la  isla. 
El  padre  ligengiado  Bartolomé  de  las 
Casas ,  cómo  supo  el  mal  subgeso  de  su 
gente,  y  conosgióel  mal  recabdo  que  avia 
por  su  parte  en  la  conservagion  de  las 
vidas  de  aquellos  simples  é  cobdigiosos 
labradores  que  al  olor  de  la  caballería 
prometida  y  de  sus  fábulas  le  siguieron; 
y  el  mal  cuento  que  ovo  en  la  hagicnda 
que  se  le  encargó ,  y  que  él  á  tan  mala 
guarda  dexó ,  acordó  que  pues  no  tenia 

bienes  con  que  pagarlo ,  que  en  oragio- 
76 


602 


HISTORIA  GEiNERAL  Y  NATURAL 


nes  é  sacrificios ,  metiéndose  frayle ,  po- 
dría satisfager  en  parte  á  los  muertos,  y 
dexaria  de  contender  con  los  vivos.  É 
assi  lo  hizo  y  tomó  el  hábito  del  glorioso 
Sancto  Domingo  de  la  Observangia,  en 
el  qual  está  hoy  dia  en  el  monesterio  que 
la  Orden  tiene  en  esta  gibdad  de  Sancto 
Domingo.  Y  en  verdad  tenido  por  buen 
religioso :  é  assi  creo  yo  que  lo  será  me- 
jor que  capitán  en  Gumaná.  Digen  que  él 
escribe  por  su  passatiempo  en  estas  co- 
sas de  Indias ,  y  en  la  calidad  de  los  in- 
dios y  de  los  chripstianos  que  por  estas 
partes  andan  y  viven ,  y  seria  bien  que 
en  su  tiempo  se  mostrasse ,  porque  los 
que  son  testigos  de  vista  lo  aprobassen  ó 
respondiessen  por  sí.  Dios  le  dé  su  gra- 
gia  para  que  muy  bien  lo  haga :  que  yo 
creo  que  en  esta  su  historia  él  sabrá  de- 
gir  mas  cosas  de  las  que  yo  he  aqui  re- 
sumido, pues  passaron  por  él.  Pero  lo 


que  es  público  y  notorio  en  estas  y  otras 
partes  aquesto  es.  Quiero  degir  que  el 
que  ha  de  ser  capitán,  no  lo  ha  de  ade- 
vinar  sin  ser  exergitado  y  tener  experien- 
gia  en  las  cosas  de  la  guerra,  é  por  no 
saber  él  ninguna  cosa  desto  ,  confiando 
en  su  buena  intengion,  erró  la  obra  que 
comengó ;  y  penssando  convertir  los  in- 
dios, les  dio  armas  con  que  matassen  los 
chripstianos ;  de  lo  qual  resultaron  otros 
daños  que  por  evitar  prolixidad  se  dexan 
de  degir.  Y  aquesto  mismo  ó  su  semejan- 
te acontesgerá  y  suele  acontesger  á  todos 
los  que  toman  el  offigio  que  no  saben; 
porque  si  él  penssaba  santiguando  y  con 
su  buen  exemplo  pagificar  la  tierra,  no 
avia  de  tomar  las  armas,  sino  tenerlas 
como  en  depósisto  en  mano  de  un  capi- 
tán diestro ,  y  qual  conviniera  para  lo 
que  subgediesse. 


CAPITULO  VI. 

Del  segundo  provcy míenlo  que  se  hizo  para  sojuzgar  la  cosía  de  Cumaná ,  y  castigar  los  indios  de  sus  re- 
beliones ya  dichas ,  y  de  la  forlaleca  que  alli  se  fundó  para  la  guarda  del  rio  de  Cumaná ,  que  cslá  en  la 
costa  de  la  Tierra-Firme,  é  á  siete  leguas  de  la  isla  de  las  Perlas,  llamada  Cubagua. 


'espues  que  el  capitán,  Gonzalo  de 
Ocampo ,  volvió  á  esta  cibdad  de  Sancto 
Domingo  de  la  Isla  Española ,  el  almiran- 
te, don  Diego  Colom ,  y  los  oydores  desta 
Audiengia  Real  y  los  ofigiales  de  Sus  Ma- 
gestades  enviaron  otro  capitán  á  la  con- 
quista de  Cumaná ,  y  aqueste  fué  Jacome 
de  Castellón  ,  vegino  desta  cibdad  ,  assi 
para  soldar  los  errores  de  los  capitanes 
passados  que  he  dicho ,  como  para  reco- 
ger la  gente  que  avia  quedado  de  la  que 
llevaron  el  capitán  Gongalo  de  Ocampo 
y  el  ligengiado  Bartolomé  de  las  Casas, 
aunque  la  menos  útil  era  la  de  aquellos 
labradores,  é  muy  pocos  dellos  queda- 
ron vivos.  A  aqueste  capitán  se  le  dio 
muy  bastante  poder  para  sacar  toda  la 
gente  que  avia  en  Cubagua  y  la  capita- 


near, y  hager  la  guerra  á  los  indios  de 
aquella  costa  de  Tierra-Firme:  el  qual 
passó  á  la  isla  de  Cubagua ,  donde  llegó 
en  el  mes  de  octubre  del  año  de  mili  é 
quinientos  é  veynte  y  dos,  y  recogió  la 
gente  de  la  armada  que  avia  ydo  con  el 
capitán ,  Gongalo  de  Ocampo  :  é  con  el 
artillería  y  aparato  de  guerra  nesgessario 
passó  en  fin  del  mes  de  noviembre  si- 
guiente á  la  Tierra-Firme  al  rio  de  Cu- 
maná,  y  entró  por  él  y  apossesionóse 
en  la  tierra,  é  assentó  su  campo  y  real 
gerca  de  la  boca  del  rio  :  el  qual  luego 
tuvieron  los  chripstianos  libre  é  sin  con- 
tradigion,  y  los  moradores  de  Cubagua 
para  su  mantenimiento  ;  é  desde  alli  co- 
mengó á  hager  la  guerra  á  los  indios  que 
avian  seydo  en  los  malefigios  y  daños  ya 


DE  INDIAS.  LIB.  XIX.  CAP.  VI. 


603 


relatados  en  los  capítulos  de  suso,  é  hizo 
mucho  castigo  en  los  tales  con  muertes 
é  prisiones  de  muchos ,  y  envió  cantidad 
de  esclavos  dellos  á  esta  Isla  Española, 
é  cobró  la  possesion  de  la  tierra  y  re- 
dugióla  al  servicio  de  Sus  Magestadcs.  É 
fundó  en  Cumaná  gerca  de  la  boca  del 
rio  un  castillo  fuerte  de  cal  y  canto  con 
muy  buen  aposento  y  una  torre ,  en  la 
qual  algo  las  banderas  reales  en  comen- 
tando á  ser  fuerte,  que  fué  á  los  dos 
dias  de  hebrero  del  año  de  mili  é  qui- 
nientos é  veynte  é  tres,  é  llamósse  al- 
cayde  della,  y  después  la  Cesárea  Ma- 
gostad del  Emperador,  nuestro  señor,  le 
proveyó  del  mismo  officio  y  cargo  de  al- 
cayde.  Y  desde  aquel  tiempo  adelante  se 
comengó  sin  temor  á  fundar  pueblo  en  la 
isla  de  Cubagua  de  propóssito ,  y  llamóse 
la  Nueva  cibdad  de  Cáliz ,  porque  con 
la  seguridad  de  la  fuerga  y  castillo  que 


he  dicho ,  y  con  entrar  en  aquella  gran- 
jeria muchos  indios  buenos  pescadores 
de  perlas,  ávidos  en  aquella  guerra,  los 
veginos  fueron  aprovechados  mucho  y 
se  dieron  á  fundar  su  pueblo  y  casas  de 
morada  con  mucho  propóssito  de  cal  y 
canto,  y  se  fundó  la  iglesia  muy  bien  la- 
brada ;  y  el  primero  que  comengó  á  la- 
brar casa  de  piedra  fué  un  hidalgo  na- 
tural de  Soria ,  que  se  dice  Pedro  de 
Barrionuevo.  Después  de  lo  que  es  di- 
cho, hizo  el  capitán  Jacome  de  Caste- 
llón pages  con  los  indios,  é  se  abrió 
contratagion  é  comunicagion  entre  los 
chripstianos  y  ellos :  la  qual  permanesge 
y  es  utilíssima  y  provechosa  á  ambas 
partes,  é  quedó  la  tierrra  y  costa  sojuz- 
gada é  la  isla  de  Cubagua  segura  é  muy 
exergitada  en  la  pesquería  y  granjeria  de 
las  perlas. 


CAPITULO  VII. 

De  una  tormenta  é  terremoto  que  súbitamente  acaes^ió  en  la  provincia  de  Cumaná  en  la  Tierra-Firme  ,  la 
qual  tempestad  derribó  la  forlaleca  ó  castillo  que  los  chripstianos  tenian ,  de  que  se  hizo  mención  en  el  ca- 
pítulo de  suso  ,  é  cómo  se  labró  é  se  hizo  otro  castillo. 


JCjI  año  de  mili  é  quinientos  é  treynta, 
en  el  mes  de  septiembre ,  en  un  dia  se- 
reno é  tranquilo,  en  un  instante,  á  las 
diez  horas  del  dia ,  en  la  provingia  de 
Cumaná  se  levantó  la  mar  en  altura  de 
quatro  estados  é  juntamente  dio  la  tier- 
ra un  horrible  bramido,  é  inundóse  la 
tierra,  sobrepujando  la  mar  sobre  ella,  y 
encontinente  comengó  la  tierra  á  tem- 
blar ,  é  lo  continuó  por  tres  quartos  de 
hora :  del  qual  grandíssimo  temblor  cayó 
la  fortalega  que  tengo  dicho  en  el  prege- 
dente  capítulo ,  é  abrióse  la  tierra  por  di- 
versas partes ,  é  higiéronse  muchos  pe- 
gos ,  los  quales  produgian  una  agua  negra 
que  hedia  á  agufre.  Hundiéronse  muchos 
pueblos  de  indios ,  y  de  ellos  murieron 
muchos ,  unos  porque  los  mataban  las  ca- 


sas é  otros  que  del  miedo  y  espanto  per- 
dieron las  vidas.  Abrióse  una  grande 
sierra ,  questá  mas  de  ginco  leguas  des- 
viaba de  la  mar ,  y  la  abertura  della  fué 
tan  grande  que  se  vee  desde  á  mas  de 
seys  leguas  apartados  della.  Tornadas  las 
aguas  á  sus  límites ,  é  aviendo  por  mira- 
glo  escapado  los  chripstianos  que  esta- 
ban en  la  fortalega ,  el  alcayde ,  por  no 
ser  echado  de  la  tierra  y  conservarla  en 
servigio  de  Sus  Magostados,  con  la  gen- 
te que  alli  tenia  consigo,  hizo  un  baluarte 
y  reparo  á  la  redonda  de  una  esquina  de 
la  fortalega  que  quedó  en  pié  ,  y  en  aquel 
baluarte  y  reparo  se  sostuvo  catorge  me- 
ses ,  en  los  quales  se  edificó  otra  nueva 
fortalega  gerca  de  la  cay  da.  Y  dexando 
después  el  reparo,  se  metió  y  passó  en  la 


604 


DISTOniA  GENERAL  Y  NATURAL 


jortalega  nueva.  Esto  fué  en  el  año  de  las,  y  señorea  el  rio  de  Gumaná  é  parte 
mili  é  quinientos  é  treynta  y  uno.  É  de  la  provincia  ,  que  no  se  osan  los  indios 
aquesta  fuerga  es  la  que  al  pressente  tie-  mover  ni  hager  los.  atrevimientos  v  re- 
ne segura  el  agua  para  la  isla  de  las  Per-  beliones  que  solianhager  continuamente. 

CAPITULO  VIH. 

En  que  Irala  el  chronista  de  algunas  opiniones  de  los  historiales  antiguos  cerca  de  las  perlas ,  y  de  algu- 
nas particularidades  dellas ,  y  de  algunas  perlas  grandes  que  se  han  ávido  en  aquestas  Indias. 


Iluanto  al  descubrimiento  é  conquista 
de  la  isla  de  las  Perlas  y  parte  de  la  pro- 
vincia é  costa  de  Gumaná  en  la  Tierra- 
Firme,  y  otras  particularidades  convi- 
nienles  al  discurso  de  la  materia ,  dicho 
se  ha  en  los  capítulos  precedentes  lo  que 
convino  á  la  historia.  Ahora  diré  algo  de 
las  opiniones  de  los  antiguos  en  lo  que 
toca  á  las  margaritas  ó  perlas ,  é  aunque 
á  algunos  parezca  cosa  recia  reprobar  yo 
é  contradegir  lo  que  tan  señalados  y  doc- 
tos varones  afirman  ,  no  se  maravillen  los 
letores  ,  porque  ellos  pueden  degir  ver- 
dad é  yo  también.  Ellos,  segund  fueron 
informados  de  diversos  auctores  ó  perso- 
nas de  quien  fundaron  sus  palabras,  é 
yo  de  mis  ojos  y  experiengia ,  de  donde 
progeden  las  mias.  Dige  Isidoro  *  que  las 
perlas  se  llaman  uniones,  porque  se  ha- 
lla una  é  nunca  dos  ó  mas  juntas,  y  con 
esto  se  conforma  el  Alberto  Magno  ^  en 
su  tractado  De  proprietatibus  rerum,  y 
ambos  auctores  tienen  que  se  engendran 
del  rogio  en  gierto  tiempo  del  año ,  é 
otras  cosas  digen  quel  curioso  desta  ma- 
teria podrá  ver,  si  quisiere,  en  sus  tracta- 
dos.  Pero  muy  mas  largamente  lo  escribe 
Plinio  ',  y  mejor  que  ninguno  de  los  auc- 
tores que  yo  he  visto:  el  qual  se  confor- 
ma con  los  susodichos,  ó  mejor  digiendo 
ellos  lo  pudieron  aprender  del  en  degir 
que  se  engendran  del  rogio ,  y  básele  de 


dar  mas  crédito,  porque  es  mas  antiguo. 
Esta  manera  de  congepgion  de  las  perias 
por  el  rogio  es  una  de  las  cosas  que  yo 
no  afirmo ,  y  en  que  estoy  dudoso ,  por 
lo  que  diré  adelante.  Y  todos  tres  histo- 
riales concuerdan  en  que,  segund  la  cali- 
dad del  rogio  que  resgiben  ,  assi  son  cla- 
ras ú  obscuras  ;  de  manera  que  digen  que 
si  es  claro  el  rogio,  assi  lo  es  la  peria,  ó 
si  turbio,  turbia.  É  si  es  nublado  quando 
congiben,  digen  que  las  perias  son  ama- 
rillas, porque  son  del  ayre,  y  con  el  ay- 
re  han  mas  propinqüidad  que  con  lámar, 
y  del  ayre  toman  la  color  ó  nublado  ó  se- 
reno. Pero  en  lo  que  digen  essotros  auc- 
tores del  nombre  de  las  perias  ser  dichas 
uniones,  no  se  conforma  Plinio  con  ellos 
en  la  ocasión  del  nombre ,  porque  dige 
queElio  Slilon  escribe  que  en  la  guerra  de 
Jugurta  se  puso  á  las  margaritas,  que 
eran  supremamente  grandes,  este  nombre 
de  uniones ;  pero  no  aprueba  ser  lo  que 
digen  los  otros  auctores,  pues  en  el  libro 
y  capítulos  de  suso  alegados  depone  de 
vista  Plinio,  é  dige  aver.él  visto  muchas 
veges  en  la  oria  ó  extremo  del  nácar  ó 
concha  é  quassi  defuera  y  en  algunas 
conchas  quatro  perlas  juntas  yaunginco. 
Él  lo  pudo  muy  bien  degir,  porque  en 
estas  partes ,  en  espegial  en  la  isla  de 
Gubagua,  de  quien  aqui  se  tracta ,  se 
han  visto  muchos  granos  mas  de  perias 


i    Isid.,  Ethi.,  lib.  XVI,  cap.  10. 
2    Alberto  Magno,  lib.  XVI,  cap.  62, 


3    Plin.,  Ubi  IX,  cap.  35. 


DE  INDIAS.  LIB.  XIX.  CAP.  VIII. 


G05 


é  aljóphar  menudo,  y  esto  acontege  gada 
dia.  Pero  todos  los  auctores  concluyen 
que  las  perlas  se  envejesgen ,  y  por  tanto 
digo  yo  que  ningún  prudente  debe  hager 
mucho  caudal  de  cosa  que  tan  presto   é 
tan  manifiestamente  nos  enseña  esta  ver- 
dad é  declinagion  de  hermosura.   Digo 
caudal  para  tenerlas  por  joya  que  pueda 
turar  largo  tiempo ,  pues  no  es  turable  su 
resplandor.  Y  por  esto  no  es  heredad  pa- 
ra guardar,  porque  cada  dia  pierde  su 
vigor  y  vale  menos ,  por  se  envejesger  y 
arrugar,  y  de  hora  en  hora  son  menos 
de  estimar.  Assi  que,  quanto  mas  frescas 
se  pueden  a  ver,  tanto  mejores  son,  con- 
curriendo en  ellas  las  otras  calidades  que 
han  de  tener  para  su  valor.  No  curaré  de 
degir  otras  particularidades  muchas  quel 
Plinio  dige  de  las  perlas  en  el  lugar  ale- 
gado ,  que  son  muy  notables  para  oyr, 
assi  de  las  que  tuvo  Julia  Paulina,  ma- 
trona del  emperador  Cayo  Calígula,  co- 
mo  Cleopatra,   reyna  de  Egipto.  Pero 
acordaré  á  quien  esto  leyere  que  ovo 
Pedrarias  de  Ávila  ,  gobernador  de  la 
Tierra-Firme ,  una  perla  que  compró  en 
mili  é  dosgientos  pesos  á  un  mercader,  lla- 
mado Pedro  del  Puerto,  en  la  cibdaddel 
Darien  el  año  de  mili  é  quinienios  é  quin- 
ge  (el  qual  la  avia  comprado  en  una  al- 
moneda al  capitán  Gaspar  de  Morales  é 
á  la  gente  que  con  él  avia  ydo  á  la  isla 
de  Terarequi,  que  es  en  lámar  del  Sur); 
y  en  lo  mesmo  quel  mercader  la  compró 
la  tornó  á  vender  luego  otro  dia,  éla  dio 
á  Pedrarias,   porque  nunca  una  noche 
que  fué  del  mercader  pudo  dormir ,  acor- 
dándose del  mucho  oro  que  avia  dado 
por  la  perla ;  la  qual  pessaba  treynta  é 
un  quilates ,  y  es  de  talle  de  pera  y  de 
muy  linda  color  é  muy  oriental.  La  qual 
después  compró  la  Emperatriz ,  nuestra 
señora  ,  á  doña  Isabel  de  Bovadilla,  mu- 
ger  que  fué  de  Pedrarias :  y  en  la  verdad 
es  perla  é  joya  para  quien  la  tiene  y  pa- 
ra ser  en  mucho  estimada  ,  como  agora 


lo  está.  Pero  yo  tuve  una  perla  redonda 
de  peso  de  veynte  y  seys  quilates ,  é  tu- 
ve otra  después  de  talle  de  pera,  que  ove 
en  Panamá  el  año  de  mili  é  quinientos  é 
veynte  y  nueve,  que  vendí  en  esta  cib- 
dad  de  Sancto  Domingo  desta  Isla  Espa- 
ñola á  iHi  aloman  de  la  gran  compañía 
de  los  Belgares  en  quatrogientos  é  gin- 
qüenta   castellanos.  Estas  grandes  per- 
las se  han  hallado  y  otras  en  la  mar  del 
Sur  en  la  isla  de  Terarequi;  pero  en  es- 
totra isla  de  Cubagua,  de  quien  aquí  se 
tracta,  no  son  tamañas,  sino  pequeñas, 
de  dos  y  tres  é  quatro  ó  ginco  quilates,  ó 
poco  mas  la  mayor  dellas ;  pero  en  per- 
figion  algunas,  é  innumerable  cantidad  de 
aljóphar  grueso  y  menudo  y  de  todas 
suertes.  Hay  assi  mesmo  perlas  en  otras 
partes  destas  Indias,  lo  qual  se  dirá  quan- 
do  la  historia  fuere  discurriendo  ó  to- 
cando en  las  provingias  donde  se  hallan. 
Cuanto  á  lo  que  toqué  de  suso  en  que 
dixe  ó  quise  significar  que  avia  de  re- 
probar ó  contradegir  lo  que  tan  señalados 
auctores  escriben  en  esta  materia  de  las 
perlas,  digo  que  yo  tengo  por  imposible  lo 
que  digen  quanto  al  engendrarse  con  el 
rogío ,  y  ser  turbias  ó  claras  ni  tampoco 
amarillas  por  los  truenos;  porque  en  una 
mesma  ostia  no  son  todas  las  perlas  que 
tiene  de  una  bondad  é  redondez ,  ni  de 
una  perfigion  de  color,  ni  de  un  tamaño' 
sino   en  diferente  manera  algunas.  Lo 
otro,  ¿cómo  se  puede  probar  lo  que  di- 
gen  pues  que  muchas  dellas  se  sacan  de 
diez  y  de  doge  bragas  de  agua  en  hondo, 
donde  muy  pegadas  é  asidas  con  las  pe- 
ñas en  algunas  partes  están?  ¿Quién  las 
vido  claras  antes  que  atronasse,  é  des- 
pués vido  que  las  mismas  se  avian  tornado 
escuras  y  de  los  defectos  ya  dichos?... 
Dexemos  esto  creer  á  los  que  no  sabrán 
contradegirlo;  porque  yo  las  he  visto  é 
tenido  tan  negras  como  agabache,  é  otras 
leonadas,  é  otras  muy  amarillas  é  res- 
plandesgientes  como  oro ,  é  otras  quaxa- 


606 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


dase  espesase  síq  resplandor,  é  otras 
quassi  aguíes ,  é  otras  como  agogadas ,  é 
otras  que  tiran  sobre  color  verde,  é 
otras  á  diversas  colores  declinando.  É 
assi  quanto  mas  diferentes  y  enfermas  en 
la  vista  ó  para  menos  estimar  están,  tan- 
to mas  y  de  mayor  estimación  son  las 
perfectas.  É  muy  raras  veges  se  hallan 
las  que  son  dinas  de  se  poner  en  estima 
ó  regla  de  quilates  para  la  vengion  de- 
ltas. Pero  en  quanto  á  la  forma  de  su 
ereagion,  acuérdese  quien  esto  lee  de  lo 
que  se  dixo  en  el  cap.  II  deste  lib.  XIX, 
é  aquello  puede  tener  por  muy  gierto.  Y 
también  podria  ser  que  en  estas  partes  se 
formassen  é  criasen  de  una  manera ,  y  en 
el  Oriente  é  donde  digen  Plinio  é  otros 


auctores  que  las  hay  se  engendrassen  de 
otra  forma ,  ó  por  el  rogío  que  ellos  di- 
gen;  porque  natura  en  algunas  partes 
hage  en  diferentes  modos  sus  operagio- 
nes  en  un  mismo  género  de  criaturas. 
Conténtese,  pues,  elletor  con  lo  dicho,  y 
passemos  á  otra  manera  de  perlas  que  se 
hagen  y  nasgen  en  los  nacarones,  de 
quien  hige  mengion  en  el  prohemio ,  por- 
que de  aquestos  nunca  lo  ley  ni  lo  he 
visto  por  algund  auctor  escripto ,  é  yo 
los  he  llevado  á  España ,  é  hay  muchos 
dellos  en  la  costa  austral  de  la  Tierra- 
Firme  ,  en  la  provingia  que  llaman  de  Ni- 
caragua, y  en  las  islas  de  Chara  é  Chira 
é  Pocosi,  é  otras  islas  del  golpho  de 
Orotiña. 


CAPITULO  IX. 

De  los  nacarones  en  que  se  hallan  perlas  en  la  provincia  de  Nicaragua  é  golpho  de  Orotiña  é  otras  partes. 


JCin  el  golpho  de  Orotiña  é  islas  que  hay 
en  él,  assi  como  Chira  é  Chara  é  Poco- 
si  é  otras  que  son  dentro  del  Cabo  Blan- 
co en  la  costa  de  Nicaragua  en  la  mar 
del  Sur ,  he  yo  visto  muchos  destos  na- 
carones, y  de  alli  eran  los  que  dixe  de 
suso  que  avia  llevado  á  España.  Estos  son 
una  manera  de  conchas  del  talle  que  aqui 
está  debuxado  [Lám.  5.*,  fig.  9.'),  é  son 
dos  pegados,  assi  como  las  ostias  lo  están, 
é  asidos  por  las  puntas  é  algo  mas,  de 
manera  que  lo  ancho  es  lo  que  se  abre 
é  gierran  por  sí  mismos.  Estos  nacarones 
son  grandes  y  medianos  é  menores;  los 
mayores  tan  luengos  como  un  codo  has- 
ta en  fin  de  los  dedos ,  y  el  anchor  de  la 
pala  de  un  palmo  ó  mas,  y  deste  tamaño 
para  abaxo.  Tienen  dentro  gierto  pesca- 
do ó  carnosidad,  como  las  ostias  de  las 
perlas;  pero  mucho  mayor  en  cantidad, 
y  á  proporgion  de  la  grandeza  de  las 
conchas,  é  no  poco  duro  de  digestión  y 
regio.  Y  en  la  verdad  quantas  ostias  y 


nacarones  de  perlas  he  yo  visto ,  no  es 
buen  pescado  ni  tal  para  comer  como  las 
ostias  de  España  con  mucha  parte ,  pero 
en  fin  todo  se  come.  Estos  nacarones  por 
de  dentro  son  de  hermosa  vista  y  lustre, 
é  resplandescen  como  las  hostias  de  las 
perlas  en  la  parte  mas  delgada  dellas, 
hasta  la  mitad  de  la  longitud  y  de  ahy 
adelante  para  lo  mas  ancho  van  perdien- 
do aquella  color ,  y  se  convierte  una  par- 
te en  una  color  de  aguí  muy  fino  y  res- 
plandesgiente,  y  perlas  espaldas  de  fue- 
ra son  ásperos  y  acanalados,  segund  las 
veneras,  pero  de  dentro  son  lisos.  Las 
perlas  que  en  estas  conchas  de  los  na- 
carones se  hallan,  no  son  finas  ni  de  buen 
color :  si  turbias  y  algunas  leonadas ,  é 
algunas  quassi  negras ,  é  también  se  ha- 
llan blancas,  pero  no  buenas. 

Estas  veneras  destos  nacarones  sirven 
á  los  indios  de  palas  ó  agadas  para  sus 
labores  en  algunas  partes  para  la  agri- 
coltura  de  sus  campos  y  de  sus  huertos; 


DE  INDIAS.  LIB.  XIX.  CAP.  IX. 


607 


porque  donde  yo  las  he  visto  es  la  tierra 
muy  polvorosa  y  no  regia  de  cavar  y  vol- 
ver. Y  enastan  en  un  palo  el  nacarón 
por  la  punta,  é  sírvense  de  muy  gentiles 
y  provechosas  palas ,  é  hágenlas  de  las 
mayores  ó  menores  é  tamaño  que  quie- 
ren, porque  las  hallan  segund  las  han 
menester ;  é  atado  el  astil  con  muy  bue- 
nos hilos  de  algodón  torgido ,  labran  la 
tierra  con  aqueste  instrumento. 

Los  indios  quando  toman  estos  naca- 
rones para  comer,  no  desechan  las  per- 
las que  en  ellos  hallan  por  malas  que 
sean ,  ni  aun  nuestros  mercaderes  tampo- 
co, quando  se  las  dan;  porque  las  mezclan 
con  las  buenas  que  se  sacan  en  las  ostias 
de  las  perlas  linas,  é  assi  vuelto  todo  lo 
venden  mezclado,  porque  aprovechen 
en  el  peso  al  vendedor :  que  no  es  mas 
que  en  lugar  de  trigo  revolver  con  ello 
genteno ,  ó  con  la  gebada  avena.  Sirven 


á  esta  maligia ,  porque  no  hay  ya  offigio 
ni  arte  en  que  la  astugia  de  los  cobdigio- 
sos  tractantesdexe  de  hallar  medios  para 
sus  engaños.  Assi  que,  aquestos  son  los 
nacarones ,  en  que  se  comete  el  fraude 
que  he  dicho ;  pero  los  que  son  diestros 
é  han  noligia  destas  cosas,  no  las  pagan 
en  igual  pregio  que  las  perlas  ó  aljóphar 
limpio ;  y  es  verdad  que  en  su  espegie 
de  los  granos  que  nasgen  en  estos  naca- 
rones son  redondíssimos ,  y  aunque  las 
conchas  son  prolongadas,  nunca  ó  muy 
raras  veges  lo  son  sus  perlas ,  sino  muy 
redondas :  que  parege  cosa  para  dubdar 
por  ser  del  talle  que  son  estos  nacaro- 
nes :  antes  las  perlas  de  talle  ó  fagion  de 
peras  todas  nasgen  en  las  ostias  redon- 
das. Passemos  agora  á  degir  la  manera 
que  los  indios  tienen  en  el  exergigio  de 
la  pesquería  de  las  perlas. 


CAPITULO  X. 

El  qual  tracla  de  la  manera  que  los  indios  é  aun  los  chripstianos  tienen  para  tomar  y  pescar  las  perlas. 


JOju  esta  isla  de  Cubagua,  de  quien  aquí 
pringipalmente  se  tracta,  es  donde  en 
estas  partes  é  Indias  mas  se  exercita  la 
pesquería  de  las  perlas,  y  hágese  de 
aquesta  manera.  Los  chripstianos  que  en 
esta  granjeria  entienden ,  tienen  esclavos 
indios,  grandes  nadadores,  y  envíalos  su 
señor  con  una  canoa ,  y  en  cada  canoa 
destas  van  seys  ó  siete  ó  mas  ó  menos 
nadadores  donde  les  paresce  ó  saben  ya 
que  es  la  cantidad  de  las  perlas ;  y  alli 
se  paran  en  el  agua,  y  échanse  para 
abaxo  á  nado  los  pescadores  hasta  que 
llegan  al  suelo,  y  queda  en  la  barca  ó 
canoa  uno  que  la  tiene  queda  todo  lo  que 
él  puede ,  atendiendo  que  salgan  los  que 
han  entrado  debaxo  del  agua.  É  después 
que  grande  espagio  ha  estado  el  indio 
assi  debaxo,  sale  fuera  engima  del  agua, 


é  nadando  se  recoge  á  la  canoa ,  y  pres- 
senta  y  pone  en  ella  las  ostias  que  saca 
porque  en  ostias  ó  veneras  ó  conchas  assi 
llamadas  se  hallan  las  perlas ,  ó  en  los  na- 
carones que  se  dixo  en  el  capítulo  de 
suso ;  las  quales  ostias  trae  en  una  bolsa 
de  red,  hecha  para  aquello,  que  el  nada- 
dor lleva  atada  á  la  gintá  ó  al  cuello.  É 
assi  entrado  en  la  canoa,  descansa  un 
poco  y  come  algund  bocado ,  si  quiere,  y 
torna  á  entrar  en  el  agua ,  y  está  allá  lo 
que  puede,  é  torna  á  salir  con  mas  ostias 
que  ha  tornado  á  hallar ,  é  hage  lo  que 
primero  se  dixo ,  y  desta  manera  todos 
los  otros  indios  nadadores  puestos  á  es- 
te exergigio  hacen  lo  mismo.  É  quando 
viene  la  noche  ó  les  paresge  que  es  tiem- 
po de  descansar,  recógense  á  la  isla  á 
sus  casas ,  é  entregan  las  ostias  de  todo 


608 


HISTORIA  GENERAL  Y-  NATURAL 


su  jornal  al  señor,  cuyos  son  estos  pesca- 
dores ó  á  su  mayordomo ,  é  aquel  háge- 
les  dar  de  genar,   é  pone  en  cobro  las 
ostias.  É  quando  tiene  copia  ó  cantidad 
asaz,  hage  que  las  abran ,  y  en  cada  una 
halla  las  perlas  ó  aljóphar;  un  grano  ó 
perla   en  algunas  conchas  sola ,  y  en 
otras  dos  é  tres  é  quatro  c  ginco  é  seys 
é  diez  y  mas  y  menos  granos,   segund 
natura  alli  los  puso ,  é  guárdanse  las  per- 
las é  aljóphar  que  en  las  ostias  se  han 
hallado ,  é  gómense  el  pescado  dellas  si 
quieren  ó  échanlo  á  mal ;  porque  hay  tan- 
tas que  aborresge  tal  manjar ,  é  todo  lo 
que  sobra  de  semejantes  pescados  enoja. 
Quanto  mas  que,  como  tengo  dicho,  son 
muy  duras  de  digestión  é  no  de  tan  buen 
sabor  como  las  ostias  de  nuestra  España. 
Algunas  veges  que  la  mar  anda  mas  alta 
de  lo  que  los  pescadores  é  ministros  des- 
ta  granjeria  querrían ,  é  también  porque 
naturalmente  quando  un  hombre  está  en 
mucha   hondura  debaxo  del   agua,  los 
pies  se  levantan  para  arriba  é  con  difi- 
cultad pueden  estar  en  tierra  debaxo  del 
agua  luengo  espagio,  en   esto  proveen 
los  indios  desta  manera.   Échanse  sobre 
los  lomos  dos  piedras,  una  al  un  costa- 
do y  otra  al  otro,  asidas  de  una  cuerda, 
de  forma  que  de  la  una  á  la  otra  queda 
un  palmo  ó  lo  que  les  paresge  de  inter- 
valo ,  y  el  indio  queda  en  medio ,  é  dé- 
xase  yr  para  abaxo ;  é  como  las  piedras 
son  pesadas,  hágele  estar  en  el  suelo  que- 
do ,  pero  quando  le  paresge  é  quiere  su- 
birse ,  fácilmente  puede  desechar  las  pie- 
dras é  salirse.  É  tienen  tanta  habilidad 
algunos  de  los  indios  que  andan  en  este 
offigio  en  su  nadar,  que  se  están  debaxo 
del  agua  un  quarto  de  hora  de  relox ,  é 
algunos  hay  que  mas  tiempo  y  menos, 
segund  que  cada  uno  es    apto  y  sufi- 
giente  en  el  arte  que  traen  en  esta  ha- 
cienda. 


Otra  cosa  grande  é  muy  notable  me 
ocurre  desta  isla,  y  es  que  preguntando 
yo  algunas  veges  á  señores  particulares 
de  los  indios  que  andan  en  esta  pesque- 
ría si  se  acaban  ó  agotan  estas  perlas, 
pues  que  es  pequeño  el  sitio  ó  término 
donde  se  toman   é  muchos  los  que  las 
buscan ,  degíanme  que  se  acababan  en 
una  parte  y  se  passaban  los  nadadores  á 
pescar  en  otra  al  otro  costado  de  la  mis- 
ma isla  ó  viento  contrario  y  que  des- 
pués que  también  acullá  se  acababan,  se 
tornaban  al  primero  lugar  ó  á  alguna  de 
aquellas  partes,  donde  primero  avian  pes- 
cado é  lo  avian  dexado  agotado  de  per- 
las, y  que  lo  hallaban  tan  lleno,  como  si 
nunca  alli  ovieran  sacado  cosa  alguna: 
de  que  se  infiere  y  puede  sospecharse 
que  son  de  passo ,  como  Plinio   quiere 
degir*,  assi  como  lo  son  otros  pescados, 
ó  nasgen  y  se  aumentan  y  produgen  en 
lugares  señalados.  Pero  caso  que  esto 
sea  assi,  hánse  dado  tanta  priessa  los 
chripstianos  á  buscar  estas  perlas,  que 
no  contentándose  con  los  nadadores  en 
las  sacar ,  han  hallado  otros  artifigios  de 
rastros  é  redes ,  y  han  sacado  tanta  can- 
tidad ,  que  se  ha  comengado  á  aver  pe- 
nuria é  faltaban  ya  y  no  las  hallaban  en 
abundangia,  como  primero;  pero  en  poco 
espagio  de  tiempo  que  repose  la  gente, 
tornan  á  hallar  muchas  ostias  en  canti- 
dad. Esta  pesquería  en  Cubagua  es  en 
quatro  bragas  ó  menos ,  y  en  pocos  lu- 
gares de  aquella  isla  mas  hondo.  Pero  en 
la  isla  de  Terarequi  de  la  mar  austral  en 
diez  y  doge  bragas ,  segund  se  dirá  quan- 
do hablemos  en  aquella  isla  y  la  de  Oto- 
que  ,  y  en  las  cosas  de  la  Tierra-Firme. 
Dixe  de  suso  que  son  de  passo ,  porque 
en  el  lugar  alegado  dige  el  Plinio  que 
algunos  digen  que  las  perlas  tienen  rey 
como  la  enxambre  de  las  abejas :  el  qual 
rey  ó  guia  siguen  las  otras.  É  que  aques- 


1    Plinio.lib.  IX,cap.  XXXV. 


DE   INDIAS.  LIB.  XIX.  CAP.  X. 


609 


la  tal  concha  principal  es  mayor  que  las 
otras ,  y  mas  hermosa ,  y  de  grande  in- 
dustria en  se  guardar,  y  que  todo  el  in- 
genio de  los  pescadores  se  enderesga  á 
tomar  la  tal  guia ,  porque  lomada  aquella 
es  fágil  cosa  meter  en  la  red  las  otras 
que  han  perdido ,  ó  son  privadas  de  la 
guia,  rey  suyo.  Digo  yo  que  si  esto  que 
dice  Plinio  acaesge  y  passa  assi  en  otras 
partes,  que  en  aquestas  nuestras  Indias 
ninguna  notigia  se  tiene  hasta  agora  de 
tales  guias  entre  los  indios  ni  los  chrips- 
tianos.  Es  la  perla  tierna  en  el  agua  don- 
de anda;  pero  en  saliendo  fuera,  súbito 
se  enduresce  ,  segund  el  mismo  auctor  lo 
dige.  Esto  no  se  puede  negar ,  porque  en 
estas  partes  se  ha  visto  lo  mismo ,  é  por 
esto  pienssan  algunos  que  poco  á  poco  se 
enduresgen  ó  se  van  hagiendo  de  la  ma- 
nera que  se  dixo  en  el  capítulo  segundo, 
lo  qual  se  ha  alcangado  con  la  experiengia. 
Pero  otra  cosa  grande  y  para  notar  se  me 
ofresge  que  ageptarán  todos  los  que  al- 
gund  tiempo  han  residido  en  aquesta  isla 
de  Cubagua ;  y  es  que  en  gierto  tiempo 
produgen  las  ostias  de  las  perlas  un  gier- 
to humor  roxo  ó  sanguino  en  tanta  abun- 
dangia,  que  tiñen  el  agua  y  la  turban  en 
la  misma  color;  por  lo  qual  algunos  di- 
cen que  les  viene  el  menstruo,  como  á  las 
mugeres  su  costumbre,  quando  digen  que 
tienen  su  camisa.  Todas  las  mas  de  las 
perlas  que  se  crian  entre  peñas  son  ma- 
yores que  las  que  se  toman  en  plagóles  y 
arenales ,  é  tienen  en  la  juntura  de  la  ca- 
bega  de  la  venera  unos  hilos  á  manera 
de  ovas  y  algo  verdes  y  de  otras  colores, 
con  que  están  como  por  los  cabellos  ti- 
radas ó  muy  asidas  con  las  peñas,  y  al- 
gunas dellas  tan  apretadas ,  que  es  me- 
nester que  el  indio  tenga  buena  fuerga 
para  las  despegar,  ó  que  lleve  alguna 
cosa  con  que  las  arranque.  Hállanse  de 
muchas  maneras  é  talle  diferentes  :  unas 
de  hechura  de  peras,  y  otras  redondas, 


que  es  muy  mejor,  y  oirás  que  la  mitad 
tienen  redondo  é  la  otra  mitad  llano  ;  é 
aquestas  llaman  en  aquestas  parles  as- 
sientos ,  y  algunos  las  nombran  panegi- 
llos :  á  estas  tales  llama  Plinio  lipanie. 
Otras  hay  torgidas  é  de  todas  las  diferen- 
gias  que  puede  aver  en  las  piedras ,  y  á 
las  tales  llaman  acá  piedras  ó  pedrería. 
Otras  hay  que  por  la  una  parte  tienen 
buen  lustre  y  paresgen  como  si  fuessen 
muchas  juntas  y  de  otras  figuras  ,  y  por 
el  envés  están  huecas  como  bexigas. 
Esta  manera  dige  Plinio  que  progede  del 
tronar,  porque  se  encogen  é  hagen  en  lu- 
gar de  perla  quassi  como  bexiga  vagía  de 
dentro,  é  aquesta  tal  se  Wamei phisemata. 
Es  conclusión  de  todos  los  lapida- 
rios y  de  los  que  escriben  de  estas  mar- 
garitas ó  perlas,  é  mas  apuntadamente 
assi  determinado  por  Plinio ,  que  son  de 
muchas  hojas  las  perlas  y  que  se  rogan  y 
gastan:  lo  qual  nuestros  ojos  enseñan  á 
quien  lo  quiere  ver,  que  son  assi  como 
los  ojos  de  los  besugos ,  ó  como  una  ge- 
bolla  ,  hojaldradas  é  una  camisa  sobre 
otra,  disminuyéndose  su  grossega  hasta 
un  punto  en  su  mitad ,  un  lecho  ó  corte- 
ga  sobre  otra ,  y  assi  por  esta  propriedad 
há  lugar  el  arte  de  algunos  expertos  para 
las  labraré  polir,  quando  en  las  primeras 
hojas  hay  algún  vigió  ó  pelo  ú  otra  difi- 
cultad en  la  perla ,  si  tiene  cuerpo  para 
ello  y  en  la  parte  interior  es  capaz  é  lim- 
pia ó  menos  vigiosa.  Pero  pocas  veges  la 
mano  del  mas  sotil  hombre  que  en  esto 
puede  entender ,  la  dexa  tal  como  la  que 
sale  perfigionada  de  las  manos  ó  artifigio 
de  la  natura ;  y  lo  mismo  digo  del  oro, 
porque  nunca  lo  vi  jamás  tan  bien  labra- 
do que  tuviesse  tal  color  como  aquella, 
con  que  se  saca  de  las  minas.  Verdad  es 
que  á  las  perlas  conviene  lavarlas  de 
quando  en  quando,  porque  se  empañan 
trayéndolas,  é  quieren  estar  muy  bien 
Iractadas. 


TOMO  1. 


77 


610 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


CAPITULO  XI. 


Que  tracta  del  aviso  que  debe  aver  en  los  que  compran  perlas. 


lio  parezca  desconviniente  al  letor  ni 
al  mercador  loque  agorase  dirá;  porque 
pues  es  aviso  para  que  las  perlas  se  ven- 
dan mas  sin  engaño,  diño  es  el  chronista 
que  aquesto  dige  que  se  le  den  gragias, 
por  manifestar  semejante  fraude,  para 
que  la  perla  sana  esté  en  su  presgio ,  y 
la  cascada  quede  en  el  suyo;  pues  que 
en  una  olla  ó  un  vaso  de  poco  valor  se 
desechan  las  vasijas  sospechosas.  Esto 
que  agora  yo  digo  ó  manifestaré  la  ex- 
periengia  me  lo  enseñó ,  y  aun  con  harta 
pérdida  de  dineros,  por  no  lo  aver  enten- 
dido quando  compré  algunas  perlas  ,  ni 
lo  vi  hasta  que  desde  á  tiempo  lo  conos- 
gí.  Muchas  perlas  passan  por  sanas  que 
no  lo  son,  é  los  ojos  cebados  de  su  buen 
resplandor  é  talle,  é  otras  gircunstangias„ 


no  mirando  en  lo  demás ;  se  engañan,^ 
porque  aunque  estén  cascadas  é  sentidas 
por  algún  golpe  ó  por  otra  ocasión  no  se 
vee  su  defeto,  salvo  poniéndolas  entre 
los  dedos  al  trasparente  resplandor  del 
gielo,  dándoles  el  sol:  é  assi  luego  vereys 
algunas  que  están  quebradas  ó  cascadas 
en  lo  interior  é  secreto  ó  medula  de  las 
perlas ,  ó  si  tienen  algún  pelo  ó  raga  con- 
forme á  esto,  tan  claramente  que  no  ten- 
gáis nesgessidad  de  informaros  de  nin- 
gún lapidario  ni  experto  maestro  ó  co- 
nosgedor  deltas,  para  entender  si  son  ne- 
tas é  de  algún  vigió  ó  no ,  para  que  en- 
tendido é  visto  esto,  mas  sin  escrúpulo 
entendáis  en  el  presgio  ó  estimagion  que 
se  debe  dar  á  las  tales  joyas  ó  perlas.  Y 
esto  baste  quanto  á  esta  materia. 


CAPITULO    XII. 

De  la  gobernación  de  la  isla  de  Cubagua,  é  cómo  fue  removida  la  tenencia  del  Castillo  de  Cumanái 


íja  isla  de  Cubagua  es  gobernada  por 
alcaldes  ordinarios  é  regidores  de  los  ve- 
ginos  que  hay  en  la  gibdad  de  la  Nueva 
Cáliz :  é  al  pressente  fue  alli  por  juez  de 
residengia  el  ligengiado  Frangisco  de  Pra- 
do, vegino  desta  gibdad  de  Sancto  Do- 
mingo ,  al  qual  enviaron  Sus  Magestades 
é  los  señores  de  su  Real  Consejo  de  las 
Indias ;  é  yendo  por  la  mar  á  reformar 
aquella  isla  é  hager  lo  que  le  era  manda- 
do, le  salteó  un  francés  cossario  gerca  de 
la  isla  de  Langarote ,  que  es  una  de  las 
de  Canaria  ó  Fortunadas ,  é  le  tomaron 
quanto  llevaba,  é  aun  después  que  le 
prendió,  fue  herido  por  el  descomedido 
capitán  franges.  El  qual  después  que  á 


este  juez  é  á  otros  ovo  robado  los  soltó^ 
y  el  ligengiado  prosiguió  su  camino  á  Cu- 
bagua, donde  ha  estado  hasta  agora:  en 
el  qual  tiempo  tomó  residengia  á  las  jus- 
tigias  passadas  é  removió  de  la  tenengia 
de  la  fortalega  de  Cubagua  al  alcayde 
Jacome  de  Castellón ,  de  quien  se  hizo 
mengion  que  avia  fundado  aquel  castillo 
para  assegurar  aquella  provingia  é  para 
la.guarda  del  rio  de  Cumaná.  É  puso  la 
fortalega  el  dicho  ligengiado  en  otro  al-- 
cayde,  como  está  hasta  agora  en  tanto 
que  Su  Magostad  provee  á  quien  fuere 
servido  de  aquella  tenengia ;  porque  die- 
ron á  entender  que  era  mucho  el  gasto 
que  con  esta  fuerga  se  tenia ,  y  que  la. 


DE  INDIAS.  LIB.  XIX.  CAP.  XII. 


611 


villa  la  tomaría  é  ternia  á  su  espensa.  É 
no  me  paresge  que  S.  M.  fue  de  lo  QÍer- 
to  informado,  como  tampoco  le  informan, 
segund  seria  menester,  en  otras  muchas 
cosas  destas  partes  por  ser  el  camino  tan 
largo ,  é  aun  porque  aunque  se  le  diga 
verdad ,  quando  llega  la  relación  á  su 
real  acatamiento,  es  mudado  el  tiempo  y 
es  menester  proveerse  de  otra  manera.  Y 


esta  es  una  de  las  causas  por  donde  se 
yerran  algunas  cosas  por  culpa  del  tiem- 
po é  de  la  malicia  de  los  diversos  infor- 
madores que  anda  en  medio.  É  no  quiero 
hablar  mas  en  esto,  porque  no  seria  ni  es 
al  propóssito  de  la  Natural  historia,  aun- 
que lo  seria  para  el  natural  remedio  que 
las  Indias  avrian  menester. 


CAPITULO  XIII. 


De  9Íertos  cossarios  que  han  paseado  á  estas  parles  é  Indias,  y  de  lo  que  les  ha  ¡nlervenido  en  sus  malos 

penssamientos. 


El 


ti  año  de  mili  é  quinientos  é  veynte  é 
siete  años,  un  cossario  inglés,  só  color 
que  andaba  á  descobrir,  vino  con  una 
grande  nao  la  vuelta  del  Brasil  en  la  cos- 
ta de  la  Tierra-Firme,  é  de  allí  atraves- 
só  á  esta  Isla  Española  é  llegó  gerca  de 
la  boca  del  puerto  desta  gibdad  de  Sanc- 
to  Domingo;  y  envió  su  batel  equipado 
de  gente,  é  pidió  ligengia  para  entrar 
aqui  digiendo  que  venia  con  mercaderias 
é  á  traclar ,  y  en  el  instante  el  alcayde 
Frangisco  de  Tapia  desde  este  castillo 
mandó  tirar  un  tiro  de  pólvora  á  la  nao,  la 
qual  se  venia  derecha  al  puerto.  É  cómo 
los  ingleses  vieron  esto,  retiráronse  afue- 
ra y  los  del  batel  recogieron  é  fuéronse 
tras  su  nao.  Y  en  la  verdad  el  alcayde  hi- 
zo error  en  lo  que  hizo ,  porque  caso  que 
entrara  él  armado,  no  pudiera  salir  sin 
voluntad  desta  gibdad  y  deste  castillo. 
Por  manera  que  viendo  el  resgebimiento 
que  se  les  hagia,  tiraron  la  vuelta  de  la 
isla  de  Sanct  Johan  ,  y  entrados  en  la 
bahía  de  Sanct  Germán  ovíeron  habla  con 
los  de  aquella  villa  é  pidieron  bastimen- 
tos ,  quexándose  de  los  desta  gibdad,  dí- 
giendo  que  no  venían  á  enojar,  sino  á 
tractar  con  sus  dineros  é  mercaderias  si 
los  acogíessen :  é  fuéronles  dados  algu- 
nos bastimentos,  é  su  nao  dio  en  pres- 


gio  estaño  de  baxilla  é  otras  cosas  é  fues- 
sesu  camino  la  vuelta  de  Europa,  donde 
se  cree  que  no  llegó  porque  nunca  se  su- 
po desta  nao. 

Otro  cossario  franges,  desde  á  poco 
tiempo  ó  en  el  siguiente  año,  só  color 
de  venir  á  tractar  en  la  isla  de  las  Perlas, 
vino  á  ella  guiado  por  un  mal  español, 
natural  de  la  villa  de  Cartaya ,  llamado 
Diego  Ingenio ,  el  qual  como  piloto  guió 
á  los  frangeses ;  pero  no  supo  darles  avi- 
so de  lo  que  en  semejantes  casos  tiene 
proveydo  la  Cesárea  Magestad  para  guar- 
da de  sus  Indias,  de  mas  del  gentil  es- 
fuergo  de  sus  animosos  españoles  é  natu- 
rales, é  fue  assi.  Un  hidalgo  que  vive  en 
aquella  isla,  llamado  el  capitán  Pero  Or- 
tiz  de  Matiengo ,  é  otros  hidalgos  é  vegi- 
nos  de  la  Nueva  Cáliz ,  supieron  de  un 
vegino  suyo  que  venia  de  la  isla  Marga- 
rita en  una  canoa ,  que  avia  ávido  habla 
con  este  armado ,  el  qual  traía  una  nao 
grande  é  una  caravela  rasa  portuguesa 
que  avia  tomado  en  la  costa  del  Brasil, 
y  un  batax;  é  preguntando  qué  nao  era 
aquella  dixeron  los  frangeses  que  era  la 
nao  del  Careo ,  é  que  venían  de  Sevilla. 
La  nao  del  ^arco  era  venida  ocho  ó  quin- 
ge  días  antes,  é  assi  los  de  la  canoa  vie- 
ron que  aquello  era  falso  é  que  debía  ser 


612 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


armado,   é  convidaban  á  los  españoles 
que  entrassen  á  liager  colagion  en  la  nao 
por  prenderlos  é  aver  lengua  del  estado 
de  la  tierra;  pero  no  lo  liigieron  assi,  an- 
tes se  desviaron  con  mucha  diligengia  é 
se  fueron  á  la  cibdad  é  dieron  notigia 
desto  é  pusiéronse  en  vela.  É  luego  otro 
dia  amanesgió  el  cossario  á  par  de  la 
costa,  y  equipados  los  bateles,  quiso  sal- 
tar en  tierra  con  su  gente;  pero  fuetes 
resistido  valerosamente  de  tal  forma  que 
no  pudieron  salir  con  su  propóssito,  é 
comengaron  á  lombardear  la  cibdad,  é 
los  de  la  cibdad  á  los  enemigos ;  é  dié- 
ronse  tan  buen  recabdo  los  nuestros  que 
armaron  sus  vergantines  é  barcas  en  nú- 
mero de  treynta  ó  mas ,  é  con  indios  fle- 
cheros proveydos  de  aquella  hierva  mor- 
tal que  por  acá  hay  é  con  algunos  tiros 
de  pólvora ,  fueron  á  combatir  la  cara- 
vela  ,  é  aunque  tenia  mucha  artillería  é 
muchas  pelotas  de   alquitrán,    diéron- 
les  tanta  priessa  que  de  la  caravela  ma- 
taron dos  de  los  nuestros  é  de  los  fran- 
ceses murieron  trege.  É  con  esto  gessó 
el  combate  por   entonges,    no   gessan- 
do   de  andar   en  tratos  los  contrarios, 
pensando  con  sus  formas  gálicas  enga- 
ñar los  españoles ;  pero  saliéronse  tres  ó 
quatro  vizcaynos  é  navarros  que  traian 
centra  su  grado ,  é  fuéronse  á  la  tierra  é 
dieron  notigia  como  aquellos  frangeses 
eran  ladrones  é  venían  con  pensamiento 


de  se  apoderar  de  aquella  isla.  Lo  qual 
entendido ,  acordaron  los  de  la  cibdad 
de  morir  ó  echar  á  fondo  aquellos  na- 
vios ,  é  con  mucha  diligengia  salieron  en 
sus  vergantines  é  baxeles  é  combatieron 
el  batax,  é  tomáronle  por  fuerga  de  armas, 
con  valor  de  mas  de  mili  é  quinientos 
ducados  de  ropa  é  con  los  prisioneros 
primeros.    Fueron  por  todos  treynta   é 
ginco  hombres  muertos  é  presos  de  los 
contrarios.   Hecho  esto,  la  nao  no  osó 
atender,  é  siguiéronla  hasta  la  perder  de 
vista :  la  qual  se  fué  á  la  isla  de  Sanct 
Johan  é  quemó  el  pueblo  de  Sanct  Ger- 
mán ,  é  de  alli  se  fué  la  nao  á  la  isleta  de 
la  Mona,  donde  penssó  repararse  é  alli 
soltó  la  caravela  de  los  portugueses ,  la 
qual  se  vino  á  esta  cibdad  de  Sancto  Do- 
mingo é  dio  notigia  de  todo  lo  que  es  di- 
cho. Y  enconlinente  armaron  aqui  una 
nao  é  una  caravela,  é  fueron  á  buscar 
estos  ladrones  é  halláronlos  é  pelearon 
con  ellos  dos  dias  continuos,  é  diéronles 
caga  dos  dias  continuos ,  é  aunque  se  fué 
á  causa  del  tiempo  é  de  la  noche ,  se  cree 
que  por  yr  abierta  se  anegó  en  la  mar. 
De  esta  manera  se  perdieron  estos  cos- 
sarios  é  se  perderán  quantos  acá  passa- 
ren  de  los  tales  é  muy  mejor  al  pressen- 
te,  porque  está  ya  todo  prevenido  de 
otra  manera  é  con  mayor  recaudo  é  vi- 
gilangia. 


CAPITULO    XIV. 


Que  tracta  de  la  isla  de  la  Margarita. 


A  la  isla  Margarita  no  hage  al  caso  dar- 
le mas  límites  ó  altura  de  lo  que  se  dixo 
en  el  primero  é  segundo  capítulos,  por- 
que por  alli  quedan  declarados  sus  ale- 
daños é  assiento.  Esta  isla ,  como  en  otras 
partes  está  dicho ,  fué  descubierta  por  el 
primero  almirante  don  Chripstóbal  Colom, 


quando  se  descubrió  la  isla  de  Cubagua, 
y  él  nombró  á  esta  isla  la  Margarita, 
porque  tan  gercana  le  es  la  pesquería  de 
las  perlas  á  la  una  como  á  la  otra  quassi. 
Pero  aquesta  isla  es  muy  mayor  tierra,  é 
tiene  de  gircunferengia  treynta  é  ginco 
leguas  poco  mas  ó  menos ,  é  hay  en  ella 


DE  INDIAS.  LIB.  XIX.  CAP.  XIV. 


613 


im  buen  puerto  é  ancón  de  la  parte  del 
Norte  ;  y  gerca  de  la  parte  que  tiene  al 
Leste  hay  unos  isleos  muchos ,  que  se 
llaman  los  Testigos ,  y  esta  Norte  Sur  con 
la  isla  de  los  caribes ,  que  llaman  Sáne- 
la Cruz,  é  por  la  parle  del  Mediodía  tie- 
ne la  isla  de  Cubagua  é  la  Tierra-Firme, 
de  quien  se  ha  tractado  en  los  preceden- 
tes capítulos.  Es  buena  isla  é  fértil,  é  hay 
en  ella  pocos  indios  é  algunos  chripstía- 
nos ,  debaxo  de  la  gobernagion  de  doña 
Isabel  Manrique ,  muger  que  fué  del  di- 
cho ligengiado :  la  qual  gobernagion  fué 
por  la  Cesárea  Magostad  encomendada 
al  ligengiado  Margólo  de  Villalobos ,  su 
oydor  en  esta  Audiengia  Real  de  Sánelo 


Domingo,  ya  defunlo.  Y  después  quedó 
conforme  á  gierto  assiento  que  con  el  li- 
gengiado mandó  tomar  la  Cesárea  Ma- 
gostad el  año  de  mili  é  quinientos  é 
veynte  y  quatro.  Y  después  de  los  días 
del  ligengiado  se  ha  quedado  assi  en  su 
muger  y  herederos.  No  hay  otra  cosa  que 
degir  desta  isla  ,  salvo  que  también  ca- 
resge  y  es  falta  de  agua  como  Cubagua, 
éno  la  tiene  sino  de  xagüeyes  é  mala,  é 
se  la  llevan,  quando  la  han  de  beber  bue- 
na, desdóla  Tierra-Firme,  del  rio  de  Cu- 
maná  ;  pero  es  fértil  de  árboles  ,é  pastos 
para  ganados,  é  otras  granjerias,  éagri- 
coltura  de  indios ,  assi  como  mahíz  é  otras 
cosas  que  ellos  acostumbran  cultivar. 


CAPITULO  XV. 

De  muchas  islas  en  general  que  eslan  desde  la  Tierra-Firme  austral  é  aquestas  islas  de  Cubagua  é  la 

Margarita  hasta  la  isla  de  Sancl  Johan,  que  los  indios  ¡laman  Boriquen,  é  desde  alli  á  la  Tierra-Firme  de 

la  parte  ó  vanda  del  Norle  é  provincia  de  Bimini  é  la  Florida,  brevemente  relatadas. 


jjébese  acordar  el  letor  que  tengo  di- 
cho en  otra  parte  que,  quando  el  almiran- 
te don  Chrípslóbal  vino  el  segundo  viaje 
que  hizo  desde  España  á  estas  partes,  año 
de  mili  é  quatrogientos  é  noventa  y  tres 
años,  reconosgió  las  islas Desseada, Mar- 
garilante  é  Guadalupe ,  é  las  que  están 
en  aquel  paraje,  puesto  que  después  se 
supieron  é  bojaron  mas  particularmente, 
á  causa  de  la  guerra  que  los  chripstianos 
tuvieron  con  los  indios  caribes  flecheros 
deslas  islas.  Aqui  solamente  discurriré 
por  ellas  para  memoria  particular  é  ge- 
neral dellas:  particular,  para  las  nombrar, 
y  general,  para  que  se  diga  donde  están. 
Pero  porque  no  son  habitadas  de  los 
chripstianos,  y  en  todas  ellas  no  hay  can- 
tidad de  indios ,  sino  pocos  é  de  los  al- 
gados  é  huydos  y  á  ellas  acogidos  de  te- 
mor de  los  chripstianos,  no  se  hageaqui 
tan  larga  é  particular  memoria  como  se 
haría  é  se  sabria,  si  fuessen  pobladas  é  pa- 
gíficas ,  é  muy  por  menudo  sabidos  y  en- 


tendidos los  provechos  é  particularidades 
deslas  islas,  é  también  por  que  las  mas 
están  solas  é  sin  gente.  Y  por  tanto  ,  co- 
mengando  desde  la  isla  de  Cubagua,  que 
es  donde  tengo  dicho ,  está  luego  á  una 
legua  la  isla  Margarita ;  é  tirando  la  vía 
del  Septentrión  se  hallarán  los  Testigos,  é 
la  Gragiosa ,  é  los  Barbados ,  é  Sánela 
Lugia ,  é  Malinino ,  é  la  Dominica ,  é  la 
Desseada  ,  é  Marigalante ,  é  Todos  los 
Sánelos,  é  Guadalupe  ,  y  el  Antigua ,  y  la 
Barbada ,  y  el  Aguja ,  y  Sánela  Cruz,  y  el 
Sombrero ,  y  Sancl  Chrípslóbal ,  y  el 
Anegada,  y  las  Vírgines,  y  Boriquen, 
que  es  la  isla  de  Sanct  Johan.  Todas  ellas 
puestas  en  gienlo  é  sesenta  leguas ,  pocas 
mas  ó  menos ,  corriendo  desde  la  parle 
del  Mediodía  al  Norte.  Verdad  es  que  al- 
gunas deslas  islas  están  mas  orientales 
que  otras ;  pero  todas  ellas  se  incluyen  y 
están  en  el  número  de  leguas  que  he  di- 
cho hasta  esta  de  Sancl  Johan.  La  que  es 
mas  al  Septentrión,  en  diez  é  siete  grados 


614 


aiSTORIA  GENERAL  Y   NATURAL 


y  medio  de  la  equinogial ,  que  es  la  que 
llaman  el  Anegada,  desde  la  qual  se  cor- 
re al  poniente  para  la  isla  de  Sanct  Johan 
treynta  é  ginco  leguas  pocas  mas  ó  me- 
nos. Y  entre  medias  en  este  intervalo  es- 
tán las  islas  de  las  Vírgines ;  y  desde  la 
isla  de  Sanct  Johan  dicha  Boriquen,  cor- 
riendo al  Norueste  ginqüenta  leguas  ,  es- 
tán los  baxos  que  llaman  de  Babueca ,  y 
llevando  la  misma  derrota ,  adelante  de 
los  dichos  baxos  veynte  é  ginco  leguas 
están  las  islas  de  Amuana ,  é  mas  ade- 
lante dellas  está  la  isla  Mayaguano ,  é  mas 
adelante  dessa  está  la  isla  Yabaque,  é  mas 
adelante  está  otra  que  llaman  Mayaguon, 
y  adelante  otra  isla  que  se  dige  Manigua, 
é  delante  están  las  islas  de  Guanahani  é 
las  Pringosas  ó  islas  Blancas ,  é  mas  ade- 
lante la  isla  dicha  Huno ,  é  prosiguiendo 
la  misma  derrota  ó  rumbo  (que  quiere 
degir  el  mismo  camino )  está  otra  isla  di- 
cha Guanima ,  é  mas  adelante  está  otra 
que  llaman  Caguareo ,  é  mas  adelante  es- 
tá la  isla  del  Lucayo ,  grande  gercado  de 
assaz  baxos ,  é  al  Oesnorueste  del ,  quas- 
61  al  Poniente  diez  leguas  ,  está  la  isla  de 
Bahamá ,  desde  la  qual  corriendo  al  Hues- 
te onge  leguas ,  está  la  tierra  de  Bimini 


y  la  que  llaman  la  Florida  en  la  costa  de 
la  Tierra-Firme  en  la  vanda  del  Norte. 

En  todo  esto  que  he  dicho  por  el  ca- 
mino que  se  ha  declarado  avrá  desde  la 
isla  de  Sanct  Johan  á  la  Florida  tresgien- 
tas  é  ginqüenta  leguas  pocas  mas  ó  me- 
nos. Bien  es  verdad  que  partiendo  en 
demanda  de  una  de  las  islas  que  es  di- 
cho, no  serian  hechos  los  rodeos  que  hay, 
andándolas  una  á  una,  como  se  nombra- 
ron de  suso ;  pero  lo  que  está  dicho  bas- 
ta para  las  memorar  é  saber  dónde  están 
todas  ellas,  que  es  desde  diez  é  ocho 
grados  de  la  isla  de  Sauct  Johan  hasta 
veynte  é  ocho  en  que  está  el  Lucayo 
grande,  que  es  la  isla  mas  puesta  á  la 
parte  septentrional  de  las  que  he  dicho. 
Y  las  otras  primeras  que  nombré  é  hay 
desde  la  costa  de  Cubagua  hasta  Sanct 
Johan  ó  Boriquen ,  están  desde  en  diez 
grados  en  que  está  el  rio  de  Cumaná  en 
la  Tierra-Firme  é  parte  de  Mediodía  has- 
ta en  diez  é  ocho  en  que  está  Boriquen, 
que  es  la  isla  de  Sanct  Johan ,  como  ten- 
go dicho. 

Y  con  esto  se  concluye  quanto  á  la  pri- 
.mera  parte  desta  General  é  natural  histo- 
ria de  Indias  en  estos  diez  é  nueve  libros.* 


*  En  la  edición  de  Sevilla  se  leia ,  después  tío 
estas  palabras ,  refiriéndose  Oviedo  al  libro  con  que 
aquella  terminaba  :  «El  siguiente ,  que  es  el  número 
» veynte,  tracta  de  los  infortunios  c  naufragios  de 
«casos  acaescidos  en  las  mares  destas  Indias.  E 
»  aqueste  libro  veynte  que  aqui  será  el  último,  se  ha 
»  después  de  poner  en  el  fin  de  la  tercera  parte  desta 
»  Natural  historia,  que  aun  no  está  acabada  de  escri- 


»bir  en  limpio ,  é  será  el  postrero  de  aqueelas  histo- 
))rias.  Pero  hasta  que  salgan  todas  tres  partes  dellas 
))á  luz,  andará  aqui  puesto  por  conclusión  desta 
«primera  parte.  É  quando  se  acabe  de  escrebir  lo 
» demás,  ponerse  há  con  lo  que  se  oviere  acrescen- 
» tado  en  tales  materias ,  digo  de  las  que  fueren  eon- 
wvinienles  al  mismo  libro  de  Infortunios  é  nau- 
nfragios.» 


FIN  DE  LA  PRIMERA  PARTE. 


índice  general. 


Advertencia V 

Vida  y  escritos  de  Gonzalo  Fernandez  de  Oviedo,  por  don  José  Amador  de  los  Ríos IX 

Epístola  dedicatoria  del  Autor CIX 


Tabla  sumaria  de  lo  que  tractan  los  diez  é  nueve  libros  deste  primero  volumen,  é 

primera  parte  de  la  Natural  é  general  historia  de  las  Indias,  yslas  é  Tierra-Firme  del 

mar  Ogéano  del  señorio  é  geptro  real  de  los  reyes  é  rey  nos  de  Castilla  é  de  León. 


LIBRO  I.  El  prohemio  enderes9ando  la  obra 
al  Emperador  Rey  nuestro  Señor 

LIBRO  II.  El  segundo  libro  es  continuando  el 
prohemio  é  declarando  el  motivo  con  que 
se  procede,  c  de  la  persona  del  primero  al- 
mirante don  Chripstúbal  Colom ,  é  sus  des- 
cubrimientos é  viajes,  é  de  la  ysla  Bermuda 
é  otras  cosas :  comien9a  á  cartas 

LIBRü  IIÍ.  De  la  guerra  é  conquista  de  la  Is- 
la Española  é  otras  particularidades  della: 
comienca  á  cartas 

LIBRO  IV.  Que  tracta  de  la  gobernación  é 
trabaxos  del  segundo  almirante  don  Diego 
Colom  é  de  otros  jueces  é  justicias  que  ha 
ávido  en  la  Isla  Española:  comienga  á  cartas. 

LIBRO  V.  Que  tracta  de  los  .ritos  é  9erimo- 
nias  é  otras  costumbres  de  los  indios  é  de 

'  sus  ydolatrias  é  vicios  é  otras  cosas:  comien- 
ca á  cartas 

L^  LIBRO  VI.  Que  tracta  de  diversas  materias 
é  géneros  de  cosas ,  é  llámase  assí  mismo 
libro  de  los  depósitos,  é  comienca  á  cartas. . 

LIBRO  VII.  Que  tracta  de  agricoltura  é  de 
otras  muchas  cosas,  é  comienca  á cartas.. . 

LIBRO  VIII.  Que  tracta  de  los  árboles  fruc- 
tíferos, é  comienca  á  cartas 

LIBRO  IX.  Tracta  de  los  árboles  salvages,  é 
comienca  á  cartas 

LIBRO  X.     Que  tracta  de  los  árboles  mede- 


Págt.  l'agi. 

9inales  é  de  las  plantas  é  sus  propriedades: 

1  comien9a  á  cartas 361 

T.IBRO  XI.  que  tracta  de  las  hiervas,  é  si- 
mientes que  se  truxeron  de  España  á  la  Isla 
Española  é  de  otras  naturales  de  la  dicha 

ysla,  é  comien9a  á  cartas 372 

¿^,  LIBRO  XII.     Que  tracta  de  los  animales  que 
9  avia  en  la  Isla  Española,  quando  fue  descu- 

bierta é  de  otros  que  se  llevaron  de  España, 
é  assi  mismo  de  los  animales  en  general  que 
58  se  han  visto  en  las  Indias:  comien9aá  cartas.    386 

<—^ LIBRO  XIII.    De  los  animales  de  agua,  é  co- 

m¡en9a  á  cartas •. 423 

^HLIBRO  XIV.    De  las  aves  é  diversidades  de- 

96  lias,  é  comien9a  á  cartas 439 

¿-11BR0  XV.     Que  tracta  de  los  animales  insec- 
tos ó  ceñidos,  é  comien9a  á  cartas 440 

LIBRO  XVI.    Que  tracta  de  la  conquista  épo- 
124 '  bla9Íon  de  la  ysla  de  Boriquen,  al¡as,ysla  de 

Sanct  Johan  Baptista,  é  comien9aá  cartas.    462 
LIBRO  XVII.     Que  tracta  de  la  ysla  de  Cuba 
161  por  otro  nombre  llamada  Fernandina:  co- 

mien9a  á  cartas 492  * 

262        LIBRO  XVIII.     Que  tracta  de  la  isla  de  Ja- 
máyca  que  agora  se  llama  Sanctiago,  que 

287  comien9a  á  cartas 578  * 

LIBRO  XIX.     Que  es  el  último  deste  volumen 
329  é  primera  parte,  el  qual  tracta  de  las  yslas  de 

Cubagua  é  la  Margarita,  é  comien9a  á  cartas.    586 


Tabla  de  los  capítulos  de  la  primera  parte  de  la  General  y  natural  historia  de  las  In- 
dias ,  yslas  y  Tierra-Firme  del  mar  Ogéano ,  é  de  todo  lo  que  contiene  en  los  diez  é 

nueve  libros  deste  volumen. 


LIBRO  I.  Comienca  el  libro  primero  deste  vo- 
lumen: el  qual  consiste  en  el  prohemio  ó  in- 
lrodu9Íon  desta  primera  parte  de  la  General 
y  natural  historia  de  las  Indias,  dirigido  á  la 
Sacra,  Qesárea,  Cathólica  y  Real  Magestad 
del  Emperador,  Rey,  nuestro  señor 

LIBRO  II.     Prohemio 

Capitulo  i.  De  las  opiniones  que  hay,  cerca 
de  á  quien  dirigió  Plinio  su  libro  de  la  Na- 
tural Historia,  é  también  relatando  en  parte 


sumariamente  las  materias,  de  que  se  tracia 

en  este  libro  segundo 10 

— Plinio  dedica  su  Natural  Historia  á  Vespa- 
siano H 

— Propóssito  del  auctor  al  seguirle,  en  la  His- 
toria General  de  Indias. 12 

— En  loor  del  primer  almirante  de  las  Indias  é 
descubridor  deltas,  don  Chripstóbal  Colom.      ib. 

Capilulo  u.  Del  origen  é  persona  del  almi- 
rante primero  de  las  Indias,  llamado  don 


616 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 

Págs. 


I'agt. 


Cripstóbal  Colom  é  por  qué  via  ó  manera  se 
movió  al  descubrimiento  dellas ,  segund  la 
opinión  del  vulgo ib. 

Capitulo  iii.  En  que  se  tracla  déla  opinión 
que  el  auctor  ó  coronisladesla  Natural  é  ge- 
neral historia  de  las  Indias  tiene  cerca  de 
averse  sabido  y  escripto  por  los  antiguos 
dónde  son  estas  indias,  é  cómo  é  con  quién 
lo  prueba ^^ 

— Opinión  del  auclor  sobre  haber  perlenescido 
estas  Indias  en  los  tiempos  de  Héspero  á  los 
reyes  de  España 16 

Capitulo  iv.  Que  tracla  cómo  Chripstóbal 
Colom  fué  el  que  mostró  á  navegar  los  es- 
pañoles por  las  alturas  del  sol  é  norte,  é  de 
cómo  fué  á  Portugal  é  otras  partes  á  buscar 
quien  lo  ayudasse  al  descubrimiento  destas 
Indias,  é  le  favoresciesse  para  ello ,  é  cómo 
o  vieron  noticia  de  su  persona  los  Calhólicos 
Reyes,  don  Fernando  é  doña  Isabel,  por  cu- 
yo mandado  hizo  este  descubrimiento 18 

—Desecha  el  rey  de  Inglaterra  las  proposicio- 
nes que  le  hace  Bartolomé  Colom  por  en- 
cargo de  su  hermano  Chripstóbal 19 

— Desechan  las  proposiciones  de  Colom  el  Rey 
de  Portugal  y  algunos  Señores  de  España,      ib. 

— Opinión  que  al  principio  se  tuvo  en  Castilla 
cerca  de  Colom ib. 

— Protección  dispensada  á  Colom  por  el  Con- 
tador Alonso  de  Quintanilla 20 

— Capitulaciones  de  los  Reyes  Calhólicos  con 
Chripstóbal  Colom ib. 

Capitulo  v.  Descubrimiento  délas  Indias  he- 
cho por  Chripstóbal  Colom,  primero  descu- 
bridor dellas,  por  lo  qual  dignamente  fué  he- 
cho almirante  perpetuo  destas  mares  é  im- 
perio de  las  Indias  destas  partes 21 

— Partida  de  Colom  del  puerto  de  Palos ib. 

— Noticia  de  las  islas  Canarias  y  de  sus  habi- 
tantes         22 

— Derrota  seguida  por  Colom  y  molin  de  la 
gente  de  su  armada id. 

— Descubrimiento  de  la  isla  llamada  Guana- 
hani 24 

Capitulo  vi.  Cómo  el  almirante  descubrió  es- 
ta Isla  Española,  é  dexó  en  ella  treinta  é 
ocho  chripstianos  en  tierra  del  rey  ó  cacique 
Goacanagari,  en  tanto  que  llevaba  las  nue- 
vas del  descubrimiento  primero  destas  par- 
tes, é  cómo  volvió  á  España  en  salva- 
mento       25 

— Desembarque  de  Colom  en  la  ysla  de  Cuba.     ib. 

— Naufragio  de  la  nao  Capitana ib. 

— Edifica  Colom  una  fortaleza  en  la  Isla  Espa- 
ñola ,  dexando  en  ella  38  hombres 26 

— Cómo  los  indios  se  maravillan  mucho  de  las 
letras  é  cartas  é  entenderse  por  ellas  los 
chripstianos 27 


— Vuelta  de  la  armada  del  almirante  á  Europa,      ib. 

Capitulo  vii.  De  quatro  cosas  notables  en  el 
año  de  mili  é  quatrocientos  y  noventa  é  dos 
años,  é  de  quando  el  almirante  don  Chrips- 
tóbal llegó  á  la  corte  de  los  Reyes  Calhóli- 
cos don  Fernando  é  doña  Isabel,  é  de  las  mer- 
cedes que  le  ficieron,  después  que  volvió  á 
España  del  primero  descubrimiento  de  las 
Indias,  é  la  razón  por  qué  se  debe  creer  que 
en  estas  partes  fué  predicado  el  Evangelio 
por  los  apóstoles,  ó  por  alguno  dellos 28 

— Un  villano,  natural  de  Remensa,  da  en  Bar- 
celona una  cuchillada  al  Rey  Calhólico. . . .      ib. 

— Llegada  del  almirante  á  Barcelona. '     29 

— Tiene  el  auclor  por  cierto  que  la  verdad 
evangélica  fué  predicada  en  las  Indias,  antes 
del  descubrimiento  de  Colom ib. 

— Incapacidad  y  malas  inclinaciones  de  los  in- 
dios        30 

— Las  armas  concedidas  á  Colom  por  los  Re- 
yes Calhólicos  con  otras  mercedes  que  le 
hicieron ib. 

Capitulo  viii.  Del  segundo  viaje  que  el  almi- 
rante primero  don  Chripstóbal  Colom  hizo 
desde  España  á  esta  Isla  de  Hayli,  ó  Espa- 
ñola, é  de  cómo  halló  muertos  los  chripstia- 
nos que  avia  dexado  en  tierra  del  rey  Goa- 
canagari, é  de  la  concesión  que  el  Papa 
Alexandre  VI  hizo  destas  Indias  á  los  Re- 
yes Calhólicos  don  Fernando é  doña  Isabel, 
é  sus  subeesores  en  los  reynos  de  Castilla  y 
de  León,  y  del  descubrimiento  de  los  indios 
flecheros ,  llamados  caribes  ,  é  otras  cosas 
notables 31 

— Demarcación  entre  Castilla  y  Portugal 32 

— Dónde  comen  carne  humana  los  indios. .. .      ib. 

— Bula  de  concession  dada  por  el  Papa  á  los 
Reyes  Calhólicos, ib. 

— Procuran  los  Reyes  de  Castilla  la  conversión 
de  los  indios ib. 

— Torna  el  almirante  á  las  Indias  é  descubre 
otras  y slas 33 

— Flechas  con  hierva  de  los  indios  caribes. . .      ib. 

— Cómo  murieron  los  38  hombres  que  el  al- 
mirante dexó  en  su  primer  viaje  en  la  Ma 
Española 34 

Capitulo  ix.  Del  viaje  que  desde  España  se 
hace  para  estas  Indias,  é  de  la  manera  é  for- 
ma que  se  tiene  en  la  navegación,  é  del  ár- 
bol maravilloso  de  la  isla  del  Hierro,  que  os 
una  de  las  Fortunadas ,  que  agora  llaman 
las  Canarias 35 

• — Árbol  maravilloso  de  la  isla  del  Hierro. ...       36 

— Para  yr  á  las  Indias  se  sigue  otra  derrota 
que  para  lomar  en  España 37 

Capitulo  x.  Del  crescer  y  menguar  del  mar 
Mediterráneo,  y  del  mar  Océano ;  en  qué 
parles  cresce  y  mengua,  como  el  Mediler- 


DE  INDIAS.  índice. 


617 


Páys. 

raneo,  y  en  qué  cosías  mucho  mas 40 

Capitilo  XI.  Peí  nordestear,  é  noruesfear  de 
las  agujas  de  marear,  é  de  las  mudanzas  de 
la  estrella  del  Norte,  é  de  las  qualro  estre- 
llas, que  llaman  el  crucero  del  Sur,  ó  de  la 

línia  del  diámetro 44 

Capitulo  xii.  De  lo  que  hizo  el  almirante  don 
Chripstóbal  Coiom  después  que  supo  que 
los  indios  avian  muerto  los  chripstianos  que 
dexó  en  la  Isla  Española,  el  primero  viajo, 
é  cómo  fundó  la  cibdad  de  la  Isabela  é  la 
forlaleca  de  Sánelo  Thomás,  é  cómo  descu- 
brió la  isla  de  Jamáyca,  é  vido  mas  parti- 
cularmente la  isla  é  costa  de  Cuba,  é  délas 
primeras  muestras  de  oro  de  minas  que  se 

llevaron  á  España 46 

— De  la  calidad  y  ger  de  los  marineros  por  la 

mayor  parle 47 

— El  almirante  dexó  por  Gobernador  de  la  Is- 
la Española  á  su  hermano  don  Diego 48 

Capitulo  xni.  Que  Iracta  de  los  Irabaxos  y 
guerras  que  passaron  los  chripstianos  que 
quedaron  con  don  Diego  Colom  e'  con  el 
adelantado  don  Bartolomé  Colom  en  la  villa 
de  la  Isabela,  en  lanío  que  el  almirante  fué 
á  dcscobrir  desde  allí,  y  de  lo  que  acaesció 
con  cierlas  tórtolas  al  aleayde  Mnssen  Pedro 
Margarile  en  la  fortajeca  deSancto  Thomás, 
y  de  la  población  é  fundamento  de  aquesta 
cibdad  de  Sánelo  Domingo,  á  donde  el  almi- 
rante tornó  después  de  aver  descubierto  á 

Jamáyca  é  otras  cosas ,  ele 49 

-—Los  animales  que  avia  en  la  Isla  Española 

naturales  de  la  tierra 50 

=— Del  origen  del  mal  de  las  búas ib. 

— Las  diferencias  del  primero  almirante  é  Fray 

BuyI 53 

Capitulo  xiv.  De  dos  plagas  ó  passiones  no- 
tables y  peligrosas  que  los  chripstianos  é 
nuevos  pobladores destas  Indiaspadeseieron 
é  hoy  padescen  algunos.  Las  quales  paásio- 
nes  son  naturales  destas  Indias  é  la  una  de- 
llas  fué   transferida  é  llevada  á  España  y 

desde  allí  á  las  otras  partes  del  mundo ?i5 

—Del  mal  de  la  niguas 56 

LIBRO  III.    Prohemio 58 

Capitulo  i.  Que  tracla  de  la  guerra  que  tuvo 
el  capitán  Alonso  de  Hojeda  con  el  cacique 

Caonabo,  y  de  su  prisión  é  muerte 59 

—Los  primeros  hombres  á  caballo  en  las  In- 
dias, é  del  gran  lemor  que  los  indios  les  te- 
nían       ib. 

Capitulo  11,  De  la  batalla  é  victoria  que  ovo 
el  adelantado  don  Bartolomé  contra  el  rey 
Guarionex  é  otros  catorce  caciques  ó  reyes, 
é  cómo  se  apartó  Pioldan  Ximenez  de  la 
obediencia  é  compañía  del  adelantado  don 

Bartolomé  é  del  almirante  primero GO 

TOMO  I. 


Púas. 

Capitulo  m.  Que  Irada  de  lo  que  en  esta 
ysla  passó  en  tanto  que  el  almirante  fué  á 
España,  é  del  ter9ero  viaje  é descubrimien- 
to quél  hizo,  quando  halló  la  cosía  (é  gran- 
díssima  parte  del  mundo  incógnita)  llamada 
Tierra-Firme  generalmente ,  donde  muy 
grandes  reynos  é  provincias  se  incluyen,  é 
de  cómo  descubrió  assi  mismo  la  ysla  de 
Cubagua,  donde  es  la  riquíssima  pesquería 
de  las  perlas,  é  de  otras  yslas  nuevas  que 
halló,  y  del  subcesso  de  todo  ello,  con  otras 

cosas  adérenles  á  la  historia C2 

— Del  cabo  de  la  Vela,  é  hostiares  de  perlas.  C3 
Capitulo  iv.  De  lo  que  el  adelantado  don 
Bartolomé  hizo  en  tanto  que  el  almirante  fué 
á  España  hasta  que  él  tornó  á  esta  ^ibdad, 
dpspues  que  descubrió  parte  de  la  Tierra- 
Firme  ,  é  de  la  gobernación  del  ahnirante 
hasta  su  prisión  ,  é  de  los  reyes  c  señores 

que  avia  en  esta  isla ib. 

— Del   socorro  de  los  senfenfiados  para  la 

Isla  Española C  i 

— Los  pueblos  quel  almirante  hizo  on  la  Isla 

Española , 65 

— Los  cinco  reyes,  ó  señores  principales  de  la 

Isla  Española ¡b. 

Capitulo  v.  Que  tracla  del  lago  de  Xarngua, 
y  de  otro  lagoque  está  en  las  sierras  é  cum- 
bres mas  altas  desta  ysla,  y  de  la  forma  de 
la  gente  que  en  esta  ysla  se  halló,  é  con  qué 
armas  peleaban,  y  qué  gente  son  los  cari- 
bes flecheros,  y  de  la  Sánela  Vera  Cruz  de 

la  Concepción  de  la  Vega , 66 

— Del  lago  de  Biaulex 67 

— De  los  indios  llamados  ciguayos  flecheros. .  ib. 
Capitulo  vi.  De  la  venida  del  comendador  .  ^^ 
Francisco  de  Bobadilla  á  gobernar  esta  Isla 
Española,  é  de  cómo  envió  preso  en  grillos 
al  almirante  don  Chripstóbal  Colom,  y  al 
adelantado  don  Bartolomé  édon  Diego,  sus 
hermanos ,  con  él ,  é  de  los  muchos  indios 
que  ovo  en  esla  ysla  y  las  causas  por  qué 

se  murieron  ó  son  quasi  acabados 69    c 

— Causas  de  la  muerle  de  los  indios  en  la  Isla 

Española H  £ 

— De  la  contención  é  diversos  paresoeres  so- 
bre el  tractamiento  de  los  indios 72   .. 

Capitulo  vil.  De  la  venida  del  comendador 
mayor  de  Alcántara ,  dotí  frey  Nicolás  de 
Ovando,  el  qual  gobernó  esta  ysla,  é  de  la 
partida  del  comendador  Francisco  de  Boba- 
dilla, el  qual  con  toda  la  floia  se  perdió  en 
la  mar  con  mucho  oro,  é  del  aviso  que  dio 
el  almirante  al  comendador  mayor,  para  que 
no  dexasse  salir  la  flota  deste  puerto,  como 
hombre  que  conos^ia  la  disposición  del 
tiempo.  E  por  no  le  creer,  ni  dexar  entrar 
aqui  se  perdió  el  armada  é  mucha  gente ...  74 
78 


618 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


l'ágt. 


— Grano  de  oro  que  pesaba  tres  mil  é  seys- 

j       fíenlos  pesos,  é  se  perdió  en  la  mar 7.) 

^  Capitulo  vni.    De  lo  que  descubrieron  en  la 
^       costa  de  Tierra-Firme  los  capitanes  Alonso 

de  Hojeda  y  Rodrigo  de  Bastidas 76 

Capítulo  ix.  Que  Irada  de  cómo  se  perdió 
el  armada  con  el  comendador  Bobadilla,  é 
del  último  viaje  é  descubrimiento  que  hizo  el 
almirante  don  Chripstóbal  Colomen  la  Tier- 
ra-Firme       77 

— El  molin  de  los  Porras  contra  el  almirante 
en  Jamáyca,  é  primera  batalla  entre  chrips- 

tianos  en  las  Indias,  é  otras  cosas 79 

/.Capitulo  x.  De  la  gobernación  del  comen- 
'  dador  mayor  don  frey  Nicolás  de  Ovando, 
é  de  cómo  se  passó  la  vecindad  destacibdad 
que  estaba  de  la  otra  parte  del  rio,  adonde 
agora  esta,  y  de  las  iglesias  y  perlados  de- 
llas  que  ha  ávido  y  hay  en  esta  Isla  Espa- 
ñola ,  é  de  los  edefícios  desta  cibdad  de 
Sancto  Domingo  y  otras  cosas  notables  des- 
ta ysla... 8i 

Capítulo  xi.  De  la  ventaja  y  diferencia  que 
el  auctor  pone  de  esta  Isla  Española  á  las 
yslas  de  Secilia  é  Inglaterra ,  é  las  razones 
que  para  ello  expresa 84 

— De  la  gran  cantidad  del  ganado  vacuno ....      85 

/  Capitulo  xii.    De  la  gobernación  del  comen- 

/      dador  mayor  de  Alcántara  don  frey  Nicolás 

de  Ovando,  é  de  las  partes  de  su  persona  é 

rectitud,  é  de  las  poblaciones  é  villas  que 

hizo  é  fundó  en  esta  Isla  Española 89 

— Castigo  de  Anacaona 90 

— De  la  salvajez  desta  gente  de  la  provincia 
de  Guacayarima ib. 

— De  la  persona  del  tesorero  Miguel  de  Pasa- 
monte 92 

— Cómo  fué  removido  de  la  gobernación  el  co- 
mendador mayor  de  Alcántara ,  é  se  dio  al 
almirante  don  Diego  Colom 93 

— En  loor  del  comendador  mayor  de  Alcántara 
don  frey  Nicolás  de  Ovando 95 

LIBRO  IV.    Prohemio 96 

Capitulo  i.  Donde  se  tracta  de  la  venida  del 
segundo  almirante  don  Diego  Qolom  á  esta 
íibdad  de  Sancto  Domingo  é  puerto  de  la  Is- 
ia  Española,  é  de  las  mudauQas  que  ha  ávido 
en  la  gobernación  della  é  otras  cosas 97 

— Entróse  el  almirante  en  la  forlaleca  de  Sanc- 
to Domingo  por  descuydo  del  alcayde  Die- 
go López  de  Salcedo ib. 

■y — En  loor  del  licenciado  Maldonado,  alcalde 
mayor  del  comendador  mayor  de  Alcántara 
don  frey  Nicolás  de  Ovando 98 

— La  causa  délos  trabaxos  de  los  que  gobier- 
nan en  las  Indias 99 

— De  los  jueces  de  apelación  que  ordenó  el 
,  Rey  Calhólico  que  oviesse  en  esta  cibdad  de 


\ 


J'ágx. 


Sancto  Domingo  de  la  Isla  Española ib. 

— Dicho  de  la  Reyna  Cathólica  doña  Isabel 
sobre  la  calidad  de  los  árboles  en  las  Indias 
é  de  los  hombres 100 

— Infelicidad  del  ceplro  real 101 

— Hexó  el  Rey  Calhólico  en  su  fin  por  gober- 
nador de  España  al  Cardenal  fray  Francis- 
co Ximenez  de  (^isneros,  arcobispo  de  To- 
ledo       ib. 

Capitulo  ii.  En  que  se  Irada  de  la  persona 
é  grand  ser  del  Cardenal  don  fray  Francisco 
Ximenez  de  (^isneros,  arcobispo  de  To'edo, 
gobernador  de  España;  y  de  algunas  cosas 
que  en  su  tiempo  subcedieron,  é  cómo  por 
su  mandado  vinieron  á  gobernar  estas  In- 
dias tres  padres  reverendos  priores  de  la 
orden  de  Sanct  Hierónimo,  é  con  ellos  el  li- 
cenciado Alonso  (^uaco  é  otras  cosas  nota- 
bles'.  '. 102 

—Quitaron  los  padres  hierónimos  los  indios  á 
los  ausentes,  á  quien  estaban  encomenda- 
dos, é  de  la  disputación  si  los  Indios  deben 
servir  á  los  chripstianos  ó  no 104 

Capitulo  iii.  De  cómo  la  Qesárea  Magestad 
dio  licencia  en  cierta  forma  al  almirante  don 
Diego  Colom  para  que  tornasse  á  esta  cib- 
dad de  Sancto  Domingo  é  isla  Española  é 
otras  cosas 105 

Capitulo  iv.  En  que  se  tracta  la  rebelión  de 
los  negros  é  del  castigo  quel  almirante  don 
Diego  Colom  hizo  en  ellos,  etc 108 

— Alcamiento  de  los  negros  en  la  Isla  Espa- 
ñola        ib. 

— De  Melchior  de  Castro,  vecino  de  Sancto  Do- 
mingo      109 

— Batalla  con  los  rebelados 110 

Capitulo  v.  De  cómo  el  almirante  don  Diego 
Colom  volvió  á  España  por  mandado  de  la 
Qesárea  Magestad,  y  de  cómo  el  licenciado 
Lúeas  Vázquez  de  Ayllon,  oydordesla  Au- 
diencia Real  fué  á  cierta  gobernación  de  Tier- 
ra-Firme, donde  murió,  y  de  cómo  han  sub- 
cedido  otros  jueces  oy dores  en  esta  Real  Au- 
diencia, é  oirás  cosas  que  tocan  á  la  his- 
toria       111 

Capitulo  vi.  Del  subcesso  é  vida  del  segun- 
do almirante,  don  Diego  Colom,  después  que 
volvió  á  España  é  llego  á  la  corle  en  la 
cibdad  de  Victoria,  é  hasta  que  murió  en  la 
Puebla  de  Montalban,  é  otras  cosas  concer- 
nientes al  discurso  de  la  historia H  3 

Capitulo  vu.  De  la  subcesion  del  tercero  al- 
mirante destas  Indias,  llamado  don  Luys 
Colom,  é  de  cómo  su  madre  la  vireyna  fué 
á  España  á  seguir  los  pleytos  que  su  marido 
el  almirante  don  Diego  Colom  tractaba  con 
el  fiscal  real  sobre  sus  privilegios,  y  de  có- 
mo vino  por  presidenle  á  esta  Audiencia 


DE  INDIAS.  índice.  619 

P'i9*-  Pág$. 

Real  el  obispo  de  aquesta  cibdad  de  Sánelo  lad  en  una  caria  que  le  envió,  y  de  cómo 

Domingo,  é  de  la  Concepción  de  la  Vega,  el  capilan    Francisco  de  Barrionuevo   se 

don  Sebastian  Ramírez  de  Fuen-Leal 114           vido  con  él  é  fué  reducido  al  servicio  de 

—Cómo  el  Emperador  hizo  duque  de  Veragua  Sus  Mageslades  y  se  asentó  la  paz  con  él  y 

é  marques  de  Jamáyca  al  almirante,  ele  hizo  sus  indios 142 

otras  mercedes  con  que  se  atajaron  sus  Capitulo  vi.    Del  raconamienlo  quel  capilan 

pleylos  ,  ele 116            Francisco  de  Barrionuevo  hizo  á  pierios 

— Cómo  fué  por  presidente  á  la  Isla  Española  compañeros,  que  con  él  yban  por  un  cami- 

ellicen^iadodon  Alonso  de  Fuenmayor,  que  ♦      no  sospechoso  é  áspero,  yéndosse  á  ver 

después  fue  Obispo  de  Sánelo  Domingo  c  de  con  el  cacique  Enrique ,  llevando  por  guia 

la  Vega  é  al  presente  Arzobispo  primero  de  á  un  capilan  del  mismo  Enrique 145 

aquesta  isla,  ele 117        Capitulo  vii.    Del  raconamienlo  que  hizo  el 

Capitulo  viii.    Que  Irada  de  los  ingenios  é  capilan  Francisco  de  Barrionuevo  al  caci- 
Irapiches  de  acucar  que  hay  en  esta  Isla  que  Enrique,  quando  le  dio  una  caria  de  su 
Española,  y  cuyos  son  y  de  qué  manera  mageslad,  é  quedaron  assentadas  las  paces.     147 
ovo  principio  esta  rica  grangeria  en  aques-  — Respuesta  del  cacique  don  Enrique  al  ca- 
tas partes,  y  primero  en  esta  isla 118            pitan  Francisco  de  Barrionuevo 148 

LIBRO  V.    Prohemio 1 24        Capitulo  viii.     Que  Iracta  de  dos  particulari- 

— De  los  cascos  de  las  cabecas  de  los  indios. .  125           dades  notables  que  se  dexaron  de  decir  en 

Capitulo  i.  Que  Iracta  de  las  imágenes  del  el  capítulo  de  suso,  la  una  en  lo  que  loca  al 
diablo  que  lenian  los  indios ,  é  de  sus  ydo-  6ervÍ9Ío  y  méritos  de  Francisco  de  Barrio- 
latrías,  é  de  los  areytos  é  bayles  cantando,  é  nuevo,  y  la  olra  en  la  honrosa  paz  é  recon- 
la  forma  que  tienen  para  retener  en  la  me-  ciliacion  de  don  Enrique  al  servicio  de  Sus 

mona  las  cosas  passadas  que  ellos  quieren  Mageslades 154 

que  queden  en  acuerdo  á  sus  subcesorcs  y  Capitulo  ix.    De  la  venida  de  don  Enrique  é 

al  pueblo. ib.           sus  indios  cerca  de  la  villa  de  Acua  para  ver 

Capitulo  ii.    De  los  tabacos  ó  ahumadas  que  é  sentir  en  qué  esladoestaba  la  paz  é  loque 

los  indios  acostumbran  en  esta  Isla  Espa-  avia  subcedido  de  un  indio  llamado  Gonzalo 

ñola,   é  la  manera   de  las  camas  en  que  que  él  avie  enviado  con  el  capilan  Fran- 

duermen * 130           ciíco  de  Barrionuevo  é  otras  cosas  al  dis- 

— Hamaca 131            curso  de  la  historia  anexas lo4 

— Hico 132        — Sierra  de  los  pedernales ib. 

Capitulo  ni.  De  los  matrimonios  de  los  in-  Capitulo  x.  De  ciertos  labradores  que  vi- 
dios,  é  quánlas  mugeres  tienen ,  é  en  qué  nieron  de  España  en  este  tiempo  para  po- 
grados  no  toman  mugeres,  ni  las  conoscen  blar  en  Monte-Chripslo,yenPuerlo  Real, en 
carnalmenle,  é  de  sus  vicios,  é  luxuria,  é  la  costa  del  Norte  desta  isla  por  la  solicitud 
conque  manera  de  religiosidad  cogian  el  de  un  vecino  dcsla  cibdad  llamado  Bolaños.  156 
oro,  é  de  la  ydolalría  deslos  indios,  é  otras  Capitulo  xi.  Cómo  fué  un  padre  religioso  de 
cosas  notables ib.            la  Orden  de  Sánelo  Domingo  desde  aquesta 

— Joyeles  de  los  sodomitas 133            cibdad  de  Sánelo  Domingo  de  la  Isla  Espa- 

— Cómo  se  enterraban  las  mugeres  vivas  con  ñola,  á  donde  el  cacique  don  Enrique  estaba 

sus  maridos 134           con  sus  indios  á  la  Sierra  del  Baoruco,  y  es- 

— De  la  reyna  Anacaona  é  su  libídine 135           tuvo  allá  algunos  dias  ,  é  del  buen  subceso 

— Del  primero  almirante,  que  no  dexaba  sacar  de  su  camino 1 57 

oro  á  los  chripstianos,  sin  que  se  confesassen  Capitulo  xii.    De  la  venida   del   licenciado 

é  comulgassen 136            Alonso  López  (^erralo  á  esta  cibdad  de 

— Déla  subcesionde  los  indios  en  su  señorío  ó  Sánelo  Domingo  de  la  Isla  Española  á  to- 

patrimoníos  en  esta  Isla  Española ib.            mar  residencia  al  Audiencia  Real  é  á  todas 

— Antigua  costumbre  de  los  ingleses,  que  ca-  lasolras  justicias  desla  cibdad  éysia.  É  vino 

saban  seis  de  ellos  con  una  sola  muger. . .  137           proveydo  por  oydor  de  la  dicha  Audiencia 

-r^Del  ministro  que  los  indios  lenian  para  sus  el  licenciado  Alonso  de  Grageda,  é  llegaron 

consultaciones  con  el  diablo 138           con  eslos  nuevos  oydores  s'eynlc  é  seys  ó 

Capitulo  iv.    De  la  rebelión  del  cacique  En-  veynle  é  siete  naos  de  armada  é  de  merca- 

rique,  é  la  causa  que  le  movió  para  ello,  é  dería,  martes  primero  día  de  enero  de  mili 

de  la  rebelión  de  los  negros 140           é  quinientos  é  quarenta  é  quatro  años 1 5S 

Capitulo  v.    Del  subcesso  de  la  rebelión  del  LIBRO  VI.    Prohemio 161 

cacique  Enrique,  que  después  se  llamó  don  Capitulo  i.    El  qual  Iracta  de  las  casas  y  mo- 

Enriqíjc,  porque  assí  le  nombró  Su  Magcs-  radas  de  los  indios  desla  Isla  Española  por 


620 


HISTORIA  GEiNERAL  Y  NATURAL 


Pags. 

olro  nombre  llamada  Hayli 1j63 

— Una  casa  pagina  quel  auctor  hizo  en  Tierra- 
Firme  que  le  costó  mas  de  mili  é  quinientos 

pesos  de  oro i64 

— Maderas  que  no  se  pudren  debaxo  de  tierra.  165 
Capitulo  n.  Del  jueg^o  del  batey  de  los  in- 
dios, que  es  el  mismo  que  el  de  la  pelóla, 
aunque  se  juega  de  olra  manera,  como  aquí 
se  dirá,  y  la  pelota  es  de  otra  especie,  ó  ma- 
teria que  las  pelotas  que  entre  los  chripslia- 

nos  se  usan ib. 

— El  hábito  de  los  indios  en  la  Isla  Española.  166 
Capitulo  ni.  Que  tracta  de  los  huracanes  ó 
tormentas  que  ovo  en  esta  Isla  Española 
en  la  mar,  y  en  la  tierra  muy  señaladas  y 
espantables  y  dañosas,  después  que  los 
chripstianos  passaron  á  estas  parles,  e'  po- 
blaron estaysia,  por  lasquales  dos  fórmen- 
las ó  huracanes  se  pueden  entender  todos 

los  desta  calidad 167 

— Que  los  huracanes  cesaron  con  poner  el 
Santíssimo  Sacramento  en  las  iglesias  de  la 

Isla  Española 168 

Capitulo  iv.  Que  tracta  de  los  navios  ó  bar- 
cos de  los  indios  que  ellos  llaman  canoas,  é 
en  algunas  yslas  é  parles  las  dicen  piraguas, 
las  quales  son  de  una  pieza  ó  de  un  árbol.  170 
Capitulo  v.  Que  tracta  de  la  manera  que  los 
indios  tienen  en  sacar  y  encender  lumbre 
sin  piedra,  ni  eslabón ,  sino  con  un  palo 
torciéndole  sobre  otros  palillos,  como  agora 

se  dirá 171 

Capitulo  vi.    De  las  salinas  naturales  y  arti- 
ficiales que .  tenian  los  indios  en  esta  Isla       * 
Española,  llamada  Hayli,  antes  que   los 
chripstianos  conquistassen  estas  partes,  y 

de  las  que  hay  al  presente 173 

Capitulo  vn.  Que  tracta  de  las  riberas  prin- 
cipales desta  Isla  Española,  elqual  sedes- 
tingue  en  diez  párrafos  ó  partes 174 

Capitulo  viii.  El  qual  tracta  de  los  metales 
é  minas  que  hay  de  oro  en  esta  Isla  Espa- 
ñola: el  qual  se  divide  en  once  capítulos  ó 
partes,  y  decirse  ha  assi  mismo  de  la  mane- 
ra que  se  tiene  en  el  cojer  del  oro,  é  otras 
particularidades  notables  é  concernientes  á 

la  historia 176 

— Un  collar  de  oro  que  se  halló  en  Asturias  de 

Oviedo  el  año  de  1496 177 

—En  loor  de  España  é  del  Emperador  Rey, 

nuestro  señor 179 

—Del  Perú  é  de  la  prisión  de  Athabaliba 180 

—Naos  cargadas  de  oro  é  piala 181 

— De  Heráclito  é  Demócrito  philósophos ib. 

— El  tamaño  ó  cantidad  de  las  minas  de  oro. .     184 

— Donde  nas9e  el  oro 186 

—De  las  minas  de  oro  antiguas  de  España. . .      ib. 
—Anillos  hallados  en  las  minas  del  oro 188 


Pág*. 

— Granos  de  oro  grandes ,      ib, 

— Cómo  doran  los  indios  sobre  cobre 189 

— Délos  labradores  de  las  Garrovillas. ......      ib. 

— En  loor  del  almirante  primero  don Chripstó- 
balColom 191 

Capitulo  ix.  Cómo  el  historiador  prueba 
que  en  otras  parles  del  mundo  se  usaron  los 
sacrificios  de  malar  hombres  é  ofrescerlos 
(entre  los  antiguos)  á  sus  dioses,  y  en  mu- 
chas partes  assi  mismo  se  acostumbró  co- 
mer carne  humana,  y  al  presente  se  hace  en 
muchas  partes  de  la  Tierra-Firme  deslas 
Indias  y  en  algunas  islas 192 

Capitulo  x.  Que  tracta  de  la  diverssa  cos- 
tumbre, que  en  estas  partes  tienen  los  ga- 
llos é  los  capones  en  el  cantar  é  tomar  las 
gallinas,  é  assi  mesmo  los  gatos  en  sus 
ayuntamientos,  lo  qual  no  es,  como  lo  usan 
en  Europa,  ele 194 

Capitulo  xi.  De  un  monstruo  que  ovo  en  es- 
ta Isla  Española  en  el  tiempo  que  se  escre- 
bia  en  limpio  esta  Historia  natural,  de  dos 
niñas  que  nascieron  juntamente  pegadas  en 
esta  cibdad  de  Sánelo  Domingo,  é  cómo  fue- 
ron abiertas  para  ver  si  eran  dos  ánimas  ,  é 
dos  cuerpos,  ó  uno 195 

Capitulo  xii.  De  algunas  fuentes  en  general, 
y  de  una  en  especial,  que  está  en  la  mar  al 
poniente  desta  isla,  cerca  de  la  isla  de  la 
Navaca 197 

Caphulo  xiii.  De  una  fuente  caliente  que 
passa  debaxo  de  un  rio  dulce  é  frió  en  la 
isla  Dominica,  la  qual  el  auctor  ha  experi- 
menlado,é  estado  dos  veces  allí,  donde  vido 
lo  que  en  este  capítulo  dice '. , . .     198 

Capitulo  xiv.  De  olro  depóssito  ó  notable 
quel  auclor  pone  aqui  en  este  libro  sexto 
por  ser  cosa  no  usada  ni  vista  en  olra  par- 
le ;  sino  en  una  isla  pequeña  é  muy  junta  á 
la  tierra  de  Gilolo  en  la  Especiería ,  hasta 
que  venga  su  tiempo  de  hablar  y  escrebir 
lo  de  aquellas  parles  :  en  la  qual  isleta  no 
hay  almendros  algunos,  é  se  hallan  innume- 
rables almendras,  sin  que  las  lleven  allí  nin- 
gún hombre  humano,  ni  navio  por  industria 
de  las  gentes:  lo  qual  es  de  aquesta  manera.    200 

Capitulo  xv.  De  una  ave  ó  páxaro  extrema- 
do y  mucho  cosa  de  ver  queste  capitán  Ur- 
danela,de  quien  se  hizomen9Íon  en  el  capi- 
tulo de  suso,  le  dio  al  chronista  é  auctor  des- 
tas  historias,  del  qual  no  se  supo  el  nombre.    201 

Capitulo  xvi.  De  cierta  goma  é  cola  de  ár- 
boles que  hay  en  la  gobernación  de  Nicara- 
gua en  la  Tierra-Firme,  é  de  cierto  .eflcienso 
dejaj^rovincia  de  Venecuela 203  " 

Capitulo  xvn.  Del  humo  que  los  indios  sa- 
can en  la  provinQia  de  Ips  Chondales  en  la 
goberna9Íon  de  Nicaragua,  é  haQen  d'él  tea 


DE  INDIAS.  ÍNDICE. 

Págt. 


621 

Pógt. 


para  carbón  é  liiila  para  pialar  los  esclavos, 
el  qual  carbón,  ó  polvos  del  llaman  los  in- 
dios lile 204 

Capitulo  xviii.    Por  el  qual  se  prueba  que  las 
poncoñosas  viandas  é  cosas  que  á  los  hom- 
bres son  nocivas  é  mortales,  son  á  otros  ani- 
¡■'^  males  en  estas  parles  é  Indias  útiles,  é  pro- 

ví«chosas,  é  grato  mantenimienlo 205 

Capitilo  XIX.    De  una  novedad  notableycon* 

traria  en  la  prospectiva  á  la  mayor  parte  de 

•  lo  que  nos  enseña  la  vista  en  las  mas  par  • 

les  del  mundo ib. 

Capitulo  xx.    De  la  hierva  que  los  indios  de 
y\   Nicaragua  llaman  yaat,  é  en  la  gobernación 


/ 


/•\ 


de  Venecuela  se  dice  hado,  y  en  el  Perú  Ja 
\  llaman  coca,  ¿en  otras  partes  la  nombran 
i  por  otros  nombres  diversos,  porque  son  las 
'  lenguas  diferentes  •. 206 

Capitulo  xxi.  De  las  minas  nuevamente  ha- 
lladas en  la  isla  Fernandina  por  otro  nom- 
bre llamada  primero  Cuba,  donde  se  ha  des- 
cubierto cierta  vena  de  metal  que  es  oro  é 
plata  é  cobre 207 

Capitulo  xxii.  Que  tracta  de  la  gente  llama- 
da chacopati,  á  la  qual  los  españoles  llaman 
magueyes,  los  quales  nunca  beben  en  toda 
su  vida,  sino  alguna  vez  ó  rarísimamente. .    208 

Capitulo  xxm.  En  el  qual  se  tracta  un  depós- 
sito  ó  nueva  manera  de  culebras  poncoño- 
síssimas  que  hay  en  la  isla  Margarita,  que 
las  llaman  de  los  cascabeles,  é  otras  vívoraa 
ó  culebras  que  les  quieren  imitar  con  un 
cascabel  é  muy  poncoñosas,  en  la  provin- 
cia de  los  Alcácares ib. 

Capitulo  xxiv.  En  que  se  tracta  otro  depós- 
sito  para  mi  memoria,  que  perlenesce  al  li- 
bro XIX,  de  dos  animales  que  hay  en  la  isla 
de  Cubagua,  uno  de  tierra  é  otro  de  agua; 
y  es  de  aquesta  manera  que  aqui  se  dirá,  é 
cada  cosa  dellas  muy  notable 209 

Capitulo  xxv.  De  los  juncos  ó  palmas  que 
llevados  á  España,  é  á  otras  parles  por  el 
mundo,  sirven  de  báculos  ó  bordones  para 
los  hombres  de  auctoridad,  é  páralos  viejos 
é  hombres  ancianos,  é  aunque  en  muchas 
parles  de  las  Indias  los  hay,  é  se  naseen  de 
por  sí,  cue'ntase  dónde  los  crian,  é  siembran, 
é  cultivan,  é  para  qué  efelos ,  ele 210 

Capitulo  xxvi.  En  el  qual  se  tracta  un  nota- 
ble, que  es  razón  que  por  cosa  mernorable 
se  ponga  en  este  libro  para  que  mejor  se  en- 
tienda la  abundancia  de  la  carne  que  hay 
en  esta  Isla  Española,  é  la  que  se  mala  ca- 
da dia  que  es  de  carne  ordinariamente 2H 

Capitulo  xxvn.    En  el  qual  se  tracta  de  dos 

I  especies  ó  maneras  de  esmerald^^ue  se 

/  han  hallado  en  laTierra-Firme^^  de  las  qua- 

/    les  se  han  UevadcTmücTías  "en  cantidad,  de 


diversas  estimaciones,  é  prestios,  é  aun 
asaz  dellas  de  mucho  valor  han  discurrido 
por  Europa  é  otras  partes  del  mundo,  que 
destas  nuestras  Indias  se  han  transportado 
por  muchos  reynos,  en  tanta  manera  que  la 
grande  abundancia  é  número  dellas  ha  fe» 
cho  disminuir  el  valor  de  tales  gemmas. . . . 

— Que  son  de  do9e  maneras  las  esmeraldas. . 

Capitulo  xxviii.  En  que  sumariamente  se 
tracta  un  depóssilo  que  mas  largamente  se 
podrá  ver  en  sus  lugares  apropriados,  é  don- 
de la  natura  en  estas  Indias  ha  mostrado  é 
produce  algunas  fuentes  é  nascimienlos  de 
betum  de  diversas  materias 

Capitulo  xxix.  Del  temblor  de  la  mar,  é  del 
fundamento  ó  tierra  que  debaxo  della  está 
juntamente;  ó  en  un  instante  temblor  de  am- 
bos elementos 

Capitulo  xxx.  De  un  depóssilo  é  nueva  ma- 
nera de  atabales  é  alambores,  é  hasta  agora 
nunca  oydos  ni  vistos,  exceptoenQisca,  ca- 
pitán herético  de  los  bohemios  herélicos. . 

— Seyscientos  ochenta  hombres  hechos  ata- 
bales  

Capitulo  xxxi.  De  una  propriedad  de  los 
ganados  cerca  de  la  línia  equínocial,  ques 
cosa  muy  notable 

Capitulo  xxxii.  De  los  vasos  hechos  de  ca- 
begas  de  hombres,  y  tráctase  aqui  en  espe- 
cial de  uno  que  tuvo  el  gran  príncipe  Alaba- 
liba,  é  de  lo  que  dio  por  un  gato ,  é  de  lo 
que  dio  á  un  español  por  causa  de  un  ga- 
vilán  

Capitulo  xxxiii.  De  las  mugeres  que  en  las 
Indias  viven  en  repúblicas,  é  son  señoras 
sobre  sí  á  imitación  de  las  Amacenas,  é  pó- 
nense  aqui  dos  depóssitos  hasta  que  en  la 
segunda  parte  de  la  General  historia  llegue- 
mos á  los  proprios  lugares  é  provincias, 
donde  lales  mugeres  habitan,  é  alli  se  diga 
mas  copiosamente  lo  que  en  esto  hay  que 
escribir ; 

— De  las  comunidades,  érepúblicas  de  las  re- 
ligiones de  ambos  sexos 

Capitulo  xxxiv.  De  tres  depóssitos  é  otros 
tantos  animales  vistos  en  la  Tierra-Firme: 
los  dos  dellos  en  la  provincia  de  Paria,  y  el 
tercero  en  muchas  partes  de  la  Tierra- 
Firme  

— Del  pescado  Torpedine 

Capitulo  xxxv.  De  una  nueva  manera  de 
arma  ofensiva  que  usan  cierta  gente  del  rio 
de  Paranaguacu,  que  otros  llaman  rio  de  la 
Plata,  é  llámanse  los  guáranlas 

Capitulo  xxxvi.  De  una  ave  de  rapiña,  ó 
monstruo  de  las  aves,  que  caca  en  la  tierra, 
é  pesca  en  la  mar  é  en  los  rios 

Capitulo  xxxvii.    De  una  nueva  forma  que 


214 

2t5 

217 
ib. 

218 


219 


225 


226 


622                                HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 

Pág$.  Púg.i. 

tienen  los  indios  de  la  gobernación  de  la  dellas 24 1 

Nueva  Castilla  en  adobar  é  preparar  el jjes-  Capitulo  xlviii.    En  que  se  tracta  del  reme- 

cado  é  hacerlo  9e9ial,  sin  le  echar  sal  al-  dio  que  nuevamente  é  de  poco  tiempo  acá 

y^  guna.  .7 227           es  hallado  para  curarse  las  heridas  de  las 

Capitulo  xxxvui.  En  el  qual  se  tracta  un  ca-  flechas  con  hierva,  con  que  tiran  las  indios, 
so  peligroso,  é  experimentador  de  la  gran-  que  hasta  saberse  este  secreto  era  incura- 
díssima  habilidad  que  tuvo  un  vecino  en  la  ble  é  por  la  mayor  parle  todos  ó  los  mas 
cibdad  de  Panamá  en  nadar;  y  fué  de  tal  morían,  como  por  estas  historias  está  pro- 
manera que  salvó  su  vida  ,  donde  oviera  bado.  E  dícese  la  manera,  por  donde  la  clc- 
muy  pocos  en  el  mundo  que  dexáran  de  ser  mencia  divina  permitió  queste  remedio  se 
ahogados,  si  lo  mismo  les  acaesciera ib.           supiesse 2i2 

Capitulo  xxxix.  De  dos  cosas  notables  de  Capitulo  xlix.  En  que  se  traclan  diversas  é 
Margarita  de  Vergara ,  muger  que  fué  del  peregrinas  historias  é  materias  que  han 
historiador  destas  materias.  La  una  que  ocurrido  en  parles  muy  apartadas ,  é  han 
nunca  escupió,  é  la  otra  que  en  una  noche  tenido  con  oirás  (en  muy  desviadas  pro- 
se  tornó  cana,  seyendo  muy  rubia  é  hermosa  vincias)  mucha  conformidad  é  semejanca;  y 
muger,  é  de  veynle  é  seys,  ó  veynte  é  sie-  de  ser  las  unas  antiquíssimas  están  olvida- 
te  años 229           das  (  á  los  que  no  leen);  y  las  que  agora  se 

—Don  Diego  Osorio  se  tornó  cano  en  una  ven  tales ,  parescen  nuevas  sin  lo  ser  en  el 

noche ib.            mundo.  Tócanse  lindas  é  sabrosas  leeiones 

Capitulo  xt.    De  un  depóssito  notable  é  me-  en  este  capítulo ,  é  tales  que  darán  mucho 

moriade  las  ^inco  naos  mas  famosas  que  en  contentamiento  á  los  lelores 245 

el  mundo  (desde  su  principio  hasta  núes-  Capitulo  l  .     De  los  depóssitos  deste  libro  en 

tro  tiempo)  se  saben  é  son  de  todas  las  que  que  se  recaenta  un  caso  muy  notable  que 

ha  ávido  las  mas  nombradas 230           acaesció  en  una  placa  de  la  provincia  de 

Capitulo  xLi.    En  el  qual  se  tracta  un  caso  Nicaragua,  estando  allí  el  auctor  destas  his- 

nolable  del  amor  que  una  india  tuvo  á  su  tonas,  la  qual  materia  toca  al  arte  mágica  é 

marido,  y  cómo  rogó  con  muchas  lágrimas  bruxos  indios    llamados  texoxes  ,  é  trae 

al  auctor  destas  historias,  que  perdonasse  á  á  conseqüencia  otras  transformaciones  de 

su  marido  (al  qual  mandó  ahorcar),  é  que  hombres  en  animales,  que  escriben  algunos 

ahorcassen  á  ella;  ypónense  otras  compara-  auctores  graves;  é  lo  que  en  tales  casos  se 

clones  al  propóssilo  del  amor  excesivo  que  debe  creer 254 

unas  personas  han  mostrado  con  otras 23 1        Capitulo  li.    De  un  caso  nuevamente  venido 

Capitulo  xlu.    De  un  notable  depóssito  écom-  á  noticia  del  auctor  destas  historias,  é  nue- 

paracion  de  las  crescientes  y  menguantes  va  materia  é  de  admiración  á  quantos  la 

del  rio  de  Huyapari  con  el  Nilo 233            oyeren,  é  supieren  acaescida  pocos  días  ha: 

Capitulo  xliii.    En  el  qual  se  tracta  de  la  di-  una  nueva  forma  de  montería  en  esta  isla, 

versidad  de  las  lenguas  destas  Indias,  islas  lo  qual  acaesció  en  el  año  de  1543 2üü 

c  Tierra-Firme  del  mar  Océano 234        Capitulo  lh.    En  que  se  tracta  la  forma  de  un 

Capitulo  xLiv.    De  ciertos  capitanes  memora-  galo  monillo,  la  mas  nueva  cosa,  ó  nunca 

bles  en  el  mundo  por  el  mucho  valor  de  sus  su  semejante  vista  hasta  nuestros  tiempos, 

personas,  y  lodos  ellos  tuertos 236            el  qual  gato  en  parle  era  páxaro,  ó  ave,  c 

Capitulo  xlv.    De  cierlps  notables  que  el  his-  cantaba  como  un  ruyseñor  ó  calandria  muy 

loriador  pone  aquí  en  depóssito,  hasta  que  exeelenlemenle,  é  con  muchas  diferencias 

en  los  libros,  é  parles  que  convenga  se  escrí-  en  su  melodía  é  canlar 258 

ban  mas  largamente,  que  son  semejantes  á  Capitulo  liu.    En  que  se  tracta  otra  novedad 

lo  que  muchos  auctores  han  tocado;  y  uno  muy  grande,  é  por  mí  nunca  oyda ,  y  acaso 

en  especial  de  las  guáranlas  (que  es  arma  sabida,  y  que  no  será  de  poca  admiración 

nunca  vista,  ni  usacja  en  oirás  partes  sino  para  dexar  de  contemplarla  á  los  lelores  y 

donde  el  auctor  la  pone  en  estas  Indias)  é  x      especulativos,  y  es  acerca  del  menguar  é 

ninguno  ha  escrípto  de  tal  arma 238           crescer  de  la  mar  en  la  bahía  de  Sancl  Ma- 

Capitulo  xlvi.    De  un  notable  mucho  de  no-  theos,  en  la  gobernación  de  la  costa  del  Perú.    2G0 

lar  de  la  mudanca  de  los  tiempos  en  esta  —Maravillosa  novedad  de  ser  dulce  la  agua 

cibdad  de  Sánelo  Domingo  é  Isla  Española;  con  la  crescíente  de  la  mar  é  amarga  con  la 

y  aun  en  las  otras  partes  destas  Indias  que  menguante.. 261 

se  han  poblado  de  los  chrípslíanos 239       LIBRO  VIL    Prohemio 263 

Capitulo  xlvu.    De  ciertas  aves  que  no  po-  Capitulo  i.    Del  pan  de  los  indios  llamado 

nen   mas  de  un  huevo,   y  hay  muchas  mahíz,  é  de  como  se  siembra  y  se  coje,  y 


DE  INDIAS.  ÍNDICE. 


623 


fiv 


ií  I 


V^ 


X  s 


/ 


Pági. 

oirás  cosas  á  eslo  con<;ern¡enles ¿64_ 

— Remedio  para  el  agua  que  hiede  en  la  mar, 
para  que  se  pueda  beber  é  pierda  el  mal 
olor 267 

Capitulo  ii.  Del  pan  de  los  indios  que  se 
llama  cacabi,  que  es  la  segunda  manera  de 
pan  que  en  esta  Isla  Española  é  oirás  par- 
tes hacen  los  indios,  y  al  presente  assi  mis- 
mo los  chripstianos,  y  aun  algunos  lo  usan 
mas  quel  mahiz,  é  lo  tienen  por  mejor  é  se 
sirven  mas  dello,  lo  qual  se  hace  de  una 
planta  que  llaman  yuca 268 

Capitulo  ni.  De  la  planta  é  mantenimientos 
-^  de  los  ajes,  que  es  otro  grand  manjar  é  bas- 
timento que  los  indios  tienen,  é  cómo  se 
siembra  é  se  coje 272 

Capitulo  iv.    De  la  planta  é  mantenimientos 

/i  de  las  batatas ,  que  es  muy  buen  bas- 
timento, y  de  los  mas  estimados  que  los  in- 
dios tienen,  é  cómo  se  siembran  é  cojen,  é 
otras  particularidades  de  aqueste  manjar  ó 
frucla 273 

Capitulo  v.  Del  mani,  que  es  cierto  género 
de  fructa  é  mantenimiento  ordinario  que 
tienen  los  indios  en  esta  Isla  Española  é, 
otras  islas  destas  Indias ¡^S^\ 

Capitulo  vi.  De  la  planta  dicha  yahuita,  y 
algunas  particularidades  della ^b 

Capitulo  vii.    Del  axi,  que  es  una  planta  de 

/que  los  indios  se  sirven  é  usan  en  lugar  de 
pimienta,  é  aun  los  chripstianos  la  han  por 
muy  buena  especie 275 

Capitulo  viii.    De  las  calabacas  que  hay  en 

f  esta  Isla  Española  y  en  todas  las  otras  islas 
y  Tierra-Firme 1 .     276 

Capitulo  ix.  De  los  bihaos ,  que  es  cieita 
hierva  (ó  mas  que  hierva  á  mi  parescer)  que 
no  se  siembra  ni  cultiva ,  sino  que  la  natura 
la  produce,  y  es  muy  útil  y  provechosa  á 
los  indios  en  las  cosas  que  aqui  se  dirá. . .     276 

Capitulo  x.  De  la  cabuya  y  del  henequén, 
e'  de  algunas  particularidades  de  lo  uno  é  de 
lo  otro,  que  son  dos  cosas  de  hilo  ó  cuerdas 
muy  notables 277 

—  Para  corlar  el  hierro  con  el  henequén  ó  ca- 
buya     278 

Capitulo  xi.  Del  maguey,  que  es  otrahierva 
algo  semejante  á  la  cabuya:  puede  servir  de 
mantenimiento  en  tiempo  de  nescessidad,  é 
el  principal  efeto  suyo  es  para  hicos,  id  est, 
cordeles  ó  sogas  muy  buenas,  é  para  otras 
cosas ib. 

Capitulo  xii.  De  las  yracas,  que  son  hiervas 
en  general,  porque  yraca  quiere  decir  hier- 
va, las  cuales  los  indios  comen  en  sus  po- 
tajes      279 

Capitulo  xiii.  De  la  planta  é  frucla  que  los 
indios  llaman  lirenes  en  esla  Isla  Española,     ib. 


Pitgi. 

Capitulo  xiv.  De  las  pinas  que  llaman  los 
chripstianos,  porque  lo  parescen,  la  qual 
fructa  nombran  los  indios  yayama,  e  á  cier- 
to género  de  la  misma  fructa  llaman  bonia- 
ma,  é  á  otra  generación  dicen  yayagua,  co- 
mo se  dirá  en  esle  capítulo,  non  obstante  que 
en  otras  partes  tiene  otros  nombres 280 

Capilulo  XV.  Que  tracta  de  la  fructa  llamada 
Imocona,  la  qual  se  cria  sin  la  ihdustria  de 
los  hombres 284 

Capitulo  xvi.  De  los  guayaros,  ques  una 
fructa  como  cherevías ib. 

Capitulo  xvii.  De  la  fructa  que  los  indios 
llaman  cauallos ib. 

Capitulo  xvni.    Que  tracta  de  los  fésoles  que 
los  chripstianos  llaman:  de  los  quales  hay         ^ 
muchas  maneras  en  las  Indias 285 

Capitulo  xix.  El  qual  tracta  dé  una  fructa 
que  se  llama  nnames 280 

LIBRO  VIH.    Prohemio 287 

Capitulo  i.  Que  Iracta  de  los  árboles  que  se 
han  traydo  á  esta  Isla  Española  desde  Eu- 
ropa é  nuestra  España,  el  qual  capítulo  con- 
tiene once  párrafos  ó  parles 288 

— Fray  Tomás  de  Berlanga  truxo  los  plátanos 
á  las  Indias,  el  qual  fué  después  Obispo  en 
Tierra-Firme 292 

— En  loor  de  Fray  Tomas  de  Berlanga  Obispo 
de  Tierra-Firme 293 

Capitulo  ii.  De  los  árboles  fructíferos  é  na- 
turales de  aquesta  Isla  Española  é  primera- 
mente de  los  hobos 293 

Capitulo  m.  Del  árbol  llamado  caymito,  é  de 
su  fructa  é  diferencias  della,  é  de  la  nueva 
forma  ó  diferenciada  manera  que  su  hoja 
tiene  con  todos  los  otros  árboles 395 

Capitulo  iv.  Del  árbol  llamado  higüero.  El 
acento  de  letra  u  ha  de  ser  luengo,  ó  de 
espacio  dicho,  de  manera  que  no  se  pronun- 
cien breve  ni  juntamente  estas  tres  letras 
gyxc;  sino  que  se  detenga  poquita  cosa  en- 
tre la  tí  y  la  e,  é  diga  higüero.  Digo  esto 
por  quel  letor  no  entienda  higüero,  ó  hi- 
guera de  higos ib. 

Capitulo  v.    Del  árbol  llamado  yagua,  y  de  3 

su  fructa,  y  de  la  tinta  que  se  tíace  della ...     296 

Capitulo  vi.    De  la  bixa.  Esle  no  es  árbol,  5;^. 
sino  planta  ó  arbusto,  é  por  sí  mismo  é  de     \      5 
la  natura  producido,  como  son  todos  los  que 
he  dicho,  y  también  los  plañíanlos  indios. .     297 

— Matrimonios  de  Inglaterra 298 

Capitulo  vii.  Del  árbol  llamado  guacuma  é 
de  su  fructa ib. 

Capitulo  viii.  Del  árbol  llamado  guama  é  de 
su  fructa 299 

Capitulo  ix.    De  los  árboles  é  fructas  llama-         (^f, 
dos  hicacos ib. 

Capitulo  x.    Del  árbol  llamado  yaruma  é  de 


C<- 


624 


HISTOIUA  GENERAL  Y  NATURAL 


rf 


bf 


Págs. 


SU  fructa 300 

Capitulo  xi.  Del  árbol  llamado  macagua  ,  é 
de  sú  fructa  é  madera ib. 

Capitulo  xii.  Del  árbol  acuba  é  de  su  estre- 
mada fructa 301 

Capitulo  xiii.  Del  árbol  llamado  guiabara, 
que  los  chripstianos  llaman  uvero. ib. 

— De  la  manera  de  escrebir  en  hojas  de  árbol,      ib. 

Capitulo  xiv.  Del  árbol  llamado  copey,  en 
las  hojas  del  qual  pueden  assi  mismo  es- 
crebir      302 

Capitulo  xv.  Del  árbol  llamado  gaguey  é 
su  fructa ib. 

Capitulo  xvi.  Del  árbol  que  los  indios  llaman 
cibucán  é  de  su  fructa 303 

Capitulo  xvn.  Del  árbol  guanábano  é  su 
fructa ib. 

Capitulo  xviii.  Del  árbol  llamado  hanon  é 
su  fructa 304 

Capitulo  xix.  Del  árbol  llamado  guayabo  é 
su  fructa ib. 

Capitulo  xx.  Del  árbol  mamey  é  de  su 
fructa,  llamada  assi  mismo  mamey 305 

Capitulo  xxi.  Délos  árboles  que  los  chrips- 
tianos llaman  piruelo  en  la  provincia  de  Ni- 
caragua, é  de  la  fructa,  de  la  qual  hacen 
buen  vino,  é  otras  particularidades,  el  qual 
árbol  los  indios  llaman  xocat 307 

Capitulo  xxii.  Del  árbol  que  los  chripstia- 
nos llaman  níspero,  al  qual  los  indios  de  la 
provincia  de  Nicaragua  llaman  munonca-» 
pot,  é  su  fructa  excelente 308 

Capitulo  xxiii.  Del  árbol  llamado  ácana  éde 
su  fructa  del  mismo 309 

Capitulo  xxiv.  De  las  parras  salvajes  de 
aquesta  Isla  Española,  é  otras  islas  de  la 
Tierra-Firme ib. 

Capitulo  xxv.  De  las  carcamoras  de  aquesta 
Isla  Española  é  oirás  partes 3  iO 

Capitulo  xxvi.  De  los  cardones  e:i  quenas- 
ce  la  fructa  que  llaman  pitahaya 3H 

Capitulo  xxvii.  De  unos  cardos  altos  c  de- 
rechos mayores  que  tancas  de  armas  (e'  aun 
como  picas  luengas),  quadradosy  espino- 
.sos,  á  los  quales  llaman  los  chripstianos  ci- 
rios, porque  parescen  cirios  ó  hachas  de  cera, 
excepto  en  las  espinas  é  altura  dellos,  ios  qua- 
les llaman  los  indios  doJ^finecuola  (iauiios- .      ib. 

Capitulo  xxviii.  De  los  cardos  de  las  tunas 
c  su  fructa,  la  qual  en  la  provincia  de  Ve- 
necuela  en  la  Tierra-Firme  se  llama  co- 
moho 313 

Capitulo  xxjx.  De  la  fructa  que  llaman  ma- 
nagua 315 

Capitulo  xxx.    Del  árbol  llamado  cacao,  é  al- 

/  gunos  le  llaman  cacaguate ,  é  su  fructa  d 
bevraje  é  aceyte,  é  como  su  fructa  en  algu- 
nas partes  sirve  por  moneda ,  e'  se  hallan 


fáp.i. 


por  ella  todas  las  cosas  que  entre  los  indios 
se  tractan,  é  otras  particularidades  destos 
árboles 

Capitulo  xxxi.  Del  árbol  llamado  paco  é  su 
fructa 

Capitulo  xxxii.  Del  árbol  tembixque  é  su 
fructa  (alias  terabate) , 

Capitulo  xxxiii.  Del  árbol  que  en  esta  Isla 
Española  llaman  papaya ,  y  en  la  Tierra- 
Firme  los  llaman  los  españoles  los  higos  del 
masluerco,  y  en  la  provincia  de  Nicaragua 
llaman  á  tal  árbol  olocoton 

Capitulo  xxxiv.  Del  árbol  llamado  tembix- 
que é  de  su  fructa  en  la  Tierra-Firme 

Capitulo  xxxv.    Del  árbol  caoba  é  su  fructa . 

Capitulo  xxxvi.  De  los  ciruelos  é  ciruelas  de 
doblados  cuescos  que  hay  en  la  Tierra- 
Firme  é  en  la  Tierra  Austral 

Capitulo  xxxvu.  Del  árbol  llamado  Hicomas 
é  de  su  fructa  en  la  tierra  austral 

Capitulo  xxxviu.  Del  árbol  llamado  yagua- 
guyt,  que  los  chripsiianos  llaman  de  la  ma- 
dera negra  en  la  Tierra-Firme  é  provincia 
de  Nicaragua 

Capitulo  xxxix.  De  una  fructa  que  llaman 
yaguaraha  é  nasce  en  unos  cardones,  é  otra 
que  se  dice  agoreros. 

Capitulo  xl.     De  la  fructa  llamada  macao. . 

Capitulo  xli.     De  la  fructa  llamada  cutipris. 

Capitulo  xlii.  De  la  fructa  llamada  chuare, 
é  otra  que  se  dice  pauxi 

Capitulo  xliii.  Del  árbol  llamado  mamón,  é 
de  su  fructa,  de  la  qual  faltando  el  mahiz 
hacen  pan  los  indios  en  tiempos  de  hambre. 

Capitvlo  xliv.  Del  árbol  llamado  cimiruco  é 
de  su  fructa 

LIBRO  IX.    Prohemio 

Capitulo  i.  Del  árbol  que  en  esta  Isla  Espa- 
ñola llaman  espino  los  carpinteros,  é  de  qué 
se  sirven  del 

Capitulo  ii.  De  los  pinos  que  hay  en  esta  Isla 
Española,  semejan  les  á  los  pinos  de  Espa- 
ña, que  no  llevan  pinas  sino  vanas 

Capitulo  iii.  De  los  nogales  desta  Isla  Espa- 
ñola  , 

Capitulo  iv.  De  las  palmas  que  hay  en  esta 
Isla  Española,  y  en  las  otras  deste  golpho  y 
en  la  Tierra-Firme 

Capitulo  v.  Del  árbol  de  las  qüentas  del 
xabon 

Capitulo  vi.  Del  árbol  llamado  mangle  e'  su 
fructa,  é  de  los  provechos  é  utilidad  que  dól 
se  siguen 

Capitulo  vii.  Del  árbol  que  en  estas  islas  é 
en  la  Tierra-Firme  nuestros  españoles  lla- 
man ^edro 

Capitulo  vni.  Del  roble  de  aquesta  Isla  Es- 
pañola é  otras  partes  dcstas  Indias 


ib. 

322 

ib. 

3-23 

324 
323 

\ 

ib. 
326 


ib. 

327 

ib. 

ib. 


ib. 

328 

329 


331 

ib. 
ib. 

332 
338 

ib. 

339 
3i0 


DE  INDIAS.  índice. 


Capitulo  xvii. 
Capitulo  xviii. 
Capitulo  xix. 


Págt. 


Capitulo  ix.  Del  árbol  llamado  caoban  dcsta 
Isla  Española 341 

Capitulo  x.  Del  therebinlho  desla  Isla  Espa- 
ñola       ib. 

Capitulo  xi.  Del  árbol  llamado  ceyba,  en  es- 
pe(!Íal ;  é  otros  árboles  grandes 342 

— Puente  de  un  solo  árbol  en  el  rio  del  Cutí 
^       ^rea  de  la  cibdad  del  Darien 343 

— De  la  lana  del  árbol  ^eyba 345 

Capitulo  xii.  Del  árbol  ó  man(¡'anillo,con  cu- 
ya fructa  los  indios  caribes  flecheros  hacen 
la  hierva  con  que  tiran  é  pelean,  la  qualpor 
la  mayor  parle  es  inremediable ib. 

—De  Goncalo  Fernandez  del  Lago 346 

Capitulo  xm  Del  árbol  que  en  estas  partes 
se  tiene  por  tharay,  porque  le  paresce  mu- 
cho en  la  hoja ;  pero  Uámanle  en  esta  Isla 
Española  cohoba 347 

Capitulo  xiv.  De  los  árboles  del  helécho  en 
esta  Isla  Española  é  otras  yslas  é  en  la  Tier- 
ra-Firme       ibf 

Ca.pitulo  XV-    De  los  árboles  del  brasil  que  i  { »¡ 
/    hay  en  esta  ysla  é  otras ,  é  en  la  Tierra- 
Firme 348 

Capitulo  xvi.    Del  árbol  llamado  corbana. . .      ib. 

Del  árbol  llamado  cuya 349 

Del  árbol  llamado  maria. ...      ib. 
De  oíros  árboles  útiles  que  hay 
en  esta  ysla  é  otras  y  en  la  Tierra-Firme, 
llamados  ciguas 350 

Capitulo  xx.  Del  árbol  que  en  la  provincia 
de  Nicaragua  llaman  los  indios  nanzi ib. 

Capitulo  xxi.  De  dos  cosas  notables  en  las 
maderas  é  árboles  desla  Isla  Española  y  de 
las  otras  yslas  é  Tierra-Firme 35  i 

—Árboles  que  no  pierden  la  hoja,  segundPlinio.      ib. 

—En  las  Indias  solos  seys  arboles  pierden  la 
hoja ilí- 

— De  la  broma  ó  carcoma. . . . ; 352 

Capitulo  xxii.  De  los  árboles  que  los  chrips- 
lianos  llaman  en  la  Tierra-Firme  membri- 
llos, aunque  no  lo  son ,  é  de  la  fructa  que 
llevan ib* 

Capitulo  xxni.  De  los  perales  salvajes  de  la 
Tierra-Firme 353 

Capitulo  xxiv.  De  pierios  leños  ó  ester- 
pos  salvajes,  que  relucen  de  noche,  como 
fuego 

Capitulo  xxv.  De  las  encinas  que  el  auctor 
dice  que  hay  é  vido  en  la  Tierra-Firme,  no 
lexos  de  la  costa  austral,  en  las  haldas  de  la 
sierra  que  llaman  de  Oroci ib. 

—Manjar  de  los  indios  sapos  ó  alacranes 355 

Capitulo  xxvi.  Del  árbol  llamado  capera  é 
de  la  fructa  que  lleva,  que  es  una  manera 
de  almendras  muy  grandes ib. 

Capitulo  xxvu.    De  ciertos  árboles  que  hay 
en  Nagrando,  en  la  gobema9Íon  de  Nicara-  ^ 
TOMO  I. 


626 

Págt. 


354 


gua  en  la  Tierra-Firme,  que  sirven  sus 
fructas  á  lo  mismo  que  las  agallas,  pa- 
ra ha^er  tinta:  á  los  quales  árboles  lla- 
man los  chripstianos  el  árbol  de  la  tinta;  é 
de  qué  manera  se  ha9e  la  tinta  con  esta 
fructa.., 35(j 

Capitulo  xxvui.  Del  árbol  llamado  guaco  é 
su  fructa,  el  qual  árbol  se  halla  en  la  Tierra- 
Firme ib. 

Capitulo  xxix.  De  los  árboles  é  fructa  que 
los  españoles  Uanjan  agoreros,  en  la  Tierra- 
Firme  357 

Capitulo  xxx.  De  los  árboles  odoríferos  de 
la  Nueva  Castilla ib. 

Capi-dulo  XXXI.  De  los  de  la  canela ,  en  la 
provincia  que  llaman  Quito  en  la  tierra  aus- 
tral  7:7.T. 

Capitulo  xxxn.  De  los  salces  de  la  tierra 
austral 

Capitulo  xxxni.  Del  árbol  llamado  damaha- 
gua,  é  de  ciertas  cortejas  de  árboles  para 
sogas  é  euerdas 359  ^ 

Capitulo  XXXIV.    Del  árbol  llamado  guac. .      ib. 

LIBRO  X.    Prohemio 361 

Capitulo  i.  Del  árbol  ó  plañía  con  que  se 
sueldan  las  quebraduras  ó  cosas  rompidas 
en  la  persona  del  hombre 362 

Capitulo  n.  Del  árbol  llamado  guayacan, 
con  que  se  cura  el  mal  de  las  búas 363 

— Facilidad  con  que  los  indios  se  curaban  de 
las  búas 364 

Capitulo  m.  Del  árbol  del  bálsamo  que  lla- 
man en  esta  Isla  Española ,  donde  aqueste 
licor  se  ha  hecho  jwimero  que  en  otra  parte 
alguna 366 

— Quién  fué  el  inventor  deste  bálsamo \h.  ^  ^ 

— Opinión  de  Plinio  sobre  la  calamita  ó  piedra 
yman 367 

Capitulo  iv.  De  los  mancanillos  de  las  ave- 
llanas para  purgar 368 

Capitulo  v.  De  las  plantas  del  algodón  desta 
Isla  Española 370 

Capitulo  vi.  De  las  higueras  de  infierno  que 
hay  en  esta  Isla  Española ib. 

Capitulo  vii.  De  las  cañas  y  carritos  desta 
Isla  Española ib. 

Capitulo  vni.  De  los  juncos  que  hay  en  esta 
Isla  Española 371 

LIBRO  XI.    Prohemio ; 372 

Capitulo  i.  De  las  hiervas  é  plantas  que  se 
han  traydo  deEspaña  á  esta  Isla  Española 
é  á  otras  partes  destas  Indias,  é  quáles  ha- 
cen acá  simientes  é  quáles  no 373 

Capitulo  n.  De  las  hiervas  que  hay  en  es- 
ta Isla  Española,  que  son  como  las  de 
España  é  que  acá  las  avia ,  antes  que  los 
chripstianos  passasen  á  estas  partes,  é  son 
naturales  de  la  tierra,  é  no  se  truxeron  de 
79 


y 


626 


HISTORU  GENERAL  Y  NATURAL 

Págs. 


Págs. 


376 


Castilla 374 

Capitulo  iii.  De  la  hierva  que  los  indios  lla- 
man y,  é  de  sus  utilidades  é  propriedad. . .     375 

Caí>itulo  IV.  De  la  planta  que  los  indios  lla- 
man goaconax  y  los  chripstianos  le  llaman 
bálsamo,  del  qual  se  hace  el  bálsamo  artifi- 
cial para  las  heridas  é  para  otras  enfermeda- 
des ;  é  decirse  há  de  qué  manera  se  hace 
aquel  licor  que  en  estas  Indias  llaman  bál- 
samo   

Capitulo  v.  De  la  hierva  ó  planta  llamada 
perebecenuc,  é  de  sus  excelencias  é  virtudes 
experimentadas 377 

Capitulo  vi.  De  la  hierva  que  en  esta  Isla 
Española  se  llama  curi-a;  y  aparto  la  a, 
porque  assi  se  ha  de  acentuar 380 

Capitulo  vii.  De  cierta  manera  de  lirios  que 
hay  en  la  Tierra-Firme,  é  de  sus  extrema- 
das flores  de  nueva  forma 381 

Capitulo  viii.  De  la  hierva  que  los  indios  de 
la  provincia  é  lengua  de  Cueva,  en  la  Tier- 
ra-Firme, la  llaman  perorica  é  de  sus  pro- 
priedades  é  efelos :  la  qual  provincia  es  en 
la  gobernación  de  Castilla  del  Oro 382 

Capilulo  IX.  De  la  hierva  llamada  coygara- 
ca  é  de  sus  propriedades 383 

Capitulo  x.  Del  torongil  de  la  Tierra- 
Firme  384 

Capitulo  xi.  De  la  hierva  maguey,  la  qual 
hay  en  la  Tierra-Firme  cerca  de  la  provin- 
9ia  de  Araya  é  de  la  gente  que  llaman  ago- 
reros        ib. 

Capitulo  xn.  Que  tracta  de  la  hierva  mo- 
cot,  assi  llamada  en  la  provincia  de  Nica- 
ragua      385 

LIBRO  XII.    Prohemio 386 

Capitulo  i.    Del  animal  llamado  hutia 389 

Capitulo  ii.  Del  animal  llamado  quemi,  é  de 
su  forma ib. 

Capitulo  iii.    Del  animal  llamado  mohuy. ...      ib» 

Capitulo  iv.    Del  animal  llamado  cori 390 

Capitulo  v.  De  los  perros  que  ovo  en  es- 
ta Isla  Española  é  los  que  hay  al  pres- 
sente ib. 

Capitulo  vi.  De  los  mures  ó  ratones  de  aques- 
ta Isla  Española  é  destas  Indias 392 

Capitulo  vn.  De  la  serpiente  ó  animal  llama- 
do y.,  u.. ana,  del  qual  género  avia  é  hay 
muchas  en  esta  ysla ib. 

Capitulo  viii.  De  las  serpientes  ó  culebras  y 
lagartijas  é  lagartos  desta  Isla  Española  y 
otras  partes 396 

— Las  culebras  con  que  los  indios  hacen  la 

hierva  para  tirar  con  las  flechas 398 

Capitulo  ix.    De  los  animales  terrestres  que 
truxeron    de   España  á  esta   Isla  Espa- 
ñola, de  los  quales  acá  no  avia  alguno 
líos 399 


Capitulo  x.  De  los  animales  que  en  la  Tier- 
ra-Firme llaman  los  españoles  tigres,  é  los 
indios  los  nombran  en  diversa  manera,  se- 
gund  la  lengua  de  aquellas  provin9Ías,  don- 
de los  hay. 

— Que  ningún  discreto  tome  oficio  que  no 
le  convenga,  ni  en  conversación  de  bes- 
tias  

Capitulo  xi.  Del  animal  beori  que  los  chrips- 
tianos llaman^ntas,  y  algunos  los  llaman 

vacas  en  la  Tierra-Firme 

Capitulo  xii.  De  los  leones  rasos  que  hay  en 
la  Tierra-Firme,  en  la  goberna9Íon  de  .Qaa- 
tilla  del  Oro,  assi  en  la  costa  del  Norte,  co- 
mo en  la  del  Sur  é  en  otras  partes 

Capitulo  xiii.    Del  gato  cerval 

Capitulo  xiv.    De  los  leones  pardos 

Capitulo  xv.  De  las  raposas  de  Tierra- 
Firme 

Capitulo  xvi.  De  los  lobos  de  la  Tierra- 
Firme  

Capitulo  xvii.    De  las  eorrillas  hidiondas  de 

la  Tierra-Firme 

Capitulo  xviii.    Perros  gozques  en  la  Tierra- 

Frme 

Capitulo  xix.  De  los  9Íervos  que  hay  en  la 
Tierra-Firme ,  é  gamos  é  coreos  semejantes 

á  los  de  España 

Capitulo  xx.  Que  tracta  de  los  puercos  mon- 
teses de  la  Tierra-Firme,  en  diversas  pro- 

vin9ias 

Capituló  xxi.  Del  oso  hormiguero  en  Casti- 
lla del  Oro  y  en  otras  parles  de  la  Tierra- 
Firme 

Capitulo  xxii.    De  los  conejos  é  liebres 

Capitulo  xxiii.  De  los  animales  encuber- 
tados   

Capitulo  xxiv.  Del  animal  que  en  Castilla  del 
Oro  llaman  perico-ligero  los  españoles ,  y 

en  otras  partes  se  llama  la  pereza 

Capitulo  xxv.    De  los  zorrillos  pardos  de  la 

Tierra-Firme 

Capitulo  xxvi.    De  los  galos  monillos 

Capitulo  xxvn.    Del  animal  llamado  chur- 

cha i 

Capitulo  xxviii.  De  las  bardas  que  hay  en 
la  Tierra-Firme,  é  en  espe9ial  en  la  gober- 
nación de  Castilla  del  Oro  é  en  las  provincias 

de  la  lengua  de  Cueva 

Capitulo  xxix.     Del  animal  bivana 

Capitulo  xxx.  De  las  ovejas  é  ganados  do- 
mésticos que  hay  en  la  tierra  austral ,  en 
Tierra-Firme,  en  la  gobernación  de  la  Nue- 
va Castilla,  donde  fué  rey  Atabaliba 

Capitulo  xxxi.    Del  animal  llamado  guaca- 

bitinax 

Capitulo  xxxii.  De  los  animales  que  los  in- 
dios llaman  tarucos  en  la  Nueva-Castilla,  á 


401 


403 


40 


\ 


4O0\ 
ib.    \, 
407 


ib. 
ib. 


40 


\ 


ib 


N 


ib. 


409 


ib. 
411 

ib. 


412 

414 
ib. 

416 


417 
id. 


418 
419 


DE  INDIAS.  ÍNDICE. 


/ 


rúgs. 


los  quales  llaman  en  llalla  muiros,  y  en  Es- 
paña no  creo  que  los  hay ib. 

Capitulo  xxxiii.    Del  animal  llamado  guabi- 

niquinax ib. 

Capitulo  xxxiv.  Del  animal  llamado  ayre. .  420 
Capitulo  XXXV.  Del  animal  llamado  adine. .  ib. 
Capitulo  xxxvi.    De  los  leones  grandes  de 

color  pardillo ib. 

Capitulo  xxxvii.  De  los  osos,  como  los  de 
España 421 

Capitulo  xxxviu.     Del  animal  aserrador. ...      ib. 
Capitulo  xxxix.    Del  animal  que  se  llama 
cocumatle 422 

Capitulo  xl.  De  las  vacas  de  la  tierra  sep- 
tentrional        ib. 

LIBRO  XIII.    Prohemio. 423 

Capitulo  i.  De  los  pescados  del  mar  é  de  los 
rios,  é  de  la  manera  que  los  indios  pescan, 
é  de  los  que  hay  en  general  en  el  agua  dul- 
ce ó  salada 424 

Capitulo  n.  De  las  ballenas  que  hay  en  las 
costas  é  mares  deslas  Indias  é  yslas  é  Tier- 
ra-Firme      425 

Capitulo  ni.  Del  pexe  llamado  vihuela  é  de 
sus  armas 426 

Capitulo  iv.  De  los  pexes  voladores  que  se 
hallan  en  el  grande  golpho  del  mar  Océano, 
viniendo  de  España  á  estas  Indias 427 

Capitulo  v.  De  la  grandeca  de  los  lobos  ma- 
rinos, é  de  las  colores  diferentes  dellos,  é 
otras  particularidades 428 

Capitulo  vi.  De  los  tiburones  y  de  su  gran- 
deca, é  de  cómo  se  toman,  é  otras  particu- 
laridades deslos  animales 419 

Capítulo  vii.  De  los  animales  llamados  mar- 
raxos 431 

Capitulo  viii.  De  las  tortugas  ó  hicoteas  des- 
ta  Isla  Española . , 432 

Capitulo  ix  .  Del  manatj  y  de  su  'grandeza 
é  forma,  é  de  la  manera  que  algunas  ve- 
ces los  indios  tomaban  este  grande  animal 
con  el  pexe  reverso ,  é  otras  particulari- 
dades       433 

— Opinión  del  auctor  acerca  de  los  mares 436 

Capitulo^  x.  De  las  ranas  é  sapos,  é  cómo 
los  indios  los  comen 437 

LIBRO  XIV.     Prohemio 439 

Capitulo  i.  En  el  qual  se  tracta  de  las  aves 
que  se  veen  por  la  mar  en  el  viaje  que 
se  hace  desde  España  á  estas  Indias  é 
desde  ellas  á  España,  e'  de  las  que  se  to- 
man en  las  naos  é  caravelas,  siguiendo  sus 
viajes ib. 

Capitulo  ii.  Que  tracta  de  las  aves  que  hay 
en  esta  ysla  semejantes  á  las  de  nuestra  Es- 
paña, que  son  acá  naturales  assi  mismo  y 
desta  tierra 442 

Capitulo  ui.    De  las  aves  que  se  han  traydo 


627 

Pági. 


de  España,  que  en  esta  ysla  é  Indias  no  las 

avia 443 

Capitulo  iv.  De  las  aves  que  hay  en  esta 
Isla  Española,  las  quales  no  hay  en  España 

ni  allá  se  crian ib. 

Capitulo  v.    De  los  páxaros  comuneros ,   ó 

que  viven  muchos  junios  en  comunidad. . .     444 
Capitulo  vi.    De  los  alcatraces  grandes  que 
hay  en  esta  Isla  Española  y  en  todas  las 

otras  yslas  y  costas  de  la  Tierra-Firme 445 

Capitulo  vii.    De  las  aves  noturnas  que  hay 

en  esta  Isla  Española 446 

Capitulo  viu.  De  las  grúas  y  perdices  ó  tór- 
tolas de  la  isla  de  Cuba  ó  Femandina 447 

Capitulo  ix^  Del  passo  de  las  aves  que  sue- 
len passar  por  la  isla  de  Cuba,  é  muy  ordi- 
nariamente los  mas  años  atraviessan  la  mar 
que  hay  entrella  y  la  Tierra-Firme;  é  passan 
sobre  la  Tierra-Firme  la  vuelta  del  viento 

Sueste ib. 

Capitulo  x.  De  una  ave,  ó  quassi  mónstrao 
entre  las  ave^;  que  hay  en  esta  Isla  Españo- 
la y  en  las  otras  yslas  destas  partes 44S 

LIBRO  XV.    Prohemio 449 

Capitulo  i.  De  los  animales  insectos  que  hay 
en  esta  Isla  Española,  é  primeramente  de 

las  hormigas  y  del  comixen 450 

— Abundancia  de  hormigas  en  la  Isla  Espa- 
ñola      451 

Capitulo  ii.  De  la  escolopendra  ó  9Íento  pies, 
y  de  las  diferentes  maneras  deste  animal,  y 

de  los  gusanos  de  muchos  pies 453 

Capitulo  ui.    De  las  abispas,  y  calabrones,  y 

moscas,  y  tábanos,  y  sus  semejantes 454 

Capitulo  iv.  De  los  animales  nascidos  en  la 
madera  y  engendrados  de  diversas  mane- 
ras, y  de  la  broma 457 

Capitulo  v.  De  las  encarabas  que  en  el  An- 
dalucía llaman  fotutas 458 

Capitulo  vi.  De  los  animales  que  no  tienen 
espiráculo,  por  donde  purgar  lo  que  comen 
é  digisten,  sino  por  lapropria  boca,  por  don- 
de se  alimentan ib. 

Capitulo  vii.  De  los  escorpiones  que  hay  en 
esta  Isla  Española  y  las  otras  destas  In- 
dias      459 

Capitulo  viii.  De  las  moscas  ó  mariposas 
é  semejantes  animales  que  vuelan  é  relu- 
cen de  noche ;  y  en  especial  de  uno  deslos 
que  en  esta  isla  le  llaman  los  indios  co- 
cuyo      4G0 

LIBRO  XVI.    Prohemio 462 

Capitulo  r.  En  que  se  tracta  del  assiento  de 
la  ysla  de  la  Mona  é  de  la  de  Boriquen  ,  que 
agora  se  llama  ysla  de  Sanct  Johan,  y  otras 

particularidades 468 

— Rios  principales  de  la  ysla  de  Boriquen. . . .     4QQ 
Capitulo  ii.    Cómo  por  mandado  del  comcn-r 


628 


fflSTORlA  GENERAL  Y  NATURAL 


Págs. 

dador  mayor  de  Alcántara,  don  frey  Nicolás 
de  Ovando,  g-obernador  de  la  Isla  Española, 
se  comen9Ó  á  poblar  de  chripslianos  la  ysla 
de  Boriquen  (que  agora  llamamos  de  Sancl 
Johan),  por  mano  del  capitán  Johan  Pon9e 
de  León,  y  de  otras  particularidades  á  esto 
con9ernientes 467 

— Costumbre  de  los  indios  de  llevar  los  nom- 
,    I        bres  de  las  personas  con  quienes  ha9en 
>i\  ^        amistad ib. 

Capitulo  m.  Que  tracla  del  primero  pueblo 
de  chripslianos  que  ovo  en  la  ysla  de  Bori- 
quen ó  Sanct  Johan,  é  por  qué  se  mudó 
adonde  se  hi90  después 469 

Capitulo  iv.  Del  pueblo  de  Guanica ,  é  por 
qué  se  despobló  é  se  hico  otro  que  se  llamó 
Solomayor,  é  del  levantamiento  é  rebelión 
de  los  indios ,  é  cómo  mataron  la  mitad  de 
los  chripstianos  que  avia  en  la  isla  de  Sanct 
Johan,  y  del  esfuerce  é  cosas  hacañosas  del 
capitán  Diego  de  Sala9ar 470 

— El  capitán  Sala9ar  salva  la  vida  á  Pero 
Xuarez 471 

Capitulo  v.  Que  tracta  de  la  muerte  de  don 
Chripstóbal  de  Sotomayor  é  otros  chripstia- 
nos; é  cómo  escapó  Johan  Goncalez,  la  len- 
gua, con  quatro  heridas  muy  grandes ,  é  lo 
que  anduvo  assi  herido  en  una  noche ,  sin 
se  curar ,  é  otras  cosas  tocantes  al  discurso 
de  la  historia 472 

Capitulo  vi.  De  los  primeros  capitanes  que 
ovo  en  la  conquista  é  pacifica9Íon  de  la  ysla 
de  Boriquen,  que  agora  se  llama  isla  de  Sanct 
Johan 474 

Capitulo  vil.  Que  tracta  de  algunas  personas 
señaladas  por  su  esfuerce,  y  de  algunas  co- 
sas á  esto  concernientes  en  la  guerra  é  con- 
quista de  la  ysla  de  Sancl  Johan. .  .* 473 

■    — En  loor  de  la  gente  española ib. 

Capitulo  viii.  Cómo  los  indios  tenian  por  in- 
mortales á  los  chripslianos,  luego  que  pas- 
saron  á  la  ysla  de  Sanct  Johan,  é  cómo  acor- 
daron de  se  al9ar,  é  no  lo  osaban  empren- 
der hasta  ser  certificados  si  los  chripslianos 
podían  morir  ó  nó.  Y  la  manera  que  tuvie- 
ron para  lo  experimentar 478 

Capitulo  ix.  De  las  batallase  recuentros  mas 
principales  que  ovo  en  el  tiempo  de  la  guer- 
ra é  conquista  de  la  ysla  de  Sanct  Johan, 
por  otro  nombre  dicha  Boriquen 479 

—Que  los  indios  creían  aver  resucitado  los 
chripslianos  muertos  por  ellos  á  traición . . .     480 

Capitulo  x.  De  olra  guacábara  ó  recuentro 
que  ovieron  los  españoles  con  los  indios  de 
la  ysla  de  Boriquen  ó  de  Sanct  Johan 481 

Capitulo  xi.  Cómo  el  gobernedor  Johan  Pon- 
96  acordó  de  yr  á  descubrir  por  la  vanda  ó 
parle  del  Norte,  é  fué  á  la  Tierra-Firme  en 


PdffS. 

la  costa  de  las  yslas  de  Bimini ;  é  halló  la 
ysla  dicha  de  Bahamá ;  é  cómo  fué  removi- 
do de  la  gobernación  é  volvieron  á  gober- 
nar los  que  él  avia  enviado  presos  á  Casti- 
lla; y  de  otros  gobernadores  que  ovo  des- 
pués en  la  ysla  de  Sancl  Johan 482 

—De-  un  perro  que  ganaba  la  misma  ración 
que  un  ballestero 433 

Capitulo  xii.  Del  reparlimienlo  de  los  indios 
de  la  ysla  de  Sanct  Johan  ,  y  de  lo  que  en 
ello  se  siguió ; 455 

Capitulo  xiii.  De  la  muerte  del  adelantado 
Johan  Ponce  de  León,  primero  conquistador 
de  la  ysla  de  Boriquen ,  que  agora  llaman 
Sanct  Johan,  y  otras  cosas  locantes  á  la 
mesma  ysla 486 

Capitulo  xiv.  Del  pueblo  llamado  Daguao, 
que  hizo  poblar  el  almirante,  don  Diego  Co- 
lom,  en  la  ysla  de  Sanct  Johan ib . 

Capitulo  xv.  De  los  gobernadores  que  ovo 
en  la  ysla  de  Sancl  Johan ,  después  que  alli 
fué  por  juez  de  residen9ia  el  licenciado  Ve- 
lazquez. 487 

Capitulo  xvi.  De  diversas  particularidades 
de  la  ysla  de  Sanct  Johan 488 

Capitulo  xvii.  Del  árbol  del  palo  sánelo  é  de 
sus  muy  ex9elentes  propriedades 489 

Capitulo  xviii.  De  otras  particularidades  de 
la  ysla  de  Sancl  Johan,  con  que  se  dá  fin  al 
libro  décimo  sexto 49  j 

LIBRO  XVIL    Prohemio 492 

Capitulo  i.  De  la  descripción  de  la  ysla  de 
Cuba  ó  Fernandina,  por  las  alturas  é  grados 
de  su  asiento  é  por  sus  aledaños  mas  9er- 
canos 493 

Capitulo  ii.  De  los  pueblos  principales  de  la 
ysla  de  Cuba  ó  Fernandina,  y  de  otras  cosas 
particulares  della 494 

Capitulo  iii.  De  la  conquista  é  pagificaeion 
de  la  ysla  de  Cuba  ó  Fernandina,  é  de  los 
gobernadores  que  ha  ávido  en  ella ,  é  del 
descubrimiento  primero  de  Yucatán  ,  de 
donde  pro9edió  descubrirse  la  Nueva  Es- 
paña      494 

—Ingratitud  de  Diego  Velazquez  con  el  almi- 
rante don  Diego  Colom 496 

Capitulo  iv.  De  las  cosas  en  general,  é  de  la 
rique9a  é  fertilidad  de  la  ysla  de  Cuba  ó  Fer- 
nandina, é  otras  particularidades  della 498 

Capitulo  v.  De  las  serpientes  ó  culebras  de 
la  ysla  de  Cuba  ó  Fernandina 500 

Capitulo  vi.  De  las  pelotas  redondas ,  como 
piedras  de  lombardas ,  que  natura  produce 
é  se  hallan  en  la  ysla  de  Cuba  ó  Fernan- 
dina      501 

Capitulo  vii.  De  la  fuente  ó  minero  de  betún 
que  hay  en  la  ysla  de  Cuba  ó  Fernandina. .      ib. 

— Seys  fuentes  ó  lagos,  ó  nas9Ímienlos  debe- 


DE   INDIAS.  índice. 


629 


Pág$. 

lun  en  las  Indias  de  España 502 

Cap  itulo  vni.  Del  segundo  descubrimiento 
hecho  por  el  adelantado  Diego  Velazquez,  y 
en  su  nombre  el  capitán  Johan  de  Grijalva, 
desde  la  ysla  de  Cuba,  de  ciertas  partes  de 
la  Nueva  España  é  sus  costas  é  algunas  ys- 

las  nuevamente  halladas ib. 

Capitulo  ix.  Cómo  el  capitán  Johan  de  Gri- 
jalva saltó  en  tierra  de  la  isla  de  Cocumel  con 
parle  de  la  gente  que  llevaba,  y  de  lo  que 
passó  en  el  primer  pueblo,  donde  tomó  la 
possesion  por  Sus  Mageslades  é  reynos  de 

Castilla,  é  otras  cosas 505 

Capitulo  x.  Cómo  el  capitán  Johan  de  Grijal- 
va é  su  armada  salieron  de  la  ysla  de  C09U- 
mel,  parayr  á  la  ysla  de  Sancta  Maria  de  los 
Remedios,  dicha  Yucatán;  pero  no  ysla,  co- 
mo estos  pensaban,  sino  Tierra-Firme;  é  lo 
que  les  intervino  de  una  india  que  se  vino 
tras  los  navios  para  la  costa,  la  qual  era  na- 
tural de  la  isla  de  Jamáyca,  é  de  los  reque- 
rimientos quepassaron  entre  el  capitán  é  el 
piloto  mayor,  é  cómo  llegaron  al  pueblo  del 
cacique  Lácaro,  é  cómo  pelearon  con  los  in- 
dios sobre  lomar  agua 508 

— Cómo  el  piloto  mayor  desconoció  la  tierra. .  510 
Capitulo  xi.  Cómo  el  capilan  Johan  de  Gri- 
jalva é  los  otros  capitanes  é  gente  de  la  ar- 
mada sallaron  en  tierra  á  par  del  pueblo  del 
cacique  Lácaro,  é  de  las  cosas  que  passaron 
alli  sobre  tomar  agua  para  los  navios ,  é  de 
la  batalla  que  ovieron  con  los  indios  y  gen- 
te de  aquella  tierra 5  H 

— Armas  de  los  indios 512 

— Protestación  del  sahumerio 515 

Capitulo  xn.  Que  tracta  del  assienlo  é  cir- 
cunferencia de  la  tierra  que  eslos  descubri- 
dores é  el  pilólo  Antón  de  Alaminos  llama- 
ron ysla  de  Yucatán  ( é  por  olro  nombre 
Sancta  Maria  de  los  Remedios),  é  lo  que  el 
chronista  dice  en  ello,  después  del  parcscer 

deste  pilólo 517 

Capitulo  xiii.  En  que  se  Irada  del  subceso 
del  general  Johan  de  Grijalva  y  desta  ar- 
mada, desde  que  salió  del  Puerto  Desseado 
hasta  que  llegó  al  rio  que  llaman  de  Grijal- 
va, que  es  en  la  costa  de  la  Nueva  Es- 
paña      319 

— Sacrificio  de  las  orejas ib. 

— Primera  noticia  que  ovieron  los  chripslianos 

de  la  mar  del  Sur , ib. 

— Rescates  de  Grijalva 520 

Capitulo  xiv.  En  que  se  tracta  de  la  prose- 
cución del  descubrimiento  é  viaje  del  capi- 
tán Johan  de  Grijalva,  é  de  lo  que  le  subce- 
dió,  desde  que  partió  del  rio  que  hizo  llamar 
Grijalva  hasta  que  llegó  á  la  ysla  de  los  Sa- 
crificios      521 


Pdgt. 

— Auto  de  posession 624 

— Sierra  Nevada  en  la  Nueva  España ib. 

— Primera  posession  que  se  lomó  en  la  Nueva 
España ib- 

Capitulo  xv.  En  que  tracta  el  capitán  Johan 
de  Grijalva  aver  tomado  la  posession  por 
Diego  Velazquez  en  nombre  de  Sus  Mages- 
.  tades  y  de  su  corona  real  de  Castilla  en  la 
Tierra-Firme,  en  la  provincia  que  se  llama 
agora  la  Nueva  España,  y  de  lo  que  después 
sub^edió  hasta  que  volvió  el  capilan  Alva- 
rado  con  la  nueva  de  lo  subcedido  en  este 
descubrimiento  hasta  que  salieron  9ierlas  ca- 
noas á  combatir  el  armada 52S 

— Salutación  de  los  indios  con  los  sahume- 
rios        ib. 

— Cómo  acordó  el  capitán  Grijalva  dar  la  vuel- 
ta á  Cuba 

Capitulo  xvi.  En  que  se  tracta  cómo  salie- 
ron catorce  ó  quince  canoas  de  guerra  con 
muchos  indios  á  combatir  las  tres  caravelas 
que  le  quedaban  al  capitán  Johan  de  Grijal- 
va, é  de  la  batalla  naval  que  ovieron,  é  có- 
mo después  salieron  los  españoles  en  el  rio 
é  puerto  de  Sanct  Antón ,  á  adobar  la  nao 
capitana,  é  cómo  hallaron  ciertos  indios  de 
poca  edad  degollados  é  abiertos  por  los  pe- 
chos       529 

— Orejas  sacrificadas,  ó  harpadas 532 

Capitulo  xvii.  Cómo  el  capitán  Johan  de 
Grijalva  partió  con  los  tres  navios  y  arma- 
da del  puerto  de  Sanct  Antón  y  cómo  fué 
á  Puerto  Desseado,  y  cómo  se  hallaron  unos 
y  dolos  é  indicios  notorios  de  ser  la  gente  de 
aquella  tierra  sucia  é  culpada  del  pecado  ne- 
fando contra  natura,  é  ydólalras 532 

Capitulo  xviii.  Cómo  el  capilan  Johan  de 
Grijalva  partió  con  el  armada  de  Puerto  Des- 
seado, é  quisso  yr  por  donde  avian  muerto 
la  gente  al  capilan  Francisco  Hernández  de 
Córdoba  en  la  costa  de  Yucatán  en  un  pue- 
blo que  se  dice  Champoton,  y  de  lo  que  alli 
le  acaesció,  y  de  todo  lo  demás  hasta  que 
tornó  á  la  ysla  de  Cuba  á  dar  cuenta  de  su 
viaje  y  descubrimiento  al  teniente  Diego  Ve- 
lazquez é  otras  cosas  convinienles  al  discur- 
so de  la  historia 524 

Capitulo  xix.  En  que  se  tracta  cómo  el  te- 
niente Diego  Velazquez  envió  por  su  capi- 
lan en  el  tercero  descubrimiento  á  Hernando 
Cortés,  el  qual  quedó  después  por  goberna- 
dor de  la  Nueva  España,  é  de  la  muerte  del 
adelantado  Diego  Velazquez 538 

— Instrucción  que  dio  á  Hernando  Cortés  el 
adelantado  Diego  Velazquez,  quando  le  en- 
vió á  la  Nueva  España ib. 

— Cómo  envió  Diego  Velazquez  otra  armada 
con  Pamphilo  de  Narvaez  revocando  los  po- 


630 


HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 


ii 


deres  á  Corles 

Capitulo  xx.  De  las  cosas  y  subcession  de 
la  gobernación  de  la  ysla  de  Cuba,  alias  Fer- 
nandina ,  después  de  la  muerte  del  adelan- 
tado Diego  Velazquez 

El  concierto  del  pleyto  del  almirante  con  el 

fisco  é  la  recompensa  é  mercedes  quel  Em- 
perador, nuestro  señor,  le  hizo 

En  loor  de  la  señora  vireyna  doña  María  de 

Toledo,  madre  del  almirante  don  Luys  Co- 
lom 

Capitulo  xxi.  Cómo  después  quel  almirante 
fué  excluido  de  la  jurisdicion  de  la  isla  de 
Cuba  ó  Fernandina  por  el  assiento  ques  di- 
cho, é  remuneración  que  Sus  Magestades  le 
hicieron ,  fué  á  gobernar  aquella  ysla  Her- 
nando de  Soto  por  capitán  general  de  Sus 
Magestades  ,  é  con  título  de  adelantado  de 
la  Florida 

Capitulo  xxn.  De  la  partida  del-  gobernador 
Hernando  de  Soto  desde  la  ysla  de  Cuba, 
alias  Fernandina,  para  la  tierra  septentrio- 
nal de  la  Tierra-Firme,  é  de  la  armada  é 
gente  que  llevó  para  su  descubrimiento ,  é 
del  trabaxo  que  tovieron  en  su  desembarca- 
eion,  y  qué  número  de  caballos  é  otras  co- 
sas llevó,  y  cómo  se  cobró  un  chripstiano, 
llamado  Johan  Orliz,  que  estaba  perdido  é 
andaba  desnudo,  como  los  indios ► . . . 

Capitulo  xxin.  Cómo  la  guerra  se  comentó 
á  encender  é  se  hizo  crudamente,  é  cómo  el 
teniente  general  se  tornó  á  la  ysla  de  Cuba, 
é  cómo  el  gobernador  partió  de  aquel  puer- 
to del  Spíritu  Sancto  la  tierra  adentro ,  é  de 
lo  que  á  él  é  su  gente  les  acaesció  hasta  los 
diez  de  agosto  del  mismo  año  de  mili  é  qui- 
nientos é  treynla  y  nr.eve  años 

— Crueldad  de  Vasco  Porcallo 

Capitulo  xxiv.  Cómo  e!  gobernador,  Hernan- 
do de  Soto,  prosiguiendo  en  su  conquista, 
passó  adelante,  é  cómo  los  indios  le  quisie- 
ron matar  é  prender  por  engaño ,  por  liber- 
tar un  cacique  que  llevaba  consigo,  é  cómo 
un  cacique  le  dio  una  bofetada  al  goberna- 
dor que  le  bañó  los  dientes  en  sangre :  é 
Iráctanse  otras  cosas  convinientes  al  discur- 
so de  la  historia ' 

— Esfuerzo  de  un  indio  que  acometió  al  capi- 
tán Maldonado 

— Ardid  de  los  indios  para  libertar  al  cacique 
Aguacaleyquen 

— Habla  del  cacique  Uribitina,  é  lo  que  envió 
á  decir  á  los  suyos 

— Loque  dixo  el  gobernador,  ignorando  el 
buen  zelo  de  los  señores  del  Consejo  Real 
de  Indias 

T-Balalla  de  una  india  con  el  bachiller  Her- 
rera   , 


540 


S41 


543 


ib. 


^<'!?*-  rpás. 

— En  loor  de  la  provincia  de  Apalache 555 

Capitulo  xxv.  Cómo  el  gobernador  Hernan- 
do de  Soto  é  su  gente  partieron  de  Iviahica 
en  demanda  de  Capachegui,  é  como  la  guia 
que  llevaban  desque  no  supo  mas  de  lo  que 
adelante  avia,  se  hizo  endemoniado ;  é  trác- 
tanse  diversas  cosas  é  muy  notables ib. 

— Forma  de  passar  un  poderoso  rio ib. 

— Embaxada  de  tres  palabras 556 

— Lieneo  de  cascaras  de  moral ib. 

—Cómo  los  indios  adoraron  é  rescibieron  la 
cruz 557 

Capitulo  xxvi.  Cómo  el  gobernador  Hernan- 
do de  Soto  fué  al  pueblo  de  Talimeco,  é  có- 
mo la  cacica ,  señora  de  aquella  tierra ,  le 
festejó  é  echó  al  cuello  un  hilo  de  perlas  que 
ella  traía  al  cuello,  é  cómo  hallaron  otras 
muchas,  é  por  su  culpa  del  gobernador  quc- 
544  dó  de  hallar  todas  las  que  quisiesse  y  có- 
mo adelante  se  hallaron  perlas  en  rios  de 
agua  dul9e,  é  otras  muchas  particularida- 
des, convinientes  al  discurso  destas  histo- 
rias       560 

— Manera  de  puente  ó  vado  formado  ceñios 
caballos 563 

— Del  cacique  de  Coga,  gran  señor,  é  las  sinra- 
cones  que  se  le  hicieron 565 

—Muros  é  torres ib. 

ib.        — De  qué  manera  enviaron  al  cacique  de  Co- 
ca é  qué  cortedad  de  gobernador 666 

Capitulo  xxvii.  En  que  se  cuenta  lo  que  le 
acónteselo  al  adelantado  Hernando  de  Soto 
con  el  cacique  de  Trascaluca ,  llamado  Ac- 
tahachi,  el  cual  era  tan  alio  hombre  que  pá- 
resela gigante;  é  de  las  guacabaras  é  crudas 
batallas  é  asalto  que  dieron  álos  chripstia- 
547  nos  en  el  pueblo  llamado  Mabila  é  adelante 

ib.  en  Chicaca.  E  cuéntanse  en  este  capítulo 

otros  subcesos  á  la  historia  convinientes  y 

notables 567 

— Exemplo  de  las  nescessidades  en  que  los 

hombres  se  velan  en  Indias 870 

— La  j  ornada  de  Chicaca ib. 

'  Capitulo  xxviii.    En  que  la  historia  cuenta 

otro  recuentro  de  una  albarrada,  en  que  pe- 
leó el  adelantado -con  los  indios,  ó  cómo 

551  llegó  á  un  rio  muy  grande,  el  qual  passaron 
los  chripstianos,  é  de  una  oración  é  racona- 

ib.  miento  que  en  favor  de  la  cruz  y  de  la  fé 

hizo  delante  del  adelantado  y  de  los  chrips- 

552  tianos  el  cacique  de  Casqui,  y  de  la  con- 
tención deste  cacique    con   otro    su   ene- 

553  migo,  llamado  Pacaha,  sobre  quál  debía 
preceder  al  otro.  Partieron  de  Utiangüe, 
y  dícense  muchas   particularidades   nola- 

ib.  bles.' 572 

— Escudos  hechos  de  cañas 573 

554  — Cabecas  de  toros  colocadas  en  las  puertas. 


v^\/V 


DE  INDIAS.  índice. 


Págs. 

é  cómo  se  recibió  la  cruz  en  el  pueblo  de 
Casqui ib. 

— Raeonamiento  de  un  indio,  señor  principal.     574 

— Respuesta  del  gpbernador  al  cacique  Casqui.      ib* 

— Manera  de  sal  que  hacian  con  el  arena 576 

— En  loor  de  la  g'ente  de  Tula ib. 

LIBRO  XVIII.     Prohemio 578 

Capitulo  i.  Que  tracla'del  primero  descubri- 
miento de  la  ysla  de  Jamáyca,que  agora  se 
llama  ysla  de  Sancliago 580 

—Los  capitanes  que  ha  ávido  é  tenientes  en 
Jamáyca , ,,     58i 

— Primer  oro  que  se  halló  en  Jamáyca ib. 

— Viaje  del  adelantado  Francisco  de  Caray  á 
Panuco 582 

Capitulo  ii.  De  otras  particularidades  de  la 
ysla  de  Sancliago,  que  primero  se  llamó  Ja- 
máyca, y  de  la  manera  que  los  indios  tie- 
nen para  tomar  las  ánsares  bravas 583 

Capitulo  m.  Cómo  el  licenciado  Gil  Gonca- 
lez  Dávila  fué  á  tomar  las  cuentas  ó  resi- 
dencia á  la  justicia  é  offi9Íales  de  la  ysla 
de  Jamáyca  por  mandado  de  Sus  Mages- 
lades 584 

LIBRO  XIX.    Prohemio 586 

Capitulo  i.  Del  descubrimiento  de  la  isla  de 
Cubagua,  donde  se  pescan  las  perlas,  y 
donde  se  vieron  primero  'en  estas  Indias , 
y  cómo  tuvieron  noticia  dellas  los  espa- 
ñoles      588 

— La  primera  tierra  que  se  descubrió  de  la 
Tierra-Firme  por  el  almirante  primero  don 
Chripstóbal  Colom  en  nombre  de  la  corona 
de  Castilla 589 

— De  Cubagua  é  su  nueva  cibdad  de  Cáliz  é 
de  la  ysla  Margarita,  é  de  la  costa  de  Tierra- 

,  Firme  é  el  rio  de  Cumaná  é  Araya  é  de  las 
primeras  perlas  que  los  chripstianos  vieron 
en  las  Indias ib. 

—Per  Alfonso  Niño 590 

Capitulo  ii.  De  otras  muchas  particularida- 
des, e'  algunas  dellas  muy  notables,  de  la 
isla  de  Cubagua;  é  de  una  fuente  de  betún 
que  alli  hay  de  un  licor  natural,  que  algu- 
nos llaman  peirolio,  é  otros  le  dicen  stercus 
demonis,  é  los  indios  le  dan  otros  nom- 
bres      591 

— De  las  aves  é  animales ,  é  arañas  ponzoño- 
sas é  otras  particularidades ib, 

— Cómo  se  crian  é  pescan  las  perlas  é  otras 
particularidades  dellas 593 

Capitulo  iii.  En  que  se  tracta  de  ciertos  re- 
ligiosos que  passaron  á  la  converssion  de 
los  indios  de  la  Tierra-Firme  en  la  costa  que 
está  cerca  de  la  ysla  de  las  Perlas ,  llamada 
Cubagua :  los  quales  eran  de  las  sagradas 
Órdenes  de  Sánelo  Domingo  é  Sanct  Fran- 
cisco, é  fueron  marl¡rÍ9ados  é  muertos  cru- 


631 

Págt. 


damenic  por  los  indios 593 

— Rebelión  de  los  indios  que  mataron  muchos 
chripslianos,  é  del  mártir  Fr.  Dionisio ib. 

— De  la  poquedad  é  cobardía  del  alcalde  An- 
tonio Flores 596 

V  N  Capitulo  iv.  Cómo  el  almirante ,  don  Diego 
Colom,  é  Audiencia  Real  é  officiales  de  Sus 
Magcslades  enviaron  desde  aquesta  cibdad 
de  Sancto  Domingo  una  armada  con  el  capi- 
tán Goncalo  de  Ocampo  á  castigar  los  in- 
dios que  avian  muerto  los  religiosos  é  otros 
chripstianos  en  la  Tierra-Firme ,  é  á  cobrar 
la  ysla  de  Cubagua ,  llamada  por  otro  nom- 
bre Isla  de  las  Perlas ;  é  de  la  venida  del  li- 
cenciado Bartolomé  de  las  Casas,  é  otras  co- 
sas concernientes  á  la  historia 597 

Capitulo  v.  Cómo  el  licenciado  Bartolomé 
de  las  Casas  fué  con  ciertos  labradores  á  po- 
blar á  la  Tierra-Firme  en  el  rio  de  Cuma- 
ná, cerca  de  la  ysla  de  Cubagua,  é  lo  que 
le  subcedió  dello  á  él  é  á  los  que  le  si- 
guieron       599 

— Otras  particularidades  con  el  dicho  licen- 
ciado, é  cómo  se  metió  frayle 601 

Capitulo  vi.  Del  segundo  proveymienlo  que 
se  hizo  para  sojuzgar  la  costa  de  Cumaná, 
y  castigar  los  indios  de  sus  rebeliones  ya 
dichas,  y  de  la  fortaleca  que  alli  se  fundó 
para  la  guarda  del  rio  de  Cumaná,  que  está 
en  la  costa  de  la  Tierra-Firme,  é  á  siete  le- 
guas de  la  ysla  de  las  Perlas ,  llamada  Cu- 
bagua       602 

Capitulo  vii.  De  una  tormenta  é  terremoto 
que  súbitamente  acaesció  en  la  provincia 
de  Cumaná  en  la  Tierra-Firme,  la  qual 
tempestad  derribó  la  fortaleca  que  los  chrips- 
tianos tenian,  de  que  se  hizo  mención  en  el 
capítulo  de  suso,  é  cómo  se  labró  é  se  hizo 
otro  castillo 603 

Capitulo  viii.  En  que  tracta  el  chronista  de 
algunas  opiniones  de  los  historiales  anti- 
guos cerca  de  las  perlas,  y  de  algunas  par- 
ticularidades dellas,  y  de  algunas  perlas 
grandes  que  se  han  ávido  en  aquestas  In- 
dias      604 

— Dase  noticia  de  algunas  perlas  grandes  é 
particulares  que  se  han  ávido  en  las  In- 
dias      605 

Capítulo  ix.  De  los  nacarones  en  que  se  ha- 
llan perlas  en  la  provincia  de  Nicaragua  é 
golpho  de  Orotiña  é  otras  partes 606 

— Fraudes  que  se  cometen  en  las  perlas 607 

Capitulo  x.  El  qual  tracta  de  la  manera  que 
los  indios  é  aun  los  chripslianos  tienen  para 
tomar  y  pescar  las  perlas ib. 

Capitulo  xi.  Que  tracta  del  aviso  que  debe 
aver  en  los  que  compran  perlas 610 

Capitulo  xu.    De  la  goberna9Íon  de  la  ysla 


/I  i 


632  HISTORIA  GENERAL  Y  NATURAL 

Páffi,  fmgs. 

de  Cubagua ,  é  cómo  fué  removida  la  te-  Capitulo  xv.    De  muchas  yslas  en  general 

nen9ia  del  Castillo  de  Cumaná ib.  que  están  desde  la  Tierra-Firme  austral  é 

Capitulo  xm.    De  ciertos  cossarios  que  han  aquestas  yslas  de  Cubagua  é  la  Margarita 

passado  á  estas  partes  é  Indias,  y  de  lo  que  hasta  la  yslade  Sanct  Johan,  que  los  indios 

les  ha  intervenido  en  sus  malos  pensa-  llaman  Boriquen,  é  desde  alii  á  la  Tierra- 

mientos 6H  Firme  de  la  parte  ó  vanda  del  Norte  é  pro- 

Capitulo  XIV.  Que  tracta  de  la  ysla  de  la  vin^ia  de  Bimini  é  la  Florida ,  brevemente 
Margarita «12  relatadas 613 


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ERRATAS  QUE  SE  HAN  NOTADO. 


PAGINA. 

COLUMNA. 

LINEA. 

DICE. 

LEASK. 

XXIV 

2 

...     42 

...     III."  Parle  (bis)... 

..     II." Parte  (bis) 

XL 

» 

...      Iy2 

. . .     es  ofreció 

. .     se  ofreció 

LXIU...... 

» 

...     19 

. . .     frey  Garcia 

. .     fray  Garcia 

LXXII 

» 

...     28  y  29 

. , .     huyen- de 

. .     huyendo  de 

XCV 

2 

...     37 

. . .     se  podrá 

. .     se  podria 

CVI 

1 

...     48 

. . .     nacionales 

. .     nacionales 

1 

1 

...       1 

. . .     Albulensis 

. .     Abulensis 

51 

2 

...       1 

. ..     Enlon- 

. .     Entonces 

81 

2 

...     12 

, . .     almiradte 

. .     almirante 

119 

2 

1 

...       8 

...     27 

del  del  rio 

del  rio 

129 

, . .     haya 

. .     há  ya 

16S 

» 

2 

...       1 

...     18 

...    lib.  V 

. .     ela 

lib  VI 

174 

..     ella 

193 

» 

...       1 

. .    lib.  IV 

lib.  VI 

223 

1 

2 

...     45 

...      7  y  8 

. .     etutila 

et  ut  ita 

235 

. .     Cuena  

. .     Cueva 

236 

1 

...     15 

. .     depóssisos 

. .     depóssitos 

277 

2 

...     27 

. .     manera 

Inacas 

manpra 

311 

» 

2 

...     34 

...     40 

. .     lancas 

345 

. .     partes  partes 

. .    hidaldo 

. .    partes 
lidalgo 

352 

2 

. ..     43 

359 

2 

...     22 

..     suerle , 

suerte 

363 

1 

...     43 

..     guagacan , 

. .     guayacan 

399 

2 

...     22 

. .    ocho  años 

. .     once  anos 

TOMO  I. 


80 


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